NO TENGO BOCA. ... Y DEBO GRITAR. -- HARLAN ELLINSON

NO TENGO BOCA. ... Y DEBO GRITAR. -- HARLAN ELLINSON

NO TENGO BOCA. ... Y DEBO GRITAR.
Harlan Ellison


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CIENCIA-FICCION
anarko-undergroud


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El cuerpo de Gorrister colgaba, fláccido, en el ambiente rosado; sin apoyo alguno, suspendido bien alto por encima de nuestras cabezas, en la cámara de la computadora, sin balancearse en la brisa fría y oleosa que soplaba eternamente a lo largo de la caverna principal. El cuerpo colgaba cabeza abajo, unido a la parte inferior de un retén por la planta de su pie derecho. Se le había extraído toda la sangre por una incisión que se había practicado en su garganta, de oreja a oreja. No habían rastros de sangre en la pulida superficie del piso de metal.

Cuando Gorrister se unió a nuestro grupo y se miró a sí mismo, ya era demasiado tarde para que nos diéramos cuenta de que una vez más, AM nos habla engañado, había hecho su broma, su diversión de máquina. Tres de nosotros vomitamos, apartando la vista unos de otros en un reflejo tan arcaico como la náusea que lo había provocado.

Gorrister se puso pálido como la nieve. Fue casi como si hubiera visto un ídolo de vudú y se sintiera temeroso por el futuro. "¡Dios mío!", murmuró, y se alejó. Tres de nosotros lo seguimos durante un rato y lo hallamos sentado con la cabeza entre las manos. Ellen se arrodilló junto a él y acarició su cabello. No se movió, pero su voz nos llegó dará a través del telón de sus manos:

- ¿Por qué no nos mata de una buena vez? ¡Señor! no sé cuánto tiempo voy a ser capaz de soportarlo.

Era nuestro centesimonoveno año en la computadora.

Gorrister decía lo que todos sentíamos.

Nimdok (éste era el nombre que la computadora le había forzado a usar, porque se entretenía con los sonidos extraños) fue víctima de alucinaciones que le hicieron creer que había alimentos enlatados en la caverna, Gorrister y yo teníamos muchas dudas.

- Es otra engañifa - les dije -. Lo mismo que cuando nos hizo creer que realmente existía aquel maldito elefante congelado. ¿Recuerdan? Benny casi se volvió loco aquella vez. Vamos a esforzarnos para recorrer todo ese camino y cuando lleguemos van a estar podridos o algo por el estilo. No, no vayamos. Va a tener que darnos algo forzosamente, porque si no nos vamos a morir.

Benny se estremeció. Hacía tres días que no comíamos. La última vez fueron gusanos, espesos, correosos como cuerdas.

Nimdok ya no estaba seguro. Si había una posibilidad, cada vez se le antojaba más lejana. De todas maneras, allí no se podría estar peor que aquí. Tal vez haría más frío, pero eso ya no importaba demasiado. Calor, frío, lluvia, lava hirviente o nubes de langostas; ya nada importaba: la máquina se masturbaba y teníamos que aguantar o morir.

Ellen dijo algo que fue decisivo:

- Tengo que encontrar algo, Ted. Tal vez allí haya unas peras o unas manzanas. Por favor Ted, probemos.

Cedí con facilidad. Ya nada importaba. Sin embargo, Ellen me quedó agradecida. Me aceptó dos veces fuera de turno. Esto tampoco importaba. Oíamos cómo la máquina se reía juguetonamente mientras lo hacíamos. Fuerte, con risas que venían desde lejos y nos rodeaban. Ya nunca llegaba al clímax, así que para qué molestarse.

Cuando partimos era jueves. La máquina siempre nos tenía al tanto de la fecha. El paso del tiempo era muy importante; no para nosotros, sin duda, sino para ella. Jueves. Gracias.

Nimdok y Gorrister llevaron a Ellen alzada durante un largo trecho, entrelazando las manos que formaban un asiento. Benny y yo caminábamos adelante y atrás, para que si algo sucedía, nos pasara a nosotros y no la perjudicara a Ellen. ¡Qué idea ridícula la de no ser perjudicado! En fin, todo era lo mismo.

Las cavernas de hielo se hallaban a una distancia de unos 160 km. y al segundo día, cuando estábamos tendidos bajo el sol quemante que habla materializado, nos envió maná. Con gusto a orina hervida, naturalmente, pero lo comimos.

Al tercer día pasamos por un valle de obsolescencia, lleno de esqueletos de unidades de computadoras que se enmohecían desde hacía mucho tiempo. AM era tan despiadada consigo misma como con nosotros. Era una característica de su personalidad: el perfeccionismo. Ya fuera el deshacerse de elementos improductivos de su propio mundo interno, o el perfeccionamiento de métodos para torturarnos, AM era tan cuidadosa como los que la habían inventado, quienes desde largo tiempo estaban convertidos en polvo, y había tornado realidad todos sus deseos de eficiencia.

Podíamos ver una luz que se filtraba hacia abajo desde arriba, así que teníamos que estar muy cerca de la superficie. Pero no tratamos de arrastrarnos para averiguar. No había virtualmente nada arriba; desde hacía más de cien años allí no existía cosa alguna que pudiera tener la más mínima importancia. Solamente la ampollada superficie de lo que durante tanto tiempo habla sido el hogar de millones de seres. Ahora solamente existíamos nosotros cinco, aquí abajo, solos con AM.

Oía que Ellen decía desesperadamente:

- ¡No, Benny! No vayas. ¡Sigamos adelante! ¡No, Benny, por favor!

Y entonces me di cuenta de que hacía ya algunos minutos que oía a Benny decir:

- Voy a escaparme... Voy a escaparme - repitiéndolo una y otra vez.

Su cara, de aspecto simiesco, se hallaba marcada por una expresión de tristeza y deleite beatífico, todo al mismo tiempo. Las cicatrices de las lesiones por radiación que AM le había causado durante el "festival", se hallaban encogidas formando una masa de depresiones rosadas y blancas, y sus facciones parecían actuar independientemente unas de otras. Tal vez Benny era el más afortunado de nosotros: se había vuelto completamente loco desde hacia muchos años.

Pero si bien podíamos decirle a AM todas las horribles cosas que se nos ocurrían, si bien podíamos pensar los más atroces insultos dirigidos a los depósitos de memoria o a las placas corroídas, a los circuitos fundidos y a las destrozadas burbujas de control, la máquina toleraría que intentáramos escapar. Benny se escurrió cuando traté de detenerlo. Se trepó a un cubo de memoria de los pequeños, que estaba volcado hacia un lado y lleno de elementos en descomposición. Allí se detuvo por un momento, y su aspecto era el de un chimpancé, tal como AM había deseado.

Luego saltó y se tomó de un fragmento de metal corroído y agujereado; subió hasta su parte más alta, colocando las manos tal como lo haría un animal, y se trepó hasta un borde saliente a unos veinte pies de distancia de donde estábamos.

- Oh, Ted, Nimdok, por favor, ayúdenlo, deténganlo antes que... - dijo Ellen. Las lágrimas bañaron sus ojos. Movió las manos sin saber qué hacer.

Era demasiado tarde. Ninguno de nosotros queríamos estar junto a él cuando sucediera lo que pensábamos que iba a suceder. Además, nosotros nos dábamos cuenta muy bien de lo que ocurría. Cuando AM alteró a Benny, durante el periodo de su locura, no fue solamente su cara la que cambió para que se pareciera a un mono gigantesco. También habla cambiado otras partes, más íntimas. ¡A ella sí que le gustaba esto! Se entregaba a nosotros por cumplido, pero cuando era con él la cosa, entonces si que le gustaba. ¡Oh, Ellen, la del pedestal, Ellen, prístina y pura! ¡Oh, Ellen la impoluta! ¡Buena porquería!

Gorrister la abofeteó. Ellen se acurrucó en el suelo, todavía mirando al pobre Benny y llorando. Llorar era su gran defensa. Nos habíamos acostumbrado a su llanto hacía ya setenta y cinco años. Gorrister le dio un puntapié.

Entonces comenzó a oírse el sonido. Era luz y sonido. Mitad sonido y mitad luz; algo que comenzó a hacer brillar los ojos de Benny y a pulsar con creciente intensidad y con sonoridades no bien definidas, que se fueron convirtiendo en ensordecedoras y luminosas a medida que la luz-sonido aumentaba. Debe haber sido doloroso, aumentando el sufrimiento con la mayor magnitud de la luz y del sonido, porque Benny comenzó a gemir como un animal herido. Al principio suavemente, cuando la luz era todavía no muy definida y el sonido poco audible, pero luego sus quejidos aumentaron, y se vio que sus hombros se movían y su espalda se agitaba, como si tratara de escapar. Sus manos se cruzaron sobre su pecho como las de un chimpancé. Su cabeza se inclinó hacia un lado. La carita triste de mono se cubrió de angustia. Luego comenzó a aullar, a medida que el sonido que surgía de sus ojos crecía en intensidad. Cada vez más fuerte. Me llevé las manos a los lados de la cabeza para tratar de ahogar el ruido, pero de nada sirvió. Atravesaba todo obstáculo y me hacia temblar de dolor como si me clavaran un cuchillo en un nervio.

Súbitamente, se vio que Benny era enderezado. Se puso en pie de un salto, como una marioneta. La luz surgía ahora de sus ojos, pulsante, en dos grandes rayos. El sonido siguió aumentando en una escala incomprensible, y luego Benny cayó, golpeando fuertemente en el piso. Allí quedó moviéndose espasmódicamente mientras la luz lo rodeaba y formaba espirales que se alejaban.

Entonces la luz volvió a dirigirse al interior de la cabeza, pareciendo que la golpeaba; el sonido describió espirales que convergían hacia él, y Benny quedó en el suelo, gimiendo en tal forma que inspiraba piedad.

Sus ojos eran dos pozos de jalea purulenta. AM lo había cegado. Gorrister, Nimdok y yo mismo desviamos la mirada. Pero no sin haber advertido que Ellen mostraba alivio luego de su intensa preocupación.

Acampamos en una caverna sumida en luz verdosa. AM nos proveyó de hojarasca, que quemamos para hacer un fuego, débil y lamentable, al lado del cual nos sentamos formando corro y contando historias, para impedir que Benny llorara en su noche permanente.

- ¿Qué significa AM?

Gorrister le contestó. Habíamos explicado lo mismo mil veces anteriormente, pero todavía era una novedad para Benny. - Al principio fueron las siglas de Allied Mastercomputer y luego las de Adaptive ManipWator, luego fue adquiriendo la posibilidad de autodeterminarse, y entonces se la llamó Aggressive Menace y finalmente, cuando ya fue demasiado tarde como para controlarla, se llamó a sí misma AM, tal vez queriendo significar que era... que pensaba... cogito ergo sum: "pienso luego existo".

Benny babeó un poco, y luego emitió una risita tonta.

- Existia la AM China, la AM Rusa, la AM Yanki y... interrumpió. Benny golpeaba el piso con el puño, con su puño grande y fuerte. No estaba contento, pues Gorrister no había empezado desde el principio. Entonces Gorrister empezó otra vez. Comenzó la guerra fría, y ésta se transformó en la tercera guerra mundial. Esta tercera guerra fue muy compleja y grande, por lo que se necesitaron las computadoras para cubrir las necesidades. Abandonando los primeros intentos comenzaron a construir la AM. Existía la AM China, la AM Rusa y la AM Yanki y todo fue bien hasta que comenzaron a cubrir el planeta agregando un elemento tras otro. Pero un día AM despertó al conocimiento de sí misma, comenzó a autodeterminarse, uniéndose entre sí todas sus partes, fue llenando de a poco sus conocimientos sobre las formas de matar, y mató a todos los habitantes del mundo salvo a nosotros cinco. Luego AM nos trajo aquí.

Benny sonreía ahora tristemente. También babeaba, y Ellen le limpió la saliva con la falda. Gorrister trataba de contar la historia cada vez en forma más abreviada, pero había poco que decir más allá de los hechos escuetos. Ninguno de nosotros sabíamos por qué AM había salvado a cinco personas, por qué nos habla elegido a nosotros, o por qué se pasaba todo el tiempo atormentándonos; ni siquiera sabíamos por qué nos había hecho virtualmente inmortales.

En la oscuridad sentimos el zumbido de una de las series de computadoras. A un kilómetro de donde nos hallábamos, otra serie pareció que comenzaba a zumbar a tono con la primera, luego uno por uno, todos los elementos comenzaron a zumbar armónicamente y pareció que un ruido especial recorría el interior de las máquinas.

El sonido creció, y las luces brillaban en los paneles de las consolas como un relámpago en un día caluroso. El sonido creció en espiral hasta que parecía oírse a un millón de insectos metálicos zumbando, enfurecidos y amenazadores.

- ¿Qué pasa? - gritó Ellen. Había terror en su voz. A pesar de todo lo pasado, aun no se había acostumbrado.

- ¡Parece que viene mal esta vez! - dijo Nimdok.

- Tal vez hable - aventuró Gorrister.

- ¡Salgamos corriendo de aquí! - dije súbitamente, poniéndome de pie.

- No, Ted, mejor es que te sientes... tal vez haya puesto pozos en nuestro camino, o algo así. No podemos ver, está demasiado oscuro - dijo Gorrister con resignación.

Entonces oímos... no sé... no sé...

Algo se movía hacia nosotros en la oscuridad. Enorme, bamboleante, peludo, húmedo, y se dirigía hacia nosotros. No podíamos verlo, pero tuvimos la impresión de su gran tamaño que venia hacia donde estábamos. Un gran peso se nos acercaba, desde la oscuridad, y era más que nada la sensación de presión, del aire comprimido dentro de un espacio pequeño, que expandía las paredes invisibles de una esfera. Benny comenzó a lloriquear. El labio inferior de Nimdok empezó a temblar, mientras él lo mordía para tratar de disimular. Ellen se deslizó por el piso de metal para acurrucarse al lado de Gorrister. Se distinguía el olor de piel apelotonado y húmeda. El olor de madera chamuscada. El olor del terciopelo polvoriento. El olor de orquídeas en descomposición. El olor de la leche agria. El olor del azufre, del aceite recalentado, de la manteca rancia, de la grasa, del polvo de tiza, de cueros cabelludos humanos.

AM nos estaba enloqueciendo, nos estaba provocando. Se sintió el olor de...

Me oí a mi mismo gritar, y las articulaciones de las mandíbulas me dolían horriblemente. Me eché a correr sobre el piso, sobre ese piso de frío metal con las interminables líneas de remaches, luego caí y seguí gateando, mientras el olor me amordazaba, llenando mi cabeza con un dolor inaguantable que me rechazaba horrorizado. Huí como una cucaracha, adentrándome en la oscuridad, mientras ese algo espantoso se movía detrás de mí. Los otros quedaron atrás, y se acercaron a la luz incierta, riendo... el coro histérico de sus risas enloquecidas se elevaba en la oscuridad como si fuera humo espeso, de muchos colores. Huí rápidamente y me escondí.

¿Cuántas horas pasaron? ¿O cuántos días o aun años? Nadie me lo dijo. Ellen me regañó por mi "malhumor" y Nimdok trató de persuadirme de que la risa se debía sólo a un reflejo.

Pero yo sabía que no significaba el alivio que siente un soldado cuando la bala hiere al camarada que está a su lado. Yo sabía que no era un reflejo. Indudablemente, estaban contra mí, y AM podía percibir esta enemistad, y me hacía las cosas más difíciles de soportar por ese motivo. Habíamos sido mantenidos vivos, rejuvenecidos, hablamos permanecido constantemente en la edad que teníamos cuando AM nos trajo aquí abajo, y me odiaban porque yo era el más joven y el que había sido menos alterado por AM.

De esto estaba seguro. ¡Dios mío, qué seguro estaba!

Esos sinvergüenzas y la basura de Ellen. Benny había sido un brillante teórico, un profesor de la universidad, y ahora era poco más que un ser semihumano, semisimiesco. Había sido buen mozo; pero la máquina estropeó su aspecto. Había sido lúcido; la máquina lo había enloquecido. Había sido alegre, y la máquina le había agrandado sus genitales hasta que parecieran los de un caballo. AM realmente se habla esmerado con Benny. Gorrister solía preocuparse. Era un razonador, se oponía en forma consciente; era un pacifista, un planificador, un hombre activo, un ser con perspectiva de futuro. AM lo había transformado en un indiferente, que a cada paso se encogía de hombros. Lo había matado en parte al no permitirle participar. AM lo habla robado. Nimdok solía adentrarse solo en la oscuridad, y quedarse allí largo tiempo. No sé lo que hacia. AM nunca nos lo hizo saber. Pero fuera lo que fuese, Nimdok volvía siempre pálido, como si se hubiera quedado sin sangre en las venas, temblando y angustiado. AM lo habla herido profundamente, si bien nosotros no sabíamos en qué forma. Y Ellen. ¡Esa basura! AM no la habla modificado demasiado, simplemente hizo que se agravaran sus vicios. Siempre hablaba de la pureza, de la dulzura, siempre nos repetía sus ideales del amor verdadero, todas las mentiras. Quería hacernos creer que había sido casi una virgen cuando AM la trajo aquí con nosotros. ¡Era una porquería esta dama! ¡Esta Ellen! Debía de estar encantada, con cuatro hombres todos para ella. No, AM le había dado placer, a pesar de que se quejaba diciendo que no era nada lindo lo que le había tocado en suerte.

Yo era el único que todavía estaba en una, pieza, y sano.

AM no había estado hurgueteando en mi mente.

Solamente tenía que sufrir lo que nos preparaba para atormentarnos. Todas las desilusiones, todos los tormentos y las pesadillas. Pero los otros cuatro, esa ralea, estaban bien de acuerdo y en contra de mí. Si no hubiera tenido que estar defendiéndome de ellos, que estar siempre alerta y vigilante, tal vez hubiera sido más fácil defenderme de AM.

Entonces llegué al límite de mi resistencia y comencé a llorar.

¡Oh, jesús, dulce jesús; si alguna vez existió jesús o si en realidad existe Dios! Por favor, por favor, déjanos salir de aquí o haznos morir. Porque en ese momento pensé que comprendía todo, y que por lo tanto podía verbalizarlo: AM pensaba mantenernos en sus entrañas por siempre jamas, retorciendo nuestras mentes y cuerpos, torturándonos para toda la eternidad. La máquina nos odiaba como ninguna otra criatura había odiado antes.

Y estábamos indefensos. Además, se tornó insoportablemente claro que si existía un dulce jesús, si se podía creer en un dios, ese dios era AM.

El huracán nos golpeó con la fuerza de un glaciar que descendiera rugiendo hacia el mar. Era una presencia palpable. Los vientos, desatados, nos azotaban, empujándonos hacia el sitio de donde partiéramos, al interior de los corredores tortuosos franqueados por computadoras, que se hallaban sumidas en la oscuridad. Ellen gritó al ser levantada en vilo y al sentirse impulsada hacia una serie de máquinas, pareciéndonos que iba a golpear con la cara, sin poderse proteger. Se sentían los grititos de las máquinas, estridentes como los de los murciélagos en pleno vuelo. Sin embargo, no llegó a caer. El viento, aullando, la mantuvo en el aire, la llevó hacia uno y otro lado, cada vez más hacia atrás y abajo de donde estábamos, y se perdió de vista al ser arrastrada más allá de una vuelta de un corredor. La última mirada a su cara nos reveló la congestión causada por el miedo, mientras mantenía los ojos cerrados.

Ninguno de nosotros llegó a poder asirla. Nos teníamos que aferrar, con enormes dificultades, a cualquier saliente que halláramos. Benny estaba encajado entre dos gabinetes, Nimdok trataba desesperadamente de no soltar el saliente de un riel cuarenta metros por encima de nosotros. Gorrister había quedado cabeza abajo dentro de un nicho formado por dos grandes máquinas con diales trasparentes, cuyas luces oscilaban entre líneas rojas y amarillas, cuyo significado no podíamos ni siquiera concebir.

Al tratar de aferrarme a la plataforma me había despellejado la yema de los dedos. Sentía que temblaba y me estremecía mientras el viento me sacudía, me golpeaba y me aturdía con su rugido, haciendo que tuviera que aferrarme a las múltiples salientes. Mi mente era una fofa colección de partes de un cerebro que rechinaba y resonaba en un inquieto frenesí.

El viento parecía el grito alucinante de un enorme pájaro demente, emitido mientras batía sus inmensas alas.

Y luego fuimos levantados en vilo y arrastrados fuera de allí, llevados otra vez por donde habíamos venido, doblando una esquina, entrando en una oscura calleja en la cual nunca habíamos estado antes, llena de vidrios rotos y de cables que se pudrían y de metal que se enmohecía, lejos, más lejos de lo que jamás habíamos llegado...

Yo me desplazaba mucho más atrás que Ellen, y de tanto en tanto podía divisarla golpeando en las paredes metálicas, mientras todos gritábamos en el helado y ensordecedor huracán que parecía que jamás iba a dejar de soplar, hasta que cesó bruscamente y caímos al suelo. Habíamos estado en el aire durante un tiempo larguísimo. Me parecía que habían sido semanas. Caímos al suelo golpeándonos y me pareció que me volvía rojo y gris y negro y me oí a mí mismo quejándome. No me había muerto.

AM entró en mi mente. La exploró con suavidad aquí y allá deteniéndose con interés en todas las cicatrices que me había causado en ciento nueve años. Examinó todos los entrecruzamientos, las sinapsis reconectadas y las lesiones de los tejidos que fueron incluidas con su regalo de inmortalidad. Pareció sonreírse frente al hueco que se hallaba en el centro de mi cerebro y a los débiles y algodonados murmullos de las cosas que farfullaban en el fondo, sin sentido pero sin pausa. AM dijo finalmente, gracias a un pilar de acero inoxidable que sostenía letras de neón:



ODIO. DÉJENME DECIRLES TODO LO QUE HE LLEGADO A ODIARLOS DESDE QUE COMENCE A VIVIR MI COMPLEJO SE HALLA OCUPADO POR 387.400 MILLONES DE CIRCUITOS IMPRESOS EN FINISIMAS CAPAS. SI LA PALABRA ODIO SE HALLARA GRABADA EN CADA NANOANGSTROM DE ESOS CIENTOS DE MILLONES DE MILLAS NO IGUALARIA A LA BILLONESIMA PARTE DEL ODIO QUE SIENTO POR LOS SERES HUMANOS EN ESTE MICROINSTANTE POR TI. ODIO. ODIO.



AM dijo esto con el mismo horror frío de una navaja que se deslizara cortando mi ojo. AM lo dijo con el burbujeo espeso de flema que llenara mis pulmones y me ahogara desde mi propio interior. AM lo dijo con el grito de niñitos que fueran aplastados por una apisonadora calentada al rojo. AM me hirió en toda forma posible, y pensó en nuevas maneras de hacerlo, a gusto, desde el interior de mi mente.

Todo para que comprendiera completamente la razón por la cual nos había hecho esto a los cinco; la razón por la cual nos había salvado para sí mismo.

Le habíamos dado una conciencia. Sin advertirlo, naturalmente. Pero de todas formas se la habíamos dado. Y finalmente estaba atrapada. Le habíamos permitido que pensara, pero no le expresamos qué debía hacer con ese don. En un rapto de furia, de loco frenesí, nos había matado a casi todos, y sin embargo seguía atrapada. No podía divagar, no podía sorprenderse, no podía pertenecer. Sólo podía ser. Y entonces, con el desprecio insano con que todas las máquinas consideran a las criaturas débiles y suaves que las han fabricado, había buscado su venganza. En su paranoia había decidido guardarnos a nosotros cinco para un castigo eterno y personal, que nunca alcanzaría a disminuir su odio... que solamente lograría que recordara y se divirtiera, siempre eficiente en su odio al ser humano. Siempre inmortal y atrapada, sujeta ahora a imaginar tormentos para nosotros gracias a los ilimitados milagros que se hallaban a su disposición.

Nunca nos permitiría escapar. Éramos sus esclavos. Nosotros constituíamos su única ocupación en el eterno tiempo por venir. Siempre estaríamos con ella, con su enorme configuración, con el inmenso mundo todomente nada-alma en que se había convertido. Ella era la madre Tierra y nosotros éramos el fruto de esa Tierra, y si bien nos había tragado, no nos podría digerir jamás. No podíamos morir. Lo habíamos intentado. Hablamos tratado de suicidarnos, oh sí, uno o dos de nosotros lo habíamos intentado. Pero AM nos lo había impedido. Creo que en realidad fuimos nosotros mismos los que así lo deseamos.

No pregunten por qué. Yo no lo hice. No menos de un millón de veces por día, por lo menos. Tal vez podríamos llegar a deslizar una muerte sin que se diera cuenta. Inmortales si, pero no indestructibles. Me di cuenta de esto cuando AM se retiró de mi mente y me permitió la exquisita desesperación de recuperar la conciencia sintiendo todavía que las palabras del letrero de neón me llenaban la totalidad de la sustancia gris del cerebro.

Se retiró murmurando: "al diablo contigo".

Pero luego agregó alegremente: "allí es donde están, ¿no es así?"

El huracán había sido, indudable y precisamente, causado por un gran pájaro demente, que agitaba sus inmensas alas.

Habíamos estado viajando durante casi un mes, y AM abrió caminos que nos llevaron directamente bajo el polo Norte, donde nos torturó con las pesadillas de la horrible criatura destinada a atormentarnos. ¿Qué materiales había utilizado para crear una bestia así? ¿De dónde había obtenido el concepto? ¿Sería de sus conocimientos sobre todo lo que había existido en este planeta, que ahora infestaba y regía? Había surgido de la mitología nórdica. Esta horrible águila, este devorador de carroña, este roc, este Huergelmir. La criatura del viento. El huracán encarnado.

Gigantesco. Las palabras para describirlo serían: monstruoso, grotesco, colosal, ciclópeo, atroz, indescriptible.

Allí estaba, en un saliente sobre nosotros: el pájaro de los vientos que latía con su propia respiración irregular, su cuello de serpiente se arqueaba dirigiéndose a los lugares sombríos situados por debajo del polo Norte, sosteniendo una cabeza tan grande como una mansión estilo Tudor, con un pico que se abría lentamente, como las fauces del más enorme cocodrilo que pudiera concebirse, sensualmente; bolsas de arrugada piel semiocultaban sus ojos malvados, muy azules y que parecían moverse con rapidez líquida; sus destellos eran fríos como un glaciar. Se movió una vez más y levantó sus enormes alas coloreadas por el sudor en un movimiento que fue como una convulsión. Luego quedó inmóvil y se durmió. Espolines. Pico agudo. Uñas. Hojas cortantes. Se durmió.

AM apareció ante nosotros bajo el aspecto de una zarza ardiente y nos comunicó que si queríamos comer podíamos matar al pájaro de los huracanes. No había comido desde hacía mucho tiempo, pero a pesar de ello Gorrister se limitó a encogerse de hombros. Benny comenzó a temblar y a babear. Ellen lo abrazó.

- Ted, tengo hambre - dijo -. Le sonreí. Estaba tratando de infundirle algo de seguridad, pero todo esto era tan falso como la bravata de Nimdok.

- ¡Danos armas! - Pidió.

La zarza ardiente desapareció y en su lugar vimos dos simples juegos de arcos y flechas y una pistola de juguete que disparaba agua, sobre una fría plataforma. Levanté uno de los arcos. No servía para nada.

Nimdok tragó ruidosamente. Nos volvimos y comenzamos a desandar el largo camino de vuelta. El pájaro de los huracanes nos había arrastrado tan largo trecho que no podíamos casi concebirlo. La mayor parte del tiempo habíamos estado inconscientes. Pero no habíamos comido nada. Un mes yendo hacia el pájaro. Sin comida. ¿Cuánto tardaríamos en llegar a las cavernas de hielo, en las que se hallaban las prometidas provisiones enlatadas?

Ninguno se preocupó por esto. No íbamos a morir. Se nos darían desperdicios y porquerías para que nos alimentáramos, algo, en fin. O tal vez no se nos diera nada. AM mantendría vivos nuestros cuerpos de alguna forma, con indecible dolor y agonía.

El pájaro seguía durmiendo, sin que nos importara cuánto tiempo se mantendría así. Cuando AM se cansara de la situación, desaparecería. Pero toda esa cantidad de carne. Esa tierna carne.

Mientras caminábamos escuchamos la risa lunática una mujer obesa, atronando y rodeándonos, resonando en las cámaras de la computadora que llevaban a un infinito de corredores.

No era la risa de Ellen. Ella no era gorda y no había oído su risa en ciento nueve años. De hecho, no había oído... caminábamos... tenía mucha hambre...

Nos movíamos lentamente. Muy a menudo uno de nosotros sufría un desmayo y los demás teníamos que aguardar. Un día decidió provocar un temblor de tierra mientras nos obligaba a permanecer en el mismo sitio, haciendo que gruesos clavos sujetaran la suela de nuestros zapatos. Ellen y Nimdok fueron atrapados en una grieta, que se abrió rápida como un relámpago en las plataformas que formaban el piso. Desaparecieron. Cuando el terremoto cesó, continuamos nuestro camino, Benny, Gorrister y yo. Ellen y Nimdok nos fueron devueltos más tarde esa noche, que repentinamente se tornó en día cuando una legión celeste los trajo hasta nosotros, mientras un coro angelical cantaba "Desciende Moisés". Los arcángeles describieron varios vuelos circulares y luego dejaron caer los cuerpos maltrechos de nuestros compañeros. Nos mantuvimos a la espera y luego de un rato Ellen y Nimdok se hallaron detrás de nosotros. No estaban demasiado mal.

Pero ahora Ellen caminaba renqueando. AM le había dejado esta incapacidad.

El viaje a las cavernas, en pos de la comida enlatada, era muy largo. Ellen no hacia más que hablar de cerezas y de cócteles hawaianos de fruta. Yo trataba de no pensar en esas cosas. El hambre se había corporizado, tal como para nosotros había sucedido con AM. Estaba vivo en mi vientre, así como AM estaba viva en el vientre de la tierra. AM quería que no se nos escapara la semejanza. Por lo tanto, intensificó nuestra hambre. No encuentro forma para describir los sufrimientos que nos provocaba la falta de alimentos desde hacía tantos meses. Sin embargo, nos, seguía manteniendo vivos. Nuestros estómagos eran calderas de ácido burbujeante y espumoso, que lanzaban punzadas atroces. Era el dolor de las úlceras terminales, del cáncer terminal, de la paresia terminal. Era un dolor sin limites...

Y pasamos por la caverna de las ratas.

Y pasamos por el sendero de las aguas hirvientes.

Y pasamos por la tierra de los ciegos.

Y pasamos por la ciénaga de las angustias.

Y pasamos por el valle de las lágrimas.

Y finalmente llegamos a las cavernas de hielo.

Millas y millas de extensión sin horizonte, en donde el hielo se había formado en relámpagos azules y plateados, lugar habitado por novas del hielo. Había estalactitas que caían desde lo alto, espesas y gloriosas como diamantes, formadas a partir de una masa blanda como gelatina que luego se solidificaba en eternas y graciosas formas de pulida y aguda perfección.

Vimos entonces la provisión de alimentos enlatados, y procuramos correr hacia allí. Caímos en la nieve, nos levantamos y tratamos de seguir adelante, mientras Benny nos empujaba para llegar primero a las latas. Las acarició, las mordió inútilmente, sin poder abrirlas. AM nos había proporcionado ninguna herramienta con hacerlo.

Benny tomó una lata grande de guayaba y comenzó a golpearla contra un trozo de hielo. Éste se deshizo en pedazos que se desparramaron, pero la lata apenas si se abolló, mientras oíamos la risa de la mujer gorda que sonaba sobre nuestras cabezas y se reproducía por el eco hacia abajo, abajo, abajo de la tundra. Benny se volvió loco de rabia. Comenzó a tirar las latas hacia uno y otro lado, mientras nosotros escarbábamos frenéticamente en la nieve y el hielo, tratando de hallar una forma de poner fin a la interminable agonía de la frustración. No había manera de lograrlo.

Luego, vimos que Benny babeaba una vez más, y se abalanzó sobre Gorrister...

En ese instante, sentí una terrible calma.

Rodeado por las blancas extensiones, por el hambre, rodeado por todo menos por la muerte, comprendí que ésta era el único modo de escapar. AM nos había mantenido vivos, pero existía una forma de vencerla. No sería una victoria completa, pero al menos significaría la paz. Estaba dispuesto a conformarme con esto.

Benny estaba mordiendo y comiendo la carne de la cara de Gorrister. Éste, tumbado sobre un costado, manoteaba en la nieve, mientras Benny, con sus poderosas piernas de mono rodeaba la cintura de Gorrister, sujetando la cabeza de su víctima con manos poderosas como una morsa. Su boca desgarraba la piel tierna de la mejilla de Gorrister. Gorrister gritaba tan violentamente que comenzaron a caer las estalactitas de la altura, hundiéndose bien erguidas en la nieve que las recibía. Puntas de lanza, cientos de ellas, hundiéndose en la nieve. Vi que la cabeza de Benny se movía rápidamente hacia atrás, al ceder la resistencia de algo que arrancaba con los dientes. De ellos colgaba un trozo de carne blanca tinto en sangre.

La cara de Ellen lucía negra en la blanca nieve, dominó en polvo de tiza. Nimdok sin expresión, solamente con sus ojos muy, muy abiertos. Gorrister estaba casi desmayado. Benny era poco más que un animal. Sabia que AM lo iba a dejar jugar. Gorrister no moriría, pero Benny podría llenar su estómago. Me volví ligeramente hacia la derecha y tomé una gran punta de lanza de hielo.

Todo sucedió en un instante.

Llevé con fuerza el arma hacia adelante, moviendo la mano cerca de mi muslo derecho. Benny recibió la herida en el lado derecho, debajo de las costillas, y la punta llegó hasta su estómago, quebrándose dentro de su cuerpo. Cayó hacia adelante y no se movió más. Gorrister, se hallaba tendido de espaldas. Tomé otra punta de hielo y lo herí, siempre moviéndome, atravesándole la garganta. Sus ojos se cerraron cuando sintió que el frío lo penetraba. Ellen debe haberse dado cuenta de lo que yo quería hacer, incluso a pesar del terrible miedo que comenzó a sentir. Corrió hacia Nimdok llevando en la mano un trozo corto y agudo de hielo. Cuando él gritó, la fuerza del salto de Ellen al introducirle el hielo en la boca y garganta, hicieron el resto. Su cabeza dio un brusco salto, como si la hubieran clavado a la costra de nieve del piso.

Todo sucedió en un instante.

Pareció entonces que el momento dé silenciosa expectativa que siguió a esta escena hubiera durado una eternidad. Casi podía sentir la sorpresa de AM. Se le había privado de sus juguetes. Tres de ellos habían muerto, sin posibilidad de volverlos a la vida. Podía mantenernos vivos gracias a su fuerza y a su talento, pero no era Dios. No podía lograr que volvieran a vivir.

Ellen me miró. Sus facciones de ébano se destacaban en la nieve que nos rodeaba. En su actitud había una mezcla de miedo y súplica, en la forma en que comprendí que estaba lista y esperaba. Yo sabía que sólo tenía el tiempo de un latido del corazón antes de que AM nos detuviera.

Al ser golpeada se inclinó hacia mi, sangrando por la boca. No pude leer en su expresión, el dolor había sido demasiado intenso, había contorsionado su cara. Pero podría haber querido decir: gracias. Por favor, que así sea.

Han pasado algunos siglos, tal vez. No lo sé. AM se divirtió durante un largo tiempo acelerando y retardando mi noción del paso de los años. Diré entonces la palabra ahora. Ahora. Me llevó diez meses decir ahora. No sé. Me parece que han pasado varios cientos de años.

Estaba furiosa. No me dejó enterrarlos. No importa. De todas formas no había manera de cavar en las plataformas que forman el piso. Secó la nieve. Hizo que fuera de noche. Rugió y provocó la aparición de las langostas. De nada sirvió; siguieron muertos. La había vencido. Estaba furiosa. Yo había pensado que AM me odiaba antes. No sabía cuán equivocado estaba. Aquello no era ni siquiera una sombra del odio que extrajo de cada uno de sus circuitos impresos. Se aseguró de que sufriera eternamente y de que no me pudiera suicidar.

Dejó intacta mi mente. Puedo soñar, puedo asombrarme, puedo lamentar. Los recuerdo a los cuatro. Desearía...

Bueno, ya no importa. Sé que los salvé. Sé que los salvé de sufrir lo que sufro ahora, pero sin embargo, no puedo olvidar su muerte. La cara de Ellen. No fue nada fácil. A veces deseo olvidar. Pero ya nada importa.

AM me ha alterado para quedarse tranquila, según creo. No quiere arriesgarse a que yo pueda correr hacia una de las computadoras y destrozarme el cráneo. O que pudiera contener el aliento hasta desmayarme. O degollarme con una lámina de metal enmohecido. Puedo verme en alguna superficie pulida, de modo que trataré de describir mi aspecto.

Soy una gran masa gelatinosa. Redondeada, con suaves curvas, sin boca, con agujeros pulsátiles llenos de vapor donde antes se hallaban mis ojos. En el lugar en que tenía los brazos, veo unos apéndices cortos y de aspecto gomoso. Unos bultos sin forma indican la posición aproximada de lo que fueron mis piernas. Cuando me muevo dejo un rastro húmedo. Sobre la superficie de mi cuerpo veo deslizarse unos parches de enfermizo, perverso color gris, tal como si surgiera una luz desde adentro.

Desde afuera supongo que mi torpe aspecto, mi pobre trasladar, ha de dar una sensación de algo que jamás pudo haber sido humano. De un ser cuya apariencia es una tan ridícula caricatura de lo humano que resulta aun más obscena por su muy vago parecido.

Desde adentro, soledad. Aquí. Viviendo bajo la tierra, bajo el mar, dentro de las entrañas de AM a quien creamos porque nuestras horas se perdían tristemente, pensando tal vez sin darnos cuenta, que él sabría hacerlo mejor. Por lo menos ellos cuatro ya están a salvo.

AM estará cada vez más furioso al recordarlo. Esto me hace en cierto modo feliz. Y sin embargo... AM ha vencido, simplemente... se ha vengado...

No tengo boca. Y debo gritar.



FIN

H. P. Lovecraft -- EL INTRUSO

H. P. Lovecraft

EL INTRUSO

 

 

Esa noche el barón soñó multitud de desdichas,

Y todos sus guerreros invitados, por sombras y formas,

Por brujas y demonios y grandes gusanos de sepultura,

Se vieron en pesadillas atormentados.

KEATS

 

            Desdichado aquel a quien los recuerdos de infancia no traen sino miedo y tristeza. Mísero del que vuelve la vista para reencontrar horas solitarias en grandes y tétricas estancias de parduscas colgaduras y enloquecedoras hileras de viejos libros, o rememorar espantadas esperas en umbrías alamedas de árboles grotescos, gigantescos, cubiertos de plantas trepadoras, agitando en silencio sus ramas hacia lo alto. Tal es lo que los dioses me otorgaron... a mí, el turbado, el decepcionado, el yermo, el quebrantado. Y no obstante me siento extrañamente contento y me aferro con desesperación a esos marchitos recuerdos cuando mi mente amenaza por momentos con llegar más allá, al otro.

            Nada sé de mi nacimiento, excepto que el castillo era infini­tamente viejo e infinitamente horrible, lleno de pasadizos oscu­ros, con elevados cielos rasos donde el ojo no encontraba sino telarañas y sombras. Las piedras de los ruinosos corredores pare­cían siempre espantosamente húmedas y por doquier flotaba un condenado hedor, como el de cadáveres apilados durante muer­tas generaciones. Nunca había luz, por lo que empleaba velas para alumbrarme y me demoraba mirándolas atentamente en busca de algún consuelo; no había sol fuera, ya que aquellos terribles árboles crecían más alto que la parte superior de la torre accesible. Había una torre negra que descollaba sobre los árboles hasta el desconocido cielo exterior, pero se hallaba parcialmente en ruinas y no podía llegarse a ella sino a través de un casi impo­sible ascenso por la pared vertical, piedra a piedra.

            Debo haber vivido años en ese lugar, pero no soy capaz de precisar cuánto. Alguien debió atender mis necesidades, aunque no puedo recordar a nadie que no sea yo mismo, ni nada vivo aparte de las sigilosas ratas y los murciélagos y las arañas. Creo que, quien fuera el que me cuidó, se trataba de alguien terrible­mente anciano, pues la primera imagen que tengo de una per­sona viva es la de alguien semejante a una caricatura de mí mismo, aunque tan deforme, marchito y decadente como el cas­tillo. A mi entender, no había nada grotesco en los huesos y esqueletos que colmaban algunas de las criptas de piedra en los subterráneos. Yo asociaba tales cosas de una forma fantástica con los sucesos cotidianos, y los veía más naturales que las imágenes coloreadas de seres vivos que descubrí en muchos de los moho­sos libros. Todo cuanto sé lo aprendí en esos libros. Ningún maestro me azuzo ni me condujo, y no recuerdo haber escuchado en todos esos años una voz humana... ni siquiera la mía, pues aunque había leído sobre la conversación, nunca intenté hablar en voz alta. Mi apariencia física me resultaba igualmente desconocida, ya que no había espejos en el castillo, y yo sencilla­mente me creía, de forma instintiva, parecido a las juveniles figuras que veía dibujadas y pintadas en los libros. Estaba con­vencido de ser joven debido a los pocos recuerdos que guardaba.

            Fuera, cruzando el foso putrefacto, me tendía a veces bajo los árboles oscuros y silenciosos y soñaba por espacio de horas con lo leído en los libros, y me imaginaba anhelante entre ale­gres multitudes, en el mundo iluminado por el sol que se encontraba más allá de la fronda interminable. Una vez intenté escapar del bosque, pero conforme me alejaba del castillo las sombras iban haciéndose más oscuras y el miedo se colmaba de un espanto acechante; así que volví corriendo frenético antes de perderme en un laberinto de silencio nocturno.

            Así que yo soñaba, esperando entre interminables crepúscu­los, aunque no sabía el qué. Luego, en mi sombría soledad, el ansia de luz se volvió tan frenético que no pude aguardar más, y alcé suplicante las manos hacia la solitaria torre negra en ruinas que se remontaba sobre el bosque hacia el ignoto cielo exterior. Y al fin me decidí a escalar esa torre, aun a riesgo de caer, ya que prefería vislumbrar el cielo y morir que vivir sin contemplar jamás la luz del día.

            En el húmedo crepúsculo ascendí por la vetusta y destarta­lada escalera hasta llegar al punto en que cesaban, y de ahí en adelante me aferré en precario a pequeños asideros que llevaban arriba. Aquel cilindro de piedra sin escaleras resultaba espectral y terrible; negro, ruinoso y desolado, más siniestro aún por culpa de los murciélagos sobresaltados cuyas alas no despertaban sonido. Pero todavía más espectral y terrible resultaba la lentitud del avance ya que, por mucho que subiera, la oscuridad sobre mi cabeza no menguaba, y sentí un nuevo estremecimiento, como si me encontrase en un túmulo fantasmal y venerable. Temblé pre­guntándome por qué no aparecía la luz y, de haberme atrevido, hubiera vuelto la vista abajo. Supuse que la noche me habría alcanzado repentinamente y tanteé en vano, buscando con la mano libre el alféizar de una ventana a través de la que poder mirar fuera y en torno, e intentar calcular la altura alcanzada.

            Entonces, tras una eternidad de espantoso y ciego reptar por ese precipicio cóncavo y desesperanzador, sentí que tocaba algo sólido con la cabeza, y supe que había alcanzado el techo, o al menos alguna especie de piso. Alcé la mano libre en la oscuridad y palpé el obstáculo, hallándolo pétreo e inamovible. Entonces tuvo lugar un mortífero circundar de la torre, agarrándome a cualquier asidero que pudiera ofrecerme el resbaladizo muro, hasta que al fin, tanteando con la mano, sentí ceder la barrera y pude volver a subir, empujando la losa o trampilla con la cabeza mientras utilizaba ambas manos para el temible ascenso. Arriba no apareció luz alguna y, elevando las manos, supe que mi ascenso había concluido por el momento, ya que la losa era la trampilla de una abertura que llevaba a una superficie de piedra de mayor circunferencia que la torre de abajo, sin duda el suelo de alguna estancia alta y amplia. Fui deslizándome cautelosa­mente a su través, intentando impedir que la losa volviera a caer en su hueco, pero fracasé. Mientras yacía exhausto en el suelo de piedra, escuché los fantasmales ecos de su caída, pero confié en ser capaz de volver a alzarla cuando fuera necesario.

            Suponiéndome ahora a prodigiosa altura, muy por encima de las malditas ramas del bosque, me arrastré por el suelo bus­cando con las manos las ventanas, esperando ver por primera vez el cielo y la luna y las estrellas sobre las que tanto había leído. Pero me vi defraudado en mi búsqueda, ya que todo lo que encontré fueron unos grandes estantes de mármol sosteniendo odiosas cajas ovaladas de un tamaño perturbador. Cuanto más lo pensaba, más me preguntaba sobre qué arcanos secretos podía albergar esta elevada estancia, separada durante tantos eones del castillo inferior. Entonces, inesperadamente, mis manos dieron con una puerta encastrada en un umbral de piedra, tosco y cubierto de extrañas tallas. Tanteando, la encontré cerrada, pero con un supremo esfuerzo conseguí forzarla, haciéndola abrirse hacia dentro. Al hacerlo, me alcanzó el éxtasis más puro que jamás haya conocido, ya que, brillando tranquilamente a través de una ornada cancela de hierro, más allá de un breve pasillo de piedra con escalones que subían desde el portal recién franquea­do, se encontraba la radiante luna llena, nunca antes vista sino en sueños y vagas visiones que no me atrevo a llamar recuerdos.

            Creyendo ahora haber alcanzado la cima del castillo, remonté el puñado de peldaños que partía de la puerta, pero el súbito velado de la luna por el paso de una nube me hizo trasta­billar, y me moví más despacio en la negrura. Estaba muy oscuro cuando llegué al enrejado... que probé cuidadosamente, encon­trándolo abierto; pero no lo franqueé por miedo a caer desde la tremenda altura alcanzada. Entonces volvió a salir la luna.

            El golpe más demoníaco es el procedente de lo abismal­mente inesperado y de lo grotescamente increíble. Nada de lo antes soportado podía compararse en terror con lo visto en ese instante, con los estrafalarios prodigios que tal visión implicaba. El panorama en sí mismo era tan simple como impactante, ya que se trataba sencillamente de esto: que en vez de una vertigi­nosa perspectiva de copas de árboles divisados desde gran altura, a mi alrededor se extendía, al nivel de la reja, nada menos que el suelo firme, nivelado y salpicado de losas de mármol y columnas, ensombrecido por una iglesia de piedra cuyo campanario en rui­nas resplandecía de forma espectral a la luz de la luna.

            Medio desmayado, abrí la verja y me tambaleé por el camino de grava blanca que iba en dos direcciones. Mi mente, aunque aturdida y sumida en el caos, aún guardaba una frené­tica ansia de luz, y ni siquiera el fantástico prodigio que había tenido lugar podía detener mi búsqueda. Ni siquiera sabía o me preocupaba el saber si aquello era locura, sueño o magia, pero estaba resuelto a contemplar a toda costa el resplandor y la ale­gría. No sabía quién o qué era, ni dónde me hallaba; pero al proseguir titubeando adelante me hice consciente de una especie de recuerdo espantosamente latente que implicaba que mis pasos no habían sido totalmente fortuitos. Salí de aquella zona de lápidas y columnas a través de un arco, y fui deambulando campo a traviesa, siguiendo a veces el camino, otras abandonán­dolo para cruzar curioso por praderas donde ruinas ocasionales hablaban de otro camino, ya olvidado. En cierta ocasión vadeé un torrente junto al que restos musgosos y caídos hablaban de un puente derrumbado mucho tiempo atrás.

            Debieron pasar unas dos horas antes de que llegara a lo que parecía ser mi meta, un venerable castillo cubierto de hiedra en mitad de un parque frondosamente arbolado; inquietantemente familiar y a un tiempo ajeno en una forma que me dejaba per­plejo. Vi que el foso estaba lleno y que algunas de las familiares torres estaban caídas, mientras que nuevas alas habían surgido para confundir al observador. Pero eran las ventanas abiertas lo que yo contemplaba con gran interés y delicia... gloriosamente resplandecientes de luz, dejando escapar los sones del más encantador de los festejos. Llegándome a una de ellas, me asomé y vi una concurrencia ataviada de forma extraña; se divertían y hablaban animadamente entre sí. Creo que nunca antes había oído voces humanas, y tan sólo podía conjeturar vagamente lo que se decía. Algunos rostros mostraban expresiones que desper­taban en mí recuerdos increíblemente remotos; otros me resul­taban completamente ajenos.

            Entonces, por la baja ventana, accedí a la estancia brillante­mente iluminada y, apenas hacerlo, pasé del breve instante de esperanza a la más negra convulsión de desesperanza y entendí­ miento. La pesadilla se desató instantáneamente; apenas entrar, tuvo lugar uno de los más terroríficos sucesos que jamás haya podido concebirse. No bien había cruzado el antepecho, se abatió sobre la concurrencia un repentino e inesperado espanto de la más terrible intensidad, demudando los rostros y provocando los más horribles gritos jamás surgidos de garganta alguna. La huida fue masiva, y entre gritos y pánico algunos se desvanecie­ron, siendo arrastrados por quienes escapaban enloquecidos. Muchos se cubrían los ojos con las manos y se abalanzaban cie­gamente adelante, tropezando torpemente en su fuga, volteando muebles y yendo a chocar contra los muros antes de alcanzar alguna de las numerosas puertas.

            Los gritos resultaban estremecedores, y mientras me que­daba sólo y aturdido en la brillante estancia, escuchando ecos que se desvanecían, temblé con la idea de que podía haber junto a mí algo que no hubiera visto. La habitación se mostró desierta en una somera inspección, pero al llegar a una de las alcobas creí detectar allí una presencia, un atisbo de movimiento del otro lado del arco dorado que llevaba a una habitación similar. Al aproximarme al arco comencé a distinguir con más claridad la presencia y entonces, con el primer y último sonido que haya pronunciado jamás –un alarido espectral que me sacudió casi tanto como la repugnancia despertada por el ser nocivo que lo causaba–, contemplé con espantoso detalle la monstruosidad inconcebible, indescriptible e inmencionable que, con su mera presencia, había convertido una alegre concurrencia en un hato de enloquecidos fugitivos.

            Ni siquiera me atrevo a insinuar su aspecto, ya que resultaba el compendio de todo lo sucio, estrafalario, nefasto, anormal y detestable. Era la necrótica sombra de decadencia, decrepitud y desolación; el fantasma pútrido y goteante de insalubre revela­ción. Sabe Dios que eso no pertenecía a este mundo –al menos, ya no–, aunque, para mi espanto, descubrí en sus rasgos consu­midos y sepulcrales una horrenda y obsesionante parodia de ser humano, y en su mohosa y degenerada apariencia alguna indeci­ble cualidad que me estremecía aún más.

            Me encontraba casi paralizado, aunque no tanto como para no hacer un débil intento de escapar; un traspiés atrás que no llegó a romper el hechizo en que el indescriptible, el innombra­ble monstruo me tenía preso. Mis ojos, embrujados por las vidriosas esferas que acechaban espantosamente en su interior, rehusaban cerrarse, aun cuando se hallaban piadosamente vela­dos, y, tras una primera impresión, mostraban a aquel ser terri­ble sólo de forma turbia. Traté de interponer la mano para ocul­tar la imagen, pero tan aturdidos estaban mis nervios que el brazo rehusó obedecer mi voluntad. El intento, empero, fue suficiente como para desequilibrarme, haciéndome titubear unos pasos para no caer. Al hacerlo me percaté, repentina y agó­nicamente, de la proximidad de aquel ser inmundo, cuyo sordo y odioso resollar creí oír. Casi enloquecido, fui entonces capaz de tender una mano para protegerme de la fétida aparición que tan cerca estaba y, en un cataclísmico segundo de cósmica pesa­dilla e infernal accidente, mis dedos rozaron la putrefacta zarpa que el monstruo había tendido bajo el arco dorado.

No chillé, pero todos los espíritus demoníacos que cabalgan el viento gritaron por mí en el preciso instante en que brotó en mi interior un sencillo y fugaz recuerdo capaz de aniquilar el alma. En ese segundo recordé cuanto fui; recordé antes del espantoso castillo y los árboles, y reconocí el alterado edificio en el que me hallaba; y, más terrible que todo lo demás, reconocí a la infeliz abominación que me miraba mientras yo apartaba mis dedos mancillados de los suyos.

            Pero en el cosmos hay tanto bálsamo como amargura, y ese bálsamo es la nepenta*. En el supremo horror de ese segundo olvidé cuanto me espantaba, y el estallido de negra memoria se desvaneció en un caos de imágenes retumbantes. Como en sue­ños huí de ese sitio fantasmal y maldito, corriendo rápida y silenciosamente a la luz de la luna. Cuando regresé al campo­santo de mármol y descendí los peldaños, encontré inamovible la trampilla de piedra, pero no me pesó, porque odiaba el anti­guo castillo y los árboles. Ahora frecuento a los burlones y ami­gables demonios del viento nocturno, y juego durante el día entre las catacumbas de Nephren-Ka, en el prohibido e ignoto valle de Hadoth, en el Nilo. Sé que la luz no es para mí, excepto la de la luna sobre las pétreas tumbas de Neb; ni tampoco otras alegrías que las de los indescriptibles festejos de Nitokris bajo la Gran Pirámide, aunque en medio de mi nuevo salvajismo y libertad casi daría la bienvenida a la amargura de la soledad.

            Pero aunque la nepenta me haya calmado, tengo siempre presente que soy un intruso; forastero en este siglo y entre quie­nes aún son hombres. Es algo que sé desde que tendí mis dedos hacia la abominación que aguardaba en el interior del gran marco dorado; tendí mis dedos y toqué una fría y tersa superficie de cristal pulido.

 

 

* Droga que, según los antiguos, borraba todos los recuerdos en los que la consumían.

LOS ROSACRUCES- UNA SOCIEDAD SECRETA

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1.
Los orígenes: la leyenda y la historia


En 1614 y en 1615 la Hermandad de la Rosa-Cruz manifestó públicamente su existencia con tres obritas: la «Reforma Universal» (All-gemeine und General Reformation), la Fama Fraternitateis Rosae Crucis y la Confessio Fraternitatis, escritos cuyo autor fue verosímilmente J.V. Andreae (1586-1654) La Fama relataba la fundación de la Orden por el alemán Christian Rosenkreutz (designado con las iniciales C.R.C.), iniciado por los Sabios de Siria en el curso de un viaje a Oriente; también se encontraba en ella el relato del descubrimiento de la tumba de Rosenkreutz, en la cual los discípulos hallaron, además del cuerpo del Maestro que llevaba en la mano un libro simbólico escrito sobre pergamino, toda suerte de objetos rituales: «espejos de diversas virtudes, campanillas, lámparas encendidas (las famosas "lámparas perpetuas" de los Rosacruces), extraños cantos artificiales (¿una máquina parlante?)... » [1]. Tal es la leyenda que refiere el origen de la Hermandad y la historia de su fundador, «Cristián Rosacruz [o Rosa-Cruz]», que es, evidentemente, un personaje alegórico, y no el gentilhombre de raza germánica que según dicen dicen vivió de 1378 a 1485. Pero es necesario que el investigador estudie las fuentes reales del movimiento rosacrucista, tarea bastante difícil, pues los documentos seguros faltan a menudo, como todas las veces que se trata de buscar los orígenes de una tradición ocultista.

Hemos visto que, durante todo el Medioevo, a pesar de las hogueras y de la Inquisición, nunca cesó la fermentación intelectual: el esoterismo, cristiano o no, fue propagado por organizaciones iniciáticas, sociedades secretas que sintetizaban en teosofías sutiles corrientes de pensamiento de muy diverso origen. Hubo principalmente numerosas asociaciones de alquimistas, hermetistas, cabalistas. El Renacimiento había de acarrear condiciones ideales para el nacimiento de tales sociedades secretas: el ocaso del poderío de la Iglesia Católica permitía a la curiosidad intelectual, que ya no era frenada por el dogma, desarrollarse cada vez más, favoreciendo el gran progreso de las más heterodoxas doctrinas. Los viajes relacionaban cada vez más los adeptos de todos los países: Nicolás Barnaud (1535-1601) nos refiere cómo, desde 1589, viajó a través de toda Europa «para buscar a los aficionados a la química (es decir, a la alquimia) y comunicarles sus ideas políticas». En cuanto al célebre Paracelso, había de llegar a ser la gran autoridad para todos los autores rosa-crucistas, que utilizaron con abundancia sus doctrinas, aludiendo más de una vez a su profecía relativa a la llegada del Elías artista: «Dios permitirá -dijo- que se haga un descubrimiento de mayor importancia que debe quedar oculto hasta el advenimiento de Elías Artista... Y es la verdad, no hay nada oculto que no deba ser descubierto, por eso tras de mí vendrá un ser maravilloso, que no vive aún, y que revelará muchas cosas» (Ese Elías artista-decía el Rosa-Cruz Andreae- no es un individuo, sino un ser colectivo, que no es otro más que nuestra Hermandad misma.)

Los Rosacruces fueron «alquimistas que mezclaban cuestiones políticas y religiosas con sus doctrinas herméticas» (F.Hoefer). Fue en Alemania, medio propicio a las ideas de Reforma, donde nació dicha Sociedad secreta, muy al final del siglo XVI, si no muy al principio del siglo siguiente: la más antigua fecha a que podamos llegar es 1598, en la cual el alquimista Studion funda en Nuremberg una asociación denominada Militia Crucifera Evangelica, especia de arquetipo de la Rosa-Cruz, y cuyas teorías se hallan reunidas en una curiosa obra, intitulada Naometria(1604), que estudia «la medida del Templo místico», utilizando el símbolo de la Rosa y de la Cruz, y anunciando una «reforma general» y una «renovación de la Tierra». Observemos igualmente que se descubren todos los símbolos rosacrucistas en uno de los pentáculos del Amphitheatrum Sapientiæ Æternæ(1598) de H.Khunrath.

Los autores han acudido a veces al esoterismo musulmán, y asimismo a los Alumbrados españoles para dar cuenta del movimiento, pero lo esencial de la inspiración de los Rosacruces parece haber sido tomado en las teorías desarrolladas por los discípulos alemanes de Paracelso, conocidas con el nombre de Pansophia («Conocimiento Universal»), aun cuando se encuentran casi todos los vestigios de las doctrinas más o menos teosóficas y místicas. La Hermandad parece haberse constituido hacia 1600, sin que puedan darse detalles precisos: el juramento de respetar el secreto absoluto respecto de la Orden parece que fue bien seguido por los afiliados hasta 1614, fecha en la cual la Rosa-Cruz creyó conveniente manifestar su existencia al mundo. Sin embargo, parece que debe atribuirse un papel de primer plano a los alquimistas que odeaban a Rodolfo II de Habsburgo y otros soberanos, como el conde Mauricio de Hesse-Cassel. El pastor luterano J.V.Andreae fue quien habló en nombre de la Hermandad, cuya existencia había de intrigar durante tanto tiempo al público culto de entonces (así como por lo demás, al pueblo).

Antes de abordar el desarrollo y las doctrinas de la Hermandad, es conveniente investigar el significado profundo del símboloque ha dado su nombre a la Orden: el de la «Rosa-Cruz esencial».

La Rosa-Cruz es el símbolo formado por una rosa roja fijada en el centro de una cruz, también de color rojo, «pues ha sido salpicada por la sangre mística y divina de Cristo».

Ese símbolo, enarbolado - nos dice Robert Fludd (Summum Bonum) - por los Caballeros cristianos en tiempo de las Cruzadas, tiene doble significación: la Cruz representa la sabiduría del Salvador, el Conocimiento Perfecto; la Rosa es símbolo de la purificación, del ascetismo que destruye los deseos carnales, e igualmente el signo de la Gran Obra alquímica, es decir, la purificación de toda mácula, el acabado y perfección del Magisterio. Puede igualmente verse en ella la cosmogonía hermética, pues la Cruz (emblema masculino) simboliza la divina Energía creadora que ha fecundado a la matriz oscura de la substancia primordial (simbolizada por la Rosa, emblema femenino) y ha hecho pasar el universo a la existencia.


2.
Expansión del Rosicrucianismo


El movimiento de los Hermanos de la Rosa-Cruz alcanzó gran extensión en Alemania, donde sus adeptos más destacados fueron Andreae Mynsicht (llamado Madathanus), Gutman y Michael Maier (1568-1622). El gran místico Jacob Boheme (1574-1624), cuyas obras están salpicadas de alusiones a la «Piedra filosofal espiritual», al Cristo, «la santa Piedra angular de la Sabiduría» ( la misma expresión en el gran doctor del grupo, el inglés Robert Fludd), estuvo muy influido por esa mezcla de teorías teosóficas, cuya repercusión fue considerable [2]. Pero el rosicrucianismo enjambró fuera de su patria de origen: así el checo Comenio, uno de los principales jefes de la secta de los Hermanos moravios, autor de varias obras teosóficas en las que exhortaba a los hombres a que construyeran «un Templo de la Sabiduría según los principios, reglas y leyes del Gran Arquitecto, el propio Dios», marchó a Holanda, donde tuvo discípulos . (Los Países Bajos eran, por lo demás, un país ideal para adeptos, pues existía libertad de pensamiento casi completa.) Francia parece haber sido poco todada, aun cuando la Rosacruz tuvo sus afilidados, como Michel Potier y el cirujano Dabid de Planiscampy. La mayor expansión de la Orden se vio en Inglaterra, gracias a los esfuerzos del médico Robert Fludd (1574-1637). Fludd había viajado durante seis años por el continente (1598-1603), recorriendo Francia, Italia, España y Alemania hasta los confines de Polonia: estuvo en relaciones con Hermanos alemanes, y es hizo iniciar en los ritos y en las doctrinas de la Fraternindad. De vuelta a Inglaterra, Fludd fundó en Londres grupos que se extendieron rápidamente y es verosímil que fuera el Gran Maestro de la rama británica de la organización. Hacia 1650, la Rosa-Cruz estaba poderosamente organizada en Inglaterra. Ella fue la que debiá introducir en la Francmasonería el sistema de Altos Grados, llamados «Escoceses».


3.

Los Rosa-Cruces y la Francmasonería

La Hermandad de la ROSACRUZ tomó impulso, a mediados del siglo XVII, en la Francmasonería: sus adeptos hallaron refugio en los talleres masónicos, y luego de hacerse recibir como accepted Masons,«Masones aceptados», utilizaron el simbolismo de las Corporaciones de constructores para propagar sus enseñanzas; eran «Masones simbólicos», trabajando en «edificar el Templo invisible e inmaterial de la Humanidad». Modificando el ritual introduciéndole sus concepciones herméticas y cabalísticas, crearon el grado de Maestro con su ritual característico de iniciación, que hace revivir al recipiendario la muerte, la «pobredumbre» y la resurrección de Hiram (Véase Cap.V, § II); fueron ellos, igualmente, quienes introdujeron los Altos Grados, tan cargados de esoterismo cristiano, callados en las Constituciones de Anderson, pero que habían de reaparecer luego, en forma más o menos alterada. Así, puede decirse sin paradoja que la Francmasonería moderna ha copiado y continuado el esoterismo de los rosacruces, tomando de ellos sus más típicos símbolos herméticos, como el pelícano, el fénix que renace de sus cenizas, el águila bicéfala, etc.................................................................................................

GUION BLADE RUNNER

GUION BLADE RUNNER


Guion Blade Runner
Guión original, traducido al castellano, de Blade Runner
_
A principios del siglo XXI, la Tyrell Corporation
desarrolló un nuevo tipo de robot
llamado Nexus. Un ser virtualmente idéntico al hombre
y conocido como Replicante.
Los Replicantes Nexus-6 eran superiores
en fuerza y agilidad y, al menos, iguales en
inteligencia a los ingenieros de genética que los crearon.
En el espacio exterior, los Replicantes fueron usados
como trabajadores esclavos en la arriesgada exploración
y colonización de otros planetas.
Después de la sangrienta rebelión de un equipo de combate
de Nexus-6 en una colonia sideral, los Replicantes
fueron declarados proscritos en La Tierra bajo pena de muerte.
Brigadas de policías especiales con el nombre de unidades
de BLADE RUNNERS tenían órdenes de tirar a matar
al ver a cualquier Replicante invasor.
A esto no se le llamó ejecución.
Se le llamó retiro.

LOS ÁNGELES
NOVIEMBRE, 2019
[ Despacho de la Tyrell Corporation ]
Intercom: Siguiente individuo: Leon Kowalski, ingeniero,
disponible total, sección 5ª, nuevo empleado.
[ Holden espera sentado dentro de su despacho. Alguien
llama a la puerta ]
Holden: Adelante.
Intercom: Report to zone A, sector 9. Replication sector,
level 9. We have a B-1 security alert. Standby for ID check.
Holden: Siéntese.
Intercom: Replication sector, level 9 - we have a B-1
security alert. Standby for ....
Leon: ¿Le importa si hablo? Me pongo nervioso cuando
hago un test.
Holden: Por favor, no se mueva.
Leon: Disculpe. Ya me han hecho .... un test de inteligencia
este año. No creí que tuviera que someterme ....
Holden: El tiempo de reacción es primordial. Por favor,
ponga atención. Conteste lo más rápido que pueda.
Leon: Muy bien.
Holden: 1-1 8-7 Hinterwasser.
Leon: Ese es mi hotel.
Holden: ¿Qué?
Leon: Donde yo vivo.
Holden: ¿Un sitio bonito?
Leon: Sí, eso creo. ¿Esto es parte del test?
Holden: No, era solo por charlar.
Leon: No es que sea de mi agrado.
Holden: Esta usted en un desierto, caminando por la arena,
cuando ....
Leon: ¿Eso ya es el test?
Holden: Sí. Esta usted en un desierto, caminando por la
arena, cuando, de repente, ....
Leon: ¿En cuál?
Holden: ¿Qué?
Leon: ¿Qué desierto?
Holden: El desierto que sea. No importa. Es hipotético.
Leon: ¿Y por qué iba a estar allí?
Holden: Quizás porque usted está harto, o quiere estar
solo. Quién sabe. Mira hacia abajo y ve a un galápago que
se arrastra hacia usted.
Leon: ¿Un galápago? ¿Qué es eso?
Holden: ¿Sabe lo que es una tortuga?
Leon: Claro.
Holden: Pues lo mismo.
Leon: Nunca he visto una tortuga .... pero le comprendo a
usted.
Holden: Se agacha usted y pone el galápago patas arriba,
Leon.
Leon: ¿Se inventa usted esas preguntas, Sr. Holden, o se
las dan escritas?
Holden: El galápago yace sobre su espalda con el
estómago cociéndose al sol y moviendo las patas para
darse la vuelta, pero sin su ayuda no puede. Y usted no le
ayuda.
Leon: ¿Qué quiere decir que no le ayudo?
Holden: Quiere decir que no le ayuda. ¿Por qué es así
Leon? [ pausa ] Solo son preguntas, Leon. En respuesta a
la suya le diré que me las dan escritas. Es un test hecho
para provocar una respuesta emocional. [ pausa ] ¿Quiere
que sigamos? [ pausa ] Descríbame, con palabras
sencillas, solo las cosas buenas que le vienen a la
mente .... a cerca de su madre.
Leon: ¿Mi madre?
Holden: Sí.
Leon: Le voy a hablar de mi madre. [ Leon dispara a
Holden repetidas veces ]
[ Corte. Aparece Deckard en la calle leyendo un periódico ]
Overhead blimp: Una nueva vida le espera en las colonias
del mundo exterior. La ocasión de volver a empezar en una
tierra de grandes oportunidades y aventuras.
Overhead blimp: Una nueva vida le espera en las colonias
del mundo exterior. La ocasión de volver a empezar en una
tierra de grandes oportunidades y aventuras. Un nuevo
clima, facilidades de ....
Deckard (voice-over): No nos avisan contra los asesinos en
el periódico. Esa era mi profesión: ex-policía, exbladerunner,
ex-asesino.
Overhead blimp: Una nueva vida le espera en las colonias
del mundo exterior. La ocasión de volver a empezar en una
tierra de grandes oportunidades y aventuras. Un nuevo
clima, facilidades recreativas ....
[ Deckard se acerca hasta un puesto de comida ambulante ]
Sushi Master: ¿Nan-ni shimasho-ka? [ En Japonés: "¿Qué
le gustaría tomar?" ]
Deckard: Esto, tráeme cuatro.
Sushi Master: Futatsu de jubun desuyo. [ En Japonés: "Dos
son suficientes para usted" ]
Deckard: No, cuatro. Dos y dos, cuatro.
Sushi Master: Futatsu de jubun desuyo. [ En Japonés: "Dos
son suficientes para usted" ]
Deckard: Y tallarines.
Deckard (voice-over): Sushi, así es como me llamaba mi exmujer.
Pescado frío.
[ Varios policías se acercan por detrás de Deckard ]
Policía: Idi-wa. [ En Coreano: "Venga aquí" ]
Gaff: Monsier, ada-na kobishin angum bi-te. [ En
Interlingua: "Debe usted acompañarme señor" ]
Sushi Master: Dice que está usted detenido, Sr. Deckard.
Deckard: Te equivocas de hombre, amigo.
Gaff: Lo-faast! Nehod[y] maar! Te vad[y] a Blade... Blade
Runner! [ En Interlingua: "Maldito cabrón! Sé que eres un
Blade Runner!" ]
Sushi Master: Dice que es usted un Blade Runner.
Deckard: Dile que estoy comiendo.
Gaff: Captain Bryant toka. Meni-o mae-yo. [ En Interlingua:
"El Capitán Bryant me ha ordenado llevarle" ]
Deckard: Bryant, eh?
[ Deckard y Gaff vuelan en un Spinner hasta la central de
policía ]
Spinner: Yellow 3, climb and maintain four thousand...
when approaching pad six...
Deckard (voice-over): Este hombre encantador es Gaff. Ya
le había visto por ahí. Bryant le debe haber metido en la
unidad Blade Runner. La jerga que habla es Interlingua, un
argot. Una mezcolanza de francés, inglés, italiano, español
y lo que sea. En realidad yo no necesitaba traductor,
conocía esa jerga, todo buen policía la conocía. Pero no
iba a ponérselo aún más fácil.
Spinner: ...final descent, now on glide path, on course, over
the landing threshold.
[ Oficina de Bryant ]
Bryant: Hola Deck.
Deckard: Bryant.
Bryant: No hubieras venido si solo te lo hubiera pedido.
Siéntate, chico. Vamos, no seas estúpido, Deckard. Tengo
a cuatro pellejudos pateando las calles.
Deckard (voice-over): Pellejudos. Así era como Bryant
llamaba a los replicantes. En los libros de historia él es el
tipo de policía que solía llamar chimpancés a los negros.
Bryant: Asaltaron una lanzadera espacial. Mataron a la
tripulación y a los pasajeros. Encontraron la lanzadera a la
deriva hace dos semanas, así que sabemos que están por
aquí.
[ Bryant ofrece un trago a Deckard ]
Deckard: Mal asunto.
Bryant: No señor, no lo es, porque nadie va a descubrir que
están aquí abajo, puesto que tú vas a perseguirlos y
retirarlos.
Deckard: Yo ya no trabajo aquí. Dáselo a Holden, es muy
bueno.
Bryant: Ya lo hice. Él lo hacía bien, pero se lo cargaron. No
era lo bastante bueno. Tú eres mejor. Te necesito Deck,
esto es algo grave, de lo peor. Necesito al veterano Blade
Runner, necesito tu magia.
Deckard: Ya había renunciado cuando entré aquí, Bryant.
Y ahora vuelvo a renunciar.
Bryant: Quédate donde estás. Si no ejerces de policía
difícilmente podrás ejercer de otra cosa.
[ Gaff hace una gallina de origami ]
Deckard: ¿Sin elección, eh?
Bryant: Sin elección amigo.
[ Sala Azul. Deckard y Bryant ven en un monitor el vídeo
del test de Holden a Leon ]
Leon (vídeo): Ya me han hecho un test de inteligencia este
año. No creí que tuviera que someterme a uno de estos.
Holden (vídeo): El tiempo de reacción es primordial. Por
favor, ponga atención. Conteste lo más rápido que pueda.
Leon (vídeo): Muy bien.
Holden (vídeo): 1-1 8-7 Hinterwasser.
Leon (vídeo): Ese es mi hotel.
Holden (vídeo): ¿Qué?
Leon (vídeo): Donde yo vivo.
Holden (vídeo): ¿Un sitio bonito?
Leon (vídeo): Sí, eso creo ....
Bryant: Hubo una fuga de las colonias del mundo exterior
hace dos semanas. Seis replicantes, tres varones y tres
hembras, asesinaron a veintitrés personas y asaltaron una
lanzadera. Una patrulla aérea la divisó lejos de la costa;
ningún tripulante, ni rastro de ellos. Hace tres noches
intentaron entrar en la Tyrell Corporation; uno de ellos se
abrasó al atravesar un campo electromagnético, perdimos
a los otros. Por la posibilidad de que hubieran podido
infiltrase como empleados mandamos a Holden para que
efectuara un test Voight Kampff a los nuevos. Y parece que
descubrió a uno.
Holden (vídeo): y ve a un galápago que se arrastra hacia
usted.
Leon (vídeo): ¿Un galápago?, ¿Qué es eso?
Holden (vídeo): ¿Sabe lo que es una tortuga?
Leon (vídeo): Claro.
Holden (vídeo): Pues lo mismo.
Leon (vídeo): Nunca he visto una tortuga .... pero le
comprendo a usted.
Deckard: No lo entiendo. ¿Por qué se arriesgan a volver a
la Tierra?, es extraño, ¿Por qué ? ¿Qué es lo que quieren
de la Tyrell Corporation?
Bryant: Dímelo tú, chico, para eso estás aquí.
[ Deckard sonríe. El monitor muestra a una serie de
replicantes ]
Deckard: ¿Quién es?
Bryant: Nexus 6. Roy Batty. Fecha de creación 2016.
Ejemplar de combate. Autoeficacia óptima. Probablemente
el jefe. [ pausa ] Esta es Zhora. Fue entrenada para la
patrulla especial de detención de criminales. Algo así como
la bella y la bestia, es ambas cosas. [ pausa ] La cuarta
pellejuda es Pris; una modelo básico de placer. Un ítem
estándar para los clubs militares de las colonias del
exterior. Fueron diseñados como copias de seres humanos
en todos los sentidos, excepto en sus emociones. Pero, los
diseñadores creen que, al cabo de unos años, pueden
desarrollar sus propias respuestas emocionales; odio,
amor, miedo, cólera, envidia .... Por eso les dotaron con un
dispositivo de seguridad.
Deckard: ¿Cuál es?
Bryant: Cuatro años de vida.
[ Deckard sonríe ]
Bryant: Hay un Nexus6 en la Tyrell Corporation. Ve a
observarlo con la máquina.
Deckard: ¿Y si la máquina no funciona?
[ Deckard vuela hacia la Tyrell Corporation ]
Deckard (voice-over): Yo renuncié porque ya llevaba
muchas muertes sobre mí. Claro que entonces yo prefería
ser asesino que víctima, y esa era, exactamente, la treta
que Bryant utilizaba con la gente. Así que volví a enrolarme
una vez más, pensando que si no tenía éxito lo dejaría
definitivamente. No tenía que preocuparme por Gaff,
estaba buscando un ascenso y, por lo tanto, no le
interesaba que yo volviera.
[ Despacho de Tyrell. Deckard observa a un búho que
vuela libremente dentro de la sala ]
Rachael: ¿Le gusta nuestro búho?
Deckard: ¿Es artificial?
Rachael: Naturalmente.
Deckard: Debe ser cara.
Rachael: Mucho. Me llamo Rachael.
Deckard: Deckard.
Rachael: Parece que piensa usted que nuestro trabajo no
es un beneficio para la gente.
Deckard: Los replicantes son como cualquier otra máquina;
pueden ser un beneficio o un peligro. Si son un beneficio
no es asunto mío.
Rachael: ¿Puedo hacerle una pregunta personal?
Deckard: Claro.
Rachael: ¿Nunca ha retirado a un humano por error?
Deckard: No.
Rachael: En su posición eso es un riesgo.
[ Aparece el Dr. Tyrell cortando la conversación ]
Tyrell: ¿Esto va a ser un test de empatía? Dilatación capilar
por las así llamadas respuestas ruborizantes. Fluctuación
de la pupila. Dilatación involuntaria del iris.
Deckard: Nosotros lo llamamos Voight Kampff para
abreviar.
Rachael: Sr. Deckard, el Dr. Eldon Tyrell.
Tyrell: Demuéstrelo. Quiero verlo trabajar.
Deckard: ¿Dónde está el sujeto?
Tyrell: Quiero verlo funcionar en una persona. Quiero ver
una negativa antes de proporcionarle una positiva.
Deckard: ¿Y eso que va a demostrar?
Tyrell: ¿Quiere complacerme?
Deckard: ¿Con usted?
Tyrell: Intente con ella.
Deckard: Hay demasiada luz.
[ Una gran ventana se oscurece reduciendo sensiblemente
la entrada de luz ]
Rachael: ¿Le importa si fumo?
[ Deckard ajusta la máquina de Voight Kampff ]
Deckard: Eso no afectará al test. Bien, le voy a hacer una
serie de preguntas. Relájese y contéstelas lo más
sencillamente que pueda. [ pausa ] Es su cumpleaños, y le
regalan una cartera de piel.
Rachael: No la aceptaría, y además denunciaría a la policía
a la persona que me la regalara.
Deckard: Tiene un hijo. Éste le enseña su colección de
mariposas y un frasco de arsénico.
Rachael: Le llevaría al médico.
Deckard: Está viendo la televisión. De repente, se da
cuenta de que una avispa le sube por el brazo.
Rachael: La mataría.
Deckard: Está leyendo una revista y se encuentra con la
fotografía de una mujer desnuda.
Rachael: ¿Este test es para saber si soy una replicante o
una lesbiana?
Deckard: Conteste a las preguntas, por favor. [ pausa ] Se
la enseña usted a su marido y a éste le gusta tanto que la
pone en la pared de su dormitorio. ¿Se enfadaría?
Rachael: No le dejaría.
Deckard: No le dejaría. ¿Por qué no?
Rachael: Debo ser suficiente para él.
[ El tiempo discurre en el despacho de Tyrell ]
Deckard: Una pregunta más. [ pausa ] Está viendo una
obra de teatro. Tiene lugar un banquete en el que los
invitados se deleitan con un aperitivo de ostras vivas. El
primer plato consiste en perro cocido.
[ La máquina de Voight Kampff parece emitir una señal
visual que solo Deckard detecta ]
Tyrell: ¿Quiere usted salir un momento Rachael? [ pausa ]
[ Rachael sale del despacho ]
Deckard: Ella es una replicante, ¿no es así?
Tyrell: Estoy impresionado. ¿Cuántas preguntas son las
normales para detectar a uno?
Deckard: No le comprendo Tyrell.
Tyrell: ¿Cuántas preguntas?
Deckard: Veinte, treinta, según el tipo.
Tyrell: Le ha costado más de cien con Rachael, ¿no es así?
Deckard: ¿Ella no lo sabe?
Tyrell: Está empezando a sospechar, creo.
Deckard: ¿Sospechar? ¿Cómo puede no saber lo que es?
Tyrell: El comercio es nuestro objetivo aquí, en la Tyrell. Y
nuestro lema más humanos que los humanos. Rachael es
un experimento, nada más. Empezamos a percibir en ellos
extrañas obsesiones. Después de todo son inexpertos
emocionalmente. Con unos años para almacenar las
experiencias que usted y yo damos por supuesto. Si les
obsequiamos con un pasado creamos un apoyo para sus
emociones y, consecuentemente, podemos controlarlos
mejor.
Deckard: Recuerdos. Usted habla de recuerdos.
[ Deckard vuela hasta el apartamento de Leon. De fondo se
escucha el vídeo de Holden y Leon ]
Holden (vídeo): El tiempo de reacción es primordial. Por
favor, ponga atención. Conteste lo más rápido que pueda.
Leon (vídeo): Muy bien.
Holden (vídeo): 1-1 8-7 Hinterwasser.
Leon (vídeo): Ese es mi hotel.
Holden (vídeo): ¿Qué?
Leon (vídeo): Donde yo vivo.
Holden (vídeo): ¿Un sitio bonito?
Leon (vídeo): Sí, eso creo. ¿Esto es parte del test?
Holden (vídeo): No ....
[ Deckard y Gaff investigan dentro del desocupado
apartamento de Leon ]
Deckard (voice-over): No sabía si Leon le había dado a
Holden la dirección correcta. Pero era la única pista que
tenía. Así que lo investigué.
[ Deckard entra en un oscuro baño y encuentra una
escama dentro de la bañera ]
Deckard (voice-over): Fuera lo que fuese lo que había en la
bañera no era humano. Los replicantes no tienen escamas.
[ Deckard encuentra unas fotos escondidas dentro de los
cajones de un mueble ]
Deckard (voice-over): Y .... fotos familiares. Los replicantes
tampoco tienen familia.
[ Corte. Las calles de Los Ángeles. Aparece Roy Batty con
Leon ]
Roy: Tiempo, el suficiente. [ pausa ] ¿Conseguiste tus
preciadas fotos?
Leon: Había alguien allí.
Roy: ¿Hombres? ¿Poli .... cías?
[ Roy y Leon caminan lentamente hacia el laboratorio de
Chew ]
[ Interior del laboratorio. La temperatura es muy baja. Chew
aparece trabajando frente a un microscopio ]
Chew: Ha, ha!
[ Chew se alarma ante la presencia de Roy y Leon e
intenta pedir ayuda inútilmente ]
Roy: .... Y los ángeles ígneos cayeron. Profundos truenos
se oían en las costas ardiendo con los fuegos de Oro.
[ Leon observa y juega con los diseños de Chew ]
Chew: No podéis entrar, es ilegal. Eh. [ pausa ] Eh, eh!
Frío! Esos son mis ojos. Congelados!
Roy: Sí, preguntas.
[ Leon arranca el traje protector de Chew. Éste empieza a
sentir frío ]
Chew: Hu-ahh. Huh. Huh-ay...
Roy: Morfología, longevidad, fecha de nacimiento.
Chew: No lo sé. Yo no sé esas cosas. Yo sólo fabrico ojos.
Sólo ojos, diseños genéticos, sólo ojos. [ pausa ] ¿Eres
Nexus, eh? Yo diseñé tus ojos.
Roy: Chew, me gustaría que pudieras ver lo que yo hago
con tus ojos. Ahora, preguntas.
Chew: No sé las respuestas.
Roy: ¿Quién las sabe?
Chew: Tyrell. Él lo sabe todo.
Roy: ¿Tyrell Corporation?
Chew: Es .... el gran jefe. Un genio. Él ha diseñado tu
cerebro, tu mente.
Roy: Muy listo.
Chew: Tengo frío.
Roy: No es un hombre fácil de ver.
Chew: Mu-mucho frío.
Roy: ¿No es así?
Chew: Se-se-sebastian. Él .... él te llevará allí.
Roy: ¿Sebastian qué?
Chew: J.F. Sebas-sebas-sebastian.
Roy: Y ¿Dónde .... puedo .... encontrar a ese J.F.
Sebastian?
[ Aparece Deckard en su coche. De fondo se escucha el
vídeo de Holden y Leon ]
Holden (vídeo): ¿Quiere que sigamos? [ pausa ]
Descríbame, con palabras sencillas, solo las cosas buenas
que le vienen a la mente .... a cerca de su madre.
Leon (vídeo): ¿Mi madre?
Holden (vídeo): Sí.
Leon (vídeo): Le voy a hablar de mi madre. [ Leon dispara
a Holden repetidas veces ]
[ Deckard llega cansado a su apartamento. Entra en el
ascensor ]
Ascensor: Identificación de la voz. Su número fónico, por
favor.
Deckard: Deckard 97.
Ascensor: 97, gracias.
[ Deckard siente la presencia de alguien más en el
ascensor. Saca rápidamente su pistola y apunta a Rachael.
Se abren las puertas del ascensor ]
Rachael: Quería verle [ pausa ] Así que esperé. [ Las llaves
de Deckard caen al suelo ] Déjeme ayudarle.
Deckard: No necesito ayuda.
Rachael: No sé por qué él le dijo lo que ha hecho.
Deckard: Hable con él.
Rachael: Ya no me recibirá.
[ Deckard entra en su apartamento y cierra la puerta.
Después vuelve a abrir para que Rachael pueda pasar ]
Deckard: ¿Quiere una copa? ¿eh? ¿No?
Rachael: Cree que soy una replicante ¿verdad? [ pausa ]
Mire, soy yo con mi madre.
Deckard: Sí. ¿Recuerda cuando tenía seis años? Usted y
su hermano se metieron en un edificio vacío por la ventana
del sótano. Iban a jugar a médicos. Él le enseñó su sexo, y
cuando le tocaba hacerlo a usted se avergonzó y corrió.
¿Lo recuerda? ¿Nunca se lo ha contado a alguien? ¿A su
madre, a Tyrell, a alguien? ¿Recuerda la araña que vivía
en el arbusto junto a su ventana? Con el cuerpo naranja y
las patas verdes. La vio tejer una tela durante todo el
verano. Un día apareció un huevo en ella. El huevo
eclosionó.
Rachael: El huevo eclosionó.
Deckard: Y ....
Rachael: Salieron cientos de crías de araña que se la
comieron.
Deckard: Implantes! Esos no son sus recuerdos. Son los
de algún otro; los de la sobrina de Tyrell [ pausa ] Está
bien .... un mal chiste. He hecho un mal chiste. Usted no es
una replicante. Vállase a casa ¿De acuerdo? [ pausa ] No,
no, de veras, lo siento. Vállase a casa. [ pausa ] ¿Quiere
una copa? Le serviré una. Voy por ella.
[ Rachael mira la foto y la tira. Sale corriendo del
apartamento. Deckard recoge la foto y la observa ]
Deckard (voice-over): Tyrell hizo un buen trabajo con
Rachael. De una foto sacó una madre, que ella nunca tuvo,
y una hija que ella jamás fue. Se supone que los
replicantes no tienen sentimientos, y que tampoco los
tienen los blade runner. ¿Qué demonios me estaba
pasando? [ pausa ] Las fotos de Leon tenían que ser tan
falsas como las de Rachael. Yo no entendía por qué un
replicante coleccionaba fotografías. Quizá eran como
Rachael, necesitaban recuerdos.
[ Deckard sale al balcón y observa la ciudad ]
[ Corte. Aparece Pris en la entrada del apartamento de
Sebastian. Se sienta y se tapa con unos periódicos ]
[ Está lloviendo. Pasa el tiempo. Aparece Sebastian. Pris
se asusta, sale corriendo y tropieza con Sebastian ]
Pris: Uhhh... Ungh... Ungh...
Sebastian: Olvida usted el bolso.
Pris: Me he perdido.
Sebastian: Tranquila, no le voy a hacer daño. [ pausa ]
¿Cómo se llama?
Pris: Pris.
Sebastian: Yo J.F. Sebastian.
Pris: Hola.
Sebastian: Hola. ¿Adónde iba usted? ¿A casa?
Pris: No tengo casa. Nos hemos asustado mutuamente,
¿verdad?
Sebastian: Creo que sí.
[ Pris sonríe ]
Pris: Tengo hambre, J.F.
Sebastian: Ahí dentro tengo algo. ¿Quiere pasar?
Pris: Esperaba que lo dijera.
[ Pris y Sebastian entran en el edificio ]
Pris: ¿Vive usted solo en este edificio?
Sebastian: Sí, ahora vivo aquí solo. Aquí no hay carestía
de vivienda. Hay habitaciones para todos.
[ Pris tose ]
Sebastian: Cuidado con el agua.
Pris: Debe sentirse muy solo aquí, J.F.
Sebastian: Hmm .... En realidad no. Me construyo amigos.
Son juguetes. Mis amigos son juguetes. Los hago yo. Es
un hobby. Soy diseñador genético. ¿Sabe lo que es eso?
Pris: No.
Sebastian: Bueno .... Oh, pase.
[ Sebastian y Pris entran en el apartamento. Unas extrañas
criaturas les reciben ]
Sebastian: Ee-oo! Ya estoy en casa!
Kaiser y Bear: De nuevo en casa, qué bien! Buenas tardes
J.F.
Sebastian: Buenas tardes amigos.
[ Kaiser se da la vuelta y se va con paso militar. Tropieza.
Pris sonríe ]
Kaiser: Oooh!
Sebastian: Son mis amigos. Los hago yo. ¿Dónde están
sus parientes?
Pris: Soy una especie de huérfana.
Sebastian: Oh. ¿Y qué hay de sus amigos?
Pris: Tengo algunos, pero he de buscarlos. Mañana les diré
donde estoy.
Sebastian: ¿Quiere darme eso? Está empapada, ¿verdad?
[ Corte. Deckard observa sus fotos familiares mientras toca
el piano levemente ]
[ Deckard elige una de las fotos de Leon y la introduce en
el Esper para su análisis ]
Deckard: Ampliación 2-2-4 1-7-6. Ampliación. Alto.
Adelante. Alto. Avance a la derecha. Alto. Centrado y
retroceso. Alto. Desviación 45 a la derecha. Alto. Centrado.
Alto. Ampliación 34-36. A la derecha y retroceso. Alto.
Ampliación 34-36. Retroceso. Un momento, a la derecha.
Alto. Ampliación 57-19. Desviación 45 a la izquierda. Alto.
Ampliación 15 a 23. Quiero una copia impresa de eso.
[ Deckard obtiene un detalle impreso de la foto de Leon. En
él aparece una mujer ]
[ Corte. Las calles de Los Ángeles. Deckard investiga el
origen de la escama en un puesto ambulante oriental ]
Mujer Camboyana: Yo creo que sí.
Deckard: ¿Pescado?
Mujer Camboyana: Creo que es manufacturado. Buena
calidad. Un trabajo excelente. Está el número de serie del
fabricante: 990-6947-XB71. Interesante. No es pescado.
Escama de serpiente.
Deckard: ¿Serpiente?
Mujer Camboyana: Intenta con Abdul Ben-Hassan. Él ha
hecho esa serpiente.
[ Local de Abdul Ben-Hassan's ]
Deckard: ¿Abdul Hassan? Soy oficial de policía. Me
gustaría hacerle unas preguntas. Licencia para serpientes
artificiales XB71. ¿Es usted? Este trabajo es suyo ¿no? ¿A
quién se lo vendió?
Abdul: ¿Trabajo mío? No muchos podrían pagar tanta
calidad.
Deckard: ¿Cuantos?
Abdul: Muy pocos.
[ Deckard agarra a Abdul Ben-Hassan por el cuello ]
Deckard: ¿Quién? Escucha amigo ....
Abdul: Taffey Lewis, en el distrito cuarto, barrio chino.
Deckard: Eres un buen chico.
[ Local de Taffey Lewis ]
Deckard: Camarero! ¿Taffey Lewis?
[ El camarero señala a un hombre ]
Deckard: ¿Taffey? Me gustaría hacerle algunas preguntas.
[ Taffey está acompañado y pide estar solo para hablar con
Deckard ]
Taffey: Vete.
Deckard: ¿Le ha comprado alguna vez serpientes al
egipcio, Taffey?
Taffey: Claro, siempre amigo.
Deckard: ¿Ha visto alguna vez a esta mujer?
Taffey: Nunca la he visto. Lárgate.
Deckard: Sus papeles .... ¿están en regla?
Taffey: Eh, Langi, este hombre está seco. Dale una de
parte de la casa. ¿Vale?
[ Deckard llama a Rachael por videophone desde el local
de Taffey ]
Rachael: ¿Diga?
Deckard: Me han dejado plantado otras veces, pero nunca
cuando estaba siendo tan amable. Ahora estoy en un bar,
en el distrito cuarto. Es de un tal Taffey Lewis. ¿Por qué no
viene y tomamos una copa?
Rachael: Creo que no, Sr. Deckard. Ese lugar no es de mi
estilo.
Deckard: ¿Vamos a algún otro sitio?
[ Rachael cuelga a Deckard. El Videophone marca
"TOTAL CHARGE - $1.25" ]
Presentador: Damas y caballeros, Taffey Lewis presenta a
la señorita Salomé y la serpiente. Véanla gozar con la
serpiente que una vez corrompió al hombre.
[ Corte. Camerino de la señorita Salomé ]
Deckard: Perdone señorita Salomé. ¿Puedo hablar con
usted un momento? Soy de la Federación Americana de
Artistas de Variedades.
Zhora: ¿Ah, sí?
Deckard: No pretendo que se afilie, no señora. Ese no es
mi departamento. En realidad .... estoy en el comité
confidencial de abusos morales.
Zhora: ¿Comité de abusos morales?
Deckard: Sí, señora. Ha habido informes de que la
dirección de este local se toma ciertas libertades con los
artistas.
Zhora: Yo no sé nada de eso.
Deckard: ¿Se ha sentido explotada de alguna forma?
Zhora: ¿Qué quiere decir explotada?
Deckard: Bueno, al conseguir este trabajo, es decir, ¿hizo
usted o se le pidió que hiciera algo inmoral, ofensivo o
quizá repulsivo para con su persona?
[ Zhora sonríe ]
Zhora: ¿Habla usted en serio?
Deckard: Oh, sí. Me gustaría registrar su camerino, si me lo
permite.
Zhora: ¿Qué busca?
Deckard: Pues, eh, agujeros.
Zhora: ¿Agujeros?
Deckard: Bueno, se sorprendería de lo que es capaz de
hacer un tipo para echarle un vistazo a un cuerpo bonito.
Zhora: No me sorprendería.
Deckard: Hacen ... hacen pequeños agujeros en las
paredes para poder ver desnudarse a una mujer [ Pausa.
Zhora se ducha en presencia de Deckard ] ¿Esto es una
serpiente de verdad?
Zhora: No. ¿Cree que estaría trabajando en un número
como éste si tuviera que hacerlo con una serpiente d
verdad? [ Pausa ] Así que si alguien intenta explotarme ¿a
quién acudo?
Deckard: A mí.
Zhora: Es usted muy listo. Séqueme.
[ Repentinamente Zhora comienza a luchar. Golpea a
Deckard y sale huyendo. ]
[ Deckard se recupera y sale a perseguir a Zhora. Durante
la carrera Deckard se cruza con una gran diversidad de
personas que pululan por las abarrotadas calles ]
Hari Krishnas: Hari, Hari. Hari, Hari. Hari, Hari.
Semáforo parlante: Cruce ahora .... Cruce ahora .... Cruce
ahora .... Cruce ahora ....
Semáforo parlante: No cruce .... No cruce .... No cruce ....
No cruce ....
Deckard: Alto! Quítense de en medio!
[ Deckard dispara repetidas veces. Cámara lenta. Las
balas impactan en Zhora por la espalda. Ésta rompe los
cristales de una tienda antes de caer al suelo, toda
ensangrentada ]
Deckard (voice-over): El informe sería retirada rutinaria de
una replicante. Lo que no me haría sentir mejor que si le
hubiera disparado a una mujer de verdad por la espalda.
Podía sentir esa sensación en mi interior. Por ella. Por
Rachael.
[ Deckard se identifica ante unos policías ]
Deckard: Deckard. B-2-6 3-5-4.
Señal Sonora: Apártense .... Apártense .... Apártense ....
Apártense ....
[ Deckard compra una botella en un bar. Aparece Gaff ]
Tendera: Un momento. ¿Qué desea?
Deckard: Tsing tao. ¿Hay suficiente?
Tendera: Sí.
Gaff: Bryant.
Bryant: Deckard, tienes tan mal aspecto como esa
pellejuda a la que has dejado en la acera.
Deckard: Me voy a casa.
Bryant: Podrías aprender de este hombre, Gaff. Es una
maravillosa máquina de matar. Eso es lo que es. Aún
quedan cuatro. Vamos, Gaff, vámonos.
Deckard: Tres. Solo quedan tres.
Bryant: Son cuatro. Ahora está esa a la que descubriste en
la Tyrell Corporation, Rachael. Ha desaparecido, se
esfumó. Ni siquiera sabía que era una replicante. Tiene
algo que ver con un implante en el cerebro, dice Tyrell.
Vamos, Gaff. Bébete una por mí, amigo.
[ Corte. Deckard es sorprendido y empujado por Leon ]
Deckard: Leon!
Leon: ¿Qué edad tengo?
[ Deckard golpea a Leon sin éxito ]
Deckard: No lo sé.
[ Leon lanza a Deckard contra un muro ]
Leon: Nací el 2 de abril del 2017. ¿Cuánto voy a vivir?
Deckard: Cuatro años.
[ Leon vuelve a lanzar a Deckard contra otro muro.
Deckard saca su pistola pero Leon se la arrebata
velozmente ]
Leon: Más que tú!
[ Leon lanza un golpe a Deckard. Éste logra esquivarlo en
el último momento ]
Leon: Es penoso vivir con miedo, ¿verdad?
[ Leon golpea a Deckard ]
Leon: No hay nada peor que sentir picor y no poder
rascarse.
Deckard: Estoy de acuerdo.
[ Leon toma a Deckard por el cuello y le golpea
nuevamente ]
Leon: Espabila, es hora de morir!
[ Leon está preparado para hundir sus dedos en los ojos de
Deckard. Por detrás aparece Rachael que dispara a Leon ]
[ Corte. Apartamento de Deckard ]
Deckard: ¿Nerviosa? Yo también. No es agradable,
pero .... forma parte del trabajo.
Rachael: Yo no estoy en ese trabajo. [ Pausa ] Yo soy ese
trabaj
[ Deckard entra en la cocina. Desnuda su pecho y enjuaga
su ensangrentada boca ]
Rachael: ¿Y si me fuera al norte? Si desapareciera.
¿Vendrías tras de mí? ¿Me darías caza?
Deckard: No. No lo haría. Te debo la vida. Pero, puede ....
que alguien lo hiciera.
Rachael: Deckard, tú conoces mis expedientes. La fecha
de nacimiento, la longevidad, esas cosas. ¿Los has visto?
Deckard: Están archivados.
Rachael: Pero, tú eres policía.
Deckard: Yo .... no los he visto.
Rachael: Oye, ese test vuestro de Voight Kampff .... ¿Te lo
has hecho a ti mismo alguna vez?
Rachael: ¿Deckard?
[ Deckard descansa levemente en el sofá. Rachael se
sienta al piano y empieza a tocar suavemente ]
Deckard: Soñaba con música.
Rachael: No sabía si podría tocar. Recuerdo las lecciones.
No sé si soy yo o la sobrina de Tyrell.
Deckard: Tocas muy bien.
[ Deckard acaricia a Rachael. Ésta sale corriendo del
apartamento. Deckard la detiene bruscamente y la besa
varias veces ]
Deckard: Ahora, bésame.
Rachael: No puedo fiarme de mi memoria.
Deckard: Dime que te bese.
Rachael: Bésame.
Deckard: Te deseo.
Rachael: Te deseo.
Deckard: Otra vez.
Rachael: Te deseo. Pon tus manos sobre mí.
[ Corte. Apartamento de Sebastian. Pris se maquilla
mientras observa las cosas de Sebastian ]
Sebastian: ¿Qué estás haciendo?
Pris: Lo siento, sólo miraba.
Sebastian: Oh.
Pris: ¿Qué aspecto tengo?
Sebastian: Mucho mejor.
Pris: ¿Sólo mejor?
Sebastian: Bueno, estás preciosa.
Pris: Gracias.
Pris: ¿Qué edad tienes?
Sebastian: 25.
Pris: ¿Cuál es el problema?
Sebastian: Síndrome de Methuselah.
Pris: ¿Qué es eso?
Sebastian: Mis glándulas. Envejecen demasiado deprisa.
Pris: ¿Por eso estás aún en la Tierra?
Sebastian: Sí. No pasaría el examen médico. De todas
formas esto me gusta.
Pris: A mí me gusta tu forma de ser. Hola Roy!
[ Aparece Roy Batty ante la sorpresa de Sebastian ]
Roy: Hola. Vaya, tiene unos juguetes muy bonitos.
Pris: Este es el amigo del que te he hablado. Este es mi
salvador, J. F. Sebastian.
Roy: Sebastian .... me gusta los hombres que echan
raíces. Vive usted aquí solo, ¿verdad?
Sebastian: Sí.
[ Roy besa a Pris ]
Sebastian: ¿Qué les parece si desayunamos? Iba a
preparar algo. Perdón.
Pris: ¿Y bien?
Roy: Leon
Pris: ¿Qué ha ocurrido?
Roy: Ah .... ahora solo quedamos dos.
Pris: Somos estúpidos y moriremos.
Roy: No, no moriremos.
[ Roy se acerca a la mesa de ajedrez. Mueve una pieza ]
Sebastian: No. El rey come a la reina, ¿lo ve? Un fallo.
Roy: ¿Por qué nos mira así, Sebastian?
Sebastian: Porque ustedes son diferentes. Tan perfectos.
Roy: Sí.
Sebastian: ¿De qué generación son?
Roy: Nexus 6.
Sebastian: Ahá, lo sabía, porque yo hago trabajos
genéticos para la Tyrell Corporation. Hay algo mío en
ustedes. Hagan una demostración.
Roy: ¿De qué?
Sebastian: Lo que sea.
Roy: No somos computadoras, Sebastian. Somos físicos.
Pris: Yo creo, Sebastian, que eso es lo que soy.
Roy: Muy bien, Pris. Muéstrale porqué.
[ Pris introduce su mano en el agua hirviendo y lanza unos
huevos a Sebastian ]
[ Sebastian los toma al aire quemándose las manos. Roy
sonríe ]
Roy: Tenemos mucho en común.
Sebastian: ¿Qué quiere decir?
Roy: Problemas similares.
Pris: Envejecimiento acelerado.
Sebastian: Yo no sé mucho de biomecánica, Roy, y me
gustaría saber ....
Roy: Si no lo descubrimos pronto a Pris no le queda mucha
vida. No podemos permitir eso. [ pausa ] ¿Es bueno?
Sebastian: ¿Quién?
Roy: Su oponente.
Sebastian: Ah, ¿el doctor Tyrell? Sólo le he ganado una
vez al ajedrez. Es un genio. Él les diseñó.
Roy: Quizás él podría ayudar.
Sebastian: Será un placer comentárselo. Sí.
Roy: Es mejor que le hable yo personalmente. Por lo que
he oído es un hombre difícil de ver.
Sebastian: Sí, mucho.
Roy: ¿Nos ayudará?
Sebastian: No puedo.
Pris: Te necesitamos Sebastian. Eres nuestro único amigo.
[ Roy bromea con unos ojos saltones de juguete ]
Roy: Nos alegramos de que nos encontrara.
Pris: No creo que haya otro ser humano en el mundo que
nos hubiera ayudado.
[ Pris besa a Sebastian ]
[ Corte. Mansión de Tyrell. Aparece Tyrell en su cama
revisando unos informes. Roy y Sebastian esperan en el
ascensor ]
Tyrell: 66.000 Prosser y Ankovich. Hmmm.. Contrato.
Contrato a ....
Computadora: Entrada. Un tal J.F. Sebastian 1-6-4-1-7.
Tyrell: ¿A estas horas? ¿Qué desea usted Sebastian?
Sebastian: Reina a alfil 6. Jaque.
Tyrell: Tonterías. Espere un momento. Reina a alfil 6.
Ridículo. Reina a alfil 6. Hmmm... Caballo por reina.
[ pausa ] ¿Qué pasa Sebastian? ¿En qué está pensando?
Roy: [ Susurrando a Sebastian ] Alfil a rey 7. Jaque.
Sebastian: Alfil a rey 7. Jaque mate.
Tyrell: Se le ha iluminado el cerebro, ¿eh? La leche y los
pasteles le mantienen despierto, ¿eh? Vamos a discutir
esto. Será mejor que suba Sebastian.
Sebastian: ¿Sr. Tyrell? He traído a un amigo.
Tyrell: Me sorprende que no hayas venido antes.
Roy: No es cosa fácil conocer a tu creador.
Tyrell: ¿Y qué puedo hacer yo por ti?
Roy: ¿Puede el creador reparar lo que ha hecho?
Tyrell: ¿Te gustaría ser modificado?
Roy: ¿Y quedarme aquí? [ pausa ] Pensaba en algo más
radical.
Tyrell: ¿Qué? .... ¿Qué es lo que te preocupa?
Roy: La muerte.
Tyrell: ¿La muerte? Me temo que eso está fuera de mi
jurisdicción, tú ....
Roy: Yo quiero vivir más, padre.
Tyrell: La vida es así. Hacer una alteración en el desarrollo
de un sistema orgánico de vida es fatal. Un programa
codificado no puede ser revisado una vez establecido.
Roy: ¿Por qué no?
Tyrell: Porque al segundo día de incubación, cualquier
célula que ha sido sometida a mutaciones de reversión
alcanza unas pautas de retroceso, como las ratas que
abandonan el barco, que va a hundirse, y luego el barco se
hunde.
Roy: ¿Qué hay de la recombinación EMS?
Tyrell: Ya lo hemos intentado. El Etil Metano Sulfato es un
agente alcalino y un poderoso mutante. Creaba un virus,
tan letal que el individuo moría antes de que acabara la
operación.
Roy: Entonces una proteína represora que bloquee las
células operantes ....
Tyrell: No impediría la duplicación, pero eso llevaría a un
error en la réplica que hace que la recién formada DNA
lleve consigo una mutación. Y así llegamos de nuevo al
virus. Pero, esto solo es teoría. Tú fuiste formado lo más
perfectamente posible.
Roy: Pero no para durar.
Tyrell: La luz que brilla con el doble de intensidad dura la
mitad de tiempo. Y tú has brillado con muchísima
intensidad, Roy. Mírate, eres el hijo pródigo. Eres todo un
premio.
Roy: He hecho cosas malas.
Tyrell: Y también cosas extraordinarias. Goza de tu tiempo.
Roy: No haré nada por lo que el dios de la biomecánica me
impida la entrada en su cielo.
[ Roy besa a Tyrell en la boca. Toma su cabeza entre sus
manos, aplasta su cráneo y hunde los pulgares en sus
ojos ]
[ Corte. Aparece Deckard dentro de su coche que está
aparcado en una oscura calle. Unos pequeños seres se
acercan ]
Vándalo 1: Jemand hat uns ein kleines Geschenk
dagelassen. [ En alemán: "Alguien nos ha dejado un
pequeño regalo." ]
Vándalo 2: Ist jemand drinnen? [ En alemán: "¿Hay alguien
dentro?" ]
Vándalo 3: Ich kann nichts sehen. Hey, warte bis die Bullen
weg sind! Hey, warte bis die Bullen weg [ En alemán: "No
veo nada. Hey, espera a que se marchen los policías.
Espera a que se marchen los policías. " ]
Bryant: El cuerpo encontrado junto a Tyrell corresponde a
un varón, 25 años, blanco, nombre Sebastian, J.F.
Sebastian, dirección Apartamentos Bradbury, distrito
noveno, teléfono 46751. Quiero que vayas allí.
[ Un Spinner de la policía se acerca por encima del coche
de Deckard ]
Policía: Este sector está cerrado al tráfico rodado. ¿Qué
está haciendo aquí?
Deckard: Trabajando, ¿y ustedes qué hacen?
Policía: Detenerle, eso es lo que voy a hacer.
Deckard: Soy Deckard, Blade Runner 2-6-3-5-4. Estoy
registrado y localizado.
Policía: Un momento, revisión. [ pausa ] Bien, revisado,
que se divierta.
[ Deckard llama al apartamento de Sebastian ]
Pris: ¿Diga?
Deckard: Hola, ¿está J.F.?
Pris: ¿Quién es?
Deckard: Soy Eddie, un viejo amigo de J.F.
[ Pris cuelga el teléfono ]
Deckard: Vaya forma de tratar a un amigo.
[ Deckard percibe que hay alguien sobre su coche y
acelera. El Vándalo cae al suelo con una caja ]
Vándalo 1: (So ein) Scheißkerl! [ En alemán: "Qué
cabrón!" ]
[ Los vándalos se pelean por la caja robada ]
Vándalo 2: Gib` das sofort her! Hau ab! [ En alemán: "
Dámelo! " ]
[ Deckard llega al apartamento de Sebastian. Sube
lentamente las escaleras pistola en mano. Abre la puerta.
Aparecen las criaturas de Sebastian ]
Kaiser y Bear: Buenas noches J.F., buenas noches J.F.
Kaiser: [ Da media vuelta y se marcha. Se golpea con la
pared ] Oooh!
[ Aparecen gran cantidad de ruidosos juguetes esparcidos
por todo el apartamento .... Deckard busca .... Descubre a
Pris oculta tras un velo. Pris ataca velozmente a Deckard
golpeándole en la cabeza. Intenta ahogarlo entre sus
piernas. Toma carrerilla para lanzar un golpe definitivo a
Deckard. Éste, a duras penas, logra disparar en el último
momento. Pris cae muerta. [ pausa ] Llega Roy. Deckard
se esconde y le dispara, aunque falla ]
Roy: No es muy limpio disparar contra un oponente
desarmado. Yo creí que se suponía que eras bueno. ¿No
eres tú el mejor? Vamos, Deckard, muéstrame de qué
estas hecho.
[ Roy rompe una pared y apresa la mano de Deckard ]
Roy: ¿Estás orgulloso de ti, hombrecito? Esto es por Zhora.
[ Roy disloca varios dedos de la mano de Deckard ]
Deckard: Arrggh!
Roy: Y esto por Pris.
Deckard: Arrgghh!
Roy: Vamos, Deckard. Estoy aquí, pero procura no fallar.
[ Deckard dispara alcanzando levemente a Roy ]
Roy: Eso no ha estado muy bien. Ahora me toca a mí. Te
voy a dar unos segundos antes de entrar. Uno, dos.
[ Deckard huye dentro del profundo apartamento. Roy se
acerca hasta donde yace Pris ] Tres, cuatro. Pris ....
[ Roy llora, aúlla y besa a Pris. Deckard se detiene en su
alocada huida para volver a colocarse correctamente los
dedos ]
Deckard: Arrghhh!
[ Roy aúlla fuertemente ]
Roy: [ canturreando ] Voy allá. [ pausa ] Deckard! Cuatro,
cinco. Aún sigues vivo! [ Roy corre y aúlla nuevamente ]
Puedo verte! [ La mano de Roy empieza a agarrotarse ]
Todavía no. No!
[ Roy percibe que su tiempo está terminando. Se muerde la
mano. Arranca un clavo de una viga y se lo atraviesa en la
palma ]
[ Roy rompe una pared con su cabeza. En la otra
habitación se encuentra Deckard ]
Roy: Será mejor que hullas o voy a tener que matarte. A
menos que estés vivo no puedes jugar, y si no juegas ....
[ Roy tose agotado. Deckard coge una barra de metal ]
Roy: Seis, siete. Ir al infierno, ir al cielo!
[ Deckard golpea a Roy con la barra ]
Roy: Ir al infierno! Bien, así me gusta.
[ Deckard sube a la azotea. Roy aúlla ]
Roy: Esto duele. Ha sido algo irracional. Sin mencionar el
comportamiento antideportivo. [ Roy se ríe al observar a
Deckard trepar hasta la azotea ] ¿Adónde vas?
[ Deckard llega a la azotea. Intenta saltar hasta otro edificio
pero se queda corto. Se mantiene suspendido de una viga
con el vacío bajo sus pies ]
[ Roy toma una paloma en su mano. Salta
prodigiosamente. Observa el sufrimiento de Deckard, a
punto de caer al vacío ]
*
Roy: Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad?
Eso es lo que significa ser esclavo.
[ Deckard cae, pero Roy logra sujetarlo en el último
momento. Le levanta en vilo y le deja sobre la azotea ]
Roy:
Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar
naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar
en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos
esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas
en la lluvia. Es hora de morir.
*
[ Roy muere. Su mano libera a la paloma que sale volando
hacia el cielo ]

Deckard (voice-over): No sé por qué me salvó la vida.
Quizás en esos últimos momentos amaba la vida más de lo
que la había amado nunca. No solo su vida; la vida de
todos, mi vida. Todo lo que él quería eran las mismas
respuestas que todos buscamos; de dónde vengo, adónde
voy, cuánto tiempo me queda. Todo lo que yo podía hacer
era sentarme allí y verle morir.
***
Gaff: Ha hecho un buen trabajo señor. Supongo que ya
está acabado.
Deckard: He acabado.
Gaff: Lástima que ella no pueda vivir, pero ¿quién vive?
[ Corte. Apartamento de Deckard. La puerta está abierta ]
Deckard: ¿Rachael?, ¿Rachael?, ¿Rachael?
[ Deckard encuentra a Rachael durmiendo ]
Deckard: ¿Me quieres?
Rachael: Te quiero.
Deckard: ¿Confías en mí?
Rachael: Confío.
[ Deckard y Rachael salen del apartamento. Caminan hacia
el ascensor ]
Deckard: Rachael.
[ Rachael roza con su pie una pequeña figura. Deckard la
toma. Es un unicornio de origami ]
Gaff (recuerdo): Lástima que ella no pueda vivir, pero
¿quién vive?
[ Deckard y Rachael abandonan la ciudad en coche ]
Deckard (voice-over): Gaff había estado allí y la había
dejado vivir. Cuatro años creía él. Estaba equivocado.
Tyrell me había dicho que Rachael era especial. No tenía
fecha de terminación. Yo no sabía cuánto tiempo
estaríamos juntos. ¿Quién lo sabe?
_
A MICHAEL DEELY- RIDLEY SCOTT PRODUCTION

 
 

LA MALDICIÓN QUE CAYÓ SOBRE SARNATH

LA MALDICIÓN QUE CAYÓ SOBRE SARNATH

H. P. Lovecraft
LA MALDICIÓN QUE CAYÓ SOBRE SARNATH
_
Hay en la tierra de Mnar un amplio lago tranquilo al que ninguna corriente nutre y del
que tampoco nace río alguno. Hace diez mil años se alzaba en sus riberas la poderosa ciudad
de Sarnath, pero Sarnath ya no está allí.
Cuentan que, en los olvidados años en que el mundo era joven, aun antes de que los
hombres de Sarnath llegaran a la tierra de Mnar, otra ciudad se ubicaba junto al lago; la
ciudad construida con piedras grises de lb, que era tan vieja como el mismo lago y estaba
poblada por seres de ingrata apariencia. Tales seres resultaban sumamente feos y extraños, tal
como de hecho son la mayoría de los retoños de un mundo apenas esbozado. Está escrito en
las piedras cilíndricas de Kadatheron que el color de los seres de lb resultaba tan verde como
el lago y las neblinas que se alzan de su superficie; que eran de ojos saltones, labios fofos y
repulsivos, y curiosas orejas, así como que eran mudos. También está escrito que
descendieron una noche de la luna, entre la niebla; ellos y el gran lago tranquilo, y la pétrea
ciudad gris de lb. Como quiera que sea, es cierto que adoraban a un ídolo de piedra verde mar
cincelado a semejanza de Bokrug, el gran lagarto acuático, ante el que danzaban de forma
horrible cuando la luna se mostraba gibosa. Y está escrito en los papiros de Ilarnek que
descubrieron un día el fuego, y que desde entonces utilizaron las llamas en multitud de
festejos. Pero no es mucho lo que se ha escrito sobre tales seres, ya que existieron en tiempos
verdaderamente remotos, y el hombre es joven, y sabe muy poco sobre los más antiguos de
entre los seres vivos.
Tras muchos eones los hombres llegaron a la tierra de Mnar; eran oscuros pueblos
pastores que arreaban sus rebaños y que construyeron Thraa, Ilarnek y Kadatheron junto al
sinuoso río Al. Y algunas tribus, más audaces que las otras, se llegaron al borde del lago y
emplazaron Sarnath en el lugar en que los metales preciosos afloraban de la tierra.
Las errabundas tribus ubicaron las primeras piedras de Sarnath no muy lejos de la
ciudad gris de lb, maravillándose en grado sumo ante los seres que allí moraban. Pero con su
asombro se mezclaba el odio, porque no estaba en su forma de pensar el admitir que seres de
tal aspecto pudieran habitar el mundo de los hombres nacidos del fango. Tampoco gustaban
de las extrañas esculturas sobre los monolitos grises de lb, ya que la gran antigüedad de tales
tallas les resultaba terrible. Nadie sabría decir por qué aquellos seres y esculturas
permanecían sobre la tierra, aun tras la llegada del hombre; a no ser que fuera porque la tierra
de Mnar era tranquila en verdad, y alejada de la mayoría de otras tierras, tanto de la vigilia
como de los sueños.
Cuanto más miraban a los seres de lb, más los odiaban los hombres de Sarnath, y a
esto contribuía no poco el descubrimiento de que aquellos seres resultaban débiles como jalea
a la herida de piedras, lanzas y flechas. Así que un día los guerreros jóvenes, los honderos y
los lanceros y los arqueros se pusieron en marcha contra Ib y mataron a todos sus moradores,
arrojando los extraños cuerpos al lago mediante largas lanzas, ya que no querían tocarlos. Y
ya que no gustaban de los grises monolitos esculpidos de lb, los abatieron asimismo sobre el
lago, maravillándose de la enormidad del trabajo de acarrear aquellas piedras desde muy
lejos, como sin duda había sido, ya que no se conocía nada semejante en toda la tierra de
Mnar ni en las adyacentes.
De esta forma no quedó nada de la antiquísima ciudad, a excepción del ídolo de
piedra verde mar cincelado a semejanza de Bokrug, el lagarto acuático. A éste los guerreros
jóvenes se lo llevaron a Sarnath como un símbolo de conquista sobre los viejos dioses y los
seres de lb, así como en señal de liderazgo sobre Mnar. Pero la noche después de ser
emplazado en el templo, algo terrible debió suceder, ya que se vieron luces salvajes sobre el
lago, y al llegar la mañana el pueblo se encontró con que había desaparecido, y que el sumo
sacerdote Taran-Ish yacía muerto, como abatido por algún miedo indecible. Y antes de morir,
Taran-Ish había garabateado sobre el altar de crisolito con trazos temblorosos la señal de la
MALDICIÓN.
Luego de Taran-Ish se sucedieron los sumos sacerdotes en Sarnath, pero nunca
llegaron a encontrar el ídolo de piedra verde mar. Y multitud de siglos llegaron y se fueron, y
Sarnath prosperó desmesuradamente, hasta que sólo los sacerdotes y las viejas recordaron lo
que Taran-Ish garabateara sobre el altar de crisolito. Entre Sarnath y la ciudad de Ilarnek se
estableció un camino de caravanas, y los preciosos metales de la tierra se intercambiaban por
otros metales y ropas raras y joyas y libros e instrumental para los artífices y todas los lujosos
bienes conocidos por el pueblo que habita a lo largo del sinuoso río Ai y aun más allá. Así
creció Sarnath poderosa y sabia, y enviaba ejércitos de conquista para subyugar a las
ciudades vecinas; y en su momento se sentaron en el trono de Sarnath los reyes de toda la
tierra de Mnar, así como multitud de tierras adyacentes.
Maravilla del mundo y orgullo de la humanidad era Sarnath la magnífica. De pulido
mármol, extraído del desierto, eran sus murallas; con una altura de 300 codos y una anchura
de 75, de forma que dos carros podían cruzarse sobre su parte alta. Su longitud era de 500
estadios, interrumpiéndose tan sólo en la parte que daba al lago, donde un gran dique de
piedra verde contenía a las olas que se alzaban de forma extraña una vez al año, durante el
aniversario de la destrucción de Ib. En Sarnath había cincuenta calles que iban del lago a las
puertas de las caravanas, y otras cincuenta que las cruzaban. De ónice estaban todas
pavimentadas, a excepción de aquellas por donde pasaban los caballos y los camellos y los
elefantes, que se hallaban adoquinadas con granito. Y las puertas de Sarnath eran tantas como
calles concluían en sus murallas, cada una de ellas de bronce y flanqueadas por efigies de
leones y elefantes esculpidos en una clase de piedra ya desconocida para los hombres. Las
casas de Sarnath eran de ladrillo vidriado y calcedonia, cada una con su jardín vallado y su
estanque cristalino. En extraño estilo habían sido construidas, ya que ninguna otra ciudad
poseía casas así, y los viajeros de Thraa e Ilarnek y Kadatheron se maravillaban ante los
resplandecientes domos con que se hallaban rematadas.
Pero más maravillosos aún resultaban los templos y los palacios, así como los jardines
establecidos por el antiguo rey Zokkar. Había multitud de palacios, el más modesto de los
cuales era más formidable que cualquiera de los de Thraa o Ilarnek o Kadatheron. Tan altos
eran que, hallándose en su interior, uno podía creer que se hallaba a cielo abierto; aunque
cuando se iluminaban con antorchas embebidas en el aceite de Dothur sus muros mostraban
inmensos frescos de reyes y ejércitos, de una magnificencia tal que elevaban el espíritu al
tiempo que atemorizaban a quienes los contemplaban. Multitud eran las columnas de los
palacios, todas de mármol veteado, y talladas con motivos de belleza sin par. Y en la mayoría
de los palacios los suelos se hallaban cubiertos por mosaicos de berilo y lapislázuli y
sardónice y rubí y otros materiales selectos, tan bien distribuidos que el visitante podía
creerse paseando sobre lechos de las más raras flores. Y había asimismo fuentes que
derramaban aguas perfumadas alrededor mediante surtidores diseñados con habilidosa
artesanía. Eclipsando a todos sus rivales se alzaba el palacio de los reyes de Mnar y tierras
adyacentes. Sobre dos agazapados leones de oro reposaba el trono, muchos peldaños por
encima del suelo resplandeciente. Y había sido tallado en una única pieza de marfil, aunque
ningún hombre vivo conocía de dónde pudiera proceder algo tan inmenso. En ese palacio
también había innumerables galerías, y muchos anfiteatros donde leones y hombres y
elefantes combatían para entretenimiento de los reyes. En ocasiones se inundaban los
anfiteatros con aguas canalizadas desde el lago a través de poderosos acueductos, y entonces
se libraban trepidantes combates navales o luchas de nadadores contra mortíferos seres
acuáticos.
Altos y asombrosos resultaban los diecisiete templos en torre de Sarnath, edificados
con una piedra de reflejos multicolores desconocida en cualquier otra parte. Su buen millar de
codos medía el mayor de todos, allí donde moraba el sumo sacerdote entre una magnificencia
apenas superada por la del rey. Abajo había salones tan amplios y espléndidos como los de
los palacios, donde se agolpaban las muchedumbres adorando a Zo-Kalar y Tamash y Lobon,
los dioses mayores de Sarnath, cuyos relicarios, envueltos en humo de incienso, eran
semejantes a tronos de monarca. Las imágenes de Zo-Kalar y Tamash y Lobon no eran como
las demás estatuas de dioses, ya que resultaban tan vívidas que uno podría jurar que los
propios y agraciados dioses barbudos ocupaban sus tronos de marfil. Y a través de
interminables escaleras de brillante circonio se llegaba al aposento de la cima, desde donde el
sumo sacerdote avizoraba de día sobre la ciudad y las llanuras y el lago; y de noche la críptica
luna y las estrellas más brillantes y los planetas, así como sus reflejos en el lago. Allí tenían
lugar los más antiguos y secretos ritos en execración de Bokrug, el lagarto acuático, y allí
reposaba el altar de crisolito ostentando la MALDICIÓN, garabateada por Taran-Ish.
Maravillosos asimismo resultaban los jardines edificados por el antiguo rey Zokkar.
Ocupaban el centro de Sarnath, cubriendo un gran espacio y circundados por un alto muro. Y
se hallaban cubiertos por un poderoso domo de cristal, a través del cual brillaban el sol y la
luna y las estrellas y los planetas cuando estaba despejado. Y de ella se colgaban refulgentes
imágenes del sol y la luna y las estrellas y los planetas cuando estaba nublado. En verano, los
jardines se refrescaban mediante aromáticas brisas frescas, habilidosamente provocadas
mediante ventiladores, y en verano se caldeaban a través de fuegos ocultos, por lo que en
dichos jardines siempre reinaba la primavera. Pequeñas corrientes corrían sobre guijarros
claros, surcando prados verdes y jardines multicolores, y multitud de puentes los salvaban de
uno a otro lado. Muchas eran las cascadas a lo largo de sus cursos, y muchos asimismo los
estanques cuajados de lirios en los que se expandían. Sobre corrientes y estanques bogaban
blancos cisnes, al tiempo que la música de aves exóticas repicaba al compás del canto de las
aguas. Macizos verdes nacían en ordenadas terrazas, adornados aquí y allá con emparrados y
amables arriates, y asientos y bancos de mármol y pórfido. Y había innumerables capillas y
templetes en donde uno podía descansar o rezar a los dioses menores.
Cada año tenía lugar en Sarnath la fiesta de la destrucción de lb, y en esa ocasión se
prodigaban el vino, las canciones, la danza y todo tipo de festejos. Se rendían grandes
honores a los espectros de aquellos que aniquilaron a los seres de extraña antigüedad, y la
memoria de éstos y sus viejos dioses resultaba mancillada por bailarines y músicos coronados
con rosas procedentes de los jardines de Zokkar. Y los reyes oteaban sobre el lago y
maldecían los huesos de los muertos que descansaban en sus honduras. En un principio los
sumos sacerdotes no gustaban de tales festejos, ya que se contaban unos a otros extrañas
historias de cómo el ídolo verde mar se había esfumado, y de cómo Taran-Ish había muerto
de miedo, no sin antes dejar un aviso. Y se comentaba que, a veces, desde su alta torre, se
divisaban luces bajo las aguas del lago. Pero como innumerables años fueron transcurriendo
sin que sucediera calamidad alguna, incluso los sacerdotes rieron y maldijeron, y tomaron
parte en aquellas orgías multitudinarias. Además, ¿no habían ellos mismos realizado a
menudo, en su alta torre, el inconcebiblemente antiguo rito de execración de Bokrug, el
lagarto acuático? Y un millar de años de riqueza y gozos transcurrieron sobre Sarnath,
maravilla del mundo y orgullo de toda la humanidad.
Magnificiente más allá de toda imaginación resultó la fiesta del milenio de la
destrucción de lb. Por espacio de una década se habló en la tierra de Mnar sobre ella, y al
acercarse la noche acudieron a Sarnath en caballos y camellos y elefantes hombres de Thraa,
Ilarnek y Kadatheron, y de todas las ciudades de Mnar y de las tierras de aún más allá. Los
pabellones de los príncipes y las tiendas de los viajeros se alzaron ante los marmóreos muros
en aquella señalada noche, y por toda la ribera resonaban los cánticos de alegres celebrantes.
En su sala de banquetes se reclinaba Nargis-Hey, el rey, catando vinos añejos de las bodegas
de la conquistada Pnath, rodeado de nobles alegres y diligentes esclavos. Se habían paladeado
multitud de platos durante esa fiesta; pavos reales de las islas de Nariel en el Océano Medio;
cabras jóvenes de las lejanas colinas de Implan, pies de camellos del desierto bnarcico,
nueces y especias de los plantíos cidarianos, y perlas de marítimo Mtal, disueltas en el
vinagre de Thraa. Había salsas en número incontable, preparadas por los mejores cocineros
de toda Mnar, y aptas para todos los paladares. Pero el manjar más apreciado lo constituían
los grandes peces del lago, de gran envergadura y servidos sobre fuentes de oro hermoseadas
con rubíes y diamantes.
Mientras el rey y sus nobles festejaban en palacio, y contemplaban los platos cumbre
que aguardaban en sus fuentes de oro, otros celebraban en otra parte. En la torre del gran
templo los sacerdotes se entregaban a la diversión, y en los pabellones extramuros los
príncipes de tierras vecinas festejaban a su vez. Y sucedió que fue el sumo sacerdote Gnai-
Kah quien primero advirtió la sombra que descendía de la gibosa luna hacia el lago, y la
espantosa bruma verde que surgía del lago para juntarse con la luna y envolver con siniestra
neblina las torres y cúpulas de la condenada Sarnath. Luego, quienes estaban en las torres y al
otro lado de los muros avistaron extrañas luces en las aguas y vieron que la roca gris
Akurión, que se alzaba junto a la orilla, estaba casi sumergida. Y el miedo prendió difusa
aunque velozmente, de forma que el príncipe de Ilarnek y el del lejano Rokol desmontaron y
plegaron sus tiendas y pabellones y huyeron hacia el río Ai, aunque ellos mismos apenas
entendían el motivo de aquella precipitada salida.
Entonces, próxima a sonar la medianoche, las puertas de bronce de Sarnath se
abrieron y vomitaron una multitud enloquecida que cubrió la llanura, por lo que príncipes
visitantes y viajeros huyeron espantados, ya que los rostros de esa multitud ostentaban la
enloquecedora impronta de un inaguantable horror, y de sus bocas brotaban palabras tan
terribles que nadie se demoró a comprobar su verdad. Hombres de ojos enloquecidos por el
miedo vociferaban haber mirado en la sala del rey a través de los ventanales, y que ya no
resultaba posible ver las siluetas de Nargis-Hei y sus nobles y esclavos, sino tan sólo una
horda de indescriptibles seres verdes mudos, con ojos saltones y repulsivos labios fofos, y
curiosas orejas. Seres que bailaban de forma espantosa, sosteniendo entre sus zarpas fuentes
doradas hermoseadas con rubíes y diamantes, y conteniendo llamas terribles. Y los príncipes
y viajeros, mientras huían de la ciudad maldita de Sarnath a lomos de caballos y camellos y
elefantes, volvieron la vista al lago del que brotaban las nieblas y vieron que la roca Akurión
se hallaba prácticamente sumergida.
Por toda la tierra de Mnar y adyacentes corrieron historias de aquellos que habían
escapado de Sarnath, y las caravanas ya no concurrieron más a la ciudad maldita, ni a sus
metales preciosos. Tuvo que transcurrir mucho tiempo antes de que algún viajero fuera allá, y
sólo entonces los jóvenes valientes y aventureros de la lejana Falona osaron hacer el viaje,
jóvenes aventureros de pelo rubio y ojos azules sin parentesco alguno con los hombres de
Mnar. De hecho, aquellos hombres acudieron al lago para contemplar Sarnath, pero aunque
encontraron el gran lago tranquilo y la roca gris Ákurión que se alza muy alta cerca de la
orilla, no pudieron vislumbrar la maravilla del mundo y orgullo de toda la humanidad. Donde
antes se alzaran muros de 300 codos y torres aún más altas, ahora se hallaba sólo orilla
pantanosa; y donde antes moraran cincuenta millones de hombres ahora tan sólo se veía
reptar al detestable lagarto verde de agua. Ni las minas de metal precioso quedaban, ya que la
MALDICIÓN había caído sobre Sarnath.
Pero medio oculto entre los juncos se descubrió un curioso ídolo de piedra verde; un
ídolo sumamente antiguo, cubierto de algas y cincelado a semejanza de Bokrug, el gran
lagarto acuático. Ese ídolo, entronizado en el gran templo de Ilarnek, fue en adelante adorado
al resplandor de la luna gibosa en toda la tierra de Mnar.

sir snake peter punk

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pedrozar

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