La chica más guapa de la ciudad
Charles Bukowski
Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decía que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos no podían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una maquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía.
Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la gente estaba herida, en el espíritu o en la carne, a Cass le daba una pena tremenda. Su mente era distinta y nada más; sencillamente, no era práctica. Sus hermanas la envidiaban porque atraía a sus hombres, y andaban rabiosísimas porque creían que no las sacaba todo el partido posible. Tenía la costumbre de ser buena y amable con los feos; los hombres considerados guapos le repugnaban: "No tienen agallas -decía ella-. No tienen nervio. Confían siempre en sus orejitas perfectas y en sus narices torneadas... todo fachada y nada dentro..." Tenía un carácter rayando la locura; Un carácter que algunos calificaban de locura.
Su padre había muerto del alcohol y su madre se había largado dejando solas a las chicas. Las chicas se fueron con una pariente que las metió en un colegio de monjas. El colegio había sido un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Las chicas envidaban a Cass y Cass se peleó con casi todas. Tenía señales de cuchilladas por todo el brazo izquierdo, de defenderse en dos peleas. Tenía también una cicatriz imborrable que le cruzaba la mejilla izquierda; pero la cicatriz, en vez de disminuir su belleza, parecía por el contrarío, realzarla.
Yo la conocí en el bar West End unas noches después de que la soltaran del convento. Al ser la más joven, fue la última hermana que soltaron. Sencillamente entró y se sentó a mi lado. Yo quizá sea el hombre más feo de la ciudad, y puede que esto tuviera algo que ver con el asunto.
- ¿Tomas algo?
- Claro, ¿Por qué no?
No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión, Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete y se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez.
- ¿Crees que soy bonita?- preguntó.
- Sé, desde luego. Pero hay algo más... algo más que tu apariencia...
- La gente anda siempre acusándome de ser bonita. ¿Crees de veras que soy bonita?
- Bonita no es la palabra, no te hace justicia.
Buscó en su bolso. Creía que buscaba el pañuelo. Sacó un alfiler de sombrero muy largo. Antes de que pudiese impedírselo, se había atravesado la nariz con él, de lado a lado, justo sobre las ventanillas. Sentía repugnancia y horror.
Ella me miró y se echó a reír.
- ¿Crees ahora que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, eh?
Saqué el alfiler y puse mi pañuelo sobre la herida. Algunas personas, incluido el encargado, habían observado la escena. El encargado se acercó.
-Mira -dijo a Cass-, si vuelves a hacer eso te echo. Aquí no necesitamos tus exhibiciones.
- ¡Vete a la mierda, amigo! -dijo ella.
- Será mejor que la controles -me dijo el encargado.
- No te preocupes -dije yo.
- Es mi nariz -dijo Cass-, puedo hacer lo que querrá con ella
- No -dije-, a mí me duele.
- ¿Quieres decir que te duele a ti cuando me clavo un alfiler en la nariz?
- Sí, me duele, de veras.
- De acuerdo, no lo volveré a hacer. Animo
Me besó, pero como riéndose un poco en medio del beso y sin soltar el pañuelo de la nariz. Cuando cerraron nos fuimos a donde yo vivía. Tenía un poco de cerveza y nos sentamos a charlar. Fue entonces cuando pude apreciar que era una persona que rebosaba bondad y cariño. Se entregaba sin saberlo. Al mismo tiempo, retrocedía a zonas de descontrol e incoherencia. Esquizoide. Una esquizo hermosa y espiritual. Quizás algún hombre, algo acabase destruyéndola para siempre. Esperaba no ser yo.
Nos fuimos a la cama y cuando apagué las luces me preguntó:
- ¿Cuándo quieres hacerlo, ahora o por la mañana?
- Por la mañana -dije, y me di la vuelta.
Por la mañana me levanté, hice un par cafés y le llevé uno a la cama.
Se echó a reír.
- Eres el primer hombre que conozco que ha querido hacerlo por la noche.
- No hay problema -dije-. En realidad no tenemos por que hacerlo.
- No, espera, ahora quiero yo. Déjame que me refresque un poco.
Se fue al baño. Salió enseguida, realmente maravillosa, largo pelo negro resplandeciente, ojos y labios resplandeciente, toda resplandor... Se desperezó sosegadamente, buena cosa. Se metió en la cama.
- Ven, amor.
Fui.
Besaba con abandono, pero sin prisa. Dejé que mis manos recorriesen su cuerpo. Acariciasen su pelo. La monté. Su carne era cálida y prieta. Empecé a moverme despacio y queriendo que durara. Ella me miraba a los ojos.
- ¿Cómo te llamas? -pregunté.
- ¿Qué diablos importa? -preguntó ella.
Solté una carcajada y seguí. Después se vistió y la llevé en coche al bar, pero era difícil olvidarla. Yo no trabajaba y dormí hasta las dos y luego me levanté y leí el periódico. Cuando estaba en la bañera, entro ella con una hoja: una oreja de elefante.
- Sabía que estabas en la bañera -dijo-, así que te traje algo para tapar esa cosa, hijo de la naturaleza.
Y me echó encima, en la bañera, la hoja de elefante.
- ¿Cómo sabías que estaba en la bañera?
- Lo sabía.
Cass llegaba casi todos los días cuando yo estaba en la bañera. No era siempre la misma hora, pero raras veces fallaba, y traía la hoja de elefante. Y luego hacíamos el amor.
Telefoneo una o dos noches y tuve que sacarla de la cárcel por borrachera y pelea pagando la fianza.
- Esos hijos de puta - decía-, sólo porque te pagan unas copas creen que pueden echarte mano a las bragas.
- La culpa la tienes tú por aceptar la copa
- Yo creía que se interesaba por mí, no sólo por mi cuerpo.
- A mí me interesas tú y tu cuerpo. Pero dudo que la mayoría de los hombres puedan ver más allá de tu cuerpo.
Dejé la ciudad y estuve fuera seis meses, anduve vagabundeando; volví. No había olvidado a Cass ni un momento, pero habíamos tenido algún tipo de discusión y además yo tenía ganas de ponerme en marcha, y cuando volví pensé que se habría ido; pero no llevaba sentado treinta minutos en el West End cuando ella llegó y se sentó a mi lado.
- Vaya, cabrón, has vuelto.
Pedí un trago para ella. Luego la miré. Llevaba un vestido de cuello alto. Nuca la había visto así. Y debajo de cada ojo, clavado, llevaba un alfiler de cabeza de cristal. Sólo se podían ver las cabezas de los alfileres, pero los alfileres estaban clavados.
- Maldita sea, aún sigues intentando destruir tu belleza....
- No, no seas tonto, es la moda.
- Estas chiflada.
- Te he echado de menos -dijo
- ¿Hay otro?
- No, no hay ninguno. Solo tú. Pero ahora hago la vida. Cobro diez billetes. Pero para ti es gratis.
- Sácate esos alfileres.
- No, es la moda.
- Me hace muy desgraciado.
- ¿Estás seguro?
- Sí, mierda, estoy seguro.
Se sacó lentamente los alfileres y los guardo en el bolso.
- Porque la gente cree que es todo lo que tengo. La belleza no es nada. La belleza no permanece. No sabes la suerte que tienes siendo feo, porque si le agradas a alguien sabes que es por otra cosa.
- Vale -dije-, tengo mucha suerte.
- No quiero decir que seas feo. Sólo que la gente cree que lo eres. Tienes una cara fascinante.
- Gracias.
Tomamos otra copa.
- ¿Qué andas haciendo? -preguntó.
- Nada. No soy capaz de apegarme a nada. Nada me interesa.
- A mí tampoco. Si fueses mujer podrías ser puta.
- No creo que quisiera establecer un contacto tan íntimo con tantos extraños. Debe ser un fastidio.
- Tienes razón, es fastidioso, todo es fastidioso
Salimos juntos, por la calle, la gente aún miraba a Cass. Aún era una mujer hermosa, quizá más que nunca.
Fuimos a casa y abrir una botella de vino y hablamos. A Cass y a mí, siempre nos era fácil hablar. Ella hablaba un rato yo escuchaba y luego hablaba yo. Nuestra conversación fluía fácil sin tensión. Era como si descubriésemos secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno, Cass se reía con aquella risa.. de aquella manera que sólo ella podía reírse. Era como el gozo del fuego. Y durante la charla nos besábamos y nos arrimábamos. Nos pusimos muy calientes y decidimos irnos a la cama. Fue entonces cuando Cass se quito aquel vestido del cuello alto y lo vi... Vi la mellada y horrible cicatriz que le cruzaba el cuello. Era grande y ancha.
- Maldita sea, condenada, ¿Qué has hecho? -dije desde la cama
- Lo intenté con una botella rota una noche. ¿Ya no te gusto? ¿Soy bonita aún?
La arrastré a la cama y la besé. Me empujo y se echo a reír:
- Algunos me pagan los diez y luego, cuando me desvisto no quieren hacerlo. Yo me quedo los diez. Es muy divertido.
- Sí -dije-, no puedo parar de reír... Cass, zorra, te amo... deja de destruirte; eres la mujer con más vida que conozco.
Volvimos a besarnos. Cass lloraba en silencio. Sentí las lágrimas. Sentí aquel pelo largo y negro tendido bajo mí como una bandera de muerte. Disfrutamos e hicimos un amor lento y sombrío y maravilloso.
Por la mañana, Cass estaba levantada haciendo el desayuno. Parecía muy tranquila y feliz. Cantaba. Yo me quedé en la cama gozando su felicidad. Por fin, vino y me zarandeó.
- ¡Arriba, cabrón! ¡Chapúzate con agua fría la cara y la polla y ven a disfrutar del banquete!
Ese día la llevé en coche a la playa. No era un día de fiesta y aún no era verano, todo estaba espléndidamente desierto. Vagabundos playeros en andrajos dormían en la arena. Había otros sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas revoloteaban, estúpidas pero distraídas. Ancianas de setenta y ochenta, sentadas en los bancos, discutiendo ventas de fincas dejadas por maridos asesinados mucho tiempo atrás por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Había paz en el aire y paseamos y estuvimos tumbados por allí y no hablamos muchos. Era agradable simplemente estar juntos. Compré bocadillos, patatas fritas y bebidas y nos sentamos a beber en la arena. Luego abracé a Cass y dormimos así abrazados un rato. Era mejor que hacer el amor. Era como fluir juntos sin tensión. Luego volvimos a casa en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass que viviésemos juntos. Se quedó mucho rato mirándome y luego dijo lentamente "NO". La llevé de nuevo al bar, le pagué una copa y me fui.
Al día siguiente, encontré un trabajo como empaquetador en una fabrica y trabajé todo lo que quedaba de semana. Estaba demasiado cansado para andar mucho por ahí, pero el viernes por la noche me acerqué al West End. Me senté y esperé a Cass. Pasaron horas. Cuando estaba ya bastante borracho, me dio el encargado.
- Siento lo de tu amiga.
- ¿El qué? -pregunté.
- Lo siento. ¿No lo sabías?
- No
- Suicidio, la enterraron ayer
- ¿Enterrada? -pregunté. Parecía como si fuese a aparecer en la puerta de un momento a otro. ¿Cómo podía haber muerto?
- La enterraron las hermanas
- ¿Un suicidio? ¿Cómo fue?
- Se cortó el cuello.
- Ya. Dame otro trago.
Estuve bebiendo allí hasta que cerraron. Cass, la más bella de las cinco hermanas, la chica más guapa de la ciudad. Conseguí conducir hasta casa sin poder dejar de pensar que debería haber insistido en que se quedara conmigo en vez de aceptar aquel "NO". Todo en ella había indicado que le pasaba algo. Yo sencillamente había sido demasiado insensible, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Era un perro. No, ¿Por qué acusar a los perros? Me levanté, busqué una botella de vino, bebí lúgubremente. Cass, la chica más guapa de la ciudad muerta a los veinte años.
Fuera, alguien tocaba la bocina de un coche. Unos bocinazos escandalosos, persistentes. Dejé la botella y aullé "¡MALDITO SEAS, CONDENADO HIJO DE PUTA, CALLATE YA!".
Y seguía avanzando la noche y yo nada podía hacer.
EL GRAN INQUISIDOR
FIODOR DOSTOIEVSKI
http://bloodgothic.blogspot.com
Han pasado ya quince siglos desde que Cristo dijo: "No tardaré en volver. El día y la hora, nadie, ni el propio Hijo, las sabe". Tales fueron sus palabras al desparecer, y la Humanidad le espera siempre con la misma fe, o acaso con fe más ardiente aún que hace quince siglos. Pero el Diablo no duerme; la duda comienza a corromper a la Humanidad, a deslizarse en la tradición de los milagros. En el Norte de Germania ha nacido una herejía terrible, que, precisamente, niega los milagros. Los fieles, sin embargo, creen con más fe en ellos. Se espera a Cristo, se quiere sufrir y morir como Él... Y he aquí que la Humanidad ha rogado tanto por espacio de tantos siglos, ha gritado tanto "¡Señor, dignáos, aparecérosnos!", que Él ha querido, en su misericordia inagotable, bajar a la tierra.
Y he aquí que ha querido mostrarse, al menos un instante, a la multitud desgraciada, al pueblo sumido en el pecado, pero que le ama con amor de niño. El lugar de la acción es Sevilla; la época, la de la Inquisición, la de los cotidianos soberbios autos de fe, de terribles heresiarcas, ad majorem Dei gloriam.
No se trata de la venida prometida para la consumación de los siglos, de la aparición súbita de Cristo en todo el brillo de su gloria y su divinidad, "como un relámpago que brilla del Ocaso al Oriente". No, hoy sólo ha querido hacerles a sus hijos una visita, y ha escogido el lugar y la hora en que llamean las hogueras. Ha vuelto a tomar la forma humana que revistió, hace quince siglos, por espacio de treinta años.
Aparece entre las cenizas de las hogueras, donde la víspera, el cardenal gran inquisidor, en presencia del rey, los magnates, los caballeros, los altos dignatarios de la Iglesia, las más encantadoras damas de la corte, el pueblo en masa, quemó a cien herejes. Cristo avanza hacia la multitud, callado, modesto, sin tratar de llamar la atención, pero todos le reconocen.
El pueblo, impelido por un irresistible impulso, se agolpa a su paso y le sigue. Él, lento, una sonrisa de piedad en los labios, continúa avanzando. El amor abrasa su alma; de sus ojos fluyen la Luz, la Ciencia, la Fuerza, en rayos ardientes, que inflaman de amor a los hombres. Él les tiende los brazos, les bendice. De Él, de sus ropas, emana una virtud curativa. Un viejo, ciego de nacimiento, sale a su encuentro y grita: "¡Señor, cúrame para que pueda verte!" Una escama se desprende de sus ojos, y ve. El pueblo derrama lágrimas de alegría y besa la tierra que Él pisa. Los niños tiran flores a sus pies y cantan Hosanna, y el pueblo exclama: "¡Es Él! ¡Tiene que ser Él! ¡No puede ser otro que Él!"
Cristo se detiene en el atrio de la catedral. Se oyen lamentos; unos jóvenes llevan en hombros a un pequeño ataúd blanco, abierto, en el que reposa, sobre flores, el cuerpo de una niña de diecisiete años, hija de un personaje de la ciudad.
–¡Él resucitará a tu hija! –le grita el pueblo a la desconsolada madre.
El sacerdote que ha salido a recibir el ataúd mira, con asombro, al desconocido y frunce el ceño.
Pero la madre profiere:
–¡Si eres Tú, resucita a mi hija!
Y se posterna ante Él. Se detiene el cortejo, los jóvenes dejan el ataúd sobre las losas. Él lo contempla, compasivo, y de nuevo pronuncia el Talipha kumi (Levántate, muchacha).
La muerta se incorpora, abre los ojos, se sonríe, mira sorprendida en torno suyo, sin soltar el ramo de rosas blancas que su madre había colocado entre sus manos. El pueblo, lleno de estupor, clama, llora.
En el mismo momento en que se detiene el cortejo, aparece en la plaza el cardenal gran inquisidor. Es un viejo de noventa años, alto, erguido, de una ascética delgadez. En sus ojos hundidos fulgura una llama que los años no han apagado. Ahora no luce los aparatosos ropajes de la víspera; el magnífico traje con que asistió a la cremación de los enemigos de la Iglesia ha sido reemplazado por un tosco hábito de fraile.
Sus siniestros colaboradores y los esbirros del Santo Oficio le siguen a respetuosa distancia. El cortejo fúnebre detenido, la muchedumbre agolpada ante la catedral le inquietan, y espía desde lejos. Lo ve todo: el ataúd a los pies del desconocido, la resurrección de la muerta... Sus espesas cejas blancas se fruncen, se aviva, fatídico, el brillo de sus ojos.
–¡Prendedle!– les ordena a sus esbirros, señalando a Cristo.
Y es tal su poder, tal la medrosa sumisión del pueblo ante él, que la multitud se aparta, al punto, silenciosa, y los esbirros prenden a Cristo y se lo llevan. Como un solo hombre, el pueblo se inclina al paso del anciano y recibe su bendición.
Los esbirros conducen al preso a la cárcel del Santo Oficio y le encierran en una angosta y oscura celda.
Muere el día, y una noche de luna una noche española, cálida y olorosa a limoneros y laureles, le sucede.
De pronto, en las tinieblas se abr la férrea puerta del calabozo y penetra el gran inquisidor en persona solo, alumbrándose con una linterna. La puerta se cierra tras él. E anciano se detiene a pocos pasos de umbral y, sin hablar palabra, con templa, durante cerca de dos minutos, al preso. Luego, avanza lenta mente, deja la linterna sobre la mesa y pregunta:
–¿Eres Tú, en efecto?
Pero, sin esperar la respuesta prosigue
–No hables, calla. ¿Qué podías decirme? Demasiado lo sé. No tienes derecho a añadir ni una sola palabra a lo que ya dijiste. ¿Porqué has venido a molestarnos?… Bien sabes que tu venida es inoportuna. Mas yo te aseguro que mañana mismo... No quiero saber si eres Él o sólo su apariencia; sea quien seas, mañana te condenaré; perecerás en la hoguera como el peor de los herejes. Verás cómo ese mismo pueblo que esta tarde te besaba los pies, se apresura, a una señal mía, a echar leña al fuego. Quizá nada de esto te sorprenda...
Y el anciano, mudo y pensativo sigue mirando al preso, acechando la expresión de su rostro, serena y suave.
–El Espíritu terrible e inteligente – añade, tras una larga pausa –, el Espíritu de la negación y de la nada, te habló en el desierto, y la Escrituras atestiguan que te "tentó". No puede concebirse nada más profundo que lo que se te dijo e aquellas tres preguntas o, para emplear el lenguaje de la Escritura, en aquellas tres "tentaciones". ¡Si ha habido algún milagro auténtico, evidente, ha sido el de las tres tentaciones! ¡El hecho de que tales preguntas hayan podido brotar de unos labios, es ya, por sí solo, un milagro! Supongamos que hubieran sido borradas del libro, que hubiera que inventarlas, que forjárselas de nuevo. Supongamos que, con ese objeto, se reuniesen todos los sabios de la tierra, los hombres de Estado, los príncipes de la Iglesia, los filósofos, los poetas, y que se les dijese: "Inventad tres preguntas que no sólo correspondan a la grandeza del momento, sino que contengan, en su triple interrogación, toda la historia de la Humanidad futura", ¿crees que esa asamblea de todas las grandes inteligencias terrestres podría forjarse algo tan alto, tan formidable como las tres preguntas del inteligente y poderoso Espíritu? Esas tres preguntas, por sí solas, demuestran que quien te habló aquel día no era un espíritu humano, contingente, sino el Espíritu Eterno, Absoluto. Toda la historia ulterior de la Humanidad está predicha y condensada en ellas; son las tres formas en que se concretan todas las contradicciones de la historia de nuestra especie. Esto, entonces, aún no era evidente, el porvenir era aún desconocido; pero han pasado quince siglos y vemos que todo estaba previsto en la Triple Interrogación, que es nuestra historia.¿Quién tenía razón, di? ¿Tú o quien te interrogó?...
Si no el texto, el sentido de la primera pregunta es el siguiente: "Quieres presentarte al mundo con las manos vacías, anunciándoles a los hombres una libertad que su tontería y su maldad naturales no lo permiten comprender, una liberad espantosa, ¡pues para el hombre y para la sociedad no ha habido nunca nada tan espantoso como la libertad!, cuando, si convirtieses en panes todas esas piedras peladas esparcidas ante tu vista, verías a la Humanidad correr, en pos de ti, como un rebaño, agradecida, sumisa, temerosa tan sólo de que tu mano depusiera su ademán taumatúrgico y los panes se tornasen piedras." Pero tú no quisiste privar al hombre de su libertad y repeliste la tentación; te horrorizaba la idea de comprar con panes la obediencia de la Humanidad, y contestaste que "no so1o de pan vive el hombre", sin saber que el espíritu de la tierra, reclamando el pan de la tierra, había de alzarse contra ti, combatirte y vencerte, y que todos le seguirían, gritando: "¡Nos ha dado el fuego del cielo!" Pasarán siglos y la Humanidad proclamará, por boca de sus sabios, que no hay crímenes y, por consiguiente, no hay pecado; que so1o hay hambrientos. "Dales pan si quieres que sean virtuosos." Esa será la divisa de los que se alzarán contra ti, el lema que inscribirán en su bandera; y tu templo será derribado y, en su lugar, se erigirá una nueva Torre de Babel, no más firme que la primera, el esfuerzo de cuya erección y mil años de sufrimientos podías haberles ahorrado a los hombres. Pues volverán a nosotros, al cabo de mil años de trabajo y dolor, y nos buscarán en los subterráneos, en las catacumbas donde estaremos escondidos – huyendo aún de la persecución, del martirio –, para gritarnos: "¡Pan! ¡Los que nos habían prometido el fuego del cielo no nos lo han dado!" Y nosotros acabaremos su Babel, dándoles pan, lo único de que tendrán necesidad. Y se lo daremos en tu nombre. Sabemos mentir. Sin nosotros, se morirían de hambre. Su ciencia no les mantendría. Mientras gocen de libertad les faltará el pan; pero acabarán por poner su libertad a nuestros pies, clamando: "¡Cadenas y pan!" Comprenderán que la libertad no es compatible con una justa repartición del pan terrestre entre todos los hombres, dado que nunca – ¡nunca! – sabrán repartírselo. Se convencerán también de que son indignos de la libertad; débiles, viciosos, necios, indómitos. Tú les prometiste el pan del cielo. ¿Crees que puede ofrecerse ese pan, en vez del de la tierra, siendo la raza humana lo vil, lo incorregiblemente vil que es? Con tu pan del cielo podrás atraer y seducir a miles de almas, a docenas de miles, pero ¿y los millones y las decenas de millones no bastante fuertes para preferir el pan del cielo al pan de la tierra? ¿Acaso eres tan sólo el Dios de los grandes? Los demás, esos granos de arena del mar; los demás, que son débiles, pero que te aman, ¿no son a tus ojos sino viles instrumentos en manos de los grandes?... Nosotros amamos a esos pobres seres, que acabarán, a pesar de su condición viciosa y rebelde, por dejarse dominar. Nos admirarán, seremos sus dioses, una vez sobre nuestros hombros la carga de su libertad, una vez que hayamos aceptado el cetro que – ¡tanto será el miedo que la libertad acabará por inspirarles! – nos ofrecerán. Y reinaremos en tu nombre, sin dejarte acercar a nosotros. Esta impostura, esta necesaria mentira, constituirá nuestra cruz.
Como ves, la primera de la tres preguntas encerraba el secreto del mundo. ¡Y tú la desdeñaste! Ponías la libertad por encima de todo, cuando, si hubieras consentido en tornar panes las piedras del desierto, hubieras satisfecho el eterno y unánime deseo de la Humanidad; le hubieras dado un amo. El más vivo afán del hombre libre es encontrar un ser ante quien inclinarse. Pero quiere inclinarse ante una fuerza incontestable, que pueda reunir a todos los hombres en una comunión de respeto; quiere que el objeto de su culto lo sea de un culto universal; quiere una religión común. Y esa necesidad de la comunidad en la adoración es, desde el principio de los siglos, el mayor tormento individual y colectivo del género humano. Por realizar esa quimera, los hombres se exterminan. Cada pueblo se ha creado un dios y le ha dicho a su vecino: "¡Adora a mi dios o te mato!" Y así ocurrirá hasta el fin del mundo; los dioses podrán desaparecer de la tierra, mas la Humanidad hará de nuevo por los ídolos lo que ha hecho por los dioses. Tú no ignorabas ese secreto fundamental de la naturaleza humana y, no obstante, rechazaste la única bandera que te hubiera asegurado la sumisión de todos los hombres: la bandera del pan terrestre; la rechazaste en nombre del pan celestial y de la libertad, y en nombre de la libertad seguiste obrando hasta tu muerte. No hay, te repito, un afán más vivo en el hombre que encontrar en quien delegar la libertad de que nace dotada tan miserable criatura. Sin embargo, para obtener la ofrenda de la libertad de los hombres, hay que darles la paz de la conciencia. El hombre se hubiera inclinado ante ti si le hubieras dado pan, porque el pan es una cosa incontestable; pero si, al mismo tiempo, otro se hubiera adueñado de la conciencia humana, el hombre hubiera dejado tu pan para seguirle. En eso, tenías razón; el secreto de la existencia humana consiste en la razón, en el motivo de la vida. Si el hombre no acierta a explicarse por qué debe vivir preferirá morir a continuar esta existencia sin objeto conocido, aunque disponga de una inmensa provisión de pan. Pero ¿de qué te sirvió el conocer esa verdad? En vez de coartar la libertad humana, le quitaste diques, olvidando, sin duda, que a la libertad de elegir entre el bien y el mal el hombre prefiere la paz, aunque sea la de la muerte. Nada tan caro para el hombre como el libre albedrío, y nada, también, que le haga sufrir tanto. Y, en vez de formar tu doctrina de principios sólidos que pudieran pacificar definitivamente la conciencia humana, la formaste de cuanto hay de extraordinario, vago, conjetural, de cuanto traspasa los límites de las fuerzas del hombre, a quien, ¡tú que diste la vida por él!, diríase que no amabas. Al quitarle diques a su libertad, introdujiste en el alma humana nuevos elementos de dolor. Querías ser amado con un libre amor, libremente seguido. Abolida la dura ley antigua, el hombre debía, sin trabas, sin más guía que tu ejemplo, elegir entre el bien y el mal. ¿,No se te alcanzaba que acabarías por desacatar incluso tu ejemplo y tu verdad, abrumado bajo la terrible carga de la libre elección, y que gritaría: "Si Él hubiera poseído la verdad, no hubiera dejado a sus hijos sumidos en una perplejidad tan horrible, envueltos en tales tinieblas?" Tú mismo preparaste tu ruina: no culpes a nadie. Si hubieras escuchado lo que se te proponía... Hay sobre la tierra tres únicas fuerzas capaces de someter para siempre la conciencia de esos seres débiles e indómitos – haciéndoles felices – : el milagro, el misterio y la autoridad. Y tú no quisiste valerte de ninguna. El Espíritu terrible te llevó a la almena del templo y te dijo: "¿Quieres saber si eres el Hijo de Dios? Déjate caer abajo, porque escrito está que los ángeles tomarte han en las manos." Tú rechazaste la proposición, no te dejaste caer. Demostraste con ello el sublime orgullo de un dios; ¡pero los hombres, esos seres débiles, impotentes, no son dioses! Sabías que, sólo con intentar precipitarte, hubieras perdido la fe en tu Padre, y el gran Tentador hubiera visto, regocijadísimo, estrellarse tu cuerpo en la tierra que habías venido a salvar. Mas, dime, ¿hay muchos seres semejantes a ti? ¿Pudiste pensar un solo instante que los hombres serían capaces de comprender tu resistencia a aquella tentación? La naturaleza humana no es bastante fuerte para prescindir del milagro y contentarse con la libre elección del corazón, en esos instantes terribles en que las preguntas vitales exigen una respuesta. Sabías que tu heroico silencio sería perpetuado en los libros y resonaría en lo más remoto de los tiempos, en los más apartados rincones del mundo. Y esperabas que el hombre te imitaría y prescindiría de los milagros, como un dios, siendo así que, en su necesidad de milagros, los inventa y se inclina ante los prodigios de los magos y los encantamientos de los hechiceros, aunque sea hereje o ateo.
Cuando te dijeron, por mofa: "¡Baja de la cruz y creeremos en ti!", no bajaste. Entonces, tampoco quisiste someter al hombre con el milagro, porque lo que deseaba de él era una creencia libre, no violentada por el prestigio de lo maravilloso; un amor espontáneo, no los transportes serviles de un esclavo aterrorizado. En esta ocasión, como en todas, obraste inspirándote en una idea del hombre demasiado elevada: ¡es esclavo, aunque haya sido creado rebelde! Han pasado quince siglos: ve y juzga. ¿A quién has elevado hasta ti? El hombre, créeme, es más débil y más vil de lo que tú pensabas. ¿Puede, acaso, hacer lo que tú hiciste? Le estimas demasiado y sientes por él demasiado poca piedad; le has exigido demasiado, tú que le amas más que a ti mismo. Debías estimarle menos y exigirle menos. Es débil y cobarde. El que hoy se subleve en todas partes contra nuestra autoridad y se enorgullezca de ello, no significa nada. Sus bravatas son hijas de una vanidad de escolar. Los hombres son siempre unos chiquillos: se sublevan contra el profesor y le echan del aula; pero la revuelta tendrá un término y les costará cara a los revoltosos. No importa que derriben templos y ensangrienten la tierra: tarde o temprano, comprenderán la inutilidad de una rebelión que no son capaces de sostener. Verterán estúpidas lágrimas; pero, al cabo, comprenderán que el que les ha creado rebeldes les ha hecho objeto de una burla y lo gritarán, desesperados. Y esta blasfemia acrecerá su miseria, pues la naturaleza humana, demasiado mezquina para soportar la blasfemia, se encarga ella misma de castigarla.
La inquietud, la duda, la desgracia: he aquí el lote de los hombres por quienes diste tu sangre. Tu profeta dice que, en su visión simbólica, vio a todos los partícipes de la primera resurrección y que eran doce mil por cada generación. Su número no es corto, si se considera que supone una naturaleza más que humana el llevar tu cruz, el vivir largos años en el desierto, alimentándose de raíces y langostas; y puedes, en verdad, enorgullecerte de esos hijos de la libertad, del libre amor, estar satisfechos del voluntario y magnífico sacrificio de sí mismos, hecho en tu nombre. Pero no olvides que se trata só1o de algunos miles y, más que de hombres, de dioses. ¿Y el resto de la Humanidad? ¿Qué culpa tienen los demás, los débiles humanos, de no poseer la fuerza sobrenatural de los fuertes? ¿Qué culpa tiene el alma feble de no poder soportar el peso de algunos dones terribles? ¿Acaso viniste tan sólo por los elegidos? Si es así, lo importante no es la libertad ni el amor, sino el misterio, el impenetrable misterio. Y nosotros tenemos derecho a predicarles a los hombres que deben someterse a él sin razonar, aun contra los dictados de su conciencia. Y eso es lo que hemos hecho. Hemos corregido tu obra; la hemos basado en el "milagro", el "misterio" y la "autoridad". Y los hombres se han congratulado de verse de nuevo conducidos como un rebaño y libres, por fin, del don funesto que tantos sufrimientos les ha causado. Di, ¿hemos hecho bien? ¿Se nos puede acusar de no amar a la Humanidad? ¿No somos nosotros los únicos que tenemos conciencia de su flaqueza; nosotros que, en atención a su fragilidad, la hemos autorizado hasta para pecar, con tal que nos pida permiso? ¿Por qué callas? ¿Por qué te limitas a mirarme con tus dulces y penetrantes ojos? ¡No te amo y no quiero tu amor; prefiero tu cólera! ¿Y para qué ocultarte nada? Sé a quién le hablo. Conoces lo que voy a decirte, lo leo en tus ojos... Quizá quieras oír precisamente de mi boca nuestro secreto. Oye, pues: no estamos contigo, estamos con Él... ; nuestro secreto es ése. Hace mucho tiempo – ¡ocho siglos! – que no estamos contigo, sino con Él. Hace ocho siglos que recibimos de Él el don que tú, cuando te tentó por tercera vez mostrándote todos los reinos de la tierra, rechazaste indignado; nosotros aceptamos y, dueños de Roma y la espada de César, nos declaramos los amos del mundo. Sin embargo, nuestra conquista no ha acabado aún, está todavía en su etapa inicial, falta mucho para verla concluida; la tierra ha de sufrir aún durante mucho tiempo; pero nosotros conseguiremos nuestro objeto, seremos el César y, entonces, nos preocuparemos de la felicidad universal. Tú también pudiste haber tomado la espada de César; ¿por qué rechazaste tal don? Aceptándole, hubieras satisfecho todos los anhelos de los hombres sobre la tierra, les hubieras dado un amo, un depositario de su conciencia y, a la vez, un ser en torno a quien unirse, formando un inmenso hormiguero, ya que la necesidad de la unión universal es otro de los tres supremos tormentos de la Humanidad. La Humanidad siempre ha tendido a la unidad mundial. Cuanto más grandes y gloriosos, más sienten los pueblos ese anhelo. Los grandes conquistadores, los Tamerlan, los Gengis Kan que recorren la tierra como un huracán devastador, obedecen, de un modo inconsciente, a esa necesidad. Tomando la púrpura de César, hubieras fundado el imperio universal, que hubiera sido la paz del mundo. Pues, ¿quién debe reinar sobre los hombres sino el que es dueño de sus conciencias y tiene su pan en las manos?
Tomamos la espada de César y, al hacerlo, rompimos contigo y nos unimos a Él. Aún habrá siglos de libertinaje intelectual, de pedantería y de antropofagia –los hombres, luego de erigir, sin nosotros, su Torre de Babel, se entregarán a la antropofagia–; pero la bestia acabará por arrastrarse hasta nuestros pies, los lamerá y los regará con lágrimas de sangre. Y nosotros nos sentaremos sobre la bestia y levantaremos una copa en la que se leerá la palabra "Misterio". Y entonces, sólo entonces, empezará para los hombres el reinado de la paz y de la dicha. Tú te de tus elegidos, pero son una mi noria: nosotros les daremos el re y la calma a todos. Y aun de esa minoría, aun de entre esos "fuertes" llamados a ser de los elegidos, ¡cuántos han acabado y acabarán por cansarse de esperar, cuán tos han empleado y emplearán contra ti las fuerzas de su espíritu y el ardor de su corazón en uso de la libertad de que te son deudores! Nosotros les daremos a todos la felicidad, concluiremos con las re vueltas y matanzas originadas por la libertad. Les convenceremos de que no serán verdaderamente libres, sino cuando nos hayan confiado su libertad. ¿Mentiremos? ¡No! Y bien sabrán ellos que no les engañamos, cansados de las dudas y de los terrores que la libertad lleva consigo. La independencia, el libre pensamiento y la ciencia llegarán a sumirles en tales tinieblas, a espantarlos con tales prodigios, a causar los con tales exigencias, que los menos suaves y dóciles se suicidarán; otros, también indóciles, pero débiles y violentos, se asesinarán, y otros –los más–, rebaño de cobardes y de miserables, gritarán a nuestros pies: "¡Sí, tenéis razón! Sólo vosotros poseéis su secreto y volvemos a vosotros! ¡Salvadnos de nosotros mismos!"
No se les ocultará que el pan –obtenido con su propio trabajo, sin milagro alguno– que reciben de nosotros se lo tomamos antes nosotros a ellos para repartírselo, y que no convertimos las piedras en panes. Pero, en verdad, más que el pan en sí, lo que les satisfará es que nosotros se lo demos. Pues verán que, si no convertimos las piedras en partes, tampoco los panes se convierten, vuelto el hombre a nosotros, en piedras. ¡Comprenderán, al cabo, el valor de la sumisión! Y mientras no lo comprendan, padecerán. ¿Quién, dime, quién ha puesto más de su parte para que dejen de padecer? ¿Quién ha dividido el rebaño y le ha dispersado por extraviados andurriales? Las ovejas se reunirán de nuevo, el rebaño volverá a la obediencia y ya nada le dividirá ni lo dispersará. Nosotros, entonces, les daremos a los hombres una felicidad en armonía con su débil naturaleza, una felicidad compuesta de pan y humildad. Sí, les predicaremos la humildad – no, como Tú, el orgullo . Les probaremos que son débiles niños, pero que la felicidad de los niños tiene particulares encantos. Se tornarán tímidos, no nos perderán nunca de vista y se estrecharán contra nosotros como polluelos que buscan el abrigo del ala materna. Nos temerán y nos admirarán. Les enorgullecerá el pensar la energía y el genio que habremos necesitado para domar a tanto rebelde. Les asustará nuestra cólera, y sus ojos, como los de los niños y los de las mujeres, serán fuentes de lágrimas. ¡Pero con que facilidad, a un gesto nuestro, pasarán del llanto a la risa, a la suave alegría de los niños! Les obligaremos, ¿qué duda cabe?, a trabajar; pero los organizaremos, para sus horas de ocio, una vida semejante a los juegos de los niños, mezcla de canciones, coros inocentes y danzas. Hasta les permitiremos pecar – ¡su naturaleza es tan flaca!–. Y, como les permitiremos pecar, nos amarán con un amor sencillo, infantil. Les diremos que todo pecado cometido con nuestro permiso será perdonado, y lo haremos por amor, pues, de sus pecados, el castigo será para nosotros y el placer para ellos. Y nos adorarán como a bienhechores. Nos lo dirán todo y, según su grado de obediencia, les permitiremos o les prohibiremos vivir con sus mujeres o sus amantes y les consentiremos o no les consentiremos tener hijos. Y nos obedecerán, muy contentos. Nos someterán los más penosos secretos de su conciencia, y nosotros decidiremos en todo y por todo; y ellos acatarán, alegres, nuestras sentencias, pues les ahorrarán el cruel trabajo de elegir y de determinarse libremente.
Todos los millones de seres humanos serán así, felices, salvo unos cien mil, salvo nosotros, los depositarios del secreto. Porque nosotros seremos desgraciados. Los felices se contarán por miles de millones, y habrá cien mil mártires del conocimiento, exclusivo y maldito, del bien y del mal. Morirán en paz. pronunciando tu nombre, y, más allá de la tumba, sólo verán la oscuridad de la muerte. Sin embargo, nos lo callaremos; embaucaremos a los hombres, por su bien, con la promesa de una eterna recompensa en el cielo, a sabiendas de que, si hay otro mundo, no ha sido, de seguro, creado para ellos. Se vaticina que volverás, rodeado de tus elegidos, y que vencerás; tus héroes sólo podrán envanecerse de haberse salvado a sí mismos, mientras que nosotros habremos salvado al mundo entero. Se dice que la fornicadora, sentada sobre la bestia y con la "copa del misterio" en las manos, será afrentada y que los débiles se sublevarán por vez postrera, desgarrarán su púrpura y desnudarán su cuerpo impuro. Pero yo me levantaré entonces y te mostraré los miles de millones de seres felices que no han conocido el pecado. Y nosotros que, por su bien, habremos asumido el peso de sus culpas, nos alzaremos ante ti, diciendo: "¡Júzganos, si puedes y te atreves!" No te temo. Yo también he estado en el desierto; yo también me he alimentado de langostas y raíces; yo también he bendecido la libertad que les diste a los hombres y he soñado con ser del número de los fuertes. Pero he renunciado a ese sueño, he renunciado a tu locura para sumarme al grupo de los que corrigen tu obra. He dejado a los orgullosos para acudir en socorro de los humildes.
Lo que te digo se realizará; nuestro imperio será un hecho.
Y te repito que mañana, a una señal mía, verás a un rebaño sumiso echar leña a la hoguera donde te haré morir, por haber venido a perturbarnos. ¿Quién más digno que Tú de la hoguera? Mañana te quemaré. Dixi.
El inquisidor calla. Espera unos instantes la respuesta del preso. Aquel silencio le turba. El preso le ha oído, sin dejar de mirarle a los ojos, con una mirada fija y dulce, decidido evidentemente a no contestar nada. El anciano hubiera querido oír de sus labios una palabra, aunque hubiera sido la más amarga, la más terrible. Y he aquí que el preso se le acerca en silencio y da un beso en sus labios exangües de nonagenario. ¡A eso se reduce su respuesta! El anciano se estremece, sus labios tiemblan; se dirige a la puerta, la abre y dice: "¡Vete y no vuelvas nunca... , nunca! Y le deja salir a las tinieblas de la ciudad. El preso se aleja.
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HOWARD PHILLIPS LOVECRAFT
AIRE FRIO
Me pides que explique por qué siento miedo de la corriente de aire frío; por qué
tiemblo más que otros cuando entro en un cuarto frío, y parezco asqueado y
repelido cuando el escalofrío del atardecer avanza a través de un suave día
otoñal. Están aquellos que dicen que reacciono al frío como otros lo hacen al
mal olor, y soy el último en negar esta impresión. Lo que haré está relacionado
con el más horrible hecho con que nunca me encontré, y dejo a tu juicio si ésta
es o no una explicación congruente de mi peculiaridad.
Es un error imaginar que ese horror está inseparablemente asociado a la
oscuridad, el silencio, y la soledad. Me encontré en el resplandor de media
tarde, en el estrépito de la metrópolis, y en medio de un destartalado y vulgar
albergue con una patrona prosaica y dos hombres fornidos a mi lado. En la
primavera de 1923 había adquirido un almacén de trabajo lúgubre e
desaprovechado en la ciudad de Nueva York; y siendo incapaz de pagar un
alquiler nada considerable, comencé a caminar a la deriva desde una pensión
barata a otra en busca de una habitación que me permitiera combinar las
cualidades de una higiene decente, mobiliario tolerable, y un muy razonable
precio. Pronto entendí que sólo tenía una elección entre varias, pero después de
un tiempo encontré una casa en la Calle Decimocuarta Oeste que me asqueaba
mucho menos que las demás que había probado.
El sitio era una histórica mansión de piedra arenisca, aparentemente fechada a
finales de los cuarenta, y acondicionada con carpintería y mármol que
manchaba y mancillaba el esplendor descendiendo de altos niveles de opulento
buen gusto. En las habitaciones, grandes y altas, y decoradas con un papel
imposible y ridículamente adornadas con cornisas de escayola, se consumía un
deprimente moho y un asomo de oscuro arte culinario; pero los suelos estaban
limpios, la lencería tolerablemente bien, y el agua caliente no demasiado
frecuentemente fría o desconectada, así que llegué a considerarlo, al menos, un
sitio soportable para hibernar hasta que uno pudiera realmente vivir de nuevo.
La casera, una desaliñada, casi barbuda mujer española llamada Herrero, no me
molestaba con chismes o con críticas de la última lámpara eléctrica achicharrada
en mi habitación del tercer piso frente al vestíbulo; y mis compañeros inquilinos
eran tan silenciosos y poco comunicativos como uno pudiera desear, siendo
mayoritariamente hispanos de grado tosco y crudo. Solamente el estrépito de
los coches en la calle de debajo resultaban una seria molestia.
Llevaba allí cerca de tres semanas cuando ocurrió el primer incidente extraño.
Un anochecer, sobre las ocho, oí una salpicadura sobre el suelo y me alertó de
que había estado sintiendo el olor acre del amoniaco durante algún tiempo.
Mirando alrededor, vi que el techo estaba húmedo y goteante; aparentemente la
mojadura procedía de una esquina sobre el lado de la calle. Ansioso por detener
el asunto en su origen, corrí al sótano a decírselo a la casera; y me aseguró que
el problema sería rápidamente solucionado.
El Doctor Muñoz,
lloriqueó mientras se apresuraba escaleras arriba delante demí
, tiene arriba sus productos químicos. Está demasiado enfermo para medicarse - cadavez está más enfermo - pero no quiere ayuda de nadie. Es muy extraña su enfermedad -
todo el día toma baños apestosos, y no puede reanimarse o entrar en calor. Se hace sus
propias faenas - su pequeña habitación está llena de botellas y máquinas, y no ejerce
como médico. Pero una vez fue bueno - mi padre en Barcelona oyó hablar de él - y tan
sólo le curó el brazo al fontanero que se hizo daño hace poco. Nunca sale, solamente al
tejado, y mi hijo Esteban le trae comida y ropa limpia, y medicinas y productos
químicos. ¡Dios mío, el amoniaco que usa para mantenerse frío!
La Sra. Herrero desapareció escaleras arriba hacia el cuarto piso, y volví a mi
habitación. El amoniaco cesó de gotear, y mientras limpiaba lo que se había
manchado y abría la ventana para airear, oí los pesados pasos de la casera sobre
mí. Nunca había oído al Dr. Muñoz, excepto por ciertos sonidos como de un
mecanismo a gasolina; puesto que sus pasos eran silenciosos y suaves. Me
pregunté por un momento cuál podría ser la extraña aflicción de este hombre, y
si su obstinado rechazo a una ayuda externa no era el resultado de una
excentricidad más bien infundada. Hay, reflexioné trivialmente, un infinito
patetismo en la situación de una persona eminente venida a menos en este
mundo.
Nunca hubiera conocido al Dr. Muñoz de no haber sido por el infarto que
súbitamente me dio una mañana que estaba sentado en mi habitación
escribiendo. Lo médicos me habían avisado del peligro de esos ataques, y sabía
que no había tiempo que perder; así, recordando que la casera me había dicho
sobre la ayuda del operario lesionado, me arrastré escaleras arriba y llamé
débilmente a la puerta encima de la mía. Mi golpe fue contestado en un inglés
correcto por una voz inquisitiva a cierta distancia, preguntando mi nombre y
profesión; y cuando dichas cosas fueron contestadas, vino y abrió la puerta
contigua a la que yo había llamado.
Una ráfaga de aire frío me saludó; y sin embargo el día era uno de los más
calurosos del presente Junio, temblé mientras atravesaba el umbral entrando en
un gran aposento el cual me sorprendió por la decoración de buen gusto en este
nido de mugre y de aspecto raído. Un sofá cama ahora cumpliendo su función
diurna de sofá, y los muebles de caoba, fastuosas colgaduras, antiguos cuadros,
y librerías repletas revelaban el estudio de un gentilhombre más que un
dormitorio de pensión. Ahora vi que el vestíbulo de la habitación sobre la mía -
la "pequeña habitación" de botellas y máquinas que la Sra. Herrero había
mencionado - era simplemente el laboratorio del doctor; y de esta manera, su
dormitorio permanecía en la espaciosa habitación contigua, cuya cómoda
alcoba y gran baño adyacente le permitían camuflar el tocador y los
evidentemente útiles aparatos. El Dr. Muñoz, sin duda alguna, era un hombre
de edad, cultura y distinción.
La figura frente a mí era pequeña pero exquisitamente proporcionada, y vestía
un atavío formal de corte y hechura perfecto. Una cara larga avezada, aunque
sin expresión altiva, estaba adornada por una pequeña barba gris, y unos
anticuados espejuelos protegían su ojos oscuros y penetrantes, una nariz
aquilina que daba un toque árabe a una fisonomía por otra parte Celta. Un
abundante y bien cortado cabello, que anunciaba puntuales visitas al
peluquero, estaba airosamente dividido encima de la alta frente; y el retrato
completo denotaba un golpe de inteligencia y linaje y crianza superior.
A pesar de todo, tan pronto como vi al Dr. Muñoz en esa ráfaga de aire frío,
sentí una repugnancia que no se podía justificar con su aspecto. Únicamente su
pálido semblante y frialdad de trato podían haber ofrecido una base física para
este sentimiento, incluso estas cosas habrían sido excusables considerando la
conocida invalidez del hombre. Podría, también, haber sido el frío singular que
me alienaba; de tal modo el frío era anormal en un día tan caluroso, y lo
anormal siempre despierta la aversión, desconfianza y miedo.
Pero la repugnancia pronto se convirtió en admiración, a causa de la insólita
habilidad del médico que de inmediato se manifestó, a pesar del frío y el estado
tembloroso de sus manos pálidas. Entendió claramente mis necesidades de una
mirada, y las atendió con destreza magistral; al mismo tiempo que me
reconfortaba con una voz de fina modulación, si bien curiosamente cavernosa y
hueca que era el más amargo enemigo del alma, y había hundido su fortuna y
perdido todos sus amigos en una vida consagrada a extravagantes
experimentos para su desconcierto y extirpación. Algo de fanático benevolente
parecía residir en él, y divagaba apenas mientras sondeaba mi pecho y
mezclaba un trago de drogas adecuadas que traía del pequeño laboratorio.
Evidentemente me encontraba en compañía de un hombre de buena cuna, una
novedad excepcional en este ambiente sórdido, y se animaba en un inusual
discurso como si recuerdos de días mejores surgieran de él.
Su voz, siendo extraña, era, al menos, apaciguadora; y no podía entender como
respiraba a través de las enrolladas frases locuaces. Buscaba distraer mis
pensamientos de mi ataque hablando de sus teorías y experimentos; y recuerdo
su consuelo cuidadoso sobre mi corazón débil insistiendo en que la voluntad y
la sabiduría hacen fuerte a un órgano para vivir, podía a través de una mejora
científica de esas cualidades, una clase de brío nervioso a pesar de los daños
más graves, defectos, incluso la falta de energía en órganos específicos. Podía
algún día, dijo medio en broma, enseñarme a vivir - o al menos a poseer algún
tipo de existencia consciente - ¡sin tener corazón en absoluto!. Por su parte,
estaba afligido con unas enfermedades complicadas que requerían una muy
acertada conducta que incluía un frío constante. Cualquier subida de la
temperatura señalada podría, si se prolongaba, afectarle fatalmente; y la
frialdad de su habitación - alrededor de 55 ó 56 grados Fahrenheit - era
mantenida por un sistema de absorción de amoníaco frío, y el motor de gasolina
de esa bomba, que yo había oído a menudo en mi habitación.
Aliviado de mi ataque en un tiempo asombrosamente corto, abandoné el frío
lugar como discípulo y devoto del superdotado recluso. Después de eso le
pagaba con frecuentes visitas; escuchando mientras me contaba investigaciones
secretas y los más o menos terribles resultados, y temblaba un poco cuando
examinaba los singulares y curiosamente antiguos volúmenes de sus estantes.
Finalmente fui, puedo añadir, curado del todo de mi afección por sus hábiles
servicios. Parecía no desdeñar los conjuros de los medievalistas, dado que creía
que esas fórmulas enigmáticas contenían raros estímulos psicológicos que,
concebiblemente, podían tener efectos sobre la esencia de un sistema nervioso
del cuál partían los pulsos orgánicos. Había conocido por su influencia al
anciano Dr. Torres de Valencia, quién había compartido sus primeros
experimentos y le había orientado a través de las grandes afecciones de
dieciocho años atrás, de dónde procedían sus desarreglos presentes. No hacía
mucho el venerable practicante había salvado a su colega de sucumbir al hosco
enemigo contra el que había luchado. Quizás la tensión había sido demasiado
grande; el Dr. Muñoz lo hacía susurrando claro, aunque no con detalle - que los
métodos de curación habían sido de lo más extraordinarios, aunque envolvía
escenas y procesos no bienvenidos por los galenos ancianos y conservadores.
Según pasaban las semanas, observé con pena que mi nuevo amigo iba, lenta
pero inequívocamente, perdiendo el control, como la Sra. Herrero había
insinuado. El aspecto lívido de su semblante era intenso, su voz a menudo era
hueca y poco clara, su movimiento muscular tenía menos coordinación, y su
mente y determinación menos elástica y ambiciosa. A pesar de este triste
cambio no parecía ignorante, y poco a poco su expresión y conversación
emplearon una ironía atroz que me restituyó algo de la sutil repulsión que
originalmente había sentido.
Desarrolló extraños caprichos, adquiriendo una afición por las especias exóticas
y el incienso Egipcio hasta que su habitación olía como la cámara de un faraón
sepultado en el Valle de los Reyes. Al mismo tiempo incrementó su demanda
de aire frío, y con mi ayuda amplió la conducción de amoníaco de su habitación
y modificó la bomba y la alimentación de su máquina refrigerante hasta poder
mantener la temperatura por debajo de 34 ó 40 grados, y finalmente incluso en
28 grados; el baño y el laboratorio, por supuesto, eran los menos fríos, a fin de
que el agua no se congelase, y ese proceso químico no lo podría impedir. El
vecino de al lado se quejaba del aire gélido de la puerta contigua, así que le
ayudé a acondicionar unas pesadas cortinas para obviar el problema. Una
especie de creciente temor, de forma estrafalaria y mórbida, parecía poseerle.
Hablaba incesantemente de la muerte, pero reía huecamente cuando cosas tales
como entierro o funeral eran sugeridas gentilmente.
Con todo, llegaba a ser un compañero desconcertante e incluso atroz; a pesar de
eso, en mi agradecimiento por su curación no podía abandonarle a los extraños
que le rodeaban, y me aseguraba de quitar el polvo a su habitación y atender
sus necesidades diarias, embutido en un abrigo amplio que me compré
especialmente para tal fin. Asimismo hice muchas de sus compras, y me quedé
boquiabierto de confusión ante algunos de los productos químicos que pidió de
farmacéuticos y casas suministradoras de laboratorios.
Una creciente e inexplicable atmósfera de pánico parecía elevarse alrededor de
su apartamento. La casa entera, como había dicho, tenía un olor rancio; pero el
aroma en su habitación era peor - a pesar de las especias y el incienso, y los
acres productos químicos de los baños, ahora incesantes, que él insistía en
tomar sin ayuda. Percibí que debía estar relacionado con su dolencia, y me
estremecía cuando reflexioné sobre que dolencia podía ser. La Sra. Herrero se
apartaba cuando se encontraba con él, y me lo dejaba sin reservas a mí; incluso
no autorizaba a su hijo Esteban a continuar haciendo los recados para él.
Cuándo sugería otros médicos, el paciente se encolerizaba de tal manera que
parecía no atreverse a alcanzar. Evidentemente temía los efectos físicos de una
emoción violenta, aún cuando su determinación y fuerza motriz aumentaban
más que decrecía, y rehusaba ser confinado en su cama. La dejadez de los
primeros días de su enfermedad dio paso a un brioso retorno a su objetivo, así
que parecía arrojar un reto al demonio de la muerte como si le agarrase un
antiguo enemigo. El hábito del almuerzo, curiosamente siempre de etiqueta, lo
abandonó virtualmente; y sólo un poder mental parecía preservarlo de un
derrumbamiento total.
Adquirió el hábito de escribir largos documentos de determinada naturaleza,
los cuáles sellaba y rellenaba cuidadosamente con requerimientos que, después
de su muerte, transmitió a ciertas personas que nombró - en su mayor parte de
las Indias Orientales, incluyendo a un celebrado médico francés que en estos
momentos supongo muerto, y sobre el cuál se había murmurado las cosas más
inconcebibles. Por casualidad, quemé todos esos escritos sin entregar y
cerrados. Su aspecto y voz llegaron a ser absolutamente aterradores, y su
presencia apenas soportable. Un día de septiembre con un solo vistazo, indujo
un ataque epiléptico a un hombre que había venido a reparar su lámpara
eléctrica del escritorio; un ataque para el cuál recetó eficazmente mientras se
mantenía oculto a la vista. Ese hombre, por extraño que parezca, había pasado
por los horrores de la Gran Guerra sin haber sufrido ningún temor.
Después, a mediados de octubre, el horror de los horrores llegó con pasmosa
brusquedad. Una noche sobre las once la bomba de la máquina refrigeradora se
rompió, de esta forma durante tres horas fue imposible la aplicación
refrigerante de amoníaco. El Dr. Muñoz me avisó aporreando el suelo, y trabajé
desesperadamente para reparar el daño mientras mi patrón maldecía en tono
inánime, rechinando cavernosamente más allá de cualquier descripción. Mis
esfuerzos aficionados, no obstante, confirmaron el daño; y cuando hube traído
un mecánico de un garaje nocturno cercano, nos enteramos de que nada se
podría hacer hasta la mañana siguiente, cuando se obtuviese un nuevo pistón.
El moribundo ermitaño estaba furioso y alarmado, hinchado hasta
proporciones grotescas, parecía que se iba a hacer pedazos lo que quedaba de
su endeble constitución, y de vez en cuando un espasmo le causaba chasquidos
de las manos a los ojos y corría al baño. Buscaba a tientas el camino con la cara
vendada ajustadamente, y nunca vi sus ojos de nuevo.
La frialdad del aposento era ahora sensiblemente menor, y sobre las 5 de la
mañana el doctor se retiró al baño, ordenándome mantenerle surtido de todo el
hielo que pudiese obtener de las tiendas nocturnas y cafeterías. Cuando volvía
de mis viajes, a veces desalentadores, y situaba mi botín ante la puerta cerrada
del baño, dentro podía oír un chapoteo inquieto, y una espesa voz croaba la
orden de "¡Más, más!". Lentamente rompió un caluroso día, y las tiendas
abrieron una a una. Pedí a Esteban que me ayudase a traer el hielo mientras yo
conseguía el pistón de la bomba, o conseguía el pistón mientras yo continuaba
con el hielo; pero aleccionado por su madre, se negó totalmente.
Finalmente, contraté a un desaseado vagabundo que encontré en la esquina de
la Octava Avenida para cuidar al enfermo abasteciéndolo de hielo de una
pequeña tienda donde le presenté, y me empleé diligentemente en la tarea de
encontrar un pistón de bomba y contratar a un operario competente para
instalarlo. La tarea parecía interminable, y me enfurecía tanto o más
violentamente que el ermitaño cuando vi pasar las horas en un suspiro, dando
vueltas a vanas llamadas telefónicas, y en búsquedas frenéticas de sitio en sitio,
aquí y allá en metro y en coche. Sobre el mediodía encontré una casa de
suministros adecuada en el centro, y a la 1:30, aproximadamente, llegué a mi
albergue con la parafernalia necesaria y dos mecánicos robustos e inteligentes.
Había hecho todo lo que había podido, y esperaba llegar a tiempo.
Un terror negro, sin embargo, me había precedido. La casa estaba en una
agitación completa, y por encima de una cháchara de voces aterrorizadas oí a
un hombre rezar en tono intenso. Había algo diabólico en el aire, y los
inquilinos juraban sobre las cuentas de sus rosarios como percibieron el olor de
debajo de la puerta cerrada del doctor. El vago que había contratado, parece,
había escapado chillando y enloquecido no mucho después de su segunda
entrega de hielo; quizás como resultado de una excesiva curiosidad. No podía,
naturalmente, haber cerrado la puerta tras de sí; a pesar de eso, ahora estaba
cerrada, probablemente desde dentro. No había ruido dentro a excepción de
algún tipo de innombrable, lento y abundante goteo.
En pocas palabras me asesoré con la Sra. Herrero y el trabajador a pesar de que
un temor corroía mi alma, aconsejé romper la puerta; pero la casera encontró
una forma de dar la vuelta a la llave desde fuera con algún trozo de alambre.
Previamente habíamos abierto las puertas de todas las habitaciones de ese
pasillo, y abrimos todas las ventanas al máximo. Ahora, con las narices
protegidas por pañuelos, invadimos temerosamente la odiada habitación del
sur que resplandecía con el caluroso sol de primera hora de la tarde.
Una especie de oscuro, rastro baboso se dirigía desde la abierta puerta del baño
a la puerta del pasillo, y de allí al escritorio, donde se había acumulado un
terrorífico charquito. Algo había garabateado allí a lápiz con mano terrible y
cegata, sobre un trozo de papel embadurnado como si fuera con garras que
hubieran trazado las últimas palabras apresuradas. Luego el rastro se dirigía al
sofá y desaparecía.
Lo que estaba, o había estado, sobre el sofá era algo que no me atrevo decir.
Pero lo que temblorosamente me desconcertó estaba sobre el papel pegajoso y
manchado antes de sacar una cerilla y reducirlo a cenizas; lo que me produjo
tanto terror, a mí, a la patrona y a los dos mecánicos que huyeron
frenéticamente de ese lugar infernal a la comisaría de policía más cercana. Las
palabras nauseabundas parecían casi increíbles en ese soleado día, con el
traqueteo de coches y camiones ascendiendo clamorosamente por la abarrotada
Calle Decimocuarta, no obstante confieso que en ese momento las creía. Tanto
las creo que, honestamente, ahora no lo sé. Hay cosas acerca de las cuáles es
mejor no especular, y todo lo que puedo decir es que odio el olor del amoníaco,
y que aumenta mi desfallecimiento frente a una extraordinaria corriente de aire
frío.
El final, decía el repugnante garabato, ya está aquí. No hay más hielo - el
hombre echó un vistazo y salió corriendo. Más calor cada minuto, y los tejidos
no pueden durar. Imagino que sabes - lo que dije sobre la voluntad y los
nervios y lo de conservar el cuerpo después de que los órganos dejasen de
funcionar. Era una buena teoría, pero no podría mantenerla indefinidamente.
Había un deterioro gradual que no había previsto. El Dr. Torres lo sabía, pero la
conmoción lo mató. No pudo soportar lo que tenía que hacer - tenía que
meterme en un lugar extraño y oscuro, cuando prestase atención a mi carta y
consiguió mantenerme vivo. Pero los órganos no volvieron a funcionar de
nuevo. Tenía que haberse hecho a mi manera - conservación - pues como se
puede ver, fallecí hace dieciocho años.
El Puñal
El Puñal
Jorge Luis Borges
En un cajón hay un puñal. Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado; Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, que lo trajo del Uruguay; Evaristo Carriego lo tuvo alguna vez en la mano.
Quienes lo ven tienen que jugar un rato con él; se advierte que hace mucho que lo buscaban; la mano se apresura a apretar la empuñadura que la espera; la hoja obediente y poderosa juega con precisión en la vaina.
Otra cosa quiere el puñal. Es más que una estructura hecha de metales; los hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso; es, de algún modo eterno, el puñal que anoche mató un hombre en Tacuarembó y los puñales que mataron a César. Quiere matar, quiere derramar brusca sangre.
En un cajón del escritorio, entre borradores y cartas, interminablemente sueña el puñal con su sencillo sueño de tigre, y la mano se anima cuando lo rige porque el metal se anima, el metal que presiente en cada contacto al homicida para quien lo crearon los hombres.
A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta fe, tan apacible o inocente soberbia, y los años pasan, inútiles.
RITO SATANICO
RITO SATANICO
He leido tu mensaje si quieres saber. mira para hacer acto satanico :
ingredientes:Un sello de bafomet (pentagrama con estrella invertida), un cáliz (copa metalica de cualquier color menos dorado), un par de velas (una negra y una blanca que representa la hipocresia de las religiones de luz blanca), una campana, elixir para el caliz (puede ser cualquier liquido agradable al paladar, menos sangre!) y un altar (que puede ser una plataforma donde se colocaran los accesorios).
:Ambiente: Puedes decorarlo con todo lo que ayude al ritual y parezca adecuado para tu motivacion. Musica (preferentemente nada con voz porque distrae, efectos sonoros o musica instrumental son geniales), inciensos, cuadros. La vestimenta tambien ayuda mucho y se puede decir que es mejor si vistes de algun modo especial para el ritual. El bafomet debera estar en la medida de lo posible en la pared este de la habitación, sobre el altar .
Inicio: Encender las velas. La vela negra estará a la izquierda del brujo y la blanca a su derecha. La vela negra representa el sendero de la izquierda mientras que la blanca representa la hipocresía detestable de las religiones seguidoras de la luz blanca. Las hojas con las peticiones (lo ideal es que sean pergaminos, pero si no puedes conseguirlos, papel sera suficiente) se colocaran a la izquierda mientras que las maldiciones se colocaran a la derecha . Luego diras:
In Nomine Dei Nostri Satanas Luciferi Excelsi!
En el nombre de Satán, Señor de la Tierra, Rey del Mundo, ordeno a las fuerzas de la oscuridad que viertan su poder Infernal sobre mí.
Abrid las puertas del Infierno de par en par y salid del abismo para recibirme como su hermano (hermana) y amigo!
¡ Concededme las indulgencias de las que hablo!
He tomado tu nombre para que se haga parte mía! Vivo como las bestias del campo, regocijándome en la vida carnal! Favorezco al justo y maldigo lo podrido!
Por todos los Dioses del Averno, ordeno que lo que digo haya de suceder!
Salid y responded a vuestros nombres, manifestando mis deseos!
OH, ESCUCHAD LOS NOMBRES!
(en esta parte puedes invocar a alguno de los nombres demoniacos que tengan mayor vinculo con el objetivo de tu ritual. Estos nombres se encuentran en la Biblia Satanica)
Abbadon,
Adramelech,
Ahpuch,
Ahrimán,
Amón,
Apollyn,
Asmodeus,
Astaroth,
Azazel,
Baalberith,
Balaam,
Baphomet,
Bast,
Beelzebub,
Behemoth,
Beherit,
Bilé,
Chemosh,
Cimeries,
Coyote,
Dagon,
Damballa,
Demogorgon,
Diabolus,
Dracula,
Emma-O,
Euronymous,
Fenriz,
Gorgo,
Haborym,
Hécate,
Ishtar,
Kali,
Lilith,
Loki,
Mammon,
Mania,
Mantus,
Marduk,
Mastema,
Melek
Taus,
Mephistopheles,
Metzeli,
Mictian,
Milcom,
Moloch,
Mormo,
Naamath,
Nergal,
Nihasa,
Nija,
O'Yama,
Pan,
Plutón,
Porserpina,
Pwcca,
Rimmon,
sabazios,
Samnu,
Sedit,
Sekhmet,
Set,
Shaitan,
Shamad,
Shiva,
Supay,
T'an-mo,
tchort,
Tezcatlipoca,
Thamuz,
Thoth,
Tunrida,
Typhon,
Yaotzin,
Yen-Lo-Wang.
Acto seguido, el hechicero purificará el aire con la campana haciendola sonar en sentido antihorario.
(mirando hacia el sur)
Satan!
(mirando hacia el este)
Lucifer!
mirando hacia el norte)
Belial!
(mirando hacia el oeste)
Leviatán!
Acto seguido, el hechicero purificará el aire con la campana haciendola sonar en sentido antihorario.
(mirando hacia el sur)
Satan!
(mirando hacia el este)
Lucifer!
mirando hacia el norte)
Belial!
(mirando hacia el oeste)
Leviatán!
Luego se beberá del cáliz.
Este es el momento principal de la ceremonia en donde te concentrarás en sentir las fuerzas oscuras y hablarás con ellas. Concentrare bien en tus deseos y en tus sensaciones. Tienes que ser honesto y no deberas reprimir absolutamente nada. El ritual puede ser de Compasión, Destrucción o Lujuria.
Eres libre de decir y sentir como tu desees. Es necesario añadir que en la Biblia Satanica se ofrecen los conjuros mas adecuados para estos tipos de rituales, vuelvo a repetir, una previa revisada nunca esta de mas.
Terminada esta parte de la ceremonia, se dirán las palabras "Shemhamforash!" y "Salve Satanas!" Luego se leeran en voz alta y se quemaran las peticiones en la vela negra y las maldiciones, si es que existen, en la vela blanca.
Finalmente y de manera opcional, el oficiante de la misa leera las claves de Enoc mas adecuadas para el ritual. (ver biblia)
Se toca la campana como purificador y se finalizará el ritual diciendo:
Hecho esta!
Shemhamforash!
Salve Satanas!
COMENTARIO VIA MAIL
OTRO MUERTO EN UN TRÁGICO ACCIDENTE PARTÍCIPE
DEL COMPLOT CONTRA EL CONCEJAL ESOTÉRICO GUILLERMO CAPELLÁN:
EL EMPRESARIO JUAN JOSÉ GAY: CREER O REVENTAR, UNA NUEVA
PRUEBA DE LAS MALDICIONES DE CAPELLÁN
La maldiciones de las que, en Argentina hay testimonios
concretos y se cumplieron y se siguen cumpliendo, fueron las
que luego de estar casi 100 días injustamente en la cárcel
de Villa Las Rosas en Salta (Argentina) profirió el ahora
mundialmente conocido CONCEJAL ESOTERICO GUILLERMO CAPELLÁN,
a través de un Programa INFORMATIVO (FM PACIFICO- SALTA,
ARGENTINA, conducido por el periodista Daniel Salmoral en el
año 2003. Tambiçen los hizo en el Programa La Cigarra,
conducido por el reconocido y prestigiado periodista Jorge
Villazón. El político argentino fue preciso con nombres y
apellidos de los que habían conspirado en su contra para
acusarlo de una FALSA VIOLACION en perjuicio de un menor de
16 años, RODRIGO EMANUEL CHAVARRÍA. El esotérico político
vaticinó "Chavarría vivirá preso" y asi fue. Increíble pero
cierto, los que partciparon en forma directa en el complot
contra el Concejal Capellán tuvieron muertes trágicas y
enfermedades terminales. Lo último que sucedió el año pasado
es la muerte en un accidente motociclista del empresario
Juan José GAY quien se prestó al complot poniendo a
disposición del Locutor MARTIN GRANDE el galpón de su
empresa en el Parque Industrial de Salta para que se
guardaran los vehículos de propiedad del edil peronista y
ocultista Guillermo Capellán, automóviles que le hicieron
secuestrar para apropiarse de ellos con falsas querellas y
demandas. NINGÚN VEHÍCULO QUEDÓ EN MANOS DE LOS
CONSPIRADORES. Yo, en persona, escuché al político maldecir
con nombres y apellidos a quienes lo destruyeron... en aquel
entonces, el el año 2003 y 2004, las declaraciones de
Guillermo Capellán me produjeron lástima o risa, hoy ya
no... dejo a criterio de todo el mundo este testimonio. ME
CONSTA, DOY FE... Busque en Internet: "Guillermo Capellán, o
Maldiciones Concejal" y podrán obtener toda la información
sobre este extraño y probado fenómeno paranormal.
LOS MISTERIOS
LOS MISTERIOS
Annie Besant
Las ya extinguidas religiones del pasado han sido tan numerosas y diversas como las vivientes
lo son en la actualidad. Pero dirigiendo una mirada retrospectiva a la historia antigua para
compararla con la moderna, se nota la gran diferencia de no haber en aquella indicio alguno de
persecuciones religiosas. Se observa que cada culto tenía su propio dominio, su terreno propio en
el que reinaba. Cada nación tenía su religión propia que vivía en buenas relaciones con las de
las naciones vecinas, salvo en caso de guerra. Así se vé que en Roma, por ejemplo, se edificó un
grandioso panteón donde tenían sitio y eran debidamente honrados los dioses de todas las
naciones del imperio romano. Pudieron haber a veces celos o envidia entre las religiones, pero
estaban muy lejos de pensar en que debía imponerse determinada religión a todas las naciones;
antes bien se consideraba natural que cada nación tuviese su culto peculiar y que los ciudadanos
adorasen a su Dios nacional.
Estudiando lo que sucedía en el pasado, se ve que las dificultades a causa de la religión fueron
más bien políticas que religiosas. Abandonar la religión del Estado equivalía a traicionar al país, y
así vemos que de cuando en cuando se castigaba al que apostataba de su religión. Pero esto se
hacía porque pensaban que el tal individuo había renegado de su patria y no porque tuviese
opiniones propias en materia de religión, pues es evidente
que algunas religiones antiguas consideraban que en lo concerniente a la aceptación intelectual de
la doctrina, el intelecto podía desplegarse a su conveniencia, y que no tenía límites el campo del
pensamiento.
Por otra parte, en una época relativamente moderna, se vé que las persecuciones religiosas
desempeñan un gran papel en la historia de las confesiones rivales. Se vé a los misioneros hacer
grandes esfuerzos y repetidas tentativas para convertir a otros pueblos a una religión que no es la
de sus antepasados y, no sin razón, se pregunta: ¿de qué procede esta diferencia entre el mundo
antiguo y el mundo moderno en materia de tolerancia?
¿De dónde proviene la idea de que todos los pueblos han de aceptar determinada representación
de la verdad y abjurar de la religión de sus antepasados, para recibir la traída de un país
extranjero?
No es menos significativo que la tendencia a la persecución coincida históricamente con la época
en que desaparecen de Europa los Misterios. Con motivo de su gradual desaparición vemos
levantarse el espectro de la persecución religiosa, de tal suerte que nos vemos forzados a
relacionar los dos fenómenos y a preguntarnos si la desaparición de los Misterios señala el
comienzo de las persecuciones.
Cuando examinamos la diferencia entre el culto exotérico y la enseñanza esotérica, cuando
consideramos las religiones del pasado y estudiamos los Misterios de otros tiempos, vemos que
en el mundo antiguo eran los cultos tan diferentes como la son en el
mundo moderno, pero tambien comprobamos que todo culto tenía Misterios en que se iniciaban
los individuos más adelantados de cada religión, y en los que se formaban los Instructores de
estos cultos. Avanzando más en nuestro estudio hallamos que si la exposición de las doctrinas
religiosas en el culto exotérico difería según la nación, el temperamento y las tradiciones de los
ciudadanos, el fondo y esencia de la enseñanza, que pone al individuo en posesión de la Gnosis o
Conocimiento
real, el saber místico quesubstituye la creencia por el conocimiento y permite decir al hombre con toda certeza: "
Yoconozco
las cosas de los mundos superfísicos», esta enseñanza era en todas partes única eidéntica, y aunque difiriesen los cultos externos, lo que constituía la entraña, el culto interno y
fondo de los Misterios era semejante en todos.
Es lo que sucede si entramos al atardecer en una catedral. Vemos que la luz penetra por los
ventanales y toma el color de la vidriera de modo que quien solo viese la luz de un ventanal en el
interior del templo diría que es roja, al paso que otra persona colocada
ante otra vidriera diría que es azul, y una tercera persona podría a su vez afirmar que amarilla, y
una cuarta que violeta. Esto es lo que ha sucedido con las religiones exotéricas del mundo; cada
una tiene su propio color, su manera propia de exponer las verdades espirituales, y quienes
detienen la vista en el culto externo afirman que las religiones difieren unas de otras, y que no la
misma la luz de la verdad se abre paso a través de cada una. Pero vosotros los teósofos, si entrais
en la catedral de que he
hablado sólo veréis la luz blanca, y os daréis cuenta de que la diferencia de color está en las
vidrieras y no en la luz. Asímismo al entrar en el templo de los Misterios, veréis que la verdad es
única, aunque pueda estar expresada de difel-entes maneras, y que si los matices que afectan los
diferentes cultos son tan diferentes como los colores del arco iris, no hay en el interior del templo
de los Misterios más que la blanca luz de la verdad. Creo
que gracias a este conocimiento basado en los hechos, y por lo tanto invariable, mientras que el
lenguaje en que los hechos se exponen varía con el orador; gracias a que en el corazón de todas
las religiones antiguas palpitaban los Misterios, reveladores de la
verdad una, no mancillaron el mundo antiguo las persecuciones religiosas. Los instructores de
entonces sabían que no hay más que una sola verdad, aunque los pueblos difieran en su manera
de comprenderla cuando está velada por las formas externas del
dogma, ritos y ceremonias.
De esto se desprende que, si hoy deseamos persuadir a las religiones del mundo a que
confraternicen y no sigan por más tiempo luchando entre sí, será preciso en primer término
descubrir la fuente de común orígen en donde todas puedan también encontrar sus instructores.
Debemos por lo tanto, trabajar, anhelar y esperar el restablecimiento de la antigua institución de
los Misterios para iluminar y ayudar al mundo. Debemos estudiar y vivir de tal suerte que
encontremos discípulos capaces por el ardor de sus aspiraciones, pureza de vida y profundidad
de conocimientos, de atraer de lo alto a los grandes instructores y de mostrarse dignos de que los
instruyan hombres perfectos, cuyos
conocimientos sobrepujan a los de la ciencia terrena.
Reflexionemos sobre lo que eran los Misterios. Consideremos las fases por que pasaron y
digamos si es posible encontrar hoy elementos de donde salieran discípulos dignos de instrucción.
Jamás en los mundos superiores hay parsimonia en la dispensación de la verdad. Nunca proviene
de lo alto el obstáculo que impide el derrame del conocimiento en el mundo, sino que en nuestro
mundo terrestre, en la rebeldía del espíritu humano está
el impedimento para que la verdad arraigue. En la tendencia moderna de hacer sin cesar
objeciones y preguntas, reside la dificultad que se opone a la restauración de los Misterios. El
mundo levanta las barreras que obstruyen el paso de la verdad. Sin embargo, estas condiciones,
en apariencias deplorables, estaban previstas en el gran plan de evolución. No hay nada que esté
fuera de este plan, y si a veces pensamos que las cosas van mal, es por cortedad de nuestra vista,
porque no somos capaces de ver la totalidad del plan y juzgamos unicamente por la porción que
percibimos. La gran evolución de la humanidad se extiende por millares y millares de años, y un
millón de años es, para las grandes inteligencias que presiden la evolución, como un día para
nosotros. En la ejecución de tal plan, en el desenvolvimiento gradual y sucesivo de sus etapas,
nadie queda olvidado, ni aun los malvados. Todos tienen su lugar en la senda de la evolución, y el
arquitecto que trazó el plan sabe bien qué edificio ha de levantar.
Para el desarrollo de la humanidad, para la evolución superior del hombre, fue necesario un
período en que nuestra inteligencia desarrollase el indócil aspecto de inquirir y razonar, sin el cual
no hubiera podido conocer el mundo inferior. Era conveniente que en un remoto pasado, las
infantiles naciones elevasen los ojos hasta los divinos instructores y aprendiesen docilmente las
lecciones que les daban estos maestros divinos. Pero era
igualmente conveniente que a medida que crecía la joven humanidad, desarrollase los poderes de
la virilidad, lo que no hubiese sucedido si siempre hubiera sido conducida como con andadores
por los grandes seres que la habían guiado. Así llegó tiempo en que los instructores dijeron al
adolescente: " Vé hijo mío,
vé al mundo y descubre en él por tí mismo la verdad. Desarrolla en tíel conocimiento, que es uno de los aspectos del Espíritu.divino, y conquista, por tu propia fuerza,
el conocimiento que el mundo puede desenvolver en tí, pues tarea peculiar tuya es dominar el
mundo inferior, descubrir las leyes de la naturaleza y encontrar tu sendero mientras el guía
permanece temporáneamente invisible.»
Pero así como el padre vela por su hijo con tierno amor mientras éste lucha en la vida, y siempre
está dispuesto a ayudarle con sus consejos cuantas veces sea necesario, de la propia manera
obran los Padres de la raza, los Hermanos Mayores que alcanzaron la perfección antes de que los
más jóvenes empezasen a remontar la escala de la evolución Aunque fuera de nuestra vista, vigilan
sin cesar por la joven humanidad, y aunque invisibles para los ojos físicos, están siempre cerca de
ella, dispuestos a socorrerla. Mientras ocultaron sus externas formas guiaron a las naciones tan
positivamente como cuando permanecieron personalmente en la Ciudad de las Puertas de Oro,
de la Atlántida, o en la Ciudad Blanca, de Shambala, en los comienzos de nuestra raza aria.
Pero los tiempos han cambiado con el consiguiente cambio de métodos, y con razón se ha dicho
que la evolución no es una escala ascendente, sino más bien una espiral que vuelve sin cesar sobre
si misma elevándose gradualmente a medida que la evolución
progresa. Así vuelve de nuevo lo pasado a presente, pero un presente de un nivel superior al
camino recorrido por la humanidad en el pasado, y
están cercanos los tiempos de larestauración de los Misterios
porque hoy día se preparan los discípulos, y como dice el antiguoadagio:
Cuando el discípulo esté presto, aparecerá el Maestro.Trasladaos con el pensamiento a la época en que se instituyeron los Misterios y daos cuenta de
cuál era su función. La religión externa o exotérica ordena, manda y dice: «Harás esto, no harás
aquello». Esta religión exterior mantiene al hombre en el camino recto por la autoridad exterior y
superior a él, por un código de moral y reglas de conducta que los hombres obedecen sin como
prender frecuentemente su razón, y unicamente por que un profeta las declaró, porque sus
preceptos están contenidos en una Escritura Sagrada, porque una Iglesia ha proclamado sus
mandamientos y porque la tradición dice: «Tal es el camino, seguidle».Por esta manera de instruir,
por este código de moral, por este sistema de leyes, se forma el hombre de bien, el ciudadano
digno, el amante marido y buen padre, siempre dispuesto a trabajar por su país, al que todos
miran y admiran por su enérgico carácter y noble conducta. Pero la perfección no consiste
solamente en esto. Un sabio dijo, hace mucho tiempo: «La leyes un maestro de
escuela para conducirnos a Cristo». En efecto, llega una hora en la evolución humana en que
termina la obra de la ley externa por que se desarrolla interiormente la ley del espíritu, hora en que
ya no guía al hombre un mandato externo, sino una autoridad interna, cuando solo habla el Dios
interno y no el Dios externo. Precisamente los Misterios explayan el Dios interno y transmutan al
hombre de bien en hombre perfecto, en que el escondido Dios brille y se manifieste en toda su
gloria.
Así vemos que en la escuela de Pitágoras, eran muchos los que al recibir las enseñanzas externas
aprendían las virtudes cívicas y sociales, y llegaban a ser modelos de virtud y gloria de
la antigua Grecia. Pero esto no era más que el atrio del templo, el aspecto correspondiente al
mundo exterior, el anteumbral de los Misterios. Porque habia otra escuela, secreta y oculta, en
donde podían ser admitidos quienes habían alcanzado el bien, y en la que el hombre de bien se
convertía en un Dios. Tal era el objeto de los Misterios: admitir al hombre de bien que había
dominado todas las tentaciones ordinarias, que había llegado al punto en que el mundo ya no le
atraía ni le dominaba, que había desenvuelto en sí las esenciales virtudes, base de todo el edificio
moral, y era capaz de atravesar el atrio para acompañarle al Templo en donde se le enseñaba a
educir los poderes del Dios interno y a moldear y transmutar sus materiales vestiduras en
vehículos de las fuerzas divinas, en lugar de ser obstáculos para ellos como le sucede en el mundo
a la mayoría de las gentes.
Los Misterios enseñaban al hombre, en primer término, a purificar sus vestiduras materiales, no
solamente de los pecados comunes entre los hombres y de las ordinarias pasiones de la
humanidad, sino sutilizarlas de modo que lograra distínguirlas una de otra a fin de vivir consciente
y deliberadamente en la material mansión de la que es habitante y no prisionero. Porque la mayor
parte de los actuales hombres viven como prisioneros en la mansión de carne en que habitan.
Ignoran que existe una llave capaz de abrirles las puertas; no saben que la llave está en ellos
mismos y no en poder ajeno; piensan que la muerte tiene la llave y que sólo la muerte puede abrir
la puerta del cuerpo para que el espíritu se eleve, libre e inmortal a conocer su naturaleza divina.
Pero no es así.
Los Misterios enseñan, por el contrario, que el cuerpo no es una prisión, sino una morada con
llave para abrir las puertas y salir a voluntad. Así los discípulos aprendían primeramente cómo,
por intensa y profunda meditación, era posible substraerse de la envoltura externa, y fijar
temporaneamente la vida en las más sutiles vestiduras internas. Aprendían los discípulos a separar
lo grosero de lo sutil, a educar los sentidos sutiles por el mismo método con que la naturaleza
educó los sentidos físicos a través de inconmensurables espacios de tiempo. Aprendían que los
poderes reales de la visión y de la audición residen en el hombre
espiritual, y no en el cuerpo de que está revestido, de suerte que el cuerpo debía valerse de
órganos para servir a las fuerzas espirituales, pues de por sí no era más que un obstáculo, hasta
que transmutada y moldeada la materia por el espíritu para sus propios fines, llegaba a ser el
cuerpo un instrumento adecuado.
Estos Misterios aún existen bajo la dirección de la Gran Jerarquía Blanca, cuyos miembros son
los únicos seres que tienen el derecho de conceder o denegar la entrada.
En verdad, jamás la tierra ha estado privada de los verdaderos Misterios. Han existido siempre,
porque se hallan en manos de los Hombres perfectos, que revelan a sus neófitos las realidades de
los mundos superiores, enseñándoles a familiarizarse consciente y deliberadamente con ellos, de
la misma manera que el científico de hoy día comienza a familiarizarse con el mundo fisico.
Aun en nuestros días, en los verdaderos Misterios, cuando la puerta de la iniciación se abre ante
el neófito que, una vez preparado, ha sido conducido hasta la entrada, este neófito se desprende
de su cuerpo físico para iniciarle primeramente en su cuerpo astral, y ponerlo a prueba, sin que
conozca el manejo de los poderes de este mundo astral ni la manera de hacer servir sus
influencias en beneficio de la humanidad. Cuando llegue este caso, que se presenta de cuando en
cuando, y leáis la descripción de las pruebas de los Misterios, y de los obstáculos que hay que
vencer, advertid que estas pruebas están relacionadas con el
saber y el poder y no con elendurecimiento físico, como se relata en las historias mal llamadas ocultistas, que mencionan el
paso a través del fuego, del agua y de todos los elementos terrestres.
Estas no son más que las primeras y las más elementales de las pruebas que esperan al neófito en
el plano astral, y son a propósito para el hombre que ha de demostrar al maestro su capacidad de
dominar las fuerzas de la naturaleza por el
conocimiento, única fuente de poderío. Porque en elmundo en que estéis, ya en este bajo mundo en que viven los hombres, o en la altísima región del
mundo nirvánico, sólo el
conocimiento da poderío. El conocimiento permite a los hombresmandar, y como justamente se ha dicho, para el espíritu no está velada ninguna región de la
naturaleza.
Por esto se designaba en tiempos pasados con el nombre de Gnóstico (que significa "el que
sabe", al hombre que debía entrar en el Templo de los misterios. Toda iniciación implica una
dilatación de conciencia. Cada vez que atraviesa una puerta, la siguiente no se abre sino despues
de adquirir suficientes conocimientos para mover la llave en la cerradura. A medida que estudieis
las iniciaciones sucesivas, encontrareis que cada una comprende los tres grados de neófito,
candidato e iniciado, para penetrar en mundos cada vez más superiores, donde prueban que son
capaces de manejar sus fuerzas, de emplear sus influencias y de perseguir siempre el sólo y único
fin de llegar a ser más útiles a sus semejantes y ayudar a los que emprenden una más rápida vía
de progreso, o un camino más corto, que conduzca a la felicidad.
En efecto, la adquisición del conocimiento sólo se justifica por el uso que podais hacer de él para
servir, y aquellos en cuyo poder están las llaves del Conocimiento no las pondrán sino en manos
de quien se haya mostrado ansioso de servir, haya sojuzgado los deseos de su yo inferior, y se
haya entregado a la voluntad de su Yo superior que no conoce otra voluntad que la de Dios.
Por un instante apartamos nuestras miradas de estos altos Misterios, de que aun al presente se
habla en el mundo exterior con más frecuencia que en el pasado, encontramos que en otros
tiempos existían muchas escuelas preparatorias de los Misterios de grado inferior, que
gradualmente disponían a los neófitos para los Misterios superiores. y que algunas de estas
instituciones aún hoy día existen. Siempre se encuentran escuelas ocultas diseminadas por nuestro
globo, y todas ven únicamente el fin de sus aspiraciones en la Gran Fraternidad Blanca. Estas
escuelas marchan en muy distintas direcciones. siguiendo cada una la vía por que fue orientada en
otros tiempos. Difieren en sus caractéristicas, en sus métodos y sus maneras de instruir, pero
todas se dan cuenta de que preparan a los candidatos para los verdaderos
Misterios, presididos por la Gran Jerarquía. y si nos remontamos al pasado vemos que era
efectivamente conocida la existencia de los Misterios menores, si bien sus métodos de enseñanza
permanecian ocultos.
Encontramos, por ejemplo, que en la evolución de las religiones, hubo un estado en que los
discípulos no pudieron ya dejar a voluntad su cuerpo físico para acudir al Templo de los
Misterios, único lugar donde podía conferirse la gran Iniciación.
Puede que alguno de vosotros sepa que en comunicación con las Pirámides de Egipto había
cámaras de iniciación desprovistas de puertas, porque el no destinado a entrar no podía pasar a
traves del muro que rodeaba el Templo, y aquellos que podían a voluntad dejar el cuerpo físico
no tenian necesidad de puertas, porque únicamente el cuerpo sutil llegaba a presencia de los
Hierofantes de los Misterios. Por la misma causa existen aún en Irlanda antiguas torres que han
preocupado mucho a los arqueólogos, porque no tienen abertura alguna de entrada. Las puertas
son, en efecto, inútiles para el hombre que sabe utilizar sus cuerpos sutiles, porque no hay muros
que le detengan ni puertas que se le cierren. Nada hay que pueda impedirle ir donde desee, nada
en esta tierra que pueda levantarse como barrera a su paso. Así es que en los Misterios de
tiempos pasados, tanto superiores como inferiores, sólo podían ser admitidos en el sendero de
iniciación quienes sabían hacer uso de sus vehículos sutiles.
Pero llegaron tiempos en que los candidatos no pudieron ya dejar a voluntad sus cuerpos físicos,
y hubo necesidad de otro método. Se sumerge entonces al neófito en un sueño mágnetico o
hipnótico tocándole con lo que en la Grecia antigua se llamó el tirso, que era una varita
originariamente llena de fuego vivo
, y cuyo contacto, rompiendo de pronto los lazos entre losvehículos inferiores y los superiores, permitía al espíritu funcionar libremente en el interior de su
vehículo astral y tener en él conciencia de la vida superior.
Por esto vemos en alguna pintura al fresco, o en antiguas esculturas, un sacerdote en pie con una
varilla terminada en cono en las manos. Esta era una de las formas de la Varilla de Poder que se
usaba entonces y que se aplicaba a lo largo de la columna vertebral hasta el punto de enlace con
el cráneo.
A medida que la varilla ardiente remontaba la columna vertebral, se replegaba el cuerpo astral
sobre si mismo, siguiendo la ascensión de la varilla, hasta el momento en que tocando ésta la
cabeza, dejaba escapar el cuerpo astral, por el cráneo, libertándole para alcanzar los mundos
superiores.
Más tarde perdióse tambien este poder, continuando el mundo su descenso a los abismos de la
materia. Permanecieron sólo disponibles los poderes de la visión y de la audición astrales, por
cuyo medio se instruía a los candidatos, mostrándoles cuadros animados, modelados en materia
astral, que representaban las realidades de otros mundos. No actuaba entonces el candidato en
el mundo astral, sino que tan sólo se le mostraba un cuadro del mismo, pero tan animado, que le
proporcionaba muchas informaciones, y aun en nuestros dias, este es el método de enseñanza
comunmente empleado. Cuando los cuadros animados compuestos por los grandes Instructores
se muestran del modo dicho, se encuentra en ellos la reproducción de la historia del pasado. Así
se representa en la materia del plano astral la gran obra de la construcción de los mundos; el
discípulo estudia este cuadro a medida que ante él se desarrolla, y comprende, mejor que por la
palabra, cuan real es esta historia del pasado.
Descendiendo aún más la humanidad. vemos que también perdieron este poder los oficiantes de
los Misterios, y llegamos a un estado, que mencionan los autores griegos, en que la enseñanza
debía representarse en escenas de nuestro mundo físico y no por los animados cuadros del
mundo astral. Se trataba entonces simplemente de hombres que se habían ejercitado en
representar escenas que servían de complemento a las lecciones que los neófitos debían
aprender. El mundo astral estaba representado por una escena dramática, o por animales que
simbolizaban las pasiones, y en las que hombres vestidos de pieles y con caretas
de animales rodeaban al candidato a los Misterios, tratando de espantarle y hacerle retroceder,
de tal manera que si el neófito conservaba en su fondo algún gérmen de vicio, este enemigo
interior, encerrado en la ciudadela de la mente, respondía a la amenaza externa que le hacía el
actor que representaba el vicio, y el hombre, aterrado, viendo, por así decirlo, manifestado el
vicio en una forma exterior, retrocedía sin atreverse a afrontar a su enemigo ni llegar al fin de la
prueba.
Continuaron así los Misterios hasta el advenimiento del Cristianismo, y si leeis los primitivos libros
cristianos, principalmente los escritos por los Padres de la Iglesia, de los discípulos de los
Apóstoles, y de los autores que les sucedieron, encontraréis en ellos sus huellas. Leed a San
Clemente de Alejandria y las obras de Orígenes, tal como las poseemos, y veréis que, en los
orígenes del Cristianismo, existían los Misterios -los verdaderos Misterios de Jesúscomparables,
en cierto modo, a los de tiempos más antiguos.
Y efectivamente, tambien había en los primeros tiempos del Cristianismo dos clases de
instrucción. En un principio las enseñanzas estaban en poder de quienes,-según declaran Orígenes
y San Clemente- habían sido instruidos en las enseñanzas dadas secreta y oralmente por el
Cristo, cuando vivía entre los hombres. Recordaréis que dijo a sus Apóstole s-«A Vosotros es
dado saber el Misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera por
parábolas todas las cosas»- (Marcos, 4:11). Y actualmente la Iglesia se contenta con parábolas,
y no parece advertir que le faltan las enseñanzas interiores que explican los Misterios de Dios.
Estos conocimientos perpetuados por la tradición, y que sucesivas generaciones de hombres
dignos y santos se transmitian oralmente, constituían las primeras enseñanzas de los
Misterios, de las que dice Orígenes que dió en secreto el Cristo a sus propios discípulos.
Despues había otros Misterios más elevados en los que se enseñaban los secretos de los mundos
superiores, no ya por labios humanos, sino por labios sobrehumanos, como se puede
ver en San Ignacio de Antioquía, o en San Ireneo, quienes declaran que los instructores de los
primitivos Misterios cristianos eran los ángeles o seres sobrehumanos que asistían a los individuos
que, despues de recibir oralmente el conocimiento transmitido, habían sido juzgados dignos de
aprender de los mismos ángeles esta enseñanza superior y de relacionarse directamente con los
habitantes de los mundos sutiles.
Según ya se ha dicho, esto mismo ocurría en Grecia y Egipto en donde, los llamados ángeles por
los cristianos, y las religiones más antiguas llaman seres brillantes o devas, revelaban los Misterios
de los mundos superiores.
En el Cristianismo primitivo existían los Misterios, tras el culto exterior, como en cualquiera de las
antiguas religiones. Se bautizaba a los hombres en la Iglesia cristiana, pasando enseguida por la
Comunión y utilizando de este modo las formalidades externas dejadas por el Cristo para ayudar
a los creyentes. Pero recordad que San Pablo dijo: «Hablamos sabiduría entre los
perfectos» (1 Corintos 2: 6.) Declara asímismo que no se dé enseñanza superior a quienes,
aunque bautizados y admitidos a la comunión, eran todavía «niños en Cristo».
Pero todo esto desapareció, aunque no por completo, porque los verdaderos Misterios siempre
subsisten, con la sola diferencia de que por lo menos en Occidente se cerró el camino para llegar
a ellos. En efecto, no existían escuelas intermediarias en que los fieles pudieran recibir instrucción.
No queda más que la tradición para atestiguar que tales Misterios existen o habían existido, y
solamente, de tarde en tarde, surje un hombre que instruido personal e individualmente en estas
cosas, llega a ser bastante esforzado para abrirse paso hasta los Misterios, por siempre existentes
en manos de la verdadera Fraternidad de los Maestros de
Sabiduría. Sin embargo había aún algunos centros de estudios de esta clase. Hallaréis sus huellas
en la literatura antigua y en la de la Edad Media, y os comunicaré una palabra que sirve de clave
para hallarlas, aunque sin conocer exactamente su significado. Cuando entre los libros antiguos
encontréis uno designado bajo el nombre de
Rosario, sabed que este es el nombre que daban enla Edad Media a los libros Secretos, en que el alquimista, el astrólogo y el investigador, en
demanda de sabiduría secreta, escribían jeroglífica y simbólicamente las verdades que conocían,
pero que no osaban exponer abiertamente. Porque no olvidéis
que hablamos del tiempo de las persecuciones, del tiempo en que los hombres no osaban decir
las cosas que sabían por miedo a que la religión exóterica los condenase a la hoguera y que los
conocimientos materiales destruyesen la verdad espiritual. Pero a pesar de todo había algunos
grupos de estudiantes y de sabios, porque en la tierra jamás se rompió del todo la cadena.
Solamente que los hombres no sabían a donde dirigirse; buscaban sin cesar y no encontraban
instructores, y los que entonces sabían recelaban de comunicar su saber por temor a que un
llamado discípulo fuese un espía o un traidor y los pusiera en riesgo de muerte. Conocida es la
terrible tragedia de los Templarios, que tenían algunos conocimientos de los Misterios ocultos,
como lo prueba que en la tortura algunos de ellos divulgaron fragmentos de conocimientos por los
cuales se les hizo condenar. Recordaréis que en el tormento declaró un Templario que por estar
iniciado en los Misterios debía marchar sobre la Cruz, y esta palabra simbólica fué, quizá por
ignorancia, tomada como prueba de impiedad y condenado por blasfemo. Y, sin embargo, esto
significa que el hombre pone su fé sobre la Cruz que le eleva hasta el conocimiento, y que si
posaba sobre ella un instante sus pies, era para que la Cruz le elevase hasta un medio más puro,
en donde se enseñaban algunos misterios inferiores.
La gran Sociedad de la Franc-Masonería es un organismo que ha subsistido desde los días en
que desaparecieron los Misterios, y fué en su origen depositaria del simbolismo y uno de sus
canales, aunque la mayor parte de sus actuales miembros no saben lo que poseen, y en general
desconocen los símbolos, cuyas expresiones, pero no sus realidades, diputan por sabiduría. Los
francmasones han conservado en símbolos lo que han perdido en saber, con el fin de atestiguar
que nunca desapareció la sabiduría por completo de la tierra.
Continuando nuestra investigación a través del pasado, vemos que, procedente de Oriente, llegó a
Europa Christian Rosenkreutz para fundar la muy conocida Sociedad de los Rosacruces. Digo
«muy conocida» porque la menciona la historia, aunque los ignorantes crean que se trata de un
mito y no de un hecho histórico, olvidando que frecuentemente el mito y la leyenda son la historia
de una gran verdad en ellos encubierta. Christian Rosenkreutz era un discípulo de la Sabiduría y
había sido enviado por la Gran Fraternidad para reavivar en Europa la llama del conocimiento.
De esta primera Sociedad Rosacruz salieron los doce Hermanos que restablecieron en Europa las
bases de la ciencia, cultivaron la alquimia, de que derivó la química, y enseñaron la astrología, de
que nació la astronomía, y de este modo cimentaron
las bases de los modernos conocimientos. El verdadero conocimiento proviene de las regiones
superiores para descender al mundo material, y no nace en el mundo inferior para elevarse a
las regiones superiores. Entonces comenzó a reflorecer en Europa la ciencia, y fué posible la lenta
y gradual difusión del conocimiento. Podéis seguir las huellas de muchas Sociedades secretas,
ligadas todas entre sí, aunque con diferentes nombres, que enseñan todas un mismo
conocimiento, cuyo fin era preparar a Europa para la restauración de los Misterios en forma más
amplia y efectiva.
Así llegamos a los siglos XVII y XVIII en que el misterioso personaje Conde de San Germain
trabaja con nuestro antiguo instructor H. P. Blavatsky , miembro entonces de una gran familia
austriaca que aún lleva el nombre de Zimsky. Se vió entonces a estos dos hermanos, discípulos
de la Gran Logia, trabajar sin descanso a fin de que Europa pudiese acrecentar sus
conocimientos. Después se vieron detenidos por una barrera porque trataron de modificar por el
conocimiento el estado de cosas existentes, y el conocimiento cayó entonces en manos de gentes
no dispuestas para recibirlo. En efecto, el hambre, la miseria, la tiranía, el sufrimiento y la
corrupción, tanto en la Iglesia como en el Estado, gra vitaban sobre los instructores que trataban
de guiar a los hombres hacía el conocimiento, y el tremendo estallido de la Revolución Francesa
levantó olas de sangre que interrumpieron las enseñanzas esotéricas. A pesar de esto, ciertos
individuos recibieron entonces, en algunos puntos, esta enseñanza, hasta el día en que los dos
precitados instruetores, hermanos ya en el pasado, pudieron reanudar su obra en mayor escala.
Lo que había fracasado en el siglo XVIII fué, en efecto, intentado de nuevo en el siglo XIX en
otras condiciones, fundándose y afirmándose por ellos las bases de la
Sociedad Teosófica.Permaneció uno de ellos oculto, porque había alcanzado el nivel de Maestro y ya no trabajaba
abiertamente entre los hombres.
El otro era H.P.Blavatsky , la noble dama rusa a quien se debe la fundación de la Sociedad
Teosófica y, en gran parte, su vida actual. Comenzaron entonces los preparativos para la
restauración de los Misterios; y el hermano de quien un Maestro ha dicho: «El Hermano que
conocéis con el nombre de H.P.Blavatsky, pero no con otro», este hermano comenzó a echar los
cimientos de los Misterios que, más tarde, serán plenamente restablecidos entre nosotros,
instituyendo en el seno de la Sociedad Teosófica una
Escuela preparatoria.Desde que los Misterios desaparecieron de Europa, se mostró entonces a los hombres por vez
primera la verdadera Via para que pudiesen avanzar, indicando el camino hacia los Maestros
que la fundaron, y la Escuela instituida por su mensajero traza la senda que ha de seguir el
discípulo para llegar al Portal de los verdaderos Misterios. De nuevo se proclama la existencia
del Sendero, y prestos se hallan los Instructores a comunicar la enseñanza.
Una vez más resuena en el mundo entero la promesa de las Escrituras induistas:
«Despiértate,levántate, busca a los grandes Instructores y presta atención porque el sendero es estrecho
y aguzado como el filo de una navaja de afeitar»
. Este grito ha sonado de nuevo, y hay oidospara escucharlo y labios dispuestos a responder.
De este modo, en nuestra época, en nuestros mismos días, en las numerosas naciones de este
nuestro mundo mortal, hay Discípulos que reciben la enseñanza con el fin de que sea posible el
gradual restablecimiento de los Misterios y restituirlos a lo que eran en el pasado, y se encuentran
también Portales que conducen a los verdaderos Misterios, regidos por el directo gobierno de la
Gran Fraternidad.
Nuestro título de gloria es saber para qué trabajamos, y nuestro privilegio el de ser colaboradores
conscientes en la ejecución del plan en que trabajan los Maestros a fin de difundirlo por la tierra.
Pero jamás debemos nosotros fijar Sus límites ni señalar Su pujanza, sino mostrar Su amor y
compasión, pues pueden hacer llegar a Ellos a los hombres desde donde les convenga, si bien,
hoy dia, solamente hay una ruta francamente indicada, por la que con seguridad se llega a
encontrarlos.
De modo que el sendero está libre; el portal exterior completamente abierto y cuantos lo deseen
pueden entrar en él. Pero en lo que concierne a los Misterios no sucede lo mismo.
«Porqueestrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida eterna, y bien pocos son los
que le hallan».
Mateo 7:14.Pocos hay al presente, pero habrá un número cada vez más considerable a medida que los años
transcurran; pocos hay hoy dia, pero acrecerá grandemente su número durante los dias venideros.
Porque poderosas fuerzas se explayan sobre nuestro mundo. Se han abierto las puertas del
mundo celeste, y la vida y la pujanza se vierten sobre el mundo de los hombres.
Gran dicha es que vuestro karma os haya hecho nacer en estos propicios días, y gran ventura que
en ellos vivais. Pero mil veces más felices seríais si se despertase en vosotros la intuición,
esa voz del Espíritu que habla a fin de que podais responder al llamamiento de los Maestros y
franquearos un camino para llegar a sus pies.
Aparecido en "El Loto Blanco" de Octubre 1917, traducido de «Le Lotus Bleu»
COSA CERCANA
COSA CERCANA
ROBIN SCOTT
Supondra para el planeta Garyon un largo perodo de estrecheces y pobreza. Un largo perodo... tal vez
dos generaciones, pero tenan que hacerlo.
Los garyoni eran una raza joven y fuerte, y su proliferacin haba sido demasiado rpida. Solamente su
reciedumbre y amor por la lucha personal, causa de numerossimas bajas, evit que su poblacin sufriera
una explosin demogrfica y acabara en la inanicin y la miseria. Incluso este feroz encarnizamiento iba
perdiendo terreno entre las nuevas generaciones de jvenes garyoni. La raza iba degenerando a causa de la
deficiente alimentacin y los habitantes de Garyon ya no eran los bravos guerreros que haban sido.
El Consejo Supremo haba comisionado a un equipo de especialistas para que hallasen la solucin.
Garyon deba expansionarse. O morira. Los tcnicos llegaron a una conclusin: se enviara alrededor de
mil sondas automticas dirigidas a las lejanas estrellas en busca de alguna que ofreciese garantas de vida
para los garyoni. Se necesitaba una especial combinacin de radiacin solar, agua y atmsfera.
Se provey a las sondas de suficiente cantidad de combustible con el mandato de agotarlo en busca de
sus objetivos. Ms de novecientas sondas terminaron el combustible y, tras emitir un dbil informe negativo,
acabaron en la inhspita zona de gravedad de alguna estrella desconocida.
Pero al fin lleg un comunicado positivo. El equipo de telemedicin de Garos, la capital de Garyon,
capt un tono diferente. Los tcnicos comisionados en la empresa, se dedicaron inmediatamente a la tarea
de descifrar el mensaje. Al fin pudieron dar una buena noticia: de los tres planetas que presentaban
caractersticas de radiacin y magnitud negativa idnticas al sol, uno de ellos proporcionaba, adems, una
esperanzadora evidencia espectrogrfica, agua abundante y una atmsfera que guardaba gran semejanza
con la atmsfera de dixido de carbono-oxgeno-nitrgeno que haba permitido tal exuberante vida en
Garyon.
Las calles de Garos, capital de Garyon, desbordaban alegra tras estas noticias. El Consejo otorg el
Honorfico Aro de Oro al jefe mximo del programa de pruebas. Se facilit a todos los ciudadanos una
tarjeta complementaria de
raals o raciones de alegra. (El placer y el regocijo estaban racionados enGaryon.) Con todo, para contrarrestar los efectos adversos de esta ddiva, el Consejo procedi a
reducir el precio de las armas de fuego a la mitad y redobl las pruebas de anlisis en las bebidas txicas
expendidas en tabernas bajo control directo del Consejo.
Las buenas noticias pusieron en marcha las sucesivas etapas del programa de investigacin.
Fundamentndose en la gran posibilidad que existiese un planeta con caractersticas semejantes a Garyon,
sus tcnicos haban previsto ya la existencia en l de una vida indgena propia. En consecuencia, el Alto
Mando orden un fuerte incremento en la produccin de armas de destruccin en masa y, del mismo
modo, la organizacin y adiestramiento de escuadrones expedicionarios para la investigacin planetaria. Se
eligieron jvenes garyoni y solamente aquellos que haban demostrado una elevada aptitud en el manejo de
las armas.
Los expedicionarios elegidos deban ser jvenes. Pasaran mucho tiempo adiestrndose antes de poder
actuar. La prueba siguiente, que consista en posar la sonda automtica en el nuevo planeta y realizar un
anlisis definitivo, tardara siete aos en llegar a su destino. Su informe tardara otros siete aos hasta ser
recibido en Garyon. Y la fuerza expedicionaria empleara otros siete aos en acudir a su objetivo.
La prueba definitiva estuvo pronto en marcha y Garyon se vio envuelto en una marea de vida, muerte y
ansiedad.
La sonda dirigida entr en rbita solar confirmando el halageo informe de los datos recibidos
anteriormente. Se desplaz hacia el interior con la misin de interceptar al tercer planeta en su ruta orbital.
Las noticias positivas fueron causa de nuevas muestras de alegra en las calles de Garos. Se facilit una
nueva racin complementaria de
raal, y Gehazil, un joven y valioso colaborador de la empresa, fueascendido al cargo mximo: Director Jefe del Programa de Pruebas.
Por fin se alcanz la rbita planetaria. Llegaba el momento culminante. Fueron dispuestos los mandos de
modo que la sonda tomase tierra en el planeta objeto de estudio. Una vez disparado el retropropulsor, la
cpsula de pruebas con todo su instrumental atraves silbando la atmsfera al mismo tiempo que frenaba
para posarse con suavidad en la superficie.
La superficie result ser una zanja que corre paralela a la Carretera Federal 47, justo en el punto que
inicia el ascenso a las zonas industriales de la margen del ro Passaic. En Nueva Jersey era una hora punta y
el ruido que produjo la llegada de la cpsula experimental qued ahogado por el traqueteo de una hilera de
camiones
diesel que suban la cuesta, lanzando por sus tubos de escape los desechos de la malacombustin de sus motores. A esta serie de camiones, se aada la de los vehculos particulares, que en
aquella hora acostumbraban a abarrotar el trayecto hasta el puente.
La cpsula qued unos momentos en silencio, el tiempo necesario para ordenar sus mandos internos y
organizar el resto del programa previsto. Una vez todo a punto, elev una pequea antena y lanz su breve
mensaje al detector que se encontraba en rbita y que habra de servir de enlace transmisor con el planeta
base. Siete aos ms tarde, las noticias de su afortunada llegada fueron motivo de condecoraciones y
felicitaciones para su diseador y constructor.
El programa segua su curso. La cpsula despleg su instrumental para pruebas atmosfricas, comenz a
tomar muestras del aire circundante dando a conocer sus informes al mismo tiempo que los iba obteniendo:
Presin: 97
grugs por klinz cuadrado, ley en los ordenadores Gehazil, el Director del Programasiete aos despus.
Magnfico, perfecto! gritaron a coro los tcnicos y hombres del Consejo, congregados junto al
panel de lecturas. Zingal, diseador de la cpsula de pruebas atmosfricas, asi tan fuertemente a su
ayudante y con tanta alegra, que all mismo tuvo que arrancar un cupn de su racionamiento de
raal.Composicin atmosfrica ley Gehazil.
Oxgeno: 734.954 partes por milln.
Nitrgeno: 240.758 partes por milln.
Vapor de agua: 10.602 partes por milln.
Argn: 9.103 partes por milln.
La lectura de los informes era ms lenta y pausada a medida que los elementos compuestos que
aparecan eran ms complejos. En Garos reinaba casi el histerismo. Los resultados, era patente,
demostraban que la composicin del planeta desde el punto de vista atmosfrico, se asemejaba muchsimo
a la de Garyon. Si los informes anunciaban una pequea cantidad de dixido de carbono, la atmsfera sera
perfecta. Solamente una nfima cantidad de ese producto supondra la presencia de complejos
hidrocarbonados y, algo muy importante, la existencia de ambiente para subsistir.
La cpsula prosigui emitiendo lentamente:
Dixido de carbono: 300 partes por milln.
Las calles de Garos semejaban centros de verdaderas orgas. Las cartillas de racionamiento de
raalrevoloteaban como hojas cadas en otoo.
De repente sucedi lo imprevisto:
Monxido de carbono: 250 partes por milln...
La alegra de la multitud enmudeci. Una fuerte emocin se adue de Garos. Intentando reponerse, el
viejo Saankel, Jefe del Consejo de la Comisin para la Atmsfera, dobleg sus tentculos en un gesto de
esperanza y habl de la posibilidad de los filtros, de los milagros de la ingeniera atmosfrica... Unos pocos
tentculos se alzaron en ademn de protesta. Tal vez sera peor...
Ms lentamente, a medida que la complejidad del anlisis aumentaba, segua el informe:
Helio: 4 partes por milln.
Criptn: 3 partes por milln.
Nen y Xenn: 2 partes por milln, cada uno de ellos.
Tras la conmocin inicial, los tcnicos comenzaron a hacerse cargo de la situacin. Iban alzndose ms
tentculos e incluso algunos optimistas distrados, como si tuvieran que celebrar algo, empezaron a tomar su
racionada parte de alegra. Se dictaron rdenes para que la fuerza expedicionaria que estaba embarcando
en la terminal de Garos, fuera equipada con aparatos de filtro y caretas antigs. Era muy improbable la
evolucin de cualquier forma de vida agresiva en un planeta con tanto monxido de carbono. Sin embargo,
nunca se poda asegurar, quiz existiera algn sistema de filtracin natural...
La cpsula, junto a la ruta nacional, sigui transmitiendo elementos constitutivos ms complejos
todava...
Etileno: 2 partes por milln.
Dixido de nitrgeno: 1,75 partes por milln.
Sulfito de hidrgeno: 17 partes por milln...
Zingal, diseador del complejo analizador atmosfrico, fue el primero en comprender que nada poda
esperarse. Atraves las cuarenta plantas del edificio donde se encontraba la sala de lecturas y se lanz a la
calle entre la desorientada multitud que circulaba en todas direcciones. Gehazil dio una nueva orden.
Aquellas muchedumbres alegres y callejeras fueron presa de la ms total decepcin. El problema de la
superpoblacin de Garyon quedaba en suspenso por el momento.
En las afueras de Garos, el Jefe del Estado Mayor anul la orden de los filtros y mand que fuese
retirada la fuerza expedicionaria interplanetaria. Su ayudante le pregunt con un ltimo destello de
esperanza:
No podramos construir unos filtros para las restantes materias que se encuentran en esa atmsfera,
seor?
El Jefe del Estado Mayor afirm pesadamente con un movimiento de su cabeza:
Quiz s, pero no se puede colonizar un planeta si no se cuenta con una atmsfera bsicamente no
txica, o al menos una atmsfera que tolere ciertas formas de vida comestibles. En tal ambiente no podra
cultivarse ni el ms encajinado
tameel.La cpsula haba finalizado su anlisis atmosfrico. Prescindiendo del hecho que ya nadie se interesaba
por el resto de la informacin, prosigui su tarea. La ltima fase consista en desplegar un tubo flexible y
blindado en cuyo extremo se hallaba adherido un sistema de conduccin acuosa. El tubo se arrastr
automticamente por el suelo recorriendo las zonas circundantes, hasta llegar al sector del ro Passaic y
terminar sumergindose en su lecho. Se abrieron las vlvulas e iniciaron su movimiento unas bombas
aspiradoras. El agua del ro entr en la cpsula para ser analizada.
Hubo una precipitada absorcin de residuos industriales y diversos elementos mal disueltos. La cpsula
se elev a continuacin y desapareci en un abrir y cerrar de ojos. El ruido del despegue qued ahogado
entre los que producan los camiones y las industrias.
Nadie ms en Garyon volvi a preocuparse del asunto.
F I N
AIRE FRIO
HOWARD PHILLIPS LOVECRAFT
AIRE FRIO
Me pides que explique por qu siento miedo de la corriente de aire fro; por qu
tiemblo ms que otros cuando entro en un cuarto fro, y parezco asqueado y
repelido cuando el escalofro del atardecer avanza a travs de un suave da
otoal. Estn aquellos que dicen que reacciono al fro como otros lo hacen al
mal olor, y soy el ltimo en negar esta impresin. Lo que har est relacionado
con el ms horrible hecho con que nunca me encontr, y dejo a tu juicio si sta
es o no una explicacin congruente de mi peculiaridad.
Es un error imaginar que ese horror est inseparablemente asociado a la
oscuridad, el silencio, y la soledad. Me encontr en el resplandor de media
tarde, en el estrpito de la metrpolis, y en medio de un destartalado y vulgar
albergue con una patrona prosaica y dos hombres fornidos a mi lado. En la
primavera de 1923 haba adquirido un almacn de trabajo lgubre e
desaprovechado en la ciudad de Nueva York; y siendo incapaz de pagar un
alquiler nada considerable, comenc a caminar a la deriva desde una pensin
barata a otra en busca de una habitacin que me permitiera combinar las
cualidades de una higiene decente, mobiliario tolerable, y un muy razonable
precio. Pronto entend que slo tena una eleccin entre varias, pero despus de
un tiempo encontr una casa en la Calle Decimocuarta Oeste que me asqueaba
mucho menos que las dems que haba probado.
El sitio era una histrica mansin de piedra arenisca, aparentemente fechada a
finales de los cuarenta, y acondicionada con carpintera y mrmol que
manchaba y mancillaba el esplendor descendiendo de altos niveles de opulento
buen gusto. En las habitaciones, grandes y altas, y decoradas con un papel
imposible y ridculamente adornadas con cornisas de escayola, se consuma un
deprimente moho y un asomo de oscuro arte culinario; pero los suelos estaban
limpios, la lencera tolerablemente bien, y el agua caliente no demasiado
frecuentemente fra o desconectada, as que llegu a considerarlo, al menos, un
sitio soportable para hibernar hasta que uno pudiera realmente vivir de nuevo.
La casera, una desaliada, casi barbuda mujer espaola llamada Herrero, no me
molestaba con chismes o con crticas de la ltima lmpara elctrica achicharrada
en mi habitacin del tercer piso frente al vestbulo; y mis compaeros inquilinos
eran tan silenciosos y poco comunicativos como uno pudiera desear, siendo
mayoritariamente hispanos de grado tosco y crudo. Solamente el estrpito de
los coches en la calle de debajo resultaban una seria molestia.
Llevaba all cerca de tres semanas cuando ocurri el primer incidente extrao.
Un anochecer, sobre las ocho, o una salpicadura sobre el suelo y me alert de
que haba estado sintiendo el olor acre del amoniaco durante algn tiempo.
Mirando alrededor, vi que el techo estaba hmedo y goteante; aparentemente la
mojadura proceda de una esquina sobre el lado de la calle. Ansioso por detener
el asunto en su origen, corr al stano a decrselo a la casera; y me asegur que
el problema sera rpidamente solucionado.
El Doctor Muoz,
llorique mientras se apresuraba escaleras arriba delante dem
, tiene arriba sus productos qumicos. Est demasiado enfermo para medicarse - cadavez est ms enfermo - pero no quiere ayuda de nadie. Es muy extraa su enfermedad -
todo el da toma baos apestosos, y no puede reanimarse o entrar en calor. Se hace sus
propias faenas - su pequea habitacin est llena de botellas y mquinas, y no ejerce
como mdico. Pero una vez fue bueno - mi padre en Barcelona oy hablar de l - y tan
slo le cur el brazo al fontanero que se hizo dao hace poco. Nunca sale, solamente al
tejado, y mi hijo Esteban le trae comida y ropa limpia, y medicinas y productos
qumicos. Dios mo, el amoniaco que usa para mantenerse fro!
La Sra. Herrero desapareci escaleras arriba hacia el cuarto piso, y volv a mi
habitacin. El amoniaco ces de gotear, y mientras limpiaba lo que se haba
manchado y abra la ventana para airear, o los pesados pasos de la casera sobre
m. Nunca haba odo al Dr. Muoz, excepto por ciertos sonidos como de un
mecanismo a gasolina; puesto que sus pasos eran silenciosos y suaves. Me
pregunt por un momento cul podra ser la extraa afliccin de este hombre, y
si su obstinado rechazo a una ayuda externa no era el resultado de una
excentricidad ms bien infundada. Hay, reflexion trivialmente, un infinito
patetismo en la situacin de una persona eminente venida a menos en este
mundo.
Nunca hubiera conocido al Dr. Muoz de no haber sido por el infarto que
sbitamente me dio una maana que estaba sentado en mi habitacin
escribiendo. Lo mdicos me haban avisado del peligro de esos ataques, y saba
que no haba tiempo que perder; as, recordando que la casera me haba dicho
sobre la ayuda del operario lesionado, me arrastr escaleras arriba y llam
dbilmente a la puerta encima de la ma. Mi golpe fue contestado en un ingls
correcto por una voz inquisitiva a cierta distancia, preguntando mi nombre y
profesin; y cuando dichas cosas fueron contestadas, vino y abri la puerta
contigua a la que yo haba llamado.
Una rfaga de aire fro me salud; y sin embargo el da era uno de los ms
calurosos del presente Junio, tembl mientras atravesaba el umbral entrando en
un gran aposento el cual me sorprendi por la decoracin de buen gusto en este
nido de mugre y de aspecto rado. Un sof cama ahora cumpliendo su funcin
diurna de sof, y los muebles de caoba, fastuosas colgaduras, antiguos cuadros,
y libreras repletas revelaban el estudio de un gentilhombre ms que un
dormitorio de pensin. Ahora vi que el vestbulo de la habitacin sobre la ma -
la "pequea habitacin" de botellas y mquinas que la Sra. Herrero haba
mencionado - era simplemente el laboratorio del doctor; y de esta manera, su
dormitorio permaneca en la espaciosa habitacin contigua, cuya cmoda
alcoba y gran bao adyacente le permitan camuflar el tocador y los
evidentemente tiles aparatos. El Dr. Muoz, sin duda alguna, era un hombre
de edad, cultura y distincin.
La figura frente a m era pequea pero exquisitamente proporcionada, y vesta
un atavo formal de corte y hechura perfecto. Una cara larga avezada, aunque
sin expresin altiva, estaba adornada por una pequea barba gris, y unos
anticuados espejuelos protegan su ojos oscuros y penetrantes, una nariz
aquilina que daba un toque rabe a una fisonoma por otra parte Celta. Un
abundante y bien cortado cabello, que anunciaba puntuales visitas al
peluquero, estaba airosamente dividido encima de la alta frente; y el retrato
completo denotaba un golpe de inteligencia y linaje y crianza superior.
A pesar de todo, tan pronto como vi al Dr. Muoz en esa rfaga de aire fro,
sent una repugnancia que no se poda justificar con su aspecto. nicamente su
plido semblante y frialdad de trato podan haber ofrecido una base fsica para
este sentimiento, incluso estas cosas habran sido excusables considerando la
conocida invalidez del hombre. Podra, tambin, haber sido el fro singular que
me alienaba; de tal modo el fro era anormal en un da tan caluroso, y lo
anormal siempre despierta la aversin, desconfianza y miedo.
Pero la repugnancia pronto se convirti en admiracin, a causa de la inslita
habilidad del mdico que de inmediato se manifest, a pesar del fro y el estado
tembloroso de sus manos plidas. Entendi claramente mis necesidades de una
mirada, y las atendi con destreza magistral; al mismo tiempo que me
reconfortaba con una voz de fina modulacin, si bien curiosamente cavernosa y
hueca que era el ms amargo enemigo del alma, y haba hundido su fortuna y
perdido todos sus amigos en una vida consagrada a extravagantes
experimentos para su desconcierto y extirpacin. Algo de fantico benevolente
pareca residir en l, y divagaba apenas mientras sondeaba mi pecho y
mezclaba un trago de drogas adecuadas que traa del pequeo laboratorio.
Evidentemente me encontraba en compaa de un hombre de buena cuna, una
novedad excepcional en este ambiente srdido, y se animaba en un inusual
discurso como si recuerdos de das mejores surgieran de l.
Su voz, siendo extraa, era, al menos, apaciguadora; y no poda entender como
respiraba a travs de las enrolladas frases locuaces. Buscaba distraer mis
pensamientos de mi ataque hablando de sus teoras y experimentos; y recuerdo
su consuelo cuidadoso sobre mi corazn dbil insistiendo en que la voluntad y
la sabidura hacen fuerte a un rgano para vivir, poda a travs de una mejora
cientfica de esas cualidades, una clase de bro nervioso a pesar de los daos
ms graves, defectos, incluso la falta de energa en rganos especficos. Poda
algn da, dijo medio en broma, ensearme a vivir - o al menos a poseer algn
tipo de existencia consciente - sin tener corazn en absoluto!. Por su parte,
estaba afligido con unas enfermedades complicadas que requeran una muy
acertada conducta que inclua un fro constante. Cualquier subida de la
temperatura sealada podra, si se prolongaba, afectarle fatalmente; y la
frialdad de su habitacin - alrededor de 55 56 grados Fahrenheit - era
mantenida por un sistema de absorcin de amonaco fro, y el motor de gasolina
de esa bomba, que yo haba odo a menudo en mi habitacin.
Aliviado de mi ataque en un tiempo asombrosamente corto, abandon el fro
lugar como discpulo y devoto del superdotado recluso. Despus de eso le
pagaba con frecuentes visitas; escuchando mientras me contaba investigaciones
secretas y los ms o menos terribles resultados, y temblaba un poco cuando
examinaba los singulares y curiosamente antiguos volmenes de sus estantes.
Finalmente fui, puedo aadir, curado del todo de mi afeccin por sus hbiles
servicios. Pareca no desdear los conjuros de los medievalistas, dado que crea
que esas frmulas enigmticas contenan raros estmulos psicolgicos que,
concebiblemente, podan tener efectos sobre la esencia de un sistema nervioso
del cul partan los pulsos orgnicos. Haba conocido por su influencia al
anciano Dr. Torres de Valencia, quin haba compartido sus primeros
experimentos y le haba orientado a travs de las grandes afecciones de
dieciocho aos atrs, de dnde procedan sus desarreglos presentes. No haca
mucho el venerable practicante haba salvado a su colega de sucumbir al hosco
enemigo contra el que haba luchado. Quizs la tensin haba sido demasiado
grande; el Dr. Muoz lo haca susurrando claro, aunque no con detalle - que los
mtodos de curacin haban sido de lo ms extraordinarios, aunque envolva
escenas y procesos no bienvenidos por los galenos ancianos y conservadores.
Segn pasaban las semanas, observ con pena que mi nuevo amigo iba, lenta
pero inequvocamente, perdiendo el control, como la Sra. Herrero haba
insinuado. El aspecto lvido de su semblante era intenso, su voz a menudo era
hueca y poco clara, su movimiento muscular tena menos coordinacin, y su
mente y determinacin menos elstica y ambiciosa. A pesar de este triste
cambio no pareca ignorante, y poco a poco su expresin y conversacin
emplearon una irona atroz que me restituy algo de la sutil repulsin que
originalmente haba sentido.
Desarroll extraos caprichos, adquiriendo una aficin por las especias exticas
y el incienso Egipcio hasta que su habitacin ola como la cmara de un faran
sepultado en el Valle de los Reyes. Al mismo tiempo increment su demanda
de aire fro, y con mi ayuda ampli la conduccin de amonaco de su habitacin
y modific la bomba y la alimentacin de su mquina refrigerante hasta poder
mantener la temperatura por debajo de 34 40 grados, y finalmente incluso en
28 grados; el bao y el laboratorio, por supuesto, eran los menos fros, a fin de
que el agua no se congelase, y ese proceso qumico no lo podra impedir. El
vecino de al lado se quejaba del aire glido de la puerta contigua, as que le
ayud a acondicionar unas pesadas cortinas para obviar el problema. Una
especie de creciente temor, de forma estrafalaria y mrbida, pareca poseerle.
Hablaba incesantemente de la muerte, pero rea huecamente cuando cosas tales
como entierro o funeral eran sugeridas gentilmente.
Con todo, llegaba a ser un compaero desconcertante e incluso atroz; a pesar de
eso, en mi agradecimiento por su curacin no poda abandonarle a los extraos
que le rodeaban, y me aseguraba de quitar el polvo a su habitacin y atender
sus necesidades diarias, embutido en un abrigo amplio que me compr
especialmente para tal fin. Asimismo hice muchas de sus compras, y me qued
boquiabierto de confusin ante algunos de los productos qumicos que pidi de
farmacuticos y casas suministradoras de laboratorios.
Una creciente e inexplicable atmsfera de pnico pareca elevarse alrededor de
su apartamento. La casa entera, como haba dicho, tena un olor rancio; pero el
aroma en su habitacin era peor - a pesar de las especias y el incienso, y los
acres productos qumicos de los baos, ahora incesantes, que l insista en
tomar sin ayuda. Percib que deba estar relacionado con su dolencia, y me
estremeca cuando reflexion sobre que dolencia poda ser. La Sra. Herrero se
apartaba cuando se encontraba con l, y me lo dejaba sin reservas a m; incluso
no autorizaba a su hijo Esteban a continuar haciendo los recados para l.
Cundo sugera otros mdicos, el paciente se encolerizaba de tal manera que
pareca no atreverse a alcanzar. Evidentemente tema los efectos fsicos de una
emocin violenta, an cuando su determinacin y fuerza motriz aumentaban
ms que decreca, y rehusaba ser confinado en su cama. La dejadez de los
primeros das de su enfermedad dio paso a un brioso retorno a su objetivo, as
que pareca arrojar un reto al demonio de la muerte como si le agarrase un
antiguo enemigo. El hbito del almuerzo, curiosamente siempre de etiqueta, lo
abandon virtualmente; y slo un poder mental pareca preservarlo de un
derrumbamiento total.
Adquiri el hbito de escribir largos documentos de determinada naturaleza,
los cules sellaba y rellenaba cuidadosamente con requerimientos que, despus
de su muerte, transmiti a ciertas personas que nombr - en su mayor parte de
las Indias Orientales, incluyendo a un celebrado mdico francs que en estos
momentos supongo muerto, y sobre el cul se haba murmurado las cosas ms
inconcebibles. Por casualidad, quem todos esos escritos sin entregar y
cerrados. Su aspecto y voz llegaron a ser absolutamente aterradores, y su
presencia apenas soportable. Un da de septiembre con un solo vistazo, indujo
un ataque epilptico a un hombre que haba venido a reparar su lmpara
elctrica del escritorio; un ataque para el cul recet eficazmente mientras se
mantena oculto a la vista. Ese hombre, por extrao que parezca, haba pasado
por los horrores de la Gran Guerra sin haber sufrido ningn temor.
Despus, a mediados de octubre, el horror de los horrores lleg con pasmosa
brusquedad. Una noche sobre las once la bomba de la mquina refrigeradora se
rompi, de esta forma durante tres horas fue imposible la aplicacin
refrigerante de amonaco. El Dr. Muoz me avis aporreando el suelo, y trabaj
desesperadamente para reparar el dao mientras mi patrn maldeca en tono
innime, rechinando cavernosamente ms all de cualquier descripcin. Mis
esfuerzos aficionados, no obstante, confirmaron el dao; y cuando hube trado
un mecnico de un garaje nocturno cercano, nos enteramos de que nada se
podra hacer hasta la maana siguiente, cuando se obtuviese un nuevo pistn.
El moribundo ermitao estaba furioso y alarmado, hinchado hasta
proporciones grotescas, pareca que se iba a hacer pedazos lo que quedaba de
su endeble constitucin, y de vez en cuando un espasmo le causaba chasquidos
de las manos a los ojos y corra al bao. Buscaba a tientas el camino con la cara
vendada ajustadamente, y nunca vi sus ojos de nuevo.
La frialdad del aposento era ahora sensiblemente menor, y sobre las 5 de la
maana el doctor se retir al bao, ordenndome mantenerle surtido de todo el
hielo que pudiese obtener de las tiendas nocturnas y cafeteras. Cuando volva
de mis viajes, a veces desalentadores, y situaba mi botn ante la puerta cerrada
del bao, dentro poda or un chapoteo inquieto, y una espesa voz croaba la
orden de "Ms, ms!". Lentamente rompi un caluroso da, y las tiendas
abrieron una a una. Ped a Esteban que me ayudase a traer el hielo mientras yo
consegua el pistn de la bomba, o consegua el pistn mientras yo continuaba
con el hielo; pero aleccionado por su madre, se neg totalmente.
Finalmente, contrat a un desaseado vagabundo que encontr en la esquina de
la Octava Avenida para cuidar al enfermo abastecindolo de hielo de una
pequea tienda donde le present, y me emple diligentemente en la tarea de
encontrar un pistn de bomba y contratar a un operario competente para
instalarlo. La tarea pareca interminable, y me enfureca tanto o ms
violentamente que el ermitao cuando vi pasar las horas en un suspiro, dando
vueltas a vanas llamadas telefnicas, y en bsquedas frenticas de sitio en sitio,
aqu y all en metro y en coche. Sobre el medioda encontr una casa de
suministros adecuada en el centro, y a la 1:30, aproximadamente, llegu a mi
albergue con la parafernalia necesaria y dos mecnicos robustos e inteligentes.
Haba hecho todo lo que haba podido, y esperaba llegar a tiempo.
Un terror negro, sin embargo, me haba precedido. La casa estaba en una
agitacin completa, y por encima de una chchara de voces aterrorizadas o a
un hombre rezar en tono intenso. Haba algo diablico en el aire, y los
inquilinos juraban sobre las cuentas de sus rosarios como percibieron el olor de
debajo de la puerta cerrada del doctor. El vago que haba contratado, parece,
haba escapado chillando y enloquecido no mucho despus de su segunda
entrega de hielo; quizs como resultado de una excesiva curiosidad. No poda,
naturalmente, haber cerrado la puerta tras de s; a pesar de eso, ahora estaba
cerrada, probablemente desde dentro. No haba ruido dentro a excepcin de
algn tipo de innombrable, lento y abundante goteo.
En pocas palabras me asesor con la Sra. Herrero y el trabajador a pesar de que
un temor corroa mi alma, aconsej romper la puerta; pero la casera encontr
una forma de dar la vuelta a la llave desde fuera con algn trozo de alambre.
Previamente habamos abierto las puertas de todas las habitaciones de ese
pasillo, y abrimos todas las ventanas al mximo. Ahora, con las narices
protegidas por pauelos, invadimos temerosamente la odiada habitacin del
sur que resplandeca con el caluroso sol de primera hora de la tarde.
Una especie de oscuro, rastro baboso se diriga desde la abierta puerta del bao
a la puerta del pasillo, y de all al escritorio, donde se haba acumulado un
terrorfico charquito. Algo haba garabateado all a lpiz con mano terrible y
cegata, sobre un trozo de papel embadurnado como si fuera con garras que
hubieran trazado las ltimas palabras apresuradas. Luego el rastro se diriga al
sof y desapareca.
Lo que estaba, o haba estado, sobre el sof era algo que no me atrevo decir.
Pero lo que temblorosamente me desconcert estaba sobre el papel pegajoso y
manchado antes de sacar una cerilla y reducirlo a cenizas; lo que me produjo
tanto terror, a m, a la patrona y a los dos mecnicos que huyeron
frenticamente de ese lugar infernal a la comisara de polica ms cercana. Las
palabras nauseabundas parecan casi increbles en ese soleado da, con el
traqueteo de coches y camiones ascendiendo clamorosamente por la abarrotada
Calle Decimocuarta, no obstante confieso que en ese momento las crea. Tanto
las creo que, honestamente, ahora no lo s. Hay cosas acerca de las cules es
mejor no especular, y todo lo que puedo decir es que odio el olor del amonaco,
y que aumenta mi desfallecimiento frente a una extraordinaria corriente de aire
fro.
El final, deca el repugnante garabato, ya est aqu. No hay ms hielo - el
hombre ech un vistazo y sali corriendo. Ms calor cada minuto, y los tejidos
no pueden durar. Imagino que sabes - lo que dije sobre la voluntad y los
nervios y lo de conservar el cuerpo despus de que los rganos dejasen de
funcionar. Era una buena teora, pero no podra mantenerla indefinidamente.
Haba un deterioro gradual que no haba previsto. El Dr. Torres lo saba, pero la
conmocin lo mat. No pudo soportar lo que tena que hacer - tena que
meterme en un lugar extrao y oscuro, cuando prestase atencin a mi carta y
consigui mantenerme vivo. Pero los rganos no volvieron a funcionar de
nuevo. Tena que haberse hecho a mi manera - conservacin - pues como se
puede ver, fallec hace dieciocho aos.
SELECCIN DE POEMAS DE CLARK ASHTON SMITH EN CASTELLANO
SELECCIN DE POEMAS DE CLARK ASHTON SMITH EN CASTELLANO
El Canto Del Los Seres Libres
Gato monts, hermano del alma,
indmito seas, sin cadenas;
no sigas senda alguna de los hombres,
y hazte fuerte en vistillas y malezas.
Halcn del cielo, compaero alado,
salvo para cazar, nunca desciendas;
y como en una atalaya, andate en riscos
que circunden anchas torrenteras.
Gran crabo, noctmbulo conmigo,
en claustro cavernoso de cipreses,
vela los secretos escondidos
a quien no ve la luz en las tinieblas.
Dnde Duermes, Eldorado?
Vida ma, en tu alteza
Nunca olvides nuestro amor;
En tu dulce gentileza
No rechaces mi dolor.
Por siempre desterrado
De las playas del placer
Y de la magia del ayer.
Dnde duermes, Eldorado?
Nunca olvides este amor
En las tardes ms triunfales...
Y recuerda el gran calor
Y los altos robledales;
Y recuerda nuestro mar
Sooliento en la lejana
Dicha de una edad pagana...
No rechaces mi pesar.
Lo Ignoto
Las bvedas del tiempo y del abismo
no conocen otro ejemplar de tu beldad;
y ningn escultor es capaz de cincelar
la esencia de tu forma y de tu faz.
Atrados por un engaoso magnetismo,
buscamos y no hallamos tu fugaz
palacio... y el farol del ocultismo
no te ha revelado en tu magnitud.
Te escondes en la noche estrellada?
o moras en el tomo profundo?
Descubierta, sers pira humeante?,
o llama nueva de un mundo inaudito?...
o luz del cielo en faros terrenales?...
o fuego fatuo de los tremedales?
La Isla Del Nufrago
Hurfano de naufragio
estoy en una tierra sin jardn,
sin campos cultivados,
una isla que el volcn ha desolado
en parte, y los salvajes han invadido,
dominando ahora su mitad mayor,
las frutas y el pescado son su botn.
Ellos me sitian y me retienen
lejos de los bananos y del mar:
En este lugar
no tengo ms que la desnuda roca,
en donde crecern
un da los lquenes, cuyas hojas
maana tras maana no pueden
marchitar...
Ninguna vela
blanquea los verdinegros mares...
En tal islote,
puedo sobrevivir con los otros insulares?
Memoria Roja
Este recuerdo vuelve todava
de un jardn de amaranto ms retinto:
los lagos del ocaso, coloreando
mi desvaro como un vino tinto;
y los rubes, hundidos talismanes,
en tus profundos ojos de jacinto.
Un esplendor de bermelln baaba
las hiedras y las flores fnebres;
y de tus labios yo beb la sangre
que de un dios manaba fuera del ciprs (1);
y de mi corazn llova la vida,
la esencia de sanguinos rboles...
Pero la noche vino a apagar
los mgicos rubes y el fuego rojo
con el licor del dios... En vano busco
aquella claridad en cielo y ojos...
hallando ya en smbolos y palabras
la orilla del ro Leteo (2) y flojo.
Los Poetas
Somos los dueos
De todos los sueos
De la noche o del da.
Y siempre entonamos
Esta meloda:
El mundo es el suyo,
El sol es el tuyo,
La luna es la ma.
Dos Mitos Y Una Fbula
Dnde vais, guerreros orgullosos,
con cotas fulgentes como la luna?
- Salimos a matar al Basilisco (3),
en simas que slo sus ojos alumbran.
A dnde vais, valientes marineros,
en un bajel tintado con los colores del otoo?
- Navegamos en busca de la verdina ribera,
postrer asilo de los Unicornios (4).
A dnde vais, innominados brujos,
con mantos ms bermejos que el ocaso?
- Vamos a hallar de Salomn las Clavculas (5),
y a liberar a los genios encerrados.
NOTAS:
(1) La imagen del dios en el rbol es una clara referencia a Dionisios o Baco, personificacin del desenfreno y el vino (el rojo licor del poema). Aunque la vid y los racimos son los smbolos ms recurrentes a la hora de representar a esta divinidad, los griegos hacan sacrificios al "Dionisios del rbol", pues ste, era tambin dios de los rboles. Se le representaba con frecuencia como un tocn de rbol envuelto en un manto, con una careta barbuda por cabeza y ramas que salan del cuerpo. En otras imgenes aparece con la cara roja y el cuerpo dorado, sosteniendo una varita con una pia en su extremo.
(2) El "Ro del Olvido".
(3) El Basilisco: "El Besals o Regulus es el rey de los reptiles; con una sola mirada mata al hombre. Mata con su aliento a las aves del cielo, y est tan lleno de veneno, que reluce. Si el hombre lo ve primero, no puede hacerle dao, y el Basilisco queda como nico rey en la arena vaca".
De Bestiis.
"El fuego, soy yo; y por todas partes lo aspiro: de las nubes, de los guijarros, de los rboles muertos, del pelo de los animales, de la superficie de los pantanos. Mis temperatura mantiene a los volcanes".
Las Tentaciones de San Antonio. Gustave Flaubert.
(4) El Unicornio: "El Monoceros es un monstruo de horrible bramido, con el cuerpo semejante al de un caballo, pies como los de un elefante y cola como la de un ciervo. Del centro de su frente brota un cuerno de asombroso esplendor, hasta de cuatro pies de largo, tan afilado que perfora fcilmente todo aquello contra lo que carga. Ni uno slo ha ido a parar vivo a las manos del hombre, y aunque es posible matarlos, no se les puede capturar".
Bestiario de Cambridge.
" Yo tengo pezuas de marfil, dientes de acero, la cabeza de color prpura, el cuerpo color de nieve y el cuerno de mi frente lleva el abigarramiento del arco iris".
Las Tentaciones de San Antonio. Gustave Flaubert.
(5) Eliphas Levi, en su Histoire de la Magie, dice a propsito de La Clavcula de Salomn: "Las tradiciones populares decan que el poseedor de Las Clavculas de Salomn puede conversar con los espritus de todos los rdenes. Pues estas Clavculas, varias veces perdidas y otras tantas recobradas, no son otra cosa que los talismanes de los setenta y dos nombres y los misterios de las treinta y dos vas que el tarot reproduce jeroglficamente. Con el auxilio de estos signos y por medio de sus combinaciones infinitas, se puede efectivamente llegar a la revelacin natural y matemtica de todos los secretos de la naturaleza y, en consecuencia, entrar en comunicacin con la jerarqua completa de las inteligencias y de los genios". Lovecraft tambin cit a Eliphas Levi, en su novela El Caso de Charles Dexter Ward.
TOMBUCT
TOMBUCT
El bulevar, ese ro de vida, bulla en el polvo de oro del sol poniente. Todo el cielo estaba rojo, cegador; y, por detrs de la Madeleine, una inmensa nube arrebolada arrojaba sobre toda la larga avenida un oblicuo diluvio de fuego, vibrante como el vapor de una fogata.
La muchedumbre, alegre, palpitante, caminaba bajo aquella bruma encendida y pareca en una apoteosis. Los rostros estaban dorados; los sombreros negros y los trajes tenan reflejos de prpura; el charol de los zapatos lanzaba llamas sobre el asfalto de las aceras.
Ante los cafs, multitud de hombres tomaban bebidas brillantes y coloreadas que parecan piedras preciosas fundidas en el cristal.
Entre los parroquianos vestidos con trajes ligeros y oscuros, dos oficiales con uniforme de gala hacan bajar todos los ojos con el deslumbramiento de sus entorchados. Charlaban, alegres sin motivo, entre aquella gloria de vida, entre la radiante irradiacin de la tarde; miraban a la muchedumbre, los hombres lentos y las mujeres apresuradas que dejaban tras s un perfume intenso y turbador.
De repente un enorme negro, vestido de negro, ventrudo, con un chaleco de dril recargado de dijes, con la cara tan reluciente como si le hubieran sacado brillo, pas ante ellos con aire triunfal. Sonrea a los transentes, sonrea a los vendedores de peridicos, sonrea hacia el cielo resplandeciente, sonrea a Pars entero. Era tan alto que sobrepasaba todas las cabezas; y, a su paso, todos los papanatas se volvan para contemplarlo de espaldas.
Pero de pronto divis a los oficiales y, atropellando a los bebedores, se lanz hacia ellos. En cuanto estuvo ante su mesa, clav en ellos sus ojos brillantes y encantados, y las comisuras de la boca le subieron hasta las orejas, descubriendo unos dientes blancos, claros como una luna creciente en un cielo negro. Los dos hombres, estupefactos, contemplaban a aquel gigante de bano, sin entender su alegra.
Exclam, con una voz que hizo rer a todas las mesas:
Bueena tarde, mi teeniente.
Uno de los oficiales era jefe de batalln, el otro coronel. El primero dijo:
No lo conozco a usted, caballero; ignoro lo que pretende de m.
El negro prosigui:
Yo querer mucho a ti, teeniente Vedi, sitio Bzi, muucha uvaa, buscaba yo.
El oficial, completamente desconcertado, mir fijamente al hombre, buscando en el fondo de sus recuerdos; y bruscamente exclamo:
Tombuct?
El negro, radiante, se golpe el muslo lanzando una risa de una violencia inverosmil y berreando:
S, s, ya, mi teeniente, reconoce Tombuct, ya, bueena tarde.
El comandante le tendi la mano rindose tambin con toda su alma. Entonces Tombuct se puso serio. Cogi la mano del oficial y, con tanta rapidez que el otro no pudo impedirlo, se la bes, segn la costumbre negra y rabe. Confuso, el militar le dijo con voz severa:
Vamos, Tombuct, no estamos en frica. Sintate ah y dime cmo es que te encuentro aqu.
Tombuct hinch la barriga y, tartamudeando, de lo deprisa que hablaba:
Ganado mucho dinero, muucho, gran estaurante, comido bien, prusianos, yo, muucho robado, muucho, cocina francesa, Tombuct, coociner del Emperad, doscientos mil francos a m. Ja, ja, ja, ja!
Y rea, retorcindose, chillando con una alegra loca en la mirada.
Cuando el oficial, que entenda su extrao lenguaje, lo hubo interrogado cierto tiempo, le dijo:
Bien, hasta la vista, Tombuct, hasta pronto.
El negro se levant al punto, estrech, esta vez, la mano que le tendan, y, sin dejar de rer, grit:
Bueena tarde, bueena tarde, mi teeniente.
Y se march, tan contento que gesticulaba al andar y lo tomaban por un loco.
El coronel pregunt:
Quin es ese animal?
El comandante respondi:
Un buen chico y un valiente soldado. Voy a contarle lo que s de l; es bastante divertido.
Ya sabe que al comienzo de la guerra de 1870 estuve encerrado en Bezires, que ese negro llama Bzi. No estbamos sitiados, sino bloqueados. Las lneas prusianas nos rodeaban por todas partes, fuera del alcance de nuestros caones, y ya no disparaban sobre nosotros, sino que pretendan rendirnos por hambre.
Yo era entonces teniente. Nuestra guarnicin estaba compuesta por tropas de todo tipo, restos de regimientos destrozados, fugitivos, merodeadores separados de los cuerpos de ejrcito. Tenamos de todo, incluso doce turcos (1) llegados una noche no s cmo, no s por dnde.
Se haban presentado en las puertas de la ciudad, agotados, andrajosos, hambrientos y borrachos. Me los encomendaron.
Pronto comprend que eran rebeldes a toda disciplina, siempre estaban fuera y siempre achispados. Prob con la prevencin, e incluso con el calabozo, no consegu nada. Mis hombres desaparecan durante das enteros, como si se los hubiera tragado la tierra, y despus reaparecan borrachos como cubas. No tenan dinero. Dnde beban? Y cmo, y con qu?
La cosa empezaba a intrigarme vivamente, tanto ms cuanto que aquellos salvajes me interesaban con su risa perpetua y su carcter de nios traviesos.
Me di cuenta entonces de que obedecan ciegamente al ms alto de todos, se que usted acaba de ver. Los gobernaba a su antojo, preparaba sus misteriosas empresas como jefe todopoderoso e indiscutido. Mand que viniera a verme y lo interrogu. Nuestra conversacin dur unas tres horas, pues me costaba mucho trabajo entender su sorprendente algaraba. El pobre diablo, por su parte, haca esfuerzos inauditos para que lo entendiera, inventaba palabras, gesticulaba, sudaba con el esfuerzo, se enjugaba la frente, resoplaba, se detena y volva a empezar bruscamente cuando crea haber encontrado un nuevo mtodo para explicarse.
Adivin al final que era hijo de un gran jefe, de una especie de rey negro de las cercanas de Tombuct. Le pregunt su nombre. Respondi algo as como Chavajaribujalijranafotapolara. Me pareci ms sencillo ponerle el nombre de su tierra: Tombuct. Y, ocho das despus, nadie en la guarnicin lo llamaba de otra manera.
Pero sentamos una curiosidad loca por saber dnde el ex-prncipe africano encontraba bebida. Lo descubr de un modo singular.
Estaba yo una maana en las murallas, estudiando el horizonte, cuando divis en un viedo algo que se mova. Se aproximaba la poca de la vendimia, las uvas estaban maduras, pero no pens en nada de eso. Cre que un espa se acercaba a la ciudad, y organic una expedicin en regla para atrapar al merodeador. Tom yo mismo el mando, tras haber obtenido la autorizacin del general.
Haba mandado salir, por tres puertas diferentes, tres pequeas tropas que deban reunirse cerca del viedo sospechoso y rodearlo. Para cortarle la retirada al espa, uno de esos destacamentos tena que marchar durante una hora, por lo menos. Un hombre que haba quedado de observacin en la muralla me indic por seas que el ser divisado no haba salido del campo. Avanzbamos con mucho sigilo, arrastrndonos, casi tumbados entre los surcos. Por fin, llegamos al punto designado; despliego bruscamente a mis soldados, que se lanzan al viedo, y encuentran, a Tombuct, andando a cuatro patas entre las cepas y comiendo uvas, o mejor dicho dando dentelladas a las uvas como un perro que come sus sopas, con toda la boca, pegado a la planta, arrancando el racimo con los dientes.
Quise que se levantara; ni pensarlo, y comprend entonces por qu se arrastraba as sobre manos y rodillas. Cuando lo enderezaron sobre sus piernas, oscil unos segundos, extendi los brazos y cay de bruces. Tena la mayor borrachera que yo haba visto nunca.
Nos lo llevamos sobre dos rodrigones. No ces de rer durante todo el camino gesticulando con brazos y piernas.
Ese era todo el misterio. Mis mozos beban de la misma uva. Despus, cuando estaban borrachos a ms no poder, se dorman all mismo.
En cuanto a Tombuct, su amor al viedo sobrepasaba toda medida, era increble. Viva all dentro como los tordos, a quienes por lo dems odiaba con un odio de rival celoso. Repeta sin cesar:
Lo toordo comido tooda la uva, sinvegeenza!
Una tarde fueron a buscarme. Se distingua en la llanura algo que vena hacia nosotros. Yo no haba cogido mi anteojo y vea mal. Hubirase dicho una gran serpiente que se desenrollaba, un convoy, yo qu s!
Envi unos hombres al encuentro de aquella extraa caravana que pronto hizo una entrada triunfal. Tombuct y nueve de sus compaeros traan sobre una especie de altar, hecho con sillas de campaa, ocho cabezas cortadas, sangrientas y expresivas. El dcimo turco tiraba de un caballo a la cola del cual haban atado otro, y otros seis animales ms los seguan, sujetos de la misma manera.
He aqu lo que me contaron. Al salir a los viedos, mis africanos haban visto de repente un destacamento prusiano que se acercaba a un pueblo. En lugar de huir, se haban escondido; despus, cuando los oficiales echaron pie a tierra ante una posada para tomar algo fresco, los once mozos se lanzaron, pusieron en fuga a los ulanos que se creyeron atacados, mataron a los dos centinelas, y adems al coronel y los cinco oficiales de su escolta.
Ese da abrac a Tombuct. Pero me di cuenta de que le costaba andar. Lo cre herido; se ech a rer y me dijo:
Yo, poovisione pal pas.
Y es que Tombuct no haca la guerra por la gloria, sino por la ganancia. Todo lo que encontraba, todo lo que le pareca de valor, todo lo que brillaba, sobre todo, se lo meta en el bolsillo. Y qu bolsillo! Un pozo sin fondo que empezaba en las caderas y terminaba en los tobillos. Habiendo retenido un trmino de la tropa, lo llamaba mis alforjas, y eran unas autnticas alforjas, en efecto!
De modo que haba arrancado los galones de los uniformes prusianos, el cobre de los cascos, los botones, etc., arrojndolo todo en sus alforjas, que estaban llenas hasta rebosar.
Todos los das precipitaba en su interior cualquier objeto brillante que cayera en sus manos, pedazos de estao o piezas de plata, lo cual le daba a veces un aspecto infinitamente gracioso.
Contaba con llevarse todo al pas de los avestruces, de los cuales pareca hermano aquel hijo de rey torturado por la necesidad de tragar los cuerpos brillantes. Si no hubiera tenido sus alforjas, qu habra hecho? Sin duda los hubiera engullido.
Todas las maanas su bolsillo estaba vaco. Tena, pues, un almacn general donde se amontonaban sus riquezas. Pero, dnde? No pude descubrirlo.
El general, advertido de la gran hazaa de Tombuct, mand en seguida enterrar los cuerpos que haban quedado en el pueblo vecino, para que nadie descubriera que haban sido decapitados. Los prusianos regresaron al da siguiente. El alcalde y siete vecinos notables fueron fusilados en el acto, en represalia, como denunciantes de la presencia de los alemanes.
Lleg el invierno. Estbamos agotados y desesperados. Ahora nos batamos a diario. Los hombres, hambrientos, no podan andar. Slo los ocho turcos (haban matado a tres) seguan gordos y relucientes, vigorosos y siempre dispuestos a luchar. Tombuct incluso engordaba. Me dijo un da:
Tu muucha hambre, yo buena carne.
Y en efecto, me trajo un excelente filete. Pero de qu? Ya no nos quedaban bueyes, ni carneros, ni cabras, ni asnos, ni cerdos. Era imposible procurarse un caballo. Reflexion sobre todo esto tras haber devorado mi carne. Entonces me asalt un horrible pensamiento. Aquellos negros haban nacido en una tierra donde se come a los hombres! Y caan diariamente tantos soldados en torno a la ciudad! Interrogu a Tombuct. No quiso responder. No insist, pero a partir de entonces rechac sus presentes.
Me adoraba. Una noche, la nieve nos sorprendi en las avanzadas. Estbamos sentados en el suelo. Yo miraba compasivo a los pobres negros tiritando bajo aquel polvo blanco y helado. Como tena mucho fro, empec a toser. Al punto sent que algo caa sobre m, como una grande y clida manta. Era el capote de Tombuct, que l me echaba sobre los hombros.
Me levant y, devolvindole su prenda:
Qudatelo, hijo mo; lo necesitas ms que yo.
El respondi:
No, mi teeniente, pa ti, yo no necesitar, yo calieente, calieente.
Y me contemplaba con ojos suplicantes.
Prosegu:
Vamos, obedece, qudate con el capote, te lo mando.
El negro entonces se levant, desenvain el sable, que saba conservar afilado como una hoz, y, sosteniendo con la otra mano su ancho capote que yo rechazaba:
Si tu no queeda abrigo, yo coorto; nadie abrigo.
Lo hubiera hecho. Yo ced.
Ocho das despus, habamos capitulado. Algunos de los nuestros haban podido escapar. Los dems iban a salir de la ciudad y entregarse a los vencedores.
Me diriga a la plaza de Armas, donde debamos congregarnos, cuando me qued asombrado ante un negro gigantesco vestido de dril blanco y tocado con un sombrero de paja. Era Tombuct. Pareca radiante y se paseaba, con las manos en los bolsillos, ante una tiendecilla donde se exhiban dos platos y dos vasos.
Le dije:
Qu ests haciendo?
Respondi:
Yo no sufr, yo buen cocinero, yo hecho comer coronel, Argeel; yo comido pusianos, mucho roobado, muucho.
Helaba a diez grados. Yo tiritaba ante aquel negro vestido de dril. Entonces me cogi del brazo y me hizo entrar. Vi una muestra inmensa que iba a colgar ante la puerta cuando nos hubiramos marchado, pues tena cierto pudor.
Y le, trazado por la mano de algn cmplice, este reclamo:
COCINA MILITAR DEL SEOR TOMBUCTU
EX-COCINERO DE S.M. EL EMPERADOR
Artista de Pars Precios mdicos
A pesar de la desesperacin que me roa el alma, no pude dejar de rerme, y dej a mi negro entregado a su nuevo negocio.
No vala ms eso que hacer que se lo llevaran prisionero?
Acaba usted de ver que ha tenido xito, el mozo. Bezires, hoy, pertenece a Alemania. El restaurante Tombuct es un comienzo de desquite.
(1) Se llamaba as popularmente a los tiradores argelinos. Recibieron tal nombre en las campaas de Crimea, en el curso de las cuales los rusos, al ver sus ropas flotantes los tomaban por turcos y gritaban esa palabra.
LA TOS
LA TOS
Para Armand Silvestre
Mi querido colega y amigo,
Tengo una pequea historia para usted, un cuentecillo anodino. Espero que le guste si es que llego a contarlo bien, tan bien como la persona que me lo cont.
La tarea no es fcil en absoluto, ya que mi amiga es una mujer de espritu imperecedero y de expresin libre. Yo nunca he tenido los mismos recursos. No puedo, como ella, dar este loco jbilo a las cosas que cuento; y, reducido a la necesidad de no utilizar palabras demasiado especiales, me declaro incapaz de encontrar, como usted, los delicados sinnimos.
Mi amiga, que es adems una mujer de teatro de gran talento, no me ha autorizado a hacer pblica su historia.
As que me veo obligado a reservar sus derechos de autor por si ella quisiera, un da u otro, escribir esta aventura ella misma. Lo hara mejor que yo, no lo dudo. Siendo mejor conocedora del tema, encontrara adems mil detalles divertidos que yo no puedo inventar.
Pero vea usted en que aprieto me encuentro. Necesitara, desde la primera palabra, encontrar un vocablo similar, y querra que fuese genial. La tos no es mi problema. Para entendernos, necesito un comentario o una perfrasis del estilo del abad Delille:
La tos de que se trata jams procede de la garganta.
Dorma (mi amiga) al lado de un hombre amado. Era de noche, claro.
A este hombre, ella lo conoca poco, o ms bien, desde haca poco. Estas cosas ocurren a veces, principalmente en el mundo del teatro. Dejemos que se asombren los burgueses. En cuanto a dormir al lado de un hombre poco importa que se le conozca poco o mucho, esto casi no modifica la manera de actuar en la intimidad del lecho. Si yo fuera mujer creo que preferira los amigos nuevos. Deben de ser, en todos los aspectos, ms amables que los asiduos.
Hay, en eso que se da en llamar la gente correcta, una manera de ver diferente y que no es en absoluto la ma. Lo siento por las mujeres de ese mundo; pero yo me pregunto si la manera de ver modifica sensiblemente la de actuar...
As pues, ella dorma al lado de un nuevo amigo. Esto es algo delicado y difcil en exceso. Con un viejo compaero uno coge demasiada confianza, uno nunca se enfada, puede volver a sus viejas costumbres, dar patadas, invadir las tres cuartas partes del colchn, sacar toda la manta y envolverse dentro, roncar, refunfuar, toser, digo toser a falta de algo mejor, o estornudar (qu piensa usted de estornudar como sinnimo?)
Pero para llegar hasta aqu hacen falta al menos seis meses de intimidad. Y hablo de personas que son de un temperamento familiar. Las otras siempre guardan ciertas reservas, con las que yo, por mi parte estoy de acuerdo. Pero tal vez no todos tengamos la mima manera de sentir sobre esta materia. Cuando se trata de hacer un nuevo conocido, de una nueva cita, que podemos suponer sentimental, es necesario tomar algunas precauciones para no incomodarlo en el lecho, y para guardar un cierto prestigio, poesa y una cierta autoridad.
Ella dorma. Pero de repente un dolor, interior, punzante, viajero, la recorri. ste comenz en la cavidad del estmago y empez a moverse hacia...hacia...hacia la parte inferior del pecho con un discreto ruido intestinal como de trueno.
El hombre, el nuevo amigo, yaca tranquilo, de espaldas, con los ojos cerrados. Ella lo observaba por el rabillo del ojo, inquieta, indecisa.
Se encuentra usted, amigo, en una sala de estreno, con un catarro en el pecho. Toda la sala ansiosa, anhelante en medio de un completo silencio; pero usted ya no escucha nada, espera, loco, un momento de rumor para toser. Hay, a lo largo de su garganta, unos cosquilleos, un picazn espantoso. En fin, ya no lo soporta ms. Peor para los vecinos. Tose. Toda la sala grita: a la calle!.
Ella estaba en la misma situacin, obsesionada, torturada por unas ganas locas de toser. (Cuando digo toser, supongo que ustedes ya me entienden, traduzcan)
l pareca que dorma; respiraba tranquilo. Realmente dorma.
Ella se dijo:
Tomar mis precauciones. Intentar simplemente respirar, suavemente, para no despertarle. E hizo como esos que esconden su boca bajo la mano y se esfuerzan por despejar su garganta, sin ruido, expectorando el aire con cuidado.
Fuera porque lo hizo mal o bien porque el picor era demasiado fuerte, tosi.
Al punto, perdi la cabeza. Qu vergenza si l se ha enterado! Y qu riesgo!Oh! Y si de casualidad no estuviese dormido?Cmo saberlo? Lo mir fijamente, y a la luz de la lamparita, crey ver una sonrisa en su rostro que tena los ojos cerrados. Entonces, si rea... pues.. no dorma,... y si no dorma...
Intent con la boca, realmente, causar un ruido semejante, para... confundir a su compaero.
ste no se pareca en absoluto.
Pero... dorma?
Ella se gir, se movi, le empuj para cerciorarse.
l ni se movi.
Entonces ella se puso a canturrear.
El hombre no se mova.
Volvindose loca, lo llam:
Ernest.
l no hizo ni un movimiento, pero respondi rpidamente:
Qu quieres?
Ella se estremeci. l no dorma; Jams haba dormido!...
Le pregunt:
Entonces, no duermes?
l murmur con resignacin:
Ya lo ves.
Ella ya no saba qu decir, enloquecida. Por fin, dijo:
No has escuchado nada?
l respondi, siempre inmvil:
No.
Ella senta como le venan unas ganas locas de abofetearle, y, sentndose en la cama:
Sin embargo me ha parecido...?
Qu?
Que alguien andaba por la casa.
l sonri. Indudablemente, esta vez ella lo haba visto sonrer, y l dijo:
Djame en paz, llevas media hora molestndome.
Ella se estremeci.
Yo?...Eso es difcil de creer. Acabo de despertarme. Entonces, no has escuchado nada?
Si.
Ah! Al final s que has escuchado algo!Qu?
Han...tosido!
Ella dio un brinco y grit exasperada:
Han tosido! Dnde? Quin ha tosido? Pero, t ests loco? Respndeme!
l comenz a impacientarse.
Veamos, se acaba de una vez esta monserga? Sabes perfectamente que fuiste t.
Esta vez ella se indign, vociferando:
Yo? Yo? Yo? Yo he tosido? Yo? Yo he tosido!Ah! Me insulta, me ofende, me menosprecia. As que, adis! Yo no me quedo al lado de un hombre que me trata as!
E hizo un movimiento enrgico para salir de la cama.
Vamos a ver, estate tranquila. Soy yo el que ha tosido.
Pero ella tuvo un nuevo arrebato de clera.
Cmo? Usted ha ...tosido en mi cama!... a mi lado...mientras dorma? Y lo confiesa?. Usted es innoble. Y usted creer que yo estoy con hombres que... tosen a mi lado... Pero, por quien me toma?
Y se puso de pi sobre la cama, intentando saltar por encima para irse.
l la cogi tranquilamente por los pies y la hizo tenderse a su lado, y se rea, burln y contento:
Vamos a ver, Rose, estate tranquila. Has tosido. Porque eras t. Yo no me quejo, no me enfado; incluso estoy contento. Pero, vuelve a acostarte, diantre.
Esta vez, ella se le escap con un brinco y salt a la habitacin; y buscaba desesperadamente sus ropas, repitiendo:
Y usted cree que yo voy a permanecer al lado de un hombre que permite a una mujer... toser en su cama. Usted es innoble, querido.
Entonces l se levant y antes de nada, la abofete. Despus, como ella se resista, la acribill a pescozones; y, tomndola despus en brazos, la arroj sobre la cama.
Y como permaneca tendida, indolente y llorando contra la pared, l se volvi a acostar a su lado, y girando despus su espalda hacia l, tosi...tosi con un ataque de tos..., con silencios y reanudaciones.
De repente, se puso a rer, pero a rer como una loca, gritando:
Qu divertido!Qu divertido!
Y lo agarr bruscamente entre sus brazos, pegando su boca a la de l, murmurndole con sus labios:
Te quiero, gatito mo.
Y ya no durmieron ms... hasta la maana.
Esta es mi historia, mi querido Silvestre. Perdneme esta incursin en su dominio. Hete aqu de nuevo una palabra impropia. No es dominio lo que habra que decir. Usted me divierte tan a menudo que no he podido resistir el deseo de arriesgarme un poco siguiendo sus pasos.
Pero le quedar la gloria de habernos abierto, muy a lo grande, esta senda.
HISTORIAS SOBRE VAMPIROS
HISTORIAS SOBRE VAMPIROS
sobre historias de vampiros
ARTICULOS DE VAMPIROS:
Supersticiones: Elizabeth Bathory conocida como La Condesa Sangrienta era la esposa de un conde.
Vampiros Literarios: Las irracionales supercheras fueron disminuyendo a medida que la Revolucin Industrial.
En el Cine: Estas historias, as como varios poemas escritos durante el siglo XIX por Keats.
Los Vampiros Televisivos: De la pantalla grande, estos seres de la noche hicieron su aparicin en la pantalla chica.
Erzsbet Bthory: La condesa Erzsbet Bthory o Elizabeth Bthory naci en agosto de 1560 y muri el mismo mes, en 1614.
El Juicio de la Condesa Sangrienta: El detective encargado de investigar el dilema de las desapariciones el palatino Thurz.
Drcula y sus Imitadores: Otro ejemplo importante del desarrollo de la ficcin sobre estos seres se puede encontrar en tres novelas.
Ficciones Vampirescas: El mejor exponente de la ficcin sobre los seres de la noche es, sin lugar a dudas, la novela gtica Drcula.
Vampirismo Contagioso: Durante las primeras dcadas del siglo XX se dej de tomar como parmetro al conde Drcula.
Poderes y Debilidades: En Drcula, el conde protagonista es capaz de vivir de da, bajo la luz del sol.
Balcnicos: En Rusia, Rumania y los estados balcnicos existe la vaga creencia de que el alma no puede salir.
Leyendas y variantes Vampirescas: Algunas historias folclricas sostienen que los hombres lobo se convierten en vampiros.
Nombres y Leyes : En lo que concierne a los nombres atribuidos en Rumania a los vampiros, el strigoi es el trmino ms comn.
Pruebas: descubrir un Vampiro:Siglos atrs, en Rumania, las inslitas pruebas para determinar si cualquier hombre muerto.
Ficciones s: El mejor exponente de la ficcin sobre vampiros es, sin lugar a dudas, la novela gtica Drcula, de Bram Stoker.
El Dhampir: Los Dhampirs tambin llamados dhampir, dhamphir o dhampyr son criaturas mitolgicas pertenecientes al folclore rumano.
Caracteristicas: Como estn ya muertos, no requieren la mayora de las cosas que habitualmente...
Arnold Paole: Arnold Paole, muerto en el ao 1726, era un hombre serbio que fue considerado vampiro tras su muerte.
Acerca de Drcula: Drcula es una novela de 1897, escrita por el irlands Bram Stoker, cuyo principal antagonista es el Conde Drcula.
Significado de Dracula:Drcula fue una obra precedida e inspirada por un texto de 1871: Carmilla, de Sheridan Le Fanu.
Eslavos: Los eruditos saben que existieron leyendas de estos seres mucho antes del siglo XVII.
El Pas de Drcula: Transilvania es una regin de Rumania conocida por la presencia de The Bran Castle.
Griegos: El gran miedo que los griegos sentan por los vampiros, antes del siglo XX, slo es comparable a la imaginacin.
Cmo destruirlos: En la mayora de los casos, ellos sobreviven alimentndose de la sangre de las personas vivas.
De Pueblos Antiguos: La alusin histrica ms temprana a estos monstruos la encontramos en los textos del filsofo romano.
Soucouyant: Vampiro del Caribe:El Soucouyant o Soucriant es una criatura que vive de da en la forma de una mujer.
Vampiros en Japn: La variedad de criaturas del folclore japons no incluye al clsico chupasangre.
Monstruos japoneses contemporneos: Los japoneses, aunque no tienen muchos vampiros, absorbieron los mitos europeos.
Jiang Shi: Los Jiang Shi, son cadveres vivientes que matan.
Japn: Nukekubi y Penanggalan: Son monstruos del folclore japons.
Naturaleza de Penanggalan: En el folclore malayo, una Penanggal puede ser una hermosa mujer anciana o joven.
Penanggalan y sus diferencias con el Manananggal: A diferencia del Manananggal, todas las Penanggal son criaturas femeninas.
La ciencia de los vampiros: virus y enfermedad: En 1616, el cientfico italiano Ludovico Fatinelli public su Tratado sobre Vampiros.
Biologa de los vampirosUna persona que sale de un coma vamprico atraviesa un nmero de cambios fisiolgicos.
Sistema biolgico de los vampiros: Las diferencias ms profundas entre los humanos y los vampiros se encuentran en el sistema circulatorio.
Envejecimiento y expectativa de vida de los vampiros: Aunque ningn vampiro muri de causas naturales, estas criaturas pasan por un proceso de envejecimiento.
Sociedad de los vampiros:El comportamiento de un vampiro se asemeja al humano en ms maneras de las que podemos imaginar.
Los vampiros Alfa: Los grupos de vampiros son meritocracias.
El hogar de los vampiros: Los hogares de los vampiros modernos se definen por su crudeza y utilitarismo.
LOS MISTERIOS DE LA VIDA Y DE LA MUERTE
LOS MISTERIOS DE LA VIDA Y
DE LA MUERTE
SAMAEL AUN WEOR
KALKI AVATARA DE LA NUEVA ERA ACUARIA
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PROLOGO
Habla el Maestro Samael Aun Weor en este folleto de la muerte fsica y todo lo que acontece despus de la desencarnacin.
La Humanidad le tiene miedo a la muerte, porque carece totalmente de los valores concientivos para poderse presentar ante Dios, una vez puestos en prctica los grandes misterios contenidos en ste folleto en todos los niveles del Ser, se abrir un nuevo panorama en nuestra existencia, porque llevamos ante el creador un presente de gran valor, en este caso serian nuestras buenas obras, y en esta forma nos evitaramos el Karma que es la causa de tantos sufrimientos y amarguras en esta vida.
A travs de un auto anlisis sobre si mismo podremos reconocer nuestras maldades, y arrepentirnos de corazn: preparndonos para que nuestro Real Ser pueda expresarse a travs de nuestra Laringe Creadora. Si ponemos nuestra mente al servicio del corazn habr mejor comprensin para podernos orientar y prestar un mejor servicio a la humanidad.
Por lo tanto, aconsejamos a todos los lectores de esta obra, poner en prctica lo que aconseja el Patriarca en este folleto, que con tanto sacrificio y amor nos ha entregado para nuestro propio beneficio.
PEDRO LPEZ LINDO
CAPITULO I
LA MUERTE
Amados discpulos: Voy a hablaros del problema de la muerte. La muerte es la Corona de todos; despus de la muerte el alma entra en la Luz Astral; cuando llega la hora de la muerte, se acerca al lecho de muerte el ngel de la Muerte. Hay un coro de ngeles de la muerte. Ese coro est dirigido por el Planeta Saturno. Cada ngel de la Muerte lleva un libro. En ese libro, estn anotados los nombres de todas las almas que tienen que desencarnar. Nadie se muere la vspera. El ngel de la Muerte no hace sino sacar el alma del cuerpo. El alma est unida al cuerpo por medio de un fino cordn celestial de color plateado. El ngel de la Muerte rompe ese cordn para que el alma no pueda volverse a meter al cuerpo. Las Almas despus de la muerte ven el Sol como siempre, las nubes, las estrellas, como siempre, todo igual. Durante algn tiempo, las almas de los muertos no creen que se han muerto. Esas almas ven todas las cosas de este mundo igual que antes; por eso es que no creen que se han muerto.
Las Almas de los muertos viven en la Luz Astral la Luz Astral es la Luz de todos los encantamientos y hechizos mgicos. La Luz Astral est relacionada con todo el aire, la comemos, la respiramos, pero solo podemos verla con los ojos del Alma. Las Almas se ven con los mismos vestidos que se vean en vida. Poco a poco va despertando la conciencia de esas almas y entonces se van dando cuenta de que ya no pertenecen a este mundo material de carne y hueso.
Para conversar con los muertos existen varios secretos; en una habitacin se pone el retrato del difunto y todas las noches, a la media noche, el discpulo entra a su cuarto, pone junto al retrato los alimentos que ms le hayan gustado al difunto. Le sirve en sus mismos platos que l usaba; le enciende una vela; lo llama tres veces por su nombre. Se sienta la persona junto al retrato y enseguida se pone a meditar personalmente en la vida del difunto, su historia, imaginndose lo que era antes, etc., hasta quedar el discpulo adormecido. Todas las noches puede hacer el discpulo el mismo experimento a la misma hora, en el mismo cuarto, y sentarse en la misma silla y en el mismo sitio, hasta que el discpulo pueda ver al difunto, orlo y conversar con l personalmente, lo importante es que el discpulo logre adormecerse en instantes de estar meditando en la vida del difunto. En aquellos instantes de estar dormitando se aparecer el difunto y entonces el discpulo podr conversar con l personalmente.
Esto no es Espiritismo. Esto es Magia Prctica. Lo importante es que el discpulo tenga mucha fe, paciencia; mucha constancia; si el discpulo no se cansa, al fin en cualquier noche, se le aparece el alma del muerto y entonces el discpulo tendr el placer de conversar con el Ser querido que ha partido para el Ms All. Lo ms importante es verlo, orlo, tocarlo y palparlo.
En el Oriente hay una cueva donde los que quieren ver al Buddha entran a invocarlo. En cierta ocasin un chino que quera ver al Buddha, entr a la cueva e invoc al Buddha; pero el Buddha no apareci. Entonces el chino jur no volver a salir de la cueva hasta que el Buddha se le apareciera. As dur el hombre varios das llamando desesperadamente al Buddha hasta que al fin, el Buddha apareci en la mitad de la cueva lleno de luz y de belleza. Entonces el Buddha bendijo al chino y ste sali feliz de la cueva. Con este sistema de invocacin podemos ver a los muertos y conversar con ellos.
CAPITULO II
EVOLUCIN DEL ALMA DESENCARNADA
Las Almas de los muertos tienen que atravesar las esferas de la Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Jpiter y Saturno. Cada uno de esos planetas est envuelto en una atmsfera Astral.
Las Atmsferas astrales se penetran y compenetran mutuamente sin confundirse. Todas esas atmsferas estn relacionadas con el aire que respiramos.
LUNA: Cuando el alma entra en la esfera Lunar se siente muy atrada hacia el lugar donde se entierra su cuerpo, quiere actuar exactamente como si tuviera carne y hueso. Esas almas se sientan a almorzar y a comer en sus casas y sienten las mismas necesidades fsicas de antes.
MERCURIO: Cuando el alma entra en la atmsfera de Mercurio ve que la atmsfera se le aclara mas y ve todas las cosas an ms bellas que antes. Aquellas almas que en la vida jams supieron adaptarse a todas las circunstancias de la existencia, sufren entonces lo indecible. Aquellas almas llenas de orgullo y de soberbia por que quieren que todo el mundo las respete como antes, por su dinero y linaje. Empero, en la esfera de Mercurio, slo se respeta a las almas por su santidad y por su sabidura. Las almas que en la vida fueron humildes, beatas y caritativas, se sienten dichosas en la esfera de Mercurio.
VENUS: Mas tarde el alma entra en la esfera de Venus. En esa esfera las almas se vuelven infantiles y gozan como nio y juegan entre el seno de la naturaleza. En la esfera de Venus nos volvemos profundamente religiosos y comprendemos que todas las religiones del mundo son perlas engarzadas en el hilo de oro de la Divinidad... En la esfera de Venus nos volvemos msticos y gozamos entre los bosques y montaas de la naturaleza. Somos felices.
Aquellas almas que jams tuvieron algn estilo religioso, aquellas almas materializadas se sienten all fuera de su ambiente; como aves en corral ajeno; sufren lo indecible. Aquellas que fueron delirantes y fanticas en asuntos religiosos, sienten all inmenso remordimiento, por sus malas acciones porque comprenden el mal que hicieron a otros. Esas almas sufren indeciblemente. Algn tiempo despus el alma entra en la esfera Solar.
SOL: En esa esfera comprendemos la unidad de las vidas, comprendemos que la vida que palpita en el corazn es la misma vida que palpita en el corazn mismo de cada mundo que recuerda a travs de los espacios. En la esfera del Sol comprendemos lo que es la Fraternidad Universal y sentimos que somos una sola gran familia humana. Aquellas almas que fueron egostas, sienten ah en la esfera sol un profundo remordimiento y un gran sufrimiento moral. Esas almas sufren el remordimiento de sus malas acciones. En la esfera solar vemos en cada rostro un hermano.
MARTE: Ms tarde el alma entra en la esfera Marciana. En esa esfera sentimos el anhelo de alejarnos para siempre de las cosas del mundo material. En esa esfera vivimos en una vida de encantamiento mstico y sentimos la fuerte influencia de Francisco de Ass, del Buddha. Ah sentimos que la vida de cada flor es nuestra propia vida. Anhelamos entonces alejarnos del mundo material para siempre.
JPITER: Ms tarde el alma entra en la esfera de Jpiter. En esa esfera comprendemos que la religin que tuvimos en la tierra fue nicamente una escuela por la cual tuvimos que pasar. Ah renunciamos ya a esa religin de la tierra y penetramos entonces en la Conciencia Csmica.
SATURNO: En esa vida el Alma se sumerge, mucho ms tarde en la esfera de Saturno y entonces flota deliciosamente entre todas las estrellas del espacio. Visita los distintos mundos y se sumerge entre el infinito lleno de msicas inefables, de orquestas deliciosas que resuenan entre el coral inmenso de la Eternidad, en donde slo reina la verdadera felicidad del espacio sin lmites.
CAPITULO III
REENCARNACIN Y KARMA
El alma abatida dentro del seno del infinito ve a millares de seres inefables o ngeles, Arcngeles, Tronos, Virtudes, Potestades, etc., y entonces, comprende que esos seres divinos fueron hombres que se perfeccionaron y que sufrieron muchsimo en la escuela de la vida. El alma comprende que la vida es una escuela, y desea volver a esa escuela de la vida para perfeccionarse. Cuando el Alma quiere volver a esa escuela de la vida para perfeccionarse, cuando el Alma quiere volver al mundo, entonces los ngeles del destino llevan a esa alma a un nuevo hogar: los ngeles del Destino unen al Alma o mejor dijramos conectan el alma en el espermatozoide del Semen del Padre.
Ese espermatozoide elegido por el alma que va a nacer, hace fecunda la matriz. Entre el vientre materno el alma permanece durante nueve meses, formando su nuevo cuerpo fsico. No obstante el alma no est prisionera porque puede entrar y salir del vientre materno y de su cuerpo cada vez que quiera. A los nueve meses nace el alma con su nuevo cuerpo de nio.
Si en la pasada reencarnacin hicimos mucho mal al prjimo entonces nos toca ahora sufrir las consecuencias y nacemos con muy mala suerte; los negocios nos fracasan, la miseria nos persigue y sufrimos inmensamente. Si antes le quitamos la mujer a otro, entonces, ahora nos la quitan a nosotros; si fuimos malos padres, si no supimos ser buenos con los hijos, entonces nos toca nacer en un lugar ms amargo que la hiel. Los padres nos harn sufrir a nosotros en la misma forma en que nosotros hicimos sufrir a nuestros hijos en la pasada reencarnacin. El que siembra rayos, no tiene ms remedio que cosechar tempestades. El que siembra su maz que se coma su maz, cada quien cosecha lo que siembra. Si Dios enviara un alma a nacer entre las comodidades sin haber hecho algn bien, y a otros, sin haber hecho algn mal y los hicieran nacer en la miseria, dnde estara la Justicia de Dios?.
Un genio llega a ser genio porque en millones de vidas ha venido luchando por perfeccionarse. Nosotros somos la resultante de nuestras pasadas reencarnaciones. Con la vara con que midiereis, seris medidos. Existen 42 Maestros del Karma. El Karma es la Ley de la Compensacin.
En cada reencarnacin somos nosotros ms y ms perfectos. Hemos venido millones de veces a este mundo, y nos toca seguir viviendo, hasta que nos volvamos perfectos.
Existe un sistema para recordar nuestras pasadas reencarnaciones: este sistema es el ejercicio retrospectivo. El discpulo se acuesta en su cama todas las noches y entonces practica los ejercicios retrospectivos. Comenzar el discpulo por recordar todas las cosas acaecidas, una hora antes de acostarse, dos horas antes, de todos los instantes de la tarde y de la maana ocurridos durante el da. Se esforzar el discpulo por recordar todas las cosas de la vspera y de la antevspera. Se debe hacer por recordar todo lo sucedido durante un mes, en dos meses, en tres, en un ao, en diez aos, veinte aos atrs, hasta recordar minuciosamente toda la historia de su vida.
Haga el discpulo por recordarse los primeros cinco aos de su vida. El Discpulo notar entonces que esto es muy difcil. Estos aos son muy difciles de recordar; pero hay un secreto para recordarlos: El discpulo debe adormecerse pronunciando mentalmente los Mantrams (Palabras de poder) siguientes: RA-ON... GA-OM... El discpulo se adormecer pronunciando estas dos palabras mentalmente y esforzndose en recordar en su sueo todas las cosas que le sucedieron en los cinco primeros aos de su historia, de la infancia.
Los sueos son verdaderos. Nuestros discpulos deben abrir la Biblia y estudiar el Libro de Daniel para que aprendan.
Despus de haber recordado nuestros discpulos toda su vida actual, entonces deben esforzarse por recordar los ltimos momentos de su pasada reencarnacin. Si el Discpulo logra dormirse tranquilamente haciendo esta prctica entonces en fecha prxima podr recordar en sus sueos toda su pasada reencarnacin. Con este secreto todo discpulo, no solamente podr recordar su pasada reencarnacin sino, adems, tambin podr recordar todas sus pasadas reencarnaciones. Lo que se necesita es practicar todas las noches hasta obtener el triunfo y tener mucha fe.
CAPITULO IV
EL KARMA
En los mundos Internos existe un templo en donde ofician los 42 Jueces del Karma. Estos son los Cuarenta y dos Chacales. Se les llama as porque cubren su cabeza con una especie de mscara religiosa, que tiene la forma de cabeza de perro lobo o chacal. Estos Cuarenta y Dos Maestros son los de la Ley de la Compensacin: La denominada Ley del KARMA.
Todos los males que hacemos a otros en pasadas reencarnaciones nos toca pagarlos en la prxima encarnacin.
No slo se paga Karma por el mal que se hace sino tambin por el bien que se deja de hacer pudiendo hacerlo. El que tiene con que pagar, paga y sale bien en sus negocios. El que no tiene con que pagar indudablemente tiene que pagar con dolor inevitablemente.
Dicen los Seores del Karma: "Haced buenas obras para que pagues tus deudas" "AL LEN DE LA LEY SE LE COMBATE CON LA BALANZA". Si el platillo de las malas acciones pesa ms; entonces podemos poner buenas acciones en el platillo de las buenas acciones. Se dice: Aumenta el peso del platino de las buenas acciones para inclinar el platillo a nuestro favor. As es como podemos cancelar las viejas deudas y evitarnos dolor.
Cuando una Ley Inferior es trascendida por una Ley Superior, la Ley Superior lava la Ley Inferior.
Nuestros discpulos deben aprender a viajar en Cuerpo Astral, para visitar el Templo de los Seores del Karma. El Jefe de este Templo es ANUBIS.
La clave para viajar en Cuerpo Astral, es muy sencilla: El discpulo se acostar en su lecho y procurar dormirse tranquilamente. Luego el discpulo se levantara de su lecho en aquellos instantes en que est dormitando y saldr de su cuarto. Si el discpulo da un saltito con la intencin de quedar flotando en el aire, entonces ver con asombro que flotar deliciosamente en el aire y que podr trasladarse en cuerpo astral a cualquier lugar de la Tierra. El discpulo puede ir en Cuerpo Astral al palacio de los Seores del Karma. En este Templo podr arreglar sus negocios con los Seores del Karma. Cuando decimos negocios, nos estamos refiriendo a las deudas que tenemos pendientes con la Justicia Csmica. Los Seores de la Ley tambin conceden crdito, pero todo crdito hay que pagarlo haciendo buenas obras en beneficio de la humanidad.
Debemos aprender a salir en Cuerpo Astral, para arreglar personalmente nuestros negocios con los Seores del Karma.
Cuando el hombre aprende a manejar su libro de cuentas, puede encausar mejor su vida.
CAPITULO V
EL INTIMO
San Pablo dijo: "Recordad que vuestros cuerpos son el Templo del Dios Vivo y que el Altsimo mora en vosotros" El Altsimo es nuestro Yo Divino, es nuestro Espritu, es el Intimo.
As pues, el Intimo es lo ms divino que nosotros tenemos dentro de nosotros. Es Dios entre nosotros. El Intimo es bello, es sublime, es puro.
El Intimo tiene dos cosas: el Alma y el Cuerpo. El Alma est en contacto con el Sistema Gran-Simptico. El Intimo est en contacto con el Sistema Cerebro Espinal; es decir, con la Columna Cerebro-Espinal.
El Alma sufre, goza, trabaja, adquiere experiencia, comete fallas, es imperfecta. El Alma es pecadora. El Alma se deja llevar de las pasiones y por eso sufre. As pues, si el Alma quiere volverse ngel, no le queda ms remedio que acabar con sus defectos, volverse pura, purificarse, emblanquecerse para llegar a la unin con el Intimo.
Cuando el Alma se fusiona con el Intimo, es decir se mezcla con el Intimo, cuando se vuelve una con l, entonces, se convierte en ngel.
El Intimo es una llama. El Alma es otra llama. Cuando las dos llamas se juntan, forman una sola llama. Esa llama es ngel. As, pues, los ngeles son hombres perfectos. Almas arrepentidas. Hombres que se arrepintieron de sus pecados. De sus maldades, de sus fornicaciones, de sus adulterios, de sus homicidios, etc.
Dios es el Intimo que est dentro de nosotros. El Espritu Universal de vida. Es el Fuego Divino que est dentro de la roca, dentro de las aguas, dentro del aire, en todo el espacio. Todo el Infinito est animado por el Fuego Divino. Dios es un Mar de Fuego Ardiente. En todas partes est el Fuego Ardiente. El Fuego es Dios. El Fuego es Pentecosts. Es Dios. El Fuego que vio Moiss en la Zarza de Oreb es Dios. El Intimo que tenemos dentro es una llama de Fuego Divino: Es Dios dentro de nosotros. El Intimo es el hombre Divino, es el Hombre Celeste que est dentro de nosotros mismos. Cuando el Alma se mezcla con el Intimo se convierte en l mismo. Entonces nos volvemos ngeles. Los ngeles estn en la Naturaleza, estn en los Ros, en el Mar, en las nubes, en los volcanes. En todas partes.
CAPITULO VI
MAGIA SEXUAL
"Nosotros salimos del EDEM por las puertas del SEXO, EL EDEM es el mismo SEXO"
Al EDEM no podemos entrar sino por la puerta por donde salimos. Esa puerta es el SEXO, Ninguno puede meterse en el Paraso por la puerta o por las puertas falsas. Estas no existen en el Paraso. El Paraso no tiene puertas de tal ndole. Es necesario entrar por donde salimos. "EL EDEM ES EL MISMO SEXO".
Las Fuerzas Sexuales estn en todas partes; todo cuanto existe en el mundo es hijo del sexo. Nosotros mismos existimos en el mundo porque tuvimos un Padre y una Madre.
En el EDEM hay dos RBOLES: "EL RBOL DE LA CIENCIA DEL BIEN Y DEL MAL Y EL RBOL DE LA VIDA".
Nosotros salimos del EDEM por haber comido del fruto prohibido. No podremos entrar al EDEM mientras continuemos comiendo de ese fruto.
En la base de la Columna Espinal hay un hueso llamado Coxis; en este hueso hay un Centro Etrico llamado MULADHARA, y dentro de ese Centro Etrico hay una SERPIENTE DE FUEGO incrustada. Esa Serpiente es el Fuego de PENTECOSTS. El fuego del ESPRITU SANTO.
Ese Fuego es terrible; tiene un poder tremendo. Esa es la SERPIENTE GNEA DE NUESTROS MGICOS PODERES. Esa Serpiente es llamada en la India, es conocida all con el nombre de KUNDALINI.
Los MAGOS de la India despiertan el KUNDALINI con la MAGIA SEXUAL. La MAGIA SEXUAL es muy fcil: EL HOMBRE Y LA MUJER PUEDEN UNIRSE SEXUALMENTE Y SERN AMBOS "UNA SOLA CARNE". Empero, ambos, hombres y mujeres, se debern retirar del Acto Sexual antes y sin derramar el Licor Seminal.
As pues, el Licor Seminal no debe derramarse entre la matriz, ni mucho menos, debe dejarse derramar la SIMIENTE fuera de aquel rgano. Es necesario retirarse de la mujer, y sta del hombre, refrenndose el impulso sexual para evitar el derrame del Licor Seminal.
Refrenando el impulso sexual el Semen se transmuta en energas sutilsimas las cuales suben hasta el cerebro por entre dos finos cordones nerviosos. Estos cordones son los "DOS TESTIGOS" de que nos habla el Apocalipsis. Son las "DOS OLIVAS DEL TEMPLO". "LOS DOS CANDELEROS QUE ESTN DELANTE DEL TRONO DEL DIOS DE LA TIERRA".
El Yogui forma su hogar sin necesidad de violar el Sexto Mandamiento de la Ley de Dios: NO FORNICAR. Durante el Acto de Magia Sexual, puede escaparse un espermatozoide, que las Jerarquas Lunares emplean para fecundar la matriz, sin necesidad de derramar al Semen.
Dios es el INTIMO y su Trono es la Columna Espinal.
Las Fuerzas Sexuales son Solares y Lunares. Cuando los tomos solares y Lunares se unen en el Coxis, entonces despierta la culebra gnea de nuestros mgicos poderes, con esa culebra podemos despertar todos los poderes de los magos.
Esa Serpiente entra por el Orificio inferior de la Mdula Espinal. La Mdula es hueca por dentro. A lo largo de la Mdula Espinal hay un canal por entre el cual va subiendo el Fuego Sagrado del Espritu Santo, poco a poco hasta llegar al cerebro.
Cuando la Serpiente gnea llega al cerebro, entonces el Alma se une con el INTIMO y as entra aquella en el EDEM.
El Alma que se une con el INTIMO tiene poder sobre la Tierra, sobre las Aguas, sobre el Fuego. Puede mandar a los vientos y huracanes. Puede or y ver las cosas del cielo, de la tierra y del abismo y puede saber todas las cosas divinas.
El CRISTO JESS dijo: "Los milagros que yo he hecho, los podris hacer vosotros y an ms, as pues, la nica forma de entrar al Paraso, es por la puerta por donde salimos. Esa puerta es el SEXO. Nadie puede entrar al Paraso por puertas falsas.
Los solteros deben transmutar el Licor Seminal con la respiracin profunda manteniendo los pulmones llenos treinta segundos o ms. Este ejercicio de SWARA debe efectuarse diariamente.
CAPITULO VII
LAS SIETE IGLESIAS
Las Siete Iglesias de que habla el APOCALIPSIS DE SAN JUAN, no estn en el continente Asitico como suponen los ignorantes. Esas Siete Iglesias estn en nuestra Columna Espinal.
EL APOCALIPSIS DE SAN JUAN es un libro Sellado con SIETE SELLOS. Ese libro es el mismo HOMBRE.
Nadie, sino nicamente el CORDERO, es decir, nuestro YO DIVINO, que mora dentro de nosotros mismos, puede abrir ese LIBRO y desatar sus SIETE SELLOS.
Las SIETE IGLESIAS son Siete Centros nerviosos que tenemos en nuestra Columna Espinal.
EFESO: La Primera Iglesia es la de EFESO. Esa Iglesia reside en el hueso Coxgeo. Dentro de esa Iglesia esta la SERPIENTE SAGRADA; la Culebra de Metal; la SERPIENTE DE BRONCE que sanaba a los Israelitas en el desierto.
Cuando esta Iglesia se abre, adquirimos poder sobre los volcanes, sobre los terremotos; sobre las criaturas que viven debajo de la tierra.
ESMIRNA: Cuando la Serpiente llega a la altura de la prstata, despierta la segunda Iglesia, la cual es la Iglesia de ESMIRNA y adquirimos poder sobre las aguas y las tempestades.
PRGAMO: Cuando la Culebra Sagrada va subiendo por entre el Canal Central de la mdula espinal y llega a la altura del ombligo, entonces despierta la Tercera Iglesia: la Iglesia de PRGAMO. Entonces adquirimos poder sobre los rayos, sobre el fuego y sobre los volcanes en erupcin. Podemos mandar a los volcanes y los volcanes nos obedecen. Podemos mandar al fuego y el fuego Universal nos obedece.
TIATIRA: Cuando la Culebra llega a la altura del corazn, entonces despierta la Iglesia DE TIATIRA. Esta Iglesia nos da poder sobre los ciclones, sobre la brisa, sobre los huracanes.
SARDIS: Cuando la Culebra Sagrada llega a la altura de la garganta, entonces podemos or las cosas que hablan los ngeles, las palabras de las Almas de los muertos, etc. Esta es la Iglesia de SARDIS.
FILADELFIA: Cuando la Culebra Sagrada sube por dentro del Canal Medular y llega a la altura del entrecejo, entonces podemos ver las cosas de otro mundo; la Luz Astral, las Almas de los muertos. Arcngeles, Serafines, Potestades, Virtudes, Tronos, etc. Esa es la Iglesia de FILADELFIA.
LAODICEA: Cuando la Culebra llega a la parte superior del Crneo se abre la Iglesia de LAODICEA. Ese es el Ojo de Diamante. El que abre ese ojo se sabe todas las cosas del cielo y de la tierra. Se vuelve terrible. Ve en todas partes; nada ignora; despus de esto el Alma se une con el INTIMO y se convierte en MAESTRO; Profeta, Sabio, Iluminado, Poderoso. Ve todo, oye todo, nada ignora. Cuando el Alma se ha unido totalmente, absolutamente con el INTIMO, entonces se vuelve NGEL Los ngeles son hombres perfectos.
CAPITULO VIII
VIAJES ASTRALES
El Alma est envuelta en un cuerpo fludico llamado Cuerpo Astral. El Cuerpo Astral es semejante al Cuerpo Fsico. Dentro del Cuerpo Astral est el Alma con su Mente, con su Voluntad; con su Conciencia; con sus Sentimientos. As pues, el Cuerpo Astral es maravilloso; ese es el Cuerpo del Alma. Cuando el cuerpo de carne y hueso est dormido, el Alma se sale del Cuerpo de Carne y Hueso y anda por todas partes. El Alma viaja en su Cuerpo Astral.
Cuando el Rey Nabucodonosor estaba durmiendo en su cama, pens en lo que deba de ser su porvenir; entonces se durmi. El Alma del Rey se sali entonces del Cuerpo de Carne y Hueso, viaj por entre el plano Astral, y vio una estatua cuya cabeza era de oro; su pecho sus brazos de plata; sus piernas de hierro y sus pies en parte de hierro y en parte de barro cocido.
El Rey mand a llamar a todos los Magos, Astrlogos, Adivinos Caldeos, para que le adivinasen el sueo de la estatua y le dieran su declaracin. No hubo nadie que fuera capaz de contarle el sueo al Rey, pues el no quiso contrselo a nadie. Los sabios, por ese motivo, iban a la muerte. Daniel el Profeta, se fue a su casa y or al Seor Jehov con sus compaeros y se acost a dormir tranquilamente.
El Alma de Daniel se sali entonces del cuerpo y vio en el Astral la famosa estatua del Rey Nabucodonosor. Al da siguiente Daniel se present ante el Rey y le adivin el sueo de la estatua y le dio su declaracin, es decir la interpretacin. El Rey qued asombrado y Daniel fue colmado de honores.
As pues, los sueos son las experiencias astrales. Nuestros discpulos deben decir experiencias astrales y no sueos. Nuestros discpulos deben decir anoche estuve en tal punto; anoche estuve en Cuerpo Astral en tal lugar; tuve una experiencia con fulano de tal en tal Templo, etc.
En Cuerpo Astral los Maestros sometemos a los discpulos a muchas pruebas. En el plano Astral y en cuerpo astral, nuestros discpulos reciben en los Templos del plano astral, sus iniciaciones. El Plano Astral es conocido en la Biblia con el nombre de "Monte". En el Monte, Jess se transfigur delante de sus discpulos. El Monte es el Astral. Durante el sueo nuestros discpulos estn en el Monte. Es interesante que nuestros discpulos se estudien el libro de Daniel en la Biblia. Todas las visiones de Daniel eran en el Monte, en el plano Astral y no en el plano fsico. Al despertarse nuestros discpulos de su sueo material, no deben moverse porque con el Movimiento del cuerpo se agita el cuerpo Astral y se pierden los recuerdos. Al despertarse los discpulos deben esforzarse por recordar todos aquellos lugares en donde estuvieron mientras su cuerpo dorma. Deben esforzarse por recordar todas sus experiencias pasadas en el plano astral. Nuestros discpulos no deben contarle sus experiencias a nadie.
El rbol de la colina
El rbol de la colina
H.P. Lovecraft
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Al sureste de Hampden, cerca de la tortuosa garganta que excava el ro Salmn, se extiende una cadena de colinas escarpadas y rocosas que han desafiado cualquier intento de colonizacin. Los caones son demasiado profundos, los precipicios demasiado escarpados como para que nadie, excepto el ganado trashumante, visite el lugar. La ltima vez que me acerqu a Hampden la regin -conocida como el infierno- formaba parte de la Reserva del Bosque de la Montaa Azul. Ninguna carretera comunica este lugar inaccesible con el mundo exterior, y los montaeses dicen que es un trozo del jardn de Su Majestad Satn transplantado a la Tierra. Una leyenda local asegura que la zona est hechizada, aunque nadie sabe exactamente el por qu. Los lugareos no se atreven a aventurarse en sus misteriosas profundidades, y dan crdito a las historias que cuentan los indios, antiguos moradores de la regin desde hace incontables generaciones, acerca de unos demonios gigantes venidos del Exterior que habitaban en estos
parajes. Estas sugerentes leyendas estimularon mi curiosidad. La primera y, gracias a Dios!, ltima vez que visit aquellas colinas tuvo lugar en el verano de 1938, cuando viva en Hampden con Constantine Theunis. El estaba escribiendo un tratado sobre la mitologa egipcia, por lo que yo me encontraba solo la mayora del tiempo, a pesar de que ambos compartamos un pequeo apartamento en Beacon Street que miraba a la infame Casa del Pirata, construida por Exer Jones haca sesenta aos. La maana del 23 de junio me sorprendi caminando por aquellas siniestras y tenebrosas colinas que a aquellas horas, las siete de la maana, parecan bastante ordinarias. Me alej siete millas hacia el sur de Hampden y entonces ocurri algo inesperado. Estaba escalando por una pendiente herbosa que se abra sobre un can particularmente profundo, cuando llegu a una zona que se hallaba totalmente desprovista de la hierba y vegetacin propia de la zona. Se extenda hacia el sur, se haba producido algn incendio,
pero, despus de un examen ms minucioso, no encontr ningn resto del posible fuego. Los acantilados y precipicios cercanos parecan horriblemente chamuscados, como si alguna gigantesca antorcha los hubiese barrido, haciendo desaparecer toda su vegetacin. Y aun as segua sin encontrar ninguna evidencia de que se hubiese producido un incendio... Caminaba bajo un suelo rocoso y slido sobre el que nada floreca. Mientras intentaba descubrir el ncleo central de esta zona desolada, me di cuenta de que en el lugar haba un extrao silencio. No se vea ningn ave, ninguna liebre, incluso los insectos parecan rehuir la zona. Me encaram a la cima de un pequeo montculo, intentando calibrar la extensin de aquel paraje inexplicable y triste. Entonces vi el rbol solitario. Se hallaba en una colina un poco ms alta que las circundantes, de tal forma que enseguida lo descubr, pues contrastaba con la soledad del lugar. No haba visto ningn rbol en varias millas a la redonda: algn arbusto retorcido, cargado de bayas, que creca encaramado a la roca, pero ningn rbol. Era muy extrao descubrir uno precisamente en la cima de la colina. Atraves dos pequeos caones antes de llegar al sitio; me esperaba una sorpresa. No era un pino, ni un abeto, ni un almez. Jams haba visto, en toda mi existencia, algo que se le pareciera; y, gracias a Dios, jams he vuelto a ver uno igual! Se pareca a un roble ms que a cualquier otro tipo de rbol. Era enorme, con un tronco nudoso que media ms de una yarda de dimetro y unas inmensas ramas que sobresalan del tronco a tan slo unos pies del suelo. Las hojas tenan forma redondeada y todas tenan un curioso parecido entre s. Podra parecer un lienzo, pero juro que era real. Siempre supe que era, a pesar de lo que dijo Theunis despus. Recuerdo que mir la posicin del sol y decid que eran aproximadamente las diez de la maana, a pesar de no mirar mi reloj. El da era cada vez ms caluroso, por lo que me sent un rato bajo la sombra del inmenso rbol. Entonces me di cuenta de la hierba que creca bajo las ramas.
Otro fenmeno singular si tenemos en cuenta la desolada extensin de tierra que haba atravesado. Una catica formacin de colinas, gargantas y barrancos me rodeaba por todos sitios, aunque la elevacin donde me encontraba era la ms alta en varias millas a la redonda. Mir el horizonte hacia el este, y, asombrado, atnito, no pude evitar dar un brinco. Destacndose contra el horizonte azul sobresalan las Montaas Bitterroot! No existan ninguna otra cadena de picos nevados en trescientos kilmetros a la redonda de Hampden; pero yo saba que, a esta altitud, no debera verlas. Durante varios minutos contempl lo imposible; despus comenc a sentir una especie de modorra. Me tumb en la hierba que creca bajo el rbol. Dej mi cmara de fotos a un lado, me quit el sombrero y me relaj, mirando al cielo a travs de las hojas verdes. Cerr los ojos. Entonces se produjo un fenmeno muy curioso, una especie de visin vaga y nebulosa, un sueo diurno, una ensoacin que no se asemejaba a nada familiar. Imagin que contemplaba un gran templo sobre un mar de cieno, en el que brillaba el reflejo rojizo de tres plidos soles. La enorme cripta, o templo, tena un extrao color, medio violeta medio azul. Grandes bestias voladoras surcaban el nuboso cielo y yo crea sentir el aletear de sus membranosas alas. Me acerqu al templo de piedra, y un portaln enorme se dibuj delante de m. En su interior, unas sombras escurridizas parecan precipitarse, espiarme, atraerme a las entraas de aquella tenebrosa oscuridad. Cre ver tres ojos llameantes en las tinieblas de un corredor secundario, y grit lleno de pnico.
Saba que en las profundidades de aquel lugar acechaba la destruccin; un infierno viviente peor que la muerte. Grit de nuevo. La visin desapareci. Vi las hojas y el cielo terrestre sobre m. Hice un esfuerzo para levantarme. Temblaba; un sudor glido corra por mi frente. Tuve unas ganas locas de huir; correr ciegamente alejndome de aquel ttrico rbol sobre la colina; pero desech estos temores absurdos y me sent, tratando de tranquilizar mis sentidos. Jams haba tenido un sueo tan vvido, tan horripilante. Qu haba producido esta visin? ltimamente haba ledo varios de los libros de Theunis sobre el antiguo Egipto... Mene la cabeza, y decid que era hora de comer algo. Sin embargo, no pude disfrutar de la comida. Entonces tuve una idea. Saqu varias instantneas
del rbol para mostrrselas a Theunis. Seguro que las fotos le sacaran de su habitual estado de indiferencia. A lo mejor le contaba el sueo que haba tenido... Abr el objetivo de mi cmara y tom media docena de instantneas del rbol. Tambin hice otra de la cadena de picos nevados que se extenda en el horizonte. Pretenda volver y las fotos podran servir de ayuda... Guard la cmara y volv a sentarme sobre la suave hierba. Era posible que aquel lugar bajo el rbol estuviera hechizado? Senta pocas ganas de irme... Mir las curiosas hojas redondeadas. Cerr los ojos. Una suave brisa meci las ramas del rbol, produciendo musicales murmullos que me arrullaban. Y, de repente vi de nuevo el plido cielo rojizo y los tres soles. Las tierras de las tres sombras! Otra vez contemplaba el enorme templo. Era como si flotase en el aire, un espritu sin cuerpo explorando las maravillas de un mundo loco y multidimensional! Las cornisas inexplicables del templo me aterrorizaban, y supe que aquel lugar no haba sido jams contemplado ni en los ms locos sueos de los hombres. De nuevo aquel inmenso portaln bostez delante de m; y yo era atrado hacia las tinieblas del interior. Era como si mirase el espacio ilimitado. Vi el abismo, algo que no puedo describir en palabras; un pozo negro, sin fondo, lleno de seres innominables y sin forma, cosas delirantes, salvajes, tan sutiles como la bruma de Shamballah. Mi alma se encogi. Tena un pnico devastador. Grit salvajemente, creyendo que pronto me volvera loco. Corr, dentro del sueo corr preso de un miedo salvaje, aunque no saba hacia dnde iba... Sal de aquel horrible templo y de aquel abismo infernal, aunque saba, de alguna manera, que volvera...
Por fin pude abrir los ojos. Ya no estaba bajo el rbol. Yaca, con las ropas desordenadas y sucias, en una ladera rocosa. Me sangraban las manos. Me ergu, mirando a mi alrededor. Reconoc donde me hallaba; era el mismo sitio desde donde haba contemplado por primera vez toda aquella requemada regin! Haba estado caminando varias millas inconsciente! No vi aquel rbol, lo cual me alegr... incluso las perneras del pantaln estaban vueltas, como si hubiese estado arrastrando parte del camino... Observ la posicin del sol. Atardeca! Dnde haba estado? Mir la hora en el reloj. Se haba parado a las 10:34...
LA DESOLACION DE SOOM
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LA DESOLACION DE SOOM
CLARK ASHTON SMITH
Se dice que el desierto de Soom se extiende en un extremo del mundo, de difcil situacin geogrfica, entre tierras casi desconocidas y otras inimaginables. Los viajeros le tienen miedo porque sus arenas desrticas y movedizas no tienen oasis, y adems, cuenta la leyenda que all habitaban horrores indescriptibles. En este sentido, existen numerosos relatos, cada cual distinto. Algunos dicen que no es ni visible, ni audible, y otros dicen que se trata de una mera quimera de muchas cabezas, cuernos y rabos, y una lengua cuyo sonido es semejante al taido de las campanas en auditorios abovedados durante algn funeral solemne. Todas las caravanas y aventureros solitarios que regresaron de Soom contaban relatos extraos; otros ni pudieron regresar siquiera, y hubo incluso quien se volvi completamente loco a causa del terror y el vrtigo provocados por un espacio infinito y vaco... En efecto, eran muchos los relatos que existan en torno a un ser que espiaba furtivamente, o a todo un ejrcito de mil diablos; se hablaba de algo que se esconda aguardando detrs de las dunas movedizas, o de algo que ruga y susurraba desde la arena o desde el viento, o se mueve invisible en un silencio opresor, o cae desde el aire como un insecto aplastante, o bosteza abrindose como un pozo repentinamente ante los pies del viajero.
Pero hace mucho tiempo existi una pareja de amantes que llegaron al desierto de Soom y cruzaron las estriles arenas. Desconocan la existencia del mal por aquellos parajes, y como haban encontrado un acogedor edn en sus respectivos ojos, es posible que no se dieran cuenta de que atravesaban un desierto. Y entre todos los que se atrevieron a pisar la temible desolacin fueron los nicos que no regresaron con una nueva historia sobre algo terrible, sobre algn horror que los hubiera seguido o espiado, algo visible o invisible, audible o inaudible. Para ellos no hubo ni quimeras de mltiples cabezas, ni pozos bostezantes, ni insectos monstruosos. Adems, nunca pudieron comprender las historias que les relataron caminantes menos afortunados
LA CASA VACIA
E. T. A. Hoffman
La casa vaca
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Ya sabis comenz a decir Teodoro que pas el ltimo verano en ***. Los numerosos amigos y conocidos que encontr all, la vida amable y despreocupada, las numerosas manifestaciones artsticas y cientficas, todo me retuvo. Nunca me senta tan contento como cuando me entregaba por entero a mi pasin de vagabundear por las calles, detenindome para ver los grabados en cobre que se exhiban en las puertas, deleitarme con los letreros y observando a las personas que salan a mi encuentro, con idea de hacerles un horscopo; pero no slo me atraa irresistiblemente la riqueza de las obras de arte y el lujo, sino la contemplacin de los magnficos y suntuosos edificios. La alameda, ornada de construcciones semejantes, que conduce a la Puerta de *** es el punto de reunin de un pblico dispuesto a gozar de la vida, ya que pertenece a la clase alta o acomodada.
En los pisos bajos de los grandes palacios exhibanse la mayor parte de las veces mercancas lujosas, mientras que en los altos habitaba gente de las clases mencionadas. Las hosteras ms elegantes estaban, por lo general, en esta calle y los representantes extranjeros vivan en ella; as podis suponer que all haba una animacin especial y mayor movimiento que en otro lugar de la ciudad, dando la sensacin de hallarse ms poblada de lo que realmente estaba. El inters por vivir en aquel sitio hacia que muchos se conformasen con una pequea vivienda, menor de lo que les corresponda, de suerte que muchas familias habitaban en una misma casa, como si sta fuera una colmena.
Con frecuencia paseaba yo por tal avenida, cuando un da, de pronto, me fij en un paraje que difera de los dems de extraa manera. Imaginaos una casita baja, con cuatro ventanas, en medio de dos bellos y elevados edificios, cuyo primer piso apenas si se elevaba ms que los bajos de las casas vecinas, y cuyo techo, en mal estado de conservacin, as como las ventanas, cubiertas en parte con papeles, y los muros descoloridos, daban muestra del total abandono en que la tena su propietario. Suponed qu aspecto tendra aquella casa entre dos mansiones suntuosas y adornadas con lujosa profusin. Permanec delante contemplndola y observ al aproximarme qu todas las ventanas estaban cerradas, que delante de la ventana del piso bajo se levantaba un muro y que la acostumbrada campanilla de la puerta cochera, as como la de la puerta principal, no existan; ni tan siquiera haba un aldabn o llamador. Con el tiempo llegu al convencimiento de que la casa estaba deshabitada, ya que nunca, pasase a la hora que fuera, vea la menor huella de un ser humano. Una casa deshabitada en esa parte de la ciudad! Era algo muy raro, aunque posiblemente tendra una explicacin natural: que su dueo estuviese haciendo un largo viaje o que viviese en posesiones muy lejanas, sin atreverse a alquilar o Vender este inmueble, por si lo necesitaba en el caso de volver a ***. Eso pensaba yo, y, sin saber cmo, me encontraba siempre paseando por delante de la casa vaca, al tiempo que permaneca, no tanto sumergido en extraos pensamientos, como enredado en ellos.
Bien sabis todos, queridos compaeros de mi alegre juventud, que siempre me considerasteis un visionario, y que cuantas veces las extraas apariencias de un mundo maravilloso entraban en mi vida, vosotros, con vuestra rgida razn, lo combatais. Pues bien! Ahora podis poner las caras de desconfianza que queris, pues he de confesaros que yo tambin a veces he sufrido engaos, y que con la casa vaca pareca ir a ocurrir algo semejante, pero... al final vendr la moraleja que os dejar aniquilados. Escuchad! i Vamos al asunto!
Un da, y precisamente a la hora en que el buen tono ordena pasear arriba y abajo por la alameda, estaba yo, como de costumbre, absorto en mis pensamientos, contemplando la casa vaca. De pronto, not Sin mirar que alguien se haba colocado a mi lado y me observaba fijamente. Era el conde P., en muchos puntos tan afn a m, y no me cabe la menor duda de que tambin estaba interesado en la casa misteriosa. Me sorprendi que, al comunicarle la extraa impresin que me haba causado esa casa deshabitada en aquella parte tan frecuentada de la ciudad, sonriese irnicamente, si bien al punto me aclarase todo. El conde P. haba ido mucho ms lejos que yo. Despus de mltiples observaciones y combinaciones, haba dado con la explicacin de porqu se encontraba la casa en aquel estado, y precisamente la explicacin estaba relacionada con una extraa historia, que slo la ms viva fantasa del poeta poda haber imaginado. Voy ahora a referiros la historia del conde, que recuerdo con entera claridad, y, por lo que respecta a lo que me sucedi luego, me siento tan excitado todava, que os lo contar despus.
Qu sorpresa fue la del conde al enterarse de que la casa vaca slo alojaba los hornos del confitero, cuyos lujosos escaparates atraan al viandante! Por eso las ventanas del bajo, donde estaban los hornos, permanecan tapiadas y las habitaciones del primer piso, con las cortinas echadas para evitar el sol y los insectos, protegiendo as los artculos confitados. Cuando el conde me cont esto, sent como si me hubieran arrojado un jarro de agua fra o como si demonios enemigos hicieran burla de mis sueos poticos... Pese a aquella explicacin prosaica, siempre que desde entonces pasaba ante ella, no dejaba de mirar la casa deshabitada, y, siempre que la miraba, senta ligeros estremecimientos al imaginar toda clase de escenas extraas. No me acostumbraba a la idea de la confitera, de los mazapanes, de los bombones, de las tartas, de las frutas escarchadas, etctera. Una extraa combinacin de ideas haca que todo me sonase a secretos simbolismos y que pareciese decirme: No os asustis, amigo mo! Somos dulces criaturas, pero de un momento a otro estallar un trueno.
Entonces yo volva a pensar: No eres acaso un loco, un iluso, que siempre tratas de convertir lo vulgar en algo maravilloso? Tienen razn acaso tus amigos cuando te consideran un exaltado visionario?
La casa, no poda ser de otro modo, permaneca siempre igual. Lleg un momento en que, al habituarse mi vista a ella y a las ilusorias figuras que parecan reflejarse en las paredes, stas poco a poco fueron desapareciendo. Sin embargo, una casualidad hizo que lo que pareca dormido volviese a despertar. El hecho de haber quedado todo, a pesar mo, reducido a algo prosaico, como podis imaginar, no impeda que yo siguiese mirando la fabulosa casa conforme a mi manera de pensar, pues soy fiel caballero de lo maravilloso.
Sucedi, pues, que un da en que, como de costumbre, paseaba por la alameda a las doce, mi mirada se fue a detener en las ventanas cubiertas por cortinas de la casa vaca. Not que la cortina de la ltima ventana, justamente junto a la tienda de la confitera, comenzaba a moverse. Dejronse ver una mano y un brazo. Con mis gemelos de pera pude observar claramente la bella mano femenina, de blancura resplandeciente, en cuyo dedo meique refulga con desusado destello un brillante, y desde cuyo brazo redondeado, de belleza exuberante, lanzaba sus destellos un rico brazalete. La man coloc un frasco de cristal de extraa forma en el alfizar de la ventana y desapareci tras la cortina.
Me qued inmvil; una rara y agradable emocin recorri mi interior, a la manera de un calor elctrico. Fijamente permanec mirando a la ventana fatal y de mi pecho se escap un suspiro. Por ltimo, sent como si fuese a desmayarme, y poco rato despus me encontr rodeado de gentes de todas clases, que me observaban con semblante de curiosidad. Esto me disgust, pero enseguida me di cuenta de que toda aquella muchedumbre no cesaba de comentar admirada que haba cado desde un sexto piso un gorro de dormir sin que se le hubiese desgarrado ni una sola malla. Me alej lentamente, mientras el demonio prosaico me susurraba con toda claridad al odo que la mujer del confitero, alhajada como en da de fiesta, se haba asomado para dejar en la ventana un frasco de agua de rosa vaco. Qu extraa ocurrencia! Pero, de pronto, tuve un pensamiento audaz; regres al instante a contemplar el escaparate de la Confitera inmediato a la casa vaca y entr.
Mientras soplaba la espuma del hirviente chocolate que haba pedido, comenc a decir:
En realidad habis ampliado mucho vuestro establecimiento...
El confitero ech con presteza un par de bombones de colores en el cucurucho de papel y, dndoselos a la encantadora joven que lo solicitaba, apoy sus brazos en el mostrador, mirndome sonriente. Volv a repetirle que haba hecho muy bien en colocar el horno en la casa contigua, aunque resultaba extraa y triste la casa vaca en medio de la animada fila de edificios.
Eh, seor! repuso el confitero. Quin le ha dicho que la casa de ah al lado me pertenece? Han sido vanos todos mis intentos de adquirirla, aunque bien creo que esa casa posiblemente oculte un enigma.
Ya podis suponeros, amigos mos, en qu estado de excitacin me dej esta respuesta y qu reiteradamente le supliqu que me dijese algo ms de la casa.
Pues, s, seor mo! djome. En realidad no s nada raro de la casa; nicamente puedo aseguraros que pertenece a la condesa de S., que vive en sus posesiones, y desde hace muchos aos no viene a ***. Como entonces no se haban construido los magnficos edificios que existen ahora, segn me han contado, la casa est en el mismo estado que antao y nadie sabe nada de la completa decadencia en que Se encuentra ahora. Slo dos seres vivientes la habitan: un anciansimo administrador muy hurao y un perro grun, que a veces, en el patio de atrs, ladra a la Luna. El rumor popular dice que debe haber fantasmas en la casa vaca. Realmente mi hermano (el dueo de la tienda) y yo hemos odo varias veces en el silencio de la noche, sobre todo en Nochebuena, cuando el negocio nos hace estar al pie del mostrador ruidos extraos que parecen venir a travs de la pared desde la casa vecina. Luego comienzan a orse unos sonidos estridentes y un rumor que nos parece horrible. An no hace mucho que una noche se oyeron cnticos, tan raros que apenas si puedo describirlos. Pareca la voz de una mujer de edad, pero el tono era tan penetrante, las cadencias tan variadas y los gorgoritos tan agudos, que ni siquiera los he odo en Italia, en Francia o en Alemania a las muchas cantantes que he conocido. Me pareci como si cantase con palabras francesas, que, sin embargo, no poda distinguir bien, aunque lleg un momento en que no pude or ms aquel canto loco y fantasmal que me pona los pelos de punta. A veces, cuando el bullicio de la calle cesaba un poco oamos detrs del cuarto trastero profundos suspiros y luego un rer sofocado que pareca venir del suelo; pero, con el odo pegado a la pared, poda percibirse que era en la casa vecina donde suspiraban y rean. Fjese dijo mientras me conduca a la habitacin ltima y sealaba a travs de la ventana, fjese usted en aquel tubo de metal que sale del muro. A menudo humea tanto, incluso en verano, cuando nadie necesita calefaccin, que mi hermano muchas veces ha regaado con el inquilino por temor a un incendio. Pero ste se disculpa, diciendo que cocina su comida. Ahora bien, lo que coma, eso slo Dios lo sabe, pues con frecuencia se propaga un olor muy especial sobre todo cuando el tubo humea mucho.
La puerta de cristal de la tienda reson, y el confitero apresurse, al tiempo que me lanzaba una mirada y me haca una sea indicando a la persona que entraba, sea que comprend perfectamente. Quin poda ser aquel extrao personaje sino el administrador de la casa misteriosa? Imaginaos un hombrecillo delgado y seco, con semblante de momia, nariz aguda, labios contrados, ojos chispeantes y verdes, de gato, sonrisa de loco, el pelo negro rizado a la antigua moda y empolvado, un tup altsimo engomado y, colgando, una gran bolsa de piel llamada Postilion d'Amour. Usaba un viejo vestido de color caf 'desvado, aunque muy bien cepillado y limpio, y grandes zapatos desgastados, con hebillas. Imaginaos que esta personilla se dirigi, mejor dicho dirigi su enorme puo, de dedos largos y robustos, hacia el escaparte y, medio sonriendo y medio contemplando los dulces preservados por el cristal, dijo con voz gemebunda y desvada:
Un par de naranjas confitadas, un par de almendrados, un par de marrons glacs.
Decidme y juzgad si no haba motivo para pensar algo raro. El confitero sirvi todo lo que el anciano peda.
Pesadlo, pesadlo, honorable seor vecino!, pareca susurrar aquel hombre extrao.
Luego sac del bolsillo, mientras gema y suspiraba, una pequea bolsa de cuero y busc trabajosamente el dinero. Not que las monedas que iba contando sobre el mostrador estaban ya en desuso. Con voz quejumbrosa murmur:
Dulce..., dulce..., dulce debe ser todo... Por parte ma, todo dulce... Satans unta el hocico de su novia con miel..., pura miel.
El confitero me mir rindose, y luego dijo al viejo:
Se dira que no os encontris bien; la edad, debe ser la edad; las fuerzas disminuyen.
Sin alterar su gesto, el viejo exclam con voz aguda:
Edad? Edad? Que disminuyen las fuerzas? Dbil yo, flojo? Ja, ja, ja!
Y tras esto cerr los puos, haciendo crujir sus articulaciones, y dio tal salto en el aire, tras pisar con fuerza, que toda la tienda se estremeci y los cristales resonaron temblorosos. Pero en el mismo instante oyse una algaraba espantosa: el viejo haba pisado al perro negro, que se fue a meter entre sus piernas.
Maldita bestia! Maldito perro del infierno! dijo en voz baja, mientras, abriendo el cucurucho, le ofreca un almendrado grande. El perro, que se haba puesto a llorar como si fuera una persona, se tranquiliz, sentse sobre sus patas traseras y empez a roer el almendrado como un hueso. Ambos terminaron a la vez: el perro con su almendrado y el viejo zampndose todo el cucurucho.
Buenas noches, querido vecino dijo alargando la mano al confitero y dndole tal apretn, que ste lanz un grito de dolor. El viejo y dbil anciano os desea buenas noches, honorable seor confiterorepiti saliendo de la tienda y tras l su perro negro, relamiendo los restos del almendrado esparcidos por su hocico.
Me pareci que ni siquiera haba reparado en que estaba yo all, inmvil y asombrado.
Ah le tenis comenz a decir el confitero, ah le tenis; as es como obra este viejo extrao, que aparece por aqu cuando menos dos o tres veces por semana, pero no hay forma de sacarle nada; slo que es el mayordomo del conde de S., que ahora administra esta casa donde vive, y que espera todos los das, y as lleva muchos aos, que la familia condal de S. retorne, y que por ese motivo no alquila la casa. Mi hermano un da fue a su encuentro y le pregunt qu era ese ruido tan extrao que haca a medianoche, pero l. muy tranquilo, respondi:
Si la gente dice que hay fantasmas en esta casa, no lo creis; no es cierto.
A todo esto Son la hora en que el buen tono ordena visitar las confiteras. La puerta se abri, y una multitud elegante entr, de modo que ya no pude preguntar ms. No caba la menor duda de que las noticias del conde P., acerca de la propiedad y el empleo de la casa, eran falsas; que el viejo administrador, no obstante su negativa, no viva solo, y que all se ocultaba un secreto. Tena alguna relacin el extrao y espantoso cntico con el bello brazo que se mostr en la ventana? Aquel brazo no corresponda, no poda tener relacin alguna, con el cuerpo de una mujer vieja. El cntico, sin embargo, conforme a la descripcin del confitero, no provena de la garganta de una muchacha. Adems, record la humareda y el extrao olor de que me haba hablado, as como el frasco de cristal visto por m, y muy pronto se ofreci a mi mente la imagen de una criatura de bellos ojos, presa de poderes mgicos. Cre ver en el viejo un brujo fatal, un hechicero, que posiblemente no tena relacin alguna con la familia condal de S. y que, por cuenta propia, encontrbase en la casa abandonada haciendo de las suyas. Mi fantasa se puso a trabajar, y aquella misma noche, no slo en sueos, sino en el delirio que precede al dormir, vi claramente la mano con el brillante refulgente en el dedo y el brazo ceido por el rico brazalete. Un semblante bellsimo se me apareci entre la transparente niebla gris, semblante que tena ojos azules, tristes y suplicantes, y luego la figura encantadora' de una joven en la plenitud de su belleza. Muy pronto me di cuenta de que, lo que tomaba por niebla, era la humareda que se desprenda del frasco de cristal que tena la figura entre sus manos, y que suba en rizadas volutas hacia lo alto.
Oh, mgica visin exclam extasiado, oh, mgica visin! Dnde te encuentras, quin te ha encadenado? Oh, cunto amor y tristeza hay en tu mirada! Bien s que la magia negra te tiene prisionera, que eres la desgraciada esclava de un demonio malicioso, vestido con ropas marrones que trastea por la confitera, da saltos capaces de destruir todo y pisa a perros infernales, que alimenta con almendrados, cuando, a fuerza de aullidos, han consumado sus evocaciones satnicas... Oh, ya lo s todo, bella y encantadora criatura! El diamante es el reflejo de tu brillo interior! Ah!, si no le hubieses dado la sangre de tu corazn, cmo iba a brillar as, con rayos tan multicolores y con tonos tan maravillosos que jams ha podido ver un mortal? S, s muy bien que el brazalete que cie tu brazo es una argolla de la cadena a que haca referencia el hombre vestido de marrn, que es un eslabn magntico. No le hagas caso, hermosa ma! Ya veo cmo se suelta y cae en la encendida retorta, desprendiendo llamas azuladas. Yo lo he echado y ya ests libre! Acaso no s todo, acaso no s todo, amada ma? Pero escchame, encantadora, abre tus labios y dime...
En el mismo instante un puo poderoso me empuj contra el frasco de cristal, que se rompi en mil pedazos, esparcindose por el aire. Con un dbil quejido de dolor, la encantadora figura desapareci en la oscura noche...
|Ah! Veo por vuestra sonrisa que de nuevo me tomis por un visionario. Pero os aseguro que todo el sueo, si es que no queris prescindir de este nombre, tena el perfecto carcter de una visin. Como veo que continuis sonrindoos y negndoos a creerme, de un modo prosaico, prefiero no decir nada, sino terminar de una vez.
Apenas amaneci, corr muy intranquilo y Heno de deseos hacia la alameda y me apost frente a la casa vaca. Adems de las cortinas interiores, haba rejas. La calle estaba totalmente vaca. Acerqume a la ventana del piso bajo y me puse a escuchar atentamente. Pero no o nada; todo estaba en un silencio sepulcral. Ya se haca de da y comenzaba a animarse el comercio; deba irme de all. Os cansara si os contase cuntos das fui a la casa en momentos diversos, y todo en vano, sin poder descubrir nada, y cmo todas mis investigaciones y observaciones no me procuraron ninguna noticia. As es que, finalmente, la bella imagen de la visin que haba contemplado fue esfumndose.
Mas he aqu que un da que volva de dar un paseo por la tarde, al pasar por delante de la casa vaca not que la puerta estaba medio abierta; entr. El hombre del traje marrn se asom. Yo haba tomado una resolucin. Pregunt al viejo:
Vive aqu Binder, el consejero de Hacienda?
Al tiempo empujaba la puerta para entrar en un vestbulo iluminado dbilmente por la luz de una lmpara. El viejo me mir con su sonrisa permanente y dijo con voz lenta y gangosa:
No, no vive aqu; nunca ha vivido aqu, nunca vivir aqu y tampoco vive en toda la alameda. Pero la gente dice que en esta casa hay fantasmas. Sin embargo, puedo asegurarle que no es cierto; es una casa muy tranquila, muy bonita, y maana vendr la respetable condesa de S. Buenas noches, mi querido amigo!
Apenas termin de decir esto, el viejo se las ingeni para echarme de la casa y cerrar la puerta tras de m. O cmo resonaban las llaves en su llavero, mientras suba las escaleras, carraspeando y tosiendo. Aquel escaso tiempo fue suficiente sin embargo, para que viese qu en el vestbulo colgaban tapices antiguos de varios colores y que la sala estaba amueblada con sillones de damasco rojo, todo lo cual le daba un aspecto extrao, Nuevamente volvieron a despertarse en mi interior la fantasa y la aventura tras de haber entrado en la casa misteriosa!
Imaginaos..., imaginaos al da siguiente en qu estado volv a recorrer la alameda al medioda. Al dirigir la mirada involuntariamente hacia la casa vaca, observ que algo brillaba en el piso alto. Al acercarme vi que la persiana estaba levantada y la cortina medio corrida. iOh, cielos! Apoyado en su brazo, el bello semblante de aquella visin ma me miraba suplicante. Era posible permanecer quieto en medio de la muchedumbre? En aquel momento me fij en el banco destinado a los viandantes, colocado precisamente ante la casa vaca, aunque de espaldas a la fachada. Con paso rpido camin por la alameda y. apoyndome sobre el respaldo del banco, pude contemplar sin ser molestado la ventana fatal. Si!, era ella, la encantadora y bella criatura, los mismos rasgos... Slo que su mirada incierta... no se diriga a m, segn me pareci, sino ms bien denotaba algo artificial, como muerto. Daba la engaosa impresin de pertenecer a un cuadro, impresin que hubiera sido completa de no haberse movido el brazo y la mano. Totalmente absorto en la contemplacin del extrao ser que estaba asomado a la ventana, y que me causaba tan rara exaltacin, no o la voz temblona de un vendedor ambulante italiano que intilmente me ofreca su mercanca. Como me tocase el brazo, volvme con presteza y le re furioso. No me dejaba un instante con sus splicas pedigeas. En todo el da no haba ganado nada; deca que le comprase un par de lpices o un paquete de mondadientes. Impaciente, para librarme a toda prisa de aquel pesado, met la mano en el bolsillo en busca de mi bolsa mientras l me deca:
An tengo cosas ms bonitas. Busc en su caja y sac un espejito, que estaba en el fondo con otros cristales, y me lo mostr de lejos. Volv a mirar la casa vaca, la ventana y los rasgos de aquel encantador y angelical semblante de la visin que se me haba aparecido.
Apresurado compr el espejito, que me permiti, sin necesidad de molestar al vecino, mirar hacia la ventana. As es que, contemplando durante largo rato el rostro misterioso, me sucedi que experiment un sentimiento rarsimo e indescriptible, como si estuviera soando despierto, Tuve la sensacin de que me paralizaba, pero ms bien que los movimientos del cuerpo, la mirada, que no poda apartar del espejo. Confieso con rubor que record aquellos cuentos infantiles que me relataba en m tierna niez la criada al acostarme, cuando me diverta contemplndome en el gran espejo de la habitacin de mi padre. Me dijo entonces que, cuando los nios se miran mucho por la noche al espejo, ven la cara horrible de un desconocido, y esto haca que a veces permanecieran mirando fijamente. Aquello me pareca horroroso, pero aun sobrecogido por el espanto, no poda dejar de mirar a travs del espejo, porque tena una gran curiosidad de ver el semblante desconocido. Una vez parecime ver un par de ojos brillantes, horribles, que despedan chispas desde el espejo; me puse a gritar y ca desvanecido. En aquella ocasin se me declar una larga enfermedad, y todava hoy tengo la sensacin de que aquellos ojos me estn mirando. En una palabra: todas aquellas beberas de mi infancia pasaron por mi imaginacin; sent que se me helaban las venas, y quise apartar de mi lado el espejo..., pero no pude. Los ojos celestiales de la encantadora criatura me contemplaban. S, su mirada penetraba directamente en mi corazn.
Luego, aquel espanto que me sobrecogi repentinamente ces y dio paso a un suave dolor y a una dulce nostalgia, semejante al efecto de una sacudida elctrica.
Tenis un espejo envidiable! dijo una voz junto a m.
Despert como de un sueo, y cul no sera mi desconcierto cuando encontr a mi lado unos semblantes que sonrean de modo equvoco. Varias personas habanse sentado en el mismo banco y era lo ms probable que, por mi insistencia en mirar al espejo y quiz por los extraos gestos que deb de hacer en el estado de exaltacin en que me encontraba, diese un espectculo muy divertido.
Tenis un espejo envidiable repiti la voz al ver que yo no responda. Por qu miris con tanta fijeza?
Un hombre ya de edad, vestido muy cuidadosamente, que en el tono de su conversacin y en la mirada tena algo de bondadoso e inspiraba confianza, era quien me hablaba. No tuve reparo en decirle que precisamente en el espejo vea a una joven maravillosa que estaba asomada a la ventana de la casa vaca. Fui ms lejos an: pregunt al viejo si vea l tambin aquel maravilloso semblante.
All, en aquella casa vieja..., en la ltima ventana? me pregunt asombrado el viejo.
Ciertamente, ciertamente repuse. El viejo se sonri y comenz a decir:
Os habis engaado de un modo extrasimo... Doy gracias a que mis viejos ojos... Dios bendiga mis viejos ojos! Eh, eh, seor mo! En efecto, s, yo tambin he visto con estos ojos bien abiertos el semblante maravilloso asomado a la ventana. Aunque realmente bien creo que se trata de un retrato al leo.
Rpidamente me volv hacia la ventana: todo haba desaparecido y la persiana se haba bajado.
S continu el viejo; s, seor mo, no es demasiado tarde para convencerse de que precisamente ahora el criado que vive ah solo, como un castellano, en los cuarteles de la condesa de S., acaba de limpiar el polvo del cuadro, lo ha quitado de la ventana y baj la persiana.
As que era un cuadro? pregunt totalmente desconcertado.
Confiad en mis ojos repuso el viejo. Al ver en el espejo slo el reflejo del cuadro ha sido usted fcilmente engaado por la ilusin ptica. Acaso yo, cuando tena vuestra edad, gracias a mi fantasa, no era capaz de evocar la imagen de una bella joven y de darle vida?
Pero la mano y el brazo se movan insist.
S, s; se movan, todo se mova dijo el viejo sonriendo y dndome un golpecito en el hombro. Luego levantse y despus de hacerme una reverencia se despidi con estas palabras: Tened cuidado con esos espejos de bolsillo, que mienten tan engaosamente. Tngame por su ms obediente servidor.
Podis imaginar cul sera mi estado de nimo cuando me vi tratado como si fuera un ser fantstico, necio y visionario. Qued convencido de que el viejo tena razn, de que toda aquella loca fantasmagora haba tenido lugar en mi interior, y que todo lo de la casa vaca, para vergenza ma, slo era una mixtificacin repelente. De muy mal humor y muy disgustado abandon el banco, decidido a librarme de una vez para siempre del misterio de la casa vaca o, por lo menos, dejar transcurrir unos das sin pasear por la alameda ni por aquel sitio.
Segu tal propsito al pie de la letra. Pasaba las horas ocupado en los negocios de mi bufete, y al atardecer pasaba el rato en un crculo de alegres amigo?, de tal modo que no volvieron a atormentarme aquellos secretos. nicamente me suceda algunas noches que me despertaba como si alguien me tocase, y entonces tena la clara sensacin de que, slo el ser misterioso que se me haba aparecido al mirar la ventana de la casa vaca, era la causa de mis sobresaltos. Incluso cundo estaba en mi trabajo o en animada conversacin con mis amigos me estremeca con este pensamiento, como si hubiese recibido una sacudida elctrica. Pero esto suceda en momentos fugaces. El pequeo espejo de bolsillo, que en otro tiempo tan mentirosamente haba reflejado la imagen amable, ahora me serva para menesteres prosaicos: acostumbraba a hacerme el nudo de la corbata ante l. Pero sucedi un da que lo encontr opaco, y echndole el aliento lo frot para darle brillo. Se me detuvo el pulso y todo mi ser se estremeci al experimentar un sentimiento, de terror no exento de cierto agrado. S..., ciertamente tengo que calificar de ese modo la sensacin que me sobrecogi cuando ech el aliento al espejo, pues contempl, en medio de una neblina azul, el bello rostro, que me miraba suplicante, con una mirada que traspasaba el corazn. Os res? S, estis convencidos de que soy un visionario sin remedio. Mas decid lo que queris, pensad lo que queris; no me importa. La maravillosa mujer me miraba, en efecto, desde el espejo; pero en cuanto ces de echarle aliento al espejo, desapareci su rostro de l... No quiero fatigaros ms. Pues voy a referir todo lo que sucedi despus. Slo os dir que incansablemente yo repeta la experiencia del espejo y casi siempre lograba evocar la imagen, aunque algunas veces mis esfuerzos resultaban infructuosos. Entonces corra como loco hacia la casa vaca y me pona a contemplar la ventana; pero ningn ser humano se asomaba... Viva slo pensando en ella; todo lo dems me pareca muerto, sin inters; abandon mis amigos, mis estudios.
En estas circunstancias muchas veces senta un dolor suave y una nostalgia como soadora. Pareca a veces como s la imagen perdiese fuerza y consistencia, aunque en otras ocasiones se agudizaba de tal modo que recuerdo algunos momentos con verdadero espanto.
Encontrbame en un estado de nimo tal, que hubiera estado a punto de ser mi perdicin. Pero aunque os riis y os burlis de m, escuchad lo que voy a contaros. Como ya os dije, cuando aquella imagen palideca, lo que suceda muy a menudo, senta un malestar muy grande. Entonces la figura haca su aparicin con una viveza tal, con un brillo tan grande, que me daba la sensacin de poder tocarla. Aunque realmente tambin tena la horrible impresin de ser yo mismo la figura envuelta por la niebla que se reflejaba en el espejo. Aquel estado penoso terminaba siempre con un agudo dolor en el pecho y luego con una gran apata que me dejaba preso de un total agotamiento. En los momentos en que fracasaba en mi intento del espejo, notaba que me quedaba sin fuerzas; pero cuando volva a aparecer la imagen en l, no he de negar que experimentaba un extrao placer fsico. Esta continua tensin ejerca sobre m un influjo maligno; con una palidez mortal y totalmente destrozado, andaba vacilante; mis amigos me consideraban enfermo y sus continuas advertencias me obligaron a meditar seriamente acerca de mi estado.
Fuera intencionadamente o de forma casual, unos amigos que estudiaban medicina, en una visita que me hicieron dejaron all un libro de Reil sobre las enfermedades mentales. Comenc a leerlo. La obra me atrajo irresistiblemente, pero cul no sera mi asombro al ver que todo lo que se deca en tomo a la locura obsesiva lo experimentaba yo!
El profundo espanto que sent, al imaginarme cercano al manicomio, me hizo reflexionar, y tom una decisin, que ejecut al momento. Guard mi espejo de bolsillo y me dirig rpidamente al doctor K.. famoso por su tratamiento y curaciones de dementes, debidas al profundo conocimiento que tena del principio psquico, que a menudo es causa de enfermedades corporales, pero mediante el cual tambin pueden curarse. Le refer todo, no ocult ni el menor detalle, y jur que hara cuanto pudiera para salvarme del monstruoso destino en que vea una amenaza. Escuchme atentamente, y luego not cmo en su mirada se reflejaba un gran asombro.
An no est el peligro cerca me dijo; no est tan cerca como creis, y os afirmo con toda certeza que puedo alejarlo. No hay la menor duda de que padecis un mal psquico, pero el mismo reconocimiento del ataque de un principio maligno os permite tener a mano el arma con que defenderos. Dejadme el espejo, dedicaos a algn trabajo que ocupe todas vuestras fuerzas, evitad la alameda, trabajad desde muy temprano todo lo que podis resistir. Despus de un buen paseo, reunios con vuestros amigos, que hace tanto que no veis. Comed alimentos saludables, bebed buen vino. Como veis, trato de fortalecer vuestro cuerpo y de dirigir vuestro espritu hacia otras cosas, para alejar de vos la idea fija, es decir, la aparicin que os ofusca, ese semblante en la ventana de la casa vaca que veis reflejada en vuestro espejo. Seguid al pie de la letra mis prescripciones!
Me resultaba difcil separarme del espejo. El mdico, que ya lo haba cogido, pareci notarlo. 'Ech su aliento sobre l y me pregunt mientras lo retena;
Veis algo?
Nada, ni la menor cosa repuse, como realmente suceda.
Echad vos el aliento dijo el mdico, mientras me lo devolva.
As lo hice, y la imagen maravillosa apareci ms claramente que nunca.
Aqu est! exclam en voz alta. El mdico mir y dijo:
No veo absolutamente nada, pero no he de ocultaros que, en el mismo instante en que mir en vuestro espejo, sent un estremecimiento siniestro, que se me pas en seguida. Bien sabis que soy muy sincero, y por eso merezco vuestra confianza. Repetid la prueba.
As lo hice; el mdico me rode con sus brazos; sent su mano en mi nuca. La imagen volvi. El mdico, que miraba conmigo en el espejo, palideci; luego, quitndome el espejo de la mano, mir de nuevo, lo guard en su pupitre y volvise hacia m, mientras se secaba el sudor de la frente.
Seguid mi prescripcin comenz a decir. Seguid punto por punto mi prescripcin. Tengo que reconocer que aquellos momentos en que vuestro yo interior siente un dolor fsico me resultan muy misteriosos, aunque espero poder deciros pronto algo acerca de este asunto.
Segu al pie de la letra los consejos del mdico, por muy penoso que me resultara, y aunque pronto sent la influencia beneficiosa de la dieta ordenada y de los diversos trabajos en que se ocupaba mi espritu, sin embargo no pude verme totalmente libre de aquellos horribles accesos, que solan manifestarse al medioda, y sobre todo a las doce de la noche. Incluso en medio de las ms alegres reuniones, bebiendo y cantando, me suceda como si atravesasen mi interior puales incandescentes, y entonces eran intiles todos los esfuerzos que haca para resistir; tena que alejarme, pudiendo solamente volver a casa cuando retornaba de mi desvanecimiento.
Sucedi, pues, que un da, estando en una reunin nocturna en la que se hablaba de efectos e influencias, se trat tambin del oscuro y desconocido campo del magnetismo. Se haca referencia preferentemente a la posible influencia de un lejansimo principio psquico, y se pusieron muchos ejemplos. Sobre todo, un joven mdico, muy dado al magnetismo, demostr que, tanto l como otros muchos, mejor dicho, como todos los magnetizadores poderosos, poda obrar desde lejos mediante su pensamiento y voluntad sobre una sonmbula. Todo lo que haban dicho Kluge, Schubert, Barteis y otros poda demostrarse con pruebas.
Me parece que lo ms importante termin finalmente uno de los presentes, un conocido mdico que estaba all como atento observador, lo ms importante de todo es que el magnetismo parece encerrar muchos enigmas, que, por lo general, no se consideran secretos en la vida diaria, sino simples experiencias. As, pues, tenemos que andar con pies de plomo. Cmo es posible que suceda que, aparentemente, sin motivo alguno externo o interno, y rompiendo la cadena de los pensamientos, una determinada persona o simplemente la imagen fiel y viva de algn acontecimiento se apodere d nosotros de manera que nos quedemos asombrados? Lo ms notable es lo que a menudo experimentamos en sueos. Toda la imagen del sueno se hunde en un negro abismo, y he aqu que de nuevo, independientemente de la imagen de aquel sueo, surge otra con poderosa vida, imagen que nos transporta a lejanas regiones y de pronto nos pone en relacin con personas aparentemente desconocidas, en las que haca ya mucho aos no pensbamos. S, y todava ms, a menudo contmplennos personas desconocidas o que conocimos hace muchos aos. Como cuando decimos algunas veces: Dios mo! Este hombre, esta mujer me resultan conocidos; me parece haberlos visto ya en alguna parte, es probable, aunque parezca mentira, que sea el recuerdo oscuro de un sueo. Cmo podra explicarse esta sbita aparicin de imgenes extrate en medio de nuestras ideas, que suelen apoderarse de nosotros con una fuerza especial, si no fuese porque son motivadas por un principio psquico? Cmo sera posible ejercer influencia en un espritu extrao en determinadas circunstancias, y sin preparacin alguna, de forma que podamos obrar sobre l como si estuviera muerto?
Un paso ms aadi otro rindose y estamos en los embrujamientos, la magia, los espejos y las necias fantasas y supersticiones de los tiempos antiguos.
Eh! interrumpi el mdico al escptico. No hay ninguna poca anticuada, y mucho menos puede considerarse necios a los tiempos pasados en que hubo hombres que pensaron, pues tambin tendramos que considerar necia nuestra propia poca. Hay algo, por mucho que nos esforcemos en negarlo, y que ms de una vez se ha demostrado, y es que en el oscuro y misterioso reino, que es la patria de nuestro espritu, arde una lamparita, perceptible por nuestra mirada, ya que la Naturaleza no ha podido negarnos el talento y la inclinacin de los topos, pues, ciegos como somos, buscamos orientarnos a travs de caminos de tinieblas. Y as como los ciegos de la tierra reconocen la proximidad del bosque por el rumor de las hojas de los rboles, por el murmullo y el sonido de las aguas, y se cobijan en sus sombras refrescantes, y el arroyo les calma su sed, de forma que su anhelo alcanza la meta deseada, del mismo modo presentimos nosotros, gracias al resonante batir de alas y al aliento espiritual de los seres, que nuestro peregrinaje nos conduce al manantial de la luz, ante la cual se abren nuestros ojos.
No pude resistir ms tiempo, y, volvindome hacia el mdico, le dije:
Considero, y no quiero entrar en ms profundidades, considero posible no slo esta influencia, sino tambin otras, y creo que en el estado magntico pueden realizarse operaciones gracias al principio psquico. Asimismo continu, creo que existen fuerzas demonacas enemigas que pueden ejercer su poder malfico sobre nosotros.
Sern partculas malignas de espritus cados repuso el mdico rindose. No. no debemos admitir esto, y sobre todo les suplico que no tomen estas insinuaciones mas sino como simples sugerencias, a las que voy a aadir que no creo en un indiscutible dominio de un principio espiritual sobre otro, sino ms bien tengo que admitir que todo sucede a causa de una debilidad de la voluntad, cambio o dependencia que permite este dominio.
En fin comenz a decir un hombre de edad que haba permanecido callado, aunque escuchando muy atentamente, en fin, estoy de acuerdo con vuestras extraas ideas acerca de los misterios impenetrables con los que tratamos de familiarizamos. Si existen misteriosas riquezas activas, que se ciernen sobre nosotros amenazadoramente, tiene que existir alguna anormalidad en nuestro organismo espiritual que nos robe fuerza y valor para resistir victoriosamente. En una palabra: slo la enfermedad del espritu, los pecados, nos hacen siervos del principio demonaco.
Es digno de notarse prosigui que ya, desde los tiempos ms remotos, las fuerzas demonacas slo actuaban sobre los hombres que sufran grave trastorno espiritual. Me refiero, sobre todo a encantos o hechiceras amorosas de que estn llenas todas las crnicas. En los ms disparatados procesos brujeriles aparecen siempre, e, incluso en los cdigos de algunas naciones muy civilizadas, se habla de filtros amorosos, destinados a obrar psquicamente, que no slo despiertan el deseo amoroso, sino que irresistiblemente obran sobre una determinada persona. Ya que la conversacin trata de estas cosas, recordar un suceso trgico que sucedi en mi propia casa hace poco tiempo. Cuando Bonaparte invadi nuestro pas con sus tropas, un coronel de la Guardia Noble italiana alojse en mi casa. Era uno de los pocos oficiales de la llamada Grande Arme, que se haba distinguido por su conducta digna y correcta. De semblante plido, sus ojos hundidos daban seales de estar enfermo o presa de una profunda preocupacin. Pocos das despus de su llegada, estando conmigo, sucedi algo que manifest la especie de enfermedad de que se vea atacado. Encontrbame yo precisamente en su habitacin cuando, de pronto, conienz a suspirar y se llev una mano al pecho, o mejor dicho, a la altura del estmago, como si sintiese dolores mortales. Lleg un momento en que no pudo hablar, vindose obligado a tumbarse en el sof; luego, de pronto, perdi la visin y quedse rgido, sin conocimiento, como un palo. Pero despus se incorpor como si despertase de un sueo, aunque era tal su cansancio, que durante mucho tiempo no pudo moverse. Mi mdico, a quien yo envi despus de haber probado diversos mtodos, comenz a tratarle magnticamente, y esto pareci ejercer algn efecto. Pero, en cuanto dejaba de magnetizarle, el enfermo experimentaba un sentimiento insoportable de malestar. Como el mdico se haba ganado la confianza del coronel, confesle ste que en aquellos momentos vea la imagen de una joven que haba conocido en Pisa; tena entonces la sensacin de que su mirada ardiente penetraba en su interior, y era cuando experimentaba aquellos dolores insoportables, hasta que caa inconsciente. Aquel estado le causaba tal dolor de cabeza y una tensin tal como si hubiera vivido un xtasis amoroso.
Nada dijo de cules fueran las relaciones que hubiera tenido con aquella mujer. Las tropas estaban a punto de emprender la marcha; el coche del coronel hallbase a la puerta, ste estaba desayunando, y he aqu que, en el mismo momento de llevarse a los labios un vaso de vino de Madera, se desplom, cayendo al suelo, al tiempo que profera un grito. Estaba muerto. Los mdicos diagnosticaron un ataque nervioso fulminante. Unas semanas despus, me entregaron una carta dirigida al coronel. Yo no tena intencin de abrirla, pues pensaba drsela a algn amigo de sus familiares, al tiempo de comunicarles la noticia de su repentina muerte. La carta provena de Pisa, y supe que contena las siguientes palabras: Infeliz! Hoy, da 7, a las doce del medioda, falleci Antonia, abrazando amorosamente tu imagen traicionera. Mir el calendario, en el que haba sealado el da de la muerte del coronel, y vi que el fallecimiento de Antonia haba sido a la misma hora que el suyo.
No quise escuchar el resto de la historia que refera aquel hombre, pues invadime tal terror al reconocer mi propio estado en el del coronel italiano, que sal apresurado, rabiando de dolor, posedo por el loco anhelo de ver la imagen desconocida. Corr hacia la casa fatal. Desde lejos me pareci ver brillar luces a travs de las persianas bajadas; pero, a medida que me fui aproximando, se desvaneci el brillo.
Furioso, ebrio de amor, me lanc haca la puerta, que cedi a mi empuje. Encontrme en un vestbulo dbilmente iluminado. El corazn me saltaba del pecho, tal era la angustia y la impaciencia que senta; oyse un cntico caudaloso que pareca provenir de una garganta femenina cuyo tono agudo resonaba en toda la casa; en fin, no s cmo sucedi que me encontr de pronto en una gran sala iluminada con muchas velas, amueblada a la manera antigua, con muebles dorados y muchos exticos jarrones japoneses. Una nube de humo se elevaba, como una neblina azul.
Bienvenido seas, seas bienvenido..., dulce desposado!... Ha llegado la hora de la boda! se oy gritar a una voz de mujer.
Como todava no s cmo hice mi aparicin en la sala, tampoco puedo decir de qu modo apareci de improviso resplandeciente, a travs de la niebla, una bella figura juvenil, ataviada con ricos vestidos, que se dirigi hacia m con los brazos abiertos mientras repeta: Bienvenido seis, dulce desposado!, al mismo tiempo que un semblante horriblemente deformado por la edad y la locura me miraba con fijeza a los ojos. Mi espanto fue tan grande que vacil, como si estuviera fascinado por la mirada penetrante y vivaz de una serpiente de cascabel; no poda apartar los ojos de aquella vieja horrible ni tampoco poda dar un paso.
Acercse a m, y entonces tuve la sensacin de que su espantoso rostro era slo la mscara recubierta de un tenue velo, que mostr con apariencia ms bella a travs del espejo. Senta ya el contacto de las manos de aquella mujer cuando, dando un agudo chillido, se tir al suelo. Oyse entonces una voz detrs de m que deca:
Vaya, vayal Otra vez el diablo est de broma con Vuestra Excelencia. A la cama, a la cama! Si no habr palos muy fuertes!
Volvme rpidamente y vi al administrador en camisa, agitando un ltigo sobre su cabeza. Trataba de descargar sus golpes sobre la vieja, que se revolcaba en el suelo dando alaridos. Le agarr el brazo y, tratando de evitarme, exclam:
Truenos y centellas, seor mo! Satans hubiera estado a punto de matarla de no haber aparecido yo a tiempo. Largo, largo de aqu!
Sal de la sala, y en vano trat de encontrar la puerta de la calle en la oscuridad. Desde all escuch los latigazos y los gritos y gemidos de la vieja. Empec a pedir auxilio a gritos, pero not que el suelo se hunda bajo mis pies y ca escaleras abajo, yendo al fin a dar contra una puerta, de tal modo que sta se abri y fui rodando a parar a un cuartito. Cuando vi la cama, en la que haba huellas de haber sido abandonada recientemente, y observ la levita color marrn que estaba colgada en una silla, reconoc al instante la casaca del viejo administrador. Pocos instantes despus, se oyeron pasos por la escalera, y ste descendi y vino a ponerse a mis pies.
-Por todos los santos suplicme con las manos unidas por todos los santos, no s quin sois y cmo la vieja bruja ha podido atraeros! Pero os ruego que callis, que no digis nada de lo que aqu ha sucedido; de lo contrario, me quedar sin empleo y sin pan. Su excelencia, la loca, ya ha recibido su castigo y se encuentra atada a la cama. Dormid bien, honorable seor, con toda tranquilidad. S, que podis dormir bien! Es una noche de julio muy agradable y calurosa, y aunque no hay luna, l resplandor de las estrellas os alumbrar... As es que, muy buenas noches!
Apenas termin su discurso, el viejo se levant y, cogiendo una luz. me empuj fuera del subterrneo, y, hacindome cruzar la puerta, la cerr.
Me encamin hacia mi casa completamente desconcertado y, ya podis imaginar. que sin dejar de pensar en el horrible secreto, ni poder de momento establecer la menor relacin entre aquellas cosas y lo sucedido el primer da. Slo estaba seguro de algo: de que estaba ya libre del poder maligno que me haba retenido durante tanto tiempo. Todo el doloroso anhelo que haba sentido por causa de la encantadora imagen haba desaparecido, pues sbitamente, con aquella visita haba tenido la sensacin de entrar en un manicomio. No me caba la menor duda de que el administrador era el guardin tirnico de una mujer loca, de noble cuna, cuyo estado quiz quisiera ocultarse al mundo; pero lo que no se explicaba era el espejo.,.., aquel semblante encantador... En fin, sigamos, sigamos!
Pasado algn tiempo asist a una reunin muy concurrida del conde P., y ste, llevndome a un rincn, me dijo sonriendo:
Sabis que ya se empieza a descifrar el secreto de nuestra casa vaca?
Intent escuchar lo que el conde trataba de referir, pero como en aquel momento se abrieron las puertas del comedor, nos encaminamos a la mesa. Totalmente ensimismado, pensando en los secretos que el conde iba a revelarme, ofrec el brazo a una joven dama y mecnicamente segu el rgido ceremonial de la fila. La conduje al puesto que nos ofrecan y, al contemplarla, vi los mismos rasgos que la imagen del espejo, y eran tan exactos que no caba engao. Ya podis imaginaros que me estremec, pero tambin puedo asegurar que no hubo entonces la menor resonancia de aquella loca y fatdica pasin que se apoderaba de m cada vez que vea, en el espejo la imagen de aquella mujer.
Mi sorpresa, an ms, mi espanto, debi reflejarse en mis ojos, pues la joven me mir asombrada, de tal modo que consider necesario sobreponerme y. con toda la serenidad de que era capaz, la expliqu que tena la sensacin de haberla visto en alguna parte. La breve explicacin que me dio era que esto no era posible, pues ayer por primera vez haba venido a ***, lo que realmente me desconcert. Enmudec. Slo la mirada angelical que me lanzaron los bellos ojos de la joven me reanim. Bien sabis cmo en estas ocasiones las antenas espirituales se tienden y palpan suave, suavemente, hasta que se vuelve a captar- el tono. As lo hice y muy pronto hall que aquella encantadora criatura tena cierta sensibilidad enfermiza. Cuando yo salpicaba la conversacin con alguna palabra atrevida y rara, para darle sabor, not que sonrea, aunque su sonrisa era dolorosa.
No estis alegre, amiga ma; quiz haya sido la visita de esta maana.
Esto dijo un oficial, no lejos de nosotros, a mi dama; pero en el mismo instante su vecino le cogi del brazo y le dijo algo al odo, en tanto que una seora, al otro lado de la mesa, con las mejillas encendidas y la mirada refulgente, se puso a hablar en voz alta de la magnfica pera que haba visto representar en Pars y a compararla con las actuales. A mi vecina se le saltaron las lgrimas.
Soy tonta dijo volvindose hacia m.
Como antes habase quejado de jaqueca, le dije:
Esto es resultado de su dolor de cabeza y lo mejor para estar alegre es la espuma que rebosa esta bebida potica.
AI decir estas palabras serv champn en su copa, que rehus al principio, aunque luego prob, y con su mirada agradeci la alusin a sus lgrimas, que no poda ocultar. Pareci alegrarse un poco y todo hubiera ido bien si yo, inesperadamente, no hubiese tropezado en un vaso ingls, que reson con un sonido estridente y agudsimo. Mi vecina palideci mortalmente e incluso a m mismo me sobrecogi un espanto repentino, porque el sonido de la copa era igual a la voz de la vieja loca de la casa vaca.
Cuando nos dirigamos a tomar caf tuve ocasin de acercarme al conde P.; l se dio cuenta en seguida del motivo.
Sabis que vuestra vecina es la condesa Edmunda de S.? Sabis que la hermana de su madre est encerrada en la casa vaca desde hace varios aos como loca incurable? Hoy por a maana, ambas, madre e hija, estuvieron a ver a la desdichada. El viejo administrador, el nico que era capaz de dominar los tremendos ataques de la condesa, y que haba tomado sobre sus hombros esta responsabilidad, ha fallecido, y se dice que la hermana, por fin, ha sido confiada en secreto al doctor K., que buscar remedios extremos, si no para curarla totalmente, al menos para librarla de los horribles ataques de locura furiosa que padece de vez en cuando. No s ms por ahora.
Como algunos se acercaran, interrumpi la conversacin. El doctor K. era precisamente la nica persona a la que yo haba comunicado mi extraa situacin; as es que podis suponeros que, en cuanto pude, me apresur a verle y a referirle punto por punto todo lo que me haba sucedido desde la ltima vez que le vi. Le supliqu que. para tranquilidad ma, me contase todo lo que supiese acerca de la vieja loca y no tard lo ms mnimo, despus que le promet guardar el secreto, en confiarme lo siguiente:
Anglica, condesa de Z.as comenz el doctor. no obstante estar bordeando los treinta aos, se encontraba en la plenitud de su singular belleza, cuando he aqu que el conde de S., ms joven que ella, tuvo ocasin de verla en la corte de *** y qued prendado de sus encantos. Pretendila al punto e incluso, como la condesa aquel verano regresase a las posesiones de su padre, l la sigui con el fin de comunicarle al viejo marqus sus deseos, al parecer no sin esperanzas, segn se deduca de la conducta de Anglica.
Pero apenas el conde S. lleg y vio a Gabriela, la hermana pequea de Anglica, fue como si le hubieran hechizado. Anglica pareca marchita al lado de Gabriela, cuya belleza y bondad atrajeron irresistiblemente al conde S., de tal modo que, sin consideracin a Anglica, pidi la mano de Gabriela, a lo que muy gustosamente accedi el viejo conde Z., ya que Gabriela, tambin demostraba inclinacin decidida por aqul. Anglica no exterioriz el menor disgusto por la infidelidad del enamorado. Creer que me ha dejado! Qu loco! No se ha dado cuenta de que no era yo su juguete, sino l el mo, y que acabo ahora de tirarlo!. As hablaba con orgullosa burla y en realidad todo su ser daba muestras de que era verdadero el desprecio que mostraba por el infiel. Bien es verdad que, mientras el lazo entre Gabriela y el conde de S. fue estrechndose, vise muy pocas veces con Anglica. Esta no apareca en la mesa y decase que vagaba solitaria por los bosques prximos, que haba escogido para sus paseos.
Un extrao suceso vino a interrumpir la monotona que reinaba en el palacio. Sucedi que los cazadores del conde de Z., con ayuda de un grupo de campesinos, haban logrado, por fin, capturar a una banda de gitanos, a los que se culpaba de todos los incendios y robos que desde haca poco asolaban la regin. Trajeron a todos los hombres encadenados en una larga cadena y un carro lleno de mujeres y nios, y los dejaron en el patio del palacio. Algunos, de rostros obstinados y ojos de mirada salvaje y brillante, como la del tigre apresado, miraban con atrevimiento y denotaban quines eran los ladrones y los criminales. Sobre todo llamaba la atencin una mujer muy delgada, con aspecto espantoso, cubierta con un chal encarnado de la cabeza a los pies, que, subida al carro, gritaba con voz de mando que la dejasen bajar, sucediese lo que sucediese.
El conde de Z. baj al patio del palacio y orden que fuesen encarcelados individualmente en los calabozos de palacio. Pero he aqu que, mientras deca esto hizo su aparicin la condesa Anglica, desmelenada, con el terror y el espanto reflejados en su semblante, y ponindose de rodillas, grit con voz estridente:
Deja libres a esta gente..., djalos libres..., son inocentes, son inocentes!... Padre, librtales! Si derramis una sola gota de su sangre me clavar este cuchillo en el pecho. No bien acab de decir esto, la condesa blandi un cuchillo en el aire y cay desmayada. Muequita ma, tesoro mo, ya saba, yo que no lo permitiras, dijo la vieja vestida de rojo. Luego se arrodill junto a la condesa y cubri su rostro de besos nauseabundos, en tanto que murmuraba: Hijita linda, hijita linda, despierta, despierta, que viene el novio! iEh, eh, que viene el lindo novio!.
Al mismo tiempo, la vieja sac una redoma con un pececillo dorado, que se agitaba en una especie de alcohol plateado, Coloc la redoma sobre el corazn de la condesa y al instante ella se despert; pero apenas vio a la gitana, se incorpor de un salto y, abrazndola con ardor, apresurse a entrar en palacio en su compaa. El conde de Z., Gabriela y su novio, que haban contemplado la escena, permanecan inmviles, como si se hubiera apoderado de ellos un terrible espanto. Los gitanos seguan indiferentes y tranquilos. Fueron soltados de la cadena y vueltos a encadenar individualmente para ser encerrados en los calabozos del palacio.
A la maana siguiente, el conde de Z. reuni al pueblo; trajese a su presencia a los gitanos y declar que eran inocentes de todos los robos que haban acaecido en la comarca, de modo que, despus de quitarles las cadenas, con asombro de todos, bien provistos de pases, fueron dejados en completa libertad. Se ech de menos a la mujer de rojo. Algunos decan que era la reina de los gitanos, que se distingua de los dems por la cadena de oro que les colgaba del cuello y que el plumero rojo, que llevaba en su chambergo espaol, haba estado por la noche en la habitacin del conde. Poco tiempo despus qued aclarado que los gitanos no haban tenido la menor participacin en los robos y en los crmenes de la comarca.
Estaba ya prxima la boda de Gabriela. Un da sta vio con asombro que se preparaba una mudanza en varios carros que llevaban muebles, bales con trajes, ropa; en una palabra, todo lo que denota un traslado. A la maana siguiente, se enter de que Anglica, en compaa del ayuda de cmara del conde S. y de una mujer vestida de modo semejante a la gitana de rojo, haba emprendido viaje aquella misma noche. El conde Z. descifr el enigma, aclarando que, por determinados motivos, vease obligado a ceder a los deseos absurdos de Anglica, y no solamente la regalaba la casa amueblada en la alameda de ***, sino que la permita que llevase all una vida independiente. Incluso vease obligado a admitir que nadie de la familia, ni siquiera l mismo, podra entrar en la casa sin un permiso especial. El conde de S. aadi que, por deseo insistente de Anglica, deba cederle su ayuda de cmara, que haba emprendido el viaje a ***. Tuvo lugar la boda. El conde de S. fue con su esposa a *** y as pas un ao gozando de una alegra no turbada. Pero poco despus comenz a sentir una extraa enfermedad. Suceda que un oculto dolor le robaba las fuerzas vitales y el goce de la vida, y eran vanos los esfuerzos de su esposa para descubrir el secreto que pareca destrozarle. Como, finalmente. los frecuentes desvanecimientos hicieran que su estado cada vez fuese ms peligroso, cedi a los consejos de los mdicos y encaminse a Pisa. Gabriela no pudo acompaarle, ya que esperaba dar a luz en las prximas semanas.
A partir de aqu prosigui el mdico lo que le sucedi a la condesa Gabriela es tan extrao que basta con que escuchis lo que viene a continuacin. En una palabra: su hija desapareci de la cuna de forma inexplicable y fueron intiles todas sus pesquisas; su desconsuelo convirtise en desesperacin, ya que al mismo tiempo el conde de Z. le comunic la horrible noticia de que su yerno, al que crea camino de Pisa, haba sido encontrado muerto de un ataque fulminante precisamente en casa de Anglica, en ***; que Anglica se haba vuelto loca, todo lo cual le resultaba insoportable al conde de Z.
En cuanto Gabriela de S. se recuper un poco, se apresur a dirigirse a las posesiones de su padre; despus de pasar una noche entera insomne, contemplando la imagen del esposo y de la nia perdidos, crey or un ligero rumor en la puerta de su alcoba; encendi el cirio del candelabro que le serva durante la noche, y sali. Y santo Dios!, acurrucada en el suelo, envuelta en su chal rojo, permaneca la gitana, mirndola con ojos fijos e inmviles y en sus brazos tena una criatura que lloraba tan angustiosamente que a la condesa le dio. un vuelco el corazn. Era su hija!... La hija perdida! Arranc la nia de los brazos de la gitana y apenas lo haba hecho cuando sta cay retorcindose y qued como una mueca inanimada. A los gritos de espanto de la condesa todos despertaron y acudieron presurosos, encontrando muerta a la gitana, qu por medio ninguno pudo ser reanimada, y el conde hizo que la enterrasen. No pudo hacer otra cosa sino apresurarse a ir hacia la enloquecida Anglica, donde quiz pudieran descubrir el secreto de la nia. Pero encontr que todo haba cambiado. La furia salvaje de Anglica haba alejado a todas las criadas; slo el ayuda de cmara permaneca con ella. Luego. Anglica volvi a tranquilizarse y a recobrar la razn.
Pero cuando el conde le refiri la historia de la nia de Gabriela, juntando las manos, dijo rindose a carcajadas: Ya ha venido la muequita? Ya ha venido?... Enterrada, enterrada? Jess! Qu elegante est el faisn dorado! No sabis nada del len verde con los ojos azules?.
Con gran espanto dise cuenta el conde del retorno de la locura, mientras sbitamente el semblante de ella pareca adquirir los rasgos de la gitana. Decidi entonces llevrsela a sus posesiones, aun cuando el ayuda de cmara aconsejara lo contrario.
En el mismo instante de empezar los preparativos para partir, se apoder de nuevo d Anglica el ataque de rabia y de furor. En una pausa de lucidez, suplic a su padre con ardientes lgrimas que la dejase morir en la casa, y ste, conmovido, accedi, aunque consider que la confesin que se escap de sus labios era slo una prueba ms de la locura que sufra. Anglica confes que el conde S. haba vuelto a sus brazos y que la nia que la gitana haba llevado a casa del conde de Z. era el fruto de esta unin.
En la ciudad todos creyeron que el conde de Z. haba llevado a la infeliz a sus posesiones, aunque en realidad permaneca oculta en la casa vaca, al cuidado del ayuda de cmara. El conde Z. muri poco tiempo despus y la condesa Gabriela de S. vino con Edmunda para arreglar los papeles familiares. No renunci entonces a ver a su infeliz hermana. En esta visita debi de haber sucedido algo raro, aunque la condesa no me confo nada; slo habl, en general, de que se haban visto obligadas a librar a la infeliz loca de la tirana del viejo ayuda de cmara. Ya en una ocasin ste trat de, dominar los ataques de locura. castigndola cruelmente, pero se dej embaucar al or las alusiones de Anglica, que deca saber hacer oro, y junto con ella haba emprendido toda clase de extraas operaciones, al tiempo que la proporcionaba todo lo necesario para esta transformacin.
Sera superfluo me dijo el mdico poniendo as fin a su relato, sera superfluo que os dijese precisamente a vos, que os fijaseis bien en la rara relacin que tienen todas estas extraas cosas. Estoy convencido de que sois quien desencaden la catstrofe que deba ocasionar la inmediata curacin o la muerte de la vieja. Por lo dems, no quiero ocultar que me he asustado no poco cuando entr en relacin magntica con usted, lo cual ocurri al mirar en el espejo. Slo usted y yo sabemos que contemplamos la imagen de Edmunda.
Como el mdico crey oportuno no aadir ningn comentario ms, yo tambin considero innecesario extenderme sobre el asunto y, sobre todo, acerca de las relaciones posibles entre Anglica, Edmunda, yo y el viejo ayuda de cmara, y no trat de averiguar nada tampoco sobre las msticas y recprocas relaciones que desempearon su papel demonaco. nicamente aadir que la impresin siniestra que estos sucesos me produjeron fueron causa de que tuviera que irme de la ciudad, y, aunque pasado algn tiempo olvid todo, creo que en el mismo instante en que falleci la vieja loca experiment un sentimiento de bienestar.
As termin Teodoro su relato. Mucho hablaron sus amigos de aquella aventura y todos estuvieron de acuerdo en que en ella se una lo raro con lo maravilloso en extraa mezcla.
Capullo
Capullo
Greg Egan
* * *
La explosin hizo aicos las ventanas que estaban a cientos de metros de distancia, pero no provoc ningn incendio. Ms tarde, descubr que haba sido detectada por un sismgrafo de la Universidad Macquarie, que fij la hora con precisin: 3.52 de la maana. Los vecinos despertados por el estallido llamaron a los servicios de emergencia en cuestin de minutos y nuestro operador del turno noche me telefone apenas pasadas las cuatro, pero no tena sentido que me apresurara a llegar al lugar de la escena porque por ahora slo conseguira estorbar. Me sent delante de la terminal de mi estudio durante casi una hora, reuniendo datos de soporte, monitoreando el trfico radial con los auriculares, bebiendo caf y tratando de no hacer demasiado ruido al teclear.
Cuando llegu, los contratistas del servicio local de bomberos ya haban partido, luego de certificar que no exista riesgo alguno de que ocurrieran ms explosiones, pero nuestro personal forense segua estudiando escrupulosamente las ruinas; el zumbido elctrico de sus equipos slo quedaba ahogado por el canto de los pjaros. Lane Cove era un suburbio tranquilo, lleno de hojas y mixto: era residencial a la vez que industrial de alta tecnologa; la lujuriosa vegetacin de los espacios abiertos de las corporaciones se funda casi sin solucin de continuidad con el parque nacional adyacente, partido en dos por el ro Lane Cove. El mapa de la zona que estaba en la pantalla de la terminal de mi auto haba identificado a los proveedores de reactivos de laboratorio y de productos farmacuticos, a los fabricantes de instrumentos de precisin para aplicaciones cientficas y aeroespaciales, y a no menos de veintisiete empresas de biotecnologa, incluyendo a "Calidad de Vida Internacional", el otrora extenso edificio de cemento que ahora haba quedado reducido a una coleccin de bloques blancos hechos polvo, amontonados alrededor de retorcidas vigas de refuerzo. El acero expuesto relumbraba con las primeras luces de la maana, tan prstino que inspiraba desconcierto. El edificio haba sido construido haca slo tres aos. Pude entender por qu el equipo forense haba descartado a primera vista la posibilidad de un accidente: unos cuantos tambores de solvente orgnico no podan haber provocado algo ni remotamente parecido a esto. Nada que estuviese legalmente almacenado en la zona residencial poda haber reducido un edificio moderno a escombros en cuestin de segundos.
Ubiqu a Janet Lansing mientras sala del auto. Estaba revisando las ruinas con una expresin de estoicismo, pero se envolva en sus propios brazos. Sufra un leve estado de shock, probablemente. No haba otra razn para que tuviera fro: haba hecho un calor insoportable toda la noche y la temperatura ya estaba comenzando a subir todava ms. Lansing era la directora del Complejo Lane Cove: cuarenta y tres aos, doctorada en biologa molecular en Cambridge y con un Master en Administracin de Empresas de una universidad virtual japonesa igualmente prestigiosa. Antes de salir de casa, le haba ordenado a mi buscador de informacin que extrajera detalles de su vida y una foto suya, y diversas clases de datos.
Me acerqu a ella y le dije:
James Glass, Investigaciones Nexus.
La mujer frunci el ceo al ver mi tarjeta de presentacin, pero la acept. Despus ech un vistazo a los tcnicos que arrastraban sus cromatgrafos de gas y equipos hologrficos por todo el permetro de las ruinas.
Esa gente es suya, supongo.
S. Estn aqu desde las cuatro.
Ella sonri afectadamente.
Y qu pasa si le doy el trabajo a otro? Y los acuso a todos ustedes de invadir propiedad privada?
Si contrata a otra compaa, con mucho gusto les entregaremos todas las muestras y los datos que hemos reunido.
Ella asinti distradamente.
Los contrato a ustedes, por supuesto. Desde las cuatro? Estoy impresionada. Llegaron incluso antes que los del seguro. A decir verdad, "los del seguro" de CVI eran dueos del 49 por ciento de Nexus y nos iban a dejar el camino libre hasta que hubiramos terminado, pero pens que no exista razn alguna para mencionarlo. Con amargura, Lansing agreg: Nuestra supuesta empresa de seguridad logr reunir el coraje suficiente para llamarme recin hace media hora. Es evidente que alguien sabote una caja de empalme de fibras pticas, dejando toda el rea incomunicada. Se supone que en caso de detectar desperfectos en el equipo deben enviar patrullas de inspeccin, pero aparentemente no se molestaron en hacerlo.
Hice un gesto de condolencia.
Qu era exactamente lo que hacan aqu?
Lo que hacamos? Nada. No hacamos fabricacin; era pura y simplemente Investigacin y Desarrollo.
De hecho, yo ya haba descubierto que todas las fbricas de CVI estaban en Tailandia e Indonesia, la oficina central en Mnaco y las instalaciones de investigacin diseminadas por todo el mundo. Sin embargo, entre calmar al cliente y demostrarle que uno conoce todos los hechos existe una lnea divisoria muy delgada. Un completo extrao debe enunciar al menos una suposicin errnea, formular al menos una pregunta mal orientada. Yo siempre lo hago.
Y qu investigaban y desarrollaban?
Esa informacin es comercialmente reservada.
Saqu mi notepad del bolsillo de la camisa e hice aparecer en pantalla un contrato estndar completo, incluyendo las habituales condiciones de confidencialidad. Ella lo mir y luego hizo que su propia computadora escrutara el documento. Conversando en infrarrojo modulado, las mquinas negociaron rpidamente los detalles finos. Mi notepad firm el acuerdo electrnicamente en nombre mo y el de Lansing hizo lo mismo; despus, ambas mquinas lanzaron al unsono un feliz "bip", para hacernos saber que las tratativas haban concluido.
Lansing dijo:
Nuestro principal proyecto era disear clulas sincitiotrofoblsticas mejoradas. Sonre pacientemente y ella me hizo la traduccin. Para fortalecer la barrera que separa la sangre de la madre de la sangre del feto. La madre y el feto no comparten la sangre directamente, pero intercambian nutrientes y hormonas por medio de la barrera placentaria. El problema es que tambin pueden pasar toda clase de virus, toxinas, productos farmacuticos y drogas ilcitas. Las clulas de la barrera natural no evolucionaron para saber qu hacer con al SIDA, el sndrome de alcoholismo fetal, los bebs cocainmanos o el prximo desastre tipo talidomida. Apuntamos a una sola inyeccin endovenosa de vectores manipuladores de genes que desencadenen la formacin de una capa adicional de clulas, especficamente diseadas para proteger al caudal sanguneo del feto de los contaminantes de la sangre materna, en las estructuras apropiadas de la placenta.
Una barrera ms gruesa?
Ms inteligente. Ms selectiva. Ms exigente en cuanto a lo que debe dejar pasar. Sabemos con exactitud qu es lo que el feto en desarrollo realmente necesita de la sangre materna. Estas clulas manipuladas genticamente contendran canales especficos para transportar cada una de esas sustancias. No dejaran pasar ninguna otra
cosa.
Muy impresionante. Un capullo rodeando al nonato, protegindolo de todos los venenos de la sociedad moderna. Me sonaba exactamente como la clase de tecnologa benfica que una compaa llamada "Calidad de Vida" estara empollando en el arbolado barrio de Lane Cove. Cierto, hasta un albail poda detectar algunas imprecisiones en el esquema. Por lo que yo saba, los nios con frecuencia se contagiaban el SIDA durante el parto propiamente dicho, no durante el embarazo, pero presumiblemente existan otros virus que cruzaban la barrera placentaria con ms asiduidad. Yo no tena idea de si era posible o no que las madres atontadas por el alcohol o adictas a la cocana que se arriesgaban a dar a luz a sus hijos corrieran en masa a hacerse instalar esas barreras fetales genticamente manipuladas, pero poda imaginarme una fuerte demanda por parte de la gente aterrada por los aditivos de los alimentos, los pesticidas y los contaminantes. A largo plazo, si el sistema realmente funcionaba y no tena un costo prohibitivo, incluso poda llegar a formar parte de los cuidados prenatales de rutina.
Benfico... y lucrativo.
En todo caso, existieran o no factores biolgicos, econmicos y sociales que impidieran que esta tecnologa resultara un completo xito, era difcil imaginarse que alguien pudiera objetar el fundamento del asunto.
Dije: Estaban trabajando con animales?
Lansing arrug el entrecejo.
Slo con embriones de ternero y con teros bovinos aislados en mquinas sustentadoras de tejidos. Si esto fue obra de un grupo defensor de los derechos del animal, les hubiera convenido ms volar un matadero.
Mmm. Durante los ltimos aos, los atentados de la sucursal Sydney de "Igualdad Animal", nica agrupacin que se saba empleaba semejante metodologa extremista, se haban concentrado en los laboratorios de investigacin que utilizaban primates. Era posible que hubieran cambiado de objetivo, o que hubieran sido mal informados, pero CVI segua parecindome un blanco extrao; haba abundante cantidad de laboratorios que eran ampliamente conocidos por la utilizacin de ratas y conejos vivos y completos como si fuesen tubos de ensayo descartables... y muchos de esos laboratorios quedaban muy cerca de aqu. Y los competidores?
Por lo que s, no hay ningn otro que est dedicndose a esta lnea de producto. No estamos corriendo ninguna carrera: nosotros ya tenemos las patentesindividuales de todos los componentes esenciales, como los conductos de membrana y las molculas transportadoras; para poder utilizarlos en lo que sea, cualquier competidor tendra que
pagarnos los derechos correspondientes.
Y si fuese alguien que slo buscara perjudicarlos financieramente?
Entonces tendran que haber puesto la bomba en alguna de las fbricas. Anular nuestra fuente de ingresos habra sido la mejor manera de perjudicarnos; con este laboratorio no se ganaba un centavo.
Pero igualmente descendera el valor de las acciones, verdad? No hay nada que ponga ms nerviosos a los inversores que el terrorismo.
Lansing estuvo de acuerdo, de mala gana. Aunque as fuera, el que aprovechara esa circunstancia para ofertar y apoderarse de la compaa cargara con el mismo inconveniente. No niego que en esta industria, de vez en cuando, ocurran sabotajes comerciales... pero no a un nivel tan crudo como este. La ingeniera gentica es un negocio de mucha sutileza. Las bombas son para los fanticos.
Tal vez. Pero... quin iba a oponerse fanticamente a la idea de proteger a los embriones humanos de los virus y venenos? Varias sectas religiosas rechazaban de plano toda clase de modificacin de la biologa humana... pero las que empleaban la violencia eran mucho ms proclives a ponerle bombas a un fabricante de drogas abortivas que a un laboratorio dedicado a la tarea de salvaguardar al nio por nacer.
Elaine Chang, la jefa del equipo forense, se nos acerc. Se la present a Lansing. Elaine nos dijo:
Fue un trabajo muy profesional. Si hubieran contratado a un grupo de expertos en demoliciones, stos no habran hecho ni una sola cosa en forma diferente. Todo lo contrario: para computar la sincronizacin y colocacin de las cargas, probablemente habran utilizado un software idntico al que se us aqu. Nos mostr su notepad, que expona en la pantalla una reconstruccin estilizada del edificio, con marcas que indicaban la hipottica ubicacin de las cargas explosivas. Oprimi una tecla y la simulacin se desmoron hasta convertirse en algo muy parecido al derrumbe autntico que tenamos detrs. Luego continu: Los fabricantes ms respetables de hoy en da marcan cada partida de explosivos con alguna sustancia identificatoria que permanece en el residuo. Hemos relacionado las cargas utilizadas aqu con una partida robada de un depsito de Singapur hace cinco aos.
Agregu: Lo que, sin embargo, puede no resultar de gran ayuda, lamentablemente. Despus de cinco aos en el mercado negro, pueden haber cambiado de mano una decena de veces.
Elaine volvi a sus equipos. Lansing estaba comenzando a parecer un poco confundida. Le dije:
Me gustara volver a hablar con usted ms adelante... pero voy a necesitar una lista de sus empleados, pasados y presentes, lo ms pronto posible.
Asinti y apret algunas teclas del notepad, transfiriendo la lista al mo. Dijo:
No se ha perdido nada, en realidad. Tenamos backup de todos los datos administrativos y cientficos en otro sitio. Y tenemos muestras congeladas de casi todos los grupos de clulas en los que trabajbamos, en una bveda subterrnea de Milson's Point.
El backup de datos comerciales era completamente intocable: la informacin deba estar almacenada en una decena o ms de lugares diferentes, diseminados por todo el mundo... y fuertemente encriptada, por supuesto. Los grupos de clulas me sonaban ms vulnerables. Dije:
Ser mejor que les comunique a los operadores de la bveda lo que ha ocurrido.
Ya lo hice; los llam cuando vena para aqu. Ech un vistazo a las ruinas. La compaa aseguradora pagar la reconstruccin. Dentro de seis meses estaremos recuperados. De modo que el que haya hecho esto perdi el tiempo. El trabajo va a continuar.
Le dije: Y quin habr querido interrumpirlo?
La ligera sonrisa afectada volvi a aparecer en el rostro de Lansing y estuve a punto de preguntarle qu era lo que le pareca tan divertido. Pero las personas, al enfrentarse con algn desastre, sea grande o pequeo, a menudo actan en forma incongruente; no haba muerto nadie, no estaba ni remotamente histrica, pero habra sido extrao que un contratiempo como este no la hubiera alterado en lo ms mnimo.
Dijo: Usted dgamelo a m. Ese es su trabajo, no?
Cuando llegu a casa esa noche, Martin estaba en la sala. Trabajando en su disfraz para el Carnaval. No poda imaginarme cmo quedara cuando estuviera terminado, pero definitivamente tena algo que ver con las plumas. Plumas azules. Hice lo mejor posible por guardar la compostura, pero por su expresin, cuando levant la vista, advert que haba percibido un involuntario gesto de disgusto en mi cara. Igualmente, nos besamos y no dijimos nada al respecto.
Durante la cena, sin embargo, no pudo aguantarse ms.
Este ao es el cuadragsimo aniversario, James. Seguro que ser el ms grandioso de todos. Por lo menos podras venir a ver. Sus ojos destellaron; disfrutaba provocndome. Tenamos esta misma discusin desde haca cinco aos y ya estaba cerca de transformarse en un ritual tan sin sentido como el propio desfile.
Dije rotundamente: Por qu querra ir a ver a diez mil reinas travestes avanzando por la calle Oxford y soplndole besos a los turistas?
No exageres. Slo habr unos mil hombres travestidos, como mucho.
S, y los dems se pondrn suspensores de lentejuelas.
Si de veras vinieses a ver descubriras que la imaginacin de la mayora de la gente ha progresado mucho ms all de ese punto.
Negu con la cabeza, confundido.
Si la imaginacin de la gente hubiera progresado no existira ningn Carnaval de Gays y Lesbianas. Es un desfile de monstruosidades para los que quieren vivir en un ghetto cultural. Hace cuarenta aos pudo haber sido... provocativo. Tal vez sirvi de algo en aquel entonces. Pero ahora! Qu sentido tiene? No quedan leyes que cambiar, no quedan reclamos que hacer a los polticos. Lo nico que logran con este tipo de cosas es seguir reciclando los mismos estereotipos imbciles, ao tras ao.
Suavemente, Martin dijo: Es una reafirmacin pblica del derecho a la diversidad sexual. Que ya no sea una marcha de protesta a la vez que una celebracin no quiere decir que sea irrelevante. Y quejarse de los estereotipos es como... quejarse de los personajes de una obra de teatro moralizadora de la poca medieval. Los disfraces son un cdigo, son taquigrafa. Concdele algo de inteligencia a la gran masa del populacho heterosexual: ellos miran el desfile y no sacan la conclusin de que el homosexual medio siempre anda vestido con un tut de lam dorado. Las mentes de las personas no son tan literales. Todos aprenden semitica desde el jardn de infantes y saben decodificar mensajes.
Seguro que s. Pero sigue siendo un mensaje errneo: convierte en extico lo que debera ser mundano. Est bien, la gente tiene el derecho de vestirse como se le antoje y salir a marchar por la calle Oxford... pero para m eso no significa absolutamente nada.
No te estoy pidiendo que desfiles con nosotros...
Muy acertado de tu parte.
...pero si cien mil hteros pueden ir a demostrar su apoyo a la comunidad gay, por qu no puedes ir t?
Dije con cansancio: Porque cada vez que escucho la palabra comunidad, s que me estn manipulando. Si realmente existe algo llamado la comunidad gay, estoy seguro de que yo no formo parte de ella. Resulta que no quiero pasarme la vida mirando canales de televisin para gays y lesbianas, consumiendo sistemas de noticias para gays y lesbianas... o yendo a desfiles callejeros de gays y lesbianas. Es todo tan... monoplico. Se podra pensar que existe una corporacin multinacional que adquiri los derechos de franquicia de la homosexualidad. Y que si t no comercializas el producto como ella quiere, eres una especie de marica de segunda, inferior, ilcito, desautorizado.
Martin estall en carcajadas. Cuando finalmente dej de rerse, dijo:
Contina. Estoy esperando que llegues a la parte donde dices que no ests ms orgulloso de ser gay que de tener ojos marrones o pelo negro o un lunar en la rodilla izquierda.
Protest: Y es cierto. Por qu tengo que estar "orgulloso" de algo con lo que nac? No estoy orgulloso ni avergonzado. Sencillamente, lo acepto. Y no tengo que integrarme a un desfile para demostrarlo.
As que prefieres que todos permanezcamos invisibles?
Invisibles! T eres el que me dijo que el porcentaje de representacin en pelculas y televisin del ao pasado estaba muy cerca de los datos demogrficos de la realidad. Y si apenas le prestamos atencin al hecho de que un poltico abiertamente gay o una lesbiana ganen las elecciones, es porque eso ya no representa nada. Para la mayora, ahora, eso es tan insignificante como... ser zurdo o diestro.
Pareca que esta sugerencia le resultaba surreal.
Ests tratando de decirme que ahora no es un tema de discusin? Que ahora los habitantes de este planeta son absolutamente imparciales en lo que atae a las preferencias sexuales? Tu fe me conmueve, pero... Hizo un gesto de incredulidad.
Dije: Somos iguales ante la ley como cualquier pareja heterosexual, verdad? Y cundo fue la ltima vez que dijiste que eras gay y tu interlocutor ni pestae? Y s, s que hay decenas de pases donde todava es ilegal... junto con la adhesin a ciertos partidos polticos o religiones considerados "inconvenientes". Los desfiles en la calle Oxford no van a cambiar eso.
En esta ciudad, todava nos atacan a golpes. Todava sufrimos discriminacin.
S. Y en las horas pico tambin hay gente que es asesinada de un balazo por estar
escuchando en el autoestreo una msica "inconveniente", y tambin hay personas a las que se les siguen negando trabajos porque viven en barrios "inconvenientes". No estoy hablando de la perfeccin de la naturaleza humana. Slo quiero que me reconozcas una pequea victoria: dejando de lado a unos pocos psicticos y a unos pocos fanticos fundamentalistas... a la mayora de la gente no le interesa el tema.
Martin dijo con pesadumbre:Ojal fuera cierto!
La discusin continu durante ms de una hora y termin en empate, como siempre. No obstante, ninguno de nosotros esperaba seriamente hacer cambiar de opinin al otro.
Pero despus me sorprend preguntndome si realmente crea en toda mi retrica optimista. Tan insignificante como ser zurdo o diestro? Por cierto, tal era la frase que, en el mundo occidental, adoptaban la mayora de los polticos, acadmicos, ensayistas, invitados de programas de TV, escritores de telenovelas y lderes de las principales religiones... pero tambin era verdad que esa misma gente haca dcadas que estaba defendiendo principios de igualdad racial igualmente altruistas y que la realidad segua sin alcanzar el mismo nivel en ese aspecto. Yo haba sufrido muy poca discriminacin: para la poca en que ingres en la secundaria ya estaba en boga la tolerancia, y desde entonces haba sido testigo de una constante corriente progresista... pero cmo poda saber con precisin cuntos prejuicios ocultos existan todava? Interrogando a mis amigos heterosexuales? Leyendo las ltimas encuestas de los socilogos? La gente siempre contesta lo que cree que uno quiere escuchar..
Aun as, no me pareca importante. Personalmente, poda seguir viviendo mi vida sin depender de la profunda y sincera aprobacin de todos los dems miembros de la raza humana. Martin y yo tenamos suerte de haber nacido en un tiempo y un lugar donde, en casi todos los aspectos tangibles, nos trataban con equidad.
Qu ms se poda desear?
En la cama, esa noche, hicimos el amor muy lentamente, al principio slo besndonos y acaricindonos los cuerpos durante lo que parecieron horas. Ninguno de los dos dijo nada. Bajo los efectos estupidizantes del calor, perd todo sentido de pertenencia a cualquier otra poca, a cualquier otra realidad. Nada exista, salvo nosotros dos; el resto del mundo, el resto de mi vida, se desvanecieron, girando, en la oscuridad.
La investigacin era lenta. Entrevist a todos los miembros actuales del plantel de CVI y luego comenc con la larga lista de ex-empleados. Segua creyendo que el sabotaje comercial era la explicacin ms creble para un trabajo tan profesional... pero hacer volar a la oposicin por los aires era una medida desesperada: generalmente, primero se
intentaba un espionaje civilizado. Yo rogaba que, en el pasado, hubieran abordado a alguno de los que haban trabajado en CVI, ofrecindole dinero a cambio de que proporcionara informaciones internas. Si lograba encontrar a un solo empleado que hubiese rechazado un soborno, ste podra brindarme informaciones tiles, debido a su contacto con el supuesto rival.
Aunque las instalaciones de Lane Cove haban sido construidas haca slo tres aos, anteriormente CVI haba operado, durante doce aos, otra divisin de investigacin con sede en Sydney, en North Ryde, no muy lejos. Muchos de los ex-empleados de ese perodo se haban mudado a otro estado o al extranjero; unos cuantos haban sido trasladados a las sucursales de CVI en otros pases. Sin embargo, casi nadie haba cambiado de nmero telefnico, de modo que tuve pocas dificultades en encontrarles el rastro.
La excepcin era una bioqumica llamada Catherine Mendelsohn; el nmero que apareca en el listado de personal de CVI haba sido cancelado. En la gua telefnica nacional haba diecisiete personas con el mismo apellido e iniciales. Ninguna de ellas admiti ser Catherine Alice Mendelsohn y ninguna se pareca en nada a la foto de archivo que tena en mi poder.
La direccin de Mendelsohn que figuraba en el padrn electoral, un departamento en Newtown, era la misma que la registrada en CVI, pero esa misma direccin figuraba en la gua telefnica (y en el padrn electoral) como correspondiente a Stanley Goh, un joven que me dijo que nunca haba conocido a Mendelsohn. Alquilaba el departamento desde haca dieciochomeses
Las bases de datos de capacidad crediticia me proporcionaron la misma direccin desactualizada. Sin una orden de cateo, no poda lograr el acceso a los registros impositivos, bancarios y de servicios pblicos. Hice que mi buscador de informacin revisara los avisos fnebres, pero tampoco encontr nada.
Mendelsohn haba trabajado para CVI hasta ms o menos un ao antes del traslado de la compaa a Lane Cove. Formaba parte de un equipo que trabajaba en un sistema de manipulacin gentica para paliar los efectos colaterales de la menstruacin; aunque la sucursal Sydney siempre se haba especializado en investigaciones ginecolgicas, por alguna razn el proyecto iba a ser trasladado a Texas. Verifiqu las publicaciones del ramo; aparentemente, en aquel entonces CVI estaba reorganizando todas sus operaciones y reuniendo a todos los proyectos desperdigados por el mundo en configuraciones multidisciplinarias, de acuerdo con las teoras de ltima moda sobre la dinmica de la investigacin. Mendelsohn haba rechazado el traslado y la haban despedido.
Hurgu ms. Los registros de personal decan que unos guardias de seguridad haban interrogado a Mendelsohn despus de haberla hallado en el edificio de North Ryde, tarde una noche, dos das antes de su despido. Los biotecnlogos adictos al trabajo son muy comunes, pero empezar la jornada laboral a las dos de la maana es ndice de una dedicacin excepcional, especialmente cuando la compaa est intentando deshacerse del empleado envindolo a Amarillo, Texas. Puesto que haba rechazado el traslado, Mendelsohn deba saber qu le esperaba.
Sin embargo, el incidente no pas a mayores. Incluso, aunque Mendelsohn realmente hubiera tenido el plan de realizar algn acto de sabotaje de menor escala, no se poda establecer ninguna conexin con la bomba de cuatro aos despus. Quizs haba estado tan furiosa como para transmitir informacin confidencial a alguno de los rivales de CVI, pero quienquiera que hubiese puesto la bomba en el laboratorio de Lane Cove habra estado ms interesado en alguien que estuviera trabajando en el mismsimo proyecto de la barrera fetal, un proyecto que recin haba comenzado a existir unos aos despus del despido de Mendelsohn.
Segu investigando la lista. Entrevistar a los ex-empleados era frustrante: casi todos seguan trabajando en la industria biotecnolgica y hubieran sido el grupo ideal para realizar una encuesta sobre a quin beneficiara ms el infortunio de CVI, pero el acuerdo de confidencialidad que yo haba firmado significaba que no poda revelar nada sobre la investigacin en cuestin... ni siquiera a la gente que trabajaba en otros departamentos de la propia CVI.
Lo nico de lo que s poda hablar estaba en la nebulosa: si le haban ofrecido un soborno a alguien, nadie quera decrmelo... y ningn magistrado iba a firmar una orden de cateo que me permitiera salir a pescar los registros financieros de ciento setenta personas.
El examen forense de las ruinas y de la caja de fibras pticas saboteada haba dado como resultado el habitual catlogo de minucias que en algn momento podan resultar valiosas, pero nada de eso iba a hacer aparecer del aire a un sospechoso.
Cuatro das despus del atentado mientras me descubra cada vez ms desesperado por encontrarle un nuevo ngulo al caso recib una llamada de Janet Lansing.
Las muestras de backup de los grupos de clulas genticamente manipuladas del proyecto haban sido destruidas.
La bveda de Milson's Point result estar directamente debajo de un sector del Puente del Puerto, construida en los mismsimos cimientos de la costa norte. Lansing an no haba llegado, pero el jefe de seguridad de la compaa de almacenaje, un hombre de edad llamado David Asher, me mostr el lugar. Adentro, apenas se oa el ruido del trnsito, pero las vibraciones del suelo se sentan como un constante y leve terremoto. El lugar era cavernoso, seco y fresco. Haban instalado al menos un centenar de congeladores criognicos, formando hileras, y entre ellos haba tuberas fuertemente revestidas empleadas para la reposicin del nitrgeno lquido.
Asher, comprensiblemente, actuaba con morosidad, pero con nimo de cooperar. Antes de que todo se volviera digital, me explic, la bveda se haba utilizado para archivar cintas cinematogrficas de celuloide; los actuales propietarios se especializaban en material biolgico. No haba guardias fsicamente asignados a la bveda, pero las cmaras de vigilancia y los sistemas de alarma tenan una apariencia impresionante y la estructura misma se acercaba mucho a lo inexpugnable.
La maana del atentado, Lansing haba telefoneado a Bioarchivo, la compaa de almacenaje. Asher me confirm que haba enviado a una persona de la oficina de North Sydney a revisar el congelador en cuestin. No faltaba nada... pero prometi intensificar las medidas de seguridad inmediatamente. Debido a que los congeladores, supuestamente, eran a prueba de entrometidos y tenan cerraduras individuales, era normal que a los clientes se les permitiera el acceso a la bveda cuando lo creyeran conveniente, monitoreados por las cmaras de vigilancia, pero sin ningn otro tipo de supervisin. Asher le haba prometido a Lansing que, de ah en ms, nadie entrara al edificio sin que lo acompaara un miembro del personal de vigilancia... y aseguraba que, desde el da del atentado, no haba ingresado nadie.
Esa maana, haban ido dos tcnicos de CVI para efectuar un inventario y haban encontrado el nmero previsto de frascos de cultivo, todos con sus correspondientes etiquetas de cdigo de barras, todos firmemente sellados... aunque la apariencia de su contenido mostraba una sutil alteracin. El coloide transparente congelada estaba ms opalescente que turbia; un ojo no entrenado nunca hubiese advertido la diferencia, pero para los conocedores, aparentemente, este detalle significaba mucho.
Los tcnicos se haban llevado una cantidad de frascos para su anlisis; CVI estaba funcionando provisoriamente en un rincn de un laboratorio de control de calidad subalquilado a una fbrica de pintura. Lansing me haba prometido que traera a nuestra reunin los resultados preliminares de esos anlisis.
Lleg Lansing y abri el cerrojo del congelador. Con las manos enguantadas, extrajo un frasco de la bruma suspendida y lo someti a mi escrutinio.
Dijo: Slo hemos abierto tres muestras, pero todas parecen estar igual. Las clulas
fueron destruidas.
Cmo? El frasco estaba cubierto con una condensacin tan espesa que yo no poda discernir si estaba lleno o vaco, y menos todava si el contenido estaba opalescente o turbio.
Parece que por efectos de la radiacin.
Se me puso la piel de gallina. Escudri las profundidades del congelador; lo nico que
pude entrever fueron las tapas de varias hileras de frascos idnticos... pero si en uno de ellos se haba introducido un radioistopo...
Lansing frunci el ceo.
Reljese. Se toc el pequeo distintivo electrnico abrochado a su delantal de laboratorio, que tena una cara de color gris opaco, como una clula de energa solar: un dosmetro de radiacin. Si estuvisemos expuestos a cualquier radiacin significativa, esta cosa se pondra a aullar. Cualquiera sea la fuente de radiacin, ya no se encuentra aqu... y las paredes no estn fosforescentes. Sus futuros descendientes estn a salvo.
Dej pasar el comentario.
Piensa que las muestras estn arruinadas en su totalidad? Que no podrn salvar nada?
Lansing estaba ms estoica que nunca.
As parece. Existen algunas tcnicas elaboradas que podramos utilizar para tratar de reparar el ADN, pero probablemente ser ms fcil empezar de cero, sintetizar ADN nuevo y reintroducirlo en clulas placentarias bovinas no modificadas. Tenemos toda la secuencia de datos; en definitiva, eso es lo que importa.
Examin el sistema de cierre del congelador, las cmaras de vigilancia.
Est segura de que la fuente de radiacin estaba dentro del congelador? Es posible que el dao se haya hecho sin que entraran aqu, a travs de las paredes?
Lo pens. Puede ser. Estas cosas no tienen mucho metal, son bsicamente de espuma plstica. Pero no soy fsica especialista en radiacin; probablemente, el personal forense de su compaa podr darle una mejor idea de lo que ocurri, cuando hayan terminado de revisar el congelador. Si los polmeros de la espuma estn estropeados, quizs se los pueda utilizar para reconstruir la geometra del campo radiactivo.
Un equipo forense vena en camino. Dije:
Cmo lo habrn hecho? Caminando disimuladamente por aqu y luego...?
Es difcil. Una fuente radiactiva capaz de hacer esto en un lapso breve sera inmanejable. Es mucho ms plausible que se haya tratado de una exposicin lenta, de baja intensidad actuando durante semanas o meses.
O sea que deben haber introducido furtivamente alguna especie de artefacto en un congelador de su propiedad, apuntndolo al de ustedes. Pero entonces... si seguimos el rastro de los efectos que ha provocado podemos llegar hasta la fuente, verdad? Y cmo esperaban salirse con la suya?
Lansing dijo: Es mucho ms fcil de lo que usted dice. Hablamos de una cantidad modesta de istopos emisores de rayos gamma, no de un arma que dispara un rayo de partculas y que vale mil millones de dlares. El rango efectivo sera de un par de metros, como mucho. Si realmente lo hicieron desde afuera, su lista de sospechosos acaba de quedar reducida a dos personas. Le peg un puetazo al congelador que estaba a la izquierda del de CVI; despus hizo lo mismo con el de la derecha y dijo: Aj.
Qu?
Volvi a pegarles a los dos. El segundo sonaba a hueco. Dije:
No tiene nitrgeno lquido? No est en uso?
Lansing asinti. Puso la mano en la manija.
Asher dijo: Creo que no...
El congelador no estaba con llave, la tapa se abri con facilidad. El distintivo de Lansing comenz a sonar... y, peor an, all dentro haba algo, algo con pilas y cables...
No s qu me impidi saltar sobre Lansing y derribarla al suelo, pero ella, imperturbable, termin de levantar la tapa. Dijo mansamente:
No entren en pnico; esta dosis de exposicin no es nada. Est en el umbral de lo detectable.
La cosa que estaba adentro se pareca superficialmente a una bomba casera, pero las pilas y el chip temporizador que yo haba entrevisto estaban unidos con cables a un solenoide de alta resistencia, que a su vez era parte de un elaborado mecanismo de obturador ubicado a un costado de una gran caja metlica de color gris.
Lansing dijo: Canibalismo de desechos mdicos, probablemente., Sabe que se han encontrado cosas como estas en los basureros? Se desabroch el distintivo y lo hizo pasar cerca de la caja; el sonido de la alarma se intensific, pero muy levemente. El escudo de aislamiento parece intacto.
Dije, con la mayor calma posible:
Esta gente tiene acceso a explosivos sofisticados. No tenemos idea de qu mierda puede haber all dentro ni a qu est conectado. Este es el momento en que debemos salir caminando tranquilamente y dejar la situacin en manos de los robots manipuladores de bombas.
Lansing pareci a punto de protestar, pero luego asinti con contricin. Los tres ascendimos a la calle y Asher llam al contratista local encargado de los servicios antiterroristas. De pronto, me di cuenta de que tendran que desviar todo el trnsito para que nadie cruzara el puente. Los medios no le haban prestado una atencin muy profunda al atentado de Lane Cove, pero esto sera el tema central del noticiero de la noche.
Llev a Lansing aparte.
Han destruido su laboratorio. Han borrado del mapa los grupos de clulas. Los datos pueden ser imposibles de localizar y haber sido alterados... de modo que el prximo objetivo lgico es usted y sus empleados. Nexus no proporciona servicios de proteccin, pero puedo recomendarle una buena empresa.
Le di el nmero de telfono y ella lo acept con adecuada solemnidad.
O sea que por fin me cree? Estos no son saboteadores comerciales. Son fanticos peligrosos dijo.
Me estaba poniendo impaciente con sus vagas referencias a los "fanticos".
A quines tiene en mente, en concreto?
Ella dijo sombramente: Estamos entrometindonos con ciertos... procesos naturales. Usted puede sacar sus propias conclusiones, verdad?
No tena ninguna lgica. Probablemente, el grupo "Imagen de Dios" sera partidario de obligar a usar el capullo a todas las mujeres embarazadas que estuviesen infectadas con HIV o fuesen adictas a la droga; no intentaran ponerle una bomba a una tecnologa como esa. Los "Soldados de Gaia" estaban ms interesados en la manipulacin gentica de los cultivos y las bacterias que en las triviales modificaciones que pudieran introducirse en una especie tan insignificante como la humana... y no habran usado radioistopos aunque el destino del planeta dependiera de ello. Lansing comenzaba a parecerme completamente paranoide, aunque, dadas las circunstancias, en realidad no poda censurarla.
Le dije: No saco ninguna conclusin. Slo le estoy aconsejando que tome precauciones sensatas, porque no tenemos manera de saber hasta dnde pueden llegar. Pero... Bioarchivo debe alquilar congeladores a todos los competidores de CVI. A un rival comercial le habra resultado mil veces ms fcil ingresar en la bveda y plantar esa cosa que a cualquier hipottico miembro de una secta.
Frente a nosotros, con un chirrido de neumticos, se detuvo una camioneta blindada con placas grises; la puerta trasera se abri de golpe, expuls unas rampas y luego descendi un robot rechoncho, de mltiples extremidades, que avanzaba sobre ruedas. Levant una mano a modo de saludo y el robot hizo lo mismo: el operador era amigo mo.
Lansing dijo:
Puede que tenga razn. Adems, nada impide que un trabajador de la biotecnologa sea tambin un terrorista, verdad?
Se descubri que el aparato no era ningn tipo de trampa: slo lo haban ideado para baar las valiosas clulas de CVI con rayos gamma durante seis horas, comenzando a medianoche, todas las noches. Incluso, en el poco probable caso de que alguien hubiese ingresado a la bveda en horas de la madrugada y se hubiese parado en el estrecho espacio que separaba un congelador del otro, la dosis recibida no habra sido gran cosa; como Lansing haba sugerido, era el efecto acumulado durante meses lo que haba provocado el perjuicio. El radioistopo de la caja era cobalto 60, casi con certeza proveniente de un instrumento de uso mdico demasiado debilitado para su funcin original, pero an demasiado activo para ser desechado retirado de servicio y robado del sitio donde lo haban puesto a "enfriar". No se haba informado de un robo semejante, pero los asistentes de Elaine Chang estaban llamando a todos los hospitales para tratar de convencerlos de realizar nuevos inventarios en sus bunkers de cemento.
El cobalto 60 era un material peligroso, pero cincuenta miligramos en el interior de un recipiente cuidadosamente aislado no eran exactamente lo que se llama un arma nuclear tctica. Sin embargo, los sistemas de noticias se pusieron frenticos: TERRORISTAS ATOMICOS ATENTAN CONTRA EL PUENTE DEL PUERTO, etctera. Si los enemigos de CVI eran activistas, con alguna "causa moral" que esperaban plantear frente al pblico, era obvio que tenan los peores asesores de relaciones pblicas del mercado. Sus perspectivas de lograr la ms leve simpata se esfumaron apenas los primeros informes de los noticieros mencionaron la palabra radiacin.
Mi software secretaria emiti corteses declaraciones de "Sin comentarios" en mi nombre, pero los camargrafos comenzaron a pulular delante de mi puerta, de modo que me calm y les lanc algunas frases tpicas de noticiero que significaban esencialmente lo mismo. Martin observaba todo, divertido... y despus fui yo el que observ, atnito, la conferencia de prensa que apareci en la televisin, ofrecida por Janet Lansing en la puerta de su propia casa.
Est claro que esta gente es insensible. La vida humana, el medio ambiente, la contaminacin radiactiva... no significan nada para ellos.
Tiene idea de quin puede ser el responsable de este ultraje, Dra. Lansing?
Todava no puedo hacerlo pblico. Por ahora, lo nico que puedo revelar es que nuestra investigacin es de trascendental importancia para la medicina preventiva y que no me sorprende en absoluto que haya poderosos intereses creados que trabajan contra nosotros.
Poderosos intereses creados? Y si eso no era un mensaje cifrado para la empresa biotecnolgica rival cuya participacin ella continuaba negando, para quin era? Sin duda, Lansing tena mucha idea de cmo aprovechar las ventajas publicitarias de ser la vctima de los TERRORISTAS ATOMICOS... pero se me ocurri que estaba perdiendo el tiempo. En un lapso de dos aos o un poco ms, cuando el producto finalmente ingresara en el mercado, esta historia estara completamente olvidada.
Despus de algunas astutas negociaciones jurisdiccionales, Asher finalmente me envi los archivos de las filmaciones tomadas durante los ltimos seis meses por las cmaras de vigilancia de la bveda, que era todo lo que tenan guardado. El congelador en cuestin haba estado sin usar durante casi dos aos. El ltimo usuario autorizado haba sido una pequea clnica que haba quebrado. En la actualidad, slo un 60 por ciento de los congeladores estaban alquilados, de modo que no era especialmente sorprendente que ubicaran a CVI junto a un vecino convenientemente vaco.
Pas los archivos de vigilancia por mi software procesador de imgenes, con la esperanza de que las cmaras hubiesen atrapado a alguien en el acto de abrir el congelador en desuso. La bsqueda demor casi una hora de supercomputadora y no arroj nada de nada. Unos minutos despus, Elaine Chang asom la cabeza en mi oficina para decirme que haba terminado el anlisis de los daos infligidos a las paredes del congelador: la irradiacin nocturna haba durado unos ocho o nueve meses.
Sin amilanarme, revis nuevamente los archivos, esta vez instruyendo al software para que armara una galera de todos los individuos que haban estado en el interior de la bveda.
Aparecieron sesenta y dos caras. Les puse a todas el nombre de la compaa a la que pertenecan, comparando la hora de cada filmacin con los registros de utilizacin de la llave electrnica de cada cliente asentados por Bioarchivo. No descubr incoherencias obvias: nadie que hubiera sido avistado adentro haba empleado otra llave de acceso que la autorizada... y cada persona haba usado siempre la misma llave, una y otra vez.
Recorr la galera de rostros, preguntndome qu hacer a continuacin. Buscar a alguien que estuviera mirando disimuladamente el congelador radiactivo? Poda dejar que mi software se encargara de ello, pero no estaba dispuesto a escatimar esfuerzos.
Llegu a un rostro que me pareci familiar: una mujer rubia, de unos treinta y cinco aos, que haba utilizado tres veces la llave que perteneca a la Unidad de Investigacin Oncolgica del Hospital Centenario de la Federacin. Estaba seguro de que la conoca, pero no recordaba dnde la haba visto antes. No importaba; despus de unos segundos de bsqueda, logr una buena imagen del distintivo abrochado a su delantal de laboratorio, donde estaba escrito su nombre. No tuve ms que accionar el zoom.
El distintivo deca C. MENDELSOHN.
Alguien golpe mi puerta abierta. Apart la vista de la pantalla. Elaine haba vuelto y pareca feliz consigo misma.
Dijo: Finalmente encontramos un lugar que admite haber extraviado algo de cobalto 60. Y lo que es ms... la actividad de nuestra fuente coincide exactamente con la curva de deterioro del elemento desaparecido.
De dnde lo robaron, entonces?
Del Hospital Centenario.
Llam a la Unidad de Investigacin Oncolgica. S, Catherine Mendelsohn trabajaba all desde haca casi cuatro aos, pero no podan comunicarme con ella: estaba de licencia por enfermedad toda la semana. Me dieron el mismo nmero telefnico cancelado que CVI, pero otra direccin, un departamento en Petersham. La direccin no figuraba en la gua telefnica; tendra que ir all en persona.
Un equipo de investigacin del cncer no tendra motivos para perjudicar a CVI, pero un rival comercial, con o sin su propia llave para entrar a la bveda, poda haberle pagado a Mendelsohn para que trabajara para ellos. Me pareca que, sin importar lo que le hubieran ofrecido, el convenio era psimo: si la condenaban a prisin, rastrearan y confiscaran hasta el ltimo centavo... aunque era posible que la amargura de haber sido despedida hubiera obnubilado su buen juicio.
Tal vez. O tal vez me estaba tomando esto muy a la ligera.
Volv a pasar las imgenes de Mendelsohn tomadas por las cmaras de vigilancia. No haca nada fuera de lo comn, nada sospechoso. Iba derecho al congelador de la UIO, pona dentro las muestras que haba trado y se marchaba. No echaba ningn vistazo disimulado a ningn lado.
El hecho de que haba estado dentro de la bveda, cumpliendo con una tarea legtima, no demostraba nada. El hecho de que el cobalto 60 hubiese sido robado del hospital donde ella trabajaba poda ser pura coincidencia.
Y cualquiera tena derecho a cancelar su servicio telefnico.
Me imagin las vigas de refuerzo de acero del laboratorio de Lane Cove reluciendo al sol.
Cuando sala, de mala gana, me desvi hacia el stano. Me qued sentado frente a la consola, mientras la caja fuerte de armamento verificaba mis huellas digitales, tomaba muestras de mi aliento, haca un espectrograma de la sangre de mi retina, me haca unas pruebas que medan el tiempo transcurrido entre percepcin y juicio, y luego me interrogaba durante cinco minutos sobre el caso. Cuando estuvo satisfecha con mis reflejos, mis motivos y mi estado mental, me entreg una pistola nueve milmetros con sobaquera.
El edificio de departamentos de Mendelsohn era una caja de cemento de la dcada de 1960, con puertas principales que se abran a largos balcones compartidos, sin ningn tipo de sistema de seguridad. Llegu apenas pasadas las siete, y percib el aroma de la comida cocinndose y el sonido de los aplausos de un programa televisivo de entretenimientos que sala de un centenar de ventanas abiertas. El cemento an rielaba por el calor del da; tres tramos de escaleras me dejaron empapado en sudor. El departamento de Mendelsohn estaba en silencio, pero las luces estaban encendidas.
Ella misma abri la puerta. Me present y le mostr mi identificacin. Pareca nerviosa, pero no sorprendida.
Dijo: Sigue resultndome odioso tener que tratar con gente como usted.
Gente como...?
Yo me opuse a la privatizacin de las fuerzas policiales. Ayud a organizar algunas de las marchas.
Deba haber tenido catorce aos en ese momento... Era una activista poltica muy precoz.
Me dej entrar, a regaadientes. La sala tena muebles modestos, con una terminal sobre un escritorio, en un rincn. Dije: Estoy investigando el atentado contra Calidad de Vida Internacional. Usted trabaj all hasta hace cuatro aos. Es correcto?
S.
Podra decirme por qu se fue?
Ella repiti lo que yo ya saba sobre el traslado de su proyecto a la sucursal Amarillo.
Respondi todas las preguntas directamente, mirndome a los ojos; todava estaba nerviosa, pero aparentemente estaba tratando de extraer alguna informacin vital observando mi comportamiento. Se estara preguntando si yo haba descubierto el origen del cobalto?
Qu haca en las instalaciones de North Ryde a las dos de la maana, dos das antes de que la despidieran?
Dijo: Quera descubrir qu estaba planeando CVI para el nuevo edificio. Quera saber por qu no deseaban que me quedara aqu.
Su puesto de trabajo fue trasladado a Texas.
Ri secamente. Mi trabajo no estaba tan especializado. Podra haber intercambiado el puesto con alguien que deseara viajar a los Estados Unidos. Habra sido la solucin perfecta, porque haba muchsima gente felizmente dispuesta a intercambiar su puesto conmigo. Pero no, no lo permitieron.
Entonces... encontr lo que buscaba?
Esa noche no. Pero despus s.
Dije con cuidado: O sea que usted saba lo que CVI estaba haciendo en Lane Cove?
S.
Cmo lo descubri?
Apoy la oreja en el suelo. Ninguno de los que todava estn en la empresa me lo habra dicho directamente, pero en algn momento se filtr el rumor. Hace ms o menos un ao.
Tres aos despus de su despido? Por qu segua tan interesada? Pensaba que poda comerciar con la informacin?
Dijo: Ponga su notepad en el lavabo del bao y abra el grifo.
Vacil, luego obedec. Cuando regres a la sala, Mendelsohn tena el rostro cubierto con las manos. Me mir torvamente.
Por qu segua interesada? Porque quera saber cul era el motivo de que estuvieran trasladando a otras sucursales todos los proyectos en cuyos equipos de trabajo haba gays o lesbianas. Quera saber si era por pura coincidencia. O no.
Sent un repentino fro en el fondo del estmago. Dije:
Si tena algn problema de discriminacin, hay caminos que pudo haber...
Mendelsohn sacudi la cabeza con impaciencia.
CVI nunca fue discriminatoria. No despidieron a ninguno de los que aceptaron mudarse... y siempre trasladaban al equipo completo; no existi algo tan burdo como la seleccin de individuos por sus preferencias sexuales. Y tenan un razonamiento para todo: estaban reagrupando los proyectos de las sucursales, para facilitar la "polinizacin
cruzada sinrgica". Y si eso le suena a palabrero pretencioso, lo era... pero era un palabrero pretencioso creble. Otras corporaciones han adoptado esquemas mucho ms ridculos con perfecta sinceridad.
Pero si no fue una cuestin de discriminacin... por qu CVI iba a querer obligar a la gente a que se fuera de una sucursal determinada?
Creo que finalmente adivin la respuesta, al mismo tiempo que pronunciaba esas palabras, pero necesitaba que ella me lo dijera antes de poder creerlo de verdad.
Mendelsohn deba haber estado practicando la explicacin para los que no eran bioqumicos: se la saba al dedillo.
Cuando la gente est bajo tensin fsica o emocional, aumentan los niveles de ciertas sustancias presentes en el torrente sanguneo. Cortisol y adrenalina, principalmente. La adrenalina tiene un efecto rpido y corto sobre el sistema nervioso. El cortisol funciona durante un lapso mucho ms prolongado, modulando toda clase de procesos corporales, adaptndolos para los tiempos difciles: heridas, fatiga, lo que sea. Si la tensin es prolongada, el nivel de cortisol de una persona puede permanecer elevado durante das, semanas o meses.
"En el caso de una mujer embarazada, cuando el nivel de cortisol en sangre se eleva lo
suficiente, la sustancia puede cruzar la barrera placentaria e interactuar con el sistema hormonal del feto en desarrollo. Durante la gestacin, hay partes del cerebro cuyo desarrollo se decide por uno de dos senderos posibles, gracias a las hormonas producidas por los testculos o los ovarios del feto: las partes del cerebro que controlan la imagen corporal y las que controlan las preferencias sexuales. Los embriones femeninos generalmente desarrollan un cerebro acorde con la autoimagen de un cuerpo femenino y con un potencial ms fuerte de atraccin sexual hacia los hombres. Los embriones masculinos, viceversa. Y son las hormonas sexuales de la sangre del feto las que permiten que las neuronas en crecimiento sepan cul es el sexo del embrin y qu esquema deben adoptar.
"El cortisol puede interferir con este proceso. Las interacciones precisas son complejas, pero el efecto definitivo depende del tiempo; en diferentes etapas del desarrollo, diferentes partes del cerebro se van especializando en versiones especficas de un sexo. De modo que las tensiones sufridas en diferentes momentos del embarazo llevan a diferentes esquemas de preferencia sexual y autoimagen corporal del nio: homosexual, bisexual, transexual.
"Obviamente, mucho depende de la bioqumica de la madre. El embarazo es de por s tensionante, pero cada mujer responde en forma diferente. El primer signo de que el cortisol poda ejercer alguna influencia se detect en unos estudios que se realizaron en la dcada de 1980, en los hijos de las mujeres alemanas que haban estado embarazadas durante los bombardeos ms intensos de la Segunda Guerra Mundial, cuando la tensin era tan grande que el efecto se manifest de la misma manera en todas, a pesar de las diferencias individuales. En los noventa, los investigadores pensaron que haban encontrado un gen que determinaba la homosexualidad, pero ste siempre era heredado de la madre... Result ser que este gen, ms que actuar directamente en el hijo, influenciaba la respuesta de la madre a la tensin.
"Si se impidiera que el cortisol materno y otras hormonas originadas por la tensin llegaran al feto, el sexo del cerebro siempre coincidira con el sexo del cuerpo en todos los aspectos. Todas las variaciones actuales seran eliminadas por completo.
Estaba conmocionado, pero creo que no lo demostraba. Todo lo que deca me sonaba a cierto; no dudaba de una sola de sus palabras. Siempre haba sabido que las preferencias sexuales se decidan antes del nacimiento. A los siete aos, yo ya saba que
era gay. Sin embargo, nunca me haba puesto a investigar los elaborados detalles biolgicos, porque nunca haba credo que la tediosa mecnica del proceso pudiera interesarme. Lo que me congel la sangre no fue el estar enterndome por fin del funcionamiento de la neuroembriologa del deseo. La conmocin se deba a que estaba descubriendo que CVI planeaba meterse dentro del tero y tomar el control.
Continu interrogndola en una especie de trance, poniendo mis sentimientos en animacin suspendida.
Dije: La barrera de CVI es para filtrar virus y toxinas. Usted habla de una sustancia
natural que est presente desde hace millones de aos...
La barrera de CVI evitar el paso de cualquier cosa que ellos estimen que no es esencial. El feto no necesita del cortisol materno para sobrevivir. Si CVI no incluye explcitamente conductos de transporte para l, no pasar. Y le concedo una oportunidad para que adivine cules son sus planes.
Dije: Su conducta es paranoide. Piensa que CVI invertira millones de dlares nada ms que para participar de una conspiracin para librar al mundo de homosexuales?
Mendelsohn me mir con lstima.
No es una conspiracin. Es una oportunidad de comercializacin. A CVI le importan una mierda las polticas sexuales. Podran incluir transportadores de cortisol y vender la barrera como escudo antivirus, antidrogas y antipolucin. O podran no incluirlos y venderla como todo eso... y adems como un medio de garantizar la heterosexualidad del hijo. Con cul de las dos alternativas cree que ganaran ms dinero?
Esa pregunta me toc una cuerda ntima. Le dije, enojado:
Y como usted tiene tan poca fe en la eleccin de la gente, decidi poner una bomba en el laboratorio para que nadie tuviera jams la posibilidad de esa opcin?
La expresin de Mendelsohn se volvi ptrea.
Yo no puse la bomba. Tampoco irradi el congelador.
No? Descubr que el cobalto 60 era del Hospital Centenario.
Por un momento, pareci perpleja. Despus dijo:
Felicitaciones. All trabajan seis mil personas, sabe? Obviamente, no soy la nica que descubri lo que est tramando CVI.
Usted es la nica con acceso a la bveda de Bioarchivo. Qu espera que crea? Que, una vez enterada de este proyecto, usted no iba a hacer absolutamente nada al respecto?
Claro que no! Y sigo pensando en dar a conocer lo que estn haciendo. Que la gente
sepa lo que va a significar. Intentar que el tema se debata antes de que aparezca el producto, envuelto en una nube de informaciones errneas.
Usted me dijo que hace un ao que sabe de qu se trata el proyecto.
S... Y pas la mayor parte de ese tiempo tratando de verificar todos los hechos antes de abrir mi bocaza. No hay nada ms estpido que enfrentar al pblico con rumores a medio comprobar. Hasta este momento, slo se lo he contado a una decena de personas, pero bamos a lanzar una gran campaa publicitaria coincidente con el Carnaval de este ao. Aunque ahora, con lo del atentado, todo es mil veces ms complicado. Extendi las manos en un gesto de impotencia. Pero igual tenemos que hacer lo que podamos para tratar de evitar que ocurra lo peor.
Lo peor?
El separatismo. La paranoia. La homosexualidad redefinida como patolgica. Las lesbianas y las mujeres heterosexuales comprensivas buscando su propio medio tecnolgico para garantizar la supervivencia de una cultura... mientras los religiosos de extrema derecha tratan de hacerles juicio por envenenar a sus bebs... con una sustancia con la que Dios ha estado "envenenando" bebs durante unos cuantos miles de aos! Turistas sexuales viajando desde pases ricos donde se dispone de esa tecnologa a pases ms pobres donde no existe.
Me enferm el panorama que me pintaba, pero segu presionando.
Esa decena de amigos suyos...?
Mendelsohn dijo, desapasionada:
Vyase a la mierda. No tengo nada ms que decirle. Le cont la verdad. No soy una criminal. Y creo que es mejor que se vaya.
Fui al bao a recoger el notepad. En el umbral, le dije:
Si no es una criminal, por qu es tan difcil de encontrar?
Muda, despreciativamente, ella se levant la camisa y me mostr las escoriaciones que tena debajo de las costillas: se estaban sanando, pero tenan un aspecto muy desagradable. Quienquiera que le hubiese pegado una ex-amante?, no poda censurarla por hacer todo lo posible por evitar una repeticin del hecho.
En las escaleras, oprim el botn de REPRODUCCION del notepad. El software comput el espectro de frecuencia del ruido del agua corriente, lo elimin de la grabacin y luego amplific y limpi lo que quedaba. Ms claras que el cristal, se escucharon todas y cada una de las palabras de nuestra conversacin.
Desde el auto, llam a una empresa de vigilancia y los contrat para que observaran a
Mendelsohn las veinticuatro horas.
Cuando iba para casa, me detuve a medio camino en una calle lateral y me qued sentado frente al volante durante diez minutos, incapaz de pensar, incapaz de moverme.
Esa noche, en la cama, le pregunt a Martin:
T eres zurdo. Cmo te sentiras si nunca ms naciera gente zurda?
No me molestara en lo ms mnimo. Por qu?
No lo consideraras una especie de... genocidio?
Difcilmente. De qu se trata esto?
Nada. Olvdalo.
Ests temblando.
Tengo fro.
No te siento fro.
Mientras hacamos el amor primero tiernamente, despus con salvajismo pens: Este es nuestro idioma, nuestro dialecto. Se han peleado guerras por menos que esto. Y si este idioma muere alguna vez, todo un pueblo habr desaparecido de la faz de la Tierra.
Supe que tendra que abandonar el caso. Si Mendelsohn era culpable, tendra que ser otro el que lo demostrara. Seguir trabajando para CVI me destruira.
Despus, sin embargo... todo eso me pareci una tontera sentimental. Yo no perteneca a ninguna tribu. Todos los seres humanos posean su propia sexualidad, y cuando moran sta mora con ellos. Si nunca ms volvan a nacer gays, para m no representara ninguna diferencia.
Y si abandonaba el caso por que yo era gay, estara abandonando todo lo que siempre haba credo sobre mi propia igualdad, mi propia identidad... para no mencionar el hecho de que podradarle a CVI la oportunidad de anunciar: S, por supuesto que contratamos al investigador sin fijarnos en sus preferencias sexuales, pero aparentemente cometimos un error.
Mirando la oscuridad, dije:
Siempre que escucho la palabra *comunidad* corro a buscar el revlver.
No hubo respuesta. Martin estaba profundamente dormido. Quera despertarlo, quera discutirlo todo de nuevo, en ese lugar y en ese momento... pero haba firmado un contrato. No poda contarle una sola palabra.
As que lo mir dormir y trat de convencerme de que, cuando la verdad saliera a la luz, l me comprendera.
Llam a Janet Lansing, la puse al tanto de lo de Mendelsohn y le dije con frialdad:
Por qu usted se conduca con tanta timidez? "Fanticos"? "Poderosos intereses creados"? Le resulta difcil la pronunciacin de ciertas palabras?
Era obvio que se haba preparado para este momento.
No quera plantar mis propias ideas en su cabeza. Ms tarde, eso poda llegar a considerarse un factor perjudicial.
Quin poda considerarlo perjudicial? Era una pregunta retrica: los medios, por supuesto. Al guardar silencio sobre el asunto, haba minimizado el riesgo de que la consideraran la iniciadora de una caza de brujas. Decirme que saliera a buscar terroristas homosexuales podra haber puesto a CVI en una situacin muy antiptica... mientras que dejarme encontrar a Mendelsohn por mis propios medios y por razones completamente distintas, a pesar de mi ignorancia sera una prueba de que la investigacin se haba llevado a cabo sin prejuicios.
Dije: Usted albergaba sospechas y tendra que habrmelas revelado. Como mnimo, tendra que haberme dicho para qu serva la barrera.
La barrera dijo es una proteccin contra virus y toxinas. Pero cualquier cosa que hagamos con el cuerpo tiene efectos colaterales. No es mi funcin juzgar si esos efectos son o no son aceptables. Las autoridades reguladoras insistirn en que publicitemos el producto mencionando todas las consecuencias que acarrea su uso... a partir de ah, ser decisin de los consumidores.
Muy prolijo: el gobierno les retorcera el brazo, obligndolos a revelar el factor ms importante para el xito de las ventas!
Y qu dicen sus estudios de mercado?
Eso es estrictamente confidencial.
Estuve a punto de preguntarle Cundo fue el momento exacto en que descubri que yo era gay? Despus de contratarme... o antes? En la maana del atentado, mientras yo armaba un informe sobre Janet Lansing, ella armaba informes sobre toda la gente que poda licitar la investigacin? Y haba descubierto en m la ventaja definitiva, la mxima garanta de imparcialidad, demasiado tentadora para poder resistirse?
No se lo pregunt. Todava quera creer que no haba ninguna diferencia: que ella me haba contratado, que yo haba resuelto el crimen como cualquier otro y que no importaba nada ms.
Fui al bunker donde haban guardado el cobalto, en las fronteras de los jardines del Hospital Centenario. La puerta trampa era slida, pero la cerradura era un chiste y no haba ningn sistema de alarma; cualquier inteligente nio de doce aos la hubiese roto. Apilados hasta el techo, haba cajones llenos de toda clase de desechos radiactivos (baja intensidad, corta vida) que obstruan la luz de la nica bombilla desnuda. Con razn el robo no haba sido detectado antes. Hasta haba telaraas, aunque ningn arcnido mutante, por lo que pude ver.
Despus de cinco minutos de curiosear, oyendo sumar los niveles de exposicin al dosmetro de solapa que me haban prestado, me alegr de salir, por ms que una vulgar radiografa de trax me hubiese hecho diez veces ms dao. Mendelsohn no se haba percatado de eso, de lo irracional que se pona la gente cuando de radiacin se trataba, de cunto perjudicara a su causa que se descubriera lo del cobalto? O acaso sus propios conocimientos totalmente fundamentados sobre los mnimos riesgos de esa exposicin haban distorsionado su percepcin?
El equipo de vigilancia me enviaba informes a diario. Era un servicio costoso, pero lo pagaba CVI. Mendelsohn se reuna con sus amigos abiertamente, contndoles todo sobre la noche de mi interrogatorio, advirtindoles con indignacin que, casi con seguridad, los estaban vigilando en ese mismo momento. Hablaban de la barrera fetal, de las opciones para presentar una oposicin legtima, de los problemas que les haba ocasionado el atentado. No pude adivinar si todo esto era una representacin especialmente armada para m o si Mendelsohn, deliberadamente, estaba contactando slo a los amigos que crean de verdad que ella no estaba comprometida en el hecho.
Pas mucho tiempo verificando los antecedentes de los que se reunan con ella. No pude encontrar evidencias de un pasado de violencia o de sabotaje en ninguno, y menos an de experiencia en explosivos pesados. De todos modos, yo no esperaba descubrir con tanta facilidad al que haba colocado la bomba.
Lo nico que tena eran evidencias circunstanciales. Lo nico que poda hacer era reunir detalle tras detalle y esperar que la montaa de datos que estaba construyendo alcanzara la masa crtica en algn momento... o que Mendelsohn cometiera un desliz, quebrndose bajo tanta presin.
Transcurrieron las semanas y Mendelsohn continu desfachatadamente con sus actividades. Incluso hizo imprimir panfletos, preparndose para distribuirlos en el Carnaval, condenando el atentado con tanta energa como condenaba a CVI por mantener el proyecto en secreto.
Las noches se pusieron ms calurosas. Mi nimo flaqueaba. No s qu habr pensado Martin que me estaba ocurriendo, pero no tena idea de cmo bamos a sobrevivir los dos a las revelaciones por venir. No poda ni comenzar a pensar en la magnitud del escndalo que se armara una vez que los TERRORISTAS ATOMICOS resultaran ser GAYS ENVENENADORES DE BEBS segn los diarios prejuiciosos, y lo mismo daba que la noticia se diera a conocer por el arresto de Mendelsohn o porque sta ofreciera una conferencia de prensa para hacer sonar la alarma sobre CVI y proclamar su propia inocencia. De un modo u otro, la investigacin se transformara en un circo. Trat de no pensar en nada de eso; era demasiado tarde para hacer las cosas de otro modo, para dejar el caso, para decirle la verdad a Martin. As que me concentr en ejercitar mi visin en tnel.
Elaine recorri el bunker de desechos radiactivos en busca de evidencias, pero despus de varias semanas de anlisis el resultado fue nulo. Interrogu a los guardias de Bioarchivo, quienes (supuestamente) tenan que haber visto por los monitores al que haba plantado el cobalto, pero nadie se acordaba de ningn cliente que hubiese deambulado despreocupadamente por un pasillo que no le corresponda, llevando un elemento inusualmente grande y de forma rara.
Finalmente, consegu las rdenes de cateo que necesitaba para escrutar toda la historia electrnica de Mendelsohn desde su nacimiento. La haban arrestado exactamente una vez, haca veinte aos, por patear a un polica no privatizado en la
espinilla, durante una marcha de protesta que ese mismo polica, muy posiblemente, aplauda. No la haban procesado. Por una orden de la corte, vigente desde haca dieciocho meses, se le prohiba a su ex-amante aproximarse ms de un kilmetro a su casa. (Era una mujer que tocaba en una banda llamada La Navaja de Ttanos y que haba estado en prisin dos veces por agresin). No haba evidencias de ingresos no declarados o de gastos fuera de lo comn. No haca ni reciba llamadas telefnicas de sospechosos de traficar armas o explosivos, ni de los socios conocidos de esos sospechosos. Pero, si lo haba organizado cuidadosamente, tal vez los haba llamado desde telfonos pblicos y con dinero en efectivo.
Mientras yo estuviera vigilndola, Mendelsohn no iba a dar un solo paso en falso. Sin embargo, por ms cuidadosa que fuera, no poda haber transportado la bomba ella sola. Lo que yo necesitaba era un mercenario nervioso o con tantos remordimientos de conciencia como para convertirse en informante. Hice correr el rumor por los canales habituales: yo estaba dispuesto a pagar, estaba dispuesto a negociar.
Seis semanas despus del atentado, recib un mensaje annimo por correo electrnico.
Vaya al Carnaval. Sin micrfonos, sin armas. Yo lo buscar. 29:17:5:31:23:11
Jugu con los nmeros durante ms de una hora, tratando de encontrarles sentido, hasta que finalmente se los mostr a Elaine.
Me dijo: Ten cuidado, James.
Por qu?
Estos son los valores de los seis elementos identificatorios que encontramos en el residuo de la explosin.
Martin se pas el da en el Carnaval, con unos amigos que tambin participaran del desfile. Me sent en mi oficina con aire acondicionado y encend un canal de TV que mostraba los preparativos finales, intercalados con cabezas parlantes que describan la historia del acontecimiento. En cuarenta aos, el Carnaval de Gays y Lesbianas, que en sus comienzos haba provocado una serie de horribles confrontaciones con la polica y las autoridades locales, haba pasado a ser un espectculo que mova muchsimo dinero, publicitado en folletos tursticos que se distribuan por todo el mundo. Contaba con la bendicin de todos los niveles gubernamentales, era encabezado por personalidades polticas y empresariales... y la polica, igual que la mayor parte de las profesiones, ahora presentaba su propia carroza.
Martin no era un travesti (ni un fetichista musculoso y vestido de cuero, ni ningn otro lugar comn en dos patas): para l, ponerse un traje llamativo, una noche por ao, era algo tan falso y artificial como lo hubiese sido para la mayora de los hombres heterosexuales. Pero creo que yo entenda por qu lo haca. Se senta culpable porque, con las ropas que acostumbraba usar, con la forma de hablar, los modales y el porte que
tena naturalmente, poda "pasar por htero". Nunca le haba ocultado a nadie su sexualidad, pero sta no se manifestaba de manera instantneamente obvia a los ojos de los desconocidos. Para l, participar en el Carnaval era un gesto de solidaridad hacia esos gays que s eran obvios y visibles durante todo el ao... y que por eso mismo eran vctimas de los ms airados embates de la intolerancia.
A medida que caa el crepsculo, los espectadores fueron instalndose a lo largo del recorrido. Arriba, comenzaron a sobrevolar helicpteros de todos los servicios de noticias, que se apuntaban sus cmaras el uno al otro para demostrarles a los televidentes que este era Un Gran Acontecimiento. Los integrantes del grupo de control de multitudes, de a caballo, vestidos con algo muy parecido al antiguo uniforme azul que haba desaparecido cuando yo era nio, estacionaron sus caballos junto a los puestos de comidas rpidas y se quedaron por ah, reuniendo fuerzas para la larga noche que se avecinaba.
No poda entender cmo esperaba encontrarme el terrorista entre cien mil personas, de modo que despus de salir del edificio de Nexus, por las dudas, di tres lentas vueltas a la manzana en el auto.
Cuando logr llegar a un punto de observacin ventajoso, ya me haba perdido el comienzo del desfile; lo primero que vi fue una larga fila de personas que llevaban cabezas de plstico gigantescas con las facciones de maricas famosos e infames. (Aparentemente, la palabra "marica" estaba otra vez de moda; haba sido declarada oficialmente como no peyorativa, despus de varios aos de no contar con los favores de la gente). Todo era tan al estilo Disney que hasta era posible que me dieran nuseas. Y s, hasta estaba Bernardette, la primera ratoncita lesbiana de dibujos animados del mundo. Slo reconoc a tres de los humanos retratados: Patrick White, de semblante macilento y apropiadamente turbio, Joe Orton, que miraba de soslayo sardnicamente y
J. Edgar Hoover, con una mefistoflica expresin de desprecio. Todos llevaban bandas con sus nombres, como si eso sirviera de algo. Un joven que estaba a mi lado le pregunt a su novia:
Quin diablos era Walt Whitman?
Ella mene la cabeza.
Ni idea. Y Alan Turing?
Yo qu s.
Igual los fotografiaron a los dos.
Yo quera gritarles a los que desfilaban: Y qu? Algunos maricas fueron famosos. Algunos famosos fueron maricas. Qu sorpresa! Piensan que eso significa que pueden apropirselos?
Por supuesto, me qued callado, mientras todos los que me rodeaban vitoreaban y aplaudan. Me pregunt qu tan cerca estara el o la terrorista, cunto tiempo ms me hara sudar. Panptica, la empresa contratista de vigilancia, an estaba siguiendo a Mendelsohn y a todos sus socios conocidos; casi todos se encontraban ahora en alguna parte del trayecto del desfile, repartiendo sus panfletos. Sin embargo, pareca que ninguno de ellos me haba seguido. El terrorista, casi con certeza, era alguien que no perteneca a la red de amigos que habamos dejado al descubierto.
Una barrera antivirus, antidrogas, antipolucin nicamente... o un medio de garantizar un hijo heterosexual? Con cul de las dos alternativas cree que ganaran ms dinero? Rodeado de tantos espectadores que aplaudan la mitad eran parejas de sexo mixto con nios a la rastra era casi posible rerse de los miedos de Mendelsohn. Quin, de todos los que estaban aqu, estara dispuesto a admitir que comprara una versin del capullo que permitiera borrar del mapa su actual fuente de entretenimiento? Pero aplaudir un desfile de monstruosidades no significaba querer que los de su propia sangre se incorporaran a l.
Una hora despus de comenzado el desfile, decid salir de la parte ms densa de la muchedumbre. Si el terrorista no poda llegar a m por el amontonamiento, no tena mucho sentido quedarme. Formadas en cruz, detrs de un estandarte que deca LESBIANAS MOTORIZADAS POR JESUS, pasaron unas cien mujeres vestidas de cuero y montadas en motocicletas elctricas con ruido incorporado. Record al pequeo grupo de fundamentalistas que haba pasado ms temprano, dndole la espalda al desfile por miedo a convertirse en estatuas de sal, con velas en la mano y rezando para que lloviera.
Avanc trabajosamente hasta uno de los puestos de comida y compr una salchicha fra y un jugo de naranja tibio, tratando de ignorar el olor a bosta de caballo. El lugar pareca atraer a los tipos encargados de hacer cumplir la ley; mientras yo coma, hasta el propio J. Edgar Hoover comenz a acercarse, mirndome como un malvolo Humpty Dumpty.
Cuando pas a mi lado, dijo:
Veintinueve. Diecisiete.
Cinco.
Termin la salchicha y lo
segu.
Se detuvo en una calle late-
ral desierta, detrs del esta-
cionamiento de un supermercado.
Cuando lo alcanc, sac un es-
caneador magntico.
Sin micrfonos, sin armas le dije. Movi el aparato delante mo. Le estaba diciendo la verdad. Puede hablar, metido dentro de esa cosa?
S. La cabeza gigante se bamboleaba extraamente; no se vea ningn agujero para los ojos, pero era obvio que el hombre no andaba a ciegas.
Bien. De dnde salieron los explosivos? Sabemos que el recorrido comenz en Singapur, pero quin fue el que se los provey aqu?
Hoover ri, con una carcajada profunda y sorda.
No voy a decirle eso. Dentro de una semana estara muerto.
Entonces qu es lo que quiere decirme?
Que yo slo hice el trabajo sucio. Mendelsohn organiz todo.
No me diga. Pero qu pruebas ofrece? Llamadas telefnicas? Transacciones financieras?
Se limit a rer de nuevo. Estaba empezando a preguntarme cunta gente del desfile sabra quin era el que representaba a J. Edgar Hoover; aunque el tipo se esfumara ahora mismo, era posible que pudiera encontrarle el rastro ms tarde.
Fue entonces cuando me di vuelta y vi a seis Hoovers ms, idnticos a ste, doblando la esquina y acercndose. Todos traan bates de bisbol.
Comenc a moverme. Hoover Uno sac una pistola y me apunt a la cara. Dijo:
Arrodllate lentamente, con las manos detrs de la cabeza.
Obedec. l no dejaba de apuntarme y yo no dejaba de mirar el gatillo, pero escuch que llegaban los otros y que cerraban filas a mis espaldas, formando un semicrculo.
Hoover Uno dijo:
No sabes lo que les pasa a los traidores? No sabes lo que te va a pasar a ti?
Con lentitud, negu con la cabeza. No saba qu poda decir para aplacarlo, de modo que dije la verdad:
Qu es eso de que soy un traidor? A quin tengo para traicionar? A las Lesbianas Motorizadas Por Jess? A la Compaa de Danza William S. Burroughs?
Alguien que estaba detrs me golpe la espinilla con el bate. No tan fuerte como hubiera podido: me fui hacia adelante, pero no perd el equilibrio.
Hoover Uno dijo:
No sabes nada de historia, Sr. Cerdo? Sr. Polizei? Los nazis nos metieron en campos de exterminio. Los reaganianos trataron de hacernos morir a todos de SIDA. Y aqu ests t, Sr. Cerdo, trabajando para los hijos de puta que quieren borrarnos de la faz del planeta. A m, eso me suena a traicin.
Me qued arrodillado, mirando fijo el revlver, incapaz de hablar. No poda encontrar palabras para justificarme. La verdad era demasiado difcil, demasiado gris, demasiado confusa. Mis dientes comenzaron a castaetear. Nazis. SIDA. Genocidio. Tal vez l tena razn. Tal vez yo mereca morir.
Sent que las lgrimas me corran por las mejillas. Hoover Uno ri.
Buaa, buaa, Sr. Cerdo.
Alguien me peg en los hombros con el bate. Me ca de cara, demasiado asustado para
mover las manos y detener el impacto; trat de levantarme, pero me apoyaron una bota en la nuca.
Hoover Uno se agach y me apoy el arma en el crneo. Susurr:
Cerrars el caso? Perders todas las evidencias en contra de Catherine? Ya sabes que ese novio tuyo frecuenta los mismos lugares peligrosos que nosotros y que no le conviene tener enemigos.
Separ la cara del asfalto lo suficiente para responder:
S.
Bien hecho, Sr. Cerdo.
Fue entonces cuando escuch el helicptero.
Me saqu la tierra de los ojos a fuerza de pestaear y vi que el suelo estaba mucho ms brillante de lo que deba: nos apuntaban con un reflector. Esper que sonara un altoparlante. No pas nada. Esper que mis atacantes huyeran. Hoover Uno me sac el pie de la nuca.
Y entonces todos comenzaron a pegarme con los bates de bisbol.
Tendra que haberme hecho un ovillo para protegerme la cabeza, pero me gan la curiosidad; me volv y le ech un vistazo al helicptero. Perteneca a un noticiero, por supuesto, y su dotacin se rehusaba a hacer algo tan antitico como arruinar una buena historia, justo cuando la imagen que yo estaba ofreciendo era tan telegnica. Todo era perfectamente coherente.
Pero la pandilla terrorista no era nada coherente. Por qu se seguan quedando, ahora que las cmaras estaban encendidas? Slo por el placer de hacer durar la paliza unos segundos ms?
Nadie era tan estpido, tan ignorante de las relaciones pblicas.
Tos, escup dos dientes y volv a esconder la cara. Ellos queran que se filmara todo. Ellos queran los titulares, el escndalo, la indignacin. TERRORISTAS ATOMICOS! ENVENENADORES DE BEBS! SECTA DE ASESINOS BRUTALES!
Queran demonizar al enemigo que estaban fingiendo ser.
Los Hoovers finalmente dejaron caer los bates y salieron corriendo. Me qued tirado en el suelo, chorreando sangre de la boca, demasiado dbil para levantar la cabeza y ver qu era lo que los haba ahuyentado.
Un rato despus, o cascos de caballo. Alguien se ech al suelo junto a m y me tom el pulso.
Dije:
No me duele nada. Estoy feliz. Estoy delirando.
Despus me desmay.
En su segunda visita, Martin vino al hospital acompaado de Catherine Mendelsohn. Me mostraron una grabacin de la conferencia de prensa de CVI, el da despus del Carnaval... dos horas antes de la conferencia de prensa programada por Mendelsohn.
Janet Lansing deca:
A la luz de los recientes acontecimientos, no nos queda otra opcin que hacer pblico nuestro proyecto. Por razones comerciales, hubiramos preferido mantener esta tecnologa en secreto, pero aqu est en juego la vida de personas inocentes. Y cuando las personas se vuelven en contra de los que son de su misma especie...
Se me salieron los puntos de los labios de tanto rerme.
Los de CVI haban hecho explotar su propio laboratorio. Haban irradiado sus propias clulas. Y haban tenido la esperanza de que yo encubriera a Mendelsohn, una vez que las evidencias me condujeran a ella, por simpata con su causa. Ms tarde, entregando una generosa propina a uno o dos periodistas de investigacin, habran hecho pblico el encubrimiento.
El clima perfecto para el lanzamiento del producto.
Sin embargo, como yo haba seguido investigando, se haban visto obligados a sacar el mximo provecho de la situacin, enviando a los Hoovers, que fingieron estar ligados a Mendelsohn, para castigar mi diligencia.
Mendelsohn dijo:
Todo lo que CVI desliz sobre m, lo del cobalto, lo de mi llave de la bveda, ya estaba explicado en los panfletos que yo haba hecho imprimir, pero parece que a los diarios no les importa mucho. Ahora soy la Terrorista de los Rayos Gamma del Puente del Puerto.
Nunca podrn imputarla.
Claro que no. O sea que nunca me declararn inocente, tampoco.
Cuando salga de aqu voy a ir tras ellos dije.
Ellos queran imparcialidad? Una investigacin que no estuviera teida por el prejuicio? Esta vez, les brindara exactamente el servicio por el que haban pagado. Menos la visin en tnel.
Con suavidad, Martin dijo:
Y quin te va a contratar para eso?
Sonre dolorosamente. La compaa aseguradora de CVI.
Cuando se fueron, me qued dormido.
Despert de golpe de un sueo sofocante.
Aunque presentara pruebas de que todo el asunto haba sido un ejercicio de mercadotecnia de CVI, aunque la mitad de sus directivos fueran arrojados a una celda, aunque la propia compaa fuera liquidada, seguira existiendo alguien que tendra esa
tecnologa en su poder.
Y de una forma o de otra, finalmente, la vendera.
Eso era lo que se me haba escapado, por culpa de mi fantica neutralidad: no se puede vender el remedio si no existe la enfermedad. De modo que, aunque yo tuviera razn en ser neutral, aunque no existieran diferencias por las que pelear, diferencias que traicionar, diferencias que preservar, la mejor manera de vender el capullo siempre sera inventar una enfermedad. Y aunque no sera una tragedia que dentro de un siglo no quedara otra cosa que heterosexualidad, el nico sendero que podra llevarnos hasta all estaba hecho de mentiras, agravios y envilecimiento.
La gente comprara algo as, o no?
De pronto, tuve la aterradora certeza de que la respuesta era s.
FIN
NO ACABAR CON UN ESTALLIDO
NO ACABAR CON UN ESTALLIDO
por Damon Knight
Diez meses despus de pasar por encima el ltimo avin, Rolf Smith supo sin lugar a dudas que slo haba sobrevivido otro ser humano. Ese otro ser humano se llamaba Louise Oliver, y estaba sentada a la mesa, frente a l, en la cafetera de un drugstore en Salt Lake City. Coman salchichas de Viena enlatadas y beban caf.
La luz del sol golpeaba como una sentencia a travs del vidrio roto de una ventana. No se oan ruidos ni adentro ni afuera; slo un sofocante rumor de ausencia. El sonido de platos en la cocina, el ruido sordo y pesado de los tranvas: nunca ms. Haba sol; y silencio; y los ojos acuosos, asombrados, de Louise Oliver.
Rolf se inclin sobre la mesa e intent atraer por un instante la atencin de aquellos ojos de pez.
Queridadijo, claro que respeto tu punto de vista. Pero tengo que hacerte comprender que no es prctico.
Louise lo mir un poco sorprendida, luego volvi a apartar los ojos. La cabeza se agit levemente. No. No, Rotf, no vivir contigo en pecado.
Smith pens en las mujeres de Francia, de Rusia, de Mxico, de los Mares del Sur. Haba pasado tres meses en los devastados estudios de una estacin de radio en Rochester, escuchando las voces hasta que se apagaron. Haba habido una gran colonia en Suecia, que inclua a un ministro del gobierno ingls. Los habitantes de esa colonia informaban que Europa ya no exista: no quedaba una hectrea que no hubiese sido barrida por el polvo radiactivo. Tenan dos aviones y suficiente combustible para llegar a cualquier sitio del continente; pero no haba adnde ir. Tres de ellos tuvieron la plaga; luego once; luego todos.
Haba un piloto de bombardero que cay cerca de una estacin de radio gubernamental en Palestina. No dur mucho tiempo porque se haba roto varios huesos al estrellarse; pero haba vista las aguas vacas donde tendran que haber estado las Islas del Pacfico. Supona que haban sido bombardeados los hielos rticos.
No haba informes de Washington, ni de Nueva York, ni de Londres, Pars, Mosc, Chungking, Sydney. Era imposible saber quin haba sido exterminado por la enfermedad, quin por el polvo, quin por las bombas.
El propio Smith haba sido ayudante de laboratorio en un equipo que trataba de encontrar un antibitico para la plaga. Sus superiores encontraron uno que daba resultado a veces, pero lleg un poco tarde. Cuando se fue del laboratorio, Smith se llev todo el que haba: cuarenta ampollas, una cantidad suficiente para varios aos.
Louise haba sido enfermera de un elegante hospital cerca de Denver. Segn ella, algo bastante extrao le haba sucedido al hospital mientras ella caminaba hacia all la maana del ataque. Estaba bastante tranquila cuando hablaba de ese asunto, pero en sus ojos apareca una mirada vaga, y su expresin destrozada se volva un poco ms ausente. Smith no la apremiaba para que le diese una explicacin.
Como l mismo, Louise haba encontrado una estacin de radio que todava funcionaba, y cuando Smith descubri que ella no haba contrado la plaga, acept que se encontraran. Louise, al parecer, era naturalmente inmune. Deba de haber otros, por lo menos unos pocos; pero las bombas y el polvo no les haban perdonado.
A Louise le pareca muy embarazoso que no quedase ningn pastor protestante vivo.
El problema era que ella lo pensaba de veras. A Smith le haba llevado mucho tiempo creerlo, pero era as. Ella tampoco estaba dispuesta a dormir en el mismo hotel que l; esperaba, y reciba, la mayor cortesa y correccin. Smith haba aprendido la leccin. Caminaba del lado de afuera en las aceras cubiertas de escombros; le abra las puertas, mientras hubo puertas; le acercaba la silla; se cuidaba de no maldecir. La galanteaba.
Louise tena unos cuarenta aos, por lo menos cinco ms que Smith. A veces l se preguntaba qu edad pensara ella que tena. La impresin de ver lo que le haba sucedido al hospital (fuese lo que fuese), a los pacientes que ella haba cuidado, haba obligado a su mente a refugiarse en la infancia. Louise admita tcitamente que todas las dems personas del mundo estaban muertas, pero aparentemente consideraba que eso era algo que uno no deba mencionar.
Ms de un centenar de veces en las ltimas tres semanas, Smith haba sentido un impulso casi irresistible de romperle el delgado pescuezo y seguir adelante. Pero no tena salvacin; ella era la nica mujer en el mundo, y la necesitaba. Si mora, o lo abandonaba, l tambin morira Vieja perra!, pens furiosamente para sus adentros, cuidando de que no se le notara en la cara el pensamiento.
Louise, vida madijo suavemente, quiero abusar lo menos posible de tus sentimientos. T lo sabes.
S, Rolfdijo ella, mirndole fijamente con cara de gallina hipnotizada.
Smith se oblig a proseguir.
Tenemos que afrontar los hechos, por muy desagradables que sean. Querida, somos el nico hombre y la nica mujer que existen. Somos como Adn y Eva en el Jardn del Edn.
En la cara de Louise apareci una expresin de leve disgusto. Evidentemente estaba pensando en hojas de parra.
Piensa en las generaciones venideras le dijo Smith, con un temblor en la voz. Piensa en m siquiera una vez. Quiz sirvas otros diez aos, quiz no. Con un estremecimiento, record la segundo etapa de la enfermedad: la desvalida rigidez, que golpeaba sin aviso previo. El ya haba tenido un ataque de esos, y Louise le haba ayudado a curarse. Sin Louise l se habra quedado en ese estado hasta morir, con la hipodrmica salvadora a pocos centmetros de su rgida mano. Pens desesperadamente: Con suerte te sacar por lo menos dos hijos antes de que estires la pata. Entonces estar seguro.
Continu hablando:
Dios no quera que la raza humana acabase de este modo. Nos perdon a nosotros, a ti y a m, para... hizo una pausa; cmo lo podra decir sin ofenderla? Padres no servira: demasiado sugestivo...para llevar adelante la antorcha de la vidaconcluy.
Eso. Era una manera bastante adecuada de decirlo.
Louise miraba fijamente por encima del hombro de Smith. Los prpados le pestaeaban regularmente, y la boca acompaaba ese ritmo con pequeos movimientos de ratn. Smith se mir los debilitados muslos debajo de la mesa. No tengo fuerzas para violarla, pens. Cristo, si tuviera fuerzas!
Volvi a sentir aquella rabia intil, y trat de dominarse. No poda perder la cabeza, porque sta era quiz su ltima oportunidad. Louise haba estado hablando ltimamente, en el lenguaje nebuloso que usaba para todo, de subir a las montaas a rezar para que el Seor los guiase. No haba dicho sola, pero era bastante fcil ver que se lo imaginaba de esa manera. Tena que convencerla antes de que la decisin fuese irrevocable. Se concentr furiosamente, e hizo otro intento.
Las palabras pasaban como un rumor distante. Louise oa alguna frase de vez en cuando. Cada una de esas frases le generaba una cadena de pensamientos, que la ataban con ms firmeza al ensueo. Nuestro deber ante la Humanidad... Mam haba dicho a menudoeso era en la vieja casa de Waterbury Street, naturalmente, antes de que mam enfermarahaba dicho:
Nia, tu deber es ser limpia, educada y temerosa de Dios. Ser bonito no importa. Hay muchas mujeres feas que han conseguido maridos buenos y cristianos.
Maridos... Tener y poseer... Azahares, y las madrinas de boda; la msica de rgano. Entre la bruma vio la cara delgada y lobuna de Rolf. Naturalmente, l era el nico hombre que tendra jams; lo saba muy bien. Caramba, cuando una muchacha pasaba de los veinticinco tenia que aceptar lo que consiguiese.
Pero a veces me pregunto si de veras es un buen hombre, pens.
...a los ojos de Dios... Louise record las ventanas de vidrios coloreados de la vieja Primera Iglesia Episcopal, y cmo pensaba siempre que Dios la miraba desde aquella brillante transparencia. Quiz El la estuviese mirando todava, aunque a veces pareca que la hubiese olvidado. Naturalmente, ella se daba cuenta de que las costumbres matrimoniales cambiaban, y si uno no poda tener regularmente un pastor... Pero era una verdadera lstima, casi un ultraje que si de veras se casaba con ese hombre, no pudiese disfrutar de tantas cosas agradables.-.. Ni siquiera habra regalos de boda. Ni siquiera eso. Pero, por supuesto, Rolf le dara todo lo que ella quisiese. Mir otra vez a su cara, y not aquellos ojos negros concentrados que la miraban con feroz intencin, la boca delgada que se contraa en un tic lento y regular, los velludos lbulos de las orejas debajo de la maraa de pelo negro.
Rolf no se deba dejar crecer tanto el pelo, pens Louise. Bueno, ella poda cambiar todo eso. Si se casaba con l, sin duda le hara cambiar el modo de ser. Era su obligacin.
Rolf estaba hablando de una granja que haba visto en las afueras de la ciudad, una casa grande, buena, con granero. No haba ganado, dijo, pero despus ya conseguiran alguno. Y plantaran cosas, y tendran sus propios alimentos, para no tener que ir a restaurantes todo el tiempo.
Louise sinti algo en la plida mano que tena delante de ella en la mesa. Los dedos de Rolf, morenos, gordos, con negro vello encima y debajo de los nudillos, tocaban los de ella. Rolf habla callado un momento, pero ahora hablaba otra vez, con ms urgencia todava. Louise retir la mano.
Rolf estaba diciendo:
...y tendrs el ms hermoso traje de boda, y un ramo de flores. Todo lo que quieras, Louise, todo...
Un traje de boda! Y flores, aunque no hubiese un pastor! Bueno, por qu el tonto ese no lo haba dicho antes?
Rolf se interrumpi en la mitad de una frase ; acababa de darse cuenta de que Louise haba dicho claramente S, Rolf, me casar contigo si se es tu deseo...
Aturdido, Rolf quiso que lo repitiese, pero no se atrevi a preguntarle: Qu dijiste?, por miedo a recibir alguna respuesta fantstica, o ninguna respuesta. Tom aliento, profundamente, y dijo:
Hoy, Louise?
Buenodijo ella, hoy... No estoy muy... Naturalmente, si te parece que puedes hacer todos los preparativos a tiempo... aunque me parece...
El triunfo corri por el cuerpo de Smith. Ahora tena una ventaja, y la aprovechara.
Di que s, queridala apremi. Di que s y ser el hombre ms feliz...
La lengua se le resisti, impidindole terminar la frase; pero no importaba. Louise asinti sumisamente.
Lo que te parezca mejor, Rolf.
Smith se puso de pie, y Louise le permiti que le besase una plida y seca mejilla.
Nos vamos inmediatamentedijo l. Me disculpas un minuto, querida?
Esper al S, claro de Louise, y entonces camin hasta el fondo de la sala, dejando huellas en la alfombra de piel. Slo tendra que hablar as con ella unas pocas horas, y luego ella sentira que le perteneca para siempre. Despus, Rolf podra hacer con ella lo que quisiese: pegarle, someterla a cualquier prueba de su desprecio y repulsin, usarla. Entonces no estara tan mal, nada mal, ser el ltimo hombre sobre la tierra. Hasta poda tener una hija...
Encontr la puerta del retrete y entr. Dio un paso, y el cuerpo se le paraliz, sin llegar a perder el equilibrio, erguido pero impotente. El pnico le atac la garganta; trat de volver la cabeza y no pudo; trat de gritar y no pudo. A sus espaldas hubo un pequeo chasquido: la puerta, amortiguada por el tope hidrulico, acababa de cerrarse para siempre. No estaba con llave; pero del otro lado mostraba la advertencia CABALLEROS.
FIN
NOTA:Me parece como si faltase o sobrase algo al final, o ha habido una errata en la traduccion...???
LAS RATAS DEL CEMENTERIO
LAS RATAS DEL CEMENTERIO
Henry Kuttner
http://bloodgothic.blogspot.com/2009/11/las-ratas-del-cementerio.html
El viejo Masson, guardin de uno de los ms antiguos y descuidados cementerios de Salem, sostena una verdadera contienda con las ratas. Haca varias generaciones, se haba asentado en el cementerio una verdadera colonia de ratas enormes procedentes de los muelles. Cuando Masson asumi su cargo, tras la inexplicable desaparicin del guardin anterior, decidi eliminarlas. Al principio colocaba cebos y comida envenenada junto a sus madrigueras; ms tarde, intent exterminarlas a tiros. Pero todo fue intil. Segua habiendo ratas. Sus hordas voraces se multiplicaban e infestaban el cementerio.
Eran grandes, an tratndose de la especie de decumagus, cuyos ejemplares miden a veces ms de treinta y cinco centmetros de largo sin contar la cola pelada y gris. Masson las haba visto hasta del tamao de un gato; y cuando los sepultureros descubran alguna madriguera, comprobaban con asombro que por aquellas malolientes galeras caba sobradamente el cuerpo de una persona. Al parecer, los barcos que antao atracaban en los ruinosos muelles de Salem debieron de transportar cargamentos muy extraos.
Masson se asombraba a veces de las extraas proporciones de estas madrigueras. Recordaba ciertos relatos inquietantes que le haban contado antes de llegar a la vieja y embrujada ciudad de Salem. Eran relatos que hablaban de una vida larvaria que persista en la muerte, ocultas en las olvidadas madrigueras de la tierra. Ya haban pasado los viejos tiempos en que Cotton Maher exterminara los cultos perversos y los ritos orgisticos celebrados en honor de Hcate y de las siniestra Magna Mater. Pero todava se alzaban las tenebrosas casas de torcidas buhardillas, de fachadas inclinadas y leprosas, en cuyos stanos, segn se deca, an se ocultaban secretos blasfemos y se celebraban ritos que desafiaban tanto a la ley como a la cordura. Moviendo significativamente sus cabezas canosas, los viejos aseguraban que, en los antiguos cementerios de Salem, haba bajo tierra cosas peores que gusanos y ratas.
En cuanto a estos roedores, ciertamente, Masson les tena aversin y respeto. Saba el peligro que acechaba en sus dientes afilados y brillantes. Pero no comprenda el horror que los viejos sentan por las casas vacas, infestadas de ratas. Haba odo rumores sobre ciertas criaturas horribles que moraban en las profundidades de la tierra y tenan poder sobre las ratas, a las que agrupaban en ejrcitos disciplinados. Segn decan los ancianos, las ratas servan de mensajeras entre este mundo y las cavernas que se abran en las entraas de la tierra, muy por debajo de Salem. Y an se deca que algunos cuerpos haban sido robados de las sepulturas con el fin de celebrar festines subterrneos y nocturnos. El mito de flautista de Hamelin era una leyenda que ocultaba, en forma de alegora, un horror blasfemo; y segn ellos, los negros abismos haban parido abortos infernales que jams salieron a la luz del da.
Masson no haca ningn caso de semejantes relatos. No fraternizaba con sus vecinos y, de hecho, haca lo posible por mantener en secreto la existencia de las ratas. De conocerse el problema quiz iniciasen una investigacin, en cuyo caso tendran que abrir muchas sepulturas. Y en efecto, hallaran atades perforados y vacos que atribuiran a las actividades de las ratas. Pero descubriran tambin algunos cuerpos con mutilaciones muy comprometedoras para Masson.
Los dientes postizos suelen hacerse de oro puro, y no se los extraen a uno cuando muere. Las ropas, naturalmente, son harina de otro costal, porque la compaa de pompas fnebres suele proporcionar un traje de pao sencillo, perfectamente reconocible despus. Pero el oro no lo es. Adems, Masson negociaba tambin con algunos comerciantes de medicina y mdicos pocos escrupulosos que necesitaban cadveres sin importarles demasiado su procedencia.
Hasta entonces, Masson se las haba arreglado muy bien para que no se iniciase una investigacin. Haba negado ferozmente la existencia de las ratas, an cuando algunas veces stas le hubiesen arrebatado el botn. A Masson no le preocupaba lo que pudiera suceder con los cuerpos, despus de haberlos expoliado, pero las ratas solan arrastrar el cadver entero por un boquete que ellas mismas roan en el atad.
El tamao de esos agujeros tena a Masson asombrado. Por otra parte, se daba la circunstancia de que las ratas horadaban siempre los atades por uno de los extremos, y no por lados. Pareca como si las ratas trabajasen bajo la direccin de algn gua dotado de inteligencia.
Ahora se encontraba ante una sepultura abierta. Acababa de quitar la ltima paletada de tierra hmeda y de arrojarla al montn que haba formado a un lado. Desde haca varias semanas, no paraba de caer una llovizna fra y constante. El cementerio era un lodazal de barro pegajoso, del que surgan las mojadas lpidas en formaciones irregulares. Las ratas se haban retirado a sus agujeros; no se vea ni una. Pero el rostro flaco y desgalichado de Masson reflejaba una sombra de inquietud. Haba terminado de descubrir la tapa de un atad de madera.
Haca varios das que lo haban enterrado, pero Masson no se haba atrevido a desenterrarlo antes. Los parientes del fallecido venan a menudo a visitar su tumba, an lloviendo. Pero a estas horas de la noche, no era fcil que vinieran, por mucho dolor y pena que sintiesen. Y con este pensamiento tranquilizador, se enderez y ech a un lado la pala.
Desde la colina donde estaba situado el cementerio, se vean parpadear dbilmente las luces de Salem a travs de la lluvia pertinaz. Sac la linterna del bolsillo porque iba a necesitar luz. Apart la pala y se inclin a revisar los cierres de la caja.
De repente, se qued rgido. Bajo sus pies haba notado un rebullir inquieto, como si algo araara o se revolviera dentro. Por un momento, sinti una punzada de terror supersticioso, que pronto dio paso a una rabia furiosa, al comprender el significado de aquellos ruidos. Las ratas se haban adelantado otra vez!
En un rapto de clera, Masson arranc los cierres del atad. Meti el canto de la pala bajo la tapa e hizo palanca, hasta que pudo levantarla con las dos manos. Luego encendi la linterna y la enfoc al interior del atad.
La lluvia salpicaba el blanco tapizado de raso; el atad estaba vaco. Masson percibi un movimiento furtivo en la cabecera de la caja y dirigi hacia all la luz.
El extremo del sarcfago haba sido horadado, y el boquete comunicaba con una galera, al parecer, pues en aquel mismo momento desapareca por all, a tirones, un pie flccido enfundado en su correspondiente zapato. Masson comprendi que las ratas se le haban adelantado, esta vez, slo unos instantes. Se dej caer a gatas y agarr el zapato con todas sus fuerzas. Se le cay la linterna dentro del atad y se apag de golpe. De un tirn, el zapato le fue arrancado de las manos en medio de una algaraba de chillidos agudos y excitados. Un momento despus, haba recuperado la linterna y la enfocaba por el agujero.
Era enorme. Tena que serlo; de lo contrario, no habran podido arrastrar el cadver a travs de l. Masson intent imaginarse el tamao de aquellas ratas capaces de tirar del cuerpo de un hombre. De todos modos, l llevaba su revlver cargado en el bolsillo, y esto le tranquilizaba. De haberse tratado del cadver una persona ordinaria, Masson habra abandonado su presa a las ratas, antes de aventurarse por aquella estrecha madriguera; pero record los gemelos de sus puos y el alfiler de su corbata, cuya perla deba ser indudablemente autntica, y, sin pensarlo ms, se prendi la linterna al cinturn y se meti por el boquete. El acceso era angosto. Delante de l, a al luz de la linterna, poda ver como las suelas de los zapatos seguan siendo arrastradas hacia el fondo del tnel de tierra. Tambin el trat de arrastrase lo ms rpidamente posible, pero haba momentos en que apenas era capaz de avanzar, aprisionado entre aquellas estrechas paredes de tierra.
El aire se haca irrespirable por el hedor de la carroa. Masson decidi que, si no alcanzaba el cadver en un minuto, volvera para atrs. Los temores supersticiosos empezaban a agitarse en su imaginacin, aunque la codicia le instaba a proseguir. Sigui adelante, y cruz varias bocas de tneles adyacentes. Las paredes de la madriguera estaban hmedas y pegajosas. Por dos veces oy a sus espaldas pequeos desprendimientos de tierra. El segundo de stos le hizo volver la cabeza. No vio nada, naturalmente, hasta que enfoc la linterna en esa direccin.
Entonces vio varios montones de barro que casi obstruan la galera que acababa de recorrer. El peligro de su situacin se le apareci de pronto en toda su espantosa realidad. El corazn le lata con fuerza slo de pensar en la posibilidad de un hundimiento. Decidi abandonar su persecucin, a pesar de que casi haba alcanzado el cadver y las criaturas invisibles que lo arrastraban. Pero haba algo ms, en lo que tampoco haba pensado: el tnel era demasiado estrecho para dar la vuelta.
El pnico se apoder de l, por un segundo, pero record la boca lateral que acababa de pasar, y retrocedi dificultosamente hasta que lleg a ella. Introdujo all las piernas, hasta que pudo dar la vuelta. Luego, comenz a avanzar precipitadamente hacia la salida, pese al dolor de sus rodillas magulladas.
De sbito, una punzada le traspas la pierna. Sinti que unos dientes afilados se le hundan en la carne, y pate frenticamente para librarse de sus agresores. Oy un chillido penetrante, y el rumor presuroso de una multitud de patas que se escabullan. Al enfocar la linterna hacia atrs, dej escapar un gemido de horror: una docena de enormes ratas le miraban atentamente, y sus ojillos malignos brillaban bajo la luz. Eran unos bichos deformes, grandes como gatos. Tras ellos vislumbr una forma negruzca que desapareci en la oscuridad. Se estremeci ante las increbles proporciones de aquella sombra apenas vista.
La luz contuvo a las ratas durante un momento, pero no tardaron en volver a acercarse furtivamente. Al resplandor de la linterna, sus dientes parecan teidos de un naranja oscuro. Masson forceje con su pistola, consigui sacarla de su bolsillo y apunt cuidadosamente. Estaba en una posicin difcil. Procur pegar los pies a las mojadas paredes de la madriguera para no herirse.
El estruendo del disparo le dej sordo durante unos instantes. Despus, una vez disipado el humo, vio que las ratas haban desaparecido. Se guard la pistola y comenz a reptar velozmente a lo largo del tnel. Pero no tard en or de nuevo las carreras de las ratas, que se le echaron encima otra vez.
Se le amontonaron sobre las piernas, mordindole y chillando de manera enloquecedora. Masson empez a gritar mientras echaba mano a la pistola. Dispar sin apuntar, de suerte que no se hiri de milagro. Esta vez las ratas no se alejaron demasiado. No obstante, Masson aprovech la tregua para reptar lo ms deprisa que pudo, dispuesto a hacer fuego a la primera seal de un nuevo ataque.
Oy movimientos de patas y alumbr hacia atrs con la linterna. Una enorme rata gris se par en seco y se qued mirndole, sacudiendo sus largos bigotes y moviendo de un lado a otro, muy despacio, su cola spera y pelada. Masson dispar y la rata ech a correr.
Continu arrastrndose. Se haba detenido un momento a descansar, junto a la negra abertura de un tnel lateral, cuando descubri un bulto informe sobre la tierra mojada, un poco ms adelante. De momento, lo tom como un montn de tierra desprendido del techo; luego vio que era un cuerpo humano.
Se trataba de una momia negruzca y arrugada, y Masson se dio cuenta, preso de un pnico sin lmites, de que se mova.
Aquella cosa monstruosa avanzaba hacia l y, a la luz de la linterna, vio su rostro horrible a muy poca distancia del suyo. Era una calavera casi descarnada, la faz de un cadver que ya llevaba aos enterrado, pero animada de una vida infernal. Tena unos ojos vidriosos, hinchados y saltones, que delataban su ceguera, y, al avanzar contra Masson, lanz un gemido plaidero y entreabri sus labios pustulosos, desgarrados en una mueca de hambre espantosa. Masson sinti que se le helaba la sangre.
Cuando aquel Horror estaba ya a punto de rozarle. Masson se precipit frenticamente por la abertura lateral. Oy araar en la tierra, justo a sus pies, y el confuso gruido de la criatura que la segua de cerca. Masson mir por encima del hombro, grit y trat de avanzar desesperadamente por la estrecha galera. Reptaba con torpeza; las piedras afiladas le heran las manos y las rodillas. El barro le salpicaba en los ojos, pero no se atrevi a detenerse ni un segundo. Continu avanzando a gatas, jadeando, rezando y maldiciendo histricamente.
Con chillidos triunfales, las ratas se precipitaron de nuevo sobre l con una horrible voracidad pintada en sus ojillos. Masson estuvo a punto de sucumbir bajo sus dientes, pero logr desembarcarse ellas: el pasadizo se estrechaba y, sobrecogido por el pnico, patale, grit y dispar hasta que el gatillo peg sobre una cpsula vaca. Pero haba rechazado las ratas.
Observ entonces que se hallaba bajo una piedra grande, encajada en la parte superior de la galera, que le oprima cruelmente la espalda. Al tratar de avanzar not que la piedra se mova, y se le ocurri una idea: Si pudiera dejarla caer, de forma que obstruyese el tnel!
La tierra estaba empapada por el agua de la lluvia. Se enderez y se puso a quitar el barro que sujetaba la piedra. Las ratas se aproximaban. Vea brillar sus ojos al resplandor de la linterna. Sigui cavando, frentico, en la tierra. La piedra ceda. Tir de ella y la movi de sus cimientos.
Se acercaban la ratas... Era el ejemplar que haba visto antes. Gris, leprosa, repugnante, avanzaba enseando sus dientes anaranjados. Masson dio un ltimo tirn de la piedra y la sinti resbalar hacia abajo. Entonces reanud su camino a rastras por el tnel.
La piedra se derrumb tras l, y oy un repentino alarido de agona. Sobre sus piernas se desplomaron algunos terrones mojados. Ms adelante, le atrap los pies un desprendimiento considerable, del que logr desembarazarse con dificultad. El tnel entero se estaba desmoronando!
Jadeando de terror, Masson se desmoronaba mientras la tierra se desprenda tras l. El tnel segua estrechndose, hasta que lleg un momento en que apenas pudo hacer uso de sus manos y sus piernas para avanzar. Se retorci como una anguila hasta que, de pronto, not un jirn de raso bajo sus dedos crispados; y luego su cabeza choc contra algo que le impeda continuar. Movi las piernas y pudo comprobar que no las tena apresadas por la tierra desprendida. Estaba boca abajo. Al tratar de incorporarse, se encontr con que el techo del tnel estaba a escasos centmetros de su espalda. El terror lo descompuso.
Al salirle al paso aquel ser espantoso y ciego, se haba desviado por un tnel lateral, por un tnel que no tena salida. Se encontraba en un atad vaco, al que haba entrado por el agujero que las ratas haban practicado en su extremo!
Intent ponerse boca arriba, pero no pudo. La tapa del atad le mantena inexorablemente inmvil. Tom aliento entonces, e hizo fuerza contra la tapa. Era inamovible, y aun si lograse escapar del sarcfago, cmo podra excavar una salida a travs del metro y medio de tierra que tena encima?
Respiraba con dificultad. Haca un calor sofocante y el hedor era irresistible. Era un paroxismo de terror, desgarr y ara el forro acolchado hasta destrozarlo. Hizo un intil intento por cavar con los pies en la tierra desprendida que le impeda la retirada. Si lograse solamente cambiar de postura, podra excavar con la uas una salida hacia el aire... hacia el aire...
Una agona candente penetr en su pecho; el pulso le dola en los globos de los ojos. Pareca como si la cabeza se le fuera hinchando, a punto de estallar. Y de sbito, oy los triunfales chillidos de las ratas. Comenz a gritar, enloquecido, pero no pudo rechazarlas esta vez. Durante un momento, se revolvi histricamente en su estrecha prisin, y luego se calm, boqueando por falta de aire. Cerr lo ojos, sac su lengua ennegrecida y se hundi en la negrura de la muerte, con los locos chillidos de las ratas taladrndole los odos.
FIN
APRENDED GEOMETRIA
APRENDED GEOMETRIA
Fredric Brown
Henry mir el reloj, a las dos de la maana cerr el libro desesperado.
Seguramente lo suspenderan al da siguiente. Cuanto ms estudiaba geometra, menos la comprenda. Haba fracasado ya dos veces. Con seguridad lo echaran de la Universidad. Slo un milagro poda salvarlo. Se enderez.
Un milagro? Por qu no? Siempre se haba interesado por la magia. Tena libros. Haba encontrado instrucciones muy sencillas para llamar a los demonios y someterlos a su voluntad. Nunca haba probado. Y aquel era el momento o nunca. Tom de la estantera su mejor obra de magia negra. Era sencillo. Algunas frmulas. Ponerse a cubierto en un pentgono. Llega el demonio, no puede hacernos nada y se obtiene lo que se desea. El triunfo es vuestro!
Despej el piso retirando los muebles contra las paredes. Luego dibuj en el suelo, con tiza, el pentgono protector. Por fin pronunci los encantamientos.
El demonio era verdaderamente horrible, pero Henry se arm de coraje.
- Siempre he sido un intil en geometra - comenz...
A quin se lo dices! - replic el demonio, riendo burlonamente.
Y cruz, para devorarse a Henry, las lneas del hexgono que aquel idiota haba dibujado en vez del pentgono.
FIN
LA CMARA DE LOS HORRORES
LA CMARA DE LOS HORRORES
J
OSEPH PAYNE BRENNANHaba decidido pasar el verano en Europa, dedicado a mi ocupacin favorita: la investigacin
genealgica. Fui primero a Irlanda, detenindome en Kilkenny, donde descubr una mina de leyendas y de
hechos autnticos relativos a mis remotos antepasados irlandeses, los O'Braonains, seores de Ui Duach
en el antiguo dominio de Ossory. Los Brennan (tal como se pronunci posteriormente el apellido) perdieron
todas sus posesiones a consecuencia de la confiscacin llevada a cabo en nombre de Inglaterra por
Thomas Wentworth, conde de Strafford. El rapaz conde, me satisface poder decirlo, fue posteriormente
decapitado en la Torre.
Desde Kilkenny me dirig a Londres, y luego a Chesterfield, en busca de informacin acerca de mis
antepasados maternos, los Holborn, Wilkerson, Searle, etc. Los datos eran bastante fragmentarios e
incompletos, pero mis esfuerzos se vieron moderadamente recompensados y al final decid ir ms al norte y
visitar los alrededores del castillo de Chilton, sede de Robert Chilton-Payne, el doceavo conde de Chilton.
Mi parentesco con los Chilton-Payne era muy remoto, pero de todos modos representaba un dbil lazo de
unin con el pasado y pens que sera divertido echarle una ojeada al castillo.
Al llegar a Wexwold, la pequea aldea prxima al castillo, a ltima hora de la tarde, alquil una
habitacin en la Posada del Ganso Rojo -la nica que haba-, deshice mis maletas y baj para dar cuenta
de una sencilla cena, consistente en un panecillo, queso y cerveza.
Cuando termin este frugal aunque satisfactorio refrigerio, haba oscurecido, y con la oscuridad llegaron
el viento y la lluvia.
Me resign s pasar la velada en la posada. Haba cerveza suficiente, y no tena prisa por ir a ninguna
parte.
Despus de escribir unas cuantas cartas, encargu una pinta de cerveza. La sala estaba casi desierta;
el posadero, un caballero gordinfln que siempre pareca a punto de quedarse dormido, era agradable pero
taciturno, y al final me dediqu a pensar en la extraa y espantosa leyenda del castillo de Chilton.
La leyenda tena diversas variantes, y no cabe duda de que la historia original haba sufrido
modificaciones a travs de los siglos, pero el detalle base continuaba siendo el mismo: una cmara secreta
en alguna parte del castillo. Se deca que la cmara en cuestin albergaba un terrible espectculo que los
Chilton-Payne estaban obligados a mantener oculto a los ojos del mundo.
Slo tres personas tenan acceso a la cmara: el vigente conde de Chilton, el heredero masculino del
conde y otra persona designada por el conde. Habitualmente, esa persona era el comisionado del castillo
de Chilton. La habitacin solamente se abra una vez cada generacin: tres das despus de que el
heredero masculino alcanzaba su mayora de edad era conducido a la cmara secreta por el conde y el
comisionado. Luego, la cmara era sellada y no volva a abrirse hasta que el heredero conduca a ella a su
propio hijo.
Segn la leyenda, el heredero se converta en una persona distinta al salir de la cmara. De un modo
invariable, adquira un aspecto sombro y huidizo; y en su rostro se reflejaban la inseguridad y el temor. Uno
de los primeros condes de Chilton enloqueci hasta el punto de arrojarse al vaco desde una de las
almenas del castillo.
Durante siglos enteros se haba especulado acerca del contenido de la cmara secreta. Una de las
versiones describa la huida de los Gower, perseguidos por unos enemigos armados. Aunque las relaciones
entre los Chilton-Payne y los Gower lo eran todo menos cordiales, en su desesperacin los Gower llamaron
a la puerta del castillo de Chilton pidiendo refugio. El conde se lo concedi, les condujo a una cmara
secreta y les prometi que no les entregara a sus perseguidores. El conde mantuvo su promesa; los
enemigos de los Gower tuvieron que marcharse sin poder consumar sus propsitos asesinos. Sin embargo,
el conde dej a los Gower encerrados en aquella habitacin para que murieran de hambre. La cmara no
fue abierta hasta que hubieron transcurrido treinta aos, cuando el hijo del conde rompi los sellos. A sus
ojos se ofreci un espantoso espectculo. Los Gower haban muerto de hambre lentamente, y al final, a
juzgar por el aspecto de sus esqueletos, se haban entregado al canibalismo.
Otra versin de la leyenda sealaba que la habitacin secreta haba sido utilizada por los condes
medievales como cmara de tortura. Se deca que los aparatos destinados al tormento se encontraban an
en la cmara, y que de ellos seguan colgando los restos de sus ltimas vctimas, espantosamente
retorcidos en su agona.
Una tercera versin mencionaba a una de las antepasadas femeninas de los Chilton-Payne, lady Susan
Glanville, la cual haba hecho un pacto con el diablo. Fue condenada por brujera, pero consigui escapar a
la hoguera. La fecha y las circunstancias de su muerte eran desconocidas, pero se supona que la cmara
secreta estaba relacionada de algn modo con ella.
Mientras yo especulaba sobre aquellas distintas versiones de la horrible leyenda, la tormenta aument
en intensidad. La lluvia repiqueteaba fuertemente contra las ventanas de la posada, y de cuando en cuando
llegaba a mis odos el lejano retumbar del trueno.
Contemplando los mojados cristales, me encog de hombros y ped otra pinta de cerveza.
En el momento en que me dispona a llevarme la jarra a los labios, la puerta de la posada se abri de
par en par y una rfaga de aire fro mezclado con lluvia penetr en la sala. La puerta volvi a cerrarse y una
alta figura, con el cuello del abrigo levantado hasta las orejas, avanz hacia el mostrador. Quitndose la
gorra, pidi que le sirvieran coac.
No teniendo nada mejor que hacer, me dediqu a observarle. Pareca tener unos setenta aos y haber
pasado la mayor parte de su vida al aire libre, y su rostro, a pesar de las arrugas, denotaba firmeza y
decisin. Su ceo estaba fruncido, como si meditara en algn problema desagradable, pero sus fros ojos
azules me examinaron brevemente aunque con cierta deliberacin.
No pude situarle en un ambiente determinado. Poda ser un granjero local, y sin embargo no cre que lo
fuera. Le envolva una especie de aureola de autoridad, y aunque sus ropas eran sencillas, me pareci que
su calidad y su corte eran mejores que las de los campesinos de la regin que hasta entonces haba visto.
Un incidente vulgar nos hizo entrar en conversacin. Un trueno ms fuerte que los dems le impuls a
volverse hacia la ventana. Al hacerlo, roz con el codo su hmeda gorra y sta cay al suelo. La recog y se
la entregu; me dio las gracias; y entqnces intercambiamos algunas observaciones acerca del tiempo.
Tena la intuitiva sensacin de que, a pesar de que el desconocido era un individuo normalmente
retrado, se encontraba ahora preocupado por algn grave problema, lo cual le haca desear or una voz
humana. Aunque me daba cuenta de que mi intuicin poda engaarme, empec a hablar volublemente
acerca de mi viaje, acerca de mis investigaciones genealgicas en Kilkenny, Londres y Chesterfield, y
finalmente acerca de mi lejano parentesco con los Chilton-Payne y mi deseo de echarle una buena mirada
al castillo de Chilton.
De pronto, descubr que me estaba mirando con una expresin muy rara. Se produjo un embarazoso
silencio. Carraspe, preguntndome qu poda haber dicho para que aquellos fros ojos azules me miraran
con tanta fijeza.
Al final, el desconocido se dio cuenta de mi turbacin.
-Perdone que le mire as -se disculp-, pero ha dicho usted algo... -Vacil-. Tiene inconveniente en
que nos sentemos?
Sealaba hacia una pequea mesa situada en el extremo ms alejado de la sala, medio envuelta en
sombras.
Asent, intrigado y curioso, y nos dirigimos hacia la mesa en cuestin.
Nos sentamos, y el desconocido permaneci unos instantes en silencio, con el ceo fruncido, como si
no supiera cmo empezar. Finalmente, se present a s mismo como William Cowath. Mencion mi nombre
y Mr. Cowath vacil de nuevo. Por ltimo bebi un sorbo de coac y me mir fijamente.
-Soy el comisionado del castillo de Chilton -dijo.
Le contempl con sorpresa y renovado inters.
-Qu agradable coincidencia! -exclam-. Entonces, tal vez maana pueda usted permitirme que le
eche una mirada al castillo...
No pareca escucharme.
-S, s, desde luego -murmur con aire ausente.
Molesto por aquella actitud, permanec silencioso.
Al cabo de un rato, Mr. Cowath empez a hablar con inusitada rapidez.
-Hace una semana, Robert Chilton-Payne, doceavo conde de Chilton, fue enterrado en el panten
familiar. Frederick, su heredero, alcanz la mayora de edad hace tres das. Y esta noche tiene que ser
conducido a la cmara secreta!
Contempl a mi interlocutor con una expresin de incredulidad. Por un instante pens que haba odo
hablar de mi inters por el castillo de Chilton y estaba divirtindose a mi costa, tomndome por un crdulo
turista.
Pero en sus ojos no haba la ms leve sombra de humor. Era evidente que estaba hablando muy en
serio.
-Qu cosa ms rara! -murmur-. En el momento en que ha llegado usted, estaba pensando en las
diversas leyendas relacionadas con la famosa cmara secreta.
Sus fros ojos sostuvieron los mos.
-No hablo de leyendas -dijo-. Hablo de un hecho.
Un escalofro de temor y de excitacin recorri mi cuerpo.
-Va usted a ir all... esta noche?
Asinti.
-Esta noche. Yo, el joven conde... y otra persona.
Le mir, cada vez ms intrigado.
-Normalmente, nos acompaara el propio conde. sta es la costumbre. Pero est muerto. Poco antes
de morir, me dio instrucciones para que escogiera a alguien que nos acompaara al joven conde y a m.
Esa persona tiene que ser varn... y con preferencia del linaje.
Beb un buen sorbo de cerveza y no dije nada.
El comisionado continu:
-Aparte del joven conde, en el castillo slo habitan su anciana madre, lady Beatrice Chilton, y una ta
enferma.
-En quin estaba pensando el conde? -inquir cautelosamente.
El comisionado enarc las cejas.
-En la regin residen algunos primos lejanos. Supongo que pensaba que alguno de ellos asistirla al
funeral. Pero no se present ninguno.
-Tambin es desgracia -observ.
-Una verdadera desgracia. Y, en consecuencia, tengo que rogarle, en nombre del linaje, que esta noche
nos acompae al joven conde y a m a la cmara secreta.
El asombro me dej sin habla. En el exterior, los relmpagos zigzagueaban sin cesar y la lluvia segua
cayendo a raudales. Cuando las plumas de hielo dejaron de cosquillearme el estmago, consegu articular
una respuesta.
-Pero, yo..., es decir..., mi parentesco es remotsimo... En realidad, no puede decirse que pertenezca al
linaje... Yo...
El comisionado se encogi de hombros.
-Lleva usted el nombre. Y posee al menos unas cuantas gotas de la sangre de los Payne. Dada la
urgencia de las actuales circunstancias, es ms que suficiente. Estoy convencido de que el conde Robert
estara de acuerdo conmigo, si pudiera hablar. Vendr usted?
No haba modo de escapar a la intensidad, a la presin de aquellos fros ojos azules. Parecan taladrar
mi cerebro mientras trataba de idear nuevas excusas.
Finalmente -inevitablemente, me atrevo a decir-, acced. Tena la sensacin de que el encuentro no
haba sido casual, que desde siempre haba estado destinado a visitar la cmara secreta del castillo de
Chilton.
Terminamos nuestras bebidas y yo sub a mi habitacin en busca de algo con que protegerme de la
lluvia. Cuando volv a bajar, envuelto en un recio impermeable, el posadero estaba roncando en su taburete
a pesar de los furiosos estallidos del trueno que ahora eran casi incesantes. Confieso que le envidi
mientras sala de la caldeada sala en compaa de William Cowath.
Una vez fuera, mi gua me inform que tendramos que ir a pie hasta el castillo. Haba bajado a pie a
propsito, me explic, a fin de disponer de ms tiempo y soledad para meditar en el grave problema que
tena planteado.
La lluvia, el viento y el rugido del trueno hacan difcil la conversacin. Ech a andar detrs del
comisionado, el cual daba unas enormes zancadas y pareca conocer palmo a palmo el camino, a pesar de
la oscuridad.
Anduvimos una corta distancia por la calle de la aldea y luego nos metimos en un camino lateral que no
tard en convertirse en un sendero, peligrosamente resbaladizo a causa de la lluvia.
Bruscamente, el sendero empez a ascender; el camino se hizo ms penoso. Resultaba indispensable
concentrar toda la atencin en los pies. Por fortuna, los relmpagos eran cada vez ms frecuentes.
Me pareci que llevaba andando una hora -en realidad supongo que no eran ms que unos minutoscuando
el comisionado se detuvo.
Me encontr de pie a su lado en una especie de llanura rocosa. El comisionado seal hacia una
sombra que se ergua delante de nosotros.
-El castillo de Chilton -dijo.
Durante unos instantes no vi absolutamente nada en la impenetrable oscuridad que nos rodeaba.
Luego llame un relmpago. A su claridad divis un gran castillo normando, cuadrado, con cuatro torres
rectangulares en las esquinas, taladrado por angostas aberturas en forma de ventanas que parecan
acechantes y diablicos ojos. La enorme construccin estaba medio cubierta por un manto de hiedra que
pareca ms negra que verde.
-Parece increiblemente antiguo! -coment.
William Cowath asinti.
-Empez a edificarlo Henry de Montargis, en 1122.
Y sin aadir nada ms ech a andar hacia el castillo.
A medida que nos acercbamos a la muralla, la tormenta se haca ms intensa. El rumor del agua y el
aullido del viento no permitan hablar. Inclinamos nuestras cabezas y seguimos adelante.
Cuando finalmente llegamos a la muralla, qued sorprendido por su altura y su espesor. Era evidente
que haba sido construida para poder resistir a los mejores caones de asedio.
Mientras cruzbamos un puente levadizo, mir hacia abajo y vi el negro cauce de un foso, pero la
oscuridad no me permiti averiguar si llevaba agua o no. Un portn en forma de arco abierto en la muralla
daba acceso al patio de armas. El patio estaba completamente vaco, a excepcin de los riachuelos de
agua que discurran por l.
Cruzando el patio con rpidas zancadas, el comisionado me condujo a otro portn en forma de arco
abierto en otra muralla. A la otra parte haba un segundo patio, ms pequeo, y ms all se alzaban las
paredes del castillo propiamente dicho.
Tras cruzar un oscuro pasadizo, nos encontramos delante de una enorme puerta de madera de encina
ennegrecida por el tiempo, reforzada con claveteadas planchas de hierro. El comisionado abri esta puerta
de par en par y ante nuestros ojos apareci el gran vestbulo del castillo.
Cuatro largas mesas labradas a mano, con sus correspondientes bancos, ocupaban casi toda la
longitud del vestbulo. Unos candelabros de metal, oxidados por el paso de los aos, sostenan las velas
que iluminaban la estancia, clavados a las columnas de piedra labrada cuya funcin no era decorativa, sino
la de aguantar el techo. Alineados a lo largo de las paredes veanse escudos herldicos, armaduras,
alabardas, lanzas y banderas, los acumulados trofeos y premios de siglos sangrientos, cuando cada castillo
era casi un reino en s mismo. El espectculo resultaba impresionante.
William Cowath agit una mano.
-Los castellanos de Chilton vivieron de la espada durante muchos siglos.
Cruz el gran vestbulo y entr en otro pasadizo escasamente iluminado. Le segu en silencio.
Mientras avanzbamos, me habl en voz baja.
-Frederick, el joven heredero, no tiene una naturaleza robusta. La muerte de su padre le afect mucho...
y siente un gran temor por la ceremonia que vamos a celebrar esta noche.
Detenindose ante una puerta con flores de lis grabadas en la madera y adornos de metal, el
comisionado me dirigi una enigmtica mirada y luego llam con los nudillos.
Alguien pregunt quin llamaba, y el comisionado se identific. Se oy el ruido de un pesado cerrojo al
descorrerse y la puerta se abri.
Si los Chilton-Payne haban sido obstinados luchadores en su poca, la sangre guerrera pareca
haberse diluido considerablemente en las venas de Frederick, el joven heredero y ahora decimotercer
conde de Chilton. Vi ante m a un joven delgado, de tez plida, cuyos ojos oscuros y hundidos tenan una
expresin asustada. Iba vestido de un modo a la vez teatral y anacrnico: chaqueta y pantalones de
terciopelo de color verde hoja, con encajes blancos en el cuello y en los puos.
Nos hizo sea de que pasramos, como a regaadientes, y cerr la puerta. Las paredes de la pequea
habitacin estaban enteramente cubiertas con tapices que reproducan escenas de caza o batallas
medievales. Una corriente de aire procedente de una ventana o de otra abertura los haca oscilar
continuamente; parecan tener vida propia. En un rincn haba una antigua cama con dosel; en otro, un
amplio escritorio con una lmpara de gata.
Despus de una breve presentacin, la cual incluy una explicacin de los motivos de que yo me
encontrara all para acompaarles, el comisionado pregunt si Su Seora estaba preparado para visitar la
cmara.
El rostro del joven Frederick perdi todo vestigio de color; sin embargo, asinti y nos acompa al
pasadizo.
William Cowath iba delante; el conde le segua; y yo cerraba la marcha.
Al llegar al final del pasadizo, el comisionado abri la puerta de un cuarto lleno de telaraas. All recogi
unas cuantas velas, escoplos, un pico y un mazo. Despus de meterlo todo en un saco de cuero que se
colg al hombro, cogi una antorcha de tea que estaba en una de las estanteras del cuarto. La encendi y
esper hasta que prendi la llama. Satisfecho con esta iluminacin, cerr el cuarto y nos hizo sea de que
le siguiramos.
Llegamos a una escalera de caracol con peldaos de piedra que descenda. Alzando su antorcha, el
comisionado empez a bajar. El conde y yo le imitamos en silencio.
La escalera tena ms de cincuenta peldaos. A medida que descendamos, las piedras aparecan ms
hmedas y fras; tambin el aire se enfriaba ms, y ola a moho y a humedad.
Al final de la escalera se abra un tnel, negro como la pez y silencioso.
El comisionado alz su antorcha.
-El castillo de Chilton es normando, pero al parecer fue reedificado sobre unas ruinas sajonas. Se cree
que los pasadizos que se encuentran en estas profundidades fueron construidos por los sajones. -Mir
hacia el interior del tnel, con el ceo fruncido-. O por gente todava ms primitiva.
Vacil unos instantes, y me pareci que estaba escuchando. Luego, dirigindonos una extraa mirada.
se adentr en el tnel.
Ech a andar detrs del conde, estremecindome. El aire helado me traspasaba hasta la medula.
Debajo de mis pies, las piedras estaban recubiertas de una capa de lodo y eran sumamente resbaladizas. Y
no haba ms luz que la parpadeante claridad de la antorcha que el comisionado sostena en alto.
Cuando llevbamos un rato andando, el comisionado se detuvo y de nuevo tuve la impresin de que
estaba escuchando. Sin embargo, el silencio pareca absoluto y reemprendimos la marcha.
Al final del tnel encontramos otra escalera descendente. sta tena solamente unos quince peldaos, y
conduca a otro tnel que haba sido excavado en la roca sobre la cual se asentaba el castillo. En las
paredes haba costras blanquecinas de salitre. El olor a moho era muy intenso. El aire helado estaba
impregnado de un hedor ftido que me result especialmente repulsivo, aunque no pude darle nombre.
Finalmente, el comisionado se detuvo, alz su antorcha y descarg de su hombro el saco de cuero.
Vi que estbamos ante una pared levantada con alguna clase de piedra para la construccin. Aunque
hmeda y manchada de salitre, era evidente que se trataba de un trabajo mucho ms reciente que todo lo
que habamos encontrado hasta entonces.
William Cowath me entreg la antorcha.
-Sostngala, por favor. Tengo velas, pero...
Dejando la frase sin terminar, sac el pico e inici el asalto a la pared; la barrera era bastante slida,
pero en cuanto hubo abierto un agujero en ella utiliz el mazo y la tarea avanz con ms rapidez. Al cabo
de un rato me ofrec a manejar el mazo mientras l sostena la antorcha, pero se limit a sacudir la cabeza
y continu su trabajo de demolicin.
En todo este tiempo el joven conde no haba pronunciado una sola palabra. Al mirar su rostro plido y
tenso sent lstima de l, a pesar de mi propia inquietud.
Bruscamente se produjo un silencio mientras el comisionado soltaba el mazo. Vi que quedaban ms de
dos pies de la parte inferior de la pared.
William Cowath se inclin a examinarla.
-Hay suficiente espacio -coment-. Creo que podremos pasar.
Volvi a cargarse el saco de cuero al hombro, tom la antorcha de mi mano y se introdujo en la
abertura. El conde y yo le seguimos.
Al entrar en la cmara, el ftido olor que haba notado en el pasadizo nos rode como una nube.
Empezamos a toser. El comisionado murmur:
-No tardar en despejarse. Qudense cerca de la abertura.
Aunque el repulsivo hedor continuaba siendo intenso, al final pudimos respirar ms libremente.
William Cowath alz su antorcha y atisb hacia las oscuras profundidades de la cmara. Lleno de
temor, mir por encima de su hombro.
Al principio no of ningn sonido y slo pude ver paredes con costras de salitre y un hmedo suelo de
piedra. Sin embargo, al cabo de unos instantes, en un apartado rincn, ms all de la vacilante claridad de
la antorcha, vi dos diminutas manchas rojas. Trat de convencerme a m mismo de que eran dos piedras
preciosas, dos rubes, brillando a la luz de la antorcha.
Pero supe inmediatamente -
sent inmediatamente- lo que eran: dos pupilas rojas que nos contemplabancon impresionante fijeza.
El comisionado habl en voz baja:
-Esperen aqu.
Avanz hacia el rincn, se detuvo a medio camino y levant la antorcha. Durante unos instantes
permaneci silencioso. Finalmente emiti un largo y tembloroso suspiro.
Cuando habl de nuevo, su voz haba cambiado. Era slo un susurro sepulcral.
-Acrquense -nos dijo con aquella extraa y profunda voz.
Segu al conde Frederick hasta que nos situamos uno a cada lado del comisionado.
Cuando vi lo que haba sobre el banco de piedra en aquel apartado rincn pens que iba a
desmayarme. Mi corazn dej de latir durante unos interminables segundos. La sangre abandon mis
extremidades. Sent deseos de gritar, pero mi garganta se neg a abrirse.
El ser que reposaba sobre aquel banco de piedra pareca un monstruo surgido del infierno. Las
penetrantes y malignas pupilas rojas proclamaban que tena una terrible vida, y sin embargo aquella vida se
sustentaba a s misma en un cuerpo renegrido y momificado que pareca un cadver desenterrado. Aquella
especie de cadver tena unos harapos mohosos pegados al cuerpo. Unos mechones de pelo blanco
brotaban de su fantasmal y grisceo crneo. La abertura que ocupaba el lugar de la boca mostraba unas
extraas manchas.
Nos contemplaba con una maldad que desbordaba lo puramente humano. Resultaba imposible
devolver la mirada a aquellas monstruosas pupilas rojas. Eran tan indescriptiblemente diablicas, que se
experimentaba la sensacin de que la propia alma iba a consumirse en los fuegos de su malignidad.
Apartando la mirada, vi que el comisionado sostena ahora al conde Frederick. El joven heredero se
haba desplomado sobre l. Miraba fijamente a la espantosa aparicin con los ojos helados por el terror. A
pesar de mi propia sensacin de horror, le compadec.
El comisionado volvi a suspirar y luego habl de nuevo en aquel tono sepulcral.
-Ante ustedes tienen a lady Susan Glanville -nos dijo-. Fue transportada a esta cmara y encadenada a
la pared, en 1473.
Un estremecimiento de horror recorri todo mi cuerpo; tuve la sensacin de que nos encontrbamos en
presencia de fuerzas malignas surgidas del Averno.
Al mirarlo, aquel espantoso ser me haba parecido desprovisto de sexo, pero al sonido de su nombre la
fantasmal mueca de una sonrisa contorsion la fruncida boca manchada de rojo.
Por primera vez me di cuenta de que el monstruo estaba efectivamente encadenado a la pared. Los
gruesos eslabones estaban tan ennegrecidos por el tiempo que me haban pasado inadvertidos.
El comisionado continu, como si recitara una leccin:
-Lady Glanville fue una antepasada materna de los Chilton-Payne. Tena trato con el Diablo. Fue
condenada como bruja, pero escap a la hoguera. Finalmente, sus propios deudos la encerraron aqu y la
encadenaron a la pared para que muriera de hambre.
Hizo una breve pausa y luego prosigui:
-Era demasiado tarde. Lady Glanville haba hecho ya un pacto con los Poderes de las Tinieblas. Haba
sido una belleza. Odiaba a la muerte. Tema a la muerte. De modo que vendi su alma inmortal -y los
cuerpos de su progenie- a cambio de la eterna vida terrenal.
La voz del comisionado llegaba a mis odos como en una pesadilla; pareca proceder de una distancia
infinita.
William Cowath continu:
-Las consecuencias de romper el pacto son demasiado terribles para ser descritas. Ningn
descendiente de lady Glanville se ha atrevido a hacerlo. Y as ha podido vivir durante casi quinientos aos.
Cre que haba terminado, pero me equivocaba. Mirando hacia arriba, alz la antorcha hacia el techo de
aquella cmara maldita.
-Esta cmara -dijo- se encuentra inmediatamente debajo de la cripta familiar. Cuando muere uno de los
condes, el cadver es depositado en la cripta. Pero, en cuanto se han marchado los sepultureros, el falso
fondo de la cripta se desliza a un lado y el cadver del conde cae en esta cmara.
Mirando hacia el techo, vi el rectngulo de la puerta de una trampilla.
La voz del comisionado se hizo casi inaudible.
-Una vez cada generacin, lady Glanville se alimenta... con el cadver del difunto conde. Es una
clusula de aquel espantoso pacto que no puede ser quebrantada.
Como si quisiera confirmar sus palabras, el comisionado inclin su antorcha hasta que la llama ilumin
el suelo a los pies del banco de piedra al cual estaba encadenado el vamprico monstruo.
Esparcidos por el suelo veianse los huesos y el crneo de un hombre adulto, manchados de sangre
fresca. Y a cierta distancia haba otros huesos humanos, amarillentos o carcomidos por el tiempo.
En aquel momento, el joven conde Frederick empez a gritar. Sus histricos alaridos llenaron la
cmara. El comisionado le sacudi rudamente, pero el joven continu gritando como un poseso.
Durante unos instantes, el monstruo tendido en el banco le contempl con sus espantosa pupilas rojas.
Finalmente emiti un sonido, una especie de cloqueo que pretenda ser una risa.
De repente, y de un modo completamente imprevisto, el monstruo empez a deslizarse sobre el banco
y trat de avanzar hacia el joven conde. La cadena que lo sujetaba a la pared slo le permita avanzar un
par de metros. Pero lo intent una y otra vez, profiriendo una especie de aullidos que erizaron los cabellos
de mi cabeza.
William Cowath enfoc su antorcha hacia el monstruo, pero ste continu agitndose espantosamente.
La cmara de pesadilla resonaba con los gritos del conde y los horribles aullidos de aquel ser infernal. Tem
volverme loco si no escapaba inmediatamente de tan horrendo lugar.
Mir al comisionado y me di cuenta de que tambin l empezaba a experimentar los efectos de aquella
indescriptible situacin. Vi que sus ojos se posaban en la pared a la cual estaban fijadas las cadenas que
sujetaban al monstruo.
Intu lo que estaba pensando. Resistiran las cadenas, despus de tantos siglos de herrumbre y
humedad?
En un repentino impulso, sac de uno de sus bolsillos algo que brill a la luz de la antorcha. Era un
crucifijo de plata. Avanzando unos pasos, coloc el crucifijo ante el retorcido rostro del monstruo que en
otra poca haba sido la hermosa lady Susan Glanville.
El monstruo retrocedi profiriendo un grito de agona que ahog los alaridos del conde. Se derrumb
sobre el banco, bruscamente silencioso e inmvil; los latidos de su repulsiva boca y el fuego del odio que
arda en sus rojas pupilas eran las nicas pruebas de que continuaba viviendo.
William Cowath se dirigi a l:
-Ser infernal! Si bajas de ese banco antes de que salgamos de esta cmara y volvamos a sellarla, juro
que te colgar esta cruz al cuello!
Las pupilas rojas contemplaron al comisionado con una expresin de odio abismal imposible de
describir. Despedan fuego, realmente. Y, sin embargo, le en ellas algo ms: miedo.
De pronto me di cuenta de que el silencio haba descendido sobre aquella cmara de horrores. Dur
nicamente unos instantes. El conde haba cesado de gritar, pero ahora haca algo peor: se estaba riendo.
Era slo una risita, pero resultaba ms horrible que todos sus gritos.
El comisionado se volvi, sealndome con un gesto la pared parcialmente derruida. Cruzando la
habitacin, sal al pasadizo. Detrs de m, el comisionado sostena al joven conde, que arrastraba los pies
como un anciano, sin dejar de rer para s mismo.
Luego se produjo lo que me pareci un interminable intervalo, durante el cual el comisionado fue en
busca de un saco de cemento y de un cubo de agua que previamente haba dejado en alguna parte del
tnel. Trabajando a la luz de la antorcha, prepar el cemento y procedi a sellar la cmara, utilizando las
mismas piedras que haba quitado.
Mientras el comisionado trabajaba, el joven conde permaneca sentado en el tnel, completamente
inmvil, rindose en voz baja.
En el interior de la cmara reinaba el silencio. Una vez, solamente, o las cadenas del monstruo chocar
contra la piedra.
Finalmente el comisionado termin su tarea y nos condujo de nuevo a travs de aquellos pasadizos
manchados de salitre y las hmedas escaleras. El conde apenas poda subirlas; el comisionado le
arrastraba penosamente de peldao en peldao.
Cuando llegamos a la habitacin de los tapices el conde se sent en su cama y se qued mirando
fijamente el suelo, sin cesar de rer. En contra de lo que afirman los que se las dan de entendidos, observ
que su pelo negro se haba convertido en gris. Despus de convencerle para que se bebiera un vaso de
lquido que sin duda contena una fuerte dosis de sedante, el comisionado consigui que el conde se
tendiera en la cama.
William Cowath me acompa a otro dormitorio. Deseaba marcharme inmediatamente de aquel castillo
infernal, pero la lluvia segua arreciando y no estaba seguro de poder encontrar el camino de regreso a la
aldea sin un gua.
El comisionado sacudi la cabeza tristemente.
-Temo que Su Seora est condenado a una muerte temprana. Nunca fue demasiado fuerte, y los
acontecimientos de esta nochc pueden haber trastornado su mente..., pueden haberle debilitado ms all
de toda esperanza de recuperacin.
Expres mi simpata y mi horror. Los fros ojos azules del comisionado se clavaron en los mos.
-Es posible -dijo- que, en caso de que se produzca la muerte del joven conde, usted mismo pueda ser
considerado... -Vacil-. Pueda ser considerado -concluy finalmente- como uno de los que se encuentran
en la lnea de sucesin.
No quise oir nada ms. Le di las buenas noches, cerr la puerta del dormitorio y trat -intilmente- de
dormir, aunque slo fueran unos minutos.
Pero el sueo no lleg. Tuve febriles visiones de aquel monstruo de pupilas rojas escapando de sus
cadenas, abrindose paso a travs de la pared y trepando por aquellas heladas y resbaladizas escaleras...
Antes de que amaneciera abr silenciosamente la puerta del dormitorio y me deslic como un ladrn a
travs de los fros pasadizos y el gran vestbulo desierto del castillo. Cruc los dos patios y el puente
levadizo tendido sobre el negro foso, y ech a correr en direccin a la aldea.
Mucho antes del medioda estaba en camino hacia Londres. La suerte me favoreci: al da siguiente
sala uno de los buques que efectan la travesa del Atlntico.
Nunca volver a Inglaterra. Me he propuesto mantenerme siempre a un ocano de distancia, como
mnimo, del castillo de Chilton y de su permanente ocupante.
EL DERECHO A LA MUERTE
EL DERECHO A LA MUERTE
Doris Piserchia
Un veterinario y un dueo hablaban de Mancha, recin operado.
- Lo arregl para que la pata se levante automticamente
- Y eso en qu le mejorar los riones debilitados?
- Hay que mantenerlos abiertos y limpios. Cada vez que levante la pata, sentir la necesidad.
- Por qu?
- Lo har, es todo. Tengo cuarenta aos en mi profesin y s de que hablo. El motorcito que le puse en el muslo le alzar la pata, y orinar como un cachorro. Son cincuenta dlares.
Suburbio de la Costa Este. Dos vecinas conversaban en el fondo; eventualmente se pusieron a hablar de sus finados.
- A propsito, los nios dicen que vieron a Billy el otro da.
- Dnde?
- Cerca del granero.
- Me dijeron que le haban apagado todos esos motores. Si se anda paseando por ah, le har juicio a alguno.
Los motores atmicos tardaban mucho tiempo en desgastarse, y aparentemente la menor conmocin dentro del cadver poda poner en marcha el mecanismo: un temblor de tierra, un exceso de actividad entre los gusanos, el gas, etctera. Era desagradable visitar el cementerio y or ruidos que venan de abajo de las placas, lpidas o monumentos, o del interior de las tumbas o del interior de los atades que yacan en las tumbas. Hubo que tomar medidas para atenuar la situacin.
Al principio cremaron los cadveres. Los grupos religiosos se opusieron. Luego los pulverizaron. Todos se opusieron. Se construyeron tumbas transparentes por encima del suelo, y los deudos deban denunciar cualquier actividad anormal a las autoridades. Esta medida no dio resultado, porque la gente no quera ver cmo los seres queridos se transformaban en polvo. Entonces pusieron a los muertos a descansar en el suelo, en atades con tapa especial. Si se ejerca cierta presin en la cara interior, la tapa se abra. Los muertos empezaron a merodear. Como los haban sepultado desnudos, eran fciles de identificar, y cuadrillas especiales patrullaban las calles y los capturaban.
A la compaa que fabricaba los motores corporales la enjuiciaron mil veces, hasta que el gobierno la declar inmune a los juicios. Los motores eran una parte necesaria de la vida, y si la compaa quebraba no habra ms motores. Entretanto, el gobierno orden a la compaa que realizara investigaciones para descubrir cmo apagar sus productos.
El rasgo ms notable de Huston Adler era su neurosis.
- Bienvenido a la compaa - dijo su superior -. Ir derecho al laboratorio del tercer piso y no asomar la nariz hasta que haya apagado toda esa carroa.
Huston no cumpli con lo que se haba propuesto, o sea apagar los cadveres del laboratorio del tercer piso del edificio de la compaa.
No fracas porque fuera un tcnico inepto sino por culpa de su neurosis y de un desastre natural con forma de incendio que abras el edificio. Pero el incendio vino ms tarde. Por el momento, Huston se paseaba por sus dominios del tercer piso y se senta importante. Tena que supervisar una gran cantidad de propiedades costosas.
Su departamento estaba junto al laboratorio, y era cmodo y amplio. La cocina estaba repleta de comida, el estreo inclua una provisin de discos, haba una TV color, todo lo que poda desear estaba a su alcance. La compaa lo quera tener contento mientras no trabajaba con los cadveres.
El laboratorio: veinticinco metros por veinte, un cielo raso muy bajo, luces fluorescentes, algunas muy brillantes y otras muy tenues, paredes verde plido, un sinfn de mesas y bancos, un par de barras horizontales donde poda colgar cosas, un gran escritorio con el equipo electrnico de Huston, los cuerpos experimentales despatarrados en diversos estados de desorden, excepto el de Billy.
Un enorme gancho de carnicero entre los omplatos mantena a Billy suspendido en posicin vertical de una de las barras. Su tiroides nunca haba funcionado bien, por eso los ojos azules eran grandes y saltones. Hacia mucho tiempo, cuando viva, Billy haba padecido abcesos seos verdaderamente graves. Hubo que amputarle las piernas y los brazos, y tuvo que vivir un tiempo en una canasta hasta que los mdicos le implantaron una pequea unidad antigravitatoria en la pelvis. De la unidad salan cables que llegaban a las articulaciones de los muslos, y para levantarse en el aire Billy slo tena que tensar los msculos del bajo vientre. Manteniendo una tensin constante, Billy poda flotar en posicin vertical a poco ms de un metro del suelo. Este extrao poder de movilidad lo mantuvo cuerdo y relativamente feliz hasta que las heridas quirrgicas cerraron por completo. Luego recibi cuatro elegantes extremidades ortopdicas que lo capacitaron para caminar y tantear, recoger y aferrar casi normalmente. La unidad antigravitatoria qued donde estaba porque se haba recubierto de tejido orgnico. Ahora la unidad estaba fuera de control, de modo que haban empalado a Billy en el gancho para que no se echara a volar. De vez en cuando alzaba los brazos artificiales, a veces agitaba las piernas o las mova como si caminara. Cuando los guardianes de cadveres lo apresaron cerca del granero, le encontraron una herida espantosa y sangrienta en la espalda. Billy result interesante para la compaa a causa de sus muchos motores, as que no lo devolvieron a sus deudos. Le detuvieron la circulacin seccionando las arterias cardacas. Le implantaron motores pequeos para que el corazn y los pulmones siguieran bombeando. El tcnico de operaciones no tena ms razones para hacer todo eso que su necesidad de practicar. En las venas y arterias de Billy introdujeron elementos para intensificar el proceso que retardaba la descomposicin. Se pudrira, pero no sin que algn tcnico lo usara por un tiempo. En este caso, Huston Adler.
Buck muri quemado. Era bombero. Cuando estaba con vida, venas varicosas le haban debilitado las piernas. Un pequeo motor le ayud a caminar. Despus que muri vagabundeaba por ah cada vez que el motor de su columna vertebral se confunda con las seales emitidas por el activador cardaco. En la sangre tena una enzima especial que espesaba el fluido en las venas superficiales y capilares. Sus heridas no sangraban. Rezumaban.
La seorita Sonia era imbcil de nacimiento. Su amante le perfor el hgado de un balazo. Pareca una mueca. Haba tenido muchos rganos defectuosos, de modo que adems de los motores cerebrales y espinales tena otros en varias partes. Incluso tena uno que le estimulaba los genitales. En verdad no haba sido una idea brillante, pues la estimulaba tanto que Sonia desperdici buena parte de su vida en aventuras pasajeras. Era un cadver atractivo, menudo y de aspecto frgil, con rasgos faciales delicados, ojos grandes y castaos, y una barbilla que temblaba cuando el motor del cerebro creaba vibraciones minsculas.
Tamara haba sido una turista compulsiva. Se ahog en el Gran Canal cuando su gndola volc. Antes de dedicarse a viajar, jugaba al ftbol. Una lesin grave le destruy parte del cerebro. Ms tarde, el cncer le cerr la garganta. Haba sido una gran charlatana gracias al aparato del cuello. El cncer no haba dejado nada, de modo que un amplificador no hubiera servido. Sus impulsos cerebrales haban activado el grabador, y como viajaba a pases extranjeros las grabaciones eran polilinges. Ahora, con los motores internos descompuestos, Tamara todava hablaba y a veces deca cosas en francs o alemn o swahili cuando su propio idioma habra sido adecuado. Casi todas las cosas que deca eran defensivas. Siempre haba lamentado su figura.
Mancha, un pequeo perro moteado; sus ojos conservaron la vida despus que el resto de l muri; tan enormes, esos ojos, tan relucientes, y adems estaban las orejas alertas que eran demasiado grandes. Cada vez que alzaba la pata, ladraba. En la garganta tena un motorcito que se conectaba con el del muslo. A su dueo lo haban preocupado los riones dbiles; quera vigilar de cerca lo que ocurra. Hacia el final, Mancha haba necesitado un motor para ayudarlo a caminar.
Huston Adler, activo, neurtico, joven, trabajador; pronto empez a dormir mal, a sufrir de indigestin; tena tics faciales, las palmas hmedas, palpitaciones cardacas, ojos inflamados, prestaba demasiada atencin a sonidos que no existan. Su laboratorio era tan completo que haba hasta un armario lleno de nada. La desnuda seorita Sonia lo turbaba, as que le hizo vestir una bata de soire roja. Tamara tambin lo acaloraba y la oblig a vestir jeans y suter. En cuanto a Buck, le pusieron corbata y un frac, y Billy qued enfundado en un traje de ejecutivo. Pero eso fue despus que Huston logr encender a sus clientes.
La experiencia de Huston en motores atmicos se haba limitado a mquinas simples, implantadas en personas vivas. Ese primer da haba encontrado una silla, se haba sentado y haba mirado, mirado de veras, a las cinco personas con quienes iba a trabajar. (Ya haba clasificado a Mancha como persona.) No haba visto muchos muertos. A lo sumo unos pocos cadveres apacibles, en atades, no sueltos y sentados o de pie con los ojos abiertos.
Se supona que deba apagar todos los motores de los cinco. El mundo quera que los muertos estuvieran muertos, tiesos y mudos, y no que conservaran falsos sntomas de vida. Bien, qu poda hacer primero? Encenderlos a todos, desde luego; de lo contrario no sabra por dnde empezar.
Lo ms importante de sus mquinas era el integrador. Le deca qu clase de motores contenan los cuerpos. Toc con un cable el pecho de Mancha y se encendieron varias luces en el tablero de lectura. Toc a los otros cuatro con el cable y observ cmo fluctuaban las luces. Verde, azul, rojo, amarillo. Huston saba qu significaban.
Qu era la muerte? La ausencia de latidos? A cada ser humano se le instalaba un activador cardaco en el pecho en el momento de nacer. Raro que Mancha tuviera uno. El dueo deba de ser un ricachn. De modo que los cinco del laboratorio de Huston tenan pulsaciones.
Y las ondas cerebrales? Huston no tena un electroencefalgrafo, pero si lo hubiera tenido al menos la mitad de sus clientes le habra mostrado una cierta actividad. Dos personas y media: la seorita Sonia, Tamara y Mancha.
Pobre Buck y pobre Billy; mucho ms pobre Buck, pues le haban arruinado el aspecto. Ese fue uno de los pensamientos de Huston, y reconoci que era extravagante. Pronto se le ocurriran ms.
Respiracin? Los pulmones de los cinco funcionaban. Estaban tan activos en la muerte como lo haban estado en vida. Circulacin? Cuando alguien mora, se le inyectaba una intravenosa que inhiba la descomposicin. Y todo flua porque el corazn segua funcionando.
Huston se puso a encender a sus clientes.
Buck se paseaba de un lado a otro, despacio, con titubeos. Tena una expresin azorada, como si estuviera viendo las llamas por primera vez y an no lo hubiera embargado el miedo. Haba sido un bombero responsable. Ahora chocaba con la pared del laboratorio, se volva y caminaba en direccin contraria, chocaba con otra pared, se volva...
Billy colgaba del gancho de carnicero y aullaba sin emitir ningn sonido. Tena cara de susto. El gancho era pesado y corto, y le impeda elevarse ms que unos centmetros. Cada vez que suba, se golpeaba la cabeza contra la barra con un ruido suave.
La seorita Sonia miraba a Buck, quien caminaba entre unos bancos cerca de ella.
- Eres como todos - le dijo -. En verdad no te intereso como persona.
- Por favor, dnde est el excusado?
- Domen? Herren? Toilet? Oui. Ach, so - dijo Tamara. Despus frunci el ceo, volvi la cabeza y fulmin con la mirada a Mancha, que levant la pata como para orinarle el tobillo. Al hacerlo ladr.
La seorita Sonia se interpuso en el camino de Buck, que tropez con ella y la derrib.
- No es culpa ma - dijo la seorita Sonia, levantndose -. T no sabes lo que es no poder controlarse. Lo lgico y natural es que algunos hombres no tengan ningn atractivo. Es decir, no todos pueden ser deseables. No es culpa ma, de ningn modo. No pueden arrestarme ni nada. El gobierno me protege. Soy inocente. Adems, no es serio. Por cierto, los hombres son capaces de cuidarse de m.
- Por qu no dejas de seguirme? - le dijo Tamara a Mancha - Slo dime dnde est la parada de autobuses. Es todo lo que quiero de ti. Si no me dejas en paz, llamar a un polica.
Billy golpe la barra ms de lo conveniente. El gancho se le haba estado hundiendo en las costillas con cada movimiento, pero ahora se desliz en direccin contraria, hacia atrs y hacia arriba, y tras arrancarle unos centmetros de carne de la espalda dej de sostenerlo y l cay de pie. Se puso a valsear, airosa y grcilmente. Al mismo tiempo sus manos tantearon el vaco hasta que al fin encontraron a Buck, lo aferraron, trataron de abrazar al bombero para la ltima pieza. Buck repiti el ltimo movimiento consciente de su vida, tom la viga ardiente con las manos, se la quit del hombro donde le haba cado, la tumb a un costado. Billy retrocedi tambaleando pero en vez de caer se elev en el aire y subi flotando al cielo raso. Lo embisti con fuerza y baj al suelo. Bail de nuevo y esta vez sus manos aleteantes encontraron a la seorita Sonia.
- Oh, Dios, no - dijo ella. Le ech los brazos al cuello y lo bes. Valsearon juntos y se besaron.
- Madre - dijo Tamara -, no me importa si te gusta o no, no me importa si al mundo le molesta que una mujer juegue al ftbol. Qu diablos quieres que haga, que espere sentada a que algn muchacho me invite al baile? Sabes muy bien que eso no lo har nadie. Es culpa tuya. Por qu me diste el fsico de pap? El es feo y yo tambin. Has visto mis piernas arqueadas igual que las suyas? Demonios, hasta soy velluda como l. No lloro. No lo hago desde que tena doce aos. Simplemente buscar cmo hacer algo interesante de mi vida.
Huston dorma mal, se olvidaba de soar, trabajaba en exceso, se suma en la irrealidad.
Mancha ladr, orin la pierna de Buck, Buck se pase de un lado a otro. Billy valse con Sonia, Tamara detuvo a un peatn y le pregunt dnde estaba la salida, Mancha alz la pata y roci un grifo para incendios, Buck atraves el edificio en llamas y escuch cmo la carne de su muslo izquierdo siseaba como tocino en una sartn, Billy prob por primera vez sus piernas artificiales valseando lentamente por el living con su esposa en brazos, la seorita Sonia se dej arrastrar por las sensaciones porque eso era todo lo que haba en su vida, porque eso era todo lo que haba en la vida de cualquiera cuando ese cualquiera es un deficiente mental que no se da maa ni para salir del guardarropa sin una mquina en el cerebro que lo gue.
Huston dorma mal, se olvidaba de soar, trabajaba en exceso y se suma en la irrealidad. Tena poder sobre la muerte, y el poder siempre significaba vida.
- Si de veras quieres saber qu pienso de la liberacin femenina - dijo Tamara -, bueno, est bien para las mujeres que gustan de la accin. Claro. Por qu no? Es como comer. Hay que hacerlo, pero uno prefiere elegir el plato. Yo? Lo nico que quiero es un hombre. Qu tiene de malo? Escucha, cuando era jovencita me desesperaba. En ese momento el impulso sexual es lo ms importante del mundo. Quiero decir que te aguijonea de veras. Y cmo me las arreglaba? Jugaba al solitario mientras mis amigas se acostaban con sus fulanos cuando queran. No me digas que este mundo es justo. La juventud, el fsico y el dinero es lo que cuenta, y si no tienes eso ests en la miseria.
- Qu sabes del sufrimiento? - dijo Sonia -. Yo nac idiota. No slo eso, mi pncreas y mi pituitaria eran defectuosos. Me pusieron esa cosa en la cosa para que pudiera gozar de la vida. Me la arruinaron del todo.
- Alguna vez un tipo se ech atrs cuando lo tocabas? - dijo Tamara -. No me cuentes tus problemas, impdica.
Las mquinas fueron Dios, por un rato. No, el manipulador era Dios. Tantos motores para arrancar y guiar, tanto poder sobre la vida, un cable aqu, un botn all: camina, marioneta, habla como un hombre, mustrame lo que pienso que habra dicho, acta para m, baila, retoza. Yo lo estoy haciendo. No, ellos lo estn haciendo. Tan cansado, los ojos irritados, la boca seca, no puedo ordenarme las ideas, si tan slo pudiera dormir.
Buck apoy una mano roja y negra y ampollada en el hombro de Tamara.
- Qu ests haciendo?
Le toc la mejilla con el dedo.
- No, por favor - dijo Tamara con voz suave.
Buck sigui acaricindola.
- Y ahora tienes que irte - dijo ella -. Ocurre as todas las veces. Fjate en m. Sabes lo que ests haciendo?
Buck estaba muy cerca.
- Pero soy fea. Soy horrenda. Tengo cuerpo de albndiga, y un pelo tan rebelde que nunca lo pude peinar. Apuesto a que us todas las clases de champ que existen. Por qu me miras as? Ests ciego? Me ves la cara? Hblame de mi bigote. A los catorce me creci un bigote, a los diecisis tena hombros ms anchos que mi padre. Soy parecida a l. slo que ms fea.
Buck se inclin, bes los labios invitantes.
- Me das asco - dijo ella, irguindose -. No quiero tu piedad. No es ms que eso. Una vez conoc a un chico como t. Quera mi bicicleta y finga que yo le gustaba. Hasta que un da lo bes. Sabes qu hizo? Me peg. Y me grit. Y sali corriendo. Abandon la bicicleta frente a su casa y le dej una nota que deca: Te amo.
- Mira, slo cincuenta centavos - le dijo la seorita Sonia a Billy -. Cualquiera puede pagarlo.
Billy mene la cabeza.
- Pero qu te pasa, eres frgido? No te gustan las chicas? Acaso no tienes dinero? Entonces yo te dar los cincuenta centavos, s? Ven, acrcate al divn. Bajar las luces y pondr un poco de msica.
Huston encontr una botella de bourbon en un cajn del escritorio. Empin la tercera parte antes de dormirse en la silla. Necesitaba el descanso. Despert con el cuello duro.
- Basta - les dijo a Billy y a la seorita Sonia -. Basta - les dijo a Tamara y a Buck.
Ellos siguieron, siguieron, y pronto empez a gritarles. No haba querido llegar a esos extremos. Pero en realidad no era l quien jugueteaba con ellos. Ellos jugueteaban con l.
No haba ms bourbon. Tendra que encontrar otra botella en alguna parte. Hasta podra ir a una tienda. No haba salido una vez, ni siquiera una vez.
- Basta de manoseos - dijo. Ellos estaban sentados a su alrededor, callados, atentos, recatados, cndidos, inteligentes.
- Tamara, por qu hiciste lo que hiciste?
- Buck me lo pidi. Nadie me lo pidi nunca. No comprendes?
- S, pero que no se repita.
- Veremos.
- Sonia, no quiero que hagas ms lo que hiciste con Billy.
- Por supuesto. De todos modos no me hizo feliz. Billy es un viejo. Lo cual me da una idea. T eres un joven bien parecido...
- Jams se te ocurra decir...
- Te dar cincuenta centavos.
Huston sali en busca de otra botella.
Al otro da los hizo sentar nuevamente en crculo a su alrededor.
- Voy a matarlos - les dijo -. Por eso estn en este laboratorio. Mi obligacin es apagarlos, y en cuanto los apague estarn muertos y sus mseros problemas morirn con ustedes. - Le sonri a Buck. - Pareces una enorme hamburguesa chamuscada. Cmo puedes estar all sentado como si merecieras un lugar en el mundo? Por amor de Dios, cbrete ese cuerpo repulsivo. Dan ganas de vomitar.
Buck camin tambaleando hasta un armario, se ocult all.
- Y t, Billy Ford - dijo Huston -. Un nombre humano para Frankenstein. Eres pura cabeza, trax y trasero. Debieron dejarte morir. Eres una abominacin. Cuando pienso que tuviste el descaro de aspirar a ser un hombre normal. Sin brazos, sin piernas, slo un torso con cabeza. Viviste con tu mujer, comiste con ella, dormiste con ella. Dormiste con ella!
Billy se alej flotando y calladamente se golpe la cabeza contra la pared.
- No escondas la cara, Tamara - dijo Huston -. Tamara la fecha. O tal vez debiera decir Tamara la feota. Sabes que a un hombre le gusta que las mujeres parezcan mujeres? No queremos msculos y bigotes, son inaguantables.
Mientras Tamara se tapaba el rostro y sollozaba, Huston se volvi a la otra integrante del grupo.
- La ltima, y por cierto la peor. He aqu a la seorita Sonia, la vulva ambulante...
- Que puedes gozar al momento por cincuenta centavos.
Huston se levant de un brinco, la cara lvida, el cuerpo rgido. Roci el aire con la espuma de la boca.
- No me hables as! Ramera! Te matar!
Olvid los lmites, la realidad, la cordura.
- Juega tus malditas cartas y deja de mirar a las chicas - le dijo a Buck. Jugaban al pker en el living de su departamento.
- Deja de coquetear! - le rugi a la seorita Sonia, que ojeaba las cartas de los jugadores.
- Ve a besuquearte con Billy - le dijo a Tamara -. Y aparta los pies de mi estreo.
A la seorita Sonia le dijo:
- V a lavarte la cara en el bao.
A Buck le dijo:
- No te quiero pescar fumando mis cigarros.
O:
- Tamara, por qu no dejas de viajar y sientas cabeza con uno de estos muchachos? Alguno de ellos te aceptar. Mancha, deja de mojar los muebles.
Armaron un alboroto en el departamento, y tuvo que arrearlos de vuelta al laboratorio.
- No son dignos de vivir en un sitio decente - les dijo.
Con un bostezo, Billy manote el brazo de la seorita Sonia.
- Qu tal si descansamos en el divn, preciosa?
- Quita esas manos piojosas de mi propiedad - dijo Huston.
En el edificio de la compaa haba demasiado plstico. Un cortocircuito en un extractor de humedad del quinto piso provoc unas chispas, ardi un distribuidor automtico de plstico. Ardi un termmetro de pared. Las cortinas ardieron y las llamas lamieron los paneles plsticos de la luz. El fuego se hizo incendio y se propag rpidamente.
Huston oli humo. No pudo abrir la puerta del laboratorio. La haba cerrado por dentro para impedir que la seorita Sonia bajara a la calle a buscar hombres. No pudo encontrar la llave.
Lo ltimo que record fue que haba aferrado el respaldo de una silla recta para no caerse. El cuarto se enturbi con el humo. Le dola el pecho. Tosi, se desplom sobre la silla, qued tendido en esa posicin.
Mucho ms tarde, un hacha golpe la puerta y la astill. Unos hachazos ms abrieron un boquete lo suficientemente grande para que cinco hombres con trajes protectores entraran uno por uno. Tenan prisa.
Inadvertido en medio del humo, Buck sali del laboratorio y atraves el pasillo para detenerse frente a una puerta llameante. Sus motores vacilaron momentneamente y se sent en el suelo, se apoy los codos en las rodillas y se sostuvo la cabeza entre las manos.
Los bomberos intercambiaron ideas a travs de los walkie-talkies incorporados en los cascos.
- Este tipo parece estar en las ltimas - dijo uno. Levant a Billy y se lo ech al hombro -. Lo llevar a la ambulancia.
- Auxilio! - grit la seorita Sonia. Estaba en el centro del cuarto, aturdida y desgreada.
Un bombero la tom por los brazos.
- Me llevar a sta - les aull a los otros, y calzndose a la seorita Sonia en el hombro, se march.
Tamara, sentada en una silla, repeta una y otra vez:
- Por favor, por favor, por favor...
Lo sigui repitiendo hasta que un bombero la recogi y ech a andar hacia la puerta rota. Los sigui un perrito que ladraba. Mancha los sigui hasta una rampa fuera de la ventana, baj a la calle con ellos, atraves un patio y sali a una calzada, se detuvo junto al poste de un farol y alz la pata. Un muchacho que haba acudido a mirar el incendio oy los ladridos, recogi a Mancha y se lo llev a su casa.
Dentro del laboratorio, los dos ltimos bomberos se toparon con Huston.
- El cielorraso se est recalentando! Largumonos de aqu.
- Y qu hacemos con ste?
Huston tena un aspecto tan raro, echado de travs sobre el respaldo de la silla, tan poco natural, y adems saban que haba cadveres experimentales en el edificio. Aun as...
- Tommonos un minuto para revisarlo.
Lo alzaron y lo pusieron de espaldas en el suelo. Podan saber en un santiamn cundo alguien estaba muerto, pero cmo darse cuenta de lo contrario... saber cundo estaba vivo?
- Le late el corazn.
- No seas estpido!
- Tienes razn, a todos les late el corazn.
- Respira?
- Si.
- Bien, eso tampoco importa. Todos los pulmones funcionan automticamente.
- Exacto.
- Largumonos de aqu. Es uno de esos cadveres.
- Cmo podemos estar seguros?
- Porque parece un cadver! Espera un minuto, hay alguien all.
Haban descubierto a Buck, que se frea suavemente en el horno de la puerta.
- Saqumoslo de aqu! Olvida al otro, est acabado.
Lo estaba, y para siempre. A la maana la cuadrilla que trajinaba entre los rescoldos calientes del laboratorio no pudo distinguir los restos de Huston de las cenizas de las paredes o alfombras; pero Buck y Sonia, Tamara y Billy y el mismo Mancha, ellos siguieron y siguieron.
FIN
OVNI
OVNI
Howard Fast
- Nunca lees en la cama - le dijo el seor Nutley a su mujer.
- Antes s, te acuerdas? - contest la seora Nutley -. Pero luego descubr que me bastaba con quedarme quieta y ordenar mis pensamientos.
- Te envidio. Nunca tienes dificultad para dormirte.
- Oh, s. Algunas veces. Para ser completamente franca - agreg -, creo que las mujeres hacemos menos alharaca que ustedes los hombres.
- Yo no hago alharaca - protest el seor Nutley, dejando de lado su New Yorker y apagando la luz del velador. Es algo muy desagradable. No padezco de insomnio, pero se me ocurre una idea y me da vueltas y vueltas en la cabeza.
- Tienes una idea esta noche?
- Slo que Ralph Thompson es un tipo insoportable, pero no s si eso se puede llamar una idea.
- Eso no basta para mantenerte despierto. Debo admitir que yo siempre lo he encontrado muy agradable como vecino. Podramos tener vecinos peores, sabes.
- Supongo que s.
- Por qu ests enojado con l? - pregunt la seora Nutley, tapndose bien para protegerse contra el fro de la habitacin.
- Porque nunca estoy seguro si me est tomando el pelo o hablando en serio. Todos los artistas y escritores son insoportables, pero ninguno tan insoportable como l. Como yo me traslado a la ciudad todos los das y pongo el traste sobre una silla para ganarme la vida honradamente, me transformo, segn l, en parte del establishment y en objeto de sus bromas.
- Pues s, ests molesto - dijo la seora Nutley.
- No lo estoy. Por qu pasa una hora antes de que yo pueda contestar sus imbciles observaciones de una manera ingeniosa?
- Porque eres una persona honesta y considerada, y me alegro mucho de que seas as. Qu te dijo?
- La forma en que lo dijo - replic el seor Nutley -. Entre desprecio y mofa. Dijo que vio un plato volador al anochecer, que baj y se pos en el pequeo valle detrs de la colina.
- Bueno, eso no es muy ingenioso que digamos. Probablemente caste en la trampa y le dijiste que los platos voladores no existen.
- Me voy a dormir - dijo el seor Nutley. Se dio vuelta, se estir, se tap bien y se qued callado. Despus de un minuto o dos le pregunt a la seora Nutley si dorma.
- No, estoy despierta.
- Pues le dije que por qu no iba al valle para ver dnde haba aterrizado. Me contest que l no entra sin permiso en la propiedad de gente millonaria.
- Cree en realidad que somos millonarios?
- Un hombre que ve platos voladores puede creer cualquier cosa. Qu le pasa a este pas? Nadie vea platos voladores cuando yo era chico. A nadie lo asaltaban en la calle. Nadie se drogaba. Te pregunto a ti: Oste alguna vez hablar de platos voladores cuando eras chica?
- Creo que no haba platos voladores cuando ramos chicos - dijo la seora Nutley.
- Claro que no.
- Antes no existan, a lo mejor ahora s.
- Eso es ridculo.
- No necesariamente - dijo la seora Nutley suavemente -. Los ven toda clase de personas.
- Lo que slo significa que el mundo est lleno de locos. Dime una cosa, si existen los platos voladores, qu es lo que quieren?
- Curiosear.
- Cmo es eso?
- Bueno - dijo la seora Nutley -, nosotros somos curiosos, ellos tambin son curiosos. Por qu no?
- Porque es esa clase de razonamiento la que hace que el mundo est como est. sa es una suposicin sin fundamento. Si las personas como t estuvieran ms en contacto con la realidad del mundo, todos estaramos mejor.
- Qu quieres decir con eso de personas como yo?
- Personas que no saben absolutamente nada del mundo real.
- Como yo? - pregunt dulcemente la seora Nutley. No se enojaba casi nunca.
- Qu haces todo el da aqu en estos barrios o suburbios o lo que sean, a cien kilmetros de Nueva York?
- Siempre estoy atareada, - respondi ella.
- Estar atareado no es suficiente -. El seor Nutley haba comenzado uno de sus discursos instructivos, pens la seora Nutley. Ocurran cada quince das aproximadamente, cuando padeca de insomnio -. Todas las personas deben justificar su existencia.
- Haciendo dinero. Siempre me dices que tenemos suficiente dinero.
- Nunca he mencionado el dinero. Cuando los chicos entraron en la universidad y t dijiste que ibas a hacer un doctorado en biologa vegetal, yo aprob tu proyecto. No fue as?
- As fue. Te mostraste muy comprensivo.
- No me refiero a eso, sino al hecho de que han transcurrido dos aos desde que obtuviste el ttulo y no haces absolutamente nada. Pasas los das aqu, sin hacer nada.
- Ests enojado conmigo ahora - dijo la seora Nutley.
- No estoy enojado.
- Estoy ocupada continuamente. Trabajo en el jardn. Colecciono especmenes.
- Tienes jardinero. Le pago ciento diez dlares por semana. Tienes cocinero. Tienes mucama. Los otros das le en el Sunday Observer un artculo acerca de la vida sin objeto que lleva la mujer de la clase media alta.
- S, yo tambin lo le - dijo la seora Nutley.
- Nunca me permites decir lo que quiero, sin interrupciones - dijo con enojo el seor Nutley -. Estbamos hablando de platos voladores, que t pareces aceptar como si existieran.
- Pero ahora estamos hablando de otra cosa, no? Ests disgustado porque no encuentro trabajo en alguna universidad como biloga vegetal para poder demostrar que tengo una funcin en la vida. En ese caso, nunca nos veramos, y yo te quiero.
- Dije algo yo de conseguir trabajo en una universidad? En realidad, hay cuatro universidades en treinta kilmetros a la redonda, y cualquiera te aceptara de buen grado.
- sa es una suposicin. Me quedo con mi casa, que me gusta mucho.
- Entonces, aceptas el aburrimiento. Aceptas una existencia gris y sin sentido. Aceptas...
- Sabes bien que no debes ponerte en este estado a esta hora de la noche - dijo con dulzura la seora Nutley -. Despus te cuesta mucho ms dormirte. No quieres un vaso de leche tibia?
- Por que no me dejas terminar de decir lo que quiero?
- Te voy a traer la leche. Siempre te duermes despus.
La seora Nutley se levant de la cama, encendi el velador de la mesa de luz, se puso la bata y baj a la cocina. Puso la leche a calentar en un hervidor. De un frasco de la alacena sac un paletito de Seconal y puso un poco del polvo en el vaso. Agreg luego la leche y la revolvi con una cuchara. Despus regres al dormitorio. Su marido tom la leche bajo su mirada aprobadora.
- Tu leche tibia es mgica - dijo el seor Nutley. - Me pongo as de este humor porque no me puedo dormir.
- Ya lo s.
- Es que pienso que ests sola todo el da aqu...
- Si a m me encanta este lugar.
Ella aguard hasta que la respiracin de su marido se hizo regular.
- Mi pobre amor - dijo con un suspiro. Esper diez minutos ms. Luego se levant de la cama, se puso unos viejos pantalones vaqueros, botas, una camisa y un pulver, y bajando las escaleras silenciosamente sali de la casa.
Atraves el jardn hasta el invernadero. La luna estaba tan brillante que no tuvo necesidad de usar la linterna que llevaba en el cinturn. En el invernadero estaba su mochila con los especmenes vegetales que haba coleccionado y catalogado las tres ltimas semanas. Apreciaba tanto el cuidado con que catalogaba cada espcimen y la manera con que lo envolva en musgo hmedo, as como el hecho de que dejara los hongos para el ltimo da con el fin de que estuvieran frescos y turgentes, que eso le proporcionaba un clido sentimiento de satisfaccin que duraba das. Adems, le pagaban muy bien por su trabajo. El seor Nutley tena mucha razn. Una persona que tena un oficio u ocupacin especial deba ser remunerada por el mismo. Ella tena una cartera vieja en un cajn de la cmoda, llena de diamantes pequeos. Claro que los diamantes eran tan comunes en su planeta como los guijarros en nuestra tierra, y por eso no tena remordimientos de conciencia.
Se puso la mochila al hombro, abandon el invernadero y se encamin por el sendero que suba la montaa adentrndose en el valle que estaba escondido detrs, donde se encontraba generalmente escondido el plato volador, cmodo y protegido de la mirada de los incrdulos y cnicos.
Caminaba con el paso largo y tranquilo de una mujer de cincuenta aos, aunque el trabajo que realizaba al aire libre la mantena en muy buen estado fsico. Pens qu bien le hara al seor Nutley si pudiera pasar sus das en el campo, al aire libre, en lugar de en una oficina en la ciudad.
FIN
Los Sueos de la Casa de la Bruja
Los Sueos de la Casa de la Bruja
(H. P. Lovecraft)
Walter Gilman no saba si fueron los sueos los que provocaron la fiebre, o si fue la fiebre la causa de los sueos. Detrs de todo se agazapaba el horror lacerante y mohoso de la antigua ciudad y de la execrable buhardilla donde escriba, estudiaba y luchaba con cifras y frmulas cuando no estaba dando vueltas en la mezquina cama de hierro. Sus odos se estaban sensibilizando de manera poco natural e intolerable, y ya haca tiempo que haba parado el reloj barato de la repisa de la chimenea, cuyo tictac haba llegado a parecerle como un tronar de artillera. Por la noche, los rumores de la ciudad oscurecida, el siniestro corretear de las ratas en los endebles tabiques y el crujir de las ocultas tablas en la centenaria casa bastaban para darle la sensacin de barahnda. La oscuridad siempre estaba llena de inexplicables ruidos, y no obstante Gilman se estremeca a veces temiendo que aquellos sonidos se apagaran y le permitieran or otros rumores ms leves que acechaban detrs de ellos.
Se encontraba en la inmutable ciudad de Arkham, llena de leyendas, de apiados tejados a la holandesa que se tambaleaban sobre desvanes donde las brujas se ocultaron de los hombres del Rey en los oscuros tiempos coloniales. Y en toda la ciudad no haba lugar ms empapado en recuerdos macabros que el desvn que albergaba a Gilman, pues precisamente en esta casa y en este cuarto se haba ocultado Keziah Mason, cuya fuga de la crcel de Salem continuaba siendo inexplicable. Aquello ocurri en 1692: el carcelero haba enloquecido y desvariaba acerca de algo peludo, pequeo y de blancos colmillos que haba salido corriendo de la celda de Keziah, y ni siquiera Cotton Mather pudo explicar las curvas y ngulos dibujados sobre las grises paredes de piedra con algn lquido rojo y pegajoso.
Posiblemente Gilman no debiera haber estudiado tanto. El clculo no euclidiano y la fsica cuntica bastan para violentar cualquier cerebro, y cuando se los mezcla con tradiciones folklricas y se intenta rastrear un extrao fondo de realidad multidimensional detrs de las sugerencias espantosamente crueles de las leyendas gticas y de los fantsticos susurros junto a una esquina de la chimenea, apenas puede esperar encontrarse completamente libre de una cierta tensin mental. Gilman era de Haverhill, pero slo despus de haber ingresado en el colegio universitario de Arkham empez a asociar sus conocimientos matemticos con las fantsticas levendas de la magia antigua. Algo haba en el ambiente devieja ciudad que actuaba oscuramente sobre su imaginacin. Los profesores de la Universidad de Miskatonic le haban recomendado que fuera ms despacio y haban reducido voluntariamente sus estudios en varios puntos. Adems, le haban prohibido consultar los dudosos tratados antiguos sobre secretos ocultos que se guardaban bajo llave en la biblioteca de la Universidad. Pero estas precauciones llegaron tarde, de modo que Gilman pudo obtener algunos terribles datos del temido Necronomicn de Abdul Alhazred, del fragmentario Libro de Eibon, y del prohibido Unausspreclichen Kulten de Von Junzt, que correlacion con sus frmulas abstractas sobre las propiedades del espacio y la conexin de dimensiones conocidas y desconocidas.
Saba que su cuarto estaba en la antigua Casa de la Bruja; en realidad lo haba alquilado por tal motivo. En los archivos del Condado de Essex figuraban numerosos datos acerca del proceso contra Keziah Mason y lo que esta mujer haba admitido bajo presin del tribunal de Oyer y Terminer fascin a Gilman hasta un punto realmente irrazonable. Keziah le haba hablado al juez Hathorne de lneas y curvas que podan trazarse para sealar direcciones, a travs de los muros del espacio, hacia otros espacios de ms all insinuando que tales lneas y curvas eran utilizadas frecuentemente en ciertas reuniones de medianoche celebradas en el sombro valle de la piedra blanca, situado ms all de la Loma del Prado, y en el islote desierto del ro. Tambin haba hablado del Hombre Negro, del juramento que ella haba prestado y de su nuevo nombre secreto, Nahab. Tras de lo cual traz aquellas figuras en la pared de su celda y desapareci.
Gilman crea cosas extraas acerca de Keziah, y sinti un raro estremecimiento al enterarse de que la casa en que haba vivido la anciana segua en pie despus de ms de doscientos treinta y cinco aos. Cuando oy los rumores que corran por Arkham entre susurros acerca de la persistente presencia de Keziah en la antigua casa y en los estrechos callejones, acerca de marcas irregulares, como de dientes humanos, observadas en ciertos durmientes de aquella y de otras casas, acerca de los gritos infantiles odos la vspera del Da de Mayo y en el Da de Todos los Santos, del hedor percibido en el tico del viejo edificio precisamente despus de esos das temidos, y acerca de la cosa pequea y peluda, de afilados dientes, que rondaba por la vieja casa y por laciudad y acariciaba a la gente curiosamente con el hocico en las oscuras horas que preceden al amanecer, decidi vivir all a toda costa. Una habitacin resultaba fcil de obtener, pues la casa era impopular y dificil de alquilar y desde haca tiempo se dedicaba a alojamiento barato. No hubiera podido decir lo que esperaba encontrar all, pero saba que deseaba estar en aquel edificio donde alguna circunstancia haba dado, ms o menos repentinamente, a una vulgar anciana del siglo xvii, un atisbo de profundidades matemticas tal vez ms atrevidas que las ms modernas elucubraciones de Planck, Heisenberg, Einstein y de Sitter.
Estudi las maderas y las paredes de yeso en busca de dibujos crpticos en los lugares accesibles donde se haba desprendido el empapelado, y al cabo de menos de una semana logr alquilar el tico del este en donde se deca que Keziah se haba dedicado a la brujera. Haba estado desalquilado desde el principio, ya que nadie se haba mostrado dispuesto a ocuparlo por mucho tiempo, pero el patrn polaco tena miedo de alquilarlo. Sin embargo, nada en absoluto le ocurri a Gilman hasta que le dio la fiebre. Ninguna Keziah fantasmal merode en los sombros pasillos o en los aposentos, ninguna cosa pequea y peluda se desliz al interior del ttrico cuarto para hocicar a Gilman, ni ste encontr rastros de los conjuros de la bruja pese a su constante bsqueda. Algunas veces, paseaba por el oscuro laberinto de callejuelas sin pavimentar y que olan a moho, donde las misteriosas casas pardas de ignorada antigedad se inclinaban, se tambaleaban v hacan muecas burlonas a travs de las ventanas de pequeos cristales. Saba que all haban ocurrido en otros tiempos cosas extraas, y flotaba en el aire una vaga sugerencia de que quiz no todo lo perteneciente a aquel pasado anmalo haba desaparecido, al menos en las callejuelas ms oscuras, estrechas e intrincadamente retorcidas. En dos ocasiones rem tambin hasta el maldecido islote del ro e hizo un croquis de los extraos ngulos descritos por las hileras de piedras grises cubiertas de crecido musgo que all se alzaban y cuyo origen era oscuro e inmemorial.
La habitacin de Gilman era de buen tamao pero de forma irregular; la pared del norte se inclinaba perceptiblemente hacia el interior mientras que el techo, de poca altura, bajaba suavemente en igual direccin. Aparte de un evidente agujero correspondiente a un nido de ratas y los rastros de otros tapados, no haba entrada ninguna, ni seales de que la hubiera habido, al espacio que deba de existir entre la pared inclinada y la recta pared exterior de la parte norte de la casa, aunque desde el exterior se vea una ventana que haba sido tapiada en un tiempo muy remoto. El desvn situado encima del techo, que deba haber tenido inclinado el suelo, era asimismo inaccesible. Cuando Gilman subi con una escalera . al desvn lleno de telaraas que quedaba directamente encima de su habitacin, encontr vestigios de una abertura antigua hermtica y pesadamente cerrada con antiguos tablones y asegurada con fuerte estacas de madera, corrientes en la carpintera de los tiempos coloniales. Sin embargo, el casero, a pesar de sus muchos ruegos, se neg a permitirle investigar lo que haba de trs de aquellos espacios cerrados.
A medida que transcurra el tiempo, aument su inters por la pared y el techo de su cuarto, pues comenz a adivinar en los extraos ngulos de la construccin un significa do matemtico que pareca brindar vagos indicios a su objetivo. La vieja hechicera poda haber tenido muy buenas razones para vivir en una habitacin de extraos ngulos acaso no deca haber traspasado los lmites del mundo espacial conocido a travs de ciertos ngulos? Su inters fu desvindose gradualmente de los espacios vacos situados a otro lado de las paredes inclinadas, pues ahora pareca que la finalidad de tales superficies ataa al lado del cual se encontraba.
La fiebre y los sueos comenzaron a principios de febrero. Durante algn tiempo, parece que los extraos ngulos de la habitacin de Gilman tuvieron sobre l un raro efecto casi hipntico; y, a medida que el sombro invierno avanzaba, se encontr contemplando con creciente intensidad la esquina en donde el techo descendente se una con la pared inclinada. En aquella poca, le preocup gravemente su incapacidad para concentrarse en sus estudios y comenz a temer seriamente por los resultados de los exmenes parciales. Tambin le molestaba aquel exacerbado sentido de la audicin. La vida se haba convertido para l en una persistente y casi insufrible cacofona, y tena la constante y amedrentadora impresin de percibir otros sonidos procedentes, tal vez, de regiones situadas ms all de la vida, temblando al mismo borde de la percepcin. En cuanto a ruidos concretos, los peores eran los que hacan las ratas en los antiguos tabiques. A veces, su rascar pareca no slo furtivo, sino deliberado. Cuando llegaba desde ms all de la pared inclinada del norte, estaba mezclado con una especie de castaeteo seco; y cuando proceda del desvn situado encima del techo inclinado, clausurado haca ms de un siglo, Gilman siempre se preparaba para lo peor, como si esperara algo horrible que slo aguardara su momento antes de bajar para aniquilarlo totalmente.
Los sueos estaban ms all del lmite de la cordura, y Gilman pensaba que eran resultado conjunto de sus estudios de matemticas y de sus lecturas sobre leyendas populares. Haba estado pensando demasiado en las vagas regiones que, segn sus frmulas, tenan que existir ms all de las tres dimensiones conocidas, y en la posibilidad de que la vieja Keziah Mason, guiada por alguna influencia imposible de conjeturar, hubiera encontrado la puerta de acceso a aquellas regiones. Los amarillentos legajos del juzgado del distrito que contenan el testimonio de aquella mujer y el de sus acusadores sugeran terriblemente cosas fuera del alcance de la experiencia humana, y las descripciones del frentico y pequeo objeto peludo que le haca las veces de demonio familiar eran desagradablemente realistas, a pesar de ser increblemente detalladas.
Ese ser, de tamao no mayor que el de una rata grande y al que las gentes del pueblo llamaban caprichosamente Brown Jenkin, pareca haber sido fruto de un notable caso de sugestin colectiva, pues en 1692 no menos de doce personas atestiguaron habero visto. Tambin los rumores recientes acerca de l coincidan de una manera desconcertante e incomprensible. Los testigos decan que tena el pelo largo y forma de rata, pero que la cara, con afilados dientes y barba, era diablicamente humana, en tanto que sus zarpas parecan diminutas manecillas. Llevaba recados de la vieja al diablo y se alimentaba con la sangre de la hechicera que sorba como un vampiro. Su voz era una especie de risita detestable y poda hablar todos los idiomas. De las mltiples monstruosidades que Gilman vea en sus pesadillas ninguna le provocaba tanto pavor y repugnancia como aquel malvado y diminuto hbrido, cuya imagen se le presentaba en forma mil veces ms odiosa de lo que su mente despierta haba deducido de los viejos legajos y los rumores modernos.
Las pesadillas de Gilman consistan por lo general en soar que caa en abismos infinitos de inexplicable crepsculo coloreado y llenos de confusos sonidos, abismos cuyas propiedades materiales y de gravitacin Gilman ni siquiera poda concebir. En sus sueos ni caminaba ni trepaba, ni volaba ni nadaba, ni reptaba; pero siempre experimentaba una sensacin de movimiento, en parte voluntaria y en parte involuntario. No poda juzgar bien acerca de su propio estado, pues brazos, piernas y torso siempre le resultaban imposibles de ver, desvanecidos en alguna clase de alteracin de la perspectiva; pero perciba que su organizacin fsica y sus facultades quedaban transmutadas de manera mgica y proyectadas oblicuamente, aunque conservando una cierta grotesca relacin con sus proporciones y propiedades normales.
Los abismos no estaban vacos, sino poblados de indescriptibles masas anguladas de sustancia de colorido ajeno a este mundo, algunas de las cuales parecan orgnicas y otras inorgnicas. Algunos de los objetos orgnicos tendan a despertar vagos recuerdos dormidos, aunque no poda formarse una idea consciente de lo que burlonamente imitaban o sugeran. En los ltimos sueos empez a distinguir categoras independientes en las que los objetos parecan dividirse y que suponan en cada caso una especie radicalmente distinta de normas de conducta y de motivacin bsica. De estas categoras, una le pareci que inclua objetos algo menos ilgicos y desatinados en sus movimientos que los pertenecientes a las dems.
Todos los objetos, tanto los orgnicos como los inorgnicos, eran completamente indescriptibles, e incluso incomprensibles. A veces Gilman comparaba los inorgnicos a prismas, a laberintos, a grupos de cubos y planos, y a edificios ciclpeos; y las cosas orgnicas le daban sensaciones diversas, de conjuntos de burbujas, de pulpos, de ciempis, de dolos indios vivos y de intrincados arabescos vivificados por una especie de animacin ofidia. Todo cuanto vea era indescriptiblemente amenazador y terrible, y si uno de los entes orgnicos pareca, por sus movimientos, haberse fijado en l, senta un terror tan espantoso y horrible que generalmente se despertaba sobresaltado. De cmo se movan los entes orgnicos no poda decir ms que de cmo se mova l mismo. Con el tiempo observ otro misterio: la tendencia de ciertos entes a aparecer repentinamente procedentes del espacio vaco, o a desvanecerse con igual rapidez. La confusin de gritos y rugidos que retumbaba en los abismos desafiaba todo anlisis en cuanto a tono, timbre o ritmo, pero pareca estar sincronizada con vagos cambios visuales de todos los objetos indefinidos, tanto orgnicos como inorgnicos. Gilman experimentaba el continuo temor de que pudiera elevarse hasta algn grado insufrible de intensidad durante alguna de sus oscuras e implacables fluctuaciones.
Pero no era en estas vorgines de alienacin total cuando vea a Brown jenkin. Aquel horror abominable estaba reservado para ciertos sueos ms ligeros y vvidos que le asaltaban inmediatamente antes de caer profundamente dormido. Gilman permaneca echado en la oscuridad, luchando para mantenerse despierto, cuando una leve claridad pareca relucir en torno a la centenaria habitacin revelando en una neblina violcea la convergencia de los planos angulados que de manera tan insidiosa se haban apoderado de su mente. El horror pareca salir del agujero de las ratas en el rincn y avanzar hacia l, deslizndose por las tablas del suelo combado, con una maligna expectacin en su diminuto y barbado rostro humano; pero, afortunadamente, el sueo siempre se desvaneca antes que la aparicin se acercara demasiado a l para acariciarlo con el hocico. Tena los dientes diablicamente largos, afilados y caninos. Gilman trataba de taponar el agujero de las ratas todos los das, pero noche tras noche los verdaderos habitantes de los tabiques roan la obstruccin, fuera lo que fuera. En una ocasin hizo que el casero clavara una lata sobre el orificio, pero a la noche siguiente las ratas haban abierto un nuevo agujero, y al hacerlo haban empujado o arrastrado un curioso trocito de hueso.
Gilman no inform de su fiebre al doctor, pues saba que si ingresaba en la enfermera de la Universidad no podna
pasar los exmenes, para cuya preparacin necesitaba todo su tiempo. Aun as, le suspendieron en clculo diferencial y en psicologa general superior, aunque le quedaba la esperanza de recuperar el terreno perdido antes de terminar el curso.
En marzo, un nuevo elemento entr a formar parte de su sueo preliminar, y la forma de pesadilla de Brown jenkin comenz a verse acompaada por una nebulosa sombra que fue asemejndose cada vez ms a una vieja encorvado. Este nuevo elemento le trastorn ms de lo que pudiera explicar, pero acab por decidir que era igual a una vieja con la que se haba encontrado dos veces en el oscuro laberinto de callejas de los abandonados muelles. En aquellas ocasiones, la mirada maliciosa, sardnica y aparentemente injustificada de la bruja, casi le haba hecho estremecer, especialmente la primera vez, cuando una rata de gran tamao, que atraves la boca en sombras de un callejn vecino, le hizo pensar irrazonablemente en Brown jenkin. Y pens que aquellos temores nerviosos se estaban reflejando ahora en sus desordenados sueos.
No poda negar que la influencia de la vieja casa era nociva, pero los restos de su morboso inters le retenan all. Se dijo que las fantasas nocturnas se deban slo a la fiebre, y que cuando desapareciera se vera libre de las monstruosas visiones. No obstante, aquellas apariciones tenan una absorbente vivacidad y resultaban convincentes, y siempre que despertaba conservaba una vaga sensacin de haber vivido gran parte de lo que recordaba. Tena la horrenda certidumbre de haber hablado en sueos olvidados con Brown jenkin y con la bruja, los cuales le haban apremiado para que fuese a alguna parte con ellos a encontrarse con un tercer ser ms poderoso.
Hacia finales de marzo empez a mejorar en matemticas, aunque las otras asignaturas le fastidiaban de un modo creciente. Estaba adquiriendo una habilidad intuitiva para resolver ecuaciones riemannianas, y asombr al profesor Upham con su comprensin de la cuarta dimensin v de otros problemas que sus compaeros ignoraban. Una tarde se discuti la posible existencia de curvaturas caprichosas en el espacio y de puntos tericos de aproximacin, o incluso de contacto, entre nuestra parte del cosmos y otras regiones diversas tan remotas como las estrellas ms lejanas o los mismos vacos transgalcticos, e incluso tan fabulosamente distantes como unidades csmicas hipotticamente concebibles ms all del continuo tiempo-espacio einsteniano. La forma en que Gilman trat el tema dej admirados a todos, aunque algunas de sus ilustraciones hipotticas provocaron un aumento de las siempre abundantes habladuras sobre su nerviosa y solitaria excentricidad. Lo que hizo que los estudiantes sacudieran la cabeza fue su teora sobriamente enunciada de que un hombre con conocimientos matemticos fuera del alcance de la mente humana poda pasar de la Tierra a otro cuerpo celeste que se encontrara en uno de los infinitos puntos de la configuracin csmica.
Para ello, dijo, slo seran necesarias dos etapas: primero, salir de las esfera tridimensional que conocemos, y segundo, regresar a la esfera de las tres dimensiones en otro punto, tal vez infinitamente lejano. Que esto se pudiera hacer sin perder la vida era concebible en muchos casos. Cualquier ser procedente de un lugar del espacio tridimensional podra sobrevivir probablemente en la cuarta dimensin; y la supervivencia en la segunda etapa dependera de qu parte extraa del espacio tridimensional eligiera para su reentrada. Los habitantes de algunos planetas podan vivir en otros, incluso en astros pertenecientes a otras galaxias o a similares fases dimensionales de otro continuo espacio-tiempo, aunque, naturalmente, deba existir un inmenso nmero de ellos mutuamente inhabitables, aunque fueran cuerpos o zonas espaciales matemticamente yuxtapuestos.
Tambin era posible que los habitantes de una zona dimensional determinada pudieran soportar la entrada en muchos dominios desconocidos e incomprensibles de dimensiones ms numerosas, o indefinidamente multiplicadas, de dentro o de fuera del continuo tiempo-espacio dado, y lo contrario podra darse. Esto era cuestin de conjetura, aunque se poda estar bastante seguro de que el tipo de mutacin que supondra pasar de un plano dimensional dado al plano inmediatamente superior no destruira la integridad biolgica tal como la entendemos. Gilman no poda explicar muy claramente las razones que tena para esta ltima suposicin, pero su vaguedad en este punto quedaba ms que compensada por su claridad al tratar otros temas muy complejos. Al profesor Upham le caus especial placer su demostracin de la relacin que exista entre las matemticas superiores y ciertas fases de la magia transmitidas a lo largo de los milenios desde tiempos de indescriptible antigedad, humanos o prehumanos, cuando se tenan mayores conocimientos acerca del cosmos y de sus leyes.
Alrededor del 1 de abril, Gilman estaba muy preocupado porque la fiebre no desapareca. Tambin le inquietaba lo que sus compaeros de hospedaje decan acerca de su sonambulismo. Parece que se ausentaba frecuentemente de la cama, y los crujidos de la madera del suelo de su habitacin a ciertas horas de la noche despertaron ms de una vez al husped de la habitacin de abajo. Aquel sujeto habl tambin del ruido de pies calzados durante la noche; pero Gilman estaba seguro de que en esto se equivocaba, porque sus zapatos y tambin el resto de la ropa siempre estaban en su sitio por la maana. En aquella casa vieja y deteriorada podan experimentarse las sensaciones ms absurdas. Acaso el propio Gilman no estaba seguro de or, en pleno da, ciertos ruidos, aparte del rascar de las ratas, procedentes de las negras bvedas situadas ms all de la pared inclinada v del techo descendente? Sus odos, de sensibilidad patolgica, comenzaron a captar dbiles pasos en el desvn, cerrado desde tiempo inmemorial, encima de su habitacin, y algunas veces la ilusin de tales pasos tena un realismo angustioso.
Sin embargo, saba que su sonambulismo era cierto, pues dos noches haban encontrado vaca su habitacin con toda la ropa en su lugar. Se lo haba asegurado Frank Elwood, el compaero de estudios, cuya pobreza le haba obligado a hospedarse en aquella esculida casa, de manifiesta impopularidad. Elwood haba estado estudiando hasta la madrugada, y subi para que Gilman le ayudara a resolver una ecuacin diferencial, encontrndose con que no estaba en su cuarto. Haba sido algo atrevido de su parte abrir la puerta, que no estaba cerrada con llave, despus de llamar y no recibir respuesta, pero necesitaba ayuda y pens que a Gilman no le importara demasiado que lo despertara suavemente. Pero Gilman no estaba all ninguna de las dos veces, y cuando Elwood le cont lo sucedido se pregunt dnde poda haber estado vagando, descalzo y slo con sus ropas de dormir. Decidi investigar el asunto si continuaban las noticias acerca de sus paseos sonmbulos, y pens en esparcir harina sobre el suelo del pasillo para averiguar a dnde se dirigan sus pisadas. La puerta era la nica salida concebible, ya que la estrecha ventana daba al vaco.
Avanzado el mes de abril, llegaron a odos de Gilman, aguzados por la fiebre, las dolientes plegarias de un hombre supersticioso que arreglaba telares llamado Joe Mazurewicz, y cuya habitacin se encontraba en la planta baja. \lazurewicz haba contado absurdas historias acerca del fantasma de la vieja Keziah y de aquel ser husmeante, peludo y de dientes afilados, afirmando que algunas veces le perseguan de tal manera que slo su crucifijo de plata (que con ese propsito le haba regalado el padre lwanicki, de la iglesia de San Estanislao) poda darle algn alivio. Ahora rezaba porque se acercaba el Sabbath de las brujas. La vspera del primero de mayo era la Noche de Walpurgis, cuando los espritus infernales vagaban por la tierra y todos los esclavos de Satans se congregaban para entregarse a ritos y actos indecibles. Siempre era una mala fecha en Arkham, aunque la gente de categora de la avenida Miskatonic y de las High y Saltonstall Streets pretendan no saber nada acerca de ello. Ocurriran cosas desagradables, y probablemente desapareceran uno o dos nios. Joe saba de estas cosas, pues su abuela, en su pas de origen, lo haba odo de labios de la suya. Lo ms prudente era rezar el rosario en este perodo. Haca tres meses que ni Keziah ni Brown jekin se haban acercado a la habitacin de joe, ni a la de Paul Choynski, ni a ningn otro sitio, y esto era un mal sntoma. Algo deberan estar tramando.
El da 16, Gilman fue al consultorio del mdico y se sorprendi al comprobar que su temperatura no era tan alta como haba temido. El mdico le interrog a fondo y le aconsej que fuese a ver a un especialista de los nervios. Gilman se alegr de no haber consultado al mdico de la Universidad, un hombre ms inquisitivo. El viejo Waldron, que ya anteriormente le haba restringido el trabajo, le hubiera obligado a tomarse un descanso, cosa imposible ahora que estaba a punto de obtener grandes resultados con sus ecuaciones. Se encontraba indudablemente prximo a la frontera entre el universo conocido y la cuarta dimensin, y nadie era capaz de predecir hasta dnde podra llegar.
A veces se preguntaba sobre el motivo de tan extraa confianza, incluso cuando pensaba as. Provena este peligroso sentido de inminencia de las frmulas con que cubra tantos papeles da tras da? Los pasos amortiguados, furtivos e imaginarios del clausurado desvn le alteraban. Y ahora, adems, tena la creciente sensacin de que alguien estaba tratando de persuadirle constantemente de que hiciera algo terrible que no poda hacer. Y el sonambulismo? A dnde iba algunas noches? Qu era aquella leve sugerencia de sonido que a veces pareca vibrar a travs de la confusin de rumores identificables, incluso a plena luz del da y en plena vigilia? Su ritmo no corresponda a nada terreno, como no fuera a la cadencia de uno o dos innombrables cantos de aquelarre, y algunas veces tema que correspondieran a ciertos atributos de los vagos gritos o rugidos odos en aquellos abismos soados totalmente extraos.
En tanto los sueos se iban haciendo atroces. En la fase preliminar ms ligera la vieja malvada se le apareca claramente, y Gilman comprendi que era la que le haba atemorizado en los barrios pobres. La encorvado espalda, la nariz ganchuda y la barbilla llena de arrugas eran inconfundibles, y sus ropas pardas e informes eran las que l recordaba. La cara de la vieja tena una expresin de horrible malevolencia y exultacin, y cuando Gilman despertaba poda recordar una voz cascada que persuada y amenazaba. Gilman tena que conocer al Hombre Negro e ir con ellos hasta el trono de Azatoth, en el mismo centro del Caos esencial. Esto era lo que deca la bruja. Tendra que firmar en el libro de Azatoth con su propia sangre y adoptar un nuevo nombre secreto, ahora que sus investigaciones independientes haban llegado tan lejos. Lo que le impeda ir con ella v Brown Jenkin y el otro al trono del Caos, en torno del cual tocan las agudas flautas descuidadamente, era porque haba visto el nombre Azatoth en el Necronomicn, v sabia que corresponda a un mal primordial demasiado horrible para ser descrito.
La vieja se materializaba siempre cerca del rincn donde se unan la pared inclinada y el techo descendente. Pareca cristalizarse en un punto ms cercano al techo que al suelo, y cada noche se acercaba un poco ms y era ms visible antes de que el sueo se desvaneciera. Tambin Brown jenkin estaba un poco ms cerca del final, y sus colmillos amarillentos relucan odiosamente en la fosforescencia sobrenatural de color violeta. Su repulsiva risita de tono agudo resonaba continuamente en la cabeza de Gilman, y por la maana recordaba cmo haba pronunciado las palabras Azatoth y Nyarlathotep.
En los sueos ms profundos todas las cosas eran tambin ms visibles, y Gilman tena la sensacin de que los abismos en penumbra crepuscular que le rodeaban eran los de la cuarta dimensin. Los entes orgnicos, cuyos movimientos parecan inconsecuentes y sin motivo, eran probablemente proyecciones de formas vitales procedentes de nuestro propio planeta, incluidos los seres humanos. Lo que fueran los otros en su propia esfera, o esferas dimensionales, no se atreva a pensarlo. Dos de las cosas movedizas menos incongruentes, un conjunto bastante grande de iridiscentes burbujas esferoidales alargadas, y un poliedro mucho ms pequeo de colores desconocidos y ngulos formados por superficies y que cambiaban a gran velocidad, parecan observarle y seguirle de un lado a otro o flotar delante de l a medida que cambiaba de posicin entre gigantescos prismas, laberintos, racimos de cubos y planos, y formas que casi eran edificios; y continuamente los gritos y rugidos se hacan cada vez ms estentreos, como si acercaran algn monstruoso clmax de insoportable intensidad.
En la noche del 19 al 20 de abril sucedi algo nuevo. Gilman estaba movindose, medio involuntariamente, por los abismos en penumbra con la masa burbujeante y el pequeo poliedro flotando delante, cuando percibi los ngulos de extraa regularidad que formaban los bordes de unos gigantescos grupos de prismas vecinos. Unos segundos despus se hallaba fuera del abismo tembloroso, de pie en una rocosa ladera baada por una intensa y difusa luz de color verde. Estaba descalzo y en ropa de dormir, y cuando trat de andar encontr que apenas poda levantar los pies. Un torbellino de vapor ocultaba todo menos la pendiente inmediata, y se estremeci al pensar en los sonidos que podan surgir de aquel vapor.
Vio entonces dos formas que se le acercaban arrastrndose con gran dificultad: la vieja y la pequea cosa peluda. La bruja se puso trabajosamente de rodillas y consigui cruzar los brazos de singular manera, en tanto que Brown jenkin sealaba en cierta direccin con una zarpa horriblemente antropoide que levant con evidente dificultad. Movido por un impulso involuntario, Gilman se arrastr en la direccin sealada por el ngulo que formaban los brazos de la bruja y la diminuta garra del diablico engendro, y antes de dar tres pasos arrastrando los pies se encontr nuevamente en los ensombrecidos abismos. Bullan a su alrededor formas geomtricas, y cay vertiginosa e interminablemente, para acabar despertando en su lecho, en la buhardilla demencialmente inclinada de la vieja casa embrujada.
Por la maana se sinti sin fuerzas para nada, y no asisti a ninguna de las clases. Alguna desconocida atraccin diriga su vista en una direccin al parecer incongruente. pues no poda evitar el mirar fijamente a cierto punto vaco del suelo. Segn fue avanzando el da, su mirada sin vista cambi de situacin, y para medioda haba dominado el impulso de contemplar el vaco. A eso de las dos sali a comer, y mientras recorra las angostas callejuelas de la ciudad se encontr girando siempre hacia el sudeste. Con gran es-fuerzo se detuvo en una cafetera de Church Street, y despus del almuerzo sinti el misterioso impulso con mayor intensidad.
Tendra que consultar a un especialista de los nervios despus de todo, pues tal vez aquello estuviera relacionado con su sonambulismo, pero mientras tanto podra intentar al menos romper por s mismo el morboso encantamiento. Indudablemente, era an capaz de resistir el misterioso impulso, de modo que se dirigi deliberadamente y muy decidido hacia el norte por Garrison Street. Cuando lleg al puente que cruza el Miskatonic le corra un sudor fro, y se agarr a la barandilla de hierro mientras contemplaba el islote de mala fama, cuyas regulares ringleras de antiguas piedras en pie parecan cavilar sombramente en medio del sol de la tarde.
Y algo le sobresalt entonces. Pues haba un ser vivo claramente visible en el desolado islote, y al volver a mirar se dio cuenta de que era la extraa vieja cuyo siniestro aspecto tanto le haba impresionado en sus sueos. Tambin se movan las altas hierbas cerca de ella, como si algn otro ser vivo se estuviese arrastrando por el suelo. Cuando la vieja empez a volverse hacia l, Gilman huy precipitadamente del puente v se refugi en el laberinto de callejas del muelle. Aunque el islote estaba a buena distancia, sinti que un maleficio monstruoso e invencible poda brotar de la sardnica mirada de aquella figura encorvado y vieja vestida de marrn.
La atraccin hacia el sudeste todava continuaba, y Gilman tuvo que hacer un gran esfuerzo para arrastrarse hasta la vieja casa y subir las desvencijadas escaleras. Estuvo varias horas sentado, silencioso y enajenado, mientras su mirada se iba volviendo paulatinamente hacia el Oeste. A eso de las seis, su aguzado odo oy las dolientes plegarias de Joe Mazurewicz dos pisos ms abajo; cogi desesperado el sombrero y sali a la calle dorada por el atardecer, dejando que el impulso que lo empujaba hacia el Sudeste lo llevara adonde quisiera. Una hora ms tarde la oscuridad le encontr en los campos abiertos que se extendan ms all de Hangmas Brook, mientras las estrellas primaverales parpadeaban sobre su cabeza. El fuerte impulso de andar se estaba transformando gradualmente en anhelo de lanzarse msticamente al espacio, y entonces, repentinamente, supo de dnde proceda la fortsima atraccin.
Era del cielo. Un punto definido entre las estrellas ejerca dominio sobre l y lo llamaba. Al parecer era un punto situado en algn lugar entre la Hidra y el Navo Argos, y comprendi que hacia l se haba sentido impulsado desde que despert poco despus de amanecer. Por la maana haba estado debajo de l, y ahora se encontraba aproximadamente hacia el sur, pero deslizndose hacia el oeste. Qu significaba esta novedad? Se estaba volviendo loco? Cunto durara? Afianzndose en su resolucin, dio la vuelta y se encamin una vez ms hacia la siniestra casa.
Mazurewicz le estaba aguardando en la puerta y pareca ansioso y reticente a la vez por susurrarle alguna nueva historia supersticiosa. Se trataba de la luz malfica. joe haba participado en los festejos de la noche anterior -era el Da del Patriota en Massachussetts-, regresando a casa despus de medianoche. Al mirar hacia arriba desde afuera, le pareci al principio que la ventana de Gilman estaba a oscuras, pero luego vio en el interior el tenue resplandor de color violeta. Quera advertirle sobre ese resplandor, ya que en Arkham todos saban que era la luz embrujada que rodeaba a Brown Jenkin y al fantasma de la propia bruja. No lo haba mencionado antes, pero ahora tena que decirlo, porque significaba que Keziah y su familiar de largos colmillos andaban detrs del joven. Algunas veces, Paul Chovnski, Dombrowski, el casero, y l haban credo ver el resplandorfiltrndose por entre las rendijas del clausurado desvn, encima de la habitacin que ocupaba el seor, pero los tres haban acordado no hablar del asunto. Sin embargo, ms le valdra al seor buscar habitacin en algn otro lugar y pedir un crucifijo a algn buen sacerdote como el padre lwanicki.
Mientras charlaba el buen hombre, Gilman sinti que un pnico desconocido le aferraba la garganta. Saba que Joe deba estar medio borracho al regresar a casa la noche antes, pero la mencin de una luz violcea en la ventana de la buhardilla tena una espantosa importancia. Aquella era la clase de luz que envolva siempre a la vieja y al pequeo ser peludo en los sueos ms ligeros y claros que precedan a su hundimiento en abismos desconocidos, y la idea de que una persona despierta pudiera ver la soada luminosidad resultaba inconcebible. Sin embargo, de dnde haba sacado aquel hombre tan extraa idea? Acaso no se haba limitado l a vagar dormido por la casa, sino que tambin haba hablado? No, joe dijo que no. Pero tendra que averiguarlo. Tal vez Frank Elwood pudiera decirle algo, aunque le molestaba mucho preguntarle.
Fiebre.... sueos insensatos..., sonambulismo..., ilusin de ruidos.... atraccin hacia un punto del cielo.... y ahora la sospecha de decir dormido cosas de loco... Tena que dejar de estudiar, ver a un psiquiatra y procurar dominarse. Cuando subi al segundo piso se detuvo ante la puerta de Elwood, pero vio que el otro estudiante haba salido. Sigui subiendo a disgusto hasta su habitacin, y en ella se sent a oscuras. Su mirada continuaba sintindose atrada hacia el sur, pero tambin se encontr aguzando el odo para captar algn ruido en el clausurado desvn de arriba, y medio imaginando que una malfica luminosidad violcea se filtraba a travs de una rendija muy pequea del techo inclinado y bajo.
Aquella noche, mientras Gilman dorma, la luz violeta cay sobre l con inusitada intensidad, y la bruja y el pequeo ser peludo se acercaron ms que nunca y se mofaron de l con agudos chillidos inhumanos y diablicas muecas. Gilman se alegr de hundirse en los abismos crepusculares, aunque la persecucin de aquel grupo de burbujas iridiscentes y del pequeo y caleidoscpico poliedro resultaba amenazadora e irritante. Luego sobrevino un cambio, cuando vastas superficies convergentes de una sustancia de aspecto escurridizo aparecieron encima y debajo de l, cambio que culmin con una llamarada de delirio y un resplandor de luz desconocida y extraa, en la cual se mezclaban demencial e inextricablemente el amarillo, el carmes y el ndigo.
Estaba medio tumbado en una alta azotea de fantstica balaustrada que dominaba una infinita selva de exticos e increbles picos, superficies planas equilibradas, cpulas, minaretes, discos horizontales en equilibrio sobre pinculos e innumerables formas an ms descabelladas, unas de piedra, otras de metal, que relucan magnficamente en medio de la compuesta y casi cegadora luz que sobre todo ello derramaba un cielo polcromo. Mirando hacia arriba vio tres discos prodigiosos de fuego, todos ellos de diferente color 5 situados a distinta altura por encima de un curvado horizonte, infinitamente lejano, de bajas montaas. Detrs de l se elevaban filas de terrazas ms altas hasta donde alcanzaba la vista. La ciudad se extenda a sus pies hasta donde alcanzaba la vista, y Gilman dese que ningn sonido brotara de ella.
El suelo del cual se levant fcilmente era de una piedra veteada y bruida que no pudo identificar, y las baldosas estaban cortadas en formas caprichosas, que ms que asimetricas le parecieron estar basadas en alguna simetra ir-rracional, cuyas leyes era incapaz de entender. La balaustrada lellegaba hasta el pecho y estaba delicada y fantsticamente forjada, y a lo largo del barandal se vean intercaladas, de trecho en trecho, pequeas figuras de grotesca concepcin y exquisita talla. Las figuras lo mismo que la balaustrada parecan ser de un metal brillante, cuyo color no se poda adivinar en el caos de mezclados fulgores, y cuya naturaleza invalidaba todas las conjeturas. Representaban algn objeto acanalado en forma de barril y con delgados brazos horizontales que salan como radios de rueda de un anillo central y con abultamientos o bulbos que salan de la cabeza y de la base. Cada uno de estos bulbos era el eje de un sistema de cinco brazos, largos, planos, rematados en tringulos dispuestos alrededor del eje, como los brazos de una estrella de mar, casi horizontales, pero ligeramente curvados desde el barril central. La base del bulbo inferior se funda en el largo barandal con un punto de contacto tan delicado que varias figuras se haban roto y desprendido. Medan stas alrededor de cuatro pulgadas y media de altura, Y los aguzados brazos tenan un dimetro mximo de unas dos pulgadas v media.
Cuando Gilman se levant, las losas le dieron una sensacin de calor en los pies. Estaba completamente solo, y lo primero que hizo fue acercarse a la balaustrada y contemplar con vrtigo la infinita y ciclpea ciudad que se extenda a casi dos mil pies por debajo de la terraza. Mientras escuchaba, le pareci que una rtmica confusin de tenues sonidos musicales que recorran una amplia escala diatnico ascenda desde las estrechas calles de abajo, y dese poder ver a los habitantes del lugar. Al cabo de un rato se le nubl la vista, y hubiera cado al suelo de no haberse agarrado instintivamente a la reluciente balaustrada. Su mano derecha fue a dar en una de las figuras que sobresalan, y el contacto pareci infundirle cierta fortaleza. Sin embargo, la presin era excesiva para la extica delicadeza de aquel objeto metlico, y la figura erizada se le rompi en la mano. An medio mareado, continu apretndola mientras su otra mano se agarraba a un espacio vaco en la lisa balaustrada.
Pero ahora sus odos hipersensibles captaron algo a sus espaldas, y Gilman volvi la cabeza y mir a travs de la horizontal terraza. Vio cinco figuras que se acercaban silenciosamente, aunque sus Movimientos no eran furtivos; dos de ellas eran la vieja y el animalejo peludo y de afilados colmillos. Las otras tres fueron las que le redujeron a la inconsciencia, pues eran representaciones vivas, de unos ocho pies de altura, de las equinodrmicas figuras de la balaustrada, que avanzaban valindose de las vibraciones de los brazos inferiores de estrella de mar que agitaban como una araa mueve las patas...
Gilman despert en la cama, empapado de sudor fro v con una sensacin de escozor en la cara, manos y pies. Saltando al suelo, se lav y visti con frentica rapidez, como si le fuera indispensable salir de la casa lo antes posible. No saba adnde quera ir, pero comprendi que tendra que sacrificar las clases otra vez. La extraa atraccin hacia aquel punto situado entre la Hidra y el Navo Argo haba disminuido, pero otra fuerza todava ms potente la haba reemplazado. Ahora notaba que tena que dirigirse hacia el norte, infinitamente al norte. Sinti miedo de cruzar el puente desde el cual se vea el islote en medio del ro Miskatonic, de modo que se dirigi al puente de la avenida Peabody. Tropezaba a menudo, pues ojos y odos permanecan encadenados a un altsimo punto del vaco cielo azul.
Despus de una hora aproximadamente, consigui un mayor dominio de s mismo y vio que se haba alejado mucho de la ciudad. Todo cuanto le rodeaba tena la estril tristeza de las salinas, y el estrecho camino que se alejaba delante de l conduca a Innsmouth, esa antigua ciudad abandonada que la gente de Arkham estaba, curiosamente poco dispuesta a visitar. Aunque la atraccin hacia el norte no haba disminuido, la resisti como haba aguantado la otra y finalmente acab por descubrir que casi poda contrarrestarlas una con otra. Regres a la ciudad y, luego de tomar una taza de caf en un bar, se arrastr hacia la biblioteca pblica y all estuvo hojeando distradamente una serie de revistas amenas. Unos amigos observaron lo quemado que estaba por el sol, pero Gilman no les habl de su paseo. A las tres almorz algo en un restaurante y observ que la atraccin o se haba atenuado o se haba dividido. Se meti en un cine barato para matar el tiempo, y vio la misma pelcula una y otra vez sin prestarle atencin.
A eso de las nueve de la noche volvi a casa y entr en ella lentamente. Joe Mazurewicz estaba all mascullando oraciones y Gilman subi apresuradamente a su buhardilla sin detenerse para ver si Elwood estaba en casa. Fue al encender la dbil luz cuando le atenaz la sorpresa. Vio inmediatamente que sobre la mesa haba algo que no deba estar all, y una segunda ojeada no dej lugar a dudas. Tumbada sobre un costado, pues no poda tenerse en pie, estaba la extica y erizada figura que en el monstruoso sueo haba arrancado de la fantstica balaustrada. No le faltaba ningn detalle. El asomado centro en forma de barril, los delgados brazos radiados, los abultamientos en los dos extremos y los delgados brazos de estrella de mar, ligeramente curvados hacia afuera, que salan de aquellos abultamientos; todo estaba all. A la luz de la bombilla, el color pareca ser una especie de gris iridiscente veteado de verde; y Gilman pudo ver, en medio de su horror y de su asombro, que uno de los abultamientos acababa en un borde irregular y roto correspondiente al anterior punto de unin con la soada balaustrada.
Tan slo el estar prximo al estupor le impidi gritar. Aquella fusin de sueo y realidad resultaba imposible de soportar. Aturdido, tom el objeto baj tambalendose a la habitacin de Dombrowski, el casero. Las dolientes plegarias del supersticioso Mazurewicz se oan todava en los humedos pasillos, pero a Gilman ya le tenan sin cuidado. Dombrowski estaba en casa y le acogi amablemente. No. no haba visto nunca aquel objeto y nada saba acerca de ello. Pero su mujer le haba dicho que haba encontrado una cosa rara de latn en una de las camas cuando limpiaba a medioda, y tal vez fuera aquello. Dombrowski llam a su mujer y ella entr contonendose como un pato. S, era aquello. Lo haba encontrado en la cama del seor, en la parte ms cercana a la pared. Le haba parecido raro, pero, claro, el seor tena tantas cosas raras en la habitacin, libros, objetos curiosos, cuadros... Desde luego, ella no saba nada acerca de aquella figura.
De modo que Gilman volvi a subir las escaleras ms desconcertado que nunca, convencido de que estaba todava soando o de que su sonambulismo le haba llevado a extremos inconcebibles y a robar en lugares desconocidos. En dnde habra cogido aquel extrao objeto? No recordaba habero visto en ningn museo de Arkham. Claro que de algn sitio haba tenido que salir; y el verlo mientras lo coga en sueos deba haber provocado la escena de la terraza con la balaustrada. Al da siguiente hara algunas cautelosas indagaciones, e ira a consultar al especialista en enfermedades nerviosas.
En tanto, tratara de vigilar su sonambulismo. Al subir al piso de arriba y cruzar el pasillo de la buhardilla, esparci en el suelo algo de harina que haba pedido prestada al casero despus de explicarle francamente para qu la quera. Entr en su cuarto, puso el aguzado objeto sobre la mesa .se ech en la cama, completamente agotado mental v fsicamente, sin detenerse para desnudarse. Desde el hermtico desvn le lleg el apagado rumor de uas y pasos de patas, diminutas, pero se encontraba demasiado cansado para preocuparse por ello. Aquella misteriosa atraccin hacia el norte comenzaba de nuevo a ser fuerte, aunque ahora pareca proceder de un lugar del cielo mucho ms cercano.
A la cegadora luz violeta del sueo, la vieja y el pequeo ser peludo de afilados colmillos se presentaron de nuevo, con mayor claridad que en ninguna ocasin anterior. Esta vez llegaron hasta l, y Gilman sinti que las secas garras de la bruja le agarraban. Sinti tambin que le sacaban violentamente de la cama y le conducan al vaco espacio, y durante un momento oy los rtmicos rugidos y vio el amorfo crepsculo de los abismos difusos que hervan a su alrededor. Pero el momento fue fugaz, pues inmediatamente se encontr en un pequeo y descuidado recinto limitado por vigas y tablones sin cepillar que se elevaban para juntarse en ngulo por encima de l y formaban un curioso declive bajo sus pies. En el suelo haba cajones achatados colmados de libros muy antiguos en diversos estados de conservacin, y en el centro haba una mesa y un banco, al parecer sujetos al suelo. Encima de los cajones haba una serie de pequeos objetos de forma y uso desconocidos, y a la brillante luz violeta Gilman crey ver un duplicado de la erizada figura que tanto le haba intrigado. A la izquierda, el suelo bajaba bruscamente dejando un hueco negro y triangular del cual surgi, tras un segundo de secos ruidos, el odioso ser peludo de amarillentos colmillos y barbado rostro humano.
La bruja, con una horrible mueca, todava le tena agarrado, y al otro lado de la mesa estaba en pie una figura que Gilman no haba visto nunca, un hombre alto y enjuto de piel negrsima, aunque sin el menor rasgo negroide en sus facciones, completamente desprovisto de pelo o barba, y que COMO nica indumentaria llevaba una tnica informe de pesada tela negra. No se le vean los pies a causa de la mesa y el banco, pero deba de ir calzado, pues cuando se mova se oa ruido como de zapatos. No hablaba, ni haba expresin alguna en su rostro.
Unicamente seal un libro de prodigioso tamao que esttaba abierto sobre la mesa en tanto que la bruja le pona a Gilman en la mano derecha una inmensa pluma de ave color gris. Se respiraba un clima de miedo aterrador, y se lleg a la culminacin cuando el ser peludo trep hasta el hombro de Gilrnan agarrndose a sus ropas, descendi por su brazo izquierdo y finalmente le hundi los colmillos en la mueca justo por debajo del puo de la camisa. Cuando brot la sangre, Gilman se desmay.
Se despert el da 22 con la mueca izquierda dolorida y vio que el puo de la camisa estaba manchado de sangre seca. Sus recuerdos eran muy confusos, pero la escena del hombre negro en el espacio desconocido permaneca muy clara en su memoria. Supuso que las ratas le haban mordido mientras dorma, provocando el desenlace del terrible sueo. Abri la puerta y vio que la harina que haba esparcido sobre el suelo del pasillo estaba intacta, exceptuando las enormes pisadas del hombre que se hospedaba en el otro extremo de la buhardilla. De modo que esta vez no haba andado en sueos. Pero algo tena que hacer para acabar con las ratas. Hablara con el dueo. Una vez ms trat de tapar el agujero de la parte baja de la pared inclinada metiendo a presin una vela que pareca tener el tamao indicado. Le zumbaban los odos terriblemente, como con el eco de algn espantoso ruido percibido en sueos.
Mientras se baaba y mudaba de ropa, trat de recordar qu haba soado despus de la escena que vio en el espacio iluminado de violeta, pero en su mente no cristaliz nada concreto. La escena deba haber correspondido al desvn clausurado de arriba, que tan violentamente haba comenzado a obsesionarle, pero las impresiones posteriores eran dbiles y confusas. Percibi seales de vagos abismos envueltos en una luz crepuscular, y de otros an ms vastos y oscuros que quedaban ms all, abismos sin ninguna sugerencia fija. Le haban llevado hasta all los grupos de burbujas y el pequeo poliedro que siempre se le escapaba; pero ellos, como l mismo, se haban transformado en jirones de niebla en aquel vaco ulterior de oscuridad definitiva. Algo le haba precedido, un jirn mayor que a veces se condensaba y adquira una forma vaga, y Gilman pens que su avance no se haba producido en lnea recta, sino ms bien a lo largo de las curvas.y espirales de alguna vorgine etrea que obedeca a leyes desconocidas para la fsica y las matemticas de cualquier cosmos concebible. Finalmente, hubo una insinuacin de inmensas sombras que saltaban, de una monstruosa pulsacin semiacstica y del montono sonido de flautas invisibles; pero nada ms. Gilman lleg a la conclusin de que esto ltimo proceda de lo que haba ledo en el Necronomicn acerca de la insensata entidad, Azatoth, que impera sobre el tiempo y el espacio desde un negro trono en el centro del Caos.
Cuando se lav la sangre de la mueca, comprob que la herida era muy leve y Gilman sinti curiosidad por la posicin de los dos diminutos pinchazos. Se dio cuenta que no haba sangre en la sbana donde haba estado acostado, un hecho muv raro considerando la gran cantidad que manchaba su piel v el puo de la camisa. Habra estado caminando dormido por la habitacin y la rata le haba mordido mientras estaba sentado en una silla, o detenido en alguna posicin menos lgica? Examin todos los rincones buscando manchas de sangre, pero no encontr ninguna. Pens que tendra que esparcir harina en la habitacin adems de hacerlo en el pasillo, aunque, despus de todo, no necesitaba ms pruebas de su sonambulismo. Saba que caminaba dormido, y deba curarse de ello. Tendra que pedirle a Frank Elwood que le ayudara. Aquella maana, los extraos impulsos procedentes del espacio parecan menos fuertes, describir lo que escuch, su voz se convirti en un susurro inaudible.
Elwood no poda imaginar qu haba impulsado a los supersticiosos a murmurar, pero supona que sus imaginaciones respondan al continuo trasnochar de Gilman, a su sonambulismo y a la proximidad de la Noche de Walpurgis, tradicionalmente temida. Era evidente que Gilman hablaba dormido y al escuchar por el ojo de la cerradura, Desrochers haba imaginado lo de la luz violcea. Esas gentes ignorantes estaban siempre dispuestas a suponer que haban visto cualquier cosa extraa de la que hubieran odo hablar. En cuanto a un plan de accin, lo mejor sera que Gilman se trasladara a la habitacin de Elwood y evitara dormir solo. Si empezaba a hablar o se levantaba dormido, Elwood le despertara, si es que l estaba despierto. Adems, deba ver a un psiquiatra con urgencia. En tanto llevaran la figura a varios museos y a ciertos profesores para tratar de identificarla diciendo que la haban encontrado en un montn de escombros. Y Dombrowski tendra que poner veneno para acabar con aquellas ratas.
Reconfortado por la compaa de Elwood, Gilman asisti a clase aquel da. Continuaban acosndole extraos impulsos, pero consigui vencerlos con considerable xito. Durante un descanso mostr la extraa figura a varios profesores que se mostraron profundamente interesados, aunque ninguno de ellos pudo arrojar ninguna luz sobre su naturaleza u origen. Aquella noche durmi en un divn que Elwood le pidi al patrn que subiera a la segunda planta, y por primera vez en varias semanas durmi completamente libre de pesadillas. Pero continuaba teniendo algo de fiebre, y los rezos de Mazurewicz seguan molestndole.
En los das sucesivos, Gilman se vio casi totalmente libre de sntomas morbosos. Elwood le dijo que no haba manifestado ninguna tendencia a hablar o a levantarse dormido;
en tanto, el patrn estaba poniendo veneno contra las ratas por todas partes. El nico elemento perturbador era la charla de los supersticiosos extranjeros, cuya imaginacin se encontraba muy excitada. Mazurewicz insista en que deba conseguir un crucifijo, y finalmente le oblig a aceptar uno que haba sido bendecido por el buen padre lwanicki. Tambin Desrochers tuvo algo que decir; insisti en que haba odo pasos cautelosos en el cuarto vaco que quedaba encima del suyo las primeras noches que Gilman se haba ausentado de l. Paul Choynski crea or ruidos en los pasillos y escaleras por la noche, y asegur que alguien haba tratado de abrir suavemente la puerta de su habitacin, en tanto que Mrs. Dombrowski juraba que haba visto a Brown jenkin por primera vez desde la noche de Todos los Santos. Pero estos ingenuos informes poco significaban y Gilman dej el barato crucifijo de metal colgando del tirador de un cajn de la cmoda de su amigo.
Durante tres das Gilman y Elwood recorrieron los museos locales tratando de identificar la extraa imagen erizada, pero siempre sin xito. Sin embargo, el inters que provocaba era enorme, pues constitua un tremendo desafo para la curiosidad cientfica la completa extraeza del objeto. Uno de los pequeos brazos radiados se rompi; lo sometieron a anlisis qumico, y el profesor Ellery encontr platino, hierro y telurio en la aleacin, pero mezclados con ellos haba al menos otros tres elementos de elevado peso atmico que la qumica era incapaz de clasificar. No solamente no correspondan a ningn elemento conocido, sino que ni siquiera encajaban en los lugares reservados para probables elementos en el sistema peridico. El misterio sigue hoy sin resolver, aunque la figura est expuesta en el museo de la Universidad Miskatnica.
En la maana del 27 de abril apareci un nuevo agujero hecho por las ratas en la habitacin en que se hospedaba aunque les reemplaz otra sensacin todava ms inexplicable. Era un vago e insistente impulso de escapar de su actual estado, sin ninguna sugerencia de la direccin concreta en que deseaba huir. Cuando cogi la extraa figura que tena sobre la mesa, le pareci que la antigua atraccin del norte se haca ms intensa, pero, aun as, sta quedaba dominada por la nueva y asombrosa necesidad.
Llev la erizada imagen a la habitacin de Elwood, tratando de no escuchar las dolientes plegarias del reparador de telares, que suban desde la planta baja. Elwood estaba all, gracias a Dios, y al parecer se mova por su cuarto. Tenan tiempo para charlar un rato antes de salir para desayunar e ir al Colegio, y Gilman le cont apresuradamente sus recientes sueos y temores. Su amigo se mostr muy comprensivo y estuvo de acuerdo en que haba que hacer algo. Le impresion el aspecto enfermizo que presentaba su compaero y not que estaba muy quemado por el sol, como otros lo haban notado la semana anterior. Sin embargo, no fue mucho lo que pudo decirle. No haba visto a Gilman andar en sueos, y no tena la menor idea de lo que poda ser la curiosa imagen. Pero haba odo al canadiense francs que se hospedaba debajo de Gilman conversando con Mazurewicz una noche. Hablaban del temor que les inspiraba la prxima Noche de Walpurgis, para la que slo faltaban pocos das, e intercambiaban comentarios compasivos sobre el pobre y predestinado Gilman. Desrochers se haba referido a los pasos nocturnos de pies calzados y descalzos que resonaban en el techo de su cuarto, que quedaba debajo del de Gilman, y a la luz violcea que haba visto una noche en que se haba decidido a subir para fisgar a travs del ojo de la cerradura de la puerta de Gilman. Pero, segn dijo a Mazurewicz, no se haba atrevido a mirar cuando haba percibido aquella luz por las rendijas de la puerta. Tambin haba odo hablar en voz baja, pero cuando empez a describir lo que escuch, su voz se convirti en un susurro inaudible.
Elwood no poda imaginar qu haba impulsado a los supersticiosos a murmurar, pero supona que sus imaginaciones respondan al continuo trasnochar de Gilman, a su sonambulismo y a la proximidad de la Noche de Walpurgis, tradicionalmente temida. Era evidente que Gilman hablaba dormido y al escuchar por el ojo de la cerradura, Desrochers haba imaginado lo de la luz violcea. Esas gentes ignorantes estaban siempre dispuestas a suponer que haban visto cualquier cosa extraa de la que hubieran odo hablar. En cuanto a un plan de accin, lo mejor sera que Gilman se trasladara a la habitacin de Elwood y evitara dormir solo. Si empezaba a hablar o se levantaba dormido, Elwood le despertara, si es que l estaba despierto. Adems, deba ver a un psiquiatra con urgencia. En tanto llevaran la figura a varios museos y a ciertos profesores para tratar de identificarla diciendo que la haban encontrado en un montn de escombros. Y Dombrowski tendra que poner veneno para acabar con aquellas ratas.
Reconfortado por la compaa de Elwood, Gilman asisti a clase aquel da. Continuaban acosndole extraos impulsos, pero consigui vencerlos con considerable xito. Durante un descanso mostr la extraa figura a varios profesores que se mostraron profundamente interesados, aunque ninguno de ellos pudo arrojar ninguna luz sobre su naturaleza u origen. Aquella noche durmi en un divn que Elwood le pidi al patrn que subiera a la segunda planta, y por primera vez en varias semanas durmi completamente libre de pesadillas. Pero continuaba teniendo algo de fiebre, y los rezos de Mazurewicz seguan molestndole.
En los das sucesivos, Gilman se vio casi totalmente libre de sntomas morbosos. Elwood le dijo que no haba manifestado ninguna tendencia a hablar o a levantarse dormido; en tanto, el patrn estaba poniendo veneno contra las ratas por todas partes. El nico elemento perturbador era la charla de los supersticiosos extranjeros, cuya imaginacin se encontraba muy excitada. Mazurewicz insista en que deba conseguir un crucifijo, y finalmente le oblig a aceptar uno que haba sido bendecido por el buen padre lwanicki. Tambin Desrochers tuvo algo que decir; insisti en que haba odo pasos cautelosos en el cuarto vaco que quedaba encima del suyo las primeras noches que Gilman se haba ausentado de l. Paul Choynski crea or ruidos en los pasillos y escaleras por la noche, y asegur que alguien haba tratado de abrir suavemente la puerta de su habitacin, en tanto que Mrs. Dombrowski juraba que haba visto a Brown jenkin por primera vez desde la noche de Todos los Santos. Pero estos ingenuos informes poco significaban y Gilman dej el barato crucifijo de metal colgando del tirador de un cajn de la cmoda de su amigo.
Durante tres das Gilman y Elwood recorrieron los museos locales tratando de identificar la extraa imagen erizada, pero siempre sin xito. Sin embargo, el inters que provocaba era enorme, pues constitua un tremendo desafo para la curiosidad cientfica la completa extraeza del objeto. Uno de los pequeos brazos radiados se rompi; lo sometieron a anlisis qumico, y el profesor Ellery encontr platino, hierro y telurio en la aleacin, pero mezclados con ellos haba al menos otros tres elementos de elevado peso atmico que la qumica era incapaz de clasificar. No solamente no correspondan a ningn elemento conocido, sino que ni siquiera encajaban en los lugares reservados para probables elementos en el sistema peridico. El misterio sigue hoy sin resolver, aunque la figura est expuesta en el museo de la Universidad Miskatnica.
En la maana del 27 de abril apareci un nuevo agujero hecho por las ratas en la habitacin en que se hospedaba Gilman, pero Dombrowski lo tap durante el da. El veneno no estaba produciendo mucho efecto, pues se continuaban oyendo carreras y rasgueos en el interior de las paredes.
Elwood volvi tarde aquella noche y Gilman se qued levantado esperndole. No quera dormir solo en una habitacin, especialmente porque al atardecer le haba parecido ver a la repulsiva vieja cuya imagen se haba trasladado de manera tan horrible a sus sueos. Se pregunt quin sera y qu habra estado cerca de ella golpeando una lata en un montn de basura que haba a la entrada de un patio miserable. La bruja pareci verle y dedicarle una maliciosa mueca, aunque esto quiz fue cosa de su imaginacin.
Al da siguiente, los dos muchachos estaban muy cansados y comprendieron que dormiran como troncos cuando llegara la noche. Por la tarde hablaron de los estudios matemticos que tan completa y quiz perjudicialmente haban absorbido a Gilman, y especularon acerca de su conexin con la antigua magia y con el folklore, cosa que pareca oscuramente probable. Hablaron de la bruja Keziah Mason, y Elwood convino en que Gilman tena buenas razones cientficas para pensar que la vieja poda haber tropezado casualmente con conocimientos extraos e importantes. Los cultos secretos a que se entregaban estas hechiceras guardaban y transmitan frecuentemente secretos sorprendentes desde antiguas,,, olvidadas pocas; y no era de ninguna manera imposible que Kezhiah hubiera dominado el arte de atravesar los muros dimensionales. La tradicin subraya la inutilidad de las barreras materiales para detener los movimientos de una bruja, y quin puede decir qu hay en el fondo de las antiguas leyendas que hablan de viajes a lomos de una escoba a travs de la noche?
Faltaba por ver si un estudiante moderno poda adquirir poderes similares tan slo mediante investigaciones matemticas. Conseguirlo, segn Gilman, poda conducir a situaciones peligrosas e inconcebibles, pues quin podra predecir las condiciones imperantes en una dimensin adyacente pero normalmente inalcanzable? Por otra parte, las posibilidades pintorescas eran enormes. El tiempo poda no existir en ciertas franjas del espacio, y al entrar y permanecer en ellas se podra conservar la vida y la edad indefinidamente, sin padecer jams metabolismo o deterioro orgnico, excepto en cantidades insignificantes y como resultado de las visitas al propio planeta o a otros similares. Por ejemplo, se podra pasar a una dimensin sin tiempo y volver de ella tan joven como antes en un perodo remoto de la historia de la Tierra.
Resultaba imposible conjeturar si alguien haba intentado conseguirlo. Las leyendas son vagas y ambiguas, y en pocas histricas todas las tentativas de cruzar espacios prohibidos parecen estar mezcladas a extraas y terribles alianzas con seres y mensajeros del exterior. Exista la figura inmemorial del delegado o mensajero de poderes ocultos y terribles, el Hombre Negro de los aquelarres y el Niarlathotep del Necronomicn. Exista tambin el desconcertante problema de los mensajeros inferiores o intermediarios, esos seres semianimales y extraos hbridos que la leyenda nos presenta como familiares de las hechiceras. Cuando Gilman y Elwood se fueron a acostar, demasiado cansados para continuar hablando, oyeron a Joe Mazurewicz entrar tambalendose en la casa, medio borracho, y se estremecieron al or los tonos angustiados de sus plegarias.
Aquella noche Gilman volvi a ver la luz violeta. Oy en sueos rascar y mordisquear al otro lado de la pared, y le pareci que alguien trataba torpemente de abrir la puerta. Y entonces vio a la bruja y al pequeo ser peludo avanzando hacia l por la alfombra. El rostro de la hechicera estaba iluminado por una inhumana exultacin y el pequeo monstruo de colmillos amarillentos dejaba or su apagada risita burlona mientras sealaba la forma de Elwood, profundamente dormido en el divn del extremo opuesto de la habitacin. El temor le paraliz y le impidi gritar. Como en otra ocasin, la horrenda bruja agarr a Gilman por los hombros, lo sac de la cama de un tirn y lo dej flotando. De nuevo, una infinidad de abismos rugientes pasaron ante l como un rayo, pero al cabo de unos instantes le pareci encontrarse en un callejn oscuro, fangoso, desconocido y hediondo con paredes de casas viejas y medio podridas alzndose en torno suyo por todos lados.
Delante de l estaba el hombre negro de flotantes vestiduras que haba visto en el espacio poblado de picos de su otro sueo, en tanto que la hechicera, ms cerca de l, le haca seales y muecas imperiosas para que se acercara. Brown jenkin se estaba restregando con una especie de cario juguetn contra los tobillos del hombre negro ocultos en gran parte por el barro. A la derecha haba una puerta abierta que el hombre negro seal silenciosamente. La bruja ech a andar sin que se borrase su mueca, arrastrando a Gilman por las mangas del pijama. Subieron una escalera que cruja amenazadoramente y sobre la cual la hechicera pareca proyectar una tenue luz violcea, y finalmente se detuvieron ante una puerta que se abra en un rellano. La hechicera anduvo en el picaporte y abri la puerta, indicando a Gilman que aguardara v desapareciendo en el interior.
El odo hipersensible del muchacho capt un espeluznante grito ahogado, y pasados unos momentos, la bruja sali de la habitacin llevando una pequea forma inerte que tendi a Gilman como ordenndole que lo cogiera. La vista de este bulto y la expresin de su rostro rompieron el encanto. An demasiado aturdido para gritar, se precipit imprudentemente por la ruidosa escalera hasta llegar al barro de la calle, detenindose slo cuando le encontr y le sofoc el hombre negro que all aguardaba. Poco antes de perder el sentido, oy la aguda risita del pequeo monstruo de afilados colmillos, semejante a una rata deforme.
La maana del da 29, Gilman se despert sumido en una vorgine de horror. En el mismo instante en que abri los ojos se dio cuenta de que algo horrible haba ocurrido, pues se encontraba en su vieja buhardilla de paredes y techo inclinados, tendido sobre la cama deshecha. Le dola el cuello inexplicablemente, y cuando con un gran esfuerzo se sent en la cama, vio con espanto que tena los pies y la parte baja del pijama manchados de barro seco. A pesar de lo nebuloso de sus recuerdos, supo que haba estado andando dormido. Elwood deba haber estado demasiado profundamente dormido para orle y detenerle. Vio sobre el suelo confusas pisadas y manchas de barro, que, curiosamente, no llegaban hasta la puerta. Cuanto ms las miraba, ms extraas le parecan, pues, adems de las que reconoci como suyas haba unas marcas ms pequeas, casi redondas, como las que podan dejar las patas de una silla o de una mesa, con la salvedad de que la mayora estaban partidas por la mitad. Tambin haba curiosos rastros de barro dejados por ratas que partan de un nuevo agujero de la pared y a l volvan. Un total asombro y el miedo a la locura atormentaban a Gilman cuando se encamin hasta la puerta tambalendose, y vio que al otro lado no haba huellas. Cuanto ms recordaba su horrible sueo, ms terror senta, y los lgubres rezos de Mazurewicz dos pisos ms abajo acrecentaron su desesperacin. Baj a la habitacin de Elwood, le despert y comenz a contarle lo sucedido, pero Elwood no poda imaginar lo que haba ocurrido. Dnde poda haber estado Gilman? Cmo haba regresado a su cuarto sin dejar huellas en el pasillo? Cmo se haban mezclado las manchas de barro con aspecto de huellas de muebles con las suyas en la buhardilla? Eran preguntas que no tenan respuesta. Luego estaban aquellas oscuras marcas lvidas del cuello, como si hubiera tratado de ahorcarse. Se las toc con las manos, pero vio que no se ajustaban a ellas ni siquiera aproximadamente. Mientras hablaban, entr Desrochers para decirle que haban odo un tremendo estrpito en el piso de arriba a altas horas de la noche. No, nadie haba subido la escalera despus de las doce, aunque poco antes haba odo pasos apagados en la buhardilla, y tambin otros que bajaban cautelosamente y que haban despertado sus sospechas. Aadi que era una poca del ao muy mala para Arkham. Sera mejor que Gilman llevara siempre el crucifijo que Joe Mazurewicz le haba dado. Ni siquiera durante el da se estaba seguro; despus del amanecer se haban odo unos ruidos extraos, especialmente el grito agudo de un nio, rpidamente sofocado.
Gilman asisti a clase mecnicamente aquella maana, pero le fue imposible concentrarse en los estudios. Se senta posedo de un indecible temor y de una especie de expectacin Y pareca estar aguardando algn golpe demoledor. A medioda almorz en el University Spa, y cogi un peridico del asiento de al lado mientras esperaba el postre. Pero no lleg a comerlo nunca, pues una noticia de la primera pgina del peridico le dej sin fuerzas y con la mirada desvariada y slo fue capaz de pagar la cuenta y volver a la habitacin de Elwood con pasos vacilantes.
La noche anterior se haba producido un extrao secuestro en Ornes Gangway; un nio de dos aos, hijo de una obrera llamada Anastasia Wolejko que trabajaba en una lavandera haba desaparecido sin dejar rastro. La madre, al parecer, tema tal acontecimiento desde haca algn tiempo, pero los motivos que aduca para explicar sus temores fueron tan grotescos que nadie los tom en serio. Dijo que haba visto a Brown jenkin rondando su casa de vez en cuando desde principios de marzo, y que saba, por sus muecas y risas, que su pequeo Ladislas estaba sealado para el sacrificio en el aquelarre de la Noche de Walpurgis. Haba pedido a su vecina, Mary Czanek, que durmiera en su cuarto y tratara de proteger al nio, pero Mary no se haba atrevido. No pudo recurrir a la polica, porque no crean en tales cosas. Todos los aos se llevaban a algn nio de esta forma, desde que ella poda recordar. Y su amigo Pete Stowacki no haba querido ayudarla, porque deseaba librarse del nio.
Pero lo que ms impresion a Gilman fueron las declaraciones de un par de trasnochadores que pasaron caminando por la entrada del callejn poco despus de medianoche. Reconocieron que estaban bebidos, pero ambos aseguraron haber visto a tres personas vestidas de manera estrafalaria entrando en el callejn. Una de ellas, segn dijeron, era un negro gigantesco envuelto en una tnica, la otra una vieja andrajosa y el tercero un muchacho blanco con su ropa de dormir. La vieja arrastraba al muchacho, y una rata mansa iba restregndose contra los tobillos del negro y hundindose en el barro de color oscuro.
Gilman permaneci sentado toda la tarde sumido en estupor, y Elwood, que ya haba ledo los peridicos y conjeturado ideas terribles con lo que all se deca, as le encontr cuando lleg a casa. Esta vez no podan dudar de que algo muy grave haba ocurrido y los estaba amenazando. Entre los fantasmas de las pesadillas y las realidades del mundo objetivo se estaba cristalizando una monstruosa e inconcebible relacin, y solamente una intenssima vigilancia podra evitar acontecimientos todava ms horrorosos. Gilman tena que consultar a un psiquiatra, antes o despus, pero no precisamente ahora cuando todos los peridicos se ocupaban del rapto.
Lo que haba sucedido era muy enigmtico, y por el momento tanto Gilman como Elwood suponan en voz baja las cosas ms descabelladas. Acaso Gilman haba conseguido inconscientemente un xito mayor del que supona, con sus estudios sobre el espacio y sus dimensiones? Haba salido realmente de nuestro entorno terrestre, para llegar a lugares no adivinados e inimaginables? En dnde haba estado, si es que haba estado en algn sitio, aquellas noches de demonaco extraamiento? Los abismos en penumbra resonando con sonidos terribles, la loma verde, la terraza abrasadora, la atraccin de las estrellas, el negro torbellino final, el hombre negro, el callejn embarrado y la escalera, la vieja bruja y el horror peludo de afilados colmillos, los grupos de burbujas y el pequeo poliedro, el extrao tostado de su piel, la herida de la mueca, la imagen inexplicada, los pies manchados de barro, las seales en el cuello, las leyendas y temores de los extranjeros supersticiosos..., qu significaha todo aquello? Hasta qu punto podan aplicarse a un caso semejante las leyes de la cordura?
Ninguno de los dos pudo conciliar el sueo aquella noche, pero al da siguiente no fueron a clase y estuvieron dormitando durante horas. Eso fue el 30 de abril; con el crepsculo llegara la diablica hora del aquelarre que todos los extranjeros y los viejos supersticiosos teman. Mazurewicz regres a casa a las seis de la tarde con la noticia de que la gente susurraba en el molino que el aquelarre tendra lugar en el oscuro barranco al otro lado de Meadow Hill, donde se levanta la antigua piedra blanca, en un paraje extraamente desprovisto de toda vegetacin. Algunos haban informado a la polica aconsejando que buscaran all al desaparecido nio de la Wolejko, aunque no crean que se hiciera nada. joe insisti en que el joven estudiante no dejara de llevar el crucifijo que colgaba de la cadena de nquel, y Gilman le obedeci para complacerle dejando que le pendiera por debajo de la camisa.
Avanzada la noche, los dos muchachos estaban sentados medio dormidos en sus sillas, arrullados por los rezos del mecnico de telares en el piso de abajo. Gilman escuchaba a la par que cabeceaba, y sus odos, sobrenaturalmente agudizados, parecan esforzarse en captar algn sutil y temido murmullo casi apagado por los ruidos de la vieja casa. Recuerdos malsanos de cosas ledas en el Necronomicn y en el Libro Negro brotaron en su mente, y se encontr balancendose ajustando los movimientos a execrables ritmos supuestamente pertenecientes a las ms grotescas ceremonias del aquelarre, cuyo origen se deca se remontaba a un tiempo y a un espacio ajenos a los nuestros.
Al cabo se dio cuenta de que estaba tratando de escuchar los infernales cnticos de los celebrantes en el distante y tenebroso valle. Cmo saba l tanto acerca de la cuestin? Cmo conoca la hora en que Nahab v su aclito iban a aparecer con la rebosante vasija que seguira al gallo y a la cabra negros? Vio que Elwood se haba quedado dormido y trat de llamarle para que despertara. Pero algo le cerr la garganta. No era dueo de s mismo. Acaso habra firmado en el libro del hombre negro despus de todo?
Y, entonces, su febril y anormal sentido del odo capt las lejanas notas llegadas en alas del viento. A travs de millas de colinas, de prados y de callejones, llegaron hasta l, y las reconoci pese a todo. La hoguera ya estara encendida y los danzarines dispuestos a iniciar el baile. Cmo evitar el marchar hacia all? En qu red haba cado? Las matemticas, las leyendas, la casa, la vieja Keziah, Brown jenkin... y ahora advirti que haba un agujero recin abierto por las ratas en la pared cerca de su divn. Por encima de los distantes cnticos y de las ms cercanas preces de Mazurewicz oy otro ruido: el sonido de algo que escarbaba furtivamente, pero con decisin, en la pared. Temi que fuera a fallar la luz elctrica. Y entonces vio la colmilluda y barbada carita asomando por el agujero de las ratas, la maldita cara que acab por darse cuenta de que se pareca sorprendente y burlonamente a la de la hechicera, y oy el rumor de alguien que andaba en la puerta. Estallaron ante l los abismos oscuros y llenos de gritos, y se sinti inerme en la presa informe de las agrupaciones iridiscentes de burbujas. Ante l, corra velozmente el pequeo poliedro caleidoscpico y en todo el vaco envuelto en turbulencia se percibi un aumento y una aceleracin de la vaga configuracin tnica que pareca presagiar un clmax indecible e inaguantable. Le pareci saber lo que iba a ocurrir: la monstruosa explosin del ritmo de Walpurgis, en cuyo csmico timbre se concentraran todos los torbellinos primitivos y postreros del espacio-tiempo que yacen ms all de las masas de materia y algunas veces trascienden en medidas reverberaciones y penetran levemente todos los niveles de entidad dando un espantable significado en todos los mundos a ciertos temidos perodos.
Pero todo se desvaneci en un segundo. Ahora estaba otra vez en el espacio angosto y picudo baado por una luz violcea, con el suelo inclinado, las cajas de libros, el banco y la mesa, los extraos objetos y el abismo triangular a cada lado. Sobre la mesa haba una figura blanca y pequea, la figura de un nio desnudo e inconsciente, y al otro lado estaba la monstruosa vieja de horrible expresin con un brillante cuchillo de grotesco mango en la mano derecha y un cuenco de metal de color claro, de extraas proporciones, curiosos dibujos cincelados y delicadas asas laterales, en la izquierda. Entonaba alguna especie de cntico ritual en una lengua que Gilman no pudo entender, pero que pareca algo citado cautelosamente en el Necronomicn.
A medida que la escena se aclaraba, Gilman vio a la hechicera inclinarse hacia delante y extender el bol vaco a travs de la mesa. Incapaz de dominar sus emociones, Gilman alarg los brazos, tom el cuenco con ambas manos y advirti al hacerlo que pesaba poco. En el mismo momento, el repulsivo Brown Jenkin trep sobre el borde del triangular vaco negro de la izquierda. La bruja le hizo seas a Gilman de que mantuviera el cuenco en determinada posicin, mientras ella alzaba el enorme y grotesco cuchillo hasta donde se lo permiti su mano derecha sobre la pequea vctima. El ser peludo de afilados colmillos continu el desconocido ritual riendo entre dientes, en tanto que la bruja mascullaba repulsivas respuestas. Gilman sinti que un profundo asco dominaba su parlisis mental y emotiva, y que el cuenco de liviano metal le temblaba en las manos. Un segundo ms tarde el rpido descenso del cuchillo rompa el encantamiento y Gilman dejaba caer el cuenco con ruido semejante al taido de una campana en tanto que sus dos manos se agitaban frenticamente para detener el monstruoso acto.
En un instante lleg hasta el borde del piso en declive, rodeando la mesa, y arranc el cuchillo de las garras de la bruja arrojndolo por el agujero del angosto abismo triangular. Pero, pasados unos instantes, las garras asesinas se cerraban sobre su cuello, en tanto que la arrugada cara adquira una expresin de enloquecida furia. Sinti que la cadena del crucifijo barato se le hunda en la carne, y en medio del peligro se present cmo afectara la vista del objeto a la diablica vieja. La fuerza de la hechicera era completamente sobrehumana, pero mientras ella trataba de estrangularle, Gilman se abri la camisa con esfuerzo y tirando del smbolo de metal, rompi la cadena y lo dej libre.
Al ver la cruz, la bruja pareci ser vctima del pnico y afloj su presa lo suficiente como para que Gilman pudiera zafarse de ella. Se liber de las garras que le atenazaban el cuello y hubiera arrastrado a la bruja hasta el borde del abismo si aquellas garras no hubieran recobrado nuevas fuerzas para cerrarse de nuevo sobre su cuello. Esta vez Gilman decidi responder de igual manera y agarr la garganta de la hechicera con sus propias manos. Antes que ella pudiera darse cuenta de lo que l haca, le rode el cuello con la cadena del crucifijo y un momento despus apret lo suficiente hasta cortarle la respiracin. Cuando ya se agotaba la resistencia de la hechicera, Gilman not que algo le morda en el tobillo y vio que Brown jenkin haba acudido en defensa de su amiga. Con un salvaje puntapi lanz a aquel engendro al interior del abismo y lo oy quejarse desde el fondo de algn lugar lejano.
No saba si haba matado a la bruja, pero la dej sobre el suelo en donde haba cado, y, al volverse, vio sobre la mesa algo que casi acab con los ltimos vestigios de su razn. Brown Jenkin, dotado de fuertes msculos y cuatro manos diminutas de demonaca destreza, haba estado ocupado mientras la bruja trataba de estrangularlo. Los esfuerzos de Gilman haban sido en vano. Lo que l haba evitado que hiciera el cuchillo en el pecho de la vctima, lo haban logrado, en una mueca, los colmillos amarillentos del peludo engendro y el cuenco que haba cado al suelo, estaba lleno junto al pequeo cuerpo sin vida.
En su soado delirio Gilman oy el diablico cntico del ritmo inhumano del aquelarre llegando desde una distancia infinita, y supo que el hombre negro tena que estar all. Los confusos recuerdos se mezclaron con la matemtica, y se le antoj que su inconsciente conoca los ngulos que necesitaba para guiarse y regresar al mundo normal, solo y sin ayuda, por primera vez. Se sinti seguro de encontrarse en el desvn, hermticamente cerrado desde tiempo inmemorial, de encima de su habitacin, pero le pareca muy dudoso escapar a travs del suelo en declive o de la trampa cerrada haca tantos aos. Adems, huir de un desvn soado, no le conducira sencillamente a una casa imaginada, a una proyeccin anmala del lugar que realmente buscaba? Se encontraba completamente ofuscado en cuanto a la relacin sueo-realidad de lo que haba experimentado.
El trnsito por aquellos vagos abismos sera terrible, pues el ritmo de Walpurgis estara vibrando, y al final tendra que or el latido csmico que tanto tema y que hasta ahora haba estado velado. Incluso poda percibir una apagada sacudida monstruosa cuyo ritmo sospechaba demasiado claramente. En la noche del Sabbath siempre se haca ms sonora y resonaba a travs de los mundos para convocar a los iniciados a ritos indescriptibles. La mitad de los cnticos de la noche del Sabbath se ajustaban al ritmo de aquel latido escuchado suavemente que ningn odo humano podra soportar en su desvelada plenitud espacial. Gilman tambin se pregunt si podra fiarse de sus instintos para regresar parte del espacio que le corresponda. Cmo estar seguro de no aterrizar en aquella ladera de luminosidad violcea de un planeta lejano, en la terraza almenada sobre la ciudad de monstruos provistos de tentculos, en algn lugar situado ms all de nuestra galaxia, o en las negras vorgines de ese postrer vaco de Caos, en donde reina Azatoth, el demonio-sultn desprovisto de mente?
Inmediatamente antes de lanzarse, se apag la luz violeta y Gilman qued en la ms completa oscuridad. La bruja, la vieja Keziah, Nahab, aquello deba significar su muerte. Y mezclados con los remotos cnticos de la noche del Sabbath, y con los quejidos de Brown jenkin en el abismo inferior, le pareci or otros gemidos ms frenticos que llegaban desde profundidades desconocidas. joe Mazurewicz, sus conjuros contra el Caos Reptante, que ahora se converta en un aullido de triunfo, mundos de sardnica realidad que invadan los torbellinos de sueos febriles, l, ShubNiggutah, El Macho Cabro con el Millar de Cras...
Encontraron a Gilman en el suelo de la buhardilla de extraos rincones mucho antes de que amaneciera, pues el terrible grito haba hecho acudir inmediatamente a Desrochers y a Choynski, a Dombrowski y a Mazurewicz, e incluso haba despertado a Elwood, que dorma en su silln. Estaba vivo, con los ojos abiertos y fijos, pero pareca medio inconsciente. Tena en el cuello las seales dejadas por las manos asesinas, y una rata le haba mordido en el tobillo. Tena la ropa muy arrugada y el crucifijo de Joe haba desaparecido. Elwood pens atemorizado, rehusando imaginar la respuesta, qu nueva frmula haba adoptado el sonambulismo de su amigo. Mazurewicz estaba medio aturdido por una seal que deca haber recibido en respuesta a sus preces y se persign frenticamente cuando se oy el chillido de una rata que llegaba desde el otro lado de la pared inclinada.
Una vez acomodado Gilman en la cama, en la habitacin de Elwood, enviaron a buscar al Dr. Malkowski, un mdico de la vecindad de probada discrecin. Le puso ste dos inyecciones hipodrmicas que le relajaron y le sumieron en un sueo reparador. El enfermo recobr el conocimiento varias veces durante el da y narr a Elwood algunos pasajes de sus pesadillas ms recientes. Fue un proceso muy penoso, y desde el principio se puso de manifiesto un hecho desconcertante.
Gilman, cuyos odos haban mostrado ltimamente una anor mal sensibilidad, estaba completamente sordo. Volvieron a llamar al Dr. Malkowski sin tardanza y ste dijo que Gilman tena los dos tmpanos rotos como resultado de algn estruendo superior al que cualquier ser humano pudiera concebir o soportar. Cmo haba podido or semejante ruido en las ltimas horas sin que despertara todo el valle del Miskatonic, era ms de lo que el honrado mdico poda decir.
Elwood escribi su parte de la conversacin, y as pudieron comunicarse los dos amigos. Ninguno de los dos poda explicarse aquel catico asunto y decidieron que lo mejor que podan hacer era pensar en ello lo menos posible. Pero estuvieron de acuerdo en marcharse de aquella maldita casa lo antes posible. Los peridicos de la noche hablaron de una batida llevada a cabo por la polica poco antes del amanecer en un desfiladero de ms all de Meadow Hili, donde alborotaban unos curiosos noctmbulos, mencionando que la piedra blanca haba sido objeto de supersticiones desde haca mucho tiempo. No se haban practicado detenciones, pero entre los fugitivos que huyeron se crey ver a un negro enorme. En otra columna se deca que no se haban encontrado rastros del nio desaparecido, Ladislas Wolejko.
El horror que coron todo sobrevino aquella misma noche. Elwood jams lo olvidara, y no pudo volver a clase durante el resto del curso debido a la crisis nerviosa que sufri como consecuencia de ello. Le pareci or a las ratas del otro lado del tabique durante toda la velada, pero les prest poca atencin. Fue luego, mucho despus de que Gilman y l se hubieran acostado, cuando comenzaron los atroces gritos. Elwood salt de la cama, encendi la luz y se acerc hasta el sof en que dorma su amigo. Gilman daba gritos de naturaleza realmente inhumana, como si estuviera sometido a una tortura indescriptible. Se retorca bajo las sbanas, y una gran mancha roja empezaba a extenderse en las mantas.
Elwood apenas se atrevi a tocarle, pero, poco a poco, fueron disminuyendo los gritos y la agitacin. Para entonces, Dombrowski, Choynski, Desrochers, Mazurewicz Y el husped del piso alto se haban reunido en la puerta d la habitacin, y el casero haba enviado a su mujer a telefonear al Dr. Malkowski. Un grito se les escap a todos cuando algo que pareca una rata de gran tamao salt del ensangrentado lecho y huy por el suelo hasta un nuevo agu.iero recin abierto en la pared. Cuando lleg el mdico v c@ menz a retirar las ropas de la cama, Walter Gihnan muerto.Sera una atrocidad hacer algo ms que insinuar lo que caus la muerte a Gilman. Casi tena un tnel abierto en el cuerpo, y algo le haba comido el corazn. Dombrowski, desesperado porque el veneno que haba esparcido contra las ratas no haba surtido efecto, rescindi su contrato de alquiler y antes de que transcurriera una semana se haba ido con todos sus antiguos huspedes a una casa destartalada pero menos vieja, situada en Walnut Street. Durante algn tiempo lo peor fue mantener callado a Mazurewicz, pues el taciturno mecnico de telares jams estaba sobrio y siempre andaba gimiendo y mascullando acerca de espectros y cosas terribles.
Parece que aquella ltima y espantosa noche joe se haba agachado para ver de cerca las huellas rojas que haba dejado la rata desde la cama de Gilman hasta el agujero de la pared. Sobre la alfombra aparecan confusas, pero haba un trozo de suelo al descubierto desde el borde de la alfombra hasta el friso de la pared. All Mazurewicz encontr algo monstruoso, o crey encontrarlo, pues nadie se mostr de acuerdo con l a pesar de la indudable extraeza de las huellas. Las marcas del suelo eran muy diferentes de las dejadas habitualmente por las ratas, pero ni siquiera Choynski y Desrochers quisieron reconocer que eran como huellas de cuatro diminutas manos humanas.
Nunca se volvi a alquilar la casa. Tan pronto como la dej Dombrowski, empez a cubrirla el manto de la desolacin definitiva, pues la gente la rehua, tanto por su mala fama como por el psimo olor que en ella se adverta. Tal vez el veneno contra las ratas del inquilino anterior haba surtido efecto despus de todo, pues al poco tiempo de su partida, la casa se convirti en una pesadilla para la vecindad. Los funcionarios de Sanidad encontraron que el mal olor proceda de los espacios cerrados que rodeaban la buhardilla del este de la casa y dedujeron que el nmero de ratas muertas deba de ser enorme. Pero decidieron que no vala la pena abrir y desinfectar aquellos lugares tanto tiempo clausurados, ya que el hedor desaparecera pronto y el vecindario no era muy exigente. De hecho, siempre circularon rumores acerca de hedores inexplicables en la Casa de la Bruja inmediatamente despus de la vspera del Da lo de Mayo y de la noche de Todos los Santos. Los vecinos se resignaron por desidia, pero el mal olor fue un elemento ms en contra de aquel lugar. Finalmente, la casa fue declarada inhabitable por las autoridades.
Los sueos de Gilman y las circunstancias que los rodearon no han sido explicados nunca. Elwood, cuyas ideas sobre aquel episodio son a veces casi enloquecedoras, volvi a la Universidad el otoo siguiente y se gradu en el mes de junio. A su regreso not que los comentarios haban disminuido en la ciudad, y, en efecto, pese a ciertos rumores que an circulaban sobre risas fantasmales que resonaban en la casa desierta, rumores que duraron casi tanto tiempo como el propio edificio, no se ha vuelto a murmurar acerca de las apariciones de la vieja Keziah o de Brown Jenkin desde que Gilman muri. Fue una suerte que Elwood no se encontrara en Arkham despus, aquel ao en que ciertos sucesos hicieron que se reanudaran bruscamente los rumores acerca de pasados horrores. Por supuesto, oy hablar del asunto ms tarde y sufri los indecibles tormentos de oscuras y desconcertadas conjeturas, pero peor habra sido que hubiera estado all y hubiera visto las cosas que probablemente habra visto.
En marzo de 1931, un gran vendaval arranc el tejado y la gran chimenea de la Casa de la Bruja, entonces ya abandonada, y muchos ladrillos, tejas cubiertas de moho, tablones medio podridos y vigas se derrumbaron sobre el desvn atravesando el suelo. Todo el piso de la buhardilla qued sembrado de escombros, pero nadie se tom la molestia de limpiar hasta que le lleg a la casa la hora de la demolicin. Esto ocurri en diciembre y cuando se procedi a limpiar lo que haba sido habitacin de Gilman y se encarg esta labor a unos obreros que se mostraron aprensivos y poco deseosos de hacerla, comenzaron los rumores. Entre los escombros cados a travs del derrumbado techo inclinado, los obreros descubrieron ciertas cosas que les llevaron a interrumpir su trabajo y llamar a la polica. sta requiri posteriormente la presencia de un juez de primera instancia y de varios profesores de la Universidad. Haba all huesos, triturados y astillados, pero fcilmente identificables como humanos, huesos cuya evidente contemporaneidad no encajaba con la remota fecha en que tuvieron que ser introducidos en el desvn de bajo techo inclinado, cerrado desde muchsimo tiempo atrs a todo ser humano. El mdico forense dictamin que algunos de los huesos correspondan a un nio pequeo, en tanto que otros, que se encontraron mezclados con jirones de tela podrida de color oscuro, pertenecan a una mujer ms bien pequea y de edad avanzada. El cuidadoso examen de los escombros permiti tambin encontrar gran cantidad de huesos de ratas atrapadas en el derrumbamiento, y otros huesos ms antiguos rodos de tal modo por unos pequeos colmillos que fueron y son an motivo de controversia y reflexin.
Se hallaron tambin trozos de libros y papeles, y un polvo amarillento consecuencia de la total desintegracin de volmenes y documentos todava ms antiguos. Todos los libros y papeles sin excepcin parecan ser de magia negra en sus formas ms avanzadas y espantosas, y la fecha evidentemente reciente de algunos de ellos sigue siendo un misterio tan inexplicable como la presencia all de huesos humanos. Un misterio todava mayor es la absoluta homogeneidad de la complicada y arcaica caligrafa encontrada en una gran diversidad de papeles cuyo estado y filigrana hacen pensar en diferencias temporales de por lo menos ciento cincuenta o doscientos aos. Para algunos, el mayor misterio de todos es la variedad de objetos, completamente inexplicables, encontrados entre los escombros en diverso estado de conservacin y deterioro, cuya forma, materiales, manufactura y finalidad no ha sido posible explicar. Uno de los objetos que interes profundamente a varios profesores de la Universidad Miskatnica, es una reproduccin muy estropeada y parecida a la extraa imagen que Gilman don al museo del centro, excepto que es de gran tamao, est tallada en una rara piedra azul en lugar de ser de metal, y tiene un pedestal de inslitos ngulos con jeroglficos indescifrables.
Los arquelogos y los antroplogos todava estn tratando de explicar los raros dibujos grabados sobre un cuenco aplastado, de metal ligero, cuya parte interior mostraba cuando se encontr unas sospechosas manchas de color oscuro. Los extranjeros y las crdulas comadres muestran igual asombro acerca de un moderno crucifijo de nquel con la cadena rota hallado entre los escombros y que Joe Mazurewicz identific temblando como el que le haba regalado al pobre Gilman haca muchos aos. Creen algunos que las ratas arrastraron el crucifijo hasta el desvn cerrado, en tanto que otros piensan que debi quedar tirado en algn rincn del cuarto que ocup Gilman. Y aun hay otros, entre ellos el mismo Joe, que sostienen teoras demasiado descabelladas y fantsticas para que pueda creerlas ninguna persona sensata.
Cuando se derrib la pared inclinada de la habitacin de Gilman, se vio que el espacio triangular cerrado que quedaba entre el tabique y el muro norte de la casa contena una cantidad muy inferior de escombros, incluso teniendo en cuenta su tamao, que la propia buhardilla. Pero fue encontrado all un horrible depsito de materiales de mayor antigedad y que dej a los obreros paralizados de espanto. En pocas palabras, el suelo era un verdadero osario de huesos infantiles, unos bastante recientes, mientras que otros retrocedan en infinita gradacin hasta un perodo tan remoto que su pulverizacin era casi total. Sobre esa profunda capa de huesos descansaba un gran cuchillo de evidente antigedad, de forma grotesca y extica, y muy ornado, sobre el cual se haban acumulado los escombros.
En medio de esos desechos, embutido entre un tabln cado y un montn de ladrillos de la chimenea, haba un objeto destinado a provocar en Arkham mayor perplejidad, disimulado temor y rumores supersticiosos que los que hubiera despertado cualquier otra cosa hallada en la casa maldita. Era el esqueleto, parcialmente aplastado, de una enorme rata enferma cuyas anomalas anatmicas todava son tema de discusin y motivo de singular reticencia entre los miembros del departamento de anatoma de la Universidad. Es muy poco lo que ha trascendido acerca de ese esqueleto, pero los obreros que lo descubrieron susurran con voz autorizada acerca de los largos pelos de color castao oscuro relacionado con l.
Los huesos de las diminutas patas, segn los rumores, hacen pensar en la capacidad prensil tpica de un mono diminuto ms que de una rata, mientras que el pequeo crneo con sus afilados colmillos de color amarillo es extraordinariamente anmalo y, visto desde ciertos ngulos, se asemeja a una parodia, degradada de manera monstruosa y en miniatura, de un crneo humano. Los obreros se santiguaron aterrados cuando encontraron este blasfemo vestigio, pero luego encendieron velas de agradecimiento en la iglesia de San Estanislao porque pensaron que aquella risita aguda y fantasmal ya nunca se volveria a or.
APRENDIZAJE EN EL DESIERTO
Senderos Del Despertar:
Aprendizaje En El Desierto
Enseanzas Basadas
En El Legado Espiritual De Los
Padres Del Desierto
DONDE EL DESIERTO ES, ADEMS,
UN ESTADO DE CONCIENCIA
E.C.M.
REFLEXIONES MIENTRAS CAMINO POR EL DESIERTO:
...durante tres aos llev un guijarro en la boca hasta que logr guardar silencio.
Hasta que te des cuenta que nicamente est el Sendero y t solos en el mundo, no encontrars reposo en sta vida.
Sin el Sendero no estaras vivo. Por eso no puedes estar separado de l.
El administrador consciente lo da todo en el mundo exterior sin guardar nada para s.
Trabaja interiormente y nicamente necesitars una hora de sueo.
La serenidad y la quietud te llegar por el alejamiento de todos los afectos.
El despertar comienza cuando te des cuenta que estas dormido.
La quietud es una fortaleza que te vuelve invulnerable.
Qu debes hacer? Lo que te dicte tu esencia. Todo lo que hagas segn tu esencia pertenece al sendero de la supraconsciencia. Lo que hagas segn tu personalidad pertenece al sueo y al mundo de lo ilusorio.
Habla lo estrictamente necesario.
Te reconocer por el esfuerzo.
Mantn silencio sobre tus calamidades; eso es una lucha entre el Sendero y t.
No te quejes nunca.
Tienes que estar alerta ante las distracciones.
No busques tu propia gloria con las palabras y las ideas de los dems.
La repeticin incesante de la pregunta quin soy yo? te llevar al despertar.
Preguntas por qu tienes miedo del desierto: porque vives todava.
Preguntas por qu te desanimas tan fcilmente: porque an no has experimentado el despertar.
Preguntas cul es el trabajo: estar siempre alerta.
Preguntas por qu soy incansable: porque cada da espero la muerte.
Me preguntas hasta cuando tienes que guardar silencio: hasta que se te pregunte.
No des rienda suelta a los pensamientos.
Procura que tus palabras sean ms sencillas que tus actos.
No pienses a la ligera.
Camina, que el camino mismo te dir por dnde tienes que ir.
El discernimiento te permitir controlar y ser conscientes de los deseos.
Los apegos prolongan el sueo. No te apegues a nada. Camina sin peso encima.
El olvido es terrible. Recuerda siempre las lecciones y los propsitos.
Los rboles que son trasplantados a menudo no dan frutos. Mantnte en el mismo camino sin cambiar.
Abstente de tener ms de lo necesario. Si tienes muchas cosas parte de tu atencin se dispersar en mantenerlas.
Las cosas materiales pueden recuperarse. La ocasin no.
Si ests pendiente de satisfacer a tus deseos no ests pendiente del despertar. No se puede estar en dos sitios a la vez.
Es ms interesante aprender que ensear.
La paz interior deviene del desapego.
Eres todo lo consciente que puedes ser? Realizas todo el esfuerzo que verdaderamente puedes? Poner todo el empeo? Si queda algo, por pequeo que sea, no vale.
El silencio es la mayor fuente de aprendizaje.
Donde sea que vivas y, hagas lo que hagas, vive como si vivieras en el desierto.
Pero cuidado con la soledad mundana.
Lleva el trabajo interior hasta sus ltimas consecuencias. Mientras que haya algo por hacer no se ha hecho nada.
Buscamos el despertar y sin embargo vivimos sumidos en el sueo de mil acciones innecesarias.
Lo que consigas sin esfuerzo no tiene valor.
El progreso viene cuando conocemos nuestras limitaciones.
No dejes reposar en tu mente algo diferente a los propsitos del despertar.
Todos los das debemos renovar el propsito de despertar. Cada da es un nuevo comienzo, una nueva posibilidad.
Mientras mantengas la atencin centrada todo est bien; si bajas la guardia entra el sueo e inutiliza el trabajo realizado.
Comenzaste demasiado tarde la bsqueda del despertar? Aunque no alcances el despertar es mejor haber entrado en el sendero que haber pasado toda la vida dormido.
Mide tus limitaciones cuando ayudes a los dems. Hay fronteras que no deben cruzarse.
No te destaques. Permanece invisible. Si los dems estn pendiente de ti se detiene el desarrollo interior.
Debes tener claro que quieres despertar, que quieres alcanzar un estado superior de consciencia. De lo contrario no comiences el trabajo sobre ti mismo.
Cuando los dems te pregunten recuerda siempre que estn tan dormido como ellos.
Tu tranquilidad vendr cuando dejes de juzgar.
No ensees sin humildad.
Un trabajo importante que debes desarrollar es el discernimiento.
Apuntes:
La bsqueda del despertar debe producir felicidad.
El despertar no es una evasin, algo abstracto: el despertar soy yo mirndome directamente mientras camino por la vida .
Este sendero pasa por la plenitud, pues nos aleja de las leyes de causa-efectos del sueo.
Todo tiempo es bueno para el trabajo interior. Sobre todo ahora. Porque no hay otro.
LA GALLINA DEGOLLADA
LA GALLINA
DEGOLLADA
Horacio Quiroga
Todo el da, sentados en el patio en un banco, estaban los cuatro hijos idiotas delmatrimonio Mazzini-Ferraz. Tenan la lengua entre los labios, los ojos estpidos y volvan
la cabeza con la boca abierta. El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de
ladrillos. El banco quedaba paralelo a l, a cinco metros, y all se mantenan inmviles,
fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas
tenan fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atencin al principio, poco a poco sus ojos
se animaban; se rean al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad
ansiosa, mirando el sol con alegra bestial, como si fuera comida. Otra veces, alineados en
el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranva elctrico. Los ruidos fuertes
sacudan asimismo su inercia, y corran entonces, mordindose la lengua y mugiendo,
alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombro letargo de
idiotismo, y pasaban todo el da sentados en su banco, con las piernas colgantes y quietas,
empapando de glutinosa saliva el pantaln. El mayor tena doce aos, y el menor ocho. En
todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado
maternal.
Esos cuatro idiotas, sin embargo, haban sido un da el encanto de sus padres. A los
tres meses de casados, Mazzini y Berta orientaron su estrecho amor de marido y mujer, y
mujer y marido, hacia un porvenir mucho ms vital: un hijo: Qu mayor dicha para dos
enamorados que esa honrada consagracin de su cario, libertado ya del vil egosmo de
un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas
posibles de renovacin? As lo sintieron Mazzini y Berta, y cuando el hijo lleg, a los
catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad. La criatura creci bella y
radiante, hasta que tuvo ao y medio. Pero en el vigsimo mes sacudironlo una noche
convulsiones terribles, y a la maana siguiente no conoca ms a sus padres. El mdico lo
examin con esa atencin profesional que est visiblemente buscando las causas del mal
en las enfermedades de los padres. Despus de algunos das los miembros paralizados
recobraron el movimiento; pero la inteligencia, el alma, aun el instinto, se haban ido del
todo; haba quedado profundamente idiota, baboso, colgante, muerto para siempre sobre
las rodillas de su madre.
Hijo, mi hijo querido! sollozaba sta, sobre aquella espantosa ruina de su
primognito.
El padre, desolado, acompa al mdico afuera.
A usted se le puede decir; creo que es un caso perdido. Podr mejorar, educarse en
todo lo que le permita su idiotismo, pero no ms all.
S!... S! asenta Mazzini. Pero dgame: Usted cree que es herencia, que?...
En cuanto a la herencia paterna, ya le dije lo que crea cuando vi a su hijo. Respecto
a la madre, hay all un pulmn que no sopla bien. No veo nada ms, pero hay un soplo un
poco rudo. Hgala examinar bien.
Con el alma destrozada de remordimiento, Mazzini redobl el amor a su hijo, el
pequeo idiota que pagaba los excesos del abuelo. Tuvo asimismo que consolar, sostener
sin tregua a Berta, herida en lo ms profundo por aquel fracaso de su joven maternidad.
Como es natural, el matrimonio puso todo su amor en la esperanza de otro hijo.
Naci ste, y su salud y limpidez de risa reencendieron el porvenir extinguido. Pero a los
dieciocho meses las convulsiones del primognito se repetan, y al da siguiente amaneca
idiota. Esta vez los padres cayeron en honda desesperacin. Luego su sangre, su amor
estaban malditos! Su amor, sobre todo! Veintiocho aos l, veintids ella, y toda su
apasionada ternura no alcanzaba a crear un tomo de vida normal. Ya no pedan ms
belleza e inteligencia como en el primognito; pero un hijo, un hijo como todos!
Del nuevo desastre brotaron nuevas llamaradas del dolorido amor, un loco anhelo de
redimir de una vez para siempre la santidad de su ternura. Sobrevinieron mellizos, y
punto por punto repitise el proceso de los dos mayores. Mas, por encima de su inmensa
amargura, quedaba a Mazzini y Berta gran compasin por sus cuatro hijos. Hubo que
arrancar del limbo de la ms honda animalidad, no ya sus almas, sino el instinto mismo
abolido. No saban deglutir, cambiar de sitio, ni aun sentarse. Aprendieron al fin a
caminar, pero chocaban contra todo, por no darse cuenta de los obstculos. Cuando los
lavaban mugan hasta inyectarse de sangre el rostro. Animbanse slo al comer, o cuando
vean colores brillantes u oan truenos. Se rean entonces, echando afuera lengua y ros de
baba, radiantes de frenes bestial. Tenan, en cambio, cierta facultad imitativa; pero no se
pudo obtener nada ms. Con los mellizos pareci haber concluido la aterradora
descendencia.
Pero pasados tres aos desearon de nuevo ardientemente otro hijo, confiando en que
el largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la fatalidad. No satisfacan sus
esperanzas. Y en ese ardiente anhelo que se exasperaba, en razn de su infructuosidad, se
agriaron. Hasta ese momento cada cual haba tomado sobre s la parte que le corresponda
en la miseria de sus hijos; pero la desesperanza de redencin ante las cuatro bestias que
haban nacido de ellos, ech afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es
patrimonio especfico de los corazones inferiores.
Inicironse con el cambio de pronombre: tus hijos. Y como a ms del insulto haba la
insidia, la atmsfera se cargaba.
Me parece djole una noche Mazzini, que acababa de entrar y se lavaba las
manos que podras tener ms limpios a los muchachos.
Berta continu leyendo como si no hubiera odo.
Es la primera vez repuso al rato que te veo inquietarte por el estado de tus
hijos.
Mazzini volvi un poco la cara a ella con una sonrisa forzada:
De nuestros hijos, me parece?
Bueno; de nuestros hijos. Te gusta as? alz ella los ojos.
Esta vez Mazzini se expres claramente:
Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?
Ah, no! se sonri Berta, muy plida pero yo tampoco, supongo!... No faltaba
ms!... murmur.
Qu, no faltaba ms?
Que si alguien tiene la culpa, no soy yo, entindelo bien! Eso es lo que te quera
decir.
Su marido la mir un momento, con brutal deseo de insultarla.
Dejemos! articul, secndose por fin las manos.
Como quieras; pero si quieres decir...
Berta!
Como quieras!
Este fue el primer choque y le sucedieron otros. Pero en las inevitables
reconciliaciones, sus almas se unan con doble arrebato y locura por otro hijo. Naci as
una nia. Vivieron dos aos con la angustia a flor de alma, esperando siempre otro
desastre. Nada acaeci, sin embargo, y los padres pusieron en ella toda su complaciencia,
que la pequea llevaba a los ms extremos lmites del mimo y la mala crianza. Si an en
los ltimos tiempos Berta cuidaba siempre de sus hijos, al nacer Bertita olvidse casi del
todo de los otros. Su solo recuerdo la horrorizaba, como algo atroz que la hubieran
obligado a cometer. A Mazzini, bien que en menor grado, pasbale lo mismo.
No por eso la paz haba llegado a sus almas. La menor indisposicin de su hija
echaba ahora afuera, con el terror de perderla, los rencores de su descendencia podrida.
Haban acumulado hiel sobrado tiempo para que el vaso no quedara distendido, y al
menor contacto el veneno se verta afuera. Desde el primer disgusto emponzoado
habanse perdido el respeto; y si hay algo a que el hombre se siente arrastrado con cruel
fruicin, es, cuando ya se comenz, a humillar del todo a una persona. Antes se contenan
por la mutua falta de xito; ahora que ste haba llegado, cada cual, atribuyndolo a s
mismo, senta mayor la infamia de los cuatro engendros que el otro habale forzado a
crear. Con estos sentimientos, no hubo ya para los cuatro hijos mayores afecto posible. La
sirvienta los vesta, les daba de comer, los acostaba, con visible brutalidad. No los lavaban
casi nunca. Pasaban todo el da sentados frente al cerco, abandonados de toda remota
caricia. De este modo Bertita cumpli cuatro aos, y esa noche, resultado de las golosinas
que era a los padres absolutamente imposible negarle, la criatura tuvo algn escalofro y
fiebre. Y el temor a verla morir o quedar idiota, torn a reabrir la eterna llaga.
Haca tres horas que no hablaban, y el motivo fue, como casi siempre, los fuertes
pasos de Mazzini.
Mi Dios! No puedes caminar ms despacio? Cuntas veces?. . .
Bueno, es que me olvido; se acab! No lo hago a propsito.
Ella se sonri, desdeosa.
No, no te creo tanto!
Ni yo, jams, te hubiera credo tanto a t. . . tisiquilla!
Qu! Qu dijiste?...
Nada!
S, te o algo! Mira: no s lo que dijiste; pero te juro que prefiero cualquier cosa a
tener un padre como el que has tenido t!
Mazzini se puso plido.
Al fin! murmur con los dientes apretados. Al fin, vbora, has dicho lo que
queras!
S, vbora, s! Pero yo he tenido padres sanos, oyes?, sanos! Mi padre no ha
muerto de delirio! Yo hubiera tenido hijos como los de todo el mundo! Esos son hijos
tuyos, los cuatro tuyos!
Mazzini explot a su vez.
Vbora tsica! eso es lo que te dije, lo que te quiero decir! Pregntale, pregntale
al mdico quin tiene la mayor culpa de la meningitis de tus hijos: mi padre o tu pulmn
picado, vbora!
Continuaron cada vez con mayor violencia, hasta que un gemido de Bertita sell
instantneamente sus bocas. A la una de la maana la ligera indigestin haba
desaparecido, y como pasa fatalmente con todos los matrimonios jvenes que se han
amado intensamente una vez siquiera, la reconciliacin lleg, tanto ms efusiva cuanto
hirientes fueran los agravios.
Amaneci un esplndido da, y mientras Berta se levantaba escupi sangre. Las
emociones y mala noche pasada tenan, sin duda, gran culpa. Mazzini la retuvo abrazada
largo rato, y ella llor desesperadamente, pero sin que ninguno se atreviera a decir una
palabra.
A las diez decidieron salir, despus de almorzar. Como apenas tenan tiempo,
ordenaron a la sirvienta que matara una gallina.
El da radiante haba arrancado a los idiotas de su banco. De modo que mientras la
sirvienta degollaba en la cocina al animal, desangrndolo con parsimonia (Berta haba
aprendido de su madre este buen modo de conservar frescura a la carne), crey sentir algo
como respiracin tras ella. Volvise, y vio a los cuatro idiotas, con los hombros pegados
uno a otro, mirando estupefactos la operacin... Rojo... rojo...
Seora! Los nios estn aqu, en la cocina.
Berta lleg; no quera que jams pisaran all. Y ni aun en esas horas de pleno perdn,
olvido y felicidad reconquistada, poda evitarse esa horrible visin! Porque, naturalmente,
cuando ms intensos eran los raptos de amor a su marido e hija, ms irritado era su humor
con los monstruos.
Que salgan, Mara! chelos! chelos, le digo!
Las cuatro pobres bestias, sacudidas, brutalmente empujadas, fueron a dar a su
banco.
Despus de almorzar, salieron todos. La sirvienta fue a Buenos Aires, y el
matrimonio a pasear por las quintas. Al bajar el sol volvieron; pero Berta quiso saludar un
momento a sus vecinas de enfrente. Su hija escapse enseguida a casa.
Entretanto los idiotas no se haban movido en todo el da de su banco. El sol haba
traspuesto ya el cerco, comenzaba a hundirse, y ellos continuaban mirando los ladrillos,
ms inertes que nunca.
De pronto, algo se interpuso entre su mirada y el cerco. Su hermana, cansada de
cinco horas paternales, quera observar por su cuenta. Detenida al pie del cerco, miraba
pensativa la cresta. Quera trepar, eso no ofreca duda. Al fin decidise por una silla
desfondada, pero faltaba an. Recurri entonces a un cajn de kerosene, y su instinto
topogrfico hzole colocar vertical el mueble, con lo cual triunf. Los cuatro idiotas, la
mirada indiferente, vieron cmo su hermana lograba pacientemente dominar el equilibrio
, y cmo en puntas de pie apoyaba la garganta sobre la cresta del cerco, entre sus manos
tirantes. Vironla mirar a todos lados, y buscar apoyo con el pie para alzarse ms. Pero la
mirada de los idiotas se haba animado; una misma luz insistente estaba fija en sus
pupilas. No apartaban los ojos de su hermana, mientras creciente sensacin de gula bestial
iba cambiando cada lnea de sus rostros. Lentamente avanzaron hacia el cerco. La
pequea, que habiendo logrado calzar el pie, iba ya a montar a horcajadas y a caerse del
otro lado, seguramente, sintise cogida de la pierna. Debajo de ella, los ocho ojos clavados
en los suyos le dieron miedo.
Soltme! Djame! grit sacudiendo la pierna. Pero fue atrada.
Mam! Ay, mam! Mam, pap! llor imperiosamente. Trat an de sujetarse
del borde, pero sintise arrancada y cay.
Mam, ay! Ma... No pudo gritar ms. Uno de ellos le apret el cuello, apartando
los bucles como si fueran plumas, y los otros la arrastraron de una sola pierna hasta la
cocina, donde esa maana se haba desangrado a la gallina, bien sujeta, arrancndole la
vida segundo por segundo.
Mazzini, en la casa de enfrente, crey or la voz de su hija.
Me parece que te llamale dijo a Berta.
Prestaron odo, inquietos, pero no oyeron ms. Con todo, un momento despus se
despidieron, y mientras Berta iba dejar su sombrero, Mazzini avanz en el patio.
Bertita!
Nadie respondi.
Bertita! alz ms la voz, ya alterada.
Y el silencio fue tan fnebre para su corazn siempre aterrado, que la espalda se le
hel de horrible presentimiento.
Mi hija, mi hija! corri ya desesperado hacia el fondo. Pero al pasar frente a la
cocina vio en el piso un mar de sangre. Empuj violentamente la puerta entornada, y lanz
un grito de horror.
Berta, que ya se haba lanzado corriendo a su vez al or el angustioso llamado del
padre, oy el grito y respondi con otro. Pero al precipitarse en la cocina, Mazzini, lvido
como la muerte, se interpuso, contenindola:
No entres! No entres!
Berta alcanz a ver el piso inundado de sangre. Slo pudo echar sus brazos sobre la
cabeza y hundirse a lo largo de l con un ronco suspiro.
IQ - HAZ LA PRUEBA - COEFICIENTE INTELECTUAL
IQ - HAZ LA PRUEBA - COEFICIENTE INTELECTUAL
CUAL ES TU "I.Q." , COEFICIENTE INTELECTUAL?
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Todo cuenta, 39 preguntas, y 40 minutos; mas aciertos,mas puntuacion, menos aciertos,...; menos tiempo, mas puntuacion, mas tiempo...; aqui lo tienes, Cual es tu I.Q.???
100, se considera normal, y no se dicen ni aciertos ni fallos.
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HABER SI HAY UN EINSTEIN EN TU CASA
EL BESO
EL BESO
GUY DE MAUPASSANT
Encanto mo: De modo que te pasas el da y la noche llorando, porque te abandon tu marido; no sabes qu hacer y solicitas consejo de tu anciana ta, a la que, por lo visto, supones muy experta. No estoy tan enterada como t te lo imaginas; pero desde luego que no soy del todo ignorante en el arte de amar o, ms bien, de hacerse amar, que a ti te falta un poco. A mis aos creo que me debe estar permitido confesarlo.
Me cuentas que no tienes para l otra cosa que atenciones, carios, caricias y besos. De ah tal vez procede el dao; creo que te excedes en besarlo.
Tenemos en nuestras manos, querida, la potencia ms terrible que existe: el amor.
El hombre, dotado de su fuerza fsica, la ejerce por la violencia. La mujer, dotada del encanto, domina por la caricia. Es nuestra arma, arma temible, incontrastable, pero que es preciso saber manejar.
Somos, sbelo bien, las dueas de la tierra. Narrar la historia del Amor desde los orgenes del mundo, equivaldra a narrar la historia del hombre mismo. Todo arranca del Amor: las artes, los grandes acontecimientos, las costumbres, la moral, las guerras, el derrumbamiento de los imperios.
En la Biblia tropiezas con Dalla y Judit; en la Leyenda, con Onfala y Helena; en la Historia, con las Sabinas, Cleopatra y tantas ms.
Reinamos, pues, como soberanas omnipotentes. Pero es indispensable que empleemos, lo mismo que los reyes, una diplomacia refinada.
El Amor, pequea ma, est hecho de primores, de sensaciones imperceptibles.
Sabemos que es fuerte como la muerte; pero es tambin tan frgil como el vidrio. El choque ms insignificante lo quiebra y nuestro dominio se derrumba, sin que podamos ya reconstruirlo.
Tenemos el poder de hacernos adorar, pero necesitamos una cualidad minscula: el discernimiento de matices en la caricia, la percepcin sutil de lo excesivo en la manifestacin de nuestra ternura.
En las horas del abrazo perdemos el sentido del matiz, mientras que el hombre, al que nosotras nos imponemos, no pierde el dominio de s mismo, conserva la capacidad de apreciar lo ridculo de ciertas frases, lo desorbitado de determinadas actitudes.
Encanto mo, permanece siempre en guardia sobre este punto, que es donde falla nuestra coraza, que es nuestro taln de Aquiles.
Sabes de dnde nace nuestro verdadero poder? Del beso, slo del beso! Sabiendo presentar y entregar nuestros labios, podemos llegar a ser reinas.
Y, sin embargo, el beso no es sino un prefacio. Pero es un prefacio encantador, ms delicioso que la obra misma, un prefacio que se lee una y otra vez, mientras que no siempre es posible... releer el libro.
S, el unirse de dos bocas es la sensacin ms perfecta, ms divina que ha sido concedida a los seres humanos; el limite ltimo y supremo de la dicha.
Es en el beso, y nicamente en el beso, donde a veces creemos percibir la imposible fusin que vamos persiguiendo de dos almas, el confundirse en uno dos corazones desfallecientes.
Recuerdas los versos de Sully-Prudhomme:
Es la caricia inquieto desvaro;
del pobre Amor, el infructuoso empeo
de unir, cosa imposible, nuestras almas,
uniendo uno con otro nuestros cuerpos.
Una caricia tan slo produce esa sensacin ntima, inmaterial. de dos seres convertidos en uno, y eso es el beso. Todo el frenes violento de la posesin completa no iguala a ese trmulo acercamiento de las bocas, a ese primer contacto, hmedo y lleno de frescor, seguido de la conjuncin inmvil, ardorosa y larga, largusima, de una y otra.
Es, pues, encanto mo, el beso nuestra arma ms poderosa; pero guardmonos de embotar su filo. No olvides que su eficacia es relativa, de puro convencional. Cambia con las circunstancias el estado de nimo del momento, el sentimiento de espera o de xtasis del espritu. Voy a basarme en un ejemplo.
Todas nos sabemos de memoria un verso debido a otro poeta, un verso que nos parece encantador, que nos causa estremecimientos que nos llegan al alma.
Despus que el poeta ha descrito la espera del enamorado, en una habitacin cerrada y en las primeras horas de una noche de invierno, sus inquietudes, sus impaciencias nerviosas, su miedo horrible de que ella no venga, pinta la llegada de la mujer amada, que entra, por fin, en la habitacin, apresuradsima, jadeante trayendo el fro en sus faldas, y exclama:
Oh, qu primeros besos al travs del velillo!
Verdad que hay en este verso un sentimiento exquisito, una observacin fina y encantadora, una exactitud perfecta? Todas las mueres que han corrido a una cita clandestina, aquellas a las que la pasin ha lanzado en los brazos de un hombre, conocen bien esos deliciosos primeros besos al travs del velillo del sombrero, y sienten escalofros con slo recordarlos. Sin embargo, su encanto depende nicamente de las circunstancias. del retraso, de la espera anhelante; pero la verdad es que, desde el punto de vista pura o impuramente sensual, como prefieras, son detestables.
Fjate. En la calle hace fro. La mujercita ha caminado de. prisa, el velillo est hmedo del vaho fro ya, de su respiracin. Brillan gotitas en las mallas del encaje negro. El amante se precipita y pega sus labios a este vaho condensado de los pulmones. El vaho hmedo, que destie y est impregnado del sabor repugnante de los colorantes qumicos, entra en la boca del joven, le moja el bigote. No son los labios de la bien amada los que el joven saborea; saborea el tinte del encaje impregnado de aliento que se ha enfriado.
Sin embargo, todas nosotras decimos con un suspiro, lo mismo que el poeta:
Oh, qu primeros besos al travs del velillo!
Siendo, pues, completamente convencional la eficacia de esta caricia, debemos guardarnos de que pierda su valor.
Quiero decirte a este propsito, encanto, que he sido testigo en muchas ocasiones de tu torpeza, aunque no constituyas a este respecto una excepcin. La mayor parte de las mujeres pierden su autoridad sin ms motivo que el abuso del besar, del besar intempestivo. Si ven que el marido o el amante da seales de un poco de fatiga, porque hay horas de laxitud en las que el corazn, lo mismo que el cuerpo, piden reposo, ellas, en vez de comprender lo que a l le ocurre, se obstinan en caricias inoportunas, lo hastian con su obstinacin de ofrcerle los labios, lo cansan al estrecharlo entre sus brazos sin medida ni razn.
Presta fe a mi experiencia. Para empezar, no beses nunca a tu marido en pblico, en un vagn, en un restaurante. Es un acto del peor gusto. Aguntate las ganas. l creera hacer el ridculo, y te guardara siempre rencor.
Desconfa sobre todo de los besos intiles, prodigados en la intimidad. Tengo la certeza de que haces un espantoso consumo de ellos.
Y para citarte un caso, te dir que un da estuviste verdaderamente desagradable.
Nos hallbamos los tres en tu saloncito, y como mi presencia no os embarazaba, tu marido te tena sentada en sus rodillas y te daba largos besos en la nuca, oculta su boca entre los rizados cabellos de tu cuello. De pronto exclamaste: El fuego! No os acordabais del fuego, y estaba a punto de consumirse. Todo lo que brillaba en el hogar eran unos tizones mortecinos y a punto de apagarse. Tu marido se levant en el acto, se precipit hacia el arcn de la lea y sac del mismo dos troncos grandsimos, que llevaba con gran dificultad al hogar; y en ese preciso momento fuiste hacia l con tus labios mendicantes y le dijiste: Bsame. Tu marido volvi la cabeza haciendo un gran esfuerzo para no dejar caer los maderos. Y t posaste tu boca suave, lentamente, en la de aquel desdichado, que tuvo que aguantar, con el cuello doblado, la cintura en torsin, los brazos doloridos, temblando de cansancio y de esfuerzo violento. Y tu, sin ver ni comprender, eternizaste aquel beso martirizador. Despus, cuando lo dejaste en libertad, te pusiste a refunfuar con gesto de enojo: No sabes besarme!... Era mucho pedirle encanto!
Ten cuidado con eso. Raya en estpida mana, en impulso inconsciente tonto, nuestro afn de lanzarnos al beso en los momentos peor elegidos: Cuando l lleva en la mano un vaso de agua; cuando se est poniendo el calzado; cuando se hace el nudo de la corbata, en fin, cuando se encuentra en alguna postura incmoda, entonces lo inmovilizamos con alguna caricia molesta que le fuera a permanecer un minuto en una actitud iniciada, sin sentir , otro deseo sino el de desembarazarse de nosotras.
Sobre todo, no tomes esta crtica como insignificante y mezquina. El amor es cosa delicada, pequea ma; un nada lo lastima; ten presente que todo depende de nuestro tacto en las zalameras. Un beso torpe puede ocasionar un gran dao.
Pon en prctica mis consejos.
Tu ta que te quiere, Collette
Por la copia fiel
Magnifreuse
EL RETRATO DE DORIAN GRAY
Oscar Wilde
El retrato de Dorian Gray[LT1]
Prefacio
El artista es creador de belleza.
Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte.
El crtico es quien puede traducir de manera distinta o con nuevos materiales su impresin de la belleza. La forma ms elevada de la crtica, y tambin la ms rastrera, es una modalidad de autobiografa.
Quienes descubren significados ruines en cosas hermosas estn corrompidos sin ser elegantes, lo que es un defecto. Quienes encuentran significados bellos en cosas hermosas son espritus cultivados. Para ellos hay esperanza.
Son los elegidos, y en su caso las cosas hermosas slo significan belleza.
No existen libros morales o inmorales.
Los libros estn bien o mal escritos. Eso es todo.
La aversin del siglo por el realismo es la rabia de Calibn al verse la cara en el espejo.
La aversin del siglo por el romanticismo es la rabia de Calibn al no verse la cara en un espejo.
La vida moral del hombre forma parte de los temas del artista, pero la moralidad del arte consiste en hacer un uso perfecto de un medio imperfecto. Ningn artista desea probar nada. Incluso las cosas que son verdad se pueden probar.
El artista no tiene preferencias morales. Una preferencia moral en un artista es un imperdonable amaneramiento de estilo.
Ningn artista es morboso. El artista est capacitado para expresarlo todo.
Pensamiento y lenguaje son, para el artista, los instrumentos de su arte.
El vicio y la virtud son los materiales del artista. Desde el punto de vista de la forma, el modelo de todas las artes es el arte del msico. Desde el punto de vista del sentimiento, el modelo es el talento del actor.
Todo arte es a la vez superficie y smbolo.
Quienes profundizan, sin contentarse con la superficie, se exponen a las consecuencias.
Quienes penetran en el smbolo se exponen a las consecuencias.
Lo que en realidad refleja el arte es al espectador y no la vida.
La diversidad de opiniones sobre una obra de arte muestra que esa obra es nueva, compleja y que est viva. Cuando los crticos disienten, el artista est de acuerdo consigo mismo.
A un hombre le podemos perdonar que haga algo til siempre que no lo admire. La nica excusa para hacer una cosa intil es admirarla infinitamente.
Todo arte es completamente intil.
OSCAR WILDE
Captulo 1
El intenso perfume de las rosas embalsamaba el estudio y, cuando la ligera brisa agitaba los rboles del jardn, entraba, por la puerta abierta, un intenso olor a lilas o el aroma ms delicado de las flores rosadas de los espinos.
Lord Henry Wotton, que haba consumido ya, segn su costumbre, innumerables cigarrillos, vislumbraba, desde el extremo del sof donde estaba tumbado -tapizado al estilo de las alfombras persas-, el resplandor de las floraciones de un codeso, de dulzura y color de miel, cuyas ramas estremecidas apenas parecan capaces de soportar el peso de una belleza tan deslumbrante como la suya; y, de cuando en cuando, las sombras fantsticas de pjaros en vuelo se deslizaban sobre las largas cortinas de seda india colgadas delante de las inmensas ventanas, produciendo algo as como un efecto japons, lo que le haca pensar en los pintores de Tokyo, de rostros tan plidos como el jade, que, por medio de un arte necesariamente inmvil, tratan de transmitir la sensacin de velocidad y de movimiento. El zumbido obstinado de las abejas, abrindose camino entre el alto csped sin segar, o dando vueltas con montona insistencia en torno a los polvorientos cuernos dorados de las desordenadas madreselvas, parecan hacer ms opresiva la quietud, mientras los ruidos confusos de Londres eran como las notas graves de un rgano lejano.
En el centro de la pieza, sobre un caballete recto, descansaba el retrato de cuerpo entero de un joven de extraordinaria belleza; y, delante, a cierta distancia, estaba sentado el artista en persona, el Basil Hallward cuya repentina desaparicin, hace algunos aos, tanto conmoviera a la sociedad y diera origen a tan extraas suposiciones.
Al contemplar la figura apuesta y elegante que con tanta habilidad haba reflejado gracias a su arte, una sonrisa de satisfaccin, que quiz hubiera podido prolongarse, ilumin su rostro. Pero el artista se incorpor bruscamente y, cerrando los ojos, se cubri los prpados con los dedos, como si tratara de aprisionar en su cerebro algn extrao sueo del que temiese despertar.
-Es tu mejor obra, Basil -dijo lord Henry con entonacin lnguida-, lo mejor que has hecho. No dejes de mandarla el ao que viene a la galera Grosvenor. La Academia es demasiado grande y demasiado vulgar. Cada vez que voy all, o hay tanta gente que no puedo ver los cuadros, lo que es horrible, o hay tantos cuadros que no puedo ver a la gente, lo que todava es peor. La galera Grosvenor es el sitio indicado.
-No creo que lo mande a ningn sitio -respondi el artista, echando la cabeza hacia atrs de la curiosa manera que siempre haca rer a sus amigos de Oxford-. No; no mandar el retrato a ningn sitio.
Lord Henry alz las cejas y lo mir con asombro a travs de las delgadas volutas de humo que, al salir de su cigarrillo con mezcla de opio, se retorcan adoptando extraas formas.
-No lo vas a enviar a ningn sitio? Por qu, mi querido amigo? Qu razn podras aducir? Por qu sois unas gentes tan raras los pintores? Hacis cualquier cosa para ganaros una reputacin, pero, tan pronto como la tenis, se dira que os sobra. Es una tontera, porque en el mundo slo hay algo peor que ser la persona de la que se habla y es ser alguien de quien no se habla. Un retrato como se te colocara muy por encima de todos los pintores ingleses jvenes y despertara los celos de los viejos, si es que los viejos son an susceptibles de emociones.
-S que te vas a rer de m -replic Hallward-, pero no me es posible exponer ese retrato. He puesto en l demasiado de m mismo.
Lord Henry, estirndose sobre el sof, dej escapar una carcajada.
-S, Harry, saba que te ibas a rer, pero, de todos modos, no es ms que la verdad.
-Demasiado de ti mismo! A fe ma, Basil, no saba que fueras tan vanidoso; no advierto la menor semejanza entre ti, con tus facciones bien marcadas y un poco duras y tu pelo negro como el carbn, y ese joven adonis, que parece estar hecho de marfil y ptalos de rosa. Vamos, mi querido Basil, ese muchacho es un narciso, y t..., bueno, tienes, por supuesto, un aire intelectual y todo eso. Pero la belleza, la belleza autntica, termina donde empieza el aire intelectual. El intelecto es, por s mismo, un modo de exageracin, y destruye la armona de cualquier rostro. En el momento en que alguien se sienta a pensar, todo l se convierte en nariz o en frente o en algo espantoso. Repara en quienes triunfan en cualquier profesin docta. Son absolutamente imposibles. Con la excepcin, por supuesto, de la Iglesia. Pero sucede que en la Iglesia no se piensa. Un obispo sigue diciendo a los ochenta aos lo que a los dieciocho le contaron que tena que decir, y la consecuencia lgica es que siempre tiene un aspecto delicioso. Tu misterioso joven amigo, cuyo nombre nunca me has revelado, pero cuyo retrato me fascina de verdad, nunca piensa. Estoy completamente seguro de ello. Es una hermosa criatura, descerebrada, que debera estar siempre aqu en invierno, cuando no tenemos flores que mirar, y tambin en verano, cuando buscamos algo que nos enfre la inteligencia. No te hagas ilusiones, Basil: no eres en absoluto como l.
-No me entiendes, Harry -respondi el artista-. No soy como l, por supuesto. Lo s perfectamente. De hecho, lamentara parecerme a l. Te encoges de hombros? Te digo la verdad. Hay un destino adverso ligado a la superioridad corporal o intelectual, el destino adverso que persigue por toda la historia los pasos vacilantes de los reyes. Es mucho mejor no ser diferente de la mayora. Los feos y los estpidos son quienes mejor lo pasan en el mundo. Se pueden sentar a sus anchas y ver la funcin con la boca abierta. Aunque no sepan nada de triunfar, se ahorran al menos los desengaos de la derrota. Viven como todos deberamos vivir, tranquilos, despreocupados, impasibles. Ni provocan la ruina de otros, ni la reciben de manos ajenas. Tu situacin social y tu riqueza, Harry; mi cerebro, el que sea; mi arte, cualquiera que sea su valor; la apostura de Dorian Gray: todos vamos a sufrir por lo que los dioses nos han dado, y a sufrir terriblemente.
-Dorian Gray? Es as como se llama? -pregunt lord Henry, atravesando el estudio en direccin a Basil Hallward.
-S; as es como se llama. No tena intencin de decrtelo.
-Pero, por qu no?
-No te lo puedo explicar. Cuando alguien me gusta muchsimo nunca le digo su nombre a nadie. Es como entregar una parte de esa persona. Con el tiempo he llegado a amar el secreto. Parece ser lo nico capaz de hacer misteriosa o maravillosa la vida moderna. Basta esconder la cosa ms corriente para hacerla deliciosa. Cuando ahora me marcho de Londres, nunca le digo a mi gente adnde voy. Si lo hiciera, dejara de resultarme placentero. Es una costumbre tonta, lo reconozco, pero por alguna razn parece dotar de romanticismo a la vida. Imagino que te resulto terriblemente ridculo, no es cierto?
-En absoluto -respondi lord Henry-; nada de eso, mi querido Basil. Pareces olvidar que estoy casado, y el nico encanto del matrimonio es que exige de ambas partes practicar asiduamente el engao. Nunca s dnde est mi esposa, y mi esposa nunca sabe lo que yo hago. Cuando coincidimos, cosa que sucede a veces, porque salimos juntos a cenar o vamos a casa del Duque, nos contamos con tremenda seriedad las historias ms absurdas sobre nuestras respectivas actividades. Mi mujer lo hace muy bien; mucho mejor que yo, de hecho. Nunca se equivoca en cuestin de fechas y yo lo hago siempre. Pero cuando me descubre, no se enfada. A veces me gustara que lo hiciera, pero se limita a rerse de m.
-No me gusta nada cmo hablas de tu vida de casado, Harry -dijo Basil Hallward, dirigindose hacia la puerta que llevaba al jardn-. Creo que eres en realidad un marido excelente, pero que te avergenzas de tus virtudes. Eres una persona extraordinaria. Nunca das lecciones de moralidad y nunca haces nada malo. Tu cinismo no es ms que afectacin.
-La naturalidad tambin es afectacin, y la ms irritante que conozco -exclam lord Henry, echndose a rer.
Los dos jvenes salieron juntos al jardn, acomodndose en un amplio banco de bamb colocado a la sombra de un laurel. La luz del sol resbalaba sobre las hojas enceradas. Sobre la hierba temblaban margaritas blancas.
Despus de un silencio, lord Henry sac su reloj de bolsillo.
-Mucho me temo que he de marcharme, Basil -murmur-, pero antes de irme, insisto en que me respondas a la pregunta que te he hecho hace un rato.
-Cul era? -dijo el pintor, sin levantar los ojos del suelo.
-Lo sabes perfectamente. -No lo s, Harry.
-Bueno, pues te lo dir. Quiero que me expliques por qu no vas a exponer el retrato de Dorian Gray. Quiero la verdadera razn.
-Te la he dado.
-No, no lo has hecho. Me has dicho que hay demasiado de ti en ese retrato. Y eso es una chiquillada. -Harry-dijo Basil Hallward, mirndolo directamente a los ojos-, todo retrato que se pinta de corazn es un retrato del artista, no de la persona que posa. El modelo no es ms que un accidente, la ocasin. No es a l a quien revela el pintor; es ms bien el pintor quien, sobre el lienzo coloreado, se revela. La razn de que no exponga el cuadro es que tengo miedo de haber mostrado el secreto de mi alma.
Lord Henry ri.
- Y, cul es ...? -pregunt.
-Te lo voy a decir -respondi Hallward; pero lo que apareci en su rostro fue una expresin de perplejidad. -Soy todo odos, Basil -insisti su acompaante, mirndolo de reojo.
-En realidad es muy poco lo que hay que contar, Harry -respondi el pintor-, y mucho me temo que apenas lo entenderas. Quiz tampoco te lo creas.
Lord Henry sonri y, agachndose, arranc de entre el csped una margarita de ptalos rosados y se puso a examinarla.
-Estoy seguro de que lo entender -replic, contemplando fijamente el pequeo disco dorado con plumas blancas-; y en cuanto a creer cosas, me puedo creer cualquiera con tal de que sea totalmente increble.
El aire arranc algunas flores de los rboles, y las pesadas floraciones de lilas, con sus plyades de estrellas, se balancearon lnguidamente. Un saltamontes empez a cantar junto a la valla, y una liblula, larga y delgada como un hilo azul, pas flotando sobre sus alas de gasa marrn. Lord Henry tuvo la impresin de or los latidos del corazn de Basil Hallward, y se pregunt qu iba a suceder.
-Es una historia muy sencilla -dijo el pintor despus de algn tiempo-. Hace dos meses asist a una de esas fiestas de lady Brandon a las que va tanta gente. Ya sabes que nosotros, los pobres artistas, tenemos que aparecer en sociedad de cuando en cuando para recordar al pblico que no somos salvajes. Vestidos de etiqueta y con corbata blanca, como una vez me dijiste, cualquiera, hasta un corredor de Bolsa, puede ganarse reputacin de civilizado. Bien; cuando llevaba unos diez minutos en el saln, charlando con imponentes viudas demasiado enjoyadas y tediosos acadmicos, not de pronto que alguien me miraba. Al darme la vuelta vi a Dorian Gray por vez primera. Cuando nuestros ojos se encontraron, me not palidecer. Una extraa sensacin de terror se apoder de m. Supe que tena delante a alguien con una personalidad tan fascinante que, si yo se lo permita, iba a absorber toda mi existencia, el alma entera, incluso mi arte. Yo no deseaba ninguna influencia exterior en mi vida. T sabes perfectamente lo independiente que soy por naturaleza. Siempre he hecho lo que he querido; al menos, hasta que conoc a Dorian Gray. Luego..., aunque no s cmo explicrtelo. Algo pareca decirme que me encontraba al borde de una crisis terrible. Tena la extraa sensacin de que el Destino me reservaba exquisitas alegras y terribles sufrimientos. Me asust y me di la vuelta para abandonar el saln. No fue la conciencia lo que me impuls a hacerlo: ms bien algo parecido a la cobarda. No me atribuyo ningn mrito por haber tratado de escapar.
-Conciencia y cobarda son en realidad lo mismo, Basil. La conciencia es la marca registrada de la empresa. Eso es todo.
-No lo creo, Harry, y me parece que tampoco lo crees t. Fuera cual fuese mi motivo, y quiz se tratara orgullo, porque he sido siempre muy orgulloso, consegu llegar a duras penas hasta la puerta. Pero all, por supuesto, me tropec con lady Brandon. No ir usted a marcharse tan pronto, seor Hallward?, me grit. Recuerdas la voz tan peculiarmente estridente que tiene?
-S; es un pavo real en todo menos en la belleza -dijo lord Henry, deshaciendo la margarita con sus largos dedos nerviosos.
-No me pude librar de ella. Me present a altezas reales, a militares y aristcratas, y a seoras mayores con gigantescas diademas y narices de loro. Habl de m como de su amigo ms querido. Slo haba estado una vez con ella, pero se le meti en la cabeza convertirme en la celebridad de la velada. Creo que por entonces algn cuadro mo tuvo un gran xito o al menos se habl de l en los peridicos sensacionalistas, que son el criterio de la inmoralidad del siglo XIX. De repente, me encontr cara a cara con el joven cuya personalidad me haba afectado de manera tan extraa. Estbamos muy cerca, casi nos tocbamos. Nuestras miradas se cruzaron de nuevo. Fue una imprudencia por mi parte, pero ped a lady Brandon que nos presentara. Quiz no fuese imprudencia, sino algo sencillamente inevitable. Nos hubisemos hablado sin necesidad de presentacin. Estoy seguro de ello. Dorian me lo confirm despus. Tambin l sinti que estbamos destinados a conocernos.
-Y, cmo describi lady Brandon a ese joven maravilloso? -pregunt su amigo-. S que le gusta dar un rpido resumen de todos sus invitados. Recuerdo que me llev a conocer a un anciano caballero de rostro colorado, cubierto con todas las condecoraciones imaginables, y me confi al odo, en un trgico susurro que debieron or perfectamente todos los presentes, los detalles ms asombrosos. Sencillamente hu. Prefiero desenmascarar a las personas yo mismo. Pero lady Brandon trata a sus invitados exactamente como un subastador trata a sus mercancas. O los explica completamente del revs, o cuenta todo excepto lo que uno quiere saber.
-Pobre lady Brandon! Eres muy duro con ella, Harry! -dijo Hallward lnguidamente.
-Mi querido amigo, esa buena seora trataba de fundar un saln, pero slo ha conseguido abrir un restaurante. Cmo quieres que la admire? Pero, dime, qu te cont del seor Dorian Gray?
-Algo as como muchacho encantador, su pobre madre y yo absolutamente inseparables. He olvidado por completo a qu se dedica, me temo que..., no hace nada... S, s, toca el piano, o es el violn, mi querido seor Gray? Ninguno de los dos pudimos evitar la risa, y nos hicimos amigos al instante.
-La risa no es un mal principio para una amistad y, desde luego, es la mejor manera de terminarla -dijo el joven lord, arrancando otra margarita.
Hallward neg con la cabeza.
-No entiendes lo que es la amistad, Harry -murmur-; ni tampoco la enemistad, si vamos a eso. Te gusta todo el mundo; es decir, todo el mundo te deja indiferente.
-Qu horriblemente injusto eres conmigo! -exclam lord Henry, echndose el sombrero hacia atrs para mirar a las nubecillas que, como madejas enmaraadas de brillante seda blanca, vagaban por la oquedad turquesa del cielo veraniego-. S; horriblemente injusto. Ya lo creo que distingo entre la gente. Elijo a mis amigos por su apostura, a mis conocidos por su buena reputacin y a mis enemigos por su inteligencia. No es posible excederse en el cuidado al elegir a los enemigos. No tengo ni uno solo que sea estpido. Todos son personas de cierta talla intelectual y, en consecuencia, me aprecian. Te parece demasiada vanidad por mi parte? Creo que lo es.
-Coincido en eso contigo. Pero segn tus categoras yo no debo de ser ms que un conocido.
-Mi querido Basil: eres mucho ms que un conocido. -Y mucho menos que un amigo. Algo as como un hermano, no es cierto?
-Ah, los hermanos! No me gustan los hermanos. Mi hermano mayor no se muere, y los menores nunca hacen otra cosa.
-Harry! -exclam Hallward, frunciendo el ceo.
-No hablo del todo en serio. Pero me es imposible no detestar a mi familia. Imagino que se debe a que nadie soporta a las personas que tienen sus mismos defectos. Entiendo perfectamente la indignacin de la democracia inglesa ante lo que llama los vicios de las clases altas. Las masas consideran que embriaguez, estupidez e inmoralidad deben ser exclusivo patrimonio suyo, y cuando alguno de nosotros se pone en ridculo nos ven como cazadores furtivos en sus tierras. Cuando el pobre Southwark tuvo que presentarse en el Tribunal de Divorcios, la indignacin de las masas fue realmente magnfica. Y, sin embargo, no creo que el diez por ciento del proletariado viva correctamente.
-No estoy de acuerdo con una sola palabra de lo que has dicho y, lo que es ms, estoy seguro de que a ti te sucede lo mismo.
Lord Henry se acarici la afilada barba castaa y se golpe la punta de una bota de charol con el bastn de caoba.
-Qu ingls eres, Basil! Es la segunda vez que haces hoy esa observacin. Si se presenta una idea a un ingls autntico (lo que siempre es una imprudencia), nunca se le ocurre ni por lo ms remoto pararse a pensar si la idea es verdadera o falsa. Lo nico que considera importante es si el interesado cree lo que dice. Ahora bien, el valor de una idea no tiene nada que ver con la sinceridad de la persona que la expone. En realidad, es probable que cuanto ms insincera sea la persona, ms puramente intelectual sea la idea, ya que en ese caso no estar coloreada ni por sus necesidades, ni por sus deseos, ni por sus prejuicios. No pretendo, sin embargo, discutir contigo ni de poltica, ni de sociologa, ni de metafsica. Las personas me gustan ms que los principios, y las personas sin principios me gustan ms que nada en el mundo. Cuntame ms cosas acerca de Dorian Gray. Lo ves con frecuencia?
-Todos los das. No sera feliz si no lo viera todos los das. Me es absolutamente necesario.
-Extraordinario! Crea que slo te interesaba el arte. -Dorian es todo mi arte -dijo el pintor gravemente-. A veces pienso, Harry, que la historia del mundo slo ha conocido dos eras importantes. La primera es la que ve la aparicin de una nueva tcnica artstica. La segunda, la que asiste a la aparicin de una nueva personalidad, tambin para el arte. Lo que fue la invencin de la pintura al leo para los venecianos, o el rostro de Antinoo para los ltimos escultores griegos, lo ser algn da para m el rostro de Dorian Gray. No es slo que lo utilice como modelo para pintar, para dibujar, para hacer apuntes. He hecho todo eso, por supuesto. Pero para m es mucho ms que un modelo o un tema. No te voy a decir que est insatisfecho con lo que he conseguido, ni que su belleza sea tal que el arte no pueda expresarla. No hay nada que el arte no pueda expresar, y s que lo que he hecho desde que conoc a Dorian Gray es bueno, es lo mejor que he hecho nunca. Pero, de alguna manera curiosa (no s si me entenders), su personalidad me ha sugerido una manera completamente nueva, un nuevo estilo. Veo las cosas de manera distinta, las pienso de forma diferente. Ahora soy capaz de recrear la vida de una manera que antes desconoca. Un sueo de belleza en das de meditacin. Quin ha dicho eso? No me acuerdo; pero eso ha sido para m Dorian Gray. La simple presencia de ese muchacho, porque me parece poco ms que un adolescente, aunque pasa de los veinte, su simple presencia... Ah! Me pregunto si puedes darte cuenta de lo que significa. De manera inconsciente define para m los trazos de una nueva escuela, una escuela que tiene toda la pasin del espritu romntico y toda la perfeccin de lo griego. La armona del alma y del cuerpo, qu maravilla! En nuestra locura hemos separado las dos cosas, y hemos inventado un realismo que es vulgar, y un idealismo hueco. Harry! Si supieras lo que Dorian es para m! Recuerdas aquel paisaje mo, por el que Agnew me ofreci tanto dinero, pero del que no quise desprenderme? Es una de las mejores cosas que he hecho nunca. Y, por qu? Porque mientras lo pintaba Dorian Gray estaba a mi lado. Me transmita alguna influencia sutil y por primera vez en mi vida vi en un simple bosque la maravilla que siempre haba buscado y que siempre se me haba escapado.
-Eso que cuentas es extraordinario! He de ver a Dorian Gray.
Hallward se levant del asiento y empez a pasear por el jardn. Al cabo de unos momentos regres.
-Harry -dijo-, Dorian Gray no es para m ms que un motivo artstico. Quiz t no veas nada en l. Yo lo veo todo. Nunca est ms presente en mi trabajo que cuando no aparece en lo que pinto. Es la sugerencia, como he dicho, de una nueva manera. Lo encuentro en las curvas de ciertas lneas, en el encanto y sutileza de ciertos colores. Eso es todo.
-Entonces, por qu te niegas a exponer su retrato? -pregunt lord Henry.
-Porque, sin pretenderlo, he puesto en ese cuadro la expresin de mi extraa idolatra de artista, de la que, por supuesto, nunca he querido hablar con l. Nada sabe. No lo sabr nunca. Pero quiz el mundo lo adivine; y no quiero desnudar mi alma ante su mirada entrometida y superficial. Nunca pondr mi corazn bajo su microscopio. Hay demasiado de m mismo en ese cuadro, Harry, demasiado de m mismo!
-Los poetas no son tan escrupulosos como t. Saben lo til que es la pasin cuando piensan en publicar. En nuestros das un corazn roto da para muchas ediciones.
-Los detesto por eso -exclam Hallward-. Un artista debe crear cosas hermosas, pero sin poner en ellas nada de su propia existencia. Vivimos en una poca en la que se trata el arte como si fuese una forma de autobiografa. Hemos perdido el sentido abstracto de la belleza. Algn da mostrar al mundo lo que es eso; y sa es la razn de que el mundo no deba ver nunca mi retrato de Dorian Gray.
-Creo que ests equivocado, pero no voy a discutir contigo. Slo discuten los que estn perdidos intelectualmente. Dime, Dorian Gray te tiene mucho afecto?
El pintor reflexion durante unos instantes.
-Me tiene afecto -respondi, despus de una pausa-; s que me tiene afecto. Es cierto, por otra parte, que lo halago terriblemente. Hallo un extrao placer en decirle cosas de las que s que despus voy a arrepentirme. Por regla general es encantador conmigo, y nos sentamos en el estudio y hablamos de mil cosas. De cuando en cuando, sin embargo, es terriblemente desconsiderado, y parece disfrutar hacindome sufrir. Entonces siento que he entregado toda mi alma a alguien que la trata como si fuera una flor que se pone en el ojal, una condecoracin que deleita su vanidad, un adorno para un da de verano.
-En verano los das suelen ser largos, Basil -murmur lord Henry-. Quiz te canses t antes que l. Es triste pensarlo, pero sin duda el genio dura ms que la belleza. Eso explica que nos esforcemos tanto por cultivarnos. En la lucha feroz por la existencia queremos tener algo que dure, y nos llenamos la cabeza de basura y de datos, con la tonta esperanza de conservar nuestro puesto. La persona que lo sabe todo: se es el ideal moderno. Y la mente de esa persona que todo lo sabe es una cosa terrible, un almacn de baratillo, todo monstruos y polvo, y siempre con precios por encima de su valor verdadero. Creo que t te cansars primero, de todos modos. Algn da mirars a tu amigo, y te parecer que est un poco desdibujado, o no te gustar la tonalidad de su tez, o cualquier otra cosa. Se lo reprochars con amargura, y pensars, muy seriamente, que se ha portado mal contigo. La siguiente vez que te visite, te mostrars perfectamente fro e indiferente. Ser una pena, porque te cambiar. Lo que me has contado es una historia de amor, habra que llamarla historia de amor esttico, y lo peor de toda historia de amor es que despus tino se siente muy poco romntico.
-Harry, no hables as. Mientras viva, la personalidad de Dorian Gray me dominar. No puedes sentir lo que yo siento. T cambias con demasiada frecuencia.
-Ah, mi querido Basil, precisamente por eso soy capaz de sentirlo! Los que son fieles slo conocen el lado trivial del amor: es el infiel quien sabe de sus tragedias.
Lord Henry frot una cerilla sobre un delicado estuche de plata y empez a fumar un cigarrillo con un aire tan pagado de s mismo y tan satisfecho como si hubiera resumido el mundo en una frase.
Los gorriones alborotaban entre las hojas lacadas de la enredadera y las sombras azules de las nubes se perseguan sobre el csped como golondrinas. Qu agradable era estar en el jardn! Y cun deliciosas las emociones de otras personas! Mucho ms que sus ideas, en opinin de lord Henry. Nuestra alma y las pasiones de nuestros amigos: sas son las cosas fascinantes de la vida. Le divirti recordar en silencio el tedioso almuerzo que se haba perdido al quedarse tanto tiempo con Basil Hallward. Si hubiera ido a casa de su ta, se habra encontrado sin duda con lord Goodboy, y slo habran hablado de alimentar a los pobres y de la necesidad de construir alojamientos modelo. Todos los comensales habran destacado la importancia de las virtudes que su situacin en la vida les dispensaba de ejercitar. Los ricos hablaran del valor del ahorro, y los ociosos se extenderan elocuentemente sobre la dignidad del trabajo. Era delicioso haber escapado a todo aquello! Mientras pensaba en su ta, algo pareci sorprenderlo. Volvindose hacia Hallward, dijo:
-Acabo de acordarme.
-Acordarte de qu, Harry?
-De dnde he odo el nombre de Dorian Gray.
-Dnde? -pregunt Hallward, frunciendo levemente el ceo.
-No es necesario que te enfades. Fue en casa de mi ta, lady Agatha. Me dijo que haba descubierto a un joven maravilloso que iba a ayudarla en el East End y que se llamaba Dorian Gray. Tengo que confesar que nunca me cont que fuese bien parecido. Las mujeres no aprecian la belleza; al menos, las mujeres honestas. Me dijo que era muy serio y con muy buena disposicin. Al instante me imagin una criatura con gafas y de pelo lacio, horriblemente cubierto de pecas y con enormes pies planos. Ojal hubiera sabido que se trataba de tu amigo.
-Me alegro mucho de que no fuese as, Harry.
-Por qu?
-No quiero que lo conozcas.
-No quieres que lo conozca?
-No.
-El seor Dorian Gray est en el estudio -anunci el mayordomo, entrando en el jardn.
-Ahora tienes que presentrmelo -exclam lord Henry, riendo.
El pintor se volvi hacia su criado, a quien la luz del sol obligaba a parpadear.
-Dgale al seor Gray que espere, Parker. Me reunir con l dentro de un momento.
El mayordomo hizo una inclinacin y se retir.
Hallward se volvi despus hacia lord Henry.
-Dorian Gray es mi amigo ms querido -dijo-. Es una persona sencilla y bondadosa. Tu ta estaba en lo cierto al describirlo. No lo eches a perder. No trates de influir en l. Tu influencia sera mala. El mundo es muy grande y encierra mucha gente maravillosa. No me arrebates la nica persona que da a mi arte todo el encanto que posee: mi vida de artista depende de l. Tenlo en cuenta, Harry, confo en ti -hablaba muy despacio, y las palabras parecan salirle de la boca casi contra su voluntad.
-Qu tonteras dices! -respondi lord Henry, con una sonrisa.
Luego, tomando a Hallward del brazo, casi lo condujo hacia la casa.
Captulo 2
Al entrar, vieron a Dorian Gray. Estaba sentado al piano, de espaldas a ellos, pasando las pginas de Las escenas del bosque, de Schumann.
-Tienes que prestrmelo, Basil -exclam-. Quiero aprendrmelas. Son encantadoras.
-Eso depende de cmo poses hoy, Dorian.
-Estoy cansado de posar, y no quiero un retrato de cuerpo entero -respondi el muchacho, volvindose sobre el taburete del piano con un gesto caprichoso y malhumorado. Al ver a lord Henry, se le colorearon las mejillas por un momento y procedi a levantarse-. Perdname, Basil, pero no saba que estuvieras acompaado.
-Te presento a lord Henry Wotton, Dorian, un viejo amigo mo de Oxford. Le estaba diciendo que eres un modelo muy disciplinado, y acabas de echarlo todo a perder.
-Excepto el placer de conocerlo a usted, seor Gray -dijo lord Henry, dando un paso al frente y extendiendo la mano-. Mi ta me ha hablado a menudo de usted. Es uno de sus preferidos y, mucho me temo, tambin una de sus vctimas.
-En el momento actual estoy en la lista negra de lady Agatha -respondi Dorian con una divertida expresin de remordimiento-. Promet ir con ella el martes a un club de Whitechapel y lo olvid por completo. bamos a tocar juntos un do..., ms bien tres, segn creo. No s qu dir. Me da miedo ir a visitarla.
-Yo me encargo de reconciliarlo con ella. Siente verdadera devocin por usted. Y no creo que importara que no fuese. El pblico pens probablemente que era un do. Cuando ta Agatha se sienta al piano hace ruido suficiente por dos personas.
-Eso es una insidia contra ella y tampoco me deja a m en muy buen lugar -respondi Dorian, riendo.
Lord Henry se lo qued mirando. S; no haba la menor duda de que era extraordinariamente bien parecido, con labios muy rojos debidamente arqueados, ojos azules llenos de franqueza, rubios cabellos rizados. Haba algo en su rostro que inspiraba inmediata confianza. Estaba all presente todo el candor de la juventud, as como toda su pureza apasionada. Se senta que aquel adolescente no se haba dejado manchar por el mundo. No era de extraar que Basil Hallward sintiera veneracin por l.
-Sin duda es usted demasiado encantador para dedicarse a la filantropa, seor Gray -lord Henry se dej caer en el divn y abri la pitillera.
El pintor haba estado ocupado mezclando colores y preparando los pinceles. Pareca preocupado y, al or la ltima observacin de lord Henry, lo mir, vacil un instante y luego dijo:
-Harry, quiero terminar hoy este retrato. Me juzgars terriblemente descorts si te pido que te vayas?
Lord Henry sonri y mir a Dorian Gray.
-Tengo que marcharme, seor Gray? -pregunt.
-No, por favor, lord Henry. Ya veo que Basil est hoy de mal humor, y no lo soporto cuando se enfurrua. Adems, quiero que me explique por qu no debo dedicarme a la filantropa.
-No estoy seguro de que deba decrselo, seor Gray. Se trata de un asunto tan tedioso que habra que hablar en serio de ello. Pero, desde luego, no saldr corriendo despus de haberme dicho usted que me quede. No te importa demasiado, verdad Basil? Me has dicho muchas veces que te gusta que tus hermanas tengan a alguien con quien charlar.
Hallward se mordi los labios.
-Si Dorian lo desea, claro que te puedes quedar. Los caprichos de Dorian son leyes para todo el mundo, excepto para l.
Lord Henry recogi su sombrero y sus guantes.
-Eres muy insistente, Basil, pero, desgraciadamente, debo irme. Promet reunirme con una persona en el Orleans. Hasta la vista, seor Gray. Venga a verme alguna tarde a Curzon Street. Casi siempre estoy en casa a las cinco. Escrbame cuando decida ir, sentira mucho perderme su visita.
-Basil -exclam Dorian Gray-, si lord Henry Wotton se marcha, me ir yo tambin. Nunca despegas los labios cuando pintas, y es muy aburrido estar de pie en un estrado y tratar de parecer contento. Pdele que se quede. Insisto.
-Qudate, Harry, para complacer a Dorian y para complacerme a m -dijo Hallward, sin apartar los ojos del cuadro-. Es muy cierto que nunca hablo cuando estoy trabajando, y tampoco escucho, lo que debe de ser increblemente tedioso para mis pobres modelos. Te suplico que te quedes.
-Y qu va a ser del caballero que me espera en el Orleans?
El pintor se ech a rer.
-No creo que eso sea un problema. Sintate otra vez, Harry. Y ahora, Dorian, sube al estrado y no te muevas demasiado ni prestes atencin a lo que dice lord Henry. Tiene una psima influencia sobre todos mis amigos, sin otra excepcin que yo.
Dorian Gray subi al estrado con el aspecto de un joven mrtir griego, e hizo una ligera mueca de descontento dirigida a lord Henry, que le inspiraba ya una gran simpata. Era tan distinto de Basil! Producan un contraste muy agradable. Y tena una voz muy bella.
-Es cierto que ejerce usted una psima influencia, lord Henry? -le pregunt al cabo de unos instantes-. Tan mala como dice Basil?
-Las buenas influencias no existen, seor Gray. Toda influencia es inmoral; inmoral desde el punto de vista cientfico.
-Por qu?
-Porque influir en una persona es darle la propia alma. Esa persona deja de pensar sus propias ideas y de arder con sus pasiones. Sus virtudes dejan de ser reales. Sus pecados, si es que los pecados existen, son prestados. Se convierte en eco de la msica de otro, en un actor que interpreta un papel que no se ha escrito para l. La finalidad de la vida es el propio desarrollo. Alcanzar la plenitud de la manera ms perfecta posible, para eso estamos aqu. En la actualidad las personas se tienen miedo. Han olvidado el mayor de todos los deberes, lo que cada uno se debe a s mismo. Son caritativos, por supuesto. Dan de comer al hambriento y visten al desnudo. Pero sus almas pasan hambre y ellos mismos estn desnudos. Nuestra raza ha dejado de tener valor. Quiz no lo haya tenido nunca. El miedo a la sociedad, que es la base de la moral; el miedo a Dios, que es el secreto de la religin: sas son las dos cosas que nos gobiernan. Y, sin embargo...
-Vuelve la cabeza un poquito ms hacia la derecha, Dorian, como un buen chico -dijo el pintor, enfrascado en su trabajo, slo consciente de que en el rostro del muchacho haba aparecido una expresin completamente nueva.
-Y, sin embargo -continu lord Henry, con su voz grave y musical, y con el peculiar movimiento de la mano que le era tan caracterstico, y que ya lo distingua incluso en los das de Eton-, creo que si un hombre viviera su vida de manera total y completa, si diera forma a todo sentimiento, expresin a todo pensamiento, realidad a todo sueo..., creo que el mundo recibira tal empujn de alegra que olvidaramos todas las enfermedades del medievalismo y regresaramos al ideal heleno; puede que incluso a algo ms delicado, ms rico que el ideal heleno. Pero hasta el ms valiente de nosotros tiene miedo de s mismo. La mutilacin del salvaje encuentra su trgica supervivencia en la autorrenuncia que desfigura nuestra vida. Se nos castiga por nuestras negativas. Todos los impulsos que nos esforzamos por estrangular se multiplican en la mente y nos envenenan. Que el cuerpo peque una vez, y se habr librado de su pecado, porque la accin es un modo de purificacin. Despus no queda nada, excepto el recuerdo de un placer o la voluptuosidad de un remordimiento. La nica manera de librarse de la tentacin es ceder ante ella. Si se resiste, el alma enferma, anhelando lo que ella misma se ha prohibido, deseando lo que sus leyes monstruosas han hecho monstruoso e ilegal. Se ha dicho que los grandes acontecimientos del mundo suceden en el cerebro. Es tambin en el cerebro, y slo en el cerebro, donde se cometen los grandes pecados. Usted, seor Gray, usted mismo, todava con las rosas rojas de la juventud y las blancas de la infancia, ha tenido pasiones que le han hecho asustarse, pensamientos que le han llenado de terror, sueos y momentos de vigilia cuyo simple recuerdo puede teirle las mejillas de vergenza...
-Basta! -balbuce Dorian Gray-; basta! Me desconcierta usted. No s qu decir. Hay una manera de responderle, pero no la encuentro. No hable. Djeme pensar. O, ms bien, deje que trate de pensar.
Durante cerca de diez minutos sigui all, inmvil, los labios abiertos y un brillo extrao en la mirada. Era vagamente consciente de que influencias completamente nuevas actuaban en su interior, aunque, le pareca a l, procedan en realidad de s mismo. Las pocas palabras que el amigo de Basil le haba dicho, palabras lanzadas al azar, sin duda, y caprichosamente paradjicas, haban tocado alguna cuerda secreta, nunca pulsada anteriormente, pero que senta ahora vibrar y palpitar con peculiares estremecimientos.
La msica le afectaba de la misma manera. La msica le haba conmovido muchas veces. Pero la msica no era directamente inteligible. No era un mundo nuevo, sino ms bien otro caos creado en nosotros. Palabras! Simples palabras! Qu terribles eran! Qu claras, y qu agudas y crueles! No era posible escapar. Y, sin embargo, qu magia tan sutil haba en ellas! Parecan tener la virtud de dar una forma plstica a cosas informes y poseer una msica propia tan dulce como la de una viola o de un lad. Simples palabras! Haba algo tan real como las palabras?
S; hubo cosas en su infancia que nunca entendi, pero que ahora entenda. La vida, de repente, adquiri a sus ojos un color rojo encendido. Le pareci que haba estado caminando sobre fuego. Por qu no lo haba sabido antes?
Con una sonrisa sutil lord Henry lo observaba. Saba cul era el momento psicolgico en el que no haba que decir nada. Estaba sumamente interesado. Sorprendido de la impresin producida por sus palabras y, al recordar un libro que haba ledo a los diecisis aos, un libro que le revel muchas cosas que antes no saba, se pregunt si Dorian Gray estaba teniendo una experiencia similar. l no haba hecho ms que lanzar una flecha al aire. Haba dado en el blanco? Qu fascinante era aquel muchacho!
Hallward pintaba sin descanso con aquellas maravillosas y audaces pinceladas suyas que tenan el verdadero refinamiento y la perfecta delicadeza que, al menos en el arte, proceden nicamente de la fuerza. No haba advertido el silencio.
-Basil, me canso de estar de pie -exclam Gray de repente-. Quiero salir al jardn y sentarme. Aqu el aire es asfixiante.
-Tendrs que perdonarme. Cuando pinto me olvido de todo lo dems. Pero nunca habas posado mejor. Has estado completamente inmvil. Y he captado el efecto que quera: los labios entreabiertos, y el brillo en los ojos. No s qu te habr dicho Harry para conseguir esta expresin maravillosa. Imagino que te halagaba la vanidad. No debes creer una sola palabra de lo que diga.
-Desde luego no me halagaba la vanidad. Tal vez por eso no he credo nada de lo que me ha dicho. -Reconozca que se lo ha credo todo -dijo lord Henry, lanzndole una mirada soadora y lnguida-. Saldr al jardn con usted. Hace un calor horrible en el estudio. Basil, ofrcenos algo helado para beber, algo que tenga fresas.
-Por supuesto, Harry. Basta con que llames; en cuanto venga Parker le dir lo que quieres. He de trabajar el fondo; me reunir despus con vosotros. No retengas demasiado tiempo a Dorian. Nunca me he sentido tan en forma para pintar como hoy. Va a ser mi obra maestra. Ya lo es, tal como est ahora.
Lord Henry sali al jardn y encontr a Dorian Gray con el rostro hundido en las grandes flores del lilo, bebiendo febrilmente su perfume fresco como si se tratase de vino. Se le acerc y le puso una mano en el hombro.
-Est usted en lo cierto al hacer eso -murmur-. Nada, excepto los sentidos, puede curar el alma, como tampoco nada, excepto el alma, puede curar los sentidos.
El muchacho se sobresalt, apartndose. Llevaba la cabeza descubierta, y las hojas del arbusto le haban despeinado, enredando las hebras doradas. Haba miedo en sus ojos, como sucede cundo se despierta a alguien de repente. Le vibraron las aletas de la nariz y algn nervio escondido agit el rojo de sus labios, hacindolos temblar.
-S -prosigui lord Henry-; se es uno de los grandes secretos de la vida: curar el alma por medio de los sentidos, y los sentidos con el alma. Usted es una criatura asombrosa. Sabe ms de lo que cree saber, pero menos de lo que quiere.
Dorian Gray frunci el ceo y apart la cabeza. Le era imposible dejar de mirar con buenos ojos a aquel joven alto y elegante que tena al lado. Su rostro moreno y romntico y su aire cansado le interesaban. Haba algo en su voz, grave y lnguida, absolutamente fascinante. Sus manos blancas, tranquilas, que tenan incluso algo de flores, posean un curioso encanto. Se movan, cuando lord Henry hablaba, de manera musical, y parecan poseer un lenguaje propio. Pero lord Henry le asustaba, y se avergonzaba de sentir miedo. Cmo era que un extrao le haba hecho descubrirse a s mismo? Conoca a Hallward desde haca meses, pero la amistad entre ambos no lo haba cambiado. De repente, sin embargo, se haba cruzado con alguien que pareca descubrirle el misterio de la existencia. Aunque, de todos modos, qu motivo haba para sentir miedo? l no era un colegial ni una muchachita. Era absurdo asustarse.
-Sentmonos a la sombra -dijo lord Henry-. Parker nos ha trado las bebidas, y si se queda usted ms tiempo bajo este sol de justicia se le echar a perder la tez y Basil nunca lo volver a retratar. No debe permitir que el sol lo queme. Sera muy poco favorecedor.
-Qu importancia tiene eso? -exclam Dorian Gray, riendo, mientras se sentaba en un banco al fondo del jardn.
-Toda la importancia del mundo, seor Gray.
-Por qu?
-Porque posee usted la ms maravillosa juventud, y la juventud es lo ms precioso que se puede poseer.
-No lo siento yo as, lord Henry.
-No; no lo siente ahora. Pero algn da, cuando sea viejo y feo y est lleno de arrugas, cuando los pensamientos le hayan marcado la frente con sus pliegues y la pasin le haya quemado los labios con sus odiosas brasas, lo sentir, y lo sentir terriblemente. Ahora, dondequiera que vaya, seduce a todo el mundo. Ser siempre as?... Posee usted un rostro extraordinariamente agraciado, seor Gray. No frunza el ceo. Es cierto. Y la belleza es una manifestacin de genio; est incluso por encima del genio, puesto que no necesita explicacin. Es uno de los grandes dones de la naturaleza, como la luz del sol, o la primavera, o el reflejo en aguas oscuras de esa concha de plata a la que llamamos luna. No admite discusin. Tiene un derecho divino de soberana. Convierte en prncipes a quienes la poseen. Se sonre? Ah! Cuando la haya perdido no sonreir... La gente dice a veces que la belleza es slo superficial. Tal vez. Pero, al menos, no es tan superficial como el pensamiento. Para m la belleza es la maravilla de las maravillas. Tan slo las personas superficiales no juzgan por las apariencias. El verdadero misterio del mundo es lo visible, no lo que no se ve... S, seor Gray, los dioses han sido buenos con usted. Pero lo que los dioses dan, tambin lo quitan, y muy pronto. Slo dispone de unos pocos aos en los que vivir de verdad, perfectamente y con plenitud. Cuando se le acabe la juventud desaparecer la belleza, y entonces descubrir de repente que ya no le quedan ms triunfos, o habr de contentarse con unos triunfos insignificantes que el recuerdo de su pasado esplendor har ms amargos que las derrotas. Cada mes que expira lo acerca un poco ms a algo terrible. El tiempo tiene celos de usted, y lucha contra sus lirios y sus rosas. Se volver cetrino, se le hundirn las mejillas y sus ojos perdern el brillo. Sufrir horriblemente... Ah! Disfrute plenamente de la juventud mientras la posee. No despilfarre el oro de sus das escuchando a gente aburrida, tratando de redimir a los fracasados sin esperanza, ni entregando su vida a los ignorantes, los anodinos y los vulgares. sos son los objetivos enfermizos, las falsas ideas de nuestra poca. Viva! Viva la vida maravillosa que le pertenece! No deje que nada se pierda. Est siempre a la busca de nuevas sensaciones. No tenga miedo de nada... Un nuevo hedonismo: eso es lo que nuestro siglo necesita. Usted puede ser su smbolo visible. Dada su personalidad, no hay nada que no pueda hacer. El mundo le pertenece durante una temporada... En el momento en que lo he visto he comprendido que no se daba usted cuenta en absoluto de lo que realmente es, de lo que realmente puede ser. Haba en usted tantas cosas que me encantaban que he sentido la necesidad de hablarle un poco de usted. He pensado en la tragedia que sera malgastar lo que posee. Porque su juventud no durar mucho, demasiado poco, a decir verdad. Las flores sencillas del campo se marchitan, pero florecen de nuevo. Las flores del codeso sern tan amarillas el prximo junio como ahora. Dentro de un mes habr estrellas moradas en las clemtides y, ao tras ao, la verde noche de sus hojas sostendr sus flores moradas. Pero nosotros nunca recuperamos nuestra juventud. El pulso alegre que late en nosotros cuando tenemos veinte aos se vuelve perezoso con el paso del tiempo. Nos fallan las extremidades, nuestros sentidos se deterioran. Nos convertimos en espantosas marionetas, obsesionados por el recuerdo de las pasiones que nos asustaron en demasa, y el de las exquisitas tentaciones a las que no tuvimos el valor de sucumbir. Juventud! Juventud! No hay absolutamente nada en el mundo excepto la juventud!
Dorian Gray escuchaba, los ojos muy abiertos, asombrado. El ramillete de lilas se le cay al suelo. Una sedosa abeja zumb a su alrededor por un instante. Luego empez a trepar con dificultad por los globos estrellados de cada flor. Dorian Gray la observ con el extrao inters por las cosas triviales que tratamos de fomentar cuando las ms importantes nos asustan, o cuando nos embarga alguna nueva emocin que no sabemos expresar, o cuando alguna idea que nos aterra pone repentino sitio a la mente y exige nuestra rendicin. Al cabo de algn tiempo la abeja alz el vuelo. Dorian Gray la vio introducirse en la campanilla de una enredadera. La flor pareci estremecerse y luego se balance suavemente hacia adelante y hacia atrs.
De repente, el pintor apareci en la puerta del estudio y, con gestos bruscos, les indic que entraran en la casa. Dorian Gray y lord Henry se miraron y sonrieron.
-Estoy esperando -exclam Hallward-. Vengan, por favor. La luz es perfecta; triganse los vasos.
Se levantaron y recorrieron juntos la senda. Dos mariposas verdes y blancas se cruzaron con ellos y, en el peral que ocupaba una esquina del jardn, un mirlo empez a cantar.
-Se alegra de haberme conocido, seor Gray-dijo lord Henry, mirndolo.
-S, ahora s. Me pregunto si me alegrar siempre.
-Siempre! Terrible palabra. Hace que me estremezca cuando la oigo. Las mujeres son tan aficionadas a usarla. Echan a perder todas las historias de amor intentando que duren para siempre. Es, adems, una palabra sin sentido. La nica diferencia entre un capricho y una pasin para toda la vida es que el capricho dura un poco ms.
Al entrar en el estudio, Dorian Gray puso una mano en el brazo de lord Henry.
-En ese caso, que nuestra amistad sea un capricho -murmur, ruborizndose ante su propia audacia; luego subi al estrado y volvi a posar.
Lord Henry se dej caer en un gran silln de mimbre y lo contempl. El roce del pincel sobre el lienzo era el nico ruido que turbaba la quietud, excepto cuando, de tarde en tarde, Hallward retroceda para examinar su obra desde ms lejos. En los rayos oblicuos que penetraban por la puerta abierta, el polvo danzaba, convertido en oro. El intenso perfume de las rosas pareca envolverlo todo.
Al cabo de un cuarto de hora Hallward dej de pintar, mir durante un buen rato a Dorian Gray, y luego durante otro buen rato al cuadro mientras morda el extremo de uno de sus grandes pinceles y frunca el ceo.
-Est terminado -exclam por fin; agachndose, firm con grandes trazos rojos en la esquina izquierda del lienzo.
Lord Henry se acerc a examinar el retrato. Era, sin duda, una esplndida obra de arte, y el parecido era excelente.
-Mi querido amigo -dijo-, te felicito de todo corazn. Es el mejor retrato de nuestra poca. Seor Gray, venga a comprobarlo usted mismo.
El muchacho se sobresalt, como despertando de un sueo.
-Realmente acabado? -murmur, bajando del estrado.
-Totalmente -dijo el pintor-. Y hoy has posado mejor que nunca. Te estoy muy agradecido.
-Eso me lo debes enteramente a m -intervino lord Henry-. No es as, seor Gray?
Dorian, sin responder, avanz con lentitud de espaldas al cuadro y luego se volvi hacia l. Al verlo retrocedi, las mejillas encendidas de placer por un momento. Un brillo de alegra se le encendi en los ojos, como si se reconociese por vez primera. Permaneci inmvil y maravillado, consciente apenas de que Hallward hablaba con l y sin captar el significado de sus palabras. La conciencia de su propia belleza lo asalt como una revelacin. Era la primera vez. Los cumplidos de Basil Hallward le haban parecido hasta entonces simples exageraciones agradables, producto de la amistad. Los escuchaba, se rea con ellos y los olvidaba. No influan sobre l. Luego se haba presentado lord Henry Wotton con su extrao panegrico sobre la juventud, su terrible advertencia sobre su brevedad. Aquello le haba conmovido y, ahora, mientras miraba fijamente la imagen de su belleza, con una claridad fulgurante capt toda la verdad. S, en un da no muy lejano su rostro se arrugara y marchitara, sus ojos perderan color y brillo, la armona de su figura se quebrara. Desaparecera el rojo escarlata de sus labios y el oro de sus cabellos. La vida que haba de formarle al alma le deformara el cuerpo. Se convertira en un ser horrible, odioso, grotesco. Al pensar en ello, un dolor muy agudo lo atraves como un cuchillo, e hizo que se estremecieran todas las fibras de su ser. El azul de sus ojos se oscureci con un velo de lgrimas. Sinti que una mano de hielo se le haba posado sobre el corazn.
-No te gusta? -exclam finalmente Hallward, un tanto dolido por el silencio del muchacho, sin entender su significado.
-Claro que le gusta -dijo lord Henry-. A quin podra no gustarle? Es una de las grandes obras del arte moderno. Te dar por l lo que quieras pedirme. Debe ser mo.
-No soy yo su dueo, Harry.
-Quin es el propietario?
-Dorian, por supuesto -respondi el pintor.
-Es muy afortunado.
-Qu triste resulta! -murmur Dorian Gray, los ojos todava fijos en el retrato-. Me har viejo, horrible, espantoso. Pero este cuadro siempre ser joven. Nunca dejar atrs este da de junio... Si fuese al revs! Si yo me conservase siempre joven y el retrato envejeciera! Dara..., dara cualquier cosa por eso! Dara el alma!
-No creo que te gustara mucho esa solucin, Basil -exclam lord Henry, riendo-. Sera bastante inclemente con tu obra.
-Me opondra con la mayor energa posible, Harry -dijo Hallward.
Dorian Gray se volvi para mirarlo.
-Estoy seguro de que lo haras. Tu arte te importa ms que los amigos. Para ti no soy ms que una figurilla de bronce. Ni siquiera eso, me atrevera a decir.
El pintor se lo qued mirando, asombrado. Dorian no hablaba nunca as. Qu haba sucedido? Pareca muy enfadado. Tena el rostro encendido y le ardan las mejillas.
-S -continu el joven-: para ti soy menos que tu Hermes de marfil o tu fauno de plata. sos te gustarn siempre. Hasta cundo te gustar yo? Hasta que me salga la primera arruga. Ahora ya s que cuando se pierde la belleza, mucha o poca, se pierde todo. Tu cuadro me lo ha enseado. Lord Henry Wotton tiene razn. La juventud es lo nico que merece la pena. Cuando descubra que envejezco, me matar.
Hallward palideci y le tom la mano.
-Dorian! Dorian! -exclam-, no hables as. Nunca he tenido un amigo como t, ni tendr nunca otro. No me digas que sientes celos de las cosas materiales. T ests por encima de todas ellas!
-Tengo celos de todo aquello cuya belleza no muere. Tengo celos de mi retrato. Por qu ha de conservar lo que yo voy a perder? Cada momento que pasa me quita algo para drselo a l. Ah, si fuese al revs! Si el cuadro pudiera cambiar y ser yo siempre como ahora! Para qu lo has pintado? Se burlar de m algn da, se burlar despiadadamente!
Los ojos se le llenaron de lgrimas ardientes; retir bruscamente la mano y, arrojndose sobre el divn, enterr el rostro entre los cojines, como si estuviera rezando.
-Esto es obra tuya, Harry -dijo el pintor con amargura.
Lord Henry se encogi de hombros.
-Es el verdadero Dorian Gray, eso es todo.
-No lo es.
-Si no lo es, qu tengo yo que ver con eso?
-Deberas haberte marchado cuando te lo ped -murmur.
-Me qued cuando me lo pediste -fue la respuesta de lord Henry.
-Harry, no me puedo pelear al mismo tiempo con mis dos mejores amigos, pero entre los dos me habis hecho odiar la ms perfecta de mis obras, y voy a destruirla. Qu es, despus de todo, excepto lienzo y color? No voy a permitir que un retrato se interponga entre nosotros.
Dorian Gray alz la rubia cabeza del cojn y, con el rostro plido y los ojos enrojecidos por las lgrimas lo mir, mientras Hallward se diriga hacia la mesa de madera situada bajo la alta ventana con cortinas. Qu haba ido a hacer all? Los dedos se perdan entre el revoltijo de tubos de estao y pinceles secos, buscando algo. S, el largo cuchillo apaletado, con su delgada hoja de acero flexible. . Una vez encontrado, se dispona a rasgar la tela. Ahogando un gemido, el muchacho salt del divn y, corriendo hacia Hallward, le arranc el cuchillo de la mano, arrojndolo al otro extremo del estudio.
-No, Basil, no lo hagas! -exclam-. Sera un asesinato! -Me alegro de que por fin aprecies mi obra, Dorian -dijo framente el pintor, una vez recuperado de la sorpresa-. Haba perdido la esperanza.
-Apreciarla? Me fascina. Es parte de m mismo. Lo noto.
-Bien; tan pronto como ests seco, sers barnizado y enmarcado y enviado a tu casa. Una vez all, podrs hacer contigo lo que quieras -cruzando la estancia toc la campanilla para pedir t-. Tomars t, como es lgico, Dorian? Y t tambin, Harry? O ests en contra de placeres tan sencillos?
-Adoro los placeres sencillos -dijo lord Henry-. Son el ltimo refugio de las almas complicadas. Pero no me gustan las escenas, excepto en el teatro. Qu personas tan absurdas sois los dos! Me pregunto quin defini al hombre como animal racional. Fue la definicin ms prematura que se ha dado nunca. El hombre es muchas cosas, pero no racional. Y me alegro de ello despus de todo: aunque me gustara que no os pelearais por el cuadro. Ser mucho mejor que me lo des a m, Basil. Este pobre chico no lo quiere en realidad, y yo en cambio s.
-Si se lo das a otra persona, no te lo perdonar nunca! -exclam Dorian Gray-; y no permito que nadie me llame pobre chico.
-Ya sabes que el cuadro es tuyo, Dorian. Te lo di antes de que existiera.
-Y tambin sabe usted, seor Gray, que se ha dejado llevar por los sentimientos y que en realidad no le parece mal que se le recuerde cun joven es.
-Me hubiera parecido francamente mal esta maana, lord Henry.
-Ah, esta maana! Ha vivido usted mucho desde entonces.
Se oy llamar a la puerta, entr el mayordomo con la bandeja del t y la coloc sobre una mesita japonesa. Se oy un tintineo de tazas y platillos y el silbido de una tetera georgiana. Entr un paje llevando dos fuentes con forma de globo. Dorian Gray se acerc a la mesa y sirvi el t. Los otros dos se acercaron lnguidamente y examinaron lo que haba bajo las tapaderas.
-Vayamos esta noche al teatro -propuso lord Henry-. Habr algo que ver en algn sitio. He quedado para cenar en White's, pero slo se trata de un viejo amigo, de manera que le puedo mandar un telegrama diciendo que estoy enfermo o que no puedo ir en razn de un compromiso ulterior. Creo que sera una excusa bastante simptica, ya que contara con la sorpresa de la sinceridad.
-Es tan aburrido ponerse de etiqueta! -murmur Hallward-. Y, cuando ya lo has hecho, se tiene un aspecto tan horroroso!
-S -respondi lord Henry distradamente-, la ropa del siglo XIX es detestable. Tan sombra, tan deprimente. El pecado es el nico elemento de color que queda en la vida moderna.
-No deberas decir cosas como sa delante de Dorian, Harry.
-Delante de qu Dorian? El que nos est sirviendo el t o el del cuadro?
-De ninguno de los dos.
-Me gustara ir al teatro con usted, lord Henry -dijo el muchacho.
-Venga, entonces; y t tambin, Basil.
-La verdad es que no puedo. Ser mejor que no. Tengo muchsimo trabajo.
-Bien; en ese caso, iremos usted y yo, seor Gray.
-Encantado.
El pintor se mordi el labio y, con la taza en la mano, se acerc al cuadro.
-Me quedar con el verdadero Dorian -dijo tristemente.
-Es se el verdadero Dorian? -exclam el original del retrato, acercndose a Hallward-. Soy realmente as? -S; exactamente as.
-Maravilloso, Basil!
-Tienes al menos el mismo aspecto. Pero l no cambiar -suspir Hallward-. Eso es algo.
-Qu obsesin tienen las personas con la fidelidad! -exclam lord Henry-. Incluso el amor es simplemente una cuestin de fisiologa. No tiene nada que ver con la voluntad. Los jvenes quieren ser fieles y no lo son; los viejos quieren ser infieles y no pueden: eso es todo lo que cabe decir.
-No vayas esta noche al teatro, Dorian -dijo Hallward-. Qudate a cenar conmigo.
-No puedo, Basil.
-Por qu no?
-Porque he prometido a lord Henry Wotton ir con l.
-No mejorar su opinin de ti porque cumplas tus promesas. l siempre falta a las suyas. Te ruego que no vayas.
Dorian Gray ri y neg con la cabeza.
-Te lo suplico.
El muchacho vacil y mir hacia lord Henry, que los contemplaba desde la mesita del t con una sonrisa divertida.
-Tengo que ir, Basil -respondi el joven.
-Muy bien -dijo Hallward; y, alejndose, deposit su taza en la bandeja-. Es bastante tarde y, dado que tienes que vestirte, ser mejor que no pierdas ms tiempo. Hasta la vista, Harry. Hasta la vista, Dorian. Ven pronto a verme. Maana.
-Desde luego.
-No lo olvidars?
-No, claro que no! -exclam Dorian.
-Y..., Harry!
-S, Basil?
-Recuerda lo que te ped cuando estbamos esta maana en el jardn.
-Lo he olvidado.
-Confo en ti.
-Quisiera poder confiar yo mismo -dijo lord Henry, riendo-. Vamos, seor Gray, mi coche est ah fuera, le puedo dejar en su casa. Hasta la vista, Basil. Ha sido una tarde interesantsima.
Cuando la puerta se cerr tras ellos el pintor se dej caer en un sof y apareci en su rostro una expresin de sufrimiento.
Captulo 3
A las doce Y media del da siguiente lord Henry Wotton fue paseando desde Curzon Street hasta el Albany para visitar a su to, lord Fermor, un viejo soltern, cordial pero un tanto brusco, a quien en general se tachaba de egosta porque el mundo no obtena de l beneficio alguno, pero al que la buena sociedad consideraba generoso porque daba de comer a la gente que le diverta. Su padre haba sido embajador en Madrid cuando Isabel II era joven y nadie haba pensado an en el general Prim, pero abandon la carrera diplomtica caprichosamente por el despecho que sinti al ver que no le ofrecan la embajada de Pars, puesto al que crea tener pleno derecho en razn de su nacimiento, de su indolencia, del excelente ingls de sus despachos y de su desmesurada pasin por los placeres. El hijo, que haba sido secretario de su padre, y que present tambin la dimisin, gesto que por entonces se consider un tanto descabellado, sucedi a su padre en el ttulo unos meses despus, y se consagr a cultivar con seriedad el gran arte aristocrtico de no hacer absolutamente nada. Aunque posea dos grandes casas en Londres, prefera vivir en habitaciones alquiladas, que le causaban menos molestias, y haca en su club la mayora de las comidas. Se preocupaba algo de la gestin de sus minas de carbn en las Midlands, y se excusaba de aquel contacto con la industria alegando que poseer minas de carbn otorgaba a un caballero el privilegio de quemar lea en el hogar de su propia chimenea. En poltica era conservador, excepto cuando los conservadores gobernaban, periodo en el que los insultaba sistemticamente, acusndolos de ser una pandilla de radicales. Era un hroe para su ayuda de cmara, que lo tiranizaba, y un personaje aterrador para la mayora de sus parientes, a quienes l, a su vez, tiranizaba. Era una persona que slo poda haber nacido en Inglaterra, y siempre afirmaba que el pas iba a la ruina. Sus principios estaban anticuados, pero se poda decir mucho en favor de sus prejuicios.
Cuando lord Henry entr en la habitacin de su to lo encontr vestido con una tosca chaqueta de caza, fumando un cigarro habano y refunfuando mientras lea The Times.
-Vaya, Harry -dijo el anciano caballero-, qu te ha hecho salir tan pronto de casa? Crea que los dandis no se levantaban hasta las dos y que no aparecan en pblico hasta las cinco.
-Puro afecto familiar, to George, te lo aseguro. Quiero pedirte algo.
-Dinero, imagino -respondi lord Fermor, torciendo el gesto-. Bueno; sintate y cuntamelo todo. En estos tiempos que corren los jvenes se imaginan que el dinero lo es todo.
-S -murmur lord Henry, colocndose mejor la flor que llevaba en el ojal de la chaqueta-; y cuando se hacen viejos no se lo imaginan: lo saben. Pero no quiero dinero. Slo las personas que pagan sus facturas necesitan dinero, to George, y yo nunca pago las mas. El crdito es el capital de un segundn, y se vive agradablemente con l. Adems, siempre me trato con los proveedores de Dartmoor y, en consecuencia, nunca me molestan. Lo que quiero es informacin: no informacin til, por supuesto; informacin perfectamente intil.
-Te puedo contar todo lo que contiene cualquier informe oficial, aunque quienes los redactan hoy en da escriben muchas tonteras. Cuando yo estaba en el cuerpo diplomtico las cosas iban mucho mejor. Pero, segn tengo entendido, ahora les hacen un examen de ingreso. Hay que extraarse del resultado? Los exmenes, seor mo, son pura mentira de principio a fin. Si una persona es un caballero, sabe ms que suficiente, y si no lo es, todo lo que sepa es malo para l.
-El seor Dorian Gray no tiene nada que ver con el mundo de los informes oficiales, to George -dijo lord Henry lnguidamente.
-El seor Dorian Gray? Quin es? -pregunt lord Fermor, frunciendo el espeso entrecejo cano.
-Eso es lo que he venido a averiguar, to George. Debo decir, ms bien, que s quin es. Es el nieto del ltimo lord Kelso. Su madre era una Devereux, lady Margaret Devereux. Quiero que me hables de su madre. Cmo era? Con quin se cas? Trataste prcticamente a todo el mundo en tu poca, de manera que quiz la hayas conocido. En el momento actual me interesa mucho el seor Gray. Acaban de presentrmelo.
-Nieto de Kelso! -repiti el anciano caballero-. El nieto de Kelso... Claro... Conoc muy bien a su madre. Creo que asist a su bautizo. Era una joven extraordinariamente hermosa, Margaret Devereux, y volvi loco a todo el mundo escapndose con un joven que no tena un cntimo, un don nadie, seor mo, un suboficial de infantera o algo por el estilo. Ya lo creo. Lo recuerdo todo como si hubiera sucedido ayer. Al pobre infeliz lo mataron en un duelo en Spa pocos meses despus de la boda. Una historia muy fea. Dijeron que Kelso se agenci un aventurero sin escrpulos, un animal belga, para que insultara en pblico a su yerno; le pag, seor mo, para que lo hiciera; le pag y luego aquel individuo ensart al suboficial como si fuera un pichn. Echaron tierra sobre el asunto, pero, cielo santo, Kelso comi solo en el club durante cierto tiempo despus de aquello. Recogi a su hija, segn me contaron, pero la chica nunca volvi a dirigirle la palabra. S, s, un asunto muy feo. Margaret tambin se muri, en menos de un ao. De manera que dej un hijo, no es eso? Lo haba olvidado. Cmo es el chico? Si es como su madre debe de ser bien parecido.
-Es bien parecido -asinti lord Henry.
-Espero que caiga en buenas manos -prosigui el anciano-. Heredar un montn de dinero si Kelso se ha portado bien con l. Su madre tambin tena dinero. Le correspondieron todas las propiedades de Selby, a travs de su abuelo. Su abuelo odiaba a Kelso, lo consideraba un tacao de mucho cuidado. Y no se equivocaba. Fue a Madrid en una ocasin cuando yo estaba all. Cielo santo, logr que me avergonzase de l. La reina me preguntaba quin era el noble ingls que siempre se peleaba con los cocheros por el precio de las carreras. Menuda historia. Pas un mes sin aparecer por la Corte. Confo en que tratara a su nieto mejor que a los cocheros de alquiler.
-No lo s -respondi lord Henry-. Imagino que al chico no le faltar de nada. Todava no es mayor de edad. S que Selby es suyo: lo s porque me lo ha dicho l. Y.., su madre, entonces, era muy hermosa?
-Margaret Devereux era una de las criaturas ms encantadoras que he visto nunca, Harry. Qu la impuls a comportarse como lo hizo es algo que nunca entender. Podra haberse casado con quien hubiera querido. Carlington estaba loco por ella. Pero era una romntica. Todas las mujeres de esa familia lo han sido. Los hombres no valan nada, pero, cielo santo, las mujeres eran maravillosas. Carlington se declar de rodillas. Me lo dijo l mismo. Margaret Devereux se ri de l, y no haba por entonces una chica en Londres que no quisiera pescarlo. Y, por cierto, Harry, hablando de matrimonios estpidos, qu es esa patraa que me cuenta tu padre de que Dartmoor se quiere casar con una americana? Es que las chicas inglesas no son lo bastante buenas para l?
-Ahora est bastante de moda casarse con americanas, to George.
-Yo apoyo a las mujeres inglesas contra el mundo entero, Harry -dijo lord Fermor, golpeando la mesa con el puo.
-Todo el mundo apuesta por las americanas.
-No duran, segn me han dicho -murmur su to. -Las carreras de fondo las agotan, pero son inigualables en las de obstculos. Lo saltan todo sin pestaear. No creo que Dartmoor tenga la menor posibilidad.
-Quines son sus padres? -gru el anciano-. Acaso los tiene?
Lord Henry neg con la cabeza.
-Las jvenes americanas son tan inteligentes para esconder a sus padres como las mujeres inglesas para ocultar su pasado -dijo lord Henry, levantndose para marcharse.
-Sern chacineros, supongo.
-Eso espero, to George, por el bien de Dartmoor. Me dicen que la chacinera es una de las profesiones ms lucrativas de los Estados Unidos, despus de la poltica.
-Es bonita esa muchacha?
-Se comporta como si fuese hermosa. La mayora de las americanas lo hacen. Es el secreto de su encanto.
-Por qu no se quedan en su pas? Siempre nos estn diciendo que es el paraso de las mujeres.
-Lo es. sa es la razn de que, como Eva, estn tan excesivamente ansiosas de abandonarlo -dijo lord Henry-. Adis, to George. Gracias por darme la informacin que quera. Me gusta saberlo todo sobre mis nuevos amigos y nada sobre los viejos.
-Dnde almuerzas hoy, Harry?
-En casa de ta Agatha. He hecho que me invite, junto con el seor Gray, que es su ltimo protg.
-Umm! Dile a tu ta Agatha, Harry, que no me moleste ms con sus empresas caritativas. Estoy harto. Caramba, la buena mujer cree que no tengo nada mejor que hacer que escribir cheques para sus estpidas ocurrencias.
-De acuerdo, to George, se lo dir, pero no tendr ningn efecto. Las personas filantrpicas pierden toda nocin de humanidad. Se las reconoce por eso.
El anciano caballero gru aprobadoramente y llam para que entrara su criado.
Lord Henry atraves unos soportales de poca altura para llegar a Burlington Street, y dirigi sus pasos en direccin a la plaza de Berkeley.
Aqulla era, por tanto, la historia familiar de Dorian Gray. Pese a lo esquemtico del relato, le haba impresionado porque haca pensar en una historia de amor extraa, casi moderna. Una mujer hermosa que se arriesga a todo por una loca pasin. Unas pocas semanas de felicidad sin lmite truncadas por un crimen odioso, por una traicin. Meses de silenciosos sufrimientos, y luego un hijo nacido en el dolor. La madre arrebatada por la muerte, el nio abandonado a la soledad y a la tirana de un anciano sin corazn. S; unos antecedentes interesantes, que situaban al muchacho, que le aadan una nueva perfeccin, por as decirlo. Detrs de todas las cosas exquisitas hay algo trgico. Para que florezca la ms humilde de las flores se necesita el esfuerzo de mundos... Y, qu encantador haba estado durante la cena la noche anterior, cuando, la sorpresa en los ojos y los labios entreabiertos por el placer y el temor, se haba sentado frente a l en el club, las pantallas rojas de las lmparas avivando el rubor despertado en su rostro por el asombro! Hablar con l era como tocar el ms delicado de los violines. Dorian responda a cada toque y vibracin del arco... Haba algo terriblemente cautivador en influir sobre alguien. No exista otra actividad parecida. Proyectar el alma sobre una forma agradable, detenerse un momento; emitir las propias ideas para que las devuelva un eco, acompaadas por la msica de una pasin juvenil; transmitir a otro la propia sensibilidad como si se tratase de un fluido sutil o de un extrao perfume; all estaba la fuente de una alegra verdadera, tal vez la ms satisfactoria que todava nos permite una poca tan mezquina y tan vulgar como la nuestra, una poca zafiamente carnal en sus placeres y enormemente vulgar en sus metas... Aquel muchacho a quien por una extraa casualidad haba conocido en el estudio de Basil encarnaba adems un modelo maravilloso o, al menos, se le poda convertir en un ser maravilloso. Suyo era el encanto, y la pureza inmaculada de la adolescencia, junto a una belleza que slo los antiguos mrmoles griegos conservan para nosotros. No haba nada que no se pudiera hacer con l. Se le poda convertir en un titn o en un juguete. Qu lstima que semejante belleza estuviera destinada a marchitarse!... Y Basil? Desde un punto de vista psicolgico, qu interesante era! Un nuevo estilo artstico, un modo nuevo de ver la vida, todo ello sugerido de manera tan extraa por la simple presencia de alguien que era todo eso de manera inconsciente; el espritu silencioso que mora en bosques sombros y camina sin ser visto por campos abiertos, mostrndose, de repente, como una drade, y sin temor, porque en el alma que la busca se ha despertado ya esa singular capacidad a la que corresponde la revelacin de las cosas maravillosas; las simples formas, los simples contornos de las cosas que se estilizaban, por as decirlo, adquiriendo algo semejante a un valor simblico, como si fuesen a su vez el esbozo de otra forma ms perfecta, a cuya sombra dotaban de realidad: qu extrao era todo! Recordaba algo parecido en la historia del pensamiento. No fue Platn, aquel artista de las ideas, quien lo haba analizado por vez primera? No haba sido Buonarotti quien lo esculpi en el mrmol multicolor de una sucesin de sonetos? Pero en nuestro siglo era extrao... S; tratara de ser para Dorian Gray lo que l, sin saberlo, haba sido para el autor de aquel retrato maravilloso. Tratara de dominarlo; en realidad ya lo haba hecho a medias. Hara suyo aquel espritu maravilloso. Haba algo fascinante en aquel hijo del Amor y de la Muerte.
De repente, lord Henry se detuvo y contempl las casas que lo rodeaban. Se dio cuenta de que haba dejado atrs la de su ta y, sonriendo, volvi sobre sus pasos. Cuando entr en el vestbulo, un tanto sombro, el mayordomo le hizo saber que los comensales ya se haban sentado a la mesa. Entreg el sombrero y el bastn a uno de los lacayos y pas al comedor.
-Tarde como de costumbre -exclam su ta, reprendindolo con un movimiento de cabeza.
Lord Henry invent una excusa banal y, despus de acomodarse en el sitio vaco al lado de lady Agatha, mir a su alrededor para ver a los invitados. Dorian Gray le hizo una tmida inclinacin de cabeza desde el extremo de la mesa, apareciendo en sus mejillas un rubor de satisfaccin. Frente a l tena a la duquesa de Harley, una dama con un carcter y un valor admirables, muy querida por todos los que la conocan, y con las amplias proporciones arquitectnicas a las que los historiadores contemporneos, cuando no se trata de duquesas, dan el nombre de corpulencia. A su derecha estaba sentado sir Thomas Burdon, miembro radical del Parlamento, que segua a su lder en la vida pblica y a los mejores cocineros en la privada, cenando con los conservadores y pensando con los liberales, segn una regla tan prudente como bien conocida. El asiento a la izquierda de la duquesa estaba ocupado por el seor Erskine de Treadley, anciano caballero de considerable encanto y cultura, que haba cado sin embargo en la mala costumbre de guardar silencio, puesto que, como explic en una ocasin a lady Agatha, todo lo que tena que decir lo haba dicho antes de cumplir los treinta. A la izquierda de lord Henry se sentaba la seora Vandeleur, una de las amigas ms antiguas de su ta, santa entre las mujeres, pero tan terriblemente poco atractiva que haca pensar en un himnario mal encuadernado. Afortunadamente para l, la seora Vandeleur tena a su otro lado a lord Faudel -una mediocridad muy inteligente, de ms de cuarenta aos y calva tan rotunda como una declaracin ministerial en la Cmara de los Comunes-, con quien conversaba de esa manera tan intensamente seria que es el nico error imperdonable, como l mismo haba sealado en una ocasin, en el que caen todas las personas realmente buenas y del que ninguna de ellas escapa por completo.
-Estamos hablando del pobre Dartmoor, lord Henry -exclam la duquesa, hacindole, desde el otro lado de la mesa, un gesto amistoso con la cabeza-. Cree usted que se casar realmente con esa joven tan fascinante?
-Creo que la joven est decidida a pedir su mano, duquesa.
-Qu espanto! -exclam lady Agatha-. Alguien debera tomar cartas en el asunto.
-Me han informado, de muy buena tinta, que su padre tiene un almacn de ridos -dijo sir Thomas Burdon con aire desdeoso.
-Mi to ha sugerido y a que se trata de chacinera, sir Thomas.
-ridos! Qu mercancas son sas? -pregunt la duquesa, alzando sus grandes manos en gesto de asombro y acentuando mucho el verbo.
-Novelas americanas -respondi lord Henry, mientras se serva una codorniz.
La duquesa pareci desconcertada.
-No le haga caso, querida -susurr lady Agatha-. Mi sobrino nunca habla en serio.
-Cuando se descubri Amrica... -intervino el miembro radical de la Cmara de los Comunes, procediendo a enumerar algunos datos aburridsimos. Como todas las personas que tratan de agotar un tema, logr agotar a sus oyentes. La duquesa suspir e hizo uso de su posicin privilegiada para interrumpir.
-Ojal nunca la hubieran descubierto! -exclam-. A decir verdad, nuestras jvenes no tienen ahora la menor oportunidad. Es una gran injusticia.
-Quiz, despus de todo, Amrica nunca haya sido descubierta -dijo el seor Erskine-; yo dira ms bien que fue meramente detectada.
-S, s, pero yo he visto especmenes de sus habitantes -respondi vagamente la duquesa-. He de confesar que la mayora de las mujeres son extraordinariamente bonitas. Y adems visten bien. Compran toda la ropa en Pars. Me gustara poder permitrmelo.
-Dicen que cuando mueren, los americanos buenos van a Pars -ri entre dientes sir Thomas, que tena un gran armario de frases ingeniosas ya desechadas.
-De verdad? Y, adnde van los malos? -quiso saber la duquesa.
-Van a los Estados Unidos -murmur lord Henry.
Sir Thomas frunci el ceo.
-Me temo que su sobrino tiene prejuicios contra ese gran pas -le dijo a lady Agatha-. He viajado por todo el territorio, en coches suministrados por los directores, que son, en esas cuestiones, extraordinariamente hospitalarios. Le aseguro que es muy instructivo visitarlos Estados Unidos.
-De verdad tenemos que ver Chicago para estar bien educados? -pregunt el seor Erskine quejumbrosamente-. No me siento capaz de emprender ese viaje.
Sir Thomas agit la mano.
-El seor Erskine de Treadley tiene el mundo en las estanteras de su biblioteca. A nosotros, los hombres prcticos, nos gusta ver las cosas, no leer su descripcin. Los americanos son un pueblo muy interesante. Y totalmente razonable. Creo que es la caracterstica que los distingue. S, seor Erskine, un pueblo totalmente razonable. Le aseguro que los americanos no se andan por las ramas.
-Terrible! -exclam lord Henry-. No me gusta la fuerza bruta, pero la razn bruta es totalmente insoportable. No est bien utilizarla. Es como golpear por debajo del intelecto.
-No le entiendo -dijo sir Thomas, enrojeciendo considerablemente.
-Yo s, lord Henry -murmur el seor Erskine con una sonrisa.
-Las paradojas estn muy bien a su manera... -intervino el baronet.
-Era eso una paradoja? -pregunt el seor Erskine-. No me lo ha parecido. Quiz lo fuera. Bien, el camino de las paradojas es el camino de la verdad. Para poner a prueba la realidad, hemos de verla en la cuerda floja. Cuando las verdades se hacen acrbatas podemos juzgarlas.
-Dios del cielo! -dijo lady Agatha-, cmo discuten ustedes los hombres! Estoy segura de que nunca sabr de qu estn hablando. Por cierto, Harry, estoy muy enfadada contigo. Por qu tratas de convencer a nuestro Dorian Gray, una persona tan encantadora, para que renuncie al East End? Te aseguro que sera inapreciable. A nuestros habituales les hubiera encantado orle tocar.
-Quiero que toque para m -exclam lord Henry sonriendo. Cuando mir hacia el extremo de la mesa capt como respuesta un brillo en la mirada de Dorian.
-Pero en Whitechapel la gente es muy desgraciada -protest lady Agatha.
-Soy capaz de simpatizar con cualquier cosa menos con el sufrimiento -dijo lord Henry, encogindose de hombros-. Hasta eso no llego. Es demasiado feo, demasiado horrible, demasiado angustioso. Hay algo terriblemente morboso en la simpata de nuestra poca por el dolor. Debemos interesarnos por los colores, por la belleza, por la alegra de vivir. Cuanto menos se hable de las miserias de la vida, tanto mejor.
-De todos modos, el East End es un problema muy importante -seal sir Thomas, con un grave movimiento de cabeza.
-Muy cierto -respondi el joven lord-. Es el problema de la esclavitud, y tratamos de resolverlo divirtiendo a los esclavos.
El poltico le mir con mucho inters.
-Qu cambio propone usted, en ese caso? -pregunt. Lord Henry se ech a rer.
-No deseo cambiar nada en Inglaterra, a excepcin del clima -respondi-. Me basta y me sobra con la contemplacin filosfica. Pero como el siglo XIX se ha arruinado por un excesivo gasto de simpata, sugiero que se acuda a la ciencia para solucionarlo. La ventaja de las emociones es que nos llevan por el mal camino, y la ventaja de la ciencia es que excluye la emocin.
-Pero tenemos gravsimas responsabilidades -aventur tmidamente la seora Uandeleur.
-Sumamente graves -se hizo eco lady Agatha.
Lord Henry mir con detenimiento al seor Erskine.
-La humanidad se toma demasiado en serio. Es el pecado original del mundo. Si los caverncolas hubieran sabido rer, la historia habra sido distinta.
-No sabe cunto me consuela orle -gorje la duquesa-. Siempre me siento muy culpable cuando vengo a ver a su querida ta, porque no me intereso en absoluto por el East End. En el futuro podr mirarla a la cara sin sonrojarme.
-Sonrojarse es muy favorecedor, duquesa -seal lord Henry.
-Slo cuando se es joven -respondi ella-. Cuando una anciana como yo se sonroja, es muy mala seal. Ah, me gustara que me dijera usted cmo volver a ser joven! Lord Henry medit unos instantes.
-Recuerda usted algn gran error que cometiera en sus primeros tiempos, duquesa? -pregunt mirndola desde el otro lado de la mesa.
-Muchos, por desgracia -exclam ella.
-Pues vuelva a cometerlos -dijo l con gravedad-. Para recuperar la juventud, basta con repetir las mismas locuras.
-Deliciosa teora! -exclam ella-. He de ponerla en prctica.
-Una teora peligrosa! -dijo sir Thomas, la boca tensa. Lady Agatha movi desaprobadoramente la cabeza, pero la idea le pareci de todos modos divertida. El seor Erskine escuchaba.
-S -continu el joven lord-; se trata de uno de los grandes secretos de la vida. En la actualidad la mayora de la gente muere de una indigestin de sentido comn y descubre cuando ya es demasiado tarde que lo nico que nunca lamentamos son nuestros errores.
Se oyeron risas en torno a la mesa.
Lord Henry jug con la idea, animndose cada vez ms; la lanz al aire y la transform; la dej escapar y volvi a capturarla; la adorn con todos los fuegos de la fantasa y le dio alas con la paradoja. El elogio de la locura, mientras lord Henry prosegua, se elev hasta las alturas de la filosofa, y la filosofa misma se hizo joven y, contagiada por la msica desenfrenada del placer, vestida, cabra imaginar, con su tnica manchada de vino y una guirnalda de hiedra, danz como una bacante sobre las colinas de la vida y se burl del plcido Sileno por su sobriedad. Los hechos huyeron ante ella como asustados animalitos del bosque. Sus pies alabastrinos pisaron el enorme lagar donde sienta sus reales el sabio Omar, hasta que el zumo rosado de la vid se elev en torno a sus extremidades desnudas en oleadas de burbujas moradas, o se desliz en espuma por las negras paredes inclinadas de la cuba. Fue una extraordinaria improvisacin. Lord Henry senta fijos en l los ojos de Dorian Gray, y saber que haba entre quienes lo escuchaban alguien a quien deseaba fascinar pareca dar mayor agudeza a su ingenio y prestar colores ms vivos a su imaginacin. Se mostr brillante, fantstico, irresponsable. Encant a sus oyentes haciendo que se olvidaran de s mismos, y que siguieran, riendo, la meloda de su caramillo. Dorian Gray nunca apart de l los ojos, y permaneci inmvil como si estuviera encantado, sucedindose las sonrisas sobre sus labios, mientras el asombro, en el fondo de sus ojos, adoptaba una pensativa gravedad.
Finalmente, cubierta con la librea de la poca, la realidad entr en la estancia en forma de lacayo para decir que a la duquesa la esperaba su coche. La noble seora se retorci las manos con fingida desesperacin.
-Qu fastidio! -exclam-. He de marcharme. Tengo que recoger a mi marido en el club para llevarlo a Willis's Rooms, donde debe presidir no s qu absurda reunin. Si llego tarde se enfurecer sin duda, y no puedo exponerme a una escena con este sombrero. Es demasiado frgil. Una palabra dura acabara con l. No, he de irme, mi querida Agatha. Hasta la vista, lord Henry, es usted absolutamente delicioso y terriblemente desmoralizador. Desde luego, no sabra qu decir sobre sus ideas. Tiene que venir a cenar con nosotros una de estas noches. El martes? Est usted libre el martes?
-Por usted, duquesa, de quin no prescindira yo? -respondi lord Henry, con una inclinacin de cabeza. -Ah! Muy amable y muy cruel por su parte! -exclam la duquesa-; pero no se olvide de venir -y abandon la habitacin seguida por lady Agatha y las otras damas. Cuando lord Henry se hubo sentado de nuevo, el seor Erskine, dando la vuelta a la mesa, y colocndose a su lado, le puso una mano en el brazo.
-Usted habla mucho de libros -dijo-; por qu no escribe uno?
-Me gusta demasiado leerlos para molestarme en escribirlos, seor Erskine. Desde luego, me gustara escribir una novela, una novela que fuese tan encantadora y tan irreal como una alfombra persa. Pero en Inglaterra no hay pblico ms que para peridicos, libros de texto y enciclopedias. No hay en todo el mundo personas con menos sentido de la belleza literaria que los ingleses.
-Me temo que tiene usted razn -respondi el seor Erskine-. Yo mismo tuve ambiciones literarias, pero las abandon hace mucho. Y ahora, mi joven y querido amigo, si me permite que le d ese nombre, le puedo preguntar si mantiene usted todo lo que nos ha dicho durante el almuerzo?
-He olvidado por completo lo que he dicho -sonri lord Henry-. Tan inmoral era?
-Sumamente inmoral. De hecho le considero extraordinariamente peligroso, y si algo le sucede a nuestra buena duquesa le tendremos por responsable directo. Pero me gustara hablar con usted sobre la vida. La generacin de la que formo parte es francamente aburrida. Algn da, cuando se canse de Londres, venga a Treadley, expngame su filosofa del placer mientras degustamos un excelente borgoa que tengo la fortuna de poseer.
-Me encantar. Una visita a Treadley ser un gran privilegio. Cuenta con un perfecto anfitrin y una biblioteca igualmente perfecta.
-Su presencia le aadir un nuevo encanto -respondi el anciano caballero, con una corts inclinacin-. Y ahora tengo que despedirme de su excelente ta. Me esperan en el Atheneum. Es la hora en que dormimos all.
-Todos, seor Erskine?
-Cuarenta, en cuarenta sillones. Hacemos prcticas para una Academia Inglesa de las Letras.
Lord Henry ri, ponindose en pie.
-Me voy al parque -exclam.
Al atravesar la puerta, Dorian Gray le toc en el brazo.
-Permtame ir con usted -murmur.
-Crea que le haba prometido a Basil Hallward que ira usted a verlo -respondi lord Henry.
-Prefiero ir con usted; s, siento que debo ir con usted. Permtamelo. Y prometa hablarme todo el tiempo. Nadie lo hace tan bien.
-Ah! Ya he hablado ms que suficiente por hoy -dijo lord Henry, sonriendo-. Todo lo que quiero ahora es mirar la vida. Puede usted venir y mirarla conmigo, si lo tiene a bien.
Captulo 4
Cierta tarde, un mes despus, Dorian Gray estaba recostado en un lujoso silln, en la pequea biblioteca de la casa de lord Henry en Mayfair. Se trataba, en su estilo, de una habitacin muy agradable, con alto revestimiento de madera de roble color oliva, friso de color crema, techo de escayola y alfombra de fieltro color ladrillo, sobre la que se haban extendido otras alfombras persas de seda, ms pequeas, con largos flecos. En una diminuta mesa de madera de satn haba una estatuilla obra de Clodion y, junto a ella, un ejemplar de Les CentNouvelles, encuadernado para Margarita de Valois por Clovis Eve y adornado con las margaritas que la reina haba elegido como emblema. Algunos grandes jarrones de porcelana azul con tulipanes de colores abigarrados ocupaban la repisa de la chimenea y, a travs de los emplomados rectngulos de cristal de la ventana, se derramaba la luz de color albaricoque de un da de verano en Londres.
Lord Henry no haba vuelto an. Siempre se retrasaba por principio, ya que, en su opinin, la puntualidad es el ladrn del tiempo. De manera que el muchacho pareca bastante enfurruado mientras con una mano distrada pasaba las pginas de una edicin de Manon Lescaut, suntuosamente ilustrada, que haba encontrado en una de las estanteras. El solemne y montono tictac del reloj Luis XIV le molestaba. Una o dos veces pens en marcharse.
Finalmente oy pasos fuera y se abri la puerta.
-Qu tarde llegas, Harry! -murmur.
-Me temo que no se trata de Harry, seor Gray -respondi una voz muy aguda.
Dorian se volvi rpidamente, ponindose en pie. -Le ruego me disculpe. Cre...
-Crey usted que era mi marido. Soy slo su mujer. Permtame que me presente. A usted lo conozco bien por sus fotografas. Me parece que mi marido tiene diecisiete.
-No, lady Wotton, no diecisiete!
-Dieciocho, entonces. Y los vi juntos la otra noche en la pera -ri con nerviosismo mientras hablaba, contemplndolo con sus ojos azules, un poco vagos, de nomeolvides. Era una mujer curiosa, cuyos vestidos siempre daban la impresin de haber sido diseados en la clera y utilizados en la tempestad. De ordinario estaba enamorada de alguien y, como su pasin nunca era correspondida, haba conservado todas sus ilusiones. Trataba de conseguir una apariencia pintoresca, pero slo consegua dar sensacin de desaseo. Se llamaba Victoria y tena la mana perseverante de ir a la iglesia.
-Se trataba de Lohengrin, si no recuerdo mal.
-S, era mi querido Lohengrin. La msica de Wagner me gusta ms que ninguna otra. Es tan ruidosa que se puede hablar todo el tiempo sin que otras personas oigan lo que se dice. Eso es una gran ventaja, no le parece, seor Gray?
La misma risa, nerviosa y entrecortada, se escap de los delgados labios, y sus dedos empezaron a jugar con un abrecartas de carey.
Dorian sonri y neg con la cabeza.
-Me temo que no estoy de acuerdo, lady Wotton. Nunca hablo cuando suena la msica; al menos, si se trata de buena msica. Si la msica es mala, es nuestro deber ahogarla con la conversacin.
-Ah! sa es una de las ideas de Harry, no es as, seor Gray? Siempre oigo las ideas de Harry de labios de sus amigos. Es as como me entero de que existen. Pero no debe usted pensar que no me gusta la buena msica. La adoro, pero me da miedo. Me pone demasiado romntica. Sencillamente, venero a los pianistas; dos a la vez, en algunas ocasiones, me dice Harry. No s qu es lo que tienen. Quiz el ser extranjeros. Todos lo son, no es cierto? Incluso los que han nacido en Inglaterra se convierten en extranjeros con el tiempo, no le parece? Qu habilidad la suya! Y para el arte, qu excelente cumplido! La hace sumamente cosmopolita, verdad? No ha estado usted nunca en alguna de mis fiestas, seor Gray? Tiene que venir. No puedo permitirme orqudeas, pero no reparo en gastos con extranjeros. Hacen que la casa parezca tan pintoresca! Pero aqu est Harry! Harry, vine buscndote para preguntarte algo, no recuerdo qu, y encontr al seor Gray. Hemos tenido una conversacin muy agradable sobre msica. Tenemos exactamente las mismas ideas. No; creo que nuestras ideas son completamente distintas. Pero ha sido la simpata personificada. Y me alegro mucho de haberlo conocido.
-Esplndido, amor mo, esplndido -dijo lord Henry, alzando la doble media luna oscura de las cejas y contemplando a ambos con una sonrisa divertida.
-Siento llegar tarde, Dorian. Fui en busca de una pieza de brocado antiguo en Wardour Street, y he tenido que regatear durante horas para conseguirla. En los das que corren la gente sabe el precio de todo y el valor de nada.
-Me temo que he de irme -exclam lady Wotton, rompiendo un silencio embarazoso con su repentina risa sin sentido-. He prometido salir en coche con la duquesa. Hasta la vista, seor Gray. Hasta luego, Harry. Imagino que cenas fuera. Yo tambin. Quiz te vea en casa de lady Thornbury.
-Imagino que s, querida ma -lord Henry cerr la puerta tras ella, cuando, con el aspecto de un ave del paraso que se hubiera pasado toda la noche bajo la lluvia, sali revoloteando de la habitacin, dejando un leve olor a tarta de almendras; luego encendi un cigarrillo y se dej caer en el sof.
-Nunca te cases con una mujer con el pelo de color pajizo, Dorian -dijo despus de lanzar unas cuantas bocanadas de humo.
-Por qu, Harry?
-Porque son muy sentimentales.
-Pero a m me gusta la gente sentimental.
-No te cases, Dorian. Los hombres se casan porque estn cansados; las mujeres, porque sienten curiosidad: unos y otras acaban decepcionados.
-Creo que no es probable que me case, Harry. Estoy demasiado enamorado. se es uno de tus aforismos. Lo estoy poniendo en prctica, y hago todo lo que recomiendas.
-De quin te has enamorado? -pregunt lord Henry, despus de una pausa.
-De una actriz -dijo Dorian Gray, ruborizndose. Lord Henry se encogi de hombros.
-Es un debut bastante corriente.
-No diras eso si la vieras, Harry.
-Quin es?
-Se llama Sibyl Vane.
-Nunca he odo hablar de ella.
-Nadie ha odo. Pero todo el mundo oir algn da. Es un genio.
-Mi querido muchacho, ninguna mujer es un genio. Las mujeres son un sexo decorativo. Nunca tienen nada que decir, pero lo dicen encantadoramente. Representan el triunfo de la materia sobre la mente, de la misma manera que los hombres representan el triunfo de la mente sobre la moral.
-Cmo puedes decir una cosa as, Harry?
-Mi querido Dorian, no es ms que la verdad. Estoy analizando a las mujeres en el momento actual, de manera que debo saberlo. No es un tema tan abstruso como yo pensaba. Descubro que, en ltimo extremo, slo hay dos clases de mujeres, las corrientes y las que se pintan. Las primeras son muy tiles. Si quieres conseguir una reputacin de persona respetable, basta con invitarlas a cenar. Las otras mujeres son sumamente encantadoras. Pero cometen un error. Se pintan con el fin de parecer jvenes. Nuestras abuelas se pintaban para tratar de hablar con brillantez. Rouge y esprit solan ir juntos. Ahora eso se ha acabado. Siempre que una mujer pueda parecer diez aos ms joven que sus hijas, estar perfectamente satisfecha. En cuanto a conversacin, slo hay cinco mujeres en Londres con las que merece la pena hablar, y a dos de ellas no las recibe la buena sociedad. De todos modos, hblame de tu genio. Cunto hace que la conoces?
-Harry, Harry! Tus opiniones me aterran.
-No te preocupes por eso. Cunto hace que la conoces?
-Unas tres semanas.
-Y, cmo te tropezaste con ella?
-Te lo voy a contar, Harry; pero tienes que ser comprensivo. Despus de todo, no me habra pasado si no te hubiera conocido. Hiciste que sintiera un tremendo deseo de saberlo todo acerca de la vida. Durante varios das, despus de conocerte, algo especial me lata en las venas. Mientras estaba en el parque o me paseaba por Picadilly, miraba a todas las personas con las que me cruzaba, preguntndome con tremenda curiosidad cmo era su vida. Algunas personas me fascinaban. Otras me llenaban de horror. Venenos exquisitos flotaban en el aire. Senta pasin por las sensaciones... Bien, una tarde, hacia las siete, decid salir en busca de alguna aventura. Senta que este Londres nuestro, tan gris y tan monstruoso, con sus miradas de personas, sus srdidos pecadores y sus esplndidos pecados, tal como t dijiste una vez, me reservaba algo. Me imagin mil cosas. La simple sensacin de peligro me llenaba de gozo. Record lo que me habas dicho en aquella maravillosa velada cuando cenamos juntos por vez primera, sobre el hecho de que la bsqueda de la belleza es el verdadero secreto de la vida. No s qu esperaba, pero sal a la calle y me dirig hacia el este, perdindome muy pronto en un laberinto de calles mugrientas y plazas oscuras y sin hierba. A eso de las ocho y media pas por delante de un absurdo teatrillo, con luces brillantes y carteles chillones. En la entrada haba un judo horroroso, con el chaleco ms extico que he visto en mi vida y fumando un cigarro apestoso. El cabello le caa en bucles grasientos y en mitad de una sucia camisa resplandeca un enorme diamante. Un palco, milord?, dijo al verme, y se quit el sombrero con un aire fascinantemente servil. Haba algo en l que me divirti, Harry. Era tan monstruoso! Te vas a rer de m, lo s, pero entr y pagu nada menos que una guinea por un palco junto al escenario. Todava hoy sigo sin saber por qu lo hice; pero si no lo hubiera hecho, mi querido Harry, me hubiera perdido la gran historia de amor de mi vida. Veo que te ests riendo. Qu mal me parece!
-No me ro, Dorian; al menos, no me ro de ti. Pero no debes decir la gran historia de amor de tu vida. Debes decir la primera. Siempre te querrn, y t siempre estars enamorado del amor. Una grande passion es el privilegio de quienes no tienen nada que hacer. sa es la nica utilidad de las clases ociosas de un pas. No tengas miedo. Te estn reservadas aventuras exquisitas. Esto no es ms que el principio.
-Tan superficial me consideras? -exclam Dorian Gray, muy dolido.
-No; te creo muy profundo.
-Qu quieres decir?
-Mi querido muchacho, las personas que slo aman una vez en la vida son realmente las personas superficiales. A lo que ellos llaman su lealtad, y su fidelidad, yo lo llamo sopor de rutina o falta de imaginacin. La fidelidad es a la vida de las emociones lo que la coherencia a la vida del intelecto: simplemente una confesin de fracaso. Fidelidad! Tengo que analizarla algn da. La pasin de la propiedad est en ella. Hay muchas cosas de las que nos desprenderamos si no tuviramos miedo de que otros las recogieran. Pero no te quiero interrumpir. Sigue con tu historia.
-Bueno, me encontr sentado en un palquito espantoso, con un teln de lo ms vulgar delante de los ojos. Desde mi discreto escondite me dediqu a examinar la sala. Era un lugar perfectamente chabacano, todo l cupidos y cornucopias, como una tarta nupcial de cuarta categora. El paraso y la platea estaban bastante llenos, pero las dos primeras filas de descoloridas butacas se hallaban completamente vacas y apenas haba nadie en las mejores entradas del anfiteatro. Haba mujeres vendiendo naranjas y refrescos y se consuman grandes cantidades de frutos secos.
-Deba de ser como en los das gloriosos del drama britnico.
-Precisamente, creo yo, y muy deprimente. Empezaba a preguntarme qu demonios estaba haciendo all, cuando me fij en el programa. Qu obra crees que representaban, Harry?
-Imagino que El joven idiota o Mudo pero inocente. A nuestros padres les gustaba ese tipo de obras, segn creo. Cuantos ms aos tengo, Dorian, ms convencido estoy de que lo que era suficientemente bueno para nuestros padres no lo es para nosotros. En arte, como en poltica, les grand-pres ont toujours tort.
-La obra era suficientemente buena para nosotros, Harry. Se trataba de Romeo y Julieta. He de reconocer que no me hizo mucha gracia la idea de ver representar a Shakespeare en un antro como aqul. Pero sent inters, de todos modos. Decid presenciar al menos el primer acto. Haba una orquesta detestable, presidida por un hebreo joven sentado ante un piano desafinado que casi me ech del teatro; pero finalmente se alz el teln y comenz la obra. Romeo era un caballero corpulento y con muchos aos a sus espaldas, cejas pintadas con negro de corcho, ronca voz de tragedia y silueta ce barril de cerveza. Mercutio era casi igual de siniestro. Lo interpretaba un cmico de la legua que haba aadido al texto chistes de su cosecha y mantena relaciones sumamente amistosas con la platea. Los dos eran tan grotescos como el decorado, que pareca salido de una barraca de feria. Pero, Julieta! Imagnate una muchachita de apenas diecisiete aos, con un rostro como de flor, una cabecita griega con cabellos de color castao oscuro recogidos en trenzas, ojos que eran pozos violeta de pasin, labios como ptalos de rosa. La criatura ms encantadora que haba visto nunca! Una vez me dijiste que el patetismo no te conmova en absoluto, pero que la belleza, la simple belleza, poda llenarte los ojos de lgrimas. Te lo aseguro, Harry, apenas vea a esa muchacha porque siempre tena los ojos nublados por las lgrimas. Y su voz! No he odo nunca una voz semejante. Slo un hilo al principio, con notas bajas y melodiosas, que parecan caer una a una en el odo. Luego creci en volumen, y sonaba como una flauta o un lejano oboe. En la escena del jardn tuvo todo el jbilo estremecido de los ruiseores cuando cantan poco antes del amanecer. Hubo momentos, ms adelante, en los que alcanz la desenfrenada pasin de los violines. Sabes perfectamente cunto puede afectarnos una voz. Tu voz y la de Sibyl Vane son dos cosas que nunca olvidar. Cuando cierro los ojos las oigo, y cada una dice algo diferente. No s a cul seguir. Por qu tendra que no amarla? La quiero, Harry. Para m lo es todo. Voy a verla actuar da tras da. Una noche es Rosalinda y la siguiente Imogen. La he visto morir en la penumbra de un sepulcro italiano, recogiendo el veneno de labios de su amante. La he contemplado atravesando el bosque de las Ardenas, disfrazada de muchacho, con calzas, jubn y un gorro delicioso. Ha sido la loca que se presenta ante un rey culpable, dndole ruda para llevar y hierbas amargas que gustar. Ha sido inocente, y las negras manos de los celos han aplastado su cuello de junco. La he visto en todas las pocas y con todos los trajes. Las mujeres ordinarias no hacen volar nuestra imaginacin. Estn ancladas en su siglo. La fascinacin nunca las transfigura. Se sabe lo que tienen en la cabeza con la misma facilidad que si se tratara del sombrero. Siempre se las encuentra. No hay misterio en ninguna de ellas. Van a pasear al parque por la maana y charlan por la tarde en reuniones donde toman el t. Tienen una sonrisa estereotipada y los modales del momento. Son transparentes. Pero una actriz! Qu diferente es una actriz, Harry! Por qu no me dijiste que la nica cosa merecedora de amor es una actriz?
-Porque he querido a demasiadas, Dorian.
-S, claro; gente horrible con el pelo teido y el rostro pintado.
-No desprecies el pelo teido y los rostros pintados. En ocasiones tienen un encanto extraordinario -dijo lord Henry.
-Ahora quisiera no haberte contado nada sobre Sybil Vane.
-No hubieras podido evitarlo, Dorian. A lo largo de tu vida me contars todo lo que hagas.
-Tienes razn, Harry; creo que ests en lo cierto. No puedo dejar de contarte las cosas. Tienes una curiosa influencia sobre m. Si alguna vez cometiera un delito, vendra a confesrtelo. T lo entenderas.
-Personas como t, los caprichosos rayos de sol de la vida, no delinquen. Pero, de todos modos, te quedo muy agradecido por ese cumplido. Y ahora dime..., alcnzame las cerillas, como un buen chico, gracias... Cules son tus relaciones actuales con Sybil Vane?
Dorian Gray se puso en pie de un salto, las mejillas encendidas y los ojos echando fuego.
-Harry! Sybil Vane es sagrada!
-Slo las cosas sagradas merecen ser tocadas, Dorian -dijo lord Henry, con una extraa nota de patetismo en la voz-. Pero, por qu tienes que enfadarte? Supongo que ser tuya algn da. Cuando se est enamorado, empiezas por engaarte a ti mismo y acabas engaando a los dems. Eso es lo que el mundo llama una historia de amor. Al menos, la conoces personalmente, imagino.
-Claro que la conozco. La primera noche que estuve en el teatro, el horrible judo viejo se present en el palco despus de que terminara la representacin y se ofreci a llevarme entre bastidores y presentrmela. Consigui enfurecerme, y le dije que Julieta llevaba muerta cientos de aos y que su cuerpo yaca en Verona, en una tumba de mrmol. Por la mirada de asombro que me lanz, creo que tuvo la impresin de que haba bebido demasiado champn o algo parecido.
-No me sorprende.
-Luego me pregunt si escriba para algn peridico. Le dije que nunca los lea. Pareci terriblemente decepcionado al orlo, y me confes que todos los crticos teatrales le eran hostiles y que a todos se los poda comprar.
-No me extraara que tuviera razn en eso. Pero, por otra parte, a juzgar por el aspecto que tiene la mayora, no deben de ser demasiado caros.
-Bien; pero l parece pensar que estn por encima de sus posibilidades -ri Dorian-. Para entonces, sin embargo, ya estaban apagando las luces del teatro y tuve que irme. El judo quiso que probara unos cigarros de los que hizo grandes alabanzas. Pero declin su ofrecimiento. A la noche siguiente, volv, por supuesto. Al verme, me hizo una profunda reverencia y me asegur que yo era un munificente protector del arte. Es un ser insufrible, pero Shakespeare le apasiona. Ya me ha dicho, visiblemente orgulloso, que sus cinco bancarrotas se debieron enteramente a el Bardo, como insiste en llamarlo. Parece considerarlo un timbre de gloria.
-Lo es, mi querido Dorian; un verdadero timbre de gloria. La mayora de la gente se arruina por invertir demasiado en la prosa de la vida. Arruinarse por la poesa es un honor. Cundo hablaste por vez primera con la seorita Sybil Vane?
-La tercera noche. Haba interpretado a Rosalinda. Me fue imposible no ir a verla. Le haba lanzado unas flores y ella me mir; al menos, imagin que lo haba hecho. El viejo judo insisti. Estaba decidido a llevarme entre bastidores, de manera que acept. Es curioso que no deseara conocerla, no te parece?
-No; no me parece curioso.
-Por qu, mi querido Harry?
-Te lo dir en alguna otra ocasin. Ahora quiero saber ms sobre esa chica.
-Sybil? Tan tmida y tan amable! Hay algo infantil en ella. Abri mucho los ojos con el ms sincero de los asombros cuando le dije lo que pensaba de su interpretacin, y pareci no tener conciencia de su talento. Creo que los dos estbamos bastante nerviosos. El judo viejo sonrea desde la puerta del polvoriento camerino, diciendo frases rebuscadas sobre los dos, mientras Sibyl y yo nos mirbamos como nios. El viejo insista en llamarme mylord, y tuve que explicar a Sybil que no era nada parecido. Ella me dijo: Ms bien parece usted un prncipe. Le llamar Prncipe Azul.
-A fe ma, Dorian, la seorita Sybil sabe cmo hacer cumplidos.
-No la entiendes, Harry. Me vea slo como un personaje en una obra de teatro. No sabe nada de la vida. Vive con su madre, una mujer apagada y fatigada que, con una tnica ms o menos carmes, interpret la primera noche a la seora Capuleto; una mujer con aspecto de haber conocido das mejores.
-Conozco ese aspecto. Me deprime -murmur lord Henry, examinando sus sortijas.
-El judo me quera contar su historia, pero le dije que no me interesaba.
-Tuviste toda la razn. Siempre hay algo infinitamente mezquino en las tragedias de los dems.
-Sybil es lo nico que me interesa. Qu ms me da de dnde haya salido? Desde la cabecita a los piececitos es absoluta y enteramente divina. Noche tras noche voy a verla actuar, y cada noche lo hace mejor que la anterior.
-Imagino que sa es la razn de que ya nunca cenes conmigo. Pensaba, y estaba en lo cierto, que quiz tuvieras entre manos alguna curiosa historia de amor. Pero no se trata exactamente de lo que yo imaginaba.
-Mi querido Harry, t y yo almorzamos o cenamos juntos todos los das; y he ido varias veces a la pera contigo -dijo Dorian, abriendo mucho los ojos para manifestar su asombro.
-Siempre llegas terriblemente tarde.
-No puedo dejar de ver actuar a Sybil -exclam-, aunque slo presencie el primer acto. Siento necesidad de su presencia; y cuando pienso en el alma maravillosa escondida en ese cuerpecito de marfil, me lleno de asombro.
-Esta noche cenas conmigo, no es cierto? Dorian Gray hizo un gesto negativo con la cabeza.
-Hoy hace de Imogen -respondi-, y maana por la noche ser Julieta.
-Cundo es Sybil Vane?
-Nunca.
-Te felicito.
-Qu malvado eres! Sybil es todas las grandes heronas del mundo en una sola. Es ms que una sola persona. Te res, pero yo te repito que es maravillosa. La quiero, y he de hacer que me quiera. T, que conoces todos los secretos de la vida, dime cmo hechizar a Sybil Vane para que me quiera. Deseo dar celos a Romeo. Quiero que todos los amantes muertos oigan nuestras risas y se entristezcan. Quiero que un soplo de nuestra pasin remueva su polvo, despierte sus cenizas y los haga sufrir. Cielos, Harry, cmo la adoro! -iba de un lado a otro de la habitacin mientras hablaba. Manchas rojas, como de fiebre, le encendan las mejillas. Estaba terriblemente exaltado.
Lord Henry senta un secreto placer contemplndolo. Qu diferente era ya del muchachito tmido y asustado que haba conocido en el estudio de Basil Hallward! Haba madurado, produciendo flores de fuego escarlata. Desde su secreto escondite, el alma se le haba salido al mundo, y el Deseo haba acudido a reunirse con ella por el camino.
-Y, qu es lo que te propones hacer? -dijo finalmente lord Henry.
-Quiero que Basil y t vengis conmigo alguna noche para verla actuar. No tengo el menor temor al resultado. Sin duda, reconoceris su genio. Luego hemos de arrancarla de las manos de ese viejo judo. Est atada a l por tres aos, al menos dos aos y ocho meses, desde el momento presente. Tendr que pagarle algo, por supuesto. Cuando todo est arreglado, la traer a algn teatro del West End y la presentar como es debido. Enloquecer al mundo como me ha enloquecido a m.
-Eso es imposible, amigo mo!
-Lo har. No slo hay en ella arte, arte e instinto consumados; tambin tiene personalidad; y t me has dicho a menudo que son las personalidades, no los principios, lo que mueve nuestra poca.
-Bien; qu noche iremos?
-Djame ver. Hoy es martes. Quedemos para maana. Maana interpreta a Julieta.
-De acuerdo. En el Bristol alas ocho; yo llevar a Basil. -A las ocho no, Harry, te lo ruego. A las seis y media. Hemos de estar all antes de que se levante el teln. Has de verla en el primer acto, cuando conoce a Romeo.
-Seis y media! Qu horas! Sera como tomar una merienda-cena o leer una novela inglesa. Tiene que ser a las siete. Ningn caballero cena antes de las siete. He de ver a Basil de aqu a maana? O bastar con que le escriba?
-El bueno de Basil! Hace una semana que no le pongo la vista encima. Me da muchsima vergenza, porque me ha enviado el cuadro con un magnfico marco, especialmente diseado por l y, aunque estoy un poco celoso del retrato por ser un mes ms joven que yo, debo admitir que me maravilla verlo. Quiz sea mejor que le escribas, no quiero estar a solas con l. Dice cosas que me fastidian. Se empea en darme buenos consejos.
Lord Henry sonri.
-A la gente le encanta regalar lo que ms necesita. Es lo que yo llamo el insondable abismo de la generosidad.
-No, no; Basil es la mejor de las personas, pero un tanto prosaico. Lo he descubierto a raz de conocerte, Harry. -Basil, mi querido muchacho, pone en el trabajo todas sus mejores cualidades. La consecuencia es que para la vida slo le quedan los prejuicios, los principios y el sentido comn. Los nicos artistas encantadores que conozco son malos artistas. Los buenos slo existen en lo que hacen y, en consecuencia, carecen por completo de inters como personas. Un gran poeta, un poeta verdaderamente grande, es la menos potica de todas las criaturas. Pero los poetas de poca monta son absolutamente fascinantes. Cuanto peores son sus rimas, ms pintoresco es su aspecto. El simple hecho de haber publicado un libro de sonetos de segunda categora hace a un hombre absolutamente irresistible. Vive la poesa que es incapaz de escribir. Los otros escriben la poesa que no se atreven a poner por obra.
-Me pregunto si es realmente as, Harry -dijo Dorian Gray, derramando sobre su pauelo un poco de perfume de un gran frasco con tapn dorado que estaba sobre la mesa-. Debe de ser, si t lo dices. Y ahora tengo que marcharme. Imogen me espera. No te olvides de maana. Hasta la vista.
Cuando Dorian Gray sali de la habitacin, lord Henry cerr los ojos y empez a pensar. Ciertamente, pocas personas le haban interesado tanto como Dorian Gray, si bien la desmedida adoracin del muchacho por otra persona no le produca la menor punzada de fastidio ni de celos. Le agradaba, por el contrario. Lo converta en un objeto de estudio ms interesante. Siempre le haban cautivado los mtodos de las ciencias naturales, pero no su materia habitual, que le pareca trivial y sin importancia. De manera que haba empezado por hacer viviseccin consigo mismo y haba terminado hacindosela a otros. La vida humana era lo nico que le pareca digno de investigar. Comparado con eso, no haba nada que tuviera el menor valor. Aunque si se contemplaba la vida en su curioso crisol de dolor y placer, no era posible cubrir el propio rostro con una mscara de cristal, ni evitar que los vapores sulfricos alterasen el cerebro y enturbiaran la imaginacin con monstruosas fantasas y sueos deformes. Existan venenos tan sutiles que para conocer sus propiedades haba que enfermar con ellos. Y enfermedades tan extraas que era necesario padecerlas para entender su naturaleza. Qu grande, sin embargo, la recompensa recibida! Qu cosa tan maravillosa llegaba a ser el mundo entero! Percibir la peculiar lgica inflexible de la pasin, y la vida del intelecto emocionalmente coloreada; observar dnde se encontraban y dnde se separaban, en qu punto funcionaban al unsono y en qu punto surgan las discordancias: qu gran placer el as obtenido! Qu importancia tena el precio? Nunca se pagaba demasiado por las sensaciones.
Saba perfectamente -y la idea produjo un brillo de placer en sus ojos de gata- que gracias a determinadas palabras suyas, palabras musicales dichas de manera musical, el alma de Dorian Gray se haba vuelto hacia aquella blanca jovencita y se haba inclinado en adoracin ante ella. En gran medida aquel muchacho era una creacin suya. Haba acelerado su madurez, lo que no careca de importancia. La gente ordinaria esperaba a que la vida les desvelase sus secretos, pero para unos pocos, para los elegidos, la vida revelaba sus misterios antes de apartar el velo. Esto era a veces consecuencia del arte, y sobre todo del arte de la literatura, que se ocupa de manera inmediata de las pasiones y de la inteligencia. Pero de cuando en cuando una personalidad compleja ocupaba su sitio y asuma las funciones del arte, y era, de hecho, a su manera, una verdadera obra de arte, porque, al igual que la poesa, la escultura o la pintura, la vida cuenta con refinadas obras maestras.
S; el adolescente era precoz. Estaba recogiendo la cosecha todava en primavera. Tena dentro de s el latido y la pasin de la juventud, pero empezaba a reflexionar sobre todo ello. Era delicioso contemplarlo. Con su hermoso rostro y su alma igualmente hermosa, era un motivo de asombro. Daba lo mismo cmo terminara todo o cmo estuviese destinado a terminar. Era como una de esas figuras llenas de encanto en una cabalgata o en una obra de teatro, cuyas alegras nos parecen muy lejanas, pero cuyos pesares despiertan nuestro sentido de la belleza, y cuyas heridas son como rosas rojas.
Alma y cuerpo, cuerpo y alma, qu misteriosos eran! Haba animalismo en el alma, y el cuerpo tena sus momentos de espiritualidad. Los sentidos podan refinarse y la inteligencia degradarse. Quin poda decir dnde cesaba el impulso carnal o empezaba el psquico? Qu superficiales eran las arbitrarias definiciones de los psiclogos ordinarios! Y, sin embargo, qu dificil pronunciarse entre las afirmaciones de las distintas escuelas! Era el alma un fantasma que habitaba en la casa del pecado? O el cuerpo se funde realmente con el alma, como pensaba Giordano Bruno? La separacin entre espritu y materia era un misterio, y la unin del espritu con la materia tambin lo era.
Empez a preguntarse si alguna vez se conseguira hacer de la psicologa una ciencia tan exacta que fuese capaz de revelarnos hasta el ltimo manantial de la vida. Mientras tanto, siempre nos equivocamos sobre nosotros mismos y raras veces entendemos a los dems. La experiencia carece de valor tico. Es sencillamente el nombre que dan los hombres a sus errores. Por regla general los moralistas la consideran una advertencia, reclaman para ella cierta eficacia tica en la formacin del carcter, la alaban como algo que nos ensea qu camino hemos de seguir y qu abismos evitar. Pero la experiencia carece de fuerza determinante. Tiene tan poco de causa activa como la misma conciencia. Lo nico que realmente demuestra es que nuestro futuro ser igual a nuestro pasado, y que el pecado que hemos cometido una vez, y con amargura, lo repetiremos muchas veces, y con alegra.
Consideraba evidente que el mtodo experimental era el nico que le llevara al anlisis cientfico de las pasiones; Dorian Gray, por su parte, era el sujeto soado, y pareca prometer abundantes y preciosos resultados. Su repentino e insensato amor por Sybil Vane era un fenmeno psicolgico de inters nada desdeable. Sin duda, la curiosidad tena mucho que ver con ello; la curiosidad y el deseo de nuevas experiencias; no se trataba, sin embargo, de una pasin simple sino muy complicada. Lo que haba en ella de instinto adolescente puramente sensual haba sido transformado gracias a la actividad de la imaginacin, transformado en algo que al muchacho mismo le pareca alejado de los sentidos y que era, por esa misma razn, mucho ms peligroso. Las pasiones sobre cuyo origen uno se engaa son las que ms tiranizan. Los motivos que mejor se conocen tienen mucha menos fuerza. Cuntas veces suceda que, al creer que se experimenta sobre otros, experimentamos en realidad sobre nosotros mismos.
Un golpe en la puerta sac a lord Henry de aquella larga ensoacin. Su ayuda de cmara le record que tena que vestirse para cenar. Se levant y mir hacia la calle. El ocaso haba deshecho en dorados escarlatas las ventanas altas de las casas de enfrente. Los cristales brillaban como lminas de metal al rojo vivo. Arriba, el cielo era como una rosa marchita. Lord Henry pens en su amigo, en aquella vida coloreada por todos los fuegos de la juventud, y se pregunt cmo terminara todo.
Cuando regres a su casa, a eso de las doce y media, vio un telegrama sobre la mesa del vestbulo. Al abrirlo descubri que era de Dorian Gray. Le anunciaba que se haba prometido con la seorita Sibyl Vane.
Captulo 5
-Qu feliz soy, madre! -susurr la muchacha, escondiendo el rostro en el regazo de la marchita mujer, de aspecto cansado, que, vuelta de espaldas a la luz demasiado estridente de la ventana, estaba sentada en el nico silln que contena su srdida sala de estar-. Soy muy feliz -repiti-, y t tambin debes serlo!
La seora Vane hizo una mueca de dolor y puso las delgadas manos, con la blancura de los afeites, sobre la cabeza de su hija.
-Feliz! -repiti como un eco-. Slo soy feliz cuando te veo actuar. Slo debes pensar en tu carrera. El seor Isaacs ha sido muy bueno con nosotras, y le debemos dinero.
La muchacha alz la cabeza e hizo un puchero.
-Dinero, madre? -exclam-, qu importancia tiene el dinero? El amor es ms que el dinero.
-El seor Isaacs nos ha adelantado cincuenta libras para pagar nuestras deudas, y para vestir a James como es debido. No debes olvidarlo, Sibyl. Cincuenta libras es mucho. El seor Isaacs ha tenido muchas consideraciones con nosotras.
-No es un caballero, madre, y me desagrada mucho la manera que tiene de hablarme -dijo la muchacha, ponindose en pie y acercndose a la ventana.
-No s cmo podramos arreglrnoslas sin l -respondi la mujer de ms edad con tono quejumbroso.
Sibyl movi la cabeza y se ech a rer.
-Ya no nos hace falta, madre. El prncipe azul gobierna ahora nuestras vidas -luego hizo una pausa. Una rosa se agit en su sangre, encendindole las mejillas. La respiracin, acelerada, abri los ptalos de sus labios, que temblaron. Un viento meridional de pasin sopl sobre ella, moviendo los delicados pliegues del vestido-. Le quiero -aadi con sencillez.
-Estpida nia!, estpida nia! -fue la frase cotorril que recibi como respuesta. El movimiento de unos dedos deformados, cubiertos de falsas joyas, dio un carcter grotesco a aquellas palabras.
La muchacha volvi a rerse. Su voz reflejaba la alegra de un pjaro enjaulado. Sus ojos retomaron la meloda y le hicieron eco con su brillo: luego se cerraron por un momento, como para ocultar su secreto. Cuando se volvieron a abrir, los velaba la niebla de un sueo.
La sabidura de unos labios demasiado finos le habl desde el silln desgastado, aconsejando prudencia, con citas de ese libro sobre la cobarda cuyo autor se disfraza con el nombre de sentido comn. No la escuch. Era libre en la crcel de su pasin. Su prncipe, el prncipe azul, estaba con ella. Haba llamado a la memoria para reconstruirlo. Envi a su alma a buscarlo, y su alma volvi con l. Su beso le quemaba de nuevo la boca. Su aliento le entibiaba los prpados.
La sabidura cambi entonces de mtodo y habl de espiar y descubrir. Aquel joven poda ser rico. En caso afirmativo, haba que pensar en el matrimonio. Contra la concha del odo de Sibyl se estrellaban las olas de la prudencia mundana. Las flechas de la astucia pasaban sin tocarla. Vio que los finos labios se movan, y sonri.
De repente sinti la necesidad de hablar. El silencio lleno de palabras la desazonaba.
-Madre, madre -exclam-, por qu me quiere tanto? S que yo le quiero. Le quiero porque es la imagen de lo que el mismo Amor debe ser. Pero, qu ve l en m? No soy digna de l. Y sin embargo, aunque me veo tan por debajo de l, no siento humildad: siento orgullo, un orgullo terrible, pero no s explicar por qu. Madre, queras a mi padre como yo quiero al prncipe azul? -la mujer de ms edad palideci bajo los polvos demasiado visibles que le embadurnaban las mejillas, y sus labios secos se estremecieron en un espasmo de dolor. Sibyl corri hacia ella, se abraz a su cuello y la bes-. Perdname, madre. Ya s que hablar de mi padre te hace sufrir. Pero sufres porque lo queras muchsimo. No te entristezcas. Soy tan feliz hoy como lo eras t hace veinte aos. Ah, djame que sea feliz para siempre!
-Hijita ma, eres demasiado joven para pensar en enamorarte. Adems, qu sabes de ese joven? Ni siquiera su nombre. Todo esto es muy poco conveniente y, a decir verdad, cuando lames est a punto de irse a Australia y yo tengo tantas preocupaciones, he de decir que podras haber mostrado un poco ms de consideracin. Sin embargo, como ya he dicho antes, en el caso de que sea rico... -Madre, madre! Permteme ser feliz!
La seora Vane se la qued mirando y, con uno de esos falsos gestos teatrales que con tanta frecuencia se convierten casi en segunda naturaleza para un actor, la estrech entre sus brazos. En aquel momento se abri la puerta, y un joven de spero pelo castao entr en la habitacin. Era ms bien corpulento, tena grandes los pies y las manos y se mova con cierta torpeza. No posea la delicadeza de su hermana y era difcil adivinar el estrecho parentesco que exista entre los dos. La seora Vane fij sus ojos en l, y su sonrisa se intensific. Mentalmente elevaba a su hijo a la categora de pblico. Estaba segura de que el tableau era interesante.
-Podras guardar algunos de tus besos para m, Sibyl, pienso yo -dijo el muchacho con tono de amable reproche.
-Pero si no te gusta que te besen! -exclam su hermana-. Siempre has sido un cardo borriquero.
Y cruz corriendo la habitacin para abrazarlo.
James Vane contempl con ternura el rostro de su hermana.
-Ven conmigo a dar un paseo, Sibyl. No creo que vuelva a ver nunca este horrible Londres. Estoy seguro de que no lo echar de menos.
-No digas esas cosas tan horribles, hijo mo -murmur la seora Vane, retomando, con un suspiro, una chabacana pieza de vestuario teatral que empez a remendar. La apenaba un tanto que James no se hubiera incorporado a la compaa, lo que hubiera aumentado el pintoresquismo teatral de la situacin.
-Por qu no, madre? Es lo que siento.
-Me duele que digas eso, hijo mo. No pierdo la esperanza de que regreses de Australia despus de hacer fortuna. Creo que la buena sociedad no existe en las colonias; al menos, nada de lo que yo considero buena sociedad; de manera que cuando hayas triunfado debers volver a Londres y convertirte aqu en una persona conocida.
-Buena sociedad! -murmur el muchacho-. No me interesa nada la buena sociedad. Me gustara ganar algn dinero para sacaros a ti y a Sibyl de los escenarios. Aborrezco la vida del teatro.
-Jim! -exclam Sibyl, riendo-, qu poco amable por tu parte! De verdad quieres dar un paseo conmigo? Eso est bien! Tema que fueses a despedirte de algunos de tus amigos..., de Tom Hardy, que te regal esa pipa espantosa, o de Ned Langton, que te toma el pelo fumando en ella. Me conmueve que me concedas tu ltima tarde. Qu hacemos? Vamos al parque?
-No tengo ropa adecuada -respondi su hermano, frunciendo el ceo-. Al parque slo va gente elegante. -Tonteras, Jim -susurr Sibyl, acaricindole la manga de la chaqueta.
James vacil un momento.
-De acuerdo -dijo por fin-, pero no tardes demasiado en vestirte.
Sibyl dio unos pasos de baile hasta la puerta. Se la oy cantar mientras suba corriendo las escaleras y luego el ruido de sus pies en el piso superior.
Su hermano recorri la habitacin dos o tres veces antes de volverse hacia la figura inmvil en el silln.
-Estn listas mis cosas, madre? -pregunt.
-Todo est preparado, James -respondi la seora Vane sin levantar los ojos de su labor. Desde haca varios meses se senta incmoda cuando se quedaba a solas con aquel hijo suyo tan tosco y tan severo. Tema revelar su secreta frivolidad cada vez que sus miradas se cruzaban. Y se preguntaba con frecuencia si James sospechaba algo. El silencio, porque su hijo no hizo ya ninguna otra observacin, lleg a resultarle intolerable y empez a quejarse. Las mujeres se defienden atacando, como tambin atacan mediante repentinas y extraas rendiciones-. Espero que ests satisfecho con tu vida en el mar -dijo-. Recuerda que eres t quien la ha elegido. Podras haber entrado en el bufete de un abogado. Los abogados son personas muy respetables, y en provincias comen a menudo con las mejores familias.
-Aborrezco los despachos y los oficinistas -replic su hijo-. Pero tienes toda la razn. Soy yo quien ha elegido vivir as. Slo te pido que cuides de Sibyl. No permitas que le suceda nada malo. Tienes que cuidarla, madre.
-Hablas de una manera muy extraa, James. Claro est que cuidar de Sibyl.
-Me han dicho que hay un caballero que va todas las noches al teatro y luego charla con ella entre bastidores. Es cierto? Qu hay de eso?
-Hablas de cosas que no entiendes, James. En nuestra profesin estamos acostumbradas a recibir atenciones. Hubo un tiempo en que yo misma reciba muchos ramos de flores. Entonces s que se entenda el trabajo de los actores. En cuanto a Sibyl, ignoro si en el momento actual su inters es serio o no. Pero no hay duda de que el joven que mencionas es un perfecto caballero. A m me trata con extraordinaria correccin. Por otra parte, da la sensacin de ser rico, y las flores que manda son muy bonitas.
-Pero no sabes cmo se llama -dijo el muchacho con aspereza.
-No -respondi la seora Vane con una plcida expresin en el rostro-. No ha revelado an su verdadero nombre. Y me parece muy romntico. Probablemente se trata de un aristcrata.
James Vane se mordi los labios.
-Cuida de Sibyl, madre -exclam-. Cudala!
-Hijo mo, me duelen mucho tus palabras. Siempre cuido de Sibyl de manera muy especial. Por supuesto, si ese caballero es rico, no hay razn para que no se case con l. Estoy segura de que se trata de un aristcrata. Tiene todo el aspecto, no hay la menor duda. Sera un matrimonio brillantsimo para Sibyl. Haran una pareja encantadora. Es un muchacho muy apuesto, todo el mundo lo advierte.
El joven murmur algo para sus adentros y tablete sobre el cristal de la ventana con sus dedos de trabajador. Acababa de volverse para decir algo cuando se abri la puerta y entr Sibyl.
-Qu serios estis! -exclam-. Qu sucede?
-Nada -respondi su hermano-. Supongo que a veces hay que ponerse serio. Hasta luego, madre; cenar a las cinco. El equipaje est hecho, a excepcin de las camisas, as que no tienes que preocuparte.
-Hasta luego, hijo mo -respondi ella, con una inclinacin resentidamente majestuosa.
Estaba muy molesta con el tono que su hijo haba adoptado con ella, y haba algo en su mirada que le haca sentir miedo.
-Bsame, madre -dijo Sibyl. Sus labios florales tocaron la marchita mejilla, entibiando su escarcha.
-Hija ma, hija ma! -exclam la seora Vane, alzando los ojos al techo en busca de un imaginario anfiteatro. -Vamos, Sibyl -dijo su hermano con impaciencia. Le irritaba la teatralidad de su madre.
Salieron a una luz de reflejos agitados por el viento y empezaron a caminar por la deprimente Euston Road. Los viandantes miraban con asombro al joven corpulento y hosco que, con ropa basta y nada favorecedora, iba acompaado de una joven tan atractiva y de aspecto refinado. Era como un vulgar jardinero paseando con una rosa.
Jim frunca el ceo de cuando en cuando al sorprender la mirada inquisitiva de algn desconocido. Senta, ante las miradas insistentes, el desagrado que los genios slo conocen ya tarde en la vida, y que siempre acompaa a las personas corrientes. Sibyl, sin embargo, no se daba cuenta en absoluto del efecto que causaba. El amor le temblaba en los labios en forma de risa. Pensaba en el prncipe azul y, para poder hacerlo con mayor libertad, se lanz a parlotear sobre el barco en el que Jim iba a hacerse a la mar, sobre el oro que sin duda encontrara, sobre la maravillosa heredera cuya vida salvara de los malvados bandidos de camisa roja. Porque no seguira siendo marinero, o sobrecargo, o lo que fuese que hiciera a bordo. No, no! La existencia de un marinero era espantosa. Qu absurdo encerrarse en un horrible barco que las grupas monstruosas de las olas trataban de invadir, mientras un viento aciago derribaba mstiles y rasgaba velas hasta convertirlas en largos colgajos desmelenados y rugientes. Sin duda, Jim abandonara la nave en Melbourne, se despedira cortsmente del capitn y se pondra en camino hacia las explotaciones aurferas. Antes de que transcurriese una semana habra encontrado una enorme pepita, la mayor jams descubierta, y la transportara hasta la costa en una carreta protegida por seis policas a caballo. Los salteadores los atacaran tres veces, y seran rechazados con inmensas prdidas. O mejor, no. No ira a las explotaciones aurferas, que eran unos sitios horribles, donde los hombres se emborrachaban y se peleaban a tiros en los bares y decan palabras malsonantes. Se dedicara a criar ovejas y, una noche, cuando regresara a su casa a caballo, al ver a la bella heredera, raptada por un ladrn con un caballo negro, los dara caza y la rescatara. Por supuesto la muchacha se enamorara de l, y l de ella, se casaran, volveran a Inglaterra y viviran en una inmensa casa londinense. S, le esperaban aventuras maravillosas. Pero tena que ser muy bueno, y no enfadarse, ni gastarse el dinero tontamente. Sibyl slo era un ao mayor que Jim, pero saba mucho ms sobre la vida. Tambin tena que escribirle siempre que hubiera correo, y decir sus oraciones todas las noches antes de acostarse. Dios era muy bueno y cuidara de l. Tambin ella rezara por l, y al cabo de muy pocos aos regresara, muy rico ya y muy feliz.
El muchacho la escuch hoscamente y no hizo ningn comentario. Se le parta el corazn al pensar en abandonar su hogar.
Pero no era slo eso lo que le deprima y pona de mal humor. Pese a su falta de experiencia, se daba cuenta con toda claridad de los peligros de la situacin de Sibyl. Aquel joven dandi que le haca la corte no le traera la felicidad. Era un caballero y lo aborreca por eso, con una extraa repugnancia instintiva que no saba explicar y que, por esa misma razn, resultaba an ms imperiosa. Tampoco se le ocultaba la superficialidad y vanidad de su madre, y adverta en ello un peligro infinito para Sibyl y para su felicidad. Los hijos comienzan la vida amando a sus padres; al hacerse mayores, los juzgan, y en ocasiones los perdonan.
Su madre! Haba algo que quera preguntarle y que le obsesionaba, algo sobre lo que llevaba muchos meses cavilando en silencio. Una frase casual que haba odo en el teatro, un susurro burln, que lleg una noche hasta sus odos mientras esperaba junto a la salida de artistas, haban puesto en marcha una horrible cadena de pensamientos. Lo recordaba como un golpe de fusta en pleno rostro. Frunci el ceo formando un surco muy profundo y con un estremecimiento doloroso se mordi los labios.
-No escuchas una sola palabra de lo que digo, Jim -exclam Sibyl-, a pesar de que hago los planes ms maravillosos para tu futuro. Haz el favor de hablarme.
-Qu quieres que diga?
-Pues que vas a ser un buen chico y que no te olvidars de nosotras -respondi su hermana, sonrindole.
Jim se encogi de hombros.
-Ser ms fcil que t te olvides de m que yo de ti. Sibyl se ruboriz.
-Qu quieres decir? -pregunt.
-Tienes un nuevo amigo, segn he odo. Quin es? Por qu no me has hablado de l? No te har ningn bien.
-No sigas, Jim! -exclam-. No digas nada contra l. Lo quiero.
-Cmo es posible! Ni siquiera sabes su nombre -respondi el muchacho-. Quin es? Tengo derecho a saberlo.
-Se llama prncipe azul. No te gusta? Vamos, no seas tonto! No debes olvidarlo nunca. Si lo vieras, te daras cuenta de que es la persona ms maravillosa del mundo. Algn da lo conocers, cuando vuelvas de Australia. Te gustar mucho. Le gusta a todo el mundo; y yo.... yo lo quiero. Ojal pudieras venir esta noche al teatro. Estar all, y yo voy a hacer de Julieta. Ah, cmo interpretar mi papel! Imagnate, Jim! Estar enamorada e interpretar a Julieta! Tenerlo all, vindome! Interpretar para darle gusto! Tengo miedo de asustar a la compaa, de asustarlos o de cautivarlos. Amar es superarse. Ese pobre y terrible seor Isaacs se har lenguas de mi talento ante los holgazanes de su bar. Me ha predicado como un dogma; esta noche me anunciar como una revelacin. Lo adivino. Y es todo suyo, nicamente suyo, de mi prncipe azul, mi enamorado maravilloso, mi dador divino de todas las gracias. Pero soy pobre a su lado. Pobre? Qu importa eso? Si la pobreza llama humildemente a la puerta, el amor entra por la ventana. Hay que volver a escribir nuestros refranes. Se hicieron en invierno, y ahora estamos en verano; primavera para m, creo yo, un baile de botones de rosa en un cielo azul.
-Es un caballero -dijo el muchacho con resentimiento.
-Un prncipe! -exclam ella, su voz llena de msica-. Qu ms se necesita?
-Quiere esclavizarte.
-Me estremece la idea de ser libre.
-Ten cuidado, te lo ruego.
-Verlo es adorarlo, conocerlo es confiar en l.
-Has perdido la cabeza, Sibyl.
Su hermana se ech a rer y lo tom del brazo.
-Mi querido y maduro Jim, hablas como si tuvieras cien aos. Algn da tambin t te enamorars. Entonces sabrs de qu se trata. No pongas ese gesto tan enfurruado. Debe alegrarte pensar que, aunque t te vayas, me dejas ms feliz que nunca. La vida ha sido dura para nosotros dos, terriblemente dura y difcil. Pero a partir de ahora ser diferente. T te vas a un mundo nuevo, y yo he descubierto uno. Aqu hay dos sillas libres; vamos a sentarnos y a ver pasar a la gente elegante.
Se sentaron en medio de una multitud de ociosos. Los macizos de tulipanes al otro lado de la avenida ardan, convertidos en palpitantes anillos de fuego. Un polvo blanco, se dira una trmula nube de polvo de lirios, flotaba en el aire jadeante. Los parasoles de colores brillantes suban y bajaban como mariposas gigantes.
Sibyl hizo hablar a su hermano de s mismo, de sus esperanzas, de sus proyectos. Jim se expresaba lentamente y con dificultad. Fueron pasndose palabras como los jugadores se pasan fichas. Sibyl empez a deprimirse. No lograba comunicar su alegra. Todos sus esfuerzos no conseguan otro eco que una dbil sonrisa en las comisuras de aquella boca adusta. Despus de algn tiempo dej de hablar. De repente vislumbr unos cabellos dorados y unos labios que rean: Dorian Gray pasaba en un coche abierto con dos damas.
Sibyl se puso en pie de un salto.
-Ah est! -exclam.
-Quin?
-Mi prncipe azul -respondi ella, siguiendo la victoria con la vista.
Tambin su hermano se puso en pie y la agarr bruscamente por el brazo.
-Ensamelo. Quin es? Selamelo. Tengo que verlo! -exclam; pero en aquel momento se interpuso el coche del duque de Berwick, tirado por cuatro caballos, y cuando de nuevo se despej el horizonte, el otro vehculo haba abandonado el parque.
-Se ha ido -murmur Sibyl, entristecida-. Me gustara que lo hubieras visto.
-A m tambin me hubiera gustado, porque tan cierto como que hay un Dios en el cielo, si alguna vez te hace dao, lo matar.
Su hermana lo mir horrorizada. Jim repiti lo que haba dicho, y sus palabras cortaron el aire como un pual. La gente a su alrededor se qued boquiabierta. Una seora que estaba muy cerca ri nerviosamente.
-Vmonos, Jim, vmonos -susurr Sibyl. l la sigui, sin dejarse intimidar, a travs de la multitud. Se alegraba de haber dicho lo que haba dicho.
Cuando llegaron a la estatua de Aquiles, Sibyl se volvi hacia su hermano. La piedad de sus ojos se transform en risa al llegar a los labios.
-Ests loco, Jim, completamente loco -le dijo, moviendo la cabeza-; un chico con muy mal genio, eso es todo. Cmo puedes imaginar cosas tan horribles? No sabes lo que dices. Sencillamente tienes celos y eres muy poco amable. Ojal te enamorases! El amor hace buenas a las personas, y eso que has dicho ha sido una maldad.
-Tengo diecisis aos -respondi Jim-, y s lo que me digo. Nuestra madre no te ayuda en absoluto. No sabe cmo hay que cuidarte. Preferira no tener que irme a Australia. Estoy por mandarlo todo a paseo. Lo hara si no hubiera firmado el contrato.
-No te pongas tan serio, Jim. Eres como uno de los hroes de esos melodramas estpidos que a nuestra madre tanto le gustaba representar. No me voy a pelear contigo. Lo he visto y verlo es la felicidad perfecta. No reiremos. S que nunca hars dao a alguien a quien yo ame, verdad que no?
-No, mientras todava lo quieras, imagino -fue su hosca respuesta.
-Le querr siempre! -exclam Sibyl.
-Y l?
-Tambin siempre!
-Ms le vale.
Sibyl se apart ligeramente de l. Luego se ech a rer y le puso la mano en el brazo. No era ms que un nio.
En Marble Arch tomaron un mnibus que los dej cerca de su modesto hogar. Eran ms de las cinco, y Sibyl tena que descansar echada un par de horas antes de la representacin. Jim insisti en que lo hiciera. Dijo que prefera despedirse de ella cuando su madre no estuviera presente. Con toda seguridad hara una escena, y Jim detestaba cualquier clase de escena.
Se separaron en la habitacin de Sibyl. El corazn del muchacho estaba dominado por los celos, y senta un odio feroz, asesino, contra aquel extrao que, en su opinin, se haba interpuesto entre ellos. Sin embargo, cuando Sibyl le ech los brazos al cuello y le acarici el cabello con los dedos, Jim se abland y la bes con sincero afecto. Tena los ojos llenos de lgrimas mientras bajaba las escaleras.
Su madre lo esperaba abajo. Se quej de su falta de puntualidad al verlo entrar. Jim no respondi, pero se sent para consumir su modesta cena. Las moscas zumbaban en torno a la mesa y corran sobre el mantel poco limpio. Entre el ruido sordo de los mnibus y el alboroto de los coches de punto, oa la voz montona que devoraba cada uno de los minutos que le quedaban.
Al cabo de algn tiempo apart el plato y ocult la cabeza entre las manos. Estaba convencido de que tena derecho a saber. Tendran que habrselo dicho antes, si todo haba sucedido como l sospechaba. Su madre lo observaba dominada por el miedo. Las palabras salan maquinalmente de sus labios. Con los dedos retorca un pauelo de encaje hecho jirones. Al darlas seis el reloj de pared, Jim se puso en pie y se dirigi hacia la puerta. Luego se volvi y sus miradas se encontraron. En los ojos maternos descubri una desesperada solicitud de compasin que lo llen de clera.
-Madre, hay algo que tengo que pedirte -dijo. Los ojos de la seora Vane deambularon sin rumbo por el cuarto, pero no contest-. Dime la verdad. Tengo derecho a saber. Estabas casada con mi padre?
La seora Vane dej escapar un hondo suspiro, un suspiro de alivio. El terrible momento, el momento que haba temido de da y de noche, durante semanas y meses, haba llegado al fin, pero no senta terror. En cierta medida, de hecho, fue ms bien una desilusin. Una pregunta tan vulgarmente directa exiga una respuesta igualmente directa. No era una situacin a la que se hubiera llegado poco a poco. Era tosca. A la seora Vane le hizo pensar en un ensayo poco satisfactorio.
-No -respondi, maravillada de la dura simplicidad de la vida.
-En ese caso mi padre era un sinvergenza! -exclam el muchacho, apretando los puos.
Su madre neg con la cabeza.
-Yo saba que no estaba libre. Nos queramos mucho. Si hubiera vivido, habra atendido a nuestras necesidades. No lo condenes, hijo mo. Era tu padre y un caballero. Perteneca a una excelente familia.
A Jim se le escap un juramento.
-A m no me importa -exclam-, pero no permitas que a Sibyl... Es un caballero, no es eso, el tipo que est enamorado de ella, o dice que lo est? De una familia excelente, tambin, imagino.
Por un instante, la seora Vane se sinti terriblemente humillada. Inclin la cabeza. Se limpi los ojos con manos temblorosas.
-Sibyl tiene madre -murmur-; yo no la tena.
El muchacho se conmovi. Fue hacia ella, se inclin y la bes.
-Siento haberte apenado, preguntndote por mi padre -dijo-, pero no he podido evitarlo. He de irme ya. Adis.
No olvides que ahora slo tienes que cuidar de Sibyl, y creme cuando te digo que si ese hombre engaa a mi hermana, descubrir quin es, lo encontrar y lo matar como a un perro, lo juro.
Lo desmedido de la amenaza, el gesto apasionado que la acompa, las palabras melodramticas, hicieron que por un momento la vida recuperase algo de su brillo para la actriz. Todo aquello recreaba un ambiente con el que estaba familiarizada. Respir con mayor libertad y por primera vez en muchos meses sinti verdadera admiracin por su hijo. Le hubiera gustado continuar la escena en el mismo nivel emocional, pero Jim se lo impidi. Haba que bajar bales, localizar alguna prenda de abrigo. El criado para todo de la pensin entraba y sala sin cesar. Era necesario ajustar el precio con el cochero. La intensidad del momento se perdi en detalles vulgares. Desde la ventana, la seora Vane agit su maltrecho pauelo de encaje con un renovado sentimiento de decepcin mientras su hijo se alejaba. Se daba cuenta de que se haba perdido una gran oportunidad. Se consol diciendo a Sibyl cun desolada sera su vida ahora que slo tena a una hija a quien cuidar. Recordaba la frase de Jim, que le haba gustado. De sus amenazas no dijo nada. La manera de expresarla haba sido vigorosa y dramtica. La seora Vane tena la impresin de que algn da todos la recordaran riendo.
Captulo 6
-Has odo las noticias? -pregunt lord Henry aquella noche a Hallward cuando un camarero lo hizo entrar en el pequeo reservado del Bristol donde estaba preparada una cena para tres.
-No -respondi el artista, entregando sombrero y abrigo al camarero, quien procedi a hacerle una reverencia-. De qu se trata? Nada que tenga que ver con la poltica, espero. No me interesa. Apenas hay una sola persona en la Cmara de los Comunes que se merezca un retrato, aunque muchos de ellos mejoraran blanquendolos un poco.
-Dorian Gray se ha prometido -dijo lord Henry, examinando atentamente a su amigo mientras hablaba.
Hallward se sobresalt y luego frunci el entrecejo.
-Dorian prometido! -exclam-. Imposible!
-Es absolutamente cierto.
-Con quin?
-Con una actricilla de poco ms o menos.
-No me lo puedo creer. Dorian es demasiado sensato. -Dorian es demasiado prudente para no hacer alguna tontera de cuando en cuando, mi querido Basil.
-Casarse es una cosa que difcilmente se puede hacer de cuando en cuando, Harry.
-Excepto en los Estados Unidos -replic lnguidamente lord Henry-. Pero yo no he dicho que se haya casado. He dicho que se ha prometido. Hay una gran diferencia. Recuerdo con mucha claridad estar casado, pero no tengo recuerdo alguno de estar prometido. Me inclino a creer que nunca estuve prometido.
-Pero piensa en la cuna de Dorian, en su posicin, en su riqueza. Sera absurdo que se casara tan por debajo de sus posibilidades.
-Si de verdad quieres que se case con la chica, dile precisamente eso. Puedes estar seguro de que lo har. Siempre que un hombre hace algo perfectamente estpido, lo hace por el ms noble de los motivos.
-Espero que la chica sea buena. No quisiera ver a Dorian atado a alguna horrenda criatura que pueda envilecer su cuerpo y destruir su inteligencia.
-No, no; la chica es mejor que buena..., es hermosa -murmur lord Henry, saboreando un vaso de vermut con zumo de naranjas amargas-. Dorian dice que es hermosa, y no suele equivocarse en ese tipo de cuestiones. Tu retrato ha afinado su apreciacin de las personas. se ha sido, entre otros, uno de sus excelentes resultados. Vamos a conocerla esta noche, si es que ese muchacho no olvida su cita con nosotros.
-Hablas en serio?
-Completamente en serio. Me sentira terriblemente mal si creyera que alguna vez llegar a hablar ms seriamente que en este momento.
-Pero, t lo apruebas, Harry? -pregunt el pintor, paseando por el reservado y mordindose los labios-. Es imposible que lo apruebes. Se trata slo de un capricho.
-Yo ya no apruebo ni desapruebo nada. Es una actitud absurda ante la vida. No se nos pone en el mundo para airear nuestros prejuicios morales. Nunca doy la menor importancia a lo que dice la gente vulgar, y nunca interfiero con lo que hacen las personas encantadoras. Si una personalidad me fascina, cualquier modo de expresin que elija me parecer delicioso. Dorian Gray se enamora de una hermosa muchacha que interpreta a Julieta y se propone casarse con ella. Por qu no? Si contrajera matrimonio con Mesalina no me parecera menos interesante. Sabes perfectamente que no soy defensor del matrimonio. El verdadero inconveniente del matrimonio es que mata el egosmo. Y las personas sin egosmo son incoloras. Carecen de individualidad. De todos modos, hay algunos temperamentos que se hacen ms complejos con el matrimonio. Conservan su egosmo y le aaden otros muchos. Se ven forzados a vivir ms de una vida. Se convierten en personas sumamente organizadas, y organizarse muy bien la vida, creo yo, es el objeto de la existencia humana. Adems, toda experiencia tiene valor y, se diga lo que se quiera contra el matrimonio, no cabe duda de que es una experiencia. Espero que Dorian Gray haga de esa muchacha su esposa, que la adore apasionadamente por espacio de seis meses y que luego, de repente, quede fascinado por otra persona. Ser un maravilloso tema de estudio.
-No crees ni una sola palabra de lo que dices; sabes perfectamente que no. Si Dorian Gray echara a perder su vida, nadie lo sentira ms que t. Eres mucho mejor persona de lo que finges.
Lord Henry se ech a rer.
-La razn de que nos guste pensar bien de los dems es que tenemos miedo a lo que pueda sucedernos. La base del optimismo es el terror. Pensamos que somos generosos porque atribuimos a nuestro vecino las virtudes que ms pueden beneficiarnos. Alabamos al banquero para que no nos penalice por estar en nmeros rojos y encontramos buenas cualidades en el salteador de caminos con la esperanza de que respete nuestra bolsa. Creo todo lo que he dicho. Desprecio profundamente el optimismo. En cuanto a echar a perder una vida, una vida slo se echa a perder cuando se detiene su crecimiento. Si quieres estropear una personalidad, basta reformarla. Por lo que hace al matrimonio, por supuesto que sera una estupidez, pero hay otros vnculos, mucho ms interesantes, entre hombres y mujeres. Estoy desde luego dispuesto a alentarlos. Tienen el encanto de estar de moda. Pero aqu llega Dorian, que te lo contar todo mejor que yo.
-Basil, Harry, los dos tenis que felicitarme! -dijo el muchacho, desprendindose impaciente de la capa con forro de satn y procediendo a estrechar la mano de sus dos amigos-. No he sido nunca tan feliz. Ya s que es repentino; todo lo realmente delicioso lo es. Y, sin embargo, me parece que no he buscado otra cosa en toda mi vida -tena la tez encendida a causa de la alegra y la emocin, y pareca singularmente apuesto.
-Espero que seas siempre muy feliz, Dorian -dijo Hallward-, pero no te perdono del todo que no me hayas informado de tu compromiso. A Harry s se lo has dicho.
-Y yo no te perdono que llegues tarde a cenar -intervino lord Henry, poniendo una mano en el hombro del muchacho y sonriendo mientras hablaba-. Vamos a sentarnos y a enterarnos de qu tal es el nuevo chef, y luego nos explicars cmo ha sucedido todo.
-En realidad no hay mucho que contar -exclam Dorian mientras los tres ocupaban sus sitios en torno a la reducida mesa redonda-. Ayer, sencillamente, despus de dejarte; Harry, me vest, cen en el pequeo restaurante italiano de Rupert Street que t me hiciste conocer, y a las ocho estaba en el teatro. Sibyl interpretaba a Rosalinda. Por supuesto, el decorado era horroroso y el actor que haca de Orlando absurdo. Sibyl, en cambio! Tendras que haberla visto! Cuando apareci vestida de muchacho estaba absolutamente maravillosa. Llevaba un jubn de terciopelo color musgo con mangas de color canela, calzas marrones, un precioso sombrerito verde con una pluma de halcn sujeta por una joya, y un gabn con capucha forrado de rojo mate. Nunca me haba parecido tan exquisita. Tena la gracia delicada de esa figurilla de Tanagra que tienes en tu estudio, Basil. Los cabellos rodendole la cara como hojas oscuras en torno a una plida rosa. En cuanto a su interpretacin..., bueno, vais a verla esta noche. Es, ni ms ni menos, una artista nata. Me qued completamente embobado en mi palco cochambroso. Me olvid de que estaba en Londres y en el siglo XIX. Me haba ido con mi amada a un bosque que nadie haba visto nunca. Cuando termin la representacin, pas entre bastidores y habl con ella. Mientras estbamos sentados uno al lado del otro, apareci de repente en sus ojos una mirada que yo no haba visto nunca. Mis labios se movieron hacia los suyos. Nos besamos. No soy capaz de describiros lo que sent en aquel momento. Me pareci que la vida entera se concentraba en un punto perfecto de alegra color rosa. Sibyl se puso a temblar de pies a cabeza, estremecindose como un narciso blanco. Luego se arrodill y me bes las manos. Comprendo que no debera contaros todo esto, pero no puedo evitarlo. Por supuesto, nuestro compromiso es un secreto total. Sibyl ni siquiera se lo ha dicho a su madre. No s lo que dirn mis tutores. Lord Radley montar sin duda en clera. Me da igual. Ser mayor de edad en menos de un ao, y entonces podr hacer lo que quiera. No es cierto que he hecho bien sacando a mi amor de la poesa y encontrando a mi esposa en las obras de Shakespeare? Labios a los que Shakespeare ense a hablar han susurrado su secreto en mi odo. Me han rodeado los brazos de Rosalinda y he besado a Julieta en la boca.
-S, Dorian -dijo Hallward, hablando muy despacio-; supongo que has hecho bien.
-La has visto hoy? -pregunt lord Henry.
Dorian Gray neg con la cabeza.
-La dej en el bosque de Arden y hoy la encontrar en un huerto de Verona.
Lord Henry sabore su champn con aire meditabundo.
-En qu punto mencionaste la palabra matrimonio, Dorian? Y qu respondi ella? Quiz lo hayas olvidado por completo.
-Mi querido Harry, no me comport como si fuera un trato comercial, y no le hice explcitamente una propuesta de matrimonio. Le dije que la amaba y ella respondi que no era digna de ser mi esposa. Que no era digna! Cuando el mundo entero no es nada para m comparado con ella!
-Las mujeres son maravillosamente prcticas -murmur lord Henry-; mucho ms prcticas que nosotros. En situaciones como sa, olvidamos con frecuencia mencionar la palabra matrimonio, pero ellas nos lo recuerdan siempre.
Hallward le puso una mano en el brazo.
-No, Harry. Has disgustado a Dorian, que no es como otros hombres. Dorian nunca hara desgraciada a otra persona. Tiene demasiada delicadeza para una cosa as. Lord Henry mir por encima de la mesa.
-Dorian no est nunca disgustado conmigo -respondi-. He hecho la pregunta por la mejor de las razones, por la nica razn, a decir verdad, que disculpa de hacer cualquier pregunta: la simple curiosidad. Mantengo la teora de que son siempre las mujeres quienes nos proponen el matrimonio y no nosotros a ellas. Excepto, por supuesto, las personas de la clase media. Pero lo cierto es que las clases medias no son modernas.
Dorian Gray se ech a rer y movi la cabeza.
-Eres completamente incorregible, Harry; pero no me importa. Es imposible enfadarse contigo. Cuando veas a Sibyl Vane comprenders que el hombre que la tratara mal sera un desalmado, un ser sin corazn. No entiendo que nadie quiera avergonzar al ser que ama. Y yo amo a Sibyl Vane. Quiero colocarla sobre un pedestal de oro, y ver cmo el mundo venera a la mujer que es ma. Qu es el matrimonio? Una promesa irrevocable. Por eso te burlas de l. No lo hagas! Es una promesa irrevocable la que yo quiero hacer. La confianza de Sibyl me hace fiel, su fe me hace bueno. Cuando estoy con ella, reniego de todo lo que me has enseado. Me convierto en alguien diferente del que has conocido. He cambiado y el simple hecho de tocar la mano de Sibyl Vane hace que te olvide y que olvide tus falsas teoras, tan fascinantes, tan emponzoadas, tan deliciosas.
-Mis teoras...? -pregunt lord Henry, sirvindose un poco de ensalada.
-Tus teoras sobre la vida, tus teoras sobre el amor, tus teoras sobre el placer. Todas tus teoras, de hecho.
-El placer es la nica cosa sobre la que merece la pena elaborar una teora -respondi lord Henry separando bien las palabras con su voz melodiosa-. Pero mucho me temo que no me puedo atribuir esa teora como propia. No me pertenece a m, pertenece a la Naturaleza. El placer es la prueba de fuego de la Naturaleza. Cuando somos felices siempre somos buenos, pero cuando somos buenos no siempre somos felices.
-S, pero, qu quieres decir con bueno? -exclam Basil Hallward.
-S -asinti Dorian, recostndose en el asiento, y mirando a lord Henry sobre el tupido ramo de iris morados que ocupaba el centro de la mesa-, qu quieres decir con bueno?
-Ser bueno es estar en armona con uno mismo -replic lord Henry, tocando el delicado pie de la copa con dedos muy blancos y finos-. Hay disonancia cuando uno se ve forzado a estar en armona con otros. La propia vida..., eso es lo importante. En cuanto a la vida de nuestros vecinos, si uno quiere ser un hipcrita o un puritano, podemos hacer alarde de nuestras ideas sobre moral, pero en realidad esas personas no son asunto nuestro. Por otra parte, las metas del individualismo son las ms elevadas. La moralidad moderna consiste en aceptar las normas de la propia poca. Pero yo considero que, para un hombre culto, aceptar las normas de su poca es la peor inmoralidad.
-Pero, por supuesto, si uno vive tan slo para uno mismo, ha de pagar un precio terrible por hacerlo, no es cierto, Harry? -pregunt el pintor.
-S, en los tiempos que corren se nos cobra excesivamente por todo. Tengo la impresin de que la verdadera tragedia de los pobres es que no pueden permitirse nada excepto renunciar a s mismos. Los pecados hermosos, como los objetos hermosos, son el privilegio de los ricos.
-Hay que pagar de otras maneras adems de con dinero.
-De qu maneras, Basil?
-Imagino que con remordimientos, sufriendo..., bueno, dndose cuenta de la degradacin.
Lord Henry se encogi de hombros.
-Amigo mo, el arte medieval es encantador, pero las emociones medievales estn anticuadas. Se las puede utilizar en las novelas, por supuesto. Pero las cosas que se pueden utilizar en la narrativa son las que han dejado de usarse en la vida real. Creme, ningn hombre civilizado se arrepiente nunca de un placer, y los no civilizados nunca llegan a saber qu es un placer.
-Yo s lo que es el placer -exclam Dorian Gray-. Adorar a alguien.
-Sin duda eso es mejor que ser adorado -respondi lord Henry, jugueteando con una fruta-. Ser adorado es muy molesto. Las mujeres nos tratan como la humanidad trata a sus dioses. Nos rinden culto y estn siempre molestndonos para que hagamos algo por ellas.
-Yo dira que cualquier cosa que piden nos la han dado antes -murmur el muchacho con mucha seriedad-. Crean el amor en nuestra alma. Tienen derecho a pedir correspondencia.
-Eso es completamente cierto -exclam Hallward.
-Nada es completamente cierto -dijo lord Henry.
-Esto s -le interrumpi Dorian-. Has de admitir, Harry, que las mujeres entregan a los hombres el oro mismo de sus vidas.
-Es posible -suspir el otro-,pero inevitablemente lo reclaman en calderilla. se es el problema. Las mujeres, como dijo en cierta ocasin un francs con mucho ingenio, despiertan en nosotros el deseo de producir obras maestras, pero luego nos impiden siempre llevarlas a cabo.
-Eres horrible, Harry! No s por qu te tengo tanto afecto.
-Me lo tendrs siempre -replic lord Henry-. Tomaris caf? Camarero, traiga caf, fine champagne y cigarrillos. No, olvdese de los cigarrillos; tengo algunos yo. Basil, no te permito que fumes puros. Enciende un cigarrillo. El cigarrillo es el perfecto ejemplo de placer perfecto. Es exquisito y deja insatisfecho. Qu ms se puede pedir? S, Dorian, siempre me tendrs afecto. Represento para ti todos los pecados que nunca has tenido el valor de cometer.
-Qu cosas tan absurdas dices! -exclam el muchacho, utilizando el encendedor de plata con forma de dragn que el camarero haba dejado sobre la mesa.
-Vmonos al teatro. Cuando Sibyl salga a escena, encontrars un nuevo ideal de vida. Significar para ti algo que nunca has conocido.
-Lo he conocido todo -dijo lord Henry, en sus ojos una expresin de cansancio-, pero siempre estoy dispuesto a experimentar una nueva emocin. Mucho me temo, sin embargo, que, al menos para m, eso es algo que no existe. De todos modos, quiz tu maravillosa chica me subyugue. Me encanta el teatro. Es mucho ms real que la vida. Vamos, Dorian. T vendrs conmigo. Lo siento, Basil, pero slo hay sitio para dos en la berlina. Tendrs que seguirnos en un coche de punto.
Se levantaron para ponerse los abrigos, tomndose el caf de pie. El pintor, preocupado, haba enmudecido. Le haba invadido la melancola. Le desagradaba mucho aquel matrimonio, aunque en realidad le pareca mejor que otras muchas cosas que podran haber sucedido. Muy poco despus salan a la calle. Hallward se dirigi solo hacia el teatro, como haban convenido, y estuvo contemplando las luces parpadeantes de la berlina que le preceda. Tuvo la extraa sensacin de haber perdido algo. Sinti que Dorian Gray ya no sera nunca para l lo que haba sido en el pasado. La vida se haba interpuesto entre los dos... Los ojos se le llenaron de oscuridad y vio las calles, abarrotadas y centelleantes, a travs de una niebla. Cuando el coche de punto se detuvo ante el teatro tuvo la sensacin de haber envejecido varios aos.
Captulo 7
Aquella noche, por alguna razn, el teatro estaba abarrotado, y el gordo empresario judo que los recibi en la puerta, sonriendo trmulamente de oreja a oreja con expresin untuosa, procedi a escoltarlos hasta el palco con pomposa humildad, agitando sus gruesas manos enjoyadas y hablando a voz en grito. Dorian Gray sinti que le desagradaba ms que nunca. Le pareci que viniendo en busca de Miranda se haba encontrado con Calibn. A lord Henry, por el contrario, ms bien le gust. Al menos eso fue lo que dijo, e insisti en estrecharle la mano, asegurndole que estaba orgulloso de conocer al hombre que haba descubierto a una joya de la interpretacin y que se haba arruinado a causa de un poeta. Hallward se divirti con los rostros del patio de butacas. El calor era insoportable, y la enorme lmpara arda como una dalia monstruosa con ptalos de fuego amarillo. Los jvenes del paraso se haban quitado chaquetas y chalecos, colgndolos de las barandillas. Hablaban entre s de un lado a otro del teatro y compartan sus naranjas con las llamativas chicas que los acompaaban. Algunas mujeres rean en el patio de butacas, con voces chillonas y discordantes. Desde el bar llegaba el ruido del descorchar de las botellas.
-Qu lugar para encontrar a una diosa! -dijo lord Henry.
-Es cierto! -respondi Dorian Gray-. Pero fue aqu donde la encontr, y Sibyl es la encarnacin de la divinidad. Cuando acte, te olvidars de todo. Esas gentes vulgares y toscas, de rostros primitivos y gestos brutales, se transforman cuando Sibyl est en el escenario. Callan y escuchan. Lloran y ren cuando Sibyl quiere que lo hagan. Consigue que respondan como las cuerdas de un violn. Los espiritualiza, y se siente que estn hechos de la misma carne y sangre que nosotros.
-La misma carne y sangre que nosotros! Espero que no! -exclam lord Henry, que observaba a los ocupantes del paraso con sus gemelos de teatro.
-No le hagas caso, Dorian -dijo el pintor-. Yo s entiendo lo que quieres decir y estoy convencido de que esa chica es como dices. La mujer a quien t ames ha de ser maravillosa, y cualquier muchacha que consigue el efecto que describes ha de ser esplndida y noble. Espiritualizar a la propia poca..., eso es algo que merece la pena. Si Sibyl es capaz de dar un alma a quienes han vivido sin ella, si crea un sentimiento de belleza en personas cuyas vidas han sido srdidas y miserables, si los libera de su egosmo y les presta lgrimas por sufrimientos que no son suyos, se merece toda tu adoracin, se merece la adoracin del mundo entero. Tu matrimonio con ella es un acierto. Al principio no lo crea as, pero ahora lo veo de otra manera. Los dioses han hecho a Sibyl Vane para ti. Sin ella hubieras quedado incompleto.
-Gracias, Basil -respondi Dorian Gray, dndole un apretn de manos-. Saba que me entenderas. Harry es tan cnico que me aterra. Pero aqu llega la orquesta. Aunque espantosa, slo toca unos cinco minutos aproximadamente. Luego se levanta el teln, y veris a la muchacha a quien voy a dar toda mi vida, y a la que ya he dado todo lo bueno que hay en m.
Un cuarto de hora despus, acompaada de unos aplausos estruendosos, Sibyl Vane apareci en el escenario. S, no haba duda de su encanto; era, pens lord Henry, una de las criaturas ms encantadoras que haba visto nunca. Haba algo de gacela en su gracia tmida y en sus ojos sorprendidos. Un ligero arrebol, como la sombra de una rosa en un espejo de plata, se asom a sus mejillas cuando vio el teatro abarrotado y entusiasta. Retrocedi unos pasos y pareci que le temblaban los labios. Basil Hallward se puso en pie y empez a aplaudir. Inmvil, como en un sueo, Dorian Gray sigui sentado, mirndola fijamente. Lord Henry la examin con sus gemelos y murmur: Encantadora, encantadora.
La accin transcurra en el vestbulo de la casa de los Capuleto, y Romeo, vestido de peregrino, haba entrado con Mercutio y sus amigos. Los msicos tocaron unos compases de acuerdo con sus posibilidades y comenz la danza. Entre la multitud de actores desangelados y pobremente vestidos, Sibyl Vane se mova como una criatura de un mundo superior. Su cuerpo se agitaba, al bailar, como se mueve una planta dentro del agua. Las ondulaciones de su garganta eran las ondulaciones de un lirio blanco. Sus manos parecan hechas de sereno marfil.
Y, sin embargo, resultaba curiosamente aptica. No manifest signo alguno de alegra cuando sus ojos se posaron sobre Romeo. Las pocas palabras que tena que decir:
Buen peregrino, no reproches tanto
a tu mano un fervor tan verdadero:
si juntan manos peregrino y santo,
palma con palma es beso de palmero...
junto con el breve dilogo que sigue, fueron pronunciadas de manera completamente artificial. La voz era exquisita, pero desde el punto de vista de tono, absolutamente falsa. La coloracin era equivocada. Privaba de vida a los versos. Haca que la pasin resultase irreal.
Dorian Gray fue palideciendo mientras la contemplaba. Estaba desconcertado y lleno de ansiedad. Ninguno de sus dos amigos se atreva a decir nada. Sibyl les pareca absolutamente incompetente. Se sentan horriblemente decepcionados.
De todos modos, comprendan que la verdadera prueba de cualquier Julieta es la escena del balcn en el segundo acto. Esperaran a que llegara. Si fallaba all, todo habra acabado.
De nuevo estaba encantadora cuando reapareci al claro de luna. Eso no se poda negar. Pero lo forzado de su interpretacin resultaba insoportable, y fue empeorando con el paso del tiempo. Sus gestos se hicieron absurdamente artificiales. Subrayaba excesivamente todo lo que tena que decir. El hermoso pasaje:
La noche me oculta con su velo;
si no, el rubor teira mis mejillas
por lo que antes me has odo decir.
fue declamado con la penosa precisin de una colegiala a quien ha enseado a recitar un profesor de elocucin de tercera categora. Y cuando se asom al balcn y lleg a los maravillosos versos:
Aunque seas mi alegra,
no me alegra nuestro acuerdo de esta noche:
demasiado brusco, imprudente, repentino,
igual que el relmpago, que cesa
antes de poder nombrarlo. Amor, buenas noches.
Con el aliento del verano, este brote amoroso
puede dar bella flor cuando volvamos a vernos...
dijo las palabras como si carecieran por completo de sentido. No era nerviosismo. De hecho, lejos de estar nerviosa, pareca absolutamente duea de s misma. Era sencillamente una mala interpretacin, y Sibyl un completo desastre.
Incluso el pblico del patio de butacas y del paraso, vulgar y sin educacin, haba perdido inters por la obra. Incmodos, empezaban a hablar en voz alta y a silbar. El empresario judo, de pie tras los asientos del primer anfiteatro, golpeaba el suelo con los pies y protestaba indignado. Tan slo Sibyl permaneca indiferente.
Al trmino del segundo acto se produjo una tormenta de silbidos. Lord Henry se levant de su asiento y se puso el gabn.
-Es muy hermosa, Dorian -dijo-, pero incapaz de interpretar. Vmonos.
-Voy a quedarme hasta el final -respondi el joven, con una voz crispada y llena de amargura-. Siento mucho baberos hecho perder la velada. Os pido disculpas a los dos.
-Mi querido Dorian, a m me parece que la seorita Vane est enferma -interrumpi Hallward-. Vendremos otra noche.
-Ojal estuviera enferma -replic Dorian Gray-. Pero a m me ha parecido sencillamente insensible y fra. Ha cambiado por completo. Anoche era una gran artista. Hoy es una actriz vulgar, mediocre.
-No hables as de alguien a quien amas, Dorian. El amor es ms maravilloso que el arte.
-Los dos son formas de imitacin -seal lord Henry-. Pero ser mejor que nos vayamos. No debes seguir aqu por ms tiempo, Dorian. No es bueno para la moral ver una mala interpretacin. Adems, supongo que no querrs que tu esposa acte en el teatro. En ese caso, qu importa si interpreta Julieta como una mueca de madera? Es encantadora, y si sabe tan poco de la vida como de actuar en el teatro, ser una experiencia deliciosa. Slo hay dos clases de personas realmente fascinantes: las que lo saben absolutamente todo y las que no saben absolutamente nada. Santo cielo, muchacho, no pongas esa expresin tan trgica! El secreto para conservar la juventud es no permitirse ninguna emocin impropia. Ven al club con Basil y conmigo. Fumaremos cigarrillos y beberemos para celebrar la belleza de Sibyl Vane, que es muy hermosa. Qu ms puedes querer?
-Vete, Harry -exclam el joven-. Quiero estar solo. Y t tambin, Basil. Es que no veis que se me est rompiendo el corazn?
Lgrimas ardientes le asomaron a los ojos. Le temblaban los labios y, dirigindose al fondo del palco, se apoy contra la pared, escondiendo la cara entre las manos.
-Vmonos, Basil -dijo lord Henry, con una extraa ternura en la voz. Un instante despus haban desaparecido.
Casi enseguida se encendieron las candilejas y se alz el teln para el tercer acto. Dorian Gray volvi a su asiento. Estaba plido, pero orgulloso e indiferente. La obra se fue arrastrando, interminable. La mitad del pblico abandon la sala, haciendo ruido con sus pesadas botas y rindose. La representacin haba sido un fiasco total. El ltimo acto se interpret ante una sala casi vaca. Una risa contenida y algunas protestas saludaron la cada del ltimo teln.
Nada ms terminar la obra, Dorian pas entre bastidores, para dirigirse al camerino de la actriz. Encontr all a Sibyl, con una expresin triunfal en el rostro y los ojos llenos de fuego. Estaba radiante. Sonrea, los labios ligeramente abiertos, a causa de un secreto muy personal.
Al entrar Dorian, la muchacha lo mir y apareci en su rostro una expresin de infinita alegra.
-Qu mal he actuado esta noche, Dorian! -exclam. -Horriblemente mal! -respondi l, contemplndola asombrado-. Espantoso! Ha sido terrible. Ests enferma? No puedes hacerte idea de lo que ha sido. No te imaginas cmo he sufrido.
La muchacha sonri.
-Dorian -respondi, acariciando el nombre del amado con la prolongada msica de su voz, como si fuera ms dulce que miel para los rojos ptalos de su boca-. Dorian, deberas haberlo entendido. Pero ahora lo entiendes ya, no es cierto?
-Entender qu? -pregunt l, colrico.
-El porqu de que lo haya hecho tan mal esta noche. El porqu de que de ahora en adelante lo haga siempre mal. El porqu de que no vuelva nunca a actuar bien.
Dorian se encogi de hombros.
-Supongo que ests enferma. Cuando ests enferma no deberas actuar. Te pones en ridculo. Mis amigos se han aburrido. Yo me he aburrido.
Sibyl pareca no escucharlo. Estaba transfigurada por la alegra. Dominada por un xtasis de felicidad. -Dorian, Dorian -exclam-, antes de conocerte, actuar era la nica realidad de mi vida. Slo viva para el teatro. Crea que todo lo que pasaba en el teatro era verdad. Era Rosalinda una noche y Porcia otra. La alegra de Beatriz era mi alegra, e igualmente mas las penas de Cordelia. Lo crea todo. La gente vulgar que trabajaba conmigo me pareca tocada de divinidad. Los decorados eran mi mundo. Slo saba de sombras, pero me parecan reales. Luego llegaste t, mi maravilloso amor!, y sacaste a mi alma de su prisin. Me enseaste qu es la realidad. Esta noche, por primera vez en mi vida, he visto el vaco, la impostura, la estupidez del espectculo sin sentido en el que participaba. Hoy, por vez primera, me he dado cuenta de que Romeo era horroroso, viejo, y de que iba maquillado; que la luna sobre el huerto era mentira, que los decorados eran vulgares y que las palabras que deca eran irreales, que no eran mas, no eran lo que yo quera decir. T me has trado algo ms elevado, algo de lo que todo el arte no es ms que un reflejo. Me has hecho entender lo que es de verdad el amor. Amor mo! Mi prncipe azul! Prncipe de mi vida! Me he cansado de las sombras. Eres para m ms de lo que pueda ser nunca el arte. Qu tengo yo que ver con las marionetas de una obra? Cuando he salido a escena esta noche, no entenda cmo era posible que me hubiera quedado sin nada. Pensaba hacer una interpretacin maravillosa y de pronto he descubierto que era incapaz de actuar. De repente he comprendido lo que significa amarte. Saberlo me ha hecho feliz. He sonredo al or protestar a los espectadores. Qu saben ellos de un amor como el nuestro? Llvame lejos, Dorian; llvame contigo a donde podamos estar completamente solos. Aborrezco el teatro. S imitar una pasin que no siento, pero no la que arde dentro de m como un fuego. Dorian, Dorian, no entiendes lo que significa? Incluso aunque pudiera hacerlo, sera para m una profanacin representar que estoy enamorada. T me has hecho verlo.
Dorian se dej caer en el sof y evit mirarla.
-Has matado mi amor -murmur.
Sibyl lo mir asombrada y se ech a rer. El muchacho no respondi. Ella se acerc, y con una mano le acarici el pelo. A continuacin se arrodill y se apoder de sus manos, besndoselas. Dorian las retir, estremecido por un escalofro.
Luego se puso en pie de un salto, dirigindose hacia la puerta.
-S -exclam-; has matado mi amor. Eras un estmulo para mi imaginacin. Ahora ni siquiera despiertas mi curiosidad. No tienes ningn efecto sobre m. Te amaba porque eras maravillosa, porque tenas genio e inteligencia, porque hacas reales los sueos de los grandes poetas y dabas forma y contenido a las sombras del arte. Has tirado todo eso por la ventana. Eres superficial y estpida. Cielo santo! Qu loco estaba al quererte! Qu imbcil he sido! Ya no significas nada para m. Nunca volver a verte. Nunca pensar en ti. Nunca mencionar tu nombre. No te das cuenta de lo que representabas para m. Pensarlo me resulta intolerable. Quisiera no haberte visto nunca! Has destruido la poesa de mi vida. Qu poco sabes del amor si dices que ahoga el arte! Sin el arte no eres nada. Yo te hubiera hecho famosa, esplndida, deslumbrante. El mundo te hubiera adorado, y habras llevado mi nombre. Pero, ahora, qu eres? Una actriz de tercera categora con una cara bonita.
Sibyl palideci y empez a temblar. Junt las manos, apretndolas mucho, y dijo, con una voz que se le perda en la garganta:
-No hablas en serio, verdad, Dorian? -murmur-. Ests actuando.
-Actuando? Eso lo dejo para ti, que lo haces tan bien -respondi l con amargura.
Alzndose de donde se haba arrodillado y, con una penosa expresin de dolor en el rostro, la muchacha cruz la habitacin para acercarse a l. Le puso la mano en el brazo, mirndole a los ojos. Dorian la apart con violencia.
-No me toques! -grit.
A Sibyl se le escap un gemido apenas audible mientras se arrojaba a sus pies, quedndose all como una flor pisoteada.
-No me dejes, Dorian! -susurr-. Siento no haber interpretado bien mi papel. Pensaba en ti todo el tiempo. Pero lo intentar, claro que lo intentar. Se me present tan de repente..., mi amor por ti. Creo que nunca lo habra sabido si no me hubieras besado, si no nos hubiramos besado. Bsame otra vez, amor mo. No te alejes de m. No lo soportara. No me dejes. Mi hermano... No; es igual. No saba lo que deca. Era una broma... Pero t, no me puedes perdonar lo que ha pasado esta noche? Trabajar muchsimo y me esforzar por mejorar. No seas cruel conmigo, porque te amo ms que a nada en el mundo. Despus de todo, slo he dejado de complacerte en una ocasin. Pero tienes toda la razn, Dorian, tendra que haber demostrado que soy una artista. Qu cosa tan absurda; aunque, en realidad, no he podido evitarlo. No me dejes, por favor -un ataque de apasionados sollozos la atenaz. Se encogi en el suelo como una criatura herida, y los labios bellamente dibujados de Dorian Gray, mirndola desde lo alto, se curvaron en un gesto de consumado desdn. Las emociones de las personas que se ha dejado de amar siempre tienen algo de ridculo. Sibyl Vane le resultaba absurdamente melodramtica. Sus lgrimas y sus sollozos le importunaban.
-Me voy -dijo por fin, con voz clara y tranquila-. No quiero parecer descorts, pero me ser imposible volver a verte. Me has decepcionado.
Sibyl lloraba en silencio, pero no respondi; tan slo se arrastr, para acercarse ms a Dorian. Extendi las manos ciegamente, dando la impresin de buscarlo. El muchacho se dio la vuelta y sali de la habitacin. Unos instantes despus haba abandonado el teatro.
Apenas supo dnde iba. Ms tarde record haber vagado por calles mal iluminadas, de haber atravesado lgubres pasadizos, poblados de sombras negras y casas inquietantes. Mujeres de voces roncas y risas speras lo haban llamado. Borrachos de paso inseguro haban pasado a su lado entre maldiciones, charloteando consigo mismos como monstruosos antropoides. Haba visto nios grotescos apiados en umbrales y odo chillidos y juramentos que salan de patios melanclicos.
Al rayar el alba se encontr cerca de Covent Garden. Al alzarse el velo de la oscuridad, el cielo, enrojecido por dbiles resplandores, se vaci hasta convertirse en una perla perfecta. Grandes carros, llenos de lirios balanceantes, recorran lentamente la calle resplandeciente y vaca. El aire se llen con el perfume de las flores, y su belleza pareci proporcionarle un analgsico para su dolor. Sigui caminando hasta el mercado, y contempl cmo descargaban los vehculos. Un carrero de blusa blanca le ofreci unas cerezas. Dorian le dio las gracias y, preguntndose por qu el otro se haba negado a aceptar dinero a cambio, empez a comrselas distradamente. Las haban recogido a media noche, y tenan la frialdad de la luna. Una larga hilera de muchachos que transportaban cajones de tulipanes y de rosas amarillas y rojas desfilaron ante l, abrindose camino entre enormes montones, verde jade, de hortalizas. Bajo el gran prtico, de columnas grises desteidas por el sol, una bandada de chicas desarrapadas, con la cabeza descubierta, esperaban, ociosas, a que terminara la subasta. Otras se amontonaban alrededor de las puertas batientes del caf de la Piazza. Los pesados percherones se resbalaban y golpeaban con fuerza los speros adoquines, agitando sus arneses con campanillas. Algunos de los cocheros dorman sobre montones de sacos. Con sus cuellos metlicos y sus patas rosadas, las palomas corran de ac para all picoteando semillas.
Despus de algn tiempo, Dorian Gray par un coche de punto que lo llev a su casa. Una vez all, se detuvo unos instantes en el umbral, recorriendo con la mirada la plaza silenciosa, con sus ventanas vacas, sus contraventanas, y los estores de mirada fija. El cielo se haba convertido en un puro palo, y los tejados de las casas brillaban como plata bajo l. De alguna chimenea al otro lado de la plaza empezaba a alzarse una delgada columna de humo que pronto curv en el aire nacarado sus volutas moradas.
En la enorme linterna veneciana -botn dorado de alguna gndola ducal- que colgaba del techo del gran vestbulo revestido de madera de roble, an ardan las luces de tres mecheros, semejantes a delgados ptalos azules con un borde de fuego blanco. Los apag y, despus de arrojar capa y sombrero sobre la mesa, cruz la biblioteca en direccin a la puerta de su dormitorio, una amplia habitacin octogonal en el piso bajo que, dada su reciente pasin por el lujo, acababa de hacer decorar a su gusto, colgando de las paredes curiosas tapiceras renacentistas que haban aparecido almacenadas en un tico olvidado de Selby Royal. Mientras giraba la manecilla de la puerta, su mirada se pos sobre el retrato pintado por Basil Hallward. La sorpresa le oblig a detenerse. Luego entr en su cuarto sin perder la expresin de perplejidad. Despus de quitarse la flor que llevaba en el ojal de la chaqueta, pareci vacilar. Finalmente regres a la biblioteca, se acerc al cuadro y lo examin con detenimiento. Iluminado por la escasa luz que empezaba a atravesar los estores de seda de color crema, le pareci que el rostro haba cambiado ligeramente. La expresin pareca distinta. Se dira que haba aparecido un toque de crueldad en la boca. Era, sin duda, algo bien extrao.
Dndose la vuelta, se dirigi hacia la ventana y alz el estor. El resplandor del alba inund la habitacin y barri hacia los rincones oscuros las sombras fantsticas, que se inmovilizaron, temblorosas. Pero la extraa expresin que Dorian Gray haba advertido en el rostro del retrato sigui presente, ms intensa si cabe. La temblorosa y ardiente luz del sol le mostr los pliegues crueles en torno a la boca con la misma claridad que si se hubiera mirado en un espejo despus de cometer alguna accin abominable.
Estremecido, tom de la mesa un espejo oval, encuadrado por cupidos de marfil, uno de los muchos regalos que lord Henry le haba hecho, y lanz una mirada rpida a sus brillantes profundidades. Ninguna arruga parecida haba deformado sus labios rojos. Qu significaba aquello?
Despus de frotarse los ojos, se acerc al cuadro y lo examin de nuevo. No haba ninguna seal de cambio cuando miraba el lienzo y, sin embargo, no caba la menor duda de que la expresin del retrato era distinta. No se lo haba inventado. Se trataba de una realidad atrozmente visible.
Dejndose caer sobre una silla empez a pensar. De repente, como en un relmpago, se acord de lo que dijera en el estudio de Basil Hallward el da en que el pintor concluy el retrato. S; lo recordaba perfectamente. Haba expresado un deseo insensato: que el retrato envejeciera y que l se conservara joven; que la perfeccin de sus rasgos permaneciera intacta, y que el rostro del lienzo cargara con el peso de sus pasiones y de sus pecados; que en la imagen pintada aparecieran las arrugas del sufrimiento y de la meditacin, pero que l conservara todo el brillo delicado y el atractivo de una adolescencia que acababa de tomar conciencia de s misma. No era posible que su deseo hubiera sido escuchado. Cosas as no sucedan, eran imposibles. Pareca monstruoso incluso pensar en ello. Y, sin embargo, all estaba el retrato, con un toque de crueldad en la boca.
Crueldad! Haba sido cruel? Sibyl era la culpable y no l. La haba soado gran artista, y por creerla grande le haba entregado su amor. Pero Sibyl le haba decepcionado, demostrando ser superficial e indigna. Y, sin embargo, un sentimiento de infinito pesar se apoder de l, al recordarla acurrucada a sus pies y sollozando como una niita. Rememor con cunta indiferencia la haba contemplado. Por qu la naturaleza le haba hecho as? Por qu se le haba dado un alma como aqulla? Pero tambin l haba sufrido. Durante las tres terribles horas de la representacin haba vivido siglos de dolor, eternidades de tortura. Su vida bien vala la de Sibyl. Ella lo haba maltratado, aunque Dorian le hubiera infligido una herida duradera. Las mujeres, adems, estaban mejor preparadas para el dolor. Vivan de sus emociones. Slo pensaban en sus emociones. Cuando tomaban un amante, no tenan otro objetivo que disponer de alguien a quien hacer escenas. Lord Henry se lo haba explicado, y lord Henry saba cmo eran las mujeres. Qu razn haba para preocuparse por Sibyl Vane? Ya no significaba nada para l.
Pero, y el retrato? Qu iba a decir del retrato? El lienzo de Basil Hallward contena el secreto de su vida, narraba su historia. Le haba enseado a amar su propia belleza. Le enseara tambin a aborrecer su propia alma? Volvera alguna vez a mirarlo?
No; se trataba simplemente de una ilusin que se aprovechaba de sus sentidos desorientados. La horrible noche pasada haba engendrado fantasmas. De repente, esa minscula mancha escarlata que vuelve locos a los hombres se haba desplomado sobre su cerebro. El cuadro no haba cambiado. Era locura pensarlo.
Sin embargo, el retrato segua contemplndolo, con el hermoso rostro deformado por una cruel sonrisa. Sus cabellos resplandecan, brillantes, bajo el sol matinal. Los ojos azules del lienzo se clavaban en los suyos. Un indecible sentimiento de compasin le invadi, pero no por l, sino por aquella imagen pintada. Ya haba cambiado y an cambiara ms. El oro se marchitara en gris. Las rosas, rojas y blancas, moriran. Por cada pecado que cometiera, una mancha vendra a ensuciar y a destruir su belleza. Pero no volvera a pecar. El cuadro, igual o distinto, sera el emblema visible de su conciencia. Resistira a la tentacin. Nunca volvera a ver a lord Henry: no volvera a escuchar, al menos, aquellas teoras sutilmente ponzoosas que, en el jardn de Basil Hallward, haban despertado en l por vez primera el deseo de cosas imposibles. Volvera junto a Sibyl Vane, le pedira perdn, se casara con ella, se esforzara por amarla de nuevo. S; era su deber hacerlo. Sin duda haba sufrido ms que l. Pobre chiquilla! Qu cruel y egosta haba sido! La fascinacin que provocara en l renacera. Seran felices juntos. Su vida con ella sera hermosa y pura.
Se levant de la silla y coloc un biombo de grandes dimensiones delante del retrato, estremecindose mientras lo contemplaba. Qu horror!, murmur, y, acercndose a la puerta que daba al jardn, la abri. Al pisar la hierba, respir hondo. El frescor del aire matutino pareci ahuyentar todas sus sombras pasiones. Pensaba slo en Sibyl. Un dbil eco del antiguo amor reapareci en su pecho. Repiti muchas veces su nombre. Los pjaros que cantaban en el jardn empapado de roco parecan hablar de ella a las flores.
Captulo 8
Era ms de medioda cuando se despert. Su ayuda de cmara haba entrado varias veces de puntillas en la habitacin, preguntndose qu haca dormir hasta tan tarde a su amo. Dorian toc finalmente la campanilla, y Vctor apareci sin hacer ruido con una taza de t y un montn de cartas en una bandejita de porcelana de Svres. Luego descorri las cortinas de satn color oliva, con forro azul irisado, que cubran las tres altas ventanas de la alcoba.
-El seor ha dormido muy bien esta noche -dijo, sonriendo.
-Qu hora es, Vctor? -pregunt Dorian, todava medio despierto.
-La una y cuarto, seor.
Qu tarde ya! Se sent en la cama y, despus de tomar unos sorbos de t, se ocup del correo. Una de las cartas era de lord Henry, y la haban trado a mano por la maana. Dorian vacil un momento y luego termin por apartarla. Las dems las abri distradamente. Contenan la usual coleccin de tarjetas, invitaciones para cenar, entradas para exposiciones privadas, programas de conciertos con fines benficos y otras cosas parecidas que llueven todas las maanas sobre los jvenes de la buena sociedad durante la temporada. Haba tambin una factura considerable por un juego de utensilios de aseo Luis XV de plata repujada, factura que Dorian no se haba atrevido an a reexpedir a sus tutores, personas extraordinariamente chapadas a la antigua, incapaces de comprender que vivimos en una poca en la que ciertas cosas innecesarias son nuestras nicas necesidades; tambin encontr varias comunicaciones, redactadas en trminos muy corteses, de los prestamistas de Jermyn Street, ofrecindose a adelantarle cualquier cantidad de dinero sin molestas esperas y a unas tasas de inters sumamente razonables.
Al cabo de unos diez minutos Dorian se levant y, echndose por los hombros una lujosa bata de lana de Cachemira con bordados en seda, entr en el cuarto de bao con suelo de nice. El agua fresca lo despej despus de las muchas horas de sueo. Pareca haber olvidado lo sucedido el da anterior. Una vaga sensacin de haber participado en alguna extraa tragedia se le pas por la cabeza una o dos veces, pero con la irrealidad de un sueo.
En cuanto se hubo vestido, entr en la biblioteca y se sent a tomar un ligero desayuno francs, servido sobre una mesita redonda, prxima a la ventana abierta. Haca un da maravilloso. El aire tibio pareca cargado de especias. Una abeja entr por la ventana y zumb alrededor del cuenco color azul con motivos de dragones que, lleno de rosas amarillas, tena delante. Dorian se sinti perfectamente feliz.
De repente, su mirada se pos sobre el biombo situado delante del retrato y se estremeci.
-El seor tiene fro? -pregunt el ayuda de cmara, colocando una tortilla sobre la mesita-. Cierro la ventana?
Dorian neg con un movimiento de cabeza.
-No tengo fro -murmur.
Era cierto todo lo que recordaba? Haba cambiado de verdad el retrato? O le haba hecho ver su imaginacin una expresin malvada donde slo haba un gesto alegre? Era imposible que un lienzo cambiara. Absurdo. Sera una excelente historia que contarle a Basil algn da. Le hara sonrer.
Sin embargo, qu preciso era el recuerdo! Primero en la confusa penumbra y luego en el luminoso amanecer, haba visto el toque de crueldad en los labios contrados. Casi temi que llegara el momento en que el criado abandonase la biblioteca. Saba que cuando se quedara solo tendra que examinar el retrato. Le daba miedo enfrentarse con la certeza. Cuando, despus de traer el caf y los cigarrillos, Vctor se volvi para marcharse, Dorian sinti un absurdo deseo de decirle que se quedara. Mientras la puerta se cerraba tras l, lo llam. Vctor se detuvo, esperando instrucciones. Dorian se lo qued mirando unos instantes.
-No estoy para nadie -dijo, acompaando las palabras con un suspiro.
Vctor hizo una inclinacin de cabeza y desapareci.
Dorian se alz entonces de la mesa, encendi un cigarrillo y se dej caer sobre un divn extraordinariamente cmodo, situado delante del biombo. El biombo era antiguo, de cuero espaol dorado, estampado con un dibujo Luis XIV demasiado florido. Dorian lo examin con curiosidad, preguntndose si habra ocultado ya alguna vez el secreto de una vida.
Deba realmente apartarlo, despus de todo? Por qu no dejarlo donde estaba? De qu serva conocer la verdad? Si resultaba cierto, era terrible. Si no, por qu preocuparse? Pero, y si, por alguna fatalidad o una casualidad an ms terrible, otros ojos hubieran mirado detrs del biombo, comprobando el horrible cambio? Qu hara si se presentara Basil Hallward y pidiese contemplar el cuadro? Era seguro que Basil acabara por hacer una cosa as. No; tena que examinar el retrato, y hacerlo de inmediato. Cualquier cosa mejor que aquella espantosa duda.
Se levant y cerr las dos puertas con llave. Al menos estara solo mientras contemplaba la mscara de su vergenza. Luego apart el biombo y se vio cara a cara. Era totalmente cierto. El retrato haba cambiado.
Como despus recordara con frecuencia, y siempre con notable asombro, se encontr mirando al retrato con un sentimiento que era casi de curiosidad cientfica. Que aquel cambio hubiera podido producirse le resultaba increble. Y, sin embargo, era un hecho. Exista alguna sutil afinidad entre los tomos qumicos, que se convertan en forma y color sobre el lienzo, y el alma que habitaba en el interior de su cuerpo? Podra ser que lo que el alma pensaba, lo hicieran realidad? Que dieran consistencia a lo que l soaba? O haba alguna otra razn, ms terrible? Se estremeci, sinti miedo y, volviendo al divn, se tumb en l, contemplando el retrato sobrecogido de horror.
Comprendi, sin embargo, que el cuadro haba hecho algo por l. Le haba permitido comprender lo injusto, lo cruel que haba sido con Sibyl Vane. No era demasiado tarde para reparar aquel mal. An poda ser su esposa. El amor egosta e irreal que haba sentido dara paso a un sentimiento ms elevado, se transformara en una pasin ms noble, y el retrato pintado por Basil Hallward sera su gua para toda la vida, sera para l lo que la santidad es para algunos, la conciencia para otros y el temor de Dios para todos. Existan narcticos para el remordimiento, drogas que acallaban el sentido moral y lo hacan dormir. Pero all delante tena un smbolo visible de la degradacin del pecado. Una prueba incontestable de la ruina que los hombres provocan en su alma.
Sonaron las tres de la tarde, las cuatro, y la media hora dej or su doble carilln, pero Dorian Gray no se movi. Trataba de reunir los hilos escarlata de la vida y de tejerlos siguiendo un modelo; encontrar un camino, perdido como estaba en un laberinto de pasiones desatadas. No saba qu hacer, ni qu pensar. Finalmente, volvi a la mesa y escribi una carta ardiente a la muchacha a la que haba amado, implorando su perdn y acusndose de demencia. Llen cuartilla tras cuartilla con atormentadas palabras de pesar y otras an ms patticas de dolor. Existe la voluptuosidad del autorreproche. Cuando nos culpamos sentimos que nadie ms tiene derecho a hacerlo. Es la confesin, no el sacerdote, lo que nos da la absolucin. Cuando Dorian termin la carta sinti que haba sido perdonado.
De repente, llamaron a la puerta, y oy la voz de lord Henry en el exterior.
-Dorian, amigo mo. He de verte. Djame entrar ahora mismo. Es inaceptable que te encierres de esta manera. Al principio no contest, inmovilizado por completo. Pero los golpes en la puerta continuaron, hacindose ms insistentes. S, era mejor dejar entrar a lord Henry y explicarle la nueva vida que haba decidido llevar, reir con l si era necesario hacerlo, alejarse de l si la separacin era inevitable. Ponindose en pie de un salto, se apresur a correr el biombo para que ocultara el cuadro, y luego procedi a abrir la puerta.
-Siento mucho todo lo que ha pasado, Dorian -dijo lord Henry al entrar-. Pero no debes pensar demasiado en ello.
-Te refieres a Sibyl Vane? -pregunt el joven.
-S, por supuesto -respondi lord Henry, dejndose caer en una silla y quitndose lentamente los guantes amarillos-. Es horrible, desde cierto punto de vista, pero t no tienes la culpa. Dime, fuiste a verla despus de que terminara la obra?
-S.
-Estaba convencido de que haba sido as. Le hiciste una escena?
-Fui brutal, Harry, terriblemente brutal. Pero ahora todo est resuelto. No siento lo que ha sucedido. Me ha enseado a conocerme mejor.
-Ah, Dorian, cmo me alegro que te lo tomes de esa manera! Tema encontrarte hundido en el remordimiento y mesndote esos cabellos tuyos tan agradables.
-He superado todo eso -dijo Dorian, moviendo la cabeza y sonriendo-. Ahora soy totalmente feliz. S lo que es la conciencia, para empezar. No es lo que me dijiste que era. Es lo ms divino que hay en nosotros. No te burles, Harry, no vuelvas a hacerlo..., al menos, delante de m. Quiero ser bueno. No soporto la idea de la fealdad de mi alma.
-Una encantadora base artstica para la tica, Dorian! Te felicito por ello. Pero, cmo te propones empezar?
-Casndome con Sibyl Vane.
-Casndote con Sibyl Vane! -exclam lord Henry, ponindose en pie y contemplndolo con infinito asombro-. Pero, mi querido Dorian...
-S, Harry, s lo que me vas a decir. Algo terrible sobre el matrimonio. No lo digas. No me vuelvas a decir cosas como sas. Hace dos das le ped a Sibyl que se casara conmigo. No voy a faltar a mi palabra. Ser mi esposa! -Tu esposa...? No has recibido mi carta? Te he escrito esta maana, y te envi la nota con mi criado.
-Tu carta? Ah, s, ya recuerdo. No la he ledo an, Harry. Tema que hubiera en ella algo que me disgustara. Cortas la vida en pedazos con tus epigramas.
-Entonces, no sabes nada?
-Qu quieres decir?
Lord Henry cruz la habitacin y, sentndose junto a Dorian Gray, le tom las dos manos, apretndoselas mucho.
-Dorian... -dijo-, mi carta..., no te asustes..., era para decirte que Sibyl Vane ha muerto.
Un grito de dolor escap de los labios del muchacho, que se puso en pie bruscamente, liberando sus manos de la presin de lord Henry.
-Muerta! Sibyl muerta! No es verdad! Es una mentira espantosa! Cmo te atreves a decir una cosa as?
-Es completamente cierto, Dorian -dijo lord Henry, con gran seriedad-. Lo encontrars en todos los peridicos de la maana. Te he escrito para pedirte que no recibieras a nadie hasta que yo llegara. Habr una investigacin, por supuesto, pero no debes verte mezclado en ella. En Pars, cosas como sa ponen de moda a un hombre. Pero en Londres la gente tiene muchos prejuicios. Aqu es impensable debutar con un escndalo. Eso hay que reservarlo para dar inters a la vejez. Imagino que en el teatro no saben cmo te llamas. Si es as no hay ningn problema. Te vio alguien dirigirte hacia su camerino? Eso es importante.
Dorian tard unos instantes en contestar. Estaba aturdido por el horror.
-Has hablado de una investigacin? -tartamude finalmente con voz ahogada-. Qu quieres decir con eso? Acaso Sibyl...? Es superior a mis fuerzas, Harry! Pero habla pronto. Cuntamelo todo inmediatamente.
-Estoy convencido de que no ha sido un accidente, aunque hay que conseguir qu la opinin pblica lo vea de esa manera. Parece que cuando sala del teatro con su madre, alrededor de las doce y media ms o menos, dijo que haba olvidado algo en el piso de arriba. Esperaron algn tiempo por ella, pero no regres. Finalmente la encontraron muerta, tumbada en el suelo de su camerino. Haba tragado algo por equivocacin, alguna cosa terrible que usan en los teatros. No s qu era, pero tena cido prsico o carbonato de plomo. Imagino que era cido prsico, porque parece haber muerto instantneamente.
-Qu cosa tan atroz, Harry! -exclam el muchacho. -S, verdaderamente trgica, desde luego, pero t no debes verte mezclado en ello. He visto en el Standard que tena diecisiete aos. Yo la hubiera credo an ms joven. Tena tal aspecto de nia y pareca una actriz con tan poca experiencia! Dorian, no debes permitir que este asunto te altere los nervios. Cenars conmigo y luego nos pasaremos por la pera. Esta noche canta la Patti y estar all todo el mundo. Puedes venir al palco de mi hermana. Ir con unas amigas muy elegantes.
-De manera que he asesinado a Sibyl Vane -dijo Dorian Gray, hablando a medias consigo mismo-; como si le hubiera cortado el cuello con un cuchillo. Pero no por ello las rosas son menos hermosas. Ni los pjaros cantan con menos alegra en mi jardn. Y esta noche cenar contigo, y luego iremos a la pera y supongo que acabaremos la velada en algn otro sitio. Qu extraordinariamente dramtica es la vida! Si todo esto lo hubiera ledo en un libro, Harry, creo que me habra hecho llorar. Sin embargo, ahora que ha sucedido de verdad, y que me ha sucedido a m, parece demasiado prodigioso para derramar lgrimas. Aqu est la primera carta de amor apasionada que he escrito en mi vida. Es bien extrao que mi primera carta de amor est dirigida a una muchacha muerta. Tienen sentimientos, me pregunto, esos blancos seres silenciosos a los que llamamos los muertos? Puede Sibyl sentir, entender o escuchar? Ah, Harry, cmo la amaba hace muy poco! Pero ahora me parece que han pasado aos. Lo era todo para m. Luego lleg aquella noche horrible, ayer?, en la que actu tan espantosamente mal y en la que casi se me rompi el corazn. Me lo explic todo. Era terriblemente pattico. Pero no me conmovi en lo ms mnimo. Me pareci una persona superficial. Aunque luego ha sucedido algo que me ha dado miedo. No puedo decirte qu, pero ha sido terrible. Y decid volver con Sibyl. Comprend que me haba portado mal con ella. Y ahora est muerta. Dios del cielo, Harry! Qu voy a hacer? No sabes en qu peligro me encuentro, y no hay nada que pueda mantenerme en el camino recto. Sibyl lo hubiera conseguido. No tena derecho a quitarse la vida. Se ha portado de una manera muy egosta.
-Mi querido Dorian -respondi lord Henry, sacando un cigarrillo de la pitillera y luego un estuche para cerillas con bao de oro-, la nica manera de que una mujer reforme a un hombre es aburrindolo tan completamente que pierda todo inters por la vida. Si te hubieras casado con esa chica, habras sido muy desgraciado. Por supuesto la hubieras tratado amablemente. Siempre se puede ser amable con las personas que no nos importan nada. Pero habra descubierto enseguida que slo sentas indiferencia por ella. Y cuando una mujer descubre eso de su marido, o empieza a vestirse muy mal o lleva sombreros muy elegantes que tiene que pagar el marido de otra mujer. Y no hablo del faux pas social, que habra sido lamentable, y que, por supuesto, yo no hubiera permitido, pero te aseguro que, de todos modos, el asunto habra sido un fracaso de principio a fin.
-Imagino que s -murmur el muchacho, paseando por la habitacin, horriblemente plido-. Pero pensaba que era mi deber. No es culpa ma que esta espantosa tragedia me impida actuar correctamente. Recuerdo que en una ocasin dijiste que existe una fatalidad ligada a las buenas resoluciones, y es que siempre se hacen demasiado tarde. Las mas desde luego.
-Las buenas resoluciones son intentos intiles de modificar leyes cientficas. No tienen otro origen que la vanidad. Y el resultado es absolutamente nulo. De cuando en cuando nos proporcionan algunas de esas suntuosas emociones estriles que tienen cierto encanto para los dbiles. Eso es lo mejor que se puede decir de ellas. Son cheques que hay que cobrar en una cuenta sin fondos.
-Harry -exclam Dorian Gray, acercndose y sentndose a su lado-, por qu no siento esta tragedia con la intensidad que quisiera? No creo que me falte corazn. Qu opinas t?
-Has hecho demasiadas tonteras durante los ltimos quince das para que se te pueda acusar de eso, Dorian -respondi lord Henry, con su dulce sonrisa melanclica.
El muchacho frunci el ceo.
-No me gusta esa explicacin, Harry -replic-, pero me alegra que no me juzgues sin corazn. No es verdad. S que lo tengo. Y sin embargo he de reconocer que lo que ha sucedido no me afecta como debiera. Me parece sencillamente un final estupendo para una obra maravillosa. Tiene la belleza terrible de una tragedia griega, una tragedia en la que he tenido un papel muy destacado, pero que no me ha dejado heridas.
-Es un caso interesante -dijo lord Henry, que encontraba un placer sutil enjugar con el egosmo inconsciente de su joven amigo-; un caso sumamente interesante. Creo que la verdadera explicacin es sta: sucede con frecuencia que las tragedias reales de la vida ocurren de una manera tan poco artstica que nos hieren por lo crudo de su violencia, por su absoluta incoherencia, su absurda ausencia de significado, su completa falta de estilo. Nos afectan como lo hace la vulgaridad. Slo nos producen una impresin de fuerza bruta, y nos rebelamos contra eso. A veces, sin embargo, cruza nuestras vidas una tragedia que posee elementos de belleza artstica. Si esos elementos de belleza son reales, todo el conjunto apela a nuestro sentido del efecto dramtico. De repente descubrimos que ya no somos los actores, sino los espectadores de la obra. O que somos ms bien las dos cosas. Nos observamos, y el mero asombro del espectculo nos seduce. En el caso presente, qu es lo que ha sucedido en realidad? Alguien se ha matado por amor tuyo. Me gustara haber tenido alguna vez una experiencia semejante. Me hubiera hecho enamorarme del amor para el resto de mi vida. Las personas que me han adorado (no han sido muchas, pero s algunas), siempre han insistido en seguir viviendo despus de que yo dejase de quererlas y ellas dejaran de quererme a m. Se han vuelto corpulentas y tediosas, y cuando me encuentro con ellas se lanzan inmediatamente a los recuerdos. Ah, esa terrible memoria de las mujeres! Qu cosa ms espantosa! Y qu total estancamiento intelectual revela! Se deben absorberlos colores de la vida, pero nunca recordar los detalles. Los detalles siempre son vulgares.
-He de sembrar amapolas en el jardn -suspir Dorian.
-No hace falta -replic su amigo-. La vida siempre distribuye amapolas a manos llenas. Por supuesto, de cuando en cuando las cosas se alargan. En una ocasin no llev ms que violetas durante toda una temporada, a manera de luto artstico por una historia de amor que no acababa de morir. A la larga, termin por hacerlo. No recuerdo ya qu fue lo que la mat. Probablemente, su propuesta de sacrificar por m el mundo entero. se es siempre un momento terrible. Le llena a uno con el terror de la eternidad. Pues bien, querrs creerlo?, la semana pasada, en casa de lady Hampshire, me encontr cenando junto a la dama de quien te hablo, e insisti en revisar toda la historia, en desenterrar el pasado y en remover el futuro. Yo haba sepultado mi amor bajo un lecho de asfdelos. Ella lo sac de nuevo a la luz, asegurndome que haba destrozado su vida. Me veo obligado a sealar que procedi a devorar una cena copiossima, de manera que no sent la menor ansiedad. Pero, qu falta de buen gusto la suya! El nico encanto del pasado es que es el pasado. Pero las mujeres nunca se enteran de que ha cado el teln. Siempre quieren un sexto acto, y tan pronto como la obra pierde inters, sugieren continuarla. Si se las dejara salirse con la suya, todas las comedias tendran un final trgico, y todas las tragedias culminaran en farsa. Son encantadoramente artificiales, pero carecen de sentido artstico. T has tenido ms suerte que yo. Te aseguro que ninguna de las mujeres que he conocido hubiera hecho por m lo que Sibyl Vane ha hecho por ti. Las mujeres ordinarias se consuelan siempre. Algunas se lanzan a los colores sentimentales. Nunca te fes de una mujer que se viste de malva, cualquiera que sea su edad, o de una mujer de ms de treinta y cinco aficionada a las cintas de color rosa. Eso siempre quiere decir que tienen un pasado. Otras se consuelan descubriendo de repente las excelentes cualidades de sus maridos. Hacen ostentacin en tus narices de su felicidad conyugal, como si fuera el ms fascinante de los pecados. Algunas se consuelan con la religin, cuyos misterios tienen todo el encanto de un coqueteo, segn me dijo una mujer en cierta ocasin; y lo comprendo perfectamente. Adems, nada le hace a uno tan vanidoso como que lo acusen de pecador. La conciencia nos vuelve egostas a todos. S; son innumerables los consuelos que las mujeres encuentran en la vida moderna. Y, de hecho, no he mencionado an el ms importante.
-Cul es, Harry? -pregunt el muchacho distradamente.
-Oh, el consuelo ms evidente. El que consiste en apoderarse del admirador de otra cuando se pierde al propio. En la buena sociedad eso siempre rehabilita a una mujer. Pero, realmente, Dorian, qu diferente deba de ser Sibyl Vane de las mujeres que conocemos de ordinario! Hay algo que me parece muy hermoso acerca de su muerte. Me alegro de vivir en un siglo en el que ocurren tales maravillas. Le hacen creer a uno en la realidad de cosas con las que todos jugamos, como romanticismo, pasin y amor.
-Yo he sido horriblemente cruel con ella. Lo ests olvidando.
-Mucho me temo que las mujeres aprecian la crueldad, la crueldad pura y simple, ms que ninguna otra cosa. Tienen instintos maravillosamente primitivos. Las hemos emancipado, pero siguen siendo esclavas en busca de dueo. Les encanta que las dominen. Estoy seguro de que estuviste esplndido. No te he visto nunca enfadado de verdad, aunque me imagino el aspecto tan delicioso que tenas. Y, despus de todo, anteayer me dijiste algo que me pareci entonces puramente caprichoso, pero que ahora considero absolutamente cierto y que encierra la clave de todo lo sucedido.
-Qu fue eso, Harry?
-Me dijiste que para ti Sibyl Vane representaba a todas las heronas novelescas; que una noche era Desdmona y otra Julieta; que si mora como Julieta, volva a la vida como Imogen.
-Nunca resucitar ya -murmur el muchacho, escondiendo la cara entre las manos.
-No, nunca ms. Ha interpretado su ltimo papel. Pero debes pensar en esa muerte solitaria en un camerino de oropel como un extrao pasaje espeluznante de una tragedia jacobea, como una maravillosa escena de Webster, de Ford, o de Cyril Tourneur. Esa muchacha nunca ha vivido realmente, de manera que tampoco ha muerto de verdad. Para ti, al menos, siempre ha sido un sueo, un fantasma que revoloteaba por las obras de Shakespeare y las haca ms encantadoras con su presencia, un caramillo con el que la msica de Shakespeare sonaba mejor y ms alegre. En el momento en que toc la vida real, desapareci el encanto, la vida la ech a perder, y Sibyl muri. Lleva duelo por Ofelia, si quieres. Cbrete la cabeza con cenizas porque Cordelia ha sido estrangulada. Clama contra el cielo porque ha muerto la hija de Brabantio. Pero no malgastes tus lgrimas por Sibyl Vane. Era menos real que todas ellas.
Hubo un momento de silencio. La tarde se oscureca en la biblioteca. Mudas, y con pies de plata, las sombras del jardn entraron en la casa. Los colores desaparecieron cansadamente de los objetos.
Despus de algn tiempo Dorian Gray alz los ojos. -Me has explicado a m mismo, Harry -murmur, con algo parecido a un suspiro de alivio-. Aunque senta lo que has dicho, me daba miedo, y no era capaz de decrmelo. Qu bien me conoces! Pero no vamos a hablar ms de lo sucedido. Ha sido una experiencia maravillosa. Eso es todo. Me pregunto si la vida an me reserva alguna otra cosa tan extraordinaria.
-La vida te lo reserva todo, Dorian. No hay nada que no seas capaz de hacer, con tu maravillosa belleza.
-Pero supongamos, Harry, que me volviera ojeroso y viejo y me llenara de arrugas. Qu sucedera entonces?
-Ah -dijo lord Henry, ponindose en pie para marcharse-, en ese caso, mi querido Dorian, tendras que luchar por tus victorias. De momento, se te arrojan a los pies. No; tienes que seguir siendo como eres. Vivimos en una poca que lee demasiado para ser sabia y que piensa demasiado para ser hermosa. No podemos pasarnos sin ti. Y ahora ms vale que te vistas y vayamos en coche al club. Ya nos hemos retrasado bastante.
-Creo que me reunir contigo en la pera. Estoy demasiado cansado para comer nada. Cul es el nmero del palco de tu hermana?
-Veintisiete, me parece. Est en el primer piso. Encontrars su nombre en la puerta. Pero lamento que no cenes conmigo.
-No me siento capaz -dijo Dorian distradamente-, aunque te estoy terriblemente agradecido por todo lo que me has dicho. Eres sin duda mi mejor amigo. Nadie me ha entendido nunca como t.
-Slo estamos al comienzo de nuestra amistad -respondi lord Henry, estrechndole la mano-. Hasta luego. Te ver antes de las nueve y media, espero. No te olvides de que canta la Patti.
Cuando se cerr la puerta de la biblioteca, Dorian Gray toc la campanilla y pocos minutos despus apareci Vctor con las lmparas y baj los estores. Dorian esper con impaciencia a que se fuera. Tuvo la impresin de que tardaba un tiempo infinito en cada gesto.
Tan pronto como se hubo marchado, corri hacia el biombo, retirndolo. No; no se haba producido ningn nuevo cambio. El retrato haba recibido antes que l la noticia de la muerte de Sibyl. Era consciente de los sucesos de la vida a medida que se producan. La disoluta crueldad que desfiguraba las delicadas lneas de la boca haba aparecido, sin duda, en el momento mismo en que la muchacha bebi el veneno, fuera el que fuese. O era indiferente a los resultados? Simplemente se enteraba de lo que suceda en el interior del alma? No sabra decirlo, pero no perda la esperanza de que algn da pudiera ver cmo el cambio tena lugar delante de sus ojos, estremecindose al tiempo que lo deseaba.
Pobre Sibyl! Qu romntico haba sido todo! Cuntas veces haba fingido en el escenario la muerte que haba terminado por tocarla, llevndosela consigo! Cmo habra interpretado aquella ltima y terrible escena? Lo habra maldecido mientras mora? No; haba muerto de amor por l, y el amor sera su sacramento a partir de entonces. Sibyl lo haba expiado todo con el sacrificio de su vida. No pensara ms en lo que le haba hecho sufrir, en aquella horrible noche en el teatro. Cuando pensara en ella, la vera como una maravillosa figura trgica enviada al escenario del mundo para mostrar la suprema realidad del amor. Una maravillosa figura trgica? Los ojos se le llenaron de lgrimas al recordar su aspecto infantil, su atractiva y fantasiosa manera de ser y su tmida gracia palpitante. Apart apresuradamente aquellos recuerdos y volvi a mirar el cuadro.
Comprendi que haba llegado de verdad el momento de elegir. O acaso la eleccin ya estaba hecha? S; la vida haba decidido por l; la vida y su infinita curiosidad personal sobre la vida. Eterna juventud, pasin infinita, sutiles y secretos placeres, violentas alegras y pecados an ms violentos; no quera prescindir de nada. El retrato cargara con el peso de la vergenza; eso era todo.
Un sentimiento de dolor le invadi al pensar en la profanacin que aguardaba al hermoso rostro del retrato. En una ocasin, en adolescente burla de Narciso, haba besado, o fingido besar, aquellos labios pintados que ahora le sonrean tan cruelmente. Da tras da haba permanecido delante del retrato, maravillndose de su belleza, casi -le pareca a veces- enamorado de l. Cambiara ahora cada vez que cediera a algn capricho? Iba a convertirse en un objeto monstruoso y repugnante, que habra de esconderse en una habitacin cerrada con llave, lejos de la luz del sol que con tanta frecuencia haba convertido en oro deslumbrante la ondulada maravilla de sus cabellos? Qu perspectiva tan terrible!
Por un momento pens en rezar para que cesara la espantosa comunin que exista entre el cuadro y l. El cambio se haba producido en respuesta a una plegaria; quizs en respuesta a otra volviese a quedar inalterable. Y, sin embargo, quin, que supiera algo sobre la Vida, renunciara al privilegio de permanecer siempre joven, por fantstica que esa posibilidad pudiera ser o por fatdicas que resultaran las consecuencias? Adems, estaba realmente en su mano controlarlo? Haba sido una oracin la causa del cambio? Poda existir quiz alguna razn cientfica? Si el pensamiento influa sobre un organismo vivo, no caba tambin que ejerciera esa influencia sobre cosas muertas e inorgnicas? Ms an, no era posible que, sin pensamientos ni deseos conscientes, cosas externas a nosotros vibraran en unin con nuestros estados de nimo y pasiones, tomo llamando a tomo en un secreto amor de extraa afinidad? Pero poco importaba la razn. Nunca volvera a tentar con una plegaria a ningn terrible poder. Si el retrato tena que cambiar, cambiara. Eso era todo. Qu necesidad haba de profundizar ms?
Porque sera un verdadero placer examinar el retrato. Podra as penetrar hasta en los repliegues ms secretos de su alma. El retrato se convertira en el ms mgico de los espejos. De la misma manera que le haba descubierto su cuerpo, tambin le revelara el alma. Y cuando a ese alma le llegara el invierno, l permanecera an en donde la primavera tiembla, a punto de convertirse en verano. Cuando la sangre desapareciera de su rostro, para dejar una plida mscara de yeso con ojos de plomo, l conservara el atractivo de la adolescencia. Ni un tomo de su belleza se marchitara nunca. Jams se debilitara el ritmo de su vida. Como los dioses de los griegos, sera siempre fuerte, veloz y alegre. Qu importaba lo que le sucediera a la imagen coloreada del lienzo? l estara a salvo. Eso era lo nico que importaba.
Volvi a colocar el biombo en su posicin anterior, delante del retrato, sonriendo al hacerlo, y entr en el dormitorio, donde ya le esperaba su ayuda de cmara. Una hora despus se encontraba en la pera, y lord Henry se inclinaba sobre su silla.
Captulo 9
Cuando estaba desayunando a la maana siguiente, el criado hizo entrar a Basil Hallward.
-Me alegro de haberte encontrado, Dorian -dijo el pintor con entonacin solemne-. Vine a verte anoche, y me dijeron que estabas en la pera. Comprend que no era posible. Pero siento que no dijeras adnde ibas en realidad. Pas una velada horrible, temiendo a medias que a una primera tragedia pudiera seguirle otra. Creo que deberas haberme telegrafiado cuando te enteraste de lo sucedido. Lo le casi por casualidad en la ltima edicin del Globe, que encontr en el club. Vine aqu de inmediato, y sent mucho no verte. No s cmo explicarte cunto lamento lo sucedido. Me hago cargo de lo mucho que sufres. Pero, dnde estabas? Fuiste a ver a la madre de esa muchacha? Por un momento pens en seguirte hasta all. Daban la direccin en el peridico. Un lugar en Euston Road, no es eso? Pero tuve miedo de avivar un dolor que no me era posible aliviar. Pobre mujer! En qu estado debe encontrarse! Y su nica hija! Qu ha dicho sobre lo sucedido?
-Mi querido Basil, cmo quieres que lo sepa? -murmur Dorian Gray, bebiendo un sorbo de plido vino blanco de una delicada copa de cristal veneciano, adornada con perlas de oro, con aire de aburrirse muchsimo-. Estaba en la pera. Deberas haber ido all. Conoc a lady Gwendolen, la hermana de Harry. Estuvimos en su palco. Es absolutamente encantadora; y la Patti cant divinamente. No hables de cosas horribles. Basta con no hablar de algo para que no haya sucedido nunca. Como dice Harry, el hecho de expresarlas es lo que da realidad a las cosas. Aunque quiz deba mencionar que no era hija nica. Existe un varn, un muchacho excelente, segn creo. Pero no se dedica al teatro. Es marinero o algo parecido. Y ahora hblame de ti y de lo que ests pintando.
-Fuiste a la pera -exclam Hallward, hablando muy despacio, la voz estremecida por el dolor-. Fuiste a la pera mientras el cadver de Sibyl Vane yaca en algn srdido lugar? Eres capaz de hablarme de lo encantadoras que son otras mujeres y de la maravillosa voz de la Patti, antes de que la muchacha a la que amabas disponga siquiera de la paz de un sepulcro donde descansar? Acaso no sabes los horrores que aguardan a ese cuerpo suyo todava tan blanco?
-Basta! No estoy dispuesto a escucharlo! -exclam Dorian, ponindose en pie con brusquedad-. No me hables de esas cosas. Lo que est hecho, est hecho. Lo pasado, pasado est.
-Al da de ayer le llamas el pasado?
-Qu tiene que ver el lapso de tiempo transcurrido? Slo las personas superficiales necesitan aos para desechar una emocin. Un hombre que es dueo de s mismo pone fin a un pesar tan fcilmente como inventa un placer. No quiero estar a merced de mis emociones. Quiero usarlas, disfrutarlas, dominarlas.
-Eso que dices es horrible, Dorian! Algo te ha cambiado completamente. Sigues teniendo el mismo aspecto que el maravilloso muchacho que, da tras da, vena a mi estudio para posar. Pero entonces eras una persona sencilla, espontnea y afectuosa. Eras la criatura ms ntegra de la tierra. Ahora, no s qu es lo que te ha sucedido. Hablas como si no tuvieras corazn, como si fueras incapaz de compadecerte. Es la influencia de Harry. Lo veo con toda claridad.
El muchacho enrojeci y, llegndose hasta la ventana, contempl durante unos instantes el verdor fulgurante del jardn, baado de sol.
-Es mucho lo que le debo a Harry-dijo por fin-; ms de lo que te debo a ti. T slo me enseaste a ser vanidoso.
-Sin duda estoy siendo castigado por ello; o lo ser algn da.
-No entiendo lo que dices, Basil -exclam Dorian Gray, volvindose-. Tampoco s lo que quieres. Qu es lo que quieres?
-Quiero al Dorian Gray cuyo retrato pint en otro tiempo -dijo el artista con tristeza.
-Basil -dijo el muchacho, acercndose a l, y ponindole la mano en el hombro-, has llegado demasiado tarde. Ayer, cuando o que Sibyl Vane se haba quitado la vida...
-Quitado la vida! Cielo santo! Se sabe a ciencia cierta? -exclam Hallward, mirando horrorizado a su amigo.
-Mi querido Basil! No pensars que ha sido un vulgar accidente? Por supuesto que se ha suicidado.
El hombre de ms edad se cubri la cara con las manos.
-Qu cosa tan terrible -murmur, el cuerpo entero sacudido por un estremecimiento.
-No -dijo Dorian Gray-; no tiene nada de terrible. Es una de las grandes tragedias romnticas de nuestra poca. Por regla general, los actores llevan una vida bien corriente. Son buenos maridos, o esposas fieles, o algo igualmente tedioso. Ya sabes a qu me refiero, virtudes de la clase media y todas esas cosas. Qu diferente era Sibyl, que ha vivido su mejor tragedia! Fue siempre una herona. La ltima noche que actu, la noche en que t la viste, su interpretacin fue mala porque haba conocido la realidad del amor. Cuando conoci su irrealidad, muri, como podra haber muerto Julieta. Volvi de nuevo a la esfera del arte. Haba algo de mrtir en ella. Su muerte tiene toda la pattica inutilidad del martirio, toda su belleza desperdiciada. Pero, como iba diciendo, no debes pensar que no he sufrido. Si hubieras venido ayer en cierto momento, hacia las cinco y media, quiz, o las seis menos cuarto, me habras encontrado llorando. Incluso Harry, que estaba aqu y fue quien me trajo la noticia, no se dio cuenta de lo que me suceda. Sufr inmensamente. Luego el sufrimiento acab. No puedo repetir una emocin. Nadie puede, excepto las personas sentimentales. Y t eres terriblemente injusto, Basil. Vienes aqu a consolarme. Es muy de agradecer. Me encuentras consolado y te enfureces. Bien por las personas compasivas! Me haces pensar en una historia que me cont Harry acerca de cierto filntropo que se pas veinte aos tratando de rectificar un agravio o de cambiar una ley injusta, no recuerdo exactamente de qu se trataba. Finalmente lo consigui, y su decepcin fue inmensa. Como no tena absolutamente nada que hacer, casi se muri de ennui, convirtindose en un perfecto misntropo. Y adems, mi querido Basil, si realmente quieres consolarme, ensame ms bien a olvidar lo que ha sucedido o a verlo desde el ngulo artstico ms conveniente. No era Gautier quien hablaba sobre la consolafon des arts? Recuerdo haber encontrado un da en tu estudio un librito con tapas de vitela en el que descubr por casualidad esa frase deliciosa. Bien, no soy como el joven de quien me hablaste cuando estuvimos juntos en Marlow, el joven para quien el satn amarillo poda consolar a cualquiera de todas las tristezas de la vida. Me gustan las cosas hermosas que se pueden tocar y utilizar. Brocados antiguos, bronces con cardenillo, objetos lacados, marfiles tallados, ambientes exquisitos, lujo, pompa: es mucho lo que se puede disfrutar con todas esas cosas. Pero el temperamento artstico que crean, o que al menos revelan, tiene todava ms importancia para m. Convertirse en el espectador de la propia vida, como dice Harry, es escapar a sus sufrimientos. Ya s que te sorprende que te hable de esta manera. No te has dado cuenta de cmo he madurado. No era ms que un colegial cuando me conociste. Soy un hombre ya. Tengo nuevas pasiones, nuevos pensamientos, nuevas ideas. Soy diferente, pero no debes tenerme menos afecto. He cambiado, pero t sers siempre mi amigo. Es cierto que a Harry le tengo mucho cario. Pero s que t eres mejor. Menos fuerte, porque le tienes demasiado miedo a la vida, pero mejor. Y, qu felices ramos cuando estbamos juntos! No me dejes, Basil, ni te pelees conmigo. Soy lo que soy. No hay nada ms que decir.
El pintor se sinti extraamente emocionado. Apreciaba infinitamente a Dorian, y gracias a su personalidad su arte haba dado un paso decisivo. No caba seguir pensando en hacerle reproches. Tal vez su indiferencia fuese un estado de nimo pasajero. Haba tanta bondad en l, tanta nobleza!
-Bien, Dorian -dijo, finalmente, con una triste sonrisa-; a partir de hoy no volver a hablarte de ese suceso tan terrible. Slo deseo que tu nombre no se vea mezclado en un escndalo. La investigacin judicial se celebra esta tarde. Te han convocado?
Dorian neg con la cabeza; y una expresin de fastidio pas por su rostro al or mencionar la palabra investigacin. Todo aquel asunto tena algo de vulgar y de tosco.
-No saben cmo me llamo -respondi.
-Tampoco ella?
-Slo mi nombre de pila, y estoy seguro de que nunca se lo dijo a nadie. En una ocasin me cont que todos tenan una gran curiosidad por saber quin era yo, pero siempre les deca que era el Prncipe Azul. Una delicadeza por su parte. Has de hacerme un dibujo de Sibyl, Basil. Me gustara tener algo ms que el recuerdo de algunos besos y unas palabras entrecortadas llenas de patetismo.
-Tratar de hacer algo, Dorian, si eso te agrada. Pero tienes que venir y posar para m de nuevo. Sin ti no hago nada que merezca la pena.
-Nunca volver a posar para ti. Es imposible! -exclam Dorian, retrocediendo.
El pintor lo mir fijamente.
-Mi querido Dorian, eso es una tontera! -exclam-. Quieres decir que no te gusta el retrato tuyo que pint? Dnde est? Por qu has colocado ese biombo delante? Djamelo ver. Es lo mejor que he hecho. Haz el favor de retirar el biombo, Dorian. Me parece vergonzoso que tu criado esconda mi retrato de esa manera. Ahora comprendo por qu la habitacin me ha parecido distinta al entrar.
-Mi criado no tiene nada que ver con eso. No imaginars que le dejo arreglar la biblioteca por m? A veces coloca las flores..., eso es todo. No; soy yo quien lo ha hecho. La luz era demasiado fuerte para el retrato.
-Demasiado fuerte! No puede ser. Es un sitio admirable para ese cuadro. Djamelo ver.
Un grito de terror escap de la boca de Dorian Gray, que corri a situarse entre el pintor y el biombo.
-Basil -dijo, sumamente plido-, no debes verlo. No quiero que lo veas.
-Que no vea mi propia obra! No hablas en serio. Por qu tendra que no verlo? -pregunt Hallward, riendo.
-Si tratas de verlo, te juro por mi honor que nunca volver a dirigirte la palabra mientras viva. Hablo completamente en serio. No te doy ninguna explicacin, ni te permito que me la pidas. Pero, recurdalo, si tocas ese biombo, nuestra amistad se habr terminado para siempre.
Hallward qued anonadado. Mir a Dorian Gray con infinito asombro. Nunca lo haba visto as. El muchacho estaba lvido de rabia. Apretaba los puos y sus pupilas eran como discos de fuego azul. Temblaba de pies a cabeza.
-Dorian!
-No digas nada!
-Pero, qu es lo que te pasa? Por supuesto que no voy a mirarlo si t no quieres -dijo, con bastante frialdad, girando sobre los talones y acercndose a la ventana-. Pero me parece bastante absurdo que no pueda ver mi propia obra, sobre todo cuando me dispongo a exponerla en Pars en otoo. Probablemente tendr que darle otra mano de barniz antes, de manera que tendr que verlo algn da, y por qu no hoy?
-Exponerlo? Quieres exponerlo? -exclam Dorian Gray, sintiendo que le invada un extrao terror. Iba a ser el mundo testigo de su secreto? Se quedara la gente con la boca abierta ante el misterio de su vida? Imposible. Haba que hacer algo, no saba an qu, y hacerlo de inmediato.
-S; espero que no te opongas. George Petit va a reunir mis mejores obras para una exposicin personal en la rue de Sze que se inaugurar la primera semana de octubre. El retrato slo estar fuera un mes. Creo que podrs pasarte sin l ese tiempo. De hecho es seguro que no estars en Londres. Y si lo tienes detrs de un biombo, quiere decir que no te importa demasiado.
Dorian Gray se pas la mano por la frente, donde haban aparecido gotitas de sudor. Se senta al borde de un espantoso abismo.
-Hace un mes me dijiste que no lo expondras nunca -exclam-. Por qu has cambiado de idea? Las personas que presums de coherentes sois tan caprichosas como todo el mundo. La nica diferencia es que vuestros caprichos carecen de sentido. No es posible que lo hayas olvidado: me aseguraste con toda la solemnidad del mundo que nada te impulsara a mandarlo a ninguna exposicin. Y a Harry le dijiste exactamente lo mismo.
Se detuvo de repente y apareci en sus ojos un brillo especial. Record que lord Henry le haba dicho en una ocasin, medio en serio medio en broma: Si quieres pasar un cuarto de hora inslito, haz que Basil te cuente por qu no quiere exponer tu retrato. A m me lo cont, y fue toda una revelacin. S; quiz tambin Basil tuviera su secreto. Y si tratara de interrogarlo?
-Basil -le dijo, acercndose mucho y mirndolo fijamente a los ojos-, los dos tenemos un secreto. Hazme saber el tuyo y yo te contar el mo. Qu razn tenas para negarte a exponer el retrato?
El pintor se estremeci a su pesar.
-Si te lo dijera, quiz disminuyera el aprecio que me tienes, y sin duda alguna te reiras de m. Me resulta insoportable que suceda cualquiera de esas dos cosas. Si no quieres que vuelva a ver el cuadro, lo acepto. Siempre puedo mirarte a ti. Si quieres que mi mejor obra permanezca oculta para el mundo, me doy por satisfecho. Tu amistad es ms importante para m que la fama o la reputacin.
-No, Basil; me lo tienes que contar -insisti Dorian Gray-. Creo que tengo derecho a saberlo -el sentimiento de terror haba desaparecido, sustituido por la curiosidad. Estaba decidido a descubrir el misterio de Basil Hafward.
-Vamos a sentarnos, Dorian -dijo el pintor con gesto preocupado-. Sintate y respndeme a una sola pregunta. Has notado algo peculiar en el cuadro? Algo que probablemente no advertiste en un primer momento, pero que se te ha revelado de repente?
-Basil! -exclam el muchacho, agarrndose a los brazos del silln con manos temblorosas, y mirndolo con ojos ms llenos de miedo que de sorpresa.
-Ya veo que s. No digas nada. Espera a escuchar lo que tengo que decir. Desde el momento en que te conoc, tu personalidad ha tenido sobre m la ms extraordinaria de las influencias. Has dominado mi alma, mi cerebro, mis energas. Te convertiste en la encarnacin tangible de ese ideal nunca visto cuyo recuerdo obsesiona a los artistas como un sueo inefable. Te idolatraba. Senta celos de todas las personas con las que hablabas. Te quera para m solo. Slo era feliz cuando estaba contigo. Y cuando te alejabas de m seguas presente en mi arte... Por supuesto nunca te hice saber nada de todo eso. Hubiera sido imposible. No lo habras entendido. Apenas lo entenda yo. Slo saba que haba visto la perfeccin cara a cara, y que, ante mis ojos, el mundo se haba convertido en algo maravilloso; demasiado maravilloso, quiz, porque en una adoracin tan desmesurada existe un peligro, el peligro de perderla, no menos grave que el de conservarla... Pasaron semanas y semanas, y yo estaba cada da ms absorto en ti. Luego sucedi algo nuevo. Te haba dibujado como Paris con una primorosa armadura, y como Adonis con capa de cazador y lanza bruida. Coronado con flores de loto en la proa de la fala de Adriano, mirando hacia la otra orilla sobre las verdes aguas turbias del Nilo. Inclinado sobre un estanque inmvil en algn bosque griego, habas visto en la plata silenciosa del agua la maravilla de tu propio rostro. Y todo haba sido, como conviene al arte, inconsciente, ideal y remoto. Un da, un da fatdico, pienso a veces, decid pintar un maravilloso retrato tuyo tal como eres, no con vestiduras de edades muertas, sino con tu ropa y en tu poca. No s si fue el realismo del mtodo o la maravilla misma de tu personalidad, que se me present entonces sin intermediarios, sin niebla ni velo. Pero s que mientras trabajaba en l, con cada pincelada, con cada toque de color me pareca estar revelando mi secreto. Sent miedo de que otros advirtieran mi idolatra. Comprend que haba dicho demasiado, que haba puesto demasiado de m en aquel cuadro. Decid entonces no permitir que el retrato se expusiera nunca en pblico. T te molestaste un poco; pero no te diste cuenta de todo lo que significaba para m. Harry, a quien le habl de ello, se ri de m. Pero no me import. Cuando el cuadro estuvo terminado, y me qued a solas con l, sent que yo tena razn... Luego, a los pocos das, el lienzo abandon mi estudio, y tan pronto como me libr de la intolerable fascinacin de su presencia, me pareci absurdo imaginar que hubiera algo especial en l, aparte del hecho de que t eras muy bien parecido y de que yo era capaz de pintar. Incluso ahora no puedo por menos de pensar que es un error creer que la pasin que se siente durante la creacin aparece de verdad en la obra creada. El arte es siempre ms abstracto de lo que imaginamos. La forma y el color slo nos hablan de s mismos..., eso es todo. Con frecuencia me parece que el arte esconde al artista mucho ms de lo que lo revela. De manera que cuando recib la invitacin de Pars decid hacer de tu retrato la pieza principal de mi exposicin. Nunca se me ocurri que te negaras. Ahora comprendo que tenas razn. El retrato no se puede mostrar. No te enfades conmigo por lo que te he contado, Dorian. Como le dije a Harry en una ocasin, ests hecho para ser adorado.
Dorian Gray respir hondo. Sus mejillas recobraron el color y sus labios juguetearon con una sonrisa. Haba pasado el peligro. De momento estaba a salvo. Pero no poda dejar de sentir una piedad infinita por el pintor que acababa de hacerle aquella extraa confesin, al tiempo que se preguntaba si alguna vez llegara a sentirse tan dominado por la personalidad de un amigo. Lord Henry tena el encanto de ser muy peligroso. Pero nada ms. Era demasiado inteligente y demasiado cnico para que nadie sintiera por l un afecto apasionado. Habra alguna vez alguien que suscitara en l, en Dorian Gray, tan extraa idolatra? Era sa una de las cosas que le reservaba la vida?
-Me parece extraordinario, Dorian -prosigui Hallward-, que hayas descubierto mi secreto en el retrato. Lo has visto de verdad?
-Vi algo en l -respondi el joven-; algo que me pareci sumamente curioso.
-Bien; ahora ya no te importar que lo vea, no es cierto?
Dorian neg con un movimiento de cabeza.
-No me pidas eso, Basil. No puedo permitir que veas ese cuadro cara a cara.
-Pero llegar algn da en que s.
-Nunca.
-Bien; quizs ests en lo cierto. Me despido de ti. Has sido la nica persona que de verdad ha influido en mi arte. Si he hecho algo que merezca la pena, te lo debo a ti. Ah! No sabes lo que me ha costado decirte todo lo que te he dicho.
-Mi querido Basil -respondi Dorian-, qu es lo que me has contado? Simplemente, que te pareca que me admirabas demasiado. Eso ni siquiera llega a ser un cumplido.
-No era mi intencin hacerte un cumplido. Ha sido una confesin. Ahora que ya la he hecho, tengo la impresin de haber perdido algo de m mismo. Quiz nunca se deba traducir en palabras un sentimiento de adoracin.
-Ha sido una confesin muy decepcionante.
-Qu esperabas, Dorian? No has visto ninguna otra cosa en el cuadro, no es cierto? Haba algo ms que ver?
-No, no haba nada ms. Por qu lo preguntas? Pero no debes hablar de adoracin. No tiene sentido. T y yo somos amigos, y hemos de seguir sindolo siempre.
-Tienes a Harry-dijo el pintor con tristeza.
-Ah, Harry! -exclam el muchacho con una carcajada-. Harry se pasa los das diciendo cosas increbles y las veladas haciendo cosas improbables. Exactamente la clase de vida que me gustara llevar. Pero de todos modos no creo que fuese en busca de Harry cuando tuviera problemas. Creo que ira antes a verte a ti.
-Volvers a posar para m?
-Imposible!
-Destrozas mi vida de artista negndote. Nadie se tropieza dos veces con el ideal. Y son muy pocos los que lo encuentran siquiera una.
-No te lo puedo explicar, pero no puedo volver a posar para ti. Hay algo fatal en un retrato. Tiene vida propia. Ir a tomar el t contigo. Ser igual de placentero.
-Placentero para ti, mucho me temo -murmur Hallward, pesaroso-. Y ahora, adis. Siento que no me dejes ver el cuadro una vez ms. Pero qu se le va a hacer. Entiendo perfectamente tus sentimientos.
Mientras lo vea salir de la habitacin, Dorian Gray no pudo evitar una sonrisa. Pobre Basil! Qu lejos estaba de saber la verdadera razn! Y qu extrao era que, en lugar de verse forzado a revelar su propio secreto, hubiera logrado, casi por casualidad, arrancar a su amigo el suyo! Cuntas cosas le haba explicado aquella extraa confesin! Los absurdos ataques de celos del pintor, su desmedida devocin, sus extravagantes alabanzas, sus curiosas reticencias..., ahora lo entenda todo, y sinti pena. Le pareci que haba algo trgico en una amistad tan cercana al amor.
Suspir y toc la campanilla. Tena que ocultar el retrato a toda costa. No poda correr de nuevo el riesgo de verse descubierto. Haba sido una locura permitir que continuara, ni siquiera por una hora, en una habitacin donde entraban sus amigos.
Captulo 10
Cuando entr el criado, lo mir fijamente, preguntndose si se le habra ocurrido curiosear detrs del biombo. Absolutamente impasible, Vctor esperaba sus rdenes. Dorian encendi un cigarrillo y se acerc al espejo. En l vio reflejado con toda claridad el rostro del ayuda de cmara, mscara perfecta de servilismo. No haba nada que temer por aquel lado. Pero enseguida pens que ms le vala estar en guardia.
Con voz reposada, le encarg decirle al ama de llaves que quera verla, y que despus fuese a la tienda del marquista y le pidiese que enviara a dos de sus hombres al instante. Le pareci que mientras sala de la habitacin, la mirada de Vctor se desviaba hacia el biombo. O era imaginacin suya?
Al cabo de un momento, con su vestido negro de seda, y mitones de hilo a la vieja usanza cubrindole las manos, la seora Leaf entr, apresurada, en la biblioteca. Dorian le pidi la llave del aula.
-La antigua aula, seor Dorian? -exclam el ama de llaves-. Pero si est llena de polvo! Tengo que limpiar y poner orden antes de dejarle entrar. No se la puede ver tal como est, no seor.
-No quiero que ponga usted orden, Leaf. Slo quiero la llave.
-Lo que usted diga, seor, pero se llenar de telaraas. Hace casi cinco aos que no se abre, desde que muri su seora.
Dorian puso mala cara al or hablar de su abuelo. Tena muy malos recuerdos suyos.
-No importa -dijo-. Slo quiero verla, eso es todo. Dme la llave.
-Y aqu la tiene -dijo la anciana, repasando el contenido de su manojo de llaves con manos trmulamente inseguras-. sta es. La sacar enseguida. No pensar usted vivir all, tan cmodo como est aqu?
-No, no -exclam Dorian, algo irritado-. Muchas gracias, Leaf. Eso es todo.
El ama de llaves tard an unos momentos en retirarse, extendindose sobre algn detalle del gobierno de la casa. Dorian suspir, y le dijo que lo administrara todo como mejor le pareciera. Finalmente se march, deshacindose en sonrisas.
Al cerrarse la puerta, Dorian se guard la llave en el bolsillo y recorri la biblioteca con la mirada. Sus ojos se detuvieron en un amplio cubrecama de satn morado con bordados en oro que su abuelo haba encontrado en un convento prximo a Bolonia. S; servira para envolver el horrible lienzo. Quizs se haba utilizado ms de una vez como mortaja. Ahora tendra que ocultar algo con una corrupcin peculiar, peor que la de los muertos: algo que engendrara horrores sin por ello morir nunca. Lo que los gusanos eran para el cadver, seran sus pecados para la imagen pintada en el lienzo, destruyendo su apostura y devorando su gracia. Lo mancharan, convirtindolo en algo vergonzoso. Y sin embargo aquella cosa seguira viva, vivira siempre.
Dorian se estremeci y durante unos instantes lament no haberle contado a Basil la verdadera razn para esconder el retrato. El pintor le hubiera ayudado a resistir la influencia de lord Henry, y otra, todava ms venenosa, que proceda de su propio temperamento. En el amor que Basil le profesaba -porque se trataba de verdadero amor- no haba nada que no fuera noble e intelectual. No era la simple admiracin de la belleza que nace de los sentidos y que muere cuando los sentidos se cansan. Era un amor como el que haban conocido Miguel ngel, y Montaigne, y Winckelmann, y el mismo Shakespeare. S, Basil podra haberlo salvado. Pero ya era demasiado tarde. El pasado siempre se poda aniquilar. Arrepentimiento, rechazo u olvido podan hacerlo. Pero el futuro era inevitable. Haba en l pasiones que encontraran su terrible encarnacin, sueos que haran real la sombra de su perversidad.
Dorian retir del sof la gran tela morada y oro que lo cubra y, con ella en las manos, pas detrs del biombo. Se haba degradado an ms el rostro del lienzo? Le pareci que no haba cambiado; la repugnancia que le inspiraba, sin embargo, iba en aumento. Cabellos de oro, ojos azules, labios encendidos: todo estaba all. Tan slo la expresin era distinta. Le asust su crueldad. Comparado con lo que l descubra all de censura y de condena, cun superficiales los reproches de Basil acerca de Sibyl Vane! Superficiales y anodinos. Su alma misma lo miraba desde el lienzo llamndolo a juicio. Dolorosamente afectado, Dorian arroj la lujosa mortaja sobre el cuadro. Mientras lo haca, llamaron a la puerta. Sali de detrs del biombo cuando entraba el criado.
-Seor, han llegado esas personas.
Dorian sinti que tena que deshacerse de Vctor lo antes posible. No deba saber adnde se llevaba el cuadro. Haba algo malicioso en l, y en sus ojos brillaba el clculo y la traicin. Sentndose en el escritorio, redact velozmente una nota para lord Henry, pidindole que le mandara alguna lectura y recordndole que haban quedado en verse a las ocho y cuarto.
-Espere la respuesta -le dijo al ayuda de cmara al tenderle la misiva-, y haga pasar aqu a esos hombres.
Dos o tres minutos despus se oy de nuevo llamar a la puerta, y el seor Hubbard en persona, el famoso marquista de South Audley Street, entr con un joven ayudante de aspecto ms bien tosco. El seor Hubbard era un hombrecillo de tez colorada y patillas rojas, cuyo entusiasmo por el arte quedaba atemperado por la persistente falta de recursos de la mayora de los artistas que con l se relacionaban. En principio nunca abandonaba su tienda. Esperaba a que los clientes fuesen a verlo. Pero siempre haca una excepcin en favor del seor Gray. Haba algo en Dorian que seduca a todo el mundo. Verlo ya era un placer.
-Qu puedo hacer por usted, seor Gray? -dijo, frotndose las manos, rollizas y pecosas-. He pensado que sera para m un honor venir en persona. Acabo de adquirir un marco que es una joya. En una subasta. Florentino antiguo. Creo que viene de Fonthill. Maravillosamente adecuado para un tema religioso, seor Gray.
-Siento mucho que se haya tomado tantas molestias, seor Hubbard. Ir desde luego a su establecimiento para ver el marco, aunque ltimamente no me interesa demasiado la pintura religiosa, pero en el da de hoy slo se trata de subir un cuadro a lo ms alto de la casa. Pesa bastante, y por eso he pensado en pedirle que me prestara a un par de hombres.
-No es ninguna molestia, seor Gray. Es una alegra para m serle de utilidad. Cul es la obra de arte?
-sta -replic Dorian Gray, apartando el biombo-. Podr usted moverlo, con la tela que lo cubre, tal como est? No quiero que se roce por las escaleras.
-No hay ninguna dificultad -dijo el afable marquista, empezando, con la ayuda de su subordinado, a descolgar el cuadro de las largas cadenas de bronce de las que estaba suspendido-. Y ahora, seor Gray, dnde tenemos que llevarlo?
-Le mostrar el camino, seor Hubbard, si es tan amable de seguirme. O quiz sea mejor que vaya usted delante. Mucho me temo que la habitacin est en lo ms alto de la casa. Iremos por la escalera principal, que es ms ancha.
Mantuvo la puerta abierta para dejarlos pasar, salieron al vestbulo e iniciaron la ascensin por la escalera. La barroca ornamentacin del marco haba hecho que el retrato resultase muy voluminoso y, de cuando en cuando, pese a las obsequiosas protestas del seor Hubbard, a quien horrorizaba, como les sucede a todos los verdaderos comerciantes, la idea de que un caballero haga algo til, Dorian intentaba echarles una mano.
-No se puede decir que sea demasiado ligero -dijo el marquista con voz entrecortada cuando llegaron al ltimo descansillo, procediendo a secarse la frente.
-Me temo que pesa bastante -murmur Dorian, mientras, con la llave que le haba entregado la seora Leaf, abra la puerta de la estancia que iba a guardar el extrao secreto de su vida y a ocultar su alma a los ojos de los hombres.
Haca ms de cuatro aos que no entraba all, aunque en otro tiempo la hubiera utilizado como cuarto de juegos primero y ms adelante como sala de estudio. Habitacin amplia y bien proporcionada, el difunto lord Kelso la haba construido especialmente para el nieto al que siempre haba detestado por el notable parecido con su madre -y tambin por otras razones-, y al que quera mantener lo ms lejos posible. A Dorian le pareci que haba cambiado muy poco. All estaba el enorme cassone italiano, con sus paneles cubiertos de fantsticas pinturas y sus deslustradas molduras doradas, en cuyo interior se haba escondido de pequeo con tanta frecuencia. All estaba la librera de madera de satn, llena de sus libros escolares, con signos evidentes de haber sido muy usados. De la pared de detrs an colgaba el mismo tapiz flamenco muy gastado, donde unos descoloridos rey y reina jugaban al ajedrez en un jardn, mientras un grupo de cetreros pasaba a caballo, con aves encapuchadas en las muecas enguantadas. Qu bien se acordaba de todo! Los recuerdos de su solitaria infancia se le agolparon en la memoria mientras miraba a su alrededor. Record la pureza inmaculada de su vida adolescente, y le pareci horrible que fuese all donde tuviera que esconder el fatdico retrato. Qu poco haba imaginado, en aquellos das muertos para siempre, lo que el destino le reservaba!
Pero no haba en toda la casa un lugar donde fuese a estar mejor protegido contra miradas inquisitivas. Con la llave en su poder, nadie ms podra entrar all. Bajo su mortaja morada, el rostro pintado en el lienzo poda hacerse bestial, deforme, inmundo. Qu ms daba? Nadie lo vera. Ni siquiera l. Por qu tendra que contemplar la odiosa corrupcin de su alma? Conservara la juventud: eso bastaba. Y, adems, no caba la posibilidad de que algn da nacieran en l sentimientos ms nobles? No haba razn para pensar en un futuro vergonzoso. Quiz el amor pudiera cruzarse en su vida, purificndolo y protegindolo de aquellos pecados que ya parecan agitrsele en la carne y el espritu: aquellos curiosos pecados todava informes cuya indeterminacin misma les prestaba sutileza y atractivo. Tal vez, algn da, el rictus de crueldad habra desaparecido de la delicada boca y l estara en condiciones de mostrar al mundo la obra maestra de Basil Hallward.
No; eso era imposible. Hora a hora, semana a semana, la criatura del lienzo envejecera. Quiz evitara la fealdad del pecado, pero no la de la edad. Las mejillas se descarnaran y se haran flccidas. Amarillas patas de gallo apareceran en torno a ojos apagados. El cabello perdera su brillo, la boca se abrira o se le caeran las comisuras, dando al rostro una expresin estpida o grosera, como sucede con las bocas de los ancianos. Y la garganta se le llenara de arrugas, las manos de venas azuladas, el cuerpo se le torcera, como sucediera con el de su abuelo, tan severo con l en su adolescencia. Haba que esconder el cuadro. No caba otra solucin.
-Haga el favor de traerlo aqu, seor Hubbard -dijo con voz cansada, volvindose-. Siento haberle hecho esperar tanto. Estaba pensando en otra cosa.
-Siempre es bueno descansar un poco, seor Gray -respondi el marquista, que an respiraba con cierta agitacin-. Dnde tenemos que ponerlo?
-Oh, en cualquier sitio. Aqu mismo; aqu estar bien. No lo quiero colgar. Apyelo contra la pared. Gracias.
-Se puede contemplar la obra de arte, seor Gray?
Dorian se sobresalt.
-No le interesara, seor Hubbard -dijo, mirndolo fijamente. Se senta dispuesto a abalanzarse sobre l y arrojarlo al suelo si se atreva a alzar la lujosa tela que ocultaba el secreto de su vida-. No deseo molestarle ms. Le estoy muy agradecido por su amabilidad al venir en persona.
-Nada de eso, en absoluto, seor Gray. Siempre estar encantado de hacer cualquier cosa por usted -y el seor Hubbard baj ruidosamente las escaleras seguido por su ayudante, que se volvi a mirar a Dorian con una expresin de tmido asombro en sus toscas facciones. Nunca haba visto a nadie tan maravilloso.
Cuando se perdi el ruido de sus pisadas, Dorian cerr la puerta y se guard la llave en el bolsillo. Ahora se senta seguro. Nadie volvera a contemplar a aquella horrible criatura. Ninguna mirada que no fuera la suya vera su vergenza.
Al entrar en la biblioteca se dio cuenta de que acababan de dar las cinco y de que ya le haban trado el t. Sobre una mesita de oscura madera fragante con abundantes incrustaciones de ncar, regalo de lady Radley, la esposa de su tutor, una enferma profesional de gustos delicados, que haba pasado en El Cairo el invierno anterior, se hallaba una nota de lord Henry y, a su lado, un libro de cubierta amarilla, ligeramente rasgada y con los bordes estropeados. En la bandeja del t descansaba tambin un ejemplar de la tercera edicin de The St James's Gazette. Era evidente que Vctor haba regresado. Se pregunt si se habra cruzado en el vestbulo con el seor Hubbard cuando se marchaba, interrogndolo discretamente para saber qu haban hecho l y su ayudante. Sin duda echara de menos el cuadro; lo habra echado ya de menos mientras colocaba el servicio del t. El biombo no haba vuelto a ocupar su sitio y el hueco en la pared resultaba perfectamente visible. Quizs alguna noche encontrara a su criado subi