IMAGENES . ENLACES

Claviculas de Salomon

Escrito por imagenes 24-11-2007 en General. Comentarios (1)

LAS CLAVICULAS DE SALOMON                   enlace



Traducido del Hebreo al Latin
Por el Rabino
Hebognazar
Lansdowne 1203
1641 Del Latin al Frances
por
Monseigneur de Darvault
Y Posteriormente al
Castellano
Ahora en Formato Electrónico


Todo el universo ha sabido, hasta hoy, que, desde tiempo inmemorial,
Salomón estaba en posesión de todas las ciencias infundidas a través de los sabios
preceptos y de las enseñanzas de un ángel, al cual pareció estar tan sumiso y
obediente que, además del don de sabiduría que le pidiera, obtuvo, y no sin
admiración, toda otra suerte de virtudes.
Todo lo cual hizo que, llegando Salomón al término de sus días, él mismo
estableciese que su hijo Roboam, por sucesión, hiciérase cargo de un testamento
que contenía todas las ciencias de las que él usare y disfrutare hasta el día de su
muerte.
Los Rabinos que, después de él, procuraron guardar celosamente este testamento,
nombraron a éste último Las Clavículas de Salomón, nombre con el cual hicieron
grabar un libro hecho de cortezas dé cedro, y en donde los pantáculos aparecían en
caracteres hebreos y sobre planchas de cobre, a fin de poder ser conservados para
la posteridad en el templo que el sabio había hecho construir. Ellos, los Rabinos,
han añadido a este precioso tesoro muchas pruebas o demostraciones de los
secretos que adquirieron a través del mismo; antiguamente fue traducido del
hebreo al latín por el rabino Hebognazar, quien llevose consigo tal traducción,
yendo a parar a Arlés (Provenza), donde, gracias a la fortuna, esta preciosa
traducción fue a caer en manos de Monseigneur de Darvault, quien la rescató, en
aquel tiempo, de entre el exterminio que de los judíos produjérase. Darvault la
tradujo del latín al lenguaje vulgar (francés) en los términos siguientes: Roboam,
hijo mío, como de entre todas las ciencias, no las hay más naturales y más útiles
que las del conocimiento de los movimientos celestes, he creído que, cuando yo
muera, debo dejarte una herencia más preciosa que todas las riquezas de las que
gozo. Y, para que comprendas de qué forma he llegado a conseguir un grado tan
alto como éste, es preciso que te diga que el ángel del gran Dios hízose visible
para mí en un día en el que, al contemplar el poderío de ese astro Supremo,
decíame a mí mismo: Quan mirabilia opera dei (cuán admirables y sorprendentes
son las obras de Dios). De repente, en el fondo de un camino bordeado por espesa
arbcileda, percibí una luz en forma de ardiente estrella, la cual díjome en alta voz:
Salomón, Salomón, no te extrañes: en absoluto por lo que voy a decirte: el Señor
ha puesto sus ojos en ti, y desea satisfacér tu curiosidad, dándote el conocimiento
de lo que te será más agradable, y te mando que le pidas lo que desees. A lo cual,
después de haberme rehecho de mi casi desmayo, respondí al ángel que, después
de la voluntad del Señor, no deseaba otra cosa sino el don de la sabiduría; y por la
bondad del gran Dios obtuve, por añadidura, el disfrute de todos los tesoros
terrenales y el conocimiento de todas las cosas de la naturaleza. Héte aquí, hijo
mío, como, por ese medio, poseo todas las virtudes y riquezas de las que tú me ves
disfrutar ahora; y, si pones un poco de atención en lo que voy a contarte, y si
observas y guardas con cuidado los preceptos que voy a darte, te garantizo que las
gracias del gran Dios te serán familiares, y que las criaturas celestes y terrenas
serán obedientes y estarán sujetas a ti por la fuerza y virtud de la Ciencia
Cabalística, a la que yo llamo Gran Ciencia o Magia, la cual difiere de la Ciencia
Diabólica, es decir, que no opera en absoluto a través de la fuerza de los espíritus
inmundos, aunque sí por la potencia de las causas naturales y la de los ángeles
puros que las rigen. De los que voy a darte los nombres ordenados, y sus ejercicios
y empleos especificos, a los cuales son destinados con sus nombres, sellos y
caracteres; reúne los días durante los cuales presiden en particular, a fin de que
puedas llevar a cabo todo cuanto te prometo en este mi testamento. Es preciso que
seas cuidadoso y estés atento a la consecución de lo que desees emprender, y que
todas tus obras vayan dirigidas sola y exclusivamente a honor del que me ha dado
el conocimiento y la fuerza de dominar, no solamente sobre las cosas terrenas, si
no también sobre las celestes, es decir, sobre los ángeles de quienes pudo disponer
a voluntad mía y obtener de ellos servicios muy considerables en todo cuanto me
concierne.
Ante todo debo procurar que sepas que Dios, habiendo hecho todas las cosas para
que le estén sumisas, y no contento todavía, ha querido llevar sus obras hasta el
grado más perfecto, haciendo una obra en la que participan lo divino y lo terrenal,
es decir, el hombre cuyo cuerpo es grosero y terreno y el alma espiritual y
celestial, al cual ha sometido toda la tierra y a sus habitantes, y le ha dado medios
por los cuales, con el arte, puede volver familiares a los ángeles, a los que yo
llamo criaturas celestiales, que están destinados, unos a regular el movimiento de los astros, otros a habitar dentro de los elementos, y otros, en fin, a conducir y
ayudar a las criaturas celestiales y terrenales, a las que llamo hombres. Puedes,
pues, entablar conocimiento con una gran parte de ellos a través de sus sellos y
caracteres, y que se te vuelvan fáciles y familiares mientras no abuses exigiendo
dos de las cosas que a ellos les son contrarias, a saber:
Maldito quien en vano tomará el Nombre de Dios y maldito quien mal empleará
las Ciencias y los bienes con los que El nos ha enriquecido. Te pido, hijo mío, que
grabes bien en tu memoria todo cuanto te digo, para que no se te borre nunca, o,
por lo menos, te mando que si no tuvieses deseo de usar para bien los secretos que
te enseño, antes eches al fuego este mi testamento, que abusar del poder que te doy
de obligar a los espíritus, pues te advierto que estos ángeles bienhechores,
cansados de tus ilícitas demandas, podrían ejecutar para tu desdicha las órdenes
del Dios supremo, así corno para la desdicha de todos los que, mal intencionados,
abusaren de los Secretos que se me han revelado. De todas formas, hijo mío, no
creas en absoluto que no te sea permitido gozar de los bienes y placer que esos
espíritus divinos puedan darte; sino al contrario, para ellos es un gran placer el
rendir servicio al hombre, mientras éste no abuse en absoluto de su bondad. Por
otra parte, hay muchos de esos espíritus que tienen mucha afinidad con el hombre
e inclinación hacia él, al haberles destinado Dios sobre todo a la conservación y
conducción de las cosas terrenas que están sometidas al poder del hombre.
Hay diferentes clases de espíritus, según las cosas a las cuales presiden: los hay
que rigen el cielo empíreo, otros que rigen el primer móvil, otros el segundo
Cristalino, otros el primer Cristalino; los hay que presiden el Cielo estrellado, hay
también espíritus en el Cielo de Saturno, a los que se llaman saturnistas, hay
espíritus jupiterianos, marciales, solares, venusianos, mercuriales y luminares;
observo
los mismos espíritus en los Elementos como en los Cielos. Los hay que
habitan la región ígnea, los hay que residen en el aire, otros en el agua y otros en la
tierra; todos ellos pueden prestar servicio al hombre que tenga la dicha de
conocerlos y que pueda servirse de los medios encaminados a sorprenderlos y
hallarlos. Quiero hacerte saber todavía que Dios ha destinado a cada uno de
nosotros un espíritu que vela y cuida de nuestra conservación, los cuales son
llamados genios y son elementales al igual que nosotros, y están más prestos en
llevar a cabo servicios para los que su temperamento está conforme al Elemento
que estos genios habitan; por ejemplo, si tú eres de temperamento ígneo, es decir
sanguíneo, tu genio será ígneo y sometido al imperio de Bael. A parte de todo eso,
hay tiempos reservados para la invocación de estos espíritus, días y horas en los
que tienen fuerzas y un imperio absoluto—; por eso verás, en la tabla adjunta más
adelante, a qué planeta y a cuál ángel están sometidos cada día y hora de la
semana; a la par, tienes los colores que les convienen, los metales, las hierbas,
plantas, animales e inciensos que les son propios, y como asímismo en qué parte
del mundo piden ser invocados; y sin omitir los conjuros, signos, caracteres y
letras divinas que les convienen, por medio de los cuales se recibe el poder dé
simpatizar con estos espíritus.
Así, pues, hijo mío, en primer lugar debes saber que para comprender la tabla siguiente,
en la cual están grabadas las horas planetarias, es preciso examinár que cada fila es para
cada día, y que la parte de arriba de cada una que viene esçrita en cifra y que empieza
por 8, son las horas del sol levante y poniente, y que la fila de debajo que empieza por 1,
es la hora desde medianoche hasta la medianoche siguiente,
y que lo que está
sombreado significa las horas
nocturnas. Si quieres, por ejemplo, operar un domingo a la hora del sol, sería
necesario empezar en la sexta hora a partir de la medianoche, que es la primera de
la salida del sol; si quieres operar a la una de la tarde, que es la octava de la salida
del sol, como está marcado, lo que debe servir para las tablas restantes, lo cual no
es demasiado
dificil de manejar y sí muy fácil de comprender.

Domingo Lunes
8 1 8 1
9 2 9 2
10 3 10 3
11 4 11 4
12 5 12 5
1 6 1 6
2 7 2 7
3 8 3 8
4 9 4 9
5 10 5 10
6 11 6 11
7 12 7 12
8 1 8 1
9 2 9 2
10 3 10 3
11 4 11 4
12 5 12 5
1 6 1 6
2 7 2 7
3 8 3 8
4 9 4 9
5 10 5 10
6 11 6 11
7 12 7 12

Martes Miercoles
8 1 8 1
9 2 9 2
10 3 10 3
11 4 11 4
12 5 12 5
1 6 1 6
2 7 2 7
3 8 3 8
4 9 4 9
5 10 5 10
6 11 6 11
7 12 7 12
8 1 8 1
9 2 9 2
10 3 10 3
11 4 11 4
12 5 12 5
1 6 1 6
2 7 2 7
3 8 3 8
4 9 4 9
5 10 5 10
6 11 6 11
7 12 7 12

Jueves Viernes
8 1 8 1
9 2 9 2
10 3 10 3
11 4 11 4
12 5 12 5
1 6 1 6
2 7 2 7
3 8 3 8
4 9 4 9
5 10 5 10
6 11 6 11
7 12 7 12
8 1 8 1
9 2 9 2
10 3 10 3
11 4 11 4
12 5 12 5
1 6 1 6
2 7 2 7
3 8 3 8
4 9 4 9
5 10 5 10
6 11 6 11
7 12 7 12

Sabado
8 1
9 2
10 3
11 4
12 5
1 6
2 7
3 8
4 9
5 10
6 11
7 12
8 1
9 2
10 3
11 4
12 5
1 6
2 7
3 8
4 9
5 10
6 11
7 12


Nombre de los Planetas,
con los colores correspondientes.
Saturno Jupiter Marte Sol Venus Mercurio Luna
Plomo
negro
Estaño
Azul
Hierro
Rojo
Oro
Amarrillo
Cobre
Verde
Mercurio
Mezcla
Plata
Blanco

TABLA DE LOS NOMBRES MAGICOS DE LAS HORAS Y DE LOS ANGELES que la rigen,
comenzando con la primera hora apartir de la Medianoche de cada dia y acabando a la medianoche.

. Domingo
Nombre de las
Horas
Nombre de los Angeles
Yayn 1 Michaël [sic]
Janor 2 Gabriel
Nasnia 3 Cassiël
Salla 4 Sachiël
Sadedali 5 Samaël [sic]
Thamur 6 Anaël [sic]
Ourer 7 Raphaël [sic]
Thaine 8 Michaël [sic]
Jayo 9 Gabriël
Abay 10 Caniël [sic]
Natalon 11 Tachiel [sic]
Beron 12 Samaël [sic]
Barol 1 Anaël [sic]
Thanu 2 Raphaël [sic]
Athir 3 Michaël [sic]
Mathon 4 Gabriël
Rana 5 Carfsiel [sic]
Netos 6 Sachiel
Tafrac 7 Samaël [sic]
Neron 8 Anaël [sic]
Sassur 9 Raphaël [sic]
Aglo 10 Michaël [sic]
Calerna 11 Gabriel
Salam 12 Caniel [sic]

Lunes
Yayn 1 Sachiel
Janor 2 Samaël
Nasnia 3 Anaël
Salla 4 Raphaël
Sadedali 5 Michaël
Thamur 6 Gabriel
Ourer 7 Carsiel
Thaine 8 Sachiel
Neron 9 Samaël
Jayo 10 Anaël
Abay 11 Raphaël
Natalon 12 Michaël
Beron 1 Gabriël
Barol 2 Caniel
Thanu 3 Sachiel
Athir 4 Samaël
Mathon 5 Anaël
Rana 6 Raphaël
Netos 7 Michaël
Tafrac 8 Gabriel
Sassur 9 Carsiel
Aglo 10 Sachiel
Calerna 11 Samaël
Salam 12 Anael

Martes
Yayn 1 Raphaël
Janor 2 Michaël
Nasnia 3 Gabriël
Salla 4 Cassiel
Sadedali 5 Sachiell
Thamur 6 Samaël
Ourer 7 Anaël
Thaine 8 Raphaël
Neron 9 Michaël
Jayo 10 Gabriel
Abay 11 Carsiel
Natalon 12 Sachiel
Beron 1 Samaël
Barol 2 Anaël
Thanu 3 Raphaël
Athir 4 Michaël
Mathon 5 Gabriel
Rana 6 Caniell
Netos 7 Sachiel
Tafrac 8 Samaël
Sassur 9 Anaël
Aglo 10 Raphaël
Calerra [sic] 11 Michaël
Salam 12 Gabriel

Miercoles
Yayn 1 Carsiel
Janor 2 Sachiel
Nasnia 3 Samaël
Salla 4 Anaël
Sadedali 5 Raphaël
Thamur 6 Michaël
Oourer [sic] 7 Gabriel
Thaine 8 Caniel
Neron 9 Sachiel
Jayo 10 Samaël
Abay 11 Anaël
Nathalon [sic] 12 Raphaël
Beron 1 Michaël
Barol 2 Gabriel
Thanu 3 Caniel
Athir 4 Sachiel
Mathon 5 Samaël
Rana 6 Amaël
Netos 7 Raphaël
Tafrac 8 Michaël
Sassur 9 Gabriel
Aglo 10 Cassiel
Caerra 11 Sachiel
Salam 12 Samaël

Jueves
Yayn 1 Anaël
Janor 2 Raphaël
Nasnia 3 Michaël
Salla 4 Gabriel
Sadedali 5 Caniel
Thamur 6 Sachiel
Ourer 7 Samaël
Thaine 8 Anaël
Neron 9 Raphaël
Jayo 10 Michaël
Abay 11 Gabriel
Natalon 12 Cassiel
Beron 1 Sachiel
Barol 2 Samaël
Thanu 3 Anaël
Athir 4 Raphaël
Mathon 5 Michaël
Rana 6 Gabriel
Netos 7 Cassiel
Tafrac 8 Sachiel
Sassur 9 Samaël
Aglo 10 Anaël
Caerra 11 Raphaël
Salam 12 Michaël

Viernes
Yayn 1 Gabriel
Janor 2 Cassiel
Nasnia 3 Sachiel
Salla 4 Samaël
Sadedali 5 Anaël
Thamur 6 Raphaël
Ourer 7 Michaël
Thaine 8 Gabriel
Neron 9 Cassiel
Yayo [sic] 10 Sachiel
Abay 11 Samaël
Nathalon [sic] 12 Anaël
Beron 1 Raphaël
Barol 2 Michaël
Thanu 3 Gabriel
Athir 4 Carsiel
Mathon 5 Sachiel
Rana 6 Samaël
Netos 7 Anaël
Tafrac 8 Sachiel
Sassur 9 Samaël
Aglo 10 Anaël
Caerra 11 Raphaël
Salam 12 Michaël

Sabado
Yayn 1 Samaël
Janor 2 Anaël
Nasnia 3 Raphaël
Salla 4 Michaël
Sadedali 5 Gabriel
Thamur 6 Cassiel
Ourer 7 Sachiel
Thaine 8 Samaël
Neron 9 Anaël
Yayo [sic] 10 Raphaël
Abay 11 Michaël
Nathalon [sic] 12 Gabriel
Beron 1 Cassiel
Barol 2 Sachiel
Thanu 3 Samaël
Athir 4 Anaël
Mathon 5 Raphaël
Rana 6 Michaël
Netos 7 Gabriel
Tafrac 8 Cassiel
Sassur 9 Sachiel
Aglo 10 Samaël
Caerra 11 Anaëll
Salam 12 Raphaël

Para servirse debidamente de estas tablas más arriba expuestas, es preciso
contar las horas como en la tabla planetaria, a saber, el primer ángel en la primera
hora de la salida del sol, que es la sexta a partir de medianoche. Por lo que respecta
a los nombres de los ángeles que están escritos al lado de cada hora, es muy
importante el servirse de los mismos, ya que ellos presiden en dichas horas, y que
de ellos depende también una buena parte de éxito de las operaciones planetarias.
Es preciso, además, hacer preparar los instrumentos para las mentadas
operaciones, y, entre otras cosas, necesitas flema y tranquilidad para disponer de la
fuerza y dominio indispensables para ahuyentar y rechazar los espíritus impuros y
cómendar por la virtud del arte con los espíritus puros y divinos. Te hará falta un estilete
que servirá para degollar a las víctimas que ofrecerás según la operación requerida, sin
olvidar un cuchillo para cortar y despedazar a las víctimas, el cual será reservado para
los holocaustos; hará falta otro para cortar leña y maderas, y también será necesario el
tener un cuchillo apto para cortar las plumas necesarias a dicha Ciencia, cuchillo que no
podrá ser empleado en ningún otro menester. No deberás descuidar el tener un buril para
grabar sobre los metales que la operación exigirá. Será preciso un escritorio nuevo,
propio para recibir las tintas necesarias para las operaciones. Al mismo tiempo se
precisará una taza para recibir la sangre de las víctimas y un infiernillo para los perfumes
y fumigaciones o incensamientos. Todo deberá ser nuevo, ser preparado, ser exorcisado
y purificado de la forma que luego te mostrará. Sobre todo, tendrás que ser exacto en
todas las ceremonias requeridas, a fin de que los espíritus sean incitados a una pronta y
estricta obediencia.

Debes saber también que el arte requiere distintas clases de plumas según la
operación, que en cuanto a la tinta, en ciertas operaciones tendrás necesidad de la
sangre de ciertos animales, que en otras necesitarás componerla con los colores
planetarios, es decir, los que convienen a los planetas. Por lo que hace referencia al
lugar donde querrás operar, tendrá éste que ser puro y limpio con cuarenta días de
antelación, dejando en el mismo una lámpara encendida durante ese tiempo,
teniendo en cuenta que el fuego sea perpétuo. El resto te será enseñado a
continuación, empero ahora observa las figuras de cada instrumento necesario para
toda clase de operaciones.
Primeramente
El Cuchillo para las Victimas

Preparación de la Espada

Te será necesario hacer preparar una espada que no haya nunca servido para
menester alguno, más o menos de la forma que está dibujada ahí al lado, y,
después de haberla lavado bien y limpiado con vino en el que habrás mezclado un
poco de sangre de una paloma blanca, sacrificada un lunes a la salida del Sol, la
secarás con un paño muy limpio. Esperarás hasta el martes, día en el cual, a las
seis de la mañana, poco más o menos a la salida del sol, la tomarás en tu mano y
recitarás estas palabras con mucha atención:

Agla on penta grammaton, on atanatos, agraton, Tela, justus, Tomon.
Deus abraham, deus Isaac, deus Jacob respice servum tuum N. qui in tuo nomine
pugnare cupit; jube angelis tuis, ut mihi adsint, et nom mih deficiant in negociis
meis et per te c’theos, atanatos, agios, agios, Agios, alpha et Omega veniant
angeli tui Cassiel, Sachiel, Samael, Anael, Raphael, Michael, Gabriel et adjuvent
me in omnibus meis operibus, et nunquam me derelinquant et per Virtutem artis
quam pátri meo revelasti, sint mihi fidelos et obedientis per nomen tuum
tétragramaton.

Después, te dispondrás a grabar o mandar grabar con el buril sobre dicha espada
los caracteres siguientes;

Ararita

hecho lo cual, echarás incienso que habrá sido previamente bendecido en el
infiernillo con fuego que también habrá sido bendecido, y recitarás la oración
Agla, on, etcétera..., y luego la meterás en su funda, que debe ser completamente
nueva, y la conservarás para las operaciones que lo requieran.

Preparación de los Cuchillos.

Hay que mandar préparar cuchillos tal como se te muestran aquí, que la hoja sea
de un acero muy puro y que el mango sea de madera de sauco; hecho lo cual, en
día y hora del mes de marzo, que tendrá que ser en martes, a la salida del Sol o a la
una de la tarde, los lavarás y los secarás tal como se ha dicho de la espada, hecho
lo cual, asiendo uno en cada mano, en el acto recitarás la oración siguiente:


hel, ya, yac, va adonay, Cados, Cados, Cados, oborel, Elohim, agla, hagiel, asel, Sadon,
Esul, Elhoy, heloim, delis, yeuy, del, Agios, Agios, Agios, Rafael, Rafael, Rafael, domine deus omnipotens qui luncta creasti ex Nihilo, nc despicias servum tuum, N. quite suplicitcr orat, ut tibi placeat haec cultra
benedicere, purificare et santificare ut sint digna et efficacia ad meas operationes
complendas; et jubé angelis tuis venire et adsistere huic mea operationi. O domine
omnipotens reminiscere
patris mei cui tribuisti omnium rerun cognitionem, fac
ut per virtutem illius praeceptorum pura evadant haec cultra et sint tibi grata per
tuum nomen quod est sanctum Tetragramaton.


Luego a continuación grabarás o
harás grabar a la misma hora o parecida los caracteres siguientes:
Habiendo impreso, o mejor dicho, grabado dichos caracteres, los incensarás tal
como se ha procedido en la ceremonia de la espada, recitando la oración hel, ya,
etc. Los envolverás, después, con una tela o tafetán rojo y los guardarás hasta que
se necesiten.

Exorcismo del estilete.

Hace falta preparar uno con acero muy fino, y que la empuñadura sea del mismo
metal. Lo lavarás y secarás tal como se ha hecho con los cuchillos, y, habiendo
clavado la punta del mismo a un pedestal de madera de boj, recitarás las oraciones
pertinentes a la de la espada y a la de los cuchillos. La de la espada la recitarás
antes del incensamiento, y la de los cuchillos después. Luego de lo cual grabarás o
mandarás grabar los caracteres siguientes:
Una vez dichos caracteres hayan sido grabados, los incensarás y bendecirás tal
como en las precedentes ceremonias de más arriba, y recitarás la oración hel, ya,
yac, etc. Finalmente, lo guardarás con sumo cuidado hasta que lo necesites.

Exorcismo del cortaplumas

Harás preparar un cortaplumas cuya hoja sea de acero puro y fino, y cuyo mango
sea de no importa cual material mientras sea nuevo. Luego, habiéndolo lavado
bien y secado siguiendo la indicación precedente, será preciso ponerlo encima de
una mesa blanca y, después de haberla hisopeado e incensado, recitarás devota y
atentamente la oración:


Agiel, asel, Sadon, Paliel, alma, Mammiel, Dilaton,
Kaday, Catilva, Utanzarat Zalphi, Carsali, Jaffua hictimi on, Agla, Agios, Agios,
nomon, yotn, Lupnat, miel, Ciel, miel, Ciel, Ciel, miel, deus moisis, deus Israel,
deus magnus, ne o ubliviscaris me servum tuum N. sed digneris hoc instrumentum
tuo honori praeparatum benedicere per rnagnam potentiam
et sapientiam tuam quam patri meo revelasti, et per omnes angelos tuos quorum nomina illi detexisti et per nomen tuum, quod est potens Tetragramaton


, una vez recitada, grabarás o
harás grabar los caracteres que siguen:
A un lado los nombres Santos, y en el otro el signo, hecho esto los incensarás y
bendecirás, recitando acto seguido la oración agiel, asel, Sadon etc. Después, lo
envolverás en una tela o tafetán de colores variados y lo guardarás hasta que lo
necesites.

Exorcismo de buril.

En viernes o en martes, hay que mandar fabricar
un pequeño buril de acero
parecido al que viene dibujado en la página de los instrumentos. En el mismo día y
hora de Marte o de Venus, harás grabar sobre el mismo los caracteres siguientes
Asieli
.
Hecho esto, harás un manguito de boj más o menos parecido al que está dibujado,
y habiéndolo lavado e incensado con una pizca de enebro, recitarás la oración que
sigue:

Asophiel, Asophiel, Asophiel, Pentagramaton, Athanátos, Eye, Eye, Éye, Kellon,
Kelloi, Kelli, ete rne déus pater meus bene dic instrumentum istud tuo honori
praeparatum, ut nihil niši bonum et salutare cofiát et per gloriam tuam, amén.

Habiéndolo incensado luego, inmediatamente, lo conservarás muy limpio hasta
que tengas que usarlo.

Exorcismo de las plumas

Es preciso que las plumas sean purificadas segun la costumbre del arte, es decir,
que, una vez lavadas e incensadas, tórarás sangre de cordero y mojarás en la misth
a el extremo dé la pluma hasta unos diez dedos del cañon, recitando luego la
oración siguiente:

hamatiel, hel, Miel, Ciel, Joniel, Nasnia, magde tetragramaton, deus magnus et
potens exaudi preces meas et benedic tionis tuae fructum his calamis impertire
digneris amén,

sirviéndote de ella cuando la necesites.

Preparación del tintero

Poco importa de qué material esté hecho, mientras sea nuevo. Será bastante con
bendecirlo e incensario, diciendo:

hamatiel, hel, miel, Ciel, joniel, Nasnia, Magde,
Tetragramaton deus potens exaudi praeces
invocantium et benedicas hoc istud
vasculum tuo honori preparatum per omnia opera tua, amén.
Una vez guardado el tintero para su uso en el futuro, pondrás en el mismo un poco
de tinta, la que sea, a condición de qué esté incensada y que tenga el
correspondiente color planetario.

Exorcismo de la taza
Conviene tener una taza para depositar la sangre de las víctimas, la cual servirá
para escribir. Esta taza debe ser de tierra no barnizada.
Y, al igual que con todos los demás instrumentos, estando bien lavada, purificada e
incensada, llevarás a cabo el exorcismo como en el caso del tintero, recitando la
oracion: hamatiel, hel, miel, etc., y en el lugar donde dice de hoc istum vasculum
deberá decirse hoc istud vasculum, etc. Hecho lo cual, la reservarás para la
operación.

Exorcismo del bastón para venus
El Bastón del arte se hace con una rama de sauco cortada en día y hora de Venus.
Una vez cortada y raspada o pulida a la medida de unos dos pies, practicaréis
una
pequeña hendidura en cada uno de los interespacios
de los nudos. En dicha
hendidura haréis penetrar un pedacito de cobre en el cual habréis grabado
el caracter siguiente
a la misma hora de Venus, y, habiéndola cerrado de nuevo con cera virgen, la
incensarás diciendo,

Conditor universi
Creator caelorum, ens magnus
pentagramaton Eye, Eye, Eye, hiseyros, hiseyros veni, santificator omnipotens, et
eterne deus benedic et purifica baculum istud per nomen tuum, quod est sanctum
et per omnes angelos tuos, amén.

Luego, pondréis un casquillo de algodón en cada
uno de los extremos del bastón, y lo conservaréis hasta que os sea necesario.

Manera de cortar el otro bastón propio para las
demás operaciones
Hay que cortar un bastón de sauco, de la misma longitud que el precedente y que
tengá la piel fuertemente pegada. En una noche de cualquier luna, al renovar de
ésta, lo asirás con la mano después de medianoche, y, volviéndolo hacia oriente, lo
lanzarás al aire y lo recogerás sin que caiga en el suelo, al tiempo que recitarás las
siguientes palabras:

Gam, qui elex Beque Tsalmaveth, loyra, Rah, qui ata himadi,
siblexa vinis bantexa ema yeneda. Es decir, etiam curn ambulançro in valiem
umbrae mortis, non tirnebo malum quonian
tu rnecurn. Virga tua et ,baculum
tuum ipsa me consolabuntur. Repetiras veces la misma ceremonia y las mismas
palabras. Guardarás el bastón hasta que lo necesites.

Exorcismo del infiernillo
Es necesario disponer de un infiernillo propio para meter el fuego para los
incensamientos. Es preciso que sea de tierra negra, no barnizada, aunque nueva. El
fuego tiene que ser hecho con carbones nuevos, y éste, una vez encendido con
fuego nuevo, lo exorcisarás
diciendo: deus moisis, deus Aaron, cus Abraham
benedic et purifica hanc creaturam ignis tuo honori préparatum ut digna sit
complacere et purificare omnia loca in quibus accensa erit amén, lo que habiendo
sido hecho, echarás el incienso correspondiente a la operación, que exorcisarás
diciendo:

Agios, athanatos,
Beron, Ciel dedotois et eterne Ens Entium
sanctificator universi benedic et consecra incensum
istud et sicut fumus istius
incensi ad te ascendat sic exaudire digneris preces meas. Amén.

Al recitar esta
oración echarás un poco del citado incienso en el fuego, y guardarás el resto para
las operaciones en las que dicho incienso podrá convenir.
Como quiera que hay que destinar un lugar limpio y conveniente para la
operación, todos ellos serán buenos, mientras se los purifique.
Purificación del lugar destinado para llevar
a cabo las operaciones
Es preciso que el lugar no haya sido habitado por persona alguna, principalmente y
sobre todo por ninguna mujer durante siete días antes por lo menos. Luego, habiéndola
tapizado con una tela blanca y lisa, lo exorcisarás recitando: Aeterne
sapiens, fortis, potens,
Ens Entium Creator mundi veni in hunc locum, et tua
presentia majestate sanctificia hunc locum ut meo sit puntas Castitas et plenitudo
legis, et sicus fumus incensi istius ad te ascendit, sic in hunc locum descendat
virtus tua et benedictio tua et vos omnes angeli et spiritus omnes hunc
consecrationi adstate presentes per deum verum, vivum et aeternum qui vos sicut
et me ex nihilo creavit et qui vos simul sicut nos uno momento destricere potest et
per sapientiam ejus. Amén. Después de haberlo incensado durante la oración
anterior, lo cerrarás, y cuidarás de que no entre en el mismo nadie más que tú y
aquellos que te sean necesarios.

Exorcismo del vestido
Es también necesario el tener un vestido limpio y conveniente. A este efecto, es
preciso que éste sea confeccionado con tela de lino blanco, formando un gran
camisón que no tenga otra abertura que el espacio
suficiente para hacer entrar en
él la cabeza, y cuya longitud alcance hasta los pies. Tiene que ser más bien
holgado y presentar dos mangas de la misma tela que lleguen hasta las muñecas y
que vengan algo prietas. Este camisón tienen que ser extremadamente blanco, y lo
exorcisarás recitando:
O pater conditor alme siderum sapientia summa per omnes fortitudines tuus et
virtutes tuas sanctificare
digneris vestem hanc tuo honori preparatam
Exorciso
te vestis per deum verum vivum aeternurn qui cuncta fecit ex nihilo et mehi sit in
hoc meo opere quod sit impurum sed virtutis pienum. Amén. Y, habiéndolo
incensado como de costumbre, lo guardaras hasta que lo necesites. Es
indispensable también tener unos calzones de la misma tela, los cuales exorcisarás
al mismo tiempo que el vestido.

Exorcismo de las víctimás
Como sea que en todas las operaciones debe haber una víctima, es preciso que ésta
esté purificada, y para ellò será necesario lavarla e incensarla con el incienso
planetario. Luego, sobre su cabeza le afeita rás un pequeño mechón de pelo,
encima del cual exorcisarás a la víctima con sal marina, diciendo:
Sempiterne omnipotens deus in cujus potestate sunt omnes fines terrae, Sanctifica
et tua virtute purifica hostiam istam ut effusio illius sanguinis tibi occidenti, si
voluero nec nc sic in illo tuam mitté. Benedictionem. Amén.
Después de lo cual, degollarás a la víctima y, con parte de su sangre, regarás la
habitación o lugar destinado para la operación, recitando:

Omnipotens et
Misericors deus moisis, deus abraham, deus jacob sanctifica locum istum, ut per
effusionem sanguinis hujus hostiae purae purifica illum et vos omnes angeli et
spiritus venite et colligite sanguinem
istum ut illum offeratis deo supremo. Amén.
Por lo que respecta al resto de la sangre, hay que reservarla como algo muy
necesario a su posterior requerimiento.

Consagración del libro
Hay que componer un librito conteniendo las oraciones
pertinentes a todas las
operaciones, signos y caracteres y el nombre de cada uno de los ángeles. Todo lo
cual debe estar escrito con sangre de paloma, encima de pergamino virgen, y, a
continuación, consagrarás de la siguiente manera diçho librito a las divinidades
supremas, es decir, al Gran Dios y a los espíritus bienaventurados:
En el sitio destinado y purificado pondras una mesita blanca y pura, encima de la
cual estará el librito abierto en el lugar donde está el gran pantáculo,
y, después de
haber encendido una lámpara que estará suspendida en el centro de la mesa,
rodearás dicha mesa con un cortinaje blanco y, listo todo lo cual, te revestirás con
los hábitos del arte y, tomando el libro abierto, recitarás:
Adonai, heloim, hel, ye, Eye, ye princeps principium,
ens entium, miserere mei et
respice in me servum tuum N. qui te devotissime invocat et te per nomen tuum
sactissimum tremendum. Tetragramaton
supplicat ut sis propicius et felix mihi in
operationibus meis et jubeas angelis et spiritibus tuis venire et sedem in hoc loco
ponere. O vos omnes angeli spiritus stellarum, o vos omnes angeli spiritus
clementorum, ó vos omnes spiritibus adstantes ante faciem dei conjurat vos
minister et servus fidelis altissimi conjurat vos deus ipse ens entium o
tetragramaton, ut nunc et nunc veniatis et adsistatis huic operationi. Venite orat
vos et supplicat humilissime servus dei. Amén.
Recitada la oración, incensarás con incienso correspondiente
al planeta y pondrás
el libro encima de la citada mesa, teniendo el cuidado de que el fuego, o sea la
lámpara, sea perpétuo durante la operación. Una vez la cortina cerrada de nuevo,
esperarás hasta el siguiente día a la misma hora, en que harás lo mismo,
incensando el libro con incienso correspondiente
al planeta dominante del día, y
harás eso durante siete días consecutivos, empezando por el sábado a la hora del
sol, al igual que en los demás días, y cuidando de que día y noche esté la lámpara
encendida, después de lo cual, encerrarás el libro en un agujero practicado a
propósito debajo de la mesa, donde lo mantendrás hasta que lo necesites. Y cada
vez que quieras cogerlo, hará falta de antemano revestirse con los hábitos del arte
y encender la mencionada lámpara, y, de rodillas, abrir dicho agujero recitando, al
tiempo la oración precedente, Adonay, heloim, etc.....
Al consagrar el librito es necesario también llamar a todos los ángeles que están
descritos en el mismo en forma de letanías, lo cual harás con la devoción
requerida, y, aunque los ángeles y espíritus no hubieran aparecido al consagrar el
libro, no hay que asombrarse por ello, puesto que, siendo de naturaleza
pura, les
duele el familiarizarse con los hombres, que son inconstantes e inmundos.
Mas, la perseverancia los obliga a nosotros, y, si se han llevado a cabo y hecho las
ceremonias y los caracteres, están obligados a venir hacia nosotros y despojarse de
todo orgullo digno de un espíritu puro. Por ahí llegará el que, la primera vez y a la
primera invocación, podrás verlos y comunicar con ellos fácilmente. Asímismo te
recomiendo, hijo mío, de no emprender en modo alguno obras inútiles e inmundas,
ya que lo inoportuno de tu hacer mediante esas operaciones, lejos de
atraértelos, los echarías del todo; por lo cual te sería luego muy dificil el llamarlos
de nuevo para operaciones útiles, santas y necesarias;
lo que te servirá de
enseñanza para no emprender
nada vano, inútil e impuro.
Después de haberte mostrado la manera cómo llevar a cabo las ceremonias, es
preciso que te diga algo sobre la naturaleza de los espíritus, de los que hay de
muchas clases, es decir, que habitan en distintas comarcas y distintos elementos;
ya que, por ejemplo, Raphael es un ángel ígneo porque habita en el fuego y, al
mismo tiempo, es el jefe o cabeza de los espíritus que habitan en el mismo;
asimismo es él uno de los siete ángeles que presiden ante la faz del Gran Dios.
También es el ángel dominador de la estrella denominada Venus, presidiendo el
viernes. Y así también puede decirse lo mismo de los demás ángeles cuyos
nombres doy a continuación, así como sus cualidades elementales, todo ello
ordenado como lo verás en la siguiente tabla:

Los Cuatro Elementos Aire Fuego Agua Tierra
Los Angeles de los
Elementos
Michael Raphael Gabriel Uriel
Los Espiritus de los
Elementos.
Cherub, Seraph, Tarsis, Haniel.
Las partes del Mundo
sobre la que preciden.
Oeste, Este, Norte, Sur.
Las Cuatro Estaciones Primavera Verano Otoño, Invierno.
Principes que presiden
las cuatro Estaciones
[*Gargatel,
Tariel, Gaviel]
Carcasa,
Amatiel,
Comisoros
Amabael, Ctarari
Tarquam,
Gualbarel]
Planetas
Correspondientes [* ]
Los signos de las cuatro
estaciones
Los meses de los
Signos marzo, julio,
noviembre,
mayo,
septiembre,
enero,
junio, octubre,
febrero,
abril, agosto,
diciembre,
Las piedras
correspondientes a las
cuatro estaciones
brillantes, ligeras y blandas
grasas y
transparentes
pesadas,
obscuras.
Los príncipes de los
espiritus de las cuatro
estaciones
Bael, Moimón, Poimón, Egin
Los ministros y legiones
de los príncipes más
arriba nombrados
Silfos, Aéreos, Ninfas, Pigmeos

Cada uno de los ángeles tiene su carácter, y tú debes saber que hay siete cielos,
habitados por siete estrellas a las que se las llama planetas, los cuales, a su vez,
están habitados por legiones de ángeles.
Estas doce casas son asímismo estrellas fijas a las que se llama signos, y poseen
virtudes particulares y muy fuertes, puesto que están habitadas por ángeles y
espíritus puros.

Asi pues, hijo mio de todo cuanto concierna a las estrellas fijas llamadas signos,
voy a darte, ordenadamente, los caracteres de cada uno de los ángeles, junto con
sus nombres divinos y letras divinas, así como la relación de sus virtudes y
propiedades, incluída la manera de servirse de los mismos y de componerlos, y,
como sea que no hay otra ciencia que requiera aplicación tan grande y sincera
como ésta, sé muy cuidadoso en leer y releer a menudo las enseñanzas que te doy,
a fin de que, estando grabadas en tu memoria, seas incapaz de cometer faltas que
pudieran serte perjudiciales; mientras que, teniendo en cuenta todos los cuidados
necesarios, la ciencia llegará a serte tan fácil como dificil pudiera parecerte a
primera vista. Mediante eso, de tan terrestre y opaco corno eres, llegarás a ser útil
y clarividente por comunicación con los citados espíritus. Observa, hijo mío, con
atención, las tablas siguientes y sé cuidadoso en hacer los caracteres tal cual están
transcritos, ya que el error, por mínimo que fuera, te traería gran perjuicio en la
operación; y acuérdate de pronunciar, sin equívocos, las operaciones,
es decir, sin
pronunciar una palabra en vez de otra, ni olvidar ninguna, ya que, de ahí, vendría
el defecto o fracaso de la operación.
Ante todo, están los cuatro príncipes de los elementos, de los que se desprenden
sus caracteres y sellos, así como los caracteres de todos los ángeles.

Hay, ademas, diez nombres de Dios que tienen gran poder para reprimir la
fuerza y la malignidad de los espíritus malos, cuyos nombres, al estar escritos
sobre pergamino virgen, tienen muchas virtudes, y, llevándolos encima de tí,
te concederán las bendiciones
del gran Dios.
Estos caracteres y nombres divinos son lo mas precioso
de toda la naturaleza, tanto
celeste como terrestre.
Es por lo que, al hacerlos, hay que obrar muy exactamente y
obervar gran meticulosidad al transcribirlos.
Deben ser escritos sobre pergamino virgen
de cordero, con tinta común, al principio del mes de agosto, antes de la salida del sol,
estando uno en buen estado y vuelto hacia el lado de levánte. Los conservarás
para
suspenderlos de tu cuello en un día y hora similares a los de tu nacimiento. Después de
lo cual, cuidarás todos los días de nombrar el nombre del que estará escrito y colgado de
tu cuello, manteniendo el rostro vuelto hacia el lado de levante. Siendo suficiente
uno
solo de estos nombres, si bien habrá que repetirlo diez veces, puedes tener la seguridad
de que ningún encantamiento u otro cualquier peligro podrá dañarte, antes al contrario
vencerás toda adversidad y serás amado de los ángeles buenos y espíritus puros, siempre
que hayas hecho sus caracteres
y los lleves encima de tí, ya que, por este medio, tanto
los ángeles y espíritus celestes como terrestres, serán muy exactos y prontos a obedecer.
Además de todo eso, es preciso que cuides de hacer o mandar hacer los pantáculos que
más adelante te mostraré, puesto que cada operación requiere su medalla o pantáculo.
Como sea que cada una de estas medallas posee su virtud y propiedades específicas y
sus ceremonias necesarias, sin lo cual la operación careceria
de todo valor, así pues,
antes de emprender nada, hijo mío, ten cuidado de leer y releer muähas veces este mi
testamento, a fin de que, estando perfectamente instruido de las ceremonias requeridas,
no puedas fallar de ninguna manera, y que, lo que en un principio te pareciera dificil y
harto trabajoso, en poco tiempo pueda llegarte a ser fácil y de muy necesaria
utilidad.
Que esto te sirva de exhorto para que seas bien cuidadoso y muy afecto a todas las operaciones
y acciones del arte.
Voy a proporcionarte cantidad de secretos los cuales te conjuro ano emplearlos
nunca jamás en el mal, ya que, como he dicho, maldito sea quien tomara el nombre
de Dios en vano; aunque, sin más ceremonia, podrás servirte de estos secretos,
mientras
solamente tengas como fin la gloria del Gran Dios, y que no tiendas en
absoluto a la destrucción y ruina de tu prójimo, porquè la sangre clamaría continuamente
venganza ante el Todopoderoso, lo cual haría que tú y los tuyos
sufriérais la justa cólera de un Dios irritado; mas, como no nos ha prohibido los
placeres honestos y Iicitos, y que también es muy necesario conocer el bien y el
mal, para escoger el primero y evitar el otro, es lo que me ha decidido el consentir
en darte a conocer los secretos siguientes.
Como sea que no hay ninguna persona que no esté deseosa de atraerse la
bienquerencia de sus semejantes,
y que habiendo una vez conquistado el corazón
y las buenas disposiciones de alguien, y que. esta persona está muy prendada de
este amor, no hay nada que ella no hága para complacer al que ama. Cosa que hace
que del amor se llega a veces a las pasiones carnales, que es cosa perniciosa, lo
que me obliga a ordenarte que no sean éstos tus pensamientos
en absoluto, sino
solamente que te atraigas la amistad de quienquiera que sea, lo cual es la verdadera
riqueza, ya que los mismos secretos que te servirán para el amor honesto pueden
también servir para inducir y obligar a aquél o aquélla que tuvieres en tu
imaginación a condescender, muy a pesar suyo, a hacer todo cuanto quisieras, cosa
que a Dios disgusta, al ser algo abominable el hecho de obligar a una muchacha a
sufrir el peso de tu brutalidad
y forzar a la naturaleza, a menos que, por legítimos
esponsales, le devuelvas el honor que le habrás arrebatado. Por esta razón,
empiezo por exponer primeramente los secretos propios para hacerse amar.
Secreto para hacerse amar
El potro, al nacer, lleva un pedacito de carne sobre la frente, que se denomina
hipomanes; hay que cogerlo, hacerlo secar y reducirlo a polvo muy fino. Luego
cogerás una manzana roja, practicarás en la misma una extracción al igual que se
hace para una cata, del ancho de una pequeña moneda y, una vez sacadas las
pepitas del fruto, rellenarás el hueco producido con aquel polvo y lo taparás;
luego, mondarás alrededor de todo el fruto una banda del ancho de un través de
dedo y, en un viernes próximo al quince de abril, a las seis de la mañana, que es
hora de Venus, escribirás el nombre de la persona interesada y el carácter siguiente
con sangre sacada del dedo anular de tu mano izquierda, y repondrás la mondadura
en su sitio, presionándola un poco para que la sangre no aparezca y para que la
persona a quien va destinada la manzana no tenga la más mínima sospecha de la
operación realizada. Darás una cuarta parte del fruto al interesado, sea éste macho
o hembra, o bien dejarás secar dicha manzana y la reducirás a polvo para hacérsela
beber o echarla encima de sus vestidos.
Sobre todo procura muy bien que el
interesado no se dé cuenta de nada, puesto que entonces la operacion carecería de
todo efecto.
Otro para el mismo objeto
Un viernes, antes de la salida del Sol, hacia el quince
de agosto, hay que entrar en
un huerto y coger de alli una bonita manzana, que cortarás en cuatro partes, de
manera que, sin embargo, no se separen las partes. En su interior meterás una
notita o papeleta en la cual habrás escrito, con tu propia sangre, tu nombre al
revés; otra notita donde habrás escrito el nombre de la persona que amas, y otra
donde serán escritos los caracteres y palabras que siguen
SHEVA
y habiendo unido estas tres papeletas juntas conires de tus cabellos, a saber uno
del lado de cada oreja y el tercero del lado de atrás, volverás a cerrar la manzana y
la envolverás con un pedazo de piel de cordero recién sacrificado, sobre la cual
habrás escrito, con sangre del propio cordero, estas palabras y caracteres
A M RE
Liarás dicha piel alrededor de la manzana y harás secar el todo en un horno de pan
despues de la salida de éste, hasta que se pueda reducir a polvo. Echarás este polvo
al paso de la persona, o bien echarás
parte del mismo encima de ella. Entonces
verás cosas maravillosas, pero cuida bien de ser exacto en los caracteres.
Otro para el mismo objeto
Hacia el doce de septiembre, en día y hora de Venus, harás o mandarás hacer una
medalla de cobre rojo, sobre la cual grabarás o mandarás grabar, de un lado estos
caracteres
y del otro, estas palabras IEOVÀ. AE NONNA ; hecho esto, la guardarás hasta
que la necesites, que será cuando te la colgarás alrededor del cuello mediante un
cordón que hay:
usado la persona que deseas, y, todas las mañanas durante el mes de octubre
entero, antes de la salida del Sol, irás hasta su puerta y recitarás las siguientes
palabras: Amapoyll ae. que tendras que repetir doce veces el
primer día del mes siguiente, el interesado no podrá evitar el venir a pedirte tu
corazón y lo que desees de él. En ese aspecto, harás todo cuanto te plazca.
Otro sobre el mismo objeto
Solamente hay que llevar sobre sí mismo el corazón
de una golondrina que habrá
sido muerta un viernes al salir el Sol y hacia el quince o veinte de abril; pero será
preciso que el hombre lleve el de la hembra y la muchacha el dël macho.
Otro para que nadie no pueda decir más que bien de vosotros, y para
que jamás pueda hablar mal
Hay que recoger la planta maravilla o caléndula en el mes de septiembre, cuandoel
Sol están en el signo de Virgo, que es durante los quince primeros días de este
mes, y envolver con la misma una hoja de laurel que habréis tomado en viernes al
salir el Sol y dentro del mismo mes, con un diente de lobo, y llevar
el todo sobre sí, envuelto en tafetán verde.
Para no ser herido en modo alguno
Sobre un pedazo de piel de lobo, muerto durante los veinte últimos días del mes de
agosto en lunes y a medianoche, cuyo lado desprovisto de pelo sea adornado con
la sangre del propio animal, se escribirán,
con una pluma de cuervó viejo, los
caracteres
Ablan
y, habiéndola suspendido de su cuello la misma hora de medianoche, podrás ir y
venir con toda seguridad y no temer ni arma de fuego ni espada alguna.
Para volverse invisible
Hay que componer una figurilla de cera amarilla parecida a un hombre. Con
destreza, levantarás el cráneo de dicha figura, y, en el mes de enero, en día y hora
de Saturno, sobre la cabeza escribirás y grabarás con una aguja estos caracteres
después de lo cuál volverás a meter con toda limpieza el craneo en su sitio.
Luego, sobre una piel de rana silvestre, muerta
en el tiempo de la canícula,
escribirás estas palabras
helo hel helo y los caracteres siguientes
con sangre del propio animal, en el mismo dia y hora en que éste habrá sido
muerto. Con la citada piel confeccionarás una cintura alrededor del cuerpo de la
figurilla, y, habiéndola colgado, a medianoche, de la bóveda de una caverna
oscura, mediante uno de tus cabellos, la incensarás con el incienso correspondiente
y recitarás la siguiente oración: Metraton, Melach, Berol, Not, Venibbel, Mach, et
vos omnes conjuro te figura cerca per deum vivum, ut per virtutem horum caracterum
et verborum me invisibilem reddas, ubique te portavero mecum. Amén. La
incensarás de nuevo y la enterrarás en el mismo lugar, dentro de una cajita de
madera de abeto, y todas cuantas veces querrás entrar en cualquier sitio y pasar por
donde quieras sin ser visto, recitarás estas palabras, llevando, al mismo tiempo la
figurilla en el bolsillo izquierdo, diciendo: veni ad me et nunquam me derelinquas
ubimque ¡vero, después de lo cual tendrás la precaución de devolverla al lugar
precedente y cubrirla con tierra hasta que tengas necesidad de ella.
Para hechizar a. un cazador
Hay que tomar una rama de saúco tierna, de la cual sacarás la médula por sus dos
extremos, y, en cada uno de ellos, meterás un pedacito de pergamino de piel de
liebre sobre el cual, y con sangre de gallina negra, habrás escrito los siguientes
caracteres:
Abimeg aua
. Habiendo confeccionado dos de estas notas, las meterás en los huecos practicados
en los extremos de la rama y los taparás con un poco de la misma médula sacada,
para que luego, cuando el Sol entre en signo de Acuario, que es durante los quince
últimos días de enero hasta los quince primeros de febrero, en viernes, incensarás
dicha rama con incienso de Venus tres veces consecutivas y la lanzarás tres veces
al aire. Habiéndola recogido, la echarás en el lugar por donde sabes que tiene que
pasar el cazador. Tan pronto como éste la habrá sobrepasado, no será necesario
que espere obtener caza alguna durante todo el día, e incluso será hechizado otra
vez que emprenda de nuevo la caza. Si deseas hechizarlo de nuevo, echarás dicha
rama, al igual que antes, en su camino. Este mismo bastón o rama puede servir
para varias personas, a condición de que lo guardes en la tierra, debajo de un
saúco, cubriéndolo con ésa hasta que quieras servirte del mismo otra vez, en que lo
tomarás de nuevo y harás lo más arriba expuesto.
Manera de interrogar a las inteligencias
para obtener respuesta a algo que
podríais tener ganas de saber
Hay que confeccionar un tapiz de tejido de lana blanca y nueva, y cuando la luna
estará en el signo de Capricornio, la misma noche que estará en su plenilunio, a la
hora del Sol, extenderéis dicho tapiz en ángulo, es decir, una punta orientada hacia
levante y, por consiguiente, la opuesta hacia occidente. Todo lo cual debe llevarse
a cabo en un campo algo alejado de toda señal de habitabilidad y que no muestre
signos de inmundicia. Haréis un círculo todo en derredor del tapiz y permaneceréis
dentro del mismo, en el lado de la punta de oriente, y, blandiendo en el aire el
bastón propio para todas las operaciones, invocaréis a Michael; en la punta del
norte, a Raphael; en la de occidente, a Gabriel; y en la de mediodía, a Nuriel.
Despúes, volveréis a la punta de oriente donde llamaréis
devotamente a Agla y
cogeréis esta punta con la mano izquierda y, volviéndoos hacia el norte, haréis lo
mismo, y así sucesivamente con las demás partes. Cuando tendréis las cuatro
puntas en la mano, las levantaréis cuidando de que en modo alguno toquen la
tierra. Manteniéndolas de esta guisa y volviéndoos de nuevo hacia oriente,
recitaréis esta oración: , Agla, Agla, Agla, Agla dios todopoderoso,
que eres la
vida del mundo y que dominas sobre las cuatro partes de este gran cuerpo, por la
fuerza y virtud de las cuatro letras de tu Santo nombre Tetragramaton, yod, he,
vau, he, bendice esta cubierta que sostengo en tu nombre, como tú has bendecido
el manto de Elías, en la mano de Eliseo, a fin de que, estando a cubierto bajo tus
alas, nada pueda perjudicarme, como así reza in alá suá obumbrabit tibi et
subpennis ejus sperabis; sentum
et chipens est ventas ejus.
Luego lo plegaréis recitando las palabras: Recabustira,
cabustira, bustira, tira, ra,
a.
Lo guardaréis con limpieza y así podrá serviros para todas las operaciones.
Para interrogar, hace falta precisamente aguardar la noche en que la luna debe
renovarse o en el plenilunio,
y, desde la medianoche siguiente hasta la punta del
alba, os trasladaréis al lugar indicado. De antemano,
el mismo día habréis escrito,
sobre cartón virgen y desgastado, con pluma de palomo, el carácter y nombre
Raziel.
Llevaréis también vuestra curnerta o manto con el cual os cubrireis cabeza y
cuerpo, y tenareis ei infiernillo con fuego nuevo, el cual colocaréis en el lugar,
echando primeramente en el mismo un poco de incienso. Acto seguido os echaréis
en el suelo, boca abajo, manteniendo el fuego bajo el manto con el que estaréis
cubierto, y con el bastón de pie, a fin de apoyaros
en él la barbilla. Con la mano
diestra sostendréis
el cartón sobre vuestra frente y recitaréis las palabras Ugale,
hamicata, vinsaicrata, ye dah mà baxa. Suxa un hora hime sere: Oh, dios inmenso,
envía la inspiración de la luz a vuestro servidor, corno lo has hecho con David,
hazme desvelar el secreto que te pido, si tal o cual cosa existe, haz que todo se me
esclarezca por medio de tus santos servidores Raziel, Tsaphiel, Mamoniel, Ecce
veritatem yoluisti
in renibus et in abstruso sapientiam scire facies me Recabustira,
Cabustira, bustira, tira, ta, à, Karkahita, kahita, hita, ta, à.
Manera de darle vueltas al tamiz, a fin de descubrir quien habrá cometido un
robo o cualquier
otro crimen.
Hay que coger un tamiz el cual suspenderás con un cabo de cuerda de ahorcado, el
cual dará toda la vuelta alrededor del tamiz y, dentro del círculo del mismo,
escribirás con la sangre del mismo ahorcado estos caracteres
en las cuatro partes del círculo. Luego cogerás una vasija de estaño bien limpia la
cual llenarás con agua de fuente muy clara, después de lo cual pronunciarás estas
palabras: Dies mies jeschet bene deafet dovvima énétémans. Después sacudirás
y harás girar el tamiz con la mano izquierda y, al mismo tiempo, con la derecha,
removerás el agua de la vasija con una ramita de laurel tierna, y, cuando el agua
estará en reposo y el tamiz o cedazo no girará ya más, mirarás fijamente en el agua
y verás el rostro del que ha cometido el robo, y, para que puedas mejor
reconocerlo, lo marcarás en cualquier parte de su cuerpo con la espada del arte. De
esta forma, todo cuanto le cortes encontrárase efectiva y realmente cortado en él.
Otra manera de darle vueltas al
tamiz
Hay que coger un tamiz y clavar en medio de su círculo y hacia afuera las puntas
de unas tijeras completamente abiertas y, habiendo metido los ojales
o anillos de
dichas tijeras en el dedo medio de dos personas, una de ellas recitará la oración
siguiente:
Dies mies jeschet bene deáfet dovvima énétémans. Deus qui beatam suzanam de
falso crimine liberasti;
Deus qui beatam teclarn de spectaculis liberasti;
deus
qui sanctum denidem de lacu leonum liberasti, et tres pueros de camino ignis
ardentis eripuisti, libera innocentes et consigna factores.
Hecho lo cual, dicha persona pronunciará en voz alta el nombre y apellido de
todas cuantas personas, una detrás de otra, hayan sido susceptibles de sospecha de
haber cometido el crimen o robo, diciendo: por San Pedro y por San Pablo, fulano
o fulana ha hecho tal cosa, mientras que la otra persona responderá que por San
Pedro y por San Pablo, tal persona no lo ha hecho. Hay que repetir esto tres veces
por cada una de las personas suspectas. Es cierto que, al nombrar la persona que
habrá cometido el crimen o robo, el tamiz girará por sí mismo, sin que sea posible
detenerlo,
y caerá al suelo. Por este medio, se conocerá al malfechor.
Para confeccionar la jarretera, o secreto para hacer en media jornada tanto camino
como otro haría en diez días
Hay que confeccionar dos jarreterras en forma de tubo, hechas con piel de ciervo, en las
cuales meterás artemisa tierna recogida el veinticinco de junio antes de la salida del sol.
Antes de coser dichas jarreteras, escribirás en su interior estas palabras y caracteres
con sangre de liebre muerta el mismo día veinticinco de junio, y, habiendo llenado
dichas jarreteras con artemisa, meterás en los dos extremos de cada una el ojo de
un pez llamado barbo, y, cada vez que querrás hacer uso del secreto, te levantarás
antes de la salida del sol y te lavarás en un arroyo o riachuelo de aguas claras y,
por encima de la rodilla, te calzarás una jarretera en cada pierna. Y, luego de haber
cogido una tierna ramita de encina cortada el mismo veinticinco de junio,
girándote o volviéndote hacia el lado por dónde quieras ir, grabarás en el suelo el
nombre del lugar e iniciarás la marcha. Entonces observarás que tu camino será
andado en poco tiempo y sin fatiga, y que, cuando quieras detenerte, no tendrás
más que pronunciar la palabra Amech y’ batir el aire con el bastón.
Inmediatamente llegarás a tierra firme, lo cual te sorprenderá.
Para descubrir dónde estará el tesoro escondido
Estando el Sol en el signo del León, lo cual es a partir del diez de julio hasta el
veinte de agosto, hay que observar que la Luna entra en el mismo signo, y, un
domingo antes de la salida del Sol, irás hasta el lugar donde se sospeche la
existencia del tesoro en cuestión, y, habiendo hecho con la espada del arte un cerco
del ancho necesario para abrir la tierra, incensarás a todo alrededor con el incienso
correspondiente
al día, tres veces seguidas, después de lo cual, revestido con los
hábitos del arte, obrarás de modo que, por medio de cualquier ingenio o artilugio,
pueda colgarse encima una lámpara cuyo aceite esté mezclado con grasa humana y
cuyo pabilo sea de trapo con el cual haya sido enterrado un muerto. Una vez
encendida con fuego nuevo, proveerás a los obreros de un cinturón de piel de
cabra recién muerta, en el que habrás escrito con sangre del mismo muerto del que
hayas obtenido la grasa más arriba citada, estas palabras y caracteres
Nopa Padous
A estos obreros los pondrás al trabajo con cautela, advirtiéndoles de no
emocionarse en absoluto a la vista de los espectáculos
que tendrán ocasión de
contemplar, y, en el caso de que no pudieran terminar la obra en un día, cada vez
que interrumpan ésta para luego reanudarla, dispondrás una cubierta o tapadera de
madera encima de la abertura y, por encima de ésta, todavía una capa de la misma
tierra de medio pie de grosor. Continuando así hasta el final, cuidarás de estar
siempre presente durante la operación, con los hábitos del arte y la espada en la
mano. Luego, una vez terminada aquélla, recitarás la oración correspondiente a la
consagración del libro, Adonai, etc... y, habiendo hecho tapar de nuevo el hueco,
despedirás a los espíritus, dándoles las gracias por los favores que te habrán
concedido, y regresarás contento.
Para hacer los anillos astronómicos consistentes en anillos de metal en forma de
talismanes
En la naturaleza celeste hay unas potencias muy grandes, ya que las estrellas
influyen sobre los metales, así como sobre los animales, hierbas, plantas
y árboles
que caen bajo su dominio. Es por lo que un profesor del arte debe llevar siempre
sobre sí mismo algo que derive de dicho arte, lo cual es muy fácil mandando hacer
cuatro anillos compuestos de distintos metales.

ler anillo
Hay que tomar oro y hierro en igual cantidad del uno y del otro, los cuales harás
fundir juntos hacia el veinticuatro de julio un domingo en hora del Sol. Hecho lo
cual, esperarás hasta el mes de marzo siguiente para grabar o mandar grabar, en
día y hora de Marte, encima de dicho anillo los caracteres
y en el mismo dia y hora de Marte, harás engastar en el chatón un poco de la
hierba denominada heliotropía, y de la llamada acónito, con un poco de piel de
león y de la de lobo, un poco de pluma de cisne y de buitre y, por encima de todo,
una piedra denominada rubí. Luego, ya todo bien compuesto, volviéndote hacia el
lado occidente, de rodillas, invocarás a los ángeles
Michael, Cherub, Gargatiel, Tariel, Tubiel, Bael, los Silfos, Camael, Phaleg,
Samael, Och, Anael. Después
de lo cual lo incensarás con estoraque y almizcle y
lo envolverás en una piel de león. Hecho todo lo cual, solamente lo llevarás en
verano, y, en un domingo o martes en día y hora de Marte, lo tomarás al tiempo de
volverte hacia el lado de occidente, lo cual producirá cosas maravillosas gracias a
la dicha que te acompañará al llevar este anillo. Esta es solamente apropiada para
los nacidos en marzo, julio y octubre.

2° anillo
Hay que hacer fundir juntos estaño y cobre rojo muy puros. Todo ello hacia el
veinte de abril, en día y hora de Venus. Confeccionarás un anillo que guardarás
hasta el mes de noviembre, tiempo en que grabarás, en día y hora de Venus, por la
parte interior del anillo, es decir la zona que toca a la carne, los caracteres
y, al igual què en el primer anillo, engastarás algo de las hierbas llamadas
Capillum veneris y Barbas de Capuchino, pieles de macho cabrío y de ciervo,
plumas de palomo y de águila y encima de todo una esmeralda. Volviéndote hacia
oriente, invocarás a los ángeles Raphael, Seraph, Caracasa, Hamabiel, Comisoros,
Moimon, los Aéreos,
Zadkiel, Betor, Sachiel, Haniel, Hagit, y llevarás
a cabo las
mismas ceremonias que hayas cumplido
con el primer anillo, con incienso de
laurel y madera de áloes. Lo llevarás en primavera, volviéndote
hacia oriente, en
día y hora de Venus o de Júpiter.
Es solamente apropiado para los nacidos en los
meses de abril, septiembre, noviembre y febrero.

3er anillo
Este anillo se compone haciendo fundir plomo. Una vez fundido, lo dejarás enfriar
hasta el punto en que parece querer congelarse. Entonces añadirás mercurio y
removerás todo junto con una varilla de hierro. Luego cogerás lo que está
congelado y harás confeccionar un anillo en cuyo interior harás grabar los
caracteres
en el mes de agosto, en día y hora de Mercurio, y engastarás algo de la hierba
llamada mercurial y la piel de mono. Volviéndote hacia el lado del norte,
invocarás a los ángeles Gabriel, Tarsis, Amabiel, Ctarari, Poimon, Las Ninfas,
Michael y Ophiel. Hecho lo cual, lo envolverás en una tela de varios colores y la
llevarás en invierno, cogiéndola en día y hora de Mercurio, volviéndote hacia el
lado de septentrión. Las demás ceremonias las harás como en el primer anillo.
Solamente apropiado para los nacidos en marzo y agosto.

4o anillo
Se compone con plata y plomo, los cuales harás fundir juntos el en mes de junio,
en día y hora de la Luna o de Saturno. En su interior harás grabar, en diciembre y
en día y hora de Saturno, los siguientes Caracteres
y procederás a engastar algo de la hierba denominada selenotropia (hierba lunar) y
siempreviva, piel de gato y de topo, pluma de buho y de abubilla y por encima de todo
un zafiro. Incensarás con incienso de azufre, volviéndote hacia mediodía e invocando a
los ángeles Uriel, Ariel, Torquam, Gualbaret, Egin, Los Pigmeos, Zaphkiel, Gabriel,
Araton o Aratron, Phul y Cassiel. Lo llevarás en tiempo de otoño, tomándolo en día de la
Luna o de Saturno, a las mismas horas. Las demás ceremonias las efectuarás al igual que
en el primer anillo, pero debes ser muy exacto en todas estas ceremonias que te indico,
ya que todo depende de las influencias celestes, y a través de ellas es por lo que dichos
anillos reciben la virtud de operar maravillas
tan grandes.
Luego, voy a facilitarte un gran número de pantáculos, pero tienes que ser
cuidadoso en la operación de grabarlos de la misma forma que te enseñaré y, en el
caso de operar encima de pieles animales, hay que usar los colores parecidos a los
indicados, a fin de que puedan éstos tener sus efectos. Como sea que esta ciencia
toda ella es misteriosa, basta con creer que ella debe operar y no mantener
razonamientos a propósito de la misma.
Este pantáculo es el retrato del Eterno significando la justicia y la colera divinas.
Posee gran virtud, ya que todos los espiritus doblan ante él las rodillas. No solo
obliga a los espiritus sino que sirve todavia para dominar a todas las criaturas
terrestres, ya que se ha dicho que el Cielo, la tierra, los angeles y los demonios
doblaran la rodilla ante él. Asi, pues, debe hacerse sobre una piel de león, en dia y
hora del Sol, alrededor de los ocho primeros dias del mes de agosto, con pluma de
cisne y color dorado o amarillo. También puede hacerse sobre una placa de oro
muy puro, en los mismos dias, meses y horas citadas.
Este pantáculo pertenece al Sol y, por consiguiente, a sus angeles. Debe hacerse
sobre una piel de leon, en el mes de agosto, en dia y hora del Sol. También se
puede hacer sobre una placa de oro muy puro. Posee gran virtud para adquirir la
amistad de un principe y gran señor y, por medio de él, un hombre de la Corte
podrá llegar a alcanzar los más altos cargos.
Este pantáculo pertenece a los espiritus solares y debe hacerse sobre una piel de
cordero que se haya sacrificado durante el mes de marzo. Escrito con color
amarillo y con pluma de cisne cortada con el cuchillo del arte. Posee singular
virtud para quien lo lleve sobre si mismo con respeto; a través de este pantáculo
podrá llegar a coronar con éxito todo cuanto emprenda relacionado con los grandes
principes, y, si se le lleva encima del corazon, suspendido por un cordon hecho de
piel de leon, nunca nadie se sentirá afligido por desánimo ninguno y, además, será
uno siempre bien querido del principe y de la Corte entera.
Este tiene igual virtud que el precedente y debe ser hecho de la misma forma y,
además, tiene la virtud de ayudar en la busqueda de minas y tesoros, y si tiras un
pedacito del mismo sobre una persona o sobre un animal, éstos te seguirán por
doquier, a condición de haber sido previamente incensado en marzo y otra vez en
agosto, en dia y hora del Sol.
Este pantáculo pertenece a los hospicios de Venus y se hace sobre pergamino de
piel de toro sacrificado hacia los ocho primeros dias del mes de mayo. Se escribe
con sangre de paloma y pluma del mismo bicho, en dia y hora de Venus. Luego
esperarás a que el Sol esté en el signo de la Balanza (Libra) que es en el mes de
junio y lo incensarás con el incienso planetario. Tiene la virtud de hacerse querer
por todo el mundo y de destruir el odio que un enemigo pudiera concebir contra ti.
Este pantáculo pertenece a Venus y, mediante el mismo, los espiritus rebeldes de
Venus llegarán a ser muy dóciles y obedecerán en el primer aspecto de este
pantáculo, y, si se lo hace beber a un enemigo o se bebe un liquido en el cual se
habrá mojado un pedazo de este pantáculo durante treinta y dos dias a partir del
veintiseis de abril este enemigo convertirase en tu mayor e intimo amigo. Debe ser
hecho sobre una piel de macho cabrio sacrificado en el mes de junio, en dia y hora
de Venus, con pluma de oca blanca e incensado con el incienso correspondiente.
También puede componerse sobre cobre rojo, efectuando la misma ceremonia
anterior.
Este pantáculo pertenece a los espiritus mercurianos. Es muy necesario para los
que tienen la cabeza floja, puesto que acrece y desarrolla la facultad de la
memoria. Se confecciona el veinticuatro de mayo, sobre una piel de macho cabrio,
con colores semejantes. Debe ser incensado con azufre, en un hueco próximo a
una fuente, donde se le entierra durante veintinueve dias, y cuando la Luna quiere
renovarse, se le desentierra tomando el baston del arte y una pequeña escudilla en
la cual se pone agua de la citada fuente, se le echa un pedazo de pantáculo, luego
se menea el agua, la cual se cambia en nube y cae en forma de lluvia. Al instante,
lo retiras y lo suspendes de tu cabello en el mes de marzo, en dia y hora de
Mercurio.
Este pantáculo posee gran virtud para quienes usan jarreteras, ya que con éste no
podrá temer a los espiritus malignos que pudieran desviarle de su camino, dado
que aquéllos no se atreverian a mirar o contemplar este carácter. También puede
servir para quienes trabajan en el agua, y asi poder sacar de la misma grandes
cantidades de pescado. Hay que hacerlo de la misma manera que el precedente y
con las mismas ceremonias.
Este pantáculo está bajo la influencia de los espiritus de Saturno, y su poder reside
en volverlos dóciles y familiares en las invocaciones. Se hace sobre una piel de
topo y se escribe con pluma de abubilla durante el mes de junio, en el dia y la hora
de Saturno, volviéndose hacia el lado del mediodia. Invocando a los angeles
dominadores de Saturno, se le inciensa con azufre. Mientras no se le necesite, debe
estar enterrado debajo de una siempreviva.
Este pantáculo está dirigido por Saturno y su particular influencia es la de dar la
fuerza para obligar a los gnomos (espíritus terrestres) en el caso de que
manifiesten resistencia a obedecer. También es muy bueno para aumentar y
acrecentar los bienes de la fortuna, y si se le entierra en un campo de batalla,
inmediatamente el enemigo se marchará. Se confecciona hacia el veintitrés de
junio, sobre un pergamino de piel de asno, en dia y hora de Saturno y escrito con
pluma de oca.
Este pantáculo posee singular virtud para aquéllos que engordan ganado y trafican
con el mismo, ya que si se le entierra en los lugares donde se encierra al ganado,
éste llegará a estar muy gordo en poco tiempo, y las ovejas se multiplicarán mucho
más. Se confecciona en el mes de diciembre, en dia y hora de Saturno, durante el
plenilunio y con tiempo sereno, sobre una piel de leon, escrita con pluma de ave
cortada con el cuchillo del arte. Debe uno llevarlo sobre si durante los meses de
junio, diciembre y enero, o bien se le enterrará en un establo durante uno de los
susodichos meses en el dia y hora de Saturno, en luna nueva y regándolo todos los
dias con leche de yegua y un poco de semen de cerdo, e incensándolo con almizcle
fino.
Este pantáculo tiene ia admirable virtud de hacer que un caballo viva mucho
tiempo. Ya que, si un caballero lo lleva en el bolsillo del lado derecho, su caballo
no será herido en absoluto y se mantendrá siempre sano. Hay que confeccionarlo
sobre plomo muy puro, hacia el veinte de junio, en dia y hora de Saturno y durante
el pienilunio. Hay que grabarlo con el burril del arte, dando la cara hacia el lado de
mediodia, para invocar a los angeles y espiritus de Saturno.
Este pantáculo, cuyas influencias pertenecen a Júpiter, es bueno para llegar a ser
amigo de los espiritus de Jupiter y para someterlos a obediencia si se mostraran
rebeldes a las invocaciones. Se hace sobre estaño muy puro, o bien sobre
pergamino de ciervo que habrá sido muerto en el mes de noviembre. Se escribe
con el color correspondiente al mismo mes de noviembre o al de febrero, en dia y
hora de Jupiter, con pluma de aguila.
Este entresaca su virtud de los espiritus de Jupiter, y es muy util a quienes quieren
generalmente ser bienvistos del pueblo. Se hace sobre una piel de caballo, en
febrero y en dia y hora de Jupiter. Se escribe con una pluma cisne purificada,
hecho lo cual te lo colgarás en el cuello hacia el veinte de noviembre, próximo el
plenilunio, en tiempo sereno, y, dando la cara a oriente, invocarás a los espiritus
igneos que están bajo el imperio de Jupiter.
Este pantáculo hace referencia a una legion de los espiritus jupiterianos
subordinados a los principes Hismael y Jophiel. Mediante ellos, podrás fácilmente
llegar a las ciencias, aunque no tuvieras talento alguno para ello. Debe
confeccionarse sobre estaño o sobre pergamino de piel de cierva muerta en el mes
de noviembre, y escrito con pluma de cisne e incensándolo
con el incienso
correspondiente, al igual que con los demas.
Este pantáculo es especialmente útil en todas las operaciones que se hacen en
jueves, puesto que, mediante el mismo, no hay nada que fracase. Se confecciona
sobre pergamino de ciervo, en dia y hora de Jupiter, en el mes de febrero, con
pluma de cisne e incensado con incienso adecuado, después de lo cual lo
envolverás con una tela azul y lo llevarás durante los meses de noviembre y
febrero, y, volviéndote hacia el lado de oriente, invocarás a los silfos, los cuales
están sometidos al mismo.
Este pantáculo está bajo el dominio de Marte, el cual le confiere su influencia al
servir para dominar a los espíritus aéreos en el caso de mostrarse éstos rebeldes
para las operaciones y que dificultasen su propia aparición. Debe ser hecho, con el
buril, sobre acero muy puro, en el mes de marzo, cuando la luna esta casi en el
último cuanto, y en tiempo sereno; incensado juego con incienso correspondiente.
Hasta que lo necesites, lo envolverás con tela encarnada, a la vista de la cual los
espiritus se mostrarán obedientes, cosa que te hará conocer la fuerza del Arte.
Este pantáculo es muy necesario para los que van a la guerra. Tiene la virtud de
dar valor y, al mismo tiempo, fuerza para combatir. Quien lo lleve será
completamente indemne a cualquier tipo de arma. Se confecciona sobre piel de
lobo que haya sido muerto hacia el veintidós de octubre. Hay que escribir sobre
dicha piel empleando sangre de buitre, sirviéndose de una de sus plumas,
purificada e incensada con el perfume conveniente, hecho lo cual te lo colgarás al
cuello mediante un cordón hecho de pelo de lobo, de forma tal que esté en el lugar
del corazón. Volviéndote hacia occidente, invocarás a los ángeles marciales.
Este pantáculo recibe tal influencia de Marte cuando está hecho a propósito, que,
siendo puesto bajo tierra en una fortaleza, ésta llega a ser inexpugnable. Se hace
sobre acero, durante el mes de octubre, en día y hora de Marte, grabado con el
buril del arte, y, al hacerlo, débese estar vuelto hacia occidente. Acto seguido,
envolverlo en una tela encarnada y conservarlo hasta que se necesite.
Este pantáculo obliga a los silfos, espíritus habitantes del fuego, a convertirse y
volverse dóciles. Debe
ser llevado con reverencia y estar hecho y escrito, con
pluma de urraca y sangre de cordero, sobre piel de cerda que haya sido muerta en
marzo, en día y hora del planeta. Incensado como es menester.
Este pantaculo, influenciado por Júpiter habitando en la Casa del Cordero (Aries),
que aparece junto a la misma, procura la benevolencia de quienes se desea;
ahuyenta las penas y cura todas las fluxiones y vértigos del cerebro. Se
confecciona haciendo fundir, el ventiuno de marzo en día y hora del planeta,
hierro, plata, oro y cobre. Es preciso que sea en novilunio, y habiéndolo grabado
según el arte, hay que envolverlo en tafetan azul y colagarlo por detrás del cuello.
Este pantáculo recibe su virtud de los espíritus de Júpiter y de Escorpión,
circunstancia que le procura la fuerza para disipar los terrores y pánicos, al tieempo que cura los encantamientos mágicos que causan quienes clavan alfileres en
muñecos o ejercen cualquier
actividad maléfica. Debe ser hecho sobre cobre muy
puro y grabado hacia el veinte de junio, en día y hora de Júpiter y en novilunio.
Envolverlo en tela azul e incensario dando la cara a oriente. Hay que aplicárselo en
las partes genitales.
Este pantáculo, benignamente influido por el Sol en Leo, debe ser hecho de oro
muy puro, y grabado hacia el veintidos de julio, cuando la Luna está en el signo de
Piscis, después de lo cual se guardará envuelto en tafetán amarillo. Se usará,
previo su incensamiento, colgado del cuello con un cordón hecho con lana de león,
y obrando de forma que descanse encima del corazón. Es un secreto particular para
ganar un proceso, para solicitar y obtener todo cuanto se quiera de los Reyes y de
los grandes señores.
Los espíritus dominadores de Venus y de Tauro influyen sobre este pantáculo y le
confieren la virtud de volver el calor natural a quienquiera que lo hubiese pérdido
y que fuese impotente. Se compone haciendo fundir juntos cobre, hierro, estaño y
oro hacia el veinte de abril. Cuando el novilunio, en día y hora de Venus, débese
aplicar en el muslo derecho en el hombre y en el izquierdo en la mujer,
volviéndose de cara a oriente.
Los ángeles de Venus y el signo de Libra que dominan en esta figura y pantáculo
le infunden la virtud de resistir a los venenos y demás encantamientos. Se hace
fundir conjuntamente cobre, oro plata y estaño hacia el veinte de junio y se graba
en novilunio; se llevan a cabo las ceremonias requeridas y, envuelto en tela verde,
se le cuelga sobre el corazón, mediante un hilo o cordón de oro, volviéndose hacia
el lado de oriente.
Los genios de Mercurio y los del signo de Virgo, debido a sus benignas influencias
para con este pantáculo, conllevan la virtud de producir con facilidad la visión de
los genios mercurianos y la de volver a uno afortunado en los negocios y en el
juego. Se hace sobre mercurio congelado hacia el veintiuno de agosto, en día y
hora de Mercurio, al renovar de la Luna y en tiempo sereno.
Este Pantáculo se hace bajo los hospicios de Sagitario, una de las Casas de Marte,
que obliga a los espíritus de Sagitario a obedecer y a volverse dóciles a las órdenes
y exorcismos que se les hace. Hay que hacer fundir estaño hacia el veintitrés de
noviembre, en día y hora de Marte y la Luna en cuarto creciente. Luego de haberlo
incensado, envolverlo en tafetán encarnado y conservarse hasta la operación.
La virtud de este pantáculo es la de curar la apoplejía y preservase de la misma.
Debe ser confeccionado sobre una lámina o placa de estaño, durante el mes de
febrero, en día y hora de Marte y en novilunio. Una vez incensado con el incienso
correspondiente, hay que colgárselo del cuello de forma que llegue a tocar el
ombligo. Es beneficioso, además, para todos los nacidos en febrero, para acceder a
las ciencias.
Los Angeles y los Espíritus de Saturno conceden a este pantáculo la virtud de tener
éxito en los edificios que uno construya. Se hace sobre plomo, se le graba en el
mes de noviembre, en día y hora de Saturno y durante el novilunio. Se le envuelve
en tela negra y se le llevará sobre sí mismo. No olvidar las ceremonias similares a
las precedentes.
Si se hace este pantáculo sobre plomo, en el mes de enero, en día y hora de
Saturno, después de haberlo incensado con incienso adecuado y envuelto en un
trapo negro, tendrá aquél virtud eficaz de volver gracioso y amable a quien lo
llevare. Asimismo actuará también contra los venenos, a condición de que se lleve
en el lugar del corazón.
Muriel, espíritu bienhechor, confiere a este talismán
la virtud de proteger de todo
peligro a los viajeros, y volverlos sanos y salvos a sus casas. Es eficaz,
principalmente, en los peligros del agua, puesto que, por grande que fuera el viaje
a efectuar, puede uno con toda seguridad llevarlo a cabo, ya que regresará con
éxito. Debe ser confeccionado sobre placa de plata, en el mes de junio, estando la
Luna en el preciso momento de renovar, en día y hora de la Luna, y habiendo sido
incensado y envuelto según el arte, hasta que se necesite.
Phul, Angel y Espíritu bajo el dominio de la Luna, influye tan fuertemente sobre
este pantáculo que, quien lo llevare, en modo alguno estará en peligro de ser
asaltado por los ladrones. Se hace con un pedazo de piel de gato negro muerto en
el mes de junio. Debe ser escrito con pluma de buho y perfumado con incienso
adecuado al planeta del dia, que sera el lunes.
Los ángeles arriba nombrados en este pantáculo son muy poderosos para quienes
viajan por tierra y se sirven de jarretera. Debe ser hecho y escrito sobre piel de
gato negro muerto al igual que el precedente, en el mes de junio, en hora y día de
la Luna, incensado
y envuelto según el arte, y para ser utilizado cuando se
necesite.
Este pantaculo está concebido de cara a la universidad
de los espíritus lunares. Se
confecciona en el mes de junio, en día y hora de la Luna, estando el tiempo claro y
sereno. Se actúa sobre piel de buho, muerto en el mes, día y hora más arriba
mencionados. Si se mete este pantáculo en una taza llena de agua clara, y se
remueve ésta con el bastón del arte, inmediatamente el tiempo se agitará y
producirá lluvia, granizo y demás tormentas.
Este pantáculo es el opuesto del precedente, puesto que, siendo hecho en el mismo
día y hora que el otro, sobre piel de perro y puesto igualmente en una taza en la
cual no haya absolutamente nada de agua, meneando y haciendo girar el bastón del
arte en dicha taza, inmediatamente el mal tiempo y la tormenta cesaran.
Advertencia
Hijo mío, es ya tiempo de que te diga que, cuando hagas todos esos pantáculos y
otros con diferentes caracteres, no olvides jamás el incensamiento, ni emplees
otros utensilios que los del arte, y que no trabajes
más que en las horas y días del
planeta dominante. En todas las cosas, tendrás que estar atento a la operación
y no
olvidar nada de lo que pueda contribuir al éxito de lo que los pantáculos y
operaciones prometen.
Por lo demás, querido mío, te ordeno que no entierres esta
ciencia, sino que hagas partícipe de ella a todos tus amigos, con la salvedad,
empero, de no abusar de la misma ni profanar las cosas divinas; ya que, bien lejos
de volverse amigo de los espíritus, eso sería el medio para llegar a la total
destrucción de cada uno; pero tampoco hay que prodigar esta ciencia entre los
ignorantes, ya que esto sería algo tan reprobable como echar perlas preciosas en el
gaznate de un cerdo. Es preciso, por el contrario, que, de un sabio e iluminado
pase a otro, para que de esta forma el Tesoro de los Tesoros no se eche al olvido.





NOTA, EL LIBRO ESTA ENTERO, A FALTA DE LOS PENTAGRAMAS, LOS CUALES SE PUEDEN ENCONTRAR EN PAGINAS SIMILARES EN INTERNET, ASI COMO LOS DIBUJOS DE CUCHILLOS, ESPADAS, Y OTROS UTENSILIOS PARA USO.(Cuando habla de sacrificios, son sacrificios de animales, de los cuales se hablan en la Biblia)

ROMANCERO GITANO // FEDERICO GARCIA LORCA

Escrito por imagenes 23-11-2007 en General. Comentarios (1)

Romancero Gitano

 

1. Romance de la luna, luna

La luna vino a la fragua

con su polizón de nardos.

El niño la mira, mira.

El niño la está mirando.

En el aire conmovido

mueve la luna sus brazos

y enseña, lúbrica y pura,

sus senos de duro estaño.

—Huye luna, luna, luna.

Si vinieran los gitanos,

harían con tu corazón

collares y anillos blancos.

—Niño, déjame que baile.

Cuando vengan los gitanos,

te encontrarán sobre el yunque

con los ojillos cerrados.

—Huye, luna, luna, luna,

que ya siento los caballos.

—Niño, déjame, no pises

mi blancor almidonado

El jinete se acercaba

tocando el tambor del llano.

Dentro de la fragua el niño

tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,

bronce y sueño, los gitanos.

Las cabezas levantadas

y los ojos entornados.

¡Cómo canta la zumaya,

ay, cómo canta en el árbol!

Por el cielo va la luna

con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,

dando gritos, los gitanos.

El aire la vela, vela.

El aire la está velando.

 

2. Preciosa y el aire

A Dámaso Alonso

Su luna de pergamino

Preciosa tocando viene

por un anfibio sendero

de cristales y laureles.

El silencio sin estrellas,

huyendo del sonsonete,

cae donde el mar bate y canta

su noche llena de peces.

En los picos de la sierra

los carabineros duermen

guardando las blancas torres

donde viven los ingleses.

Y los gitanos del agua

levantan por distraerse,

glorietas de caracolas y

ramas de pino verde.

Su luna de pergamino

Preciosa tocando viene.

Al verla se ha levantado

el viento que nunca duerme.

San Cristobalón desnudo,

lleno de lenguas celestes,

mira a la niña tocando

una dulce gaita ausente.

Niña, deja que levante

tu vestido para verte.

Abre en mis dedos antiguos

la rosa azul de tu vientre.

Preciosa tira el pandero

y corre sin detenerse.

El viento-hombrón la persigue

con una espada caliente.

Frunce su rumor el mar.

Los olivos palidecen.

Cantan las flautas de umbría

y el liso gong de la nieve.

¡Preciosa, corre, Preciosa,

que te coge el viento verde!

¡Preciosa, corre, Preciosa!

¡Míralo por donde viene!

Sátiro de estrellas bajas

con sus lenguas relucientes.

Preciosa, llena de miedo,

entra en la casa que tiene,

más arriba de los pinos,

el cónsul de los ingleses.

Asustados por los gritos

tres carabineros vienen,

sus negras capas ceñidas

y los gorros en las sienes.

El inglés da a la gitana

un vaso de tibia leche,

y una copa de ginebra

que Preciosa no se bebe.

Y mientras cuenta, llorando,

su aventura a aquella gente,

en las tejas de pizarra el

viento, furioso, muerde.

 

3. Reyerta

A Rafael Méndez

En la mitad del barranco

las navajas de Albacete

bellas de sangre contraria,

relucen como los peces.

Una dura luz de naipe

recorta en el agrio verde

caballos enfurecidos

y perfiles de jinetes.

En la copa de un olivo

lloran dos viejas mujeres.

El toro de la reyerta

se sube por las paredes.

Ángeles negros traían

pañuelos y agua de nieve.

Ángeles con grandes alas

de navajas de Albacete.

Juan Antonio el de Montilla

rueda muerto la pendiente,

su cuerpo lleno de lirios

y una granada en las sienes.

Ahora monta cruz de fuego,

carretera de la muerte.

El juez, con guardia civil,

por los olivares viene.

Sangre resbalada gime

muda canción de serpiente.

Señores guardias civiles: aquí

pasó lo de siempre.

Han muerto cuatro romanos

y cinco cartagineses.

La tarde loca de higueras

y de rumores calientes

cae desmayada en los muslos

heridos de los jinetes.

Y ángeles negros volaban

por el aire del poniente.

Ángeles de largas trenzas

y corazones de aceite.

 

4. Romance sonámbulo

A Gloria Giner y Fernando de los Ríos

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar

y el caballo en la montaña.

Con la sombra en la cintura

ella sueña en su baranda,

verde carne, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Verde que te quiero verde.

Bajo la luna gitana,

las cosas la están mirando

y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.

Grandes estrellas de escarcha,

vienen con el pez de sombra

que abre el camino del alba.

La higuera frota su viento

con la lija de sus ramas,

y el monte, gato garduño,

eriza sus pitas agrias.

¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?

Ella sigue en su baranda,

verde carne, pelo verde,

soñando en la mar amarga.

Compadre, quiero cambiar

mi caballo por su casa,

mi montura por su espejo,

mi cuchillo por su manta.

Compadre, vengo sangrando,

desde los puertos de Cabra.

Si yo pudiera, mocito,

ese trato se cerraba.

Pero yo ya no soy yo,

ni mi casa es ya mi casa.

Compadre, quiero morir

decentemente en mi cama.

De acero, si puede ser, con

las sábanas de holanda.

¿No ves la herida que tengo

desde el pecho a la garganta?

Trescientas rosas morenas

lleva tu pechera blanca.

Tu sangre rezuma y huele

alrededor de tu faja.

Pero yo ya no soy yo,

ni mi casa es ya mi casa.

Dejadme subir al menos

hasta las altas barandas,

¡dejadme subir!, dejadme

hasta las verdes barandas.

Barandales de la luna por

donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres

hacia las altas barandas.

Dejando un rastro de sangre.

Dejando un rastro de lágrimas.

Temblaban en los tejados

farolillos de hojalata.

Mil panderos de cristal,

herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,

verde viento, verdes ramas.

Los dos compadres subieron.

El largo viento, dejaba

en la boca un raro gusto

de hiel, de menta y de albahaca.

¡Compadre! ¿Dónde está, dime?

¿Dónde está tu niña amarga?

¡Cuántas veces te esperó!

¡Cuántas veces te esperara

cara fresca, negro pelo,

en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe

se mecía la gitana.

Verde cama, pelo verde,

con ojos de fría plata.

Un carámbano de luna

la sostiene sobre el agua.

La noche se puso íntima

como una pequeña plaza.

Guardias civiles borrachos

en la puerta golpeaban.

Verde que te quiero verde.

Verde viento. Verdes ramas.

El barco sobre la mar.

Y el caballo en la montana.

 

5. La monja gitana

A José Moreno Villa

Silencio de cal y mirto.

Malvas en las hierbas finas.

La monja borda alhelíes

sobre una tela pajiza.

Vuelan en la araña gris,

siete pájaros del prisma.

La iglesia gruñe a lo lejos

como un oso panza arriba.

¡Qué bien borda ! ¡Con qué gracia!

Sobre la tela pajiza,

ella quisiera bordar

flores de su fantasía.

¡Qué girasol! ¡Qué magnolia

de lentejuelas y cintas!

¡Qué azafranes y qué lunas,

en el mantel de la misa!

Cinco toronjas se endulzan

en la cercana cocina.

Las cinco llagas de Cristo

cortadas en Almería.

Por los ojos de la monja

galopan dos caballistas.

Un rumor último y sordo

le despega la camisa,

y al mirar nubes y montes

en las yertas lejanías,

se quiebra su corazón

de azúcar y yerbaluisa.

¡Oh!, qué llanura empinada

con veinte soles arriba.

¡Qué ríos puestos de pie

vislumbra su fantasía!

Pero sigue con sus flores,

mientras que de pie, en la brisa,

la luz juega el ajedrez

alto de la celosía.

 

6. La casada infiel

A Lydia Cabrera y a su negrita

Y que yo me la lleve al río

creyendo que era mozuela,

pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago

y casi por compromiso.

Se apagaron los faroles

y se encendieron los grillos.

En las últimas esquinas

toqué sus pechos dormidos,

y se me abrieron de pronto

como ramos de jacintos.

El almidón de su enagua me

sonaba en el oído,

como una pieza de seda

rasgada por diez cuchillos

Sin luz de plata en sus copas

los árboles han crecido,

y un horizonte de perros

ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,

los juncos y los espinos,

bajo su mata de pelo

hice un hoyo sobre el limo.

Yo me quité la corbata.

Ella se quitó el vestido.

Yo el cinturón con revólver

Ella sus cuatro corpiños.

Ni nardos ni caracolas

tienen el cutis tan fino,

ni los cristales con luna

relumbran con ese brillo.

Sus muslos se me escapaban

como peces sorprendidos,

la mitad llenos de lumbre,

la mitad llenos de frío.

Aquella noche corrí

el mejor de los caminos,

montado en potra de nácar

sin bridas y sin estribos.

No quiero decir, por hombre,

las cosas que ella me dijo.

La luz del entendimiento

me hace ser muy comedido.

Sucia de besos y arena,

yo me la lleve del río.

Con el aire se batían las

espadas de los lirios.

Me porté como quien soy.

Como un gitano legítimo.

La regalé un costurero

grande de raso pajizo,

y no quise enamorarme

porque teniendo marido

me dijo que era mozuela

cuando la llevaba al río.

 

7. Romance de la pena negra

A José Navarro Pardo

Las piquetas de los gallos

cavan buscando la aurora,

cuando por el monte oscuro

baja Soledad Montoya.

Cobre amarillo, su carne,

huele a caballo y a sombra.

Yunques ahumados sus pechos,

gimen canciones redondas.

Soledad, ¿por quién preguntas

sin compaña y a estas horas?

Pregunte por quien pregunte,

dime: ¿a ti qué se te importa?

Vengo a buscar lo que busco,

mi alegría y mi persona.

Soledad de mis pesares,

caballo que se desboca,

al fin encuentra la mar

y se lo tragan las olas.

No me recuerdes el mar,

que la pena negra, brota

en las sierras de aceituna

bajo el rumor de las hojas.

¡Soledad, qué pena tienes!

¡Qué pena tan lastimosa!

Lloras zumo de limón

agrio de espera y de boca.

¡Qué pena tan grande! Corro

mi casa como una loca,

mis dos trenzas por el suelo,

de la cocina a la alcoba.

¡Qué pena! Me estoy poniendo

de azabache, cama y ropa.

¡Ay mis camisas de hilo!

¡Ay mis muslos de amapola!

Soledad: lava tu cuerpo

con agua de las alondras,

y deja tu corazón

en paz, Soledad Montoya.

Por abajo canta el río:

volante de cielo y hojas.

Con flores de calabaza,

la nueva luz se corona.

¡Oh pena de los gitanos!

Pena limpia y siempre sola.

¡Oh pena de cauce oculto

y madrugada remota!

 

8. San Miguel

(Granada)

A Diego Buigas de Dalmau

Se ven desde las barandas,

por el monte, monte, monte,

mulos y sombras de mulos

cargados de girasoles.

Sus ojos en las umbrías

se empañan de inmensa noche.

En los recodos del aire

cruje la aurora salobre.

Un cielo de mulos blancos

cierra sus ojos de azogue

dando a la quieta penumbra

un final de corazones.

Y el agua se pone fría

para que nadie la toque.

Agua loca y descubierta

por el monte, monte, monte.

San Miguel lleno de encajes

en la alcoba de su torre,

enseña sus bellos muslos

ceñidos por los faroles.

Arcángel domesticado

en el gesto de las doce,

finge una cólera dulce

de plumas y ruiseñores.

San Miguel canta en los vidrios;

efebo de tres mil noches,

fragante de agua colonia

y lejano de las flores.

El mar baila por la playa,

un poema de balcones.

Las villas de la luna

pierden juncos, ganan voces.

Vienen manolas comiendo

semillas de girasoles,

los culos grandes y ocultos

como planetas de cobre.

Vienen altos caballeros

y damas de triste porte,

morenas por la nostalgia

de un ayer de ruiseñores.

Y el obispo de Manila,

ciego de azafrán y pobre,

dice misa con dos filos

para mujeres y hombres

San Miguel se estaba quieto

en la alcoba de su torre,

con las enaguas cuajadas

de espejitos y entredoses.

San Miguel, rey de los globos

y de los números nones,

en el primor berberisco

de gritos y miradores.

 

9. San Rafael

(Córdoba)

A Juan Izquierdo Croselles

I

Coches cerrados llegaban

a las villas de juncos

donde las ondas alisan

romano torso desnudo.

Coches, que el Guadalquivir

tiende en su cristal maduro,

entre láminas de flores

y resonancia de nublos.

Los niños tejen y cantan

el desengaño del mundo,

cerca de los viejos coches

perdidos en el nocturno.

Pero Córdoba no tiembla

bajo el misterio confuso,

pues si la sombra levanta

la arquitectura del humo,

un pie de mármol afirma

su casto fulgor enjuto.

Pétalos de lata débil

recaman los grises puros

de la brisa, desplegada

sobre los arcos de triunfo.

Y mientras el puente sopla

diez rumores de Neptuno,

vendedores de tabaco huyen

por el roto muro.

II

Un solo pez en el agua

que a las dos Córdobas junta:

Blanca Córdoba de juncos.

Córdoba de arquitectura.

Niños de cara impasible

en la villa se desnudan,

aprendices de Tobías

y Merlines de cintura,

para fastidiar al pez

en irónica pregunta

si quiere flores de vino

o saltos de media luna.

Pero el pez, que dora el agua

y los mármoles enluta,

les da lección y equilibrio

de solitaria columna.

El Arcángel aljamiado

de lentejuelas oscuras,

en el mitin de las ondas

buscaba rumor y cuna.

Un solo pez en el agua.

Dos Córdobas de hermosura.

Córdoba quebrada en chorros.

Celeste Córdoba enjuta.

 

10. San Gabriel

(Sevilla)

I

Un bello niño de junco,

anchos hombros, fino talle

piel de nocturna manzana,

boca triste y ojos grandes,

nervio de plata caliente,

ronda la desierta calle.

Sus zapatos de charol

rompen las dalias del aire,

con los dos ritmos que cantan

breves lutos celestiales.

En la ribera del mar

no hay palma que se le iguale,

Ni emperador coronado

ni lucero caminante.

Cuando la cabeza inclina

sobre su pecho de jaspe,

la noche busca llanuras

porque quiere arrodillarse.

Las guitarras suenan solas

para San Gabriel Arcángel,

domador de palomillas

y enemigo de los sauces.

San Gabriel: El niño llora

en el vientre de su madre.

No olvides que los gitanos

te regalaron el traje.

II

Anunciación de los Reyes,

bien lunada y mal vestida,

abre la puerta al lucero

que por la calle venía.

El Arcángel San Gabriel,

entre azucena y sonrisa,

bisnieto de la Giralda,

se acercaba de visita.

En su chaleco bordado

grillos ocultos palpitan.

Las estrellas de la noche

se volvieron campanillas.

San Gabriel: Aquí me tienes

con tres clavos de alegría.

Tu fulgor abre jazmines

sobre mi cara encendida.

Dios te salve, Anunciación.

Morena de maravilla.

Tendrás un niño más bello

que los tallos de la brisa.

¡Ay San Gabriel de mis ojos!

¡Gabrielillo de mi vida!

Para sentarte yo sueño

un sillón de clavelinas.

Dios te salve, Anunciación,

bien lunada y mal vestida.

Tu niño tendrá en el pecho

un lunar y tres heridas.

¡Ay San Gabriel que reluces!

¡Gabrielillo de mi vida!

En el fondo de mis pechos

ya nace la leche tibia.

Dios te salve, Anunciación.

Madre de cien dinastías.

Áridos lucen tus ojos,

paisajes de caballista.

El niño canta en el seno

de Anunciación sorprendida.

Tres balas de almendra verde

tiemblan en su vocecita.

Ya San Gabriel en el aire

por una escala subía.

Las estrellas de la noche

se volvieron siemprevivas,

 

11. Prendimiento de Antoñito El Camborio en el camino de Sevilla

A Margarita Xirgu

Antonio Torres Heredia,

hijo y nieto de Camborios,

con una vara de mimbre

va a Sevilla a ver los toros.

Moreno de verde luna

anda despacio y garboso.

Sus empavonados bucles

le brillan entre los ojos.

A la mitad del camino

cortó limones redondos,

y los fue tirando al agua

hasta que la puso de oro.

Y a la mitad del camino,

bajo las ramas de un olmo,

guardia civil caminera

lo llevó codo con codo.

El día se va despacio,

la tarde colgada a un hombro,

dando una larga torera

sobre el mar y los arroyos.

Las aceitunas aguardan

la noche de Capricornio,

y una corta brisa, ecuestre,

salta los montes de plomo.

Antonio Torres Heredia,

hijo y nieto de Camborios,

viene sin vara de mimbre

entre los cinco tricornios.

Antonio, ¿quién eres tú?

Si te llamaras Camborio,

hubieras hecho una fuente

de sangre con cinco chorros.

Ni tú eres hijo de nadie,

ni legítimo Camborio.

¡Se acabaron los gitanos

que iban por el monte solos!

Están los viejos cuchillos

tiritando bajo el polvo.

A las nueve de la noche

lo llevan al calabozo,

mientras los guardias civiles

beben limonada todos.

Y a las nueve de la noche

le cierran el calabozo,

mientras el cielo reluce

como la grupa de un potro.

 

12. Muerte de Antoñito El Camborio

A José Antonio Rubio Sacristán

Voces de muerte sonaron

cerca del Guadalquivir.

Voces antiguas que cercan

voz de clavel varonil.

Les clavó sobre las botas

mordiscos de jabalí.

En la lucha daba saltos

jabonados de delfín.

Bañó con sangre enemiga

su corbata carmesí,

pero eran cuatro puñales

y tuvo que sucumbir.

Cuando las estrellas clavan

rejones al agua gris,

cuando los erales suenan

verónicas de alhelí,

voces de muerte sonaron

cerca del Guadalquivir.

Antonio Torres Heredia,

Camborio de dura crin,

moreno de verde luna,

voz de clavel varonil:

¿Quién te ha quitado la vida

cerca del Guadalquivir?

Mis cuatro primos Heredias

hijos de Benamejí.

Lo que en otros no envidiaban,

ya lo envidiaban en mí.

Zapatos color corinto,

medallones de marfil,

y este cutis amasado

con aceituna y jazmín.

¡Ay Antoñito el Camborio,

digno de una Emperatriz!

Acuérdate de la Virgen

porque te vas a morir.

¡Ay Federico García,

llama a la Guardia Civil!

Ya mi talle se ha quebrado

como caña de maíz.

Tres golpes de sangre tuvo

y se murió de perfil.

Viva moneda que nunca

se volverá a repetir.

Un ángel marchoso pone

su cabeza en un cojín.

Otros de rubor cansado,

encendieron un candil.

Y cuando los cuatro primos

llegan a Benamejí,

voces de muerte cesaron

cerca del Guadalquivir.

 

13. Muerto de amor

A Margarita Manso

¿Qué es aquello que reluce

por los altos corredores?

Cierra la puerta, hijo mío,

acaban de dar las once.

En mis ojos, sin querer,

relumbran cuatro faroles.

Será que la gente aquella

estará fregando el cobre.

Ajo de agónica plata

la luna menguante, pone

cabelleras amarillas

a las amarillas torres.

La noche llama temblando

al cristal de los balcones,

perseguida por los mil

perros que no la conocen,

y un olor de vino y ámbar

viene de los corredores.

Brisas de caña mojada

y rumor de viejas voces,

resonaban por el arco

roto de la media noche.

Bueyes y rosas dormían.

Sólo por los corredores

las cuatro luces clamaban

con el furor de San Jorge.

Tristes mujeres del valle

bajaban su sangre de hombre,

tranquila de flor cortada

y amarga de muslo joven.

Viejas mujeres del río

lloraban al pie del monte,

un minuto intransitable

de cabelleras y nombres.

Fachadas de cal, ponían

cuadrada y blanca la noche.

Serafines y gitanos

tocaban acordeones.

Madre, cuando yo me muera,

que se enteren los señores.

Pon telegramas azules

que vayan del Sur al Norte.

Siete gritos, siete sangres,

siete adormideras dobles,

quebraron opacas lunas

en los oscuros salones.

Lleno de manos cortadas

y coronitas de flores,

el mar de los juramentos

resonaba, no sé donde.

Y el cielo daba portazos

al brusco rumor del bosque,

mientras clamaban las luces

en los altos corredores.

 

14. Romance del emplazado

Para Emilio Aladrén

¡Mi soledad sin descanso!

Ojos chicos de mi cuerpo

y grandes de mi caballo,

no se cierran por la noche

ni miran al otro lado

donde se aleja tranquilo

un sueño de trece barcos.

Sino que limpios y duros

escuderos desvelados,

mis ojos miran un norte

de metales y peñascos

donde mi cuerpo sin venas

consulta naipes helados.

Los densos bueyes del agua

embisten a los muchachos

que se bañan en las lunas

de sus cuernos ondulados.

Y los martillos cantaban

sobre los yunques sonámbulos,

el insomnio del jinete

y el insomnio del caballo.

El veinticinco de junio

le dijeron a el Amargo:

Ya puedes cortar si gustas

las adelfas de tu patio.

Pinta una cruz en la puerta

y pon tu nombre debajo,

porque cicutas y ortigas

nacerán en tu costado,

y agujas de cal mojada

te morderán los zapatos.

Será de noche, en lo oscuro,

por los montes imantados,

donde los bueyes del agua

beben los juncos soñando.

Pide luces y campanas.

Aprende a cruzar las manos,

y gusta los aires fríos

de metales y peñascos.

Porque dentro de dos meses

yacerás amortajado.

Espadón de nebulosa

mueve en el aire Santiago.

Grave silencio, de espalda,

manaba el cielo combado.

El veinticinco de junio

abrió sus ojos Amargo,

y el veinticinco de agosto

se tendió para cerrarlos.

Hombres bajaban la calle

para ver al emplazado,

que fijaba sobre el muro

su soledad con descanso.

Y la sábana impecable,

de duro acento romano,

daba equilibrio a la muerte

con las rectas de sus paños.

 

15. Romance de la guardia civil española

A Juan Guerrero

Cónsul General de la Poesía

Los caballos negros son.

Las herraduras son negras.

Sobre las capes relucen

manchas de tinta y de cera.

Tienen, por eso no lloran,

de plomo las calaveras.

Con el alma de charol

vienen por la carretera.

Jorobados y nocturnos,

por donde animan ordenan

silencios de goma oscura

y miedos de fina arena.

Pasan, si quieren pasar,

y ocultan en la cabeza

una vaga astronomía

de pistolas inconcretas.

¡Oh ciudad de los gitanos!

En las esquinas banderas.

La luna y la calabaza

con las guindas en conserva.

¡Oh ciudad de los gitanos!

¿Quién te vio y no te recuerda?

Ciudad de dolor y almizcle,

con las torres de canela.

Cuando llegaba la noche,

noche que noche nochera,

los gitanos en sus fraguas

forjaban soles y flechas.

Un caballo malherido,

llamaba a todas las puertas.

Gallos de vidrio cantaban

por Jerez de la Frontera.

El viento, vuelve desnudo

la esquina de la sorpresa,

en la noche platinoche

noche, que noche nochera.

La Virgen y San José,

perdieron sus castañuelas,

y buscan a los gitanos

para ver si las encuentran.

La Virgen viene vestida

con un traje de alcaldesa

de papel de chocolate

con los collares de almendras.

San José mueve los brazos

bajo una capa de seda.

Detrás va Pedro Domecq

con tres sultanes de Persia.

La media luna, soñaba

un éxtasis de cigüeña.

Estandartes y faroles

invaden las azoteas.

Por los espejos sollozan

bailarinas sin caderas.

Agua y sombra, sombra y agua

por Jerez de la Frontera.

¡Oh ciudad de los gitanos!

En las esquinas banderas.

Apaga tus verdes luces

que viene la benemérita.

¡Oh ciudad de los gitanos!

¿Quién te vio y no te recuerda?

Dejadla lejos del mar, sin

peines para sus crenchas.

Avanzan de dos en fondo

a la ciudad de la fiesta.

Un rumor de siemprevivas

invade las cartucheras.

Avanzan de dos en fondo.

Doble nocturno de tela.

El cielo, se les antoja,

una vitrina de espuelas.

La ciudad libre de miedo,

multiplicaba sus puertas.

Cuarenta guardias civiles

entran a saco por ellas.

Los relojes se pararon,

y el coñac de las botellas

se disfrazó de noviembre

para no infundir sospechas.

Un vuelo de gritos largos

se levantó en las veletas.

Los sables cortan las brisas

que los cascos atropellan.

Por las calles de penumbra

huyen las gitanas viejas

con los caballos dormidos

y las orzas de monedas.

Por las calles empinadas

suben las capas siniestras,

dejando atrás fugaces

remolinos de tijeras.

En el portal de Belén

los gitanos se congregan.

San José, lleno de heridas,

amortaja a una doncella.

Tercos fusiles agudos

por toda la noche suenan.

La Virgen cura a los niños

con salivilla de estrella.

Pero la Guardia Civil

avanza sembrando hogueras,

donde joven y desnuda

la imaginación se quema.

Rosa la de los Camborios,

gime sentada en su puerta

con sus dos pechos cortados

puestos en una bandeja.

Y otras muchachas corrían

perseguidas por sus trenzas,

en un aire donde estallan

rosas de pólvora negra.

Cuando todos los tejados

eran surcos en la sierra,

el alba meció sus hombros

en largo perfil de piedra.

¡Oh ciudad de los gitanos!

La Guardia Civil se aleja

por un túnel de silencio

mientras las llamas te cercan.

¡Oh ciudad de los gitanos!

¿Quién te vio y no te recuerda?

Que te busquen en mi frente.

Juego de luna y arena.

 

Tres romances históricos

16. Martirio de Santa Olalla

A Rafael Martínez Nadal

I

Panorama de Mérida

Por la calle brinca y corre

caballo de larga cola,

mientras juegan o dormitan

viejos soldados de Roma.

Medio monte de Minervas

abre sus brazos sin hojas.

Agua en vilo redoraba

las aristas de las rocas.

Noche de torsos yacentes

y estrellas de nariz rota,

aguarda grietas del alba

para derrumbarse toda.

De cuando en cuando sonaban

blasfemias de cresta roja.

Al gemir, la santa niña

quiebra el cristal de las copas.

La rueda afila cuchillos

y garfios de aguda comba:

Brama el toro de los yunques,

y Mérida se corona

de nardos casi despiertos

y tallos de zarzamora.

II

El martirio

Flora desnuda se sube

por escalerillas de agua.

El Cónsul pide bandeja

para los senos de Olalla.

Un chorro de venas verdes

le brota de la garganta.

Su sexo tiembla enredado

como un pájaro en las zarzas.

Por el suelo, ya sin norma,

brincan sus manos cortadas

que aun pueden cruzarse en tenue

oración decapitada.

Por los rojos agujeros

donde sus pechos estaban

se ven cielos diminutos

y arroyos de leche blanca.

Mil arbolillos de sangre

le cubren toda la espalda

y oponen húmedos troncos

al bisturí de las llamas.

Centuriones amarillos

de carne gris, desvelada,

llegan al cielo sonando

sus armaduras de plata.

Y mientras vibra confusa

pasión de crines y espadas,

el Cónsul porta en bandeja

senos ahumados de Olalla.

III

Infierno y gloria

Nieve ondulada reposa.

Olalla pende del árbol.

Su desnudo de carbón

tizna los aires helados.

Noche tirante reluce.

Olalla muerta en el árbol.

Tinteros de las ciudades

vuelcan la tinta despacio.

Negros maniquíes de sastre

cubren la nieve del campo,

en largas filas que gimen

su silencio mutilado.

Nieve partida comienza.

Olalla blanca en el árbol.

Escuadras de níquel juntan

los picos en su costado.

Una Custodia reluce

sobre los cielos quemados,

entre gargantas de arroyo

y ruiseñores en ramos.

¡Saltan vidrios de colores!

Olalla blanca en lo blanco.

Ángeles y serafines dicen:

Santo, Santo, Santo.

 

17. Burla de Don Pedro a caballo

Romance con lagunas

A Jean Cassou

Romance de Don Pedro a caballo

Por una vereda

venía Don Pedro.

¡Ay cómo lloraba

el caballero!

Montado en un ágil

caballo sin freno,

venía en la busca

del pan y del beso.

Todas las ventanas

preguntan al viento,

por el llanto oscuro

del caballero.

Primera laguna

Bajo el agua

siguen las palabras.

Sobre el agua

una luna redonda

se baña,

dando envidia a la otra

¡tan alta!

En la orilla,

un niño,

ve las lunas y dice:

—¡Noche; toca los platillos!

Sigue

A una ciudad lejana

ha llegado Don Pedro.

Una ciudad de oro

entre un bosque de cedros.

¿Es Belén? Por el aire

yerbaluisa y romero.

Brillan las azoteas

y las nubes. Don Pedro

pasa por arcos rotos.

Dos mujeres y un viejo

con velones de plata

le salen al encuentro.

Los chopos dicen: No.

Y el ruiseñor: Veremos.

Segunda laguna

Bajo el agua

siguen las palabras.

Sobre el peinado del agua

un círculo de pájaros y llamas.

Y por los cañaverales,

testigos que conocen lo que falta.

Sueño concreto y sin norte

de madera de guitarra.

Sigue

Por el camino llano

dos mujeres y un viejo

con velones de plata

van al cementerio.

Entre los azafranes

han encontrado muerto

el sombrío caballo

de Don Pedro.

Voz secreta de tarde

balaba por el cielo.

Unicornio de ausencia

rompe en cristal su cuerno.

La gran ciudad lejana

está ardiendo

y un hombre va llorando

tierras adentro.

Al Norte hay una estrella.

Al Sur un marinero.

Última laguna

Bajo el agua

están las palabras.

Limo de voces perdidas.

Sobre la flor enfriada,

está Don Pedro olvidado,

¡ay!, jugando con las ranas.

 

18. Thamár y Amnón

Para Alfonso García-Valdecasas

La luna gira en el cielo

sobre las sierras sin agua

mientras el verano siembra

rumores de tigre y llama.

Por encima de los techos

nervios de metal sonaban.

Aire rizado venía

con los balidos de lana.

La sierra se ofrece llena

de heridas cicatrizadas,

o estremecida de agudos

cauterios de luces blancas.

Thamár estaba soñando

pájaros en su garganta

al son de panderos fríos

y cítaras enlunadas.

Su desnudo en el alero,

agudo norte de palma,

pide copos a su vientre

y granizo a sus espaldas.

Thamár estaba cantando

desnuda por la terraza.

Alrededor de sus pies,

cinco palomas heladas.

Amnón, delgado y concreto,

en la torre la miraba,

llenas las ingles de espuma

y oscilaciones la barba.

Su desnudo iluminado

se tendía en la terraza,

con un rumor entre dientes

de flecha recién clavada.

Amnón estaba mirando

la luna redonda y baja,

y vio en la luna los pechos

durísimos de su hermana.

Amnón a las tres y media

se tendió sobre la cama.

Toda la alcoba sufría

con sus ojos llenos de alas.

La luz, maciza, sepulta

pueblos en la arena parda,

o descubre transitorio

coral de rosas y dalias.

Linfa de pozo oprimida

brota silencio en las jarras.

En el musgo de los troncos

la cobra tendida canta.

Amnón gime por la tela

fresquísima de la cama.

Yedra del escalofrío

cubre su carne quemada.

Thamár entró silenciosa

en la alcoba silenciada,

color de vena y Danubio,

turbia de huellas lejanas.

Thamár, bórrame los ojos

con tu fija madrugada.

Mis hilos de sangre tejen

volantes sobre tu falda.

Déjame tranquila, hermano.

Son tus besos en mi espalda

avispas y vientecillos

en doble enjambre de flautas.

Thamár, en tus pechos altos

hay dos peces que me llaman,

y en las yemas de tus dedos

rumor de rosa encerrada.

Los cien caballos del rey

en el patio relinchaban.

Sol en cubos resistía

la delgadez de la parra.

Ya la coge del cabello,

ya la camisa le rasga.

23

Corales tibios dibujan

arroyos en rubio mapa.

¡Oh, qué gritos se sentían

por encima de las casas!

Qué espesura de puñales

y túnicas desgarradas.

Por las escaleras tristes

esclavos suben y bajan.

Émbolos y muslos juegan

bajo las nubes paradas.

Alrededor de Thamár

gritan vírgenes gitanas

y otras recogen las gotas

de su flor martirizada.

Paños blancos enrojecen

en las alcobas cerradas.

Rumores de tibia aurora

pámpanos y peces cambian.

Violador enfurecido,

Amnón huye con su jaca.

Negros le dirigen flechas

en los muros y atalayas.

Y cuando los cuatro cascos

eran cuatro resonancias,

David con unas tijeras cortó

las cuerdas del arpa.

 

SELECCIÓN POÉTICA

Baladilla de los tres ríos

El río Guadalquivir

va entre naranjos y olivos.

Los dos ríos de Granada

bajan de la nieve al trigo.

¡Ay, amor

que se fue y no vino!

El río Guadalquivir

tiene las barbas granates.

Los dos ríos de Granada

uno llanto y otro sangre

¡Ay, amor

que se fué por el aire!

Para los barcos de vela

Sevilla tiene un camino;

por el agua de Granada

sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor

que se fue y no vino!

Guadalquivir, alta torre

y viento en los naranjales.

Dauro y Genil, torrecillas

muertas sobre los estanques.

¡Ay, amor

que se fue por el aire!

¡Quién dirá que el agua lleva

un fuego fatuo de gritos!

¡Ay, amor

que se fue y no vino!

Lleva azahar, lleva olivas,

Andalucía, a tus mares.

¡Ay, amor

que se fue por el aire!

Sorpresa

Muerto se quedó en la calle

con un puñal en el pecho.

No lo conocía nadie.

¡Cómo temblaba el farol!

Madre

¡Cómo temblaba el farolito

de la calle!

Era madrugada. Nadie

pudo asomarse a sus ojos

abiertos al duro aire.

Que muerto se quedó en la calle

que con un puñal en el pecho

y que no lo conocía nadie.

 

De Profundis

Los cien enamorados

duermen para siempre

bajo la tierra seca.

Andalucía tiene

largos caminos rojos.

Córdoba, olivos verdes

donde poner cien cruces

que los recuerden.

Los cien enamorados

duermen para siempre.

 

Malagueña

La muerte

entra y sale

de la taberna.

Pasan caballos negros

y gente siniestra

por los hondos caminos

de la guitarra.

Hay un olor a sal

y sangre de hembra

en los nardos febriles

de la marina.

La muerte

entra y sale,

y sale y entra

la muerte

de la taberna.

 

La Casada Infiel

Y yo que me la llevé al río

creyendo que era mozuela

pero tenía marido.

Fue la noche de Santiago

y casi por compromiso.

Se apagaron los faroles

y se encendieron los grillos.

En las últimas esquinas

toqué sus pechos dormidos,

y se me abrieron de pronto

como ramos de jacintos.

El almidón de su enagua

me sonaba en el oído

como una pieza de seda

rasgada por diez cuchillos.

Sin luz de plata en sus copas

los árboles han crecido,

y un horizonte de perros

ladra muy lejos del río.

Pasadas las zarzamoras,

los juncos y los espinos,

bajo su mata de pelo

hice un hoyo sobre el limo.

Yo me quité la corbata.

Ella se quitó el vestido.

Yo, el cinturón con revólver.

Ella, sus cuatro corpiños.

Ni nardos ni caracoles

tienen el cutis tan fino,

ni los cristales con luna

relumbran con ese brillo.

Sus muslos se me escapaban

como peces sorprendidos,

la mitad llenos de lumbre,

la mitad llenos de frío.

Aquella noche corrí

el mejor de los caminos,

montado en potra de nácar

sin bridas y sin estribos.

No quiero decir, por hombre,

las cosas que ella me dijo.

La luz del entendimiento

me hace ser muy comedido.

Sucia de besos y arena,

yo me la llevé del río.

Con el aire se batían

las espadas de los lirios.

Me porté como quien soy

como un gitano legítimo.

Le regalé un costurero

grande, de raso pajizo,

y no quise enamorarme

porque teniendo marido

me dijo que era mozuela

cuando la llevaba al río

ENTRE SUEÑOS // G. A. BECQUER

Escrito por imagenes 22-11-2007 en General. Comentarios (3)

ENTRE SUEÑOS // G. A. BECQUER                     enlace




Hace pocos días entré en una tienda de tiroleses, y como había de fijarme en otra cosa, me fijé
en un reloj de pared y pregunté el precio.

-Quince duros -me dijo el dueño.

¡Quince duros! -repetí yo en voz baja y como dudando si me decidiría o no a comprarle.

-Es una ganga -se apresuró a añadir mi interlocutor para acabar de decidirme-. Ya ve usted, por
quince duros un reloj de péndulo. Esto acompaña por las noches.

-Esto acompaña -exclamé yo entonces-; he aquí lo que yo busco: algo que me acompañe en mis
largas horas de fastidio; algo que rompa el triste silencio de mis eternas noches de insomnio. Y
sin meterme en más averiguaciones, compré el reloj y lo llevé a mi casa. En hora aciaga lo hice.

Razón tienen los que aseguran que más vale estar solo que mal acompañado. Pero no
adelantemos el discurso. Vamos por partes, que la cosa merece ser referida punto por punto.

Llevé, como dejo dicho, el reloj a mi casa, lo colgué en mi alcoba, le di cuerda y comenzó a
moverse el péndulo.

Entre las cosas que ignoro, que son bastantes, una de ellas es en qué consiste sobre poco más o
menos el mecanismo del reloj. Quedéme, pues, un gran espacio de tiempo contemplando
aquella maraña de ruedas y aquel péndulo, que se movían por sí solos, con una estupidez digna
del salvaje más salvaje de la más remota isla del mundo. El reloj comenzaba a divertirme, lo
cual probará a mis lectores que a pesar de todo yo me divierto con bastante poca cosa.

Pasó el día, llegó la noche, metíme en la cama, y aquí te quiero ver escopeta, o mejor dicho,
aquí te quiero ver reloj -exclamé para mi almilla-, acomodándome como mejor pude en el
fementido lecho y cerrando los ojos no sin haber antes apagado la luz con el tacón de una bota.

El reloj, en efecto, hubo de comprender que había llegado la hora de lucir sus habilidades y
pareció como que empezaba a moverse con un ruido más igual y perceptible.

Al principio el compasado tric... trac del péndulo que llevaba la batuta en esa misteriosa
sinfonía de ruidos que accidentan el alto silencio de la noche, me distrajo un poco, y hasta
puedo decir que me acompañó en la soledad. Al cabo de una media hora comencé a encontrar
alguna monotonía en aquel continuo y alternado martilleo, y si con la voluntad hubiera podido
hacer que se apresurase o se retardara el movimiento del péndulo, de seguro lo habría
apresurado o detenido. Más tarde, cuando comenzaron mis párpados a cerrarse insensiblemente, cuando hasta mis ideas se elaboraban con más lentitud, cuando el sopor del sueño comenzó a embargarme con su voluptuosa languidez, cien veces estuve tentado de levantarme a parar aquella maldita máquina que con imperturbable compás seguía sonando sin debilitar su ruido ni retardarlo a medida que todo se apagaba y parecía borrarse dentro y fuera de mí.

Unas tras otras, mis ideas reales fueron desapareciendo, y otra serie de ideas informes que
pertenecen a la vida del sueño, que es sin duda alguna una existencia doble y aparte de la
existencia positiva, se alzaron del fondo de mi cerebro y comenzaron a flotar como un vapor
ligerísimo ante los ojos del alma. Me dormí, pero no tan profundamente que no siguiera
escuchando como un rumor alternado y confuso el tric trac del reloj. Aquel monótono ruido
debió influir en la visión de mi sueño, o al menos modificarla, como sucede a menudo con las
sensaciones que se experimentan durante la noche.

La imaginación se apodera de estas sensaciones exteriores y, desfigurándolas y dándolas una
forma extraña, las asimila a sus extravagantes desvaríos. Sólo así puedo explicarme la visión
que tuve. Soñé que me encontraba en un campo inmenso; ante mis ojos se abría un horizonte
dilatadísimo; ni una ligera nube empañaba el cielo, ni una línea pintoresca accidentaba el
paisaje; todo era igual y monótono, todo verde a mis pies, todo azul sobre mi cabeza: una faja
gris cortaba el fondo en el punto donde el suelo y el cielo parecían tocarse y confundirse. Una
mujer hermosa pasó a mi lado; la hablé, y no me contestó, ni levantó siquiera los ojos de una
flor que llevaba en las manos. Sino, sano, iba diciendo a medida que arrancaba las hojas de la
flor, que era blanca y con el botón amarillo. Sí... no, sí... no, sí... no y de aquí no salía. Diríase
que las hojas arrancadas tornaban a reproducirse en el instante, pues ella no cesaba de quitarle
hojas a la flor, y a la flor siempre le quedaban algunas. No puede nadie formarse una idea de lo
que me fatigaba una cosa tan sencilla. Porque lo particular del caso era que las hojas, al
desprenderse, hacían un ruido particular, de modo que al mismo tiempo que la mujer decía si...
no, sí... no, las hojas la acompañaban haciendo tric trac, tric trac.

Pero ya se ve. ¿No había de fatigarme aquel laberinto si allí no había campo, ni mujer, ni flor,
ni palabra alguna, sino el maldito péndulo? «Vamos -exclamé entreabriendo los soñolientos
párpados-, el reloj me va a dar la noche», y me volví del otro lado y procuré coger de nuevo el
sueño. El reloj seguía impasible, por donde no había forma de volverme a dormir. Determiné,
por tanto, sacar el mejor partido que pudiera de sus acompasados golpes. Primero me tomé el
pulso y me entretuve en notar si marchaba al compás del péndulo. Después empecé a contar los
latidos del corazón de acero de aquella endiablada máquina. Conté no sé hasta cuántos; lo que
puedo decir es que ya me faltaba tiempo para enumerar la cifra en el espacio que mediaba entre
golpe y golpe. Ochenta y ocho mil novecientos noventa y ocho, ochenta y ocho mil novecientos
noventa y nueve, decía yo entre dientes y apresurándome para no trabucar la cuenta, con un
afán y una angustia que no los tendría mayores si se tratara de darme un doblón por cada uno de
los golpes que iba contando. Y es el caso que yo no quería contar más y, no obstante mi deseo,
seguía contando con la imaginación.

En esta batahola de la voluntad, en pugna con la pertinacia de esta otra voluntad independiente
de nosotros que nos hace hacer lo que no queremos, me quedé por segunda vez dormido. Volví
a soñar. De este segundo sueño me queda un recuerdo tan confuso que es muy difícil
coordinarlo. Soñé que estaba quieto y que andaba. Estaba quieto porque, deseando no andar, me
había sentado en un camino del que no veía el fin; y andaba porque oía el ruido de los tacones
de mis botas, que parecían de acero y que yo iba sobre un plano de cristal. Y lo particular de la
pesadilla consistía en que a pesar de tener la conciencia de mi quietud, me empeñaba en que
aquel ruido de pasos era mío, y estaba tan persuadido de esto que por un fenómeno inexplicable
me cansaba el movimiento sin moverme. «¿Si andará alguien junto a mí?», decía yo entre
dientes, sudando ya la gota gorda y con una angustia indecible. Volvía la cara a todos los lados
y no veía a nadie. Y el ruido de los pasos no dejaba de oírse con una regularidad matemática.

Tric trac, tric trac..., seguían haciendo los tacones: los tacones, digo mal, porque lo que seguía
sonando era el maldito de cocer del péndulo.

Pues, señor, está visto -torno a decir al tornar a despertarme-; es cosa decidida que yo no he de
pegar los ojos en toda la noche.

Y no sabiendo ya qué hacer, me puse a tararear una barcarola al compás de los golpes del reloj,
que yo en mi mente fingía que eran los de los remos. Figuraos una noche serena, un cielo azul
oscuro sembrado de puntos de oro, un mar de plata en cuyas olas se quiebra y chispea la
claridad de la luna, un esquife ligerísimo que corta las aguas dejando en pos una estela ancha y
brillante, el profundo silencio de la inmensidad y las notas de una canción que flotan en el aire,
donde la melodía se mece impregnada en voluptuosa languidez al cadencioso golpe de remo.
No hay poeta romántico, no hay niña novelesca que no haya soñado alguna vez este cuadro del
mar, la cancioncita, el barquito y la luna; cuadro magnífico, situación llena de poesía, de la que
se ha abusado tal vez, pero que indudablemente es hermosa.

Perfectamente arrebujado en la ropa de la cama, entre despierto y dormido, cantando más que
con los labios con la Imaginación una célebre barcarola de Weber, gocé durante algunos
minutos de todas las delicias que hubiera podido gozar con la realidad de lo que me fingía.

Hubo momentos durante los cuales creí que mi catre de hierro oscilaba al compás de los
repetidos golpes del reloj, y que las gotas del agua, heridas por el remo, me saltaban a la cara.

«¿Pero adónde diablos voy cantando y dándole al remo como un galeote por esta mar sin
límites?», empecé a preguntarme al cabo de un cuarto de hora, y cuando ya había, por decirlo
así, pasado revista a todo mi repertorio musical marítimo, que no es pequeño. Y bogaba y
bogaba, y parecía que los golpes que marcaban la mesura, me obligaban a cantar, que quieras
que no, siempre en un mismo compás. Con la frente cubierta de sudor, cansado de agitarme a
un lado y otro, y completamente hastiado de aquella música que sin que yo quisiera me seguía
sonando en el oído, resolví incorporarme en la cama para salir de la especie de sonambulismo
lúcido en que me encontraba.

-¡Gracias a Dios! -exclamé una vez sentado, ya el golpe del péndulo no me parece otra cosa que
lo que en efecto es.

Y me tranquilicé un rato, aunque para volverme a desesperar de nuevo. Yo he oído la polilla
roer durante horas y horas, con una persistencia digna de mejor causa, los maderos del balcón
de mi cuarto. Yo me he pasado en claro una y hasta tres noches sintiendo el aire entrar con un
ruido sin nombre por el cañón de la chimenea de mi gabinete, y en un puerto de mar he
soportado quince días de temporal escuchando el monótono y lejano bramido del oleaje; yo, por
último, tengo un vecino, que Dios confunda, el cual vecino tiene un perro, cuyo perro, no sé si
casual o intencionadamente, deja la mitad de las noches en la escalera, de modo que el
animalito se entretiene en aullar hasta que amanece, y sin embargo yo, que he tenido el disgusto
de apreciar y aquilatar tantos ruidos incómodos, confieso que no conozco nada tan
impertinente, tan cansado, tan abrumador como el eterno dale que le das de un reloj de péndulo.

Después de haberlos descompuesto y analizado, en el ruido del insecto que roe, en el murmullo
del aire que zumba, en el eco lejano del mar que brama, en los lastimosos aullidos del perro que
araña las puertas, hay una inmensa escala de tonos cuya diferencia llega a hacerse perceptible y
rompen la monotonía. En algunas ocasiones he creído oír hasta palabras y frases entrecortadas
en el silbo de los vientos, he seguido al insecto invisible en todas las peripecias de su titánica
obra y he escuchado como una especie de himno en el murmullo de las aguas; pero por más que
aquella noche intenté descomponer el continuado martilleo del reloj, no pude sacar en limpio
sino dos golpes secos, metálicos, monótonos hasta la saciedad. Ya no podía dormir, ya no podía
soñar siquiera para variar el suplicio; en mi lucha con el péndulo, comenzaba a ceder; a la
impaciencia nerviosa, había sucedido una postración momentánea, precursora tal vez de una
gran crisis. Oía los golpes como si me sonasen dentro de la cabeza. Los latidos de mis sienes no
marchaban ya a compás con los de la máquina, porque la fiebre los había apresurado. Yo no sé
dónde he leído que en la Inquisición daban un tormento horrible, dejando caer alternativamente
sobre la cabeza del acusado una gota de agua fría y otra hirviendo.

En aquel instante hubiera jurado que cada uno de aquellos golpes era una gota de plomo
derretido o de nieve que me taladraba el cráneo y me encendía o me espasmodizaba,
causándome dolores horribles. Intenté sustraerme a aquel extraño tormento tapándome los
oídos. ¡Afán inútil! Desesperado, sin fuerzas para aguardar el día en aquella angustia, salté de la
cama, busqué a tientas y precipitadamente un fósforo y lo encendí. Yo no podré asegurar hoy
que no fuese una alucinación, pero al derramarse la claridad por la alcoba, al fijar mis ojos en la
esfera del reloj, se me figuró que las manecillas retorciéndose y los números romanos
combinándose extrañamente fingían una cara diabólica que se reía con una carcajada muda de
mi tormento y mi afán. No pude contenerme; levanté una silla con las dos manos e hice añicos
la condenada máquina, origen de todos mis sinsabores. Después volví a acostarme y me dormí
con la tranquilidad de un justo. Al despertar el otro día y ver hecho pedazos el reloj, no pude
menos de exclamar qué género de sistema nervioso sería el de nuestros padres, que no sólo
gustaban de los relojes con péndulo, sino que
,¡horror!, los tenían hasta con cuco.



El Contemporáneo

30 de abril, 1863

DESESPERACION // ALGUIEN NECESITA TU AYUDA...

Escrito por imagenes 21-11-2007 en General. Comentarios (2)

DESESPERACION DE LA VIDA                                       ENLACE




ESTE "COMENTARIO", ES DE NO HACE MUCHO, DE UNA PERSONA QUE EN SI, ESTA "DESESPERADA", DESESPERADA, ANTE UNA SITUACION, A LA QUE NO SABE AFRONTAR, Y ES EL DEJAR LAS "DROGAS"; HASTA DONDE ESTA LLEGANDO, QUE LE DA LO MISMO DIOS QUE EL DIABLO, Y ESA SITUACION, OCURRE, PORQUE TIENE QUE "ENCONTRAR ALGO MAS FUERTE QUE LAS DROGAS, PARA TAAPAR ESE AGUJERO, QUE LE PROVOCA LA ABTINENCIA DE LAS SUSTANCIAS, QUE HASTA AHORA ERAN SU VIDA, EN VERDAD, NECESITA A ALGUIEN, O ALGO PARA ELLO, TAL VEZ UNAS PALABRAS, SEAN SUFICIENTE, TO, Y VARIAS PERSONAS MAS, LE HAN ESCRITO, SIN TENER CONTESTACION; TE DEJO, EL COMENTARIO ENTERO, POR SI TIENES UNA PALABRA DE ALIENTO, PARA "UNA PERSONA":


hola, es la primera que entro en esta pagina, sinceramente no se nada de satanismo ni de gente gotica.... solo se que de un tiempo para aca, especificamente desde que deje las drogas, a ver, me han sucedido "cosas", he empezado a orar, y he sentido la presencia de Dios, que me calma; pero al mismo tiempo soñar se me ha hecho un suplicio: he tenido visiones, he ido al infierno, he escuchado su temible voz, y muchas veces escucho voces que me incitan a hacer cosas que no quiero. me esta volviendo loca. hace dos dias tuve un lapsus, con consecuencias fisicas, si hay que me pueda dar alguna informacion sobre lo que me esta sucediendo por favor com,uniquese conmigo, mi cuerpo seesta resintiendo, necesito ayuda. creo en dios y se que el me escucha, pero tambien creo en el diablo, y se que en estos momentos me esta persiguiendo o que ya esta al lado mio, no se.... si hay alguien que ha pasado por esto, quiero alguien que... no se en donde estoy metida me siento perdida, oro y me calma, pero tengo miedo, tengo mucho miedo mi correo es lisalysa@hotmail.com

Alfonsina Storni

Escrito por imagenes 20-11-2007 en General. Comentarios (2)

 Alfonsina Storni

¡Adiós!

Las cosas que mueren jamás resucitan,
 
las cosas que mueren no tornan jamás,
 
se quiebran los vasos y el vidrio que queda
 
¡es polvo por siempre y por siempre será!
 
 
Cuando los capullos caen de la rama
 
dos veces seguidas no florecerán...
 
Las flores tronchadas por el viento impío
 
¡se agotan por siempre, por siempre jamás!
 
 
Los días que fueron, los días perdidos,
 
los días inertes ya no volverán.
 
¡Qué tristes las horas que se desgranaron
 
bajo el aletazo de la soledad!
 
 
¡Qué tristes las sombras, las sombras nefastas,
 
las sombras creadas por nuestra maldad!
 
¡Oh, las cosas idas, las cosas marchitas,
 
las cosas celestes que así se nos van!
 
 
¡Corazón... silencia!... ¡Cúbrete de llagas!...
 
-de llagas infectas- ¡cúbrete de mal!
 
¡Que todo el que llegue se muera al tocarte,
 
corazón maldito que inquietas mi afán!
 
 
¡Adiós para siempre mis dulzuras todas!
 
¡Adiós mi alegría llena de bondad!
 
¡Oh, las cosas muertas, las cosas marchitas,
 
las cosas celestes que no vuelven más!...

 

Alma desnuda

Soy un alma desnuda en estos versos,
alma desnuda que angustiada y sola
va dejando sus pétalos dispersos.
 
Alma que puede ser una amapola,
que puede ser un lirio, una violeta,
un peñasco, una selva y una ola.
 
Alma que como el viento vaga inquieta
y ruge cuando está sobre los mares
y duerme dulcemente en una grieta.
 
Alma que adora sobre sus altares
dioses que no se bajan a cegarla;
alma que no conoce valladares.
 
Alma que fuera fácil dominarla
con sólo un corazón que se partiera
para en su sangre cálida regarla.
Alma que cuando está en la primavera
dice al invierno que demora: vuelve,
caiga tu nieve sobre la pradera.
 
Alma que cuando nieva se disuelve
en tristezas, clamando por las rosas
con que la primavera nos envuelve.
 
Alma que a ratos suelta mariposas
a campo abierto, sin fijar distancia,
y les dice: libad sobre las cosas.
 
Alma que ha de morir de una fragancia,
de un suspiro, de un verso en que se ruega,
sin perder, a poderlo, su elegancia.
 
Alma que nada sabe y todo niega
y negando lo bueno el bien propicia
porque es negando como más se entrega.
 
Alma que suele haber como delicia
palpar las almas, despreciar la huella,
y sentir en la mano una caricia.
 
Alma que siempre disconforme de ella,
como los vientos vaga, corre y gira;
alma que sangra y sin cesar delira
por ser el buque en marcha de la estrella.

 

Aspecto

Vivo dentro de cuatro paredes matemáticas
alineadas a metro. Me rodean apáticas
almillas que no saben ni un ápice siquiera
de esta fiebre azulada que nutre mi quimera.
Uso una piel postiza que me la rayo en gris.
Cuervo que bajo el ala guarda una flor de lis.
Me causa cierta risa mi pico fiero y torvo
que yo misma me creo pura farsa y estorbo.

 

A una rosa

Grata flor que te destacas
sobre el verde de las hojas,
cual la sangre de una herida,
   roja... roja...
 
Tú parodias esos labios
purpurinos, que entreabiertos
se dirían de caricias
   do sedientos
 
han copiado de tus hojas
el color de su bandera
los campeones avanzados
   de la idea.
 
Y por eso yo te adoro,
bella flor, que de las hojas
sobre el verde, te destacas
   roja... roja...

 

Bajo tus miradas

Es bajo tus miradas donde nunca zozobro;
es bajo tus miradas tranquilas donde cobro
propiedades de agua; donde río, parlera,
cubriéndome de flores como la enredadera.
 
Es bajo tus miradas azules donde sobro
para el duelo; despierto sueños nuevos y obro
con tales esperanzas, que parece me hubiera
un deseo exquisito dictado Primavera:
 
tener el alma fresca, limpia; ser como el lino
que es blanco y huele a hierbas. Poseer el divino
secreto de la risa; que la boca bermeja
 
persista hasta el silencio postrero, bella, fuerte,
¡y libe en la corola suprema de la Muerte
con su última abeja!

 

Capricho

Escrútame los ojos sorpréndeme la boca,
sujeta entre tus manos esta cabeza loca;
dame a beber veneno, el malvado veneno
que moja los labios a pesar de ser bueno.
 
Pero no me preguntes, no me preguntes nada
de porqué lloré tanto en la noche pasada;
las mujeres lloramos sin saber, porque sí.
Es esto de los llantos pasaje baladí.
 
Bien se ve que tenemos adentro un mar oculto,
un mar un poco torpe, ligeramente estulto,
que se asoma a los ojos con bastante frecuencia
y hasta lo manejamos con una dúctil ciencia.
No preguntes amado, lo debes sospechar:
en la noche pasada no estaba quieto el mar.
Nada más. Tempestades que las trae y las lleva
un viento que nos marca cada vez costa nueva.
Si, vanas mariposas sobre jardín de Enero,
nuestro interior es todo sin equilibrio y huero.
Luz de cristalería, fruto de carnaval
decorado en escamas de serpientes del mal.
 
Así somos, ¿no es cierto? Ya lo dijo el poeta:
deseamos y gustamos la miel en cada copa
y en el cerebro habemos un poquito de estopa.
 
Bien. No, no me preguntes. Torpeza de mujer,
capricho, amado mío, capricho debe ser.
Oh, déjame que ría. ¿No ves que tarde hermosa?
Espínate las manos y córtame una rosa.

 

Date a volar

Anda, date a volar, hazte una abeja,
en el jardín florecen amapolas,
y el néctar fino colma las corolas;
mañana el alma tuya estará vieja.
 
Anda, date a volar, hazte paloma,
recorre el bosque y picotea granos,
come migajas en distintas manos
la pulpa muerde de fragante poma.
 
Anda, date a volar, sé golondrina,
busca la playa de los soles de oro,
gusta la primavera y su tesoro,
la primavera es única y divina.
 
Mueres de sed: no he de oprimirte tanto...
anda, camina por el mundo, sabe;
dispuesta sobre el mar está tu nave;
date a bogar hacia el mejor encanto.
 
Corre, camina más, es poco aquello...
aún quedan cosas que tu mano anhela,
corre, camina, gira, sube y vuela:
gústalo todo porque todo es bello.
 
Echa a volar... mi amor no te detiene,
¡cómo te entiendo, Bien, cómo te entiendo!
llore mi vida... el corazón se apene...
date a volar, Amor, yo te comprendo.
 
Callada el alma... el corazón partido,
suelto tus alas... ve... pero te espero.
¿Cómo traerás el corazón, viajero?
tendré piedad de un corazón vencido.
 
Para que tanta sed bebiendo cures
hay numerosas sendas para ti...
pero se hace la noche; no te apures...
todas traen a mí...

 

Dolor

Quisiera esta tarde divina de octubre
pasear por la orilla lejana del mar;
 
que la arena de oro, y las aguas verdes,
y los cielos puros me vieran pasar.
 
Ser alta, soberbia, perfecta, quisiera,
como una romana, para concordar
 
con las grandes olas, y las rocas muertas
y las anchas playas que ciñen el mar.
 
Con el paso lento, y los ojos fríos
y la boca muda, dejarme llevar;
 
ver cómo se rompen las olas azules
contra los granitos y no parpadear;
 
ver cómo las aves rapaces se comen
los peces pequeños y no despertar;
 
pensar que pudieran las frágiles barcas
hundirse en las aguas y no suspirar;
 
ver que se adelanta, la garganta al aire,
el hombre más bello, no desear amar...
 
Perder la mirada, distraídamente,
perderla y que nunca la vuelva a encontrar;
 
Y, figura erguida, entre cielo y playa,
sentirme el olvido perenne del mar.

 

Dos palabras

Esta noche al oído me has dicho dos palabras
 
comunes. Dos palabras cansadas
 
de ser dichas. Palabras
 
que de viejas son nuevas.
 
 
Dos palabras tan dulces, que la luna que andaba
 
filtrando entre las ramas
 
se detuvo en mi boca. Tan dulces dos palabras
 
que una hormiga pasea por mi cuello y no intento
 
moverme para echarla.
 
 
Tan dulces dos palabras
 
que digo sin quererlo -¡oh, qué bella, la vida!-
 
Tan dulces y tan mansas
 
que aceites olorosos sobre el cuerpo derraman.
 
 
Tan dulces y tan bellas
 
que nerviosos, mis dedos,
 
se mueven hacia el cielo imitando tijeras.
 
 
Oh, mis dedos quisieran
 
cortar estrellas.

 

Duerme tranquilo

Dijiste la palabra que enamora
a mis oídos. Ya olvidaste. Bueno.
Duerme tranquilo. Debe estar sereno
y hermoso el rostro tuyo a toda hora.
 
Cuando encanta la boca seductora
debe ser fresca, su decir ameno;
para tu oficio de amador no es bueno
el rostro ardido del que mucho llora.
 
Te reclaman destinos más gloriosos
que el de llevar, entre los negros pozos
de las ojeras, la mirada en duelo.
 
¡Cubre de bellas víctimas el suelo!
Más daño al mundo hizo la espada fatua
de algún bárbaro rey y tiene estatua.

 

Dulce tortura

Polvo de oro en tus manos fue mi melancolía
sobre tus manos largas desparramé mi vida;
mis dulzuras quedaron a tus manos prendidas;
ahora soy un ánfora de perfumes vacía.
 
Cuánta dulce tortura quietamente sufrida
cuando, picada el alma de tristeza sombría,
sabedora de engaños, me pasada los días
¡besando las dos manos que me ajaban la vida!

 

El clamor

  Alguna vez, andando por la vida,
por piedad, por amor,
como se da una fuente, sin reservas,
yo di mi corazón.
 
  Y dije al que pasaba, sin malicia,
y quizá con fervor:
-Obedezco a la ley que nos gobierna:
He dado el corazón.
 
  Y tan pronto lo dije, como un eco
ya se corrió la voz:
-Ved la mala mujer esa que pasa:
Ha dado el corazón.
 
  De boca en boca, sobre los tejados,
rodaba este clamor:
-¡Echadle piedras, eh, sobre la cara;
ha dado el corazón!
 
  Ya está sangrando, sí, la cara mía,
pero no de rubor,
que me vuelvo a los hombres y repito:
¡He dado el corazón!

 

El divino amor

Te ando buscando, amor que nunca llegas,
te ando buscando, amor que te mezquinas,
me aguzo por saber si me adivinas,
me doblo por saber si te me entregas.
 
Las tempestades mías, andariegas,
se han aquietado sobre un haz de espinas;
sangran mis carnes gotas purpurinas
porque a salvarme, ¡oh niño!, te me niegas.
 
Mira que estoy de pie sobre los leños,
que aveces bastan unos pocos sueños
para encender la llama que me pierde.
 
Sálvame, amor, y con tus manos puras
trueca este fuego en límpidas dulzuras
y haz de mis leños una rama verde.

 

El ruego

Señor, Señor, hace ya tiempo, un día
soñé un amor como jamás pudiera
soñarlo nadie, algún amor que fuera
la vida toda, toda la poesía.
 
Y pasaba el invierno y no venía,
y pasaba también la primavera,
y el verano de nuevo persistía,
y el otoño me hallaba con mi espera.
 
Señor, Señor; mi espalda está desnuda,
¡has estallar allí, con mano ruda
el látigo que sangra a los perversos!
 
Que está la tarde ya sobre mi vida,
y esta pasión ardiente y desmedida
la he perdido, ¡Señor, haciendo versos!

 

El silencio

¿Nunca habéis inquirido
por qué, mundo tras mundo,
por el cielo profundo
van pasando sin ruido?
 
Ellos, los que transpiran
las cosas absolutas,
por sus azules rutas
siempre callados giran.
 
Sólo el hombre, pequeño,
cuyo humano latido
en la tierra, es un sueño,
¡sólo el hombre hace ruido!

 

Frase

Fuera de ley, mi corazón
a saltos va en su desazón.
 
Ya muerde acá, sucumbe allí,
cazando allá, cazando aquí.
 
Donde lo intento yo dejar
mi corazón no se ha de estar.
 
Donde lo deba yo poner
Mi corazón no ha de querer.
 
Cuando le diga yo que sí,
dirá que no, contrario a mí.
 
Bravo león, mi corazón
tiene apetitos, no razón.

 

Frente al mar

Oh mar, enorme mar, corazón fiero
de ritmo desigual, corazón malo,
yo soy más blanda que ese pobre palo
que se pudre en tus ondas prisionero.
 
Oh mar, dame tu cólera tremenda,
yo me pasé la vida perdonando,
porque entendía, mar, yo me fui dando:
"Piedad, piedad para el que más ofenda".
 
Vulgaridad, vulgaridad me acosa.
Ah, me han comprado la ciudad y el hombre.
Hazme tener tu cólera sin nombre:
ya me fatiga esta misión de rosa.
 
¿Ves al vulgar? Ese vulgar me apena,
me falta el aire y donde falta quedo.
Quisiera no entender, pero no puedo:
es la vulgaridad que me envenena.
 
Me empobrecí porque entender abruma,
me empobrecí porque entender sofoca,
¡bendecida la fuerza de la roca!
Yo tengo el corazón como la espuma.
 
Mar, yo soñaba ser como tú eres
allá en las tardes que la vida mía
bajo las horas cálidas se abría...
Ah yo soñaba ser como tú eres.
 
Mírame aquí, pequeña, miserable,
todo dolor me vence, todo sueño;
mar, dame, dame el inefable empeño
de tornarme soberbia, inalcanzable.
 
Dame tu sal, tu yodo, tu fiereza.
¡Aire de mar!... ¡Oh tempestad! ¡Oh enojo
Desdichada de mí, soy un abrojo
y muero, mar, sucumbo en mi pobreza.
 
Y el alma mía es como el mar, es eso,
ah, la ciudad la pudre y la equivoca;
pequeña vida que dolor provoca,
¡que pueda libertarme de su peso!
 
Vuele mi empeño, mi esperanza vuele...
La vida mía debió ser horrible,
debió ser una arteria incontenible
y apenas es cicatriz que siempre duele.

 

Humildad

Yo he sido aquélla que paseó orgullosa
el oro falso de unas cuantas rimas
sobre su espalda, y creyó gloriosa,
de cosechas opimas.
 
Ten paciencia, mujer que eres oscura:
algún día, la Forma Destructora
que todo lo devora,
borrará mi figura.
 
Se bajará a mis libros, ya amarillos,
y alzándola en sus dedos, los carrillos
ligeramente inflados, con un modo
 
de gran señor a quien lo aburre todo,
de un cansado soplido
me aventará al olvido.

 

La caricia perdida

Se me va de los dedos la caricia sin causa,
se me va de los dedos ... En el viento, al rodar,
la caricia que vaga sin destino ni objeto,
la caricia perdida, ¿quién la recogerá?
 
Pude amar esta noche con piedad infinita,
pude amar al primero que acertara a llegar.
Nadie llega. Están solos los floridos senderos.
La caricia perdida rodará... rodará...
 
Si en los ojos te besan esta noche, viajero,
si estremece las ramas un dulce suspirar,
si te oprime los dedos una mano pequeña
que te toma y te deja, que te logra y se va,
 
si no ves esa mano ni la boca que besa,
si es el aire quien teje la ilusión de llamar,
oh, viajero, que tienes como el cielo los ojos,
en el viento fundida ¿me reconocerás?

 

La invitación amable

Acércate, poeta; mi alma es sobria,
de amor no entiende -del amor terreno-
su amor es mas altivo y es mas bueno.
 
No pediré los besos de tus labios.
No beberé en tu vaso de cristal,
el vaso es frágil y ama lo inmortal.
 
Acércate, poeta sin recelos...
ofréndeme la gracia de tus manos,
no habrá en mi antojo pensamientos vanos.
 
Quieres ir a los bosques con un libro,
un libro suave de belleza lleno?...
Leer podremos algún trozo ameno.
 
Pondré en la voz la religión de tu alma,
religión de piedad y de armonía
que hermana en todo con la cuita mía.
 
Te pediré me cuentes tus amores
y algunas historia que por ser añeja
nos dé el perfume de una rosa vieja.
 
Yo no diré nada de mi misma
porque no tengo flores perfumadas
que pudieran así ser historiadas.
 
El cofre y una urna de mis sueños idos
no se ha de abrir, cesando su letargo,
para mostrarte el contenido amargo.
 
Todo lo haré buscando tu alegría
y seré para ti tan bondadosa
como el perfume de la vieja rosa.
 
La invitación está... sincera y noble.
Quieres ser mi poeta buen amigo
y sólo tu dolor partir conmigo?

 

La mirada

Mañana, bajo el peso de los años,
las buenas gentes me verán pasar,
mas bajo el pelo oscuro y la piel mate
algo del muerto fuego asomará.
 
Y oiré decir: ¿quién es esa que ahora
pasa? Y alguna voz contestará:
-Allá en sus buenos tiempos
hacía versos. Hace mucho ya.
 
Y yo tendré mi cabellera blanca,
los ojos limpios, y en mi boca habrá
una gran placidez y mi sonrisa
oyendo aquello no se apagará.
 
Seguiré mi camino lentamente,
mi mirada a los ojos mirará,
irá muy hondo la mirada mía,
y alguien, en el montón, comprenderá.

 

La que comprende

Con la cabeza negra caída hacia adelante
está la mujer bella, la de mediana edad,
postrada de rodillas, y un Cristo agonizante
desde su duro leño la mira con piedad.
 
En los ojos la carga de una enorme tristeza,
en el seno la carga del hijo por nacer,
al pie del blanco Cristo que está sangrando reza:
-¡Señor, el hijo mío que no nazca mujerr!

 

La quimera

Como los niños iba hacia el oriente, creyendo
que con mis propias manos podría el sol tocar;
Como los niños iba, por la tierra redonda,
persiguiendo, allá lejos, la quimera solar.
 
Estaba a igual distancia del oriente de oro
por más que siempre andaba y que volvía a andar;
hice como los niños: Viendo inútil la marcha
cogí flores del suelo y me puse a jugar.