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Magia Ceremonial y Ritual : Entidades // GRIMORIO RITUAL CEREMONIAL

Escrito por imagenes 06-01-2008 en General. Comentarios (16)

Magia Ceremonial y Ritual : Entidades // GRIMORIO RITUAL CEREMONIAL

Magia Ceremonial y Ritual


Quizás se habrá preguntado cual es la diferencia entre la Magia
Ceremonial y la Magia Ritual, muchas personas utilizan estos términos
indistintamente como sinónimos y de echo sus definiciones en el diccionario son
bastante parecidas, sin embargo, en la filosofía mágica hay una diferencia
importante:

Cualquiera puede practicar un ritual, puede tratarse de un ritual mágico
o de cualquier otro tipo de ritual, como el ritual de un afeitado, en el cual
usted se afeita según un determinado modelo, tras un periodo de practica,
algunos rituales como el de afeitarse se convierten en un hábito, romper el
ritual, es decir seguir un modelo poco habitual puede provocar problemas,
seguramente le haría sentirse incomodo y podría resultar realmente dañino, si no me cree intente afeitarse de una forma distinta a la habitual y no se sorprenda
si termina cortándose y dejándose marcas.

Nunca deje que sus rituales mágicos se conviertan en hábito,
practíquelos siempre con plena conciencia, aunque los haya realizado todos los
días durante años.

Mi definición de ceremonia, es que se trata de un ritual de grupo, es
decir solo se necesita una persona para la practica de un ritual, pero se
necesitan varias para llevar a cabo una ceremonia, así pues para practicar la
magia ceremonial puede usted contar con algún grupo a pesar de que todas las
técnicas mágicas que se explican, se presentan de modo que pueda realizarlas
individualmente.

En adelante encontrará notas de como practicar algunos rituales en un
grupo, esto nos conduce a la cuestión de las ventajas e inconvenientes de los
grupos.

Los beneficios de los grupos mágicos (Esto no tiene nada que ver con las
SECTAS)
son de tres tipos:

1º.- Camaradería: A veces el mago puede ofrecer una perspectiva
solitaria, y es bueno tener amigos con intereses parecidos.

2º.- Especialización: Las personas que forman un grupo mágico deben
tener conocimientos parecidos hasta un cierto nivel, pero nadie puede ser un
experto en todos los campos del ocultismo, un grupo o una persona puede estar
especializada en el Tarot (aunque todos los del grupo deberían estar
familiarizados con el Tarot), otra puede estar especializada en Astrología, otra
en la historia del ocultismo, otra en ceremonias y los rituales, de modo que,
contra más personas haya en el grupo, mayores son las posibilidades de que algún
miembro conozca un tema determinado y la ofrezca al grupo cuando alguien
necesite información sobre este tema.

3º.- Poder: A pesar de que algunas personas lo negaban, la verdad es que
cuanta mas gente haya en el grupo mayores serán los niveles de energía psíquica
que se genere, quizás ha experimentado usted los flujos de energía en un
concierto de Rock, en un partido de fútbol, esto no es más que energía psíquica
mal controlada, la magia nos enseña a controlar esta energía mediante las
técnicas que ha estado usted aprendiendo.

Evidentemente, la intensidad aumenta en proporción al número de personas
que estén presentes, más aún la cantidad de energía aumenta geométricamente y no
por simple adicción, esto significa que si una persona genera una cantidad de
energía psíquica "E", entonces:

Dos personas podrían generar 2 x "E"
Tres personas podrían generar 4 x "E"
Cuatro personas podrían generar 8 x "E"
Cinco personas podrían generar 16 x "E"
Seis personas podrían generar 32 x "E"
Siete personas podrían generar 64 x "E"
Etc ...

Como puede ver, incluso pocas personas trabajando juntas, pueden
provocar un efecto más grande que un número mayor de personas, trabajando
individualmente, esto por cierto, no es una teoría que me haya inventado, es una
teoría basada en los campos de EINSTEIN y es aceptada por la mayoría de los
ocultistas que conozco.

Ello no significa sin embargo, que el hecho de disponer de un grupo de
personas le acarree directamente el éxito de su trabajo, un mago individual
puede controlar mucho mejor la energía mágica psíquica que un grupo, a veces por
esta misma razón un individuo puede tener más éxito que un grupo.
Por este motivo he indicado que un grupo de personas podían generar más
energía que un individuo, ciertamente un grupo de incompetentes no será capaz de
superar un mago bien entrenado.

Dibujo de la progresión geométrica de la fuerza de los campos energéticos

Esto nos conduce ha hablar de los inconvenientes asociados con los
grupos, un respetado autor de muchos libros de magia, cree, que los trabajos en
grupo están obsoletos, y resultan impracticables, esta opinión es debida a sus
experiencias personales con algunos grupos, los problemas asociados con los
grupos se basan en un único problema y solo en uno:

Por la psicología personal, siempre se forman camarillas, y las personas
que quedan fuera se sienten heridas y rechazadas, la persona "A", no quiere
trabajar con la persona "B", porque la persona "B" es demasiado: Lista, tonta,
fea, hermosa o cualquier otro atributo.

Alguien puede iniciar una conspiración contra el líder, alguien quisiera
cambiar el grupo para adaptarlo a lo que él cree que debería ser, "en lugar de
cambiar el mismo" para adaptarse al grupo, todo esto es muy estúpido.

Estas tonterías han ocurrido durante años entre los varios grupos que se
han formado, o grupos que se autodenominan Rosacruces o Rosacrucianos, insisten
todos en que solo ellos son los auténticos y aseguran que los demás son un
fraude, varios grupos de magia y de la WICA incurren también en este tipo de
necedades.

Un conocido grupo mágico tiene actualmente unas 5 o 6 personas que
aseguran cada una de ellas ser el líder autentico del grupo, y acusan al resto
de impostores, esta falta de acuerdo ha dado lugar a insultos ofensivos y han
llegado a los tribunales (demencial).

¿Que puede hacer una persona que desee trabajar en un grupo con otras
personas de intereses parecidos?:

En primer lugar la persona, según lo que aquí estamos poniendo puede
olvidarse del tema, pero si no es eso lo que quiere, puede iniciar un grupo
partiendo de cero (le aconsejo que si lo crea, sea con la única intención de
ayudar y conectar con la DIVINIDAD), entonces, a medida que se vaya incorporando
más gente, cada persona como en la tradición de la francmasonería, deberá ser
aceptada por todos los miembros de que coste el grupo antes de permitírsele la
entrada, de ese modo las personas deberán conocerse primero de un modo social
antes de empezar a realizarse como grupo mágico, (vuelvo a repetir y no me
cansaré nunca, tengan cuidado con los líderes y las sectas, esto no es la
finalidad de estos grupos).

Lo importante es que debe tratarse de un pequeño circulo de amigos,
algunos magos sostienen que un grupo mágico no debería superar los 13 miembros,
de aquí que 13 sea el número máximo para muchas asambleas de magos, además el
objetivo de todas las personas que componen un grupo mágico debe ser "único",
como se ha dicho anteriormente, ninguna de las personas del grupo deben tener
otros objetivos, si no rompería la unión del grupo (es mejor que si llegara a
ocurrir alguna desarmonía, se le pidiera a la persona que la creo, que se
marchase).

ISRAEL REGARDIER, aconsejó seriamente, que todas las personas integradas
con el ocultismo se sometieran a una psicoterapia durante mucho tiempo, creí que
ello era debido a su condición terapeuta, pero debido a la experiencia con
grupos y a otras experiencias que me han contado, he llegado a un punto en que
me siento inclinado a dar la razón al buen doctor.

Desgraciadamente la mayoría de nosotros, no tenemos tiempo, ni ganas de
acudir a un analista, y además mucha gente no puede pagarlo, por otro lado, la
calidad de los psicoterapeutas varia muchos, ¿como sabremos si hemos dado con
uno bueno, uno que no se asuste cuando le digamos que estamos inmersos en el
estudio de lo oculto?.

Afortunadamente, tenemos una respuesta, se trata de utilizar una técnica
mágica y psicoterapéutica muy poderosa que , el I.O.D.



Entidades :


Daremos una pequeña explicación de lo que significa entrar en contacto
con una entidad espiritual, cuales son los tipos de entidades que existen y
cuales son los "pro" y los "contra" de dichos contactos y entidades.
Otro punto importante a tener en cuenta es la propia realidad de con
quien se contacta, hay que tener excesivo cuidado, no es un juego, unos de los
principales consejos que le doy es que cuando intente conectar con alguna
entidad superior de la LUZ, mantenga su estado de conciencia muy elevado, estén
muy relajados y en oración.
Así pues, si usted se comunica con una Entidad Espiritual Superior y
decide seguir el consejo de esa entidad, será usted el responsable del resultado
kármico de ese acto, ahora bien, si decide actuar siguiendo las instrucciones de
Entidades Espirituales Superiores y les dice "no", será kármicamente correcto
que desobedezca a esa entidad, e incluso que la aparte de su camino si es
necesario, pero recuerde que usted será kármicamente responsable de lo que
ocurra sea lo que sea.

En el caso de un mago, y debido principalmente a esa condición de mago
deberá aceptar la responsabilidad de todos sus actos derivados de los contactos
con las entidades que él por su propia decisión quiso tener, lo que el mago es
ahora es resultado directo de lo que hizo, aquello que sembró, recogió.

El proceso de descubrir aspectos de las Entidades Espirituales
Superiores que se encuentran entre otros planos de existencia y decidir
seguirlos, recibe el nombre de encontrar NUESTRA VOLUNTAD AUTENTICA.

Como dijo SAN AGUSTÍN " Obedecer a vuestra buena voluntad sería toda la
ley "; de vez en cuando la prensa sensacionalista nos cuenta la historia de un
hombre o una mujer que han hecho algo terrible, como matar a golpes a su pareja,
o a su hijo, porque su víctima "estaba poseída por el diablo", algunas de estas
personas añaden, que: " DIOS me ordeno hacerlo ", las enseñanzas de este
escrito no van a aumentar las posibilidades de que usted pueda perder la cabeza
hasta este punto.

Además existe una forma muy fácil de decir si algo es correcto o no para
nosotros, y es aplicar la intuición y el sentido común, de modo que si algo no
le parece correcto o se siente incomodo, no lo haga, es tan sencillo como eso.
Si usted tiene la sensación de que alguien que conoce está poseído por
el diablo y desea hacer daño a la persona poseída para que ese diablo se vaya,
entonces es usted quien necesita ayuda.

Los sistemas que voy a presentarles son bastante seguros, a algunas
personas les preocupa la comunicación "directa" con Entidades Espirituales
Superiores, a diferencia de la comunicación "algo indirecta" de la evocación
mágica, les voy a repetir algo que ya les he dicho: "nada de lo que contiene
estos escritos, ni el resto de ellos" resulta peligroso, ni le pondrá en peligro
ni a usted, ni a los demás, si sigue bien el contexto de lo escrito, nada de lo
que se enseña le conducirá a lo que la moral general considera malo.

Antes he explicado que cuando entramos en contacto con Entidades
Espirituales Superiores debemos escuchar lo que tienen que decirnos, pero hay
que tener cuidado con las entidades que no son de la LUZ, es decir, como habrá
imaginado usted no he querido decir que deba obedecer a los pequeños malévolos
(Son diablos y resultan ser muy pesados), estos son habitantes de lo que algunas
personas llaman el plano astral inferior, no son Entidades Espirituales
Superiores, cuando se habla de Entidades Espirituales Superiores, hablamos de
Seres de la LUZ, Seres de la Tierra que están en la LUZ y a la Corte Celestial y
hago referencia a tres cosas que son importantes: Las manifestaciones directa de
lo DIVINO, los Arcángeles y las Ordenes de los Ángeles.

Es más, deberá usted someterlas a prueba para ver si estas entidades son
los seres espirituales que pretenden ser, para diferenciarlas hay que tener un
estado de conciencia muy alto y estar en la ORACIÓN, como indicamos al
principio.

Pero antes vamos a presentar algunas formas de entidades que aunque son
etéreas y habitan en otros planos, "No son Entidades Espirituales Superiores",
estas son:

LOS CUERPO ETÉREO:
Es una emanación de todas las cosas creadas, no es el doble
astral autentico, es algo "a medio camino entre lo astral y lo físico", a veces
puede asumir la apariencia de una persona en el plano astral, pero siempre está
ligado a un ser vivo.

EL CUERPO ASTRAL:
Es la manifestación del aspecto astral de una entidad viva,
está siempre ligado a un ser encarnado.
Cuando el cuerpo muere, se desplaza rápidamente a los planos superiores
de la existencia para volver a reencarnarse, mientras se encuentra en la
situación de desconexión, está demasiado ocupado para dedicarnos su tiempo,
solamente cuando está ligado al ego de algún individuo se le considera Cuerpo
Astral.
Las Entidades Espirituales Superiores no están ligadas a ningún ego en
particular.

EL AZOTH:
También se le conoce por el termino sánscrito de AKASHA pronunciación
correcta: A-KA-SA o como luz astral, aparece como un brillo y puede cambiar a
voluntad de la persona; en el interior del AZOTH, puede verse el pasado el
presente y el futuro, pero no tiene una personalidad independiente, los futuros
que ofrece son solo posibles, perderse en la luz astral puede conducirle a
ignorar el presente esto podría llevarle al hogar de los "Cadetes del Espacio",
recuerde mantener siempre los pies firmes en el presente.

LOS ELEMENTALES ARTIFICIALES:
Son entidades creadas por las fuerzas humanas y
compuestas de un único elemento; se dirigen hacia un único objetivo, de modo que
si no les molestan no le harán ningún caso, dependiendo de la fuerza de la
voluntad de su creador, aparecerán con mayor o menor intensidad en el plano
astral.

LOS VACÍOS:
Si vive usted en una Gran Ciudad podrá ver a estas entidades en
forma física en los "barrios bajos", tienen aspecto humano, carecen de alma (Son
los Desalmados) y esperanza en el futuro, son frías y sin sentimientos, a veces
pueden dar muestra de un gran sentido del humor y de un gran atrevimiento, pero
pronto se sumen en las profundidades de la desesperación, sus ojos reflejan
locura o vacío, estas pobres criaturas existen también en los planos superiores,
el contacto con ellas provocan la desesperación y el temor.

LOS ELEMENTALES:
Son los duendes de la tierra, las ondinas del agua, los silfos
del aire, y las salamandras del fuego, a menudo se les llama de forma
inadecuada, "Elementales", aunque están compuestos de un único elemento tienen
voluntad propia, y normalmente no molestan a los humanos, de hecho prefieren que
estos les ignoren.

LAS LARVAS:
También se les conoce como lémures, se cree que viven en la esencia
de la sangre, se "Alimentan" por decirlo así, de las personas enfermas o
heridas, se las puede dispersar fácilmente mediante la proyección de LUZ BLANCA
ESPIRITUAL PURA.

LOS FANTASMAS:
Cuando muere el cuerpo, el cuerpo astral se separa de él,
normalmente se desplaza hacia un lugar desde el cual se pueda volver a
reencarnar, cuando no hay conciencia de haber muerto (por ejemplo un accidente,
o una muerte forzada, ... ), a veces el fuerte deseo hacia el mundo físico puede
retener al cuerpo astral en los planos espirituales mas bajos, cuando se
encuentran en esta situación reciben el nombre de fantasmas, estos se niegan a
evolucionar por no entender su situación, por ello suelen estar bastante
apenados y desesperados, el intento de simular su evolución puede o no tener
éxito, pero siempre le proporcionarán "Puntos Karmáticos".

LOS SEUDOFANTASMAS:
Estos no tienen relación con los fantasmas auténticos, son
mas parecidos a los pequeños malévolos, se "alimentan" de la energía que reciben
e imitan las acciones de los fantasmas para que la gente les preste atención y
les envié energía, leen nuestra luz astral y son capaces de conocer nuestro
pasado y nuestro posible futuro, y por ello, suelen aparecer en las sesiones de
espiritismo con la apariencia de un ser querido ya desaparecido, resultan mas
molestos en el plano físico que en cualquier otro plano superior.

Otras entidades, LAS FORMAS :
En los planos superiores existen estas y otras
entidades, aquellas que poseen una mente única no harán ningún daño, a menos que
intenten impedirles alcanzar su objetivo.

Las que están conectadas son entidades del plano físico y están
normalmente demasiado ocupadas en este plano para molestarle, existe un tipo de
entidad que habita en los planos superiores y que resulta problemática: Son sus
propias formas de pensamiento, aquí "formas" es la palabra clave, en los planos
superiores los pensamientos toman varias formas que representan a su naturaleza,
desgraciadamente, no es necesario que las creemos conscientemente.

De modo que es posible que en los planos superiores entremos en contacto
con monstruos terribles de aspectos repugnantes, que intentaran impedir que
alcancemos nuestros objetivos, no son mas que nuestros propios temores, iras,
perjuicios, envidias, etc ...., no pueden hacernos ningún daño por si solos, ya
que dañarnos significaría su destrucción pero, como la mayoría de las personas
tienen demasiado miedo no se atreven a examinar ni tan siquiera a mirar su lado
oscuro, huyen aterrorizadas ante sus propias formas de pensamiento negativo,
esto podría impedirle alcanzar su objetivo de comunicación directa con las
Entidades Espirituales Superiores.

Para mantener alejadas estas formas visualice un pentagrama de color
azul vivo, con destellos dorados y dispárelos contra ellas, la única forma de
librarnos realmente de ellas consiste en enfrentarnos a nuestros temores y
superar el aspecto negativo de nosotros mismos que las ha creado, En el caso de
los magos, son muy pocos los atacados físicamente con los destierros es posible
detener temporalmente el ataque, pero este no cesara hasta que el mago se haya
enfrentado y haya vencido al origen interno de la forma del pensamiento
negativo.

Por favor comprenda, que no le estoy embrujando, debe alzarse y luchar
contra los monstruos del YO interior, unos monstruos que todos poseemos, también
le digo que en este tipo de batalla es sabio aquel que huye y "sobrevive" para
luchar al día siguiente, llegará un momento tarde o temprano, que tendrá que
enfrentarse con sus demonios internos y vencerlos, de seguro que si lo intenta
los vencerá, y ello le hará muy feliz.

HISTORIA DE UNA MARIPOSA Y DE UNA ARAÑA // BECQUER

Escrito por imagenes 05-01-2008 en General. Comentarios (0)

HISTORIA DE UNA MARIPOSA Y DE UNA ARAÑA // BECQUER

HISTORIA DE UNA MARIPOSA Y DE UNA
ARAÑA

G. A. BECQUER

Después de tanto escribir para los demás, permitidme que un día escriba para mí.
En el discurso de mi vida me han pasado una multitud de cosas sin importancia que, sin que yo
sepa el porqué, las tengo siempre en la memoria.
Yo, que olvido con la facilidad del mundo las fechas más memorables, y apenas si guardo un
recuerdo confuso y semejante al de un sueño desvanecido de los acontecimientos que, por decirlo
así, han cambiado mi suerte, puedo referir con los detalles más minuciosos lo que me sucedió tal o
cual día, paseándome por esta o la otra parte, cuanto se dijo en una conversación sin interés
ninguno tenida hace seis o siete años, o el traje, las señas y la fisonomía de una persona
desconocida que mientras yo hacía esto o lo de más allá, se puso a mi lado, o me miró o le dirigí la
palabra. En algunas ocasiones, y por lo regular cuando quisiera tener el pensamiento más distante
de tales majaderías, porque una ocupación seria reclama mi atención y el empleo de todas mis
facultades, acontece que comienzan a agolparse a mi memoria estos recuerdos importunos y la
imaginación, saltando de idea en idea, se entretiene en reunirlas como en un mosaico disparatado y
extravagante.
A veces creo que entre tal mujer que vi en un sitio cualquiera, entre otras ciento que he olvidado, y
tal canción que oí mucho tiempo después y recuerdo mejor que otras canciones que no he podido
recordar nunca, hay alguna afinidad secreta, porque a mi imaginación se ofrecen al par y siempre
van unidas en mi memoria, sin que en apariencia halle entre las dos ningún punto de contacto.
También me sucede dar por seguro que un hombre determinado, a quien apenas conozco, y que sin
saber por qué, lo tengo a todas horas presente, ha de ejercer algún influjo en mi porvenir, y me
espera en el camino de mi vida para salirme al encuentro.
De estas fútiles preocupaciones, de estos hechos aislados y sin importancia, me esfuerzo en vano
cuando asaltan mi memoria en sacar alguna deducción positiva; y digo en vano, porque si bien en
ciertos momentos se me figura hallar su escondida relación, y como oculto tras la forma de mi vida
prosaica y material, me parece que he sorprendido algo misterioso que se encadena entre sí y con
apariencias extrañas, o reproduce lo pasado o previene lo futuro, otros, y éstos son los más
frecuentes, después de algunas horas de atonía de la inteligencia práctica, vuelvo al mundo de los
hechos materiales y me convenzo de que, cuando menos en ocasiones, soy un completísimo
mentecato.
No obstante, como tengo en la cabeza una multitud de ideas absurdas que siempre me andan dando
tormento mezclándose y sobreponiéndose a las pocas negociables en el mercado del sentido
común, y como he observado que una vez escrita una y arrojada al público, la olvido por completo
y nunca más torna a fatigarme, voy a ir poco a poco deshaciéndome de las más rebeldes.
Yo prometo solemnemente que si a mi enferma imaginación le aprovechan estas sangrías y
mañana o pasado puedo disponer de mí mismo, he de aplicar todas mis facultades a algo más que
enjaretar majaderías, y tal vez mi nombre pase a las futuras generaciones, unido al de un nuevo
betún, unos polvos dentífricos o algún otro descubrimiento o invención útil a la humanidad.
Entre tanto, sufrid como tantas otras impertinencias se sufren en este mundo, el relato de dos
recuerdos insignificantes: la doliente historia de una mariposa blanca y una araña negra.
Un día de primavera, un día rico de luz y de colores, de esos en que, viéndolo todo envejecerse a
nuestro alrededor, nos admira que nunca se envejezca el mundo, estaba yo sentado en una piedra a
la entrada de un pueblecito. Me ocupaba, al parecer, en copiar una fuente muy pintoresca, a la que
daban sombra algunos álamos; pero, en realidad, lo que hacía era tomar el sol con este pretexto,
pues en más de tres horas que estuve allí, embobado con el ruidito del agua y de las hojas de los
árboles, apenas si tracé cuatro rayas en el papel del dibujo.
Sentado estaba, como digo, pensando, según vulgarmente se dice, en las musarañas, cuando
pasaron por delante de mis ojos dos mariposas blancas como la nieve. Las dos iban revoloteando,
tan juntas, que al verlas me pareció una sola. Tal vez habían roto ambas a un mismo tiempo la
momia de larva que las contenía y, animándose con un templado rayo de sol, se habían lanzado a
la vez, en su segunda y misteriosa vida, a vagar por el espacio.
Esto pensaba yo, cuando las mariposas volvieron a pasar delante de mí y fueron a posarse en una
mata de campanillas azules, entre las que se detuvieron algunos segundos, sin que dejasen de
palpitar sus alas. Después tornaron a levantar el vuelo y a dar vueltas a mi alrededor. Yo no sé qué
querían de mí. Sin duda en el instinto de las mariposas hay algo de fatal que las lleva a la muerte.
Ellas se agitan, como en un vértigo, alrededor de la llama que no las busca; ellas parece como que
nos provocan, estrechando los círculos que describen en el aire en torno a nuestras cabezas, y las
ahuyentamos, y vienen de nuevo.
Yo no sé qué querían de mí aquellas mariposas, aquéllas precisamente, y no otras muchas que
andaban también por allí revoloteando; yo no lo sé ni me lo he podido explicar nunca, pero lo
cierto es que yo debía matar a una, y maquinalmente, no queriendo, no esperando cogerla, tendí la
mano al pasar por la centésima vez junto a mi rostro, y la cogí y la maté. Sentí matarla, como
sentiría que una noche se me cayeran los gemelos de teatro desde el antepecho de un palco y
matasen a un infeliz de las butacas, lo cual no me ha sucedido nunca, aunque muchas veces he
pensado que podría sucederme.
Esta es la historia de la mariposa; vamos a la de la araña.
La araña vivía en el claustro de un monasterio ya ruinoso y casi abandonado. Allí se había hecho
una casa, tejida con un hilo oscuro, entre los huecos de un bajorrelieve.
Yo entré un día en el claustro y desperté el eco de aquellas ruinas con el ruido de mis tacones. Y se
me ocurrió, lo primero, que los claustros se habían hecho para los religiosos que llevaban
sandalias, y comencé a pisar quedito, porque hasta mí me escandalizaba el ruido que hacía, siendo
tan pequeño, en aquel edificio tan grande.
El cielo estaba encapotado, y el claustro recibía la luz por unas ojivas altas y estrechas que lo
dejaban en penumbra de modo que, aunque todo me hacía ojos, no podía ver bien los detalles del
bajorrelieve que había empezado a copiar.
El bajorrelieve representaba una procesión de monjes con el abad a la cabeza y servía de
ornamento a los capiteles de un haz de columnas que formaban uno de los ángulos. No sé en dónde
encontré una escalera que apoyé en el muro para subir por ella y ver los detalles; el caso es que
subí, y cuando estaba más abstraído en mi ocupación, como me estorbase para examinar a mi
gusto la mitra del abad una tela oscura y polvorienta que la envolvía casi toda, extendí la mano y la
arranqué, y de debajo de aquella cosa sin nombre, que era su habitación, salió la araña.
Una araña horrible, negra, velluda, con las patas cortas y el cuello abultado y glutinoso.
No sé qué fue más pronto, si salir el animalucho aquel de su escondrijo, o tirarme yo al suelo desde
lo alto de la escalera, con peligro de romperme un brazo, todo asustado, todo conmovido, como si
hubiese visto animarse uno de aquellos vestiglos de piedra que se enroscan entre las hojas de
trébol de la cornisa y abrir la boca para comerme crudo.
La pobre araña, y digo la pobre, porque ahora que la recuerdo me causa compasión, la pobre araña,
digo, andaba aturdida, corriendo de acá para allá, por cima de aquellos graves personajes del
bajorrelieve, buscando un refugio. Yo, repuesto del susto y queriendo vengarme en ella de mi
debilidad, comencé a coger cantos de los que había allí caídos, y tantos le arrojé que al fin le acerté
con uno.
Después que hubo muerto la araña, dije: «¡Bien muerta está! ¿Para qué era tan fea?». Y recogí mi
cartera de dibujo, guardé mis lápices y me marché tan satisfecho.
Todo esto es una majadería, yo lo conozco perfectamente; pero ello es que andando algún tiempo,
decía yo, apretándome la cabeza con las manos y como queriendo sujetar la razón que se me
escapaba: «¿Por qué da vueltas esa mujer alrededor de mí? Yo no soy una llama y, sin embargo,
puede abrasarse. Yo no la quiero matar y, a pesar de todo, puedo matarla». Y después que hubo
pasado todavía más tiempo, pensé y creo que pensé bien: «Si yo no hubiera muerto la mariposa, la
hubiera matado a ella».
En cuanto a la araña..., he aquí que comienzo a perder el hilo invisible de las misteriosas relaciones
de las cosas, y que al volver a la razón empieza a faltarme la extraña lógica del absurdo, que
también la tiene para mí en ciertos momentos.
No obstante, antes de terminar diré una cosa que se me ha ocurrido muchas veces, recordando este
episodio de mi vida. ¿Por qué han de ser tan feas las arañas y bonitas las mariposas? ¿Por qué nos
ha de remorder el llanto de unos ojos hermosos, mientras decimos de otros: «Que lloren, que para
llorar se han hecho»?
Cuando pienso en todas estas cosas, me dan ganas de creer en la metempsicosis.
Todo sería creer en una simpleza más de las muchas que creo en este mundo.


El Contemporáneo
28 de enero, 1863

DE ANGELES Y FANTASMAS -1ªparte // SELECCION DE RELATOS DE ALEJANDRO DOLINA

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DE ANGELES Y FANTASMAS -1ªparte // SELECCION DE RELATOS DE ALEJANDRO DOLINA


De Angeles yFantasmas -1ªparte // ALEJANDRO DOLINA


Índice

1ªparte
ARTE DE LA DISCUSIÓN EN EL BARRIO DE FLORES.

BALADA DE LA PRIMERA NOVIA..
EL CORSO TRISTE DE LA CALLe CARACAS
EL PSICOANÁLISIS EN FLORES.
EL RECUERDO Y EL OLVIDO EN EL BARRIO DE FLORES.
EL SALÓN DE BAILE SIN BAÑOS O EL RAPTO DE LOS ORINANTES.
GOMEZ RE, EL TRANSFORMADOR DEL TANGO.
HISTORIA DE LAS SIRENAS DE SANTA RITA..
HISTORIA DE LOS BOLETOS EMBRUJADOS.
HISTORIA DE LOS LIGUSTROS VECINOS.
HISTORIAS DE AMOR.
LA ACADEMIA DEL HUMOR EN FLORES.
LA CIENCIA EN FLORES.
LA CONSPIRACION DE LAS MUJERES HERMOSAS.

LA DECADENCIA DE LA AMISTAD.
LA DECADENCIA DE LA BOLITA..
LITERATURAS DEL ANGEL GRIS.
LOS AMANTES DESCONOCIDOS.
NIÑOS LIBROS Y LECTURAS.
PACTOS DIABOLICOS EN FLORES.

2ªparte
Los Hombres Sensibles, los Refutadores de leyendas y los Reyes Magos.
REFUTACION DEL REGRESO.
El extraño idioma de Kampung Sebula..
Instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight.
ARENA..
EL ARTE DE LA AUSENCIA..
ADIVINANZAS.

CARRERAS SECRETAS.

MARGARITAS.
ATLAS DEL INFIERNO.
OLORES
MURALLAS.
HALAGOS INSUFICIENTES.
LA MUSA..
TUNEL.
JUEGO.
INSTRUCCIONES PARA BUSCAR AVENTURAS.
DIABLO.
LAS TETAS DE DEVOTO.
Vindicación del cholulismo.



ARTE DE LA DISCUSIÓN EN EL BARRIO DE FLORES
Alejandro Dolina

..Como decían los chinos, en este mundo la certeza no es más que una ilusión. Nadie puede estar seguro de nada. Todo juicio puede ser falso, incluso éste.Y el ejercicio de la inteligencia no alcanza a aclarar las cosas. Más bien puede decirse que las complica.Todo esto produce en los paisanos un cierto desasosiego: uno recorre la vida buscando alguna verdad y apenas si encuentra señales confusas. De lo absoluto, ni la sombra.Así, de tanto andar entre fantasmagorías, algunos pensadores llegaron a sospechar que el propósito final del universo es el engaño.Sin embargo, conviene imaginar lo espantosa que sería la vida sin la existencia de asuntos dudosos. Un mundo con respuestas para todo sería también un mundo sin preguntas. Y también sin esperanzas ni sueños.En otras palabras: es sólo en el terreno de la incertidumbre donde nos está permitido macanear libremente.Los espíritus obtusos del barrio de Flores comprendieron bastante bien estas ideas. Llegaron a descubrir que la razón permite sostener opiniones opuestas con idéntica destreza. Y con juvenil asombro pasaban las horas jugando a discutir.Pero lo que empezó como un juego se convirtió con el tiempo en una verdadera obsesión. Sucedió que algunos hombres adquirieron una habilidad superior para argumentar. Las técnicas se fueron perfeccionando y finalmente un pequeño grupo de personas alcanzó una solvencia polémica que estaba muy por encima de los modestos retruques de la gente sencilla.De allí nace el Círculo de Discutidores Profesionales, una entidad que marcó rumbos en la zona y que funcionaba en un salón de la calle Bogotá.El propósito fundamental del Círculo fue poner un poco de orden y concierto en las discusiones montaraces. Se editaron folletos con consejos y recomendaciones, se impartieron clases y se realizaron excursiones a barrios hostiles, como Colegiales para discutir como visitantes y vivir nuevas experiencias.Sin embargo, la institución logró fama y renombre gracias a las espectaculares Mesas Redondas de los Sábados que se realizaban en su sede y que atraían no sólo a grandes polemistas, sino también a sus hinchadas.El procedimiento corriente era elegir un tema de discusión y luego sortear las posiciones a sostener por cada uno de los participantes.A veces, en medio del debate, se obligaba a los discutidores a cambiar de bando. Esto producía un efecto muy atrayente. Y así, el que había defendido les derechos de la mujer en el mundo moderno, pasaba a refutarse a sí mismo y clamaba por el confinamiento femenino en la cocina y sus aledaños. Se podía tener razón las dos veces, o ninguna.Al principio, los temas de las Mesas Redondas eran más o menos previsibles: ¿Es el suicida un cobarde? ¿Pueden ser amigos el hombre y la mujer? ¿Importa más la forma o el contenido? ¿Librecambismo o proteccionismo?Más adelante el público se aburrió de estas cuestiones vulgares y exigió el examen de asuntos más arduos: ¿,Medialunas de grasa o de manteca? ¿Es mejor el colectivo o el tren? ¿Frío o calor? ¿Rubias o morochas?En los años dorados del barrio del Ángel Gris, el salón de la calle Bogotá conoció verdaderos colosos.Aquel olímpico doctor Arnaldo Garcete, que citaba autores y tratadistas en catorce idiomas, la mayoría de ellos absolutamente desconocidos para él. Garcete llegó a formular sus argumentaciones en versos rimados, hábito que fue abandonando pues advirtió que su apellido era una enorme ventaja para sus adversarios.El abogado Hugo Varsky basaba su técnica en la gesticulación. Mientras exponían los otros, movía el dedo y la cabeza en señal negativa y con eso desalentaba a cualquiera. Llegado su turno, marcaba el compás de sus disertaciones con golpes de puño sobre la mesa, de modo que sus palabras parecían escritas en rojo. E1 ritmo de sus puñetazos iba en ascenso hasta culminar en una especie de candombe que impedía oír lo que estaba diciendo, pero que dejaba una sensación de triunfo inapelable.Famoso fue también el boticario Antonio Carrozzi, que apoyaba sus razones en el testimonio ajeno. Casi siempre se remitía a testigos ausentes o simplemente muertos: "Ahí está el finado Menéndez que no me deja mentir”. Y nadie se atrevía a contradecirlo.Más temible aún era Andrés Guzmán, hombre de pocos argumentos pero de fuerte pegada. Generalmente cerraba las discusiones con frases tales como: "Yo le voy a dar dimensión ontológica, pelandrún". Y se acababan las discrepancias.Hubo muchos otros...
Rodolfo C. Pagani, el mago de los silencios; el gritón Frustaci, que aturdía con sus reflexiones; el viejo Vitale, que iba a menos por cortesía o el timorato Ernesto Cipolla, que daba la razón a todos y repetía lo que había dicho el último en hablar.Como ocurre casi siempre, la preocupación por la victoria a cualquier precio deslucía las competencias. Los más tramposos pusieron su ingenio al servicio de las zancadillas y las maniobras malintencionadas.El propio Manuel Mandeb, que solía asistir al Circulo como espectador, propuso un reglamento en el que se prohibían ciertos recursos infames. El polígrafo de Flores los clasificó y les dio nombre.
Veamos algunos.
RECURSO DE LA DEFINICION SOLICITADA
Consiste en pedir al expositor que defina cada una de las palabras que dice. Por ejemplo alguien declara:A los niños hay que tratarlos con bondad.El tramposo dirá entonces:Depende de lo que entienda usted por bondad.Se puede continuar indefinidamente, solicitando ante cada respuesta nuevas definiciones.
RECURSO DEL EJEMPLO CERCANO
Se trata de pretender que un caso particular constituye una regla general.Todos los niños son unos papanatas. Ahí lo tiene usted a mi sobrino.Lo peor de esta jugada es que permite al adversario defenderse con un ejemplo contrario:Sin embargo, el hermano de mi novia es una lumbrera.Generalmente el debate queda reducido a un mutuo tiroteo de ejemplos y hay pocas cosas tan aburridas.
RECURSO DEL CAMBIO DE TEMA
Hay mil maneras de conseguirlo. Desde elogiar la corbata del contrincante hasta cuestionar la pronunciación de una palabra cualquiera. Así, la discusión versará sobre corbatas, pronunciaciones o lo que el tramposo quiera.
RECURSO DE LA DESAUTORIZACION MORAL
Consiste en hacer creer que los defectos personales de alguien se transmiten a sus argumentos. Por ejemplo:¿Qué me viene con gnoseología, usted que es un borracho perdido?Los razonamientos pueden ser expuestos por un canalla o un santo, sin ser por ello ni más ni menos veraces. Sin embargo ésta es una de las trampas más difundidas en este juego.
RECURSO EXTREMO BUSCANDO UN ACUERDO
Lo usan los tramposos cuando se ven perdidos. Se trata de mimetizar la opinión propia con la del adversario.Al final estamos diciendo lo mismo, pero con distintas palabras.Al oír esta última frase, puede pensarse que a veces ocurre algo mucho más peligroso: decir cosas diferentes con las mismas palabras.El recurso extremo puede usarse también en su variante "Finíshela":Mire, ni yo lo voy a convencer a usted ni usted me va a convencer a mí.
RECURSO DE LA METAFORA COMO ARGUMENTO
Consiste en atribuir rigor científico a las comparaciones poéticas. Alguien dice:El país es como una casa y hay que construirlo desde los cimientos.Si uno toma demasiado en serio esta afirmación, podrá seguir hablando de techos, paredes, puertas y ventanas, para terminar diciendo que nuestra salvación está en manos de los albañiles.Mandeb denuncia en su trabajo más de setenta maniobras y trampas. Los directivos del Círculo nunca le hicieron mucho caso y hasta el día de hoy los recursos antedichos se siguen usando con total impunidad.Las Mesas Redondas de los Sábados siempre tuvieron una gravísima dificultad. Resultaba muy difícil establecer quién era el ganador. Se utilizaron muchos sistemas diferentes: jueces, jurados, puntajes, aplausos. Ninguno funcionó, pues invariablemente los resultados eran discutidos por los perdedores.Los más sabios sugirieron entonces que no era necesario buscar un ganador. Para ellos el fin de la discusión era llegar a una conclusión positiva, a acuñar un juicio definitivo sobre el tema central de la polémica. Este disparate tuvo bastante aceptación, aunque las dificultades para redactar la conclusión eran las mismas que para consagrar a un ganador.Alguien que confundía la voluntad con la realidad propuso someter las cuestiones a Votación. El aplauso de los demócratas saludó la propuesta y así una noche de verano se resolvió por 11 votos contra 4 que la capital de Suiza es Oslo. El aserto fue admitido también por los que perdieron, quienes juraron sostener hasta la muerte aquella conclusión por más que se quejarán suizos y noruegos.Estas coincidencias no le gustaban al público, que las sentía como aflojadas. Las muchedumbres exigían un poco de encono y al no encontrarlo se fueron alejando de la calle Bogotá.Para peor entró en escena la Comisión de Comedidos y Componedores, unos individuos que recorrían la barriada para meterse a separar en las broncas. Hartos de que los molieran a palos, trataron de evitar, ya que no las peleas callejeras, al menos las discusiones del Círculo. Para lograrlo apelaron al viejo cuento de la tesis, la antítesis y la síntesis.La acción de estos pisaverdes precipitó la decadencia de las Mesas Redondas. El Círculo de Discutidores alcanzó a sobrevivir algún tiempo gracias a la venta de opiniones y argumentos. Como podrá suponerse, el surtido era enorme y la demanda también. Los mejores clientes fueron los actores, cantantes, bailarinas, recitadores y peluqueros de ésos que van a la televisión a hablar de aquello que ignoran.Agotado su stock, el Círculo se cerró para siempre.Contra lo que puede suponerse, los Hombres Sensibles de Flores tuvieron cierta simpatía por los Discutidores. Las polémicas enseñaban que existen razones perfectas para afirmar cualquier cosa, cierta o falsa. Y los muchachos del Ángel Gris pensaron que ésta era una gran lección. No para ellos, desde luego, sino para las gentes incautas. Los Hombres Sensibles supieron siempre que las verdades hay que buscarlas con el corazón. Por estas verdades del sentimiento vale la pena morir. Las otras son apenas fichas de un juego interesante.Por ahí andan los hombres sin corazón diciendo que ninguna causa merece que uno muera por ella. Tienen razón en su mundo pequeño de teoremas. ¿Quién se hará degollar para defender el principio de Arquímedes?Dejemos a los nuevos Discutidores que se diviertan con sus argumentos. No está mal para una tarde de lluvia. Pero recordemos siempre que fuera del salón está la vida con sus pasiones, sus héroes, sus canallas, sus mártires, sus puñales y sus muertes. Y el Destino no entiende razones. Buenas noches.

De “Crónicas del Ángel Gris”


BALADA DE LA PRIMERA NOVIA
Alejandro Dolina

El poeta Jorge Allen tuvo su primera novia a la edad de doce años.Guarden las personas mayores sus sonrisas condescendientes. Porque en la vida de un hombre hay pocas cosas mas serias que su amor inaugural. Por cierto, los mercaderes, los Refutadores de Leyendas y los Aplicadores de Inyecciones parecen opinar en forma diferente y resaltan en sus discursos la importancia del automóvil, la higiene, las tarjetas de crédito ylas comunicaciones instantáneas. El pensamiento de estas gentes no debe preocuparnos. Después de todo han venido al mundo con propósitos tan diferentes de los nuestros, que casi es imposible que nos molesten.Ocupémonos de la novia de Allen. Su nombre se ha perdido para nosotros, no lejos de Patricia o Pamela. Fue tal vez morocha y linda.
El poeta niño la quiso con gravedad y temor. No tenia entonces el cínico aplomo que da el demasiado trato con las mujeres. Tampoco tenia - ni tuvo nunca- la audacia guaranga de los papanatas.Las manifestaciones visibles de aquel romance fueron modestas. Allen creía recordar una mano tierna sobre su mentón, una blanca vecindad frente a un libro de lectura y una frase, tan solo una: "Me gustas vos."En algún recreo perdió su amor y más tarde su rastro.Después de una triste fiestita de fin de curso, ya no volvió a verla ni a tener noticias de ella. Sin embargo siguió queriéndola a lo largo de sus años. Jorge Allen se hizo hombre y vivió formidables gestas amorosas. Pero jamás dejo de llorar por la morocha ausente.
La noche en que cumplía treinta y tres años, el poeta supo que había llegado el momento de ir a buscarla.Aquí conviene decir que la aventura de la Primera Novia es un mito que aparece en muchísimos relatos del barrio de Flores. Los racionalistas y los psicólogos tejen previsibles metáforas y alegorías resobadas. De ellas surge un estado de incredulidad que no es el más recomendable para emocionarse por un amor perdido. A falta de mejor ocurrencia, Allen merodeo la antigua casa de la muchacha, en un barrio donde nadie la recordaba. Después consulto la guía telefónica y los padrones electorales. Miro fijamente a las mujeres de su edad y también a las niñas de doce años. Pero no sucedió nada.Entonces pidió socorro a sus amigos, los Hombres Sensibles de Flores. Por suerte, estos espíritus tan proclives al macaneo metafísico tenían una noción sonante y constante de la ayuda. Jamás alcanzaron a comprender a quienes sostienen que escuchar las ajenas lamentaciones es ya un servicio abnegado. Nada de apoyos morales ni palabras de aliento. Llegado el caso, los muchachos del Ángel Gris actuaban directamente sobre la circunstancia adversa: convencían a mujeres tercas, amenazaban a los tramposos, revocaban injusticias, luchaban contra el mal, detenían el tiempo, abolían la muerte. Así, ahorrándose inútiles consejos, con el mayor entusiasmo buscaron junto al poeta a la Primera Novia.El caso no era fácil. Allen no poseía ningún dato prometedor. Y para colmo anuncio un hecho inquietante:
- Ella fue mi primera novia, pero no estoy seguro de haber sido su primer novio.
- Esto complica las cosas- dijo Manuel Mandeb , el polígrafo-. Las mujeres recuerdan al primer novio, pero difícilmente al tercero o al quinto.
El músico Ives Castagnino declaro que para una mujer de verdad, todos los novios son el primero, especialmente cuando tienen carácter fuerte. Resueltas las objeciones leguleyas, los amigos resolvieron visitar a Celia, la vieja bruja de la calle Gavilán. En realidad, Allen debió ser llevado a la rastra, pues era hombre temeroso de los hechizos.
- Usted tiene una gran pena - grito la adivina apenas lo vio.- Ya lo sé señora... dígame algo que yo no sepa....- Tendrá grandes dificultades en el futuro....- También lo sé....- Le espera una gran desgracia....- Como a todos, señora.... - Tal vez viaje.... - O tal vez no....- Una mujer lo espera.... - Ahí me va gustando... ¿Donde esta esa mujer?- Lejos, muy lejos... En el patio de un colegio. Un patio de baldosas grises. - Siga... con eso no me alcanza. - Veo un hombre que canta lo que otros le mandan cantar. Ese hombre sabe algo....Veo también una casa humilde con pilares rosados.- ¿Qué mas? - Nada mas... Cuanto más yo le diga, menos podrá usted encontrarla. Váyase Pero antes pague.
Los meses que siguieron fueron infructuosos. Algunas mujeres de la barriada se enteraron de la búsqueda y fingieron ser la Primera Novia para seducir al poeta. En ocasiones Mandeb, Castagnino y el ruso Salzman simularon ser Allen para abusar de las novias falsas.Los viejos compañeros del colegio no tardaron en presentarse a reclamar evocaciones. Uno de ellos hizo una revelación brutal.
- La chica se llamaba Gómez. Fue mi Primera Novia - Mentira! - grito Allen.- ¿Por qué no? Pudo haber sido la Primera Novia de muchos.
Entre todos lo echaron a patadas.
Una tarde se presento una rubia estupenda de ojos enormes y esforzados breteles. Resulto ser el segundo amor del poeta. Algunas semanas después apareció la sexta novia y luego la cuarta. Se supo entonces que Jorge Allen solía ocultar su pasado amoroso a todas las mujeres, de modo que cada una de ellas creía iniciar la serie.
A fines de ese año, Manuel Mandeb concibió con astucia la idea de organizar una fiesta de ex-alumnos de la escuela del poeta.Hablaron con las autoridades, cursaron invitaciones, publicaron gacetillas en las revistas y en los diarios, pegaron carteles y compraron masas y canapés.La reunión no estuvo mal. Hubo discursos, lagrimas, brindis y algún reencuentro emocionante. Pero la chica de apellido Gómez no concurrió. Sin embargo, los Hombres Sensibles- que estaban allí en calidad de colados- no perdieron el tiempo y trataron de obtener datos entre los presentes. El poeta converso con Inés, compañera de banco de la morocha ausente.
- Gómez, claro -dijo la chica- . Estaba loca por Ferrari. Allen no pudo soportarlo.- Estaba loca por mí.- No, no... Bueno, eran cosas de chicos.
Cosas de chicos. Nada menos. Amores sin calculo, rencores sin piedad, traiciones sin remordimiento.El petiso Cáceres declaro haberla visto una vez en Paso del Rey. Y alguien se la había cruzado en el tren que iba a Moreno.Nada más.Los muchachos del Ángel Gris fueron olvidando el asunto. Pero Allen no se resignaba. Inútilmente busco en sus cajones algún papel subrepticio, alguna anotación reveladora. Encontró la foto oficial de sexto grado.Se descubrió a si mismo con una sonrisa de zonzo. La morochita estaba lejos en los arrabales de la imagen, ajena a cualquier drama.
-¡Ay, si supieras que te he llorado....! Si supieras que me gustaría mostrarte mi hombría... Si supieras que lo que aprendí desde aquel tiempo...
Una noche de verano, el poeta se aburría con Manuel Mandeb en una churrasquería de Caseros. Un payador mediocre complacía los pedidos de la gente.
- Al de la mesa del fondo le canto sinceramente....
De pronto Allen tuvo una inspiración.
- Ese hombre canta lo que otros le mandan cantar.- Es el destino de los payadores de churrasquería- Celia, la adivina, dijo que un hombre así conocía a mi novia....
Mandeb copo la banca.
- Acérquese, amigo.
El payador se sentó en la mesa y acepto una cerveza. Después de algunos vagos comentarios artísticos, el polígrafo fue al asunto.
- Se me hace que usted conoce a una amiga nuestra. Se apellida Gómez, y creo que vivía por Paso del Rey.- Yo soy Gómez - dijo el cantor- . Y por esos barrios tengo una prima.
Después pulso la guitarra, se levanto y abandonando la mesa se largo con una décima.
-Acá este amable señor conoce una prima míaque según creo vivía en la calle Tronador.Vaya mi canto mejorcon toda mi alma de artista tal vez mi verso resistapa' saludar a esta gente y a mi prima, la del puente sobre el Río Reconquista.
Durante los siguientes días los Hombres Sensibles de Flores recorrieron Paso del Rey en las vecindades del río Reconquista, buscando la calle Tronador y una casa humilde con pilares rosados. Una tarde fueron atacados por unos lugareños levantiscos y dos noches después cayeron presos por sospechosos. Para facilitarse la investigación decían vender sábanas. Salzman y Mandeb levantaron docenas de pedidos.Finalmente , la tarde que Jorge Allen cumplía treinta y cuatro años, el poeta y Mandeb descubrieron la casa.
- Es aquí. Aquí están los pilares rosados
Mandeb era un hombre demasiado agudo como para tener esperanzas.
- No me parece, Vámonos
Pero Allen toco el timbre. Su amigo permaneció cerca del cordón de la vereda.
- Aquí no es, rajemos.
Nuevo timbrazo. Al rato salió una mujer gorda, morochita, vencida, avejentada. Un gesto forastero le habitaba el entrecejo. La boca se le estaba haciendo cruel. Los años son pesados para algunas personas.
- Buenas tardes. - dijo la voz que alguna vez había alegrado un patio de baldosas grises.
Pero no era suficiente. Ya la mujer estaba mas cerca del desengaño que de la promesa.Y allí, a su frente, Jorge Allen, mas niño que nunca, mirando por encima del hombro de la Primera Novia, esperaba un milagro que no se producía.
- Busco a una compañera de colegio- dijo- . Soy Allen, sexto grado B, turno mañana. La chica se llamaba Gómez.
La mujer abrió los ojos y una niña de doce años sonrío dentro suyo. Se adelanto un paso y comenzó una risa amistosa con interjecciones evocativas. Rápido como el refucilo, en uno de lo procedimientos más felices de su vida, Mandeb se adelanto.
- Nos han dicho que vive por aquí... Yo soy Manuel Mandeb, mucho gusto.
Y apretó la mando con toda la fuerza de su alma , mientras le clavaba una mirada de suplica, de inteligencia o quizás de amenaza.Tal vez inspirada por los ángeles que siempre cuidan a los chicos, ella comprendió.
- Encantada- murmuro- Pero lamento no conocer a esa persona. Le habrán informado mal.- Por un momento pensé que era usted - respiro Allen-. Le ruego que nos disculpe.- Vamos - sonrío Mandeb-. La señora bien pudo haber sido tu alumna, viejo sinvergüenza....
Los dos amigos se fueron en silencio.Esa noche Mandeb volvió solo a la casa de los pilares rosados. Ya frente a la mujer morocha le dijo:
- Quiero agradecerle lo que ha hecho.... - Lo siento mucho... No he tenido suerte, estoy avergonzada, míreme....- No se aflija. Él la seguirá buscando eternamente.
Y ella contesto, tal vez llorando:
- Yo también. - Algún día todos nos encontraremos. Buenas noches, señora.
Las aventuras verdaderamente grandes son aquellas que mejoran el alma de quien las vive. En ese único sentido es indispensable buscar a la Primera Novia. El hombre sabio deberá cuidar -eso si- el detenerse a tiempo, antes de encontrarla.El camino esta lleno de hondas y entrañables tristezas. Jorge Allen siguió recorriéndolo hasta que el mismo se perdió en los barrios hostiles junto con todos los Hombres Sensibles.

De “Crónicas del Ángel Gris”


EL CORSO TRISTE DE LA CALLE CARACAS
Alejandro Dolina

Según una difundida leyenda, el Carnaval fue alguna vez una fiesta popular, con personas disfrazadas, música, baile, bromas y murgas. En verdad, cuesta creer semejante cosa. Como quiera que sea, la legendaria gesta ha muerto ya. Sin embargo, como silenciosas habitaciones vacías, han quedado ciertas fechas del almanaque a las que la terquedad general insiste en adjudicar la condición de carnavalesca. Esos días son utilizados no ya para festejar sino más bien para reflexionar y añorar la ausencia de la fiesta.Se trata, según se ve, de un curioso destino: pasar del entusiasmo a la nostalgia, de la pasión a la meditación, de la alegría a la tristeza. Muchos espíritus taciturnos se solazan con este estado de cosas y afirman que la farra y el desenfreno de otras épocas fueron apenas un paso previo e inevitable, cuyo noble fin se cumple ahora, en el ejercicio del recuerdo.Los Hombres Sensibles de Flores simpatizaban en cierto modo con este criterio. Para ellos el Carnaval no solamente servia para seducir señoritas en las milongas sino también para pensar en el paso del tiempo.Puede afirmarse sin caer en el infundio que esta ilustre manga de atorrantes jamás consiguió entender el sentido de los Carnavales.Manuel Mandeb pensaba que las gentes se ponían contentas en virtud de algún suceso que todos conocían menos él. Sus amigos padecían un desconcierto de la misma clase.Esto puede explicar la extraña conducta de los Hombres Sensibles en los corsos y en los bailes.Durante un rato hacían fuerza para sentirse alegres: bailaban, comían chorizos, se ponían caretas, hablaban con voz finita y mojaban a las damas con pomos de colores. Después comprendían que todo aquello era inútil y entonces se iban a otros bailes, discutían con los mozos, miraban las orquestas, evocaban antiguos Carnavales y cantaban el tango Siga el Corso. Ya en la madrugada maldecían el Carnaval, se estacionaban en las esquinas desoladas y se burlaban de los caminantes que volvían a sus casas.Pero una tarde de verano Manuel Mandeb tuvo una inspiración genial.Se le ocurrió organizar todos los años el Corso Triste de la Calle Caracas.Se trataba de una idea interesante: Mandeb pensaba que en los Carnavales vulgares todos disimulaban la tristeza disfrazándose de personas alegres.Su proyecto consistía en adoptar disfraces y actitudes melancólicas para ver si detrás de ellos se instalaba la alegría.
" Si bajo la sonora risa del payaso se adivina siempre unalagrima, es posible que encontremos una sonrisa si sacamos nuestrascaretas de víctimas"
Si el propósito de Mandeb fue lograr un clima de pesadumbre, hay que decir que lo consiguió. El Corso Triste de la Calle Caracas era francamente tenebrosos. Todas las luces estaban apagadas. Los asistentes deambulaban como sombras fingiendo toda clase de sufrimientos.Las murgas entonaban canciones trágicas y tangos de Agustín Magaldi.Los disfraces eran lastimosos: de condenado a muerte, de novia abandonada, de jugador expulsado, de deudor hipotecario, de vendedor de libros y de intoxicado.Con el tiempo el Corso Triste se fue haciendo más ambicioso y complejo.Jorge Allen, el poeta, empezó a escribir versos murgueros con pretensión literaria.
"Si parliamo' del destinobororom bobom bobom...¿Quién conoce su camino?Bororom bobom bobom....Nadie puede contra la suertela ultima carta es la de la muerteborobobom bobom bobomborobobom bobom bobom."
Los muchachos tristes de otros barrios se acercaron poco a poco y pronto circularon carrozas de hojas secas y automóviles con las ventanillas cerradas.En el tercer año, se constituyo un jurado y se realizaron concursos y torneos.Las comparsas se sacaban chispas para ver cual era la más deprimente.Los Lonyipietros del Desengaño, los Decrépitos del Mañana y Chispazos de Soledad fueron las agrupaciones más renombradas.Las reinas del corso eran bellísimas, pero inaccesibles y perversas. El premio anual de máscara suelta lo gano siempre el mismo individuo Hablamos - desde luego - del celebre actor Eladio del Prado, quien no tenia rival en la técnica de la caracterización.Sus primeros disfraces fueron sencillos. Una noche apareció disfrazado de esclavo persa y todos se condolían al ver su espalda surcada de latigazos y su cuerpo encorvado bajo el peso de enormes cadenas.Después, sus creaciones fueron más complejas. Un domingo fue cíclope y a la mañana siguiente revoluciono todo el barrio buscando el ojo que se había sacado. Fue también mendigo escocés y la gente lloraba al verlo soportar la nieve de Glasgow en la Calle Caracas.Cuentan que Del Prado, entusiasmado por sus éxitos, resolvió seguir con sus disfraces durante todo el año. Dicen que su destreza crecía junto con su crueldad.Una noche de invierno, los Hombres Sensibles saltaron de alegría al ver reaparecer al Tonio Berardi, el pibe que murió en París. Organizaron una gran fiesta, y en el momento en que alzaban las copas para celebrar la resurrección, Del Prado se saco el guardapolvo, se lavo las rodillas, volvió a poner cara de persona mayor y apareció tal cual era. El ruso Salzman estuvo dos semanas en cama y Jorge Allen casi se queda tartamudo.El ultimo Carnaval del Corso Triste, Eladio Del Prado se disfrazo para siempre de recuerdo y nadie volvió a verlo por el barrio del Ángel Gris.La comisión organizadora del Corso pronto advirtió que la creación de Mandeb tenia interesantes posibilidades económicas. Esto resulta un poco sorprendente si se recuerda la nula capacidad de los Hombres Sensibles para los negocios. De cualquier manera, es un hecho que durante largos años los muchachos del Ángel Gris vendieron papel picado. Emplearon la conocida técnica que ha enriquecido a tantos mercaderes: en la primera jornada las bolsitas estaban llenas de papelitos brillantes e inmaculados.Cuando terminaba la fiesta, barrían el piso y volvían a embolsar el papel.Noche tras noche, el producto se ensuciaba y envilecía, hasta que en la muerte del Carnaval las bolsitas estaban llenas de tierra, tapitas de cerveza, caramelos empezados y otras porquerías. Algunos memoriosos creen reconocer todavía hoy en los bailes de Villa del Parque, restos del papel picado primigenio que se vendía en el Corso Triste.Para contribuir a la pesadumbre de la concurrencia, Mandeb vendía pomos llenos de lágrimas que - si ha de creerse a sus detractores - falsificaba con agua y sal.Los Refutadores de Leyendas, en su carácter de comparsa racionalista, solían acercarse a la fiesta de la calle Caracas para buscar camorra.Tosos recuerdan sus afinados pregones:
" Los Refutadoresseñoras, señores,llegan con sus ritmosy sus silogismos.Los desafinadosa exponer sus ilusionesy a confrontarlascon nuestras refutaciones ..."
Las olímpicas razones de la murga encontraban muchas veces contundente respuesta y dentro de un clima polémico y agudo, solían armarse formidables peleas que - por cierto - daban lustre y renombre al Corso Triste.Año tras año, los Carnavales de la calle Caracas fueron poniéndose más divertidos. Naturalmente, esto provoco su decadencia.Los Hombres Sensibles de Flores, al observar el jolgorio, comprendían que el proyecto inicial iba camino del fracaso.La sobria melancolía de los primeros tiempos iba dando paso a sonrisas complacientes cuando no a risotadas sin freno.Ah! - se lamentaban - Carnavales eran los de antes !Y entonces contaban anécdotas de los corsos de antaño, austeros y silenciosos, comparándolos con la insoportable algarabía que tenían ante sus ojos.Pero en realidad la verdadera esencia del fracaso hay que buscarla por otros rumbos.Como ya se ha dicho, lo que buscaban Mandeb y sus amigos era un dejo de alegría que debía aparecer al quitarse la máscara trágica.Y lo cierto es que nunca encontraron tal cosa.Cada vez que - con toda ilusión - abandonaban sus disfraces de atormentados, encontraban debajo nuevos tormentos que, para peor, eran reales.Por eso, comprendiendo que la dicha no estaba en el Carnaval y quizás en ninguna parte, los Hombres Sensibles disolvieron para siempre el Corso Triste de la Calle Caracas.Hoy, cuando la fama de los muchachos del Ángel Gris ya encontró su tumba en los vientos de la estación Flores, hay- aunque pocos lo adivinen - centenares de versos tristes. Y son mucho más tristes que el de la calleCaracas, pues su tristeza es involuntaria y su propósito es la alegría.Tal vez ha llegado el momento de comprender que los criollos no hemos nacido para ciertas fantochadas. Que se rían los brasileños. Tengamos, eso si, fiestas y reuniones populares. Pero no dejemos de ser quienes somos.Si nuestra extraña condición nos ha hecho comprender el sentido adverso del mundo, agrupémonos para ayudarnos amistosamente a soportar la adversidad.A lo mejor, los Carnavales de antaño, tan añorados por los animadores de la radio, no eran más que eso: una reunión de gente triste que buscaba consuelo.

De “Crónicas del Ángel Gris”


EL PSICOANÁLISIS EN FLORES
Alejandro Dolina

La historia del psicoanálisis en el barrio de Flores es bastante curiosa.Quienes conocen a los Hombres Sensibles ya sospecharan que las teorías de Freud no fueron formuladas pensando en ellos. Y aunque estos varones siempre fueron aventureros y buscadores de sueños, cuesta bastante imaginarlos en el sillón de un psicoanalista.Sin embargo, muchos profesionales alcanzaron cierto éxito en el barrio del Ángel Gris.Algunos fueron consultados por los Hombres Sensibles y hasta existieron escuelas y corrientes opuestas que dieron lugar a apasionantes polémicas.El primer analista que se estableció en Flores fue -según dicen- el doctor Mauricio D. Finkel.Los comienzos no fueron fáciles y su consultorio de la avenida Rivadavia permaneció desierto durante meses. Los vecinos creían entender que Finkel adivinaba la suerte o tiraba las cartas o tal vez vendía rifas.Con esa idea se presento un día de invierno el primero de sus pacientes.Se trataba del poeta Jorge Allen, quien buscaba consuelo a un desengaño amoroso y pensó que no estaba del todo mal intentar alguna solución mágica.Finkel lo hizo recostar en su diván y lo invito a hablar. Allen le contó minuciosamente como había sido abandonado por cierta señorita de La Paternal, la forma en que sufría y otros detalles menores. Transcurrido un buen rato, Finkel se levanto y dio por terminada la entrevista.
- Bien - dijo Allen -. ¿Qué hago?- Venga el jueves a la misma hora.- ¿Para qué?- Vea, se trata de que usted vaya comprendiendo su propio problema.La solución la encontrara precisamente en esa misma comprensión.
Allen regreso varias veces. Comprendió perfectamente su caso, lo cual no le sirvió de nada: la chica de La Paternal se caso con un consignatario de Alberti. Enterado de esta tragedia, el enamorado anuncio a Finkel su decisión de interrumpir el tratamiento.
- Usted no entiende - sentencio el analista - el punto es ubicarlo a usted ante la realidad para que acepte y supere el dolor.- No deseo superar el dolor. Ya he perdido a la mujer que quería:¿Pretende usted dejarme también sin el sufrimiento? Dígame cuanto le debo.
A pesar de este primer fracaso, Finkel hizo carrera. Cuando los Hombres Sensibles se enteraron de la teoría del subconsciente, creyeron encontrarse ante una hermosa leyenda.En la plaza, los Narradores de Historias sorprendían a su auditorio manifestando que todos llevábamos dentro a otro señor, que es en verdad el que domina nuestra persona.Agregaban que este señor oculto aparecía en los peores momentos, poniendo en nuestras vidas notas de lujuria, bestialidad y grosería.La leyenda del subconsciente se fue transformando vigorosamente y algunas de sus versiones son asombrosas. Durante mucho tiempo se creyó en Flores que todo acto indecoroso era responsabilidad del subconsciente, quedando a salvo la inocencia de quien lo perpetrara. Así, los guarangos de la zona justificaban sus gritos, zafadurías y provocaciones culpando al extraño que llevaban dentro.Las personas decentes y rectas se jactaban de no tener subconsciente y muchos padres amenazaban a sus hijos con disponer la extirpación quirúrgica del intruso responsable de sus travesuras.Manuel Mandeb afirmó una madrugada que él tenia varios subconscientes, la mayoría de los cuales estaba en contra suya.Casi en los confines de Villa del Parque, algunos grupos de fantásticos creyeron que el subconsciente salía de su envoltura carnal en las noches de luna llena para cometer toda clase de perversidades.Sea por el auge de esta leyenda, sea por la improbada labor de grupos de lechuguinos procedentes del centro, el caso es que el doctor Finkel y algunos otros psicoanalistas llegaron a disponer de una regular clientela.Los Refutadores de Leyendas no se opusieron a esta actividad, pues habían oído decir que se trataba de algo científico. También es cierto que no concurrían a los consultorios, lo cual es una lastima: no debe haber nada más apasionante que los sueños de un racionalista.Con la aparición de nuevos profesionales, empezaron también los diferentes enfoques, las herejías y las discusiones.Finkel era ortodoxo: no dialogaba con sus pacientes, se ponía lejos de su vista y no les permitía que lo miraran. Sus enemigos afirmaban que el hombre aprovechaba para dormir.Otros aseguraban que se iba a la cocina y regresaba sobre el final de la sesión. Y no faltaban los que creían que atendía a dos o más personas al mismo tiempo, dando vueltitas de inspección entre pieza y pieza.Otros psicoanalistas prefirieron enfrentar a sus clientes y discutir con ellos. Una rama de la calle Bilbao se llevo esta actitud al extremo. Así nació la Escuela Psicoanalítica de la Mala Sangre.Los médicos que siguieron esta novedosa técnica se propusieron reaccionar ante el relato del paciente de un modo evidente y hasta exagerado, para que el enfermo comprendiera que se lo compadecía.Por ejemplo: si un señor contaba que su esposa lo tenia harto, el analista lloraba amargamente hasta caer en la desesperación.Claro que esta terapia tuvo, algunas veces, consecuencias desagradables.Así, cuando alguien contaba que castigaba a sus hijos, no faltaba el psicólogo taura que se plantaba frente al escritorio y gritaba: "Por que no me pegas a mi, sinverguenza".Las actividades de la Escuela Psicoanalítica de la Mala Sangre cesaron, más que nada, a causa de las quejas de los vecinos.Un negocio bastante interesante fue el de los psicoanalistas a domicilio.La idea surgió a partir de la fuerte necesidad que muchos pacientes tenían de sus analistas a toda hora. Ciertos neuróticos pudientes pensaron que una buena solución era contratar a un psicoterapeuta de modo permanente.Entonces se hizo bastante frecuente la costumbre de tener un analista en la casa, lo que - de paso - eliminaba la molestia de someterse a una sesión, pues no tenia mayor sentido contarle al profesional lo que este podía ver con sus propios ojos.Lo cierto es que, en el caso de los psicoanalistas ortodoxos, su función en el domicilio del enfermo no era mucho más activa que la de un florero.Se limitaban a recorrer las habitaciones murmurando "jem" y asintiendo con la cabeza. Muchos de ellos todavía siguen en las casas de familias adineradas, algunos como jardineros, otros como primos o entrenados.El auge de la actividad psicoanalítica en el barrio de Flores popularizo sus técnicas más sencillas. Cualquier modista sabia lo que era el complejo de Edipo o una neurosis obsesiva. Los Hombres Sensibles se sintieron fascinados por el juego de la interpretación. Para ellos no se trataba de un ejercicio científico, sino más bien artístico. Y no les faltaba razón.Alguien deja un paraguas olvidado en el bar La Pilarica. Interpretación: existe el deseo de volver al establecimiento.Alguien cuenta chistes todo el tiempo. Interpretación: hay una pena oculta.Alguien siente horror por los cuchillos. Interpretación: Hubo un accidente en la niñez.Desde luego, los poetas del barrio acuñaron interpretaciones nuevas muchas de ellas de alto valor literario. Veamos:Alguien se mete el dedo en la nariz. Interpretación: Esta buscando su alma.Una mujer es demasiado hermosa. Interpretación: se trata del demonio.Un hombre come terrones de azúcar. Interpretación: es tucumano.Un hombre afila su cuchillo en el cordón de la vereda: venganza segura.El mismo mecanismo se observo en la interpretación de los sueños.Según los Hombres Sensibles, soñar con una mujer es amarla, soñar con zapatos negros es morirse, soñar con caerse es el cincuenta y seis.Otra de las consecuencias de esta vocación psicológica fue el convencimiento general de que todo tiene orígenes mentales. Así, cuando un muchacho se ensartaba un clavo en el pie, algunos médicos aplicaban la vacuna antitetánica y otros preguntaban por la relación del ensartado con sus padres.De cualquier modo, el entusiasmo fue decayendo. Tal vez el principal responsable fue Manuel Mandeb. El pensador árabe empezó a desconfiar de quien trataba de abarcar el alma con menesterosas definiciones.No le gustaba tampoco la ausencia del pecado en aquellas construcciones donde no había canallas, sino enfermos y donde los sinvergüenzas eran llamados psicóticos.De estas inquietudes surge una obtusa monografía titulada "Locos éramos los de antes".En realidad el trabajo consiste en la exposición de ciento nueve casos de personas que concurrieron al psicoanalista, sin curarse de nada y - lo que es peor - adquiriendo una espantosa satisfacción de si mismas.La verdad es que el trabajo de Mandeb carece de todo rigor científico, pero consigue dejar la extraña sensación de que al psicoanálisis tampoco le sobra este rigor.Esto es quizás falso. Pero uno no termina de convencerse, tal es el efecto que los pensadores pasionales, como Manuel Mandeb, producen en las personas razonables.Hoy en día, supongo yo, los grandes investigadores del alma transitaran otros caminos menos pintorescos. Ya no parece tener mucho sentido contarle nuestras fantasías a un señor durante veinticinco años para ver si conseguimos dormir tranquilos.Mis amigos ilustrados me cuentan que hay nuevas técnicas y que la ciencia adelanta a modo bestial.Como quiera que sea, el sencillo propósito de esta nota ha sido llamar la atención sobres aspectos estéticos del psicoanálisis. No importa que no sirva para nada: sus rituales, sus aristas absurdas, sus tiros en la noche, sus metáforas, su solemnidad son elementos que un verdadero artista no debería desechar jamás.Tal vez llego tarde y todos han comprendido esto. Quizás los terapeutas y sus pacientes no hacen más que jugar, semana tras semana, un juego apasionante en que las fichas son sueños, ilusiones, fantasías, recuerdos, angustias, amores, des encuentros y frustraciones Esto es casi tan bueno como curar manías persecutorias.

De “Crónicas del Ángel Gris”


EL RECUERDO Y EL OLVIDO EN EL BARRIO DE FLORES
Alejandro Dolina


En nuestros tiempos, no son muchas las personas de buena memoria.Salvo, desde luego, en el barrio de Flores.Todos sabemos las cosas que se cuentan sobre el barrio del Ángel Gris.Y, aunque conviene desconfiar de cualquier testimonio al respecto, es casi un hecho que los Hombres Sensibles hacen alarde de recordarlo todo y suelen ejercitarse en lances tan complicados como la tabla del 113.Esto puede sorprender a quienes han oído que los Hombres Sensibles de Flores huyen de las precisiones científicas como de la peste y son más bien proclives a la improvisación.Pero también ocurre que estos espíritus atorrantes odian la muerte y sospechan que lo que se olvida, se muere.Por eso no es raro encontrar en los atardeceres de la calle Artigas a los muchachos sombríos memorizando versos murgueros, recordando la formación de Boca en 1955 o repitiendo en voz baja la lista de asistencia del colegio secundario.Están rescatando cosas de la muerte. A su manera, son salvadores.
Entre tantos enemigos como tienen los Hombres Sensibles, se hallan los Amigos del Olvido, organización con sede en Caballito, que propugna la abolición del recuerdo, según dicen porque duele.
"Todo recuerdo es triste" declaran estos caballeros.
Lo peor de estos impíos es su aire de inocencia, hijo del olvido de sus culpas. Sus semblantes sonrientes despiertan la simpatía de todos y cada día, docenas de socios nuevos se inscriben en la sede de la calle Rojas.El grupo se organiza en subcomisiones que se encargan a su turno de olvidar ciertas porciones del universo.Así, existe la Comisión del Olvido Permanente de Marcos Ciani, destinada a borrar las huellas del veterano piloto de Venado Tuerto. En sus reuniones la subcomisión delibera sobre toda clase de asuntos, con la excepción de aquellos que se vinculen de algún modo con Marcos Ciani.Una rama radicalizada de los Amigos del Olvido declara que los recuerdos no solo son tristes sino también falsos.
"Jamás recuerda uno las cosas tal cual fueron", declaman.
De modo que para esa gente, los recuerdos son especies de sueños y los sueños no merecen sino el desprecio.Mientras tanto, los Hombres sensibles tienen decidido que solo los sueños y los recuerdos son verdaderos, ante la falsedad engañosa de lo que llamamos el presente y la realidad.¿Que es más verdadero?,se preguntan ¿El amable recuerdo de nuestra primera novia, dulce, ansiosa, inexplicable o esta señora contundente que compra fruta en la verdulería de la calle Condarco?No hace falta decir que los Amigos del Olvido son más numerosos que los Hombres Sensibles o- al menos- presumen de ello. Más justo sería aclarar que muchas personas son Hombres Sensibles sin siquiera sospecharlo.Vale la pena admitir en este punto que hay quienes se acercan a los Amigos del Olvido, no por simpatía filosófica, sino animados por propósitos tan mezquinos como el deseo de olvidarse de una señorita inconstante.Tales infiltrados son descubiertos casi siempre por los miembros de alguna comisión, quienes poseen un olfato especial para distinguirlos. Las sanciones son, en general, muy severas. Pero rara vez se cumplen, precisamente porque los encargados de ejecutarlas se olvidan de hacerlo.Los Amigos del Olvido aman el futuro.Pasan largas veladas contando hazañas que aun no han cumplido y jactándose de los amores que tendrán alguna vez.Sostienen -además- que siempre es mejor lo que ha ocurrido después.Constituye una experiencia interesante proponer a la elección de un amigo del Olvido dos objetos cualesquiera, siempre elegirán lo que se menciona en ultimo termino.
- ¿Quiere usted un helado de crema o de chocolate?- De chocolate.-¿Lo prefiere usted de chocolate o de crema?- De crema.
De este criterio surge un insoportable optimismo y espíritu progresista. Cualquier novedad es acogida en la sede de la calle Rojas con aplausos y vitores.Los Hombres Sensibles - como todo el mundo sabe- odian el futuro, porque han descubierto que en el futuro esta la muerte.El enfrentamiento entre ambos grupos ha llegado muchas veces a una módica violencia.Pero las ofensas no dejan rastros. En unos, porque olvidan. En los otros, porque perdonan.
Según los Amigos del Olvido, la existencia de medios idóneos para almacenar el conocimiento torna inútil todo esfuerzo mental al respecto.Poco sentido tiene - arguyen- memorizar la historia de los fenicios, cuando hay libros que la atesoran cabalmente.Al oír esto, los Hombres sensibles se enfurecen:
- Eh...los libros sólo son recipientes que contienen lo que luego han de beber los hombres...
Pero a estas alturas, los Amigos del Olvido ya están en otra cosa.Muchos Hombres Sensibles temen a las computadoras, a las calculadoras electrónicas y al Cerebro Mágico.Sostienen que el uso de estos aparatos embota el ingenio y atrofia el intelecto. Por eso es que, con toda frecuencia, una melancólica patota recorre el barrio del Ángel Gris, destruyendo las maquinas de pensar que suelen cundir en oficinas, para no mencionar las cajas registradoras de los bares, los fixtures de Glostora, las balanzas y los relojes automáticos. (A la hora de destruir, los Hombres Sensibles se enardecen y no se andan con sutilezas)
En su larga lucha contra el recuerdo y la memoria, los Amigos del Olvido han desarrollado interesantes estrategias. Pero, sin ninguna duda, su más importante hallazgo fue el Licor del Olvido, un cordial de existencia incierta que -según parece- tiene la virtud de abolir el pasado en quien lo toma.En épocas lejanas, los hombres de la calle Rojas se limitaban a beber ellos mismos su licor, emborrachándose locamente de esperanzas sin presagios.Pero luego empezaron a mezclar el licor en la ginebra de los Hombres Sensibles para inducirlos a olvidar.Pero lo peor ocurrió cuando los Hombres Sensibles alcanzaron a destilar el Vino del Recuerdo, cuyos efectos son -como ya se sospechara- opuestos a los del licor.También los muchachos del Ángel Gris recorrieron el mismo camino:bebieron solos primero y trataron después de usurpar las copas de los que nada recuerdan.Y eso fue terrible. Porque si el Licor del Olvido y el Vino del Recuerdo son de por si peligrosos, la mezcla es verdaderamente mortal.
El autor de esta crónica cree haber probado -sin sospecharlo- ese espantoso cóctel.Sus efectos se traducen en oscuras añoranzas de lo que vendrá, en olvidos de lo que nunca fue y en un sabor amargo y dulce que hace llorar.Las señoritas Amigas del Olvido suelen pasearse por el barrio de Flores para enamorar a los Hombres Sensibles.Los muchachos del Ángel Gris -bien lo sabemos- son de corazón blando y se enamoran para siempre.Entonces las señoritas de Caballito se olvidan de ellos y los abandonan sin remordimiento.Estos tristes episodios propenden -sin embargo- al florecimiento de las artes en Flores, pues los Hombres Sensibles suelen componer sus mejores versos, elaborar sus canciones más sentidas y tallar sus más hermosos anillos cuando sufren.Poco cuesta imaginar cual será el fin de esta lucha entre olvido y memoria.
Los Hombres Sensibles de Flores están derrotados. De nada les valdrá oponerse a la muerte, porque la muerte llegara de todos modos.De nada les servirá su pasión por la memoria, pues toda memoria es perecedera. Y -en definitiva - el tiempo es el mejor aliado de los Amigos del Olvido.Pero es obligación de todos nosotros hacer un poco de fuerza por los muchachos de Flores, para que su derrota sea más honrosa.Recordemos todo el tiempo. No olvidemos nada. Ni el color de nuestras corbatas perdidas, no el olor a tiza y sudor del colegio, ni el calor del asfalto sobre los pies descalzos, ni el gusto a jazmín de los besos en la noche, ni el aroma de la untura blanca.Si nos espera el olvido, tratemos de no merecerlo.Y pensemos que después de todo, aunque la victoria final sea de los Amigos del Olvido, será un triunfo sin festejo. Nadie lo recordara jamás.

De “Crónicas del Ángel Gris”


EL SALÓN DE BAILE SIN BAÑOS O EL RAPTO DE LOS ORINANTES
Alejandro Dolina


Un pintoresco croquis del Atlas señala en la calle Yatay un enorme salón de baile. A pesar de su lujosa apariencia, el local no tenia baños. Sucedía entonces que los b bailarines se veían obligados a abandonar la milonga para pedir permiso en casas vecinas o costearse hasta algún café más hospitalario.Sin embargo los más audaces solían aventurarse en un yuyal cercano que ofrecía una sombría privacidad. Los Cronistas Soñadores sostienen que nadie regresaba jamás de aquel sitio. Citan el testimonio de más de cuarenta damas abandonadas que en vano esperaron a sus compañeros, a veces en el interior del salón, a veces en la misma vereda del potrero.Los espíritus fantásticos pretenden que los brujos raptaban a los bailarines y los llevaban a sus gabinetes como esclavos o como carnada para atraer a los demonios.Por esa razón, o quizás por la escasa belleza de las damas asistentes, los jóvenes dejaron de concurrir al salón. Los propietarios hicieron construir baños pero ya era demasiado tarde.

De “Crónicas del Ángel Gris”


GOMEZ RE, EL TRANSFORMADOR DEL TANGO
Alejandro Dolina

El arte nuevo- decía Ortega- es impopular por esencia. Y no es que las muchedumbres no gusten de el. Sucede en verdad que no lo entienden.Al parecer, los géneros de vanguardia van dirigidos a una minoría especialmente educada. Por eso despiertan irritación en la masa.Cuando a uno no le gusta una obra, pero la ha comprendido, se siente superior a ella y no hay motivo de encono. Pero cuando el disgusto que la obra provoca nace de no haberla entendido, queda uno como humillado, con una sensación de inferioridad que necesita compensarse con muestras de indignación.Hasta aquí, Ortega Y Gasset. Ya sin su ardua ayuda, podemos sospechar que muchos artistas aspirantes, habiendo comprendido los argumentos sobredichos, buscan la incomprensión como si se tratara de un valor estético.En ciertas circunstancias no es mala idea: muchas veces la desorientación de los pajarones es señal de que se esta recorriendo el camino correcto.Sin embargo, buscando alejarse del entendimiento general, hay quienes se extravían en los distritos del mamarracho.No es muy audaz colocar el tango en el molde de estos criterios. Los tangos nuevos también son impopulares. El publico y la critica han dividido su opinión entre una minoría que los acepta y una mayoría que lo odia.Así se ha generado una de las polémicas más aburridas de la historia del pensamiento humano.En los años dorados del Barrio de Flores, las almas sencillas disfrutaban los tangos sin análisis, sin doctrina y sin militancia. Un joven escuchaba Sueño Querido y se quedaba tan fresco, sin otras cavilaciones que las que podía sugerir la modesta letra.Después, Los Refutadores de Leyendas hallaron que los viejos tangos perjudicaban la pavimentación general y el funcionamiento de los motores eléctricos.- La velocidad de los modernos medios de transporte exige la creación de tangos adecuados - señalaban.Ya se sabe que algunos sectores de la población -los farmacéuticos, por ejemplo- son muy sensibles a las alegorías con aviones y carretas por eso aceptan con entusiasmo transformar su alma cada vez que se extiende la red de subterráneos.En los bailes y teatros, los Refutadores interrumpían a los cantores para preguntar que sentido tenia llorar el amor perdido en un mundo en el que existe la licuadora.Lo extraño del caso es que estas argumentaciones fueron aceptadas por los artistas tangueros con resignación y vergüenza. Muchos de ellos procuraron entonces situar sus obras -y hasta sus personas- a la altura del progreso con un entusiasmo menos adecuado para el arte que para las Sociedades de Fomento.Sin embargo -como siempre ocurre- el verdadero artista aparece por la puerta menos prometedora.Vale la pena que recordemos hoy a Néstor Gómez Re, el transformador del tango.En realidad, era un músico corriente que vivía en la calle Fray Cayetano. Tocaba el bandoneón con cierto decoro y dirigía un modesto sexteto.Tal vez el demasiado trato con estudiantes de derecho, psicólogos, operadores de radio y anestesistas acabó por avergonzarlo de su profesión.Cuando los primeros músicos proclamaron la nueva fe transformadora, el se entrego apasionadamente a ella. Es posible que al principio no comprendiera demasiado: Cuentan que se limitaba a ocultar y disimular el tango que tocaba, con hábiles circunloquios musicales. El publico inocente recibía aquellas creaciones como adivinanzas.- ¡Es "El esquinazo"...!- ¡No hombre...!"¡El Torito"... !- Para mi es "Corralera"...Pero con el tiempo, Gómez Re encontró su propia forma de romper con las formas establecidas.Viendo que casi todos los creadores novedosos competían en el bizantinismo de los arreglos musicales, el pensó en la posibilidad de hacer arreglos en las letras.No suponga el lector sencillas correcciones de los versos menos felices. La innovación iba mucho más lejos.Por empezar, al cantor convencional se le agregaba un coro que comentaba o glosaba la acción central del relato tanguero, siguiendo líneas musicales de contrapunto, o aprovechando pasajes, contestaciones, partes de violín o meros firuletes caprichosos.

MI NOCHE TRISTE

Cantor solista: Percanta que me amuraste.Coro: Sin ninguna razón.Conator solista: En lo mejor de mi vidaCoro: En plena juventudCantor solista: Dejandome el alma heriday espinas en el corazón...Coro: Mi pobre corazón y lo que es más..Cantor solista: Sabiendo que te quería,que vos eras mi alegríay mi sueño abrasadorCoro: Brasa y abrazo soñadorCantor solista: Para mi ya no hay consueloCoro: No!Cantor solista: Y por eso me encurdeloCoro: Si!Cantor solista: Pa' olvidarme de tu amor...Coro: Sigamos por favor....
A veces, el propio cantor interpretaba letra y músicas transformadas, agregando notas o simplemente cantando las variaciones como en:

AMURADO:

Una noche más tristonaque la pena que me embarga en esta triste situaciónvi que tomo su bagayito y amurado me dejo;se las tomo sin saludar con la mayor resolución.No le dije una palabrani el más mínimo reproche, ni la sombra de una quejala mire que se alejabay pensé: que mala suerte, para mi todo acabó.
Muy pronto Gómez Re comprendió la necesidad de aceptar la colaboración de un poeta. A falta de otros postulantes, se resigno a trabajar con Carlos M. Caron, un escritor de Liniers en novelas policiales. De este modo, nacieron los tangos de Detectives, expresión breve y musicalizada de la Colección astros.Naturalmente, los misterios propuestos no eran demasiado complejos.Sin embargo, algunos temas aparentaban cierta dignidad. ?¿Quién mato al Pardo Ramírez?, Sangre junto al buzón, El testigo insobornable, y la milonga Chantaje en Villa Lugano, fueron los más logrados.Reproduciremos, seguidamente, algunas líneas de inexplicable eficiencia:
Ceba rabo el morocho, observo la canacacha siempre la pava con la izquierdaEl asesino zurdoNo crea que me llevo de chimentos:la batieron sus huellas digitalesLa gringa impíaLa vida y la canase burlan de mi,me acusan de un crimenque no cometíFalsas pruebas
Los Tangos Infantiles no pasaron de primer intento. Eran tanguitos de hadas y de ogros reos, con princesas encerradas en galponcitos de La Paternal.La codicia los llevo más tarde a componer una serie de Tangos Pornográficos como Entre los Yuyos, El Barbudo, y Que Nunca te Falte.Los autores tradicionales del barrio como Anselmo Graciani, se oponían encontradamente al trabajo de Gómez Re.Manuel Mandeb tuvo la mala idea de organizar una mesa redonda con la presencia de tradicionalistas y renovadores, en las instalaciones del club J M Bosch de Villa Excélsior. El titulo del debate fue: ¿Que es el tango? De entrada, no más, Ives Castagnino postulo la definición ostensible.- El tango es esto- dijo.Toco El Apache Argentino con su guitarra y se fue dando un portazo.Muy pronto se perfilaron dos criterios opuestos. Uno restringido, que acotaba el genero con rígidas exigencias. Otro amplio, que extendía el tango hasta el confín del universo. De este ultimo sector proviene el "pantanguismo", escuela que sostiene que todo es tango, lo que significa al mismo tiempo que nada lo es.La discusión terminó con la oportuna intervención de la policía, repartición que tiene ideas propias acerca de la música popular.Desde aquella noche Gómez Re empezó a interesarse por las discusiones y a descuidar su vida artística. La preparación de mortíferos silogismos le resto tiempo para tocar el bandoneón. Sus últimas actuaciones consistían redondamente en conferencias.A decir verdad, son muchos los que hoy padecen un vicio semejante.Más fácil es encontrar ensayistas o historiadores tangueros que cantores o guitarristas.Ante la definición de Gómez Re, otros artistas tomaron la antorcha.Un grupo de la calle Caracas cambio primero los instrumentos, luego el ritmo, más tarde las letras y, finalmente el nombre mismo del tango, al que llaman rock.Los profesores universitarios, los sociólogos, y los pisaverdes se declararon partidarios de Gómez Re y sus sucesores, y lo nombraban a cada párrafo en sus charlas y peroraciones.En toda clase de actos públicos se anunciaba la muerte de los tangos viejos y su reemplazo por el Neotango Internacional, que arranca lágrimas a Belgas arruespes.Confinados en reducidos cenáculos, los Retrógrados de Ayer solicitaban la prohibición de los tangos posteriores a 1940.Gómez Re se retiro para siempre y no volvió a actuar en publico. El ruso Salzman juraba haberlo visto en una cervecería de Los Toldos, tocando sin adornos el tango Milonguita.Los enfrentamientos polémicos siguen hasta hoy.Nadie parece haber reparado en algo terrible: El tango nuevo ya es viejo. Si se trata de juzgar que el arte no es eterno y más aun, que ni siquiera dura mucho, es necesario confesar que las invenciones renovadoras son ya lugares comunes.Por que no aparecen nuevos demoledores para hacer probar a los Gómez Re su propia medicina?Las reflexiones iniciales de Ortega son de 1919. Es que tan luego el arte nuevo, que auspiciaba el desalojo de las formas clásicas, pretenderá quedarse para siempre?Temo que a espaldas de los bandos tangueros, las multitudes se han ido a casa.La única esperanza esta en la aparición del artista. Ese que se presenta por la puerta menos prometedora y sin doctrina ni explicaciones, llega al rincón más secreto del alma.Las buenas gentes de estos tiempos deshilachados no pierden la esperanza.

De “Crónicas del Ángel Gris”


HISTORIA DE LAS SIRENAS DE SANTA RITA
Alejandro Dolina

Todas las noches a las dos, en una esquina de la calle Sanabria, lejos de los poderes del ángel gris, aparecen las Sirenas de Santa Rita. Se trata de criaturas de perversa belleza, mitad princesas y mitad milongueras.Atraen a los caminantes desprevenidos con indecentes pasos de danza y con un canto provocativo que dice así:
Aquí bailan las Sirenas,Sirenas de Santa Rita.Lo que te dan con el cuerpocon el alma te lo quitan.
Nuestros amores eternosson como estrellas fugaces.Somos fieles y constantescon el primero que pase.
Sirenas, Sirenas...que se miran y se tocan.Le regalamos la muerteal que nos bese la boca.
Tal como anuncia la copla, el beso de las Sirenas es fatal. Pero es imposible la tentación.Algunos camioneros audaces se atan con cadenas al volante de sus vehículos y pasan por la calle Sanabria para poder ver y escuchar este prodigio.Por eso es que hay en esta zona muchísimos accidentes de tránsito.

De “Crónicas del Ángel Gris”


HISTORIA DE LOS BOLETOS EMBRUJADOS
Alejandro Dolina


Los colectiveros de Flores dicen que entre los miles de boletos que venden hay uno - sólo uno - cuya cifra expresa el misterio del Universo. Quien conozca esta cifra será sabio.No se sabe si el boleto ha sido vendido ya o si todavía permanece oculto en las herméticas máquinas que se usen para despacharlos.Es posible que en este momento algún pasajero ya conozca el secreto del Cosmos. También puede haber ocurrido que la persona favorecido haya tirado el boleto sin consultar la cifra, o que la haya visto sin saber interpretarla.En la Avenida Rivadavia hablan de un boleto rojo, que es el boleto del amor. Quien lo obtenga conseguirá la adoración de todo el mundo, o al menos de sus compañeros de viaje. Se menciona también un boleto verde que condena a su poseedor a viajar eternamente, sin bajarse jamás del colectivo.En la línea 86 venden el boleto de la muerte, pero se niegan a indicar cuál es su color y su número, para evitar discusiones con los usuarios. En general, puede afirmarse que todos los boletos influyen de algún modo en nuestra vida. Los inspectores son -ante todo- funcionarios del destino que impiden gambetear a la suerte.

De “Crónicas del Ángel Gris”


HISTORIA DE LOS LIGUSTROS VECINOS
Alejandro Dolina

Al sur de Flores existen dos ligustros.Uno es propiedad del ángel gris. si una pareja de enamorados se recuesta en él para afilar, las hojas ejercen una acción benefactora y excitante. Todas las luces del barrio se apagan y un vals sentimental llega desde las ramas de los árboles.El otro ligustro es contiguo y pertenece a los Brujos de Chiclana. Si alguien realiza maniobras de amor en su follaje, padece las peores calamidades. Las damas son raptadas por los Brujos y los caballeros molidos a palos.No se sabe cuál es la exacta ubicación de estos ligustros y es por esto que las parejas de Flores prefieren los umbrales, los paredones y los yuyales.

De “Crónicas del Ángel Gris”


HISTORIAS DE AMOR
Alejandro Dolina

El universo es una perversa inmensidad hecha de ausencia. Uno no esta en casi ninguna parte. Sin embargo, en medio de las infinitas desolaciones hay una buena noticia: el amor. Los Hombres Sensibles de Flores tomaban ese rumbo cuando querían explicar el cosmos. Y hasta los Refutadores de Leyendas tuvieron que admitir casi sin reservas, que el amor existe. Eso si, nadie debe confundir el amor con la dicha. Al contrario: a veces se piensa que amor y pena son una misma cosa. Especialmente en el barrio del Ángel Gris, que es también el barrio del desencuentro. Las historias amorosas de los tiempos dorados son casi siempre tristes. Esto no basta para afirmar que todos los romances fueron desdichados: sucede -tal vez- que el arte necesita nostalgia. No se puede ser artista si no se ha perdido algo.Los poemas de amor satisfecho aparecen como una compadrada de mercaderes afortunados. Por eso los poetas de Flores buscaban el desengaño, porque pensaban que cerca de el andaba el verso perfecto.Casi todos quedaban en la mitad del camino. Manuel Mandeb veía las cosas de un modo más complicado. Admitía que la pena de amor conducía al arte. Pero también sostenía que el propósito final del arte es el amor. La recompensa del artista es ser amado. Así parecía opinar Ives Castagnino, el músico de Palermo, quien componía valses melancólicos al solo efecto de seducir señoritas. Cuando no lo lograba, su tristeza le dictaba otras canciones que más tarde le servían para deslumbrar señoritas nuevas y así recomenzaba el circulo. Algunos muchachos sin vocación artística trataban de merecer a las damas cultivando las ciencias, la bondad, el coraje, la riqueza o la extorsión. Los autores de aforismos extrajeron de estas realidades una conclusión modesta: si no fuera por el amor, nadie haría gran cosa. Las muchachas beligerantes podían objetar que estos pensamientos parecen reservados a la conducta masculina. Al respecto, Mandeb creía que las mujeres hacían de ellas mismas un hecho artístico.
El polígrafo de Flores, en un rapto de arbitrariedad, llegó``o a establecer un orden de cualidades, según su eficacia para enamorar.Coloco en primer lugar la belleza y luego la juventud, aclarando que estas dos virtudes son tal vez una sola. Después ubico las condiciones espirituales: inteligencia y bondad. En ultimo termino, el poder y el dinero. Muchedumbres de feos de cierta edad polemizaron con Mandeb reclamando el derecho a ser amados por su limpieza, trayectoria comercial o apellido ilustre. De todos modos, para este oscuro pensador, el amor era una flor exótica cuyo hallazgo ocurría muy pocas veces.
- De cada mil personas que pasen por esa puerta -decía- acaso nos conmueva solamente una. Del mismo modo, quizá solo una entre las mil tenga a bien impresionarse con nosotros. La cuenta es sencilla: sin contar percepciones engañosas y desilusiones posteriores, la posibilidad de un amor correspondido es de una en un millón. No esta tan mal, después de todo.Pero dejemos la pura especulación de los espíritus obtusos de Flores.Mucho más interesante es saber como amaron realmente. Para ellos habremos de transcribir algunas historias que presumen de veraces y que han llegado hasta nosotros por avenidas literarias o por oscuros atajos confidenciales.

HISTORIA DEL QUE ESPERO SIETE AÑOS

Jorge Allen, el poeta, amaba a una joven pechugona de los barrios hostiles.Según supo después, alcanzo a ser feliz. Una noche de junio, la chica resolvió abandonarlo.- No te quiero más - le dijo.Allen cometió entonces los peores pecados de su vida; suplico, se humillo, escribió versos horrorosos y lloro en los rincones.La pechugona se mantuvo firme y rubrico la maniobra entreverándose con un deportista reluciente.El poeta recobró la dignidad y empleo su tiempo en amar sin esperanzas y en recordar el pasado. Su alma se retemplo en el sufrimiento y se hizo cada vez más sabio y bondadoso. Muchas veces soñó con el regreso de la muchacha, aunque tuvo el buen tino de no esperar que tal sueño se cumpliera.Más tarde supo que jamás habría en su vida algo mejor que aquel amor imposible.Sin embargo, una noche de verano, siete años y siete meses después de su pronunciamiento, la pechugona apareció de nuevo.Las lágrimas le corrían por el escote cuando le confeso al poeta:- Otra vez te quiero.Allen nunca pudo contar con claridad lo que sintió en aquellas horas.El caso es que volvió a su casa vacío y desengañado. Quiso llorar y no pudo. Nunca más volvió a ver a la pechugona. Y lo que es peor, nunca más, nunca más volvió a pensar en ella ni a soñar su regreso.

HISTORIA DEL QUE SE ENAMORO DE UNA NIÑA DEMÁSIADO JOVEN

Manuel Mandeb supo tener amores con una niña muy joven de la calle Páez. La muchacha no hizo cuestión por la diferencia de edades y además es cierto que Mandeb era un hombre de aspecto soberbio, dentro de su sombrío estilo.Pero pronto empezaron las dificultades.Un día Mandeb insistió en caminar bajo un aguacero mientras recitaba a los gritos un soneto flamante.Una noche le hizo el amor en la casa embrujada de la calle Campana para espantar a los demonios.A veces, en la madrugada, se trepaba hasta la ventana de la niña, en el tercer piso, y dejaba prendida una flor roja.Una tarde de invierno le hizo probar el licor del olvido y el vino del recuerdo.En verano, le sacaba la blusa en las calles oscuras y le ponía alguna de sus gastadas camisas azules.Para su cumpleaños le regalo una sombra robada en Villa del Parque que había encerrado en una cajita de cristal.Después enseño a todos los pájaros de Flores a cantar el nombre de la muchacha en su ventana.Entonces la niña abandonó a Mandeb y comento luego a sus amistades en una pizzería:-No éramos de la misma generación.

HISTORIA DEL QUE SE DESGRACIO EN EL TREN

Jaime Gorriti tomaba todos los días el tren de las 14.35.Y todos los días se fijaba en una estudiante morocha. Con prudente astucia trataba de ubicarse cerca de ella y -a veces- ligaba una mirada prometedora.Una tarde empezó a saludarla. Y algunos días después tuvo ocasión de hacerse ver, ayudándola a recoger unos libros desbarrancados.Por fin, un asiento desocupado les permitió sentarse juntos y conversar.Gorriti acelero y le hizo conocer sus destrezas de picaflor aficionado.No andaba mal. La morocha conocía el juego y colaboraba con retruques adecuados.Sin embargo, los demonios decidieron intervenir.Saliendo de Haedo, la chica trato de abrir la ventanilla y no pudo. Con gesto mundano, Gorrito copo la banca.- Por favor....Se prendió de las manijas, tiro hacia arriba con toda su fuerza y se desgracio con un estruendo irreparable.Sin decir palabra, se fue pasillo adelante y se largo del tren en Morón.Desde ese día empezó a tomar el tren de las 14.10.

HISTORIA DEL QUE PADECÍA LOS DOS MALES.

En la calle Caracas vivía un hombre que amaba a una rubia.Pero ella lo despreciaba enteramente.Unas cuadras más abajo dos morochas se morían por el hombre y se le ofrecían ante su puerta. El las rechazaba honestamente.El amor depara dos máximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no nos ama y se amados por quien no podemos amar.El hombre de la calle Caracas padeció ambas desgracias al mismo tiempo y murió una mañana ante el llanto de las morochas y la indiferencia de la rubia.

HISTORIA DEL QUE NO PODÍA OLVIDAR.

El ruso Salzman tuvo muchas novias. Y a decir verdad solía dejarlas al poco tiempo. Sin embargo jamás se olvidaba de ellas.Todas las noches sus antiguos amores se le presentaban por turno en forma de pesadilla. Y Salzman lloraba por la ausencia de ellas.La primera novia, la verdulera de Burzaco, la pelirroja de Villa Luro, la inglesa de La Lucila, la arquitecta de Palermo, la modista de Ciudadela.Y también las novias que nunca tuvo: la que no lo quiso, la que vio una sola vez en el puerto, la que le vendió un par de zapatos, la que desapareció en un zaguán antes de cruzarse con el.Después Salzman lloraba por las novias futuras que aun no habían llegado. Los hombres sabios no se burlaban del ruso pues comprendían que estaba poseído del más sagrado berretín cósmico: el hombre quería vivir todas las vidas y estaba condenado a transitar solamente por una.Aprendan a soñar los que se contentan con sacar la lotería......

LA CALLE DE LAS NOVIAS PERDIDAS.

Hay una calle en Flores en la que viven todas las novias abandonadas.Al atardecer salen a la vereda y miran ansiosas hacia las esquinas para ver si vuelven los novios que se fueron. A veces conversan entre ellas y rememoran viejos paseos por el Rosedal.Por las noches se encierran a releer cartas viejas que guardan en cajitas primorosas o admirar fotografías grises.Los domingos se ponen vestidos floreados y se pintan los labios.Algunas escriben diarios íntimos con letra prolija.Dicen que no es posible encontrar esa calle. Pero se sabe que algún día desembocara en la esquina el batallón de los novios vencedores de la muerte para rescatar a las novias perdidas y llevarlas de paseo al Rosedal.Esto será dentro de mucho tiempo, cuando endulce sus cuerdas el pájaro cantor.
Existen por ahí infinidad de personas confiables que juran que el amor es posible en todos los barrios. No habrá de discutirse semejante tesis.Pero el que tuviera que vivir pasiones locas, es mejor que no pierda el tiempo en rumbos equivocados. Una historia terrible esta esperando en Flores.

De “Crónicas del Ángel Gris”


LA ACADEMIA DEL HUMOR EN FLORES
Alejandro Dolina

Los Hombres sensibles de Flores gustaban del humor, pero hasta por ahí nomás.En el fondo sospechaban que la risa suele esconder la cobardía. Y sentían que los momentos verdaderamente grandes de la vida no soportan bien las payasadas.Algo de razón tenían: muchas veces una gracia oportuna sirve para evitar una confesión o un beso. Los chuscos timoratos provocan la sonrisa de sus enemigos para ahorrarse las trompadas.Ser chistoso no es sencillo, pero es mucho más seguro que ser valiente.De todos modos, los muchachos del Ángel Gris saludaban con sus mejores risotadas las ocurrencias felices, desde la ambiciosa paradoja hasta el modesto coscorrón subrepticio.Poco a poco, la destreza humorística acabó por generar- ya que no el respeto- al menos un cierto prestigio mundano que permitía el ingreso gratuito a los asados, cumpleaños, tertulias y bautismos del barrio.Naturalmente, cuando las muchedumbres alcanzaron a vislumbrar las ventajas de poseer una técnica festiva, surgieron por todas partes jóvenes aspirantes que se postulaban para referir la historia del paisano que estaba apurado por ir al fondo.
La Academia del Humor en Flores ofreció conocimientos ordenados y oportunidades profesionales a muchísimos simpaticones. La entidad alcanzó a acuñar un estilo austero y cachador, aun hoy reconocible en renombrados locutores, periodistas, dibujantes, escritores, actores, o simples vivillos particulares.Macedonio Fernández decía que el humor es sorpresa intelectual.La frase no define el genero, pero lo ejerce. Y es también una amable recomendación de lo imprevisto. En este sentido, los profesores de la Academia insistían en que la chanza debe ser esporádica. El humorista que tiende trampas cómicas cada dos frases termina dejando en el publico una saciedad mental de la que no se sale sino merced al aburrimiento.En las clases se enseñaba a mantener largos periodos de calma y seriedad, que no eran sino el fondo oscuro destinado a resaltar el brillo de una brevísima donosura.Cuanto más avanzaba el alumno en los cursos, más paciente se volvía y más extensos eran los espacios sin morisquetas.Por cierto, algunos discípulos llevaron este criterio al extremo. A veces escribían largas novelas de aventuras que no eran más que el pretexto para un solo chiste. Y en ciertos casos, ya por olvido, ya por decisión artística, se omitía redondamente toda broma.Acaso muchas de las obras que hoy leemos con inocencia no sean otra cosa que la desmesurada preparación de un chiste genial abolido a último momento.El ambiente de la Academia era severo y protocolar. El trato de los maestros evitaba cualquier gesto familiar o amistoso. Me permito notar en esta conducta un rasgo de inteligencia fenomenal: el efecto de una gracia es tanto mayor cuanto más adusta es la circunstancia en que se la formula.Una simple pedorreta puede ser gloriosa durante el discurso de un escribano. El mismo recurso en una cena de egresados o en un estadio de fútbol resulta apenas una grosería.Durante los primeros años de cursos, se procuraba alejar a los alumnos de la tentación de la ocurrencia fácil. Quienes se dejaban arrastrar padecían severos castigos, cuando no la expulsión lisa y llana.Los apuntes y textos de la Academia que han llegado hasta nosotros presentan largas listas de recursos humorísticos desaconsejados. Un extenso capítulo rechaza el doble sentido, que consiste en exponer sobre un objeto cualquiera como si en verdad se hiciera referencia a una parte comprometida del cuerpo humano: "Sabroso es el pan dulce de su hermana."
También se prohibía el anacronismo, los juegos de palabras, los guiños entre paréntesis, las rimas con los apellidos, las bromas sobre políticos indoctos, los nombres zafados en japonés y el desafío de adivinar como le dicen a este o a aquel funcionario.Al final de las recomendaciones nos espera una frase edificante:"Conviene no utilizar estos mecanismos vulgares, salvo que uno sea un genio, lo que en verdad no ocurre casi nunca."Circulaba entre los aprendices un cuaderno de ejercicios muy curioso.Contenía numerosos comienzos de relatos humorísticos que los alumnos debían completar según su imaginación. Veamos algunos:

COMPLETAR LOS SIGUIENTES CUENTOS VERDES

1) Conversan en el infierno un alemán, un japonés y un argentino.El alemán declara:- Yo estoy aquí porque asesine un vecino.
2) Una pareja de novios se encuentran en un zaguán. En el mejormomento aparece el padre de la muchacha y dice:- Pero que es esto?
3) Un inspector llega a un colegio y comienza a interrogar a los niños.- A ver, tu.... que piensas ser cuando seas grande?
Las invenciones de los alumnos jamás eran aprobadas, Al final delcuaderno y después de infinitas frustraciones, el joven postulantecomprendía o recibía por escrita una noción fundamental: el mundo nosoporta ya los cuentos verdes.
Tal vez la asignatura más importante de los cursos de la Academia haya sido "Vida Humorística." La idea era producir situaciones graciosas reales, más allá de las creaciones artificiosas. Se cuenta que el ruso Salzman llego a ocupar esta cátedra. Para cumplir con sus trabajos prácticos, los discípulos recorrían la barriada auspiciando el estallido festivo:soltaban chanchos en las ceremonias nupciales, se burlaban de los comerciantes extranjeros para provocar insultos en cocoliche, se fingían manfloros en los trenes, gritaban pidiendo socorro en los probadores de las sastrerías, hacían pelear a los chicos y simulaban perpetuas indecisiones en los mostradores de las heladerías.Parece que el propio Salzman fiscalizaba estas tareas situándose en lugares estratégicos y haciendo -cada tanto- alguna corrección o sugerencia.
El humor político es -dicen algunos- un pasatiempo intelectual que consiste en burlarse de los peronistas.Sin embargo, en la Academia, la materia era dictada por el profesor Ricardo Bermúdez, hombre que pertenecía a esta corriente.Desde el principio, Bermúdez trató de establecer que para hacer una chanza inteligente cualquier partido es bueno. Así llego a contar un día que los demócratas progresistas levantan el piso del parquet de sus casas para hacer asados. El efecto de esta creación fue prácticamente nulo.Pese a todo, hay que declarar que hubo en sus enseñanzas algunos modestos aciertos.Refuto -por ejemplo- el viejo postulado según el cual es imposible hacer humor oficialista.El humor- sostenían los ortodoxos- implica siempre la degradación de un valor. Por lo tanto, toda acción humorística será siempre en contra de algo. De aquí se infiere la imposibilidad del chiste a favor del gobierno o del orden vigente.Los argumentos contrarios de Bermúdez son tan sencillos que su exposición no produce el menor orgullo artístico:"...Es cierto que el humor se hace siempre en contra de algo, como ya lo sospechó Platón. Para hacer humor oficialista bastaría entonces con burlarse de la oposición."En efecto, la presentación del inconformismo y del descontento como estados espirituales ridículos y aun fraudulentos, propugnaba indirectamente la admiración del pensamiento establecido.
En efecto, la presentación del inconformismo y el descontento como estados espirituales ridículos y aun fraudulentos, propugnaba indirectamente la admiración del pensamiento establecido.De hecho, hoy en día, nuestros mejores humoristas son honradamente oficialistas, tal vez por razones parecidas a aquellas que llevaban a los Hombres Sensibles a desconfiar del humor.
La Academia del Humor de Flores poseía también un registro de patentes que permitía a los ingeniosos del barrio preservar la propiedad de sus creaciones.La oficina atendía día y noche, pues ya se conoce la quisquillosidad de los inventores de bagatelas.De todos modos, y a pesar de los minuciosos tramites, nunca faltaban chistosos que se sentían despojados por alguien. Esto ocurre todavía en nuestro tiempo: cada vez que surge un programa exitoso o una nueva publicación de humor, muchos de nuestros conocidos declaran haber tenido la misma idea mucho antes.
El polígrafo Manuel Mandeb -que jamás registro nada- despreciaba a los supuestos damnificados. Oigamos sus gritos:"Solamente pueden robarse las ideas pequeñas, las minucias que caben en un bolsillo. Las grandes creaciones son incomodas de llevar y no están al alcance de los descuidistas. Cualquiera puede hacerse con el eslogan de un nuevo calzoncillo; la teoría de la relatividad -en cambio- es de usurpación casi imposible."Convendrá entonces tener ideas grandes, o en todo caso, procurar que nuestras ocurrencias estén pegadas a nosotros de un modo tan intimo y estrecho que nadie pueda arrancárnoslas del alma. Si quieren saberlo, yo soy mis ideas, y quien me las robe, habrá de llevarme también consigo."
Pero las idea de que las ideas no se roban le fue robada a Mandeb. El abogado Gerardo Joseph la expuso como propia en una conferencia titulada La Sustracción de Ideas. Se dice que Mandeb se presento ante el charlista y le dijo:-Vea, mi amigo, al oírle exponer mis reflexiones penso que yo mismo disertaba. Usted era yo y es tal vez por eso que no le rompo los dientes de una trompada.Pocos alumnos alcanzaban los cursos superiores de la Academia. Allí se enseñaban el arte del ejemplo absurdo y sin embargo riguroso, la exquisita discordancia entre la forma y el contenido, la nobleza del renunciamiento artístico, y los divertidos desperfectos de la razón.También se enseñaba música, poesía, pintura y teatro, porque sin un genero que lo contenga el humor no es nada."Lo nuestro es sal -decían los maestros- y aunque la comida sin ella es desagradable, mucho peor es comer la sal sola."En los últimos tramos de la carrera los aspirantes se tornaban melancólicos y casi nada los hacia reír. Tal vez la persecución de la gracia es un camino demasiado duro.Nadie alcanzó jamás el titulo de Humorista Diplomado. Pero la no obtención de esa jerarquía era precisamente el propósito final de la entidad.Se trataba quizá de aprender a no reír o mejor todavía a reír sin olvidarse.Así despojado de toda pretensión, purificado de su hambre de risa, el aspirante podrá apuntar algún garbanzo.La gracia nunca se presenta ante quien la busca demasiado.
La Academia de Flores se fue con los tiempos dorados. Algunos siguen hoy sus rigurosos preceptos. Otros no.

De “Crónicas del Ángel Gris”


LA CIENCIA EN FLORES
Alejandro Dolina

Los Refutadores de Leyendas han sostenido siempre que toda la Naturaleza puede expresarse en términos matemáticos. Lo poco que queda fuera no existe.Así, esta comparsa racionalista se ha esforzado, utilizando cifras, vectores y logaritmos, en representar cosas tales como el tango El Entrerriano o los celos de las novias de la calle Artigas, Cuando fracasaban, simplemente declaraban superstición lo que no conseguían encuadrar en sus estructuras científicas.Existía un minucioso catalogo de cosas inexistentes que se actualizaba cada año.Allí figuraban los sueños, las esperanzas, el hombre de la bolsa, el alma, el ornitorrinco, el catorce de espadas, el Ángel Gris de Flores, el gol de Ernesto Grillo a los ingleses, la generala servida y la angustia.Otra publicación venerada fue el desmesurado libro Un Amor así de Grande, resultado del afán de medirlo todo. En ese trabajo no solo se otorgan valores numéricos a los colores, aromas y formas, sino también a las sensaciones espirituales más sutiles.A lo largo de cien capítulos se establece la cantidad de adrenalina que produce un individuo antes de ser vacunado, el volumen que alcanzan las lágrimas de una madre a lo largo de su vida, la cantidad de cera que lleva en sus oídos el conjunto de habitantes de la ciudad de Buenos Aires (suficiente al parecer para lustrar todos los pisos del edificio de Obras Sanitarias), y la energía que se consume en un suspiro.Algunos datos producen indignación en las almas sencillas: para esta gente la novela Madame Bovary consiste en una cierta mezcla de medio kilo de papel y un cuarto de litro de tinta. Los elementos químicos que componen al hombre son descriptos puntualmente con su precio en las farmacias de la zona. De este modo se llega a la conclusión que más barato resulta un señor robusto que un velador.No hace falta indicar el gran éxito obtenido por esta curiosa forma de evaluar el universo. Constantemente podemos oír en la radio las declaraciones de brillantes deportistas que manifiestan hallarse en un setenta y cinco por ciento, vaya a saber de que'. Los chicos preparan tablas de posiciones en las que dan a entender que quieren primero a su madre, después a su padre en tercer lugar a la abuela, y en el cuarto -lejos- al tío Julián. Los boletines de calificaciones no son otra cosa que la versión escolar del pensamiento de los Refutadores. Aunque la descripción de la conducta de un alumno que no ha estudiado su lección, se reduce a un redondo cero. Por el contrario, un estudiante talentoso y perseverante será premiado no con un cariño ni con una frase estimulante, sino con un diez.No se sabe si los Refutadores de Leyendas escribían cartas de amor, pero no seria extraño que sus más tiernas declaraciones consistieran en gráficos representativos del progreso de sus sentimientos.Todo este arrebato cientificista no pudo menos que causar la repugnancia de los Hombres Sensibles de Flores, que confiaban más en las corazonadas que en la razón.Como siempre ocurre, los excesos racionales generan desaforadas rebeliones románticas. Pero en el barrio de Flores esa rebelión no se manifestó únicamente a través del arte, sino que tuvo lugar - además- en el propio terreno científico.La Sociedad de Científicos Sentimentales nació gracias al impulso del profesor Aurelio C. Frascarelli, quien harto de la deshumanización de las disciplinas científicas resolvió ponerle un poco de sangre al frió mundo de las raíces cuadradas y las cotangentes.Este pensador delirante fundó la sociedad antedicha y edito un Manual de Ingreso que nunca se supo si era un libro de texto o una colección de intentos poéticos.Las primeras innovaciones del manual son módicas. Se reducen a la redacción más emotiva de los problemas de regla de tres compuesta.Transcribimos uno de ellos:
Problema 14: Doce hombres tristes tropiezan en un año con ciento seis desengaños. No se conocen entre si, pero sufren de un modo parecido. Pregunto entonces: ?Cuantos desengaños padecerán ocho hombres tristes en seis meses?
Como se ve, lo novedoso consiste únicamente en reemplazar hortalizas por desengaños, y en ciertas declaraciones innecesarias como el mutuo desconocimiento y la tristeza de estos hombres. Pero conforme se avanza en la lectura del Manual se encuentran cosas más audaces. El Problema 187 es prácticamente una novela corta. La descripción psicológica del protagonista -un comerciante poco escrupuloso- está bastante bien lograda.Hay personajes laterales (un cuñado que busca un tesoro oculto) y una divertida pintura costumbrista de un almacén de barrio. La pregunta final ("a cuanto deberá vender el kilo de arroz?") resulta insignificante al lado de otros interrogantes que no están escritos, pero si sabiamente sugeridos por el profesor Frascarelli: Tiene sentido la vida? Hay algún propósito en el universo? Cumplimos sin saberlo con algún plan divino o diabólico?A partir de la mitad del libro, el autor empieza a tomar partido arbitrariamente en arduas cuestiones matemáticas. Paralelamente se incorporan juicios éticos y estéticos en la explicación de teoremas y postulados.Se habla entonces de paralelepípedos atorrantes, de esferas traidoras, de ángulos aburridos y llega a decirse que el trapezoide es una figura que no merece ser tomada en serio.Las cuestiones biológicas son en el Manual de Ingreso verdaderas fantasías. La vida del paramecio es un cuento de terror y Frascarelli llega a afirmar que las amebas son muy guardianas y fieles a sus amos.La actividad de los Científicos Sentimentales no se reducía a la difusión del Manual. En los años de oro del barrio de Flores, muchos maestros románticos dieron clase en una academia privada de la calle Condarco.Los alumnos padecían la misma locura que los profesores. Cada vez que se realizaba algún experimento en el gabinete de química, los jóvenes salían corriendo aterrorizados, mientras gritaban "cosa de Mandinga" o "el Diablo anda suelto".El propio Frascarelli dirigía un grupo de investigación cuyos métodos provocaban el escándalo de los Refutadores. Creían, por ejemplo, en la búsqueda de la casualidad. Este criterio podría escribirse así: sabiendo que muchos grandes descubrimientos se realizaron casualmente, parece una buena idea disimular el verdadero propósito de la investigacion. Así, cuando se quiere encontrar una estrella, se busca un microbio. Los resultados no fueron muy espectaculares, si bien Frascarelli se jactaba de haber hallado un especifico que combatía el mal aliento, mientras buscaba la piedra filosofal.En ocasiones, los científicos soñadores acudían a la búsqueda empírica y tomaban frascos de untura blanca, para ver que ocurría. Estas experiencias se anotaban en un cuaderno que ha sobrevivido a la Sociedad y en el que se refieren más de mil quinientas locuras, que van desde comer pólvora hasta arrojarse al vació desde diferentes alturas para establecer los daños físicos y morales que, más allá de los cuatro metros, solían traducirse en la muerte lisa y llana.
Hay que decir que aunque sus logros fueron pequeños, los propósitos de la Sociedad no tenían limites. Durante años trataron de hacer algún milagro. Buscaron la esmeralda que cura todas las enfermedades, el elixir de la eterna juventud, el polvo de Perlimpimpim, el jarabe del amor eterno y la llave de la sabiduría. Discutieron sobre la cuadratura del circulo y la inmortalidad del cangrejo y trataron de volver al pasado y visitar el futuro.Todos saben que en el barrio del Ángel Gris se destilaba el vino del olvido y el licor del recuerdo. También se conocen perfectamente sus efectos y propiedades. Al parecer, lo que mataba era la mezcla.Algunos mentirosos pretenden que estas maravillas fueron creadas por los Científicos Sentimentales. Nada más falso. El vino fue obra de los Amigos del Olvido, un club que proponía la abolición del pasado. Y el licor es -sin duda alguna- un hallazgo de Manuel Mandeb, el polígrafo de Flores.Tal como es fácil sospechar, los científicos románticos fueron derrotados por la predica incesante de los Refutadores de Leyendas.Hoy todo el mundo rinde culto a la Ciencia Pura. Y se da una ilustre paradoja: los Refutadores no han hecho más que reemplazar a las viejas leyendas por otras más nuevas, mucho peores.Los arquitectos razonables podrán dudar de la existencia del alma, pero suscribirán cualquier teoría sobre el átomo, los neutrones y los protones, con la mayor alegría.No importa si entienden estas teorías. En realidad -como dice Sábato- el pensamiento científico parece tener mayor poder cuanto menos se lo comprende.
Por eso se suele decir:-¡Que bien que habla este hombre...! No alcanzo a entender ni una sola de sus palabras.
Cuando un racionalista se pone supersticioso, no hay quien lo gane.Todo parece indicar que el futuro pertenece a los Refutadores de Leyendas.Tal vez por eso los miembros de esta entidad - la única que queda de las que existieron en los años dorados- se muestran tan optimistas con respecto a lo que vendrá.Todos los adoradores del progreso nos pintan un porvenir lleno de veredas móviles que nos evitaran el esfuerzo de caminar, con maquinas invictas, con ríos domados, y vehículos cada vez más veloces.A las almas sencillas, la descripción de estos espantosos mecanismos les parece algo diabólico.Porque en este proyecto de aparatos infalibles y formidables fuentes de energía no parece existir la menor preocupación por responder a alguna de las preguntas que el profesor Frascarelli supo insertar en su memorable problema 187.La Sociedad Científicos Sentimentales era una locura. Pero tal vez hace falta un poco de locura entre tanta exactitud y precisión.Serán buenos los cálculos y los teoremas inexpugnables, si es que se aplican a rombos, ángulos y cubos. Pero empiezan a fallar cuando se trata de personas.Y a lo mejor esto constituye la más grande virtud del hombre, su toque divino. El ultimo de los atorrantes de Flores es más interesante que una estrella, solamente porque su comportamiento no es previsible.Nada de esto significa que debamos renunciar a la ciencia y su arsenal.Que se sigan inventando licuadoras y tónicos contra el catarro. Dos más dos son cuatro. Los Refutadores de Leyendas tienen razón. Pero nada más que eso: razón.A mi no me alcanza.

De “Crónicas del Ángel Gris”


LA CONSPIRACION DE LAS MUJERES HERMOSAS
Alejandro Dolina

Cuando Jorge Allen, el poeta, se cruzaba con alguna mujer hermosa, caía en el más hondo desasosiego.Esta muchacha no será para mi -pensaba mientras la veía doblar para siempre la esquina.Es que cada mujer que pasa frente a uno sin detenerse es una historia de amor que no se concretara nunca. Y ya se sabe que los hombres de corazón sueñan con vivir todas las vidas.En ocasiones especiales, Allen usurpaba el tranco de las más buenas mozas para decirles algo.
- Vea: si no me conoce, no podrá usted darse el lujo de olvidarme.
Pero casi siempre ocurría lo mismo. Las pibas de Flores no mostraban el menor interés en olvidar o recordar al poeta.Cabe ahora mismo salir al paso de la suspicacia general, aclarando que Allen era un joven de grata y recia figura. Además era muy versado en amorosas cuestiones. En verdad, casi no se ocupaba de otra cosa.Una tarde, envenenado por la fría mirada de una morocha en la calle Bacacay, el hombre tuvo una inspiración: sospecho que la indiferencia de las hembras más notables no era casual. Adivino una intención común en todas ellas. Y decidió que tenia que existir una conjura, una conspiración.El la llamo La conspiración de las Mujeres Hermosas.Allen nunca fue un sujeto de pensamientos ordenados. Pero su idea interesó muchísimo a las personas más reflexivas del barrio de Flores. El primer fruto que se recuerda de estas inquietudes fue la memorable conferencia en el cine San Martín pronunciada por el polígrafo Manuel Mandeb.Su titulo fue "De las mujeres mejor no hay que hablar" vale la pena transcribir algunos párrafos conservados en la dudosa memoria de supuestos asistentes.
"...Nadie puede negar el poder diabólico de la belleza. Se trata en realidad de una fuerza mucho más irresistible que la del dinero o la prepotencia. Cualquiera puede despreciar a quien lo sojuzga mediante el soborno o el temor. Por el contrario uno no tiene más remedio que amar a quien le impone humillaciones en virtud de su encanto. Y esta es una trágica paradoja."...Las mujeres hermosas de este barrio conocen perfectamente la calidad de sus armas y las utilizan con el único fin de provocar el sufrimiento de los hombres sensibles. Ostentan su belleza y sin embargo no permiten que uno la disfrute. Cuentan dinero delante de los pobres. Esta perversa conducta no puede ser inconsciente. Obedece, sin duda a un plan minuciosamente pensado."...Cada vez que me acerco a una señorita para presentarle mi respeto.No recibo otra cosa que gestos de desagrado, gambetas ampulosas y aun amenazas de escándalo. Ya no se puede ceder el paso a una dama sin que se sospeche que esta por permitido perpetrarse una violación."
Desde la cuarta fila, un grupo de colegialas le retrucó al conferenciante, llamando su atención acerca del comportamiento de los conductores de camionetas. Opinaban las niñas que estos profesionales, más que requerirlas de amores parecían proponerse insultarlas.Este que escribe opina que la objeción es interesante. Con toda frecuencia se ven por las calles individuos que lejos de postularse como admiradores de las señoritas que se les cruzan, proceden a agraviarlas con frases puercas.Aquí surge un tema polémico. En que consiste el piropo? ¿Cuál es su objeto y escencia?Algunos sostienen que se trata de un genero artístico: Un hombre ve a una mujer, se inspira y suelta párrafos. No existe la esperanza de una recompensa, basta con la satisfacción de haber cumplido con los duendes interiores.Si este es el criterio correcto, la actitud de los conductores de camionetas es perfectamente comprensible. Tal vez quepan reparos de índole académica. Se puede opinar que es artísticamente superior un madrigal que un manotazo, pero ambas expresiones se encuadran rigurosamente en la definición que se ha sugerido anteriormente.Otra corriente -menos desinteresada- piensa que todo piropo manifiesta la intención de comenzar un romance. Vale decir que se espera de la dama que lo recibe una respuesta alentadora.Difícil será -por cierto- que alguien obtenga una sonrisa a cambio de una grosería. El asunto es apasionante y fue desarrollado por el propio Mandeb, mucho después, en un libro que se llamo "La objeción de las colegialas", titulo que despertó un equivocado entusiasmo entre los conductores de camionetas.Pero volvamos a la conferencia.Manuel Mandeb presento durante su exposición a un italiano y a un brasilero, quienes -dificultosamente- expresaron que, en sus países, los idilios se concertaban en forma rápida entre personas desconocidas y que muchas veces bastaba con leves gestos para entenderse bien.Curiosamente, el propio conferencista desautorizó a sus invitados.
"...Esta muy bien reclamar la tolerancia de las señoritas. Pero todo amorío debe presentar una cantidad razonable de escollos. Para serles franco, no quisiera saber nada con una mujer capaz de entreverarse en dos minutos con un tipo como yo."
La conferencia terminó en un tumulto. Varias conspiradoras asistentes empezaron a quejarse de recibir propuestas indecorosas de los caballeros vecinos. Probablemente se trataba de conductores de camionetas.Los Refutadores de Leyendas hicieron oír su voz algunos días más tarde. En una de sus habituales reuniones manifestaron que no creían en la posibilidad de la conspiración. El argumento de los racionalistas merece consideración: segun ellos las mujeres hermosas se odian entre si y es inconcebible cualquier tipo de acuerdo. Declararon también que es falso que esta estirpe no haga caso de los hombres: todos los dias uno ve hermosasmuchachas acompañadas por algún señor.Ya en el colmo de la locura, los Hombres Sensibles contestaron que allí estaba el punto: el señor que acompaña a las mujeres hermosas es siempre otro y esto provoca aun más tristeza que cuando uno las ve solas.No seria extraño que estas damas y sus acompañantes no fueran sino incubos y sucubos que recorren el mundo para dar dique a las almas sencillas.Ives Castagnino, el músico de Palermo, razonaba de este modo: si el propósito de las mujeres terribles es hacer sufrir a los hombres, tienen dos maneras de lograrlo:1) No viviendo un romance con ellos.2) Viviéndolo.Según parece, al músico lo aterrorizaba mucho más la segunda posibilidad.Como puede suponerse, las mujeres hermosas consultadas negaron siempre la existencia de la conjura. De cualquier modo, hay que reconocer que la encuesta no fue demasiado amplia. En primer lugar, las señoritas entrevistadas desconfiaban de los encuestadores y pensaban -con toda razón- que trataban de seducirlas. Y por otra parte resulta una verdadera ingenuidad que, quienes son capaces de una gesta tan oscura, se presten a revelar el secreto precisamente a sus victimas.Como suele ocurrir en estos casos, el tema de discusión se bifurco innumerables veces y tomo el rumbo de los tomates.Hubo quienes pidieron que se aclararan los limites de la hermosura para saber cabalmente quienes eran las mujeres que alcanzaban esa categoría.La cuestión es ardua, como todo juicio estético. Se pueden tener en cuenta -quizá- algunos indicios. Se dice que si una dama es muy linda, las demás la tendrán por tonta. Pero no puede tomarse este lugar común como precepto, pues es cosa evidente que existen mujeres que, siendo tontas, son al mismo tiempo feas. Inclusive hay gente que sostiene haber conocido señoritas hermosas e inteligentes, lo cual para mi gusto es demasiado.El asunto se torna todavía más complejo a causa de la acción de los Agrandadores de Loros, unos caballeros más bien babosos que con halagos y falsedades consiguen que ciertos bagayos se crean la reina del corso.Así, los hombres de corazón llegan a padecer la violencia de verse rechazados por damas que jamás pensaron seducir. La tarea de los Agrandadores ha ido muy lejos y ha llegado incluso a las tapas de las revistas y avisos de publicidad, donde se proponen a la admiración de la gente de toda clase de pescados con disfraz de Colombina.Pero los Hombres Sensibles siempre supieron cuando se hallaban ante la presencia de una mujer hermosa. Sentían lo que Mandeb describía como una patada en el corazón. Y no se equivocaban nunca.A decir verdad, jamás se alcanzaron a reunir pruebas convincentes sobre la existencia de la conspiración. Pero sus efectos se siguieron padeciendo.Pese a todo, Allen, Mandeb y todos sus amigos siguieron recorriendo las esquinas haciendo fuerza para creer que detrás de alguna puerta iba a aparecer la mujer que les salvaría la vida.Por suerte para los muchachos, hubo siempre entre las dilas conjuradas algunas Traidoras Adorables.Naturalmente toda traición tiene su precio y muchas veces la exigencia era el amor eterno. Los Hombres de Flores pagaban una y otra vez este arancel La denuncia de Jorge Allen ya ha sido olvidada en el barrio del Ángel Gris. Pero aunque nadie converse sobre el asunto, basta con asomarse a la puerta para comprobar que las cosas siguen como entonces.Allí están las mujeres hermosas en Flores y en toda la ciudad, gritando con sus miradas de hielo que no están en nuestro futuro ni en nuestro pasado.Allí esta la abominable secta de las Chicas con Novio, poniéndonos ante la espantosa verdad de que siempre hay un hombre mejor que uno.El camino para derrotar a esta muralla es largo y penoso, pero seguirlo es deber de los criollos arremetedores.No hay más remedio que quererlas a pesar de todo. Y más todavía, tratar de que a uno lo quieran. Esta segunda labor es especialmente complicada y puede llevar la vida eterna. Consiste -por ejemplo- en ser bueno, aprender a tocar el piano, convertirse en héroe o en santo, estudiar las ciencias, comprarse una tricota nueva, lavarse los dientes, ser considerado y tierno y renunciar a los empleos nacionales.Una vez hecho todo esto, ya puede el hombre enamorado, pararse en la calle y esperar el paso de la primera mujer hermosa para decirle bien fuerte:
-He sufrido mucho nada más que para saber su nombre.
Seguramente, la tipa fingirá no haber oído, mirará al horizonte y seguirá su camino.Pero será injusto.

De “Crónicas del Ángel Gris”


LA DECADENCIA DE LA AMISTAD
Alejandro Dolina

Muchos pensadores han creído notar que, en estos tiempos, la amistad es más un tema de conversación que una actividad concreta.Por cierto, es relativamente fácil encontrar personas dispuestas a componer canciones sobre los amigos. En cambio es bastante difícil conseguir que esas mismas personas le presten a uno dinero.Según parece, el sentimiento amistoso se halla en decadencia. Todos los días uno tropieza con canallas que lejos de preocuparse por la escasez de amigos, se jactan de ella.-Yo, amigos, lo que se dice amigos, tengo muy pocos, o ninguno- nos gritan en la cara. Y no advierte que el sujeto esta esperando que lo feliciten por semejante hazaña.En los años dorados de Flores, cuando alcanzaban su apogeo la comprensión, la poesía y el juego del codillo, también existían enemigos de la amistad que preocupaban a los Hombres Sensibles.Manuel Mandeb, el metafísico de la calle Artigas, colecciono algunas de sus obtusas opiniones en un opúsculo titulado maliciosamente Los amigos. Como ya es costumbre, transcribimos algunos párrafos."... La amistad debe nacer en la juventud o en la infancia. Nuestros amigos son aquellos que aprenden junto a nosotros o, mejor todavía, los que viven aventuras a nuestro lado. Y por lo general, la gente aprende y vive aventuras en la juventud. Después casi todo el mundo consigue algún empleo en casas de comercio y ya resulta imposible adquirir conocimientos nuevos o pelearse con una patota.
"...A los once o doce años, uno empieza a hartarse de la familia y encuentra que los muchachos de la esquina son mucho más divertidos que el tío Jorge. Durante más o menos una década nadie estará más cerca de nuestro corazón que esos muchachos. Y si uno quiere aprovisionarse de amigos, debe hacerlo en ese periodo. después será demasiado tarde..."Según se aprecia, el criterio de Manuel Mandeb es interesante y tal vez verdadero. Sucede que en cierto momento de la vida uno descubre que esta rodeado de extraños: compañeros de trabajo, clientes, acreedores, vecinos y cuñados. Los amigos de verdad están lejos, probablemente encerrados en círculos parecidos.Algunos empecinados insisten en cultivar amistades nuevas. Los matrimonios maduros se visitan mutuamente y desarrollan pálidas parodias de la amistad verdadera: se cuentan una y otra vez episodios antiguos, vividos con los amigos viejos, que ya no estan. Cuando uno es joven no cuenta historias a sus amigos: las vive con ellos. A pesar de estas sabias reflexiones de Mandeb,existió en Flores una agencia destinada a ofrecer amistad a los solitarios.Fue la celebre Proveeduría de Amigos de Ocasión. Sus fines de lucro eran innegables. Todavía hoy se recuerda su 'slogan' publicitario: "Tenga un amigo desinteresado. Páguelo en cuotas".Con solo acercarse al mostrador, el cliente ya notaba un clima amistoso y amplio. Los empleados sabían como atacar.-Buenas tarde. No sabes lo que me hizo esta mañana la bruja de mi mujer.Y a los treinta segundos uno se sentía entre amigos. Después, entre palmadas, guiños, pellizcones y confidencias, los comerciantes iban mostrando el amplio catalogo de la proveeduría.tenían amigos silenciosos, dispuestos a escuchar cincuenta veces la historia de una operación. Amigos complacientes, siempre amables y elogiosos. Amigos efusivos que saludaban con abrazos y se despedían a los gritos. Amigos divertidos, ruditos en cuentos picantes y expertos en bromas pesadas.También se prestaba un servicio un tanto oneroso, especialmente para personas encumbradas. Consistía en el alquiler de una cohorte de adulones que acompañaban al cliente a todas partes, se reían de sus chistes, aplaudían sus ocurrencias y suscribían con entusiasmo cualquiera de sus pensamientos. Precediendo a esta comparsa, solía marchar un corneta, que abría la puerta de los bares y asomando la cabeza gritaba:-Ahi viene el doctor Del Prete...!El trabajo se hacia tan bien, que muchos de los contratantes ya no podían prescindir de el nunca más. Muchos profesionales del barrio extinguieron su fortuna pagando este servicio de la agencia.Un asunto que molestaba a los clientes era el rigor de los Amigos de Ocasión en sus horarios. Cuando vencía el plazo estipulado, se terminaba la amistad.Sin saludar, los contratados daban media vuelta y se iban, muchas veces interrumpiendo una carcajada o librándose bruscamente de un abrazo fraternal.Sin embargo, hay que admitir que algunos aspectos del funcionamiento de la proveeduría eran bastante nobles.Por ejemplo, la Sección Niños permitía que los padres eligieran a los amigos de sus hijos, sin correr riesgo alguno.Para ello se contaba con un numeroso plantel de chicos e incluso enanos, adiestrados en diferentes actitudes.Según el gusto paterno, podían encontrarse pibes atorrantes para avivar a los pequeños pelandrunes, niños estudiosos para estimular a los adoquines, y criaturas educadas y juiciosas para serenar a los más piratas.Desde luego, no pudo evitarse que muchos chicos se resistieran a la decisión de los padres. Así se oían con toda frecuencia en Flores frases como esta:- Camine a jugar con los amiguitos que le alquilo su padre, caramba...!Asimismo existía un departamento para damas, con un amplio surtido de chimentos. Algunos malintencionados decían que las mujeres no contrataban amigas, sino enemigas, pero ese es otro asunto.El fracaso más estruendoso fue el de la sección Amistades Mixtas. Nada cuesta razonar que los caballeros que solicitaban amigas escondían casi siempre otras intenciones. No se espante el lector pensando que nos internaremos en un tema tan manoseado como el de la amistad entre la mujer y el hombre. Vale la pena - eso si- recordar lo que dijo Manuel Mandeb a una amiga suya, tal vez alquilada en la proveeduría.-Vea. Yo puedo ser su amigo si usted quiere. No trataré de seducirla ni me pondré romántico ni le haré propuestas indecorosas. Pero sepa que yo necesito que exista un amor potencial. Me resulta indispensable que exista una posibilidad en un millón de que algo surja entre nosotros. Le aclaro que es probable que si se da esa circunstancia yo salga corriendo. Pero es únicamente en virtud de esa remotísima chance que yo estoy aquí oyendo su conversación como un imbecil.Los Hombres Sensibles nunca fueron buenos clientes de la agencia Amigos de Ocasión. Quizá porque sus presupuestos eran muy humildes. O a lo mejor porque les gustaba que los quisieran gratis. En cualquier caso, los muchachos del Ángel Gris tenían un criollo pudor en estas cuestiones. Para ellos andar declarando públicamente el grado de amistad que sentían por alguien era cosa de afeminados. Manuel Mandeb pasaba largas horas en la esquina de Artigas y Morón fumando con Jorge Allen, el poeta. Muchas veces ni se hablaban. Se contentaban con saber que el otro estaba allí.Ya en su ultima etapa, la proveeduría empezó a ofrecer viejos amigos.En un principio la idea consistía en rastrear -a pedido del cliente- el paradero de personas ausentes y lejanas. Pero como advirtieron que la tarea era demasiado complicada, resolvieron que era más fácil inventar antiguas amistades que rescatarlas del pasado.Se preparo entonces un magnifico grupo de viejos mentirosos que ante la entrada de algún candidato de cierta edad, fingían reconocerlo y le soltaban cuatro o cinco recuerdos para ir tomando confianza.Esta sección trabajaba mucho en las cenas anuales que suelen realizar los exalumnos de los colegios. Su misión consistía en ir reemplazando a los fallecidos y mantener siempre firme la concurrencia.Así, en cierta reunión de egresados del Colegio Nacional Nicolás Avellaneda, promoción 1921, se dio el curioso caso de que ninguno de los asistentes había pisado jamás ese establecimiento, lo que no les impidió evocar a profesores, reírse de pasadas travesuras y brindar por encuentros futuros.Con el tiempo, la actividad de la agencia fue amenguando. Contribuyo a este hecho cierta mala prensa que siempre tiene la amistad entre los espíritus escépticos. En Flores, y en todos los barrios, se contaban leyendas sobre las traiciones de los amigos y sobre las ventajas de la soledad. Todavía en nuestro tiempo hay personas que se complacen en declarar que los perros son más leales y sinceros que los humanos. Cabe sobre esto una pequeña reflexión.Tal vez sea cierto que los perros no traicionan. Pero esto no es en realidad una virtud del animal. Ocurre simplemente, que la módica organización mental del perro le impide realizar procesos tan complicados como una estafa. Es decir: los perros no pueden traicionarnos, por la misma razón que no se les permite escribir novelas.Hoy cuando ya no existe la Agencia Amigos de Ocasión, vale la pena preguntarse si no será necesario inventar algo para reemplazarla.Será difícil, desde luego. Nadie podrá rescatar a los amigos perdidos. Poco podrá hacerse para librarnos de los desconocidos que llenan nuestro tiempo.En todo caso, cada uno de nosotros deberá cuidar lo poco que tenga. Sin componer canciones ni escribir poemas. Se trata únicamente de sentarse un rato en la vereda o de matear en silencio con los que están más cerca de nuestro espíritu.Si uno no tiene ya a los de antes, cabe decir que tal vez existen en el mundo amigos viejos a los que todavía no conocemos.Yo mismo, las otras noches resolví salir de mi encierro y lleno de ilusiones me encamine a cierta esquina que conozco. Tenia ganas de fumar en silencio junto a tres o cuatro sujetos que se estacionan en ese lugar.Pensaba además cosechar algún guiño amistoso después de estos años en que estuve tan ocupado.Pero algo raro debe haber sucedido, porque no había nadie.

De “Crónicas del Ángel Gris”


LA DECADENCIA DE LA BOLITA
Alejandro Dolina

Resulta difícil hablar sobre la desaparición del juego de la bolita sin entrar en espinosas controversias.Desde luego se trata de un asunto complejo y puede ser examinado según criterios muy diferentes.Las personas sencillas afirman simplemente que se trata de una decisión de los chicos, arbitraria, inexplicable y -por lo tanto- indigna de ser discutida.Los psicólogos, antropólogos, electrotécnicos y aun los contadores suelen llamar la atención sobre la influencia de otros entretenimientos de emoción más sostenida, como la televisión, el billar japonés, el cerebro mágico o las palabras cruzadas.Los Refutadores de Leyendas niegan que haya existido jamás un juego semejante y se oponen con argumentos inexpugnables al mito de la vieja niñez romántica.Por el contrario, los Hombres Sensibles aseguran que la desaparición del juego de las bolitas es el resultado de una conjura universal.Este punto de vista es muy interesante y vale la pena elucidarlo.En su monografía Faltan Bolitas, el pensador de Flores, Manuel Mandeb, plantea un interrogante que nos deja perplejos. Veamos."... Este juego parece haber empezado a languidecer en 1960. Pero puede afirmarse que en ese momento ya hacia por lo menos cincuenta años que se jugaba. Entonces había veinte millones de habitantes en el país, y no era demasiado audaz afirmar que, en el medio siglo de su auge, el juego de la bolita había sido practicado por diez millones de individuos en uno y otro momento de sus vidas. Ahora bien: ¿cuántas bolitas poseía cada niño aficionado, como promedio? Digamos cincuenta. Multipliquemos: cincuenta por diez millones.Son quinientos millones de bolitas. Bien, volvamos al presente: ¿alguno de ustedes ha visto una bolita en el ultimo año? Seguramente no. Yo pregunto: ¿dónde están los quinientos millones de bolitas? ¿Quién las tiene?"Y no me digan que el tiempo las destruyo porque el viento y la lluvia no son suficientes para destrozar una bolita..."...Las canchas han sido arrasadas y hasta pavimentadas, los hoyos fueron rellenados, los jugadores se han visto tentados por otras disciplinas. Alguien esta borrando todo vestigio del paso de las bolitas por esta tierra..."Inspirado quizás en el trabajo de Mandeb, este texto pretende asentar las reglas, la técnica y la estrategia de las bolitas. La tarea no es tan fácil como parece. A favor de la campaña desarrollada por los Refutadores deLeyendas y Los Amigos del Olvido, casi nadie recuerda los reglamentos.Por lo demás, todos sabemos que en cada cuadra había matices en la interpretación de cada norma lúdica.No obstante, luego de la publicación de esta nota, es probable que algún pequeño numero de Pibes Sensibles se ponga a jugar, aunque más no sea a modo de desplante ante el Universo.

I- LAS BOLITAS

Se trata de pequeñas esferas, casi siempre de vidrio. Su diámetro es variable: las más chicas se llaman "piojos" o "pininas", las medianas son las más frecuentes y están también las grandes o "bolones", que suelen utilizarse en el juego del Triángulo.Años atrás podían reconocerse diferentes pelajes de bolitas.Las más hermosas eran las "lecheras". En ellas predominaba el blanco, siempre mezclado con algún otro color. Eran semiopacas, no se podía ver a través de ellas y la variedad de diseños y combinaciones era enorme.Estaban también las semitransparentes, de colores fríos, casi siempre verdes o azules. Eran como cachos de sifón. En el interior a veces se adivinaba un filamento gelatinoso y más bien repugnante. Salvo excepciones, eran unas bolitas de porquería.Sin embargo, la ultima generación de niños jugadores solo conoció esas bolitas.Las lecheras desaparecieron misteriosamente. Miles de personas jamás han visto una. Las más recientes son las llamadas "bolitas japonesas" más livianas que las convencionales, y totalmente inútiles para jugar.Su aspecto es el de una esfera transparente con un papelito de color en su interior.Todo niño poseía una bolita preferida, que era la que utilizaba para jugar.Se la llamaba "puntera". El resto de las bolitas servia para pagar las deudas provenientes del juego. Si acaso una racha adversa obligaba al niño a entregar la puntera, se le otorgaba a esta noble bolita el valor de cuatro o cinco.También pueden citarse -como curiosidad- las bolitas de barro, los aceritos y hasta las de plástico (indefectiblemente ovaladas).La identidad de los fabricantes de bolitas es un enigma. Nunca hubo marcas, ni envases ni publicidad. Algo muy raro debe haber en todo esto.

II EL JUEGO DEL HOYO Y LA QUEMA

Pueden participar dos o más jugadores, El juego tiene lugar en una cancha de unos 5 metros de largo por 2 de ancho. La superficie de este terreno debe ser de tierra, pareja y árida, tal como la de las canchas de bochas aunque no tan blanda.Es de buen gusto que un pequeño árbol se sitúe en uno de los costados.En realidad, los mejores lugares para instalar canchas de bolitas son los rectángulos de tierra que existen en las veredas del Gran Buenos Aires. En la Capital, como se sabe, las veredas llegan hasta el cordón y los espacios sin baldosas que rodean a los árboles son insuficientes. Por eso los chicos de la Provincia han sido siempre más diestros en este juego.Hay cuatro líneas que limitan la cancha y una que la divide en dos, llamada "mita". En el centro exacto de una de esas dos mitades, se encuentra el hoyo.Y aquí nos topamos con otro punto de discusión. Algunos prefieren excavar el hoyo con una chapita de naranjin. Otros entierran una bolita y, después de extraerla ensanchan el cráter resultante. Los más desaprensivos clavan el taco en la tierra, y lo hacen girar, obteniendo de este modo enormes cacerolas que desvirtúan el carácter del juego.Los jugadores se sitúan detrás de la línea de salida, que es la línea más corta más lejana del hoyo. Uno a uno van lanzando sus bolitas, tratando de colocarlas en el lugar más cercano al citado agujero. Esto es de capital importancia, pues después del tiro de salida, el primero en jugar será quien se encuentre más próximo al hoyo. De este modo, si uno observa que el jugador anterior ha conseguido arrimar demasiado bien, mejor Serra que no trate de superar esa marca y busque los lugares más seguros de la cancha.El objeto del juego, aclaremos, es embocar en el hoyo y hacer impacto en las bolitas de los contrarios ("quema"). Los jugadores "quemados" van egresando del juego y pagando a quien los quemo. Cuando queda solamente uno, termina la ronda y comienza otra.Cada participante va evolucionando con su bolita conforme a una cierta estrategia. Algunos persiguen a su presa y se van acercando cada vez más, aun a riesgo de quedar ofreciendo un blanco fácil. Otros buscan siempre los lugares lejanos y hacen tiros largos (es decir "rugen"). Si una bolita sale fuera de la cancha debe permanecer en el lugar donde ha quedado para que los otros jugadores le tiren, si así lo desean. Al corresponderle nuevamente el turno, el jugador podrá efectuar su tiro desde cualquier punto de la línea atravesada por su bolita al salir.

III LA BOLITA Y EL CANTO

Para obtener prioridades y anunciar decisiones o reclamar la vigencia de ciertas reglas es necesario -en la bolita- pronunciara voz en cuello algunos conjuros predeterminados. Veamos una pequeña colección de ellos."Bolita cola": es en realidad la invitación o desafió a jugar y también la reserva del privilegio de tirar ultimo. También puede decirse "Bolita cola, no puntié", esclarecedora frase que indica que uno no tiene intenciones de someterse a ningún "punteo" o arrimada previa, para establecer el orden de salida."Mita al medio, buena al tiro": canto que sólo puede realizar el que tira último en la salida. Si el tipo considera que alguno de sus rivales esta demasiado cerca del hoyo, le suelta el canto y le da el hoyo por embocado.Pero -eso si- lo obliga a poner su bolita en la mita, expuesta a su disparo inicial."Buen repe": ante la proximidad de la pared, se grita este conjuro para indicar que si el impacto se produce de rebote, también Serra valido.El canto contrario es "mal repe"."Pica paso": declaración de voluntad que asegura la posibilidad de colocar nuestra bolita a un paso de distancia, si un pique traicionero la pone a merced del rival. Algunos niños tahúres suelen retrucar "de hormiguita", para reclamar que el paso sea pequeño. "Voladora", agrega, entonces el primer niño. Y se manda un paso de cuatro metros. También puede aullarse "pica no paso"."Cuantas quiera": Como el jugador que emboca en el hoyo o realiza una quema vuelve a tirar, muchos niños proceden a sacudir tres o cuatro quemas seguidas a la misma bolita, con el fin de irse acercando a otros objetivos. Para poder hacerlo debe pronunciar las palabras que encabezan este fragmento."Corta, retira no garpa": Salvedad con que el pequeño que va ganando anuncia su derecho a abandonar el juego en cualquier momento, sin que este raje le resulte oneroso."Bien sonati": exigencia más bien ranfañosa, según la cual se pretende que los impactos hechos en nuestra bolita hagan ruido o no se paguen."Mueve pajita, garpa bolita": pareado pentasílabo que es de lo ultimo y se profiere cuando la bolita contraria esta en medio del pastito.Existen infinidad de formulas "buena línea recorrida", "hoyo antes de quema", "buenamengua", etc. Cuando se quieren evitar los rencores que provocan estos cantos, se juega "a todas buenas", es decir, sin cantar.

IV - COMO EMPUÑAR LA BOLITA

Para efectuar el disparo, debe colocarse la mano izquierda alzándose sobre sus dedos en el punto exacto donde estaba la bolita. La mano derecha descansara sobre la izquierda y empuñara la bolita. Los zurdos harán exactamente lo contrario.Hay dos formas clásicas de tomar la bolita: la antigua, despreciada muchas veces, y la moderna. En la primera la bolita se aloja detrás del índice. En la segunda, detrás del mayor, sirviendo el índice como guía o mira.Hay algo más. Algunos pibes muleros suelen extender la mano hacia adelante acercándose a la bolita del adversario. Esta demasía se conoce con el nombre de "ganfia o gañote" y es el origen de innumerables reyertas.En este punto conviene aclarar la existencia de otros juegos de bolita:"el triangulo, el gallito, la troya, la cuarta". Pasaremos por alto la complicada explicación de sus reglas.
El pasto ya ha crecido sobre las canchas. Los chicos ya no tienen las rodillas sucias. Los pantalones de medidas infantiles no tienen bolsillos.El pavimento y las baldosas lo cubren casi todo. Mandeb quizás tenia razón.Existe una conjura universal para impedir el juego de la bolita.Alguien tiene que ocuparse de indagar las razones de este complot y -si es posible- desbaratarlo.Y hay que encontrar los quinientos millones de bolitas perdidas.Hace pocos días, el autor de esta note trato de dar con el frasco donde guardaba unas pocas docenas. No estaba. Tampoco estaba la caja de las chapitas, el álbum de figuritas ni el trompo ni los autitos con masilla.Algo malo debe estar ocurriendo.

De “Crónicas del Ángel Gris”


LITERATURAS DEL ANGEL GRIS
Alejandro Dolina


La creencia en lo sobrenatural termina siempre siendo abolida por las gestas racionalistas. Sin embargo, como observa Rafael Llopis, los mitos regresan del brazo del arte romántico. Pero ya no como las puras creencias que eran antes, sino como estética.
Aun negados por la razón, los fantasmas se resisten a morir. Pero deben abandonar sus pretensiones de verdad y se ven obligadas a expresarse en un plano artístico donde reconocen de antemano su condición de fantástica.así el sentimiento, negado como creencia por la razón, niega a su vez la razón. Pero ya siendo arte, convertido en el eco de algo que ya no es, el mito pierde fuerza y se va agotando.
Hasta aquí Llopis. Tal vez falta apenas un modesto condimento: el arte romántico establece un vinculo inexorable entre el creador y su obra.De este modo el artista cree redondamente en sus engendros o al menos- como pedía Coleridge- suspende su incredulidad.
Los analistas de los mitos de Flores aplican estos criterios para explicar la leyenda del Ángel Gris.
Es posible que los vecinos hayan creído alguna vez en la existencia cierta de este mistongo agente celestial. Los Refutadores de Leyendas se encargaron de desalojar la superstición. Y nosotros recibimos - sombra de un suspiro- los restos incompletos de una literatura de barrio que insistió en el Ángel a pesar de todo.
¿Dónde ubicar a los Hombres Sensibles en estos vaivenes del pensamiento y la pasión?
No es fácil decidirlo. Manuel Mandeb y sus amigos no eran ingenuos en absoluto. Sus ilusiones no terminaban en el desengaño, sino más bien empezaban por allí.
Por lo que sabemos casi nunca hablaban del Ángel Gris. Tampoco ha llegado hasta nosotros la constancia de ninguna polémica acerca del asunto.En cierto modo, esto hace sospechar una certeza. Quien no hace cuestiones sobre la existencia de algo es porque esta seguro al respecto.Por supuesto ignoramos si tal certidumbre afirmaba o negaba al Ángel de Flores.
Curiosamente, muy cerca del silencio de los Hombres Sensibles, cundieron infinidad de textos, obra de artistas del vecindario, en los que se contaban toda clase de historias en las que aparecía el ángel.
De ella se ha extraído toda la información que poseemos ahora sobre esta figura desteñida, la más importante, pero también la más lejana en los relatos de Flores.
Repasemos algunos rasgos del Ángel Gris en los que coinciden la mayoría de los autores consultados.
* El ángel era invisible. Se sabe sin embargo, que llevaba una túnica gris y que sus alas estaban un poco sucias.
* Sus poderes eran escasos, como lo expresa una antigua copla:
"Que puede ofrecer un ángel que no sea fantasía o algún humilde milagro de cuarta categoría."
* Se creía que había sido castigado por alguna transgresión. Su pecado debió haber sido también humilde, pues no había nada de satánico en sus procedimientos.
* Era servicial, pero todos procuraban evitar su ayuda. Por alguna razón, el Ángel creía que la melancolía y el desencuentro eran cosas deseables y entonces recompensaba a sus entenados con tristezas permanentes.
* Se ha dicho que odiaba a los automovilistas y por eso interfería el funcionamiento de los semáforos.
* Siempre le gustaron las canciones tristes. A veces dictaba composiciones al músico Ives Castagnino. Las rubias de la calle Caracas han oído serenatas angelicales que parecían surgir de la sombra o de la nada.
* Participaba en todos los juegos del barrio. El ruso Salzman afirmaba que la probabilidad de hacer un siete en el pase ingles era dos veces mayor en Flores que en cualquier otro lugar. Carlos Menéndez, un renombrado ventajero de la calle Bolivia, juró que en diez años de actividad en todas las timbas de la barriada jamás le había tocado el siete de oros, carta que recibía con razonable frecuencia en Caseros o en Palermo.
* Repartía sueños desde el anochecer hasta el alba, llevando una canasta de panadero.
* No le estaba permitido salir de Flores. Los duendes, los fantasmas y los demonios de otros rumbos se burlaban de él.
Sin pretensión de antología, damos a conocer seguidamente algunos textos y datos biográficos de los escritores oscuros que se ocuparon del Ángel Gris.

RICARDO PEREZ BRUNETTO

Manuel Mandeb solía jactarse de haber olvidado la teoría de la relatividad, cuando en verdad jamás la había conocido. En el mismo sentido, Pérez Brunetto, con fingida amargura, decía que era un escritor olvidado: jamás alcanzo semejante rango. Pese a todo, algunos de sus cuentos impresionaban a sus primas hasta limites que el propio artista trato de ocultar:

CARLOS Y AMELIA:

El primer corazón lo encontró pintado en la pared del frente de su casa.En su interior, entre firuletes, se leía "Carlos y Amelia". Aunque se llamaba Carlos no se dio por aludido, pues no conocía ninguna Amelia.El segundo lo impresiono un poco más. Estaba dibujado a dedo limpio en la vidriera del bar "Tío Fritz."Al tercer corazón comprendió que el asunto lo concernía. Se le apareció de repente al despegar del ropero una foto de Laura Hidalgo.después empezó a encontrar corazones por todas partes: en el baño de la cancha de Vélez, detrás del almanaque de una tintorería, en un cuaderno viejo y en un árbol de la plaza a una altura impracticable para cualquier enamorado.No le costo nada sospechar algo prodigioso. Ninguno de sus amigos tenia ingenio ni tesón para una broma semejante.El último corazón se presento en un barrilete que acababa de arriar y que carecía de toda inscripción al ser remontado. Lo habían dibujado en el cielo.días más tarde, Carlos conoció a Amelia. Era hermosa pero triste y fría.Ahorraremos tramites literarios si decimos que se enamoro de ella. Averiguo donde vivía, fingió encuentros casuales, trato de interesarla de cien diferentes maneras. Finalmente le confeso su amor, suplico, se humillo, pero la mujer no le presto atención.No debe haber existido jamás un rechazo tan inapelable como aquel.después ya no aparecieron nuevos corazones. Carlos no vio a Amelia nunca más, pero por su culpa envejeció sin amores.Un DIA supo por una bruja que el Ángel Gris prepara estos sucesos para que algunos privilegiados vivan la rara experiencia del amor imposible.Y una tarde, paseando frente a la casa abandonada de la mujer terca, descubrió la borrosa sombra de un corazón pintado bajo la ventana.Entre firuletes se leía "Amelia y Ernesto."

RUBEN DI LEO

Centro delantero del club Empalme San Vicente. No era literato, pero escribió un extenso volumen titulado Mis mejores Jugadas, en el que relata con estilo insufrible más de mil quinientas acciones futbolísticas en las que aparece como protagonista. Una de ellas tiene cierto interés para nosotros:

JUGADA 304

Perrone pateo el corner desde la izquierda. Perdíamos uno a cero y faltaban dos minutos. El tiro le salió demasiado alto. Yo estaba en el área, pero ni pensé en saltar. De pronto sentí que unas manos ardientes me tomaban de la cintura y me elevaban por el aire. Así alcance una altura fenomenal, casi un metro por encima de los defensores. Misteriosamente mi cabeza chocó con la pelota. Las manos me soltaron y caí despatarrado. Me pareció escuchar el rumor de unas alas, pero fue mucho más fuerte el grito de gol de la tribuna.Desde ese día, cuando hay un corner trato de patearlo yo.

IVES CASTAGNINO

El más famoso de los músicos de Flores y de Palermo. El vals que transcribiremos fue dictado, según dicen, por el propio Ángel que además solía cantarlo al hacer cada noche la entrega domiciliaria de sueños:

EL REPARTO DE SUEÑOS (Fragmento)

Sueños rojos, azules y verdes, Tengo sueños de todos los colores.Sueños blancos y sueños rosados Para todas las pibas de Flores.
Hay un sueño, tan largo Que al soñarlo se escapa la vida.Y uno corto que es como un suspiro Quien lo sueña, sueña que suspira.
En esta canastayo traigo, señoreslos sueños famososdel barrio de Flores.
Tengo un sueño, dorado, imposible,tan hermoso que todos lo quieren.Y otro negro, perverso y terrible:el que no se despierta se muere.
Tengo aquí, para dar a los pobreslujosísimos sueños reales.Son los mismos que sueñan los reyes,al soñar somos todos iguales.
En esta canastayo traigo, señores,los sueños famososdel barrio de Flores.

LUNCHEON TICKET

Seudonimo anglofilo queutilizaba el Dr Pelagio Faggiolo para escribir novelas policiales. En sus relatos es elementalmente sencillo descubrir al asesino en virtud de los tempranos adjetivos que se le propinan.(Por ejemplo: el infame señor Galveston.)

LOS SEIS QUE SE SIGUEN

Harry, el ladrón simpático, estaba cercado. Los seis detectives más ilustres del mundo estaban en la ciudad, convocados para darle caza. Philo Vance, J.G. Reeder, Ellery Queen, Philip Marlowe, Sherlock Holmes y el padre Brown pronto empezaron su trabajo.Sin embargo, el Ángel Gris de Brooklyn acudió en su ayuda.Vance recibió una orden misteriosa e inapelable para que siguiera a Reeder.A Reeder se le ordeno seguir a Queen.Queen recibió ordenes de seguir a Marlowe.A Marlowe le ordenaron seguir a Holmes.A Holmes le dijeron que siguiera al padre Brown.Finalmente el padre Brown fue comisionado para seguir a Vance.A las pocas horas los seis estaban inmóviles en una plaza acechándose mutuamente y esperando un primer paso que nadie iba a dar.Harry, el ladrón simpático, cometió algunos delitos y después comenzó una nueva vida en un país lejano.Los seis detectives siguen en Brooklyn, atascados como universo inmóvil que espera una Voluntad.

NITO D'ALESIO

Literato aficionado de Monte Castro. Fue empleado municipal, como lo permiten colegir sus manuscritos, siempre estampados en el revés de formularios de la intendencia:

LA CALLE DEL BIEN Y DEL MAL

Como bien lo sabemos, la cuadra del Ángel Gris esta en la calle Artigas entre Bogota y Bacacay. Sucede allí algo muy particular: en una de las veredas no es posible ser bueno. En la otra es imposible ser malo.Una noche pase con una muchacha rubia por la vereda oeste. La arrincone en un umbral oscuro, la bese con pasión y logré poseerla allí mismo.Después cruzamos la calle. Y mientras caminábamos por la vereda oriental, le pedí que me olvidara y la abandone para siempre.En la cuadra del Ángel Gris hay dos veredas. En una no es posible ser bueno, en la otra no se puede ser malo. Aun no tengo decidido cual es cual.Hay en nuestro poder muchísimos otros escritos, todos con el mismo escaso interés.En estos días nadie se preocupa del tema. Los Hombres Sensibles se han desparramado y las gentes razonables prevalecen en Flores y en el mundo entero.Tal vez el propio Ángel Gris, allá en los desolados campanarios, cantara esta vieja copla que convida a durar.
Los que no saben soñardicen que nunca me han vistoy hasta yo mismo sospechoque en una de esas, no existo.

De “Crónicas del Ángel Gris”


LOS AMANTES DESCONOCIDOS
Alejandro Dolina

La sociedad de Amantes Desconocidos de Flores fue tal vez la entidad más secreta del barrio. Su misma naturaleza hacia imprescindible la discreción.Hace algunos años, cada vez que alguien recibía una carta de amor sin firma los hombres sabios no vacilaban en atribuirla a la Sociedad. Era esto un error: siempre han existido enamorados ocultos, sin que haga falta inventarlos.Por otra parte, cabe razonar que la obra de los Amantes Desconocidos solo pudo tener buen efecto en la medida en que no les fuera atribuida.Se calcula que en los años de su actuación, la Sociedad fraguó más de dos mil historias de amor.El procedimiento habitual era sencillo. Sin mayores ceremonias se elegía a una persona cualquiera. La mayoría de las veces se trataba de solitarios, melancólicos, desengañados, aburridos o simplemente amigos a quienes la entidad deseaba favorecer.El paso inmediato consistía en crear un amante ficticio para la persona elegida. Un equipo de ingeniosos creativos se encargaba del asunto. A los ingenieros les inventaban adolescentes picaras. A las modistas de la calle Morón les dibujaban nobles arruinados. A los Hombres Sensibles les hacían amantes románticas y trágicas, pero también muy pechugonas, que eran una verdadera delicia.Una vez establecidas las características generales del amante ficticio, se enviaba la primera comunicación. Así, muchos hombres y mujeres de Flores recibieron sorpresivas declaraciones anónimas que los llenaron de estupor.Se transcribe a continuación la carta que llevara el número de orden 1114."Querido ingeniero Atilio D. Gallardo: Le escribo desde las tinieblas de mi soledad. Le ruego que me disculpe si usurpo su preciosa intimidad. Pero existe, mi querido ingeniero, un sentimiento dentro de mi que ya no puedo dominar.Es preciso que usted sepa que lo amo, ingeniero.Usted no me conoce... O para decirlo mejor: usted jamás ha reparado en mi.¿Quién soy...?No creo que valga la pena que usted lo sepa. Digamos que me llamo Luisa, aunque ese no es mi verdadero nombre. Algunos dicen que soy joven y hermosa, pero tal vez exageran.Ah... si supiera, ingeniero, cuantas veces he llorado por usted.Si supiera cuantas noches despertado llorando y pronunciando su nombre:Atilio. En mi cuarto tengo un pequeño retrato suyo que he recortado de la revista "Temas de la construcción."Usted tal vez se ría de los delirios de una pobre muchacha enamorada. Pero ya no puedo luchar más contra mi corazón, ingeniero.Quiero proponerle algo. Escríbame. Cuénteme algo de su vida. Desde luego, todavía no pienso revelar mi verdadera identidad, de modo que deberá usted dirigirse a Luisa, Casilla de Correo 32.Un beso apasionado de su Luisa."
Después comenzaba la verdadera historia. El ingeniero respondía, Luisa escribía otra vez, el ingeniero reclamaba un encuentro, Luisa se negaba... Y entre carta y carta se iban conociendo e interesando cada vez más.Por supuesto, el encuentro no debía producirse jamás. Y esta es en verdad una regla de oro de los amantes desconocidos, reales o ficticios.Toda relación deberá girar alrededor de un encuentro futuro. Pero es fundamental el no encontrarse nunca. Las razones se ven venir: todo amante desconocido es perfecto. Tiene la cara que uno desea. Es, a nuestro capricho, morocho, rubio o ambas cosas a un tiempo. El amante desconocido no tiene defectos, no tartamudea, no fastidia con cosas cotidianas. Pero hay una virtud fundamental: por no ser nadie es también todas las personas del mundo. Si se comete el desatino de darle una identidad cierta, el amante desconocido se achica, aunque sea un ángel. Si es alto, ya no podrá ser petiso. Si es atlético, ya no podrá ser enclenque. Si es Juan, ya no podrá ser Pedro.Si es Luisa, ya no podrá ser Esther.
Por estos mismos motivos, la Sociedad de Amantes Desconocidos jamás enviaba fotografías aunque si las reclamaba de sus beneficiarios.La actividad de estos filántropos tenia por objeto combatir la soledad y la desdicha. Y cabe señalar que su acción despertaba en los vecinos del barrio un sano espíritu de emulación. Al conocer la existencia de enamorados secretos, muchas personas descubrían dentro de sí esa misma condición. Y así, junto a los amantes de ilusión creados por la Sociedad, cundieron los amantes secretos verdaderos.En sus buenos tiempos, Manuel Mandeb se carteaba con cuatro amores misteriosos. El pensador sospechaba que por lo menos dos eran obra de la Sociedad, más que nada, por el papel barato de las cartas. Pero sus investigaciones lo llevaron a comprobar la existencia cierta de las otras dos.Una de ellas resultó ser una compañera de un curso de guitarra que Mandeb seguía penosamente. Cuando el hombre se presento ante ella con las cartas en la mano, la chica rompió a llorar y huyo para siempre.La ultima de las amantes secretas era -según se supo mucho después- Beatriz Velarde, la piba más hermosa de Flores, de quien -a su vez- Mandeb era enamora- do secreto en otra colección de cartas.Pero estaba escrito que Manuel y Beatriz no se amaran nunca.El ingreso a Amantes Desconocidos de un grupo de redactores humorísticos y malévolos provoco una serie de catástrofes que marcaron la decadencia de la Sociedad.Estos profesionales, que perseguían únicamente la diversión personal, empezaron a enviar cartas a damas casadas y a urdir toda clase de intrigas chuscas.De este modo consiguieron que la Sra. Aurora B de García Vassari se presentara a las cuatro de la mañana con una vela en la mano en el fondo del pasaje Triste.Asimismo fueron los culpables de infinidad de divorcios, riñas, peloteras y toletoles entre los matrimonios más acrisolados de Flores.Pero hay que mencionar un fenómeno curioso que les ocurría a casi todos los miembros de la Sociedad.Conforme avanzaba la correspondencia con los beneficiarios, muchos guionistas se enamoraban de verdad. La conocida redactora publicitaria Luz Vasallo se volvió loca de amor por el poeta Jorge Allen, cuyo caso atendió durante meses.Para evitar estas situaciones, las autoridades de la entidad resolvieron una rotación de guionistas. Pero el resultado fue desastroso. Las cartas perdían coherencia y verosimilitud, pues los redactores no alcanzaban a compenetrarse debidamente en su función.Sobre el final de sus actividades Amantes Secretos recurrió al teléfono.No fue una experiencia feliz. El lenguaje telefónico es menos tolerante con la creación artística y -por lo demás- muchos guionistas soltaban la carcajada en medio de las charlas, provocando cierta perplejidad en el cliente.El juego de los Amantes Desconocidos era sin duda apasionante. Pero aunque admitía procesos más o menos prolongados, al cabo terminaban por extinguirse.Nadie puede resistir mucho tiempo la tentación de conocer. Todos, tarde o temprano, exigen la consumación del amor epistolar.Y así terminaban todas las historias. La mayoría de las veces con el silencio y el olvido. En alguna ocasión, con encuentros más bien desteñidos.Ives Castagnino, el músico de Palermo, se encontró una vez con una dama desconocida que le había enviado cartas durante años. Cuando la vio en la esquina, se acerco y le dijo:- Buenas noches. Soy el desengaño.Hoy ya nadie habla de los Amantes Desconocidos de Flores. Pero esta entidad sin fines de lucro bien puede dejar en nuestro espíritu la sombra de una idea.¿Por qué no convertirse uno en Amante Desconocido? ¿Por qué no ayudar con ilusiones a tantas almas solitarias que andan por la cuadra?La vida esta poniéndose muy aburrida. Sería maravilloso recibir una mañana de estas una nota perfumada y llena de besos que viene de no sé dónde.Dejo la inquietud a tantos guionistas, redactores, poetas y literatos que malgastan su tiempo jugando al billar.

De “Crónicas del Ángel Gris”


NIÑOS LIBROS Y LECTURAS
Alejandro Dolina


Las novelas decimonónicas sobre el Imperio Romano se esfuerzan en reconstruir la época de los Cesares y apenas consiguen revelar las preferencias y gustos del siglo XIX. Sucede que los cónsules, los senadores y los emperadores no pueden disimular el acento de las tertulias parisinas, por mucho que se esfuerce el escritor. Esto no debe dejar apuntarse como un reproche sino más bien como una fatalidad que conviene saber antes de la lectura.Algo parecido sucede con los libros para chicos. Escritos desde un mundo diferente, suelen referir historias que suenan falsas, protagonizadas por seres lejanos e incomprensibles. Ante su propia creación, los autores suelen afectar una especie de perpleja benevolencia, la misma que se usa en la descripción de las costumbres de los salvajes.Alguien podrá decir que lo más conveniente es que los romanos escriban sobre el imperio, y los niños sobre la infancia. Objeción: los romanos no escriben ya y los niños no lo hacen todavía. De unos y otros nos separa el tiempo.Puede aducirse que mientras ningún escritor actual ha sido ciudadano del Imperio, casi todos han sido niños. Sin embargo, un complicado abismo de olvidos y falsos recuerdos parece alejarnos de nuestras emociones infantiles. Los literatos que se fingen chicos no consiguen engañar a nadie.A decir verdad, no es posible ni siquiera saber con certeza si los niños disfrutan de los libros que se les preparan.Con mucha cautela, me atrevería a apostar que no. Evocaciones que acaso invento ahora me remiten a las historias de terror, las investigaciones de Mister Reeder, el Padre Brown y el poema A Margarita Debayle, creaciones todas que poco tienen de infantiles.Me parece también recordar que a mis cuatro o cinco años escuchaba con más placer La Copa del Olvido o Mi Noche Triste, que las cargosas pamplinas sobre faroleras tropezadas.Así, menos en forma de teoría que de sospecha, postulo que un libro que entretiene a un chico debe ser capaz de hacerlo con un adulto. Desde luego, la admiración no sirve en el orden inverso: toda obra necesita una información previa por parte del lector para ser comprendida. El cuento El inmortal, de Jorge Luis Borges, resultaría más incomprensible -o insulso- para quien desconociera la existencia de Homero.
La medición de un hexámetro exige saber latín. Presiento, sin embargo, que miles de cuentos y novelas pueden ser leídos sin penuria por los chicos y sin aburrimiento por los mayores. Los ejemplos son tan contundentes que me avergüenzan: La Isla del Tesoro, los cuentos de Oscar Wilde, Las Mil y una Noches, las maravillas y horrores de la mitología clásica.Frente a estas obras, los coloridos volúmenes de las colecciones infantiles resultan bastante insípidos.A veces me palpito que muchos de estos textos son estropeados por la intención edificante. Alguien me dijo una vez que en verdad ocurre lo contrario: la torpeza literaria desacredita la moraleja.
Manuel Mandeb, el polígrafo de Flores, sentía horror por las novelas protagonizadas por niños. Sostenía que sus comportamientos eran poco racionales, o lo que es peor, poco artísticos. Recomendaba insuflar a los pequeños personajes la mayor gravedad, pues entendía que los chicos son generalmente serios y aborrecían la socarronería.Mandeb creía que el amor a los niños era una virtud literaria capaz de redimir cualquier defecto.
-El cariñoso esfuerzo conmueve a los pibes aunque no lo confiesen - decía.
Me parece que el hombre de Flores adivinó una gran verdad.Cuando era chico yo sentía una emoción deliciosamente triste ante las calesitas, los circos y los caleidoscopios. No me gustaban, no me divertían.Pero me hacían sentir una inmensa piedad por aquellas gentes, más inocentes que yo, que trataban de agradarme con ingenio modesto.De entre mis juguetes infantiles recuerdo una cimitarra de madera que me trajo mi padre. Mis juegos no incluían las gestas sarracenas, de modo que no pude sacarle el mayor provecho. Pero allí estaba el amor del hombre aquel que tal vez no me comprendía.Por eso creo en el criterio de Mandeb. El amor de un poeta puede ser más eficaz que un buen argumento.Más tarde he reconocido aquellos sentimientos de la niñez al recibir algún regalo demasiado humilde.En los años dorados, un grupo de maestros melancólicos del barrio del Ángel Gris preparo un libro de lectura escolar diferente de todos.Su titulo fue Tempranos Desengaños.Contaba con textos de Manuel Mandeb y Jorge Allen, la docente Etelia C. de Doth y otros oscuros literatos del barrio. También se procuro hacer creer que escribían algunos niños, cosa que nadie llegó a admitir jamás.Muchos educadores han dicho que Tempranos Desengaños carecía de propósitos aleccionadores. Nada más falso. , En muchas de sus paginas se promueve la admiración de ciertas conductas. Sucede -eso si- que tales conductas son precisamente aquellas que repudian los libros infantiles convencionales. Se enaltece la inasistencia a clase, se desprecia la aplicación, se duda de la higiene y se festejan los desordenes.Hay cuentos, poesías, notas y canciones, entre las que sorprende encontrar la milonga Cobrate y Dame el Vuelto.
Vamos a transcribir algunos textos.

LOS DEBERES DE PEDRO

Pedro se sienta en los últimos bancos del aula, como corresponde a un chico que desdeñan la educación y la vecindad de los poderosos. Las conspiraciones y los batifondos nunca lo hallan ajeno. Busca el riesgo de las transgresiones y la compañía de los más beligerantes. A veces lo tientan el estudio y la inteligencia.Entonces, como quien acepta un desafío, como una compadrada, resuelve arduos problemas de regla de tres y cumple los dictados sin tropiezos.Un día, la maestra le acaricia el pelo tiernamente. Él piensa:
- Ay señorita... Si supiera como me gustaría regalarle una flor y darle un beso.
Pero Pedro sabe quien es y conoce su deber y su destino. Con una gambeta se aleja del afecto inoportuno y va a buscar la gloria allá en el fondo, donde los malandras se empeñan revoleando los tinteros para que se cumpla mejor el divino propósito del Universo.

EJEMPLO(poesía)

Los sabios nos han dichoque sigamos la sombra de tu paso.Y ha sido tu destrezala vergüenza de nuestras lentitudes.
Los signos que guardabala efímera pizarra en su negruraa ti no te negaronrevelaciones y sabidurías.
Los Seres que Vigilanhan sabido por ti nuestras infamiasy hallaste recompensaen la noticia del castigo ajeno.
Ah, blanco paradigma,luminoso, implacable compañero:hoy nuevamente ha sidopostulada tu suerte como ejemplo.
El numeroso patiotu sangre dibujada vio en el sueloy el rumbo de mis golpessiguió la blanca popa de tu miedo.
Así supieron todosdespués de tu derrumbe en el recreolas biabas que prometemi zurda a los traidores del colegio.

LOS NIÑOS PRECOCES (por Manuel Mandeb)

Algunos chicos dan frutos tempranos, no los niego. Sus padres se enorgullecen y los exhiben entre sus familiares y conocidos, cuando no en el cine o la televisión.Me atrevo a pensar -sin embargo- que no toda precocidad es auspiciosa.Empecemos por decir que existen adultos bondadosos, agudos, valerosos o geniales. Y que también los hay mediocres, hipócritas, pomposos y canallas.El niño precoz recibe la visita anticipada de ciertos rasgos de la adultez.Algunos tocan el piano como expertos profesionales, otros aprenden lenguas, dibujan o poseen la ciencia.Pero hay chicos cuya precocidad consiste en adquirir antes de tiempo el tono vacío y protocolar de las conversaciones de sala de espera, y aprenden a los seis años la filosofía de los tontos satisfechos.
"Así anda el mundo, Doña Juana..." "Que se gana discutiendo, DonJosé..." "Hablando se entiende la gente, Carlitos..."
También repiten el lenguaje de las revistas y hacen suyas las respuestas de los reportajes más vulgares.Por cierto, mucha gente cree que esa es la sabiduría, y yo digo que más sabios son los pibes indoctos que observan con repugnancia los diálogos de los parientes bien educados.
Ojalá surjan muchos niños prodigio que se apropien del genio con impaciencia.Pero para ser un papanatas, me parece que no hay apuro.

EL NIÑO QUE FUE A MENOS

La señorita Claudia le pregunta a Ferro:
-¿Quién fundó la ciudad de Asunción?
Ferro lo ignora y lo confiesa. La maestra intenta por otros rumbos.
- Tissot.- No sé señorita.- Rossi.
Silencio. El ambiente se pone pesado porque quizá la señorita Claudia enseño aquello el día anterior.
- Maldonado.
Nada. Claudia frunce el ceño y ensaya unos reproches generales.Frezza, el tano Frezza, lo sabe de algún modo misterioso. Es extraño el camino que siguen las nociones: suelen alojarse donde menos se lo piensa.
- Nuñez. López. Dall'Asta.
Tampoco. Frezza espera, sobrador, sin levantar la mano. Cosa de manya orejas, piensa.La señorita Claudia se dirige a las niñas y pronuncia el nombre amado.Frezza esta muy lejos para soplar y la morocha que lo enloquece no puede contestar.De pronto, la maestra lo mira.
- Frezza.
Y el niño taura, que tal vez necesita anotarse un poroto, se levanta, mira hacia el banco de la morocha y dice casi triunfal:
- No lo sé.
Si es que nadie lo sabe estará bien no saberlo. Frezza se sienta y se oye entonces, como en una horrible blasfemia, la voz de Campos, injuriosa:
- Juan de Salazar!
Pasaron los años. La morocha no conoció el amor de Frezza ni tampoco su gesto elegante y generoso.Si alguien califica estas lecciones en alguna Libreta Celeste, Frezza tendrá un nueve. Y si ni siquiera existe esa Libreta, entonces tendrá un diez.

UNA PELEA

Me empujaron a la salida. Hubo un tumulto blanco y después de una rápida investigación que de frente a frente con Carlos.
-¿Qué empujas?
Se formo una rueda. Alguien gritó:
-Fajalo...
Niñas aterrorizadas se sumaron al grupo.Carlos se puso muy colorado. Manos crueles lo empujaron hacia mí.Tito, falso caudillo y sujeto temido, me dijo:
-Dale... ¿O le tenés miedo?
Entonces le acomode una piña y ahora ya sé que soy cobarde.
Tempranos Desengaños no fue aprobado por las autoridades escolares.Puede afirmarse que pocos chicos lo leyeron.Sin embargo, como si alguien les impartiera preceptos secretos, aun hoy, en el tiempo de Los Refutadores de Leyendas, hay niños que se siguen sentando en los últimos bancos y también hay hombres que lejos ya dela escuela se apartan de las ventajas y de las oportunidades fáciles.A esos, a los del Fondo, a los que pudiendo sentarse en el primer banco lo rechazan, a los que no figuran como ejemplos en los libros de lectura, a los espíritus lunares, a los alumnos de coraje y honor que - según presiento- no leen obras como esta, a todos ellos-tardíamente- los abrazo ahora, cuando ya no me lo impiden las mezquindades que cargue en mi niñez.

De “Crónicas del Ángel Gris”


PACTOS DIABOLICOS EN FLORES
Alejandro Dolina

Los Hombres Sabios aseguran que en los viejos tiempos, el demonio y sus subalternos paseaban con frecuencia por el barrio de Flores. Después del anochecer, en la plaza y la estación, rondaban nobles y plebeyos infernales.Asmodeo, inspirador del juego, visitaba las timbas.Baal-Fagor auspiciaba inventos y descubrimientos perversos.Uzza y Azrael enseñaban a las mujeres a maquillarse para encender la lujuria de los hombres.Y también acechaban Astaroth, Belial, Samyaza, Yekun y Belcebú, el señor de las moscas.El propio Satán paraba en una lechería de la calle Artigas.El aspecto de los demonios permitía confundirlos con ciudadanos vulgares. Y en verdad, esto es lo que ocurría generalmente. Sólo los muy sagaces alcanzaban a vislumbrar las señales que denuncian al que viene de las tinieblas: la demasiada elegancia, los botines relucientes, un anillo en el meñique, el reloj de oro, una uña larga y afilada, un boleto en el ojal de la solapa.Se sospecha que el propósito de aquellas presencias era la concreción de pactos diabólicos.Manuel Mandeb juraba haber visto un carro en la noche, conducido por Mandinga El polígrafo de Flores asustaba a los chicos imitando el pregón:
-Almas...compro almas...Llego el Tentador, patrona...
El músico Ives Castagnino mostraba un contrato de pragmática impreso en los talleres gráficos del Averno. Allí se establecían las condiciones generales del pacto y las obligaciones del aspirante, que eran trece.
1) Renegar de Dios2) Blasfemar continuamente3) Adorar al diablo4) Usar cualquier medio para no procrear5) Jurar en nombre del diablo6) Comer carne7) Imaginar que se tiene comercio carnal con el diablo8) Llevar siempre encima la imagen del diablo9) Lavarse la cara y peinarse de cuatro en cuatro días10) Bañarse cada cuarenta y dos días11) Mudar de ropa cada cincuenta y siete días12) Afeitarse cada noventa y un días13) No cortarse ni limpiarse las uñas jamás y comer cada cuatro horas, cuatrodientes de ajo.
Acordar un pacto con el demonio significaba siempre la entrega del alma.Se sospecha que en Flores algunas personas fueron efectivamente tentadas y alcanzaron a estampar firmas sangrientas para legalizar su perdición.El abogado Antonio B. Ávila fue acusado muchas veces de facilitar su oficina y los papeles sellados para estos convenios abominables. Si bien la venta de al más se mantenia en el mayor secreto, han llegado hasta nosotros los nombres y las historias de algunos condenados por voluntad propia.No se trata-confesemos- de casos ilustres, como el del doctor Fausto, el párroco Urbain Grandier o el pintor bavaro Christoph Haizmann. Pero vale la pena conocer a estos modestos tratos infernales, aunque más no sea para aprender a gambetear los engaños del Adversario.

EL BANDONEONISTA ANSELMO GRACIANI

Los músicos que pactan con el diablo alcanzan siempre una dimensión genial. No ocurría así con Anselmo Graciani. Su exigencia ante Lucifer fue poder tocar como deseaba y soñaba, y los anhelos musicales de Graciani eran vulgares.Cierto es que despachaba la variación de Canario en Paris con los ojos cerrados. Pero más allá de las compadradas acrobáticas su estilo era banal y relamido, asolado por innecesarios firuletes de cumpleaños.Alcanzo éxito y renombre en ciertos ambientes. Ives Castagnino llego a tocar en su orquesta y aprendió a odiarlo.Se dice que Graciani pagará el don recibido tocando eternamente en el Tártaro, para suplicio -o solaz- de los reprobos.

DIALOGO ENTRE ASMODEO Y EL RUSO SALZMAN

Asmodeo: Soy Asmodeo, inspirador de tahúres y dueño de todas las fichas del mundo. Conozco de memoria todas las manos que se han repartido en la historia de las barajas, También conozco las que se repartirán en el futuro.Los dados y las ruletas me obedecen. Mi cara esta en todos los naipes. Y poseo la cifra secreta y fatal que han de sumar tus generales cuando llegue el fin de tu vida.Salzman: ¿No desea jugar al chinchón?Asmodeo: No, Salzman, vengo a ofrecerte el triunfo perpetuo. Con sólo adorarme, ganarás siempre a cualquier juego.Salzman: No sé si quiero ganar.Asmodeo: ¡Imbécil...! ¿Acaso quieres perder? Salzman: No, tampoco quiero perder.Asmodeo: ¿ Qué es lo que quieres entonces?Salzman: Jugar. Quiero jugar maestro....Hagamos un chinchón.

RUBEN GARMENDIA, EL PICAFLOR

No parecía mal negocio el de Garmendia. Le garantizaron el amor de todas las mujeres. El tormento eterno era sin duda, un precio razonable.Todos lo recuerdan en Flores paseando con las mujeres más hermosas de la ciudad.Según cuentan, las muchachas lo seguían por la calle. En las confiterías, se acercaban a su mesa para ofrecérsele redondamente. Muchas veces debía arrojarse de los colectivos, huyendo del ardor de las pasajeras.Sus amigos lo abandonaron, temerosos de que sedujera a sus novias.Sor Juana Inés de la Cruz dictaminó que el amor es como la sal: dañan su falta y su sobra.Garmendia soportó como nadie la segunda desdicha.Sus amantes no se resignaban a la ausencia y se le aparecían en su casa llorando y arrojando piedras a las ventanas. En sus ultimas épocas se lo veía perseguido por muchedumbres de damas sin consuelo que le tiraban del saco.Para completar su desventura, se enamoro de una vecina y ya no necesito la pasión de otras mujeres. Supo además, que la chica lo amaba desde tiempos lejanos, anteriores al pacto.Comprendió entonces que Satán era tramposo.Se sabe que trató de disolver el vínculo, pero es poco probable que lo haya logrado.Un marido celoso lo asesinó un 25 de mayo.

EL HOMBRE QUE ERA, SIN SABERLO, EL DIABLO

Un caballero de la calle Caracas resolvió negociar su alma. Siguiendo los ritos alcanzó a convocar a Astaroth, miembro de la nobleza infernal.- Deseo vender mi alma al diablo –declaró.- No será posible- contesto Astaroth.- ¿Por qué?- Porque usted es el diablo.

EL PEQUEÑO PACTO DE MANUEL MANDEB

NO le fue fácil al diablo tentar a Manuel Mandeb. Para empezar, cada vez que se le aparecía, el hombre salía corriendo, sin dar tiempo a presentaciones ni propuestas.Un día, disfrazado de ferroviario, logró captar la confianza del polígrafo y finalmente le propuso el pacto de siempre.
- En realidad me gustaría obtener el amor de una cierta señorita. Pero no creo que valga un alma. Es de estatura escasa.- Puedo darte ese amor y también riquezas y honores, para completar la diferencia.- Tengo una idea mejor –gritó Mandeb- ¡Concedame ese amor! A cambio yo cometeré cuatro iniquidades, que tal vez alcancen para condenarme.
Discutieron largo rato. Satanás acepto sin entusiasmo el pequeño pacto, que firmo con tinta corriente. Las cuatro iniquidades fueron establecidas por escrito y eran estas:
1) Un latrocinio. Mandeb lo resolvió robándose las bolas de billar de una mesa del salón Odón.2) Una blasfemia.3) Una traición. No fue sencillo cambiar de panadería, pero había que cumplir.4) La cuarta iniquidad fue identificada por el propósito mismo del pacto. Hacerse amar por alguien y no dar el alma a cambio es, por cierto, una canallada.
A fuerza de generosidades y arrepentimientos, Mandeb fue emparejando el peso de sus pecados, hasta quedar en condiciones de salvarse del infierno, ajustadamente.

EL HOMBRE QUE PEDIA DEMÁSIADO

Satanás: ¿Qué pides a cambio de tu alma?Hombre: Exijo riquezas, posesiones, honores y distinciones.... Y tambiénjuventud, poder, fuerza y salud... Exijo sabiduría, genio, prudencia... Ytambién renombre, fama, gloria y buena suerte... Y amores, placeres,sensaciones... ¿Me darás todo eso?Satanás: No te daré nada.Hombre: Entonces no tendrás mi alma.Satanás: Tu alma ya es mía. (Desaparece)

Algunos relatos del barrio señalan la evidencia de posesiones diabólicas.Siempre se sospecho de los cantores de jazz, porque tenían la posibilidad de hablar un idioma que desconocían. Jorge Allen se jactaba de tener un alma inhóspita y juraba que varios demonios habían tratado de usurparla sin aguantar más de media hora.También se hablaba de íncubos y súcubos que mantenian amores con personas desprevenidas.
Papini sostenía la imposibilidad de los contratos infernales. El diablo - decía- no necesita complicadas cláusulas para capturar almas. Y cabe suponer que un hombre tan estúpido como para renunciar al cielo a cambio de unos años de fortuna ya esta perdido antes de firmar nada.
A mi me parece adivinar que estamos ante una alegoría.Tal vez no existan las cruentas rubricas ni los rituales. Pero es posible que algunas de nuestras conductas sean -secretamente- la suscripción de un acuerdo. Quizás muchos de nosotros hemos vendido nuestra alma al diablo, al precio miserable de sentirnos satisfechos de nuestra integridad.Creo que hoy - como entonces- los demonios andan cerca. Ya no tienen para nuestra desgracia, el horrible aspecto que antaño daba una cierta lealtad a su malevolencia. Ahora se nos aparecen amables y sonrientes, cuando no angelicales.Es difícil, muy difícil, reconocer al diablo, adivinar de que modo hemos firmado e imaginar que clase de infierno nos espera.Me gustaría pensar que las almas puras alcanzan a percibir unas pálidas señales. Y así como muchos pactan sin saberlo, otros, sin saberlo, no pactan.El cielo nos proteja de los demonios, de sus empleados, de sus victimas y de los malvados que viven convencidos de su bondad.

De “Crónicas del Ángel Gris” ................................continua

DE ANGELES Y FANTASMAS -2ªparte // SELECCION DE RELATOS DE ALEJANDRO DOLINA

Escrito por imagenes 05-01-2008 en General. Comentarios (2)

DE ANGELES Y FANTASMAS -2ªparte // SELECCION DE RELATOS DE ALEJANDRO DOLINA

DE ANGELES Y FANTASMAS -- SELECCION DE RELATOS DE ALEJANDRO DOLINA // 2ª parte
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Los Hombres Sensibles, los Refutadores de leyendas y los Reyes Magos
Alejandro Dolina


Todos conocen la aguda polémica que suele encenderse en Flores cuando se acerca el seis de enero.
Los Refutadores de Leyendas cumplen en esos días horarios especiales y desatan una intensa campaña. Naturalmente, tratan de esclarecer a los chicos acerca de la verdadera identidad de los Reyes Magos. Los más desaforados no vacilan en afirmar que estos personajes no existen y que la eventual aparición de juguetes sobre el calzado infantil es el resultado de sigilosas maniobras de los padres, amparados en las sombras de la noche.
Sus argumentos -hay que decirlo- son bastante sólidos. El profesor Pedro Del Moro los ha reunido y codificado en su libro Los Reyes son los padres. Esa obra, cuyo solo título presagia revelaciones apocalípticas, comprende tres grandes capítulos, cada uno de ellos con razonamientos de distinto color.
El primero se titula Testimonios, Cerca de doscientas personas cuentan experiencias personales que abonan la tesis central del libro. Transcribimos algunos fragmentos.
“... Me costó dormirme. Siempre me pasaba lo mismo en noches como aquélla. Ese año mis pedidos habían sido bastante módicos. Un encendedor, una afeitadora eléctrica y una caja de lápices. A medianoche me desperté sobresaltado: ¿Había puesto mis zapatos en el pasillo? Me levanté para comprobarlo. Y entonces en la penumbra del pasillo, subrepticio como un ladrón, hincado sobre mis viejos mocasines, vi a mi padre con los regalos. Se levantó lentamente. Durante un largo rato nos miramos con encono.
-De modo que así son las cosas - le dije.
-Dejame que te explique...
-No, papá -no me importó ser cínico-. Creo que ya es demasiado tarde para explicaciones...”
Es probable que los berretines novelísticos del profesor Del Moro conspiren contra el estilo expositivo que es deseable en toda obra de especulación científica. Las otras historias del primer capítulo son ‑sin bien se las mira‑ todas iguales: sujetos que sorprenden a sus padres en situaciones comprometidas, confesiones espontáneas de padres arrepentidos, trampas preparadas de antemano y hasta fotografías reveladoras. El más resonante es el caso de un joven estudiante de farmacia que habiendo entrado en sospechas a causa del demasiado trato con las ciencias, amenazó a su madre con un arma hasta que la pobre mujer reconoció sus usurpaciones.
En el segundo capítulo, Del Moro apela al sentido común. Básicamente sostiene:
a) Que es por lo menos improbable que tres personas visiten todas las casas del mundo en una sola noche.
b) Que también resulta difícil admitir que puedan acarrear en sus bolsas centenares de millones de juguetes.
c) Que los regalos que amanecen sobre los zapatos el 6 de enero parecen más paternales que reales, sobre todo en el precio.
Sobre la alfalfa que algunos niños dejan en el patio, Del Moro opina que es ingerida por los padres, quienes de este modo no solamente serían los Reyes Magos, sino también los camellos.
El tercero y último capítulo es una larga serie de consejos sobre la conveniencia de no fomentar ilusiones en los niños y de explicarles todo, en términos amables pero rigurosamente exactos.
Los Hombres Sensibles de Flores, por el contrario, prefieren que los chicos crean en los reyes, en las hadas y en el mundo de los sueños.
Por eso cada vez que se encuentran con un pibe le cuentan que hay ratones que dejan dinero bajo las almohadas si uno les pone un diente. 0 que el hombre de la bolsa se lleva a quienes sienten repugnancia por la sopa. 0 que soplando panaderos se consigue lo que uno quiere. 0 que pisando baldosas rojas se ahuyenta al demonio. 0 que haciendo gancho con los dedos se impide a los perros exonerar sus intestinos.
En la anual discusión de los Reyes Magos, los Hombres Sensibles acusan a los Refutadores de Leyendas de obrar con el único propósito de ahorrarse el regalo. A su turno, los Refutadores declaran que muchos pibes de Flores fingen creer, aun siendo escépticos, al solo efecto de recibir un trencito o una pelota. “Esta infame actitud -dice el profesor Del Moro en su libro- es propia de niños perversos y mezquinos. ¿Qué se puede esperar de quienes venden su inocencia por una bicicleta?”
Los Hombres Sensibles tienen en esos asuntos algunos aliados indeseables.
Muchas personas que se jactan de su dulzura suelen cometer el desatino de intentar la demostración racional del mundo mágico para convencer del todo a los chicos.
Así, cada Navidad, docenas de pajarones se disfrazan de Papá Noel (una ilusión gringa, les garantizo). Otros hacen el Rey Mago y hasta llegan a saludar y besar a sus sobrinos para que crean o revienten.
Desde luego, esto no debe extrañamos en un mundo en que la gente cree solamente en lo que se ve y se toca. No comprenden estas personas que es cien veces más verosímil un personaje que no se ve jamás y tiene la apariencia de nuestros sueños, que el chitrulo pintado de negro, que se ha puesto el bastón de nuestra abuela, se parece al tío Raúl y huele a cerveza.
Yo no creo que los chicos se traguen esos disfraces. En los tiempos de mi infancia, la tienda Gath & Chaves solía exhibir en sus salones a los Reyes Magos. Yo tenía 5 años, y aunque era bastante pavote, razonaba que se trataba de tres impostores pagados por la tienda. No era posible que quienes provenían del Barrio Celeste anduvieran tomando partido por la prosperidad de una casa de comercio.
Manuel Mandeb en su estudio Ilusiones eran las de antes se queja de esa tendencia a la garantía visual. Veamos:
“... En estos asuntos el exceso de pruebas es más sospechoso que la ausencia de ellas. Muchos niños han creído en los Reyes hasta que los vieron. Lo único que hay que hacer es sembrarla ilusión. Después ésta crecerá sola. Nada de disfraces ni payasadas. Si insistimos en mostrar al niño todo aquello cuya existencia postulamos, llegará un día en que el pequeño sabandija nos exigirá que le mostremos el desengaño o un átomo o una esperanza. Y como no podremos hacerlo, el tipo reputará inexistentes a esperanzas, desengaños y átomos...”
No andaba desacertado Mandeb. Cuando uno ve películas de terror cree firmemente en el monstruo hasta que lo ve. Entonces descubre que no se trata del verdadero horror (que existe positivamente dentro de no­sotros) sino de un truco lamentable. Pero algunos párrafos más adelante, el pensador árabe vuelve a caer - como tantas veces - en el desafortuna­do rumbo de los tomates. Siguiendo con el criterio de no aportar pruebas concretas, Mandeb llega a insinuar la conveniencia de suprimir el regalo de Reyes por considerarlo una concesión improcedente.
“... Así todo sería ilusión: los Reyes, su visita y aun el regalo del que podría hablarse, pero que sería imposible de ver y tocar. Los niños correrían en monopatines imaginarios y shotearían pelotas soñadas, que son las mejores porque nunca se pinchan ni se pierden ni son cortadas en pedazos por los vecinos intolerantes.”
Mandeb pensaba, además, que la abolición de la recompensa ennoblecía la creencia y, -por otra parte- eliminaba injusticias.
“Los chicos pobres son capaces de sueños tan rumbosos como los de los príncipes.”
Manuel Mandeb, como tantos Hombres Sensibles creía realmente en los Reyes Magos.
Todos los cinco de enero ponía sus zapatones en la ventana de la pieza de la calle Artigas donde vivió muchos años. Jamás le dejaron nada, es cierto. Pero el hombre suponía que esto obedecía a su conducta, no siempre intachable. En los días previos, las viejas del barrio creían notarlo amable y compuesto. Quizá no eran suficientes esos méritos de compromiso. No es fácil engañar a los Reyes.
Muchos de sus amigos sintieron alguna vez la tentación de dejarle algún regalito.
Pero no quisieron engañarlo. Ellos también esperaban con él. Y hacían fuerza para que alguna vez apareciera aunque más no fuera un calzoncillo.
Nunca ocurrió nada, pero la fe de los Hombres Sensibles de Flores no se quiebra fácilmente.
¿Qué virtud encierra creer en lo evidente? Cualquier papanatas es capaz de suscribir que existen las licuadoras y los adoquines. En cambio se necesita cierta estatura para atreverse a creer en lo que no es demostrable y -más aun - en aquello parece oponerse a nuestro juicio. Para lograrlo hay que aprender - como quería Descartes - a desconfiar del propio razonamiento. Por supuesto, en nuestro tiempo cualquier imbécil tiene una confianza en sus opiniones que ya quisiera para sí el filósofo más pintado.
La incredulidad es -según parece- la sabiduría que se permiten los hombres vulgares.
Nosotros resolvimos apostar una vez más por las ilusiones.
Por eso hicimos nuestras cartitas, pusimos nuestros enormes y pringosos zapatos en las ventanas, en los patios y aun en los jardines.
Y el seis de enero recogimos nuestros sencillos regalos y se los mostramos a los vecinos.
-Mire lo que nos trajeron los Reyes.
Algunos Refutadores de Leyendas nos miraban con envidia, silenciosamente.

De “Crónicas del Ángel Gris”
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REFUTACION DEL REGRESO
Alejandro Dolina


No hay sueño más grande en la vida que el Sueño del Regreso. El mejor camino es el camino de vuelta, que es también el camino imposible. Los Hombres Sensibles de Flores, en sus nocturnas recorridas por las calles del barrio, planeaban volver.Volver a cualquier parte.A la adolescencia, para reencontrarse con los amores viejos.A la infancia para recobrar las bolitas perdidas.A la primera novia, para jurarle que no ha sido olvidada.A la escuela, para sentir ese olor a sudor y tiza que no se encuentra en ninguna otra parte.Volver fue para ellos la aventura prohibida. Cada noche sonaban con patios queridos y cariños ausentes. Y cada mañana despertaban llorando desengañados y revolvían la cama para ver si algún pedazo de sueño se había quedado enganchado entre las cobijas.A pesar de todo, los muchachos de Flores habían aprendido a disfrutar de los regresos modestos y cada tanto visitaban antiguas pizzerías, veían películas de Paul Muni, cantaban el vals Penas que Matan o examinaban fotos amarillentas en la pieza de Manuel Mandeb.Desde luego, los Refutadores de Leyendas se burlaban de todo esto.- ¡Saluden a los nuevos tiempos! - gritaban- . El mundo marcha hacia adelante.La comparsa racionalista acusaba a los Hombres Sensibles de retrógrados y conservadores. Tal vez tenían algo de razón: Mandeb y sus amigosandaban siempre por los mismos lugares, contaban miles de veces las mismás anecdotas y se divertian robando nisperos simpre en la misma casa.- Marchan ustedes a contramano de la historia- rugian los Refutadores.Y era cierto. Pero siempre es recomendable recorrer la vida a contramano, sobre todo si uno sospecha quien ha puesto las flechas del transito.En los años dorados del barrio del Ángel Gris, funcionaba en la calle Gavilan la agencia Todo para el Regreso. Esta empresa organizaba viajes y peregrinaciones cuyo atractivo principal estaba en la vuelta. Por cierto, solían elegir lugares horrorosos, con alojamientos míseros y comidas inmundas, precisamente para acrecentar el deseo de volver cuanto antes.Pero el mayor éxito se obtuvo con el Servicio de Recuperación de Vecinos.La agencia se ocupaba de localizar y entrevistar a pobladores antiguos, alejados del barrio por las perversas mudanzas. Por un precio razonable se les ofrecía una fiesta callejera en su viejo vecindario, con la presencia de todos los personajes de la zona. El servicio incluía la entrega de un pergamino, palabras alusivas a cargo de empleados de la empresa y llegado el caso, indumentaria apropiada para que el vecino emigrante pudiera fingir opulencia si lo deseaba.
Existía -además- un plan superior que contemplaba la preinstalación lisa y llana del vecino perdido en su antigua residencia. Desde luego, los costos eran grandes y no resultaba sencillo vencer las dificultades que se presentaban: desalojo del nuevo ocupante de la finca, abolicion de las eventuales reformás, rescate de los muebles originales y restauracion del exacto grado de higiene en que acostumbraban vivir el cliente y su familia.Para cumplir con esta última pretensión, a veces había que limpiar y otras veces era necesario juntar mugre.En realidad, hay que confesar que durante todo el tiempo que funcionó el Servicio de Recuperación de Vecinos, solamente una vez se concretó el plan superior. Fue el famoso regreso de la familia del ingeniero Vaccari a su casa de la calle Bolivia. Este servicio fue solventado por los amigos del poeta Jorge Allen, después de más de un año de colectas, rifas, prestamos a interés y timbas a beneficio.No es que a nadie le importara gran cosa del ingeniero Vaccari. Pero Jorge Allen estaba enamorado de Leonor, la mayor de sus hijas y no estaba seguro de poder seducirla en Bancalari.La historia no tuvo un final feliz. Leonor rechazó tercamente a Jorge Allen y se entrevero con un carnicero que venía a rondarla precisamente desde Bancalari. Allí mismo se fueron a vivir cuando se casaron, un año después. El resto de la familia Vaccari acabo mudándose más tarde a San Miguel, barrio del que no fueron rescatados jamás.El ruso Salzman, legendario jugador de dados, también supo hacer un negocio parecido. Sin la intervención de la agencia, se decidió a comprar la casa de su infancia, ocupada desde hacia años por perfectos desconocidos.En semejante patriada, el ruso gasto la memorable ganancia de una noche gloriosa en el casino de Mar del Plata.Una vez instalado, comprendió que la inversión había sido inútil.- He recuperado mi casa -dijo- . Pero la infancia, no.Catorce años después de haber egresado como bachiller, Manuel Mandeb volvió a inscribirse en el Colegio Nacional Nicolás Avellaneda.El polígrafo de Flores estaba entusiasmado con la ida y propuso a sus antiguos compañeros que hicieran lo mismo, para repetirá época más feliz de sus vidas. No tuvo mucha suerte: Avila, Capel, Carrasco, Cichoworsky, Donath, Frascarelli, Frezza... Por orden alfabetico todos se fueron negando y presentando solidos pretextos. El trabajo, la familia, la distancia, el dinero. De algún modo misterioso aquellos atorrantes habían contraído la responsabilidad.Manuel Mandeb no se achicó y comenzó las clases.Y el primer día trato de reproducir episodios divertidos que habían ocurrido antes, pero las cosas no eran iguales. Sus nuevos compañeros eran bastante chitrulos y se resistían a secundarlo en sus travesuras, no le llamaban El Turco sino El Abuelo. Para peor, algunos profesores creían recordarlo vagamente y no sabían si confundirlo con su hijo o con su padre.Logró -eso si- algunas buenas notas y hasta quince amonestaciones.Un día, el jefe de celadores descubrió la verdad.- No crea que no lo he reconocido, señor Mandeb. Este es otro de sus inventos. Yo pensé que el título de bachiller iba a servirle de escarmiento, pero veo que no es así. Usted es de los que siguen jorobando hasta después de muertos.Mandeb contestó llorando:-Usted es el unico que me ha comprendido. Gracias.-Cállese la boca, señor –gritó el jefe de celadores- Vuelva a clase.El pensador de Flores fue expulsado poco después. Pero a pesar de su fracaso, la segunda inscripción es una maniobra que merece ser estudiada por los melancólicos cabales. Sostengo que con el apoyo de sus viejos condiscípulos, la experiencia de Mandeb hubiera sido emocionante.La agencia Todo para el Regreso se fundió por falta de clientes. En un ultimo esfuerzo, sus dueños ofrecieron servicios económicos. Eran retornos fingidos, vueltas sin ida, reencuentros sin ausencia. El interesado podía simular su viaje al África. La empresa se encargaba del recibimiento, los abrazos y las lagrimas. El éxito fue nulo. Por esos días, Manuel Mandeb escribió su oscuro ensayo Nunca se Vuelve. Leamos algunos párrafos:"No es posible regresar a ninguna parte. Los puntos de partida no se quedan quietos y a la vuelta ya no están, para poder volver se necesita, por empezar, un punto de partida eterno e inmutable. Pero todo se mueve y no hay forma de detener el Universo. Créanme si les digo que nadie ha efectuado nunca jamás un verdadero regreso. El hombre que lo consiga cumplirá la hazaña más grande de la historia."
La idea de no bañarse dos veces en el mismo rió no constituye ninguna novedad filosófica. Pero adviértase que Mandeb deseaba en verdad volver a bañarse. Esta fue su mayor obsesión y siempre lamentó amargamente no poder remontar los tiempos.Los Refutadores de Leyendas se alegran de la dinámica universal y esperan el futuro con impaciencia. Desean liberarse del pasado, romper las cadenas. Pero si esto encierra la idea de libertad, hay que reconocer que Manuel Mandeb fue mucho más lejos:"¿Por qué no puede uno estar en varios lugares al mismo tiempo? ¿Qué es esto de no poder volver al pasado ni visitar el futuro? ¿Por qué no es posible extraer de las premisas de la razón las consecuencias que a uno se le antojen?"Ah, la libertad...la libertad sin tiempo, ni espacio, ni lógica. La libertad de vivir todas las vidas, de estar en todas partes, de recorrer las edades. ¿Qué dicen a esto los libertarios sin frontera?"Pero las cosas son como son. Esa es la pena de los Hombres Sensibles.La misma de los viajeros que no pueden volver atrás. Ellos, no han nacido para viajar. Y sin embargo, may andan con la vida llena de extraños, ansiando la inmortalidad, solamente para poder regresar.Algunos tratan de no partir: amor...quedémonos aquí... Pero el que no parte también se queda solo.En Flores se suele contar la leyenda de Antón Raffo, quien según parece poseía el Secreto del Regreso. Mandeb y Jorge Allen llegaron a conocerlo.Es cierto que el hombre usaba en su conversación algunos giros inquietantes.-Ya voy a arreglar eso cuando sea un poco más joven.- He besado muchas veces a Mónica. Pero será mucho mejor cuando le dé el primer beso.-Ya estoy harto de nacer, caballeros.Los muchachos de Flores no pudieron indagar demasiado. Raffo desapareció y si es que posee el Secreto, tal vez ande en otros tiempos más prometedores.Aquí cabe una modesta reflexión. Aún cuando fuera posible volver al pasado, nada sería igual. Todos los actos de nuestra vida repetidos minuciosamente, serian distintos al estar ocurriendo por segunda vez. Esta diferencia es sustancial. Llevaríamos con nosotros la carga de la experiencia anterior. Nos estaría negada la ansiedad y la esperanza. ¿Con qué entusiasmo apostaríamos a las cartas que ya sabemos perdedoras? Alguien dirá:seria preciso borrar la memoria y volver al pasado sin recordar que ya lo vivimos. Respuesta: ¿de qué sirve volver si uno no sabe que vuelve? Para el caso es posible pensar que ahora mismo está viviendo por segunda o quinta vez la misma vida.Quien les escribe ha soñado muchas veces este episodio:Camino por la calle Urquiza, en Caseros. Soy como ahora, un grandulón melancólico. Pero descubro que no estoy en el presente sino en los primeros años de la década del 50. Llego ante la casa que lleva el numero 68 y toco el timbre. Al rato sale a recibirme un nene mugriento y deconfiado.Soy yo mismo. Abrazo emocionado al chico. Desde adentro oigo la voz del abuelo que pregunta:- ¿Quién es, Negro?Nunca he podido imaginar que algo mejor pudiera ocurrirme. Los funcionarios del paraíso no tendrán que ponerse en grandes gastos conmigo.El libro de aventuras del regreso sigue en blanco.Ni los Hombres Sensibles, ni los Pensadores del Eterno Retorno, ni muchos de nosotros -que a veces creemos volver- hemos podido dar un solo paso. Esto no nos impide ser dichosos algunas veces, a pesar de todo. Las personas decentes nos piden madurez y resignación. Quieren que olvidemos nuestras trágicas ensoñaciones. Pero nosotros no queremos olvidar. Y el que olvide, jamás, jamás podrá ser nuestro amigo.Ni siquiera cuando volvamos a encontrarnos otra vez y para siempre.

De “Crónicas del Ángel Gris”
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El extraño idioma de Kampung Sebula
Alejandro Dolina

A finales de la década de 1950, el profesor George Ferguson daba clases particulares de inglés en su modesto departamento de la calle Fray Cayetano. Tenía una reputación de excéntrico que descansaba menos en una conducta atípica que en su elevada estatura.
Los vecinos aseguraban que el hombre era capaz de conversar en veinticinco idiomas, y el mismo Ferguson se encargaba de fomentar esa idea mediante el uso de saludos y frases de cortesía, mayormente en italiano. Pero al margen del fácil asombro de las viejas del barrio, sus discípulos estaban convencidos de que era un genio.
El presente trabajo se basa en noticias que aportaron dos de sus alumnos, los hermanos Daniel y Humberto Giangrante. Estos jóvenes, cuya aguda inteligencia no tardaremos en ovacionar, notaron que el profesor los despedía siempre con unas palabras que no parecían pertenecer al idioma inglés: reser fatino propisee. Un día se atrevieron a preguntar el significado de la frase. Ferguson reveló que aquello no era otra cosa que un saludo bastante usual en el idioma sebulés, una lengua que se hablaba en Kampung Sébula, una región al norte de la isla de Natuna Besar, en el mar de la China. La traducción literal era algo parecido a sea el destino propicio a nuestro reencuentro.
Mitad por curiosidad y mitad por eludir los rigores del estudio, los hermanos Giangrante tomaron por costumbre interrogar a Ferguson acerca de la extraña lengua de Kampung Sébula. El profesor no se negaba jamás y se entusiasmaba contando su juventud en aquellas regiones e ilustrando los episodios con explicaciones filológicas que se prolongaban muchas veces hasta el final de la clase.
Al cabo de algunos años, Daniel y Humberto Giangrante dominaban mejor el sebulés que el idioma que habían pensado estudiar. Llegaron a tomar someros apuntes que sirven hoy como soporte de esta monografía.
Al parecer, la lengua en cuestión registra influencias del neerlandés, el indonesio bahasa, el chino, el javanés, el castellano y el inglés. Ferguson sostenía que era el idioma más complejo del mundo. La principal dificultad estaba en el pensamiento mismo de los lugareños, casi incapaces de concebir ideas abstractas. Sus mentes se resistían a desligar. Cada objeto era pensado sin separarlo de sus circunstancias.
En aquella región, palabras distintas designan a un mismo objeto en sus diferentes relaciones. La cama ocupada se menta con un vocablo (letork); la cama vacía, con otro (kabrera) y no comparten ambas palabras una raíz visible: el idioma sebulés no registra una vinculación lógica entre el concepto de cama y las situaciones adjetivas. Sin embargo, la concurrencia de dos o más partes de la oración en una misma palabra es bastante frecuente en las lenguas más toscas.
Otra dificultad: una misma cosa es aludida con sonidos que son diferentes según quien hable. Escuela es laborek para un niño, tus para un adulto, lemb - que es también recuerdo - para un viejo.
Conjugaciones, declinaciones y casos varían según la edad, el sexo, la posición social y el color del pelo del hablante. Nada cuesta pensar que el tiempo, el progreso y las tinturas implican ciertamente un cambio de lenguaje. Además, cabe imaginar que es indispensable conocer todos los idiomas para poder relacionarse adecuadamente en Kampung Sébula.
El más sencillo de los sublenguajes era el de las mujeres solteras, de vocablos escasísimos, según explicaba Ferguson, porque los lugareños consideraban la ignorancia casi una virtud.
A principios de siglo, la lengua de los pelirrojos estaba casi extinguida, o mejor dicho, casi no había pelirrojos en la isla.
Sólo los maestos podían hablar idiomas ajenos a su condición. Fuera de estos casos la usurpación lingüística era castigada severamente. El profesor Ferguson reveló confidencialmente a los hermanos Giangrante que en ciertos cafetines de mala muerte existían hombres que hablaban el idioma de las mujeres. El nombre que se daba a estos sujetos variaba conforme al regimen ya expuesto.
Los pronombres personales usados para las conjugaciones significaban lo siguiente: yo, tú, él, ella, nosotros, nosotras, vosotros, vosotras, pocos, casi nadie, ellos, ellas, la mitad de mí mismo, el señor gobernador.
Curiosa es la función de la palabra ué, que sirve para indicar que la siguiente frase consigna una falsedad. De la misma manera ueué convierte en falso todo lo que se dice a continuación, sin otro límite que la aparición de la palabra nonset, que anuncia la finalización de la mentira. Los hermanos Giangrante preguntaron que sucedía cuando el vocablo ué se presentaba en medio de una frase ya declarada falsa por un ué anterior. Ferguson se tomó un día para responder. Después declaró que el segundo ué debía ser tomado como una promesa de veracidad, y el tercero como un retorno a la mentira, de suerte que un número impar de advertencias era garantía de falsedad y un número par lo era de exactitud.
Con el tiempo los dialectos de Kampung Sébula se fueron multiplicando, en virtud de la movilidad social y de la inevitable superposición de jerarquías: un soltero puede ser también un viejo y morocho. Algunos espíritus nacionalistas intentaron imponer una lengua general, con el resultado de que se convirtiera esta en una jerga más. Debe aclararse que la escritura sebulesa, como la china, posibilitaba por su carácter pictográfico el entendimiento entre personas de diferentes categorías: casa era másong para el anciano, kosmo para el niño, ué para el vagabundo, pero siempre se escribía dibujando una casa. Ferguson sostenía que la ausencia de algunos vocablos de la lengua sebulesa obedecía a la dificultad existente para dibujarlos. Los hermanos Giangrante dudaron de esta afirmación.
Los gestos no sólo enfatizaban, sino que completaban el sentido de la lengua hablada. La mano derecha apoyada en el hombro izquierdo indicaba pretérito. La mano en la frente, el subjuntivo. La mano extendida hacia delante, el futuro. La palabra sebulesa norm significa al mismo tiempo manco y mudo.
El lenguaje poético estaba completamente separado del idioma cotidiano. Las palabras estaban destinadas a facilitar la rima: todas terminaban en ero o ajo. Por lo demás, las metáforas ya venían hechas. Ojo y lucero eran la misma palabra, como también lo eran piel y pétalo, estrella y diamante, frío y desdén, perla y diente, desgracia y orín de perro. Existía para cada frase un segundo sentido, perfectamente explícito, al que recurrían los poetas, o mejor dicho, los empleados que se encargaban de la poesía.
El profesor George Ferguson murió en 1963. Los hermanos Daniel y Humberto Giangarte prometieron al despedir sus restos seguir aprendiendo el sebulés y visitar la isla de Natuna Besar, en cuya región septentrional se hallaba la ciudad de Kampung Sébula. En lo primero no pudieron perseverar demasiado. Entre los libros y papeles de Ferguson no hallaron ni siquiera uno que se relacionara con el lenguaje múltiple, a no ser una serie de aparentes pictografías que al fin vinieron a revelarse como obra de un sobrino del profesor. A pesar de esta frustración, los hermanos Giangrante consideraron que sus conocimientos y vocabulario les permitiría hacer pie en Kampung Sébula y empezaron a ahorrar para el viaje.
En enero de 1970, después de un viaje agotador, llegaron a la región. Al ver a un policía se dirigieron a él en la lengua de los servidores públicos: - ¿Dove hotel loca?
El vigilante no entendió absolutamente nada. Intentaron con otras personas utilizando todas las variantes que conocían. Pero no obtuvieron ni siquiera una respuesta. Encendieron la radio y lamentaron no haber prestado atención al curso de inglés de Ferguson, pues todas las canciones estaban en ese idioma. Buscaron algunos lugares que el profesor había evocado en las tardes de la calle Fray Cayetano: el salón donde atendían prostitutas filosóficas; la calle He-ling, en la que era obligatorio besarse; el bar Gambrinus, donde los mozos se suicidaban si el cliente no estaba satisfecho.
Al ver que nadie comprendía el sebulés, los hermanos Giangrante dieron en pensar que tal vez la lengua se había ramificado hasta existir tantos idiomas como personas. Sin embargo, un marinero argentino les aseguró que allí se hablaba el indonesio o el inglés y que las palabras eran más o menos las misma para todo el mundo.
Los Giangrante sintieron crecer en su interior una ominosa sospecha: ¿acaso el profesor Ferguson se había burlado de ellos? ¿Habían perdido su juventud estudiando un idioma inexistente, inventado por un borracho1?
Las noticias sobre los hermanos llegan apenas hasta aquí. Algunos dicen que fueron detenidos vaya a saber por qué delito y que están sepultados en un manicomio de Kampung Sébula tratando de congraciarse con los enfermos hablándoles en el idioma de los trabajadores de la salud, que es el mismo de los locos.

_De “El libro del Fantasma”_________________

1.- El profesor Ferguson en verdad no bebía.



Instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight
Alejandro Dolina


(Trabajo realizado por Manuel Mandeb por encargo de la agencia de publicidad Vivencia.)
1) Busque la flecha indicadora.
2) Presione con el dedo pulgar hasta que el cartón del envase ceda.
3) Disimule. Soy un joven escritor que no tiene ocasión que esta de conectarse con las muchedumbres. Usted finja que sigue abriendo este estúpido paquete y yo le diré algunas verdades.
4) Los vendedores de elixir nos convidan todos los días a olvidar las penas y mantener jubiloso el ánimo. El Pensamiento Oficial del Mundo ha decidido que una persona alegre es preferible a una triste.
5) La medicina aconseja cosmovisiones optimistas por creerlas más saludables. Al parecer, la verdad perjudica la función hepática.
6) Viene gente. Siga la línea de puntos indicada por la flecha.
7) Escuche bien porque tenemos poco tiempo: la tristeza es la única actitud posible que los compradores de este jabón pueden adoptar ante un universo que no se les acomoda. Toda alegría no es más que un olvido momentáneo de la tragedia esencial de la vida. Puede uno reírse del cuento de los supositorios, pero este es apenas un descanso en el camino. Uno juega, retoza y refiere historias picarescas, solamente para no recordar que ha de morirse. Ese es el sentido original de la palabra diversión: apartar, desviar, llamar la atención hacia una cosa que no es la principal.
8) Conversar acerca de estos asuntos es considerado de la peor educación. Los comerciantes se escandalizan, las personas optimistas huyen despavoridas, los maximalistas declaran que la angustia ante la muerte es un entretenimiento burgués y los escritores comprometidos gritan que la preocupación metafísica es literatura de evasión. Al respecto, mientras le recomiendo que no deje el paquete de jabón al alcance de los niños, le juro que todo lo que se escribe es de evasión, menos la metafísica: las noticias políticas, los libros de sociología, los horarios del ferrocarril, los estudios sobre las reservas de petróleo, no hacen más que apartarnos del tema central, que es la muerte.
9) Calcule 100 gr. de jabón por cada kilo de ropa sucia.
10) Cuanto más inteligente, profunda y sensible es una persona, más probabilidades tiene de cruzarse con la tristeza. Por eso, las exhortaciones a la alegría suelen proponer la interrupción del pensamiento: "es mejor no pensar..." Casi todos los aparatos y artificios que el hombre ha inventado para producir alegría suspenden toda reflexión: la pirotecnia, La música bailable, las cantinas de La Boca, el metegol, los concursos de la televisión, las kermeses.
11) Separe la ropa blanca de la ropa de color. Y entienda que la tristeza tiene más fuerza que la alegría: un hombre recibe dos noticias, una buena y una mala. Supongamos que ha acertado en la quiniela y se ha muerto su hermana. Si el hombre no es un canalla, prevalecerá la tristeza. El premio no lo consolará de la desgracia. Byron decía que el recuerdo de una dicha pasada es triste, mientras que el recuerdo de un pesar sigue siendo pesaroso.
12) No mezcle este jabón con otros productos y no haga caso de los sofistas risueños. Tarde o temprano alguien le dirá: "Si un problema tiene solución, no vale la pena preocuparse. Y si no la tiene, ¿qué se gana con la preocupación?" Confunde esta gente las arduas cuestiones de la vida con las palabras cruzadas. La soledad, la angustia, el desencuentro y la injusticia no son problemas sino tragedias, y no es que uno se preocupe sino que se desespera.
Lloraba Solón la muerte de su hijo.
Un amigo se le acerca y dice:
- ¿Por qué lloras, si sabes que es inútil?
- Por eso - contestó Solón - porque sé que es inútil.
13) No está mal ser triste, señora. El que se entristece se humilla, se rebaja, abandona el orgullo. Quien está triste se ensimisma, piensa. La tristeza es hija y madre de la meditación. Participe del concurso "Vacaciones Sunlight" enviando este cupón por correo.
14) Ahora que se fue el jabonero, aprovecharé para confesarle que suelo elegir a mis amigos entre la gente triste. Y no vaya a creer el ama de casa Sunlight que nuestras reuniones consisten en charlas lacrimógenas. Nada de eso: concurrimos a bailongos atorrantes, amanecemos en lugares desconocidos, cantamos canciones puercas, nos enamoramos de mujeres desvergonzadas que revolean el escote y hacemos sonar los timbre de las casas para luego darnos a la fuga. Los muchachos tristes nos reímos mucho, le aseguro. Pero eso sí: a veces, mientras corremos entre carcajadas, perseguidos por víctimas de nuestras ingeniosas bromas, necesitamos ver un gesto sombrío y fraternal en el amigo que marcha a nuestro lado. En el gesto noble que lo salva a uno para siempre. Es el gesto que significa "atención, muchachos, que no me he olvidado de nada".

NOTA: Las instrucciones para abrir el paquete de jabón Sunlight fueron rechazadas.

De “El libro del Fantasma”
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ARENA
Alejandro Dolina

Los paganos admitían la existencia de divinidades toscas, imperfectas, chapuceras. Los dioses no sólo estaban sujetos a toda clase de vaivenes éticos sino que también cometían numerosos errores en el ejercicio de su profesión: creaban universos endebles, se dejaban engañar por los humanos, desconocían el futuro, fallaban en sus cálculos.
Las grandes religiones monoteístas acuñaron la idea de la infalibilidad divina, de un poder sin grietas.
No es nuestro propósito ejercitarnos ociosamente en la lógica para entretenernos con esas paradojas que tanto divertían a los gandules agnósticos. Ahorraremos al lector la modesta perplejidad de pensar si Dios es capaz de crear un objeto tan pesado que Él mismo no pueda levantar.
Sin embargo, la historia de la arena comienza con una distracción de un Dios omnipotente.
Las tradiciones islámicas dicen que, habiendo finalizado la creación, el Señor advirtió que faltaba la arena. Grave defecto, si bien se mira. Los hombres estarían privados de la deliciosa voluptuosidad que sienten al caminar junto a los mares. El fondo de los ríos sería siempre ríspido, los arquitectos carecerían de un material indispensable, los caminos no podrían suavizarse, las huellas de los enamorados serían invisibles. Dispuesto a remediar su olvido, Dios envió al arcángel Gabriel con una enorme bolsa de arena a que la desparramara allí donde fuera necesario.
Pero el Enemigo trabaja siempre para estropear la obra divina.
Mientras Gabriel volaba con su carga inconcebible, el diablo le agujereó la bolsa. Esto sucedió exactamente sobre la región que hoy es Arabia. Casi toda la arena se volcó en ese lugar, de modo tal que las nueve décimas partes del país quedaron convertidas para siempre en un desierto.
Advertido de esta catástrofe, Dios resolvió ofrecer a los árabes algunos dones compensatorios.
Les dio un cielo lleno de estrellas como no hay otro, para que miraran siempre hacia lo alto.
Les dio el turbante, que bajo el sol del desierto es mucho más valioso que una corona.
Les dio la tienda, que es mejor que un palacio.
Les dio la espada. Les dio el camello. Les dio el caballo.
Y les dio algo más precioso que todas las otras cosas juntas: la palabra, el oro de los árabes.
Otros pueblos modelan en la piedra o los metales. Los árabes modelan en el verbo.
El poeta (el chair) es sacerdote, juez, médico, jefe. El poeta es poderoso: puede traer alegría, tristeza, encono. Puede desencadenar la venganza y la guerra. Puede matar con la palabra.
Los errores de Dios, como los de los grandes artistas, como los de los verdaderos enamorados, desencadenan tantas reparaciones felices que cabe desearlos.

De “El libro del Fantasma”


EL ARTE DE LA AUSENCIA
Alejandro Dolina


En el teatro oriental, sucede en ciertos momentos que un solo actor canta o baila y los demás permanecen sentados de espaldas al público. Kameko Kichiazemon, un famoso actor de kabuki del siglo XVIII, escribió que no era conveniente que el actor se relajara ni aún en la más pasiva de las situaciones. "Cuando estoy sentado ejecuto toda la danza en mi mente. Si no lo hiciste, la vista de mi espalda aburriría al espectador".
En occidente, las virtudes teatrales de la omisión fueron ejercidas del modo más sublime por el ya legendario Ian Wilenski. Como todos sabemos, este artista continuaba desarrollando su energía actoral aún cuando su personaje no estuviera en el escenario. A decir verdad, era precisamente en esos momentos de ausencia cuando Wilenski hacía notar su increíble capacidad de no expresar.
Sus comienzos en la compañía del director Enrique Argenti no fueron muy prometedores. Se destacaba, eso sí, por su extraordinaria concentración: si tenía que disparar una flecha en el tercer acto, su arco ya estaba tenso una hora antes de la función; si moría en el primer acto, no había forma de hacerlo reaccionar hasta que los serenos que cuidaban el teatro lo arrojaban afuera.
En 1957, un crítico se refirió a su actuación diciendo que el público no veía la hora de que Wilenski se fuera del escenario. Los amigos del actor no lograron convencerlo de que el dictamen estaba referido a la fuerte impresión que dejaba la ausencia de su personaje.
Después llegó la consagración. Los principales teatros se disputaban su participación para encarnar personajes que ya se habían ido o que todavía no habían llegado. Algunas veces, ni siquiera aparecían en escena. Eran sus interpretaciones predilectas. Pasaba largas horas maquillándose y encargaba costosos vestuarios. Los espectadores lo ovacionábamos cada vez que un actor nombraba al personaje ausente. Con el tiempo, Wilenski empezó a exigir que tales menciones fueran más frecuentes. Al terminar la función, todos aplaudíamos de pie y él agradecía inclinándose oculto detrás de la coulisse.
Su mayor éxito fue sin duda Esperando a Godot. Lamentablemente, una enfermedad lo mantuvo en cama largos meses y debió ser reemplazado por Luis Pisano, un joven inexperto que el público no aceptó jamás.
Hay que reconocer que la fama lo alteró. Sabedor del brillo de sus ausencias, procedió a ejercerlas en su vida personal. Se hacía invitar a todas las fiestas del ambiente, solamente para no ir. En su casa, casi nunca lo veían. Sin embargo, la inasistencia absoluta es imposible. Uno siempre está en alguna parte.
El actor se rebelaba ante esta realidad y procuraba atenuar al máximo los efectos de su presencia. Empleaba toda su energía en omitirse. Durante algunas reuniones solía discutirse si Wilenski estaba o no estaba. Tales dudas, lamentablemente, invadieron su propio espíritu. Los parroquianos del bar "La Fragata" cuentan que algunas noches entraba con andar sigiloso y preguntaba a todos si no lo habían visto.
Siguió representando papeles de ausente, cada vez con más éxito y con más eficacia. Ya no solamente no podíamos verlo los espectadores, sino que ni siquiera sus compañeros de elenco alcanzaban a cruzárselo. Lidia Moreno, una actriz que fue su compañera durante diez años, confesó en una entrevista radial que nunca lo había visto. A decir verdad, sólo los viejos actores conservaban un recuerdo personal de Wilenski.
La compañía de Enrique Argenti siguió anunciando en los programas la participación del genial artista. En 1979, un periodista suspicaz pretendió acusar a Argenti de haber despedido a Wilenski años atrás, para ahorrarse los altos sueldos que el actor cobraba. Pero el público no creyó en tales denuncias. Sus admiradores continuamos llenando las salas.
Acostumbrados como estábamos a no verlo, ni nos dimos cuenta cuando se retiró. En 1992 le hicimos un homenaje. Nunca supimos si vino.

De “El libro del Fantasma”


ADIVINANZAS
Alejandro Dolina

Hace muchos siglos, en los tiempos de la dinastía Sung, andaban por la ciudad de Hang-cheu los inventores de adivinanzas. Se sabe que todos vestían del mismo color, pero se discute cuál era ese color. Solían caminar por los jardines que estaban más allá de las murallas, o por la orilla de los canales, o por el barrio de los actores.
Todos conocían sus procedimientos: se jugaba por dinero. La honestidad de estos hombres era proverbial. Jamás se negaban a pagar cuando alguien daba con la solución de sus enigmas. De entre todos los artistas ambulantes, los inventores de adivinanzas eran los preferidos de las muchedumbres. Convocaban más curiosos que los acróbatas, los amaestradores de peces o los remontadores de barriletes.
Según se dice, las adivinanzas eran siempre distintas y jamás volvían a usarse una vez que alguien las resolvía. Los estudiosos pretenden reconocer distintas técnicas en la formulación de acertijos. La más usual consistía en la descripción concreta de una cosa que en lenguaje metafórico resultaba ser otra. El legendario Wang-li acuñó durante su vida alrededor de setenta mil adivinanzas obscenas cuya respuesta era siempre la misma.
La preferida del maestro Hsu-t'ang Chih-yu puede escribirse así:
Tiene patas, pero no es un pez. Tiene dientes, pero no es un gusano. Es insignificante, pero no es el emperador.
La respuesta, Li, el vendedor de limones, es imprevisible pero no inevitable.
Los emperadores solían favorecer a estos ingeniosos peregrinos instalándolos en la corte. Allí permanecían largos períodos, disfrutando del lujo y la molicie. Casi todas las mañanas el emperador se hacía formular una adivinanza. Hay que admitir que se trataba de una situación delicada, pues un enigma que el emperador no pudiera resolver trastornaba ciertamente las leyes de la naturaleza. Para evitar catástrofes, los inventores ideaban misterios sencillos o - mejor aún - daban por buena cualquier respuesta imperial. Durante siglos, fue señal de cautela en la China el contestar una indagatoria con la fórmula: "aquello que al emperador pluguiere".
El dato más curioso es el que se anota a continuación: cada vez que alguien adivinaba, los formuladores saltaban de gozo y daban muestras de la más sincera alegría. No les importaba perder una moneda, si a cambio recibían el halago de ser comprendidos. Esta alegría era mayor cuanto más difícil era la adivinanza.
Aristóteles decía, o se olvidó de decir, que la vida del entendimiento es la vida más dichosa a la que el hombre puede aspirar.
Wang-li, en el prólogo de Libro de las Adivinanzas Obscenas, escribió: "La adivinanza, el enigma, la prueba o el examen no se proponen dejar afuera al peregrino, sino hacer que entre mejor de lo que era. La puerta de la nobleza es difícil de abrir, pero no se abre. Sólo las puertas de los tiranos son inexpugnables."
Con la llegada de los mongoles, la estrella de los inventores de adivinanzas se fue apagando. Ya en tiempos de decadencia, los últimos formuladores reducían al mínimo las dificultades: Brillo redondo soy de tus noches. Algunos enigmas ya venían resueltos: ¿Qué es una cosa que brilla en el cielo y que se llama Luna?
Según el maestro Yin-yüan Lung-chi, todo idioma es una colección de adivinanzas, ya que las palabras sustituyen a las cosas y los enigmas son sustituciones. Algunos hablan de la adivinanza de Tzu-fu. Los maestros del Zen creían que la recompensa por su adecuada resolución era nada menos que la comprensión cabal del sentido del universo. Su formulación usual era: Tres, dos uno, dime, adivinador, cuál es el sentido del mundo.

De “El libro del Fantasma”


CARRERAS SECRETAS
Alejandro Dolina


La teoría según la cual todos los objetos del universo se influyen mutuamente, aun más allá de la casualidad y el silogismo, ha sido sostenida por muchas civilizaciones.
Se sabe que la visión de un meteorito asegura el cumplimiento de un anhelo. La incompetencia de los emperadores chinos produce terremotos. El futuro imprime advertencias en las entrañas de las aves.
La adecuada pronunciación de una palabra puede destruir el mundo.
Yo, desde chico, he participado - sin admitirlo - de estas convicciones. Con toda frecuencia, me imponía sencillas maniobras y preveía unas módicas sanciones para el caso de su incumplimiento. Antes de acostarme, cerraba las puertas de los roperos, sabiendo que si no lo hacía debería soportar pesadillas. Bajaba de la cama con el pie derecho. Evitaba pisar baldosas celestes. Al interrumpir la lectura, cuidaba de hacerlo en una palabra terminada en ese.
Los castigos que imaginaba eran al principio leves. Pero después empecé a jugar fuerte. Si me cortaba las uñas por las noches, mi madre moriría; si hablaba con un japonés, quedaría mudo; si no alcanzaba a tocar las ramas de algunos árboles, dejaría de caminar para siempre.
Este repertorio legislativo fue creciendo con el tiempo y al llega a mi adolescencia, mi vida transcurría en medio de una intrincada red de obligaciones y prohibiciones, a menudo contradictorias.
Todo se hizo más simple - más dramático - cuando descubrí las carreras secretas.
Describiré sus reglas. Se trata de elegir en la calle a una persona de caminar ágil y proponerse alcanzarla antes de llegar a un punto establecido. Está rigurosamente prohibido correr.
Antes del comienzo de cada justa, se deciden las recompensas y penalidades; si llego a la esquina antes que el pelado, aprobaré el examen de lingüística.
Durante largos años, competí sin perder jamás. Me asistía una ventaja decisiva: mis adversarios no estaba enterados de su participación y por lo tanto, casi no oponían resistencia. Obtuve premios fabulosos. En Constitución, me aseguré vivir más de noventa años. En la calle Solís, garanticé la prosperidad de mis familiares y amigos. En el subterráneo de Palermo, por escaso margen, logré que dios existiera.
Tantas victorias me volvieron imprudente. Cada vez elegía rivales más difíciles de alcanzar. Cada vez los castigos que me prometía eran más horrorosos.
Una tarde, al bajar del tren en Retiro, puse mis ojos en un marinero que marchaba a unos veinte pasos delante de mí. Me hice el propósito de alcanzarlo antes de la puerta del andén.
Con el coraje y la generosidad que suelen ser hijos del aburrimiento, resolví jugármelo todo. Una vida feliz, si ganaba. Una existencia mezquina, si perdía. Y como una compadreada final, me vacié los bolsillos: aposté el amor de la mujer deseada.
Apuré la marcha. Poco a poco fui acortando las ventajas que el joven me llevaba. Las dificultades comenzaron pronto: un familión me cerró el camino y perdí unos segundos preciosos. Al borde del ridículo, ensayé el más veloz de los pasos gimnásticos. El infierno me envió unos changadores en sentido contrario. Después tuve que eludir a unas colegialas que se divertían empujándose. La carrera estaba difícil, tuve miedo.
Ya cerca de la meta, conseguí ponerme a la par del marinero.
Lo miré y descubrí algo escalofriante: él también competía. Y no estaba dispuesto a dejarse vencer. Había en sus ojos un desafío y una determinación que me llenaron de espanto.
En los últimos metros, perdimos toda compostura. Pedíamos permiso a los gritos y sin el menor pudor, empujábamos a cualquiera. Pensé en la mujer que amaba y estuve al borde del sollozo. En el último instante, cuando ya parecía perdido, una reserva misteriosa de fortaleza y valor me permitió cruzar la puerta con lo que yo creí una ínfima ventaja.
Sentí alivio y felicidad. Pensé que aquella misma noche mis sueños amorosos empezarían a cumplirse. No pude reprimir un ademán de victoria. Alcé los brazos y miré al cielo. Después, como en un gesto de cortesía, busqué al marinero. Lo que vi me llenó de perplejidad. También él festejaba con unos saltitos ridículos. Por un instante nos miramos y hubo entre nosotros un no expresado litigio.
Era evidente que aquel hombre creía haberme ganado. Sin embargo, yo estaba seguro de haberle sacado, al menos, una baldosa.
Entonces dudé. ¿Había calculado bien? ¿Cuál sería el procedimiento legal en estos casos? Desde luego, no me atreví a con el marinero. Me alejé confundido y pensé que pronto concería el veredicto. Una vida dichosa, un amor correspondido, darían fe de mi triunfo. La suerte aciaga, el rechazo terco, me harían comprender la derrota.
Pasaron los años y nunca supe si en verdad gané aquella carrera. Muchas veces fui afortunado, muchas otras conocí la desdicha.
La mujer de mis sueños me aceptó y rechazó sucesivamente.
Todas las noches pienso en buscar a aquel marinero y preguntarle cómo lo trata la suerte. Solamente él tiene la respuesta acerca de la exacta naturaleza de mi destino. Quizá, en alguna parte, también él me esté buscando.
Me niego a considerar una posibilidad que algunos amigos me han señalado: la inoperancia de los triunfos o derrotas obtenidos en carreras secretas.

De “El libro del Fantasma”


MARGARITAS
Alejandro Dolina

Las margaritas tienen - como se sabe - la prodigiosa facultad de responder a consultas amorosas.
El enamorado curioso debe apoderarse de una margarita cualquiera. Acto seguido, pensará en aquella persona cuya disposición deseare conocer. Luego, arrancará los pétalos de una flor uno a uno. A cada pétalo corresponderá un dictamen recitado en voz alta.
Me quiere mucho, para el primero; poquito, para el segundo; nada en el tercero.
Allí termina la exigua serie de resultados posibles, que deberá reiniciarse una y otra vez hasta llegar al último pétalo: la elocución que a éste correspondiere, será la respuesta oracular de la flor.
Tal respuesta es infalible y señala una inapelable verdad, salvo que - como sucede con frecuencia - se haya cometido el más mínimo error en los procedimientos.
Aplicando a este trío de revelaciones las leyes de la divisibilidad, el enamorado metódico podría calcular sus probabilidades.
Cuando el número de los pétalos es múltiplo de tres, la respuesta es nada.
Si al número de pétalos le falta uno para llegar a ser múltiplo de tres, la respuesta es poquito.
Si le sobra uno, la respuesta es mucho.
Algunos pretenden que las respuestas posibles son en realidad cuatro. Convierten el informe me quiere mucho, en dos respuestas diferentes:
A) me quiere.
B) mucho.
Esta astucia reduce la posibilidad de nada de un treinta y tres a un veinticinco por ciento.
Es imposible negar que entre el amor que sienten las personas y la morfología de estas flores existe un nexo inconmovible.
Pero admitido el vínculo, no hay acuerdo para explicar si naturaleza. Examinemos algunas teorías.
1) La flor influye sobre la persona en quien piensa el consultante: el número de pétalos impulsa a quien es pensado a amar mucho, poquito o nada al que deshoja.
2) La persona pensada influye sobre la flor: la margarita adecua el número de sus pétalos a la intensidad de los sentimientos indagados.
3) Todo está escrito y el suplicante elegirá sólo aquellas margaritas cuyo número de pétalos asegure una respuesta exacta.
Las margaritas mucho son imposibles para un hombre al que quieren poquito.
4) Todo es mentira. No hay relación alguna entre las aparentes repuestas y la realidad. Esta es la opinión de los Refutadores de Leyendas, quienes sustentan su parecer con innumerables ejemplos de personas que alentadas por la flor son rechazadas luego, incluso de mal modo.
Los espíritus leguleyos señalan con insistencia algunos preceptos jurídicos.
* El arrancar o añadir pétalos, saltear respuestas o alterar su orden invalida la consulta.
* Está prohibida la indagación sucesiva y vana de diferentes margaritas.
Los ciencistas sueñan con que la genética vendrá a resolver sus problemas sentimentales, creando margaritas que siempre responderán mucho.
También se ha pensado en la posibilidad de obtener respuestas más variadas mediante la creación de nuevos dictámenes: hasta decir basta, bastante, relativamente poco, vaya y pase, casi nada, menos que nada, ni loco que estuviera.
La fe en las margaritas va empalideciendo en estos días. Los últimos fieles son tal vez los amantes rechazados, esas personas que insisten en preguntar lo que ya se les contestó y que se contentan con las respuestas favorables de flores, brujas y horóscopos, mientras las mujeres que aman bailan con otros señores en La Enramada.
Margarita es perla en griego y en latín. Es ojo del día en inglés y es vegetal indagatorio en todo el mundo. Pasar de largo ante sus confidencias es un pecado imperdonable.
Las flores, las estrellas, los pájaros: el Universo quiere hablarnos.
Cada fenómeno de la naturaleza es una señal. Ante esos guiños cósmicos tenemos la obligación de considerarlos. Es cierto que nos acompañará la perpetua sensación de que nunca comprenderemos o de que comprenderemos erróneamente. Pero el error es preferible a la indiferencia.
Cualquiera sea el mensaje que el cosmos prometa, por terrible y amenazador que nos pareciere, será mejor que la ausencia de mensaje.
Será más consolador que una ominosa y absurda indiferencia de los astros.

De “El libro del Fantasma”


ATLAS DEL INFIERNO
Alejandro Dolina

Enzo Lucione, el predicador, creía que la intimidación era el mejor recurso para que los pecadores se arrepintieran. Durante toda su vida había recorrido el barrio de Flores, casa por casa, anunciando que se venía el fin del mundo, que el Juicio Final nos iba a agarrar a todos inconfesos y que el Diablo se estaba frotando las manos.
Era un hombre brutal. Resuelto a defender la causa del bien, lo hacía sin misericordia. Muchas veces, agotados sus escasos argumentos, procedía a la conversión de impíos con una pistola ballester-Molina que - según Lucione - era más eficaz que la Biblia.
Lo habían echado del Ejército de Salvación, de los Testigos de Jehová y de los mormones. Junto a un grupo de amigos aficionados al tango fundó la secta Los Esparos del Ñorse. Todos los sábados recorrían las milongas y mientras bailaban les murmuraban amenazas bíblicas a las muchachas, tratando de redimirlas, o en todo caso, de seducirlas.
Lucione carecía de todo encanto. Su lenguaje era muy limitado y sus conocimientos casi nulos. Aconsejado por un chofer de camionetas, resolvió reemplazar sus discursos de compadrito por un folleto explicativo, cuya redacción encargó al bibliotecario Vicente Peluffo.
Peluffo, que era ateo, tardó seis años en terminar el trabajo. En realidad, lo que hizo fue un brevísimo atlas del Infierno, prolijo, austero, despojado de toda grandilocuencia. Lucione protestó alegando que las calles que él recorría eran tan horribles que se necesitaba un Infierno muy riguroso para que los vecinos no lo sintieran como una mejora. Peluffo prometió corregirlo, pero nunca lo hizo.
Transcribimos su texto completo.
Descripción del infierno
1) Ubicación
Las opiniones son muchísimas. Los romanos los situaban bajo el Polo Norte. Gregorio Magno hablaba de un volcán de las islas Lípari. Otros han señalado el Etna, o el centro de la Tierra, o las Antípodas, o el Sol, o el valle de Josafat.
En el Huon de Bordeaux se dice que el infierno es una isla llamada Moysant. Hugo de Auvernia jura que encontró la puerta del infierno en el lejano Oriente. Acerca de las puertas, se conocen varias: el pozo de San Patricio, en una de las islas del lago Derg, en Irlanda; el fondo de un lago cerca de Pozzuoli; la que se llama Averno, ubicada en el camino del cabo Tenaro, que fue la que utilizó Heracles para raptar a Cerbero; en la vecindad de Heraclea del Ponto, en Trecén; debajo de Jerusalém; en la boca de los volcanes; en ceram, una de las islas Molucas. La principal de las entradas tiene nueve puertas: tres de bronce, tres de acero y tres de diamante.
En general se coincide en que el Infierno está bajo la corteza de la Tierra. Los sabios de la Antigüedad creían que bajo los ínfimos sótanos estaban las raíces del Árbol de la vida y del Árbol del Conocimiento, cuyas ramas superiores rozan el Trono del Señor.
Los griegos decían que bajo el infierno había otra instalación aún más profunda: el Tártaro. La distancia entre la Tierra y el Infierno era la misma que entre el Infierno y el Tártaro. Esta distancia fue precisada en distintas ocasiones y era exactamente la longitud recorrida en caída libre por cualquier cuerpo al cabo de nueve días. Sin embargo, la palabra egea tar se relaciona siempre con la idea de occidentalidad, así como salma indica la orientalidad. De este modo tar-tar significaría "muy, muy al oeste".
2) Extensión
El propio Satanás midió una vez el Infierno, por orden de Cristo, y calculó que desde la puerta hasta el fondo había 100.000 millas. Resulta extraño que un establecimiento situado en el interior de la Tierra sea mucho más largo que el diámetro de ésta. Otra cuestión aparece: si el Infierno es eterno, la Tierra también debe serlo.
Pero hay dictámenes en disidencia: Milton no ubica al Infierno en el centro de la Tierra sino a una distancia tres veces mayor que la que nos separa del planeta más lejano (unos 990.000.000 de leguas); el jesuita Cornelio Lapide calcula unos 200 nudos.
El ruso Salzman, que es jugador de dados, conjeturó que un lugar destinado a desagradar debía ser ante todo chico. Los réprobos debían estar amontonados unos sobre otros, sin privacidad, porque la privacidad es también libertad. Salzman sostenía que así como en el cielo (o en el amor) el deleite está dado por quien nos acompaña, en el infierno el principal tormento consiste en la vecindad de personas poco recomendables.
3) Centros urbanos
Emmanuel Swedenborg, que recorrió prolijamente el cielo y el infierno, declara que las ciudades terrestres tienen su doble en las alturas y su triple en el abismo. Existe una Londres celeste y una Montevideo infernal, para deleite de los bienaventurados ingleses y para tormento de los réprobos uruguayos. En todo caso Swedenborg juraba que la vida de ultratumba no era una condena ni una recompensa, sino una elección. Los malvados elegían el infierno. O mejor dicho, el lugar que elegían los malvados se convertía por esa misma razón en el infierno.
Dante representa la ciudad de Dite, rodeada de fosos hediondos, torres de fuego y murallas de hierro. San Buenaventura cree que el Infierno es enteramente urbano. Sin embargo, innumerables cronistas consignan la existencia del continente helado, al este del Orco. Allí viven las arpías, las hidras, las gorgonas y las quimeras. Es una región de tempestades perpetuas, de huracanes y de granizo.
La capital del infierno es Pandemonium, que más que una ciudad es el castillo y cuartel privado del Diablo. Esta construcción puede considerarse una criatura, pues responde a las órdenes de Satán. Con sólo decir una palabra aparecen o desaparecen habitaciones, se abren o cierran puertas, etc. El Pandemonium manifiesta el mayor de los lujos, pero también el más tremendo horror. Desde sus torres más altas es posible ver todo el Infierno.
Además de las habitaciones del Príncipe del Mal, están los aposentos de los demonios principales: Asmodeo, Abadón, Mamón, Belial, Leviatán, Mefistófeles, Belcebú, Astaroth. Se trata de antiguos Serafines y Querubines, que después de la Caída se convirtieron en ministros y alcahuetes de Satán.
A pesar de los esfuerzos que se hacen por conservarlo, el Pandemonium muestra un aspecto bastante ruinoso. Esto sucede en todas las construcciones del Infierno.
Otros hablan de la Babilonia infernal, perpetuamente incendiada, recorrida por aguas turbias y cubiertas por un cielo de hielo y bronce. Los vientos son helados y abrasadores. Las plantas son siempre venenosas y los animales son monstruosos cuya razón de existir es atormentar a los condenados.
4) Hidrografía
Hagamos mención de los principales ríos:
* Cosito: también es llamado Río de los Lamentos, a causa de los lastimeros sonidos que en sus orillas resuenan. Su corriente es muy fría y se dice que sus aguas no son otra cosa que las lágrimas de los condenados. Se une con el Flegeronte, que es el río de las llamas, en una gran cascada de la que nace el Aqueronte.
* Aqueronte: es el río que atraviesan las almas para llegar al reino de los muertos. Es un río lento, negro y profundo, de aguas amargas y orillas imprecisas, cubiertas de cañaverales. Los romanos lo situaban en las cercanías del Polo Sur. El barquero Caronte se ocupa de cruzar a las almas hasta la orilla opuesta del río. Se trata de un viejo horripilante que conduce la barca, pero no rema. En verdad, obliga a las mismas a hacerlo. Por cada viaje cobra un óbolo y es por eso que los antiguos sepultaban a los puertos con una moneda en la boca. Cuando Heracles visitó los infiernos, le dio una soberana paliza y lo obligó a pasearlo.
* Leteo: es el río del que bebían los muertos para olvidar su vida terrestre. Se le llama también Fuente del Olvido. Algunos dicen que el famoso licor que limpia los ayeres no es otra cosa que agua del Leteo. Su curso es silencioso y apacible, aunque lleno de caprichosas sinuosidades. Los condenados procuran inútilmente mojarse con una gota de estas aguas para perder en dulce olvido el sentimiento de todos sus males. Pero jamás lo logran. La mismísima Medusa custodia esta corriente.
* Estigia: sus aguas tienen propiedades mágicas. Es el río en el que Tetis sumergió a su hijo Aquiles para hacerlo invulnerable. Los dioses los usaban para comprometerse por juramento. El procedimiento usual era el siguiente: Zeus enviaba a Iris a llenar una jarra, ante la cual se juraba. Si el dios cometía perjurio le esperaba un castigo horroroso. Permanecía un año sin respiración. Tampoco podía comer ni beber. Finalizado ese año, quedaba durante otros nueve al margen de los dioses, sin participar de sus reuniones y festines.
El río Estigia tiene origen en una fuente de la Arcadia, cerca de Nonacris, que tal vez quiere decir "nueve precipicios". Sir James Frazer visitó el lugar en 1895 y explicó la descripción de Hesíodo, que habla de pilares de plata, observando que durante el invierno enormes carámbanos cuelgan sobre los desfiladeros.
La fuente brota de una roca y luego se pierde bajo la tierra. Sus aguas son venenosas, quiebran el hierro y los metales y no es posible llenar con ella ninguna vasija o recipiente sin que se rompa. Sólo los cascos de los caballos la resisten.
Suele contarse que Alejandro de Macedonia murió envenenado por esa agua. Sin embargo, Frazer declaró que un análisis químico había revelado la ausencia de sustancias venenosas.
5) Población
La raza diabólica es muy numerosa. Algunos calculan que llegan a sumar 10.000 billones.
En 1273, el cardenal de Tusculum recibió una revelación divina, conforme a la cual los demonios serían 133.306.668. La tradición hebrea hablaba de una cantidad menor: apenas 200, según el libro de Enoc.
Además de los demonios viven en el Infierno numerosos monstruos adjuntos que ayudan en las torturas y - por supuesto - los condenados. El número de estos último se obtiene calculando la cantidad de personas que han muerto desde Adán y restando a la cifra obtenida la suma de los que han ido al Cielo y al Purgatorio.
6) Decadencia del Infierno
El poder del Diablo es limitado. No puede estar presente mucho tiempo en un lugar. Aparenta belleza, pero siempre alguna parte de su cuerpo presenta alguna deformación. Lo quema el agua bendita. Lo sigue siempre una estela de olor inmundo. Pero tal vez la peor de sus limitaciones sea la imposibilidad de ordenar y mantener una estructura tan enorme y compleja como el Infierno.
Todos están demasiado viejos. Los ministros se han vuelto perezosos. Los demonios activos se cansaron ya. Las tentaciones tienden a la ineficacia. Los pactos diabólicos son cada vez más escasos. Los hombres se condenan solos, por mera estupidez o malevolencia, sin que haga falta la intervención demoníaca. Una vez muertos, tampoco es necesario ocuparse de atormentarlos, pues ellos mismo cumplen esta tarea con insólita eficacia. De este modo, el Infierno está lleno de legiones ociosas que vagan entre las llamas sin saber qué hacer.
7) Ventajas del Infierno
Sin caer en el consuelo insolvente, hay que decir que el condenado puede hallar alivio a sus dolores merced al poder de adaptación que es proverbial en la raza humana. Al cabo de mil años ardiendo, uno empieza a acostumbrarse. Es esencial en un gran dolor su carácter sorpresivo.
En otro orden de cosas, quien se halla en el abismo no puede ser amenazado, ya que la amenaza consiste en prometer un mal. El mismo razonamiento nos hace advertir que en el Infierno nadie tiene miedo. Y una cosa más: toda noticia es buena.
8) Caprichos jurídicos
Conviene que los espíritus leguleyos anoten estas normas extravagantes.
Es posible salir del Infierno, salvo que uno haya cometido algo en él. Después del primer bocado, las puertas se cierran para siempre.
Los tormento son perpetuos e incesantes, pero Dios concede recreos. Tal vez el Día de Navidad.
Una leyenda de finales del siglo IV relata la visita de San pablo y el arcángel Miguel al reino de la perdición. Al ver el sufrimiento de los pecadores rogaron a Dios misericordia. Jesús se presentó en persona en el Infierno y concedió a todas las almas la gracia de no sufrir tormento alguno desde la hora nona del sábado hasta la prima del lunes.
San Pedro Damián cuenta que cerca de Pozzuoli hay unas aguas pestíferas desde donde surgen unos pájaros espantosos que sólo son visibles desde la noche del sábado a la mañana del lunes. Jamás se alimentan. No es posible cazarlos. Algunos creen que son almas de condenados que disfrutan del consuelo concedido por Cristo.
Sin embargo, los ruegos de los santos no deben ser muy frecuentes: suele afirmarse que los huéspedes del Paraíso hallan deleite en contemplar el sufrimiento de las almas en el Averno. Cualquier puede imaginar la escena: una morralla de papanatas celestiales asomada al abismo, burlándose con gritos chuscos, arrojando porquerías y escupiendo. Abajo, ente las llamas, los condenados alzan puños como brasas, mientras gritan:
- ¡Hijos de puta!
Dios mismo pone fin a la vergonzosa escena, echando a patadas a la patota de santurrones.
El hombre moderno, ansioso de mediciones exactas, desea saber qué posibilidades tiene de salvarse. Julián Loriot, célebre orador del siglo XVII, elaboró estadísticas consultando a un resucitado: de cada sesenta mil muertos uno va al Paraíso, trea al purgatorio y 59.996 almas marchan al Infierno. Juan Crisóstomo calculaba que no había más de cien elegidos en toda la población de Constantinopla. Un eremita se le apareció a San Bernardo en su lecho de muerte y le aseguró que de los treinta mil muerto de aquel día se salvarían sólo dos.
En cuanto al Juicio Final, debe recordarse que tendrá lugar en el valle de Josafat, no lejos de Jerusalén, y después de la resurrección, que habrá puesto a los condenados en posición de sus hediondos y deformados cuerpos. Cristo dictará la sentencia en lengua siríaca.
En 1274, el Concilio de Lyón fundó el purgatorio. Allí van los que no son malos del todo y pueden beneficiarse con las oraciones y actos piadosos de los vivos.
Enzo Lucione repartió entre los vecinos el folleto creado por Peluffo pensando que una amenaza impresa es más eficaz que una verbal. Sin embargo, la gente siguió pecando.
Los vigilantes, que saben de amenazas, enseñaban que el mal prometido debe parecer inminente. No importa tanto la aspereza de una castigo como la certeza y proximidad de su ejecución. Los delincuentes menos dotados sometidos a interrogatorio suelen confesar sus crímenes sólo para terminar con las presiones y los cachetazos. No calculan que el precio de ese alivio será una terrible condena. Las mentes pobres no reaccionan sino ante peligros inmediatos. El Infierno es lejano y acaso inexistente.
Agotados los folletos, Lucione abandonó su misión de salvar almas y se perdió en el olvido.

De “El libro del Fantasma”


OLORES
Alejandro Dolina

El pintor Lucio Cantini tenía la fuerte sensación de ser un artista marginal, inadaptado, beligerante y rebelde. Según sus vecinos de la calle Álvarez Jonte, Cantini se esforzaba en resaltar estas fogosidades de su temperamento para ocultar en la penumbra del segundo plano la torpeza innegable de su técnica.
Cada vez que alguien le hacía notar sus chambonadas, Cantini protestaba que esa era su manera de oponerse a un universo cruel e injusto.
Junto a otros artistas, tan chúcaros como él, organizaba unas animadas exposiciones en un club de la calle San Blas. Los vecinos, amantes quizá de formás pictóricas más clásicas, solían arrojar cohetes y buscapiés en medio de las muestras. Su exposición Pintura Espectacular le concedió un efímero renombre.
Los cuadros eran en realidad espejos. De este modo, cada persona veía una obra distinta. Esto puede explicar las sustanciales diferencias de opinión que los cuadros suscitaron. Allí donde el autor veía un autorretrato, los críticos se obstinaban en ver un crítico.
Pero el genio de Cantini alcanzó máxima expresión en la famosa Exposición de Olores en 1965.
El artista colocó, en distintos rincones del salón, sustancias que producían olores de toda índole.
Cerca de la puerta, una fragancia de rosas. Más allá, el hedor de los basurales. En el fondo, un exótico aroma de maderas de Oriente. A la izquierda, la fetidez de un perro mojado.
La interpretación y evaluación de estas creaciones no era cosa fácil.
Los espectadores no sabían cuándo la influencia de una obra era reemplazada por otra, para no hablar de la fragancia aportada por ellos mismos.
Algunos críticos progresistas objetaron el carácter realista e ingenuo de la exposición. Pedían la aparición de olores no convencionales: el olor de la angustia, el olor de la sabiduría, el perfume de la perplejidad. Cantini reaccionó y fue mucho más lejos: generó aromás abstractos, no alusivos. Olores puros sin causa aparente. Pero el público insistía en hallar semejanzas con los olores vulgares de la vida cotidiana.
Un hecho notable: la exposición iba modificándose con los días y se hacía cada vez más ostensible y más fuerte. Por otra parte, las obras expuestas iban perdiendo sus diferencias, coincidiendo en un general olor a podrido.
Los vecinos intolerantes que antes mencionábamos entraron una noche e incendiaron la Exposición de Olores, pretextando defender el honor de sus familias.
Lucio Cantini, borracho y un poco chamuscado, gritaba enloquecido, mientras caminaba entre las llamás y aspiraba las humaredas, que aquel último olor era la coronación purificadora de un hecho artístico que había sido al mismo tiempo efímero e inmortal.

De “El libro del Fantasma”


MURALLAS
Alejandro Dolina

Hay una ciencia que estudia los procedimientos para sitiar ciudades. Se llama poliorcética. El aprendiz de sitiador encontrará en ella consejos prácticos, de los ingenieros, pero también ejemplos históricos de agudeza, valor y perseverancia.
Conocerá las trompetas demoledoras de Jericó.
El drama de Másada, con la cruel ingeniería de Flavio Silva y la determinación de Eleazar, que ordenó a los sitiados darse muerte unos a otros.
La aparición de Jesucristo ante el rey Enrique, durante el cerco de Lisboa y el reproche de éste: "Señor, hazte visible mejor ante los sarracenos, que no creen en ti."
La pertinacia de Tutmés ante Kadesh.
La traición de Teodorico en Ravena.
Y la mayor de estas aventuras: el sitio de Troya.
Me doy el gusto de recordar algunos datos.
Dante ubica a Ulises y Diomedes entre las llamás del infierno de los embaucadores. Los hace pagar allí la culpa de haber urdido la estratagema del Caballo de Troya para poder entrar a la ciudad sitiada.
La sanción dantesca es injusta. Aún siendo los dos héroes muy inclinados a la astucia y la ocultación, fueron inocentes del engaño que se les atribuye. En verdad, la diosa Atenea reveló a Prilis, un adivino de Lesbos, que los griegos sólo podrían entrar a Troya escondidos en el interior de un caballo de madera.
Cuando las naves aqueas pasaron por Lesbos, Prilis comunicó a los jefes el dictamen de la diosa.
Epeo, que había nacido cobarde y era artesano exquisito, se ofreció voluntariamente para construir el caballo.
Se dice que empleó tablones de pino. En uno de los costados estaba el escotillón que permitía el ingreso y egreso de los guerreros. Del otro lado se grabaron grandes letras que completaban la siguiente dedicatoria: "En agradecida anticipación a nuestro regreso feliz, los griegos dedicamos este caballo a Atenea."
El tamaño de la construcción sólo puede conjeturarse por el número de personas que era capaz de albergar. Sin embargo, los poetas e historiadores no terminan de ponerse de acuerdo al respecto. Algunos hablan de veintitrés, otros treinta, cincuenta y hasta tres mil. Conocemos - eso sí - el nombre de algunos de los que estuvieron dentro del caballo. Recordemos a Menelao, Acamante, Toante, Neoptólemo, Estéleno, Ulises y Diomedes. Epeo también formó parte del grupo. Lo subieron de prepotencia y lo sentaron junto a la cerradura, con el pretexto de que era el único que sabía hacerla funcionar.
Suele decirse en las conversaciones de las pizzerías que el caballo fue presentado a los troyanos como un obsequio. No fue así. En realidad los griegos incendiaron el campamento y se hicieron a la mar fingiendo que abandonaban el sitio.
Las naves se ocultaron detrás de una isla cercana y allí esperaron.
El caso es que al día siguiente, los troyanos encontraron la campiña desierta y en medio de las cenizas del campamento, muerto de risa, el absurdo caballo de Epeo.
El rey Príamo y los suyos se acercaron a examinarlo. Surgieron opiniones diferentes. Dimetes insistía en llevarlo a la ciudad. Capis propuso quemarlo. Laoconte recordó que no había que confiar en los griegos. Casandra, la hija del rey, que poseía el don de profetizar, reveló que el caballo estaba lleno de guerreros. Pero Casandra estaba condenada a que nadie le creyese.
Aquí entra a tallar un guapo de verdad: Sinón, el espía. Los griegos lo habían dejado en tierra y él no tardó en hacerse tomar prisionero. Conducido ante Príamo, soportó el interrogatorio del rey con fingida reserva. Se dice que no habló hasta que no le cortaron la nariz y las orejas.
Asegurada de este sangriento modo su credibilidad, engañó a los troyanos con la siguiente historia: dijo que los griegos estaban hartos de la guerra y que se habían ido para siempre. Explicó que lo habían dejado en tierra a causa de su enemistad con Ulises. Con respecto al caballo, dijo que era una ofrenda que los griegos hicieron a Atenea. Querían recuperar el favor de la diosa, muy mal dispuesta con ellos desde el robo del paladio.
Príamo preguntó por qué lo habían hecho tan grande.
Entonces, Sinón habló de una predicción del adivino Calcante. Si los troyanos despreciaban la ofrenda, serían destruidos. En cambio, si lo introducían en Troya, se hallarían en condiciones de conquistar Micenas.
Para su desgracia el rey Príamo le creyó. Hizo agrandar las puertas para entrar el caballo, lo dedicó a la diosa y después los troyanos empezaron a festejar la victoria.
Cuando todos dormían la borrachera, Sinón encendió los fuegos. Era la señal convenida con la flota griega. Los barcos se acercaron y los guerreros salieron del interior del caballo. El primero en hacerlo fue Equión, que se rompió el cuello. Después comenzó la matanza.
En todo cerco, se supone que el sitiador es dueño del territorio vecino, que está en situación de impedir el abastecimiento del sitiado y que es el que toma las decisiones.
Ante semejante postulación, los espíritus prácticos podrán sostenter la inutilidad de cualquier resistencia al asedio: si al fin habremos de capitular, ¿a qué demorarse en las tribulaciones del heroísmo?
La respuesta a tan liviana objeción es contundente y melancólica: vivir no es otra cosa que una resistencia inútil.
El rey Príamo sabía que el destino de Troya era el fuego. Pero combatió durante diez años.
El hombre sabio sabe que va a morir, pero vive y se resiste a la muerte tanto como puede. Es mortal en beligerancia.
Lector poliorcético: el que esto escribe defiende unas modestas murallitas de humo que ya se han derrumbado mil veces. Y guarda en su patio numerosos caballos de madera, obsequio de amados traidores.
Ahora, en este mismo momento, empiezan a salir de ellos los enemigos.

De “El libro del Fantasma”


HALAGOS INSUFICIENTES
Alejandro Dolina

En 1619, el falso alquimista polaco Mikael Sendivougius se presentó ante el emperador Fernando II diciendo que era capaz de convertir la plata en oro. Para demostrarlo presentó una moneda de plata, la que sometida a ciertos procedimientos se hizo de oro.
Muy pronto se descubrió el fraude: la moneda era en verdad de oro y había sido revestida con un fino baño de plata que desapareció al ser calentada.
Esta moneda sirve para pagar una simple alegoría. Deben existir personas excelentes que por discreción, por pudor o por el horror de lucirse, atenúan levemente sus virtudes. No fingen maldad ni estupidez. Se limitan a descender un peldaño.
Nos sobra para una última idea. Ante esa clase de seres, los imbéciles emiten halagos que son en realidad afrentas: "el señor Newton tiene ocurrencias muy ingeniosas"; "el señor Alighieri tiene facilidad para escribir"; "en toda Génova no hay viajero como el señor Colón".
Los que confunden la plata con oro van sin duda al infierno de los ingratos, o a otro construido especialmente para ellos, donde las llamás parecen peores de lo que son.

De “El libro del Fantasma”


LA MUSA
Alejandro Dolina

Los antiguos creían que los artistas no eran sino instrumentos de los dioses. La inteligencia, la destreza, el rigor de los aprendizajes, de poco servían sin la intervención de las musas. Por eso al comienzo de cada canto pedían explícitamente una ayuda sobrenatural, invocando a la diosa:
Canta, diosa, la venganza fatal
de Aquiles de Peleo.
O más recientemente:
Pido a los santos del cielo
que ayuden mi pensamiento.
Sin la diosa, un poeta no era nada. La poesía es en verdad una invocación religiosa a la Musa. Y la recompensa del arte no es otra que la experiencia mágica de dicha y horror que la aparición de la diosa provoca.
Los griegos contaban que las musas eran nueve hermanas, hijas de Zeus, y fruto de otras tantas noches de amor con Mnemósine, que era la personificación de la memoria. Antes que nada eran cantoras. Las convidaban a las grandes fiestas del Olimpo y sus himnos deleitaban a Zeus. Vivían en un bosque sagrado, cercano al monte Helicón. Solían reunirse alrededor de Hipocrene, es decir la Fuente del Caballo, un manantial abierto por Pegaso, al dar sus cascos contra una roca. El agua de aquella fuente favorecía la inspiración poética.
Con el tiempo, cada una de las hermanas vino a tener una función determinada: Calíope se ocupó de la poesía épica; Clío, de la historia; Polimnia, de la pantomima; Euterpe, de la flauta; Terpsícore, de la danza; Erato, de la lírica coral; Melpómene, de la tragedia; Talía de la comedia; Urania, de la astronomía.
En los mitos escandinavos, Odín consiguió hacerse con unos frascos de miel y de sangre fabricados por los enanos y que son el secreto de la poesía. Por eso habla siempre en verso.
La psicología, esa colección de mitos de nuestro tiempo, desmiente la intervención de la diosa y la reemplaza por otros estímulos menos convincentes.
Lo cierto es que el artista siente, a veces, que le dictan o le cantan en el oído. O mejor todavía, siente que una fuerza que le es exterior lo impulsa a cumplir los arduos trabajos del arte. Se trata - es necesario decir - de fuerzas mucho más poderosas que las encarnadas por el ansia de fama, dinero o distinciones.
En rigor, no puede hablarse de placer de la creación artística, porque esta creación no siempre es placentera y la mayoría de las veces está rodeada de unas penurias tales que es necesario un enorme valor para evitar el desaliento.
Algunos deterministas sostienen que - a falta de musa - el artista es el inevitable resultado de las circunstancias sociales, económicas y políticas. Es decir, que examinadas las condiciones de una región en un momento histórico determinado, es posible conjeturar qué clase de obras se acuñarán allí. Así, se ha señalado que la vida pastoril, típica de la Pampa, produjo el Martín Fierro. Borges objeta que esta misma vida pastoril ha sido típica de muchas regiones de América, desde Montana y Oregón hasta Chile, pese a lo cual estos territorios se abstuvieron enérgicamente de redactar El gaucho Martín Fierro. Ciertamente, lo social y lo económico influyen en el arte. Pero es imposible saber de qué modo. El artista puede acompañar a su época o resistirla. Un régimen autoritario puede engendrar un riguroso arte oficial o una indignada rebelión romántica, o cualquier otra cosa.
Durante mucho tiempo me ha gustado creer que el verso perfecto estaba al final de un camino lleno de espantos y pena.
El puente Chinvat de los persas prometía un tránsito fácil para los justos e imposible para los malvados. Este sendero poético que me atreví a imaginar conducía al lugar más glorioso cuanto mayores eran los sufrimientos del camino. Y allí los malvados elegían el camino fácil, el que no llevaba a ninguna parte.
Más tarde, Robert Graves me reveló una verdad: la musa es la mujer que uno ama. El poeta inspirado se conecta con la diosa sólo a través de una mujer en la que ella reside hasta cierto punto. Un poeta verdadero se enamora absolutamente y su amor sincero es para él la encarnación de la musa.
Desventuras de última hora me hicieron ver que tal vez ambas intuiciones son ciertas. El camino difícil es el camino del enamorado y del poeta. Ese camino es el que conduce a la diosa, que es la mujer amada y la única que conoce - o nos hace conocer - la música buscada.

De “El libro del Fantasma”


TUNEL
Alejandro Dolina

La isla de San Martín es una más en el modesto archipiélago frente a las Cosatas Bajas. No está lejos de tierra firme y es fácil identificarla: el alto muro de piedra de la cárcel es inevitable mojón de referencia para los escasos pescadores de la región.
El exiguo litoral de la isla fue vigilado perpetuamente durante siglos. Los guardias celosos de la prisión se apresuraban a balear cualquier objeto flotante. Peces voladores, ballenatos, náufragos, han sido a través de los años víctimás del plomo de los carceleros. Una vez por mes, un barquito del gobierno atracaba en el viejo muelle. Llevaba provisiones baratas, algún empleado, algún preso.
Siendo legendaria la seguridad del penal, las autoridades enviaban allí a los convictos más temibles, especialmente a los que habían intentado fugarse de otras cárceles.
Nadie escapó jamás de San Martín. Es verdad que un buen nadador podría alcanzar la costa vecina sin demásiado esfuerzo. Lo difícil era arrojarse al agua. Los muros eran impenetrables. No había ventanas ni respiraderos. Los presos de la isla nunca veían el mar.
La administración central casi no se ocupaba de esta cárcel. Los directores no eran removidos casi nunca, salvo por muerte o jubilación. Un cierto descuido burocrático provocaba dificultades en el abastecimiento y en algunas oficinas de la capital ni siquiera sabían si la prisión seguía funcionando.
Se dice que el régimen interno era severísimo. Todos hemos oído alguna historia acerca del extravagante sadismo de los carceleros de San Martín. Se trataba de personas solitarias que carecían de cualquier solaz. Durante un tiempo, el barquito arrimó algunas prostitutas para el recreo de la guarnición. Pero con los años vino a observarse un creciente desinterés de los hombres. Al parecer, mejor los complacía la crueldad que la lujuria.
La isla estaba completamente ocupada por la cárcel. Fuera de ella no había nada. Apenas unos metros de arena entre las paredes y el mar. A pesar de no medir más de un kilómetro en su punto más ancho, los intrincados pasillos y las tortuosas galerías de los absurdos edificios producían en sus habitantes una penosa sensación de infinitud. Los sectores al aire libre eran también deprimentes: una laguna pantanosa donde los penados pescaban renacuajos, una loma pelada que ocupaba el centro de la isla, un patio empedrado. Los pocos árboles que existían ocupaban el distrito a las autoridades.
No se sabe cuándo, alguien pensó en hacer un túnel. Un túnel bajo los muros y bajo el mar, que condujera directamente a tierra firme. Describiré la magnitud de los trabajos necesarios.
La distancia entre la isla san martín y la costa es de unos 6500 metros. La profundidad del mar es escasa: unos 30 pies com máximo. Los sedimentos cuya acumulación ha dado origen a las islas son relativamente fáciles de remover. Ingenieros comedidos han calculado que una cuadrilla de convictos trabajando con herramientas elementales, en horarios reducidos por la prudencia y mermado su rendimiento por el sigilo, podrían avanzar un metro cada tres días en un corredor de un metro de diámetro.
Los mismo ingenieros, o quizá otros, podrian continuar el cálculo: diez metros en un mes. Poco más de una cuadra en un año. 1200 metros en una década. Y el recorrido completo en unos 65 años.
Tal vez ignorando estas cifras incorruptibles, cautivos ingenuos empezaron el túnel.
Los datos que siguen son inevitablemente dudosos. Esta clase de obras progresa en la clandestinidad. hemos consultado a funcionarios policiales, antiguos presos, pobladores de la zona y proveedores de la prisión y las noticias resultantes están desfiguradas por el olvido, el temor, la suspicacia o el mero desconocimiento.
Algunos dicen que el túnel tenía tres bocas. Dos de ellas eran falsas y se procuraba que las autoridades descubrieran los fingidos trabajos que allí se realizaban. La verdadera entrada pudo haber estado en la quinta letrina del más antiguo de los baños.
El célebre delincuente Tony Musante estuvo recluido cinco años en San Mar´tin. Allí escribió unos textos bajo la forma de memorias, cuyo propósito se vinculaba menos con el ejercicio de la literatura que con el de la venganza. En esas páginas se menciona el túnel varias veces.
"La Hermandad del Túnel me pidió ayuda en la excavación. Les hice saber que no estaba dispuesto a ningún trabajo manual. Los mensajeros prometieron que jamás habían pensado en ello. Más bien me necesitaban para amenazar a los renuentes y, llegado el caso, para eliminar a los traidores. Quise saber quiénes eran los jefes de la Hermandad, pero los mensajeros no lo sabían.
Al parecer, el túnel mide ya cerca de dos kilómetros. Me convidaron a recorrerlo. No acepté. Según pude saber, se trata de un agujero muy estrecho por el que se circula en cuatro patas. Cada cien metros hay tramos más anchos y más altos para el descanso y para que puedan cruzarse personas que marchan en dirección opuesta."
Musante escribía esto en 1930. Todo hace suponer que jamás vio el túnel. Tampoco llegó a saber quiénes dirigían la Hermandad. Es casi seguro que no prestó su servicio. En 1934 lo trasladaron a otra cárcel menos rigurosa, en atención a su buena conducta.
Sin duda el testimonio escrito de mayor importancia fue el que surgió de la confesión del arquitecto Bompiani.
Marcos Bompiani fue un asesino serial, que acostumbraba a emparedar a sus víctimás en los muros de los edificios que construía su empresa. Condenado a prisión perpetua, estuvo en San Martin más de diez años. Allí también cometió algunos crímenes. Obligado a confesarlos, admitió - de paso - haber dirigido personalmente las obras del túnel y haber sido jefe de la Hermandad. Sin embargo, Bompiani jamás reveló la ubicación de los accesos verdaderos.
El arquitecto señaló unos gravísimos problemás. El desconocimiento de la profundidad exacta del mar obligaba a excavar muy profundo, por precaución. El aire era escaso y era imposible construir respiraderos. Además, cuanto más progresaba el emprendimiento, más se tardaba en llegar gateando hasta el punto de excavación. Bompiani estimó que el tiempo empleado en el trayecto (unos 3000 metros en 1946) era de casi tres horas. Esto hacen seis horas entre la ida y la vuelta. Ante la dificultad de justificar las prolongadas ausencias de los presos, hubo que reducir al mínimo la duración de los turnos. Tal vez nadie cavara más de quince minutos por jornada.
En los primeros años, el clásico problema de deshacerse de la tierra removida parecía más o menos resuelto. La loma pelada fue creciendo de a poco. Los presos llenaban sus bolsillos en el túnel y los vaciaban allí. Pero Bompiani comprendió que tarde o temprano las autoridades iban a extrañarse de aquel fenómeno. El arquitecto calculó que la obra completa implicaría el desalojo de site mil toneladas de tierra, cuyo volumen sería aproximadamente el de un edificio de catorce pisos. Resolvió entonces designar a un grupo de especialistas para que procediera a capturar toda clase de pájaros, con preferencia de buen tamaño. Esta tarea se realizaba con el permiso y hasta con el beneplácito de las autoridades. A cada ave capturada se le ataba a la pata una pequeña bolsa de papel llena de tierra y agujereada. En esas condiciones los pájaros abandonaban la isla con vuelo esforzado, desparramando la tierra del túnel por todo el océano. Bompiani se extendía en explicaciones tediosas acerca de las dificultades para conseguir bolsas de papel o para evitar que los guardianes se dieran cuenta de estas maniobras.
En medio de nuestro trabajo de investigación, encontramos numerosas menciones del túnel, en fechas remotísimás. La más antigua data del año 1790.
¿Cuándo comenzó realmente la excavación del túnel? ¿Hace doscientos años? ¿Hace trescientos? ¿Por qué nunca fue terminado?
Puede conjeturarse que no estamos hablando de uno, sino de varios túneles, que fueron comenzados en distintas épocas. Es probable que los carceleros hayan descubierto y clausurado la mayoría de ellos. De hecho, todos los directores han conocido los rumores sobre un misterioso plan de fuga.
Se sabe que la policía solía infiltrar a algunos de sus agentes entre los prisioneros. Eran maniobras muy discretas: ni siquiera los carceleros podían diferenciar a los falsos criminales de los verdaderos. Sin embargo las negligencias administrativas, que ya hemos señalado, generaban errores inconcebibles. Muchos policías han terminado su vida en la cárcel de San Martín, ante el olvido de sus superiores, gritando a los impasibles carceleros nombres, direcciones e inútiles referencias.
En 1940, el periodista inglés Andrew Harrison obtuvo permiso del director de la cárcel para fingirse presidiario e investigar por su cuenta. Los resultados de más de una año de sacrificio fueron pobrísimos. Nadie sabía nada del túnel, ni de la Hermandad. A Bompiani, ni siquiera lo conoció. Muchas veces fue víctima de las bromás de los convictos, que se complacían en señalar supuestas entradas del túnel en los lugares más indignos. Años después, se reveló que todo el mundo sabía que Harrison era un periodista un encubierto y que se consederaba de buen tono el contarle mentiras para su posterior publicación. En 1942, apareció el libro Mejor que no hable, en el que se divulgaban las confidencias íntimás de los penados. Allí se sostuvo que el túnel no existía. Esta cómoda opinión fue ovacionada por los Refutadores de Leyendas de todo el mundo. Durante décadas el asunto fue olvidado.
En 1974, la cárcel de San Martín fue clausurada y en 1977, se demolieron los siniestros edificios. Al parecer, no se hallaron rastros de túnel alguno.
Pero en 1980, en su libro Túneles del mundo, el viajero francés Jean Luc Toinette razonó que los rastros de una obra tan elemental desaparecían fácilmente y que la ausencia de vestigios no garantizaba la inexistencia del famoso túnel.
Dejo para el final el testimonio del último director de la prisióin, el odontólogo Antón Garat:
"El túnel existió y fue la obra más noble de la que yo haya tenido noticia. Los presos preparaban una vía de escape que ellos mismo no iban a ver terminada. Estaban trabajando para la fuga de hombres que ni siquiera habían cometido aún el delito que los iba a condenar.
"El túnel era la esperanza. Era necesario para unos hombres embrutecidos por el sufrimiento. Por eso nunca me esforcé demásiado en encontrarlo. La excavación ocupaba sus energías y los mantenía alejados de motines y reclamos."
Me atrevo a postular que la existencia real del túnel es asunto secundario. La ilusión de la fuga no fue jamás una promesa concreta. Las ilusiones grandes nunca lo son. Quizá la verdadera función de la Hermandad haya sido esa: mantener vivo un sueño imposible. Tal vez las autoridades no hayan estado lejos de la cofradía. El informe termina aquí, apresuradamente, cuando se oye el ya cercano trote de las alegorías.

De “El libro del Fantasma”


JUEGO
Alejandro Dolina

El obtuso polígrafo árabe Manuel Mandeb solía rodearse de una runfla de aficionados al arte y al heroísmo. Se trataba de individuos que estando disconformes con sus propias personas, presumían de estar en desacuerdo con el universo.
Hacían toda clase de esfuerzos por resultar interesantes. Buscaban, por ejemplo, la desdicha y el fracaso, tal vez por ser metas siempre siempre más cercanas que el triunfo y la felicidad.
Estos sujetos vivían en el barrio de Flores y se hacían llamar los Hombres Sensibles. Entre sus maniobras de fácil audacia figuraba el juego. Las frugales apuestas les dejaban una grata sensación de desinterés por los bienes materiales y un baratísimo motivo de jactancia.
Jugaban a todo: al póquer, al pase inglés, al siete y medio, al monte con puerta, al nueve, al codillo, al tute, al tres sietes, al truco, al mus, al chinchón, al chorizo, a la brisca, a la escoba, al rummy, a la canasta, a la loba, al chancho, al chinchún, al gofo, al peludo, al black jack, al punto y banca, a la generala, a la montaña, al bidú, al unito, al desconfío, al culo sucio, al pinchanúmeros, al perro colorado, a la guerra, al diez mil, al siete le va, al cinquito, a la ruleta, al correquetecagas, a la taba, a la crapé, al backgammon, al whist, al bridge, al mirame y no me toques y a la viborita.
A veces, afectando inociencia infantil, jugaban a la escondida, a la esquinita, al balero, a las figuritas, a la biyarda, al vigilante y ladrón, al hoyo pelota, a las bolitas, al triángulo, al gallito, al rango, a la gata parda, a la rayuela, a la monedita, al tejo, al sapito, al gallo ciego, a la mancha venenosa, al patrón de la montaña, al huevo podrido, al pisa pisuela, a la murra, al pase y no vuelva, a la zapatilla, a la bruja de los colores, a la musaraña, al yo-yo, al dinenti, al Antón Pirulero, al hospital, al por qué y al abuelita me das dulce.
Según algunos supersticiosos, el Ángel Gris de Flores enciende la pasión por el jueo en todos los habitantes del barrio.
- El que no arriesga no pierde - dice con voz de espectro.
Quien recorra el barrio en las noches de invierno podrá ver patotas de muchachones, muertos de frío, jugando a adivinar el número de las patentes de los autos. En la estación, suele jugarse a acertar la cantidad de personas que descienden de los trenes. Mucho jugadores tramposos tienen cómplices que pasan en autos con patentes propicias a la hora estipulada o bajan de los trenes junto con catorce amigos a las dos de la mañana.
Esta gente haría mejor en sentir miedo. Hay demonios que gobiernan el azar y que tienden terribles trampas a los jugadores, de modo que a veces ganar es perder y perder es ganar.
Una noche de 1970, Ricardo Ventura, un petiso de Caseros, empezó a recibir poker de reyes mano tras mano. El hombre amontonaba fichas. Los otros jugadores empezaron a sospechar. Ventura recibión un cuarto, un quinto y un séptimo póquer. Lo mataron en el décimo y nunca se supo si guardaba reyes en su manga o si tenía esa noche un suerte desmesurada.
En ambos casos su castigo es merecido. Hacer trampas no es más canallesco que ligar demásiado.
Caso parecido fue el de Oscar Piluso que, en una mesa de pase inglés, supo hacer catorce sietes consecutivos, todos con un cuatro y un tres. Sospechando algo raro, los damnificados le quitaron los dados y los hicieron rodar varias veces: en todas ellas apareció el siete, formado por un cuatro y un tres.
A Piluso lo tiraron por la ventana. Pero el ruso Salzman, que se robó los dados, declaró muchos después que, habiéndolos examinado con el mayor escrúpulo, comprobó que no estaban cargados. Estos son los chistes que se gastan los demonios de la suerte.
Tal vez sea inevitable hablar del libro del doctor Australio Barbará Refutación del azar. Allí se sostiene que las cartas, los dados y las ruletas van formando en su devenir una figura o cifra secreta, que ya existe para alguien.
"El azar - grita el doctor Barbará - no es más que una consecuencia de la ignorancia. Quien conoce la posición inicial de un par de dados, la fuerza con que se los arroja, la altura y las características del tapete, puede deducir - si tiene suerte - el número que saldrá.
"Y quien conoce la cifra final que van completando los distintos juegos a través de los tiempos, sabe también todas las cifras parciales".
Barbará no conocía, seguramente, ninguno de estos datos, pues según cuentan en Flores, siempre perdió cmoo un señor.
Pero perder es lo que hace que el juego sea apasionante. Saber perder es creer que el Día de la Justicia llegará solamente para los perdedores.
Se ha dicho que los Hombres Sensibles no sólo saben perder, sino que, además, lo desean. Esta impresión ha sido avalada por infinidad de jugadores de dados, cebadores de mate, mirones y otras personas que frecuentan las timbas por una u otra razón.
Puede ser que sea cierto. Algunos hombres sienten miedo cuando ganan. Temen que todo éxito es el presagio de un desastre. O quizá padecen la angustia moral de no merecer lo ganado.
Se puede ir más lejos. Según una cosmogonía bastante difundida ente los espíritus melancólicos, el universo es una organización perversa, donde siempre ocurre lo que uno no desea y donde todo acaba siempre en tragedia. Las fuerzas del bien son minoría y el destino apoya descaradamente a los malvados.
Conforme a este pensamiento, cualquier victoria parece una traición.
Si hemos de crer en la leyenda, el Ángel Gris comparte este criterio y suele regalar a sus protegidos largas rachas de naipes adversos.
Podríamos decir que Manuel Mandeb escribió un libro acerca de estos asuntos. En realidad no es un libro, sino apenas un cuaderno donde el hombre anotaba sus deudas y acreencias de origen lúdico. Hay, eso sí, comentarios y anécdotas de póquer, todas iguales. Sin embargo, vale la pena transcribir un episodio que deja entrever el terror cósmico ante el misterio del juego.
"Cuando yo era chico había unas figuritas llamadas Pelusa. Una de ellas, la doscientos ochenta y dos, resultaba imposible de ocnseguir. Era la única que me faltaba para llenar el álbum.
Un día alguien me sopló que un pibe de la calle Condarco la tenía. Fui hasta su casa.
Era un chico extraño. Su cara, a los diez años, parecía tener huellas de desengaños muy antiguos. También me llamó la atención que se mostrara ansioso por cambiar la figurita. Era la difícil. Yo en su lugar no la hubiera aflojado por nada del mundo. El pibe aceptó diez figuritas - una miseria - sin discutir ni un minuto.
Después de entregármela, rajó enseguida para adentro. Por un momento sospeché que me había engañado... pero no: ahí estaba la cifra. Doscientos ochenta y dos. Miré la cara estampada en la cartulina y entonces comprendí todo. No era un jugador de fútbol, ni un boxeador, ni nu automovilista.
Era el diablo, el mismo Mandinga, me di cuenta ni bien lo miré.
Espantado, la tiré en cualquier parte y salí corriendo. Pero al día siguiente apareció de nuevo entre las otras figuritas que yo tenía . La quise quemar, pero no ardía. La jugué de mil maneras diferentes, pero siempre la ganaba. Al final, se la cambié por dos al colorado Catena, un pibe que murió al invierno siguiente. Ese fue el último año que junté figuritas".
Dicen algunos que ángeles, demonios y duendes se mezclan con jugadores en las timbas de Flores. Por eso son indiferentes a todas las otras mesas de la ciudad. No se trata solamente de perder dinero. Se trata de asomarse a leer de ojito en el libro del destino. Se trata de creer - no sin espanto - que el mundo es mucho más extraño de lo que parece.
Estos no son sino embelecos de almás desesperadas por su propia vulgaridad. Buscando milagros de cartón juegan cada noche al treinta y cuarenta, a la obligada, al pase la chancha, al veo-veo, a la seguidilla, al ahorcado, al bacará, al casino, al veinticinco, a la hormiguita, al piedra-papel-tijera, al muchas gracias y al carta mayor.

De “El libro del Fantasma”


INSTRUCCIONES PARA BUSCAR AVENTURAS
Alejandro Dolina

Se puede afirmar, sin temor a la indignación de los sabios, que en los tiempos que corren es cada vez más improbable tropezar con la aventura.
Lo imprevisto, lo extraño, lo misterioro no sucede nunca.
Curiosamente, parecen existir muchísimás personas con espíritu aventurero. Todos los días conversa uno con señores que desean vivamente una vida más interesamte y un teatro de aconteciemientos más rico y más amplio.
Esta gente sale de su casa cada mañana esperando que algo ocurra y uscando, como decía Whitman, "algo pernicioso y temible, algo incompatible con una vida mezquina, algo desconocido, algo absorbente, desprendido de su anclaje y bogando en libertad".
Pero la búsqueda es siempre inútil y casi todos los hombres, en e ocaso de sus vidas, confiesan que no han vivido jamás una aventura.
¿Dónde estan - se pregunta uno - las doncellas atormentadas por un gigante que desde la torre se algún castillo esperan nuestra intervención salvadora?
En ninguna parte. Ya no quedan gigantes, ni castillos, ni - mucho menos - doncellas.
La actual civilización parece pensada para evitar las aventuras. Porque en realidad la aventura es el riesgo. Y nadie quiere arriesgarse.
Siendo la seguridad un valor cuya admiración se promueve de continuo, es inevitable que la mayor parte del esfuerzo tecnológico que se realiza esté destinado a evitar sucesos imprevistos. Las cerraduras Yale, los despertadores, los semáforos, las píldoras anticonceptivas, las alarmás, los preservativos, los cierres de cremallera, las agendas, los paracaídas. Todos estos inventos alejan el sobresalto.
Naturalmente, siempre queda alguna grieta como para que se introduzca lo extraordinario. Pero no es suficiente. Para demostrarlo, vale la pena realizar una sencilla experiencia: pidamos a nuestros conocidos que refieran los hechos más curiosos que han vivido. Los resultados serán entre aburidos y penosos.
Alguien quedó encerrado en el ascensor durante una hora. Otro dice haber ganado un jarrón en una kermese. Un tercero obtuvo un boleto capicúa.
Se trata de aventuras miserables.
Los griegos pensaban que las cosas ocurrían sólo para que los hombres pudieran contarlas luego. Si esto es cierto, el futuro de nuestras conversaciones es poco prometedor. ¿Qué les contaremos a nuestros nietos? ¿Que una vez vimos un choque? ¿Que se nos reventó un sifón? Pobre será la épica que surja de estos modestos cataclismos.
El aventurero actual ha aprendido a contentarse con sombras de emoción. La televisión y el cine son sus melancólicos proveedores de asombro.
Chesterton había inventado una solución genial: la Agencia de Aventuras.
Era una empresa que tendía a los caballeros que experimentaban el deseo de una vida variada.
Mediante la satisfacción de una suma anual, el cliente se veía rodeado de acontecimientos fantásticos y sorprendentes provocados por la Agencia.
El hombre salía de su casa y se le acercaba un chino excitadísimo quien le aseguraba que existía un complot contra su vida. Si tomaba un coche, era conducido al Barrio del Invierno, donde cunden las riñas, los marineros egipcios y las mujeres peligrosas. Gracias a esta eficiente organización, el aventurero se veía obligado a saltar tapias, pelear con extraños o a huir de desconocidos perseguidores.
Pero la realidad, aun cuando ha sido capaz de depararnos empresas tan absurdas como las que investigan mercados o gestionan transferencias de automóviles, no nos ha brindado una Agencia de Aventuras.
¿Qué puede hacerse entonces?
Pues hay que actuar. No podemos pensar que las aventuras vendrán a nosotros. De nada sirve esperar lo imprevisto mirando vidrieras o sentados en el umbral. Es necesario que uno mismo provoque sucesos extraordinarios.
Para demostrar que esto es posible, abandonaremos las anchas avenidas de los Enunciados Generales para ingresar en el Laberinto de los Ejemplos Concretos. Para decirlo de una vez, nos proponemos impartir instrucciones precisas para vivir aventuras.
Aventura de la mujer rubia
Antes de comenzar a vivir este episodio, usted debe elegir a una mujer rubia. Desde luego, es preferible que sea hermosa. Ydesconocida.
Una vez que usted se haya decidido por una rubia determinada, comience a seguirla. Pero, atención. No se trata de escoltarla durante un par de cuadras murmurándole frases ingeniosas. Hay que seguirla silenciosamente y en forma perpetua. Hasta su casa. Hasta su trabajo. Hasta donde fuere necesario.
Esto no debe interrumpirse jamás. Cada vez que ella entre en un edificio, usted deberá permanecer afuera esperando su salida.
No hay que disimular. La idea es que la mujer rubia advierta cabalmente que usted la está siguiendo. Esto la pondrá muy nerviosa y hasta es probable que llame al vigilante.
Pasarán días, semanas, y tal vez meses. Usted se convertirá en una sombra familiar y silencionsa. Si la mujer rubia tiene novio, no abandone la empresa. Después de todo, usted solamente quiere que algo ocurra. Y tarde o temprano algo ocurrirá.
Aventura del timbre que suena en la noche
Usted camina por una calle oscura. Son las cuatro de la mañana. Tal vez llueve. De pronto, frente a una casa cualquiera, usted resuelve tocar el timbre. Pasan los minutos. Usted vuelve a tocar. Un hombre consternado abre la puerta.
-¿Qué ocurre? - pregunta.
- Ando en busca de una aventura - contesta usted.
Aventura de la novia perdida
Un día usted resuelve encontrar a su Primera Novia.
Si usted ha tenido el descaro de casarrse con ella, es evidente que la cosa no constituye una aventura sino una fatalidad.
Pero supongamos que usted no la ve desde hace veinte años. No sabe qué ha sido de ella. Apenas recuerda su nombre y su cara ha tomado ya la forma de los sueños y el recuerdo.
Usted hace averiguacions. Indaga entre quienes la han conocido. Investiga en los lugares en los que ella trabajó o estudió. Recorre calles al acaso, cree reconocerla dos o tres veces. Alguien le pasa un dato cierto.
Mientras todo esto ocurre, usted se vuelve a enamorar de la Primera Novia y sueña todas las noches con ella, como solía hacer veinte años atrás.
Un día usted descubre su paradero. Sabe exactamente dónde encontrarla. Tiene la dirección, el número de su teléfono y conoce los horarios en que es apropiado llegar a ella.
Usted piensa que la aventura ya puede conmenzar, pero en realidad es aquí donde debe terminar.
Aventura del túnel que va a cualquier parte
Usted y un grupo de amigos aventureros comienzan a excavar un túnel en el fondo de una casa, que puede ser la suya.
La tarea deberá acometerse con el mayor vigor.
Durante la excavación se irán descubriendo objetos extraños, tales como huesos, cascotes, tapitas de cerveza, zapatillas fósiles y antiguos pozos ciegos.
El trabajo durará meses y meses. Durante ese lapso surgirá una deliciosa camaradería entre los integrantes del grupo. Es muy probable que todos sean despedidos de sus trabajos habituales, en razón de inasistencias, la impuntualidad y la suciedad, inevitables cuando un excava un túnel. Por las mismás razones, lso que tuvieren novia serán abandonados.
Así las cosas, la única preocupación del grupo será cavar y cavar. Un día cualquiera, cuando el túnel ya tenga una extensión considerable, se comenzará a cavar hacia la superficie. Y aquí viene le momento fundamental de la aventura. ¿Dónde aparecerán los viajeros subterráneos? ¿En el hall de una casa habitada por señoritas solteras? ¿En una panadería? ¿En un convento?

Hay otras aventuras posibles: la del que se embarca en un carguero sueco, la del viaje subterráneo a través del arroyo Maldonado, la del que investiga a los mendigos para descubrir que son ricos, la del que se mete en el baño de damás, la del que se agacha a ver por qué no explota el cohete... Hay que elegir.
Salgamos de una vez. Salgamos a buscar camorra, a defender causas nobles, a recobrar tiempos olvidados, a despilfarrar lo que hemos ahorrado, a luchar por amores imposibles. A que nos peguenm a que nos derroten, a que nos traicionen.
Cualquier cosa es preferible a esa mediocridad eficiente, a esa miserable resignación que algunos llaman madurez.

De “El libro del Fantasma”


DIABLO
Alejandro Dolina

Todos sabemos que el túnel que pasa bajo las vías en la estación de Flores es una de las entradas del infierno.
Cierta noche de otoño, el ruso Salzman, uno de los tahúres más prometedores del barrio, estaba haciendo un solitario en uno de los bares mugrientos que existen por allí. Vino a interrumpirlo un individuo alto y flaco, vestido con ropas elegantes, pero un poco sucias.
- Buenas noches, señor, soy el Diablo.
Salzman saludó tímidamente. Estaba seguro de haber visto al Diablo otras veces, pero le pareció inadecuado mencionarlo. El hombre se acomodó en una silla y sonrió con dientes verdosos.
- Un solitario es poca cosa para un jugador como usted. Sepa que le está hablando el dueño de todas las fichas del mundo... Conozco de memoria todas las jugadas que se han repartido en la historia de los naipes. También conozco las que se repartirán en el futuro. Los dados y las ruletas me obedecen... Mi cara está en todas las barajas... Poseo la cifra secreta y fatal que han de sumar todas las generalas cuando llegue el fin de su vida...
Salzman no podía soportar aquella clase de discursos. Para ver si se callaba, lo invitó a jugar al chinchón.
- No comprende, amigo. Le estoy ofreciendo el triunfo perpetuo. Puedo hacer de sus pálpitos leyes de acero. Poer el precio de su alma - una bicoca, si me permite - le haré ganar fortunas.
- No puedo aceptar - dijo Salzman en el mismo momento en que se le trababa el solitario.
-¿Acaso le gusta perder?
- Me gusta jugar.
- Usted es un imbécil... Tiene ganado el cielo. En fin, disculpe la molestia. Si no es su alma, será cualquier otra.
Salzman sintió la tentación de humillarlo.
-¿Quiere un consejo? Váyase por donde vino... Aquí no conseguirá nada.
El hombre alto lo miró sobrándolo.
- Olvida con quién está hablando. Siempre consigo lo que me propongo.
- Vea, supongo que lo que usted pretende es corromper un alma pura. Por aquí hay muy pocas. Y además, éste es el barrio de la mala suerte. Todo sale mal.
- Hagamos una apuesta. Si consigo un alma antes del amanecer, me llevaré también la suya. Si pierdo, usted podrá pedirme lo que quiera.
Salzman juntó las cartas desparramadas.
- Usted sabe que lo que me propone es inaceptable... Pero acepto. Desde luego, tendré que acompañarlo para asegurarme de que no haga trampa.
Los dos personajes caminaron juntos por la oscuridad. Anduvieron por la plaza desierta. En la avenida se cruzaron con algunos paseantes que no sirvieron de nada porque ya estaban condenados.
Salzman estaba un poco perturbado: es que su acompañante matizaba el paseo con pequeñas crueldades. En la calle Yerbal le quitó la gorra a un pobre viejo, y en Bacacay le dio una feroz patada a un perrito negro. Cada tanto, cantaba un estribillo con voz de barítono.
- Almás, quién me vende el alma...
Caminaron hacia el norte y en Aranguren se encontraron con una prostituta de increíble hermosura. Era muy joven, casi una niña. Salzman estaba asombrado.
- Mire...
- Esto será fácil. La chica tiene hambre y aunque usted no lo crea, ésta es su primera noche. Puedo asegurarle que seré su primer cliente.
- Si usted lo dice... Pero recuerde que en este barrio todo sale mal.
El hombre alto dejó a Salzman esperando en la esquina y se acercó a la chica. Después se metieron en un oscuro zaguán.
- Me llamo Lilí - dijo ella -. Tráteme bien. Tengo mucho miedo.
Pasaron largas horas. La chica se derrumbó, extenuada y sonriente.
- Ya no tengo miedo.
AL rato salieron los dos abrazados. En medio de la calle, el hombre sacó la billetera. Salzman escuchaba escondido detrás de un árbol.
- Fue maravilloso. Este dinero es tuyo.
- No quiero nada. Lo hice por amor.
El sujeto dio media vuelta y con paso indignado se acercó a Salzman.
- Apúrese que es tarde.
Anduvieron por el Odeón, por Tío Fritz y por la Perla de Flores, donde un grupo de racionalistas les explicó que el pecado no existía, que el verdadero demonio es el que todos llevamos dentro y que en realidad no hay hombres malvados sino psicóticos, perversos, sádicos, fóbicos o histéricos. Al salir, el hombre rompió la vidriera de un ladrillazo. Después volvió a cantar.
- Almás, quién me vende el alma...
En la puerta de Bamboche vieron a Jorge Allen, el poeta, que por fin había encontrado la pena de amor definitiva. Salzman indicó que se trataba de un amigo y pidió que no se lo molestara con la condenación eterna. EL hombre se rió a carcajadas.
- No está en mis manos condencar a ese muchacho. Los enamorados hallan en el cielo o el infierno en el objeto de su amor.
- Tiene razón - dijo el poeta sonriendo.
Salzman los presentó.
- Jorge Allen... el Demonio.
- Ya nos conocemos, pero ya que está: ¿por qué no compra mi alma? Sólo pido el amor de la mujer que me enloquece. Se llama Laura.
- Ya lo sé. Se la entregué hace un tiempo a otro fulano. Por eso no lo ama.
- Con razón, con razón...
- Puedo darle el amor de cualquiera otra.
- Ya lo tengo, gracias.
Allen se fue sin saludar. El hombre le mostró el culo a una vieja que pasaba.
Cerca de las cinco de la mañana, hartos de caminar, fueron a dar al Quitapenas de Nazca y Rivadavia. El hombre alto estaba deprimido por los fracasos de aquella noche. Se tomó cuatro cañas y empezó a contar chistes puercos.
- ¿Conoce el del japonés que va al infierno?
Salzman estaba a punto de regalarlo el alma para que se callara.
Apareció un hombre con una guitarra. Se largó con un paso de milonga en mi menor y al rato se puso a improvisar un canto.
- Al ver a toda esta genteen esta amable reuniónconvoco a mi inspiracióncon carácter de urgente.Si entre el público presentese encontrara un payador,lo desafío, señor,a tratar cualquier asunto,en versos de contrapuntopara ver quién es mejor.
El hombre alto le quitó la guitarra y contestó en la menor.
- Soy el diablo y por lo tantoacepto su desafío,sepa que este canto míoya ha vencido al viejo Santos.Pero yo gratis no canto,quiero una apuesta ambiciosa.Pregúnteme cualquier cosa,más, si yo contesto, le digo:llevaré su alma conmigoa la región Tenebrosa.
El payador no se achicó.
- Por mi alma yo se lo acetoo si no por una copa,no me asusta Juan Sin Ropapues ya ni al diablo respeto.Pero seamos concretos,el tema será profundo:diga de un modo rotundoqué siente usté en el amory si no invite, señor,la vuelta pa' todo el mundo.
El diablo hizo una mueca de asco y pagó la vuelta.
A las seis en punto, pasó por el lugar Manuel Mandeb. Con aliento de azufre, el hombre alto le habló al oído.
- Le compro el alma, jefe.
- Vea, no hay nada en el mundo que me interese, salvo tener un alma. De modo que estamos ante una paradoja.
Empezó a amanecer.
- Oiga, Salzman... De hombre a hombre se lo digo... Esto no es justo: todas esas personas que hemos visto son cien veces más perversas que usted y yo juntos. Quizá sea hora de retirarme de este estúpido negocio.
- No se desespere, amigo.
- No me consuele. No olvide quién soy. Pídame lo que quiera.
Salieron de Nazca y vieron venir por la vereda a Lilí, la joven prostituta. Las luces del día la hacían todavía más hermosa. El hombre se peinó las cejas con escupida.
- De sólo verla se me encienden los siete fuegos del infierno. Tal vez no me lleve ningún alma, pero le juro que no perderé esta noche.
Salió corriendo y la encaró junto a un portón.
- Creo que estuve un poco brusco hace un rato y por eso he resuelto compensarla.
Ella lo miró con frialdad.
- ¿A qué se refiere?
- Le daré poder. Poder sobre mí.
Ahora ella miraba un cartel lejano.
- Perdón, creo que no entiendo.
- Vea, no acostumbro hacer estas cosas. Pero debo reconocer que estoy excepcionalmente impresionado por usted. Antes la traté como a todas. Ahora me gustaría tratarla como a ninguna.
La chica empezó a caminar.
- No tengo nada que ver con todo eso.
- No se vaya. Quiero estar con usted. ¿Puede entender eso?
- Sí lo entiendo, pero... Lo llamaré otro día.
- Lilí, soy yo... el del zaguán. Y para mí el único día de la eternidad es hoy.
- Pero para mí no.
- Está bien. Quizás ahora no. Digamos mañana.
- Creo que no. Estoy un poco confundida. Necesito tiempo.
El hombre encendió los ojos.
- ¿Tiempo? ¿A mí me hablas de tiempo? ¿Acaso te olvidas de quién soy?
- No sé... si no me lo explica.
- No estoy acostumbrado a dar explicaciones. Mi identidad es ostensible. Has estado conmigo y no te has dado cuenta...
- No.
- Soy Satanás, el Señor de las Tinieblas, el Príncipe de las Naciones, Lucifer, El Portador de Luz, el Adversario, el Tentador, Moloch, Belcebú, Mefistófeles, Ahrimán, Iblis... ¿Entiendes? ¡Soy el Diablo!
Hubo un trueno que hizo temblar la barriada. Ella lo apartó y lo miró con desprecio.
- Cállate de una vez, miserable gusano enamorado. ¿No ves que te estás humillando ante mí? ¿No comprendes que podría llevarte a donde yo quisiera? ¿No comprendes que podría hacerte mi esclavo, que podría obligarte a adorarme?... ¿Y sabes por qué?... Porque el Demonio, el verdadero Demonio... soy yo.
Lilí se fue canturreando una milonguita.
- Almás, quién me vende el alma...
Salzman se acercó al hombre alto.
- ¿Un cigarrillo, maestro?
- Gracias... A propósito... ¿Le debo algo?
- Por favor... Vaya con Dios.

De “El libro del Fantasma”


LAS TETAS DE DEVOTO
Alejandro Dolina

Los Narradores de Historias han inventado muchas mentiras.
Por culpa de ellos, la gente ha llegado a dudar de cosas tan evidentes como el Ángel Gris de Flores y - opr otro lado - hay quienes creen en leyendas tan fantásticas como la del ferrocarril que corría entre Sáenz Peña y Villa Luro.
Sin embargo, los Hombres Sensibles de Flores creían en la palabra de los Narradores e iban todas las noches a la casa en ruinas que está frente a la estación a hacerse referir cuentos por unas monedas.
Allí oyeron hablar de Isabel, la tetona de Devoto.
La primera vez que escucharon la historia no se sorprendieron demásiado: al parecer, en Villa Devoto había una muchacha un poco rara que tenía una nube en el pecho.
Pero los Narradores se complacían repitiendo sus relatos y cada vez agregaban detalles nuevos. En una segunda versión se supo que quien veía a Isabel no podía dejar de pensar en sus tetas. Más adelante se indicó que la mujer se escapaba de los hombres y que nadie había conseguido enamorarla jamás.
Algunos meses más tarde, ya eran varios los hombres de Flores que juraban haberla visto. Bernardo Salzman, el jugador de dados, creyó reconocerla desde la ventanilla del tranvía Lacroze, en una visión fugaz pero imborrable. Jorge Allen, el poeta, pretendía haber visto su sombra en la calle Simbrón. Manuel Mandeb la había sospechado a sus espaldas en el subterráneo pero no se había animado a darse vuelta.
En ese entonces, para los muchachos del Ángel Gris aquello era apenas un asunto picaresco. Pero una noche de noviembre, el más codicioso de los narradores, un individuo maloliente al que llamaban Letrina, contó la historia de Isabel sin ocultar nada. Y allí estaba oyendo - para su desgracia - Manuel Mandeb.
- Las tetas de Isabel son las más portentosas de la Tierra. Pero eso no es todo: el hombre que alcance a contemplarla conocerá el Gran Secreto. Entrará en posesión de las terribles verdades de la vida, el arte y el amor. Pero las tetas de Devoto no están hechas para cualquiera. Hay un sólo hombre señalado por el destino para asomarse a todos los misterios del Universo. Si otro caballero se atreviera a espiar lo que no debe, moriría en el acto. Nadie sabe quién es el hombre indicado. Isabel. sin embargo, lo espera y está segura de reconocerlo. Se dice que el hombre le dejará como regalo una herradura.
Manuel Mandeb preguntó enseguida dónde vivía semejante hembra. Pero el Narrador exigió un nuevo aporte de dinero para continuar. Ante la insolvencia general, decidió retirarse.
Para el pensador, el caso se transformó en una obsesión. Anduvo inspeccionando pechugas por todos los barrios y siguiendo los pasos de cuanta tetona se le atravesaba. Amigos desocupados lo ayudaban en su búsqueda: Ives Castagnino, el músico de Palermo; el ruso Salzman; Allen, el poeta, y Jaime Gorriti, el quinielero de Caseros.
Una tarde de diciembre, Mandeb dio con una muchacha que conocía la leyenda. Ella no pudo aportarle datos nuevos pero le dejó una pregunra inquietante:
- ¿Qué pasaría si usted no fuera el Hombre Elegido?
- No vale la pena vivir si uno no es el Hombre Elegido - contestó Mandeb -, y le arrancó la blusa.
Desde otros barrios comenzaron a llegar rumores.
Alguien sabía algo sobre una gitana de la calle Sanabria. Otros hablaban de una morocha de Villa Crespo. Pero lo más interesante fue la noticia de la extraña muerte de Lorenzo Lugo, un reonmbrado picaflor de José Ingenieros. Lo encontraron tirado bajo un puente de la General Paz, agonizante. Antes de morir en el hospital Pirovano, dijo cosas incomprensibles acerca de unas tetas.
Algunas semanas depués, el Narrador Sucio lo aclaró todo. Lugo había pasado casualmente frente a la casa de Isabel y alcanzó a verla baldeando el patio. De pronto, en un movimiento brusco, uno de los Colosos de Devoto saltó fuera del batón y desató la tragedia.
Varias muertes y desapariciones fueron atribuidas al pecho fatal, pero era casi seguro que los Narradores exageraban.
Durante todo el verano, los Hombres Sensibles buscaron indicios y esperaron señales.
El seis de marzo, Manuel Mandeb encontró una herradura de plata.
Entonces perdió toda compostura. Andaba todo el día por Villa Devoto y tocaba los timbres de las casas haciéndose pasar por vendedor de rifas. Cada noche soñaba con Tetas Ciclópeas que nunca alcanzaban a descubrírsele totalmente: velos, sábanas y breteles le negaban la sabiduría.
Hasta que una tarde, durmiendo la siesta, tuvo un sueño diferente: vio una casa con una verja muy alta y un yuyal selvático en el frente. Era una casa espantosa y el miedo lo despertó.
Dando por suficiente el dato soñado, Mandeb hizo un anuncio solemnte en la esquina de Artigas y Aranguren.
- Llegó la hora - recitó - la noche es fresca, el viento sopla desde Liniers, la luna es brillante. Y yo ya sé dónde encontrar a Isabel. Eran cinco: Manuel Mandeb, Jorge Allen, Bernardo Salzman, Ives castagnino y Jaime Gorriti.
- Esta noche, si tenemos suerte, vamos a ver las tetas más hermosas del mundo y sabremos el secreto del amor y de la vida.
Salzman, el hombre de los dados, se atrevió a una objeción:
- Si no entendí mal el cuento, aquí venimos sobrando cuatro.
- Es cierto - admitió Mandeb - solamente un hombre ha sido señalado para este asunto. pero si entre nosotros está el elegido, ya habrá tiempo de conversar. Y tal vez la visión de uno será la visión de todos.
Los muchachos de Flores partieron rumbo a Devoto. Atravesaron todo Villa del Parque. Cruzaron las vías del Pacífico. Manuel Mandeb olisqueaba el aire y trataba de orientarse.
Anduvieron dando vueltas cerca de una hora más. A veces interrogaban a los caminantes, pero nadie supo decirles nada. Finalmente, el olfato de Mandeb - o la casualidad - los condujo hasta una calle que iba agonizando hacia la General paz. En el rincón más oscuro de la cuadra, Manuel Mandeb pegó un salto.
- Es aquí... es aquí. Esta es la casa que soñé. Aquí vive Isabel.
Tocaron el timbre y esperaron. Pasaron como cinco minutos.
- No hay nadie...
- Tal vez no funcione el timbre... - Ives Castagnino empezó a golpear las manos. Gorriti se lució con un silbido agudísimo.
A lo lejos se abrió una puerta. Un momento después, una figura lamentable se fue acercando entre los yuyos.
El espectro llegó a la puerta. Era una vieja flaca y desencajada. El batón le llegaba hasta los pies. En la cabeza llevaba un pañuelo negro.
- ¿Qué buscan aquí?
- Buscamos a Isabel.
- Aquí no hay nadie. Váyanse...
- No mienta, señora... Sabemos que Isabel vive aquí.
- No. Aquí no hay nadie... - La vieja dio media vuelta y se fue alejando hacia la casa.
Una lechuza cantó en lo alto. Jorge Allen se santiguó.
- Es aquí - insistió Mandeb -. Esa vieja no nos quiere dejar entrar, pero es aquí.
Desde la casa llegó el sonido de un piano que tocaba el vals "Lágrimás y sonrisas".
Allen volvió a tocar el timbre. El piano calló. Manuel Mandeb tomó una decisión.
- Por una vieja loca no me voy a preder la ocasión de conocer el Gran Secreto... Vamos a saltar la verja.
Ayudándose unos a otros, los hombres de Flores salvaron los fierros oxidados y saltaron al yuyal. Caminaron despacio, sin hablar. Cada tanto, alguno se reía de puro miedo.
En algún lugar se abrió una puerta. Enseguida aparecieron ocho perros, como sombras negras y aullantes.
Mandeb trataba de razonar con los animales mediantes silbidos y palabas tranquilizadoras.
- Chiquito, chiquito... bueno, bueno...
Un perro le tiró un terrible tarascón. El ruso Salzman consiguió un palo y empezó a repartir golpes a ciegas. Jorge Allen pegaba patadas con sus enormes zapatones y recibía mordiscos en los tobillos. Los hombres estaban aterrorizados. Ya casi no podían defenderse.
Desde la casa se oyó un silbido. Los perros se pararon en seco y un momento después corrieron hacia el lugar de donde habían salido.
Los muchachos de Flores quedaron tendidos en el yuyal, sucios, exhaustos, mordidos y con olor a perro.
Una sombra se acercó al grupo.
-¿Qué quieren aquí?
Era un sujeto inmenso. Un gigante. Estaba armado con un viejo trabuco naranjero.
El ruso Salzman tuvo ánimo para contestar.
- Quédese tranquilo, maestro. Venimos a ver a Isabel.
- Aquí no hay nadie - dijo el gigante -. Y váyanse, a ver si no les meto un perdigón en el balero. Mandeb metió la mano en el bolsillo y sacó trabajosamente la herradura de plata.
- Tome, tome. Esto le va a interesar.
El gigante tomó la herradura y la examinó con cuidado.
- Usted puede pasar - dijo mirando a Mandeb -. Los otros se rajan.
- Los señores vienen conmigo. Yo me hago responsable.
- Está bien. Vamos.
Guiados desde atrás por el trabuco, entraron en un pasillo con olor a humedad. Después pasaron a una sala grande y oscura. El gigante los hizo sentar en unos sillones mugrientos. Volvieron a escuchar el piano.
- Esperen aquí quietitos.
El gigante se esfumó.
Al rato apareció una figura que ocultaba su cara con una gorra de enorme visera. SIn decir nada los guió por un sinnúmero de pasillos. En uno de los corredores vieron a un perro atado. Gorriti creyó reconocer a uno de los monstruos del yuyal y le acomodó un zapatazo brutal. El animal lanzó un horrible aullido. El hombre de la gorra no dijo nada.
Durante todo el trayecto los incomodaba un hedor pestilente.
- Qué olor a podrido...
- A mí me resulta familiar.
Salzman tuvo una revelación. Con la mayor rapidez arrancó la gorra del guía.
- Miren a quién tenemos aquí...
Era el Narrador sucio, el llamado Letrina.
-¿Qué hace usted en este lugar?
- Ya lo ve. Estoy terminando de contar una historia.
Al final del último pasillo había una puerta roja. El roñoso la abrió con una llave enorme.
- Adelante.
Entraron en una habitación llena de tapices y cortinados. En el centro había una cama inmensa. Los hombres de Flores se acomodaron en unas banquetas forradas en terciopelo. El Narrador los dejó solos.
Gorriti convidó cigarrillos. Esperaron un rato en silencio, concentrados en sus heridas y en sus dolores. Ya habían dejado de fumar, cuando apareció una mujer espléndida.
-¡Isabel! - gritó el ruso Salzman -. Miren... miren qué mina.
Era en realidad una hembra notable.
- No soy Isabel - confesó -. Apenas soy Ivette.
-¿Dónde está Isabel? - preguntó Mandeb.
- Ya vendrá, ya vedrá. Depende de ustedes. Presten atención.
La mujer adelantó sus manos y con elegancia recitó:
Miren mis manos. Dicen que una de ellases la salud y cura las heridas.Quien la roce tendrá valor y fuerzaen todos los momentos de su vida.
La otra mano es la peste y quien la toquepadecerá tormentos y dolores.Ahora hay que elegir: no se equivoquen.¿Quién se atreve a arriesgar? Jueguen, señores.
Castagnino se levantó y besó la mano derecha.
Los hombres de Flores sintieron un extraño bienestar y las mordeduras desaparecieron en ese mismo instante.
La mujer tiró de una cinta y su vestido se abrió.
Miren mis pechos: son como dos lunasque de otras brindan pálida noticia.Uno es la buena suerte y da fortunapor siete años al que lo acaricia.
El otro es la desgracia, ya lo saben.Tocarlo es desacierto y es derrota.Vamos, señores, que en sus manos cabenla sombra y la ventura. ¿Quién se anota?
Jorge Allen se adelantó temblando. Dudó un instante y luego acarició suavemente el pecho izquierdo de Ivette.
- Acertó también el poeta.
Hubo una pequeña ovación. Los amigos se abrazaron. Ivette volvió a recitar.
Ahora les digo: miren mis mejillas- Y aquí es donde se empieza a jugar fuerte -Se puede besar una, que es la vida...se puede besar otra, que es la muerte.
Manuel Mandeb se levantó rápidamente. Se acercó a Ivette y le puso las manos sobre las mejillas. Entonces recitó.
Nadie vaya a copar. A mí me toca.Yo soy el que ha venido para eso.El jugador que apostará en tu bocaa la vida y la muerte con un beso.
Y la besó.
- Vamos, Ivette - dijo Manuel tiernamente -, Isabel espera.
Ivette lo miró con cierta melancolía. Se cerró el vestido y se fue para siempre.
Los Hombres del Ángel Gris quedaron solos de nuevo. Otra vez volvió a escucharse el piano.
Una cortina se descorrió y apareció Isabel.
Todos temblaron. Todos supieron que era ella.
Manuel Mandeb lloró de emoción o tal vez de alarma: los ojos de aquella mujer conocían - lo supo enseguida - toda su vida. Ahora no tenía ninguna duda: el elegido era él.
Isabel fue directamente hacia el pensador de Flores.
- Será un momento nada más - anunció.
- No importa.
- Tus amigos deben irse.
- Mis amigos se quedan. Han sufrido mucho para llegar aquí.
- Está bien... todos merecen el don. Pero no sé si enseñando mis pechos no los haré más desgraciados.
- Más vale ser sabrio que dichoso... ¡A ver esas tetas!...
La mujer caminó hacia el centro de la habitación. Mandeb miraba ansioso. Isabel lo llamó. Lo besó en la frente y observándolo con aquellos ojos que lo sabían todo, le acarició la cabeza.
- Pobrecito...
Después, lentamente fue desabotonándose la camisa. Los hombres de Flores temblaban. Los pechos fueron apareciendo de a poco, como lunas de verano, como soles en el mar. En un amanecer de tetas saltó el último botón.
En ese momento, Mandeb comprendió que algo terrible iba a ocurrir y trató de detenerla. Pero ya era tarde: las Tetas de Devoto estaban desnudas y brillantes como estrellas.
Pero fueron estrellas fugaces.
Por un instante los hombres sintierons un dolor dulce, como una puñalada de felicidad.
Pero enseguida, un segundo después, como palomás heridas, las Tetas se marchitaron y cayeron.
La hembra fantástica envejeció de golpe y se convirtió en la vieja que habían visto antes. Las arugas brotaron en la piel y las piernas se arquearon. La sonrisa piadosa fue una risotada de burla. Pero peor fue lo que ocurrió con los ojos. Aquellos ojos lo sabían todo, pero ya no les importaba nada.
La habitación se llenó de un vapor oloroso. Por una puerta aparecieron unos sujetos atléticos con la piel untada de aceite y armados con enormes cuchillos. Gritaban o quizá cantaban en una lengua desconocida. La vieja empezó una danza repugnante, moviéndose con lujuria y agitando las piernas surcadas de venas moradas.
Los hombres armados, sin dejar de gritar, se fueron acercando a los hombres de Flores. Uno de ellos desgarró la camisa de Mandeb y trató de besarlo en el hombro.
El pensador retrocedió rápidamente y soltó una voz de mando firme y decidida.
- Rajemos.
Castagnino apenas pudo esquivar a la vieja que le mostraba una lengua de color violeta. Los amigos huyeron por los corredores. El Narrador de Historias trató de cerrarles el paso, pero no lo consiguió. Por suerte, el gigante no apareció.
Cuando llegaron al yuyal, los cinco muchachos vieron que ya nadie los perseguía. De todas maneras, siguieron a la gran carrera mientras saltaban los fierros, oyeron el piano que seguía tocando "Lágrimás y sonrisas".
Siempre corriendo cruzaron Villa Devoto y llegaron medio muertos a Floresta. Con los ojos llenos de lágrimás siguieron caminando en silencio hasta Flores.
Sin hablar, se fueron separando. Castagnino tomó un taxi hasta Palermo. Gorriti se subió al 53 para ir a Caseros. Salzman se despidió en la puerta de su casa.
En la esquina de Artigas y Aranguren, Jorge Allen le dijo al pensador:
- Por un momento creí que de verdad íbamos a conocer el Gran Secreto... y me aterroricé.
- Quién sabe - contestó Manuel Mandeb -. Yo tengo miedo de que realmente lo hayamos conocido.

De “El libro del Fantasma”
Vindicación del cholulismo
Alejandro Dolina
Hubo una época en que a la gente le costaba distinguir entre la vida y obra de sus ídolos. Cruzarse con el astro favorito era más importante que el casamiento de un hijo. Después, el romanticismo comenzó a morir. Y mientras los investigadores deciden si fue por causas naturales o por asesinato, el autor de las siguientes líneas inicia el rescate de los cholulos.
Para jugar, para gozar del arte o para asombrarse ante lo mágico, siempre es indispensable condescender a una amable seriedad. Los chicos disfrutan intensamente sus diversiones, precisamente porque se las toman en serio. por el contrario, el escepticismo, el cinismo y la morbosidad analítica pueden dejarnos fuera de muchos deliciosos entretenimientos. Ninguna obra artística podría interesarnos si no aceptáramos de antemano creer en lo que se nos cuenta, aunque sepamos que es falso.
Pensemos en el teatro: sí uno razona que el hijo moribundo, la madre desesperada y el traidor asesino no son más que individuos fingiendo, difícilmente pueda encontrar emoción alguna.
El conocido racionalista de Flores, Aquiles Fabregat, que no comprendía estas cosas, solía asistir al cine Fénix de la avenida Rivadavia. En lo mejor de la película, cuando las viejas lloraban por las desventuras de Arturo de Córdova , Fabregat explicaba en voz alta que todo era ilusión óptica y que el drama que el público creía ver no era otra cosa que una serie de fotografías proyectadas por una lente. Después, trataba de impartir elementales nociones acerca del funcionamiento de la retina, aspecto que –por lo general- desarrollaba mientras lo echaban a patadas. Quiero decir con todo esto que para vivir ciertas experiencias se necesita un poco de ingenuidad.
No es que uno postule el pajueranismo intelectual de los abribocas que se desmayan ante las puertas giratorias. Pero es evidente que la perpetua demostración de perspicacia acaba por confinarnos en un mundo insípidamente real.
Así, en los últimos años han desaparecido entrañables costumbres populares, solamente porque las personas se sienten demásiados astutas para ejercerlas.
Ya no se dan serenatas. Nadie se disfraza. Nadie escribe con el dedo en los vidrios empañados. No se juega a la escondida. Nadie se asusta con las películas de terror.
En medio de este engrupimiento general, no es de extrañar que haya disminuido la cándida admiración que antes despertaban los artistas, los deportistas y las figuras famosas.
Cholula era un personaje de historieta, no demásiado popular, cuya característica era la demásiada atracción por las estrellas de cine. Con el tiempo, los periodistas empezaron a llamar cholulos a todos aquellos que manifestaban tendencia a deslumbrarse ante la fama. A mí me parece que el remoquete encierra mucho desprecio. Y denuncio que su uso se extendió cuando ya los cholulos estaban en minoría. Antes de eso, cuando todavía existía esta desagradable palabra, el cholulismo conoció su momento de auge.
Los artistas no eran entonces personas de carne y hueso, como se nos miente ahora. Tenían categoría de semidioses. Los actores no podían salir a la calle sin producir un batifondo. Alberto Castillo y Jorge Vidal obligaban a cortar el transito. Las señoras comentaban los romances de Zully Moreno o Laura Hidalgo como si fueran asuntos de interés nacional. Cuando Isabel Sarli asistía a los estrenos, sus fanáticos se esmeraban para terminar de desnudarla.
Haberse cruzado alguna vez con Miguel de Molina era un episodio más conmovedor que el casamiento de un hijo.
Cierto es que algunos astros lamentaba la intimidad perdida. Al parecer, les resultaba imposible ejercitar cualquier actividad – aun las más personales – sin ser ovacionados por la multitud.
A veces la gente no alcanzaba a distinguir los límites entre la vida y la obra artística de sus ídolos, cosa que – de paso – constituye el ideal del romanticismo. Cuando las compañías radiales de Héctor Bates salían de gira por los cines, los actores que hacían los papeles de malvados debían soportar los insultos y los coscorrones de un publico ingenuo y justiciero. Tanta arrebatadas expresiones no siempre fueron hijas del caos y el amontonamiento. Algunos fanáticos ordenados procuraban encauzar el entrevero y darle forma institucional. Así nacieron los clubes de admiradores.
Las tareas cotidianas de estas instituciones son para el que escribe un absoluto misterio.
Sin embargo, puede adivinarse que repartían fotografías, que mantenían correspondencia con las revistas y hasta es posible que existieran comisiones destinadas a conseguir prendas y recuerdos de la figura amada. Cabe imaginar la instalación de vitrinas para exhibir corbatas, botones, medias, camisas, zapatos, guantes, mechones y calzoncillos de origen estelar.
No todos los clubes habrán sido iguales. Pedrito Rico o Palito Ortega deben haber inspirado entidades poderosísimás. Humildes serían las instituciones para exaltar a Lalo Fransen o a Adolfo Pérez "Pocholo".
Organizarse en grupos para admirar es –nadie lo dude- propio de espíritus nobles y desinteresados. Así lo entendió el polígrafo y pensador de la calle Artigas, Manuel Mandeb. el hombre, cautivado por la generosidad de estas iniciativas, resolvió –como siempre- ir un poco más lejos. Así surgió el Club de Admiradores. Como su seco nombre lo señala, la entidad no propugnaba ninguna admiración particular, sino una actitud admirativa general y filosófica. Noche a noche, los socios se reunían para maravillarse ante cantores, guardavallas, sastres, héroes, santos y bandoleros. Se admiraba la claridad de una luna, el color del último vagón de los trenes de carga, las carambolas de Ezequiel Navarra, el olor de las panaderías y el diseño mágico del siete de oros.
El club de Mandeb desapareció por sus propósitos demásiados amplios y por la falta de pago del alquiler de sus oficinas.
Los Refutadores de Leyendas, que odiaron siempre a los cholulos, eran más proclives al rechazo que a la exaltación. con toda insidia promovieron la fundación de clubes rechazantes, que muy pronto prosperaron en la ciudad.
El Club de Rechazantes de Antonio Prieto, sin ir más lejos, organizaba reuniones en las que se proferían toda clase de denuestos contra el cantor chileno. Muchas veces los socios asistían a los recitales para silbar o sencillamente para no aplaudir.
Los Refutadores siempre han creído que el rechazo es señal de inteligencia. Hoy en día se tropieza a cada paso con personas que se reputan lumbreras en virtud de su disgusto por Héctor Larrea. Y, en rigor de verdad, hay profesionales y pensadores que fundamentan su carrera en el sistemático rechazo a cualquier cosa.
Pero volvamos a los buenos cholulos. Un deporte que practicaron con tenacidad fue la caza de autógrafos. Esta disciplina encuentra soporte en el error de confundir a las personas con su firma. Como quiera que sea, los cazadores de autógrafos existieron y existen en todo el mundo. a principios de siglo la firma de Bernard Shaw se cotizaba en 50 libras. se cuenta que Shaw liquidaba sus deudas entregando cheques por sumás inferiores a esa cantidad. De este modo, nadie se presentaba a cobrar al banco: era más negocio vender los cheques como autógrafos.
En nuestros días asistimos a un nuevo cholulismo. El de los intelectuales y el de los funcionarios. Por supuesto que esta gente no persigue a los cantantes de boleros. más bien se amontona en torno a los escritores y políticos, particularmente si son extranjeros. lejos de criticarlos, me atrevo a saludarlos. Junto a las pelandrunas que siguen a Menudo, son los últimos admiradores ingenuos que nos van quedando.
Pese a estas expresiones tardías, presiento que el cholulismo es una causa perdida.
Mala señal es avergonzarse de los sentimientos. Mala señal es apostar al aburrimiento de los sabelotodos. Mala señal es el temor al ridículo. Porque quien teme al ridículo está perdido para toda acción heroica.

Publicado en “Diario La Nación”

Juan Salvador Gaviota // Richard Bach

Escrito por imagenes 04-01-2008 en General. Comentarios (16)

Juan Salvador Gaviota // Richard Bach

Juan Salvador Gaviota

AMANECÍA Y EL NUEVO SOL PINTABA de oro las ondas de un mar tranquilo. Un pesquero chapoteaba a un kilómetro de la costa cuando, de pronto, rasgó el aire la voz llamando a la bandada de la comida y una multitud de mil gaviotas se aglomeró para regatear y luchar por cada pizca de comida. Comenzaba otro día de ajetreo.
Pero alejado y solitario, más allá de barcas y playas, está practicando Juan Salvador Gaviota. A treinta metros de altura, bajó sus pies palmeados, alzó su pico, y se esforzó por mantener en sus alas esa dolorosa y difícil posición requerida para lograr un vuelo pausado. Aminoró su velocidad hasta que el viento no fue mas que un susurro en su cara, hasta que el océano pareció detenerse allá abajo. Entornó los ojos en feroz concentración, contuvo el aliento, forzó aquella torsión un... sólo... centímetro... más... Encrespáronse sus plumas, se atascó y cayó.
Las gaviotas, como es bien sabido, nunca se atascan, nunca se detienen. Detenerse en medio del vuelo es para ellas vergüenza, y es deshonor.
Pero Juan Salvador Gaviota, sin avergonzarse, y al extender otra vez sus alas en aquella temblorosa y ardua torsión -parando, parando, y atascándose de nuevo-, no era un pájaro cualquiera.
La mayoría de las gaviotas no se molesta en aprender sino las normas de vuelo más elementales: como ir y volver entre playa y comida. Para la mayoría de las gaviotas, no es volar lo que importa, sino comer. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. Más que nada en el mundo, Juan Salvador Gaviota amaba volar.
Este modo de pensar, descubrió, no es la manera con que uno se hace popular entre los demás pájaros. Hasta sus padres se desilusionaron al ver a Juan pasarse días enteros, solo, haciendo cientos de planeos a baja altura, experimentando.
No comprendía por qué, por ejemplo, cuando volaba sobre el agua a alturas inferiores a la mitad de la envergadura de sus alas, podía quedarse en el aire más tiempo, con menos esfuerzo; y sus planeos no terminaban con el normal chapuzón al tocar sus patas en el mar, sino que dejaba tras de sí una estela plana y larga al rozar la superficie con sus patas plegadas en aerodinámico gesto contra su cuerpo. Pero fue al empezar sus aterrizajes de patas recogidas -que luego revisaba paso a paso sobre la playa- que sus padres se desanimaron aún más.
-¿Por qué, Juan, por qué? -preguntaba su madre-. ¿Por qué te resulta tan difícil ser como el resto de la bandada, Juan? ¿Por qué no dejas los vuelos rasantes a los pelícanos y a los albatros? ¿Por qué no comes? ¡Hijo, ya no eres más que hueso y plumas!

-No me importa ser hueso y plumas, mamá. Sólo pretendo saber qué puedo hacer en el aire y qué no. Nada más. Sólo deseo saberlo.
-Mira, Juan -dijo su padre, con cierta ternura-. El invierno está cerca. Habrá pocos barcos, y los peces de superficie se habrán ido a las profundidades. Si quieres estudiar, estudia sobre la comida y cómo conseguirla. Esto de volar es muy bonito, pero no puedes comerte un planeo, ¿sabes? No olvides que la razón de volar es la comida.
Juan asintió obedientemente. Durante los días sucesivos, intentó comportarse como las demás gaviotas; lo intentó de verdad, trinando y batiéndose con la bandada cerca del muelle y los pesqueros, lanzándose sobre un pedazo de pan y algún pez. Pero no le dió resultado.
Es todo inútil, pensó, y deliberadamente dejó caer una anchoa duramente disputada a una vieja y hambrienta gaviota que le perseguía. Podría estar empleando todo este tiempo en aprender a volar. ¡Había tanto que aprender!
No pasó mucho tiempo sin que Juan Salvador Gaviota saliera solo de nuevo hacia alta mar, hambriento, feliz, aprendiendo.
El tema fue la velocidad, y en una semana de prácticas había aprendido más acerca de la velocidad que la más veloz de las gaviotas.
A una altura de trescientos metros, aleteando con todas sus fuerzas, se metió en un abrupto y flameante picado hacia las olas, y aprendió por qué las gaviotas no hacen abruptos y flameantes picados. En sólo seis segundos voló a cien kilómetros por hora, velocidad a la cual el ala levantada empieza a ceder.


Podremos alzarnos sobre nuestra ignorancia,
podremos descubrirnos como criaturas de perfección...






A medida que se hundía, una voz hueca y extraña resonó en su interior.
No hay forma de evitarlo. Soy Gaviota. Soy limitada por naturaleza.
Si estuviese destinado a aprender tanto sobre volar, tendría por cerebro cartas de navegación

UNA VEZ TRAS OTRA LE SUCEDIÓ LO MISMO. A pesar de todo su cuidado, trabajando al máximo de su habilidad, perdía el control a alta velocidad.
Subía a trescientos metros. Primero con todas sus fuerzas hacia arriba, luego inclinándose, hasta lograr un picado vertical. Entonces, cada vez que trataba de mantener alzada al máximo su ala izquierda, giraba violentamente hacia ese lado, y al tratar de levantar su ala derecha para equilibrarse, entraba, como un rayo, en una descontrolada barrena.
Tenía que ser mucho más cuidadoso al levantar esa ala. Diez veces lo intentó, y las diez veces, al pasar a más de cien kilómetros por hora, terminó en un montón de plumas descontroladas, estrellándose contra el agua.
Empapado, pensó al fin que la clave debía ser mantener las alas quietas a alta velocidad; aletear, se dijo, hasta setenta por hora, y entonces dejar las alas quietas.
Lo intentó otra vez a setecientos metros de altura, descendiendo en vertical, el pico hacia abajo y las alas completamente extendidas y estables desde el momento en que pasó los setenta kilómetros por hora. Necesitó un esfuerzo tremendo, pero lo consiguió. En diez segundos, volaba como una centella sobrepasando los ciento treinta kilómetros por hora. ¡Juan había conseguido una marca mundial de velocidad para gaviotas!
Pero el triunfo duró poco. En el instante en que empezó a salir del picado, en el instante en que cambió el ángulo de sus alas, se precipitó en el mismo terrible e incontrolado desastre de antes y, a ciento treinta kilómetros por hora, el desenlace fue como una explosión de dinamita. Juan Gaviota se desintegró y fue a estrellarse contra un mar duro como un ladrillo.
Era ya pasado el anochecer, cuando recobró el sentido, y se halló a la luz de la luna y flotando en el océano. Sus alas desgreñadas parecían lingotes de plomo, pero el fracaso le pesaba aún más sobre la espalda. Débilmente deseó que el peso fuera suficiente para arrastrarle al fondo, y así terminar con todo.
A medida que se hundía, una voz hueca y extraña resonó en su interior. No hay forma de evitarlo. Soy gaviota. Soy limitado por la naturaleza. Si estuviese destinado a aprender tanto sobre volar, tendría por cerebro cartas de navegación. Si estuviese destinado a volar a alta velocidad, tendría las alas cortas de un halcón, y comería ratones en lugar de peces. Mi padre tenía razón. Tengo que olvidar estas tonterías. Tengo que volar a casa, a la bandada, y estar contento de ser como soy: una pobre y limitada gaviota.
La voz se fue desvaneciendo y Juan se sometió. Durante la noche, el lugar para una gaviota es la playa y, desde ese momento, se prometió ser una gaviota normal. Así todo el mundo se sentiría más feliz.
Cansado se elevó de las oscuras aguas y voló hacia tierra, agradecido de lo que había aprendido sobre cómo volar a baja altura con el menor esfuerzo.



La luna y las luces centellando en el agua, trazando luminosos senderos en la oscuridad...
-PERO NO -pensó-. Ya he terminado con esta manera de ser, he terminado con todo lo que he aprendido. Soy una gaviota como cualquier otra gaviota, y volaré como tal.
Así es que ascendió dolorosamente a treinta metros y aleteó con más fuerza luchando por llegar a la orilla.
Se encontró mejor por su decisión de ser como otro cualquiera de la bandada. Ahora no habría nada que le atara a la fuerza que le impulsaba a aprender, no habría más desafíos ni más fracasos. Le resultó grato dejar ya de pensar, y volar, en la oscuridad, hacia las luces de la playa.
¡La oscuridad!, exclamó, alarmada, la hueca voz. ¡Las gaviotas nunca vuelan en la oscuridad!
Juan no estaba alerta para escuchar. Es grato todo esto, pensó. La Luna y las luces centelleando en el agua, trazando luminosos senderos en la oscuridad, y todo tan pacífico y sereno...
¡Desciende! ¡Las gaviotas nunca vuelan en la oscuridad! ¡Si hubieras nacido para volar en la oscuridad, tendrías los ojos de búho! ¡Tendrías por cerebro cartas de navegación! ¡Tendrías las alas cortas de un halcón!
Allí, en la noche, a treinta metros de altura, Juan Salvador Gaviota parpadeó. Sus dolores, sus resoluciones, se esfumaron.
¡Alas cortas! ¡Las alas cortas de un halcón!
¡Esta es la solución! ¡Qué necio he sido! ¡No necesito más que un ala muy pequeñita, no necesito más que doblar la parte mayor de mis alas y volar sólo con los extremos! ¡Alas cortas!
Subió a setecientos metros sobre el negro mar, y sin pensar por un momento en el fracaso o en la muerte, pegó fuertemente las antealas a su cuerpo, dejó solamente los afilados extremos asomados como dagas al viento, y cayó en picado vertical.
El viento le azotó la cabeza con un bramido monstruoso. Cien kilómetros por hora, ciento treinta, ciento ochenta y aún más rápido. La tensión de las alas a doscientos kilómetros por hora no era ahora tan grande como antes a cien, y con un mínimo movimiento de los extremos de las alas aflojó gradualmente el picado y salió disparado sobre las olas, como una gris bala de cañón bajo la Luna.
Entornó sus ojos contra el viento hasta transformarlos en dos pequeñas rayas, y se regocijó. ¡A doscientos kilómetros por hora! ¡Y bajo control! ¡Si pico desde mil metros en lugar de quinientos, ¿a cuánto llegaré...?
Olvidó las recientes resoluciones de hace un momento, arrebatadas por ese gran viento. Sin embargo, no se sentía culpable al romper las promesas que había hecho a sí mismo. Tales promesas existen solamente para las gaviotas que aceptan lo corriente. Uno que ha palpado la perfección en su aprendizaje no necesita esa clase de promesas.
Al amanecer, Juan Gaviota estaba practicando de nuevo. Desde dos mil metros los pesqueros eran puntos sobre el agua plana y azul, la Bandada de la Comida una débil nube de insignificantes motitas en circulación.
Estaba vivo, y temblaba ligeramente de gozo, orgulloso de que su miedo estuviera bajo control. Entonces, sin ceremonias, encogió sus antealas, extendió los cortos y angulosos extremos, y se precipitó directamente hacia el mar. Al pasar los dos mil metros, logró la velocidad máxima, el viento era una sólida y palpitante pared sonora contra la cual no podía avanzar con más rapidez. Ahora volaba recto hacia abajo a trescientos veinte kilómetros por hora. Tragó saliva, comprendiendo que se haría trizas si sus alas llegaban a desdoblarse a esa velocidad, y se despedazaría en un millón de partículas de gaviota. Pero la velocidad era poder, y la velocidad era gozo, y la velocidad era pura belleza.
Empezó su salida del picado a trescientos metros, los extremos de las alas batidos y borrosos en ese gigantesco viento, y en ese camino, el barco y la multitud de gaviotas se desenfocaban y crecían con la rapidez de una cometa.
No pudo parar; no sabía aún ni cómo girar a esa velocidad.
Una colisión sería la muerte instantánea.
Así es que cerró los ojos.
Sucedió entonces que esa mañana, justo después del amanecer, Juan Salvador Gaviota salió volando directamente en medio de la bandada de la comida marcando trescientos dieciocho kilómetros por hora, los ojos cerrados y en medio de un rugido de viento y plumas. La Gaviota de la Providencia le sonrió por esta vez, y nadie resultó muerto.
Cuando al fin apuntó su pico hacia el cielo azul, aun zumbaba a doscientos cuarenta kilómetros por hora. Al reducir a treinta y extender sus alas otra vez, el pesquero era una miga en el mar, mil metros más abajo.
Sólo pensó en el triunfo, ¡La velocidad máxima! ¡Una gaviota a trescientos veinte kilómetros por hora! Era un descubrimiento, el momento más grande y singular en la historia de la Bandada, y en ese momento una nueva época se abrió para Juan Gaviota. Voló hasta su solitaria área de prácticas, y doblando sus alas para un picado desde tres mil metros, se puso a trabajar en seguida para descubrir la forma de girar.
Se dio cuenta de que al mover una sola pluma del extremo de su ala una fracción de centímetro, causaba una curva suave y extensa a tremenda velocidad. Antes de haberlo aprendido, sin embargo, vio que cuando movía más de una pluma a esa velocidad, giraba como una bala de rifle. Y así fue Juan la primera gaviota de este mundo en realizar acrobacias aéreas.

No perdió tiempo ese día en charlar con las otras gaviotas, sino que siguió volando hasta después de la puesta del sol. Descubrió el rizo, el balance lento, el balance en punta, la barrena invertida, el medio rizo invertido.


¿Quién es más responsable que una gaviota
que ha encontrado y persigue un significado,
un fin más alto para la vida?





Durante mil años hemos escarbado tras las cabezas de los peces,
pero ahora tenemos una razón para vivir,
para aprender, ¡Para ser libres!




Su único pesar no era la soledad, sino que las otras gaviotas
se negasen a creer en la gloria que les esperaba...


CUANDO JUAN VOLVIÓ A LA BANDADA ya en la playa, era totalmente de noche. Estaba mareado y rendido. No obstante, y con verdadera satisfacción, dibujó un rizo para aterrizar y una vuelta rápida justo antes de tocar tierra. Cuando sepan, pensó, lo del descubrimiento, se pondrán locos de alegría. ¡Cuánto mayor sentido tiene ahora la vida! ¡En lugar de nuestro lento y pesado ir y venir a los pesqueros, ¡hay una razón para vivir! Podremos alzarnos sobre nuestra ignorancia, podremos descubrirnos como criaturas de perfección, inteligencia y habilidad. ¡Podremos ser libres! ¡Podremos aprender a volar!
Los años venideros susurraban y resplandecían de promesas.
Las gaviotas se hallaban reunidas en Sesión de Consejo cuando Juan tocó tierra, y parecía que habían estado así reunidas durante algún tiempo. Estaban, efectivamente, esperando.
-¡Juan Salvador Gaviota! ¡Ponte al Centro! -las palabras de la gaviota mayor sonaron con la voz solemne propia de las altas ceremonias. Ponerse en el centro sólo significaba gran vergüenza o gran honor. Situarse en el centro por honor, era la forma en que se señalaba a los jefes más destacados entre las gaviotas. Por supuesto, pensó, la bandada de la comida esta mañana vio el Descubrimiento. Pero yo no quiero honores. No tengo ningún deseo de ser líder. Sólo quiero compartir lo que he encontrado, y mostrar esos nuevos horizontes que nos están esperando. Y dio un paso al frente.
-Juan Salvador Gaviota -dijo la mayor-. ¡Ponte en el centro para tu vergüenza ante la mirada de tus semejantes!
Sintió como si le hubieran golpeado con un madero. Sus rodillas empezaron a temblar, sus plumas se combaron, y le zumbaban los oídos. ¿Al Centro para deshonrarme? ¡Imposible! ¡El descubrimiento! ¡No entienden! ¡Están equivocados! ¡Están equivocados!
-Por su irresponsabilidad temeraria -entonó la voz solemne-, al violar la dignidad y la tradición de la familia de las gaviotas...
Ser puesto en el centro por deshonor significaba que le expulsarían de la sociedad de las gaviotas, desterrado a una vida solitaria en los lejanos acantilados.
-Algún día, Juan Salvador Gaviota, aprenderás que la irresponsabilidad se paga. La vida es lo desconocido y lo irreconocible, salvo que hemos nacido para comer y vivir el mayor tiempo posible.
Una gaviota nunca replica al consejo de la bandada, pero la voz de Juan se hizo oír:
-¿Irresponsabilidad? ¡Hermanos míos! -gritó-. ¿Quién es más responsable que una gaviota que ha encontrado y que persigue un significado, un fin más alto para la vida? ¡Durante mil años hemos escarbado tras las cabezas de los peces, pero ahora tenemos una razón para vivir; para aprender, para descubrir; ¡para ser libres! Dadme una oportunidad, dejadme que os muestre lo que he encontrado.
La bandada parecía de piedra.
-Se ha roto la hermandad -entonaron juntas las gaviotas, y todas de acuerdo cerraron solemnemente sus oídos y le dieron la espalda.

JUAN SALVADOR GAVIOTA PASÓ EL RESTO DE SUS DÍAS SOLO, pero voló mucho más allá de los lejanos acantilados. Su único pesar no era su soledad, sino que las otras gaviotas se negasen a creer en la gloria que les esperaba al volar; que se negasen a abrir sus ojos y a ver.
Aprendía más cada día. Aprendió que un picado aerodinámico a alta velocidad podía ayudarle a encontrar aquel pez raro y sabroso que habitaba a tres metros bajo la superficie del océano: ya no le hicieron falta pesqueros ni pan duro para sobrevivir. Aprendió a dormir en el aire fijando una ruta durante la noche a través del viento de la costa, atravesando ciento cincuenta kilómetros de sol a sol. Con el mismo control interior, voló a través de espesas nieblas marinas y subió sobre ellas hasta cielos claros y deslumbradores... mientras las otras gaviotas yacían en tierra, sin ver más que niebla y lluvia. Aprendió a cabalgar los altos vientos tierra adentro, para regalarse allí con los más sabrosos insectos.
Lo que antes había esperado conseguir para toda la bandada, lo obtuvo ahora para si mismo; aprendió a volar y no se arrepintió del precio que había pagado. Juan Gaviota descubrió que el aburrimiento y el miedo y la ira, son las razones por las que la vida de una gaviota es tan corta, al desaparecer aquellas de su pensamiento, tuvo por cierto una vida larga y buena.