GIBRÁN KHALIL GIBRÁN
LA TEMPESTAD
(1920)
SATANAS
El Padre Samaan era profundo conocedor de temas espirituales y teológicos, versado en los secretos del
pecado venial y mortal, y una autoridad en los misterios del Paraíso, el infierno y el Purgatorio.
Su tarea era recorrer las aldeas del Norte del Líbano, predicando al pueblo, curando a las almas del mal y
previniendo a los hombres contra las acechanzas de Satán, a quien el Padre Samaan, día y noche, combatía
sin descanso.
Los campesinos lo respetaban y reverenciaban, y estaban siempre dispuestos a pagar sus consejos y
oraciones con monedas de oro y plata. Y en toda colecta, aportaban los mejores frutos de su trabajo.
En una noche de otoño, cuando el Padre Samaan se dirigía hacia su solitaria aldea, atravesando un sitio
desolado en medio de valles y colinas, oyó un grito angustioso prove niente del costado del camino. Se
detuvo, miro'en dirección al lugar de donde provino el llamado y vio un hombre desnudo, tendido sobre el
suelo. La sangre brotaba de las profundas heridas de su cabeza y de su pecho mientras gemía e imploraba
socorro:
-¡Salvadme! ¡Socorredme! ¡Tened piedad de mí, me estoy muriendo!
El Padre Samaan miró, perplejo, hacia el caído diciéndose: "Este hombre debe ser un ladrón...
Seguramente trató de asaltar a un viajero y fracasó; está ágonizando y, si muriera en mis brazos, me
responsabilizarán de su muerte. Así pensando, siguió su camino; mas el moribundo detuvo sus pasos
gritando:
- ¡No me abandones! ¡No me abandones! ¡Me conoces y te conozco y moriré si no me socorres!
El Padre, entonces, se detuvo y empalideció al pensar que estaba negando un auxilio, y con labios
trémulos se dijo: "El ha de ser, sin duda, uno de los locos del bosque. El as pecto de sus heridas hace
temblar mi corazón; ¿qué haré? ¿En que puedo ayudarlo? Un médico de almas no cura cuerpos"
Y el Padre se alejó; mas, cuando había dado unos pocos pasos, el moribundo lanzó un gemido que
conmovería el corazón más duro. El Padre se detuvo nuevamente y oyó al herido que decía, con un
jadeo:
-Acércate. Acércate, pues somos amigos desde hace mucho tiempo... Tú eres el Padre Samaan, el
Buen Pastor, y yo no soy ni un loco ni un ladrón. Ven a mi lado y te diré quién soy.
El Padre Samaan se acercó al hombre, se inclinó y lo contempló atentamente. Mas tan sólo vio un
rostro extraño; un rostro lleno de contrastes; vio inteligencia y maldad; fealdad y belleza; perversidad
y ternura... Erguiéndose, retrocedió de un salto exclamando:
-¿Quién eres? ¡Nunca te vi en mi vida! Y el moribundo, con voz débil, dijo:
-No tengas recelo de mí, Padre, que hace tiempo que somos amigos. Levántame y llévame hasta el
arroyo y lava mis heridas.
-¿Quién eres tú? Dímelo, pues no te reconozco ni recuerdo haberte visto.
Y el hombre respondió con voz agonizante:
-Me conoces muy bien. Me has visto ya mil veces, hablas de mí todo el día y te soy más querido que
tu propia vida. Pero el Padre Samaan, sin reconocerlo, le respondió, enojado
-¡Eres un impostor y un mentiroso! Un moribundo debiera decir la verdad... Jamás vi tu rostro
malvado en toda mi vida. Dime quién eres o te dejaré morir...
Y el herido, moviéndose trabajosamente, miró a los ojos del sacerdote y con una significativa
sonrisa en sus labio, le dijo con voz tranquila, profunda y suave:
-Soy Satanás.
Al escuchar la terrible palabra, el Padre Samaan dio un grito tan fuerte que sacudió los rincones más
lejanos del valle, y, con los ojos llenos de espanto, miró nuevamente al herido reconoció que su figura
y sus heridas, coincidían con la figura y las heridas de Satán pintadas en una tela que colgaba de la
pared de una iglesia de la aldea, representando el juicio Final. Entonces, exclamó trémulo:
-Dios me reveló tu rostro y me mostró tu figura infernal para alimentar mi odio por ti. ¡Maldito seas
por siempre jamás! ¡La oveja enferma debe ser sacrificada por el pastor para que no infecte al rebaño!
Y el demonio respondió, con impaciencia:
-No te apresures, Padre, en perder tu tiempo pronunciando palabras vanas. Ven y cura mis heridas
antes que la vida se escape de mi cuerpo.
Mas el sacerdote le dijo:
- ¡Las manos que ofrecen sacrificios a Dios no se mancharán tocando un cuerpo hecho de las
secreciones del Infierno! ¡Tú debes morir maldecido por las lenguas de las Edades, por los labios de la
Humanidad, pues eres enemigo del Hombre y es intención confesa destruir toda virtud! Satanás se
movió angustiado, se apoyó en un codo y, dificultosamente se irguió respondiendo:
-No sabes lo que dices ni comprendes el crimen que cometes contra mi mismo.
"Yo soy la razón de ser de tu bienestar y de tu felicidad. ¿Menosprecias mis beneficios y niegas mis
méritos mientras vives a mi sombra? ¿No es mi existencia la justificación de tu profesión, y mi
nombre el que da sentido a tu vida? ¿Qué otra profesión abrazarías si el destino decretase mi muerte y
el viento esparciera mi nombre? Hace veinticinco años que recorres estas aldeas para prevenir a los
hombres de las trampas y ellos compran tus prédicas con dinero y con los frutos de sus campos. ¿Qué
otra cosa comprarían de ti, mañana, sabiendo que su enemigo, el demonio, murió y que están libres de
su maleficio?
"¿No sabes, en toda tu ciencia, que cuando la causa desaparece, las consecuencias desaparecen
también? ¿Cómo aceptarás, entonces, que yo muera si con ello perderás tu posición y el pan de tu
familia?
Calló Satanas. Y los rasgos de su rostro ya no expresaban réplica, sino confianza. Después, habló de
nuevo:
-Oyeme, oh impertinente ingenuo, y te mostraré la verdad que liga mi destino al tuyo. En la primera
hora de su existencia, el hombre, de pie frente al sol, extendió sus brazos y exclamó:
"-Tras las estrellas hay un Dios poderoso que ama el bien. -Después, volviéndose de espaldas, vio su
sombra en el suelo y gritó: -En las profundidades de la tierra hay un demonio perverso, adorador del
mal.
"Y el hombre volvió a su grúta murmurando:
"-Estoy entre dos dioses terribles, uno es mi protector y el otro mi enemigo.
"Y durante siglos, el hombre se sintió dominado por ambas fuerzas; una buena, que él bendecía y
otra mala, que él maldecía.
"Después, aparecieron los sacerdotes. Y esta es la historia de su aparición: Había, en la primera
tribu que se formó sobre la tierra, un hombre llamado Laús, que era inteligente pero lleno de
prejuicios. Detestaba los trabajos manuales de que se vivía en aquella época, y muchas veces debía
dormir con el estómago vacío.
"Una noche de verano, cuando los miembros de la tribu estaban reunidos alrededor del jefe,
conversando mientras descansaban, uno de ellos se levantó de pronto en medio de la asamblea, elevó
sus brazos al cielo y, poniendo en su voz toda la emoción que pudo fingir, dijo piadosamente:
"-¡Posternaos hermanos míos y orad, pues el dios de las tinieblas está atacando al dios
incandescente de la noche. Y si vence el primero, moriremos, pero si triunfa el segundo, entonces
viviremos. Orad para que venza el dios de la luna! "Y Laús continuó hablando hasta que la luna volvió
a su brillo natural. Y los presentes quedaron maravillados y manifestaron su alegría con danzas y
canciones. Y el jefe de la tribu dijo a Laús:
Conseguiste esta noche, lo que ningún mortal consiguió antes que tú. Y descubrirste secretos del
Universo que nadie entre nosotros conocía. regocíjate, pues a partir de hoy serás el segundo honibre
de la tribu después de mí. Yo soy el más fuerte y el más valiente; y tu eres el más culto y el más sabio.
Serás, por lo tanto, el intermediario entre los dioses y yo, y me revelarás sus secretos y me enseñarás
lo que debo hacer, para merecer su aprobación y su benevolencia.
"-Todo lo que los dioses me revelarán en mis sueños -respondió Laús-, yo te revelaré al despertar.
Seré quien interceda entre los dioses y tú.
"El jefe, satisfecho, obsequió a Laús dos caballos, siete bueyes, setenta corderos y setenta ovejas. Y
le dijo: "-Los hombres de la tribu te construirán una casa igual a la mía y te ofrecerán, de cada
cosecha, una parte de lbs frutos recogidos. Pero dime ¿quien es ese dios del mal, que se atreve a atacar
al dios resplandeciente?
"-Es el demonio -respondió Laús-, el mayor enemigo del hombre, la fuerza que desvía el ímpetu del
huracán hacia nuestras casas, la que manda secar nuestros plantíos y en ferma nuestros rebaños, la que
se alegra con nuestra infelicidad y se entristece con nuestras alegrías. Necesitamos estudiar sus
intenciones y tácticas para prevenir sus maleficios y frustrar sus artimañas.
"El jefe apoyó su cabeza en el cayado y susurró:
"-Sé ahora lo que ignoraba y los hombres sabrán también lo que sé y te honrarán. Laús, porque nos
revelaste el misterio de nuestro terrible enemigo y nos enseñanste a combatirlo.
"Y Laús volvió a su tienda, eufórico por su habilidad e imaginación, mientras el jefe y los hombres
atravesaron una noche poblada de pesadillas.
"Así aparecieron los sacerdotes en el mundo; y mi existencia fue la causa de su aparición. Laús fue
el primero en hacer de la lucha contra mí una profesión. Más tarde, esa profesión evolucionó y progresó
hasta convertirse en arte sutil y sagrado que solamente abrazan los espíritus maduros, las almas nobles, los
corazones puros y la amplia imaginación.
"En cada ciudad que nacía, mi nombre era el centro de las organizaciones religiosas, culturales, artísticas
y filosóficas. Yo construía monasterios y ermitas sobre cimientos de miedo, y fundaba tabernas y burdeles
sobre el gozo y la lujuria. Soy padre y madre del pecado.
"¿Deseas que el pecado muera con mi muerte? ¿Aceptas que yo muera en esta soledad? ¿Deseas romper
los lazos que existen entre tú y yo?
"Es curioso que me esfuerce en mostrarte una verdad que conoces mejor que yo, y que es más útil a tus
intereses que a los míos.
"Ahora haz lo que quieras. ¡Cárgame sobre tus espaldas y llévame a tu casa y cura mis heridas; o déjame
agonizar y morir aquí mismo!
Mientras hablaba Satanás, el Padre Samaan se frotaba las manos agitado. Después, con voz balbuceante
como pidiendo disculpas, dijo:
-Sé ahora lo que ignoraba hace una hora, perdona, pues, mi ingenuidad. Sé que estás en el mundo para
tentar, y la tentación es la medida con que Dios determina el valor de las almas.
"Sé, ahora, que si murieras, morirá la tentación y desaparecerán contigo las fuerzas que obligan al
hombre a ser prudente y a orar, ayunar y adorar. Debes vivir, porque sin ti, los hombres dejarán de temer al
infierno y se hundirán en el vicio. Tu vida es, por lo tanto, necesaria para fa Salvación de la Humanidad; y
yo sacrificaré mi odio por ti en el altar de mi amor a los hombres.
Satanás lanzó una carcajada que sacudió el suelo.
- ¡Cómo eres de inteligente, Padre! -dijo-. Y que conocimientos posees de teología! Has hallado, con el
poder de tu inteligencia, una finalidad para mi existencia que yo mismo ignoraba. Ahora comprendemos
ambos, nuestra mutua necesidad.
"Aproxímate, hermano mío. Las tinieblas están cubriendo la campiña y la mitad de mi sangre se ha
escapado sobre las arenas de este valle y, a menos que me ayudes, nada quedará de mí, sino los restos de mi
cuerpo quebrado por la Muerte.
El Padre Samaan, entonces, arrolló las mangas de su hábito, se acercó a Satanás, y cargándolo sobre sus
espaldas se encaminó hacia la casa.
En medio de aquellos valles silenciosos y cubiertos por el velo de la oscuridad, el Padre Samaan
caminaba doblado por el peso de su carga. Su sotana negra y sus largas barbas estaban salpicadas por la
sangre que se escurría sobre él, pero caminaba animado, con sus labios murmurando fervientemente una
oración por la vida de Satanás agonizante...
"CONOCETE A TI MISMO"
Salim Efendi Deaibes, en una noche lluviosa de Beirut, meditaba sobre la base de Sócrates: "Conócete a
ti mismo".
-Sí -decía-, esta es la llave y la base de todo el saber. Necesito conocerme a mi mismo. -Y levantándose,
se paró frente a un enorme espejo y, después de contemplarse largamente, comenzó a enumerar sus
características:
-Soy de baja estatura. Así eran Napoleón y Víctor Hugo.
-Tengo la frente estrecha. Así era la de Sócrates y Spinoza.
-Soy calvo. Así era Shakespeare.
-Tengo una nariz grande y aguileña. Así era la de Savonarola y Voltaire y George Washington.
-Tengo los ojos melancólicos. Así eran los de Pablo el Apóstol y Nietzsche.
-Tengo los labios gruesos. Así eran los de Aníbal y Marco Antonio.
Después de enumerar decenas de características semejantes, Salim concluyó:
-Es mi personalidad. Es mi verdad. Soy un conjunto de cualidades que distinguieron a los grandes
hombres desde el comienzo de la Historia. ¿Puede un hombre así dotado dejar de realizar algo grande en
este mundo?
Una hora más tarde, nuestro héroe estaba durmiendo vestido, sobre la cama deshecha y sus ronquidos,
más que la respiración de un ser humano, semejaban el ruido de un molino.
ESCLAVITUD
Los hombres son esclavos de la Vida, y es una esclavitud que llena sus días con miseria y desesperación,
e inunda sus noches con lágrimas y angustia.
Siete mil años han pasado desde el día de mi primer nacimiento, y desde aquel día he presenciado los
esclavos de la vida, arrastrando sus pesados grilletes. He recorrido el Este y el Oeste de la Tierra, y he
vagado a la luz y a la sombra de la Vida. He visto las procesiones de la civilización moviéndose de la luz
hacia la oscuridad, y cada una fue arrastrada al infierno por almas humilladas, doblegadas bajo el yugo de
la esclavitud. El poderoso es reprimido y sometido, y el fiel se arrodilla adorando a los ídolos. He seguido
al hombre desde Babilonia hasta El Cairo, desde Ain Dour hasta Bagdad y he observado las huellas de sus
cadenas sobre la arena. He escuchado los ecos tristes de los cambiantes siglos, repetidos por las praderas y
los eternos valles.
He visitado templos y altares y entrado a palacios, y sentado ante los tronos. Y vi al aprendiz ser esclavo
del artesano, y al artesano ser esclavo del emperador, y al empleador ser esclavo del soldado, y al soldado
ser esclavo del gobernador, y al gobernador ser esclavo del rey, y al rey ser esclavo del sacerdote, y al
sacerdote ser esclavo del ídolo... y el ídolo es nada más que tierra modelada por Satanás y erigida sobre una
pila de cráneos.
Entré a las mansiones de los ricos, y visité las chozas de los pobres. Encontré al infante mamando del
pecho de su madre la leche de la esclavitud, y a los niños aprendiendo sumisión con el alfabeto.
Acompañé a los siglos desde las riberas del Ganges hasta las costas del Eufrates; desde la desembocadura
del Nilo hasta las planicies de Asiria; desde las arenas de Atenas hasta las iglesias de Roma; desde los
suburbios de Constantinopla hasta los palacios de Alejandría... Sin embargo, vi a la esclavitud moverse
sobre todo, en una gloriosa y majestuosa procesión de ignorancia. Vi a la gente sacrificando jóvenes y
doncellas a los pies del ídolo, llamándolo el Rey; quemando incienso delante de su imagen, y llamándolo
Profeta; arrodillándose y adorándolo, y llamándolo la Ley; peleando y muriendo por él, y llamándolo la
Sombra de Dios sobre la tierra; destruyendo y demoliendo hogares e instituciones por su causa, y
llamándolo Fraternidad; luchando y robando y trabajando por él y llamándolo Fortuna y Felicidad; matando
por él, y llamándolo igualdad.
Posee varios nombres, pero una realidad. Tiene muchas apariencias, pero está hecho de un solo elemento.
En verdad, es un mal eterno legado por cada generación a su sucesor.
Encontré la esclavitud ciega, que ata el presente de las personas al pasado de sus padres, y los incita a
ceder a sus tradiciones y costumbres poniendo espíritus ancianos dentro de los nuevos cuerpos.
Encontré la esclavitud muda, que liga la vida de un hombre, a una esposa que aborrece, y coloca el
cuerpo de una mujer en el lecho de un esposo odiado, desvitalizando ambas vidas espiritualmente.
Encontré la esclavitud sorda, que sofoca el alma y el corazón, dando al hombre sólo el eco vacío de una
voz, y la lastimosa sombra de un cuerpo.
Encontré la esclavitud coja que pone el cuello del hombre bajo el dominio del tirano y somete cuerpos
fuertes y mentes débiles a los hijos de la Codicia para ser usados como instrumento de su poder.
Encontré la esclavitud cruel, que desciende con el espíritu del infante desde el amplio firmamento hasta
el hogar de la miseria; donde la Necesidad vive junto a la Ignorancia, y la Humillación reside al lado de la
Desesperación. Y los niños crecen como miserables, y viven como criminales, y mueren como
despreciados y rechazados seres inexistentes. Encontré la esclavitud sutil, que nombra a las cosas de otra
manera... llamando inteligencia a la astucia, y vacío a la sabiduría, y debilidad a la ternura, y cobardía a un
firme rechazo.
Encontré la esclavitud retorcida, que hace que la lengua de los débiles se mueva con miedo, y hable sin
sentimiento, y ellos fingen estar meditando su súplica, pero son como sacos vacíos que hasta un niño puede
doblar y colgar.
Encontré la esclavitud sumisa que induce a una nación a cumplir con las leyes y reglas de otra nación, y
la sumisión es cada día mayor.
Encontré la esclavitud perpetua, que corona a los hijos de monarcas como reyes, sin ofrecer
consideración al mérito. Encontré la esclavitud negra, que marca para siempre con vuergüenza y desgracia
a los hijos de los criminales.
Al contemplar la esclavitud, vemos que posee los viciosos poderes de continuación y contagio.
Cuando me cansé de seguir detrás de los disolutos siglas y me aburrí de observar procesiones de gente
apedreada, caminé solitario por el "Valle de la Sombra de la Vida, donde el pasado trata de esconderse
detrás de las culpa, y el alma del futuro se repliega y descansa demasiado tiempo. Allí, al borde del Río de
Sangre y Lágrimas que se arrastraba como una víbora ponzoñosa y se retorcía como los sueños de un
criminal, escuché el asustado susurro del fantasma de esclavos, y contemplé la nada.
Cuando llegó la medianoche y los espíritus emergieron de sus escondites, vi a un cadavérico y agonizante
espectro caer de rodillas, contemplando la luna. Me acerqué diciendo:
-¿Cuál es tu nombre?
-Mi nombre es Libertad -contestó esta espantosa sombra de un cadáver.
-¿Dónde están tus hijos? -le pregunté. Y la libertad, llorosa y débil, jadeó.
-Uno murió crucificado, otro murió loco, y el tercero todavía no ha nacido.
Se fue cojeando, hablando todavía, pero las lágrimas en mis ojos y los gritos de mi corazón no me
impidieron ver ni oír.
VENENO DULCE
En una mañana de otoño, que en el norte del Líbano tiene un esplendor inigualable, los aldeanos de Tala
se reunieron en la plaza de la iglesia para comentar el repentino viaje de Fares Rahal que, abandonando a su
joven esposa, partiera con rumbo desconocido.
Fares Rahal era el líder' de la aldea. Había heredado su primacía de su abuelo y de su padre. Y, aunque
joven, había en él una superioridad que se imponía.
Cuando se casó con Susan Barabat todos dijeron: " ¡Qué felicidad! Consiguió, con menos de treinta años,
todo lo que un hombre pueda desear de este mundo."
Pero, aquella mañana en que lo recordaban, los habitantes de Tula, que sabían que Fares había reunido
todo su dinero antes de montar su caballo y abandonar la aldea sin despe dirse de nadie, se sentían perplejos
y comenzaron a buscar los motivos que podían haber llevado, a un hombre como él a abandonar de repente
a su gente, su esposa, su casa, sus campos y viñedos.
En el norte del Líbano, la vida se asemeja a un socialismo más que a cualquier otro sistema. Todos
comparten las alegrías y las tristezas de la vida, guiados por instintos simples y sinceros. Y hacen frente,
juntos, a todos los acontecimientos importantes.
Fue por eso que los habitantes de Tula abandonaron sus tareas cotidianas y se reunieron cerca de la
iglesia para cambiar opiniones sobre la misteriosa partida de Fares Rahal.
Mientras conversaban, vieron acercarse al Padre Esteban, párroco de la ciudad, con la cabeza gacha y el
rostro sombrío. Lo acogieron con miradas interrogantes.
-No me hagan preguntas -dijo él, por fin-. Todo cuanto se, es lo siguiente: Fares vino a golpear mi puerta
antes del amanecer; su rostro estaba marcado por la tristeza cuando me dijo:
-Vine a despedirme, Padre. Me voy más allá del mar y no regresaré jamás a este país.
Después, me entregb una carta para su amigo Nagib Malik y me pidió que la entregara
personalnente. Hecho eso, saltó sobre su caballo y desapareció antes que pudiera preguntarle nada.
Alguien conjeturó: -Sin duda, la carta explica los mote vos del viaje, ya que Nagib era su mejor
amigo.
Otro preguntó: -¿Ha visto a su esposa, Padre?
-La visité después de las oraciones de la mañana -respondió el Padre-. La encontré sentada al lado
de su ventana. Miraba a la distancia, con ojos vidriosos, cual si hubiera perdi do la razón. Cuando la
interrogué, abanicó su cabeza y murmuró:-No sé. No sé.-Y se echó a llorar como una criatura.
De pronto se oyó un disparo de revólver y todos se estremecieron. Y a continuación escucharon los
gritos de una mujer. Los aldeanos quedaron atónitos un instante, y, enseguida, salieron corriendo en
dirección al sitio donde sonó el disparo. Cuando llegaron cerca de la casa de Fares Rahal, vieron a
Nagib Malik tendido en el suelo, con sangre brotando de su cuerpo. A pocos pasos de él, Susan, la
esposa de Fares Rahal, se arrancaba los cabellos y gemía:
-Se ha suicidado. Se ha suicidado...
La gente se detuvo temerosa. El Padre vio, en la mano del infeliz la carta que le entregara aquella
mañana, la retiró y la puso discretamente en su bolsillo.
Cargaron, luego, el cuerpo del suicida y lo llevaron a casa de su madre, quien al ver el cadáver de su
único hijo, perdió el sentido.
Las mujeres cuidaban a Susan que estaba medio muerta. Cuando el Padre Esteban volvió a su casa,
cerró la puerta, se puso los anteojos y abrió la carta leyendo con voz trémula:
"Nagib, hermano mío,
Abandono esta ciudad porque mi presencia en ella es causa de infelicidad para ti, para mi esposa y
para mí mismo.
Sé que eres demasiado noble para traicionar a tu amigo y vecino.
Sé que Susan, mi esposa, es pura e incapaz de cometer un pecado.
Mas sé, también, que el amor que liga tu corazón al de ella es más fuerte que vuestras voluntades.
Tú no lo puedes detener, como no puedes detener el curso del río Kadisha. Somos amigos, Nagib,
desde que éramos pequeños. Y deseo que continúes pensando en mí como lo has hecho hasta ahora.
Y si te encontrases con Susan, dile que la amo y que no la censuro. Dile que sentía pena de ella
cuando, de noche, la veía arrodillada frente a la imagen de Jesús, rezando y llorando.
Nada es tan cruel como el destino de una mujer que ama a un hombre, mientras debe vivir con
aquél a quien debe amor. Quería mantenerse fiel a sus obligaciones, pero no podía acallar sus
sentimientos. Es por eso que me alejo hacia lejanas tierras de donde jamás regresaré. Ñó deseo
continuar siendo. un obstáculo en el camino de vuestra felicidad.
Finalmente, te pido, amigo y hermano, ser fiel a Susan y ampararla hasta el fin. Ella sacrificó todo
por tu causa. Y permanece, Nagib, tal como te conozco: corazón noble, alma elevada. ¡Y que Dio- te
proteja!
Fares Rahal
El Padre Esteban dobló la carta y la devolvió a su bolsillo con aire ausente. Sentía que algo se le
escapaba. Luego, se levantó agitado, como si hubiera descubierto un secreto terrible escondido tras
apariencias inocentes. Y gritó:
-Extraordinaria fue tu astucia, ¡oh, Fares Rahal! Supiste matar a tu amigo sin manchar tus manos
con su sangre. Enviaste el veneno mezclado con miel, y cuando él dirigió el revólver contra su propio
pecho, tu mano guiaba su mano y tu voluntad dominaba su voluntad... ¡Mortal es tu astucia, oh, Fares
Rahal...!
Y el Padre Esteban se volvió de espaldas acariciando sus barbas, el rostro marcado por una mueca
amarga.
Desde el centro de la aldea, llegaban hasta él los lamentos de las mujeres.
DIENTES CARIADOS
Había en mi boca un diente cariado. Era un diente astuto y malvado: permanecía quieto todo el día y sólo
comenzaba a molestar y a doler por la noche, cuando los dentistas dormían y las farmacias estaban
cerradas.
Cierto día, perdí la paciencia, busqué un dentista y le dije:
-Líbreme, por favor, de este diente hipócrita.
-Sería tonto arrancar un diente que podemos tratar -objetó el dentista.
Y comenzó a raspar, limpiar y desinfectar. Cuando el diente estuvo libre de la caries, el dentista lo obturó
y declaró con orgullo:
-Este diente es, ahora, más sólido que los otros.
Creí sus palabras, llené sus manos de dinero y me retiré satisfecho.
Pero una semana después, el maldito diente volvió a atormentarme.
Busqué otro dentista y le dije:
-Arranque este diente sin discutir. Porque sufrir es diferente de ver sufrir.
El dentista arrancó el diente. Fue una hora terrible pero beneficiosa. El odontólogo, examinando el diente
dijo: -Hizo bien en extraerlo, la caries había llegado a las raíces. No había forma de recuperarlo.
Y dormí en paz, aquella noche y todas las noches siguientes.
En la boca del ser que llamamos Humanidad, también hay dientes cariados. Y las caries ya alcanzaron las
raíces, pero la Humanidad no los arranca. Prefiere tratarlos y limpiarlos y obturarlos con oro brillante.
¡Cuántos dentistas están ocupados en tratar los dientes de la Humanidad! ¡Y cuántos enfermos se
entregan a esos médicos!; y sufren y aguantan, para después morir.
Y la nación que se debilita y muere, no resucita para narrar su enfermedad al mundo, ni para hablar de la
ineficacia de los remedios sociales que la llevaron a la tumba.
En la boca de la naciones de Oriente, también hay dientes cariados, sucios y nauseabundos. Nuestros
dentistas tratan de obturarlos. Pero esos dientes no se curarán. Es necesario arrancarlos. Pues las naciones
que tienen dientes cariados tienen estómagos débiles.
Quien quiera ver los dientes cariados de una nación oriental, visite sus escuelas, donde los niños y niñas
de hoy se preparan para ser los hombres y mujeres de mañana. Visite los tribunales y sea testigo de los
actos fraudulentos y corruptos de aquellos que debieran hacer justicia. Verá como se burlan de los
sentimientos y pensamientos de los hombres simples, tal como el gato se burla del ratón.
Visite las casas de los ricos, donde reinan la vanidad, la falsedad y la hipocresía.
Y recuerde visitar, también, los tugurios miserables donde habitan el miedo, la ignorancia, la envidia y la
cobardía. Después, visite a los dentistas de dedos hábiles, poseedores de instrumentos delicados, panaceas y
sedantes, aquellos que gastan sus días llenando las cavidades de los dientes podridos de la nación para
disfrazar las caries.
Hablé con esos reformadores que se presentan como la inteligencia de Siria y organizan sociedades y
promueven conferencias y hacen pronunciamientos. Cuando -los oiga hablar, escuchará melodías que,
quizá, suenen más sublimes que el reconfortante son de la piedra del molino, y más solemne que el croar de
los sapos en una noche de verano.
Cuando usted les diga que la nación siria muerde su pan con dientes cariados y que cada trozo masticado
y mezclado con saliva infectada enferma el estómago de la nación, ellos le responderán:
-Sí, pero estamos buscando, justamente, las drogas modernas y los medicamentos más eficaces.
Y si les preguntaran: -¿Y qué es lo que pensáis de la extracción? -Se reirán del que los interroga, ya que
no estudió la noble ciencia de la odontología.
Y si insisten en preguntar, se enfadan y, apartándose dirán: - ¡Cuántos ignorantes en este mundo! ¡Y
como-incomoda su ignorancia!
¡OH, NOCHE!
!Oh, noche de los enamorados, de los poetas y los cantores!
ioh, noche de los fantasmas, de las almas y las sombras! ¡Oh, noche del deseo, de las ansias y la
nostalgia!
!Oh, gigante erguido entre las nubes enanas del poniente y las hadas de la aurora, empuñando la
espada del terror, coronado por la luna, vestido de silencio, mirando con mil ojos la profundidad de la
vida, oyendo con mil oídos los gemidos de la muerte y el aniquilamiento.
Eres la oscuridad que nos hace ver las luces del firmamento, mientras que el día es una luz que nos
envuelve en la oscuridad, de la tierra.
Eres una esperanza que abre nuestros ojos a la majestad del infinito, mientras que el día es una
presunción que nos transforma en ciegos, en un mundo de cantidades y medidas.
Eres quietud que revela secretos a las almas despiertas, en los espacios celestiales, mientras que el
día es una serie de ruidos que perturba a las almas, perdidas, entre sus propósitos y sus deseos.
Eres el justo que une, bajo las alas del sueño, los sueños de los débiles y las aspiraciones de los
poderosos, y eres el bienhechor que cierra con sus dedos invisibles, los párpados de los infelices y
conduce sus corazones a un mundo menos cruel que este mundo.
Entre los pliegues de tus azules vestidos, los enamorados exhalan sus suspiros; y a tus pies cubiertos
de rocío, los solitarios vierten sus lágrimas y en tus manos perfumadas con el aroma de los valles, los
exilados depositan los gemidos de su pasión y su nostalgia. Eres el compañero de los enamorados y de
los exilados; eres el consuelo de los solitarios y los abandonados.
A tu sombra vagan las almas de los poetas y a tu paso, despierta el corazón de los profetas y toma
forma la sabiduría de los pensadores.
Cuando mi alma se cansó de los hombres y mis ojos de contemplar el rostro del día, me alejé hacia
el sitio distante, donde duermen las sombras de los tiempos idos.
Allí, me detuve frente a una presencia oscura, que cabalgaba a miles de pies sobre la tierra, y sus
valles y montañas. Y miré fijamente los ojos de la sombra y pude oír el batir de alas invisibles y sentir
las caricias del silencio, y vencer el miedo a la oscuridad.
Allí te vi, oh, noche, fantasma gigantesco y hermoso, suspendido entre la tierra y el cielo, velado
por nubes, envuelto en la cerrazón, riéndote del día, riéndote del sol, bur lándote de los esclavos en
vigilia, frente a los ídolos dormidos.
Te vi hacer escarnio de los reyes que dormían envueltos en seda y contemplar con furia el rostro de
los criminales. Meciendo a los niños en su cuna y sonriendo a las lágrimas de los enamorados.
Elevando a las almas nobles al cielo y aplastando bajo tus pies a las almas mezquinas.
Te vi, oh, noche, y tu me viste. Y eras en tu terrible majestad, un padre para mí y yo era, en mis
sueños, un hijo para ti. Y no hubo más velos entre nosotros, y me confesaste tus secretos e
intenciones. Y yo te revelé mis aspiraciones y. mis esperanzas. Y cuando lo temible de tu rostro se
transformó enmelodía, suave como el murmullo de las flores y mi temores cedieron paso a una
seguridad dulce como la confianza de las aves, me alzaste hasta ti, me pusiste sobre tus rodillas y
enseñaste a mis ojos a ver, a mis oídos a oír, a mis labios a hablar. Y enseñaste a mi corazón a amar lo
que los hombres odian y a odiar lo que ellos aman
Después tocaste mis pensamientos con ttis manos y mis pensamientos son ahora cual un río
caudaloso que corre cantando y arrastrando todo lo viejo y todo lo muerto.
Después besaste mi alma y mi alma se encendió y es como una llama que quema todo lo seco.
Y te acompañé, oh, noche, y te seguí hasta asemejarme a ti. Y mis inclinaciones se mezclaron con
las tuyas, y te amé, hasta que mi ser se convirtió en una diminuta réplica tuya. Y en mi alma oscura
hay estrellas luminosas que la pasión esparce al anochecer y en mi corazón hay una luna que ilumina
la procesión de mis sueños.
Y en mi alma vigilante hay tina quietud, que revela los secretos de los enamorados y repite el eco de
las plegarias de los fieles. Y en torno a mi cabeza un anillo mágico, rasgado por el estertor de los
agonizantes y restaurado por el canto de los trovadores.
Soy como tú, oh, noche. ¿Y que pensarán los hombres de mi pretensión, ellos, que se comparan con
el fuego cuando quieren enaltecerse?
Soy como tú, y a ambos nos acusan de ser lo que no somos.
Soy como tú, aunque el atardecer no me corone con tus nubes doradas.
Soy como tú, aunque no esté envuelto por la Vía Láctea.
Soy una noche espejada, extensa, quieta, trémula y vibrante, y mi oscuridad no tiene principio y mi
profundidad no tiene fin.
Cuando las almas se alzan, ufanándose de la luz de sus alegrías, mi alma se cubre, feliz, con la
oscuridad de su melancolía.
Soy como tú, oh, noche. Y mi mañana sólo llegará cuando rni tiempo haya terminado.
EL EXTRANJERO
La Pascua llego y, mejor que todas las señales, las alegres multitudes lo anunciaban. $olo y
melancólico, me aparto de la multitud. Pienso en el hijo del Hombre, que nació y vivió en la
indigencia y después murió crucificado. Pienso en aquel Fuego Divino que el Espíritu encendió en una
pequeña aldea y que sobrevivió a los siglos y puso su marca en todas las civilizaciones.
En el parque desierto, un hombre, también solo, parecía estar esperándome. Se sentó a mi lado y
comenzó a dibujar en la arena figuras misteriosas. Sus vestimentas eran modestas, mas de su presencia
emanaba una grandeza inexpresable.
-¿El señor es, tal vez, extranjero? -le pregunté con simpatía.
-Yo soy extranjero en esta ciudad y en todas las ciudades.
-Pero en días festivos, el extranjero olvida la amargura del exilio y se deja consolar por el afecto de
los corazones abiertos.
-Yó soy más extranjero aún, en estos días, que en otro cualquiera. -Y dirigió al cielo una mirada
soñadora, como si estuviera buscando en el más allá, una patria desconocida.
Lo observé nuevamente y le dije:
-Me parece que el señor necesita ayuda, ¿no aceptaría la mía?
-Sí, necesito ayuda, pero mi necesidad no es de dinero -me respondió.
-¿Y que es lo que usted necesita?
-Necesito un abrigo. Necesito un lugar donde descansar mi cabeza.
-Pero, si acepta mi dinero, podrá alojarse en un hotel.
-Ya fui a todos los hoteles y ninguno me aceptó. Ya golpeé todas las puertas sin hallar un amigo.
-Venga entonces conmigo. Pasará la noche en mi casa.
-Mil veces llamé á tu puerta pero jamás me abriste. Y ahora, si supieras quién soy, no me invitarías.
-Y, ¿quienes el señor?
-Yo soy quien derriba lo que los siglos establecieron. Soy el huracán que arranca las raíces secas.
Soy quien trae al mundo la justicia y la piedad.
Dijo eso y se levantó. Era de gran estatura y su voz, profunda como la noche, evocaba el sonido de
la tempestad. Después, su rostro se iluminó. Extendió sus brazos y vi en sus manos rastros de heridas.
Me arrojé a sus pies balbuceando:
-Jesús, el Nazareno.
Y le oí decir:
-El mundo celebra en mi nombre las tradiciones que los siglos tejieron a mi alrededor. Pero yo
permanezco extranjero, recorriendo el universo y atravesando los siglos sin encontrar, entre los
pueblos, quien comprenda mi verdad. Los zorros tienen sus madrigueras y las aves del cielo tienen
nidos, mas el Hijo del Hombre no tiene un lugar donde reclinar su cabeza.
Cuando levanté mis ojos, nada vi sino una columna de incienso. Y oí el eco de una canción llegarme
desde la eternidad.
LOS GIGANTES
Quien escribe con tinta no es como el que escribe con sangre del corazón.
Y el silencio que produce el tedio es diferente del silencio que nace del dolor.
Busqué refugio en el silencio porque los oídos de la Humanidad se cerraron al susurro de los débiles
y sólo escuchan el tumulto del abismo. Y es más prudente para el débil callar frente a las fuerzas
tempestuosas de la vida; aquellas que tienen cañones por voz y bombas por palabras. Vivimos una
época cuyos hechos más pequeños son más grandiosos que los más grandes del pasado. Los valores y
los problemas que monopolizan corazones y pensamientos están en penumbras. Los antiguos sueños
se desvanecen como bruma y son sustituidos por gigantes que caminan como tempestades, se mueven
como el mar y respiran como volcanes.
Y, ¿cuál será el destino del mundo, cuando los gigantes finalicen su guerra?
¿Volverá el campesino a sembrar semillas donde la muerte sembró esqueletos?
¿Llevará el pastor su rebaño hacia las praderas donde la sangre regó la tierra?
¿Se inclinará el creyente en templos donde los demonios danzaron? ¿Declamará el poeta sus poemas
frente a las estrellas ofuscadas por el fragor de las batallas? y ¿cantará el cantor sus canciones en la
quietud perturbada por tantos horrores?
¿Se sentará la madre al lado de la cuna de su niño para arrullarlo sin temores del mañana?
¿Se encontrarán los enamorados a cambiar besos donde los enemigos cambiaron golpes?
¿Volverá la primavera a cubrir con flores las heridas de la tierra?
Y, ¿qué será de nuestra patria? ¿Cuál de los gigantes dominará aquellas colinas y aquellas praderas
que nos dieron vida y nos transformaron en hombres y mujeres?
¿Continuará el Oriente siendo disputado por lobos y cerdos, o caminará como la tempestad hasta la
guarida del león y el nido de las águilas?
Y, ¿se levantará nuevamente la aurora sobre las cumbres del Líbano?
Siempre que estoy solo le hago preguntas a mi alma. Pero el alma es como el Destino, no habla.
¿Quién de vosotros no se preocupa del futuro del mundo y sus habitantes una vez que los gigantes
se hayan saciado de lágrimas de viudas y huérfanos?
Soy de los que creen en la ley de la evolución y el progreso. A mi entender esta ley alcanza tanto a
lo material como a lo inmaterial. Lleva de lo bueno a lo mejor, no sola mente a las criaturas físicas
sino también a las religiones y a los gobiernos. Sólo hay retrocesos y decadencias aparentes.
La ley de la evolución tiene infinitas ramificaciones pero una sola raíz. Sus manifestaciones son, a
veces, duras e injustas y oscuras, provocando la rebeldía de las mentes limitadas y de los corazones
frágiles. Pero su esencia es, siempre, justa y luminosa. Se ocupa de derechos superiores a los del
indiviudo y sus objetivos son superiores a los de la comunidad. Su voz, mezcla de horror y suavidad,
contiene el gemir de los flagelados y la angustia de los que sufren.
Alrededor de mí hay muchos enanos que .miran,. desde lejos, la lucha de los gigantes y oyen sus gritos
de júbilo y rabia, mientras croan como ranas diciendo:
-El mundo volvió a sus orígenes. Lo que las generaciones edificaron por la ciencia y por el arte, el
hombre lo demolió por egoísmo y ambición. Vivimos nuevamente como trogloditas. Y sólo nos diferencian
de ellos nuestras máquinas y las estratagemas que inventamos para destruir.
Los que así hablan, son los que miden la conciencia del mundo con la vara de sus propias conciencias y
analizan las aspiraciones de la Humanidad por la necesidad de su supervivencia individual, como si el sol,
existiera solamente para calentarlos y el mar para sus baños.
De las entrañas de la vida, más allá de la materia, de las profundidades del universo donde los secretos
son guardados, surgirán los gigantes como una tempestad, y ascende rán como nubes y chocarán como
montañas y lucharán para resolver un problema de la Tierra, que solamente la guerra puede resolver.
Los hombres, sus conocimientos, su amor y su odio, su desesperación y su dolor, son apenas mecanismos
que los gigantes emplean con miras a un objetivo superior que debe ser alcanzado.
La sangre derramada se transformará en ríos de elixir y las lágrimas lloradas brotarán como flores y las
almas asesinadas se reunirán y aparecerán por detrás del horizonte como una nueva aurora.
Y la primavera retornará. Pero aquél que desea alcanzar la primavera sin pasar por el invierno jamás lo
logrará.
EL SER NACIONAL
Una nación, es una comunidad de individuos que se diferencian en su carácter, tendencias y opiniones,
pero que están unidos por una red moral, más fuerte que sus divergencias.
Tal vez, la unidad religiosa constituya un hilo de esta red. Con todo, las divergencias religiosas no
perjudican a la unidad nacional sino cuando esta unidad estaba previamente debilitada, como en ciertos
países orientales.
Tal vez la unidad de lengua sea fundamental para la realización de la unidad nacional. Existen, todavía,
muchos pueblos que hablan la misma lengua, pero, divergen continuamente en su política, administración e
ideología. Tal vez la unidad de raza sea también esencial. Pero la Historia cita muchos ejemplos de pueblos
que, descendiendo de la misma simiente, han luchado unos contra otros, hasta su mutua destrucción.
Los intereses materiales, tal vez sean un elemento de unidad. Pero, ¿en cuántos países los intereses
materiales sólo han servido para generar competencia y luchas internas?
¿Cuál es, entonces, el fundamento esencial de la unidad nacional? ¿Cuál es el suelo en que crece el árbol
de la nación? Tengo a este respecto, ideas propias, que ciertos pensadores hallan extrañas porque sus
orígenes y consecuencias no son palpables.
He aquí lo que pienso:
Cada pueblo tiene una personalidad característica, así como cada individuo la tiene a su vez. Y, aunque la
personalidad nacional tome sus componentes de los individuos, así como el árbol forma su sustancia con el
agua, la tierra, el calor y la luz, esa personalidad general, es diferente e independiente de las personalidades
individuales, y tiene vida y voluntad propias.
Y, así como encuentro difícil determinar la época en que se forma la personalidad de cada individuo, así
encuentro de difícil determinar la época en que se forma la personalidad nacional. Pienso, sin embargo, que
la personalidad egipcia, por ejemplo, se formó, por lo menos quinientos años antes de la aparición de la
Primera Dinastía en las márgenes del Nilo. Esa personalidad produjo las manifestaciones artísticas,
religiosas y sociales de la historia egipcia. Y lo que digo de Egipto, se aplica a Asiria, Persia, Grecia,
Roma, Arabia y las naciones modernas.
Dije que la personalidad nacional tiene una vida especial. Sí, y tiene también, un tiempo de vida limitado
que no puede ser trascendido, exactamente como en el caso de todos los seres vivos. El individuo se
desenvuelve pasando por la infancia, por la juventud, por la madurez, por la vejez; y asi también se
desarrolla la nación: pasando por la aurora velada por el sueño, por el mediodía iluminado por el
esplendor del sol, por la tarde marcada por el tedio, con la noche envuelta por el cansancio, por un
sueño profundo...
La entidad griega, despertó en el siglo X antes de Cristo y caminó con fuerza y majestad en el siglo
V y se había agotado al llegar la era cristiana. Se entregó, entonces, para siempre, al sueño de la
eternidad.
La entidad árabe tomó conciencia de sí misma en el siglo III antes del islam. Con el Profeta
Mahoma, se levantó como un gigante y caminó como un temporal, derrumbando todos los obstáculos.
Y, cuando alcanzó la época de los Abássidas, se sentó en un trono apoyado en muchas bases; desde la
india hasta Andalucía. Y, llegó al atardecer cuando la personalidad mongólica esta creciendo y
extendiéndose de Oriente a Occidente. ¿Será el sueño de la entidad árabe un sueño liviano y
despertará de nuevo para exteriorizar lo que permanecía escondido como lo hizo la entidad Romana,
cuando volvió, en el Renacimiento Italiano, y completó en Venecia, Florencia y Milán, lo que había
sido interrumpido por los pueblos teutónicos al comienzo de la Edad Media?
Y la más llamativa de las entidades nacionales es la francesa. Vivió dos mil años y aún continúa
joven y radiante. Y posee hoy una mente más penetrante y una visión más amplia y un arte y una
ciencia más ricas que en cualquier otra época pasada, demostrando que hay entidades nacionales que
tienen vida más larga que otras. La entidad egipcia vivió tres mil años. La entidad griega sólo vivió
mil años. Las causas de esta desigualdad quizá sean las mismas que determinan la duración de la vida
individual.
¿Qué sucede con las entidades nacionales después que desempeñaron su papel en el teatro de la
existencia? ¿Se desvanecen frente al paso de los días y las noches?
En mi opinión, las entidades inmateriales se transforman y no desaparecen. Y, como los seres
materiales, adquieren nuevas formas, pero su esencia sobrevive para siempre. El alma de las naciones
duerme, como duermen las flores: cuando sus semillas caen al suelo su perfume _asciende al mundo de
la eternidad. Para mí, el perfume, en la flor y en la nación, es su verdad absoluta, su real esencia. Y el
perfume de Tebas y Babel y Nínive y Atenas y Bagdad, está hoy en el éter que envuelve la tierra. Y,
quizás, esté también en lo más profundo de nuestras almas. Todos nosotros, individuos y naciones,
somos los herederos de todas las entidades nacionales que ya existieron sobre la superficie de la tierra.
Esa herencia etérea, no adquiere, sin embargo, formas palpables en los individuos, hasta que no se
perfeccione la nación a la que pertenecen esos individuos, y adquiera una vida y una voluntad propias.
LA TEMPESTAD
Primera Parte
Yussef El Fakhri, tenía treinta años cuando abandonó la sociedad yendo a vivir a una solitaria
ermita, cercana al Vallé de kadisha, en el norte del Libano.
Los pobladores de las aldeas vecinas, discutían los motivos de su decisión. Algunos decían que
perteneció a una rica y noble familia y que, al ser traicionado por la mujer que amaba, buscó consuelo
en la soledad. Otros decían que era un poeta que, harto de la vida bulliciosa de la ciudad, desertó de
ella buscando el sitio apropiado para meditar y, entregarse a la inspiración. Muchos otros, afirmaban
que era un místico que se contentaba con el mundo espiritual. Otros, decían que, simplemente, era un
loco.
Ninguna de esas opiniones me conformaba, pues sé que los secretos de las almas están más allá de
nuestras suposiciones y deducciones. Y deseaba encontrarme con aquel hombre y conversar con él.
Dos veces traté de acercarme y sólo recibí palabras frías y altivas.
La primera vez que lo encontré, Yussef estaba paseando por los Cedros del Líbano, me acerqué y lo
saludé amistosamente, mas él, tan sólo movió la cabeza y se alejó sin hablarme.
La segunda vez, lo encontré parado en medio de un pequeño viñedo vecino a un monasterio, y,
nuevamente, me acerqué a él, lo saludé y le dije:
-Dicen los aldeanos que aquél monasterio fue construido por una congregación siria del Siglo XIV, ¿sabe
usted algo de su historia?
Y él me respondió, fríamente:
-No sé quién construyó ese monasterio, ni tengo interés en saberlo -y mientras se volvía de espaldas,
agregó-: ¿Por qué no preguntas a tus abuelos, que son más viejos que
yo y conocen de estos valles y de su historia, más que yo? -Después se alejó.
Dos años más tarde, el misterio continuaba intacto, pero la curiosidad por conocer la verdad acerca de la
vida de ese hombre extraño, se había apoderado de mi mente y de mis sueños.
Segunda Parte
En un día de otoño, vagando por las colinas adyacentes a la ermita de Yussef El Fakhri, fui sorprendido
por un fuerte viento, seguido de espesa lluvia. La tempestad me empujaba de un lado hacia otro y me
bamboleaba como un barco sin timón en un mar bravío.
Y me dije: "Esta es mi oportunidad para visitar a Yussef, la tempestad será mi justificación para entrar y
mis ropas-mojadas, una buena razón para quedarme un tiempo en su ermita". Y dirigí mis pasos hacia la
morada de Yussef El Fahri. Me hallaba en una situación angustiosa, cuando por fin, alcancé la ermita.
Cuando llamé, el hombre que yo estaba tan ansioso por ver, salió a recibirme. Llevaba en sus manos un
avecilla herida y temblorosa. Lo saludé, diciendo:
-Por favor, discúlpeme por presentarme en este estado, pero la tempestad me sorprendió lejos de mi casa.
El, me miró con severidad diciéndome:
-Hay muchas grutas por estos lugares en que podrías haberte refugiado -sin embargo, apartándose, me
hizo entrar. Yo lo contemplaba, mientras el acariciaba el avecilla, con una ternura tal como jamás había
visto en mi vida y quedé sorprendido; la compasión y la aspereza convivían en aquel hombre.
El pesado silencio nos había cubierto. El se hallaba molesto con mi presencia y yo deseaba quedarme.
Finalmente Yussef dijo:
-La tormenta ya se ha calmado, por otra parte a ella no le agrada comer carne pasada. ¿Por qué huyes de
ella? Con un toque de humor, respondí:
-La tempestad puede no gustar de comidas muy saladas o muy ácidas pero sin duda le agradan las
comidas frías y tiernas, y sin duda se sentiría satisfecha de engullirme si me atrapa de nuevo.
El rostro del eremita se puso serio al decir:
-Si la tempestad te engulle, te conferirá un gran honor que no mereces.
-Sí, señor -asentí-, huí de la tempestad paró no recibir un honor inmerecido.
Yussef dio vuelta la cara tratando de ocultar su sonrisa y luego me acercó un banco de madera y me
invitó a sentarme y a secar mi ropa en la estufa.
Agradecido, me senté. El se acomodo frente a mí, en un banco de piedra labrada y, humedeciendo sus
dedos en un ungüento, comenzó a frotar con él, la cabecita del ave y su ala quebrada. Sin levantar los ojos,
me dijo:
-El vendaval arrojó a este pobre pájaro contra las rocas, dejándolo medio muerto... Ojalá los temporales
quebraran las alas de los hombres y rompieran sus cabezas. Pero los hombres fueron amasados con miedo y
cobardía, apenas olfatean la tormenta, se ocultan asustados...
Contesté, con deseo de alentar la conversación:
-Sí, el pájaro y el hombre tienen esencias diferentes. El hombre vive a la sombra de leyes y tradiciones
inventadas por él y las aves, según las leyes universales que hacen girar los mundos.
Sus ojos brillaron y sus brazos se abrieron como si hubiera encontrado, en mí, un discípulo de
rápida comprensión. Despues dijo:
-Muy bien, muy bien. Si crees en lo que dices, abandona a los hombres y vive como las aves, la ley
del cielo y de la tierra.
-Claro está que creo en lo que digo -respondí.
Levantó, entonces, su mano y con su tono anterior expresó:
-Creer es una cosa y vivir conforme a las creencias es otra. Muchos hablan con la voz profunda del
mar mientras viven como pantanos. Muchos alzan su cabeza por encima de las montañas mientras sus
almas permanecen en las tinieblas de sus grutas.
Yussef se levantó y acomodó el pajarito, sobre un paño doblado, junto a la ventana. Arrojó después
un montón de ramas secas al fuego diciendo:
-Quítate las botas y sécate los pies, pues la humedad es peligrosa para la salud. Seca bien tus ropas y
ponte cómodo. La ya prolongada hospitalidad de Yussef, mantuvo viva mi esperanza de conocer la
historia de su exilio voluntario. Me aproximé al fuego y el vapor comenzó a brotar de mis ropas
mojadas. Mientras tanto, el eremita, de pie en la puerta, contemplaba el cielo ceniciento.
Busqué ávidamente una forma de extraer de él una respuesta a mi inquietud; finalmente pregunté:
-¿Hace mucho que has venido a este sitio?
-Vine a este lugar -contestó sin mirarme- cuando la tierra era informe y vacía, y las tinieblas
floraban sobre la profundidad del abismo, cuando el Espíritu de Dios se reflejaba sobre la superficie
de las aguas...
Quedé espantado tras esas palabras. Luchando por reunir mis pensamientos me dije: " ¡Qué hombre
extraño! ¡Y qué difícil el camino que lleva, a su realidad! Pero me acercaré con cautela, con astucia y.
con paciencia, hasta que su reticencia se transforme en comunicación y comprenda su extrañeza.
Tercera Parte
La noche extendió su manto negro sobre aquellos valles. La lluvia se hizo torrencial y el viento
aullaba cada vez más fuerte. Parecía que el diluvio bíblico se repetía para extin guir la vida y lavar a la
tierra de Dios de la impureza humana.
Y la furia de los elementos pareció serenar el corazón de Yussef y su agresividad desapareció. Se
volvió, encendió dos velas y acercó una botella de vino y una bandeja con pan, queso, aceitunas, miel
y frutas secas. Se sentó cerca mío y dijo amablemente:
-Son todas mis provisiones. Hazme el favor, hermano mío, de compartirlas conmigo.
Cenamos sin hablar, acompañados por los sonidos del viento y la lluvia.
Después de levantar la mesa, retiró de la estufa una cafetera de bronce y sirvió ,dos tazas del
aromático líquido acercando, luego, una caja de exquisitos cigarros.
Tomé una taza y un cigarro, dudando de lo que estaba viendo. Y él, como si leyera mis
pensamientos, sonrió diciendo:
-Te asombra encontrar vino y cigarros y café en esta ermita; tal vez te extraña hallar comida. No te
censuro. Muchos imaginan que nuestro alejamiento de la sociedad supone el alejamiento de los
placeres naturales y simples de la existencia.
-Así es. Imaginamos a los eremitas sustentándose, apenas, con hierbas y agua.
-No abandoné el mundo para encontrar a Dios -dijo-, pues lo encontraba en la casa de mis padres y
en todo sitio. Me aparté de los hombres porque yo era una rueda que giraba hacia la derecha entre
ruedas que giraban hacia la izquierda. Dejé la civilización porque me di cuenta de que era un árbol
viejo y carcomido, cuyas flores eran la codicia y el engaño y, cuyos frutos son la infelicidad y el
desasosiego. Algunos reformadores intentaron transformarla, pero nada consiguieron y acabaron
perseguidos y derrotados. -Se inclinó sobre la estufa y, como sabiendo el efecto que sus palabras me
causaban, bajó la voz diciendo: -No, no busqué la soledad para orar y dedicarme al ascetismo, pues la
oración, que es el canto del alma, alcanza los oídos de Dios aún mezclada con el tumulto de las
multitudes. Y el ascetismo, que es la humillación del cuerpo y la inmolación de sus deseos, es algo
que no condice con mi religión. Dios creó los cuerpos para que fueran templos de las almas. Debemos
cuidar de esos templos para que sean dignos de la divinidad que mora en ellos. No, hermano mío, no
busqué la soledad para orar o castigarme, sino para huir de los hombres, de sus leyes, de sus
tradiciones y de su bullicio. Busqué la soledad porque me cansé de los que confunden amabilidad con
debilidad, tolerancia con cobardía y altivez con orgullo. Busqué la soledad porque me cansé de luchar
con los adinerados que piensan que el sol y la luna y las estrellas se levantan desde sus cofres y se
ponen en sus bolsillos. Busqué la soledad porque me cansé de los políticos que arrojan a los ojos del
pueblo polvos dorados y a sus oídos falsas promesas. Me cansé de los sacerdotes que aconsejan a otros
y no se aconsejan a sí mismos; y exigen a otros lo que no se exigen a sí mismos.
"Busqué las montañas deshabitadas porque en ellas está el despertar de la primavera, y los deseos
del verano; las canciones del otoño y la fuerza del invierno. Vine a esta ermita para descubrir los
secretos del universo y aproximarme al trono de Dios.
Yussef calló y lanzó un suspiro, como si se hubiera aliviado de una pesada carga. En sus ojos
brillaban mágicos rayos de una luz extraña y, sobre su rostro reflejos de grandeza, voluntad y
determinación.
Pasaron algunos minutos. Yo me hallaba feliz por haber descubierto el secreto que tanto tiempo
ocupó mi mente. -Tienes razón en todo lo que me has dicho -le dije- y es correcto tu diagnóstico de los
males sociales; pero lo que no me parece correcto es que, como buen médico, te apartes del enfermo
antes de curarlo o antes de que muera. Este mundo desesperado requiere tu atención. Y, ¿es justo y
caritativo que te alejes negándole tu auxilio?
El me enfrentó pensativo, y respondió:
-Desde el principio del mundo, los médicos han tratado de salvar los hombres de sus males; algunos.
usaron bisturíes y otros medicinas; pero todos murieron desesperados sin conseguir nada y la
enfermedad se extendió implacablemente. Y estos enfermos malvados matan a sus médicos y, después
de cerrarles los ojos, dicen: "Eran realmente grandes médicos." No, mi querido amigo, nadie cambiará
a los hombres. El más hábil de los agricultores no obtendría cosecha alguna en el invierno.
-Pero el invierno de la Humanidad pasará -le dije entonces-. Luego vendrá la Primavera, con sus
flores y canciones. Y el respondió, con una sonrisa:
-¿Crees que Dios dividió la Eternidad en Estaciones como las estaciones del año? ¿Vendrá, de aquí
a un millar de millones de años, una generación de hombres que vivirá por el espíritu y la verdad, y
hallará su felicidad en la luz del día y en la quietud de la noche? ¿Vendrá, todo esto alguna vez...?
Esos son sueños lejanos. Y esta ermita no es una morada de sueños...
-Respeto tus convicciones y tu soledad -le dije-. Pero también sé que esta infeliz nación perdió, con
tu alejamiento, un hombre dotado, capaz de despertarla y guiarla.
-Esta nación es como las demás naciones -dijo élTodos los hombres son iguales y sólo difieren en
cosas sin importancia. Lo que se considera progreso, en Occidente, es apenas otra sombra de la ilusión
y, la hipocresía, aunque trate bien a algunos, no deja por eso de ser hipocresía. Y la impostura
permanece impostura aun cuando se vista de seda y habite un palacio. Y el fraude y la codicia no
cambian su naturaleza aunque aprendan a medir distancias y a pesar elementos. Ni los crímenes se
transforman en virtudes caminando en fábricas y rascacielos... La eterna Esclavitud a enseñanzas y
costumbres y supersticiones, permanecerá esclavitud, aunque pinte su rostro y disfrace su voz. La
Esclavitud permanece Esclavitud aunque se intitule Libertad.
"No, hermano mío, el Occidente no es mejor que el Oriente, ni el Oriente inferior al Occidente y la
diferencia que existe entre ellos no es mayor que la que existe entre el tigre y el león. Hay una ley que
he hallado tras las apariencias de la sociedad, que reparte miserias, infelicidad, ceguera e ignorancia,
sin distinguir entre pueblo y pueblo, entre raza y raza...
-¿Entonces, todo es vanidad? -exclamé-. ¿La civilización y todo lo que hay en ella, nada es, sino
vanidad?
-Sí -dijo él con rapidez-, la civilización y todo lo que hay en ella, nada es sino vanidad... Los
inventos y los descubrimientos sólo son para diversión y confort del cuerpo. La conquista de la
distancia y la victoria sobre los mares sólo son falsos frutos que no satisfacen al alma, ni alimentan el
corazón ni elevan el espíritu, pues están lejos de la Naturaleza. Y aquellas teorías y estructuras que los
hombres llaman arte y ciencia, no son nada, sino cadenas y grilletes dorados, que arrastran
pesadamente alegrándose con sus reflejos brillantes y sus tintineantes sonidos. Todo eso no es sino
una jaula cuyos barrotes los hombres comenzaron a forjar hace siglos, inconcientes de que construían
la cárcel en que quedarían aprisionados. Sí, fútiles son los hechos de los hombres y vanos sus
propósitos.. Todo es vanidad sobre la tierra.-Y agregó luego: -Entre todas las cosas de la vida, sólo
hay una, una sola que el espíritu anhela y desea fervientemente. Una sola, deslumbrante, que merece
todo nuestro amor y toda nuestra dedicación.
-¿Qué? -le pregunté; y esperé, ansioso, por saber qué era eso, maravilloso y único.
Yussef me contempló un instante, luego cerró los ojos, cruzó sus brazos y con el rostro iluminado y
la voz serena y sincera, respondió:
-El despertar espiritual. El despertar en las profundidades del corazón de un poder irresistible y
magnífico que desciende, de pronto, sobre la conciencia del hombre y abre sus ojos, y le hace ver la
Vida en medio de una lluvia brillante, de una música profunda, rodeada de un círculo de luz dorada y,
al hombre de pie, entre el cielo y la tierra como un pilar de belleza. Es una llama que, repentinamente
asciende devastadora, dentro del espíritu y quema y purifica el corazón y lo eleva rnás allá de la tierra
y lo hace flotar en el espacio ilimitado.
"Es una fuerza que se aloja en el corazón del hombre y se rebela contra todos los obstáculos.
"Es la mano misteriosa que arrancó los velos de mis ojos cuando vivía en medio de la sociedad, en
el seno de mi familia, con mis amigos... Muchas veces, hablando conmigo mismo, me preguntaba:
"¿Qué es el Universo, por qué soy diferente de aquellos que me miran, qué son esos rostros, qué
representan para mí, por qué vivo con ellos? ¿Soy un extranjero en medio de ellos o son ellos los
extranjeros en esta tierra formada por la Vida que me confió sus claves?-Y después de un corto
silencio, agregó:-Eso fue lo que me aconteció hace cuatro años, cuando dejé el mundo y busqué esta
soledad para vivir despierto y encontrar la paz.
Caminó luego ¿hasta la puerta y, contemplando la oscuridad dijo, como hablando a la tormenta:
-Es el despertar espiritual. Y quien lo siente no puede expresarlo con palabras y quien no lo siente,
jamás podrá conocerlo por palabras.
Cuarta Parte
Pasó una larga hora. Yussef El Fakhri, caminaba, con laros pasos por la sala, deteniéndose de a
ratos, a contemplar' -los cielos cenicientos. Yo permanecía en silencio, reflexionando sobre la extraña
armonía entre alegrías y tristezas que había en su solitaria vida.
Pasó un tiempo más, y luego se acercó a mí diciendo:
-Voy ahora a caminar con la tempestad noche adentro para sentir de cerca la expresión de la
Naturaleza. Es una costumbre que me deleita en otoño y en invierno. Allí tienes los cigarros y el vino
y, allá la cafetera. Pasa aquí la noche como si fuera tu casa.-Se envolvió en un manto negro y agregó,
sonriendo:-Haz el favor de cerrar la puerta mañana, cuando te vayas, para que no entren los intrusos,
pues yo pasaré el día entre los Cedros Sagrados.-Y se dirigió a la puerta llevando un largo cayado,
diciendo:-Si la tempestad te sorprendiera otra vez, no dudes en refugiarte en esta ermita. Aunque espero
que aprendas a amar la tempestad en vez de temerla. Buenas noches, hermano mío.
Abrió la puerta y salió, con la cabeza erguida, hacia la oscuridad. Fui hasta el umbral para ver qué
dirección había tomado, pero ya había desaparecido, sólo se oyó, por un momento, el ruido de sus pasos
sobre las piedrecillas del valle.
Quinta Parte
Después de una noche pasada en medio de profundos pensamientos, llegó la mañana. Había pasado la
tempestad, el cielo estaba claro, y las montañas y las campiñas reflejaban los rayos del sol. Al volver a la
ciudad sentí aquel despertar espiritual del que habló Yussef. Sentí estremecer todas las fibras de mi ser por
un temblor que era visible y, cuando me calmé, todo era belleza y perfección a mi alrededor. Después de
haber estado cerca de algunas personas y haber oído sus voces y observado sus actos, me detuve y me dije:
-Sí, el despertar espiritual es lo esencial, lo fundamental en -la vida del hombre y la única finalidad de su
existencia.
Nunca más vi a Yussef El Fakhri, pues, a causa de mis esfuerzos por atender los males de la civilización,
la Vida me expulsó del Norte del Líbano durante aquel mismo otoño y tuve que vivir en el exilio de un país
lejano, que también tenía sus tempestades... Y llevar una vida de eremita en ese país extranjero es una
especie de locura gloriosa, pues su sociedad también está enferma...
LA HECHICERA
¿Hacia dónde me llevas, oh, hechicera?
¿Hasta cuándo te seguiré por este camino escarpado, cubierto de espinas, que serpentea entre las piedras
y lleva mis pies á la cumbre y a mi alma conduce al abismo?
Seguiré la orla de tu vestido. Te seguiré como un niño sigue a su madre, olvidado de mis sueños,
absorbido por tu belleza, distraído por las sombras que flotan sobre mi cabeza, atraído por la fuerza
misteriosa que se esconde en tu cuerpo.
Detente un instante y déjame contemplar. tu rostro. Mírame un momento; quizá descubra en tus ojos los
secretós de tu corazón y, en tus facciones, los enigmas de tu alma.
Detente un instante, oh, hada. Estoy cansado de andar y mi alma teme a los peligros del camino. Detente.
Ya alcanzamos la encrucijada donde la vida y la muerte se encueníran.
Y no daré un paso más hasta que mi alma no descubra las intenciones de tu alma y mi corazón discierna
los secretos de tu corazón.
Oye, ¡oh, hada hechicera!
Yo era hasta ayer, un pájaro libre que se movía entre los arroyos y flotaba en el espacio y, al atardecer se
posaba en los árboles y contemplaba los palacios y los templos de la ciudad y las nubes coloridas que el sol
construyó en el crepúsculo y destruyó en el ocaso.
Yo era como el pensamiento, que recorre, solo, las tierras de Oriente y Occidente, alegre con las bellezas
y las delicias de la vida y sondeando los secretos y misterios de la existencia.
Yo era como un sueño: caminaba en las tinieblas de la noche y entraba por las ventanas en las alcobas de
las vírgenes adormecidas y jugaba con sus sentimientos. Después pasaba por los lechos de los jóvenes
yexcitaba sus deseos. Y me sentaba cerca de los viejos y analizaba sus pensamientos. Hoy, habiéndome
encontrado, oh, hechicera, y habiendo absorbido el veneno de tus besos, me he transformado en prisionero
que carga sus cadenas sin rumbo conocido. Y me transformé en borracho que clama por el vino que robó su
voluntad y besa la mano que le dio bofetadas.
Detente un instante, oh, hechicera, ya recuperé mis fuerzas y quebré las cadenas que aprisionaban mis
pies y derramé la copa en que bebía el veneno que me deleitaba. ¿Qué quieres que hagamos? ¿Qué camino
quieres que caminemos?
Reconquisté mi libertad.
¿Me aceptarías como compañero libre, que mira el sol con párpados firmes y toma el fuego con
dedos que no temen?
Abrí nuevamente mis alas. ¿Me aceptas, como amigo, que pasa los días entre montañas como el
águila y, las noches durmiendo en el desierto como un león?
¿Te satisfarás con el amor de un hombre para quien el amor es un comensal y no un dueño?
¿Aceptarás la pasión de un corazón que desea, mas no se entrega: y que quema, mas no se derrite?
¿Aceptarás un amigo que no esclaviza ni se deja esclavizar? He aquí, entonces, mi mano; tómala en
tus hermosas manos. He aquí mi cuerpo, apriétalo con tus brazos suaves. He aquí mi boca, bésala
largamente, profundamente, silenciosamente.
ENTRE NOCHE Y DÍA
Calla, corazón mío. Pues el espacio no escucha tu voz.
Cállate, pues el éter, cargado de lamentaciones y gemidos, no llevará tu canción y la procesión de
tinieblas no se detiene frente a tus sueños.
Cállate, corazón mío. Cállate hasta que llegue el día. Pues quien aguarda el día con paciencia, lo
hallará. Y quien ama la luz, será amado por la luz.
Calla, corazón mío, y óyeme.
Vi, en sueños, un ruiseñor cantando sobre el cráter de un volcán vomitando lava.
Y vi un lirio alzarse erecto por encima de la nieve. Y vi un hada danzando entre las tumbas.
Y vi un niño jugando con cráneos y riendo.
Vi todas esas imágenes en sueños y, al despertar miré a mi alrededor. Y vi el volcán en actividad,
pero no vi al ruiseñor, ni lo oí.
Y vi al cielo derramando nieve sobre los campos y los valles enterrando bajo sus blancas mortajas
los cuerpos de los lirios.
Y vi hileras de tumbas con sus lápidas erectas frente al silencio de los siglos; pero, en medio de
ellas, nadie danzaba ni rezaba.
Y vi un montículo de cráneos, pero nadie reía allí, tan sólo el viento.
En mi despertar sólo vi tristezas y llantos. ¿Adónde fueron las alegrías del sueño? ¿Y su esplendor y
sus imágenes? ¿Y cómo puede soportar el alma hasta que el sueño le devuelva la sombra de sus
esperanzas y aspiraciones?
Presta atención, corazón mío, a lo que estoy diciendo. Ayer mi alma era un árbol fuerte y sus raíces
penetraban profundamente la tierra y sus ramas alcanzaban el cielo.
Y mi alma floreció en primavera y dio sus frutos en verano. Y, cuando llegó el otoño, recogí los
frutos en bandejas de plata y coloqué las bandejas en los caminos públicos y los transeúntes los
tomaban, los comían y seguían su camino.
Al finalizar el otoño, miré mis bandejas y sólo vi en ellas un fruto, que dejaran los transeúntes. Lo
tomé, lo comí, y lo encontré amargo como la hiel, ácido como uva verde. Y le dije a mi alma:
"¡Ay de mí! Puse maldición en la boca de las personas y odio en sus estómagos. ¿Qué hiciste, alma
mía, con la dulzura que tus raíces sorbieron de lo profundo de la tierra y qué, con el perfume que tus
ramas bebieron de la luz del sol?"
Después, arranqué el árbol de mi alma, por más fuerte y añoso que fuera.
Lo arranqué, con sus raíces de la tierra donde había brotado y crecido; lo arranqué de su propio
pasado y lo despojé del recuerdo de mil primaveras y de mil otoños.
Después, planté el árbol de mi alma en una nueva tierra. Lo planté en un campo distante, apartado
de los caminos del tiempo. Y lo cuidé, diciendo: "Las vigilias nos aproximan a las estrellas." Y lo
regué con mi sangre y mis lágrimas diciendo: "En la sangre hay sabor y en las lágrimas dulzura." Y,
cuando volvió la primavera, mi alma floreció de nuevo. Y en el verano dio sus frutos.
Y cuando llegó el otoño, recogí los frutos maduros en bandejas de oro y coloqué las bandejas en la
encrucijada de las calles. Y muchos transeúntes pasaron, pero ninguno extendió su mano para tomar uno.
Tomé, entonces un fruto y lo comí. Y era dulce como la miel y sabroso como elixir y más suave que el
vino de Babilonia y más perfumado que aliento de un jazmín. Grité entonces:
"Los hombres no quieren la Bendición en sus bocas, ni la Verdad en sus corazones, porque la Bendición
es hija de las lágrimas y la Verdad es hija de la sangre.
Y regresé. Y me senté a la sombra del árbol de mi alma en un campo apartado del camino de los
hombres.
Cállate, corazón mío, cállate hasta que llegue el día. Cállate, pues el espacio está repleto del olor de los
cadáveres y no absorberá tu aliento.
Oye, corazón mío, mis palabras.
Ayer, mi pensamiento era un velero que oscilaba de uno a otro lado con las olas y se movía a placer de
los vientos, de una a otra playa.
Y el velero de mi pensamiento carecía de todo. Tan sólo poseía siete frascos llenos de tintas de siete
colores distintos, como el arco iris.
Un día, harto de viajar por los mares, decidí volver, con el velero de mi pensamiento, a la tierra donde
nací.
Y comencé a pintar mi velero con color amarillo como el sol y verde como el corazón de la primavera;
azul como el techo del cielo y rojo como el horizonte en llamas y dibujé sobre las velas y el timón formas
fantasiosas que atraían la mirada y encantaban la imaginación. Y, al terminar mi trabajo, mi velero
semejaba la visión de un profeta vagando eritre dos infinitos: el mar y el cielo. Entré, entonces, en el puerto
de mi tierra y, todo el pueblo salió a mi encuentro con aleluyas y regocijo y me condujeron a la ciudad, al
son de trompetas y tambores.
Hicieron todo esto, porque el exterior de mi velero era colorido y atrayente, pero nadie entró en el
interior del velero de mi pensamiento.
Y ninguno prebió qué había traído de otros puertos en mi velero.
Y nadie supo que lo había traído vacío, al puerto. Entonces, me dije a mí mismo: "A todos engañé. Y con
siete fraseos de colores, ilusioné sus ojos y su imaginación. Un año después me embarqué, nuevamente, en
mi velero. Visité las islas de Oriente y allí recogí mirra, sándalo y ámbar.
Y fui a las islas de Occidente donde recogí polvo de oro; marfil, esmeraldas y todas las demás piedras
preciosas.
Y fui a las islas del Norte y en ellas cargué sedas y bordados.
Y a las islas del Sur, de donde traje las espadas y los escudos más perfectos y toda variedad de armas.
Llené el velero de mi pensamiento con todas las cosas valiosas y llamativas de la tierra. Y retorné al
puerto de mi patria, pensando: "Ahora mi pueblo me glorificará con razón y me recibirá con regocijo
merecido."
Mas, cuando llegué al puerto, nadie salió a mi encuentro. Y recorrí las calles de la ciudad sin que nadie
me prestara atención.
Y hablé en las plazas públicas enumerando los tesoros que había traído. Pero la gente me miraba con
desprecio o se burlaba de mí, y seguía su camino.
Volví al puerto, triste y perplejo y, cuando vi mi barco, me di cuenta de algo que no había percibido antes
y exclamé entonces: "Las olas del mar borraron la pintura del casco de mi velero. El parece ahora un
esqueleto. El calor del sol y los vientos y la espuma del mar, borraron los dibujos coloridos de sus velas y
ellas parecen, ahora, harapos de color ceniza."
Había reunido los tesoros del mundo y, con ellos en mi barco, volví a mi pueblo; pero él renegó de mí,
pues sus ojos sólo vieron las apariencias.
En aquel momento, dejé el velero de mi pensamiento y fui a la ciudad de los muertos y me senté en
medio de las tumbas pintadas de blanco, a meditar sobre sus secretos.
Cállate, corazón mío, hasta que llegue el día.
Cállate, pues la tempestad se ríe de tus profundidades y las grutas del valle no repetirán el eco de las
vibraciones de tus cuerdas.
Cállate, corazón mío, hasta que llegue el día. Quien espera por el día con paciencia, será abrazado
con cariño por la aurora.
He aquí que el día llega, habla, corazón mío, si es que puedes.
He aquí la procesión del día, corazón mío. ¿Habrá dejado el silencio de la noche alguna canción en
tus profundidades, para acoger al día?
Las bandadas de palomas y ruiseñores, esbozan, volando de un lugar a otro, los cantos del valle.
¿Habrán dejado los temores de la noche, bastante fuerza en tus alas como para que puedas volar?
Los pastores llevan sus rebaños a los verdes campos. ¿Habrán los fantasmas de la noche, dejado
bastante energía en tus piernas como para continuar tu camino?
Muchachos y muchachas caminan despacio rumbo a los viñedos. ¿Por qué no te levantas y caminas
con ellos? Levántate, corazón mío. Levántate y camina con el día, pues la noche ya se fue y con ella
los temores.
Levántate, corazón mío, y eleva en tu voz una canción. Quien no participa de las canciones del día
se incluye entre los hijos de la noche.
EL SEPULTURERO
En el terrible silencio de la noche, luego que las estrellas y la Luna desaparecieron tras el inmenso
velo de oscuras nubes, caminé, solo y atemorizado, por el Valle de las sombras de la Muerte.
Al llegar la medianoche cuando los espectros comenzaron a salir de sus escondrijos, oí pasos
pesados que se aproximaban a mí. Volví la cabeza y vi un fantasma gigantesco que me contemplaba.
-¿Qué quieres de mí? -grité asustado.
La sombra clavó en mí sus ojos, incandescentes como antorchas; y respondió enigmáticamente: -No
quiero nada y quiero todo.
-Déjame en paz y prosigue tu camino -exclamé.
-Mi camino es tu camino -respondió sonriendo-. Ando mientras andas y me detengo cuando te
detienes.
-Vine aquí en busca de soledad, no la perturbes -dije.
-Yo soy la soledad. ¿Por qué me temes? -me contestó.
-No te temo -respondí.
-¿Por qué, entonces, tiemblas como avecilla con frío? -dijo.
-El viento agita mis ropas. No tengo miedo -respondí.
Soltó una carcajada estruendosa como un vendaval.
-Tu miedo es doble -dijo-, pues me temes y temes tener miedo. Y tratas de esconder tu miedo tras un
velo más frágil que una telaraña. Me diviertes y me irritas al mismo tiempo.
Dicho esto, se sentó en una piedra. Me senté yo también, de mal grado, y contemplé sus trazos
altivos. Después de unos instantes, que parecieron mil años, me miró con ironía y me preguntó:
-¿Cuál es tu nombre?
-Mi nombre es Abdala, que quiere decir Siervo de Dios.
-¡Cuántos se dicen siervos de Dios! -exclamó, riendoY sólo sirven de pesares para Dios. ¿Por qué
no te llamas "señor de diablos" y agregas un mal a las desgracias de los demonios?
-Mi nombre es Abdala. Me gusta y me fue dado por mi padre cuando nací. No lo cambiaré por
ningún otro.
-La infelicidad de los hijos está en lo que reciben de sus padres -dijo-. Quien no renuncia al legado
de sus padres y abuelos, será esclavo de los muertos hasta que se vuelva a su vez un muerto.
Incliné la cabeza y medité. Y me pareció haber tenido sueños en que oí palabras similares.
-¿Cuál es tu profesión? -volvió a interrogarme.
-Soy poeta y escritor -respondí-. Tengo opiniones sobre la vida y las comunico a los hombres.
- ¡Qué profesión obsoleta y superada! -dijo-. Ni beneficia ni perjudica a los hombres.
-¿Y cómo emplearé mis días y mis noches en beneficiar a los hombres? -pregunté.
-Hazte sepulturero -respondió-, para librar a los vivos de los cadáveres que se amontonan alrededor de
sus casas y templos y tribunales.
-No he visto cadáveres abandonados en esos sitios -observé.
-Tú miras con ojos velados por la ilusión -contestó-. Al ver a los hombres agitarse en la tempestad,
piensas que viven, cuando en realidad están muertos desde el mismo día en que nacieron. Mas no hubo
quien los enterrara y quedaron sobre la tierra exhalando pudrición.
El miedo comenzaba a abandonarme.
-¿Y cómo distinguiré los vivos de los muertos si todos se agitan en la tempestad? -pregunté.
-El muerto se agita en la tempestad, mas el vivo camina con ella y sólo se detiene cuando ella se
detiene -respondió. Se reclinó sobre su brazo y vi sus músculos poderosos, retorcidos como las raíces de
un roble. Después me preguntó:
-¿Eres casado?
-Sí, respondí, y mi mujer es muy hermosa y yo estoy muy enamorado de ella.
-¡Cuántos crímenes y maldades has cometido...! -objetó-. El casamiento es la sumisión del hombre a la
fuerza del hábito. Si quieres ser libre, divórciate y vive sin lazos.
-Es que tengo tres hijos -respondí-, y el más pequeño apenas si pronuncia una palabra. ¿Qué haré con
ellos?
-Enséñales a cavar tumbas y déjalos en paz consigo mismos -respondió.
-No soporto vivir solo -dije entonces-. Estoy habituado a gozar de la vida con mi mujer y con mis
hijos. Si los abandonara la felicidad me abandonaría.
-El hombre que vive con su mujer y sus hijos –dijo- habita una negra infelicidad pintada de blanco. Si
crees indispensable casarte, cásate con un hada.
-Las hadas no existen -respondí, sorprendido-. ¿Por qué me engañas?
-¡Cómo eres de tonto! -dijo-. Sólo las hadas existen realmente. Y fuera del mundo de las hadas es
donde existen las dudas y el equívoco. .
-¿Y las hadas, son hermosas? -pregunté.
-Su belleza no se esfuma y su gracia es eterna -respondió.
-Muéstrame una de ellas para que pueda creerte -le dije.
-Si pudieras ver y tocar a las hadas -respondió-, no te aconsejaría que te casaras con una de ellas.
-¿Y qué utilidad tendría, para un hombre, una esposa que no puede ver ni tocar?
-La utilidad no sería para un hombre sino para todos -respondió-. Pues con tal casamiento
desaparecerían, poco a poco las criaturas que se agitan en la tempestad y no andan con ella.
Y después de un momento me preguntó.,
-¿Y cuál es tu religión?
-Creo en Dios y honro a sus profetas -respondí-. Amo a la virtud y anhelo la vida eterna.
-Esas son fórmulas que las generaciones pasadas vienen repitiendo desde siempre -dijo- y la imitación
depositó en tus labios. En realidad, tú sólo crees en ti mismo y sólo te honras a ti mismo y sólo anhelas
tu propia inmortalidad. Desde el principio, el hombre adora su propio ego poniéndole diversos nombres,
de acuerdo a sus inclinaciones y aspiraciones, llamándole Baal, Júpiter o Dios.-Y rompió a reír con
sorna, diciendo:-Lo más extraño, es que sólo adoran sus egos, aquellos cuyos egos son cadáveres
descompuestos.
Medité un minuto sobre estas terribles palabras, más extrañas que la vida, más terribles que la muerte
y más profundas que la verdad. Y sentí el deseo incontrolable de descubrir el secreto de este ser
extraordinario. Y lo interrogué:
-Si crees en Dios, te conjuro en su nombre. Dime, ¿quié