ESPERANDO EL FIN DEL TIEMPO ... // EL LIBRO DE LOS MARTIRES // MICHAEL MPORCOCK

ESPERANDO EL FIN DEL TIEMPO ... // EL LIBRO DE LOS MARTIRES // MICHAEL MPORCOCK

ESPERANDO EL FIN DEL TIEMPO...


Soplaban vientos crudos sobre Tanet-tur-Taac, y el hedor a sal del mar llegaba a la nariz de
Suron y la impregnaba día y noche porque las aguas estaban subiendo mientras la luna caía.
Vientos crudos desgajaban las nubes sobre Tanet y a veces llevaban nieve y a veces llevaban
lluvia caliente y a veces sólo hacían olas en el mar.
Con el largo pelo flotando al viento, Suron-riel-J'ryec miraba fijamente la luna y tras ella a la
estrella Kadel, que en otros tiempos había estado tan lejos de Tanet, el último mundo del Borde.
Había varias estrellas grandes en el cielo ahora, y pronto ellas y sus planetas serían un cuerpo
inmenso. También Tanet formaría pronto parte de aquel cuerpo.
Desde donde estaba, en la torre más alta de la ciudad, Suron podía ver las montañas
distantes y alteró su visión para captar cierta zona concreta con una perspectiva más detallada.
Estaba seguro de haber visto moverse algo, allí, de nuevo. Pero el viento revolvía la nieve en las
laderas. Quizás hubiera sido eso lo que había visto.
Suron miró tras sí, hacia las esbeltas torres de la ciudad que se llamaba Rion-va-mëy
(Esperanza Inevitable), una ciudad que era también una máquina. Suron había construido Rionva-
mëy y había bautizado a la ciudad-máquina diseñada para hacer de Tanet un mundo
completamente independiente de su sol, para apartarlo de la fuerza de atracción de la Masa
antes de que fuera demasiado fuerte para cruzar el espacio intergaláctico y hallar una galaxia
que aún siguiera en equilibrio. Por eso habían elegido para su experimento aquel mundo del
Borde, porque era el mundo menos habitable que había en los confines de la galaxia.
Y la galaxia estaba condenada a sufrir un cambio monstruoso en el que nada seguiría como
antes.
La galaxia estaba condensándose.
Ellos ya sabían qué iba a suceder, pues sus científicos habían llegado a desentrañar la
naturaleza de los cuerpos inmensos y oscuros que yacían en el centro de la galaxia.
Megaquasares con una masa tan grande que ni siquiera los fotones podían escapar a ellos,
habían empezado a engrosar su masa con todos los cuerpos que penetraban en su campo
gravitatorio.
Y ahora, toda la galaxia vacía dentro de aquel campo y todos los soles y sus satélites eran
arrastrados inexorablemente hacia allí, mientras los megaqúasares se consolidaban en una sola
masa, tan inmensa, que no podía inventarse ningún nombre real para denominarla. Los que
aludían a ella, no podían darle más nombre que el de Masa.
Suron contempló de nuevo el cielo, mientras el día se iba oscureciendo rápidamente. Su plan
había fracasado al hacerse evidente que era demasiado tarde. Rion-va-mëy, era la máquina más
perfeccionada que hubiese inventado nunca la humanidad. Podía proporcionar un medio
artificial complejo, alterar un planeta tan fácilmente como una nave espacial, pero jamás podría
utilizarse para su propósito básico. Lo único que le cabía hacer, era ayudar a Tanet a eludir la
inevitable colisión unos cuantos días más.
Apenas funcionaba ya como una ciudad, pues la mayoría de sus ciudadanos se habían ido al
comprender que el plan de Suron había fracasado. Se habían ido con la esperanza de llegar a
sus mundos natales antes de que sus soles se los tragasen, soles que serían a su vez tragados
por otros soles mayores hasta que la Masa se lo tragase todo.
Suron se había quedado, Tanet era ya su mundo. Lo amaba. Y aquél que amaba a Suron se
quedó con él.
Al principio, el proceso había sido gradual. Unos cuantos miles de años atrás apenas si había
sido perceptible. Hacía mil años, sin embargo, que se había hecho patente lo que se fraguaba.
Cien años antes, la Masa había absorbido a la mitad de los soles y planetas de la galaxia y ahora
los soles y planetas del Borde iban aproximándose entre sí.
Unos días más, pensaba Suron, e iniciaremos el último viaje hacia el interior. Y en menos de
un año, si eran correctas las teorías de los científicos, la Masa se desmoronaría debido a su
propia gravitación y se iniciaría de nuevo el proceso entrópico. Nuevas estrellas, nuevos
planetas: un nuevo ciclo.
¿Se repetiría a sí mismo el ciclo?, se preguntaba Suron. ¿Estaba programada la galaxia para
formarse y reformarse eternamente? ¿Renacería la humanidad y recrearía su historia quizás por
millonésima vez?
Desde la cúspide de la torre más alta, con el cuerpo pálido expuesto a los elementos, Suron
contemplaba las aguas. Habían alcanzado ya algunas de las estructuras más lejanas. Miró de
nuevo hacia la luna que dominaba el cielo. Estaba un poco más cerca que el día anterior; y
Tanet estaba un poco más cerca de su sol, y las estrellas estaban reunidas en un grupo algo
más compacto.
Falta poco, pensó.
Pasó la breve noche. El color del cielo pasó de azul oscuro a violeta y a verde claro y las
nubes se alejaron por el horizonte y desaparecieron. Asomó el sol y Suron sintió al instante su
calor.
Se oyó un susurro detrás de Suron.
—Así que no sirvió de nada.
Mis'rn-bur-Sen, colocó una mano suave sobre el brazo de Suron.
—El sol está más cerca, Suron.
Suron se volvió y sonrió a su marido.
—Soñé con la humanidad. ¿Qué fue lo que no sirvió de nada?
Mis'rn se acercó a la balaustrada. Su piel era transparente como la de Suron y mostraba las
venas y órganos de su cuerpo hermafrodita. El cálido viento ondulaba su pelo claro.
—Toda la lucha, y el dolor, y la muerte. Todos los esfuerzos de quienes aspiraban a ayudar al
género humano a lograr la tranquilidad y la seguridad, que tan recientemente conseguimos.
Todo inútil, Suron. La humanidad ha sido engañada. Cuando triunfaba sobre su condición, sobre
la mortalidad, sobre el entorno, la naturaleza aún sigue gastando sus bromas, aún logra hallar
un medio de destruirnos.
Suron sonrió y dijo:
—Una visión un poco antropomórfica del universo. ¿No nos basta saber que la humanidad
triunfó al fin, que logró alcanzar lo que los antiguos habían llamado "un estado de gracia"? ¿No
es el afecto que nos tenemos, una especie de recompensa por tantos milenios de lucha?
Mis'rn inclinó la cabeza.
—Quizás —dijo.
La torre tembló. Se oscureció el cielo al llegar nuevas nubes barriendo el horizonte. El
estruendo del mar ahogó el rumor del viento. Suron puso la punta de un largo dedo sobre la
balaustrada y trazó un círculo.
Un campo de fuerza formó una cúpula invisible sobre la torre y el azotar del viento y el aullar
del mar quedaron bloqueados. Suron y Mis'rn se miraron fijamente, en el nuevo silencio.
—Pero nuestros hijos han muerto —dijo al fin Mis'rn.
Hacía unos cincuenta años que ambos habían dado a luz al hijo del otro, simultáneamente.
Los dos vastagos habían permanecido en el planeta en el que habían nacido y los dos estaban
ya consumidos.
Suron había aceptado este hecho sin amargura, pero Mis'rn, cuyo temperamento se
complementaba con el de Suron, aún se afligía. Y por eso Suron confortaba ahora a su marido.
Expresaba sin palabras su comprensión y Mis'rn comunicaba sin palabras su gratitud. La torre
volvió a estremecerse.
—¿Cuál fue tu sueño sobre la humanidad? —preguntó Mis'rn.
—No recuerdo las imágenes, sólo el ambiente. Yo estaba allí y soñaba y luego despertaba y,
Mis'rn, me sentía feliz.
—Has compartido eso conmigo. Ojalá pudiese tener un sueño así. Pero todos mis sueños,
cuando los tengo, son de conflictos y desastres.
Suron señaló hacia las montañas.
—Después de mi sueño, creí ver moverse algo allá, en las laderas. Quizás formase parte del
sueño.
—Eso creo. Somos los únicos que quedamos en Tanet. Y aquí no hay animales. De eso se
encargaron nuestros ancestros.
—Sin embargo, sentí el impulso de ir a las montañas... a mirar.
—Es demasiado peligroso, Suron. Toda la energía de la ciudad se está utilizando para resistir
la fuerza de atracción de nuestro sol y para impedir que la luna nos caiga encima. Si sales de su
radio de acción, quizá no pudiara protegerte.
—Lo sé.
Suron cogió una mano de Mis'rn y susurró algo.
Fueron transportados inmediatamente al corazón mismo de la torre, a una estancia de luz
suave y cambiante, que irradiaba elementos nutritivos en sus organismos. Luego, hicieron el
amor de un modo tierno y dulce... apenas sin tocarse,mientras se movían por la habitación en
un gracioso y emocionante ballet.
Y la torre tembló una vez más y la luz parpadeó, un instante antes de reanudar sus
transformaciones.
Mis'rn detuvo su danza y Suron vio los rastros de una emoción olvidada que empezaban a
surgir en su rostro. La emoción era miedo.
—Hemos de aceptarlo, Mis'rn —dijo—. Bautizamos esta ciudad con el nombre de Esperanza
Inevitable, porque era inevitable que tuviésemos esperanza. Pero ahora esa esperanza está
muerta. Hemos de aceptarlo.
—No puedo —murmuró Mis'rn—. El sueño ayudó a nuestros ancestros de este modo cuando
no podían tolerar las implicaciones de la realidad. Por eso dormían.
—Lo intentaré.
Suron trazó un signo determinado sobre la pared de luz cambiante, y el aire del centro de la
estancia cuchicheó y susurró y apareció un lecho.
Mis'rn se dirigió hacia el lecho y se tendió en él, mirando, desde allí, a Suron.
—Cierra los ojos —dijo Suron, y Mis'rn los cerró—. Yo vendré a despertarte —prometió.
Y Suron volvió a lo alto de la torre, pestañeando ante la intensa luz. Hizo que la cúpula se
oscureciera para poder contemplar el paisaje.
En las montañas se había fundido la nieve. El mar se movía inquieto alrededor de las torres
más bajas. El monstruoso sol cruzaba el cielo.
Suron centró los ojos de modo que la ladera de la montaña pareció acercarse.
Cuidadosamente, inspeccionó cada roca amarillenta, cada sombra de un negro intenso, todas
las hendiduras. Pero sólo se movían las sombras por la rápida carrera del sol por el cielo.
Y luego, cuando Suron dirigió su mirada a las lomas más altas, vio una sombra que se movía
en dirección opuesta y que desaparecía tras uno de los largos colmillos de roca que un temblor
reciente de tierra había cortado del cuerpo principal de la montaña.
Así que era cierto, había allí una criatura viva. ¿Un hombre?
Suron estaba seguro de que ningún hombre podía sobrevivir bajo el calor a menos que
llevara ropa protectora adecuada.
¿Un visitante, entonces, de uno de los mundos internos?
Imposible. Ninguna nave espacial podía soportar las inmensas fuerzas gravitatorias que
existían ya en el espacio. Y no había ningún receptor de materia en funcionamiento en Tanectur-
Taac.
Suron se preguntó si la criatura habría venido de una galaxia próxima.
Tomó una decisión. Sin dejar de mirar fijamente hacia la ladera, esperó con toda calma a que
llegase el oscurecer.
Ahora la oscuridad era ya completa en Tanet, pero cuando el sol llegó al extremo del
horizonte y la luna empezaba a asomar su masa monstruosa sobre las cimas de los montes y el
cielo se volvía de un azul intenso y las estrellas hacían su aparición de nuevo, Suron dejó Rionva-
mey, la ciudad-máquina de Esperanza Inevitable.
Sobre la espalda desnuda, llevaba un equipo de campo de fuerza ligero que le protegería
contra los elementos y le serviría de medio de propulsión sobre las rocas.
Se elevó unos centímetros del suelo, voló contra el viento, mientras las nubes se espesaban y
el cielo se oscurecía, trayendo las primeras nieves del anochecer.
Suron aumentó la temperatura de su cuerpo para contrarrestar el frío, y los copos de nieve
que caían sobre sus hombros desnudos, se fundieron inmediatamente.
Tras él, la ciudad había cambiado de color. Ahora tenia un peculiar tono anaranjado. Suron
sabía que sus recursos estaban casi agotados. El mar cubría aún más las torres, y las que
quedaban, habían empezado de nuevo a balancearse y a estremecerse.
Suron llegó al pie de las laderas de las montañas y empezó a ascender.
El cielo se volvió de una púrpura intenso y el viento rasgó las nubes, de modo que la luna
pudo verse otra vez. Estaba aún más cerca. Suron tuvo casi la sensación de que si alzaba una
mano podría tocarla. Dominaba el paisaje.
Mirando al frente, creyó ver la sombra móvil, cerca de la cima de la montaña. Aumentó su
velocidad.
Llegó a la cima. El viento era ya tan fuerte que se vio obligado a utilizar más potencia para
que no le desplazase de su condición. La luna parecía amenazar aplastarle. Parecía llenar todo el
cielo.
Justo debajo de él, surgió un cuadrúpedo antropoide de detrás de una roca. Se aferraba a la
ladera, el cuerpo peludo cubierto de nieve, el pelo alisado por el viento. Sus ojos inteligentes
miraron a Suron y Suron lo identificó.
Se le escapó un grito de sorpresa.
El antropoide movió la cabeza y le observó receloso. Abrió la boca y habló, y el aullar del
viento ahogó sus palabras.
Suron descendió por la ladera hacia la criatura.
El ser retrocedió y desapareció. Suron vio que la roca ocultaba una fisura de la ladera... una
cueva.
Entró en la cueva sin vacilar.
Llegó luz. La cueva era artificial. Era una habitación o quizás una más de una serie, y su
contenido había sido destrozado y dispersado por los temblores de tierra. La criatura estaba
plantada sobre sus cuatro piernas en medio de la habitación, rodeada de desperdicios y sentada
en una silla de extraña forma. Miraba muy seria a Suron.
—Creí que tu especie estaba extinta —dijo Suron, luego añadió ceñudo: —¿Entiendes mi
lengua?
La respuesta fue clara, firme, musical:
—La entiendo. Mi especie fue... extinguida. La destruyó la tuya hace mucho tiempo.
—No lo sabía —dijo Suron.
—Había vegetación y belleza. Había paz. Hace eras, tu gente llegó con fuego y quemó toda la
belleza, asesinó a todos los míos. Yo me oculté en las profundidades de la tierra. Luego tu gente
se fue. Nunca pude descubrir por qué destruyeron nuestro mundo.
—¿Cómo aprendiste nuestra lengua?
—Un viajero —dijo la criatura, señalando con una mano. Suron vio un cráneo. Era el cráneo
de un hombre pre-hermafrodita. Debía tener siglos.
—¿Le mataste tú?
—Murió. Eramos amigos, creo.
—¿Y él no sabía por qué quemaron vuestro planeta?
—Hablaba de una guerra. Dijo que este mundo probablemente ocupase una importante
posición táctica... algo parecido. Dijo que si hubieran sabido de nosotros quizás no lo hubiesen
quemado, pero supusieron que criaturas que caminaban con cuatro patas no eran inteligentes...
como si tuviera algo que ver.
—Mis ancestros hacían en otros tiempos diferenciaciones entre seres que razonaban como
ellos y otros de carácter menos inquisitivo,
—Los que estaban contentos fueron destruidos.
—Así fue, sí. Pero tú sobreviviste todos estos años.
—Sí... al parecer, para morir con los que me robaron la felicidad. ¿Se debe esta catástrofe a
otra de vuestras acciones?
—No lo creo. Yo me llamo Suron-riel-J'ryec.
—Yo soy Mollei Coyshkaery. ¿Cuál es entonces la causa de esto?
Suron se lo explicó.
La criatura antropoidea pareció animarse.
—Así que nadie ganó. Lo que nos pasó a nosotros os está pasando a vosotros.
—Con una diferencia: no quedará nadie para recordar a la humanidad, cuando desaparezca.
—Se lo tiene merecido.
—Supongo que sí.
—Tú no eres como mi amigo —dijo Mollei señalando el cráneo—. Eres más tranquilo... tienes
un aspecto distinto.
—Nuestra raza había empezado a evolucionar hacia especies completamente distintas.
Eramos casi inmortales, lo mismo que tú. No teníamos conflictos entre nosotros ni enemigos
que nos amenazasen. Dedicábamos nuestro tiempo a adaptarnos a lo que veíamos. Habríamos
evolucionado aún más, pero —Suron hizo una pausa— habíamos aprendido el hábito del amor,
y habíamos olvidado el hábito del odio.
—Yo aún no he aprendido a odiar —dijo Mollei—. Y ahora ya es demasiado tarde.
—Lo siento.
—¿Crees que es bueno odiar?
—Creo que es bueno conocer todos los sentimientos —el cráneo atraía de nuevo la mirada de
Suron.
Mollei se sacudió la nieve derretida de la piel. De pronto, soltó con expresión meditabunda:
—Antes había música. Hace tanto que no oigo música.
—Quizás vuelvas a oírla.
—¿Qué quieres decir?
—Hay quien cree que la galaxia pasa por un ciclo perpetuo de nacimiento, muerte y
renacimiento... que su historia se repite una y otra vez con diferencias sólo secundarias.
—Pero eso significa que volveré a conocer el dolor. Tus palabras no me traen ningún
consuelo, Suron-riel-J'ryec.
—Admito —dijo Suron con un suspiro— que la idea también es aterradora.
—No parece afectarte lo que está a punto de suceder.
—Es inevitable, Mollei Coyshkaery.
La caverna se balanceó. A pesar de su campo de fuerza, Suron se vio lanzado contra la
pared. Con él se desplazaron objetos. El cráneo chocó contra la pared y se fragmentó. Mollei
intentó salvarse, pero quedó atrapado justo debajo de Suron, gritando de dolor e intentando
incorporarse. Caían piedras del techo. Un gran estruendo lo llenó todo, mientras la caverna
seguía estremeciéndose. Luego, todo volvió a quedar quieto.
Suron descendió hasta el ángulo que formaban el suelo y la pared, donde estaba tendido
Mollei. Su mirada expresaba dolor. Era evidente que tenía algunos huesos rotos.
—Ha sido el peor de todos —murmuró Mollei—. Me pregunto qué lo provocaría...
—Ha caído ya la luna. Creo que a cierta distancia de nosotros.
—¿Qué significa eso?
—Significa que dentro de poco tu planeta se hundirá en su sol, casi en el mismo instante en
que el sol se una a otras estrellas. Estamos desplazándonos todos hacia el centro, Mollei. Unas
cuantas horas después de morir, nuestra galaxia no será más que una masa. Después, se cree
que la masa explotará y la galaxia empezará de nuevo.
—La muerte llega rápido —balbució la criatura—, pero la vida tarda tanto tiempo en
formarse...
—¿Vendrás conmigo a Rion-va-méy, mi ciudad? —preguntó Suron—. Hay allí medios para
aliviar tu dolor.
—Estoy muñéndome —dijo Mollei—. Déjame morir solo.
—Como quieras.
Suron buscó la entrada de la cueva, pero había quedado bloqueada al caer la luna. Volvió
junto a la criatura agonizante.
—Parece que estoy atrapado.
Mollei se incorporó sobre un codo y señaló una entrada.
—Hay varias salidas. Quizás alguna no esté bloqueada.
—Gracias.
—Adiós, Suron-riel-J'ryec.
Suron se dio cuenta de que empezaba a debilitarse la potencia de su campo magnético.
Cruzó el oscuro umbral y ensanchó los ojos para poder ver en el negror de la sala contigua.
Había allí cuadros y artefactos de todas clases. Se dio cuenta de que Mollei había utilizado el
sistema de cuevas como museo: un monumento a su raza asesinada. Suron experimentó lo que
imaginó podría ser sentido de culpabilidad.
Se abrió paso a través de varias cámaras similares, deteniéndose sólo a contemplar un
relieve muy antiguo que parecía indicar que la raza de Mollei había tenido en otros tiempos
enemigos indígenas... era una escena de guerra. Las criaturas simiescas expulsaban
triunfalmente a un tipo de gente asexual similarmente armadas.
Y luego vio una hendidura en el techo por la que entraba luz.
Suron aumentó la potencia y subió hasta el techo, cruzó la hendidura y salió a la superficie
del planeta.
Gimió cuando la luz golpeó sus ojos y se los tapó con las manos. Sabía que le quedaba poca
potencia en su campo magnético, pero aumentó la intensidad del campo aún más y se aisló del
calor asfixiante y de la luz lo más que pudo.
Miró hacia abajo, hacia la montaña, y luego hacia el mar.
El mar hervía. Nubes de vapor rodeaban lo que quedaba de Rion-va-mëy. Inmensas fisuras
negras se abrían en la montaña. Empezó a descender todo lo rápido que se atrevía.
La pantalla que cubría su cuerpo, temblequeaba. Suron sabía que si se estropeaba, moriría...
moriría con peores sufrimientos y mucho más deprisa de como habían muerto sus ancestros, de
piel más gruesa.
Cruzó sobre una grieta recién formada y, mientras la cruzaba, el extremo más alejado de él
empezó a pandearse y a ensancharse más y más. Inundó sus oídos un estruendo monstruoso.
Todo el planeta se estremeció.
Con una sensación de pánico creciente, llegó por fin al otro lado.
Una de las torres cayó y luego, otra se balanceó y se desplomó también. Suron se dio cuenta
de que al fin la máquina se había estropeado.
El cielo se hizo aún más brillante y parecía que el calor calcinaba su piel. La superficie del
lejano mar burbujeaba ya y pudo oír el silbar de sus aguas al convertirse en vapor.
La pantalla volvió a fallar y los pies de Suron golpearon las ardientes rocas.
La torre más alta, que aún seguía en pie, se hallaba a cierta distancia. Vio que uno de los
grandes haces de energía que habían mantenido unido el planeta, se pandeaba y luego se
quebraba como cuando se corta un alambre de acero. Las diversas secciones saltaron en el aire
vibrando y retorciéndose y luego cayeron. Se desplomó otra torre en el mar hirviente.
Suron se sintió mareado. Se le nubló la vista. Se dio cuenta de que iba a morir muy pronto,
sin poder regresar a la habitación donde yacía dormido Mis'rn.
El caos absoluto le rodeaba, una confusión aterradora de rocas volando y de remolinos de
vapor.
Ya no podía ver Rion-va-mëy. Quizás había desaparecido para siempre la ciudad de
Esperanza Inevitable. El sol se hizo aún mayor. Suron gritaba de dolor. Luego, sin cejar en su
avance se desmayó.
—¡Suron!
Hacía más fresco. Abrió los ojos y vio los de Mis'rn-bur-Sen. Había en ellos ansiedad.
—Suron. ¡Estás vivo!
—Sí, estoy vivo. Pero debería estar muerto.
—Desperté y te busqué. Me di cuenta de que te habías ido a la montaña. Cogí una nave y te
busqué hasta hallarte sin sentido. Te traje a nuestra torre.
—¿Entonces sigue aún en pie?
—Por poco tiempo. He desviado hacia ella toda la energía que quedaba.
—Creí que estabas dormido, marido mío.
—Algo me despertó... imagino que fue la luna al caer, o la sensación de que estabas en
peligro. O quizás ambas cosas. Tuve sueños profundos, Suron... sobre la humanidad.
—¿Y te angustiaban? —Suron se levantó del lecho e intentó mantenerse de pie sobre el suelo
tambaleante. La luz de las paredes ya no cambiaba de color. Era de un verde claro continuo.
—Me consolaron, Suron. Es mejor morir amando a la humanidad que odiándola.
Suron asintió con un cabeceo.
—Mollei estará ya muerto.
—¿Mollei?
—Encontré en la montaña a una criatura, Mis'rn. El último habitante indígena de Tanet-tur-
Taac. Nuestros ancestros destruyeron a los suyos con fuego. Destruyeron toda la vegetación del
planeta. El sobrevivió durante siglos y sin embargo nunca conoció el odio... sólo la inseguridad y
el desconcierto. No sabía por qué matamos a su pueblo.
—¿Lo sabes tú?
—Sólo sé que la humanidad mató a muchas otras razas al extenderse por la galaxia.
—¿Y ahora tú odias a la humanidad?
—No. Pero comprendo el desconcierto de Mollei. Pues ahora la humanidad está destruida.
Probablemente seamos los últimos que siguen vivos. Y pronto habremos muerto.
—Pero nos destruye una naturaleza irracional.
—¿Y no fue esa fuerza la que eliminó a los habitantes de este planeta?
—Les matamos nosotros.
—Sí. Pero puede que sólo nos imaginemos que realmente lo hicimos. Utilizamos nuestros
pensamientos para justificar acciones que teníamos que realizar de todos modos...
Mis'rn cabeceó. Se trasladó a uno de los dos lechos y se tumbó en él.
—Es cierto que no conquistamos nada —dijo—. Y ahora estamos conquistados.
—Nos conquistamos a nosotros mismos. Y una vez logrado eso, morimos.
—¿Crees que ése fue el objetivo de nuestra existencia?
—Jamás pensé que nuestra existencia tuviese un "objetivo". Y sin embargo nuestros
ancestros creían en ello. Que habíamos nacido para aprender a amar y que haciéndolo nos
integrábamos con el universo.
Mis'rn cerró los ojos.
—¿Por qué no dejas entrar un poco de luz, Suron, para que podamos ver una vez más este
mundo?
Suron tocó la pared y trazó un signo. El muro exterior se hizo opaco y luego transparente y la
luz cegadora inundó la estancia. Con ella llegó el calor, pero esta vez le dieron la bienvenida.
Suron ocupó su lugar en su lecho y se tendió. Extendió la mano y tocó la de Mis'rn.
—Y ahora vamos a dormir —dijo. Y se durmieron en amor.
Y entonces Suron y Mis'rn soñaron con la humanidad.
Soñaron con todo lo que había luchado por ser, con todo lo que había logrado ser, con todos
sus fracasos. Y era un sueño de amor.
Soñaron con las estrellas y los planetas de su galaxia y con los que habían abandonado el
planeta Tierra hacía muchos milenios, con los que habían explorado y destruido y se habían
embrutecido por creer que el conocimiento proporcionaba amor y tranquilidad.
Y pareció que soñaban la historia toda de la galaxia, desde su nacimiento hasta su muerte,
que presenciaban la formación de cada estrella y de cada planeta, que vivían la vida de toda
criatura individual que había alcanzado la existencia en aquellos planetas.
Y en sus sueños acabaron comprendiendo que el Tiempo era una idea sin sentido y que la
Muerte no significaba nada y apenas muy poco la Identidad.
Y mientras ellos soñaban ardió la última torre y Tanet-tur-Taac cayó en el rugiente corazón
de su sol. Luego este sol se unió a la Estrella Kadel y un centenar de soles más se agruparon
para formar un globo ardiente y único.
Fue el último fuego que fugazmente ardió en la oscuridad. Luego, también él cayó en la
Masa.
Y donde había habido una galaxia hubo sólo tinieblas.
Pero ya empezaba a sucederle algo a la Masa, empezó a implosionar bajo su propio inmenso
peso.
Quizá Suron y Mis'rn o algo que había sido ellos siguiese soñando, al menos hasta el
momento en que empezasen a reaparecer relámpagos de luz y la galaxia empezase a renacer
tal como podrían renacer también Suron y Mis'rn, una eternidad después.
Pues Tiempo nada significaba y nada significaba Muerte e Identidad significaba sólo un poco


ISLAS // EL LIBRO DE LOS MARTIRES // MICHAEL MPORCOCK

ISLAS // EL LIBRO DE LOS MARTIRES // MICHAEL MPORCOCK

ISLAS


Schmeling volvió a la penumbra de su sala de estar y acomodó su elegante y voluminoso
cuerpo en el sillón opuesto al mío.
—Disculpa por haberte dejado tan bruscamente —dijo, refiriéndose a la llamada telefónica
que le había hecho salir de la habitación.
—Pareces nervioso —dije, advirtiendo el brillo emocionado de su mirada.
—Lo estoy —dijo—. Claro que lo estoy.
Tuve que dejarlo en eso, pues no parecía dispuesto a hablar del asunto.
Pareció rechazar lo que estuviese pensando y me concedió una breve sonrisa.
—Bueno —dijo—, ¿cómo van las cosas en los círculos sociológicos?
—En círculos, para mí, en este momento —dije animadamente—. Tengo ahora un caso
particularmente interesante. Según todos los datos, medio ambiente, antecedentes familiares,
índice de inteligencia, etc., debería corresponder directamente a determinada categoría amplia,
Pero no es así. Muestra, en su pensamiento y en su conducta, todos los síntomas clásicos de un
niño de barrio bajo y pobre, un niño de un hogar destrozado... cuando, en realidad, su origen es
casi exactamente el contrario.
Schmeling parecía sólo ligeramente interesado por mi trabajo, pero se aferró a algo que dije
y eso le desvió por otra ruta.
—¿De veras? ¿Crees realmente que todas esas influencias superficiales ejercen un efecto
profundo en el individuo?
—Normalmente sí. No las considero superficiales. Pueden tener un significado profundo y
perdurable para una persona.
Sonrió paternalista.
—Yo considero los llamados rasgos heredados también superficiales... por no decir
inexistentes.
— ¡Eso me asombra! —dije, animosamente.
Schmeling parecía a punto de entregarse a uno de sus ejercicios verbales en los que
adoptaba una postura dogmática respecto a un tema que en el fondo no le interesaba
seriamente. Tal ejercicio solía ser entretenido y me dispuse a participar en el asunto, adoptando
una posición contraria a la suya e igualmente dogmática.
—Hablamos de la herencia —dijo Schmeling agitando una mano—, como de un hecho, y
hablamos de experiencia mutua como un hecho. Sin embargo, ¿cuánta experiencia se
comparte?
—Toda —dije de inmediato.
Schmeling inclinó pensativo su cabeza alargada y aguileña y luego me miró con una seriedad
insólita.
—A la gente le resulta muy fácil atribuir una pauta a la psique humana, pues hay muchas
similitudes superficiales entre los hombres. Creo, sin embargo, que deberíamos más bien
aceptar una pauta que explique las cosas cómodamente, en vez de intentar captar la idea de la
variedad y la complejidad infinitas de la experiencia humana. Una variedad sólo limitada por el
número de individuos que existen en el mundo. Yo sostengo que cada hombre es, mental y
físicamente, un individuo total, único.
—No existe eso que se llaman individuos —señalé—. Sólo existen pequeñas diferencias
superficiales de conducta.
—Yo digo que hay pequeñas similitudes superficiales que hemos llegado a aceptar como
constitutivas de la psique humana total. Pero hay abismos, amigo mío, cuya exploración aún no
se ha iniciado. Y además —dijo, con una nota de triunfo en la voz— ¿cómo explicarías el
aumento que ha experimentado en este siglo la esquizofrenia? No hay dos esquizofrénicos
iguales.
—Eso es discutible —dije.
Schmeling frunció el ceño.
— ¡Y tú te dices individualista!
—Y lo soy... dentro de ciertos límites —dije, algo acalorado.
—Tú eres un individuo —contestó él, retrepándose en su asiento y estirando los pies ante el
fuego. Me daba cuenta de que empezaba a disfrutar con la discusión, lo cual quería decir que
estaba muy seguro de poder derrotarme.
—Lo eres, realmente —insistió—. La misma imposibilidad de comunicación plena entre
nosotros lo demuestra de forma concluyente. ¿Cuánto tiempo es un elefante?
—¿Eh?
—¿Puedes contestar?
— ¡La pregunta es absurda!
—Para ti quizás, pero no para quienes conciben el tiempo en términos de masa... que son
muchos. Experimentos recientes han demostrado que la pregunta obtiene tantas respuestas
como individuos a quienes se formula. Hay muchos otros datos que demuestran mi teoría, los
que ven el domingo como un color determinado, mientras que otros lo ven como una línea de
determinada longitud; todo lo visto con los ojos de la mente, oído con los oídos de la mente,
inhalado con la nariz de la mente, tocado con el tacto de la mente, saboreado con el paladar de
la mente, significa algo completamente distinto para cada cual. Yo sostengo que es ahí donde
está la realidad, en los sentidos de la mente, donde experimentamos lo que queremos
experimentar y no lo que nos han dicho.
—Esta conversación no nos lleva a ninguna parte —dije—. Las preguntas abstractas respecto
a la naturaleza humana, sólo pueden llevar a respuestas abstractas.
—Cierto —dijo mirándome triunfalmente, como si deliberadamente me hubiese inducido a
admitir algo—. Pero cuando aparece una solución concreta, produce el efecto de hacer también
concreto el problema. ¿Estás de acuerdo?
—Sí.
—Bueno, recibí prueba concreta, no hace mucho, del hecho de que cada hombre existe como
individuo, total e irreversiblemente, de que, aunque el medio y la "herencia" actúen sobre él
desde el nacimiento, actúan para hacerle parecer un no individuo. ¿Captas la diferencia?
Empieza por ser un individuo completo, pero influencias superficiales le fuerzan a no ser,
¿comprendes?
—Decías que la sociedad impone al individuo una pauta que, en general, consideramos
inherente a él. Tu ejemplo extremo sería el individuo de clase media que se adapta
rigurosamente, imagino.
—Podrían citarse ejemplos más trágicos... el Zeitgeist que dominó Alemania en los años
treinta, por ejemplo.
Hizo una pausa, aparentando pensar en su país natal, que había abandonado hacía ya tantos
años.
—Un término alemán —musitó— para describir la Enfermedad Germana: la necesidad de
aplicar pautas y generalizaciones a todos los aspectos de la existencia humana. Al insidioso
Freud, el alemán debía resultarle un idioma, hecho a la medida, para sus doctrinas. Un idioma
con tantas palabras inconcretas, lleva a una especie de pensamiento inconcreto que a mí me
parece detestable.
Se encogió de hombros y cabeceó.
—Pero el burgués es un buen ejemplo.
Se levantó. Su cuerpo grande y vital se tensó como si fuese un actor a punto de soltar un
parlamento, pero en vez de hablar de inmediato, me dejó en suspenso, mientras se servía una
porción de su horrible tabaco de yerbas de una caja del aparador. Una vez cargada y encendida
su pipa de boquilla metálica, invadió mis narices el humo dulzón, mucho menos agradable que
el tabaco ordinario; volvió a ocupar su asiento junto al fuego.
—Y quizás el psicópata esquizofrénico (el rebelde sin causa) sea el ejemplo extremo del
individuo que experimenta el evidente error que entraña este conformismo, y reacciona contra
él violentamente.
—Un millón de burgueses no puede equivocarse —dije irónicamente, y él sonrió sin sacar la
pipa de la boca.
—Un solo psicópata tampoco puede equivocarse. Un psicópata aislado, según su propio y
pequeño universo, está absolutamente en lo cierto, absolutamente justificado para adoptar
cualquier curso de acción que elija... ¡simplemente porque él lo elige!
—Pero, por desgracia, esta actitud desemboca en la anarquía —dije—. Si el individuo no se
adapta hasta un cierto grado, sus acciones interfieren con las de otras personas, produciendo
caos si tiene éxito, o una mayor limitación de su libertad. Tengo razón yo.
—Tienes razón hasta cierto punto —dijo, con un cabeceo—. Pero si todos aceptasen el
derecho del individuo a ser un individuo y se eliminase la tiranía del conformismo, quizás
pudiésemos dar a la existencia una mayor dignidad... y seguir trabajando juntos como
individuos que ayudan a individuos...
—Casi estás hablando de política —le advertí con una sonrisa, añadiendo: —O de religión...
las dos pertenecen al reino de lo indemostrable.
—Las dos atraen a los psicópatas, en cierto modo. La prueba es el hecho de que tanto los
movimientos religiosos como los políticos, tienden claramente a disgregarse casi en tantos
grupúsculos como los individuos que los componen.
—De acuerdo —dije yo—. ¡Pero dijiste que tenías pruebas concretas de que todos los
hombres son distintos!
—No señor... siempre que entre en esta discusión "la igualdad", yo diría que había
demostrado que todos los hombres son iguales en que todos son distintos y existen —hizo una
pausa teatral y le envidié por su gesto, por su voz resonante— ¡existen en universos físicamente
distintos!
— Vamos, qué dices...
—El tiempo y el espacio son relativos. Y el tiempo y el espacio de un individuo son relativos al
tiempo y el espacio de los demás. Pero no son lo mismo. Tengo pruebas de que cada hombre
existe en su continuo espacio temporal propio, así como en el más amplio que todos
compartimos. ¿Por qué una hora para un hombre pasa lentamente y para otro rápidamente?
—Depende de su estado mental en el momento que experimenta el transcurso de esa hora,
sin duda...
—Su estado mental... exactamente. Impone su propio sentido temporal al tiempo que le
dicen que es correcto.
—¿Pero qué me dices de esa prueba de que hablábamos? —contesté, viendo que la
conversación perdía dinamismo.
—Está bien —dijo, mirando el reloj. Se retrepó en su asiento y empezó, a la manera de un
narrador de cuentos, eligiendo cuidadosamente todas las frases. Yo también me acomodé,
esperando que me entretuviese, pues Schmeling era un buen narrador que sólo necesitaba
público atento para desplegar su habilidad.
—Hace unos cuantos meses (dijo, con su voz profunda y levemente acentuada), estaba yo
gozando de un día de ocio en mi clínica de la calle Harley, distribuyendo simpatía y aspirina
disfrazada a las ancianas que financian mi investigación privada, cuando la arpía de la
recepcionista entró a toda prisa, hecho sumamente raro, dada su edad. A mis cuentas no les
gustan las recepcionistas jóvenes.
—Está en la sala de espera la señora Thornton —cloqueó.
—Pero si no tiene cita —dije irritado. Esas mujeres son hipocondríacas o incurables. Las elijo
con cuidado, puesto que en cualquiera de los casos me dan muy poco trabajo.
La señora Thornton era un poco ambas cosas: Una hipocondríaca incurable, y, por otra parte,
una mujer encantadora, al final de la mediana edad, muy rica y animosa aún, siempre que
descansaba de sus ataques de jaqueca, que ella misma se provocaba. Sí, era realmente muy
rica y, además, me agradaba bastante. En consecuencia, tras una breve deliberación, dije a mi
recepcionista que la hiciera esperar un poco más y la mandara pasar luego.
En una actividad como la mía, no debe atenderse de inmediato la visita inesperada de una
paciente. Si sacan la conclusión de que estás allí a disposición de todo el mundo, creen que no
vales nada como médico.
Así que pasó por fin la señora Thornton, piel deliciosa y un poquito de perfume demasiado
caro. La cara habilidosamente maquillada y el pelo gris teñido dispuesto en un lindo peinado.
Pero advertí que estaba alterada, percibí un pequeño chorrete de cosmético en la comisura de
su ojo izquierdo.
Ella, la equilibrada señora Thornton, parecía haber estado llorando en público.
Me levanté y le indiqué una silla para sentarse. Se sentó al borde.
—Parece usted enferma, señora Thornton —dije solícito, percibiendo que había deseado
tener una jaqueca especialmente grave.
—No es nada físico, doctor Schmeling —dijo ella—, pero no estoy segura de que el dolor
espiritual que sufro me produciré otra jaqueca.
Me sentí de nuevo irritado.
Mis pacientes suelen traerme sus problemas emotivos y esperan que los resuelva. En
realidad, suele bastar oírles con comprensión y decirles unas palabras ambiguas y suaves de
consuelo. Así pues, me preparé para oírla, tomando mentalmente nota de añadir aquella
consulta a la próxima factura.
—Ahora cálmese —dije con la voz ronca y cordial que da, al mismo tiempo, la impresión de
integridad profesional y calor humano.
—Explíqueme el problema, antes de pedirme que lo resuelva.
Esbozó una breve sonrisa agradecida, respondiendo maravillosamente a las claves emotivas
que yo estaba aplicándole.
—Se trata de mi sobrino, doctor; él es quien tiene problemas, no yo.
—¿Está enfermo?
No me agrada tratar a los pacientes masculinos, porque siempre hay grandes posibilidades
de que logren atravesar mi fachada, tan necesaria para poder continuar con mi trabajo privado.
Me dispuse, sin embargo, para lo peor, considerando que la aportación de la señora Thornton
era mucho mayor que las de mis otras pacientes.
—Físicamente no —dijo la señora Thornton dirigiéndome la mirada conmovedora de quien
confía en un amigo y espera ayuda.
—Mentalmente —apunté, sólo con el énfasis justo y prudente.
Asintió con un gesto.
—Pero, mi querida señora Thornton, dése usted cuenta de que no soy psicólogo. No soy más
que un simple médico...
Estaba mintiendo, por supuesto, puesto que aunque sólo tengo título de médico, mi trabajo
en realidad se centra en captar las peculiaridades psicológicas de mi clientela.
—Lo sé, lo sé —dijo ella con vehemencia—. Pero es usted tan comprensivo, doctor, en mi
propio caso. Usted se da cuenta de que la jaqueca se debe a la tensión mental, nerviosa y
emotiva, así que pensé...
Controlé el impulso de sonreír. Todos los que sufren de jaqueca tienden a atribuir causas no
físicas a su estado, cuando, por regla general, un simple acto físico de agacharse o comer un
alimento inadecuado es la causa de tal dolencia.
Así que en vez de sonreír, asentí firme y cordial.
—Cierto, cierto, cierto —murmuré a la manera mística de tantos psiquiatras, aludiendo a
cosas que sólo podrían saber los discípulos plenamente ilustrados de Freud. No hay duda al
respecto. Son el nuevo sacerdocio.
—Entonces... hágame un favor, doctor, venga a verle. Intente ayudarle. Le suplico que sea
discreto en este asunto... habría un verdadero escándalo público si...
—Por supuesto —dije en tono conspiratorio—. Y si yo no puedo ayudarle, puedo
recomendarle a un amigo sumamente discreto, un especialista de trastornos mentales. Un
hombre extraordinario, se lo aseguro, de inteligencia e integridad indudables.
Pero ella me quería a mí. Me dispuse, pues, a interpretar un papel particularmente largo.
¿Has advertido alguna vez cómo actúa la gente, de modo totalmente inconsciente, en pautas
establecidas de expresión y emoción que se ajustan a categorías concretas, simpatía, justa
indignación, desconcertada aflicción, etc., cuando en realidad, bajo la superñcie, aunque no lo
admitan ante sí mismos ni un instante, no sienten nada de lo que expresan hacia el exterior?
Gestos, gestos... apuntalando el absurdo disparatado de la vida moderna. Y gracias a las
modernas comunicaciones, nos convencen cada vez más, del Modo Correcto de Sentir en una
Situación Dada. Lo cual sin duda resulta confortante. Dios mío, somos como escarabajos
acuáticos que patinan por la viscosa superficie que cubre el agua clara y pura de abajo. Y, peor
aún, contribuímos a la propagación y el crecimiento del cieno, amontonándolo más y más hasta
que, de cualquier modo, nos hundimos con su peso hacia el fondo. ¿Qué crees que sucederá
luego? ¿Locura? Pero me desvío...
La casa que la señora Thornton tiene en la ciudad se encuentra en la tranquila Plaza
Belgravian. La llevé allí mismo, yo, en el coche, dejando una nota a mi recepcionista para que
cancelara las demás visitas del día.
En la entrada principal se alzaban dos columnas de mármol y cruzamos la gruesa puerta de
roble que daba a un frío e imponente vestíbulo, también del mismo mármol desnudo.
Entregamos los abrigos a una atractiva doncella, a quien la señora Thornton preguntó dónde
estaba el señor Davenport.
—En el estudio, señora —contestó la doncella mirándome inquieta.
—¿Querrá usted decirle que he traído al doctor Schmeling y que nos gustaría verle en el
salón?
Entramos en un salón grande y claro decorado con un estilo vagamente Victoriano. Un
pesado secretaire había sido convertido en mueble bar, y la señora Thornton me ofreció bebida.
Acepté un jerez seco y allí me quedé dándole sorbos mientras esperábamos a Nicholas
Davenport. La señora Thornton se movió nerviosa por la estancia un momento y por fin se
sentó en el brazo de un sillón.
Entró Nicholas: pálido, abatido, desafiante. Era un joven de pelo oscuro y apariencia
claramente frenética, que me estrechó la mano con demasiada firmeza cuando nos presentaron,
y se dirigió de inmediato al mueble bar y se sirvió un trago. Yo esperaba que proclamase que no
necesitaba ningún médico, pero, por el contrario, se volvió, aún mirándome desafiante, y dijo:
—Ojalá pueda usted hacer algo para resolver esto, doctor.
Aquella actitud de desafío era, al parecer, algo permanente y dirigido al mundo en general
más que a un individuo concreto.
—Quizá pueda —dije mirándole con cierto nerviosismo, preguntándome qué pensaría de mí—
¿Le importaría explicarme qué le pasa?
—Muchas cosas —dijo, adoptando una pose romántica junto a las cortinas.
Esto, decidí entusiasmado, va a ser una escena de alto nivel dramático. Pero, en aquel
momento, subestimaba a Daventport. Más tarde sabría que era un buen actor, en el sentido al
que sabes que me refiero. Pero, por alguna razón, había confundido completamente los versos,
había perdido las notas... o, al menos, aplicaba versos y notas propias a una obra que los
rechazaba y se sentía incómoda con ellos. Mi primer vislumbre de esto llegó poco después de
que la señora Thornton abandonase prudentemente la estancia y él y yo nos quedásemos
mirándonos con los vasos en la mano, como si nos hubiésemos desafiado a un duelo y nos
dispusiésemos ya a abrir fuego.
—Tengo entendido que usted no es psicólogo, doctor Schmeling.
—No, sólo soy médico. Pero tengo cierta inclinación personal hacia la psicología. Sin
embargo, si quiere usted consultar con un hombre más cualificado...
—No, no... perdone, pero temo que una persona que no esté muy familiarizado con...
trastornos mentales... podría calificar de absurdo lo que le dijera.
Negué con un gesto, curioso.
—No sucederá eso —le dije—. Aunque quizás me vea forzado a recomendarle un especialista,
si no me considero competente para tratar su caso.
—Me parece muy bien —dijo él—. Mi problema es que tengo ensueños, ilusiones.
Reprimí el impulso de discutir filosóficamente el significado de ambas palabras y, en vez de
hacerlo, enarqué las cejas.
—¿De qué clase, señor Daventport? —De muchas clases. Tengo ilusiones de un
distanciamiento físico completo, en el que mi mente mira hacia abajo y contempla mi cuerpo y
lo observa con objetividad clínica. Ilusiones de tamaño, en que soy a veces tan pequeño como
la punta de alfiler en la inmensidad del espacio infinito y, al mismo tiempo, tan grande como
para empequeñecer el universo. Ilusiones de oír voces que dicen frases que yo no podré oír
hasta días después o que debería haber oído días antes; ilusiones en las que un lugar me parece
conocido pese a no haberlo visitado nunca... deja vu, creo que le llaman... ilusiones en las que
un lugar que conozco desde hace años, por ejemplo esta casa, se vuelve de pronto extraño,
como si lo viese por primera vez. Le he enumerado algunas, muy pocas, doctor...
Fruncí el ceño, pensativo. En realidad, todas las ilusiones que me había mencionado eran del
mismo género. Eran lo que llamamos "imágenes hipnagógicas", las ilusiones que se
experimentan antes de dormirse, las ilusiones que se producen en el estado de duermevela,
entre el dormir y el soñar. He leído que tales ilusones se parecen muchísimo a las provocadas
por la mescalina y otras sustancias similares.
—Todos padecemos ilusiones de ese tipo —dije a regañadientes, al ver, desilusionado, que
su problema no era, en realidad, tan espectacular—. Yo mismo las tengo a veces.
—Sí claro —dijo rápidamente—. A veces. A veces, doctor. Pero, ¿las tiene usted siempre? ¿Se
ve usted obligado, como yo, a ejercer un control rígido y deliberado sobre sí mismo, a forzarse a
un comportamiento normal, para poder conversar razonable y lógicamente, para caminar unos
metros hasta un quiosco y comprar un periódico, a ejercer una tremenda concentración si desea
ver ese periódico en sus manos y leerlo?
—No, por supuesto que no —dije, sintiéndome ya interesado.
—Por supuesto que no —dijo él.
Con el pálido rostro crispado, frunció los labios, los humedeció y continuó:
—Hace algún tiempo, en circunstancias más o menos parecidas a las que le he descrito, me
tropecé con la fuente de una cita muy utilizada. Un poema de John Donne, ese charlatán, ese
místico estúpido... "Ningún hombre es una isla"... sin duda lo recuerda usted, ese absurdo
sermoneante y panteísta. Pues bien, yo soy una isla, doctor, estoy aislado de mis semejantes la
mayor parte del tiempo por mares más impenetrables que la inmensidad del espacio
intergaláctico... soy una isla que existe en mi propio espacio, en mi propio tiempo... En realidad,
en mi propio universo, que tiene escaso contacto con el universo que le rodea.
Debes darte cuenta de que por entonces, aunque interesado, no estaba tan convencido como
ahora de lo que es literalmente la individualidad física. Buscaba inútilmente algo que decir. Sólo
pude formular un tópico:
—¿Y cuando empezó a experimentar todo esto? —le pregunté.
—Hace algunos años —dijo con impaciencia—. Al principio, como usted indica, sólo entre la
vigilia y el sueño, luego entre el sueño y el despertar, luego continuaron a lo largo de la mañana
y luego todo el día y toda la noche. No estoy loco, doctor. Sé que no lo estoy. Pero pronto me
volveré loco con la tensión de tener que mantenerme anclado a la realidad.
—Bien, haga una cosa —le dije—. No aplique ningún control, para que yo pueda, digamos,
observar los síntomas como haría en un caso médico normal.
—No aplicar ningún control... Doctor, ni siquiera estoy seguro de poder recuperar luego el
control, si lo hiciese.
Pareció cavilar un instante y luego alzó los ojos hacia mí; el apagado brillo desafiante
sustituido por la mirada de súplica que he visto en los agonizantes que temen la muerte.
—Si eso significa que podrá usted curarme, lo haré.
—No puedo garantizárselo hasta ver de qué se trata —dije casi con la misma vehemencia
que él.
— ¡Entonces, vea, por dios!
Los músculos de su rostro parecieron relajarse hasta tal punto que parecía que se le alargara
toda la cara. Se tambaleó y le ayudé a sentarse en un sillón.
—Ya te lo he dicho, tía, no tengo ningún deseo de ver a un psiquiatra —su tía no estaba allí,
por supuesto. ¿Estaría reviviendo la discusión que había inducido a la señora Thornton a
consultarme?
Retrocedí cuando él se levantó del sillón e inició una extraña e inquietante pantomima. He
visto escenas similares en casos de conmoción extrema, en que el paciente reproduce la fase
que conduce a la experiencia traumática una y otra vez. Pero incluso en esto había algo extraño.
Sus labios formaban frases, pero yo no podía oír que decía. Luego hizo todos los
movimientos de quitarse la ropa, aunque su ropa seguía sob¿e su cuerpo. Luego se sentó.
¡Se sentó tranquilamente en el aire!
Asombrado, por no decir aterrado, me acerqué a él y le cogí, me arrodillé y palpé el aire bajo
suyo, vi que tenía los pies ligeramente alzados del suelo.
Luego sus brazos se movieron y le cayó la cabeza sobre el pecho, como si hubiera perdido el
conocimiento. No podía seguir allí contemplando aquello, así que le cogí y le zarandeé
suplicándole que despertase.
Abrió los ojos y miró a su alrededor, pero parecía que no me veía.
—Doctor —dijo— Creo que lo ha conseguido.
Pero miraba más allá de mí, a mi izquierda, dirigiéndose quizás a alguna imagen invisible de
mí mismo.
Antes de que yo perdiera por completo el control, le agarré de nuevo por los hombros y le
dije con angustia al oído:
—Daventport... Daventport... Soy el doctor Schmeling... está usted en el salón de casa de su
tía. ¿Puede oírme? ¿Me entiende?
Su pálido rostro se volvió lentamente y su cuerpo temblaba. Los músculos se tensaron una
vez más mientras miraba con dificultad hacia mí.
—Le entiendo. Recuerdo. Pero, ¿qué he hecho? No localizo ningún recuerdo de...
—Escuche —dije con vehemencia—. Quiero que venga usted conmigo a visitar a un íntimo
amigo mío, un físico llamado King... este caso no pueden resolverlo ni los psicólogos ni los
médicos, estoy seguro. Iremos a verle ahora... ¿está de acuerdo?
—¿Me ayudará?
—Si hay alguien que pueda ayudarle, sólo puede ner King —prometí nervioso.
—Está bien.
Expliqué a la señora Thornton una vaga historia de que su sobrino necesitaba que le
examinase en mi consultorio y le metí en mi coche. Cruzamos Londres y fuimos al Instituto de
Investigaciones Especiales que dirigía King.
Pronto estuvimos en el despacho de King y le expliqué cuanto sabía. Luego él escuchó la
historia de Davenport.
—Habéis hecho muy bien en venir aquí —dijo—. Te lo agradezco, Schmeling, pues sabes que
actualmente estoy investigando los diversos grados de conciencia física. Hay varios psicólogos
trabajando con nosotros, claro está, y entre todos podremos ayudar al señor Davenport, y de
paso —añadió sonriéndome—, obtener algunas informaciones valiosas de los experimentos que
quizás tengamos que realizar para hallar una cura.
—Así que voy a ser una especie de conejillo de Indias, ¿verdad? —dijo con aspereza
Davenport.
—Sí —contestó King—. Debe recordar usted que cuanto más sepamos sobre su... ejem...
trastorno, más fácil será la tarea de ayudarle a readaptarse a la realidad.
Poco después se acordó con la señora Thornton que Nicholas Daventport permanecería en el
Instituto hasta que estuviese curado. Prometimos máximo secreto y preferíamos realmente
mantenerlo, porque el trastorno de Daventport era tan asombroso que si llegaba cualquier
rumor a los voraces oídos de la prensa sensacionalista, nos caerían encima los informadores.
Pasó el tiempo y, por fin, King y su equipo lograron construir un prodigioso ejemplar de
máquina capaz de registrar las experiencias de Daventport mientras éste sufría sus ilusiones y
de retornarlo, al menos en cierto grado, a la realidad.
Los datos se acumularon, se seleccionaron y se investigaron. Y poco a poco fuimos llegando
a ciertas conclusiones respecto al carácter del problema de Daventport.
Daventport no sólo habitaba en un universo privado escasamente relacionado con nuestro
común y compartido tiempo y espacio, sino que si se le dejaba por entero dentro de él,
comprobamos que adoptaba un rumbo y una forma definidas, como sí su existencia tuviera una
progresión lógica a través del tiempo y del espacio. Sus experiencias pasadas, presentes y
futuras, estaban dispuestas de forma perfectamente ordenada salvo en un detalle: sus
experiencias pasadas existían, a veces, en nuestro futuro, y sus experiencias presentes o futuras
existían a menudo en nuestro pasado.
En fin, el caso era que habíamos investigado a Nicholas Daventport y cabía la posibilidad de
que fuera sólo un caso raro y único, que no hubieran otros como él. Pero teníamos que ponerlo
a prueba... así que me ofrecí voluntario. Por entonces, sus experimentos con la primera
máquina, les habían capacitado para crear otra que, si operaba de acuerdo con el principio que
ellos habían previsto, podría tener el efecto de lanzarme a lo que empezábamos a llamar "el
estado hipnagótico permanente".
La máquina, una obra maestra, producía en el metabolismo humano los efectos controlables
de ciertas drogas, como la mescalina, el ácido lisérgico o el adrenolitín, ejerciendo control
electrónico directo sobre la mente y sobre el torrente sanguíneo.
Así pues, pasase lo que pasase, seguro que iba a disfrutar de algunas experiencias
personales interesantes.
Me senté en la silla mientras enfocaban la máquina sobre el cuerpo. También había un
instrumento del tipo que ya he mencionado.
Empezaron las pruebas.
Las ilusiones eran muy claras, de hecho bastante más nítidas que la mayoría de las
experiencias ordinarias. Incluían voz, imágenes, acción, olores y mi sentido del tacto, así como
un cierto estado de suave éxtasis emotivo que rápidamente podía convertirse en estado
suavemente depresivo. Esta confusión, luego empezó a aclararse, y las ilusiones y las
impresiones empezaron a formar una pauta definida hasta que sentí que vivía una vida
ordenada apenas distinta a la que vivía normalmente, salvo por el hecho de que parecía saber
mucho mejor cómo era todo; parecía, si lo prefieres, más familiarizado con todo.
Según supe más tarde, me soltaron luego de mi asiento y me permitieron moverme a mi
gusto y me situaron frente a Daventport, que se hallaba en un estado similar.
Aunque le vi con toda claridad, no sentí el menor interés por él, no sentí el menor deseo de
acercarme a él ni de interferir verbal o físicamente en su existencia personal. Sin embargo, al
cabo de un rato, él se me acercó y me dijo cortésmente:
—Así que es usted también libre, doctor Schmeling. Sin duda nos han puesto en contacto
deliberadamente y no sé cómo, pero si nos permiten seguir en este estado, deseo comunicarme
con usted en algún periodo en que el tiempo y el espacio del universo sean favorables para otro
encuentro... quizás nos hayamos encontrado ya en su pasado y en mi futuro, ¿no cree?
—Aún no —contesté.
¿Te das cuenta del nuevo estado de nuestra existencia? Estábamos viviendo sin estar
directamente implicados en lo que eran universos privados separados prácticamente por
completo. La naturaleza del tiempo había cambiado, o al menos nosotros habíamos cambiado
en relación con la naturaleza del tiempo, ¡y era muy posible que un individuo recordase un
encuentro que para otro aún no había tenido lugar! ¡Eramos libres! Eramos absolutamente libres
y estoy convencido de que vivíamos lo que es la verdadera y natural existencia del ser humano.
No sé qué extraño azar se produjo en la tierra, que nos llevó por el mal camino. Pero la
verdad, quedaba patente y clara. Los torpes tanteos de místicos, filósofos y científicos para
desvelar esta revelación, habían sido bloqueados por el mundo en general durante siglos.
Realizamos pruebas similares con grupos amplios. King estaba tan emocionado como yo. No
hicimos tentativa alguna de "curar" a Davemport, y en cuanto comprendimos lo que le había
sucedido, lo que debe haberles sucedido a miles de pobres "esquizofrénicos" y "víctimas de la
locura" encerrados en todo el mundo, aceptamos su estado como normal... y nuestros estados
como anormales.
Observando los experimentos con grupos amplios, vimos el paraíso, vimos el infierno, amigo
mío; bandadas de ángeles viviendo una existencia personal pacífica y ordenada, libres de las
cadenas de la supuesta uniformidad, de la posición de actores interpretando papeles en una
mala obra, hombres reales realizando acciones reales significativas e importantes para su
existencia personal.
Aquel estado excluía, además, cualquier interferencia en las vidas de sus semejantes.
Es lo que los políticos han estado proclamando durante años, sin lograrlo nunca.
Gracias al joven Nicholas Daventport, hemos logrado que la humanidad se libere de la
esclavitud de la uniformidad. Morirá la tribu, morirá la nación: habrá sólo hombres y mujeres
independientes.
Schmeling, estirando su alargada y aguileña cabeza se inclinó hacia mí y apoyó sus dedos
largos de uñas cuadradas sobre la tapicería del sillón.
—Libertad —repitió—. ¡Libertad auténtica!
Pero yo no compartía su entusiasmo. En realidad, la idea me horrorizaba. Era imposible, para
empezar. Pero la sola idea, aquel concepto irresponsable, bastaba para enfurecerme. Me
controlé lo mejor que pude.
—Un buen cuento, Schmeling —intenté sonreír—. Estás en forma. Pero, amigo mío, la idea
misma de una existencia tal, resulta pasmosa para un hombre inteligente. La sociedad, tal como
la entendemos, se derrumbaría. Sin organización no puede haber civilización, no podría haber
edificios ni ferrocarriles, ni siquiera periódicos.
—Pero podríamos tener libros... ¡libros amorosamente producidos por un hombre con su
propia imprenta!.
—¿Cuántos libros? ¿Y cómo se distribuirían? ¿Cómo conseguiría su tinta, sus tipos, las piezas
de repuesto para su imprenta? ¿Y quién los leería?
—¿Qué quieres decir?
—¿Acaso tienen los animales deseos de leer libros, Schmeling?
—¿Qué tiene eso que ver?
—Claro que tiene que ver... ese estado que te parece tan deseable es una existencia animal,
¿es que no te das cuenta?
—Tienes una visión limitada —dijo él, y pareció relajarse deliberadamente en su sillón—. En
realidad, la clase de comunicación a que me refiero no necesita ningún tipo de libros. Es un
estado de éxtasis, amigo mío... es el cielo en la tierra. ¡Es lo que nos han prometido durante
años!
—Muy bien, no hacen falta libros. Pero el hombre no vive sólo de libros... ¡También vive de
pan!
—El individuo encuentra las vitaminas que necesita por... bueno, por una especie de instinto
que no puedo explicar.
Lancé una sonora carcajada ante esta afirmación tan ingenua en un físico culto.
—Lo siento, Schmeling, pero nuestra conversación es cada vez más ridicula. Me metí
demasiado en tu historia. Olvidemos toda esta charla de "estados perfectos" y "experiencia
trascendente", pues de lo contrario acabaremos como dos viejos sacerdotes budistas disputando
en un monasterio.
Pero no quiso acceder a mi deseo de dejar el tema antes de que la discusión se enconase y
amenazase nuestra amistad.
—No —insistió—. Míralo de este modo: eres un hombre humanitario y liberal, ¿no es cierto?
Das al individuo derecho a sostener sus propias ideas siempre que no interfieran
perjudicialmente con otro individuo.
Asentí sin escuchar, en realidad, pues ya me aburría la discusión.
—Las ideas son grandes o pequeñas según el individuo —continuó—. ¿Aceptarías que si
criticamos sus ideas según nuestra propia escala de valores, estamos siendo injustos con este
hombre?
—Sí.
—Lo mismo que es posible que un número infinito de cosas ocupen el mismo espacio que
nuestro planeta, teniendo espacio y tiempo como nosotros pero existiendo asimismo en una
serie de dimensiones distintas, así también todo ser humano tiene "dimensiones" individuales
propias. Hay muchos casos en que se comparten dimensiones comunes, pero precisamente por
ser esto cierto no tenemos más remedio que concluir que en consecuencia se comparten ¡todas
las dimensiones! Has de admitir , luego, que el derecho de ese Hombre a ser un individuo es
una necesidad tanto física como filosófica. ¡Que el aceptar las dimensiones compartidas como
las únicas importantes o "reales" y rechazar las individuales deJ individuo como "antinaturales" o
"erróneas" es negar una verdad física!
—Vamos, Schmeling. Te has enredado en tu especulación demasiado para que podamos
seguir con este asunto. Cálmate, llena esa pipa que yo ya me iré dentro de un momento. He de
admitir que nunca esperé oír decir tantos disparates a un hombre de tu inteligencia y tu sentido
común. Lo que postulas tú es la anarquía total... un estado odioso para cualquier criatura
racional. Gracias a Dios, las cosas no son así.
Miré con curiosidad a Schmeling, que se había relajado del todo y llenaba su pipa como le
había propuesto. Rió para sí, como por algún chiste particular.
—Veo que te das cuenta de que tengo razón —dije, sonriendo y levantándome.
—Ya verás tú como la tengo yo —dijo, riendo entre dientes.
—¿Qué quieres decir?
—Bueno, mi querido amigo, hemos construido ya varías máquinas como la que te describí.
Grandes. Están situadas en puntos estratégicos del mundo. Dentro de unas horas inundaremos
el planeta con sus efectos y empezará la vida real para los seres humanos, la Nueva Era... ¡La
era de la salvación!
No pude aguantar más.
Conmovido y alterado al ver un comportamiento tan infantil en una inteligencia tan
magnífica, me volví a casa. Pero sin poder liberarme del presentimiento de que lo que me había
dicho no era más que la libertad.
Ahora estoy en casa y sentado en mi estudio éstas escribo para notas análisis era en ello lo
que mi nutrida esa convicción orden...

FLUJO // EL LIBRO DE LOS MARTIRES // MICHAEL MPORCOCK

FLUJO // EL LIBRO DE LOS MARTIRES // MICHAEL MPORCOCK

FLUJO


Max File se echó hacia delante y dirigió una pregunta impaciente hacia el compartimento del
conductor.
—¿Cuánto falta para que lleguemos? —Luego recordó que aquel coche no tenía conductor.
Normalmente, como comandante en jefe de la Fuerza Nuclear Defensiva Europea, se permitía el
lujo de un chófer, pero aquel día su lugar de destino era secreto y ni siquiera él lo sabía.
El plan de ruta estaba guardado en la computadora del controlador automático del vehículo.
Se retrepó en el asiento, considerando que era inútil preocuparse.
El coche dejó la Ruta Principal como unos ochocientos metros antes de llegar al circuito
central de tráfico, que lanzaba vehículos y mercancías al sistema urbano circundante como una
gigantesca rueda giratoria. El coche se dirigía a los sectores más viejos de la ciudad, los más
próximos al suelo. File agradecía esto, aunque no se lo confesase a sí mismo. Sobre él seguía
aún aquel zumbar que abarcaba todo el horizonte y aquel vibrante murmullo de aquel paraíso
de ingenieros, pero era, al menos, más difuso. El ruido era de igual intensidad, pero más
caótico. Y a File le resultaba por ello más agradable. El coche se vio obligado a detenerse por
dos veces, ante las densas avalanchas de peatones que brotaban de las estaciones ferroviarias
públicas a presión, las caras crispadas y sudorosas, camino del trabajo.
File se mantenía impasible en estas paradas, aunque ya iba con retraso a la reunión. ¿Qué
sentido podía tener, se preguntaba, aquel Gargantúa que se asentaba aullando sin cesar, sobre
el continente? Jamás dormía; nunca cesaba de aullar, orgulloso, su propio poder. Y por muy
benévola que Europa fuese hacia sus cientos de millones de habitantes, no había duda de que
estos eran, todos y cada uno, sus esclavos.
¿Cómo habría surgido, cuál sería su fin? El exceso de desarrollo era ya tan notorio
internamente que los seres humanos apenas encontraban sitio para vivir allí. Mirando desde el
espacio, pensaba, no debían verse seres humanos. Debía parecer sólo una máquina de
movimientos rápidos y maravillosa potencia, sin ningún objetivo.
Max File no tenía gran fe en la capacidad de la Comunidad Económica Europea para
prolongar indefinidamente su existencia. Se había desarrollado muy deprisa, pero lo había hecho
sola, sin las ventajas de una planificación humana racional. Por eso podían percibirse ya,
pensaba, las semillas del derrumbe inevitable.
Pacientemente, el coche se lanzó a toda marcha a través de la multitud, enfiló un canal
despejado y siguió luego su complicada ruta. Más tarde, se abrió camino por un laberinto de
señales, direcciones y cruces elevados antes de parar frente a un pequeño edificio de tres
plantas que poseía un áspero pero sólido sello de autoridad.
Había guardias a la entrada, claro indicio de la gravedad de la emergencia. File fue escoltado
hasta la quinta planta. Allí le hicieron pasar a una cámara sin ventanas, con artesonado de
madera e iluminación agradable y pródiga. En la mesa oval se había reunido ya el gobienro de la
Comunidad Económica Europea, que esperaba silencioso su llegada. Los ministros alzaron la
vista cuando entró.
Constituían un grupo extrañamente tranquilo y serio, con sus clásicos trajes, todos oscuros,
el papel en blanco ante ellos en limpios cuadrados. Predominaba una atmósfera de prudente
contención. La mayoría de los ministros sólo dirigieron a File cabeceos distantes cuando entró y
luego bajaron parcamente los ojos, como antes. File devolvió los cabeceos. Les conocía a todos,
aunque no íntimamente. Todos tendían siempre, por alguna razón, a guardar las distancias con
él, pese a la elevada posición de que disfrutaba... y a la que parecía destinado desde la niñez.
Sólo el primer ministro, Strasser, se levantó a darle la bienvenida.
—Siéntese File, por favor —dijo.
File estrechó la mano que le ofrecía el viejo y luego se dirigió a su sitio. Strasser empezó a
hablar de inmediato; era evidente que pretendía que la reunión fuese breve y fructífera.
—Como todos sabemos —empezó—, la situación en Europa ha llegado al borde de la guerra
civil. Sin embargo, la mayoría de nosotros sabe también que no estamos hoy aquí para analizar
un plan de acción. Me dirijo especialmente a usted, File. Estamos aquí para comprender nuestra
posición y para proponer una misión.
Strasser se sentó e hizo un gesto protocolario al individuo que estaba a su derecha. Standon,
pálido y huesudo, inclinó la cabeza hacia File y dijo:
—Cuando nos sentamos por primera vez a analizar este problema, pensamos que no difería
de las demás crisis de la Historia... consideraríamos primero los objetivos y la intención de las
facciones políticas y económicas enfrentadas, y luego, decidiríamos a quien respaldar y a quien
combatir. Pronto descubrimos nuestro error. Comprendimos primero que Europa es sólo una
entidad política, no una entidad nacional, con lo que desaparécela la base más elemental de
actuación. Luego intentamos abarcar todo el sistema que consideramos Europa... y fracasamos.
¡Europa es inviable como una economía industrial!
Hizo una pausa y pareció brotar justo debajo de la superficie de su cara una extraña
emoción. Se agitó inquieto y siguió luego con tono más firme.
—Somos el primer gobierno de la Historia que tiene conciencia de no saber controlar los
acontecimientos y está dispuesto a admitirlo. El continente que tenemos a nuestro cargo se ha
convertido en el fenómeno más descomunal, complejo y tenso que haya existido jamás en la
superficie del planeta. No sabemos controlarlo, como no sabemos controlar el mecanismo que
rige el crecimiento de un organismo vivo concreto. Algunos somos de la opinión de que la
industria europea se ha convertido en realidad en un organismo vivo... pero un organismo que
no tiene la sensatez y la certeza de un buen desarrollo que tiene un organismo natural. Nació al
azar y siguió luego sus propias leyes. Hay uno entre nosotros —indicó al severo Brown Gothe,
que se sentaba al otro lado de la mesa— que compara a Europa con un cáncer.
A File le pareció curiosa la gran similitud que había entre las conclusiones del ministro y sus
propios pensamientos de unos minutos antes.
—Europa sufre de compresión —continuó Standon—. Todo está tan presurizado, energías y
procesos están tan sólidamente apoyados unos en otros, que todo el sistema se ha fundido en
un plenum sólido. En el plano político, no hay sencillamente espacio para maniobrar. No
podemos determinar, por tanto, el curso de los acontecimientos ni por computación ni por
cálculo ni por sentido común, y no podemos conocer las consecuencias de ninguna acción
determinada. En suma, ignoramos por completo el futuro, participemos o no en él.
File echó un vistazo a los reunidos. La mayoría de los ministros aún contemplaban
pasivamente sus cuadernos de notas. Uno o dos, con Strasser y Standon, le miraban
expectantes.
—Yo he llegado a la misma conclusión —dijo—. Pero supongo que habrán decidido ustedes
algo.
—No —dijo vigorosamente Standon—. Esa es la base del asunto. Si las cosas estuviesen tan
claramente definidas, no habría este problema... no tendríamos más que elegir uno de los dos
campos. Pero no hay dos facciones... hay tres o cuatro... tres o cuatro, con más de fondo. La
idea misma de qué es mejor pierde sentido cuando no sabemos lo que va a pasar. Lógicamente,
el único criterio de lo indeseable es la destrucción de la Comunidad, pero incluso en tal caso,
¿quién sabe? Quizá nuestro crecimiento haya llegado a ser tan monstruoso que no tengamos ya
posibilidad de seguir existiendo. No hay ideales que nos guíen y, en cualquier caso, ya no hay
una dirección deliberada en lo que a Europa se refiere.
Standon apartó los ojos de File y pareció meditar un instante.
—Podían añadir —dijo—, que después de disponer de varias semanas para pensar sobre el
asunto, opinamos que ha sucedido siempre esto en los asuntos políticos. Lo que le dio al
estadista del pasado la ilusión de que tenía libertad para determinar los acontecimientos, fue
sólo el que quedaba espacio libre aún para maniobrar. Ahora ya no lo hay, y la ilusión se ha
disipado, y nos damos cuenta de nuestra impotencia, y todo resulta mucho más aterrador, al
mismo tiempo.
Hizo otra pausa, se encogió de hombros, y luego continuó:
—Por ejemplo, Europa, debido a su inmensidad, podría absorber gran número de explosiones
nucleares de fusión y seguir funcionando. No hace falta que añada que, en el momento actual,
puede adquirir tales armas cualquier empresa grande. Creemos incluso que hay algunas bombas
de pequeña potencia en manos de grupos minoritarios.
File reflexionó con la mayor tranquilidad posible. De pronto, la crisis había saltado los límites
de las consideraciones prácticas para caer en los dominios de la filosofía. Parecía absurdo, pero
no cabía más que admitir el hecho.
File apreciaba la cautela de aquellos hombres tan serenos. Temía como ellos la tiranía, pero
había muchas advertencias en la Historia contra las medidas preventivas precipitadas. Fue para
evitar la tiranía para lo que asesinaron a César los conspiradores, y al cabo de unas horas, las
consecuencias de su estúpida acción habían sumergido al estado en un caos aterrador peor aún
de lo que ellos habían imaginado. Los ministros tenían razón: no había lo que llaman voluntad
libre, y el estado sólo era manejable si era tan simple como para no salirse nunca de sus raíles.
—Supongo que se habrá hecho todo lo posible por intentar determinar el curso de los
acontecimientos —dijo—. Que se habrá recurrido a la cibernética...
Standon le dirigió una sonrisa tolerante.
—Se ha hecho todo —dijo.
Como si esto fuese una clave, habló un tercer hombre. Appeltoft, cuyo sector concreto era el
de la ciencia y la tecnología, era más joven que los otros y algo más apasionado. Alzó la vista
para dirigirse a File.
—Nuestra única esperanza estriba en destruir a tiempo como se estructuran los
acontecimientos... esto puede parecer sumamente teórico, considerando que se trata de un
problema grave y real, pero así están las cosas. Con el fin de emprender una acción eficaz en el
presente, es necesario que conozcamos antes el futuro, y esta es la misión que pensamos
encomendarle a usted. El Complejo Investigador de Ginebra ha descubierto un medio de
depositar a un hombre unos cuantos años en el futuro y volverle a traer. Le enviaremos a usted
a diez años en el futuro para que descubra qué va a suceder, cómo van a evolucionar los
acontecimientos. Luego volverá usted, y nos informará de lo que descubra y utilizaremos esa
información para encauzar nuestras acciones y también para analizar, científicamente, las leyes
que rigen el discurrir del tiempo. Esperamos dar así con un método de gobierno humano que
puedan utilizar las generaciones futuras y eliminar, quizás, el elemento azar de los asuntos
humanos.
A File le impresionaba mucho aquel método tan directo y tan poco convencional que había
adoptado el Gabinete para resolver su dilema.
—Saldrá usted inmediatamente —le dijo Appletoft, interrumpiendo sus pensamientos—.
Después de esta conferencia, volaremos usted y yo a Ginebra, donde los técnicos tienen
dispuesto el aparato.
Y añadió, con una sombra de amargura en la voz:
—Hubiese preferido ir yo mismo, pero... —se encogió de hombros e hizo un débil gesto de
decepción, indicando al resto del Gabinete.
—Una pregunta —dijo File—. ¿Por qué me han elegido a mí?
Los ministros se miraron. Habló Starsser.
—El motivo es su educación, Max —dijo respetuoso—. Las dificultades con que nos
enfrentamos ahora empezaron a aparecer hace una generación. El gobierno de entonces decidió
educar a un pequeño grupo de niños según un nuevo sistema pedagógico. El propósito era
lograr individuos capaces de comprender con detalle y abarcar la inmensidad de la civilización
moderna, a través del aprendizaje compulsivo de cada materia. El experimento fue un fracaso.
Todos los compañeros suyos perdieron la razón. Usted sobrevivió, pero no se convirtió en el
producto que habíamos previsto. Para impedir un desequilibrio mental se eliminó, en su caso,
por medios hipnóticos, gran parte de la información inoculada. El resultado es usted tal como
es: un super-diletante, con una profunda curiosidad y una capacidad realmente grande de
mando. Le asignamos el puesto que ostenta en la actualidad, y nos olvidamos totalmente de
usted. Ahora es la persona ideal para nuestros propósitos.
File sintió un sobresalto en su interior: sobre todo porque aquel relato coincidía
perfectamente con sus propias sospechas respecto a sus orígenes. Consiguió recuperarse de la
sorpresa y no sumergirse en la introspección.
—Así que fui el único que consiguió superarlo. No entiendo por qué.
Standon miró fijamente a File a la tenue luz. Una vez más aquella extraña capa de emoción
pareció agitarse en él, por debajo de sus rasgos, pero sin afectar a los músculos ni a la piel.
—Por su tenacidad, señor File. Porque suceda lo que suceda, tiene usted capacidad para dar
con una salida.
File salió del edificio aún más consciente de sus especulaciones que antes. Appletoft salió con
él, y el coche les llevó suavemente hacia el centro aéreo más próximo.
Ahora tenía ya un clavo del que colgar sus pensamientos. El orden de sucesión del tiempo.
Sí, no había duda de que la explicación de los titánicos fenómenos a través de los cuales le
estaban llevando, se hallaba en el orden de sucesión del tiempo.
Miró a su alrededor, comprobando lo literalmente cierto que era lo que acababan de
explicarle los ministros.
Tras la formación de la Comunidad Económica, a la que acabaron incorporándose todos los
países europeos, había aumentado fantásticamente la capacidad del continente. El desarrollo
económico se había potenciado tanto, que llegó a hacerse imprescindible apuntalar toda la
estructura desde abajo. Poco a poco, este apuntalamiento llegó a hacerse inmenso, hasta que la
Comunidad quedó ligada al suelo, un monstruo rígido e inmutable, canturreando y bramando de
energía.
No se había materializado siquiera la airosa promesa arquitectónica del siglo anterior. Las
construcciones ante las que pasaba el vehículo tenían un aire de pesadez wagneriana y
bloqueaban la luz del sol.
Se volvió a Appletoft:
—Así que dentro de una hora estaré a diez años en el futuro. ¡Es una proposición absurda!
Appletoft se echó a reír, como para indicar que percibía la paradoja.
—Pero, dígame —continuó File—. ¿Ignoramos la naturaleza del tiempo hasta el punto que
me dijo y podemos llegar, sin embargo, a viajar en él?
—Sabemos más de lo que usted cree sobre la naturaleza del tiempo, lo que ignoramos es su
estructura y su orden —le explicó Appletoft—. Lo que nos permite transmitir a través del tiempo,
no nos da ninguna clave de esto... en realidad, nos indica que no hay orden de sucesión en el
tiempo, lo que es prácticamente absurdo.
Appletoft hizo una pausa. Su actitud hacia File hacía pensar a éste que el científico aún no
aceptaba la idea de que no le dejasen ser el primero que viajase en el tiempo, aunque intentase
ocultarlo. File no se lo reprochaba, desde luego. Cuando un hombre ha trabajado fanáticamente
por algo, debe ser un golpe serio ver que un completo desconocido se aprovecha de los frutos
de su trabajo.
—Persisten dos teorías —continuó al fin Appletoft—. La primera, que es la que yo apoyo, es
el enfoque racional de sentido común: pasado, presente y futuro sucediéndose en una línea
interminable, en la que cada acontecimiento tiene una posición definida. La idea no se ha
prestado, por desgracia, a la formulación matemática. La otra idea, que sostienen algunos de
mis colegas, es la siguiente: El tiempo no es en absoluto un flujo que avanza hacia delante.
Existe como una constante: todas las cosas están sucediendo en realidad al mismo tiempo, pero
los seres humanos aún no han logrado percepciones innatas que les permitan verlo así.
Imagínese un escenario circular con una sucesión de elementos desarrollándose en torno,
representando, digamos, periodos de la vida de un hombre. En ese caso, los interpretarían
distintos autores, pero, en la realidad del tiempo, es el mismo hombre quien interpreta todos los
papeles. Según esto, una alteración de una escena afecta a todas las escenas subsiguientes, en
circulo completo hasta el principio.
—Así que el tiempo es cíclico... ¿lo que hagas en el futuro puede influir en tu pasado futuro,
como si dijésemos?
—Sí, según la teoría... Se han deducido algunas fórmulas, pero no son totalmente correctas.
Todo lo que sabemos, en realidad, es que podemos llegar a depositarle a usted en el futuro y
probablemente volver a traerle.
— ¡Probablemente! ¿Han tenido fallos?
—El 33 por ciento de los animales que utilizamos en los experimentos no volvieron —dijo
tranquilamente Appletoft.
Desde el centro aéreo, tardaron menos de una hora en llegar al complejo investigador de
Ginebra. Desde el receptor aéreo del tejado, Appletoft le condujo hasta los laboratorios
subterráneos, recorriendo un trayecto de casi un kilómetro hacia abajo. Por último, sacó del
bolsillo una anticuada llave-cadena, unida a una pequeña radio-llave. Accionó el mecanismo y a
unos metros de ellos se abrió una puerta.
Entraron en una cámara pintada de azul con las paredes cubiertas de lo que parecían
entradas de programas computados. Allí estaban esperando varios técnicos vestidos de blanco.
En el centro de la habitación había una silla, instalada sobre un pedestal. Un pequeño brazo
giratorio contenía una cajita con indicadores e instrumentos sobre las superficies externas. Pero
lo más notable eran tres barras traslúcidas que parecían irradiar desde detrás de la silla, una
dirigida totalmente en linea recta hacia arriba, y las otras dos en ángulos rectos a ambos lados.
El suelo estaba cubierto de bastidores en los que se apoyaba una red de hélices y canales
electrónicos semiconductores, que salían de la silla como tela de araña. File intentó interpretar
la instalación en la jerga seudocientífica, que era su medio de comprender la tecnología
contemporánea. Electrones... indeterminación. .. ¿para qué serían aquellas tres varillas?
—Este es el aparato de transmisión en el tiempo —le dijo Appletoft sin preámbulos—. El
aparato concreto permanecerá aquí en el presente: sólo se transmitirá en el tiempo esa silla,
con usted encima.
—¿Así que lo controlarán todo ustedes desde aquí?
—No exactamente. Será un "vuelo potenciado", como si dijésemos, y llevará usted los
controles. Pero la unidad energética seguirá aquí. Si la misión se complica, puede que podamos
hacer algo y puede que no. Probablemente ni siquiera lo sepamos. Las tres varillas acopladas a
la silla, representan las tres dimensiones espaciales. Cuando giren fuera del verdadero espacio,
empezará el movimiento en el tiempo.
Cruzando con cuidado entre los bastidores, llegaron a la silla. Appletoft explicó para qué
servían los controles y los instrumentos.
—Este es el indicador de velocidad... no podrá usted controlarlo, es todo automático. Este
mando de aquí es el de "parada" y "arranque"... está indicado, como puede ver. Y éste indica el
punto en el tiempo que ocupa usted, en años, días, horas y segundos. Todo lo demás está
programado. Como ve, ahora el marcador indica cero. Cuando llegue usted, indicará
aproximadamente diez años.
—Unidad de tiempo, ¿verdad? —repuso File—. Lo que podría tener dos significados, según lo
que acaba usted de explicarme.
—Es usted astuto —dijo Appletoft con un cabeceo—. Desde un punto de vista pragmático, mi
visión pesonal del tiempo en línea recta está más próxima al funcionamiento del transmisor
temporal. Y, de cualquier modo, es más fácil de entender.
File estudió el aparato, casi un minuto, sin decir palabra. El silencio se prolongaba. Aunque él
no se diese cuenta, crecía la tensión.
—Bueno, no podemos seguir así eternamente —cortó Appletoft con súbita ferocidad—.
¡Pongamos en marcha este trasto! ¡No disponemos de todo el día!
File le miró con perplejo reproche.
—Perdóneme —dijo Appletoft tranquilizándose—, pero si viese usted la envidia que le tengo.
Será el primero que tenga oportunidad de descubrir el secreto del tiempo, que es el secreto del
universo mismo.
Bueno, pensó File, contemplando la cara vivaz y flaca del joven ministro, si hubiese tenido su
resolución, podría haber sido un científico y haber hecho descubrimientos en vez de ser un
diletante de mierda.
—Un diletante —murmuró en voz alta.
—¿Eh? —dijo Appletoft—. Bueno, adelante, empecemos.
File se colocó en el asiento de la parte posterior de la silla. Unas lentes de cámara apoyadas
en los hombros.
—¿Sabe usted lo que tiene que buscar? —preguntó por fin Appletoft.
—Por supuesto. Además... tengo tantas ganas de ir como usted.
—Entonces de acuerdo. La máquina está lista. Presione la palanca de "puesta en marcha".
Pasará automáticamente a "parada" al final del viaje.
File obedeció. Al principio no pasó nada. Luego le dio la impresión de que las varillas
traslúcidas, que podía ver por el rabillo del ojo, giraban en el sentido de las agujas del reloj,
aunque no pareciesen cambiar de posición. La estancia parecía girar al mismo tiempo en
dirección opuesta... se trataba de nuevo de movimiento sin cambio de posición.
El efecto era exactamente como el de haber bebido demasiado. File se sentía mareado. Miró
el indicador de velocidad. Un minuto por minuto... ¡marcando tiempo! Uno y medio, dos...
El laboratorio se esfumó con un extraño parpadeo. Estaba en una neutra niebla gris,
abandonado a las sensaciones.
La primera sensación fue la de que participaba en el movimiento rotatorio... que le impulsaba
con fuerza hacia la izquierda. Al aumentar su ángulo con la vertical, aumentó la segunda
sensación: un impulso creciente, una velocidad acumulada hacia un destino sin nombre.
000001.146.15.0073... los números se deslizaban deprisa a la derecha, despacio a la
izquierda. 000002-3-4-5-6-7.
Luego, volvió la náusea, la sensación de estar girando.. .en la otra dirección ya. Las luces le
cegaban.
000010.000.00.0000
En cuanto se acostumbró a ella, la luz pasó a resultar en realidad poco intensa. Aún estaba
en el laboratorio, pero el laboratorio estaba desierto, iluminado por luces de emergencia que
brillaban débilmente en el techo. No estaba en ruinas, no había indicio alguno de violencia, pero
aquello llevaba tiempo deshabitado, era evidente.
Bajó de la silla, se dirigió a la puerta, utilizó la radio-llave que le había dado Appletoft, salió y
cerró luego la puerta. Siguió por el pasillo, cruzó los otros departamentos.
No podía estar desierto todo el recinto, sólo habían transcurrido diez años. Debía haber
sucedido de pronto algo terrible.
Frunció el ceño, irritado consigo mismo. Claro que tenía que haber ocurrido algo, por eso
estaba allí.
Las calles de los niveles altos de Ginebra estaban también desiertas. Divisó a lo lejos las
cimas de los montes, que asomaban entre las carreteras metálicas. Faltaba el estruendo de la
ciudad. Se oían algunos ruidos, pero eran apagados e irregulares.
Al montar en una rampa intermedia, vio a una o dos personas, solas. Nunca había visto tan
poca gente. El medio más rápido de averiguar lo sucedido sería localizar la biblioteca y leer algo
sobre la historia reciente. Eso podría darle alguna pista.
Llegó al edificio que se alzaba a través de varias capas de calle desierta. Sobre la entrada
había un inmenso letrero negro que decía:
HOMBRES SOLO
Desconcertado, File entró en la fresca penumbra y se acercó al tenso joven de la ventanilla
de información.
—Perdone —dijo, y dio un respingo al ver que el individuo sacaba una pistola de debajo del
mostrador y le apuntaba.
—¿Qué quieres?
—He venido a consultar textos recientes que traten del desarrollo de Europa en los últimos
diez años —dijo File.
El joven frunció los finos labios. Sin dejar de apuntarle con el arma, dijo:
—¿Desarrollo?
—Soy un investigador serio... lo único que quiero es conseguir cierta información.
El joven dejó el arma y, con una mano, pulsó las teclas de un archivador. Sacó dos tarjetas y
se las entregó a File.
—Planta quinta, sala 543. La llave es ésta. Cierre la puerta cuando entre. La semana pasada,
un grupo de mujeres consiguió atravesar las barricadas y estuvieron a punto de achicharrarnos.
Se ve que les gusta la carne precocida.
File frunció el ceño pero no dijo nada. Se dirigió hacia los ascensores.
—No sabes demasiado de nuestra biblioteca para ser un investigador —dijo el joven—. El
ascensor lleva ya cuatro años sin funcionar. Las mujeres controlan todas las fuentes básicas de
energía.
Aún en un dilema, File subió andando hasta la quinta planta, localizó la sala que quería, abrió
la puerta, entró, cerró luego con llave...
Se sentó ante el visor, pulsó los botones adecuados en el cuadro de mandos y empezaron a
aparecer las páginas en la pantalla.
'Mmmmmm... Veamos... Investigaciones de los miembros de la Fundación Dalmeny. Artículo
VII: RESULTADOS PARCIALES DEL EXPERIMENTO BAVARO...
—Guerra civil inminente, el Consejo la evita de modo temporal prometiendo que a través de
la investigación podrían satisfacerse las peticiones de que se diese solución a los problemas de
la Sobrecompresión. Esto, como hoy sabemos, era una maniobra de obstrucción, pues, más
tarde, admitieron que no tenían capacidad para predecir el resultado de ninguna tendencia. La
facción encabezada por el difunto Stefan Untermeyer, una de las más poderosas, exigió que se
le permitiese llevar a cabo un experimento controlado.
—El Consejo, impotente, cedió al fin y se seleccionó una gran parte de Baviera para que
pudiese realizarse el plan de la facción Untermeyer. Este plan exigía la segregación sexual. Se
separaba a hombres y mujeres y se aplicaba a ambos un psicocondicionamiento intensivo
destinado a que odiasen al sexo opuesto. Luego se aprobaron leyes que castigaban con la pena
de muerte, el contacto con el sexo opuesto. Esta ley hubo de aplicarse con frecuencia, aunque
no con la que en principio se había imaginado. Curiosamente Untermeyer fue uno de los
primeros a quienes hubo de aplicarse la ley.
—Resulta difícil hoy realizar una valoración clara de los resultados de este experimento (del
que tan deprisa se perdió el control y que condujo a una verdadera guerra entre los sexos, aún
vigente, con tantos casos de canibalismo en que cada sexo considera perfectamente legal
devorar a los miembros del otro) pero es evidente que las medidas de reasimilación han tenido
hasta ahora escaso éxito y que, dado que este credo se ha extendido ya por Alemania,
Escandinavia y por todas partes, es muy probable que se produzca una reducción espectacular
de la vida en el norte de Europa. A la larga, claro está, se producirá una repoblación cuando las
hordas nómadas de Francia y España presionen hacia el norte. Europa, una vez arruinada, seré
presa fácil de conquista, y cuando América y el Oriente Unido pongan fun a sus pleitos, por la
fuerza o por la negociación pacífica, la única salvación de Europa quizás sea ponerse al abrigo
de una de esas potencias. Aunque, como sabemos, ambas potencias tienen problemas similares
a los de esta Europa agonizante.
File frunció los labios, consultó la otra tarjeta y pulsó una serie de teclas.
—Nadie podría haber predicho esto. Pero parece que aún empeorará la situación. Veamos
qué es esto: RESULTADOS DEL COMITÉ VINER PARA LA INVESTIGACIÓN DE LA
DESINTEGRACIÓN SOCIAL EN EL SUR DE EUROPA.
—Los objetivos del Comité eran los siguientes: Investigar la desintegración de la sociedad
europea pre-experimental en el sur de Europa y proponer medidas para reorganizar la sociedad
y convertirla en un conjunto operativo.
—Como es del dominio público, el Consejo Europeo concedió permiso al Grupo de Faseo
Demográfico para realizar un experimento en Grecia. El grupo, utilizando los principios de la
animación suspendida, descubiertos unos años antes por Batchovski, introdujo un control
absoluto de la natalidad y colocó a tres cuartas partes de la población griega en animación
suspendida, considerándose que la otra cuarta parte sería suficiente para desempeñar los
servicios públicos y sociales y así, razonando, muy racionalmente al parecer, que de este modo
se evitaría una mayor explosión demográfica, el exceso de población sería menor y podría
aminorarse el crecimiento de nuestra sociedad. Después de un tiempo, pasaría la primera cuarta
parte a animación suspendida y sería sustituida por la cuarta parte siguiente, etc. Este proceso
fásico, parecía la solución más razonable al llamado Problema de Europa.
—Sin embargo, al librar a la población de la claustrofobia, el sistema produjo un efecto de
agorafobia extrema. La gente, acostumbrada a vivir muy agrupada, empezó a mostrarse
inquieta y la tensión que había precedido a la aplicación del Experimento del Grupo de Paseo
Demográfico, se orientó por nuevos canales. Las masas, con indicios de neurosis extrema
completamente enloquecidas y sordas a cualquier razón, atacaron las llamadas Bóvedas de
Animación Suspendida y exigieron la liberación de sus parientes y amigos. Las autoridades
intentaron dialogar, pero, en el tumulto que siguió, fueron o asesinadas o puestas en fuga. Las
masas, incapaces de manejar las máquinas que mantenían al resto de la población en animación
suspendida, las destruyeron, matando a los que habían intentado despertar.
—Cuando el Comité llegó al sur de Europa, se encontró con una sociedad en decadencia. Se
habían hecho pocas tentativas de remontar la situación, la gente vivía en las aglomeraciones
urbanas, inmensas y despobladas, en pequeños grupos, combatiendo el azote de las bandas
errantes de Francia, España e Italia, donde un fanático religioso había iniciado antes,
inesperadamente, una guerra santa contra una sociedad automatizada pero manejable. Este
movimiento de "vuelta a la naturaleza", creció como bola de nieve. Se destruyeron las
instalaciones energéticas y se importaron millones de toneladas de tierra de África para sepultar
las ruinas. En el caos que siguió, la gente se disputaba por la fuerza, los escasos restos de
alimentos que podían cultivarse en la tierra seca importada y en los Espacios de Vacaciones.
Inglaterra, que sufría ya los efectos de este desastre y no podía obtener suministros suficientes
para alimentar de modo adecuado a su propia población, envió ayuda al principio, pero se vio
obligada a prescindir de esta medida para resolver sus propios problemas: La propagación
súbita de una enfermedad desconocida, similar al tifus, que, según se descubrió, había llegado a
través de unos refugiados yugoeslavos, víctimas de la introducción en el mercado de un
producto alimenticio sintético que contenía los gérmenes. Cuando llegamos al sur de Europa, se
habían desintegrado los servicios públicos de todo el continente y sólo la Fundación Dalmeny
(que nos había patrocinado) y media docena de grupos menores bien organizados, lograban
mantener realmente alguna actividad académica...
File iba leyendo estos textos deprimentes, pálido y serio. Comprobó minuciosamente los
documentos una y otra vez; se retrepó en su asiento y meditó.
El carácter brutal de los experimentos le dejaba atónito. No podía haber mejor confirmación
de lo que se había dicho en la reunión del Gabinete, y le hacía dudar ya de que pudiese hacerse
algo para evitar la catástrofe. Si tan ciegos y necios eran los hombres, ¿cómo iba a poder
salvarles ni siquiera la mente incisiva de Appletoft? Aún suponiendo que lograse hacer un
análisis claro y manejable de los acontecimientos, a partir de la información obtenida por File...
Comprendía que ese aspecto del asunto quedaba fuera de su competencia y quizás la
confianza de Appletoft tuviese sentido. Se apresuró a regresar al laboratorio, montó en la silla
de la máquina del tiempo y apretó la palanca de "puesta en marcha". 000009.000. 0000003...
Pronto le rodeó como antes una niebla grisácea. Rotación e impulso empezaron a grabase en
sus sentidos.
Luego, empezaron a bailar como locos los indicadores, 009000.100,02.40 -
000175.000.03.08000 - 630946. 020.44.1125.
Algo había ido mal. Intentó desesperadamente parar la máquina e inspeccionar los controles,
pero todos los indicadores marcaban cero.
Y el laboratorio había desaparecido. Le rodeaba la oscuridad.
Estaba en el limbo.
—00000.000.00.0000
File no supo cuánto estuvo viajando por el vacío.
Poco a poco, la niebla empezó a volver, y luego, tras lo que le pareció un tiempo
interminable, giró ante sus ojos una masa confusa de impresiones.
Por último, la máquina del tiempo quedó quieta, pero File no se paró a ver qué había. Apretó
de nuevo el botón de "puesta en marcha".
No pasó nada. File inspeccionó todos los indicadores, uno tras otro, mirando detenidamente
uno, que, según le había dicho Appletoft. registraba el "potencial-tiempo" de la máquina, es
decir, su capacidad de viajar por el tiempo.
El indicador marcaba cero. File estaba varado.
El treinta y tres por ciento de nuestros animales no regresan. El comentario de Appletoft se
deslizó sardónicamente en su memoria.
Las cámaras que tenía sobre los hombros canturreaban casi imperceptiblemente, mientras
grababan la escena en microcinta. File alzó sombríamente la cabeza y echó un vistazo
alrededor.
La vista era maravillosa pero extraña. El paisaje consistía en un polvo de un naranja oscuro,
sobre el que vagaban lo que parecían nubes, masas púrpura que rodaban y corrían por la
superficie del desierto. En el horizonte de aquel estéril escenario, se veían los perfiles de
edificios grotescos... ¿o eran sólo formaciones rocosas?
Miró hacia arriba. No había en el cielo nubes; eran, evidentemente. demasiado densas para
flotar en aire libre. Un pequeño sol colgaba, bajo y rojo, en un cielo azul oscuro, donde
atisbabán unas estrellas desvaídas.
Le latía el corazón muy aprisa: cuando lo advirtió, se dio cuenta de que su respiración era
más profunda de lo habitual, y que cada tercera inspiración era casi un jadeo. ¿Estaría tan
alejado de su propia época que era diferente hasta la atmósfera?
¡Skrrak! El sonido llegaba con un tono frágil y quebradizo, atravesando el fino aire. File volvió
la cabeza, sorprendido.
Avanzaba hacia él un grupo de bípedos, sustentados en huesudas y delicadas extremidades
entre estratos de nubes púrpuras que les cubrían hasta la rodilla; estaban a unos cientos de
metros de distancia. Eran humanoides, pero huesudos, feos y claramente no humanos. El jefe,
que debía medir unos 2,10 de altura, gritaba y señalaba a File y a la máquina.
Otro hacía señas con las manos: "¡So Skrrak -dek svala yaa!"
Eran unos diez individuos y llevaban lanzas largas y finas. Tenían el torso y las piernas
cubiertos de vello tupido. En la cabeza triangular, destacaban grandes arcos de huesos sobre los
ojos y bajo ellos, de modo que parecían llevar casco. Cuando se acercaron más, con cautela,
como en cámara lenta, vio que se agitaban en sus cabezas finos mechones de pelo.
Cuando se aproximaron, File vio que algunos llevaban extrañas armas, como rifles, y que el
jefe llevaba un instrumento en forma de caja con una especie de lente a un lado, con la que
estaba apuntando en su dirección.
File sintió el calor de un pálido rayo verde e intentó esquivarlo. Pero la extraña criatura le
siguió habilidosamente.
Tras uno o dos segundos, se alzó un ronroneo en su cerebro. Bloquearon su mente
fantásticos colores, que se disgregaban en ondas blancas y doradas. Llamearon luego detrás de
sus ojos formas geométricas. Luego palabras. Al principio en el cerebro, luego en los oídos.
—¿Cual es tu tribu, forastero?
Estaba oyendo el lenguaje gutural de aquel extraño ser y tratando de comprenderlo. La
criatura pulsó una palanca de la parte superior de la caja y el rayo se apagó.
—Soy de otro tiempo —dijo File con naturalidad.
Los guerreros agitaron las armas, inquietos. El jefe hizo un torpe gesto, como si su estructura
ósea le quitase facilidad de movimiento.
—Eso sería una explicación.
—¿Explicación?
—Conozco a todas las tribus, y tú no correspondes a ninguna de ellas.
El guerrero desvió su enorme cabeza para examinar brevemente el horizonte. Luego
continuó:
—Nosotros somos los yulks. A menos que pienses irte de inmediato, será mejor que nos
acompañes.
—Pero, mi máquina...
—También nos la llevaremos. No querrás que la destruyan los raxas, que no permiten que
exista más criatura o artefacto que ellos.
File caviló unos segundos. La silla y sus tres varillas eran fáciles de transportar, pero, ¿era
prudente moverla?
Y volvió a pulsar, tranquilamente, el inútil mecanismo de "puesta en marcha". ¡Maldita sea! Si
la máquina no funcionaba ya, ¿qué más daba que le llevase a la Luna? Y sin embargo, irse con
aquellos extraños seres cuando su único objetivo era volver al Complejo de Ginebra, parecía el
más disparatado de los absurdos.
Le embargaba una sensación agobiante de fracaso.
Empezaba a darse cuenta de que no podría volver nunca a Ginebra. Los científicos ya sabían
que había un fallo en su sistema de transmisión temporal. Estaba ya seguro de que la silla, con
sus tres varillas, había perdido todo contacto con el equipo del laboratorio. De hecho, ya no era
una máquina del tiempo, lo cual significaba que estaba condenado a quedarse allí el resto de su
vida.
Desesperado, dio su consentimiento. Cuatro guerreros cargaron con la silla y el grupo se
lanzó a cruzar el ocre desierto, examinándolo nervioso mientras lo recorrían.
Siempre que podían evitaban las móviles nubes, pero a veces los bancos de vapor púrpura
pasaban sobre ellos, arrastrados por la brisa, y tenían que cruzar a través de una niebla
bermeja. File se dio cuenta de que aquellos seres extraños empuñaban con más fuerzas sus
armas cuando pasaba esto. ¿Qué temerían? Hasta en aquel mundo desolado y semidesierto
había conflictos v dramas...
Un viaje de una hora les llevó hasta un poblado de tiendas arracimadas en la ladera de una
colina baja. Hacia la mitad de la ladera, se veía un sector cuidadosamente cultivado de una
vegetación tan rala que parecía que sólo a duras penas podía mantenerse en aquel estéril
desierto. Sobre el campamento había cinco vehículos aéreos, todos de más de treinta metros de
longitud, unas gráciles máquinas de popas anchas y achatadas y aguzadas proas. Una corta
cubierta despejada se proyectaba de popa a proa por la parte superior de cada vehículo, y
delante, había como un encaje de ventanas.
File contempló asombrado aquellas embarcaciones. Eran un curioso contraste con las
viviendas claramente nómadas de abajo, entre las que había pálidas hogueras y se secaban
pieles de animales.
Acababan de preparar una comida. La máquina del tiempo de File la llevaron a una tienda
vacía y a él le convidaron a comer con el jefe. Cuando entró en la mayor tienda del poblado y
vio a la nobleza de aquella pequeña tribu agrupada en torno a una cazuela de verduras, con las
armas al lado, se dio cuenta de qué le evocaban.
Saurios.
Empezaron a comer en cuencos de cristal. Daba la sensación de que aquella gente sabía
trabajar los silicatos del desierto y con la misma destreza con la que construían vehículos
aéreos... si es que no se lo habían robado a gente más civilizada.
File descubrió, también, en el curso de la comida, que la máquina con la que el guerrero le
había disparado en el desierto era sumamente eficaz. Le había reeducado totalmente, de modo
que pudiese hablar y pensar en otro idioma, aunque al mismo tiempo pudiese, si quería,
distanciarse ligeramente, apreciar la ajenidad de los sonidos que brotaban tanto de su boca
como de las de los yulks.
El jefe se llamaba Gzerhteak, un sonido casi imposible para oídos europeos. Respondió
mientras comían, a las preguntas de File, con la mayor frialdad.
Por lo que le explicaron, File supuso que aquello era la Tierra en una época remota, una
Tierra millones, quizás billones de años por delante de su propia época, y que estaba casi
totalmente desierta. Había unas ocho tribus viviendo en un radio de unos cuantos cientos de
kilómetros, y cuando no estaban disputando entre ellas, estaban librando una lucha interminable
por la existencia, tanto contra las condiciones penosas de un mundo agonizante, como con los
raxas, criaturas que no eran vida orgánica en absoluto, sino que consistían en cristales
minerales, conglomerados en formas geométricas, y dotados, de algún modo misterioso, de
capacidad de percepción y de movimiento.
—Hace cincuenta generaciones —le explicó el jefe de los yulks—, no había raxas en el
mundo. Luego, empezaron a crecer. Prosperan en el desierto estéril, que es todo alimento para
ellos, mientras que nosotros vamos extinguiéndonos. Nada podemos hacer, salvo luchar.
Además, la atmósfera de la Tierra se estaba volviendo irrespirable. Se producía muy poco
oxígeno fresco, dado que no había ya más vegetación que la de las plantaciones. Aparte de eso,
brotaban vapores nocivos, por una acción químicogeológica del terreno y afloraban a través de
la arena, procesos volcánicos muy lentos que se originaban en las profundidades. Sólo en
algunos sectores, como aquella región en la que vivían las tribus, se podía respirar aún la
atmósfera, y eso por que la relativa inmovilidad de ésta impedía que se mezclasen los diversos
gases.
A File le agobiaba aquella imagen deprimente de valor y desesperación. ¿Sería aquel el
resultado final de la incapacidad del hombre para controlar los acontecimientos, o sería el
derrumbe de la Comunidad Económica Europea un suceso insignificante perdido en una historia
mucho más amplia? Se sentía inclinado a pensar que era asi; pues estaba seguro de que las
criaturas que estaban sentadas allí, comiendo con él, no eran siquiera descendientes del género
humano.
Saurios. El antiguo orden del mundo animal se había desvanecido.
Los hombres habían muerto. Sólo quedaban aquellos restos, saurios elevados a un estado
humanoide, que intentaban sobrevivir en un mundo que había cambiado de idea.
Probablemente las otras tribus de las que hablaban los yulks, fuesen también humanoides,
procedentes de diversos animales inferiores.
—Mañana es la gran batalla —dijo el jefe de los yulks—. Emplearemos todos nuestros
recursos contra los raxas, que vienen decididos a destruir las últimas plantaciones de las que
dependemos. Pasado mañana sabremos de veras lo que nos queda de vida.
Max File apretó los puños impotente. Su destino estaba decidido. Al final, también él ocuparía
su puesto con los guerreros yulks en la última batalla contra el enemigo de la humanidad.
Appletoft hizo un gesto de impotencia y miró a Strasser. ¿Qué podía hacer él? El había hecho
todo lo posible.
—¿Qué pasó? —dijo el primer ministro.
—Le trasladamos a diez años en el futuro. Conectamos con él al principio del viaje de vuelta
y luego, de repente... desapareció... Nada. Ya le dije que habíamos perdido el treinta y tres por
ciento de los animales que utilizamos en los experimentos, ya le advertí del riesgo.
—Lo sé... pero, ¿lo ha intentado usted todo? Ya sabe lo que puede significar el que no
vuelva...
—Por supuesto que lo hemos intentado todo. Seguimos investigando, intentando localizarle,
pero en cuanto salimos de la vía-tiempo de la Tierra, todo es caótico para nuestros
instrumentos... debe haber algún fallo en nuestra concepción del tiempo. Podemos seguir
tanteando... pero buscar una aguja en un pajar, no es nada, comparado con esto...
—Bueno, hay que seguir intentándolo. Porque si no lo recuperamos pronto, nos veremos
obligados a permitir a la facción Untermeyer que siga adelante en Baviera y no tenemos medio
de predecir los resultados.
Appletoft lanzó un profundo suspiro y volvió a su laboratorio.
—Pobre diablo —dijo Standon cuando salió de la cámara.
—Este no es el momento ni el lugar apropiados para sentimentalismos, Standon —dijo
Strasser en tono culpable...
La Tierra aún giraba en el mismo espacio de tiempo y tras un sueño de unas ocho horas File
dejó la tienda y estiró sus miembros en aquel aire sutil, despertado por un rumor de tintineante
metal. Acababa de amanecer y los soldados de la tribu se disponían a salir al combate. Las
mujeres y los niños contemplaban, temblando, a la procesión de hombres que iba perdiéndose
en el desierto. Unos cuantos iban a caballo de una especie de reptiles, todos ellos enjaezados
para el combate. A unos siete metros por encima de sus cabezas, flotaban las cinco aeronaves,
que seguían impacientemente la dirección que marcaba el jefe desde abajo.
File vagaba por el campamento, nervioso e inquieto. Hacia una hora después del amanecer,
volvieron los restos de las fuerzas.
Volvían derrotados. Sólo habían sobrevivido un tercio. No regresó ninguna aeronave y File se
había enterado la noche antes, de que, aunque la tribu conservaba los conocimientos científicos
y tecnológicos necesarios para construir más, era una empresa que agotaba al máximo sus
recursos y era casi seguro que no se iniciase la construcción de otra.
La humanidad había agotado su fuerza y era imposible ya recuperarla. Las inteligencias
minerales llamadas Raxas, continuarían su implacable avance sin que nadie las detuviese.
El último en regresar fue el jefe yulk. Magullado, cubierto de sangre y chamuscado por los
rayos energéticos que le habían rozado, se sometió a los cuidados de las mujeres y luego, como
siempre, reunió a los nobles para su comida vespertina.
Por fin, fueron saliendo uno tras otro los cansados guerreros camino de sus tiendas. Y File
quedó sólo con Gzerhteak.
Miró al viejo a los ojos.
—No hay esperanza —dijo bruscamente.
—Lo sé. Pero no tienes ninguna necesidad de quedarte.
—No hay elección —contestó, con un suspiro—. Mi máquina está rota. Debo compartir
vuestra suerte.
—Quizás podamos reparar tu máquina. Pero te lanzarás a lo desconocido...
File hizo un gesto con la mano y dijo:
— ¡Cómo, vais a poder arreglar mi máquina!
El jefe se levantó y le guió a la tienda donde estaba la máquina. Una breve orden en la noche
hizo que llegase un muchacho con una caja de herramientas. El jefe estudió la máquina de File,
alzó un panel para ver detrás de los instumentos. Hizo por último unos cuantos ajustes,
añadiendo un artilugio que tardó unos veinte minutos en fabricar con resplandecientes trozos de
alambre. El medidor del potencial-tiempo, empezó a elevarse por encima de cero.
File miraba atónito.
—Nuestra ciencia es muy antigua y muy sabia —dijo el jefe—, aunque en la actualidad sólo
tengamos un conocimiento rutinario de ella. Aún así, yo, como padre de la tribu, sé lo suficiente
para cuando un hombre como tú me dice que se ha quedado varado en el tiempo, conocer la
causa.
File estaba perplejo ante el curso de los acontecimientos.
—Cuando llegue a casa... —empezó a decir.
—Jamás llegarás a casa. Ni vuestros científicos conseguirán nunca desvelar el tiempo.
Nuestra antigua ciencia tiene una máxima: ningún hombre comprende el tiempo. Tu máquina
viaja ya por su propia potencia. Si te vas de aquí, no harás más que escapar de este lugar y
probar fortuna en otro.
—Debo intentarlo —dijo File—. No puedo seguir aquí, mientras haya esperanza de volver.
Pero aún así, se resistía.
El jefe pareció adivinar sus pensamientos.
—No te pese abandonarnos —dijo—. Tu posición es clara... lo mismo que la nuestra. Ni a ti ni
a nosotros puede ayudarnos nadie.
File asintió y se acomodó en la silla de la máquina. Mientras limpiaba el polvo y la arenilla con
las mangas de la camisa, se le ocurrió mirar en el grabador de datos. No tenía mucha esperanza
de que fuera posible, pues no había cifras para indicar la antigüedad de aquella Tierra.
Pero cuando leyó el indicador quedó asombrado. 000008.324.01.7954. ¡Habían pasado
menos de nueve años desde su salida del Complejo de Ginebra!
Se acomodó en la máquina del tiempo y apretó la palanca.
Rotación interna en el sentido de las agujas del reloj. Rotación externa en sentido contrario...
luego el impulso hacia adelante. Se sumergió en el curso del Tiempo.
Pasaron minutos sin que apareciera indicio alguno de que fuese a salir automáticamente de
su viaje. Probó fortuna apretando la palanca de "parada".
Con un giro residual de las varillas traslúcidas, la máquina se depositó a sí misma en una
orientación espaciotemporal normal. Alrededor de File, se formó un paisaje asombroso, jamás
había soñado nada igual.
¿Era cristal? La victoria definitiva de los cristalinos raxas. Por un instante, aquel fantástico
paisaje, con su brillante y matemática exuberancia, le hizo pensar, deslumbrado, que así era.
Pero luego vio que no podía ser... o que si era, los raxas habían superado su herencia mineral.
Era un mundo de forma geométrica, pero también era un mundo de movimiento continuo...
o, más bien, dado que el movimiento era tan súbito como para resultar instantáneo, de
transformación constante. Deslumbrantes extensiones y repliegues, todos en los planos
horizontal y vertical, cegaban sus ojos. Cuando miró más detenidamente, vio que, en realidad,
no estaba presente por parte aíguna la forma tridimensional. Todo eran formas bidimensionales,
que se unían transitoriamente para dar la ilusión de forma.
Los colores, también... experimentaban transformaciones y gradaciones que proclamaban la
acción de principios matemáticos regulares: como la separación prismática en el espectro ideal.
Pero aquí las manifestaciones eran infinitamente más sutiles e ingeniosas, eran como música
tenue y sutil, de cincuenta instrumentos, que pudiese brotar de los siete tonos de la escala
diatónica.
File miró la grabadora de datos. Le decía que se encontraba a 15 años de distancia de
Appletoft, que esperaba ansioso su regreso en el Complejo de Ginebra.
Probó de nuevo.
Se onduló y se estremeció, azotado por una cálida brisa, un mundo exuberante de frondosa
vegetación ante él. Un rebaño de animales como armadillos, pero del tamaño de caballos,
pasaron cruzando el claro donde había ido a posarse la máquina de File. Sin detenerse, el jefe
volvió la cabeza para hacerle una dócil y despectiva inspección y se volvió luego a gruñirles algo
a los que le seguían. También ellos le dirigieron una mirada superficial y se perdieron luego tras
una pantalla de ondulantes árboles-yerba. Oyó el rumor de sus movimientos, por el bosque, a lo
lejos.
Otra vez.
Roca pelada. El cielo colgaba arriba con rastros de lo que parecían nubes de polvo. Allí, el
terreno estaba limpio hasta de la más fina mota de polvo, pues soplaba un viento intenso y frío.
Debía barrer el polvo hacia la atmósfera e impedirle precipitarse, arañando las rocas hasta
convertirlas en una superficie bruñida y chispeante. Le costaba trabajo creer que aquel azotado
paisaje luminoso fuese, en realidad, la superficie de un planeta. Era como una exposición.
Otra vez.
Ahora estaba en el espacio, protegido por algún campo que la máquina del tiempo parecía
crear a su alrededor. Algo tan inmenso como Júpiter colgaba donde debería haber estado la
Tierra.
Otra vez.
De nuevo el espacio. Un sol escarlata derramando sangrienta luz sobre él. A su izquierda,
una pequeña y luminosa estrella, como una bengala de magnesio ardiendo, alanceó sus ojos.
Un imposible trío de planetas giraba majestuoso sobre él, y no había entre ellos más distancia
que entre la Tierra y la Luna.
Miró de nuevo la grabadora de datos: A veintitantos años del punto de partida.
¿Dónde estaba el orden de sucesión del tiempo? ¿Dónde estaba el proceso que había ido a
descubrir? ¿Qué podía sacar Appletoft de aquello?
¿Cómo iba a encontrar a Appletoft?
Puso otra vez la máquina en marcha, desesperado. Su desesperación pareció dar resultados:
adquirió velocidad, lanzándose con insensata energía y ya no estaba en el Limbo, podía ver algo
del universo que cruzaba.
Al cabo de un rato, tuvo la impresión de que estaba quieto, de que era la máquina la que se
mantenía estática mientras que el tiempo y el espacio no. El universo se derramaba a su
alrededor, desordenado tumulto de fuerzas y energía, sin dirección, sin propósito.
Y siguió viajando, hora tras hora, como si intentase escapar de algo que no podía afrontar.
Pero al fin no pudo ya eludirlo. Y mientras contemplaba el caos a su alrededor, comprendió.
¡El tiempo no tenía orden! No era un flujo continuo. Carecía de una dirección positiva: no iba
ni hacia adelante ni hacia atrás, no giraba en círculo; tampoco permanecía quieto. Era un puro
azar.
El universo carecía de lógica. Era sólo caos.
No tenía propósito, ni principio, ni fin. Sólo existía como una masa anárquica de gases,
sólidos, líquidos, formas accidentales y fragmentarias. Se conformaba a veces en formas como
un caleidoscopio, de modo que parecía tener leyes, parecía tener dirección y forma.
Pero, en realidad, no había más que caos, más que estado de flujo permanente: eso era lo
único constante. ¡El tiempo no se gobernaba por leyes! ¡La ambición de Appletoft era un
imposible!
El mundo del que había llegado allí, o cualquier otro mundo, en realidad, podía disociarse en
sus elementos componentes en cualquier instante; o podía haber accedido al ser en cualquier
instante anterior, con los recuerdos de todos incluidos? ¿quién sería el más sabio? Toda la
Comunidad Económica Europea quizás hubiese existido sólo en el medio segundo que le había
llevado presionar la palanca de puesta en marcha de la máquina del tiempo. ¡No era extraño
que no lograse encontrarla!
Caos, flujo, muerte eterna. No había solución a ningún problema. Cuando File comprendió
esto, aulló horrorizado. No podía contenerse. Su velocidad aumentó proporcionalmente a su
desesperación y su miedo, más y más rápido, hasta que se precipitó demencialmente por un
remolino.
Más deprisa, más allá...
El universo informe empezó a desvanecerse a su alrededor, mientras él recorría una inmensa
distancia más allá de los límites de la velocidad. La materia se desintegraba, desaparecía. Y él,
aterrado, seguía aún hasta que la máquina del tiempo se derrumbó bajo él y la materia de su
cuerpo se desintegró y se desvaneció.
Era una inteligencia desencarnada que cruzaba el vacío. Luego, empezaron a desvanecerse
sus emociones. Sus pensamientos. Su identidad. La sensación de movimiento se desmoronó.
Max File había muerto. Nada podía sentir, oír, ver, ni saber.
Colgaba allí, sólo conciencia. No pensaba: ya no tenía ningún aparato con el que pensar. No
tenía nombre. No tenía recuerdos. Ni cualidades, atributos o sentimientos. Estaba solo allí. Ego
puro.
Lo mismo que la nada.
No había tiempo. Una décima de segundo era igual que un billón de eras.
Por eso no había podido File, asignar, más tarde, periodo alguno a su intermedio de vacío,
sin matizaciones. Sólo percibió algo cuando empezó a salir.
Al principio, era sólo un vago sentimiento, como algo nebuloso. Luego, empezaron a ligarse a
él más cualidades. Empezó el movimiento. La materia caótica se hizo remotamente perceptible...
partículas desorganizadas, energías fluyentes y líneas ondulantes.
Brotó un nombre en su conciencia: Max File. Luego, un pensamiento: yo soy eso.
La materia se congregó poco a poco a su alrededor y pronto tuvo de nuevo cuerpo y una
serie completa de recuerdos. Podía ya aceptar la existencia de un universo sin organización.
Suspiró: al mismo tiempo, la máquina del tiempo se configuró bajo él.
Lo único que podía hacer ya, era intentar volver a Ginebra, por muy remota que fuese la
posibilidad. ¡Qué curioso que toda Europa, con todos sus problemas considerados graves, no
fuese más que una agrupación caótica de partículas sin organización! Pero al menos era el
hogar... aunque sólo existiese unos segundos.
Y ante la posibilidad de poder volver a aquellos dos segundos, pensó con angustioso gozo, se
disolvería con ellos y se vería libre de aquella odiosa extensión de vida que recorría.
Y, sin embargo, pensaba, ¿cómo regresar? Sólo buscando, sólo buscando...
Calculó (aunque sus cálculos estaban sujetos, por supuesto, a un considerable margen de
error) que dedicó varios siglos a buscar en aquel torbellino insensato. No se hizo más viejo; no
sintió sed ni hambre: no respiraba... cómo seguía latiendo su corazón sin respirar era para él un
misterio, pero era en eso, en el centro de su sentido del tiempo en lo que basaba su cálculo de
la duración de su búsqueda. De vez en cuando tropezaba con otras breves manifestaciones,
otros fugaces conglomerados de caos. Pero ya no le interesaba, no encontraba la Tierra de la
época de la Comunidad Económica Europea.
No había esperanza. Podía buscar eternamente.
Empezó, desesperado, a retirarse de nuevo, a convertirse en una entidad desencarnada y
buscar el olvido, escapar de sus tormentas por la muerte en vida. Y, cuando estaba a punto de
prescindir del último vestigio de identidad, descubrió su nuevo e insospechado poder.
Dirigió casualmente su inteligencia a una agrupación de forcejeantes partículas distantes.
Bajo el impacto de su voluntad... ¡se movió!
Interesado, dejo de retirarse, pero no intentó volver de nuevo a su propio yo... tenía la
sensación de que, como Max File, era impotente. Como un yo casi sin identidad... quizá...
Permitió que se formara en su mente una imagen (fue casualmente la de una mujer). La
dirigió hacia el caos informe. Instantáneamente, frente al flujo oscuro, encendida por
desordenados ramalazos de luz, brotó una mujer de la materia caótica. Se movió, le miró, le
dirigió una sonrisa lánguida.
No había duda. No era sólo una imagen. Era viva, perfecta y sensible.
Se desprendió, asombrado, automáticamente de la imagen mental y transmitió una
cancelación. Se disipó la mujer, sustituida por el caos de partículas y energía de antes. La nube
permaneció unida un momento, luego se dispersó.
Era un gozo recién descubierto. ¡Podía hacer cualquier cosa! Se pasó eras experimentando,
creando todo cuanto pudo crear... una vez se formó un mundo completo a sus pies, con
civilizaciones, un pequeño sol y astronaves investigando.
Lo canceló inmediatamente. Bastaba saber que todas sus intenciones, incluso su
pensamiento más vago y más grande, se traducía con todo detalle.
Ahora tenía medios de regresar a casa... y ahora podía resolver, de una vez por todas, el
problema del gobierno.
Pero, si no podía encontrar Europa, ¿no podía acaso crearla entera? ¿No sería eso algo
equivalente? El de si sería o no en realidad la misma Europa era, sin duda, un problema
fisiológico. Eso creía Nietzsche, recordó File... su esperanza de inmortalidad personal. Dado que
habría de volver en el universo interminable, los descubrimientos de File habían reforzado en
realidad este punto de vista, no moriría. Dos objetos idénticos compartían la misma existencia.
¿Y por qué no resolver el problema del gobierno en esta segunda Europa? ¿Había alguna
razón por la que no pudiese crear una comunidad que no tuviese las semillas de la destrucción?
Una Comunidad Económica con estabilidad, cuyo prototipo había faltado.
Empezó a emocionarse. Derrotaría al Flujo, lograría alzar, así, frente al caos del resto del
universo, una estructura que perduraría. Por lo demás, sería todo igual hasta en sus más
mínimos detalles...
Se puso a trabajar, agrupando pensamientos, recuerdos e imágenes, grabándolos en el caos
circundante. Empezó a formarse materia. Puso en movimiento la máquina del tiempo, viajando
por el mundo que estaba creando...
De pronto, se vio de nuevo envuelto en brumas. Girando... rotación sin cambio de posición...
impulso hacia delante...
Corrieron los números en el indicador: 000008 -7-6 -5-4...
Luego, todo se estabilizó a su alrededor y posó la máquina. Estaba en el laboratorio de
Appletoft, en Ginebra. Los técnicos vagaban por los extremos de la habitación, más allá de las
barreras de bastidores. La máquina del tiempo, con las varillas traslúcidas señalando
dramáticamente en tres direcciones, descansaba sobre un tosco pedestal de madera.
File se incorporó, agarrotado, dolorido y polvoriento, en el áspero asiento. Appletoft se
avalanzó hacia él, le ayudó a bajar ansioso, entusiasmado.
—¡Lo conseguiste, amigo! Fue perfecto como viaje de prueba... al menos, desde aquí.
Hizo una seña por encima del hombro:
—¡Coñac para el amigo! Pareces agotado, Max. Tienes que descansar, ya lo contarás todo...
File asintió sonriendo, sin contestar. Era casi perfecto...
Pero no habia sospechado siquiera con qué eficacia le habían enseñado un nuevo idioma.
Appletoft le había hablado en la lengua torturante de los yulks.

ADIOS MIRANDA // EL LIBRO DE LOS MARTIRES // MICHAEL MPORCOCK

ADIOS MIRANDA // EL LIBRO DE LOS MARTIRES // MICHAEL MPORCOCK

ADIÓS MIRANDA


Adiós, Miranda
Adiós, Miranda.
Miranda.
Giraba y planeaba sobre el agua gris como un ave marina. Estaba completamente loco.
Adiós, Miranda.
Su quejumbrosa risa era desagradable, en contraste con los sonidos del mar. Contenia
excesivo dolor. Quien la oía, sólo podía reaccionar contra semejante sonido, intentar que cesara
lo antes posible. Pero no podían cogerle. Nicholas sabía volar.
¡Miranda!
—Ojalá tuviese un arma, Miranda.
—¿Le matarías, padre?
—Pues claro que le mataría. ¿Por qué hará esto?
—Porque está loco, padre. ¿Le matarás si consigo un arma?
—Claro que sí. Es insoportable. Nos está atormentando deliberadamente.
—Le amaba.
—Ya lo sé. Le amaste. Pero eso no excusa el que venga a rondar aquí aullando. Como un
pájaro de mal agüero, que es lo que parece.
—Es amor, padre... amor hecho locura. Habría que pegarle un tiro. Creo que es lo que
quiere.
—Por lo menos es lo que quiero yo.
Seguían allí encerrados, en la casita del promontorio. No querían salir. El llevaba fuera ya dos
días y dos noches. El loco volador. Bueno, no debería haberles contado lo de aquella...
levitación... debería habérselo guardado para él solo. Un hombre no tiene por qué saber. Pero
una vez que sabe, ha de actuar en consecuencia. El no podía dejar que su hija se casara con
un, un... espectro.
Y ahora mira lo que había pasado. Al fin había dado con ellos. Miranda ya había dicho que les
encontraría.
Dios mío, si al menos tuviera un arma...
Por favor, sal y dime adiós, Miranda.
Estaba otra vez en el tejado.
Soy yo... Nicholas.
Junto a la chimenea, sí, chillando con voz estertórea, como si fuera un pájaro.
Dime adiós, Miranda.
Ella se tapó los oídos. Tenía la cara crispada por el dolor que le causabe la voz de él. Un
dolor físico.
— ¡Deténle, padre!
—¿Cómo? Si tuviera un arma... le mataría a tiros.
—Tenemos que conseguir un arma.
—¿Dónde? ¿Dónde podemos conseguir un arma?
—Tendrás que ir al pueblo.
—Estando él ahí fuera no.
Oh, Miranda. Sólo adiós.
—¡Adiós, adiós, adiós! ¡Vete, Nicholas! ¡Vete! ¡Por favor!
—Lo mismo dijiste ayer.
—Sí, pero mañana iré. ¿Es que él no duerme?
¡Miranda! ¡Adiós!
Saltó sobre su padre, desgarrando con sus pálidas manos.
—Vete, padre. ¡Consigue el arma! ¡Un arma! ¡Un arma!
—Mañana —dijo el padre, forcejeando con ella—. Estáte quieta ya. Dije que iba mañana y lo
haré.
Sus dedos amarillos la agarraron con fuerza.
—¡Basta ya, Miranda!
—¡El arma!
—¡Vete Nicholas!
Su respiración era un rumor apenas audible. Estaba sucia, con la cara arrugada, el cuchillo
aún en la mano. La sangre de su padre empapaba el cadáver de su padre.
Sólo adiós, Miranda. Nada más. Te quiero.
Su cuerpo delgado se estremeció.
Fue hacia la puerta, caminando con mucho cuidado. Estiró el brazo hacia el cerrojo y la
manga marrón de su vestido se deslizó por un brazo magullado. Descorrió el cerrojo.
—¡Vete, Nicholas!
Le llegó la voz de él de entre las nubes rotas.
—¡Miranda!
El aire era cortante, tan cortante como su voz.
Alzó la vista sobre el tejado de la casa y vislumbró su cuerpo loco volando muy deprisa,
planeando. Oyó pasar su cuerpo sobre ella, le vio girando sobre el mar, oyó la voz, aguda,
dolorida: Adiós, Miranda. Y advirtió que el corazón golpeaba con fuerza su carne bajo el pecho.
Cogió el cuchillo.
¡Miranda!
—Oh... —dijo, cuando el cuchillo la atravesó y empezó a desplomarse, primero contra la
balanceante puerta, luego hacia atrás. Cayó con ruido sordo sobre las piedras del suelo.
Cuando él volvió, vio que la luz se derramaba por la puerta, libre ya de la casa, perdiéndose
en la noche. Aterrizó junto a la puerta, pero estaba físicamente demasiado débil para caminar,
así que entró en la casa deslizándose y vio los cadáveres.
Quedó desconcertado. Su rostro oscuro, ajado y flaco, se agitó con el esfuerzo de pensar,
pero el pensar ya no estaba a su alcance.
¿Miranda?
Movió despacio la cabeza, pero de nada sirvió.
Su cuerpo retrocedió, cruzó la puerta, deslizándose a unos centímetros del suelo.
Adiós, Miranda.
Se fue volando, gritando aún, aunque, extrañamente, en el grito ya no había dolor

HAGAKURE - EL LIBRO DEL SAMURAI ( HOJAS OCULTAS )

HAGAKURE - EL LIBRO DEL SAMURAI ( HOJAS OCULTAS )

HAGAKURE (hojas cultas)


Índice:

1.La rutina
2.Las raices
3.Tácticas militares
4.Los cuatro votos
5.Decisiones
6.La critica de los
demás
7.Previsión
8.Como ha de ser el
samurai
9.La perdida de la
virirlidad
10.Mushin
11.Entrenamiento
12.Caligrafía
13.Imponer
14.El dragón
15.Concentración
16.Animar a un amigo
17.Las palabras
18.La actitud durante la
tormenta
19.Ganar desde el
principio
20.La amistad se mide
en la adversidad
21.Éxito y fracaso
22.Quien calcula es un
cobarde
23.La vía del samurai
24.La distracción
25.La desgracia
26.Las decisiones
27.El orgullo
28.Levantaos a la
octava
29.Auto-perfección
30.Los consejos
31.Determinación
32.El fundamento de las
cosas
33.Senilidad
34.Errores
35.Caligrafía
36.Aceptar el sufrimiento
37.Hacer demasiado
38.La condición del
samurai
39.El fin de las cosas
40.El mundo es sueño
41.fanatismo
42.Resolución
43.La nostalgia del
pasado
44.Examen cotidiano
45.Marionetas
46.Cuando el agua sube
47.Ahora es la hora
48.Fugacidad
49.Dignidad y sinceridad
50.El orgullo(2)
51.Intuición súbita
52.Nuestra opinión
53.Longevidad
54.Relajación
55.Confusión
56.Un método secreto
57.Las palabras(2)
58.Lealtad a la muerte
59.Los pequeños fallos
60.Hierba de cobardía
61.Asir la ocasión
62.Dominar a sus aliados
63.Vencer la enfermedad
64.Valentía
65.Homosexualidad



HAGAKURE (hojas ocultas)

Hagakure, que significa "oculto bajo las hojas", es un
antiguo breviario de caballería inspirado en el célebre código
Bushido. Nos expone la vía del guerrero, cuyos preceptos
filosóficos y ética trascendental presentan al Bushi.
Bushido es la aceptación total de la vida, vivir incluso cuando ya no tenemos
deseos de vivir. Esto se logra sabiendo morir en cada instante de nuestra vida, viviendo
el instante, el aquí y ahora, sumido en el eterno presente, en vez de abandonar el campo
de batalla cotidiano. Para el Samurai, la vida es un desafío, y la muerte es preferible a
una vida indigna o impura. Esta es la noble y espectacular lección del HAGAKURE.
Mantenido en secreto durante siglos, el Hagakure fue el libro de cabecera de Yukio
Mishima.
He descubierto que la vía del Samurai reside en la muerte. Durante una crisis,
cuando existen tantas posibilidades de vida como de muerte, debemos escoger la
muerte. No hay en ello nada difícil; sólo hay que armarse de valentía y actuar. Algunos
dicen que morir sin haber acabado su misión es morir en vano. Este razonamiento es el
que sostienen los mercaderes hinchados de orgullo que merodean por Osaka; no es más
que un razonamiento sofisticado a la vez que una imitación caricaturesca de la ética de
los Samurais.
Hacer una elección juiciosa en una situación donde las posibilidades de vivir o
de morir se equilibran, es casi imposible. Todos preferimos vivir y es muy natural que el
ser humano encuentre siempre buenas razones para continuar viviendo.
El que escoge vivir habiendo fracasado en su empeño, será despreciado y será a
la vez un cobarde y un fracasado. El que muere después de haber fracasado, muere de
una muerte fanática, que puede parecer inútil. Pero en cambio, no será deshonrado. Tal
es la vía del Samurai.
Para ser un Samurai perfecto es necesario prepararse a la muerte mañana y tarde
e incluso durante todo el día.
Cuando un Samurai está constantemente dispuesto a morir, ha alcanzado la
maestría de la Vía y puede dedicar, sin cesar, la vida entera al servicio de su señor.



La Rutina

Cuando Hotta Haga No Kami Masamori era paje del Shogun, era tan obstinado
que este último decidió someterlo a prueba. Para hacerlo, hizo calentar a blanco un par
de sandalias y las colocó sobre un brasero. Masamori tenía por costumbre coger las
sandalias colocadas al lado del brasero para ir a recibir a su Señor. Esta vez, en cuanto
tocó las sandalias notó la quemadura en las manos. Pero actuó de la manera
acostumbrada, así que el Shogun se las quitó rápidamente de las manos.
Uno de los Samurai de Matsudaira Sagami No Kami estaba en una pensión en
Kyoto para recoger dinero. Un día que estaba en el portal viendo pasar a la gente, oyó a
un transeúnte gritar: "Se dice que los hombres del Señor Matsudaira están enzarzados en
un combate." El samurai se dijo: "Es muy lamentable que mis compañeros estén
implicados en un combate. Estos deben de ser los que tenían que ir a relevar a los que
estaban de servicio en Edo." Se informó sobre el lugar del combate y cuando llegó
jadeante, sus compañeros habían sido heridos ya por sus adversarios, que estaban a
punto de darles el golpe de gracia. Acompañando su ataque de un grito, golpeó a dos
hombres y regresó a Kyoto. Este asunto llegó a oídos del oficial del Shogun que mandó
llamar al Samurai para preguntarle: "Habéis ayudado a vuestros compañeros,
desobedeciendo con ello al edicto del Gobierno. ¿Cómo es eso?" Él contestó: "Vengo de
la provincia y me es difícil entender lo que Su Señoría me dice. ¿Podría volver a
repetirlo?" El oficial enfureció y dijo: "¿Está usted sordo? ¿Habéis estado implicado en
una pelea, derramado sangre y desobedecido el decreto gubernativo, quebrantando las
leyes, sí o no?" El hombre contestó: "Ya había comprendido todo esto. Aunque lo
afirméis, yo no he desobedecido voluntariamente a las leyes y no he tenido intención de
desobedecer al gobierno. La razón de ello es que todo ser viviente concede a la vida
cierto precio y desde luego lo mismo ocurre con los seres humanos. Por mi parte, doy
un gran valor a la vida humana. Pero he oído que mis compañeros estaban en peligro y
hacer ver que uno no se ha enterado de nada no es digno de la Vía del Samurai. Por ello
he corrido para socorrer a mis compañeros. Volver a mi casa, la vergüenza en el
corazón, sabiendo que mis amigos han sido asesinados, habría prolongado desde luego
mi vida, pero era desobedecer a la Vía. Para seguir la Vía, uno debe sacrificar su
preciosa vida. Es debido a esto, a respetar a la Vía y no por despreciar el reglamento,
que decidí ir allí. Os ruego, ahora, que procedáis a mi ejecución." El oficial quedó
impresionado, archivó el asunto y escribió al Señor Matsudaira: "Tenéis un valiente
Samurai a vuestro servicio. Espero que lo sabréis cuidar como se merece."


Las Raíces

El árbol genealógico del Señor Soma, sobrenombrado el Chiken Marokoshi, era
el más elaborado del Japón. Un año en el que su hacienda se incendió y estuvo a punto
de ser destruida, el Señor Soma dijo: "Incluso si la casa, los muebles y todo el resto es
destruido, no lo lamentaré porque son cosas que se pueden reemplazar. Lo único que
lamentaré es no haber podido salvar mi árbol genealógico, que es un tesoro de familia
de lo más precioso." Allí estaba un Samurai y dijo: "Voy a entrar en la casa y traerlo."
El Señor y los demás se pusieron a reír, diciendo: "La casa es ya pasto de las llamas,
¿cómo lo conseguiréis?" Aquel hombre no había sido jamás muy hablador y no había
sido particularmente diligente pero era alguien que iba hasta el final en todo lo que
hacía. Dijo también: "Hasta ahora no he sido de una gran utilidad a mi amo, porque no
he sido muy cuidadoso, pero he vivido con la idea de que un día mi vida podría ser útil.
Me parece que este momento ha llegado." Entonces se lanzó a las llamas. Cuando el
incendio fue apagado, el amo ordenó: "¡Que se encuentre su cadáver! ¡Qué gran
pérdida!" Después de haber buscado por todas partes, se descubrió su cuerpo en el
jardín próximo a los apartamentos; cuando se le dio la vuelta, salió sangre de su vientre.
El Samurai se había abierto el vientre y en él había colocado el documento para que
permaneciera intacto. A partir de ese día, se sobrenombró este documento "la
genealogía de la sangre".
En el Koyogunkan, alguien dijo: "Cuando estoy frente al enemigo, siempre
tengo la impresión de que penetro en las tinieblas y a causa de esto he sido herido
gravemente... sin embargo, vos que habéis combatido con tantos hombres valientes
jamás habéis sido herido. ¿Cómo es posible esto?" El otro contestó: "Cuando me
enfrento con el enemigo, es desde luego como si penetrara en las tinieblas. Pero
enseguida tranquilizo mi mente, todo se vuelve como una noche iluminada por la pálida
Luna. Si ataco en este momento, sé que no seré alcanzado." Esta es la situación en el
momento de la verdad.


Tácticas Militares

En las Notas sobre las Reglas Marciales, está escrito lo siguiente: "Ganar
primero, combatir después, lo que dicho en dos palabras es ganar antes. La riqueza del
tiempo de paz es permitir la preparación marcial para el tiempo de guerra. Con
quinientos aliados, se puede derrotar a una fuerza enemiga de diez mil hombres."
Cuando uno intenta tomar el castillo de un enemigo y es necesario retirarse, hay que
replegarse, no siguiendo la carretera principal sino las carreteras secundarias. Se debe
tender a sus muertos y heridos con el rostro girado hacia el enemigo. Es evidente que el
guerrero tiene que estar en vanguardia durante el ataque y en la retaguardia cuando la
retirada. Cuando se ataca, no se ha de despreciar esperar el buen momento. Esperando el
buen momento no se debe olvidar el ataque.
Entre los principios secretos de Yaygu Tajima No Kami Munemori, hay un
proverbio: "No existe táctica militar para un hombre de gran fuerza moral." Instruido
por esto, cierto vasallo del Shogun fue a ver al Maestro Yagyu y le pidió que lo aceptara
como a su discípulo. El Maestro Yagyu dijo: "Me parece que ya sois alumno de una
escuela de Artes Marciales. Decidme el nombre de vuestra escuela antes de iniciar
nuestras relaciones de maestro-discípulo." El hombre contestó: "Yo no he practicado
jamás un arte marcial." El Maestro dijo: "¿No habéis jamás aprendido la disciplina de la
escuela Tajima Nokami? Tengo la impresión de que sois uno de los maestros del
Shogun. El hombre juró que no. El Maestro le preguntó entonces: "¿Tenéis algún tipo
de convicción profunda?" El hombre contestó: "De niño tomé conciencia de que el
Bushi es un hombre que no debe arrepentirse de su vida. He enterrado este pensamiento
en mi corazón durante muchos años y ello se ha vuelto una convicción. Por ello, jamás
pienso en la muerte. No tengo ninguna otra concepción fuera de ésta." El Maestro
Yagyu quedó muy impresionado y dijo: "Mi intuición no me ha engañado. El principio
más profundo de la táctica marcial es el que vos poseéis. Hasta ahora, de cientos de
discípulos que he tenido, ninguno ha alcanzado este principio. No es necesario
prepararos con el "sable de madera" (boken). Voy a iniciaros inmediatamente."
Enseguida le dio un pergamino. Esta historia ha sido relatada por Muragawa Soden.
Si alcanzáis demasiado rápido la gloria, la gente se volverá vuestro enemigo y
no seréis de ninguna utilidad. Si os eleváis progresivamente en el mundo, las personas
serán aliados vuestros y seréis felices. A la larga, que hayáis sido rápido o lento, en
cuanto hayáis adquirido la comprensión de los otros, nada os amenaza. Se dice que la
suerte que os es dada por otros es la más segura.


Los Cuatro Votos

Algunos son capaces de actuar con sabiduría cuando la ocasión lo requiere.
Otros se ven obligados a permanecer despiertos largas horas, presos de angustia, antes
de descubrir la solución correcta al problema planteado. Pero aunque estas deferencias
innatas sean en cierta medida inevitables, cada uno puede alcanzar dones de sabiduría
insospechada adoptando "los cuatro votos".
Parece que cualesquiera que sean los dones personales, cualquiera que sea la
dificultad del problema, a una reflexión suficientemente larga y profunda. En tanto uno
funda su razonamiento sobre el "Yo", puede ser muy prudente y astuto pero no sabio.
Los seres humanos son insensatos y les es difícil abandonar su "Yo". A pesar de
todo, un individuo enfrentado a una situación complicada tiene grandes posibilidades de
encontrar una solución, si llega a abstraerse momentáneamente del problema,
concentrándose sobre los "cuatro votos" y abandonando su "Yo".


Decisiones

Poseemos muy poca sabiduría; sin embargo, tenemos una gran tendencia a
referirnos a ella para resolver nuestras dificultades. Debido a que nos preocupamos
esencialmente de nosotros mismos, nos desviamos de la Vía del Cielo y nuestras
acciones se vuelven malas. A los ojos de los demás, somos despreciables, débiles,
limitados y totalmente ineficaces. Cuando nos sentimos incapaces de una competencia
verdadera es preferible apelar a alguien más sabio. No estando personalmente
implicado, tal vez pueda revelarse como un juez preclaro -ya que no tiene un interés
propio-. Estará en medida de aconsejar la elección más juiciosa.
Si observamos a un hombre que toma sus resoluciones de esta manera digna de
notarse, sabemos que está resuelto, autónomo, digno de fe y enraizado en la realidad. Su
sabiduría, alimentada por los consejos de los demás, puede compararse a las raíces de
un gran árbol de follaje espeso y denso.
Existen límites a la sabiduría del ser humano, arbusto débil, sacudido por el
viento.


La Critica a Los Demás

Reprender y corregir a alguien por sus errores es importante. Este acto
esencialmente caritativo es la primera obligación del Samurai. Pero hay que esforzarse
en hacerlo de la manera conveniente. En efecto, es fácil encontrar cualidades y defectos
en la conducta del prójimo. También es igualmente fácil criticarlo. La mayoría de las
personas se imagina que es por gentileza que dicen a los otros lo que no desean oír y si
alguna vez sus críticas son mal acogidas, piensan que los otros son incurables. Tal
manera de pensar no es razonable. La misma da tan malos resultados como colocar a
alguien en una situación embarazosa o bien si alguien nos insultara. Esto no es muchas
veces más que una mala manera de sacar lo que nos pesa en el corazón.
La crítica sólo debe intervenir después de haber discernido si la persona la
aceptará o no, después que uno se ha hecho amigo de ella, de haber compartido sus
intereses y de haberse comportado de manera tal que nos concede su entera confianza
para que tenga fe en nuestras palabras. Luego interviene el tacto. Hay que sentir el buen
momento y la buena manera de ejercer su crítica - por carta o al regresar de una reunión
particularmente agradable-. Hay que empezar comentando sus propios fallos y luego
llevar a su interlocutor a comprender, sin pronunciar más palabras de las necesarias.
Hay que alabar sus méritos; esforzarse en darle ánimos, en preparar su humor;
volverlo tan receptivo a las observaciones del mismo modo que el hombre sediento lo es
al agua. Es entonces cuando hay que corregir sus errores. La crítica constructiva es
delicada.
Sé por experiencia que las costumbres malas y antiguas, no ceden sin fuerza. Me
parece que la actitud más verdaderamente caritativa consiste, para todos los Samurais al
servicio de un mismo Daimyo, en ser benevolentes y amistosos los unos con lo otros,
corregir mutuamente sus errores para servir luego al Daimyo. Poniendo a alguien
voluntariamente en una situación embarazosa no se hace nada constructivo. ¿Cómo
podría ser de otro modo?


Previsión

El lenguaje militar emplea los términos de "Samurai ilustrado" y de "Samurai
ignorante". Un Samurai que ha esperado tenerse que enfrentar con situaciones difíciles
para aprender a salir de ellas no es ilustrado. Un Samurai que se preocupa por
adelantado de todas las situaciones y soluciones posibles, es sabio. Será por lo tanto
capaz de hacerle frente con brillantez cuando la ocasión se presente. No importa lo que
ocurra, un Samurai ilustrado es aquel que se preocupa de los detalles de la acción, antes
de la hora. Un Samurai imprevisor, en cambio, da la penosa impresión de arrastrase en
una gran confusión y su éxito sólo proviene de una suerte anormal. Sólo un Samurai
negligente no considera todas las eventualidades antes del momento de la acción.
No comparto la opinión de los que preconizan una autoridad estricta y constante.
Como dice el proverbio: "El pez no vive en el agua clara". Son las algas las que le
permiten desarrollarse plenamente hasta su madurez. Es cuando uno pasa de los detalles
y no cuida de las quejas menores cuando es capaz de procurar la serenidad a los que nos
sirven. La comprensión de este principio es esencial para el que quiera comprender el
carácter y el comportamiento de los demás.
Cuando el Señor Mitsushige sólo era un niño, se le pidió leer un pasaje de un
libro del Monje Kaion; llamó a los otros niños y a los acólitos para decirles: "Os ruego
que os acerquéis y escuchéis. Es muy difícil leer cuando no hay casi nadie que escuche".
El monje quedó impresionado y dijo a los fieles: "Es con este espíritu que hay que hacer
todas las cosas".


Como Ha de Ser el Samurai

Tengo la impresión de que los jóvenes Samurais de hoy en día se han fijado
objetivos lamentablemente bajos. Tienen la mirada furtiva de los ladrones. La mayoría
sólo busca su interés personal o hacer gala de su inteligencia. Incluso los que parecen
tener el alma serena sólo muestran una fachada. Esta actitud no es conveniente. Un
Samurai sólo lo es verdaderamente en la medida que no tiene otro deseo que morir
rápidamente -y de volverse puro espíritu- ofreciendo su vida a su amo, en la medida
donde su preocupación constante es el bienestar de su Daimyo, al que rinde cuentas
continuamente, sin cesar, de la manera mediante la cual resuelve los problemas para
consolidar las estructuras del dominio. De este modo, Daimyo y servidores deben estar
determinados de la misma manera. Es indispensable que nadie, ni siquiera los dioses y
los Budas, puedan haceros desviar de la meta fijada.


La Pérdida de la Virilidad

He aquí lo que decía uno de mis amigos. Parece que un tal Doctor Kyon afirma
lo siguiente: "En medicina se distingue a los hombres de las mujeres en virtud de los
principios del Yin y del Yang; por consiguiente, los tratamientos médicos son
fundamentalmente diferentes. Además, su pulso es también diferente. Sin embargo, en
el curso de estos últimos cincuenta años, el pulso de los hombres se ha vuelto idéntico al
de las mujeres. Desde que me he fijado en este fenómeno, he considerado bueno tratar
las enfermedades oculares de los hombres por los medios apropiados al pulso de las
mujeres. Cuando intento aplicar a mis pacientes varones los cuidados previstos para
ellos, no obtengo ningún resultado". En efecto, el mundo está abordando un período de
degeneración; los hombres pierden su virilidad y se parecen cada vez más a las mujeres.
Es una convicción inquebrantable que he adquirido en el curso de mi experiencia
personal y que he decidido no propalar. Desde entonces, no olvidando nunca esta
reflexión, cuando miro a los hombres de hoy en día, me digo: "Mira, mira, he aquí un
pulso femenino". Ya no encuentro prácticamente nunca lo que se llama un hombre
verdadero. Debido a esto es por lo que es posible hoy en día ser considerado excelente y
acceder a una posición importante con un esfuerzo mínimo. Los hombres se vuelven
cobardes y débiles, la prueba de ello está en que, hoy en día, raros son los que tienen la
experiencia de haber cortado la cabeza de un criminal con las manos atadas a la espalda.
Cuando se les pide ser el asistente del que va a suicidarse ritualmente, la mayoría
considera que es más hábil evadirse e invoca a excusas más o menos válidas.
Hace sólo cuarenta o cincuenta años, se consideraba una herida combate como
una marca de virilidad. Un muslo sin cicatrices era un signo tan destacado de falta de
experiencia que nadie se hubiera atrevido a mostrarlo tal cual, prefiriendo infligirse una
herida voluntaria. Se esperaba de los hombres que tuvieran la sangre ardiente y fueran
impetuosos. Hoy en día la impetuosidad es considerada como una ineptitud. Los
hombres de hoy en día utilizan la impetuosidad de su lengua para rehuir sus
responsabilidades y no hacer nunca ningún esfuerzo. Desearía que los jóvenes
reflexionaran seriamente sobre esta situación actual.


Mushin

El Monje Tannen tenía costumbre de decir: "La gente ha terminado por no
entender nada porque los sacerdotes ya no enseñan más que la doctrina de Mushin. Lo
que se llama Mushin es un espíritu sin mancha y sin complicación. Esto es interesante".


La Vía del Samurai

El Señor Sanenori decía: "En el seno de un espíritu en donde la perversidad no
encuentra su lugar, está la vía". Si esto es verdad, la Vía es una. Pero nadie puede
comprender esta evidencia en el primer intento.


La pureza no se consigue sin esfuerzo.

El carácter chino gen puede leerse en japonés maboroshi y significa "ilusión".
En japonés, los magos indios se llaman Gen shu sushi o "ilusionistas".
Los seres humanos son marionetas aquí abajo. Es por ello que se utiliza el
carácter gen para sugerir la ilusión del libre arbitrio.
Abominar del mal y conducir su vida con rectitud se vuelve extremadamente
difícil. Ello es bastante sorprendente pero muchos errores tienen por origen la creencia
de que es esencial ser estrictamente lógico y colocar la rectitud por encima de cualquier
otra cosa. Existe una vía más elevada que la rectitud, pero su descubrimiento no es una
cosa fácil e impone una profunda sabiduría. Comparados con esta vía, los principios
lógicos son insignificante, en efecto. Aunque para el que no tenga la experiencia de ella
o no la conozca, existe una manera de descubrir la verdad, incluso si uno no ha sabido
discernirla solo. Esta vía consiste en hablar con otros. Ocurre a menudo que una
persona, aunque imperfecta, puede dar consejos juiciosos a otra, porque ella puede
dominar la situación exterior, del mismo que el que, en el juego de Go, tiene "la ventaja
de ser espectador". Se dice que es igualmente posible discernir sus faltas por la "mirada
en uno mismo" y por la meditación, pero también en este caso el resultado es
igualmente mejor cuando uno habla con otros. La razón de esto es que se puede superar
su propia facultad de discernimiento si uno aprende a escuchar con provecho a los
demás y leer libros.

Uno siempre se enriquece de la sabiduría de los Antiguos.

Entrenamiento

Me dijeron que un maestro de sable ya anciano había dicho esto: "El Samurai
debe entrenarse toda su vida", y para ello hay una razón. Al principio, incluso en caso
de práctica regular, uno no tiene la sensación de progresar. Uno se sabe poco hábil y ve
a los demás a su propia imagen. En este estadio es inútil precisar que no se es de
ninguna utilidad al servicio del Daimyo. Cuando se alcanza un estadio mediano, uno no
es todavía de gran utilidad pero toma conciencia de sus deficiencias y empieza a notar
las imperfecciones de los otros.
Cuando un Samurai alcanza un nivel superior, es capaz de tomar, por propia
iniciativa, decisiones en cualquier situación, de tal manera que ya no necesita los
consejos de los otros. Un Samurai es, podemos decirlo, útil al Daimyo. Luego, por
encima de este nivel, están aquellos cuyo rostro jamás revela lo que piensan, los que no
hacen jamás gala de su habilidad, que fingen ignorancia e incompetencia. Y lo que es
más: respetan la habilidad de los otros. Para muchos, ésta es la ambición más alta. Pero
a un nivel todavía más elevado existe un dominio que supera la habilidad del común de
los mortales. El que se compromete a fondo en la Vía de este campo, toma conciencia
de que su entrenamiento será ilimitado y que no podrá estar jamás satisfecho de su
trabajo. Por esto un Samurai debe conocer sus debilidades y pasar su vida
corrigiéndolas sin jamás tener el sentimiento de haber hecho ya lo suficiente. No debe,
naturalmente, tener demasiada confianza pero tampoco sentirse inferior.
Yagyu, el maestro de la Vía del Sable, que enseñaba al Shogun Tokugawa,
decía: "Yo no sé cómo superar a los otros. Todo lo que sé es cómo superarme a mí
mismo". El se decía: "Hoy, yo soy mejor que ayer, mañana todavía seré superior". Un
verdadero Samurai consagra todo su tiempo al perfeccionamiento de sí mismo. Es por
ello que el entrenamiento es un proceso sin fin.
Entre las proclamaciones públicas que ha hecho el Señor Naoshige, se encuentra
la siguiente: "Las decisiones importantes deben ser tomadas con calma". Ittei Ishida
(sabio confucionista de Han Sagan y maestro Jocho Yamamoto) explica: "Los asuntos
menores deben ser estudiados con seriedad. Hay pocos problemas realmente
importantes, solamente se presentan más de dos o tres en toda una existencia. Una
reflexión cotidiana os convencerá. Es por ello que es indispensable prever lo que
conviene hacer en caso de crisis. Cuando ésta se manifieste, habrá que acordarse de la
solución, para resolverla en consecuencia. Sin una preparación cotidiana, cuando
sobrevenga una crisis delicada, se será incapaz de tomar una decisión rápida, lo que
conlleva el riesgo de consecuencias desastrosas". ¿No es entonces posible decir que para
poder tomar con calma decisiones importantes, hay que prepararse cada día con
resolución?
En el curso de una reunión cuya meta era examinar la oportunidad de conceder
una promoción a cierta persona, se tuvo noticia de que la misma, anteriormente, era
muy aficionada a la bebida. Por lo tanto, los participantes estaban muy propensos a
negarle su adelanto. Sin embargo, uno de ello intervino: "No animar a un hombre
porque ha cometido un solo error, es impedir que mejore. Si un hombre, que ha
flaqueado una vez, muestra, por una conducta irreprochable y conforme a las reglas, que
lamenta sinceramente su error, es eminentemente útil a su Señor. Siendo así, animadlo".
Entonces, uno de los presentes dijo: ¿Asumís la responsabilidad de tal decisión?"
Después de que él hubo dado tal seguridad, la asistencia le rogó que diera sus razones.
Dio esta respuesta: "Lo avalo porque sé que se ha equivocado una vez. No se puede
conceder confianza al que no ha cometido jamás errores". Fue de este modo que el
interesado consiguió su promoción.
Un día, un hombre cayó en desgracia porque había descuidado reparar el insulto
que le había sido hecho. La única manera de vengarse era lanzarse sobre el campamento
enemigo y combatir hasta la muerte. Un Samurai que se lanza desesperadamente al
combate no puede caer en desgracia. Es porque uno espera la victoria que la misma se
nos escapa. El tiempo corre cuando uno espera que el enemigo no sea tan numeroso
para no estar uno en desventaja. A fuerza de esperar, incluso puede ser que uno olvide la
injuria y que abandone la venganza. Pero cuando los enemigos son numerosos, si uno se
agarra al terreno con la determinación de diezmarlos a todos, la pelea se resolverá
deprisa. El curso de la acción transcurrirá probablemente de buena manera. Incluso
cuando los cuarenta y siete Ronins del clan Asano, que acabaron por atacar a Kira una
noche para vengar la muerte de su Amo, ya habían fallado en su salida. Deberían
haberse suicidado ritual e inmediatamente Sengakuji. Se tomaron tiempo para vengar la
muerte de su Señor. Kira habría podido caer mortalmente enfermo antes de que
hubieran ejecutado su plan. En este caso, habrían perdido irremediablemente la ocasión.
Por regla general, yo no critico el comportamiento de los otros, pero puesto que
nosotros estudiamos la vía del Samurai, debo añadir esto: si no se consideran con
cuidado y por adelanto todas las eventualidades, cuando ocurre el suceso no se está en
medida de contestar adecuadamente y uno es deshonrado.
Escuchar estos consejos e intentar comprender la esencia de las cosas, constituye
una preparación para tomar decisiones antes de que sobrevenga la crisis.
La vía del Samurai exige, entre otras cosas, que se esté siempre dispuesto a
someter a prueba la firmeza de su resolución. Noche y día, el Samurai debe seccionar
sus pensamientos prepara una línea de acción. Según las circunstancias, puede ganar o
perder. Pero evitar el deshonor es un hecho distinto de l victoria o de la derrota; para
evitar el deshonor tal vez le será necesario morir. Pero si, desde el principio, las cosas
no se desarrollan como había previsto, debería intentarlo de nuevo. Para ello, ninguna
sabiduría ni habilidad particular son precisas. El Samurai valiente no piensa en términos
de victoria o derrota; combate fanáticamente hasta la muerte. Sólo de este modo realiza
su destino.
No es bueno tener fuertes convicciones personales. Si, al perseverara y
concentrarse, un Samurai adquiere opiniones muy marcadas, podrá estar tentado a
pensar con precipitación que ya ha alcanzado un buen nivel de realización. Esto debe
ser desaconsejado formalmente. Un Samurai debe, por asiduidad, llegar primeramente a
la maestría absoluta de los principios básicos y luego continuar su entrenamiento de tal
manera que sus técnicas lleguen a la madurez. Un Samurai no debe jamás relajar su
esfuerzo sino que debe perseverar toda su vida en el entrenamiento. Pensar que uno
puede relajar la disciplina del entrenamiento porque simplemente ha hecho algún
descubrimiento personal, es el colmo de la locura. Un Samurai debe estar
constantemente animado por el pensamiento siguiente: "En tal o cual punto todavía
disto mucho de la perfección" y consagrar toda su vida más y más al perfeccionamiento,
buscando asiduamente la vía verdadera. Es por una práctica así que se puede encontrar
la Vía.
No hace aún cincuenta o sesenta años que los Samurais hacían sus abluciones
cada mañana, se afeitaban la cabeza y perfumaban el moño. Luego se cortaban las uñas
de las manos y de los pies, las limaban con piedra pómez y luego las pulían con hierba
Kogane. No mostraban jamás señal alguna de pereza en este asunto y se cuidaban con
atención. Después el Samurai verificaba su sable largo y su sable corto para comprobar
que el óxido no los deterioraba; les quitaba el polvo y los limpiaba para cuidar su brillo.
Tomar tal cuidado de su apariencia puede parecer una manifestación de fatuidad pero
esta costumbre no provenía de una inclinación para la elegancia o lo romancesco. Uno
puede ser llamado en cualquier momento a librar una dura batalla; si se muere habiendo
descuidado su pulcritud, se da muestra de una relajación general de las buenas
costumbres y uno se expone al desprecio y al descuido del adversario. Esta es la razón
por la cual los viejos y jóvenes Samurais han aportado siempre un gran cuidado en su
presentación. Un escrúpulo tal puede parecer una pérdida de tiempo y una ocupación
muy fútil, pero forma parte de la vida del Samurai. En realidad, ello precisa menos
esfuerzo y tiempo de lo que parece. Si quiere estar dispuesto a morir, un Samurai debe
considerarse ya muerto; si es diligente en su servicio y se perfecciona en las artes
militares, no se cubrirá jamás de vergüenza. Pero si se dedica a hacer egoístamente lo
que le plazca, en caso de crisis de deshonrará. Incluso, no será jamás consciente de su
deshonra. Si nada le importa, excepto el hecho de no estar en peligro y de sentirse feliz,
se descuidará de una manera completamente lamentable.
Es seguro que un Samurai que no está preparado para morir, morirá de una
muerte poco honorable. En cambio, si consagra su vida a preparar su muerte, ¿cómo
podría tener un comportamiento despreciable? Uno debería reflexionar seriamente al
respecto y armonizar su conducta en consecuencia.
Los tiempos han cambiado mucho en el transcurso de estos últimos treinta años.
En nuestros días, cuando los jóvenes Samurais se reúnen, hablan de dinero, de
provecho, de pérdidas, de la manera de administrar su casa, de los criterios para juzgar
el valor de la vestimenta, e intercambian opiniones profanas. Si otro tema es evocado, el
ambiente se estropea y cada uno se siente vagamente a disgusto. ¡Qué estado tan
lamentable éste al que hemos llegado! Antaño, hasta la edad de veinte o treinta años, un
hombre joven no tenía ningún pensamiento para las cosas materiales o indelicadas, por
lo tanto no hablaba de ellas jamás. Si, por accidente, en su presencia, los hombres de
edad madura dejaban escapar de sus labios alguna reflexión fuera de lugar, se sentía tan
afectado como si hubiera recibido una herida física. La tendencia nueva ha penetrado
aparentemente mediante lo que los tiempos modernos aprecian al máximo: el lujo y la
ostentación. Sólo el dinero tiene importancia. Es manifiesto que si los hombres jóvenes
no tuvieran estos gustos de lujo, incompatibles con su situación, esta actitud errónea
desaparecería. Por otra parte, alabar como ricos en recursos a jóvenes ahorrativos y
parcos, es completamente despreciable. La frugalidad equivale a la ausencia del sentido
del giri u obligaciones sociales y personales. ¿Necesito añadir que un Samurai que se
olvida de sus obligaciones hacia los demás es despreciable, cobarde e indigno?


Caligrafía

Cuando me dirigí a Yasaburo para tomar ejemplo de su arte caligráfico, me dijo:
"Se debería escribir en caracteres suficientemente grandes como para que uno solo
cubriera toda la hoja, con suficiente vigor como para rasgarla. La habilidad en la
caligrafía depende del espíritu y de la energía con la que se ejecuta. El Samurai debe
obrar sin dudar, sin confesar el más mínimo cansancio ni el más mínimo desánimo hasta
concluir su tarea. Eso es todo". Y continuó escribiendo.
Según el sabio confucionista Ittei Ishida, todo calígrafo, incluso mediocre, puede
aprender a escribir de una manera correcta si sigue cuidadosamente las líneas de un
cuaderno. Se puede decir la misma cosa al servicio de un Samurai. Si toma por modelo
un buen Samurai, el éxito es posible. Desgraciadamente, en el momento presente no hay
ningún Samurai que merezca realmente ser imitado, así que uno debe crearse
idealmente un modelo que imitar. El modo de crear tal modelo es imaginar cuál de los
que están en torno a nosotros sabe cómo conformarse al protocolo, a la rectitud y a las
conveniencias; cuál demuestra la mayor valentía; cuál es el más elocuente; cuál es aquél
cuyo comportamiento es el más irreprochable; cuál es el más íntegro; cuál tiene el
mayor espíritu de decisión en caso de crisis. A partir de todos estos elementos, es
necesario imaginar un ser reuniendo todas estas cualidades. La síntesis constituirá un
excelente modelo, digno de ser imitado. Es cierto que en todo arte es muy difícil
aprender los puntos fuertes del maestro, pero en cambio, sus puntos débiles son
imitados fácilmente. Estos no son, desde luego, de ninguna utilidad para sus discípulos.
Por ejemplo, algunos conocen perfectamente la etiqueta pero no son íntegros. Cuando
uno intenta tomar por modelo este tipo de persona, siempre tiene tendencia a descuidar
la etiqueta y a no imitar más que la ausencia de integridad. Cuando uno aprende a
apreciar los puntos fuertes de lso demás, cada persona puede volverse un maestro o en
público. Si es negligente cuando está en período de descanso, el público sólo lo
percibirá bajo este aspecto.


Imponer

Retirarse silenciosamente cuando el amo habla de uno, en buenos o malos
términos, indica perplejidad. Se debe poder dar una respuesta apropiada y estar decidido
previamente. Cuando se os encargue una cierta función, la alegría o el orgullo que
vosotros sentiréis se reflejará en vuestro rostro y eso es algo inconveniente. Algunos,
conscientes de sus fallos, piensan: "Soy torpe pero debo cumplir cueste lo que cueste mi
misión. ¿Cómo la voy a llevar a cabo? Esto puede ocasionarme muchos motivos de
ansiedad". Aunque estas palabras no se pronuncien jamás, se reflejarán claramente en
vuestro rostro. Esto es una prueba de modestia. Es por inconstancia y ligereza que nos
apartamos de la Vía y que nos comportamos como novicios. Entonces somos fuente de
molestias. El año pasado, en el curso de una reunión, un hombre expuso su punto de
vista y afirmó que estaba dispuesto a matar al animador de la reunión si su opinión no
era adoptada. Su moción fue aceptada. Cuando todos los procedimientos fueron
terminados, dijo: "Han dado su consentimiento demasiado rápidamente. Pienso que son
débiles y no son dignos de ser los consejeros de su amo".
Cuando una reunión oficial es extremadamente seria y alguien introduce, con
ligereza, temas diferentes los participantes expresan su despecho y se enfadan. Esto no
está bien. En tales momentos la etiqueta de Samurai consiste en permanecer calmado y
tratar a la persona con benevolencia. Maltratar a alguien es una conducta digna de un
lacayo.
Hay momento en donde uno tiene realmente necesidad de los demás. Si esto se
repite a menudo, éstos acaban por encontrarlo inoportuno y desplazado. Para ciertas
cosas, más vale no tener que tener que contar con los demás.


El Dragón

Había un hombre en China al que gustaban mucho las imágenes representando a
dragones. Todos sus muebles y vestidos estaban decorados con este emblema. El dios
de los dragones se dio cuente de este amor profundo, así que un día, un verdadero
dragón se presentó en su ventana. Se dice que el hombre se murió del susto... Era
seguramente un charlatán que se hubiera revelado como tal en el momento de la acción.


Concentración

En cierta ocasión vivía un maestro del arte de la lanza. En el momento de su
muerte llamó a su mejor discípulo y le declaró: "Te he transmitido todas las técnicas
secretas de nuestra escuela. Si piensas aceptar ahora a un discípulo, debes practicar
enseguida con diligencia, y cada día, con el sable de madera. La superioridad no es una
cuestión de técnicas secretas". Del mismo modo, en la enseñanza de un maestro de
Renga, se dice que la víspera del concurso de poesía debe calmar su espíritu y consultar
una antología de poesías. Es necesario saberse concentrar sobre una sola cosa. Todos los
oficios deben ser ejercidos con concentración.


Animar a un Amigo

Cuando se visita a un Samurai golpeado por la desgracia, lo que se le dice para
animarlo es siempre de una extremada importancia. Él es, en efecto, capaz de discernir a
través de nuestras palabras los móviles verdaderos que animan a su interlocutor. Para
animar a un amigo en dificultades el secreto a revelarse es el siguiente: un verdadero
Samurai no debe pavonearse ni perder confianza. Debe ir siempre hacia delante, sino no
avanzará y será totalmente inútil


Las Palabras

Se dice que no hay que dudar jamás en corregirse cuando uno a cometido un
error. La falta desaparece rápidamente si uno se corrige sin demora. Cuando se intenta
remediar un error, ello se vuelve desplazado y doloroso. Cuando se dice algo que no se
debería haber dicho, si uno se autocritica rápida y claramente, aquello se olvida pronto y
ya no hay necesidad de preocuparse. Pero si alguien os censura, hay que saber contestar:
"Os he dado las razones de mis propósitos inconsiderados, yo no veo nada más que
hacer si no las aceptáis. Puesto que he dicho esto sin querer, deberá pasar como si nadie
lo hubiera oído. Nadie puede sustraerse a una reprimenda.".
Morooka Hikoemon fue requerido un día para confirmar la verdad de sus
palabras respecto a un asunto. Pero él contestó: "La palabra de un Samurai es más firme
que el metal. Dado que estoy impregnado de este principio, ¿qué más pueden aportar los
dioses y los Budas?" El juramento fue anulado. Esta historia ocurrió cuando él tenía
veintiséis años


La Actitud Durante la Tormenta

Existe lo que se llama la actitud durante la tormenta. Cuando uno es sorprendido
por una repentina tormenta, se puede o bien correr lo más aprisa posible o bien
colocarse rápidamente bajo los aleros de las casas que bordean el camino. De todos
modos nos mojaremos. Si uno ya estuviera preparado mentalmente a la idea de estar
mojado, se estaría a fin de cuentas muy poco contrariado con la llegada de la lluvia. Se
puede aplicar este principio con provecho en todas las situaciones.


Ganar Desde el Principio

Cuando ya era anciano, Tetsuzan hizo un día la reflexión siguiente: "Tenía
tendencia a pensar que el combate a manos desnudas difería del Sumo, debido a que no
tenía importancia ser tirado al suelo al principio, ya que lo esencial era ganar al final del
combate. Recientemente he cambiado de punto de vista. Se me ha ocurrido que si un
juez tomaba la decisión de parar el combate en el momento en que uno se encuentra en
el suelo, os declararía vencido. Hay que ganar desde el principio para salir victorioso
siempre."


La Amistad Se Mide en la Adversidad

Se ha dicho: "Si queréis sondear el corazón de un amigo, caed enfermo." Una
persona a la que consideráis amiga cuando todo te va bien, y que os da la espalda como
un extraño en caso de enfermedad o de infortunio, no es más que un cobarde. Es mucho
más correcto cundo un amigo debe enfrentarse con el infortunio, estar cerca de él,
visitarlo y socorrerlo. Un Samurai no debe jamás, mientras viva, permitirse distanciarse
de aquellos de los que es deudor espiritualmente. He aquí por lo tanto un medio para
medir los verdaderos sentimientos de un hombre. La mayor parte del tiempo nosotros
nos dirigimos a los demás para pedirles ayuda y luego los olvidamos en cuanto la crisis
ha pasado.
Alguien hizo un día el comentario siguiente: "Se piensa generalmente que nada
es más difícil que ser ronin; que cuando este destino golpea a un hombre, se pierde
confianza en él y se le abandona. En verdad, ser ronin es algo muy diferente de lo que
yo me había imaginado y es un estado menos desagradable de lo que parece. Me
gustaría, en verdad, volver a ser un ronin cierto." Coincido con esta opinión. La misma
actitud puede prevalecer en lo que concierne a la muerte. Si un Samurai se acostumbra,
día a día, a la idea de la muerte, será capaz de morir con toda tranquilidad cuando llegue
el momento. Como todos los desastres son difícilmente tan terribles como uno se los
había imaginado, es totalmente ridículo lamentarse por adelantado y sin cesar. Más vale
prepararse desde el principio a la idea de que el destino final del Samurai dedicado al
servicio de un Señor es hacerse sepukku o terminar ronin.


Éxito y Fracaso

La bondad o la maldad del carácter de un individuo no se reflejan en el éxito
momentáneo o en el fracaso, aquí abajo. El éxito o el fracaso no son, a fin de cuentas,
más que manifestaciones de la Naturaleza. El bien y el mal son, sin embargo,
naturalezas humanas. No obstante, es cómodo, por razones didácticas, expresarse como
si el éxito o el fracaso en el mundo fueran el resultado directo de un buen o mal
carácter.


Quien Calcula es un Cobarde

Un hombre que no para de calcular es un cobarde. Digo esto porque las
suposiciones siempre tienen una relación con las ideas de provecho y de pérdida; el
individuo que las hace está siempre preocupado por las nociones de ganancia o pérdida.
Morir es una pérdida, vivir una ganancia y es así que se decide a menudo no morir. Esto
es cobardía. Del mismo modo, un hombre que ha recibido una buena educación puede
camuflar, con su inteligencia y su elocuencia, su pusilanimidad o su estupidez, que son
su verdadera naturaleza. Mucha gente no se da cuenta


La Vía del Samurai

El Señor Naoshige tenía por costumbre decir: "La vía del Samurai es la pasión
de la muerte. Incluso diez hombres son incapaces de desviar a un hombre animado de
tal convicción." No se pueden llevar a cabo grandes hazañas cuando se está en una
disposición anímica normal. Hay que volverse fanático y desarrollar la pasión de la
muerte. Si uno cuenta sobre el tiempo para acrecentar su poder de discernimiento, corre
el riesgo de que sea demasiado tarde para ponerlo en práctica. La lealtad y la piedad
filial son algo suplementario en la Vía del Samurai; Lo que uno necesita es la pasión por
la muerte. Todo el resto vendrá por añadidura de esta pasión.
El famoso Samurai KiranoSuke Shida ha dicho: "Si sois totalmente desconocido,
entre morir o vivir, más vale escoger vivir". Shida era un Samurai fuera de lo corriente.
Los jóvenes han interpretado frecuentemente mal lo que ha dicho, pensando
equivocadamente que se hacía el abogado de una conducta deshonrosa. En un postscriptum,
escribió: "Si uno duda entre comer y no comer, más vale abstenerse. Cuando
uno no puede decidirse entre vivir o morir, entonces más vale morir."
Hay una manera de educar a los hijos de Samurais. En su infancia se ha de
favorecer su bravura y evitar darles miedo frívolamente o burlarse de ellos. Si una
persona se ve afectada por la cobardía cuando niño, queda una cicatriz para toda la vida.
Es un error de los padres que, sin reflexionar, hagan temer a los niños los relámpagos,
los sitios oscuros, o contarles cosas terroríficas para provocar sus lloros. Más aún, si un
niño es reñido severamente se volverá tímido. No debe tolerarse que se formen malos
hábitos. Después que se ha formado un mal hábito, aunque se reprenda al niño, ya no
mejorará. Para cosas tales como el hablar correctamente o tener un buen
comportamiento hay que volver gradualmente al niño consciente de ello. No dejéis que
el niño conozca la avaricia. Otra cosa más, si tiene una naturaleza normal, se
desarrollará siguiendo el camino que se le marque. Otro punto más a tener en cuenta es
que si los padres tienen una mala relación, el niño no tendrá sentimientos filiales. Esto
es natural. Incluso los pájaros y las bestias se sienten afectados por lo que ven en el
momento de nacer. Por lo tanto, las relaciones entre padre e hijo se pueden deteriorar
debido a la inconsciencia de la madre. Una madre quiere a su hijo por encima de todas
las cosas y será imparcial con él cuando es corregido por el padre. Si se vuelve una
aliada del niño, tal cosa sembrará la discordia entre el padre y el hijo. Debido a la
estrechez de su mente, una mujer ve a su hijo como el sostén de su vejez.


La Distracción

Seréis confundidos por la gente cuando vuestra resolución sea débil. Más aún, si
en una reunión estáis distraído cuando otra persona esté hablando, por vuestro descuido
podéis pensar que coincidís con su opinión y le vais a seguir diciendo: "De acuerdo, de
acuerdo", incluso cuando esté diciendo algo contrario a vuestros propios sentimientos, y
los demás pensarán que estáis de acuerdo con ellos. Por esto, nunca debéis distraeros ni
un instante cuando tengáis una reunión con otras personas. Cuando estéis escuchando
una historia o estén hablando con vosotros, deberéis ser cuidadosos para evitar veros
confundidos; y si hay algo con lo que no estéis de acuerdo, exponed vuestra opinión,
mostradle su error a vuestro oponente, esforzaos en resolver la situación. Incluso en
asuntos poco importantes los malentendidos provienen de cosas pequeñas. Uno debe ser
cauteloso en este aspecto. Más aún, es mejor no colaborar con gente de la que ya habéis
tenido dudas anteriormente. No importa lo que hagáis, será gente que siempre os
confundirá o absorberá. Para estar seguro en este tipo de asuntos debéis tener mucha
experiencia.


La Desgracia


No es suficiente evitar simplemente sentirse desanimado cuando llega una
prueba. Cuando llega una desgracia, el Samurai debe alegrarse y coger la suerte que le
es ofrecida por poder emplear así su energía y su valentía. Tal actitud difiere
radicalmente de la simple resignación. Cuando la marea sube, el barco flota...
Cuando se ha oído hablar de las hazañas de un Maestro, pensar que cualquier
cosa que uno haga no podrá jamás igualarlo, es señal de un alma mezquina. Se debe
pensar, al contrario, que "si el Maestro es un hombre como yo, ¿por qué yo he de ser
inferior?" En cuanto un Samurai se decide contestar a este desafío contra sí mismo, ya
está en camino de la mejoría. Ittei Ishida ha dicho: "Un hombre reconocido como sabio
por los otros, sólo adquiere esta reputación porque ha comenzado a profundizar sus
conocimientos desde su más tierna edad. Nunca es el resultado de un aprendizaje tardío,
incluso si éste es difícil." En otras palabras, en cuanto un ser toma la resolución de
llegar a la perfección, puede esperar un día experimentar la iluminación. Un Samurai
debe prestar atención a sus hechos y gestos para evitar cometer errores de conducta, no
importa lo pequeños que aquellos sean. Ocurre que, por descuido, un Samurai no
controla su mente y llega a pensar reflexiones de este tipo: "Decididamente, soy un
cobarde" o "Si esto ocurre, corramos para preservar nuestras vidas" o "Cuán terrorífico
es esto", "¡Ay!", Etcétera. Tales exclamaciones no deben ser jamás proferidas por un
Samurai aunque sea para mofarse o reírse, ni por descuido, ni siquiera soñando, ni en
ninguna otra situación. Un ser perspicaz adivinaría rápidamente la naturaleza verdadera
de la persona que hubiera pronunciado tales palabras. Uno debe estar siempre en
guardia. Se ha dicho que un hombre que acaba de ser decapitado todavía puede hacer
algunos gestos. Esta historia ha sido transmitida por Nitta Yoshisada y Ono Moken.
¿Cómo un hombre puede ser inferior a otro hombre? Mitani Joyku decía: "Incluso
cuando un hombre enferma mortalmente, puede sobrevivir dos o tres días más."
Las malas relaciones existentes entre los actuales gobernantes y los procedentes,
entre el padre y el hijo, entre el hermano mayor y el pequeño están motivadas por
razones egoístas. La prueba es que no hay tales relaciones entre maestro y servidor.


Las Decisiones

Un viejo proverbio dice: "Decidios en el espacio de siete soplos." El Señor
Takanobu Ryuzoti hizo un día este comentario: "Si un hombre tarde demasiado en
tomar una decisión, se duerme." El Señor Naoshige dice también: "Si uno se lanza sin
vigor, siete de cada diez acciones no llegan a término. Es verdaderamente difícil tomar
decisiones en estado de agitación. Por consiguiente, si sin ocuparse de las consecuencias
menores, uno se enfrenta a los problemas con la mente afilada como una navaja,
siempre se encuentra la solución en menos tiempo del preciso para hacer siete
soplos."Hay que considerar los problemas con calma y determinación.


El Orgullo

El que tiene pocos conocimientos se vuelve rápidamente pretencioso y se deleita
en la idea de ser considerado como un hombre competente. Los que se enorgullecen de
sus talentos y se estiman superiores a sus contemporáneos serán inevitablemente
castigados por alguna manifestación del Cielo. Un hombre que no sepa hacerse apreciar
de los otros no será de utilidad a nadie a pesar de su alta competencia. El que trabaja
arduamente y sabe permanecer modesto; el que se alegra de la posición subordinada que
ocupa al mismo tiempo que respeta a sus iguales, será altamente estimado.


Levantaos a la Octava

Es el colmo de la locura para un Samurai perder el control de sí mismo si por
desgracia queda reducido al estado de ronin o se encuentra enfrentado a algún revés de
fortuna del mismo tipo. En el tiempo del Señor Katsushige, los Samurais tenían una
divisa favorita: "Si no habéis sido ronin siete veces, no podréis reivindicar
efectivamente el título verdadero de Samurai. Tropezad y caed siete veces, pero
levantaos a la octava." Manifiestamente, Hyogo Naritomi había sido, según se dice,
siete veces ronin. Un Samurai al servicio de un daimio debe ser como un tentetieso que
se levanta cada vez que uno lo inclina. En verdad, sería una excelente idea para el
Daimyo devolver a sus discípulos la libertad para someter a prueba su fuerza espiritual.
El Trato a los Subordinados
En un poema a la gloria de Yoshitune, se dice: "Un general debe dirigirse
frecuentemente a sus soldados." Las personas que sirven a un amo estarán tanto más
dispuestas a consagrar su vida a su servicio cuando su amo le alabe en circunstancias
excepcionales, así como en la vida corriente, del tipo: "Me habéis servido muy bien."
"Debéis ser muy cuidadoso con esto o lo otro." "Ahora tengo un servidor de primera
clase." Estos comentarios atentos son de una gran importancia.


Auto-perfección

Si deseáis perfeccionaros, la mejor manera de hacer es solicitar la opinión de los
otros y buscar sus críticas. La mayor parte de las personas intentan perfeccionarse
fiándose en su sola facultad de apreciación. El único resultado que consiguen es que no
hacen progresos significativos... Los hombres que buscan las críticas de los demás son
ya superiores a ellos. La primera palabra pronunciada por un Samurai, en cualquier
circunstancia, es extremadamente importante. Revela por esta palabra todo su valor. En
tiempos de paz, el lenguaje firma el valor. Pero, del mismo modo, en tiempos de
disturbios y destrucción, la gran bravura puede revelarse por una única palabra. Se
puede decir entonces que esta palabra única es la flor del alma.
Un Samurai debe siempre evitar quejarse, incluso en la vida corriente. Debe
estar en guardia para no dejar escapar jamás una palabra que demuestre su debilidad.
Una indicación anodina hecha por inadvertencia indica frecuentemente el valor del que
la ha hecho.
Un hombre cuya reputación está basada sobre su habilidad para una técnica
precisa es insignificante. Concentrando toda su energía en un solo objeto, se ha vuelto
desde luego excelente pero se ha abstenido de interesarse en otras cosas. Un hombre así
no es de ninguna utilidad


Los Consejos

Son numerosas las personas que dan consejos, pero escasas son las que los
reciben con reconocimiento, y todavía más raros los que los siguen. Después de los 30
años, el hombre se vuelve, por lo general, impermeable a los consejos. Cuando los
consejos ya no le alcanzan se vuelve rápidamente fatuo y egoísta. Añade, para el resto
de sus días la impudencia a la estupidez, lo que irremediablemente causará su pérdida.
Es por ello que es indispensable descubrir a alguien capaz de discernir, ligándose
fuertemente a él para recibir su enseñanza.
Un Samurai que no concede ningún interés a la riqueza y al honor, acaba
habitualmente por volverse insignificante y envidioso. Este hombre es a la vez vano e
inútil, acaba por revelarse inferior a aquel mismo cuyos únicos móviles son la ambición,
el dinero y la fama. No es de ninguna utilidad inmediata.
Hasta la edad de cuarenta años un Samurai debe vigilar de no dejarse seducir por
la sabiduría y el sentido del juicio. Debe depender únicamente de sus capacidades y de
su fuerza de carácter. Cuanto mayor sea esta última, mejor será el samurai. Aun
habiendo superado los 40 años, pero esto depende del individuo y de su posición social,
un Samurai no es nada si no tiene fuerza de carácter.


Determinación

Cualquiera que sea la meta, nada es imposible de hacer cuando uno está
determinado. Se puede entonces remover cielo y tierra según convenga. Pero cuando el
hombre no tenga "el corazón en el vientre", no se puede persuadir de ello. Remover
cielo y tierra sin esfuerzos es una simple cuestión de concentración.
Es bueno desarrollar su potencia hasta la edad de cuarenta años. En cambio es
aconsejable "calmarse" a partir de los cincuenta. Cuando alguien os da su opinión, hay
que saber aceptar con gratitud incluso si no es de ningún interés. Solo con esta
condición os comunicará lo que ha oído decir de vosotros. Es bueno dar y recibir avisos
de una manera amistosa.
Si en el campo de batalla no dejáis a nadie al cuidado de conducir el asalto y sois
vosotros quienes tenéis la firme intención de penetrar en las filas enemigas, no caeréis,
vuestro espíritu será bravo y manifestaréis vuestro valor marcial. Este consejo es una
herencia de los antiguos. Por otro lado, si debéis ser derribado en el curso de un
combate, estad decidido a serlo frente al enemigo.


El Fundamento de las Cosas

Conozco un sacerdote que pretende resolverlo todo gracias a su extraordinaria
inteligencia. No hay ningún otro en todo Japón que le sea comparable. Esto no es muy
sorprendente ya que simplemente nadie percibe el fundamento de las cosas.


Senilidad

La vejez llega cuando uno se limita a hacer las cosas a las que se es proclive.
Mientras el vigor persiste, uno puede ir en contra de esta inclinación; cuando él se
debilita, las verdaderas tendencias aparecen y nos perturban. Existen diferentes
manifestaciones de este estado pero, alcanzados los sesenta años, nadie escapa a ello.
Pensar que uno no será jamás senil, es serlo ya. Así uno puede considerar la
argumentación del maestro Ittei como la de una persona senil, cuando quiso probar que
él era el único que podía ayudar a la Casa Nabeshima. Fue a hablar con los poderosos de
diferentes familias, pero mostraba ya señales de senilidad. Todo el mundo pensó en su
momento que era un acto razonable; y si reflexiono mejor me doy cuenta que era un
acto de debilidad. Por mi parte, gracias a este ejemplo y debido a la sensación que tengo
de retornar a la infancia, he rehusado la invitación a la ceremonia del templo por el
aniversario de la muerte el Señor Mitsushige y he decidido permanece cada vez más
recluido en mi casa. Uno debe tener la clarividencia de lo que os va a ocurrir.


Errores

Según una historia de Ryutaji, había un experto en el I-Ching en la región de
Kamigata. Habría dicho que, incluso tratándose de un sacerdote, es inútil dar una
posición a un hombre antes de los cuarenta años, por la buena razón de que hasta
entonces comete numerosos errores. Confucio no fue el único que tuvo el espíritu
sereno después de los cuarenta años. Hasta esa edad, tanto el sabio como el insensato
han acumulado numerosas experiencias formadoras y luego cesan de estar indecisos
frente a la existencia.
En lo que concierne al valor marcial, es más meritorio morir por su amo que
matar a un enemigo. Es en este sentido que se puede comprender la devoción de Sato
Tsugunobu.
Cuando yo era joven, tenía un "diario de lamentaciones" en el cual mencionaba
día tras día mis errores. Pero no pasaba un solo día sin que yo tuviera que abrirlo veinte
o treinta veces. Es así como acabé realizando que siempre sería así y decidí
abandonarlo. Hoy en día, cuando medito, antes de irme a dormir, sobre la jornada
transcurrida, no hay un día en el cual yo no haya cometido algún fallo de palabra o de
acción. Vivir sin cometer errores es casi imposible, pero "los intelectuales" distan
mucho de admitirlo.
Cuando se lee un texto en voz alta, hay que hacerlo con el vientre. Cuando se lee
con la boca y la garganta, uno se cansa deprisa. Esto es una enseñanza de Nakamo
Shikibu.
Lo que se llama generosidad es realmente compasión. En el "Shin´ei" está
escrito: "Mirando con el ojo de la compasión, no hay nadie que no merezca ser amado.
El que ha pecado debe despertar todavía más nuestra piedad". No hay límite para la
anchura y profundidad de nuestro corazón. Hay espacio para todo. Por esto todavía
adoramos a los sabios de los tres antiguos reinos (India, China y Japón) debido a que su
compasión todavía nos alcanza a nosotros actualmente. Cualquier cosa que hagáis,
tenéis que hacerlo para el bien de vuestro amo, vuestros parientes, la gente en general y
la posteridad. Esto es la gran compasión. El amor y la sabiduría que vienen de esto son
el real amor y la real sabiduría. Cuando uno castiga o lucha con el corazón compasivo,
todo lo que haga será sin límites en la fuerza y la corrección. Hacer una cosa sólo en el
propio beneficio es superficial y se vuelve negativo. Yo comprendí hace tiempo los
temas de la sabiduría y la bravura. Ahora estoy justamente empezando a entender el
tema de la compasión. El Señor Ieyasu decía: "El fundamento para gobernar un país en
paz es la compasión; cuando uno considera al pueblo como a su propio hijo, el pueblo lo
considera como su propio padre." Además ¿no ha de pensarse que los nombres del
"padre del grupo" y "niño del grupo" (es decir jefe del grupo y miembro) provienen de
lso armoniosos corazones de una relación padre-hijo? Es de esta manera que ha de
comprenderse que la frase del Señor Naoshige: "Un buscador de faltas vendrá para ser
castigado por los otros" viene de su compasión. Su sentencia: "El principio está más allá
de la razón" también tiene que ser considerado compasión. Él afirmó con entusiasmo
que uno tiene que probar lo ilimitado.


Caligrafía

El Maestro Ittei decía: "El progreso en caligrafía consiste en crear la armonía
entre el pergamino, el pincel y la tinta."¡Tienen tanta tendencia a estar desunidas!
El Monje Tannen decía: "Podría ocurrir que un servidor inteligente no
ascendiera. Pero tampoco hay casos en donde un servidor estúpido haya podido salir del
montón."


Aceptar el Sufrimiento

El Maestro Ittei decía también: "Para actuar correctamente, en una sola palabra:
es necesario soportar el sufrimiento." No aceptar sufrir es malo. Es un sufrimiento que
no tiene ninguna excepción.


Hacer Demasiado

Según los antiguos, un Samurai debe notarse por su excesiva tenacidad. Una
cosa hecha con moderación puede ser juzgada insuficiente. Es necesario "hacer
demasiado" para no cometer errores. Es el tipo de principio que no es necesario olvidar.
Cuando uno ha decidido matar a alguien, incluso si la empresa parece difícil de realizar,
sin duda no sirve de nada intentarlo hacer con medios desviados. El corazón puede
flaquear, la ocasión puede faltar y, a fin de cuentas, todo puede fracasar. La Via del
Samurai es la de la acción inmediata y por ello es preferible "lanzarse la cabeza
primero". Una vez, un hombre iba de camino para ir a escuchar los Sutras en el Jissoin
en Kawakami. Uno de sus pajes se emborrachó y buscó pelea con uno de los marinos.
Cuando se acercaron, el paje desenvainó su sable y el marino, cogiendo una percha, lo
golpeó en la cabeza. En el mismo momento, los otros marinos cogieron remos y ya iban
a golpear al paje cuando el amo llegó. Hizo ver que no se daba cuenta de nada y
entonces otro paje fue a pedir excusas a los marinos. Calmó a su compañero y lo
acompañó hasta su casa, pero entonces se dio cuenta de que le habían robado su sable.
La lección que es necesario extraer es la siguiente: en primer lugar, no haber
desaprobado y sancionado al paje en el barco es una negligencia del amo; luego,
incluso si el paje había actuado sin consideración, en cuanto fue golpeado en la cabeza
ya no había lugar para excusarse. El Amo debería haber ido hacia el paje borracho y el
marino, como si fuera a excusarse y luego haberlos matado a los dos. Es evidente que
este amo no tenía "Espíritu".
El Señor Naoshige decía: "El valor de un antepasado se mide por el
comportamiento de sus hijos. Un hijo debe actuar de modo que honre a su antepasado y
no de modo que lo deshonre. Esto es realmente la piedad filial."
Cuando Nakano Shogen hizo Seppuku, los miembros de su clan, reunidos en
casa de Oki Hyobu, hicieron comentarios críticos sobre él. Hyobu les dijo: "No se debe
hablar mal de alguien que ha muerto y el que ha sido condenado debe despertar
particularmente nuestra piedad. Es deber del Samurai elogiarle, aunque sólo fuera un
poco. No hay duda de que dentro de veinte años se dirá de Shogen que era un servidor
fiel." Estoso comentarios son los de un hombre maduro.
Cuando uno conoce a alguien, debería captar rápidamente su carácter y
reaccionar de manera adecuada para cada una. Cuando uno se encuentra con alguien a
quien le gusta argumentar, es necesario enfrentarse a él y ganarlo por la superioridad de
la lógica, pero sin ser demasiado severo, para evitar que quede un resentimiento. Es a la
vez algo del corazón y algo de palabras. Este consejo fue dado por un sacerdote.


La Condición del Samurai

Si se debiera resumir en pocas palabras la condición del Samurai, yo diría que en
primer lugar es devoción en cuerpo y alma a un amo. En segundo lugar yo diría que es
necesario cultivar la inteligencia, la compasión y la valentía. La posición de estas tres
virtudes reunidas puede parecer imposible al ser común, pero es fácil. La inteligencia no
es más que saber conversar de unas cosas y otras con los demás, consiguiendo con ello
una sabiduría infinita. La compasión cosiste en actuar en bien de los demás
comparándose con ellos y dándoles la preferencia. La valentía es saber apretar los
dientes. Es suficiente hacer esto en cualquier circunstancia. Todo lo que está más allá de
estas tres virtudes no es útil conocerlo. En tercer lugar, en lo que concierne al aspecto
exterior, es necesario cuidar su apariencia, su manera de expresarse y perfeccionarse en
caligrafía. Esto no es más que un asunto corriente que es necesario mejorar con una
práctica constante. En la base de todo esto hace falta sentir en nosotros la presencia de
una fuerza tranquila. Cuando ella haya realizado todo esto, será necesario aprender la
historia de nuestra tierra y de sus costumbres. Luego podremos estudiar algunas artes
recreativas. Ser un Samurai es, a fin de cuentas, muy simple. Si miráis los que hoy en
día son de alguna utilidad, os daréis cuenta que han reunido estas tres condiciones.
Los hombres valientes del pasado eran, en su mayoría, ruidosos; su exuberancia
era signo de fortaleza y bravura. Como yo dudaba de ello, Tsunetomo me contestó: "Se
puede comprender que su vitalidad poderosa haya hecho de ellos seres rudos y
exuberantes. Hoy en día, los hombres han perdido esta alegría ruidosa porque su
vitalidad es menor. La savia se ha agotado pero su carácter ha mejorado. El valor es de
otro orden. Que hayan perdido en vitalidad y ganado en dulzura no significa que posean
una menor pasión por la muerte. Esto no tiene nada que ver con la vitalidad." Aunque el
Señor Ieyasu no haya ganado jamás una batalla, la posteridad ha dicho de él. "Ieyasu era
un general muy valiente." Ninguno de sus Samurais murió en el campo de batalla dando
la espalda al enemigo. Todos yacían con la cara vuelta hacia las filas adversarias.


El Fin de las Cosas

Yasuda Ukyo hazo el comentario siguiente a propósito de la última copa de vino
que se ofrece: "Sólo el fin de las cosas es importante." Cada uno debería parecerse a
esto. Cuando los invitados se van, decirles adiós con pesar es importante. Si este
sentimiento está ausente, se corre el riesgo de parecer harto y todo el placer de la
jornada se difumina. Se debe dar sin cesar la impresión de que uno hace algo
importante. Esto es posible con un mínimo de comprensión.


La Situación

Uesugi Kenshin decía: "Yo no he sabido jamás lo que era ganar desde el
principio al fin; yo solamente he comprendido que no hay que ser jamás inferior a la
situación y esto es importante. Es molesto que un Samurai no esté a la altura. Si no
estuviéramos constantemente por debajo de la situación, no nos sentiríamos
embarazados jamás."
Deberíamos desconfiar de hablar de temas tales como el conocimiento, la
moralidad, las costumbres delante de los mayores o las personas de alto rango. Es algo
desagradable de oír.
Incluso, aun cuando uno acabara de ser decapitado, todavía deberíamos ser
capaces de hacer con seguridad una última cosa. Los últimos instantes de Nitta
Yoshisada lo prueban: si hubiera tenido un espíritu débil, se haría caído en el momento
exacto en que su cabeza fue cortada. Este también ha sido recientemente el caso de Ono
Doken. Estos hechos relevan de la determinación. Cuando uno posee valor marcial y
determinación, incluso teniendo la cabeza cortada, no muere, siendo como un fantasma
vengador.


El Mundo es Sueño

Que uno sea de alto linaje o de origen humilde, rico o pobre, joven o anciano,
ilustrado o no, todos estamos destinados a morir. Nosotros sabemos que esto es
ineludible pero nos agarramos a las ramas diciéndonos que los otros morirán antes que
nosotros, que seremos el último. La muerte siempre parece lejana. ¿Acaso no es esto
una vista engañosa y futil? ¿No es una ilusión, un sueño? No se deberían ver las cosas
de una manera que nos indujera a la negligencia. Se debería ser valiente y actuar
rápidamente ya que la muerte vendrá tarde o temprano a golpear nuestra puerta.
La vergüenza y el arrepentimiento son comparables al hecho de derramar un
jarro de agua. Uno de mis amigos ha resentido compasión escuchando la confesión de
aquel que le había robado su sable de gala. Cuando uno quiere reparar sus faltas, sus
huellas desaparecen rápidamente.
Una persona de poco conocimiento se da aires de sabio: es una cuestión de
inexperiencia. Cuando se domina bien algo, no se destaca en nuestro comportamiento:
una persona así es educada.


Fanatismo

El monje Keiho cuenta que el Señor Aki había dicho un día que la virtud marcial
por excelencia era el fanatismo. He constatado que esto coincidía con mi propia
convicción y desde entonces soy cada vez más extremado en mi fanatismo.
Cuando hice la siguiente pregunta: "¿Qué es lo que no debe hacer jamás un
Samurai que esté al servicio de daimyo?", Me fue contestado: "Un Samurai no debe ni
beber demasiado ni estar demasiado seguro de sí mismo ni darse a la lujuria." En
período de dificultad, estas debilidades sólo tienen pocas ocasiones de ser satisfechas.
Así, sólo tienen consecuencias limitadas. Pero cuando los tiempos mejoran, la vida se
vuelve más fácil. Entonces estos tres defectos se vuelven susceptibles de tener
consecuencias nefastas. Examinad de cerca la carrera de personas que conocéis. En
cuanto empiezan a palpar el triunfo, se vuelven arrogantes sin medida, se entregan a un
lujo imperdonable. Es bueno enfrentarse con dificultades en la juventud porque el que
no ha sufrido jamás no ha templado plenamente su carácter. Un Samurai que se
desanima o abandona frente a las pruebas, no es de ninguna utilidad.


Resolución

En un último análisis, la única cosa que cuenta es la resolución del momento. Un
Samurai toma una decisión tras otra y el conjunto llena toda su vida. Una vez que ha
comprendido esta regla fundamental ya no tiene que manifestar jamás impaciencia ni
buscar otra cosa que el momento presente. Su existencia fluye naturalmente, se
concentra en sus decisiones. Sin embargo, las personas tienen tendencia a olvidar esta
regla de conducta. Aprender a conformarse a sus decisiones sin desviarse, no puede
realizarse sin alcanzar una cierta edad. Incluso cuando uno ha alcanzado la iluminación
y si el interesado no tiene plenamente conciencia de ello su determinación está siempre
presente. Si alguien lleva a término aunque sólo sea una resolución, bado: pues revela
así un gesto de lealtad será raramente perturbado: pues revela así un gesto de lealtad
respecto a su fe.


La Nostalgia del Pasado

No podemos cambiar nuestra época. En cuanto las condiciones de vida se
degradan regularmente es prueba de que uno ha penetrado en la fase última del destino.
En efecto, no se puede estar constantemente en primavera o verano, tampoco se puede
disfrutar permanentemente; por ello es obrar en vano empeñarse en cambiar la
naturaleza de los momentos actuales para reencontrar los felices días del siglo pasado.
El error de los que cultivan la nostalgia del pasado viene de que no captan esta idea.
Pero los que sólo tienen consideración por el momento presente y afectan detestar el
pasado, parecen ser muy superficiales.


Examen Cotidiano

Se debe enseñar a los jóvenes Samurais las virtudes marciales de manera que
cada uno de ellos esté convencido de ser el guerrero más bravo de Japón. Paralelamente,
los jóvenes Samurais deben evaluar cotidianamente sus progresos con respecto a la Vía
y deshacerse lo más rápidamente posible de sus imperfecciones. Este examen cotidiano
es la condición para alcanzar la meta buscada.


Marionetas

Mientras yo iba reflexionando al caminar, se me ocurrió que los seres humanos
son unas extraordinarias e inteligentes marionetas articuladas. Aunque estén
suspendidos por hilos, pueden saltar, caminar, hablar. ¡Cuán magníficamente están
concebidos! Pero de aquí al próximo festival budista, pueden morir y venirnos a visitar
bajo forma de espíritus. ¡Qué existencia más vana! La gente siempre parece olvidarlo.
Cuando el Agua Sube...
Existe un proverbio que reza: "Cuando el agua sube, el barco también." En otras
palabras, frente a las dificultades, las facultades se agudizan. Es cierto que los hombres
valientes cultivan seriamente sus talentos cuando las dificultades con las que están
enfrentados son importantes. Es un error imperdonable dejarse abatir por las
dificultades.


Ahora es la Hora

El maestro Jocho dijo un día a su yerno Gomojo esta máxima: "Ahora es la hora
y la hora es ahora." Tenemos tendencia a pensar que la vida cotidiana difiera de un
momento de crisis; así cuando el momento de actuar llega, no estamos nunca listos. Si
nos convocan para hablar con el Daimyo o somos enviados a una misión, no
encontramos palabras para expresarnos. Estas actitudes indican que continuamente
diferenciamos entre "el tiempo" en el sentido amplio y "el momento presente".
Comprender la expresión: "La hora es ahora" significa prepararse constantemente para
un suceso imprevisto. Un Samurai debe siempre estar dispuesto a expresarse claramente
en público, a ser convocado frente al Daimyo o incluso a entrevistarse con
personalidades oficiales, aun con el mismo Shogun en persona. Poco importa que esto
ocurra o no, uno debe de estar dispuesto permanentemente. Esta disponibilidad para
actuar es el método a aplicar para llevar a cabo todas nuestras acciones, tanto en las
artes militares como en los deberes cívicos.
Si los dioses ignoran mis rezos debido ha que he sido mancillado por la sangre
del enemigo, no puedo hacer nada si no es continuar mis actos de devoción sin
preocuparme de la mancha. Incluso, aunque los dioses no aman las manchas de sangre,
yo tengo mi propia manera de ver las cosas. No me olvido jamás de mi hora cotidiana
de oración. E incluso si en el campo de batalla me salpica la sangre o tropiezo en los
cadáveres que yacen a mis pies, tengo confianza en la eficacia de mis rezos dedicados a
los dioses para alcanzar el éxito militar o asegurarme una larga vida.


Fugacidad

La vida humana sólo dura un instante, es necesario tener la fuerza de vivirla
haciendo lo que más nos gusta. En este mundo fugaz como un sueño, vivir en el
sufrimiento no haciendo más que cosas que nos disgustan es una pura locura. Sin
embargo, este principio, mal entendido, puede ser nocivo, por ello he decidido no
enseñarlo a los jóvenes... Adoro dormir. En contestación a la situación actual del
mundo, pienso que lo mejor que puedo hacer es volver a dormir a mi casa.
Ocurre a menudo que un hombre que goza de grandes capacidades de juicio y
que es consciente de su valor, se vuelva cada vez más arrogante. Es difícil conocer
realmente sus cualidades pero todavía es más difícil admitir sus cualidades. Es el
maestro Zen Kaion quien ha hecho estas reflexiones.


Dignidad y Sinceridad

La dignidad de un ser se mide por la impresión exterior que da. Hay dignidad en
el esfuerzo y la asiduidad; en la serenidad y la discreción. Hay dignidad en la
observación de las reglas y en la rectitud. También hay dignidad para apretar los dientes
y mantener los ojos abiertos: todas estas actitudes son visibles desde el exterior. Lo que
es capital es actuar siempre con dignidad y sinceridad.
Kazuma Nakano ha dicho: "Es un signo de mezquindad y falta de gusto utilizar
un juego de tazas ya gastado para la ceremonia del té." Los utensilios nuevos son más
convenientes. Algunas personas pueden pensar que más vale emplear utensilios ya
gastados debido al carácter de su origen. Estas dos concepciones son igualmente
erróneas. Los objetos antiguos han sido empleados por personas, ciertamente modestas,
pero su gran antigüedad les confiere una cierta nobleza. Os utensilios viejos han dado
prueba de su calidad en las manos de gente de alto rango. Es por haber sido detentadas y
usadas por su propietario que ha acrecentado su valor. Uno puede tener un razonamiento
semejante sobre el deber del Samurai. Un hombre de origen modesto que logra cierto
renombre y alcanza una posición social elevada, está dotado manifiestamente de
cualidades sobresalientes. Sin embargo, habrá gente que siempre encontrará
desagradable codearse con un hombre de genealogía dudosa, que rehúsa siempre
considerar como un oficial superior al que no era hasta ahora más que un simple
soldado.
Fundamentalmente, un hombre que ha descollado del montón, sólo ha podido
hacerlo debido a que poseía más habilidad y mérito que los que están colocaos
inicialmente en un escalón elevado. Por ello debemos siempre testimoniarles un mayor
respeto.
Cuando uno busca algo esencial que realizar, hay que saberse mantener lejos del
Señor de un feudo, de las personalidades oficiales y de los consejeros. Cuando uno pasa
el tiempo "girando en torno" a sus superiores y a estar suspendido de sus labios, se hace
difícil llevar a cabo los proyectos. Es una máxima que no ha de ser olvidada.
Está mal murmurar, sin embargo, tampoco es mejor alabar a alguien en todo
momento. Un Samurai debe conocer su talla, observar la disciplina sin distraerse y
hablar lo menos posible.
Un hombre valeroso debe permanecer impávido y jamás dar la impresión de
estar desbordado. Sólo las personas insignificantes, cuyo carácter se revela agresivo,
buscan la fama a cualquier precio y chocan con todos los que frecuentan.
En un debate o una discusión algunas veces hay que saber perder pronto para
hacerlo con elegancia. Del mismo modo, si en la lucha Sumo, para ganar a cualquier
precio, uno se pone a hacer trampas, se vuelve peor que un vencido y es, al mismo
tiempo, derrotado y carente de elegancia.


El Orgullo(2)

Alguien dijo un día: "Hay dos tipos de orgullo, el interno y el externo. Un
Samurai que no posee los dos es de una utilidad dudosa." El orgullo puede ser
comparado con la hoja de un sable. Debe afilarse y luego volverse a colocar en la vaina.
De vez en cuando, es desenvainada, sostenida y limpiada para volverla a envainar. Si el
sable de un Samurai siempre está desenvainado, si está siempre levantado, la gente le
temerá y le será difícil tener amigos. Si por el contrario, no lo saca jamás de su vaina, la
hoja se enmohecerá y la gente ya no temerá al que lo lleva.


Intuición Súbita

Deberían escucharse con respeto y gratitud las palabras de un hombre de gran
experiencia, incluso si habla de cosas que ya sabemos. Ocurre, a veces, que después de
haber oído diez o veinte veces la misma cosa, uno tenga una intuición súbita y que esta
intuición trascienda la significación habitual. Hay una tendencia a mirar desde lo alto a
la gente anciana y a no tomar en serio sus comentarios. Pero deberíamos hacer lo
contrario, acordándonos que han tenido el beneficio de una larga y real experiencia.


Nuestra Opinión

Como ya lo he subrayado en mis Reflexiones locas (un manual de
comportamiento del Samurai redactado para mi yerno Gonojo), el non plus ultra del
servicio de un Samurai es saber expresar con inteligencia su propia opinión, como los
hombres cualificados el feudo, que son los consejeros experimentados del Daimyo.
Cuando uno ha comprendido esto, poco importa lo que uno piensa o lo que hace. Pero
nadie lo ha comprendido hasta ahora. Hay pocas personas cuya inteligencia sea
suficiente para conformarse a este principio. Algunos, más preocupados de su avance
personal, usan de la adulación y de la zalamería para mejorar su situación. Tales
personas sólo alimentan bajas ambiciones y no podrán alcanzar el nivel de hombre de
estado experimentado. Algunos, más calculadores todavía que estos últimos, no ven
ningún interés en volverse buenos Samurais y pasan el tiempo deleitándose con los
"Ensayos sobre la pereza" o la poesía de Sagyo. Sin embargo, desde mi punto de vista,
Kenko y Sagyo no son más que cobardes, y es porque eran incapaces de asumir las
funciones de Samurai que tratan con desdén estos problemas, prevaleciéndose del título
de religiosos retirados del mundo. Aún hoy en día, si bien yo pienso que es bueno para
estos bonzos y las personas ancianas consagrarse a esta literatura, es preferible para el
que tenga la ambición de ser un verdadero Samurai, que aunque acaparado por su
combate para penetrar en el mundo, se esfuerce en servir perfecta y lealmente a su amo.
Incluso si para conseguirlo tiene que estar hundido en el seno del infierno.


Longevidad

Cuando el Señor Naoshige pasó por un lugar llamado Chiriki, se le dijo: "Por
aquí vive un hombre anciano, cuya edad supera los noventa años. Este hombre es tan
afortunado que deberías deteneros para saludarle." Naoshige escuchó y contestó:
"¿Quién puede ser más desgraciado que este hombre? ¿Cuántos hijos y nietos ha visto
ya desaparecer? ¿Dónde se encuentra su suerte?" No se detuvo para saludar al anciano.


Relajación

Me han contado que el señor Naoshige había dicho un día: "Hay un momento en
el que todo el mundo está alegre y amistoso y es el momento en donde uno se relaja. Sin
embargo, también hay cosas que uno lamenta siempre después de haberlos hecho o
dicho."


Confusión

Durante una cacería en un lugar llamado Shiroishi, el amo Katsushige mató a un
enorme jabalí. Todos le rodeaban admirándolo por la bestia extraordinaria que acababa
de abatir. De repente, el jabalí dejado por muerto se levantó y cargó. Los miembros del
cortejo del amo, sorprendidos, se asustaron y huyeron. En aquel momento, Matabei
Nabeshima, rápido como el rayo, disparó sobre el jabalí y lo alcanzó. El amo
Katsushige se cubrió el rostro con su manga y exclamó: "El aire está lleno de polvo."
Evidentemente, hizo este gesto para evitar ver la confusión de los aduladores.
Un hombre, Hyogo Naritomi, dijo un día: "La verdadera victoria significa la
derrota de tu amigo. Ganar a tu aliado significa alcanzar la victoria sobre ti mismo; es la
victoria del espíritu sobre el cuerpo." Un Samurai tiene el deber cotidiano e cultivar su
espíritu y de ejercitar su cuerpo de tal manera que ninguno -entre mil aliados- pueda
alcanzarlo. Sin esto, será ciertamente incapaz de derrotar a un enemigo.


Un Método Secreto

Cuando vayáis a salir para una misión importante antes de hacerlo, colocad
saliva sobre los lóbulos de vuestras orejas, respirad profundamente, tirad y romped un
objeto entre vuestras manos. Es un método secreto. Del mismo modo, si sentís que la
sangre se os sube a la cabeza, colocad saliva sobre vuestros lóbulos de la oreja y os
sentiréis mejor inmediatamente.
Se considerará siempre como algo natural la cualificación y la competencia de
un Samurai, cualquiera que sea la manera extraordinaria en que realiza sus hazañas. Si
sus resultados son semejantes a los de sus contemporáneos, se considera que es de poca
valía. En cambio, si una persona despreocupada cualquiera realiza algo de manera
ligeramente superior al promedio, será alabado grandemente.


Las Palabras (2)

La mejor actitud respecto a las palabras es no usarlas. Si pensáis que podéis
pasar sin usarlas, no habléis. Lo que debe ser dicho debería serlo siempre de la manera
más concisa, lógica y clara posible. Una cantidad sorprendente de personas se
ridiculizan hablando sin reflexionar y se desconsideran otra tanto.


Lealtad a la Muerte

La absoluta lealtad respecto de la muerte debe ser puesta en práctica todos los
días. Debemos comenzar cada amanecer meditando tranquilamente, pensando en el
último momento e imaginando las diferente maneras de morir: muerto por una flecha,
por un cañonazo, atravesado por un sable, sumergido por las olas, saltando en un
incendio, golpeado por el rayo, aplastado por un terremoto, cayéndonos desde un risco,
víctima de una enfermedad o súbitamente. Debemos comenzar la jornada pensando en
la muerte. Como decía un anciano: "Cuando abandonáis vuestro tejado, entráis en el
reino de los muertos; cuando abandonáis vuestro umbral, encontráis al enemigo." Esta
sentencia no preconiza la prudencia sino la firme resolución de morir.


Los Pequeños Fallos

Si os lanzáis a una empresa, no os preocupéis de los problemas de poca
importancia. No es grave que un Samurai se manifieste egoísta de tiempo en tiempo, si
por lo demás es perfectamente leal y devoto a su amo, si es bravo y generoso por regla
general. De hecho, es más bien malo ser siempre perfecto en todas las cosas, porque
entonces se tiene tendencia a olvidar que podemos cometer errores. Un hombre que se
lanza a la aventura no puede cometer fallos. En efecto, ¿qué importancia tiene, en un
hombre que cultiva el honor y la integridad, cometer un fallo mínimo?
Cuando Nabeshima Tadanao tenía sólo quince años, un criado de las cocinas
cometió una mala acción y uno de los guardias quiso matarlo; pero lo que ocurrió es que
al final fue el criado quien lo mató. Los Ancianos del clan reclamaron su muerte
argumentando que aquel hombre se había salido de su posición y que había vertido la
sangre de su adversario. Tadanao, al oír esto dijo: ¿Qué es la cosa más condenable, salir
de su rango o apartarse de la vía del Samurai? Los Ancianos no supieron qué contestar.
Entonces Tadanao dijo: "He leído que cuando el delito no es verdaderamente evidente,
el castigo debe ser ligero. Arrestadlo por un tiempo."
Cuando el Señor Katsusuhige era joven, el Señor Naoshige, su padre, le enseñó
esto: "Para entrenarte a cortar con el sable, ve a cortar la cabeza de algunos condenados
a muerte." Así se hizo. En la plaza, que se encuentra en el interior de la muralla de la
Puerta Oeste, había unos hombres alineados y Katsushige los decapitó uno tras otro.
Cuando llegó al décimo, se dio cuenta que era joven y fuerte y dijo: "Estoy cansado,
perdono la vida de este hombre." Aquel hombre fue indultado.
Cuando el Señor Takanobu estaba en el campo de batalla de Bungo, un
mensajero del campo adversario vino a traerle un regalo, sake y comida. Takanobu iba a
hacer el reparto cuando sus hombres se lo impidieron diciendo: "Los regalos del
enemigo están verosímilmente envenenados, General; no deberíais ni siquiera tocarlos."
Takanobu los escuchó y dijo: "Incluso si la comida está envenenada, ¿en qué puede
cambiar el destino? ¡Haced venir al mensajero!, Bebió tres grandes copas, ofreció una a
aquél, le dio su respuesta y lo mandó de vuelta a su campamento.


Hierba de Cobardía

Cuando la caída del castillo de Arima, el día 28 en la vecindad de la ciudadela,
Mitsuse Genbei se sentó sobre un dique, en medio de los campos. Cuando Nakano pasó
por allí y le preguntó por qué estaba allí, Mitsuse le contestó: "Tengo dolores de vientre
y no puedo dar un paso más. He enviado a mis hombres al asalto os ruego que toméis el
mando. Este hecho fue repetido por un testigo. Se juzgó que era cobarde y fue
condenado a hacerse Seppuku. Ya hace mucho tiempo, los dolores abdominales eran
llamados "Hierba de cobardía". Vienen sin avisar e inmovilizan al hombre.
Nakamo Uemonnosuke Taaki fue matado el duodécimo día del octavo mes del
año Eiroku durante la guerra entre los Señores Goto e Hirai de Suko, en la isla de
Kabashima, en la región de Kishima. Antes de ir hacia las líneas enemigas, abrazó a su
hijo Shihibu (sobrenombrado más tarde Jin´emon) en el jardín y le dijo: "Cuando seas
mayor consigue el honor por la Vía del Samurai." Desde entonces, incluso cuando los
hijos de su familia eran muy jóvenes, Yamamoto Jin´emon los reunía y les decía:
"Creced y sed guerreros valerosos, sed diligentes hacia vuestro Señor." Y añadía. "Es
bueno murmurar estas cosas a sus oídos incluso si son demasiado jóvenes para
comprender."
Cuando Sahei Kiyoji, hijo legítimo de Ogawa Toshikiyo, murió, era muy joven.
Entre los Samurais hubo un hombre que fue al templo corriendo a hacerse Seppuku.


Asir la Ocasión

Cuando Taku Nagato No kami Yasuyori murió, Koga Yataemon dijo que, al no
haber podido devolver a su amo todos los beneficios que le había dado, iba a hacerse el
Sepukku. Kenshin Uesugi hizo un día el comentario siguiente: "Yo no conozco recetas
para asegurar la victoria. Lo que yo sé es que hay que asir toda ocasión y no dejarla
escapar jamás." Este comentario no carece de interés.


Dominar a sus Aliados

"Lo que es llamado vencer es, en primer lugar, dominar a sus aliados", decía
Narutomi Hyogo. "Dominar a sus aliados es dominarse y dominarse es controlar
rigurosamente el cuerpo. Si uno se encuentra en una situación comparable a un hombre
rodeado de diez mil aliados, ninguno de los cuales le seguiría. Si no se ha sabido
previamente dominar el espíritu y el cuerpo uno no puede vencer a su enemigo"
Cuando la rebelión de Shibamara, aunque su armadura se había quedado en el
campamento, Shugo Echigen No Kami Tanenao se lanzó a la batalla vestido solamente
con un Hakama y una blusa (haori). Se dice que fue encontrado vestido así.
Cuando tuvo lugar el ataque al castillo de Shibamara, Tazaki Geki revistió una
armadura, espléndidamente vistosa. El Señor Katsushige se vio contrariado por ello y
desde entonces, cada vez que notaba algo excesivo, decía: "Es la misma cosa que la
armadura de Geki". Teniendo en cuenta esta anécdota, las armaduras y los equipos
militares demasiado vistosos pueden ser considerados como señales de debilidad y de
falta de fuerza. Revelan la verdadera naturaleza del que los lleva.
Cuando Nabeshima Hizen no Kami Tadanao murió, el Samurai Ezoe Kimbei
tomó sus restos mortales y los hizo consagrar en el monte Koya. Luego se retiró a un
lugar apartado, esculpió una estatua de su amo y otra representándole a él haciendo una
reverencia ante su amo. A raíz del primer aniversario de la muerte de Tadanao, volvió a
su casa y se hizo Sepukku. La estatua fue trasladada más tarde del monte Koya al
Koenji.
El Señor Mitsushige tenía en su guardia personal un Samurai llamado Oishi
Kosuge. Cuando el Señor iba a su otra residencia de Edo, Kosuge tenía la costumbre de
dar vueltas constantemente por sus apartamentos. Cuando consideraba que una zona era
peligrosa, desenrollaba allí una estera y pasaba la noche velando. Si llovía, tenía por
abrigo solamente un gran sombrero de bambú y un vestido aceitado; protegido de esta
manera, permanecía de pie y vigilaba el lugar a pesar de la lluvia que lo calaba. Hasta
que murió no faltó una sola noche a esta regla de prudencia.
A la edad de cinco años, a petición de Jin´emon, su padre, Yamanoto
Kichizaemon mató a un perro con un sable; a la edad de quince años tuvo que ejecutar
del mismo modo a un criminal. Era la costumbre de la época. Es así cómo el Señor
Katsushige, todavía muy joven, mandado por el Señor Katsushige, todavía muy joven,
mandado por el Seor Naoshige ejecutó a más de diez condenados sucesivamente. Esta
práctica era muy corriente en las clases altas desde hacía mucho tiempo pero ahora ni
siquiera los hijos de las clases inferiores proceden a este tipo de ejecución y ello es una
negligencia grave. Decir que se puede vivir sin haber tenido el mérito de matar a un
condenado, pues se trata de un crimen, de una vileza y de una mancilla, no es más que
una excusa. Más bien deberíamos pensar que son los que tienen una débil virtud marcial
los que cuidan de no mancharse las manos. Si uno sondea la mente de los que
consideran desagradables estas prácticas, se da cuenta que busca excusas que invocan la
razón, pues es demasiado sensible para hacerlo. Sin embargo, Naoshige lo había
ordenado porque era una práctica conveniente. El año pasado, fui a un lugar de
ejecuciones llamado Kase para comprobar la firmeza de mi mano y he encontrado que
era una buena cosa. Me encontré muy bien. Pensar que es impresionante es señal de
cobardía.


Vencer la Enfermedad

Las enfermedades y cosas semejante se vuelven graves debido a nuestros
propios sentimientos. Yo nací cuando mi padre tenía setenta y un años y por eso yo era
un chico enfermizo. Pero debido a que tenía el deseo de ser útil, incluso en una edad
avanzada, probé la suerte cuando llegó el momento y desde entonces nunca he estado
enfermo. Me he abstenido de sexo y he empleado cauterios de moxa. Esto son cosas que
indiscutiblemente tienen efecto. Hay un proverbio que dice que incluso aunque uno
queme un "mamushi" siete veces, retornará a su forma original. Esto es mi gran
esperanza. Siempre he estado con una idea: ser capaz de realizar el deseo de mi corazón,
el cual es renacer siete veces como miembro de mi clan.
Yamamoto Jin´emon dice que lo mejor para un Samurai es tener buenos
seguidores. Los asuntos militares no son asunto de una persona sola, por más eficaz que
intente ser. Dinero es una cosa que uno puede pedir prestado de la gente, pero un
hombre bueno no es algo que aparezca repentinamente. Uno debe mantener a un
hombre amablemente y bien desde el principio. Y tener seguidores significa no
alimentarse sólo uno mismo. Si se divide lo que tiene y alimenta incluso a la gente de
menor categoría, será capaz de guardar hombres buenos.


Valentía

Se dice que al final de cada reunión de su clan, Oki Hyobu decía: "Los jóvenes
deben esforzarse en aumentar siempre su determinación y su valentía. Esto sólo podrá
hacerse cuando la valentía esté enraizada en el corazón. Cuando el sable está roto, hay
que atacar con las manos. Cuando las manos están amputadas, hay que servirse de los
hombros. Cuando los hombros están cortados, hay que morder el cuello de diez o hasta
de quince enemigo. Esto es realmente valentía."


Homosexualidad

Esto fue un comentario de Nakano Shikibu. Cuando uno es joven, puede ser
avergonzado toda su vida por actos homosexuales. No comprenderlo es peligroso.
Debido a que nadie informa a los jóvenes sobre este tema voy a dar unas indicaciones.
Se debe entender que una mujer es fiel a un solo hombre. Sus sentimientos van a una
sola persona de por vida. Si ello no es así, es lo mismo que sodomía o prostitución. Es
una vergüenza para un guerrero. Ihara Saikaku ha escrito esta famosa sentencia que
dice: "Un adolescente sin un amante adulto es como una mujer sin marido." Este tipo de
persona es ridícula. Un joven tiene que someter a prueba a un adulto por lo menos cinco
años y si está seguro de las intenciones de esta persona puede también pedir las
relaciones. Una persona ligera no entrará profundamente en relación y luego abandonará
a su amante. Si uno puede asistir y entregar su vida el uno al otro, entonces su
naturaleza podrá ser averiguada. Pero si uno de los dos no es honesto, el otro tiene que
decir que hay obstáculos a la relación y apartarse con firmeza. Si el primero pregunta
qué obstáculos hay, el otro tiene que decir que no se lo dirá en su vida. Si el primero
insiste, uno tiene que enfadarse, si continúa apretando entonces hay que matarlo. De ello
se sigue que el hombre adulto tiene que descubrir los motivos del joven en la manera
descrita. Si el joven se puede entregar él mismo y estar en esta situación por cinco o seis
años, entonces será de confianza. Ante todo no se tiene que dividir un camino en dos.
Hay que esforzarse en seguir la Vía del Samurai.
Hoshino Ryotetsu fue el progenitor de la homosexualidad en nuestra provincia y
a pesar de que tuvo numerosos seguidores, instruyó a cada uno de ellos
individualmente. Edayoshi Saburozaemon fue un hombre que comprendió el
fundamento de la homosexualidad. Un día, cuando acompañaba su amo a Edo, Ryotetsu
preguntó a Saburozaemon: "¿Qué es lo que has comprendido de la homosexualidad?"
Saburozaemon contestó: "Es algo agradable y desagradable al mismo tiempo." Ryotetsu
estuvo contento por esta respuesta y dijo: "Habéis reflexionado largo tiempo y con
esfuerzo para contestar de esta manera." Unos años después una persona preguntó a
Saburozaemon el sentido de esta respuesta. Contestó: "Entregar su vida por otro es el
principio básico de la homosexualidad. Si esto no es así, es motivo de vergüenza. Sin
embargo, luego ya no habéis abandonado nada por entregaros a vuestro amo. Por ello se
dice que es algo simultáneamente agradable y desagradable."
En la duodécima sección del capítulo cincuenta del Ryoan-kyo, figura la
siguiente anécdota: En la provincia de Hizen, vivía un hombre originario de Taku. Tenía
la viruela pero quiso, a pesar de esto, reunirse con las fuerzas que salían para asaltar el
castillo de Shimaba. Sus parientes intentaron disuadirlo: "Con una enfermedad tan
grave, incluso si llegas allí, no servirás para nada." "Estaré satisfecho incluso si muero
en el camino. Mi maestro me ha acogido en su generosa bondad. ¿Cómo podría yo
ahora no serle de alguna utilidad?" Fue hacia las filas enemigas. Era invierno y a pesar
del frío no cuidó de su salud. No se vistió más de lo acostumbrado y no abandonó su
armadura. No tomó remedios contra su enfermedad. Pero acabó por restablecerse.
Ocurrió, pues, lo contrario de lo que se esperaba, no fue necesario estar a la infección.
Cuando el Señor Suzuki Shozo conoció esto, dijo: "¿Acaso no es purificarse el
sacrificar así su vida? Un hombre que entrega su vida en nombre de la rectitud, no tiene
necesidad de invocar el Dios de la viruela. Todos los Dioses del cielo lo protegen."
Hace unos años, cuando hubo una recitación de sutras en el Jissoin de
Kawakami, cinco o seis hombres de Konyamachi y de los alrededores de Tashiro se
fueron a descansar y en el camino de vuelta decidieron tomar unas copas. Un Samurai
de la casa Kizuka Kyuzaemon rehusó la proposición de sus compañeros y se volvió para
su casa antes de la caída de la noche. Durante esa noche, sus compañeros quedaron
envueltos en una pelea y mataron a varias personas. El Samurai de Kyuzaemon lo supo
durante la noche y fue inmediatamente a habla con sus compañeros. Escuchó su versión
y dijo: "Supongo que vais a hacer un informe. Os ruego que declaréis que yo estaba
presente y que he participado en el combate mortal. Yo diré lo mismo a Kyuzaemon.
Debido a que este combate nos concierne a todos, yo haré frente a la muerte con todos
vosotros. Tal es mi deseo más profundo. De hecho, si yo dijera a mi amo que he vuelto
más pronto, no me creería; Kyuzaemon es un hombre severo. Incluso si los
investigadores me disculpan, me hará ejecutar delante de sus ojos por cobardía y sería
lamentable que yo muriera con mala reputación. Morir por morir, lo prefiero por haber
matado a alguien. Si no aceptáis, me clavo el sable en el vientre ahora mismo." No
teniendo elección, aceptaron. Cuando se hizo la investigación, las verdaderas
circunstancias fueron descubiertas y se supo que el Samurai había vuelto pronto a su
casa. Los investigadores quedaron muy impresionados y lo homenajearon. Sólo me han
contado los grandes rasgos de esta historia. La estudiaré en detalle luego.
Nabeshima Aki No Kami estaba comiendo cuando llegó un visitante y tuvo que
dejar su plato tal cual. Poco después, uno de sus servidores se sentó delante de la
bandeja y comenzó a comerse el pescado frito. Justo en ese momento llegó el Señor Aki
y sorprendió al sirviente, que escapó, atemorizado. El Señor Aki gritó: "Hace falta una
mentalidad de esclavo para comer en el plato empezado por otra persona." Se volvió a
sentar y acabó su plato. Esta historia fue relatada por Jin´emon. Se cuenta que este
servidor fue uno de los que se suicidó cuando murió su amo.
Ichiguyen era un pequeño servidor a las órdenes del Señor Takanobu. Debido a
un desacuerdo que tuvo respecto a la lucha, mató con su sable a siete u ocho hombres y
fue condenado a hacerse el Seppuku. Cuando el Señor Takanobu lo supo, usó su
clemencia y dijo: "Nuestra nación conoce ahora una época tumultuosa. Los hombres
bizarros son de una gran importancia y este hombre parece tener una gran bizarría." Por
ello, cuando tuvieron lugar los combates a lo largo el río Uti, el Señor Takanobu se
llevó a Ichiguyen con él. Aquél alcanzó una gloria sin igual al precipitarse a la
vanguardia enemiga y diezmarla a cada carga. En la batalla de Tagaki, Ichiguyen se
adentró tanto en las filas enemigas que el Señor Takanobu, preso de remordimientos,
tuvo que llamarlo de vuelta. Desgraciadamente, su vanguardia no pudo avanzar y sólo
fue echándose el mismo en la batalla que pudo coger el brazo de Ichiguyen. Su cabeza
tenía y numerosas heridas que había cuidado aplicando hojas sostenidas con una fina
servilleta.
Cuando Fukuchi Rokurouemon abandonaba el castillo, el palanquín de una dama
que parecía ser de alto rango pasó delante de la mansión del Señor Tabu y el hombre de
guardia hizo las salutaciones con esmero. Sin embargo, un portador de alabarda que
acompañaba el palanquín lo interpeló y dijo: "No te has inclinado lo suficiente" y lo
golpeó con el puño de la alabarda. El guardia tocó su cabeza y notó que sangraba. Se
levantó y dijo: "Habéis cometido una acción degradante cuando yo he sido cortés. Es
una desgracia." Y mató al portador de la alabarda de un solo tajo de su sable. El
palanquín continuó su camino, Rokurouemon levantó su lanza y dijo: "Envainad vuestro
sable, está prohibido desenvainar el sable en el recinto del castillo." El hombre contestó:
"Lo que acaba de ocurrir era inevitable y las circunstancias han sido las que han dictado
mi conducta. Os habréis probablemente dado cuenta de ello. Deseo volver a envainar
pero me es difícil hacerlo dado el tono de vuestra voz. Estaré contento de contestar a
vuestro desafío." Rokurouemon bajó inmediatamente su lanza y dijo: "Sois razonable.
Yo me llamo Fukuchi Rokurouemon. Testificaré que vuestra conducta ha sido ejemplar.
Más aún, os sostendré a riesgo de mi propia vida. Ahora, os ruego que envainéis vuestro
sable." "Con sumo placer." Dijo el guardia y envainó. Dijo servir a Taku Nagato No
Kami Yasuyori. Por esto Rokuroemon lo acompañó y relató los hechos. Sin embargo,
sabiendo que la Dama del palanquín era la esposa de un noble, el Señor Nagato le
ordenó hacerse Seppuku. Rokurouemon dijo entonces: "He dado mi palabra de Samurai.
Si este hombre es culpable voy a cometer Seppuku yo el primero." Se cuenta que esta
historia terminó sin otras consecuencias.
Un grupo de hombres se había reunido un día en la plaza de la Ciudadela interior
del castillo cuando alguien dijo a Uchida Shouemon: "Se dice que enseñáis el arte del
sable, pero si se os juzga por vuestro comportamiento cotidiano debéis de carecer de
pulcritud. Si se os pidiera ser el asistente de un Seppuku tengo la impresión de que en
vez de cortar la base del cuello, cortaríais la coronilla." Shouemon replicó: "Tal caso no
es cierto, dibuja un pequeño punto con tinta en la base de tu cuello y te voy a mostrar
cómo puedo cortarlo sin errar ni el espesor de un cabello."
Camino de Tokaido, Nagayama Rokurozaemon se detuvo en Hamatsu. Cuando
pasaba delante de un albergue, un mendigo se aproximó a su palanquín y dijo: "Soy un
Ronin de Echigo, no tengo dinero y estoy en dificultades. Los dos somos Bushi. Os
ruego que me ayudéis." Rokurozaemon se enfadó y dijo: "Es insultante decir que los
dos somos Bushi. En vuestro lugar, ya me hubiera clavado el sable en el vientre, en vez
de continuar errando, exponiendo vuestra vergüenza; cortaos ahora mismo el
estómago." Se dice que el mendigo se alejó.
En el curso de un Seppuku ritual, el asistente cortó la cabeza teniendo cuidado
de dejar un pequeño trozo de carne de manera que la cabeza no quedara separada
completamente del tronco. Un observador oficial declaró: "No se ha acabado." El
Kaishaku, furioso, cogió la cabeza, cortó el trozo de carne, levantó la cabeza a la altura
de sus ojos y dijo: "¡Mirad!" Fue bastante impresionante. Era una historia del Señor
Sukeemon. Antaño ocurría que la cabeza "volara". Se dijo entonces que más valía dejar
un pequeño trozo de carne que impidiera a la cabeza ser proyectada sobre los Oficiales.
Ahora, la costumbre es cortar completamente la cabeza. Un hombre que había cortado
cincuenta cabezas dijo un día: "Algunas veces el tronco de un cuerpo cuya cabeza
habéis cortado no os deja indiferente. Para los tres primeros, no notáis nada; al cuarto o
quinto ya empezáis a sentir algo. Como este punto es de una extrema importancia, si os
decidís a cortar cabezas, tenéis que hacerlo sin cometer ningún error."
Cuando el Señor Nabeshima Tsunashige era niño, Ivamura Kuranosuke fue el
encargado de cuidar de él. Un día, Kuranosuke, viendo que se habían colocado monedas
de oro delante del joven Tsunashige, preguntó al servidor: "¿Por qué razón están aquí
estas monedas?" El servidor contestó: " El Amo acababa de saber que le habían hecho
un regalo y como no lo había visto todavía, yo se lo he traído." Kuranosuke criticó
fuertemente al servidor y dijo: "Colocar tales objetos delante de una persona importante
es de mal gusto. Cuidad de que no estén jamás delante del hijo del Señor. Los
servidores deben ser vigilantes." Otra vez, el Señor Tsunashige, que tenía entonces
veinte años, se dirigía a la hacienda de Naeskiyama para divertirse. Cuando el cortejo
llegaba cerca de la hacienda, pidió un bastón para caminar. El encargado de la guardia
de sus sandalias, Miura Jibuzaemon, le fabricó uno con un palo. Koranosuke lo vio, se
apoderó rápidamente del bastón y reprendió ásperamente a Jibuzaemon: "¿Acaso deseas
que nuestro joven amo se vuelva blando? Darle este bastón, incluso si lo reclama, es una
negligencia." Jibuzaemon fue ascendido más tarde al rango de Teakiyari y Tsunetomo
lo aprendió directamente de él.
Cuando Sagara Kyuma fue ascendido al rango primer ordenanza, dijo a
Nabeshima Heizaemon: "Por una razón que yo ignoro el Amo me concede cada vez más
confianza y acaba de nombrarme para un puesto elevado. No teniendo personalmente
ningún servidor, me temo que mis asuntos padezcan por ello. Es por eso que os pido el
favor de que me deis a vuestro servidor akase Jibusaemon." Heizaemon le escuchó y
contestó: "Acepto y es un honor para mí que os hayáis fijado en mi servidor." Cuando
comunicó a Jibusaemon la noticia, éste dijo: "Pienso que mi deber es llevar
personalmente mi respuesta al Señor Kyuma." Fue a su casa y tuvo una entrevista con
él: "Pienso que es un gran honor haber sido tanteado para ser vuestro servidor, pero un
Samurai no sabría cambiar de Amo. Tenéis un rango elevado, estaría colmado si me
volviera vuestro servidor pero al mismo tiempo sería un deshonor. Heizaemon es de un
rango menor, la vida es difícil para él, vivimos de sopa de arroz barato, sin embargo, es
muy dulce. Os ruego que toméis todo esto en cuenta." Kyuma quedó muy impresionado
por esta actitud.
Nakano Jinemon acostumbraba a decir: "Un hombre que sólo sirve a su Señor, si
es tratado con bondad no es un Samurai. El que lo sirve cuando es duro e irracional, éste
es un Samurai. Debéis impregnaros de este principio."

FANTASMAGORÍA - LEWIS CARROL

FANTASMAGORÍA - LEWIS CARROL

FANTASMAGORÍA - Lewis Carroll


CANTO I
LA CITA


Una noche de invierno, a las nueve y media,
helado, cansado, enfadado y sucio de barro,
llegué a casa, demasiado tarde para comer,
aunque la cena, los puros y el vino
me esperaban en el estudio.

Una novedad había en la habitación
y algo blanco y ondulante
permanecía a mi lado en la penumbra.
Pensé que era la escoba de la alfombra
que la descuidada doncella había dejado allí.

Pero de repente esa cosa empezó
a temblar y estornudar.
Ante lo cual yo dije: "¡Vamos, vamos, amigo!
No es muy considerada esa actitud.
¡Por favor, no hagas tanto ruido!"

"Me he constipado", dijo la cosa,
"ahí fuera durante el aterrizaje."
Me volví sorprendido
y allí, frente a mis ojos,
¡me encontré un pequeño fantasma!

Cuando le reprendí, tembló de pies a cabeza
y se escondió detrás de una silla
"¿Cómo has llegado hasta aquí?", dije. "¿Por qué has venido?"
Nunca vi nada tan tímido.
"¡Sal de ahí! ¡Deja de temblar!"

Dijo: "Encantado le diré cómo
y también por qué he venido.
Pero..." (entonces se inclinó levemente).
"Ahora está usted de tan mal humor
que pensará que todo es mentira."

"Y en cuanto a lo de estar asustado,
permítame observar
que los fantasmas tenemos el mismo derecho,
en todos los aspectos., a temer a la luz
igual que los humanos teméis a la oscuridad."

"Ningún pretexto", dije, "puede excusar
la cobardía que he observado en ti.
Porque los fantasmas podéis visitarnos cuando queréis,
mientras que los humanos no podemos
rechazar la visita."

Respondió: "Alarmarse
es algo natural, ¿no es así?
Realmente yo temí que usted quisiera hacerme daño.
Pero, ahora que veo que se ha calmado,
deje que le explique mi visita.

"Las casas están clasificadas, tengo el honor de decirle,
según el número
de fantasmas que albergan.
(El inquilino apenas cuenta como carga,
junto con el carbón y otros trastos.

Ésta es la casa de 'un solo fantasma', y
cuando usted llegó el pasado verano,
podía haber advertido la presencia de un espectro que
estaba haciendo todo lo que hacen los fantasmas
para dar la bienvenida a un recién llegado.

Esto siempre se hace en las villas...
no importa a cuánto ascienda el alquiler,
porque, aunque desde luego es menos divertido
que sólo haya sitio para uno,
los fantasmas tenemos que acceder.

Ese espectro le dejó el día tres...
y desde entonces usted no ha sido visitado,
ya que él nunca nos dijo una palabra,
sino que, accidentalmente, oímos
que aquí alguien se necesitaba.

Por derecho, los espectros eligen los primeros,
a la hora de cubrir una vacante.
Luego, los fantasmas, los elfos, las hadas y los duendes...
Y si todos éstos fallan, se invita
al espíritu necrófago más simpático que se encuentre.

Los espectros dijeron que el lugar era humilde
y que usted guardaba un vino muy malo.
Así que tuvo que venir un fantasma
y, como yo era el primero, ya sabe,
no pude negarme."

"Sin duda", dije, "eligieron
al mejor que podían enviar,
¡Aunque elegir a un mocoso como tú
para visitar a un hombre de cuarenta y dos,
no ha sido un gran detalle!"

"No soy tan joven, señor", contestó,
"como usted piensa. El hecho es
que en cavernas al lado del mar
y en otros lugares, que me ha tocado probar,
he adquirido una gran experiencia.

Pero hasta ahora nunca he formado parte
estrictamente de una casa,
y con las prisas olvidé
las Cinco Normas Básicas de la Etiqueta
que de memoria debernos conocer.

Mis sentimientos pronto aceptaron
al pequeño individuo.
Éste estaba absolutamente espantado
por haber, por fin encontrado un humano
y parecía muy asustado y acobardado.

"¡Por fin", dije, "estoy contento de haber descubierto
que los fantasmas no son mudos!
Pero, por favor, siéntate. Quizá te apetezca
(si, como yo no has cenado)
tomar un bocado.

Aunque, ciertamente, no pareces
algo a lo que pueda ofrecerse comida.
Y luego me encantará escuchar...,
si me las dices alto y claro...,
las normas a las que tú aludías."

¡Gracias las oirás luego más tarde.
Esto sí que ha sido suerte!."
"¿Qué puedo ofrecerte?", dije.
"Bueno, ya que es usted tan amable, probaré
un poco de pato.

¡Una tajada! ¿Y podría pedirle
otra gotita de salsa?"
Me senté y le miré asombrado,
porque realmente nunca había visto
una cosa tan blanca y ondulante.

Y todavía parecía hacerse más blanco,
más vaporoso y más ondulante...,
visto en la borrosa y parpadeante luz,
mientras recitaba
sus "Máximas de Comportamiento".

CANTO II
LAS CINCO NORMAS


"La primera, pero no suponga usted", dijo,
"que estoy poniéndole una adivinanza...
Es,..., si la víctima estuviese en la cama,
no toques las cortinas de la cabecera,
sino que usa las del medio.

Muévelas despacio de dentro a fuera,
mientras las separas,
y en un minuto, sin duda,
levantará la cabeza y mirará alrededor
con ojos llenos de ira y temor.

En ese momento tú no debes, bajo ningún concepto,
hacer la primera observación.
Espera que la víctima empiece.
Ya que ningún fantasma con sentido común
empieza una conversación.

Si dijera: '¿Cómo has llegado hasta aquí?'
(Cómo usted empezó, señor),
en tal caso, tu opción es clara:
'¡A la espalda de un murciélago, querido!',
es la respuesta apropiada.

Si tras eso no dice nada,
será mejor que reduzcas tus esfuerzos...
Vete y sacude la puerta
y si entonces empieza a roncar,
sabrás que todo ha sido en vano.

Por el día, si está solo...
en la casa o de paseo..
simplemente da un profundo gemido,
para indicar la clase de tono
en el que tú deseas hablar

Pero si le encuentras con sus amigos,
el asunto es más difícil.
En tal caso el éxito depende
de recoger algunos cabos de vela,
o mantequilla de la despensa.

Con esto te debes hacer un tobogán
(funciona mejor con sebo),
sobre el que tú te debes deslizar
para moverte de un lado a otro...
Pronto se aprende a hacerlo.

La segunda nos dice lo que es correcto
en citas ceremoniosas:
'Primero enciende una luz azul o carmesí'
(algo que yo casi olvidé esta noche)
'luego, araña las puertas o las paredes'."

Dije: "Tú no volverías aquí nunca más,
si hubieras puesto a prueba a este sujeto.
Yo no tengo hogueras en el suelo...
¡y, en cuanto a lo de arañar la puerta,
me gustaría que lo hubieses intentado!"

"La tercera se escribió para proteger
los intereses de la víctima,
y nos dice, según la recuerdo:
Tratadle con profundo respeto,
y no le contradigáis."

"Esto es claro", dije yo, "como el agua
para cualquier entendimiento.
Sólo desearía que algunos fantasmas que he conocido
no olvidasen constantemente
la máxima a la que tú te has referido."

"Quizá", dijo, "fue usted el primero que transgredió
las leyes de la hospitalidad.
Todos los fantasmas por instinto detestan
al humano que no trata a su invitado
con la debida cordialidad.

Si te diriges a un fantasma como '¡Cosa!'
o le golpeas con un hacha, el rey permite olvidar
toda conversación formal...
¡Asegúrese de entenderlo!

La cuarta prohibe entrar
donde otros fantasmas están acuartelados.
Y aquellos condenados por esto
(a no ser que por el rey sean perdonados)
deben inmediatamente ser castigados.

Esto simplemente significa 'ser cortados en pedacitos'.
Los fantasmas pronto se unen de nuevo
y el proceso no duele casi nada...
No más que cuando a usted
'le ponen por los suelos' en una revista.

La quinta, usted preferirá
que la cite íntegramente:
El rey recibirá tratamiento de 'señor'
de un simple cortesano,
es lo que exige la ley:

Pero, si uno desea hacer las cosas
con mayor formalidad,
diríjase a él como 'Mi Rey Duende'
y siempre utilice al responder.
la frase 'Su blancura Real'

Me estoy quedando bastante ronco, me temo,
de tanto recitar.
Así que, si no tiene usted inconveniente, querido,
tomaré un vaso de cerveza amarga...
Creo que tiene un aspecto tentador."

CANTO III
ESCARAMUZAS

"¿Y pudiste realmente andar", dije yo,
"en una noche tan espantosa?
Siempre me imaginé que los fantasmas volaban...
si no exactamente por el cielo,
al menos a una altura regular."

"Está bien". dijo él, "para los reyes
elevarse sobre la tierra
Pero los fantasmas a menudo pensarnos que las alas,
como otras muchas cosas agradables.
cuestan más de lo que podemos obtener.

Los espectros, desde luego, son ricos y por eso
pueden comprárselas a los elfos.
Pero nosotros preferimos mantenemos debajo.
Son unos compañeros estúpidos, sabes,
excepto para ellos mismos.

Porque, aunque aseguran que no son
Orgullosos, tratan a los fantasmas
con algo más que desprecio.
Igual que ningún pavo nunca ha pensado
en tan siquiera mirar a un gallo."

"Parecen demasiado orgullosos", dije yo, "para
venir a una casa como la mía.
Di, ¿cómo consiguieron descubrir
tan rápidamente que 'el sitio era humilde'
y que 'yo guardaba un vino malo'?"

"El inspector Kobold vino aquí...",
empezó el pequeño fantasma.
En ese punto, le interrumpí: "¿El inspector qué?
Inspeccionar fantasmas es nuevo para mí,
¡explícate, amigo!"

"Se llama Kobold", dijo mi invitado.
"Uno de la clase de los espectros.
A menudo le verás vestido
con una bata amarilla, un chaleco carmesí
y un gorro de dormir con un ribete.

Primero probó la casa Brocken,
pero cogió una especie de resfriado;
así que vino a Inglaterra a ser cuidado
y aquí tomó la forma de sed,
de la que todavía se queja.

El vino de Oporto, dice, cuando es rico y está sano,
calienta sus huesos como el néctar.
Y como las posadas, donde siempre se le encuentra,
son su lugar especial de trabajo,
le llamamos el Espectro–Posadero."

Yo soporté... como un hombre...
¡Su atormentadora agudeza!
Y no había nada más dulce que
mi carácter, hasta que el fantasma empezó
a hacer sus críticas con dureza.

"No debe consentirse derrochar a las cocineras,
y a pesar de eso será mejor que se las enseñe
a que los platos tengan algún sabor.
Dígame ¿por que siempre se dejan las vinagreras
donde nadie puede alcanzaras.

¡Este hombre nunca se ganará
la vida como camarero!
¿Se supone que esa cosa tan rara quema?
(Es un asunto demasiado deprimente
para llamar. a un mediador.

El pato estaba tierno pero los guisantes
eran más que viejos.
Y sólo recuerde, si no le importa,
la próxima vez que tenga usted queso tostado
no permita que lo dejen que se enfríe.

Creo que podría mejorar el pan
usando harina mejor.
Y ¿tiene usted algo para beber
que se parezca un poco .menos a la tinta.
y que no tenga este agrio sabor?"

Luego, mirando con curiosidad alrededor,
exclamó: "¡Dios mío!"'
y siguió criticando...
"Su habitación no tiene un tamaño apropiado.
No es ni cómoda ni espaciosa

Esa ventana tan estrecha creo que
sólo sirve para dejar que entre el polvo.."
"Pero, por favor", dije yo, "creo recordar
que fue diseñada por un arquitecto
que confiaba en Ruskin."

"¡Señor, me da igual quién fues
o en quién confiaba!
¡Construida de cualquier manera,
aseguro que nunca vi un trabajo peor,
como que soy un espectro viviente!

"¡Qué puro tan enorme!
¿Cuánto cuesta una docena?"
Yo gruñí: "¡No importa cuánto cuesta!
Está usted adquiriendo demasiada confianza,
¡parece usted mi primo!

¡Esto es algo que no puedo soportar,
así de claro se lo digo!"
"¡Ajá!", dijo él. "¡Nos creemos importantes!"
(Mientras, cogía una botella.)
"¡Pronto arreglaremos eso!"

Y entonces él tomó una decisión
y alegremente gritó: "¡Ahí va!"
Yo traté de apartarme conforme se aproximaba,
pero por alguna razón me dio igual,
porque la botella golpeó, exactamente, en mi nariz.

Y no recuerdo nada más
con claridad,
sólo sé que desperté en el suelo
repitiendo: "Dos más cinco son cuatro
y cinco más dos son seis.

Nunca he sabido lo que pasó
ni tampoco lo he averiguado: Sólo sé
que, cuando al fin el sentido recobré,
la lámpara, abandonada, brillaba vagamente...
y el fuego se estaba extinguiendo...

A través de la oscuridad me pareció ver
algo que, con sonrisa afectada,
me estaba dando, según descubrí,
una lección de biografía,
como si yo fuese un niño.

CANTO IV
SU EDUCACIÓN

";Oh, cuando yo era pequeño,
éramos muy felices!
Cada uno se sentaba en su lugar favorito,
chupábamos y mordíamos las tostadas con mantequilla
que nos daban a la hora del té."

"Ese cuento ya existía!", dije yo.
"No digas que no
porque es tan conocido como la Guía de Bradshaw!"
(El fantasma, nervioso, respondió
que él no lo sabía.)

"¿No está en Las Poesías Infantiles? Incluso
casi creo que es así:
'Tres pequeños fantasmas estaban sentados
en su sitio, ¿sabes?, y comían
'tostadas con mantequilla'.

Tengo el libro, así que si tienes alguna duda..."
me volví para buscarlo en el estante.
"¡No revuelvas!", gritó. "Nos apañaremos sin él.
Ahora lo recuerdo todo.
Yo mismo lo escribí.

Salió en una publicación mensual o,
al menos, eso dijo mi agente.
Un personaje de la literatura, que lo vio,
pensaba que era bueno
para la revista que él editaba.

Mi padre fue un duende, señor,
y mi madre era un hada.
A ella se le ocurrió
que los niños seríamos más felices
si a discrepar nos enseñaban.

Esta idea pronto se convirtió en manía
y, una vez puesta en práctica, ella
nos educó de diferentes formas...
Uno fue un duendecillo, dos fueron hadas
y otra un hada mala.

La Aparición y el Kelpie fueron a la escuela
y allí causaron muchos problemas.
Luego venían un duende y un espíritu necrófago,
y después dos gnomos (que rompieron la norma),
un duende y un doble...

"('Si esa caja del estante es de rape',
añadió con un bostezo,
'tomaré un poco')... Luego vino un elfo,
después un fantasma (que soy yo)
y, por último, un gnomo irlandés.

Un día algunos espectros por casualidad llamaron,
vestidos con el blanco habitual.
Me quedé allí y los observé en el vestíbulo.
Y no pude distinguirlos para nada,
porque ofrecían una visión tan extraña...

Me preguntaba qué demonios eran
los que parecían sólo una cabeza y un saco.
Pero mi madre me dijo que no mirara
y entonces ella me agarró del pelo
y me dio un empujón en la espalda.

Desde entonces siempre he deseado
haber nacido espectro.
Pero ¿por qué motivo?" (dio un suspiro).
"Ellos son la nobleza de los fantasmas,
y nos miran con desprecio."

"Mi vida de fantasma pronto empezó.
Cuando apenas tenía seis años.
salí con otro mayor...
y al principio todo me pareció divertido
y aprendí muchos trucos.

He visitado mazmorras, castillos., torres...
Allí donde me enviaban,
a menudo me sentaba y aullaba durante horas,
calado hasta los huesos por torrenciales chaparrones,
que caían sobre las almenas.

Ahora está bastante pasado de moda gemir
cuando empiezas a hablar.
Esto es lo más moderno en cuestión de tono..."
Y en ese momento {se me erizó todo el cuerpo)
dio un horrible chillido.

"Quizá". añadió, "para sus oídos
esto parezca fácil.
¡Inténtelo querido!
Aprender me costó algo más de un año
de constante práctica.

Y cuando has aprendido a chillar. amigo,
y aprendes el doble sollozo,
te encuentras mas o menos donde empezaste:
¡Sólo intenta farfullar!
¡Eso es como un trabajo!

Yo he probado y sólo puedo decir
que estoy seguro de que tú no podrías hacerlo,
incluso aunque practicases noche y día,
a no ser que tengas dones para ello
e ingenio natural.

Shakespeare, creo, fue el que habló
de fantasmas, en los tiempos antiguos,
los cuales 'farfullaban en las calles de Roma',
vestidos, si lo recuerdas, con sábanas...
Debían pasar frío.

Yo a menudo he gastado diez libras en tejido
para vestirme como un doble.
Pero, aunque eso da importancia,
nunca ha causado tanto efecto
como para que merezca la pena el esfuerzo.

Largas facturas pronto apagaron el ansia
que yo tenía por ser gracioso.
Instalarse es siempre lo peor.
El montón de cosas que uno quiere al principio,
¡debe hacerse con dinero!

Por ejemplo, una torre encantada,
con calaveras, huesos y sábanas,
luces azules para quemar (digamos) dos cada hora,
lentes para condensar de fuerza superior
y un juego de cadenas completo.

Todo esto junto con las cosas que uno debe alquilar...,
el ajuste de la toga...,
la comprobación de los fuegos de colores...
¡Hasta el mismo atuendo de cada uno agotaría
la paciencia del mismísimo Job!

Y encima el tan fastidioso
Comité de Casas Encantadas.
¡A menudo les he visto deshacerse en cumplidos con
un fantasma, porque era francés, o ruso
o incluso de la ciudad de Londres!

Algunos dialectos encuentran oposición...
porque uno tiene acento irlandés,
y en ese caso, por todo lo que debes hacer,
te ofrecen una libra a la semana
y ¡uno se encuentra entre la espada y la pared!"

CANTO V
LA DISCUSIÓN


"¿Y no consultan a las 'víctimas'?",
dije. "Deberían, por derecho,
darles una oportunidad... porque ya sabes,
los gustos de la gente son tan diferentes,
especialmente en cuestión de espíritus."

El fantasma sacudió la cabeza y sonrió.
¿Consultarles? ¡En absoluto!
Sería para volverse loco,
simplemente satisfacer a un niño.
¡No se acabaría nunca!"

"Desde luego, no podéis dejar a los niños libres",
dije, "para elegir lo que quieran.
Pero. en el caso de hombres como yo,
creo que debería permitirse al 'anfitrión'
dar su punto de vista."

Dijo: "No sería provechoso...
La gente tiene tanta fantasía
Nosotros sólo hacernos visitas de un día
Y, si nos quedamos o nos vamos,
depende de las circunstancias.

Y, aunque no consultemos al 'anfitrión'
antes de que rolo esté dispuesto,
si uno abandona su puesto a menudo,
o si no es un fantasma educado,
usted puede cambiarlo.

Pero si el anfitrión es un hombre como usted...
quiero decir sensato,
y si la casa no es demasiado nueva..."
"Pero ¿qué tiene eso", dije yo, "que ver
con la comodidad de un fantasma?"

"Una casa nueva no sirve, ya sabe...
Cuesta mucho trabajo prepararla.
Pero después de veinte años más o menos,
los zócalos se empiezan a caer,
así que veinte es el máximo."

"Preparar" no es una palabra que yo
recuerde haber oído.
"Quizá", dije, "¿tenga la bondad de
decirme qué significa
exactamente esa palabra?"

"Significa que hay que aflojar todas las puertas",
contestó el fantasma y se rió.
"Implica taladrar montones de agujeros
en todos los zócalos y suelos,
para ahuecar todo de arriba a abajo.

A veces te encuentras con que uno o dos
son suficientes
para que el viento sople por toda la casa...
Pero aquí hay mucho que hacer."
Boquiabierto, murmuré: "¡Sin duda!"

"Como he llegado un poco tarde,
supongo", añadí tratando
(sin éxito) de sonreír,
"que tu has estado ocupado todo este tiempo,
preparando y arreglando."

"No", dijo. "Quizá debería
haberme quedado otro poco...,
pero ningún fantasma que se precie
se habría atrevido a empezar
sin antes una introducción.

Lo correcto, como usted llegaba tarde,
habría sido marcharme
Pero con los caminos en ese estado,
obtuve el permiso del Caballero Alcalde
para esperar media hora o un poco más."

"¿Quién es el Caballero Alcalde?". exclamé. En lugar
de responder a mi pregunta, dijo:
"Bueno, si no sabe usted eso,
o bien nunca se va a la cama
o tiene usted una magnifica digestión.

Él va de un sitio a otro y se sienta sobre la gente
que cena mucho.
Su obligación es pellizcarles y empujarles
y estrujarles hasta que casi se ahogan."
(Yo dije: "¡Les está bien empleado!")

"La gente que cena cosas como...
murmuró, "huevos con panceta,
langosta.... pato..., queso tostado..
si no reciben un terrible apretón.
¡Es que yo estoy totalmente equivocado!'

Es enormemente gordo y eso
viene muy bien a su trabajo.
De hecho, debéis saber
que solíamos llamarle, hace años,
¡El Alcalde y la Corporación!'

El día en que le eligieron alcalde
yo sabía que todos los espíritus querían
votar por mí, pero no se atrevían...
Él estaba tan frenético y desesperado
como furioso y nervioso.

Cuando todo terminó, por capricho,
corrió a decírselo al rey,
y siendo todo lo contrario a delgado,
una carrera de dos millas no era para él
algo fácil de llevar a cabo.

Así que, para recompensarle por su carrera
(como hacía un abrasante calor
y él pesaba más de veinte piedras),
el rey procedió, medio en broma,
a nombrarle caballero en el acto."

"Se tomó mucha libertad!"
(salté yo como un cohete).
"Sólo lo hizo por amor a los juegos de palabras:
'¡El hombre', dice Johnson, 'que hace
juegos de palabras, roba los bolsillos!"'

"El rey", dijo él, "no es un hombre cualquiera."
Yo discutí durante un rato
e hice lo posible para demostrar esto...
El fantasma simplemente escuchaba
con una sonrisa desdeñosa.

Por fin, cuando el aliento y la paciencia se habían agotado
y yo había recurrido al cigarro...
"Su propósito", dijo, "es excelente,
pero... cuando lo llama razonamiento...
desde luego ¿no está bromeando?"

Picado por su mirada fría y sinuosa,
me levanté finalmente
para decir: "Por lo menos yo desafío
a los más escépticos a que nieguen
que la unión hace la fuerza!"

"Eso es realmente cierto", dijo él, "pero espere...",
yo escuchaba dócilmente...
"La unión hace la fuerza, eso es cierto;
de hecho, está tan claro como el agua.
Pero las cebollas provocan debilidad."

CANTO VI
DESCONCIERTO


Como uno que trata de subir una montaña
y nunca antes ha escalado,
advierte en breve plazo
que esto es cada vez menos sublime,
y decide que es un aburrimiento.

Y, sin embargo, habiendo ya empezado a escalar,
no se atreve a dejar el desafío,
sino que, mientras escala, tiene la mirada puesta
en una pequeña cabaña cerca del cielo
donde espera descansar.

Al que escala hasta que se le agotan los nervios y las fuerzas,
soplando y jadeando,
conforme va ascendiendo
su lenguaje se le hace más violento
y más escasa su respiración.

El que escalando por fin alcanza la cima,
corona el camino ascendente
y entrando, con paso vacilante,
recibe un cachete en la cara
que le hace caer hacia atrás.

Y siente, como en sueños,
cómo resbala suavemente hacia abajo de nuevo,
un peso muerto, de cuesta en cuesta,
hasta que, con un ligero movimiento de cabeza,
cae sobre el llano...

Del mismo modo yo, que había decidido
convencer a un fantasma
y discutir con él, me había parecido
bastante diferente a cualquier discusión humana;
a pesar de eso, no iba a ceder en mi empeño.

Sin embargo, teniendo todavía en mi mente
el fin que esperaba alcanzar,
procuré demostrar que el asunto era cierto
haciendo un axioma
con mis conocimientos.

Al empezar todas las frases
con "por consiguiente" o "porque",
yo ciegamente di vueltas, por cien caminos diferentes,
dentro de un laberinto silogístico,
sin ser consciente de dónde me encontraba.

Dijo él: "¡Esto es sólo palabrería!
¡No fanfarronee más!
¡Ahora sea bueno y descanse!
¡Nunca he visto un tipo
tan ridículo!

Es usted como un hombre al que yo solía ver.
Un día se enfadó
en una discusión y el mismo acaloramiento
quemó las zapatillas que llevaba en los pies!"
Yo dije: "¡Qué curioso!"

"Bueno, es curioso, estoy de acuerdo,
y quizá parezca una mentirijilla.
Pero prometo que es tan cierto como posible...,
tan cierto como que usted se llama Tibbs", dijo él.
"Yo no me llamo Tibbs", contesté.

"¡No se llama Tibbs!", exclamó... Su voz se
hizo una pizca menos cordial...
"Bueno, no", dije yo, "mi nombre de pila es
Tibbets..." "¿Tibbets?" "Sí, el mismo."
"¡Entonces, tú no eres el tipo!"

Al decir esto dio un tremendo golpe a la mesa
que hizo añicos la mitad de los vasos
"¿Por qué no me has dicho eso
tres cuartos de hora antes,
príncipe de los asnos?

Andar cuatro millas entre el barro y la lluvia,
pasar la noche entre humos
y ver que todo ha sido en vano...
y que tengo que hacerlo otra vez.
¡Es tan exasperante,"

"¡Cállate!", gritó, cuando yo empecé
a darle alguna excusa.
"¿Cómo se puede tener paciencia con un tipo
que no tiene mayor juicio
que un tonto imbécil?"

"¡Dejarme aquí esperando, en lugar
de decirme inmediatamente
que ésta no era la casa!". dijo.
"Bueno, ya está... ¡Vete a la cama!
¡No me mires así, burro,"

"¡Qué fácil es echarme
a mi la culpa de ese modo!
¿Por qué no preguntaste mi nombre
en el momento de llegar?",
contesté yo enfadado.

"Desde luego te preocupa un poco
haber llegado tan lejos...
Pero, ¿quién soy yo para que me eches la culpa de esto?"
"¡Bueno. bueno!", dijo él. "Debo admitir
que no ha sido tan malo.

Realmente me has dado
el mejor vino y la mejor comida...
Perdona mi violencia", dijo.
"Pero accidentes como éste, ya sabes,
enfadan a uno un poquito.

Después de todo ha sido culpa mía, creo...
¡Dame la mano, viejo nabo!"
El nombre que me dio sonó mal en mi mente,
pero como, sin duda, él lo decía cariñosamente,
lo dejé pasar.

"¡Buenas noches, viejo nabo, buenas noches!
Cuando yo me haya ido, quizá
te enviarán otro espíritu, de rango inferior,
que te causará un miedo constante
y estropeará tus sueños más profundos.

Dile que no soportas ni la más leve broma.
Luego, si él mira de reojo y se ríe,
sé habilidoso con un palo
(recuerda que debe ser bastante duro y grueso)
y ¡golpéale los nudillos!

Después descuidadamente di: '¡viejo mapache!'
Quizá no te das cuenta
de que, si no te comportas, pronto
tendrás que cambiar el tono de tu risa...
Y, por eso, ¡ten cuidado!

Ésa es la mejor manera de hacer que un espíritu
deje esos tejemanejes...
Pero, ¡pobre de mí! ¡Se está haciendo de día!
¡Buenas noches, viejo nabo, buenas noches!"
Un saludo y se marchó.

CANTO VII
TRISTE RECUERDO


"¿Qué pasa?", medité. "¿Me he dormido?
¿O es que he estado bebiendo?"
Pero pronto un sentimiento agradable
me invadió, me senté y me puse a llorar
durante una hora o así, en un abrir y cerrar de ojos.

"¡Bones no tenía que darse tanta prisa!",
dije sollozando. "De hecho, dudo
que le mereciera la pena marcharse...
Y me gustaría saber ¿quién es Tibbs
para merecerse tanto trabajo?

Si Tibbs es como yo
es posible", dije,
"que no le guste mucho que pasen
por su casa a las tres y media de la madrugada
cuando él ya está en la cama.

Y si Bones le atormenta de algún modo...,
chillando y con cosas así,
como estuvo haciendo aquí hasta ahora...
Preveo que va a haber una disputa,
y ¡Tibbs será quien lleve razón!"

Además, como mis lágrimas nunca me devolverán
al amigable fantasma,
me parece lo mas adecuado
servirme otro vaso y entonar
el siguiente corolario.

"Te has ido, querido fantasma.
¡Mi mejor pariente
¡Di adiós a mi pato asado;
adiós, adiós, a mí té con tostadas,
a mí pipa y mis cigarros!

Las quejas en la vida son tristes y grises,
las alegrías insípidas,
cuando tú, mi amigo, estas lejos...
¡Buen chico, o mejor, digamos,
viejo Paralelepípedo!"

En lugar de cantar la tercera estrofa,
me paré... bastante abruptamente.
Pero, tras una letra tan espléndida,
sentí que sería absurdo
tratar de seguir.

Así, con un bostezo me fui
en busca de la grata suavidad,
y dormí, y soñé hasta que el día rompió,
¡con duendes, con apariciones y con hadas
y con gnomos y fantasmas!

Durante años no he sido visitado
por ninguna clase de espíritu.
Pero, todavía, resuenan en mi mente
esas palabras de despedida, dichas amablemente:
"¡viejo nabo, buenas noches!"

EL CUERVO - POE + varios poemas

EL CUERVO - POE + varios

Poemas

El Cuervo



Cierta noche aciaga, cuando, con la mentecansada,

meditaba sobre varios libracos de sabiduría ancestral

y asentía, adormecido, de pronto se oyó un rasguido,

como si alguien muy suavemente llamara a mi portal.

"Es un visitante -me dige-, que está llamando al portal;

sólo eso y nada más."



¡Ah, recuerdo tan claramente aquel desolado diciembre!

Cada chispa resplandeciente dejaba un rastro espectral.

Yo esperaba ansioso el alba, pues no había hallado calma

en mis libros,ni consuelo a la perdida abismal

de aquella a quien los ángeles Leonor podrán llamar

y aquí nadie nombrará.



Cada crujido de las cortinas purpúreas y cetrinas

me embargaba de dañinas dudas y mi sobresalto era tal

que, para calmarr mi angustia repetí con voz mustia:

"No es sino un visitante que ha llegado a mi portal;

un tardío visitante esperando en mi portal.

Sólo eso y nada más".



Mas de pronto me animé y sin vacilación hablé:

"Caballero -dije-, o señora, me tendréis que disculpar

pues estaba adormecido cuando oí vuestro rasguido

y tan suave había sido vuestro golpe en mi portal

que dudé de haberlo oído...", y abrí de golpe el portal:

sólo sombras, nada más.



La noche miré de lleno, de temor y dudas pleno,

y soñé sueños que nadie osó soñar jamás;

pero en este silencio atroz, superior a toda voz,

sólo se oyó la palabra "Leonor", que yo me atreví a susurrar...

sí, susurré la palabra "Leonor" y un eco volvióla a nombrar.

Sólo eso y nada más.



Aunque mi alma ardía por dentro regresé a mis aposentos

pero pronto aquel rasguido se escuchó más pertinaz.

 

"Esta vez quien sea que llama ha llamado a mi ventana;

veré pues de qué se trata, que misterio habrá detrás.

Si mi corazón se aplaca lo podré desentrañar.

¡Es el viento y nada más!".



Mas cuando abrí la persiana se coló por la ventana,

agitando el plumaje, un cuervo muy solemne y ancestral.

Sin cumplido o miramiento, sin detenerse un momento,

con aire envarado y grave fue a posarse en mi portal,

en un pálido busto de Palas que hay encima del umbral;

fue, posóse y nada más.



Esta negra y torva ave tocó, con su aire grave,

en sonriente extrañeza mi gris solemnidad.

"Ese penacho rapado -le dije-, no te impide ser

osado, viejo cuervo desterrado de la negrura abisal;



¿cuál es tu tétrico nombre en el abismo infernal?"

Dijo el cuervo: "Nunca más".



Que una ave zarrapastrosa tuviera esa voz virtuosa

sorprendióme aunque el sentido fuera tan poco cabal,

pues acordaréis conmigo que pocos habrán tenido

ocasión de ver posado tal pájaro en su portal.

Ni ave ni bestia alguna en la estatua del portal

que se llamara "Nunca más".



Mas el cuervo, altivo, adusto, no pronunció desde el busto,

como si en ello le fuera el alma, ni una sílaba más.

No movió una sola pluma ni dijo palabra alguna

hasta que al fin musité: "Vi a otros amigos volar;

por la mañana él también, cual mis anhelos, volará".

Dijo entonces :"Nunca más".



Esta certera respuesta dejó mi alma traspuesta;

"Sin duda - dije-, repite lo que ha podido acopiar

del repertorio olvidado de algún amo desgraciado

que en su caída redujo sus canciones a un refrán:

"Nunca, nunca más".



Como el cuervo aún convertía en sonrisa mi porfía

planté una silla mullida frente al avi y el portal;

y hundido en el terciopelo me afané con recelo

en descubrir que quería la funesta ave ancestral

al repetir: "Nunca más".



Esto, sentado, pensaba, aunque sin decir palabra

al ave que ahora quemaba mi pecho con su mirar;

eso y más cosas pensaba, con la cabeza apoyada

sobre el cojín purpúreo que el candil hacía brillar.

¡ Sobre aquel cojín purpúreo que ella gustaba de usar,

y ya no usará nunca más!.



Luego el aire se hizo denso, como si ardiera un incienso

mecido por serafines de leve andar musical.

"¡Miserable! -me dije-. ¡Tu Diós estos ángeles dirige

hacia ti con el filtro que a Leonor te hará olvidar!

¡Bebe, bebe el dulce filtro, y a Leonor olvidarás!".

Dijo el cuervo: "Nunca más".



"¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!

¿Del Tentador enviado o acaso una tempestad

trajo tu torvo plumaje hasta este yermo paraje,

a esta morada espectral? ¡Mas te imploro, dime ya,

dime, te imploro, si existe algun bálsamo en Galaad!"

Dijo el cuervo: "Nunca más".



"¡Profeta! -grité-, ser malvado, profeta eres, diablo alado!

Por el Diós que veneramos, por el manto celestial,

dile a este desventurado si en el Edén lejano

a Leonor , ahora entre ánngeles, un día podré abrazar".

Dijo el cuervo: "¡Nunca más!".



"¡Diablo alado, no hables más!", dije, dando un paso atrás;

¡Que la tromba te devuelva a la negrura abisal!

¡Ni rastro de tu plumaje en recuerdo de tu ultraje

quiero en mi portal! ¡Deja en paz mi soledad!

¡Quita el pico de mi pecho y tu sombra del portal!"

Dijo el cuervo: "Nunca más".



Y el impávido cuervo osado aun sigue, sigue posado,

en el pálido busto de Palas que hay encima del portal;

y su mirada aguileña es la de un demonio que sueña,

cuya sombra el candil en el suelo proyecta fantasmal;

y mi alma, de esa sombra que allí flota fantasmal,

no se alzará...¡nunca más!.

..................................

Un Sueño en un Sueño




¡Recibe en la frente este beso!

Y, por librarme de un peso

antes de partir, confieso

que acertaste si creías

que han sido un sueño mis días;

¿Pero es acaso menos grave

que la esperanza se acabe

de noche o a pleno sol,

con o sin una visión?

Hasta nuestro último empeño

es sólo un sueño en un sueno.



Me encuentro en la costa fria

Que agita la mar bravia,

Oprimiendo entre mis manos,

Como arenas, oro en granos.

¡Que pocos son! Y alli mismo,

De mis dedos al abismo

Se desliza mi tesoro

Mientras lloro, ¡mientras lloro!

¿Evitare ¡ oh Dios ! su suerte

oprimiendolos mas fuertes?

¿ Del vacio despiadado

Ni uno solo habre salvado ?

¿ Cuanto hay de grande o pequeño

Solo es un sueño en un sueño ?

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Annabel Lee





Hace muchos, muchos años, en un reino junto al mar,

Habitaba una doncella cuyo nombre os he de dar,

Y el nombre que daros puedo es el de Annabel Lee,

quien vivía para amarme y ser amada por mí.



Yo era un niño y era ella una niña junto al mar,

En el reino prodigioso que os acabo de evocar.

Más nuestro amor fue tan grande cual jamás yo presentí,

Más que el amor compartimos con mi bella Annabel Lee,

Y los nobles de su estirpe de abolengo señorial

Los ángeles en el cielo envidiaban tal amor,

Los alados serafines nos miraban con rencor.



Aquel fue el solo motivo, ¡hace tanto tiempo ya!,

por el cual, de los confines del océano y más allá,

Un gélido viento vino de una nube y yo sentí

Congelarse entre mis brazos a mi bella Annabel Lee.



La llevaron de mi lado en solemne funeral.

A encerrarla la llevaron por la orilla de la mar

A un sepulcro en ese reino que se alza junto al mar,

Los arcángeles que no eran tan felices cual los dos,

Con envidia nos miraban desde el reino que es de Dios.



Ese fue el solo motivo, bien lo podéis preguntar,

Pues lo saben los hidalgos de aquel reino junto al mar,

Por el cual un viento vino de una nube carmesí

Congelando una noche a mi bella Annabel Lee.



Nuestro amor era tan grande y aún más firme en su candor

Que aquel de nuestros mayores, más sabios en el amor.

Ni los ángeles que moran en su cielo tutelar,

Ni los demonios que habitan negros abismos del mar

Podrán apartarme nunca del alma que mora en mí, Espíritu luminoso de mi

hermosa Annabel Lee.



Pues los astros no se elevan sin traerme la mirada

Celestial que, yo adivino, son los ojos de mi amada.

Y la luna vaporosa jamás brilla baladí

Pues su fulgor es ensueño de mi bella Annabel Lee.





Yazgo al lado de mi amada, mi novia bien amada,

Mientras retumba en la playa la nocturna marejada,

Yazgo en su tumba labrada cerca del mar rumoroso,

En su sepulcro a la orilla del océano proceloso.

..................................

La Durmiente



Era la medianoche, en junio, tibia, bruna.

Yo estaba bajo un rayo de la mística luna,

Que de su blanco disco como un encantamiento

Vertía sobre el valle un vapor soñoliento.

Dormitaba en las tumbas el romero fragante,

Y al lago se inclinaba el lirio agonizante,

Y envueltas en la niebla en el ropaje acuoso,

Las ruinas descansaban en vetusto reposo.

¡Mirad! También el lago semejante al Leteo,

Dormita entre las sombras con lento cabeceo,

Y del sopor consciente despertarse no quiere

Para el mundo que en torno lánguidamente

muere



Duerme toda belleza y ved dónde reposa

Irene, dulcemente, en calma deleitosa.

Con la ventana abierta a los cielos serenos,

De claros luminares y de misterios llenos.

¡Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto?

¿Por qué está tu ventana, así, en la noche abierta?

Los aires juguetones desde el bosque frondoso,

Risueños y lascivos en tropel rumoroso

Inundan tu aposento y agitan la cortina

Del lecho en que tu hermosa cabeza se reclina,

Sobre los bellos ojos de copiosas pestañas,

Tras los que el alma duerme en regiones extrañas,

Como fantasmas tétricos, por el sueño y los muros

Se deslizan las sombras de perfiles oscuros.

Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto?

¿Cuál es, di, de tu ensueño el poderoso encanto?

Debes de haber venido de los lejanos mares

A este jardín hermoso de troncos seculares.

Extraños son, mujer, tu palidez, tu traje,

Y de tus largas trenzas el flotante homenaje;

Pero aún es más extraño el silencio solemne

En que envuelves tu sueño misterioso y perenne.



La dama gentil duerme. ¡Que duerman para el mundo!

Todo lo que es eterno tiene que ser profundo.

El cielo lo ha amparado bajo su dulce manto,

Trocando este aposento por otro que es más santo,

Y por otro más triste, el lecho en que reposa.

Yo le ruego al Señor, que con mano piadosa,

La deje descansar con sueño no turbado,

Mientras que los difuntos desfilan por su lado.

Ella duerme, amor mío. ¡Oh!, mi alma le desea

Que así como es eterno, profundo el sueño sea;

Que los viles gusanos se arrastren suavemente

En torno de sus manos y en torno de su frente;

Que en la lejana selva, sombría y centenaria,

Le alcen una alta tumba tranquila y solitaria

Donde flotan al viento, altivos y triunfales,

De su ilustre familia los paños funerales;

Una lejana tumba, a cuya puerta fuerte

Piedras tiró, de niña, sin temor a la muerte,

Y a cuyo duro bronce no arrancará más sones,

Ni los fúnebres ecos de tan tristes mansiones

¡Qué triste imaginarse pobre hija del pecado.

Que el sonido fatídico a la puerta arrancado,

Y que quizá con gozo resonara en tu oído,

de la muerte terrífica era el triste gemido!

..................................

Leonora




¡El vaso se hizo trizas! Desapareció su esencia

¡Se fue; se fue! ¡Se fue; se fue!

Doblad, doblad campanas, con ecos plañideros,

Que un alma inmaculada de Estigia en los linderos

Flotar se ve.

Y tú, Guy de Vere, ¿qué hiciste de tus lágrimas ?

¡Ah, déjalas correr!

Mira, el angosto féretro encierra a tu Leonora;

Oye los cantos fúnebres que entona el fraile; ahora





Ven a su lado, ven.

Antífonas salmodien a la que un noble cetro

Fue digna de regir;

Un ronco De Profundis a la que yace inerte,

Que con morir

Indignos, los que amábais en ella solamente

Las formas de mujer,

Pues su altivez nativa os imponía tanto,

Dejasteis que muriera, cuando el fatal quebranto

Posó sobre su sien.

¿Quién abre los rituales? ¿Quién va a cantar el Réquiem?

Quiero saberlo, ¿quien?

¿Vosotros miserables de lengua ponzoñosa

Y ojos de basilisco? ¡Mataron a la hermosa,

Que tan hermosa fue!

¿Peccavimus cantasteis? Cantasteis en mala hora

El Sabbath entonad;

Que su solemne acento suba al excelso trono

Como un sollozo amargo que no suscite encono

En la que duerme en paz.

Ella, la hermosa, la gentil Leonora,

Emprendió el vuelo en su primer aurora;

Ella, tu novia, en soledad profunda

¡Huérfano te dejó!

Ella, la gracia misma ora reposa

En rígida quietud; en sus cabellos

Hay vida aún; mas en sus ojos bellos

¡No hay vida, no, no, no!

¡Atrás! Mi corazón late de prisa

Y en alegre compás. ¡Atrás! No quiero

cantar el De Profundis majadero,

Porque es inútil ya.

Tenderé el vuelo y al celeste espacio

me lanzaré en su noble compañía.

¡Voy contigo, alma mía, sí, alma mía¡

Y un peán te cantaré!

¡Silencio las campanas! Sus ecos plañideros

Acaso lo hagan mal.

No turben con sus voces la beatitud de un alma

Que vaga sobre el mundo con misteriosa calma

y en plena libertad.



Respeto para el alma que los terrenos lazos

Triunfante desató;

Que ahora luminosa flotando en el abismo

Ve amigos y contrarios; que del infierno mismo

al cielo se lanzó.



Si el vaso se hizo trizas, su eterna esencia libre

¡Se va, se va!

¡callad, callad campanas de acentos plañideros,

que su alma inmaculada del cielo en los linderos

Tocando está!

..................................

Las Campanas



I

¡Escuchad el tintineo!

!La sonata

Del trineo

Con cascabeles de plata!

¡Qué alegría tan jocunda nos inunda al escuchar

la errabunda melodía de su agudo tintinear!

¡Es como una epifanía,

En la ruda racha fría,

la ligera melodía!

¡Cómo fulgen los luceros!

-¡Verdaderos

Reverberos !-Con

idéntica armonía

A la clara melodía

Cintilando, cintilando, cintilando,

¡Cómo los cascabeles

van sonando!

Y en un mismo son, son único,

Que igualiza un ritmo rúnico,

Los luceros siguen fieles

Cascabeles, cascabeles, cascabeles

El son de los cascabeles,

Cascabeles, cascabeles, cascabeles

Cascabeles,

¡El son grato, que a rebato, surge en los cascabeles!

II

Escuchar el almo coro

Sonoro

Que hacen las campanas todas:

¡Son las campanadas de oro

De las bodas!

¡Oh, qué dicha tan profunda nos inunda al escuchar

La errabunda melodía de su claro repicar!

¡Cómo revuela al desgaire

Esta música en el aire!

¡Cómo a su feliz murmullo



Sonoro,

Con sus claras notas de oro,

Se aúna la tórtola con su arrullo,

Bajo la luz de la luna!

¡Qué armonía

Se vacía

De la alegre sinfonía

De este día!

¡Cómo brota

Cada nota!:

Fervorosamente, dice

la felicidad remota

Que predice.

Y a la voz de una campana, siguen las de sus hermanas

Las campanas,

Las campanas, las campanas, las campanas, las campanas,

las campanas, las campanas, las campanas,

En sonoro ritmo de oro, de almo coro, ¡las campanas!

III

¡Oíd cual suena el bordón!:

el bordón

De son bronco

Que pone en el corazón

El espanto con su son,

Con su son de bronce, ronco.

¡que tristeza tan profunda nos apresa al escuchar

Cómo reza, gemebunda, la fiereza del llamar!

Cómo su son taciturno,

En el silencio nocturno

Es grito desesperado

Que no es casi pronunciado

¡De aterrado!

Grito de espanto ante el fuego

Y agudo alarido luego,

Es un clamor que se extiende,

Que el espacio ronco, hiende

Y que llama;

Que defiende



Y que clama, clama, clama,

Que clama pidiendo auxilio

En tanto que ve el exilio

De aquellos que el fuego, ciego y arrollador, empobrece

Y el fuego que ataca y crece,

Mientras se oye el ronco son,

El somatén del bordón,

Del bordón, bordón, bordón

¡Del bordón!

¡Cómo el alma se desgarra

Cuando el son del bordón narra

La aflicción

¡De aquellos que arruina el fuego!

Y, cómo nos dice luego

Los progresos que hace el fuego

-Que va a tientas como ciego-El

somatén del bordón,

¡Que es toda una narración!

¡Oh, la tempestad de ira

En la que el bordón delira

Y en que convulso, delira!

El alma escucha anhelante

la queja que da el bordón

Con su son;

El bordón que da su son,

El bordón, bordón, bordón,

¡El bordón!

Que es toda una narración el somatén del bordón

Del bordón, del bordón, del bordón

Del bordón, del bordón, del bordón

¡Del bordón!

El grito ante el infinito, cual proscrito, ¡del bordón

IV

¡Escuchad cómo la esquila,

Cómo el esquilón de hierro,

Llama con voz que vacila,

Al entierro!

Qué meditación profunda nos inunda al escuchar



la errabunda y gemebunda melodía del sonar

¡Cómo llena de pavura

Su son en la noche obscura!

¡Cómo un estremecimiento

Nos recorre el pensamiento

que provoca su lamento!

Cuando sueña

La grave esquila de hierro, con su lúgubre toquido,

Con su lúgubre toquido que la medianoche llena.

¡Es que las almas en pena

Se han reunido!

¡Oh, la danza

Al son que toda la esquila,

En una noche intranquila,

Su tijera de luz lila,

Tocando en visión del Juicio la noche sin esperanza!

Entonces, ya no vacila

La grave voz de la esquila,

De la esquila, de la esquila, de la esquila,

de la esquila, de la esquila,

Sino que suena furiosa,

Con su voz cavernosa,

Y, en un mismo son, son único,

Que igualiza un ritmo rúnico,

Algún ronco rayo truena

Y se alumbra con relámpagos la noche sin esperanza,

Mientras las almas en pena

Giran, giran su danza

Bajo la triste luz lila.

Y en tanto se oye la grave, la grave voz de la esquila,

De la esquila, de la esquila,

De la esquila, de la esquila, de la esquila, de la esquila,

Y en el mismo son, son único,

Que igualiza un ritmo rúnico,

Mientras se oye, la triste, la triste voz

De la esquila,

De la esquila,

Furibundo rayo truena,

El relámpago cintila

Y los espectros en pena

Danzan al son de la esquila,

De la esquila, de la esquila, de la esquila,

de la esquila, de la esquila,

Y en un mismo son, son único,

Que igualiza un ritmo rúnico,

Danzan al son de la esquila,

De la esquila, de la esquila,

de la esquila, de la esquila, de la esquila,

¡De la esquila!

Y mientras que el rayo truena,

Que el relámpago cintila

Y que con furor terrible, danzan las almas en pena,

Se oye la voz de la esquila,

De la esquila, de la esquila, de la esquila,

De la esquila, de la esquila,

la voz de cuento lamento ¡de la esquila!

LO QUE TE COME // NORMAN SPINRAD

LO QUE TE COME // NORMAN SPINRAD




LO QUE TE COME
Norman Spinrad



Esta es la ciudad. Los Angeles California. Siete millones de personas. Algunas de ellas todavía eligen jugar con los naipes que les tocaron. Demasiadas de ellas no. Tarde o temprano, algún meme se enloquece y se esparce como hongo de vestuario en el sudoroso cuerpo político. Cuando eso sucede, es mi trabajo.
Me llamo Friday.
Soy polizonte.
Joe Friday es el meme ideal para las tareas policiales. Nunca esboza una sonrisa, nunca mete las manos en la mercadería, José Ley en persona, jamás soñaría con nacionalizarse.
No es que no se hayan intentado personificaciones más drásticas, entienda.
Mike Hammer, por ejemplo, parecía el meme ideal para tratar con el Simio Heavy Metal cuando éste andaba por las calles, pero las cosas se fueron un poquito de las manos cuando La Flor y Nata de Los Angeles se puso a reventar a los ciudadanos decentes por cruzar la calle a mitad de cuadra. Después de lo cual pusieron por escrito a Roy Rogers y su fiel ladero Doc Holliday, pero se vieron forzados a reconsiderarlo cuando esos memes comenzaron a actuar como un Lagartocuero birifle y un Nietzsche con Espuelas y comenzaron a circular por el carnecarril de Selma.
- Eres lo que comes - asegura el teniente en el escuadrón -. Esta mercadería viene directamente de los tanques de cultivo del Departamento de Policía de Los Angeles, y les garantizamos que el antídoto los devolverá a su propia y querida integridad.
Pero la calle es más sabia, y tú también, seas quien seas en ese momento, una vez mezclados tus propios naipes.
- Eres lo que te come - admite libremente el traficante del callejón, mientras agita su alfiletero Baskin-Robbins, para deleite de las masas de mala entraña.
El asunto es que a Mike Hammer, que no se queda atrás de Mack el Cuchillo, le gusta mucho estar fuera del armario, y debe ser arrastrado, pateando y aullando, hasta la estación de policía para recibir su higienización diaria.
Porque, a pesar de lo que puedan decirte el teniente y el traficante, diseñar estos virus de confección es un arte, no una ciencia.
¿Cuál es el ángel que baila en la punta del alfiler que tienes en la mano? Para verlo tienes que pagar, y cuando lo haces ya hay algún otro mirando. Algún meme cuyos anzuelos moleculares se dirigen a tus centros de placer, con garantía, por lo tanto y aunque más no sea, de que te agradará mucho su nido de tordos cerebral.
Esa es la tecnología básica. Así es el núcleo más o menos estándar. Migra por el torrente sanguíneo hasta el cerebro, penetra en las células, maximiza las endorfinas, y se multiplica.
El Sr. Natural, como decían los traficantes, eras "tú, pero más". Supercargaba tu química cerebral, aceleraba tus reflejos, turbocargaba tu equipo sensorial, bombeaba esas endorfinas, y lo único que necesitabas comprar era un solo alfiler. ¿No lo harías?
Por supuesto que lo hacías.
No es que el Jefe Parker Porker adoptara lo que se llamaría una actitud reservada en aquel momento. Como era tradicional, el Jefe del Departamento de Policía de Los Angeles estaba planeando candidatearse para un cargo en el gobierno estatal según la plataforma usual Atila el Huno, y el Sr. Natural era el perfecto envoltorio paranoide. Willy Horton en un alfiler.
No digamos que no hubiera motivos para estar paranoico. "Si entra basura, sale basura", solían decir los viejos hackers, en tiempos en que el software era el filo del cuchillo de los forajidos. Pero el software funciona dentro del hardware, y cuando se bombea un virus no-personificado a través del viejo carneware cerebral lo que se obtiene a la salida es, sin duda, lo que promete el traficante: "tú, pero más".
Y si el "tú" es un artista robabolsos, un asaltante, un Sangriento, un Deforme, o simplemente un villano callejero normal, el "pero más" no encajará precisamente dentro del perfil ideal del ciudadano decente.
Así que lo que el Departamento de Policía de Los Angeles se encontró enfrentando fue una epidemia de Rambos bajo los efectos de la metedrina, Supermanes dirigiéndose al lado oscuro de la Fuerza, maniáticos sexuales turbocargados e infractores de tránsito con los reflejos y los modales de Ayrton Senna en la pista, que convirtieron las calles y carreteras en el Gran Premio Guerra Mundial.
Para no mencionar el cálido sentido de seguridad que esta situación infundió en el electorado. Pero mejor mencionarlo en voz alta y a menudo, como lo hacía nuestro futuro Senador Porker, tan seguro como los déficits y los impuestos.
Hace muchos jefes de policía con botas hasta el muslo atrás, el Departamento de Policía de Los Angeles estaba siendo castigado, como de costumbre, por recurrir excesivamente a las pistolas, obligando al patán en jefe de aquel momento a defender su presupuesto para municiones ante el Concejo Deliberante. "¿Dicen que mis muchachos disparan demasiadas balas?", les dijo. "Ningún problema. Entréguennos balas dum-dum. Con un solo disparo volaremos a los malandrines y los convertiremos en carne de perro. Podremos liquidar dos veces más delincuentes con la mitad de cartuchos. Si no cumplimos, no apoyen mi campaña para Vice-Gobernador".
"Sí", replicó el Concejo luego de una ardua deliberación, "eso tiene sentido", y así lo hicieron.
Los memes, como todos sabemos ahora, son patrones de personalidad en software, moviéndose por el hardware cerebral, pero tendemos a olvidar que ya existía una pléyade de personalidades de la variedad demente en el charco genético de la psiquis, mucho antes que los tipos de sombrero negro y chaqueta blanca se las ingeniaran para adosar sus propias versiones artificiales a nuestros virus cerebrales básicos.
El meme Parker ya había habitado en varias generaciones de jefes de policía, y el meme Concejal no había mutado mucho desde que Sam Yorty escribiera la personificación, así que cuando el Jefe Porker exigió al Sr. Natural para las Fuerzas de la Ley y el Orden, también se lo dieron.
Por cierto, las cosas se estabilizaron a un nivel más alto de frenesí, es decir que mientras crecía el conteo de cadáveres, el Departamento de Policía de Los Angeles al menos pudo llevar la proporción toma y daca hasta la cifra que había mantenido por mucho tiempo, más-menos tres por ciento.
Entonces, algún avispado empezó a escribir personificaciones en los virus. Hay cierta disputa en cuanto a qué fue lo que entró primero al mercado - Mambo, el Hombre Macho, el Simio Heavy Metal -, pero no hay disputa en cuanto a que la mercadería salió de los laboratorios clandestinos de los grandes traficantes, y no del Pentágono o de la CIA, como dicen algunos mentecatos.
Desde el punto de vista del bajo fondo, el Sr. Natural era un producto espantoso. Vendían uno y perdían permanentemente al cliente. ¿Esa es forma de llevar adelante el Negocio de los Narcóticos?
Por supuesto que no. Lo que se necesitaba era una mercadería que obligara al cliente felizmente infectado a comprar otro alfiler. Y otro, y otro. Puesto que la necesidad es la madre del ingenio, tarde o temprano alguien debía desarrollar la técnica para darle un patrón de personalidad al virus de los alfileres.
"¿Tú, pero más?", podían ahora deslizar los traficantes. "¿Por qué conformarse con eso? ¿Por qué no ser exactamente lo que quieres ser? Y si eres demasiado estúpido o descerebrado para darte cuenta de lo que quieres, eh, no hay problema, cómprate uno de estos alfileres y diviértete con tu nueva cabeza. ¿Qué tienes que perder? Si no te gustas, bueno, te vendemos otro, y otro, y otro, hasta que encuentres tu propio ideal personal".
Una vez que la merca llegó a Hollywood, donde hay varios miles de guionistas de TV sin trabajo en cualquier momento dado, fue inevitable que el negocio de los virus se transformara en negocio del espectáculo, con los adulteradores de patrones haciendo batidos de personalidades imaginarias y rusticoides más rápido de lo que los técnicos podían fijarlas en los núcleos. Siendo la TV lo que es, esos memes no eran lo que se dice sutiles, puesto que Proust no es precisamente un favorito del hombre de la calle y que los guionistas de personificaciones eran de los que creían que Moby Dick era una enfermedad venérea.
El resto es lo que queda de la historia, o sea cuando el Centro Parker presentó la inevitable solicitud de personificaciones policíacas a medida, y el Concejo Deliberante respondió con el inevitable jawohl.
Hay policías que todavía recuerdan los días en que entraban al escuadrón sin saber quiénes serían la próxima vez que salieran a la calle. En aquellos días probaban de todo. Mike, Roy, el Doc, el Duque, Kojak, Wyatt, Sonny, el Sargento Preston y quién se acuerda qué más.
¿Quién, por cierto?
Seguramente no Joe Friday. Así son las cosas, señora. Mi nombre es Polizonte y soy un viernes, ¡qué alivio! Mi fría sangre azul se entibia cuando pienso en lo que mi corpus actual llevó a cabo cuando por mis sinapsis pululaban esos conceptos de Hollywood. Cuando alguno de esos viejos engramas policíacos reaparece para contaminar los fluidos vitales de la memoria, me siento urgentemente tentado a ahogar mi vergüenza en malteadas de chocolate.
El concepto que tenía Doc Holliday del control de las multitudes era disparar contra el Corral. OK. Mike Hammer era gravemente remiso a leerles a los perpetradores sus derechos antes de romperles las rótulas, y el viejo y noble Duque no veía nada anti-norteamericano en el hecho reventar en pedazos cualquier cosa que perturbara su paz momentánea.
Fue un proceso de eliminación, de los cuales hubo muchos en esa época, pero ahora me llamo Friday, soy el polizonte, igual que cualquier Flor y Nata de Los Angeles que usted encuentre por las calles. Si Joe Friday se enoja realmente, puede hacerlo objeto de una honesta reprimenda moral y tres minutos de falta de aire, pero eso es mejor que Mike Hammer rompiéndole la cabeza con una botella, ¿no es cierto, señora?
Estábamos trabajando en el turno noche de la División Bionarcóticos. El jefe es el habitual futuro Vice-Gobernador con anteojos espejados. Mi compañero es Joe Friday, ¿quién otro?
En alguna parte de la tierra de nadie entre Hollywood y el este de Los Angeles parecía estar operando un taller minorista, y la ciudad tenía una buena razón para estar nerviosa.
Mientras que el productor ilegal de alfileres de nivel profesional posee fábricas con importante respaldo bancario, equipos de primera línea y una dotación rebosante de técnicos y escritores de personificaciones, el taller minorista es una operación estrictamente rusticoide y de escaso capital manejada por los descerebrados restos de la clientela.
Sus equipos son los que se las ingeniaron en robar de ciertas fuerzas que gozosamente los vaporizarían en el acto de reexpropiación, instalados en sótanos que habían disfrutado por última vez de la cohabitación de seres no-roedores durante la administración del Gobernador Moonbeam.
Despojados de equipamiento financiero y mental para la producción coherente de software molecular, estos zombis piratean memes preexistentes, por el método de clavar alfileres al azar en las nalgas de muestras humanas de las calles, y luego recombinándolas con una batidora de huevos y vendiendo como producto el cieno resultante.

La primera pista sutil de que estaba operando un taller minorista apareció cuando un hombre que vestía cuero negro y cota de malla de cromo, y lucía una hilera de antiguas hojas de afeitar de filo simple cementadas a lo largo de la línea media de su cráneo afeitado, entró en el supermercado de Ralph, en el Boulevard Sunset, armado con una Uzi y una enorme espada de samurai. Después de decapitar al guardia de seguridad, al gerente y a tres cajeros, y de reventar un número aleatorio de clientes, convenció a los sobrevivientes de donar el contenido de las cajas registradoras a la causa.
Para entonces, sin embargo, el disturbio ya había atraído la atención oficial, y cuando el perpetrador emergió en el estacionamiento se encontró con un equipo SWAT que había sido transportado por aire al lugar de la escena, con órdenes de capturar vivo al espécimen. Lo cual consiguieron inmediatamente, destrozándole las rótulas con balas dum-dum.
Ya en la central, bajo la influencia de la escopolamina, de los dispositivos de bio-realimentación y de los típicos manguerazos, el sospechoso se identificó como Satán, pero no pudo ser inducido a suministrar mayores informaciones de utilidad.
Dieciocho horas más tarde, en la esquina de Hollywood y Vine, arrestaron a una sospechosa que estaba arrancándoles las cabezas a un hato de gatitos a mordiscones y escupiéndolas a los carromatos que pasaban. Estaba completamente desnuda, manchada con manteca de maní y sangre, y se necesitaron doce oficiales para someterla.
Poco después, una pandilla de Hare Krishnas armados con motosierras y bates de béisbol, liderados por un bestial muchacho empapado de pintura de paredes color azul que declaraba ser Shiva, invadió el Centro de Cientología del Boulevard Hollywood. Recién se pudo restablecer el orden cuando aterrizó en la azotea un minicóptero del Escuadrón Táctico y bañó el edificio con gas vomitógeno.
Cuando los tipos del laboratorio estudiaron la materia gris de estos perpetradores bajo los ciberscopios, su informe resultó un tanto perturbador.
Las personificaciones eran el habitual guiso de material pirateado de los talleres minoristas, incapaz de cohesionar en algún meme plausible de sustentar un control consistente del organismo, resultando en una criatura que exudaba algo parecido a la estática sináptica, como el Abraham Lincoln de Disneylandia con algún surco reescrito por William Burroughs.
Sin embargo, el núcleo viral que estaban usando habría sido materia para el FBI o para agencias federales más drásticas, si Parker hubiese estado dispuesto a compartir la cancha con los encapuchados de Washington. ¿Cómo era posible que un rusticoide taller minorista hubiese puesto sus grasientos tentáculos en este trozo de sesoware militar?
Pregunta estúpida.
Habían clavado alguno de sus alfileres, por casualidad, en el culo de algún portador. Habían pinchado a algún espía en misión en la escalera mecánica del Beverly Center. Sin siquiera saberlo, habían muestreado a algún agente del Servicio Secreto desempeñándose en control de multitudes. Algún comando Marine había salido de licencia, para un fin de semana de borrachera y putas, y ellos lo habían capturado en el excusado.
Por el medio que fuera, el núcleo viral birlado que este taller minorista estaba revistiendo con su pútrido pegote molecular era un virus militar ultrapesado, diseñado para emplearse a corto plazo en situaciones de combate. Desconectaba los centros del dolor, y enloquecía el metabolismo, los reflejos y las neuronas sensoriales hasta el límite, pasando la línea roja, para producir una unidad militar pasada de revoluciones, capaz de atravesar las paredes durante aproximadamente doscientas horas antes de agotar sus reservas protoplásmicas.
En la aplicación militar aprobada, este núcleo era personificado con algún meme militar adecuado, dependiendo del rango y la misión. Hornblower, Flynn y Lee para inspirar al personal de mando; G.I.Joe y el Oficial Auxiliar para los leales lanceros rumiabalas. El meme de mando seguiría la directiva primordial de la misión, y las tropas se autoconsiderarían hijos heroicos de futuras madres condecoradas.
Sin personificación militar que lo civilizara, este núcleo producía algo así como un feroz guerrero vikingo después de aspirar cocaína, un organismo sobrehumano que funcionaba en un software cerebral fortuito decididamente subhumano.
Peor todavía, los rusticoides del taller minorista estaban personificando este núcleo con un emplasto base compuesto por los memes recombinados de muestras selectas, generalmente obtenidas de alfileteros humanos.
Los acontecimientos subsiguientes no fueron tranquilizadores. Un tipo vestido como el Hombre Araña pero de cuero negro se escabulló hasta la terraza del edificio de la Compañía Discográfica Capitol, para estupor de los mirones, y luego se lanzó en clavado sobre éstos, dejando un cráter de impacto bastante ensangrentado. Un travesti que semejaba una Mujer Maravilla prehistórica secuestró a mano armada un camión de gasolina, y lo condujo hasta salir volando de la rampa del cruce de carreteras de Santa Mónica, en dirección al sur por la autopista a San Diego.
Hasta ahora, eran los únicos hechos que encajaban con el modus operandi.
Esa era la buena noticia. Al menos por el momento, parecía que estos aficionados no sabían lo que tenían en su poder, o si lo sabían, ningún traficante pesado les había expropiado sus bienes aún. Es decir que todavía teníamos tiempo de desbaratar la operación, antes de que sucediera lo inevitable.
La mala noticia era lo que pasaría si no lo lográbamos. Desde el punto de vista policíaco-profesional, este alfiler podía ser un callejón de pesadilla, pero desde el punto de vista de los traficantes adinerados, sería la época de las vacas gordas. Lo único que tenían que hacer era despojar al núcleo militar de todo el pegote, personificarlo con memes como el Simio Heavy Metal, el Sedicioso del Ejército Muerto y Mike Rompehuelgas, y obtendrían un alfiler que todos los pendencieros mala entraña de los bares y todos los perpetradores profesionales cabeza de chorlito clamarían por clavarse. Que la clientela acabara cerebralmente muerta unos días después era una advertencia que, muy probablemente, no aparecería escrita en algún lugar muy visible del envoltorio.
Hay gente mala allá afuera, señor. Por eso Dios inventó a los polizontes. Piénselo.
Alguien de la central de seguro lo pensó, después de lo cual el Centro Parker comunicó al escuadrón que a menos que la operación fuese exterminada antes de tener que incluir en la fiesta a los agentes federales, el Jefe Porker accedería a los deseos de la ciudadanía y aplicaría un meme más drástico en reemplazo del Sargento Friday. Por ejemplo Heinrich Himmler, Bull Corner o el Angel Guardián.
El quid de la cuestión era: "Si para el domingo que viene no has desbaratado ese taller minorista, Friday, te encontrarás no encontrándote en absoluto".
Bueno, Joe Friday no es más que un meme humano, señora, no desprovisto de un software que le da sentido de auto - conservación, además de verse atormentado, de cuando en cuando, por pantallazos de sus desabridos habitantes previos que lo dejan sin deseos de ser reemplazado por todavía más actualizaciones gatillofáciles de la misma calaña.
De modo que los Fridays de la fuerza hicimos lo que mejor sabíamos.
Iniciamos la pesquisa.
Vigilamos. Entrevistamos soplones. Seguimos a los chicos malos. Tarde o temprano encontraríamos un cabo suelto que nos conduciría hacia algún sitio. O arrestaríamos al tipo correcto. O nos encontraríamos con otro demonio de taller minorista que capturar.
Créame, hasta a Joe Friday lo tenía sin cuidado contemplar ese detalle. Siendo un buen polizonte que sabe trabajar en equipo, no tenía deseos de obtener la gloria de ese arresto en particular. Que un colega tenga el honor, preferiblemente alguno que esté bien seguro dentro de un transporte blindado de personal.
Resultó no ser así.
A los hechos, señora.
Estábamos circulando por el Boulevard Hollywood, varios coches atrás de un conocido traficante cuya Excalibur de armazón de neón no precisamente obstaculizaba nuestra vigilancia. Siendo jueves por la noche, el tráfico se movía libremente y las aceras estaban bastante tranquilas, es decir que, aparte de los habituales contingentes de Cleopatras con Tapado de Piel, Lagartocueros y Surfistas Nazis Adolescentes Mutantes, no estaba ocurriendo nada de interés profesional.
Esto es, hasta que mi compañero me llamó la atención sobre los acontecimientos que tenían lugar en las sombras de un puesto de tacos cerrado, en la esquina de Las Palmas. Un surfista de rubia melena con pantalones jeans recortados arrojó a una prostituta contra las persianas y estaba a punto de hundirle los dientes en el hombro.
- ¿Qué piensas, Joe?
- A mí me parece sospechoso.
- Mejor revisemos - decidí, extrayendo la General Dynamics arribabajo, que en aquellos tiempos había reemplazado a la tradicional de repetición calibre doce. El arma tenía la opción de un lanzacable capaz de dejar a un gorila neurológicamente discapacitado, o la de municiones dum-dum disparadas semiautomáticamente que podían convertir a un elefante en hamburguesas. Polizonte bueno, polizonte malo, todo en una sola empaquetadura de plástico y titanio.
- Departamento de Policía de Los Angeles, señor - anuncié claramente, disparando un dardo lanzacable en la nalga izquierda del sospechoso. El voltaje del cable habría derribado al Increíble Hulk, pero el sospechoso ni siquiera pareció notarlo hasta que llevé el reóstato al nivel donde la garantía del fabricante no cubre la mortandad.
En este punto, dejó caer a la víctima y se me vino encima escupiendo sangre. Mi compañero lo cableó en el cuello y nuestras corrientes combinadas fueron suficientes para inmovilizar al perpetrador, lo que es decir que éste se quedó donde estaba, petrificado y vibrando, pero que no cayó al piso.
- Queda usted arrestado, tiene el derecho a permanecer callado... - Procedí con la lectura de los derechos mientras mi compañero llamaba una ambulancia para la prostituta.
El sospechoso era un hombre rubio caucásico. Vestía un par de Lee Wranglers recortados. Sus señas particulares incluían un tatuaje de Elvis en el pecho, un arete nasal hecho con una anilla de lata de cerveza y una boca llena de dientes limados.
- Encaja con el modus operandi, Joe. Mejor llevémoslo a la central.
Transportar al sospechoso hasta el auto resultó ser algo así como un problema logístico. Nuestros lanzacables tenían, entre los dos, suficiente jugo como para mantenerlo inmóvil, pero ninguno de nosotros estaba dispuesto a arriesgarse al contacto físico que implicaría el hacerlo caminar manualmente.
- Mejor pidamos refuerzos, Joe. Tal vez el helicóptero grúa.
- Tengo una idea mejor, Joe - le dije, mientras hacía bajar lentamente el flujo de corriente de mi lanzacable -. Si tenemos cuidado, quizás podamos hacer caminar a este zombi.
Los ojos inyectados en sangre del sospechoso parecieron enfocar un poco. Sus músculos faciales se crisparon y retorcieron y luego avanzó un paso, tambaleándose. Disminuí el voltaje un poquitín más.
- ¿Qué pasa, amigo? - lo animé -. Todo sería mucho más fácil para usted si cooperara.
- ¡Sangre humana me como tu corazón con dientes animales!
- Pésima actitud, señor - le dije, aumentando la corriente.
- Un verdadero avispado, ¿no es cierto, Joe?
- Dénos alguna identificación - dije, aflojando de nuevo.
Tal vez fue una serie de secuencias al azar, o tal vez todavía existía en él algún tipo de sustrato capaz de responder de manera cruda a la pregunta.
- ¡DRÁCULA! ¡REY VAMPIRO DEL SUPERMERCADO PANTANO DEL HEAVY METAL! ¡ESTA NOCHE HAY SURF EN TRANSILVANIA TRANSEXUAL!
- ¿Drácula, eh? Bueno, pórtese bien, Conde, y le permitiremos que nos lleve hasta su ataúd. De lo contrario, flambearé unos ajos bajo sus uñas a la luz del amanecer.
Las palomas no tienen un cerebro anterior mucho más funcional que el que tenía el sospechoso en cuestión, pero se las puede motivar con sistemas sencillos de premio y castigo. Por lo tanto, con nuestros dardos lanzacable firmemente implantados en su carne, y con una larga serie de refuerzos negativos, logramos establecer un cierto control limitado del sujeto.
Cumpliendo con nuestra obligación, señor. ¿O es que usted prefiere a los detectives de mala muerte y sus mangueras de goma?
- ¿Dónde consiguió el alfiler, amigo? - inquirí, disminuyendo el voltajugo.
- ¡Pequeñas vidas, amo, zarigüeyas, gorgojos, camareras patinadoras altamente perturbadas, carne para el monstruo, id y multiplicáos con el primer mordisco de mi amanecer!
Zap.
- ¡Los maricones de las hojas de afeitar me obligaron a hacerlo!
Zap.
Aunque tal vez no había nada de coherencia significativa en el asiento del conductor, los datos parecían persistir. Y, con los fragmentos de memes revueltos en una conectividad aleatoria, cada descarga de corriente era suficiente para liberar una nueva explosión en algún sitio.
Como lanzarse a través de sesenta y cinco canales de TV con el control remoto en busca del informe meteorológico, señora. A veces el trabajo de la policía es como caminar en la niebla, señor.
- ¡Las Chicas del Gulag se Vuelven Locas! ¡Esclavas Sexuales del Ayatollah! ¡Cerdozombis Vampiros del Espacio Exterior!
- ¡Joe, no cambies de canal!
- ¿Tienes algo?
- Es la función triple de esta semana en el Cine Sexray de la calle Western, Joe. Lo vi cuando iba a la cervecería.
Puede que no fuera mucho para empezar, pero era la única pista que teníamos. Con el lanzacable, condujimos al Conde Drácula hasta el interior del patrullero, y nos dirigimos a la calle Western, una lonja de la frontera hollywoodiana no-yuppificada, invadida por los puestos de tacos turcos, los garitos coreanos, el tráfico nocturno para drogadictos comebasura, cervecerías con exposiciones ginecológicas y casas de películas porno.
Si la-la-landia hubiese tenido vías de ferrocarril, este sector habría estado indiscutiblemente del otro lado de ellas.
Observamos que el sospechoso, sin embargo, respondía con entusiasmo a lo que parecían ser sus guaridas familiares. "Doble porción de queso, sin anchoas y poca salsa de pescado", gritó por la ventanilla cuando pasamos por una pizzería camboyana.
Se puso maniáticamente agitado cuando estacionamos en Western, frente al Cine Sexray. Se le dieron vuelta los ojos, babeó espuma y comenzó a azotarse contra el asiento al punto de que fue necesario un incremento de corriente para someterlo.
- ¡Hogar es horror para la tierra de los libres y el conducto de la tumba! ¡La cucarachita vive deslizándose entre los tulipanes! ¡Por favor, señor, quiero otro!
El Cine Sexray, abierto toda la noche, tres películas XXX y un cortometraje clásico del Superman Cubano en continuado, tenía una desgastada marquesina en donde el neón púrpura latía en una frecuencia de pánico, y en el siglo anterior había sido pintado de un pálido rosa pastel. Sus húmedas paredes de estuco en vías de desmoronarse tenían una costra de graffitti que ofrecía un salpiporno mutado y observaciones obscenas en catorce idiomas diferentes, ninguno de los cuales será identificado jamás.
- ¿Y ahora qué, Joe, vigilancia?
Miré el reloj.
- Sólo faltan dos horas para el final del turno. Sabes cómo se han puesto los contadores de la central en lo que respecta a las horas extras no autorizadas. Ni siquiera nos pagarán el gasto de las rosquillas.
- Entonces creo que mejor entramos a revisar. ¿Qué hacemos con el Conde?
Entrar en las instalaciones con el estorbo del sospechoso parecía ser un procedimiento policial cuestionable. Nos veríamos impedidos de usar los lanzacables, ya que cualquier disminución adicional del circuito, que por ahora evitaba que el tipo se pusiera a devorar el protoplasma más cercano a su disposición, resultaría sin duda en su desafortunada liberación.
Resolvimos el dilema conectando al Conde con el encendedor de cigarrillos. En la batería tenía que haber suficiente voltajugo para mantenerlo quieto hasta que terminara el turno.
Como no teníamos orden judicial o causa probable, nos vimos forzados a pagar la entrada y a obtener, con considerable dificultad, un recibo para que los miserables de contaduría nos reconocieran el viático, que nos fue entregado por el empleado de la boletería blindada, un individuo afro-norteamericano del tamaño y el comportamiento aproximados de un rinoceronte lobotomizado, quien nos arrojó el cambio sobre el mostrador al ritmo selvático de su propio y distante tamborilero.
El vestíbulo estaba iluminado por un solo reflector de luz negra reciclado de un burdel hippie. Lo único que quedaba en el abandonado puesto de comida era una máquina de palomitas de maíz tostado, llena de cucarachas intostadas y ahogadas en aceite rancio. Desde la oscura escalera que descendía hasta los excusados llegaba un aroma ácido a orina muerta y a luchadores vivos.
Se oían vagamente unos gruñidos embozados y unos baboseos indescriptibles que partían de la banda sonora de la película que estaban dando adentro, pero parecía preferible exponerse a cualquier cosa antes que ir a investigar a las criaturas de la verde letrina.
Subimos por un tramo de escalera oscura, atravesando un revoltijo de vida animal, y entramos en el sector del palco. En la pantalla deshilachada y veteada de gris los órganos latían en primer plano, y media docena de agentes de viaje, desparramados en las butacas, hacían lo propio bajo sus chaquetones.
Logramos llegar a la primera fila, tomamos asiento y echamos un vistazo abajo, a la platea. El público de allí consistía en alrededor de treinta individuos similares, quizás la mitad de ellos conscientes. Se escuchaban ocasionales murmullos sudorosos y gruñidos malsanos, pero los sujetos parecían pacíficos y no involucrados en actividad ilegal alguna.
- ¿Y ahora qué, Joe?
- Esperemos el espectáculo en vivo.
Nos quedamos sentados hasta que finalizó "Las Chicas del Gulag se Vuelven Locas". Después de diez minutos de comenzada "Cerdozombis Vampiros del Espacio Exterior", media docena de figuras oscuras se introdujeron en la platea desde atrás y comenzaron a alfiletear al público.
- ¡Están entrando!
- ¡Vamos a agarrarlos!
Corrimos a la salida y bajamos por la escalera, donde para entonces las ratas y las cucarachas lanzaban aullidos ultrasónicos en contrapunto con los horrendos sonidos que brotaban de la platea, ahogados por la mampostería divisoria hasta quedar convertidos en algo no más feroz que una festichola en un criadero de martas.
Llegamos al vestíbulo justo cuando el último escuadrón minorista desaparecía en la oscuridad de la escalera que bajaba al excusado. La idea de descender por el orificio anal de Calcuta tras ellos era algo que no hacía mucho por incentivar nuestra devoción al cumplimiento del deber.
Miré el reloj. Cincuenta y un minutos para el final del turno. ¿Que tal vez serían mejor aprovechados entregando multas por mal estacionamiento en Wilshire?
- ¡OJOS ANIMALES HERVIDOS EN SANGRE!
- ¡YO SOY EL CAPRICHOSO!
- ¡EL PUEBLO AL PODER DE LA SEXOMAQUINA DE HIERRO!
- ¡CHUPEN TRIPAS DE POLLO!
El contenido recombinado del Cine Sexray hizo erupción en el vestíbulo, aullando, farfullando y desgarrándose unos a otros, pálidos holgazanes de pornoteatro transformados en una manada de Godzillas sedientos de sangre. Hicieron añicos el vidrio del puesto de comida, despedazaron a golpes la máquina de palomitas de maíz y comenzaron a introducirse su contenido en las babeantes bocotas, lloriqueando y bufando de la manera más impúdica, mientras el movimiento browniano los arrastraba más o menos en dirección a las tiernas calles de la - la - landia.
De inmediato, la discreción se transformó en la madre del valor, ya que nuestro movimiento, decididamente más concentrado en un punto, nos llevó velozmente a descender por las escaleras del excusado hasta perdernos de vista. Hay veces en que resulta muy lógico trocar una jaqueca terminal por un estómago revuelto.
El pasillo estaba iluminado con una bombita de 40 watts, apenas suficiente para revelar los teléfonos públicos destrozados y el gato momificado que estaba crucificado con jeringas hipodérmicas contra la puerta del baño de hombres. Bajo la puerta del baño de damas había una trémula línea de luz pálida y amarillenta que denotaba la posible presencia de los perpetradores.
Cautelosamente, tanteé la puerta con el hombro.
- Está cerrada con llave.
- ¿Procedemos según el manual, Joe?
- ¿Qué otra cosa nos queda?
Apuntamos nuestras General Dynamics hacia la ofensiva puerta.
- ¡Departamento de Policía de Los Angeles - anuncié, rapeando elegantemente -, abran en nombre de la ley!
Cuando esto no provocó nada más que unos gruñidos poco cooperativos del lado de adentro, retrocedimos unos pasos y disparamos dos descargas dum - dum más o menos a quemarropa.
La puerta explotó hacia adentro en una nube de astillas voladoras y humo de cordita, bajo cuya protección nos introdujimos en el local.
- ¡Quietos!
- ¡Quedan arrestados!
- Tienen derecho a permanecer callados...
- Tienen derecho a consultar...
Las puertas de los retretes individuales habían sido arrancadas de sus goznes. Los inodoros aparecían ubicados en hilera, y el emplasto amarillento y grumoso que se apreciaba en su interior nos proveyó de la evidencia circunstancial de que los mismos estaban siendo utilizados como tanques de cultivo del virus.
Por cierto, un individuo de raza blanca ataviado únicamente con pantaloncitos de jockey y una gorra de los Dodgers con la visera hacia atrás, en posición de catcher, estaba dedicándose a sumergir un carnoso puñado de alfileres dentro de uno de los inodoros.
Había otros seis sospechosos presentes. Un sujeto afro-norteamericano vestido con botas hasta los muslos y una ensangrentada túnica de Hare Krishna. Un Lagartocuero con un destornillador Philips atravesado desprolijamente en el lóbulo de la oreja izquierda. Un Cowboy del Boulevard Hollywood succionando ávidamente del pescuezo de una paloma decapitada. Un individuo que no tenía puesto más que la mugrienta parte superior de un disfraz de gorila. Algo enorme y cubierto de pelo, barba y bolsas plásticas de lavandería, que tenía aferrado un bate de béisbol tachonado de hojas de afeitar.
Sentada sobre las baldosas blancas manchadas de orina y rodeada de harapientas planchas de embalaje de espuma, en posición de medio loto y bien erizada de alfileres, había una criatura esquelética con ojos como platillos voladores y trenzas grises que hacía mucho tiempo habían sido entrelazadas con rabos de ratas en descomposición. Lucía una manchada remera de Bart Simpson sobre cuya impronta se habían garrapateado con sangre, crudamente, las palabras "¡Charlie Vive!". Sus piernas huesudas y fibrosos brazos estaban repletos de lo que parecían ser alfileres del producto.
- ¡Bienvenidos a la Jaula Darwiniana de los Monos del Aullido de Hierro! - nos farfulló en jerigonza, enterrándose otro alfiler en el glúteo.
- ¿Qué piensas, Joe?
- A mí me parece que es la Gran Enchilada.
- ¡Soy los Hijos de la Noche!
- Seguro, amigo - dije, sacando prontamente las esposas.
- ¡Hombre de la puerta trasera! ¡La gente come lo que las ratas no entienden!
- Puede contárnoslo todo en la central, señor.
- ¡A troche y moche, mis corazoncitos! ¡Chupen sangre de cerdo! - chilló, agarrando un puñado de alfileres y clavándoselos en la parte superior de la cabeza.
Se nos vinieron encima, desenvainando oxidados cuchillos de monte, ganchos de estibador, barretas de hierro, botellas rotas de Perrier, media tonelada de carne cruda y más, bamboleándose, tambaleándose, tropezándose y brincando hacia nosotros con indudables intenciones ilegales.
No disparamos balas innecesarias. Teníamos causa probable de presunción de resistencia al arresto, Teniente, está todo en el informe.
Sin implicar un aval a productos ilegales, señora, hay que reconocer la eficiencia de la General Dynamics en esta situación táctica.
El Lagartocuero explotó en una nube voladora de mercadería selecta de McDonald's. El disfrazado de gorila, después de que le volamos la cabeza contra la pared del retrete, se balanceó hacia adelante varios pasos para luego caer al piso contorsionándose, sacudiéndose y manando coágulos. El Hare Krishna alcanzó el sushi satori en la mitad de un mantra. El Cowboy de Hollywood llegó al Paraíso de las Hamburguesas. Le di al fanático de los Dodgers cuando salía del retrete y envié la mitad de su cuerpo de vuelta al interior del inodoro.
El monstruo de las bolsas de lavandería, no obstante, había retirado la parte superior del cráneo de mi compañero con su bate de béisbol tachonado de hojas de afeitar, y se encontraba escarbándolo con la lengua y los dedos.
A nadie le gusta un mata-polizontes, señor, y la ineptitud de los jueces a la hora de emplear la cámara de gas en casos semejantes, como Dios manda, no ayuda a fomentar un excesivo autocontrol en tales circunstancias, señora. Está todo en el informe, Teniente. Le inserté el caño de mi arma entre las nalgas y le volé el culo.
El excusado estaba ahogado en humo químico. Unos glóbulos de sangre primorosamente divididos aún estaban atravesando el proceso de precipitación desde la atmósfera en Primera Etapa de Alerta de Smog. El cuarto reverberaba como el interior de un tambor jamaicano. Toda clase de partes de cuerpos, depositadas en icorosas charcas rojas, despedían sangre a chorros y sufrían espasmos. Sesos e intestinos se escurrían por las paredes.
El supuesto cabecilla todavía estaba sentado en su lugar, enterrando puñados de alfileres en su anatomía y farfullando incoherencias, aparentemente indiferente a los restos de sus colegas que le chorreaban por el corpus como cerveza Heinz extra-espesa.
Un panorama repugnante, Teniente, pero era el único arresto de la ciudad, y no había otro que lo hiciera.
Las esposas quedaban definitivamente contraindicadas, viendo cómo los puños del sospechoso agitaban varias docenas de muestras gratis surtidas de los mismos alfileres que habían precipitado esta intervención policial. En consecuencia, mantuve una distancia adecuada y le disparé un lanzacable en el plexo solar.
Elevé el voltajugo hasta el nivel hacha, a fin de dejar al sospechoso en coma mientras regresaba al patrullero para asegurarme la presencia de un camión frigorífico y refuerzos, pero él no perdió el conocimiento. En cambio, sus ojos empezaron a dar vueltas asincrónicamente al tiempo que algunos músculos temblequeaban y se sacudían al azar, mientras continuaba desvariando.
- ¡Alfileres a las pústulas del lagartoware del cementerio! ¡Convoco a los monos mueleorgones recombinados de la máquina de agujeros negros para que lo consideren como la evolución en acción!
Cada pocos fonemas, la voz del sospechoso variaba de timbre, tono, volumen, ritmo y cadencia, produciendo el efecto de una cotorreante multitud de maniáticos babosos inyectados con púas de tocadiscos al azar.
No había duda de que esta era precisamente la naturaleza de la bestia, con el carneware completamente infectado de memes fragmentados y recombinados al punto de que el único sistema operativo del tablero de control era la voz del remolino neurológico que hacía chasquear las sinapsis sin ton ni son en la gama de los bajos.
Aun así, se me ocurrió que sería posible obtener del sospechoso alguna frase coherente, empleando el método utilizado para interrogar al Conde. Puesto que ya le habíamos leído sus derechos, el testimonio adquirido resultaría admisible en la corte.
- Muy bien, amigo, ¿quiere hablarme de eso? - dije, aplicándole una carga de corriente que le hizo despedir humo por las orejas -. No puedo prometerle un jardín de rosas, pero será mejor considerado en la corte si el informe dice que usted cooperó.
- ¡El caos es el enemigo del orden! ¡Haz lo que yo! ¡Deja que tus memes caminen al ritmo de la música de las esferas colectivas de Belcebú! ¡Inclínate ante Elvis!
- ¿Está usted tratando de decirme que este es sólo otro culto loco de la-la-landia, señor?
- ¡Obligamos al Diablo a hacerlo! ¡La Fuerza está con nosotros! ¡Considérenlo como la fabricadora de salchichas de la evolución en acción!
- No me venga con toda esa farsa prigogenética, amigo - le dije, poniéndole otra descarga -. No me venga con esa cháchara sobre el estado superior de conciencia que emerge al remezclar el equipo neurológico de Mandelbrot. Soy un oficial de policía profesional, señor, y todo eso ya lo escuché antes.
Por supuesto que lo había escuchado. De boca de todos los clavalfileres de los bajos fondos que alegaban ser los agentes secretos de la evolución. Sólo cumplo con mi deber, oficial. ¡No se puede hacer una evolución sin romper algunos huevos milenarios!
Incluso he oído que tales villanos callejeros presumen de sugerir que el mismísimo Joe Friday no es más que un meme con placa y cachiporra que mantiene un orden inestable en las cazuelas de sesos de la fuerza policial, cuyo carneware ya está absolutamente saturado de restos de programas de personalidad anteriores.
"Mike Hammer, Wyatt the Kid, Bull Tracy, y toda la dotación sobrehumana del Palacio Porker son los fantasmas de tu máquina, Friday", tuvo la temeridad de mofárseme uno de estos malandrines antes de ser silenciado con un tiro breve y certero. "La policía encuentra sus propias aplicaciones".
Aun así, había algo acerca de su modus operandi que parecía requerir mayores investigaciones. Los sospechosos habían alfileteado al público de la platea sin que existiera transferencia de papel moneda. ¿Esa era forma de llevar adelante una operación de alfileteado? Que sus genes patrióticos no se sientan ultrajados, señor, pero esto tenía visos de... bueno, comunista.
- ¿No será usted alguna clase de agente secreto bolchevique, contaminando nuestros fluidos vitales cerebrales, para convertir al cuerpo político en una diluida sopa lumpenproletaria y servírsela a sus amos secretos del Instituto Pavlov, verdad, amigo? - inquirí, dándole una sacudida que dejó a su cuerpo con el mal de San Vito y aceleró hasta un chillón y sincopado 78 el giradiscos de su balbuceo.
- ¡Eres lo que te come tú pero más soldados vampiros del primer terror del amanecer canto el Batiubermensch con sabroso baño de azúcar cerebral! ¡Toda tu vida has esperado la llegada de este momento!
Ciertamente, no de ese momento, señor, cuando algo me agarró por detrás y, gruñendo y babeando, me hundió los colmillos en la nuca.
- Te dolerá solamente por mil años de garras al rojo vivo - prometió el cabecilla -, y después... ¡Cuchilla Eterna!
Giré a la derecha, arrancando el cuello de las pinzas ofensivas, no sin perder un suculento bocado de mi propio protoplasma personal, empuñando la General Dynamics para hacer efectivo el procedimiento policíaco terminal.
- ¡EL PEQUEÑO ASESINA AL AMO! ¡UN MORDISCO ME AGRANDA UN MORDISCO TE DEJA POR EL SUELO! ¡PERO LOS SESOS QUE MAMA TE DIO QUEDAN CONTRA LA PARED!
Indudablemente, algún mono engrasado del depósito de patrullas había vuelto a instalar en mi auto una batería espuria reacondicionada, en lugar de la batería ultrapesada multiclima que requerían claramente las especificaciones. El desafortunado resultado ahora se encontraba ante mí, con ira en los ojos y mi sangre en los labios, amén de que ahora yo también iba a tener que empujar el auto. Escatiman en gastos insignificantes y después derrochan a lo grande, Teniente.
Tratando de agarrarme de nuevo estaba el Conde, liberado de su conexión electrónica con el encendedor debido a la defunción de la batería, babeando mazacotes rojizos de mi propia flor y nata, y evidenciando claramente y a todo pulmón su deseo de mayores intenciones dañinas.
Al mismo tiempo que jalaba el gatillo, me di cuenta de que mis movimientos habían desprendido del cuerpo del cabecilla el lanzacable de mi arma, pero para entonces Joe Friday parecía haber desaparecido, gracias a los ponzoñosos alfileres que el Conde había incrustado en mis tiernas carnes.
A los hechos, señora. El contenido recombinado de los inodoros que chorreaba de los colmillos del Conde había mutado hasta convertirse en algo vampíricamente infeccioso.
Mientras el Conde explotaba en gazpacho, sentí múltiples picaduras de insectos en la espalda. Estiré los brazos y me arranqué un puñado de alfileres.
Al tiempo que lo hacía, sentí otra descarga, y al darme vuelta recibí un beso de alfileres en la boca, todos provenientes de los puñados que me estaba arrojando con ambas manos el único cuerpo caliente que quedaba.
- ¡AHORA ES LA HORA DEL TODO O NADA! ¡ESTE CHANCHITO SE VA A COMPRAR LOS DROGAVINCULOS DE LOS MUERTOS VIVOS! ¡CONSIDÉRALO COMO SESOMURCIELAGOS VAMPIROS EN ACCIÓN!
No sé quién se apoderó de mí, señora. Quienquiera que haya sido, parecía bastante malhumorado, señor, no sin causa probable, entienda, Teniente.
- Gracias, señor, pero acabo de terminar mis labores - le dije -, aunque ahora que lo menciona, me vendría bien una comida caliente.
Así diciendo, pateé al perpetrador en la entrepierna, al tiempo que le disparaba una balacera derecho a la quijada, la cual hizo volar dientes ensangrentados, con la reconfortante sensación de haber lanzado una bola rápida a lo Nolan Ryan, con un fuerte golpe, a la esquina izquierda del campo de juego.
Me arrastré y coloqué mis rodillas sobre su pecho con un encantador sonido a costillas rotas y lo agarré de la garganta con mis garfios de carne, provocando en el sujeto resuellos y gorgoteos mientras le aplastaba la cabeza contra los ensangrentados mosaicos del piso. Estos gargarismos indecorosos, para no mencionar lo que le chorreaba de la nariz y la boca, poco hicieron por sofocar mi ira, señor, y continué quebrándole el coco contra el piso del excusado hasta que despidió su carne y su leche, las cuales comencé entonces a devorar ávidamente.
Es un trabajo sucio, señora, pero alguien tiene que hacerlo. Tuvimos que comernos los corazones y las mentes de la aldea global para salvarla, ¿no es cierto, Teniente? No se puede enseñar a una cotorra los procedimientos policíacos apropiados sin chupar unos huevos.
¿Quién se apoderó de mí? ¿Mike Hammer? ¿Jack el Cuchillo? ¿Mil años de series policiales levantadas de programación? ¿Mensajes espiritistas del Tío Charlie y sus Comandos de la Muerte en Autitos Playeros? Todos somos fortachones sin seso en este ómnibus, señor, hay ocho millones de historias en la ciudad desnuda, y esta fue una de ellas.
¿Usted no?
Sin embargo, cuando la alarma de mi reloj señaló el final del turno, y yo me encontraba engullendo materia cerebral que recogía del piso del baño, Joe Friday consideró necesario enviar a los muchachos de vuelta al cuarto trasero y tomar el control. Hasta La Flor y Nata de Los Angeles tiene sus avispados, y podía imaginarme las chanzas de las que sería objeto en el escuadrón si me presentaba con esta facha.
Desde luego que los chicos del escuadrón podían llegar a adoptar actitudes diferentes del procedimiento policíaco apropiado si se les otorgaba el beneficio del virus vampiro que ahora latía alegremente en mis venas. Todos vivimos en tu Submarino Blanco y Negro, me dijo un fragmento de personificación, y a los Despreciables Azules también les iba a venir bien brincar un poco entre los tulipanes.
Considérelo como que yo estaba cumpliendo con mi obligación ante lo más granado de la evolución en acción, Teniente. Piense en las madres condecoradas cuya patriótica ensalada cerebral pereció para llenar mis colmillos con las personalidades policíacas más selectas de Los Angeles, un Seleccionado Estrella de legendarios esbirros de la ley.
¿Quedará Mike Hammer fuera de programación para siempre? ¿Jamás volverán Doc y Wyatt a ver otro Corral OK? ¿Sucumbirá el ángel vengador de Bronson bajo el hacha de Nielsen? ¿Acaso Bernie Goetz no asesinó por nuestros blancopálidos pecados liberales?
No tema, señor, contengo multitudes sindicalizadas, y muy pronto las reposiciones de programación encontrarán su fe en mí. La Flor y Nata de Los Angeles, pero más, mucho más, entienda, defendiendo la ley y el orden como Dios manda, suministrándole exactamente lo que usted necesita para dormir plácidamente en su ventajoso condominio cuando el sol rojo sangre se va escurriendo por el banco de smog.
Considérelo un procedimiento policíaco apropiado en acción, señora. Piense en el Sargento Joe Friday, allá afuera, con los muchachos azules de la Noche del Centro Parker.
Es un trabajo sabroso, señora, pero alguien consigue hacerlo.
Esta historia es verdadera.
Su cerebro ha sido alterado para proteger mi inocencia.


FIN

UMBANDA - "RELIGION" EN URUGUAY- RITUALES A LOS "ORIXAS"

UMBANDA - "RELIGION" EN URUGUAY- RITUALES A LOS "ORIXAS"

Ofrendas por amor o dinero Umbanda; entre los fieles y los clientes


Unos 18.000 uruguayos se declaran umbandistas y muchos más son los que pagan por trabajos. El atractivo radica en la "magia", que se ocupa de problemas de la vida cotidiana, como la pareja Mónica S. y Hugo F." Como el último recurso de los viejos náufragos, así salió el mensaje al mar, pero no en botella, sino en un papel dentro de una barca de espuma-plast blanca y celeste, con dos flores, una cadenita, un perfume y medio litro de vermuth. "A Iemanjá no se le puede pedir amor porque lo separa", explicó Mónica S. y por eso decidió escribir apenas los nombres, como haciéndole una guiñada a la patrona del mar y que Hugo F. por fin considere a Mónica S. como su mejor partido. Y es que "no se decide, no se decide", se lamentaba ella el sábado pasado en la playa Ramírez.
Como cada 2 de febrero, miles de uruguayos bajaron a la costa a curiosear o participar de la fiesta umbandista más popular del año. Y del mismo modo que Mónica S., de 42 años, muchos lanzaron sus pedidos a Iemanjá en su día. Otras "cartas" halladas en la orilla o dentro de los pozos con velas pedían "trabajo" a secas, o "que no se emvorrache mas (sic)" o el pedido de auxilio de una madre o padre: "por favor, saca a mi hijo de la pasta".
A finales de los 90`, el fallecido pai Armando Ayala estimó que medio millón de uruguayos acudía regularmente cada 2 de febrero a las playas. Otros hablaron de 50.000. El estudio más serio al respecto lo hizo el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2006, cuando señaló que el 0,6% de los uruguayos (18.000) se declararon afroumbandistas. Muchos más, por supuesto, van a Iemanjá. Lo dice el antropólogo Renzo Pi Hugarte, que lo ha estudiado desde 1985: "El 2 de febrero hay muchos más curiosos que fieles". Pero más allá de eso, el experto ha advertido un crecimiento de los cultos afro desde el final de la dictadura hasta ahora, movimiento que, según él, se ha estacionado. "No creo que crezca más; ha llegado a estabilizarse porque no todo el mundo va a transformarse al umbandismo, hay que tener un perfil más o menos determinado".
La mae Susana de Andrade, directora de la publicación Atabaque y de la única federación de afroumbandistas (la IFA), asegura que en el país hay 2.000 templos y 300 están federados. Allí concurren los fieles ("hijos de religión" del pae o mae que comanda la casa) y también los "clientes", es decir, aquellos que van para pedir un "trabajo" que los favorezca y pagan por ello; son los que sostienen económicamente al culto.

¿Cuál es el secreto del éxito de la umbanda en Uruguay? ¿Por qué penetró tanto?

Pi Hugarte cree que las características de la religión y el atractivo de la magia son los llamadores principales del credo de origen africano, pero que se desarrolló entre los esclavos que llegaron a Brasil. "La gente busca soluciones inmediatistas a sus conflictos de la vida cotidiana, sobre todo a sus problemas de amor o de trabajo y esas cuestiones suelen ser menores para las grandes religiones, como la católica", dice el antropólogo. Muchos de los que acuden a la umbanda se declaran también cristianos o de otras religiones. "No ven oposición porque las religiones se encargan de cosas distintas", según Pi.
Cuando en el siglo XIX la ciencia se levantó contra la doctrina religiosa (en especial la católica), atacó aspectos centrales como su versión sobre la creación del mundo y la evolución humana y eso debilitó a la religión, pero no a la magia; esta "se encarga de problemas más inmediatos: la creencia de que una ofrenda, un preparado va a solucionar un conflicto cotidiano siguió lo más campante".
De hecho, entre los pedidos que dejó la fiesta de Iemanjá en la playa Ramírez principalmente, nadie pidió la "salvación", ni la trascendencia luego de la muerte, sino soluciones a circunstancias mucho más concretas.
El estudio del INE reveló que los fieles de la umbanda se concentran en Montevideo (60%) y Pi Hugarte lo asocia a "clases bajas, pero no de cantegril". "En líneas generales, el que está en el asentamiento tiene otras prioridades y no se ocupa de que la magia le solucione el hambre, por ejemplo, porque comprueba todos los días que no se la soluciona y tiene que salir él a hacerlo".
El antropólogo también señala que ha entrado en sectores medios: "He visto en la facultad, por ejemplo en la época de exámenes, que hay velas y ofrendas en los baños; piden salvar la prueba".
Otro factor que incide en el mantenimiento y eventual crecimiento de la umbanda es el dinero. Dependiendo del templo y del pae o mae, los "trabajos" van desde los 100 pesos hasta los 3.000 dólares. Los más caros son los "malos", o sea, para pedir el mal de una persona por despecho, venganza o para, por ejemplo, alejar a una persona de un ser querido. Mae Susana reconoce que varios emplean su religión para tales fines, pero los tilda de "espíritus malignos". "Nosotros creemos en la ley del retorno y si hacemos mal, nos regresará el doble", asegura.
La historia del pae Claudio de Bará, de 31 años, puede ser ilustrativa de la creencia. Años atrás y cuando recién se había "recibido", se creía capaz de todo y así, se lanzó a hacer múltiples "trabajos", incluidos los malos. Luego, se lamenta del "castigo": "me enteré de la muerte de mi padre seis meses después de ocurrida, me volvió el mal".
La religión umbandista también genera temor en muchos. Los ritos que incluyen faena de animales (gallinas, ovejas, palomas) y las famosas "macumbas" que aparecen a veces en las calles, avivan el miedo inherente a toda magia. Se trata de ofrendas a los orixás, especie de santos a los que se le pide de acuerdo a sus características particulares. Iemanjá, por ejemplo, es la madre de todos los orixás y Claudio de Bará explica: "No es que no se le pueda pedir amor. El riesgo es que ella pone la sinceridad delante de todo y si esa relación no es verdadera, la va a separar". Así que si el amor entre Mónica S. y Hugo F. es genuino, tendría chances de concretarse.

LOS ESPÍRITUS.

La religión umbandista es un culto nuevo, que nació como tal a principios del siglo XX en Rio de Janeiro y de allí se expandió por Brasil y Uruguay. Tiene infinidad de ramas y una mitología muy nutrida, de origen africano sí, pero con elementos cristianos, orientales y un ensamble con el espiritismo que nació en Europa en la Edad Media.
Este último rasgo es también uno de los principales factores de atracción para unos y de temor para otros. Los fieles dicen "incorporar" espíritus en los rituales. En la playa Ramírez, el 2 de febrero, estaba mae Isabel, de Cerro Largo. A las 11 de la noche, sus hijos y los curiosos formaron un círculo entorno a ella; sonaban los tambores y algunos giraban rápidamente. "Los espíritus están viniendo", explica uno de sus asistentes. De repente, mae Isabel lanza un grito, agarra una botella de cerveza, bebe y escupe a los fieles a su alrededor; "la entidad que incorporé, bendice así", comentó después.
El fundamento del espiritismo radica justamente en que los "incorporados" pueden realizar trabajos, como bendecir. Pero esos espíritus rara vez son los mismos orixás, sino otros personajes, como los pretos velhos (negros viejos) que son sabios para dar consejos, según dicen. O los caboclos, almas de indígenas o mestizos. Todos gustan mucho de la bebida y el tabaco, como de la buena comida. De ahí que abunde este tipo de ofrendas en los rituales.

DE RELIGIOSO A SOCIAL.

El pae Claudio de Bará tiene su "casa de religión" en el barrio Sayago. La que ha tupido de imágenes de los orixás, negros viejos y caboclos. Pero fuera del templo, el pae se hace llamar Claudia, pues es homosexual.
"Dentro de la religión, nunca me sentí distinto", dice él y agrega que mantiene el nombre masculino en el ámbito religioso porque "los orixás saben que nací varón".
Renzo Pi Hugarte asegura que el umbandismo tiene para muchos el atractivo peculiar de que no condena ninguna práctica sexual. "Funciona a la vez como contenedor social de estas minorías porque allí encuentran un lugar", dice.
De acuerdo a las cifras del INE, el 57% de los fieles son mujeres y el resto, hombres. En cuanto a las edades, es la única religión del país en que la mayoría de los seguidores son jóvenes: el 1% de los uruguayos entre 26 y 45 años se declara umbandista. Los credos católico y evangélico cuentan con mayor cantidad de jóvenes, pero son menos en proporción a los mayores.
Fabricio, con apenas 20 años, es pae. Tiene su casa de religión en su misma vivienda de Punta de Rieles. Sus "hijos" suman 6 y los rituales por lo general son los fines de semana, como ocurre en la mayoría de los templos. Sus trabajos principales son "sanaciones" o "limpiezas" de casas o comercios para que reine la prosperidad. "Consiste en usar yuyos, leches y otros preparados que se pasan por el suelo para lavar los pisos", explica.
Mae Isabel asegura que lo que más le piden son uniones amorosas, problemas de trabajo y también para aliviar conflictos familiares. Al pae Claudio de Bará, le llegan todos esos problemas y uno nuevo: la pasta base. "Sé de gente a la que le han cobrado un disparate prometiendo una salida, pero eso no lo puede arreglar la religión".
El pae Fabricio práctica lo que se conoce como "umbanda blanca", una de las ramas. Otra y la más temida, es la kimbanda, que es el culto a Exú: "es el mensajero de los orixás, y como tal, lleva lo que sea, bueno o malo", cuenta Renzo Pi Hugarte. Así como Iemanjá se asocia a la virgen de los navegantes, Exú fue homologado al diablo. Su imagen tiene cuernos y cola latigada, sus colores son rojo y negro.
Muchos templos practican esta rama, aunque mae Susana de Andrade asegura que la asociación con el diablo fue un mecanismo de "defensa" de los negros esclavos para infundir temor a los blancos.
En las sesiones de kimbanda llegan también los espíritus de las pomba giras, almas de prostitutas o también de "malandras", según dice Renzo Pi Hugarte. "Vienen en los ritos de kimbanda porque son ellos los que pueden aconsejar sobre las cosas más malas de la esencia humana", agrega.
Al final, como todo lo religioso, lo que mueve el mundo de la umbanda es la fe. Pi Hugarte lo piensa: "Si uno está convencido de que le va a ir bien, seguramente le irá".

Las cifras

18.000 Uruguayos se declaran fieles de los cultos afrodescendientes. Representan un 0,6% del total, según estudio del INE.
60% De los seguidores de la umbanda residen en Montevideo. En los barrios de la periferia hay mayor concentración de templos.
57% De los fieles son mujeres. La mayor porción de los fieles tiene entre 26 y 45 años. Umbanda es el único credo donde ello ocurre.

El largo camino para ser pae

Transformarse en pae o mae de santo no es fácil, "salvo si se tiene mucho dinero", asegura el pae Claudio de Bará. Para él, el camino le significó 21 años de rituales y "obligaciones".
Todo comienza cuando el fiel se transforma en "hijo de religión", o sea, participa de la actividad de algún templo. Allí, el jefe le dirá cuál es su orixá-guía. Se supone que cada ser humano nace con uno del repertorio de más de 600, aunque los invocados en Uruguay llegan a la veintena. En el caso de Claudio, su orixá resultó ser Bará y de ahí su apellido para el culto. Otros son Xangó, Oxum u Omulú. Cada uno tiene sus preferencias y características que el fiel deberá seguir.
Luego, se hace el "lavado de cabeza", que es el rito de iniciación. Consiste en vertir combinados de agua con hierbas y a veces, se emplea sangre de animal. Otro paso es convertirse en medium, es decir, tener la capacidad de incorporar algún espíritu, lo que no ocurre con "el primer intento", según dice el pae Fabricio, de 20 años.
El proceso es también muy costoso y los rituales deben ser pagados por el mismo interesado: "mi última obligación me costó 100.000 pesos; no sé de dónde los saqué", asegura Claudio de Bará. Hay que comprar las ofrendas y los animales a faenar, pagar al tamborero (que pone la música), y el banquete final de cada rito. Además, una vez fundada una nueva "casa de religión" a cargo del flamante pae o mae, deben conseguirse las imágenes, las ropas y demás accesorios. El camino recién termina cuando el pae hace "hijos".
El antropólogo Renzo Pi Hugarte, que ha estudiado la umbanda desde 1985, compara la "carrera" religiosa en umbanda con el carnaval de Rio de Janeiro, que "ahorran todo el año para comprarse el mejor disfraz. Aquí también, pagan lo que no tienen por los atuendos, las imágenes".
El antrópologo considera también que son muy comunes las "críticas" entre paes. "Compiten mucho por los hijos y es muy frecuente eso de que unos hablan mal de los otros, pero no pasa del chisme, la sangre nunca ha llegado al río", comenta.

El Dato
¿Qué significa cada ofrenda a los orixás?

Maíz. Es común que en la calle aparezcan ofrendas con pororó y otros alimentos. Según la creencia de la umbanda, esto es símbolo de abundancia y prosperidad por lo que implica que se pidiendo eso para alguien de la zona o para el mismo que ofrenda. Los lunes, en general, las casas de religión suelen colocar ofrendas así en las esquinas para pedir abundancia de alimento en la semana.
Perfume. Es una de las ofrendas más comunes para Iemanjá, equiparada a la virgen de los navegantes del cristianismo. Además: flores, cadenitas, broches y otros accesorios femeninos.
Alcohol & tabaco. Muchos orixás y también los espíritus que dicen incorporar los fieles, gustan de las bebidas alcohólicas y de los cigarrillos. Otras drogas, en cambio, no son ofrendadas.
Animales. Por lo general, los animales que más se sacrifican son aves, y sobre todo gallinas. Si es roja, es una ofrenda a Exú, de Kimbanda. También se pueden faenar ovejas o chanchos y lo que se emplea en los rituales es la sangre. El resto por lo general se come.

Defenderán faena de animales frente a la ley

El 12 de febrero, el Senado tratará un proyecto de ley de protección animal que prohibiría el castigo y -por más que no esté explícitamente- la faena que no sea con fines "productivos".
Los templos umbandistas se preparan para rechazar esa normativa y pedir que se exceptúe de castigo al sacrificio "con fines rituales", según dice mae Susana de Andrade, de la organización Instituciones Federadas Afroumbandistas y militante frenteamplista.
"Ya hemos iniciado contactos e iremos al Parlamento para pedirlo", asegura.
La faena de animales en umbanda o kimbanda tiene por objetivo ofrendar a los orixás (equiparable a santos) la sangre de la gallina, oveja o cerdo, los ejemplares más comunes para el sacrificio. "Como símbolo de la vida, la sangre purifica", dice.
Al final de los rituales, el animal suele cocinarse. Otras veces, como se ve en la foto, queda tirado.

Pentecostales, son los enemigos eternos

Los credos evangélicos de la rama pentecostal están enfrascados en una batalla con los culto afroumbandistas. En los programas de televisión y radio de la madrugada, por ejemplo, los "pastores" lanzan duras críticas en contra de los "trabajos" o la "macumba".
El antropólogo Renzo Pi Hugarte considera que este enfrentamiento tiene raíz en que "se disputan el mismo mercado de fieles". Además, señala otras similitudes. Los pentecostales también practican el espiritismo pues es posible "recibir" al "espíritu santo" o estar "poseído" por el diablo.
A la vez, hay presencia de la magia, pues se supone que con el "jabón de la descarga", el manto, el perfume o lo que sea, se puede conseguir el bienestar.
"Además, en ambos importa mucho el dinero. Cuanto más grande es lo que se le pide al espíritu santo, más plata hay que poner", asegura el antropólogo.


NOTA:LA RELIGION PROTESTANTE, NACIO EN TIEMPOS DE LA REFORMA, PORQUE LOS CATOLICOS, NO VEIAN BIEN LA LIBERTAD DE CULTOS, Y ENTRE ELLOS, LOS CATOLICOS, HABIAN TRES CLASES DE PENSAMIENTOS: LOS QUE ESTABAN CON LO QUE DIJERA EL PAPA, ERA DOGMA DE FE, LOS QUE OENSABAN QUE CON EL BAUTIZO DE AGUAS, ERAN SALVOS (BAUTISTAS), Y LOS QUE DECIAN QUE DIOS SE DERRAMO EN LOS HOMBRES EN PENTECOSTES(PENTECSTALES); POR ESA RAZON, MUCHOS HAN MUERTO EN PESERCUCIONES, HOGUERAS, TORTURADOS...; PARA QUE CADA "CUAL TUBIERA SUS PENSAMIENTOS, QUE HUBIERA UNA LIBERTAD DE CULTO, U CADA UNO "TUBIERA SU LIBRE ALBEDRIO PARA CREER EN LO QUE QUIERA"; POR ESO MISMO, ME SORPRENDE QUE SIGLOS DESPUES, LOS QUE HAN SIDO PERSEGUIDOS POR UNA RAZON, SEAN A LA VEZ, QUIEN "PERSIGEN A LA GENTE POR RAZONES SIMILARES, Y ES QUE EL MUNDO VA ASY, NOS DICEN QUE APRENDAMOS DEL PASADO PARA NO REPETIRLO, Y SOMOS LOS PRIMEROS QUE A SABIENDAS DE LA HISTORIA, NOS GUSTA "REPETIR EL PASADO"

GIBRAN KHALIN GIBRAN - PISADAS DE VAGABUNDO - RELATOS DE AYER,HOY Y MAÑANA...

GIBRAN KHALIN GIBRAN - PISADAS DE VAGABUNDO - RELATOS DE AYER,HOY Y MAÑANA...

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GIBRÁN KHALIL GIBRÁN

EL VAGABUNDO
(1932)



Lo encontré en la encrucijada de dos caminos. El hombre con apenas un bastón. Cubría sus ropas
con una capa y su rostro con un velo de tristeza.
Nos saludamos el uno al ot ro y yo le dije: -Ven a mi casa y sé mi huésped.
Y él, vino.
Mi mujer y mis hijos nos espetaban en la puerta de la casa y el les sonrió y ellos estuvieron
contentos de su llegada. Después nos sentamos a la mesa. Y todos nos sentimos felices, con el hombre
y con el halo de silencio y de misterio que lo envolvía.
Y, luego de cenar, nos reunimos frente al fuego y yo lo interrogué acerca de sus peregrinaciones.
Y nos contó muchas historias durante aquella noche. Y también al día siguiente.
Las historias, que yo he registrado aquí, son fruto de la amargura de sus días, aunque él nunca se
mostró amargado. Y están escritas con el polvo del camino.
Cuando nos dejó, tres días después, no lo sentíamos ya como un huésped que había partido sino,
más bien, como uno de nosotros, que estaba en el jardín y que aún no había entrado.


VESTIDURAS


Cierto día Belleza y Fealdad se encontraron a orillas del mar. Y se dijeron:
-Bañémonos en el mar.
Entonces se desvistieron y nadaron en las aguas. Instantes más tarde Fealdad regresó a la costa y se
vistió con las ropas de Belleza, y luego partió.
Belleza también salió del mar, pero no halló sus vestiduras, y era demasiado tímida para quedarse
desnuda, así que se vistió con las ropas de Fealdad. Y Belleza también siguió su camino.
Y hasta hoy día hombres y mujeres confunden una con la otra.
Sin embargo, algunos hay que contemplan el rostro de Belleza y saben que no lleva sus vestiduras.
Y algunos otros que conocen el rostro de Fealdad, y sus ropas, no lo ocultan a sus ojos.


CANCIÓN DE AMOR


Cierta vez, un poeta, escribió una hermosa canción de amor. E hizo muchas copias y las envió a sus
amigos y conocidos; hombres y mujeres y, también, a una joven que había visto, tan sólo una vez y
que vivía más allá de las montañas. Y, cuando pasaron dos o tres días, vino un mensajero de parte de
la joven, trayendo una carta. Y la carta decía: "Déjame decirte que estoy profundamente conmovida
por la canción de amor que escribiste para mí. Ven pronto y habla con mis padres para tratar los
preparativos de la boda".
Y el poeta respondió, diciendo en su carta:
"Amiga mía, la canción que le envié no era sino una canción de amor brotada del corazón de un
poeta, cantada por todo hombre y a toda cualquier mujer.
Y ella le escribió a su vez, diciendo: "¡Hipócrita y mentiroso! ¡Desde hoy, hasta el día en que me
entierren, odiaré a todos los poetas por su causa!


LAGRIMAS Y RISAS


Una noche, a orillas del Nilo, una hiena se encontró con un cocodrilo. Ambos se detuvieron y se
saludaron. La hiena dijo:
-¿Cómo vas pasando el día, Señor?
-Muy mal -respondió el cocodrilo -. A veces, en mi dolor y tristeza, lloro. Y entonces las criaturas dicen: "Son lágrimas de cocodrilo". Y eso me hiere mucho más de lo que podría contar.
Entonces la hiena dijo:
-Hablas de tu dolor y de tu tristeza, pero, piensa por un momento en mí. Contemplo la belleza del
mundo, sus maravillas y sus milagros y, llena de alegría, río, como ríen los días. Y los pobladores de
la selva dicen: "No es sino la risa de una hiena".


EN LA FERIA


Desde la campiña llegó a la Feria una niña muy bonita. En su rostro había un lirio y una rosa. Había
ocaso en su cabello, y el amanecer sonreía en sus labios.
Ni bien la hermosa extranjera apareció ante sus ojos, los jóvenes se asomaron y la rodearon. Uno
deseaba bailar con ella, y otro día cortar una torta en su honor. Y todos deseaban besar su mejilla.
Después de todo, ¿no se trataba acaso de una Bella Feria?
Mas la niña se sorprendió y molestó, y pensó mal de los jóvenes. Los reprendió y encima golpeó en
la cara a uno o dos de ellos. Luego huyó.
En el camino a casa, aquella tarde, decía en su corazón: "Estoy disgustada. ¡Que groseros y mal
educados son estos hombres! Sobrepasan toda paciencia".
Y pasó un año , durante el cual la hermosa niña pensó mucho en Ferias y hombres. Entonces regresó
á la Feria con el lirio y la rosa en el rostro, el ocaso en su cabello y la sonrisa del amanecer en sus
labios.
Pero ahora los jóvenes viéndola, le dieron la espalda. Y permaneció todo el día ignorada y sola.
Y, al atardecer, mientras marchaba camino a su casa, lloraba en su corazón: "Estoy disgustada. ¡Que
groseros y mal educados son estos hombres! Sobrepasan toda paciencia".


LAS DOS PRINCESAS


En la ciudad de Shawakis vivía un príncipe amado por todos, hombres, mujeres y niños. aún los
animales del campo se acercaban a él para saludarle.
Sin embargo, la gente decía que su esposa, no lo amaba, y aún más, que lo odiaba.
Cierto día, la princesa de una ciudad vecina llegó a visitar a la princesa de Shawakis. Y, sentadas,
conversaron, y sus palabras derivaron hacia sus esposos.
La princesa de Shawakis dijo con pasión:
-Envidio tu felicidad con el príncipe, tu esposo, a pesar de tantos años de matrimonio. Yo odio a mi
esposo, no me pertenece a mí sola y soy la más infeliz de las mujeres.
La princesa de visita, mirándola, dijo:
-Amiga mía, la verdad es que tú amas a tu esposo. Sí, y aún sientes por él una pasión viva. Y eso es
vida para una mujer, como la primavera para un jardín. En cambio, apiádate de mí y de mi esposo,
pues nos soportamo s en paciente silencio. Y, sin embargo, tú y los otros consideran a eso felicidad.


EL RELÁMPAGO


Un día de tormenta estaba un obispo cristiano en su catedral, y se le acercó una mujer no cristiana y
dijo:
--Yo no soy cristiana. ¿Existe salvación del fuego del infierno para mí?
El obispo miró y respondió:
-No, sólo se salvan los bautizados en el agua y en el espíritu.
Y mientras aún hablaba, un rayo cayó con estruendo sobre la catedral, y ésta fue invadida por el
fuego.
Y los hombres de la ciudad llegaron corriendo y salvaron a la mujer, pero el obispo se consumió,
alimento del fuego.


EL ERMITAÑO


Cierta vez vivió un ermitaño en medio de las verdes colinas. Era puro de espíritu y blando de
corazón. Y todos los animales de la tierra y todas las aves del cie lo se llegaban hasta él en parejas, y él
les hablaba. Lo escuchaban alegremente, reuniéndose junto a él, y no partían hasta la noche, momento
en que el ermitaño los despedía, confiándolos al viento y al bosque con su bendición.
Una tarde, mientras hablaba acerca del amor, un leopardo levantó la cabeza y dijo al ermitaño:
-Nos hablas del amor. Dinos, Señor, ¿dónde está tu compañera?
-No tengo compañera -contestó el ermitaño.
Entonces un gran grito de sorpresa se elevó del coro de bestias y aves, y comenzaron a decirse unos
a otros:
-¿Cómo puede él hablarnos sobre el amor y el compañerismo cuando él mismo no sabe nada acerca
de ello?
Y, lentamente, con actitud desdeñosa lo abandonaron. Aquella noche el ermitaño se echó sobre su
estera, el rostro hacia la tierra, y lloró amargamente y golpeó las manos contra su pecho.


DOS SERES IGUALES


Cierto día, el profeta Sharía encontró una niña en un jardín. Y la niña dijo:
-Buen día tengas, Señor.
Y el profeta respondió:
-Buen- día para ti, Señora. -Y después de un instante agregó: -Veo que estás sola.
Entonces la criatura dijo, riendo encantada:
-Me llevó mucho tiempo perder a mi aya. Ella piensa que estoy detrás de aquel cerco. ¿Pero, no
ves que estoy aquí? -Después, miró hacia el profeta y habló nuevamente -Tú también estás solo.
¿Qué hiciste con tu aya?
-Mi caso es diferente -respondió el profeta-. En verdad, no puedo perderla con frecuencia. Pero
hoy, cuando vine a este jardín, ella me estaba buscando detrás de aquel cerco. La niña, batiendo
palmas gritó:
- ¡Entonces eres como yo! ¿No es bueno estar perdido? -Y después pregunto: -¿Quién eres tu?
-Me llaman el profeta Sharía. ¿Y, dime, quién eres tú? -respondió el hombre.
-Soy solamente yo -dijo la niña y mi aya me está buscando sin saber que estoy aquí..
Entonces el profeta miró hacia el espacio y dijo:
-Yo también huí de mi aya por un instante. Pero ella me encontrará.
-Sé que mi aya también me encontrará -dijo la niña.
Y en aquel momento se oyó la voz de una mujer llamando por su nombre a la niña.
-¿Ves? -dijo la criatura -, yo te dije que ella me encontraría.
Y en ese mismo instante, otra voz se oyó decir: "¿Dónde estás, Sharía?"
Y el profeta dijo:
-Ves, hija mía, me han encontrado también a mí. -Y mirando hacia lo alto, Sharía respondió: -
Heme aquí.


LA PERLA


Dijo una ostra a otra ostra vecina:
-Siento un gran dolor dentro de mí. Es pesado y redondo y me lastima.
Y la otra ostra replicó con arrogante complacencia:
-Alabados sean los cielos y el mar. Yo no siento dolor dentro de mí. Me siento bien e intacta por
dentro y por fuera.
En ese momento, un cangrejo que por allí pasaba escuchó a las dos ostras, y dijo a la que estaba
bien por dentro y por fuera:
-Sí, te sientes bien e intacta; mas él dolor que soporta tu vecina es una perla de inigualable
belleza.


CUERPO Y ALMA


Un hombre y una mujer se sentaron junto a una ventana abierta a la primavera. Se sentaron uno
junto al otro. Y la mujer dijo:
-Te amo. Eres bello y rico, y estás siempre bien ataviado.
Y el hombre, dijo:
-Te amo. Eres un bello pensamiento, algo demas iado etéreo para sostenerlo en la mano, y una
canción en mis sueños. Mas, la mujer se levantó con furia y replicó:
-Señor, por favor dejadme ya. No soy un pensamiento, ni una cosa que pasa por tus sueños. Soy
una mujer. Preferiría que me desearas como esposa y madre de niños no nacidos aún.
Y se separaron.
Y el hombre hablaba en su corazón: "He aquí otro sueño que se convierte en humo".
Y la mujer decía: "Bien. ¿Y qué decir de un hombre que se convierte en humo y sueños?"


EL REY


La gente del Reino de Sadik rodeó el palacio de su rey gritando en rebelión contra él. Y el rey
descendió la escalera del palacio portando su corona en una mano y su cetro en la otra. La
majestuosidad de su presencia silenció a la multitud, y, deteniéndose frente a ellos, dijo:
-Amigos míos, puesto que no sois más mis súbditos he aquí que restituyo mi corona y mi cetro. Seré
uno de vosotros. Soy solamente un hombre más, como tal trabajaré junto a vosotros y nuestra tierra
crecerá mejor. No existe necesidad de un rey. Vayamos, pues, a los campos y viñedos y trabajaremos
lado a lado. Sólo debéis indicarme a qué prado o viñedo debo dirigirme. Todos vosotros sois ahora el
rey.
Y el pueblo se maravilló, y el silencio los cubrió; pues el rey, a quien juzgaran la causa de su
descontento, les restituía la corona y el cetro, y se transformaba en uno de ellos.
Luego todos y cada uno siguieron su camino, y el rey se dirigió al prado acompañado por un
hombre.
Mas, el Reino de Sadik no marchaba sin un rey, y el velo de descontento aún permanecía sobre la
tierra. La gente gritaba en el mercado diciendo que debían ser gobernados y que debían tener un rey
que los dirigiera. Y los ancianos y los jóvenes decían al unísono:
-Tendremos nuestro rey.
Y buscaron al rey y lo encontraron afanándose en el campo, y lo llevaron hasta su trono
devolviéndole la corona y el cetro. Y así hablaron:
-Ahora gobiérnanos con grandeza y justicia.
Entonces llegaron hasta su presencia hombres y mujeres para hablarle sobre un barón que los
maltrataba y de quien eran sólo esclavos. De inmediato el rey llamó al barón ¡unto a él y le dijo:
-La vida de un hombre pesa como la vida de cualquier otro en la escala de Dios. Y porque tú no
sabes pesar la vida de quienes trabajan tus tierras y tus viñedos quedas desterrado y abandonarás este
reino para siempre.
Al día siguiente llegó otro grupo hasta el rey y habló de la cruel condesa del otro lado de las colinas,
y de cómo los había conducido a la miseria. De inmediato la condesa fue traída hasta la corte y el rey
también la sentenció al destierro diciendo:
-Aquéllos que labran nuestros campos y cuidan nuestros viñedos son más nobles que nosotros,
quienes comemos el pan preparado por ellos y bebemos el vino de sus lagares. Y porque tú no lo
sabes, dejarás esta tierra y vivirás lejos de este reino.
Luego vinieron hombres y mujeres diciendo que el obispo les hacía traer piedras y esculpirlas para
la catedral, mas no les había pagado pese a que el cofre del obispo se hallaba repleto de oro y plata,
mientras ellos mismos se encontraban vacíos y hambrientos.
El rey requirió la presencia del obispo, y cuando lo tuvo frente a sí, dijo:
-Esa cruz que usas sobre tu pecho debería significar dar vida a la vida. Mas, tú has tomado la vida y
devuelto nada, por lo que abandonarás este reino para nunca regresar.
Y así cada día, hasta el tiempo de luna llena, hombres y mujeres llegaban hasta el rey para contarle
sobre las cargas que pesaban sobre ellos. Y cada día, y todos los días de una luna entera, algún opresor
era exiliado de esta tierra.
El pueblo de Sadik estaba maravillado, y había alegría en sus corazones.
Y cierto día los ancianos y los jóvenes rodearon la torre del rey y pidieron por él. El descendió
llevando la corona en una mano y el cetro en la otra.
-Y ahora -les dijo -, ¿qué queréis de mí? Tened, os devuelvo lo que vosotros deseasteis que yo
tuviera.
- ¡No, no! -gritaron ellos-. Tú eres nuestro legítimo rey. Has limpiado la tierra de víboras y
reducidos los lobos a la nada. Hemos venido a cantarte nuestro agradecimiento. La corona es vuestra
en majestad y el cetro es vuestro en gloria.
- ¡Yo no! -respondió el rey-. ¡Yo no! Vosotros mismos sois el rey. Cuando me juzgaron incapaz y
mal gobernante, vosotros mismos erais incapaces e ingobernables. Y ahora la tierra crece bien porque
está en vuestra voluntad el hacerlo. Yo no existo sino en vuestras acciones. No existe una persona
gobernante. Existen sólo los que se gobiernan a sí mismos. El rey retornó a la torre con su corona y su
cetro. Y los ancianos y los jóvenes tomaron su diferentes caminos sintiéndose felices.
Y cada uno de ellos se imaginó a sí mismo un rey con la corona en una mano y el cetro en la otra.


SOBRE LA ARENA


Dijo . un hombre a otro:
-Con la marea alta, hace mucho tiempo, escribí con mi cayado, unas líneas en la arena. Y la gente
aún se detiene para leerlas y cuida mucho de que no se borren.
Y el otro hombre dijo:
-Yo también escribí unas líneas en la arena, pero lo hice durante la marea baja. Y las olas del
inmenso mar las borraron y breve fue su vida. Pero dime; ¿qué fue lo que tú escribiste?
Y el primer hombre respondió:
-Escribí Soy lo que soy. ¿Y tú, qué escribiste?
Y el otro hombre dijo:
-Escribí esto: Soy sólo una gota de este mar inmenso.


TRES REGALOS


Cierta vez, en la ciudad de Becharre, vivía un amable príncipe, querido y honrado por todos sus
súbditos.
Pero había un hombre, excesivamente pobre, que se mostraba amargo con el príncipe y movía
continuamente su lengua, pestilente en sus censuras.
El príncipe lo sabía. Pero era paciente.
Por fin decidió considerar el caso. Y, una noche de invierno, un siervo del príncipe llamó a la puerta
del hombre, cargando un saco de harina de trigo, un paquete de jabón y uno de azúcar.
-El príncipe te envía estos presentes como recuerdo - dijo el siervo.
Y el hombre se regocijó, pues creyó que las dádivas eran un homenaje del príncipe. Y, en su
orgullo, fue en busca del obispo y le contó lo que el príncipe había hecho, agregando:
-¿No veis como el príncipe desea mi amistad?
-Pero el obispo respondió:
-¡Oh! Qué príncipe sabio y qué poco comprendes. El habla por símbolos. La harina es para tu
estómago vacío; el jabón para tu sucia piel y el azúcar para endulzar tu amarga lengua.
Desde aquel día en adelante, el hombre sintió vergüenza hasta de sí mismo y su odio al príncipe se
hizo mayor que nunca. Pero, a quien más odiaba era al obispo que interpretó la dádiva del príncipe.
Sin embargo, desde entonces guardó silencio.


PAZ Y GUERRA


Tres perros tomaban sol y conversaban.
El primer perro dijo entre sueños:
-Es realmente maravilloso vivir en estos días en que reinan los perros. Consideren la facilidad con
que viajamos bajo el mar, sobre la tierra y aún en el cielo. Y mediten por un momento sobre las
invenciones creadas para el confort de los perros para nuestros ojos, oídos y narices.
Y el segundo perro habló y, dijo:
-Comprendemos más el arte. Ladramos a la luna más rítmicamente que nuestros antepasados. Y
cuando nos contemplamos en el agua vemos que nuestros rostros son más claros que los de ayer".
Entonces el tercero dijo:
-Pero lo que a mí más me interesa y entretiene mi mente es la tranquila comprensión existente entre
los distintos estados caninos.
En ese momento vieron que el cazador de perros se acercaba.
Los tres perros se dispararon y se escabulleron calle abajo, y, mientras corrían, el tercer perro dijo:
-¡Por Dios! Corred por vuestras vidas. La civilización viene detrás nuestro.


LA BAILARINA


Había una vez una bailarina que con sus músicos había arribado a la corte del príncipe de Birkaska.
Y, admitida en la corte, bailó ante el príncipe al son del laúd y la flauta y la cítara.
Bailó la danza de las llamas, y la danza de las espadas y las lanzas; bailó la danza de las estrellas y
la danza del espacio. Y, por último, la danza de las flores al viento.
Luego se detuvo ante el trono del príncipe y dobló su cuerpo ante él. Y el príncipe le solicitó que se
acercara, y dijo:
Hermosa mujer, hija de la gracia y del encanto, ¿desde cuándo existe tu arte? ¿Y cómo es que
dominas todos los elementos con tus ritmos y canciones?
Y la bailarina, inclinándose nuevamente ante el príncipe, dijo:
-Poderosa y agraciada Majestad, desconozco la respuesta a tus preguntas. Sólo esto sé: el alma del
filósofo habita en su cabeza; el alma del poeta en su corazón; mas, el alma de la bailarina late en todo
su cuerpo.


LOS DOS ÁNGELES


Una tarde dos ángeles se encontraron ante la puerta de una ciudad, se saludaron y conversaron.
-¿Qué estás haciendo en estos días y que trabajo te ha sido asignado? -preguntó un
ángel.
-Me ha sido encomendada la custodia de un hombre caído en el pecado -respondió el otro -, que vive
abajo en el valle, un gran pecador, el más depravado. Te aseguro que es una importante misión y un
arduo trabajo.
-Esa misión es fácil -dijo el primer ángel-. He conocido muchos pecadores y he sido guardián
numerosas veces. Mas, ahora me ha sido asignado un buen hombre que habita al otro lado de la.
ciudad. Y te aseguro que es un trabajo excesivamente difícil y demasiado sutil.
-Eso no es más que presunción -dijo el otro ángel ¿Cómo puede ser que custodiar a un santo sea más
difícil que custodiar a un pecador?
-¡Qué impertinente llamarme presuntuoso! -respondió el primero -. He afirmado sólo la verdad.
¡Creo que tú eres el presuntuoso!
De ahí en más los ángeles riñeron y pelearon, al principio de palabra y luego con puños y alas.
Mientras peleaban apareció un arcángel. Los detuvo y preguntó:
-¿Por qué peleáis? ¿De qué se trata? ¿Acaso no sabéis que es impropio que los ángeles de la guarda
se peleen frente a las puertas de la ciudad? Decidme: ¿por qué el desacuerdo?
Ambos hablaron al unísono, cada uno arguyendo que su trabajo era el más difícil y que les
correspondía el premio mayor.
El arcángel sacudió la cabeza y meditó.
-Amigos míos -les dijo -, no puedo dilucidar ahora cuál de vosotros es el más merecedor de honor y
recompensa. Pero, desde que se me ha dado poder, y en bien de la paz y del buen custodiar, doy a cada
uno de vosotros el trabajo del otro, ya que insistís en que la ocupación del otro es la más fácil. Ahora
marchaos lejos de aquí y sed felices en vuestros oficios.
Los ángeles, así ordenados, tomaron sus respectivos caminos. Pero cada uno volvía la cabeza
mirando con gran enojo al arcángel. Y en sus corazones decían: "Oh, estos arcángeles! ¡Cada día
vuelven la vida más y más difícil para nosotros los ángeles!"
Pero el arcángel se detuvo y una vez más se puso a meditar. Y dijo en su corazón: "Debemos en
verdad, ser cautelosos y montar guardia sobre nuestros ángeles de la guarda".


LA ESTATUA


Cierta vez, entre las colinas vivía un hombre poseedor de una estatua cincelada por un anciano
maestro. Descansaba contra la puerta cara al suelo. Y él nunca le prestaba atención.
Un día pasó frente a su casa un hombre de la ciudad, un hombre de ciencia. Y, advirtiendo la
estatua, le preguntó al dueño si la vendería.
- ¿Quién desea comprar esa horrible y sucia estatua? - respondió el dueño, riéndose.
-Te daré esta pieza de plata por ella -dijo el hombre de la ciudad.
El otro quedó atónito, pero complacido.
La estatua fue trasladada a la ciudad sobre el lomo de un elefante. Y luego de varias lunas el hombre
de las colinas visitó la ciudad y, mientras caminaba por las calles, vio a una multitud ante un negocio,
y a un hombre que a voz en cuello gritaba:
-Acercaos y contemplad la más hermosa, la más maravillosa estatua del mundo entero. Solamente
dos piezas de plata para admirar la más extraordinaria obra maestra.
Al instante, el hombre de las colinas pagó dos piezas de plata y entró en el negocio para ver la
estatua que él mismo había vendido por una sola pieza de ese mismo metal.


EL TRUEQUE


Una vez en el cruce de un camino, un Poeta pobre encontró a un rico Estúpido, y conversaron. Y
todo lo que decían revelaba el descontento de ambos.
Entonces el Ángel del Camino se acercó y posó su mano sobre el hombro de los dos hombres. Y,
creedlo, un milagro se produjo; ambos intercambiaron sus posesiones.
Y se alejaron. Pero, cosa difícil de relatar, el Poeta miró y encontró sólo arena seca en sus manos; y
el Estúpido cerró sus ojos y sintió nada más que nubes en su corazón.


AMOR Y ODIO


Una mujer dijo a un hombre: -Te amo.
Y el hombre respondió: -Mi corazón se cree merecedor de tu amor.
Y la mujer habló: -¿No me amas?
Y el hombre sólo elevó sus ojos hacia ella y calló.
Entonces la mujer gritó: -Te odio.
Y el hombre dijo: -Pues, entonces, mi corazón también es merecedor de tu odio.
SUEÑOS
Un hombre tuvo un sueño y, cuando despertó, visitó a un adivino y quiso que éste lo descifrase.
Y el adivino dijo al hombre:
-Ven a mí con los sueños que contemples en tus momentos despiertos y te explicaré sus
significados. Pero los sueños de tu dormir no pertenecen ni a mi sabiduría ni a tu imaginación.


EL LOCO

En el jardín de un hospicio conocí a un joven de rostro pálido y hermoso, allí internado.
Y sentándome junto a él sobre el banco, le pregunté:
-¿Por qué estás aquí?
Me miró asombrado y respondió:
-Es una pregunta inadecuada, sin embargo, contestaré. Mi padre quiso hacer de mí una reproducción
de sí mismo; también mi tío. Mi madre deseaba que fuera la imagen de su ilustre padre. Mi hermana
mostraba a su esposo navegante como el ejemplo perfecto a seguir. Mi hermano pensaba que debía ser
como él, un excelente atleta.
"Y mis profesores como el doctor de filosofía, el de música y el de lógica, ellos también fueron
terminantes, y cada uno quiso que fuera el reflejo de sus propios rostros en un espejo.
"Por eso vine a este lugar. Lo encontré más sano. Al menos puedo ser yo mismo.
Enseguida se volvió hacia mí y dijo:
-Pero dime, ¿te condujeron a este lugar la educación y el buen consejo?
-No, soy un visitante -respondí.
-Oh, -añadió el-, tú eres uno de los que vive en el hospicio del otro lado de la pared.


LAS RANAS


Cierto día de verano una rana dijo a su compañero:
-Temo que la gente que vive en aquella casa de la costa esté molesta por nuestro canto.
Y su compañero respondió:
-Bueno, ¿acaso no nos molestan ellos con sus conversaciones durante nuestro silencio diurno?
-No olvidemos que a veces cantamos demasiado por la noche -dijo la rana.
-No olvidemos que ellos charlan y gritan mucho más durante el día -respondió su amigo.
Dijo entonces la rana:
-¿Y qué hay del escuerzo que molesta a todo el vecindario con su croar prohibido por Dios?
-Mas -replicó su amigo-, ¿qué me dices del político y el sacerdote y el científico que llegan a
estas costas y pueblan el aire con molestos ruidos?
-Bien -dijo entonces el primero-, pero seamos mejores que estos seres humanos. Guardemos
silencio por la noche y mantengamos las canciones en nuestros corazones, aún cuando la luna
reclame nuestro ritmo y las estrellas nuestra rima. Al menos callemos por una noche, o dos, o aún
por tres noches.
-Muy bien -dijo su compañero-, estoy de acuerdo. Veremos que nos trae después tu generoso
corazón.
Aquella noche las ranas callaron y permanecieron silenciosas la noche siguiente y nuevamente la
tercera noche.
Y, aunque resulte difícil de relatar, la mujer charlatana que vivía en la casa junto al lago bajó
para el desayuno al tercer día y gritó a su marido:
-No he dormido estas tres noches. Me sentía segura durmiendo con el canto de las ranas en mis
oídos. Pero algo debe haber sucedido. Pues, no han cantado por tres noches; y estoy casi medio loca
por falta de sueño.
La rana oyó esto y volviéndose hacia su compañero, dijo guiñando un ojo:
-Y nosotros casi enloquecemos por nuestro silencio, ¿no es cierto?
Y su compañero respondió:
-Sí, el silencio de la noche pesaba sobre nosotros., y ahora me doy cuenta de que no es necesario
cesar nuestro canto por la comodidad de aquellos que necesitan llenar su vacío con ru idos.
Y aquella noche la luna no reclamó vanamente sus ritmos, ni las estrellas sus rimas.


LAS LEYES


Años atrás existía un poderoso rey muy sabio que deseaba redactar un conjunto de leyes para sus
súbditos. Convocó a mi sabios pertenecientes a mil tribus diferentes y los hizo venir a su castillo
para redactar las leyes. Y ellos cumplieron con su trabajo.
Pero cuando las mil leyes escritas sobre pergamino fueron entregadas al rey, y luego de éste
haberlas leído, su alma lloró amargamente, pues ignoraba que hubiera mil formas de crimen en su
reino.
Entonces llamó al escriba, y con una sonrisa en los labios, él mismo dictó sus leyes. Y éstas no
fueron más que siete.
Y los mil hombres sabios se retiraron enojados y regresaron a sus tribus con las leyes -que habían
redactado. Y cada tribu obedeció las leyes de sus hombres sabios.
Por ello es que poseen mil leyes aún en nuestros días. Es un gran país, pero tiene mil cárceles y
las prisiones están llenas de mujeres y hombres, infractores de mil leyes. Es realmente un gran país,
pero ese pueblo desciende de mil legisladores y de un solo rey sabio.


AYER, HOY Y MAÑANA


Dije a mi amigo: -Tú la ves descansado sobre el brazo de aquel hombre. Solo que ayer descansaba
así sobre el mío.
Y mi amigo dijo: -Y mañana se posará sobre el mío. Dije: -Mírala sentada junto a él. Fue sólo
ayer que se sentaba junto a mí.
Y él respondió: -Mañana se sentará a mi lado.
Dije: -Observa, bebe vino de su copa y ayer bebía de la mía.
Y el agregó: -Mañana lo hará de mi copa.
Entonces dije: -Mira como lo contempla con amor y con ojos entregados. Ayer mismo me
contemplaba así.
Y mi amigo dijo: -Mañana me contemplará a mí.
Pregunté: -¿No la oyes murmurar canciones de amor en sus oídos? Las mismas canciones de amor
que murmuraba en los míos.
Y mi amigo. contestó: -Y mañana las susurrará en los míos.
Y dije: -Pero mira. Está abrazándolo. No fue sino ayer que me abrazaba a mí.
Y mi amigo dijo: -Me abrazará a mí mañana.
Entonces agregué: - ¡Qué mujer extraña!
Mas él me respondió: -Ella es como la vida, poseída por todos los hombres; y como la muerte,
conquista a todos los hombres; y como la eternidad, envuelve a todos los hombres.


EL FILÓSOFO Y EL REMENDÓN


Un filósofo llegó un día al taller de un- zapatero remendón con unos zapatos gastados. Y el
filósofo dijo al remendón:
-Por favor, remienda mis zapatos.
-Ahora estoy remendando zapatos de otros hombres -respondió éste-, y hay todavía más para
reparar antes de que pueda ocuparme de los tuyos. Pero deja tus zapatos aquí, y usa este otro par por
hoy, y ven mañana a buscar los tuyos.
-No uso zapatos que no son míos -protestó indignado el filósofo.
-Pues bien -dijo el remendón-, ¿en verdad eres tú un filósofo y no puedes calzarte con zapatos de
otro hombre? Al final de esta calle hay otro remendón que comprende a los filósofos mejor que yo.
Recurre a él para remiendos.


LOS CONSTRUCTORES


En Antioquía, donde el río Assi corre a encontrarse con el mar, se construyó un puente para
acercar una mitad de la ciudad a la otra mitad. Fue construido con enormes piedras
cariadas desde lo alto de las colinas sobre el lomo de las mulas de Antioquía.
Cuando el puente fue terminado se grabó sobre el pilar en griego y en arameo: "Este puente fue
construido por el Rey Antioco II".
Y toda la gente cruzó. el buen, puente s obre el manso río Assi.
Una tarde, un joven, tenido por algunos como un loco, descendió hasta el pilar donde se habían
grabado las palabras, y las cubrió con carbón y escribió por encima: "Las piedras del puente fueron
traídas desde las montañas por las mu las. Al pasar de ida o de vuelta sobre el puente están
cabalgando sobre los lomos de las mulas de Antioquía, constructoras de este puente".
Y cuando la gente leyó lo que el joven había escrito, algunos se rieron y otros se maravillaron.
-Ah, sí -dijo uno -, sabemos quien hizo esto. ¿No es acaso un poco loco?
Pero una mula dijo, riéndose, a otra mula:
¿No recuerdas acaso que verdaderamente nosotras acarreamos esas piedras? Y, sin embargo, hasta
ahora se decía que el puente lo había construido el Rey Antioco.


LA TIERRA DE ZAAD


Camino a Zaad un viajero encontró a un hombre que vivía en una villa vecina; y el viajero,
apuntando con su mano hacia una vasta extensión de tierra, preguntó al hombre diciendo:
-¿No fue éste el campo de batalla donde el Rey Ahlam venció a sus enemigos?
-Nunca ha sido un campo de batalla -respondió el hombre -. Una vez existió sobre esta tierra la
gran ciudad de Zaad, incendiada hasta quedar cenizas. Pero ahora es tierra buena, ¿no es así?
Y el viajero y el hombre se separaron.
Casi media milla más lejos el viajero encontró a otro hombre y, señalando hacia el campo otra
vez, dijo:
-Así que allí es donde la gran ciudad de Zaad se estableció una vez".
-Jamás existió ciudad alguna en este lugar -respondió el hombre-. Pero sí hubo un monasterio que
fue destruido por la gente del País del Sur.
Un rato más tarde, en la misma ruta a Zaad, el viajero encontró a un tercer hombre, y apuntando
otra vez hacia la tierra dijo:
-¿Es verdad que ese es el lugar donde una vez hubo un gran monasterio?
-Nunca existió un monasterio en los alrededores -respondió el hombre-,pero según nuestros
padres y antepasados una vez cayó un gran meteoro sobre el campo.
El viajero continuó su camino, admirándose en su corazón. Y encontró a un hombre muy anciano
y, saludándolo le dijo
-Señor, caminando esta ruta encontré a tres hombres que habitan el vecindario y les pregunté a
cada uno la historia de esta tierra, y cada uno denegó lo que el otro había contestado, y a su vez
cada uno me contaba una nueva historia que el otro ni había mencionado.
-Amigo mío -respondió el anciano elevando su cabeza -, cada uno y los tres te contestó lo que en
realidad fue; pero muy pocos de nosotros estamos capacitados para agregar afirmaciones a otras
afirmaciones diferentes y construir una verdad de ahí en más.


EL ORO


Cierto día, dos hombres que se encontraron en la ruta caminaban junto hacia Salamis, la Ciudad
de las Columnas. Al mediodía llegaron hasta un ancho río sin puente para cruzarlo. Debían nadar o
buscar alguna otra ruta que desconocí an.
Y se dijeron: "Nademos. Después de todo el río no es tan ancho". Y se zambulleron y nadaron.
Y uno de los hombres, el que siempre supo de ríos y rutas de ríos, de pronto, en el medio de la
corriente, comenzó a perderse y a ser arrastrado por las impetuosas aguas; mientras, el otro, que
nunca antes había nadado, cruzó el río en línea recta y se detuvo sobre un banco. Entonces, viendo a
su compañero luchando aún con la corriente, se arrojó otra vez al agua y lo trajo a salvo hasta la
orilla.
Y el hombre que había sido arrastrado por la corriente dijo:
-¿No habías dicho que no podías nadar? ¿Cómo es que cruzaste el río con tanta seguridad?
-Amigo -explicó el segundo hombre-, ¿ves este cinturón que me ciñe? Está lleno de monedas de
oro que gané para mi esposa y mis hijos, todo un año de trabajo. Es el peso de este
cinturón el que me condujo a través del río, hacia mi esposa y mis hijos. Y mi esposa y mis hijos
estaban sobre mis hombros mientras yo nadaba.
Y los dos hombres continuaron su camino juntos hacia Salamis.


LA TIERRA ROJA


Dijo un árbol a un hombre: -Mis raíces habitan en lo profundo de la tierra roja, y te daré mi fruto.
Y el hombre dijo al árbol: - ¡Qué parecidos somos! Mis raíces también habitan en la profundidad de
la tierra roja. Y la tierra roja te da poder para concederme tu fruto y la tierra roja me enseña a recibir
de ti con agradecimiento.


LA LUNA LLENA


La luna llena se elevó gloriosa sobre el pueblo, y todos los perros de ese pueblo comenzaron a
ladrarle.
Sólo un perro no ladró y dijo a los otros con voz grave: -No despertéis el sosiego de su sueño, ni
atraigáis a la luna hacia la tierra con vuestros ladridos.
Entonces todos los perros cesaron de ladrar, creando un terrible silencio. Mas, el perro que les había
hablado continuó ladrando pidiendo silencio durante el resto de la noche.


EL PROFETA ERMITAÑO


Hubo una vez un profeta ermitaño que cada tres lunas bajaba hasta la ciudad y en las plazas del
mercado predicaba el dar y compartir entre la gente. Y era elocuente y su fama se expandía por sobre
la tierra.
Una tarde, tres hombres llegaron a su ermita y lo saludaron.
-Tú predicas el dar y compartir -le dijeron-. Y buscas enseñar a quienes tienen mucho para dar a los
que poseen poco; y no dudamos que tu fama te ha brindado riquezas. Ahora ven y danos de tus
riquezas, pues tamos necesitados.
-Amigos míos -les contestó el ermitaño-, no tengo más que esta cama, esta estera y esta jarra de
agua. Lleváoslo si así lo deseáis. No tengo ni oro ni plata.
Entonces lo miraron desdeñosos y dieron vuelta sus caras, y el último hombre se detuvo en la puerta
un momento y gritó:
-¡Impostor! ¡Embustero! Tú enseñas y predicas aquello que tú mismo no practicas.


AQUEL VIEJO, VIEJO VINO


Hubo una vez un hombre rico muy orgulloso de su bodega y del vino que allí había; y también había
una vasija con vino añejo guardada para alguna ocasión sólo conocida por él.
El gobernador del estado llegó a visitarlo, y aquél, luego de pensar se dijo: "Esa vasija no se abrirá
por un simple gobernador".
Y un obispo de la diócesis lo visitó, pero él dijo para sí: "No, no destaparé la vasija. El no apreciará
su valor, ni el aroma regodeará su olfato".
El príncipe del reino llegó y almorzó con él. Mas éste pensó: "Mi vino es demasiado majestuoso
para un simple príncipe".
Y aún el día en que su propio sobrino se desposara, se dúo: "No, esa vasija no debe ser traída para
estos invitados". Y los años pasaron, y él murió siendo ya viejo, y fue enterrado como cualquier
semilla o bellota.
El día después de su entierro tanto la antigua vasija de vino como las otras fueron repartidas entre
los habitantes del vecindario. Y ninguno notó su antigüedad.
Para ellos, todo lo que se vierte en una copa es solamente vino.


DOS POEMAS


Varios siglos atrás, camino a Atenas, se encontraron dos poetas, y les alegró verse.
Uno de ellos le preguntó al otro:
-¿Qué has compuesto últimamente, y cómo suena en tu lira?
El otro poeta respondió como orgullo:
-Acabo de terminar el más grande de mis poemas, quizás el más grande poema que se haya escrito en
Grecia. Es una invocación a Zeus Olímpico. -Entonces extrajo de abajo de su capa un papiro diciendo:-
Helo aquí, lo llevo conmigo, y desearía leértelo. Ven, sentémonos a la sombra de aquel ciprés blanco.
Y el poeta leyó su poema. Y era- un extenso poema.
-Es un gran poema -dijo el otro poeta amablemente-. Vivirá a través de los años, y en él serás
glorificado.
-Y tú, ¿qué has escrito durante estos últimos días? -preguntó con calma el primero.
-He escrito poco -respondió el otro. Sólo ocho líneas en memoria de un niño jugando en un jardín. -Y
recitó sus líneas.
-No está mal. No está mal -comentó el primer poeta. Y se separaron.
Y hoy, luego de dos mil años, las ocho líneas del poeta son leídas en todos los idiomas, y son amadas
y apreciadas.. Y aún cuando el otro poema ha vivido también a través de los años en librerías y en los
textos escolares, y a pesar de ser recordado, ni es amado ni leído.


LADY RUTH


Una vez hubo tres hombres que miraban desde lejos hacia una casa blanca que se erguía solitaria sobre
una verde colina. Uno de ellos dijo:
-Aquella es la casa de Lady Ruth. Es una vieja bruja.
-Te equivocas -:-dijo el segundo hombre -, Lady Ruth es una hermosa mujer que vive allí consagrada a
sus sueños.
-Ambos se equivocan -dijo el tercero-. Lady Ruth es la arrendataria de esta vasta tierra y extrae sangre
de sus siervos.
Y continuaron su_ camino discutiendo acerca de Lady Ruth.
Cuando llegaron a un cruce encontraron a un anciano y uno de ellos le preguntó:
-¿Podrías contarnos algo sobre Lady Ruth, la que habita aqu ella casa blanca sobre la colina?
El anciano levantó la cabeza y sonriendo dijo:
-Tengo noventa años y recuerdo a Lady Ruth desde niño. Pero Lady Ruth falleció ochenta años atrás.
Y ahora la casa está vacía. Los búhos anidan en ella algunas veces, y la gente dice que el lugar está
embrujado.


EL GATO Y EL RATÓN


Cierta tarde un poeta conoció a un campesino. El poeta era esquivo y el campesino tímido, pero
conversaron.
-Déjame contarte una pequeña historia que escuché últimamente -dijo el campesino-. Un ratón fue
apresado en una* trampa. Y mientras comía feliz el queso que allí había, un gato se detuvo al lado de él.
El ratón tembló un instante, pero sabía que en la trampa se hallaba seguro.
"-¿Estás comiendo tu último alimento, amigo? -dijo el gato.
"-Sí -contestó el ratón-, una vida tengo, por lo tanto una muerte. Mas, ¿qué hay de ti? Me dicen que
posees nueve vidas. ¿No significa eso que posees nueve veces?
Entonces el campesino miró al poeta y dijo:
-¿No es una historia extraña?
El poeta no contestó, pero se fue diciendo dentro de sí: -En verdad, tenemos nueve vidas, nueve vidas
para estar seguros. Y moriremos nueve veces, y nueve veces moriremos. Quizá fuera mejor poseer sólo
una vida -apresada en una trampa-, la vida de un campesino con un trozo de queso como última comida
Pues acaso, ¿no pertenecemos a la extirpe de los leones del desierto y de la jungla?


LA MALDICIÓN


Una vez me dijo un viejo hombre de mar:
-Treinta años ha, un marinero escapó con mi hija. Y maldije en mi corazón a ambos, pues amaba a
mi hija más que a nada en el mundo.
"No mucho después el joven marino se hundió con su barco hasta el fondo del mar y con él mi hija
amada, perdiéndose de mí.
"Y ahora vedme como el asesino de un joven y una esposa. Fue mi maldición que los destruyó. Y
ahora en camino hacia mi tumba busco el perdón de Dios.
Esto dijo el anciano. Mas, sus palabras sonaban petulantes, y parece que aún se enorgullecía del
poder de su maldición.
L


AS GRANADAS


Había una vez un hombre poseedor de varios granados en su huerta. Y todos los otoños colocaba las
granadas en bandejas de plata fuera de su morada, y sobre las bandejas escribía un cartel que decía así:
"Tomad una por nada. Sois bienvenidos".
Mas la gente pasaba sin tomar la fruta.
Entonces, el hombre meditó, y un otoño no dejó granadas en las bandejas de plata fuera de su
morada, sino que colocó un gran anuncio: "Tenemos las mejores granadas de la tierra, pero las
vendemos por más monedas de plata que cualquier otra granada".
Y, creedlo, todos los hombres y mujeres del vecindario llegaron corriendo a comprar.


TRES DIOSES Y NINGUNO


En la ciudad de Kilafis un sofista se paró sobre los escalones del Templo y predicó sobre varios
dioses. Y el pueblo dijo en sus corazones: "Sabemos todo esto. ¿Acaso no vive con nosotros y nos
siguen doquiera que vayamos?"
No mucho después, otro hombre de pie en la plaza del mercado habló así a la gente:
-Dios no existe.
Y varios de los que escuchaban se alegraron con sus relatos, pues temían a los dioses.
Y un día llegó un hombre muy elocuente y dijo:
-Sólo existe un Dios.
Y entonces todo el pueblo se acongojó, pues en sus corazones temían al juicio de un Dios más que
al de varios dioses. Por aquella misma época apareció otro hombre y dijo al pueblo:
-Hay tres dioses y habitan en el viento como uno solo, y tienen una grande y agraciada madre que'
es a la vez su compañera y hermana.
Entonces todos se sintieron reconfortados, pues en secreto se decían: "Tres dioses en uno deben
desaprobar nuestras fallas, pero también su agraciada madre será seguramente la abogada de nuestras
pobres debilidades".
Aún hoy día en la ciudad de Kilafis, hay quienes pelean y discuten entre sí sobre la existencia de
varios dioses y ninguno, y sobre un dios y tres dioses en uno y acerca de cierta agraciada madre de los
dioses.


LA QUE ERA SORDA


Había una vez un hombre rico desposado con una joven sorda por completo.
Una mañana, mientras desayunaban, ella le dijo:
-Ayer visité el mercado y exhibían vestidos de seda de Damasco, velos de la india, collares de
Persia y brazaletes de Yemmen. Parece qué las caravanas acaban de traer todo eso
a nuestra ciudad. Y ahora mírame, yo en harapos, siendo la esposa de un hombre rico. Debo comprar
alguno de esos hermosos objetos.
-Querida -contestó el esposo, aún ocupado con su café
matinal- no existe razón alguna por la cual tú no vayas al mercado y compres todo lo que tu corazón
desee.
- ¡No! -protestó la esposa sorda-. Siempre dices no, no. ¿Es necesario que aparezca en harapos ante
nuestros amigos, avergonzando así a tu fama y a mi gente?
-No he dicho que no -dijo el esposo-; puedes ir libremente a la plaza del mercado y comprar la
vestimenta más hermosa y las joyas que hayan llegado a nuestra ciudad.
Pero otra vez la esposa equivocó la lectura de sus palabras y replicó:
-De todos los hombres ricos tú eres el más miserable. Me niegas toda belleza y hermosura mientras las
otras mujeres de mi edad caminan por los jardines de la ciudad ataviadas con ricos vestidos. -Y
comenzó a llorar. Y mientras sus lágrimas caían sobre su pecho gritó otra vez: -Tú siempre me dices no,
no, cuando deseo un vestido o una joya.
Entonces el esposo, conmovido, se levantó y sacando de su bolsa un puñado de oro, se lo entregó y
con dulzura le dijo:
-Ve al mercado, querida mía, y compra todo lo que desees.
Desde ese día la joven y sorda esposa cada vez que deseaba algo aparecía ante su esposo con una
perlada lágrima en los ojos, y él en silencio tomaba un puñado de oro y lo ponía sobre sus faldas.
Pero ocurrió que la joven se enamoró de un joven cuyo hábito era re alizar largos viajes. Y cuando él
partía ella se sentaba a llorar.
Cuando el esposo la hallaba llorando decía en su corazón: "Debe haber llegado una nueva caravana
con prendas de seda y joyas raras".
Y sacaba otro puñado de oro y se lo entregaba.


LA BÚSQUEDA


Mil años atrás dos filósofos se encontraron en la cuesta del Líbano y uno dijo al otro: -¿Hacia dónde te
diriges?
-Busco la fuente de la juventud -respondió el otro- que se halla entre estas colinas. He. encontrado
escritos donde cuenta sobre la fuente floreciendo en dirección al sol. Y tú ¿qué buscas?
-Busco el misterio de la muerte -contestó el primero. Entonces cada uno pensó que el otro estaba falto
de grandes conocimientos y comenzaron a discutir y a acusarse de ceguera espiritual.
Mientras los filósofos discutían al viento, un extranjero un hombre considerado tonto en su propia
ciudad, pasó por allí, y cuando oyó a los hombres en ardiente disputa se detuvo por un momento y
escuchó sus argumentos.
Luego acercándose les dijo:
-Mis buenos amigos, realmente ambos pertenecéis a la misma escuela filosófica y habláis sobre lo
mismo, sólo que usáis palabras diferentes. Uno de vosotros busca la fuente de la juventud, y el otro el
misterio de la muerte. Sólo son una misma cosa y como una habitan ambas en vosotros -y se apartó
diciendo: -Hasta siempre, sabios.
Y alejándose se reía con complaciente risa.
Los dos filósofos se miraron en silencio por un momento y luego también ellos rieron. Y uno de los
dos dijo:
-Y bien, ¿por qué no caminamos y buscamos juntos?


EL CETRO


Dijo un rey a su esposa: -Señora, tú no eres verdaderamente una reina. Eres demasiado vulgar y poco
graciosa para ser mi compañera.
Dijo su esposa: -Señor, tú te consideras rey pero eres solamente un pobre parlanchín.
Estas palabras enfurecieron, al rey y tomó el cetro con sus manos, y golpeó la frente de la reina con el
cetro de oro. En ese momento el ayuda de cámara apareció y dijo:
- ¡Está bien, está bien, Su Majestad! Ese cetro fue creado por el más grande artista de la tierra. ¡Ay de
mí! Algún día tú y la reina serán olvidados, pero este cetro permanecerá como cosa bella de generación
en generación. Y ahora que has extraído sangre de la cabeza de Su Majestad, Señor, el cetro será el
más famoso y recordado.


LA SENDA


Una mujer y su hijo vivían entre las colinas; este era su primer y único hijo.
El niño murió de una fiebre mientras el médico lo vigilaba.
La madre, destruida por la tristeza, gritó al médico diciendo:
-Dime, dime, ¿qué es lo que hizo aquietar su fortaleza y silenciar su canción?
Y el médico respondió: -Fue la fiebre. Y la madre dijo: -¿Qué es la fiebre?
Y también el médico respondió: -No puedo explicártelo. Es algo infinitamente pequeño que visita
el cuerpo y que no podemos ver con nuestros ojos humanos.
Luego el médico se fue y ella continuó repitiendo para sí:
-Algo infinitamente pequeño que no podemos ver con nuestros ojos humanos.
Por la tarde el sacerdote llegó para consolarla. Y ella lloró y gritó diciendo:
- ¡Oh! ¿Por qué he perdido a mi hijo, mi único hijo, mi primer hijo? -Y el sacerdote respondió: -
Hija mía, es la voluntad de Dios.
-¿Qué es Dios y dónde está Dios? -preguntó entonces la mujer-. Quiero ver a Dios y rasgarme el
pecho delante de El y hacerme brotar sangre de mi corazón a sus pies. Dime dónde encontrarlo.
-Dios es infinitamente grande -contestó el sacerdote-: No puede ser visto con nuestros ojos
humanos.
- ¡Lo infinitamente pequeño asesinó a mi hijo por voluntad de lo infinitamente grande! -gritó la
mujer-. Dime, ¿qué somos nosotros?
En ese momento entró la madre de la mujer con el sudario para el niño muerto, y oyó las palabras
del sacerdote y el llanto de su hija. Deposito el sudario y tomó entre sus manos la mano de su hija y
le dijo:
-Hija mía, nosotros mismos somos lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande, y somos la
senda entre ambos.


LA BALLENA Y LA MARIPOSA


Una tarde un hombre y una mujer se encontraron dentro de una diligencia. Se habían conocido
antes.
El hombre era un poeta, y, cuando se hubo sentado junto a la mujer, decidió entretenerla con
cuentos, algunos tramados por él y otros que no eran propios.
Pero mientras él hablaba la dama se durmió. De pronto la diligencia se sacudió y ella,
despertándose, dijo:
-Admiro tu interpretación de la fábula de Jonás y la ballena.
Y el poeta dijo:
- ¡Pero, Señora, os he estado contando una de mis historias sobre una mariposa y una rosa blanca
y de cómo se comportaba una con la otra!


PAZ CONTAGIOSA


Una rama en flor dijo a su rama vecina:
-Éste es un día aburrido y vacío.
Y la otra rama respondió:
-Sí, realmente un día vacío y aburrido.
En ese momento un gorrión voló sobre una de las ramas y luego otro se posó muy cerca.
Y uno de los gorriones gorjeando dijo: -Mi compañera me ha abandonado. El otro gorrión lloró:
-Mi compañera también ha partido para no regresar. Pero, ¿qué me importa?
Entonces los dos comenzaron a chillar y regañarse y pronto se hallaron peleando y llenando de
desagradables ruidos el aire.
De pronto, otros dos gorriones bajaron del cielo y se sentaron tranquilos junto a los dos inquietos. Y
hubo calma y hubo paz.
Y los cuatro se alejaron volando juntos en pareja.
-La primera rama dijo a su vecina:
-¡Qué barullo terrible!
-Y la otra rama respondió:
-Llámalo como quieras, ahora todo está pacífico y despejado. Y si los altos 'aires hacen las paces creo
que aquellos que habitan en lo bajo deben hacer las paces también. ¿No podrías balancearte con el viento
un poco más cerca de mí?
Y la primera rama dijo:
-Oh, quizás en bien de la paz, antes de que la primavera se haya ido, lo haré.
Y luego él mismo se balanceó con el fuerte viento para abrazarla.


LA SOMBRA.


Cierto día de junio la hierba dijo a la sombra de un olmo:
-Te mueves tan seguido de derecha a izquierda que perturbas mi paz.
-Yo no, yo no -respondió la sombra -. Mira hacia el cielo. Verás un árbol que se mueve por el viento de
Este a Oeste entre el Sol y la Tierra.
Y la hierba elevó la mirada y por primera vez observó el árbol. Y dijo. en su corazón:
-¿Por qué, pues, existe una hierba más alta que yo?
Luego calló.


SETENTA


El joven poeta dijo a la princesa:
-Te amo.
-Yo también te amo, hijo mío -dijo la princesa.
-Yo no soy tu hijo. Soy un hombre y te amo.
-Soy la madre de hijos e hijas -respondió ella -, y ello; son padres y madres de hijos e hijas; y uno de
los hijos de mis hijos es mayor que tú.
El joven poeta protestó: -Pero te amo.
No mucho después la princesa murió. Mas, antes de que su último suspiro fuera recibido nuevamente
por el gran suspiro de la tierra, ella dijo desde su alma:
-Mi bien amado, mi único hijo, mi joven poeta, llegará el día en que nos encontremos de nuevo y yo
no tendré setenta años.


CON DIOS


Dos hombres paseaban por el valle y uno, señalando hacia la montaña, dijo:
-¿Ves esa ermita? Allí vive un hombre que hace ya mucho tiempo se divorció del mundo. Busca a
Dios y a nada más sobre la tierra.
-No encontrará a Dios -dijo el otro hombre- hasta que no abandone su ermita y la soledad que lo
envuelve, y regrese a nuestro mundo a compartir nuestra alegría y dolor, a bailar con nuestras bailarinas
en las fiestas de esponsales, y a llorar junto a aquellos que lloran alrededor del ataúd de nuestros
muertos.
Y el otro hombre se convenció en su corazón, mas, pese a ello, respondió:
-Concuerdo con lo que tú dices, mas creo que el ermitaño es un buen hombre. Y ¿no podría ser que un
solo buen hombre con su ausencia obrara mayores bienes que la aparente bondad de tantos hombres?


EL RÍO


En el valle de Kadisha, donde fluye el majestuoso río, dos pequeñas corrientes se encontraron y
conversaron.
Una corriente dijo:
-¿Cómo has llegado, amiga mía, y cómo ha sido tu camino?
Y la otra contestó:
-Mi camino fue de lo más embarazoso. La rueda del molino se había roto y el granjero que me
conducía desde el cauce hasta sus plantas murió. Y hube de bajar forcejeando y filtrándome por la
suciedad de aquellos que no hacen nada más que sentarse y cocer su pereza al sol. ¿Y cómo fue tu
camino, hermana mía?
-Mi camino fue diferente -respondió la otra corriente-. Bajé de las colinas entre flores fragantes y
tímidos sauces; hombres y mujeres bebían de mí con copas de plata y los niños remojaban sus
piececitos rosados en mis orillas, y todo era risa alrededor de mí, y dulces canciones. ¡Qué pena que
tu camino no haya sido feliz!
En ese momento el río habló con voz potente:
-Venid, venid, iremos hacia el mar. Venid, venid, pues en mí olvidaréis vuestros caminos
errantes, tristes o alegres. Venid, venid. Y vosotros y yo olvidaremos todo cuando hayamos
alcanzado el corazón de nuestra madre, la mar.


LOS DOS CAZADORES


Cierto día de mayo Alegría y Tristeza se encontraron a orillas de un lago. Saludáronse y se
sentaron junto a las tranquilas aguas y conversaron.
Alegría habló sobre la belleza que reina sobre la tierra, del cotidiano encanto de la vida en el
bosque y entre las colinas, y de las canciones escuchadas al amanecer y al anochecer.
Y Tristeza estuvo de acuerdo con todo lo que Alegría había dicho; pues Tristeza conocía la magia
de la hora y la belleza de aquellas cosas. Y Tristeza habló con elocuencia cuando se refirió a los
campos y a las colinas de mayo. Alegría y Tristeza conversaron un largo rato y estuvieron de
acuerdo con todas las cosas que conocían.
En ese momento pasaban por la otra orilla dos cazadores. Miraron hacia la otra ribera y uno dijo:
-Me pregunto quiénes son esas dos pers onas.
Y el otro dijo: -¿Has dicho dos? Yo veo sólo a una.
El primer cazador respondió: -Pero si hay dos.
Y el segundo: -Según veo yo hay una sola, y el reflejo del lago es sólo uno.
-No, hay dos -respondió el primer cazador-. Y el reflejo sobre las aguas tranquilas muestra a dos
personas. Pero el segundo repitió: -Sólo veo a una.
Y el otro: -Veo a dos personas, y muy claramente.
Y, aún hoy día, un cazador dice que el otro ve doble; mientras que el otro repite: "Mi amigo es
algo ciego".


EL OTRO VAGABUNDO


Una vez encontré a otro hombre en el camino. El también era un poco loco, y me habló así:
-Soy un vagabundo. Muchas veces parece que caminara por la tierra en medio de pigmeos. Y
porque mi cabeza está a setenta pies más lejos de la tierra que las suyas, creo pensamientos más
elevados y más libres.
"Pero en verdad no camino entre los hombres sino sobre ellos. Y todo lo que pueden ver de mí
son mis pisadas en sus campos abiertos.
"Y varias veces los escuché discutir sobre la forma y tamaño de mis pisadas. Pues, hay algunos
que dicen: `Son las huellas de un mamut que vagara por la tierra tiempo ha.' Y otros dicen: ‘No, son
lugares donde cayeron meteoros desde las estrellas distantes.'
"Pero tú, amigo mío, sabes muy bien que no son nada más que pisadas de un vagabundo.’

GIBRAN KHALIN GIBRAN - SATANAS Y OTROS RELATOS / LA TEMPESTAD

GIBRAN KHALIN GIBRAN - SATANAS Y OTROS RELATOS / LA TEMPESTAD

GIBRÁN KHALIL GIBRÁN

LA TEMPESTAD
(1920)

SATANAS

El Padre Samaan era profundo conocedor de temas espirituales y teológicos, versado en los secretos del
pecado venial y mortal, y una autoridad en los misterios del Paraíso, el infierno y el Purgatorio.
Su tarea era recorrer las aldeas del Norte del Líbano, predicando al pueblo, curando a las almas del mal y
previniendo a los hombres contra las acechanzas de Satán, a quien el Padre Samaan, día y noche, combatía
sin descanso.
Los campesinos lo respetaban y reverenciaban, y estaban siempre dispuestos a pagar sus consejos y
oraciones con monedas de oro y plata. Y en toda colecta, aportaban los mejores frutos de su trabajo.
En una noche de otoño, cuando el Padre Samaan se dirigía hacia su solitaria aldea, atravesando un sitio
desolado en medio de valles y colinas, oyó un grito angustioso prove niente del costado del camino. Se
detuvo, miro'en dirección al lugar de donde provino el llamado y vio un hombre desnudo, tendido sobre el
suelo. La sangre brotaba de las profundas heridas de su cabeza y de su pecho mientras gemía e imploraba
socorro:
-¡Salvadme! ¡Socorredme! ¡Tened piedad de mí, me estoy muriendo!
El Padre Samaan miró, perplejo, hacia el caído diciéndose: "Este hombre debe ser un ladrón...
Seguramente trató de asaltar a un viajero y fracasó; está ágonizando y, si muriera en mis brazos, me
responsabilizarán de su muerte. Así pensando, siguió su camino; mas el moribundo detuvo sus pasos
gritando:
- ¡No me abandones! ¡No me abandones! ¡Me conoces y te conozco y moriré si no me socorres!
El Padre, entonces, se detuvo y empalideció al pensar que estaba negando un auxilio, y con labios
trémulos se dijo: "El ha de ser, sin duda, uno de los locos del bosque. El as pecto de sus heridas hace
temblar mi corazón; ¿qué haré? ¿En que puedo ayudarlo? Un médico de almas no cura cuerpos"
Y el Padre se alejó; mas, cuando había dado unos pocos pasos, el moribundo lanzó un gemido que
conmovería el corazón más duro. El Padre se detuvo nuevamente y oyó al herido que decía, con un
jadeo:
-Acércate. Acércate, pues somos amigos desde hace mucho tiempo... Tú eres el Padre Samaan, el
Buen Pastor, y yo no soy ni un loco ni un ladrón. Ven a mi lado y te diré quién soy.
El Padre Samaan se acercó al hombre, se inclinó y lo contempló atentamente. Mas tan sólo vio un
rostro extraño; un rostro lleno de contrastes; vio inteligencia y maldad; fealdad y belleza; perversidad
y ternura... Erguiéndose, retrocedió de un salto exclamando:
-¿Quién eres? ¡Nunca te vi en mi vida! Y el moribundo, con voz débil, dijo:
-No tengas recelo de mí, Padre, que hace tiempo que somos amigos. Levántame y llévame hasta el
arroyo y lava mis heridas.
-¿Quién eres tú? Dímelo, pues no te reconozco ni recuerdo haberte visto.
Y el hombre respondió con voz agonizante:
-Me conoces muy bien. Me has visto ya mil veces, hablas de mí todo el día y te soy más querido que
tu propia vida. Pero el Padre Samaan, sin reconocerlo, le respondió, enojado
-¡Eres un impostor y un mentiroso! Un moribundo debiera decir la verdad... Jamás vi tu rostro
malvado en toda mi vida. Dime quién eres o te dejaré morir...
Y el herido, moviéndose trabajosamente, miró a los ojos del sacerdote y con una significativa
sonrisa en sus labio, le dijo con voz tranquila, profunda y suave:
-Soy Satanás.
Al escuchar la terrible palabra, el Padre Samaan dio un grito tan fuerte que sacudió los rincones más
lejanos del valle, y, con los ojos llenos de espanto, miró nuevamente al herido reconoció que su figura
y sus heridas, coincidían con la figura y las heridas de Satán pintadas en una tela que colgaba de la
pared de una iglesia de la aldea, representando el juicio Final. Entonces, exclamó trémulo:
-Dios me reveló tu rostro y me mostró tu figura infernal para alimentar mi odio por ti. ¡Maldito seas
por siempre jamás! ¡La oveja enferma debe ser sacrificada por el pastor para que no infecte al rebaño!
Y el demonio respondió, con impaciencia:
-No te apresures, Padre, en perder tu tiempo pronunciando palabras vanas. Ven y cura mis heridas
antes que la vida se escape de mi cuerpo.
Mas el sacerdote le dijo:
- ¡Las manos que ofrecen sacrificios a Dios no se mancharán tocando un cuerpo hecho de las
secreciones del Infierno! ¡Tú debes morir maldecido por las lenguas de las Edades, por los labios de la
Humanidad, pues eres enemigo del Hombre y es intención confesa destruir toda virtud! Satanás se
movió angustiado, se apoyó en un codo y, dificultosamente se irguió respondiendo:
-No sabes lo que dices ni comprendes el crimen que cometes contra mi mismo.
"Yo soy la razón de ser de tu bienestar y de tu felicidad. ¿Menosprecias mis beneficios y niegas mis
méritos mientras vives a mi sombra? ¿No es mi existencia la justificación de tu profesión, y mi
nombre el que da sentido a tu vida? ¿Qué otra profesión abrazarías si el destino decretase mi muerte y
el viento esparciera mi nombre? Hace veinticinco años que recorres estas aldeas para prevenir a los
hombres de las trampas y ellos compran tus prédicas con dinero y con los frutos de sus campos. ¿Qué
otra cosa comprarían de ti, mañana, sabiendo que su enemigo, el demonio, murió y que están libres de
su maleficio?
"¿No sabes, en toda tu ciencia, que cuando la causa desaparece, las consecuencias desaparecen
también? ¿Cómo aceptarás, entonces, que yo muera si con ello perderás tu posición y el pan de tu
familia?

Calló Satanas. Y los rasgos de su rostro ya no expresaban réplica, sino confianza. Después, habló de
nuevo:
-Oyeme, oh impertinente ingenuo, y te mostraré la verdad que liga mi destino al tuyo. En la primera
hora de su existencia, el hombre, de pie frente al sol, extendió sus brazos y exclamó:
"-Tras las estrellas hay un Dios poderoso que ama el bien. -Después, volviéndose de espaldas, vio su
sombra en el suelo y gritó: -En las profundidades de la tierra hay un demonio perverso, adorador del
mal.
"Y el hombre volvió a su grúta murmurando:
"-Estoy entre dos dioses terribles, uno es mi protector y el otro mi enemigo.
"Y durante siglos, el hombre se sintió dominado por ambas fuerzas; una buena, que él bendecía y
otra mala, que él maldecía.
"Después, aparecieron los sacerdotes. Y esta es la historia de su aparición: Había, en la primera
tribu que se formó sobre la tierra, un hombre llamado Laús, que era inteligente pero lleno de
prejuicios. Detestaba los trabajos manuales de que se vivía en aquella época, y muchas veces debía
dormir con el estómago vacío.
"Una noche de verano, cuando los miembros de la tribu estaban reunidos alrededor del jefe,
conversando mientras descansaban, uno de ellos se levantó de pronto en medio de la asamblea, elevó
sus brazos al cielo y, poniendo en su voz toda la emoción que pudo fingir, dijo piadosamente:
"-¡Posternaos hermanos míos y orad, pues el dios de las tinieblas está atacando al dios
incandescente de la noche. Y si vence el primero, moriremos, pero si triunfa el segundo, entonces
viviremos. Orad para que venza el dios de la luna! "Y Laús continuó hablando hasta que la luna volvió
a su brillo natural. Y los presentes quedaron maravillados y manifestaron su alegría con danzas y
canciones. Y el jefe de la tribu dijo a Laús:
Conseguiste esta noche, lo que ningún mortal consiguió antes que tú. Y descubrirste secretos del
Universo que nadie entre nosotros conocía. regocíjate, pues a partir de hoy serás el segundo honibre
de la tribu después de mí. Yo soy el más fuerte y el más valiente; y tu eres el más culto y el más sabio.
Serás, por lo tanto, el intermediario entre los dioses y yo, y me revelarás sus secretos y me enseñarás
lo que debo hacer, para merecer su aprobación y su benevolencia.
"-Todo lo que los dioses me revelarán en mis sueños -respondió Laús-, yo te revelaré al despertar.
Seré quien interceda entre los dioses y tú.
"El jefe, satisfecho, obsequió a Laús dos caballos, siete bueyes, setenta corderos y setenta ovejas. Y
le dijo: "-Los hombres de la tribu te construirán una casa igual a la mía y te ofrecerán, de cada
cosecha, una parte de lbs frutos recogidos. Pero dime ¿quien es ese dios del mal, que se atreve a atacar
al dios resplandeciente?
"-Es el demonio -respondió Laús-, el mayor enemigo del hombre, la fuerza que desvía el ímpetu del
huracán hacia nuestras casas, la que manda secar nuestros plantíos y en ferma nuestros rebaños, la que
se alegra con nuestra infelicidad y se entristece con nuestras alegrías. Necesitamos estudiar sus
intenciones y tácticas para prevenir sus maleficios y frustrar sus artimañas.
"El jefe apoyó su cabeza en el cayado y susurró:
"-Sé ahora lo que ignoraba y los hombres sabrán también lo que sé y te honrarán. Laús, porque nos
revelaste el misterio de nuestro terrible enemigo y nos enseñanste a combatirlo.
"Y Laús volvió a su tienda, eufórico por su habilidad e imaginación, mientras el jefe y los hombres
atravesaron una noche poblada de pesadillas.
"Así aparecieron los sacerdotes en el mundo; y mi existencia fue la causa de su aparición. Laús fue
el primero en hacer de la lucha contra mí una profesión. Más tarde, esa profesión evolucionó y progresó
hasta convertirse en arte sutil y sagrado que solamente abrazan los espíritus maduros, las almas nobles, los
corazones puros y la amplia imaginación.
"En cada ciudad que nacía, mi nombre era el centro de las organizaciones religiosas, culturales, artísticas
y filosóficas. Yo construía monasterios y ermitas sobre cimientos de miedo, y fundaba tabernas y burdeles
sobre el gozo y la lujuria. Soy padre y madre del pecado.
"¿Deseas que el pecado muera con mi muerte? ¿Aceptas que yo muera en esta soledad? ¿Deseas romper
los lazos que existen entre tú y yo?
"Es curioso que me esfuerce en mostrarte una verdad que conoces mejor que yo, y que es más útil a tus
intereses que a los míos.
"Ahora haz lo que quieras. ¡Cárgame sobre tus espaldas y llévame a tu casa y cura mis heridas; o déjame
agonizar y morir aquí mismo!
Mientras hablaba Satanás, el Padre Samaan se frotaba las manos agitado. Después, con voz balbuceante
como pidiendo disculpas, dijo:
-Sé ahora lo que ignoraba hace una hora, perdona, pues, mi ingenuidad. Sé que estás en el mundo para
tentar, y la tentación es la medida con que Dios determina el valor de las almas.
"Sé, ahora, que si murieras, morirá la tentación y desaparecerán contigo las fuerzas que obligan al
hombre a ser prudente y a orar, ayunar y adorar. Debes vivir, porque sin ti, los hombres dejarán de temer al
infierno y se hundirán en el vicio. Tu vida es, por lo tanto, necesaria para fa Salvación de la Humanidad; y
yo sacrificaré mi odio por ti en el altar de mi amor a los hombres.
Satanás lanzó una carcajada que sacudió el suelo.
- ¡Cómo eres de inteligente, Padre! -dijo-. Y que conocimientos posees de teología! Has hallado, con el
poder de tu inteligencia, una finalidad para mi existencia que yo mismo ignoraba. Ahora comprendemos
ambos, nuestra mutua necesidad.
"Aproxímate, hermano mío. Las tinieblas están cubriendo la campiña y la mitad de mi sangre se ha
escapado sobre las arenas de este valle y, a menos que me ayudes, nada quedará de mí, sino los restos de mi
cuerpo quebrado por la Muerte.
El Padre Samaan, entonces, arrolló las mangas de su hábito, se acercó a Satanás, y cargándolo sobre sus
espaldas se encaminó hacia la casa.
En medio de aquellos valles silenciosos y cubiertos por el velo de la oscuridad, el Padre Samaan
caminaba doblado por el peso de su carga. Su sotana negra y sus largas barbas estaban salpicadas por la
sangre que se escurría sobre él, pero caminaba animado, con sus labios murmurando fervientemente una
oración por la vida de Satanás agonizante...

"CONOCETE A TI MISMO"

Salim Efendi Deaibes, en una noche lluviosa de Beirut, meditaba sobre la base de Sócrates: "Conócete a
ti mismo".
-Sí -decía-, esta es la llave y la base de todo el saber. Necesito conocerme a mi mismo. -Y levantándose,
se paró frente a un enorme espejo y, después de contemplarse largamente, comenzó a enumerar sus
características:
-Soy de baja estatura. Así eran Napoleón y Víctor Hugo.
-Tengo la frente estrecha. Así era la de Sócrates y Spinoza.
-Soy calvo. Así era Shakespeare.
-Tengo una nariz grande y aguileña. Así era la de Savonarola y Voltaire y George Washington.
-Tengo los ojos melancólicos. Así eran los de Pablo el Apóstol y Nietzsche.
-Tengo los labios gruesos. Así eran los de Aníbal y Marco Antonio.
Después de enumerar decenas de características semejantes, Salim concluyó:
-Es mi personalidad. Es mi verdad. Soy un conjunto de cualidades que distinguieron a los grandes
hombres desde el comienzo de la Historia. ¿Puede un hombre así dotado dejar de realizar algo grande en
este mundo?
Una hora más tarde, nuestro héroe estaba durmiendo vestido, sobre la cama deshecha y sus ronquidos,
más que la respiración de un ser humano, semejaban el ruido de un molino.

ESCLAVITUD

Los hombres son esclavos de la Vida, y es una esclavitud que llena sus días con miseria y desesperación,
e inunda sus noches con lágrimas y angustia.
Siete mil años han pasado desde el día de mi primer nacimiento, y desde aquel día he presenciado los
esclavos de la vida, arrastrando sus pesados grilletes. He recorrido el Este y el Oeste de la Tierra, y he
vagado a la luz y a la sombra de la Vida. He visto las procesiones de la civilización moviéndose de la luz
hacia la oscuridad, y cada una fue arrastrada al infierno por almas humilladas, doblegadas bajo el yugo de
la esclavitud. El poderoso es reprimido y sometido, y el fiel se arrodilla adorando a los ídolos. He seguido
al hombre desde Babilonia hasta El Cairo, desde Ain Dour hasta Bagdad y he observado las huellas de sus
cadenas sobre la arena. He escuchado los ecos tristes de los cambiantes siglos, repetidos por las praderas y
los eternos valles.
He visitado templos y altares y entrado a palacios, y sentado ante los tronos. Y vi al aprendiz ser esclavo
del artesano, y al artesano ser esclavo del emperador, y al empleador ser esclavo del soldado, y al soldado
ser esclavo del gobernador, y al gobernador ser esclavo del rey, y al rey ser esclavo del sacerdote, y al
sacerdote ser esclavo del ídolo... y el ídolo es nada más que tierra modelada por Satanás y erigida sobre una
pila de cráneos.
Entré a las mansiones de los ricos, y visité las chozas de los pobres. Encontré al infante mamando del
pecho de su madre la leche de la esclavitud, y a los niños aprendiendo sumisión con el alfabeto.
Acompañé a los siglos desde las riberas del Ganges hasta las costas del Eufrates; desde la desembocadura
del Nilo hasta las planicies de Asiria; desde las arenas de Atenas hasta las iglesias de Roma; desde los
suburbios de Constantinopla hasta los palacios de Alejandría... Sin embargo, vi a la esclavitud moverse
sobre todo, en una gloriosa y majestuosa procesión de ignorancia. Vi a la gente sacrificando jóvenes y
doncellas a los pies del ídolo, llamándolo el Rey; quemando incienso delante de su imagen, y llamándolo
Profeta; arrodillándose y adorándolo, y llamándolo la Ley; peleando y muriendo por él, y llamándolo la
Sombra de Dios sobre la tierra; destruyendo y demoliendo hogares e instituciones por su causa, y
llamándolo Fraternidad; luchando y robando y trabajando por él y llamándolo Fortuna y Felicidad; matando
por él, y llamándolo igualdad.
Posee varios nombres, pero una realidad. Tiene muchas apariencias, pero está hecho de un solo elemento.
En verdad, es un mal eterno legado por cada generación a su sucesor.
Encontré la esclavitud ciega, que ata el presente de las personas al pasado de sus padres, y los incita a
ceder a sus tradiciones y costumbres poniendo espíritus ancianos dentro de los nuevos cuerpos.
Encontré la esclavitud muda, que liga la vida de un hombre, a una esposa que aborrece, y coloca el
cuerpo de una mujer en el lecho de un esposo odiado, desvitalizando ambas vidas espiritualmente.
Encontré la esclavitud sorda, que sofoca el alma y el corazón, dando al hombre sólo el eco vacío de una
voz, y la lastimosa sombra de un cuerpo.
Encontré la esclavitud coja que pone el cuello del hombre bajo el dominio del tirano y somete cuerpos
fuertes y mentes débiles a los hijos de la Codicia para ser usados como instrumento de su poder.
Encontré la esclavitud cruel, que desciende con el espíritu del infante desde el amplio firmamento hasta
el hogar de la miseria; donde la Necesidad vive junto a la Ignorancia, y la Humillación reside al lado de la
Desesperación. Y los niños crecen como miserables, y viven como criminales, y mueren como
despreciados y rechazados seres inexistentes. Encontré la esclavitud sutil, que nombra a las cosas de otra
manera... llamando inteligencia a la astucia, y vacío a la sabiduría, y debilidad a la ternura, y cobardía a un
firme rechazo.
Encontré la esclavitud retorcida, que hace que la lengua de los débiles se mueva con miedo, y hable sin
sentimiento, y ellos fingen estar meditando su súplica, pero son como sacos vacíos que hasta un niño puede
doblar y colgar.
Encontré la esclavitud sumisa que induce a una nación a cumplir con las leyes y reglas de otra nación, y
la sumisión es cada día mayor.
Encontré la esclavitud perpetua, que corona a los hijos de monarcas como reyes, sin ofrecer
consideración al mérito. Encontré la esclavitud negra, que marca para siempre con vuergüenza y desgracia
a los hijos de los criminales.
Al contemplar la esclavitud, vemos que posee los viciosos poderes de continuación y contagio.

Cuando me cansé de seguir detrás de los disolutos siglas y me aburrí de observar procesiones de gente
apedreada, caminé solitario por el "Valle de la Sombra de la Vida, donde el pasado trata de esconderse
detrás de las culpa, y el alma del futuro se repliega y descansa demasiado tiempo. Allí, al borde del Río de
Sangre y Lágrimas que se arrastraba como una víbora ponzoñosa y se retorcía como los sueños de un
criminal, escuché el asustado susurro del fantasma de esclavos, y contemplé la nada.
Cuando llegó la medianoche y los espíritus emergieron de sus escondites, vi a un cadavérico y agonizante
espectro caer de rodillas, contemplando la luna. Me acerqué diciendo:
-¿Cuál es tu nombre?
-Mi nombre es Libertad -contestó esta espantosa sombra de un cadáver.
-¿Dónde están tus hijos? -le pregunté. Y la libertad, llorosa y débil, jadeó.
-Uno murió crucificado, otro murió loco, y el tercero todavía no ha nacido.
Se fue cojeando, hablando todavía, pero las lágrimas en mis ojos y los gritos de mi corazón no me
impidieron ver ni oír.

VENENO DULCE

En una mañana de otoño, que en el norte del Líbano tiene un esplendor inigualable, los aldeanos de Tala
se reunieron en la plaza de la iglesia para comentar el repentino viaje de Fares Rahal que, abandonando a su
joven esposa, partiera con rumbo desconocido.
Fares Rahal era el líder' de la aldea. Había heredado su primacía de su abuelo y de su padre. Y, aunque
joven, había en él una superioridad que se imponía.
Cuando se casó con Susan Barabat todos dijeron: " ¡Qué felicidad! Consiguió, con menos de treinta años,
todo lo que un hombre pueda desear de este mundo."
Pero, aquella mañana en que lo recordaban, los habitantes de Tula, que sabían que Fares había reunido
todo su dinero antes de montar su caballo y abandonar la aldea sin despe dirse de nadie, se sentían perplejos
y comenzaron a buscar los motivos que podían haber llevado, a un hombre como él a abandonar de repente
a su gente, su esposa, su casa, sus campos y viñedos.
En el norte del Líbano, la vida se asemeja a un socialismo más que a cualquier otro sistema. Todos
comparten las alegrías y las tristezas de la vida, guiados por instintos simples y sinceros. Y hacen frente,
juntos, a todos los acontecimientos importantes.
Fue por eso que los habitantes de Tula abandonaron sus tareas cotidianas y se reunieron cerca de la
iglesia para cambiar opiniones sobre la misteriosa partida de Fares Rahal.
Mientras conversaban, vieron acercarse al Padre Esteban, párroco de la ciudad, con la cabeza gacha y el
rostro sombrío. Lo acogieron con miradas interrogantes.
-No me hagan preguntas -dijo él, por fin-. Todo cuanto se, es lo siguiente: Fares vino a golpear mi puerta
antes del amanecer; su rostro estaba marcado por la tristeza cuando me dijo:
-Vine a despedirme, Padre. Me voy más allá del mar y no regresaré jamás a este país.
Después, me entregb una carta para su amigo Nagib Malik y me pidió que la entregara
personalnente. Hecho eso, saltó sobre su caballo y desapareció antes que pudiera preguntarle nada.
Alguien conjeturó: -Sin duda, la carta explica los mote vos del viaje, ya que Nagib era su mejor
amigo.
Otro preguntó: -¿Ha visto a su esposa, Padre?
-La visité después de las oraciones de la mañana -respondió el Padre-. La encontré sentada al lado
de su ventana. Miraba a la distancia, con ojos vidriosos, cual si hubiera perdi do la razón. Cuando la
interrogué, abanicó su cabeza y murmuró:-No sé. No sé.-Y se echó a llorar como una criatura.
De pronto se oyó un disparo de revólver y todos se estremecieron. Y a continuación escucharon los
gritos de una mujer. Los aldeanos quedaron atónitos un instante, y, enseguida, salieron corriendo en
dirección al sitio donde sonó el disparo. Cuando llegaron cerca de la casa de Fares Rahal, vieron a
Nagib Malik tendido en el suelo, con sangre brotando de su cuerpo. A pocos pasos de él, Susan, la
esposa de Fares Rahal, se arrancaba los cabellos y gemía:
-Se ha suicidado. Se ha suicidado...
La gente se detuvo temerosa. El Padre vio, en la mano del infeliz la carta que le entregara aquella
mañana, la retiró y la puso discretamente en su bolsillo.
Cargaron, luego, el cuerpo del suicida y lo llevaron a casa de su madre, quien al ver el cadáver de su
único hijo, perdió el sentido.
Las mujeres cuidaban a Susan que estaba medio muerta. Cuando el Padre Esteban volvió a su casa,
cerró la puerta, se puso los anteojos y abrió la carta leyendo con voz trémula:
"Nagib, hermano mío,
Abandono esta ciudad porque mi presencia en ella es causa de infelicidad para ti, para mi esposa y
para mí mismo.
Sé que eres demasiado noble para traicionar a tu amigo y vecino.
Sé que Susan, mi esposa, es pura e incapaz de cometer un pecado.
Mas sé, también, que el amor que liga tu corazón al de ella es más fuerte que vuestras voluntades.
Tú no lo puedes detener, como no puedes detener el curso del río Kadisha. Somos amigos, Nagib,
desde que éramos pequeños. Y deseo que continúes pensando en mí como lo has hecho hasta ahora.
Y si te encontrases con Susan, dile que la amo y que no la censuro. Dile que sentía pena de ella
cuando, de noche, la veía arrodillada frente a la imagen de Jesús, rezando y llorando.
Nada es tan cruel como el destino de una mujer que ama a un hombre, mientras debe vivir con
aquél a quien debe amor. Quería mantenerse fiel a sus obligaciones, pero no podía acallar sus
sentimientos. Es por eso que me alejo hacia lejanas tierras de donde jamás regresaré. Ñó deseo
continuar siendo. un obstáculo en el camino de vuestra felicidad.
Finalmente, te pido, amigo y hermano, ser fiel a Susan y ampararla hasta el fin. Ella sacrificó todo
por tu causa. Y permanece, Nagib, tal como te conozco: corazón noble, alma elevada. ¡Y que Dio- te
proteja!
Fares Rahal
El Padre Esteban dobló la carta y la devolvió a su bolsillo con aire ausente. Sentía que algo se le
escapaba. Luego, se levantó agitado, como si hubiera descubierto un secreto terrible escondido tras
apariencias inocentes. Y gritó:
-Extraordinaria fue tu astucia, ¡oh, Fares Rahal! Supiste matar a tu amigo sin manchar tus manos
con su sangre. Enviaste el veneno mezclado con miel, y cuando él dirigió el revólver contra su propio
pecho, tu mano guiaba su mano y tu voluntad dominaba su voluntad... ¡Mortal es tu astucia, oh, Fares
Rahal...!
Y el Padre Esteban se volvió de espaldas acariciando sus barbas, el rostro marcado por una mueca
amarga.
Desde el centro de la aldea, llegaban hasta él los lamentos de las mujeres.

DIENTES CARIADOS

Había en mi boca un diente cariado. Era un diente astuto y malvado: permanecía quieto todo el día y sólo
comenzaba a molestar y a doler por la noche, cuando los dentistas dormían y las farmacias estaban
cerradas.
Cierto día, perdí la paciencia, busqué un dentista y le dije:
-Líbreme, por favor, de este diente hipócrita.
-Sería tonto arrancar un diente que podemos tratar -objetó el dentista.
Y comenzó a raspar, limpiar y desinfectar. Cuando el diente estuvo libre de la caries, el dentista lo obturó
y declaró con orgullo:
-Este diente es, ahora, más sólido que los otros.
Creí sus palabras, llené sus manos de dinero y me retiré satisfecho.
Pero una semana después, el maldito diente volvió a atormentarme.
Busqué otro dentista y le dije:
-Arranque este diente sin discutir. Porque sufrir es diferente de ver sufrir.
El dentista arrancó el diente. Fue una hora terrible pero beneficiosa. El odontólogo, examinando el diente
dijo: -Hizo bien en extraerlo, la caries había llegado a las raíces. No había forma de recuperarlo.
Y dormí en paz, aquella noche y todas las noches siguientes.
En la boca del ser que llamamos Humanidad, también hay dientes cariados. Y las caries ya alcanzaron las
raíces, pero la Humanidad no los arranca. Prefiere tratarlos y limpiarlos y obturarlos con oro brillante.
¡Cuántos dentistas están ocupados en tratar los dientes de la Humanidad! ¡Y cuántos enfermos se
entregan a esos médicos!; y sufren y aguantan, para después morir.
Y la nación que se debilita y muere, no resucita para narrar su enfermedad al mundo, ni para hablar de la
ineficacia de los remedios sociales que la llevaron a la tumba.
En la boca de la naciones de Oriente, también hay dientes cariados, sucios y nauseabundos. Nuestros
dentistas tratan de obturarlos. Pero esos dientes no se curarán. Es necesario arrancarlos. Pues las naciones
que tienen dientes cariados tienen estómagos débiles.
Quien quiera ver los dientes cariados de una nación oriental, visite sus escuelas, donde los niños y niñas
de hoy se preparan para ser los hombres y mujeres de mañana. Visite los tribunales y sea testigo de los
actos fraudulentos y corruptos de aquellos que debieran hacer justicia. Verá como se burlan de los
sentimientos y pensamientos de los hombres simples, tal como el gato se burla del ratón.
Visite las casas de los ricos, donde reinan la vanidad, la falsedad y la hipocresía.
Y recuerde visitar, también, los tugurios miserables donde habitan el miedo, la ignorancia, la envidia y la
cobardía. Después, visite a los dentistas de dedos hábiles, poseedores de instrumentos delicados, panaceas y
sedantes, aquellos que gastan sus días llenando las cavidades de los dientes podridos de la nación para
disfrazar las caries.
Hablé con esos reformadores que se presentan como la inteligencia de Siria y organizan sociedades y
promueven conferencias y hacen pronunciamientos. Cuando -los oiga hablar, escuchará melodías que,
quizá, suenen más sublimes que el reconfortante son de la piedra del molino, y más solemne que el croar de
los sapos en una noche de verano.
Cuando usted les diga que la nación siria muerde su pan con dientes cariados y que cada trozo masticado
y mezclado con saliva infectada enferma el estómago de la nación, ellos le responderán:
-Sí, pero estamos buscando, justamente, las drogas modernas y los medicamentos más eficaces.
Y si les preguntaran: -¿Y qué es lo que pensáis de la extracción? -Se reirán del que los interroga, ya que
no estudió la noble ciencia de la odontología.
Y si insisten en preguntar, se enfadan y, apartándose dirán: - ¡Cuántos ignorantes en este mundo! ¡Y
como-incomoda su ignorancia!

¡OH, NOCHE!

!Oh, noche de los enamorados, de los poetas y los cantores!
ioh, noche de los fantasmas, de las almas y las sombras! ¡Oh, noche del deseo, de las ansias y la
nostalgia!
!Oh, gigante erguido entre las nubes enanas del poniente y las hadas de la aurora, empuñando la
espada del terror, coronado por la luna, vestido de silencio, mirando con mil ojos la profundidad de la
vida, oyendo con mil oídos los gemidos de la muerte y el aniquilamiento.
Eres la oscuridad que nos hace ver las luces del firmamento, mientras que el día es una luz que nos
envuelve en la oscuridad, de la tierra.
Eres una esperanza que abre nuestros ojos a la majestad del infinito, mientras que el día es una
presunción que nos transforma en ciegos, en un mundo de cantidades y medidas.
Eres quietud que revela secretos a las almas despiertas, en los espacios celestiales, mientras que el
día es una serie de ruidos que perturba a las almas, perdidas, entre sus propósitos y sus deseos.
Eres el justo que une, bajo las alas del sueño, los sueños de los débiles y las aspiraciones de los
poderosos, y eres el bienhechor que cierra con sus dedos invisibles, los párpados de los infelices y
conduce sus corazones a un mundo menos cruel que este mundo.
Entre los pliegues de tus azules vestidos, los enamorados exhalan sus suspiros; y a tus pies cubiertos
de rocío, los solitarios vierten sus lágrimas y en tus manos perfumadas con el aroma de los valles, los
exilados depositan los gemidos de su pasión y su nostalgia. Eres el compañero de los enamorados y de
los exilados; eres el consuelo de los solitarios y los abandonados.
A tu sombra vagan las almas de los poetas y a tu paso, despierta el corazón de los profetas y toma
forma la sabiduría de los pensadores.
Cuando mi alma se cansó de los hombres y mis ojos de contemplar el rostro del día, me alejé hacia
el sitio distante, donde duermen las sombras de los tiempos idos.
Allí, me detuve frente a una presencia oscura, que cabalgaba a miles de pies sobre la tierra, y sus
valles y montañas. Y miré fijamente los ojos de la sombra y pude oír el batir de alas invisibles y sentir
las caricias del silencio, y vencer el miedo a la oscuridad.
Allí te vi, oh, noche, fantasma gigantesco y hermoso, suspendido entre la tierra y el cielo, velado
por nubes, envuelto en la cerrazón, riéndote del día, riéndote del sol, bur lándote de los esclavos en
vigilia, frente a los ídolos dormidos.
Te vi hacer escarnio de los reyes que dormían envueltos en seda y contemplar con furia el rostro de
los criminales. Meciendo a los niños en su cuna y sonriendo a las lágrimas de los enamorados.
Elevando a las almas nobles al cielo y aplastando bajo tus pies a las almas mezquinas.
Te vi, oh, noche, y tu me viste. Y eras en tu terrible majestad, un padre para mí y yo era, en mis
sueños, un hijo para ti. Y no hubo más velos entre nosotros, y me confesaste tus secretos e
intenciones. Y yo te revelé mis aspiraciones y. mis esperanzas. Y cuando lo temible de tu rostro se
transformó enmelodía, suave como el murmullo de las flores y mi temores cedieron paso a una
seguridad dulce como la confianza de las aves, me alzaste hasta ti, me pusiste sobre tus rodillas y
enseñaste a mis ojos a ver, a mis oídos a oír, a mis labios a hablar. Y enseñaste a mi corazón a amar lo
que los hombres odian y a odiar lo que ellos aman
Después tocaste mis pensamientos con ttis manos y mis pensamientos son ahora cual un río
caudaloso que corre cantando y arrastrando todo lo viejo y todo lo muerto.
Después besaste mi alma y mi alma se encendió y es como una llama que quema todo lo seco.
Y te acompañé, oh, noche, y te seguí hasta asemejarme a ti. Y mis inclinaciones se mezclaron con
las tuyas, y te amé, hasta que mi ser se convirtió en una diminuta réplica tuya. Y en mi alma oscura
hay estrellas luminosas que la pasión esparce al anochecer y en mi corazón hay una luna que ilumina
la procesión de mis sueños.
Y en mi alma vigilante hay tina quietud, que revela los secretos de los enamorados y repite el eco de
las plegarias de los fieles. Y en torno a mi cabeza un anillo mágico, rasgado por el estertor de los
agonizantes y restaurado por el canto de los trovadores.
Soy como tú, oh, noche. ¿Y que pensarán los hombres de mi pretensión, ellos, que se comparan con
el fuego cuando quieren enaltecerse?
Soy como tú, y a ambos nos acusan de ser lo que no somos.
Soy como tú, aunque el atardecer no me corone con tus nubes doradas.
Soy como tú, aunque no esté envuelto por la Vía Láctea.
Soy una noche espejada, extensa, quieta, trémula y vibrante, y mi oscuridad no tiene principio y mi
profundidad no tiene fin.

Cuando las almas se alzan, ufanándose de la luz de sus alegrías, mi alma se cubre, feliz, con la
oscuridad de su melancolía.
Soy como tú, oh, noche. Y mi mañana sólo llegará cuando rni tiempo haya terminado.

EL EXTRANJERO

La Pascua llego y, mejor que todas las señales, las alegres multitudes lo anunciaban. $olo y
melancólico, me aparto de la multitud. Pienso en el hijo del Hombre, que nació y vivió en la
indigencia y después murió crucificado. Pienso en aquel Fuego Divino que el Espíritu encendió en una
pequeña aldea y que sobrevivió a los siglos y puso su marca en todas las civilizaciones.
En el parque desierto, un hombre, también solo, parecía estar esperándome. Se sentó a mi lado y
comenzó a dibujar en la arena figuras misteriosas. Sus vestimentas eran modestas, mas de su presencia
emanaba una grandeza inexpresable.
-¿El señor es, tal vez, extranjero? -le pregunté con simpatía.
-Yo soy extranjero en esta ciudad y en todas las ciudades.
-Pero en días festivos, el extranjero olvida la amargura del exilio y se deja consolar por el afecto de
los corazones abiertos.
-Yó soy más extranjero aún, en estos días, que en otro cualquiera. -Y dirigió al cielo una mirada
soñadora, como si estuviera buscando en el más allá, una patria desconocida.
Lo observé nuevamente y le dije:
-Me parece que el señor necesita ayuda, ¿no aceptaría la mía?
-Sí, necesito ayuda, pero mi necesidad no es de dinero -me respondió.
-¿Y que es lo que usted necesita?
-Necesito un abrigo. Necesito un lugar donde descansar mi cabeza.
-Pero, si acepta mi dinero, podrá alojarse en un hotel.
-Ya fui a todos los hoteles y ninguno me aceptó. Ya golpeé todas las puertas sin hallar un amigo.
-Venga entonces conmigo. Pasará la noche en mi casa.
-Mil veces llamé á tu puerta pero jamás me abriste. Y ahora, si supieras quién soy, no me invitarías.
-Y, ¿quienes el señor?
-Yo soy quien derriba lo que los siglos establecieron. Soy el huracán que arranca las raíces secas.
Soy quien trae al mundo la justicia y la piedad.
Dijo eso y se levantó. Era de gran estatura y su voz, profunda como la noche, evocaba el sonido de
la tempestad. Después, su rostro se iluminó. Extendió sus brazos y vi en sus manos rastros de heridas.
Me arrojé a sus pies balbuceando:
-Jesús, el Nazareno.
Y le oí decir:
-El mundo celebra en mi nombre las tradiciones que los siglos tejieron a mi alrededor. Pero yo
permanezco extranjero, recorriendo el universo y atravesando los siglos sin encontrar, entre los
pueblos, quien comprenda mi verdad. Los zorros tienen sus madrigueras y las aves del cielo tienen
nidos, mas el Hijo del Hombre no tiene un lugar donde reclinar su cabeza.
Cuando levanté mis ojos, nada vi sino una columna de incienso. Y oí el eco de una canción llegarme
desde la eternidad.

LOS GIGANTES

Quien escribe con tinta no es como el que escribe con sangre del corazón.
Y el silencio que produce el tedio es diferente del silencio que nace del dolor.
Busqué refugio en el silencio porque los oídos de la Humanidad se cerraron al susurro de los débiles
y sólo escuchan el tumulto del abismo. Y es más prudente para el débil callar frente a las fuerzas
tempestuosas de la vida; aquellas que tienen cañones por voz y bombas por palabras. Vivimos una
época cuyos hechos más pequeños son más grandiosos que los más grandes del pasado. Los valores y
los problemas que monopolizan corazones y pensamientos están en penumbras. Los antiguos sueños
se desvanecen como bruma y son sustituidos por gigantes que caminan como tempestades, se mueven
como el mar y respiran como volcanes.
Y, ¿cuál será el destino del mundo, cuando los gigantes finalicen su guerra?
¿Volverá el campesino a sembrar semillas donde la muerte sembró esqueletos?
¿Llevará el pastor su rebaño hacia las praderas donde la sangre regó la tierra?
¿Se inclinará el creyente en templos donde los demonios danzaron? ¿Declamará el poeta sus poemas
frente a las estrellas ofuscadas por el fragor de las batallas? y ¿cantará el cantor sus canciones en la
quietud perturbada por tantos horrores?
¿Se sentará la madre al lado de la cuna de su niño para arrullarlo sin temores del mañana?
¿Se encontrarán los enamorados a cambiar besos donde los enemigos cambiaron golpes?
¿Volverá la primavera a cubrir con flores las heridas de la tierra?
Y, ¿qué será de nuestra patria? ¿Cuál de los gigantes dominará aquellas colinas y aquellas praderas
que nos dieron vida y nos transformaron en hombres y mujeres?
¿Continuará el Oriente siendo disputado por lobos y cerdos, o caminará como la tempestad hasta la
guarida del león y el nido de las águilas?
Y, ¿se levantará nuevamente la aurora sobre las cumbres del Líbano?
Siempre que estoy solo le hago preguntas a mi alma. Pero el alma es como el Destino, no habla.
¿Quién de vosotros no se preocupa del futuro del mundo y sus habitantes una vez que los gigantes
se hayan saciado de lágrimas de viudas y huérfanos?
Soy de los que creen en la ley de la evolución y el progreso. A mi entender esta ley alcanza tanto a
lo material como a lo inmaterial. Lleva de lo bueno a lo mejor, no sola mente a las criaturas físicas
sino también a las religiones y a los gobiernos. Sólo hay retrocesos y decadencias aparentes.
La ley de la evolución tiene infinitas ramificaciones pero una sola raíz. Sus manifestaciones son, a
veces, duras e injustas y oscuras, provocando la rebeldía de las mentes limitadas y de los corazones
frágiles. Pero su esencia es, siempre, justa y luminosa. Se ocupa de derechos superiores a los del
indiviudo y sus objetivos son superiores a los de la comunidad. Su voz, mezcla de horror y suavidad,
contiene el gemir de los flagelados y la angustia de los que sufren.
Alrededor de mí hay muchos enanos que .miran,. desde lejos, la lucha de los gigantes y oyen sus gritos
de júbilo y rabia, mientras croan como ranas diciendo:
-El mundo volvió a sus orígenes. Lo que las generaciones edificaron por la ciencia y por el arte, el
hombre lo demolió por egoísmo y ambición. Vivimos nuevamente como trogloditas. Y sólo nos diferencian
de ellos nuestras máquinas y las estratagemas que inventamos para destruir.
Los que así hablan, son los que miden la conciencia del mundo con la vara de sus propias conciencias y
analizan las aspiraciones de la Humanidad por la necesidad de su supervivencia individual, como si el sol,
existiera solamente para calentarlos y el mar para sus baños.
De las entrañas de la vida, más allá de la materia, de las profundidades del universo donde los secretos
son guardados, surgirán los gigantes como una tempestad, y ascende rán como nubes y chocarán como
montañas y lucharán para resolver un problema de la Tierra, que solamente la guerra puede resolver.
Los hombres, sus conocimientos, su amor y su odio, su desesperación y su dolor, son apenas mecanismos
que los gigantes emplean con miras a un objetivo superior que debe ser alcanzado.
La sangre derramada se transformará en ríos de elixir y las lágrimas lloradas brotarán como flores y las
almas asesinadas se reunirán y aparecerán por detrás del horizonte como una nueva aurora.
Y la primavera retornará. Pero aquél que desea alcanzar la primavera sin pasar por el invierno jamás lo
logrará.

EL SER NACIONAL

Una nación, es una comunidad de individuos que se diferencian en su carácter, tendencias y opiniones,
pero que están unidos por una red moral, más fuerte que sus divergencias.
Tal vez, la unidad religiosa constituya un hilo de esta red. Con todo, las divergencias religiosas no
perjudican a la unidad nacional sino cuando esta unidad estaba previamente debilitada, como en ciertos
países orientales.
Tal vez la unidad de lengua sea fundamental para la realización de la unidad nacional. Existen, todavía,
muchos pueblos que hablan la misma lengua, pero, divergen continuamente en su política, administración e
ideología. Tal vez la unidad de raza sea también esencial. Pero la Historia cita muchos ejemplos de pueblos
que, descendiendo de la misma simiente, han luchado unos contra otros, hasta su mutua destrucción.
Los intereses materiales, tal vez sean un elemento de unidad. Pero, ¿en cuántos países los intereses
materiales sólo han servido para generar competencia y luchas internas?
¿Cuál es, entonces, el fundamento esencial de la unidad nacional? ¿Cuál es el suelo en que crece el árbol
de la nación? Tengo a este respecto, ideas propias, que ciertos pensadores hallan extrañas porque sus
orígenes y consecuencias no son palpables.
He aquí lo que pienso:
Cada pueblo tiene una personalidad característica, así como cada individuo la tiene a su vez. Y, aunque la
personalidad nacional tome sus componentes de los individuos, así como el árbol forma su sustancia con el
agua, la tierra, el calor y la luz, esa personalidad general, es diferente e independiente de las personalidades
individuales, y tiene vida y voluntad propias.
Y, así como encuentro difícil determinar la época en que se forma la personalidad de cada individuo, así
encuentro de difícil determinar la época en que se forma la personalidad nacional. Pienso, sin embargo, que
la personalidad egipcia, por ejemplo, se formó, por lo menos quinientos años antes de la aparición de la
Primera Dinastía en las márgenes del Nilo. Esa personalidad produjo las manifestaciones artísticas,
religiosas y sociales de la historia egipcia. Y lo que digo de Egipto, se aplica a Asiria, Persia, Grecia,
Roma, Arabia y las naciones modernas.
Dije que la personalidad nacional tiene una vida especial. Sí, y tiene también, un tiempo de vida limitado
que no puede ser trascendido, exactamente como en el caso de todos los seres vivos. El individuo se
desenvuelve pasando por la infancia, por la juventud, por la madurez, por la vejez; y asi también se
desarrolla la nación: pasando por la aurora velada por el sueño, por el mediodía iluminado por el
esplendor del sol, por la tarde marcada por el tedio, con la noche envuelta por el cansancio, por un
sueño profundo...
La entidad griega, despertó en el siglo X antes de Cristo y caminó con fuerza y majestad en el siglo
V y se había agotado al llegar la era cristiana. Se entregó, entonces, para siempre, al sueño de la
eternidad.
La entidad árabe tomó conciencia de sí misma en el siglo III antes del islam. Con el Profeta
Mahoma, se levantó como un gigante y caminó como un temporal, derrumbando todos los obstáculos.
Y, cuando alcanzó la época de los Abássidas, se sentó en un trono apoyado en muchas bases; desde la
india hasta Andalucía. Y, llegó al atardecer cuando la personalidad mongólica esta creciendo y
extendiéndose de Oriente a Occidente. ¿Será el sueño de la entidad árabe un sueño liviano y
despertará de nuevo para exteriorizar lo que permanecía escondido como lo hizo la entidad Romana,
cuando volvió, en el Renacimiento Italiano, y completó en Venecia, Florencia y Milán, lo que había
sido interrumpido por los pueblos teutónicos al comienzo de la Edad Media?
Y la más llamativa de las entidades nacionales es la francesa. Vivió dos mil años y aún continúa
joven y radiante. Y posee hoy una mente más penetrante y una visión más amplia y un arte y una
ciencia más ricas que en cualquier otra época pasada, demostrando que hay entidades nacionales que
tienen vida más larga que otras. La entidad egipcia vivió tres mil años. La entidad griega sólo vivió
mil años. Las causas de esta desigualdad quizá sean las mismas que determinan la duración de la vida
individual.
¿Qué sucede con las entidades nacionales después que desempeñaron su papel en el teatro de la
existencia? ¿Se desvanecen frente al paso de los días y las noches?
En mi opinión, las entidades inmateriales se transforman y no desaparecen. Y, como los seres
materiales, adquieren nuevas formas, pero su esencia sobrevive para siempre. El alma de las naciones
duerme, como duermen las flores: cuando sus semillas caen al suelo su perfume _asciende al mundo de
la eternidad. Para mí, el perfume, en la flor y en la nación, es su verdad absoluta, su real esencia. Y el
perfume de Tebas y Babel y Nínive y Atenas y Bagdad, está hoy en el éter que envuelve la tierra. Y,
quizás, esté también en lo más profundo de nuestras almas. Todos nosotros, individuos y naciones,
somos los herederos de todas las entidades nacionales que ya existieron sobre la superficie de la tierra.
Esa herencia etérea, no adquiere, sin embargo, formas palpables en los individuos, hasta que no se
perfeccione la nación a la que pertenecen esos individuos, y adquiera una vida y una voluntad propias.

LA TEMPESTAD

Primera Parte

Yussef El Fakhri, tenía treinta años cuando abandonó la sociedad yendo a vivir a una solitaria
ermita, cercana al Vallé de kadisha, en el norte del Libano.
Los pobladores de las aldeas vecinas, discutían los motivos de su decisión. Algunos decían que
perteneció a una rica y noble familia y que, al ser traicionado por la mujer que amaba, buscó consuelo
en la soledad. Otros decían que era un poeta que, harto de la vida bulliciosa de la ciudad, desertó de
ella buscando el sitio apropiado para meditar y, entregarse a la inspiración. Muchos otros, afirmaban
que era un místico que se contentaba con el mundo espiritual. Otros, decían que, simplemente, era un
loco.
Ninguna de esas opiniones me conformaba, pues sé que los secretos de las almas están más allá de
nuestras suposiciones y deducciones. Y deseaba encontrarme con aquel hombre y conversar con él.
Dos veces traté de acercarme y sólo recibí palabras frías y altivas.
La primera vez que lo encontré, Yussef estaba paseando por los Cedros del Líbano, me acerqué y lo
saludé amistosamente, mas él, tan sólo movió la cabeza y se alejó sin hablarme.
La segunda vez, lo encontré parado en medio de un pequeño viñedo vecino a un monasterio, y,
nuevamente, me acerqué a él, lo saludé y le dije:
-Dicen los aldeanos que aquél monasterio fue construido por una congregación siria del Siglo XIV, ¿sabe
usted algo de su historia?
Y él me respondió, fríamente:
-No sé quién construyó ese monasterio, ni tengo interés en saberlo -y mientras se volvía de espaldas,
agregó-: ¿Por qué no preguntas a tus abuelos, que son más viejos que
yo y conocen de estos valles y de su historia, más que yo? -Después se alejó.
Dos años más tarde, el misterio continuaba intacto, pero la curiosidad por conocer la verdad acerca de la
vida de ese hombre extraño, se había apoderado de mi mente y de mis sueños.

Segunda Parte

En un día de otoño, vagando por las colinas adyacentes a la ermita de Yussef El Fakhri, fui sorprendido
por un fuerte viento, seguido de espesa lluvia. La tempestad me empujaba de un lado hacia otro y me
bamboleaba como un barco sin timón en un mar bravío.
Y me dije: "Esta es mi oportunidad para visitar a Yussef, la tempestad será mi justificación para entrar y
mis ropas-mojadas, una buena razón para quedarme un tiempo en su ermita". Y dirigí mis pasos hacia la
morada de Yussef El Fahri. Me hallaba en una situación angustiosa, cuando por fin, alcancé la ermita.
Cuando llamé, el hombre que yo estaba tan ansioso por ver, salió a recibirme. Llevaba en sus manos un
avecilla herida y temblorosa. Lo saludé, diciendo:
-Por favor, discúlpeme por presentarme en este estado, pero la tempestad me sorprendió lejos de mi casa.
El, me miró con severidad diciéndome:
-Hay muchas grutas por estos lugares en que podrías haberte refugiado -sin embargo, apartándose, me
hizo entrar. Yo lo contemplaba, mientras el acariciaba el avecilla, con una ternura tal como jamás había
visto en mi vida y quedé sorprendido; la compasión y la aspereza convivían en aquel hombre.
El pesado silencio nos había cubierto. El se hallaba molesto con mi presencia y yo deseaba quedarme.
Finalmente Yussef dijo:
-La tormenta ya se ha calmado, por otra parte a ella no le agrada comer carne pasada. ¿Por qué huyes de
ella? Con un toque de humor, respondí:
-La tempestad puede no gustar de comidas muy saladas o muy ácidas pero sin duda le agradan las
comidas frías y tiernas, y sin duda se sentiría satisfecha de engullirme si me atrapa de nuevo.
El rostro del eremita se puso serio al decir:
-Si la tempestad te engulle, te conferirá un gran honor que no mereces.
-Sí, señor -asentí-, huí de la tempestad paró no recibir un honor inmerecido.
Yussef dio vuelta la cara tratando de ocultar su sonrisa y luego me acercó un banco de madera y me
invitó a sentarme y a secar mi ropa en la estufa.
Agradecido, me senté. El se acomodo frente a mí, en un banco de piedra labrada y, humedeciendo sus
dedos en un ungüento, comenzó a frotar con él, la cabecita del ave y su ala quebrada. Sin levantar los ojos,
me dijo:
-El vendaval arrojó a este pobre pájaro contra las rocas, dejándolo medio muerto... Ojalá los temporales
quebraran las alas de los hombres y rompieran sus cabezas. Pero los hombres fueron amasados con miedo y
cobardía, apenas olfatean la tormenta, se ocultan asustados...
Contesté, con deseo de alentar la conversación:
-Sí, el pájaro y el hombre tienen esencias diferentes. El hombre vive a la sombra de leyes y tradiciones
inventadas por él y las aves, según las leyes universales que hacen girar los mundos.
Sus ojos brillaron y sus brazos se abrieron como si hubiera encontrado, en mí, un discípulo de
rápida comprensión. Despues dijo:
-Muy bien, muy bien. Si crees en lo que dices, abandona a los hombres y vive como las aves, la ley
del cielo y de la tierra.
-Claro está que creo en lo que digo -respondí.
Levantó, entonces, su mano y con su tono anterior expresó:
-Creer es una cosa y vivir conforme a las creencias es otra. Muchos hablan con la voz profunda del
mar mientras viven como pantanos. Muchos alzan su cabeza por encima de las montañas mientras sus
almas permanecen en las tinieblas de sus grutas.
Yussef se levantó y acomodó el pajarito, sobre un paño doblado, junto a la ventana. Arrojó después
un montón de ramas secas al fuego diciendo:
-Quítate las botas y sécate los pies, pues la humedad es peligrosa para la salud. Seca bien tus ropas y
ponte cómodo. La ya prolongada hospitalidad de Yussef, mantuvo viva mi esperanza de conocer la
historia de su exilio voluntario. Me aproximé al fuego y el vapor comenzó a brotar de mis ropas
mojadas. Mientras tanto, el eremita, de pie en la puerta, contemplaba el cielo ceniciento.
Busqué ávidamente una forma de extraer de él una respuesta a mi inquietud; finalmente pregunté:
-¿Hace mucho que has venido a este sitio?
-Vine a este lugar -contestó sin mirarme- cuando la tierra era informe y vacía, y las tinieblas
floraban sobre la profundidad del abismo, cuando el Espíritu de Dios se reflejaba sobre la superficie
de las aguas...
Quedé espantado tras esas palabras. Luchando por reunir mis pensamientos me dije: " ¡Qué hombre
extraño! ¡Y qué difícil el camino que lleva, a su realidad! Pero me acercaré con cautela, con astucia y.
con paciencia, hasta que su reticencia se transforme en comunicación y comprenda su extrañeza.

Tercera Parte

La noche extendió su manto negro sobre aquellos valles. La lluvia se hizo torrencial y el viento
aullaba cada vez más fuerte. Parecía que el diluvio bíblico se repetía para extin guir la vida y lavar a la
tierra de Dios de la impureza humana.
Y la furia de los elementos pareció serenar el corazón de Yussef y su agresividad desapareció. Se
volvió, encendió dos velas y acercó una botella de vino y una bandeja con pan, queso, aceitunas, miel
y frutas secas. Se sentó cerca mío y dijo amablemente:
-Son todas mis provisiones. Hazme el favor, hermano mío, de compartirlas conmigo.
Cenamos sin hablar, acompañados por los sonidos del viento y la lluvia.
Después de levantar la mesa, retiró de la estufa una cafetera de bronce y sirvió ,dos tazas del
aromático líquido acercando, luego, una caja de exquisitos cigarros.
Tomé una taza y un cigarro, dudando de lo que estaba viendo. Y él, como si leyera mis
pensamientos, sonrió diciendo:
-Te asombra encontrar vino y cigarros y café en esta ermita; tal vez te extraña hallar comida. No te
censuro. Muchos imaginan que nuestro alejamiento de la sociedad supone el alejamiento de los
placeres naturales y simples de la existencia.
-Así es. Imaginamos a los eremitas sustentándose, apenas, con hierbas y agua.
-No abandoné el mundo para encontrar a Dios -dijo-, pues lo encontraba en la casa de mis padres y
en todo sitio. Me aparté de los hombres porque yo era una rueda que giraba hacia la derecha entre
ruedas que giraban hacia la izquierda. Dejé la civilización porque me di cuenta de que era un árbol
viejo y carcomido, cuyas flores eran la codicia y el engaño y, cuyos frutos son la infelicidad y el
desasosiego. Algunos reformadores intentaron transformarla, pero nada consiguieron y acabaron
perseguidos y derrotados. -Se inclinó sobre la estufa y, como sabiendo el efecto que sus palabras me
causaban, bajó la voz diciendo: -No, no busqué la soledad para orar y dedicarme al ascetismo, pues la
oración, que es el canto del alma, alcanza los oídos de Dios aún mezclada con el tumulto de las
multitudes. Y el ascetismo, que es la humillación del cuerpo y la inmolación de sus deseos, es algo
que no condice con mi religión. Dios creó los cuerpos para que fueran templos de las almas. Debemos
cuidar de esos templos para que sean dignos de la divinidad que mora en ellos. No, hermano mío, no
busqué la soledad para orar o castigarme, sino para huir de los hombres, de sus leyes, de sus
tradiciones y de su bullicio. Busqué la soledad porque me cansé de los que confunden amabilidad con
debilidad, tolerancia con cobardía y altivez con orgullo. Busqué la soledad porque me cansé de luchar
con los adinerados que piensan que el sol y la luna y las estrellas se levantan desde sus cofres y se
ponen en sus bolsillos. Busqué la soledad porque me cansé de los políticos que arrojan a los ojos del
pueblo polvos dorados y a sus oídos falsas promesas. Me cansé de los sacerdotes que aconsejan a otros
y no se aconsejan a sí mismos; y exigen a otros lo que no se exigen a sí mismos.
"Busqué las montañas deshabitadas porque en ellas está el despertar de la primavera, y los deseos
del verano; las canciones del otoño y la fuerza del invierno. Vine a esta ermita para descubrir los
secretos del universo y aproximarme al trono de Dios.
Yussef calló y lanzó un suspiro, como si se hubiera aliviado de una pesada carga. En sus ojos
brillaban mágicos rayos de una luz extraña y, sobre su rostro reflejos de grandeza, voluntad y
determinación.
Pasaron algunos minutos. Yo me hallaba feliz por haber descubierto el secreto que tanto tiempo
ocupó mi mente. -Tienes razón en todo lo que me has dicho -le dije- y es correcto tu diagnóstico de los
males sociales; pero lo que no me parece correcto es que, como buen médico, te apartes del enfermo
antes de curarlo o antes de que muera. Este mundo desesperado requiere tu atención. Y, ¿es justo y
caritativo que te alejes negándole tu auxilio?
El me enfrentó pensativo, y respondió:
-Desde el principio del mundo, los médicos han tratado de salvar los hombres de sus males; algunos.
usaron bisturíes y otros medicinas; pero todos murieron desesperados sin conseguir nada y la
enfermedad se extendió implacablemente. Y estos enfermos malvados matan a sus médicos y, después
de cerrarles los ojos, dicen: "Eran realmente grandes médicos." No, mi querido amigo, nadie cambiará
a los hombres. El más hábil de los agricultores no obtendría cosecha alguna en el invierno.
-Pero el invierno de la Humanidad pasará -le dije entonces-. Luego vendrá la Primavera, con sus
flores y canciones. Y el respondió, con una sonrisa:
-¿Crees que Dios dividió la Eternidad en Estaciones como las estaciones del año? ¿Vendrá, de aquí
a un millar de millones de años, una generación de hombres que vivirá por el espíritu y la verdad, y
hallará su felicidad en la luz del día y en la quietud de la noche? ¿Vendrá, todo esto alguna vez...?
Esos son sueños lejanos. Y esta ermita no es una morada de sueños...
-Respeto tus convicciones y tu soledad -le dije-. Pero también sé que esta infeliz nación perdió, con
tu alejamiento, un hombre dotado, capaz de despertarla y guiarla.
-Esta nación es como las demás naciones -dijo élTodos los hombres son iguales y sólo difieren en
cosas sin importancia. Lo que se considera progreso, en Occidente, es apenas otra sombra de la ilusión
y, la hipocresía, aunque trate bien a algunos, no deja por eso de ser hipocresía. Y la impostura
permanece impostura aun cuando se vista de seda y habite un palacio. Y el fraude y la codicia no
cambian su naturaleza aunque aprendan a medir distancias y a pesar elementos. Ni los crímenes se
transforman en virtudes caminando en fábricas y rascacielos... La eterna Esclavitud a enseñanzas y
costumbres y supersticiones, permanecerá esclavitud, aunque pinte su rostro y disfrace su voz. La
Esclavitud permanece Esclavitud aunque se intitule Libertad.
"No, hermano mío, el Occidente no es mejor que el Oriente, ni el Oriente inferior al Occidente y la
diferencia que existe entre ellos no es mayor que la que existe entre el tigre y el león. Hay una ley que
he hallado tras las apariencias de la sociedad, que reparte miserias, infelicidad, ceguera e ignorancia,
sin distinguir entre pueblo y pueblo, entre raza y raza...
-¿Entonces, todo es vanidad? -exclamé-. ¿La civilización y todo lo que hay en ella, nada es, sino
vanidad?
-Sí -dijo él con rapidez-, la civilización y todo lo que hay en ella, nada es sino vanidad... Los
inventos y los descubrimientos sólo son para diversión y confort del cuerpo. La conquista de la
distancia y la victoria sobre los mares sólo son falsos frutos que no satisfacen al alma, ni alimentan el
corazón ni elevan el espíritu, pues están lejos de la Naturaleza. Y aquellas teorías y estructuras que los
hombres llaman arte y ciencia, no son nada, sino cadenas y grilletes dorados, que arrastran
pesadamente alegrándose con sus reflejos brillantes y sus tintineantes sonidos. Todo eso no es sino
una jaula cuyos barrotes los hombres comenzaron a forjar hace siglos, inconcientes de que construían
la cárcel en que quedarían aprisionados. Sí, fútiles son los hechos de los hombres y vanos sus
propósitos.. Todo es vanidad sobre la tierra.-Y agregó luego: -Entre todas las cosas de la vida, sólo
hay una, una sola que el espíritu anhela y desea fervientemente. Una sola, deslumbrante, que merece
todo nuestro amor y toda nuestra dedicación.
-¿Qué? -le pregunté; y esperé, ansioso, por saber qué era eso, maravilloso y único.
Yussef me contempló un instante, luego cerró los ojos, cruzó sus brazos y con el rostro iluminado y
la voz serena y sincera, respondió:
-El despertar espiritual. El despertar en las profundidades del corazón de un poder irresistible y
magnífico que desciende, de pronto, sobre la conciencia del hombre y abre sus ojos, y le hace ver la
Vida en medio de una lluvia brillante, de una música profunda, rodeada de un círculo de luz dorada y,
al hombre de pie, entre el cielo y la tierra como un pilar de belleza. Es una llama que, repentinamente
asciende devastadora, dentro del espíritu y quema y purifica el corazón y lo eleva rnás allá de la tierra
y lo hace flotar en el espacio ilimitado.
"Es una fuerza que se aloja en el corazón del hombre y se rebela contra todos los obstáculos.
"Es la mano misteriosa que arrancó los velos de mis ojos cuando vivía en medio de la sociedad, en
el seno de mi familia, con mis amigos... Muchas veces, hablando conmigo mismo, me preguntaba:
"¿Qué es el Universo, por qué soy diferente de aquellos que me miran, qué son esos rostros, qué
representan para mí, por qué vivo con ellos? ¿Soy un extranjero en medio de ellos o son ellos los
extranjeros en esta tierra formada por la Vida que me confió sus claves?-Y después de un corto
silencio, agregó:-Eso fue lo que me aconteció hace cuatro años, cuando dejé el mundo y busqué esta
soledad para vivir despierto y encontrar la paz.
Caminó luego ¿hasta la puerta y, contemplando la oscuridad dijo, como hablando a la tormenta:
-Es el despertar espiritual. Y quien lo siente no puede expresarlo con palabras y quien no lo siente,
jamás podrá conocerlo por palabras.

Cuarta Parte

Pasó una larga hora. Yussef El Fakhri, caminaba, con laros pasos por la sala, deteniéndose de a
ratos, a contemplar' -los cielos cenicientos. Yo permanecía en silencio, reflexionando sobre la extraña
armonía entre alegrías y tristezas que había en su solitaria vida.
Pasó un tiempo más, y luego se acercó a mí diciendo:
-Voy ahora a caminar con la tempestad noche adentro para sentir de cerca la expresión de la
Naturaleza. Es una costumbre que me deleita en otoño y en invierno. Allí tienes los cigarros y el vino
y, allá la cafetera. Pasa aquí la noche como si fuera tu casa.-Se envolvió en un manto negro y agregó,
sonriendo:-Haz el favor de cerrar la puerta mañana, cuando te vayas, para que no entren los intrusos,
pues yo pasaré el día entre los Cedros Sagrados.-Y se dirigió a la puerta llevando un largo cayado,
diciendo:-Si la tempestad te sorprendiera otra vez, no dudes en refugiarte en esta ermita. Aunque espero
que aprendas a amar la tempestad en vez de temerla. Buenas noches, hermano mío.
Abrió la puerta y salió, con la cabeza erguida, hacia la oscuridad. Fui hasta el umbral para ver qué
dirección había tomado, pero ya había desaparecido, sólo se oyó, por un momento, el ruido de sus pasos
sobre las piedrecillas del valle.

Quinta Parte

Después de una noche pasada en medio de profundos pensamientos, llegó la mañana. Había pasado la
tempestad, el cielo estaba claro, y las montañas y las campiñas reflejaban los rayos del sol. Al volver a la
ciudad sentí aquel despertar espiritual del que habló Yussef. Sentí estremecer todas las fibras de mi ser por
un temblor que era visible y, cuando me calmé, todo era belleza y perfección a mi alrededor. Después de
haber estado cerca de algunas personas y haber oído sus voces y observado sus actos, me detuve y me dije:
-Sí, el despertar espiritual es lo esencial, lo fundamental en -la vida del hombre y la única finalidad de su
existencia.
Nunca más vi a Yussef El Fakhri, pues, a causa de mis esfuerzos por atender los males de la civilización,
la Vida me expulsó del Norte del Líbano durante aquel mismo otoño y tuve que vivir en el exilio de un país
lejano, que también tenía sus tempestades... Y llevar una vida de eremita en ese país extranjero es una
especie de locura gloriosa, pues su sociedad también está enferma...

LA HECHICERA

¿Hacia dónde me llevas, oh, hechicera?
¿Hasta cuándo te seguiré por este camino escarpado, cubierto de espinas, que serpentea entre las piedras
y lleva mis pies á la cumbre y a mi alma conduce al abismo?
Seguiré la orla de tu vestido. Te seguiré como un niño sigue a su madre, olvidado de mis sueños,
absorbido por tu belleza, distraído por las sombras que flotan sobre mi cabeza, atraído por la fuerza
misteriosa que se esconde en tu cuerpo.
Detente un instante y déjame contemplar. tu rostro. Mírame un momento; quizá descubra en tus ojos los
secretós de tu corazón y, en tus facciones, los enigmas de tu alma.
Detente un instante, oh, hada. Estoy cansado de andar y mi alma teme a los peligros del camino. Detente.
Ya alcanzamos la encrucijada donde la vida y la muerte se encueníran.
Y no daré un paso más hasta que mi alma no descubra las intenciones de tu alma y mi corazón discierna
los secretos de tu corazón.
Oye, ¡oh, hada hechicera!
Yo era hasta ayer, un pájaro libre que se movía entre los arroyos y flotaba en el espacio y, al atardecer se
posaba en los árboles y contemplaba los palacios y los templos de la ciudad y las nubes coloridas que el sol
construyó en el crepúsculo y destruyó en el ocaso.
Yo era como el pensamiento, que recorre, solo, las tierras de Oriente y Occidente, alegre con las bellezas
y las delicias de la vida y sondeando los secretos y misterios de la existencia.
Yo era como un sueño: caminaba en las tinieblas de la noche y entraba por las ventanas en las alcobas de
las vírgenes adormecidas y jugaba con sus sentimientos. Después pasaba por los lechos de los jóvenes
yexcitaba sus deseos. Y me sentaba cerca de los viejos y analizaba sus pensamientos. Hoy, habiéndome
encontrado, oh, hechicera, y habiendo absorbido el veneno de tus besos, me he transformado en prisionero
que carga sus cadenas sin rumbo conocido. Y me transformé en borracho que clama por el vino que robó su
voluntad y besa la mano que le dio bofetadas.
Detente un instante, oh, hechicera, ya recuperé mis fuerzas y quebré las cadenas que aprisionaban mis
pies y derramé la copa en que bebía el veneno que me deleitaba. ¿Qué quieres que hagamos? ¿Qué camino
quieres que caminemos?
Reconquisté mi libertad.
¿Me aceptarías como compañero libre, que mira el sol con párpados firmes y toma el fuego con
dedos que no temen?
Abrí nuevamente mis alas. ¿Me aceptas, como amigo, que pasa los días entre montañas como el
águila y, las noches durmiendo en el desierto como un león?
¿Te satisfarás con el amor de un hombre para quien el amor es un comensal y no un dueño?
¿Aceptarás la pasión de un corazón que desea, mas no se entrega: y que quema, mas no se derrite?
¿Aceptarás un amigo que no esclaviza ni se deja esclavizar? He aquí, entonces, mi mano; tómala en
tus hermosas manos. He aquí mi cuerpo, apriétalo con tus brazos suaves. He aquí mi boca, bésala
largamente, profundamente, silenciosamente.

ENTRE NOCHE Y DÍA

Calla, corazón mío. Pues el espacio no escucha tu voz.
Cállate, pues el éter, cargado de lamentaciones y gemidos, no llevará tu canción y la procesión de
tinieblas no se detiene frente a tus sueños.
Cállate, corazón mío. Cállate hasta que llegue el día. Pues quien aguarda el día con paciencia, lo
hallará. Y quien ama la luz, será amado por la luz.
Calla, corazón mío, y óyeme.
Vi, en sueños, un ruiseñor cantando sobre el cráter de un volcán vomitando lava.
Y vi un lirio alzarse erecto por encima de la nieve. Y vi un hada danzando entre las tumbas.
Y vi un niño jugando con cráneos y riendo.
Vi todas esas imágenes en sueños y, al despertar miré a mi alrededor. Y vi el volcán en actividad,
pero no vi al ruiseñor, ni lo oí.
Y vi al cielo derramando nieve sobre los campos y los valles enterrando bajo sus blancas mortajas
los cuerpos de los lirios.
Y vi hileras de tumbas con sus lápidas erectas frente al silencio de los siglos; pero, en medio de
ellas, nadie danzaba ni rezaba.
Y vi un montículo de cráneos, pero nadie reía allí, tan sólo el viento.
En mi despertar sólo vi tristezas y llantos. ¿Adónde fueron las alegrías del sueño? ¿Y su esplendor y
sus imágenes? ¿Y cómo puede soportar el alma hasta que el sueño le devuelva la sombra de sus
esperanzas y aspiraciones?
Presta atención, corazón mío, a lo que estoy diciendo. Ayer mi alma era un árbol fuerte y sus raíces
penetraban profundamente la tierra y sus ramas alcanzaban el cielo.
Y mi alma floreció en primavera y dio sus frutos en verano. Y, cuando llegó el otoño, recogí los
frutos en bandejas de plata y coloqué las bandejas en los caminos públicos y los transeúntes los
tomaban, los comían y seguían su camino.
Al finalizar el otoño, miré mis bandejas y sólo vi en ellas un fruto, que dejaran los transeúntes. Lo
tomé, lo comí, y lo encontré amargo como la hiel, ácido como uva verde. Y le dije a mi alma:
"¡Ay de mí! Puse maldición en la boca de las personas y odio en sus estómagos. ¿Qué hiciste, alma
mía, con la dulzura que tus raíces sorbieron de lo profundo de la tierra y qué, con el perfume que tus
ramas bebieron de la luz del sol?"
Después, arranqué el árbol de mi alma, por más fuerte y añoso que fuera.
Lo arranqué, con sus raíces de la tierra donde había brotado y crecido; lo arranqué de su propio
pasado y lo despojé del recuerdo de mil primaveras y de mil otoños.
Después, planté el árbol de mi alma en una nueva tierra. Lo planté en un campo distante, apartado
de los caminos del tiempo. Y lo cuidé, diciendo: "Las vigilias nos aproximan a las estrellas." Y lo
regué con mi sangre y mis lágrimas diciendo: "En la sangre hay sabor y en las lágrimas dulzura." Y,
cuando volvió la primavera, mi alma floreció de nuevo. Y en el verano dio sus frutos.
Y cuando llegó el otoño, recogí los frutos maduros en bandejas de oro y coloqué las bandejas en la
encrucijada de las calles. Y muchos transeúntes pasaron, pero ninguno extendió su mano para tomar uno.
Tomé, entonces un fruto y lo comí. Y era dulce como la miel y sabroso como elixir y más suave que el
vino de Babilonia y más perfumado que aliento de un jazmín. Grité entonces:
"Los hombres no quieren la Bendición en sus bocas, ni la Verdad en sus corazones, porque la Bendición
es hija de las lágrimas y la Verdad es hija de la sangre.
Y regresé. Y me senté a la sombra del árbol de mi alma en un campo apartado del camino de los
hombres.
Cállate, corazón mío, cállate hasta que llegue el día. Cállate, pues el espacio está repleto del olor de los
cadáveres y no absorberá tu aliento.
Oye, corazón mío, mis palabras.
Ayer, mi pensamiento era un velero que oscilaba de uno a otro lado con las olas y se movía a placer de
los vientos, de una a otra playa.
Y el velero de mi pensamiento carecía de todo. Tan sólo poseía siete frascos llenos de tintas de siete
colores distintos, como el arco iris.
Un día, harto de viajar por los mares, decidí volver, con el velero de mi pensamiento, a la tierra donde
nací.
Y comencé a pintar mi velero con color amarillo como el sol y verde como el corazón de la primavera;
azul como el techo del cielo y rojo como el horizonte en llamas y dibujé sobre las velas y el timón formas
fantasiosas que atraían la mirada y encantaban la imaginación. Y, al terminar mi trabajo, mi velero
semejaba la visión de un profeta vagando eritre dos infinitos: el mar y el cielo. Entré, entonces, en el puerto
de mi tierra y, todo el pueblo salió a mi encuentro con aleluyas y regocijo y me condujeron a la ciudad, al
son de trompetas y tambores.
Hicieron todo esto, porque el exterior de mi velero era colorido y atrayente, pero nadie entró en el
interior del velero de mi pensamiento.
Y ninguno prebió qué había traído de otros puertos en mi velero.
Y nadie supo que lo había traído vacío, al puerto. Entonces, me dije a mí mismo: "A todos engañé. Y con
siete fraseos de colores, ilusioné sus ojos y su imaginación. Un año después me embarqué, nuevamente, en
mi velero. Visité las islas de Oriente y allí recogí mirra, sándalo y ámbar.
Y fui a las islas de Occidente donde recogí polvo de oro; marfil, esmeraldas y todas las demás piedras
preciosas.
Y fui a las islas del Norte y en ellas cargué sedas y bordados.
Y a las islas del Sur, de donde traje las espadas y los escudos más perfectos y toda variedad de armas.
Llené el velero de mi pensamiento con todas las cosas valiosas y llamativas de la tierra. Y retorné al
puerto de mi patria, pensando: "Ahora mi pueblo me glorificará con razón y me recibirá con regocijo
merecido."
Mas, cuando llegué al puerto, nadie salió a mi encuentro. Y recorrí las calles de la ciudad sin que nadie
me prestara atención.
Y hablé en las plazas públicas enumerando los tesoros que había traído. Pero la gente me miraba con
desprecio o se burlaba de mí, y seguía su camino.
Volví al puerto, triste y perplejo y, cuando vi mi barco, me di cuenta de algo que no había percibido antes
y exclamé entonces: "Las olas del mar borraron la pintura del casco de mi velero. El parece ahora un
esqueleto. El calor del sol y los vientos y la espuma del mar, borraron los dibujos coloridos de sus velas y
ellas parecen, ahora, harapos de color ceniza."
Había reunido los tesoros del mundo y, con ellos en mi barco, volví a mi pueblo; pero él renegó de mí,
pues sus ojos sólo vieron las apariencias.
En aquel momento, dejé el velero de mi pensamiento y fui a la ciudad de los muertos y me senté en
medio de las tumbas pintadas de blanco, a meditar sobre sus secretos.
Cállate, corazón mío, hasta que llegue el día.
Cállate, pues la tempestad se ríe de tus profundidades y las grutas del valle no repetirán el eco de las
vibraciones de tus cuerdas.
Cállate, corazón mío, hasta que llegue el día. Quien espera por el día con paciencia, será abrazado
con cariño por la aurora.
He aquí que el día llega, habla, corazón mío, si es que puedes.
He aquí la procesión del día, corazón mío. ¿Habrá dejado el silencio de la noche alguna canción en
tus profundidades, para acoger al día?
Las bandadas de palomas y ruiseñores, esbozan, volando de un lugar a otro, los cantos del valle.
¿Habrán dejado los temores de la noche, bastante fuerza en tus alas como para que puedas volar?
Los pastores llevan sus rebaños a los verdes campos. ¿Habrán los fantasmas de la noche, dejado
bastante energía en tus piernas como para continuar tu camino?
Muchachos y muchachas caminan despacio rumbo a los viñedos. ¿Por qué no te levantas y caminas
con ellos? Levántate, corazón mío. Levántate y camina con el día, pues la noche ya se fue y con ella
los temores.
Levántate, corazón mío, y eleva en tu voz una canción. Quien no participa de las canciones del día
se incluye entre los hijos de la noche.

EL SEPULTURERO

En el terrible silencio de la noche, luego que las estrellas y la Luna desaparecieron tras el inmenso
velo de oscuras nubes, caminé, solo y atemorizado, por el Valle de las sombras de la Muerte.
Al llegar la medianoche cuando los espectros comenzaron a salir de sus escondrijos, oí pasos
pesados que se aproximaban a mí. Volví la cabeza y vi un fantasma gigantesco que me contemplaba.
-¿Qué quieres de mí? -grité asustado.
La sombra clavó en mí sus ojos, incandescentes como antorchas; y respondió enigmáticamente: -No
quiero nada y quiero todo.
-Déjame en paz y prosigue tu camino -exclamé.
-Mi camino es tu camino -respondió sonriendo-. Ando mientras andas y me detengo cuando te
detienes.
-Vine aquí en busca de soledad, no la perturbes -dije.
-Yo soy la soledad. ¿Por qué me temes? -me contestó.
-No te temo -respondí.
-¿Por qué, entonces, tiemblas como avecilla con frío? -dijo.
-El viento agita mis ropas. No tengo miedo -respondí.
Soltó una carcajada estruendosa como un vendaval.
-Tu miedo es doble -dijo-, pues me temes y temes tener miedo. Y tratas de esconder tu miedo tras un
velo más frágil que una telaraña. Me diviertes y me irritas al mismo tiempo.
Dicho esto, se sentó en una piedra. Me senté yo también, de mal grado, y contemplé sus trazos
altivos. Después de unos instantes, que parecieron mil años, me miró con ironía y me preguntó:
-¿Cuál es tu nombre?
-Mi nombre es Abdala, que quiere decir Siervo de Dios.
-¡Cuántos se dicen siervos de Dios! -exclamó, riendoY sólo sirven de pesares para Dios. ¿Por qué
no te llamas "señor de diablos" y agregas un mal a las desgracias de los demonios?
-Mi nombre es Abdala. Me gusta y me fue dado por mi padre cuando nací. No lo cambiaré por
ningún otro.
-La infelicidad de los hijos está en lo que reciben de sus padres -dijo-. Quien no renuncia al legado
de sus padres y abuelos, será esclavo de los muertos hasta que se vuelva a su vez un muerto.
Incliné la cabeza y medité. Y me pareció haber tenido sueños en que oí palabras similares.
-¿Cuál es tu profesión? -volvió a interrogarme.
-Soy poeta y escritor -respondí-. Tengo opiniones sobre la vida y las comunico a los hombres.
- ¡Qué profesión obsoleta y superada! -dijo-. Ni beneficia ni perjudica a los hombres.
-¿Y cómo emplearé mis días y mis noches en beneficiar a los hombres? -pregunté.
-Hazte sepulturero -respondió-, para librar a los vivos de los cadáveres que se amontonan alrededor de
sus casas y templos y tribunales.
-No he visto cadáveres abandonados en esos sitios -observé.
-Tú miras con ojos velados por la ilusión -contestó-. Al ver a los hombres agitarse en la tempestad,
piensas que viven, cuando en realidad están muertos desde el mismo día en que nacieron. Mas no hubo
quien los enterrara y quedaron sobre la tierra exhalando pudrición.
El miedo comenzaba a abandonarme.
-¿Y cómo distinguiré los vivos de los muertos si todos se agitan en la tempestad? -pregunté.
-El muerto se agita en la tempestad, mas el vivo camina con ella y sólo se detiene cuando ella se
detiene -respondió. Se reclinó sobre su brazo y vi sus músculos poderosos, retorcidos como las raíces de
un roble. Después me preguntó:
-¿Eres casado?
-Sí, respondí, y mi mujer es muy hermosa y yo estoy muy enamorado de ella.
-¡Cuántos crímenes y maldades has cometido...! -objetó-. El casamiento es la sumisión del hombre a la
fuerza del hábito. Si quieres ser libre, divórciate y vive sin lazos.
-Es que tengo tres hijos -respondí-, y el más pequeño apenas si pronuncia una palabra. ¿Qué haré con
ellos?
-Enséñales a cavar tumbas y déjalos en paz consigo mismos -respondió.
-No soporto vivir solo -dije entonces-. Estoy habituado a gozar de la vida con mi mujer y con mis
hijos. Si los abandonara la felicidad me abandonaría.
-El hombre que vive con su mujer y sus hijos –dijo- habita una negra infelicidad pintada de blanco. Si
crees indispensable casarte, cásate con un hada.
-Las hadas no existen -respondí, sorprendido-. ¿Por qué me engañas?
-¡Cómo eres de tonto! -dijo-. Sólo las hadas existen realmente. Y fuera del mundo de las hadas es
donde existen las dudas y el equívoco. .
-¿Y las hadas, son hermosas? -pregunté.
-Su belleza no se esfuma y su gracia es eterna -respondió.
-Muéstrame una de ellas para que pueda creerte -le dije.
-Si pudieras ver y tocar a las hadas -respondió-, no te aconsejaría que te casaras con una de ellas.
-¿Y qué utilidad tendría, para un hombre, una esposa que no puede ver ni tocar?
-La utilidad no sería para un hombre sino para todos -respondió-. Pues con tal casamiento
desaparecerían, poco a poco las criaturas que se agitan en la tempestad y no andan con ella.
Y después de un momento me preguntó.,
-¿Y cuál es tu religión?
-Creo en Dios y honro a sus profetas -respondí-. Amo a la virtud y anhelo la vida eterna.
-Esas son fórmulas que las generaciones pasadas vienen repitiendo desde siempre -dijo- y la imitación
depositó en tus labios. En realidad, tú sólo crees en ti mismo y sólo te honras a ti mismo y sólo anhelas
tu propia inmortalidad. Desde el principio, el hombre adora su propio ego poniéndole diversos nombres,
de acuerdo a sus inclinaciones y aspiraciones, llamándole Baal, Júpiter o Dios.-Y rompió a reír con
sorna, diciendo:-Lo más extraño, es que sólo adoran sus egos, aquellos cuyos egos son cadáveres
descompuestos.
Medité un minuto sobre estas terribles palabras, más extrañas que la vida, más terribles que l