RESOLUCION, Y SENTENCIA JUICIO VIH/SIDA MONTEVIDEO (URUGUAY)

RESOLUCION, Y SENTENCIA JUICIO VIH/SIDA MONTEVIDEO (URUGUAY)

EN LA ULTIMA ENTRADA DE ESTE BLOG, SE RECOJE EL TESTIMONIO DE UNAS PERSONAS, LAS CUALES, ESTAN LITIGIANDO CON EL ESTADO DE URUGUAY (Montevideo):


TESTIMONIO DE UN SEROPOSITIVO //PROBLEMAS DISPENSACION MEDICAMENTOS RETROVIRALES // MONTEVIDEO (URUGUAY)

TESTIMONIO: TODO VA BIEN, HASTA QUE DEJA DE IR...;PROBLEMAS CON MEDICACIONES
SACADO DE UN COMENTARIO:

LLAMADO A TODO AQUEL QUE LEA DICHO COMENTARIO


Enviado el: domingo, 17 de febrero de 2008
Para: snake@ono.com
Asunto: Comentario: Hola soy Portedor de Vih-Sida y vivo en Montevideo Uruguay. Sabian Uds. que estamos en juicio por el cambio de medicacion de originales a copias de dudosa calidad? Nos gustaría saber vuestra opinion. Gracias
***

Encantado y Gracias por contestar.
Hago un resumen porque esto es largo (y penoso) Yo hace años que también soy portador pero por ahora sin medicamentos. En nuestro país la formula habitual es un Original y Dos Genéricos y estaban dando excelentes resultados.

En la última licitacion, el Ministerio de Salud compró medicamentos "copias" no precalificados por la OMS y que no cuentan con Exámenes de Bioequivalencia y Biodisponibilidad, o sea adjudicaron estos medicamentos por una razón de costo (a costo de la vida) y no por su calidad.

Por lo expuesto un grupo de pacientes realizó un Recurso de Amparo ante la Justicia, el Juez Falló a favor del Ministerio de Salud, ahora estamos en una Apelación en la Suprema Corte de Apelaciones.

Que quede clara mi posicion, NO todos los medicamentos "copias" son malos el problema es cuando NO cuentan con los exámenes y standard Mundiales y la vida de Miles de compañeras y compañeros está en juego. Ese es nuestro reclamo.

Sabemos muy bien que se mueve mucho dinero (en donde no) pero mientras podamos hacer algo no dudeis que lo vamos hacer, HASTA LAS ÚLTIMAS CONSECUENCIAS.

Atentamente Ricardo Suárez Casas.

Si alguien quiere ponerse en contacto, o prestar alguna clase de ayuda, aunque sea moralmente, dirijirse a : jomaro44@hotmail.com


EL JUICIO, HA LLEGADO A FIN, PERO NO CON BUEN TERMINO, LA SENTENCIA, MAS O MENOS ORIGINAL, LA TENGO YO(FOTOCOPIA, CON LAS FIRMAS DE LOS MINISTROS, ASI COMO DE LOS JUECES; QUIEN QUIERA UNA COPIA, EN SI, PODRIA MANDARSELA, PERO ME ES IMPOSIBLE SUBIRLA, EN TODO CASO, LO UNICO QUE PUEDO HACER, ES TRANSQUIBIRA, Y PEDIR DISCULPAS POR LAS FALTAS, ASI POR LA MALA COMPRENSION QUE PUEDA LLEGAR EL DOCUMENTO; VOY A TRANSQUIBIR TAL CUAL, PONIENDO NOMBRES Y FECHAS, ESTA CLARO QUE LAS FIRMAS ESTAN TODAS, PERO ESO NO LO PUEDO SUBIR, ASI COMO LOS SELLOS, ESA ES LA RAZON POR LA QUE DIGO SI ALGUIEN REQUIERE EL DOCUMENTO PARA VER SU VERACIDAD, YA SIN MAS PREAMBULOS....

________________________________________________________________________

Ricardo Suárez Casas [ jomaro44@hotmail.com  ]

snake VIH

FW: archivos prometidos

miércoles 27/02/2008 23:49

Esta es nuestra "Justicia" Reclamamos Vida y nos sancionan y multan.
Saquen vuestras propias concluciones.
Ricardo Suárez Casas
Portador de VIH-SIDA

***



SENTENCIA Nº16/2008

TRIBUNAL DE APELACIONES EN LO CIVIL DE QUINTO TURNO

MINISTRO REDACTOR: DRA. SANDRA PRESA

MINISTROS FIRMANTES : DR. LUIS MARIA SIMON ,DRA. BEATRIZ FIORENTINO, DRA. SANDRA PRESA.



MINISTRO DISCORDE :



FICHA Nº : 2-48356/2007



MONTEVIDEO , FEBRERO 22 DEL 2008



VISTOS:

PARA SENTENCIA DE SEGUNDA INSTANCIA ESTOS AUTOS CARATULADOS "SASIA, PABLO JAVIER Y OTROS C/ UNIDAD CENTRALIZADA DE ADQUISICION DE MEDICAMENTOS Y AFINES DEL ESTADO. PROCESO DE AMPARO" IUE: 2-48356/2007 PROCEDENTES DEL JUZGADO LETRADO DE LO CONTENCIOSO ADMINISTRATIVO DE 3º

TURNO EN MERITO AL RECURSO DE APELACION CONTRA LA SENTENCIA Nº. 8/2007 AGREGADA A FS . 526.



RESULTANDO :

QUE POR DICHA RESOLUCION, A CUYA CORRECTA RELACION DE ANTECEDENTES, CABE REMITIRSE, SE DESESTIMO LA DEMANDA, SIN ESPECIAL CONDENA PROCESAL.



APELA LA ACTORA A FS. 585 EXPRESANDO AGRAVIOS QUE EN LO MEDULAR Y EN CUANDO SE AJUSTEN A LAS CARACTERISTICAS, DE TAL ACTUACION PROCESAL, SERAN ESPUESTOS AL SER CONSIDERADOS POR LA SALA.



CONFERIDO TRASLADO, SE EVACUA POR EL MSO A FS.652 FRANQUEANDOSE LUEGO LA ALZADA.



RECIBIDOS LOS AUTOS, EL TRIBUNAL ACORDO SENTENCIA.


CONSIDERANDO:

LA SALA CONFIRMARA LA DECISON DESESTIMATORIA DE LA QUE SE AGRAVIA LA ACTORA EN MERITO A QUE NADA DE LO QUE ELLA EXPONE AL FORMULAR SU RECURSO DE APELACION PERMITE DISENTIR CON LOS FUNDAMENTOS QUE LLEVARAN AL A-QUO A ESTIMAR IMPROCEDENTE LA ACCION DE AMPARO.

I. RESUELTA A LA SALA POR DEMAS CLARO QUE LA SITUACION QUE DENUNCIAN LOS ACCIONANTES, Y DE LA CUAL PRETENDEN SER AMPARADOS, NO SOLO NO ENCAJA EN EL PERFIL QUE REQUIEREN LAS QUE SON OBJETO DE ESTE EXCEPCIONAL PROCESO SI NO QUE, MENOS AUN, ES PASIBLE DE SER SUBSTANCIALMENTE ESTIMADA.

I.1.
FORMALMENTE, BASTA CONSIDERAR EL LAPSO QUE HA INSUMIDO ESTE PROCEDIMIENTO Y LO VOLUMINOSO (A LA VEZ QUE ENGORROSO) DE LA PRUEBA OFRECIDA Y APORTADA AL MISMO, PARA CONCLUIR QUE PRETENSIONES COMO LA FORMULADA NO PUEDE SER DILUCIDADA EN UN PROCESO SUMARIO Y AGIL COMO PREVIO EL LEGISLADOR FUERA ESTE.
SI EL LEGISLADOR REQUIERE ACTUALIDAD O INMINENCIA EN LA LESION E ILETIGIMIDAD EN EL ACCIONAR DEL RECLAMADO, NO ES DABLE ACEPTAR QUE LA PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE TALES CARACTERISTICAS EN LA SITUACION QUE SE PLANTEA PUEDA INSUMIR MAS DE 2 MESES DE TRAMITACION Y 542 FOJAS ( HASTA LA AUDIENCIA DE LECTURA DE SENTENCIA DE 1ª INSTANCIA ).
LA PROPIA ACTORA RECONOCE EN SU APELACION QUE LO PRETENDIDO ES "... UNA PROTECCION DEL PODER JUDICIAL FRENTE A UNA CLARA Y GROSERA AGRESION DE UN DERECHO CONSTITUCIONALMENTE PROTEGIDO ..."
NO OBSTANTE, LO ACTUADO ESTA DEMOSTRADO QUE LA AGRESION QUE DENUNCIA NO RESULTA CLARA NI GROSERA.
LA CANTIDAD DE TESTIMONIOS, INFORMES, E INCLUSO PERICIA AGREGADOS A AUTOS ( QUE A FECHA CONFORMAN 3 PIEZAS ), ASI COMO EL TIEMPO QUE DEMANDO SU RECIBO, DE MANERA ALGUNA RESULTA COMPATIBLE CON UN PROCESO DE AMPARO.
PORQUE VA EN CONTRE SU ESENCIA.
PERO, Y FUNDAMENTALMENTE, EL PROCEDIMIENTO DESARROLLADO EN AUTOS, VA CONTRA EL ESPIRITU Y LA LETRA DE LA LEY QUE CREO UN PROCESO TAN ESPECIAL, EN TANTO EN FORMA POR DEMAS TERMINANTE EL ART. 7 DE LA LEY N.º: 16.011 ESTABLECE PLAZOS DENTRO DE LOS CUALES DEBEN SER CUMPLIDAS SUS ETAPAS, A LA VEZ QUE DETERMINA EL CONTENIDO DE LAS MISMAS.

Y SUMADOS ELLOS, EL PREVISTO EN LA LEY PARA INSTANCIA, ES DE 6 DIAS.

ATENTO A ELLO, NO PUEDE DUDARSE QUE ESTE PROCESO SE TRANSGREDIO GROSERAMENTE TAL PREVISION LEGAL.

I.2. ES EL CASO PRECISAR, QUE AL ESTABLECER LA PROCEDENCIA DEL RECURSO, LA APELANTE SEÑALA, ENTRE OTROS AGRAVIOS, LA DISTORSION DEL OBJETO DE LA CAUSA.
Y EN DIVERSOS PASAJES DE SU ESCRITO MENCIONA QUE EL SUPUESTO DEL ACCIONAMIENTO ES QUE SE CONTRAVIENE EL PLIEGO DE CONDICIONES "... QUE EN EL PRESENTE PROCESO LICITATORIO NO SE HA DADO CABAL CUMPLIMIENTO A LAS PAUTAS ESTABLECIDAS EN EL PLIEGO DE CONDICIONES QUE REGULAN EL MISMO, ACTUANDOSE ARBITRARIAMENTE Y EN FORMA ABUSIVA POR PARTE DE LA ADMINISTRACION ..." (FS. 609 VTO. Y SS.)

PARECE CLARO, EN CONSECUENCIA, QUE LA VIA ELEGIDA NO ES LA ACERTADA, EN TANTO ES INDUBITABLE QUE NUNCA ELLA PUEDE SER EMPLEADA PARA SUPLIR FUNDADAS DECISIONES ADMINISTRATIVAS.

Y EN EL CASO, ESTIMA LA SALA QUE LAS HAY.

SI LA PROPIA ADMINISTRACION QUITO A LA RECURRENCIA DE LA ACTORA EL EFECTO SUSPENSIVO, Y SI AL HACERLO EXPLICITO EL FUNDAMENTO DE SU DECISION EN "... INAPLAZABLES NECESIDADES DE LOS USUARIOS, Y POR ENDE, DE LA SALUD HUMANA OCASIONANDO GRAVES PERJUICIOS", PARECE QUE MAS QUE ATENTAR CONTRA EL DERECHO A LA SALUD , LA DECISION ADMINISTRATIVA LA ESTA PROTEGIENDO.

TAL CONCLUSIONRESULTA CONFIRMADA CON EL HECHO DE QUE LA PROPIA ACTORA EN REPETIDAS OCASIONES A LO LARGO DE SU EXPOSICION RECUSIRVA SEÑALA LA IMPOSTERGABLE NECESIDAD DE CONSUMO DIARIO DE LA MEDICACION, LO QUE OBLIGADAMENTE LLEVA A PREGUNTARSE COMO LA OBTENDRIA ELLA, Y TODOS LA QUE LAS REQUIEREN, SI SE ACCEDIERA A LA PRETENDIDA SUSPENSION DE LA ADJUDICACION.

II. PERO AUN SI SE INGRESARA A CONSIDERAR LA PROCEDENCIA SUSTANCIAL DE LA PRETENSION, LA SOLUCION NO VARIA, EN TANTO IGUALMENTE RESULTA DE AUTOS QUE LOS HECHOS QUE SE DENUNCIAN NO ATENTAN, EN NINGUNA DE LAS FORMAS QUE PREVEE LA LEY (LESION, RESTRICCION, ALTERACION O AMENAZA) EL DERECHO CONSTITUCIONAL A LA SALUT QUE INVOCA LA ACTORA.
PORQUE NO HA PROBADO QUE EL OBJETO DE LA LICITACION ADJUDICADA HALLA TENIDO, TENGA, O PUEDA TENER TAL CONSECUENCIA.
ESPECIFICAMENTE, SEÑALA EL A-QUO AL FINALIZAR EL CONSIDERANDO IV QUE "... NO HEMOS PODIDO PERCIBIR QUE EXISTAN DIFERENCIAS SUBSTANCIALES ENTRE LOS FARMACOS LLAMADOS ORIGINALES, GENERICOS, O COPIAS, COMO DICE EL MEDICO LEGISTA Dr. GUILLERMO
LOPEZ, QUE AFECTEN CON "REACCIONES ADVERSAS GRAVES Y MUCHO MENOS LETALES".

Y TAL FUNDAMENTO, NO RESULTA CONCRETAMENTE REBATIDO EN LA EXPRESION DE AGRAVIOS.

SIENDO ASI, NO HAY MERITO PARA CONSIDERAR QUE LA RESOLUCION 266/007 (CUYA SUSPENSION PRETENDEN POR ESTA VIA) QUE ADJUDICA LA LICITACION " SUMINISTRO DE MEDICAMENTOS ANTIRRETROVIRALES" CON EL MISMO CRITERIO DE LA LICITACION ANTERIOR ( OTORGANDO 20% DE LOS PRODUCTOS ORIGINALES) PUEDA, DE NINGUNA FORMA, REPRESENTAR UNA CLARA Y GROSERA VIOLACION DEL DERECHO A LA SALUT DE LOS ACTORES.

PORQUE SE VIENE SUBMINISTRANDO MEDICACION SEMEJANTE DESDE EL AÑO 2005, SEGUN ESPRESA EL MSP, SIN QUE HALLAN EXISTIDO VARIACIONES EN ASPECTOS CLINICOS, INMUNOLOGICOS, Y VIROLOGICOS CONFORME DECLARA A FS.307 EL Dr. DUTRA, TESTIMONIO ESTE AL QUE, SI BIEN LA APELANTE CUESTIONA LA IMPORTANCIA QUE SE LE OTORGA, NO ENERVA ELLA SU CONTENIDO CON PRUEBA QUE EMERJA DE AUTOS.

III. NO EXISTE, ENTONCES, DESCONOCIMIENTO DE NINGUN DERECHO.
NI TAMPOCO EL ACCIONAR ILEGITIMO QUE DEBA ACOMPAÑARLO.

PORQUE A LA FECHA DEL DICTADO DE LA RESOLUCION, LOS PREVIOS ESTUDIOS DE BIOEQUIVALENCIAS Y BIODISPONIBILIDAD, NO ERAN OBLIGATORIOS.

EN SUMA, EL DICTADO DE LA RESOLUCION Nº266/007 NO VIOLO NINGUNA NORMA, NI SU CONTENIDO LESIONO (EN LA FORMA REQUERIDA POR LA LEY Nº 16.011) NINGUN DERECHO DE LA ACTORA.

IV. FUNDADA LA DECISION QUE CONFORMARA LA DEL A-QUO, LA SALA NO PUEDE DEJAR DE SEÑALAR LA FORMA TOTALMENTE CARENTE DE ESTILO, RESPETO, Y PROFESIONALISMO, EN QUE LA ACTORA A FORMULADO SU RECURSO.

QUE ELLA TENGA SU PROPIA VALORACION DE LA PRUEBA, Y QUE LA MISMA NO RESULTE SIMILAR A LA DEL MAGISTRADO, NO LA FACULTA, NI POR NORMA NI POR ETICA, A EXPRESARSE COMO LO HACE AL REFERIRSE A LA PERSONA DEL SEÑOR JUEZ, Y A LOS FUNDAMENTOS DE SU DECISION.

ACERTADAMENTE, SEÑALA EL PODER EJECUTIVO AL EVACUAR EL TRASLADO DE LA APELACION T REITERANDO CONCEPTOS TAMBIEN EXPRESADOS POR EL MSP EN OPORTUNIDAD SIMILAR : "CONSIDERAMOS QUE LOS ACTORES NO PUEDEN PERDER LA LINEA DE LO QUE DEBE SER UNA CORRECTA ACTUACION JUDICIAL POR EL SIMPLE HECHO DE QUE SU PRETENSION NO ENCUADRE DENTRO DEL PROCESO ESCOJIDO PARA HACERLA VALER. LA SEDE HA ADMITIDO EL DILIGENCIAMIENTO DE ABUNDANTE PRUEBA. MUCHO MAS ABUNDANTE DE LO QUE ES ADMISIBLE Y NECESARIA EN UN PROCESO DE AMPARO. Y, COMO ESA PRUEBA NO ALCANZO EL OBJETIVO DESEADO POR LOS ACTORES, NO PUEDEN PROFERIR EXPRESIONES COMO LAS QUE SE CITAN PRECEDETEMENTE, QUE INCURREN EN LA FALTA DE RESPETO E INCLUSO PODRIAN CLASIFICARSE DE INJURIANTES".

EL HECHO DE QUE TODOS QUIENES CONFORMAN LAS PARTES DEL PROCESO COINCIDEN EN LA VALORACION DE LA CONDUCTA PROCESAL DE QUIEN LO INICIARA, ESTA PAUTANDO, DE FORMA INNEGABLE QUE DICHA VALORACION ES ACERTADA.

TAMBIEN, SIN DUDA, ELLA CONFORMA MALICIA TEMERARIA. EN TANTO SE VALE DE MODOS ESPURIOS ( COMO LO ES DESCALIFICAR PROFESIONAL Y ETICAMENTE AL DECISOR), PARA ALCANZAR SU OBJETIVO EN LA INSTANCIA.

EN CONSECUENCIA, SE PONDRAN A SU CARGO LAS COSTAS Y COSTOS DEL PROCESO.

A LA VEZ, Y EN USO DE LAS FACULTADES DISCIPLINARIAS QUE ACUERDA EL art.148 nal. 1º DE LA LEY Nº 15.750 , AL TRIBUNAL CORRESPONDE PREVENIR A LA LETRADA FIRMANTE A EFECTOS DE QUE, EN EL FUTURO DESARROLLO DE SU PROFESION, CUMPLA UNA CONDUCTA PROFESIONAL ADECUADA A LA DIGNIDAD DE LA JUSTICIA Y AL RESPETO DEL TRIBUNAL ( art. 5 DEL CGP).

POR LOS FUNDAMENTOS DESARROLLADOS, Y ATENTO A LO ESTABLECIDO EN LAS NORMAS LEGALES CITADAS EN ELLOS, EL TRIBUNAL,

FALLA:

CONFIRMASE LA SENTENCIA DICTADA EN AUTOS.
CON COSTAS Y COSTOS A LA ACTORA.
HONORARIOS FICTOS : $ 20.000 ; Y PREVENCION A SU LETRADO.
NOTIFIQUESE Y DEVUELVASE.

FIRMADO:
DRA. BEATRIZ FIORENTINO -- MINISTRO
DR. LUIS MARIA SIMON -- MINISTRO
DRA. SANDRA PROSA BAYCE -- MINISTRO
MARGARITA SABORIGO -- SECRETARIA



VUELVE A HABER OTRA FIRMA DE LA SECRETARIA EN BOLIGRAFO, AL LADO DE UN SELLO CON LA LEYENDA : ES COPIA FIEL



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abogado del diablo-- nota; en si, casi todo me ha parecido una parodia de un juicio, aunque en verdad, es la transquiccion de la sentencia de un juicio real en montevideo, uruguay; como siempre, los que salen perdiendo, los enfermos, en lo que se entiende, es que del 100 % de los medicamentos que toman, solo el 20 % son medicamentos registrados, el otro 80%, son o "copias", o genericos, el unico punto importante que hay, es el punto III, en donde aunque se ha aportado toda la informacion que quieran, no ha habido "
ESTUDIOS DE BIOEQUIVALENCIAS Y BIODISPONIBILIDAD ", que es una de las cosas que podria hechar luz sobre el asunto, a partir de ese momento, no hay nada que hacer; hay que tener en cuenta que es contra el ministerio de sanidad, y si los jueces votan a favor, es un gasto de millones y millones en retrovirales, antes de empezar " ya estaba hechada la suerte"; y lo que mas me sorprende, es una "prueba que aporta el estado o la defensa", que segun el doctor Dutra:" PORQUE SE VIENE SUBMINISTRANDO MEDICACION SEMEJANTE DESDE EL AÑO 2005, SEGUN ESPRESA EL MSP, SIN QUE HALLAN EXISTIDO VARIACIONES EN ASPECTOS CLINICOS, INMUNOLOGICOS, Y VIROLOGICOS", el tecnicismo es sin que hallan existido variaciones; cuando todo el mundo sabe, que en estos ultimos años, han habido variaciones gracias a los medicamentos, recuentos virologicos bajos, subida de globulos blancos, una pequeña caida de la mostalidad, etc, en si, todo el punto tres, es o falso, o mentira, llamenlo como quieran, y el punto cuarto, es una "vendeta" particular entre los jueces, y la abogado, o ya se "conocian", o los puso verde, y llegados a este punto, ¿porque hacen tanto hincapie en lo que ha costado el juicio, si el gobierno, no lo iba a pagar???. y tambien
es inadmisible, que en un caso, en donde esta en juego miles y miles de vidas, digan que es que se ha hecho muy largo, aunque solo fuera una vida, eso vale mas que todos los jueces del mundo, y todo su tiempo...


LOS TEXTOS POR COMPLETO DE DONDE SE HA HECHO LA TRANSQUIPCION, LOS PODRAS ENCONTRAR EN :

http://busquedaspeticiones.blogspot.com/ http://busquedaspeticiones.blogspot.com/2008/02/juicio-montevideo-uruguay-textos.html

NOTICIAS VIH-SIDA -- FEBRERO -- 2008 -- AMBITO MUNDIAL

NOTICIAS VIH-SIDA -- FEBRERO -- 2008 -- AMBITO MUNDIAL

NOTICIAS VIH-SIDA -- FEBRERO -- 2008 -- AMBITO MUNDIAL



HAY UNA COSA QUE ME LLAMA ENORMEMENTE LA ATENCION, Y ES LA CANTIDAD DE NOTICIAS QUE EXISTEN HOY EN DIA EN CIRCULACION EN TODO EL MUNDO, MUCHAS HASTA EN PRIMERA PAGINA, COMPARADO POR EJEMPLO CON HACE 10 AÑOS, Y UN POCO MAS; EN AQUEL ENTONCES, LO UNICO QUE PODIAS ENCONTRAR SOBRE EL VIH-SIDA, O ERA UNA NOTICIA DE UN LABORATORIO, O ALGO POR EL ESTILO, TODO CON UN "IDIOMA CASI ILEGIBLE, E INCOMPENSIBLE PARA LA MAYORIA DE LOS LECTORES", A PARTE QUE SE ENCONTRABA PERDIDO POR MEDIO DE UN PERIODICO, EN UN LUGAR QUE NO VEIA CASI NADIE, O SE LEIA EN UN TELEDIARIO, COMO ALGO NORMAL, RAPIDO, Y SIN DARLE TANTA IMPORTANCIA...; LAS COSAS HAN CAMBIADO POR COMPLETO, ES RARO EL DIARIO, O EL INFORMATIVO QUE NO TIENE SU PROPIA NOTICIA SOBRE EL SIDA; YA HAN ENCONTRADO VEINTE VACUNAS, SOLUCIONES POR TODOS LOS SITIOS, EN DEFINITIVA, COSAS QUE NUNCA LLEGAN, Y SOLO DAN ESPECTATIVAS FALSAS A PERSONAS QUE NECESITAN CREER EN ALGO, Y LA VERDAD, ES QUE SE REPITE CON GRAN INTENSIDAD...

TAMBIEN HAN PROLIFERADO DE UNA MANERA INCREIBLE "NOTICIAS DE VERDADERAS ATROCIDADES TERCEMUNDISTAS" EN LAS ESQUINAS DE NUESTRAS CIUDADES, APARTE DE LO QUE ESTA PASANDO EN AFRICA, Y EN PAISES EN VIAS DE DESARROLLO, LOS CUALES, NO SE PUEDEN PERMITIR LOS COSTES MULTIMILLONARIOS EN MEDICAMENTOS, Y EN MATERIAL HOSPITALARIO, Y ES QUE LA COSA A CAMBIADO, DSDE EL PRIMER MIEDO MUNDIAL, A LA SITUACION ACTUAL, PARECE SER QUE EL SIDA VENDE; HAY COMERCIO NEGRO DE MEDICAMENTOS, BUENOS Y CADUCADOS,ENFERMOS QUE SOLO RETIRAN SUS MEDICAMENTOS, PARA VENDERLOS A UN INMIGRATE SIN PAPELES, QUE TIENE MIEDO DE IR AL MEDICO POR SI LO DEPORTAN, Y ASI MULTITUD DE HISTORIAS, QUE EN VERDAD, NO ES QUE PASEN AL OTRO LADO DEL MUNDO, SINO QUE MUCHOS CONVIVIMOS CON ELLAS A DIARIO, SIN SABERLO; ADEMAS, ESTAN LAS BARBARIDADES QUE NOS ENTERAMOS DIA A DIA, Y SI ESO PASA AHORA..., ¿QUE HA ESTADO PASANDO CUANDO NO NOS ENTERABAMOS DE NADA?...ESTE, ES NUESTRO MUNDO....



Personas con sida reclaman investigación en MSPDiario EL PAIS - Montevideo,UruguayLa Red Nacional de Trabajadores Uruguayos con VIH-sida solicitará una investigación a la división jurídica del Ministerio de Salud Pública, para conocer el ...

EL PAIS DIGITAL, MONTEVIDEO, URUGUAY

Personas con sida reclaman investigación en MSP Pedido de informes de Casaretto por destino del impuesto

La Red Nacional de Trabajadores Uruguayos con VIH-sida solicitará una investigación a la división jurídica del Ministerio de Salud Pública, para conocer el destino de la mitad del dinero del impuesto a las transferencias de los fubolistas, destinado al Fondo Nacional de Lucha contra el Sida.
Esta organización sostiene que U$S 6 millones recaudados por ese impuesto debieron ser destinados a las personas con VIH-sida, pero que eso no sucedió.

Informes. El diputado nacionalista Federico Casaretto presentará un pedido de informes sobre el dinero recaudado por este impuesto, vigente desde 2001 hasta 2007, y el destino de esos fondos. Los informes serán dirigidos a los ministerios de Economía, Salud y Educación y Cultura, que controla a los clubes de fútbol aportantes, adelantó Casaretto a El País. El legislador prevé reunirse con representantes de la organización que presentaron el reclamo. También mantendrá un encuentro con las autoridades del Fondo de Lucha contra el Sida.
Federico Deveras, secretario general de la Red Nacional de Trabajadores Uruguayos con VIH-sida, se reunió ayer con el director nacional de la Salud, Jorge Basso, para plantearle la inquietud sobre este asunto. "Acordamos transitar un camino juntos para aclarar el tema", afirmó Deveras. Añadió que la próxima semana la organización que integra solicitará una investigación interna al MSP, para aclarar el destino del dinero recaudado por este impuesto. En la investigación piden que declaren los ministros de Salud Pública del anterior gobierno y los miembros de la directiva del Fondo de Lucha Contra el Sida. También reclaman que la AUF informe el dinero que entregó por el impuesto. "La red no acusa, pide transparencia, que aparezca el dinero y se vuelque a las personas con sida", dijo Deveras. "Si hay indicios de estafa o malversación de fondos presentaremos una denuncia penal", concluyó.

Lo que prevé la ley sobre el impuesto

El artículo 575 de la ley 17.296
prevé la creación de un impuesto a las transferencias de los deportistas. "El producido del tributo se destinará en un 50% al Ministerio de Deporte y Juventud para la promoción de actividades deportivas, especialmente en las etapas de la niñez y la juventud, y un 50% al Fondo Nacional de Lucha contra el SIDA", indica el artículo de esa ley.


como se dice, es normal que se pierdan 6.000.000 de $...

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DENUNCIA
Hospital Darío Contreras evaluará de nuevo hoy paciente con sida y desmiente negara atención
Yudelkis Guerrero - 2/29/2008


SANTO DOMINGO.-
Las autoridades del hospital Darío Contreras rechazaron que ese centro de salud le negara la asistencia a la paciente María Magdalena Pérez por padecer VIH, como denunciara la red de personas que viven con la enfermedad. Afirman que la joven no fue operada porque padece anemia y anunciaron que la evaluarán de nuevo hoy para ver si ya procede la cirugía
Indicaron que, Magdalena, quien acudió al hospital luego de sufrir un accidente en Azua, no recibió la debida atención porque tenía anemia, por lo que, si se operaba, podría complicarse su estado.
Las autoridades indicaron que no es política de ese centro de salud rechazar ni discriminar a personas con VIH.
“En ningún momento tomamos en cuenta su condición de HIH, sino que consideramos pertinente postergar la cirugía para lograr mejores resultados”, indica un comunicado del centro asistencial.
Indicaron que un equipo médico del Consejo Presidencial del Sida (COPRESIDA), junto al director del referido centro hospitalario y representantes de las personas que viven con VIH, evaluarán hoy a la paciente para determinar su estado de salud y ver si puede ser operada.

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LOS ÁNGELES (AFP) - Las autoridades sanitarias de Nevada (oeste de Estados Unidos) lanzaron una alerta a 40.000 personas que pudieron resultar contagiadas de hepatits B, C y sida en un hospital de Las Vegas, informó la agencia de salud del Estado.
El Distrito Sanitario del Sur de Nevada anunció que está notificando "a aproximadamente 40.000 pacientes de una clínica local sobre la potencial exposición a la hepatitis C después de una investigación de varios casos agudos de la enfermedad", señaló el comunicado que menciona la hepatitis B y el sida.
La alerta está dirigida a "pacientes operados en la clínica entre marzo de 2004 y el 11 de enero de 2008", indicaron las autoridades sanitarias tras recomendar a las personas vulnerables a contactar con su médico para realizarse exámenes de hepatitis C, Hepatitis B y del VIH", el virus del sida.
Las autoridades sanitarias de Nevada se percataron de tres casos de Hepatitis C agudos en enero de 2008 y luego identificaron seis más hasta la fecha, un registro que encendió la señal de alarma ya que el Estado registra en promedio dos casos de esta enfermedad al año.
Cinco de estos casos correspondían a personas que recibieron inyecciones de anestesia el mismo día y al proceder a una investigación el departamento de salud local determinó que la mala práctica en el suministro de las inyecciones había expuesto a los pacientes a la enfermedad.
El departamento de salud local determinó que "métodos de riesgo" en el suministro de las inyecciones habían expuesto a los pacientes a la enfermedad.
La investigación identificó como fuente de la eventual contaminación de pacientes la reutilización de jeringuillas (no agujas) y el empleo de los frascos de dosis de anestesia -normalmente para el uso exclusivo de un paciente- en varias personas.
Cuando los casos fueron identificados, en enero de este año, la agencia sanitaria de distrito informó de la situación a la División Sanitaria del Estados de Nevada y a la Oficina de Licencia y Certificación médica, que es la que otorga los permisos de cirugías ambulatorias a los centros de endoscopia.
En una inspección realizada al centro médico se detectaron "prácticas deficientes" que llevaron a correcciones inmediatas por parte de la clínica, según la nota oficial.
"Basados en la información que descubrimos en nuestra investigación, parece que los métodos de inyección que pudieron llevar a contaminaciones de Hepatitis C y otras enfermedades transmisibles por la sangre se produjeron en esta clínica desde hace cuatro años", explicó el médico Lawrence Sands, responsable de la agencia sanitaria.
"Recomendamos a todos los pacientes (que se sometieron a inyecciones en la clínica) durante este período a hacerse exámenes, porque no podemos determinar cuáles fueron los pacientes que estuvieron expuestos", agregó.
También se hizo un llamado "al despiste de la hepatitis B y del VIH porque son dos enfermedades que pueden transmitirse por los mismos métodos de riesgo de inyección (...), aunque el riesgo de transmisión de hepatitis B y VIH son menores y hasta el momento no se ha identificado ningún caso" de estas dos enfermedades, señaló el doctor Sands.
De su lado, la clínica no explicó cómo su personal pudo violar las reglas sanitarias por tan largo tiempo, en un comunicado divulgado por la prensa.
"Queremos expresar nuestra profunda preocupación a los numerosos pacientes que confiaron en nosotros durante todos estos años", dijo la clínica.
"Hemos tomado las medidas para que (estos hechos) no se repitan nunca más", se limitó a decir por ahora el centro de endoscopia de Las Vegas, la capital del juego de Estados Unidos-

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Medicamentos más baratos
La compañía farmacéutica GlaxoSmithKline (GSK) ha anunciado nuevas y significativas reducciones de precio para sus medicamentos contra el VIH en los países más pobres del mundo.
Las reducciones de precios se aplicarán a la gama de antirretrovirales de GSK ofrecidos a precios de coste. La reducción más significativa, de casi un 40 por ciento, se aplicará a la solución oral de Ziagen (abacavir), que la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda para uso en regímenes de primera y segunda línea en entornos de recursos limitados, particularmente para niños. El promedio de reducción aplicado a los 14 medicamentos de GSK a precio de coste es del 21 por ciento. Estos precios serán de efecto inmediato para el sector público y organizaciones sin ánimo de lucro en todos los Países Menos Desarrollados y en el África Subsahariana, así como aquellos países que puedan optar al Fondo Mundial y a proyectos de PEPFAR (siglas correspondientes a President's Emergency Plan for AIDS Relief, una iniciativa del Gobierno estadounidense para combatir el VIH/SIDA).
Una serie de factores han permitido a GSK llevar a cabo estos cambios de precios, incluyendo mejoras en la fabricación y suministro así como reducciones en los costes de los principios activos. Estos últimos precios se han calculado en base al coste incurrido por GSK, y los ahorros realizados se reflejan en los nuevos precios, transmitiéndose directamente a los compradores. Los precios incluyen seguro y transporte y son aplicables a pedidos de cualquier tamaño, independientemente de la cantidad.
JP Garnier, CEO de GlaxoSmithKline afirmó: “he visto por mí mismo el devastador impacto del VIH/SIDA, y la respuesta continua de la comunidad mundial ante esta epidemia es vital. Esta nueva reducción en los precios de nuestros medicamentos para el VIH demuestra el actual compromiso de GSK con los pacientes de los países más pobres del mundo. También continuamos enfocados en la investigación y desarrollo de nuevos medicamentos y vacunas, y en establecer colaboraciones con otros para ayudar a mejorar el acceso e inversión en estas comunidades”.
GSK fue pionera en establecer precios preferentes sostenibles para sus antirretrovirales en 1997, cuando la compañía decidió que a Retrovir se aplicase una reducción de hasta el 75% de su precio global en programas contra la transmisión de madre a hijo en el mundo en desarrollo. En el año 2000, la compañía se convirtió en uno de los miembros fundadores de la Accelerating Access Initiative (AAI, Iniciativa de Acceso Acelerado), un grupo público-privado dedicado a incrementar el acceso a una intervención apropiada y de buena calidad en la lucha contra el VIH/SIDA, incluyendo la terapia antirretroviral.
En el 2001, la compañía amplió su programa de acceso, bajó sus precios preferentes y los extendió a más clientes, países y medicamentos. También se comprometió continuar encontrando modos de reducir costes y transmitir ese ahorro a los pacientes, siendo ésta la 5ª reducción de precios desde entonces.
Los precios únicos y sin beneficios se aplican a un amplio rango de clientes de la lista de Países Menos Desarrollados de Naciones Unidas y para todos los países del África Sub-Sahariana – un total de 64 países. También están disponibles para todos los proyectos del CCM (Country Coordinating Mechanism) financiados completamente por el Fondo Mundial de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria y por PEPFAR. Los grupos de clientes que pueden optar a ello incluyen gobiernos, organizaciones no gubernamentales (ONG), agencias de cooperación, agencias de la ONU y otros fondos internacionales. Además, en el África Subsahariana, los empresarios que ofrezcan atención y tratamiento para el VIH/SIDA a aquellos de sus empleados que carezcan de seguro también pueden optar a los precios de coste de GSK para sus antirretrovirales.
Para facilitar la distribución de productos en relación a la licencia voluntaria que Shire plc tiene concedida a GSK, dicha compañía ha acordado reducir o prescindir de su derecho a pago por parte de GSK por los productos que contienen lamivudina. Telzir fue co-descubierto con Vertex Pharmaceuticals, Inc.
"El Amor a la Sombra del Sida" asesorará a los más jóvenes acerca ...LanzaroteDigital - Canarias,Spain... de distintos departamentos y del Gobierno de Canarias, organiza la representación de la obra teatral “El Amor a la Sombra del Sida” de Helena Korkin. ...OMS advierte propagación de tuberculosisLos
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Alerta VIHEl Universal (Venezuela) - VenezuelaLos compromisos fueron adquiridos durante la sesión especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre VIH/sida, en junio de 2001. ...

CARACAS.Alerta VIH

Hay efectos colaterales que no los producen los antirretrovirales, sino el propio VIH
FELICIANO REYNA
Llamado de alerta al Programa Nacional de VIH/SIDA. Recibimos mensaje de un usuario de la farmacia del Seguro Social de Guaraguao, en Puerto la Cruz, en el que nos informa que desde hace tres meses no recibe VIDEX. Este servicio está a cargo de la doctora Lourdes Marcano. Para no tener que interrumpir el tratamiento, nuestro lector está adquiriendo el producto en la Fundación de los Artistas por la Vida. A pesar de que públicamente informan en la farmacia que la interrupción es producto de retrasos en el envío desde Caracas, a quien nos escribe le informaron "privadamente" que se debe a que los pedidos no se hacen a tiempo -no sabemos cuál será la razón, pero lo cierto es que, salvo en contados casos, desde hace ya unos tres años el suministro de antirretrovirales por parte del Programa Nacional de VIH/SIDA ha funcionado muy bien. Agradecemos al Programa Nacional de VIH/SIDA atender esta denuncia de nuestro lector para resolver esta situación que seguramente estará afectando a otros usuarios del servicio del IVSS de Guaraguao. ¿Hay alguna manera de prevenir los efectos secundarios de largo plazo de los antirretrovirales? Leo mucho sobre el tema, pero no encuentro nada todavía que realmente me dé pautas claras.
Los efectos secundarios de corto plazo -tanto los causados por los antirretrovirales como los relacionados con el VIH mismo-, son en general bien conocidos y por ello también contamos con las estrategias para manejarlos. Sin embargo, en la medida en que más y más personas están llegando a los 25 y 30 años con la infección, los estudios comienzan a arrojar resultados que permitirían prever esos efectos de largo plazo. Éstos podrían ser producto del mismo VIH, de los antirretrovirales y de la edad. Pero lo cierto es que todavía hay mucha "tela que cortar" en lo que se refiere a los problemas de salud de largo plazo asociados a la infección por el VIH. A pesar de la mejora de los antirretrovirales más recientes en términos de esos efectos adversos, es claro que siguen causándolos, a corto y largo plazo. También hay estudios que muestran que es el propio virus el que produce otros de esos efectos. Y más recientemente se ha comenzado a plantear que debido al buen funcionamiento de los antirretrovirales para reducir la carga viral y, por ende, para dar al sistema inmune la capacidad de combatir infecciones y otros virus, las personas con VIH están enfrentando problemas de salud propios del paso de los años o del "envejecimiento", es decir, aquellos que afectan también a las personas que no tienen el VIH, pero que por la edad comienzan a enfrentar condiciones tales como la hipertensión, el riesgo cardiovascular, diabetes, entre otras. Por ello, ya hay pautas que indican que es importante que los médicos presten atención a los antecedentes familiares de la persona con VIH, para ir previendo aquellas condiciones que la hubieran podido afectar aun sin la presencia del virus. Para manejar algunos de los efectos más frecuentes, vale la pena visitar www.aidsmeds.com, donde hay una extensa sección dedicada al tema.
Centro de Información Nacional de VIH/SIDA

Teléfono 0212-952-2009

www.acsol.org

info@acsol.org

Uruguay: Tribunal preserva uso de genéricos para tratar sidaEl Paso Times - El Paso,TX,USAAP MONTEVIDEO—Autoridades uruguayas rechazaron una acción legal interpuesta por pacientes de sida que exigen que les suministren medicamentos originales, ...Uruguay: Tribunal preserva uso de genéricos para tratar sida
AP - sábado, 23 de febrero, 16.21
MONTEVIDEO - Autoridades uruguayas rechazaron una acción legal interpuesta por pacientes de sida que exigen que les suministren medicamentos originales, no genéricos u otros "equivalentes" de los que alegan no tener garantías sobre sus resultados, informó una abogada de los querellantes.
La abogada Silvana Vila anunció que deberán esperar hasta el 30 de mayo para "agotar los recursos administrativos", luego de que el Tribunal de los Contencioso Administrativo rechazó su primer recurso.
Según Vila, los medicamentos anti retrovirales con los que están tratando a los pacientes son fabricados en India pero algunos médicos consideraron que "no tienen estudios sobre los resultados" vistos en los infectados con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), que causa el sida.
Vila indicó que el tribunal no valoró "la prueba respecto a la indefinición sobre la equivalencia de esos medicamentos y que en esos momentos aunque se habían adjudicado no estaban siendo comercializados y, entonces, como se valora los efectos de algo que no se comercializó", se preguntó.
Según la abogada, el tribunal respondió que no están obligados a hacer "pruebas de equivalencia".

La lucha contra el sida, un problema de todosLa Gaceta Tucumán - Tucumán,ArgentinaEs jefa de la Unidad Coordinadora de VIH -Sida y de enfermedades de transmisión sexual de la Provincia de Tucumán. “Mucha gente continúa creyendo que la ...Casos confirmados de sida en China aumentaron un 45 por ciento en 2007Terra España - SpainLos casos confirmados de afectados por el VIH/Sida aumentaron en China un 45 por ciento el año pasado, según un informe del Ministerio de Salud publicado ...Desestiman amparo para suspender copias de medicamentosEl Espectador Uruguay - UruguayAl 31 de octubre de 2007, Uruguay registraba 10.324 personas infectadas por el VIH, según cifras divulgadas por el Programa Prioritario ITS/SIDA aunque se ...
Desestiman acción de amparo sobre copias de medicamentos
23.02.2008
El Tribunal de Apelaciones Civil de 5° Turno confirmó la resolución dictada por el juez de lo Contencioso Administrativo Pablo Eguren, quien el pasado 20 de diciembre desestimó la acción de amparo presentada por 11 pacientes con Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), para suspender el suministro de copias de medicamentos por parte de salud pública.
En diálogo con el programa Asuntos Pendientes, la abogada de los pacientes, Silvana Vila, explicó cuál fue la resolución del tribunal civil: “Confirma que no hay (...) adversos, no hay denuncias, cuando en el expediente constan ciertas denuncias (...) Se expresa que no concuerdan con lo que es el amparo, que tiene que ser breve. En cuanto a eso, quisiera decir que la mayoría de las pruebas solicitadas por las que el proceso se hizo engorroso fue por la parte demandada, que solicitó infinidad de pruebas. El doctor Euguren, dándole importancia al tema, les ha dado lugar. Entonces, no es cuestión de los pacientes. El tema es que no se expiden en cuanto a la eficacia ni en cuanto a los controles. Se ha intimado al Ministerio de Salud Pública en cuanto a los controles y tampoco lo ha hecho”, expresó.
En la resolución también consta una advertencia hacia Vila, quien aseguró que no se ha valorado correctamente la prueba ya que no se tuvo en cuenta las declaraciones de los médicos especialistas, Queridos mamá y papá: son los tratantes cotidianos de los pacientes y conocen las características de cada medicamento.
Según los pacientes, la droga tiene baja permeabilidad de disolución y solubilidad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda comprar medicamentos que sean originales o que sean genéricos pero que tengan las pruebas de bioequivalencia y biodisponibilidad.
Para Silvana Vila, el tribunal sigue en la misma línea de minimizar el objeto de la causa. “No van al tema medular de que los pacientes tienen que tomar los medicamentos que indican los médicos especialistas, quienes han expresado que no tiene confianza, que han tenido inconvenientes con esos medicamentos. No se toma en cuenta las declaraciones de la personas que tienen conocimiento exacto obre estos medicamentos”, expresó.
La defensora de los pacientes portadores de VIH, confirmó que el recurso de amparo está agotado en la instancia judicial, por lo que se espera agotar la vía administrativa para iniciar la acción de nulidad.
Según los pacientes, la Unidad de Compras de salud pública no tuvo en cuenta que algunos de los medicamentos antirretrovirales que se suministran a los portadores de VIH no han pasado las pruebas de la OMS. Los medicamentos fueron adquiridos por unos 4.000.000 de dólares.
Al 31 de octubre de 2007, Uruguay registraba 10.324 personas infectadas por el VIH, según cifras divulgadas por el Programa Prioritario ITS/SIDA aunque se conocen en el país dos nuevos casos por día.

Políticas VIH-SIDA La ministra de Salud se reunió con ...Diario Buenos Aires - Buenos Aires,Argentina... del vih en la sociedad. Además el sector civil expresó su preocupación por el nombramiento del nuevo responsable de la Dirección Nacional de SIDA e ITS, ...Justicia desestimó planteo de once pacientes con sidaDiario EL PAIS - Montevideo,UruguayUn tribunal de apelaciones civil desestimó el recurso de amparo presentado por pacientes con sida que reclaman la suspensión de una licitación de ...Identifican las zonas de riesgo para enfermedades infecciosasClarín.com - Buenos Aires,Buenos Aires,Argentina... para identificar las zonas de donde podrían surgir las nuevas enfermedades, tan peligrosas y devastadoras como el VIH/Sida y la gripe aviaria. ...Plantean que miembros APEC realicen compras conjuntas medicamentosRadio Programas del Perú (RPP) - PeruDijo que ya existe la experiencia de la adquisición conjunta entre países de medicamentos antirretrovirales para combatir el VIH/SIDA, por lo que planteó ...Comunidad latina recibe con beneplácito nuevo medicamento contra SidaEl Mexicano - MexicoLa farmacéutica ha advertido que el Isentress no evita el contagio de la enfermedad de una persona a otra ni cura el VIH o Sida. ...La Justicia uruguaya rechaza un recurso de enfermos de sida contra ...Terra España - SpainLa Justicia uruguaya rechazó un recurso presentado por enfermos de sida, que piden la suspensión del suministro de copias de medicamentos, que según los ...
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VII Concurso de Relatos Hiperbreves Universidad Popular de Palencia (04:03:2008 / Relato)
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TRASPASANDO FRONTERAS (07:03:2008 / relato / 1.200 euros)
I PREMIO DE RELATO CORTO “VILLA DE MASCARAQUE” (07:03:2008 / relato / 500 euros)
XXII Concurso de Cómic Villa de Portugalete (07:03:2008 / Cómic / 2.000 euros)
V Certamen Literario Premios Taramela Poesía 2008 (07:03:2008 / Poesía / 1.202 euros)
V Certamen Literario Premios Taramela Relato corto (07:03:2008 / Relato / 1.803 euros)
XI Premio Literario Valdemembra (07:03:2008 / Relato / Edición)
XXV Certamen de Cuento y Poesía Villa de Quintanar (07:03:2008 / Relato y Poesía / 800 euros)
V Certamen Literario Premios Taramela. Modalidad Cuento Infantil (07:03:2008 / Cuento infantil/ 800 euros)
Premio Nacional Ateneo de Alicante Poeta Manuel Molina (07:03:2008 / Poesía / 1.000 euros)
XXV Certamen Literario de Narración Corta Jorge Guillen (07:03:2008 / Narrativa / 750 euros)
JOSÉ DE ESPRONCEDA DE POESÍA (08:03:2008 / Poesía / 9.000 euros / 400 versos mínimo)
XIII PREMIO DE NOVELA "CAROLINA CORONADO" (08:03:2008 / Novela / 9.000 euros / 150 páginas mínimo
Concurso de Proyectos de Investigación Fundación Celarg 2008 (Venezuela) (08:03:2008 / Investigación)
IX CERTAMEN LITERARIO HISPANO LUSO “JOSÉ ANTONIO DE SARAVIA” (10:03:2008 / Narrativa histórica / 800 euros / 50 páginas mínimo)
Certamen de Poesía y Relato Corto Villa de Salobreña(11:03:2008 / Poesía y relato / 300 euros)
BASES DEL XI CERTAMEN NACIONAL DE RELATO Y POESÍApara Personas mayores.(13:03:2008 / relato y poesía)
XIII CONCURSO INTERNACIONAL DE POESÍA JOVEN Instituto Antonio López de Getafe (España)-LSM. (13:03:2008 / poesía)
II Convocatoria de ideas para el desarrollo de guiones "Villa del Cine" (Venezuela)(13:03:2008 / Guión / 21.500 bolívares)
Premio Municipal de Literatura Osvaldo Soriano 2007 (Argentina)(14:03:2008 / Novela / 2.000 pesos / 150 páginas)
I CONCURSO LITERARIO MALOS AYRES (Argentina)(14:03:2008 / Cuento / más de dos páginas)
Premio 'Cáceres' de Novela Corta(14:03:2008 / novela / 9.000 euros)
Premios Internacionales de Cuento Joven y de Poesía Joven Feria del Libro 2008 (América)(14:03:2008 / Cuento, Poesía / 1.000 dólares)
XI Premio Flor de Jara de poesía(14:03:2008 / Poesía / 6.000 euros)
XVIII PREMIO DE CUENTOS 'CIUDAD DE CORIA'(14:03:2008 / Cuento / 3.000 euros)
XXVIII Premio Dionisio Acedo de Periodismo(14:03:2008 / Periodismo / 6.000 euros)
Premio Hispanoamericano de Novela La Otra Orilla(14:03:2008 / Novela / $30.000)
IV Concurso de Microrrelatos El Brocense(14:03:2008 / relato / 3.000 euros)
XIV Premio de Poesía Ciudad de Mérida(14:03:2008 / Poesía / 12.000 euros)
XII Premio de Novela Juan Pablo Forner(14:03:2008 / Novela / 24.000 euros)
VI Certamen de Relato Corto Ayuntamiento de Las Rozas(14:03:2008 / Relato / 300 euros)
Concurso Nacional Todo Décima (Décima y Ensayo)(Cuba)(14:03:2008 / Poesía y ensayo / 1.000 MN)
II Premio de Cómic Ilustrado Josep Coll(14:03:2008 / Cómic / 6.000 euros)
III Concurso de Poesía Ediciones La Mancha (14:03:2008 / Poesía/ 200 euros)
Premios Literatura Joven XI Feria Internacional Libro Santo Domingo (República Dominicana)(14:03:2008 / Poesía y cuento/ 1.000 $ USA)
II Premio Nacional de Microrrelatos Hipalage (14:03:2008 / Microrrelato / 300 euros)
II Premio Nacional de Poesía Hipalage (14:03:2008 / Poesía / 300 euros)
IV Certamen Femenino de Narrativa Ciudad de Chinchilla(14:03:2008 / Narrativa / 500 euros)
Certamen Literario de Relato Breve y Poesía “San Isidoro de Sevilla”(14:03:2008 / Relato y poesía / 400 euros)
IV Certamen de Cartas de Amor de Ribera del Fresno (14:03:2008 / Carta)
V Certamen Joven de Creación Literaria Moratalaz(14:03:2008 / Narrativa / 1.000 euros )
VII Concurso de Poesía del Pitic y Reconocimiento Alonso Vidal (México)(14:03:2008 / Poesía / 30,000.00 m.n )
Premios Nacionales de Poesía y Relato Corto para Jóvenes Escritores Pedro Jiménez Montoya (14:03:2008 / Poesía, relato / 1.000 euros)
Concurso de Anécdotas de Viajes de Metrovías (Argentina)(14:03:2008 / Anécdotas / 3.000 pesos)
IX Certamen de Narrativa `Enrique Orizaola`(15:03:2008 / Narrativa / 1.000 euros)
CONCURSO NACIONAL DE RELATOS "VILLA DE MOSQUERUELA"(15:03:2008 / relato / 1.000 euros)
XI CONCURSO DE CARTAS DE AMOR(15:03:2008 / carta / 500 euros)
IV Premio Ciguñuela de Cuentos y Relatos Cortos (15:03:2008 / Cuento / 1.000 euros)
Premios Angel Miguel Pozanco (15:03:2008 / Narrativa / publicación)
Concurso de Posts por JP SICA (15:03:2008 / Post / 1.000 euros)
Concurso CAM de Creadores de Cómic Creacomic(15:03:2008 / Cómic / 6.000 euros)
IX Premio Narrativa Minuto 90(15:03:2008 / Narrativa / 1.000 euros)
Primer Concurso de Posts sobre Curiosidades y Leyendas Locales(15:03:2008 / Narrativa / 1.000 euros)
PREMIO "TURISMO 2.0, PRIMAVERA 2008" - Blogs (15:03:2008 / Relato)
Premio Europeo de Jóvenes Periodistas (15:03:2008 / Periodismo)
XIV Certamen Literario Semana Cultural de Benagalbon(16:03:2008 / Post / 1.000 euros)
IV CERTAMEN LITERARIO SANT JORDI (16:03:2008 / Poesía / 1.000 euros)
XIII CERTAMEN LITERARIO SAN JORGE(17:03:2008 / Narrativa / 850 euros)
XI CERTAMEN DE POESÍA MARC GRANELL VILA D'ALMUSSAFES(17:03:2008 / Poesía / 1.200 euros)
V Concurso de Cartas de Amor y Desamor (Ayto. Huetor Vega) (17:03:2008 / Cartas / 150 euros)
PREMIO OROLA II CONCURSO DE VIVENCIAS(20:03:2008 / Narrativa / 2.000 euros)
II CONCURSO DE POESÍA ANTITAURINA "TORO DE HIERRO" (21:03:2008 / Poesía / 200 euros)
Concurso de guiones en el Certamen Internacional de cortometrajes y guiones Ciudad de Utrera(22:03:2008 / Guión / 600 euros)
CONCURSO "WWW.VIVEPARACUMPLIRLO.COM" FUNDACIÓN MAPFRE (24:03:2008 / Relato / Edición libro)
I Concurso de Dramaturgia Breve Gilberto Pinto (Venezuela)(25:03:2008 / Dramaturgia / 1000 Bs.)
IX Certamen de Relato Corto y Leyendas de la Axarquía (Algarrobo) (25:03:2008 / Relato / 1.000 euros)
I Concurso de Narrativa para la Tercera Edad (Venezuela)(25:03:2008 / Narrativa /1.000 Bs.)
I Concurso de Narrativa Indígena 2007- 2008 (Venezuela)(25:03:2008 / Narrativa /3.000 Bs.)
II Concurso de Literatura Oral “Antonio José Torrealba” 2007 (Venezuela)(25:03:2008 / Literatura oral /1.000 Bs.)
XV Concurso de Relatos Cortos Ayuntamiento de Camargo(25:03:2008 / Relato / 1.000 euros)
XXI Certamen Literario Internacional Dulcinea(26:03:2008 / Narrativa / 700 euros)
Primer Concurso de Microcuentos Semanario Tiempo “Se Reservan Tintas” (Chile) (26:03:2008 / Cuento)
Premio Facultad de la Universidad de Jaén(26:03:2008 / Poesía y relato / 732 euros)
XXIII Premio Literario de la Asociación Cultural "Los Sitios de Zaragoza"(28:03:2008 / narrativa / 3.000 euros)
Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo (México)(28:03:2008 / dramaturgia)
Primer Certamen Internacional de Relatos Cortos 'Cuentos del Estrecho'(28:03:2008 / relato / 2.000 euros )
II Premio Literario Villa de Pozuelo de Alarcón(28:03:2008 / novela / 6.000 euros )
XXVIII Certamen Literario Villa de Montefrío(28:03:2008 /Poesía y cuento / 1.000 euros )
Premio Nacional de Poesía Indígena “Universidad de Nariño” (Colombia)(28:03:2008 /Poesía / 2.000.000 pesos )
Premio Latinoamericano de Poesía Joven Amilcar Colocho (28:03:2008 /Poesía)
Concurso de Cuento 2008 palabras (Perú)(28:03:2008 /Cuento / $1.000 USD )
II Certamen de Creación Literaria Juvenil Poeta García Gutiérrez(28:03:2008 /Narrativa/ 350 euros)
Concurso Nacional de Novela Política (Perú)(30:03:2008 / Novela / 5.000 nuevos soles)
XV Certamen de Comic Mutantes Paseantes San Roque(30:03:2008 / Comic / 1.000 euros)
I CERTAMEN LITERARIO INFANTIL Y JUVENIL HISPANO LUSO“JOSÉ ANTONIO DE SARAVIA”(30:03:2008 / Narrativa)
XXX Certamen Literario Pluma de Oro de Alcorcón(30:03:2008 / Narrativa / 600 euros)
Concurso Literario A Cien Años Allende Vive (Chile)(30:03:2008 / Narrativa / 350.000)
IV Concurso Literario Bonaventuriano de Poesía y Cuento Corto (Colombia) (30:03:2008 / Poesía y cuento / 1.000.000 pesos)
III Premio Literario de Relatos Breves " Revista Digital I.E.S. Ventura Morón"(31:03:2008 / relato / 800 euros)
VI Concurso El Coloquio de los Perros de Relato Corto(31:03:2008 / relato / 500 euros)
XVII Premio de Poesía Fernando Paz Castillo (Venezuela)(31:03:2008 / poesía / (Bs. 10.000.000,00)
II Premio Tritoma de Narrativa Joven(31:03:2008 / narrativa / 4.000 euros)
I Certamen Narrativa Universal 2008(31:03:2008 / narrativa / 3.000 euros)
Premio de Poesía Juan Ramón Jiménez 2008(31:03:2008 / Poesía / 12.000 euros)
Concurso CAM de Cuentos 'Gabriel Miró'(31:03:2008 / cuento / 6.000 euros)
II Concurso Federal de desarrollo de proyectos de largometrajes "Raymundo Gleyzer" (Argentina)(31:03:2008 / Guión)
16º Certamen Literario Cartas de Desamor (31:03:2008 / epistolar / 600 euros)
I Certamen de Poesía y relato corto i+(31:03:2008 / Poesía, relato)
Concurso de Comic GANORABAKO(31:03:2008 / Comic / 900 euros)
CONVOCATORIA ANTOLOGÍA VISIONES 2008 (31:03:2008 / relato)
Premio de Poesía Juan Ramón Jiménez(31:03:2008 / Poesía / 12.000 euros)
VIII CERTAMEN LITERARIO 'AYUNTAMIENTO DE BENFERRI' (31:03:2008 / Narrativa / 1.500 euros)
PREMIOS DE POESÍA "ÁNGARO" Y "FERNANDO VILLALÓN"(31:03:2008 / Poesía / 4.000 euros)
XXXIV CERTAMEN LITERARIO PARA JÓVENES ESCRITORESJosé María Franco Delgado (31:03:2008 / relato / 1.000 euros)
CONVOCATORIA DE POESÍA 'LA MUJER ROTA" (México) (31:03:2008 / Poesía)
XIV CONCURSO DE RELATO CORTO EL CHISCÓN(31:03:2008 / relato /1.000 euros)
XXIV Concurso de Cuentos " Villa de Mazarrón" Antonio Segado del Olmo(31:03:2008 / Cuento /3.600 euros)
Premio Literario Ánxel Fole(31:03:2008 / Narrativa /9.000 euros)
XI CERTAMEN LITERARIO “CIUDAD DE TORREMOLINOS”(31:03:2008 / Narrativa /6.000 euros)
VI Concurso de Monólogos Restaurante La Chistera (31:03:2008 / Narrativa /1.800 euros)
Concurso de Cómic GANORABAKO de la Casa de Cultura de Basauri(31:03:2008 / Cómic /900 euros)
Concurso de Microrrelatos Alma de Magno (31:03:2008 / Microrrelato /1.500 euros)
VII Concurso de Relatos Cortos para Adultos de Grandas de Salime(31:03:2008 / Relato /150 euros)
XIV Premio Internacional de Relato y Poesía Miguel Fernández(31:03:2008 / Relato y poesía /600 euros)
III Certamen de Narración Corta Taurina Félix Rodríguez(31:03:2008 / Relato /1.500 euros)
VIII Concurso de Poesía y Cuento Sol y Letras para Escritores Inéditos (Argentina)(31:03:2008 / Poesía y Relato / 500 $)
Premio de Relato Corto Fernández Lema(31:03:2008 / Relato /7.000 euros)
XII Certamen Internacional Surcos de Poesía. Coria del Río(31:03:2008 / Poesía /3.000 euros)
Certamen de Relatos Cortos sobre la Nueva Imagen de la Persona Mayor(31:03:2008 / relato /360 euros)
XVI Premio de Poesía Acordes (para residentes en Andalucía)(31:03:2008 / Poesía / 750 euros)
VIII Certamen de Relatos Hiperbreves (31:03:2008 / Relato)
7º Premio de Literatura Infantil “El Barco de Vapor” (Argentina)(31:03:2008 / Narrativa / $18.000)
XVIII Premio de Poesía Jaime Gil de Biedma(31:03:2008 / Poesía / 16.000 euros)
Concurso relatos testimonios Los que vienen y los que se van. Historias inmigrantes y emigrantes (Argentina)(31:03:2008 / Narrativa / 10.000 pesos)

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Certámenes ABRIL 2008
II Certamen de escritura SCREAM `Cielo Abierto´(01:04:2008 / relato)
Premio Miguel Hernández. XXV Concurso de Poesía y Cuentos(01:04:2008 / Poesía y Cuento / 300 euros)
VIII Certamen de Literatura Miguel Artigas(01:04:2008 / Cuento / 1.000 euros)
XIV Certamen Nacional de Poesía Olivo de Montoro(01:04:2008 / Poesía / 1.200 euros)
Concurso Internacional de Relatos de Cine de Huesca (01:04:2008 / Relato / 1.000 euros)
XIII CONCURSO de Poesía Villa de Villamayor de Santiago(para residentes en Castilla la Mancha) (01:04:2008 / Poesía / 300 euros)
XII Certamen Nacional de Poesía Ciudad de Puertollano(01:04:2008 / Poesía / 2.000 euros)
I Convocatoria del Premio Prologando a los clásicos (01:04:2008 / Prologo)
XXII Concurso Literario en Castellano de Lasarte-Oria(04:04:2008 / Relato y Poesía / 1.000 euros)
IX CERTAMEN INTERNACIONAL DE CUENTOS "LENTEJA DE ORO DE LA ARMUÑA"(04:04:2008 / Cuento / 2.000 euros)
I CERTAMEN NOVELA CORTA ZAYAS 2008(06:04:2008 / novela corta / 1.800 euros / 50 a 100 páginas)
XVI PREMIO INTERNACIONAL DE RELATO BREVE José Toral y Sagrista(07:04:2008 / relato / 600 euros)
XVI PREMIO INTERNACIONAL DE POESÍA «Antonio Alcalá Venceslada»(07:04:2008 / Poesía / 600 euros)
XII PREMIO DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL «CIUDAD DE ANDÚJAR»(07:04:2008 / Narrativa / 600 euros)
Convocatoria Jove 2008(07:04:2008 / Narrativa / 600 euros)
IV PREMIO INTERNACIONAL DE CUENTOS FUNDACIÓN ANADE PARA PERSONAS CON DISCAPACIDAD O ENFERMEDAD MENTAL(09:04:2008 / cuento / 600 euros)
II Certamen Internacional de Relatos Hiperbreves (10:04:2008 / relato / 300 euros)
III Certamen de Relatos Breves Enrique de Sena(11:04:2008 / relato / 700 euros)
VIII CERTAMEN LITERARIO AL-ANDALUS DE POESÍA Y RELATO CORTO(12:04:2008 / Poesía y relato / 900 euros)
IV Certamen Literario Santa María de Europa(Para estudiantes universitarios de la comunidad de Madrid)(13:04:2008 / Narrativa / 300 euros)
Certamen de Cuentos y Relatos Breves Junto al Fogaril(14:04:2008 / Relato / 1.000 euros)
III Concurso Andino Manuela Sáenz, Edición 2007-08 (Comunidad Andina)(14:04:2008 / Ensayo)
XXXIV Concurso de Cuentos Puente Zuazo(14:04:2008 / Cuento/ 1.000 euros)
XXXIX Edición de los Concursos de Poesía y Cuento del Colegio Mayor Isabel de España (España)(14:04:2008 / Poesía, Cuento/ 500 euros)
XXV Premio “Carmen Conde” de Poesía Escrita por Mujeres(15:04:2008 / Poesía / 12.000 euros / de 600 a 800 versos )
III Premio de Teatro George Woodyard (autores latinoamericanos)(15:04:2008 / Teatro / $2.500)
Concurso de Cuentos Infantiles (Bazar de Valdemoro)(15:04:2008 / Cuento / 1.500 euros)
Premio de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2008para obra publicada escrita por mujeres(15:04:2008 / Novela / $ 10.000 USD)
I PREMIO INTERNACIONAL DE LITERATURA DE VIAJES CAMINO DEL CID(15:04:2008 / Narrativa / 15.000 euros)
Segundo Certamen Literario de la Sierra de Madrid José Saramago (15:04:2008 / relato / 4.000 euros)
Concurso Regional de Minicuentos Antonio Mora Velez (Costa Caribe de Colombia)(15:04:2008 / Cuento / 1.500.00)
XL Premio Ateneo de Sevilla de Novela(15:04:2008 / Novela / 43.000€)
I Certamen de Cultura Creativa Villa de Palomares del Rio(15:04:2008 / Novela / 1.800€)
V Certamen de Narrativa Breve Asociación Canal Literatura (15:04:2008 / Narrativa / 600 €)
XIII Certamen Joven de Narración El Cuentacuentos(15:04:2008 / Narrativa / 400 €)
Concurso Literario Chimeneas Vigías(16:04:2008 / Poesía y relato/ 500 €)
VI Certamen Nacional de Relato Histórico Breve(18:04:2008 / relato / 1.200 euros)
VI Concurso Jóvenes y Creativos (Ayuntamiento de Benalmádena)(18:04:2008 / Cómic / 900 euros)
Sexto Certamen Nacional de Relato histórico breve Álvaro de Luna(18:04:2008 / Relato histórico / 1.100 euros)
Certamen nacional de poesía Maxi Banegas Carbonell(18:04:2008 / Poesía / 1.100 euros)
14º CONCURSO DE RELATOS (ASOCIACIÓN KIMETZ)(20:04:2008 / Relato / 600 euros)
III Concurso Ars Creatio 2008 “Una Imagen en Mil Palabras” (20:04:2008 / Narrativa / 300 euros)
CONCURSO DE CUENTOS HUCHA DE ORO (23:04:2008 / Cuento / 30.000 euros / 3-8 páginas)
IV Premio Internacional de Poesía Rubén Darío(23:04:2008 / Cuento / 3.000 euros / mínimo 500 versos)
XXXI EDICIÓN DEL CONCURSO DE LITERATURA REGINO E. BOTI (Cuba)(25:04:2008 / narrativa / $3000.00 MN)
I PREMIO NACIONAL DE RELATO CORTO SOBRE UN TEXTO CIENTÍFICO(25:04:2008 / relato / 2.000 euros)
XI Certamen Internacional de Poesía Ciudad de Lepe(25:04:2008 / Poesía / 2.200 euros)
XVI Certamen Universitario de Relato Breve Fantástico(25:04:2008 / Relato/ 1.400 euros)
Premio Avalón de Relato Fantástico(26:04:2008 / relato / 600 euros)
Concurso Nacional de Cuento "Juan José Arreola" (México)(27:04:2008 / Cuento)
XVI Premio de Poesía Manuel Alcántara(28:04:2008 / Poesía /6.000 euros)
XV Premio de Investigación (sobre temas relacionados con la mujer)(28:04:2008 / Investigación /3.000 euros)
III Premio de Novela Corta Maestrazgo(30:04:2008 / Novela / 1.500 euros)
PREMIO DE RELATO Y CUENTO “VILLANUEVA DE LA CAÑADA”(30:04:2008 / relato / 1.000 euros)
Concurso Nacional de Glosa 'Canto alrededor del punto' (Cuba)(30:04:2008 / Poesía / $ 1500.00 MN)
XXXIII Premio Novela Corta Gabriel Sijé(30:04:2008 / Novela / 5.000 euros)
Premio Iberoamericano Debate-Casa de América: premio de ensayo y actualidad en castellano(30:04:2008 / Ensayo / 50.000 USD)
I Certamen Alenarte de Ensayo artístico (30:04:2008 / Ensayo / 150 euros)
XVI Premio de Poesía Rincón de la Victoria (Premio Salvador Rueda)(30:04:2008 / Poesía / 9.000 euros)
XIV Premio de Poesía y IV de Novela Voces del Chamame(30:04:2008 / Poesía y Novela / 9.000 euros)
Concurso de Guiones de Fund TV (Argentina)(30:04:2008 / Guión / Mención)
XVII Concurso Internacional de Cuentos Valentín Andrés(30:04:2008 / Relato/ 2.000 euros)
IX Concurso Iberoamericano Cucalambé de Décima Escrita (Cuba)(30:04:2008 / Poesía / 5.000 MN)
Premio Novela Café Gijón (30:04:2008 / Novela /18.000 euros)
Premios Periodismo ABC. Mariano de Cavia, Luca de Tena y Mingote(30:04:2008 / Periodismo /10.000 euros)
IX Concurso de Narraciones Cuando yo era Joven.(30:04:2008 / Narrativa / 250 euros)
VIII Concurso Cuentos Sobre Ruedas (ALSA) (30:04:2008 / Narrativa / 6.000 euros)

Certámenes MAYO 2008
V CERTAMEN LITERARIO DE LA ASOCIACIÓN CLARA CAMPOAMOR(01:05:2008 / Cuento, relato corto / 300€)
VPoetry International Convocatoria Literaria 2008 (01:05:2008 / Poesía)
“Lidia Guanes” de novela (Paraguay)(02:05:2008 / Novela / 3.000€ / 200 carillas)
Juegos Florales de la Poesía Dulce Cachón Primavera(02:05:2008 / Poesía / 600 euros)
XVII Concurso de Cuentos y Poesías Isabel Ovin(07:05:2008 /Relato y Poesía / 1.000€)
Concurso de Ensayo Tratado de Tordesillas(07:05:2008 /Ensayo / 5.000€)
I Premio Internacional de Poesía Gustavo Adolfo Bécquer(09:05:2008 / Poesía / 6.000€)
XI Premio Francisco Valdés de Periodismo(09:05:2008 / Periodismo / 3.000€)
XI Premio de Narrativa Francisco García Pavón(09:05:2008 / Narrativa / 7.500€)
XIV Premio Lengua de Trapo de Novela (09:05:2008 / Novela / 5.000€)
XIII Certamen Articulo Periodístico Juan Torres Grueso(09:05:2008 / Periodismo / 1.000€)
XI Premio de Poesía Eladio Cabañero(09:05:2008 / Poesía / 4.500€)
Premio Local de narraciones Félix Grande(09:05:2008 / Narrativa / 1.000€)
Fiesta del Aquelarre Poético (10:05:2008 / Poesía / 902€)
II PREMIO DE RELATOS "BODEGAS VICTORIA"(10:05:2008 / Relato / 1.500 €)
II Premio de Poesía Ciudad de Pamplona(11:05:2008 / Poesía / 5.000€)
X Concurso de Cómic Alcorcon 2008 conocer otras culturas(12:05:2008 / Cómic / 600€)
IV Certamen de Relatos “Villa de Cabra del Santo Cristo” (15:05:2008 / Relato / 900€)
VII Premio de Poesia yoescribo.com (15:05:2008 / Poesía / 3.000€)
XV Premio Nacional de Narrativa de la Asociación de Periodistas de Ávila 2.008(15:05:2008 / Narrativa / 3.000€)
Concurso LA NACIÓN - Sudamericana de novela y ensayo (Argentina)(15:05:2008 / Novela, ensayo / 120.000 pesos,, 80.000 pesos)
Convocatoria VI Concurso para Obras de Autores Inéditos 2008 de Monte Ávila Editores (Venezuela)(16:05:2008 / Narrativa / 1.000 bolívares)
XXVIII Premio Literario Felipe Trigo (19:05:2008 / Novela, narración corta / 20.000€, 6.500€)
VI Encuentro Nacional Escritores y Poetas a favor de MANOS UNIDAS (20:05:2008)
Certamen Extraordinario de Relatos para Jóvenes Oscar abril (22:05:2008 / Cuento /300€)
II Certamen Literario de Poesía Asociación Grupo Literario Alfambra(22:05:2008 / Poesía /500€)
Premios Art Nalón (23:05:2008 / Cuento / 1.500€)
I Premio Anual Yasser Arafat LX años de Holocausto Palestino(23:05:2008 / Narrativa / 1.000€)
VI Premio de Relato Hiperbreve Grau Miro (25:05:2008 / relato / 100€)
PREMIOS LITERARIOS GRAU MIRO 2008 Haiku y Tanka (25:05:2008 / haiku / 100€)
IX EDICIÓN PREMIOS VIDA Y SALUD DE NARRATIVA(25:05:2008 / relato / 600€)
V CERTAMEN INTERNACIONAL DE POESÍA MEMORIAL BRUNO ALZOLA GARCÍA(27:05:2008 / Poesía / 1.500€)
III Premio Tusquets Editores de Novela(30:05:2008 / Novela / 20.000€)
I CONCURSO DE LETRAS FLAMENCAS(30:05:2008 / Poesía / 1.500€)
IV Certamen Teresa Pinillos Ensayos divulgación...(31:05:2008 / Ensayo / 2.000€)
XVIII Premio de Novela 2007/2008 de la Casa de Castilla La Mancha de Madrid(31:05:2008 / Novela / 3.000€)
PREMIOS FRAY LUIS DE LEÓN DE NOVELA, POESÍA, ENSAYO Y TEATRO.(31:05:2008 / Novela, Poesía... / 12.000€)
I Certamen de Narrativa 2008 “Contando el Sur” (31:05:2008 / Narrativa / 2.000€)
XII PREMIO DE NUEVA NOVELA CORTA “SALVADOR GARCIA AGUILAR”(31:05:2008 / Novela / 5.000€)
Primer Concurso Iberoamericano de Cuento sobre la Discriminación (31:05:2008 / Cuento / $ 5.000 USD)
NUESTRAS RAÍCES. IX CERTAMEN LITERARIO DE LA ASOCIACIÓN ESPAÑOLA de SOCORROS MUTUOS de CORONEL DORREGO(31:05:2008 / narrativa / diploma)
PREMIO DE POESÍA "Nicolás del Hierro"(31:05:2008 / Poesía / 1.500 euros)


Certámenes JUNIO 2008
VI PREMIO NACIONAL VIVIR DE RELATO BREVE (01:06:2008 / Relato / 6.000€)
I Concurso de Investigación sobre Lenguas Indígenas 2007 (Venezuela)(01:06:2008 / investigación / Bs. 3.000)
Premio Grupo Nelson de literatura cristiana de ficción (USA) (15:06:2008 / Ficción / $ 5.000 USD)
I Certamen literario Ayuntamiento de Berrioplano. Fuerte San Cristóbal(15:06:2008 / relato / 2.000€)
X Concurso de Relatos Cortos: “Memorias y Cuentos del Moncayo”(15:06:2008 / relato / 500€)
II Premio Internacional de Novela Negra RBA(15:06:2008 / Novela / 150.000 euros)
I Certamen de Poesía - Memoria Mª Pilar Escalera Martínez(21:06:2008 / Poesía / 200€)
Premio nacional de poesía Conrado Blanco León. (23:06:2008 / Poesía / 1.500€ / 1 folio)
PREMIO ALGABA 2008 (27:06:2008 / Biografía / 24.000€)
Premio de Periodismo Félix Valera y Morales (30:06:2008 / Periodismo / 10.000 dólares)
Premio de Novela Onuba 2008(30:06:2008 / Novela / publicación)
Premio Altea de Literatura(30:06:2008 / Novela / 7.000 euros / 180 páginas mínimo)
PREMIO FINIS TERRAE 2008(30:06:2008 / Ensayo / 12.000 euros / 150 folios mínimo)
VIII Edición de Cuentos y Narraciones Cortas Leandro Perdomo(30:06:2008 / Cuento / 1.800 euros / 80-120 folios)
II Edición Premio Internacional de Poesía Víctor Valera Mora (Venezuela)(30:06:2008 / Poesía / $ 100.000,00 USD)
IV CONVOCATORIA PREMIO DE RELATOS CIENTÍFICO-LITERARIOS ¿TE ATREVES...'(30:06:2008 /relato / 2.000 euros)
IV Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil(30:06:2008 / Infantil y juvenil / $30.000 USD )
Premi Alfons el Magnanim de narrativa en castellano(30:06:2008 / Narrativa / 30.000 euros )
Premi Alfons el Magnanim de poesía en castellano(30:06:2008 / Poesía /15.000 euros )
Premio de Relato Corto Mi Ciudad Desconocida @(México) (30:06:2008 / Narrativa/ 25.000 pesos)
V Premio literario infantil-juvenil Nostromo(30:06:2008 / Narrativa)
XII Premio Literario Nostromo(30:06:2008 / Narrativa / 10.000 euros)
Premio Unicaja de Novela "Fernando Quiñones"(30:06:2008 / Novela / 30.000 euros)


Certámenes JULIO 2008
PREMIO BOLBAITE DE NARRATIVA(01:07:2008 / narrativa / 400 euros)
PREMIOS BELLAS ARTES DE LITERATURA (México)(04:07:2008 / narrativa / 250.000 pesos)
I CERTAMEN DE POESÍA Y RELATO CORTO“RODRIGO MANRIQUE” (15:07:2008 / relato, poesía / 320 euros)
CONCURSO DE NARRATIVA XIX PREMIO LITERARIO CAMILO JOSÉ CELA(15:07:2008 / Narrativa / 2.000 euros)
VII EDICIÓN PREMIOS FRAMAGUAD PARA JÓVENES CREADORES(22:07:2008 / relato / 1.200 euros)
Tercer Certamen de Autobiografía “Un Capítulo de mi Vida" (México) (30:07:2008 / autobiográfia / 2.000 pesos)
IV PREMIOS ANDRÓMEDA DE FICCIÓN ESPECULATIVA (31:07:2008 / relato, novela)


Certámenes AGOSTO 2008
XVI PREMIO DE RELATOS CORTOS DIPUTACIÓN DE HUELVA JOSÉ NOGALES(30:08:2008 / relato / 6.000 euros)
II CERTAMEN DE AUTOBIOGRAFÍA PARA OBRA PUBLICADA ALEJO CARPENTIER(30:08:2008 / Autobiografía)
Primer Premio Mundial de Literatura Aguas Verdes (Perú)(30:08:2008 / Poesía / 5.000 $)


Certámenes SEPTIEMBRE 2008
Premios Fundación Corda(01:09:2008 / Ensayo / 1.000$)
Premio de Narrativa Alfonso VIII(08:09:2008 / Narrativa / 12.000 euros)
PRIMER CERTAMEN LITERARIO “ROSENDO TELLO” (10:09:2008 / Novela / 3.500 euros)
XX CERTAMEN LITERARIO “PEDRO DE ATARRABIA”(12:09:2008 / relato / 2.500 euros)
Premio UPC Ciencia-Ficción(15:09:2008 / Narrativa / 6.000 euros)
I Certamen literario de cuentos y relatos de montaña(15:09:2008 / relato / 500 euros + publicación)
II Premio Ateneo Jovellanos de Investigación Histórica(15:09:2008 / Investigación / 15.000 euros)
Premio de Periodismo de Reportaje Benjamín Palencia (Ávila)(15:09:2008 / Periodismo / 4.000 euros)
XVI PREMIO EDEBÉ(15:09:2008 / Narrativa Infantil y Juvenil / 30.000 euros)
BASES DEL XIV CERTAMEN PREMIO DE POESÍA 'VILLA DE COX'(19:09:2008 / Poesía / 3.000 euros)
III CONCURSO DE RELATOS “COMARCA DEL MAESTRAZGO”(26:09:2008 / Relato / 500 euros)
Premio Internacional de Novela Las Dos Orillas (30:09:2008 / Novela / 10.000 euros)
I Premio de Ensayo Histórico Ciudad de Cehegin(30:09:2008 / Ensayo / 1.000 euros)
VII Premio de Creación Literaria Poeta Domingo Velásquez(30:09:2008 / Poesía / 4.000 euros)


Certámenes OCTUBRE 2008
I PREMIO DE POESÍA. FUNDACIÓN ECOEM(15:10:2008 / Poesía / 5.000 euros)
XI Premio de Investigación Histórica "Mariano Ciriquiain Gaiztarro"(17:10:2008 / Investigación / 2.750 euros)
XI Premio de Investigación Histórica "Mariano Ciriquiain Gaiztarro"(31:10:2008 / Poesía / $1.000 MN)


Certámenes NOVIEMBRE 2008
Certamen de Cómic Ayuntamiento de Las Rozas(07:11:2008 / Cómic / 300 euros)
III Certamen Cuaderno de Viaje (Ayuntamiento de Las Rozas)(21:11:2008 / Viajes/ 300 euros)
Concurso de blogs 2007-2008(28:11:2008 / blogs)


Certámenes DICIEMBRE 2008
Convocatoria de Trabajos para la Colección de Poesía Pedro Iglesias Caballero (Cabra - Córdoba)(31:12:2008 / Poesía)
Premio de Relato Corto “Mi Ciudad Desconocida" (México) (31:12:2008 / relato /50.000 pesos mexicanos)

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Importante: La información ofrecida es meramente orientativa. Antes de acudir a un certamen es recomendable ponerse en contacto con la entidad convocante. Las bases de los respectivos premios y concursos pueden estar sujetas a cambios.

ANEXO:

Información de utilidad para presentar una obra a un concurso: Consultar detenidamente las bases del mismo en cuanto a género, idioma, envío de originales, fecha límite, nacionalidades, etc. Antes de acudir a un certamen es imprescindible ponerse en contacto con la entidad convocante. Las bases de los respectivos premios y concursos pueden estar sujetas a cambios.


DATOS DEL CONCURSANTE:
Se deberán remitir en un sobre aparte los datos personales (nombre y apellidos del autor, número de DNI o pasaporte en España, o de cédula de identificación fuera de España, dirección completa con código postal y teléfono de contacto). También es recomendable remitir una fotografía y fotocopia del Documento Nacional de Identidad o Pasaporte.

CERTIFICACIÓN:
En la mayoría de concursos se exige que los originales vayan acompañados de una certificación escrita del autor garantizando que los derechos de la obra no están comprometidos y que no ha sido presentada a otro concurso pendiente de resolución. En el caso de obras presentadas con seudónimo, dicha certificación deberá ir firmada con el seudónimo y nunca se incluirá dentro del sobre de la plica.

ACUSE DE RECIBO:
algunas entidades convocantes de Concursos confirman la recepción de originales mediante un acuse de recibo pero nunca mantienen correspondencia con los concursantes.

LEMA Y PLICA:
El sistema de lema y plica consiste en que el nombre del autor es sustituido por un lema que figurará debajo del título y en el exterior del sobre que contenga sus datos personales.

SEUDÓNIMO:
Algunos concursos exigen que los originales vayan firmados con el nombre y apellidos reales del autor. Otros permiten presentarse bajo seudónimo. En este caso los datos personales deberán incluirse dentro de un sobre en cuyo exterior figurarán el título de la obra presentada y el seudónimo.

ENVÍO:
Los originales siempre hay que enviarlos por correo (a poder ser certificado). Normalmente no son aceptados en ningún concurso los envíos a través de e-mail.

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¿CUAL SERIA TU CONSEJO? - EMAIL`S

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Comentario:
Name: OSCAR
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Comentario: HOLA, QUISIERA CREARLE UNA ENFERMEDAD MENTAL A UNA PERSONA LO CUAL SOLO TENGO SU SOBRENOMBRE Y SU IMAGEN FISICA EN MI MENTE, QUE SE LE PODRIA HACER PARA QUE SUFRA TODA SU VIDA, GRACIAS.

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Comentario:
Name: maria
Email:
mariabelen56@hotmail.com
Comentario: estoy con un hombre de hace mas de 8 años y se esta alejando de mi y creo que es por una mujer; como puedo hacer que embrujo o hechizo puedo hacer para que el vuelva a hacer como antes necesito su pasion y su compañia, porfavor contestar lo mas rapido posible .

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Comentario:
Name: joseluis caruci
Email:
jose.caruci@gmail.com
Comentario: hola una pagina super interesante, me encantaria saber si la mujer con la que vivo tiene algun amante pues su comportamiento me parece vastante extraño y estoy sospechando algo pero no quiero alertarle aun yo creo en esto espero por favor su pronta respuesta agradecido de antemano.

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Comentario Entrada "HECHICERIA // PRIMEROS PASOS"
Hola mi nombre es jairo
pasaba para felicitar por la pagina esta exelente aunque no se muchommm
es extraño que me sucedan cosas como soñar el mañana, sentir lo que el otro esta pensando .......wow ....
eso si que me asusta...
es mejor mantenerlo en secreto ya que te tildan de loco sea donde sea.... genial pagina
angelcry_poet@hotmail.com

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Comentario Entrada "HECHIZO - POEMA GOTICO - CREEPWAR"
Holas! Que tal?
Fue un gusto pasar por el blog y leer los diferentes post!
Me encanto y te felicito por el blog..

Yo el mio recien lo empece ayer
y espero q cresca tanto como el tuyo.
Me retiro Besos
xoxo Karuchiz

http://karu-vampire.blogspot.com/

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"DEIDADES HINDUS // DIOSES // MITOLOGIA HINDU"

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Comentario:
Name: Cemiar
Email
: Cemiar666@hotmail.com
Comentario: Queridos hermanos soy el fundador de la iglesia universal de Lucifer. ya tenemos web la direccion es http://www.iglesiadelucifer.com/ espero que os guste pronto tedreis como os prometi la biblia de Lucifer en todas las libreria un saludo a todos.

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Comentario:
Name: PUCCA
Email:
PUC.CAQUIEREAGARU@HOTMAIL.COM
Comentario: ERES GENIAL PUCCA YO TE ADMIRO MUCHO SOY TU FAN NUMERO 1

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Comentario:
Name: dario
Email:
ustedby@hotmail.com
Comentario: ayer,un demonio me quemo mi libro despues de embrujar a alguien;
ahora necesito conseguirlo..ha sido una gran perdida, necesito recuperarlo,
su portada es rosa fiucha.. qe alguien me informe es de editorial rocca coleccion hermes,(editorial desaparecida,...)


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Comentario:
Name: FLOR ARMIDA
Email:
chesbro27@hotmail.com

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Comentario:
Name: ely
Email:
ely_ch0189@hotmail.com

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Comentario:
Name: noelia
Email:
susy0301@yahoo.com.ar
Comentario: necesito saber si lo del recitado para atrapar al hombre que amo es cierto en realidad yo estoy enamorada de un hombre hace ya varios años y he frecuetado a diferentes ponbagira y ninguna con sus trabajos me ha resultado fui a diferentas templos fueron cinco y ninguno me dio resultado como para creer en esta religion.

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Comentario:
Name: leonila
Email:
guanaca_chelita_2003@hotmail.com
Comentario: yo necesito que den aguna receta o un hechizo para que mi marido vuelva hacer carinoso conmigo ahora el me humilla, me insulta y todo eso ami me duele. ADELIA, preguntale a tu abuela que puedo hacer, porfissss .

**********
Comentario:
Name: DARWIN
Email:
grisha_20@hotmail.com
Comentario: HOLA QUIERO SABER SI ELLA VOLVERA A MI, YO LA AMO DEMASIADO Y ES MAS, QUISIERA HACER TODO POR QUE ELLA VUELVA. SE LLAMA VICTORIA, ELLA SE ALEJO DE MI LADO. PERO AHORA ME SIENTO PERDIDO. SOLO QUIERO QUE ELLA ME AME Y NUNCA JAMAS ME AVANDONE O SE SEPARE DE MI LADO QUIERO Q ELLA SOLO VIVA PARA MI, SER EL UNICO EN SU VIDA.

**********
Comentario:
Name: carlos
Email:
daddy_karlos@hotmail.com
Comentario: hola a todos, me gustan los poemas depresivos ..por que mi vida es asi.aveces me siento solo y aveces no, pero duele estar solo .bueno espero conoser chicas de panama o de cual quier parte del mundo, gothmetal.. bueno me despido mi msn daddy_karlos@hotmail.com

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NARUTO,ANIME,MANGA
omar-naruto-shiuripen@hotmail.com

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HELLSING,ANIME,MANGA
Name: ferucard
Email:
jehoshua_kas@hotmail.com

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POESIA GOTICA
Name: yesenia
Email:
yesenia291190@hotmail.com

**********
SENA Comentario "HECHIZO - POEMA GOTICO - CREEPWAR"
...para que todos en el mundo vieran de lo que se puede ser,
capaz de llegar a hacer e imaginar en un mudo lleno de sombras

att: tu peor pesadilla "mareritt"

NIDnightmare@hotmail.com
para terminar,
yo tambien tengo un blog donde narro sobre nuestros origenes,
historia y tendencias actuales en las que se desarrolla nuestra cultura.
mi blog
http://eserick-artegotico.blogspot.com/
por si os inresaria opinar sobre el.

***********
"EL GRAN GRIMORIO"
BUENO HE TENIDO LA DICHA DE LEER Y TOCAR ALGUNOS DE ESTOS LIBROS
COMO LO SON LOS EVANGELIOS DE LOS VAMPIROS ,EL NECRONOMICON Y EL SAN CIPRIANO OTROS, COMO EL SUMA DEMONICA, EL MALUS MALEFICARIUM ,LA CALVICULA DE SALOMON Y EL GRAN GRIMORIO EN SU LENGUA ORIGINAL (FRANCES) TODA DUDA O COMENTARIO A
mailto:fenriz_marduk@hotmail.com

**********
Name: zangrel
Email:
soloyo1472ok@hotmail.com
Comentario: Mi corazón te pertenece así que toma una daga, penetra mi pecho y toma mi sucio corazón

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rocio pedrozo snowiblack@hotmail.com

Espero les guste.....


Amor obsesibo.

Tibio anochecer que abraza mis parpados,
No dejes jamás escapar, el calor de tus brazos
El crepúsculo nocturno amenaza con llevarme
La luna surje entre las sombras
Pálida compañera en mis caminatas.
Que dulce despertar entre la humedad de la tierra.
Ingrávida me levanto y aguardo
Azules se vuelven ya los rojos que tiñen el horizonte.
Tantas calles, callejones, esquinas, repletas de vida,
No busco a alguien especial o diferente
Siempre es lo mismo…
Hermosa tibieza que envuelve la garganta,
Como si una espesa miel se escurriera entre los labios.
Hay cerca una piel aterciopelada que me llama,
Niña de porcelana que con tu dulce apariencia embriagas los sentidos,
Ven a mí y deja que tu belleza fluya por mis venas.
Que pálida esta ahora esta muñeca,
Y que rojo carmesí inunda a mi boca.
La calle esta ahora desierta
Es tan reconfortante sentir la pálida luz de la luna,
Y la suave brisa nocturna
Que sus secretos me susurra al oído.
Oscuros locales que ofrecen saciar las miradas lascivas,
Hombres y mujeres disfrutando los placeres carnales
Y parado en la ventana, mirando la escena, está mi vida
La razón por la cual me alimento,
Mi señor mirándome ávidamente
Provocando descargas orgásmicas en mi.
Que placer inmenso siento al verlo
Sus ojos negros me emocionan,
Lo doy todo por cumplir su voluntad
Tan orgullosa soy con todos
Pero a su lado soy una sumisa esclava
Jamás me pondría delante de el, ni atrás ni adelante!
Siempre a su lado siempre iguales.
Ahora todo es más oscuro, más acogedor
Es que la eternidad no es un castigo, castigo seria pasarla sin el
Y ahora es más fácil cazar, nadie puede resistirse a esos ojos negros
Cuantas delicias! A su lado nada es lo mismo
Puedo saborear y diferenciar cada una de esas pieles
Grandes, chicos, hombres, mujeres, todos saben diferente
Y mientras bebo de alguna desconocida yugular…
Que lindo es abrir los ojos y ver los suyos tomando junto a mi.
Y embelezada por el banquete
Vuelvo a mi cama, pedazo de tierra bajo las piedras
Siguiendo los pasos de mí amo,
Se recuesta a mi lado y besa mi mano.
Esta noche ya termina, queda esperar el alba.
No me importaría si este día se llevara mi no vida
Pues descanso junto a mi señor y solo eso importa
Sentir la frialdad de su piel, ver el resplandor de su blancura
Como puede caber tanta belleza en un solo ser?
Ya descansa, su sueño profundo me reconforta,
Sierro los ojos, esperando soñar con el.


http://www.fotolog.com/nosferatu_07

LOS SIETE PUENTES -- YUKIO MISHIMA

LOS SIETE PUENTES -- YUKIO MISHIMA

LOS SIETE PUENTES
YUKIO MISHIMA


http://madeinjapanoriente.blogspot.com/2008/03/los-siete-puentes-yukio-mishima.html

Eran las once y media de una noche de luna llena del mes de septiembre. Al terminar la reunión a la cual habían asistido, Koyumi y Kanako regresaron a la Casa del Laurel e inmediatamente vistieron sus kimonos de algodón. Hubieran preferido bañarse antes de cambiar su ropa, pero aquella noche no quedaba tiempo para eso.

Koyumi tenía cuarenta y dos años, una figura regordeta, alrededor de cinco pies de altura y un kimono estampado con hojas negras. Kanako, la otra geisha, aun cuando sólo tenía veintidós años y era buena bailarina, no tenía protector y parecía destinada a no desempeñar nunca un papel de importancia en los bailes anuales de otoño y primavera de las geishas. Su kimono de crêpe tenía remolinos azules sobre un fondo blanco.

—Me gustaría saber qué dibujos tendrá el kimono de Masako esta noche—dijo Kanako.

—Tréboles. Ni lo dudes. Está desesperada por tener un hijo.

—¿A tanto ha llegado?

—No, y ése es el problema— Repuso Koyumi—. Todavía le falta mucho para obtener tal triunfo. Si no, sería como la Virgen María. ¡Tendría un niño simplemente por haberse enamorado de un hombre!

Una superstición común entre las geishas es que, cuando una mujer usa un kimono de verano estampado con tréboles o uno de invierno con paisajes dibujados, ha de quedar embarazada en un corto lapso.

Cuando, por fin, terminaron su arreglo, Koyumi sintió súbitos alfilerazos de hambre. Esto le sucedía cada vez que salía para la ronda de fiestas nocturnas. El hambre se le antojaba como una catástrofe inesperada que le llegaba desde afuera y sin previo aviso.

Nunca la asaltaba el apetito frente a los dientes por más aburrida que resultara la reunión; pero, antes y después de su actuación, el hambre la atacaba por sorpresa. Koyumi no podía nunca prever esta eventualidad comiendo en el tiempo debido. A veces, por ejemplo, cuando concurría a la peluquería durante la tarde, observaba a las otras geishas encargar su comida y probarla con deleite mientras aguardaban su turno. Aquello no producía a Koyumi ninguna impresión. Ni siquiera podía imaginar que el risotto o cualquier otro plato, resultara apetitoso. Sin embargo, una hora después, comenzaban los dolores provocados por el hambre y la saliva fluía, tibia, desde las raíces de sus pequeños y fuertes dientes.

Koyumi y Kanako pagaban cierta cantidad mensual a la Casa del Laurel en concepto de publicidad y alimentos. La cuenta de Koyumi era siempre excepcionalmente abultada. No sólo era muy golosa, sino que también era de gustos delicados. Sin embargo, desde que había adoptado el hábito de comer solamente antes y después de sus apariciones en público, su cuenta había ido decreciendo y amenazaba, ahora, con ser menor que la de Kanako.

Koyumi no recordaba el origen de esta excéntrica costumbre ni el día en que comenzó a detenerse en la cocina antes de la primera reunión de la noche y a pedir, con impaciencia, mientras bailaba:

"¿No hay alguna cosita para comer?" Ahora había adquirido la costumbre de cenar en la cocina de la primera casa y de efectuar un último refrigerio en las dependencias de la vivienda en la que terminaba la noche. Su estómago se había acostumbrado a esta rutina y, en consecuencia, su cuenta en materia de alimentos en la Casa del Laurel, había disminuido notablemente.

El Ginza estaba casi desierto cuando las dos geishas comenzaron a caminar hacia la Casa Yonei en Shimbashi.

Kanako señaló el cielo que se vislumbraba sobre el techo de un Banco cuyas ventanas estaban protegidas por gruesos barrotes:—Tenemos suerte con el tiempo, ¿no es cierto? Hoy hasta se podría ver a un hombre en la Luna.

Los pensamientos de Koyomi estaban concentrados en su estómago. Su primera reunión había tenido lugar en lo de Yonei y, la última, en lo de Fuminoya. Sólo en aquel momento caía en la cuenta de que había sido un error no cenar en lo de Fuminoya antes de marcharse. Había tenido que salir precipitadamente rumbo a la Casa del Laurel y el tiempo había resultado escaso. Tendría que reclamar su cena en lo de Yonei, en la misma cocina donde había comido horas antes. Este pensamiento la apesadumbró.

Sin embargo, la ansiedad de Koyumi se disipó tan pronto como hubo puesto un pie dentro de la cocina. Masako, la muy cuidada hija de la dueña del lugar, las aguardaba en la puerta. Llevaba, efectivamente, el kimono con tréboles que sus fantasías le habían adjudicado. Al ver a Koyumi, dijo con gran tacto: —No las esperaba tan pronto. No tenemos prisa. ¿Por qué no entran y comen algo antes de irse?

La cocina estaba en desorden, colmada de sobras de las fiestas de la noche. Enormes pilas de platos y bols brillaban a la luz de las lamparillas sin pantalla. Masako estaba de pie, con una mano apoyada en el marco de la puerta. Ocultaba la luz con su cuerpo y su rostro permanecía en la sombra. Koyumi se alegró que aquella circunstancia no revelara la expresión de alivio que le había provocado la invitación de Masako.

Mientras Koyumi se instalaba frente a su cena, Masako llevó a Kanako hasta su cuarto. De todas las geishas que frecuentaban la Casa Yonei, era ella con quien más congeniaba. Tenían la misma edad, habían concurrido a la misma escuela primaria y su belleza era muy semejante. Pero, por encima de estas razones, lo cierto es que Kanako realmente le gustaba.

Kanako era tan modesta que parecía lista para ser arrebatada por la más ligera brisa. Sin embargo, había acumulado toda la experiencia necesaria y una palabra dicha por ella como al descuido, traía enormes beneficios a Masako. La alegre Masako era, por el contrario, tímida y aniñada en todo lo referente al amor. Su puerilidad era de todos conocida y su madre estaba tan segura de la inocencia de la muchacha, que el kimono con tréboles no había despertado sus sospechas.

Masako estudiaba en la Facultad de Artes de la Universidad de Waseda. Siempre había sentido profunda admiración por R, el actor de cine. Esta pasión no había hecho sino aumentar desde el día en que el actor visitara la Casa Yonei.

Su habitación estaba atiborrada con fotografías del astro y había encargado un jarrón esmaltado con su foto junto a él obtenida en ocasión de tan memorable visita. Se destacaba sobre su escritorio, siempre lleno de flores.

Kanako se sentó y dijo: —Hoy dieron a conocer el reparto. —Frunció su boca en un mohín.

—¿Ah, sí?—Apenada por Kanako, Masako fingió no estar enterada del asunto.

—No he conseguido más que un pequeño papel. Nunca lograré algo mejor. Es como para descorazonarme. Me siento como una chica que, en un espectáculo musical, permanece año tras año en el coro.

—Estoy segura de que el año que viene te darán un buen papel.

Kanako sacudió la cabeza: —Mientras tanto, envejezco. Sin siquiera advertirlo, pronto seré como Koyumi.

—No seas tonta. Todavía te faltan veinte años.

Aquella noche no hubiera sido apropiado, para ninguna de las jóvenes, mencionar, en el curso de la conversación, el objeto de sus plegarias elevadas al cielo. Pero, aun sin preguntarlo, todas lo sabían. Masako deseaba una aventura con R.; Kanako un buen protector, y ambas no dudaban de que Koyumi pedía dinero.

Estaba claro que sus plegarias tenían diferentes objetivos todos ellos muy razonables. Si la Luna no se los otorgaba, sería el astro, y no ellas, quien fallaría. Sus esperanzas se reflejaban simple y honestamente en sus rostros y eran deseos tan humanos que cualquiera que contemplara a aquellas tres mujeres caminando a la luz de la luna, no podría dudar de que el astro de la noche reconocería su sinceridad y respondería a sus plegarias.

—Vendrá alguien con nosotros esta noche—anunció Masako.

—¿Quién?

—Una sirvienta. Se llama Mina y ha llegado del campo hace un mes. Le dije a mi madre que no quería que viniera conmigo, pero Mamá insistió en que se quedaría preocupada si no enviaba a alguien para acompañarme.

—¿Cómo es?—preguntó Kanako.

—Ya la verás. Es, lo que podríamos llamar, bien desarrollada

En aquel momento Mina entreabrió las puertas corredizas ubicadas tras ellas y asomó la cabeza.

—Ya te he dicho que cuando abras las puertas corredizas, deberás, primero, arrodillarte, y luego, abrirlas. —El tono de Masako era altanero.

—Sí, señorita.

Kanako contuvo la risa frente a la aparición de la muchacha que llevaba un vestido entero hecho con retazos y parches de tela de kimono. Sus cabellos se rizaban en una apretada permanente y unos brazos extraordinariamente morenos asomaban de sus mangas y rivalizaban con el colorido de su rostro. Las mejillas abultadas aplastaban sus rasgos abotagados y sus ojos parecían dos ranuras. Aun cuando cerrara la boca, sus dientes irregulares y prominentes se ingeniaban para aparecer entre los labios. Resultaba difícil descubrir en aquel rostro expresión alguna.

—¡Un buen guardaespaldas! —murmuró Kasako al oído de su amiga.

Masako adoptó un tono severo: —Vuelvo a repetir lo que ya os he dicho antes. En cuanto salgamos de esta casa, ya no podréis abrir la boca, pase lo que pase, hasta que hayamos cruzado los siete puentes. Una sola palabra y no obtendréis lo deseado. Si alguien conocido nos habla, mala suerte. Sin embargo, no creo que exista ningún peligro en ese sentido. Algo más. No podéis usar dos veces el mismo camino, y es menester que nos limitemos a seguir a Koyumi, quien lo dirigirá todo.

Masako había tenido que presentar en la Universidad una monografía sobre Marcel Proust pero, en lo referente a cuestiones de esta naturaleza, la moderna educación recibida en la escuela no le hacía mella alguna.

—Sí, señorita —contestó Mina, de quien no podía saberse si había comprendido o no.

—Como tienes que venir de todos modos, también puedes formular un deseo. ¿Has pensado en algo?

—Sí, señorita —y una sonrisa se extendió lentamente por su rostro.

—¡Bueno, bueno, parece que reacciona como todo el mundo!—comentó Kanako.

En aquel momento apareció Koyumi, palmeándose alegremente el estómago:—Ya estoy lista—anunció.

—¿Has elegido buenos puentes? —preguntó Masako.

—Comenzaremos con el puente Miyoshi. Como pasa sobre dos ríos, ¡cuenta como dos puentes! ¿No es cierto que eso facilita las cosas? Si se me permite decirlo, apuntaré que esta elección significa una gran muestra de inteligencia de mi parte.

Sabiendo que una vez afuera ya no podrían pronunciar una sola palabra, las tres mujeres comenzaron a hablar en voz alta y todas al mismo tiempo como para desquitarse del obligatorio silencio que luego deberían guardar. La conversación prosiguió hasta llegar a la puerta de la cocina. Las Geta de laca negra de Masako la esperaban sobre el piso de tierra junto a la puerta, y mientras deslizaba sus pies desnudos en ellas, las uñas esmaltadas de sus dedos brillaron suavemente en la oscuridad.

—¡Esto sí que es elegancia! ¡Esmalte de uñas y geta negras! ¡Ni la Luna podrá resistirlo! —exclamó Koyumi.

Las cuatro mujeres, guiadas por Koyumi, salieron a la avenida Showa. Pasaron frente a una playa de estacionamiento donde gran cantidad de taxis, ya finalizado el trabajo del día, reflejaban la luna en sus negras carrocerías. Se escuchaba el rumor de los insectos alojados bajo los autos. El tráfico era aún denso en la Avenida Showa, pero la calle ya estaba dormida y el rugido de las motocicletas resonaba tristemente solitario sin el habitual acompañamiento de ruidos callejeros.

Algunas pequeñas nubes cruzaban el cielo iluminado por la Luna. Apenas rozaban el gran banco de nubarrones que se cernía en el horizonte. La luna brillaba limpiamente.

Cuando se silenciaba el rumor del tráfico, el repiquetear de las geta sobre la calzada parecía repercutir directamente en la superficie azul del cielo.

A Koyumi, que caminaba al frente, le agradaba ver ante sus ojos la ancha calle desierta. Se jactaba de no tener que depender de nadie y estaba contenta porque tenía el estómago lleno. Mientras caminaba alegremente le costaba vislumbrar la razón por la cual ansiaba más dinero. Sentía como si su verdadero deseo fuera fundirse suave e involuntariamente en la luz de la luna que bañaba el pavimento. Fragmentos de vidrio brillaban aquí y allá. Hasta el vidrio podía resplandecer bajo la luz de la luna... Reflexionó y se dijo que, quizás, su deseo tan largamente acariciado era como aquel vidrio roto.

Masako y Kanako, con los meñiques entrelazados, iban pisando la larga sombra que Koyumi arrastraba a sus espaldas. El aire de la noche era fresco y ambas sentían cómo la brisa suave penetraba en sus mangas enfriando sus pechos húmedos por la transpiración provocada en la excitación de la partida. A través de los dedos entrelazados se comunicaban sus ruegos aún con más elocuencia que por intermedio de la palabra.

Masako soñaba con la dulce voz de R., con sus largos ojos bien delineados, con su pelo ondulándose bajo las sienes. Ella, como hija del dueño de un restaurante de primera categoría en Shimbashi, no podía ser confundida con otras admiradoras..., no veía, pues, ningún motivo para que su plegaria no fuera escuchada. Recordó que al hablarle R. al oído, su aliento era fragante y sin rastros de alcohol. No podía olvidar aquel aliento joven, masculino, lleno de calor como el heno en verano. Cuando estos recuerdos la asaltaban sentía algo semejante a una onda de agua deslizándose sobre su piel desde las rodillas hasta los muslos. Estaba segura, y tan insegura también, de que el cuerpo de R. existía en alguna parte del mundo. La duda la torturaba constantemente.

Kanako soñaba con un hombre maduro, rico y gordo. Tenía que ser gordo, pues si no, no parecería rico. Pensó en la felicidad que le dispensaría ¡cerrar los ojos y sentirse rodeada de su liberal y generosa protección! Kanako estaba acostumbrada a soñar, pero hasta aquel momento su experiencia le había demostrado que, al abrir los párpados nuevamente, el hombre en cuestión había desaparecido.

Como movidas por un mismo impulso, las dos muchachas volvieron la cabeza y por encima de sus hombros vieron que Mina las seguía pesadamente. Apretaba sus mejillas con las manos, se balanceaba en forma grotesca e iba golpeando el ruedo de su vestido a cada paso. Masako y Kanako coincidieron en que la presencia de Mina constituía un insulto a sus plegarias.

Giraron hacia la derecha, en la Avenida Showa, en el punto donde se encuentran el primero y segundo barrio del Ginza Este. La luz de los faroles bajaba como caída de agua a intervalos regulares a lo largo de los edificios. En la calle angosta, las sombras ocultaban la luz de la luna.

En seguida contemplaron el Puente Miyoshi, frente a ellas. Era el primero de los siete puentes que deberían cruzar.

Está construido en forma curiosa. Se asemeja a una "Y" debido a la bifurcación del río en dicho lugar.

En la orilla opuesta los sombríos edificios de la Oficina del Distrito Central parecían achatarse y la blanca cara de un reloj en su torre proclamaba una hora absurda e incorrecta contra el cielo oscuro.

El puente Miyoshi tiene una balaustrada de escasa altura, y en cada esquina de su parte central, allí donde se encuentran los tres brazos del puente, hay un farol antiguo del que cuelgan un grupo de lamparillas eléctricas.

No todas estaban encendidas y los globos apagados lucían opacos y mortecinos bajo la luz de la luna. Gran cantidad de insectos voladores se arremolinaban junto a las luces.

El agua del río se encrespaba bajo el resplandor lunar.

Antes de cruzar el puente, las mujeres, dirigidas por Koyumi juntaron las manos para formular sus ruegos. Una débil luz brillaba en la ventana de un edificio cercano y un hombre, que aparentemente había cumplido labores fuera de horario salió de él. Estaba echando llave a la puerta, cuando, advirtiendo el extraño espectáculo, suspendió su ocupación.

Las mujeres comenzaron a cruzar el puente lentamente. No era sino una prolongación del pavimento; pero al hollarlo, sus pasos se hicieron más pesados e inseguros, como si estuvieran subiendo a un escenario. Faltaban pocos metros para franquear el primer brazo del puente, pero ello les infundió una sensación de alivio y tarea cumplida.

Koyumi se detuvo bajo un farol y juntó nuevamente las manos. Las demás la imitaron. De acuerdo con los cálculos de Koyumi, el cruzar dos de los tres brazos del puente, equivalía a dos puentes por separado. Esto significaba que deberían formular sus peticiones cuatro veces en el Puente Miyoshi.

Masako observó los rostros asombrados de los pasajeros de un taxi que pasaba. Pero Koyumi no prestaba atención a tales cosas. Cuando las mujeres llegaron frente a la Oficina del Distrito, oraron por cuarta vez. Kanako y Masako comenzaron a sentir que, junto con el alivio que les proporcionaba el haber cruzado sin inconvenientes los dos primeros puentes, las oraciones, que hasta aquel momento no habían tomado demasiado en serio, representaban algo de trascendental importancia.

Masako llegó a convencerse de que prefería estar muerta si no podía consumar su encuentro con R. El solo hecho de cruzar dos puentes había multiplicado la intensidad de sus deseos. Por otra parte, Kanako creía ahora que la vida no merecía la pena de ser vivida si no encontraba un buen protector. Sus corazones se llenaron de emoción y los ojos de Masako se humedecieron repentinamente.

A su lado, Mina, con los ojos cerrados, mantenía reverentemente las manos juntas. Masako no dudó de que, cualquiera fuera la plegaria de Mina, jamás sería tan importante como la suya. Sintió desprecio y también envidia por la cueva vacía e insensible que era el corazón de la sirvienta.

Caminaron hacia el Sur, siguiendo el río hasta la estación de tranvías. El último coche había partido hacía ya largo rato, y las vías que quemaban durante el día bajo el sol de otoño, eran ahora dos líneas blancas y frías.

Aun antes de llegar a la estación, Kanako había comenzado a sentir extraños dolores en su abdomen. Algo le había caído mal. Los primeros síntomas de un calambre se desvanecieron a los dos o tres pasos seguidos por la sensación de alivio al olvidar el dolor. Mientras se felicitaba por ello, el calambre comenzó a atenacearla nuevamente.

El Puente Tsukiji era el tercero en la lista. Al término de este sombrío puente, ubicado en el centro de la ciudad, distinguieron un sauce plantado a la usanza tradicional. Era un sauce solitario que, normalmente, no se hubieran detenido a mirar mientras pasaban rápidamente en auto. Crecía en una pequeña franja de tierra salvada del cemento. Sus hojas, fieles a la tradición, temblaban con la brisa del río. A aquellas avanzadas horas de la noche los edificios bulliciosos morían a su alrededor. Sólo el sauce se agitaba, vivo.

Koyumi se detuvo bajo el sauce y juntó las manos para orar. Era quizás su responsabilidad como guía, pero lo cierto es que su rolliza figura se erguía en forma desacostumbrada. En realidad, hacía ya tiempo que Koyumi había olvidado el motivo de sus ruegos. En aquel momento, lo más importante era, para ella, cruzar los siete puentes sin inconvenientes. Esta determinación era la manifestación de que cruzar los puentes se había convertido en el objeto de sus oraciones. Podrá parecer ésta una meta bastante peculiar, pero, como sus repentinos ataques de hambre, pertenecía a su modo de vivir. Mientras caminaba bajo la luna, estos pensamientos se convirtieron en extrañas convicciones. Mantuvo la espalda más derecha que nunca y fijó la mirada hacia adelante.

El Puente Tsukiji es un puente totalmente desprovisto de encanto. Los cuatro pilares de sus extremos carecen de todo atractivo. Sin embargo, mientras lo cruzaban, las cuatro mujeres pudieron oler por primera vez algo parecido al aroma del mar. Soplaba un viento con reminiscencias de brisa salada. Hasta un aviso de neón rojo perteneciente a una compañía de seguros, que podía divisarse hacia el sur, parecía un faro proclamando la proximidad del océano.

Cruzaron el puente y oraron de nuevo. Kanako sintió que su dolor, ahora agudo, le provocaba náuseas. Pasaron por la terminal de tranvías y caminaron entre los viejos edificios amarillos de las empresas S. y el río. Kanako comenzó a rezagarse. Masako, preocupada, aminoró el paso, pero no pudo romper el silencio para preguntarle si se sentía mal. Finalmente, Kanako se hizo entender oprimiendo su vientre y haciendo muecas de dolor.

Sin advertir lo que sucedía, Koyumi seguía marchando triunfalmente hacia adelante. Se agrandó la distancia entre ella y sus compañeras.

Cuando por fin un excelente protector aparecía frente a sus ojos, tan cerca que sólo necesitaba estirar la mano para tocarlo, Kanako sintió con desesperación que sus manos no podrían estirarse lo suficiente. Su rostro estaba mortalmente pálido y una pegajosa transpiración brotaba de su frente.

El corazón humano es sorprendentemente mudable. A medida que el dolor de su abdomen se hacía más intenso, Kanako comprendió que cuanto había deseado con tanto fervor minutos atrás, perdía toda realidad y sólo quedaba reducido a un sueño pueril, irreal y fantástico. Mientras luchaba contra el palpitante e implacable dolor, pensó que, si abandonaba aquellas tontas ilusiones, sus sufrimientos cesarían de inmediato.

Cuando, por fin, el cuarto puente apareció ante sus ojos, Kanako posó suavemente una mano sobre el hombro de Masako y, con ademanes semejantes al lenguaje de la danza, señaló su estomago y sacudió la cabeza. Los mechones de pelo pegados a sus mejillas por la transpiración expresaban bien a las claras que no podía continuar. Abruptamente volvió la espalda y se alejó precipitadamente rumbo a la estación terminal de tranvías.

El primer impulso de Masako fue el de seguirla; pero, recordando que su plegaria quedaría anulada si la interrumpía, se contuvo y sólo miró alejarse a Kasako.

Sólo al llegar al puente, Koyumi advirtió que algo andaba mal. Para ese entonces, Kanako corría frenéticamente bajo la luna sin importarle su aspecto desaliñado. Su kimono azul y blanco flameaba en la brisa y sus geta resonaban entre los edificios cercanos. Un taxi solitario parecía esperarla providencialmente en una esquina.

El cuarto puente era el de Irifuna. Era menester atravesarlo en dirección opuesta a la del Puente Tsukiji.

Las tres mujeres se congregaron en el extremo del puente y oraron con idéntico fervor. Masako sentía pena por Kanako, pero su compasión no brotaba tan espontáneamente como de costumbre. Sólo reflexionaba fríamente que quien desertara del grupo, tomaría, de ahora en adelante, un camino diferente al suyo.

Las plegarias de cada una eran una cuestión personal y ni siquiera en una emergencia era dable esperar que Masako cargara con responsabilidades ajenas.

Las palabras "Puente de Irifuna" se destacaban en letras blancas sobre una placa metálica clavada horizontalmente en un poste al extremo del puente. Este se destacaba en la oscuridad con su lisa superficie de cemento recortada por el crudo reflejo de la estación de gasolina Caltex, ubicada en la otra orilla. Podía verse una lucecita en el río, bajo la sombra del puente. Aparentemente pertenecía a la choza semiderruída de un hombre que vivía en el extremo del muelle de pescadores. La choza estaba adornada con plantas y un letrero anunciaba allí "Botes de placer, Remolcadores, Botes de Pesca y Botes para redes".

El cielo nocturno parecía abrirse sobre los techos de la apretada fila de edificios que descendía gradualmente del otro lado del puente. Las jóvenes advirtieron que la luna, tan brillante minutos atrás, apenas se traslucía a través de finas nubes. El cielo estaba, ahora, completamente nublado.

Las mujeres cruzaron el puente Irifuna sin ningún contratiempo.

El río dobla allí en ángulo recto. El quinto puente se encontraba bastante alejado. Sería menester seguir el río por el terraplén ancho y desierto hasta el puente Akatsuki.

Hacia la derecha la mayoría de los edificios eran restaurantes. En cambio, en la orilla izquierda, montañas de piedra, arena y pedregullo esperaban ser empleadas en alguna construcción. En ciertos lugares su masa oscura ocupaba más de la mitad de la carretera. Poco después contemplaron el edificio del Hospital de San Lucas, que emergía, lúgubre, bajo la velada luna. La enorme cruz dorada instalada en su techo estaba brillantemente iluminada y las luces rojas, destinadas al tráfico aéreo, emitían destellos y delimitaban techos contra el cielo: No había luz en la capilla ubicada a los fondos del Hospital, pero su ventanal gótico se distinguía claramente. Algunas luces permanecían encendidas en las ventanas del Hospital.

Las tres mujeres marchaban en silencio. Masako, la mente ocupada por la tarea que la esperaba, no podía pensar en otra cosa. Sin advertirlo, habían acelerado la marcha y ahora estaba bañada en su transpiración.

El cielo se oscureció en forma amenazadora, y Masako sintió las primeras gotas de lluvia sobre su frente. Afortunadamente, aquello parecía no tener intenciones de convertirse en un aguacero.

En aquel momento apareció frente a ellas el Puente Akatsuki. Era el quinto del recorrido. Los postes de cemento pintados de blanco emitían una tonalidad fantasmal en medio de la noche.

Masako juntó las manos para orar en el extremo del puente, sin advertir las imperfecciones del suelo Trastabillando casi, hubo de .dar con sus huesos sobre un caño de hierro en reparación.

En el otro extremo del puente se encontraba el desvío para automóviles del Hospital San Lucas

El puente no era largo. Las mujeres caminaban tan rápidamente que lo cruzaron en un breve lapso. Sin embargo, la adversidad aguardaba a Koyumi. Una mujer con el pelo suelto y mojado y con una vasija de metal en la mano se acercaba en dirección opuesta. Masako miró fugazmente a la mujer y se atemorizó ante la palidez mortal de aquel rostro bajo el pelo mojado.

La mujer se detuvo en la mitad del puente: —Pero, ¡si es Koyumi! Han pasado tantos años, ¿no es cierto? ¡Koyumi! ¿Estás fingiendo que no me reconoces? ¡Koyumi!

Estiró su cuello hacia Koyumi, cerrándole el paso.

Koyumi bajó los ojos y no contestó. La voz de la mujer era aguda y destemplada como el viento a través de una grieta.

Su monólogo no parecía dirigido a Koyumi, sino a otra persona que no se encontraba allí: —En este momento volvía de la casa de baños. ¡Hace realmente tanto tiempo! ¡Mira que encontrarnos aquí!

Al sentir la mano de la mujer sobre su hombro, Koyumi abrió finalmente los ojos. Comprendió que era inútil negarse a responder a la mujer, ya que el hecho de que alguien le dirigiera la palabra era suficiente como para anular el efecto de la plegaria.

Masako observó el rostro de la mujer. Reflexionó un instante y siguió caminando, dejando atrás a Koyumi.

Masako recordó a la recién llegada. Era una vieja geisha que había aparecido en Shimbashi durante algún tiempo, inmediatamente después de la guerra. Se llamaba Koen. Había comenzado a comportarse en forma extraña, como una chiquilla y ello le había valido ser borrada del registro de geishas. No era sorprendente, pues, que Koen hubiera reconocido a Koyumi, una vieja amiga. Sin embargo, era una coincidencia afortunada que no recordara a Masako.

El sexto puente, el Sakai, era sólo una pequeña estructura con un cartel de metal pintado de verde. Masako apresuró sus rezos y echó a correr para cruzarlo. Volviendo la cabeza, comprobó con alivio que Koyumi se había perdido de vista. Mina, en cambio, la seguía con su acostumbrada expresión de malhumor.

Ya sin guía, Masako no sabía cómo encontrar el séptimo y último puente. Sin embargo, razonó que si continuaba andando por la misma calle, tarde o temprano alcanzaría algún puente paralelo al Akatsuki. Sólo faltaba un puente para que sus plegarias fueran escuchadas.

Una fina llovizna humedeció su rostro. La calle que se extendía frente a ella estaba colmada de depósitos de mercaderías y casuchas de material ocultaban la vista del río. La oscuridad era total. A la distancia, las brillantes luces de la calle volvían aún más negras las tinieblas. Masako no tenía miedo de andar a aquellas altas horas. Tenía un carácter aventurero, y su meta, el logro de sus plegarias, le infundía coraje. A sus espaldas el eco de las geta de Mina, se le antojó una carga insoportable de llevar. En realidad, el eco tenía una alegre irregularidad, pero el porte de Mina, en contraste con sus pasitos, parecía encarnar una burla hacia Masako.

La presencia de Mina sólo produjo cierto desprecio en el corazón de Masako hasta el momento en que Kanako abandonó el grupo. Desde aquel instante comenzó a pesarle y ahora que estaban solas, Masako no podía evitar sentirse molesta frente al enigma que significaban las plegarias de la muchacha campesina.

No era agradable verse seguida por una mujer impasible, de insondables ruegos. No, no era tan desagradable como inquietante y la incomodidad de Masako aumentó gradualmente hasta convertirse en algo parecido al terror. Masako nunca había advertido cuán perturbador resulta no conocer el pensamiento de otra persona.

Tenía la sensación de llevar a sus espaldas una gran masa negra. No era como cuando la seguían Kanako o Koyumi, cuyas plegarias eran tan transparentes que resultaba fácil ver a través de ellas. Masako intentó desesperadamente estimular su anhelo por R. hasta volverlo aún más febril que antes. Pensó en su rostro, en su voz. Recordó su aliento lleno de juventud. Pero la imagen se desvanecía inmediatamente y no intentó reconstruirla.

Era menester cruzar el último puente lo antes posible. Hasta entonces no pensaría ya en nada más.

Las luces de una calle que había divisado en la lejanía parecían ser, ahora, las de un puente. Comprendió que se estaba aproximando a una vía pública importante. Había indicios de que el puente no podía estar lejos.

En efecto, llegó primero a un pequeño parque donde las luces brillaban sobre oscuros charcos producidos por la lluvia, y, luego, apareció el puente con su nombre, "Puente Bizen", escrito en una columna de cemento. En lo alto del pilar una lamparita irradiaba una luz mortecina. Masako divisó a su derecha el Templo de Tsukiji Honganji con su techo verde levemente abovedado. Debería cuidarse al cruzar el puente de no regresar por el mismo camino.

Masako suspiró con alivio. Entrelazó sus dedos para orar en el extremo del puente, y esta vez, para enmendar la superficialidad de sus rezos anteriores, lo hizo cuidadosa y devotamente. Por el rabo del ojo podía observar a Mina, quien, remedándola, apretaba piadosamente las gruesas palmas de sus manos. Verla molestó tanto a Masako, que se apartó de la oración para murmurar a media voz: "¡Ojalá no la hubiera traído! ¡Es verdaderamente exasperante!"

En aquel mismo instante una voz de hombre la interpeló. Masako se puso tensa. Un policía se había detenido a su lado: —¿Qué está haciendo aquí a estas horas de la noche?

Masako no podía contestar. Una palabra lo arruinaría todo. Advirtió de inmediato, a través del apurado interrogatorio, que el policía, al verla orando en medio del puente, la había tomado por una suicida en potencia. Masako no podía hablar. Era necesario hacer comprender a Mina que lo hiciera en su lugar. Tironeó del vestido de la sirvienta e intentó despertar su inteligencia. Por más obtusa que fuera Mina, parecía imposible que no pudiera comprender sus señas. Seguía con los labios obstinadamente sellados. Masako advirtió con desaliento que Mina—fuera por obedecer las instrucciones originales o por proteger sus propias plegarias—estaba resuelta a no hablar.

El tono del policía se hizo aún más áspero:—¡Contésteme! ¡Exijo una respuesta!

Masako decidió que lo mejor que podía hacer era intentar ganar el otro lado del puente y explicarlo todo cuando hubiera finalizado el cruce. Se soltó de la mano del policía y se internó corriendo en el puente. Alcanzó a ver cómo Mina se precipitaba tras ella.

El policía alcanzó a Masako en la mitad del puente.

—Tratando de escapar, ¿eh?—gritó, tomándola de un brazo.

—¿Quién piensa en escaparse? ¡Me está lastimando! —Masako había gritado impulsivamente. Advirtiendo, entonces, que sus plegarias habían quedado en la nada, miró hacia el lado derecho del puente con los ojos llameantes de indignación.

Mina, a salvo en el otro extremo, completaba su catorceava y última plegaria.

Cuando regresaron, Masako se quejó histéricamente a su madre, quien, sin saber lo que sucedía, reprendió a Mina.

—¿Puedes decirme qué pedías en tus plegarias?—preguntó.

Por toda respuesta, Mina se limitó a sonreír estúpidamente.

Algunos días después y ya un poco más tranquila, Masako continuó importunando a Mina:—¿Qué pedías?—le preguntó por centésima vez—. Cuéntamelo. Con toda seguridad ya me lo puedes contar.

Pero Mina sólo esbozaba una sonrisa evasiva.

—¡Eres espantosa! Mina, ¡eres realmente insoportable!

Y riéndose, Masako pellizcó el hombro de Mina con sus uñas cuidadosamente afiladas por la manicura.

La piel elástica y pesada repelió las uñas. Los dedos de Masako quedaron insensibles y ya no supo qué hacer con su mano.

El Vampiro -- John William Polidori

El Vampiro -- John William Polidori

El Vampiro
John William Polidori




Sucedió en medio de las disipaciones de un duro invierno en Londres. Apareció en diversas fiestas de los personajes más importantes de la vida nocturna y diurna de la capital inglesa, un noble, más notable por sus peculiaridades que por su rango.
Miraba a su alrededor como si no participara de las diversiones generales. Aparentemente, sólo atraían su atención las risas de los demás, como si pudiera acallarlas a su voluntad y amedrentar aquellos pechos donde reinaba la alegría y la despreocupación.Los que experimentaban esta sensación de temor no sabían explicar cual era su causa. Algunos la atribuían a la mirada gris y fija, que penetraba hasta lo más hondo de una conciencia, hasta lo más profundo de un corazón. Aunque lo cierto era que la mirada sólo recaía sobre una mejilla con un rayo de plomo que pesaba sobre la piel que no lograba atravesar.
Sus rarezas provocaban una serie de invitaciones a las principales mansiones de la capital. Todos deseaban verle, y quienes se hallaban acostumbrados a la excitación violenta, y experimentaban el peso del "ennui", estaban sumamente contentos de tener algo ante ellos capaz de atraer su atención de manera intensa.
A pesar del matiz mortal de su semblante, que jamás se coloreaba con un tinte rosado ni por modestia ni por la fuerte emoción de la pasión, pese a que sus facciones y su perfil fuesen bellos, muchas damas que andaban siempre en busca de notoriedad trataban de conquistar sus atenciones y conseguir al menos algunas señales de afecto. Lady Mercer, que había sido la burla de todos los monstruos arrastrados a sus aposentos particulares después de su casamiento, se interpuso en su paso, e hizo cuanto pudo para llamar su atención... pero en vano. Cuando la joven se hallaba ante él, aunque los ojos del misterioso personaje parecían fijos en ella, no parecían darse cuenta de su presencia. Incluso su imprudencia parecía pasar desapercibida a los ojos del caballero, por lo que, cansada de su fracaso, abandonó la lucha.
Mas aunque las vulgares adúlteras no lograron influir en la dirección de aquella mirada, el noble no era indiferente al bello sexo, si bien era tal la cautela con que se dirigía tanto a la esposa virtuosa como a la hija inocente, que muy pocos sabían que hablase también con las mujeres.
Sin embargo, pronto se ganó la fama de poseer una lengua meritoria. Y bien fuese porque la misma superaba al temor que inspiraba aquel carácter tan singular, o porque las damas se quedaron perturbadas ante su aparente odio del vicio, el caballero no tardó en contar con admiradoras tanto entre las mujeres que se ufanaban de su sexo junto con sus virtudes domésticas, como entre las que las manchaban con sus vicios.
Por la misma época, llegó a Londres un joven llamado Aubrey. Era huérfano, con una sola hermana que poseía una fortuna más que respetable, habiendo fallecido sus padres siendo él niño todavía.
Abandonado a sí mismo por sus tutores, que pensaban que su deber sólo consistía en cuidar de su fortuna, en tanto descuidaban aspectos más importantes en manos de personas subalternas, Aubrey cultivó más su imaginación que su buen juicio. Por consiguiente, alimentaba los sentimientos románticos del honor y el candor, que diariamente arruinan a tantos jóvenes inocentes.
Creía en la virtud y pensaba que el vicio lo consentía la Providencia sólo como un contraste de aquella, tal como se lee en las novelas. Pensaba que la desgracia de una casa consistía tan sólo en las vestimentas, que la mantenían cálida, aunque siempre quedaban mejor adaptadas a los ojos de un pintor gracias al desarreglo de sus pliegues y a los diversos manchones de pintura.
Pensaba, en suma, que los sueños de los poetas eran las realidades de la existencia.
Aubrey era guapo, sincero y rico. Por tales razones, tras su ingreso en los círculos alegres, le rodearon y atosigaron muchas mujeres, con hijastras casaderas, y muchas esposas en busca de pasatiempos extraconyugales. Las hijas y las esposas infieles pronto opinaron que era un joven de gran talento, gracias a sus brillantes ojos y a sus sensuales labios.
Adherido al romance de su solitarias horas, Aubrey se sobresaltó al descubrir que, excepto en las llamas de las velas, que chisporroteaban no por la presencia de un duende sino por las corrientes de aire, en la vida real no existía la menor base para las necedades románticas de las novelas, de las que había extraído sus pretendidos conocimientos.
Hallando, no obstante, cierta compensación a su vanidad satisfecha, estaba a punto de abandonar sus sueños, cuando el extraordinario ser antes mencionado y descrito se cruzó en su camino.
Le escrutó con atención. Y la imposibilidad de formarse una idea del carácter de un hombre tan completamente absorto en sí mismo, de un hombre que presentaba tan pocos signos de la observación de los objetos externos a él —aparte del tácito reconocimiento de su existencia, implicado por la evitación de su contacto, dejando que su imaginación ideara todo aquello que halagaba su propensión a las ideas extravagantes —pronto convirtió a semejante ser en el héroe de un romance. Y decidió observar a aquel retoño de su fantasía más que al personaje en sí mismo.
Trabó amistad con él, fue atento con sus nociones, y llegó a hacerse notar por el misterioso caballero. Su presencia acabó por ser reconocida.
Se enteró gradualmente de que Lord Ruthven tenía unos asuntos algo embrollados, y no tardó en averiguar, de acuerdo con las notas halladas en la calle, que estaba a punto de emprender un viaje.
Deseando obtener más información con respecto a tan singular criatura, que hasta entonces sólo había excitado su curiosidad sin apenas satisfacerla, Aubrey les comunicó a sus tutores que había llegado el instante de realizar una excursión, que durante muchas generaciones se creía necesaria para que la juventud trepara rápidamente por las escaleras del vicio, igualándose con las personas maduras, con lo que no parecerían caídos del cielo cuando se mencionara ante ellos intrigas escandalosas, como temas de placer y alabanza, según el grado de perversión de las mismas.
Los tutores accedieron a su petición, e inmediatamente Aubrey le contó sus intenciones a Lord Ruthven, sorprendiéndose agradablemente cuando éste le invitó a viajar en su compañía.
Muy ufano de esta prueba de afecto, por parte de una persona que aparentemente no tenía nada en común con los demás mortales, aceptó encantado. Unos días más tarde, ya habían cruzado el Canal de la Mancha.
Hasta entonces, Aubrey no había tenido oportunidad de estudiar a fondo el carácter de su compañero de viaje, y de pronto descubrió que, aunque gran parte de sus acciones eran plenamente visibles, los resultados ofrecían unas conclusiones muy diferentes, de acuerdo con los motivos de su comportamiento.
Hasta entonces, Aubrey no había tenido oportunidad de estudiar a fondo el carácter de su compañero de viaje, y de pronto descubrió que, aunque gran parte de sus acciones eran plenamente visibles los resultados ofrecían conclusiones muy diferentes, de acuerdo con los motivos de su comportamiento.
Su compañero era muy liberal: el vago, el ocioso y el pordiosero recibían de su mano más de lo necesario para aliviar sus necesidades más perentorias. Pero Aubrey observó asimismo que Lord Ruthven jamás aliviaba las desdichas de los virtuosos, reducidos a la indigencia por la mala suerte, a los cuales despedía sin contemplaciones y aun con burlas. Cuando alguien acudía a él no para remediar sus necesidades, sino para poder hundirse en la lujuria o en las más tremendas iniquidades, Lord Ruthven jamás negaba su ayuda.
Sin embargo, Aubrey atribuía esta nota de su carácter a la mayor importunidad del vicio, que generalmente es mucho más insistente que el desdichado y el virtuoso indigente.
En las obras de beneficencia del Lord había una circunstancia que quedó muy grabada en la mente del joven: todos aquellos a quienes ayudaba Lord Ruthven, inevitablemente veían caer una maldición sobre ellos, pues eran llevados al cadalso o se hundían en la miseria más abyecta.
En Bruselas y otras ciudades por las que pasaron, Aubrey se asombró ante la aparente avidez con que su acompañante buscaba los centros de los mayores vicios. Solía entrar en los garitos de faro, donde apostaba, y siempre con fortuna, salvo cuando un canalla era su antagonista, siendo entonces cuando perdía más de lo que había ganado antes. Pero siempre conservaba la misma expresión pétrea, imperturbable, con la generalmente contemplaba a la sociedad que le rodeaba.
No sucedía lo mismo cuando el noble se tropezaba con la novicia juvenil o con un padre infortunado de una familia numerosa. Entonces, su deseo parecía la ley de la fortuna, dejando de lado su abstracción, al tiempo que sus ojos brillaban con más fuego que los del gato cuando juega con el ratón ya moribundo.
En todas las ciudades dejaba a la florida juventud asistente a los círculos por él frecuentados, echando maldiciones, en la soledad de una fortaleza del destino que la había arrastrado hacia él, al alcance de aquel mortal enemigo.
Asimismo, muchos padres sentábanse coléricos en medio de sus hambrientos hijos, sin un solo penique de su anterior fortuna, sin lo necesario siquiera para satisfacer sus más acuciantes necesidades.
Sin embargo, cuanto ganaba en las mesas de juego, lo perdía inmediatamente, tras haber esquilmado algunas grandes fortunas de personas inocentes.
Este podía ser el resultado de cierto grado de conocimiento capaz de combatir la destreza de los más experimentados.
Aubrey deseaba a menudo decirle todo esto a su amigo, suplicarle que abandonase esta caridad y estos placeres que causaban la ruina de todo el mundo, sin producirle a él beneficio alguno. Pero demoraba esta súplica, porque un día y otro esperaba que su amigo le diera una oportunidad de poder hablarle con franqueza y sinceridad. Cosa que nunca ocurrió.
Lord Ruthven, en su carruaje, y en medio de la naturaleza más lujuriosa y salvaje, siempre era el mismo: sus ojos hablaban menos que sus labios. Y aunque Aubrey se hallaba tan cerca del objeto de su curiosidad, no obtenía mayor satisfacción de este hecho que la de la constante exaltación del vano deseo de desentrañar aquel misterio que a su excitada imaginación empezaba a asumir las proporciones de algo sobrenatural.
No tardaron en llegar a Roma, y Aubrey perdió de vista a su compañero por algún tiempo, dejándole en la cotidiana compañía del círculo de amistades de una condesa italiana, en tanto él visitaba los monumentos de la ciudad casi desierta.
Estando así ocupado, llegaron varias cartas de Inglaterra, que abría con impaciencia. La primera era de su hermana dándole las mayores seguridades de su cariño; las otras eran de sus tutores; y la última le dejó asombrado.
Si antes había pasado por su imaginación que su compañero de viaje poseía algún malvado poder, aquella carta parecía reforzar tal creencia. Sus tutores insistían en que abandonase inmediatamente a su amigo, urgiéndole a ello en vista de la maldad de tal personaje, a causa de sus casi irresistibles poderes de seducción, que tornaban sumamente peligrosos sus hábitos para con la sociedad en general.
Habían descubierto que su desdén hacia las adúlteras no tenía su origen en el odio a ellas, sino que había requerido, para aumentar su satisfacción personal, que las víctimas —los compañeros de la culpa— fuesen arrojadas desde el pináculo de la virtud inmaculada a los más hondos abismos de la infamia y la degradación. En resumen: que todas aquellas damas a las que había buscado, aparentemente por sus virtudes, habíanse quitado la máscara desde la partida de Lord Ruthven, y no sentían ya el menor escrúpulo en exponer toda la deformidad de sus vicios a la contemplación pública.
Aubrey decidió al punto separarse de un personaje que todavía no le había mostrado ni un solo punto brillante en donde posar la mirada. Resolvió inventar un pretexto plausible para abandonarle, proponiéndose, mientras tanto, continuar vigilándole estrechamente y no dejar pasar la menor circunstancia acusatoria.
De este modo, penetró en el mismo círculo de amistades que Lord Ruthven, y no tardó en darse cuenta de que su amigo estaba dedicado a ocuparse de la inexperiencia de la hija de la dama cuya mansión frecuentaba más a menudo. En Italia, es muy raro que una mujer soltera frecuente los círculos sociales, por lo que Lord Ruthven se veía obligado a llevar adelante sus planes en secreto. Pero la mirada de Aubrey le siguió en todas sus tortuosidades, y pronto averiguó que la pareja había concertado una cita que sin duda iba a causar la ruina de una chica inocente, poco reflexiva.
Sin pérdida de tiempo, se presentó en el apartamento de su amigo, y bruscamente le preguntó cuáles eran sus intenciones con respecto a la joven, manifestándole al propio tiempo que estaba enterado de su cita para aquella misma noche.
Lord Ruthven contestó que sus intenciones eran las que podían suponerse en semejante menester. Y al ser interrogado respecto a si pensaba casarse con la muchacha, se echó a reír.
Aubrey se marchó, e inmediatamente redactó una nota alegando que desde aquel momento renunciaba a acompañar a Lord Ruthven durante el resto del viaje. Luego le pidió a su sirviente que buscase otro apartamento, y fue a visitar a la madre de la joven, a la que informó de cuanto sabía, no sólo respecto a su hija, sino también al carácter de Lord Ruthven.
La cita quedó cancelada. Al día siguiente, Lord Ruthven se limitó a enviar a su criado con una comunicación en la que se avenía a una completa separación, mas sin insinuar que sus planes hubieran quedado arruinados por la intromisión de Aubrey.
Tras salir de Roma, el joven dirigió sus pasos a Grecia, y tras cruzar la península, llegó a Atenas.
Allí fijó su residencia en casa de un griego, no tardando en hallarse sumamente ocupado en buscar las pruebas de la antigua gloria en unos monumentos que, avergonzados al parecer de ser testigos mudos de las hazañas de los hombres que antes fueron libres para convertirse después en esclavos, se hallaban escondidos debajo del polvo o de intrincados líquenes.
Bajo su mismo techo habitaba un ser tan delicado y bello que podía haber sido la modelo de un pintor que deseara llevar a la tela la esperanza prometida a los seguidores de Mahoma en el Paraíso, salvo que sus ojos eran demasiado pícaros y vivaces para pretender a un alma y no a un ser vivo.
Cuando bailaba en el prado, o correteaba por el monte, parecía mucho más ágil y veloz que las gacelas, y también mucho más grácil. Era, en resumen, el verdadero sueño de un epicuro.
El leve paso de Ianthe acompañaba a menudo a Aubrey en su búsqueda de antigüedad. Y a veces la incosciente joven se empeñaba en la persecución de una mariposa de Cachemira, mostrando la hermosura de sus formas al dejar flotar su túnica al viento, bajo la ávida mirada de Aubrey que así olvidaba las letras que acababa de descifrar en una tablilla medio borrada.
A veces, sus trenzas relucían a los rayos del sol con un brillo sumamente delicado, cambiando rápidamente de matices, pudiendo ello haber sido la excusa del olvido del joven anticuario que dejaba huir de su mente el objeto que antes había creído de capital importancia para la debida interpretación de un pasaje de Pausanias.
Pero, ¿por qué intentar describir unos encantos que todo el mundo veía, mas nadie podía apreciar?
Era la inocencia, la juventud, la belleza, sin estar aún contaminadas por los atestados salones, por las salas de baile.
Mientras el joven anotaba los recuerdos que deseaba conservar en su memoria para el futuro, la muchacha estaba a su alrededor, contemplando los mágicos efectos del lápiz que trazaba los paisajes de su solar patrio.
Entonces, ella le describía las danzas en la pradera, pintándoselas con todos los colores de su juvenil paleta; las pompas matrimoniales entrevistas en su niñez; y, refiriéndose a los temas que evidentemente más la habían impresionado, hablaba de los cuentos sobrenaturales de su nodriza.
Su afán y la creencia en lo que narraba, excitaron el interés de Aubrey. A menudo, cuando ella contaba el cuento del vampiro vivo, que había pasado muchos años entre amigos y sus más queridos parientes alimentándose con la sangre de las doncellas más hermosas para prolongar su existencia unos meses más, la suya se le helaba a Aubrey en las venas, mientras intentaba reírse de aquellas horribles fantasías.
Sin embargo, Ianthe le citaba nombres de ancianos que, por lo menos, habían contado entre sus contemporáneos con un vampiro vivo, habiendo hallado a parientes cercanos y algunos niños marcados con la señal del apetito del monstruo. Cuando la joven veía que Aubrey se mostraba incrédulo ante tales relatos, le suplicaba que la creyese, puesto que la gente había observado que aquellos que se atrevían a negar la existencia del vampiro siempre obtenían alguna prueba que, con gran dolor y penosos castigos, les obligaba a reconocer su existencia.
Ianthe le detalló la aparición tradicional de aquellos monstruos, y el horror de Aubrey aumentó al escuchar una descripción casi exacta de Lord Ruthven.
Pese a ello, el joven, persistió en querer convencer a la joven griega de que sus temores no podían ser debidos a una cosa cierta, si bien al mismo tiempo repasaba en su memoria todas las coincidencias que le habían incitado a creer en los poderes sobrenaturales de Lord Ruthven.
Aubrey cada día sentíase más ligado a Ianthe, ya que su inocencia, tan en contraste con las virtudes fingidas de las mujeres entre las que había buscado su idea de romance, había conquistado su corazón. Si bien le parecía ridícula la idea de que un muchacho inglés, de buena familia y mejor educación, se casara con una joven griega, carente casi de cultura, lo cierto era que cada vez amaba más a la doncella que le acompañaba constantemente.
En algunas ocasiones se separaba de ella, decidido a no volver a su lado hasta haber conseguido sus objetivos. Pero siempre le resultaba imposible concentrarse en las ruinas que le rodeaban, teniendo constantemente en su mente la imagen de quien lo era todo para él.
Ianthe no se daba cuenta el amor que por ella experimentaba Aubrey, mostrándose con él la misma chiquilla casi infantil de los primeros días. Siempre, no obstante, se despedía del joven con frecuencia, mas ello se debía tan sólo a no tener a nadie con quien visitar sus sitios favoritos, en tanto su acompañante se hallaba ocupado bosquejando o descubriendo algún fragmento que había escapado a la acción destructora del tiempo.
La joven apeló a sus padres para dar fe de la existencia de los vampiros. Y todos, con algunos individuos presentes, afirmaron su existencia, pálidos de horror ante aquel solo nombre.
Poco después, Aubrey decidió realizar una excursión, que le llevaría varias horas. Cuando los padres de Ianthe oyeron el nombre del lugar, le suplicaron que no regresase de noche, ya que necesariamente debería atravesar un bosque por el que ningún griego pasaba, una vez que había oscurecido, por ningún motivo.
Le describieron dicho lugar como el paraje donde los vampiros celebraban sus orgías y bacanales nocturnas. Y le aseguraron que sobre el que se atrevía a cruzar por aquel sitio recaían los peores males.
Aubrey no quiso hacer caso de tales advertencias, tratando de burlarse de aquellos temores. Pero cuando vio que todos se estremecían ante sus risas por aquel poder superior o infernal, cuyo solo nombre le helaba la sangre, acabó por callar y ponerse grave.
A la mañana siguiente, Aubrey salió de excursión, según había proyectado. Le sorprendió observar la melancólica cara de su huésped, preocupado asimismo al comprender que sus burlas de aquellos poderes hubiesen inspirado tal terror.
Cuando se hallaba a punto de partir, Ianthe se acercó al caballo que el joven montaba y le suplicó que regresase pronto, pues era por la noche cuando aquellos seres malvados entraban en acción. Aubrey se lo prometió.
Sin embargo, estuvo tan ocupado en sus investigaciones que no se dio cuenta de que el día iba dando fin a su reinado y que en el horizonte aparecía una de aquellas manchas que en los países cálidos se convierten muy pronto en una masa de nubes tempestuosas, vertiendo todo su furor sobre el desdichado país.
Finalmente, montó a caballo, decidido a recuperar su retraso. Pero ya era tarde. En los países del sur apenas existe el crepúsculo. El sol se pone inmediatamente y sobreviene la noche. Aubrey se había demorado con exceso. Tenía la tormenta encima, los truenos apenas se concedían un respiro entre sí, y el fuerte aguacero se abría paso por entre el espeso follaje, en tanto el relámpago azul parecía caer a sus pies.
El caballo se asustó de repente, y emprendió un galope alocado por entre el espeso bosque. Por fin, agotado de cansanci, el animal se paró, y Aubrey descubrió a la luz de los relámpagos que estaba en la vecindad de una choza que apenas se destacaba por entre la hojarasca y la maleza que le rodeaba.
Desmontó y se aproximó, cojeando, con el fin de encontrar a alguien que pudiera llevarle a la ciudad, o al menos obtener asilo contra la furiosa tormenta.
Cuando se acercaba a la cabaña, los truenos, que habían callado un instante, le permitieron oír unos gritos femeninos, gritos mezclados con risotadas de burla, todo como en un solo sonido. Aubrey quedó turbado. Mas, soliviantado por el trueno que retumbó en aquel momento, con un súbito esfuerzo empujó la puerta de la choza.
No vio más que densas tinieblas, pero el sonido le guió. Aparentemente, nadie se había dado cuenta de su presencia, pues aunque llamó, los mismos sonidos continuaron, sin que nadie reparase al parecer en él.
No tardó en tropezar con alguien, a quien apresó inmediatamente. De pronto, una voz volvió a gritar de manera ahogada, y al grito sucedió una carcajada. Aubrey hallóse al momento asido por una fuerza sobrehumana. Decidido a vender cara su vida, luchó mas en vano. Fue levantado del suelo y arrojado de nuevo al mismo con una potencia enorme. Luego, su enemigo se le echó encima y, arrodillado sobre su pecho, le rodeó la garganta con las manos. De repente, el resplandor de varias antorchas entrevistas por el agujero que hacía las veces de ventana, vino en su ayuda. Al momento, su rival se puso de pie y, separándose del joven, corrió hacia la puerta. Muy poco después, el crujido de las ramas caídas al ser pisoteadas por el fugitivo también dejó de oírse.
La tormenta había cesado, y Aubrey, incapaz de moverse, gritó, siendo oído poco después por los portadores de antorchas.
Entraron a la cabaña, y el resplandor de la resina quemada cayó sobre los muros de barro y el techo de bálago, totalmente lleno de mugre.
A instancias del joven, los recién llegados buscaron a la mujer que le había atraído con sus chillidos. Volvió, por tanto, a quedarse en tinieblas. Cual fue su horror cuando de nuevo quedó iluminado por la luz de las antorchas, pudiendo percibir la forma etérea de su amada convertida en un cadáver.
Cerró los ojos, esperando que sólo se tratase de un producto espantoso de su imaginación. Pero volvió a ver la misma forma al abrirlos, tendida a su lado.
No había el menor color en sus mejillas, ni siquiera en sus labios, y en su semblante se veía una inmovilidad que resultaba casi tan atrayente como la vida que antes lo animara. En el cuello y en el pecho había sangre, en la garganta las señales de los colmillos que se habían hincado en las venas.
—¡Un vampiro! ¡Un vampiro! —gritaron los componentes de la partida ante aquel espectáculo.
Rápidamente construyeron unas parihuelas, y Aubrey echó a andar al lado de la que había sido el objeto de tan brillantes visiones, ahora muerta en la flor de su vida.
Aubrey no podía ni siquiera pensar, pues tenía el cerebro ofuscado, pareciendo querer refugiarse en el vacío. Sin casi darse cuenta, empuñaba en su mano una daga de forma especial, que habían encontrado en la choza. La partida no tardó en reunirse con más hombres, enviados a la búsqueda de la joven por su afligida madre. Los gritos de los exploradores al aproximarse a la ciudad, advirtieron a los padres de la doncella que había sucedido una horrorosa catástrofe. Sería imposible describir su dolor. Cuando comprobaron la causa de la muerte de su hija, miraron a Aubrey y señalaron el cadáver. Estaban inconsolables, y ambos murieron de pesar.
Aubrey, ya en la cama, padeció una violentísima fiebre, con mezcolanza de delirios. En estos intervalos llamaba a Lord Ruthven y a Ianthe, mediante cierta combinación que le parecía una súplica a su antiguo compañero de viaje para que perdonase la vida de la doncella.
Otras veces lanzaba imprecaciones contra Lord Ruthven, maldiciéndole como asesino de la joven griega.
Por casualidad, Lord Ruthven llegó por aquel entonces a Atenas. Cuando se enteró del estado de su amigo, se presentó inmediatamente en su casa y se convirtió en su enfermero particular.
Cuando Aubrey se recobró de la fiebre y los delirios, quedóse horrorizado, petrificado, ante la imagen de aquel a quien ahora consideraba un vampiro. Lord Ruthven —con sus amables palabras, que implicaban casi cierto arrepentimiento por la causa que había motivado su separación— y la ansiedad, las atenciones y los cuidados prodigados a Aubrey, hicieron que éste pronto se reconciliase con su presencia.
Lord Ruthven parecía cambiado, no siendo ya el ser apático de antes, que tanto había asobrado a Aubrey. Pero tan pronto terminó la convalescencia del joven, su compañero volvió a ofrecer la misma condición de antes, y Aubrey ya no distinguió la menor diferencia, salvo que a veces veía la mirada de Lord Ruthven fija en él, al tiempo que una sonrisa maliciosa flotaba en sus labios. Sin saber por qué, aquella sonrisa le molestaba.
Durante la última fase de su recuperación, Lord Ruthven pareció absorto en la contemplación de las olas que levantaba en el mar la brisa marina, o en señalar el progreso de los astros que, como el nuestro, dan vueltas en torno al Sol. Y más que nada, parecía evitar todas las miradas ajenas.
Aubrey, a causa de la desgracia sufrida, tenía su cerebro bastante debilitado, y la elasticidad de espíritu que antes era su característica más acusada parecía haberle abandonado para siempre.
No era tan amable del silencio y la soledad como Lord Ruthven, pero deseaba estar solo, cosa que no podía conseguir en Atenas. Si se dedicaba a explorar las ruinas de la antigüedad, el recuerdo de Ianthe a su lado le atosigaba de continuo. Si recorría los bosques, el paso ligero de la joven parecía corretear a su lado, en busca de la modesta violeta. De repente, esta visión se esfumaba, y en su lugar veía el rostro pálido y la garganta herida de la joven, con una tímida sonrisa en sus labios.
Decidió rehuir tales visiones, que en su mente creaban una serie de amargas asociaciones. De este modo, le propuso a Lord Ruthven, a quien sentíase unido por los cuidados que aquel le había prodigado durante su enfermedad, que visitasen aquellos rincones de Grecia que aún no habían visto.
Los dos recorrieron la península en todas las direcciones, buscando cada rincón que pudiera estar unido a un recuerdo. Pero aunque lo exploraron todo, nada vieron que llamase realmente su interés.
Oían hablar mucho de diversas bandas de ladrones, mas gradualmente fueron olvidándose de ellas atribuyéndolas a la imaginación popular, o a la invención de algunos individuos cuyo interés consistía en excitar la generosidad de aquellos a quienes fingían proteger de tales peligros.
En consecuencia, sin hacer caso de tales advertencias, en cierta ocasión viajaban con muy poca escolta, cuyos componentes más debían servirles de guía que de protección. Al penetrar en un estrecho desfiladero, en el fondo del cual se hallaba el lecho de un torrente, lleno de grandes masas rocosas desprendidas de los altos acantilados que lo flanqueaban, tuvieron motivos para arrepentirse de su negligencia. Apenas se habían adentrado por paso tan angosto cuando se vieron sorprendidos por el silbido de las balas que pasaban muy cerca de sus cabezas, y las detonaciones de varias armas.
Al instante siguiente, la escolta les había abandonado, y resguardándose detrás de las rocas, empezaron todos a disparar contra sus atacantes.
Lord Ruthven y Aubrey, imitando su ejemplo, se retiraron momentáneamente al amparo de un recodo del desfiladero. Avergonzados por asustarse tanto ante un vulgar enemigo, que con gritos insultantes les conminaban a seguir avanzando, y estando expuestos al mismo tiempo a una matanza segura si alguno de los ladrones se situaba más arriba de su posición y les atacaba por la espalda, determinaron precipitarse al frente, en busca del enemigo...
Apenas abandonaron el refugio rocoso, Lord Ruthven recibió en el hombro el impacto de una bala que le envió rodando al suelo. Aubrey corrió en su ayuda, sin hacer caso del peligro a que se exponía, mas no tardó en verse rodeado por los malhechores, al tiempo que los componentes de la escolta, al ver herido a Lord Ruthven, levantaron inmediatamente las manos en señal de rendición.
Mediante la promesa de grandes recompensas, Aubrey logró convencer a sus atacantes para que trasladasen a su herido amigo a una cabaña situada no lejos de allí. Tras hacer concertado el rescate a pagar, los ladrones no le molestaron, contentándose con vigilar la entrada de la cabaña hasta el regreso de uno de ellos, que debía percibir la suma prometida gracias a una orden firmada por el joven.
Las energías de Lord Ruthven disminuyeron rápidamente. Dos días más tarde, la muerte pareció ya inminente. Su comportamiento y su aspecto no había cambiado, pareciendo tan incosciente al dolor como a cuanto le rodeaba. Hacia el fin del tercer día, su mente pareció extraviarse, y su mirada se fijó insistentemente en Aubrey, el cual sintióse impulsado a ofrecerle más que nunca su ayuda.
—Sí, tú puedes salvarme... Puedes hacer aún mucho más... No me refiero a mi vida, pues temo tan poco a la muerte como al término del día. Pero puedes salvar mi honor. Sí, puedes salvar el honor de tu amigo.
—Decidme cómo —asintió Aubrey—, y lo haré.
—Es muy sencillo. Yo necesito muy poco... Mi vida necesita espacio... Oh, no puedo explicarlo todo... Mas si callas cuanto sabes de mí, mi honor se verá libre de las murmuraciones del mundo, y si mi muerte es por algún tiempo desconocida en Inglaterra... yo... yo... ah, viviré.
—Nadie lo sabrá.
—¡Júralo! —exigió el moribundo, incorporándose con gran violencia—. ¡Júralo por las almas de tus antepasados, por todos los temores de la naturaleza, jura que durante un año y un día no le contarás a nadie mis crímenes ni mi muerte, pase lo que pase, veas lo que veas!
Sus ojos parecían querer salir de sus órbitas.
—¡Lo juro! —exclamó Aubrey.
Lord Ruthven de dejó caer sobre la almohada, lanzando una carcajada, y expiró.
Aubrey retiróse a descansar, mas no durmió pues su cerebro daba vueltas y más vueltas sobre los detalles de su amistad con tan extraño ser, y sin saber por qué, cuando recordaba el juramento prestado sentíase invadido por un frío extraño, con el presentimiento de una desgracia inminente.
Levantóse muy temprano al día siguiente, e iba ya a entrar en la cabaña donde había dejado el cadáver, cuando uno de los ladrones le comunicó que ya no estaba allí, puesto que él y sus camaradas lo habían transportado a la cima de la montaña, según la promesa hecha al difunto de que lo dejarían expuesto al primer rayo de luna después de su muerte.
Aubrey quedóse atónito ante aquella noticia. Junto con varios individuos, decidió ir adonde habían dejado a Lord Ruthven, para enterrarlo debidamente. Pero una vez en la cumbre de la montaña, no halló ni rastro del cadáver ni de sus ropas, aunque los ladrones juraron que era aquel el lugar en que dejaron al muerto.
Durante algún tiempo su mente perdióse en conjeturas, hasta que decidió descender de nuevo, convencido de que los ladrones habían enterrado el cadáver tras despojarlo de sus vestiduras.
Harto de un país en el que sólo había padecido tremendos horrores, y en el que todo conspiraba para fortalecer aquella superstición melancólica que se había adueñado de su mente, resolvió abandonarlo, no tardando en llegar a Esmirna.
Mientras esperaba un barco que le condujera a Otranto o a Nápoles, estuvo ocupado en disponer los efectos que tenía consigo y que habían pertenecido a Lord Ruthven. Entre otras cosas halló un estuche que contenía varias armas, más o menos adecuada para asegurar la muerte de una víctima. Dentro se hallaban varias dagas y yataganes.
Mientras los examinaba, asombrado ante sus curiosas formas, grande fue su sorpresa al encontrar una vaina ornamentada en el mismo estilo que la daga hallada en la choza fatal. Aubrey se estremeció, y deseando obtener nuevas pruebas, buscó la daga. Su horror llegó a su culminación cuando verificó que la hoja se adaptaba a la vaina, pese a su peculiar forma.
No necesitaba ya más pruebas, aunque sus ojos parecían como pegados a la daga, pese a lo cuál todavía se resistía a creerlo. Sin embargo, aquella forma especial, los mismos esplendorosos adornos del mango y la vaina, no dejaban el menor resquicio a la duda. Además, ambos objetos mostraban gotas de sangre.
Partió de Esmirna y, ya en Roma, sus primeras investigaciones se refirieron a la joven que él había intentado arrancar a las artes seductoras de Lord Ruthven. Sus padres se hallaban desconsolados, totalmente arruinados, y a la joven no se la había vuelto a ver desde la salida de la capital de Lord Ruthven.
El cerebro de Aubrey estuvo a punto de desquiciarse ante tal cúmulo de horrores, temiendo que la joven también hubiese sido víctima del mismo asesino de Ianthe. Aubrey tornóse más callado y retraído y su sola ocupación consistió ya en apresurar a sus postillones, como si tuviese necesidad de salvar a un ser muy querido.
Llegó a Calais, y una brisa que parecía obediente a sus deseos no tardó en dejarle en las costas de Inglaterra. Corrió a la mansión de sus padres y allí, por un momento, pareció perder, gracias a los besos y abrazos de su hermana, todo recuerdo del pasado. Si antes, con sus infantiles caricias, ya había conquistado el afecto de su hermano, ahora que empezaba a ser mujer todavía la quería más.
La señorita Aubrey no poseía la alada gracia que atrae las miradas y el aplauso de las reuniones y fiestas. No había en ella el ingenio ligero que sólo existe en los salones. Sus ojos azules jamás se iluminaban con ironías o sarcasmos. En toda su persona había como un halo de encanto melancólico que no se debía a ninguna desdicha sino a un sentimiento interior, que parecía indicar un alma consciente de un reino más brillante.
No tenía el paso leve, que atrae como el vuelo grácil de la mariposa, como un color grato a la vista. Su paso era sosegado y pensativo. Cuando estaba sola, su semblante jamás se alegraba con una sonrisa de júbilo. Pero al sentir el afecto de su hermano, y olvidar en su presencia los pesares que le impedían el descanso, ¿quién no habría cambiado una sonrisa por tanta dicha?
Era como si los ojos de la joven, su rostro entero, jugasen a la luz de su esfera propia. Sin embargo, la muchacha sólo contaba dieciocho años, por lo que no había sido presentada en sociedad, habiendo juzgado sus tutores que debían demorarse tal acto hasta que su hermano regresara del continente, momento en que se constituiría en su protector.
Por tanto, resolvieron que darían una fiesta con el fin de que ella apareciese "en escena". Aubrey habría preferido estar apartado de todo bullicio, alimentándose con la melancolía que le abrumaba. No experimentaba el menor interés por las frivolidades de personas desconocidas, aunque se mostró dispuesto a sacrificar su comodidad para proteger a su hermana.
De esta manera, no tardaron en llegar a su casa de la capital, a fin de disponerlo todo para el día siguiente, elegido para la fiesta.
La multitud era excesiva. Una fiesta no vista en mucho tiempo, donde todo el mundo estaba ansioso de dejarse ver.
Aubrey apareció con su hermana. Luego, estando solo en un rincón, mirando a su alrededor con muy poco interés, pensando abstraídamente que la primera vez que había visto a Lord Ruthven había sido en aquel mismo salón había sido en aquel mismo salón, sintióse de pronto cogido por el brazo, al tiempo que en sus oídos resonaba una voz que recordaba demasiado bien.
—Acuérdate del juramento.
Aubrey apenas tuvo valor para volverse, temiendo ver a un espectro que le podría destruir; y distinguió no lejos a la misma figura que había atraído su atención cuando, a su vez, él había entrado por primera vez en sociedad.
Contempló a aquella figura fijamente, hasta que sus piernas casi se negaron a sostener el peso de su cuerpo. Luego, asiendo a un amigo del brazo, subió a su carruaje y le ordenó al cochero que le llevase a su casa de campo.
Una vez allí, empezó a pasearse agitadamente, con la cabeza entre las manos, como temiendo que sus pensamientos le estallaran en el cerebro.
Lord Ruthven había vuelto a presentarse ante él... Y todos los detalles se encadenaron súbitamente ante sus ojos; la daga..., la vaina..., la víctima..., su juramento.
¡No era posible, se dijo muy excitado, no era posible que un muerto resucitara!
Era imposible que fuese un ser real. Por eso, decidió frecuentar de nuevo la sociedad. Necesitaba aclarar sus dudas. Pero cuando, noche tras noche, recorrió diversos salones, siempre con el nombre de Lord Ruthven en sus labios, nada consiguió.
Una semana más tarde, acudió con su hermana a una fiesta en la mansión de unas nuevas amistades. Dejándola bajo la protección de la anfitriona, Aubrey retiróse a un rincón y allí dio rienda suelta a sus pensamientos.
Cuando al fin vio que los invitados empezaban a marcharse, penetró en el salón y halló a su hermana rodeada de varios caballeros, al parecer conversando animadamente. El joven intentó abrirse paso para acudir junto a su hermana, cuando uno de los presentes, al volverse, le ofreció aquellas facciones que tanto aborrecía.
Aubrey dio un tremendo salto, tomó a su hermana del brazo y apresuradamente la arrastró hacia la calle. En la puerta encontró impedido el paso por la multitud de criados que aguardaban a sus respectivos amos. Mientras trataba de superar aquella barrera humana, volvió a su oído la conocida y fatídica voz:
—¡Acuérdate del juramento!
No se atrevió a girar y, siempre arrastrando a su hermana, no tardó en llegar a casa.
Aubrey empezó a dar señales de desequilibrio mental. Si antes su cerebro había estado sólo ocupado con un tema, ahora se hallaba totalmente absorto en él, teniendo ya la certidumbre de que el monstruo continuaba viviendo.
No paraba ya mientes en su hermana, y fue inútil que ésta tratara de arrancarle la verdad de tan extraña conducta. Aubrey limitábase a proferir palabras casi incoherentes, que aún aterraban más a la muchacha.
Cuando Aubrey más meditaba en ello, más transtornado estaba. Su juramento le abrumaba. ¿Debía permitir, pues, que aquel monstruo rondase por el mundo, en medio de tantos seres queridos, sin delatar sus intenciones? Su misma hermana había hablado con él. Pero, aunque quebrantase su juramento y revelase las verdaderas intenciones de Lord Ruthven, ¿quién le iba a creer? Pensó en servirse de su propia mano para desembarazar al mundo de tan cruel enemigo. Recordó, sin embargo, que la muerte no afectaba al monstruo. Durante días permaneció en tal estado, encerrado en su habitación, sin ver a nadie, comiendo sólo cuando su hermana le apremiaba a ello, con lágrimas en los ojos.
Al fin, no pudiendo soportar por más tiempo el silencio y la soledad salió de la casa para rondar de calle en calle, ansioso de descubrir la imagen de quien tanto le acosaba. Su aspecto distaba mucho de ser atildado, exponiendo sus ropas tanto al feroz sol de mediodía como a la humedad de la noche. Al fin, nadie pudo ya reconocer en él al antiguo Aubrey. Y si al principio regresaba todas las noches a su casa, pronto empezó a descansar allí donde la fatiga le vencía.
Su hermana, angustiada por su salud, empleó a algunas personas para que le siguiesen, pero el joven supo distanciarlas, puesto que huía de un perseguidor más veloz que aquellas: su propio pensamiento.
Su conducta, no obstante, cambió de pronto. Sobresaltado ante la idea de que estaba abandonando a sus amigos, con un feroz enemigo entre ellos de cuya presencia no tenían el menor conocimiento, decidió entrar de nuevo en sociedad y vigilarle estrechamente, ansiando advertir, a pesar de su juramento, a todos aquellos a quienes Lord Ruthven demostrase cierta amistad.
Mas al entrar en un salón, su aspecto miserable, su barba de varios días, resultaron tan sorprendentes, sus estremecimientos interiores tan visibles, que su hermana vióse al fin obligada a suplicarle que se abstuviese en bien de ambos a una sociedad que le afectaba de manera tan extraña.
Cuando esta súplica resultó vana, los tutores creyeron su deber interponerse y, temiendo que el joven tuviera transtornado el cerebro, pensaron que había llegado el momento de recobrar ante él la autoridad delegada por sus difuntos padres.
Deseoso de precaverle de las heridas mentales y de los sufrimientos físicos que padecía a diario en sus vagabundeos, e impedir que se expusiera a los ojos de sus amistades con las inequívocas señales de su trastorno, acudieron a un médico para que residiera en la mansión y cuidase de Aubrey.
Este apenas pareció darse cuenta de ello: tan completamente absorta estaba su mente en el otro asunto. Su incoherencia acabó por ser tan grande, que se vio confinado en su dormitorio. Allí pasaba los días tendido en la cama, incapaz de levantarse.
Su rostro se tornó demacrado y sus pupilas adquirieron un brillo vidrioso; sólo mostraba cierto reconocimiento y afecto cuando entraba su hermana a visitarle. A veces se sobresaltaba, y tomándole las manos, con unas miradas que afligían intensamente a la joven, deseaba que el monstruo no la hubiese tocado ni rozado siquiera.
—¡Oh, hermana querida, no le toques! ¡Si de veras me quieres, no te acerques a él!
Sin embargo, cuando ella le preguntaba a quién se refería, Aubrey se limitaba a murmurar:
—¡Es verdad, es verdad!
Y de nuevo se hundía en su abatimiento anterior, del que su hermana no lograba ya arrancarle.
Esto duró muchos meses. Pero, gradualmente, en el transcurso de aquel año, sus incoherencias fueron menos frecuentes, y su cerebro se aclaró bastante, al tiempo que sus tutores observaban que varias veces diarias contaba con los dedos cierto número, y luego sonreía.
Al llegar el último día del año, uno de los tutores entró en el dormitorio y empezó a conversar con el médico respecto a la melancolía del muchacho, precisamente cuando al día siguiente debía casarse su hermana.
Instantáneamente, Aubrey mostróse alerta, y preguntó angustiosamente con quién iba a contraer matrimonio. Encantados de aquella demostración de cordura, de la que le creían privado, mencionaron el nombre del Conde de Marsden.
Creyendo que se trataba del joven conde al que él había conocido en sociedad, Aubrey pareció complacido, y aún asombró más a sus oyentes al expresar su intención de asistir a la boda, y su deseo de ver cuanto antes a su hermana.
Aunque ellos se negaron a este anhelo, su hermana no tardó en hallarse a su lado. Aubrey, al parecer, no fue capaz de verse afectado por el influjo de la encantadora sonrisa de la muchacha, puesto que la abrazó, la besó en las mejillas, bañadas en lágrimas por la propia joven al pensar que su hermano volvía a estar en el mundo de los cuerdos.
Aubrey empezó a expresar su cálido afecto y a felicitarla por casarse con una persona tan distinguida, cuando de repente se fijó en un medallón que ella lucía sobre el pecho. Al abrirlo, cuál no sería su inmenso estupor al descubrir las facciones del monstruo que tanto y tan funestamente había influido en su existencia.
En un paroxismo de furor, tomó el medallón y, arrojándolo al suelo, lo pisoteó. Cuando ella le preguntó por qué había destruído el retrato de su futuro esposo, Aubrey la miró como sin comprender. Después, asiéndola de las manos, y mirándola con una frenética expresión de espanto, quiso obligarla a jurar que jamás se casaría con semejante monstruo, ya que él...
No pudo continuar. Era como si su propia voz le recordase el juramento prestado, y al girarse en redondo, pensando que Lord Ruthven se hallaba detrás suyo, no vio a nadie.
Mientras tanto, los tutores y el médico, que todo lo habían oído, pensando que la locura había vuelto a apoderarse de aquel pobre cerebro, entraron y le obligaron a separarse de su hermana.
Aubrey cayó de rodillas ante ellos, suplicándoles que demorasen la boda un solo día. Mas ellos, atribuyendo tal petición a la locura que se imaginaban devoraba su mente, intentaron calmarle y le dejaron solo.
Lord Ruthven visitó la mansión a la mañana siguiente de la fiesta, y le fue negada la entrada como a todo el mundo. Cuando se enteró de la enfermedad de Aubrey, comprendió que era él la causa inmediata de la misma. Cuando se enteró de que el joven estaba loco, apenas si consiguió ocultar su júbilo ante aquellos que le ofrecieron esta información.
Corrió a casa de su antiguo compañero de viaje, y con sus constantes cuidados y fingimiento del gran interés que sentía por su hermano y por su triste destino, gradualmente fue conquistando el corazón de la señorita Aubrey.
¿Quien podía resistirse a aquel poder? Lord Ruthven hablaba de los peligros que le habían rodeado siempre, del escaso cariño que había hallado en el mundo, excepto por parte de la joven con la que conversaba. ¡Ah, desde que la conocía, su existencia había empezado a parecer digna de algún valor, aunque sólo fuese por la atención que ella le prestaba! En fin, supo utilizar con tanto arte sus astutas mañas, o tal fue la voluntad del Destino, que Lord Ruthven conquistó el amor de la hermana de Aubrey.
Gracias al título de una rama de su familia, obtuvo una embajada importante, que le sirvió de excusa para apresurar la boda (pese al trastorno mental del hermano), de modo que la misma tendría lugar al día siguiente, antes de su partida para el continente.
Aubrey, una vez lejos del médico y el tutor, trató de sobornar a los criados, pero en vano. Pidió pluma y papel, que le entregaron, y escribió una carta a su hermana, conjurándola —si en algo apreciaba su felicidad, su honor y el de quienes yacían en sus tumbas, que antaño la habían tenido en brazos como su esperanza y la esperanza del buen nombre familiar— a posponer sólo por unas horas aquel matrimonio, sobre el que vertía sus más terribles maldiciones.
Los criados prometieron entregar la misiva, mas como se la dieron al médico, éste prefirió no alterar a la señorita Aubrey con lo que, consideraba, era solamente la manía de un demente.
Transcurrió la noche sin descanso para ninguno de los ocupantes de la casa. Y Aubrey percibió con horror los rumores de los preparativos para el casamiento.
Vino la mañana, y a sus oídos llegó el ruido de los carruajes al ponerse en marcha. Aubrey se puso frenético. La curiosidad de los sirvientes superó, al fin, a su vigilancia. Y gradualmente se alejaron para ver partir a la novia, dejando a Aubrey al cuidado de una indefensa anciana.
Aubrey se aprovechó de aquella oportunidad. Saltó fuera de la habitación y no tardó en presentarse en el salón donde todo el mundo se hallaba reunido, dispuesto para la marcha. Lord Ruthven fue el primero en divisarle, e inmediatamente se le acercó, asiéndolo del brazo con inusitada fuerza para sacarle de la estancia, trémulo de rabia.
Una vez en la escalinata, le susurró al oído:
—Acuérdate del juramento y sabe que si hoy no es mi esposa, tu hermana quedará deshonrada. ¡Las mujeres son tan frágiles...!
Así deciendo, le empujó hacia los criados, quienes, alertados ya por la anciana, le estaban buscando. Aubrey no pudo soportarlo más: al no hallar salida a su furor, se le rompió un vaso sanguíneo y tuvo que ser trasladado rápidamente a su cama.
Tal suceso no le fue mencionado a la hermana, que no estaba presente cuando aconteció , pues el médico temía causarle cualquier agitación.
La boda se celebró con toda solemnidad, y el novio y la novia abandonaron Londres.
La debilidad de Aubrey fue en aumento, y la hemorragia de sangre produjo los síntomas de la muerte próxima. Deseaba que llamaran a los tutores de su hermana, y cuando éstos estuvieron presentes y sonaron las doce campanadas de la medianoche, instantes en que se cumplía el plazo impuesto a su silencio, relató apresuradamente cuanto había vivido y sufrido... y falleció inmediatamente después.
Los tutores se apresuraron a proteger a la hermana de Aubrey, mas cuando llegaron ya era tarde. Lord Ruthven había desaparecido, y la joven había saciado la sed de sangre de un vampiro.

EL HORROR DE SALEM -- HENRY KUTTNER

EL HORROR DE SALEM -- HENRY KUTTNER

EL HORROR DE SALEM

Henry Kuttner

(Título original: «The Salem Horror»)

(Primera publicación: Weird Tales, Mayo 1937)


La primera vez que Carson reparó en los ruidos de su sotano, los atribuyó a las ratas. Más tarde, empezó a oir historias que circulaban entre los supersticiosos polacos que trabajaban en el molino de Derby Street acerca de la primera persona que ocupó la antigua casa, Abigail Prinn. Ya no vivía nadie que recordara a la diabólica bruja, pero las morbosas leyendas que proliferaban por el «distrito de las brujas» de Salem como hierbas en una tumba, daban inquietanntes detalles sobre sus actividades, y eran desagradablemente explícitas respecto a los detestables sacrificios que se sabía había realizado a una imágen carcomida y cornuda de dudoso origen. Los más ancianos aún hablaban en voz baja de Abbie Prinn y de sus monstruosos alardes sobre que era la gran sacerdotisa del poderoso dios que moraba en la profundidad de los montes. En efecto, fueron estos alardeos de la vieja bruja los que acarrearonn su súbita y misteriosa muerte en 1692, época de los famosos ahorcamientos de Gallows Hill. A nadie le gustaba hablar de esto, aunque a veces alguna vieja desdentada se atrevía a comentar medrosamente que las llamas no podían quemarla, porque todo el cuerpo había asumido la peculiar anestesia de su condición de bruja.

Abbie Prinn y su anómala estatua habían desaparecido hacía muchisimo tiempo, pero aún resultaba difícil encontrar inquilinos para su casa decrépita, de fachada en gabletes, con un segundo piso sobresaliente, y curiosas ventanas con cristales en rombos. La fama de malignidad de la casa se había extendido por todo Salem. En realidad , no había sucedido nada allí, en los recientes años, que pudiese dar origen a historias inexplicables; pero quienes llegaban a alquilar la casa solían mudarse a toda prisa, generalmente con vagas y poco satisfactorias explicaciones relacionadas con las ratas.

Y fue una rata la que llevó a Carson a la Habitación de la Bruja. Los apagados chillidos y golpeteos en el interior de las podridas paredes habían alarmado a Carson más de una vez durante las noches de su primera semana en la casa, que había alquilado para conseguir la soledad que necesitaba para terminar una novela que le habían estado pidiendo los editores... otra novela de amor que añadir a la larga lista de éxitos populares. Pero hasta algun tiempo después, no empezo a abrigar ciertas sospechas disparatadamente fantásticas acerca de la inteligencia de la rata que una vez se escabulló de debajo de sus pies, en dirección al oscuro vestíbulo.

La casa tenía instalación eléctrica, pero la bombilla del vestíbulo era floja y daba una luz muy pobre. La rata era una sombra negra, deforme, cuando saltó a pocos metros de él y se detuvo, al parecer, para observarle.

En otra ocasión, Carson pudo echar al animal con un gesto amenazador, y reanudar su trabajo. Pero el tráfico de Derby Street era desusadamente ruidoso, y le resultaba difícil concentrarse en su novela. Sus nervios, sin razón aparente, estaban tensos; por otra parte, la rata, vigilándole fuera de su alcance, le contemplaba con burlona diversión.

Sonriéndose de su propia presunción, dio unos pasos hacia la rata, ésta echó a correr hacia la puerta del sótano, y entonces vió él con sorpresa que estaba entornada. Pensó que debía de habérsele olvidado cerrarla la última vez que estuvo allí, aunque generalmente tenía cuidado de dejar todas las puertas cerradas, pues la vieja casa tenía corrientes de aire. La rata aguardó en la puerta.

Irracionalmente molesto, Carson se fue hacia ella a toda prisa, poniendo en fuga a la rata escaleras abajo. Encendió la luz del sotano y la vió en un rincón. La rata le observó atentamente con sus ojillos relucientes.

Al descender las escaleras no había podido evitar la sensación de que se estaba comportando como un idiota. Pero su trabajo había sido agotador, y subconscientemente aceptaba con agrado cualquier interrupción. Cruzó el sotano en dirección a la rata, viendo con asombro que la bestezuela permanecía inmóvil, vigilandole. «La rata se comporta de manera anormal», pensó; y la mirada fija de sus ojos como botones resultaba un tanto inquietante.

Luego se rió de si mismo, pues la rata dio un brinco repentino y desapareció por un agujero de la pared del sótano. Desmañadamente, rascó una cruz con la punta del pie en la suciedad que había delante de la madriguera, decidiendo poner allí mismo un cepo por la mañana.

El hocico de la rata y sus desiguales bigotes, aparecieron cautelosamente. Avanzó y luego vació y retrocedió. Después el animal empezó a conducirse de un modo singular e inexplicable, casi como si estuviese bailando, pensó Carson. Avanzaba como a tientas, y luego se retiraba otra vez. Daba un saltito hacia adelante, y se paraba en seco, luego saltaba hacia atrás apresuradamente, como si -el simil le vino a Carson de pronto a la cabeza- hubiese una serpiente enroscada ante la madriguera, alerta para evitar la huida de la rata. Pero no había nada, salvo la cruz que Carson había trazado en el polvo.

Indudablemente era el propio Carson quien impedia la fuga de la rata, pues estaba a poca distancia de la madriguera. Así que dio un paso adelante, y el animal desapareció apresuradamente por el agujero.

Picado en su curiosidad, Carson buscó un palo y hurgó en el agujero, tanteando. Al hacerlo, sus ojos, próximos a la pared, descubrieron algo extraño en la losa de piedra que había encima de la madriguera de la rata. Una rápida ojeada en torno a su borde confirmó sus sospechas. La losa debía ser movible.

Carson la inspeccionó minuciosamente, y notó una depresión en su borde a modo de asidero. Sus dedos se acoplaron cómodamente a la muesca, y probó a tirar. La piedra se movió un poco y se paró. Tiró con mas fuerza y, con una rociada de tierra seca, la losa se separó del muro girando como si tuviese goznes.

Un rectángulo negro, hasta la altura del hombro, quedó abierto en la pared. De sus profundidades emanó un hedor mohoso, desagradable, de aire estancado, y Carson, involuntariamente, retrocedió un paso. Súbitamente, recordó las monstruosas historias sobre Abbie Prinn y los espantosos secretos que se suponía guardaba en su casa. ¿Había tropezado él con alguna cámara secreta de la bruja, tanto tiempo desaparecida?

Antes de entrar en la negra abertura tomó la precaución de coger una linterna de arriba. Luego, cautelosamente, agachó la cabeza y se deslizó por el estrecho y maloliente pasadizo, dirigiendo el haz de luz ante sí para explorar el terreno.

Estaba en un estrecho túnel, escasamente más alto que su cabeza, con pavimento y paredes de losas. Seguía recto quizá unos cinco metros, y luego se ensanchaba formando una cámara espaciosa. Al llegar Carson a la habitación del subsuelo -indudablemente escondite de Abbie Prinn, cuarto secreto, pensó, que sin embargo, no pudo salvarla el día que el populacho enloquecido de pavor invadió furioso Derby Street- aspiró con una boqueada de asombro. La habitación era fantástica, asombrosa.

Fue el suelo lo que atrajo la mirada de Carson. El oscuro gris de la pared circular cedía sitio aquí a un mosaico de piedra multicolor en el que predominaban los azules y los verdes y los púrpuras: en efecto, no había colores más cálidos. Debía de haber miles de trocitos de piedras de colores componiendo el dibujo, pues ninguno era mayor que el tamaño de una nuez. El mosaico parecía seguir algun trazado concreto, desconocido para Carson; había curvas de color púrpura y violeta combinadas con líneas angulosas verdes y azules, entremezcladas en fantásticos arabescos. Había círculos, triángulos, un pentáculo, y otras figuras menos familiares. La mayoría de las líneas y figuras irradiaban de un punto concreto: el centro de la cámara, donde había un disco circular de piedra completamente negra de alrededor de medio metro de diámetro.

Era muy silenciosa. No se oían los ruidos de los coches que de cuando en cuando pasaban por Derby Street. En una alcoba poco profunda excavada en el muro, Carson descubrió unas marcas sobre las paredes, y se dirigió lentamente hacia allí, recorriéndolas de arriba abajo con la luz de su linterna.

Las marcas, fueran lo que fuesen, habían sido pintadas en la piedra hacía tiempo, pues lo que quedaba de los misteriosos símbolos era indescifrable. Carson vio varios jeroglíficos parcialmente borrados que le recordaban el estilo árabe, aunque no estaba seguro. En el suelo de la alcoba había un disco de metal corroído de unos dos metros y medio de diámetro, y Carson tuvo la clara sensación de que era movible. Aunque no hubo manera de levantarlo.

Se dio cuenta de que se hallaba de pie exactamente en el centro de la cámara, en el círculo de piedra negra donde convergía el singular trazado. Nuevamente se le hizó patente el completo silencio. Movido por un impulso, apagó la luz de su linterna. Instantáneamente reinó la oscuridad más absoluta.

En ese momento, una singular idea se deslizó en su mente. Se imaginó a si mismo en el fondo de un pozo, y que de arriba descendía un flujo que se derramaba por el eje de la cámara para tragárselo. Tan fuerte fue su impresión que realmente le pareció oir un tronar apagado, como el rugido de una catarata. Singularmente alarmado, encendió la luz y miró rápidamente en torno suyo. El percutir que sentía era, naturalmente, el pulso de su sangre, que se hacía audible en el completo silencio: fenónemo bastante familiar. Pero si este lugar era tan silencioso...

La idea le asaltó como una súbita punzada en su conciencia. Este era un sitio ideal para trabajar. Podía instalar la luz eléctrica, bajar una mesa y una silla, utilizar un ventilador si era necesario..., aunque el olor a moho que había notado al principio parecía haber desaparecido por completo. Se dirigió hacia la entrada del pasadizo, y al salir de la habitación experimentó un inexplicable relajamiento de sus músculos, aunque no se había dado cuenta de que los tenía contraidos. Lo atribuyó al nerviosismo, y subió a prepararse un café y a escribir al dueño de la casa, que vivía en Boston, contándole el descubrimiento que había hecho.

El visitante miró con curiosidad hacia el vestíbulo, una vez que hubo abierto Carson la puerta, y asintió para sí como con satisfacción. Era un hombre de figura flaca y alta, con espesas cejas de color gris acero que sobresalían por encima de unos penetrantes ojos grises. Su rostro, aunque fuertemente marcado y flaco, carecía de arrugas.

- ¿Viene por la Habitación de la Bruja? - preguntó Carson con sequedad. El dueño de la casa se había ido de la lengua, y durante la última semana había estado atendiendo de mala gana a anticuarios y ocultistas deseosos de echar una ojeada a la cámara secreta en la que Abbie Prinn había murmurado sus ensalmos. El mal humor de Carson había ido en aumento, y hasta pensó en la posibilidad de mudarse a un lugar más tranquilo; pero su innata obstinación le había hecho quedarse, decidido a terminar su novela, pese a todas las interrupciones. Ahora, mirando a su visitante fríamente, dijo-: Lo siento, pero no se puede visitar ya más.

El otro le miró sobresaltado, pero casi inmediatamente brilló en sus ojos un destello de comprensión. Extrajo una tarjeta y se la ofreció a Carson.

- Michael Leigh... ocultista, ¿eh? -repitió Carson. Aspiró profundamente. Los ocultistas, había descubierto, eran los peores, con sus oscuras alusiones a cosas innominadas y su profundo interés en el trazado del mosaico del suelo de la Habitación de la Bruja-. Lo siento, señor Leigh, pero... de veras; estoy muy ocupado. Discúlpeme.

Y secamente, dio media vuelta hacia la puerta.

- Un momento -dijo Leigh con rapidez.

Antes de que Carson pudiese protestar, había cogido al escritor por el hombro, y le miraba fijamente a los ojos. Sobresaltado, Carson retrocedió, pero no antes de ver aparecer una extraordinaria expresión, mezcla de aprensión y satisfacción, en el flaco rostro de Leigh. Era como si el ocultista hubiese visto algo desagradable... aunque no inesperado.

- ¿Que es esto? -preguntó Carson con aspereza-. No estoy acostumbrado...

- Lo siento muchisimo -dijo Leigh. Su voz era profunda, agradable-. Debo disculparme. Pensaba... bien, discúlpeme otra vez. Me temo que estoy algo excitado. Mire, he venido de San Francisco para ver la Habitación de la Bruja. ¿De veras que no me permite verla? Le pagaría lo que fuese.

- No -dijo; empezaba a sentir una perversa simpatía por este hombre, con su voz agradable y modulada, su rostro poderoso y su atractiva personalidad-. No, sencillamente deseo un poco de paz; no tiene usted idea de lo que me han molestado- prosiguió, vagamente sorprendido al darse cuenta de que hablaba en tono de disculpa-. Es una molestia espantosa. Casi desearía no haber descubierto esa habitación.

Leigh se acercó con ansiedad.

- ¿Puedo verla? Representa muchísimo para mí; estoy inmensamente interesado en esas cosas. Le prometo no robarle más de diez minutos de su tiempo.

Carson vaciló, y luego asintió. Mientras conducía a su visitante al sótano, se puso a contarle las circunstancias del descubrimiento de la Habitación de la Bruja. Leigh escuchaba atentamente, interrumpiéndole de cuando en cuando con alguna pregunta.

- Y la rata, ¿sabe usted qué ha sido de ella? - preguntó.

Carson se quedó sorprendido.

- Pues no. Supongo que se ocultaría en su madriguera. ¿Por qué?

- Nunca se sabe - dijo Leigh enigmaticamente, cuando entraban en la Habitación de la Bruja.

Carson encendió la luz. Había instalado la electricidad, y había unas cuantas sillas y una mesa; por lo demás, la habitación estaba intacta. Carson observó el rostro del ocultista, y vio con sorpresa que se había puesto ceñudo, casi enfadado.

Leigh se encaminó al centro de la habitación, mirando la silla colocada sobre el círculo de piedra negra.

- ¿Trabaja usted aquí? - preguntó lentamente.

- Sí. Es un sitio tranquilo... He visto que no hay manera de trabajar arriba. Hay demasiado ruido. Pero este sitio es ideal; me resulta muy fácil escribir aquí. Mi pensamiento se siente...-dudó- libre; o sea, desvinculado de las demás cosas. Es una sensación de lo más extraordinaria.

Leigh asintió como si las palabras de Carson confirmasen alguna idea suya. Se volvió hacia la alcoba del disco metálico en el suelo. Carson le siguió. El ocultista se acercó a la pared, repasó los borrosos símbolos con el dedo índice. Murmuró algo en voz baja, unas palabras que a Carson le sonaron como una especie de galimatias:

- Nyogtha... k'yarnak...

Se volvió, con el rostro serio y pálido.

- Ya he visto bastante -dijo suavemente-. ¿Nos vamos?

Sorprendido, Carson asintió, y le condujo de nuevo al sótano.

Una vez arriba, Leigh vaciló, como si le resultase difícil abordar el tema. Por último, pregunto:

- Señor Carson, ¿le importaría decirme si ha tenido usted algún sueño extraño últimamente?

Carson se quedó mirándole, con la burla bailándole en los ojos.

- ¿Sueños? - repitió-. ¡Oh!, comprendo. Bueno, señor Leigh, puedo decirle que no me va a asustar. Sus colegas, los otros ocultistas que han venido a visitar la casa, lo han intentado también.

Leigh alzó sus cejas espesas.

- ¿Sí? ¿Le preguntaron si había tenido sueños?

- Varios... sí.

- ¿Y qué les contestó?

- Que no. - Luego, mientras Leigh se echaba hacia atrás en su silla, con una expresión confundida en el rostro, Carson prosiguió lentamente- : Aunque en realidad no estoy muy seguro.

- ¿Que quiere decir?

- Creo... tengo la vaga impresión... de que he soñado últimamente. Pero no estoy seguro. No puedo recordar nada del sueño. Y... ¡bueno, lo más probable es que sus colegas ocultistas me hayan metido la idea en la cabeza!

- Quizá -dijo Leigh circunstancialmente, mientras se levantaba. Vaciló-. Señor Carson, voy a hacerle una pregunta más bien impertinente. ¿Le es necesario vivir en esta casa?

Carson suspiró con resignación.

- Cuando me hicieron la primera vez esta pregunta, expliqué que quería un lugar tranquilo para trabajar en una novela, y que cualquier lugar tranquilo podría servirme. Pero no es fácil encontrarlo. Ahora que tengo esta Habitación de la Bruja, y me está saliendo el libro con tanta facilidad, no veo por qué razón me tengo que mudar y alterar quizá mi programa. Dejaré esta casa cuando haya terminado la novela; entonces podrán ocuparla ustedes los ocultistas y convertirla en museo o hacer con ella lo que quieran. Me tiene sin cuidado. Pero hasta que no haya terminado la novela, pienso permanecer aquí.

Leigh se frotó la barbilla.

- Desde luego. Entiendo su punto de vista. Pero ¿no hay otro lugar en la casa donde pueda usted trabajar?

Miró a Carson en el rostro un instante, y luego continuó rápidamente:

- No espero que me crea. Usted es materialista. La mayoría de la gente lo es. Pero algunos de nosotros sabemos que por encima y más allá de lo que los hombres llaman ciencia, hay un saber que se funda en leyes y principios que a los hombres corrientes les resultarían incomprensibles. Si ha leido a Machen, recordará que habla del abismo que existe entre el mundo de la conciencia y el de la materia. Es posible tender un puente sobre este abismo. ¡La Habitación de la Bruja es ese puente! ¿Sabe qué es una sala de los secretos?

- ¿Eh? - exclamó Carson, mirando con asombro-. Pero no hay...

- Es una analogía... solamente una analogía. Un hombre puede susurrar una palabra en una galería o cueva, y si usted se sitúa en un punto concreto, a unos treinta metros, oye ese susurro, aunque no lo oiga alguien que se encuentre a sólo tres metros. Es una simple truco de acústica: consiste en la proyección del sonido en un punto focal. Ahora bien, este principio es aplicable a otras cosas, además del sonido. A cualquier onda de impulsos... ¡incluso al pensamiento!

Carson trató de interrumpirle, pero Leigh prosiguió:

- Esa piedra negra del centro de su Habitación de la Bruja es uno de esos puntos focales. El dibujo del suelo, cuando usted se sienta en el círculo negro, se vuelve anormalmente sensible a ciertas vibraciones, a ciertos mandatos mentales... ¡peligrosamente sensible! ¿Le parece que tiene la cabeza muy clara cuando trabaja allí? Es una ilusión, una falsa sensación de lucidez... en realidad, usted es un mero instrumento, un micrófono, sintonizado para captar determinadas vibraciones malignas cuya naturaleza no podría comprender.

El rostro de Carson era un estudio de asombro e incredulidad.

- Pero no querrá decirme que cree usted realmente...

Leigh retrocedió, desapareció la intensidad de sus ojos, que se volvieron ceñudos y fríos.

- Muy bien. Pero he estudiado la historia de Abigail Prinn. Ella conocía también esa ciencia superior de que le hablo. La utilizo para fines maléficos: artes negras, como suelen llamarse. He leído que, en sus últimos días, maldijo a la ciudad de Salem... y la maldición de una bruja puede ser algo pavoroso. ¿Quiere usted... -se levantó, mordiéndose el labio-, quiere usted, al menos, permitirme que pasa a verle mañana?

Casi involuntariamente, Carson asintió.

- Pero me temo que desperdiciará su tiempo. No creo... es decir, no tengo... -tartamudeó, sin saber qué decir.

- Solo es para cerciorarme de que usted...¡Ah!, otra cosa. Si sueña esta noche, ¿querría tratar de recordar el sueño? Si intenta evocarlo inmediatamente después de despertar, es posible recordarlo.

- De acuerdo. Si sueño...

Esa noche, Carson soñó. Se despertó poco antes del amanecer con el corazón latiéndole furiosamente, y con una extraña sensación de desasosiego. Dentro de las paredes, y procedentes de abajo, podía oír las furtivas carreras de las ratas. Saltó de la cama apresuradamente, temblando en la fría claridad de la madrugada. Una luna desmayada brillaba aún debilmente en un cielo pálido.

Entonces recordó las palabras de Leigh. Había soñado; de eso no cabía la menor duda. Pero cuál era el contenido de dicho sueño, era otra cuestión. Por mucho que lo intentó, no pudo recordarlo en absoluto, aunque tenía la vaga sensación de que corría frenéticamente en la oscuridad.

Se vistió rápidamente, y como la quietud de la casa en la madrugada le ponía nervioso, salió a comprar el periódico. Era demasiado temprano para que las tiendas estuviesen abiertas, sin embargo, y se dirigió hacia el oeste en busca de un vendedor de periódicos, torciendo por la primera esquina. Mientras caminaba, una extraña sensación empezó a apoderarse de él: una sensación de... ¡familiaridad! Había andado por aquí antes, y notaba una oscura y turbadora familiaridad en las formas de las casas, en las siluetas de los tejados. Pero -y esto era lo fantástico-, que él supiera, jamás había estado antes en esta calle. Se entretenía poco paseando por esa parte de Salem, pues era de naturaleza indolente; sin embargo, tenía una extraordinaria impresión de recuerdo, y se le hacía más vívida a medida que avanzaba.

Llegó a una esquina, torció maquinalmente a la izquierda. La singular sensación iba en aumento. Siguió andando despacio, reflexionando.

Indudablemente, había pasado por aquí antes, y muy probablemente lo había hecho abstraído, de suerte que no había tenido conciencia de su trayecto. Sin duda, era ésta la explicación. Sin embargo, al desembocar en Charter Street, Carson sintió en su interior una rara intranquilidad. Salem despertaba; con la claridad del día, los impasibles trabajadores polacos comenzaban a cruzarse con él, presurosos, en dirección a los molinos. De cuando en cuando, pasaba un automóvil.

A cierta distancia, vio que se había congregado una multitud en la acera. Apretó el paso, con la sensación de una inminente calamidad. Con extraordinario estupor, vio que se encontraba en el cementerio de Charter Street, la antigua y mal afamada «Necrópolis». Se abrió paso entre la multitud.

A sus oídos llegaron comentarios en voz baja, y vio ante sí una espalda voluminosa en uniforme azul. Miró por encima del hombro del policía y aspiró aire, horrorizado.

Había un hombre inclinado sobre la verja de hierro que cercaba el cementerio. Llevaba un traje barato, llamativo, y se agarraba a las herrumbrosas barras con una fuerza tal que los tendones le sobresalían como cuerdas en el dorso peludo de sus manos. Estaba muerto, y en su cara vuelta hacia el cielo en un gesto dislocado, se había congelado una expresión de abismal y espantoso horror. Sus ojos, totalmente en blanco, sobresalían de manera horrible; su boca era una mueca contraída y amarga.

El hombre que estaba junto a Carson volvió su pálido rostro hacia él.

- Parece como si hubiese muerto de miedo -dijo roncamente-. Me horrorizaría ver lo que ha debido presenciar este hombre. ¡Uf, mire esa cara!

Carson se alejó maquinalmente de allí, sintiendo el hálito helado de algo desconocido que le produjo un escalofrío. Se restregó los ojos, pero aquel rostro contorsiado y muerto flotaba ante su vista. Comenzó a desandar su camino, inquieto y algo tembloroso. Involuntariamente, miró hacia un lado, sus ojos se posaron en las tumbas y monumentos que punteaban el viejo cementerio. Hacía un siglo que no enterraban a nadie allí, y las lápidas manchadas de líquenes, con sus cráneos alados, sus ángeles mofletudos y sus urnas funerarias, parecían exhalar una miasma indefinible de antiguedad. ¿Que habría asustado al hombre hasta el punto de causarle la muerte?

Carson aspiró profundamente. Desde luego, el cadáver había sido un espectáculo horrible, pero no debía permitir que esto alterara sus nervios. No podía consentirlo; esto perjudicaría su novela. Además, razonó consigo mismo, el caso estaba lo suficientemente claro. El muerto era con toda seguridad un polaco, del grupo de inmigrantes que vivian en el puerto de Salem. Al pasar junto al cementerio por la noche, lugar en torno al cual habían surgido numerosas y horribles leyendas durante casi tres siglos, los ojos embriagados de aquel desdichado debieron de dar realidad a los brumosos fantasmas de su mente supersticiosa. Estos polacos eran de emociones inestables, propensos a la histeria colectiva y a figuraciones insensatas. El gran Pánico de los Inmigrantes de 1853, en el que ardieron tres casas de brujas, se debió a la confusa e histérica declaración de una vieja de que había visto a un misterioso forastero vestido de blanco que se «había quitado la cara». ¿Que podía esperarse de semejante gente?, pensó Carson.

Sin embargo, seguía nervioso, y no regresó a casa hasta casi mediodía. Cuando, a su llegada, encontró a Leigh, el ocultista, esperándole, se alegró de verle y le invitó a pasar con cordialidad.

Leigh estaba muy serio.

- ¿Ha sabido alguna cosa sobre su amiga Abigail Prinn? - preguntó sin preámbulos, y Carson se le quedó mirando, detenido en el acto de ir a llenar un vaso con un sifón. Tras un prolongado intervalo, presionó la palanca, soltando el chorro de líquido y espuma en el whisky. Tendió a Leigh la bebida y sirvió otro vaso para sí -whisky solo-, antes de contestar.

- No se de que me habla. Ha... ¿Qué pasa con ella? -preguntó, con un aire de forzada despreocupación.

- He estado revisando los informes -dijo Leigh-, y he averiguado que Abigail Prinn fue enterrada el 14 de diciembre de 1690 en el cementerio de Charter Street, con una estaca en el corazón. ¿Qué ocurre?

- Nada -dijo Carson con voz neutra-. ¿Y bien?

- Pues... resulta que han abierto su tumba, y han robado su cadáver; eso es todo. Han encontrado la estaca arrancada, y hay huellas de pisadas por todo alrededor de la tumba. Huellas de zapatos. ¿Soñó usted anoche, Carson? - Leigh soltó la pregunta como un latigazo, y sus ojos se endurecieron.

- No lo sé - contestó Carson confundido, frotándose la frente-. No puedo recordarlo. He estado en el cementerio de Charter Street esta madrugada, Tony Brazil tuvo la amabilidad de llevarme.

- ¡Ah! Entonces debe de haber oído algo sobre el hombre que...

- Le he visto -interrumpió Carson, con un estremecimiento-. Me ha dejado trastornado.

Apuró el whisky de un trago, Leigh le miró atentamente.

- Bien -dijo luego-, ¿aún está decidido a permanecer en esta casa?

Carson dejó el vaso y se levantó.

- ¿Por qué no? -replicó con sequedad-. ¿Hay alguna razón por la que deba irme?

- Despúes de lo que sucedió anoche...

- ¿Qué sucedió? Han robado una tumba. Un polaco supersticioso vio a los ladrones y se murió del susto. ¿Y qué?

- Está tratando de convencerse a sí mismo -dijo Leigh serenamente-. En su corazón sabe, debe saber, la verdad. Usted se ha convertido en un instrumento en manos de una fuerzas poderosas y terribles, Carson. Abbie Prinn ha estado en su tumba durante tres siglos... no-muerta, esperando que alguien cayese en la trampa: la Habitación de la Bruja. Quizá preveía ella lo que iba a suceder cuando la construyó; previó que algún día, alguien cometería el error de introducirse en esa cámara infernal y sería atrapadoen ese diagrama de mosaico. Ha caido usted, Carson: y ha permitido que se horror no-muerto cruzase el abismo que se abre entre la conciencia y la materia, para ponerse en rapport con usted. El hipnotismo es un juego de niños para un ser con los sobrecogedores poderes de Abigail Prinn. ¡Ella podía obligarle fácilmente a ir a su tumba y arrancarle la estaca que la tenía aprisionada, y luego borrar de su mente el recuerdo de esa acción, de formas que no pudiese ni siquiera saber si fue un sueño!

Carson estaba de pie, y en sus ojos ardía una luz extraña:

- ¡En nombre de Dios! ¿Sabe usted lo que está diciendo?

Leigh se echó a reir agriamente:

- ¡En nombre de Dios! Diga más bien en nombre del diablo: del diablo que amenaza a Salem en ese momento; porque Salem está en peligro, en un terrible peligro. Los hombres, mujeres y niños del pueblo que Abbie Prinn maldijo cuando la ataron al palo... ¡y descubrieron que no la podían quemar! He examinado unos archivos secretos esta mañana, y he venido a rogarle por última vez que abandone esta casa.

- ¿Ha terminado? -preguntó Carson fríamente-. Muy bien. Me quedaré aquí. Usted estará chiflado o bebido, pero no me va a impresionar con sus insensateces.

- ¿Se marcharía si le ofreciese mil dólares? -preguntó Leigh-. ¿O más, quizá... diez mil? Dispongo de una suma considerable.

- ¡No, maldita sea! -espetó Carson en un arrebato de cólera-. Todo lo que quiero es que me dejen solo para terminar mi novela. No puedo trabajar en ninguna otra parte... además; no quiero, yo no...

- Me lo esperaba -dijo Leigh, con voz súbitamente tranquila, y con una extraña nota de simpatía-. ¡Señor, usted no puede marcharse! Usted está atrapado, y es demasiado tarde para sustraerse a los controles cerebrales de Abbie Prinn, a través de la Habitación de la Bruja. Y lo peor de todo es que ella sólo puede manifestarse con su ayuda: le extrae sus fuerzas vitales, Carson, se alimenta de usted como un vampiro.

- Está usted loco -farfulló Carson torpemente-.

- Tengo miedo. Ese disco de hierro de la Habitación de la Bruja... me da miedo; y lo que hay debajo. Abbie Prinn rendía culto a extraños dioses, Carson; y he leído algo en la pared de esa alcoba que me ha hecho pensar. ¿Ha oído hablar alguna vez de Nyogtha?

Carson negó impacientemente con la cabeza. Leigh se hurgó en el bolsillo y sacó un trozo de papel.

- He copiado esto de un libro de la Biblioteca Kester -dijo-; el libro se llama Necronomicón, y fue escrito por una persona que sondeó tan profundamente los secretos prohibidos que los hombres le tacharon de loco. Léalo.

Las cejas de Carson se juntaban a medida que iba leyendo la cita:

«Los hombres conocen con el nombre de Morador de la Oscuridad al hermano de los Primordiales llamado Nyogtha, la Entidad que no debiera existir. Puede ser traído a la superficie de la Tierra a través de ciertas cavernas y fisuras secretas, y los hechiceros le han visto en Siria, y bajo la torre negra de Leng; ha ido al Thang Grotto de Tartaria para sembrar el terror y la destrucción entre los pabellones del Gran Khan. Sólo por la cruz ansada, por el conjuro de Vach-Viraj y por el elixir Tikkoun, puede ser devuelto a las tenebrosas cavernas de oculta impureza donde mora.»

Leigh sostuvo la confundida mirada de Carson.

- ¿Comprende ahora?

- ¡Conjuros y elixires! -exclamó Carson, devolviendole el papel-. ¡Estupideces!

- Ni mucho menos. Los ocultistas y adeptos conocen ese conjuro y ese elixir desde hace miles de años. Yo he tenido ocasión de utilizarlos en otro tiempo en determinadas... ocasiones. Y si estoy en lo cierto... -se volvió hacia la puerta, con los labios apretados en una línea descolorida -, esas manifestaciones han sido vencidas anteriormente, pero la dificultad está en conseguir el elixir; es más difícil obtenerlo. Pero espero... Volveré. ¿Puede abstenerse de entrar an la Habitación de la Bruja hasta que yo vuelva?

- No le prometo nada - respondió Carson. Tenía un tremendo dolor de cabeza que le había aumentado hasta imponerse a su conciencia, y ahora sentía una vaga náusea-. Adiós.

Vio a Leigh dirigirse a la puerta, y aguardó en la escalera de la entrada, con una extraña renuencia a entrar en la casa. Mientras miraba alejarse la figura del ocultista, salió una mujer de la casa adyacente. Al verle sus enormes pechos se agitaron. Estalló en una chillona y furiosa diatriba.

Carson se volvió y se quedó mirándola con ojos desconcertados. La cabeza le latía dolorosamente. La mujer se acercaba agitando un puño gordo y amenazador.

- ¿Por qué asusta usted a mi Sarah? -gritó, con su cara morena congestionada-. Porque la asusta con sus trucos estúpidos, ¿eh?

Carson se humedeció los labios.

- Lo siento -dijo lentamente-. Lo siento muchísimo. Yo no he asustado a su Sarah. No he estado en casa en todo el día. ¿Que és lo que la ha asustado?

- Ese bicho oscuro... dice Sarah que se metió en su casa...

La mujer se calló de pronto, con la mandíbula colgando de asombro. Sus ojos se agrandaron. Hizo un signo extraño con la mano derecha, señalando con sus dedos índice y meñique a Carson, mientras cruzaba el pulgar sobre los otros dedos.

- ¡La vieja bruja!

Se retiró apresuradamente, murmurando palabras en polaco con voz asustada, tal como haría Osmo Lukult.

Carson dio media vuelta y entró en la casa. Se sirvió un poco de whisky en un vaso, reflexionó, y luego lo apartó sin haberlo probado. Empezó a pasear arriba y abajo, frotándose de cuando en cuando la frente con dedos que sentía secos y ardientes. Vagos, confusos pensamientos se agolpaban en su mente. Tenía la cabeza febril y le latía con violencia.

Por último, bajó a la Habitación de la Bruja. Se quedó allí, aunque no trabajó; su dolor de cabeza no era tan opresivo en la mortal quietud de la cámara del subsuelo. Al cabo de un rato se durmió.

No sabía cuánto había dormido. Soñó con Salem, y con un ser confusamente definido, negro y gelatinoso, que recorría las calles a sobrecogedora velocidad, un ser como una ameba increíblemente grande, negro como el azabache, que perseguía y se tragaba a los hombres y mujeres que gritaban y huían en vano. Soñó con un rostro de calavera que escudriñaba en su interior, un semblante reseco y contraído en el que sólo los ojos parecían vivos y brillaban con una luz infernal y perversa.

Despertó finalmente, y se incorporó con un sobresalto. Tenía mucho frío.

Reinaba el más completo silencio. A la luz de la lampara eléctrica, el mosaico verde y púrpura parecía retorcerse y contraerse hacia él, ilusión que se disipó al aclararse sus ojos enturbiados por el sueño. Consultó el reloj. Eran las dos. Había dormido toda la tarde y la mayor parte de la noche.

Se sentía débil, y el cansancio le tenía inmovilizado en su silla. Le daba la sensación de que le habían extraído las fuerzas del cuerpo. El penetrante frío parecía traspasarle el cerebro, pero se le había ido el dolor de cabeza. Tenía la mente muy despejada, expectante, como si esperase que sucediera algo. Un movimiento, no lejos de él, atrajo su mirada.

Se estaba moviendo una losa de la pared. Oyó un suave ruido chirriante, y lentamente, se ensanchó la negra cavidad, convirtiéndose la ranura en un cuadrado. Algo se movió en la sombra. Un tenso y ciego horror traspasó a Carson al ver avanzar a rastras hacia la luz a aquella monstruosidad .

Parecía una momia. Durante un segundo que fue eterno, insoportable, el pensamiento golpeó espantosamente en el cerebro de Carson: ¡Parecía una momia! Era un cadáver de una delgadez descarnada, con la piel ennegrecida y el aspecto de un esqueleto con el pellejo de un enorme lagartoextendido sobre sus huesos. Se agitó, avanzó, y sus largas uñas arañaron audiblemente en la piedra. Salió a la Habitación de la Bruja, su rostro impasible se reveló cruelmente bajo la luz cruda, y sus ojos centellearon con una vida sepulcral. Pudo ver la línea dentada de su espalda negruzca y encogida...

Carson se quedó paralizado. Un horror abismal le había privado de la capacidad de moverse. Parecía estar atrapado en los grillos de la parálisis del sueño, en que el cerebro, espectador distante, es incapaz o reacio a transmitir los impulsos nerviosos a los músculos. Se dijo frenéticamente que estaba soñando, que dentro de un momento despertaría.

El seco horror se incorporó. Se puso en pie, descarnadamente flaco, y se dirigió a la alcoba en cuyo suelo estaba encajado el disco de hierro. Se detuvo de espaldas a Carson, y un susurro reseco crepitó en la quietud mortal. Al oírlo, Carson quiso gritar, pero no pudo. El espantoso murmullo continuó en un lenguaje que a Carson se le antojó extraterreno, y como en respuesta, un casi imperceptible estremecimiento sacudió el disco de hierro.

Se estremeció y comenzó a levantarse, muy lentamente; y como en un gesto de triunfo, el encogido horror alzó sus delgadísimos brazos. El disco tenía más de veinte centímetros de espesor; y a medida que se separaba del suelo, comenzaba a penetrar en la habitación un hedor insidioso. Era vagamente un olor a reptil, almizclado y nauseabundo. El disco se elevó inexorablemente, y un dedo de negrura surgió de debajo del borde. Súbitamente, Carson recordó el sueño que había tenido, de una criatura negra y gelatinosa que recorría las calles de Salem. Trató en vano de romper los grillos de la parálisis que le tenían inmovilizado. La cámara estaba quedandose a oscuras, y un vértigo tenebroso aumentaba progresivamente para tragárselo a él. La habitación parecía vacilar.

El disco siguió elevándose; siguió el arrugado horror con sus brazos esqueléticos levantados; y siguió fluyendo la negrura en un movimiento ameboide.

Se oyó un ruido por encima del seco susurro de la momia, un vivo resonar de pasos presurosos. Por el rabillo del ojo, Carson vio que alguien entraba corriendo en la Habitación de la Bruja. Era el ocultista, Leigh, con los ojos llameantes en su rostro mortalmente pálido. Pasó por delante de Carson y se dirigió a la alcoba donde estaba emergiendo la negra abominación.

Aquel ser agurrado se volvió con horrible lentitud. Carson vio que Leigh traía una especie de herramienta en su mano izquierda, una crux ansata de oro y marfil. Y llevaba la mano derecha pegada a un costado. Su voz retumbó entonces sonora y autoritaria. Su blanco rostro estaba cubierto de gotas de sudor:

- Ya na kadishtu nilgh'ri ... stell'bsna kn'aa Nyogtha... k'yarnak phlegethor...

Tronaron las fantásticas y aterradoras palabras, y retumbaron en las paredes de la bóveda. Leigh avanzó lentamente, sosteniendo en alto la crux ansata. ¡Y entretanto, la negra abominación seguía manando de debajo del disco!

Cayó el disco a un lado, y una gran oleada de iridiscente negrura, ni sólida ni líquida, una espantosa masa gelatinosa, se derramó en dirección a Leigh. Sin detenerse, éste hizo un gesto rápido con su mano derecha, y lanzó un pequeño tubo de cristal a aquella cosa negra, en la que se hundió.

La informe abominación se detuvo. Vaciló con un espantoso estremecimiento de indecisión, y luego se retiró rápidamente. Un hedor asfixiante de ardiente corrupción empezó a invadir el aire, y Carson vio cómo la negra monstruosidad se descomponía en grandes pedazos, arrugándose como bajo el efecto de un ácido corrosivo. Se contrajo en un vivo movimiento licuescente, goteando su espantosa carne negra a medida que se consumía.

Un seudópodo de negrura se alargó desde la masa central y atrapó como un tentáculo gigantesco al ser cadavérico, arrastrándolo al pozo por encima del borde. Otro tentáculo cogió el disco de hierro, lo arrastró sin esfuerzo por el suelo, y cuando la abominación desapareció de la vista, el disco cayó en su sitio con un estampido atronador.

La habitación osciló en amplios círculos en torno a Carson, y una náusea espantosa se apoderó de él. Hizo un tremendo esfuerzo para tenerse de pie, y luego la luz se desvaneció rápidamente y se apagó. La oscuridad se había apoderado de él.

Carson no llegó a terminar la novela. La quemó, pero siguió escribiendo, aunque ninguno de sus libros posteriores han sido publicados. Sus editores hicieron un gesto negativo, y se preguntaron por qué un escritor de literatura popular tan brillante se había convertido de repente en un aburrido partidario de lo horripilante y lo espectral.

- Resulta convincente -dijo un hombre a Carson, al devolverle su novela, El dios negro de la locura-. Es buena en su género, pero la encuentro morbosa y horrible. Nadie la leería. Carson, ¿por qué no escribe usted el tipo de novelas que solía escribir, del género que le hizo famoso?

Fue entonces cuando Carson rompió su promesa de no hablar sobre la Habitación de la Bruja, y le contó la historia con la esperanza de que le comprendiera y creyera. Pero al terminar, su corazón desfalleció al verle al otro la cara de simpatía y escepticismo.

- Lo ha soñado, ¿verdad? - preguntó el hombre, y Carson sonrió amargamente.

- Sí, lo he soñado.

- Debe de haberle producido una impresión terriblemente vivida en su espíritu. Algunos sueños la producen. Pero lo olvidará con el tiemo - predijo, y Carson asintió.

Y porque sabía que sólo despertaría sospechas acerca de su cordura, no mencionó lo que bullía permanentemente en su cerebro, el horror que había visto en la Habitación de la Bruja al despertar de su desvanecimiento. Antes de huir, él y Leigh, pálidos y temblorosos, de la cámara, Carson había lanzado una fugaz mirada hacia atrás. Los pedazos arrugados y corroídos que había visto desprenderse de aquel ser de loca blasfemia habían desaparecido inexplicablemente, aunque habían dejado negras manchas en las piedras. Abbie Prinn, quizá, había regresado al infierno que había adorado, y su dios inhumano se había retirado a los secretos abismos más allá de la comprensión del hombre, derrotado por las fuerzas poderosas de una magia anterior que el ocultista había manejado. Pero la bruja había dejado un recuerdo, una cosa espantosa, que Carson, en esa última mirada hacia atrás, había visto emerger del borde del disco de hierro, como alzándose en irónico saludo: ¡una mano arrugada en forma de garra!

Woody Allen -/- EL CONDE "DRACULA"

Woody Allen -/- EL CONDE "DRACULA"

Woody Allen
EL CONDE DRÁCULA



En algún lugar de Transilvania yace Drácula, el monstruo, durmiendo en su ataúd y
aguardando a que caiga la noche. Como el contacto con los rayos solares le causaría la
muerte con toda seguridad, permanece en la oscuridad en su caja forrada de raso que
lleva iniciales inscritas en plata. Luego, llega el momento de la oscuridad, y movido por
instinto milagroso, el demonio emerge de la seguridad de su escondite y, asumiendo
las formas espantosas de un murciélago o un lobo, recorre los alrededores y bebe la
sangre de sus victimas. Por último, antes de que los rayos de su gran enemigo, el sol,
anuncien el nuevo día, se apresura a regresar a la seguridad de su ataúd protector y
se duerme mientras vuelve a comenzar el ciclo.
Ahora, empieza a moverse. El movimiento de sus cejas responde a un instinto
milenario e inexplicable, es señal de que el sol está a punto de desaparecer y se acerca
la hora. Esta noche, está especialmente sediento y, mientras allí descansa, ya
despierto, con el smoking y la capa forrada de rojo confeccionada en Londres,
esperando sentir con espectral exactitud el momento preciso en que la oscuridad es
total antes de abrir la tapa y salir, decide quiénes serán las víctimas de esta velada. El
panadero y su mujer, reflexiona. Suculentos, disponibles y nada suspicaces. El
pensamiento de esa pareja despreocupada, cuya confianza ha cultivado con
meticulosidad, exita su sed de sangre y apenas puede aguantar estos últimos
segundos de inactividad antes de salir del ataúd y abalanzarse sobre sus presas.
De pronto, sabe que el sol se ha ido. Como un ángel del infierno, se levanta
rápidamente, se metamorfosea en murciélago y vuela febrilmente a la casa de sus
tentadoras víctimas.
-¿Vaya, conde Drácula, que agradable sorpresa! -dice la mujer del panadero al abrir la
puerta para dejarlo pasar. (Asumida otra vez su forma humana. entra en la casa
ocultando, con sonrisa encantadora, su rapaz objetivo.)
-¿Qué le trae por aquí tan temprano? -pregunta el panadero.
-Nuestro compromiso de cenar juntos -contesta el conde-. Espero no haber cometido
un error. Era esta noche, ¿no?
-Sí, esta noche, pero aún faltan siete horas.
-¿Cómo dice? -inquiere Drácula echando una mirada sorprendida a la habitación.
-¿O es que ha venido a contemplar el eclipse con nosotros?
-¿Eclipse?
-Así es. Hoy tenemos un eclipse total.
-¿Qué dice?
-Dos minutos de oscuridad total a partir de las doce del mediodía.
-¡Vaya por Dios! ¡Qué lío!
-¿Qué pasa, señor conde?
-Perdóneme... debo... Debo irme...Hem...¡Oh, qué lío!... -y, con frenesí, se aferra al
picaporte de la puerta.
-¿Ya se va? Si acaba de llegar.
-Sí, pero, creo que...
-Conde Drácula, está usted muy pálido.
-¿Sí? necesito un poco de aire fresco. Me alegro de haberlos visto...
-¡Vamos! Siéntese. Tomaremos un buen vaso de vino juntos.
-¿Un vaso de vino? Oh, no, hace tiempo que dejé la bebida, ya sabe, el hígado y todo
eso. Debo irme ya. Acabo de acordarme que dejé encendidas las luces de mi castillo...
Imagínese la cuenta que recibiría a fin de mes...
-Por favor -dice el panadero pasándole al conde un brazo por el hombro en señal de
amistad-. usted no molesta. No sea tan amable. Ha llegado temprano, eso es todo.
-Créalo, me gustaría quedarme, pero hay una reunión de viejos condes rumanos al
otro lado de la ciudad y me han encargado la comida.
-Siempre con prisas. Es un milagro que no haya tenido un infarto.
-Sí, tiene razón, pero ahora...
-Esta noche haré pilaf de pollo -comenta la mujer del panadero-. Espero que le guste.
-¡Espléndido, espléndido! -dice el conde con una sonrisa empujando a la buena mujer
sobre un montón de ropa sucia. Luego, abriendo por equivocación la puerta del
armario, se mete en él-. Diablos, ¿dónde está esa maldita puerta?
-¡Ja, ja! -se ríe la mujer del panadero-. ¡Qué ocurrencias tiene, señor conde!
-Sabía que le divertiría -dice Drácula con una sonrisa forzada-, pero ahora déjeme
pasar.
Por fin, abre la puerta, pero ya no le quedaba tiempo.
-¡Oh, mira, mamá! -dice el panadero-, ¡el eclipse debe de haber terminado! Vuelve a
salir el sol.
-Así es -dice Drácula cerrando de un portazo la puerta de entrada-. He decidido
quedarme. Cierren todas las persianas, rápido, ¡rápido! ¡No se queden ahí!
-¿Qué persianas? -preguntó el panadero.
-¿No hay? ¡Lo que faltaba! ¡Qué para de...! ¿Tendrían al menos un sótano en este
tugurio?
-No -contesta amablemente la esposa-. Siempre le digo a Jarslov que construya uno,
pero nunca me presta atención. Ese Jarslov...
-Me estoy ahogando. ¿Dónde está el armario?
-Ya nos ha hecho esa broma, señor conde. Ya nos ha hecho reír lo nuestro.
-¡Ay... qué ocurrencia tiene!
-Miren, estaré en el armario. Llámenme a las siete y media.
Y, con esas palabras, el conde entra al armario y cierra la puerta.
-¡Ja,ja...! ¡Qué gracioso es, Jarslov!
-Señor conde, salga del armario. deje de hacer burradas.
Desde el interior del armario, llega la voz sorda de Drácula.
-No puedo... de verdad. Por favor, créanme. Tan solo permítanme quedarme aquí.
Estoy muy bien. De verdad.
-Conde Drácula, basta de bromas. Ya no podemos más de tanto reírnos.
-Pero créanme, me encanta este armario.
-Sí, pero...
-Ya sé, ya sé... parece raro y sin embargo aquí estoy, encantado. El otro día
precisamente le decía a la señora Hess, deme un buen armario y allí puedo quedarme
durante horas. Una buena mujer, la señora Hess. Gorda, pero buena... Ahora, ¿por
qué no hacen sus cosas y pasan a buscarme al anochecer? Oh,Ramona, la la la la,
Ramona...
En aquel instante entran el alcalde y su mujer, Katia. Pasaban por allí y habían
decidido hacer una visita a sus buenos amigo, el panadero y su mujer.
-¡Hola Jarslov! espero que Katia y yo no molestemos.
-Por supuesto que no, señor alcalde. Salga, conde Drácula.¡Tenemos visita!
-¿Está aquí el conde? -pregunta el alcalde, sorprendido.
-Sí, y nunca adivinaría dónde está -dice la mujer del panadero.
-¡Que raro es verlo a esta hora! De hacho no puedo recordar haberle visto ni una sola
vez durante el día.
-Pues bien, aquí está. ¡Salga de ahí, conde Drácula!
-¿Dónde está? -pregunta Katia sin saber si reír o no.
-¡Salga de ahí ahora mismo! ¡Vamos! -La mujer del panadero se impacienta.
-Está en el armario -dice el panadero con cierta vergüenza.
-¡No me digas! -exclama el alcalde.
-¡Vamos! -dice el panadero con un falso buen humor mientras llama a la puerta del
armario-. Ya basta. Aquí está el alcalde.
-Salga de ahí conde Drácula -grita el alcalde-. Tome un vaso de vino con nosotros.
-No, no cuenten conmigo. Tengo que despachar unos asuntos pendientes.
-¿En el armario?
-Sí, no quiero estropearles el día. Puedo oír lo que dicen: Estaré con ustedes en cuanto
tenga algo que decir.
Se miran y se encogen de hombros. Sirven vino y beben.
-Qué bonito el eclipse de hoy -dice el alcalde tomando un buen trago.
-¿Verdad? -dice el panadero-. Algo increíble.
-¡Díganmelo a mí! ¡Espeluznante! -dice una voz desde el armario.
-¿Qué, Drácula?
-Nada, nada. No tiene importancia.
Así pasa el tiempo hasta que el alcalde, que ya no puede soportar esa situación, abre
la puerta del armario y grita:
-¡Vamos, Drácula! Siempre pensé que usted era una persona sensata. ¡Déjese de
locuras!
Penetra la luz del día; el diabólico monstruo lanza un grito desgarrador y lentamente
se disuelve hasta convertirse en un esqueleto y luego en polvo ante los ojos de las
cuatro personas presentes. Inclinándose sobre el montón de ceniza blanca, la mujer
del panadero pega un grito:
-¡Se ha fastidiado mi cena!

HEREJIAS DEL DIOS INMENSO -- BRIAN ALDISS

HEREJIAS DEL DIOS INMENSO -- BRIAN ALDISS

HEREJÍAS DEL DIOS INMENSO
por Brian W. Aldiss


EL LIBRO SECRETO DE HARAD IV




Yo, Harad IV, Escriba Mayor declaro que éste mi escrito solo puede ser mostrado a
los sacerdotes de rango de la Iglesia Ortodoxa Universal Sacrificial y a los Ancianos
Elegidos del Consejo de la Iglesia Ortodoxa Universal Sacrificial, porque aquí se
entiende en cuestiones relativas a las cuatro Herejías Viles que no deben ser vistas ni
discutidas por el pueblo.
Para una Correcta Consideración de las más recientes y viles herejías, debemos
contemplar en perspectiva los acontecimientos de la historia. Así pues, retrocedamos al
Primer Año de nuestra era, cuando las Tinieblas del Mundo fueron desterradas por la
venida del Dios Inmenso, nuestro más verdadero y enorme Señor, a quien todos
honramos y tememos.
Desde este año actual, 910 D.I., es imposible recordar cómo era el mundo
entonces, pero a partir de los pocos registros que todavía se conservan podemos
hacernos cierta idea de aquellas épocas e incluso realizar las Contorsiones Mentales
necesarias para ver cómo debieron ser juzgados los acontecimientos por aquellos
pecadores que tomaron parte en ellos.
El mundo sobre el que descendió el Dios Inmenso estaba repleto de gentes y de
sus maquinarias, todos completamente desprevenidos para Su Visita. Puede que
hubiera cien mil veces más gente de la que hoy existe.
El Dios Inmenso aterrizó en lo que ahora es el Mar Sagrado, sobre el que
actualmente navegan algunas de nuestras más bellas iglesias dedicadas a Su Nombre.
En aquellos tiempos, la región era mucho menos placentera, pues estaba dividida en
numerosos estados que pertenecían a distintas naciones. Tal era el sistema de
posesión de la tierra antes de que se formasen nuestras actuales teorías sobre la
migración y evacuación constantes.
Las patas traseras del Dios Inmenso se extendieron muy hacia el interior de África -
que entonces no era el continente insular que es hoy en día, casi tocando el río Congo,
en el punto sagrado donde ahora se alza la Iglesia Sacrificial de Basolo-Aketi-Ele, y en
el punto sagrado donde ahora se alza el Templo Santuario de Adén, arrasando el
antiguo puerto de Adén.
Algunas de las patas del Dios Inmenso se extendieron sobre el Sudán y a través de
lo que entonces constituía el Reino de Libia y ahora es parte del Mar del Viejo Pesar,
mientras que uno de sus pies reposaba en una ciudad llamada Túnez en lo que
entonces era la costa de Tunicia. Allí se posaron algunas de las patas del costado
izquierdo del Dios Inmenso.
Las patas de su costado derecho bendijeron y comprimieron las arenas de Arabia
Saudita, hoy denominada Valle de la Vida, y las estribaciones del Cáucaso, arrasando
el Monte llamado Ararat en el Asia Menor, en tanto que su pata Más delantera se
extendió sobre el territorio de Rusia, destruyendo de inmediato la gran ciudad capital de
Moscú.
El cuerpo del Dios Inmenso, descansando en reposo sobre tres antiguos mares, si
hemos de creer a los Viejos Registros, llamados el Mar del Mediterráneo, el Mar Rojo y
el Mar del Nilo, que juntos forman parte del actual Mar Sagrado. Con su Gran Mole
erradicó también parte del Mar Negro, que ahora llamamos Mar Blanco, así como
Egipto, Atenas, Chipre y la Península Balcánica hasta las cercanías de Belgrado, hoy
Santo Belgrado, puesto que sobre esta ciudad se irguió el Cuello del Dios Inmenso en
su Primera Visita a nosotros los mortales, rozando casi los tejados de las casas.
En cuanto a su Cabeza, se cernía sobre la región montañosa que denominamos
Italandia y que entonces era conocida como Europa, una región muy poblada del
planeta, alzándose a tal altitud que en los días despejados fácilmente podía divisarse
desde Londres, entonces como ahora la ciudad principal de la tierra de los
anglofranceses.
En aquellos primeros días se calculó que la longitud del Dios Inmenso era de más
de siete millares de kilómetros de extremo a extremo, y cada una de sus ocho patas
media sobre un millar y medio de kilómetros. Ahora profesamos en nuestro Credo que
el Dios Inmenso cambia su forma, longitud y número de patas según esté Complacido
o Enojado con el hombre.
En aquellos días se desconocía la naturaleza de Dios. Ningún preparativo se había
hecho para su venida, aunque corrían algunos rumores sobre el milenio. Por lo tanto,
las especulaciones sobre su naturaleza se alejaban mucho de la verdad y con
frecuencia eran sumamente blasfemas.
Aquí sigue un resumen del notorio Documento Gersheimer, que contribuyó en gran
medida a precipitar los acontecimientos que condujeron a la Primera Cruzada en 271
D.I. Ignoramos quién era el Gersheimer Negro, con la salvedad carente de significado
de que se trataba de un Profeta Científico de un lugar llamado Cornell o Carnell,
obviamente una Iglesia del Continente Americano (cuya forma era entonces distinta).
"Los reconocimientos aéreos parecen indicar que esta criatura —si podemos
llamarla así—, que se extiende más o menos en línea recta a lo largo del Mar Rojo y
por el sudeste de Europa, no es un ser viviente, al menos tal y como concebimos
nosotros la vida. El hecho de que se parezca vagamente a un lagarto de ocho patas
puede deberse a una mera coincidencia, así que no debemos preocuparnos por su
posible carácter maligno, como han sugerido algunos periódicos sensacionalistas".
La vil jerga de aquellos remotos días no resulta hoy plenamente comprensible, pero
creemos que "reconocimientos aéreos" es una referencia a los aparatos voladores
mecánicos que aquella última generación de Impíos poseía. El Gersheimer Negro
prosigue:
"Si este objeto no está vivo, tal vez sea un fragmento de escombros galácticos que
se ha adherido momentáneamente al planeta, quizá del mismo modo en que una hoja
puede adherirse a un balón de fútbol durante su trayectoria. Esta creencia no implica
necesariamente una modificación de nuestros conceptos científicos del universo. Tanto
si la cosa tiene vida como si no, no hemos de volvernos todos supersticiosos.
Sencillamente, debemos recordarnos que en el universo, tal como lo concebimos a la
luz de la ciencia del siglo XX, existen muchos fenómenos que nos siguen siendo
desconocidos. Por muy dolorosa que resulte esta aparición inesperada, podemos
consolarnos en parte pensando que nos proporcionará nuevos conocimientos, tanto
sobre nosotros mismos como acerca del mundo que se extiende más allá de nuestro
sistema solar".
Aunque términos como "escombros galácticos" han perdido todo su significado, si
es que alguna vez lo tuvieron, el sentido general de este párrafo es claramente
injurioso. Se decreta una restricción contra el culto al Dios Inmenso, oponiendo en su
lugar un herético Dios de la Ciencia. Sólo hace falta citar otro pasaje de este ofensivo
revoltijo, porque resulta esencial para Mostrar la Actitud mental de Gersheimer y, es de
suponer, de la mayoría de sus contemporáneos.
"Como es natural, todos los pueblos del mundo, y especialmente aquellos que aún
se demoran en los umbrales de la civilización, se hallan hoy muy asustados. Les
parece ver algo de sobrenatural en la llegada de esta cosa, y creo que cualquier
hombre, si es sincero consigo mismo, admitirá sentir en su corazón un eco de este
temor. Solamente podremos suprimirlo, solamente podremos enfrentarnos al caos en
que el mundo se halla ahora sumergido, si retenemos en nuestras mentes una imagen
galáctica de la situación. La propia inmensidad de esta cosa que yace perniciosamente
tendida sobre nuestro planeta es causa suficiente para el terror. Pero imaginémosla en
proporción. Un ciempiés está posado sobre una naranja. O, para elegir un ejemplo que
resulte menos repulsivo, una pequeña salamanquesa de unos nueve centímetros
descansa momentáneamente sobre un globo terráqueo de plástico de sesenta
centímetros de diámetro. Nos corresponde a nosotros, a toda la raza humana, con
todas las fuerzas tecnológicas a nuestra disposición, unirnos como nunca lo hemos
hecho y expulsar esta cosa, esta cosa grande y estúpida, hacia las profundidades del
espacio de las que ha surgido. Buenas noches".
El motivo que me impulsa a repetir esta Blasfemia Inicial es que veamos en este
mensaje de un miembro de las Tinieblas del Mundo las huellas de aquel pecado
original que —pese a todos nuestros sacrificios, a todas nuestras penalidades, á todas
nuestras cruzadas— aún no hemos logrado extirpar. Por eso nos enfrentamos ahora
con la mayor Crisis de la Iglesia Ortodoxa Universal Sacrificial, y por eso ha llegado la
hora de una Cuarta Cruzada que supere en su envergadura a todas las anteriores.
El Dios Inmenso permaneció donde se hallaba, en lo que hoy designamos la
Posición del Mar Sagrado, durante cierto número de años, en todo y por todo inmóvil.
Para la humanidad, éste fue el gran período de formación de la Creencia, marcado
por el establecimiento de la Iglesia Universal y caracterizado por sus numerosas
convulsiones. Grandemente hubieron de sufrir los primeros sacerdotes y profetas a fin
de que la Palabra se diseminara por el Mundo y las sectas blasfemas fuesen
destruidas, aunque el Libro Clandestino de los Hechos de la Iglesia parece indicar que
muchos de ellos eran en realidad miembros de anteriores iglesias que, viendo la luz,
mudaron su lealtad.
La poderosa figura del Dios Inmenso se vio sometida a multitud de pequeños
agravios. Las Mayores Armas de aquella remota era, frutos de la charlatanería técnica,
eran llamadas Nucleares, y ésas le fueron arrojadas al Dios Inmenso, pero, como cabía
esperar, sin efecto alguno. Muros de fuego se alzaron en vano a su alrededor. Nuestro
Dios Inmenso, al que todos honramos y tememos, es inmune a la debilidad terrenal. Su
cuerpo estaba revestido como con un Metal —ésa fue la semilla de la Segunda
Cruzada— pero no tenía ninguna de las debilidades del metal.
Su descenso a la tierra fue acogido por la naturaleza con una respuesta inmediata.
Los antiguos vientos que hasta entonces prevalecían se estrellaron contra sus
poderosos costados y fueron desviados hacia otros lugares. Esto produjo el efecto de
enfriar el centro de África, de tal manera que desaparecieron las selvas tropicales y
todas las criaturas que en ellas moraban. En las tierras limítrofes de Caspana
(entonces llamadas Persia y Járkov, según antiguos relatos), se desencadenaron
huracanes de nieve durante una docena de crudos inviernos, llegando por el este hasta
el interior de la India. En los demás lugares, por todo el mundo, la venida del Dios
Inmenso se dejó sentir en los cielos, en forma de lluvias inesperadas, vientos erráticos
y temporales que duraron muchos meses. También los océanos fueron perturbados,
mientras que el gran volumen de agua desplazado por su cuerpo inundó las tierras
cercanas, matando a muchos millares de seres y arrojando diez mil ballenas muertas a
los muelles de Colombo.
La tierra se sumó a las convulsiones. Mientras se hundía el territorio situado bajo la
gran masa del Dios Inmenso, disponiéndose a recibir lo que luego seria el Mar
Sagrado, las tierras de alrededor se elevaron hacia Arriba formando pequeñas colinas,
como las abruptas y salvajes Dolominas que hoy protegen los límites meridionales de
Italandia. Hubo seísmos y nuevos volcanes y géiseres allí donde jamás había manado
el agua, y plagas de serpientes, florestas incendiadas y muchos signos prodigiosos que
ayudaron a los Primeros Padres de nuestra fe a convertir a los ignorantes. Por todas
partes se extendieron, predicando que la única salvación se hallaba en entregarse a él.
Numerosos Pueblos Enteros perecieron en esta época de convulsión, entre ellos
Búlgaros, Egipcios, Israelitas, Moravos, Kurdos, Turcos, Sirios, Turcos de las Montañas
y también la mayor parte de los Eslavos del Sur, Georgianos y Croatas, los robustos
Valacos y las razas Griegas, Chipriotas y Cretenses. Además de otras cuyos pecados
eran muy grandes y cuyos nombres no fueron recogidos en los anales de la iglesia.
El Dios Inmenso abandonó nuestro mundo en el año 89 o, como algunos sostienen,
en el 90. (Ésta fue la primera Partida y como tal se celebra. en el calendario de nuestra
Iglesia, aunque la Iglesia Católica Universal lo denomina Día de la Primera
Desaparición). Regresó en el 91, grande y temido sea su nombre.
Es poco lo que sabemos del periodo en que estuvo ausente de la Tierra. Podemos
hacernos una idea de cómo pensaba entonces la gente si consideramos que, en
general, las naciones de la Tierra se regocijaron grandemente. Siguieron
produciéndose cataclismos naturales, pues los océanos se derramaran en el enorme
hueco que él había creado, formando así nuestro amado y venerado Mar Sagrado. En
toda la faz del planeta estallaron Grandes Guerras.
Su regreso en el año 91 puso fin a las guerras, como un signo de la gran paz que
su presencia le prometía a su pueblo elegido.
Pero los habitantes del mundo en Aquella Época no eran todos de nuestra religión,
por más que los profetas andaban entre ellos, y numerosas eran sus blasfemias. En el
Museo Negro que hay adjunto a la gran basílica de Omán y Yemen se conservan
pruebas documentales de que en este periodo intentaron comunicarse con el Dios
Inmenso por medio de sus máquinas. No hace falta decir que no obtuvieron respuesta;
pero muchos hombres razonaron entonces, en la confusión de sus mentes, que esto se
debía a que el Dios era una Cosa, tal y como había profetizado el Gersheimer Negro.
En ésta su Segunda Venida, el Dios Inmenso bendijo nuestra tierra aposentándose
principalmente dentro de los confines del Círculo Ártico, o lo que entonces era el
Círculo Ártico, con su cuerpo extendido sobre el norte del Canadá, como era llamado,
por encima de una gran península denominada Alaska, a través del Mar de Bering y
por las regiones septentrionales de las tierras rusas hasta el río Lena, hoy Bahía de
Lenn. Algunas de sus patas traseras quebraron grandes fragmentos del Hielo Ártico,
mientras que otras patas delanteras se sumergían en el norte del Océano Pacífico.
Pero en verdad para él no somos más que arena bajo sus pies y sus pies son
indiferentes a nuestras montañas y nuestras Variaciones Climáticas.
En cuanto a su pavorosa cabeza, desde todas las ciudades de la franja costera del
norte de América se la podía ver alzándose hasta la estratosfera y refulgiendo con un
brillo metálico; desde ciudades hoy desaparecidas como Vancouver, Seattle,
Edmonton, Portland, Blanco, Reno e incluso San Francisco. Fue la enérgica y
pecaminosa nación que poseía estas ciudades la que entonces se volvió con más
fuerza contra el Dios Inmenso. Todo el peso de su impía civilización científica se volvió
contra él, pero lo único que consiguieron sus gentes fue destruir sus propias costas.
Mientras tanto, se produjeron nuevos cambios naturales. La masa del Dios
Inmenso desvió a la Tierra en su diario girar, de modo que las estaciones se alteraron y
los libros proféticos nos cuentan cómo los grandes árboles hacían brotar sus hojas para
cubrirse en invierno y las perdían en verano. Los murciélagos volaban a la luz del día y
las mujeres daban a luz niños peludos. La fusión de los casquetes polares causó
grandes inundaciones, olas de marea y rocíos ponzoñosos, y sabemos que una noche
se agitaron las aguas de la Profundidad, de tal forma que la marea que surgió de las
Tierra Altas Malayas (como hoy las conocemos) fue tan poderosa que en pocas horas
formó la península continental de Bestlandia con lo que hasta entonces habían sido los
Continentes o Islas independientes de Singapur, Sumatra, Indonesia, Java, Sidney y
Australia o Austria.
Con tan impresionantes portentos, nuestros sacerdotes pudieron Convertir a los
Pueblos, y millones de supervivientes se apresuraron a ingresar en la Iglesia. Ésa fue
la Primera Gran Época de la Iglesia, cuando la palabra se extendió por todo el asolado
y transformado planeta. Nuestras instituciones se crearon a lo largo de las siguientes
generaciones, principalmente en los diversos Concilios de la Nueva Iglesia (algunos de
los cuales han sido luego reconocidos como heréticos).
No nos establecimos sin dificultades, e hizo falta quemar a mucha gente antes de
que el resto se apercibiera de la fe que Ardía En Ellos. Pero, según fueron pasando las
generaciones, el Verdadero Nombre del Dios se extendió por un territorio cada vez más
amplio.
Solo los habitantes del norte de América seguían aferrándose mayoritariamente a
su abyecta superstición. Fortificados por su ciencia, rechazaban la Gracia. Así fue
como en el Año 271 se emprendió la Primera Cruzada, especialmente contra ellos pero
también contra los Irlandeses, cuyas opiniones heréticas no estaban sustentadas en la
ciencia: los Irlandeses fueron rápidamente Erradicados casi hasta el último hombre.
Los Americanos eran más formidables, pero esta dificultad sólo sirvió para agrupar a la
gente y unir aún más a la Iglesia.
La Primera Cruzada se libró para combatir la Primera Gran Herejía de la Iglesia, la
herejía que proclamaba que el Dios Inmenso era una Cosa y no un Dios, según lo
había expuesto Gersheimer Negro. Concluyó satisfactoriamente cuando el jefe de los
Americanos, Lionel Undermeyer, se reunió con el Venerable Obispo Emperador del
Mundo, Jon II, y consintió en que los mensajeros de la Iglesia disfrutaran de libertad
para predicar en América sin ser estorbados. Tal vez habría podido forzarse un
convenio más severo, como aducen algunos comentaristas, pero para entonces ambos
bandos padecían grandes penurias a causa de la peste y la hambruna, porque las
cosechas del mundo se habían perdido. Fue una afortunada coincidencia que la
población del mundo ya se hubiera reducido a la mitad, pues de otro modo la
reorganización de las estaciones habría ido seguida del hambre más absoluta.
En todas las iglesias del mundo se rogó al Dios Inmenso que diera una señal de
que había sido Testigo de la gran derrota infligida a los infieles Americanos. Quienes se
opusieron a este inspirado acto fueron destruidos. El Dios respondió a las plegarias en
el 297, avanzando velozmente una Pequeña Porción y acomodándose principalmente
en el Océano Pacífico a donde llegaba por el sur a lo que ahora es la Antarta, entonces
era el Trópico de Capricornio y anteriormente había sido el Ecuador. Algunas de sus
patas izquierdas cubrieron numerosas ciudades de la costa occidental de América,
entre las que se contaban algunas de las que ya hemos citado, como San Francisco, y
llegaron por el sur hasta Guadalajara (donde el Templo del Santo Dedo honra todavía
la huella de su pie). Este es el movimiento que designamos Primera Mudanza, y fue
justamente considerado como una prueba indiscutible del desprecio del Dios Inmenso
hacia América.
Tal sensación prevaleció también en la propia América. Purificados por el hambre,
los descomunales terremotos y otras catástrofes naturales, sus habitantes quedaron
mejor preparados para aceptar las palabras de los sacerdotes y se convirtió hasta el
último hombre. Se emprendieron peregrinaciones en masa para contemplar el enorme
cuerpo de Dios, que cubría su nación de un extremo a otro. Los peregrinos más osados
ascendían en aeroplanos voladores y sobrevolaban su lomo, barrido Sin Cesar por
terribles tempestades durante más de cien años. Los que allí se convirtieron se
volvieron más Extremados que sus hermanos del otro lado del mundo, más antiguos en
la fe. Apenas se habían unido las congregaciones americanas con las nuestras cuando
ya se separaban por una desavenencia doctrinal en el Concilio de la Tenca Muerta
(322). Esta fecha marca el surgimiento de la Iglesia Católica Universal Sacrificial. En
aquellos remotos días, los creyentes de la fe Ortodoxa no disfrutábamos de la armonía
que reina hoy con nuestros hermanos Americanos.
El punto de la doctrina que dio lugar al cisma de las iglesias fue, como por todos es
sabido, la cuestión de si la humanidad debía o no utilizar vestiduras que imitaran el
lustre metálico del Dios Inmenso. Se adujo que esto equivalía, a equiparar al hombre
con la Imagen de Dios, pero en realidad se trataba de una calumnia deliberada contra
los sacerdotes Ortodoxos Universales, que utilizaban prendas de plástico o metal en
honor de su hacedor.
De ahí surgió la Segunda Gran Herejía. Como este prolongado y confuso periodo
ha sido estudiado a fondo en otros tratados, no es necesario que nos detengamos en
él: diremos tan sólo que la disputa llegó a su apogeo con la Segunda Cruzada, que los
Católicos Universales Americanos emprendieron contra nosotros en el año 450. Puesto
que todavía poseían una gran preponderancia de máquinas, consiguieron imponer sus
opiniones, saquear varios monasterios a las orillas del Mar Sagrado, deshonrar a
nuestras mujeres y regresar gloriosamente a su tierra.
Desde entonces, todos los habitantes del planeta se cubren únicamente con
prendas de lana o piel. Quienes se opusieron a este inspirado acto fueron destruidos.
Sería un error resaltar excesivamente las querellas del pasado. Durante todo este
tiempo, la mayoría de las personas se dedicaban pacíficamente al culto, eran
sacrificadas regularmente y rezaban cada amanecer y cada anochecer (fuera cuando
fuese) para que el Dios Inmenso abandonara nuestro mundo, ya que no éramos dignos
de él.
La Segunda Cruzada dejó un reguero de problemas tras ella; en conjunto, los
cincuenta años que siguieron no fueron años felices. Las huestes Americanas
regresaron a su país para descubrir que la enorme presión ejercida sobre la plataforma
continental occidental había creado muchos volcanes en su mayor cordillera, las
Montañas Rocosas. Su tierra estaba cubierta de lava y fuego, y su aire cargado de
hedionda ceniza.
Acertadamente, aceptaron esto como una señal de que su conducta dejaba mucho
que desear a los ojos del Dios Inmenso (pues, aunque nunca se ha podido demostrar
que tenga ojos, no cabe duda de que Nos Ve). Puesto que el resto del mundo no había
sido Visitado por un castigo de semejante escala, adivinaron correctamente que su
pecado era que seguían aferrándose a la tecnología y a las armas de la tecnología
contra los deseos de Dios.
Con fe intensa en sus corazones, destruyeron hasta el último artefacto de la ciencia
que aún quedaba, desde los Nucleares a los Abrelatas y, como acto propiciatorio,
arrojaron a cien millares de vírgenes de la fe en los volcanes más a propósito. Quienes
se opusieron a estos inspirados actos fueron destruidos, y algunos ceremonialmente
devorados.
Nosotros, los creyentes de la fe Ortodoxa Universal, aplaudimos esta ejemplar
acción de nuestros hermanos. Pero no estábamos seguros de que se hubieran
purificado lo suficiente. Puesto que ya no poseían armas y nosotros aún teníamos
algunas era evidente que podíamos ayudarles en su purificación. Por consiguiente, una
poderosa flota de ciento sesenta y seis navíos de madera zarpó con rumbo a América,
para ayudarles a sufrir por la religión y, de paso, para recobrar parte del botín que se
habían llevado. Esta fue la Tercera Cruzada del año 482, bajo Jon el Rechoncho.
Mientras los dos ejércitos contendientes libraban la batalla en las afueras de Nueva
York, se produjo la Segunda Mudanza. No duró más allá de cinco minutos.
En este lapso, el Dios Inmenso se volvió hacia su costado izquierdo, se arrastró
sobre el centro de lo que entonces era el continente del Norte de América, cruzó el
Atlántico como si fuera un charco, se desplazó a través de África y vino a detenerse al
Sur del Océano Indico, destruyendo Madagaska con una pata trasera. En Todas las
Partes de la Tierra se hizo la noche.
Cuando llegó el amanecer, difícilmente podía quedar un solo hombre que no
creyera en el poder y la sabiduría del Dios Inmenso, a cuyo nombre corresponde todo
el Terror y la Fuerza. Lamentablemente, entre los que no podían creer figuraban los
dos ejércitos rivales, que habían sido engullidos por una Oleada de Tierra y Rocas ante
el paso del Dios.
En el caos subsiguiente sólo prevaleció una nota de cordura: la cordura de la
Iglesia. La Iglesia estableció como Tercera Gran Herejía la idea de que al hombre
pudiera serle permitida ninguna máquina contra los deseos de Dios. Hubo cierta
disputa doctrinal acerca de si los libros debían considerarse o no como máquinas. Por
las dudas, se decidió que sí lo eran. A partir de entonces todos los hombres quedaron
en libertad de no hacer nada más que trabajar en los campos y rendir culto, y orar al
Dios Inmenso para que se retirase a otro mundo más digno de su poderío. Al mismo
tiempo se incrementó el número de sacrificios y se introdujo el Método de la Quema
Lenta (año 499).
A continuación vino la gran Paz, que duró hasta el 900. Durante todo este tiempo,
el Dios Inmenso no se movió; en verdad se ha dicho que los siglos no son más que
segundos para él. Es probable que la humanidad no haya conocido jamás una paz tan
prolongada como la de estos cuatrocientos años; una paz que existía en el interior de
los corazones ya que no en el exterior, pues, naturalmente, el mundo se hallaba
sumido en Cierto Desorden. La enorme fuerza del desplazamiento del Dios Inmenso a
través de medio mundo había trastornado en gran medida la sucesión de los días y las
noches. Algunas leyendas afirman que, antes de la Segunda Mudanza, el sol salía por
el este y se ponía por el oeste; precisamente al contrario que el orden natural de las
cosas según nosotros las conocemos.
Gradualmente, este periodo de paz conoció cierto restablecimiento del orden de las
estaciones y cierta cesación de las crecidas, chubascos de sangre, pedriscos,
terremotos, diluvios de carámbanos, apariciones de cometas, erupciones volcánicas,
nieblas miasmáticas, vendavales destructivos, plagas agrícolas, plagas de lobos y
dragones, maremotos, tornados de un año de duración, lluvias feroces y demás azotes
que las escrituras de este periodo con tanta elocuencia describen. Los Padres de la
Iglesia, retirándose a la relativa seguridad de los mares interiores y las soleadas
praderas de Gobilandia, en Mongolia, establecieron una nueva ortodoxia bien calculada
en su rigor de oraciones y sacrificios humanos en la hoguera para incitar al Dios
Inmenso a dejar nuestro pobre y miserable mundo rumbo a otro mejor y más
substancioso.
Con esto la historia llega casi al momento actual. El año 900, apenas una década
antes del momento en que vuestro escriba redacta estas notas. ¡Ese año el Dios
Inmenso abandonó nuestra tierra!
Recordad, si os place, que la Primera Partida en el año 89 no duró más de veinte
meses. ¡Ya ahora el Dios Inmenso se ha alejado de nosotros casi la mitad de este
número de años! ¡Necesitamos su vuelta; no podemos vivir sin él, como habríamos
debido comprender Hace Mucho de no haber sido blasfemos en nuestro corazón!
Al partir, impulsó nuestro humilde globo hacia un rumbo tal que estamos
condenados a vivir todo el año en el más crudo de los inviernos; el sol está lejano y
encogido; los mares se congelan durante la mitad del año: témpanos de hielo desfilan
por nuestros campos; a mediodía, es demasiado oscuro para leer sin una vela. ¡Ay de
nosotros!
Pero, en verdad, merecemos nuestro sino. Es un castigo justo, pues durante todos
los siglos de nuestra época, cuando nuestra especie vivía relativamente feliz y sin
perturbaciones, orábamos como dementes para que el Dios Inmenso nos dejara.
Solicito a todos los Ancianos Elegidos del Consejo que repudien tales oraciones
como la Cuarta y Mayor Herejía y declaren que, de ahora en adelante, todos los
esfuerzos de la humanidad se encaminarán a llamar al Dios Inmenso para rogarle que
regrese a nosotros de inmediato.
Igualmente solicito que vuelva a incrementarse el número de sacrificios. Es inútil
tratar de escatimar sólo porque se nos están acabando las mujeres.
Igualmente solicito que se emprenda una Cuarta Cruzada a toda prisa, ¡antes de
que el aire empiece a congelarse dentro de nuestras narices!

Guy de Maupassant -- AMOR

Guy de Maupassant -- AMOR

Guy de Maupassant

AMOR


Páginas del "Diario de un cazador"


...En la crónica de sucesos de un periódico acabo de leer un drama pasional. Uno que la ha matado y se ha matado después; es decir, uno que amaba. ¿Qué importan él y ella? Sólo su amor me importa; y no porque me enternezca, ni porque me asombre, ni porque me conmueva ni me haga soñar, sino porque evoca en mí un recuerdo de la mocedad, recuerdo extraño de una cacería en que se me apareció el Amor como se aparecían a los primeros cristianos cruces misteriosas en la serenidad de los cielos.
Nací con todos los instintos y las emociones del hombre primitivo, muy poco atenuados por las sensaciones y los razonamientos de la civilización. Amo la caza con pasión, y la bestia ensangrentada, con sangre en su plumaje, ensangrentándome las manos, me hace desfallecer de gusto.
Aquel año, al final del otoño, se presentó impetuosamente el frío, y mi primo Karl de Ranyule me invitó a cazar con él a la alborada; había patos magníficos en los pantanos de su posesión.
Mi primo, un buen mozo de cuarenta años, encarnado, con mucha vida en el cuerpo y muchos poles en la cara, semibruto y semicivilizado, de alegre carácter, dotado de ese esprit gaulois que tan agradablemente vela las deficiencias del ingenio, vivía en una especie de cortijo con aires de castillo señorial, escondido en un amplio valle.
Coronaban las colinas de la derecha y de la izquierda hermosos bosques señoriales, con árboles antiquísimos y poblados de caza excelente. Algunas veces se abatían allí águilas soberbias, y esos pájaros errantes, que raramente se aventuran en países demasiados poblados para su azorada independencia, encontraban en aquella selva secular asilo seguro, como si reconocieran en ella alguna rama que en otros tiempos los acogiera durante sus excursiones sin rumbo.
El valle estaba cubierto de exuberantes pastos regados abundantemente, que señalaban, con la gradación en el calor, el camino del pantano allá a lo lejos, casi en el fondo de la finca.
Mi primo lo cuidaba con esmero digno del mejor de los parques, y con razón, pues era aquel pantano la mejor región de caza que he conocido Entre aquellos innumerables islotillos verdes que le daban vida había arroyuelos estrechos por los que se deslizaban las barcas. Mudas sobre el agua muerta, frotando los juncos, ahuyentaban a los peces y a los pájaros que desaparecían, éstos entre las espigas, aquellos entre las raíces de las altas hierbas.
Soy admirador apasionado del agua: el mar demasiado grande, demasiado vivo, de imposible posesión; los ríos que pasan, que huyen, que se van, y, sobre todo, los pantanos en que bulle la vida indescifrable de los animales acuáticos. Un pantano es un mundo sobre la tierra, un mundo aparte, con vida propia, con pobladores permanentes y con habitantes de un día; con sus ruidos, con sus voces, y, singularmente, con un característico misterio; nada que tanto conturbe, que tanto inquiete, que tanto asuste algunas veces. ¿Por qué ese miedo singular que se siente en esas llanuras cubiertas de agua? ¿Será por el rumor vago de las aguas, por los fuegos fatuos, por el silencio profundo que lo envuelve en las noches de calma, por la bruma caprichosa que viste con sudario de muerte a los juncos, por el hervor casi imperceptible de aquel mundo tan dulce, tan fugaz; pero más aterrador a veces que el estruendo de los cañones de los hombres y de las tempestades del cielo? ¿Qué tendrán en común los pantanos de los países del ensueño y esas regiones espantables que ocultan un secreto inescrutable y peligroso?
Un misterio profundo, grave, flota sobre aquellas brumas: ¡el misterio mismo de la creación! ¿No fue en el agua sin movimiento y fangosa, en la humedad triste de la tierra, mojada bajo los colores del sol, donde vibró y surgió a la luz el primer germen de vida?
***
Llegué por la noche a casa de mi primo. Hacía un frío que helaba las piedras.
Durante la comida en la vasta sala, donde los muebles y las paredes y el techo estaban cubiertos de pájaros disecados, y donde hasta mi primo, con aquella chaqueta de piel de foca, parecía un animal exótico de los países helados, el buen Karl me dijo lo que había preparado para aquella misma noche.
Debíamos ponernos en marcha a las tres de la madrugada, con objeto de llegar a las cuatro y media al punto designado para la cacería. Allí nos habían construido una cabaña para abrigarnos de ese viento terrible de la mañana que rasga las carnes como una sierra, la corta como una espada, la hiere como una aguja envenenada, la retuerce como tenazas y la quema como el fuego.
Mi primo se frotaba las manos.
-Nunca he visto una helada como esta -me decía.
Y a las seis de la tarde teníamos 12 grados bajo cero.
Apenas terminada la comida, me eché en la cama y me quedé dormido, mirando las llamas que regocijaban la chimenea.
A las tres en punto me despertaron. Me abrigué con una piel de carnero, y después de tomar cada uno dos tazas de café hirviendo y dos copas de coñac abrasador, nos pusimos en camino acompañados por un guarda y por nuestros perros "Plongeon" y "Pierrot".
Al dar los primeros pasos me sentía helado hasta has huesos. Era una de esas noches en que la tierra parece muerta de frío. El aire glacial hace tanto daño que parece palpable; no lo agita soplo alguno; diríase que está inmóvil; muerde, traspasa, mata los árboles, los insectos, los pajarillos que caen muertos sobre el suelo duro y se endurecen en seguida para el fúnebre abrazo del frío.
La luna, en el último cuarto, pálida, parecía también desmayada en el espacio; tan débil que no le quedaban ya fuerzas para marcharse y se estaba allí arriba inmóvil, paralizada también por el rigor del cielo inclemente. Repartía sobre el mundo luz apagadiza y triste, esa luz amarillenta y mortecina que nos arroja todos los meses al final de su resurrección.
Karl y yo íbamos uno al lado del otro, con la espalda encorvada, las manos en los bolsillos y la escopeta debajo del brazo. Nuestro calzado, envuelto en lana a fin de que pudiéramos caminar sin resbalar por la escurridiza tierra helada, no hacía ruido: yo iba contemplando el humo blancuzco que producía el aliento de nuestros perros.
Pronto estuvimos a la orilla del pantano y nos internamos por una de las avenidas de juncos que la rodean.
Nuestros codos, al rozar con las largas hojas del junco, iban dejando en pos de nosotros un ruidillo misterioso que contribuyó a que me sintiese poseído, como nunca, por la singular y poderosa emoción que hace siempre nacer en mí la proximidad de un pantano.
Aquel en el cual nos encontrábamos estaba muerto, muerto de frío.
De pronto, al revolver una de las calles de juncos, apareció a mi vista la choza de hielo que habían levantado para ponernos al abrigo de la intemperie. Entré en ella, y como todavía faltaba más de una hora para que se despertaran las aves errantes que íbamos a perseguir, me envolví en mi manta y traté de entrar un poco en calor.
Entonces, echado boca arriba, me puse a mirar a la luna, que, vista a través de las paredes vagamente transparentes de aquella vivienda polar, aparecía ante mis ojos con cuatro cuernos.
Pero el frío del helado pantano, el frío de aquellas paredes, el frío que caía del firmamento, se metió hasta mis huesos de una manera tan terrible que me puse a toser.
Mi primo Karl, alarmado por aquella tos, me dijo lleno de inquietud:
-Aunque no matemos mucho hoy, no quiero que te resfríes; vamos a encender lumbre.
Y dio orden al guardia para que cortara algunos juncos.
Hicieron un montón de ellos en medio de la choza, que tenía un agujero en el techo para dejar salir el humo; y cuando la llama rojiza empezó a juguetear por las cristalinas paredes, éstas empezaron a fundirse suavemente y muy poco a poco, como si aquellas piedras de hielo echaran a sudar. Karl, que se había quedado fuera, me gritó:
-Ven a ver esto.
Salí y me quedé absorto de asombro. La choza, en forma de cono, parecía un monstruoso diamante rosa, colocado de pronto sobre el agua helada del pantano. Y dentro se veían dos sombras fantásticas: las de nuestros perros que se estaban calentando.
Un graznido extraño, graznido errante, perdido, se oyó allá en lo alto, por encima de nuestras cabezas. El reflejo de nuestra hoguera despertaba a las aves salvajes.
No hay nada que me conmueva tanto como ese primer grito de vida que no se ve y que corre por el aire sombrío, rápido, lejano, antes de que se aparezca en el horizonte la primera claridad de los días de invierno. Me parece, a esa hora glacial del alba, que ese grito fugitivo, escondido entre las plumas de un pajarraco, es un suspiro del alma del mundo.
-Apaguen la hoguera -decía Karl-, que ya amanece.
Y, en efecto, comenzaba a clarear, y las bandadas de patos formaban amplias manchas de color, pronto borradas en el firmamento.
Brilló un fogonazo en la oscuridad; Karl acababa de disparar su escopeta; los perros salieron a la carrera. Entonces, de minuto en minuto, unas veces él, otras yo, nos echábamos la escopeta a la cara en cuanto por encima de los juncos aparecía la sombra de una tribu voladora. Y "Pierrot" y "Plongeon", sin aliento, gozosos, entusiasmados, nos traían, uno tras otro, patos ensangrentados que, moribundos, nos miraban melancólicamente.
Había amanecido un día claro y azul; el sol iba levantándose allá, en el fondo del valle. Ya nos disponíamos a marcharnos cuando dos aves, con el cuello estirado y las alas tendidas, se deslizaron bruscamente por encima de nuestras cabezas. Tiré. Una de ellas cayó a mis pies. Era una cerceta de pechuga plateada. Entonces se oyó un grito en el aire, grito de pájaro que fue un quejido corto, repetido, desgarrador; y el animalito que había salvado la vida empezó a revolotear por encima de nuestras cabezas mirando a su compañera, que yo tenía muerta entre mis manos.
Karl, rodilla en tierra, con la escopeta en la cara, la mirada fija, esperaba a que estuviese a tiro.
-¿Has matado a la hembra? -dijo-. El macho no escapará.
Y, en efecto, no se escapaba. Sin dejar de revolotear por encima de nosotros, lloraba desconsoladamente.
No recuerdo gemido alguno de dolor que me haya desgarrado el alma tanto como el reproche lamentable de aquel pobre animal, que se perdía en el espacio.
De cuando en cuando huía bajo la amenaza de la escopeta, y parecía dispuesto a continuar su camino por el espacio. Pero no pudiendo decidirse a ello, pronto volvía en busca de su hembra.
-Déjala en el suelo -me dijo Karl-. Verás como se acerca.
Y así fue. Se acercaba, inconsciente del peligro que corría, loco de amor por la que yo había matado.
Karl tiró: aquello fue como si hubiera cortado el hilo que tenía suspendida al ave. Vi una cosa negra que caía; oí el ruido que produce al chocar con las juncos, y "Pierrot" me la trajo en la boca.
Metí al pato, frío ya, en un mismo zurrón... y aquel mismo día salí para París.

CHARLES PERRAULT -_- BARBA AZUL

CHARLES PERRAULT -_- BARBA AZUL

CHARLES PERRAULT
BARBA AZUL
(1697)

Érase una vez un hombre que tenía hermosas casas en la ciudad y en el campo, vajilla de oro y plata, muebles forrados en finísimo brocado y carrozas todas doradas. Pero desgraciadamente, este hombre tenía la barba azul; esto le daba un aspecto tan feo y terrible que todas las mujeres y las jóvenes le arrancaban.
Una vecina suya, dama distinguida, tenía dos hijas hermosísimas. Él le pidió la mano de una de ellas, dejando a su elección cuál querría darle. Ninguna de las dos quería y se lo pasaban una a la otra, pues no podían resignarse a tener un marido con la barba azul. Pero lo que más les disgustaba era que ya se había casado varias veces y nadie sabia qué había pasado con esas mujeres.
Barba Azul, para conocerlas, las llevó con su madre y tres o cuatro de sus mejores amigas, y algunos jóvenes de la comarca, a una de sus casas de campo, donde permanecieron ocho días completos. El tiempo se les iba en paseos, cacerías, pesca, bailes, festines, meriendas y cenas; nadie dormía y se pasaban la noche entre bromas y diversiones. En fin, todo marchó tan bien que la menor de las jóvenes empezó a encontrar que el dueño de casa ya no tenía la barba tan azul y que era un hombre muy correcto.
Tan pronto hubieron llegado a la ciudad, quedó arreglada la boda. Al cabo de un mes, Barba Azul le dijo a su mujer que tenía que viajar a provincia por seis semanas a lo menos debido a un negocio importante; le pidió que se divirtiera en su ausencia, que hiciera venir a sus buenas amigas, que las llevara al campo si lo deseaban, que se diera gusto.
—He aquí, le dijo, las llaves de los dos guardamuebles, éstas son las de la vajilla de oro y plata que no se ocupa todos los días, aquí están las de los estuches donde guardo mis pedrerías, y ésta es la llave maestra de todos los aposentos. En cuanto a esta llavecita, es la del gabinete al fondo de la galería de mi departamento: abrid todo, id a todos lados, pero os prohíbo entrar a este pequeño gabinete, y os lo prohíbo de tal manera que si llegáis a abrirlo, todo lo podéis esperar de mi cólera.
Ella prometió cumplir exactamente con lo que se le acababa de ordenar; y él, luego de abrazarla, sube a su carruaje y emprende su viaje.
Las vecinas y las buenas amigas no se hicieron de rogar para ir donde la recién casada, tan impacientes estaban por ver todas las riquezas de su casa, no habiéndose atrevido a venir mientras el marido estaba presente a causa de su barba azul que les daba miedo.
De inmediato se ponen a recorrer las habitaciones, los gabinetes, los armarios de trajes, a cual de todos los vestidos más hermosos y más ricos. Subieron en seguida a los guardamuebles, donde no se cansaban de admirar la cantidad y magnificencia de las tapicerías, de las camas, de los sofás, de los bargueños, de los veladores, de las mesas y de los espejos donde uno se miraba de la cabeza a los pies, y cuyos marcos, unos de cristal, los otros de plata o de plata recamada en oro, eran los más hermosos y magníficos que jamás se vieran. No cesaban de alabar y envidiar la felicidad de su amiga quien, sin embargo, no se divertía nada al ver tantas riquezas debido a la impaciencia que sentía por ir a abrir el gabinete del departamento de su marido.
Tan apremiante fue su curiosidad que, sin considerar que dejarlas solas era una falta de cortesía, bajó por una angosta escalera secreta y tan precipitadamente, que estuvo a punto de romperse los huesos dos o tres veces. Al llegar á la puerta del gabinete, se detuvo durante un rato, pensando en la prohibición que le había hecho su marido, y temiendo que esta desobediencia pudiera acarrearle alguna desgracia. Pero la tentación era tan grande que no pudo superarla: tomó, pues, la llavecita y temblando abrió la puerta del gabinete.
Al principio no vio nada porque las ventanas estaban cerradas; al cabo de un momento, empezó a ver que el piso se hallaba todo cubierto de sangre coagulada, y que en esta sangre se reflejaban los cuerpos de varias mujeres muertas y atadas a las murallas (eran todas las mujeres que habían sido las esposas de Barba Azul y que él había degollado una tras otra).
Creyó que se iba a morir de miedo, y la llave del gabinete que había sacado de la cerradura se le cayó de la mano. Después de reponerse un poco, recogió la llave, volvió a salir y cerró la puerta; subió a su habitación para recuperar un poco la calma; pero no lo lograba, tan conmovida estaba.
Habiendo observado que la llave del gabinete estaba manchada de sangre, la limpió dos o tres veces, pero la sangre no se iba; por mucho que la lavara y aún la restregará con arenilla, la sangre siempre estaba allí, porque la llave era mágica, y no había forma de limpiarla del todo: si se le sacaba la mancha de un lado, aparecía en el otro.
Barba Azul regresó de su viaje esa misma tarde diciendo que en el camino había recibido cartas informándole que el asunto motivo del viaje acababa de finiquitarse a su favor. Su esposa hizo todo lo que pudo para demostrarle que estaba encantada con su pronto regreso.
Al día siguiente, él le pidió que le devolviera las llaves y ella se las dio, pero con una mano tan temblorosa que él adivinó sin esfuerzo todo lo que había pasado.
—¿Y por qué, le dijo, la llave del gabinete no está con las demás?
—Tengo que haberla dejado, contestó ella allá arriba sobre mi mesa.
—No dejéis de dármela muy pronto, dijo Barba Azul.
Después de aplazar la entrega varias veces, no hubo más remedio que traer la llave.
Habiéndola examinado, Barba Azul dijo a su mujer:
—¿Por qué hay sangre en esta llave?
—No lo sé, respondió la pobre mujer, pálida corno una muerta.
—No lo sabéis, repuso Barba Azul, pero yo sé muy bien. ¡Habéis tratado de entrar al gabinete! Pues bien, señora, entraréis y ocuparéis vuestro lugar junto a las damas que allí habéis visto.
Ella se echó a los pies de su marido, llorando y pidiéndole perdón, con todas las demostraciones de un verdadero arrepentimiento por no haber sido obediente. Habría enternecido a una roca, hermosa y afligida como estaba; pero Barba Azul tenía el corazón más duro que una roca.
—Hay que morir, señora, le dijo, y de inmediato.
—Puesto que voy a morir, respondió ella mirándolo con los ojos bañados de lágrimas, dadme un poco de tiempo para rezarle a Dios.
—Os doy medio cuarto de hora, replicó Barba Azul, y ni un momento más.
Cuando estuvo sola llamó a su hermana y le dijo:
—Ana, (pues así se llamaba), hermana mía, te lo ruego, sube a lo alto de la torre, para ver si vienen mis hermanos, prometieron venir hoy a verme, y si los ves, hazles señas para que se den prisa.
La hermana Ana subió a lo alto de la torre, y la pobre afligida le gritaba de tanto en tanto;
—Ana, hermana mía, ¿no ves venir a nadie?
Y la hermana respondía:
—No veo más que el sol que resplandece y la hierba que reverdece.
Mientras tanto Barba Azul, con un enorme cuchillo en la mano, le gritaba con toda sus fuerzas a su mujer:
—Baja pronto o subiré hasta allá.
—Esperad un momento más, por favor, respondía su mujer; y a continuación exclamaba en voz baja: Ana, hermana mía, ¿no ves venir a nadie?
Y la hermana Ana respondía:
—No veo más que el sol que resplandece y la hierba que reverdece.
—Baja ya, gritaba Barba Azul, o yo subiré.
—Voy en seguida, le respondía su mujer; y luego suplicaba: Ana, hermana mía, ¿no ves venir a nadie?
—Veo, respondió la hermana Ana, una gran polvareda que viene de este lado.
—¿Son mis hermanos?
—¡Ay, hermana, no! es un rebaño de ovejas.
—¿No piensas bajar? gritaba Barba Azul.
—En un momento más, respondía su mujer; y en seguida clamaba: Ana, hermana mía, ¿no ves venir a nadie?
Veo, respondió ella, a dos jinetes que vienen hacia acá, pero están muy lejos todavía... ¡Alabado sea Dios! exclamó un instante después, son mis hermanos; les estoy haciendo señas tanto como puedo para que se den prisa.
Barba Azul se puso a gritar tan fuerte que toda la casa temblaba. La pobre mujer bajó y se arrojó a sus pies, deshecha en lágrimas y enloquecida.
—Es inútil, dijo Barba Azul, hay que morir.
Luego, agarrándola del pelo con una mano, y levantando la otra con el cuchillo se dispuso a cortarle la cabeza. La infeliz mujer, volviéndose hacia él y mirándolo con ojos desfallecidos, le rogó que le concediera un momento para recogerse.
—No, no, dijo él, encomiéndate a Dios; y alzando su brazo...
En ese mismo instante golpearon tan fuerte a la puerta que Barba Azul se detuvo bruscamente; al abrirse la puerta entraron dos jinetes que, espada en mano, corrieron derecho hacia Barba Azul.
Este reconoció a los hermanos de su mujer, uno dragón y el otro mosquetero, de modo que huyó para guarecerse; pero los dos hermanos lo persiguieron tan de cerca, que lo atraparon antes que pudiera alcanzar a salir. Le atravesaron el cuerpo con sus espadas y lo dejaron muerto. La pobre mujer estaba casi tan muerta como su marido, y no tenía fuerzas para levantarse y abrazar a sus hermanos.
Ocurrió que Barba Azul no tenía herederos, de modo que su esposa pasó a ser dueña de todos sus bienes. Empleó una parte en casar a su hermana Ana con un joven gentilhombre que la amaba desde hacía mucho tiempo; otra parte en comprar cargos de Capitán a sus dos hermanos; y el resto a casarse ella misma con un hombre muy correcto que la hizo olvidar los malos ratos pasados con Barba Azul.

MORALEJA

La curiosidad, teniendo sus encantos,
a menudo se paga con penas y con llantos;
a diario mil ejemplos se ven aparecer.
Es, con perdón del sexo, placer harto menguado;
no bien se experimenta cuando deja de ser;
y el precio que se paga es siempre exagerado.

OTRA MORALEJA

Por poco que tengamos buen sentido
y del mundo conozcamos el tinglado,
a las claras habremos advertido
que esta historia es de un tiempo muy pasado;
ya no existe un esposo tan terrible,
ni capaz de pedir un imposible,
aunque sea celoso, antojadizo.
Junto a su esposa se le ve sumiso
y cualquiera que sea de su barba el color,
cuesta saber, de entre ambos, cuál es amo y señor.

http://rimasfrasescitas.blogspot.com/2008/03/charles-perrault-barba-azul.html

Soneto XIV de Hongos de Yuggoth, de Vientos Estelares -- LOVECRAFT H.P. // MITOS DE C

Condecorado -- Guy de Maupassant

Condecorado -- Guy de Maupassant

Condecorado Guy de Maupassant

CONDECORADO
Guy de Maupassant



Hay personas que nacen con un instinto, una vocación o, sencillamente, un deseo
especial que despierta en cuanto principian a balbucir y a pensar.
El señor Sacrement, desde su infancia, tuvo una idea fija: ser condecorado. Muy niño
aún, prefería siempre a los quepis, a los fusiles y espadas, las cruces de la Legión de Honor,
hechas de plomo, y saludando a su mamá como un caballero, arqueaba mucho el pecho para
lucir el colgajo.
No bastándole su aplicación -o su inteligencia- para conseguir el título de bachiller y
queriendo emplear en algo su vida, siendo rico pudo casarse con una hermosa muchacha.
Vivían en París como burgueses distinguidos, pero sin trato social, orgullosos de
conocer a un diputado, a su entender futuro ministro, y a dos o tres jefes de sección.
Pero la idea fija que Sacrement concibió en su infancia no le abandonaba, y sentíase
humillado no pudiendo lucir en el ojal de su levita el menudo lazo rojo.
Los caballeros condecorados que se cruzaban con Sacrement en el bulevar le
angustiaban. Al mirar sus ojales adornados, le roía un desasosiego celoso. Algunas tardes,
mientras paseaba sus constantes ocios, se decía:
"A ver cuántos encuentro desde la Magdalena hasta la calle Drouot".
Despacio, inspeccionaba todos los pechos con ojos perspicaces, muy acostumbrados a
descubrir la cinta roja desde lejos. Llegando al fin de su camino, se asombraba siempre de las
cifras.
"¡Nueve oficiales y dieciséis caballeros! ¡Me resultan muchos! ¡Prodigan
estúpidamente las condecoraciones! A ver cuántos encuentro ahora".
Y volvía lentamente, desesperándose cuando una muchedumbre apresurada
interrumpía su minuciosa investigación, haciéndole tal vez pasar alguno por alto.
Sabía en qué barrios abundan más. En el del Palais Royal son frecuentes. En la
avenida de la Opera no hay tantos como en la calle de la Paz. La derecha del bulevar está
mejor frecuentada que la izquierda.
También era indudable que los condecorados preferían ciertos cafés y ciertos
espectáculos. Cuando el señor Sacrement veía un grupo de señores de cierta edad, parados en
las aceras, interrumpiendo el paso, imaginaba:
"Son oficiales de la Legión de Honor".
Y lanzábase al arrollo con deseo de saludarlos.
Los oficiales -había hecho esta observación mil veces- tienen otro porte que los
sencillos caballeros; yerguen la cabeza de un modo particular. A la legua se nota que su
categoría es muy diferente, que disfrutan de una consideración más elevada.
En algunas ocasiones también le acometía el furor contra todos los condecorados,
manifestando una especie de odio socialista.
Y al volver a su casa, rabioso de haberse tropezado con tantísimo cintajo -como lo
estaría un hambriento después de pasar frente a las vitrinas llenas de manjares- decía
descomponiéndose de gesto y de voz:
-¿Cuándo nos veremos libres de un Gobierno tan cochino?
Su mujer, sorprendida, le preguntaba:
-¿Qué te sucede?
Y él respondía:
-Me sucede, que ya estoy harto de ver tanta injusticia. ¡Oh, cuánta razón tenían los
comunalistas!
Después de comer salía. .. y se paraba, contemplando las cruces en los escaparates de
los comercios. Detenidamente, iba examinando todos aquellos emblemas de formas distintas
y variados colores. Hubiera querido tenerlas todas y, en una ceremonia pública, en un salón
inmenso, ante una muchedumbre maravillada, lucirlas a la cabeza de un cortejo prendidas
todas en los delanteros de una casaca, resplandeciendo como una estrella y entre los rumores
de admiración y respeto.
Pero ¡ay! ¡No tenía un miserable título que le hiciese acreedor a ser condecorado!
Meditaba:
"La Legión de honor es muy difícil de conseguir para un hombre que no desempeña
cargos públicos. ¿Y si me propusiera obtener las Palmas académicas?".
No sabiendo cómo intentarlo, confió a su mujer aquellos proyectos. Al oírlo, quedóse
la señora estupefacta.
-¿Oficial de Academia, tú?... ¿Qué méritos hiciste?
Él se descompuso:
-¡Precisamente! Quiero saber qué méritos he de hacer para lograrlo. Antes de
contestar, reflexiona lo que te dicen. Hay momentos en que pareces una estúpida.
Ella sonrió:
-Es verdad. Pero ignoro eso que tú no sabes tampoco.
El llevaba su propósito:
-Si lo preguntases al diputado Rosselin, acaso nos diese una idea luminosa.
Comprenderás que no sería decoroso en mí abortar esas conversaciones. En cambio, una
mujer puede preguntarlo todo; nadie lo extraña.
La señora cumplió el encargo. El diputado Rosselin prometió recomendar el asunto al
ministro. Y como el señor Sacrement no le dejaba en paz, el diputado Rosselin, harto de
soportar sus impertinencias, le dijo que hiciera una instancia enumerando sus méritos.
¿Qué méritos? Era preciso justificar algunos.
Y preparó un folleto acerca del Derecho del pueblo a ser instruido. No lo pudo acabar
por falta de conocimientos.
Buscó asuntos más fáciles, intentando sucesivamente dos o tres. El primero:
Instrucción de los niños por la simple vista. Proponía que se fundaran en los barrios pobres
una especie de teatros gratuitos para las criaturas. Los padres los acompañarían desde la más
tierna edad, y valiéndose de proyecciones de linterna mágica, se les facilitarían las nociones
de todos los conocimientos humanos. Los ojos, instruyendo al cerebro, fijarían las imágenes
en la memoria.
¿No sería bien sencillo enseñar así la Historia, la Geografia, la Botánica, la Física, la
Zoología, la Anatomía, etc.
Hizo imprimir el folleto y envió un ejemplar a cada diputado, diez a cada ministro,
cincuenta al presidente de la República, diez a los diarios de París y cinco a los de provincias.
En otro estudio, trató de las Bibliotecas ambulantes, proponiendo al Estado la
fundación de un servicio a domicilio, hecho en carros muy semejantes a los que llevan los
verduleros y fruteros.
Cada ciudadano tendría derecho a que le sirvieran para su lectura diez volúmenes
mensuales, pagando cinco céntimos nada más.
"El pueblo -sostenía el señor Sacrement en su folleto- sólo se molesta para sus
placeres. Puesto que no busca la instrucción, la instrucción ha de ir a buscarle".
Nadie se ocupó de sus opúsculos. Pero el autor hizo su instancia y le contestaron
diciendo que se tomaría nota y se instruiría el expediente.
Aguardó creyéndolo cosa hecha...
Nada le comunicaban.
Dicidióse a presentarse y solicitó audiencia del ministro de Instrucción Pública. Fue
recibido por un oficial de secretaría, el cual auguró al solicitante que su pretensión era bien
acogida y que la fortaleciese con estudios nuevos y nuevas publicaciones. Así lo hizo el
señor Sacrement.
Al mismo tiempo, el diputado Rosselin-que por lo visto iba interesándose ya por su
gloria- le dio algunos consejos prácticos y excelentes. También él estaba condecorado, lucía
en el ojal un lacito rojo, sin haberse dado cuenta de los motivos que determinaron una
distinción tan apetecida.
El diputado Rosselin, frecuentando mucho la casa del señor Sacrement, le indicó
estudios nuevos, le presentó en sociedades especialmente consagradas a dilucidar oscuros
problemas científicos para obtener honoríficas recompensas. Hasta en el Ministerio lo
apadrinó.
Y un día que almorzaba con el matrimonio -lo cual era ya frecuente-, dijo el diputado
Rosselin al señor Sacrement, estrechándole una mano:
He conseguido para usted algo de mucha importancia. El Comité de trabajos
históricos le comisiona para que busque documentos relativos a un asunto en varias
bibliotecas de Francia.
El señor Sacrement, emocionado, ya no pudo seguir comiendo.
A los ocho días emprendió su viaje.
Fue de ciudad en ciudad estudiando los catálogos, rebuscando en los desvanes de las
bibliotecas atestados de librotes polvorientos, víctima de la odiosidad de los bibliotecarios.
Pero hallándose en Ruán una noche, sintió de pronto ansias de acariciar a su mujer, y
tomó el tren de las nueve, que le permitiría llegar antes del amanecer a su casa.
Llevaba una llave de la puerta. Entró con sigilo, estremeciéndose de placer, gozoso de
la sorpresa que preparaba. Su mujer se había cerrado por dentro en su alcoba. ¡Qué fastidio!
Entonces el señor Sacrement gritó, golpeando la puerta:
-¡Yo soy! ¡Juana!
Ella debió de sentir una impresión muy terrible, porque la oyó saltar de la cama y
hablar en voz alta como cuando se padece una pesadilla. Luego, entró en su tocador,
abriéndolo y cerrándolo precipitadamente, hizo muchas evoluciones por el cuarto, yendo y
viniendo con los pies desnudos.
Al fin, preguntó:
-¿De veras eres tú, Alejandro?
-Sí, mujer; yo soy. ¡Abre!
Abrióse la puerta, y la mujer se arrojó en brazos del marido, balbuciendo:
-¡Ah! ¡Qué miedo! ¡Qué sorpresa! ¡Qué alegría!
El señor Sacrement, como de costumbre, comenzó a desnudarse metódicamente.
Luego descubrió, sobre una silla, el abrigo, que solía dejar en el perchero, y
cogiéndolo, se quedó asombrado al ver lucir una cinta roja en el ojal de la solapa.
Tartamudeó:
-Este.... este..., este abrigo... ¡está... condecorado!
Su mujer, de un brinco, lanzóse hacia él queriéndole quitar de las manos aquella
prenda:
-No; deja; te equivocas... Dámelo.
Pero el señor Sacrement, teniéndolo bien agarrado, como un loco, repetía:
-¿Por qué? ¿Por qué? Tú lo sabes; ¿qué abrigo es éste? No es el mío, puesto que lleva
la cinta de la Legión de Honor.
Ella procuraba por todos los medios arrancárselo, descompuesta y turbada:
-Óyeme... Atiéndeme... Déjalo... No me hagas hablar... Es un secreto... Un secreto...
El, incomodándose, palidecía:
-¡Necesito saber qué hace aquí ese abrigo, que no es el mío!
La mujer, entonces, le dijo al oído:
-Sí... Calla..., júrame ser prudente... Escucha... ¡Sí!... ¡Estás condecorado!
Sacudióle de tal modo su emoción que, soltando el abrigo, fue a desplomarse sobre un
sofá. -Que yo estoy... ¿Dices que... me han condecorado?
-Sí... Es un secreto... Un secreto.
Entre tanto, guardaba el abrigo en un armario, bajo llave, y volviéndose hacia su
marido, temblorosa y pálida, prosiguió:
-Sí; es un abrigo que te mandé hacer para sorprenderte. Pero había jurado no decirte
nada. Tu nombramiento no será oficial hasta que pase un mes
o mes y medio, cuando termines tu comisión histórica. No debía decírtelo hasta entonces. El
diputado Rosselin ha obtenido para ti ese honor.
El señor Sacrement, desfallecido, balbuceó:
-Rosselin... Rosselin... Condecorado... Me ha condecorado... A mí..., él... ¡Ah!
Tuvo que beber agua para calmarse.
Una tarjeta yacía en el suelo. El señor Sacrement la recogió, leyendo en ella:
Armando Rosselin
Diputado
-¡Lo estás viendo! ¡Inocente! -dijo la mujer. Entonces él rompió a llorar de alegría.
Y a la semana siguiente anunciaba el Diario Oficial que el señor Sacrement era
nombrado caballero de la Legión de Honor, en virtud de los servicios excepcionales prestados
por él mismo.

Guy de Maupassant -- CARTA QUE SE ENCONTRÓ A UN AHOGADO

Guy de Maupassant

CARTA QUE SE ENCONTRÓ A UN AHOGADO

¿Me pregunta usted, señora, si me burlo? ¿No puede usted creer que un hombre

no haya sentido jamás amor? Pues bien: no, no he amado nunca, nunca.

¿De qué depende eso? No lo sé... Pero no he sentido jamás ese estado de

embriaguez del corazón que llaman amor. Jamás he vivido en ese ensueño, en esa

locura, en esa exaltación a que nos lanza la imagen de una mujer, ni me vi nunca

perseguido, obsesionado, calenturiento, embebecido por la esperanza o la posesión

de un ser convertido de pronto para mí en el más deseable de todos los encantos, en

la más hermosa de todas las criaturas, más interesante que todo el universo. En mi

vida he llorado ni he sufrido por ninguna de ustedes. Tampoco he pasado las noches

en vela pensando en una mujer. No conozco ese despertar que su pensamiento y su

recuerdo iluminan. No conozco tampoco la excitación enloquecedora del deseo,

cuando se le espera, y la divina melancolía sentimental, cuando ella ha huido,

dejando en el cuarto un perfume sutil de violeta y de carne.

Jamás he amado.

Muy a menudo me he preguntado a qué es esto debido y, verdaderamente, no lo

sé muy bien. Aunque llegué a encontrar varias razones, se refieren a la metafísica, y

no sé si las apreciará usted.

Analizo demasiado a las mujeres para dejarme dominar por sus encantos. Pido a

usted mil perdones por esta confesión que explicaré. Hay en toda criatura dos

naturalezas diferentes: una moral y otra física.

Para amar tendría que descubrir, entre esas dos naturalezas, una armonía que no

hallé jamás. Siempre una de las dos hállase a mayor altura que la otra; unas veces

la naturaleza física, y otras la moral.

La inteligencia que tenemos el derecho de exigir a una mujer para amarla no tiene

nada de común con la inteligencia viril. Es más y es menos. Es menester que una

mujer tenga el entendimiento franco, delicado, sensible, fino, impresionable. No

necesita dominio ni iniciativa en el pensamiento, pero es menester que tenga

bondad, elegancia, ternura, coquetería y esa facultad de asimilación que en poco

tiempo la hace semejante al hombre, cuya vida comparte. Su primerísima cualidad

debe ser la sutileza, ese delicado sentido que es para el alma lo que el tacto es para

el cuerpo. La revelan mil cosas insignificantes: los contornos, los ángulos y las

formas en el orden intelectual.

Las mujeres bonitas, en general, no tienen una inteligencia en consonancia con su

persona. A mí, el menor defecto de concordia me hiere la vista al primer momento.

Esto no tiene importancia en la amistad, que es un pacto en el cual se transige con

los defectos y las cualidades. Se puede, al juzgar a un amigo o a una amiga,

dándose cuenta de sus buenas condiciones, prescindir de las malas y apreciar con

exactitud su valor, abandonándose a una simpatía íntima, profunda y encantadora.

Para amar, hay que ser ciego, entregarse completamente, no ver nada, no

razonar, no comprender. Hay que hallarse dispuesto a adorar las debilidades tanto

como las bellezas y, para esto, renunciar a todo juicio, a toda reflexión, a toda

perspicacia.

Soy incapaz de cegarme hasta ese punto y muy rebelde a la seducción no

razonada.

Pero no es esto todo. Tengo tan elevado concepto de la armonía, que nada

realizará nunca mi ideal. ¡Va usted a tacharme de loco! Escúcheme. Una mujer, a mi

juicio, puede tener un alma deliciosa y un cuerpo encantador, sin que su alma y su

cuerpo estén perfectamente de acuerdo. Quiero decir que las personas que tienen la

nariz de una forma especial no pueden pensar de cierto modo. Los gruesos no tienen

el derecho de usar las mismas palabras que los delgados. Señora: usted, que tiene

los ojos azules, no puede observar la existencia, juzgar las cosas y los

acontecimientos como si tuviera los ojos negros. Los matices de su mirada deben

corresponder fatalmente con los matices de su pensamiento. Para comprender todo

esto tengo el olfato de un perro perdiguero. Ríase si le place, pero es tal como lo

digo. Creí, sin embargo, haber amado un día durante una hora. Me dejé dominar

tontamente por la influencia de las circunstancias que nos rodeaban. Me había

dejado seducir por un espejismo boreal. ¿Quiere usted que le refiera esta historia?

Una noche me tropecé con una encantadora personita, muy exaltada, la cual, para

satisfacer una fantasía poética, quería pasar la noche conmigo en una lancha, en

medio del río; yo hubiera preferido un cuarto y una cama, pero, a pesar de todo,

acepté la barca y el río.

Estábamos en el mes de junio. Mi amiga había escogido una noche de luna para

dar rienda suelta a su exaltacion.

Comimos en un ventorrillo, a la orilla del agua, y a las diez nos embarcamos. La

aventura me parecía estúpida; pero como mi compañera me gustaba, no me enfadé.

Sentándome en el banco frente a ella, cogí los remos y partimos.

No podía negar que el espectáculo era encantador. Bordeábamos una isla

montañosa, llena de ruiseñores, y la corriente nos impulsaba rápidamente por el

agua, cubierta de reflejos plateados. Por doquiera oíamos el grito monótono y claro

de los sapos; croaban las ranas en las orillas, y los rumores del agua corriente

formaban alrededor nuestro un sonido confuso, casi imperceptible, inquietante, que

nos daba una vaga sensación de miedo misterioso.

El encanto de las noches cálidas y de las aguas brillantes con el reflejo de la luna

nos invadía.

Daba gusto vivir y, navegando de aquel modo, soñar y sentir al lado de una mujer

tierna y hermosa.

Encontrábame algo conmovido, emocionado, embriagado por la claridad de la luna

y con la obsesión de mi compañera. "Siéntese usted a mi lado", me dijo. Obedecí.

Ella repuso: "Dígame versos". Pareciéndome demasiado, me negué a complacerla.

Insistió. Decididamente le gustaban las cosas por todo lo alto; quería que se tocara

la cuerda del sentimiento a toda orquesta. desde la luna hasta la rima. Acabé por

ceder y le recité, por burla, una deliciosa composición de Luis Bouilhet, cuyas

estrofas dicen:

Odio ante todo al lacrimoso vate

que frente al estrellado firmamento

musita un nombre, al que sin Lisa o Juana

le parece vacío el universo.

¡Oh, qué graciosa gente la que cuelga

faldas sobre la fronda de los llanos,

y en la verde colina cofias blancas

para que el mundo tenga algún encanto!

¿Qué sabe de la música divina,

vibrante voz de la Natura eterna,

quien no gusta de ir solo en las cañadas

y al susurrar del bosque sueña en hembras?

Creí se enfadaría, mas no fue así.

—¡Qué verdad es eso! —murmuró.

Quedéme estupefacto. ¿Habría comprendido?

Poco a poco nuestra barca se acercó a la orilla, penetrando bajo un sauce, que la

detuvo. Cogiendo a mí compañera por el talle, acerqué con dulzura los labios a su

cuello. Pero me rechazó con un movimiento irritado y brusco, diciendo:

—¡Suélteme! ¡Es usted un grosero!

Procuré atraerla. Ella se defendía y, agarrándose al árbol; por poco vamos al agua.

Juzgué prudente desistir de mis pretensiones. Entonces ella dijo:

—Le ruego que siga remando. ¡Estoy tan bien aquí! ¡Sueño! ¡Es tan agradable!

Después, con un poco de ironía en el acento, añadió:

—¿Tan pronto ha olvidado usted los versos que acaba de recitar?

Era justo. Callé.

—Vamos, reme usted —me dijo, y cogí de nuevo los remos.

Empezaba a parecerme la noche muy larga, y ridícula mi actitud.

Mi compañera me preguntó:

—¿Quiere usted hacerme una promesa?

—Sí. ¿Cuál?

—Permanecer tranquilo y correcto, discretamente, mientras yo...

—¿Qué?

—Verá usted. Quisiera echarme en el fondo de la barca, a su lado, mirando las

estrellas.

—Comprendo —exclamé.

—No, no comprende usted —replicó ella—. Vamos a echarnos uno al lado del otro;

pero le prohíbo que me toque, que me abrace; en fin..., que..., que me acaricie...

Prometí. Entonces ella advirtió:

—Si hace usted un movimiento inconveniente, haré zozobrar la barca.

Y nos echamos en el suelo, uno al lado del otro. Los vagos balanceos de la canoa

nos mecían. Los ligeros rumores de la noche, llegando más distintos al fondo de la

embarcación, nos hacían vibrar, estremeciéndonos. ¡ Sentía crecer en mí una

extraña y punzante emoción, una ternura infinita, algo como una necesidad de abrir

los brazos para estrechar en ellos alguna cosa, y el corazón para amar, de

entregarme a alguien, de entregar mis pensamientos, mi cuerpo, mi vida, todo mi

ser!

Mi compañera murmuró como en un sueño:

—¿En dónde estamos? ¿Dónde vamos que parece que abandono este mundo?

¡Qué dulzura más grande! ¡Oh! Si me amara usted... un poco.

El corazón me latía con violencia. Nada pude responder; me pareció que la amaba.

No sentía ningún deseo violento. Estaba muy bien de aquel modo a su lado; me

parecía suficiente aquello.

Y permanecimos largo rato, largo rato, inmóviles. Nos habíamos cogido una mano;

una fuerza misteriosa nos contenía: una fuerza desconocida, superior, una alianza

pura, íntima, absoluta de nuestros cuerpos que eran el uno del otro sin tocarse.

¿Qué significaba aquello? ¿Lo sé yo? ¿Amor quizá?

El día clareaba poco a poco. Eran las tres de la madrugada. Lentamente una

inmensa claridad invadía el cielo. La canoa tropezó con algo. Me incorporé: habíamos

llegado a un islote.

Permanecía en éxtasis, encantado. Frente a nosotros, en toda la extensión, el

firmamento se iluminaba de un rojo violáceo, salpicado de nubes entrelazadas

semejantes a un humo dorado. El río estaba de color purpúreo y tres casas de la

orilla parecían arder.

Inclinéme hacia mi compañera para decirle:

—Mire usted.

Pero me callé de pronto enloquecido y solamente la vi a ella. También ella estaba

bañada en la luz rosada, un rosa de carne mezclado con un poco del matiz del cielo.

Sus cabellos eran de color de rosa, de color de rosa eran también sus ojos y sus

dientes, su traje, sus encajes, su sonrisa. Todo era del color de rosa. Y tan

enloquecido estaba que creí tener a la aurora ante mí.

Se levantó dulcemente tendiéndome sus labios. Inclinéme hacia ellos, estremecido,

delirante; sintiendo muy bien que iba a besar el cielo, la dicha, un sueño convertido

en mujer, un ideal descendido a la humanidad.

Pero entonces ella me dijo:

—Tiene usted una oruga en el pelo.

¡Y por esto sonreía!

Me pareció que había recibido un fuerte golpe en la cabeza.

De pronto sentíme como si hubiera perdido toda la esperanza que tenía en el

mundo.

Esto es todo, señora. Es pueril, tonto, estúpido. Desde ese día creo que no amaré

jamás... Pero... ¿quién sabe?

El joven sobre cuyo cuerpo se halló esta carta fue sacado ayer del Sena, entre

Bougival y Marly. Un marinero compasivo que lo había registrado para saber su

nombre presentó el papel que acabamos de copiar.

Y MENOS MAL QUE HAY ... POLICIA

Y MENOS MAL QUE HAY ... POLICIA

POLICIA



Policia... siempre vigila?

Ambrose Bierce -- Fábulas Fantásticas

Ambrose Bierce -- Fábulas Fantásticas



Fábulas Fantásticas
Ambrose Bierce




EL PRINCIPIO MORAL Y EL INTERÉS MATERIAL



Un Principio Moral se encontró una vez con un Interés Material, en tren de cruzar un puente sobre el que sólo había paso para uno.
-¡Arrójate, ruin -tronó el Principio Moral-, y déjame pasar encima de ti!
El Interés Material simplemente miró al otro en los ojos, sin decir palabra.
-¡Ah! -dijo el Principio Moral, vacilante-. Echemos suertes, para ver quién de nosotros se aparta hasta que el otro haya cruzado.
El Interés Material mantuvo su inquebrantable silencio y su imperturbable mirada.
-Con el fin de evitar un conflicto -volvió a hablar el Principio Moral, ya un poco incómodo-, yo mismo me voy a echar, y te permitiré pasar por encima.
Entonces el Interés Material recuperó el habla.
-No creo que seas un buen paseo -dijo-. Soy un poco exigente acerca de lo que piso. Supongamos que te arrojas al agua.
Y así se hizo.


LA VELA CARMESÍ


Un hombre que yacía en su lecho de muerte llamó a su lado a su esposa, y le dijo:
-Estoy por dejarte para siempre; dame, entonces, una última prueba de tu afecto y fidelidad. Encontrarás en mi escritorio una vela carmesí, que fue bendecida por el Gran Sacerdote y tiene un peculiar significado místico. Júrame que mientras esa vela exista, tú no te volverás a casar.
La Mujer juró y el Hombre murió. En el funeral, la Mujer se mantuvo de pie a la cabeza del féretro, sosteniendo una vela carmesí ardiente, hasta que esta se consumió por completo.


LA REPUTACIÓN Y LA TOGA


Una Reputación Manchada planteó una cuestión de privilegio, y dijo:
-Señor Presidente, deseo hacer un alegato para explicar que las manchas que se ven sobre mí son las marcas naturales propias de alguien que es descendiente directo del sol y de una cierva manchada. No provienen de ningún accidente de carácter, sino que integran el orden divino y la constitución de las cosas.
Cuando la Reputación Manchada volvió a sentarse, una Toga Sucia se levantó y dijo:
-Señor Presidente, he escuchado con profunda atención y entera aprobación la explicación del Honorable Miembro, y deseo ofrecer unas pocas observaciones en mi propio beneficio. Yo también he sido vilmente calumniada por nuestra antigua enemiga, la Infame Falsedad, y deseo señalar que estoy hecha de la piel de Mustela maculata, que es sucia de nacimiento.


EL PATRIOTA INGENIOSO


Habiendo obtenido una audiencia del Rey, un Patriota Ingenioso extrajo un papel del bolsillo, diciendo:
-Espero que esta fórmula que tengo aquí para construir un blindaje que ningún cañón puede perforar sea del agrado de Su Majestad. Si este blindaje es adoptado en la Armada Real, nuestros barcos de guerra serán invulnerables, y por consiguiente invencibles. Aquí, también, están los informes de los Ministros de Su Majestad, certificando el valor de la invención. Me desprenderé de mis derechos sobre ella por un millón de tumtums.
Tras examinar los papeles, el Rey los apartó, y le prometió una orden del Tesorero Mayor del Departamento de Exacción por el valor de un millón de tumtums.
-Y aquí -dijo el Patriota Ingenioso, extrayendo otro papel de otro bolsillo -están los planos de un cañón de mi invención, que perforarán ese blindaje. El Real hermano de Su Majestad, el Emperador de Bang, está ansioso por comprarlo, pero mi lealtad al trono y a la persona de Su Majestad me obliga a ofrecerlo primero a Su Majestad. Su precio es de un millón de tumtums.
Habiendo recibido la promesa de otro cheque, hundió su mano en otro bolsillo, diciendo:
-El precio del cañón irresistible hubiese sido mucho mayor, Su Majestad, si no fuese por el hecho de que sus proyectiles pueden ser efectivamente desviados por mi peculiar método de tratar las corazas blindadas con un nuevo...
El Rey hizo al Gran Factótum una seña para que se aproximara.
-Revisa a este hombre -le dijo-, e infórmame cuántos bolsillos tiene.
-Cuarenta y tres -dijo el Gran Factótum, tras completar el escrutinio.
-Puede complacer a Su Majestad -exclamó el Patriota Ingenioso, presa del terror-, saber que uno de ellos contiene tabaco.
-Cuélguenlo de los tobillos y sacúdanlo bien -dijo el Rey-. Después entréguenle un cheque por cuarenta y dos millones de tumtums y mátenlo. En este acto decreto que la ingenuidad es un crimen capital.


EL OFICIAL DE POLICÍA Y EL MALHECHOR


Un Jefe de Policía que vio a un Oficial golpeando a un Malhechor se indignó muchísimo, y le dijo que no debía volver a hacer algo así, bajo pena de destitución.
-No sea tan duro conmigo, Jefe -dijo el Oficial, sonriendo-. Lo estaba golpeando con un bastón de paño relleno.
-Así y todo -insistió el jefe de Policía-, usted se tomó una libertad que tiene que haberle resultado muy desagradable, aunque no le haya hecho daño. Sírvase no repetirla.
-Pero -dijo el Oficial, todavía sonriente-, era un Malhechor de paño relleno.
Al tratar de expresar su complacencia, el jefe de Policía extendió su brazo derecho con tanta violencia que la piel se le rasgó en el sobaco y un chorro de arena cayó de la herida. Era un jefe de Policía de paño relleno.


EL FUNCIONARIO CONSCIENTE


Mientras un Superintendente de División de un ferrocarril estaba cumpliendo con la mayor aplicación su tarea de poner obstáculos en los rieles y alterar los cambios de vía, recibió la noticia de que el Presidente de la compañía iba a despedirlo por incompetente.
-¡Buen Dios! -exclamó-. ¡Si hay más accidentes en mi división que en todo el resto de la línea!
-El Presidente es muy riguroso -dijo el Hombre que había traído la noticia-; él piensa que las mismas pérdidas de vidas podrían obtenerse con menos daño a la propiedad de la compañía.
-¿Espera que arroje a los pasajeros a través de las ventanillas? -exclamó el indignado funcionario, cruzando un durmiente sobre los rieles-. ¿Me toma por un asesino?


COMO SE LLEGA AL OCIO

Un Hombre para Quien el Tiempo era Oro, que estaba engullendo su desayuno, muy apurado por atrapar un tren, había apoyado el periódico contra la azucarera y leía mientras comía. En su apuro y abstracción, se clavó un tenedor en el ojo derecho, y al extraer el tenedor, el ojo salió con él. Desde entonces, cada vez que compraba anteojos, se veía obligado a derrochar inútilmente su dinero en cristales para el ojo derecho, y este dispendio lo redujo pronto a la pobreza, por lo cual el Hombre para Quien el Tiempo era Oro se vio obligado a ganarse la vida pescando desde la punta de un muelle.



EL GUARDIÁN PRECAVIDO


El Guardián de una Penitenciaría estaba un día poniendo cerraduras en las puertas de todas las celdas, cuando un operario le dijo:
-Usted es muy imprudente... Esas cerraduras pueden abrirse desde adentro.
El Guardián replicó, sin apartar la mirada de lo que hacía:
-Si a esto se lo llama imprudencia, me pregunto cómo se debería denominar a una precavida disposición contra las vicisitudes de la suerte.

EL TESORO Y LOS BRAZOS


Un Tesoro Público, al advertir que Dos Brazos se alzaban con su contenido, exclamó:
-Sr. Correligionario, propongo una división.
-Usted parece saber un poco acerca
de la forma parlamentaria de hablar -dijo Dos Brazos.
-Sí -replicó el Tesoro Público-. Estoy familiarizado con los acarreos legislativos.


LA SERPIENTE CRISTIANA


Una Víbora de Cascabel regresó a su casa, donde estaban sus crías, y dijo:
-Hijos míos, reuníos para recibir la última bendición de vuestro padre, y ver cómo muere un cristiano.
-¿Qué ocurre, padre? -preguntaron las Viboritas.
-Me ha mordido el editor de un pasquín partidario -fue la respuesta, seguida por el ominoso cascabeleo de la muerte.


EL MALHECHOR DESCONTENTO


Un Juez que había condenado a prisión a un Malhechor, procedía a señalarle las desventajas del crimen y los beneficios de la reforma.
-Su Señoría -dijo el Malhechor, interrumpiéndolo- ¿sería tan amable como para elevar mi condena a diez años de prisión y nada más?
-¿Por qué? -dijo el juez, sorprendido-. ¡Sólo lo he condenado a tres años!
-Sí, lo sé -asintió el Malhechor-. Tres años de prisión y el sermón. Si no le molesta, me gustaría que me conmute el sermón.


LOS CAÑONES DE MADERA


Un Regimiento de Artillería de la Milicia Estatal solicitó al Gobernador, cañones de madera para la práctica.
-Resultarán más baratos que cañones de verdad -explicó.
-No se dirá de mí que sacrifiqué la eficacia a la economía -dijo el Gobernador-. Tendrán cañones de verdad.
-Gracias, gracias -exclamaron efusivamente los guerreros-. Los cuidaremos mucho, y en caso de guerra los reintegraremos al arsenal.


EL ASTRÓNOMO LITERARIO


El Director de un Observatorio, que había descubierto la Luna, con un refractor de treinta y seis pulgadas, fue muy apurado a ver al Editor de un Periódico, con una extensa narración del evento.
-¿Cuánto? -preguntó sentenciosamente el Editor, sin apartar la mirada de su ensayo sobre la circularidad de la perspectiva política.
-Ciento sesenta dólares -replicó el hombre que había descubierto la Luna.
-Ni la mitad de eso sería suficiente -fue el comentario del Editor.
-¡Hombre generoso! -exclamó el Astrónomo, ardiendo de cálidos y elevados sentimientos-. Págueme, entonces, lo que quiera.
-Mi gran y buen amigo -dijo suavemente el Editor, levantando la vista de su trabajo-. No nos entendemos, parece. El que tiene que pagar es usted.
El Director del Observatorio tomó el manuscrito y se fue, explicando que necesitaba corrección, que había omitido poner el punto a una m.


EL SINO DEL POETA


Un Objeto que estaba caminando por el Camino Real, envuelto en honda meditación y en poca cosa más, súbitamente se encontró ante las puertas de una ciudad extraña. Cuando solicitó ser admitido, fue detenido como indigente y llevado ante el Rey.
-¿Quién eres -interrogó el Rey-, y cómo te ganas la vida?
-Soy Snouter el descuidista -replicó el Objeto, inventando rápidamente-, carterista.
El Rey estaba por ordenar su liberación, cuando el Primer Ministro sugirió que examinaran los dedos del prisionero. Se descubrió que estaban muy achatados y encallecidos en los extremos.
-¡Ja! -exclamó el Rey- ¡Se lo dije! Es adicto a contar sílabas. Un poeta. Llévenlo con el Gran Señor Disuasor del Hábito de la Cabeza.
-Mi señor -dijo el Inventor Ordinario de Penas Ingeniosas-, me atrevo a sugerir un castigo más sagaz.
-Dígalo -contestó el Rey. -¡Permitirle que conserve esa cabeza! Eso fue lo que se ordenó.


EL LEÓN Y LA SERPIENTE DE CASCABEL


Un Hombre encontró en su camino a un León, y se puso a tratar de someterlo mediante la hipnosis; cerca había una Serpiente de Cascabel dedicada a fascinar a un pequeño pájaro.
-¿Cómo va lo tuyo, hermano? -el Hombre se dirigió al otro reptil, sin apartar sus ojos de los del León.
-Admirablemente -replicó la serpiente-. El éxito está asegurado; mi víctima se acerca y se acerca, a pesar de sus esfuerzos.
-Y la mía -dijo el Hombre- se acerca y se acerca a pesar de los míos. ¿Estás seguro de que todo marcha bien?
-Si dudas -replicó el reptil lo mejor que pudo, con la boca llena de pájaro-, sería mejor que abandones.
Un cuarto de hora después, el León, escarbándose pensativamente los dientes
con las garras, le decía a la Serpiente de Cascabel que nunca, en su muy variadas experiencias al ser hipnotizado, se había encontrado con un hipnotizador tan ansioso por abandonar su tarea.
-Pero -añadió con una amplia, inteligente sonrisa- yo le sostuve la mirada.


EL LEGISLADOR Y EL JABÓN


Un Miembro de la Legislatura de Kansas que se cruzó con un jabón, pasaba junto a él sin reconocerlo, pero el jabón insistió en detenerlo y estrecharle las manos. Pensando que se hallaba en goce de inmunidad parlamentaria, el legislador le dio un cordial e intenso apretón de manos. Al abandonarlo, advirtió que una parte del Jabón había quedado adherida en sus dedos, y corriendo muy alarmado hacia un arroyo, procedió a lavárselos. Para hacerlo, se vio obligado a frotarse ambas manos, y cuando terminó de lavarlas, quedaron tan blancas, que se metió en cama y mandó llamar a un médico.


EL HOMBRE QUE NO TENIA ENEMIGOS


Una Persona Inofensiva que paseaba por un lugar público, fue atacada por un Desconocido, con un Garrote, y severamente golpeada.
Cuando el Desconocido con un Garrote fue sometido a juicio, su víctima dijo al Juez:
-Ignoro por qué me atacó; no tengo un enemigo en el mundo.
-Esa -dijo el acusado- es la razón por la que lo golpeé.
-El prisionero queda absuelto -dijo el juez-; un hombre que no tiene enemigos, no tiene amigos. Los tribunales no se hicieron para esta gente.


LA MAQUINA VOLADORA


Un Hombre Ingenioso construyó una máquina voladora e invitó a una gran concurrencia a verla funcionar. A la hora señalada, con todo dispuesto, él se introdujo en el vehículo y puso el motor en marcha. La máquina inmediatamente hizo pedazos la imponente estructura sobre la que estaba armada, y se hundió en la Tierra hasta perderse de vista, mientras el aeronauta saltaba afuera, justo a tiempo de salvarse.
-Bien -dijo el Hombre Ingenioso-. He hecho lo suficiente para demostrar la corrección de los detalles. Los defectos -añadió, echando una mirada al estropeado armatoste- son meramente básicos y fundamentales.
Ante esta aseveración, el publicó respondió con suscripciones para construir una segunda máquina.


EL GATO Y EL REY


Un Gato estaba mirando a un Rey, como lo permite el proverbio.
-Bien -dijo el monarca, advirtiendo
su inspección-, ¿cómo me ves?
-Puedo imaginar un Rey -dijo el Gato-, que me gustaría más. -¿Por ejemplo?
-El Rey de los Ratones.
Tanto complació al Rey el ingenio de esta respuesta, que le dio permiso para arrancar los ojos de su Primer Ministro.


LA CIUDAD DE LA DISTINCIÓN POLÍTICA


Jamrach el Rico, ansioso de llegar a la Ciudad de la Distinción Política antes de la noche, encontró una bifurcación de caminos, y estaba indeciso acerca de cuál tomar; así que consultó a una Persona de Aspecto Sabio, sentada a un lado del camino.
-Tome ese camino -dijo la Persona de Aspecto Sabio-: se lo conoce como la Carretera Política.
-Gracias -dijo Jamrach, y se dispuso a seguir viaje.
-¿Con cuánto me agradece? -fue la respuesta-. ¿Supone que estoy aquí haciendo una cura de salud?
Como Jamrach no se había vuelto rico por su estupidez, le dio algo a su guía, y apresurándose, pronto llegó a una barrera de peaje custodiada por un Caballero Benévolo, quien lo dejó pasar tras recibir algo. Un poco más allá, halló un puente que sorteaba un arroyo imaginario, donde un Ingeniero Civil (que había construido el puente) le exigió algo para permitirle pasar. Ya se estaba haciendo tarde, cuando Jamrach arribó a la orilla de lo que parecía un lago de tinta negra, donde terminaba el camino. Viendo a un Barquero en su bote, Jamrach pagó algo por la travesía y estaba a punto de embarcarse.
-No -dijo el Barquero-. Ponga el cuello en este lazo, y yo lo remolcaré. Es la única manera de pasar -añadió, al ver que el pasajero estaba por quejarse de las comodidades.
A su debido tiempo, Jamrach fue arrastrado a través del lago, y llegó medio estrangulado y atrozmente empapado por las aguas fétidas.
-Bueno -dijo el Barquero, remolcándolo sobre la ribera y soltándolo-, ahora usted está en la Ciudad de la Distinción Política. Tiene cincuenta millones de habi-
tantes, y como el color del Pozo Asqueroso no sale con el lavado, todos parecen exactamente iguales.
-¡Ay de mí! -exclamó Jamrach, llorando y lamentando la pérdida de todas sus posesiones, gastadas en propinas y peajes-. Volveré con usted.
-No creo que lo haga -dijo el Barquero, desatracando-. Esta ciudad está ubicada en la Isla de los Que No Vuelven.


LA POETISA DE LA REFORMA


Un hermoso día de la última parte de la eternidad, mientras las Sombras de todos los grandes escritores reposaban en lechos de asfódelos y molis en los Campos Elíseos, cada uno de ellos muy feliz al escuchar de labios de todos los otros sólo copiosas citas de la propia obra (porque a tal efecto Júpiter había hechizado generosamente sus oídos), llegó allí con aire triunfador una Sombra a la que nadie conocía. Ella (porque la recién llegada mostraba evidencias de su sexo tales como el cabello cortado corto y un andar varonil) tomó asiento en medio de ellos, y con sonrisa de superioridad explicó:
-Tras siglos de opresión arranqué mis derechos de manos de los dioses celosos. Sobre la tierra yo fui la Poetisa de la Reforma y canté para oídos desatentos. Ahora
canto para una eternidad de honor y de gloria.
Pero no habría de ser así, y muy pronto ella fue la más infeliz de las inmortales, anhelando vanamente volver a errar en las tinieblas junto a los lagos infernales. Porque Júpiter no había hechizado su oído, y de los labios de cada Sombra bendita sólo surgían copiosamente las citas de las obras de los otros. Además, a ella le había sido negada la felicidad de recitar sus poemas. No recordaba un solo verso suyo, porque Júpiter había decretado que el recuerdo de sus poemas habitara el penoso dominio de Plutón, como parte del castigo.


LOS SALVADORES DE VIDAS


Setenta y cinco Hombres se presentaron ante el Presidente de la Sociedad Humana y solicitaron la gran medalla de oro por haber salvado vidas.
-Vaya, sí -dijo el Presidente-, mediante sus diligentes esfuerzos tantos hombres deben haber salvado un considerable número de vidas. ¿Cuántas salvaron?
-Setenta y cinco, señor -replicó el Vocero de los Hombres.
-Ah, sí, eso hace una cada uno; muy buen trabajo, muy buen trabajo, por cierto -dijo el Presidente-. No sólo tendrán la gran medalla de oro de la Sociedad sino, también, su recomendación para un empleo en las dotaciones de varias estaciones de botes salvavidas a lo largo de la costa. ¿Pero cómo salvaron tantas vidas?
El Vocero de los Hombres respondió:
-Somos agentes de la ley, y acabamos de abandonar la persecución de dos asesinos fugitivos.




LA ZARIGÜEYA DEL FUTURO


Un día, una Zarigüeya que se había dormido colgada de la cola, en la rama más alta de un árbol, despertó y vio una enorme Víbora enroscada cerca de la rama, entre ella y el tronco del árbol.
-Si me quedo -se dijo-, me engullirá; si me dejo caer me romperé el cuello.
Pero súbitamente se le ocurrió una estratagema.
-Mi perfecto amigo -dijo-, mi instinto paternal reconoce en usted una noble evidencia e ilustración de la teoría del desarrollo. Usted es la Zarigüeya del Futuro, el Sobreviviente Mejor Adaptado, último de nuestra especie, el fruto maduro de la prensilidad progresiva: ¡pura cola!
Pero la Víbora, orgullosa de su antigua superioridad en la historia de las Escrituras, fue estrictamente ortodoxa y no aceptó el punto de vista científico.


EL PAVIMENTADOR


Un Autor vio a un Trabajador colocando piedras en el pavimento de una calle, y aproximándose, le dijo:
-Amigo mío, usted parece fatigado. La ambición es un duro capataz.
-Estoy trabajando para el Sr. iones-respondió el Trabajador.
-Bueno, arriba ese ánimo -siguió el Autor-. La fama llega cuando menos se la espera. Hoy usted es pobre, oscuro y está desanimado, pero mañana su nombre puede sonar en todo el mundo.
-¿De qué me está hablando? -dijo el Trabajador-. ¿No puede un honesto pavimentador hacer su trabajo en paz, y ganar con él su dinero, y vivir de él, sin que otros vengan a decir disparates acerca de la ambición y de la esperanza de fama?
-¿Y no puede hacerlo un honesto escritor? -dijo el Autor.


LOS DOS POETAS


Dos poetas se disputaban la Manzana de la Discordia y el Hueso de la Disputa,
porque ambos estaban muy hambrientos.
-Hijos míos -dijo Apolo-, repartiré los premios entre ustedes. Tú -dijo al Primer Poeta- sobresales en Arte: toma la Manzana. Y tú -dijo al Segundo Poeta-, en imaginación: toma el Hueso.
-¡El mejor premio al Arte! -dijo el Primer Poeta, con aire triunfante, y tratando de devorar su premio se rompió todos los dientes. La Manzana era una obra de arte.
-Eso demuestra el desprecio de nuestro maestro por el mero Arte -dijo el Segundo Poeta, sonriendo.
Trató de roer su Hueso, pero sus dientes lo atravesaron sin encontrar resistencia. Era un Hueso imaginario.


EL CORCEL DE LA BRUJA


Un Palo de Escoba, que había servido largo tiempo de montura a una bruja, se quejaba de la naturaleza de su empleo, que consideraba degradante.
-Muy bien -dijo la Bruja-. Te daré un trabajo en el que te verás asociado con el intelecto... te pondrás en contacto con cerebros. Te regalaré a una ama de casa.
-¿Qué? -se sorprendió el Palo de Escoba-. ¿Consideras algo intelectual las manos de un ama de casa?
-Me refería -dijo la Bruja- a la cabeza de sus buenos maridos.


LA RATA SAGAZ


Una Rata que estaba por salir de su madriguera alcanzó a vislumbrar un Gato que la esperaba, y volviendo al fondo de la cueva invitó a una Amiga a ir con ella de visita a un depósito de maíz vecino.
-Hubiera ido sola -dijo-, pero no podía negarme el placer de tan distinguida compañía.
-Muy bien -contestó la Amiga-. Iré contigo. Condúceme.
-¿Conducirte? -exclamó la otra-. ¡Vaya! ¿Preceder yo a una rata grande e ilustre como tú? No, por cierto... Después de ti, después de ti...
Complacida por esta gran muestra de deferencia, la Amiga abrió la marcha y, dejando primero la cueva, fue atrapada por el Gato, que se fue con ella. La otra se alejó sin ser molestada.


UN PUENTE SOBRE EL FANGO


Una Mujer Rica que volvía del extranjero desembarcó al pie de la Calle Hundida Hasta las Rodillas, y estaba por caminar hasta su hotel a través del barro.
-Señora -dijo un Policía-, no puedo permitir que haga eso; se embarrará los zapatos y las medias.
-¡Oh, no tiene importancia, realmente! -replicó la Mujer Rica, con encantadora sonrisa.
-Pero, señora, es innecesario; desde el desembarcadero hasta el hotel, como usted podrá observar, se extiende una línea ininterrumpida de periodistas postrados que imploran el honor de que usted camine sobre ellos.
-En ese caso -dijo ella, sentándose en un umbral y abriendo su bolso- tendré que ponerme mis galochas.




EL PURO PERRO


Un León, viendo a un Perro de Lanas, estalló en carcajadas ante lo ridículo del espectáculo.
-¿Quién vio alguna vez una bestia tan pequeña? -dijo.
-Es muy cierto -dijo el Perro de Lanas, con austera dignidad- que soy pequeño; pero le ruego que tome nota, señor, de que soy puro perro.


LOS DOS POLÍTICOS


Dos Políticos cambiaban ideas acerca de las recompensas por el servicio público.
-La recompensa que yo más deseo-dijo el Primer Político- es la gratitud de mis conciudadanos.
-Eso sería muy gratificante, sin duda -dijo el Segundo Político-, pero es una lástima que con el fin de obtenerla tenga uno que retirarse de la política.
Por un instante se miraron uno al otro, con inexpresable ternura; luego, el Primer Político murmuró:
-¡Que se haga la voluntad del Señor! Ya que no podemos esperar una recompensa, démonos por satisfechos con lo que tenemos.
Y sacando las manos por un momento del tesoro público, juraron darse por satisfechos.


DOS MÉDICOS


Un Viejo Inicuo, sintiéndose enfermo, envió por un médico, que le recetó unas medicinas y se fue. Entonces el Viejo Inicuo envió en busca de Otro Médico, al que no le dijo nada del anterior; este nuevo médico le prescribió un tratamiento completamente diferente. Esto continuó durante unas semanas: los médicos lo visitaban en días alternados y lo trataban por dos desórdenes distintos, con dosis de medicina en constante aumento y cuidados cada vez más rigurosos. Pero un día se encontraron accidentalmente junto a su lecho mientras él dormía, y al salir a luz la verdad, una violenta disputa se produjo.
-Mis buenos amigos -dijo el paciente, despierto por el ruido de la discusión, y adivinando su causa-, les ruego que sean más razonables. Si yo pude soportarlos a los dos a la vez durante semanas, ¿no pue-
den soportarse entre ustedes un ratito? Hace diez días que me siento bien, pero me he quedado en cama con la esperanza de obtener mediante el reposo las fuerzas que me harían falta para tomar sus medicinas. Hasta ahora no las he tocado.




EL CADI HONESTO


Un bandido que había despojado de mil piezas de oro a un mercader, fue llevado ante el Cadí, quien le preguntó si tenía algo que decir para salvarse de ser decapitado.
-Su Señoría -dijo el Salteador-. No podía hacer otra cosa que apoderarme del oro, porque Alá me hizo así.
-Tu defensa es ingeniosa y sólida -dijo el Cadí-, y debo exculparte de criminalidad. Infortunadamente, Alá también me hizo de modo tal que debo cortarte la cabeza, a menos a menos -añadió pensativo- que me ofrezcas la mitad del oro; porque El me hizo débil ante la tentación.
Por consiguiente, el Salteador puso quinientas piezas de oro en manos del Cadí.
-Bien -dijo el Cadí-. Te cortaré ahora sólo una mitad de la cabeza. Para mostrar mi confianza en tu discreción, dejaré intacta la mitad con la que hablas.


UN FACTOR NO TENIDO EN CUENTA


Un Hombre que poseía un hermoso Perro, y mediante una cuidadosa selección de sus parejas había criado una cantidad de animales apenas inferiores a los ángeles, se enamoró de su lavandera, se casó con ella y crió una familia de bobalicones.
-¡Qué lástima! -exclamó una vez, contemplando el melancólico resultado-. Si hubiera buscado mi pareja con la mitad del cuidado que puse para mi perro, sería ahora un padre orgulloso y feliz.
-No estoy tan seguro de eso -dijo el Perro, que acertó a escuchar el lamento-. Hay una diferencia, es verdad, entre tus cachorros y los míos, pero yo me halago pensando que no se debe completamente a las madres. Tú y yo no nos parecemos del todo.


EL DEPORTISTA Y LA ARDILLA


Un Deportista que había herido a una Ardilla, que estaba haciendo desesperados esfuerzos para arrastrarse fuera de su alcance, corrió tras ella con un palo, exclamando:
-¡Pobrecita! La sacaré de su miseria.
En ese momento, la Ardilla se detuvo exhausta, y mirando a su enemigo, dijo:
-No me aventuraré a dudar de la sinceridad de tu compasión, aunque llega más bien tarde, pero pareces carecer de la facultad de observación. ¿No percibes, por mis acciones, que el deseo más querido de mi corazón es continuar en mi miseria?
Ante esta exposición de su hipocresía, el Deportista se sintió tan vencido por la vergüenza y el remordimiento, que no liquidó a la Ardilla, sino que, señalándosela a su perro, se alejó pensativamente.



EL CANGURO Y LA CEBRA


Un Canguro que marchaba a los saltos con un objeto que abultaba oculto en su bolsa, se encontró con una Cebra, y deseoso de llamar su atención, le dijo:
-Por tu traje parece que acabaras de salir de la penitenciaría.
-Las apariencias son engañosas -replicó la Cebra, sonriendo con plena conciencia del más insoportable de los ingenios-; si así no fuera, yo tendría que pensar que tú acabas de salir de la Legislatura.


UN ASUNTO DE MÉTODO


Un Filósofo, al ver a un Tonto golpeando a su Burro, le dijo:
-No lo hagas, hijo mío, no lo hagas, te lo imploro. Quienes recurren a la violencia sufrirán violencia.
-Precisamente eso -dijo el Tonto, redoblando sus golpes sobre el animal- es lo que estoy tratando de enseñar a esta bestia, que me ha pateado.
-Sin duda -se dijo el Filósofo, mientras se alejaba-, la sabiduría de los tontos no es más profunda ni más auténtica que la nuestra, pero ellos tienen realmente un modo más impresionante de impartirla.



EL CALIFORNIANO RESTITUIDO


Un Hombre fue colgado del cuello hasta que murió. Esto fue en 1893.
-¿De dónde vienes? -preguntó San Pedro cuando el Hombre se presentó a la puerta del Paraíso.
-De California -replicó el solicitante.
-Entra, hijo mío, entra; traes alegres noticias.
Cuando el Hombre desapareció adentro, San Pedro tomó su libreta de notas y escribió lo siguiente:
"16 de febrero de 1893. California colonizada por los Cristianos".



EL MÉDICO COMPASIVO


Un Médico de Buen Corazón sentado a la cabecera de un paciente aquejado por una enfermedad incurable y dolorosa, escuchó un ruido tras él, y volviéndose vio a un Gato que se reía de los débiles esfuerzos de un Ratón herido, por arrastrarse fuera de la habitación.
-¡Bestia cruel! -exclamó- ¿Por qué no lo matas de una vez, como una dama?
Levantándose, sacó al Gato a puntapiés de la habitación, y recogiendo al Ratón, compasivamente lo arrebató a sus sufrimientos retorciéndole el cuello. Requerido desde el lecho por los gemidos de su paciente, el Médico de Buen Corazón administró un estimulante, un tónico y un nutriente, y se fue.



LA TRIPULACIÓN DEL BOTE SALVAVIDAS


La Valiente Dotación de una estación de salvamento estaba por botar su barca para dar un paseíto a lo largo de la costa, cuando descubrieron a poca distancia, mar adentro, una embarcación que había zozobrado, con una docena de hombres agarrados de su quilla.
-Tenemos suerte -dijeron los de la Valiente Dotación-; si no hubiéramos visto eso a tiempo, nuestro destino podría haber sido el de ellos.
De modo que arrastraron su embarcación a lugar seguro y se reservaron para el servicio de su país.


LA COLA DE LA ESFINGE


Un Perro de disposición taciturna le dijo a su Cola:
-Cada vez que me enojo, te levantas y pones tiesa; cuando estoy complacido te meneas; cuando estoy alarmado, te pones entre las patas, fuera de peligro. Eres demasiado vivaz... descubres todas mis emociones. Mi idea es que las colas fueron dadas para ocultar el pensamiento. Mi mayor ambición es ser tan impasible como la Esfinge.
-Mi amigo, debes reconocer las leyes y limitaciones de tu ser -replicó la Cola, con flexiones apropiadas para los sentimientos que expresaba-, y tratar de ser importante de alguna otra manera. La Esfinge cumple ciento cincuenta requisitos de la impasibilidad que a ti te faltan.
-¿Cuáles son? -preguntó el Perro.
-Ciento cuarenta y nueve toneladas de arena en la cola.
-¿Y...?
-Una cola de piedra.



EL LADO OSCURO DEL PERSONAJE


Un Talentoso y Honorable Editor, que mediante la práctica de su profesión había adquirido riqueza y distinción, solicitó a un Viejo Amigo la mano de su hija.
-¡De todo corazón, y Dios te bendiga! -dijo el Viejo Amigo, tomándolo de ambas manos-. ¡Es un honor más grande que el que me hubiera atrevido a esperar!
-Sabía que esa sería tu respuesta -replicó el Talentoso y Honorable Editor, y agregó con una sonrisa-. Sin embargo, me parece que debo transmitirte todo el conocimiento de la personalidad que yo poseo. Este álbum de recortes contiene todos los testimonios relativos a mi lado sombrío que he sido capaz de recortar en los últimos diez años, de las columnas publicadas por mis competidores en el negocio de elevar a la humanidad a un plano
espiritual y moral más alto... mis "repulsivos contemporáneos".
Dejando el álbum sobre una mesa, se retiró muy animado para hacer los arreglos de la boda. Tres días después, un mensajero le trajo el álbum, con una nota advirtiéndole que nunca más volviera a manchar la puerta de su Viejo Amigo.
-¡Vean! -exclamó el Talentoso y Honorable Editor, señalando esa notificación- ¡La calumnia triunfa!
Y fue llevado al Asilo de los Indiscretos.


LA VIUDA DEVOTA


A una Viuda que lloraba sobre la tumba de su esposo, se le aproximó un Caballero Atractivo que, de manera respetuosa, le aseguró que desde hacía tiempo abrigaba por ella los sentimientos más tiernos.
-¡Sinvergüenza! -exclamó la Viuda-. ¡Déjeme ya mismo! ¿Es momento para hablarme de amor?
-Le aseguro, señora, que no pensaba descubrir mis sentimientos -explicó humildemente el Caballero Atractivo-, pero el poder de su belleza venció a mi discreción.
-Tendría que verme cuando no estoy llorando -dijo la Viuda.


EL DIFUNTO Y LOS HEREDEROS


Un Hombre murió dejando una gran fortuna y muchos apenados parientes que la reclamaban. Después de unos años, cuando la justicia había fallado contra las pretensiones de todos, menos uno, este, a quien se le concedió el legado, pidió a su Abogado que lo hiciera tasar.
-No queda nada para tasar -dijo el Abogado, embolsando sus últimos honorarios.
-Entonces -dijo el Demandante Exitoso-, ¿de qué me sirvieron todos estos pleitos?
-Usted ha sido un buen cliente para mí -respondió el Abogado, recogiendo sus libros y papeles-, pero debo decirle que revela una sorprendente ignorancia acerca del propósito de los pleitos.


LOS POLÍTICOS Y EL BOTÍN


Varias Entidades Políticas estaban dividiendo los despojos.
-Yo tomaré el manejo de las prisiones -dijo un Decente Respeto por la Opinión Pública-, y haré un cambio radical.
-Y yo -dijo la Reputación Manchada-, conservaré mis actuales conexiones con los negocios, mientras mi amiga aquí presente, la Toga Corrupta, permanecerá en la judicatura.
La Olla Política dijo que no herviría nada más, si no la volvían a llenar con líquido del Pozo Asqueroso.
El Poder Cohesivo del Botín Público observó tranquilamente que las dos candidaturas principales constituirían, suponía, su parte.
-No - dijo la Más Vil Degradación-, ya cayeron en mis manos.


EL HOMBRE Y LA VERRUGA


Una Persona con una Verruga en Su Nariz se encontró con una Persona Similarmente Afligida, y le dijo:
-Permítame proponer su nombre como miembro de la Orden Imperial de los Probóscides Anormales, de la cual soy el Gran Líder Preclaro y Tesorero Subrepticio. Hace dos meses, yo era el único miembro. Hace un mes éramos dos. Hoy contamos con cuatro Emperadores de la Proboscis Anormal de importancia... El doble cada cuatro semanas, ¿ve? Es una progresión geométrica... ya sabe cómo aumenta eso... En un año y medio cada hombre en este país tendrá una verruga en la nariz. ¡Orden poderosa! Cuota de ingreso, cinco dólares.
-Amigo mío -dijo la Persona Similarmente Afligida-, aquí tiene cinco dólares. Mantenga mi nombre fuera de sus libros.
-Le agradezco su amabilidad -replicó el Hombre con una Verruga en su Nariz, embolsando el dinero-; para nosotros es como si se nos hubiera unido. Adiós.
Se fue, pero al ratito apareció de vuelta.
-Me olvidé de hablarle de la cuota mensual -dijo.


LA DIETA DEL PUGILISTA


El Entrenador de un Pugilista consultó a un Médico, acerca de la dieta del campeón.
-Las chuletas son demasiado tiernas -dijo el Médico-; que coma carne de cuello de toro.
-Creía que la otra era más digerible -explicó el Entrenador.
-Eso es muy cierto -dijo el Médico-; pero no ejercita suficientemente la mandíbula.

EL ANCIANO Y EL ALUMNO


Un Hermoso Anciano se encontró con el Alumno de una escuela dominical, y posando tiernamente su mano en la cabeza del chico, le dijo:
-Hijo mío, escucha las palabras de los sabios y sigue el consejo de los rectos.
-Muy bien -respondió el Alumno de la escuela dominical-. Prosigue.
-Oh, en realidad no tengo nada que decirte -dijo el Hermoso Anciano-. Sólo estaba observando una de las costumbres de mi edad. Yo soy un pirata.
Y cuando retiró su mano de la cabeza del chico, este advirtió que su cabellera estaba llena de sangre coagulada. El Hermoso Anciano siguió su camino, instruyendo a otros jóvenes.


UN OPTIMISTA


Dos Ranas en la barriga de una serpiente estaban considerando su molesta situación.
-Esto es flor de mala suerte -dijo una.
-No saques conclusiones apresuradas -dijo la otra-; estamos a resguardo de la lluvia, con comida y alojamiento.
-Con alojamiento, sin duda -dijo la Primera Rana-; pero no veo la comida.
-Eres un ave de mal agüero -explicó la otra-. Nosotras somos la comida.


LOS DOS SALTEADORES


Dos Salteadores de caminos estaban sentados tomando un trago, en un refugio a un costado del camino, comparando sus aventuras nocturnas.
-Yo lo paré al jefe de Policía -dijo el Primer Salteador-, y me fui con todo lo que tenía.
-Y yo -dijo el Segundo Salteador- paré al Fiscal del Distrito de los Estados Unidos, y me fui con...
-¡Buen Dios! -interrumpió el otro, colmado de asombro y admiración- ¿Te fuiste con todo lo que ese tipo tenía?
-No -explicó el infortunado narrador-. Sólo con una pequeña parte de lo que tenía yo.


UNA VALIOSA SUGERENCIA


Una Gran Nación, que sostenía una disputa con una Pequeña Nación, resolvió intimidar a su antagonista con una gran demostración naval en el puerto principal de la última. De modo que la Gran Nación reunió todos sus barcos de guerra dispersos en todo el mundo, y estaba a punto de hacerlos navegar trescientos cincuenta millas hasta el lugar del encuentro, cuando el Presidente de la Gran Nación recibió la siguiente nota del Presidente de la Pequeña Nación:
"Mi gran y buen amigo, me he enterado de que va a exhibirnos su marina con el objeto de impresionarnos con su poder. ¡Qué innecesario es ese gasto! Para demostrarle que ya conocemos todo acerca de esta materia, adjunto a esta una lista de todas las naves y piezas de artillería que ustedes tienen".
Tanto impresionó al gran y buen amigo la sólida sensatez de esta misiva, que mantuvo su marina en casa, economizando mil millones de dólares. Gracias a esta economía pudo comprar una decisión satisfactoria cuando la causa de la disputa fue sometida a arbitraje.


LA MANO TOMADA


Un Exitoso Hombre de Negocios que tuvo oportunidad de escribirle a un Ladrón, le expresó su deseo de verlo y estrechar su mano.
-No -respondió el Ladrón-, hay algunas cosas que yo no tomo... entre ellas su mano.
-Usted debe usar un poco de estrategia -dijo un Filósofo a quien el Exitoso Hombre de Negocios contó la desdeñosa respuesta del Ladrón-. Deje su mano afuera alguna noche, y él la tomará.
De modo que una noche, el Exitoso Hombre de Negocios dejó su mano fuera del bolsillo de un vecino y el Ladrón la tomó con avidez.


EL POETA Y EL EDITOR


-Mi querido señor -dijo el Editor al Poeta que lo visitaba para hablar de la publicación de su poema-, lamento decir que debido a un infortunado altercado en esta oficina, la mayor parte de su manuscrito es ilegible; se derramó sobre él una botella de tinta, manchando todo salvo la primera línea, es decir: "Las hojas de otoño caían, caían". Desafortunadamente, no habiendo leído el poema, fui incapaz de recordar los incidentes que seguían; de otro modo, podríamos haberlos ofrecido con nuestras propias palabras. Si la noticia no ha perdido interés y no apareció ya en otros periódicos, quizás usted tendrá la amabilidad de relatarnos lo ocurrido, mientras yo tomo notas. "Las hojas de otoño caían, caían". Prosiga.
-¿Qué? -dijo el Poeta-. ¿Espera que yo reproduzca todo el poema de memoria?
-Sólo la sustancia... sólo los hechos conducentes. Nosotros agregaremos lo que sea necesario para amplificarlo y embellecerlo. Sólo le llevará un momento. "Las hojas de otoño caían, caían". Adelante.
Se escuchó el sonido de un lento levantarse e irse, mientras el cronista de sucesos efímeros permanecía inmóvil, con su pluma suspendida; y cuando el movimiento se completó, la Poesía sólo quedó representada en ese lugar, por un sitio tibio en una silla.





EL ADMINISTRADOR PARTIDARIO Y EL CABALLERO


Un Administrador de un Partido le dijo a un Caballero, que estaba ocupándose de sus propios asuntos:
-¿Cuánto pagará por una candidatura a un cargo?
-Nada -replicó el Caballero.
-Pero contribuirá con algo a los fondos de la campaña para apoyar su elección ¿no? -preguntó el Administrador del Partido, guiñando el ojo.
-Oh, no -dijo seriamente el Caballero-. Si el pueblo desea que trabaje para él debe emplearme sin que yo lo solicite. Estoy muy bien sin ningún cargo.
-Pero -lo urgió el Administrador del Partido-, un nombramiento es algo deseable. Es un gran honor ser un servidor del pueblo.
-Si el servicio del pueblo es un gran honor -dijo el Caballero- sería indecente de mi parte buscarlo; y si lo obtuviera por mi propio esfuerzo, dejaría de ser un honor.
-Bueno -insistió el Administrador del Partido-, espero que al menos endosará la plataforma partidaria.
El Caballero replicó:
-Es improbable que sus autores hayan expresado fielmente mis puntos de vista sin consultarme; y si endoso su obra sin aprobarla sería un mentiroso.
-¡Usted es un hipócrita detestable y un idiota! -gritó el Administrador del Partido.
-Ni siquiera su buena opinión acerca de mi idoneidad me convencerá -replicó el Caballero.


UN IMBÉCIL INCALIFICABLE


Un Juez le dijo a un Asesino Convicto:
-Prisionero en el banquillo: ¿tiene algo que decir que impida el dictado de su sentencia de muerte?
-¿Lo que yo diga marcará alguna diferencia? -preguntó el Asesino Convicto.
-No veo cómo podría hacerlo -respondió reflexivamente el Juez-. No, no lo hará.
-Entonces -dijo el condenado-. Me gustaría señalar que usted es el más incalificable imbécil en siete Estados y todo el Distrito de Columbia.


EN EL POLO


Tras gran dispendio de vidas y riquezas, un Osado Explorador tuvo éxito y alcanzó el Polo Norte, donde se le aproximó un Nativo que allí vivía.
-Buenos días -dijo el Nativo-. Estoy muy contento de verlo, pero ¿por qué vino aquí?
-La gloria -dijo el Osado Explorador, lacónicamente.
-Sí, sí, ya lo sé -insistió el otro-, pero ¿de qué le servirá al hombre su descubrimiento? ¿A qué verdades antes inaccesibles le dará acceso? ¿A qué hechos, quiero decir, que tengan valor científico?
-Sería adivino si lo supiese -replicó francamente el gran hombre-, tiene que preguntárselo al Científico de la Expedición.
Pero el Científico de la Expedición explicó que había estado tan enfrascado en
el cuidado de sus instrumentos y el estudio de sus tablas, que no había tenido tiempo de pensar en el asunto.


UN PARALELO RADICAL


Unos Cristianos Blancos empeñados en expulsar a los Paganos Chinos de una ciudad americana, encontraron un periódico publicado en Pekín en idioma chino, y obligaron a una de sus víctimas a traducir un editorial. Resultó ser un llamado al pueblo de la provincia de Pang Ki, a expulsar a los demonios extranjeros del país, y quemar sus casas e iglesias. Esta evidencia de la barbarie mongólica encolerizó tanto a los Cristianos Blancos, que llevaron a la práctica su proyecto original.


EL LEGISLADOR Y EL CIUDADANO


Un ex Legislador le pidió a El Más Respetable Ciudadano, una carta para el Gobernador, recomendándolo para el puesto de Comisionado de Langostinos y Cangrejos.
-Señor -dijo severamente El Más Respetable Ciudadano- ¿no estuvo usted una vez en el Senado Estatal?
-No he llegado tan bajo, señor, se lo aseguro -fue la respuesta-. Fui miembro de la Cámara Más Lenta. Me expulsaron por vender mi influencia.
-¡Y se atreve a pedir la mía! -gritó El Más Respetable Ciudadano-. ¿Tiene la
impudicia? Un hombre que acepta coimas es capaz de ofrecerlas. Quiere decir que...
-No se me ocurriría hacerle una propuesta corrupta, señor; pero si yo fuera
Comisionado de Langostinos y Cangrejos,
tendría cierta influencia sobre la población portuaria, y podría ayudarlo en su pugna por obtener el puesto de Oficial Instructor.
-En tal caso, no encuentro justificaciones para negarle la carta.


EL PERRO Y EL DOCTOR


Un Perro que había visto a un Doctor concurrir al entierro de un paciente adinerado, le dijo:
-¿Cuándo vas a desenterrarlo?
-¿Por qué habría de desenterrarlo? -preguntó el Doctor.
-Cuando yo entierro un hueso -dijo el Perro-, es con la intención de desenterrarlo posteriormente, descarnarlo y sacarle el jugo.
-Los huesos que yo entierro -dijo el Doctor-, son aquellos a los que ya nada puedo sacar.


EL HOMBRE QUE HACIA LLOVER


Un Funcionario del Gobierno, con una gran dotación de mulas cargadas de globos, cometas, bombas de dinamita y aparatos eléctricos, hizo alto y acampó en medio de un desierto, en el que no había llovido durante diez años. Después de varios meses de preparativos y un gasto de un millón de dólares todo estuvo dispuesto, y una serie de tremendas explosiones se produjeron en el cielo y en la tierra. Todo esto fue seguido por un enorme diluvio que lavó al infortunado Funcionario y a todo su equipo de la faz de la creación, y llenó el corazón de los agricultores de una alegría demasiado honda para traducirla en palabras. Un Cronista de Periódico que acababa de llegar escapó trepando a una colina cercana, y allí encontró al Unico Sobreviviente de la expedición -un conductor de mulas- arrodillado detrás de un árbol, orando con, extremo fervor.
-Oh, no puede pararlo de ese modo -dijo el Cronista.
-Mi compañero de viaje al tribunal de Dios -replicó el Unico Sobreviviente, mirándolo sobre su hombro-, su entendimiento está hundido en la oscuridad. No estoy deteniendo a esta gran bendición; con la ayuda de la Providencia, la estoy trayendo.
-Ese sí que es un buen chiste -dijo el Cronista, riendo a más no poder en medio de la espesa lluvia-: ¡Dios respondiendo a los ruegos de un conductor de mulas!
-Hijo de la superficialidad y el escarnio -replicó el otro-, te equivocas de nuevo, engañado por estas humildes ropas. Soy el reverendo Ezequiel Thrifft, ministro del Evangelio, ahora al servicio de la gran firma manufacturera Skinn & Sheer. Fabrican globos, cometas, bombas de dinamita y aparatos eléctricos.


LA FORTUNA Y EL FABULISTA


Un Escritor de Fábulas marchaba a través de un bosque solitario, cuando se encontró con la Fortuna. Terriblemente asustado, trató de trepar a un árbol, pero la Fortuna tiró de él, lo hizo bajar, y se le ofreció con cruel insistencia.
-¿Por qué trataste de escapar? -preguntó la Fortuna, una vez que cesó la resistencia y se acallaron los chillidos del Fabulista-. ¿Por qué me miras de manera tan inhospitalaria?
-No sé qué eres -respondió el Escritor de Fábulas, hondamente perturbado.
-Soy la riqueza, soy la respetabilidad -dijo la Fortuna-; soy casas elegantes, un yate, una camisa limpia todos los días. Soy el ocio, soy los viajes, el vino, un sombrero brillante y un saco que no brilla. Soy la comida suficiente.
-Muy bien -dijo el Escritor de Fábulas, en un susurro-; ¡pero, por Dios, habla más bajo!
-¿Por qué? -preguntó la Fortuna, sor
prendida.
-Para no despertarme -replicó el Escritor de Fábulas, mientras una increíble calma se adueñaba de su hermoso rostro.


UNA TRANSPOSICIÓN


Viajando a través del País de la Artemisa, un Asno encontró a un Conejo, que exclamó muy sorprendido:
-¡Cielos! ¿Cómo creciste tanto? ¡Sin duda eres el más grande conejo viviente!
-No -dijo el Asno-, tú eres el burro más pequeño.
Después de una larga y estéril discusión, el asunto fue sometido a la decisión de un Coyote que pasó por allí, que tenía algo de demagogo y el deseo de quedar bien con los dos.
-Caballeros -dijo-, ambos tienen razón, como se podía esperar de personas tan dotadas de disposición para recibir instrucción de los sabios. Usted, señor -volviéndose al animal de más tamaño- es, como él ha señalado correctamente, un conejo-. Y usted -volviéndose al otro- fue correctamente descripto como un asno. Al transponer los nombres de ustedes, el hombre actuó con increíble locura.
Quedaron tan complacidos por esta decisión que declararon al Coyote su candidato a Oso Gris; pero si el Coyote consiguió o no este puesto, es algo que la historia no cuenta.


EL REY SIN HUESOS


Unos Monos que habían depuesto a su rey se hundieron de inmediato en la disensión y la anarquía. En este trance, enviaron una Diputación a una tribu vecina, para consultar al Mono Más Viejo y Más Sabio del Mundo.
-Hijos -dijo el Mono Más Viejo y Más Sabio del Mundo, una vez que escuchó a la Diputación-, hicieron bien en librarse de la tiranía, pero la tribu de ustedes no está suficientemente adelantada como para pasarla sin la monarquía. Tienten al tirano con falsas promesas para que vuelva, mátenlo y entronícenlo. Aun el esqueleto del más ilegal de los déspotas hace un buen soberano constitucional.
Ante estas palabras, la Diputación se mostró muy confundida.
-Eso es imposible -dijeron, alejándose-. Nuestro rey no tiene esqueleto; era un rey de paño.


EL CIUDADANO HONESTO


Un Ascenso Político, etiquetado con su precio, recorría el Estado en busca de un comprador. Un día se ofreció a un Hombre Verdaderamente Bueno que, después de examinar la etiqueta y encontrar que el precio era el doble de lo que él estaba dispuesto a pagar, expulsó desdeñosamente al Ascenso Político, de su puerta. Entonces, la Gente dijo:
-¡Miren, este es un ciudadano honesto!
Y el Hombre Verdaderamente Bueno confesó que esto era cierto.


A LA PUERTA DEL PARAÍSO


Irguiéndose de la tumba, una Mujer se presentó a la Puerta del Paraíso, y golpeó con mano temblorosa.
-Señora -dijo San Pedro, levantándose y acercándose a la ventanilla-, ¿de dónde viene?
-De San Francisco -respondió la Mujer, avergonzada, mientras grandes gotas de sudor brillaban en su frente espiritual.
-¡No importa, mi buena muchacha! contestó el Santo, compasivamente- La eternidad es un tiempo largo; terminarás por olvidar.
-Pero eso no es todo -la Mujer estaba cada vez más turbada-. Yo envenené a mi esposo... yo descuarticé a mis niños, yo...
-Ah -dijo el Santo, con súbita severidad-, tu confesión sugiere una grave posibilidad. ¿Eras miembro de la Asociación de Mujeres de Prensa?
La mujer se irguió y replicó con entusiasmo:
-No.
Las puertas de madreperla y jaspe giraron sobre sus goznes de oro, produciendo la música más cautivadora, y el Santo, haciéndose a un lado, hizo una reverencia, diciendo:
-Entra, entonces, en tu eterno descanso.
Pero la Mujer vacilaba.
-El envenenamiento... el descuartizamiento... el... el... -tartamudeó.
-No tienen importancia, te lo aseguro. No vamos a mostrarnos rigurosos con una señora que no pertenecía a la Asociación de Mujeres de Prensa. Toma un arpa.
-Pero... yo solicité el ingreso... Me pusieron bolilla negra.
-Toma dos arpas.


EL ANARQUISTA ENGATADO


Un Orador Anarquista a quien cierto Respetuoso de la Ley le arrojó a la cara un Gato Muerto, hizo detener y llevar ante un magistrado al Gato Muerto.
-¿Por qué recurres a la Ley -dijo el Magistrado-, si tú estás por la abolición de la ley?
-Eso -replicó el Anarquista- no es asunto suyo; no estoy obligado a ser consistente. Usted está sentado aquí para hacer justicia entre este Gato Muerto y yo.
-Muy bien -dijo el Magistrado, con expresión solemne, poniéndose el birrete negro-; como el acusado no se defiende, y es indudablemente culpable, lo condeno a ser comido por el ejecutor público; y como ocurre que este cargo está vacante, lo designo a usted, sin contrato.
Uno de los más deleitados espectadores de la ejecución fue el desconocido Respetuoso de la Ley que había arrojado al con
denado.


EL HONORABLE MIEMBRO DE LA LEGISLATURA


Un Miembro de una Legislatura que se había comprometido con sus Constituyentes a no robar, se llevó con él, al terminar la sesión, gran parte de la cúpula del Capitolio. Por lo tanto, los Constituyentes se reunieron en indignada asamblea y votaron la resolución de embrearlo y emplumarlo.
-Son muy injustos -dijo el Miembro de la Legislatura-. Es verdad que yo les prometí a ustedes que no robaría; ¿pero acaso les prometí que no mentiría?
Los Constituyentes dijeron que era un hombre honorable y lo eligieron para el Congreso de los Estados Unidos, sin embrearlo ni emplumarlo.


UNA REMUNERACIÓN INADECUADA


A un Buey incapaz de salir por sí mismo de la ciénaga en que se hundía, se le aconsejó que hiciera uso de una Influencia Política. Cuando la Influencia Política llegó, el Buey dijo:
-Mi buena amiga, le ruego que me amarre con fuerza, y deje que la naturaleza siga su curso.
De modo que la Influencia Política amarró con fuerza la Cabeza del Buey, y la naturaleza siguió su curso: el Buey fue arrancado de la ciénaga, primero, y a continuación de su piel. Entonces la Influencia Política miró por sobre sus hombros la buena carcasa gorda de carne que estaba arrastrando a su cubil y dijo, con insatisfacción:
-Esto no alcanza a cubrir lo que habitualmente cobro; me llevaré a casa la pri
mera cuota, y después retornaré por la piel.


EL CACIQUE POLÍTICO EXPATRIADO


Un Cacique Político que había ido a Canadá fue escarnecido por un Ciudadano de Montreal, que lo acusaba de haber huido para evitar ser procesado.
-Me hace una grave injusticia -dijo el Cacique Político, dejando caer un par de lágrimas-. Vine a Canadá sólo a causa de sus atractivos políticos; se dice que su Gobierno es el más corrupto del mundo.
-Le ruego que me perdone -contestó el Ciudadano de Montreal.
Cayeron uno sobre el cuello del otro, y al terminar este tocante rito, el Cacique Político tenía dos relojes.


UN ESTADISTA


Un Estadista que asistía a una asamblea de la Cámara de Comercio se levantó para hablar, pero fue objetado, acusándoselo de que nada tenía que ver con el comercio.
-Señor Presidente -dijo un Antiguo Miembro, levantándose-, opino que esa objeción no corresponde; la conexión del caballero con el comercio es íntima y estrecha. Es una mercancía.


LOS TRES RECLUTAS


Un Campesino, un Artesano y un Trabajador se presentaron ante el Rey de su país, y se quejaron porque se veían obligados a sostener un enorme ejército de consumidores, que no hacía nada en su beneficio.
-Muy bien -dijo el Rey-, los deseos de mis súbditos son la ley suprema.
Así que disolvió su ejército y los consumidores se volvieron productores. La venta de sus productos hizo bajar tanto los precios, que los campesinos se arruinaron, y los artesanos y trabajadores fueron a dar a los asilos y los caminos. En pocos años el desastre nacional era tan grande, que el Campesino, el Artesano y el Trabajador elevaron un petitorio al Rey, para que restaurase su ejército.
-¿Qué? -dijo el Rey-. ¿Desean sostener a esos consumidores haraganes otra vez?
-No, su Majestad -contestaron ellos-, deseamos enrolarnos.


UN DESORDEN FATAL


Un Agonizante, a quien le habían disparado, fue apremiado por oficiales de la ley para que hiciera una rápida declaración.
-Usted fue atacado sin provocación, por supuesto -manifestó el Fiscal del Distrito, preparándose para asentar la respuesta.
-No -replicó el Agonizante-, yo fui el agresor.
-Sí, entiendo -dijo el Fiscal del Distrito; usted cometió la agresión... fue obligado a hacerlo. Lo hizo en defensa propia.
-No creo que me hubiera dañado si yo lo hubiese dejado en paz -dijo el moribundo-. No... creo que era un hombre pacífico, incapaz de matar una mosca. Le hice soportar tanta presión que él, naturalmente, tenía que sucumbir... no pudo aguantar. Honestamente, si se hubiera negado a dispararme, no veo cómo yo podría haber seguido tratándolo.
-¡Santo Cielo! -exclamó el Fiscal del Distrito, arrojando su cuaderno de apuntes y su lápiz-. Esto es completamente anómalo. No puedo utilizar como declaración últimas palabras como estas.
-Nunca he visto a un hombre que diga la verdad cuando muere violentamente -dijo el jefe de Policía.
-¡No hay ninguna violencia! -contestó el Médico Policial, sacando e inspeccionando la lengua del hombre-. Es la verdad la que lo está matando.


UN TALISMÁN


Habiendo sido designado para cumplir las funciones de jurado, un Prominente Ciudadano envió un certificado médico donde se declaraba que padecía de reblandecimiento cerebral.
-El caballero está excusado -dijo el juez, devolviendo el certificado a la persona que lo había traído-, tiene cerebro.


EL CONGRESO Y EL PUEBLO


Los sucesivos Congresos habían empobrecido enormemente al Pueblo, que estaba desanimado y lloraba copiosamente.
-¿Por qué lloran? -indagó un Angel que se había posado en un árbol cercano.
-Nos han sacado todo lo que teníamos -fue la respuesta-, excepto -añadió el Pueblo, al darse cuenta de quién era el llamativo visitante-, excepto nuestra esperanza del Paraíso. ¡Gracias a Dios que no pudieron quitarnos eso!
¡Pero al fin llegó el Congreso de 1889!


EL JUEZ Y SU ACUSADOR


Un eminente juez de la Corte Suprema de Gowk fue acusado de haber obtenido su designación fraudulentamente.
-Usted disparata -dijo a su Acusador-; tiene poca importancia cómo obtuve mi poder; lo único importante es cómo lo he usado.
-Confieso -manifestó el Acusador- que en comparación con la manera ruin en que usted se condujo en la Corte, el método ruin mediante el cual usted llegó a ella es una bagatela.


ECONOMIZANDO FUERZA


Un Hombre Débil que iba colina abajo se encontró con un Hombre Fuerte que subía, y le dijo:
-Vengo en esta dirección porque requiere menos esfuerzo, no porque lo haya elegido. Le ruego, señor, que me ayude a volver a la cumbre.
-Me alegrará hacerlo -dijo el Hombre Fuerte, con el rostro iluminado por una gloriosa idea-. siempre he considerado a mi fuerza un don sagrado que se me confió para bien de mi prójimo. Lo llevaré arriba conmigo. Póngase detrás de mí y empuje.


EL SALTEADOR DE CAMINOS Y EL VIAJERO


Un Salteador de Caminos enfrentó a un Viajero, y apuntándole con un arma de fuego, le gritó:
-¡El dinero o la vida!
-Mi querido amigo -dijo el Viajero-, de acuerdo con los términos de su exigencia mi dinero salvará mi vida, mi vida mi dinero; usted indica que se apoderará de una o de lo otro, pero no de ambos. Si esto es lo que usted quiere decir le ruego que sea bueno y tome mi vida.
-No es eso lo que quiero decir -replicó el Salteador-; usted no puede salvar su dinero renunciando a su vida.
-Entonces, tómela de todos modos -dijo el Viajero-. Si no sirve para salvar mi dinero, no sirve para nada.
Tanto agradaron al Salteador la filosofía
y el ingenio del Viajero, que lo tomó como socio y esta espléndida combinación de talentos fundó un periódico.


EL BUEN GOBIERNO


-¡Qué territorio feliz eres! -dijo una Forma Republicana de Gobierno a un Estado Soberano-. Sé bueno y quédate quieto en tanto paseo encima de ti, cantando los elogios del sufragio universal y disertando sobre las bendiciones de la libertad civil y religiosa. Mientras, puedes mitigar tus penas maldiciendo al poder unipersonal y a las decadentes monarquías de Europa.
El Estado replicó:
-Mis servidores públicos han sido tontos y pillos, desde la fecha de tu ascenso al poder; mis cuerpos legislativos -tanto los estatales como los municipales- son bandas de ladrones; mis impuestos son insoportables; mis Cortes, corruptas; mis ciudadades, una desgracia para la civilización; mis corporaciones tienen sus manos
en la garganta de todos los intereses particulares... La totalidad de mis asuntos está en desorden y en criminal confusión.
-Cuanto dices es muy cierto -respondió la Forma Republicana de Gobierno, poniéndose sus zapatos claveteados-, pero considera cómo te emociono cada Cuatro de julio.


EL GUARDA VIDAS


Una Antigua Doncella, parada en el borde de un muelle, cerca de un Amante Moderno, dejó oír estas palabras:
-¡Noble protector! ¡La vida que has salvado te pertenece!
Tras repetir esto varias veces en diversas entonaciones, se arrojó al agua, donde murió ahogada.
-Soy un noble protector -dijo el Amante Moderno, alejándose pensativo-, la vida que he salvado es sin duda la mía.


TRES DE LA MISMA CLASE


Un Abogado fue contratado para defender a un Ladrón, a quien la policía había logrado detener tras violenta pelea con otro que había huido. En la reunión con su cliente, el Abogado preguntó:
-¿Tiene cómplices?
-Sí, señor -respondió el Ladrón-. Tengo dos, pero ninguno fue capturado. Contraté a uno para que me defendiera de la policía, y a usted lo contraté para que me defienda de una condena.
Esta respuesta impresionó profundamente al Abogado, quien tras verificar que el Ladrón no había acumulado ningún dinero mediante el ejercicio de su profesión, abandonó el caso.


EL FABULISTA


Un Ilustre Satírico visitaba un zoológico ambulante, con la idea de recolectar material literario. Cuando pasó cerca del Elefante, este animal dijo:
-¡Qué triste que un censor tan justamente famoso eche a perder su obra ridiculizando personajes con narices colgantes, que son la sal de la tierra!
El Canguro añadió:
-Disfruto mucho la crítica de lo ridículo que hace ese gran hombre, particularmente sus ataques contra los proboscidios; pero ¡cielos!, es irreverente con los marsupiales, y se ríe de nuestra manera de llevar a nuestros cachorros en una bolsa.
El Camello dijo:
-Si al menos conservara el respeto a la Sagrada Giba, sería impecable. Pero tal como son las cosas, no puedo permitir que su obra sea leída en presencia de los míos.
El Avestruz, al ver que se aproximaba, hundió su cabeza en la paja, diciendo:
-Si no me oculto, puede ocurrírsele escribir algo desagradable acerca de mi falta de una cresta, o de mi apetito por la chatarra, y aunque es indeciblemente brillante cuando se consagra a ridiculizar la locura y la codicia, su estupidez es inigualable cuando excede los límites del comentario lícito.
-Ese -señaló el Buitre a su pichón- es el autor de esa fábula gloriosa, "El Avestruz y el barril de clavos crudos". Lamento añadir que también escribió "El festín del Buitre", en el que la dieta de carroña es insolentemente desacreditada. La dieta de carroña es el fundamento de la buena salud. Si todo el mundo comiera sólo cadáveres, la muerte sería desconocida.
Al ver que se aproximaba un asistente, el Ilustre Satírico salió de la tienda y se mezcló con la multitud. Posteriormente se descubrió que se había colado bajo la tienda, sin pagar.

UNA PETICIÓN DEFECTUOSA


Un Juez Adjunto de la Suprema Corte estaba sentado a la orilla de un río, cuando un Viajero se aproximó y le dijo:
-Deseo cruzar. ¿Será legítimo usar este bote?
-Lo será -fue la respuesta-; es mi bote.
El Viajero le dio las gracias, y empujando el bote al agua se embarcó y comenzó a remar, alejándose. Pero el bote se hundió y él se ahogó.
-¡Hombre cruel! -exclamó un Espectador Indignado-. ¿Por qué no le dijo que su bote estaba agujereado?
-La cuestión del estado del bote -dijo el gran jurista- no me fue planteada.


LOS HERMANOS DE LUTO


Advirtiendo que estaba por morir, un Anciano convocó a sus dos Hijos junto a su lecho, y expuso la situación.
-Hijos míos -les dijo-, ustedes no me ofrecieron muchas señales de respeto durante mi vida, pero darán fe de su pena por mi muerte. Aquel que más tiempo lleve luto en su sombrero en mi memoria, se quedará con toda mi fortuna. He hecho un testamento a tal efecto.
De modo que cuando el Anciano murió, los jóvenes pusieron luto en sus sombreros, y lo llevaron hasta que ellos mismos fueron viejos, cuando, comprendiendo que ninguno de los dos lo abandonaría, convinieron que el más joven dejaría de usar luto, y el mayor le daría la mitad de la fortuna. ¡Pero cuando el mayor solicitó la propiedad, se encontró con que había habido un Albacea!
De este modo, fueron adecuadamente castigadas la hipocresía y la obstinación.


EL PATRIOTA Y EL BANQUERO


Un Patriota que, siendo pobre, había accedido a un puesto en el gobierno, y lo había abandonado rico, se presentó en un Banco, donde deseaba abrir una cuenta.
-Con mucho gusto -dijo el Banquero Honesto- será un placer para nosotros hacer negocios con usted; pero primero tiene que convertirse en un hombre honesto, devolviendo todo lo que robó desde el Gobierno.
-¡Bendito cielo! -exclamó el Patriota-. Si hago eso, no me quedará nada para depositar en el Banco.
-No me parece -respondió el Banquero Honesto-. Nosotros no somos todo el pueblo americano.
-Ah, comprendo -contestó el Patriota, reflexionando-. ¿En cuánto estima la proporción que le corresponde al Banco, del dinero que el país perdió por mí?
-Un dólar -respondió el Banquero Honesto.
Y con orgullosa conciencia de servir a su país con sabiduría y propiedad, cargó esa suma en la cuenta.


EL ANARQUISTA REFORMADO


Un famoso Anarquista naufragó, y el mar lo arrojó a las playas de la isla de Gowqueechi, habitada por la antigua y poderosa tribu de los Tumtum. Fue descubierto y llevado ante el Jamgrogrum, que le preguntó cuál era su fe política.
-Le preguntamos esto a todos los extranjeros -explicó el Jamgrogrum-, con la esperanza de conocer algún día principios políticos superiores a los nuestros.
-Soy un Anarquista -respondió el recién llegado-. Sostengo que todos los gobiernos son perversos, todas las leyes opresivas. Enseño que todos los Jamgrogra deberían ser asesinados.
El monarca llamó al Primer Ministro a su lado, y tras susurrarle ciertas instrucciones, se retiró.
Al día siguiente, una vez que el Primer Ministro se presentó en palacio, y comió
un puñado de lodo, como la etiqueta de la corte lo exigía, el Jamgrogrum le pidió noticias del Anarquista.
-Lo hice llevar a los baños, y fue cuidadosamente bañado.
-¿Y entonces?
-Cuando se le preguntó, de acuerdo con las instrucciones de su Majestad, si todavía era un Anarquista, respondió que ningún tratamiento, por duro y cruel que fuera, alteraría sus convicciones.
-Entonces -exclamó el Jamgrogrum, con el aire decepcionado de alguien privado del cumplimiento de una ilusión largamente anhelada- mi teoría acerca de la unidad de la suciedad y el anarquismo ha sido refutada.
-No, su Majestad -dijo el Primer Ministro-; murió diez minutos después del baño.


LOS DOS HIJOS


Un Hombre tenía Dos Hijos. El mayor era virtuoso y obediente, el más joven perverso y taimado. Cuando el padre estaba por morir, los llamó ante él y dijo:
-Sólo tengo dos cosas valiosas: mi rebaño de camellos y mi bendición. ¿Cómo los distribuiré?
-Dame tu bendición -dijo el Hijo Más Joven-, porque puede reformarme. Si me dieras los camellos, seguramente yo sin duda los vendería y malgastaría el dinero.
El Hijo Mayor, disimulando su júbilo, dijo que trataría de contentarse con los camellos y un recuerdo piadoso.
Todo se arregló según lo hablado y el Hombre murió. Entonces, el perverso Hijo Más joven se presentó ante el Cadí y dijo:
-Mira, mi hermano se ha apropiado de mi herencia legítima. Es tan malo que nuestro padre, como todo el mundo sabe,
le negó su bendición; ¿es verosímil que le haya dado los camellos?
El Hijo Mayor fue obligado a entregar el rebaño y fue correctamente apaleado por su rapacidad.


EL EXPLORADOR AFORTUNADO


Un Emisario del Presidente de los Estados Unidos ante el Emperador de Abisinia se despedía de este soberano que, para atestiguar su pesar de acuerdo con las costumbres de su país, dejó caer un diluvio de lágrimas.
-Mi fama está asegurada -dijo el Emisario-: he descubierto la fuente del Nilo.


EL HIJO RESPETUOSO


Un Millonario había ido a un asilo a visitar a su padre, y se encontró allí con un Vecino que se mostró enormemente sorprendido.
-¿Qué? -dijo el Vecino-. ¿Usted a veces visita a su padre?
-Estoy seguro de que si nuestras situaciones se invirtieran, él me visitaría a mí -respondió el Millonario. El viejo siempre estuvo orgulloso de mí. Además -agregó en voz baja-, tengo que hacerle firmar; estoy asegurando su vida.


LA VIUDA Y EL SOLDADO


Una Viuda cuyo marido había sido colgado encadenado estaba velando el cadáver la primera noche, y empapada en lágrimas imploraba al Centinela que lo custodiaba, que le permitiera robarlo.
-Señora -dijo el Centinela-. No puedo resistir más sus ruegos; su belleza se impone sobre mi sentido del deber. Le entregaré el cuerpo y tomaré su lugar en la jaula, en la que un golpe de mi puñal confundirá a la justicia y me otorgará la felicidad de morir por una mujer tan adorable.
-No -dijo la dama-. No puedo aceptar el sacrificio de una vida tan noble. Si es cierto que usted me mira con buenos ojos, ayúdenos a mí y a mis sirvientes a llevar el objeto sagrado a mi castillo, donde usted permanecerá oculto hasta que podamos huir del país.
-No -dijo el Centinela-. Seguramente sería descubierto y arrancado de sus brazos. En tres días usted puede reclamar el cuerpo de su querido esposo; después podrá conferir a un honorable soldado toda la felicidad y distinción que a juicio de usted su devoción merezca.
-¡Tres días! -exclamó la dama-. Eso es mucho para esperar y poco para fugar. Pero sin llevar carga podemos alcanzar la frontera. Ya el día comienza a romper... dejemos el cuerpo y partamos.




UNA OFERTA MEZQUINA


Dos Soldados yacían muertos en el campo de honor.
-¿Qué darías por volver a vivir? -le preguntó uno al otro.
-Al enemigo, la victoria -fue la respuesta-; a mi país, una larga vida de servicio desinteresado como civil. ¿Y qué darías tú?
-El aplauso de mis compatriotas.
-¡Tú sí que eres un pichinchero de lo más tacaño! -dijo el otro.


DIPLOMACIA

-¡Si usted no somete mi reclamo a arbitraje -escribió el Presidente de Omohu al Presidente de Modugy-, tomaré inmediatas medidas para satisfacerlo por mis propios medios!
-Señor -contestó el Presidente de Modugy-, puede irse al diablo con su amenaza de guerra.
-Mi gran y buen amigo -escribió el otro-, usted confunde el carácter de mi comunicación. Es un antepenultimátum.


LOS DOS ESCÉPTICOS


Ciertos paganos cuyo Idolo estaba muy deteriorado lo arrojaron a un río. Luego, erigieron uno nuevo y se entregaron a la adoración pública, a sus pies.
-¿Qué significa todo esto? -preguntó el Nuevo ¡dolo.
-Padre del Regocijo y del Coágulo - dijo el Gran Sacerdote-, sé paciente y te instruiré en las doctrinas y ritos de nuestra santa religión.
Un año después, tras un curso de estudios de teología, el ¡dolo pidió que lo arrojaran al río, declarándose ateo.
-No permitas que eso te moleste -dijo el Gran Sacerdote-, yo también lo soy.


UNA REPRESENTACIÓN IMPERFECTA


Una Zarigüeya mascota perteneciente a un Gran Crítico, le robó a este su gatito preferido. Estaba por matarlo y comérselo, cuando vio aproximarse a su dueño, y temiendo ser descubierta, ocultó al animalito en su bolsa.
-Bueno, mi linda -dijo el Gran Crítico, con condescendencia-, ¿qué nuevas gracias tienes para hoy?
Antes de que la Zarigüeya pudiera contestar, el gatito lanzó diligentes y persistentes maullidos. Cuando al fin la música cesó, la Zarigüeya dijo:
-He estado practicando un poco la mímica y la ventriloquia; pensé que le agradaría, señor.
-El deseo de complacer siempre complace -respondió el Gran Crítico, no sin un toque de dignidad profesional-, pero tienes mucho que aprender acerca del maullido de los gatitos.


JUNTÓ A LA MARGEN DEL RIÓ


Viendo que un Político tomaba un baño, un Observador, curioso acerca de los extraños hábitos de los animales inferiores, exclamó:
-¡Qué! ¿No te queda para tomar nada más valioso que un baño? ¿Por qué haces eso?
-He estado en manos de mis amigos -respondió el Político.
-Entonces te sugeriría el despellejamiento -dijo el Observador.
-Llegas tarde, amigo; ya alguien se lo sugirió a ellos. Estoy limpiando las marcas de dedos de mis huesos.


EL ASUNTO PRINCIPAL


Un Poeta que ofrecía su obra a un Editor dijo:
-Este es un poema pequeño, pero el asunto principal es la calidad. Me atrevo a pensar que usted lo considerará auténtica poesía.
Después de leerlo, el Editor lo puso en un cajón, y extendiéndole al Poeta una moneda de diez centavos, dijo:
-Esta es una moneda pequeña, pero soy tan temerario como para esperar que usted quedará encantado con su pureza. Es casi toda de plata.


EL SECRETO DE LA FELICIDAD


Habiéndose enterado por obra de un ángel, que Noreddin Becar era el hombre más feliz del mundo, el Sultán ordenó que lo trajeran a palacio, y le dijo:
-Impárteme, te lo ordeno, el secreto de tu felicidad.
-Oh, padre del sol y de la luna -respondió Noreddin Becar-, yo no sabía que era feliz.
-Ese -dijo el Sultán- es el secreto que yo buscaba.
Noreddin Becar se retiró profundamente afligido, temiendo que su recién descubierta felicidad lo abandonara.


COMPENSACIÓN


Dos Mujeres en el paraíso reclamaban a un Hombre que acababa de llegar.
-Yo fui su esposa -dijo una.
-Yo su amante -señaló la otra. San Pedro le dijo al hombre:
-Baja al Otro Lugar... Ya has sufrido bastante.


LOS DOS LOROS


Un Autor que había hecho una fortuna escribiendo vulgaridades, tenía un Loro.
-¿Por qué no tengo una jaula de oro? -preguntó el ave.
Y le respondió su dueño:
-Porque tú piensas mejor de lo que repites, como lo demuestra tu pregunta. Y porque no tenemos la misma audiencia.


UNA PARTE DE LA RECOMPENSA


-La nuestra es una vida de autosacrificio -decía un Clérigo-. Mientras otros corren atrás de la ganancia o el placer, nosotros vemos arder el aceite de medianoche estudiando cómo cascar las más duras nueces teológicas. Y todo ¿por qué recompensa terrestre?
-Bueno -dijo su Feligrés, meditativamente-, están las almendras, por ejemplo.


LOS INTOLERABLES GEMELOS


Una Serpiente de Cascabel, observando que se acercaba un Hombre con una Cámara Fotográfica, se arrastró debajo de una piedra plana, y no dejó expuesta otra cosa más que la punta de su nariz.
-No iba a fotografiarte -explicó el Hombre de la Cámara, con un toque de tristeza en su voz-. Poseo la antigua fe en la divina sabiduría de las serpientes, y he venido a preguntarte por qué soy odiado y evitado por toda la humanidad.
-Cielos -dijo la Serpiente de Cascabel-, los dioses me han negado ese conocimiento. ¿Puedes decirme tú por qué yo no soy muy requerida como compañera?


CONSUELO


Un Gran País había reivindicado su coraje y su bravura a través de quince derrotas en las cuales las tropas enemigas no sufrieron ninguna baja, y su Primer Ministro pidió la paz.
-No seré duro con ustedes -dijo el Vencedor-: conservarán todo excepto sus colonias, su libertad, el crédito y su autoestima.
-Ah -dijo el Primer Ministro-, usted es verdaderamente magnánimo; nos deja nuestro honor.


DESENGAÑO


Un Perro que había estado persiguiendo su propia cola abandonó la caza y se echó a reposar, encogido. En su nueva postura, descubrió que su cola estaba al alcance de sus dientes. La mordió con avidez, pero la soltó de inmediato, respingando por el dolor.
-Después de todo -dijo-, hay más alegría en la persecución que en la posesión.


EL SANTO Y EL ALMA


San Pedro estaba sentado a la puerta del Paraíso, cuando se aproximó un Alma y, haciendo una cortés reverencia, le extendió su tarjeta.
-Lo siento mucho, señor -dijo San Pedro, después de leer la tarjeta-, pero realmente no puedo admitirlo. Usted tiene que ir al Otro Lado. Lo siento, señor, lo siento mucho.
-No importa -dijo el Alma-; he pasado todo el mes en un balneario, y el cambio será agradable. Sólo venía a preguntar si mi amigo Elihu Root está aquí.
-No, señor -replicó el Santo-; el Sr. Root no está muerto.
-Oh, eso lo sé -dijo el Alma-. Pensé que podría estar visitando a Dios.


IMPREVISIÓN


Una Persona que había caído de la riqueza a la indigencia pidió limosna a un Hombre Rico.
-No -dijo el Hombre Rico-, no conservaste lo que tenías. ¿Qué seguridad tengo de que conservarás lo que yo te dé?
-Pero no quiero conservarlo-explicó el mendigo-. Lo quiero para cambiarlo por pan.
-Eso es exactamente lo mismo -dijo el Hombre Rico-. No conservarías el pan.


LA OVEJA Y EL LEÓN


-Eres una bestia de guerra -le dijo la Oveja al León-, por eso los hombres te buscan para matarte. A mí, que soy una creyente en la no resistencia, no me cazan.
-No necesitan hacerlo -replicó el hijo del desierto-; pueden criarte.


LA VIUDA INCONSOLABLE


Una Mujer con lutos de viuda lloraba sobre una tumba.
-Consuélese, señora -dijo un Simpático Desconocido-. La piedad del Cielo es infinita. En algún lado hay otro hombre, además de su esposo, con quien usted puede ser feliz.
-Lo había, lo había -sollozó ella-, pero está en esta tumba.


UNA INTRUSIÓN


La Moralidad puso la punta del pie en la política internacional, y rápidamente se lo cortaron.
-Mil gracias -dijo la Diplomacia, con graciosa reverencia- lo conservaremos como recuerdo del más distinguido honor.
Y desde aquel día, la Moralidad cojeó un poco.


LA PALABRA MISTERIOSA


El Jefe de un batallón de corresponsales de guerra leyó la crónica escrita de una batalla.
-Hijo -le dijo a su Autor-, tu historia no sirve para nada. Dices que sólo perdimos dos hombres en vez de cien; que las pérdidas del enemigo son desconocidas, en vez de diez mil, y que fuimos derrotados y fugamos. No es manera de escribir.
-Pero considere -objetó el escriba consciente- que mi historia puede ser insípida con respecto al número de nuestras víctimas, decepcionante en lo que hace a los daños causados al enemigo y chocante respecto al desenlace, pero tiene la ventaja de ser la verdad.
-No entiendo del todo -dijo el jefe, rascándose la cabeza.
-Bueno, la ventaja -exclamó el otro-, el mérito... la distinción... la provechosa excelencia... el...
-Oh -dijo el jefe-, conozco muy bien el significado de "ventaja"; ¿pero qué demonios quisiste decir con "verdad"?


REVELACIÓN


Un León fue atacado por una manada de Lobos hambrientos, que lo rodearon, aullando lo más fuerte que podían, aunque ninguno se atrevió a acercársele.
-Estas son criaturas muy útiles -dijo el León, mientras se echaba para su siesta de la tarde-, me dan parte de mis virtudes. Yo no sabía que era comestible.


UN ÁGUILA ENCADENADA


Un legislador recientemente elegido para el Parlamento de Despotamia, declaró que presentaría una resolución criticando al rey. Cuando dejó el Parlamento, encontró a un Desconocido, quien le previno que si persistía en su desleal proyecto, perdería la cabeza.
-Eso -dijo él-, sería una privación más pequeña que la pérdida de mi libertad.
-No sé qué es eso -respondió el Desconocido-. La libertad es algo que no puedo. apreciar correctamente, porque nunca la tuve. Yo soy el rey.


EL POETA IMPOTENTE


Un poeta que nunca hacia el correcto escandido de sus versos, fue emplazado a presentarse ante el Rey, quien le ordenó que dijera algo en su defensa para evitar ser condenado a muerte.
-Si tu oído es imperfecto -dijo el Rey-, podrías contar tus sílabas con los dedos, como un trabajador honesto.
-Yo cuento mis sílabas -dijo el Poeta, reverentemente-. Pero observe: a mi mano izquierda le falta un dedo... lo mordió un crítico.
-Entonces -dijo el Rey-, ¿por qué no los cuentas con la mano derecha?
-¡Cielos! -fue la respuesta del poeta, mientras elevaba su mutilada izquierda-. ¡Eso es imposible... no tengo nada con qué contar! El dedo que me falta es el índice.
-¡Hombre infortunado! -exclamó con simpatía el monarca-. Tenemos que hacer que tus limitaciones e incapacidad no te pesen. Escribirás para las revistas.


EL LOBO Y LA TORTUGA


Un Lobo se encontró con una Tortuga, y le dijo:
-Amiga, eres la cosa más lenta que anda por el mundo. No veo cómo te las arreglas para escapar de tus enemigos.
-Como me falta la capacidad para huir -replicó la Tortuga-, la Providencia sabiamente me proporcionó un caparazón impenetrable.
Tras reflexionar largo, tiempo, el Lobo dijo:
-Me parece que igualmente fácil le hubiera resultado darte patas largas.


DE LO GENERAL A LO PARTICULAR


Un Hombre Sincero le dijo a su Esposa:
-No puedo permitir que me imagines mejor de lo que soy. Tengo muchos vicios y debilidades.
-Eso es sólo lo natural -dijo ella, sonriendo dulcemente-; ninguno de nosotros es perfecto.
Envalentonado por su magnanimidad, él le confesó una mentira particular que le había dicho una vez.
-¡Abominable canalla! -gritó ella, y golpeó tres veces con sus manos.
Apareció un gigantesco esclavo nubio, que despachó al marido con una cimitarra.


UN FILOSOFO DESCONCERTADO


El Rey de Remotia tenía un filósofo favorito, a quien dijo:
-Tú has sido para mí un esclavo tan fiel que deseo premiarte. Pide cualquier cosa que quieras tener.
-Dame -dijo el Filósofo- un cabello de la cabeza de un hombre que no te haya lisonjeado nunca.
El Rey le prometió hacerlo y lo despidió. Al día siguiente, lo mandó llamar frente al trono y le extendió un cabello.
-Estás intentando engañarme -dijo el Filósofo, examinando cuidadosamente el regalo-. Este pelo es de la cabeza de un adulador que te aseguró que sería un honor para él ofrecerte también su cabeza.
-No eres tan astuto como crees -replicó el Rey-. Ese cabello es de la cabeza del único sordomudo del reino.


EL LIMITE


El Rey de las Islas Faraway designó primer ministro a su caballo, y cabalgaba sobre un hombre. Observando que bajo el nuevo orden de cosas el reino prosperaba, un Anciano Estadista aconsejó al Rey que se pusiera a pastar y ubicara un buey en el trono.
-No -dijo el soberano, pensativamente-, un buen principio puede ser llevado a extremos injuriosos. La verdadera reforma se detiene a un paso de la revolución.


EL ZORRO Y EL PATO


Un Zorro y un Pato habían disputado sobre la propiedad de una rana, y llevaron el asunto ante un León. Después de oír una enorme cantidad de argumentos de uno y de otro, el León abrió la boca para emitir juicio.
-Ya sé cuál es tu decisión -dijo el Pato, interrumpiendo-. Es que de acuerdo con nuestra propia exposición, la rana no pertenece a ninguno de nosotros dos, y que tú te la comerás. Permíteme decirte que esto es injusto, como lo demostraré.
-Para mí está claro -dijo el Zorro- que tú darás la rana al Pato, y me darás el Pato a mí, y luego me comerás a mí. No me falta experiencia acerca de la ley.
-Estaba por decirles -dijo el león, bostezando-, que durante la discusión de este caso, la propiedad en disputa se fue a los saltos. Quizá puedan procurarse otra rana.


EL LADRÓN ARREPENTIDO


Un Muchacho a quien su Madre le había enseñado a robar, creció hasta ser hombre, y se convirtió en Funcionario Público profesional. Un día fue sorprendido con las manos en la masa y condenado a muerte. Mientras marchaba al lugar de la ejecución pasó junto a su Madre, y le dijo:
-¡Contempla tu obra! ¡Si no me hubieras enseñado a robar, yo no habría llegado a eso!
-¡Claro! -dijo la Madre-. ¿Y quién, dime, te enseñó a que te descubran?


EL LOBO Y EL CORDERO


Un Cordero perseguido por un Lobo, buscó refugio en el templo.
-Si te quedas ahí, el sacerdote te atrapará y te sacrificará -dijo el Lobo.
-Me da igual ser sacrificado por el sacerdote o devorado por ti -respondió el Cordero.
-Amigo mío -dijo el Lobo-, me apena ver cómo consideras una cuestión tan importante desde un punto de vista meramente egoísta. No me da igual a mí.


EL PESCADOR Y EL PESCADO


Un Pescador que había atrapado un Pez muy pequeño lo estaba poniendo en su cesto, cuando el pez le habló:
-Te suplico que me arrojes de vuelta al agua, porque no puedo serte útil; los dioses no comen peces.
-Yo no soy un dios -dijo el Pescador.
-Es cierto -dijo el Pez-, pero apenas Júpiter se entere de tu proeza te elevará a la deidad. Eres el único hombre que alguna vez haya pescado un pez pequeño.


EL LOBO Y LOS PASTORES


Un Lobo que pasaba junto al refugio de unos Pastores, miró adentro y vio a los pastores comiendo.
-Entra -dijo uno de ellos irónicamente-, y sírvete un pedazo de tu plato favorito, una pata de cordero.
-Gracias -dijo el Lobo, mientras se alejaba-, pero tienen que disculparme: acabo de comerme un cuarto de pastor.


EL LEÓN, EL GALLO Y EL BURRO


Un León estaba por atacar a un Burro que rebuznaba, cuando un Gallo que estaba cerca cantó estridentemente y el León huyó.
-¿Qué fue lo que lo asustó? -preguntó el Burro.
-Los Leones tienen un miedo supersticioso de mi voz -respondió con orgullo el Gallo.
-Bien, bien, bien -reflexionó el Burro, sacudiendo la cabeza-; diría que cualquier animal que tiene miedo de tu voz y no se asusta de la mía debe poseer un oído de lo más extraordinario.


LA VÍBORA Y LA GOLONDRINA


Una Golondrina que había construido su nido en una Corte de Justicia crió una hermosa familia de jóvenes aves. Cierto día, una Víbora salió de una grieta en la pared y ya estaba por comérselas, pero el juez Justo, de inmediato libró un oficio, y dando orden de que las golondrinas fueran trasladadas a su propia casa, se las comió él.


LA GALLINA Y LAS VÍBORAS


Una Golondrina se acercó a una Gallina que había empollado pacientemente unos huevos de víbora, y le dijo:
-Qué estúpida eres al darle vida a criaturas que te premiarán destruyéndote.
-Soy un poquitito destructiva -dijo la Gallina, engullendo tranquilamente a uno de los pequeños reptiles-, y no es un acto de locura proporcionarse los bocados de la estación.


EL LEÓN Y LA ESPINA


Un León que vagaba por el bosque se clavó una espina en la pata, y al encontrar un Pastor, le pidió que se la extrajera. El Pastor lo hizo, y el León, que estaba saciado porque acababa de devorar a otro pastor, siguió su camino sin hacerle daño. Algún tiempo después, el Pastor fue condenado, a causa de una falsa acusación, a ser arrojado a los leones en el anfiteatro. Cuando las fieras estaban por devorarlo, una de ellas dijo:
-Este es el hombre que me sacó la espina de la pata.
Al oír esto, los otros leones honorablemente se abstuvieron, y el que habló se comió él solo al Pastor.


EL MILANO, LAS PALOMAS Y EL HALCÓN


Unas Palomas expuestas a los ataques de un Milano solicitaron a un Halcón que las defendiera. El Halcón consintió. Admitido entre ellas, esperó al Milano, se abalanzó sobre él y lo devoró. Cuando estuvo tan saciado que casi no podía moverse, las agradecidas Palomas le arrancaron los ojos.


EL LOBO Y EL BEBE


Un Lobo hambriento pasaba cerca de la puerta de una cabaña en el bosque, y oyó que una Madre le decía a su Bebé:
-Tranquilízate, o te arrojaré por la ventana y te comerán los lobos.
De modo que esperó todo el día al pie de la ventana, sintiendo más y más hambre a medida que pasaba el tiempo. Pero a la noche, el Padre, al volver del club del pueblo, arrojó por la ventana tanto al Niño como a la Madre.


EL LOBO Y EL AVESTRUZ


Un Lobo que al devorar a un hombre se había atragantado con un manojo de llaves, le pidió a un avestruz que introdujera la cabeza a través de su garganta y las extrajera, lo que el Avestruz realizó.
-Supongo -dijo el Lobo- que esperas una retribución por ese servicio.
-Una buena acción -replicó el Avestruz- es su propio premio; me he comido las llaves.


EL CABALLO DE GUERRA Y EL MOLINERO


Habiéndose enterado de que el Estado estaba a punto de ser invadido por un ejército hostil, un Caballo de Guerra perteneciente a un Coronel de la Milicia ofreció sus servicios a un Molinero que por ahí pasaba.
-No -dijo el patriota Molinero-, no emplearé a uno que abandona sus posiciones a la hora del peligro. Es hermoso morir por la propia patria.
Algo en esta opinión le sonó familiar al Caballo de Guerra, y mirando más de cerca al Molinero, reconoció a su dueño disfrazado.


EL LEÓN Y EL RATÓN


Un León había atrapado a un Ratón y estaba a punto de matarlo, cuando el Ratón dijo:
-Si me perdonas la vida, otro tanto haré yo por ti algún día.
El León, bondadosamente, le permitió irse. Poco después ocurrió que el León fue capturado por unos cazadores y atado con cuerdas. El Ratón pasó por el lugar, y viendo que su benefactor estaba indefenso, se puso a roerle la cola.


EL CORDERO Y EL LOBO


Un Lobo estaba calmando su sed en un arroyo, cuando un Cordero se apartó de su pastor, bajó hacia la orilla del arroyo, y pasando ostentosamente alrededor del Lobo, se preparó para beber corriente abajo.
-Le ruego que observe -dijo el Cordero- que por lo común el agua no corre hacia arriba. Que yo beba acá no puede contaminar el agua que toma usted; de modo que no tiene el menor pretexto para asesinarme.
-No sabía -replicó el Lobo- que necesitaba un pretexto para que me gusten las chuletas de cordero.
Fin de ese pequeño lógico.


EL PADRE Y LOS HIJOS


Un Padre afligido por una familia de Hijos pendencieros, les exhibió un atado de varas y pidió a los jóvenes que lo rompieran. Tras repetidos esfuerzos, admitieron que les resultaba imposible.
-Vean -dijo el Padre- las ventajas de la unidad; mientras esas varas permanecen unidas son invencibles; y observen lo débiles que se muestran individualmente.
Sacando una vara del atado, fácilmente la rompió en la cabeza del Hijo mayor, y repitió el procedimiento hasta que todos fueron servidos.


EL LEÓN Y EL RATÓN

A un juez lo despertó el ruido de un abogado que procesaba a un Ladrón. Rojo de ira, ya estaba por sentenciar al Ladrón a prisión perpetua, cuando este dijo:
-Le suplico que me libere, y algún día retribuiré su bondad.
Complacido y lisonjeado al ser coimeado, aunque no fuera por nada más que una promesa hueca, el juez lo dejó irse. Poco después, comprobó que había sido más que una promesa hueca, porque habiéndose convertido él mismo en Ladrón fue liberado por el otro, que se había convertido en Juez.

IGLESIA UNIVERSAL DE LUCIFER

IGLESIA UNIVERSAL DE LUCIFER

Iglesia Universal de Lucifer

La iglesia cristiana la culpable
Espero que estas palabras saquen a nuestro Dios lucifer de la miseria.
El dios Romano Lucifer o su equivalente en la cultura griega Eosforo, el portador de la Luz y la razón, hijo de la Diosa Aurora.
Querido por su seguidores, fue ultrajado por los cristianos y ¿por qué digo esto? muy facil lo esplicaré:
y os preguntareis ¿por que un Dios llego a ser el diablo?
Pues muy simple por una mal traduccion que hizo san Jeronimo en la vulgata que es la biblia que se tradujo para el pueblo.
cito textualmnte: es del profeta isaias(14.12-14).
relamente el texto habla de un rey que se puso en contra de Dios.
¡como has caído del cielo lucero hijo de la aurora! Has sido avatido a la tierra dominador de naciones .Tú que dijistes en tu corazon ¡Al cielo subiré, por encima de las estrellas de dios me alzaré, y seré mas que dios.
bueno pues san jeronimo tradujo lucero por Lucifer.
Por que quiso, así mataba dos pajaros de un tiro; seguia el texto y ponia al Dios lucifer como el demonio .
y ¿por que este proposito? muy sencillo los cristianos antiguos untilizaban el nombre de Lucifer para llamar a Cristo pero los seguidores del verdadero Dios Lucifer no querian entoces desprestigió el nombre para mas adelante acusar a los seguidores de Lucifer como adoradores del diablo, y quemarlos, como lo hicieron.
Asi que, si tenemos que acusar a alguien de asesinos, no es a los adoradores del diablo si no a los miembros de la iglesia, y os aseguro que si pudieran hacerlo en estos tiempos lo harian.
viernes 7 de marzo de 2008

La iglesia Universal de Lucifer tramita apostasia para quien quiera abandonar la iglesia Catolica.
Datos personales
Iglesia Universal de Lucifer
Talavera de la Reina, Toledo, Spain
Con estas palabras, la Iglesia Universal de Lucifer, ha abierto su nuevo blog, en http://iglesiadelucifer.blogspot.com ;
ahy,te puedes informar de los actos que estan llevando a cabo en el dia en que nos encontramos; tambien, puedes encontrar los inicios de dicha Iglesia en
Estas direcciones, os llevaran a las paginas principales de ellos, en donde podreis consultar vuestras dudas, o poneros en contacto via mail, por si os interesa algun tema de los que esten tratando; o cualquier cosas que querais saber, o preguntar.
INFORMACION CEDIDA POR :"IGLESIA DE LUCIFER"

ReCuentos PARA DEMIÁN -- JORGE BUCAY

ReCuentos PARA DEMIÁN -- JORGE BUCAY

Recuentos para
Demián

(Los cuentos que contaba mi analista)

Jorge Bucay


ÍNDICE

Prólogo
El elefante encadenado – Factor común – La teta o la leche - - El ladrillo boomerang – El verdadero valor del anillo – El rey ciclotímico – Las ranitas en la crema – El hombre que se creía muerto – El portero del prostíbulo – Dos números menos – Carpintería “El siete” – Posesividad – Torneo de canto - ¿Qué terapia es esta? – El tesoro enterrado – Por una jarra de vino – Solos y acompañados – La esposa sorda – ¡No mezclar! – Las alas son para volar - ¿Quién eres? – El cruce del río – Regalos para el maharajá – Buscando a Buda – El hachero esforzado – La gallina y los patitos – Pobres ovejas – La olla embarazada – La mirada del amor – Los retoños del ombú – El laberinto – El círculo del noventa y nueve – El centauro – Dos de Diógenes – Otra vez las monedas – El reloj parado a las siete – Las lentejas – El rey que quería ser alabado – Los diez mandamientos – El gato del ashram – El detector de mentiras – Yo soy Peter – El sueño del esclavo – La esposa del ciego – La ejecución – El juez justo – La tienda de la verdad – Preguntas – El plantador de dátiles – Autorrechazo.
Epílogo

A mi hija Claudia

Jorge Bucay, médico y psicoterapeuta gestáltico nació en Buenos Aires en 1949 y es autor del best seller “Cartas para Claudia”, una verdadera introducción al campo de la filosofía gestáltica.
En “Recuentos para Demián” nos sumerge en una cuidada antología de cuentos clásicos, mordernos o populares, seleccionados y reescritos por el autor para extraerles todo su contenido terapéutico.
A este “re-contar” se agrega la didáctica guía del autor que con la excusa de la trama, nos lleva de la mano por el camino de saber más sobre nosotros mismos.
El Doctor Bucay trabaja en Buenos Aires repartiendo su tiempo entre su tarea docente, su tarea literaria y su tarea asistencial. La tarea de “ayudador profesional” como a él mismo le gusta definirse.
Un ayudador – dice el autor – es alguien que ha leído un poco más que unos pocos sobre algunos pocos temas... y ha decidido compartirlo.

A las puertas del cielo llegaron un día cinco viajeras.
- ¿Quiénes son ustedes? – les preguntó el guardián del cielo.
- Somos – contestó la primera – La religión...
- La juventud... – dijo la segunda
- La comprensión... – dijo la tercera.
- La inteligencia... – dio la siguiente.
- La sabiduría – dijo la última.
- Identifíquense!! – ordenó el cancerbero.
Y entonces...
La religión se arrodilló y oró.
La juventud se rió y cantó.
La comprensión se sentó y escuchó.
La inteligencia analizó y opinó.
Y la sabiduría... contó un cuento


(tomado de una idea de Anthony de Mello, modificada por el autor)


PRÓLOGO

Hace algunos años escribí, sin darme cuenta, una serie de cartas que dirigía a una supuesta e imaginaria amiga llamada Claudia. Esa serie terminaba con una carta que obviamente era la última.
Algunos amigos que conocían este hobby y algunos pacientes que sobrevaloraban su contenido, hicieron que me decidiera a publicar lo que después se llamaría “CARTAS PARA CLAUDIA”..Sería muy difícil para mí expresar mi gratitud para con todos ellos: amigos y pacientes, a quienes les debo todos los placeres devenidos de las sucesivas ediciones de aquel libro.
Quizás sea por aquellas satisfacciones, quizás sea por vanidad, o quizás –lo dudo— sea porque finalmente haya encontrado algo más para decir... lo cierto es que hoy, cinco años después, vuelvo a sentarme ante una máquina de escribir para tipear esto que aquí empieza: quizás mi segundo libro.
En los últimos años, mi tarea como terapeuta ha ido variando más ostensiblemente que en toda la década anterior. Este viraje sucedió, como casi todas las cosas importantes de mi vida, sin que yo me diera acabada cuenta de lo que estaba sucediendo.
Un día, hablando con una colega con quien controlaba sus pacientes, noté que venían a mi memoria infinitos relatos, fábulas y anécdotas con las cuales yo explicaría a ese paciente a quien no conocía, su actitud de vida.
Me di cuenta de que, a solas con mis pacientes, había recurrido con frecuencia a esta manera de decir lo que deseaba.
Me di cuenta de cómo mis pacientes recordaban más mis relatos que mis interpretaciones, ejercicios, o comentarios.
Recordé el impacto profundo de los relatos del modelo Ericksoniano.
Me di cuenta, en suma, de que estaba utilizando cada vez más una poderosa arma didáctica y por supuesto terapéutica.
Esto que hoy comienzo a escribir es una pequeña antología de relatos antiquísimos algunos y contemporáneos otros, historias tradicionales de todas las culturas, frases y anécdotas más o menos conocidas a las cuales decidí sumar algunos sucesos de mi vida personal y unos pocos cuentos de mi propia inventiva, sumados a –como no podían faltar— algunas humoradas que me han contado y que repito a menudo (demasiado repito y demasiado a menudo), a mis “pacientes” pacientes.
Sólo para que no sea tan fácil leerlos, agregué al principio o final de cada relato (que a partir de ahora voy a llamar indiscriminadamente “cuentos”) uno o dos párrafos, ilustrando el uso que hago de estos cuentos en mi consultorio. No necesito aclarar, creo, que este uso es sólo un ejemplo y que la sabiduría encerrada en estos cuentos excede en mucho la aplicación supuestamente dada en estos relatos..Fue así, en la búsqueda de la manera de mostrar estos cuentos, que inventé a Demián, como alguna vez inventé a Claudia.
En realidad Demián ya estaba inventado. De hecho es mi hijo, el hermano mayor de Claudia. Y digo que lo inventé, porque ese es el nombre que le puse al supuesto paciente que se ve obligado –pobre— a soportar una y otra vez a ese terapeuta que se parece demasiado a mí..


EL ELEFANTE ENCADENADO

—No puedo –le dije— ¡NO PUEDO!
—¿Seguro? –me preguntó el gordo.
—Sí, nada me gustaría más que poder sentarme frente a ella y decirle lo que siento... pero sé que no puedo.
El gordo se sentó a lo Buda en esos horribles sillones azules de consultorio, se sonrió, me miró a los ojos y bajando la voz (cosa que hacía cada vez que quería ser escuchado atentamente), me dijo:
—¿Me permites que te cuente algo?
Y mi silencio fue suficiente respuesta.
Jorge empezó a contar:

Cuando yo era chico me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. También a mí como a otros, después me enteré, me llamaba la atención el elefante.
Durante la función, la enorme bestia hacía despliegue de peso, tamaño y fuerza descomunal... pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que aprisionaba una de sus patas a una pequeña estaca clavada en el suelo.
Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
El misterio es evidente:
¿Qué lo mantiene entonces?
¿Por qué no huye?
Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los grandes. Pregunté entonces a algún maestro, a algún padre, o a alguna tía por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado—
Hice entonces la pregunta obvia:
—Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan?
No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.
Con el tiempo me olvidé del misterio del elefante y la estaca... y sólo lo recordaba cuando me encontraba con otros que también se habían hecho la misma pregunta.
Hace algunos años descubrí que por suerte para mí alguien había sido lo bastante sabio como para encontrar la respuesta:
El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño.
Cerré los ojos y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca.
Estoy seguro de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de todo su esfuerzo no pudo.
La estaca era ciertamente muy fuerte para él.
Juraría que se durmió agotado y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía...
Hasta que un día, un terrible día para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.
Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no escapa porque cree –pobre— que NO PUEDE.
Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer.
Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro.
Jamás... jamás... intentó poner a prueba su fuerza otra vez...
—Y así es, Demián. Todos somos un poco como ese elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad.
Vivimos creyendo que un montón de cosas “no podemos” simplemente porque alguna vez, antes, cuando éramos chiquitos, alguna vez, probamos y no pudimos..Hicimos, entonces, lo del elefante: grabamos en nuestro recuerdo:
NO PUEDO... NO PUEDO Y NUNCA PODRÉ
Hemos crecido portando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y nunca más lo volvimos a intentar.
Cuando mucho, de vez en cuando sentimos los grilletes, hacemos sonar las cadenas o miramos de reojo la estaca y confirmamos el estigma:

¡NO PUEDO Y NUNCA PODRÉ!

Jorge hizo una larga pausa; luego se acercó, se sentó en el suelo frente a mí y siguió:
Esto es lo que te pasa, Demián, vives condicionado por el recuerdo de que otro Demián, que ya no es, no pudo.
Tu única manera de saber, es intentar de nuevo poniendo en el intento todo tu corazón...
...TODO TU CORAZON.

FACTOR COMÚN

Cuando llegué por primera vez al consultorio de Jorge, sabía que no iba a ver a un analista convencional. Claudia, que me lo había recomendado, me avisó que “El Gordo” –como ella lo llamaba— era un tipo “un poco especial” (sic).
Yo ya estaba harto de las terapias convencionales, y sobre todo de algunos años aburridos en un diván psicoanalítico. Así que llamé y pedí una hora.
La primera impresión superaba todos los cálculos. Era una calurosa tarde de noviembre; yo había llegado cinco minutos antes y esperaba abajo, en la puerta de su edificio, que fuera la hora exacta.
A las cuatro y media en punto toqué timbre, el portero eléctrico sonó, empujé la puerta y subí al noveno.
Esperé en el pasillo.
Esperé.
¡Y esperé!
Y cuando me cansé de esperar, toqué timbre en la puerta del departamento.
Me abrió la puerta un tipo que a primera vista parecía vestido para irse de picnic: estaba en vaqueros, zapatillas de tenis y una remera de color naranja rabioso.
—Hola –me dijo y su sonrisa me tranquilizó.
—Hola –contesté— soy Demián.
—Sí, claro, ¿qué te pasó que tardaste tanto en llegar arriba? ¿Te perdiste?
—No, no tardé. No quise tocar el timbre para no molestar... Por si estaba atendiendo...
—¿“Para no molestar”?... Así te debe ir a ti... –me devolvió.
Me quedé mudo.
Era la segunda frase que me decía y me estaba diciendo algo que sin lugar a dudas era verdad pero... ¡Qué hijo de puta!....El lugar donde Jorge atendía (no me animaría a llamar a eso “un consultorio”), era tal como Jorge: informal, desarreglado, desprolijo, cálido, colorido, sorprendente y, para qué negarlo, un poco sucio. Nos sentamos en dos sillones frente a frente y mientras yo le contaba algunas cosas, Jorge tomaba mate
(¡tomaba mate durante la sesión!).
Me ofreció uno:
—Bueno –le dije.
—Bueno ¿qué?
—Bueno, el mate...
—No entiendo.
—Que te voy a aceptar un mate.
Jorge me hizo una servil y burlona reverencia y me dijo:
—Gracias, Majest