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EL DIABLO ESTABA ENFERMO -- BRUCE ELLIOT

Escrito por imagenes 08-10-2008 en General. Comentarios (0)

EL DIABLO ESTABA ENFERMO -- BRUCE ELLIOT

EL DIABLO ESTABA ENFERMO -- BRUCE ELLIOT
EL DIABLO ESTABA ENFERMO
Bruce Elliot

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Habían transcurrido evos desde que un paciente violento de verdad atravesó por la
fuerza el umbral del Asilo de Cuerdos, Había pasado tanto tiempo, que el ojo del
observador ya no se detenía para leer las palabras fundidas en el duradero cristometal
que figuraba en la entrada. Antaño un desafío a lo desconocido, el tiempo las había
convertido en una frase típica: “Un malvado no es más que un héroe enfermo". La
autenticidad de tal divisa era probada, ya no merecía consideraci6n. Pero las palabras
permanecieron allí... hasta el día en el que Acleptos tomó el cincel para cambiar dos de
ellas.
Todo comenzó porque hallar un tema inédito para una tesis se había hecho más difícil
que graduarse. Acleptos descubrió, después de ardua investigación, tres temas que
creyó podrían ser aceptados por la Máquina como originales.
Tragó saliva al presentar la lista al ojo omnisciente del computador. Decía: Sedimento
activado y qué hacían los antiguos con él. La Caída de la democracia y por qué se
produjo. Diablos, demonios y demonología:
La Máquina contestó casi al punto: "En el año 4357 Jac Bard escribió la última palabra
sobre sedimento activado. Doscientos años más tarde el último elemento desconocido
con relación a la caída de la democracia fue analizado detalladamente por el historiador
Hermios".
Hubo una breve pausa. Acleptos contuvo la respiración. Si el último había sido ya
estudiado, necesitaría otros veinte años de trabajo para hallar más posibles temas. La
Máquina respondió: "Hay dos aspectos de los demonios que hasta ahora nadie me ha
propuesto. Consiste en si son reales o imaginables, y si son reales, lo que son. Si son
imaginarios, cómo se producen".
Acleptos sintió que su interior se inundaba de una nueva vida y esperanza. Enderezó
sus hombros y se alejó de la: Máquina. Por fin, después de tantos años tenía una
oportunidad. Por supuesto _y el pensamiento le hizo dudar_, por supuesto, era
probable que no consiguiera arrojar nueva luz sobre tal problema. Pero ya disponía de
algo con qué trabajar. Los años pasados en las enormes bibliotecas, y todo el trabajo
efectuado en casi todos los campos del saber humano, habían producido al fin algún
resultado.
Una década atrás, la última vez que presentó una lista a la Máquina, había creído
encontrar un tema cuando descubrió referencias, en la sala de documentos antiguos,
sobre alguien conocido bajo el nombre de Dios. Lo que le había llamado la atención
había sido la letra "D" mayúscula aplicada al nombre. Pero la Máquina le había
proporcionado una gran cantidad de detalles sobre aquel tema, terminando con un
texto escrito hacía unos mil años y en el que se demostraba la inexistencia de tal ser.
Esta tesis, así creía la Máquina, había acabado con todas las futuras especulaciones
sobre el tema.
Por simple curiosidad, Acleptos había comprobado la referencia y se mostró conforme
como siempre, con el dictamen de la Máquina.
Había sido en verdad un golpe de genio pensar en la antitesis de Dios, decidió Acleptos
sonriendo para sí. Ahora podría seguir adelante. Realizaría sus investigaciones, se
graduaría, y entonces... entonces ya no habría nada que le detuviese. Podría
abandonar la Tierra y dar su próximo paso. Echó la cabeza hacia atrás para contemplar
las estrellas. Aquel era el camino a seguir. Se permanecía atado a la Tierra hasta
efectuar alguna investigación original, pero una vez terminada el derecho autorizaba
emigrar adonde se quisiera.
Había un planeta más allá de Alfa Centauro, que ella había elegido. Y le había
prometido esperarle por mucho tiempo que pasara. Acleptos no se sintió tan deprimido
en su vida como el día que la Máquina aprobó la tesis de ella. Durante largo tiempo
tuvo la impresión de haberla perdido para siempre. Pero ahora los años ya no parecían
interminables. Su investigación había dado resultado.
Silbando alegremente penetró en el archivo y comenzó a trabajar. Oprimiendo el botón
que mostraba las letras d-i-a y d-e-m-o, esperó a que el intrincado sistema de relés
ejecutase su función. Con un suave zumbido resbalaron por el tubo neumático los
carretes adecuados.
Tres semanas más tarde decidió que poseía más conocimientos sobre diablos,
demonios y "otras bestias de piernas largas que vagan durante la noche" que cualquier
otro habitante de la tierra. Acleptos movió la cabeza pensativo. ¡Pensar que el hombre
había descendido tan bajo como para creer en tales cosas!
Se vio obligado a trabajar horas extraordinarias en la máquina de traducir. Todo cuanto
había encontrado estaba escrito en latín. ¡Y pensar, también, que durante todos sus
años de estudio jamás había oído hablar de aquella lengua!
¡Qué basura! Acleptos se indignaba al descubrir la existencia de una época en la que el
homo sapiens había creído en tales tonterías. Increíble, pero aquello ocurrió
muchísimos años antes. Se encogió de hombros. Llegó el momento de ponerse a
trabajar sobre el problema básico. Su más íntimo amigo, Ttom, entró en el laboratorio
de investigación. Ni siquiera le había hecho una visita. ¡Ni tampoco le había
comunicado su éxito!
_¿Qué...?
Ttom examinó de una ojeada la impecable estancia verde. Sobre la mesa de cristal, un
cocodrilo disecado le miraba fijamente. Descansando contra su escamosa piel había
vasijas de vidrio de diferentes formas y rodeaban al saurio cajas, bandejas con polvillo.
Sobre la pared una máquina del tiempo anunció:
_...Esta noche habrá luna llena, y...
Acleptos la apagó.
_¡Llegas oportunamente! _exclamó con alegría.
_¿Para qué?
Tras esta pregunta el rostro de Ttom se sonrojó como el de un niño y exclamó a
continuación:
_¡Lo has conseguido! ¡Has encontrado un tema!...¡Acleptos... me alegro tanto!
_Gracias.
Y acto seguido Acleptos se vio obligado a preguntar a su vez:
_¿y tú?
_Todavía nada...
Pero Ttom se sentía demasiado contento por el éxito de su amigo que volvió a
preguntar:
_¿Y se puede saber qué has encontrado?
-Diablos y demonios _respondió Acleptos, iniciando de nuevo la mezcla de unos
cuantos polvos.
_¿Qué es eso?
_Una superstición primitiva. Mi trabajo consiste en averiguar si fueron reales o sólo una
palabra para designar a los malvados o enfermos... o lo que los antiguos denominaban
con estas palabras.
_¿Cómo piensas hacerlo? ¿Qué son todas esas cosas que tienes ahí? _preguntó
Ttom, señalando los objetos que había sobre la mesa.
-Voy a seguir las fórmulas anotadas en unos viejos manuscritos y observar qué sucede.
Acleptos había trabajado mucho para reunir todos los extraños objetos que el
manuscrito mencionaba. Y miró hacia la mesa y vio que tenia cuanto necesitaba.
Aquella misma noche, con la luna llena...
_Muchos elementos intervienen en el proceso de "conjurar demonios". Si quieres
esperar, quizá lo encuentres interesante.
_Naturalmente. No tengo nada que hacer. Pensé que había tropezado con algo
nuevo..., y lo de siempre, alguien se me había adelantado ya. Acleptos, ¿qué sucederá
cuando ya no queden más campos de saber humano, cuando no haya temas que
tratar, ni nada sobre lo que escribir?
_¡Yo me hacía esa misma pregunta hasta que descubrí a los demonios! Pero creo que
eso tardará en ocurrir y que la Máquina habrá tomado ya sus medidas.
_Estoy empezando a creer que ya ha llegado el momento. Acleptos, ¡eres el único que
ha encontrado un tema en cinco años!
Y al pronunciar estas últimas palabras, Ttom trató de esconder una nota de amargura.
_Sé lo que diría la Máquina, Ttom. _le respondió Acleptos_. Diría que si yo he
descubierto un tema también puedes hacerlo tú.
Al tiempo que hablaba, Acleptos vertió un liquido rojo en una probeta y luego añadió
cierta cantidad de polvillo violeta.
Ttom gruñó:
_Supongo que tienes razón. Sin embargo, olvidemos mis problemas. ¿Qué sucede
ahora?
_Nada hasta la medianoche. Cuando la luna esté llena, pronunciaré ciertas palabras,
encenderé estas cosas que hay aquí _en el manuscrito las llaman velas_ y aguardaré
la aparición de un diablo o un demonio.
Ambos se echaron a reír.
A medianoche, todavía sonriente, Ttom, tomó asiento al borde de un dibujo peculiar
que Acleptos había trazado en el suelo. Se llamaba pentáculo. Acleptos había colocado
una vela negra en cada uno de sus ángulos. También había quemado ciertos productos
químicos, pronunciando unas frases que Ttom ni siquiera trató de entender.
Al principio fue divertido. A medida que pasaba el tiempo, los dos hombres se
impacientaron. Nada sucedía. Acleptos dejó de pronunciar sus extrañas frases y dijo:
_Bien, ya conozco la respuesta a la primera pregunta de la Máquina. Los demonios son
imaginarios y no reales.
Y entonces fue cuando sucedió.
Se extendió por la estancia un olor mucho más intenso que el de los productos
químicos. Luego se produjo una especie de gris luminosidad cerca del dibujo trazado
en el suelo.
Acleptos gritó:
_¡Ttom, lo olvidé! Los antiguos libros dicen que es preciso permanecer dentro del
pentáculo para protegerse... de lo que sea.
Poniéndose en pie de un salto, Ttom se acercó precipitadamente al pentáculo. Pero
antes de lograrlo, la cosa se había hecho ya sólida. Alzó sus cerrados párpados y
cuando sus ojos se fijaron en él, vio tanta malevolencia concentrada en aquella mirada
que Ttom sintió algo que jamás había experimentado antes. Sólo gracias a sus
numerosas y variadas lecturas supo que tal sensación se denominaba antiguamente
miedo.
La cosa dijo:
_Por fin.
Hasta su voz era enervante. Acleptos estaba aturdido. Había realizado el experimento
porque era el sistema lógico de investigación, pero nunca imaginó que tal experimento
llegase a tener éxito.
La cosa se frotó unos extraños dedos que mostraban muchas falanges, y dijo:
_Miles de años, esperando... esperando en la obscuridad la llamada que nunca
llegaba. Al principio creí que El había vencido..., pero entonces yo habría dejado de
existir.
Encogió sus escamosos hombros y abrió más los ojos rojizos. Eran fascinantes. Las
extrañas pupilas cambiaban constantemente de color. Miró primero a Acleptos y luego
a Ttom y dijo:
_Así que nada ha cambiado. Los adeptos y el sacrificio, como siempre.
La cosa cloqueó en un terrible estertor. Luego añadió:
_¿Qué recompensa deseas a cambio? _preguntó mirando a Acleptos.
La cosa no esperó respuesta. Volvió a frotarse los largos dedos. El sonido resultante
fue lo único que se oyó en la estancia. La cosa miró a Acleptos y dijo:
_Ya veo, nada ha cambiado. Una mujer. Muy bien, aquí está.
La cosa hizo una serie de gestos en el aire y antes de que Acleptos pudiese aclarar la
garganta para negar, ella ya estaba allí. Parecía atemorizada. Sus cabellos eran lo más
hermoso que Acleptos hubiese visto en su vida. Y también su cuerpo. Estaba desnuda,
como él había imaginado, puesto que el planeta elegido por ella era cálido. Pero no
había vergüenza en su actitud. Sólo temor.
_¡Envíala de nuevo allí! ¿Cómo te atreves a arrastrarla por el espacio interestelar?
¡Estúpido! ¡Podías haberla matado!
Acleptos ya no temía la cosa. El único pánico que experimentaba era por su amada.
La mujer desapareció con la misma rapidez que se había presentado:
La cosa gruñó:
_No sabía que la amabas. Creí que era únicamente el sexo lo que deseabas..., ¿acaso
quieres oro? Todos codician oro...
Y una vez más hizo extraños gestos en el aire.
Acleptos comprendió que la situación se estaba haciendo ridícula. Aclaró la garganta y
dijo:
_¡Basta!
La cosa se detuvo en su trabajo, y de ser capaz de exteriorizar alguna emoción, ésta
habría sido la sorpresa. Luego preguntó:
_¿Ahora qué? ¿Cómo conseguiré oro para ti si me interrumpes?
Acleptos estaba indignado. La indignación al igual que el temor que la había Precedido,
era una nueva emoción para él. Respondió:
_No te muevas. Soy el amo y tú el esclavo.
Aquellas palabras estaban en las indicaciones que había leído. Ignoraba el significado
de ambas palabras, pero el libro ponía mucho. énfasis en ellas.
La cosa mantuvo inmóvil su cabeza, pero sus ojos observaron con deseo el cuerpo de
Ttom.
Dominando su nueva emoci6n, Acleptos dijo:
_No pareces comprender. No deseo oro...
Ttom dijo:
_Recuerdo esa palabra en mis lecturas. Los antiguos solían cambiarlo por plomo o por
algún metal valioso que fuera parecido.
Acleptos prosiguió:
_Y, desde luego, no quiero que ella regrese de Alfa Centauro.
_¡Poder! _exclamó la cosa sonriendo_. Eso nunca falla. Cuando son demasiado viejos
para el sexo y demasiado ricos para el oro, siempre desean poder.
Y sus manos comenzaron a moverse nuevamente.
_¡Alto! -gritó Acleptos por primera vez en su vida.
La cosa se paralizó.
Acleptos indicó:
_No hagas eso otra vez. ¡Me molesta! No quiero poder y no me digas lo que es porque
no me interesa. Ahora, no te muevas de ahí y contesta algunas preguntas.
_La cosa pareció encogerse un poco, y preguntó casi con timidez:
_Pero..., ¿para qué me has llamado? Si no quieres nada de mí, tampoco puedo aceptar
nada de ti...
La cosa abrió los ojos y los clavó en Ttom, mientras con la punta de la lengua
humedecía sus escamosos labios.
_Quiero alguna información. ¿Cuánto tiempo vivís... los demonios?
_¿Vivir... ? Siempre, por supuesto.
_¿Y cuál es vuestra función?
_Tentar al hombre para apartarle de la senda del bien.
Las palabras surgían velozmente de labios de la cosa, pero Acleptos no acababa de
entenderlas del todo. Sin embargo, quedaban grabadas para volver a escucharlas más
tarde y darles algún sentido.
_¿Por qué deseáis hacer eso? _interrogó Acleptos.
El demonio le miró como si dudase de su estado mental. Respondió:
_Para que el hombre disponga libremente de su voluntad, desde luego. Debe escoger
entre el bien y el mal.
_¿Qué significan esas palabras... el bien y el mal?
El demonio tomó asiento sobre sus talones sin prestar la menor atención a las espuelas
que se hundían en sus propias posaderas. Volvió a contestar:
_Todos estos años sentado en la oscuridad, y que ahora me llamen para esto...
Agitó la cabeza y de pronto pareció adoptar una especie de decisión. Se puso en pie y
luego, se lanzó sobre Ttom.
Acleptos alzó el arma especial y oprimió el botón. La extraña criatura se paralizó de
modo instantáneo para caer al suelo boca abajo.
Ttom tragó saliva y dijo:
---Creí que nunca ibas a usarla. Llamaré al Asilo de Cuerdos para que se lleven a esta
pobre criatura enferma.
Asintiendo con un movimiento de cabeza, Acleptos dijo:
_Esto es mucho más interesante de lo que había supuesto.
Luego tomó asiento, pensativo, hasta que llegó el ambu-bus. Era la primera llamada
urgente que el Asilo recibía desde hacía un siglo, pero los dispositivos funcionaron
perfectamente.
Ttom y Acleptos observaron cómo los robots recogían a la cosa y la alzaban en sus
brazos de metal. Después les siguieron hasta que colocaron la cosa en el ambu-bus,
que partió velozmente hacia el Asilo.
A medio camino, Acleptos habló por primera vez:
_¿Te das cuenta de la ironía que hay en todo esto? _preguntó.
_¿A qué te refieres?
Ttom todavía contemplaba a la cosa, que yacía como si estuviese muerta.
_Los diablos, ¿te das cuenta de lo que son? No son más que seres con otra dimensión.
De alguna manera, en alguna época, un ser humano, en épocas muy remotas, utilizó
las matemáticas, para superar la barrera de las dimensiones. Sin saber que hacía,
envuelto en plena superstici6n, pensó que los sortilegios constituían una llamada,
cuando el dibujo, el calor de las velas y las palabras misteriosas, se combinan en una
clave que abría esa otra dimensión.
_Bien, parece razonable. ¿Dónde está la ironía?
Acleptos parecía a punto de llorar. Respondió:
_¿No comprendes? La humanidad luchaba por salir de las tinieblas, cuando siempre
sus hermanos ignorados e inmortales podían conquistar el espacio simplemente
colocando sus manos en el. punto preciso. El hombre, ciego por sus creencias
supersticiosas, fue incapaz de aprender nada de estos "diablos". Pero la peor ironía es
que los "diablos" no podían ayudar al hombre porque eran deficientes mentales...
Ttom asintió con un movimiento de cabeza.
_Una raza casi imbécil y de talento increíble vivía cerca de nosotros y nunca lo
supimos. La. Máquina tiene razón. Tenemos mucho que aprender. Me equivocaba
cuando dije que todo era ya conocido.
Tal vez el arma usada no se hallaba a punto o el diablo poseía formidables poderes de
recuperación, pero el caso es que al apearse del ambu-bus la extraña criatura
despertó. Empezó a gritar, cuando los robots intentaron que traspasasen el umbral del
Asilo de Cuerdos.
Se debatió de tal manera que incluso las cintas de metal que animaban a los robots se
tensaron. Acleptos vio como las manos de la criatura comenzaban a moverse como
antes.
Gritó a los androides que le retenían:
_¡Sujetarle las manos!
Las manos metálicas se plegaron sobre los largos dedos que se retorcían y la cosa
dejó de luchar. Se abrió una puerta y uno de los doctores le dirigió hacia ellos.
Dijo:
_¿Qué es eso?
Mientras Acleptos se lo explicaba, Ttom pasó un dedo suavemente sobre las palabras
que formaban la divisa de la puerta. Vela las palabras, sus dedos las sentían, pero las
había visto demasiadas veces. No quedaron grabadas en su mente.
Cuando Acleptos terminó, el doctor dijo:
_Entiendo. Bien, lo arreglaremos inmediatamente. ¡Será curioso hacer recuperar el
sentido común a otra criatura dimensional!
Acleptos preguntó:
_Cree usted que está enfermo o que se trata de un estúpido?
_El doctor sonrió.
_Enfermo. Estoy seguro. Ningún ser sano se hubiese comportado de ese modo. ¿Le
gustaría verlo?
_Desde luego. Siento un gran interés.
Acleptos tomó por un brazo a Ttom y añadió:
_...Imagínate, si logramos curarle, significará la Comunicación con toda una raza de
criaturas. ¿No es maravilloso?
_Acleptos _murmuró Ttom con tono preocupado_, hay algo que no hemos tenido en
cuenta. En todas mis lecturas, en todos los datos de que disponemos sobre el universo
y sus extrañas criaturas, nunca hallé nada referente a la inmortalidad. ¿Has pensado
en esto?
_Naturalmente, pero eso es otra prueba de la razón que tiene la Máquina al asegurar
que no lo conocemos todo. ¡Es tan emocionante! Me cuesta trabajo esperar a
contárselo. ¿No será una sorpresa para ella saber que no fue un sueño su presencia
en mi laboratorio, sino .que realmente estuvo allí, atravesando el espacio y el tiempo
junto a una criatura enferma que ha vivido siempre?
En la sala de operaciones no había escalpelos, esponjas, ni grapas. El doctor extendió
a la cosa sobre la mesa. Los androides la sostuvieron por las manos..El doctor tomó un
instrumento. Una luz intermitente surgió de sus lentes en forma de S. El doctor bañó la
cosa con la luz y luego dijo:
_Sólo será un momento. Es decir, si da resultado. De lo contrario habrá que tomar
otras muchas medidas.
Súbitamente su voz se quebró. Acleptos retrocedió de la mesa hasta que su espalda
tocó la pared. Ttom abrió la boca, asombrado. Únicamente los robots permanecieron
impasibles.
Pues la cosa estaba cambiando. En los lugares donde llegaba la luz caían las
escamas.
El doctor ordenó a los robots:
_¡Dejadla libre!
Al hacerlo así la criatura se alzó en todo su esplendor. Una luz dorada iluminaba su
dulce rostro. Se acercó hasta la ventana y la sonrisa que esbozaron sus labios era
como una despedida. Subió un momento al alféizar y se detuvo unos segundos antes
de extender unas enormes alas blancas.
Luego murmuró:
_Pax vobiscum.
Las alas se agitaron y se fue, envuelto en serenidad.
Esa fue la razón de que Acleptos cambiara las palabras de la divisa que campeaba en
la entrada del Asilo de Cuerdos. Ahora decían:
Un diablo no es más que un ángel enfermo
La máquina se ha detenido, por supuesto. Su razón de ser y su fuerza era la
infalibilidad. Y estaba equivocada sobre la tesis relativa a la existencia de Dios con una
D mayúscula.

SCIFI -- MENSAJERO DEL FUTURO -- POUL ANDERSON

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SCIFI -- MENSAJERO DEL FUTURO -- POUL ANDERSON


SCIFI -- MENSAJERO DEL FUTURO -- POUL ANDERSON

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MENSAJERO DEL FUTURO
POUL ANDERSON

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Nos conocimos por asuntos de negocios. La firma de Michaels deseaba abrir una sucursal en la parte exterior de Evanston y descubrió que yo era propietario de algunos de los terrenos más prometedores. Me
hicieron una buena oferta, pero no cedí; la elevaron y permanecí en mi actitud. Por fin, el director en
persona se puso en contacto conmigo. No era en absoluto como me lo esperaba. Agresivo, por supuesto,
pero de un modo tan cortés que no ofendía, sus maneras eran tan correctas que difícilmente se advertía su
falta de educación formal. De todas formas, estaba remediando con gran rapidez esta carencia con clases
nocturnas, cursillos de ampliación y una omnívora lectura.
Salimos para beber algo mientras discutíamos el asunto. Me condujo a un bar que no parecía de
Chicago: tranquilo, raído, sin tocadiscos, sin televisión, con un anaquel de libros y varios juegos de ajedrez,
sin ninguno de los extravagantes parroquianos que usualmente infestan tales lugares. Fuera de nosotros,
había solamente media docena de clientes, un prototipo de profesor egregio entre los libros, varias
personas que hablaban de política con cierta objetiva pertinencia, un joven que discutía con el camarero si
Bartok era más original que Schoenberg o viceversa. Michaels y yo encontramos una mesa en un rincón y
algo de cerveza danesa.
Le expliqué que no me interesaba el dinero, y que me oponía a que una excavadora estropease algún
campo agradable con el pretexto de erigir todavía otro cromado bloque de casas. Michaels llenó su pipa
antes de contestar. Era un hombre delgado y erguido, de pronunciada barbilla y nariz romana, cabello
grisáceo, ojos oscuros y luminosos.
—¿No se lo explicó mi representante? —dijo—. No estamos proyectando viviendas en serie para
conejos. Tenemos previstos seis diseños básicos, con variaciones, para situar en una disposición... así.
Sacó lápiz y papel y empezó a dibujar. Mientras hablaba, aumentó la inflexión de voz, pero la fluidez
persistió. Y supo explicar sus propósitos mejor que sus enviados. Me dijo que estábamos en la mitad del
siglo veinte y que, por no ser prefabricado, un núcleo de viviendas dejaba de ser atractivo; podía incluso
lograr una unidad artística. Procedió a mostrarme el sistema.
No me presionó con demasiada insistencia, y la conversación se derivó a otros puntos.
—Agradable lugar —observé—. ¿Cómo lo descubrió?
Se encogió de hombros.
—Frecuentemente doy vueltas por ahí, sobre todo de noche. Explorando.
—¿No resulta un poco peligroso?
—No en comparación —dijo con una sombra de temor.
—Uh... Tengo entendido que usted nació aquí...
—No. No llegué a los Estados Unidos hasta 1946. Era lo que llamaban un PD, una persona
desplazada. Me convertí en Thad Michaels, porque me cansé de deletrear Tadeusz Michalowski. Y decidí
prescindir de sentimentalismos patrioteros. Sé adaptarme con rapidez.
Pocas veces habló acerca de sí mismo. Obtuve posteriormente algunos detalles de su precoz
encumbramiento en los negocios a través de admirados y envidiosos competidores. Algunos de ellos no
creían aún que fuese posible vender con beneficio una casa con calefacción radiante, por menos de veinte
mil dólares. Michaels había descubierto como hacerlo posible. No estaba mal para un pobre inmigrante.
Indagué y descubrí que había sido admitido con visado especial, en consideración a los servicios
prestados al ejército de los Estados Unidos en las últimas jornadas de la guerra en Europa. En ellos
demostró tanto nervio como perspicacia.
Mientras, nuestro trato se desarrolló. Le vendí el terreno que deseaba, pero continuamos viéndonos, a
veces en la taberna, a veces en mi apartamento de soltero, con más frecuencia en su ático a orillas del lago.
Tenía una hermosa mujer rubia y un par de hijos brillantes y bien educados. Con todo, era un hombre
solitario, por lo que le proporcioné la amistad que necesitaba.
Un año, más o menos, después de nuestro primer encuentro, me contó su historia.
Me había invitado otra vez a cenar el día de acción de gracias. En la sobremesa nos sentamos para
hablar. Y hablamos. Después de considerar desde las probabilidades que surgiese una sorpresa en las
próximas elecciones de la ciudad hasta las que otros planetas siguieran un curso en su historia idéntico al
nuestro, Amalie se excusó y se fue a dormir. Esto ocurrió mucho después de la medianoche. Michaels y yo
continuamos hablando. Nunca le había visto tan excitado. Era como si ese último tema, o alguna palabra en
particular, le hubiese abierto algo nuevo. Finalmente se levantó, volvió a llenar nuestros vasos de whisky
con un movimiento un tanto inseguro, y cruzó la sala de estar silencioso sobre la gruesa alfombra verde
hasta la ventana.
La noche era clara y profunda. Desde lo alto contemplamos la ciudad, líneas, tramas y espirales de
brillantes colores —rubí, amatista, esmeralda, topacio— y la oscura extensión del lago Michigan; casi
parecía que pudiésemos vislumbrar infinitas y blancas llanuras más allá. Pero sobre nosotros se abovedaba
el cielo, negro cristal, donde la Osa Mayor se apoyaba en su cola y Orión daba grandes zancadas a lo
largo de la Vía Láctea. No veía a menudo un espectáculo tan grandioso y sobrecogedor.
—Después de todo —dijo—, sé de lo que estoy hablando.
Me agité, hundido en mi sillón. El fuego del hogar arrojó pequeñas llamas azules. Una simple lámpara
iluminaba la habitación de suerte que podía vislumbrar haces de estrellas también desde la ventana. Me
arrellané un poco.
—¿Personalmente?
Se volvió hacia mí. Su rostro estaba rígido.
—¿Qué dirías si te respondiese que sí?
Sorbí mi bebida. Un King's Ransom es una noble y confortante mezcla, en especial cuando la misma
Tierra adquiere un aire glacial para entonar.
—Supongo que tienes tus razones y esperaría para ver cuáles son.
Esbozó una media sonrisa.
—No te preocupes, también soy de este planeta —aclaró—. Pero el cielo es tan grande y extraño...
¿No crees que esto afectará a los hombres que vayan allí? ¿No se deslizará dentro de ellos y lo traerán en
sus huesos al regresar? ¿La Tierra será la misma después?
—Sigue. Ya sabes que me gustan las fantasías.
Miró fijamente al exterior, luego se volvió, y súbitamente se tragó de un golpe su bebida. Este gesto
violento no era propio de él. Pero había traicionado su perplejidad.
—Muy bien, entonces te contaré una fantasía. Es una historia invernal, muy fría, así que quedas
advertido para no tomarla en serio —declaró ásperamente.
Di una chupada a mi excelente cigarro y esperé con el silencio que él deseaba.
Paseó unas cuantas veces arriba y abajo ante la ventana, con la vista en el suelo, llenó su vaso de nuevo
y se sentó a mi lado. No me miró a mí sino a una pintura que colgaba de la pared, un objeto sombrío e
ininteligible que a nadie gustaba. Esto pareció confortarlo, pues comenzó a hablar, rápida y quedamente.
—Dentro de mucho, mucho tiempo en el futuro, existe una civilización. No te la describiré, porque no
sería posible. ¿Serías capaz de regresar al tiempo de los constructores de las pirámides egipcias y hablarles
de la ciudad en que vivimos? No pretendo decir que te creerían; por supuesto que no lo harían, pero eso es
lo de menos. Quiero decir que no comprenderían. Nada de lo que dijeras tendría sentido para ellos. Y la
forma en que la gente trabaja, piensa y cree sería aún menos comprensible que esas luces, torres y
máquinas. ¿No es así? Si te hablo de habitantes del futuro que viven entre grandes y deslumbradoras
energías, o de variables genéticas, de guerras imaginarias, de piedras que hablan, tal vez te hicieras una
idea, pero no entenderías nada. Sólo te pido que pienses en los millares de veces que este planeta ha
girado alrededor del Sol, en lo profundamente ocultos y olvidados que vivimos, en fin, en que esta
civilización piensa según normas tan extrañas que ha ignorado toda limitación de lógica y ley natural, y ha
descubierto medios para viajar en el tiempo. El habitante común de esa época (no puedo llamarlo
exactamente un ciudadano, cualquier expresión resultaría demasiado vaga), un tipo medio, sabe de un
modo vago e indiferente que, milenios atrás, unos individuos semisalvajes fueron los primeros en desintegrar
el átomo. Pero uno o dos miembros de esta civilización han estado realmente aquí, han caminado entre
nosotros, nos han estudiado, han levantado y unido un archivo de información para el cerebro central, por
llamarlo de alguna manera. Nadie más se interesa por nosotros, apenas más de lo que pueda interesarte la
primitiva arqueología mesopotámica. ¿Comprendes?
Bajó su mirada hacia el vaso en su mano y la mantuvo allí, como si el whisky fuese un oráculo. El
silencio aumentó. Al fin dije:
—Muy bien. En consideración a tu historia, aceptaré la premisa. Imaginaré viajeros en el tiempo,
invisibles, dotados de ocultación y demás. Pero no creo que desearan cambiar su propio pasado.
—Oh, no hay peligro en ello —aseguró—. La verdad es que no podrían enterarse de mucho explicando
por ahí que venían del futuro. Imagina.
Reí entre dientes.
Michaels me dirigió una mirada sombría.
—¿Puedes adivinar qué aplicaciones puede tener el viaje en el tiempo, aparte de la científica?
—Por ejemplo, el comercio de objetos de arte o recursos naturales. Se puede volver a la época de los
dinosaurios para conseguir hierro, antes que el hombre aparezca y agote las minas más ricas —sugerí.
Meneó la cabeza.
—Sigue pensando. ¿Se contentarían con un número limitado de figurillas de Minoan, jarrones de Ming,
o enanos de la Hegemonía del Tercer Mundo, destinadas principalmente a sus museos, si es que «museo»
no resulta una palabra demasiado inexacta? Ya te he dicho que no son como nosotros. En cuanto a los
recursos naturales ya no necesitan ninguno, producen los suyos propios.
Se detuvo, como tomando aliento. Luego agregó:
—¿Cómo se llamaba esa colonia penal que los franceses abandonaron?
—¿La Isla del Diablo?
—Sí, la misma. ¿Puedes imaginar mejor venganza sobre un criminal convicto que abandonarlo en el
pasado?
—Pensaba que estarían por encima de cualquier concepto de venganza, o de técnicas de disuasión.
Incluso en este siglo, sabemos que no dan resultado.
—¿Estás seguro? —preguntó sosegadamente—. ¿No se da junto con el actual desarrollo de la
penalización un incremento paralelo del crimen mismo? Te asombraste, hace algún tiempo, que me
atreviese a caminar solo de noche por las calles. Además, el castigo es como una catástasis de la sociedad
en su conjunto. En el futuro, te explicarán que las ejecuciones públicas, reducen claramente la proporción
de crímenes que, de otro modo, sería aún mayor. Y lo que es más importante, esos espectáculos hicieron
posible el nacimiento del verdadero humanitarismo del siglo dieciocho —alzó una sardónica ceja—. O así
lo pretenden en el futuro. No importa si tienen razón, o si racionalizan solamente un elemento degradado en
su propia civilización. Todo lo que necesitas comprender es que envían a sus peores criminales al pasado.
—Poco amable para con el pasado —comenté.
—No, realmente no. Por una serie de razones, incluyendo el hecho que todo cuanto hacen suceder ha
sucedido ya... Nuestro idioma no sirve para explicar estas paradojas. En primer lugar, debes reconocer
que no malgastan todo ese esfuerzo en delincuentes comunes. Hay que ser un criminal muy fuera de lo
corriente para merecer el exilio en el tiempo. El peor crimen posible, por otra parte, depende de cada
momento particular en la historia del mundo. El asesinato, el bandolerismo, la traición, la herejía, la venta de
narcóticos, la esclavitud, el patriotismo y todo lo que quieras, en unas épocas han merecido el castigo
capital, han sido consideradas en otras con indulgencia, y en otras todavía ensalzados positivamente.
Continúa pensando y dime si no tengo razón.
Lo miré por algún tiempo, observando cuán profundamente marcados estaban sus rasgos y pensé que
para su edad no debería mostrar tantas canas.
—Muy bien —admití—. De acuerdo. Ahora bien, poseyendo todo ese conocimiento, un hombre del
futuro no pretendería...
Dejó el vaso con perceptible fuerza.
—¿Qué conocimiento? —exclamó vivamente—. ¡Utiliza tu cerebro! Imagínate que te han dejado
desnudo y solo en Babilonia. ¿Qué sabes de su lenguaje o de su historia? ¿Quién es el actual rey? ¿Cuánto
tiempo reinará? ¿Quién lo sucederá? ¿Cuáles son las leyes y costumbres que se deben obedecer? No te
olvides que los asirios o los persas o alguien han de conquistar Babilonia. ¿Pero cuándo? ¿Y cómo? ¿Esa
guerra es un mero incidente fronterizo o una lucha sin cuartel? En este último caso, ¿ganará Babilonia? De
lo contrario, ¿qué condiciones de paz serán impuestas? No encontrarías ahora ni veinte hombres capaces
de contestar esas preguntas sin consultar un manual. Y no eres uno de ellos, ni dispones de un manual.
—Creo —dije lentamente—, que me dirigiría al templo más próximo, en cuanto conociese lo suficiente
el idioma. Le explicaría al sacerdote que puedo hacer... no sé... fuegos artificiales...
Se rió con escaso júbilo.
—¿Cómo? Acuérdate, estás en Babilonia. ¿Dónde encuentras azufre o salitre? En caso que consigas
por medio del sacerdote el material y los utensilios necesarios, ¿cómo compondrás un polvo que haga
realmente explosión? Eso es todo un arte, amigo mío. ¿No te das cuenta que ni siquiera podrías obtener un
trabajo como estibador? Fregar suelos sería ya mucha suerte. Esclavo en los campos, ese sería tu destino
más lógico. ¿No es cierto?
El fuego comenzó a debilitarse.
—Perfectamente —asentí—. Es verdad.
—Escogieron la época con cuidado. —Miró a su espalda, hacia la ventana. Desde nuestros sillones, la
reflexión en el cristal borraba las estrellas, de modo que únicamente podíamos ver la noche.
—Cuando un hombre es sentenciado al destierro —explicó—, todos los expertos deliberan para
establecer qué períodos, según sus especialidades, serían más apropiados para él. Es fácil comprender que
ser abandonado en la Grecia de Homero resultaría una pesadilla para un individuo delicado e intelectual,
mientras que uno violento podría pasarlo bastante bien, incluso acabar como un respetado guerrero. Podría
encontrar su puesto junto a la antecámara de Agamenón, y tu única condena serían el peligro, la
incomodidad y la nostalgia.
Se puso tan sombrío, que intenté calmarlo con una observación seca:
—El convicto tendrá que ser inmunizado contra todas las enfermedades antiguas. En caso contrario, el
destierro significaría únicamente una elaborada sentencia de muerte.
Sus ojos me escrutaron nuevamente.
—Sí —dijo—. Y por supuesto el suero de la longevidad está todavía activo en sus venas. Sin embargo,
eso no es todo. Se le abandona en un lugar no frecuentado después de oscurecer, la máquina se
desvanece, queda aislado para el resto de su vida. Lo único que sabe es que han escogido para él una
época con... tales características... que esperan que el castigo se ajustará a su crimen.
El silencio cayó una vez más sobre nosotros, hasta que el tic-tac del reloj sobre la chimenea llegó a ser
obsesionante, como si todos los demás sonidos se hubiesen helado hasta extinguirse en el exterior. Di un
vistazo a la esfera. La noche terminaba; pronto el este se aclararía.
Cuando me volví, todavía estaba observándome con desconcertante intención.
—¿Cuál fue tu crimen? —pregunté.
No pareció pillarlo de improviso, dijo solamente con hastío:
—¿Qué importa? Te dije que los crímenes de una época son los heroísmos de otra. Si mi intento
hubiese tenido éxito, los siglos venideros habrían adorado mi nombre. Pero fracasé.
—Muchas personas debieron resultar perjudicadas —dije—. Todo un mundo te habrá odiado.
—Bien, sí —admitió. Pasó un minuto—. Ni que decir tiene que esto es una fantasía. Para pasar el rato.
—Seguiré tu juego —sonreí.
Su tensión se suavizó un poco. Se inclinó hacia atrás, con las piernas extendidas a través de la magnífica
alfombra.
—Sea. Considerando la magnitud de la fantasía que te he contado, ¿cómo has deducido la importancia
de mi pretendida culpa?
—Tu vida pasada. ¿Cuándo y dónde fuiste abandonado?
—Cerca de Varsovia, en agosto de 1939 —dijo, con una voz tan helada como jamás he oído.
—No creo que te interese hablar acerca de los años de guerra.
—No, en absoluto.
Sin embargo, prosiguió poco después como para desafiarme:
—Mis enemigos se equivocaron. La confusión que siguió al ataque alemán me ofreció una oportunidad
para escapar a la vigilancia de la policía antes que me internasen en un campo de concentración.
Gradualmente me enteré de cuál era la situación. Por supuesto, no podía predecir nada. Ni puedo ahora;
únicamente los especialistas conocen, o se interesan, por lo que sucedió en el siglo veinte. Pero cuando me
convertí en un recluta polaco dentro de las fuerzas alemanas, comprendí quienes serían los vencidos. Me
pasé entonces a los americanos, les expliqué lo que había observado, y llegué a trabajar como espía para
ellos. Era peligroso, pero no mucho más de lo que había ya superado. Luego vine aquí; el resto de la
historia no tiene ningún interés.
Mi cigarro se había apagado. Lo volví a encender, pues cigarros como los de Michaels no se
encontraban todos los días. Se los hacía enviar por avión desde Amsterdam.
—La mies ajena —dije.
—¿Qué?
—Ya sabes. Ruth en el exilio. No era que la trataran mal pero, sin embargo, seguía llorando por su
patria.
—No conozco esa historia.
—Está en la Biblia.
—Ah, sí. Realmente debería leer la Biblia alguna vez. —Su disposición de ánimo estaba cambiando y
volvía hacia su primitiva seguridad. Saboreó su whisky con un gesto casi afable. Su expresión era alerta y
confiada.
—Sí —dijo—, ese aspecto fue bastante malo. Las condiciones físicas de vida no influían en ello.
Cuando se hace camping, pronto se olvida uno del agua caliente, la luz eléctrica, todos esos utensilios que
los fabricantes nos presentan como indispensables. Me gustaría tener un reductor de gravedad o un
estimulador celular, pero me lo paso admirablemente sin ellos. La añoranza es lo que más le consume. Las
pequeñas cosas que jamás se echaban de menos, algún alimento particular, el modo con que camina la
gente, los juegos, los temas de conversación. Incluso las constelaciones. Son diferentes en el futuro. El Sol
se ha desplazado bastante de su órbita galáctica. Pero de agrado o por fuerza, siempre hubo emigrantes.
Todos nosotros somos descendientes de aquellos que no pudieron soportar la conmoción. Yo me adapté.
Un ceño cruzó sus cejas.
—Tal como aquellos traidores están dirigiendo las cosas —dijo—, no regresaría ahora aunque me
concediesen un indulto total.
Terminé mi bebida, saboreándola todo lo posible, pues era un maravilloso whisky, por lo que le escuché
sólo a medias.
—¿Te gusta este mundo?
—Sí —contestó—. Por ahora así es. He superado la dificultad emocional. Mantenerme vivo me ha
tenido muy ocupado los primeros años, luego el hecho de establecerme, de venir a este país, nunca me
dejó mucho tiempo para compadecerme de mí mismo. Mis negocios me interesan ahora cada vez más, es
un juego fascinante y agradablemente libre de castigos exagerados en caso de error. Aquí he descubierto
cualidades que el futuro ha perdido... apostaría que no tienes la menor idea de lo exótica que es esta
ciudad. Piensa. En este momento, a unos kilómetros de nosotros, hay un soldado de guardia en un
laboratorio atómico, un holgazán helándose en un portal, una orgía en el apartamento de un millonario, un
sacerdote que se prepara para los ritos del amanecer, un mercader de Arabia, un espía de Moscú, un
barco de las Indias...
Su excitación se calmó. Volvió su mirada hacia los dormitorios.
—Y mi esposa y los niños —concluyó, muy suavemente—. No, no regresaría, pase lo que pase.
Di una chupada final a mi cigarro.
—Lo has hecho muy bien.
Liberado de su humor gris, me sonrió burlonamente.
—Comienzo a pensar que te has creído todo ese cuento.
—Naturalmente —aplasté la colilla del cigarro y me levanté, desperezándome—. Es muy triste. Más
vale que nos vayamos.
No lo comprendió de inmediato. Cuando lo hizo, saltó de su sillón igual que un gato.
—¿Irnos?
—Por supuesto —saqué una alentadora arma desde mi bolsillo. Se detuvo en un impulso—. En esta
clase de asuntos nunca se deja algo al azar. Se hacen revisiones periódicas. Ahora, vamos.
La sangre desapareció de su rostro.
—No —murmuró—, no, no, no puedes, no es justo para Amalie, los niños...
—Eso —le expliqué—, es parte del castigo.
Lo abandoné en Damasco, el año anterior que Tamerlán la saquease.


F I N
   

LA CAJA PLATEADA – EMANUEL RIVAS

Escrito por imagenes 08-10-2008 en General. Comentarios (0)

LA CAJA PLATEADA – EMANUEL RIVAS
LA CAJA PLATEADA
Emanuel Rivas
Empecé a cortar su cuero, y note que estaba mas duro de lo que creí, hice mas fuerza y
desgarre finalmente con mis propios dedos el resto de la piel. No sangraba, la sangre ya
había quedado seca hace tiempo, pero había igualmente ciertas substancias viscosas.
Nunca antes había abierto a un hombre por él estomago, menos con mis manos.
Tampoco antes habría siquiera pensado en matar a una persona, pero eso cambio, me
miro las manos y veo restos de piel que no es mía, sangre grumosa entre las uñas, mis
manos son ásperas como siempre, pero la sangre en esa acre superficie me da una sensación
aterradora, como si tuviera alguna clase de grasa espesa entre los dedos resecos.
Termine con el cuerpo que me faltaba y lo queme como al resto.
Uso el horno de una panadería para quemar los cuerpos, luego de hacerle las pruebas.
Usualmente los descuartizo por los miembros y los quemo luego, pero la idea de abrirles
el estomago me vino el pasado .... bueno, no sé que día era, pero fue hace cuatro o
cinco días, cuando uno de ´ellos´ me ataco sin arma alguna (raro) y yo con un cuchillo
en la pelea le abrí la panza, clave a la altura del pubis y subí hasta la boca del estomago,
donde se me trabo y tuve que sacarlo haciendo fuerza.
En ese instante vi algo inusual, algo que no era humano, claro ´ellos´ ya no eran humanos,
pero eso si que era raro, eso cambio todas mis perspectivas.
Entre los pedazos de órganos arrebanados, y demas entrañas pertenecientes propiamente
dicho al estomago había una caja, una caja metálica.
Me pareció que era plateada, pero la sangre cubría casi todo, había encontrado un cubo
en él estomago, se que fue muy rápido, y que pudo haber sido un hueso o un trozo de
comida, o no se que otra mierda del cuerpo humano, pero una caja es lo que me pareció.
Un cubo de unos 10cm. Impregnado en un humano (´ellos´no son humanos) , era un objeto
demasiado grande como para haber cabido por la boca, pero eso fue lo que me pareció.
Yo que de ser ateo e incrédulo había empezado a creer en zombis y magia negra, me vi
obligado nuevamente a cambiar de mentalidad.
Al abrir el cadáver del ´zombi´ me demostré a mí mismo que no me equivocaba, tenían
un cubo en él estomago, aferrado a las paredes del mismo con entrañas, pequeños hilitos
o ligamentos parecidos a elásticos rojos, estaban tirantes y secos, no me costo cortarlos
con mi cuchillo.
La mesa que uso de camilla es una madera delgada, sostenida en por dos caballetes que
en otra época eran amarillos, mas tarde se tornaron de ese clásico marrón oxidado, pero
ahora tienen por color rojo, rojo sangre.
Extraje el cubo con la mano derecha y lo puse al lado de la cabeza del ex-humano exzombi,
puesto que era el único lugar donde cabía.
La mire con curiosidad durante unos cinco minutos supongo, pero pueden haber sido
segundos, mi estado emocional algunas veces me juega esas bromas, y mi reloj me lo
quitaron cuando estuve en el “Hospital”, cosa que luego les voy a contar.
Luego de observarlo fui hacia la otra mesita, la que esta al lado del horno y agarre mi
serrucho, no me conviene usar la cierra eléctrica, primero porque no hay electricidad, y
si la hubiera el ruido atraería a ´ellos´
Lo corte como es habitual, y tire sus trozos, miembro por miembro al mi estufa humana,
hacia frió y los muertos daban un calor agradable, pero yo también le agregaba madera
para que dure mas, pero solo en ocasiones, les agrego madera cuando son niños o ya están
muy quemados, en caso de los niños es porque sus huesos se consumen mas rápido.
La hoguera también sirve para darme luz, aunque también ayudan unas antorchas que
yo mismo hice.
Yo decore todo este lugar, y quedo una belleza.
En un principio trataba todo con excesivo cuidado, hacia lo posible por no matar a los
niños, porque pensaba que en realidad no tenían culpa de ser lo que son, y la idea de que
pueda revertirse el proceso me daba una carga de conciencia bastante razonable. No me
ensuciaba mucho, y trataba de estar siempre en un lugar iluminado.
Pero mírenme ahora, estoy convertido en un caníbal justiciero de la humanidad, disfruto
mi ambiente oscuro con el solo brillo de la hoguera, disfruto el olor que emanan sus
huesos al quemarse, necesito matarlos, y si no vienen suelo ir a buscarlos yo, ´ellos´ están
por todos lados, así que puedo salir y matarlos.
Me gusta matarlos...
Recuerdo el día que mate al primero, también fue el día que salí de el ´Hospital´ . Se
que era viernes, llevaba los días contados con rayitas en la pared, usaba el método tradicional,
ya saben, el de las películas, pero no podía hacerlo en las paredes, las paredes
eran acolchadas, yo tenia una tabla que usaba para apoyar mis hojas y dibujar, en esas
tablas marcaba los días.
Se preguntaran tal vez porque en las tablas y no en las hojas que usaba para dibujar,
pues lógico, ´ellos´ no quieren que tengamos noción alguna del tiempo ni nada que nos
conecte con afuera.
Muchas veces llaman al Doctor (ja! Doctor) para hacerme creer que son humanos, que
todo esta bien, ¿cómo va a estar todo bien?, yo no soy tonto, se lo que hay y lo más terrible
de todo, se cuantos hay.
La forma que me escape no fue muy pensada, me estaban bañando, siempre suelen bañarme
dos de esos inmundos, pero esta ves solamente fue uno, el otro fue cagar creo, yo
si mas pensarlo me lancé sobre el que quedaba, y le di la cabeza contra los azulejos celestes
57 veces, luego lo patee, pero creo que ya estaba muerto.
El resto no lo recuerdo, pero me encontré a mi en un bosque desnudo y lleno de sangre
(que no era mía).
Escribo esto, porque se que no voy a durar mucho, espero que les llegue, que alguien lo
lea, que formen una resistencia, si es que quedamos bastantes.
Estoy usando una notebook con batería(no tengo luz) y me colgué un cable de teléfono
que pasaba por arriba, todavía me sorprende que allá teléfono, pero hasta ahí no mas,
capas que lo dejan por si trato de hablar, para escuchar las conversaciones, por ese motivo
prefiero publicar esto en Internet, sin que puedan rastrearme, pero siento que no me
queda mucho, ....que son esos ladridos??? Perros??, nunca antes vinieron con perros....,
veo sombras tras la puerta, ya están cerca, los perros gruñen y se confunden con los rugidos
de la tormenta que se acerca, se que están ahí, los oigo(siento) no les temo, en
cuando entren los mato, uno por uno.
Se abre la puerta, un golpe, son
-------------viernes 4 de agosto de 2000 Diario “La Capital” Rosario, Argentina----------
ROSARIO YA TIENE PAZ
Luego de dos semanas de truculentos asesinatos y desapariciones, los ciudadanos de
Rosario, terminado el toque de queda, pueden salir a caminar por las calles sin miedo, la
policía tras un operativo que involucro mas de 30 efectivos, dotados con perros, y armamento
pesado logro terminar con Víctor Marcovich.
Víctor de 32 años, había escapado del Hospital mental “San Caaarlos” en el cual estaba
internado por Delirio de persecución.
La policía lo abatió a balazos cuando el intentaba enfrentárseles. Según un informante
anónimo que participo del incidente, Víctor gritaba desesperadamente mientras los enfrentaba,
cuado le preguntamos que decía el nos contesto “Están muertos, ustedes ya no
son humanos!!!!”
Investigadores, mas tarde descubrieron restos de cuerpos calcinados, “era imposible
identificarlos” dijo Juan Pablo Marconni, el forense a cargo.
También encontraron allí, una Computadoras Notebook, conectada a Internet, con un
mensaje al mundo. Los informantes creen que el mensaje pudo haber sido enviado satisfactoriamente,
aunque no piensan que pueda traer consecuencias.
Del Periódico “El Mundo” Uruguay
MUTILADOS
El pasado lunes 7 de agosto tres personas, Manuel Wirtz de 32 años, Patricia Wirtz de
29, y Jaime Wirtz de tan solo 9 años aparecieron descuartizados y con el estomago
abierto en las afueras de Maldonado.
La policía no tiene pistas, pero seguirá en la investigación.
Del diario “Península” España 9 de septiembre de 2000
GRAFITIS Y DESAPARICIONES
Extraños graffitis aparecieron esta mañana en Madrid, la ciudad quedo plagada de mensajes
que rezaban “Resistencia Humana”, las autoridades piensan que pueden estar relacionados
con las recientes desapariciones.
De la revista “Ciencia & Misterio” México 15 de septiembre
¿ESTAMOS SOLOS?
El movimiento de la agrupación terrorista mundial “Resistencia Humana” plantea que el
70 porciento de las personas que caminan habitualmente por la calle, no son humanos,
que poco a poco extraterrestres se fueron apoderando de ellos.
Yo no soy uno de ´ellos´ usted, ¿lo es?.
FIN

MISCELANEA BUDISTA -- POEMAS ZEN -- RECOPILACION

Escrito por imagenes 06-10-2008 en General. Comentarios (1)

MISCELANEA BUDISTA -- POEMAS ZEN -- RECOPILACION

MISCELANEA BUDISTA -- POEMAS ZEN -- RECOPILACION
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Miscelánea Budista
Recopilación de poemas Zen

_
Como se trata de materiales clásicos y muy antiguos no siempre se
tienen los datos de los autores. Los poemas pertenecen a tres autores:
Suzuki, Watts y Deshimaru, los dos primeros son divulgadores a los
que, como mucho, se les debe atribuir la traducción de estos poemas, el
tercero Deshimaru era un monje dedicado a la difusión del budismo. La
primera edición inglesa de Suzuki es de 1949, hace más de cincuenta
años.
* * *
(Tung-shan. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Cuidando de buscar la Verdad según los demás,
cada vez se retiraba más de mí …
Ahora ando sólo conmigo mismo,
y no hay otro más que yo;
no obstante, no soy él…
Una vez entendido esto,
estoy con Él cara a cara.

* * *
(Tozan, undécimo patriarca Zen (807-869).
La Práctica Del Zen, deTaisen Deshimaru)
No busquéis el camino en los otros,
en un lugar lejano;
el camino está bajo nuestros pies.
Ahora viajo solo…
Pero puede encontrarlo en todas partes;
ciertamente, él es ahora yo,
pero ahora yo no soy él.
Así también, cuando encuentro lo que encuentro,
Puedo obtener la verdadera libertad.

* * *
(Fu, de T´ai-yüan. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Recuerdo la época en que no tenía visión (satori),
cada vez que oía la flauta mi corazón se afligía.
Ahora no tengo sueños vanos en mi almohada,
me limito a dejar que el flautista ejecute el son que le plazca.
* * *
(Poema haiku japonés. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
¡Oh! ¡Esto es Yoshino!
¿Qué más puedo decir?
¡La montaña ataviada con flores de cerezo!.

* * *
(Saigyó, periodo Kamamura (1168-1334).
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
¡El aventado humo del monte Fuji
desapareciendo mucho más allá!.
¿Quién conduce el destino
de mi pensamiento, extraviándose con él?.
* * *
(Canción tradicional japonesa.
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
¿Llegó? ¿Llegó?
Voy a la orilla a encontrarme con él.
Mas en la orilla no hay nada salvo brisa
que canta entre los pinos.

* * *
(Bashó, poeta haiku. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Una rama despojada de hojas,
un cuervo posado en ella…
Este atardecer de otoño.
* * *
(Hsüeh-tou, compilador del Pi-yen-chi.
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
La brisa primaveral se eleva suavemente sobre el distrito de Chang.
La perdiz canta tiernamente entre los arbustos cargados de flores.
La carpa que salta la turbulenta catarata que se parte en tres se convierte en dragón…
Y ¡qué necio es quien aun de noche la busca en la alberca!.
* * *
(Dogen. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Las flores se van cuando nos apena perderlas,
los yuyos llegan mientras nos apena verlos crecer.
* * *
(Budismo tibetano, tradición del Sendero Breve.
El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Nada de pensamiento, nada de reflexión, nada de análisis,
nada de cultivarse, nada de intención:
deja que se resuelva solo.

* * *
(Zenrin Kushu. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
No puedes conseguirlo poniéndote a pensar;
no puedes buscarlo sin ponerte a pensar.

* * *
(Cheng-tao Ke. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Como el cielo vacío, carece de límites,
pero está en su lugar, siempre profundo y claro.
Cuando tratas de conocerlo, no puedes verlo.
No puedes agarrarlo,
pero no puedes perderlo.
Al no poderlo tomar, lo tomas.
Cuando callas, habla;
cuando hablas, calla.
El gran portón esta abierto de par en par para dar limosnas,
y ninguna multitud bloquea el camino.

* * *
(Zenrin Kushu. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Una palabra establece el cielo y la tierra,
una espada nivela el mundo entero.
* * *
(Ikkyu, poema doka. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Comemos, evacuamos, nos acostamos y nos levantamos;
este es nuestro mundo.
Todo lo que tenemos que hacer después es morir.
* * *
(Zenrin Kushu. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Los gansos salvajes no se proponen reflejarse en el agua,
el agua no piensa recibir su imagen.

* * *
(Poema del Zenrin Kushu. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Quietamente sentado, sin hacer nada,
llega la primavera y crece sola la hierba.

* * *
(El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
El monte Lu en lluvia y niebla; el río Che muy crecido.
¡Antes de que fuera allí, no cesaba el dolor del deseo!
Fui allí y retorné… No fue nada en especial:
el monte Lu en lluvia y niebla; el río Che muy crecido.
* * *
(El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
La gloria matutina que florece una hora
no difiere en esencia del pino gigante
que vive un milenio.
* * *
(Gochiku, poema haiku. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
La larga noche;
el sonido del agua
dice lo que pienso.

* * *
(Hoyen (Fa-yen) de Gosozan (Wu-tso-shan) muerto en 1104.
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Un lote de tierra labrantía yace en silencio, junto a la colina.
Cruzando mis manos sobre el pecho, pregunto gentilmente al viejo labriego:
"¿Con cuánta asiduidad lo vendiste y lo volviste a comprar?".
Me placen los pinos y bambúes que convidan con refrescante brisa.

* * *
(Poema popular japonés. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Así es la vida:
siete veces abajo,
¡ocho veces arriba!.

* * *
(Goso Hóyen. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Cien años: treinta y seis mil mañanas.
¡Esto mismo, viejo amigo, sigue adelante por siempre!.
* * *
(Chuang-tzu. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
El cuerpo como hueso seco,
la mente como cenizas muertas;
eso es verdadero conocimiento:
no esforzarse en saber el porqué.
En la niebla, en la oscuridad,
el sin mente no puede planear.
¿Qué clase de hombre es ese?.
* * *
(Lao-tzu, El Tao. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
¡Suprimid el talento y acabaréis con las ansiedades…!
La gente, en general, es tan feliz como si estuviera de fiesta,
o como si subiera a una torre en primavera.
Yo solo estoy tranquilo, y no he hecho signos,
como un niño que aún no sabe sonreír;
desamparado como si no tuviera casa adonde ir.
Todos los otros tienen más que suficiente,
y solo yo parezco estar necesitado.
Posiblemente mi mente sea la de un tonto
¡que es tan ignorante…!.
Los vulgares son brillantes,
y solo yo parezco ser torpe.
El vulgo discrimina,
y solo yo parezco más que suficiente.
Soy negligente como si fuera oscuro;
a la deriva, como si no me apegase a nada.
La gente, en general, todos tienen algo que hacer,
y solo yo parezco carecer de habilidad y práctica.
Yo solo soy diferente de los otros,
pero valoro la búsqueda del sustento que viene de la Madre.
* * *
(Han-shan. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Pienso en los veinte años que pasaron,
cuando acostumbraba volver a casa tranquilamente desde el monasterio;
toda la gente que vivía en el monasterio decía:
"Han-Shan es un idiota".
Reflexiono: ¿soy realmente un idiota?.
Pero mis reflexiones no logran resolver la cuestión,
pues ni yo mismo sé quién es el yo.
Me limito a bajar la cabeza; no son necesarias más preguntas,
porque ¿de qué puede servir el preguntar?.
Que vengan y de mí se burlen todo cuanto gusten,
yo sé muy claramente qué quieren decir,
más no he de responder a sus befas,
pues eso se adapta admirablemente a mi vida.
* * *
(Chih-jôu discípulo de Yüan-t´ung. Hsü-chuan
(Transmisión de la lámpara), XX. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Durante veinte años peregriné
todo el camino de Este a Oeste;
y ahora, al encontrarme en Ch´i-hsien,
veo que jamás di ni un paso adelante.
* * *
(Hui-yüan. De Hsü-chuan (Transmisión de la lámpara).
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
¡Oh, este raro suceso…!
¿Cómo no me alegraría dar por él diez mil piezas de oro?
Tengo un sombrero sobre mi cabeza, y un atado alrededor de mis ijares.
¡Y en mi cayado llevo la brisa refrescante y la luna llena!.
* * *
(Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Las sombras del bambú están barriendo las escaleras,
pero no se agita el polvo.
La luz de la luna penetra hondamente en el fondo del estanque,
pero en el agua no quedan rastros.

* * *
(Poema del Zenrin Kushu. El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
Los árboles muestran la forma corporal del viento;
las olas dan energía vital a la luna.

* * *
(Mumon (Wu-mên). Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Cientos de flores primaverales; la luna otoñal.
Una refrescante brisa estival; la nieve invernal.
Libra tu mente de todo vano pensamiento
¡Y cuán agradable es para ti toda estación!.

* * *
(Nansen (Nanch´üan). Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Bebiendo té, comiendo arroz,
paso mi tiempo tal como viene.
Observando el río, contemplando las montañas…
¡Cuán sereno y descansado verdaderamente me siento!.
* * *
(Suttanipáta, vers. 949 y 1099. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Lo que está ante ti, descártalo;
que nada quede detrás de ti.
Si luego no captas qué hay en medio,
en nada vagarás.
* * *
(Kena-Upanishad. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Lo concibe quien no lo concibe;
quien lo concibe, no lo conoce.
No lo entienden quienes lo entienden;
lo entienden quienes no lo entienden.
* * *
(Fa-yen de Wu-tsu Shan. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
La hoja de la espada de Chao-chou está fuera de su vaina.
¡Cuán fría como escarcha, cuán flamígera como llama!.
Si uno intenta preguntar: "¿Cómo es eso así?",
de inmediato aparece una división: esto y aquello.
* * *
(P´ing-t´ien el Mayor. Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
El resplandor celeste no se opaca,
la norma perdura por siempre jamás.
Para aquél que traspuso esta puerta,
no hay razonamiento, no hay erudición.

* * *
(Dhritaka, sexto patriarca Zen.
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Penetra en la verdad última de la mente,
y no tendrás cosas y no-cosas.
Iluminados y no-iluminados… son lo mismo.
No hay mente ni cosa.
* * *
(Manura, vigésimosegundo patriarca Zen.
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
La mente se desplaza con las diez mil cosas;
hasta cuando se mueve está serena.
Percibe su esencia a medida que se mueve,
Y no hay júbilo ni aficción.
* * *
(Fudaishi (Fu-ta-shih). Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
Ando con las manos vacías y con todo la espada está en mis manos;
marcho a pie, y con todo a grupas de un buey voy cabalgando:
cuando transpongo el puente,
he aquí que el agua no fluye, pero el puente sí.
* * *
(Hui-k´ai (1183-1260). El Paso Fronterizo Sin Puerta (Wu-mên-kuan).
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
El gran camino no tiene puertas,
(pero) ¡cuán entrecruzados son los pasajes!.
Una vez traspuesto este paso fronterizo,
recorres en real soledad el universo.

* * *
(Hui-k´ai (1183-1260). El Paso Fronterizo Sin Puerta (Wu-mên-kuan).
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
¿La naturaleza búdica en el perro? (“¡Wu!”)
La elevación es completa, el mandato inequívoco;
tan pronto vaciles entre ser y no-ser
ya eres cadáver inerte.

* * *
(Visuddhimagga, resumen de la doctrina budista.
El Camino Del Zen, de Alan W. Watts)
El sufrimiento existe solo, ninguno que sufra;
el hecho existe, pero no quien lo haga;
Nirvana existe, pero nadie que lo busque;
el Sendero existe, pero nadie que lo recorra.
Sólo la miseria existe; no hay mísero,
ni hacedor; no se encuentra nada, salvo el acto.
El Nirvana existe, pero no el hombre que lo busca.
El Sendero existe, pero no el que viaje en él.
* * *
(P´ang, periodo Yüan-ho (806-821).
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
El viejo P´ang nada elige del mundo:
en lo que a él respecta, todo está vacío; ni siquiera tiene asiento,
pues en su casa reina el Vacío Absoluto;
¡En verdad, cuán vacío está sin tesoros!.
Cuando sale el sol, recorre el Vacío,
cuando el sol se pone, duerme en el Vacío;
sentado en el Vacío canta sus canciones vacías.
Y sus canciones vacías reverberan a través del Vacío.
No te sorprendas del Vacío tan integralmente vacío,
pues el Vacío es el asiento de todos los Budas.
Y los hombres del mundo no entienden el Vacío,
pero el Vacío es el tesoro real;
si dices: no hay Vacío,
cometes grave ofensa contra los Budas.
* * *
(Shuan (Shou-an). Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
En Nantai me siento en silencio con incienso encendido.
En un día de arrobamiento, todas las cosas se olvidan.
No es que la mente se detenga y los pensamientos se aparten,
sino que en realidad nada hay que mi serenidad perturbe.

* * *
(Hokoji, discípulo de Baso (Ma-tsu).
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
¡Cuán maravillosamente sobrenatural
y cuán milagroso es esto!
¡Sacar agua y llevar leña!.

* * *
INSCRITO EN LA MENTE CREYENTE (Hsin-hsin-ming)
(Sêng-ts´an, tercer patriarca Zen, muerto en 606.
Ensayos Sobre Budismo Zen, del Dr. Suzuki)
El Método Perfecto no sabe de dificultades,
excepto que rehusa efectuar preferencias:
sólo cuando se libera de odio y amor
se revela plenamente sin disfraz.
Basta la diferencia de una décima de milímetro
para que el cielo y la tierra queden separados:
si quieres verlo manifiesto,
no asumas pensamiento en su favor ni en su contra.
Alzar lo que gustas contra lo que te disgusta…
Esta es la enfermedad de la mente.
Cuando no se entiende el profundo significado (del Método)
se perturba la paz de la mente y nada se gana.
El Método es perfecto como el vasto espacio,
sin faltarle nada, sin nada superfluo:
en verdad, se debe a efectuar elección
que su talidad se pierda de vista.
No persigas las complicaciones externas,
no mores en el vacío interior.
Cuando la mente reposa serena en la unidad de las cosas,
el dualismo se desvanece de por sí.
Y cuando no se entiende integralmente la unidad
de dos modos se sustenta la pérdida:
la negación de la realidad puede conducir a su negación absoluta,
mientras apoyar el vacío puede resultar en su contradicción.
Verbalismo e intelección…
Cuando más nos acompañamos de ellos, más nos descarriamos;
por tanto, fuera el verbalismo y la intelección
y no habrá lugar al que no puedas pasar libremente.
Cuando retornamos a la raíz, ganamos el significado;
cuando perseguimos los objetos externos, perdemos la razón.
En el momento en que nos iluminamos por dentro,
trascendemos el vacío y el mundo que nos enfrenta.
Las transformaciones que se suceden en un mundo vacío que nos enfrenta,
parecen todas reales debido a la Ignorancia:
procura no buscar lo verdadero,
cesa tan solo de abrigar opiniones.
No te entretengas con el dualismo,
evita cuidadosamente perseguirlo;
tan pronto tengas lo correcto y lo erróneo,
lo que se sigue es confusión, la mente se pierde.
Los dos existen debido al uno,
pero ni siquiera te aferres a este uno;
cuando la mente única no está perturbada,
las diez mil cosas no ofrecen ofensa.
Cuando ellas no ofrecen ofensa, es como si no existieran,
cuando la mente no es perturbada, es como si no hubiese mente.
El sujeto se aquieta cuando el objeto cesa,
el objeto cesa cuando el sujeto se aquieta.
El objeto es un objeto del sujeto,
el sujeto es un sujeto de un objeto:
conoce que la relatividad de los dos
reside únicamente en la unidad del vacío.
En la unidad del vacío los dos son uno,
y cada uno de los dos contiene en sí la totalidad de las diez mil cosas;
cuando no se efectúa discriminación entre esto y aquello,
¿cómo puede surgir un criterio unilateral y prejuicioso?.
El Gran Método es calmo y de espíritu abierto,
nada es fácil, nada es difícil:
los propósitos pequeños son irresolutos,
cuando más se apresuran más se demoran.
El apego jamás se mantiene dentro de los lazos,
es seguro que marche en sentido equivocado:
déjalo ir flojo, que las cosas sean como fueren,
mientras la esencia ni parte ni mora.
Obedece a la naturaleza de las cosas, y estarás en concordia con el Método,
calmo, cómodo y libre de molestia;
mas cuando tus pensamientos están atados, te alejas de la verdad,
se tornan más pesados y torpes, y de ningún modo son sensatos.
Cuando no son sensatos, el alma está turbada,
¿de qué sirve, entonces, ser parcial y unilateral?.
Si quieres recorrer el curso del Único Vehículo
no tengas prejuicios contra los objetos-de-los-seis-sentidos.
Cuando no tienes prejuicios contra los objetos-de-los-seis-sentidos,
a la vez te identificas con la Iluminación.
El sabio es no-activo,
mientras el ignorante se ata;
mientras que en el mismo Dharma, no hay individuación,
ignorantemente se apegan a objetos particulares.
Son sus propias mentes las que crean ilusiones,
¿no es esa la máxima de las contradicciones?.
La Ignorancia engendra el dualismo del reposo y del desasosiego.
Los iluminados carecen de gustos y disgustos.
Todas las formas de dualismo
medran ignorantemente por la mente misma,
son como visiones y flores en el aire:
¿por qué debemos perturbarnos tratando de agarrarlas?.
Ganancia y pérdida, correcto y erróneo…
¡fuera con ellos de una vez por todas!.
Si el ojo nunca se duerme
todos los sueños cesan de por sí:
si la mente retiene su unidad,
las diez mil cosas son de una sola talidad.
Cuando se sondea el hondo misterio de la talidad única,
de repente olvidamos las complicaciones externas:
Cuando se ve a las diez mil cosas en su unidad,
retornamos al origen y seguimos siendo lo que somos.
Olvida el porqué de las cosas,
y alcanzas un estado más allá de la analogía:
el movimiento detenido no es movimiento,
y el reposo puesto en movimiento no es reposo.
Cuando no se obtiene más el dualismo,
ni siquiera la unidad misma sigue siendo como tal.
El fin último de las cosas, donde no pueden ir más allá,
no está sujeto a reglas ni medidas:
la mente en armonía con el Método es el principio de la identidad,
en el que hallamos todas las acciones en un estado de quietud;
las irresoluciones son descartadas por completo,
y la fe recta es restablecida en su rectitud genuina.
Así nada es retenido,
nada es memorizado,
todos es vacío, lúcido, auto-iluminativo.
No hay mancha, ni ejercicio, ni derroche de energía:
he aquí donde jamás alcanza el pensamiento,
he aquí donde la imaginación fracasa en sus mediciones.
En el reino superior de la Talidad Verdadera
no hay "otro" ni "yo".
Cuando se pide una identificación directa
sólo podemos decir: "No dos".
Al no ser dos todo es lo mismo,
todo lo que es, está comprendido en ello:
los sabios de los diez sectores,
todos entran en esta fe absoluta.
Esta fe absoluta está más allá de la prisa (tiempo) y de la extensión (espacio).
Un instante es diez mil años.
No interesa cómo están condicionadas las cosas, ya sea con "ser" o "no ser",
eso se manifiesta por doquier ante ti.
Lo infinitamente pequeño es tan grande como grande puede ser,
cuando se olvidan las condiciones externas;
lo infinitamente grande es tan pequeño como pequeño puede ser,
cuando se ponen fuera de la vista límites objetivos.
Lo que es lo mismo con lo que no lo es,
lo que no es lo mismo con lo que es:
donde no pueda obtenerse este estado de cosas,
asegúrate de no entretenerte.
Uno en todos,
todos en uno…
Si sólo se comprende esto,
¡No te preocupes más por no ser perfecto!.
La mente creyente no está dividida,
e indivisa es la mente creyente…
He aquí donde fallan las palabras,
pues esto no pertenece al pasado, al futuro ni al presente.

* * *
HOKYO ZAN MAI (Samadhi del Espejo del Tesoro)
(Maestro Tozan, 807 – 869. La Práctica Del Zen, de Taisen Deshimaru).
Sin error, sin duda, así es el Dharma.
Buda y los maestros de la transmisión no hablaron de él.
Ahora podéis obtenerlo.
Por eso, os lo ruego, conservadlo intacto.
La nieve blanca
se amontona en la bandeja de plata.
La luz de la luna envuelve a la garza blanca.
Son parecidas,
pero no idénticas.
Se funden íntimamente,
pero cada una comprende su estado.
La conciencia no es lenguaje.
Si se presenta la ocasión
también hay que pasar por esto.
Turbado por las palabras,
te precipitas en el abismo.
En desacuerdo con las palabras,
topas con el límite de la duda.
Salir al encuentro,
tocar.
Ni una ni otra cosa valen,
es como una bola de fuego.
Expresarse
con lenguaje adornado
es desvirtuar.
La medianoche
es luz verdadera,
el alba
no es claro
Aun cuando no sea sin conciencia,
no es sin lenguaje.
Pero si es inconsciente,
se hace lenguaje.
Es como mirarte en un espejo:
la forma y el reflejo cara a cara.
Tú no eres el reflejo,
pero el reflejo es tú.
El bebé está en el mundo
bajo cinco condiciones:
no va ni viene,
no llega de pronto…
no es amo de quedarse….
no habla….baba wawa…
Por último, no puede obtener
el objeto deseado,
pues su lenguaje no es justo.
Las seis líneas del hexagrama del shuri
deciden el juego mutuo.
Sin embargo, la causa de se establezca
el tres resulta ser el cinco.
Como los cinco sabores de la planta chisso
Es igual que un cetro de diamante
Cuando lo derecho y lo oblicuo
se hallan y pellizcan
(como las piernas en loto),
danse maravillosamente
pregunta y respuesta confundidas.
Intimo con el origen
familiar con la Vía.
Si hay mezcla,
hay felicidad.
Pero no debemos cometer
error alguno.
Es inocente y misterioso,
no pertenece a la ilusión
ni al satori.
La ley de la interdependencia y la ocasión
pueden realizarse en la claridad
y el silencio del corazón.
El microcosmos penetra en el infinito.
El límite del macrocosmos
es el propio límite del cosmos.
La creación de una diferencia,
incluso ínfima,
no puede armonizarse
con el ritmo de la música.
Tenemos ahora lo súbito y lo gradual,
el Zen se hace sección,
una medida para las comparaciones.
A pesar de la comprensión a través de las sectas
y de la realización de la idea, hay una
mancha en el verdadero satori.
En el exterior, la calma.
En el interior, el movimiento.
Como el caballo trabado
y el ratón escondido.
Todos los maestros de la transmisión
se han afligido en lo tocante a este punto,
por eso sienten la necesidad de brindar el dharma.
Todos van tras ilusiones erróneas,
por eso se confunde el blanco con el negro.
Cuando la ilusión se desvanece, en el mismo
instante cada uno puede comprenderse a sí mismo.
Si deseáis adaptaros, pisad
las viejas huellas transmitidas.
Os lo ruego, estudiad con atención
el ejemplo de los ancianos precedentes.
El árbol ha sido observado durante diez millones de años
para alcanzar la vía de Buda.
Como la debilidad del tigre,
como los ojos nocturnos del caballo.
Por su complejo de inferioridad,
que les hace ver los objetos
como si fueran un raro tesoro,
y puesto que los hombres tienen el horror en su espíritu,
el maestro ha de convertirse en gato
o en buey blanco.
El maestro de tiro con arco,
gracias a su elevada y justa técnica
puede dar en el blanco
incluso a la mayor de las distancias.
Pero si flecha y lanza chocan en pleno vuelo,
la más elevada técnica pierde toda su eficacia.
Canta el hombre de madera,
la mujer de piedra se levanta y baila.
Los súbditos deben obedecer al rey,
el hijo ha de seguir al padre.
No seguir no es el deber filial del hijo,
no obedecer no es ser un verdadero seguidor.
La acción oculta, secreta,
íntimamente utilizada,
parecerá limitada y estúpida.
Su nombre es la causa de la causa,
y es lo único que triunfa.

* * *
MAHAMUDRA
(Niguma, monja tibetana, fundadora del linaje Shangpa de la orden Kagyu.)
No hagas absolutamente nada con la mente
Reside auténticamente, en un estado natural.
Nuestra mente, sin perturbaciones, es realidad.
La clave está en meditar sin flaquear;
Experimenta la gran realidad mas allá de los extremos.
En un Océano lúcido,
Las burbujas nacen y mueren una y otra vez.
De la misma forma, los pensamientos no son diferentes de la gran realidad.
No encuentres faltas; permanece tranquilo.
Cualquiera cosa que nazca, cualquiera cosa que ocurra,
No te apeges, déjala libre en el lugar.
Las apariencias, los sonidos, y los objetos son nuestra mente;
No existe; nada excepto nuestra mente.
La mente esta más allá de los extremos, del nacer y del morir.
La naturaleza de la mente es estar despierta,
Utiliza los cinco sentidos, pero no se aparta de la realidad.
En el estado de equilibrio cósmico
No hay nada que practicar o abandonar
No hay meditación o periodos de práctica.

* * *
EL SAMADHI DEL GRANERO DE LA GRAN SABIDURIA.
(Maestro Ejo. El Zen, de Dogen, de Taisen Deshimaru)
Siento un profundo respeto, que nace desde lo más recóndito de mi compasión, por
vosotros que continuáis la práctica de zazen en el estado de espíritu que voy a describir:
sin intentar obtener nada, sin ninguna meta; sin dejaros influir por vuestra inteligencia
personal; sin mostrar suficiencia por la experiencia que habéis adquirido en el doyo.
Con toda la energía de vuestro cuerpo y de vuestro espíritu, penetrad totalmente en
komyozo, sin daros vuelta hacia atrás para mirar el tiempo.
No busquéis el satori. No escuchéis los fenómenos ilusorios (mayoi):
No detestéis los pensamientos que aparecen, tampoco los améis, y, sobre todo, no los
mantengáis. De todas maneras, sea lo que sea, debéis practicar la gran postura sentada
aquí y ahora. Si no mantenéis los pensamientos, éstos no vendrán por sí mismos. Si os
abandonáis a la espiración y dejáis que la inspiración venga en un armonioso ir y venir,
no hay más que un zafú bajo el cielo vacío, pesado como una llama.
Si no esperáis nada de lo que hacéis, si no consideráis cosa alguna, podéis cortar con
todo, solamente por zazen.
Aunque los ochenta y cuatro mil bonno (deseos, ilusiones) vayan y vengan, si no les
dais importancia, si los abandonáis a sí mismos, en ese momento, de cada uno de ellos, de
uno tras otro y de todos juntos, podrá surgir el maravilloso misterio del granero de la gran
sabiduría.
No existe solamente el komyo del momento de zazen. También está aquel que, paso a
paso, acto tras acto, os hacer ver progresivamente que cada fenómeno puede realizarse
inmediata, automática, independientemente de vuestra inteligencia propia y de vuestros
pensamientos personales. Tal es la verdadera y auténtica certificación que existe sin molestar
la manifestación de komyo.
Es el poder espiritual del no actuar por la luz que se ilumina por sí misma. Este komyo
es originariamente no sustancia, no existencia. Por ello, aunque muchos Budas lo realicen
en este mundo, no son de este mundo. Y, estando en el nirvana, no están en el nirvana.
En el instante de vuestro nacimiento, komyo no existía. En el de vuestra muerte, no
desaparecerá.
Desde el punto de vista de Buda, no aumenta. Desde el punto de vista de los sentidos,
no disminuye.
Así como cuando tenéis ilusiones o dudas, no podéis hacer la pregunta correcta, cuando
tenéis el satori no podéis expresarlo. En ningún momento consideréis nada con vuestra
conciencia personal. Durante las veinticuatro horas del día, tened la calma y la gran tranquilidad
de los muertos. No penséis en nada por vosotros mismos. Así, al practicar la espiración
y la inspiración, vuestra naturaleza profunda y vuestra naturaleza sensitiva, inconsciente
y naturalmente, serán no saber, no comprensión.
Entonces, todo podrá volverse naturalmente calmo, esplendor de komyo, en la unidad
del espíritu y del cuerpo. Por eso, cuando lo llamamos, debería responder rápidamente.
Un solo y mismo komyo armoniza en un todo a la gente del satori y la de las ilusiones.
Así, aunque os pongáis en movimiento, este último no debería perturbaros. Y el bosque,
las flores, las briznas de hierba, los animales, los seres humanos, todos los fenómenos (ya
sean largos, cortos, cuadrados o redondos) podrán realizarse inmediata, automática, independientemente de vuestra inteligencia propia y de la acción personal de vuestro pensamiento.
No estéis apegados ni a las ropas ni al alimento ni a la casa. No sucumbáis al deseo
sensual o al apego del amor que son prácticas animales.
Inútil interrogar a los demás sobre komyo, pues su komyo no tiene utilidad alguna para
vosotros.
En el origen, este samadhi es el santo doyo, el océano de todos los Budas. Es entonces
el más grande y el más santo de todos los asientos transmitidos directamente de Buda en
Buda a través de la santa práctica universal. Puesto que ahora sois discípulos de Buda,
debéis hacer zazen tranquilamente en su asiento.
No os sentéis en el zafú infernal, el zafú gaki, animal o asura, ni tampoco en el de los
shomon o de los engaku. Practicad solamente shikantaza. No perdáis el tiempo. Es lo que
se llama el auténtico espíritu del doyo, el verdadero komyo samadhi, el maravilloso y espléndido
satori.
Este texto sólo debe ser leído por los verdaderos discípulos del Maestro Dogen, aquellos
que están autorizados a entrar en su habitación.
Lo he escrito para mis compañeros de zazen, para que no haya puntos de vista erróneos,
para perfeccionarme a mí mismo y para educar a los demás.
Escrito por Ejo, bajo el reinado del emperador Gouta. Con el más
profundo respeto, en el templo Eihei-ji el 28 de agosto de 1278.
* * *
MONDÓS ZEN
PREGUNTA TÓPICA: ¿Cuál es el significado de la llegada del Primer Patriarca
desde Oeste?
* * *
PREGUNTA.
RESPUESTAS:
“¿Por qué no se lo preguntáis a vuestra propia mente?”. Respondió el maestro.
Pregunta: “¿Cuál es nuestra mente, señor?”.
Respuesta: “Debéis contemplar el accionar secreto?”.
Pregunta: “¿Cuál es el accionar secreto, señor?.”
El maestro se limitó a abrir y cerrar los ojos, en vez de dar alguna explicación verbal.
* * *
PREGUNTA.
RESPUESTA:
“Cuando entiendes, no entiende; cuando dudas, no se duda”.
* * *
PREGUNTA.
RESPUESTA:
“Es aquello que ni se entiende ni se duda, además no se duda ni se entiende”.

* * *
PREGUNTA.
RESPUESTA:
“Si hubiese algún significado, nadie se salvaría siquiera a sí mismo”.
Pregunta: “Si aquí no hay significado alguno, ¿cuál es la verdad que se dice alcanzó el
segundo patriarca con Bodhidharma?”.
Respuesta: “Lo que se denomina ‘alcanzó’”, dijo el maestro, “en realidad en ‘no alcanzó’”.
Pregunta: “Si este es el caso, ¿cuál es el significad de ‘no alcanzó’?”.
Respuesta: “Precisamente porque tu mente está siempre corriendo detrás de todos los
objetos que se le presentan y no sabe dónde refrenarse, el patriarca declaró que eres el necio
que busca otra cabeza sobre la suya propia. Si vuelcas tu luz dentro de ti mismo, como
se te dijo que hagas, sin demora, y reflexionas, y cesas de buscar las cosas externas, comprenderás
que tu mente y las de los Budas y patriarcas no difieren recíprocamente. Cuando
llegues de esa manera a un estado de no hacer nada, se dice que alcanzaste la verdad”.
* * *
PREGUNTA.
RESPUESTA:
“Supón que un hombre está en el fondo de un pozo de mil pies de profundidad; si pudieses
sacarlo sin usar un trozo de soga, te daría la respuesta sobre el significado de la visita
de nuestro Patriarca aquí”.
Preguntado después acerca de la solución por un niño sirviente del templo, el maestro
dijo:
“¿Por qué, tonto, quién está en el pozo?”.
Vuelto a interrogar sobre el mismo punto, pasado el tiempo, por el mismo niño sirviente,
el maestro le respondió llamándole por su nombre:
“¡Hui-chi!”.
“¡Si, maestro!”. Respondió.
“¡Mira! ¡Estás afuera!”, le dijo el maestro.

* * *
PREGUNTA.
RESPUESTAS:
“Cuando pruebas vinagre, sabes que es ácido; cuando pruebas la sal, sabes que es salada”.
“En el lomo del asno moribundo hay demasiadas moscas”.
“Hoy y mañana”.
“El pelo de una tortuga de una pulgada de largo, pesa siete libras”.
PREGUNTA.
RESPUESTA:
“El viento portador de escarcha hace que caigan las hojas del bosque”.
“¿Qué significa eso?, preguntó el discípulo.
“Cuando llega la primavera brotan de nuevo”. Fue la respuesta.

* * *
PREGUNTA.
RESPUESTA:
“¡Una piedra solitaria en el aire!”.
El discípulo hizo una reverencia en silencio, y el maestro le preguntó:
“¿Entiendes?”.
“No, señor”.
“Es afortunado que no entiendas, dijo el maestro; si hubieses entendido, es seguro que
tu cabeza se hubiese roto en pedazos”.

* * *
PREGUNTA.
RESPUESTA:
“Ahora precisamente estoy ocupado, oh venerable monje; ven en otra ocasión”.
Pero cuando el monje discípulo estaba a punto de marcharse, el maestro llamó: “¡Venerable
monje!”, y el monje se volvió.
“¿De qué se trata?”, preguntó el maestro.
De inmediato el discípulo entendió el significado e hizo reverencias, entonces el
maestro efectuó otra observación: “¿De qué sirve hacer reverencias, cofrade testarudo?”.
* * *
PREGUNTA.
RESPUESTA:
“¿Qué es eso que llamas significado?”.
“De ser así, ¿no hay significado en esta llegada del Patriarca desde el Oeste?”, dijo el
consultante.
“Eso proviene de la punta de tu lengua”, dijo el maestro.

* * *
PREGUNTAS (MIENTRAS SE MUESTRA UN PALO O CAYADO):
“No llaméis palo a esto; si lo hacéis afirmáis. Tampoco neguéis que es un palo; si lo
hacéis, negáis. Aparte de la afirmación y la negación, ¡hablad, hablad!.”
Sólo un monje salió de entre la concurrencia y, quitándole el palo al maestro, lo arrojó
al suelo.

* * *
“¿Qué es esto?. Si decís que es un cayado, váis derecho al infierno; pero si no es un
cayado, ¿qué es?.”
* * *
El maestro poniendo su vara ahorquillada en el cuello del discípulo:
“¿Qué demonio te enseñó a ser un monje sin hogar? ¿Qué demonio te enseñó a andar
errante?. Ya sea que digas algo o que no digas nada, lo mismo has de morir bajo mi horquilla:
¿habla, habla, sé rápido!”

* * *
El maestro blandiendo su vara, tras preguntar a un discípulo:
“¡No importa lo que digas o lo que no digas, lo mismo tendrás treinta golpes!”.
* * *
OTRAS:
Un discípulo y el maestro tomando té. El discípulo:
¿Qué significa cuando dicen que a pesar de tenerlo todo el día no lo conocemos?.
El maestro, en silencio, le ofreció un trozo de pastel de arroz. Después de comerlo, el
discípulo repitió la pregunta, y, entonces, le dijo el maestro:
No lo conocemos aunque lo usamos todos los días.

* * *
Preguntado acerca de cómo ingresar en el sendero de la verdad, el maestro respondió:
“¿Oyes el murmullo de la fuente?.”
“Si, lo oigo”, dijo el discípulo.
“Hay un modo de ingresar”, concluyó el maestro.

* * *

SOBRE REGLAS : LA REGLA PRIMITIVA DE LOS TEMPLARIOS -- HENRY DE CURSON

Escrito por imagenes 06-10-2008 en General. Comentarios (0)

SOBRE REGLAS : LA REGLA PRIMITIVA DE LOS TEMPLARIOS -- HENRY DE CURSON

SOBRE REGLAS :
LA REGLA PRIMITIVA DE LOS TEMPLARIOS -- HENRY DE CURSON

_
La Regla Primitiva de los Templarios

Henri De Curson



http://mitosyleyendas-snake.blogspot.com/2008/10/sobre-reglas-la-regla-primitiva-de-los.html 

Trad. Mrs. Judith Upton-Ward (Reimpresa con el amable permiso del autor)
Esta traducción de la original, o primitiva, Regla de los Templarios está basada en la edición de 1886 de Henri de Curzon, La Régle du Temple como Manual Militar, o Cómo Desempeñar un Cargo Caballeresco. Representa la Regla dada a los recién originados Caballeros del Temple por el Concilio de Troyes, 1129, aunque, "no debe olvidarse que la Orden había existido durante varios años y desarrollado sus propias tradiciones y costumbres antes de la aparición de Hugues de Payens en el Concilio de Troyes. Por tanto, hasta cierto punto, la Regla Primitiva está basada en prácticas ya existentes." (Upton-Ward, p. 11)

Esta traducción es copia de la de Judith Upton-Ward's The Rule of the Templars, Woodbridge: The Boydell Press, 1992, y ha sido reeditada con su permiso. La Regla de Los Templarios incluye una introducción de Upton-Ward; también la Regla de los Templarios Primitiva y sus estatutos jerárquicos, castigos sobre regulaciones de gobierno, vida conventual, capítulos ordinarios, recepción en la Orden y un apéndice por Matthew Bennett, "La Régle du Temple como un Manual Militar, o Cómo desempeñar un Cargo Caballeresco". El libro es extremadamente recomendable para aquellos interesados en los Templarios o en cualquier orden militar. Ahora es asequible en formato dgital.

Las notas para la Regla Primitiva, facilitados por Mrs. Upton-Ward en la Regla de los Templarios, no se incluyen en este texto. Son de considerable interés y deberían ser consultados por aquellos que deseen estudiar la Regla con más detalle.

La Regla Primitiva
Aquí comienza el prólogo a la Regla del Temple

1. Nos dirigimos, en primer lugar a todos aquellos quienes con discernimiento rechazan su propia voluntad y desean de todo corazón, servir a su rey soberano como caballero; llevar con supremo afán, y permanentemente, la muy noble armadura de la obediencia. Y por tanto, nosotros os invitamos, a seguir a los escogidos por Dios de entre la masa de perdición y a quienes ha dispuesto, en virtud de su sutil misericordia, defender la Santa Iglesia, y que vosotros anheláis abrazar por siempre.

2. Por sobre todas las cosas, quienquiera que ser un caballero de Cristo, escogiendo estas sagradas ordenes en su profesión de fe, debe unir sencilla diligencia y firme perseverancia, que es tan valiosa y sagrada, y se revela tan noble, que si se mantiene impoluta para siempre, merecerá acompañar a los mártires que dieron sus almas por Cristo Jesús. En esta orden religiosa ha florecido y se revitaliza la orden caballeresca. La caballería, a pesar del amor por la justicia que constituye sus deberes, no cumplió con sus con ellos, defendiendo a los pobres, viudas, huérfanos e iglesias, sino que se aprestaron a destruir, despojar y matar. Dios que actúa conforme a nosotros y nuestro salvador Cristo Jesús; ha enviado a sus partidarios desde la ciudad Santa de Jerusalén a los acuartelamientos de Francia y Borgoña, para nuestra salvación y muestra de la verdadera fe, pues no cesan de ofrecer sus vidas por Dios, en piadoso sacrificio.

3. Ante ello nosotros, en completo gozo y hermandad, por requerimiento del Maestro Hugues de Payen, por quien la mencionada orden caballeresca ha sido fundada con la gracia del Espíritu Santo, nos reunimos en Troyes, de entre varias provincias más allá de las montañas, en la fiesta de San Hilario, en el año de la encarnación de Cristo Jesús de 1128, en el noveno año tras la fundación de la anteriormente mencionada orden caballeresca. De la conducta e inicios de la Orden de Caballería hemos escuchado en capítulo común de labios del anteriormente citado Maestro, Hermano Hugues de Payen; y de acuerdo con las limitaciones de nuestro entendimiento, lo que nos pareció correcto y beneficioso alabamos, y lo que nos pareció erróneo rechazamos.

4. Y todo lo que aconteció en aquel Consejo no puede ser contado ni recontado; y para que no sea tomado a la ligera por nosotros, sino considerado con sabia prudencia, lo dejamos a discreción de ambos nuestro honorable padre el Señor Honorio y del noble Patriarca de Jerusalén, Esteban, quien conoce los problemas del Este y de los Pobres Caballeros de Cristo; por consejo del concilio común lo aprobamos unánimemente. Aunque un gran número de padres religiosos reunidos en capítulo aprobó la veracidad de nuestras palabras, sin embargo no debemos silenciar los verdaderos pronunciamientos y juicios que emitieron.

5. Por tanto yo, Jean Michel, a quien se ha encomendado y confiado tan divino oficio, por la gracia de Dios, he servido de humilde escriba del presente documento por orden del consejo y del venerable padre Bernardo, abad de Clairvaux.

Los nombres de los Padres que asistieron al Concilio.

6. Primero fue Mateo, obispo de Albano, por la gracia de Dios, legado de la santa Iglesia de Roma; R[enaud], arzobispo de Reims; H[enri], arzobispo de Sens; y sus clérigos: G[ocelin], obispo de Soissons; el obispo de París; el obispo de Troyes; el obispo de Orlèans; el obispo de Auxerre; el obispo de Meaux; el obispo de Chalons; el obispo de Laon; el obispo de Beauvais; el abad de Vèzelay, quien posteriormente fue arzobispo de Lyon y legado de la Iglesia de Roma; el abad de Cîteaux; el abad de Pontigny; el abad de Trois-Fontaines; el abad de St Denis de Reims; el abad de St-Etienne de Dijon; el abad de Molesmes; al anteriormente mencionado B[ernard], abad de Clairvaux: cuyas palabras el anteriormente citado alabó francamente. También estuvieron presentes el maestro Aubri de Reims; maestro Fulcher y varios otros que sería tedioso mencionar. Y de los otros que no se han mencionado, es importante asentar, en este asunto, de que son amantes de la verdad: ellos son, el conde Theobald; el conde de Nevers; Andrè de Baudemant. Estuvieron en el concilio y actuaron de tal proceder, con perfecto y cuidadoso estudio seleccionando lo correcto y desechando lo que no les parecía justo.

7. Y también presente estaba el Hermano Hugues de Payen, Maestre de Caballería, con algunos de los hermanos que le acompañaron. Estos eran Hermano Roland, Hermano Godefroy, y Hermano Geoffroi Bisot, Hermano Payen de Montdidier, Hermano Archambaut de Saint-Amand. El propio Maestre Hugues con sus seguidores antedichos, expusieron las costumbres y observancias de sus humildes comienzos y uno de ellos dijo: Ego principium qui et loquor vobis, que significa: "Yo quien habla a vosotros soy el principio" según mi personal recuerdo.

8. Agradó al concilio común que las deliberaciones se hicieran allí, y el estudio de las Sagradas Escrituras, que se examinaron profundamente, con la sabiduría de mi señor H[onorius], papa de la Santa Iglesia de Roma y del patriarca de Jerusalén y en conformidad con el capítulo. Juntos, y de acuerdo con los Pobres Caballeros de Cristo del Templo que está en Jerusalén, se debe poner por escrito y no olvidado, celosamente guardado de tal forma, que para una vida de observancia se puedan referir a su creador; comparación más dulce que la miel en paridad con Dios; cuya piedad parece óleo, y nos permite ir hacia Él a quien deseamos servir.
Per infinita seculorum secula. Amen

Aquí comienza la Regla de los Pobres caballeros del Temple.

9. Vosotros los que renunciáis a vuestra voluntad, y vosotros otros los que servís a un rey soberano con caballos y armas, para salvación de vuestras almas y por tiempo establecido, acudiréis con deseo virtuoso a oír matines y el servicio completo, según la ley canónica y las costumbres de los maestros de la Ciudad Santa de Jerusalén. Oh vosotros venerables hermanos, que Dios sea con vosotros, si prometéis despreciar el mundo por perpetuo amor a Dios, desterrar las tentaciones de vuestro cuerpo; sostenido por el alimento de Dios, beber y ser instruido en los mandamientos de Nuestro Señor; al final del oficio divino, ninguno debe temer entrar en batalla si por ende lleva tonsura.

10. Pero si cualquier hermano es enviado por el trabajo de la casa y por la Cristiandad al Este – algo que creemos ocurrirá frecuentemente- y no puede oír el divino oficio, deberá decir en lugar de matines trece padrenuestros; siete por cada hora y nueve por vísperas. Y todos juntos le ordenamos que así lo haga. Pero aquellos que han sido enviados y no puedan volver para asistir al divino oficio, si les es posible a las horas establecidas, que no deberán ser omitidas, rendir a Dios su homenaje.

La Forma en que deben ser recibidos los Hermanos.

11. Si cualquier caballero seglar o cualquier otro hombre, desea dejar la masa de perdición y abandonar la vida secular escogiendo la vuestra en comunidad, no consintais en recibirlo inmediatamente, porque según ha dicho mi Señor San Pablo: Probate spiritus si ex Deo sunt. Que quiere decir: "Prueba el alma a ver si viene de Dios" Sin embargo, si la compañía de sus hermanos le debe ser concedida, dejad que le sea leída la Regla, y si desea explícitamente obedecer los mandamientos de la Regla, y complace tanto al Maestre como a los hermanos el recibirle, dejadle revelar su deseo ante todos los hermanos reunidos en capítulo y hacer su solicitud con corazón digno.

Sobre Caballeros excomulgados.

12.Donde sepáis que se concentran caballeros excomulgados, allí os obligamos a ir; y si alguien desea unirse a la orden de caballería proveniente de regiones lejanas, no deberéis considerar tanto el valor terrenal como el de la eterna salvación de su alma. Nosotros ordenamos que sea recibido condicionalmente, que se presente ante el obispo de la provincia y le comunique su intención. Y, cuando el obispo lo haya escuchado y absuelto, lo enviará al Maestre y hermanos del Temple, y si su vida es honesta y merecedora de su compañía, si parece justo al Maestre y hermanos, dejad que sea piadosamente recibido; y si muriera durante ese tiempo, por la angustia y tormento que ha sufrido, dejad que se le otorguen todos los favores de la hermandad, dados a cada uno de los Pobres Caballeros del Temple.

13. Bajo ninguna otra circunstancia, deberá los hermanos del Temple compartir la compañía de los indiscutiblemente excomulgados, ni que se queden con sus pertenencias; y esto debe ser prohibido encarecidamente porque sería terrible que fueran asimismo repudiados. Pero si solo le ha sido prohibido escuchar el Divino Oficio, es ciertamente posible permanecer en su compañía, así como quedarse con sus pertenencias, entregándolas a la caridad con el permiso de su comandante.

Sobre no aceptar niños.

14. Aunque la regla de los santos padres permite recibir a niños en la vida religiosa, nosotros lo desaconsejamos. Porque aquel que desee entregar a su hijo eternamente en la orden caballeresca deberá educarlo hasta que sea capaz de llevar las armas con vigor, y liberar la tierra de los enemigos de Cristo Jesús. Entonces que su madre y padre lo lleven a la casa y que su petición sea conocida por los hermanos; y es mucho mejor que no tome los votos cuando niño sino al ser mayor, pues es conveniente que no se arrepienta de ello, a que lo haga. Y seguidamente que sea puesto a prueba de acuerdo con la sabiduría del Maestre y hermanos conforme a la honestidad de su vida al solicitar ser admitido en la hermandad.

Sobre los que están de pie demasiado tiempo en la Capilla.

15. Se nos ha hecho saber, y lo hemos escuchado de testigos presenciales, que de forma inmoderada y sin restricción alguna, vosotros escucháis el divino oficio de pie. Nosotros no ordenamos que os comportéis de esta forma, al contrario lo desaprobamos. Disponemos, que tanto los fuertes como los débiles, para evitar desordenes, canten el salmo llamado Venite, con la invitatoria y el himno sentados, y digan sus oraciones en silencio, en voz baja no voceando, para no perturbar las oraciones de los otros hermanos.

16. Pero al final de los salmos, cuando se canta el Gloria patri, en reverencia a la Santísima Trinidad, os pondréis de pie y os inclinareis ante el altar, mientras los débiles o enfermos solo inclinarán la cabeza. Por tanto mandamos; que cuando la explicación de los Evangelios sea leída, y se cante el Te deum laudamus, y mientras se cantan los laudes, y los maitines terminan, vosotros estéis de pie. De esta misma forma dictaminamos que permanezcáis de pie durante maitines y en todas las horas de Nuestra Señora.

Sobre la vestimenta de los Hermanos.

17. Disponemos que todos los hábitos de los hermanos sean de un solo color, bien sea blanco, negro o marrón. Y sugerimos que tanto en invierno como en verano si es posible, lleven capas blancas; y a nadie que no pertenezca la mencionada caballería de Cristo le será permitido tener una capa blanca, para que quienes hayan abandonado la vida en oscuridad se reconozcan los unos a los otros como seres reconciliados con su creador por el signo de sus hábitos blancos: que significa pureza y completa castidad. La Castidad es certeza en el corazón y salud en el cuerpo. Por lo que si un hermano no toma votos de castidad no puede acceder al eterno descanso ni ver a Dios, por la promesa del apóstol que dijo: Pacem sectamini cum omnibus et castimoniam sine qua nemo Deum videbit. Que significa: "Lucha para llevar la paz a todos, manténte casto, sin lo cual nadie puede ver a Dios".

18. Pero estas vestiduras deberán mantenerse sin riquezas y sin ningún símbolo de orgullo. Y así, nosotros exigimos que ningún hermano lleve piel en sus vestidos, ni cualquier otra cosa que no pertenezca al uso del cuerpo, ni tan siquiera una manta que no sea de lana o cordero. Concertamos en que todos tengan lo mismo, de tal forma que puedan vestirse y desvestirse, y poner y quitarse las botas con facilidad. Y el sastre, o quien haga sus funciones, deberá mostrarse minucioso y cuidar que se mantenga la aprobación de Dios en todas las cosas mencionadas, para que los ojos de los envidiosos y mal intencionados no puedan observar que las vestiduras sean demasiado largas o cortas; deberá distribuirlas de tal manera que sean de la medida de quien las ha de llevar, según la corpulencia de cada uno.

19. Y si alguno por orgullo o arrogancia desea tener para él un mejor y más fino hábito, dadle el peor. Y aquellos que reciban vestiduras nuevas deberán inmediatamente devolver las viejas, para que sean entregadas a escuderos y sargentos, y a menudo a los pobres, según lo que considere conveniente el encargado de ese menester.

Sobre las Camisas.

20. Entre otros asuntos sobre los que regulamos, debido al intenso calor existente en el Este, desde Pascua hasta todos los Santos, gracias a la compasión y de ninguna forma como derecho, una camisa de lino será entregada al hermano que así lo solicite.

Sobre la Ropa de Cama.

21. Ordenamos por unánimemente que cada hombre tenga la ropa y sábanas de acuerdo con el juicio de su Maestre. Es nuestro propósito que un colchón, un almohadón y una manta son suficientes para cada uno; y aquél a quien le falte uno de éstos puede usar una alfombra, y una manta de lino siempre que sea de pelo fino. Y dormirán siempre vestidos con camisa y pantalón, y zapatos y cinturones, y donde reposen deberá haber siempre una luz encendida hasta la mañana. Y el Sastre se asegurará que los hermanos estén tan bien tonsurados que puedan ser examinados tanto de frente como de espaldas; y nosotros ordenamos que vosotros os adhiráis a esta misma conducta en lo tocante a barbas y bigotes, para que ningún exceso se muestre en sus cuerpos.

Sobre Zapatos puntiagudos y Cordones de lazo.

22. Prohibimos los zapatos puntiagudos y los cordones de lazo y condenamos que un hermano los use; ni los permitimos a quienes sirvan en la casa por tiempo determinado; más bien, prohibimos que los utilicen en cualquier circunstancia. Porque es manifiesto y bien sabido que estas cosas abominables pertenecen a los paganos. Tampoco deberán llevar ni el pelo ni el hábito demasiado largos. Porque aquellos que sirven al soberano creador deben surgir de la necesidad dentro y fuera mediante la promesa de Dios mismo quien dijo: Estote mundi quia ego mundus sum. Que quiere decir: "Nace como yo nazco"

Cómo deben comer.

23. En el palacio, o lo que debería llamarse refectorio, deberéis comer juntos. Pero si estáis necesitados de algo, pues no estáis acostumbrados a los utilizados por los religiosos, quedamente y en privado deberéis pedir lo que necesitéis en la mesa, con toda humildad y sumisión. Porque el Apóstol dijo: Manduca panem tuum cum silentio. Que significa: "Come tu pan en silencio". Y el salmista: Posui ori meo custodiam. Que quiere decir: "Yo reprimí mi lengua" Que significa que "Yo creo que mi lengua me traicionaría" lo que es, "Callé para no hablar mal".

Sobre la Lectura de la Lección.

24. Siempre, durante la comida y cena en el convento, que se lean las Sagradas Escrituras, si ello es posible. Si amamos a Dios, sus Santas palabras y sus Santos Mandamientos, desearemos escuchar atentamente; y el lector da texto os reclamará silencio antes de comenzar a leer.

Sobre Pucheros y Vasos.

25. Debido a la escasez de pucheros, los hermanos comerán por parejas, de tal forma que uno pueda observar más de cerca al otro, y para que ni la austeridad ni la abstinencia en secreto sean introducidas, en la comida de comunidad. Y nos parece justo que cada hermano tenga la misma ración de vino en su copa.

Sobre comer Carne.

26. Deberá ser suficiente, comer carne tres veces por semana, excepto por Navidad, Todos los Santos, la Asunción y la festividad de los doce apóstoles. Porque se entiende que la costumbre de comer carne corrompe el cuerpo. Pero si un ayuno en el que se debe suprimir la carne cae en Martes, al día siguiente será dada en cantidad a los hermanos. Y los Domingos todos los hermanos del Temple, los capellanes y clérigos recibirán dos ágapes de carne en honor a la santa resurrección de Cristo Jesús. Y el resto de la casa, que incluye los escuderos y sargentos, deberán contentarse con una comida y estar agradecidos al Señor por ella.

Sobre las comidas entre Semana.

27. Sobre los otros días de la semana, que son Lunes, Miércoles e incluso Sábados, los hermanos tengan dos o tres comidas de vegetales u otros platos comidos con pan; y nosotros creemos que es suficiente y ordenamos que así sea. De tal manera que aquel que no coma en una comida, lo haga en la otra.

Sobre la comida del Viernes.

28. Los Viernes, que se ofrezca a toda la congregación, comida cuaresmal, surgida de la reverencia hacia la pasión de Cristo Jesús; y haréis abstinencia desde la festividad de Todos los Santos hasta la Pascua, excepto el día de Navidad, la Asunción y la festividad de los doce apóstoles. Pero los hermanos débiles o enfermos no deberán ser obligados a esto. Desde Pascua hasta la fiesta de Todos los Santos pueden comer dos veces, mientras no sea abstinencia general.

Sobre Dar las Gracias.

29. Siempre, después de cada comida o cena todos los hermanos deberán dar gracias a Dios en la iglesia y en silencio si ésta se encuentra del lugar dónde comen, y si no lo está en el mismo lugar en donde hayan comido. Con humildad deberán dar gracias a Cristo Jesús quien es el Señor que Provee. Dejad que los trozos de pan roto, sean dados a los pobres y los que estén en rodajas enteras, sean guardados. Aunque la recompensa de los pobres sea el reino de los cielos, se ofrecerá a los pobres sin dudarlo, y la fe Cristiana os reconocerá entre los suyos; por tanto concertamos, que una décima parte del pan sea entregado a vuestro Limosnero.

Sobre ea Merienda.

30. Cuando cae el sol y comienza la noche escuchad la señal de la campana o la llamada a oración, según las costumbres del país, y acudid todos a capítulo. Pero disponemos que primero merendéis; si bien dejamos la toma de este refrigerio al arbitrio y discreción del Maestre. Cuando queráis agua u ordenéis, por caridad, vino aguado, que se os dé con comedimiento. Ciertamente, no deberá ser en exceso, sino con moderación. Porque Salomón dijo: Quia vinum facit apostatare sapientes. ÃÃ ÄÄ Que quiere decir que el vino corrompe a los sabios.

Sobre mantenerse en Silencio.

31. Cuando los hermanos salgan del capítulo no deben hablar abiertamente excepto en una emergencia. Dejad que cada uno vaya a su cama tranquilo y en silencio, y si necesita hablar a su escudero, se lo deberá decir en voz baja. Pero si por casualidad, a la salida del capítulo, la caballeresca o la casa tiene un serio problema, que debe ser solventado antes de la mañana, entendemos que el Maestre o el grupo de hermanos mayores que gobiernan la Orden por el Maestre, puedan hablar apropiadamente. Y por esta razón obligamos que sea hecho de esta manera.

32. Porque está escrito: In multiloquio non effugies peccatum. Que quiere decir que el hablar en demasía no está libre de pecado. Y en algún otro lugar: Mors et vita in manibus lingue. Que significa: 'La vida y la muerte están bajo el poder de la lengua.' Y durante esa conversación nosotros conjuntamente prohibimos palabras vanas y estruendosos ataques de risa. Y si algo se dice, durante esa conversación, que no debería haberse dicho, ordenamos que al acostaros recéis un paternoster con notable humildad y sincera devoción.

Sobre los Hermanos Convalecientes.

33. Los hermanos que por el trabajo de la casa padezcan enfermedad pueden levantarse a la matinas con el consentimiento y permiso del Maestre o de aquellos que se encarguen de ese menester. Deberán decir en lugar de las matinas trece paternosters, así queda establecido, de tal forma y manera que sus palabras reflejen su corazón. Así lo dijo David: Psallite sapienter. Que significa: 'Canta con sabiduría.' E igualmente dijo David: In conspectu Angelorum psallam tibi. Que significa: 'Yo cantaré para ti ante los ángeles.' Y dejad que esto sea siempre así y a la discreción del Maestre o de aquellos encargados de tal menester.

Sobre la Vida en Comunidad.

34. Leemos en las Sagradas Escrituras: Dividebatur singulis prout cuique opus erat. Que significa que a cada uno le será dado según su necesidad. Por esta razón nosotros decimos que ninguno estará por encima de vosotros, sino que todos cuidareis de los enfermos; y aquél que esté menos enfermo dará gracias a Dios y no se preocupará; y permitiréis que aquel que esté peor se humille mediante su debilidad y no se enorgullezca por la piedad. De este modo todos los miembros vivirán en paz. Y prohibimos a todos que abracen la excesiva abstinencia; si no que firmemente mantengan la vida en comunidad.

Sobre el Maestre.

35. El Maestre puede a quien le plazca entregar el caballo y la armadura y lo que desee de otro hermano, Y el hermano cuya cosa pertenecía no se sentirá vejado ni enfadado: porque es cierto que si se enfada irá contra Dios.

Sobre dar Consejos.

36. Permitir solo a aquellos hermanos que el Maestre reconoce que darán sabios y buenos consejos sean llamados a reunión; y así lo ordenamos, y que de ninguna otra forma alguien pueda ser escogido. Porque cuando ocurra que se desee tratar de materias serias; como la entrega de tierra comunal, o hablar de los asuntos de la casa, o recibir a un hermano, entonces si el Maestre lo desea, es apropiado reunir la congregación entera para escuchar el consejo de todo el capítulo; y lo que considere el Maestre mejor y más beneficioso, dejar que así se haga.

Sobre los Hermanos enviados a Ultramar.

37. Los Hermanos que sean enviados a diversos países del mundo deberán cuidar los mandatos de la Regla según su habilidad y vivir sin desaprobación respecto a la carne y el vino, etc. para que reciban elogio de extraños y no mancillar por hecho o palabra los preceptos de la Orden, y para ser un ejemplo de buenas obras y sabiduría; por encima de todo, para que aquellos con quienes se asocien y en cuyas posadas reposen, sean recibidos con honor. Y a ser posible, la casa donde duerman y se hospeden que no quede sin luz por la noche, para que los tenebrosos enemigos no los conduzcan a la maldad, dado que Dios así lo prohibe.

Sobre Mantener la Paz.

38. Cada hermano debe asegurarse de no incitar u otro a la ira o enojo, porque la soberana piedad de Dios ve al hermano fuerte igual que al débil, en nombre de la Caridad.

Cómo deben actuar los Hermanos.

39. A efecto de llevar a cabo sus santos deberes, merecer la Gloria del Señor y escapar del temible fuego del infierno, es acorde que todos los hermanos profesos obedezcan estrictamente a su Maestre. Porque nada es más agradable a Cristo Jesús que la obediencia. Por esta razón, tan pronto algo sea ordenado por el Maestre o en quien haya delegado su autoridad, deberá ser obedecido sin dilación como si Cristo lo hubiese impuesto. Por ello Cristo Jesús por boca de David dijo y es cierto: Ob auditu auris obedivit mihi. Que quiere decir: 'Me obedeció tan pronto me escuchó".

40. Por esta razón rezamos y firmemente dictaminamos a los hermanos caballeros que han abandonado su ambición personal y a todos aquellos que sirven por un período determinado a no salir por pueblos o ciudades sin el permiso del Maestre o de quien él haya delegado; excepto por la noche al Sepulcro y otros lugares de oración dentro de los muros de la ciudad de Jerusalén.

41. Allí, irán los hermanos por parejas, de otra forma no podrán salir ni de día ni de noche; y cuando se detienen en una posada, ningún hermano, escudero o sargento puede acudir a los aposentos de otro para verlo o hablar con él sin permiso, tal y como se ha dicho. Ordenamos por unánime consentimiento que en esta Orden regida por Dios, ningún hermano deberá luchar o descansar según su voluntad, sino siguiendo las ordenes del Maestre, a quien todos deben someterse, para que sigan las indicaciones de Cristo Jesús que dijo: Non veni facere voluntatem meam, sed ejus que misit me, patris. Que significa: 'Yo no vine a hacer mi propia voluntad, sino la voluntad de mi padre quien me envió.'

Cómo deben Poseer e Intercambiar.

42. Sin el permiso del Maestre o quien en su lugar ostente el cargo, que ningún hermano intercambie cosa alguna con otro, ni así lo pida, a menos que sea de escaso o nulo valor.

Sobre Cerrojos.

43. Sin permiso del Maestre o quien le represente, ningún hermano tendrá una bolsa o monedero que se pueda cerrar; pero los directores de casas o provincias y el Maestre no se atendrán a esto. Sin el consentimiento del Maestre o su comandante, que ningún hermano tenga cartas de sus parientes u otras personas; pero si tiene permiso, y así lo quiere el Maestre o comandante, estas cartas le pueden ser leídas.

Sobre Regalos de Seglares.

44. Si algo que no se puede conservar, como la carne, es regalado en agradecimiento, a un hermano por un seglar, lo presentará al Maestre o al Comandante de Avituallamiento. Pero si ocurre que uno de sus amigos o parientes desea regalárselo solo a él, que no lo acepte sin el permiso del Maestre o su delegado. Es más, si el hermano recibe cualquier otra cosa de sus parientes, que no lo acepte sin permiso del Maestre o de quien ostente el cargo. Especificamos, que los comandantes o mayordomos, que están a cargo de estos menesteres, que no se atengan a la citada regla.

Sobre Faltas.

45. Si algún hermano, hablando o en soldadesca, o de algún otro modo, comete una pecado venial, deberá voluntariamente decírselo al Maestre, para redimirse con el corazón limpio. Si no acostumbra a redimirse de este modo, que reciba una penitencia leve, pero si la falta es muy seria que se aleje de la compañía de sus hermanos de tal forma que no coma ni beba en la mesa con ellos, si no solo; y se someterá a la piedad y juicio del Maestre y hermanos, para que sea salvado el día del Juicio Final.

Sobre faltas Graves.

46. Por encima de todo, debemos asegurarnos que ningún hermano, poderoso o no, fuerte o débil, que desee promocionarse gradualmente devenga orgulloso, defienda su crimen y permanezca sin castigo. Pero si no quiere someterse por ello que reciba un castigo mayor. Y si misericordiosas oraciones del consejo se rezan por él a Dios, y él no quiere enmendarse, si no que se enorgullece más y más de ello, que sea erradicado del rebaño piadoso; según lo que el apóstol dice: Auferte malum ex vobis. Que quiere decir: 'Aparta los malvados de entre los tuyos.' Es necesario para vosotros separar las ovejas perversas de la compañía de los piadosos hermanos.

47. Es más, el Maestre, que debe llevar en su mano el báculo - y bastón de mando que sostiene las debilidades y fortalezas de los demás; deberá ocuparse de ello. Pero también, como mi señor St Maxime dijo: 'Que la misericordia no sea mayor que la falta; ni que el excesivo castigo encamine al pecador a regresar a sus malas acciones. '

Sobre las Murmuraciones

48. Disponemos por divino consejo, el evitar las plagas: de envidia, murmuración, despecho y calumnia. Por tanto cada uno debe guardar celosamente los que el apóstol dijo: Ne sis criminator et susurro in populo. Que significa: 'No acuses o perjudiques al pueblo de Dios.' Pero cuando un hermano sepa con certeza que su compañero ha pecado, en privado y con fraternal misericordia que sea él mismo quien lo amoneste secretamente, y si no quiere escuchar, otro hermano deberá ser llamado, y si los rehusa a ambos, deberán decirlo públicamente ante el capítulo. Aquellos que deprecian a sus semejantes sufren de terrible ceguera y muchos están llenos de gran tristeza ya que no desarraigan la envidia que sienten hacia otros; y por ello serán arrojados hacia la inmemorial perversidad del demonio.

Que Nadie se Enorgullezca de sus Faltas.

49. Las palabras vanas se sabe son pecaminosas, y las dicen aquellos que se enorgullecen de su propio pecado ante el justo juez Cristo Jesús; lo que queda demostrado por las palabras de David: Obmutui et silui a bonis. Que significa que uno debería incluso refrenarse de hablar bien, y observar el silencio. Asimismo prevenid hablar mal, para evitar la desgracia del pecado. Ordenamos y firmemente prohibimos a un hermano que cuente a otro hermano o a cualquiera, las valientes acciones que llevó a cabo en su vida seglar y los placeres de la carne que mantuvo con mujeres inmorales. Deberán ser consideradas faltas cometidas durante su vida anterior y si sabe que ha sido expresado por algún otro hermano, deberá inmediatamente silenciarlo; y si no puede lograrlo, abandonará el lugar sin permitir que su corazón se mancille por estas palabras.

Que Nadie Pida.

50. A esta costumbre de entre otras, ordenamos que os adhiráis firmemente: que ningún hermano explícitamente pida el caballo o la armadura de otro. Se hará de la siguiente manera: si la enfermedad de un hermano o la fragilidad de sus animales o armadura es conocida y por lo tanto no puede hacer el trabajo de la casa sin peligro, que acuda al Maestre, y exponga la situación en solícita fe y verdadera fraternidad, y se atenga a la disposición del Maestre o de quien ostente su cargo.

Sobre animales y escuderos.

51. Cada hermano caballero puede tener tres caballos y ninguno más sin el permiso del Maestre, debido a la gran pobreza que existe en la actualidad en la casa de Dios y en el Templo de Salomón. A cada hermano le permitimos tres caballos y un escudero; y si éste último sirve voluntariamente por caridad; el hermano no debería pegarle por los pecados que cometa.

Que ningún Hermano pueda tener una brida ornamentada.

52. Nosotros prohibimos seriamente a cualquier hermano que luzca oro o plata en sus bridas, estribos, ni espuelas. Esto se aplica si las compra; pero si le son regalados en caridad, los arneses la plata y el oro que sean tan viejos que no reluzcan, que su belleza no pueda ser vista por otros ni ser signo de orgullo: entonces podrá quedárselos. Pero si le son regalados equipos nuevos que sea el Maestre quien disponga de ellos como crea oportuno.

Sobre fundas de Lanza.

53. Que ningún hermano tenga una funda ni para su lanza ni para su escudo, pues no es ninguna ventaja, al contrario podría ser muy perjudicial.

Sobre las bolsas de comida.

54. Este mandato que establecemos es conveniente para todos y por esta razón exigimos sea mantenido de ahora en adelante, y que ningún hermano pueda hacerse una bolsa para comida de lino o lana, o de cualquier otro material que no sea profinel.

Sobre la Caza.

55. Prohibimos colectivamente que ningún hermano cace un ave con otra. No es adecuado para un religioso sucumbir a los placeres, sino escuchar voluntariamente los mandamientos de Dios, estar frecuentemente orando y confesar diariamente implorando a Dios en sus oraciones el perdón de los pecados que haya cometido. Ningún hermano puede presumir de la compañía de un hombre que caza a un ave con otra. Al contrario es apropiado para un religioso actuar simple y humildemente sin reír ni hablar en demasía, con razonamiento y sin levantar la voz. Y por esta razón, disponemos especialmente a todos los hermanos que no se adentren en el bosque con lanzas ni arcos para cazar animales, ni que lo hagan en compañía de cazadores, excepto promovidos por el amor a salvaguardarlos de los paganos infieles. Ni deberéis ir con perros, ni gritar ni conversar, ni espolear vuestro caballo solo por el deseo de capturar una bestia salvaje.

Sobre el León.

56. Es verdad que os habéis responsabilizado a entregar vuestras almas por vuestros hermanos, tal y como lo hizo Cristo Jesús, y defender la tierra de los incrédulos paganos, enemigos del hijo de la Virgen María. Esta mentada prohibición de caza no incluye en forma alguna al león, dado que viene sigiloso y envolvente a capturar su presa, con sus zarpas contra el hombre e id con vuestras manos contra él.

Cómo pueden tener propiedades y hombres.

57. Esta bondadosa nueva orden la creemos emana de las Sagradas Escrituras y de la divina providencia en la Sagrada Tierra del Este. Lo que significa que esta compañía armada de caballeros puede matar a los enemigos de la cruz sin pecar. Por esta razón juzgamos que debéis ser llamados Caballeros del Temple, con el doble mérito y la gallardía de la honestidad; que podáis poseer tierras y mantenerlas, villanos y campos y los gobernéis con justicia, e impongáis vuestro derecho tal y como está específicamente establecido.

Sobre los Diezmos.

58. Vosotros habéis abandonado las seductoras riquezas de este mundo y os habéis sometido voluntariamente a la pobreza; y por ello hemos resuelto que los que viváis en comunidad podáis recibir diezmos. Si el obispo de la localidad, a quien el diezmo se debería entregar por derecho, desea darlo en caridad; con el consentimiento del capítulo, puede donar esos diezmos que posee su Iglesia. Es más, si un plebeyo guarda los diezmos de su patrimonio para sí, y en contra de la Iglesia, y desea cederlos a vosotros lo puede hacer con el permiso del prelado y su capítulo.

Sobre hacer Juicios.

59. Sabemos, ya que lo hemos visto, que los perseguidores y amantes de peleas y dedicados cruelmente a atormentar a los fieles de la Sagrada Iglesia y a sus amigos, son incontables. Por el claro juicio del consejo, ordenamos que si alguien en los lugares del Este o en cualquier otro sitio os solicita parecer, por creyentes y amantes de la verdad debéis juzgar el hecho, si la otra parte accede. Este mismo mandato se aplicará siempre que algo os sea robado.

Sobre los Hermanos Ancianos.

60. Disponemos por consejo compasivo que los hermanos ancianos y débiles sean honrados con diligencia y reciban la atención de acuerdo con su fragilidad; y cuidados por la autoridad de la Regla en aquellos menesteres necesarios para su bienestar físico, y que en forma alguna se sientan afligidos.

Sobre los Hermanos Enfermos.

61. Que los hermanos enfermos reciban la consideración y los cuidados y sean servidos según las enseñanzas del evangelista y de Cristo Jesús: Infirmus fui et visitastis me. Que significa: ' Estuve enfermo y me visitaste'; y que esto no sea olvidado. Porque aquellos hermanos que están dolientes deberán ser tratados con dulzura y cuidado, porque por tal servicio, llevado a cabo sin titubear, ganareis el reino de los cielos.

Por lo tanto pedimos al Enfermero que sabia y fervientemente provea lo necesario a los diversos hermanos enfermos, como carne, viandas, aves y otros manjares que los retornen a la salud, según los medios y posibilidades de la casa.

Sobre los Hermanos Fallecidos.

62. Cuando un hermano pase de la vida a la muerte, algo de lo que nadie está excluido, digáis misa por su alma con misericordioso corazón, y que el divino oficio sea ejecutado por los curas que sirven al rey. Vosotros que servís a la caridad por un tiempo determinado y todos los hermanos que estén presentes frente al cadáver rezareis cien paternosters durante los siete siguientes días. Y todos los hermanos que están bajo la orden de la casa del hermano fallecido rezaran los cien paternosters, como se ha dicho anteriormente; después de conocerse la muerte y por la misericordia de Dios. También rogamos y ordenamos por autoridad pastoral que un mendigo sea alimentado con carne y vino durante cuarenta días en memoria del hermano finado, tal y como lo hiciera si estuviera vivo. Nosotros explícitamente prohibimos todos los anteriores ofrecimientos que solían hacer por voluntad y sin discreción los Pobres Caballeros del Templo ante la muerte de hermanos, en la celebración de Pascua u otras fiestas.

63. Es más, debéis profesar vuestra fe con pureza de corazón de día y de noche para que puedan compararos, en este aspecto, con el más sabio de los profetas, que dijo: Calicem salutaris accipiam. Que quiere decir: 'Yo beberé de la copa de salvación.' Lo cual significa: 'Vengaré la muerte de Cristo con mi muerte. Porque de la misma manera en que Cristo Jesús dio su cuerpo por mí, de la misma forma estoy preparado para dar mi alma por mis hermanos.' Esta es una ofrenda apropiada; un sacrificio viviente y del agrado de Dios.

Sobre los Sacerdotes y clérigos que sirven a la Caridad.

64. La totalidad del concilio en consejo os ordena rendir ofrendas y toda clase de limosnas sin importar el modo en que puedan ser dadas, a los capellanes y clérigos y a los que restan en la caridad por un tiempo determinado. Siguiendo los mandatos de Dios nuestro Señor, los sirvientes de la iglesia pueden solo recibir ropa y comida, y no pueden presumir de poseer nada a menos que el Maestre desee dárselo por caridad.

Sobre los Caballeros seglares.

65. Aquellos que por piedad sirven y permanecen con vosotros por un tiempo determinado son caballeros de la casa de Dios y del Templo de Salmón. Por lo tanto con piedad rezamos y así disponemos finalmente que si durante su estancia, el poder de Dios se lleva a alguno de ellos, por amor a Dios y propio de la fraternal misericordia, un mendigo sea alimentado durante siete días para la salvación de su alma, y cada hermano en esa casa deberá rezar treinta paternosters.

Sobre los Caballeros Seglares que Sirven por tiempo determinado.

66. Ordenamos que todos los caballeros seglares que deseen con pureza de corazón servir a Cristo Jesús y la casa del Templo de Salomón por un periodo determinado que adquieran, cumpliendo con la norma, un caballo y armas adecuados y todo lo necesario para la tarea. Es más, que ambas partes den un precio al caballo y que este precio quede por escrito para no ser olvidado; y dejad que todo lo que el caballero, su escudero y su caballo necesiten, provenga de la caridad fraternal según los medios de la casa. Si durante ese tiempo determinado, ocurre que el caballo muere en el servicio de la casa, si la casa lo puede costear, el Maestre lo repondrá. Si al final de su estadía, el caballero desea regresar a su país, deberá dejar en la casa por caridad, la mitad del precio del caballo, y la otra mitad puede, si lo desea, recibirla de las limosnas de la casa.

Sobre la Promesa de los Sargentos

67. Dado que los escuderos y sargentos que deseen caritativamente servir en la casa del Temple, por la salvación de su alma y por un periodo determinado, vienen de regiones muy diversas, es prudente que sus promesas sean recibidas, para que el enemigo envidioso no los haga arrepentirse y renunciar a sus buenas intenciones.

Sobre las Capas Blancas.

68. Por unánime consenso de la totalidad del capítulo, prohibimos y ordenamos la expulsión, por vicioso, a cualquiera que sin discreción haya estado en la casa de Dios y de los Caballeros del Temple. También, que los sargentos y escuderos no tengan hábitos blancos, dado que esta costumbre ha traído gran deshonra a la casa; pues en las regiones más allá de las montañas falsos hermanos, hombres casados y otros que fingían ser hermanos del Temple las usaron para jurar sobre ellas; sobre asuntos mundanos. Trajeron tanta vergüenza y perjuicio a la Orden de Caballería que hasta sus escuderos se rieron; y por esta razón surgieron muchos escándalos. Por tanto, que se les entreguen hábitos negros; pero si éstos no se pueden encontrar, se les deberá dar lo que se encuentre en esa provincia; o lo que sea más económico, que es burell.

Sobre hermanos Casados.

69. Si hombres casados piden ser admitidos en la fraternidad, favorecerse y ser devotos de la casa, permitimos que los recibáis bajo las siguientes condiciones: al morir deberán dejar una parte de sus propiedades y todo lo que hayan obtenido desde el día de su ingreso. Durante su estancia, deberán llevar una vida honesta y comprometerse a actuar en favor de sus hermanos, pero no deberán llevar hábitos blancos ni mandiles. Es más, si el señor fallece antes que su esposa, los hermanos se quedarán solo con una parte de su hacienda, dejando para la dama el resto, a efecto de que pueda vivir sola de ella durante el resto de su existencia; puesto que no es correcto ante nosotros, que ella viva como cofrade en una casa junto a hermanos que han prometido castidad a Dios.

Sobre Hermanas.

70. La compañía de las mujeres es asunto peligroso, porque por su culpa el provecto diablo ha desencaminado a muchos del recto camino hacia el Paraíso. Por tanto, que las mujeres no sean admitidas como hermanas en la casa del Temple. Es por eso, queridos hermanos, que no consideramos apropiado seguir esta costumbre, para que la flor de la castidad permanezca siempre impoluta entre vosotros.

Que no tengan intimidad con mujeres.

71. Creemos imprudente para un religioso mirar mucho la cara de una mujer. Por esta razón ninguno debe atreverse a besar a una mujer, sea viuda, niña, madre, hermana, tía u otro parentesco; y recomendamos que la caballería de Cristo Jesús evite a toda costa los abrazos de mujeres, por los cuales muchos hombres han perecido, para que se mantengan eternamente ante Dios con la conciencia pura y la vida inviolable.

No ser Padrinos.

72. Prohibimos que los hermanos, de ahora en adelante, lleven niños a la pila bautismal. Ninguno deberá avergonzarse de rehusar ser padrino o madrina; ya que esta vergüenza trae consigo más gloria que pecado.

Sobre los Mandatos.

73. Todos los mandatos que se han mencionado y escrito aquí, en esta Regla actual están sujetos a la discreción y juicio del Maestre.

Estos son los Días Festivos y de Ayuno que todos los Hermanos deben Celebrar y Observar.

74. Que sepan todos los presentes y futuros hermanos del temple que deben ayunar en las vigilias de los doce apóstoles. Que son: San Pedro, San Pablo, San Andrés, San Jaime, y San Felipe; Santo Tomás, San Bartolomé, San Simón y San Judas Tadeo, San Mateo. La vigilia de San Juan Bautista; la vigilia de la Ascensión y los dos días anteriores; los días de rogativas; la vigilia de Pentecostés; las cuatro Témporas; la vigilia de San Lorenzo, la vigilia de Nuestra Señora de la Ascensión; la vigilia de Todos los Santos; la vigilia de la Epifanía. Y deberán ayunar en todos los días citados según la disposición del Papa Inocencio en el Concilio de la ciudad de Pisa. Y si alguno de los días de ayuno cae en Lunes, deberán ayunar el Sábado anterior. Si la Natividad de Nuestro Señor cae en Viernes, los hermanos comerán carne en honor de la fiesta. Pero deberán ayunar en el día de San Marcos debido a las Letanías: porque así ha sido establecido por Roma para los hombres mortales. Sin embargo, si cae durante la octava de Pascua, no deberán ayunar.
Estos son los Días de Ayuno que deberán ser observados en la Casa del Temple.
75. La natividad de Nuestro Señor; la fiesta de San Esteban; San Juan Evangelista; los Santos Inocentes; el octavo día después de Navidad que es el día de Año Nuevo; la Epifanía; Santa María Candelaria; San Matías Apóstol; la Anunciación de Nuestra Señora en Marzo; Pascua y los tres días siguientes al día de San Jorge; los Santos Felipe y Jaime, dos apóstoles; el encuentro de la Vera Cruz; la Ascensión del Señor; Pentecostés y los dos días siguientes; San Juan Bautista; San Pedro y San Pablo, dos apóstoles; Santa María Magdalena; San Jaime Apóstol; San Lorenzo; la Ascensión de Nuestra Señora; la natividad de Nuestra Señora; la Exaltación de la Cruz; San Mateo Apóstol, San Miguel; Los Santos Simón y Judas; la fiesta de Todos los Santos; San Martín en invierno; Santa Caterina en invierno; San Andrés, San Nicolás en invierno; Santo Tomás Apóstol.

76. Ninguna de las fiestas menores se debe observar en la casa del Temple. Y deseamos y aconsejamos que se cumpla estrictamente: todos los hermanos del Temple deberán ayunar desde el Domingo anterior a San Martín hasta la Natividad de Nuestro Señor, a menos que la enfermedad lo impida. Si ocurre que la fiesta de San Martín cae en Domingo, los hermanos no tomarán carne el Domingo anterior.