IMAGENES . ENLACES

El valle de AvalOn -- Charles Henneberg

Escrito por imagenes 26-02-2009 en General. Comentarios (0)

El valle de AvalOn -- Charles Henneberg

El valle de AvalOn
Charles Henneberg



Anexo al expediente, sobre las relaciones intergalácticas. Testimonio del doctor Sartory Shayne (del Servicio de los Satélites).



MUY SECRETO



Se estancaba probablemente sobre el suelo de ciertos planetas desolados de la Hoya del Cisne: los navegantes evitan aquella sima ardiente de soles oscuros. Se pegaba a los asteroides saturados de torio, donde atracan las naves piratas. Era, de acuerdo con los análisis, una combinación dinámica formada de oxígeno, nitrógeno (en forma de albúmina), hidrógeno y algunos gases ignorados de la Tierra. En estado activo, se presentaba como una nube cenicienta, salpicada de polvo de diamantes.

Aquella cosa informe estaba viva. En virtud de su ritmo y su dominio parapsíquico, poseía una intuición diabólica y también un sentido de la belleza.

Ignoramos su edad exacta. En los planetas muertos, cuya luz no llega ya al sistema solar, se han encontrado rastros de N03H (con algunas X más). Surgida de la Hoya del Cisne, avanzaba hacia sus orillas y cuando localizaba una vida orgánica sobre un globo se ocupaba de ella, a su manera. Era a la vez viviente y atrozmente material: tan material, incluso, que pudo ser captada más tarde por la cámara fotográfica. Dado lo complicado de su fórmula química, la llamamos simplemente la Bruma, y luego la Voz. Finalmente, Les Olsen me habló de aquel antiguo sortilegio olvidado: el Valle de Avalon, en el bosque de Broceliande.

Permitidme ahora que pase a las demostraciones.

Nos han hablado tanto de monstruos galácticos, que tendemos a imaginarlos entre el trueno y los relámpagos. El asunto empezó, por el contrario, discretamente. Hay, en la memoria profunda de la Tierra, cubiertos por el polvo de los siglos y las inquietudes del día, unos recuerdos absurdos y demenciales, extrañas fábulas que recobran vida al azar de una incursión o de un descubrimiento, y vemos entonces que hemos vivido tranquilamente, durante siglos enteros, al lado de pesadillas completamente reales. En aquella época yo era médico, asignado al servicio de Delta 6, un pequeño satélite artificial, que orbitaba a muy poca distancia de la Tierra. Había tan poco espacio en su superficie, que yo pernoctaba en nuestro globo.

Una noche fui despertado por el Faro de Delta 6 que me reclamaba urgentemente. Una astronave había aterrizado allí, bajo el control de un robot. A bordo de ella había una extraña tripulación: cinco hombres, todos muertos.

Pregunté inmediatamente:

—¿Alguna avería?

—No —respondió flemáticamente el comandante del satélite—. Todo está en orden.

—Entonces, ¿una intoxicación producida por los concentrados?

—No. Tienen un aspecto muy tranquilo.

—Bien. No tardaré en llegar.

Mi pequeño cohete de servicio me trasladó sin demora a Delta 6. Durante el trayecto, echaba pestes contra esos tipos de la Astronáutica que se impresionan por nada.



No había ningún detalle que llamara particularmente la atención. La astronave era un pequeño vehículo, quizás no demasiado regular, de tipo comercial, y los hombres cinco jóvenes espléndidos. Estaban apaciblemente tendidos en sus hamacas, con los brazos cruzados, e incluso se habían preocupado de taparse con las sábanas que les servían de mortaja. Tuve la impresión de que habían sucumbido bajo los efectos de un derivado del nitrógeno: casi un gas hilarante. Habían sabido que iban a morir, y el saberlo les había alegrado. Ninguno de ellos había dejado una carta. La compuerta estaba abierta de par en par desde hacía unos instantes, y no pude analizar la naturaleza de la atmósfera, pero el comandante del puerto me aseguró que cuando ellos habían entrado había bastante oxígeno.

—Tal vez demasiado, incluso —opinó su ayudante, un joven observador—. Y vapor de agua, que salió con un leve silbido.

—No era un silbido, propiamente —rectificó el comandante—. Era... bueno, como cuando el agua empieza a hervir en una olla. Algo tibio que runrunea agradablemente.

—Comandante, es usted un poeta.

—De todos modos, vapor o no, se disipó en el aire.

El casco de la nave, relativamente nuevo, fue enviado a la descontaminación. Se estudiaron los documentos de a bordo: la astronave se llamaba Audaz X198, un bello nombre de corsario, y era una nave pirata. Sorprendentemente, las bodegas estaban vacías, pero nuestros contadores Geiger, trabajando a fondo, nos demostraron que transportaba habitualmente materias fisiles. De contrabando, naturalmente, por lo que nadie se presentó a reclamar el buque. Su última escala había sido un asteroide situado a orillas de la Hoya del Cisne.

¿Y los muertos? Nadie vino a buscarlos, tampoco. Sin embargo, eran jóvenes, debían tener familiares, pero ya se sabe lo que ocurre cuando uno se lanza a esa clase de aventuras: se cambia de nombre, y se hace quemar sobre su piel el número de nacimiento. En el fondo, esa gente se preocupa de su honorabilidad.

Eran unos jóvenes normales y sanos, sin taras aparentes. Su muerte había sido... casi dulce.

Un solo hecho me impresionó: todos ellos tenían los ojos abiertos. Y su iris era gris, con un reflejo dorado, metálico.

El caso fue bautizado incluso con el nombre de «el misterio de los muertos de ojos grises». Tal vez los tenían así de nacimiento. Habían sido adormecidos, drogados por una mezcla nitrogenada. «Una parcela de atmósfera particular que se habían traído de la Hoya del Cisne», decidió la Comisión de Control, que esta vez había dado en el clavo, aunque olvidando el hecho de que los cuerpos gaseosos poseen la propiedad y la costumbre de dilatarse, y había que admitir que aquella parcela permaneció incoercible. Y no era venenosa. No.

Se firmó el acta, y todo el mundo olvidó el asunto.



Tres días después, una patrulla procedente de Delta G nos anunciaba que, en el astrodromo, todo estaba muerto... salvo el guardián del Faro. Y, según todas las probabilidades, se trataba también de un gas hilarante.

Esta vez, la enorme máquina gubernamental se puso en movimiento. Se analizó, demasiado tarde, hasta la menor parcela de aire sobre Delta 6. Se hizo la autopsia a los muertos tranquilos, de ojos grises, que parecían sonreír. Se sacudió, desde luego, al guardián del Faro como a un ciruelo. No sabía nada, excepto que preparaba sus exámenes de piloto y que había subido a la torre, para ahorrar su propia luz. Y luego, sentado en la escalera giratoria, se había dormido sobre su manual de álgebra. Era una noche muy tranquila, brumosa... una especie de niebla fosforescente...

En Delta 6 no se encontró nada. Ni siquiera una alteración de la retina en los felices cadáveres. Aquella irisación gris era simplemente un reflejo que se había fijado: el organismo humano había actuado como una célula fotoeléctrica. Si hubiésemos estado un poco exentos de ideas preconcebidas, habríamos comprendido que los muertos habían fotografiado también a su asesino. Lo malo es que nosotros buscábamos una forma visible: la vista es el más exigente de nuestros sentidos.

De todos modos, aquella hecatombe sobre un satélite tenía forzosamente que preocupar a la Tierra, la cual tiene una acusada tendencia a no interesarse más que por sus pequeños asuntos personales. Se obró de manera que nada figurase en los diarios hablados de la televisión, y se evitó por muy poco una interpelación federal. Se filtraron las informaciones con cuentagotas. Las familias recibieron una tarjeta de pésame: «Caído en su puesto en el espacio», y unas pensiones.

¿He de decir que yo no estaba satisfecho? Se trataba de otra cosa. No me sentía culpable, personalmente, delante de aquellos muertos. Un astronauta, después de todo, ha escogido un oficio peligroso. Pero había que contar con los apacibles, los rutinarios, los normales habitantes de la Tierra... Algo había golpeado dos veces, acercándose. Algo absolutamente invisible, impalpable y, a juzgar por el aspecto de las víctimas, bastante agradable, incluso, a primera vista...

Hice repetir los análisis. No buscaba ahora en los muertos algo que no existía antes, sino por el contrario lo que les faltaba. La idea de una vida carnívora surgida de las profundidades del espacio no se había apartado de mi mente: incluso me asombraba de que la tierra hubiese evitado hasta ahora el peligro. En los antiguos libros de anticipación, que no eran siempre las tonterías alucinadas que se ha querido ver en ellos, el caso es bastante frecuente: los «zorls» se nutren de «yd», y los «shambleau», más poéticamente, de «fuerza vital»...

El análisis químico resultó decepcionante: a los muertos de Delta 6 no les faltaba nada: Por el contrario, me atrevería a decir que se encontraban en un estado perfecto de madurez, de virilidad. ¿Debí comprender, quizás? No. No. Es difícil, en este mundo inseguro, imaginar que se pueda morir porque se ha alcanzado un grado de perfección, una suma de éxtasis...



A partir de aquí la historia se convierte en alucinante, por el hecho de ser cotidiana. No esperéis que os presente unos monstruos con tentáculos y ventosas que se pasean por nuestras calles, provocando las convulsiones de la humanidad. No dispongo de mucho tiempo para seguir los periódicos o escuchar las emisiones, y sin embargo tenía la certeza de que Ella había desembarcado sobre la Tierra. Probablemente con la astronave de patrulla... o en un pequeño cargo. He dicho ya que su intuición era diabólica; gracias a un sentido desconocido captaba, en un instante, todo el acervo de una cultura milenaria y se adaptaba a ella. Bruma de pantano, nube atómica sobre los planetas del carbonífero, fosforescencia en el espacio, en la Tierra se convertía en civilizada. ¿Quién no ha oído hablar de esos muertos, de los cuales comentan las comadres: «¡Pobrecito! ¡Parece sonreír!»? (Observad que ni siquiera las comadres están seguras: no del todo. En esa sonrisa hay un elemento extraño, una angustia donde el bien y el mal parecen confundirse).

No quisiera filosofar demasiado: hubo en la época dos o tres hecatombes bastante espantosas, debidas a ciclones, a maremotos o a sabotajes. Algo en común: todo el mundo, incluso los saboteadores, sonreía.

Las llamadas dramáticas vienen siempre de noche o en aquella lívida palidez del alba en la cual todas las catástrofes parecen posibles. Aquella vez, me habían citado en el Servicio. Hay que decir que, entretanto, yo había dirigido un pequeño informe sobre las «vidas moleculares del espacio» a quien corresponde. Fui recibido por el Gran jefe, en persona. Esperaba, o unos cumplidos por mi trabajo, o, más probablemente, unos reproches como sembrador de pánico. Pero el Gran Jefe se limitó a colocar delante de mí una espantosa estadística:



Campo de Juventud ZA303



Año 2290 Muertos Muertos probables

(suicidios o causas indeterminadas)



Mayo-Jun Niños 17

Adultos 10



Julio Niños 23

Adultos 08



Agosto Niños 180

Adultos 20



—¿Qué es esa pesadilla? —pregunté.

El Gran Jefe me miró, pasándose por su frente fea, abombada, genial, una mano muy bella de cirujano.

—Sí —dijo—. Es una pesadilla. Se trata de la Reserva Europea de Vacaciones: la superficie de un estado mediano, los más hermosos parajes y una atmósfera ideal. El distrito afectado se llama el Valle Feliz. En un bosque de pinos, de eucaliptus y de tamarindos, hay unos poblados educativos dirigidos por monitores especializados y servidos por robots. Tengo aquí los expedientes de los pequeños y del personal docente: todos pertenecen a una élite estable, sana y sin taras.

»Cuando se produjeron los primeros fallecimientos, hubo una verdadera conmoción: se sospechó que existía una epidemia, una resurrección de antiguas plagas, un virus... a pesar de que los virus han desaparecido prácticamente de la Tierra. Se desinfectaron los poblados y se puso en observación a las personas que habían estado en contacto con las víctimas. Un método completamente inoperante, por otra parte, puesto que no se sabía de qué enfermedad podía tratarse, ni cuáles eran los plazos de incubación. Además, ¿se trataba únicamente de una enfermedad? Me habían prevenido demasiado tarde... Las muertes habían sido... suaves. Un grupo de pequeños que pasaba la noche en el bosque, al final de una excursión, había danzado alrededor de una fogata de campamento. Fatigados, se habían dormido y no despertaron ya. Otros habían nadado con sus monitores, en una cala poco profunda; testigos que se encontraban sobre un promontorio afirman que los pequeños reían y cantaban, acompañándose de un instrumento. Ésta es una fotografía que tomaron: parecen duendecillos dichosos, chapoteando en el agua y tendiendo los brazos al sol... Pues bien, un minuto después, se dejaban ahogar, todos...

—¿Delante de los testigos?

—Sí. Éstos se precipitaron, un poco tarde, probablemente habían creído que se trataba de un juego. Nadie se salvó: ésos son los 31 muertos de julio.

Examiné la fotografía. Dije:

—Observo una anomalía.

—Sí, ¿verdad? El sol y las sombras de las rocas fijan la hora a mediodía. Y, sin embargo, la cala está velada por una ligera bruma. Pero empezaron por decirme que se trataba de un fenómeno corriente en la región: las nieblas matinales que se pegan a las ensenadas... Lo cierto es que se produjo una viva inquietud en los medios docentes. Se temían las reacciones del público, la desesperación de los padres; había que disolver el campamento. Ya sabe usted que esas organizaciones sociales forman el núcleo, el centro viviente de la construcción de nuestro Estado... Y eso no era todo: había que dar explicaciones. Esos niños que se habían ahogado en 50 centímetros de agua... y esos adultos, todos acondicionados, deportivos... ¿Qué es lo que les había arrastrado a la muerte? ¿Una insolación? Pero el agua se mantenía tibia gracias a una corriente artificial creada a lo largo de las costas, y al sol benigno. Los periodistas hablaron entre ellos —ya que se puso un freno a las indiscreciones— de pulpos y de cierta serpiente de mar periódica. En aquel preciso instante, su informe —un gesto de disculpa—, injustamente descartado por unos secretarios, cayó bajo mis ojos. Y pensé que tal vez usted tendría una opinión personal que expresar.

—Tengo una —dije francamente—. Pero antes me gustaría saber por qué ha señalado usted en esa estadística: «suicidios».

Me dio la misma respuesta que el difunto comandante de Delta 6:

—Vi los cadáveres de los ahogados. ¡Estaban tan... tan tranquilos!

—Aún así. Hay gases y somníferos que provocan una muerte apacible.

—Una de las niñas escribió sobre la arena: «¡Oh, muerte, dulce muerte...!» Una niña de diez años. Desde luego, la suposición es monstruosa y no hablaremos de ella a los padres: pero diríase que les alegraba morir.

—¿Y el grupo del mes de agosto? ¿Por qué «muertes probables»?

El Gran Jefe se ensombreció del todo.

—Porque sabemos que están muertos —dijo—, pero no hemos podido verles. Mire este mapa: ésta es la costa, el Valle Feliz. Esa aglomeración es el poblado de las Cicades, una verdadera aldea atribuida a los niños de 6 a 15 años. Durante sus cinco meses de vocaciones, viven ahí con sus monitores, se divierten, hacen deporte, cultivan sus jardines y sus huertas, y le ruego que crea que la colonia es excelente.

—20 monitores para 180 alumnos. ¿No es demasiado?

—No, si se considera que hay personal especializado, incluyendo puericulturas para las niñas, médicos, pedagogos y enfermeros. Todo el mundo es —era, debería decir, por desgracia— joven y activo, y los adolescentes mayores les ayudaban. Además, tenían sus robots para las tareas manuales, ¿no es así? En fin, lo cierto es que ayer, día de la fiesta de las Huertas, toda la reserva debía reunirse en el centro de las Gencianas, para presentar los productos de su suelo; son unos verdaderos comicios agrícolas, en los cuales se conceden medallas: los niños disfrutan mucho. Pero las Cicades no enviaron ninguna delegación, cosa que es contraria a todas las normas. Se intentó establecer contacto con ellos por viseo, inútilmente. Sus puestos emisores permanecían callados. Entonces, las lenguas se desataron, se dijo que muchos niños habían desertado de las pruebas deportivas, las semanas anteriores, y que los que regresaban tenían «un aire raro y reían siempre».

»La monitora-jefe de las Gencianas (niños de 14 a 18 años), formó un grupo de reconocimiento y marchó en dirección a las Cicades. Gracias sean dadas al cielo: es una mujer inteligente, y no llegó allí.

—¿Por qué?

—Mire esa fotografía. Fue tomada por un alumno del grupo de reconocimiento.

Era el Valle Feliz... y era otro mundo. Acababa de verlo en el mapa y en las otras fotografías; sin embargo, no existía más que un vago parecido en la configuración del paisaje. Contemplé la imagen sin poder despegar los ojos de ella: las montañas eran más altas, más puntiagudas, semejantes a los picos lunares, los desfiladeros más profundos y más misteriosos. Un estanque oculto bajo los musgos se ensanchaba en un lago de ópalo que reverberaba con una alucinante belleza. Pero, ¿de dónde procedían aquellos roquedales centelleantes, fluctuantes, aquellas extrañas siluetas de cristal que tal vez eran árboles, y aquellas lianas metálicas que eran sin duda serpientes pitón? Una cascada algodonosa, suspendida en los aires, fosforecía a través del pálido encaje de los nenúfares gigantes. La curva de las colinas era una música; la bruma dorada, diamantina, que envolvía las cosas, un perfume. Aquello era lo que veían en el momento de morir, aquello era el último refugio, la tierra ideal... el país del cual no se regresa nunca. Para arrancarme al maléfico encanto, tuve que cubrir con la mano el paisaje embrujador.

—Y no era solamente eso —dijo el Gran Jefe, con voz ligeramente enronquecida (también él debió contemplar aquella fotografía...¡y largamente!)—. No verá usted a la monitora-jefe, la han colocado bajo vigilancia: condujo a su grupo, el ojo tumefacto y los cabellos en desorden, porque tuvo que luchar. Ahora, está poseída por una especie de delirio. Dice que a medio camino del Valle se empezaba a oír la Voz. ¿Era una voz? Los testigos de la cala han hablado de zumbidos o de vibraciones; en todo caso, se trataba de un sonido agudo, correspondiente a las variaciones visuales y que ataca los nervios, de un modo exquisito.

»Y aquella voz hablaba, sin que fuera posible distinguir una palabra, alcanzando a la vez todas las fibras del ser; murmuraba y prometía cosas inefables, inexpresables, un paraíso de infancia, de inocencia y de pureza. Los niños iban a lanzarse, y en aquel instante la monitora tuvo una idea genial: ordenó a sus alumnos que se taparan los oídos, como hicieron los marineros de Ulises, y a las niñas que cerraran los ojos, formó una cordada y condujo a su pequeño grupo ciego y sordo —jadeante— al redil, es decir, a las Gencianas. Supongo —añadió el Jefe— que aquellos niños vieron y oyeron lo que podían oír y ver —una especie de ideal imposible—, y que la confrontación fue limitada. Pero temo que no lo olviden nunca.

—¿Y los otros?

Rechazó un mechón blanco que no le conocía, con un gesto que se convertía en un tic:

—Sí, los otros... No sabemos nada de ellos. Tres monitores, cada uno por su cuenta, trataron de descender... Ninguno ha regresado. He dado orden de rodear el Valle. Hace de eso 36 horas.

—¿Continúa allí la bruma?

—¿Lo que nosotros llamamos la bruma?

Sí. Yo sabía ahora lo bastante acerca del fenómeno para reaccionar.

Expuse al Gran Jefe mi plan, muy sencillo. Hasta cierto punto, teníamos quizás la suerte de que, saturada, ebria de tanta alegría joven como había bebido, de tantas vidas intactas, la Muerte reposara en el desfiladero. Teníamos una posibilidad —¡muy pequeña!— de sorprenderla y de combatirla. ¿Con qué armas? Entonces me di cuenta de que el Jefe estaba más impresionado de lo que había creído: contemplaba obstinadamente sus manos largas, morenas, eficaces, que por espacio de tantos años habían combatido a la muerte y que se revelaban inútiles, por primera vez. Comprendí que, para el cirujano y cardiólogo Thierry Verde, era una derrota imperdonable. Lo comprendí todavía mejor cuando se negó a dirigir la expedición.

—Usted está más al corriente que yo de esos asuntos, Sartory Shayne —dijo—. Es usted más joven. La resistencia nerviosa tiene un límite. Yo... —Esbozó una sonrisa lamentable, antes de añadir—: Mi hija, lone, estaba en el campamento de las Cicades. Tiene... tenía... 15 años.

Eso fue todo. Me encontraba solo delante de una tarea sobrehumana. El Gran Jefe me dejó sus laboratorios y sus colaboradores. Durante toda la noche, los viseos nos aportaron informaciones que los cerebros electrónicos ordenaban. Todo el mundo confirmaba la cualidad hipnótica del paisaje y el origen extraterrestre del fenómeno. ¡Pero yo lo sabía ya! Al amanecer, mientras bebíamos un café muy cargado, delante del Androide XXX99, entre una montaña de fichas perforadas, Les Olsen, bacteriólogo y medievalista, examinando por centésima vez las fotografías, expresó una opinión autorizada:

—Eso parece el Valle de Avalon —dijo—. ¿Te acuerdas? El Museo del Mundo Antiguo. El siglo XIII del Cuaternario, la caballería y todo eso.

—¿El Valle de...?

—No te rías, por favor. La Edad Media fue una época exquisita y cruel, durante la cual la humanidad, demasiado débil y demasiado sensible, conoció todos los atentados. Se defendió... como un hombre. Dame un poco más de café... Existía el bosque de Broceliande: un bosque de pinos, precisamente. Al entrar se encuentra una fuente, con unas gradas de esmeraldas; un cubilete cuelga al extremo de una cadena de oro. Se bebe, se echa el agua sobrante sobre las losas... y he aquí que se desencadena una tormenta, se levanta una niebla y a través de sus nubes lechosas aparece un paisaje divino: es el Valle de Avalon. Quienquiera que penetre en él se convierte en presa de una fuerza mágica y no reaparece nunca. Centenares de seres desaparecen de ese modo... Pero ese valle no ha existido nunca, lo sabemos perfectamente...

—Muy poético —dije—. Pero no veo...

—Tenemos también el jardín de Klinsor —continuó Olsen en un tono algo alucinado—, y la ciudad de Ys, y el pueblo invisible de Kitéje. Pero aquí la leyenda se complica, los habitantes invisibles de los pueblos perdidos son quizás seres vivientes, se oyen tañir las campanas en una perpetua armonía, bajo la superficie del lago de Antioche se ven los palacios blancos de Antigonia... No, regresemos a nuestros lugares mágicos y a su destrucción...

—Comprendo —dije, captando finalmente la idea que pretendía expresar.

—En Ariosto, Orlando el Furioso derriba unas cacerolas, es la entrada encantada: la humareda se disipa y el encanto se desvanece. En otra parte, lo que disipa las tinieblas es la acción del deslumbrante, del resplandeciente Graal. En realidad, se ha supuesto que Graal tenía un origen termonuclear, al poner en juego las radiaciones gamma...

—Eso no encaja con nuestro caso —le interrumpí—. La Voz merodea por unos asteroides llenos de uranio.

—De acuerdo, pero tienes que admitir que en lo que acabo de decirte hay una idea práctica: no podemos combatir a una niebla con un arma en la mano.

—No —dije, acordándome repentinamente de una cosa—. Olsen, creo que... Escucha: hasta ahora hemos tratado de conocer al enemigo de acuerdo con las normas de la Tierra: un error, sin duda. Sobre la Tierra, traído por cualquier azar estelar, el enemigo se adapta, asume aspectos y nombres magníficos. Pero, veámosle en su dominio, la Hoya del Cisne. Es un organismo de bajo origen, como lo demuestra el que sea indiferenciado. ¿Qué sabemos de él? No tiene forma concreta, es un compuesto de gas y de proteínas, viviente, y mata para sobrevivir. Habita con preferencia en los asteroides que carecen de atmósfera, de calor y de electricidad. Pero, sobre la Tierra, soporta las temperaturas solares, y el carbono y el oxígeno...

—La electricidad... —empezó a decir Les.

—Sí. En Delta 6, el único superviviente —que dormía, por otra parte— es un guardián del Faro que pasa la noche bajo el mismo proyector.

Nos miramos, y Olsen dijo:

—Supongamos que el Graal no fue más que un electrón...



Era necesario ahora comprobar aquella hipótesis absurda, fantástica. Una sola persona continuaba con vida después de haber contemplado de cerca al Enemigo: me hice transportar en helicóptero a la entrada de la Reserva y exigí ver a Anne Wynne, la monitora-jefe. Me contestaron que reposaba y que, además, estaba loca. Tuve que utilizar toda mi autoridad de médico para conseguir mi propósito. Terminaron por introducirme en una especie de celda de paredes acolchadas. Una mujer morena, delgada, ni fea ni guapa, la recorría, embutida en una camisa de fuerza. Volvió hacia mí un rostro alucinado.

—Miss Wynne —le dije, con toda la suavidad que me fue posible—, en este momento es usted el único ser sobre la Tierra que ha visto cara a cara un peligro que nos amenaza a todos. Creo que podría usted rendir un inmenso servicio a la humanidad si nos ayudara a identificar al enemigo, por penosos que sean para usted esos recuerdos.

Lo esperaba todo, menos la respuesta de Miss Wynne, formulada con voz tan suave como la mía:

—¿Qué enemigo? ¿De qué está hablando, doctor?

A regañadientes, me embarqué en una explicación científica, pero ella me interrumpió bruscamente:

—Me dice usted que todas esas personas están muertas. Sea. Lo habrían estado, de todos modos y probablemente con una muerte sórdida o espantosa: de vejez, de enfermedad, o en un conflicto mundial, roídos los huesos y la carne, en medio de abominables sufrimientos. Ahora, se han extinguido en la cumbre de una perfección física, simplemente porque su éxtasis era demasiado profundo, su delicia demasiado penetrante... porque en un momento determinado se identificaron con el Donante. Le han devuelto lo que él exaltó en ellos, lo que había elevado a las más altas cumbres: la Dicha. Sí, han muerto de dicha. ¿Quién no desearía una muerte semejante?

Era más de lo que yo pedía: aquello confirmaba mis sospechas más odiosas. Sin embargo, ignoraba aún una cara del monstruo que operaba, para alimentarse, aquella espantosa simbiosis. Pero Miss Wynne estalló:

—¿Y quiere usted que yo le traicione? ¿Porque soy humana? ¡El demente es usted, doctor! Aparte de ese cuerpo incómodo y esa sensibilidad que no sirve para nada, me gustaría saber qué queda de su humanidad dura, obtusa, obstinada... Escuche, doctor Shayne, los hombres no me han dado nada. ¡Nada! Toda mi vida me he ocupado de los demás, de sus debilidades, de sus ignorancias, de sus complejos; me entregaban una pequeña larva, un boceto al que yo había de dar forma; y cuando esos niños se convertían finalmente en criaturas humanas inteligentes y encantadoras, se marchaban, se marchaban todos... Y yo me quedaba con las manos vacías: era la vieja gruñona, la fastidiosa Miss Wynne.

Se llevó las dos manos al rostro y añadió de un tirón (sin duda, nunca se había atrevido a hablar de aquellas cosas en voz alta):

—El único momento de mi vida en que fui completamente dichosa se sitúa en aquella estrecha cornisa, ante un sueño materializado. A él le debo mi único éxtasis, él es mi única esperanza, lo es todo para mí. Esa gente que me mantiene encerrada, atada, pretende que estoy loca. Por el contrario, soy particularmente lúcida, Sartory Shayne. Al devolverles aquellos estúpidos pequeños, porque era mi deber hacerlo, declaré que mi único deseo era regresar al Valle.

—Estaría usted muerta, en este momento —dije, con cierta rudeza.

—Sí. ¿Y qué? ¿Qué vale esta vida monótona y gris, comparada con un instante realmente bello? Ustedes no saben, pobres babosas que se arrastran sobre su fango —añadió, y su rostro se iluminó—, lo que es esa explosión de alegría que le invade a uno, arrancándole de las groseras contingencias físicas. ¡Él está aquí! Sus efluvios nos penetran, hasta que formamos un solo ser con él y con el cosmos... ¡He aquí la verdadera unión!

—Dios me perdone, Anne Wynne. Habla usted de esa monstruosidad... como de un amante.

Había tratado de escandalizarla, de arrancarla brutalmente de sus fantasmas. Pero sólo obtuve el efecto contrario: una sonrisa de felicidad asomó a sus labios exangües:

—Sí —murmuró—. Es mi amante. ¿Qué mujer no ama a su dios?

—¡Un dios, esa cosa indiferenciada!

—¡Oh! —replicó Miss Wynne, encogiéndose de hombros—. Él puede adoptar la forma que le place. Y es precisamente a causa de esto que usted no podría vencerle. Al principio se había limitado a asumir, como las nubes, un aspecto de ciudades, de paisajes... Pero ahora puede convertirse en lluvia de oro, en cisne o en hermoso caballero rubio, como Tristán o Parsifal... ¡Daos prisa, Terrestres, se os escapa!

Comprendí, en efecto, que tenía que apresurarme.



Trabajamos como condenados, Les y yo. Bajo unas escafandras, como en un planeta sin aire, nos hacíamos ayudar por unos robots. Un mar deslumbrante de brillantes rosas flotaba a media pendiente, y cuando eché una mirada —una sola— en aquella dirección, me pareció entrever cosas maravillosas y vagas, jardines suspendidos llenos de azaleas nacaradas, palacios fantásticos y puentes resplandecientes. Procesiones invisibles vagaban bajo los arcos, y cerré los ojos para no ver rostros encantadores. Les y yo habíamos obturado nuestros aparatos de escucha, a fin de evitar, al menos, la música.

Por orden del jefe, disponíamos de elementos mecánicos para renovar continuamente el aire: unos ventiladores capaces de crear una tormenta, y unos proyectores a pilas tan potentes como el Faro de Delta. Les quería utilizar también los desintegradores, pero yo me opuse: existía una leve posibilidad de que quedara algún niño con vida en el Valle. Una muchacha llamada lone Verde... o cualquier otra. Siempre han ocurrido milagros, ¿no es cierto?

¿Cómo describir aquellos últimos instantes? Estábamos aislados por barreras magnéticas, sobre una plataforma rocosa que controlaba todo el aparato del combate. Sabiendo que innumerables vidas humanas, tal vez incluso la suerte de la Tierra, dependían de nosotros (¿qué son todos los venenos —el opio, la heroína, la morfina— comparados con el paraíso artificial del Valle de Avalon?), nos sentíamos tensos, un poco febriles. Olsen es un poco mayor que yo (tengo 28 años), pero era yo quien dirigía, de común acuerdo, las operaciones. Habíamos escogido la hora más oscura de la noche para desencadenar nuestra ofensiva con más potencia. Sin embargo, me pareció que la oscuridad no llegaba nunca. ¿Era una ilusión óptica? La marea blanca ascendía. ¿Blanca? No, ahora era magníficamente cenicienta, azulada, multiplicando e irisando mil colores, respirando como una cosa impaciente y viva.

No se arrastraba ya por el fondo del desfiladero. Sus olas lamían la pendiente; proyectaba sus tentáculos a los picos, a las copas de los pinos. Inmediatamente, bajo la insidiosa caricia, el granito o la rugosa corteza se cubrían de escarcha, un diamante se encendía en cada aguja, en cada gramínea, y era un encanto para los ojos. Un claro de sauces se convirtió en un bosque de estalactitas púrpura. Una cornisa se trocó en una escalera de ópalos. Me sorprendía a mí mismo formando extraños pensamientos: la Tierra sería más hermosa si, en vez de nuestros amorfos rascacielos, se alzaran por doquier torres de cristal, si, entre la multitud, unos rostros adorables se llamaran como antaño Isolda, Viviana, Morgana... Consciente de mi desfallecimiento, puse maquinalmente la mano sobre el primer proyector.

—Deja eso —me dijo Olsen, con voz suave.

Me volví, dándome cuenta en seguida de que me había acercado insensiblemente al borde del acantilado. El embrujo se debilitó, mis sienes se helaron con un sudor frío: de modo que era aquello, pensé, lo que experimentaba una mosca atraída hacia la tela tejida por la araña... Había estado a punto de arrojarme a aquel abismo deslumbrante. Pero, Olsen... ¡Dios mío, Olsen! Para trabajar más cómodamente, había desatado las correas de su escafandra... se encontraba bajo los efectos de la Voz. La consecuencia fue inmediata y terrible: me apuntó con su visor.

—Deja eso —repitió—. Yo no había comprendido que era inútil luchar... es la mejor suerte que puede cabernos... a nosotros y a toda la Tierra. Convertirse de nuevo en seres puros, como los niños. Creer en los cuentos de hadas... formar parte de esa belleza... ¿No comprendes que uno no muere? Se convierte en una nota de ese canto, o en un color. Y eso constituye una sinfonía inmortal...

—Les —dije, desesperadamente, sabiendo que cada segundo y cada palabra contaban—, tú estabas orgulloso de tu trabajo, tan personal, tan tuyo... Y tienes una madre que te ama a ti y no a una sinfonía o una gama cromática. ¡Piensa en eso! Y a todo el mundo le ocurre lo mismo. Estamos aquí para luchar.

Les no respondió. Vi, bajo la visera de su escafandra, la fijeza de su mirada. El agujero negro del visor se levantó hasta la altura de mi rostro. Lo único que pude hacer fue lanzar un grito discordante, tratando de desordenar las ondas fónicas, y aquel grito, por casualidad, rompió por un segundo el Canto mortal. Antes de que Les se sumergiera, esta vez conscientemente, en su abismo de delicias me había dejado caer al suelo accionando al mismo tiempo los mandos.

Fue un huracán y un deslumbramiento. Admirablemente sincronizados, los haces de luz y los vendavales irrumpieron en el Valle Feliz, despanzurraron la enorme burbuja de niebla, la laceraron, la desgarraron, la quemaron. Vi, con una satisfacción casi morbosa, las grandes estrellas de plata de la energía eléctrica inflamando trozos enteros de aquella masa viviente, que se retorcía, se ennegrecía y gritaba... ¡Sí, gritaba! Los sonidos armónicos del canto se trocaron en una aguda queja que torturaba los nervios, y fueron apagándose hasta ser apenas audibles, convertidos ahora en estertores y sollozos infantiles que brotaban, en una suprema convulsión de la materia. Yo estaba a la vez aterrorizado y desalentado: ¿acaso las pequeñas víctimas formaban parte, realmente, de aquella Cosa atroz? ¿Eran ellas las que lloraban, al comprobar bruscamente el horror de la muerte? No había que pensar en ello, no más que en las innumerables plañideras de los cuentos, en las Lorelei, en las damas de las aguas y de los bosques, en las ondinas que esparcían verdaderos llantos... Un harapo de la monstruosa tela de araña, barrido por el vendaval, aterrizó sobre nuestra plataforma y se fundía rápidamente bajo los proyectores. Recibí en pleno rostro el bofetón de un líquido tibio y salado: lágrimas o sangre...

Entre los rugidos del huracán artificial, agarrándome a mi centro de mandos, sólo pude echar una ojeada hacia atrás: Olsen había caído, desvanecido o muerto. Su visor había rodado bajo las rocas. Cuando, por espacio de un segundo, mi tormenta se debilitó, me ocupé sobre todo de registrar las cavernas con el proyector. Vi que la perturbación atmosférica creada por nosotros había desencadenado sobre el Valle una verdadera tempestad; el oscuro cielo se iluminaba de zigzags deslumbrantes, y el rayo rebotaba sobre las pendientes. Yo había perdido el casco de mi escafandra y oía ahora el menor de los gemidos del Monstruo, sometido a un bombardeo de electrones que yo no había podido oponerle. Alas tarde cayó la lluvia, saturada también de electricidad, crepitando sobre las ramas, tendiendo sobre el desfiladero sus espesas cortinas. Aquel diluvio arrastraría los restos pegados a los arbustos y desinfectaría la Tierra. Finalmente pude abandonar mis aparatos y trepar hasta el lugar donde se encontraba Olsen. La caída producida por la ruptura de las vibraciones le había hecho perder el conocimiento, pero respiraba. Limpié y vendé la herida que tenía en la nuca y luego, sacando mi botiquín portátil, le puse una inyección. Al recobrar el sentido, me apretó débilmente la mano.

—Escucha, Les —le dije—. Tengo la impresión de que la lucha ha terminado y de que el enemigo ya no existe. Te dejo aquí, y llamo por fono al pueblo más próximo; espero que no tardarán en venir a recogerte.

—¿Y tú? —preguntó, en un susurro.

—Yo tengo que bajar al Valle.

—¡Sart!

—Amigo mío, puede haber algún niño vivo, aunque lo dudo. ¿No has sobrevivido tú? Y yo soy médico.

No discutimos más y, atándome a una cuerda, descendí desde lo alto del pico, directamente al Valle Feliz. Todo estaba muerto en él, e incluso completamente desintegrado. Hasta entonces sólo habíamos visto cadáveres recientes y sometidos a un período de oxidación bastante breve. Aquí, no encontraba más que cadáveres metalizados, extraños objetos semejantes a corales o a insectos, que se deshacían en polvo, al primer contacto.

Sin embargo, en una gruta situada a media pendiente que dominaba el poblado lo bastante como para emerger de la bruma —al menos durante algunos días—, tuve la suerte de tropezar con un ser vivo. Ocurrió al final de mi gira de inspección. Continuaba lloviendo a torrentes, pero los relámpagos se reflejaban cada vez menos sobre la superficie de un estanque que brillaba a través de aquellos espantosos esqueletos de metal. En medio de un paisaje alucinante, avanzaba penosamente con barro hasta los tobillos, un barro pegajoso que convertía mi marcha en un verdadero martirio. Por unos instantes, vacilé: ¿era realmente necesario que escalara la pendiente hasta aquella gruta? Su situación era muy elevada, y ningún niño podía haber llegado hasta ella. Finalmente me decidí a subir y paseé circularmente, sobre los negros muros de la caverna, mi linterna. Algo se movió en el fondo, oí un leve grito: un grito humano.

¡La delicia de captar algo que brota de unas verdaderas cuerdas vocales!

—¡Apaguen esa luz! ¡Oh! ¡Me duelen los ojos! —gritó la sombra.

Avancé a tientas, las manos tendidas hacia adelante, y mis dedos no tardaron en rozar los cabellos empapados, el rostro trastornado y débilmente fosforescente en la oscuridad de una jovencita: debió permanecer allí, en tinieblas, durante días enteros, y estaba medio loca de terror y de debilidad. Pero cuando la llevé al umbral de la gruta, vi sus rasgos finos y bien dibujados y las manos demasiado bellas que conocía.

—Soy... soy Ione Verde —dijo la jovencita con voz vacilante como si le costara trabajo encontrar las palabras (pero el timbre era la música misma)—. Estaba en el bosque, arriba, cuando... empezó la cosa. Tuve el tiempo justo para refugiarme en la caverna. No me atrevía a salir, he vivido con un poco de agua y algunas hierbas... ¿Ha terminado todo? ¿Qué ha pasado? ¿Dónde están los otros?

Habíamos salido de la gruta. La lluvia caía aún sobre el Valle, crepitando, y la pequeña lone se refugió debajo de mi abrigo de plástico. No me había sentido con fuerzas para decirle que todos sus camaradas estaban muertos. lone tenía quince años, había rodeado mi cuello con sus brazos desnudos, con una confianza conmovedora, y temblaba bajo su vestido ligero y mojado. Tenía un encantador rostro plateado, una boca violenta y tierna y unos ojos...

Unas pestañas muy largas se alzaron sobre una ceniza plateada, viviente, danzante. Un gris que reflejaba en el vacío sideral millares de soles apagados... espirales de nebulosas muertas... Ya que la Bruma se nutría también de luz y de calor. Aunque prefería la vida orgánica, desde luego. Y podía adoptar todas las formas.

—Bésame, Sart —dijo lone.

Dios me perdone: No la he matado





FIN

ORACIONES -- SANTA MARTA -- ESPIRITU DE DOMINIO -- AMARRE

Escrito por imagenes 24-02-2009 en General. Comentarios (17)

ORACIONES -- SANTA MARTA -- ESPIRITU DE DOMINIO -- AMARRE

ORACIONES,COMPARTIDAS EN COMENTARIOS


ORACIÓN: A SANTA MARTA
Santa Marta virgen por caramanchel vas a consumir hoy por la llama con que se enciende esta vela y por el algodón con que se limpiaron los santos oleos te enciendo yo esta vela para que remedies mis necesidades, socorras mis miserias y me venzas todas las dificultades como venciste la fiera brava que tienes a tus pies, para ti no hay imposibles, dame suerte y dinero para cubrir mis miserias y necesidades... Así madre mía concédeme que _________________ no pueda estar ni vivir tranquilo hasta que a mis pies venga a parar así madre mía concédeme lo que te pido para aliviar mis penas por el amor de Jesús, Santa Marta virgen que al monte entraste, las fieras bravas espantaste con tus cintas las ataste y con lo hisopo las amansaste a si madre mía si esto es verdad concédeme que _______________ regrese a mi para siempre. Santa Marta que no lo dejes en silla sentar ni en cama acostar ni tenga un momento de tranquilidad hasta que a los pies míos venga a parar Santa Marta escúchame ampárame por el amor de Dios, AMEN


ORACIÓN: AL ESPÍRITU DEL DOMINIO
Tú que dominas todos los corazones, domina el corazón de ________________. Con el poder infinito que tuvo santa marta para amansar el dragón, así yo quiero que amarres a _____________________! OH espíritu dominante! con tu divino poder que dios te a dado haz que _________________ sea dominado en cuerpo y alma por mi: y que no pueda mirar a nadie mas que a mi, que su amor y su cariño solo sean para mi, que mi presencia le haga falta donde este, que no pueda estar tranquilo sin mi. Espíritu dominante, domina mis enemigos con tu divino poder que dios te ha dado. AMEN Se reza 9 Ave Marías y 1 Gloria al padre durante 9 días y luego al 9 día se publica la oración y se cumplirán tus deseos observa lo que ocurre al 4 día de su publicación .Santa Marta, por favor, concédeme el deseo que te pido. Por el amor de Dios, Amén Santa Marta, por favor, concédeme el deseo que te pido. Por el amor de Dios, Amén
.
***
Hola yo lo hice, regrese con mi novio, tengo 6 meses de casada y estoy muy contenta, es muy efectivo suerte.
"Amarre de anima sola"
Se Necesita:
*1 caldero
*1sabana blanca
*1Vaso azul
*bebida fuerte (ginebra, vodka, etc)
*2 gotas de eter o alcohol
*1cordon
*1 lapiz labial rojo
*1cuchillo.... (o tu daga)
* Fosforos....
Procedimiento
En un martes de luna menguante justo a las 00:00, te arrodillas ante el anima sola y se echara en el vaso azul las 2 gotas de eter o alcohol junto con la bebida, y lo dejaras a tu izquierda.
Rompe en 9 pedazos la sabana blanca en donde pondras el nombre de algun enemigo que hayas tenido o tengas con el lapiz labial, en los 9 pedazos.
Luego se agarran 3 pedazos y se los ata con el cordon, y se dice:
"AQUI TIENES A 3 AHORCADOS ANIMA SOLA".
Luego se agarran 3 pedazos mas y se los tuerze con fuerza, y se dice:
"AQUI TIENES A 3 AJUSTICIADOS"
Luego se agarran los ultimos 3 pedazon y se les da UN solo golpe a cada trozo con un cuchillo, y se dice:
"AQUI TIENES A 3 TRAICIONADOS"
Cuando ya tenemos todo, se agarra el caldero te lo colocas en medio de tus rodillas (aun arrodillada) y metes los 9 pedazos de sabanas dentro de el.
Les prendes Fuego, y dices:
Ánima sola, que en el campo gimes y moras, y que nadie te necesita como yo te necesito:
ahora, quiero que me prestes el alma de tres ahorcados, de tres muertos a traición y de tres ajusticiados. Estas nueve almas quiero que las introduzcas en el corazón de... (decir el nombre de la persona a amarrar)
Que si ojos tiene a mí que me vea.
Que si boca tiene a mí que me hable.
Tráemelo a las puertas de mi casa, mortifícamelo, no me lo dejes en paz.
Haz que venga, que se venga sin que nadie lo detenga.

GALERIAS DE IMAGENES

Escrito por imagenes 22-02-2009 en General. Comentarios (0)

Jonathan Swift -- Viajes de Gulliver -- Un viaje a Liliput

Escrito por imagenes 21-02-2009 en General. Comentarios (1)

Jonathan Swift -- Viajes de Gulliver -- Un viaje a Liliput

Jonathan Swift
Viajes de Gulliver


*
Primera Parte
Un viaje a Liliput
*
Capítulo 1
*
El autor da algunas referencias de sí y de su familia y de sus primeras inclinaciones a
viajar. Naufraga, se salva a nado y toma tierra en el país de Liliput, donde es hecho
prisionero e internado...
Mi padre tenía una pequeña hacienda en Nottinghamshire. De cinco hijos, yo era el
tercero. Me mandó al Colegio Emanuel, de Cambridge, teniendo yo catorce años, y allí
residí tres, seriamente aplicado a mis estudios; pero como mi sostenimiento, aun siendo mi
pensión muy corta, representaba una carga demasiado grande para una tan reducida fortuna,
entré de aprendiz con míster James Bates, eminente cirujano de Londres, con quien estuve
cuatro años, y con pequeñas cantidades que mi padre me enviaba de vez en cuando fuí
aprendiendo navegación y otras partes de las Matemáticas, útiles a quien ha de viajar, pues
siempre creí que, más tarde o más temprano, viajar sería mi suerte. Cuando dejé a míster
Bates, volví al lado de mi padre; allí, con su ayuda, la de mi tío Juan y la de algún otro
pariente, conseguí cuarenta libras y la promesa de treinta al año para mi sostenimiento en
Leida. En este último punto estudié Física dos años y siete meses, seguro de que me sería
útil en largas travesías.
Poco después de mi regreso de Leida, por recomendación de mi buen maestro míster
Bates, me coloqué de médico en el Swallow, barco mandado por el capitán Abraham
Panell, con quien en tres años y medio hice un viaje o dos a Oriente y varios a otros puntos.
Al volver decidí establecerme en Londres, propósito en que me animó míster Bates, mi
maestro, por quien fuí recomendado a algunos clientes. Alquilé parte de una casa pequeña
en la Old Jewry; y como me aconsejasen tomar estado, me casé con mistress Mary Burton,
hija segunda de míster Edmund Burton, vendedor de medias de Newgate Street, y con ella
recibí cuatrocientas libras como dote.
Pero como mi buen maestro Bates murió dos años después, y yo tenía pocos amigos,
empezó a decaer mi negocio; porque mi conciencia me impedía imitar la mala práctica de
tantos y tantos entre mis colegas. Así, consulté con mi mujer y con algún amigo, y
determiné volverme al mar. Fui médico sucesivamente en dos barcos y durante seis años
hice varios viajes a las Indias Orientales y Occidentales, lo cual me permitió aumentar algo
mi fortuna. Empleaba mis horas de ocio en leer a los mejores autores antiguos y modernos,
y a este propósito siempre llevaba buen repuesto de libros conmigo; y cuando
desembarcábamos, en observar las costumbres e inclinaciones de los naturales, así como en
aprender su lengua, para lo que me daba gran facilidad la firmeza de mi memoria.
El último de estos viajes no fue muy afortunado; me aburrí del mar y quise quedarme en
casa con mi mujer y demás familia. Me trasladé de la Old Jewry a Fatter Lane y de aquí a
Wapping, esperando encontrar clientela entre los marineros; pero no me salieron las
cuentas. Llevaba tres años de aguardar que cambiaran las cosas, cuando acepté un
ventajoso ofrecimiento del capitán William Pritchard, patrón del Antelope, que iba a
emprender un viaje al mar del Sur. Nos hicimos a la mar en Bristol el 4 de mayo de 1699, y
la travesía al principio fue muy próspera.
No sería oportuno, por varias razones, molestar al lector con los detalles de nuestras
aventuras en aquellas aguas. Baste decirle que en la travesía a las Indias Orientales fuimos
arrojados por una violenta tempestad al noroeste de la tierra de Van Diemen. Según
observaciones, nos encontrábamos a treinta grados, dos minutos de latitud Sur. De nuestra
tripulación murieron doce hombres, a causa del trabajo excesivo y la mala alimentación, y
el resto se encontraba en situación deplorable. El 15 de noviembre, que es el principio del
verano en aquellas regiones, los marineros columbraron entre la espesa niebla que reinaba
una roca a obra de medio cable de distancia del barco; pero el viento era tan fuerte, que no
pudimos evitar que nos arrastrase y estrellase contra ella al momento. Seis tripulantes, yo
entre ellos, que habíamos lanzado el bote a la mar, maniobramos para apartarnos del barco
y de la roca. Remamos, según mi cálculo, unas tres leguas, hasta que nos fue imposible
seguir, exhaustos como estábamos ya por el esfuerzo sostenido mientras estuvimos en el
barco. Así, que nos entregamos a merced de las olas, y al cabo de una media hora una
violenta ráfaga del Norte volcó la barca. Lo que fuera de mis compañeros del bote, como de
aquellos que se salvasen en la roca o de los que quedaran en el buque, nada puedo decir;
pero supongo que perecerían todos. En cuanto a mí, nadé a la ventura, empujado por viento
y marea. A menudo alargaba las piernas hacia abajo, sin encontrar fondo; pero cuando
estaba casi agotado y me era imposible luchar más, hice pie. Por entonces la tormenta había
amainado mucho.
El declive era tan pequeño, que anduve cerca de una milla para llegar a la playa, lo que
conseguí, según mi cuenta, a eso de las ocho de la noche. Avancé después tierra adentro
cerca de media milla, sin descubrir señal alguna de casas ni habitantes; caso de haberlos, yo
estaba en tan miserable condición que no podía advertirlo. Me encontraba cansado en
extremo, y con esto, más lo caluroso del tiempo y la media pinta de aguardiente que me
había bebido al abandonar el barco, sentí que me ganaba el sueño. Me tendí en la hierba,
que era muy corta y suave, y dormí más profundamente que recordaba haber dormido en mi
vida, y durante unas nueve horas, según pude ver, pues al despertarme amanecía. Intenté
levantarme, pero no pude moverme; me había echado de espaldas y me encontraba los
brazos y las piernas fuertemente amarrados a ambos lados del terreno, y mi cabello, largo y
fuerte, atado del mismo modo. Asimismo, sentía varias delgadas ligaduras que me cruzaban
el cuerpo desde debajo de los brazos hasta los muslos. Soló podía mirar hacia arriba; el sol
empezaba a calentar y su luz me ofendía los ojos. Oía yo a mi alrededor un ruido confuso;
pero la postura en que yacía solamente me dejaba ver el cielo. Al poco tiempo sentí
moverse sobre mi pierna izquierda algo vivo, que, avanzando lentamente, me pasó sobre el
pecho y me llegó casi hasta la barbilla; forzando la mirada hacia abajo cuanto pude, advertí
que se trataba de una criatura humana cuya altura no llegaba a seis pulgadas, con arco y
flecha en las manos y carcaj a la espalda. En tanto, sentí que lo menos cuarenta de la misma
especie, según mis conjeturas, seguían al primero. Estaba yo en extremo asombrado, y rugí
tan fuerte, que todos ellos huyeron hacia atrás con terror; algunos, según me dijeron
después, resultaron heridos de las caídas que sufrieron al saltar de mis costados a la arena.
No obstante, volvieron pronto, y uno de ellos, que se arriesgó hasta el punto de mirarme de
lleno la cara, levantando los brazos y los ojos con extremos de admiración, exclamó con
una voz chillona, aunque bien distinta: Hekinah degul. Los demás repitieron las mismas
palabras varias veces; pero yo entonces no sabía lo que querían decir. El lector me creerá si
le digo que este rato fue para mí de gran molestia. Finalmente, luchando por libertarme,
tuve la fortuna de romper los cordeles y arrancar las estaquillas que me sujetaban a tierra el
brazo izquierdo -pues llevándomelo sobre la cara descubrí el arbitrio de que se habían
valido para atarme-, y al mismo tiempo, con un fuerte tirón que me produjo grandes
dolores, aflojé algo las cuerdecillas que me sujetaban los cabellos por el lado izquierdo, de
modo que pude volver la cabeza unas dos pulgadas. Pero aquellas criaturas huyeron otra
vez antes de que yo pudiera atraparlas.
Sucedido esto, se produjo un enorme vocerío en tono agudísimo, y cuando hubo cesado,
oí que uno gritaba con gran fuerza: Tolpo phonac. Al instante sentí más de cien flechas
descargadas contra mi mano izquierda, que me pinchaban como otras tantas agujas; y
además hicieron otra descarga al aire, al modo en que en Europa lanzamos por elevación las
bombas, de la cual muchas flechas me cayeron sobre el cuerpo -por lo que supongo, aunque
yo no las noté- y algunas en la cara, que yo me apresuré a cubrirme con la mano izquierda.
Cuando pasó este chaparrón de flechas oí lamentaciones de aflicción y sentimiento; y hacía
yo nuevos esfuerzos por desatarme, cuando me largaron otra andanada mayor que la
primera, y algunos, armados de lanzas, intentaron pincharme en los costados. Por fortuna,
llevaba un chaleco de ante que no pudieron atravesar.
Juzgué el partido más prudente estarme quieto acostado; y era mi designio permanecer
así hasta la noche, cuando, con la mano izquierda ya desatada, podría libertarme fácilmente.
En cuanto a los habitantes, tenía razones para creer que yo sería suficiente adversario para
el mayor ejército que pudieran arrojar sobre mí, si todos ellos eran del tamaño de los que yo
había visto. Pero la suerte dispuso de mí en otro modo. Cuando la gente observó que me
estaba quieto, ya no disparó más flechas; pero por el ruido que oía conocí que la multitud
había aumentado, y a unas cuatro yardas de mí, hacia mi oreja derecha, oí por más de una
hora un golpear como de gentes que trabajasen. Volviendo la cabeza en esta dirección tanto
cuanto me lo permitían las estaquillas y los cordeles, vi un tablado que levantaba de la
tierra cosa de pie y medio, capaz para sostener a cuatro de los naturales, con dos o tres
escaleras de mano para subir; desde allí, uno de ellos, que parecía persona de calidad,
pronunció un largo discurso, del que yo no comprendí una sílaba.
Olvidaba consignar que esta persona principal, antes de comenzar su oración, exclamó
tres veces: Langro dehul san. (Estas palabras y las anteriores me fueron después repetidas y
explicadas.) Inmediatamente después, unos cincuenta moradores se llegaron a mí y cortaron
las cuerdas que me sujetaban al lado izquierdo de la cabeza, gracias a lo cual pude
volverme a la derecha y observar la persona y el ademán del que iba a hablar. Parecía el tal
de mediana edad y más alto que cualquiera de los otros tres que le acompañaban, de los
cuales uno era un paje que le sostenía la cola, y aparentaba ser algo mayor que mi dedo
medio, y los otros dos estaban de pie, uno a cada lado, dándole asistencia. Accionaba como
un consumado orador y pude distinguir en su discurso muchos períodos de amenaza y otros
de promesas, piedad y cortesía. Yo contesté en pocas palabras, pero del modo más sumiso,
alzando la mano izquierda, y los ojos hacia el sol, como quien lo pone por testigo; y como
estaba casi muerto de hambre, pues no había probado bocado desde muchas horas antes de
dejar el buque, sentí con tal rigor las demandas de la Naturaleza, que no pude dejar de
mostrar mi impaciencia -quizá contraviniendo las estrictas reglas del buen tono -
llevándome el dedo repetidamente a la boca para dar a entender que necesitaba alimento. El
hurgo -así llaman ellos a los grandes señores, según supe después- me comprendió muy
bien. Bajó del tablado y ordenó que se apoyasen en mis costados varias escaleras; más de
un centenar de habitantes subieron por ellas y caminaron hacia mi boca cargados con cestas
llenas de carne, que habían sido dispuestas y enviadas allí por orden del rey a la primera
seña que hice. Observé que era la carne de varios animales, pero no pude distinguirlos por
el gusto. Había brazuelos, piernas y lomos formados como los de carnero y muy bien
sazonados, pero más pequeños que alas de calandria. Yo me comía dos o tres de cada
bocado y me tomé de una vez tres panecillos aproximadamente del tamaño de balas de
fusil. Me abastecían como podían buenamente, dando mil muestra de asombro y maravilla
por mi corpulencia y mi apetito. Hice luego seña de que me diesen de beber. Por mi modo
de comer juzgaron que no me bastaría una pequeña cantidad, y como eran gentes
ingeniosísimas, pusieron en pie con gran destreza uno de sus mayores barriles y después lo
rodaron hacia mi mano y le arrancaron la parte superior; me lo bebí de un trago, lo que bien
pude hacer, puesto que no contenía media pinta, y sabía como una especie de vinillo de
Burgundy, aunque mucho menos sabroso. Trajéronme un segundo barril, que me bebí de la
misma manera, e hice señas pidiendo más; pero no había ya ninguno que darme. Cuando
hube realizado estos prodigios, dieron gritos de alborozo y bailaron sobre mi pecho,
repitiendo varias veces, como al principio hicieron: Hekinah degul. Me dieron a entender
que echase abajo los dos barriles, después de haber avisado a la gente que se quitase de en
medio gritándole: Borach mivola; y cuando vieron por el aire los toneles estalló un grito
general de: Hekinah degul. Confieso que a menudo estuve tentado, cuando andaban
paseándoseme por el cuerpo arriba y abajo, de agarrar a los primeros cuarenta o cincuenta
que se me pusieran al alcance de la mano y estrellarlos contra el suelo; pero el recuerdo de
lo que había tenido que sufrir, y que probablemente no era lo peor que de ellos se podía
temer, y la promesa que por mi honor les había hecho -pues así interpretaba yo mismo mi
sumisa conducta-, disiparon pronto esas ideas. Además, ya entonces me consideraba
obligado por las leyes de la hospitalidad a una gente que me había tratado con tal
esplendidez y magnificencia. No obstante, para mis adentros no acababa de maravillarme
de la intrepidez de estos diminutos mortales que osaban subirse y pasearse por mi cuerpo
teniendo yo una mano libre, sin temblar solamente a la vista de una criatura tan
desmesurada como yo debía de parecerles a ellos. Después de algún tiempo, cuando
observaron que ya no pedía más de comer, se presentó ante mí una persona de alto rango en
nombre de Su Majestad Imperial. Su Excelencia, que había subido por la canilla de mi
pierna derecha, se me adelantó hasta la cara con una docena de su comitiva, y sacando sus
credenciales con el sello real, que me acercó mucho a los ojos, habló durante diez minutos
sin señales de enfado, pero con tono de firme resolución. Frecuentemente, apuntaba hacia
adelante, o sea, según luego supe, hacia la capital, adonde Su Majestad, en consejo, había
decidido que se me condujese. Contesté con algunas palabras, que de nada sirvieron, y con
la mano desatada hice seña indicando la otra -claro que por encima de la cabeza de Su
Excelencia, ante el temor de hacerle daño a él o a su séquito-, y luego la cabeza y el cuerpo,
para dar a entender que deseaba la libertad. Parece que él me comprendió bastante bien,
porque movió la cabeza a modo de desaprobación y colocó la mano en posición que me
descubría que había de llevárseme como prisionero. No obstante, añadió otras señas para
hacerme comprender que se me daría de comer y beber en cantidad suficiente y buen trato.
Con esto intenté una vez más romper mis ligaduras; pero cuando volví a sentir el escozor de
las flechas en la cara y en las manos, que tenía llenas de ampollas, sobre las que iban a
clavarse nuevos dardos, y también cuando observé que el número de mis enemigos había
crecido, hice demostraciones de que podían disponer de mí a su talante. Entonces el hurgo
y su acompañamiento se apartaron con mucha cortesía y placentero continente. Poco
después oí una gritería general, en que se repetían frecuentemente las palabras Peplom
Selan y noté que a mi izquierda numerosos grupos aflojaban los cordeles, a tal punto que
pude volverme hacia la derecha. Antes me habían untado la cara y las dos manos con una
especie de ungüento de olor muy agradable y que en pocos minutos me quitó por completo
el escozor causado por las flechas. Estas circunstancias, unidas al refresco de que me
habían servido las viandas y la bebida, que eran muy nutritivas, me predispusieron al sueño.
Dormí unas ocho horas, según me aseguraron después; y no es de extrañar, porque los
médicos, de orden del emperador, habían echado una poción narcótica en los toneles de
vino.
A lo que parece, en el mismo momento en que me encontraron durmiendo en el suelo,
después de haber llegado a tierra, se había enviado rápidamente noticia con un propio al
emperador, y éste determinó en consejo que yo fuese atado en el modo que he referido -lo
que fue realizado por la noche, mientras yo dormía-, que se me enviase carne y bebida en
abundancia y que se preparase una máquina para llevarme a la capital.
Esta resolución quizá parezca temeraria, y estoy cierto de que no sería imitada por
ningún príncipe de Europa en caso análogo; sin embargo, a mi juicio, era en extremo
prudente, al mismo tiempo que generosa. Suponiendo que esta gente se hubiera arrojado a
matarme con sus lanzas y sus flechas mientras dormía, yo me hubiese despertado
seguramente a la primera sensación de escozor, sensación que podía haber excitado mi
cólera y mi fuerza hasta el punto de hacerme capaz de romper los cordeles con que estaba
sujeto, después de lo cual, e impotentes ellos para resistir, no hubiesen podido esperar
merced.
Estas gentes son excelentísimos matemáticos, y han llegado a una gran perfección en las
artes mecánicas con el amparo y el estímulo del emperador, que es un famoso protector de
la ciencia. Este príncipe tiene varias máquinas montadas sobre ruedas para el transporte de
árboles y otros grandes pesos. Muchas veces construye sus mayores buques de guerra, de
los cuales algunos tienen hasta nueve pies de largo, en los mismos bosques donde se
producen las maderas, y luego los hace llevar en estos ingenios tres o cuatrocientas yardas,
hasta el mar. Quinientos carpinteros e ingenieros se pusieron inmediatamente a la obra para
disponerla mayor de las máquinas hasta entonces construida. Consistía en un tablero
levantado tres pulgadas del suelo, de unos siete pies de largo y cuatro de ancho, y que se
movía sobre veintidós ruedas. Los gritos que oí eran ocasionados por la llegada de esta
máquina, que, según parece, emprendió la marcha cuatro horas después de haber pisado yo
tierra. La colocaron paralela a mí; pero la principal dificultad era alzarme y colocarme en
este vehículo. Ochenta vigas, de un pie de alto cada una, fueron erigidas para este fin, y
cuerdas muy fuertes, del grueso de bramantes, fueron sujetas con garfios a numerosas fajas
con que los trabajadores me habían rodeado el cuello, las manos, el cuerpo y las piernas.
Novecientos hombres de los más robustos tiraron de estas cuerdas por medio de poleas
fijadas en las vigas, y así, en menos de tres horas, fui levantado, puesto sobre la máquina y
en ella atado fuertemente. Todo esto me lo contaron, porque mientras se hizo esta operación
yacía yo en profundo sueño, debido a la fuerza de aquel medicamento soporífero echado en
el vino. Mil quinientos de los mayores caballos del emperador, altos, de cuatro pulgadas y
media, se emplearon para llevarme hacia la metrópolis, que, como ya he dicho, estaba a
media milla de distancia.
Hacía unas cuatro horas que habíamos empezado nuestro viaje, cuando vino a
despertarme un accidente ridículo. Habiéndose detenido el carro un rato para reparar no sé
qué avería, dos o tres jóvenes naturales tuvieron la curiosidad de recrearse en mi aspecto
durante el sueño; se subieron a la máquina y avanzaron muy sigilosamente hasta mi cara.
Uno de ellos, oficial de la guardia, me metió la punta de su chuzo por la ventana izquierda
de la nariz hasta buena altura, el cual me cosquilleó como una paja y me hizo estornudar
violentamente. En seguida se escabulleron sin ser descubiertos, y hasta tres semanas
después no conocí yo la causa de haberme despertado tan de repente.
Hicimos una larga marcha en lo que quedaba del día y descansé por la noche, con
quinientos guardias a cada lado, la mitad con antorchas y la otra mitad con arcos y flechas,
dispuestos a asaetearme si se me ocurría moverme. A la mañana, siguiente, al salir el sol,
seguimos nuestra marcha, y hacia el mediodía estábamos a doscientas yardas de las puertas
de la ciudad. El emperador y toda su corte nos salieron al encuentro; pero los altos
funcionarios no quisieron de ninguna manera consentir que Su Majestad pusiera en peligro
su persona subiéndose sobre mi cuerpo.
En el sitio donde se paró el carruaje había un templo antiguo, tenido por el más grande
de todo el reino, y que, mancillado algunos años hacía por un bárbaro asesinato cometido
en él, fue, según cumplía al celo religioso de aquellas gentes, cerrado como profano. Se
destinaba desde entonces a usos comunes, y se habían sacado de él todos los ornamentos y
todo el moblaje. En este edificio se había dispuesto que yo me alojara. La gran puerta que
daba al Norte tenía cuatro pies de alta y cerca de dos de ancha. Así que yo podía deslizarme
por ella fácilmente. A cada lado de la puerta había una ventanita, a no más que seis
pulgadas del suelo. Por la de la izquierda, el herrero del rey pasó noventa y una cadenas
como las que llevan las señoras en Europa para el reloj, y casi tan grandes, las cuales me
ciñeron a la pierna izquierda, cerradas con treinta y seis candados. Frente a este templo, al
otro lado de la gran carretera, a veinte pies de distancia, había una torrecilla de lo menos
cinco pies de alta. A ella subió el emperador con muchos principales caballeros de su corte
para aprovechar la oportunidad de verme, según me contaron, porque yo no los distinguía a
ellos. Se advirtió que más de cien mil habitantes salían de la ciudad con el mismo proyecto,
y, a pesar de mis guardias, seguramente no fueron menos de diez mil los que en varias
veces subieron a mi cuerpo con ayuda de escaleras de mano. Pero pronto se publicó un
edicto prohibiéndolo bajo pena de muerte.
Cuando los trabajadores creyeron que ya me sería imposible desencadenarme, cortaron
todas las cuerdas que me ligaban, y acto seguido me levanté en el estado más melancólico
en que en mi vida me había encontrado. El ruido y el asombro de la gente al verme levantar
y andar no pueden describirse. Las cadenas que me sujetaban la pierna izquierda eran de
unas dos yardas de largo, y no sólo me dejaban libertad para andar hacia atrás y hacia
adelante en semicírculo, sino que también, como estaban fijas a cuatro pulgadas de la
puerta, me permitían entrar por ella deslizándome y tumbarme a la larga en el templo.
*
Capítulo 2
*
El emperador de Liliput, acompañado de gentes de la nobleza, acude a ver al autor en su
prisión. -Descripción de la persona y el traje del emperador.- Se designan hombres de
letras para que enseñen el idioma del país al autor.- Éste se gana el favor por su condición
apacible.- Le registran los bolsillos y le quitan la espada y las pistolas.
Cuando me vi de pie miré a mi alrededor, y debo confesar que nunca se me ofreció más
curiosa perspectiva. La tierra que me rodeaba parecía toda ella un jardín, y los campos,
cercados, que tenían por regla general cuarenta pies en cuadro cada uno, se asemejaban a
otros tantos macizos de flores. Alternaban con estos campos bosques como de media
pértica; los árboles más altos calculé que levantarían unos siete pies. A mi izquierda
descubrí la población, que parecía una decoración de ciudad de un teatro.
Ya había descendido el emperador de la torre y avanzaba a caballo hacia mí; lo que
estuvo a punto de costarle caro, porque la caballería, que, aunque perfectamente
amaestrada, no tenía en ningún modo costumbre de ver lo que debió de parecerle como si
se moviese ante ella una montaña, se encabritó; pero el príncipe, que es jinete excelente, se
mantuvo en la silla, mientras acudían presurosos sus servidores y tomaban la brida para que
pudiera apearse Su Majestad. Cuando se hubo bajado me inspeccionó por todo alrededor
con gran admiración, pero guardando distancia del alcance de mi cadena. Ordenó a sus
cocineros y despenseros, ya preparados, que me diesen de comer y beber, como lo hicieron
adelantando las viandas en una especie de vehículos de ruedas hasta que pude cogerlos.
Tomé estos vehículos, que pronto estuvieron vaciados; veinte estaban llenos de carne y diez
de licor. Cada uno de los primeros me sirvió de dos o tres buenos bocados, y vertí el licor
de diez envases -estaba en unas redomas de barro- dentro de un vehículo, y me lo bebí de
un trago, y así con los demás. La emperatriz y los jóvenes príncipes de la sangre de uno y
otro sexo, acompañados de muchas damas, estaban a alguna distancia, sentados en sus sillas
de manos; pero cuando le ocurrió al emperador el accidente con su caballo descendieron y
vinieron al lado de su augusta persona, de la cual quiero en este punto hacer la
prosopografía. Es casi el ancho de mi uña más alto que todos los de su corte, y esto por sí
solo es suficiente para infundir pavor a los que le miran. Sus facciones son firmes y
masculinas; de labio austríaco y nariz acaballada; su color, aceitunado; su continente,
derecho; su cuerpo y sus miembros, bien proporcionados; sus movimientos, graciosos, y
majestuoso su porte. No era joven ya, pues tenía veintiocho años y tres cuartos, de los
cuales había reinado alrededor de siete con toda felicidad y por lo general victorioso. Para
considerarle mejor, me eché de lado, de modo que mi cara estuviese paralela a la suya,
mientras él se mantenía a no más que tres yardas de distancia; pero como después lo he
tenido en la mano muchas veces, no puedo engañarme en su descripción. Su traje era muy
liso y sencillo, y hecho entre la moda asiática y la europea; pero llevaba en la cabeza un
ligero yelmo de oro adornado de joyas y con una pluma en la cresta. Tenía en la mano la
espada desenvainada para defenderse si acaso yo viniera a escaparme; la espada era de unas
tres pulgadas de largo, y la guarnición y la vaina eran de oro, avalorado con diamantes. Su
voz era aguda, pero muy clara y articulada; yo no podía oírla estando de pie. Las damas y
los cortesanos vestían con la mayor magnificencia; tanto, que el espacio en que se
encontraban podía compararse a un guardapiés bordado de figuras de oro y plata que se
hubiera extendido en el suelo. Su Majestad Imperial me hablaba con frecuencia, y yo le
respondía; pero ni uno ni otro entendíamos palabra.
Estaban presentes varios sacerdotes y letrados -por lo que yo colegí de sus vestidos-, a
quienes se encargó que se dirigiesen a mí. Yo les hablé en todos los idiomas de que tenía
algún conocimiento, tales como alto y bajo alemán, latín, francés, español, italiano y lengua
franca; pero de nada sirvió. Después de unas dos horas se retiró la corte y me dejaron con
una fuerte guardia, para evitar la impertinencia y probablemente la malignidad de la plebe,
que se apiñaba muy impaciente a mi alrededor todo lo cerca que su temor le permitía, y
entre la cual no faltó quien tuviera la desvergüenza de dispararme flechas estando yo
sentado en el suelo junto a la puerta de mi casa. Con una de ellas estuvo en nada que me
atinase al ojo izquierdo. Entonces el coronel hizo coger a seis de los cabecillas, y pensó que
ningún castigo sería tan apropiado como entregarlos atados en mis manos, lo que
ejecutaron, en efecto, algunos de sus soldados, empujándolos con los extremos de las picas
hasta que estuvieron a mi alcance. Los cogí a todos en la mano derecha, me metí cinco en el
bolsillo de la casaca, y en cuanto al sexto hice como si fuese a comérmelo vivo. El pobre
hombre gritó despavorido, y el coronel y sus oficiales mostraron gran disgusto,
especialmente cuando me vieron sacar mi cortaplumas; pero pronto les tranquilicé, pues
mirando amablemente y cortando en seguida las cuerdas con que el hombre estaba atado, lo
dejé suavemente en el suelo, donde él al punto echó a correr. Hice lo mismo con los otros,
sacándolos del bolsillo uno por uno, y observé que tanto los soldados como el pueblo se
consideraron muy obligados por este rasgo de clemencia, que se refirió en la corte muy en
provecho mío.
Llegada la noche encontré algo incómoda mi casa, donde tenía que echarme en el suelo,
y así tuve que seguir un par de semanas; en este tiempo el emperador dio orden de que se
hiciese una cama para mí. Se llevaron a mi casa y se armaron seiscientas camas de la
medida corriente. Ciento cincuenta de estas camas, unidas unas con otras, daban el ancho y
el largo; a cada una se superpusieron tres más, y, sin embargo, puede creerme el lector si le
digo que no me preocupaba en absoluto la idea de caerme al suelo, que era de piedra
pulimentada. Según el mismo cálculo se me proporcionaron sábanas, mantas y colchas,
bastante buenas para quien de tanto tiempo estaba hecho a penalidades.
La noticia de mi llegada, conforme fue extendiéndose por el reino, atrajo a verme
número tan enorme de personas ricas, desocupadas y curiosas, que las poblaciones
quedaron casi vacías; y se hubiera llegado a un gran descuido en la labranza y en los
asuntos domésticos si Su Majestad Imperial no hubiese proveído por diversos edictos y
decretos de gobierno contra esta dificultad. Dispuso que los que ya me hubiesen visto se
volviesen a sus casas y que nadie se acercase a la mía en un radio de cincuenta yardas sin
permiso de la corte, con lo cual obtuvieron los secretarios de Estados considerables
emolumentos.
En tanto, el emperador celebraba frecuentes consejos para discutir qué partido había de
tomarse conmigo, y después me aseguró un amigo particular -persona de gran calidad que
estaba, según fama, tanto como el que más, en los secretos de Estado- que la corte tenía
numerosas preocupaciones respecto de mí. Temían que me libertase, que mi dieta,
demasiado costosa, fuera causa de carestías. Algunas veces determinaron matarme de
hambre, o, por lo menos, dispararme a la cara y a las manos flechas envenenadas que me
despacharían pronto; pero luego consideraban que el hedor de un tan gran cuerpo muerto
podía desatar una peste en la metrópoli y probablemente extenderla a todo el reino. En
medio de estas consultas, varios oficiales del ejército llegaron a la puerta de la gran Cámara
del Consejo, y dos de ellos, que fueron admitidos, dieron cuenta de mi conducta con los
seis criminales antes mencionados, conducta que produjo impresión tan favorable para mí
en el corazón de Su Majestad y en el de toda la Junta, que se despachó una comisión
imperial para obligar a todos los pueblos situados dentro de un radio de novecientas yardas
en torno de la ciudad a entregar todas las mañanas seis bueyes, cuarenta carneros y otras
vituallas para mi manutención, junto con una cantidad proporcionada de pan, de vino y de
otros licores. En pago de todo ello, Su Majestad entregaba asignados contra su tesoro;
porque sépase que este príncipe vive especialmente de su fortuna personal y sólo rara vez,
en grandes ocasiones, levanta subsidios entre sus vasallos, que están obligados a auxiliarle
en las guerras a expensas de sí propios. Se dictó también un estatuto para que se pusieran a
mi servicio seiscientas personas, que disfrutaban dietas para su mantenimiento y pabellones
convenientemente edificados para ellas a ambos lados de mi puerta. Asimismo se ordenó
que trescientos sastres me hiciesen un traje a la moda del país; que seis de los más
eminentes sabios de Su Majestad me instruyesen en su lengua, y, por último, que a los
caballos del emperador y a los de la nobleza y tropas de guardia se los llevase a menudo a
verme para que se acostumbrasen a mí. Todas estas disposiciones fueron debidamente
cumplidas, y en tres semanas hice grandes progresos en el estudio del idioma, tiempo
durante el cual el emperador me honraba frecuentemente con sus visitas y se dignaba
auxiliar a mis maestros en la enseñanza. Ya empezamos a conversar en cierto modo, y las
primeras palabras que aprendí fueron para expresar mi deseo de que se sirviese concederme
la libertad, lo que todos los días repetía puesto de rodillas. Su respuesta, por lo que pude
comprender, era que el tiempo lo traería todo, que no podía pensar en tal cosa sin asistencia
de su Consejo, y que antes debía yo Lumos Kelmin peffo defmar lon Emposo: esto es, jurar
la paz con él y con su reino. No obstante, yo sería tratado con toda amabilidad; y me
aconsejaba conquistar, con mi paciencia y mi conducta comedida, el buen concepto de él y
de sus súbditos. Me pidió que no tomase a mal que diese orden a ciertos correctos
funcionarios de que me registrasen, porque suponía él que llevaría yo conmigo varias armas
que por fuerza habían de ser cosas peligrosísimas si correspondían a la corpulencia de
persona tan prodigiosa. Dije que Su Majestad sería satisfecho, porque estaba dispuesto a
desnudarme y a volver las faltriqueras delante de él. Esto lo manifesté, parte de palabra,
parte por señas. Replicó él que, de acuerdo con las leyes del reino, debían registrarme dos
funcionarios; y aunque él sabia que esto no podría hacerse sin mi consentimiento y ayuda,
tenía tan buena opinión de mi generosidad y de mi justicia que confiaba en mis manos las
personas de sus funcionarios añadiendo que cualquier cosa que me fuese tomada me sería
devuelta cuando saliera del país o pagada al precio que yo quisiera ponerle. Tomé a los
funcionarios en mis manos y los puse primeramente en los bolsillos de la casaca y luego en
todos los demás que el traje llevaba, excepto los dos de la pretina y un bolsillo secreto que
no quise que me registrasen y en que guardaba yo alguna cosilla de mi uso que a nadie
podía interesar sino a mí. Por lo que hace a los bolsillos de la pretina, en uno llevaba un
reloj de plata, y en el otro una pequeña cantidad de oro en una bolsa. Aquellos caballeros,
provistos de pluma, tinta y papel, hicieron un exacto inventario de cuanto vieron, y cuando
hubieron terminado me pidieron que los bajase para ir a entregárselo al emperador. Este
inventario, vertido por mí más tarde dice literalmente como sigue:
«Imprimis. En el bolsillo derecho de la casaca del «Gran-Hombre-Montaña» (así
traduzco Quinbus Flestrin), después del más detenido registro, encontramos sólo una gran
pieza de tela ordinaria, de bastante tamaño para servir de alfombra en la gran sala del trono
de Vuestra Majestad. En el bolsillo izquierdo vimos una enorme arca de plata, con tapa del
mismo metal, que nosotros los comisionados no pudimos alzar. Expresamos nuestro deseo
de que fuese abierta, y uno de nosotros se metió en ella, y se encontró hasta media pierna en
una especie de polvo, parte del cual nos voló a la cara y nos obligó a estornudar varias
veces a los dos. En el bolsillo derecho del chaleco encontramos un enorme envoltorio de
objetos blancos, delgados, doblados unos sobre otros, del grandor aproximado de tres
hombres, atado con un fuerte cable y marcado con cifras negras, que nosotros, con todos los
respetos, suponemos que son escrituras, de letras casi como la mitad de nuestra palma de la
mano cada una. En el izquierdo había una especie de artefacto, del dorso del cual se
elevaban veinte largas pértigas -algo así como la estacada que hay ante el palacio de
Vuestra Majestad-, y con lo cual conjeturamos que el Hombre-Montaña se peina la cabeza,
pues no siempre nos decidimos a molestarle con preguntas, a causa de las grandes
dificultades que encontrábamos para hacernos comprender de él. En el gran bolsillo del
lado derecho de su cubierta media -así traduzco la palabra Ranfu-lo, con que designaban
mis calzones- vimos una columna de hierro hueca, de la altura de un hombre, sujeta a un
sólido trozo de viga mayor que la columna; de un lado de ésta salían enormes pedazos de
hierro, de formas extrañas, que no sabemos para qué puedan servir. En el bolsillo izquierdo,
otra máquina de la misma clase. En el bolsillo más pequeño del lado derecho había varios
trozos redondos y planos de metal blanco y rojo, de tamaños diferentes; algunos de los
trozos blancos, que parecían ser de plata, eran tan grandes y pesados que apenas pudimos
levantarlos entre los dos. En el bolsillo izquierdo había dos columnas negras de forma
irregular; con dificultad alcanzábamos a su extremo superior desde el fondo del bolsillo.
Una de ellas estaba tapada y parecía toda de una pieza; pero en la parte alta de la otra
aparecía un objeto redondo, blanco, dos veces como nuestra cabeza de grande,
aproximadamente. Dentro de cada uno había cerradas la presión de su vientre. Del de la
derecha minado por nuestras órdenes, tuvo que enseñarnos el Gran-Hombre-Montaña, pues
sospechábamos que pudieran ser máquinas peligrosas. Las sacó de sus cajas y nos dijo que
en su país tenía por costumbre afeitarse la barba con una de ellas y cortar la carne con la
otra. Había dos bolsillos en que no pudimos entrar: los llamaba él sus bolsillos de pretina, y
eran dos grandes rajas abiertas en la parte superior de su media cubierta, pero que mantenía
cerradas la presión de su vientre. Del de la derecha colgaba una gran cadena de plata, con
una extraordinaria suerte de máquina al extremo. Le ordenamos sacar lo que hubiese sujeto
a esta cadena, que resultó ser una esfera la mitad de plata y la otra mitad de un metal
transparente, porque en el lado transparente vimos ciertas extrañas cifras, dibujadas en
circunferencia, y que creímos poder tocar, hasta que notamos que nos detenía los dedos
aquella substancia diáfana. Nos acercó a los oídos este aparato, que producía un ruido
incesante, como el de una aceña. Imaginamos que es, o algún animal desconocido, o el dios
que él adora; aunque nos inclinamos a la última opinión, porque nos aseguró -si es que no
le entendimos mal, ya que se expresaba muy imperfectamente- que rara vez hacía nada sin
consultarlo. Le llamaba su oráculo, y dijo que señalaba cuándo era tiempo para todas las
acciones de su vida. De la faltriquera izquierda sacó una red que casi bastaría a un
pescador, pero dispuesta para abrirse y cerrarse como una bolsa, y de que se servía
justamente para este uso. Dentro encontramos varios pesados trozos de metal amarillo, que,
si son efectivamente de oro, deben tener incalculable valor.
»Una vez que así hubimos, obedeciendo las órdenes de Vuestra Majestad, registrado
diligentemente todos sus bolsillos, observamos alrededor de su cintura una pretina hecha de
la piel de algún gigantesco animal, de la cual pretina, por el lado izquierdo, colgaba una
espada del largo de cinco hombres, y por el derecho, un talego o bolsa, dividido en dos
cavidades, capaz cada una de ellas para tres súbditos de Vuestra Majestad. En una de estas
cavidades había varias esferas o bolas de un metal pesadísimo, del tamaño de nuestra
cabeza aproximadamente, y para levantar las cuales hacía falta buen brazo. La otra cavidad
contenía un montón de ciertos granos negros, no de gran tamaño ni peso, pues pudimos
tener más de cincuenta en la palma de la mano.
»Esto es exacto inventario de lo que encontramos sobre el cuerpo del Hombre-Montaña,
quien se comportó con nosotros muy correctamente y con el respeto debido a la comisión
de Vuestra Majestad. Firmado y sellado en el cuarto día de la octogésimanovena luna del
próspero reinado de Vuestra Majestad. -Clefrin Frelock, Marsi Frelock.»
El emperador, cuando le fue leído este inventario, me ordenó, aunque en términos muy
amables, que entregase los distintos objetos que en él se mencionaban. Me pidió primero la
cimitarra, que me quité con vaina y todo. Mientras tanto, mandó que tres mil hombres de
sus tropas escogidas -que estaban dándole escolta- me rodeasen a cierta distancia, con arcos
y flechas en disposición de disparar; pero no me di cuenta de ello porque tenía mi vista
totalmente fija en Su Majestad.
Después mostró su deseo de que desenvainase la cimitarra, la cual, aunque algo
enmohecida por el agua del mar, estaba en su mayor parte en extremo reluciente. Lo hice
así, e inmediatamente todas las tropas lanzaron un grito entre de terror y sorpresa, pues al
sol brillaba con fuerza, y les deslumbró el reflejo que se producía al flamear yo la cimitarra
de un lado para otro. Su Majestad, que es un príncipe por demás animoso, se intimidó
mucho menos de lo que yo podía esperar; me ordenó volverla a la vaina y arrojarla al suelo
lo más suavemente que pudiese, a unos seis pies de distancia del extremo de mi cadena.
Pidió después una de las columnas huecas de hierro, como llamaban a mis pistoletes. Lo
saqué, y, conforme a su deseo, le expliqué como pude para qué servía; y cargándolo sólo
con pólvora, la cual, gracias a lo bien cerrado de mi bolsa, se libró de mojarse en el mar -
percance contra el cual tiene buen ciudado de precaverse todo marinero avisado-, advertí
primero al emperador que no se asustara y luego tiré al aire. Aquí el asombro fue mucho
mayor que a la vista de la cimitarra. Cientos de hombres cayeron como muertos de repente,
y hasta el emperador, aunque no cedió el terreno, no pudo recobrarse en un rato. Entregué
los dos pistoletes del mismo modo que había entregado la cimitarra, y luego la bolsa de la
pólvora y las balas, previniéndole que pusiese aquélla lejos del fuego, pues con la más
pequeña chispa podía inflamarse y hacer volar por los aires su palacio imperial. De la
misma manera entregué mi reloj, al que el emperador tuvo tan gran curiosidad por ver, que
mandó a dos de los más corpulentos soldados de su guardia que lo sostuvieran sobre un
madero en los hombros, como hacen en Inglaterra los carreteros con los barriles de cerveza.
Se asombró del continuo ruido que hacía y del movímiento del minutero, que él podía
fácilmente percibir -porque la vista de ellos es mucho más perspicaz que la nuestra-, y
requirió la opinión de algunos de sus sabios que tenía próximos, opiniones que fueron
varias y apartadas, como el lector puede bien imaginar sin que yo se las repita, aunque,
desde luego, no pude entenderlas muy perfectamente. Luego entregué las monedas de plata
y de cobre, la bolsa, con nueve piezas grandes de oro y algunas más pequeñas; el cuchillo y
la navaja de afeitar; el peine, la tabaquera, el pañuelo y el libro diario. La cimitarra, los
pistoletes y la bolsa de la carga fueron llevados en carro a los almacenes de Su Majestad;
pero las demás cosas me fueron devueltas.
Tenía yo, como antes indiqué, un bolsillo secreto que escapó del registro, donde
guardaba unos lentes -que algunas veces usaba por debilidad de la vista-, un anteojo de
bolsillo y otros cuantos útiles que, no importando para nada al emperador, no me creí en
conciencia obligado a descubrir, y que temía que me rompiesen o estropeasen si me
arriesgaba a soltarlos.
*
Capítulo 3
*
El autor divierte al emperador y a su nobleza de ambos sexos de modo muy extraordinario.
-Descripción de las diversiones de la corte de Liliput. -El autor obtiene su libertad bajo
ciertas condiciones.
Mi dulzura y buen comportamiento habían influído tanto en el emperador y su corte, y
sin duda en el ejército y el pueblo en general, que empecé a concebir esperanzas de lograr
mi libertad en plazo breve.Yo recurría a todos los métodos para cultivar esta favorable
disposición. Gradualmente, los naturales fueron dejando de temer daño alguno de mí. A
veces me tumbaba y dejaba que cinco o seis bailasen en mi mano, y, por último, los chicos
y las chicas se arriesgaron a jugar al escondite entre mi cabello. A la sazón había
progresado bastante en el conocimiento y habla de su lengua. Un día quiso el rey
obsequiarme con algunos espectáculos del país, en los cuales, por la destreza y
magnificencia, aventajan a todas las naciones que conozco. Ninguno me divirtió tanto como
el de los volatineros, ejecutado sobre un finísimo hilo blanco tendido en una longitud
aproximada de dos pies y a doce pulgadas del suelo. Y acerca de él quiero, contando con la
paciencia del lector, extenderme un poco.
Esta diversión es solamente practicada por aquellas personas que son candidatos a altos
empleos y al gran favor de la corte. Se les adiestra en este arte desde su juventud y no
siempre son de noble cuna y educación elevada. Cuando hay vacante un alto puesto, bien
sea por fallecimiento o por ignominia -lo cual acontece a menudo-, cinco o seis de estos
candidatos solicitan del emperador permiso para divertir a Su Majestad y a la corte con un
baile de cuerda, y aquel que salta hasta mayor altura sin caerse se lleva el empleo. Muy
frecuentemente se manda a los ministros principales que muestren su habilidad y
convenzan al emperador de que no han perdido sus facultades. Flimnap, el tesorero, es
fama que hace una cabriola en la cuerda tirante por lo menos una pulgada más alta que
cualquier señor del imperio. Yo le he visto dar el salto mortal varias veces seguidas sobre
un plato trinchero, sujeto a la cuerda, no más gorda que un bramante usual de Inglaterra. Mi
amigo Reldresal, secretario principal de Negocios Privados, es, en opinión mía -y no
quisiera dejarme llevar de parcialidades-, el que sigue al tesorero. El resto de los altos
empleados se van allá unos con otros.
Estas distracciones van a menudo acompañadas de accidentes funestos, muchos de los
cuales dejan memoria. Yo mismo he visto romperse miembros a dos o tres candidatos. Pero
el peligro es mucho mayor cuando se ordena a los ministros que muestren su destreza, pues
en la pugna por excederse a sí mismos y exceder a sus compañeros llevan su esfuerzo a tal
punto, que apenas existe uno que no haya tenido una caída, y varios han tenido dos o tres.
Me aseguraron que un año o dos antes de mi llegada, Flimnap se hubiera desnucado
infaliblemente si uno de los cojines del rey, que casualmente estaba en el suelo, no hubiese
amortiguado la fuerza de su caída.
Hay también otra distracción que sólo se celebra ante el emperador y la emperatriz y el
primer ministro, en ocasiones especiales. El emperador pone sobre la mesa tres bonitas
hebras de seda de seis pulgadas de largo: una es azul, otra roja y la tercera verde. Estas
hebras representan los premios que aquellas personas a quienes el emperador tiene voluntad
de distinguir con una muestra particular de su favor. La ceremonia se verifica en la gran
sala del trono de Su Majestad, donde los candidatos han de sufrir una prueba de destreza
muy diferente de la anterior, y a la cual no he encontrado parecido en otro ningún país del
viejo ni del nuevo mundo. El emperador sostiene en sus manos una varilla por los
extremos, en posición horizontal, mientras los candidatos, que se destacan uno a uno, a
veces saltan por encima de la varilla y a veces se arrastran serpenteando por debajo de ella
hacia adelante y hacia atrás repetidas veces, según que la varilla avanza o retrocede. En
algunas ocasiones el emperador tiene un extremo de la varilla y el otro su primer ministro;
en otras, el ministro la tiene solo.
Aquel que ejecuta su trabajo con más agilidad y resiste más saltando y arrastrándose es
recompensado con la seda de color azul; la roja se da al siguiente, y la verde al tercero, y
ellos la llevan rodeándosela dos veces por la mitad del cuerpo. Se ven muy pocas personas
de importancia en la corte que no vayan adornadas con un ceñidor de esta índole.
Los caballos del ejército y los de las caballerizas reales, como los habían llevado ante mí
diariamente, ya no se espantaban y podían llegar hasta mis mismos pies sin dar corcovos.
Los jinetes los hacían saltar mi mano cuando yo la ponía en el suelo, Y uno de los monteros
del emperador, sobre un corcel de gran alzada, pasó mi pie con zapato y todo, lo que fue, a
no dudar, un formidable salto.
Un día tuve la buena fortuna de divertir al emperador por un procedimiento curioso. Le
pedí que me hiciese llevar varios palitos de dos pies de altura y del grueso de un bastón
corriente; inmediatamente Su Majestad ordenó al director de sus bosques que dictase las
disposiciones oportunas, y a la mañana siguiente llegaron seis guardas con otros tantos
carros, tirados por ocho caballos cada uno. Tomé nueve de estos palitos y los clavé
firmemente en el suelo, en figura rectangular, de dos pies y medio en cuadrado; cogí otros
cuatro palitos y los até horizontalmente a los cuatro ángulos, a unos dos pies del suelo.
Después sujeté mi pañuelo a los nueve palitos que estaban de pie y lo extendí por todos
lados, hasta que quedó tan estirado como el parche de un tambor; y los cuatro palitos
paralelos, levantando unas cinco pulgadas más que el pañuelo, servían de balaustrada por
todos lados. Cuando hube terminado mi obra pedí al emperador que permitiese a fuerzas de
su mejor caballería en número de veinticuatro hombres, subir a este plano y hacer en él
ejercicio. Su majestad aprobó mi propuesta y fui subiendo a los soldados con las manos,
uno por uno, ya montados y armados, así como a los oficiales que debían mandarlos. Tan
pronto como estuvieron formados se dividieron en dos grupos, simularon escaramuzas,
dispararon flechas sin punta, sacaron las espadas, huyeron, persiguieron, atacaron y se
retiraron; en una palabra: demostraron la mejor disciplina militar que nunca vi. Los palitos
paralelos impedían que ellos y sus caballos cayesen del escenario aquel; y el emperador
quedó tan complacido, que mandó que se repitiese la diversión varios días, y una vez se
dignó permitir que le subiera a él mismo y encargarse del mando. Llegó, aunque con gran
dificultad, incluso a persuadir a la propia emperatriz de que me permitiese sostenerla en su
silla de manos, a dos yardas del escenario, desde donde abarcaba con la vista todo el
espectáculo. Sólo una vez un caballo fogoso, que pertenecía a uno de los capitanes, hizo,
piafando, un agujero en el pañuelo, y, metiendo por él la pata, cayó con su jinete; pero yo
levanté inmediatamente a los dos, y, tapando el agujero con una mano, bajé a la tropa con la
otra, de la misma manera que la había subido. El caballo que dio la caída se torció la mano
izquierda, pero el jinete no se hizo ningún daño, y yo arreglé mi pañuelo como pude. No
obstante, no me confiaría más en su resistencia para empresas tan peligrosas.
Dos o tres días antes de que me pusieran en libertad estaba yo divirtiendo a la corte con
este género de cosas, cuando llegó un correo a informar a Su Majestad de que un súbdito
suyo, paseando a caballo cerca del sitio donde me habían hallado por primera vez, había
visto en el suelo un objeto negro, grande, de forma muy extraña, que alcanzaba por los
bordes la extensión del dormitorio de Su Majestad y se levantaba por el centro a la altura de
un hombre, y que no era criatura viva, como al principio sospecharon, porque yacía sobre la
hierba, sin movimiento. Algunos habían dado la vuelta a su alrededor varias veces;
subiéndose unos en los hombros de otros, habían alcanzado a la parte de arriba, y
golpeando en ella, descubierto que estaba hueca; con todos los respetos, habían pensado
que podía ser algo perteneciente al Hombre-Montaña, y si Su Majestad lo mandaba estaban
dispuestos a encargarse de llevarlo con sólo cinco caballos. Entonces me di cuenta de lo
que querían decir, y me alegré en el alma de recibir la noticia. Según parece, al llegar a la
playa después del naufragio, me encontraba yo en tal estado de confusión, que antes de ir al
sitio donde me quedé dormido, mi sombrero, que había yo sujetado a mi cabeza con un
cordón mientras remaba, y se me había mantenido puesto todo el tiempo que nadé, se me
cayó; el cordón, supongo, se rompería por cualquier accidente que yo no advertí. Yo creía
que el sombrero se me había perdido en el mar. Supliqué a Su Majestad que diese órdenes
para que me lo llevasen lo antes posible, al mismo tiempo que le expliqué su empleo y su
naturaleza, y al siguiente día los acarreadores llegaron con él, aunque no en muy buen
estado. Habían practicado dos agujeros en el ala, a pulgada y media del borde, y metido dos
ganchos por los agujeros; estos ganchos se unieron por medio de una larga cuerda a los
arneses, y de esta suerte arrastraron mi sombrero más de media milla inglesa; pero como el
piso de aquel país es extremadamente liso y llano, recibió mucho menos daño del que se
pudiera temer.
Dos días después de esta aventura, el emperador, que había ordenado que estuviesen
listas las tropas de su ejército de guarnición en la metrópoli y las cercanías, tuvo la
ocurrencia de divertirse de una manera muy singular: hizo que yo me estuviera, como un
coloso, en pie y con las piernas tan abiertas como buenamente pudiese, y luego mandó a su
general -que era un adalid de larga experiencia y gran valedor mío- disponer sus tropas en
formación cerrada y hacerlas pasar por debajo de mí, los infantes de a veinticuatro en línea
y la caballería de a dieciséis, a tambor batiente, con banderas desplegadas y con lanzas en
ristre. Este cuerpo se componía de tres mil infantes y mil caballos.
Había enviado yo tantos memoriales y tantas solicitudes en demanda de libertad, que Su
Majestad, por fin, llevó el asunto primero al Gabinete y luego al Consejo pleno, donde
nadie se opuso, excepto Skyresh Bolgolam, quien se complacía, sin que yo le diese motivo
alguno, en ser mi mortal enemigo. Pero fue aprobado, en contra de su voluntad, por toda la
Junta, y confirmado por el emperador. Ese ministro a que me refiero era Galbet, o sea
almirante del reino, persona muy de la confianza de su señor y muy versada en los asuntos,
pero de temperamento rudo y agrio. Sin embargo, le persuadieron al fin para que
consintiese, pero concediéndole que los artículos y condiciones bajo los cuales se me
pusiera en libertad, y que yo debía jurar, fuese él mismo quien los redactase. Estos artículos
me fueron presentados por Skyresh Bolgolam en persona, acompañado de los
subsecretarios y varias personas significadas. Una vez que me fueron leídos, se me propuso
que jurase su cumplimiento, primero a la usanza de mi propio país y luego según el
procedimiento descrito por las leyes de allá, y que consistió en sostenerme en alto el pie
derecho con la mano izquierda, al tiempo que me colocaba el dedo medio de la mano
derecha en la coronilla y el pulgar en la punta de la oreja derecha. Pero como el lector
puede que sienta curiosidad por tener una idea del estilo y modo de expresión peculiar de
este pueblo, así como por conocer los artículos en virtud de los cuales recobré la libertad,
he hecho la traducción de todo el documento, palabra por palabra, tan fielmente como he
podido, y quiero sacarlo a luz en este punto:
«Golbasto Momaren Evlame Gurdilo Shefin Mully Ully Gue, muy poderoso emperador
de Liliput, delicia y terror del universo, cuyos dominios se extienden cinco mil blustrugs -
unas doce millas en circunferencia- hacia los confines del globo; monarca de todos los
monarcas, más alto que los hijos de los hombres, cuyos pies oprimen el centro del mundo y
cuya cabeza se levanta hasta tocar el Sol; cuyo gesto hace temblar las rodillas de los
príncipes de la tierra; agradable como la primavera, reconfortante como el verano,
fructífero como el otoño, espantoso como el invierno. Su Muy Sublime Majestad propone
al Hombre-Montaña, recientemente llegado a nuestros celestiales dominios, los artículos
siguientes, que por solemne juramento él viene obligado a cumplir:
»Primero. El Hombre-Montaña no saldrá de nuestros dominios sin una licencia nuestra
con nuestro gran sello.
»Segundo. No le será permitido entrar en nuestra metrópoli sin nuestra orden expresa.
Cuando esto suceda, los habitantes serán avisados con dos horas de anticipación para que se
encierren en sus casas.
»Tercero. El citado Hombre-Montaña limitará sus paseos a nuestras principales
carreteras, y no deberá pasearse ni echarse en nuestras praderas ni en nuestros sembrados.
»Cuarto. Cuando pasee por las citadas carreteras pondrá el mayor cuidado en no pisar el
cuerpo de ninguno de nuestros amados súbditos, así como sus caballos y carros, y en no
coger en sus manos a ninguno de nuestros súbditos sin consentimiento del propio
interesado.
»Quinto. Si un correo requiriese extraordinaria diligencia, el Hombre-Montaña estará
obligado a llevar en su bolsillo al mensajero con su caballo un viaje de seis días, una vez en
cada luna, y, si fuese necesario, a devolver sano y salvo al citado mensajero a nuestra
imperial presencia.
»Sexto. Será nuestro aliado contra nuestros enemigos de la isla de Blefuscu, y hará todo
lo posible por destruir su flota, que se prepara actualmente para invadir nuestros dominios.
»Séptimo. El citado Hombre-Montaña, en sus ratos de ocio, socorrerá y auxiliará a
nuestros trabajadores, ayudándoles a levantar determinadas grandes piedras para rematar el
muro del parque principal y otros de nuestros reales edificios.
»Octavo. El citado Hombre-Montaña entregará en un plazo de dos lunas un informe
exacto de la circunferencia de nuestros dominios, calculada en pasos suyos alrededor de la
costa.
»Noveno. Finalmente, bajo su solemne juramento de cumplir todos los anteriores
artículos, el citado Hombre-Montaña dispondrá de un suministro diario de comida y bebida
suficiente para el mantenimiento de 1.724 de nuestros súbditos, y gozará libre acceso a
nuestra real persona y otros testimonios de nuestra gracia. Dado en nuestro palacio de
Belfaborac, el duodécimo día de la nonagésimaprimera luna de nuestro reinado.»
Juré y suscribí estos artículos con gran contento y alborozo, aun cuando algunos no eran
tan honrosos como yo podía haber deseado, lo que procedía enteramente de la mala
voluntad de Skyresh Bolgolam, el gran almirante. Inmediatamente después me soltaron las
cadenas y quedé en completa libertad. El mismo emperador en persona me hizo el honor de
hallarse presente a toda la ceremonia. Mostré mi reconocimiento postrándome a los pies de
Su Majestad, pero él me mandó levantarme; y después de muchas amables expresiones, que
no referiré por que no se me tache de vanidoso, agregó que esperaba que yo fuese un útil
servidor y que mereciese todas las gracias que ya me había conferido y otras que pudiera
conferirme en lo futuro.
El lector habrá podido advertir que en el último artículo dictado para el recobro de mi
libertad estipula el emperador que me sea suministrada una cantidad de comida y bebida
bastante para el mantenimiento de 1.724 liliputienses. Pregunté algún tiempo después a un
amigo mío de la corte cómo se les ocurrió fijar ese número precisamente, y me contestó que
los matemáticos de Su Majestad, habiendo tomado la altura de mi cuerpo por medio de un
cuadrante, y visto que excedía a los suyos en la proporción de doce a uno, dedujeron,
tomando sus cuerpos como base, que el mío debía contener, por lo menos, mil setecientos
veinticuatro de los suyos, y, por consiguiente, necesitaba tanta comida, como fuese
necesaria para alimentar ese número de liliputienses. Por donde puede el lector formarse
una idea del ingenio de aquel pueblo, así como de la prudente y exacta economía de tan
gran príncipe.
*
Capítulo 4
*
Descripción de Mildendo, metrópoli de Liliput, con el palacio del emperador. -
Conversación entre el autor y un secretario principal acerca de los asuntos de aquel
imperio. -El ofrecimiento del autor para servir al emperador en sus guerras.
Lo primero que pedí después de obtener la libertad fue que me concediesen licencia para
visitar a Mildendo, la metrópoli; licencia que el emperador me concedió fácilmente, pero
con el encargo especial de no producir daño a los habitantes ni en las casas. Se notificó a la
población por medio de una proclama mi propósito de visitar la ciudad. La muralla que la
circunda es de dos pies y medio de alto y por lo menos de once pulgadas de anchura, puesto
que puede dar la vuelta sobre ella con toda seguridad un coche con sus caballos, y está
flanqueada con sólidas torres a diez pies de distancia. Pasé por encima de la gran Puerta del
Oeste, y, muy suavemente y de lado, anduve las dos calles principales, sólo con chaleco,
por miedo de estropear los tejados y aleros de las casas con los faldones de mi casaca.
Caminaba con el mayor tiento para no pisar a cualquier extraviado que hubiera podido
quedar por las calles, aunque había órdenes rigurosas de que todo el mundo permaneciese
en sus casas, ateniendose a los riesgos los desobedientes. Las azoteas y los tejados estaban
tan atestados de espectadores, que pensé no haber visto en todos mis viajes lugar más
populoso. La ciudad es un cuadrado exacto y cada lado de la muralla tiene quinientos pies
de longitud. Las dos grandes calles que se cruzan y la dividen en cuatro partes iguales
tienen cinco pies de anchura. Las demás vías, en que no pude entrar y sólo vi de paso,
tienen de doce a dieciocho pulgadas. La población es capaz para quinientas mil almas. Las
casas son de tres a cinco pisos; las tiendas y mercados están perfectamente abastecidos.
El palacio del emperador está en el centro de la ciudad, donde se encuentran las dos
grandes calles. Lo rodea un muro de dos pies de altura, a veinte pies de distancia de los
edificios. Obtuve permiso de Su Majestad para pasar por encima de este muro; y como el
espacio entre él y el palacio es muy ancho, pude inspeccionar éste por todas partes. El patio
exterior es un cuadrado de cuarenta pies y comprende otros dos; al más interior dan las
habitaciones reales, que yo tenía grandes deseos de ver; pero lo encontré extremadamente
difícil, porque las grandes puertas de comunicación entre los cuadros sólo tenían dieciocho
pulgadas de altura y siete pulgadas de ancho. Por otra parte, los edificios del patio externo
tenían por lo menos cinco pies de altura, y me era imposible pasarlo de una zancada sin
perjuicios incalculables para la construcción, aun cuando los muros estaban sólidamente
edificados con piedra tallada y tenían cuatro pulgadas de espesor. También el emperador
estaba muy deseoso de que yo viese la magnificencia de su palacio; pero no pude hacer tal
cosa hasta después de haber dedicado tres días a cortar con mi navaja algunos de los
mayores árboles del parque real, situado a unas cien yardas de distancia de la ciudad. Con
estos árboles hice dos banquillos como de tres pies de altura cada uno y lo bastante fuertes
para soportar mi peso. Advertida la población por segunda vez, volví a atravesar la ciudad
hasta el palacio con mis dos banquetas en la mano. Cuando estuve en el patio exterior me
puse de pie sobre un banquillo, y tomando en la mano el otro lo alcé por encima del tejado
y lo dejé suavemente en el segundo patio, que era de ocho pies de anchura. Pasé entonces
muy cómodamente por encima del edificio desde un banquillo a otro y levanté el primero
tras de mí con una varilla en forma de gancho. Con esta traza llegué al patio interior, y,
acostándome de lado, acerqué la cara a las ventanas de los pisos centrales, que de propósito
estaban abiertas, y descubrí las más espléndidas habitaciones que imaginarse puede. Allí vi
a la emperatriz y a la joven princesa en sus varios alojamientos, rodeadas de sus principales
servidores. Su Majestad Imperial se dignó dirigirme una graciosa sonrisa y por la ventana
me dio su mano a besar.
Pero no quiero anticipar al lector más descripciones de esta naturaleza porque las
reservo para un trabajo más serio que ya está casi para entrar en prensa y que contiene una
descripción general de este imperio desde su fundación, a través de una larga seria de
príncipes, con detallada cuenta de sus guerras y su política, sus leyes, cultura y religión, sus
plantas y animales, sus costumbres y trajes peculiares, más otras materias muy útiles y
curiosas. Porque aquí mi principal propósito sólo es referir acontecimientos y asuntos
ocurridos a aquellas gentes o a mí mismo durante los nueve meses que residí en aquel
imperio.
Una mañana, a los quince días aproximadamente de haber obtenido mi libertad,
Reldresal, secretario principal de Asuntos Privados -como ellos le intitulan-, vino a mi casa
acompañado sólo de un servidor. Mandó a su coche que esperase a cierta distancia y me
pidió que le concediese una hora de audiencia, a lo que yo inmediatamente accedí, teniendo
en cuenta su categoría y sus méritos personales, así como los buenos oficios que había
hecho valer cuando mis peticiones a la corte. Le ofrecí tumbarme para que pudiera hacerse
oír de mí más cómodamente; pero él prefirió permitirme que lo tuviese en la mano durante
nuestra conversación. Empezó felicitándome por mi libertad, en la cual, según dijo, podía
permitirse creer que había tenido alguna parte; pero añadió, sin embargo, que a no haber
sido por el estado de cosas que a la sazón reinaba en la corte, quizá no la hubiese obtenido
tan pronto. «Porque -dijo- por muy floreciente que nuestra situación pueda parecer a los
extranjeros, pesan sobre nosotros dos graves males: una violenta facción en el interior y el
peligro de que invada nuestro territorio un poderoso enemigo de fuera. En cuanto a lo
primero, sabed que desde hace más de setenta lunas hay en este imperio dos partidos
contrarios, conocidos por los nombres de Tramecksan y Slamecksan, a causa de los tacones
altos y bajos de su calzado, que, respectivamente, les sirven de distintivo. Se alega, es
verdad, que los tacones altos son más conformes a nuestra antigua constitución; pero, sea
de ello lo que quiera, Su Majestad ha decidido hacer uso de tacones bajos solamente en la
administración del gobierno y para todos los empleados que disfrutan la privanza de la
corona, como seguramente habréis observado; y por lo que hace particularmente a los
tacones de Su Majestad Imperial, son cuando menos un drurr más bajos que cualesquiera
otros de su corte -el drurr es una medida que viene a valer la decimoquinta parte de una
pulgada-. La animosidad entre estos dos partidos ha llegado a tal punto, que los
pertenecientes a uno no quieren comer ni beber ni hablar con los del otro. Calculamos que
los Tramocksan, o tacones-altos, nos exceden en numero; pero la fuerza está por completo
de nuestro lado. Nosotros nos sospechamos que Su Alteza Imperial, el heredero de la
corona, se inclina algo hacia los tacones-altos; al menos, vemos claramente que uno de sus
tacones es más alto que el otro, lo que le produce cierta cojera al andar. Por si fuera poco,
en medio de estas querellas intestinas, nos amenaza con una invasión la isla de Blefuscu,
que es el otro gran imperio del universo, casi tan extenso y poderoso como este de Su
Majestad. Porque en cuanto a lo que os hemos oído afirmar acerca de existir otros reinos y
estados en el mundo habitados por criaturas humanas tan grandes como vos, nuestros
filósofos lo ponen muy en duda y se inclinan más bien a creer que caísteis de la Luna o de
alguna estrella, pues es evidente que un centenar de mortales de vuestra corpulencia
destruirían en poco tiempo todos los frutos y ganados de los dominios de Su Majestad. Por
otra parte, nuestras historias de hace seis mil lunas no mencionan otras regiones que los dos
grandes imperios de Liliput o Blefuscu, grandes potencias que, como iba a deciros, están
empeñadas en encarnizadísima guerra desde hace treinta y seis lunas. Empezó con la
siguiente ocasión: Todo el mundo reconoce que el modo primitivo de partir huevos para
comérselos era cascarlos por el extremo más ancho; pero el abuelo de su actual Majestad,
siendo niño, fue a comer un huevo, y, partiéndolo según la vieja costumbre, le avino
cortarse un dedo. Inmediatamente el emperador, su padre, publicó un edicto mandando a
todos sus súbditos que, bajo penas severísimas, cascasen los huevos por el extremo más
estrecho. El pueblo recibió tan enorme pesadumbre con esta ley, que nuestras historias
cuentan que han estallado seis revoluciones por ese motivo, en las cuales un emperador
perdió la vida y otro la corona. Estas conmociones civiles fueron constantemente
fomentadas por los monarcas de Blefuscu, y cuando eran sofocadas, los desterrados huían
siempre a aquel imperio en busca de refugio. Se ha calculado que, en distintos períodos,
once mil personas han preferido la muerte a cascar los huevos por el extremo más estrecho.
Se han publicado muchos cientos de grandesvolúmenes sobre esta controversia; pero los
libros de los anchoextremistas han estado prohibidos mucho tiempo, y todo el partido,
incapacitado por la ley para disfrutar empleos. Durante el curso de estos desórdenes, los
emperadores de Blefuscu se quejaron frecuentemente por medio de sus embajadores,
acusándonos de provocar un cisma en la religión por contravenir una doctrina fundamental
de nuestro gran profeta Lustrog, contenida en el capítulo cuadragésimocuarto del
Blundecral -que es su Alcorán-. No obstante, esto se tiene por un mero retorcimiento del
texto, porque las palabras son éstas: «Que todo creyente verdadero casque los huevos por el
extremo conveniente». Y cuál sea el extremo conveniente, en mi humilde opinión, ha de
dejarse a la conciencia de cada cual, o cuando menos a la discreción del más alto
magistrado, el establecerlo. Luego, los anchoextremistas han encontrado tanto crédito en la
corte del emperador de Blefuscu y aquí tanta secreta asistencia de su partido, que entre
ambos imperios viene sosteniéndose una sangrienta guerra hace treinta y seis lunas, con
varia suerte, y en ella llevamos perdidos cuarenta grandes barcos y un número mucho
mayor de embarcaciones más pequeñas, junto con treinta mil de nuestros mejores marinos y
soldados; y se sabe que las bajas del enemigo son algo mayores que las nuestras. Pero ahora
han equipado una flota numerosa y están precisamente preparando una invasión contra
nosotros, y Su Majestad Imperial, poniendo gran confianza en vuestro valor y esfuerzo, me
ha ordenado exponer esta relación de sus negocios ante vos.»
Rogué al secretario que presentase mis humildes respetos al emperador y le hiciera saber
que juzgaba yo no corresponderme, como extranjero que era, intervenir en cuestiones de
partidos; pero que estaba dispuesto, aun con riesgo de mi vida, a defender su persona y su
estado contra los invasores.
*
Capítulo 5
*
El autor evita una invasión con una extraordinaria estratagema. -Se le confiere un alto
título honorífico. -Llegan embajadores del emperador de Blefuscu y demandan la paz.
El imperio de Blefuscu es una isla situada al lado nordeste de Liliput, de donde sólo está
separada por un canal de ochocientas yardas de anchura. Yo no lo había visto aún, y ante la
noticia del intento de invasión evité presentarme por aquel lado de la costa, no me
descubriese alguno de los buques del enemigo, que no tenía de mí noticia ninguna,
rigurosamente prohibida como está la relación entre los dos imperios durante la guerra, bajo
pena de muerte, y decretado por nuestro emperador el embargo de todos los buques, sin
distinción. Comuniqué a Su Majestad un proyecto que había formado para apresar completa
la flota del enemigo, la cual, por lo que nos aseguraban nuestros exploradores, estaba
anclada en el puerto, lista para darse a la vela al primer viento favorable. Consulté a los más
experimentados hombres de mar acerca de la profundidad del canal, que sondaban
frecuentemente, y me dijeron que en el centro, durante la marea alta, tenía setenta
glumgruffs de profundidad, lo que equivale a unos seis pies de medida europea, y el resto
de él, cincuenta glumgruffs lo más. Me dirigí hacia la costa nordeste, frente a Blefuscu, y
allí, tumbado detrás de una colina, saqué mi pequeno anteojo de bolsillo y descubrí anclada
la flota del enemigo, constituída por unos cincuenta buques de guerra y un gran número de
transportes. Volví después a mi casa y di orden -para lo cual tenía autorización- de que me
llevasen una gran cantidad del cable más fuerte y de barras de hierro. El cable venía a tener
el grueso del bramante, y las barras la longitud y el tamaño de agujas de hacer media.
Tripliqué el cable para hacerlo más resistente, y con el mismo fin retorcí juntas tres de las
barras de hierro, cuyos extremos doblé en forma de gancho. Cuando hube fijado cincuenta
ganchos a otros tantos cables volví a la costa nordeste y, quitándome la casaca, los zapatos
y las medias, me entré en el mar, con mi chaleco de cuero, como una hora antes de subir la
marea. Vadeé todo lo aprisa que pude y nadé en el centro unas treinta yardas, hasta que hice
pie; llegué a la flota en menos de media hora. El enemigo se aterró de tal modo cuando me
vio, que saltó de los barcos y nadó a la costa, donde no habría menos de treinta mil almas.
Tomé entonces mis trebejos y, después de pasar un gancho por la proa de cada buque, até
juntas todas las cuerdas por su extremo. Mientras yo procedía a esta maniobra, el enemigo
me disparó varios miles de flechas, muchas de las cuales me daban en las manos y en la
cara y, además de excesivo escozor, me causaban gran molestia en mi trabajo. Por lo que
más temía era por los ojos, que infaliblemente hubiera perdido a no haber dado en seguida
con un medio. Guardaba yo, entre otros pequeños útiles, un par de lentes en un bolsillo
secreto que, como antes advertí, había escapado a las investigaciones del emperador; los
saqué y me los sujeté a la nariz todo lo fuerte que pude, y así armado continué
tranquilamente mi obra, a pesar de las flechas del enemigo, muchas de las cuales iban a dar
contra los cristales de mis lentes, pero sin otro efecto que el de desajustármelos un poco.
Una vez que tuve fijos todos los ganchos, cogí el nudo y empecé a tirar; pero no se movía
ni un barco, porque todos estaban demasiado fuertemente sujetos por las anclas; así, que
faltaba la parte más dura de mi empresa. Solté la cuerda y, dejando los ganchos fijos a los
barcos, corté resueltamente con mi navaja los cables que amarraban las anclas, mientras
recibía sobre doscientos tiros en la cara y las manos. Tomé luego el extremo anudado de los
cables a que estaban atados los ganchos, y con gran facilidad me llevé tras de mí cincuenta
de los mayores buques de guerra del enemigo.
Los blefuscudianos, que no tenían la menor sospecha de lo que yo me proponía,
quedaron al principio confundidos de asombro. Me habían visto cortar los cables y
pensaban que mi designio era solamente dejar los barcos a merced de las olas o que se
embistiesen unos contra otros; pero cuando vieron toda la flota echar a andar en orden y a
mí tirando delante, lanzaron tal grito de dolor y desesperación, que casi es imposible de
explicar ni de concebir. Ya fuera de peligro, me detuve un rato para sacarme las flechas que
se me habían hincado en las manos y en la cara y me untó ungüento del que me habían
dado al principio de mi llegada, según he referido anteriormente. Luego me quité los lentes,
y aguardando alrededor de una hora a que la marea estuviese algo más baja, vadeé el centro
con mi carga y llegué salvo al puerto real de Liliput.
El emperador y toda su corte estaban en la playa esperando el éxito de esta gran
aventura. Veían avanzar los barcos formando una extensa media luna; pero no podían
distinguirme a mí, que estaba metido hasta el pecho en el agua. Ya llegaba yo a la mitad del
canal y su zozobra no menguaba, porque las aguas me cubrían hasta el cuello. Pensaba el
emperador que yo me había ahogado y que la flota del enemigo se aproximaba en actitud
hostil; pero en breve se desvanecieron sus temores, porque, disminuyendo la poca
profundidad del canal a cada paso que daba yo, pronto estuve a distancia para hacerme oír;
y alzando el cabo del cable con que estaba atada la flota, grité en voz muy alta: «¡Viva el
muy poderoso emperador de Liliput!» Este gran príncipe me recibió al llegar a tierra con
todos los encomios posibles y me hizo allí mismo nardac, que es el más alto título
honorífico entre ellos.
Su Majestad quería que yo aprovechase alguna otra ocasión para traer a sus puertos el
resto de los barcos de su enemigo. Y tan desmedida es la ambición de los príncipes, que
parecía pensar nada menos que en reducir todo el imperio de Blefuscu a una provincia
gobernada por un virrey, en aniquilar a los anchoextremistas desterrados y en obligar a
estas gentes a cascar los huevos por el extremo estrecho, con lo cual quedaría él único
monarca del mundo entero. Pero yo me encargué de disuadirle de su propósito por medio
de numerosos argumentos sacados de los principios de la política, así como de los de la
justicia, y protesté francamente que yo nunca serviría de instrumento para llevar a la
esclavitud a un pueblo libre y valeroso. Y cuando el asunto se discutió en Consejo, la parte
más prudente del Ministerio fue de mi opinión.
Esta rotunda declaración mía era tan opuesta a los planes y a la política de Su Majestad
Imperial, que éste no me perdonó nunca; se refirió a ella de una muy artificiosa manera en
el Consejo, donde, según me dijeron, algunos de los más prudentes parecían -al menos, este
alcance podía darse a su silencio- ser de mi opinión; pero otros, que eran mis enemigos
secretos, no pudieron contener ciertas expresiones, que por caminos indirectos llegaron
hasta mí. Desde este momento comenzó una intriga entre Su Majestad y una camarilla de
ministros maliciosamente dispuestos en contra mía, intriga que estalló en menos de dos
meses y hubiera conducido probablemente a mí total perdición. ¡De tan poco peso son los
mayores servicios para los príncipes si se los pone en la balanza frente a una negativa de
satisfacer sus pasiones!
A las tres semanas de mi hazaña llegó una solemne embajada de Blefuscu con humildes
ofrecimientos de paz, y ésta quedó prontamente concertada, en condiciones muy ventajosas
para nuestro emperador, y de las cuales hago gracia a los lectores. Los embajadores eran
seis, con una comitiva de unas quinientas personas, y su entrada fue de toda magnificencia,
como correspondía a la grandeza de su señor y a la importancia de su negocio. Cuando
estuvo concluido el tratado, durante cuya negociación yo les auxilié con mis buenos oficios,
valiéndome del crédito que entonces tenía, o al menos parecía tener, en la corte, Sus
Excelencias, a quienes en secreto habían informado de cuanto había procurado en favor
suyo, me invitaron a visitar aquel reino en nombre del emperador, su señor, y me pidieron
que les diese alguna muestra de mi fuerza colosal, de la que habían oído tantas maravillas,
en lo cual les complací. Pero no quiero molestar al lector con estos detalles.
Cuando hube entretenido algún tiempo a Sus Excelencias, con infinita satisfacción y
sorpresa por su parte, les pedí que me hiciesen el honor de presentar mis más humildes
respetos al emperador, su señor, la fama de cuyas virtudes tenía tan justamente lleno de
admiración al mundo entero, y a cuya real persona tenía resuelto ofrecer mis servicios antes
de regresar a mi país. De consiguiente, la próxima vez que tuve el honor de ver a nuestro
emperador pedí su real licencia para hacer una visita al monarca blefuscudiano, licencia que
se dignó concederme, según pude claramente advertir, de muy fría manera. Pero no pude
adivinar la razón, hasta que cierta persona vino a contarme misteriosamente que Flimnap y
Bolgolam habían presentado mi trato con aquellos embajadores como una prueba de
desafecto, culpa de la que puedo asegurar que mi corazón era por completo inocente. Y ésta
fue la primera ocasión en que empecé a concebir idea, aunque imperfecta, de lo que son
cortes y ministros.
Es de notar que estos embajadores me hablaron por medio de un intérprete, pues los
idiomas de ambos imperios se diferencian entre sí tanto como dos cualesquiera de Europa,
y cada nación se enorgullece de la antigüedad, belleza y energía de su propia lengua y
siente un manifiesto desprecio por la de su vecino. No obstante, nuestro emperador,
valiéndose de la ventaja que le daba la toma de la flota, les obligó a presentar sus
credenciales y pronunciar su discurso en lengua liliputiense. Debe, sin embargo,
reconocerse que a consecuencia de las amplias relaciones de ambos reinos en el campo del
comercio y los negocios; del continuo recibimiento de desterrados, que entre ellos es
mutuo, y de la costumbre que hay en cada imperio de enviar al otro a los jóvenes de la
nobleza y de las más acaudaladas familias principales para que se afinen viendo mundo y
estudiando hombres y costumbres, hay pocas personas de distinción, así como comerciantes
y hombres de mar que viven en las regiones marítimas, que no sepan sostener una
conversación en ambas lenguas. Así pude apreciarlo algunas semanas después, cuando fuí a
ofrecer mis respetos al emperador de Blefuscu; visita que, en medio de las grandes
desdichas que me acarreó la maldad de mis enemigos, resultó para mí muy feliz aventura,
como referiré en el oportuno lugar.
Recordará el lector que cuando firmé los artículos en virtud de los cuales recobré la
libertad, había algunos que me disgustaban por demasiado serviles, y a los cuales sólo me
podía obligar a someterme una necesidad extrema. Pero siendo ya como era un nardac del
más alto rango del imperio, tales oficios se consideraron por bajo de mi dignidad, y el
emperador -dicho sea en justicia- nunca jamás me los mencionó.
*
Capítulo 6
*
De los habitantes de Liliput: sus estudios, leyes y costumbres y modo de educar a sus hijos.
-El método de vida del autor en aquel país. -Vindicación que hizo de una gran dama.
Aunque es mi propósito dejar la descripción de este imperio para un tratado particular,
me complace, en tanto, obsequiar al curioso lector con algunas nociones generales. De poco
menos de seis pulgadas de alto los naturales de estatura media, hay exacta proporción en los
demás animales, así como en árboles y plantas. Por ejemplo: los caballos y bueyes más
grandes tienen de cuatro a cinco pulgadas de altura; los carneros, pulgada y media, poco
más o menos; los gansos, el tamaño de un gorrión aproximadamente; y así las varias
gradaciones en sentido descendente, hasta llegar a los más pequeños, que para mi vista eran
casi imperceptibles. Pero la Naturaleza ha adaptado los ojos de los liliputienses a todos los
objetos propios para su visión; ven con gran exactitud, pero no a gran distancia. Como
testimonio de la agudeza de su vista para los objetos cercanos puedo mencionar la diversión
que me produjo observar cómo un cocinero pelaba una calandria que no llegaba al tamaño
de una mosca corriente, y cómo una niña enhebraba una aguja invisible con una seda
invisible. Sus árboles más crecidos son de unos siete pies de altura; me refiero a algunos de
los existentes en el gran parque real, y a las copas de los cuales llegaba yo justamente con
el puño. Los otros vegetales están en la misma proporción; pero esto lo dejo a la
imaginación de los lectores.
Solamente diré ahora algo acerca de la cultura, que durante largas épocas ha florecido en
aquel pueblo en todas sus ramas. La manera de escribir es muy particular, pues no escriben
ni de izquierda a derecha, como los europeos, ni de derecha a izquierda, como los árabes, ni
de arriba abajo, como los chinos, sino oblicuamente, de uno a otro ángulo del papel, como
las señoras de Inglaterra.
Entierran sus muertos con la cabeza para abajo, porque tienen la idea de que dentro de
once mil lunas todos se levantarán otra vez, y que al cabo de este período la Tierra -que
ellos juzgan plana- se volverá de arriba abajo, y gracias a este medio, cuando resuciten se
encontrarán de pie. Los eruditos confiesan el absurdo de esta doctrina; pero la práctica
sigue, en condescendencia con el vulgo.
Hay en este imperio algunas leyes y costumbres muy particulares; y si no fuesen tan por
completo contrarias a las de mi querido país, me darían ganas de decir algo en su
justificación. Sólo sería de desear que se cumpliesen. La primera de que hablaré se refiere a
los espías. Todos los crímenes contra el Estado se castigan con la mayor severidad; pero si
la persona acusada demuestra plenamente su inocencia en el proceso, inmediatamente se da
al acusador muerte ignominiosa, y de sus bienes muebles y raíces es cuatro veces
indemnizada la persona inocente, por la pérdida de tiempo, por el peligro a que estuvo
expuesta, por las molestias de su prisión y por todos los gastos que haya tenido que hacer
para su defensa. Si el fondo no alcanza es generosamente completado por la Corona. El
emperador, asimismo, confiere al interesado alguna pública prueba de su gracia y se hace
por la ciudad la proclamación de su inocencia.
Consideran allí el fraude como un crimen mayor que el robo, y, por consecuencia, rara
vez dejan de castigarlo con la muerte porque sostienen ellos que el cuidado y la vigilancia,
practicados con el común entendimiento, pueden preservar de los ladrones los bienes de un
hombre, mientras que la honradez no tiene defensa contra una astucia superior; y como es
necesario que haya perpetuas relaciones de compra y venta y comercio a crédito, donde se
permite y tolera el fraude, o donde no hay leyes para castigarlo, el comerciante más
honrado sale siempre perdiendo y el bribón saca la ventaja. Recuerdo que en una ocasión
intercedía yo con el rey por un criminal que había perjudicado a su amo en una gran
cantidad de dinero recibido por orden, y con el cual se escapó; y como dijese a Su
Majestad, a modo de atenuación, que se trataba sólo de un abuso de confianza, el
emperador encontró monstruoso que yo presentase como defensa la mayor agravación de su
crimen; y la verdad es que al contestarle tuve bien poco que añadir a la respuesta usual de
que las diferentes naciones tienen diferentes costumbres, porque confieso que quedé
enteramente confundido.
Aunque nosotros, generalmente llamarnos al premio y al castigo los goznes sobre que
gira todo gobierno, nunca vi que pusiera en práctica esta máxima nación ninguna, a
excepción de Liliput. Quienquiera que allí pueda probar suficientemente que ha observado
con puntualidad las leyes de su país durante setenta y tres lunas, tiene derecho a ciertos
privilegios, de acuerdo con su calidad y la condición de su vida, unidos a una cantidad de
dinero proporcionada, que sale de un fondo afecto a este uso.Asimismo adquiere el título de
sninall, o sea legal, que se agrega a su apellido, pero que no pasa a la descendencia.
Aquellas gentes creyeron enorme defecto de nuestra política lo que yo les referí acerca de
obligar nuestras leyes sólo por el castigo, sin mencionar el premio para nada. Por esta
razón, la imagen de la Justicia en sus tribunales está representada con seis ojos: dos delante,
dos detrás y uno a cada lado, que significan circunspección, más una bolsa de oro abierta en
la mano derecha y una espada envainada en la izquierda, con que se quiere mostrar que está
mejor dispuesta para el premio que para el castigo.
Al escoger personas para cualquier empleo se mira más la moralidad que las grandes
aptitudes; pues dado que el gobierno es necesario a la Humanidad, suponen allí que el nivel
general del entendimiento humano ha de convenir a un oficio u otro, y que la Providencia
nunca pudo pretender hacer de la administración de los negocios públicos un misterio que
sólo comprendan algunas personas de genio sublime, de las que por excepción nacen tres
en una misma época. Piensan, por el contrario, que la verdad, la justicia, la moderación y
sus semejantes residen en todos los hombres, y que la práctica de estas virtudes, asistidas
por la experiencia y una recta intención, capacitan a cualquier hombre para el servicio de su
país, salvo aquellos casos en que se requieran estudios especiales. Y creían por de contado
que la falta de virtudes morales estaba tan lejos de poder suplirse con dotes superiores de
inteligencia, que nunca debían ponerse cargos en manos tan peligrosas como las de gentes
que merecieran tal concepto, pues, cuando menos, los errores cometidos por ignorancia con
honrado propósito jamás serían de tan fatales consecuencias para el bien público como las
prácticas de un hombre inclinado a la corrupción y de grandes aptitudes para conducir y
multiplicar y defender sus corrupciones.
Del mismo modo, no creer en una Divina Providencia incapacita a un hombre para
desempeñar cargos públicos; porque, dado que los reyes se proclaman a sí Mismos
diputados de la Providencia, los liliputienses entienden que no hay nada más absurdo en un
príncipe que dar empleos a hombres que niegan la autoridad en nombre de la cual ellos se
conducen.
Al hablar de estas y de las siguientes leyes quiero que se entienda que me refiero sólo a
las instituciones originales, y no a la escandalosa corrupción en que este pueblo ha caído a
causa de la degenerada naturaleza del hombre; pues por lo que toca a esa vergonzosa
práctica de obtener altos cargos haciendo volatines, o divisas de favor y distinción saltando
por encima de varillas o arrastrándose bajo ellas, ha de saber el lector que fue introducida
por el abuelo del emperador hoy reinante, y ha prosperado a tal punto por el incremento
gradual de partidos y facciones.
La ingratitud allí es un crimen capital, como leemos que lo ha sido en algunos otros
países; porque -razonan ellos- aquel que paga con maldad a su bienhechor ha de ser
necesariamente un enemigo común del resto de la Humanidad, que no le ha hecho beneficio
ninguno, y, por lo tanto, tal hombre no es a propósito para esta vida.
Sus nociones respecto de los deberes de padres e hijos difieren extremadamente de las
nuestras. De ningún modo conceden que un niño está obligado a su padre por haberlo
engendrado, ni a su madre por haberlo traído al mundo; lo cual, teniendo en cuenta las
miserias de la vida humana, no es un beneficio en sí mismo, ni tampoco fue la intención de
sus padres, cuyo pensamiento durante sus lides amorosas tenía bien distinta ocupación. Por
estos y otros parecidos razonamientos, es su opinión que los padres son los últimos a
quienes debe confiarse la educación de sus propios hijos, y, en consecuencia, hay en cada
edad establecimientos públicos, adonde todos los padres, con excepción de los aldeanos y
los labradores, están obligados a llevar a sus pequeños de uno y otro sexo para que los críen
y eduquen así que llegan a la edad de veinte lunas, tiempo en que ya se les suponen algunos
rudimentos de docilidad. Estos seminarios son de varias categorías, acomodadas a las
diferentes clases, y para ambos sexos. Tienen profesores especialmente hábiles en la
educación de niños para la condición de vida conveniente a la alcurnia de sus padres y a la
propia capacidad de cada uno, así como a las particulares inclinaciones. Diré primero algo
de los establecimientos para varones, y luego de los de hembras.
Los seminarios para niños varones de noble o eminente cuna cuentan con graves y
cultos profesores y sus correspondientes auxiliares. Las ropas y el alimento de los niños son
sencillos y simples. Se educa a éstos en los principios de honor, justicia, valor, modestia,
clemencia, religión y amor de su país; se les tiene siempre dedicados a algún quehacer,
excepto en las horas de comer y dormir, que son muy pocas, y en las dos que se destinan a
recreo, que consiste en ejercicios corporales. Son vestidos por hombres hasta que tienen
cuatro años de edad, y a partir de entonces se les obliga a vestirse solos, por elevado que
sea su rango, y las mujeres ayudantes, que proporcionalmente tienen la edad de las nuestras
de cincuenta años, realizan sólo los trabajos serviles. No se tolera a los niños que hablen
nunca con criados, sino que han de ir juntos, en grupos mayores o menores, a esparcirse en
sus recreos, y siempre en presencia de un profesor o auxiliar; así se evitan esas tempranas
perniciosas impresiones de insensatez y vicio a que nuestros niños están sujetos. A los
padres sólo se les tolera que los vean dos veces al año; la visita no dura más de una hora. Se
les consiente que besen al niño al llegar y al marcharse; pero un profesor, que siempre está
presente en tales ocasiones, no les tolera de ningún modo que cuchicheen, ni que usen de
expresiones de mimo ni que les lleven regalos de juguetes, dulces o cosa parecida.
La pensión para la educación y el mantenimiento de los niños se encargan de cobrarla a
las familias, por medio de embargo, los oficiales del emperador, en caso de no haber sido
debidamente satisfecha.
Los establecimientos para niños de familias de posición media, como comerciantes,
traficantes y menestrales, funcionan proporcionalmente según el mismo sistema, sólo que
los que han de dedicarse a oficio empiezan el aprendizaje a los once años, mientras los de
las personas de calidad continúan sus ejercicios hasta los quince, que corresponden a los
veinticinco entre nosotros, aunque su reclusión va perdiendo gradualmente en rigor durante
los tres años últimos.
En los seminarios para hembras, las niñas de calidad son educadas casi lo mismo que los
varones, sólo que las viste reposada servidumbre de su mismo sexo, pero siempre en
presencia de un profesor o auxiliar, hasta que se visten ellas solas, que es cuando llegan a
los cinco años. Si se descubre que estas niñeras intentan alguna vez distraer a las niñas con
cuentos terroríficos o estúpidos, o con alguno de los disparates que acostumbran las
doncellas entre nosotros, son públicamente paseadas con azotes tres vueltas a la ciudad,
encarceladas por un año y desterradas de por vida a la parte más desolada del país. De este
modo las señoritas sienten tanta vergüenza como los hombres, de ser cobardes y
melindrosas, y desprecian todo adorno personal que vaya más allá de lo decente y lo
limpio; ni tampoco advierten en su educación diferencia ninguna basada en la diferencia de
sexo, a no ser que los ejercicios femeninos nunca llegan a ser tan duros, que se les instruye
en algunas reglas referentes a la vida doméstica, y que se les asigna un plan menos amplio
de estudios. Es allí una máxima que, entre gentes de calidad, la esposa debe ser siempre una
discreta y agradable compañía, ya que no puede ser siempre joven. Cuando las muchachas
llegan a los doce años, que es entre ellos la edad del matrimonio, sus padres o tutores se las
llevan a casa con vivas expresiones de gratitud para los profesores, y rara vez sin lágrimas
de la señorita y de sus compañeras. En los colegios para hembras de más baja categoría se
enseña a las niñas toda clase de trabajos propios de su sexo y de sus varios rangos. Las
destinadas a aprendizajes salen a los siete años, y las demás siguen hasta los once.
Las familias modestas que tienen niños en estos colegios, además de la pensión anual,
que es todo lo más reducida posible, tienen que entregar al administrador del colegio una
pequeña parte de sus entradas mensuales, destinada a constituir un patrimonio para el niño,
y, en consecuencia, la ley limita los gastos a todos los padres, porque estiman los
liliputienses que nada puede haber tan injusto como que las gentes, en satisfacción de sus
propios apetitos, traigan niños al mundo y dejen al común la carga de sostenerlos. En
cuanto a las personas de calidad, dan garantía de apropiar a cada niño una cantidad
determinada, de acuerdo con su condición, y estos fondos se administran siempre con
buena economía y con la justicia más rigurosa.
Los aldeanos y labradores conservan a sus hijos en casa, ya que su ocupación ha de ser
sólo labrar y cultivar la tierra, y, por tanto, su educación, de poca consecuencia para el
común. A los pobres y enfermos se les recoge en hospitales, porque la mendicidad es un
oficio desconocido en este imperio.
Y ahora quizá pueda interesar al lector curioso que yo le dé alguna cuenta de mis
asuntos particulares y de mi modo de vivir en aquel país durante una residencia de nueve
meses y trece días. Como tengo idea para las artes mecánicas, y como también me forzaba
la necesidad, me había hecho una mesa y una silla bastante buenas valiéndome de los
mayores árboles del parque real. Se dedicaron doscientas costureras a hacerme camisas y
lienzos para la cama y la mesa, todo de la más fuerte y basta calidad que pudo encontrarse,
y, sin embargo, tuvieron que reforzar este tejido dándole varios dobleces, porque el más
grueso era algunos puntos más fino que la batista. Las telas tienen generalmente tres
pulgadas de ancho, y tres pies forman una pieza. Las costureras me tomaron medida
acostándome yo en el suelo y subiéndoseme una en el cuello y otra hacia media pierna, con
una cuerda fuerte, que sostenían extendida una por cada punta, mientras otra tercera medía
la longitud de la cuerda con una regla de una pulgada de largo. Luego me midieron el dedo
pulgar de la mano derecha, y no necesitaron más, pues por medio de un cálculo
matemático, según el cual dos veces la circunferencia del dedo pulgar es una vez la
circunferencia de la muñeca, y así para el cuello y la cintura, y con ayuda de mi camisa
vieja, que extendí en el suelo ante ellas para que les sirviese de patrón, me asentaron las
nuevas perfectamente. Del mismo modo se dedicaron trescientos sastres a hacerme
vestidos; pero ellos recurrieron a otro expediente para tomarme medida. Me arrodillé, y
pusieron una escalera de mano desde el suelo hasta mi cuello; uno subió por esta escalera y
dejó caer desde el cuello de mi vestido al suelo una plomada cuya cuerda correspondía en
largo al de mi casaca, pero los brazos y la cintura, me los medí yo mismo. Cuando estuvo
acabado mi traje, que hubo que hacer en mi misma casa, pues en la mayor de las suyas no
hubiera cabido, tenía el aspecto de uno de esos trabajos de retacitos que hacen las señoras
en Inglaterra, salvo que era todo de un mismo color.
Disponía yo de trescientos cocineros para que me aderezasen los manjares, alojados en
pequeñas barracas convenientemente edificadas alrededor de mi casa, donde vivían con sus
familias. Me preparaban dos platos cada uno. Cogía con la mano veinte camareros y los
colocaba sobre la mesa, y un centenar más me servían abajo en el suelo, unos llevando
platos de comida y otros barriles de vino y diferentes licores, cargados al hombro, todo lo
cual subían los camareros de arriba, cuando yo lo necesitaba, en modo muy ingenioso,
valiéndose de unas cuerdas, como nosotros subimos el cubo de un pozo en Europa. Cada
plato de comida hacía por un buen bocado, y cada barril, por un trago razonable. Su cordero
cede al nuestro, pero su vaca es excelente. Una vez comí un lomo tan grande, que tuve que
darle tres bocados; pero esto fue raro. Mis servidores se asombraban de verme comerlo con
hueso y todo, como en nuestro país hacemos con las patas de las calandrias. Los gansos y
los pavos me los comía de un bocado por regla general, y debo confesar que aventajan con
mucho a los nuestros. De las aves más pequeñas podía coger veinte o treinta con la punta de
mi navaja.
Un día, Su Majestad Imperial, informado de mi método de vida, expresó el deseo de
tener él y de que tuviera su real consorte, así como los jóvenes príncipes de la sangre de
ambos sexos, el gusto -como él se dignó decir- de comer conmigo. En consecuencia
vinieron, y yo los coloqué en tronos dispuestos sobre mi mesa, justamente frente a mí,
rodeados de su guardia. Flimnap, gran tesorero, asistía allí de igual modo, en la mano el
blanco bastón, insignia de su cargo, y observé que frecuentemente me miraba con agrio
semblante, lo que hice ademán de no ver. Lejos de ello, comí más que de costumbre, en
honor a mi querido país, así como para llenar de admiración a la corte. Tengo mis razones
particulares para creer que esta visita de Su Majestad dio a Flimnap ocasión para hacerme
malos oficios con su señor. Este ministro había sido siempre mi secreto enemigo, aunque
exteriormente me halagaba más de lo que era costumbre en la aspereza de su genio. Pintó al
monarca la triste situación de su tesoro: cómo se veía obligado a negociar empréstitos con
gran descuento; cómo los vales reales no circularían a menos de nueve por ciento bajo la
par; cómo, en fin, yo había costado a Su Majestad por encima de millón y medio de sprugs
-la mayor moneda de oro de ellos, aproximadamente del tamaño de una lentejuela-, y, en
resumidas cuentas, cuán prudente sería en el emperador aprovechar la primera ocasión
favorable para deshacerse de mí.
Debo aquí vindicar la reputación de una distinguida dama que fue víctima inocente a
costa mía. El tesorero dio en sentirse celoso de su mujer, por culpa de ciertas malas lenguas
que le informaron de que su gracia había concebido una violenta pasión por mi persona, y
durante algún tiempo cundió por la corte el escándalo de que ella había venido una vez
secretamente a mi alojamiento. Declaro solemnemente que esto es una infame invención,
sin ningún fundamento, fuera de que su gracia se dignaba tratarme con todas las inocentes
muestras de confianza y amistad. Confieso que venía a menudo a mi casa, pero siempre
públicamente y nunca sin tres personas más en el coche, que eran generalmente su
hermana, su joven hija y alguna amistad particular; pero lo mismo hacían otras muchas
damas de la corte. Y además apelo a todos mis criados para que digan si alguna vez vieron
a mi puerta coche ninguno sin saber a qué personas llevaba. En tales ocasiones, cuando un
criado me pasaba el anuncio, era mi costumbre salir inmediatamente a la puerta, y, luego de
ofrecer mis respetos, tomar el coche y los dos caballos cuidadosamente en mis manos -
porque si los caballos eran seis, el postillón desenganchaba cuatro siempre- y ponerlos
encima de la mesa, donde había colocado yo un cerco desmontable todo alrededor, de cinco
pulgadas de alto, para evitar accidentes. Con frecuencia he tenido al mismo tiempo cuatro
coches con sus caballos sobre mi mesa, llena de visitantes, mientras yo, sentado en mi silla,
inclinaba la cabeza hacia ellos; y cuando yo departía con un grupo, el cochero paseaba a los
otros lentamente alrededor de la mesa. He pasado muchas tardes muy agradables en estas
conversaciones; pero desafío al tesorero y a sus dos espías -se me antoja citarlos por sus
nombres y allá se las hayan después-, Clustril y Drunlo, a que prueben que me visitó nunca
nadie de incógnito, salvo el secretario Reldresal, que fue enviado por mandato expreso de
Su Majestad Imperial, como antes he referido. No me hubiese detenido tanto en este
particular a no tratarse de un punto que toca tan cerca a la reputación de una gran señora,
para no decir nada de la mía propia, aunque yo tenía entonces el honor de ser nardac, lo que
no es el tesorero, pues todo el mundo sabe que sólo es glumlum, titulo inferior en un grado,
como el de marqués lo es al de duque en Inglaterra, aunque esto no quita para que yo
reconozca que él estaba por encima de mí en razón de su cargo. Estos falsos informes, que
llegaron después a mi conocimiento por un accidente de que no es oportuno hablar,
hicieron que Flimnap, el tesorero, pusiera durante algún tiempo mala cara a su señora, y a
mí peor; y aunque al fin se desengañó y se reconcilió con ella, yo perdí todo crédito con él
y vi decaer rápidamente mi influencia con el mismo emperador, quien, sin duda, se dejaba
influir demasiado por aquel favorito.
*
Capítulo 7
*
El autor, informado de que se pretende acusarle de alta traición, huye a Blefuscu. -Su
recibimiento allí.
Antes de proceder a dar cuenta de mi salida de este reino puede resultar oportuno enterar
al lector de una intriga secreta que durante dos meses estuvo urdiéndose contra mí.
Yo, hasta entonces, había ignorado siempre lo que eran cortes, pues me inhabilitaba para
relacionarme con ellas lo modesto de mi condición. Desde luego, había oído hablar y leído
bastante acerca de las disposiciones de los grandes príncipes y los ministros; pero nunca
esperé encontrarme con tan terribles efectos de ellas en un país tan remoto y regido, a lo
que yo suponía, por máximas muy diferentes de las de Europa.
Estaba disponiéndome yo para rendir homenaje al emperador de Blefuscu, cuando una
persona significada de la corte -a quien yo una vez había servido muy bien, con ocasión de
haber ella incurrido en el más profundo desagrado de Su Majestad Imperial- vino a mi casa
muy secretamente, de noche, en una silla de mano, y, sin dar su nombre, pidió ser recibida.
Despedidos los silleteros, me metí la silla con su señoría dentro, en el bolsillo de la casaca,
y dando órdenes a un criado de confianza para que dijese que me sentía indispuesto y me
había acostado, aseguré la puerta de mi casa, coloqué la silla de mano sobre la mesa, según
era mi costumbre, y me senté al lado. Una vez que hubimos cambiado los saludos de rigor,
como yo advirtiese gran preocupación en el semblante de su señoría y preguntase la razón
de ello, me pidió que le escuchase con paciencia sobre un asunto que tocaba muy de cerca a
mi honor y a mi vida. Su discurso fue así concebido, pues tomé notas de él tan pronto como
quedé solo.
-Habéis de saber -dijo- que recientemente se han reunido varias comisiones de consejo
con el mayor secreto y sois vos el motivo; y hace no más que dos días que Su Majestad ha
tomado una resolución definitiva. Sabéis muy bien que Skyresh Bolgolam, galvet -o sea
almirante-, ha sido vuestro mortal enemigo casi desde que llegasteis. No sé las razones en
que se funde; pero su odio ha aumentado a partir de vuestra gran victoria contra Blefuscu,
con la cual su gloria como almirante está muy obscurecida. Este señor, en unión de
Flimnap, el gran tesorero -cuya enemiga contra vos es notoria a causa de su señora-;
Limtoc, el general; Lalcon, el chambelán, y Balmull, el gran justicia, han redactado en
contra vuestra artículos de acusación por traición y otros crímenes capitales.
Este prefacio me alteró en tales términos, consciente como estaba yo de mis
merecimientos y mi inocencia, que estuve a punto de interrumpir, cuando él me suplicó que
guardara silencio, y prosiguió de esta suerte:
-Llevado de la gratitud por los favores que me habéis dispensado, me procuré informes
de todo el proceso y una copia de los artículos, con lo cual arriesgué mi cabeza en servicio
vuestro.
ARTÍCULOS DE ACUSACIÓN CONTRA QUINBUS FLESTRIN (EL HOMBREMONTAÑA)
*
Artículo I
*
«Que el citado Quinbus Flestrin, habiendo traído la flota imperial de Blefuscu al puerto
real, y habiéndole después ordenado Su Majestad Imperial capturar todos los demás barcos
del citado imperio de Blefuscu y reducir aquel imperio a la condición de provincia, que
gobernase un virrey nuestro, y destruir y dar muerte no sólo a todos los desterrados
anchoextremistas, sino asimismo a toda la gente de aquel imperio que no abjurase
inmediatamente de la herejía anchoextremista, él, el citado Flestrin, como un desleal traidor
contra Su Muy Benigna y Serena Majestad Imperial, pidió ser excusado del citado servicio
bajo el pretexto de repugnancia a forzar conciencias y a destruir las libertades y las vidas de
pueblos inocentes.
*
Artículo II
*
»Que siendo así que determinados embajadores llegaron de la corte de Blefuscu a pedir
paz a la corte de Su Majestad, el citado Flestrin, como un desleal traidor, ayudó, patrocinó,
alentó y advirtió a los citados embajadores, aunque sabía que se trataba de servidores de un
príncipe que recientemente había sido enemigo declarado de Su Majestad Imperial y estado
en guerra declarada contra su citada Majestad.
*
Artículo III
*
»Que el citado Quinbus Flestrin, en contra de los deberes de todo súbdito fiel, se
dispone actualmente a hacer un viaje a la corte e imperio de Blefuscu, para lo cual sólo ha
recibido permiso verbal de Su Majestad Imperial, y so color del citado permiso pretende
deslealmente y traidoramente emprender el citado viaje, y, en consecuencia, ayudar, alentar
y patrocinar al emperador de Blefuscu, tan recientemente enemigo y en guerra declarada
con Su Majestad Imperial antedicha.
»Hay algunos otros artículos, pero éstos son los mas importantes, y de ellos os he leído
un extracto.
»En el curso de los varios debates habidos en esta acusación hay que reconocer que Su
Majestad dio numerosas muestras de su gran benignidad, invocando con frecuencia los
servicios que le habíais prestado y tratando de atenuar vuestros crímenes. El tesorero y el
almirante insistieron en que se os debería dar la muerte más cruel e ignominiosa, poniendo
fuego a vuestra casa durante la noche y procediendo el general con veinte mil hombres
armados de flechas envenenadas a disparar contra vos, apuntando a la cara y a las manos.
Algunos servidores vuestros debían recibir orden secreta de esparcir en vuestras camisas y
sábanas un jugo venenoso que pronto os haría desgarrar vuestras propias carnes con
vuestras manos y morir en la más espantosa tortura. El general se sumó a esta opinión, así
que durante largo plazo hubo mayoría en contra vuestra; pero Su Majestad, resuelto a
salvaros la vida si era posible, pudo por último disuadir al chambelán.
»Reldresal, secretario principal de Asuntos Privados, que siempre se proclamó vuestro
amigo verdadero, fue requerido por el emperador para que expusiera su opinión sobre este
punto, como así lo hizo, y con ello acreditó el buen concepto en que le tenéis. Convino en
que vuestros crímenes eran grandes, pero que, no obstante, había lugar para la gracia, la
más loable virtud en los príncipes, y por la cual Su Majestad era tan justamente alabado.
Dijo que la amistad entre vos y él era tan conocida en todo el mundo, que quizá el
ilustrísimo tribunal tuviera su juicio por interesado. Sin embargo, obedeciendo al mandato
que había recibido, descubriría libremente sus sentimientos. Si Su Majestad, en
consideración a vuestros servicios y siguiendo su clemente inclinación, se dignara dejaros
la vida y dar orden solamente de que os sacaran los dos ojos, él suponía, salvando los
respetos, que con esta medida la justicia quedaría en cierto modo satisfecha y todo el
mundo aplaudiría la benignidad del emperador, así como la noble y generosa conducta de
quienes tenían el honor de ser sus consejeros. La pérdida de vuestros ojos -argumentaba élno
serviría de impedimento a vuestra fuerza corporal, con la que aun podíais ser útil a Su
Majestad. La ceguera aumenta el valor ocultándonos los peligros, y el miedo que tuvisteis
por vuestros ojos os fue la mayor dificultad para traer la flota enemiga. Y, finalmente, que
os sería bastante ver por los ojos de los ministros, ya que los más grandes príncipes no
suelen hacer de otro modo.
»Esta proposición fue acogida con la desaprobación mas completa por toda la Junta.
Bolgolam, el almirante, no pudo contener su cólera, antes bien, levantándose enfurecido,
dijo que se admiraba de cómo un secretario se atrevía a dar una opinión favorable a que se
respetase la vida de un traidor, que los servicios que habíais hecho eran, según todas las
verdaderas razones de Estado, la mayor agravación de vuestros crímenes; que la misma
fuerza que os permitió traer la flota enemiga podría serviros para devolverla al primer
motivo de descontento; que tenía firmes razones para pensar que erais un
estrechoextremista en el fondo de vuestro corazón, y que, como la traición comienza en el
corazón antes de manifestarse en actos descubiertos, él os acusaba de traidor con este
motivo, e insistía, por tanto, en que se os diera la muerte.
»El tesorero fue de la misma opinión. Expuso a qué estrecheces se veían reducidas las
rentas de Su Majestad por la carga de manteneros, que pronto habría llegado a ser
insoportable, y aun añadió que la medida propuesta por el secretario, de sacaros los ojos,
lejos de remediar este mal lo aumentaría, como lo hace manifiesto la práctica acostumbrada
de cegar a cierta clase de aves, que así comen más de prisa y engordan más pronto. A su
juicio, Su Sagrada Majestad y el Consejo, que son vuestros jueces, estaban en conciencia
plenamente convencidos de vuestra culpa, lo que era suficiente argumento para condenaros
a muerte sin las pruebas formales requeridas por la letra estricta de la ley.
»Pero Su Majestad Imperial, resueltamente dispuesto en contra de la pena capital, se
dignó graciosamente decir que, cuando al Consejo le pareciese la pérdida de vuestros ojos
un castigo demasiado suave, otros había que poderos infligir después. Y vuestro amigo el
secretario, pidiendo humildemente ser oído otra vez, en respuesta a lo que el tesorero había
objetado en cuanto a la gran carga que pesaba sobre su Majestad con manteneros, dijo que
Su Excelencia, que por sí solo disponía de las rentas del emperador, podía fácilmente
prevenir este mal con ir aminorando vuestra asignación, de modo que, falto de alimentación
suficiente, fuerais quedándoos flojo y extenuado, perdierais el apetito y os consumierais en
pocos meses. Tampoco sería entonces -tan peligroso el hedor de vuestro cadáver, reducido
como estaría a menos de la mitad; e inmediatamente después de vuestra muerte, cinco o
seis mil súbditos de Su Majestad podían en dos o tres días quitar toda vuestra carne de
vuestros huesos, transportarla a carretadas y enterrarla en diferentes sitios para evitar
infecciones, dejando el esqueleto como un monumento de admiración para la posteridad.
»De este modo, gracias a la gran amistad del secretario, quedó concertado el asunto. Se
encargó severamente que el proyecto de mataros de hambre poco a poco se mantuviera
secreto; pero la sentencia de sacaros los ojos había de trasladarse a los libros; no disintiendo
ninguno, excepto Bolgolam, el almirante, quien, hechura de la emperatriz, era
continuamente instigado por ella para insistir en vuestra muerte.
»En un plazo de tres días vuestro amigo el secretario recibirá el encargo de venir a
vuestra casa y leeros los artículos de acusación, y luego daros a conocer la gran clemencia y
generosidad de Su Majestad y de su Consejo, gracias a la cual se os condena solamente a la
pérdida de los ojos, a lo que Su Majestad no duda que os someteréis agradecida y
humildemente. Veinte cirujanos de Su Majestad, para que la operación se lleve a efecto de
buen modo, procederán a descargaros afiladísimas flechas en las niñas de los ojos estando
vos tendido en el suelo.
»Dejo a vuestra prudencia qué medidas debéis tomar; y, para evitar sospechas, me
vuelvo inmediatamente con el mismo secreto que he venido.»
Así lo hizo su señoría, y yo quedé solo, sumido en dudas y perplejidades.
Era costumbre introducida por este príncipe y su Ministerio -muy diferente, según me
aseguraron, de las prácticas de tiempos anteriores- que una vez que la corte había decretado
una ejecución cruel fuese para satisfacer el resentimiento del monarca o la mala intención
de un favorito-, el emperador pronunciase un discurso a su Consejo en pleno exponiendo su
gran clemencia y ternura, cualidades sabidas y confesadas por el mundo entero. Este
discurso se publicaba inmediatamente por todo el reino, y nada aterraba al pueblo tanto
como estos encomios de la clemencia de Su Majestad, porque se había observado que
cuando más se aumentaban estas alabanzas y se insistía en ellas, más inhumano era el
castigo y más inocente la víctima. Y en cuanto a mí, debo confesar que, no estando
designado para cortesano ni por nacimiento ni por educación, era tan mal juez en estas
cosas, que no pude descubrir la clemencia ni la generosidad de esta sentencia; antes bien, la
juzgué -quizá erróneamente- más rigurosa que suave. A veces pensaba en tomar mi defensa
en el proceso; pues, aun cuando no podía negar los hechos alegados en los varios artículos,
confiaba en que pudieran admitir alguna atenuación. Pero habiendo examinado en mi vida
atentamente muchos procesos de Estado y visto siempre que terminaban según a los jueces
convenía, no me atreví a confiarme a tan peligrosa determinación en coyuntura tan crítica y
frente a enemigos tan poderosos. En una ocasión me sentí fuertemente inclinado a la
resistencia, ya que, estando en libertad como estaba, difícilmente hubiera podido
someterme toda la fuerza de aquel imperio, y yo podía sin trabajo hacer trizas a pedradas la
metrópoli; pero en seguida rechacé este proyecto con horror al recordar el juramento que
había hecho al emperador, los favores que había recibido de él y el alto título de nardac que
me había conferido. No había aprendido la gratitud de los cortesanos tan pronto que pudiera
persuadirme a mí mismo de que las presentes severidades de Su Majestad me relevaban de
todas las obligaciones anteriores.
Por fin tomé una resolución que es probable que me valga algunas censuras, y no
injustamente, pues confieso que debo el conservar mis ojos, y por lo tanto mi libertad, a mi
grande temeridad y falta de experiencia; porque si yo hubiese conocido entonces la
naturaleza de los príncipes y los ministros como luego la he observado en otras muchas
cortes, y sus sistemas de tratar a criminales menos peligrosos que yo, me hubiera sometido
a pena tan suave con gran alegría y diligencia. Pero empujado por la precipitación de la
juventud y disponiendo del permiso de Su Majestad Imperial para rendir homenaje al
emperador de Blefuscu, aproveché esta oportunidad antes de que transcurriesen los tres días
para enviar una carta a mi amigo el secretario comunicándole mi resolución de partir
aquella misma mañana para Blefuscu, ateniéndome a la licencia que había recibido; y sin
aguardar respuesta, marché a la parte de la isla donde estaba nuestra flota. Cogí un gran
buque de guerra, até un cable a la proa, y después de levar anclas me desnudé, puse mis
ropas -juntas con mi colcha, que me había llevado bajo el brazo- en el buque, y, tirando de
él, ya vadeando, ya nadando, llegué al puerto de Blefuscu, donde las gentes llevaban
esperándome largo tiempo.
Me enviaron dos guías para que me encaminasen a la capital que lleva el mismo
nombre. Los llevé en las manos hasta que llegué a doscientas yardas de las puertas y les
rogué que comunicasen mi llegada a uno de los secretarios y le hiciesen saber que esperaba
allí las órdenes de Su Majestad. Al cabo de una hora obtuve respuesta de que Su Majestad,
acompañado de la familia real y de los magnates de la corte, salía a recibirme. Avancé cien
yardas. El emperador y su comitiva se apearon de sus caballos, la emperatriz y las damas de
sus coches, y no advertí en ellos temor ni inquietud alguna. Me acosté en el suelo para
besar la mano de Su Majestad y de la emperatriz. Dije a Su Majestad que había ido en
cumplimiento de mi promesa y con permiso del emperador, mi dueño, a tener el honor de
ver a un monarca tan poderoso y de ofrecerle cualquier servicio de que yo fuese capaz y se
aviniese con mis deberes hacia mi propio príncipe, no diciendo una palabra acerca de la
desgracia en que había caído, puesto que a la sazón no tenía yo informes ofíciales de ella y
podía fingirme por completo ignorante de tal designio. Ni tampoco podía razonablemente
pensar que el emperador descubriese el secreto estando yo fuera de su alcance, en lo que no
obstante, bien pronto pude echar de ver que me engañaba.
No he de molestar al lector con la relación detallada de mi recibimiento en esta corte,
que fue como convenía a la generosidad de tan gran príncipe, ni las dificultades en que me
encontré por falta de casa y lecho, y que me redujeron a dormir en el suelo envuelto en mi
colcha.
*
Capítulo 8
*
El autor, por un venturoso accidente, encuentra modo de abandonar Blefuscu. -Después de
varias dificultades, vuelve sano y salvo a su país natal.
Tres días después de mi llegada, paseando por curiosidad hacia la costa nordeste de la
isla, descubrí, como a media legua dentro del mar, algo que parecía como un bote volcado.
Me quité los zapatos y las medias, y, vadeando dos o trescientas yardas, vi que el objeto iba
aproximándose por la fuerza de la marea, y luego reconocí claramente ser, en efecto, un
bote, que supuse podría haber arrastrado de un barco alguna tempestad. Con esto, volví
inmediatamente a la ciudad y supliqué a Su Majestad Imperial que me prestase veinte de las
mayores embarcaciones que le quedaron después de la pérdida de su flota y tres mil
marineros, bajo el mando del vicealmirante. Esta flota se hizo a la vela y avanzó costeando,
mientras yo volvía por el camino más corto al punto desde donde primero descubriera el
bote; encontré que la marea lo había acercado más todavía. Todos los marineros iban
provistos de cordaje que yo de antemano había trenzado para darle suficiente resistencia.
Cuando llegaron los barcos me desnudé y vadeé hasta acercarme como a cien yardas del
bote, después de lo cual tuve que nadar hasta alcanzarlo. Los marineros me arrojaron el
cabo de la cuerda, que yo amarré a un agujero que tenía el bote en su parte anterior, y até el
otro cabo a un buque de guerra. Pero toda mi tarea había sido inútil, pues como me cubría
el agua no podía trabajar. En este trance me vi forzado a nadar detrás y dar empujones al
bote hacia adelante lo más frecuentemente que podía con una de las manos; y como la
marea me ayudaba, avancé tan de prisa, que en seguida hice pie y pude sacar la cabeza.
Descansé dos o tres minutos y luego di al bote otro empujón, y así continué hasta que el
agua no me pasaba de los sobacos; y entonces, terminada ya la parte más trabajosa, tomé
los otros cables, que estaban colocados en uno de los buques, y los amarré primero al bote y
después a nueve de los navíos que me acompañaban. El viento nos era favorable, y los
marineros remolcaron y yo empujé hasta que llegamos a cuarenta yardas de la playa, y,
esperando a que bajase la marea, fuí a pie enjuto adonde estaba el bote, y con la ayuda de
dos mil hombres con cuerdas y máquinas me di traza para restablecerlo en su posición
normal, y vi que sólo estaba un poco averiado.
No he de molestar al lector relatando las dificultades en que me hallé para, con ayuda de
ciertos canaletes, cuya hechura me llevó diez días, conducir mi bote al puerto real de
Blefuscu, donde se reunió a mi llegada enorme concurrencia de gentes, llenas del asombro
en presencia de embarcación tan colosal. Dije al emperador que mi buena fortuna había
puesto este bote en mi camino como para trasladarme a algún punto desde donde pudiese
volver a mi tierra natal, y supliqué de Su Majestad órdenes para que se me facilitasen
materiales con que alistarlo, así como su licencia para partir, lo que después de algunas
reconvenciones de cortesía se dignó concederme.
En todo este tiempo se me hacía maravilla no tener noticia de que nuestro emperador
hubiese enviado algún mensaje referente a mí a la corte de Blefuscu; pero después me
hicieron saber secretamente que Su Majestad Imperial, no imaginando que yo tuviera el
menor conocimiento de su propósito, creía que sólo había ido a Blefuscu en cumplimiento
de mi promesa, de acuerdo con el permiso que él me había dado y era notorio en nuestra
corte, y que regresaría a los pocos días, cuando la ceremonia terminase. Mas sintióse, al fin,
inquietado por mi larga ausencia, y, luego de consultar con el tesorero y el resto de aquella
cábala, se despachó a una persona de calidad con la copia de los artículos dictados en
contra mía. Este enviado llevaba instrucciones para exponer al monarca de Blefuscu la gran
clemencia de su señor, que se contentaba con castigarme no más que a la pérdida de los
ojos, así como que yo había huido de la justicia y sería despojado de mi título de nardac y
declarado traidor si no regresaba en un plazo de dos horas. Agregó además el enviado que
su señor esperaba que, a fin de mantener la paz y la amistad entre los dos imperios, su
hermano de Blefuscu daría orden de que me devolviesen a Liliput sujeto de pies y manos,
para ser castigado como traidor.
El emperador de Blefuscu, que se tomó tres días para consultar, dio una respuesta
consistente en muchas cortesías y excusas. Decía que por lo que tocaba a enviarme atado,
su hermano sabía muy bien que era imposible; que aun cuando yo le había despojado de su
flota, no obstante, él me estaba muy obligado por los muchos buenos oficios que le había
dispensado al concertarse la paz; que, sin embargo, sus dos majestades podían quedar
pronto tranquilas, por cuanto yo había encontrado en la costa una colosal embarcación
capaz de llevarme por mar, la cual había él dado orden de alistar con mi propia ayuda y
dirección, y así confiaba en que dentro de pocas semanas ambos imperios se verían libres
de carga tan insoportable.
Con esta respuesta se volvió a Liliput el enviado. El monarca de Blefuscu me refirió
todo lo acontecido, ofreciéndome al mismo tiempo -pero en el seno de la más estrecha
confianza- su graciosa protección si quería continuar a su servicio. Pero en este punto, aun
cuando yo creía sus palabras sinceras, resolví no volver a depositar confianza en príncipes
ni ministros mientras me fuera posible evitarlo; y así, con todo el reconocimiento debido a
sus generosas intenciones, le supliqué humildemente que me excusase. Le dije que ya que
la fortuna, por bien o por mal, había puesto una embarcación en mi camino, estaba resuelto
a aventurarme en el Océano antes que ser ocasión de diferencias entre dos monarcas tan
poderosos. Tampoco encontré que el emperador mostrase el menor disgusto, y descubrí,
gracias a cierto incidente, que estaba muy contento de mi resolución, lo mismo que la
mayor parte de sus ministros.
Estas consideraciones me movieron a apresurar mi marcha algo más de lo que yo tenía
pensado; a lo que la corte, impaciente por verme partir, contribuyó con gran diligencia. Se
dedicaron quinientos obreros a hacer dos velas para mi bote, según instrucciones mías,
disponiendo en trece dobleces el más fuerte de sus lienzos. Pasé grandes trabajos para hacer
cuerdas y cables, trenzando diez, veinte o treinta de los más fuertes de los suyos. Una gran
piedra que vine a hallar después de larga busca por la playa me sirvió de ancla. Me dieron
el sebo de trescientas vacas para engrasar el bote y para otros usos. Pasé trabajos increíbles
para cortar algunos de los mayores árboles de construcción con que hacerme remos y
mástiles, tarea en que me auxiliaron mucho los armadores de Su Majestad, ayudándome a
alisarlos una vez que yo había hecho el trabajo más duro.
Transcurrido como un mes, cuando todo estuvo dispuesto, envié a ponerme a las órdenes
del emperador y a pedirle licencia para partir. El emperador y la familia real salieron del
palacio; me acosté, juntando la cara al suelo, para besar su mano, que él muy graciosamente
me alargó, y otro tanto hicieron la emperatriz y los jóvenes príncipes de la sangre. Su
Majestad me obsequió con cincuenta bolsas de a doscientos sprugs cada una, con más un
retrato suyo de tamaño natural, que yo coloqué inmediatamente dentro de uno de mis
guantes para que no se estropeara. Las ceremonias que se celebraron a mi partida fueron
demasiadas para que moleste ahora al lector con su relato.
Abastecí el bote con un centenar de bueyes y trescientos carneros muertos, pan y bebida
en proporción y tanta carne ya aderezada como pudieron procurarme cuatrocientos
cocineros. Tomé conmigo seis vacas y dos toros vivos, con otras tantas ovejas y moruecos,
proyectando llevarlos a mi país y propagar la casta. Y para alimentarlos a bordo cogí un
buen haz de heno y un saco de grano. De buena gana me hubiese llevado una docena de los
pobladores pero ésta fue cosa que el emperador no quiso en ningún modo permitir; y
además de un diligente registro que en mis bolsillos se practicó, Su Majestad me hizo
prometer por mi honor que no me llevaría a ninguno de sus súbditos, a menos que mediase
su propio consentimiento y deseo.
Preparado así todo lo mejor que pude, me di a la vela el 24 de septiembre de 1701, a las
seis de la mañana; y cuando había andado unas cuatro leguas en dirección Norte, con viento
del Sudeste, a las seis de la tarde divisé una pequeña isla, como a obra de media legua al
Noroeste. Avancé y eché el ancla en la costa de sotavento de la isla, que parecía estar
inhabitada. Tomé algún alimento y me dispuse a descansar. Dormí bien y, según calculé,
seis horas por lo menos, pues el día empezó a clarear a las dos horas de haberme
despertado. Hacía una noche clara. Tomé mi desayuno antes de que saliera el sol, y levando
ancla, con viento favorable, tomé el mismo rumbo que había llevado el día anterior, en lo
que me guié por mi brújula de bolsillo. Era mi intención arribar, a ser posible, a una de las
islas que yo tenía razones para creer que había al Nordeste de la tierra de Van Dieme. En
todo aquel día no descubrí nada; pero el siguiente, sobre las tres de la tarde, cuando, según
mis cálculos, había hecho veinticuatro leguas desde Blefuscu, divisé una vela que navegaba
hacia el Sudeste; mi rumbo era Levante. La saludé a la voz, sin obtener respuesta; aprecié,
no obstante, que le ganaba distancia, porque amainaba el viento. Tendí las velas cuanto
pude, y a la media hora, habiéndome divisado, enarboló su enseña y disparé un
cañonazo.No es fácil de expresar la alegría que experimenté ante la inesperada esperanza de
volver a ver a mi amado país y a las prendas queridas que en él había dejado. Amainó el
navío sus velas, y yo le alcancé entre cinco y seis de la tarde del 26 de septiembre; el
corazón me saltaba en el pecho viendo su bandera inglesa. Me metí las vacas y los carneros
en los bolsillos de la casaca y salté a bordo con todo mi pequeño cargamento de
provisiones. El navío era un barco mercante inglés que volvía del Japón por los mares del
Norte y del Sur, y su capitán, Mr. John Biddel, de Deptford, hombre muy amable y
marinero excelente. Nos hallábamos a la sazón a la latitud de 30 grados Sur; había unos
cincuenta hombres en el barco y allí encontré a un antiguo camarada mío, un tal Peter
Williams, que me recomendó muy bien al capitán. Este caballero me trató con toda cortesía
y me rogó que le diese a conocer cuál era el sitio de donde venía últimamente y adónde
debía dirigirme, lo que yo hice en pocas palabras; pero él pensó que yo desvariaba y que los
peligros porque había pasado me habían vuelto el juicio. Entonces saqué del bolsillo mi
ganado vacuno y mis carneros, y por ellos, después de asombrarse grandemente, quedó del
todo convencido de mi veracidad. Le enseñé después el oro que me había dado el
emperador de Blefuscu, así como el retrato de tamaño natural de Su Majestad y algunas
otras curiosidades de aquel país. Le di dos bolsas de doscientos sprugs, y le prometí que en
llegando a Inglaterra le regalaría una vaca y una oveja preñadas.
No he de molestar al lector con la relación detallada de este viaje, que fue en su mayor
parte muy próspero. Llegamos a las Dunas el 13 de abril de 1702. Sólo tuve una desgracia,
y fue que las ratas de a bordo me llevaron uno de los dos carneros; encontré sus huesos en
un agujero, completamente mondados de carne. El resto de mi ganado lo saqué salvo a
tierra y le di a pastar en una calle de césped de los jardines de Greenwich, donde la finura
de la hierba les hizo comer con muy buena gana, en contra de lo que yo había temido. Y
tampoco me hubiera sido posible conservarlo durante tan largo viaje si el capitán no me
hubiese cedido parte de su mejor bizcocho, que, reducido a polvo y amasado con agua, fue
su alimento constante. El poco tiempo que estuve en Inglaterra, obtuve considerable
provecho de enseñar mi ganado a numerosas personas de calidad y a otras, y antes de
emprender mi segundo viaje lo vendí por seiscientas libras. A mi último regreso he
encontrado que la casta ha aumentado considerablemente, especialmente los carneros; y
espero que ello será muy en ventaja de la manufactura lanera, a causa de la finura del
vellón.
Sólo estuve dos meses con mi mujer y mis hijos, pues mi deseo insaciable de ver países
extraños no podía permitirme continuar más. Dejé a mi mujer mil quinientas libras y la
instalé en una buena casa de Recriff. El resto de mis reservas lo llevé conmigo, parte en
dinero, parte en mercancías, con esperanza de aumentar mi fortuna. El mayor de mis tíos,
Juan, me había dejado una hacienda en tierras, cerca de Epping, de unas treinta libras al
año, y yo tenía un buen arrendamiento del Black Bull en Fetter Lane, que me rendía otro
tanto; así que no corría el peligro de dejar mi gente a la caridad de la parroquia.
Mi hijo Juanito, que se llamaba así por su tío, estaba en la Escuela de Gramática y era
aún muchacho. Mi hija Betty -hoy casada y con hijos- aprendía entonces a bordar. Me
despedí de mi mujer, mi niño y mi niña, con lágrimas por ambas partes, y pasé a bordo del
Adventure, barco mercante de trescientas toneladas, destinado para Surat, mandado por el
capitán John Nicholas, de Liverpool.
Pero la relación de esta travesía debo remitirla a la segunda parte de mis viajes.
*
Fin de la Primera Parte

UNA LEYENDA EN LA MUSICA : "QUEEN"

Escrito por imagenes 18-02-2009 en General. Comentarios (6)

http://mitosyleyendas-snake.blogspot.com/2009/02/una-leyenda-en-la-musica-queen.html

UNA LEYENDA EN LA MUSICA : "QUEEN"

UNA LEYENDA EN LA MUSICA : "QUEEN"

BIOGRAFÍA DE QUEEN


En 1968, Brian May y Tim Staffel, ambos estudiantes del Imperial College, decidieron formar una banda. Brian puso un aviso en la pared de noticias del colegio pidiendo un baterista, y un joven estudiante de medicina llamado Roger Taylor audicionó y obtuvo el puesto.Ellos llamaron a su banda "SMILE". Smile tuvo su primer experiencia en un estudio de grabación en Trident Studios, 1969. Tim Staffel iba junto con Freddie (Farookh) Bulsara al Ealing College of Art, y le hizo conocer la banda. Rapidamente, Freddie se convirtió en un fanático de SMILE. En 1970, Tim dejó Smiley, fue a otra banda llamada Hompy Bong, y Freddie se fue de la banda en la que estaba, llamada "Wreckage", y se unió a Brian y Roger....
Freddie cambió su apellido a Mercury, y el nombre de la banda pasó a ser QUEEN. John Deacon fue a una audición para ser el bajista de Queen (ellos ya habían tenido tres en su corta historia), y en febrero de 1971, fue tomado como el cuarto miembro de la banda. Ellos ensayaron mucho y tocaron en el Imperial College para pequeños grupos de amigos suyos. Después, les fue ofrecida la chance de probar a nuevo estudio de grabación llamado De Lane Lea. En recompensa por probar el nuevo equipo, ellos pudieron grabar algunos demos, lo hicieron, pero nadie estubo interesado. Queen firmó un contrato de grabación, publicación y acuerdos de gestión con Trident en 1972, y durante ese año pagaron £60 por semana. Ellos comenzaron a trabajar en su primer álbum.

En 1973, Trident y EMI firmaron un contrato de grabación para Queen, y en julio de ese año salió su primer álbum: "QUEEN". Este álbum combinaba las marcas de la calidad del rock clasico con una real originalidad. Sus letras eran nuevas para esos tiempos y las canciones eran diferentes unas de otras. Todas las canciones escritas por Freddie estaban conectadas con la religión. La canción "Jesus" era una real historia bíblica. Pero al mismo tiempo, su canción "Great King Rat" era más típica de una banda de hard rock.
Queen recibió una propuesta para ser la banda soporte en un tour de Moot The Hoople; el tour empezó en noviembre de 1973, y durante esa gira mucha gente comenzó a decir que Queen era mucho más que una banda soporte...
Como una especie de lucha entre el bien y el mal (en las caras de las Reinas Blanca y Negra) continuaron con su próximo álbum. "QUEEN II" fue finalmente lanzado en marzo de 1974, debeía haber sido antes, pero había un pequeño error de imprenta en la tapa que Queen insitió que fuera corregido. La banda hizo una gira por Gran Bretaña, empezando en Blackpool en marzo de 1974. En abril de 1974, la banda salió a su primera gira en Estados Unidos como invitados de Moot The Hoople; pero en mayo de ese año, Brian se enfermó de hepatitis, y la banda tuvo que cancelar el resto de las fechas.
El trabajo para su tercer álbum comenzó sin Brian, y con mucha ayuda de Roy Thomas Baker. Cuando Brian estuvo mejor, fue al estudio para grabar sus partes con la guitarra, aunque, como el seguía algo enfermo tuvo que pasar mucho tiempo en el baño del estudio! Pero eventualmente, el álbum fue terminado, y "Sheer Heart Attack" fue lanzado en noviembre de 1974. Este álbum fue un gran éxito en ambos lados del Atlantico y el mundo se dió cuenta que Queen tenía que ser considerado como una gran banda.

En enero de 1975, queen comenzó su primer gira por los Estados Unidos. La venta de entradas era fenomenal, y la demanda era tal, que tuvieron que agragar más shows, haciendo dos shows en el mismo día. También en enero del '75, Queen contrató los servivios de un abogado del negocio de la música, Jim Beach, para negociar el fin del contrato con Trident, porque no les daba el sustento que ellos querían, y la banda estaba descontenta con esa situación.
Luego, en abril de ese mismo año, Queen comenzó su primer gira por Japón. Cuando llegaron al aeropuerto, había tres mil fans esperándolos, en ese entonces Sheer Heart Attack era el número uno en Japón. Esta era una escena reminiscente de la "Beetlemanía" en los '60s, y la banda estaba sorprendida con su bienvenida de 'pop star'. En mayo de 1975, Freddie recibio el premio Ivor Novello por haber escrito "Killer Queen".
Queen empezó a trabajar en su nuevo álbum en junio, los enlaces con Trident ya estaban rotos. Cuando la banda decidió lanzar "Bohemian Rhapsody" en 1975, todos les dijeron que era demasiado largo, y que un tema no podía ser un éxito si duraba 5:55 mins. Pero Freddie le dió una copia del single a un amigo DJ de una radio de Londres, Kenny Everett, diciendole que era para él solo, y que no debía pasarla en el aire. Pero obviamente el DJ lo hizo, 14 veces en dos días!! Desde allí en adelante, cada estación de radio, pasó la canción completa, y no versiones editadas. fue un colosal éxito, y realmente estableció a Queen como LA banda de la era. El video de Bohemian Rhapsody, dirigido por Bruce Gowers usando ideas de la banda, fue considerado como el que empezó la manía de los videos - ellos no sabían lo que habían empezado!!. El single estuvo en el Nº 1 durante 9 increíbles semanas!
El álbum fue, al mismo tiempo, uno de los más caros jamás grabados, cuando "A Night At The Opera" fue lanzado en noviembre de 1975, se convirtío en un éxito masivo, y les dió su primer disco de platino. Freddie había diseñado el logo de Quen para el álbum "Queen", el cual fue reconstruído para la tapa de "A Night At The Opera". La fiesta de lanzamiento del álbum tuvo lugar en el exclusibo Opera Bar en el London Coliseum Theatre.

En enero de 1976, Freddie fue premiado con otro premio Ivor Novello por Bohemian Rhapsody. También en enero, la banda comenzó su tercer gira por USA, que continuó hasta marzo. Luego volaron directo a Japón, y otra vez, al arrivar, tubieron una calurosa bienvenida. En ese tiempo, los custro álbumes de Queen estaban en el Top 20 del Reino Unido, lo caul era una gran hazaña. Ellos emprendieron un caro tour por Japón, y luego volaron hacia Austria. Su gira 'Down Under' comenzó an el Perth Entertainment Centre.

Volaron de nuevo hacia el Reino Unido para comenzar a trabajar en su nuevo álbum, "A Day At The Races", pero la grabación estubo parada mientras la banda estubo en una pequeña gira por el Reino Unido. El 18 de septiembre de 1976, Queen decidió dar las gracias a sus fans, y entonces - con un extrabagante estilo - ellos montaron un enorme concierto gratis el el London's Hyde Park. Se estima que fueron entre 150 y 200 mil fans.
Era septiembre, y la banda estaba trabajando duro en su nuevo álbum. "A Day At The Races" fue lanzado en diciembre de 1976. La banda estubo en una carrera de caballos en Kempton Park para promocionar el álbum, y en "A Day At The Races Stakes", una carrera especial esponsoreada por EMI, los cuatro apostaron al mismo caballo sin decirle a los otros, y ganaron! Cinco días antes del lanzamiento, las órdenes de compra por adelantado para "A Day At The Races" eran de medio millon de unidades, la mayor cantidad que EMI haya recibido por cualquier álbum.

1977 comenzó con su cuarto tour por América del Norte. Estubieron en gira constantemente desde enero hasta la mayor parte de marzo en USA y Canadá. Al final de todo aquello, Roger decidió sacar un single solista, el cual fue pagado de su bolsillo. "I Wanna Testify" fue lanzado en agosto. En mayo de 1977, Queen voló hasta Estocolmo para empezar una larga gira por toda Europa.
En octubre de 1977, los miembro del fan club fueron llamados para tomar parte en uno de los videos de la banda. "We Are The Champions" fue filmado en el New London Theatre. Después que la filmación fue terminada, Queen hizo un concierto de agradecimiento hacia los fans que habían trabajado duro para la filmación. En octubre del '77 ganaron el premio Brtitannia por "Bohemian Rhapsody"
Queen lanzó "News of the World" el 28 de octubre de 1977. La tapa era un dibujo que Roger descubrió, hecho por el artista de cisncia ficción Kelly Freas. Roger le preguntó si podía adaptar su ilustración para la tapa del álbum, y Freas aceptó.
En noviembre ellos fueron a los Estados Unidos nuevamente para ensayar para su próxima gira. Por primera vez, sus finanzas les permitieron alquilar un avión privado para la gira, eso era mucho más confortable. La gira comenzó el 11 de noviembre - su segundo tour en el mismo año. Ellos llegaron nuevamente al Reino Unido justo a tiempo para pasar la navidad con sus familias. Esa navidad, "We Will Rock You" fue superado en el chart de Francia después de 12 semanas en el Nº1.... por "We Are The Champions"!!

En febrero de 1978, decidieron comenzar a manejar sus propios negocios. Una corta (para los estándares de Queen) gira por Europa comenzó en abril de 1978, nuevamente en Estocolmo. En julio, la banda empezó su trabajo para su nuevo álbum. Grabaron en Montreaux y Francia;esa fue la primera vez que grabaron fuera del Reino Unido.
Para la publicidad de su nuevo tema "Bicycle Race", la banda contrató el Estadio Wimbledon, y cincuenta mujeres desnudas con sus bicicletas de carrera. La tapa original del single fue censurada, porque mostraba a una de las mujeres desnuda en su bicicleta, por lo que se le debió dibujar ropa. Más giras comenzaron en octubre por USA y Canadá. El 10 de noviembre vió el lanzamiento de "Jazz", el séptimo álbum de la banda. La fiesta del lanzamiento de "Jazz" fue en New Orleans.
La banda costeó los gastos de la fiesta, e invito a EMI, su compañia de grabación en América, y Elektra, sus Representantes en USA. Era la primera vez que ejecutivos de ambas compañías se conocían, y las dos tenían a todos sus directivos trabajando para sobrepasar en sus ofertas a la compañía rival!
El tour por norteamérica terminó a fines de diciembre, y volvieron al Reino Unido para navidad, pero no tuvieron mucho tiempo para descansar, ya que en enero de 1979 comenzaron otra gira por Europa. El tour terminó en Hamburgo, y en marzo ya estaban en Mountain Studios en Montraux, trabajando en su álbum en vivo. A la banda le encantó la tranquilidad de la ciudad y también le gustaba el estudio, así que decidieron comprar ese estudio.

El primer álbum en vivo de Queen (el único doble hasta ese momento), "Live Killers", fue lanzado en junio de 1979. Este era un álbum que se tuvo que hacer debido al gran pedido que hacía el público de que haya un álbum con grabaciones en vivo de Queen.
Luego Queen recibió la propuesta de hacer la banda de sonido de la película de ciencia ficción "Flash Gordon".
El fin de 1979 encontró a Queen embarcado en el 'The Crazy Tour'. Ellos eran una de las bandas que estaban para juntar fondos para la gente de Kampuchea. Durante 'The Crazy Tour', el manager de las giras de la banda, Gerry Stickells, colapsó y tuvo que ser llevado al hospital. Gerry había estado en todas y cada una de las giras de Queen desde 1976.

En el comienzo de 1980, la banda estaba trabajando en su nuevo álbum, "The Game", el primero que usó sintetizadores. En junio de ese mismo año salieron de gira nuevamente por America del Norte. Roger también empezó a trabajar en su primer disco solista en 1980. "The Game" fue lanzado en junio de ese año, y fue cinco veces disco de platino solamente en Canadá. 'Another One Bites The Dust! se volvió en uno de los mayores éxitos de la banda en lo que se refiere a la venta del sencillo alrededor del mundo. La banda recibió numerosos premios como los de los billboards y fue nominado por los Grammys y los Juno de Canadá.
En este álbum hay baladas como "Don't try suicide". Esta canción fue escrita por Freddie:

Don't try suicide - nobody's worth it, (No trates de suicidarte - nadie lo vale)
Don't try suicide - nobody cares, (No trates de suicidarte - a nadie le importa)
Don't try suicide - just gonna hate it, (No trates de suicidarte - Lo vas a odiar)
Don't try suicide - nobody gives a damn (No trates de suicidarte - a nadie le importa una mierda)

Quien sabe porqué Freddie escribió esta canción, el no sabía que en 11 años moriría de SIDA, pero sí sabía que la vida es un regalo que es muy estúpido tirar a la basura. Y el quizo decirle esto a todos los fans.
El 8 de diciembre de 1980, la banda de sonido para "Flash Gordon" fue lanzada. Al final de 1980, Queen había vendido más de 45.000.000 de copias en todo el mundo.
Queen es la primer banda de rock que hizo una gira por los estadios en diferentes países de Sudamérica, y con esto, Queen abrió camino para otras bandas internacionales que la siguieron. El equipamiento de la banda tuvo que ser traído, en un avión de carga 747 que ellos alquilaron para tal efecto, desde Tokyo hasta Buenos Aires - ese vuelo es la ruta aérea más larga entre dos capitales del mundo.

El 28 de febrero de 1981, Queen realizó un recital gigante en el estadio mundialista de Velez Sarsfield. Ellos llenaron tres estadios más que antes habían sido usados para la Copa del Mundo de Futol en el '78, haciendo cinco shows en solo ocho días, con todas las entradas agotadas. Luego viajaron a Brasil donde tocaron dos noches en el Estadio Morumbí de San Pablo. En la primera noche, 131.000 personas fueron al show, y Queen tuvo el record de la historia del rock, al tener la máxima cantidad de personas en un show pago para una sola banda en todo el mundo. Durante esos dos días en el estadio Morumbí, 251.000 personas vieron ese gran espectáculo de Queen - ese es una audiencia más grande que la que pueden tener muchas bandas en toda su carrera! Durante la gira, cada uno de los álbumas de Queen estuvo en los primeros puestos de los rankings de Argentina.
Mientras estaban en San Pablo, la banda celebró el hecho de que el sencillo 'Love Of My Life', había estado en el ranking de singles de esa ciudad por más de 12 meses consecutivos.
En abril de 1981, Roger sacó su disco solista "Fun in Space".
Queen estaba de nuevo en Sudamérica, pero desafortunadamente, sus últimos dos conciertos en Venezuela tuvieron que ser cancelados porque el ex-presidente de ese país había muerto. Entonces fueron a México para tocar en Monterrey y en Puebla. Mientras estaban allí, el promotor de la banda, Jo´se Rota, fue arrestado y encarcelado. Jim Beach tuvo que pagar £25.000 de fianza para sacarlo y poder continuar la gira.
En octubre de 1981, fueron lanzados simultaneamente "Greatest Hits", "Greatest Flix" y "Greatest Pix". "Greatest Hits" - el álbum - entró a los charts tan pronto fue lanzado, pero raramente salió de los charts Britanicos rápidamente. "Greatest Flix" - el video - fue la primera colección de videos de promoción lanzada comercialmente por cualquier banda. "Greatest Fix" - el libro - era una compilación de Jacques Lowe, que era el biógrafo del Presidente Kennedy durante la presidencia del mismo en USA. Este libro es una selección de Jacques de las mejores fotos de Queen de la década del '70.

El decimo segundo álbum de la banda, "Hot Space", fue lanzado el 21 de mayo de 1982 mientras la banda estaba en el medio de una extensa gira por Europa.

En enero de 1983, Freddie comenzó su primer álbum solista, y Roger su segundo. Durante la primera parte de ese año, Brian voló a Los Angeles y se reunió con unos amigos en los estudios Record Plant. Brian tenía algunas ideas básicas en las cuales trabajar y al final, el resultado fue el mini álbum "Star Fleet Project", el cual fue lanzado en octubre de 1983.
La banda volvió a los estudios de grabación en agosto de 1983 para empezar el trabajo para su próximo álbum. Comenzaron a trabajar en el Record Planet en Los Angeles, era la primera vez que la banda grababa en USA.

En febrero de 1984, la banda lanzó su decimo tercer álbum - "The Works". "Radio Ga Ga", se convirtió en un hit mundial, alcanzando el primer puesto en 19 diferentes países. En el video para esa canción, dirigido por David Mallet, trabajaron los fans nuevamente. El aplauso con las manos que se hacía en ese video se convirtió en un clásico para todos los recitales que Queen realizaba. Otra canción del álbum "The Works" que rápidamente se convirtió en un éxito fue "I Want To Break Free". El video de este tema fue totalmente distinto, mostraba a los integrantes de Queen vestidos de mujer, burlandose de una serie de TV de Inglaterra, "coronation Street". Cuando les fue preguntado el porqué, Roger dijo que ya se habían aburrido de sus videos épicos serios, y probaron el reirse de ellos mismos. MTV en América se rehusó a pasar el video.

No solamente canciones divertidas tenía este álbum. En "Hammer To Fall" Brian May escribió una famosa Pregunta:
What the Hell are we fighting for? (¿Por qué mierda estamos peleando?)
Just surrender and it won't hurt at all (Sólo ríndete y no te dolerá en absoluto)
You just got time to say your prayers (Tienes el tiempo justo para decir tus oraciones)
While you're waiting for the hammer to fall. (Mientras esperas a que el martillo caiga.)

Y Freddie Mercury, junto con Brian nos responden
Is this the world we created?, we made it on our own (¿Es este el mundo que creamos?, Lo hicimos nuestro.)
Is this the world we devastated, right to the bone? (¿Es este el mundo que devastamos, Hasta la médula?)
If there's a god in the sky looking down (Si hay un Dios en el cielo, mirándonos,)
What can be think of what we've done (¿Que pensará de lo que hicimos)
To the world that He created (En el mundo que El creó?)

Quizas para ese tiempo Freddie conoció que él tenía una enfermedad y comenzó a pensar sobre las cosas inmortales como el mundio o Dios, y sobre su propio destino.

En junio de 1984, Roger sacó su segundo disco solista, "Strange Frontier"; También en junio, una compañia llamado Guild Guitars lanzó una copia de la guitarra red Special de Brian. Esta se llamaba BHM1, y Brian estuvo estrechamente envuelto en todos los aspectos de su producción. Tristemente, un año después, Brian y Guild tuvieron algunas discuciones sobre el diseño de la guitarra lo cual resultó en que Guild cesara la producción de la misma.
En agosto, Queen voló hacia Bélgica para empezar la gira de "The Works" en ese país.

En 1985 se realizó el festival Rock in Rio. Este fue el más grande fetival que se haya hecho en todo el mundo. El festival entero había sido grabado para la televisación solo en Sudamérica, pero Queen fue el único grupo que obuvo los derechos para lanzar un video que mostrara su actuación. "Live in rio" fue lanzado en mayo de 1985.
El primer álbum solista de Freddie, "Mr Bad Guy", fue lanzado el 19 de abril de 1985 mientras la banda estaba en una gira por Australia. El gran concierto en Melbourne tuvo que hacerse sin luces, ya que el sistema computarizado que las controlaba no andaba
El 13 de julio de 1985, fue un día muy importante en la historia mundial, ya que se realizó el primer Live Aid, que era un festival de música contra el SIDA. Queen era uno de los tantos grupos que tocaron en ese festival, solo 20 mins por cada grupo. El mundo entero estaba viendo, y Queen fue votado por unanimidad, por el público y periodistas, como la banda que se 'robó' el show. Este fue un paso gigante para Queen.
Los integrantes de Queen, antes del recital, habían decidido distanciarse por un tiempo, pero luego del gran éxito que tubieron en Live Aids, decidieron comenzar de nuevo con más ganas todavía. "one Vision" fue el primer tema que sacaron despues de ese nuevo comienzo.
Luego Russell Mulcahy se acercó a Queen para grabar la banda de sonido de su próxima película - un film de fantasía sobre un escosés inmortal - llamado "Highlander". En una entrevista, Mulcahy dijo que Queen era la primera banda que el tenía en mente para esa banda de sonido.

En marzo de 1986, John formó una nueva banda, llamada "The Inmortals", para escribir y grabar la música de la próxima película llamada Biggles. Ellos grabaron solo una canción - "No Turning Back" - y la banda se disolvió.
Queen lanzó su álbum Nº 14, la banda de sonido de "Highlander", titulado "A Kind Of Magic".
En este álbum podemos oir a Freddie decir palabras sabias

No wrong no right (No hay incorrecto - no hay correcto,)
I'm gonna tell you there's no black and no white, (Te voy a contar que no hay negro ni blanco,)
No blood no stain, (No hay sangre - no hay tintura,)
All we need is one world wide vision. (Todo lo que necesitamos es un punto de vista mundial.)

O sinó
There's only one direction, (Hay sólo una dirección,)
One world one nation. (Un mundo - una nación)

Este disco entro a los rankings del Reino Unido en el Número 1 y estuvo en el 'top five' por 13 semanas consecutivas.
El 7 de junio comenzaron de nuevo con las giras con el 'Magic Tour of Europe'. El primer concierto en el Reino Unido, en el estadio de futbol del Newcastle, fue un total éxito con todas las entradas vendidas, y decidieron donar todas las ganancias a una fundación protectora de chicos: "International Save The Children Fund".
El 27 de julio de 1986, Queen hizo historia otra vez (algo que era un hábito para la banda), cuando tocaron en Budapest, Hungría. Esta era la primera vez que una banda de rock tocaba en el Bloque del Oeste, y estaba todo completamente vendido.
El 9 de agosto, se realizó el último recital de la gira, y la audiencia fue la más grande, estimada en 120.000 personas. Esto produjo mucha cantidad de problemas de tráfico, debido a que la gente llegaba de todos lados para escucharlos y no querían llegar tarde. Más de un millon de personas vieron a Queen en esa gira por Europa.
En noviembre de 1986, EMI Records lanzó la colección de álbumes de Queen completa en formato Compact Disc - era la primera vez en la historia que una banda lanzaba su colección completa en formato CD. En diciembre, el decimo quinto álbum de Queen, y su segundo en vivo, fue lanzado. Se llamaba "Live Magic", y entró en el chart de Gran Bretaña en el puesto número 3.
Durante 1986, solamente en el Reino Unido, Queen vendió 1.774.991 álbumes. El 3 de febrero, Freddie lanzó un cover de la canción de los Plateros "The Great Pretender". En el video de esa canción, Freddie recreó algunas escenas de otros videos de Queen, y el actor Peter Starker, Roger Taylor y Freddie, se pusieron pelucas y se maquillaron para hacer en el video de coristas. Este fue un video muy costoso.
Una de las ídolas de todos los tiempos de Freddie era la diva de la ópera Montserrat CAballe, y en marzo de 1986, él se reunio con ella en su casa de Barcelona. Con Montserrat Caballe se forjó una muy buena amistad y acordaron grabar un álbum. Freddie redactó una canción sobre Barcelona para ella, y los dos comenzaron a escribir y grabar el álbum. Freddie y Montserrat aparecieron juntos en el escenario por primera vez en mayo de 1987 en el festival Ibiza '92. Ellos cantaron 'Barcelona'

En agosto de 1987, Roger hizo una audición para seleccionar músicos para formar una nueva banda, The Cross. Él quería tener una banda donde pudiera componer todos los temas y, más importante aun, salir de gira durante los periodos de descanso de Queen, que cada vez se hacían más largos.
El sencillo 'Barcelona' fue lanzado en España en Septiembre de 1987, y 10.000 copias fueron vendidas en solo tres horas. El Comité Olímpico de España adoptó la canción como el tema de los Juegos Olímpicos que se harían en esa ciudad en 1992.
En noviembre de 1987 fue editada una trilogía de videos documentales, llamada "The Magic Years". Esta trilogía recibió una numerosa cantidad de premios, incluyendo el famoso "Silver Screen award" en USA y el premio IMMC n el festival de TV Montreux Golden Rose. También durante 1987, Queen recibió el prestigioso premio Ivor Novello por su 'Enorme Contribución a la Música Británica'.

El 25 de enero de 1988, The Cross lanzó su álbum debut, llamado "Shove It", y se embarcó en su primera gira europea.
Freddie y Montserrat aparecieron juntos nuevamente el 8 de octubre en Barcelona, donde se celebraba la llegade de la bandera olímpica desde Seoul. Freddie y Montserrat cerraron el evento, estando en presencia del Rey y la Reina de España, con "Barceloana", "The Golden Boy" y "How Can I Go On", todas canciones tomadas de su álbum que estaba por ser lanzado.
'Barcelona', el álbum de Freddie y Montserrat Caballe en dúo, fue lanzado al mercadoel 10 de octubre de 1988.
El 4 de diciembre, The Cross tocó en el Londom's Hammersmith Palais, y la fiesta fue exclusivamente para los mienbros del fan club. John y Brian fueron los invitados especiales.

Queen lanzó su disco Nº 16 el 22 de mayo de 1989, y se llamó "The Miracle". Entró a los charts de Inglaterra en el número uno y se volvió un éxito masivo, llegando el Nº1 en la mayoría de los países de Europa.

La canción "The Miracle" es una muy buena canción, ya Freddie sabía que estaba muriendo, pero veamos lo que escribió sobre eso:
If every leaf on every tree (Si cada hoja en cada árbol)
could tell a story that would be a miracle. (pudiera contar una historia, eso sería un milagro.)
If every child on every street (Si cada niño en cada calle,)
had clothes to wear and food to eat (tuviera ropa que vestir y alimento que comer,)
That's a miracle (Eso es un milagro.)
If all God's people could be free (Si toda la gente de Dios pudiera ser libre)

to live in perfect harmony (para vivir en perfecta harmonía,)
It's a miracle (Eso es un milagro,)
The one thing we're all waiting for (La única cosa que estamos esperando,)
Is peace on earth and an end to war (Es paz en la Tierra y un fin a la guerra)

Como era el final de la década, había muchos programas de radio y TV de 'Lo mejor de la década', especialmente en el REino Unido, y Queen fue votado la "Mejor Banda de los '80s".
A finales de noviembre de 1989, Queen nuevamente volvió a los estudioa a trbajar el el próximo álbum, estaban muy inspirados gracias al tremendo éxito obtenido por 'The Miracle'.

El 18 de febrero de 1990, Queen fue honrado nuevamente cuando fueron reconocidos por la Industria Fonográfica Británica y premiados por su 'Enorme Contribución a la Música Británica'.
The Cross lanzó su segundo álbum el 26 de marzo, llamado "Mad, Bad and Dangerous To Know", e hicieron una pequeña gira por Alemania.
Al mismo tiempo, Brian escribió y produjo la música para una versión de MacBeth de Shakespeare, presentada en London en el Riverside Theatre.
En noviembre de 1990, Queen firmó un contrato en Norte América con Hollywood Records. Inmediatamente, esta empresa comenzó sus planes para llevar a Queen a la escalera de la popularidad, re-masterizando y re-lanzando la colección completa de la banda en formato Compact Disc, hasta ese entonces, la colección no estaba disponible en CD en América del Norte.
El 7 de diciembre, The Cross hizo otro concierto en el Reino Unido por bastante tiempo, y otra vez era solo para miembros del fan club. Brian se unió a ellos para tocar en el escenario.

EL 14 de enero de 1991, la banda lanzó el tema de 6 minutos y medio, llamado 'Innuendo', como un sencillo. Este fue un suceso masivo, dándole a la banda su tercer single Nº1 en el Reino Unido, y estando en el número uno en muchos lugares de Europa.
La canción contiene algunas palabras como:

You can be anything you want to be (Puedes ser lo que quieras ser)
Just turn yourself into anything (Sólo conviértete a ti mismo en algo)
you think that you could ever be (que creas que podrías ser)
Be free with your tempo be free be free (Sé libre con tu tempo, sé libre, sé libre)
Surrender your ego be free be free (Rinde tu ego, sé libre, sé libre)
to yourself (para ti)

El álbum del mismo nombre fue lanzado el 4 de febrero, y obviamente llegó rapidamente al Número Uno en el eino Unido y en toda Europa.
Por supuesto, al final de su vida, Freddie quería encontrar en ella ese 'algo', y en la canción "The Show Must Go On", él responde esa pregunta:

Whatever happens I'll leave it all to chance (Pase lo que pase, lo dejaré todo a la azar)
Another heartache another failed romance (Otro desengaño, otra historia que no funciona)
On and on (Una y otra vez,)
Does anybody know what we are living for (¿Sabe alguien para qué vivimos?)
I guess I'm learning (Supongo que estoy aprendiendo,)
I must be warmer now (Ahora debo ser más cálido)
I'll soon be turning round the corner now (Pronto doblaré la esquina)
Outside the dawn is breaking (Fuera está amaneciendo)
But inside in the dark I'm aching to be free (Pero dentro en la oscuridad, sufro por ser libre)

¿Sobre que son esas palabras? "I'm aching to be free (sufro por ser libre)". ¿Es sofre su futuro - sobre su muerte?. Podemos ver a través de los distintos álbumes como estos están influenciados por la llegada de un 'final', como se puede ver en muchas canciones.
En marzo de 1991, The Cross fue a los estudios de grabación pra empezar su tercer álbum, y Brian viajó a Montreux en julio para continuar su trabajo para su esperado álbum solista. El álbum de The Cross fue lanzado a principios de Septiembre, titulado "Blue Rock".Queen viajó a los estudios en Londres para empezar a trabajar en su próximo álbum a finales de abril. Ese álbum sólo fue lanzado en Alemania, por Electrola records.
El 30 de mayo de 1991, Freddie filmó lo que fue su video final para Queen: "These Are The Days Of Our Lives".
Brian organizó la sección de Rock del festival de Sevilla de Guitar Legends, y él eligio a músicos como Nuno Bettencourt, Steve Vai, Joe Satriani y Joe Walsh, para nombrar solo unos pocos, para tocar su música. Los conciertos fueron hechos en octubre en la exposición de Sevilla '92
Greatest Hits II fue lanzado en octubre de 1991, y tenía 17 tracks. También repitieron el anterior suceso lanzando Greatest Flix II y Greatest Pix II - esta vez compilado por Richard Gray. Un Box especial también fue lanzado llamado "Box of Flix", contando con Flix I y II más cuatro bonus tracks. Greatest Hits II y Greatest Flix II se convirtieron en Número 1 de ventas.
El de 23 de noviembre de 1991, Freddie anunció al mundo que tenía SIDA. Al día siguiente, su pelea había terminado, y murió pacíficamente en su casa, rodeado de su familia y amigos. El mundo entró en shock por la noticia. Freddie había mantenido su enfermedad en privado, y solo aquellos que estaban más cercanos a él estaban conscientes de cuán cercano estaba el final para Freddie. Fans de todo el mundo mandaron flores y cartas, y muchos viajaron a Londres para ver la casa de Freddie. La cremación fue hecha tres días despues de la muerte.
Como un tributo a Freddie, y para juntar fondos para Terence Higgins Trust para seguir luchando contra el SIDA - como había sido el último deseo de Freddie - fue lanzado un sencillo doble conteniendo "Bohemian Rhapsody" y "These Are The Days Of Our Lives". Este entró como Número Uno en el ranking del Reino Unido, donde estubo por 5 semanas, alcanzando más de 1.000.000 de libras para la lucha contra el SIDA.
En diciembre de 1991, Queen tenía solo 10 álbumes en el top 100 del Reino Unido

En febrero de 1992, BrtAwards reconoció a Freddie con un premio especial post mortem por su 'Enorme Contribución a la Música Británica', y - además de las tres nominaciones de Queen - "These Are The Days Of Our Lives" ganó el premio a mejor sencillo de 1991. En la ceremonia, Roger y Brian anunciaron sus planes para un concierto en Londres en el Wembley Stadium para celebrar la vida de Freddie y para darle el adiós que se merece y recordarlo para siempre.
Las entradas se pusieron a la venta el día siguiente, sin anunciar quien iba a tocar además de John, Roger y Brian, y todas las 72.000 entradas fueron vendidas en solo 6 horas.
El lunes 20 de abril de 1992, muchas de las estrellas de la música internacional se unieron a Roger, Brian y John en el escenario del Estadio Wembley, para darle el merecido tributo a Freddie. El Estadio estaba colmado a toda su capacidad, y fue televisado en vivo a más de un billón de personal alrededor del globo.
En abril de 1992, Queen fue premiado con el premio Ivor Novello por el mejor sencillo por "These Are The Days Of Our Lives", y Brian también gano un premio por "Driven By You", por la canción que había hecho para un comercial de TV.
En septiembre de 1992 se lanzó el esperado álbum solista de Brian llamado 'Back To The light'. El álbum llegó hasta el puesto Nº6 en Reino Unido y llegó a ganar el disco de oro dos veces.
La banda de Brian May hizo una gira por Chile, Argentina y BRasil en noviembre de 1992, y después se embarcó en una gira mundial como invitados de Guns'N'Roses, terminando en Portugal en 1993.
En el verano de 1992, fué fundado 'The Mercury Phoenix Trust' para distribuir el dinero, ganado en el Concierto de Tributo a Freddie Mercury, para la lucha contra el SIDA.
La caridad registrada es la siguiente:
Los fondos generados en USA por la transmición por televición de la Fox del concierto y por el re lanzamiento de Bohemian Rhapsody como sencillo (una suma que exedía US$1 millón) fué distribuída para caridad en todo Estados Unidos. En el REino Unido más de £1 millón fué donado al The Terence Higgins Trust del re lanzamiento de Bohemian Rhapsody. Adicionalmente, otros £2,2 millones fueron distribuídos en más de 100 grupos de caridad y grupos de auto ayuda en el REino Unido, el resto de Europa y África.
Antes de la navidad de 1992, un video doble del Concierto Tributo a Freddie Mercury fue lanzado, y todas las ganancias fueron donadas al Mercury Phoenix Trust.
"The Freddie Mercury Album" fue lanzado en noviembre de 1992 con los singles 'In My Defense', 'The Great Pretender' y 'Living On My Own'. Este último sencillo fue premiado como el Hit Internacional de 1993 con el premio Ivor Novello.

En 1993 se lanzó el mini álbum "Five Alive", interpretado por George Michael y Lisa Stansfield. Este mini álbum y el sencillo 'Somebody To Love' fueron lanzados mundialmente y se donó todo a la lucha contra el SIDA. Alcanzaron los primeros puestos en 31 países.

En febrero de 1994 EMI lanzó 'The Brian May Band Live At The Brixton Academy' en un álbum y como video.
En septiembre de 1994, Roger Taylor lanzó su album solista 'Happiness?'. Este fue precedido por el sencillo 'Nazis 1994'. El segundo singe, 'Foreign Sands' fue lanzado en toda Europa a finales de septiembre de 1994. La Banda de Roger eestubo de gira en el REino Unido e Italia en Noviembre del '94 - Enero del '95.

Después de cuatro años de trabajo, el 6 de noviembre de 1995, "Made In Heaven" fue lanzado mundialmente, era el vigésimo álbum de Queen. Comenzado en abril de 1991, fue el último trabajo de la banda junto a Freddie, grabandolo los últimos meses de la vida de Freddie.
El álbum, terminado el trabajo de producción final por John, Roger y Brian después de la muerte de Freddie, es una dedicación al "espíritu inmortal de Freddie Mercury", en reconocimiento a su pedido de que ese material fuese completado y sea oído por su público.
La finalidad del álbum está subrayada en dos canciones en particulas, 'A Winter's Tale', la última canción escrita por Freddie, y 'Mother Love', una canción de Brian y Freddie que se caracteriza por ser la última canción que cantó.
La mayoría de la grabación de "Made In Heaven"fue hecha en el estudio de Queen en Montreux, Suiza, la ciudad donde Freddie vivía en ese tiempo. Este punto en la historia de Queen está inmortalizado en la tapa del disco - una vista a través del lago donde Freddie tenía su casa.
"Made In Heaven" no solo representa el álbum más personal de Queen, sinó que también representa el final de la banda.
El lanzamiento del álbum también proveyó la ocasión de reflejar los 25 años de Queen. Una semana después de su lanzamiento, el 13 de noviembre, vino el lanzamiento de "Ultimate Queen", una Caja de lujo con los 20 álbumes de Queen. Disponible como una edición limitada, "Ultimate Queen" contiene el trabajo de estudio completo de Queen con los ters clásicos en vivo "Live Killers", "Live Magic" y "Live At Wembley".
Como complemento de esta caja, Queen lanzo el video "Champions Of The World"

Luego de su muerte, Freddie se convirtió en una leyenda. Nadie puede entender como murió tan joven. El resto de los integrantes de Queen, 6 años después de su muerte, hicieron una cancion para Freddie llamada "No One But You (Only The GOOD Die Young)", este tema está en el anteúltimo álbum de la banda, el Nº21, llamado "Queen Rocks", el cual fué lanzado el 3 de noviembre de 1997.
El último álbum es Greatest Hits III que convina canciones solistas con otras de Queen, y otras en las que participan otros artistas como George Michael, Elton John o Wyclef Jean.


Discografía

1973 - Queen 1974 - Queen II 1974 - Sheer Heart Attack 1975 - A Night At The Opera 1976 - A Day At The Races 1977 - News Of The World 1978 - Jazz 1979 - Live Killers 1980 - The Game 1981 - Flash Gordon 1981 - Greatest Hits 1982 - Hot Space 1984 - The Works 1986 - A Kind Of Magic 1989 - Queen At The Beeb (Queen At The BBC) 1989 - The Miracle 1991 - Innuendo 1991 - Greatest Hit II 1992 - Classic Queen 1992 - Live At Wembley '86 1995 - Made In Heaven 1997 - Queen Rocks 1999 - Greatest Hits III



BIOGRAFÍA DE FREDDIE MERCURY

Freddie Mercury nació como Farookh Bulsara un jueves 5 de septiembre de 1946 en una pequeña isla del archipiélago de Zanzíbar cuya principal actividad económica son las especies. Sus padres, Bomi y Jer Bulsara eran de Persia. Su padre, Bomi, trabajaba era un funcionario que trabajaba para el gobierno británico como Cajero de la Corte Suprema. La hermana de Freddie, Kashmira, nació en 1952. En 1954, cuando tenía 8 años Freddie fue enviado a Panchgani, a unos 75 kilómetros de Bombay. Fue allí cuando sus amigos empezaron a llamarlo Freddie, nombre que también fue adoptado por los miembros de su familia.
Como la escuela de San Pedro era un colegio inglés los deportes que se solían practicar allí eran típicamente ingleses. Freddie odiaba a muerte el cricket y las carreras de larga distancia, pero sin embargo amaba el hockey, las carreras de corta distancia y el boxeo. Cuando tenía 10 años se proclamó campeón de tenis de mesa en su escuela. Pero él no era sólo un deportista, sus cualidades artísticas eran excelentes. A los doce años de edad fue galardonado con el trofeo de la escuela por su regularidad como deportista más joven. Amaba el arte y siempre estaba imitando para sus amigos y sus familiares.
También estaba loco por la música y siempre solía escuchar música en el viejo tocadiscos de la casa y apilaba los singles para ponerlos una y otra vez. La música que él podía tener era principalmente producida en India pero también podía escuchar música de los países del oeste.

El director del colegio de San Pedro ya se había percatado del talento que Freddie tenía para la música y les sugirió a sus padres que pagaran un poco más a la escuela y así pudiera tener una verdadera instrucción musical. Ellos aceptaron y Freddie empezó a aprender a tocar el piano. También formó parte del coro de la escuela y participó de forma habitual en las producciones teatrales que organizaba la escuela. Amaba sus clases de piano y se esforzaba en cada una de ellas con empeño y con clase. Tanto es así que consiguió la nota más alta tanto en la parte práctica como en la teoría.
En 1958 de la escuela, Freddie Bulsara, Derrick Branche, Bruce Murray, Farang Irani y Victory Rana, formaron la banda de rock'n' roll de la escuela que se llamó, the Hectics, y en la que Freddie era el pianista. Solían tocar en las fiestas anuales y los bailes organizados por el colegio pero poco más se sabe de ellos.
En 1962 Freddie acabó sus estudios y volvió a Zanzíbar donde pasó la mayor parte de su tiempo con amigos yendo a mercados, parques y playas. En 1964 debido a la inestabilidad política en Zanzíbar, muchos británicos y personas originarias de India abandonaron su país debido a la gran presión que se ejerció sobre ellas. Una de éstas familias que abandonó el país fue la de los Bulsaras que huyeron a Inglaterra.
Al principio vivieron con sus primos en Felthan, Middleessex, hasta que finalmente encontraron una pequeña casa adosada en esa misma zona. Freddie tenía 17 años y decidió que quería ir a la facultad de arte, pero para que fuera aceptado necesitaba tener una nota muy alta. Es por ello por lo que en 1964 se matriculó en la escuela politécnica de Isleworth que estaba cerca de su casa. De esa manera él pensaba que mejoraría sus notas en arte y podría obtener una nota más alta.
Durante las vacaciones, él estuvo haciendo varios trabajos para ganar algún dinero; uno de ellos fue en el restaurante del aeropuerto de Heathrow, a un tiro de piedra de su casa. Otro fue en la agencia de comercio Feltham, donde él trabajó en un almacén cargando y apilando cajas enormes. Sus compañeros de trabajo recuerdan lo delicadas que parecían sus manos, desde luego no las más idóneas para él tipo de trabajo que él estaba haciendo allí. Él les decía que él era un músico que estaba allí simplemente para "matar el tiempo". Freddie era tan encantador que sus compañeros enseguida se ponían hacerle la parte más dura de su trabajo.

Estudió mucho, aunque él prefería la parte estética de la vida escolar en lugar del aspecto mundano. Consiguió la máxima nota en su clase de arte sin problemas y se fue de Isleworth en la primavera de 1966. Sus notas y su talento que llevaba dentro le aseguraban que sería aceptado en el Ealing College of Art en septiembre de ese mismo año.
Después de que Jimmy Hendrix, del que Freddie era un fan enloquecido, saltara a la escena en 1967, Freddie dedicó mucho tiempo a imitar y a dibujar a su héroe. Dibujos que él enmarcaba y usaba para decorar las paredes del piso que había sido arrendado por su amigo Chris Smith y al que Freddie se había mudado una vez dejó la casa de su familia en Feltham. En aquella época Kensington era un lugar importante para el arte de masas, era el lugar donde se encontraba la famosa boutique Biba y el lugar de nacimiento del mercado Kensington que era frecuentado por los entonces llamados "in" crowd. (seguidores de los conciertos de masas)
Un compañero de estudios en la universidad de Ealing era el bajo Tim Staffell, con quien Freddie llegó a ser muy amigo. Tim lo llevó con él a muchos ensayos de los Smile que era como se llamaba su banda y que estaba compuesta por Brian May a la guitarra y Roger Taylor en la batería. Freddie se levaba muy bien con Brian y Roger y realmente le gustó el sonido que tenían los Smile. Inspirado por ellos Freddie empezó a experimentar con música por primera vez desde que él abandonara India.
Al principio empezó a tocar con Tim, otro estudiante de arte, Nigel Foster, y Chris Smith. Chris recuerda que "la primera vez que yo escuché cantar a Freddie me impresionó." Tenía una voz extraordinaria. Y aunque su piano sonaba un poco afectado, muy a lo Mozart, todavía tenía un gran toque. "Desde el punto de vista de un pianista, su enfoque era algo único."
"Pronto Freddie y yo nos pusimos a escribir trozos de canciones que luego intentábamos unir", añade Chris. "Esto se entiende si vos pensas en la canción Bohemian Rhapsody. Fue interesante la forma en la que salíamos de una canción y entrábamos en otra. Pero la verdad es que no creo que nunca acabáramos nada. Freddie me enseñó muchísimo en aquellas sesiones. Tenía un sentido de la melodía inmenso, natural. Es algo que vi enseguida. Yo creo que éste era el aspecto más interesante de lo que él estaba haciendo."
Freddie acabó sus estudios en la universidad de Ealing en Junio de 1969, con un diploma en diseño y artes gráficas. También le ofrecieron varios trabajos para el diseño de varios anuncios en periódicos locales. En ese verano se mudó al piso de Roger Taylor y ambos abrieron un pequeño puesto en el mercado de Kensington, donde al principio vendían obras de arte hechas por él mismo y por otros compañeros suyos de Ealing. Más tarde también empezó a vender ropa de estilo victoriano o qué sé yo, tanto nueva como de segunda mano, en fin, cualquier cosa que encontrara.
Durante el verano de 1969 Freddie conoció una banda de Liverpool llamada los Ibex que habían ido a Londres para intentar hacerse famosos. Los Ibex estaba compuesta por tres músicos, el guitarrista Mike Bersin, John "Tupp" Taylor como bajo y Mick "Miffer" Smith a la batería. Con ellos también estaba su manager que no tenía mucha experiencia en este trabajo y que era como un burro de carga. También tenían un bajo, Geoff Higgins, que tocaba con ellos de vez en cuando. Geoff solía tocar el bajo cuando Tupp, un admirador de los Jethro Tull, decidía tocar la flauta.
Freddie conoció a los Ibex por primera vez el 13 de agosto de 1969, y se entusiasmó tanto con ellos que 10 días más tarde ya había aprendido el repertorio de canciones de la banda, compuso nuevas canciones y viajó con ellos a Bolton en el condado de Lancashire, donde tuvo su primer debut en un concierto. La primera vez fue la noche del 23 de agosto con ocasión de una serie de conciertos denominada "bluesología" que tenía lugar en Octogon Theatre de la ciudad. El 25 de agosto Ibex participaron en la apertura, un espectáculo al aire libre que tuvo lugar en el Queen Park (Parque de la Reina) de Bolton. El periódico Evening News de Bolton se hizo eco de los preparativos de este concierto e incluso incluyó una foto de Freddie que parece difícil de creer que es él.
Mientras una foto quedó como recuerdo del viaje de Freddie con los Ibex a Bolton, la aparición de los Ibex en escena quedó grabada en una cinta pero pone de manifiesto el amor de los Ibex por los Cream, Jimi Hendrix, así como el grupo favorito de Freddie en aquel momento: Led Zeppeling.
Entre el 9 de septiembre y finales de octubre de 1969 los Ibex hicieron alguna pequeña aparición tras ser convencidos por Freddie. "Recuerdo que él estaba con la idea de ponerle a la banda el nombre de Wreckage (Escombros) pero a ninguno de nosotros nos entusiasmó ese nombre" afirma Mike Bersin. "Un día me llamó por teléfono por la noche y me dijo, "A los otros les da igual. ¿Qué te parece a ti? - y yo dije-si ellos están de acuerdo entonces adelante." Cuando yo hablé con los otros sobre aquello Freddie ya les había telefoneado a todos ellos con la misma pregunta."
El cambio de nombre fue paralelo a la marcha de Mike "Miffer" Smith como batería de la banda. Éste fue sustituido por Richard Thompson, el antiguo batería de la banda 1984 de Brian May. A pesar del enorme potencial que parecía tener aquella banda, el final de los 60 marcó el final de los Wreckage. Hubieron muy pocos conciertos y muy distanciados entre sí y mientras John Taylor, Richard Thompson y Freddie estaban en Londres, Mike Bersin se comprometió a estudiar en la universidad en Liverpool, tal como había prometido a sus padres. Sin que nadie lo pudiera remediar la banda desapareció.
Freddie empezó a buscar otra banda para él y encontró a los Sour Milk Sea (Mar de la leche cortada) después de ver el anuncio "Se necesita vocalista" en el periódico "Melody Maker."
Freddie tenía una voz estupenda, con una gran variedad. Pero no sólo era su voz lo que hacía sus actuaciones tan atrayentes para la gente. "Él sabía cómo organizar un espectáculo." Recuerda Ken Testi. "Era la forma de expresar ese aspecto de su personalidad. Todo lo que hacía en el escenario con Queen ya lo había hecho en el primer concierto con los Ibex." No era algo que uno pudiera aprender, era carisma, un don natural que estaba en armonía con su voz, su apariencia, su gusto delicado y su calidad de músico en el más amplio sentido de la palabra.

Le ofrecieron el trabajo y a finales de 1969 Freddie se convirtió en el líder de los Sour Milk Sea. Los otros miembros de la banda eran Chis Chesney como vocalista y guitarra, el bajo Paul Milne, Jeremy "Rubber" Gallop a la guitarra rítmica y Rob Tyrell a la batería. Hicieron algunos ensayos y dieron algunos conciertos en Oxford (la ciudad natal de Chris). Freddie y Chris, que tenía 17 años en aquel momento, llegaron a ser muy buenos amigos y se mudó a la casa que Freddie compartía con Smile en Ferry Road, Barnes. Los otros miembros de Sour Milk Sea estaban un poco molestos porque Chris y Freddie pasaban juntos demasiado tiempo y no sabían muy bien cuál podría ser el futuro de la banda. Dos meses más tarde Jeremy, que era el propietario de casi todo el equipo, decidió quedarse con el equipo y disolver la banda.
En abril de 1970 Tim Staffell decidió dejar los Smile y Freddie decidió unirse con ellos para ser el nuevo cantante principal. Freddie optó por cambiar el nombre de la banda, que pasó a llamarse Queen, así como su primer apellido, que a partir de hora sería Mercury.
El resto de la biografía de Freddie Mercury es básicamente la historia de Queen. En 1970 Freddie conoció a Mary Austin con quien viviría durante siete años pero fueron amigos hasta el final.
En 1971 John Deacon se convirtió en un miembro más de la banda completando así los Queen. Freddie diseñó el logo de la banda usando sus signos del zodiaco. Dos leones como signos de Roger y John (Leo) y un cangrejo como signo de Brian (Cáncer). Freddie fue el autor de la primera canción de Queen que entró en las listas británicas (Seven Seas OF Rhye), el primer gran éxito (Killer Queen) y la más famosa de todas las canciones de Queen que estuvo en lo más alto de las listas durante 9 semanas (Bohemian Rhapsody). Freddie siempre has sido considerado el jefe de filas de la banda.
En 1975 Queen realizó una gira por Japón. La multitud de fans chillando fue algo constante fueran donde fueran. Realmente les sorprendió la forma en la que fueron recibidos. Freddie se enamoró de Japón y se convirtió en un coleccionista fanático de antigüedades y obras de arte japonesas.
El 7 de octubre de 1979 Freddie actuó con el ballet real. Él nunca había participado en un ballet anteriormente pero era algo que él siempre había querido intentar. Las canciones que eligió para actuar eran Bohemian Rhapsody y Crazy Little Thing Called Love. La orquesta tocó las canciones mientras Freddie cantaba en vivo. El primer baile de Freddie fue en Bohemian Rhapsody, en la que actuó con talento enfrente de un teatro lleno de gente que sabía de ballet. Les entusiasmó y recibió una ovación apoteósica en ambas actuaciones.
En 1980 Freddie cambió su imagen. Cortó su pelo y se dejó bigote. Sus fans empezaron a enviarle esmalte para uñas y cuchillas de afeitar.
Al final de 1982 todos los miembros de Queen decidieron que querían tomarse un descanso. Anunciaron que no irían de gira en 1983. Freddie había estado pensando hacer un álbum en solitario alguna vez y ahora él tenía tiempo para hacerlo. Alquiló un estudio en Musicland, Munich y empezó a trabajar a principios de 1983. Durante ese tiempo conoció a Georgio Moroder, que estaba trabajando en una nueva versión de la película de ciencia ficción de 1926 titulada Metrópolis. Le preguntó a Freddie que se pensase si quería colaborar en la banda sonora de aquella película, algo que Freddie aceptó. Él nunca había escrito canciones con nadie más aparte de con los miembros de Queen y nunca había grabado las canciones de otra persona con la excepción de con las de Larry Lurex. El resultado de esta cooperación fue la canción Love Kills.
En mayo de 1983 Freddie asistió a una actuación de Un Ballo in Maschera de Verdi en la Ópera Real. Fue la primera vez que vio a la diva de la ópera Montserrat Caballé pero la fuerza y la belleza de su voz le hipnotizó.
El 10 de septiembre de 1984 fue lanzado el primer single en solitario de Freddie. Fue la banda sonora que el había compuesto con Georgio Moroder para Metrópolis, Love Kills.
El primer single de su álbum en solitario todavía sin editar fue I Was Born To Love You. Esta canción fue estrenada el 8 de Abril de 1985. Tres semanas más tarde el primer álbum de Freddie en solitario fue lanzado por la CBS Records.
El 13 de julio de 1985 fue un día especial para Queen y para Freddie. Fue el día de Live Aid (Ayuda en directo) que fue retransmitido a más de un billón de personas de todo el mundo. Queen se aseguró su propio lugar en la historia como reconocieron periodistas, fans, críticos y público en general.
Durante los primeros meses de 1987 los Queen no hicieron demasiado por lo que Freddie aprovechó para ir a los estudios Townhouse para hacer algún trabajo en solitario. El resultado fue una reedición de una vieja canción de los Platters llamada The Great Pretender. El single fue lanzado el 23 de febrero. En marzo de 1987 Freddie voló a Barcelona a conocer a Montserrat Caballé. Él le dio una cassette con dos o tres canciones. A la diva española de la ópera le gustaron e incluso cantó una de ellas en el Convent Garden de Londres. Freddie quedó sorprendido y a principios de abril Freddie empezó a trabajar en un álbum que grabaría con Montserrat Caballé.
A finales de mayo la isla de Ibiza acogió un gran festival de música en el extravagante Ku Club. Freddie había aceptado ser un invitado de honor y clausurar el evento con Montserrat Caballé cantando la canción que él había escrito para ella y para su ciudad natal, Barcelona.
El ocho de octubre de 1988 Freddie y Montserrat aparecieron en un escenario al aire libro en el festival de Barcelona conocido como la Nit (la noche). Ellos cantaron tres canciones del álbum que todavía no había sido editado, How Can I Go On, He Golden Boy y Barcelona, acompañados por Mike Moran al piano. El tan ansiado álbum Barcelona finalmente salió el 10 de octubre.
El 8 de octubre fue la última vez que Freddie cantó en un escenario. En aquella ocasión él ya estaba terriblemente enfermo, tenía SIDA. Sin embargo no quiso que la gente lo supiera. Sólo lo reveló un día antes de su muerte. Incluso muerto él continuó componiendo y grabando canciones. Incluso participó en videos.
El 24 de noviembre de 1991 Freddie murió en paz en su casa de Londres de una neumonía bronquial asociada al SIDA. El 20 de abril de 1992 hubo un concierto en su homenaje en el Wembley Stadium en el que muchas famosas estrellas del rock participaron. Pero el mejor tributo que se le pudo hacer a Freddie fue que el álbum Made In Heaven fuera lanzado el 6 de noviembre de 1995 por los otros tres miembros de Queen. Todavía podemos oír las últimas canciones que Freddie había compuesto y grabado.
Gracias Freddie. Te queremos.

Perfil de Freddie Mercury

Nombre: Farookh Bulsara
Fecha de nacimiento: 5 de septiembre de 1946
Lugar de Nacimiento: Zanzibar
Altura: 175.2 cm.
Color de pelo: "Negro de medianoche"
Color de ojos: Marrón Claro
Color Favorito: Negro
Músico favorito: Jimi Hendrix
Grupo Favorito: Mott The Hoople
Álbum favorito: Imagine (John Lennon)
Libro favorito: Peter Rabbit (B Potter)
Revista favorita: Luster Cluster Weekly, Jeremy
Escritor favorito (novelista o poeta): B Potter, Richard Dadd
Película favorita: Any Mae West movie
Actor favorito: Ninguno
Actriz favorita: Liza Minelli
País que más ama: Japón
Comida favorita: Nectar
Bebida favorita: Champagne en copa de cristal
Estilo musica que más lo ha influenciado : Varios
Músicos que más lo han influenciado: Paganini, Hendrix
Instrumento favorito: Harpsicord
Intrumentos que toca en vivo (en detalle): Piano (de cola)
Amplificadores/Otros aparatos, equipo: "Helpenstill" púa para piano (?)
Qué hacía antes de tocar profesionalmente: Trabajaba en Kensington Market
Tu Sueño: "To remain the devine, lush creature that I am"
Grupos y tipos de música que detesta: Grupos de rock tediosos
Talento especial aparte de la música: "Ponsing and poovery"
Bandas antes de Queen: The Hectics (1958 - 1962), Ibex (Agosto 1969 - Octubre 1969), Wreckage (Octubre 1969 - Noviembre 1969), Sour Milk Sea (Febrero 1970 - primavera 1970)
Gatos: Oscar, Tiffany, Delilah, Jerry, Meko... y muuuuuchos mas!

Canciones acreditadas a Freddie:

Great King RatMy Fairy KingLiarJesusSeven Seas Of RhyeOgre BattleThe Fairy Fellers Master StrokeNevermoreThe March Of The Black QueenFunny How Love IsKiller QueenFlick Of The WristLily Of The ValleyIn The Lap Of The GodsBring Back That Leroy BrownIn The Lap Of The Gods...RevisitedDeath On Two LegsLazing On A Sunday AfternoonSeaside RendezvousLove Of My LifeBohemian RhapsodyYou Take My Breath AwayThe Millionaire WaltzSomebody To LoveGood Old-Fashioned Lover BoyWe Are The ChampionsGet Down, Make LoveMy Melancholy BluesMustapha JealousyBicycle RaceLet Me Entertain YouDon't Stop Me NowPlay The GameCrazy Little Thing Called LoveDon't Try SuicideMing's ThemeThe RingFootball FightThe KissVultan's ThemeStaying PowerBody LanguageLife Is Real (Song For Lennon)Cool Cat (with John)It's a Hard LifeMan On The ProwlKeep Passing The Open WindowsIs This The World We Created? (with Brian)Pain Is So Close To Pleasure (with John)Friends Will Be Friends (with John)Princes Of The UniverseMade In HeavenMother Love (with Brian)I Was Born To Love You

Canciones acreditadas a Queen pero probablemente son de Freddie:

My Baby Does Me (with John)
I'm Going Slightly Mad
All God's People
Delilah
A Winter's Tale.


BIOGRAFÍA DE BRIAN MAY

Brian Harold May nació el 19 de julio de 1947 en Twickenham. A la edad de cinco años empezó a tocar el piano. Cuando tenía seis años, él empezó a practicar con el ukelele, y sobre su séptimo cumpleaños consiguió la primera guitarra acústica.
Aunque que él habia encontrado un instrumento que le gustaba, en su adolescencia, Brian estaba insatisfecho con el sonido de la guitarra acústica, y quiso una guitarra eléctrica. Su familia no podía comprar una, pero Brian y su padre, que era un ingeniero de electrónica, en Agosto de 1963, comenzaron con el trabajo de construir una nueva guitarra; pero no le gustó el sonido resultante, y la guitarra salió volando por la ventana, luego comenzar en la construcción de una nueva, la que finalmente si le gustó, la Red Special.
En 1969, Brian formó Smile con Tim Staffell y Roger Taylor. Ellos lanzaron su primer álbum, Gettin'Smile, pero fue editado solamente en Japón en 1982. Pronto Tim dejó Smile, y Brian y Roger formaron una nueva banda con Freddie, y luego John: Queen.
El tiene un gran número de canciones exitosas, desde Now I'm Here hasta Too Much Love Will Kill You (con Frank Musker y Elizabeth Lamers).
Brian ha lanzado también los siguientes álbumes solistas: Starfleet Project, Back To The Light, Live At The Brixton Academy, Another World, y la banda sonora de la película Furia.




Perfil de Brian May

Instrumentos: Guitarras, voz, banjo ukelele George Formby genuino, orquestaciones de guitarra, campanas, piano, líder de la orquesta, teclados, coro gospel, Harmonium piano, piano plastico, toy koto, arpa, Guitar Jazz Band, Voces operísticas.

Nombre: Brian Harold May
Fecha de nacimiento: 19 de julio de 1947
Lugar de Nacimiento: Twickenham, Inglaterra
Altura: 182,7 cm.
Color de pelo: Castaño oscuro
Color de ojos: Hazel
Color favorito: Negro
Músico favorito: John Lennon, Jimi Hendrix
Grupo favorito: The Beatles
Álbums favoritos: Abbey Road (Beatles), Band Of Gypsies (Jimi Hendrix)
Libros favoritos: Steppenwolf de Herman Hesse, The Gypsies (Jimi Hendrix)
Revista favorita: "Disneyland"
Escritor favorito: (novelista o poeta): Hermann Hesse, C S Lewis
Película favorita: Women In Love
Actor favorito: James Mason
Actriz favorita: Natalie Wood
País que más ama: Inglaterra
Comida favorita: Comida vegetariana y cóctel de langostinos
Bebida favorita: Jugo de pomelo
Estilo musical que más lo ha influenciado: Who-Hendrix-Cream-Beatles
Instrumento favorito: Guitarra
Instrumento que toca en vivo (en detalle): Guitarra casera, Stratocaster
Amplificadores/Otros aparatos equipo: VOX AC3os, varios efectos de delay
Qué hacía antes de tocar profesionalmente: Investigación de astronomía
Tu sueño: Que haya entendimiento entre la gente
Grupos y tipo de música que detesta: Carpenters, Johnny Mathis
Talento especial aparte de la música: inventar
Bandas antes de Queen: 1984 (otoño 1964 - principios de 1968), Smile (otoño 1968 - verano 1970)
Hijos: James, Louisa, Emily Ruth

Canciones acreditadas a Brian:

Keep Yourself AliveDoing All Right (with Tim Staffell)The Night Comes DownSon And DaughterProcessionFather To SonWhite Queen (As It Began)Some Day One DayBrighton RockNow I'm HereDear FriendsShe Makes Me (Stormtrooper In Stilettoes)'39Sweet LadyThe Prophet's SongGood CompanyGod Save The Queen (arrangement)Tie Your Mother DownLong AwayWhite ManTeo Torriatte (Let Us Cling Together)We Will Rock YouAll Dead, All DeadSleeping On The SidewalkIt's lateFat Bottomed Girls Dead On TimeDreamer's BallLeaving Home Ain't EasyDragon AttackSail Away Sweet Sister (to the sister I never had)Save MeFlash's ThemeFlash To The RescueBattle ThemeThe Wedding MarchMarriage Of Dale And Ming (with Roger)Crash Dive On Mingo CityFlash's Theme Reprise (Victory Celebrations)The HeroDancerPut Out The FireLas Palabras De Amor (The Words Of Love)Tear It UpMachines or Back To Humans (with Roger)Hammer To FallIs This The World We Created?(with Freddie)I Go Crazy (b-side to Radio Ga Ga)Who Wants To Live ForeverGimme The Prize (Kurgan's Theme)ForeverMother Love (with Freddie)Too Much Love Will Kill You (with Frank Musker & Elizabeth Lamers)
Canciones acreditadas a Queen pero probablemente son de Brian:

I Want It All
Scandal
Headlong
I Can't Live With You
The Hitman
Bijou
The Show Must Go On
Lost Opportunity
My Life Has Been Saved

Canciones en las que Brian es primera voz:

Some Day One Day
She Makes Me (Stormtrooper in Stilettoes)
'39
Good Company
Long Away
All Dead, All Dead
Sleeping on the Sidewalk
Leaving Home Ain' t Easy
Flash (One Verse)
Sail Away Sweet Sister (One or two lines near the end by Freddie)
Who Wants to Live Forever (first verse)
I Want It All (last verse, before solo)
Lost Opportunity (b-side to "I'm Going Slightly Mad")
Let Me Live (last verse)
Mother Love (last verse)


BIOGRAFÍA DE ROGER TAYLOR

El 26 de Julio de 1949 en Reys Lynn, Norfolk, nació Roger Meddows Taylor. El decidió empezar a tocar el ukelele a la edad de ocho años, después de ver a su primo. Su primera banda, llamada The BubblingOver Boys, la formó con algunos amigos. Cuando tenía once años, había ahorrado lo suficiente como para comprar una guitarra acústica barata, pero pronto encontró la percusión mucho más inteteresante.
Roger era un muy buen estudiante de medicina, y estudió odontología en la Facultad de Medicina del Hospital de Londres. Brian May y Tim Staffell buscaban un baterista, y Roger era perfecto, y así nació Smile.
A través del tiempo, Smile se transformó en Queen cuando Tim lo dejo y Freddie Mercury y John Deacon se unieron, y desde entonces, Roger ha tenido un gran número de hits. Roger escribió tres de las cuatro canciones que fueron número uno de Queen en el Reino Unido (aunque las tres, Under Pressure, Innuendo y These Are The Days Of Our Lives se editaron como "escritos por Queen"), así como otras canciones famosas como Radio Ga Ga o la mas reciente Heaven For Everyone.
Roger ha lanzado algunos álbumes solistas, tres de ellos estando con The Cross, la banda en la que él estuvo entre 1988 y 1991. Sin embargo, nunca fue tan exitoso como Freddie y Brian con sus canciones solistas, siendo el puesto más alto el número 22.

Perfil de Roger Taylor

Nombre: Roger Meddows Taylor
Fecha de nacimiento: 26 de julio de 1949
Color de pelo: Rubio
Color de ojos: Azules
Color Favorito: Plata
Músico favorito: Jimi Hendrix
Grupo Favorito: The Who
Álbum favorito: Electric Ladyland, White Album
Libro favorito: On The Road (Jack Kerouac), Dune (Frank Herbert)
Revista favorita: (Cuál otra)
Escritor favorito (novelista o poeta): Jack Kerouac, C S Lewis
Película favorita: 2001, Clockwork Orange, King Kong, The Great Race
Actor favorito: Tony Curtis
Actriz favorita: Jane Fonda
País que más ama: No sabe hasta que no los vea a todos.
Comida favorita: Japanese
Bebida favorita: Southern Comfort
Estilo musical que más lo ha influenciado : Guitar Music since 1950. Rock - especialmente Hendrix y Dylan
Músicos que más lo han influenciado: Hendrix, Hank Marvin, John Bonham, Bowie
Instrumento favorito: Batería
Intrumentos que toca en vivo (en detalle): Batería (5 kits "Ludwig", bombo de 26 pulgadas y percusión)
Qué hacía antes de tocar profesionalmente: Dentista, luego estudiante de Biología
Tu Sueño: Ser rico, famoso, feliz, popular y todo lo demmás. Todos lo desean pero no lo admiten.
Grupos y tipos de música que detesta: Osmonds, Carpenters, Ray Conif (sic) y otras "such muzak rubbish"
Talento especial aparte de la música: Académico y buen charlatán
Bandas antes de Queen: The Bubblingover Boys (1957) Beat Unlimited/Cousin Jacks/The Falcons (1964 - principios 1965), Johnny Quale and the Reactions/Reaction (1965 - 1968) Smile (1968 - 1970)
Hijos: Felix Luther, Rory Eleanor, Rufus Tiger, Tiger Lily y Lola

Canciones acreditadas a Roger:

Modern Times Rock'n'RollThe Loser In The EndTenement FunsterI'm In Love With My CarDrowseSheer Heart AttackFight From The InsideFun ItMore Of That JazzRock It (prime jive)Coming SoonA Human Body (b-side to Play The Game) In The Space CapsuleIn The Death CellEscape From The SwampMarriage Of Dale And Ming (with Brian)Action This DayCalling All GirlsRadio Ga GaMachines or Back To Humans (with Brian)A Kind Of MagicDon't Lose Your HeadHeaven For Everyone

Canciones acreditadas a Queen pero problablemente son de Roger:

Under Pressure
The Invisible Man
Breakthru
Innuendo
Ride The Wild Wind
These Are The Days Of Our Lives


Canciones en las que Roger es primera voz:

Modern Times Rock 'n' Roll
The Loser In the End
Tenement Funster
I'm in Love With My Car
Drowse
Fight From the Inside
Fun It
More of that Jazz
Rock It (prime jive) (Freddie sings the first part)
A Human Body (b-side to Play The Game)
Hijack My Heart (b-side to Breakthru)
Let Me Live (second verse and bridge)


BIOGRAFÍA DE JOHN DEACON

John Richard Deacon nació el 19 de agosto de 1951, en Oadby, Leicester. Cuando él fue creciendo, le empezó a gustar el mundo de la electrónica, pero también se interesó fuertemente en la música. Cuando tenía siete años, él recibió una guitarra de plástico Tommy Steele, y luego, a los once años, John hizo algunos trabajos para ahorrar plata hasta comprarse una guitarra apropiada, aunque barata. El y sus amigos habían formado una banda, The Opposition, y John tocaba guitarra rítmica. Pero un año después, el que tocaba el bajo decidió dejar la banda, y John compró su primer bajo ocupó esa vacante.
Mucho tiempo después, John vió un anuncio para tocar el bajo. La banda en cuestión era Queen.
Desde entonces, la mayoría de las pocas canciones que John escribió para la banda fueron muy populares, siendo una de las más famosas "I Want To Break Free", la cual llegó a estar en el puesto número 3 de los charts del Reino Unido y es uno de los mayores hits de la banda.

Perfil de John Deacon

Instrumentos: Bajo, doble bajo, guitarra acústica, teclados, piano eléctrico, bajo doble.

Nombre: John Richard Deacon
Fecha de Nacimiento: 19 de agosto de 1951
Lugar de Nacimiento: Leicester, Inglaterra
Altura: 172.5 cm.
Color de pelo: Castaño Oscuro
Color de ojos: Verdes/Grises
Color Favorito: Negro
Músico Favorito: Ninguno (pero le gusta de todo un poco)
Grupo Favorito: Gonzalas
Álbum Favorito: Queen II
Libro Favorito: Le gusta leer libros de Ciencia Ficción
Revista Favorita: "Men Only"
Escritor Favorito: (novelista o poeta): Ninguno en especial
Películas Favoritas: La Naranja Mecáninca y The prime of Miss Jean Brodie.
Actor Favorito: Ninguno
Actriz Favorita: Ninguna
País que más ama: Inglaterra
Comida Favorita: Cheese on toast
Bebida Favorita: Leche (Te también)
Estilo musical que lo ha influenciado: Rock
Musicos que lo han influenciado: Chris Squires, Phillip Chen
Instrumento favorito: Bajo
Instrumentos que tocó en el escenario (en detalle): Bajo
Amplificador/Otros aparatos, equipo: 370/Hiwatt a válvulas 00+2x(4x12)Cabs.
Qué hacía antes de empezar a tocar profesionalmente: Estudiante de electrónica
Tu Sueño: "Húmedo"
Grupos y estilo musical que odia: Country, folk
Talentos especiales ademas de la música: Genio en electrónica/Mecánico.
Bandas antes de Queen: The (New) Opposition/The Art (otoño 1965 - Septiembre 1968), Deacon (Octubre 1970 - principios de 1971)
Hijos: Robert, Michael, Laura, Joshua, Luke, Cameron

Canciones acreditadas a John:

MisfireYou're My Best FriendYou And ISpread Your WingsWho Needs YouIf You Can't Beat ThemIn Only Seven DaysAnother One Bites The DustNeed Your Loving Tonight Execution of FlashArboria (Planet of the Tree Men)Back ChatCool Cat (with Freddie)I Want To Break FreeOne Year Of LovePain Is So Close To Pleasure (con Freddie)Friends Will Be Friends (con Freddie)

Canciones acreditadas a Queen pero probablemente son de John

Rain Must Fall
My Baby Does Me (con Freddie)
Don't Try So Hard


QUEEN FUE LA PRIMERA BANDA EN...

- "Probar" De Lean Lea Studios
- Escoger su primer sencillo, por lo general lo hace la compañia
- Hacer un video
- Tener 4 albumes en el top 20 Britanico al mismo tiempo (Queen. Queen II, Sheer Heart Attack, Night At The Opera)
- Tener 50 chicas desnudas montando en bicicleta
- Hacer un tour por Sur America
- Tocar 3 noches en un estadio en la misma ciudad, Buenos Aires
- Lanzar una coleccion de videos(Greatest Flix)
- Entrar en el libro Guiness de Records como lo mejor pagados ejecutivos
- Lanzar un video de su presentacion en 'Rock En Rio'(la unica banda que lo hizo)
- Tocar en Melborune, Australia sin la torre de iluminacion. (se rompio)
- Hacer una transmision simultanea entre el Canal 4 y el Independient Radio Network de Inglaterra
- Tocar en una pais de la cortina de hierro (Hungria)
- Tener su catalogo completo lanzado en Compact Disc
- Tener un cantante uniendose en un duo con una cantante de opera
- Lanzar un video en sencillo en Inglaterra
- Tener una convencion de fans por 3 dias
- Tener un video numero uno en Inglaterra
- Tener 10 albumes en el top 10 de Argentina (la unica banda que lo ha hecho!)
- La primera banda britanica en recibir un Billboard Crossover por Another One Bites the Dust.
- Crear una cabeza con 5 ojos (La cubierta de 'The Miracle'!)
- Grabar el himno nacional britanico
- Tener su correo devuelto del palacio de Buckingham
- Causar el trancon mas grande en la historia de Inglaterra en Knebworth, Hertfordshire mientras la gente llegaba
- Lanzar un album de Grandes Exitos con todos exitos, y ningun relleno
- Abrir el Birmingham NEC Arena
- Tener un sencillo en las listas de Argentina por mas de un año (Love Of My Life)
- Tener el concierto mas grande en Irlanda, Slane Castle en 1986
- Lograr el show vendido mas rapido en Manchester's Maine Road en 1986
- Tener a Disney Co. para producir un video - These Are The Days Of Our Lives
- Invitar a los miembros del club de fans a participar en un video (We Are The Champions)
- Tocar tres shows totalmente vendidos en "Forest National" de Bruselas
- Usar una torre de iluminacion movible

LOGROS


- Greatest Hits, ha pasado 550 semanas en las listas Britanicas hasta ahora
- Bohemian Rhapsody ha pasado 14 semanas en el numero 1 en 4 diferentes años. 1975,1976,1991, y 1992. - Queen ha hecho mas de 702 conciertos.
- The Freddie Mercury Tribute Concert fue visto en 76 paises por mas de mil millones de personas. El segundo concierto de rock mas grande en la historia.
- Queen ha vendido mas de 150 millones de copias, y contando.

PREMIOS

1974
- SOUNDS: 3er mejor nueva banda Britanica, 9a mejor banda internacional.
- DISC: 10o mas brillante promesa.
- NME: 2o nombre mas prometedor

1975
- RECORD MIRROR: 2o mejor nueva banda, 2o mejor sencillo (Killer Queen), 9o mejor grupo internacional.
- NME: 8o mejor grupo Britanico, 7a mejor banda en vivo, 4o grupo mas prometedor, 3er mas grande promesa & 17o mejor grupo en el mundo.
- DISC: Mejor Banda en vivo, Mejor Grupo Internacional, Mejor Grupo Britanico, Mejor Sencillo(Killer Queen), 3er mejor album (SHA) 5o mejor album (Queen II).
- IVOR NOVELLO AWARD: Mejor sencillo por Killer Queen.
- GOLDEN LION AWARD (Beligica) a Freddie por Killer Queen.
- CARL ALLEN AWARD: Por su contribucion a la industria de salones de baile

1976
- NME: Mejor banda Britanica en vivo, 2do mejor grupo Britanico, 5o mejor grupo, 3er mejor banda en vivo, Freddie 7o mejor cantante, Brian 3er mejor guitarrista , Bohemian Rhapsody mejor sencillo, ANATO 2do mejor album.
- RECORD MIRROR/DISC: Mejor grupo en vivo, Mejor grupo en el mundo, Bohemian Rhapsody-Mejor cancion, ANATO 6o mejor album, Freddie 5o mejor cantante, 4o mejor compositor. Brian 4o mejor musico Britanico.
- IVOR NOVELLO AWARD: A Freddie por Bohemian Rhapsody.

1977
- BRITTANIA AWARD: Mejor sencillo de los ultimos 25 años - Bohemian Rhapsody
- EUROPE ONE RADIO: Banda de Rock mas potancial.
- DAILY MAIL: Mejor Grupo
- DAILY MIRROR: Mejor Grupo

1979
- MUSIC LIFE JAPAN: Mejor Grupo, Mejor album (Jazz), Mejor sencillo, Mejor cantante, guitarrista, baterista y bajista..

1980
- JUNO AWARDS CANADA: Mejor sencillo internacional (Another One Bites The Dust), Mejor album internacional(The Game), Mejor grupo.
- RECORD WORLD USA: Mejor grupo, Mejor productor, Mejor crossover (todos para Another One Bites The Dust)
- DICK CLARKE AWARDS USA: Mejor banda
- CIRCUS MAGAZINE USA: 2do mejor grupo, Freddie 2do mejor vocalista, mejor show en vivo, Mejor album (The Game), Mejor sencillo (Another One Bites The Dust), 3er mejor sencillo (Crazy Little Thing Called Love), Freddie 3er mejor compositor, Brian 3er mejor guitarrista, John 3er mejor bajista, Roger 3rd mejor baterista . Freddie 3er mejor pianista.

1981
MUSIC LIFE JAPAN: Mejor grupo, mejor bajista, mejor vocalista, 2do mejor guitarrista, 2do mejor baterista.
Billboard Awards USA: Sencillo mas vendido del año - Another One Bites The Dust

1984
- NORDOFF-ROBBINS MUSIC THERAPY SILVER CLEF AWARD: Destacada contribucion a la musica Britanica.
- UK VIDEO AWARDS: Mejor compilacion de videos por 'The Works EP'. Mejor video por RADIO GA GA.

1986
- DAILY MIRROR READERS POLL: Mejor grupo, Mejor vocalista, 5o mejor album por 'A Kind Of Magic'.
- DAILY EXPRESS: Mejor album 'A Kind Of Magic'
- BRITISH VIDEO AWARDS: Mejor video por LIVE IN RIO

1987
- SUN: Mejor vocalista a Freddie
- CAPITAL RADIO LONDON: Mejor Grupo
- IVOR NOVELLO AWARD: Destacada contribucion a la musica Britanica.
- BRITISH VIDEO AWARDS: Mejor video por Live In Budapest

1988
- GOLDEN ROSE FESTIVAL, Montreux:International Music Media Conference - IMMC Award por el mejor video documental 'The Magic Years'. (DORO)
- FESTRIO, Rio De Janeiro: Mejor documental musical por 'The Magic Years'. (DORO)

1989
- Independent Television Awards: Mejor banda de los 80's
- US FILM & VIDEO FESTIVAL: Silver Screen Award por 'The Magic Years' (DORO)
- DIAMOND AWARDS, Antwerp: Invisible Man, Mejor efectos especiales.(DORO)

1990
- BRIT AWARDS: Destacada contribucion a la musica Britanica.

1991
- AMERICAN FILM AND VIDEO FESTIVAL, Chicago: "Innuendo" gano el 1er y "Slightly Mad" 3er premio por la creatividad en videos de artes musicales.(DORO)
- MONITOR AWARDS (Int. Teleproduction Society), New York City: Mejor logro en un video musical INNUENDO. (DORO)

1992
- BRIT AWARDS: Freddie recibio un postumo homenaje por su contribucion a la musica britanica (el primer premio postumo dado), y Days Of Our Lives mejor sencillo.
- IVOR NOVELLO: Mejor sencillo por "Days Of Our Lives" y Brian May recibio un premio como mejor cancion en un comercial de TV por Driven By You.
- MTV AWARDS: Bohemian Rhapsody por Mejor cancion de banda sonora (Wayne's World).
- US FILM & VIDEO FESTIVAL, Chicago: Gold Camera Awards por The Freddie Mercury Tribute, Greatest Flix II, The Show Must Go On & These Are The Days Of Our Lives.(DORO)

1993
- IVOR NOVELLO: Premio a Freddie Mercury por "Living On My Own"
- AMERICAN SOCIETY OF COMPOSERS, AUTHORS & PUBLISHERS: Freddie recibio un premio portumo por Bohemian Rhapsody y el sencillo mas popular en Estados Unidos en 1992.
- MONITOR AWARDS, Hollywood: "Red Couch Awards" por Greatest Flix II y I'm Going Slightly Mad.(DORO)

2000
CANAL 4 DE INGLATERRA - MUSICA DEL MILENIO


MEJOR BANDA
1. The Beatles
2. QUEEN
3. The Rolling Stones
4. U2
5. Oasis
6. Nirvana
7. Radiohead
8. Jacksons 5
9. Manic Street Preachers
10. REM

MEJOR CANCION
1. QUEEN - Bohemian Rhapsody
2. John Lennon - Imagine
3. Robbie Williams - Angels
4. Elvis Presley - American Trilogy
5. Nirvana - Smells Like Teen Spirit
6. Led Zeppelin - Stairway To Heaven
7. The Beatles - Strawberry Fields Forever
8. The Beatles - Hey Jude
9. Robbie Williams - Millenium
10. Massive Attack - Unfinished Sympathy

MEJOR ARTISTA MASCULINO
1. Elvis Presley
2. Robbie Williams
3. Michael Jackson
4. Frank Sinatra
5. George Michael
6. Freddie Mercury
7. David Bowie
8. John Lennon
9. Thom Yorke
10. Kurt Cobain


DICEN DE QUEEN:
Queen fue absolutamente la mejor banda del dia. Tocaron mejor, sonaron mejor, y supieron aprovechar el tiempo. Entendieron la idea del concierto y lanzaron un hit detras del otro. El mundo fue el mejor escenario para Freddie. Que más se puede pedir? Bob Geldof, organizador de Live Aid

Freddie adoraba el espectaculo, y estoy seguro que le hubiera fascinado esto. Para mi el fue el mejor cantante. Paul Young

Brian, el guitarrista. Es grandioso. Paul McCartney

No hay un solo dia en el que dejo de extrañar a Freddie Mercury. John Taylor, Duran Duran.

No es facil encontrar alguien como ellos. Phil Collins

Freddie era una gran personalidad. Durante toda mi vida Queen lanzaba un exito tras otro, y para cada uno de nosotros es una gran perdida. Lisa Stansfield

Daban lo mejor de si mismos. Christofer Lambert

La luz brillante del talento de Freddie ha sido cruelmente extinguida... No debio de haber sucedido jamas. Por favor, no dejemos que suceda otra vez. Elizabeth Taylor

Son 100% gran potencial, pero nos estan volviendo mierda. Roger Daltrey, The Who.

Hay muy poca gente detras del glamour que de verdad se les considere cantantes. Es muy extraño ser un musico de pura sangre y aun asi ser capaz de proyectarlo con confianza. Freddie tania eso, y hay muy pocos que lo han tenido. Robert Plant, Led Zeppelin.

El grupo completo es increible. Liza Minelli

El peor dia de mi vida fue cuando mi mama no me dejo ir a un concierto de Queen porque estaba castigado. Lars Ulrich, Metallica

Si no fuera por las letras de Freddie, no se donde estaria. Queen significo todo para mi. Son campeones de verdad. Axl Rose, Guns N' Roses

Freddie era una de esas personas que podia tener una audiencia entera en la palme de su mano. No importaba que tan grande fuera. Kirk Hammet, Metallica

Fueron las figuras mas importantes del rock n' roll. Elton John

De todos los cantantes teatricos, Freddie llego mas lejos que los demas. Lo llevaba hasta el limite, y lo tenia todo a su favor. David Bowie.

Quizas a Freddie le gustaria ser el proximo Mick Jagger. Mick Jagger, The Rolling Stones.

Creo que no hay mucho que decir de porque estamos aqui hoy. Te amamos Freddie! Gary Cherone, Extreme.

Hay gente estos dias que puede hacer cosas con la guitarra que estan fuera de mi alcanze. Hay un tipo que toca con Queen que puede hacer cosas con la guitarra que yo siempre soñe. De verdad lo digo. Eric Clapton

La mejor banda de todos los tiempos. Joe Elliot, Def Leppard.

Tocar con Queen fue la experiencia mas grande de mi carrera. Fue como vivir una fantasia de mi niñez. George Michael

Espero que Freddie me este mirando desde alla arriba. Garth Brooks (antes de su concierto en Central Park NY, en 1997)

El SIDA es algo que nos afecta a todos, es algo que da temor, pero aun asi es un gran honor el estar aqui. Alguien me dijo que quizas tuviera la oportunidad de tocar con Queen, y les dije: "No me preguntes dos veces hijo de puta, alla estare!". James Hetfield, Metallica.

Que gran grupo! Ringo Starr




ESTADISTICAS EN VIVO

Fecha del primer Show que tocaron en cada país
(El número entre paréntesis es el total de shows que tocaron en ese país)

Alemania 13 de Octubre de 1973 (58)
Argentina 28 de Febrero de 1981 (5)
Austria 2 de Mayo de 1978 (7)
Australia 2 de Febrero de 1974 (17)
Belgica 1 de Diciembre de 1974 (13)
Brasil 20 de Marzo de 1981 (4)
Canadá 2 de Abril de 1975 (24)
Dinamarca 12 de Mayo de 1977 (2)
Eire 22 de Noviembre de 1979 (4)
España 10 de Diciembre de 1974 (8)
Finlandia 25 de Noviembre de 1974 (1)
Francia 23 de Abril de 1978 (14)
Holanda 8 de Diciembre de 1974 (11)
Hungría 27 de Julio de 1986 (1)
Italia 14 de Septimembre de 1984 (2)
Japón 19 de Abril de 1975 (51)
Luxembourg 14 de Octubre de 1973 (1)
México 9 de Octubre de 1981 (3)
Noruega 12 de Abril de 1982 (1)
Nueva Zelanda 13 de Abril de 1985 (1)
Sudáfrica 5 de Octubre de 1984 (7)
Suecia 23 de Noviembre de 1974 (7)
Suiza 19 de Mayo de 1977 (8)
UK 27 de Junio de 1970 (199)
USA 16 de Abril de 1974 (250)
Venezuela 25 de Septiembre de 1981 (3)
Yugoslavia 6 de Febrero de 1979 (2)

Total 704


Canciones que Queen tocó en sus Shows por álbum
Los 12 álbumes de estudio que grabó Queen durante la época que tocaron en vivo (hasta 1986) contienen en total 137 tracks, 79 de los cuales fueron tocados en concierton y 58 no. Queen tocó el 58% del total de sus canciones.

Canciones que Queen tocó en vivo
Los siguientes tracks son los que Queen tocó en todos sus conciertos a lo largo de los años. El número entre paréntesis denota en que álbum en la siguiente lista se encuentra

1. Queen (1973)
2. Queen II (1974)
3. Sheer Heart Attack (1974)
4. A Night At The Opera (1975)
5. A Day At The Races (I976)
6. News Of The World (I977)
7. Jazz (1978)
8. The Game (1980)
9. Flash Gordon (1980)
10. Hot Space (1982)
11. The Works (I984)
12. A Kind Of Magic (1986)
NA No aparece en ningñun álbum
* Es una canción instrumental
+ Ver más abajo

A Kind Of Magic (Taylor) (12)
Action This Day (Taylor) (10)
Another One Bites The Dust (Deacon) (8)
Back Chat (Deacon) (10)
Battle Theme (May) (9)
Bicycle Race (Mercury) (7)
Body Language (Mercury) (10)
Bohemian Rhapsody (Mercury) (4)
Brighton Rock (May) (3)
Bring Back That Leroy Brown (Mercury) (3)
Calling All Girls (Taylor) (10)
Crazy Little Thing Called Love (Mercury) (8)
Death On Two Legs (Mercury) (4)
Doing All Right (May/Staffel) (1)
Don't Stop Me Now (Mercury) (7)
Dragon Attack (May) (8)
Dreamer's Ball (May) (7)
Fat Bottomed Girls (May) (7)
Father To Son (May) (2)
Flash (May) (9)
Flick Of The Wrist (Mercury) (3)
Friends Will Be Friends (FM & JD) (12)
Get Down Make Love (Mercury) (6)
God Save The Queen (Arr. May) (1)
Good Old Fashioned Lover Boy (Mercury) (5)
Great King Rat (Mercury) (1)
Hammer To Fall (May) (11)
Hangman (unknown) (NA) +
The Hero (May) (9)
I Want To Break Free (Deacon) (11)
If You Can't Beat Them (Deacon) (7)
Impromptu (Queen) (NA) +
Improvisation (Queen) (NA) +
I'm In Love With My Car (Taylor) (4)
In The Lap Of The Gods (Mercury) (1)
In The Lap Of The Gods... Revisited (Mercury) (3)
Instrumental Inferno (Queen) (NA) +
Is This The World We Created (FM & BM) (11)
It's A Hard Life (Mercury) (11)
It's Late (May) (6)
Keep Yourself Alive (May) (1)
Killer Queen (Mercury) (3)
Lazing On A Sunday Afternoon (Mercury) (4)
Let Me Entertain You (Mercury) (7)
Liar (Mercury) (1)
Life Is Real (Mercury) (10)
Love Of My Life (Mercury) (4)
Machines (Or Back To Humans) (BM & RT) (11) *
The March Of The Black Queen (Mercury) (2)
The Millionaire Waltz (Mercury) (S)
Modern Times Rock n Roll (Taylor) (2)
Mustapha (Mercury) (7)
My Melancholy Blues (Mercury) (6)
Need Your Loving Tonight (Deacon) (8)
Now I'm Here (May) (3)
Ogre Battle (Mercury) (2)
One Vision (Queen) (12)
Play The Game (Mercury) (8)
Procession (May) (2)
The Prophet's Song (May) (4)
Put Out The Fire (May) (10)
Radio Ga Ga (Taylor ) (11)
Rock In Rio Blues (Queen) (NA) +
Rock It (Prime Jive) (Taylor) (8)
Save Me (May) (8)
See What A Fool I've Been (May) (NA)
Seven Seas Of Rhye (Mercury) (2)
Shag Out (?) (NA) +
Sheer Heart Attack (Taylor) (6)
Somebody To Love (Mercury) (5)
Son & Daughter (May) (1)
Spread Your Wings (Deacon) (6)
Staying Power (Mercury) (10)
Stone Cold Crazy (Queen) (3)
Sweet Lady (May) (4)
Tear It Up (May) (11)
Tie Your Mother Down (May) (5)
Teo Torriatte (May) (5)
39 (May) (4)
Tokyo Blues (Queen) (NA) +
Under Pressure (Q & DB) (10)
We Are The Champions (Mercury) (6)
We Will Rock You (May) (6)
White Man (May) (5)
White Queen (As It Began) (May) (2)
Who Wants To Live Forever (May) (12)
You're My Best Friend (Deacon) (4)
You Take My Breath Away (Mercury) (5)

See What A Fool I've Been
Single B-side. Tocado en vivo pero no está en ningún álbum

Hangman
Tocada en vivo, posiblemente grabada, pero nunca fué editada.

Shag Out
Es parte del track anterior.

Rock In Rio Blues
Improvisación, no grabada en ningún álbum.

Tokyo Blues
Improvisación, no grabada en ningún álbum.

lmpromptu
Improvisación, no grabada en ningún álbum de estudio, pero aparece en Live At Wembley '86.

Improvisation
Improvisación, no grabada en ningún álbum.

Instrumental Inferno
Usualmente Usually a vocal or guitar (or both) ad-libbed piece.

Canciones que Queen no tocó en vivo
A Través de los años en los cuales Queen hizo sus Shows alrededor del mundo, un significante volumen de material de los álbumes o singles B-sides no fueron parte del set list de sus conciertos. Mientras que algunas canciones fueron incluidas repetidamente en muchos conciertos, algunas no aparecieron ni una vez

Queen (1973)
My Fairy King (Mercury) - The Night Comes Down (May)* - Jesus (Mercury)

Queen II (1974)
Someday One day (May) - The Loser In The End (Taylor) - The Fairy Feller's Master Stroke (Mercury)* - Nevermore (Mercury) - Funny How Love Is (Mercury)

Sheer Heart Attack (1974)
Tenement Funster (Taylor) - Lily Of The Valley (Mercury) - Dear Friends (May) - Misfire (Deacon) - She Makes Me (May)

A Night At The Opera (1975)
Seaside Rendezvous (Mercury) - Good Company (May)

A Day At The Races (1976)
Long Away (May) - You And I (Deacon) - Drowse (Taylor)

News Of The World (1977)
All Dead All Dead (May) - Fight From The Inside (Taylor) - Sleeping On The Sidewalk (May)* - Who Needs You (Deacon)

Jazz (1978)
Jealousy (Mercury) - Dead On Time (May) - In Only Seven Days (Deacon) - Fun It (Taylor) - Leaving Home Ain't Easy (May) - More Of That Jazz (Taylor)

The Game (1980)
Don't Try Suicide (Mercury) - Sail Away Sweet Sister (May) - Coming Soon (Taylor)

Flash Gordon Soundtrack (1980)
Con excepción de Flash's theme, The Battle Theme and The Hero, ningún otro tema de esté ábum fué considerado adecuado para integrar un live set.

Hot Space (1982)
Dancer (May) - Las Palabras De Amor (May) - Coolcat (Deacon/Mercury)

The Works (1984)
Man On The Prowl (Mercury) - Machines (Or Back To Humans) (Album Vocal version) (Taylor/May) - Keep Passing The Open Windows (Mercury)

A Kind Of Magic (1986)
One Year Of Love (Deacon) - Pain Is So Close To Pleasure (Mercury/Deacon) - Gimme The Prize (May) - Don't Lose Your Head (Taylor) - Princes Of The Universe (Mercury)

* Esos tres tracks fueron tocados, aparentemente, solo una vez cada uno

Canciones que Queen tocó en vivo pero no escribió

Bama Lama Bama Loo
Be Bop A Lula
Big Spender
Danny Boy
Gimme Some Lovin
Hello Mary Lou (Goodbye Heart)
I'm A Man
Imagine
Immigrant Song
Jailhouse Rock
Lucille
Mannish Boy
Mull Of Kintyre
Not Fade Away
Saturday Night's Alright For Fighting
Shake, Rattle & Roll
Silent Night
Stupid Cupid
Take Me Home
Tavaszi Szel Vizet Araszt
Tutti Frutti
White Christmas
You're So Square (Baby, I Don't Care)

ESTADISTICAS DE RANKINGS

Albumes de Queen

QueenUK:24USA:84Japon:52Queen IIUK:5USA:29Sheer Heart AttackUK:2USA:12Japon:23Holanda:6A Night At The OperaUK:1USA:4Japon:9Holanda:1Suecia: 10A Day At The RacesUK:1USA:5Japon:1Italia:15Holanda:1Suecia:8News Of The WorldUK:4USA:3Japon:3Italia:16Holanda:1Suecia:9JazzUK:2USA:6Japon:5Italia:36Holanda:4Suecia: 6Live KillersUK:3USA:16Japon:9Holanda:10Suecia:15 The GameUK:1Noruega:2USA:1Japon:5Italia:9Holanda:2Suecia: 7Flash GordonUK:10USA:23Japon:12Italia:15Holanda:13Suecia: 42Greatest HitsNueva Zelanda:1UK:1USA:11Japon:9Italia:35Holanda:1Suecia: 21/32/27* EL ALBUM MAS VENDIDO EN REINO UNIDO DE LA HISTORIA *Hot SpaceUK:4USA:22Japon:6Italia:8Holanda:2Suecia:4The WorksUK:1USA:23Japon:7Italia:2Holanda:1Suecia:3A Kind Of MagicUK:1USA:26Japon:25Italia:8Holanda:2Suecia:9Live MagicUK:3Japon:49Italia:22Holanda:17Suecia:50

The MiracleUK:1USA:24Japon:20Italia:3Holanda:1 Suecia:6Queen At The Beeb(conocido en USA como Queen At The BBC)UK:67InnuendoUK:1USA:30Japon:13Italia:1Holanda:1Suecia:9Greatest Hits 2(conocido en USA como Classic Queen)UK:1USA:4Japon:80Holanda:1Suecia: 2Five LiveHolanda: 2Suecia:45Live At Wembley '86UK:2USA:53Japon:80Holanda:9Made In HeavenNueva Zelanda:1UK:1USA:58Japon:10Italia:1Holanda:1Noruega:26x Platino:Italia4x Platino:UK3x Platino:Nueva Zelanda y Suiza2x Platino:Austria, Republica Checa, Alemania, PortugalPlatino:Argentina, Australia, Belgica, Canada, Dinamarka, Francia, Holanda, Hong Konk, Japon, Sud Africa, Espaka, Corea del SurOro:Finlandiaia, Noruega, Polonia, Singapur, USA Queen RocksSuecia: 51Greatest Hits IIISuecia: 23 (debut)Noruega: 8 (debut)Alemania: 6 (debut)UK: 5 (debut)Portugal: 5Finlandia: 35Austria: 2Belgium: 17Dinamarca: 15Estonia: 3 (cd chart)Estonia: 2 (mc chart)Francia: 9Irlanda: 16Holanda: 8Nueva Zelanda: 31 (debut)Eslovakia: 9España: 45Suiza: 4









Brian May - Albumes
Brian May And Friends - Starfleet Project UK: 58, USA: 125, Suecia: 25
Back To The Light UK: 6, USA: 159, Holanda: 5, Japon: 42
Live At Brixton Academy UK: 14, Holanda: 20
Another World

Brian May - Singles
Starfleet UK: 65
Driven By You UK: 6, Holanda: 10
Too Much Love Will Kill You Australia: 18, Suecia: 37/26, UK: 5, NZ: 10, Holanda: 1(3 semanas)
Back To The Light UK: 19, Holanda: 31
Resurrection UK: 23
Last Horizon UK: 51
The Amazing Spider-Man UK: 35
On My Way Up
Business UK: 61
Why Dont We Try Again ?

Roger Taylor - Albumes
Fun In Space UK: 18, USA: 121, Holanda: 24
Strange Frontier UK: 30
Happiness? UK: 22, Holanda: 53
Electric Fire UK: 53

Roger Taylor - Singles
Future Management UK: 49
Man On Fire UK: 66
Strange Frontier UK: 98
Nazis 1994 UK: 22, Holanda: 53
Foreign Sand UK: 26, Japon: 13
Happiness UK: 32
Pressure On UK: 45
Surrender UK: 38

Freddie Mercury - Albumes
Mr Bad Guy UK: 6, Suecia: 20, Holanda: 20, Japon: 20
Barcelona UK: 15, USA: 6, Holanda: 9, Suecia: 37
The Freddie Mercury Album UK: 4, Holanda: 8, Suecia: 35
Remixes Holanda: 58

Freddie Mercury - Singles
Love Kills UK: 10, USA: 76, Holanda: 32
I Was Born To Love You UK: 11, Japon: 55, Holanda: 36
Made In Heaven UK: 57
Living On My Own (orig./remix) UK: 1, Suecia: 29
Love Me Like There's No Tomorrow
Barcelona (con Montserrat Caballe) UK: 2, NZ: 2, Suecia: 15/12, Holanda: 2 (3 Semanas), España: 1
Time
In My Defence
The Great Pretender Suecia: 14, NZ: 5
The Great Pretender (re-release) NZ: 36

The Cross - Albumes
Shove It (LP) UK: 58
Blue Rock (LP)
Mad,Bad And Dangerous To Know (LP)

The Cross - Singles
Cowboys And Indians UK: 74
Shove It UK: 82
Heaven For Everyone
Power To Love UK: 85

ARTÍCULOS DE REVISTAS, ENTREVISTAS Y CURIOSIDADES


God Save The Queen

"Freddie fue una estrella extraordinaria que cruzó rápidamente nuestro paisaje cultural como un cometa iluminando el firmamento, y como otros en el mundo han perdido a causa del SIDA, murió antes de su hora". Con estas palabras de la actriz Liz Taylor (presidenta de la fundación norteamericana para la investigación sobre el SIDA), comenzó el conmovedor homenaje al llorado Freddie Mercury, quien dejó de existir el 24 de Noviembre de 1991.

Fue el evento más importante desde que en 1985 Bob Geldof convocara al mismo escenario para luchar contra el hambre en Africa con su Live Aid.

El concierto fue organizado por el empresario Harvey Goldsmith, el mismo de Live Aid.

Horas antes de comenzar el show, los tres ex-integrantes de Queen (Brian May, Roger Taylor y John Deacon) explicaron el origen dual del evento: "Queremos hacer un concierto musical en homenaje a Freddie Mercury, y sumarnos a la campaña de prevención contra el SIDA". El guitarrista Brian May agregó que la elección de los participantes fue muy difícil ya que se intentó sumar gente que haya tenido algún sentimiento especial con Freddie, o que haya tenido conección con Freddie.

Metallica, uno de los grupos de rock con mayor éxito durante 1991, tuvo a su cargo la responsabilidad de abrir musicalmente el Concierto. Uno de sus temas más festejados fue el potente "Enter Sandman", el cual era el corte con mayor difusión de su álbum "Metallica".

Después de Metallica, el grupo Extreme (una de las revelaciones de 1991), hizo un pop-pourri de Queen, la versión completa de "Love of my life", del álbum "A Night At The Opera"; y su hit "More than words".

Luego, ante un colmado Wembley, el grupo inglés Def Leppard junto a Brian May hizo una muy buena versión de "Now I'm here".

El grupo más importante que surgió a fines de la década del ochenta, Guns' N Roses, siguió con su versión del clásico de Bob Dylan, "Knockin On Heaven's Door".

Al concierto "por la vida, el trabajo y el sueño" se sumaron los tres sobrevivientes de Queen, quienes fueron acompañando a los diferentes artistas.

El primero de ellos fue John Elliot (cantante de Deff Leppard) en "Tie Your Mother Down", mientras Slash (guitarrista de Guns'n'Roses) se batía a duelo en la guitarra con Brian May.

Para hacer "I Want It all", uno de los hits del penúltimo álbum de Queen, "The Miracle", Roger Daltrey (The Who) se unió con el guitarrista Tomy Lommi (Black Sabbath).

Con una trasmisión via satélite, desde Sacramento, California, el grupo irlandés U2 se sumó al tributo junto a Spinal Tap. Los irlandeses no pudieron presentarse en Wembley por estar cumpliendo su etapa norteamericana de la gira Zoo Tv.

También estuvo el italiano Zucchero Fornaciari; un cantante por quien el grupo siente un particular afecto.

Gary Cherone, cantante de Extreme, hizo "Hamer To Fall", otro tema que tuvo a Tomy Lommi como refuerzo.

"Inuendo" fue la canción con la que Robert Plant enfrentó al público en Wembley. El aventajado ex-cantante de Led Zeppelin siguió con la introducción del clásico de Zeppelin "Thank you", para enganchar, ante una gran ovación, con "Crazy Little Thing Called Love", en una versión muy potente en la que sobresalió la guitarra de Brian.

Fue el inglés Paul Young quien hizo el tema de Roger Taylor "Radio Ga Ga", en una versión sin destellos.

Una de las interpretaciones más emotivas fue sin duda la de Seal, con "Who Want To Live Forever", incluido en el álbum "A Kind Of Magic", que también fuera una de las composiciones centrales de la película "Highlander".

Ante una impresionante ovación, Roger Taylor presentó a David Bowie y Annie Lennox. La ex-cantante de Eurythmics fue la encargada de reemplazar la voz de Freddie en "Under pressure", la canción que Queen grababa junto a Bowie en 1981.

Bowie hizo después de "Under pressure", "All The Young Dudes", junto al ex Mott the Hoople, Ian Hunter y Mick Ronson, además de una brillante versión de su legendario "Héroes".

Luego Lisa Stanfield fué presentada por Brian May para hacer una simpática versión de "I Want To Break Free". La cantante salió al escenario paseando una enceradora y con ruleros en el pelo, recordando a Mercury en el video clip original de ese tema, de 1984.

George Michael fue quien se llevó los mayores aplausos del estadio y fue responsable de uno de los momentos de mayor emoción del concierto. Cantó "39", convocó nuevamente a Lisa Stanfield para cantar a dúo con ella. "These Are The Days Of Our Lives". Luego de hacer una reflección sobre el tema del SIDA, Michael realizó una impresionante versión del clásico "Somebody To Love", acompañándose de un coro gospel. Sin duda fue la mejor interpretación vocal de George Michael en lo que va de su carrera.

El vigente y respetado Elton John recibió una espectacular recepción del público al insinuar los primeros acordes en el piano del mayor himno de Queen, "Rapsodia Bohemia". Después de escucharse la cinta original del tema en la parte operística (como siempre lo hacía Queen en sus recitales) se sumó Axl Rose (cantante de Guns'n'Roses) y luego nuevamente Elton John para culminar otros de los momentos inolvidables del show. Elton también cantó "The Show Must Go On", póstumo corde del álbum "Innuendo".

Posteriormente, Axl Rose hizo saltar a todo Wembley con una explosiva versión del tema de May "We Will Rock You".

"Hay una sola persona en el mundo que Freddie hubiera querido que estuviese aquí", anunció Brian May antes de que Liza Minelli subiera al escenario para interpretar una exelente versión de "We Are The Champions", a la que se fueron sumando todos los participantes.

Mientras que el publico aplaudía y hacía ondear las banderas, carteles y cintas rojas que se repartían en la entrada, la imágen de Freddie aparecía en las pantallas de video luciendo capa de armiño y corona, mientras sonaban los acordes de la versión del grupo del himno británico "God Save The Queen".

De esta manera culminó el evento, que duró casi cuatro horas y llegó a más de mil millones de personas en sesenta países que accedieron al show a través de la transmisión televisiva.


Entrevista a Mary Austin: "La increíble historia de la mujer a la que Freddie amó", Daily Mail - 01/99

Daily Mail - ENERO 1999

La increíble historia de la mujer a la que Freddie amó.

La tímida mujer que heredó la fortuna de Mercury.

El mundo se sorprendió cuando el extravagante Freddie Mercury, quien murió de SIDA en 1991, legó la mayor parte de su multimillonaria fortuna a una mujer. Pero durante años el líder de Queen y Mary Austin habían vivido juntos como marido y mujer, y ahora por primera vez la mujer a quien él amó le cuenta a David Wigg cómo el dinero no fue el único legado de la estrella.

Cuando Freddie Mercury le dijo por primera vez a su antigua novia, Mary Austin, que deseaba dejarle su majestuosa mansión Georgiana en el barrio londinense de Kensington, su reacción inmediata fue de sorpresa, y después temor. De hecho, le aterrorizaba tanto el asumir tan enorme responsabilidad que intentó convencerle de que destinara la casa, con su hermosa colección de mobiliario antiguo y pinturas, a una fundación como museo.

Freddie consideró esta opción, pero decidió que quería que Mary (su amante durante seis años, antes de que se decidiese por la compañía masculina) tuviese algo permanente en su vida. No sólo le dejó su mansión, que se alza tras un amurallado jardín japonés, sino también la mayor parte de su multimillonaria fortuna, con un ingreso de por vida procedente de sus enormes ventas de discos.

Durante el año anterior a su muerte en 1991, Mary se las tuvo que ingeniar para cuidar a su hijo Richard., que ahora tiene nueve años, y al padre de éste, Piers Cameron, además de a Freddie, que padecía las etapas finales del SIDA. Al mismo tiempo se preparaba para el nacimiento de su segundo hijo, Jamie, que ahora tiene ocho años.

Mucho antes de que Freddie le dijera a sus amigos íntimos o a sus compañeros del grupo Queen que tenía SIDA le confió su secreto a Mary. Desde aquel momento ella estuvo allí cada día para intentar consolarle mientras su salud se deterioraba. Cuando comenzó a perder la vista y su cuerpo se volvió tan débil que no podía ni tan siquiera levantarse de la cama, Freddie decidió enfrentarse a la muerte rechazando tomar la medicación. "Fue la decisión de Freddie acabar con todo ello, él eligió el momento de morir", recuerda Mary en un susurro. "Él sabía que el final estaba cerca, que estaba más cerca de lo que jamás había estado antes, y de repente dijo, 'he decidido que me tengo que ir' ".

"La calidad de su vida había cambiado tan dramáticamente y sufría más dolor cada día. Estaba perdiendo la visión. Su cuerpo cada vez más débil, al tiempo que sufría pequeños espasmos. Era tan angustioso verle deteriorarse de esa forma. Un día decidió que ya era bastante y abandonó todas las ayudas médicas que le mantenían con vida. Simplemente dejó actuar a la naturaleza. Lo sobrecogedor para mi fue su increíble valentía. Miró a la muerte a la cara y dijo 'está bien, lo aceptaré, me iré ahora' Pero fue algo tranquilo y murió con una sonrisa en su cara"

Tras su muerte, el 24 de Noviembre de 1991, Mary se mudó a su palaciego hogar, pero mientras deambulaba por sus enormes salones, rodeada de los tesoros de Freddie sus sentimientos eran de confusión y soledad. "Fue la época más solitaria y difícil de mi vida tras la muerte de Freddie. Sabía que tendría problemas al hacer frente a su muerte y a todo lo que me dejó. Lo mejor era que yo misma pudiese salir de aquella situación.

Mary, que había crecido en una modesta casa de Fulham, al oeste de Londres, se encontró con que había mucho a lo que hacer frente; la responsabilidad de la casa con su personal, y el hecho de encontrarse de repente con una enorme fortuna. Hubo algunas complicaciones con el testamento, y a algunos de los parientes y amigos de Freddie les molestó que le dejara tanto a ella.

"Siempre tenía a Freddie para ayudarme, y él siempre me tenía para ayudarle, si lo necesitaba. De repente no había nadie para ayudarme. Me hizo darme cuenta de que no era tan autosuficiente como me hubiera gustado ser. Así como yo había sido una amiga para él, me di cuenta de lo que había significado su amistad para mi- el hecho de simplemente saber que él estaba allí."

"Siempre me protegió mucho. Sólo me di cuenta tras su muerte de lo protector que había sido conmigo. Si algo malo ocurría él decía 'oh, cariño, no te preocupes, lo superaremos'. Siempre era optimista. Otras veces, cuando era consciente de que tenía SIDA y sólo tenía un tiempo limitado de vida podíamos tener alguna conversación seria, cuando me decía "ven y siéntate, no sabemos cuanto tiempo nos queda".

Mary hizo frente a la enorme generosidad de Freddie convirtiéndose en una reclusa dentro de los seguros muros de su casa. "Me sentía fuera de mi sitio, realmente", explica. "El personal de Freddie había sido como una familia para mi, pero tras su muerte la mayoría de ellos se marcharon, porque él había sido muy generoso con ellos. Pasé noches sin dormir preocupándome por todo. Sentía como si hubiera hecho algo malo y me volví un poco paranoica. Algunos fans incluso me dijeron que yo sólo era el guardián de la casa. Eso duele. Sé que a algunos de los amigos gay de Freddie les sorprendió que me dejara tanto. Había algunos que pensaban que les tenía que haber dejado la casa a ellos. Es como si la gente estuviera resentida conmigo por lo que me dejó".

Aunque Freddie murió en 1991 tuvieron que pasar 8 años para que recibiese la mayoría de su herencia. "Fue una época preocupante", dice, "los impuestos habían sido pagados, pero al no recibir el dinero no sabía si me podría permitir el mantener la casa. Me sentí bajo mucha presión".

En contraste con el extravagante ídolo del rock, Mary, de 48 años de edad, es tímida y da la impresión de carecer de cualquier confianza en sí misma. Pequeña y delgada, de ojos verdes y pelo rubio. "Ciertamente no soy ninguna académica", dice, al tiempo que uno de los gatos exóticos de Freddie se le une en el profundo sofá de color rojo oscuro. Mary ha mantenido la decoración y el mobilario tal como estaban cuando Fredde murió. "Tenía un estilo impecable, así que ¿por qué cambiarlo?", dice.

Su muerte dejó un vacío en su vida. "Perdí a alguien a quien creía mi amor eterno. Cuando murió sentí que habíamos tenido un matrimonio. Habíamos vivido nuestros votos. Habíamos permanecido juntos en los buenos tiempos y en los malos, en la riqueza y en la pobreza. En la salud y en enfermedad. No podrías haberte separado de Freddie hasta que hubiese muerto, incluso entonces, ha sido difícil".

La proximidad de la pareja siempre causó problemas a los demás. Ninguno de los novios que tuvo Mary cuando dejó de vivir con Freddie en 1980 duró mucho. Pronto se daban cuenta de que tenían que compartir el cariño de Mary con la estrella de rock y ese especial lazo de lealtad e íntima amistad jamás pudo ser penetrado por un recién llegado. Incluso el padre de los dos hijos de Mary, el pintor Piers Cameron, acabó decidiendo que esta especial situación era demasiado y terminó desapareciendo de la vida de Mary por completo. "Siempre se sintió eclipsado por Freddie", dice Mary. "Fredie había ampliado tanto el horizonte de mi vida introduciéndome en el mundo del ballet, la ópera y el arte. Aprendí tanto de él y me dio tanto. De ninguna manera podría jamás abandonarle. Nunca".

Como otra forma de mantenerla próxima a él, Freddie creó un trabajo para ella, haciéndola secretaria de su empresa discográfica. Tras su muerte, le llevó a Mary mucho tiempo hasta que aceptó que Freddie había salido definitivamente de su vida. Cinco años tuvieron que transcurrir hasta que fue capaz de dormir en su enorme dormitorio amarillo. Antes se había sentido incapaz de tocar nada en esa habitación. "Había pasado tanto tiempo con él estando enfermo y había tantos recuerdos en aquella habitación. Recuerdos de él sufriendo. Sólo veía este hombre tan frágil, tumbado en la cama y recordaba todas las pequeñas cosas que solía hacer por él. Como peinar su pelo, por ejemplo".

"En aquella época realmente sentí tanto amor por él. Esos eran los momentos que recordaba cada vez que miraba a su cama. Me sentaba todos los días junto a su cama durante seis horas, tanto si estaba despierto como si no. A veces se despertaba de repente, sonreía y me decía "oh, eres tú, vieja fiel".

Sólo Mary sabe donde fueron finalmente colocadas sus cenizas. Le dio a ella la responsabilidad de encargarse de ellas y le hizo prometer que nunca revelaría donde fueron enterradas. "No quise saber nada de ellas", admite abiertamente. "Las dejé en la capilla ardiente durante un tiempo. Sabía que tenía esta responsabilidad, pero no encontraba valor para deshacerme finalmente de él. Tenía que hacerlo sola, tal como me lo pidió, y mantenerlo en secreto. Eso fue algo no mejoró el aprecio de su familia por mi".

Encontré todo aquello un poco siniestro. Estaban en una bolsa de plástico dentro de una urna. Después tuve que juntarlo todo. Pensé 'realmente me has dejado demasiado para hacer, Freddie' ".

Mary tenía 19 años cuando conoció a Freddie. Hasta entonces había llevado una vida de privaciones. Sus padres eran pobres. Su padre trabajaba como recortador para especialistas en empapelados. Y su madre una empleada de hogar para una pequeña empresa. Ambos eran sordos y se comunicaban a través del lenguaje de los signos y leyendo los labios. Mary abandonó la escuela a los 15 años. Su primer trabajo fue como aprendiz de secretaria con Remingtons, ganando 5 libras a la semana. Posteriormente alcanzó el puesto de relaciones públicas con los clientes en la tienda Biba en Kensington. Fue cuando trabajaba en Biba cuando conoció a Freddie y al batería de Queen, Roger Taylor, quienes tenían un puesto en el cercano mercado de Kensington, en el que vendían ropa usada y el trabajo artístico de Freddie.

El guitarrista, Brian May, los presentó, durante una discusión sobre el grupo. Intentaban elegir un nombre. Freddie quería llamar al grupo Queen, mientras Brian prefería Build Your Own Boat. "Recuerdo la melena negra de Freddie, que le hacía parecer un caballero, con su brazo apoyado sobre la repisa de la chimenea de la casa de Brian en Barnes. Estaba muy orgulloso de sus nuevos zapatos blancos. De repente se volvió hacia mi y me pidió mi opinión sobre los nombres. Dije "oh, creo que Build Your Own Boat de Brian". Pero se salió con la suya, como hacía casi siempre. Al final se decidieron por Queen.

Aunque bastante intimidador, Mary se sintió fascinada por este 'músico artístico de aspecto salvaje'. "No se parecía a nadie que hubiese conocido antes. Tenía mucha confianza en sí mismo, y yo nunca la había tenido. Maduramos juntos. Me gustaba, y todo progresó a partir de ahí".

"Me llevó unos tres años enamorarme realmente de él. Pero nunca había sentido eso antes por nadie". Al principio compartieron una habitación de 10 libras a la semana en Victoria Road, Kensington. "Teníamos tan poco dinero entonces que sólo podíamos permitirnos un par de cortinas, así que las colgamos en el dormitorio. Teníamos que compartir el baño y la cocina con otra pareja".

Un par de años después se mudaron a un piso más grande en Holland Road, que les costaba 19 libras a la semana. Por aquel entonces el grupo ya había firmado un contrato discogáfico, y las fotos para el primer album se tomaron en aquel piso.

Fue en un concierto celebrado en el Ealing College of Art, cuando Mary reconoció por primera vez su calidad de estrella. Cuando bajó del escenario todas las chicas y sus amigos se agolpaban a su alrededor", recuerda. "Estaba tan ocupado que pensé 'no creo que me necesite ya'. Ya me iba cuando llegó corriendo hasta mi. Me dijo '¿a dónde vas?', le dije 'me voy a casa'.

"Las cosas habían cambiado para él y para el grupo. Freddie era tan bueno sobre el escenario-diferente a cualquier cosa que hubiese visto antes, como si fuese algo para lo que él se había estado preparando. Por primera vez sentí 'aquí está una futura estrella. Está en su camino. No creo que me necesite nunca más'. Me aparté. Conforme todo progresaba pude verle florecer. Era algo maravilloso de observar. No me sentí triste ni molesta. Estaba feliz de que por fin lo estuviese consiguiendo gracias a su talento. Él no me dejaría marchar. Aquella noche me di cuenta de que yo también tendría que ser parte de ello. Realmente fue emocionante ver como todo ello ocurrió-yo estaba feliz y orgullosa de que él quisiera estar conmigo".

"Me sentía muy segura con él. Cuanto más le conocía más le quería. Tenía calidad como persona, lo cual creo que es muy raro hoy día. Algo que siempre fue constante fue el amor. Sabíamos que podíamos confiar el uno en el otro, y nos sentíamos seguros juntos. Sabíamos que nunca ninguno de nosotros haría daño al otro a propósito. Una vez, en Navidades me compró un anillo y lo puso dentro de una caja enorme. Íbamos a visitar a sus padres el día de Navidad. Abrí la caja, y dentro había otra caja, y así sucesivamente hasta que encontré aquella caja diminuta. Cuando la abrí allí estaba aquel hermoso anillo egipcio de escarabajo. Se supone que trae buena suerte. Fue muy dulce y tímido cuando me lo dio.

Fue después de haberse mudado a su segundo piso, en Holland Road, cuando Mary comenzó a sospechar que algo iba mal en su relación de seis años. "Incluso aunque yo no quisiera admitirlo plenamente, me había dado cuenta de que pasaba algo. Aunque no sabía lo que era decidí discutirlo con Freddie y se lo dije. 'Algo pasa y me siento como una soga alrededor de tu cuello. Es hora de que me marche'. Pero insistió en que no pasaba nada. Luego su vida alcanzó un ritmo vertiginoso tras el éxito de los albumes y los singles".

"Las cosas nunca volvieron a ser iguales. Nuestra relación se enfrío. Yo sentía que evitaba cualquier confrontación conmigo. Cuando yo volvía a casa del trabajo él no estaba. Siempre llegaba tarde. La situación era obvia. Simplemente ya no estábamos tan juntos como lo habíamos estado".

Cuando Freddie se convirtió en una celebridad internacional, Mary pensó a menudo que lo perdería por culpa de otra mujer-pero nunca por un hombre. Todo eso cambió un día cuando Freddie le comunicó que tenía algo importante que decir, algo que cambiaría su relación para siempre. "Él dijo, 'creo que soy bisexual', yo le dije 'creo que eres gay'. Y no se dijo más. Sólo nos abrazamos. Pensé que había sido muy valiente. Como soy un poco ingenua me llevó bastante tiempo darme cuenta de la verdad. Después, él se sintió bien por habérmelo dicho. Me dijo 'era consciente te que tenía que otra alternativa, no decírtelo, pero creo que tienes derecho a tener tu propia vida'. Y pensé 'sí, al igual que tú tienes derecho a la tuya' ".

Decidió que era hora ya de marcharse, pero Freddie insistió en que no debía alejarse mucho de él. "Con el tiempo encontramos una casa cerca de donde él vivía, que quería que yo me quedara. Era perfecta para una persona soltera como yo. Su empresa discográfica me la compró por 30.000 libras. Podía ver el piso de Freddie desde mi cuarto de baño. Pensé, 'oh, nunca me voy a escapar'. Pero no me importaba. Era muy feliz allí. Era pequeña, pero me gustan los lugares pequeños. Mi familia era muy pobre. Éramos cinco y mis padres lo pasaban realmente mal para llegar a fin de mes. La vida siempre fue una lucha para ellos".

La vida de Mary hoy día está lejos de ser una lucha. Comparte su majestuosa casa con Nick, el empresario londinense de 48 años con el se casó hace dos años. Sin decírselo a nadie, se casaron en Long island con sólo sus dos hijos, Richard y Jamie, como testigos. "Creo que Nick fue muy valiente al hacerse cargo de mi. Traigo mucha carga conmigo, un enorme capítulo de mi vida. En un principio, debido a mi pasado y la cantidad de rupturas que he tenido no estaba muy segura respecto al matrimonio. Después alguien me dijo 'no lo sabes hasta que no lo intentas'. Pero conforme el tiempo pasa, ahora puedo ser feliz con él. Sé apreciar lo que tuve, y lo que tengo ahora, y sigo hacia adelante. Creo que sólo lo podría haber conseguido conociendo a alguien".

"Al conocer a Nick, todo se arregló mucho más deprisa. Quería estabilidad para mi y para mis hijos. Sentía que este hombre nos daría eso-estabilidad en un sentido familiar. Realmente había perdido a mi familia cuando Freddie murió. Incluso la gente que trabajaba para él en la casa eran mi familia, pero todos se marcharon. Freddie lo era todo para mi, aparte de mis hijos".

A Freddie le emocionó tanto como a ella la llegada de su primer hijo y solía visitarla en el hospital. Enseñó al pequeño a decir sus dos primeras palabras 'tractor' y 'guitarra'.

Ahora su generosidad ha permitido a Mary educar a sus hijos en colegios privados. "De alguna manera creo que a una parte de Freddie realmente le habría gustado la vida familiar, un hogar feliz e hijos. No sé qué tal habría sido como heterosexual. Al principio solía pensar que le había perdido por ser gay. Pero creo que aunque hubiese sido completamente heterosexual habría acabado perdiéndole por otra mujer, especialmente cuando llegó la fama. Las mujeres le seguían a todas partes, aunque sospechasen que era gay".
Freddie vivió con el conocimiento de que era VIH positivo durante siete años. Murió a los 45 años de una neumonía inducida por el SIDA.

En su testamento, legó el 50% de toda su fortuna y de los ingresos futuros a Mary. Sus padres y su hermana recibieron un 25% cada uno. Aparte de eso, dejó 500.000 libras a Jim Hutton y le compró un terreno en su lugar natal, Irlanda, en el que pudiese construir una casa. También les dejó 500.000 libras tanto a su ayudante personal Peter Freestone como a su cocinero Joe Fannelli. Y 100.000 a Terry Giddings, su chofer y guardaespaldas.

Mary es también administradora de la fundación de lucha contra el SIDA establecida en nombre de Freddie, la Fundación Phoenix, establecida en Montraux, Suiza, donde Queen tienen sus propios estudios de grabación. Como fue un showman tan vital y enérgico, le pregunté a Mary si quizás fue mejor que no llegara a envejecer. Sorprendentemente me respondió "no, hubiera preferido que hubiese ocurrido al contrario. Yo tendría que haberme ido primero. Hubiera preferido que fuese él quien tuviera que echarme de menos, en lugar de tener yo que echarle de menos".


Queen - Nota Revista Gente

Mezclaron heavy con coros a lo Beatle. Jugaron con la música disco y las orquestaciones complicadas. Fueron únicos. E inolvidables.

Londres, 1971. Brian May mira las estrellas: es astrónomo y enseña mecánica celeste en el Imperial College. Y cada noche, en su cuarto, se aferra a una guitarra que parece creada durante un viaje con alucinógenos y que construyó con nogal, restos de una chimenea y chatarra electrónica. Costo: 8 libras, entonces unos 16 dólares. Roger Taylor, en cambio, no levantaba los ojos hacia Venus: pegado al microscopio, fiscaliza batallas de bacterias y legiones de virus. Un silencio, un orden y un caos que –también de noche– despedaza con su batería. John Deacon ambula –técnico electrónico, ejecutor de bajo– por un mundo afín con el que será su destino: decibeles. Freddie Mercury (africano nacido Frederick Bulsara en Zanzíbar, hijo de un casi opulento diplomático británico, gay confeso desde los 13 años) es, de día, líneas y colores. Pero le queda poco como diseñador gráfico, porque cuando el ‘71 expira, y en su casi diminuto departamento, y con el astrónomo, el biólogo y el electricista, funda Queen y –quién lo duda– cambia la historia. O, en realidad, la completa. Porque, como dijo un crítico de New Yorker, uno de los más respetados, “En las últimas tres décadas sólo nacieron tres sonidos inmortales: The Beatles, The Rolling Stones y Queen”. Las memories del grupo guardan estas confesiones: “Ensayábamos como bestias. Sangre, sudor y lágrimas, como dijo el viejito Churchill. Llegó un primer contrato. Firmamos con EMI, grabamos el primer single (Keep Yourself Alive), y fracasamos...” . Sin embargo, quedó por allí –hoy tan amarillenta como funcional– una crítica: “Logran un astuto equilibrio entre el glam rock de principios de los ’70 y el heavy metal de Zeppelín de finales de los ’60. En cuanto a su jefe, ese exótico y efectista Freddie Mercury... ¡qué cantante!”. Pasan tres años –qué fácil se dice en las teclas de un words processing, Dios...–, y por primera vez se inscriben en los charts con Seven Seas Of Rhye. Punto de inflexión. Desde aquí en adelante, es justo –imprescindible– imaginar que estas páginas encierran 40 toneladas de equipo, 140 baffles, 100 mil wats, 800 focos, que todo está colgado de una parilla en la que podrían asarse cien vacas, y que siete grúas móviles (como columnas del mundo) soportan ese peso, destinado a desplegar los sones de Queen en 10 kilómetros a la redonda. Porque eso fue desde el ’75, cuando Mercury y sus compinches lanzaron A Night At The Opera, el álbum más caro y extravagante de su tiempo. Del que se dijo, por ejemplo: “Es la épica del kitsch, de la armonía, de los instrumentos al máximo de sus posibilidades, del falsetto estremecedor de Mercury, del rock bis. No falta nada para que llegue a la más codiciada y perfecta de las categorías: ser un clásico”. Se aferró por nueve semanas a las cumbres de los charts: algo que no sucedía desde 1957, cuando Paul Anka y su Diana cubrieron de miel a medio planeta. Monstruos ya –¿qué otra palabra lo explica, aunque remanida?–, les llegaron los ’80 – The Game mediante–, y con ellos la música de la película Flash Gordon Y en eso estaban cuando quebraron el récord mundial de público en estadios: San Pablo, Brasil, 230 mil almas con sus cuerpos, cuerpos con sus almas. Por enésima vez las rotativas lo contaron todo, desde el nombre: Queen por Inglaterra, su historia, su Torre de Londres, sus muertos reyes de Shakespeare, su reina Isabel viva, pero también –cómo podía faltar la vuelta de tuerca– porque Queen, en la jerga de los suburbios, es marica, loca. No el discreto y casi pudibundo gay que se mimetiza con el mundo hetero: el que lo ostenta, el que lo firma con todas las plumas y tres manos de pintura de guerra. Y los años siguen pasando, y la historia no cesa, y hasta lo obvio y/o previsible sirve para que los periodistas aporreen sus teclas: Brian May es un fenómeno porque toca la guitarra con una moneda, es la banda más educada del mundo porque todos tienen título universitario, es el único grupo de la Tierra que logra cuatro Top 10, cada uno compuesto por un miembro, Mercury es desdichado porque no hay amor que le dure. Etcétera. Mercury, que graba una apasionada, única, perfecta versión de The Great Pretender. Mercury, que llega a cantar a dúo –en Barcelona– con la mitológica Montserrat Caballé: el dragón y la princesa, pero con los roles invertidos. Y solo Mercury –porque esas cosas no se cuentan a través de 140 baffles– se rinde en silencio y sin lágrimas ante la sospechosa muerte de dos de sus amantes: el mensajero Tony Bastin y el comisario de a bordo John Murphy. En Realidad la palabra sospechosa es un eufemismo de las agencias de noticias: mensajero y comisario mueren de SIDA, y sus cuerpos helados y violáceos emiten –para Mercury– un mensaje terminal. Se habla, de a poco, de su palidez y de su carne cada día más magra. Se habla, no tan de a poco, de su ostracismo en la mansión de Kensington. El sábado 23 de noviembre de 1991, desde su cama de tres metros por tres metros y desde sus sábanas de seda, le cuenta al mundo que tiene SIDA. Y al anochecer del otro día, se muere. Le cierran los ojos –tenía sólo 45 años– sus padres, Mary Austin –eterna amiga que ocho años vivió con él, luminoso rol de sombra–, Phil Collins, Elton John y Diana Ross. Su fortuna –incontable– se dividió entre Mary y un instituto de lucha contra el SIDA. Su trono (luces, humo, fuegos artificiales, balas de fogueo), por un instante, entró en la Gran Oscuridad. Pero las puertas del Infierno (en su caso, el silencio y el olvido) no prevalecieron. Porque su voz de tenor y el sonido de Queen pueden abrirse paso entre huracanes, entre tempestades, entre terremotos.

God Save The Queen


Entrevista a Brian May: "Acerca de cuestiones privadas", Clarín 01/09/98

Entrevista a Brian May: Acerca de cuestiones privadas

¿Como incidía en el grupo la homosexualidad de Freddie?

En los primeros tiempos, no sabíamos demasiado. Y solíamos compartir las habitaciones, así que ­yo me hubiera enterado si era gay entonces! Además, Freddie tenía unas chicas que eran unas diosas. Pero luego empezó a llevar una vida social distinta. Se iba y nos decía "los veo después". Alentado por ciertas personas, como nuestro manager personal, fue metiéndose en círculos a los que no hubiera ido si no le abrían sus puertas. Igual creo que se hubiera encontrado a sí mismo de una forma más gradual, sin que se lo hicieran explotar en sus narices. La gira con Mott the hoople fue la primera oportunidad en que experimenté sexo a gran escala. Y no por decisión mía. Me sentía sin control. Lo mismo le pasó a Freddie, pero en dirección gay. Esto no cambió nuestra relación. Seguimos muy unidos. Y en las canciones de amor no hacíamos ninguna distinción. Pero a partir de Jazz estaba preocupado, porque tenía que escribir temas que Freddie pudiera cantar. Discutíamos mucho cuando sus letras eran gays. Yo no quería que nadie se sintiera excluido. Me sentí así con Body language. Era un abierto himno gay



Entrevista a Brian May: "Historia de tres canciones", Clarín 01/09/98

Entrevista a Brian May: Historia de tres canciones

Para Rapsodia bohemia, Freddie trajo unos papelitos de la empresa de su padre con los acordes anotados. En un momento le dije: "Aquí necesitarías un solo. Y éstos son los acordes que me gustaría usar". Yo quería que el solo fuera algo más que el eco de la melodía vocal, que tuviera un color adicional. No costó demasiado grabarlo. Esos riffs que le vuelan la cabeza a todo el mundo son más del estilo Freddie que del mío. Quedaron algunas cosas medio desafinadas que me molestan. Lástima.

La batalla del ogro la escribió Freddie, y es también un riff de guitarra muy heavy metal. Freddie agarraba una guitarra y soltaba una energía frenética, como un animal fuera de control. No tenía gran habilidad técnica en la guitarra, pero sí en su cabeza. Y uno podía sentir cómo todo eso pugnaba por salir.

Chicas gorditas surgió de un acorde y unas pocas palabras. Es sobre las chicas que alegran a los músicos detrás del escenario. Las groupies, bah. Pensé: "¿por qué a todo el mundo le encanta tener sexo casual con gente con la que de otro modo no querría estar?". Es una canción divertida. Todavía me pregunto cómo la viviría Freddie. Las chicas que la grabaron no tenían colas gordas. Pero igual les gustó mucho.



Entrevista a Brian May: "Peleabamos como perros y gatos", Clarín 01/09/98

ENTREVISTA CON BRIAN MAY, A 25 AÑOS DEL DISCO DEBUT DE QUEEN

"Peléabamos como perros y gatos"

Detrás del carisma de Freddie Mercury, May llevaba adelante las melodías de la banda. Aquí cuenta la interna del grupo y secretos del cantante muerto a causa del sida, en 1991.

ALAN DI PERNA. International Feature Agency

Hace ya 25 años, Queen lanzaba Queen, su álbum debut, en el ingenuo ambiente rockero de principios de los 70. Su música era más ambiciosa que la de New York Dolls, Mott the Hoople, Gary Glitter y otros grupos de entonces. ¿Qué hacían estos chicos de Queen? ¿Rock robado a otras bandas? ¿Metal? El cantante tenía cierto resplandor operístico, sazonado con un humor extravagante. Y el guitarrista lograba que su instrumento sonara como una orquesta sinfónica, toda una rareza allá por 1973. El establishment de los críticos de rock no le prestó ninguna atención a Queen. Pero un todavía reducido círculo de fans sabía que se venían cosas buenas.

Para mediados de los 70, Queen se había afianzado como una fuerza importante, gracias a álbumes brillantes como Una noche en la ópera, Un día en las carreras y Noticias del mundo. Hoy han alcanzado la inmortalidad dentro del rock clásico. Canciones magistrales como Reina asesina, Rapsodia bohemia, Nosotros te conmoveremos y Somos los campeones experimentan un retorno perpetuo. Y las orquestaciones de la guitarra de May se han convertido en uno de los sonidos más personales del planeta.

Por estos días, May lleva una tranquila vida hogareña en Allerton Hill, su imponente casa en la campiña inglesa, a 45 minutos de tren al sur de Londres. Aquí vive con su actual pareja, la actriz de la TV británica Anita Dobson (Eastenders). Tiene el mismo aspecto que en la época de apogeo de Queen: su melena oscura permanece intacta y todavía le gusta vestirse con esas camisas amplias y los pantalones de cuero que se usaban en los 70. Pero Brian no se quedó en el pasado. Tiene un nuevo álbum, Otro mundo, y ha escrito canciones para varias películas, como la reciente Sliding doors. De todos modos, Queen sigue formando parte de su presente. Desde la muerte por sida en 1991 del cantante Freddie Mercury, no deja de haber tributos y retrospectivas como el álbum Queen Rocks, de 1997, una recopilación de temas fuertes de la banda.

Fue Brian May, precisamente, el que escribió muchas de las mejores canciones de hard rock de Queen, como Echa a tu madre, Mantente activo, Brighton rock y Nosotros te conmoveremos. Otras de sus contribuciones creativas a la banda fueron 39, Chicas gorditas y Todos muertos, todos muertos.

Los cuatro integrantes de Queen eran compositores. ¿Como decidían qué canciones se grababan?

Peleábamos como perros y gatos. A veces, tres personas debían ceder para que una sola tuviera lo que quería. Curiosamente, Freddie, quien todos creen que era la prima donna, era muchas veces quien aceptaba de compromiso.

A ciertos fans del hard rock les debe haber resultado difícil la imagen más abiertamente gay de Freddie...

Y... sí. Pero no debería importarles. Todo el mundo tiene su propia química sexual. No se puede atacar a alguien por tener deseos en tal o cual dirección. Porque no se tiene control sobre esos deseos. ¿O sí? Es como atacar a alguien por tener una nariz larga. Uno juzga a la gente por la forma como se maneja con las cartas que le tocaron. Y el heavy metal tiene en ese sentido, algo de jactancia machista, por la que se dicen cosas osadas como "¿qué hiciste anoche con tu chica?". AC/DC es una terapia absoluta. Uno ve su show y queda sordo una semana. Es maravilloso.

¿Cuál era tu papel musical en Queen?

Siempre estuve metido en las armonías, fueran vocales o instrumentales. La guitarra debe sonar como una voz, ésa es mi idea. Siempre había soñado con tres o más guitarras funcionando como instrumentos de una orquesta, haciendo armonías en paralelo y entrecruzándose. Y la primera vez que entramos en un estudio lo probé. El primer intento lo hice con Smile, el grupo que teníamos con Roger Taylor antes de Queen.

Usás una moneda como púa, ¿no?

Así es. La moneda inglesa de seis peniques está hecha de un metal blando. Tiene bordes dentados, y si la colocás un poquito chanfleada al tocar las cuerdas, sale ese chisporroteo que me encanta.

¿Cómo surgió el sonido coral de Queen?

Freddie y yo compartíamos la idea de que la armonía es una cosa mágica. Freddie se afirmó como showman antes de convertirse en cantante. Tal vez me maten por decir esto, pero creo que ninguno de nosotros se dio cuenta de su potencial como cantante hasta que entramos en un estudio. Así pudo oírse a sí mismo, trabajar su voz y crecer como intérprete. Adquirió además una gran habilidad para usar su voz como instrumento. Tuvimos suerte al tener tres voces que se mezclaban de forma instantánea. Algunas de esas cosas que suenan como un coro de cien personas eran hechas por nosotros tres, nada más. Sobregrabábamos dos veces cada frase. Freddie tenía esa voz maravillosa y clara, similar a una campana, que se reconoce a 16 kms de distancia. Roger también tenía una buena voz, más chillona. Yo llenaba las brechas que ellos dejaban: tal vez aportaba calidez, pero era m! enos afinado. Freddie hacía algunos coros solo. En Rapsodia bohemia lo primero que se escucha es un coro de Freddies sobregrabados.

Si Freddie no hubiera muerto, ¿Queen hubiera seguido existiendo?

Creo que sí. Nos hubiésemos tomado algunos descansos, pero hubiéramos necesitado seguir trabajando. Y hubiera sido divertido, tal vez. Creo, sin embargo, que todos necesitábamos liberarnos de Queen. Más allá de la pena por su muerte, sentí cierto alivio. Porque es lindo de alguna manera arreglárselas solo, hallar nuevas formas para expresarse. Me gustó tener que lanzarme a cantar. Pero si Queen estuviera vivo, volveríamos una y otra vez. Es que siempre fue estimulante trabajar con Freddie. Al margen de las dificultades de tener que compartir el poder -cosa que todos sentíamos-, había cierta magia en todo aquello. Los cuatro teníamos un equilibrio. Eramos un verdadero grupo.