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CREADOR

Escrito por imagenes 18-05-2009 en General. Comentarios (0)

CREADOR

DAVID LAKE

David Lake es miembro del cuerpo docente de la universidad de Queensland, en Australia, donde hay uno de los clubs de fans de SF más activos de aquel continente. Recientemente ha publicado una serie de relatos en los Estados Unidos que han obtenido una muy favorable acogida entre el público. El que les ofrecemos a continuación, que desarrolla un tema francamente inusual, con una serie de elementos sorpresivos desde el punto de vista de un habitante de la Tierra, ha merecido el honor de figurar entre los mejores del año en la antología que anualmente prepara nuestro gran amigo Donald A. Wollheim. Con pleno merecimiento, además.

 

 

Hacía una mañana magnífica, cosa normal en el planeta Olimpo, y Jay Crystal acababa de desayunar en su palacio privado cuando el robot-mayordomo anunció la llegada del Instalador.

Jay se incorporó al instante y se dirigió, casi corriendo, hacia la habitación desocupada. Jamás había estado tan excitado en toda su vida inmortal. Cuando llegó a la sala... sí, allí estaba: la reluciente máquina, que parecía un órgano de mediano tamaño y apto para luz, olor y sonido, estaba siendo rápidamente instalada por los robots rojos y verdes de la Corporación Creación. El instalador permanecía junto a ellos, no para supervisar el trabajo, ya que los robots lo conocían a la perfección, sino más bien como dándoles su aprobación.

El instalador era un olímpico de cabello tan oscuro como rubio era el de Jay. Sus pobladas cejas se habían curvado acompañando una sonrisa ligeramente irónica.

-Señor --dijo-, nos hemos tomado la libertad de empezar antes de que usted llegara. Pensamos que le gustaría tener acabado el trabajo lo antes posible.

-Sí, sí -contestó Jay-. Excelente. ¿Cuánto tardarán?

---Es cuestión de un minuto. Y después... Señor Crystal, nos alegra que haya tomado esta decisión. Admiro su trabajo para el cinematrón público... Esas piezas tan delicadas, tan civilizadas...

Pero, compréndalo, el creatrón representa el futuro en la industria de la diversión. Además, esta máquina puede inspirarle en su trabajo con el cinematrón. ¡Mirel -Los robots se apartaron a un lado-. Ya han terminado. ¡Aquí tiene su creatrón, señor¡ Y ahora, ¿querrá apretar el contacto maestro, por favor? No es una simple ceremonia, sino un detalle esencial para el funcionamiento de esta máquina personalizada...

Jay se acercó al botón rojo lateral. Lo tocó suavemente con el dedo índice de su mano derecha, sabiendo que en aquel momento estaban siendo captadas sus emanaciones. El creatrón cobró vida en tan solo unos milisegundos. Se produjo un zumbido, tenue pero profundo, y en la pantalla situada en la parte superior del tablero de mandos apareció una franja irregular de luz verdosa.

-Se trata de su monitor cerebral ---explicó el instalador, sonriendo amablemente-. Básicamente es un dispositivo de protección. No podemos asegurarle que no vaya a tener problemas, señor. Un cliente puede verse envuelto emocionalmente en sus creaciones hasta tal punto que debamos... asistirlo. Todos los controles de los creatrones transmiten sus señales a la sede de nuestra empresa, donde aquellas son sometidas a constante vigilancia. De momento, todo lo que muestra el monitor es su agradable excitación, una emoción lógica en este caso. ¿Le apetecería una sesión ahora mismo? Sí, naturalmente. Enviaré fuera los robots y después...

Y después se sentaron ambos ante el creatrón. 0 mejor dicho, se sentó el Instalador, mientras que Jay permaneció medio tumbado boca abajo, con el cuerpo cómodamente apoyado, las manos descansando sobre los mandos y la cabeza envuelta en el casco sensitivo. Ante él, y también bajo él, detrás del gran cristal, yacía el vacío que sería su mundo... cuando lo creara. Por el momento solo había un caos amorfo y grisáceo.

-Bajo su mano izquierda, señor -dijo el Instalador, empezando a explicar el funcionamiento de los mandos-, tiene los diales y botones fundamentales. Los cuatro de la fila inferior son los dimensionales: largo, alto, ancho y ese botón más grande y graduado que usted está tocando es para el tiempo. Encima están los mandos de fuerzas: controles analógicos de energía nuclear y eléctrica, gravitación... Más arriba está el fijador de pseudo-masa. Todo le resultará más claro con la práctica. Si creara un mundo ahora...

-Bien... ¿Podré anularlo después?

-Por supuesto -sonrió el Instalador-. Abajo de todo, a su izquierda, se halla el aniquilador. Sí, el botón rojo. 0 si lo prefiere, puede apretar ese botón ámbar que indica «Grabación». Así podrá retirar su universo del área funcional, pero grabando toda su

historia, de modo que podrá volverlo a contemplar o situarlo en pantalla para introducir nuevos cambios- Usando «Grabación» podrá crear diversos universos distintos... El botón correspondiente a su derecha, el que indica «Pausa», detiene el tiempo en pleno funcionamiento. Las criaturas de ese mundo no advertirán nada, claro está, puesto que no tendrán tiempo de hacerlo. Entre otras cosas, «Pausa» le permite añadir una acción especial si así lo desea. Y el mando graduado situado por debajo de «Pausa» es el Supresor de Tiempo Limitado: anula el pasado reciente y le permite añadir toda una nueva secuencia. Y esos botones cercanos, a su derecha, son los iniciadores, precisamente para dichos añadidos...

-He oído hablar de ellos -interrumpió Jay; frunciendo la frente-. Los llaman botones de milagros, ¿me equivoco?

-Si, es cierto. Algunos clientes les dan ese nombre. Y son muy populares. Hacen la creación tan sencilla como dibujar con papel y goma de borrar...

-Y casi tan artística -añadió despectivamente Jay.

-De acuerdo. Ya veo que es un poco purista, señor Crystal. Y me complace, yo también soy así. Con los botones de milagros es posible obtener efectos muy cómicos, pero resulta más satisfactorio dejar que un mundo posea una coherencia intrínseca. Es como no hacer trampas cuando estás haciendo un solitario. Usted establece las leyes al principio y luego respeta las consecuencias. En cualquier caso, dispondrá de suficientes grados de libertad a través del albedrío de sus criaturas. 0 dicho de otra forma, las criaturas se obstinarán en sorprenderle y divertirle. Bien, ¿le gustaría empezar?

Jay dispuso el mando de tiempo y apretó el botón «Marcha» y uno de los dimensionales. Apareció al instante una línea blanca atravesando el espacio-mundo. 0 más bien el espacio existía ahora como una dimensión aislada y solitaria en medio del caos.

-¿Qué sucede si no aprieto más botones dimensionales? -preguntó.

-Que obtiene un universo unidimensional. Es perfectamente posible y le da oportunidad de gozar un mundo divertido y más bien clásico. Por supuesto, todas sus criaturas serán masas lineales y no podrán cruzarse...

Jay se apresuró a tocar el segundo mando dimensional. El caos desapareció y el mundo se convirtió en una inmensa lámina gris pálido.

-El mundo plano -dijo el Instalador-. Uno de nuestros clientes, un tal señor Abbas, logró una creación notable en dos dimensiones...

-Con círculos y cuadrados como personajes --concluyó Jay- Sí, ya lo sabía. Pero todo eso tiene bastantes limitaciones, carece de interés humano.

Tocó la tercera dimensión. El gris pálido que tenía delante cambió súbitamente y sintió la emoción del vértigo. Le pareció estar contemplando algo infinito, sobrecogedor, fantasmal... El vacío eterno. Jay se agarró ansiosamente a los laterales que servían de brazos.

-Realista, ¿no le parece? ---opinó el Instalador-. Pero no se preocupe, es imposible que se caiga ahí dentro. Ese espacio es totalmente irreal en nuestros términos. No tiene más existencia que el espacio descrito en una obra de ficción. 0 dicho de otro modo, está dentro de usted, en su mente. Le asustará menos si lo llena de algo. Prosiga, señor Crystal. Establezca algunas leyes para su mundo. Si quiere algo realista, puedo sugerirle los próximos pasos, solo para empezar...

Jay siguió las instrucciones y apretó los botones correspondientes. Un instante después no pudo contener un grito de asombro. A través del cristal vio chispas reluciendo en la negrura, como en una muda exhibición de fuegos artificiales.

-Acaba de crear luz y materia --explicó el Instalador---. Su universo está explotando. Si gira el control de tiempo en sentido inverso al de las agujas del reloj, la explosión se convertirá en una sosegada expansión... Así, eso es. Esas gotas flotantes son galaxias. Si desea ver una más de cerca, este control de visión, el que está bajo el botón de anchura...

Jay maniobró fascinado durante media hora de tiempo real. Le pareció sumergirse en el corazón de una galaxia que luego se condensó y formó estrellas. Observó un sistema solar formando una estrella amarilla y después siguió la evolución de un pequeno planeta hasta que los asteroides dejaron de caer en su superficie. De los cráteres surgió aire y agua y toda la superficie quedó convertida en un océano humeante y cubierto de nubes.

-Es el momento de crear vida -anunció suavemente el Instalador.

-¿No surge automáticamente? -se sorprendió Jay.

-En realidad, nada surge «automáticamente», señor Crystal. La máquina funciona poniendo en práctica los impulsos mentales que usted emite. Y hay ciertos momentos cruciales que requieren un impulso especial por su parte. Este es uno de ellos. Todo lo que debe hacer es desearlo, y surgirá. Diga «Hágase la vida»... La verbalización sirve de ayuda algunas veces.

-Hágase la vida -repitió Jay.

Y la vida se hizo. Tal como estaba dispuesto el control de tiempo, mil millones de años pasaban en un minuto. A los dos minutos apareció una franja verde en las costas de los nacientes continentes. A los cuatro minutos brotaron selvas y animales anfibios se arrastraban por ellas. Jay tocó uno de los mandos situados bajo su mano izquierda y retrasó el tiempo creado con respecto a los observadores olímpicos.

Pasaron algunos minutos antes de que evolucionaran gigantescos reptiles, aves y mamíferos. Y Jay empezó a sentirse cada vez más extraño e incómodo. Se removió nerviosamente.

-Yo... --empezó a decir.

-No se inquiete -dijo el Instalador, observando la pantalla del monitor y poniendo una mano sobre el brazo de Jay-. Es algo normal, señor. Está creando formas superiores de vida, ¿no es cierto? Y esas formas empiezan a tener una conciencia cada vez más elevada. Pero, claro está, se trata de su conciencia trasladada a esos seres. Dígame qué siente ahora.

-Como si me desgarrara. Estoy dividido en un millón de fragmentos. Y parece que me pinchen con un millón de agujas.

-Perfectamente. Lo puede controlar de dos formas. Primera, mecánicamente ... Ese dial gris que hay a su derecha, el que indica «Empatía» ... Gírelo en sentido opuesto a las agujas de un reloj y desaparecerá el dolor. El problema es que lo mismo ocurrirá con su interés por la creación. Los creadores expertos dominan el dolor sin perder tal interés, utilizando una técnica de relajación mental. Puedo enseñársela, si lo desea, pero llevará algo de tiempo. Necesitaremos otra sesión, quizá varias. No cobramos las sesiones extra, forman parte del servicio de instalación. Mire, Yo siempre uso la relajación mental.

-¿Quiere decir que... también usted practica la creación?

-Por supuesto, señor. Tengo un creatrón en casa. Debo ser un experto, compréndalo, o me resultaría muy difícil aconsejar a mis clientes...

Jay chilló en aquel momento. El Instalador se inclinó y giró a la izquierda el díal gris.

-Perdone, señor -se excusó-. Puede ponerlo en la posición anterior si lo prefiere, pero quería protegerle contra un ataque emotivo. Si me permite la pregunta, ¿qué era eso? Mi visor no está tan bien ajustado como el suyo.

-Un primate --contestó el tembloroso Jay-. Fue atrapado y lentamente aplastado por una inmensa serpiente. He sentido el horror del primate, su dolor... -Meditó por un instante-. Escuche, ¿no es esta mi creación? ¡Es mi universo! ¿Por qué ha de producirine dolor? ¿No me sería posible introducir algo que acabara con esto?

-Bien, si eso es lo que quiere --dijo el instalador, con una sonrisa bastante forzada-, dispone de varias estrategias posibles.

Primera: alterar ligeramente las leyes fundamentales. Una relación distinta entre las fuerzas básicas imposibilitaría la vida sensible en todo su universo. En consecuencia, no habría dolor. Pero es un poco drástico, ¿no cree? Falta de interés humano, como usted dijo. Estrategia número dos: use uno de los botones de milagros. Puede introducir un programa establecido de forma que la vida se desarrolle sin nervios sensitivos. Desaparecerá el dolor, pero también el placer. Además, debería programar otra serie de milagros para mantener vivas a esas criaturas, ya que al no sufrir dolor morirían enseguida. Carecerían de incentivo para evitar caerse por un precipicio y cosas por el estilo. ¿No le parece que sería un universo bastante antiartístico, señor? Sus criaturas serían zombíes y no obtendría diversión alguna con ellas. Créame, lo sé por experiencia: en cierta ocasión, yo mismo hice ese experimento. Fue una simple diversión y nada más. Bien, nos queda la estrategia número tres: milagros discretos.

-¿A qué se refiere?

-Puede apretar el botón «Pausa» en diversos momentos críticos... Por ejemplo, podría haber salvado al primate apretando «Pausa» y aniquilando luego la serpiente. Ese botón que está arriba, a la izquierda... el de color naranja, sí... Es el de anulación selectiva. Incluso puede programar la máquina para que actúe así siempre, en situaciones concretas, de modo que usted no deba pasarse toda la noche efectuando un millón de milagros distintos por hora. Y de una forma similar puede interferir en la evolución. Es un caso más complicado, pero ya le explicaré el truco y así podrá eliminar la raza de reptiles que con el tiempo se transformarán en serpientes. Y muchas cosas más.

-Inartístico -gruñó Jay-. ¿No hay otro medio?

-Me temo que no. No existe medio de obtener cosas agradables sin detalles desagradables, como no sea a través de milagros. -El Instalador empezó a levantarse-. Bien, señor, lo lamento mucho, pero tengo otra cita dentro de media hora. Otra instalación. Compréndalo, el negocio está en auge. Pero si lo desea, volveré mañana mismo para comprobar sus progresos...

Bien, bien -contestó Jay.

Acababa de apretar el botón de «Pausa» y su universo, aun sin saberlo, se había detenido. Una de las especies de primates había abandonado los árboles. Jay meditaba ahora en la creación del hombre.

A la mañana siguiente, Jay estaba profundamente absorto con su creatrón cuando el robot-mayordomo emitió una discreta tos electrónica. Pero Jay no alzó la vista hasta la tercera tos, tan sonora como el rugido de un gran carnívoro del mundo que había creado.

-El señor Harriman, señor.

-¿Quién?

-El Instalador de la Corporación Creación.

-Hazle pasar, hazle pasar enseguida -respondió malhurnoradamente Jay-. Debo hablar con él ahora mismo.

Harriman entró en la sala luciendo su característica y enigmática sonrisa.

-Y bien, señor Crystal -,dijo-. ¿Cómo va su creación?

-No demasiado bien. Escuche, tengo problemas para crear una especie humanoide. He estado ensayando con primates apropiados de distintos planetas y... bueno, he debido usar algunos botones de milagros. Pensé que no tenía mucha importancia, tratándose de un experimento. Elegí la especie de mejor aspecto y luego eliminé... Me refiero a que aniquilé a sus rivales más próximos.

-¿Cómo? ¿Uno por uno? ¡Debe haber sido una tarea colosal!

-No, no. Estudié las cintas de instrucciones y... eli... preparé un programa. El programa identificaba toda especie de primate que fuera muy violenta o agresiva... y la eliminaba automáticamente.

-Un tratamiento muy correcto, sí me permite decirlo. Pensaba que debería explicarle programación, pero ya veo que usted ha ido más deprisa. Bien, señor, ¿qué ocurrió después de eliminar a esos monstruosos primates? ¿Me permitiría... observarlo personalmente?

-Sí, sí, adelante.

Ambos se inclinaron sobre sus visores respectivos. Harriman mostró a Jay la forma de mejorar la imagen del visor secundario (el que servía para los «invitados») y luego observaron atentamente un panorama selvático.

El planeta era muy parecido a Olimpo. Tenla un sol amarillo y un cielo azul, aunque naturalmente era mucho más silvestre, conteniendo grandes bosques y sabanas tropicales. Un grupo de primates se hallaba cerca de un bosque. Había cincuenta ejemplares de ambos sexos y distintas edades, mucho más peludos que los humanos, pero con caras desprovistas de pelo y delicadas facciones. Algunos erraban tranquilamente entre los árboles en busca de fruta, caminando a cuatro patas o erguidos sobre las traseras. Era evidente que podían andar de una forma bípeda, pero se mostraban bastante variables a este respecto. De vez en cuando, dos de ellos encontraban una suculenta fruta casi al mismo tiempo. Cuando tal cosa sucedía, ambos primates se miraban sor prendidos y se alejaban del lugar sonriendo de una forma más bien tonta que resultaba curiosa. Ninguno de los dos cogía la fruta, sino que se iban a buscar otras.

De las profundidades del bosque surgió repentinamente otro grupo de criaturas.

-Esto será interesante -musitó Harriman al oído de JaY-- Es una situación crítica. En mis mundos siempre he... ¡Caramba¡ ¿Qué les ocurre?

La «situación crítica» se resolvió del modo más sencillo. El grupo invasor se encontró con los animales que ya estaban allí. Estos últimos quedaron sorprendidos y sonrieron bobamente. Los invasores los imitaron, contemplaron un momento la extensa sabana que se extendía ante ellos, relincharon o, gimotearon un poco y desaparecieron de nuevo en la espesura del bosque.

-¡Vaya¡ -exclamó Harriman---. ¿Siempre sucede eso cuando dos grupos se encuentran? ¿No hay peleas, no defienden el territorio?

-No. Me alegra decirle que mi gente no es violenta. Elegí la especie más pacífica que pude encontrar. Quería evitar la triste historia de nuestro propio pasado...

-Comprendo. ¿Nunca se adentra en la sabana esa «gente» suya?

-Jamás. Es que en esa zona hay grandes carnívoros, ¿sabe?

-¿Es que su gente no es carnívora? Suponía que...

-No, no lo son. ¡Son vegetarianos estrictosl Deseo crear una civilización decente, sin anticuados detalles barbáricos. Como ya sabrá, es el ideal que he estado promoviendo en mis obras cinematrónicas. Interacción civilizada entre individuos y especies. Es importante empezar bien, ¿no?

-Sí, lo es -admitió Harriman. Aspiró profundamente-. Dígame, ¿cuánto tiempo ha vivido su especie a ese nivel evolutivo? Al decir tiempo, me refiero al de ellos, no al nuestro. Semibípedos, comedores de fruta que viven en los bosques sin arma alguna... ¿0 tal vez debería decir «herramientas»?

-Veinte millones de años -respondió tristemente Jay-. Y en ese tiempo mi programa ha eliminado cuatro especies afines de ese planeta, todas ellas salvajes.

-Bien, señor Crystal, ese ha sido su error. Es evidente que, mediante su programa, ha eliminado cuatro candidatos muy prometedores a convertirse enteramente en humanos.

-¿Humanos? -gritó Jay-. ¡Son bestias crirninalesl

-Eso fuimos nosotros en otro tiempo -afirmó Harriman. Sus ojos brillaron un instante---. Y la bestia sigue dentro nuestro.

Nuestra civilización es simple apariencia; quizá necesaria, si, pero para muchos de nosotros es más bien aburrida en el fondo. Esto explica suficientemente el auge de la venta de creatrones. La gran pantalla permite a muchísimas personas el placer de disfrutar inofensivamente con un salvajismo delicioso. ¡Espere a que le muestre todo el alcance de las técnicas empáticas, señor Crystall Tal vez entonces cambie un poco su opinión respecto a qué es deseable o indeseable en un submundo. Por ejemplo: ¿No le gustaria ser el caudillo salvaje de una poderosa horda de espléndidos bárbaros, recorriendo a galope la jungla y el desierto, la montaña y la llanura, saqueando pueblos y ciudades, teniendo a raya a sus temerosos enemigos y a las igualmente temerosas, pero mucho más atractivas, mujeres de estos?

-¡No!

-Oh, no importa. -Harriman suspiró----. Pero compréndalo, señor. Sean cuales sean sus ideales más profundos, permítame decirle que nunca creará una especie humanoide de esta forma, con esos individuos tan agradables. La gente agradable llega al final del proceso, y ya es mucho decir. Usted precisa dos cosas: en primer lugar, seres que coman carne. En segundo lugar, seres que sean agresivos, egoístas, que luchen hasta la muerte. La habilidad de la caza agudiza el cerebro y la competición con otros miembros de la misma especie... eso crea una ambición auténtica. Si estamos en Olimpo es fundamentalmente por ambición. ¿Recuerda como se inició el viaje espacial? Salimos al espacio gracias a una carrera espacial.

-Debe existir otro medio -insistió Jay~. Escuche, Harriman, yo también he estudiado historia. Sí, llegamos a Olimpo, pero antes destruimos nuestro planeta original y casi resultamos exterminados en el proceso. ¡El daño que hicimos al universo ... ¡ Me gustaría meditar un modo mejor, comprobar si puedo crear una raza no sometida a nuestros males. No se trata de un juego. Si triunfo, quizá pueda dar un mensaje vital a todos nosotros, en el mundo auténtico.

-De acuerdo, inténtelo. Le enseñaré todo lo que debe saber sobre la máquina, las técnicas de programación, empatía, etc. Y después... haga lo que quiera. Pero podría sugerirle algo.

-¿El qué?

-Si usa los botones de milagros para favorecer a una especie determinada sobre el resto, elija la más malvada, astuta y sanguinaria que le ofrezca el planeta. De ese modo acelerará mucho la evolución de la humanidad real... ¡Oh, clarol Ya sé que no hará. Pero en tal caso, ¿por qué no deja que todo siga su curso normal? No toque los botones de milagros y limítese a esperar los resultados de la evolución. Cuando sus criaturas usen ropas, Y espadas ocúpese de ellas y trate de domesticarlas. Existen técnicas incluso para manipular especies inteligentes, para volverlas más dóciles 0 fieras. Por ejemplo...

Cuando acabó aquella sesión, Jay manejaba con tanta destreza el creatrón que llarrirnan decidió dejarle solo con sus experimentos durante algunos días. En realidad pasó una semana antes de que el robot-mayordomo volviera a anunciar a anunciarle. Jay no estaba ocupado con la máquina, sino yendo de un lado a otro en la habitación donde se la habían instalado. Al entrar Harriman fue a recibirlo apresuradamente.

-Harriman, yo... -balbuceó-. Es... es abrumador.

-Es muy excitante en cuanto se domina la creación, ¿no es cierto? -dijo el siempre sonriente visitante-. Bien, cuénteme sus experiencias. Mire, señor Crystal, pronto se acabará esta relación profesional. Dentro de algunos días, si no me equivoco, le borraré de mi lista de nuevos clientes y usted pasará a estar atendido por la sección de mantenimiento de la corporación, no por la mía. Cuando tal cosa suceda, confío en que podamos ser simplemente compañeros en este gran arte. Y, ¿por qué no«?, amigos. Y ahora, señor Crystal...

-Llámerne Jay, por favor.

-De acuerdo, Jay, siempre que usted me llame Sam... De Samuel, ya sabe. Pero todos mis amigos me llaman Sam.

-Sam... he creado al hombre.

-Felicidades, Jay. ¿Qué es lo que hizo?

-Nada, en realidad. Dejé que la evolución siguiera su curso y... ¡surgió la humanidad1 Fueron haciéndose muy parecidos a nosotros...

-¿Quiénes? ¿Aquellos necios y bondadosos hombres mono del bosque?

-No, hombre, no -replicó Jay, agitando su mano como si apartara una mosca- Me desembaracé de ellos. Decidí no hacer más trampas, nada de milagros, y empezar desde el principio . Aniquilé mi primer universo...

-¡Todo su universol ¿Por qué no se conformó con aquel planeta?

-Estaba demasiado confundido. Quería comenzar de nuevo, partir de cero. Y así lo hice. Establecí las cuatro leyes y la constante de masa y lancé el nuevo universo a toda velocidad. Luego escogí una galaxia de tamaño medio y observé diversos soles amarillos muy prometedores. Simplemente, observé. Muchos de ellos formaron el tipo adecuado de planetas y creé vida una y otra vez, solo deseándola, como usted me enseñó. Y dejé que la vida evolucionara como quisiese. Usé la banda de empatla media... Fue una sensación realmente sobrenatural...

-Le creo -dijo Harriman. Los recuerdos hicieron chispear sus ojos-. Es algo que parece salir del estómago, ¿verdad? Todos los animales: tiburones, serpientes, dinosaurios, tigres... A veces usaba el micrófono y sentía cómo daba vida a pequeños organismos. Bacterias, virus... ¡Carambal Me he escindido en infinidad de microbios: sífilis, rabia, células cancerígenas... y también en los leucocitos que los perseguían. Me he matado y devorado a todos los niveles. No hay otra excitación igual.

-Sí, pero es francamente inquietante --objetó Jay, pasando una nerviosa mano sobre su cabello rubio---. Tanto horror, tanta maldad... Cuando llegas a los animales mayores todo es maldad... ¡y toda procedía de imí! Todo lo que odio tomaba forma tras abandonar la oscuridad de mi mente. Para ser franco, casi me volvíá loco de vez en cuando. Me costó muchos esfuerzos no apretar los botones de milagros y exterminar un monstruo tras otro. Pero lo logré. ¡Esas pesadillas fueron desarrollándose a sus anchas¡ -Un estremecimiento le impidió seguir hablando.

-¿Se apartó de la máquina para relajarse? -preguntó ansiosamente Harriman-. Si no lo hizo, puede tener problemas.

-Oh, claro que me aparté. ¿Qué otra cosa podía hacer? ¿Piensa que puedo soportar una empatfa total, o aunque solo sea moderada, con una masacre? ¿Siendo yo todas las víctimas y todos los asesinos al mismo tiempo?

-Bien, bien. Así pues, ¿a qué resultado llegó?

-Civilizaciones, muchas civilizaciones en numerosos planetas. No todas eran de humanoides... ¡Gran Olimpo, he sido centauro, delfín, canguro, pulpo ... ¡ Pero en definitiva, fueron los humanoides los que más me fascinaron. ¡Tan parecidos a nosotros!

-¿Y existían razas dóciles entro sus civilizaciones?

-Ni una -admitió tristemente Jay---. Todas carnívoras y asesinas, como usted dijo, Sam. Supongo que debe ser así al principio. El paraíso nunca se perdió... aunque quizá pueda ser encontrado. Quiero proseguir en esa dirección. Mientras tanto... mientras tanto, debo decirlo, algunas de mis razas han hecho las cosas más increíbles. ¡Incluso han producido literatura!

-Es un hecho frecuente -asintió Harriman al tiempo que sonreía . De hecho, muchos guionistas del cinematrón plagian las obras de sus criaturas. Es una idea que debe considerar usted mismo, Jay. Y en realidad no es como hacer trampas, porque sus criaturas son usted. Son una parte de su mente que usted libera...

-Jamás imaginé que pudiera escribir algo como esto. Lo he grabado. -Apretó un botón-. lEscuchel Naturalmente, es una traducción a nuestro idioma de otra lengua que inventaron mis criaturas. Es mucho mejor en el idioma original, que yo, ¡gran Olimpo¡, entiendo perfectamente. Se trata de un poema muy extenso...

La voz remota e impersonal del sintetizador empezó a recitar:

Pues yo tengo fijo en mí, yo presiento que llegará el día

en que perecerá la sagrada Ilión

y con ella su rey y su pueblo.

Pero ni la caída de la ciudad, ni la pérdida de los troyanos,

de la misma Hécuba, del rey, de mis hermanos,

que sin duda caerán sobre el polvo a manos de nuestros enemigos,

me importa tanto como tu propio destino,

cuando un saqueo te arrastrará angustiada y bañada en lágrimas,

perdiendo tu libertad y conduciéndote a Argos,

huérfana de mi protección y cariño,

tendrás que tejer bajo las órdenes de una extranjera

o bien irás a por agua a las fuentes Meseida o Hipería

bien contra tu voluntad, por dura necesidad.

Y alguien viéndote llorar dirá sin duda:

«Esa fue la esposa de Héctor, el más señalado entre los troyanos

en los combates, cuando se peleaba en torno a la sagrada Ilión».

Y de nuevo habrá dolor sobre dolor al conocer que ha muerto tu marido,

el único, que de alentar, llegaría a arrancarte de tu esclavitud.

Pero ¡cúbrame un montón de tierra antes de que oiga tus clamores

y te sepa cautiva de los aqueosl

La voz cesó y Jay desconectó el aparato.

-No se escribe poesía de este tipo en la actualidad -dijo Jay-. No en nuestro universo. -Por supuesto que no. -Harriman se encogió de hombros---. ¿Cómo van a hacerlo? ¿Cómo vamos a hacerlo? Gozamos de una civilización cómoda y la píldora de la inmortalidad, y las guerras están prohibidas por la Organización de los Planetas Unidos. Examine las grandes poesías... por ejemplo, ese extracto que usted grabó y que, ciertamente, es magnífico. Los componentes son muerte, guerra y esclavitud, las peores maldades. Pura tragedia.

Sin eso, no hay poesía brillante. Y tampoco hay estímulos, hay que irlos a buscar a esos subuniversos. A propósito, ¿qué raza produjo ese poema? Debe ser gente excelente, hasta considerándola según mis criterios...

-Son los seres más aterradores de entre todos mis humanoides. -Jay se estremeció-. Su aspecto es insignificante, relativamente hablando. Casi todos los especimenes están muy por debajo de los dos metros y medio de altura...

-¡Enanos! --exclamó Harriman torciendo el gesto.

-...pero compensan eso con su fiereza, ciega determinación y pura crueldad. Cuando pienso que yo soy ellos... Debo hacer algo. Son un reto a todo lo que amo y en lo que creo.

-¿Por qué no se limita a apretar determinado botón? Jay, no vale la pena que se trastorne por ellos.

-No. No habrá más aniquilacioncs. Me lo he prometido. Esas criaturas son mías. Debo ayudarlas, transformarlas. Pensaré en algo. -Pareció cambiar de tema Sam, ¿puede explicarme una cosa? ¿Para qué sirve ese mando, el que está arriba de todo, a la derecha del tablero?

-¿Qué mando?

-Este -aclaró Jay, tocándolo. Era una pequeña proyección, aparentemente inútil, unida mediante una rosca al cuerpo principal del tablero de mandos.

-Ese... Oh, no sirve para nada -explicó llarriman. Se rió breverriente- No debería encontrarse en esta máquina. En uno de los modelos había un control extra en ese mismo ugar, para un tipo especial de empatía, pero nos pareció muy peligroso y lo eliminamos. Lo más probable es que no funcione en este aparato.

-¿Peligroso? ¿Es que el creatrón puede ser peligroso? ¿En el mundo real?

-No, si lo usa sensatamente. Cuando se iniciaron las ventas de creatrones hubo algunos clientes muy poco sensatos que sufrieron accidentes. En uno de los más graves... Bueno, nunca supimos con exactitud lo ocurrido porque cuando muere el creador, se aniquilan automáticamente todos sus universos. La existencia de estos depende de la del creador, y al desaparecer el segundo, desaparecen también los primeros.

-¿Dice que murió alguien? -preguntó atónito Jay-. ¿En Olimpo? ¿Por qué no informaron los noticiarios?

-No fue en Olimpo, por fortuna. Fue en Amentet, planeta que nuestra corporación controla casi por completo, detalle que nos permitió ocultar la noticia. En cualquier caso, la culpa fue del usuario. Se envició con el aparato y en aquel tiempo no teníamos bastante experiencia para detectar los síntomas de esta enfermedad. Era un empleado de la Corporación y creo que se llamaba 0. Siris. Decía una y otra vez que le estaban despedazando y eso fue lo que finalmente ocurrió. Encontraron su cuerpo, aún unido al creatrón, sangrando por más de diez heridas. Mire, hay sueños que pueden resultar mortales si el individuo permite que se adueñen de él. Ahora ya lo sabe, Jay. Estos modelos actuales son mucho más seguros que los primitivos, pero... ese monitor cumple una misión. Y si presiente que está en apuros, no dude en llamarme por el daserófono.

-De acuerdo.

Siguieron pasando los magníficos días del planeta Olimpo. Jay se absorbió completamente en su afición, su creatrón. Dejó de escribir para el cinematrón tridimensional y, en realidad, no precisaba hacerlo: los derechos de -autor de sus obras anteriores le proporcionaban una buena renta, aparte de recibir el salario básico que la Organización de los Planetas Unidos pagaba a todos los ciudadanos en virtud del Derecho Existencial. La interrupción de su trabajo normal no le preocupó mucho pues sentía que estaba profundizando en su comprensión de la naturaleza humana. Su nueva máquina de los sueños le permitiría progresar tanto que, cuando volviera a escribir para el cinematrón, produciría obras maestras. El detalle grave era que su dedicación a su subuniverso estaba destrozando su vida social en el mundo auténtico. Su última amiga, Afro, no cesaba de quejarse. Una mañana, Afro, recostada en el lecho antigravitatorio de Jay, tragó la píldora que la convertía inmediatamente en inmortal y estéril. Y a continuación bebió un poco de néctar.

-Jay, me voy --dijo.

-Ah, sí -contestó distraídamente Jay~. Supongo que ya es tarde.

Se deslizó hasta el otro lado de la cama y cogió su ropa de un modo mecánico, sin prestar atención a lo que hacía. Afro se incorporó bruscamente sobre la espuma del campo de fuerza. Sus cabellos, largos y rubios, se agitaron como serpientes y sus ojos azules, el detalle que más dulzura daba a su rostro normalmente, se contrajeron en un gesto de irritación.

-No -dijo- Lo que quiero decirte es que no aguanto más. ¿Quieres escucharme, por favor? Cuando hacemos el amor tienes la cabeza en otra parte. Bueno, no eres el único tipo que... Sam, por ejemplo: es más divertido estar con él, ¡se interesa un poco por mí! Y no está atontado por esa máquina. Si quieres volver a verme, Jay, llámame a su casa.

Jay estaba pensando en otras cosas y dejó que Afro se fuera.

No tenía celos. Además, Sam era ahora su mejor amigo y cuidaría bien de Afro.

Sam venía a verle casi todos los días, para intercambiar detalles sobre los subuniversos. Su relación vendedor-cliente había concluido oficialmente: no eran más que simples aficionados que se reunían. Sam parecía sentirse más tranquilo en cuanto a los peligros potenciales del creatrón.

-Lo comprobé en la corporación --explicó en una de sus visitas-. El mando de empatía total de tu máquina no funciona. No sé el motivo, pero el botón sigue estando bajo ese saliente metálico, aunque los técnicos me aseguraron que no está conectado a parte alguna. A partir de ahora, todos los modelos nuevos carecerán de ese mando. Y en cualquier caso, sé que no harás una locura como aquel tipo, Siris. -Sonrió e hizo un gesto de cabeza, señalando el creatrón-. ¿Qué tal te va, Jay?

-Terrible... y maravillosamente. -Jay tragó saliva-. En cuanto desconecto «Pausa», tengo el control de tiempo dispuesto para examinar en una hora un año del planeta que te mencioné. Sí, ya sé que es un procedimiento muy lento, pero es que ahora sigo su civilización al detalle. He avanzado dos siglos desde la época de aquel poema, ¿te acuerdas?, y... están pasando cosas extrañas, Sam. Esas criaturas están desarrollando filosofía, religión...

-Sí, suelen hacerlo --dijo Harriman, sonriendo nuevamente . Disfruto mucho con las religiones de mis criaturas. Todas implican sacrificios humanoides, algunos muy ingeniosos en cuanto a sus métodos, y es normal que los sacrificios se ofrezcan a... ¿A quién dirías? ¡A mí, el auténtico señor y creador del universo, Samuel Harrimant

-También en mi planeta hay algo de eso. -Jay sintió un escalofrío-. Es horrible. Pero tengo esperanzas. Este tipo de hechos está disminuyendo, sobre todo en una franja que ocupa el centro del mayor de los continentes. En los dos últimos siglos han surgido algunos hombres brillantes, en diversas culturas. Una pequeña tribu abandonó los sacrificios humanos hace mucho tiempo, sustituyéndolos por los de animales. Y hace poco, uno de sus mejores hombres denunció incluso esto. Lo más curioso es que afirmó hablar en mi nombre. Explicó a su gente que yo deseaba «misericordia, no sacrificios». Y otros hombres han dicho cosas parecidas en otros lugares. Mira, vamos a la máquina y te lo mostrare.

Una vez acomodados ante los visores, Jay deslizó el buscador a través de las nubes de aquel planeta azul y blanco. Surgieron las cimas de una elevada cordillera, llenas de hielo y nieve. Jay maniobró hacia el sur, descendiendo paulatinamente hasta que la visión, similar a la de un águila, mostró una zona cálida que se extendía ampliamente en la distancia, repleta de arroyos, junglas y pequeños claros en los que hombres de piel oscura cuidaban arrozales. De vez en cuando los claros eran más grandes y en sus centros, a orillas de los ríos, se alzaban ciudades amuralladas. Su planificación parecía bastante buena: mercados bulliciosos, palacios espléndidos, templos ricamente adornados y parques espaciosos.

Finalmente, Jay concentró la visión en una de las ciudades y enfocó un bellísimo parque. A lo lejos, dóciles ciervos erraban entre los prados y árboles de flores rojas y brillantes. Más cerca, entre los diseminados árboles, había una muchedumbre formada por todo tipo de personas, sentadas, en cuclillas o de pie: grupitos de enjoyados nobles y mercaderes con su guardia personal y esclavos de ambos sexos, sacerdotes con la cabeza afeitada y una inmensa multitud de gente ordinaria, hombres, mujeres y ninos, aparte de una hilera de sucios y enfermos pordioseros. Hacia el centro de esta muchedumbre había un espacio libre en torno a un gran árbol de hojas verdes. Ante el árbol, delante de la multitud, había un grupo de hombres enjutos vestidos con ropas de color amarillo. Y bajo el árbol había otro hombre-, encarado con los anteriores y toda la multitud. También llevaba vestiduras amarillas, pero era menos delgado que sus companeros. Su aspecto resultaba imponente y sus facciones eran hermosas y bien formadas.

Esta, al menos, fue la escena que vio Harriman. En cuanto a Jay, la cosa era distinta. No solo veía la escena, sino que él era esa escena: estaba en la tierra y en la hierba y suyas eran las ramas verdes que se agitaban bajo la acción de la cálida brisa. Estas sensaciones resultaban relativamente difusas. Jay sentía con mucha más fuerza la vitalidad del ciervo que pacía a lo lejos y la multitud que atestaba la zona más próxima. Jay era el noble orgulloso y bien alimentado, la seductora bailarina, el joven y robusto campesino que llegaba a la ciudad durante el día, el anciano pordiosero que sufría lo indecible con su rodilla rota...

Pero sobre todo, Jay era el hombre sentado bajo el árbol.

Miró a la muchedumbre a través de los ojos de este hombre y sintió una inmensa compasión. Sufrimiento ... Todo el mundo sufría. Nacimiento, vejez, enfermedad, muerte ... Sufrimientos y más sufrimientos. El contraste éntre lo que se apetecía y la desagradable realidad era un nuevo sufrimiento. Y tan solo él conocía el remedio, la liberación, el camino medio...

Y él, el Iluminado, impartió sus enseñanzas. Las cuatro verdades nobles, el camino óctuple y los cinco preceptos. Toda la vida era sagrada: en consecuencia, absteneros de dañar una criatura viviente. Toda la vida era única: la noción de que se tenía un alma individual y eterna era la gran ilusión de la que la persona debía liberarse. Si el individuo se aferraba a ese ego ilusorio, se encontraría atado a la cadena del sufrimiento.

- Sabbe sankhära dukkha.

Las palabras del idioma de aquel cálido país fluían de sus labios, sonoras pero no extrañas, ya que poseía el don de comprender las lenguas de todas sus criaturas.

-La existencia es sufrimiento...

La multitud estaba impresionada. Algunos de los asistentes se armaron de valor y formularon diversas preguntas.

-¿Qué debemos sacrificar a los dioses, oh Iluminado? -preguntó un sacerdote.

-El mejor sacrificio es el de la acción moral correcta, el de la misericordia ante todos los seres vivientes... En cuanto a los dioses, también ellos son criaturas como nosotros y también ellos necesitan iluminación.

-¡Oh, Iluminado¡ -gritó repentinamente una mujer.

Acababa de llegar. Apretaba contra sus caderas a un niño que... No, no era un niño. La vida solo existía en él al microscópico nivel de la decadencia. Era el cadáver de un niño. La mujer se aferraba a esta desgracia personal, y en consecuencia, estaba ligada a ella.

-¡Oh, Iluminado! -repitió-. ¡Tú, que conoces todos los secretos, explícame la magia, el remedio para devolver la vida a mi hijo¡

-Mujer ----contestó él-. Ve a todas las casas de la ciudad donde nadie haya muerto y pide a sus moradores una semilla de mostaza...

-¡Pero eso es imposiblel -replicó la afligida mujer---. ¡Por todas las casas ha pasado la muerte!

-Ese conocimiento -replicó el hombre que se hallaba bajo el árbol- es el único remedio de la muerte.

Jay empezó a retirarse de la escena hasta que empezó a ver el prado donde estaban los ciervos a través de los ojos de un halcón que planeaba y revoloteaba sin descanso, emitiendo sonidos lastimeros mientras escudriñaba el paisaje en busca de una presa. Jay apretó el botón «Pausa».

Mientras ambos se apartaban del creatrón, Jay tradujo a Sam las palabras del hombre sentado bajo el árbol. Jay se sentía tan confundido como entusiasmado.

-¡Es increíble que este tipo de cosas estén en mi interiorl

exclamó al acabar sus explicaciones-. ¡Yo, el Iluminado! ¡Sam, amparándome en eso podría establecerme como filósofo en este rnundo!

-Es indudable que era tu mundo, Jay -afirmó Sam, sin poder evitar un bostezo-. Mis mejores criaturas son incapaces de impartir enseñanzas similares. En realidad, mis creaciones manifiestan una fuerte tendencia hacia el zurrismo.

-¿Zurrismo?

-Exacto. La primera verdad noble del zurrismo es la siguiente: Zurra a la rata antes de que la rata te zurre a ti. Así habló mi Zurratustra. Pero debo ser sincero, Jay: tu mundo es brillante, complejo, artístico. Me gustó mucho toda tu muchedumbre. Los pordioseros, las prostitutas, los nobles... Tienes un talento tremendo. No, me quedo corto. Debería decir que eres un genio. Mis mundos son más toscos, más simples...

-Sam, ¿qué pretendía decir aquel hombre cuando explicó que los dioses son criaturas como nosotros y también ellos necesitan iluminación? Estaba hablando de nosotros, ¿no es cierto?

-Supongo que sí. ¿Qué tiene de extraño?

-Pero es que... parecía que aquel hombre nos conociera. ¡Era como si estuviéramos al mismo nivel de realidad que él!

-¿Y por qué no? -Harriman exhibió su sonrisa característica. Al fin y al cabo, ese tipo es una parte de tu mente, Jay, por lo que en cierto sentido se encuentra en el mismo nivel de realidad. Y nuestras criaturas tienen nociones vagas sobre nosotros. Es un hecho que los aficionados al creatrón descubrieron desde el primer momento.---Se rió un instante-. Antes de que aquel hombre, Siris, sufriera el accidente, dijo algo que nos dejó bastante trastornados. A ver que te parece, joh Iluminado! Dijo: «Nosotros creamos los submundos, pero ¿quién creó nuestro mundo? Quiza fueron los habitantes de esos submundos. Nosotros los creamos a ellos, ellos a nosotros. Vosotros garabateáis mi esencia, yo hago lo propio con la vuestra. jUn engaño mutuo¡ Es el arte creativo el que hace girar los planetas ... » ¿Qué opinas de eso, Jay?

-Heráclito -murmuró Jay.

-¿Qué has dicho? ¿Es una maldición, o algo parecido?

-No. Heráclito es uno de los filósofos del planeta de mi subuniverso. Sus ideas son semejantes a las que has mencionado. Vive en una zona situada un poco al noroeste de la que estuvimos observando. Su civilización también es bastante brillante y estoy seguro de que te gustaría. Son hombres con un gran sentido artístico y muy crueles. Heráclito es uno de los más feroces e inteligentes. Afirma que hombres y dioses están estrechamente relacionados: unos y otros se generan mutuamente. También dice que toda la existencia se basa en el conflicto, la lucha, la guerra... Si el conflicto acabara, todo el universo desaparecería.

-Tiene toda la razón. -Harriman sonrió-. Al menos tendría razón en mi universo, porque yo apretaría el botón de aniquilación si dejaran de producirse batallas en mi mundo. Es demasiado aburrido soportar una paz eterna. Jay, me gusta más ese Heráclito tuyo que el otro tipo que acabas de mostrarme. Es una criatura muy competente.

-Debo logar que esté equivocado -murmuró Jay-. Oh, he aprendido que cierta agresividad es precisa en la primera etapa de la humanidad, ¡pero no tanta como la que se está produciendo actualmente en la mayoría de lugares de mi mundo! Guerra, masacres, esclavitud, torturas... No, eso no debe proseguir.

-Estás equivocado -dijo enérgicamente Harriman-. Debe proseguir en alguna parte, Jay, o nos volveremos locos. Aunque no lo creas, nosotros, los de la Corporación Creación, hemos salvado a nuestra civilización de un colapso general. Deberías haber visto la cantidad de altas que se producían en los hospitales mentales, el número de suicidios e incluso asesinatos que se producían antes de la invención de esta máquina. La gente necesita estímulos, ¿comprendes?, y ahora los tiene con sus creatrones, eso es todo...

Por eso nos podemos permitir una vida pacífica y sin sufrimientos en el gran mundo, en el mundo real.

-Los otros mundos también son reales. Ya lo has admitido antes y yo sé que es cierto. Cuando estoy allí, todo es tan real como aquí. ¡Y pensar que una vez aniquilé todo un universol -Jay se estremeció y Harriman empezó a reír.

-¡Oye, pero si esa es la mayor diversión de todasl –objetó Sam-. Pero es mejor no aniquilarlo todo simultáneamente. De lo contrario, todas esas criaturas desaparecen sin darse cuenta. Si vas aniquilando de una forma selectiva puedes divertirte, observando como esos pobres tontos ven desaparecer sus soles y lunas, luego el país vecino y así sucesivamente. Yo siempre empleo este método.

Jay contempló a Harriman con un aire de consternación. Y a partir de aquel día, su amistad no volvió a ser nunca como antes.

Muchos días más tarde, Jay se sumergió completamente en el mundo de su creación. No salió para nada de su palacio y ni siquiera abandonaba la sala que alojaba su creatrón, ordenando a los robots que sirvieran las comidas en una mesita situada junto a la gran máquina. Comía a toda prisa y se apresuraba a regresar al terrible y maravilloso planeta azul y blanco.

Siguió manteniendo el control de tiempo al ritmo de un año por hora, con lo que podía observar una generación del submundo en un par de días olímpicos. Subjetivamente, cuando se hallaba en empatla media o profunda, su tiempo era el del submundo. Es decir, los sueños tridimensionales de Jay colmaban lo que parecía ser la experiencia de toda una vida en tres o cuatro días «reales».

Poco a poco, Jay fue concentrándose en la cultura que había dado origen al terrible filósofo Heráclito. Estas criaturas estaban alcanzando la cima de la gloria. Numéricamente débiles, habían derrotado, no obstante, a un inmenso imperio oriental: y Jay estuvo allí cuando lo hicieron. Se introdujo en el cerebro de un soldado armado hasta los dientes, en un barco que se acercaba a una isla rocosa, y sintió el júbilo de su criatura al saltar a tierra y empezar a lancear a sus atemorizados enemigos. Debería haber sido una sensación horrible, pero no fue así: el guerrero se complacía en lo que estaba haciendo, el simple ejercicio de una de sus mejores habilidades para defender su amada ciudad, y no por odio personal. Al terminar la batalla, con todos los enemigos muertos o encadenados, empezaron a formarse palabras en el cerebro del hoplita... y Jay descubrió que también era un gran poeta. Iba a escribir una tragedia para el próximo festival, y aquel combate formarla parte de ella. Pero no ensalzaría el valor de su gente, sino que más bien sería un poema de temerosa admiración ante la justicia de los dioses: como aniquilaban la arrogancia, el ansia de conquista. El héroe de la tragedia sería el rey enemigo. Pero su propia canción guerrera ocuparía un lugar modesto:

¡Oh, hijos de Hélade, adelante¡ Liberad vuestra patria, vuestros hijos y mujeres, los dioses y las tumbas de vuestros mayores: ahora debeis combatir por todo...

Jay también estuvo en el teatro el día que se representó la obra. La tragedia resultó magnífica y lo mejor de todo fue que la audiencia lloró por los sufrimientos del enemigo...

Sí, pensó Jay. este pueblo tiene una cualidad de grandeza. Quizá transformen este mundo en algo mejor.

Siguió observándolos durante dos generaciones. La ciudad que habla luchado tan noblemente se convirtió en imperio, con toda la arrogancia y ansia de conquista que el hoplita había denunciado. Provocaron una y otra vez a sus vecinos, hasta que estos se unieron en una coalición contra los primeros. Atacaron a todo amigo de sus enemigos, incluso a gente neutral...

Jay contempló horrorizado cómo, en tiempo de paz, las fuerzas de la ciudad cercaron una pequeña población isleña que hasta entonces había permanecido aparte de la contienda. Algunos traidores abrieron las puertas desde el interior de la fortaleza. El ejército invasor reunió a los derrotados en dos grandes grupos, uno de mujeres y niños, otro de hombres. Después, los soldados empezaron a cortar metódicamente los cuellos de los varones, entre chillidos de mujeres y niños. Completada la masacre, esposas e hijos fueron embarcados con rumbo a los mercados de esclavos...

También en esta ocasión hubo un poeta de la ciudad que escribió una obra sobre el suceso. Pero su estilo resultó amargo y espantoso. Situó la tragedia en tiempos legendarios, aunque la historia fue muy similar: el incendio, la matanza, las mujeres cautivas... La reina, esclavizada, gritaba:

¡Oh, Dios, nuestro creador y engendradorl ¿Ves nuestra desgracia?

Y las demás esclavas contestaban a coro:

La ve, mas las llamas no se han extinguido todavía...

Jay se apresuró a tocar el botón «Pausa» y se apartó del creatrón. Incluso abandonó aquella sala. Anonadado, pasó varias horas en su lujoso lecho.

Al levantarse, había perdido toda esperanza de salvación que proviniera de las ciudades de Hélade. Y se sentía profundamente culpable. El, Jay, era el dios insensible al que gritaban en vano aquellas esclavas. El era los asesinos, los esclavizadores y los torturadores. Debía expiar sus culpas de algún modo. Pensó en los botones de los milagros, pero rechazó la idea. No, sería hacer trampas y tampoco resolvería nada. El mal estaba dentro de él mismo y allí era donde debía atacarlo. Salvaría su mundo, si el mundo le mataba a él...

Sintió un deseo imperioso de descender a su mundo, hacer algo efectivo, comprometerse. Luego le vino algo a la memoria. No, sería imposible... Sam había explicado que no había conexiones. Aunque, pensándolo mejor, valdría la pena investigarlo.

Volvió a la sala y se dirigió a la parte trasera del creatrón para buscar las cintas de instrucciones. Nunca las había escuchado hasta el final y en esta ocasión lo hizo. Por fin, la impersonal voz de un robot dijo:

-Control de empatía total. Arriba a la derecha, color púrpura. No tocar, repito, no tocar, a menos que esté presente un ayudante para vigilar el monitor cerebral y, si es preciso, apretar el botón «Pausa» para dar fin a la empatía.

»La empatía total produce una ilusión extrema. El operador perderá toda conciencia que no sea la de sus criaturas. Será, subjetivamente, una de tales criaturas hasta que esta muera o sea apretado el botón «Pausa». Es aconsejable que el operador seleccione una criatura que goze de buena salud y se encuentre a salvo de peligros externos. También es conveniente acordar con el ayudante que active el dispositivo de «Pausa» tras un período de tiempo muy limitado. Además, el operador deberá asegurarse de estar en perfecto estado físico antes de ensayar la empatía total.

»Repito: Control de empatía total. Arriba a la derecha, color púrpura...

Jay cerró la grabación y llamó a su mayordomo-robot.

-Esa tapa metálica -dijo, señalando la pieza a que se referfa-. ¿Puedes quitarla?

-Por supuesto, señor --contestó el robot.

El mayordomo abrió con una mano la pequeña abertura que había en su pecho metálico y extrajo un instrumento que apenas había cambiado en los últimos mil años: un destornillador. Luego se inclinó sobre el creatrón. Un minuto más tarde, el mayordomo se enderezó, mostrando en su mano un objeto metálico de pequeño tamaño.

-He terminado, señor -dijo.

-Bien. Ahora, déjame solo.

-Señor.

El robot salió de la sala. Allí estaba: un botón púrpura que no se diferenciaba en tamaño o forma de otros muchos de la gran máquina. No servía para nada, por supuesto, se dijo Jay, pero podía ser una ayuda psicológica. Su plan consistía en llegar a un estado de profunda empatía, elegir una criatura que valiera la pena, apretar el botón y seguir a dicha criatura a través de su vida de esfuerzos en pro de la justicia y la caridad. Debería ser alguien parecido al gran iluminado, aunque tal vez más activo, más apasionado. No lo buscaría en el Oriente, ni tampoco en Hélade. ¿Quizá uno de los miembros de aquella pequeña tribu que vivía en una zona intermedia, cuyos profetas se habían opuesto a los sacrificios desde hacía mucho tiempo?

Pulsó el botón «Marcha» y la historia siguió su camino. Jay localizó la tribu que buscaba. Habían sufrido diversas tribulaciones, pero parecían haberlas superado, y su fe en un dios justo y misericordioso era más firme que nunca. Los helenos dominaban el centro del planeta y trataban despóticamente a aquella tribu. Querían que ellos imitaran a los helenos y aceptaran el mundo tal como era, con toda su sensualidad y crueldad.

Pero la tribu se resistía furiosamente. La persecución que sufrían sus miembros solo servía para estimularlos a desarrollar esfuerzos todavía mayores. Por fin, los helenos fueron dominados por otra potencia occidental. Los nuevos caudillos eran gente aún más inflexible. Al principio favorecieron a la pequeña tribu, pero esta situación no podía prolongarse mucho. Los nuevos dominadores formaban un gran imperio y estaban totalmente influidos por los valores helenos. Eran los mayores esclavizadores de la época, ricos, arrogantes y despiadados. La masacre de la población insular volvió a repetirse en infinidad de ocasiones a lo largo de las costas de aquel mar intermedio, hasta que el imperio se hizo insoportable y Jay se encontró desesperado.

Era muy de noche. Apretó el botón «Pausa», fue hasta su dormitorio... y apenas pudo concilar el sueño.

A la mañana siguiente se levantó un poco más tarde de lo normal, desayunó, aunque mas bien poco, y ocupó su puesto ante el creatrón. Apretó el botón «Marcha» y buscó a su tribu favorita, encontrándola tal como había esperado: sus miembros ardían de justa ira contra sus amos, los dominadores del imperio.

Todos tenían el mismo presentimiento: había llegado la hora.

Al borde de un río se hallaba un hombre, un profeta. Un grupo de peregrinos se aproximaba hacia él. El profeta hizo que todos se arrodillaran en el cauce del río y vertió agua sobre sus cabezas, en señal de purificación.

-¡Preparad el camino del Señor! -gritó.

Jay analizó la personalidad del profeta. Sí, había fuego e indignación en aquel hombre, pero también una cierta intolerancia, una falta de equilibrio. ¿No podía encontrar ... ?

Un nuevo peregrino se acercó a la orilla del río. Era un hombre joven de corta y aseada barba, cabellos hasta los hombros y ropas pobres pero limpias.

Jay no tuvo necesidad de analizar a fondo al recién llegado. Ya estaba sintiendo la atracción, la grandeza de aquel alma, su vehemente piedad.

Jay alzó su mano derecha y apretó el botón púrpura.

La habitación estaba iluminada por el sol de mediodía de Olimpo cuando le encontraron. Afro fue la primera en entrar, precediendo a Sam. Cuando la mujer vio aquel cuerpo inerte aferrado a la máquina, gritó y se abalanzó hacia Jay.

-¡Sam, está sangrandol ---exclamó.

-Ojalá solo se trate de eso -murmuró Harriman.

Sam corrió hasta la parte derecha del creatrón y apretó el botón «Pausa» antes de examinar a Jay. Brotaba sangre de los antebrazos del creador. Afro se inclinó sobre el pecho de Jay para comprobar si el corazón latía y tocó los labios del herido.

-¡Vivel -dijo muy contenta-. Sam, ¿qué ha sucedido?

-Me lo imagino --contestó Harriman, mirando con aire sombrío el botón púrpura-. Esos estúpidos técnicos me aseguraron que... No importa. Vamos a sacarle de ahí. Con mucho cuidado, podría tener algún hueso roto. Es una suerte que insistieras en venir hoy aquí. Creo que no debía haber nadie vigilando el monitor, en la corporación. No, no lo muevas todavía. Pediré ayuda. Los robots, siguiendo las instrucciones de Sam, pusieron a Jay en una camilla y le condujeron a su lecho antigravitatorio. El accidentado gimió y abrió los ojos.

-¿Qué ocurre? ¿Dónde ... ? -balbuceó.

-Tranquilízate, Jay -dijo Harriman-. Pronto estarás bien. Sufriste un pequeño accidente, pero te hemos encontrado a tiempo. Has tenido mucha más suerte que aquel tipo del que te hablé, Siris. Tienes varias heridas, la peor la del costado, aunque no parece afectar tus órganos vitales. No hables todavía. Te aplicaremos el doctor automático dentro de poco y luego...

Las heridas de Jay fueron curadas en cuestión de segundos, y dos minutos después entró en la fase de sedación. Respiró profundamente y se sentó en la cama.

-Bien, ¿qué te ocurrió? -preguntó Harriman. Sus ojos reflejaban ansiedad-. Jay, en cierto sentido me alegra tu accidente. Jamás habíamos tenido esta oportunidad... Nadie que haya experimentado la empatía total, exponiéndose a peligrosas consecuencias físicas, ha vivido para contarlo. ¿Qué sentiste?

Jay explicó su experiencia.

-¡Caramba! --exclamó Harriman---. Jamás se me habría ocurrido ese método. Jay, tu mente es increíblemente creativa. Y ahora, claro está, podré emplear tus ideas en mis mundos... Es una pena que te sucediera a ti, aunque fuera de un modo subjetivo. Bien, espero que hayas aprendido la lección. Escucha, ya he llamado a la corporación y ahora hay un equipo de técnicos en la sala donde tienes tu creatrón. De momento desconectarán ese botón púrpura, como medida precautoria. Después de eso, si quieres, te entregaremos una máquina nueva. Es lo mínimo que podemos hacer por ti, teniendo en cuenta que tu accidente se debió a nuestra falta de cuidado.

-No -dijo Jay. Saltó de la carna---. Ordena a tus hombres que se detengan.

Corrió hacia la puerta. Harriman se puso delante.

-Tranquilízate, Jay. ¿Qué ... ?

-¡No quiero que aniquilen mi universol

-No harán tal cosa. Ese privilegio te corresponde. Supongo que desearás aniquilarlo lentamente, empezando por esos tipos que...

-No. No pienso aniquilarlo, no voy a tocar nada de ese mundo. No voy a ensayar la empatía total de nuevo, por descontado... No me hace falta. Ahora ya sé lo que se siente siendo un hombre que vive en un mundo de dolor, sufrimiento y crueldad. Y también sé que es imposible eliminar el dolor, el sufrimiento y la crueldad. Ni siquiera lo hemos logrado en nuestro mundo. Lo único que hemos hecho ha sido apartar esas desgracias de nuestros egos deiformes, ocultarlas en lugares como esos universos de los creatrones. El dolor y la maldad deben existir, porque el dolor intensifica el placer y la maldad realza la bondad. Lo importante, Sam, es saber de qué lado estás.

A partir de aquel día, la vida de Jay en Olimpo se hizo más normal. Siguió escribiendo para el cinematrón, y los círculos artísticos aclamaron la aparición de un nuevo genio del drama. Dejó de ser un escritor de pequeñas y delicadas piezas y se convirtió en un poeta apasionado, algo sin precedentes en la historia de Olimpo. Algunos olímpicos se quedaron perplejos, otros reconocieron su grandeza. En definitiva, Jay logró un éxito total e incluso alcanzó popularidad social.

Y Afro volvió a compartir su cama.

-Me gustas mucho más que ese Sam -dijo ella estremeciéndose-. Jay, lo he descubierto de la forma más difícil posible. ¿Sabes el qué? Sam es un sádico.

Jay también dedicó muchas horas a su creatrón, aunque por simple curiosidad, no por afición. El imperio anterior se desmoronó y luego, para su sorpresa, Jay contempló cómo le aclamaban igual que a un dios y cómo se levantó un, nuevo tipo de imperio en su nombre. El nuevo imperio habló del amor y la caridad universales y, al mismo tiempo, preparó cruzadas para masacrar a herejes e infieles.

Jay esbozó una sonrisa irónica. Siempre se repetía la misma y aburrida historia: las victorias sobre la crueldad no tardaban mucho en dar paso a más crueldades.

También aquel nuevo tipo de imperio sucumbió. El planeta quedó dividido entre varias naciones importantes que hacían grandes progresos en la ciencia física. Todas empezaron a devastar su mundo.

-A este paso -pensó Jay-, ¡pronto se convertirán en nosotros! Y entonces, ¿quiénes serán dioses y quiénes criaturas?

De vez en cuando, alguien ocupaba el visor secundario. No Harriman, sino Afro. La amiga de Jay disfrutaba mucho con el mundo de Jay, era la compañía perfecta. Afro amaba tanto a pecadores y villanos como a santos y virtuosos, aunque su verdadera debilidad eran los conquistadores.

-¡Oh, qué atractivo! -exclamó al contemplar a un joven oficial de artillería que se había nombrado emperador y demolía viejos reinos con la misma rapidez con que sus hombres avanzaban.

-Te parece atractivo ahora? -preguntó Jay. El gran ejército había quedado diezmando por el frío y la nieve, mientras que el emperador se apresuraba a regresar a su lejana capital.

Afro echó a un lado los rubios mechones de su cabello.

-No -admitió-. Además, es un poco viejo y está echando barriga. En cambio, ese emperador joven, el del otro bando... y ese general tan rígido... ¡Estos sí que son divertidos!

Jay sonrió. Se estaba acostumbrando al punto de vista de Afro, que parecía presidir su mundo como un espíritu de belleza. Sí, dolor y maldad debían estar allí. Numerosas aves de rapiña poseían una belleza tan terrible como cierta, incluso las humanas. Seguía siendo preciso elegir la bondad, pero si era posible elegirla con sinceridad era únicamente debido a que la bondad jamás podía triunfar por completo. Y así, el gran juego proseguía sin cesar.

¿Tenía sentido todo aquello? Jay no estaba seguro. A veces creía que sí, a veces se sentía abrumado por el enorme misterio que emanaba del subuniverso.

Siguió buscando sabiduría entre los subpobladores de su planeta azul y blanco. Si bien la ciencia de sus criaturas era tosca, la filosofía y teología resultaban a menudo bastante sutiles. Tenían mucho que decir acerca de la naturaleza de Jay, cosas que le sorprendían completamente.

Por fin, casi dos mil años de subtiempo después del accidente con el botón púrpura, surgió una nueva idea entre los filósofos y religiosos. Jay se introdujo en las mentes de sus otrora adoradores (permitiéndose únicamente una empatía moderada) y supo lo que pensaban y decían.

-¡Dios ha muertol -repetían con voz grave.

Jay sonrió y apretó el botón «Pausa».

-¡Cuán equivocados estáril -comentó a Afro-. Y no saben la suerte que tienen de estar equivocados. Pero es cierto: en una ocasión, ellos y yo nos salvamos por un pelo...

Título original

CREATOR

 

 

PROCESO

Escrito por imagenes 17-05-2009 en General. Comentarios (0)

PROCESO

Alfred E. Van Vogt

 

 

 

Bajo la brillante luz de aquel lejano sol, el bosque respiraba y estaba vivo. Era consciente de la nave que acababa de aparecer, tras atravesar las ligeras brumas de la alta atmósfera. Pero su automática hostilidad hacia cualquier cosa alienígena no iba acompañada inmediatamente por la alarma.

Por decenas de miles de kilómetros cuadrados, sus raíces se entrelazaban bajo el suelo, y sus millones de copas se balanceaban indolentemente bajo miles de brisas. Y más allá, extendiéndose a lo ancho de las colinas y las montañas, y más allá aún, hasta el borde de un mar casi interminable, se extendían, otros bosques, tan fuertes y poderosos como él mismo.

Desde un tiempo inmemorial el bosque había guardado el suelo de un peligro cuya comprensión se había perdido. Pero ahora empezaba a recordar algo de este peligro. Provenía de naves como aquella que descendía ahora del cielo. El bosque no llegaba a determinar exactamente cómo se había defendido a sí mismo en el pasado, pero sí recordaba claramente que aquella defensa había sido necesaria.

A medida que iba siendo más y más consciente de la aproximación de la nave a través del cielo gris-rojo que había sobre él, sus hojas susurraron un eterno relato de batallas libradas y ganadas. Los pensamientos recorrían su lento camino a lo largo de canales de vibraciones, y las ramas madres de cientos de árboles temblaron imperceptiblemente.

Lo vasto de tal temblor, afectando poco a poco a todos los árboles, creó gradualmente un sonido y una tensión. Al principio fue casi impalpable, como una suave brisa soplando a través de un verdeante valle. Pero aumentó de intensidad.

Adquirió substancia. El sonido llegó a envolverlo todo. Y la totalidad del bosque aguardó, vibrando su hostilidad, esperando la cosa que se le acercaba a través del cielo.

No tuvo que esperar mucho.

 

La nave aumentó de tamaño mientras seguía la curva de su trayectoria. Su velocidad, ahora que estaba más cerca del suelo, era mayor de lo que había parecido al principio. Planeó amenazadora, por encima de los árboles más cercanos, y descendió aún más, sin preocuparse de las copas. Algunas ramas se rompieron, algunos vástagos se incendiaron, y árboles enteros fueron barridos como si se tratara de seres insignificantes, sin peso ni fuerza.

La nave prosiguió su descenso, abriéndose camino a través del bosque que gritaba y gemía a su paso. Se posó, abriendo un profundo surco en el suelo, tres kilómetros después de que tocara el primer árbol. Tras ella, la senda de árboles tronchados se estremecía y palpitaba bajo la luz del sol, un recto sendero de destrucción que - recordó repentinamente el bosque - era idéntico al que se había producido en el pasado.

Empezó amputando los sectores alcanzados. Hilo refluir su savia, y cesó su vibración en el área afectada. Más tarde enviaría nuevos brotes a reemplazar a aquellos que habían sido destruidos, pero ahora aceptó aquella muerte parcial y sufrió por ella. Conoció el miedo.

Era un miedo teñido por la rabia. Sentía la nave yaciendo sobre los troncos partidos, en una parte de sí mismo que aún no estaba muerta. Sentía la frialdad y la dureza de aquellas paredes de acero, y el miedo y la rabia aumentaron.

Un susurrar de pensamientos pulsó a lo largo de los canales vibratorios. Espera, decían, hay un recuerdo en mí. Un recuerdo de un lejano tiempo en el que vinieron otras naves parecidas a ésta.

El recuerdo se negó a precisarse. Tenso pero vacilante, el bosque se preparó a lanzar su primer ataque. Empezó a crecer alrededor de la nave.

Mucho tiempo atrás había descubierto el poder de crecimiento que poseía. Había sido en un tiempo en el que ocupaba una extensión mucho más limitada que la que cubría ahora. Y entonces, un día, se dio cuenta de que estaba muy cerca de otro bosque como él mismo.

Las dos masas de árboles en crecimiento, los dos colosos de entremezcladas raíces, se acercaron mutuamente lenta, prudentemente, en una creciente pero cautelosa sorpresa y maravilla de que otra forma de vida similar a la suya hubiera podido existir todo aquel tiempo. Se acercaron, se tocaron... y lucharon durante años.

Durante aquella prolongada lucha casi nada creció en las regiones centrales, que se detuvieron. Los árboles dejaron de desarrollar nuevas ramas. Las hojas, por necesidad, se robustecieron y afirmaron sus funciones para períodos mucho más largos. Las raíces se desarrollaron lentamente. Toda la energía utilizable del bosque fue concentrada en los procesos de defensa y ataque.

Auténticas murallas de árboles se levantaban en una noche. Enormes raíces cavaban túneles en las profundidades del suelo penetrando kilómetros y kilómetros, abriéndose paso entre rocas y metales, edificando una barrera de madera viva contra el invasor crecimiento del bosque extranjero. En la superficie, las barreras se cerraron en una línea de un kilómetro o más de árboles situados tronco contra tronco. Y, bajo estas bases, la gran batalla se detuvo finalmente. El bosque aceptó el obstáculo creado por su enemigo.

Más tarde, luchó con las mismas armas contra un segundo bosque que lo atacaba desde otra dirección.

Los límites de estas demarcaciones empezaron a ser tan naturales como el gran mar salado del sur, o las heladas cúspides de las montañas que se cubrían de nieve una vez cada año.

Y como había hecho en su batalla contra los otros dos bosques, el bosque concentró toda su fuerza contra la nave invasora. Los árboles crecieron a un ritmo de treinta centímetros cada pocos minutos. Las plantas trepadoras escalaron los árboles, se proyectaron por encima de la nave. Los incontables filamentos reptaron por encima del metal, y se anudaron por sí mismos alrededor de los árboles del otro lado. Las raíces de aquellos árboles se enterraron profundamente en el suelo, y se anclaron en un estrato rocoso más resistente que ninguna nave jamás construida. Los troncos se ensancharon, y las lianas engrosaron hasta convertirse en enormes cables.

Cuando la luz de aquel primer día dejó paso al grisor del atardecer, la nave estaba enterrada bajo cientos de toneladas de madera, y oculta bajo un follaje tan denso que ninguna parte de ella era visible.

Había llegado el momento de pasar a la acción para la destrucción final.

Poco después de oscurecer, pequeñas raíces comenzaron a tantear por debajo de la nave. Eran infinitésimamente pequeñas; tan pequeñas que en su estadio inicial no tenían más que unas pocas docenas de átomos de diámetro; tan pequeñas que el aparentemente sólido metal parecía casi vacío para ellas; tan increíblemente pequeñas que penetraron sin ningún esfuerzo en el duro acero.

Fue en aquel momento, como si hubiera estado aguardando a que llegara aquel estadio, que la nave reaccionó, pasando a la acción. El metal empezó a calentarse, luego quemó, después se puso al rojo vivo. Era todo lo que necesitaba. Las minúsculas raíces se contrajeron y murieron. Las raíces más grandes cerca del metal ardieron lentamente a medida que el creciente calor las alcanzaba.

En la superficie se inició otro tipo de violencia. Chorros de llamas surgieron de un centenar de orificios en la superficie de la nave. Primero las lianas, luego los árboles, empezaron a arder. No era el estallido de un incontrolable fuego, ni el feroz incendio saltando de árbol en árbol en una furia irresistible. Desde hacía mucho tiempo, el bosque había aprendido a controlar los fuegos iniciados por los rayos o por la combustión espontánea. Se trataba únicamente de enviar grandes cantidades de savia al área afectada. Cuanto más verde era el árbol, cuanta más savia lo permeaba, más intenso tenía que ser el fuego para mantenerse.

El bosque no pudo recordar inmediatamente haberse hallado nunca frente a un fuego que pudiera arrasar al mismo tiempo toda una hilera de árboles dejando que cada uno de ellos derramase un líquido viscoso por cada una de las resquebrajaduras de su corteza.

Pero este fuego sí podía. Era distinto. No tan sólo poseía llama, sino que era también energía. No se alimentaba tan sólo de madera, sino que vivía con una energía contenida en sí mismo.

Finalmente, este hecho despertó los recuerdos asociativos del bosque. Era un recuerdo agudo e inconfundible de lo que había hecho hacía mucho tiempo para librar, a él y a su planeta, de una nave como aquella.

Comenzó por retirarse de las inmediaciones de la nave. Abandonó su intento de aprisionar aquella estructura alienígena con un andamiaje de madera y hojas. A medida que la preciosa savia se retiraba a los árboles que ahora debían formar la segunda línea de defensa, las llamas adquirieron amplitud, y el fuego se hizo tan brillante que toda la escena adquirió una tonalidad irreal.

Pasó cierto tiempo antes de que el bosque se diera cuenta de que hacía rato que los rayos de fuego ya no surgían de la nave, y que toda la incandescencia y el humo que aún quedaban eran producidos por la madera ardiendo.

Esto también coincidía con sus recuerdos de lo que había ocurrido en la anterior ocasión.

Frenéticamente, pero con reluctancia, el bosque inició lo que ahora se daba cuenta que era el único medio de librarse del intruso. Frenéticamente porque se sentía terriblemente convencido de que la llama emitida por la nave podía destruir bosques enteros. Y reluctantemente porque el método de defensa traía consigo el sufrir quemaduras de energía apenas menos violentas que las que pudiera producirle la máquina.

Decenas de miles de raíces crecieron hacia las profundidades en busca de formaciones que habían evitado cuidadosamente desde que había llegado la última nave. A pesar de la necesidad de apresurarse, el proceso en sí mismo era lento. Pequeñísimas raíces, estremeciéndose ante lo que tenían que hacer, se obligaron a sí mismas a abrirse camino hacia las profundidades, se enterraron en determinados estratos minerales, y a través de un intrincado proceso de ósmosis arrancaron granos de metal puro de las capas naturales de metal impuro. Los granos eran casi tan pequeños como las raíces que habían penetrado en las paredes de acero de la nave, tan pequeños como para poder ser transportados hacia la superficie, suspendidos en la savia, a través del laberinto de gruesas raíces.

Muy pronto hubo miles de granos moviéndose a lo largo de los canales, luego millones. Y, aunque cada uno de ellos era en sí mismo pequeñísimo, el suelo donde fueron depositados brilló muy pronto a la luz del agonizante fuego. Cuando el sol de aquel mundo ascendió por sobre el horizonte, el plateado reflejo formaba un círculo a treinta metros alrededor de la nave.

Fue poco después del mediodía cuando la máquina alienígena dio señales de comprender lo que estaba ocurriendo. Una docena de escotillas se abrieron, y algunos objetos flotaron fuera de ellas. Se posaron en el suelo, y comenzaron a absorber aquella mancha plateada con cosas terminadas en una boquilla que chupaban el polvo finísimo en forma ininterrumpida. Trabajaban con grandes precauciones; pero una hora después de oscurecer habían recogido más de doce toneladas del finamente disperso uranio 235.

A la caída de la noche, todas las cosas provistas de dos patas desaparecieron en el interior de la nave. Las escotillas se cerraron. La larga nave en forma de torpedo se elevó suavemente del suelo y se dirigió hacia el cielo, donde el sol brillaba aún débilmente.

La primera consciencia de la nueva situación le llegó al bosque cuando las raíces debajo de la nave informaron de un súbito descenso de la presión. Pasaron varias horas antes de que llegara a la conclusión de que la nave enemiga había sido echada. Y varias horas más antes de que se diera cuenta de que el uranio que permanecía aún en el suelo debía ser retirado. Sus radiaciones se estaban extendiendo peligrosamente.

El accidente se produjo por una razón muy simple. El bosque había tomado aquella substancia radiactiva de las rocas. Para librarse de ella, necesitaba tan solo introducirla de nuevo en las más cercanas capas rocosas, particularmente las del tipo de roca que absorbía la radiactividad. Para el bosque, la situación era tan obvia como esto.

Una hora después de que iniciara la realización de su plan, la explosión lanzó su hongo hacia el espacio abierto.

Era algo que estaba mucho más allá de la capacidad de Comprensión del bosque. Ni vio ni escuchó aquella colosal silueta portadora de muerte. Lo que experimentó fue sin embargo suficiente. Un huracán arrasó kilómetros cuadrados de bosque. Las ondas de calor y de radiación provocaron incendios que requirieron horas para ser extinguidos.

El miedo se apagó lentamente cuando recordó que también había ocurrido lo mismo la otra vez. Pero más aguda que este recuerdo fue la visión de las posibilidades que abría lo ocurrido... la naturaleza de tal oportunidad.

Poco después del amanecer del día siguiente, lanzó su ataque. Su víctima era el bosque que - Según su desfalleciente memoria - había invadido originalmente su territorio.

A lo largo de todo el frente que separaba a los dos colosos, entraron en erupción pequeñas explosiones atómicas. La sólida barrera de árboles que formaban las defensas exteriores del otro bosque se derrumbó ante los sucesivos ataques de tan irresistible energía.

El enemigo, reaccionando normalmente, puso en marcha sus reservas de savia. Cuando estaba plenamente dedicado a la gigantesca tarea de edificar una nueva barrera, las bombas empezaron de nuevo a actuar. Las explosiones resultantes destruyeron completamente las reservas de savia. Y el enemigo, no pudiendo comprender lo que estaba ocurriendo, estuvo perdido desde aquel momento.

En la tierra de nadie donde habían actuado las bombas, el bosque atacante lanzó una oleada de raíces. Cada vez que se manifestaba una resistencia, estallaba una nueva bomba atómica. Poco después del siguiente mediodía una titánica explosión destruyó el centro sensitivo de árboles del otro bosque... y la batalla finalizó.

Se necesitaron meses para que el bosque creciera en el territorio de su derrotado enemigo, arrancando sus agonizantes raíces, arrasando en su empuje los indefensos árboles que habían quedado, y tomando posesión plena e indiscutida de su nuevo territorio.

Una vez terminada la tarea, se volvió como una furia contra el bosque que lo franqueaba por el otro lado. Una vez más, atacó con el trueno atómico, e intentó abrumar a su adversario con una lluvia de fuego.

Fue respondido con igual fuerza. ¡Explosiones atómicas! Su conocimiento se había difundido a través de la barrera de entrelazadas raíces que formaba la separación entre los dos bosques.

Los dos monstruos se destruyeron mutuamente casi por completo. Cada uno de ellos se convirtió en un vestigio, que tuvo que iniciar de nuevo el doloroso proceso de su crecimiento. A medida que pasaban los años, el recuerdo de lo que había ocurrido se fue desvaneciendo. Pero tampoco tenía importancia. Actualmente, las naves venían muy a menudo. Y de todos modos, aunque el bosque hubiera recordado, sus bombas atómicas no podían estallar en presencia de una nave.

La única forma que había de echar a las naves consistía en rodear cada nave alienígena con un círculo de fino polvo radioactiva. Entonces, la nave absorbía el material y se retiraba apresuradamente.

La victoria del bosque fue desde entonces tan simple como eso.

 

 

FIN

 

 

Horacio Quiroga -- "Cuentos de la selva"

Escrito por imagenes 17-05-2009 en General. Comentarios (19)

Horacio Quiroga

 

"Cuentos de la selva"

Horacio Quiroga

 

LA TORTUGA GIGANTE

Había una vez un hombre que vivía en Buenos Aires y estaba muy

contento porque era un hombre sano y trabajador. Pero un día se

enfermó, y los médicos le dijeron que solamente yéndose al campo

podría curarse. El no quería ir porque tenía hermanos chicos a quienes

daba de comer; y se enfermaba cada día más. Hasta que un amigo

suyo, que era director del Zoológico, le dijo un día:

-Usted es amigo mío, y es un hombre bueno y trabajador. Por eso

quiero que se vaya a vivir al monte, a hacer mucho ejercicio al aire libre

para curarse. Y como usted tiene mucha puntería con la escopeta,

cace bichos del monte para traerme los cueros, y yo le daré plata

adelantada para que sus hermanitos puedan comer bien.

El hombre enfermo aceptó, y se fue a vivir al monte, lejos, más lejos

que Misiones todavía. Hacía allá mucho calor, y eso le hacía bien.

Vivía solo en el bosque, y él mismo se cocinaba. Comía pájaros y

bichos del monte, que cazaba con la escopeta, y después comía frutas.

Dormía bajo los árboles, y cuando hacía mal tiempo construía en cinco

minutos una ramadal con hojas de palmera, y allí pasaba sentado y

fumando, muy contento en medio del bosque que bramaba con el

viento y la lluvia.

Había hecho un atado con los cueros de los animales, y los llevaba al

hombro. Había también agarrado, vivas, muchas víboras venenosas, y

las llevaba dentro de un gran mate, porque allá hay mates tan grandes

como una lata de querosene.

El hombre tenía otra vez buen color, estaba fuerte y tenía apetito.

Precisamente un día en que tenía mucha hambre, porque hacía dos

días que no cazaba nada, vio a la orilla de una gran laguna un tigre

enorme que quería comer una tortuga, y la ponía parada de canto para

meter dentro una pata y sacar la carne con las uñas. Al ver al hombre

el tigre lanzó un rugido espantoso y se lanzó de un salto sobre él. Pero

el cazador que tenía una gran puntería le apuntó entre los dos ojos, y le

rompió la cabeza. Después le sacó el cuero, tan grande que él solo

podría servir de alfombra para un cuarto.

-Ahora-se dijo el hombre-voy a comer tortuga, que es una carne muy

rica.

Pero cuando se acercó a la tortuga, vio que estaba ya herida, y tenía la

cabeza casi separada del cuello, y la cabeza colgaba casi de dos o tres

hilos de carne.

A pesar del hambre que sentía, el hombre tuvo lástima de la pobre

tortuga, y la llevó arrastrando con una soga hasta su ramada y le vendó

la cabeza con tiras de género que sacó de su camisa, porque no tenía

más que una sola camisa, y no tenía trapos. La había llevado

arrastrando porque la tortuga era inmensa, tan alta como una silla, y

pesaba como un hombre.

La tortuga quedó arrimada a un rincón, y allí pasó días y días sin

moverse.

El hombre la curaba todos los días, y después le daba golpecitos con la

mano sobre el lomo.

La tortuga sanó por fin. Pero entonces fue el hombre quien se enfermó.

Tuvo fiebre y le dolía todo el cuerpo.

Después no pudo levantarse más. La fiebre aumentaba siempre, y la

garganta le quemaba de tanta sed. El hombre comprendió que estaba

gravemente enfermo, y habló en voz alta, aunque estaba solo, porque

tenía mucha fiebre.

-Voy a morir- dijo el hombre-. Estoy solo, ya no puedo levantarme más,

y no tengo quién me dé agua, siquiera. Voy a morir aquí de hambre y

de sed.

Y al poco rato la fiebre subió más aun, y perdió el conocimiento.

Pero la tortuga lo había oído y entendió lo que el cazador decía. Y ella

pensó entonces:

-El hombre no me comió la otra vez, aunque tenía mucha hambre, y me

curó. Yo lo voy a curar a él ahora.

Fue entonces a la laguna, buscó una cáscara de tortuga chiquita, y

después de limpiarla bien con arena y ceniza la llenó de agua y le dio

de beber al hombre, que estaba tendido sobre su manta y se moría de

sed. Se puso a buscar en seguida raíces ricas y yuyitos tiernos, que le

llevó al hombre para que comiera, El hombre comía sin darse cuenta

de quién le daba la comida, porque tenía delirio con la fiebre y no

conocía a nadie.

Todas las mañanas, la tortuga recorría el monte buscando raíces cada

vez más ricas para darle al hombre y sentía no poder subirse a los

árboles para llevarle frutas.

El cazador comió así días y días sin saber quién le daba la comida, y

un día recobró el conocimiento, Miró a todos lados, y vio que estaba

solo pues allí no había más que él y la tortuga; que era un animal. Y

dijo otra vez en voz alta:

-Estoy solo en el bosque, la fiebre va a volver de nuevo, y voy a morir

aquí, porque solamente en Buenos Aires hay remedios para curarme.

Pero nunca podré ir, y voy a morir aquí.

Y como él lo había dicho, la fiebre volvió esa tarde, más fuerte que

antes, y perdió de nuevo el conocimiento.

Pero también esta vez la tortuga lo había oído, y se dijo:

-Si queda aquí en el monte se va a morir, porque no hay remedios, y

tengo que llevarlo a Buenos Aires.

Dicho esto, cortó enredaderas finas y fuertes, que son como piolas,

acostó con mucho cuidado al hombre encima de su lomo, y lo sujetó

bien con las enredaderas para que no se cayese. Hizo muchas pruebas

para acomodar bien la escopeta, los cueros y el mate con víboras, y al

fin consiguió lo que quería, sin molestar al cazador, y emprendió

entonces el viaje.

La tortuga, cargada así, caminó, caminó y caminó de día y de noche.

Atravesó montes, campos, cruzó a nado ríos de una legua de ancho, y

atravesó pantanos en que quedaba casi enterrada, siempre con el

hombre moribundo encima. Después de ocho o diez horas de caminar

se detenía y deshacía los nudos y acostaba al hombre con mucho

cuidado en un lugar donde hubiera pasto bien seco.

Iba entonces a buscar agua y raíces tiernas, y le daba al hombre

enfermo. Ella comía también, aunque estaba tan cansada que prefería

dormir.

A veces tenía que caminar al sol; y como era verano, el cazador tenía

tanta fiebre que deliraba y se moría de sed. Gritaba: ¡agua!, ¡agua! a

cada rato. Y cada vez la tortuga tenía que darle de beber.

Así anduvo días y días, semana tras semana. Cada vez estaban más

cerca de Buenos Aires, pero también cada día la tortuga se iba

debilitando, cada día tenía menos fuerza, aunque ella no se quejaba. A

veces quedaba tendida, completamente sin fuerzas, y el hombre

recobraba a medias el conocimiento. Y decía, en voz alta:

-Voy a morir, estoy cada vez más enfermo, y sólo en Buenos Aires me

podría curar. Pero voy a morir aquí, solo en el monte.

El creía que estaba siempre en la ramada, porque no se daba cuenta

de nada. La tortuga se levantaba entonces, y emprendía de nuevo el

camino.

Pero llegó un día, un atardecer, en que la pobre tortuga no pudo más.

Había llegado al límite de sus fuerzas, y no podía más. No había

comido desde hacía una semana para llegar más pronto. No tenía más

fuerza para nada.

Cuando cayó del todo la noche, vio una luz lejana en el horizonte, un

resplandor que iluminaba todo el cielo, y no supo qué era. Se sentía

cada vez más débil, y cerró entonces los ojos para morir junto con el

cazador, pensando con tristeza que no había podido salvar al hombre

que había sido bueno con ella.

Y, sin embargo, estaba ya en Buenos Aires, y ella no lo sabía. Aquella

luz que veía en el cielo era el resplandor de la ciudad, e iba a morir

cuando estaba ya al fin de su heroico viaje.

Pero un ratón de la ciudad-posiblemente el ratoncito Pérez-encontró a

los dos viajeros moribundos.

-¡Qué tortuga!-dijo el ratón-. Nunca he visto una tortuga tan grande. ¿Y

eso que llevas en el lomo, que es? ¿Es leña?

-No-le respondió con tristeza la tortuga-. Es un hombre.

-¿Y dónde vas con ese hombre?-añadió el curioso ratón.

-Voy... voy... Quería ir a Buenos Aires-respondió la pobre tortuga en

una voz tan baja que apenas se oía-. Pero vamos a morir aquí porque

nunca llegaré...

-¡Ah, zonza, zonza! -dijo riendo el ratoncito-. ¡Nunca vi una tortuga más

zonza! ¡Si ya has llegado a Buenos Aires! Esa luz que ves allá es

Buenos Aires.

Al oir esto, la tortuga se sintió con una fuerza inmensa porque aún

tenía tiempo de salvar al cazador, y emprendió la marcha.

Y cuando era de madrugada todavía, el director del Jardín Zoológico

vio llegar a una tortuga embarrada y sumamente flaca, que traía

acostado en su lomo y atado con enredaderas, para que no se cayera,

a un hombre que se estaba muriendo. El director reconoció a su amigo,

y él mismo fue corriendo a buscar remedios, con los que el cazador se

curó en seguida.

Cuando el cazador supo cómo lo había salvado la tortuga, cómo había

hecho un viaje de trescientas leguas para que tomara remedios no

quiso separarse más de ella. Y como él no podía tenerla en su casa,

que era muy chica, el director del Zoológico se comprometió a tenerla

en el Jardín, y a cuidarla como si fuera su propia hija.

Y asi pasó. La tortuga, feliz y contenta con el cariño que le tienen,

pasea por todo el jardín, y es la misma gran tortuga que vemos todos

los días comiendo el pastito alrededor de las jaulas de los monos.

El cazador la va a ver todas las tardes y ella conoce desde lejos a su

amigo, por los pasos. Pasan un par de horas juntos, y ella no quiere

nunca que él se vaya sin que le dé una palmadita de cariño en el lomo.

LAS MEDIAS DE LOS FLAMENCOS

Cierta vez las víboras dieron un gran baile. Invitaron a las ranas y a los

sapos, a los flamencos y a los yacarés, y a los pescados. Los

pescados, como no caminan, no pudieron bailar; pero siendo el baile a

la orilla del río los pescados estaban asomados a la arena, y aplaudían

con la cola.

Los yacarés, para adornarse bien, se habían puesto en el pescuezo un

collar de bananas, y fumaban cigarrillos paraguayos. Los sapos se

habían pegado escamas de pescado en todo el cuerpo; y caminaban

meneándose, como si nadaran. Y cada vez que pasaban muy serios

por la orilla del río, los pescados les gritaban haciéndoles burla.

Las ranas se habían perfumado todo el cuerpo, y caminaban en dos

pies. Además, cada una llevaba colgada como un farolito una

luciérnaga que se balanceaba.

Pero las que estaban hermosísimas eran las víboras. Todas, sin

excepción, estaban vestidas con traje de bailarina, del mismo color de

cada víbora. Las víboras coloradas levaban una pollerita de tul

colorado; las verdes, una de tul verde; las amarillas, otra de tul amarillo;

y las yararás, una pollerita de tul gris pintada con rayas de polvo de

ladrillo y ceniza, porque así es el color de las yararás.

Y las más espléndidas de todas eran las víboras de coral que estaban

vestidas con larguísimas gasas rojas, blancas y negras, y bailaban

como serpentinas. Cuando las víboras danzaban y daban vueltas

apoyadas en la punta de la cola, todos los invitados aplaudían como

locos.

Sólo los flamencos, que entonces tenían las patas blancas, y tienen

ahora como antes la nariz muy gruesa y torcida, sólo los flamencos

estaban tristes, porque como tienen muy poca inteligencia, no habían

sabido como adornarse. Envidiaban el traje de todos, y sobre todo el de

las víboras de coral. Cada vez que una víbora pasaba por delante de

ellos, coqueteando y haciendo ondular las gasas de serpentinas, los

flamencos se morían de envidia.

Un flamenco dijo entonces:

-Yo sé lo que vamos a hacer. Vamos a ponernos medias coloradas,

blancas y negras, y las víboras de coral se van a enamorar de

nosotros.

Y levantando todos juntos el vuelo, cruzaron el río y fueron a golpear

en un almacén del pueblo.

-¡Tan-tan!- pegaron con las patas.

-¿Quién es?- respondió el almacenero.

-Somos los flamencos. ¿Tienes medias coloradas, blancas y negras?

-No, no hay-contestó el almacenero-. ¿Están locos? En ninguna parte

va a encontrar medias así.

Los flamencos fueron entonces a otro almacén.

-¡Tan-tan! ¿Tienes medias coloradas, blancas y negras?

El almacenero contestó:

-¿Cómo dice? ¿Coloradas, blancas y negras? No hay medias así en

ninguna parte. Ustedes están locos. ¿Quienes son?

-Somos los flamencos- respondieron ellos.

Y el hombre dijo:

-Entonces son con seguridad flamencos locos.

Fueron a otro almacén.

-¡Tan-tan! ¿Tiene medias coloradas, blancas y negras?

El almacenero gritó:

-¿De qué color? ¿Coloradas, blancas y negras? Solamente a pájaros

narigudos como ustedes se les ocurre pedir medias así. ¡Váyanse en

seguida!

Y el hombre los echó con la escoba.

Los flamencos recorrieron así todos los almacenes, y de todas partes

los echaban por locos.

Entonces un tatú, que había ido a tomar agua al río, se quiso burlar de

los flamencos y les dijo, haciéndoles un gran saludo:

-¡Buenas noches, señores flamencos! Yo sé lo que ustedes buscan. No

van a encontrar medias así en ningún almacén. Tal vez haya en

Buenos Aires, pero tendrán que pedirlas por encomienda postal. Mi

cuñada, la lechuza, tiene medias así. Pídanselas, y ella les va a dar las

medias coloradas, blancas y negras.

Los flamencos le dieron las gracias, y se fueron volando a la cueva de

la lechuza. Y le dijeron:

-¡Buenas noches lechuza! Venimos a pedirte las medias coloradas,

blancas y negras. Hoy es el gran baile de las víboras, y si nos ponemos

esas medias, las víboras de coral se van a enamorar de nosotros.

-¡Con mucho gusto!- respondió la lechuza-. Esperen un segundo, y

vuelvo en seguida.

Y echando a volar, dejó solos a los flamencos; y al rato volvió con las

medias. Pero no eran medias, sino cueros de víboras de coral,

lindísimos cueros recién sacados a las víboras que la lechuza había

cazado.

-Aquí están las medias- les dijo la lechuza-. No se preocupen de nada,

sino de una sola cosa: bailen toda la noche, bailen sin parar un

momento, bailen de costado, de pico, de cabeza, como ustedes

quieran; pero no paren un momento, porque en vez de bailar van

entonces a llorar.

Pero los flamencos, como son tan tontos, no comprendían bien qué

gran peligro había para ellos en eso, y locos de alegría se pusieron los

cueros de las víboras de coral, como medias, metiendo las patas dentro

de los cueros, que eran como tubos. Y muy contentos se fueron

volando al baile.

Cuando vieron a los flamencos con sus hermosísimas medias, todos

les tuvieron envidia. Las víboras querían bailar con ellos, únicamente, y

como los flamencos no dejaban un instante de mover las patas, las

víboras no podían ver bien de qué estaban hechas aquellas preciosas

medias.

Pero poco a poco, sin embargo, las víboras comenzaron a desconfiar.

Cuando los flamencos pasaban bailando al lado de ellas, se agachaban

hasta el suelo para ver bien.

Las víboras de coral, sobre todo, estaban muy inquietas. No apartaban

la vista de las medias, y se agachaban también tratando de tocar con la

lengua las patas de los flamencos, porque la lengua de las víboras es

como la mano de las personas. Pero los flamencos bailaban y bailaban

sin cesar aunque estaban cansadísimos y ya no podían más.

Las víboras de coral, que conocieron esto, pidieron en seguida a las

ranas sus farolitos, que eran bichitos de luz, y esperaron todas juntas a

que los flamencos se cayeran de cansados.

Efectivamente, un minuto después, un flamenco, que ya no podía más,

tropezó con el cigarro de un yacaré, se tambaleó y cayó de costado; En

seguida las víboras de coral corrieron con sus farolitos, y alumbraron

bien las patas del flamenco. Y vieron qué eran aquellas medias, y

lanzaron un silbido que se oyó desde la otra orilla del Paraná.

-¡No son medias!- gritaron las víboras-. ¡Sabemos lo que es! ¡Nos han

engañado! ¡Los flamencos han matado a nuestras hermanas y se han

puesto sus cueros como medias! ¡Las medias que tienen son de

víboras de coral!

Al oír esto, los flamencos, llenos de miedo porque estaban

descubiertos, quisieron volar; pero estaban tan cansados que no

pudieron levantar una sola pata. Entonces las víboras de coral se

lanzaron sobre ellos, y enroscándose en sus patas les deshicieron a

mordiscones las medias. Les arrancaron las medias a pedazos,

enfurecidas, y les mordían también las patas, para que murieran.

Los flamencos, locos de dolor, saltaban de un lado para otro sin que las

víboras de coral se desenroscaran de sus patas. Hasta que al fin,

viendo que ya no quedaba un solo pedazo de media, las víboras los

dejaron libres, cansadas y arreglándose las gasas de sus trajes de

baile.

Además, las víboras de coral estaban seguras de que los flamencos

iban a morir, porque la mitad, por lo menos, de las víboras de coral que

los habían mordido, eran venenosas.

Pero los flamencos no murieron, corrieron a echarse al agua, sintiendo

un grandísimo dolor. Gritaban de dolor, y sus patas, que eran blancas,

estaban entonces coloradas por el veneno de las víboras. Pasaron días

y días, y siempre sentían terrible ardor en las patas, y las tenían

siempre de color de sangre, porque estaban envenenadas.

Hace de esto muchísimo tiempo. Y ahora todavía están los flamencos

casi todo el día con sus patas coloradas metidas en el agua, tratando

de calmar el ardor que sienten en ellas.

A veces se apartan de la orilla, y dan unos pasos por la tierra, para ver

cómo se hallan. Pero los dolores del veneno vuelven en seguida, y

corren a meterse en el agua. A veces el ardor que sienten es tan

grande, que encogen una pata y quedan así horas enteras, porque no

pueden estirarla.

Esta es la historia de los flamencos, que antes tenían las patas blancas

y ahora las tienen coloradas. Todos los pescados saben por qué es, y

se burlan de ellos. Pero los flamencos, mientras se curan en el agua,

no pierden ocasión de vengarse, comiéndose a cuanto pescadito se

acerca demasiado a burlarse de ellos.

EL LORO PELADO

Había una vez una banda de loros que vivía en el monte.

De mañana temprano iban a comer choclos a la chacra, y de tarde

comían naranjas. Hacían gran barullo con sus gritos, y tenían siempre

un loro de centinela en los árboles más altos, para ver si venía alguien.

Los loros son tan dañinos como la langosta, porque abren los choclos

para picotearlos, los cuales, después, se pudren con la lluvia. Y como

al mismo tiempo los loros son ricos para comer guisados, los peones

los cazaban a tiros.

Un día un hombre bajó de un tiro a un loro centinela, el que cayó herido

y peleó un buen rato antes de dejarse agarrar. El peón lo llevó a la

casa, para los hijos del patrón, los chicos lo curaron porque no tenía

más que un ala rota. El loro se curó muy bien, y se amansó

completamente. Se llamaba Pedrito. Aprendió a dar la pata; le gustaba

estar en el hombro de las personas y con el pico les hacía cosquillas en

la oreja.

Vivía suelto, y pasaba casi todo el día en los naranjos y eucaliptos del

jardín. Le gustaba también burlarse de las gallinas. A las cuatro o cinco

de la tarde, que era la hora en que tomaban el té en la casa, el loro

entraba también en el comedor, y se subía con el pico y las patas por el

mantel, a comer pan mojado en leche. Tenía locura por el té con leche.

Tanto se daba Pedrito con los chicos, y tantas cosas le decían las

criaturas, que el loro aprendió a hablar. Decía: "¡Buen día. lorito!..."

"¡Rica la papa!..." "¡Papa para Pedrito!..." Decía otras cosas más que

no se pueden decir, porque los loros, como los chicos, aprenden con

gran facilidad malas palabras.

Cuando llovía, Pedrito se encrespaba y se contaba a sí mismo una

porción de cosas, muy bajito. Cuando el tiempo se componía, volaba

entonces gritando como un loco.

Era, como se ve, un loro bien feliz, que además de ser libre, como lo

desean todos los pájaros, tenía también, como las personas ricas, su

five o'clock tea.

Ahora bien: en medio de esta felicidad, sucedió que una tarde de lluvia

salió por fin el sol después de cinco días de temporal, y Pedrito se puso

a volar gritando:

-"¡Qué lindo día, lorito!... ¡Rica papa!... ¡La pata, Pedrito!..."-y volaba

lejos, hasta que vio debajo de él, muy abajo, el río Paraná, que parecía

una lejana y ancha cinta blanca. Y siguió, siguió, siguió volando, hasta

que se asentó por fin en un árbol a descansar.

Y he aquí que de pronto vio brillar en el suelo, a través de las ramas,

dos luces verdes, como enormes bichos de luz.

-¿Qué será?-se dijo el loro-. "¡Rica, papa!..." ¿Qué será eso?... "¡Buen

día, Pedrito!..."

El loro hablaba siempre así, como todos los loros, mezclando las

palabras sin ton ni son, y a veces costaba enterderlo. Y como era muy

curioso, fue bajando de rama en rama, hasta acercarse. Entonces vio

que aquellas dos luces verdes eran los ojos de un tigre que estaba

agachado, mirándolo fijamente.

Pero Pedrito estaba tan contento con el lindo día, que no tuvo ningún

miedo.

-¡Buen día, tigre!-le dijo-. "¡La pata, Pedrito!..."

Y el tigre, con esa voz terriblemente ronca que tiene le respondió:

-¡Bu-en-día!

-¡Buen día, tigre! -repitió el loro-. "¡Rica papa!... ¡rica papa!... ¡rica

papa!..."

Y decía tantas veces "¡rica papa!" porque ya eran las cuatro de la tarde,

y tenía muchas ganas de tomar té con leche. El loro se había olvidado

de que los bichos del monte no toman té con leche, y por esto lo

convidó al tigre.

-¡Rico té con leche!- le dijo-. "¡Buen día, Pedrito!..." ¿Quieres tomar té

con leche conmigo, amigo tigre?

Pero el tigre se puso furioso porque creyó que el loro se reía de él, y

además, como tenía a su vez hambre se quiso comer al pájaro

hablador. Así que le contestó:

-¡Bue-no! ¡Acérca-te un po-co que soy sordo!

El tigre no era sordo; lo que quería era que Pedrito se acercara mucho

para agarrarlo de un zarpazo. Pero el loro no pensaba sino en el gusto

que tendrían en la casa cuando él se presentara a tomar té con leche

con aquel magnífico amigo. Y voló hasta otra rama más cerca del

suelo.

-¡Rica papa, en casa! -repitió, gritando cuanto podía.

-¡Más cer-ca! ¡No oi-go!-respondió el tigre con su voz ronca.

El loro se acercó un poco más y dijo:

-¡Rico té con leche!

-¡Más cer-ca toda-vía!- repitió el tigre.

El pobre loro se acercó aun más, y en ese momento el tigre dio un

terrible salto, tan alto como una casa, y alcanzó con la punta de las

uñas a Pedrito. No alcanzó a matarlo, pero le arrancó todas las plumas

del lomo y la cola entera. No le quedó una sola pluma en la cola.

-¡Tomá! - Rugió el tigre-. Andá a tomar té con leche...

El loro, gritando de dolor y de miedo, se fue volando, pero no podía

volar bien, porque le faltaba la cola que es como el timón de los

pájaros. Volaba cayéndose en el aire de un lado para otro, y todos los

pájaros que lo encontraban se alejaban asustados de aquel bicho raro.

Por fin pudo llegar a la casa, y lo primero que hizo fue mirarse en el

espejo de la cocinera. ¡Pobre Pedrito! Era el pájaro más raro y más feo

que puede darse, todo pelado, todo rabón y temblando de frío. ¿Cómo

iba a presentarse en el comedor; con esa figura? Voló entonces hasta

el hueco que había en el tronco de un eucalipto y que era como una

cueva, y se escondió en el fondo, tiritando de frío y de vergüenza.

Pero entretanto, en el comedor todos extrañaban su ausencia:

-¿Dónde estará Pedrito?- decían. Y llamaban ¡Pedrito! ¡Rica papa,

Pedrito! ¡Té con leche, Pedrito!

Pero Pedrito no se movía de su cueva, ni respondía nada, mudo y

quieto. Lo buscaron por todas partes, pero el loro no apareció. Todos

creyeron entonces que Pedrito había muerto, y los chicos se echaron a

llorar.

Todas las tardes, a la hora del té, se acordaban siempre del loro, y

recordaban también cuánto le gustaba comer pan mojado en té con

leche. ¡Pobre Pedrito! Nunca más lo verían porque había muerto.

Pero Pedrito no había muerto, sino que continuaba en su cueva sin

dejarse ver por nadie, porque sentía mucha vergüenza de verse pelado

como un ratón. De noche bajaba a comer y subía en seguida. De

madrugada descendía de nuevo, muy ligero, e iba a mirarse en el

espejo de la cocinera, siempre muy triste porque las plumas tardaban

mucho en crecer.

Hasta que por fin un día, o una tarde, la familia sentada a la mesa a la

hora del té vio entrar a Pedrito muy tranquilo, balanceándose como si

nada hubiera pasado. Todos se querían morir, morir de gusto cuando lo

vieron bien vivo y con lindísimas plumas.

-¡Pedrito, lorito!- le decían-. ¡Qué te pasó, Pedrito! ¡Qué plumas

brillantes que tiene el lorito!

Pero no sabían que eran plumas nuevas, y Pedrito, muy serio, no decía

tampoco una palabra. No hacía sino comer pan mojado en té con

leche. Pero lo que es hablar, ni una sola palabra.

Por eso, el dueño de casa se sorprendió mucho cuando a la mañana

siguiente el loro fue volando a pararse en su hombro, charlando como

un loco. En dos minutos le contó lo que había pasado: Un paseo al

Paraguay, su encuentro con el tigre, y lo demás; y concluía cada

cuento cantando:

-¡Ni una pluma en la cola de Pedrito! ¡Ni una pluma! ¡Ni una pluma!

Y lo invitó a ir a cazar al tigre entre los dos.

El dueño de casa, que precisamente iba en ese momento a comprar

una piel de tigre que le hacía falta para la estufa, quedó muy contento

de poderla tener gratis. Y volviendo a entrar en la casa para tomar la

escopeta, emprendió junto con Pedrito el viaje al Paraguay.

Convinieron en que cuando Pedrito viera al Tigre, lo distraería

charlando, para que el hombre pudiera acercarse despacito con la

escopeta.

Y así pasó. El loro, sentado en una rama del árbol, charlaba y charlaba,

mirando al mismo tiempo a todos lados, para ver si veía al tigre. Y por

fin sintió un ruido de ramas partidas, y vio de repente debajo del árbol

dos luces verdes fijas en él: eran los ojos del tigre.

Entonces el loro se puso a gritar:

-¡Lindo día!... ¡Rica papa!... ¡Rico té con leche!... ¿Querés té con

leche?. ..

El tigre enojadísimo al reconocer a aquel loro pelado que él creía haber

muerto, y que tenía otra vez lindísimas plumas, juró que esa vez no se

le escaparía, y de sus ojos brotaron dos rayos de ira cuando respondió

con su voz ronca:

-¡Acer-ca-te más! ¡Soy sor-do!

El loro voló a otra rama más próxima, siempre charlando:

-¡Rico, pan con leche! ... ¡ESTA AL PIE DE ESTE ARBOL ! ...

Al oír estas últimas palabras, el tigre,lanzó un rugido y se levantó de un

salto.

-¿Con quién estás hablando?- bramó-. ¿A quién le has dicho que estoy

al pie de este árbol?

-¡A nadie, a nadie!- gritó el loro-. "¡Buen día, Pedrito! ... ¡La pata, lorito!

... "

Y seguía charlando y saltando de rama en rama, y acercándose. Pero

él había dicho: está al pie de este árbol para avisarle al hombre, que se

iba arrimando bien agachado y con la escopeta al hombro.

Y llegó un momento en que el loro no pudo acercarse más, porque si

no, caía en la boca del tigre, y entonces gritó:

-"¡Rica papa! ... " ¡ATENCION!

-¡Más cer-ca aun!- rugió el tigre, agachándose para saltar.

-¡Rico, té con leche!... ¡CUIDADO VA A SALTAR!

Y el tigre saltó, en efecto. Dio un enorme salto, que el loro evitó

lanzándose al mismo tiempo como una flecha en el aire. Pero también

en ese mismo instante el hombre, que tenía el cañón de la escopeta

recostado contra un tronco para hacer bien la puntería, apretó el gatillo,

y nueve balines del tamaño de un garbanzo cada uno entraron como

un rayo en el corazón del tigre, que lanzando un bramido que hizo

temblar el monte entero, cayó muerto.

Pero el loro, ¡qué gritos de alegría daba! ¡Estaba loco de contento,

porque se había vengado- ¡y bien vengado!- del feísimo animal que le

había sacado las plumas!

El hombre estaba también muy contento, porque matar a un tigre es

cosa difícil, y, además, tenía la piel para la estufa del comedor.

Cuando llegaron a la casa, todos supieron por qué Pedrito había

estado tanto tiempo oculto en el hueco del árbol y todos lo felicitaron

por la hazaña que había hecho.

Vivieron en adelante muy contentos. Pero el loro no se olvidaba de lo

que le había hecho el tigre, y todas las tardes, cuando entraba en el

comedor para tomar el té se acercaba siempre a la piel del tigre,

tendida delante de la estufa, y lo invitaba a tomar té con leche.

-¡Rica papa!... -le decía-. ¿Querés té con leche?. ¡La papa para el

tigre!...

Y todos se morían de risa. Y Pedrito también.

LA GUERRA DE LOS YACARES

En un río muy grande, en un país desierto donde nunca había estado el

hombre, vivían muchos yacarés. Eran más de cien o más de mil.

Comían pescados, bichos que iban a tomar agua al río, pero sobre todo

pescados. Dormían la siesta en la arena de la orilla, y a veces jugaban

sobre el agua cuando había noches de luna.

Todos vivían muy tranquilos y contentos. Pero una tarde, mientras

dormían la siesta, un yacaré se despertó de golpe y levantó la cabeza

porque creía haber sentido ruido. Prestó oídos y lejos, muy lejos, oyó

efectivamente un ruido sordo y profundo. Entonces llamó al yacaré que

dormía a su lado.

-¡Despiértate!- le dijo-. Hay peligro.

-¿Qué cosa?- respondió el otro, alarmado.

-No sé-contestó el yacaré que se había despertado primero-. Siento un

ruido desconocido.

El segundo yacaré oyó el ruido a su vez, y en un momento despertaron

a los otros. Todos se asustaron y corrían de un lado para otro con la

cola levantada.

Y no era para menos su inquietud, porque el ruido crecía, crecía.

Pronto vieron como una nubecita de humo a lo lejos, y oyeron un ruido

de chas-chas en el río como si golpearan el agua muy lejos.

Los yacarés se miraban unos a otros: ¿qué podía ser aquello?

Pero un yacaré viejo y sabio, el más sabio y viejo de todos, un viejo

yacaré a quien no quedaban sino dos dientes sanos en los costados de

la boca, y que había hecho una vez un viaje hasta el mar, dijo de

repente:

-¡Yo sé lo que es! ¡Es una ballena! ¡Son grandes y echan agua blanca

por la nariz! El agua cae para atrás.

Al oír esto, los yacarés chiquitos comenzaron a gritar como locos de

miedo, zambullendo la cabeza. Y gritaban:

-¡Es una ballena! ¡Ahí viene la ballena!

Pero el viejo yacaré sacudió de la cola al yacarecito que tenía más

cerca.

-¡No tengan miedo!- les gritó-. ¡Yo sé lo que es la ballena! ¡Ella tiene

miedo de nosotros! ¡Siempre tiene miedo!

Con lo cual los yacarés chicos se tranquilizaron. Pero en seguida

volvieron a asustarse, porque el humo gris se cambió de repente en

humo negro, y todos sintieron bien fuerte ahora el chas-chas-chas en el

agua. Los yacarés, espantados, se hundieron en el río, dejando

solamente fuera los ojos y la punta de la nariz. Y así vieron pasar

delante de ellos aquella cosa inmensa, llena de humo y golpeando el

agua, que era un vapor de ruedas que navegaba por primera vez por

aquel río.

El vapor pasó, se alejó y desapareció. Los yacarés entonces fueron

saliendo del agua, muy enojados con el viejo yacaré, porque los había

engañado, diciéndoles que eso era una ballena.

-¡Eso no es una ballena!- le gritaron en las orejas, porque era un poco

sordo-. ¿Qué es eso que pasó?

El viejo yacaré les explicó entonces que era un vapor, lleno de fuego, y

que los yacarés se iban a morir todos si el buque seguía pasando.

Pero los yacarés se echaron a reír, porque creyeron que el viejo se

había vuelto loco. ¿Por qué se iban a morir ellos si el vapor seguia

pasando? Estaba bien loco, el pobre yacaré viejo!

Y como tenían hambre se pusieron a buscar pescados.

Pero no había ni un pescado. No encontraron un solo pescado. Todos

se habían ido, asustados por el ruido del vapor. No había más

pescados.

-¿No les decía yo?- dijo entonces el viejo yacaré-. Ya no tenemos nada

que comer. Todos los pescados se ha ido. Esperemos hasta mañana.

Puede ser que el vapor no vuelva más, y los pescados volverán cuando

no tengan más miedo.

Pero al día siguiente sintieron de nuevo el ruido en el agua, y vieron

pasar de nuevo al vapor, haciendo mucho ruido y largando tanto humo

que oscurecía el cielo.

-Bueno-dijeron entonces los yacarés-; el buque pasó ayer, pasó hoy, y

pasará mañana. Ya no habrá más pescados ni bichos que vengan a

tomar agua, y nos moriremos de hambre. Hagamos entonces un dique.

-Sí, un dique! Un dique!- gritaron todos, nadando a toda fuerza hacia la

orilla-. Hagamos un dique!

En seguida se pusieron a hacer el dique. Fueron todos al bosque y

echaron abajo más de diez mil árboles, sobre todo lapachos y

quebrachos, porque tienen la madera muy dura... Los cortaron con la

especie de serrucho que los yacarés tienen encima de la cola; los

empujaron hasta el agua, y los clavaron a todo lo ancho del río, a un

metro uno del otro. Ningún buque podía pasar por allí, ni grande ni

chico. Estaban seguros de que nadie vendría a espantar los pescados.

Y como estaban muy cansados, se acostaron a dormir en la playa.

Al otro día dormían todavía cuando oyeron el chaschas-chas del vapor.

Todos oyeron, pero ninguno se levantó ni abrió los ojos siquiera. ¿Qué

les importaba el buque? Podía hacer todo el ruido que quisiera, por allí

no iba a pasar.

En efecto: el vapor estaba muy lejos todavía cuando se detuvo. Los

hombres que iban adentro miraron con anteojos aquella cosa

atravesada en el río y mandaron un bote a ver qué era aquello que les

impedía pasar. Entonces los yacarés se levantaron y fueron al dique, y

miraron por entre los palos, riéndose del chasco que se había llevado

el vapor.

El bote se acercó, vio el formidable dique que habían levantado los

yacarés y se volvió al vapor. Pero después volvió otra vez al dique, y

los hombres del bote gritaron:

-¡Eh, yacarés!

-¡Qué hay!- respondieron los yacarés, sacando la cabeza por entre los

troncos del dique.

-¡Nos esta estorbando eso!- continuaron los hombres.

-¡Ya lo sabemos!

-¡No podemos pasar!

-¡Es lo que queremos!

-¡Saquen el dique!

-¡No lo sacamos!

Los hombres del bote hablaron un rato en voz baja entre ellos y

gritaron después:

-¡Yacarés!

-¿Qué hay?- contestaron ellos.

-¿No lo sacan?

-¡No!

-¡Hasta mañana, entonces!

-¡Hasta cuando quieran!

Y el bote volvió al vapor, mientras los yacarés, locos de contentos,

daban tremendos colazos en el agua. Ningún vapor iba a pasar por allí

y siempre, siempre, habría pescados.

Pero al día siguiente volvió el vapor, y cuando los yacarés miraron el

buque, quedaron mudos de asombro: ya no era el mismo buque. Era

otro, un buque de color ratón, mucho más grande que el otro. ¿Qué

nuevo vapor era ése? ¿Ese también quería pasar? No iba a pasar, no.

¡Ni ése, ni otro, ni ningún otro!

-¡No, no va a pasar!- gritaron los yacarés, lanzándose al dique, cada

cual a su puesto entre los troncos.

El nuevo buque, como el otro, se detuvo lejos, y también como el otro

bajó un bote que se acercó al dique.

Dentro venían un oficial y ocho marineros. El oficial gritó:

-¡Eh, yacarés!

-¡Qué hay! - respondieron éstos.

-¿No sacan el dique?

-No.

-¿No?

-¡No!

-Está bien- dijo el oficial-. Entonces lo vamos a echar a pique a

cañonazos.

-¡Echen!- contestaron los yacarés.

Y el bote regresó al buque.

Ahora bien, ese buque de color ratón era un buque de guerra, un

acorazado, con terribles cañones. El viejo yacaré sabio, que había ido

una vez hasta el mar, se acordó de repente y apenas tuvo tiempo de

gritar a los otros yacarés:

-¡Escóndanse bajo el agua! ¡Ligero! ¡Es un buque de guerra! ¡Cuidado!

¡Escóndanse!

Los yacarés desaparecieron en un instante bajo el agua y nadaron

hacia la orilla, donde quedaron hundidos, con la nariz y los ojos

únicamente fuera del agua. En ese mismo momento, del buque salió

una gran nube blanca de humo, sonó un terrible estampido, y una

enorme bala de cañón cayó en pleno dique, justo en el medio. Dos o

tres troncos volaron hechos pedazos, y en seguida cayó otra bala, y

otra y otra más, y cada una hacía saltar por el aire en astillas un

pedazo de dique, hasta que no quedó nada del dique. Ni un tronco, ni

una astilla, ni una cáscara. Todo había sido deshecho a cañonazos por

el acorazado. Y los yacarés, hundidos en el agua, con los ojos y la

nariz solamente afuera, vieron pasar el buque de guerra, silbando a

toda fuerza.

Entonces los yacarés salieron del agua y dijeron:

-Hagamos otro dique mucho más grande que el otro.

Y en esa misma tarde y esa noche misma hicieron otro dique, con

troncos inmensos. Después se acostaron a dormir, cansadísimos, y

estaban durmiendo todavía al día siguiente cuando el buque de guerra

llegó otra vez, y el bote se acercó al dique.

-¡Eh, yacarés!- gritó el oficial.

-¡Qué hay!- respondieron los yacarés.

-¡Saquen ese otro dique!

-¡No lo sacamos!

-¡Lo vamos a deshacer a cañonazos como al otro!

-¡Deshagan... si pueden!

-¡Y hablaban así con orgullo porque estaban seguros de que su nuevo

dique no podría ser deshecho ni por todos los cañones del mundo.

Pero un rato después el buque volvió a llenarse de humo, y con un

horrible estampido la bala reventó en el medio del dique, porque esta

vez habían tirado con granada. La granada reventó contra los troncos,

hizo saltar, despedazó, redujo a astillas las enormes vigas. La segunda

reventó al lado de la primera y otro pedazo de dique voló por el aire. Y

así fueron deshaciendo el dique. Y no quedó nada del dique; nada,

nada. El buque de guerra pasó entonces delante de los yacarés, y los

hombres les hacían burlas tapándose la boca.

-Bueno- dijeron entonces los yacarés, saliendo del agua-. Vamos a

morir todos, porque el buque va a pasar siempre y los pescados no

volverán.

Y estaban tristes, porque los yacarés chiquitos se quejaban de hambre.

El viejo yacaré dijo entonces:

-Todavía tenemos una esperanza de salvarnos. Vamos a ver al Surubí.

Yo hice el viaje con él cuando fui hasta el mar, y tiene un torpedo. El

vio un combate entre dos buques de guerra, y trajo hasta aquí un

torpedo que no reventó. Vamos a pedírselo, y aunque está muy

enojado con nosotros los yacarés, tiene buen corazón y no querrá que

muramos todos.

El hecho es que antes, muchos años antes, los yacarés se habían

comido a un sobrinito del Surubí, y éste no había querido tener más

relaciones con los yacarés. Pero a pesar de todo fueron corriendo a ver

al Surubí, que vivía en una gruta grandísima en la orilla del río Paraná,

y que dormía siempre al lado de su torpedo. Hay surubíes que tienen

hasta dos metros de largo y el dueño del torpedo era uno de éstos.

-¡Eh, Surubí!- gritaron todos los yacarés desde la entrada de la gruta,

sin atreverse a entrar por aquel asunto del sobrinito.

-¿Quién me llama?- contestó el Surubí.

-¡Somos nosotros, los yacarés!

-¡No tengo ni quiero tener relación con ustedes -respondió el Surubí, de

mal humor.

Entonces el viejo yacaré se adelantó un poco en la gruta y dijo:

-¡Soy yo, Surubí! ¡Soy tu amigo el yacaré que hizo contigo el viaje

hasta el mar!

Al oír esa voz conocida, el Surubí salió de la gruta.

-¡Ah, no te había conocido!- le dijo cariñosamente a su viejo amigo-.

¿Qué quieres?

-Venimos a pedirte el torpedo. Hay un buque de guerra que pasa por

nuestro río y espanta a los pescados. Es un buque de guerra, un

acorazado. Hicimos un dique, y lo echó a pique. Hicimos otro y lo echó

también a pique. Los pescados se han ido, y nos moriremos de

hambre. Danos el torpedo, y lo echaremos a pique a él.

El Surubí, al oír esto, pensó un largo rato, y después dijo:

-Está bien; les prestaré el torpedo, aunque me acuerdo siempre de lo

que hicieron con el hijo de mi hermano. ¿Quién sabe hacer reventar el

torpedo?

Ninguno sabía, y todos callaron.

-Está bien-dijo el Surubí, con orgullo-, yo lo haré reventar. Yo sé hacer

eso.

Organizaron entonces el viaje. Los yacarés se ataron todos unos con

otros; de la cola de uno al cuello del otro; de la cola de éste al cuello de

aquél, formando así una larga cadena de yacarés que tenía más de

una cuadra. El inmenso Surubí empujó al torpedo hacia la corriente y

se colocó bajo él, sosteniéndolo sobre el lomo para que flotara. Y como

las lianas con que estaban atados los yacarés uno detrás de otro se

habían concluido, el Surubí se prendió con los dientes de la cola del

último yacaré, y así emprendieron la marcha. El Surubí sostenía el

torpedo, y los yacarés tiraban corriendo por la costa. Subían, bajaban,

saltaban por sobre las piedras, corriendo siempre y arrastrando al

torpedo, que levantaba olas como un buque por la velocidad de la

corrida. Pero a la mañana siguiente, bien temprano, llegaban al lugar

donde habían construido su último dique, y comenzaron en seguida

otro, pero mucho más fuerte que los anteriores, porque por consejo del

Surubí colocaron los troncos bien juntos, uno al lado del otro. Era un

dique realmente formidable.

Hacía apenas una hora que acababan de colocar el último tronco del

dique, cuando el buque de guerra apareció otra vez, y el bote con el

oficial y ocho marineros se acercó de nuevo al dique. Los yacarés se

treparon entonces por los troncos y asomaron la cabeza del otro lado.

-¡Eh, yacarés!- gritó el oficial.

-¡Qué hay!- respondieron los yacarés.

-¿Otra vez el dique?

-¡Sí, otra vez!

-¡Saquen ese dique!

-¡Nunca!

-¿No lo sacan?

-¡No!

-¡Bueno; entonces, oigan- dijo el oficial-: Vamos a deshacer este dique,

y para que no quieran hacer otro los vamos a deshacer después a

ustedes, a cañonazos. No va a quedar ni uno solo vivo-ni grandes, ni

chicos, ni gordos, ni flacos ni jóvenes, ni viejos, como ese viejísimo

yacaré que veo allí, y que no tiene sino dos dientes en los costados de

la boca.

El viejo y sabio yacaré, al ver que el oficial hablaba de él y se burlaba,

le dijo:

-Es cierto que no me quedan sino pocos dientes, y algunos rotos.

¿Pero usted sabe qué van a comer mañana estos dientes?-añadió,

abriendo su inmensa boca.

-¿Qué van a comer, a ver?- respondieron los marineros.

-A ese oficialito- dijo el yacaré y se bajó rápidamente de su tronco.

Entretanto, el Surubí había colocado su torpedo bien en medio del

dique, ordenando a cuatro yacarés que lo agarraran con cuidado y lo

hundieran en el agua hasta que él les avisara. Así lo hicieron. En

seguida, los demás yacarés se hundieron a su vez cerca de la orilla,

dejando únicamente la nariz y los ojos fuera del agua. El Surubí se

hundió al lado de su torpedo.

De repente el buque de guerra se llenó de humo y lanzó el primer

cañonazo contra el dique. La granada reventó justo en el centro del

dique, e hizo volar en mil pedazos diez o doce troncos.

Pero el Surubí estaba alerta y apenas quedó abierto el agujero en el

dique, gritó a los yacarés que estaban bajo el agua sujetando el

torpedo:

-Suelten el torpedo, ligero, suelten!

Los yacarés soltaron, y el torpedo vino a flor de agua.

En menos del tiempo que se necesita para contarlo, el Surubí colocó el

torpedo bien en el centro del boquete abierto, apuntando con un solo

ojo, y poniendo en movimiento el mecanismo del torpedo, lo lanzó

contra el buque.

¡Ya era tiempo! En ese instante el acorazado lanzaba su segundo

cañonazo y la granada iba a reventar entre los palos, haciendo saltar

en astillas otro pedazo del dique.

Pero el torpedo llegaba ya al buque, y los hombre que estaban en él lo

vieron: es decir, vieron el remolino que hace en el agua un torpedo.

Dieron todos un gran grito de miedo y quisieron mover el acorazado

para que el torpedo no lo tocara.

Pero era tarde; el torpedo llegó, chocó con el inmenso buque bien en el

centro, y reventó.

No es posible darse cuenta del terrible ruido con que reventó el

torpedo. Reventó, y partió el buque en quince mil pedazos; lanzó por el

aire, a cuadras y cuadras de distancia, chimeneas, máquinas, cañones,

lanchas, todo.

Los yacarés dieron un grito de triunfo y corrieron como locos al dique.

Desde allí vieron pasar por el agujero abierto por la granada a los

hombres muertos, heridos y algunos vivos que la corriente del río

arrastraba.

Se treparon amontonados en los dos troncos que quedaban a ambos

lados del boquete y cuando los hombres pasaban por allí, se burlaban

tapándose la boca con las patas.

No quisieron comer a ningún hombre, aunque bien lo merecían. Sólo

cuando pasó uno que tenía galones de oro en el traje y que estaba

vivo, el viejo yacaré se lanzó de un salto al agua, y ¡tac! en dos golpes

de boca se lo comió.

-¿Quién es ése?- preguntó un yacarecito ignorante.

-Es el oficial- le respondió el Surubí-. Mi viejo amigo le había prometido

que lo iba a comer, y se lo ha comido.

Los yacarés sacaron el resto del dique, que para nada servía ya,

puesto que ningún buque volvería a pasar por allí. El Surubí, que se

había enamorado del cinturón y los cordones del oficial, pidió que se

los regalaran, y tuvo que sacárselos de entre los dientes al viejo

yacaré, pues habían quedado enredados allí. El Surubí se puso el

cinturón, abrochándolo por bajo las aletas, y del extremo de sus

grandes bigotes prendió los cordones de la espada. Como la piel del

Surubí es muy bonita, y las manchas oscuras que tiene se parecen a

las de una víbora, el Surubí nado una hora pasando y repasando ante

los yacarés, que lo admiraban con la boca abierta.

Los yacarés lo acompañaron luego hasta su gruta, y le dieron las

gracias infinidad de veces. Volvieron después a su paraje. Los

pescados volvieron también, los yacarés vivieron y viven todavía muy

felices, porque se han acostumbrado al fin a ver pasar vapores y

buques que llevan naranjas.

Pero no quieren saber nada de buques de guerra.

LA GAMA CIEGA

Había una vez un venado - una gama-, que tuvo dos hijos mellizos,

cosa rara entre los venados. Un gato montés se comió a uno de ellos, y

quedó sólo la hembra. Las otras gamas, que la querían mucho, le

hacían siempre cosquillas en los costados.

Su madre le hacía repetir todas las mañanas, al rayar el día, la oración

de los venados. Y dice así:

I

Hay que oler bien primero las hojas antes de comerlas, porque algunas

son venenosas.

II

Hay que mirar bien el río y quedarse quieta antes de bajar a beber,

para estar seguro de que no hay yacarés.

III

Cada media hora hay que levantar bien alto la cabeza y oler el viento,

para sentir el olor del tigre.

IV

Cuando se come pasto del suelo, hay que mirar siempre antes los

yuyos para ver si hay víboras.

Este es el padrenuestro de los venados chicos. Cuando la gamita lo

hubo aprendido bien, su madre la dejó andar sola.

Una tarde, sin embargo, mientras la gamita recorría el monte comiendo

las hojitas tiernas, vio de pronto ante ella, en el hueco de un árbol que

estaba podrido, muchas bolitas juntas que colgaban. Tenía un color

oscuro, como el de las pizarras.

¿Qué sería? Ella tenía también un poco de miedo, pero como era muy

traviesa, dio un cabezazo a aquellas cosas, y disparó.

Vio entonces que las bolitas se habían rajado, y que caían gotas.

Habían salido también muchas mosquitas rubias de cintura muy fina,

que caminaban apuradas por encima.

La gama se acercó, y las mosquitas no la picaron. Despacito, entonces,

muy despacito, probó una gota con la punta de la lengua, y se relamió

con gran placer: aquellas gotas eran miel, y miel riquísima, porque las

bolas de color pizarra eran una colmena de abejitas que no picaban

porque no tenían aguijón. Hay abejas así.

En dos minutos la gamita se tomó toda la miel, y loca de contenta fue a

contarle a su mamá. Pero la mamá la reprendió seriamente.

-Ten mucho cuidado, mi hija -le dijo-, con los nidos de abejas. La miel

es una cosa muy rica, pero es muy peligroso ir a sacarla. Nunca te

metas con los nidos que veas.

La gamita gritó contenta:

-¡Pero no pican, mamá! Los tábanos y las uras sí pican, las abejas, no.

-Estás equivocada, mi hija - continuó la madre-. Hoy has tenido suerte,

nada más. Hay abejas y avispas muy malas. Cuidado, mi hija; porque

me vas a dar un gran disgusto.

-Sí, mamá! ¡Sí mamá!- respondió la gamita. Pero lo primero que hizo a

la mañana siguiente, fue seguir los senderos que habían abierto los

hombres en el monte, para ver con más facilidad los nidos de abejas.

Hasta que al fin halló uno. Esta vez el nido tenía abejas oscuras, con

una fajita amarilla en la cintura, que caminaban por encima del nido. El

nido también era distinto; pero la gamita pensó que, puesto que estas

abejas eran más grandes, la miel debía ser más rica.

Se acordó asimismo de la recomendación de su mamá; mas creyó que

su mamá exageraba, como exageran siempre las madres de las

gamitas. Entonces le dio un gran cabezazo al nido.

¡Ojalá nunca lo hubiera hecho! Salieron en seguida cientos de avispas,

miles de avispas que la picaron en todo el cuerpo, le llenaron todo el

cuerpo de picaduras, en la cabeza, en la barriga, en la cola; y lo que es

mucho peor, en los mismos ojos. La picaron más de diez en los ojos.

La gamita, loca de dolor, corrió y corrió gritando, hasta que de repente

tuvo que pararse porque no veía más: estaba ciega, ciega del todo.

Los ojos se le habían hinchado enormemente, y no veía más. Se quedó

quieta entonces, temblando de dolor y de miedo, y sólo podía llorar

desesperadamente.

-¡Mamá... ¡Mamá! ...

Su madre, que había salido a buscarla, porque tardaba mucho, la halló

al fin, y se desesperó también con su gamita que estaba ciega. La llevó

paso a paso hasta su cubil, con la cabeza de su hija recostada en su

pescuezo, y los bichos del monte que encontraban en el camino, se

acercaban todos a mirar los ojos de la infeliz gamita.

La madre no sabía qué hacer. ¿Qué remedios podía hacerle ella? Ella

sabía bien que en el pueblo que estaba del otro lado del monte vivía un

hombre que tenía remedios. El hombre era cazador, y cazaba también

venados, pero era un hombre bueno.

La madre tenía miedo, sin embargo, de llevar a su hija a un hombre

que cazaba gamas. Como estaba desesperada se decidió a hacerlo.

Pero antes quiso ir a pedir una carta de recomendación al Oso

Hormiguero, que era gran amigo del hombre.

Salió, pues, después de dejar a la gamita bien oculta, y atravesó

corriendo el monte, donde el tigre casi la alcanza. Cuando llegó a la

guarida de su amigo, no podía dar un paso más de cansancio.

Este amigo era, como se ha dicho, un oso hormiguero; pero era de una

especie pequeña, cuyos individuos tienen un color amarillo, y por

encima del color amarillo una especie de camiseta negra sujeta por dos

cintas que pasan por encima de los hombros. Tienen también la cola

prensil, porque viven siempre en los árboles, y se cuelgan de la cola.

¿De dónde provenía la amistad estrecha entre el Oso Hormiguero y el

cazador? Nadie lo sabía en el monte; pero alguna vez ha de llegar el

motivo a nuestros oídos.

La pobre madre, pues, llegó hasta el cubil del oso hormiguero.

-¡Tan! ¡Tan! ¡Tan! -llamó jadeante.

-¿Quién es?-respondió el Oso Hormiguero.

-¡Soy yo, la gama!

-¡Ah, bueno! ¿Qué quiere la gama?

-Vengo a pedirle una tarjeta de recomendación para el cazador. La

gamita, mi hija, está ciega.

-¿Ah, la gamita?-le respondió el Oso Hormiguero-. Es una buena

persona. Si es por ella, sí le doy lo que quiere. Pero no necesita nada

escrito... Muéstrele esto, y la atenderá.

Y con el extremo de la cola, el oso hormiguero le extendió a la gama

una cabeza seca de víbora, completamente seca, que tenía aún los

colmillos venenosos.

-Muéstrele esto- dijo aún el comedor de hormigas-. No se precisa más.

-¡Gracias, Oso Hormiguero!- respondió contenta la gama-. Usted

también es una buena persona.

Y salió corriendo, porque era muy tarde y pronto iba a amanecer.

Al pasar por su cubil recogió a su hija, que se quejaba siempre, y juntas

llegaron por fin al pueblo, donde tuvieron que caminar muy despacito y

arrimarse a las paredes, para que los perros no las sintieran. Ya

estaban ante la puerta del cazador.

-¡Tan! ¡Tan! ¡Tan!- golpearon.

-¿Qué hay?- respondió una voz de hombre, desde adentro.

-¡Somos las gamas!... ¡ Tenemos la cabeza de víbora!

La madre se apuró a decir esto, para que el hombre supiera bien que

ellas eran amigas del Oso Hormiguero.

-¡Ah, ah!- dijo el hombre, abriendo la puerta-. ¿Qué pasa?

Venimos para que cure a mi hija, la gamita, que está ciega.

Y contó al cazador toda la historia de las abejas.

-¡Hum!... Vamos a ver qué tiene esta señorita- dijo el cazador. Y

volviendo a entrar en la casa, salió de nuevo con una sillita alta, e hizo

sentar en ella a la gamita para poderle ver bien los ojos sin agacharse

mucho. Le examinó así los ojos, bien de cerca con un vidro redondo

muy grande, mientras la mamá alumbraba con el farol de viento

colgado de su cuello.

-Esto no es gran cosa- dijo por fin el cazador, ayudando a bajar a la

gamita-. Pero hay que tener mucha paciencia. Póngale esta pomada en

los ojos todas las noches, y téngala veinte días en la oscuridad.

Después póngale estos lentes amarillos, y se curará.

-¡Muchas gracias, cazador!- respondió la madre, muy contenta y

agradecida-. ¿Cuánto le debo?

-No es nada- respondió sonriendo el cazador-. Pero tenga mucho

cuidado con los perros, porque en la otra cuadra vive precisamente un

hombre que tiene perros para seguir el rastro de los venados.

Las gamas tuvieron gran miedo; apenas pisaban, y se detenían a cada

momento, Y con todo, los perros las ofgatearon y las corrieron media

legua dentro del monte. Corrían por una picada muy ancha, y delante la

gamita iba balando.

Tal como lo dijo el cazador se efectuó la curación. Pero solo la gama

supo cuánto le costó tener encerrada a la gamita en el hueco de un

gran árbol, durante veinte días interminables. Adentro no se veía nada.

Por fin una mañana la madre apartó con la cabeza el gran montón de

ramas que había arrimado al hueco del árbol para que no entrara luz, y

la gamita con sus lentes amarillos, salió corriendo y gritando:

-¡Veo, mamá! ¡Ya veo todo!

Y la gama, recostando la cabeza en una rama, lloraba también de

alegría, al ver curada su gamita.

Y se curó del todo; Pero aunque curada, y sana y contenta, la gamita

tenía un secreto que la entristecía. Y el secreto era éste: ella quería a

toda costa pagarle al hombre que tan bueno había sido con ella, y no

sabía cómo.

Hasta que un día creyó haber encontrado el medio. Se puso a recorrer

la orilla de las lagunas y bañados, buscando plumas de garza para

llevarle al cazador. El cazador, por su parte, se acordaba a veces de

aquella gamita ciega que él habia curado.

Y una noche de lluvia estaba el hombre leyendo en su cuarto muy

contento porque acababa de componer el techo de paja, que ahora no

se llovía más; estaba leyendo cuando oyó que llamaban. Abrió la

puerta, y vio a la gamita que le traía un atadito, un plumerito todo

mojado de plumas de garza.

El cazador se puso a reír, y la gamita, avergonzada porque creía que el

cazador se reía de su pobre regalo, se fue muy triste. Buscó entonces

plumas muy grandes, bien secas y limpias, y una semana después

volvió con ellas; y esta vez el hombre, que se había reído la vez

anterior de cariño, no se rió esta vez porque la gamita no comprendía

la risa. Pero en cambio le regaló un tubo de tacuara lleno de miel, que

la gamita tomó loca de contenta.

Desde entonces la gamita y el cazador fueron grandes amigos. Ella se

empeñaba siempre en llevarle plumas de garza que valen mucho

dinero, y se quedaba las horas charlando con el hombre. El ponía

siempre en la mesa un jarro enlozado lleno de miel, y arrimaba la sillita

alta para su amiga. A veces le daba también cigarros que las gamas

comen con gran gusto, y no les hacen mal. Pasaban así el tiempo,

mirando la llama, porque el hombre tenía una estufa de leña mientras

afuera el viento y la lluvia sacudían el alero de paja del rancho.

Por temor a los perros, la gamita no iba sino en las noches de

tormenta. Y cuando caía la tarde y empezaba a llover, el cazador

colocaba en la mesa el jarrito con miel y la servilleta, mientras él

tomaba café y leía, esperando en la puerta el ¡tan-tan! bien conocido

de su amiga la gamita.

 


1000 CITAS

Escrito por imagenes 16-05-2009 en General. Comentarios (0)

1000 CITAS

 

· 'Yo soy feliz', dijo. Naturalmente, se trataba de un necio. - Proverbio Persa
· (Al camarero de un restaurante) Hoy no tengo tiempo para almorzar. Traiga la cuenta. - Groucho Marx
· (En el guardarropa) Me deja su chaqueta, señor Marx? -Si, que la tengan lista para el jueves. - Groucho Marx
· A dónde podrá ir el que hasta aquí llego, si más allá solo fueron los muertos. - Thomas Jefferson.
· A medida que avanza una discusión, retrocede la verdad. - Anónimo
· A menudo se echa en cara ante la juventud el creer que el mundo comienza con ella. Cierto. Pero la vejez cree aún más a menudo que el mundo acaba con ella. ¿Qué es peor? - Ch. Friedrich Kebbel
· A quien va usted a creer, ¿A mi, o a sus propios ojos? - Groucho Marx
· A un hombre sólo le pido tres cosas: que sea guapo, implacable y estúpido. - Dorothy Parker
· A veces creo que hay vida en otros planetas, y a veces creo que no. En cualquiera de los dos casos la conclusión es asombrosa. - Carl Sagan
· A veces creo que hay vida en otros planetas, y a veces creo que no. En cualquiera de los dos casos la conclusión es asombrosa. - Carl Sagan
· A veces hay que estropear un poquito el cuadro para poder terminarlo. - Eugène Delacroix.
· A veces pienso que la prueba más fehaciente de que existe vida inteligente en el universo es que nadie ha intentado contactar con nosotros. - Bill Watterson
· A veces, cuesta mucho más eliminar un sólo defecto que adquirir cien virtudes. - Jean De La Bruyère
· A veces, lavándonos las manos, nos ensuciamos la conciencia. - Anónimo
· Aceptar un favor de un amigo, es hacerle otro. - Jhon Ch. Collins
· Ahora que estas lejos de mí, ¡no sabes cuanto te extraño!... ¡pero cuanto me divierto! - Pintada
· Al amor lo pintan ciego y con alas. Ciego para no ver los obstáculos y con alas para salvarlos. - Jacinto Benavente
· Al inteligente se le puede convencer; al tonto, persuadir. - Curt Goetz
· Al perro que tiene dinero se le llama señor perro. - Proverbio Arabe
· Al perro que tiene dinero se le llama Sr. Perro - Proverbio árabe
· Al utilizar por primera vez este tipo de armas nos alineamos con los bárbaros de las primeras edades. - J.Robert Openheimer.
· Al vencer sin obstáculos se triunfa sin gloria. - Corneille
· Algunos encuentran el silencio insoportable porque tienen demasiado ruido dentro de ellos mismos. - Robert Fripp
· Ama a quien no te ama, responde a quien no te llama, andarás carrera vana. - Refrán Español
· Ama a una nube, ama a una mujer, pero ama. - Theophile Gautier
· Amar es el más poderoso hechizo para ser amado. - Baltasar Gracián
· Amo la traición, pero odio al traidor. - Cayo Julio César
· Amor no es mirarse el uno al otro, sino mirar los dos en la misma dirección. - Antoine De Saint Exupéry
· Amor: sólo una eternidad que no se alcanza. - Percy Byshe
· Añorar el pasado es correr tras el viento. - Proverbio Ruso.
· Antes de casarme veía difícil permanecer fiel a una persona. Ahora creo en el calor de un hogar, en la relación oficial. Cuando se está enamorada, la fidelidad es fácil. - Julia Roberts
· Aquel que duda y no investiga, se torna no sólo infeliz, sino también injusto. - Blas Pascal.
· Aquello que se considera ceguera del destino es en realidad propia miopía - Willian Faulkner
· Aunque a todos les está permitido pensar, muchos se lo ahorran. - Curts Goetx.
· Aunque las mujeres no somos buenas para el consejo, algunas veces acertamos. - Teresa De Jesús
· Aunque personalmente me satisfaga que se hayan inventado los explosivos, creo que no debemos mejorarlos. - Winston Churchill
· Bebo para hacer interesantes a las demás personas. - Groucho Marx
· Buscamos llenar el vacío de nuestra individualidad y por un breve momento disfrutamos de la ilusión de estar completos. Pero es sólo una ilusión: el amor une y después divide. - Lawrence Durrell
· Buscando el bien de nuestros semejantes, encontramos el nuestro. - Platón.
· Buscando mi destino, concluyo por pensar que sólo en el buscar consiste mi destino. - Mario Sarmiento
· Cabalgar, viajar y cambiar de lugar recrean el ánimo. - Séneca
· Cada criatura, al nacer, nos trae el mensaje de que Dios todavía no pierde la esperanza en los hombres. - Rabindranath Tagore
· Cada hombre puede mejorar su vida mejorando su actitud. - Héctor Tassinari
· Cada uno es ortodoxo con respecto a sí mismo. - John Locke
· Caer está permitido. ¡Levantarse es obligatorio!. - Proverbio Ruso
· Casarse está bien. No casarse está mejor. - San Agustín.
· Cásate; si por casualidad das con una buena mujer, serás feliz; si no, te volverás filósofo, lo que siempre es útil para un hombre. - Sófocles.
· Cataluña es la mejor maquina de tren que tiene España. - Jordi Pujol
· Citadme diciendo que me han citado mal. - Groucho Marx
· Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cinco años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cinco años! - Groucho Marx
· Coge el día presente y fíate lo menos posible del mañana. - Horacio
· Como individuo, la mujer es un ser endeble y defectuoso. - Santo Tomás De Aquino
· Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir. - Federico García Lorca.
· Como no sabían que era imposible lo hicieron. - Anónimo
· Como no sabían que era imposible lo hicieron. - Anónimo.
· Con audacia se puede intentar todo; mas no se puede conseguir todo - Napoleón Bonaparte
· Con el persuasivo lenguaje de una lagrima. - Winston Churchill
· Con el submarino ya no habrá mas batallas navales como seguirán inventándose instrumentos de guerra cada vez mas perfeccionados y terroríficos, la guerra misma será imposible. - Jules Verne.
· Con la invención de la bomba atómica he llegado a ser la muerte, el destructor de mundos. - J.Robert Openheimer.
· Conocer y amar nuestro folclore, es honrar el lenguaje de nuestra bandera. - Venezuela Tambor Y Canto
· Consulta el ojo de tú enemigo, porque es el primero que ve tus defectos. - Antistenes
· Continuamos siendo imperfectos, peligrosos y terribles, y también maravillosos y fantásticos. Pero estamos aprendiendo a cambiar. - Ray Bradbury
· Contra el optimismo no hay vacunas - Mario Benedetti
· Crecí besando libros y pan... Desde que besé a una mujer, mis actividades con el pan y los libros perdieron interés. - Salman Rushdie
· Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros. - Bioy Casares.
· Cualquier esfuerzo resulta ligero con el hábito. - Tito Livio
· Cualquier hombre puede llegar a ser feliz con una mujer, con tal de que no la ame. - Oscar Wilde
· Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima. - Oscar Wilde
· Cuando alguien dice teóricamente, realmente quiere decir no. - Dave Parnas.
· Cuando apuntas con un dedo, recuerda que los otros tres dedos te señalan a ti. - Proverbio Ingles.
· Cuando el carro se ha roto mucho os dirán por donde se debía pasar. - Proverbio Turco
· Cuando empieza a preguntarse si es hora de irse, es que ya pasó la hora de irse. - Willian Rotsler
· Cuando eres consciente de la muerte, acabas asumiendo tu propia soledad. - Rosa Regás
· Cuando existe respeto por uno mismo y por los demás; la comunicación se hace más fácil. - Rooder Fifighti
· Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio. - Proverbio Indio.
· Cuando hay dinero por medio es muy difícil la libertad. - Gonzalo Torrente Ballester
· Cuando la edad enfría la sangre y los placeres son cosa del pasado, el recuerdo más querido sigue siendo el último, y nuestra evocación más dulce, la del primer beso. - Lord Byron
· Cuando la felicidad nos sale al paso nunca lleva el hábito con que nosotros pensábamos encontrarla. - Madame De Amiel
· Cuando la lucha de un hombre comienza dentro de sí, ese hombre vale algo. - Robert Browning
· Cuando la voz de un enemigo acusa, el silencio de un amigo condena. – Anónimo

· Cuando las personas tienen libertad para hacer lo que quieren, por lo general comienzan a imitarse mutuamente. - Françoise Sagan
· Cuando llegue la prosperidad no la uses toda - Confucio
· Cuando los ricos se hacen la guerra, son los pobres los que mueren. - Jean Paul Sartre
· Cuando no se puede lo que se quiere, hay que querer lo que se puede. - Terencio.
· Cuando no se tiene dinero, siempre se piensa en él. Cuando el dinero se tiene, sólo se piensa en él. - Jean Paul Getty.
· Cuando se habla de estar enamorado como un loco se exagera; en general, se está enamorado como un tonto. - Noel Claraso
· Cuando se lee un libro según qué estado de ánimo sólo se encuentran el libro interpretaciones de este estado. - Heinrich Heine
· Cuando se muere alguien que nos sueña, se muere una parte de nosotros. - Miguel De Unamuno.
· Cuando se tienen 20 años, uno cree haber resuelto el enigma del mundo; a los 30 reflexiona sobre él, y a los cuarenta descubre que es insoluble. - August Strindberg
· Cuando se trata de dinero todos son de la misma religión. - Voltaire
· Cuando todo el mundo está loco, estar cuerdo es una locura. - Paul Samuelson
· Cuando un hombre dice que con dinero puede hacer cualquier cosa eso significa: que no tiene nada. - Edgar W. Howe
· Cuando un hombre se muestra indiferente hacia una mujer supone un desafío para ella. - Manuel Gila
· Cuando uno dice que sabe lo que es la felicidad, se puede suponer que la ha perdido. - Anónimo
· Cuando veas a un hombre bueno, trata de imitarlo; cuando veas a un hombre malo, examínate a ti mismo. - Confucio.
· Cuando ves a una persona un día tras otro, la frescura se pierde, la relación se transforma, la pasión se enfría y empiezas a buscar a otra persona. - Sylvester Stallone
· Cuanto más adelanta el hombre en la penetración de los secretos de la Naturaleza, mejor se le descubre la universalidad del plano eterno. - Kepler.
· Cuidado con la tristeza. Es un vicio. - Gustave Flaubert.
· Cumplamos la tarea de vivir de tal modo que cuando muramos, incluso el de la funeraria lo sienta. - Mark Twain.
· Cumplamos la tarea de vivir de tal modo que cuando muramos, incluso el de la funeraria lo sienta. - Mark Twain
· Dadme un punto de apoyo y levantaré el mundo. - Arquímedes.
· De aquel que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar con fundamento que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero. - Benjamin Franklin
· De estas, ahí una para ti - Inscripcion En Un Reloj De Sol
· De hombres es equivocarse; de locos persistir en el error. - Marco Tulio Cicerón.
· De mis disparates de juventud, lo que me da más pena no es haberlos cometido, sino no poder volver a cometerlos. - Pierre Benoit
· De todos los animales de la creación el hombre es el único que bebe sin tener sed, come sin tener hambre y habla sin tener nada que decir. - John Steinbeck.
· Deberíamos usar el pasado como trampolín y no como sofá. - Harold Macmillan
· Debo confesar que nací a una edad muy temprana. - Groucho Marx
· Del árbol del silencio pende el fruto de la seguridad. - Proverbio Árabe
· Democracia significa gobierno por los sin educación, y aristocracia significa gobierno por los mal educados. - Chesterton.
· Descansar demasiado es oxidarse. - Sir Walter Scott.
· Desde el momento en que cogí este libro hasta que lo dejé, me entraron fuertes convulsiones de risa. - Groucho Marx
· Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo. - Groucho Marx
· Desde que el hombre existe ha habido música. Pero también los animales, los átomos y las estrellas hacen música. - Karlheinz Stockhausen.
· Desde que los hijos educan a los padres, se acabaron los complejos de Edipo. - Mario Benedetti
· Desdichado el que duerme en el mañana. - Hesiodo
· Detras de cada gran hombre hay una gran mujer. Detrás de ella, está su esposa. - Groucho Marx
· Dicen que el hombre no es hombre mientras no oye su nombre de labios de una mujer. - Antonio Machado
· Dime qué es lo que verdaderamente amas, y me habrás dado con eso una expresión de tu vida, Amas lo que tu vives. - J. G. Fitche
· Dios es el único ser que para reinar no tuvo ni siquiera necesidad de existir. - Charles Baudelaire
· Dios no es más que una palabra para explicar el mundo. - Alphonse De Lamartine
· Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien. - Julius Marx Groucho
· Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien. - Groucho Marx
· Disfruta hoy, es más tarde de lo que crees. - Proverbio Chino
· Donde todos piensan igual, nadie piensa mucho - Rodin
· Duda siempre de ti mismo, hasta que los datos no dejen lugar a dudas. - Louis Pasteur
· El acto sexual es un saludo que intercambian dos almas. - Macedonio Fernández
· El ambicioso es un esclavo de lo mucho que desea: el hombre libre es el que nada desea. - Edward Young
· El amigo seguro se conoce en la acción insegura. - Anónimo
· El amor consuela como el resplandor del sol después de la lluvia. - W. Shakespeare
· El amor de los jóvenes no está en el corazón, sino en los ojos. - William Shakespeare
· El amor es ciego, pero el matrimonio le restaura la vista. - G.C.Lichtenberg
· El amor es como el fuego, que si no se comunica se apaga. - Giovanni Papini.
· El amor es como la salsa mayonesa: cuando se corta, hay que tirarlo y empezar otro nuevo. - Enrique Jardiel Poncela.
· El amor es emoción, y el sexo, acción. - Madonna
· El amor es la más noble flaqueza del espíritu. - John Dryden
· El amor es la pasión por la dicha del otro. - Cyrano De Bergerac
· El amor es un espíritu dentro de dos formas. - Percy Shelley
· El amor es una amistad con momentos eróticos. - Antonio Gala
· El amor es una tontería hecha por dos. - Napoleón
· El amor es: la alegría de los buenos, la reflexión de los sabios, el asombro de los incrédulos - Platón
· El amor hace pasar el tiempo; el tiempo hace pasar el amor - Proverbio Italiano.
· El amor nace del recuerdo, vive de la inteligencia y muere por olvido. - Ramón Llull
· El amor nace del recuerdo; vive de la inteligencia y muere por olvido. - Ramón Llull.
· El amor no es sólo un sentimiento. Es también un arte - Honorato De Balzac.
· El amor no tiene cura, pero es la única medicina para todos los males. - Leonard Cohen
· El amor nunca muere de hambre; con frecuencia, de indigestión. - Niñon De Lenclos.
· El amor puede ser un pasatiempo y una tragedia. - Isadora Duncan.
· El amor que nace súbitamente es el más tardo de curar. - Jean De La Bruy&Etildere
· El amor que pudo morir no era amor. - Anónimo
· El amor tiene fácil la entrada y difícil la salida. - Lope De Vega
· El amor y la tos no pueden ocultarse. - Proverbio Italiano
· El árbol de la libertad debe ser regado, de cuando en cuando, con la sangre de patriotas y tiranos. - Pintada.
· El ardor juvenil en sus comienzos es fogoso, pero languidece fácilmente y no dura; es el humo de una fogata liviana. - Lucio Anneo Seneca.
· El arte de vencer se aprende en la derrota. - Simón Bolivar
· El automóvil es por el momento solo un lujo reservado a los ricos, pero aunque en el futuro su precio disminuya, nunca llegara a ser un medio de transporte tan popular como la bicicleta.
The Literary Digest, 1899. - Oscar Wilde.
· El banquero es un señor que nos presta el paraguas cuando hace sol y nos lo exige cuando empieza a llover. - Mark Twain.
· El beso es el contacto de dos epidermis y la fusión de dos fantasías. - Alfred De Musset
· El cambio no sólo se produce tratando de obligarse a cambiar, sino tomando conciencia de lo que no funciona. - Shakti Gawain
· El camino hacía la riqueza depende fundamentalmente de dos palabras: trabajo y ahorro. - Benjamín Franklin

· El camino más seguro es el del medio. - Ovidio
· El cerebro es un órgano maravilloso. Comienza a trabajar nada más levantarnos y no deja de funcionar hasta entrar en la oficina. - Robert Frost
· El césped siempre crece más verde al otro lado de la valla - Anónimo
· El cine tiene que producir sosiego. - Azorín.
· El cine, ese invento del demonio. - Antonio Machado.
· El cobarde muere muchas veces. El valiente sólo una. - Willian Shakespeare
· El comercio mezcla a los hombres, pero no los une. - Anónimo.
· El comportamiento es un espejo en el que cada uno muestra su imagen. - Johann Wolfgang Von Goethe.
· El corazón de un hombre es una rueda de molino que trabaja sin cesar; se nada echáis a moler corréis el riesgo de que se triture a sí misma. - Martin Lutero
· El corazón es un niño: espera lo que desea. - Provebio Turco
· El cristianismo ha hecho mucho por el amor convirtiéndolo en pecado. - Anatole France
· El deseo vence al miedo. - Mateo Aleman
· El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros los que las jugamos. - Arthur Schopenhauer
· El diablo es optimista si cree que puede hacer peores a los hombres. - Kark Kraus
· El dinero es buen sirviente pero mal amo. - Henry G. Bohn
· El dinero huele bien venga de donde venga. - Juvenal
· El dinero no da la felicidad, pero aplaca los nervios. - Jeanne Bourgeois, Mistinguett
· El dinero puede ser la cobertura de muchas cosas, pero no te da lo principal. Te da comida pero no apetito, medicina pero no salud; conocidos pero no amigos; servidores pero no lealtad; días de alegría pero no paz ni felicidad. - Henrik Ibsen
· El dinero siempre está ahí; sólo cambian los bolsillos. - Gertrude Stein.
· El entusiasmo es el pan diario de la juventud. El escepticismo, el vino diario de la vejez. - Pear S. Buck
· El estudioso es el que lleva a los demás a lo que él ha comprendido: la Verdad. - Santo Tomás De Aquino
· El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has tenido que enfrentar en el camino. - Anónimo
· El éxito tiene muchos padres, pero el fracaso es huérfano. - John F. Kennedy
· El fin más importante de la educación es ayudar a los estudiantes a no depender de la educación formal. - Paul Gray
· El genio comienza las grandes obras, pero sólo el trabajo las acaba. - Joseph Joubert
· El hombre ama poco y a menudo, la mujer mucho y raramente. - Jan Basta.
· El hombre comienza en realidad a ser viejo cuando cesa de ser educable. - Arthur Graf
· El hombre encuentra a Dios detrás de cada puerta que la ciencia logra abrir. - Albert Einstein
· El hombre es mortal por sus temores e inmortal por sus deseos. - Pitágoras
· El hombre es un lobo para el hombre. - Plauto
· El hombre es un milagro químico que sueña. - Alfred Conde
· El hombre es una inteligencia servida por órganos. - Fayus
· El hombre feliz es más raro que un cuervo blanco. - Juvenal
· El hombre ha de fijar un final para la guerra. Si no, la guerra fijará un final para el hombre. - J.F.K.
· El hombre hace dinero, pero el dinero no hace al hombre - Anónimo
· El hombre justo no es aquel que no comete ninguna injusticia, si no el que pudiendo ser injusto no quiere serlo. - Menadro
· El hombre más lento, que no pierde de vista el fin, va siempre más veloz que el que vaya sin perseguir un punto fijo. - Gotthold W. Lessing
· El Hombre moderno es el eslabón perdido entre los monos y el ser humano. - Anónimo.
· El hombre nace sin dientes, sin cabello y sin ilusiones. Y muere lo mismo: sin dientes, sin cabellos y sin ilusiones. - Alejandro Dumas
· El hombre no es más que un omnívoro que viste pantalones. - Thomas Carlyle
· El hombre no vive de otra cosa que de religión o de ilusiones - Giacomo Leopardi
· El hombre pasa su vida en razonar sobre el pasado, quejarse de lo presente y en temblar por lo venidero. - Ricarol
· El hombre que dice, no puede hacerse, será sorprendido por alguien que lo haga. - Anónimo
· El hombre que más ha vivido no es aquel que más años ha cumplido, sino aquel que más ha experimentado la vida. - Jean
· El hombre que no comete errores usualmente no hace nada. - Edward J. Phelps
· El hombre que no ha amado apasionadamente ignora la mitad más bella de la vida. - Stendhal
· El hombre que no investiga las dos partes de una cuestión, no es honrado. - Abraham Lincoln
· El hombre que pretende obrar guiado exclusivamente por la razón, está condenado a obrar muy raramente. - Gustabe Le Bon
· El hombre que se levanta es aún más grande que el que no ha caído. - Concepcion Arenal
· El hombre se adentra en la multitud por ahogar el clamor de su propio silencio. - Rabindranath Tagore.
· El hombre se cree siempre ser más de lo que es, y se estima menos de lo que vale. - Goethe
· El hombre se dedica a desear en voz alta aquello que jamás se esfuerza en alcanzar. - Noel Claraso
· El humor es el espejo donde se refleja lo estúpido del ser humano. - Manuel Gila
· El humor es la maldad de los hombres dicha con ingenuidad de niño - Manuel Gila
· El humor se tiene o no se tiene y es la manera de ver las cosas con claridad. - Antonio Mingote
· El insomnio es una lucidez vertiginosa que convertiría el paraíso en un lugar de tortura. - Emile M. Cioran.
· El joven conoce las reglas, pero el viejo las excepciones. - Oliver W. Holmes
· El jurado está compuesto por doce personas elegidas para decidir quien tiene el mejor abogado. - Robert L. Frost
· El justo y el injusto no son productos de la naturaleza, sino de la ley. - Arquelao
· El más difícil no es el primer beso, sino el último. - Paul Géraldy
· El matrimonio es la principal causa de divorcio. - Groucho Marx
· El matrimonio es tratar de solucionar entre dos problemas que nunca hubieran surgido al estar solos. - Eddy Cantor
· El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución. - Groucho Marx
· El mejor automovilista es aquél que conduce con imaginación...imagina que su familia va con él en el coche - Henry Ford
· El mejor camino para salir es siempre a través. - Robert Frost
· El mejor consejo lo da siempre la experiencia, pero siempre llega demasiado tarde. - Amelot De La Houssaye
· El mejor matrimonio sería aquel que reuniese a una mujer ciega con un marido sordo. - Michel De Montaigne.
· El mejor placer de la vida es hacer lo que la gente te dice que no puedes hacer. - Walter Bagehot
· El mejor profeta del futuro es el pasado. - Lord Byron
· El miedo es para el espíritu tan saludable como el baño para el cuerpo. - Máximo Gorki.
· El mundo de cada cual se vuelve mucho más grande con sólo reconocer el de los demás. - J. Marie Laskas
· El mundo es de quien nace para conquistarlo y no de quien sueña que puede conquistarlo. - Fernando Pessoa
· El mundo es un espejo que refleja la imagen del observador. - William W. Thackerry
· El mundo llama inmorales a los libros que le explican su propia vergüenza. - Oscar Wilde.
· El mundo no está amenazado por las malas personas, sino por aquellos que permiten la maldad. - Albert Einstein
· El mundo no está en peligro por las malas personas sino por aquellas que permiten la maldad. - Einstein
· El nacimiento y la muerte no son dos estados distintos, sino dos aspectos del mismo estado. - Gandhi
· El negocio del cine es macabro, grotesco: es una mezcla de partido de fútbol y de burdel. - Federico Fellini.
· El optimista cree que este mundo es inmejorable. El pesimista teme que así sea. - Doug Larson
· El peligro es el gran remedio para el aburrimiento. - Graham Green

· El peor de los males es creer que los males no tienen remedio. - Francisco Cabarrus
· El pobre carece de muchas cosas; pero el avaro, carece de todo. - Lucio Anneo Seneca.
· El principio más profundo del carácter del ser humano, es el anhelo de ser apreciado. - William James
· El progreso consiste en el cambio. - Miguel De Unamuno
· El puede parecer un idiota y actuar como un idiota. Pero no se deje engañar. Es realmente un idiota. - Groucho Marx
· El que a nadie ama, me parece que por nadie es amado. - Democrito
· El que está abajo no cabrá de temer la caída. - Jhon Bunyan
· El que lee mucho y anda mucho; ve mucho y sabe mucho. - Cervantes
· El que nada duda, nada sabe. - Proverbio Griego
· El que no tiene carácter no es un hombre: es una cosa. - Chamfort
· El que no valora la vida no se la merece. - Leonardo Da Vinci
· El que quiere estudiar amor se queda siempre en alumno. - Anónimo
· El que se ahoga no repara en lo que se agarra. - José De San Martín
· El que se alimenta de deseos reprimidos finalmente se pudre. - William Blake
· El que se guarda un elogio, se queda con algo ajeno - Pablo Picasso
· El que se ocupa demasiado en hacer el bien no tiene tiempo de ser bueno. - Rabindranath Tagore.
· El que tiene un amigo verdadero puede decir que posee dos almas. - Anónimo
· El que todo lo juzga fácil encontrara la vida difícil. - Lao Tse
· El que vive de esperanzas corre el riesgo de morirse de hambre. - Benjamin Franklin
· El regalo de la felicidad pertenece a quien lo desenvuelve. - Anónimo
· El respeto al derecho ajeno es la paz - Benito Juárez
· El rico no gozaría nada si le faltase la envidia de los demás. - Alfredo Panzini.
· El sabio no dice lo que sabe, y el necio no sabe lo que dice. - Proverbio Chino
· El secreto de la dicha reside más bien en darla que en esperarla. - Louise M. Normand
· El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio...si puedes disimular eso, lo has conseguido. - Groucho Marx
· El secreto de un matrimonio feliz es perdonarse mutuamente el haberse casado. - Sacha Gvitry.
· El secreto del éxito es la honestidad. Si puedes evitarla, está hecho. - Groucho Marx
· El talento es algo corriente. No escasea la inteligencia, sino la constancia. - Doris Lessing
· El trabajo endulza la vida; pero no a todos les gustan los dulces. - Victor Hugo
· El único elemento que puede substituir la dependencia del pasado, es la dependencia del futuro. - Jhon Dos Passos
· El único hombre que no se equivoca es el que nunca hace nada. - Anónimo.
· El único idioma universal es el beso. - Louis Charles Alfred De Musset.
· El único medio de salir ganando de una discusión es evitarla. - Dale Carnegie
· El único medio de vencer en una guerra es evitarla. - George C. Marshall
· El único sentido de esta vida consiste en ayudar a establecer el reino de Dios - León Tolstoi.
· El valor de una idea no tiene nada que ver con la sinceridad del hombre que la expone. - Oscar Wilde
· El valor del matrimonio no reside en que los adultos hagan niños; si no en que los niños hagan adultos. - Peter De Vries
· El verdadero héroe de algunas obras literarias es el lector que las aguanta. - Sergio Golworz
· El viaje más largo es el que se hace hacia el interior de uno mismo. - Hammarskjöld.
· El virtuoso se conforma con soñar lo que el pecador realiza en la vida. - Platón.
· Elige la mejor manera de vivir; la costumbre te la hará agradable. - Pitágoras
· Ella había perdido el arte de la conversación, pero no, la capacidad de hablar. - George Bernard Shaw
· En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él. - Margaret Thatcher
· En el amor hay dos males: la guerra y la paz. - Horacio
· En el cine, incluso la naturalidad es algo que se fabrica. - Manuel Gutiérrez Aragón.
· En el fondo, son las relaciones con las personas lo que da valor a la vida. - Guillermo Von Humboldt.
· En el majestuoso conjunto de la creación, nada hay que me conmueva tan hondamente, que acaricie mi espíritu y de vuelo desusado a mi fantasía como la luz apacible y desmayada de la luna. - Gustavo Adolfo Bequer
· En la adversidad una persona es salvada por la esperanza. - Menander.
· En la escala de lo cósmico sólo lo fantástico tiene posibilidades de ser verdadero. - Theilard De Chardin.
· En la pelea, se conoce al soldado; sólo en la Victoria, se conoce al caballero. - Jacinto Benavente.
· En la sociedad actual, si no puedo comprar no existo. - Cristina Peri Rossi
· En la tierra nada se presta tanto para alegrar al melancólico, para entristecer al alegre, para infundir coraje a los que desesperan, para enorgullecer al humilde y debilitar la envidia y el odio, como la Música. - Martín Lutero
· En la vida real, el que no se rinde es todo un valiente - Paul McCartney
· En la vida real, el que no se rinde es todo un valiente. - Paul Mccartney
· En la vida, lo más triste, no es ser del todo desgraciado, es que nos falte muy poco para ser felices y no podamos conseguirlo. - Jacinto Benavente
· En lo tocante a ciencia, la autoridad de un millar no es superior al humilde razonamiento de un hombre. - Galileo Galilei
· En los ojos del joven, arde la llama; en los del viejo, brilla la luz. - Victor Hugo
· En ningún momento he dudado que las mujeres son tontas. Al fin y al cabo el Todopoderoso las creó a imagen y semejanza de los hombres. - George Eliot
· En nuestro mundo la gente no sabe lo que quiere y está dispuesta a todo por conseguirlo. - Don Marquis
· En otras palabras, el macho, desde el punto de vista genético, es una hembra incompleta, un aborto con patas. - Valerie Solanas
· En realidad, los seguros de vida son seguros de muerte. - Ramón Gomez De La Serna
· En resumidas cuentas, en este mundo, cada cual consigue lo que se merece. Pero sólo quienes alcanzan el éxito lo reconocen. - Georges Simenon
· En tanto las leyes de la matemática se refieren a la realidad, no son ciertas; en tanto son ciertas, no se refieren a la realidad - Albert Einstein.
· Envejecer es el único medio de vivir mucho tiempo. - Daniel
· Envejecer es todavía al único medio que se ha encontrado para vivir mucho tiempo. - Charles A. Sainte.Beuve
· Envejecer no es tan malo cuando se piensa en la alternativa. - Maurice Chevalier
· Equilibra tus necesidades con tu riqueza y no serás pobre ni rico, sino simplemente afortunado. - Chilón De Lacedemonia.
· Equivocarse, y a pesar de ello, deber otorgar confianza a mi ser interior, esto es el hombre. - Gottfried Benn
· Es amigo mío aquel que me socorre, no el que me compadece. - Thomas Fuller
· Es bueno ser importante pero más importante es ser bueno - Anónimo
· Es cierto que no te quiero tanto como cuando éramos novios, pero a mí nunca me han gustado las mujeres casadas. - Proverbio Americano.
· Es cuando nos olvidamos de nosotros, cuando hacemos cosas que merecen ser recordadas. - Anónimo.
· Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien. - Victor Hugo.
· Es imposible ocultar el amor en los ojos de que ama. - Jhon Crowne
· Es infinitamente más bello dejarse engañar diez veces que perder una vez la fe en la Humanidad. - Heinz Zschokke.
· Es infinitamente más bello dejarse engañar diez veces que perder una vez la fe en la Humanidad. - Heinz Zschokke
· Es inútil volver sobre lo que ha sido y no es ya. - Frideric Chopin
· Es inútil, no me hacen ni caso - Dios
· Es más fácil negar las cosas que enterarse de ellas. - Mariano José De Larra
· Es más vergonzoso desconfiar de los amigos, que ser engañado por ellos. - François De Larochefoucauld.

· Es mejor el uso de las riquezas que la posesión de ellas. - Fernando De Rojas
· Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente. - Groucho Marx
· Es mejor malograr la propia juventud, que no hacer nada en ella. - Georges Courteline
· Es mi fe tan cumplida que adoro a Dios, aunque me dio la vida. - Ramón De Campoamor
· Es propio del amor si es verdadero, compendiar en un ser el mundo entero. - Campoamor
· Es un hecho curioso de la vida que, si uno se niega a aceptar nada que no sea lo mejor, suele conseguirlo. - Maugham
· Es una ley inexorable en la vida de los sexos, la acción anafrodisíaca de la costumbre. - Gregorio Marañon
· Es una locura amar, a menos que se ame con locura. - Proverbio Latino
· Esperar sentido común en la gente es una prueba de no tener sentido común. - Eugene O'neill
· Espero ya el Ultimo Orgasmo con la Señora Muerte... tarde o temprano... - Joan Sancho
· Estamos especializados en una armoniosa repetición del desastre y la estupidez. - Terenci Moix
· Estamos rodeados de artilugios destinados a ahorrar trabajo, y sin embargo disponemos de escaso ocio autentico. - Laurence J. Peter
· Estar en ayunas no mata, pero la glotonería sí. - Proverbio Ruso.
· Esto de los años / yo no lo entiendo & que aunque es bueno cumplirlos / no es bueno tenerlos. - Francisco De Rojas
· Esto se llama perseverancia en una buena causa y obstinación en una mala. - Laurence Sterne
· Estos son mis principios. Si a usted no le gustan, tengo otros. - Groucho Marx
· Facilitar una buena acción es lo mismo que hacerla. - Mahoma.
· Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre, y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer. - Groucho Marx
· Gente... ¡infinidad!, Personas... ¡poquísimas! - Joan Sancho
· Habla en voz baja, habla despacio y no digas demasiado. - John Wayne.
· Hablar oscuramente lo sabe hacer cualquiera, con claridad lo hacen muy pocos - Galileo Galilei
· Habría que añadir dos derechos a la lista de derechos del hombre: el derecho al desorden y el derecho a marcharse. - Charles Baudelaire.
· Hacer el amor es algo muy sano: Quemas calorías y hasta te olvidas de quién eres. - Isabel Gemio
· Hay algo que Dios ha hecho mal. A todo le puso límites menos a la tontería. - Konrad Adenauer
· Hay ciertos defectos que bien manejados brillan más que la virtud. - La Rochefoucauld
· Hay dos formas de ver la vida: una es creer que no existen milagros, la otra es creer que todo es un milagro. - Albert Einstein
· Hay dos tipos de mujeres: las feas y las que se pintan. - Oscar Wilde
· Hay gentes tan llenas de sentido común, que no les queda el más pequeño rincón para el sentido propio. - Miguel De Unamuno.
· Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles. - Bertolt Brecht
· Hay libros cortos que, para entenderlos como se merecen, se necesita de una vida muy larga. - Francisco De Quevedo.
· Hay momentos en que cesar de ser ministro evidencia que se es digno de tal cargo. - Anónimo
· Hay mucha gente que cuando ha de hacer algo, hace algo; aunque no sea exactamente lo que ha de hacer. - Noel Clarasó Serrat
· Hay ocasiones en que cuantos nos rodean no merecen sino un poco de comedia. Seamos, entonces, un poco farsantes. - Benjamín Jarnes.
· Hay personas que de sus riquezas no tienen más que el miedo a perderlas. - Antoine Rivard
· Hay pocos lazos de amistad tan fuertes que no puedan ser cortados por cabello de mujer. - Ramon Y Cajal
· Hay que haber vivido un poco para comprender que todo lo que se persigue en esta vida sólo se consigue arriesgando a veces lo que más se ama. - André Gide.
· Hay que mejorar la condición femenina. Las cocinas son demasiado pequeñas, los fregaderos demasiado bajos y los mangos de las cacerolas están mal aislados. - George Wolinski.
· Hay que seguir la lucha con lo que podamos hasta que podamos. - Bbenito Juarez
· Hay que tomar a las personas como son, no existen otras. - Konrad Adenauer
· Hay quien tiene el deseo de amar pero no la capacidad de amar. - Giovanni Papini
· Hay quien tiene el deseo de amar, pero no la capacidad de amar. - Giovanni Papini.
· Hay un pasado que se fue para siempre pero hay un futuro que todavía es nuestro. - F.W. Robertson
· Hay una especie de vergüenza en ser feliz a la vista de ciertas miserias. - Jean De La Bruyere
· Hay una gran fuerza escondida en una dulce orden. - Proverbio Romano
· Haz de tu alma un diamante, a cada golpe una faceta más, para que un día sea toda luminosa. - Rogelio Stela Bonilla.
· Haz lo que ames, porque así amarás lo que haces - Anónimo
· Haz lo que ames, porque así amarás lo que haces - Anónimo
· Hazles comprender que no tienen en el mundo otro deber que la alegría. - Paul Claudel
· He disfrutado mucho con esta obra, especialmente en el descanso. - Groucho Marx
· He pasado una noche estupenda. Pero no ha sido esta. - Groucho Marx
· He tenido éxito en la vida. Ahora, intento hacer de mi vida un éxito. - Brigitte Bardot
· Hemos aprendido a volar como los pájaros y a nadar como los peces, pero no hemos aprendido el sencillo arte de vivir juntos como hermanos. - Martin L. King
· Hoy se abusa del sexo y de la violencia. - Sofía Loren
· Incierta es la amistad en la próspera fortuna. - San Isidro
· Incluso en el trono más alto, uno se sienta sobre sus propias posaderas. - Michel De Montaigne
· Indudablemente nadie se ocupa de quien no se ocupa de nadie - Thomas Jefferson
· Inteligencia militar son dos términos contradictorios - Grouxo Marx
· Jamás aceptaría pertenecer a un club que admitiera como miembro a alguien como yo. - Groucho Marx
· Jamás el esfuerzo desayuda la fortuna. - Fernado Rojas
· Jamás ha habido un niño tan adorable que la madre no quiera poner a dormir. - R.W. Emerson
· Junto a estar en lo cierto en este mundo, lo mejor es ser claro y estar definitivamente equivocado. - Thomas Henry Huxley.
· Justo cuando uno descubre que sus padres tenían razón, sus hijos empiezan a decirle que uno está equivocado. - Aldo Camarota
· La actividad es lo que hace dichoso al hombre. - Bernard Shaw
· La adulación es como la sombra, no nos hace más grandes ni más pequeños. - Proverbio Danés
· La alegría es la mejor enfermera. - Hamerling
· La alegría ha sido llamada en buen tiempo del corazón. - Charles Smiles
· La alegría, cuanto más se gasta más queda. - R.W.Emerson
· La amabilidad es la forma más segura del desdén - Heinrich Böll.
· La amistad comienza donde termina o cuando concluye el interés. - Marco Tulio Cicerón
· La amistad es como la buena salud, nadie sabe lo que vale hasta que la pierde - Charles Caleb Colton
· La amistad es un contrato por el cual nos obligamos a hacer pequeños favores a los demás para que los demás nos los hagan grandes. - Montesquieu.
· La amistad es una mente en dos cuerpos - Mencius
· La antigüedad del tiempo es la juventud del mundo. - Francis Bacon.
· La belleza es verdad, la verdad es belleza - John Keats
· La buena conciencia sirve de buena almohada. - John Ray
· La buena suerte no es casual, es producto del trabajo; así la sonrisa de la fortuna tiene que ganarse a pulso. - Emily Dickinson
· La caridad bien entendida empieza por uno mismo, y generalmente acaba ahí. - Anónimo.
· La ciencia es una disciplina en la que el tonto de hoy puede sobrepasar el punto alcanzado por el genio de la generación precedente - Max Gluckman
· La comunicación efectiva es la habilidad para trasmitir los sentimientos, creencias, y opiniones propias con honestidad, autorrespeto y oportunidad; al mismo tiempo respetar los derechos de los demás. - Norman Vincent
· La comunicación es la llave del éxito. - Eduardo Aguilar Kublí

· La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito. - Ralph Waldo Emerson.
· La consecuencia de no pertenecer a ningún partido será que los molestaré a todos. - Lord Byron
· La constancia es la virtud por la que todas las demás dan su fruto. - Arturo Graf
· La cordura y el genio son novios, pero jamás han podido casarse. - Amado Nervo
· La desdicha es el vínculo más estrecho de los corazones. - La Fontaine.
· La dicha está donde la encuentras, muy rara vez donde la buscas. - J. Petit
· La disciplina es la parte más importante del éxito. - Truman Capote
· La divinidad está en ti, no en conceptos o en libros. - Herman Hesse
· La edad madura es aquella en la cual se es todavía joven, pero con mucho esfuerzo. - Jean L. Banault
· La educación de la mujer no puede llamarse tal educación, sino doma, pues se propone por fin la obediencia, la pasividad y la sumisión. - Emilia Pardo Bazán
· La educación es un seguro para la vida y un pasaporte para la eternidad. - Aparisi Y Guijarro.
· La enfermedad del ignorante es ignorar su propia ignorancia. - Amos Bronson Alcott
· La esperanza es un buen desayuno pero una mala cena. - Francis Bacon
· La estupidez insiste siempre. - Albert Camus
· La experiencia es algo maravilloso. Nos permite reconocer un error cada vez que lo volvemos a cometer. - Franklin P. Jones
· La experiencia es como un peine que te dan, justo cuando te quedas calvo. - Ringo Bonavena
· La experiencia es la enfermedad que ofrece el menor peligro de contagio. - Oliverio Girondo
· La fascinación lírica por las drogas es un experimento por el que todos hemos pasado, pero a la larga resulta improductivo. Emborracha, pero no alimenta. - José Ángel Mañas
· La felicidad es algo que depende no de la posición, sino de la disposición. - Jhon G. Pollard
· La felicidad no consiste en adquirir y gozar, sino en no desear nada, pues consiste en ser libre. - Epicteto
· La fotografía es verdad. Y el cine es verdad 24 veces por segundo. - Jean Luc Goddard.
· La fuerza es el derecho de las bestias. - Marco Julio Ciceron.
· La generosidad es el único egoísmo legítimo. - Mario Benedetti
· La gente no busca razones para hacer lo que quiere hacer, busca excusas. - Somerset Maugham.
· La gente se arregla todos los días el cabello. ¿Por qué no el corazón?. - Proverbio Chino
· La guerra es el arte de destruir hombres, la política es el arte de engañarlos. - Jean Le R. D´Alambert
· La habilidad es lo que permite hacer ciertas cosas; la motivación determina lo que se hace y la actitud cuán bien se hace. - Lou Holtz
· La Historia es como una destilación del chismorreo. - Carlyle.
· La Historia es como una destilación del chismorreo. - Carlyle
· La hora perfecta de comer es, para el rico cuando tiene ganas, y para el pobre, cuando tiene qué. - Luis Vélez De Guevara.
· La humanidad es como es. No se trata de cambiarla, sino de conocerla. - Gustavo Flaubert.
· La ignorancia afirma o niega rotundamente; la Ciencia duda. - Voltaire
· La ignorancia es la madre del miedo. - Kames
· La igualdad de la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, ni ninguno tan pobre que se vea necesitado de venderse. - Rousseau
· La imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser. El humor de lo que son. - Winston Churchill
· La independencia, igual que el honor, es una isla rocosa sin playas. - Napoleón Bonaparte
· La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando. - Pablo Ruiz Picasso
· La justicia es incidental a la ley y el orden. - J.Edgar Hoover.
· La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música. - Groucho Marx
· La justicia te proporcionará paz, y también trabajos. - Ramón Llull
· La juventud es feliz en lo que tiene de porvenir. - Nicolay Goyol
· La juventud sabe lo que no quiere antes de saber lo que quiere. - Jean Cocteau
· La lengua del amor esta en los ojos. - Jhon P. Fletcher
· La lengua es la piel del alma - Fernando Lázaro Carreter
· La ley básica del capitalismo es tú o yo, no tú y yo. - Karl Liebk Nech
· La libertad de amar no es menos sagrada que la libertad de pensar. Lo que hoy se llama adulterio, antaño se llamó herejía. - Victor Hugo
· La libertad es incompatible con el amor. Un amante es siempre un esclavo. - A.L. Germaine
· La libertad es incompatible con el amor. Un amante es siempre un esclavo. - Anne Louise Germaine De Staël
· La libertad es un lujo que no todos pueden permitirse. - Otto Von Bismarck
· La libertad no hace felices a los hombres, los hace sencillamente hombres. - Manuel Azaña.
· La libertad, al fin y al cabo, no es sino la capacidad de vivir con las consecuencias de las propias decisiones. - James Mullen
· La libertad, primero hay que aceptarla, después planificarla y, finalmente disfrutarla. - Paco Rabanne.
· La literatura no puede reflejar todo lo negro de la vida. La razón principal es que la literatura escoge y la vida no. - Pío Baroja
· La luna y el amor, cuando no crecen, disminuyen. - Proverbio Portugués
· La madurez del hombre es haber recobrado la seriedad con que jugábamos cuando éramos niños - Nietzsche
· La magnitud de las cantidades de dinero parece variar en modo notable según hayan de ser pagadas o cobradas. - Aldous Huxley
· La más larga caminata comienza con un paso. - Proverbio Hindú.
· La mayor desgracia de la juventud actual es ya no pertenecer a ella. - Salvador Dali
· La mayor parte de la gente confunde la educación con la instrucción. - Severo Catalina.
· La mayoría de las ideas fundamentales la ciencia son esencialmente sencillas y, por regla general pueden ser expresadas en un lenguaje comprensible para todos. - Albert Einstein.
· La mayoría de los hombres emplean la mitad de su vida en hacer miserable la otra. - Jean De La Bruyère
· La medicina sólo puede curar las enfermedades curables. - Proverbio Chino
· La mejor manera de educar un niño es tener otro. - Anónimo
· La mentira es un triste sustituto de la verdad, pero es el único que se ha descubierto hasta ahora. - Elbert Hubbard.
· La mitad de la alegría reside en hablar de ella. - Proverbio Persa
· La moderación es siempre la táctica preferible - Carlos I
· La modestia es el arte de animar a la gente a que se encuentren por si mismos cuan maravilloso es uno. - Anónimo.
· La muerte es dulce; pero su antesala, cruel. - Camilo José Cela
· La muerte está tan segura de cogerte, que te deja una vida de ventaja. - Anónimo
· La muerte no llega más que una vez, pero se hace sentir en todos los momentos de la vida. - Juan De La Bruyere
· La muerte nunca es asumida; viene. - Enmanuel Levinas.
· La muerte tiene una sola cosa agradable: las viudas. - E. Jardiel Poncela.
· La música comienza donde acaba el lenguaje. - E.T.A. Hoffmann.
· La música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía. - Ludwig Van Beethoven.
· La música es el lenguaje que me permite comunicarme con el más allá. - Robert Schumann.
· La música es para el alma lo que la gimnasia para el cuerpo. - Platón.
· La originalidad no puede ser nunca un propósito - Andreu Alfaro.
· La pálida muerte lo mismo llama a las cabañas de los humildes que a las torres de los reyes. - Horacio
· La pareja no se apoya sobre la permanencia del amor y de la sexualidad, sino sobre la permanencia de la ternura. - Kostas Axelo
· La paz más desventajosa es mejor que la guerra más justa. - Erasmo De Rótterdam

· La persona que no comete una tontería nunca hará nada interesante. - Proverbio Inglés
· La poesía es más profunda y filosófica que la historia. - Aristóteles.
· La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. - Groucho Marx
· La política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares. - Amabrose Bierce
· La política no hace extraños compañeros de cama. El matrimonio si. - Groucho Marx
· La prensa es la artillería de la libertad - Hans
· La primera mitad de nuestra vida nos la estropean nuestros padres; la segunda nuestros hijos. - Clarence S. Danow
· La primera vez que me engañes la culpa será tuya; la segunda vez, la culpa será mía. - Proverbio Árabe
· La principal ocupación de mi vida consiste en pasarla lo mejor posible. - Montaigne.
· La puerta mejor cerrada es aquella que puede dejarse abierta. - Proverbio Chino
· La radio marca los minutos de la vida; es diario, las horas, el libro; los días. - Jacques H. De La Lacreitelle
· La radio no tiene futuro, los rayos X resultaran una farsa y las maquinas voladoras más pesadas que el aire son imposibles. - William Thomson
· La raza humana tiene un arma verdaderamente eficaz: la risa. - Mark Twain
· La razón que muchos retratos no sean fieles, es que las personas al posar, no se esfuerzan por parecerse a sus retratos. - Salvador Dalí
· La realización conlleva la idea de que lo que sé es definitivo. - Pierre Bonnard.
· La recompensa del trabajo bien hecho es la oportunidad de hacer más trabajo bien hecho. - Jonas Edward Salk
· La Religión es algo en lo que nos apoyamos para encontrarle algún sentido a la vida. - Quete
· La riqueza es como el agua salada; cuanto más se bebe más sed da. - Schopenhauer
· La risa cura, es la obra social más barata y efectiva del mundo. - Roberto Pettinato
· La risa es la distancia más corta entre dos personas. - Víctor Borge.
· La sabiduría es la hija de la experiencia. - Leonardo Da Vinci
· La sabiduría no se traspasa, se aprende. - Proverbio Arabe
· La sabiduría nos llega cuando ya no nos sirve de nada. - Gabriel Garcia Márquez.
· La sociedad es una flor carnívora. - Pintada En La Universidad De La Sorbona, Paris.
· La sonrisa es el idioma universal de los hombres inteligentes - Victor Ruiz Iriarte
· La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y me leo un buen libro. - Groucho Marx
· La televisión no podrá mantenerse mucho tiempo en el mercado, la gente pronto se cansara de pasar la tarde mirando un cajón. - D.F.Zanuck.
· La tierra es un teatro, pero tiene un reparto deplorable. - Oscar Wilde.
· La tierra no nos fue heredada por nuestros padres, nos fue prestada por nuestros hijos. - Luis Donaldo Colosio Murrieta.
· La tierra no nos fue heredada por nuestros padres, nos fue prestada por nuestros hijos. - Luis Donaldo Colosio Murrieta
· La tontería es la más extraña de las enfermedades. El enfermo nunca sufre, los que padecen la enfermedad son los demás. - Paul Henry Spaak
· La tradición es la personalidad de los imbéciles. - Maurice Ravel.
· La única cosa que sé es saber que nada sé; y esto cabalmente me distingue de los demás filósofos, que creen saberlo todo. - Sócrates
· La vejez existe cuando se empieza a decir: nunca me he sentido tan joven. - J. Renard.
· La venganza más cruel es el desprecio de toda venganza posible. - Johann Wolfang Von Goethe
· La verdad es totalmente interior. No hay que buscarla fuera de nosotros ni querer realizarla luchando con violencia con enemigos exteriores. - Mahatma Gandhi.
· La verdad siempre resplandece al final, cuando ya se ha ido todo el mundo. - Julio Cerón
· La verdadera amistad es como la buena saluda, nadie sabe lo que vale hasta que la pierde - Charles Caleb Colton
· La vida es como un césped en que estas postrado... levántate y aprovecha antes que el césped te cubra... - Anónimo.
· La vida es como una leyenda: no importa que sea larga, sino que esté bien narrada. - Lucio Anneo Séneca
· La vida es fascinante: sólo hay que mirarla a través de las gafas correctas. - Alejandro Dumas
· La vida es la niñez de nuestra inmortalidad. - Goethe
· La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse. - Ernesto Sabato
· La vida es una enfermedad de transmisión sexual. - Pintada.
· La vida es una película mal montada. - Fernando Trueba.
· La vida es una simple letra del alfabeto, puede no tener ningún sentido ó puede ser parte de un gran significado, todo depende de como nos lo comuniquemos. - Anónimo
· La vida está pasando muy rápido o ¿soy yo la que no se detiene? - Fabiola Fuentes
· La vida ha dejado de ser un chiste para mí; no le veo la gracia. - Charles Chaplin.
· La vida toda es un chiste. Nacer, morir.....¡Menuda broma! - Manuel Gila
· Las alegrías de este mundo me recuerdan siempre el estado de esos asmáticos, que no pueden reír con fuerza sin toser súbitamente. - Charles Lemense
· Las almas más grandes son capaces de los mayores vicios, como de las mayores virtudes. - Rene Descartes
· Las barreras de la comunicación existen en todas las personas haciéndola mucho más difícil de lo que pensamos, así que es falso pensar que uno puede comunicarse sólo porque puede hablar. - Revel Howel
· Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo. - Napoleón Bonaparte.
· Las cosas más bellas son las que inspira la locura y escribe la razón. - André Guide
· Las cosas no cambian; cambiamos nosotros. - Henry David Thoureau.
· Las cosas no son difíciles de hacer, lo que es difícil es ponerse en situación de hacerlas. - Constantin Brancusi
· Las enemistades ocultas y silenciosas, son peores que las abiertas y declaradas. - Ciceron
· Las grandes ideas son aquellas de las que lo único que nos sorprende es que no se nos hayan ocurrido antes. - Noel Clarasó
· Las lágrimas son la sangre del alma. - San Agustín
· Las locuras de las que un hombre se lamenta más en su vida son aquellas que no ha cometido cuando tuvo la oportunidad. - Anónimo
· Las mujeres desconfían demasiado de los hombres en general y muy poco en particular. - Anónimo
· Las oportunidades pequeñas son el principio de las grandes empresas - Demóstenes
· Las palabras elegantes no son sinceras; las palabras sinceras no son elegantes. - Lao
· Las palabras que no van seguidas de hechos, no valen nada. - Esopo
· Las películas deben comenzar con un terremoto e ir creciendo en acción - Cecil B. Demille.
· Las personas civilizadas están tan cerca de la barbarie como el hierro más pulido lo está de la herrumbe - Antonio de Rivarol
· Las puertas sólo se abren para quien gira la manilla. - José Narosky
· Las religiones desaparecerán con la felicidad de los hombres. - Raymond Queneau
· Lo de 'Hogar dulce hogar' debe haberlo escrito un hombre soltero. - Pintada.
· Lo importante no es tener muchas ideas, sino la idea oportuna en cada caso. - Juan Zorrilla
· Lo malo de hablar muy deprisa es que se pueden decir cosas en las que no se ha pensado aún. - Ann Landers
· Lo malo de una mujer con el corazón roto es que empieza a repartir los pedazos. - Anónimo
· Lo malo es que las máximas se escriben para los demás y raramente para sí mismo. - Abel Dufresne.
· Lo maravilloso de aprender es que nadie puede arrebatárnoslo. - B.B. King
· Lo maravilloso de la guerra es que cada jefe de asesinos hace bendecir sus banderas e invocar solemnemente a Dios antes de lanzarse a exterminar a su prójimo. - Voltaire
· Lo menos que podemos hacer, en servicio de algo, es comprenderlo. - José Ortega Y Gasset.
· Lo pasado ha huido, lo que esperas está ausente, pero el presente es tuyo. - Proverbio Arabe
· Lo peor que hacen los malos es obligarnos a dudar de los buenos. - Jacinto Benavente
· Lo que conduce y arrastra al mundo no son las máquinas sino las ideas. - Victor Hugo
· Lo que defiende a las mujeres es que piensan que todos los hombres son iguales, mientras que lo que pierde a los hombres es que piensan que todas las mujeres son diferentes. - Ramon Gomez De La Serna

· Lo que el amor hace, él mismo lo excusa. - Molière
· Lo que forma nuestra suerte no es lo que experimentemos, sino nuestra manera de sentirlo. - Marie Von Ebner
· Lo que hace disfrutable una relación son los intereses comunes; lo que la hace interesante son las pequeñas cosas. - Todd Ruthman
· Lo que haga hoy es importante, porque estoy utilizando un día de mi vida en ello. - Anónimo
· Lo que hagas, hazlo pronto. - La Biblia
· Lo que otros han logrado, se puede lograr siempre. - Antonie de Saint Exupery
· Lo que quiere el sabio lo busca en sí mismo; el vulgo, lo busca en los demás. - Confucio
· Lo que sucede en diez minutos es algo que excede a todo el vocabulario de Shakespeare. - Robert Louis Stevenson
· Lo terrible en cuanto a Dios, es que no se sabe nunca si es un truco del diablo... - Juan Anouilh
· Lo único en el mundo peor que una mujer es otra. - Aritófanes
· Lo único que impide a Dios mandar un segundo diluvio, es que el primero fue inútil - Nicolas Chamfort
· Los amigos es la manera en que Dios nos cuida - Stone Temple Pilots
· Los amigos se convierten con frecuencia en ladrones de nuestro tiempo. - Platón.
· Los amigos son como los trocitos de tocino en la ensalada de la vida. - Mencius
· Los amigos van y vienen, pero los enemigos se acumulan. - Thomas M. Jones
· Los amigos: una familia cuyos individuos se eligen a voluntad. - Alphonse Karr
· Los astrónomos aseguran que el universo es finito, lo cual es reconfortante para aquellos que no podemos recordar dónde dejamos las cosas. - Frank Zappa
· Los deseos deben obedecer a la razón. - Marco Tulio Cicerón.
· Los ejemplos son diez veces más útiles que los preceptos. - Charles James Fox
· Los errores poseen su valor, aunque sólo en alguna ocasión; no todo el mundo que viaja a la India descubre América. - Erich Kastner
· Los errores suelen ser el puente entre la inexperiencia y la sabiduría. - Theroux
· Los espartanos no preguntaban cuántos eran los enemigos, sino dónde estaban. - Agis Ii
· Los espíritus vulgares no tienen destino. - Platón
· Los extraños son sólo amigos esperando por tí. - Mencius
· Los golpes de la adversidad son muy amargos, pero nunca son estériles - Renán
· Los hombres construyen puentes y tienden vías férreas a través de desiertos, y, no obstante, sostienen con éxito, que coser un botón es tareas superior a ellos. - Heywood Broun
· Los hombres engañan más que las mujeres; las mujeres, mejor. - Joaquin Sabina
· Los hombres ofenden antes a los que aman que al que temen. - Maquiavelo.
· Los hombres vulgares han inventado la vida de sociedad porque les es más fácil soportar a los demás que soportarse a sí mismos. - Arthur Schopenhauer.
· Los imposibles de hoy serán posibles mañana. - Konstantin Tsiolkovsky
· Los imposibles de hoy serán posibles mañana. - Tsiolkovsky
· Los jóvenes piensan que los viejos son tontos. Los viejos saben que los jóvenes lo son. - Jhon Lyly
· Los mayores enemigos de la libertad no son aquellos que la oprimen, sino los que la ensucian. - Vincenzo Giobertí
· Los mayores tienen un futuro, que es su pasado. - Manuel Gila
· Los ojos se fían de ellos mismos, las orejas se fían de los demás. - Proverbio Alemán
· Los pequeños actos que se ejecutan son mejores que todos aquellos grandes que se planean. - George Marshall
· Los periodistas son quienes reparten cizaña en la vida moderna - Paco
· Los que renuncian son más numerosos que los que fracasan. - Henry Ford
· Los solteros deberían pagar más impuestos. No es justo que unos hombres sean más felices que otros. - Oscar Wilde
· Los tiempos felices en la humanidad son las páginas vacías de la historia. - Leopld Von Ranke
· Los únicos errores que cometemos en la vida son las cosas que no hacemos. - Emma Thompson
· Los únicos errores que cometemos en la vida son las cosas que no hacemos. - Mma Thompson
· Los verdaderos amigos se tienen que enfadar de vez en cuando. - Pasteur
· Los viajes sólo son necesarios para las imaginaciones menguadas. - Gabrielle Sidonie
· Los viajes son en la juventud una parte de educación y, en la vejez, una parte de experiencia. - Francis Bacon
· Los viejos lo creen todo; los adultos todo lo sospechan; mientras que los jóvenes todo lo saben. - Oscar Wilde
· Maestro, quisiera saber cómo viven los peces en el mar. - Como los hombres en la tierra: los grandes se comen a los pequeños.
· Mal acabará quien pretenda adentrarse en el futuro, ignorando lo que sucedió en el pasado, porque entonces no vivirá el presente. - Porvervio Oriental.
· Malgasté mi tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí. - William Shakespeare
· Mantén viva en ti la facultad del esfuerza, sometiéndola cada día a un pequeño ejercicio gratuito. - Williams James
· Más grande que el amor a la libertad es el odio a quien te la quita. - Anónimo.
· Más podemos conocer de una persona por lo que ella dice de los demás que por lo que los demás dicen de ella. - Emerson
· Más que las ideas, a los hombres los separan los intereses. - Alexis De Tocqueville.
· Más vale un grano de cordura que arrobas de sutileza. - Baltasar Gracián
· Más vale una palabra a tiempo que cien a destiempo. - Miguel De Cervantes
· Más vale una palabra a tiempo que cien a destiempo. - Miguel De Cervantes.
· Me desconcierta tanto pensar que Dios existe, como que no existe. - Gabriel Garcia Márquez
· Me enamoré de mi mujer y nunca más me volví a enamorar. La fidelidad te la propones inconscientemente: tienes una familia, unos hijos. ¿Cómo vas a jugar al amor por ahí?. - Paco De Lucía
· Me gustaría vivir eternamente, por lo menos para ver cómo en cien años las personas cometen los mismos errores que yo. - Churchill
· Me opongo a toda superstición, sea musulmana, cristiana, judía o budista. - Bertrand Russell
· Me va poniendo espuelas el deseo. - Cervantes
· Mi alma a Dios, mi vida al rey, mi corazón a la dama. - Proverbio Inglés
· Mi conciencia tiene para mí más peso que la opinión de todo el mundo. - Marco Tulio Cicerón.
· Mi invento del fonógrafo no tiene ningún valor comercial. - Thomas Alva Edison.
· Mi Libertad termina donde empiezan los derechos de los demás - Anónimo.
· Mi madre adoraba a los niños. Hubiera dado cualquier cosa porque yo lo fuera. - Groucho Marx
· Mi verdad básica es que todo tiempo es un ahora en expansión. - Shirley Maclaine.
· Mira a las estrellas, pero no te olvides de encender la lumbre en el hogar. - Proverbio Alemán
· Mis guerras son absurdas porque lo es la guerra en sí - Manuel Gila
· Muchas personas creen al haber superado un error que ya no necesitan volver a enmendarlo. - Marie Von Ebner
· Muchas personas creen que cuando han superado un error ya no necesitan volver a enmendarlo. - Marie E. Eschenbach
· Muchas personas Se pierden las pequeñas alegrías mientras aguarden la gran felicidad. - Pearl S. Buck
· Mucho dinero y poca educación, es la peor combinación. - Valentín Moragas Roger.
· Muchos hombres no se equivocan jamás porque no se proponen nada razonable. - Goethe.
· Nací sin saber porqué. He vivido sin saber como. Y muero sin saber ni como ni porque. - Pierre Gassendi
· Nada es veneno, y todo es veneno; la diferencia está en la dosis. - Theophrastus Bompart.
· Nada falta en los funerales de los ricos, salvo alguien que sienta su muerte. - Proverbio Chino.
· Nada hay en la tierra más difícil de sostener que la boca. - Edward Balser
· Nada perece en el Universo; cuanto acontece en él no pasa de meras transformaciones. - Pitágoras.
· Nada pesa tanto como el corazón cuando está cansado. - Juan Zorrilla De San Martín.

· Nada se olvida más despacio que una ofensa; y nada, más rápido que un favor. - Martín Luther King. Predicador
· Nada tan difícil como decidirse. - Napoléon Bonaparte
· Nadie abandona el cargo de presidente con el mismo prestigio y respeto que le llevo ahí. - Thomas Jeferson
· Nadie ataca a un león cuando el campo está lleno de ovejas - Bernard Shaw
· Nadie es tan viejo que no pueda vivir un año más, ni tan mozo que hoy no pudiese morir. - Fernando De Rojas
· Nadie quiere llegar a viejo, pero nadie quiere morir joven. - J.J. Curiel
· Nadie se acordaría hoy del buen samaritano si además de buenas intenciones no hubiera tenido dinero - British Prime Minister, Margaret Thatcher
· Nadie se ama a sí mismo demasiado poco. - Benjamín Whichcote
· Nadie se cree culpable si es él su mismo juez. - Séneca
· Ningún hombre sabio quiso nunca ser joven. - Jonatán Swift.
· Ningún vencedor cree en la casualidad. - Friederich Nietzche
· No abras los labios si no estás seguro de lo que vas a decir, es más hermoso el silencio. - Proverbio Arabe
· No basta con oír la música; además, hay que verla. - Igor Stravinski.
· No camines delante mía, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guie. Camina a mi lado y sé mi amigo - Albert Camus
· No conozco ninguna relación verdadera que no sea al mismo tiempo un acuerdo sexual. - Carmen Llera
· No creo que los amigos sean necesariamente la gente que más te gusta, son meramente la gente que estuvo allí primero. - Peter Ustinov
· No critiques a tus enemigos que a lo mejor aprenden. - Juan Goytisolo
· No debemos perder la fe en la humanidad que es como el océano: no se ensucia porque algunas de sus gotas estén sucias. - Gandhi
· No encuentres la falta, encuentra el remedio. - Henry Ford.
· No eres ambicioso: te contentas con ser feliz. - Boges
· No es más fuertes quien más duro pega, sino quie más aguanta. - Jesús Sancho
· No es que tenga miedo a morirme. Es tan sólo, que no quiero estar allí cuando suceda. - Wody Allen
· No es tan culpable el que desconoce un deber como el que lo acepta y lo pisa. - Concepción Arenal
· No estimes el dinero en más ni en menos de lo que vale, porque es un buen siervo y un mal amo. - Alejandro Dumas.
· No hagáis el mal y no existirá. - Leon Tolstoi
· No hay árbol que el viento no haya sacudido. - Proverbio Hindú.
· No hay caminos para la paz; la paz es el camino. - Gandhi
· No hay carga más pesada que una mujer liviana - Miguel De Cervantes.
· No hay castos; solamente hay enfermos, hipócritas, maníacos y locos. - Anatole France
· No hay color para el Luto - Ramoncin.
· No hay cosa más difícil, bien mirado, que conocer un necio si es callado. - Alonso De Ercilla
· No hay cosa que los humanos traten de conservar tanto, ni que administren tan mal, como su propia vida - Cicerón
· No hay deber que descuidemos tanto como el deber de ser felices. - Robert Louis Stevenson.
· No hay dos personas que lean el mismo libro. - Edmund Wilson
· No hay esfuerzos inútiles. - Roger Caillois
· No hay forma más fácil para engañar a un tonto que es diciéndole que no lo es. - En La Servilleta De Un Bar.
· No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria. - Dante Alighieri
· No hay nada que un hombre no sea capaz de hacer cuando una mujer le mira. - Alejandro Casanova
· No hay ninguna cosa seria que no pueda decirse con una sonrisa. - Alejandro Casona.
· No hay pasajeros en la Nave Espacial Tierra; todos somos tripulantes. - Marschall Mcluhan
· No hay que mirar que bien nos ha hecho un amigo, sino solamente el deseo que él tiene de hacérnoslo. - Madelaine De Souvre
· No hay riqueza tan segura como un seguro amigo. - Luis Vives
· No hay sentimiento que valga; el amor es una ocupación como otra cualquiera. - Jacinto Benavente
· No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados, y con la misma medida que midiereis, seréis medidos vosotros. - Jesucristo.
· No le demos al mundo armas contra nosotros, porque las utilizará. - Gustave Flaubert
· No me gustó la representación, pero después la vi en circunstancias más adversas: el telón estaba levantado. - Groucho Marx
· No os toméis la vida demasiado en serio; de todas maneras, no saldréis vivos de ésta. - Bernard De Fontenelle
· No piense mal de mi, señorita, mi interés por usted, es puramente sexual. - Groucho Marx
· No podemos hacer la historia sino sólo esperar a que se desarrolle. - Otto Von Bismarck
· No podría creer en un Dios que comprendiera. - Graham Green
· No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo. - Groucho Marx
· No se desea lo que no se conoce. - Ovidio
· No se es amigo de una mujer cuando se puede ser su amante. - Homore De Balzac
· No se puede ganar una guerra como tampoco se puede ganar un terremoto. - Jannette Franklin
· No se puede pedir a la juventud que se aparte de las drogas y, al mismo tiempo, meterle licores duros como panacea para ser brillante atlético y atractivo. - Belén Boville Luca De Tena
· No se razona con el corazón, o se le obedece o se rompe. - P. Rochepedre
· No siento el menor deseo de jugar en un mundo en el que todos hacen trampa. - François Mauriac.
· No son buenos los extremos aunque sea en la virtud. - Teresa De Jesús
· No son las cosas las que atormentan a los hombres, sino la opinión que se tiene de ellas. - Epicteto
· No te preocupes por tu corazón, te durará toda la vida. - Alfred Bach
· No todo resbalón significa una caída - Herbert
· No todo resbalón significa una caída. - Herbert.
· Nos juzgamos a nosotros mismos por lo que no nos sentimos capaces de hacer, mientras que los demás nos juzgan por lo que hemos hecho. - Henry Wadsonrth Longfellow.
· Nosotros mismos somos nuestro peor enemigo. Nada puede destruir a la Humanidad, excepto la Humanidad misma. - Theilard De Chardin.
· Nuestras acciones hablan sobre nosotros tanto como nosotros sobre ellas. - George Eliot
· Nuestro carácter es el resultado de nuestra conducta. - Aristóteles.
· Nuevos amigos, nuevos dolores. - Wolfgang Amadeus Mozart.
· Nunca es tarde para no hacer nada. - Jacques Prévert
· Nunca existe error tan grande como el de no proseguir. - Jex Blake
· Nunca he engañado a mi mujer. No es ningún mérito: la amo. - Georges Duhamel
· Nunca las noticias son malas para los elegidos de Dios. - Jean Paul Sartre
· Nunca me enfado por lo que la gente me pide sino por lo que me niega. - Antonio Cánovas Del Castillo.
· Nunca me enfado por lo que las señoras me piden, sino por lo que me niegan. - Canovas Del Castillo
· Nunca olvido una cara. Pero en su caso, haré gustoso una excepción. - Groucho Marx
· Nunca permitas que tus pies vayan por delante de tus zapatos. - Proverbio Escocés
· Nunca se da tanto como cuando se dan esperanzas. - Anatole France.
· Nunca se pierden los años que se quita una mujer, van a parar a cualquiera de sus amigas. - Proverbio Chino
· O usted se ha muerto o mi reloj se ha parado. - Groucho Marx
· Obra siempre de modo que tu conducta pudiera servir de principio a una legislación universal. - Enmanuel Kant.
· Obró mucho el que nada dejó para mañana. - Baltasar Gracian

· Obtener riqueza es difícil, más difícil es conservarla, pero gastarla sabiamente es lo más difícil del todo... - Edward Day
· Ojo por ojo, y el mundo acabará ciego. - Ghandi
· Olvidemos lo que ya sucedió, pues puede lamentarse, pero no rehacerse. - Tito Livio
· Optimista es aquél que cree poder resolver un atasco de tráfico tocando el claxon. - Anónimo.
· Optimista es el que os mira a los ojos, pesimista, el que os mira a los pies. - Gilbert Deirh Chesterton.
· Padres, cuenten sus sueños a sus hijos. - Anónimo
· Para Adán el paraíso es donde estaba Eva. - Mark Twain
· Para destruir las malas prácticas, la ley es mucho menos útil que los esfuerzos individuales. - Angel Ganivet
· Para el que mira sin ver, la tierra es tierra nada más; nada le dice el arroyo, ni el barbecho, ni el nogal - Atahualpa Yupanqui
· Para encontrar gusto a la vida, no hay como morirse. - Enrique Jardiel Poncela
· Para escribir el guión de una buena película hacen falta dos años, para rodarla dos meses, para efectuar el montaje dos semanas, para dar los últimos retoques dos días, para verla dos horas, y para olvidarla dos minutos. - Joseph Leo Mankiewicz.
· Para hacer la paz se necesitan dos; más para hacer la guerra basta con uno solo. - Neville Chamberlain
· Para hacer mal cualquiera es poderoso. - Fray Luis De Leon
· Para hacerse una posición en el mundo, es preciso hacer todo lo posible para hacer creer que ya se tiene. - F. De La Rochegocauld
· Para la cólera y el amor todo lo que se aplaza se pierde. - P.A.C. De Beaumarchais
· Para la mayoría de nosotros, la vida verdadera es la vida que no llevamos. - O. Wilde.
· Para las personas creyentes, Dios esta al principio; para los científicos está el final de todas sus reflexiones. - Max Planck
· Para obtener éxito en el mundo, hay que parecer loco y ser sabio. - Barón De Montequieu
· Para que nazcan virtudes es necesario sembrar recompensas. - Proverbio Oriental
· Para reducir lo infinito a lo finito, lo inasequible a lo humanamente real, no hay más que un camino: la concentración. - Teofilo Gautier.
· Para rezar a Dios con devoción no hace falta creer en Dios según los dogmas de ninguna religión. - Sometset Maugham.
· Para ser exitoso no tienes que hacer cosas extraordinarias. Haz cosas ordinarias, extraordinariamente bien. - Anónimo
· Para surcar mejores aguas despliega ahora las velas la navecilla de mi ingenio, que deja tras de sí un mar tan cruel. - Dante Alighieri
· Para tener éxito hay que tener amigos; pero para tener mucho éxito hay que tener enemigos. - Frank Sinatra
· Partiendo de la nada alcance las mas altas cimas de la miseria. - Groucho Marx
· Pensar es como vivir dos veces. - Marco Tulio Cicerón.
· Pensar es el trabajo más difícil que existe. Quizá sea ésta la razón por la que haya tan pocas personas que lo practiquen. - Henry Ford
· Perdemos lo seguro por buscar lo incierto. - Plauto
· Perdónaselo todo a quien nada se perdona a sí mismo. - Confucio.
· Piensa que hasta para ser dichoso hay que acostumbrase. - Andre Chenier
· Por la calle del ya voy, se va a la casa del nunca. - Miguel De Cervantes Saavedra
· Por la ignorancia nos equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos. - Proverbio Romano
· Por lo general, los hombres creen fácilmente lo que desean. - Julio César.
· Por los defectos de los demás el sabio corrige los propios. - Publilio Siro
· Por mucho que los hombres traten de suprimir su sexualidad, siempre serán incapaces de hacerlo. - Jack Nicholson
· Por que contentarnos con vivir a rastras cundo sentimos el anhelo de volar. - Hellen A. Keller
· Porque si por la Ley se alcanza la justicia, entonces Cristo murió en vano. - Carta A Los Gálatas.
· Preferible es el pecado a la hipocresía. - Madame De Maintenon
· Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones. - Lucio Anneo Séneca.
· Prefiero molestar con la verdad que complacer con adulaciones. - Séneca
· Prefiero morir de pie que vivir arrodillado - Che Guevara
· Prefiero morir de pie que vivir siempre arrodillado. - Ernestocheguevara.
· Prefiero ser un mendigo y gastar mi dinero como un rey que ser un rey y gastar el dinero como un mendigo. - Robert G. Ingersoll
· Prefiero una locura que me entusiasme a una verdad que me abata. - Christoph M. Wieland
· Presencia de ánimo y valor en la adversidad, valen para conquistar el éxito más que un ejercito. - John Dryden
· Puede que nuestro papel en este planeta no sea alabar a Dios sin crearla. - Arthur C. Clarke
· Que de le den el 10% de mis cenizas a mi promotor artístico. - Groucho Marx
· Qué desagradable resulta caerle bien a la gente que te cae mal. - Jaume Perich.
· Que hablen mal de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen. - Oscar Wilde
· Qué triste es escuchar a alguien que no se escucha a él mismo. - Nuria
· Que un hombre muera por una causa no significa nada en cuanto al valor de la causa. - Oscar Wilde.
· Quien nace mortal, camina hacia la muerte. - Calino
· Quien no amó nunca, no ha vivido jamás. - Jhon Gay
· Quien no castiga el mal ordena que se haga. - Leonardo Da Vinci
· Quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación. - Proverbio Árabe.
· Quien no comprende una mirada, tampoco comprenderá una larga explicación. - Proverbio Árabe
· Quien no está conmigo, está contra mí. - Jesucristo.
· Quien no respeta a los demás incurre en agresión y deteriora la comunicación, quien no se respeta a sí mismo ante otras personas acaba por explotar y sentirse víctima. - Erwin G. Hall.
· Quien no tiene enemigos, tampoco suele tener amigos. - Baltasar Gracian
· Quien piensa a lo grande tiene que equivocarse a lo grande. - Martin Heidegger
· Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite. - Dr. Jeckyll
· Quizá, el camino más directo para conquistar la fama sea el afirmar con seguridad y pertinencia y, por cuantos modos sea posible, el haberla conquistado. - Giacomo Leopardi
· Reconozco que muchas de mis bromas son muy idiotas. Admito mi parte de culpa en el proceso de idiotización del país. - Jim Carrey.
· Recordad que estamos luchando por el honor de esa mujer, lo que probablemente es mas de lo que ella hizo jamás. - Groucho Marx
· Recuerda que el hombre permanece en el rincón de la oscuridad por temor a que la luz de la verdad le deje ver cosas que derrumbarían sus conjeturas. - J.J. Benítez
· Reza, Pero no dejes de remar hacia la orilla. - Proverbio Ruso.
· Sabe que cuando uno es amigo de sí mismo, lo es también de todo el mundo. - Seneca
· Saber olvidar, es más dicha que arte. - Baltasar Gracián
· Sabía que me estaba descolgando de la droga cuando no tenía ganas de ver la televisión. - Billie Holiday
· Sabio es aquel que constantemente se maravilla - André Gide
· Se advierte: Las Autoridades Sanitarias pueden ser perjudiciales para la salud. - Ana López.
· Se dice más con lo que no se dice, en el proceso de comunicación el 5% es verbal y el 95% en no verbal. - Axioma de la Programación Neurolingüistica.
· Se puede confiar en las malas personas, no cambian jamás. - William Faulkner
· Se puede medir la valentía de un hombre por el trabajo que cuesta desalentarlo. - Savage
· Se te caes siete veces, levántate ocho. - Proverbio Chino
· Sé virtuoso y te tendrán por excéntrico. - Mark Twain.
· Sea cual sea el consejo, se breve. - Ovidio
· Seducimos valiéndonos de mentiras y pretendemos ser amados por nosotros mismos. - Paul Geraldy.
· Seguramente, existen muchas razones para los divorcios; pero la principal, es y será la boda. - Jerry Lewis.
· Ser totalmente comprensivo le hace a uno indulgente. - Anne Louise Germaine.

· Sexualmente, es decir, con mi alma. - Boris Vian
· Si así fue, así pudo ser; si así fuera, así podría ser; pero como no es, no es. Eso es lógica. - Lewis Carroll
· Si corres mucho es muy posible que te Hundas en el pantano, si vas muy despacio es muy posible que te hundas en el pantano. - Miki
· Si Dios no es amor, no vale la pena que exista. - Henry Miller
· Si Dios no existiera, sería necesario inventarlo. - Voltaire
· Si el cerebro humano fuese tan simple que pudiésemos entenderlo, entonces seriamos tan simples que no podríamos entenderlo. - Anónimo.
· Si el dinero no te da la felicidad devuélvelo. - Jesus Renard
· Si el dinero va delante, todos los caminos se abren. - William Shakespeare.
· Si eres paciente en un momento de ira, escaparás a cien días de tristeza. - Proverbio Chino
· Si eres pobre eres un loco, pero si eres rico eres un excéntrico. - Miki Epifanio
· Si exagerásemos nuestras alegrías, como hacemos con nuestras penas, nuestros problemas perderían importancia. - Anatole France
· Si hay victoria en vencer al enemigo la hay mayor cuando el hombre se vence a sí mismo. - José De San Martín
· Sí la gente no te deja en paz es por que no le haz comunicado como hacerlo. - David Seabury
· Si la gente nos oyera los pensamientos, pocos escaparíamos de estar encerrados por locos. - Jacinto Benavente
· Si la juventud es un defecto, es un defecto del que nos curamos demasiado pronto. - James R. Lowell
· Si la mente funciona bien no hay viejos - Manuel Gila
· Si las pasiones y los sueños no pudiesen crear nuevos tiempos futuros, la vida sería un engaño. - Henri L. Lenormand
· Si mis labios no pueden decirte que te amo, quiero que mi corazón lo repita cuantas veces yo respire. - Angela González
· Si no entras en la madriguera del tigre, no puedes coger sus cachorros. - Proverbio Japonés
· Si no quieres que nadie se entere, no lo hagas. - Proverbio Chino
· Si nos quitan la posibilidad de equivocarnos, nos quitarán el placer de acertar. - Aldo Camarota
· Si nuestros amigos nos hacen favores, pensamos que nos los deben a títulos de amigos, pero no pensamos que no nos deben su amistad. - Marques De Vauvenargues
· Si nunca has tenido un gran éxito, no sabes lo que vales; el éxito es la piedra de toque de los caracteres. - Amado Nervo
· Si pudiéramos vender nuestras experiencias en lo que nos cuestan, todos seríamos millonarios. - Abigail Van Buren
· Si quieres hallar en cualquier lado amistad, dulzura y poesía, llévalas contigo. - George Duhamel
· Si quieres saber cuán rico eres de verdad descubre lo que quedaría de ti mañana si fueras a perder todo el dinero que tienes hoy por la noche. - William J. H. Boetcker
· Si quieres viajar hacia las estrellas, no busques compañía. - Heinrich Heine
· Si quisiera un centavo rompería la hucha de mi hijo -si tuviera un hijo-. - Groucho Marx
· Si sale, sale. Si no sale, hay que volver a empezar. Todo lo demás son fantasía. - Eduard Manet
· Si se empobrece la Lengua se empobrece el pensamiento. - Fernando Lázaro Carreter
· Si siempre dices la verdad, no te faltarán enemigos. - Jesús Sancho
· Si te casas lo lamentarás. Si no te casas, también lo lamentarás. - Soren Kierkegaard.
· Si te comparas con otras personas nunca podrás ser tú mismo. - Antonio Arenas
· Si te gusta una chica y tú a ella no, ánimo: Hay muchas más chicas con las que podrás estar en la misma situación en el futuro. - Pintada.
· Si te sientas en el camino, ponte de frente a lo que aun has de andar y de espaldas a lo ya andado - Proverbio Chino
· Si tiene remedio, ¿por qué te quejas? Si no tiene remedio, ¿por qué te quejas? - Proverbio Oriental
· Si tienes un problema y no tiene solución, para que te preocupas; y si tiene solución, para que te preocupas. - Proverbio Chino
· Si todo parece estar yendo bien, obviamente has pasado algo por alto. - Anónimo.
· Si un amigo te pide dinero, reflexiona bien cual de los dos quieres perder, sí el amigo o el dinero. - Anónimo
· Si un hombre se encuentra a sí mismo, posee una mansión donde morará con dignidad todos los días de su vida. - James Michener
· Si un negocio te abruma por el principio, comiénzalo por el fin - Proverbio Árabe
· Si viéramos realmente el Universo, tal vez lo entenderíamos. - Jorge Luis Borges
· Si yo tuviera un de esas cosas que cuelgan embutida en los pantalones, me pasaría el día sentada en casa mirándola, muerta de risa. - Dawn French
· Si yo viviera mi vida otra vez, cometería los mismos errores..., sólo que más deprisa. - Tallulah Bankhead
· Siempre es bueno dar consejos, pero darlos buenos es fatal. - Oscar Wilde
· Siempre es más valioso tener el respeto que la admiración de las personas. - Jean Jacques Rousseau.
· Siempre es peor al día siguiente. - Séneca
· Siempre hay un poco de locura en el amor, pero siempre hay un poco de razón en la locura. - Friedrich Nietzsche
· Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñas. - José Ortega Y Gasset
· Siempre que haya bobos habrá engañabobos. - Manuel Toharia
· Sin la mujer, la vida es pura prosa. - Ruben Dario
· Sociedad moderna olvida que el mundo no es propiedad de una única generación. - Oskar Kokoschka.
· Solamente puede ser artista quien tenga una religión propia y una visión original de lo infinito. - Friederich Schlegel
· Solamente puedes tener paz si tú la proporcionas. - María Von Ebner
· Sólo comprendemos las preguntas a las cuales podemos dar contestación. - Friederich Nietzsche
· Sólo cuando meditamos lo que nos cuestan nuestros hijos, empezamos a darnos cuenta de la deuda que tenemos contraída con mis padres. - Anónimo
· Sólo es realidad el mundo comprendido como tal. - Karl Marx
· Solo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro de la primera. - Albert Einstein
· Sólo hay un amor hasta la muerte: el último. - Jacinto Miquelarena
· Sólo hay un principio motriz: el deseo. - Aristóteles
· Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto. Preguntárselo. Y si responde 'si', sabes que esta corrupto. - Groucho Marx
· Sólo la virginidad y las creencias religiosas no son materias asegurables. - Máxima de Lloyd's
· Sólo los necios se encuentran satisfechos y confiados con la calidad de su trabajo. - Mercedes Milá
· Solo los sabios más excelentes y los necios más acabados son incomprensibles. - Confucio
· Sólo nos damos cuenta del valor del idioma cuando tenemos que poner un telegrama. - Evaristo Acebedo
· Sólo pensar en traicionar es ya una traición consumada. - Cesare Cantú.
· Sólo sé que no sé nada. - Sócrates
· Son tantos los mortales que no pueden digerir la felicidad. La felicidad no es cosa fácilmente digerible; es, más bien, muy indigesta. - Miguel De Unamuno
· Sonríe, mañana todo será peor. - Buenaventura Abreu
· Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender. - Ortega y Gasset
· Soy tan viejo que recuerdo a Doris Day antes de que fuera virgen. - Groucho Marx
· Sucede en los proyectos desgraciados que siempre la mejor oportunidad es la que ya ha pasado. - Tácito
· Suelen hacer falta tres semanas para preparar un discurso improvisado. - Mark Twain
· Supongo que había que inventar las camas de agua. Ofrecen la única posibilidad de beber algo a media noche sin pisar al gato. - Groucho Marx
· También los manantiales y los pozos se agotan cuando se extrae demasiado y muy frecuentemente de ellos. - Demóstenes
· Te amo como si fueras la mujer de otro. - Anónimo
· Te amo no sólo por lo que eres sino por lo que soy cuando estoy contigo. - Anónimo
· Teme el amor de la mujer más que el odio del hombre. - Sócrates
· Temer al amor es temer a la vida, y los que temen a la vida ya están medio muertos. - Bertrand Russell
· Temo a un solo enemigo que se llama, yo mismo. - Giovanni Papini

· Ten el valor de equivocarte. - Hegel
· Ten tus ojos bien abiertos antes del matrimonio; y medio cerrados después de él. - Benjamín Flanklín.
· Tenemos dos orejas y una sola boca, justamente para escuchar más y hablar menos. - Zenon De Citión
· Tener todo para ser feliz, no es, en manera alguna, una razón para serlo. - Jacque Normand
· Tengamos paciencia con nosotros mismos: y que nuestra porción superior soporte el trastorno de nuestra parte inferior. - San Francisco De Sales
· Tengo diez mandamientos. Los nueve primeros dicen: ¡no debes aburrir!. - Howard Hawks.
· Tiempo: lo que los hombres siempre tratan de matar, pero acaba por matarlos. - Herbet Spencer
· Toda mujer es del primero que sabe soñarla. - Charles Chincholle
· Todas las guerras son santas, os desafío a que encontréis un beligerante que no crea tener el cielo de su parte. - Jean Anouilh.
· Todas las personas nacen como original, la mayoría muere como copia. - Pintada
· Todo deseo estancado es un veneno. - Andres Maurois
· Todo el mundo cuenta como ganó sus primeras cien pesetas; nadie cuenta como ganó su último millón. - Noel Claraso
· Todo el mundo desea ser feliz; pero no, que lo sea todo el mundo. - Jaume Perich
· Todo el mundo puede hacerse mayor. Lo único que se requiere es vivir el tiempo suficiente. - Groucho Marx
· Todo el mundo se queja de no tener memoria y nadie se queja de no tener criterio. - François De Larochefoucauld.
· Todo el mundo se queja de su memoria, pero nadie de su inteligencia. - Françoise Alexandre
· Todo esfuerzo es un éxito. - A. Bessieres
· Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa. - Democrates
· Todo gran avance en ciencia es resultado de una nueva audacia de la imaginación. - Anónimo
· Todo lo que una persona puede imaginar, otras podrán hacerlo realidad. - Julio Verne
· Todos deseamos llegar a viejos; y todos negamos que hemos llegado. - Francisco De Quevedo
· Todos escuchan lo que dices. Los amigos escuchan lo que dices. Los mejores amigos escuchan lo que tu no dices. - Tim McGraw
· Todos llevamos un niño dentro. A Algunos se nos nota y a otros no. - José Villasuso
· Todos los animales son iguales, pero algunos más iguales que los demás. - George Orwell
· Todos los hombres nacen iguales, pero es la última vez que lo son. - Abraham Lincoln.
· Todos los hombres que conozco son superiores a mí en algún sentido. En ese sentido aprendo de ellos. - Ralph W. Emerson
· Todos los hombres que no tienen nada importante que decir, hablan a gritos. - Jardiel Poncela.
· Todos los hombres son sabios; unos antes, los otros, después. - Proverbio Chino
· Todos los libros pueden dividirse en dos clases: libros del momento y libros de todo momento. - Jhon Ruskin
· Todos somos aficionados. En nuestra corta vida no tenemos tiempo para otra cosa. - Charles Chaplin.
· Trabaja, en algo, para que el diablo te encuentre siempre ocupado. - San Jerónimo
· Trabajo deprisa para vivir despacio. - Montserrat Caballé
· Tu desconfianza me inquieta y tu silencio me ofende. - Miguel De Unamuno.
· Tu secreto debe pasar a ser parte de tu sangre. - Proverbio Árabe
· Un aburrido es uno que te priva de la soledad sin ofrecerte compañía. - Gian Vincenzo Gravinia.
· Un acto de justicia permite cerrar un capítulo; un acto de venganza escribe uno nuevo. - Marilyn Savant
· Un amigo es con quien se puede no hacer nada y disfrutar de ello. - Anónimo
· Un amigo es una persona con la que se puede pensar en voz alta. - Ralph Waldo Emerson.
· Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere - Elbert Hubbard
· Un arqueólogo es el mejor marido que una mujer puede tener; cuanto más vieja se pone, más interesante la encuentra. - Agatha Christie
· Un banquero es alguien que os presta un paraguas cuando el sol brilla y os lo reclama al caer la primera gota de agua. - Mark Twaín.
· Un beso legal nunca vale tanto como un beso robado. - Guy De Maupassant
· Un buen libro es aquel que se abre con expectación y se cierra con provecho. - Louise M. Alcott
· Un carácter es una voluntad perfectamente cultivada - Friederich Nietzsche
· Un cínico es un hombre que, en cuando huele flores, busca un ataúd alrededor. - H.L.Mencken
· Un cobarde es una persona en la que el instinto de conservación aún funciona con normalidad. - Ambrose Bierce.
· Un día del hombre erudito es más largo que un siglo del ignorante. - Posidonio
· Un estado es gobernado mejor por un hombre bueno que por unas buenas leyes. - Aristóteles.
· Un fanático es alguien que no puede cambiar de mentalidad y no quiere cambiar de tema. - Winston Churchill
· Un filósofo es un tipo que sube a una cumbre en busca del sol. - Somerset Maugham.
· Un fracasado es un hombre que ha cometido un error pero que no es capaz de convertirlo en experiencia. - Hubrard.
· Un hombre alegre es siempre amable. - Maximo Gorky
· Un hombre con pereza es un reloj sin cuerda. - Jaime Luciano Balmes
· Un hombre desordenado pierde siempre un solo guante. - Anónimo
· Un hombre es rico en proporción a las cosas que puede desechar. - Henry D. Thoreau
· Un hombre feliz es aquel que durante el día, por su trabajo, y a la noche, por su cansancio, no tiene tiempo de pensar en sus cosas. - Gary Cooper.
· Un hombre feliz es un bien común. - George Chapman
· Un hombre no puede ser admirado sin ser creído. - Jean Cocteau
· Un hombre no vale nada si no profesa ardiente devoción a un ideal. - Roosevelt
· Un hombre que decide hacer algo sin pensar en otra cosa, supera todos los obstáculos. - Giacomo Casanova
· Un idealista es una persona que ayuda a otra a ser próspera. - Henry Ford
· Un joven en años puede ser viejo en horas, si no ha perdido el tiempo. - Francis Bacon
· Un lector apasionado debe tener una biblioteca limitada, y releer cada año los mismos libros. - Maurois
· Un matrimonio feliz es una larga conversación que siempre parece demasiado corta. - André Maurois
· Un minuto que pasa es irrecuperable. Conociendo esto, ¿cómo podemos malgastar tantas horas? - Gandhi
· Un mundo nuevo no es más que un nuevo modo de pensar. - Willian C. Willian
· Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad. - Winston Churchill
· Un orden de vivir, es la sabiduría. - Jaime Gil de Biedma
· Un pesimista es un optimista bien informado. - Antonio Mingote.
· Un político piensa en las próximas elecciones; un estadista en la próxima generación. - James F. Clarke
· Un puritano es alguien que está mortalmente temeroso de que alguien en alguna parte se lo esté pasando bien. - Anónimo.
· Un tonto nunca se repone de un éxito. - Oscar Wilde.
· Un tonto pobre siempre será tonto. Un tonto rico siempre será rico. - Paul Lafitte
· Un traidor es un hombre que dejó su partido para inscribirse en otro. Un convertido es un traidor que abandonó su partido para inscribirse en el nuestro. - Georges Clemenceau
· Un verdadero amigo es aquel que llega cuando todos se han ido. - Albert Camus
· Un viaje es una nueva vida, con un nacimiento, un crecimiento y una muerte, que nos es ofrecida en el interior de la otra. Aprovechémoslo. - Paul Morand
· Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en media pena. - Proverbio Sueco
· Una de las cosas buenas de la amistad es saber que tienes a quien confiarle un secreto. - Alessandro Manzoni
· Una de las ventajas de no ser feliz es que se puede desear la felicidad. - Miguel De Unamuno
· Una era construye ciudades. Una hora las destruye. - Séneca

· Una lengua afilada es el único instrumento cortante que se aguza más y más con el uso. - Washinton Irvin
· Una mañana me desperté y mate a un elefante en pijama. Me pregunto como pudo ponerse mi pijama. - Groucho Marx
· Una opinión equivocada puede ser tolerada donde la razón es libre de combatirla. - Thomas Jefferson.
· Una palabra hiere más profundamente que una espada. - Richard Burton
· Una palabra suave puede golpear rudamente. - Washinton Irvin
· Una pantalla grande sólo hace el doble de mala a una mala película. - Samuel Goldwyn.
· Una parte de los hombres actúa sin pensar y la otra piensa sin actuar. - Ugo Fóscolo
· Una película de éxito es aquella que consigue llevar a cabo una idea original. - Woody Allen.
· Una persona puede sentirse sola, aún cuando mucha gente la quiera. - Del Diario De Ana Frank.
· Una sociedad se embrutece más con el empleo habitual de los castigos que con la repetición de los delitos. - Oscar Wilde
· Una vez al año es lícito hacer locuras. - San Agustin
· Una vez terminado el juego el rey y el peón vuelven a la misma caja. - Proverbio Italiano
· Una vida feliz es imposible. El fin supremo a que debe aspirar un hombre es a una carrera heroica. - Friederich Nietzsche
· Uno no hace amigos: los reconoce a medida que los va encontrando. - Isabel Paterson
· Vale más actuar exponiéndose a arrepentirse de ello, que arrepentirse de no haber hecho nada. - Boccacio
· Vale más actuar exponiéndose a arrepentirse de ello, que arrepentirse de no haber hecho nada. - Giovani Boccaccio
· Vales tanto como tu última obra. - Jesús Hermida
· Viajar sólo sirve para amar más nuestro rincón natal. - Noel Clarasó
· Viviendo todo falta, muriendo todo sobre. - Felix Lope De Vega
· Vivimos con nuestros defectos igual que con nuestros olores corporales: nosotros no los percibimos y no molestan salvo a quienes están con nosotros. - Anna Teresa Lambert
· Vivir es luchar. - Séneca
· Vivir es sentir, sin amarguras, todas las edades, hasta que llega la muerte. - María Casares
· Vivir para los demás no es sólo la ley del deber, es también la ley de la felicidad. - Auguste Comte
· Yo me salvo, solo, si por mi intermedio se salvan otros. - San Mateo
· ¡Ah, el eterno femenino!, decía aquel señor cuya mujer nunca acababa de morirse. - Alphonse Allais
· ¡Dios me libre de enemistades de amigos!. - Lope De Vega
· ¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero! ¡Pero cuestan tanto!. - Groucho Marx
· ¡Hay una generación cuyos jueces merecen ser juzgados!. - Talmud
· ¡Oh, insensatos afanes de los mortales! ¡Qué débiles son las razones que nos inducen a no levantar nuestro vuelo de la Tierra! - Dante Alighieri
· ¡Qué sabios son aquellos que únicamente son tontos en el amor!. - James Cook
· ¡Si la juventud supiese. !¡Si la vejez pudiese...! - Henry Estienne
· ¿Beso? Un truco encantado para dejar de hablar cuando las palabras se tornan superfluas. - Ingrid Bergman
· ¿Crees en Dios? Si crees en él existe, si no crees, no existe. - Maximo Gorki
· ¿Es sucio el sexo? Sólo cuando se hace bien. - Woody Allen
· ¿Existe algo más perjudicial que cualquier vicio? Si, la compasión que siente hacia los débiles y fracasados el cristianismo. - Frederich Nietzche
· ¿La experiencia?... Una cicatriz. - Condes Diane
· ¿No es usted la señorita Smith, hija del banquero multimillonario Smith? ¿No? Perdone, por un momento pense que me había enamorado de usted. - Groucho Marx
· ¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí? - Groucho Marx
· ¿Qué es un adulto? Un niño inflado por la edad. - Simone De Beauvoir.
· ¿Qué importa si el gato es blanco o negro, con tal de que cace ratones? - Den Xiaoping
· ¿Qué por qué estaba yo con esa mujer? Porque me recuerda a ti. De hecho, me recuerda a ti mas que tú. - Groucho Marx
· ¿Qué sentido tiene correr cuando estamos en la carretera equivocada? - Proverbio Alemán
· ¿Quién necesita compañía cuando uno puede sentarse solo y beber en su habitación? - Pintada.
· ¿Servicio de habitaciones? Mándenme una habitación más grande. - Groucho Marx
· ¿Te sientes solo? ¡Hazte esquizofrénico! -
Pintada.

 

 

¿CANTARÁ EL POLVO TUS ALABANZAS?

Escrito por imagenes 16-05-2009 en General. Comentarios (3)

¿CANTARÁ EL POLVO TUS ALABANZAS?

Damon Knight

 

 

 

Y el Día de la Cólera llegó. El cielo resonó con trompetas, angustiantes, ominosas. Por todas partes las secas rocas se alzaron, gimiendo, y cayeron desmoronadas. Luego en cielo se hendió, y en resplandor apareció un trono de fuego blanco, en un arco iris que ardía verde.

Los relámpagos zigzagueaban desde todos los horizontes. Alrededor del trono flotaban siete majestuosas figuras vestidas de blanco, con cintas doradas cruzando sus pechos; y cada una llevaba en su gigantesca mano una redoma que humeaba hacia el cielo.

Desde el resplandor del trono llegó una voz:

- Seguid vuestros caminos, y verted vuestras redomas de la cólera de Dios sobre la tierra.

Y el primer ángel descendió, y vació su redoma en un torrente de oscuridad que humeó por encima de toda la tierra desierta. Y se hizo el silencio.

Luego el segundo ángel voló bajando a la tierra, y planeó de un lado a otro, sin vaciar su redoma: y finalmente regresó junto al trono, diciendo:

- Señor, debo vaciar la mía en el mar. ¿Pero dónde está el mar?

Y de nuevo se hizo el silencio. Porque las resecas y polvorientas rocas de la tierra se extendían ilimitadamente bajo el cielo; y allá donde habían estado los océanos había tan sólo cavernas abiertas en las rocas, tan resecas y vacías como el resto.

El tercer ángel exclamó:

- Señor, la mía es para los ríos y fuentes de agua.

Y luego el cuarto ángel dijo:

- Señor, déjame vaciar la mía.

Y vertió el contenido de su redoma hacia el sol; y en un instante ardió con una terrible radiación: y planeó de un lado para otro dejando caer su luz sobre la tierra. Tras un cierto tiempo vaciló y regresó junto al trono. Y de nuevo se hizo el silencio.

Entonces del trono brotó una voz diciendo:

- Ya basta.

Bajo el amplio domo de los cielos, no volaba ningún pájaro. Ninguna criatura reptaba o se arrastraba sobre la superficie de la tierra; no había ningún árbol, ninguna brizna de hierba.

La voz dijo:

- Este es el día señalado. Descendamos.

Entonces Dios anduvo sobre la tierra, como en los viejos tiempos. Su forma era como una moviente columna de humo. Y tras Él avanzaban los siete ángeles con sus redomas, murmurando. Estaban solos bajo el ciclo gris amarillento.

- Aquellos que están muertos han escapado de nuestra cólera - - dijo el Señor Dios Jehová -. Pero no escaparán al juicio.

El reseco valle en el que se encontraban era el Jardín del Edén, donde el primer hombre y la primera mujer habían recibido un fruto que no debían comer. Al este se hallaba el paso por el que la pareja condenada había sido arrojada al desierto. A una poca distancia hacia el oeste se divisaban las dentadas formas del monte Ararat, donde se había posado el Arca tras el Diluvio purificador.

Y Dios dijo con una gran voz:

- Abramos el libro de la vida; y que los muertos surjan de sus tumbas, y de las profundidades del mar,

Su voz resonó bajo el tenebroso cielo. Y de nuevo las resecas rocas se alzaron y cayeron; pero los muertos no aparecieron. Sólo el polvo se retorció, como si sólo eso quedara de los miles de millones de habitantes de la tierra, vivos y muertos.

El primer ángel sujetaba en los brazos un gran libro abierto. Cuando el silencio se hubo establecido durante un cierto tiempo, cerró el libro, y en su rostro hubo miedo; y el libro se desvaneció de entre sus manos.

Los otros ángeles murmuraban entre sí y suspiraban. Uno dijo:

- Señor, terrible es el sonido del silencio, cuando nuestros oídos deberían estar llenos de lamentaciones.

Y Dios dijo:

- Este es el día señalado. Sin embargo, un día en el cielo son mil años en la tierra. Gabriel, dime, según como cuentan los hombres el tiempo, ¿Cuántos días han transcurrido desde el Día?

El primer ángel abrió un libro y dijo:

- Señor, tal como los hombres cuentan el tiempo, ha pasado un día desde el Día.

Y volviéndose a ellos, Dios dijo:

- Sólo un día: un instante. Y sin embargo no se alzan.

El quinto ángel se humedeció los labios y dijo:

- Señor, ¿No eres Tu acaso Dios? ¿Qué secretos pueden haber para el Hacedor de todas las cosas?

- Paz – Dijo Jehová, y los truenos resonaron hacia el sombrío horizonte -. A su debido tiempo, haré que estas piedras se levanten y hablen. Seguidme, vamos un poco más lejos.

Vagaron por las resecas montañas y por entre los vacíos cañones del mar. Y Dios dijo:

- Miguel, tú estabas encargado de velar sobre esa gente. ¿Cómo fueron sus últimos días?

Hicieron una pausa cerca del fisurado del Vesubio, que en una época de distracción celeste había entrado en erupción dos veces, enterrando vivas a miles de personas.

El segundo ángel respondió:

- Señor, cuando los vi por última vez, estaban preparando una gran guerra.

- Sus iniquidades rebasan todo entendimiento – dijo Jehová -. ¿Cuáles eran las naciones que estaban preparando la guerra?

El segundo ángel respondió:

- Señor, eran llamadas Inglaterra y Rusia y China y América.

- Vayamos entonces a Inglaterra.

Al otro lado del reseco valle que había sido el Canal, la isla era una meseta de piedras, en ruinas y desolada. Por todas partes las rocas estaban cuarteadas y sin vigor. Y Dios se encolerizó más, y gritó fuerte:

- ¡Que las piedras hablen!

Entonces las grises rocas se desmoronaron en polvo, descubriendo cavernas y túneles, como las cámaras de un hormiguero vacío. Y en algunos lugares resplandeció el brillante metal, dispuesto en capas graciosas pero sin ningún diseño, como si el metal se hubiera fundido y hubiera corrido como agua.

Los ángeles murmuraron; pero Dios dijo:

- Esperad. Esto no es todo.

Y ordenó de nuevo:

- ¡Hablad!

Y las piedras se alzaron una vez más, para dejar al descubierto una cámara mucho más profunda. Y en silencio, Dios y los ángeles se inmovilizaron en un círculo en torno al pozo, y se inclinaron hacia delante para ver las formas que se movían allí.

En la pared de aquella profunda cámara, alguien había grabado una hilera de letras. Y cuando la máquina de aquella cámara había sido destruida, el metal incandescente había brotado y había llenado las letras en la pared, de tal modo que ahora brillaban como plata en la oscuridad.

Y Dios leyó las palabras.

NOSOTROS ESTÁBAMOS AQUÍ. ¿DÓNDE ESTABAS TÚ?

 

 

FIN

 

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