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H. P. Lovecraft -- EL INTRUSO

Escrito por imagenes 11-05-2009 en General. Comentarios (10)

H. P. Lovecraft

EL INTRUSO

 

 

Esa noche el barón soñó multitud de desdichas,

Y todos sus guerreros invitados, por sombras y formas,

Por brujas y demonios y grandes gusanos de sepultura,

Se vieron en pesadillas atormentados.

KEATS

 

            Desdichado aquel a quien los recuerdos de infancia no traen sino miedo y tristeza. Mísero del que vuelve la vista para reencontrar horas solitarias en grandes y tétricas estancias de parduscas colgaduras y enloquecedoras hileras de viejos libros, o rememorar espantadas esperas en umbrías alamedas de árboles grotescos, gigantescos, cubiertos de plantas trepadoras, agitando en silencio sus ramas hacia lo alto. Tal es lo que los dioses me otorgaron... a mí, el turbado, el decepcionado, el yermo, el quebrantado. Y no obstante me siento extrañamente contento y me aferro con desesperación a esos marchitos recuerdos cuando mi mente amenaza por momentos con llegar más allá, al otro.

            Nada sé de mi nacimiento, excepto que el castillo era infini­tamente viejo e infinitamente horrible, lleno de pasadizos oscu­ros, con elevados cielos rasos donde el ojo no encontraba sino telarañas y sombras. Las piedras de los ruinosos corredores pare­cían siempre espantosamente húmedas y por doquier flotaba un condenado hedor, como el de cadáveres apilados durante muer­tas generaciones. Nunca había luz, por lo que empleaba velas para alumbrarme y me demoraba mirándolas atentamente en busca de algún consuelo; no había sol fuera, ya que aquellos terribles árboles crecían más alto que la parte superior de la torre accesible. Había una torre negra que descollaba sobre los árboles hasta el desconocido cielo exterior, pero se hallaba parcialmente en ruinas y no podía llegarse a ella sino a través de un casi impo­sible ascenso por la pared vertical, piedra a piedra.

            Debo haber vivido años en ese lugar, pero no soy capaz de precisar cuánto. Alguien debió atender mis necesidades, aunque no puedo recordar a nadie que no sea yo mismo, ni nada vivo aparte de las sigilosas ratas y los murciélagos y las arañas. Creo que, quien fuera el que me cuidó, se trataba de alguien terrible­mente anciano, pues la primera imagen que tengo de una per­sona viva es la de alguien semejante a una caricatura de mí mismo, aunque tan deforme, marchito y decadente como el cas­tillo. A mi entender, no había nada grotesco en los huesos y esqueletos que colmaban algunas de las criptas de piedra en los subterráneos. Yo asociaba tales cosas de una forma fantástica con los sucesos cotidianos, y los veía más naturales que las imágenes coloreadas de seres vivos que descubrí en muchos de los moho­sos libros. Todo cuanto sé lo aprendí en esos libros. Ningún maestro me azuzo ni me condujo, y no recuerdo haber escuchado en todos esos años una voz humana... ni siquiera la mía, pues aunque había leído sobre la conversación, nunca intenté hablar en voz alta. Mi apariencia física me resultaba igualmente desconocida, ya que no había espejos en el castillo, y yo sencilla­mente me creía, de forma instintiva, parecido a las juveniles figuras que veía dibujadas y pintadas en los libros. Estaba con­vencido de ser joven debido a los pocos recuerdos que guardaba.

            Fuera, cruzando el foso putrefacto, me tendía a veces bajo los árboles oscuros y silenciosos y soñaba por espacio de horas con lo leído en los libros, y me imaginaba anhelante entre ale­gres multitudes, en el mundo iluminado por el sol que se encontraba más allá de la fronda interminable. Una vez intenté escapar del bosque, pero conforme me alejaba del castillo las sombras iban haciéndose más oscuras y el miedo se colmaba de un espanto acechante; así que volví corriendo frenético antes de perderme en un laberinto de silencio nocturno.

            Así que yo soñaba, esperando entre interminables crepúscu­los, aunque no sabía el qué. Luego, en mi sombría soledad, el ansia de luz se volvió tan frenético que no pude aguardar más, y alcé suplicante las manos hacia la solitaria torre negra en ruinas que se remontaba sobre el bosque hacia el ignoto cielo exterior. Y al fin me decidí a escalar esa torre, aun a riesgo de caer, ya que prefería vislumbrar el cielo y morir que vivir sin contemplar jamás la luz del día.

            En el húmedo crepúsculo ascendí por la vetusta y destarta­lada escalera hasta llegar al punto en que cesaban, y de ahí en adelante me aferré en precario a pequeños asideros que llevaban arriba. Aquel cilindro de piedra sin escaleras resultaba espectral y terrible; negro, ruinoso y desolado, más siniestro aún por culpa de los murciélagos sobresaltados cuyas alas no despertaban sonido. Pero todavía más espectral y terrible resultaba la lentitud del avance ya que, por mucho que subiera, la oscuridad sobre mi cabeza no menguaba, y sentí un nuevo estremecimiento, como si me encontrase en un túmulo fantasmal y venerable. Temblé pre­guntándome por qué no aparecía la luz y, de haberme atrevido, hubiera vuelto la vista abajo. Supuse que la noche me habría alcanzado repentinamente y tanteé en vano, buscando con la mano libre el alféizar de una ventana a través de la que poder mirar fuera y en torno, e intentar calcular la altura alcanzada.

            Entonces, tras una eternidad de espantoso y ciego reptar por ese precipicio cóncavo y desesperanzador, sentí que tocaba algo sólido con la cabeza, y supe que había alcanzado el techo, o al menos alguna especie de piso. Alcé la mano libre en la oscuridad y palpé el obstáculo, hallándolo pétreo e inamovible. Entonces tuvo lugar un mortífero circundar de la torre, agarrándome a cualquier asidero que pudiera ofrecerme el resbaladizo muro, hasta que al fin, tanteando con la mano, sentí ceder la barrera y pude volver a subir, empujando la losa o trampilla con la cabeza mientras utilizaba ambas manos para el temible ascenso. Arriba no apareció luz alguna y, elevando las manos, supe que mi ascenso había concluido por el momento, ya que la losa era la trampilla de una abertura que llevaba a una superficie de piedra de mayor circunferencia que la torre de abajo, sin duda el suelo de alguna estancia alta y amplia. Fui deslizándome cautelosa­mente a su través, intentando impedir que la losa volviera a caer en su hueco, pero fracasé. Mientras yacía exhausto en el suelo de piedra, escuché los fantasmales ecos de su caída, pero confié en ser capaz de volver a alzarla cuando fuera necesario.

            Suponiéndome ahora a prodigiosa altura, muy por encima de las malditas ramas del bosque, me arrastré por el suelo bus­cando con las manos las ventanas, esperando ver por primera vez el cielo y la luna y las estrellas sobre las que tanto había leído. Pero me vi defraudado en mi búsqueda, ya que todo lo que encontré fueron unos grandes estantes de mármol sosteniendo odiosas cajas ovaladas de un tamaño perturbador. Cuanto más lo pensaba, más me preguntaba sobre qué arcanos secretos podía albergar esta elevada estancia, separada durante tantos eones del castillo inferior. Entonces, inesperadamente, mis manos dieron con una puerta encastrada en un umbral de piedra, tosco y cubierto de extrañas tallas. Tanteando, la encontré cerrada, pero con un supremo esfuerzo conseguí forzarla, haciéndola abrirse hacia dentro. Al hacerlo, me alcanzó el éxtasis más puro que jamás haya conocido, ya que, brillando tranquilamente a través de una ornada cancela de hierro, más allá de un breve pasillo de piedra con escalones que subían desde el portal recién franquea­do, se encontraba la radiante luna llena, nunca antes vista sino en sueños y vagas visiones que no me atrevo a llamar recuerdos.

            Creyendo ahora haber alcanzado la cima del castillo, remonté el puñado de peldaños que partía de la puerta, pero el súbito velado de la luna por el paso de una nube me hizo trasta­billar, y me moví más despacio en la negrura. Estaba muy oscuro cuando llegué al enrejado... que probé cuidadosamente, encon­trándolo abierto; pero no lo franqueé por miedo a caer desde la tremenda altura alcanzada. Entonces volvió a salir la luna.

            El golpe más demoníaco es el procedente de lo abismal­mente inesperado y de lo grotescamente increíble. Nada de lo antes soportado podía compararse en terror con lo visto en ese instante, con los estrafalarios prodigios que tal visión implicaba. El panorama en sí mismo era tan simple como impactante, ya que se trataba sencillamente de esto: que en vez de una vertigi­nosa perspectiva de copas de árboles divisados desde gran altura, a mi alrededor se extendía, al nivel de la reja, nada menos que el suelo firme, nivelado y salpicado de losas de mármol y columnas, ensombrecido por una iglesia de piedra cuyo campanario en rui­nas resplandecía de forma espectral a la luz de la luna.

            Medio desmayado, abrí la verja y me tambaleé por el camino de grava blanca que iba en dos direcciones. Mi mente, aunque aturdida y sumida en el caos, aún guardaba una frené­tica ansia de luz, y ni siquiera el fantástico prodigio que había tenido lugar podía detener mi búsqueda. Ni siquiera sabía o me preocupaba el saber si aquello era locura, sueño o magia, pero estaba resuelto a contemplar a toda costa el resplandor y la ale­gría. No sabía quién o qué era, ni dónde me hallaba; pero al proseguir titubeando adelante me hice consciente de una especie de recuerdo espantosamente latente que implicaba que mis pasos no habían sido totalmente fortuitos. Salí de aquella zona de lápidas y columnas a través de un arco, y fui deambulando campo a traviesa, siguiendo a veces el camino, otras abandonán­dolo para cruzar curioso por praderas donde ruinas ocasionales hablaban de otro camino, ya olvidado. En cierta ocasión vadeé un torrente junto al que restos musgosos y caídos hablaban de un puente derrumbado mucho tiempo atrás.

            Debieron pasar unas dos horas antes de que llegara a lo que parecía ser mi meta, un venerable castillo cubierto de hiedra en mitad de un parque frondosamente arbolado; inquietantemente familiar y a un tiempo ajeno en una forma que me dejaba per­plejo. Vi que el foso estaba lleno y que algunas de las familiares torres estaban caídas, mientras que nuevas alas habían surgido para confundir al observador. Pero eran las ventanas abiertas lo que yo contemplaba con gran interés y delicia... gloriosamente resplandecientes de luz, dejando escapar los sones del más encantador de los festejos. Llegándome a una de ellas, me asomé y vi una concurrencia ataviada de forma extraña; se divertían y hablaban animadamente entre sí. Creo que nunca antes había oído voces humanas, y tan sólo podía conjeturar vagamente lo que se decía. Algunos rostros mostraban expresiones que desper­taban en mí recuerdos increíblemente remotos; otros me resul­taban completamente ajenos.

            Entonces, por la baja ventana, accedí a la estancia brillante­mente iluminada y, apenas hacerlo, pasé del breve instante de esperanza a la más negra convulsión de desesperanza y entendí­ miento. La pesadilla se desató instantáneamente; apenas entrar, tuvo lugar uno de los más terroríficos sucesos que jamás haya podido concebirse. No bien había cruzado el antepecho, se abatió sobre la concurrencia un repentino e inesperado espanto de la más terrible intensidad, demudando los rostros y provocando los más horribles gritos jamás surgidos de garganta alguna. La huida fue masiva, y entre gritos y pánico algunos se desvanecie­ron, siendo arrastrados por quienes escapaban enloquecidos. Muchos se cubrían los ojos con las manos y se abalanzaban cie­gamente adelante, tropezando torpemente en su fuga, volteando muebles y yendo a chocar contra los muros antes de alcanzar alguna de las numerosas puertas.

            Los gritos resultaban estremecedores, y mientras me que­daba sólo y aturdido en la brillante estancia, escuchando ecos que se desvanecían, temblé con la idea de que podía haber junto a mí algo que no hubiera visto. La habitación se mostró desierta en una somera inspección, pero al llegar a una de las alcobas creí detectar allí una presencia, un atisbo de movimiento del otro lado del arco dorado que llevaba a una habitación similar. Al aproximarme al arco comencé a distinguir con más claridad la presencia y entonces, con el primer y último sonido que haya pronunciado jamás –un alarido espectral que me sacudió casi tanto como la repugnancia despertada por el ser nocivo que lo causaba–, contemplé con espantoso detalle la monstruosidad inconcebible, indescriptible e inmencionable que, con su mera presencia, había convertido una alegre concurrencia en un hato de enloquecidos fugitivos.

            Ni siquiera me atrevo a insinuar su aspecto, ya que resultaba el compendio de todo lo sucio, estrafalario, nefasto, anormal y detestable. Era la necrótica sombra de decadencia, decrepitud y desolación; el fantasma pútrido y goteante de insalubre revela­ción. Sabe Dios que eso no pertenecía a este mundo –al menos, ya no–, aunque, para mi espanto, descubrí en sus rasgos consu­midos y sepulcrales una horrenda y obsesionante parodia de ser humano, y en su mohosa y degenerada apariencia alguna indeci­ble cualidad que me estremecía aún más.

            Me encontraba casi paralizado, aunque no tanto como para no hacer un débil intento de escapar; un traspiés atrás que no llegó a romper el hechizo en que el indescriptible, el innombra­ble monstruo me tenía preso. Mis ojos, embrujados por las vidriosas esferas que acechaban espantosamente en su interior, rehusaban cerrarse, aun cuando se hallaban piadosamente vela­dos, y, tras una primera impresión, mostraban a aquel ser terri­ble sólo de forma turbia. Traté de interponer la mano para ocul­tar la imagen, pero tan aturdidos estaban mis nervios que el brazo rehusó obedecer mi voluntad. El intento, empero, fue suficiente como para desequilibrarme, haciéndome titubear unos pasos para no caer. Al hacerlo me percaté, repentina y agó­nicamente, de la proximidad de aquel ser inmundo, cuyo sordo y odioso resollar creí oír. Casi enloquecido, fui entonces capaz de tender una mano para protegerme de la fétida aparición que tan cerca estaba y, en un cataclísmico segundo de cósmica pesa­dilla e infernal accidente, mis dedos rozaron la putrefacta zarpa que el monstruo había tendido bajo el arco dorado.

No chillé, pero todos los espíritus demoníacos que cabalgan el viento gritaron por mí en el preciso instante en que brotó en mi interior un sencillo y fugaz recuerdo capaz de aniquilar el alma. En ese segundo recordé cuanto fui; recordé antes del espantoso castillo y los árboles, y reconocí el alterado edificio en el que me hallaba; y, más terrible que todo lo demás, reconocí a la infeliz abominación que me miraba mientras yo apartaba mis dedos mancillados de los suyos.

            Pero en el cosmos hay tanto bálsamo como amargura, y ese bálsamo es la nepenta*. En el supremo horror de ese segundo olvidé cuanto me espantaba, y el estallido de negra memoria se desvaneció en un caos de imágenes retumbantes. Como en sue­ños huí de ese sitio fantasmal y maldito, corriendo rápida y silenciosamente a la luz de la luna. Cuando regresé al campo­santo de mármol y descendí los peldaños, encontré inamovible la trampilla de piedra, pero no me pesó, porque odiaba el anti­guo castillo y los árboles. Ahora frecuento a los burlones y ami­gables demonios del viento nocturno, y juego durante el día entre las catacumbas de Nephren-Ka, en el prohibido e ignoto valle de Hadoth, en el Nilo. Sé que la luz no es para mí, excepto la de la luna sobre las pétreas tumbas de Neb; ni tampoco otras alegrías que las de los indescriptibles festejos de Nitokris bajo la Gran Pirámide, aunque en medio de mi nuevo salvajismo y libertad casi daría la bienvenida a la amargura de la soledad.

            Pero aunque la nepenta me haya calmado, tengo siempre presente que soy un intruso; forastero en este siglo y entre quie­nes aún son hombres. Es algo que sé desde que tendí mis dedos hacia la abominación que aguardaba en el interior del gran marco dorado; tendí mis dedos y toqué una fría y tersa superficie de cristal pulido.

 

 

* Droga que, según los antiguos, borraba todos los recuerdos en los que la consumían.

Crumtuar y la Diosa --- Andrés Díaz Sánchez

Escrito por imagenes 09-05-2009 en General. Comentarios (0)

Crumtuar y la Diosa --- Andrés Díaz Sánchez

Andrés Díaz Sánchez
Crumtuar y la Diosa
...
La amplia pradera aparecía cubierta de una suave bruma azulada. El amanecer teñía de púrpura el metal de los guerreros irlandeses: cascos repujados, espadas, escudos tachonados de bronce, hachas dobles, mazas y cuchillos largos como medio brazo. El ejército de los Hijos de Dana, al servicio del rey Nuada Mano de Plata, fijaba sus ochocientos pares de ojos sobre las huestes de los firbolgs, a unos quinientos metros de distancia. No seria una gran batalla, como la de Moytura, pero allí, en aquel páramo de hierba rabiosamente verde, velada por la niebla decadente, muchos hombres morirían y muchos otros ganarían un pedazo de gloria.
Uno que destacaba entre los danaanos era Crumtuar, un hijo de Erín con veintitrés primaveras sobre sus robustas hombros. Su mayor alegría residía en la lucha. Resultaba tan grande su amor por la guerra que, en los tiempos de paz, abandona las zonas prósperas en busca de nuevos conflictos. Ya cuando era un niño, el druida de su condado natal le miró directamente a los ojos y profetizó su futuro:
- Debes dedicarte a la guerra, hijo mío, pues la gran Madre Dana te ha dotado de fuerza y coraje. Sólo servirás para luchar. En la lucha serás feliz. Morirás joven, pero tu vida habrá sido mas intensa que la de cincuenta que te sobrevivan.
Desde entonces, Crumtuar habíase dedicado a manejar la espada y el hacha, con resultados terribles para sus enemigos. Había probado la dulzura de las mujeres bellas, vinos y licores selectos, yantares jugosos y la riqueza propia de los triunfadores. Mas todo esto no era nada en comparación a la sensación exultante de luchar para matar o morir.
Era alto, de hombros anchos y cintura esbelta, con poderosos músculos que resaltaban contra los anillos, brazaletes, muñequeras y el torque. Sobre la piel lucía tatuajes caprichosos. Se cubría con pieles de lobo y oso. Tenía el cabello de color rojo claro, casi naranja, ligeramente ondulado. Las greñas le caían sobre los hombros y la frente. Igual de caótica resultaba su barba, que descendía hasta el pecho como una cascada de serpientes entrelazadas. No gozaba de rostro agraciado: su nariz era chata y ancha, y bajo ella unos labios gordezuelos. Aún así, algo en sus ojos de color verde cristalino atraía a las
mujeres con mayor éxito que muchos varones de mayor belleza. Del cinto pendían varias dagas y cuchillos, algunos de tamaño descomunal. Tenía embrazado un escudo circular con tachones y su diestra empuñaba un enorme hacha de doble hoja, con mango largo y metálico, que cuando era manejada a dos manos parecía la guadaña de un segador sobre el trigal de cuerpos enemigos.
Un compañero le pasó un pellejo y Crumtuar trasegó vino durante varios segundos.
Aquella espera resultaba terrible. Los luchadores de Erín estaban ansiosos por comenzar.
No había cosa más agradable para un joven celta que una contienda brutal. Y, aunque en principio los más tímidos sintieran miedo, pronto se hallarían contagiados inexorablemente por el furor de las masas armadas.
Varios druidas paseaban entre las filas repartiendo bendiciones y armas mágicas, capaces de rajar las piedras o tornar invisible a su dueño. Algunos incluso empuñaban espadas y escudos, dispuestos para unirse a los guerreros en la batalla.
Conel, el jefe de la horda danaana, pasó a caballo entre las primeras filas, compuestas por los más audaces. Muchos llevaban encima sólo el torque, los brazaletes y las armas.
Pelearían desnudos para demostrar su valor. Conel sopló el cuerno de batalla.
La orden era de "carga".
Un rugido abrumador, compuesto de ochocientas rabiosas voces masculinas, explotó sobre la planicie. Desde la lejanía les llegó un murmullo similar. Era el rugir de los firbolgs.
Los Hijos de Dana echaron a correr en busca del enemigo. Crumtuar marchaba en vanguardia. Descubrió a Iedur, Cochtann y Finntaugh, tres de sus mejores amigos.
Volaban sobre la hierba, chillando insultos a los firbolgs hasta desgañitarse.
Desde atrás un grupo numeroso comenzó a vitorear a Cuchulainn, el guerrero mas famoso de Erín. Aquello enloqueció aun más a los combatientes.
Crumtuar vio venir la masa de firbolgs. Eran morenos la mayoría, algunos castaños. Muy altos. Vestían de parecida forma a los danaanos. Sus armas también resultaban formidables.
Grumtuar rugió una maldición y aumentó la velocidad de su carrera. Su escudo chocó contra tres enemigos de la vanguardia, derribándolos por los suelos. Alzó el hacha y lo hundió en la boca del más cercano. El filo apareció por la nuca.
Un guerrero descargó su mazo de piedra, pero Crumtuar lo paró con el escudo. El choque levantó una vibración tremebunda. Crumtuar se separó y golpeó con el hacha. La hoja perdió filo, pero la maza saltó en pedazos. Un segundo golpe abrió en dos el abdomen del firbolg.
Aquéllos eran los primeros combates, en parejas o grupos de tres a lo sumo, protagonizados por los escapados de cada vanguardia.
Mas las dos mareas, compuestas por el grueso de los ejércitos, se acercaban a toda velocidad, como dos gigantescas sombras que bullían bajo la luz del Sol naciente.
Un fragor espantoso se alzó por los aires cuando chocaron. Muchos murieron en el encontronazo, aplastados por los que llegaban desde atrás. El momento de compresión dio paso a otro de distensión, cuando los más enérgicos de cada bando comenzaron a abrirse paso repartiendo fugaces golpes que cercenaban cabezas, brazos y piernas.
Crumtuar, con los ojos desorbitados y el mirar de una bestia peligrosa, hacía volar el hacha en todas direcciones, levantando nubecillas de sangre y pedazos de carne desgarrada.
Pronto, a su alrededor se abrió un hueco. Pisoteo los primeros muertos y heridos, muchos de éstos escapando a cuatro patas mientras contenían con una mano las entrañas.
El choque de cientos de metales resultaba ensordecedor. Lograba eclipsar las voces de los hombres. Todo era locura, muerte y destrucción. El que se arredraba moría. La única forma de mantener el pellejo sobre el cuerpo era ser mas audaz y sanguinario que los demás.
Pronto el suelo se llenó de muertos, sobre los que los luchadores se empujaban y lanzaban tajos y estocadas. La sangre derramada hacía resbalar a muchos, e instantáneamente el enemigo más cercano aprovechaba la ocasión para desmembrar o degollar al caído.
El aire hedía a muerte, dulzona y metálica. Estaba cargado de energía arrasadora, vibrante en cada músculo, en cada mirada, en cada garganta.
Pronto se abrieron claros en el mapa de la batalla. Crumtuar, cuando se quedaba solo, buscaba un nuevo tumulto sobre el que lanzarse. Mostraba todo el cuerpo manchado de sangre; el líquido vital tintaba su rostro, su torso, sus brazos y piernas y apelmazaba sus cabellos, tornándolos pesados y pegajosos.
En un momento determinado, observo que el aire se espesaba y los colores y formas de la batalla fluctuaban ligeramente, como si la contienda ocurriese bajo el agua. Algunos dioses gustaban de pasar al plano terrenal durante el transcurso de la batalla, rasgando el tapiz entre las dimensiones. En este caso, Crumtuar observó, anonadado, que se abría un jirón en la realidad, cerca de su posición. A través del agujero surgió un gigantesco lobo gris. La bestia mordió a varios combatientes de ambos bandos, arrancándoles la yugular. Su forma fluctuó fantasmalmente, hasta devenir en mujer, más alta que el mayor de
los danaanos o firbolgs. Vestía cota de mallas y pantalones y botas de cuero.
En la mano derecha sostenía una espada fantástica de oro y bronce. La cascada de cabello negros caía sobre su espalda, y verde brillante resultaban sus ojos, rebosantes de cólera. Poseía un bellísimo rostro, no dulce, sino fiero y sanguinario. Era Morrigan, la Diosa de la Guerra, que a veces gustaba de visitar a sus combatientes y mezclarse con ellos.
Crumtuar siempre había poseído el extraño don de descubrir a los elementales del bosque, las dríadas y nereidas, los duendes y los gnomos, allá donde los demás sólo veían ramas o piedras. Por ello, ahora distinguía el cuerpo de Morrigan. Para la gran mayoría, la diosa era invisible.
Ella reía a carcajadas, mientras decapitaba y ensartaba con su espada a cuantos sin quererlo se le acercaran.
Su risa traía la locura y el furor a la mente de los luchadores, quienes al oírla, o percibirla, redoblaban sus esfuerzos asesinos. La intrusión en este mundo había provocado una alteración en las leyes naturales, así que algunos combatientes, atacados por la demencia guerrera, la locura del berserkr escandinavo, mataban por doquier, tanto a amigos como a enemigos, sin caer, a pesar de recibir serias heridas. Tal y como le ocurriera al héroe Cuchulainn, sus figuras se deformaban fantasmalmente: los brazos se alargaban, los ojos colgaban del rostro y los cuellos se engrosaban hasta la parodia. Eran monstruos destructores, los Hijos de la Diosa de la Guerra.
- ¡Morrigan! -aulló Crumtuar.
La diosa le miró. Sus ojos eran llamaradas verdosas. Sin saber por qué, el guerrero corrió hacia ella alzando el hacha. Morrigan rió. Paró fácilmente el arma del irlandés, con tal fuerza que del choque entre los metales surgieron chispas incandescentes. La diosa lo lanzó al suelo. Allá quedó el hombre, subyugado por el poder de los sus divinos ojos. Morrigan se le acercó y cayó sobre él hincando las rodillas en el suelo, junto a las costillas del guerrero.
- Me gustan los hombres con valor en el pecho -dijo la diosa. Tenia ronca la voz, pero muy femenina. Crumtuar experimentó cruda fascinación-. Los demás huyen de mi y me temen. Pero tú me atacaste. ¡Por eso, hoy serás invencible!
Se inclinó y le besó con pasión. Crumtuar sintió un dolor explosivo que rayaba en el éxtasis. Morrigan le acercó un dedo al rostro ensangrentado y le tocó la frente. De pronto, la diosa se alejó, como un jirón de luz y color que volaba sobre los combatientes, susurrándoles palabras que hacían estallar la locura en sus mentes.
Crumtuar sintió también una furia brutal, intempestiva, como si por las arterias le corriera fuego en lugar de sangre.
Se levantó de un salto, con los ojos desorbitados, jadeando roncamente. Corrió hacia un firbolg y le golpeó con tal fuerza que el hacha atravesó el escudo, el antebrazo y la cota de mallas. Extrajo el arma de la herida ya sin filo. Aún así, descargó un nuevo hachazo, en el rostro del moribundo. Después se volvió en derredor, buscando más adversarios para destruir.
Halló un lugar propicio para sus fines: un tumulto en el cual se habían enzarzado treinta firbolgs y quince danaanos. Abandonó el escudo y echó a correr.
Escucharon su grito desgarrador y le vieron llegar, como una bestia sin freno.
Saltó y cinco hombres cayeron al suelo con él. Sobre tales repartió hachazos, movido por una demoniaca energía. La sangre saltaba y salpicaba su rostro, se le metía en los ojos y la boca, la inspiraba tras cada jadeo. Su cuerpo sufrió la mutación propia de los Servidores de Morrigan: la carne del cuello, al igual que arcilla seca, se le desparramó por el pecho, sus caballos crecieron hasta la cintura, un brazo se le alargó y proyectó hacia el frente, la espalda se ensanchó imposiblemente. Surgían bultos de su costado y la mano izquierda ardía, envuelta en brillantes llamas azuladas.
Al poco, había disuelto al grupo enemigo, cuyos integrantes estaban muertos, escapaban conteniéndose las tripas o se arrastraban penosamente. Ya corría en busca de más rivales. Amigos y enemigos le huían por igual, ya que su horroroso aspecto desmenuzaba el valor hasta de los más veteranos.
Un monstruosos firbolg le vio y se le aproximó. También había mutado increíblemente: sus miembros estaban desparejos, la carne bullía, como si bajo la piel hubiera mil criaturas anhelantes de libertad, los ojos crecían en el rostro, como si estuviesen a punto de saltar desde las cuencas. Aulló brutalmente y todo él creció, agigantándose, duplicando su estatura. Ambos, los Hijos de Morrigan, pelearon febrilmente mientras goblins y fuegos fatuos correteaban y chillaban a su alrededor. De las armas saltaban chispas y briznas de metal. Ellos hacían y sufrían cortes terribles, pero seguían pugnando con igual vigor. En un lance, Crumtuar le tajó el cuello. Aún sin cabeza, el firbolg continuaba repartiendo tajos con la espada. Su testa, en el suelo, mordía y desgarraba un cadáver. Por fin, al decapitado le fallaron las fuerzas y se desplomó en. el suelo, donde inmóvil quedó.
Crumtuar experimentó un espantoso dolor, porque su cuerpo volvía a la normalidad. Se desplomó, gritando hasta quebrársele la voz. Al cabo de una fugaz y rojiza infinitud, el sufrimiento se tornó soportable y la cordura volvió a su torturada mente. Miró en torno suyo. Había cadáveres hasta donde alcanzaba su vista, arracimados unos sobre otros o sobre la hierba teñida de sangre. Los irlandeses supervivientes alzaban gritos de triunfo y daban gracias a Dana, Lugh y Morrigan. Habían vencido. Crumtuar buscó con la vista a la diosa, mas no la encontró. El fuego del triunfo le insuflaba un júbilo arrasador. Estaba vivo. Había vencido a los enemigos. Había vencido a la muerte.
No había palabras capaces de describir la intensidad de aquel éxtasis.
De pronto, la euforia se marchó, tan pronto como vino, y le asaltó la debilidad.
Cayó de rodillas al suelo y se desplomó de bruces sobre un charco de sangre.

Le despertaron arrojándole agua helada sobre el rostro. Se hallaba entre los heridos. Tenía medio cuerpo cubierto por vendas. Iedur, su amigo, tiró el cubo y le sonrió de oreja a oreja.
- ¡Ya despierta, el cerdo dormilón!
- ¡Vencimos, Crumtuar! -rugió Cochtann, otro de sus más broncos compañeros. Se sujetaba una larga tira de piel sobre el rostro, pues le faltaba la piel de la mejilla derecha y parte del mentón. Donde estuviera la oreja había ahora una masa de vendas y cabello sucio y apelmazado. Por lo demás, parecía indemne como el resto.
- Sí, lo sé -gruñó Crumtuar. Miró fijamente a sus colegas-. ¿La visteis?
¿Visteis a la diosa Morrigan?
- No -contestó Iedur-. Te vimos a ti transformado, como Cuchulainn cuando peleó contra Ferdia. Repartías tajos como un auténtico loco. ¡Qué batalla, amigo mío! ¡Realmente, eres un tipo peligroso!
Crumtuar sonrió. Las tripas le gruñían escandalosamente.
- ¿Dónde están la comida y el vino? -bramó.
- ¡Toma, maldito, y cállate ya de una vez! -era Conel, el líder de las hordas danaanas. Le tiró un enorme muslo de carnero y un pellejo lleno de cerveza agria. El veterano, al mirarle, no pudo disimular la sonrisa y el respeto que brillaban en sus ojos- El cachorro está convirtiéndose en hombre,
¿eh?
Por toda respuesta, Crumtuar mordió un trozo de carnero tan grande que hubo de empujarlo con la palma de la mano para que entrara en la boca. Y aún así, logró regar la vianda con un chorro de cerveza. Sonrió, mientras masticaba con fuerza.

Martín Lutero --- LAS 95 TESIS

Escrito por imagenes 07-05-2009 en General. Comentarios (11)

http://apocrifos-gnosticos.blogspot.com/2009/05/martin-lutero-las-95-tesis.html

 

Martín Lutero --- LAS 95 TESIS

Martín Lutero
LAS 95 TESIS
.
«Comentario documentado y edificante del Génesis».
.
Edición Walch 1739, tomo II, página 404.
.
Disputación acerca de la determinación del valor de las indulgencias
Por amor a la verdad y en el afán de sacarla a luz, se discutirán en Wittenberg las siguientes
proposiciones bajo la presidencia del R. P. Martín Lutero, Maestro en Artes y en Sagrada
Escritura y Profesor Ordinario de esta última disciplina en esa localidad. Por tal razón, ruega
que los que no puedan estar presentes y debatir oralmente con nosotros, lo hagan, aunque
ausentes, por escrito.
En el nombre de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.
.
1. Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo: «Haced penitencia...», ha querido que
toda la vida de los creyentes fuera penitencia.
2. Este término no puede entenderse en el sentido de la penitencia sacramental (es decir, de
aquella relacionada con la confesión y satisfacción) que se celebra por el ministerio de los
sacerdotes.
3. Sin embargo, el vocablo no apunta solamente a una penitencia interior; antes bien, una
penitencia interna es nula si no obra exteriormente diversas mortificaciones de la carne.
4. En consecuencia, subsiste la pena mientras perdura el odio al propio yo (es decir, la
verdadera penitencia interior), lo que significa que ella continúa hasta la entrada en el reino de
los cielos.
5. El Papa no quiere ni puede remitir culpa alguna, salvo aquella que él ha impuesto, sea por
su arbitrio, sea por conformidad a los cánones.
6. El Papa no puede remitir culpa alguna, sino declarando y testimoniando que ha sido
remitida por Dios, o remitiéndola con certeza en los casos que se ha reservado. Si éstos
fuesen menospreciados, la culpa subsistirá íntegramente.
7. De ningún modo Dios remite la culpa a nadie, sin que al mismo tiempo lo humille y lo
someta en todas las cosas al sacerdote, su vicario.
8. Los cánones penitenciales han sido impuestos únicamente a los vivientes y nada debe ser
impuesto a los moribundos basándose en los cánones.
9. Por ello, el Espíritu Santo nos beneficia en la persona del Papa, quien en sus decretos
siempre hace una excepción en caso de muerte y de necesidad.
10. Mal y torpemente proceden los sacerdotes que reservan a los moribundos penas canónicas
en el purgatorio.
11. Esta cizaña, cual la de transformar la pena canónica en pena para el purgatorio, parece
por cierto haber sido sembrada mientras los obispos dormían.
12. Antiguamente las penas canónicas no se imponían después sino antes de la absolución,
como prueba de la verdadera contrición.
13. Los moribundos son absueltos de todas sus culpas a causa de la muerte y ya son muertos
para las leyes canónicas, quedando de derecho exentos de ellas.
14. Una pureza o caridad imperfectas traen consigo para el moribundo, necesariamente, gran
miedo; el cual es tanto mayor cuanto menor sean aquéllas.
15. Este temor y horror son suficientes por sí solos (por no hablar de otras cosas) para
constituir la pena del purgatorio, puesto que están muy cerca del horror de la desesperación.
16. Al parecer, el infierno, el purgatorio y el cielo difieren entre sí como la desesperación, la
cuasi desesperación y la seguridad de la salvación.
17. Parece necesario para las almas del purgatorio que a medida que disminuya el horror,
aumente la caridad.
18. Y no parece probado, sea por la razón o por las Escrituras, que estas almas estén
excluidas del estado de mérito o del crecimiento en la caridad.
19. Y tampoco parece probado que las almas en el purgatorio, al menos en su totalidad,
tengan plena certeza de su bienaventuranza ni aún en el caso de que nosotros podamos estar
completamente seguros de ello.
20. Por tanto, cuando el Papa habla de remisión plenaria de todas las penas, significa
simplemente el perdón de todas ellas, sino solamente el de aquellas que él mismo impuso.
21. En consecuencia, yerran aquellos predicadores de indulgencias que afirman que el hombre
es absuelto a la vez que salvo de toda pena, a causa de las indulgencias del Papa.
22. De modo que el Papa no remite pena alguna a las almas del purgatorio que, según los
cánones, ellas debían haber pagado en esta vida.
23. Si a alguien se le puede conceder en todo sentido una remisión de todas las penas, es
seguro que ello solamente puede otorgarse a los más perfectos, es decir, muy pocos.
24. Por esta razón, la mayor parte de la gente es necesariamente engañada por esa
indiscriminada y jactanciosa promesa de la liberación de las penas.
25. El poder que el Papa tiene universalmente sobre el purgatorio, cualquier obispo o cura lo
posee en particular sobre su diócesis o parroquia.
26. Muy bien procede el Papa al dar la remisión a las almas del purgatorio, no en virtud del
poder de las llaves (que no posee), sino por vía de la intercesión.
27. Mera doctrina humana predican aquellos que aseveran que tan pronto suena la moneda
que se echa en la caja, el alma sale volando.
28. Cierto es que, cuando al tintinear, la moneda cae en la caja, el lucro y la avaricia pueden ir
en aumento, más la intercesión de la Iglesia depende sólo de la voluntad de Dios.
29. ¿Quién sabe, acaso, si todas las almas del purgatorio desean ser redimidas? Hay que
recordar lo que, según la leyenda, aconteció con San Severino y San Pascual.
30. Nadie está seguro de la sinceridad de su propia contrición y mucho menos de que haya
obtenido la remisión plenaria.
31. Cuán raro es el hombre verdaderamente penitente, tan raro como el que en verdad
adquiere indulgencias; es decir, que el tal es rarísimo.
32. Serán eternamente condenados junto con sus maestros, aquellos que crean estar seguros
de su salvación mediante una carta de indulgencias.
33. Hemos de cuidarnos mucho de aquellos que afirman que las indulgencias del Papa son el
inestimable reconciliado con Dios.
34. Pues aquellas gracias de perdón sólo se refieren a las penas de la satisfacción
sacramental, las cuales han sido establecidas por los hombres.
35. Predican una doctrina anticristiana aquellos que enseñan que no es necesaria la contrición
para los que rescatan almas o confessionalia.
36. Cualquier cristiano verdaderamente arrepentido tiene derecho a la remisión plenaria de
pena y culpa, aun sin carta de indulgencias.
37. Cualquier cristiano verdadero, sea que esté vivo o muerto, tiene participación en todos lo
bienes de Cristo y de la Iglesia; esta participación le ha sido concedida por Dios, aun sin cartas
de indulgencias.
38. No obstante, la remisión y la participación otorgadas por el Papa no han de
menospreciarse en manera alguna, porque, como ya he dicho, constituyen un anuncio de la
remisión divina.
39. Es dificilísimo hasta para los teólogos más brillantes, ensalzar al mismo tiempo, ante el
pueblo. La prodigalidad de las indulgencias y la verdad de la contrición.
40. La verdadera contrición busca y ama las penas, pero la profusión de las indulgencias relaja
y hace que las penas sean odiadas; por lo menos, da ocasión para ello.
41. Las indulgencias apostólicas deben predicarse con cautela para que el pueblo no crea
equivocadamente que deban ser preferidas a las demás buenas obras de caridad.
42. Debe enseñarse a los cristianos que no es la intención del Papa, en manera alguna, que la
compra de indulgencias se compare con las obras de misericordia.
43. Hay que instruir a los cristianos que aquel que socorre al pobre o ayuda al indigente,
realiza una obra mayor que si comprase indulgencias.
44. Porque la caridad crece por la obra de caridad y el hombre llega a ser mejor; en cambio,
no lo es por las indulgencias, sino a lo mas, liberado de la pena.
45. Debe enseñarse a los cristianos que el que ve a un indigente y, sin prestarle atención, da
su dinero para comprar indulgencias, lo que obtiene en verdad no son las indulgencias
papales, sino la indignación de Dios.
46. Debe enseñarse a los cristianos que, si no son colmados de bienes superfluos, están
obligados a retener lo necesario para su casa y de ningún modo derrocharlo en indulgencias.
47. Debe enseñarse a los cristianos que la compra de indulgencias queda librada a la propia
voluntad y no constituye obligación.
48. Se debe enseñar a los cristianos que, al otorgar indulgencias, el Papa tanto más necesita
cuanto desea una oración ferviente por su persona, antes que dinero en efectivo.
49. Hay que enseñar a los cristianos que las indulgencias papales son útiles si en ellas no
ponen su confianza, pero muy nocivas si, a causa de ellas, pierden el temor de Dios.
50. Debe enseñarse a los cristianos que si el Papa conociera las exacciones de los
predicadores de indulgencias, preferiría que la basílica de San Pedro se redujese a cenizas
antes que construirla con la piel, la carne y los huesos de sus ovejas.
51. Debe enseñarse a los cristianos que el Papa estaría dispuesto, como es su deber, a dar de
su peculio a muchísimos de aquellos a los cuales los pregoneros de indulgencias sonsacaron el
dinero aun cuando para ello tuviera que vender la basílica de San Pedro, si fuera menester.
52. Vana es la confianza en la salvación por medio de una carta de indulgencias, aunque el
comisario y hasta el mismo Papa pusieran su misma alma como prenda.
53. Son enemigos de Cristo y del Papa los que, para predicar indulgencias, ordenan suspender
por completo la predicación de la palabra de Dios en otras iglesias.
54. Oféndese a la palabra de Dios, cuando en un mismo sermón se dedica tanto o más tiempo
a las indulgencias que a ella.
55. Ha de ser la intención del Papa que si las indulgencias (que muy poco significan) se
celebran con una campana, una procesión y una ceremonia, el evangelio (que es lo más
importante)deba predicarse con cien campanas, cien procesiones y cien ceremonias.
56. Los tesoros de la iglesia, de donde el Papa distribuye las indulgencias, no son ni
suficientemente mencionados ni conocidos entre el pueblo de Dios.
57. Que en todo caso no son temporales resulta evidente por el hecho de que muchos de los
pregoneros no los derrochan, sino más bien los atesoran.
58. Tampoco son los méritos de Cristo y de los santos, porque éstos siempre obran, sin la
intervención del Papa, la gracia del hombre interior y la cruz, la muerte y el infierno del
hombre exterior.
59. San Lorenzo dijo que los tesoros de la iglesia eran los pobres, mas hablaba usando el
término en el sentido de su época.
60. No hablamos exageradamente si afirmamos que las llaves de la iglesia (donadas por el
mérito de Cristo) constituyen ese tesoro.
61. Esta claro, pues, que para la remisión de las penas y de los casos reservados, basta con la
sola potestad del Papa.
62. El verdadero tesoro de la iglesia es el sacrosanto evangelio de la gloria y de la gracia de
Dios.
63. Empero este tesoro es, con razón, muy odiado, puesto que hace que los primeros sean
postreros.
64. En cambio, el tesoro de las indulgencias, con razón, es sumamente grato, porque hace
que los postreros sean primeros.
65. Por ello, los tesoros del evangelio son redes con las cuales en otros tiempos se pescaban a
hombres poseedores de bienes.
66. Los tesoros de las indulgencias son redes con las cuales ahora se pescan las riquezas de
los hombres.
67. Respecto a las indulgencias que los predicadores pregonan con gracias máximas, se
entiende que efectivamente lo son en cuanto proporcionan ganancias.
68. No obstante, son las gracias más pequeñas en comparación con la gracia de Dios y la
piedad de la cruz.
69. Los obispos y curas están obligados a admitir con toda reverencia a los comisarios de las
indulgencias apostólicas.
70. Pero tienen el deber aún más de vigilar con todos sus ojos y escuchar con todos sus oídos,
para que esos hombres no prediquen sus propios ensueños en lugar de lo que el Papa les ha
encomendado.
71. Quién habla contra la verdad de las indulgencias apostólicas, sea anatema y maldito.
72. Mas quien se preocupa por los excesos y demasías verbales de los predicadores de
indulgencias, sea bendito.
73. Así como el Papa justamente fulmina excomunión contra los que maquinan algo, con
cualquier artimaña de venta en perjuicio de las indulgencias.
74. Tanto más trata de condenar a los que bajo el pretexto de las indulgencias, intrigan en
perjuicio de la caridad y la verdad.
75. Es un disparate pensar que las indulgencias del Papa sean tan eficaces como para que
puedan absolver, para hablar de algo imposible, a un hombre que haya violado a la madre de
Dios.
76. Decimos por el contrario, que las indulgencias papales no pueden borrar el más leve de los
pecados veniales, en concierne a la culpa.
77. Afirmar que si San Pedro fuese Papa hoy, no podría conceder mayores gracias, constituye
una blasfemia contra San Pedro y el Papa.
78. Sostenemos, por el contrario, que el actual Papa, como cualquier otro, dispone de
mayores gracias, saber: el evangelio, las virtudes espirituales, los dones de sanidad, etc.,
como se dice en 1ª de Corintios 12.
79. Es blasfemia aseverar que la cruz con las armas papales llamativamente erecta, equivale a
la cruz de Cristo.
80. Tendrán que rendir cuenta los obispos, curas y teólogos, al permitir que charlas tales se
propongan al pueblo.
81. Esta arbitraria predicación de indulgencias hace que ni siquiera, aun para personas cultas,
resulte fácil salvar el respeto que se debe al Papa, frente a las calumnias o preguntas
indudablemente sutiles de los laicos.
82. Por ejemplo: ¿Por qué el Papa no vacía el purgatorio a causa de la santísima caridad y la
muy apremiante necesidad de las almas, lo cual sería la más justa de todas las razones si él
redime un número infinito de almas a causa del muy miserable dinero para la construcción de
la basílica, lo cual es un motivo completamente insignificante?
83. Del mismo modo: ¿Por qué subsisten las misas y aniversarios por los difuntos y por qué el
Papa no devuelve o permite retirar las fundaciones instituidas en beneficio de ellos, puesto
que ya no es justo orar por los redimidos?
84. Del mismo modo: ¿Qué es esta nueva piedad de Dios y del Papa, según la cual conceden
al impío y enemigo de Dios, por medio del dinero, redimir un alma pía y amiga de Dios, y por
que no la redimen más bien, a causa de la necesidad, por gratuita caridad hacia esa misma
alma pía y amada?
85. Del mismo modo: ¿Por qué los cánones penitenciales que de hecho y por el desuso desde
hace tiempo están abrogados y muertos como tales, se satisfacen no obstante hasta hoy por
la concesión de indulgencias, como si estuviesen en plena vigencia?
86. Del mismo modo: ¿Por qué el Papa, cuya fortuna es hoy más abundante que la de los más
opulentos ricos, no construye tan sólo una basílica de San Pedro de su propio dinero, en lugar
de hacerlo con el de los pobres creyentes?
87. Del mismo modo: ¿Qué es lo que remite el Papa y qué participación concede a los que por
una perfecta contrición tienen ya derecho a una remisión y participación plenarias?
88. Del mismo modo: ¿Que bien mayor podría hacerse a la iglesia si el Papa, como lo hace
ahora una vez, concediese estas remisiones y participaciones cien veces por día a cualquiera
de los creyentes?
89. Dado que el Papa, por medio de sus indulgencias, busca más la salvación de las almas que
el dinero, ¿por qué suspende las cartas e indulgencias ya anteriormente concedidas, si son
igualmente eficaces?
90. Reprimir estos sagaces argumentos de los laicos sólo por la fuerza, sin desvirtuarlos con
razones, significa exponer a la Iglesia y al Papa a la burla de sus enemigos y contribuir a la
desdicha de los cristianos.
91. Por tanto, si las indulgencias se predicasen según el espíritu y la intención del Papa, todas
esas objeciones se resolverían con facilidad o más bien no existirían.
92. Que se vayan, pues todos aquellos profetas que dicen al pueblo de Cristo: «Paz, paz»; y
no hay paz.
93. Que prosperen todos aquellos profetas que dicen al pueblo: «Cruz, cruz» y no hay cruz.
94. Es menester exhortar a los cristianos que se esfuercen por seguir a Cristo, su cabeza, a
través de penas, muertes e infierno.
95. Y a confiar en que entrarán al cielo a través de muchas tribulaciones, antes que por la
ilusoria seguridad de paz.
.
Wittenberg, 31 de octubre de 1517
.
Oración de Lutero
.
Señor Dios, Tú me has puesto en tarea de dirigir y pastorear la Iglesia. Tú ves cuán inepto soy
para cumplir tan grande y difícil misión, y si yo lo hubiese intentado sin contar contigo, desde
luego lo habría echado todo a perder.
Por eso clamo a Ti. Gustoso quisiera ofrecer mi boca y disponer mi corazón para este
menester.
Deseo enseñar al pueblo, pero también quiero por mi parte aprender yo mismo continuamente
y manejar Tu Palabra, habiéndola meditado con diligencia.
Como instrumento Tuyo utilízame. Amado Señor, no me abandones en modo alguno, pues
donde yo estuviera solo, fácilmente lo echaría todo a perder.
Amen.

Angeles En Astronave

Escrito por imagenes 07-05-2009 en General. Comentarios (2)

Angeles En Astronave

 

Giorgio  Dibitonto

 

 

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN

  Ha sido precisamente nuestra religión la que nos lo ha enseñado. Nosotros concordamos con la afirmación de Cristo a propósito de la "casa de muchas moradas". Tenemos también una oración que dice: "hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo". ¿Pero cómo podemos obedecer a este mandamiento si alguien no baja del cielo para instruirnos?. Se nos ha profetizado que extraños acontecimientos sucederán en el cielo y se nos ha asegurado rnuchas veces que tales profecias se cumplirán. Y se han cumplido, ¿no es así?

  ¿Qué es lo que hacen nuestros ministros del culto y nuestros sacerdotes? ¿Estarán quizá preparándose para confesar que nos han contado tonterías durante todo este tiempo? ¿O se decidirán a admitir que todo se ha cumplido ya, que todo lo que nos han enseñado es verdad y que hoy podemos ver esta verdad manifestarse? Es importantísimo que ellos tomen en consideración esta última alternativa, ya que la Biblia menciona tan frecuentemente semejantes manifestaciones desde los tiempos más antiguos.

  Estando así las cosas, estas astronaves procedentes del espacio exterior, conocidas como discos volantes, ofrecerán a nuestras doctrinas religiosas y a los testimonios biblicos el complemento de las pruebas. Si debemos aceptar como verdades la Biblia y las enseñanzas del clero, ha llegado ya el momento de probar que lo son. Las apariciones de los discos volantes están cumpliendo las profecías.

 

  De "Los discos volantes volverán" de GEORGE ADAMSKI.

 

²   ²   ²

 

Capítulo 1.

EL  SER  DE  LAS  ALAS  DE  LUZ.

  Aquella tarde me encontraba en casa. Alzando casualmente la cabeza, entreví en la habitación una luz que se hizo cada vez más fuerte hasta volverse más intensa que la natural. En medio de este resplandor apareció la figura de un joven de una belleza extraordinaria. Lo observé asombrado y vi que estaba un poco levantado del suelo. Sus pies estaban desnudos, vestía una túnica brillante y tenía dos alas esplendentes. Continué admirandolo, arrebatado por la dulzura y majestad de aquel rostro. La visión duró mucho tiempo, hasta que se desvaneció como había venido.

  El paso de los días no logró borrar de mi mente la belleza de esta aparición y la dulzura que habia experimentado frente a aquella luz. Era como si me acompañase silenciosamente por todas partes. Después de la niñez, nunca había creido que las visiones fuesen cosa real: las había considerado siempre fruto de la fantasía excitada. Pero estaba pensando ahora que el joven se me habia mostrado mientras yo estaba tranquilamente relajado sin ninguna excitación.

  La calma que me había acompañado cuando la cosa sucedió, había sido tal como para permitir darme cuenta muy claramente de los detalles de cuanto se me había mostrado. No conseguía comprender y, volviendo a pensar en las alas de aquel Ser me repetía maravillado que quizá existían de verdad los angeles.

  Una tarde, antes de Pascua, apenas hube entrado en casa y me dispuse a dedicarme a mis cosas de costumbre, la aparición volvió a dejarse ver, en el mismo punto y del mimo modo que la primera vez.

  Su luz se difundía por toda la habitación y era como si me penetrase profundamente. La radiante belleza de aquel Ser creaba en mí una dulce perturbación y el deseo de que no se fuese. Completamente prendido de la visión, no conseguía moverme, ni pensar en otra cosa.

  Me animé, y le pregunté quién era. El sonrió y con voz suavísima, me respondió: "Yo soy Rafael". Expresé el deseo de saber algo más sobre él y me dijo: "En las Escrituras encontrarás el libro de Tobías; a través de él te será dado conocerme mejor. Me volverás a ver".

  Permaneció aún delante de mí con sus ojos de luz penetrante y dulcísima. Luego desapareció, y con él todo el resplandor fué diluyéndose poco a poco.

  Entre mis libros había también una Biblia. La abrí y apareció ante mis ojos una página de la historia de Tobías. Me quedé impresionado; había sido como si una mano invisible hubiera hecho que la encontrara inmediatamente. Inicié la lectura y pronto descubrí que Rafael significa "medicina" y "curación de Dios". En otro tiempo el Arcángel había bajado a la Tierra en figura humana para acompañar al joven Tobías por los caminos del mundo; lo había conducido hasta su esposa y la había curado a ella, al padre de Tobías y al final del suceso, cuando iba a ser recompensado en dinero, el Angel había revelado su verdadera identidad, subiendo a lo alto y desapareciendo a la vista de los presentes. Conservé todo esto en mi corazón con la esperanza de que volvería a ver a Rafael, según su promesa.

 

Capítulo 2.

EL  LUGAR  PREELEGIDO  PARA  EL  ENCUENTRO.

  Me encontraba en la cama para una breve siesta. Estaba cogiendo el sueño, cuando una nitida visión apareció ante mis ojos. Veía un bosque, sus árboles, los matorrales y la hierba dividida por un sendero. Sentí que me invadía una profunda paz. Esperé comprender el significado de cuanto me estaba sucediendo, y entonces oí la voz de Refael que me dijo: "Observa bien el lugar. Lo reconocerás: ha sido elegido de antemano para nuestro encuentro".

  Todo desapareció, y me quedó una calma serena. Traté de indagar la naturaleza del encuentro que se me había prometido. Pensé que la aparición se volvería a mostrar allí arriba en la naturaleza mejor que entre las paredes de casa. Esta me pareció una respuesta; pero sentía que no era todo. Recordé cuanto me había dicho Rafael: "Me volverás a ver". Decidí quedar tranquilo esperando.

  La noche del 23 de Abril de 1980, el Angel me comunicó: "Pasado mañana al empezar la tarde cogerás tu automóvil y te trasladarás a Finale Ligure. Allí sabrás qué hacer. Te saludo". Venciendo todo titubeo, el día establecido salí. La costa se veía recorrida por turistas que habían decidido pasar el puente de vacaciones en el mar.

  Cuando llegué a Finale no tuve que plantearme demasiados problemas porque la voz de Rafael llegó puntual para idicarme el recorrido. "Debes trasladarte a Calice", me dijo,"y desde allí proseguirás hacia la montaña. Se te darán otras indicaciones útiles para conducirte al lugar del encuentro".

  Mientras mi auto subía las curvas del valle, no lograba determinar si lo que me hacía seguir era del todo mi voluntad, o una voluntad superior a mí, si era la curiosidad más fuerte que todo temor o la alegría de un encuentro que mi ánimo presentía sublime.

  Sin embargo el misterio era indiscutible: no comprendía por qué había sido invitado a trasladarme hasta allá arriba. Siguiendo las indicaciones telepáticas había girado hacia la derecha y ahora iba flanqueando otro valle que se abría y se delineaba de modo irregular bajo el sol de la tarde. Continué hasta que se me dijo que abandonase mi Fiat 500 y siguiese a pie. Entonces, después de haber aparcado el coche en un pequeño descampado a la derecha de la carretera asfaltada, me encaminé hacia un sendero que remontaba la costa, siempre siguiendo las indicaciones que, cuando dudaba, se me comunicaban puntualmente.

  Ahora subía la pendiente y me faltaba el aliento, quizá porque no estaba habituado a tales escaladas, o quizá por, la emoción del misterio a cuyo encuentro iba.

  El corazón me saltaba ahora en la garganta. Me detuve. La voz de Rafael me alcanzó enseguida "No hay nada que temer", me dijo. "Respira profundamente. Descansa un poco y continúa. Te sentirás bien".

  Obedecí prontamente y me sentí invadido de un agradable calor que me devolvió el tono y la fuerza. Reemprendí mi camino hacia la subida. A las espaldas tenía el sol, delante de mí estaba la luna. Me pereció que me hacían compañía y pensé que querían ser testigos de lo que me iba a suceder. Caminaba, y de vez en cuando miraba al cielo. Estaba emocionado. El sendero se adentraba ahora por una zona más abierta; a la derecha subía la montaña y a la izquierda veía aún el valle.

  Reconocí el lugar que se me había mostrado en la visión. Lo miré y me sorprendió haberlo visto ya tal como era. Mi emoción se acrecentó.

  "Respira profundamente y camina", dijo Rafael. Lo hice y volvió a inundarme el calor tonificante y restaurador. Una agradable brisa ligera recorrió mi persona. Me sentí tan sereno que en el ánimo apareció la alegria. La brisa hacía temblar suavemente algunas hojas, y me pareció que también la naturaleza participaba en aquella espera.

  Me llegó la voz de Rafael. "Venimos por la parte del sol", dijo; "estamos muy cerca". Lo había oído muy claramente como si procediese de un punto del cielo detras de mis espaldas. Me volví y, contra el sol, sobre el valle, note una mancha vaporosa que bajaba velozmente viniendo hacia mi. Oí que emitía un ligero zumbido.

  Experimenté un cierto temor, pero ello no me impidió tener los ojos dirigidos al misterioso objeto. Se acercó moderando suavemente la velocidad e inició una caída vertical hasta pararse en el aire a pocas decenas de metros por encima de mi cabeza. Ahora lo veía bien: aparecía como un gran disco plateado que en algunos trozos parecía vidrio fundido con peltre.

  Por todo alrededor tenía luces de varios colores, y por abajo mostraba tres grandes esferas. Me sentí fuertemente atraído hacia lo alto, mientras todo sentimiento de temor se desvanecía.

  El objeto se alejó nuevamente hacia el cielo y fue a detenerse sobre la copa de los árboles. Ahora podía observarlo sin ningún impedimento. Mostraba en la parte superior una gran cúpula, sobre cuya cima estaba encendida una luz blanquísima que iluminaba el disco por todo alrededor. La cúpula tenía escotillas redondas que giraban, por las que salía una luz semejante a la que irradiaba por encima. Esta luz aumentó y en vez de deslumbrarme, me daba una sensación agradabilísima. En comparación con ella el sol era ahora de un amarillo descolorido. Fascinado, miraba fijamente esta luz y al mismo tiempo sentía que una insólita alegría penetraba en mi ánimo, dandome una sensación de felicidad. Desde aquel objeto luminoso oí la voz de Rafael que me hablaba. "No es la primera vez", dijo, "que encontramos a los hombres de la Tierra de este modo. Desde siempre hablamos a vuestra humanidad desde nuestros medios espaciales, desde los discos y desde las astronaves. En las Escrituras se lee que el Señor hablaba al hombre de la Tierra desde una nube: es lo que te sucede ahora a tí por primera vez y lo que se dio a experimentar a vuestros padres de toda época".

  Mi estupor aumentaba. Comprendí que la experiencia que estaba viviendo, muchos otros hombres de mi planeta ya la habían tenido antes que yo. La voz de Rafael continuó haciéndose oir. "Venimos de las muchas moradas de la Casa del Padre", dijo. "Nuestros mundos pertenecen a la Fraternidad del Amor Universal. Entre nosotros reinan una armonía y un grado de conocimiento desconocido para vosotros. Desde siempre venimos del espacio para traeros ayuda y salvación".

  Aquel lugar se había como trasformado por la luz del disco y por las cosas que me decía aquel Ser. Experimentaba un sentimiento de liberación y de grandeza que nunca había experimentado antes. Era como si los estrechos límites de mi mente hubiesen sido removidos.

  "Hemos querido este encuentro contigo", añadió la voz. "Nuestra alegría es grande. Estate siempre seguro de nuestro Amor por tí y por todos tus Hermanos de la Tierra. Vendremos otra vez. Ahora te saludamos en el nombre del Padre Universal", Comprendí que hablaba también en nombre de los otros que debían encontrarse en el disco. Hubiese querido preguntarles algunas cosas que me urgían dentro, pero me pareció inoportuno, y me dije que no sabría encontrar palabras adecuadas.

  "Pronto nos volveremos a ver", dijo Rafael; "pero no estarás solo al encontrarnos. Te saludo". La luz que envolvía el disco cambió repentinamente de color: de blanca se volvió violeta y después anaranjada. Hubo como un relámpago, y en aquel momento vi nitidamente el interior del disco como si se hubiese acercado y se hubiese vuelto transparente; el Angel estaba en pie bajo aquella cúpula con los brazos abiertos y dirigidos hacia mí. Llevaba una vestidura hasta los tobillos y tenía alrededor otras personas que no podía ver claramente. El objeto suspendido era una gran luz, emitió un zumbido mas sonoro y se disparó como un rayo hacia la luna, desapareciendo en un momento. Sobre los árboles quedó una nube vaporosa que lentamente se diluyó.

 

Capítulo 3.

EL  PRIMER  ECUENTRO.

  Allí estaba Rafael a unos cincuenta metros de donde me encontraba. De cerca de un metro noventa de estatura, demostraba una edad indefinible. Su rostro era el mismo que se me había aparecido en casa. Tenía los mismos rasgos y resplandecia con la misma belleza. Estaba de pie entre los olivos y se sonreía.

  Me sentía atraído hacia su persona, y una alegría indecible me penetró provocando en mi una viva emoción. Me saludó afablemente. Le dije que era feliz al encontrarme con él, y habría querido decirle muchas otras cosas, pero no lo conseguí por la emoción.

  El me exortó a que me quedara tranquilo, y me dijo que tendríamos el tiempo y la manera de aclarar lo que más me importaba. Entonces comprendí todo el esfuerzo que animaba a aquellos serés de otros mundos en beneficio de la Tierra. No sabía qué hacían, pero estaba seguro de que obraban el bien para los terrestres. Entonces experimenté un vivo sentimiento de gratitud que se unía a la emoción que había experimentado durante el primer encuentro con el disco volante.

  "Me mostré a ti en mi dimensión de la luz", dijo con un gesto de la mano que indicaba a sí mismo; "y ahora me muestro en mi forma cósmica. Te haremos comprender estas realidades. Ya te dije que las Escrituras describen una misión que yo cumplí sobre la Tierra. Muchos creen que este relato es una fábula, pero tú puedes comprobar que es realidad. Muchos hechos narrados en la Biblia se creen simbólicos y abstractos, pero sucedieron realmente, y otros tendrán que suceder. Si los hombres de la Tierra abrierán su mente y su corazón, podrían adquirir mucho conocimiento y saber verdades que están ahora ocultas. Llegará un momento en que todo vuestro planeta entrará en una era sin precedentes en su historia milenaria".

  Me daba cuenta de que este ser ocultaba en su sencillez y naturalidad una grandeza interior y un conocimiento de dimersiones incalculables. Reflexioné con tristeza sobre el orgullo y la presunción de los terrestres, incluído yo. ¡Quién sabe cuánto tiempo necesitaremos aún para llegar a este estadio de bondad y de humildad!.

  "Es muy bella". dijo Rafael volviándose a mirar la llanura de abajo. "Vuestro mundo es uno de los más bellos en el Cosmos. Sin embargo está en peligro a causa del egoismo y del orgullo de los que se arriesgan a arrastrar a la humanidad a una destrucción sin precedentes. Siempre tratamos de ayudaros, obramos para evitar que se realice el mal que estáis preparando sobre la Tierra, influímos benéficamente sobre vosotros, y sobre vuestras acciones. Pero lo hacemos respetando vuestra libre evolución. En nosotros no hay violencia, no hay opresión".

  Sus palabras tenían un tono grave, pero no sentí en ellas ningún rasgo de violencia, si acaso un gran dolor, no exento de un gran Amor. Aunque no me consideraba a la altura de un dialogo sobre un tema tan importante, me dí valor y le pregunté: "¿Significa esto que nos ayudaréis, si suceden cosas muy graves en la Tierra?".

  "Somos todos hermanos", respondió, "e hijos del Unico Padre Universal. Nuestro Amor es hacia todos sin condiciones, también hacia los que quieren obstinarse en experimentar caminos de mal que procuran dolor y muerte porque están desobedeciendo a las Leyes Universales del Creador. Ellos no quieren comprender que "libertad" significa recorrer los infinitos caminos del Amor. Porque sólo en esta dirección está la Vida. Abusar de la magnanimidad de un Padre tan bueno es un gran mal y ello significa provocar su Justicia, que nosotros adoramos porque es divina".

  Su rostro había asumido una expresión pensativa, sin que por esto hubiera perdido su serena majestad. Despues se iluminó con una sonrisa y dijo:

  "Queremos instruirlos acerca de muchas cosas. Os haremos comprender que en todo lo creado el Amor es más fuerte que toda otra realidad. Tal es la magnanimidad del Padre Dios. Los hombres de la Tierra deberán comprender lo peligroso que es desobedecer a las Leyes Universales de su Amor y perturbar los principios que rigen el Cosmos y hacen evolucionar la Vida por doquier. De otro modo, en proporción a sus errores, experimentarán las fuerza purificadora del dolor".

  Dijo esto también con tristeza y sentimiento. Después añadió: "Vete ahora y resguárdate como puedas porque va a caer mucha lluvia".

  Entonces me dí cuenta de que el tiempo, ya gris, había empeorado y que los montes del Apenino tosco-emiliano habían desaparecido con la humedad que la lluvia difundía por todas partes.

  Comenzó a llover, y a poco cayó sobre el lugar tal aguacero que no conseguía ver nada.

  Mi carrera buscando resguardo junto a una capillita cercana fue casi inútil: mi chaquetón de piel se empapó completamente, y lo mismo mis cabellos. Los zapatos, el bolso que llevaba en bandolera y mis pantalones quedaron calados.

  Llovía a torrentes y mi disgusto creció hasta el punto que pensé bajar en busca de un resguardo o de alguien que pudiese ofrecerme ropa para cambiarme. Me sentía abandonado y luchaba conmigo mismo porque me sentía dividido entre confiar en Rafael y esperar allí arriba en aquella situación o bien buscar en otro sitio un refugio para evitar una enfermedad seria. Tenía frio y estaba completamente mojado. Entregado al desánimo dirigí mentalmente una súplica a mi visitador para que hiciese algo por mí, si le era posible. Entonces oí su voz que llegaba de lo alto, en respuesta. "Eres un hombre de poca fe", me dijo. "Dentro de poco se abrirán las nubes y el sol te calentará". La lluvia empezó a disminuir como por efecto de aquellas palabras.

  Poco a poco conseguí ver cada vez más claramente los árboles y las colinas.

  Pasaron algunos minutos, y el sol se asomó entre las nubes que filtraban sus rayos. El cielo fue aclarándose rápidamente. Miraba con estupor aquella naturaleza que parecía ahora cuidarse de mí, después de haberme puesto a dura prueba. Sin embargo tenía frío y no se me ocurría pensar que aquel sol que iba ya próximo a su ocaso pudiese secarme.

  Supliqué tadavía a Rafael que me evitase una enfermedad; después callé y quedé esperando.

  No pasó mucho tiempo (pocos minutos), cuando vi llegar por la parte del sol una luz que, al acercarse, tomó la forma del disco con una cúpula. Estaba elevado sobre la llanura y avanzó rápidamente hasta detenerse por encima de mí. Después empezó otra vez a moverse lentamente hasta balancearse ligero por encima de mi cabeza. Calculé una distancia de algunas decenas de metros.

  "Otros hermanos de la Tierra", dijo la voz, "te acompañarán en los próximos encuentros. Y conmigo vendrán otros hermanos. Pronto nos encontraremos. Adiós".

  El disco voló hacia lo alto, luego torció en diagonal y describió en el cielo una increíble carrera hasta que desapareció. Me miré; estaba completamente seco, como si no me hubiese rozado ni una gota de agua. Me sentía bien.

  De repente aparecieron en el cielo azul a gran altura tres bandadas de discos volantes, perfectamente visibles, que en perspectiva parecían ovalados. Desaparecieron detras de las montañas.

  Era el 27 de Abril, dos días después de mi viaje a Finale.

 

Capítulo 4.

EL  VALLE  DE  LOS  CONTACTOS.

  Como si hubiese sido la cosa más natural del mundo, Tina, mi novia, me describió minuciosamente todas las fases del encuentro. Me explicó que, mientras se encontraba en compañía de algunos de sus amigos para pasar la tarde del domingo, en un momento determinado, se le habia presentado delante la nítida visión de estos hechos. Y una voz le había explicado de qué se trataba y le había anunciado que iría conmigo a los otros futuros encuentros. Ninguno de los que se encontraban con ella se había dado cuenta de nada. Una profunda paz había inundado su ánimo y ella se había sentido muy feliz. Me describió el lugar, las fases de la espera, el encuentro y mi fastidio por el temporal. No faltaba nada. No acababa de recibir sorpresas, y me impresionó sobre todo la rapidez con la que se sucedían los acontecimientos. Sin embargo me sentía feliz por tener un "testigo" de lo que me sucedía.

  Informé a Tina sobre la identidad del hombre del espacio. Le conté que lo había visto en casa, en medio de una gran luz, y ella se puso a leer también la historia de Tobías. Participamos nuestras experiencias a algunos amigos. Sin embargo, por la noche me atormentaba con el temor de que había faltado al secreto que Rafael me habia pedido; seguía dando vueltas en la cama, diciéndome que tal vez había metido la pata y que tal vez Rafael no se me aparecería más. Estaba con estos apuros, cuando se dejó sentir le voz del Arcángel.

  "Nada sucede por casualidad", me dijo dulcemente. "No te atormentes; lo que ha sucedido estaba previsto. En el próximo encuentro llevarás tanto a Tina como a los amigos y harás lo que te pidamos que hagas". Mis temores se cambiaron en alegría y en una gran consolación. Telefoneé a Tina en plena noche, y cogí el sueño ya de mañana.

  En la tarde del primero de Mayo íbamos por la autopista en dirección a Finale. De nuevo fuimos guiados a Calice Ligure. Desde allí subimos a la montaña.

  En un momento determinado Rafael me comunicó que los cuatro amigos que nos acompañaban tendrían que esperar en un lugar a algunos kilómetros de distancia del punto donde habría de suceder el encuentro. Les indiqué el lugar donde tenían que esperar y proseguí con Tina. Llegamos a donde había visto el disco por primera. vez. Rafael me invitó a seguir y nos condujo hacia un caminito muy escarpado. Mi Fiat 500 parecía muy cansado en la subida. Trepidaba, al no haber ya nada de asfalto y al estar el terreno sembrado de piedras. Ibamos al paso.

  De vez en cuando Rafael decía algo, pero también oía las voces de otros hermanos que estaban con él.

  "¡Este es el valle de los contactos!", exclamó Tina con una alegría indescriptible. "Me parece que los siento por todas partes".

  No mostraba temor alguno, sino solamente el ansia de encontrarlos.

  Igual que Rafael había hecho conmigo la primera vez la invité a que quedara tranquila esperando. Llegamos a un prado por el que no era posible continuar, y allí paré el motor.

  Solamente entonces me dí cuenta de que el día estaba ventoso bajo un cielo gris. Pero no tuve tiempo para pensarlo, porque pronto oímos pasos detrás de nosotros. Me volví y vi tres hombres que se acercaban. Temía que Tina pudiera emocionarse. Por el contrario, ella salió del coche hacia ellos como si fuera el encuentro de viejos amigos. Le seguí y me encontré cara a cara con Rafael que vestía un "chandal" amplio de color plata.

  Me saludó alegremente, saludó a Tina y así lo hicieron los otros dos también, que más o menos vestían como Rafael pero llevaban "chandals" más ajustados y de colores más oscuros. Eran altos. Sus rostros eran bellos y expresaban una gran bondad y presencia de espíritu.

  Se presentaron y dijeron que sus nombres eran ficticios, pero que se los había puesto un hermano de la Tierra, George Adamski, que los había encontrado algunos años antes. "Yo soy Orthon", dijo el más alto de los dos. "Mi nombre es Firkon" dijo el otro.

  Rafael me cogió del brazo con mucha amabilidad y me llevó suavemente más allá, hacia un pequeño declive". Se sentó en la hierba y yo hice lo mismo, sentándome junto a él. Los dos Hermanos del Espacio quedaron hablando con Tina un poco más lejos. Veía sus cabellos agitados por el viento, y lo mismo la larga melena de Tina y su vestido.

  Grandes nubes se desplazaban velozmente en el cielo. A Refael y a los otros parecía que no les importaba mucho aquel viento.

  "También a mí se me dio un nombre ficticio", me dijo Rafael; "se me llamó Ramu, pero está bien que ahora se sepa quién soy de verdad. Lo que los hermanos de la Tierra deben saber es el papel que el Padre nos asignó desde hace mucho tiempo para que se realice su salvación sobre el planeta".

  Me sentía atraído por la sensación de grandeza y sencillez que emanaba del hombre, un perfecto equilibrio reinaba en todos sus gestos, y todo él transparentaba sabiduría y conocimiento. Su exquisita afabilidad era del todo natural.

  "Los hermanos que esperan allá abajo", añadió, "tendrán signos que les harán participar de este encuentro nuestro". Hablaba un perfecto italiano, sin ninguna inflexión dialectal. Sabía que no tenía necesidad de hablar para comunicar pero me gustaba mucho que lo hiciese, porque con eso lo sentía más cercano. "El mensaje que os daremos", dijo, "interesa a todos los hombres de buena voluntad de la Tierra. Eso supondrá un precio para vosotros: no todos os van a creer, a comprender y a amar. Pero nosotros os ayudaremos y asistiremos. Es una misión de Amor y de Salvación".

  No tenía duda Alguna acerca de la sinceridad y Ia bondad de sus palabras, aunque se me escapaba el significado real de cuanto me decía.

  Sentía que era oportuno hablar de Amor y de Salvación y que estaba dispuesto a hacer lo que se me exigiera por el bien de otros.

  "Hemos querido que subiérais hasta aquí", añadió, "lejos de la contaminación de la ciudad, para deciros que estamos contactando con un número cada vez mayor de hombres de Ia Tierra. Algunos nos ven solamente atravesar el cielo, otros ven luces, tienen signos, sueños y visiones. A algunos nos mostramos como sucede ahora con vosotros. Estos testigos nuestros se hacen después nuestros portavoces entre los que no nos han visto. No hay mucho tiempo que perder. Si los hombres no comprenden sus errores, pronto ocurrirán cosas muy graves. Están previstas en las Escrituras y algunos lo saben, pero la mayoría no cree y piensan que lo que se escribió es una fábula".

  Calló pensativo y después dijo: "Hoy el viento es fuerte, pero pronto se levantará de los cuatro angulos de la Tierra un viento mucho más impetuoso y barrerá las nubes.

  La confusión que reina ahora sobre la Tierra permite a pocos comprender de lleno que se están cumpliendo todas las profecías que dimos a los hombres adecuados para transmitirlas fielmente. Ellos fueron escarnecidos, incomprendidos, perseguidos e incluso muertos. Sin embargo, sus palabras se cumpliran siempre".

  "Mucho dolor", añadió con un leve suspiro, "mucho dolor se ahorraría a los hermanos de la Tierra, si renunciaran a su orgulló y al uso de la fuerza. Si se renuncia a emplear el mal, entonces se abreviará vuestro camino y dareis grandes pasos hacia el bien".

  El viento continuaba en su furia, y en algun momento cortaba la respiración. Sacudía los árboles y barría la hierba de los prados. Tenía la impresión de que la naturaleza participaba en las cosas que Rafael decia acerca del futuro borrascoso de nuestro planeta. Me miró a los ojos y me dijo: "Si no os volvéis sencillos y buenos, si no se vence al orgullo y el espíritu de violencia que hay en vosotros, no podréis recibir el verdedero conocimiento que permite una evolución justa. Es importante que cada uno abra el corazón a la comprensión de estas verdades. Muchos se burlan de ellas a causa de su altivez y presunción. Así no es posible que sean redimidos".

  Expresé a este Hermano venido del espacio mi incredulidad acerca de la posibilidad de que sobre la Tierra se pudiese acoger semejante mensaje.

  "Todo esto", continuó Rafael respondiendo a mis palabras, "sucede desde hace mucho tiempo entre la gente de este planeta. Pero es menester que la verdad se diga en alta voz, para que los que la esperan y la quieran acoger lo pueden hacer.

  Para quien no cree hay otras misiones que el Padre lleva a cabo y otras aún más importantes han de suceder para que nadie perezca víctima del mal. Muchos de nosotros, desde siempre, bajan a la Tierra, y a veces nacen en un cuerpo terrestre para poder desarrollar tareas bastante difíciles y para contrarrestar el mal. En todo caso, cada uno debe salvarse primero a sí mismo. Y sólo entonces se podra cumplir la obra para la cual se ha nacido en la Tierra”.

  Estaba admirado por lo que había oido. "Entonces", pregunté, "a la Tierra se viene del espacio a aprender a ser buenos y para ayudar al que ha de aprender. "Entonces es cormo ir a una trinchera: antes hay que estar atentos al peligro de que te maten y después se puede avanzar hacia el enemigo para ayudar a salvar a los propios compañeros.

  "Si", replicó Rafael, "pero en esta guerra las armas que se utilizan son Amor y Sabiduría, bondad y paciencia y creer que el pan de salvación del Padre, profetizado a través de las Escrituras, se cumplirá totalmente, a pesar de la creciente incredulidad de los hombres. Se llamó Dios Señor de los Ejércitos. La Biblia nos habla de un combate entre el Ejercito Celeste y las fuerzas del mal. Pues bien, el Ejército del Señor Dios tiene sus milicias en el espacio, las cuales se prodigan para que triunfe el bien sobre la Tierra: un ejército empeñado en una "guerra" de Amor y de salvación del mal. Serán cada vez más numerosos en este tiempo los que desciendan a la Tierra para esta gran misión. Somos muchos".

  "¿Y saben ellos mismos quiénes son?", pregunté. “Muchos no lo saben", respondió, "porque el olvido viene a impedir el recuerdo concreto de su procedencia. El olvido es necesario para que la estancia durante la vida en el planeta no se vuelva demasiado penosa. Pero después cada hermano perteneciente al Amor Universal que ha cumplido su tiempo sobre la Tierra, vuelve a adquirir plena conciencia de quién es, y podrá valorar su obra y la ayuda que por nuestra parte nunca falta".

  Pregunté: "¿Habla también de esto la Escritura?". "Claro", me dijo; "el libro del Génesis narra que los hijos de Dios nacían en la Tierra para sanar a la sociedad de aquel tiempo, que estaba ya muy corrompida por el mal, y tomaban por mujeres las hijas de los hombres que les agradaban. Fueron grandes operaciones de purificación, para que el bien prevaleciese sobre el mal".

  Aquel Ser excepcional me decía cosas que entonces no comprendía del todo. Sin embargo, sabía que leía mi pensamiento y mi corazón. Ahora estaba seguro de su comprensión y bondad.

  Quedé silencioso reflexionando sobre sus palabras y sobre lo que me había explicado.

  "Te estás preguntando", dijo, “¿por qué no nos mostramos abiertamente a todos los habitantes de la Tierra?, ¿por qué no hacemos algo vistoso, grande, para que todos conozcan la verdad y abran los ojos de una vez?. Estas son preguntas que un gran número de hombres de la Tierra se plantea siempre, es decir desde que la Tierra se encontró siendo un planeta de redención.  Yo os digo ahora cuanto entonces se dijo y explicó a su tiempo.

  Esto no es posible y no será posible hasta que los hermanos de la Tierra no abran su corazón a la humildad y al Amor del Padre. Nosotros obramos para vuestro bien total, conocemos realidades que escapan a vuestro entendimiento ofuscado por el error que os oprime. Sabemos obrar y esperar".

  "En otras épocas, cuando las cosas no estaban todavía en el punto en que se encuentran hoy, nos mostramos y os guiamos de modo manifiesto. Pero no podemos violentar el don del libre albedrío concedido por el Padre Dios a todos sus hijos, y la fuerza de vuestra voluntad para experimentar el mal os hizo cometer acciones más graves todavía a causa de los conocimientos que teníais".

  "En todo el Cosmos no se concede a los hermanos más evolucionados violar la libertad de aquellos que tienen aún un largo camino por recorrer. Mucho mal del que hay en los terrestres no podrá ser vencido antes que ellos mismos hayan experimentado sus efectos funestos, y esto a causa de la dureza de su corazón. No porque el bien no tenga poder para redimir. Más aún: ese sería el camino más breve y bendecido por el Padre". Rafael se levantó. Hice lo mismo. "Ahora tenemos que dejaros", dijo.

  Tina y los dos Hermanos del Espacio que se habían entretenido hablando con ella se aproximaron.

  "Nosotros", dijo Refael, "obramos con todos los medios a fin de que el bien se realice definitivamente sobre la Tierra. Esto comporta por nuestra parte elecciones en coherencia con las Leyes Universales queridas por el Padre Dios. A veces ellas son poco comprensibles para vosotros que seguís una Iógica de poder humano contrario al Amor Universal. Dada la limitación de vuestra conciencia, os equivocais cuando nos juzgáis. Por esto se dijo y se escribió no juzgar. Por el contrario, vosotros juzgais a Dios, al Padre, a nosotros y a vuestros hermanos. Juzgais según vuestra presunción. Cuando hayáis alcanzado el verdadero conocimiento, entonces os resultará evidente el error de haber juzgado. Y el verdadero conocimiento está en el Amor. El planeta Tierra tiene menos Amor que aire para respirar".

  El viento continuaba soplando agitándolo todo. Pensé que si estos hermanos tan amables y buenos tenían expresiones tan preocupadas por las cosas de nuestro planeta, la situación debía ser más grave de lo que mi ignorancia me permitía saber.

  Nos saludamos con Amor. Rafael aseguró que nos encontraríamos otra vez y pronto.

  Se fueron hacia el disco oculto en la hierba.Tuve el impulso de seguirles; pero Rafael se volvió y sin mover los labios me dijo: "Ahora no. Ya vendrá el momento en que podréis subir a bordo de nuestros vehículos".

  Me detuve; después quise avanzar todavía, pero una fuerza me hizo retroceder, por lo cual desistí de mi propósito. Tina saludaba con la mano y los Hermanos se volvieron a saludar otra vez. Después vimos el disco elevarse por encima de aquella vegetación a velocidades vertiginosas; subió hacia las nubes y desapareció entre ellas.

  Cuando bajamos al valle, los amigos que habían quedado allí esperandonos nos dijeron que habian visto el disco, y nos refirieron también algunos trozos de conversación que habíamos tenido con los Hermanos y que habían percibido telepáticamente. Regresamos emocionados, Y concluimos la velada en una modesta cantina de Finalborgo hablando del encuentro.

  Después reemprendimos el camino de regreso a Génova.

 

Capítulo 5.

EL  SER  CELESTIAL

  Rafael volvió a hablarnos en el corazón de la noche y durante el día. Nos dijo que aquel modo nuestro de comunicación se llama "contacto cósmico", y a través de aquel medio podíamos comunicar con él cada vez que quisiéramos.

  También nos enseñó algunas reglas de prudencia: cada vez que nos pusiéramos en contacto cósmico, teníamos que rogar antes al arcangel Miguel para que nos protegiese.

  "Llamad a Miguel", nos dijo, "y no tendreis ya nada que temer"; y así lo hacíamos nosotros.

  Una noche antes de coger el sueño, Rafael me habló y me dijo: "Ahora prepárate a estar sereno, porque recibirás una visita".

  Permanecí en silencio sin moverme, dando vueltas a sus palabras. Pensaba en el gran don que se me había concedido, el de poder comunicar con los Hermanos. Sabía que cada hermano de la Tierra puede hablar con su espíritu a los Hermanos del Espacio. Se me había enseñado que nadie está solo en el Cosmos. Y que los Hermanos no abandonan a los que viven con dificultades en nuestro planeta. Ellos siguen, ayudan, obran en favor de quien se deja ayudar y conducir. A veces lo hacen manifestándose, otras veces dan signos de sus obras, otras por fin su intervención sigue caminos misteriosos y no aparece evidente.

  Recordé la recomendación que me había hecho Rafael de quedar sereno, y me relajé más de lo que ya estaba. Las horas de la noche transcurrían, el sueño aumentaba, pero no sucdía nada. Entonces pensé que quizá la visita que se me había anunciado antes se realizaría en el sueño. En efecto, también Rafael me había explicado que el sueño es participación en la vida de otra dimensión cósmica o espiritual que está en nosotros, y que también los sueños aparentemente incoherentes o privados de significado no lo son en realidad.

  Ahora sabía que los Hemanos del Espacio se comunican con nosotros también a través de los sueños, que en este caso son verdaderos y precisos mensajes: también las Escrituras están llenas de episodios en los que el Señor Dios hace conocer al hombre su voluntad durante el sueño. En efecto, en aquel estado el hombre está más abierto para recibir instrucción y advertencias de lo alto.

  Volvía a pensar en estas cosas y me iba convenciendo de que asi sería como vendría mi visitante, cuando delante de mí entreví una tenue luz multicolor. Miré mejor y la vi volverse más vívida. Era como si la mano de un gran artista compusiese con lineas y luces el rostro y la silueta de un hombre como de treinta años.

  Cuando se terminó aquella obra maestra, tenia delante de mis ojos una figura de maravillosa belleza. Todo mi ser estaba extasiado. Su cuerpo se vestia de una túnica blanca sujeta en los lados por un cordoncillo. Su rostro era de una suavidad indescriptible. La frente y todos sus rasgos eran de tal armonía y tal serena majestad que nunca habría podido pensarlo. Tenía los ojos azules y los cabellos castaños que le caian hasta los hombros. La barba bien proporcionada completaba aquella luminosa figura.

  Aquel Ser celestial emanaba una fuerza vital misteriosa y profunda y una dulzura infinita que deba paz. Sentia en él un Amor purísimo y me parecia que me lo comunicaba dulcemente. Se me acercó, mientras una leve sonrisa expresó toda su amabilidad. Me adherí a él con todo mi ser y no pude dejar de reconocerme en él. En su dulce rostro me veía a mi mismo, y sentía en mi el Amor purísimo y ardiente que emanaba de aquel Ser. Experimenté sentimientos tan sublimes que no sabría describirlos: estaba en un estado de perfecta beatitud y comunión.

  Su luz invadia cada célula de mi cuerpo; su radiante belleza me comunicaba una gran paz y un profundo deseo de bondad  y Amor.

  Cuando todo se desvaneció, quedó en mi una alegría indescriptible. Quería saber quien era mi visitante: un nombre resonaba en mi como una dulce nota musical, pero no osaba confirmarme tal suposición. Intervino la voz de Rafael.

  "Lo volverás a ver en otra apariencia", dijo; y no quiso añadir más.

  Hablé de ello con Tina. Sabemos que el domingo siguiente tendriamos un nuevo encuentro con los Hermanos. Las instrucciones eran trasladarnos por la autopista en dirección de Rapallo. Lo dijimos a los amigos y fueron felices por acompañarnos. Esta discreta y apasionada participación suya me parecía otro gran don de los Hermanos, los cuales formaban ahora ya parte de nuestra vida cotidiana.

  Dejamos los automóviles en las alturas de Zoagli. Paolo, Anna, Gianna y Roberto se detuvieron en un prado. Tina y yo proseguimos a pie porque el camino ya no era viable. Continábamos subiendo felices como muchachos que van de fiesta.

  A pesar del tiempo lluvioso y del aire fresco todavía, sudábamos por la fatiga de la ascensión. Observamos que aquel año 1980 no quería hacer buen tiempo.

  Rodeamos la costa y nos encontramos mirando un valle que subia abruptísimo. A lo lejos podíamos ver el mar y un pequeño trozo de litoral. Decidimos sentarnos para recobrar el aliento. La hierba estaba mojada y la lluvia amenazaba de nuevo.

  Abrimos el paraguas que habiamos traido con nosotros y reemprendimos la subida: No habiamos dado más que unos pocos pasos cuando una vibración ligera y profunda penetró nuestros oidos. Miramos a lo alto y vimos un gran disco realizar movimientos circulares por encima de nosotros, como si buscase un lugar despejado para aterrizar.

  La agilidad con que el objeto volante realizaba sus evoluciones era extaordinaria. No tenía luces encendidas y parecía de un color plateado oscuro. Advertimos una sensación de opresión sobre toda la persona. Tina gritó: "Rafael, ¿qué sucede?". Busqué el contacto cósmico para saber por qué experimentábamos aquella intensa sensación que nos había causado cierto temor. La sensación de opresión aumentó aún. Después el disco se alejó, y pronto nos sentimos bien de nuevo.

  La voz de Rafael nos dijo: "Hemos querido haceros experimentar esta fuerte sensación para haceros comprender cómo cada vez que contactamos con vosotros debemos realizar una operación de purificación y de reorganización de vuestras energías vitales. Vuestro planeta esta envenenado porque lo está el corazón de los hombres. La Tierra no está en paz; vibraciones descompuestas como las pasiones que agitan a los terrestres crean zonas cada vez más amplias del planeta donde la energía vital se descompone. Un día comprenderéis estas realidades que no pueden ser estudiadas por vuestra ciencia. Los pocos que han comenzado a comprenderlo, viven incomprendidos y aislados".

  Escuchaba la voz de Rafael y temía que la sensación de opresión se pudiera reproducir.

  "Ahora nos alejamos", dijo Rafael desde el disco. "Proseguid el camino. Más arriba nos encontraremos". Continuamos subiendo muy fatigosamente a causa de la lluvia y del fango. La hierba mojada estaba resbaladiza, y nos ayudábamos para subir agarrándonos a los arbustos, hasta que llegamos a un senderillo que se extendía hasta un pequeño prado.

  No habíamos llegado todavía a aquel lugar, cuando notamos a pocas decenas de metros que el disco estaba posado en la tierra. Me sorprendió ver como las tres esferas que se apoyaban en la tierra bajo el objeto espacial, unidas a los brazos de sostenimiento, que se extendían oportunamente, mantenían el disco en perfecto equilibrio a pesar de lo abrupto del lugar. “¡Qué maravilla!” exclamó Tina.

  Entre nosotros y el disco, a pocos metros de distancia estaba Rafael. La lluvia había disminuido sensiblemente, pero el hombre del espacio parecía no mojarse en absoluto. Nos saludó cordialmente y se acercó.

  “¡Es muy bello encontrarnos aquí arriba!", dijo. "Este rincón es encantador".

  Tina hizo notar al visitante venido del espacio que nuestros encuentros habían tenido lugar casi siempre bajo la lluvia. "No será siempre así", respondió Rafael. "Pero la Tierra deberá ser purificada. Mucha agua tendrá que correr, y no sólo ésta".

  Tina le dijo entonces que era muy feliz y que también la lluvia formaba ya parte de nuestros encuentros, y que había comprendido el sentido de purificación que tenía este indispensable elemento natural.

  Rafael nos invitó a escuchar la voz de la lluvia. Dijo que los hombres de la Tierra están perdiendo cada vez más el sentido de la naturaleza.

  "Recuperar la naturaleza", añadió, "quiere decir curar de muchos males".

  Quedamos en silencio. El agua caía sobre las hojas y sobre la hierba. La proximidad de aquel ser daba un nuevo sentido a la atmósfera gris y a la naturaleza mojada enteramente por la lluvia.

  "Si los hombres de la Tierra no vuelven a estar en paz con la creación y no saben contemplar la naturaleza, ella no se desvelará a sus corazones. Y ellos no podrán evolucionar a pesar de todos los descubrimientos científicos".

  "El verdadero conocimiento que lleva a la verdadera evolución de los hijos del Padre Dios comprende realidades de infinitos mundos del Universo que están fuera de la dimensión material. Vuestra ciencia, que indaga la materia y no presupone lo que está más allá de ésta, os conducirá a explorar la superficie de la creación con el gran peligro de desfigurar su esencia: por esto vuestras conquistas se emplearan siempre mal".

  Mientras tanto había dejado de llover, y nosotros habíamos cerrado el paraguas. Rafael se había apoyado suavemente en un árbol y de vez en cuando dirigía la mirada en torno admirando aquella vegetación floreciente. Comprendíamos que el encuentro no se prolongaría ya por mucho tiempo.

  Rafael nos invitó a caminar un trecho junto a él por la parte opuesta a la que se encontraba el disco. "Vuestra ciencia", continuó, "deberá comprender sus límites. La materia no podrá superar a la materia. Si se comprende que el verdadero conocimiento tiene también otras vías, entonces la ciencia servirá también de ayuda en el camino a recorrer. Tal como ahora sois y quereis continuar siendo, nunca podremos daros conocimientos superiores: Los usaríais para vuestros fines de poder humano, y por tanto peligrosamente. Estáis ya a punto de llevar también el desorden y el envenenamiento al espacio que rodea a la Tierra. Pero nos encontraréis vigilantes y no se os permitirá llevar la destrucción y muerte fuera del planeta".

  Caminábamos sobre el sendero, uno al lado del otro, Rafael alto y majestuoso, estaba entre Tina y yo; su paso era seguro y ligero: calzaba zapatos cerrados, hechos de un material que parecía ser ligerísimo, color cobre. Vestía un "chandal" muy ajustado, de color semejante al de los zapatos.

  "Perteneceis a la fraternidad del Amor Universal", observé. "¿Qué significa por tanto tu afirmación de que no permitiréis a los terrestres peligrosos avanzar hacia el espacio cósmico?”.

  "Nuestros medios son pacíficos", respondió; "pero si insistiérais en vuestros proyectos bélicos y llevárais adelante falsos programas de paz ocultando segundas intenciones, no conseguiréis realizarlos. Porque no lo permitiremos. Antes debéis aprender la lección de la bondad, de la justicia universal y del Amor. Sólo entonces podréis hacer lo que queráis".

  "Lo que significa, si he entendido bien", dije; "que nunca usaréis Ia violencia para impedir al hombre de la Tierra el acceso al espacio, pero obraréis de modo que no le sea posible llevar fuera del planeta, por ejemplo, las bombas atómicas y cuanto comprometería el espacio incontaminado".

  "Exactamente", confirmó. "Y esto está previsto en las Leyes Universales de Dios Padre".

  Hizo una pausa, después nos explicó que la Escritura da a comprender que no sería posible a los hijos rebeldes al Amor del Padre ir más allá de un cierto limite concedido. Que sólo en el bien el Padre no puso límites a los caminos recorridos por los hijos de buena voluntad.

  "Los planetas de todo el Cosmos", dijo con calma, "pertenecen al Amor Universal. Todos estan comprometidos en una competencia de Amor, de servicio de unos a otros. Cada hermano se siente tal porque es hijo del único Padre Creador.

  Conocimiento no significa "poder", como entre vosotros, sino mayor servicio, mayor humildad y bondad. Amar significa dar sin pretender nada. Recibir  va ya implicito en el Amor, pero no es éste el objetivo que nos impulsa a amarnos unos a otros. En la Tierra se usa el comocimiento para dominar a los hermanos. Con demasiada frecuencia el que está más arriba comete injusticias y olvida qué significa estar más abajo.

  El único poder que reconocemos nosotros es el amoroso del Padre Celeste. El único poder es el que deriva del Amor. Conocimiento y responsabilidad son servicio y bondad, humildad y sencillez frente a las cosas inmensas de la creación".

  Tina hizo un comentario y contestó qué lejos estamos todavía en la Tierra de una realidad tan sencilla y maravillosa. Dijo que lo que nos decía Rafael de la vida en los planetas pertenecientes al Amor Universal era el sueño de muchos terrestres que esperan paz y justicia.

  "Muchos hombres de la Tierra", añadió Rafael, "no aman, ni aceptan las Leyes Universales de la creación. Otros han alterado estas verdades, las han complicado según la dureza de sus mentes y enseñan a los hombres a llevar pesos que ni siquiera ellos saben llevar. Esto también fue dicho y escrito. Así se comprueba que muchos hermanos de la Tierra desobedecen a la Ley Divina porque son auténticos rebeldes y otros porque no la consideran real y justa. Estos malos maestros tienen mucha responsabilidad en relación con sus hermanos. Las Escrituras son muy severas frente a estos hombres".

  Yo le dije entonces, que me parecía haber intuido que algunas de aquellas verdades que estaba diciendo, habían sido enunciadas hace dos mil años por Jesús de Nazaret. "Cuando refiráis a los hermanos de la Tierra estas palabras mias", dijo Rafael, "encontraréis algunos de ellos que os diran que todo eso es un cuento; otros os dirán que desde el momento en que ya hace dos mil años se dio el mismo mensaje, no ven Ia necesidad de que haya de proponerse de nuevo. Dirán que no había que proponerlo otra vez, porque ellos ya lo conocían. Os pongo en guardia acerca de estas personas. Si el hombre de la Tierra hubiese aprendido de verdad la lección y la hubiese puesto en práctica, no estariamos nosotros hoy aquí para deciros estas palabras. Os diríamos otras y hablaríamos de otras cosas. Pero no entristezcais demasiado vuestro corazón: muchos esperan nuestra palabra y gozarán oyéndola".

  Nos habíamos detenido junto a un matorral singularísimo. Rafael, hablando, lo acariciaba y lo admiraba como podría hacerse con una criatura humana. Tina había vuelto a abrir el paraguas porque empezaba a lloviznar otra vez. A Rafael no le importaba el agua que le caía sobre la cabeza. Sus cabellos seguían secos, y ello me hizo pensar que le ayudaba una energía especial.

  "La Tierra", prosiguió Rafael acariciando la planta, "era el jardín del Edén citado en la Escritura. El Edén es todo el Cosmos fiel al Amor del Padre Creador. Sin embargo, un día los hombres de la Tierra quisieron comer el fruto del conocimiento del bien y del mal. Eso estaba prohibido porque perjudicaba a las criaturas. El Padre lo había advertido. Pero los terrestres no quisieron fiarse del aviso del Padre, e iniciaron así sus experiencias: empezó el ciclo actual. Ellos, que habían comido de los infinitos frutos del Amor Universal, quisieron comer un solo fruto: el de querer experimentar los pocos caminos del mal. Y dijeron también que el Amor Universal era monótono y molesto, calumniando de ese modo a la divina fantasía creadora. Entonces el hombre sustituyó el bien por el mal, el Amor por el egoísmo, la paz por la guerra, la evolución por la involución. Se embruteció, y todavía culpó de esto al Padre que en su Amor había concedido una digna libertad a todos sus hijos. Así fue como se realizaron las palabras: "Si coméis de aquel fruto prohibido moriréis".

  El Hermano del Espacio había asumido un aspecto serio, manifestando un sufrimiento interior que me impresionó profundamente. Tina lo miraba a la cara con un aire expectante. La luz de aquel rostro nunca disminuia, y provocaba en mí un sentimiento de esperanza. Su calma serena y la bondad de sus expresiones hacían intuir un camino de salvación.

  "¿Cómo será posible", preguntó Tina, "salir de una situación que en la Tierra se arrastra desde muchos milenios?"

  “Todo esta escrito”, dijo Rafael alejándose del matorral. "Todo fue previsto acerca de la libre elección de los hombres de la Tierra y todo fue predispuesto para la salvación en un gran plano de Amor según la justicia y la bondad de las Leyes Universales. Nunca se dejó a los hombres rebeldes abandonados a sí mismos, sino ayudados, guiados, castigados y consolados. Llegará un momento en el que Aquel a quien se ha dado poder en la Tierra y en el Cielo intervendrá con los suyos y entonces el decretado fin del mal se llevará a efecto. De aquellos que aún no estén preparados para ser salvados, cuidará el Padre Dios. Nosotros no podremos hacer entonces nada más. Seremos testigos del nuevo plan preparado por el Padre, pero para ellos habrá mucho dolor y el disgusto de no haber sabido acoger una gran posibilidad de salvación".

  Calló. Después añadió: "Nosotros somos los Querubines de la Escritura. El mismo Dios nos colocó como custodios del Edén. Nunca permitiremos el acceso de los hombres de la Tierra al Espacio-Edén incontaminado, hasta que ellos, espíritus de potencia del mal, no vuelvan a ser espíritus de Amor Universal.

  La conquista del espacio de otros mundos les esta vedada por la justicia de las Leyes Universales. Antes deberán renunciar definitivamente al mal. Entonces la Tierra será nuevamente jardín del Edén y los terrestres serán acogidos por la Fraternidad Universal. Se les quitará este impedimento y nosotros podremos volver a circular libremente por la Tierra y ellos por nuestros planetas. Como en otro tiempo, antes de la rebelión".

  Tina sonrió y deseó que aquel día venga pronto. Rafael me leyó el pensamiento y repitió lo que había dicho ya.

  "Nosotros", recalcó, "no usamos la violencia por ningún motivo. La violencia trae siempre violencia, el odio trae odio, y la muerte trae muerte. Nuestras armas son el Amor, la prudencia, la sabiduría y la paciencia. Pero somos activos como no podéis imaginar. No permitiremos que se lleve el mal al Cosmos donde reina la armonía, la vitalidad y el Amor. Nosotros renunciamos desde siempre a las sugestiones del mal. Ser criaturas limitadas impone fiarse del Creador que nos hizo libres y dignos. Nosotros amamos sus Leyes, y sabemos que su Amor abre infinitos caminos hacia la Vida Eterna. Es una tontería por no querer renunciar a poco, perder lo mucho y no poder ser felices. Nosotros amamos a nuestro Padre Dios porque El nos ama. El nos ama incondicionalmente y nosotros hacemos lo mismo porque es justo que así sea. Pronto también lo comprenderá vuestro planeta, y entonces surgirá para vosotros el esperado nuevo día. He dicho pronto".

  Nos fuimos hacia el disco apoyado en la tierra. "Esto significa", concluyó Rafael, "que pronto los Querubines estarán con vosotros. La Tierra será nuevamente planeta de Amor Universal y ya no más potencia del mal. Os llevaremos con nosotros al Espacio y también vosotros viajareis sobre astronaves hacia otros mundos. Visitaréis las multiples moradas de la Casa del Padre y la nueva era del Amor pondrá fin a la historia milenaria que conoció entre vosotros guerras, muertes y ruinas". El encuentro acabó aquí. Rafael nos saludó y se acercó hacia el objeto espacial que atraía nuestras miradas. Hubiéramos querido visitarlo. Rafael se volvió hacia nosotros, expresando su disgusto por no podernos contentar aún. A través de las escotillas, vimos en el interior del disco dos rostros muy bellos. Saludamos con la mano y recibimos un saludo como respuesta. Silenciosamente la puerta se cerró detrás de Rafael.

  Entonces, la luz blanca de la cima de la cúpula se encendió: se oyó un zumbido y vimos retirarse a las tres esferas, mientras el disco permanecía suspendido en el aire. Las hojas de los árboles se estremecieron y los matorrales sufrieron una fuerte sacudida de viento. Advertimos una ligera presión en los tímpanos, y el disco se elevó velozmente en vertical, después dobló su vuelo en diagonal y desapareció entre las nubes.

 

Capítulo 6.

LA  ASTRONAVE  MADRE.

  Atravesamos Spotorno, y a la salida occidental de la villa tomamos la carretera que proseguía por un paso elevado más allá del cual comenzaba una abrupta subida. En el aire había esa sensación de fiesta y de alegria que el buen tiempo da a gustar al que viene de la ciudad. Nos adentramos entre los pinares y el verde de la naturaleza renovada y recorrimos varios kilómetros.

  Mientras tanto se había ido haciendo de noche. Las cimas de los montes apenas eran visibles por un vago resplendor que quedaba en el cielo. Las nubes estaban cediendo el lugar a las estrellas. El aire, purificado por la lluvia, estaba perfumado.

  Hice detener el coche de nuestros amigos en una explanada y les rogué que esperasen allí, según las instrucciones recibidas. Entonces, proseguí con Tina en automóvil.

  Depués de un breve recorrido entre los árboles fuera del camino principal, proseguimos a pie. Como estaba oscuro, nos ayudabamos a caminar con la luz de una linterna que habíamos llevado con nosotros. Tina me dijo que si no hubiese sido por los Hermanos, no habría ido nunca de noche a un lugar tan apartado. Ella caminaba fatigosamente a causa de sus zapatos poco adecuados y nos cogíamos de la mano para ayudarnos, tratando de evitar los charcos y el barro.

  Después de haber caminado mucho, oimos voces. Nos detuvimos escuchando en silencio. Eran voces de hombre y de mujer. "Son ellos", dijo Tina, "estoy segura de ello. Estan aquí ya". Estaba seguro de que eran ellos, pero puesto que ningún contacto cósmico nos lo confirmaba, preferí optar por la prudencia. Invité a Tina a no hablar fuerte y a proceder con cautela. Ella sin embargo se había puesto muy contenta y no mostraba temor alguno.

  Estábamos bordeando un largo matorral, el cual debía delimitar, como un seto natural, una vasta zona que permanecía así oculta a nuestra vista. Lo seguimos completamente, hasta que nos vimos en un prado bastante grande. El silencio lo rompían aquí y allá los pájaros nocturnos.

  El aire había refrescado sensiblemente y por ello nos pusimos los jerseys que por precaución habíamos traido.

  Con la ayuda de linternas exploramos a distancia el prado. Estaba inculto, y atravesado en el centro por un declive que lo dividía por la mitad, por lo que una parte estaba más baja y la otra quedaba más elevada. Avanzamos por la hierba mojada.

  "Siento que están aquí", repetía Tina; "yo creo que están cerca".

  Pero yo insistí en que quedase tranquila, y decidí que debíamos esperar donde estábamos. Por lo tanto, nos sentamos sobre una piedra plana que parecía seca, y quedamos en silencio esperando un signo de su presencia. Llegó la voz de Rafael; era clara y cercana: "Estamos ya en la Tierra", dijo, "cerquísima de vosotros".

  Tina exultó, diciendo que ella lo había sentido. Apagamos la linterna, y Tina indicó con la mano algo que apenas se veía en el fondo del prado, allí donde el terreno del declive se elevaba: al empezar del limpio y oscuro límite de los árboles, una vaga luminosidad se iba convertiendo poco a poco en una luz más clara. La silueta de un enorme cigarro sobre el prado comenzó a formarse en la oscuridad.

  "¡Es maravilloso!", repetía Tina. Estábamos llenos de admiración y sorprendidos por cuanto se iba mostrando a nuestros ojos. La luz aumentaba de intensidad y ahora lo veíamos bien. Tenia una longitud de varias decenas de metros (quiza 100-120) y de altura llegaba hasta la copa de los árboles que estaban-detras en el punto que aparecia más panzudo. Una larga serie de escotillas redondas emitía en la noche haces de luz coloreados que parecian no sobrepasar el espacio comprendido en el área de aquella zona. Después de algunos minutos se iluminó completamente, tanto que parecía una nave de crucero en fiesta y mucho más. Nos sentimos atraídos por los colores y por la luz que se difundía por doquier como si hubiese habido tantas fuentes que no lograbamos localizarlas. Tina me apretaba el brazo y queria que nos acercásemos hacia el cigarro espacial.

  "Esperemos", le dije. "Estoy seguro de que nos dirán algo".

  Advertimos la acostumbrada gran paz experimentada en todos los encuentros anteriores. El objeto espacial daba una sensación de grandeza que hacia parecer irreconocible aquel lugar tan iluminado. Parecia un lugar de otro mundo de maravillas. La luminosidad del cigarro aumentó aún, y por las escotillas comenzó un juego de luces inimaginable por su belleza y veriedad. Aquella luz y aquellos colores, aquellos juegos rítmícos y festivos hacian vibrar en el ánimo cosas que es difícil referir. Por un extremo del cigarro salieron, uno detrás de otro, cuatro discos, tan luminosos que parecian globos de luz blanca. Fueron a posarse sobre el prado, en el espacio libre que había entre nosotros y el gran "cigarro".

  Se abrieron las cuatro portezuelas y por ellas salieron hombres y mujeres. Reconocí la figura de Rafael y el corazón me saltó de alegria en el pecho. Tina saludaba con la mano. Vinieron hacia nosotros y en torno a su cuerpo habia una vaga fosforescencia. Primero se acercó Rafael hacia nosotros y los demás le siguieron. "¡Bienvenidos a este encuentro!", dijo Rafael amablemente. "Esta tarde conoceréis a los otros hermanos que están comprometidos en esta misión". Saludamos a Rafael, y con él a Orthon y a Firkon que ya habíamos encontrado anteriormente. Orthon era solemne con su figura alta y su noble porte.

  Firkon nos demostraba su cordialidad, que ya nos había impresionado. Nos estrechamos la mano. Sus miradas estaban llenas de bondad y sus gestos transparentaban una sencillez conmovedora.

  Nos presentaron a otro hermano, de pelo oscuro, que parecía de carácter muy práctico. Su belleza no era inferior a la de los otros, y lo mismo la armonía de su porte. "Este es el hermano Zuhl", dijo Rafael. "Es muy apreciado por su capacidad y conocimiento".

  Entonces nos presentaron a otro hombre cuyo aspecto era muy amable. Sonreía, como quien quiere decir muchas cosas sin hablar.

  "Su nombre es Giorgio", presentó Rafael; se llama como tú", dijo indicándome. "Este hermano vuestro vivió algún tiempo en la Tierra, donde había venido para una misión.

  Ahora ha vuelto con nosotros". Nos estrechamos la mano con mucho calor. Entonces vinieron hacia nosotros cuatro muchachas cuya belleza me impresionó. La que parecía menos alta tenía ojos azules y cabellos muy rubios.

  "Soy Kalna", se presentó. "Y soy feliz por estar con vosotros".

  "Me llamo Ilmuth", dijo la otra estrechándonos la mano alegremente. "Mi alegría por este encuentro es grande".

  Era más alta que Kalna, y sus cabellos negros como el ébano le caían libremente sobre los hombros. Sus ojos oscuros eran muy penetrantes. Su belleza se acompañaba de una gran modestia y sencillez, como nos demostró en sus ademanes y en las palabras que nos dirigió.

  Nos presentaron a otras dos jóvenes morenas. Pero no manifestaron sus nombres. Eran también una clara manifestación de belleza ultraterrena y de gracia y de bondad inconcebibles.

  Hombres y mujeres llevaban "chandals" con pantalones y mangas bastante anchas. Emanaban todos una ligera luminosidad. "Este es un encuentro excepcional", dijo Rafael con su voz dulce y profunda; "es importante que conozcáis a los hermanos que están comprometidos en esta misión. Pero somos muchos los que nos ocupamos de vosotros. Nos conoceréis a todos pero no ahora".

  Un perfume suavísimo se había difundido en el aire.

  "Es extraordinario este perfume", dijo Tina, "no es de la Tierra".

  "Yo tampoco he percibido nunca otro igual", confirmé.

  Los hermanos sonreían. Se estaba formando una familiaridad que en tan poco tiempo no habría sido posible crear entre los hombres de nuestro planeta.

  Orthon miró a Tina con dulzura y le dijo palabras tan afables que a ella se le saltaron las lágrimas de la emoción. Nos sentamos todos en circulo sobre la hierba mojada sin preocuparnos por la humedad.

  "No dejaremos que os pongais malos por esto", había dicho Rafael con tono jocoso. "Sentaos con toda libertad".

  El aire ahora parecía tibio, como si se hubiese calentado por aquella luz que alegraba el corazón. Una gran paz aunaba nuestros ánimos con la naturaleza. Los medios espaciales eran como presencias vivas.

  "Los terrestres", dijo Rafael que estaba en medio de los suyos y tenía las piernas un poco cruzadas, "están empleando enormes capitales para ponerse en contacto con nosotros en el espacio. Y nosotros estamos en la Tierra por todas partes.

  Estamos aquí en medio de vosotros. Estamos tal como podéis vernos ahora y lo estamos con medios que desconocéis. Muchos conocen nuestra existencia y nuestra presencia, y sin embargo, dicen que no saben nada de nosotros. Muchos de los que nos avistan van diciendo que nos comportamos de modo irracional y raro y que nos burlamos de ellos. Pero no quieren dar el pequeño paso que les llevaría a comprender el por qué de todo esto".

  Siguió un silencio. Gozaba íntimamente por aquellas presencias y por la calma de aquella noche memorable con los viajeros de la luz. Recordaba las palabras que Rafael había pronunciado cuando nos encontramos en las alturas de Zoagli, y mentalmente las relacionaba con lo que ahora decía. Estaba convencido de que el jardín del Edén estaba deteriorado y vuelto irreconocible por los hombres rebeldes al Amor del Padre Creedor.

  Sólo por estar con aquellos hermanos podía sentir y comprender muchas cosas: habría querido que aquella noche nunca terminase.

  "Algunos" siguió Rafael, "se preguntan si existimos. Y dicen: "Si los extraterrestres existen, ¿por qué no se muestran a todos y no contactan con nosotros de modo adecuado?". "Pero muchísimos hombres de la Tierra saben muy bien que existimos realmente y que no compartimos sus objetivos egoístas y belicosos. En realidad, quisieran tenernos en su poder para sacarnos conocimientos que les darían posibilidades aún más mortíferas y prepotentes. Por esto es por lo que obramos de modo conveniente para evitar semejantes riesgos y esperamos el momento en que sea posible dar a los hermanos de la Tierra el conocimiento para que lo usen según las Leyes Universales dadas a los hijos de Dios".

  El hombre que se llamaba como yo me miró afablemente. Experimentaba por él un gran sentimiento de agradecimiento y admiración. Mientras tanto, un ruiseñor dejaba oir su canto entre los árboles. Escuchamos en silencio aquellas modulaciones canoras. Un nuevo perfume se difundió.

  Rafael dijo: "Pronto será la Tierra nuevamente jardín del Edén. Pero los hombres de la Tierra, a causa de la dureza de su corazón, antes de ser felices otra vez, tendrán que sufrir mucho. Al fin vencerá el Amor que hay en cada uno de ellos más fuerte que toda pasión mala".

  Después intervino Firkon con su voz jovial: "en la Biblia", dijo con vivacidad, "se lee que los Hebreos tuvieron un éxodo que los condujo fuera de la esclavitud. Pues bien, este es nuestro mensaje actual: que se prepare la Tierra para un nuevo éxodo sin precedentes en su historia. Jamás ningún hecho que haya sucedido en la Tierra se puede comparar a lo que os espera.

  Para comprender, es preciso que se lean "los signos" que el texto narra para aquel éxodo. Columnas de humo y de fuego, que hoy llamáis discos y astronaves, estuvieron sobre las cabezas de los fugitivos de Egipto. Los mismos signos, las mismas realidades que os están preanunciando el nuevo y definitivo exodo que os conducirá fuera del mal y os llevará al  Amor Universal, verdadera Tierra Prometida. Es muy importante que todos comprendan esto. El tiempo apremia".

  Aunque no había leído nunca el Exodo con especial atención, la explicación de Firkon me hizo comprender muy bien lo que quería decir.

  "Nosotros", dijo Ilmuth con voz dulcísima, "os acompañaremos como hicimos entonces, y mucho mayor será ahora nuestra ayuda. Os conduciremos al Járdín del Edén. Este paso es inminente porque ya están presentes las diez plagas sobre el planeta a causa de espiritus poderosos en el mal. Tendreis que superar un desierto en comparación con el cual, el que superaron los hebreos era un oasis. Pero estaremos como entonces y mucho más visiblemente sobre vosotros y os daremos toda ayuda y todo consuelo. Os ayudaremos en todo sentido, Seremos columnas de nubes durante el día y de fuego durante la noche. Nunca os dejaremos y estaréis protegidos como ninguna criatura lo estuvo nunca en vuestro planeta atormentado. Porque será grande la desolación de la Tierra”.

  Entonces habló Kalna, y su voz suavísima estaba acompañada del canto persistente del ruiseñor: "Los hebreos", dijo, "fueron conducidos por un gran Hemano del Espacio nacido entre vosotros para aquella gran misión. Su nombre era Moisés. Seréis conducidos por un nuevo Moises, al que todos nosotros amamos y adoramos. El amará a todos los pueblos de la Tierra durante su éxodo final y será padre y hermano dulcísimo. Todos aquellos que tengan confianza en él y quieran tenerlo como guia, podran llegar a la meta prefijada. Ninguno será abandonado a sí mismo, a no ser que así lo quiera. El mensaje que os traemos del espacio es un anuncio de esperanza y salvación, en tanto que sombrías nubes se condensan en los horizontes de vuestro planeta".

  "Descubriréis", dijo Orthon con tono solemne, "lo que hay de bello y de bueno en vosotros y en la creación que os rodea. Pero antes el mal hará sentir a todos su funesta lección a fín de que quien quiera el bien pueda librarse de él y desarraigarlo de su propio corazón. Hasta que no haya sucedido esto, el hombre de la Tierra será peligroso para sí mismo y para todo el Cosmos. Y nosotros, como fue escrito, quedaremos defendiendo el Edén incontaminado con la llama de la espada vibrante, Nosotros, los Querubines, impediremos el acceso al Edén a todos aquellos que quieran llevar consigo destrucción y muerte. Sólo cuado hayais reconquistado la conciencia original, cuando el mal no se albergue ya en vosotros y en vuestro planeta, entonces volverán a abrirse las barreras del espacio. Será un gran día y llegará pronto".

  Aquellos hermanos abrían nuestro corazón a la esperanza. Tina quiso hacer una pregunta: "¿Por qué citáis solamente la Biblia?", interrogó. "¿No existen otros textos que transmitieron las verdades que nos estais enseñando?".

  "Durante milenios", respondió Rafael, "se dieron a los hombres muchas revelaciones, que se relataron en varios textos fidedignos. El Padre quiso realizar además una intervención concreta en la historia del hombre, y eligió el pueblo hebreo, del que había de nacer Jesucristo. La Biblia contiene la revelación dada a través de esta intervención de Dios en la Historia Humana de la Tierra. Nosotros ejecutamos su voluntad, y desde entonces seguimos constantemente el desarrollo de las cosas que ahora ya no competen solamente a aquel pueblo, sino a todos los pueblos de la Tierra. Otros pueblos siguieron otros caminos y también ellos fueron ayudados. Lo que hace de la Biblia un libro tan importante y actual es lo que dijo e hizo Jesucristo. Todo el texto prealude a la gran revelación condensada en el Apocalipsis. En él están resumidas las profecías más importantes de la antigua y nueva historia del pueblo elegido por Dios como signo de los tiempos. Se describe allí el éxodo, del que os estamos anunciando su inminente cumplimiento, los dolores que Ia Tierra tendrá que superar para librarse del mal y la vuelta al Edén. Las profecías se han cumplido todas siempre. Ahora estamos en el cumplimiento de las finales. Sobre este asunto os diremos las cosas que consideramos útiles para vosotros y para los hermanos de la Tierra. Demasiados hombres leen hoy aquellas páginas con espíritu de cultura y con el corazón arido y la mente oscurecida. Habiendo perdido así la sensillez con que se dieron, no consiguen ya comprenderlas".

  Intervino entonces Rafael diciendo que por motivos de seguridad aIgunos de ellos debían entrar otra vez a bordo de los medios espaciales. Se decidió que quedarían un poco aún con nosotros Rafael, Orthon y Firkon. Los otros regresarían a la astronave con tres discos, dejando uno de ellos en tierra custodiado por Zuhl.

  La despedida de los que volvían a bordo fue conmovedora: todos nos dijeron que volveríamos a vernos pronto y nos aseguraron su Amor y su ayuda. Tina estaba conmovida y decía que no hubiera querido separarse de ellos, pero Rafael aclaró una vez más que era necesario.

  Los Hermanos del Cosmos se acercaron hacia los tres discos, y una vez dentro, éstos se levantaron para penetrar poco después en la astronave. Las luces se apagaron, como cuando una fiesta se acaba y todo vuelve a la normalidad. Quedó una vaga fosforescencia apenas visible por el fondo. También el disco parado en el prado apenas deba un poco de luz que salía de la escotilla.

  Rafael nos invitó a dar con ellos un corto paseo, y Firkon extrajo de un bolsillo del "chandal" una pequeña linterna que emitía una luz difusa. Nos adentramos entre los árboles.

  Tina me llevaba del brazo y los tres hombres del espacio iban junto a nosotros, Rafael a mi derecha y Orthon y Firkon al lado de Tina.

  "Cuando os decimos que no se os permitirá adentraros en el espacio" , dijo Rafael, "verificamos la profecía contenida en el Génesis que dice que el Señor Dios nos puso como guardianes del Edén a fin de que el hombre de la Tierra no tuviese acceso al árbol de la Vida para contaminarlo con el mal. La experiencia del mal que quisistéis llevar adelante en la historia de vuestro planeta pronto se agotará, porque veréis volverse contra vosotros los caminos del mal seguidos. Solamente los caminos del bien y del Amor Universal no conocen tropiezos ni embrollos. Quien obstinadamente sigue caminos equivocados está destinado a cargar con las consecuencias. Esta es una gran providencia a fín de que los hijos que están en el error no pierdan definitivamente el camino de regreso al Padre Bueno."

  "Si he comprendido bien", dije, "entonces es que la Tierra se acerca al fin del estado actual de cosas".

  "Estais llegando al fin", dijo Firkon deteniendose y mirándome, "del actual estado de cosas. Pronto estaréis en la edad maravillosa que todas las Escrituras de todo tiempo os anunciaron. Pero antes será muy triste cuanto tendrá que suceder. Es urgente que los hombres comprendan pronto la sencillez y la grandeza del mensaje que les damos. Las Escrituras os lo anunciaron hace mucho tiempo; pero también aquellos que habrían debido explicaros el verdadero significado de cuanto se os dijo y se os dejó escrito, se han perdido en los laberintos de su mente ofuscada".

  Aquellas presencias, lo que veiamos y sentiamos desde un tiempo, eran el testimonio más real de la verdad de cuanto se nos estaba trasmitiendo.

  "Querría saber", preguntó Tina un poco indecisa, "por qué estas cosas no las trasmitís a hombres poderosos y competentes. Es más fácil que se les crea. Ellos podrían hacer una gran obra de divulgación de las palabras de la Escritura próximas a verificarse".

  Le respondió Orthon. "Nosotros", dijo, "siempre hemos elegido para nuestros mensajes hombres sencillos que no antepusieran al sentido real de nuestras palabras su cultura e ideas. Una mente abierta y sin prejuicios es más adecuada para trasmitir fielmente un mensaje del espacio. El hecho de que los terrestres no crean porque es humilde la persona portadora, no muestra más que una discriminación, índice de orgullo. Pero nosotros sabemos que quien quiera escuchar el mensaje y tenga verdad en su corazón, no se plantará este problema. Cada una podrá o no comprobar la verdad de cuanto se le ha trasmitido en su corazón. La Escritura puede servir de constatación, tanto como la realidad de lo que sucede en vuestro mundo. Hablamos a todos los hombres de buena voluntad”.

  "Está escrito", dijo Rafael con su voz madura, "que el Señor Dios castigó a los hombres con el Diluvio Universal. Y que prometió que aquello no sucedería nunca más. Dice además la Biblia que Dios hizo un pacto con todos los hombres a través de Noé, incluso con aquellos que nacerían en el futuro. El dio a Noé un signo de su Alianza para todos sus descendietes: puso como signo el arco-iris sobre las nubes. Está claro que no se refería al arcoiris que véis despues de un temporal, sino que escogió esta figura como símbolo de su Alianza con el hombre de la Tierra que se le había rebelado y que había sido castigado con el diluvio. El arcoiris fue el signo del puente de Alianza entre dos orillas: la divina, con sus hijos fieles, y la humana y terrestre de los hijos rebeldes a su Ley de Amor.

  Puso este arco sobre las nubes del cielo y precisó que nunca más las aguas del diluvio descenderían para castigar al hombre terrestre. Y entonces, ¿si no eran nubes que dan lluvia, de qué habló el Padre Dios? Aquella palabra significa naves, naves espaciales, astronaves, es decir, la Alianza del Padre se puso sobre nosotros y sobre todo sobre aquel que esta entre nosotros y que fue enviado a la Tierra; el mismo nuevo Moisés que ahora conducirá a la Tierra en su éxodo del mal a la tierra prometida del Edén.

  "De nosotros hablaba Isaías cuando se preguntó, "¿Quiénes son estos seres que vuelan como nubes y como palomas a su palomar?". El hablaba de nuestros discos que vuelan hacia la astronave madre como habéis visto hacer esta noche. El término "nube" es muy frecuente en la Biblia. Ezequiel se encontró ante la gran nube y describió la astronave. Leed cuanto él os trasmitió. ¿Y qué eran las columnas de humo por el día y de fuego por la noche que estaban en el campo de los hebreos que habían huido al desierto?. Todo esto es la Gloria Cósmica del Señor Dios, es su Ejército Celeste. El, el Señor Dios de los Ejercitos, desde siempre obra por medio de nosotros con estos signos. Ya os dije”, insistió Rafael, "que el Señor hablaba desde la nube, como dicen los Salmos".

  Rafael dio media vuelta para que volviesemos en dirección del prado donde esperaban Zuhl, el disco y la astronave. Y dijo: Está escrito: "Yo pongo mi arco en las nubes y servirá de signo del pacto entre yo y la Tierra”. Estos signos los teneis delante y se han mostrado a millones de hombres de la Tierra. Es muy importante", aseveró con tono firme, "que quien debe comprender comprende la verdad de las Escrituras. La verdad ilumina las mentes y enciende los corazones. Nosotros estamos dedicados a esto y pedimos colaboración a muchos hombres de la Tierra". "Leed" insistió aún, "leed cada palabra y meditadla. Dios dijo a Noé: "Cuando acumule las nubes sobre la Tierra y se vea el arcoiris en las nubes, entonces yo me acordaré del pacto entre mi y vosotros y todos los seres vivientes de toda especie, y las aguas no serán más un diluvio para destruir toda carne".

  "¿No os parece que se intensifican las apariciones de nuestras naves espaciales en vuestros cielos?". Os lo aseguramos: el Padre Dios nos ha dicho que ya es el momento en que El pretende acumular las naves de hijos fieles sobre Ia Tierra y pronto también será visible el arcoiris sobre ellos porque se manifestará la Alianza entre el Padre y nosotros, Alianza que se extenderá también a los hijos de la Tierra. En aquellas naves del cielo estaremos nosotros y estaré sobre todo aquel que ha prometido volver sobre las nubes del cielo con gran gloria y poder. El con nosotros os llevará al Edén a repoblar su jardín."

  Mientras tanto habíamos llegado a las cercanías del prado y entreví al fondo la luminosidad de la astronave y la del disco donde esperaba pacientemente Zuhl. Intervino Firkon: "Esta bien que se insista para que los corazones se abran al mensaje contenido en las palabras de la Escritura y que se puedan cotejar con los signos de los tiempos. Muchos querrían resolverlo todo con sus silogismos, con los inventos de su cultura, pero la verdad es más sencilla y más profunda que las elucubraciones. Los hijos del Padre que quieren la verdad, la sentirán llamar a la puerta de sus corazones, y ellos abrirán. Os ayudaremos siempre."

  Rafael me puso una mano en el hombro; me miró con afabilidad y me dijo: "Las revelaciones que os estamos haciendo sorprenderán a muchos, como os han sorprendido ahora a vosotros. Os reportaran incomprensiones y sufrimientos. Pero es necesario que eso suceda para que sean develadas muchas cosas. Muchos hombres de buena voluntad os creerán y os ayudarán. Ellos ayudarán a la justa causa de Aquel que no miente y nosotros estaremos con ellos. Ahora tenemos que irnos. Nos despedimos hasta pronto". Nos saludamos calurosamente, con un abrazo fraternal. Los tres se fueron al disco, que les tomó a bordo y en un momento estuvo dentro de la astronave, la cual parecía ahora mayor aún. Emitió un zumbido, mientras aumentaba su luminosidad, convirtiéndose, de blanquécina que era, en un color anaranjado.

  Se alzó velocísima hacia las estrelles, y se disparó desapareciendo como un rayo.

  Nuestros amigos no se habían movido del lugar donde los habíamos dejado. Roberto, representando las imágenes que le habían llegado telepáticamente, había diseñado exactamente la astronave y los cuatro discos. Nico había visto una luz desplazarse de modo raro en el cielo de la colina que estaban inspeccionando. El zigzaguear de aquella luz no dejaba lugar a dudas sobre su identidad. Anna y Paolo habían seguido parte de la conversación en contacto cósmico. Todos habían tenido signos que correspondían a la experiencia que Tina y yo habiamos vivido en contacto directo con los Hermanos venidos del espacio.

  Emocionados y felices, bajamos hacia la costa en busca de la general para Génova.

 

Capítulo 7.

ENCUENTRO  ENTRE  LA  GENTE.

  Una tarde invité a Tina a dar un paseo por la ribera de Nervi. Llamamos también a Paolo y a Roberto. Aparcamos el auto frente a la estación de ferrocarril, y nos fuimos hacia el mar. Era una tarde encantadora, por su temperatura apacible. Caminamos mucho rato, deteniéndonos de vez en cuando a contemplar el espectáculo de las olas espumosas contra los escollos.

  Era como si algo fuese a suceder. Me dirigí a Rafael, tratando de ponerme en contacto cósmico con él, pero no obtuve ninguna respuesta. Retrocedimos hacia la estación y estábamos recorriendo el paseo de las Palmas con sus perfumes primaverales, cuando Tina y yo advertimos una insólita paz.

  En cierto momento, sorprendido por algo, apreté la mano a Tina. Ella no dijo nada, y notó lo que me habia asombrado: Rafael paseaba por la acera opuesta a la que nosotros recorríamos. Con él había otro Hermano del Espacio. Los dos avanzaban lentamente y con aire desenvuelto. Para quien no supiera quiénes eran realmente, ellos podían muy bien confundirse con dos hermanos terrestres distinguidos y bellísimos. Sin llamar la atencion me coloqué en el lado de la acera por donde paseaban. Tina prosiguió con los amigos, que ni siquiera se preguntaron por qué motivo me había alejado.

  Rafael se volvió, y me sonrió un poco, pero en contacto cósmico me dijo que no nos comunicaríamos de palabra. Así le seguí a corta distancia, teniendo ante mis ojos la prueba de que realmente los Hermanos estén presentes entre nosotros para obrar en beneficio nuestro.

  Rafael vestía un traje azul elegantísimo, de tejido muy ligero. El otro también iba elegante, pero más deportivo.

  Reflexionando, comprendí que el Amor de aquellos seres no tenía límites, y que en la práctica estaban verdaderamente dispuestos a hacer por nosotros cualquier cosa.

  "Si lees la Biblia", me dijo Rafael, "encontrarás escrito: No descuidéis la hospitalidad, puesto que algunos, ejercitándola, sin saberlo hospedaron Angeles".

  Continuó paseando con el otro al lado. Yo les seguía, aparentemente despreocupado, pero meditaba aquellas palabras de la Escritura. Me parecía increíble que en aquel libro se hubiran expresado tan claramente las cosas que estaba experimentando. Rafael continuó: "Pero si hace tiempo podíamos ser hospedados con Amor y respeto por los hermanos de la Tierra, hoy ya no podría ocurrir esto. En la Tierra, os lo repetimos, hay menos Amor que aire para respirar". Después dijo algo como quien conversa distraídamente, y luego añadió: "Hoy no nos podremos presentar. Quien quiera creer en la verdad y bondad de nuestro mensaje, lo hará porque encontrará en él un eco del propio corazón. Quien no quiera creer, obstaculizaría también nuestra presencia. Llegará el tiempo en que podremos manifestarnos abiertamente y entonces nuestra alegría será grande".

  Dicho esto, me deseó que siguiera felizmente mi paseo con los amigos y me invitó a no seguirles más. Se volvió, me sonrió, y lo mismo hizo el otro Hermano.

 

Capítulo 8.

EXPLICACIONES  Y  ENSEÑANZAS.

   Llegamos al lugar del encuentro cuando ya se estaba poniendo el sol. Los viajeros de la luz no se hicieron esperar mucho: reconocimos a Rafael, y con él estaban Firkon, Orthon, Kalna e Ilmuth. Se acercaron. Nos saludaron muy calurosamente. Nos sentamos sobre la hierba. Veíamos el valle allá abajo, y al fondo, el mar. Detrás de nosotros, a pocos metros, empezaba el bosque de árboles.

  Rafael miró a Firkon y comprendí que la invitaba a tomar la palabra:

  "Cuando os decimos que nuestras astronaves recorren el espacio", comenzó enseguida Firkon con la vivacidad que le caracterizaba, "no nos referimos solamente a espacios materiales. El espacio comprende sobre todo ilimitados Universos Ultramateriales. La única dimensión que cae bajo la observación de vuestra ciencia es la relativa a la materia. Pero las dimensiones cósmicas son tantas y tales como para que no podáis tener de ellas la más ligera idea. Se precisa mucho conocimiento y mucho tiempo para poder experimentar cuanto estamos diciendo. Ni siquiera vuestra imaginación, ahora, puede alcanzar lo más minimo tales realidades”.

  Firkon esperó a que nuestra mente hubiese asimilado un poco lo que nos había dicho. Ví a los Hermanos del espacio muy atentos sentados a nuestro alrededor.

  "En el Cosmos", prosiguió, "no existe solamente la dimensión material. Existen dimensiones ultramateriales que no muestran solamente longitud, altitud y profundidad, sino una riqueza mayor, realidades vitales en las cuales lo que llamáis detras, delante, encima, debajo, dentro y fuera se convierten en limites superados. Cuanto más evolucionado es un Universo, más se expresa su energía vital en nuevas formas más libres y la conciencia se amplia en un respiro universal más vasto. A cada dimensión cósmica corresponde un cuerpo humano de grado evolutivo equivalente. Cada nuevo Universo conquistado por el alma del hombre en evolución, se presenta a él y a sus sentidos más evolucionados en una nueva síntesis, en un nuevo significado y en una nueva lógica desconocidas en la dimensión anterior superada. Y asi cada nueva dimensión comporta realidades nuevas y nuevos modos de ser de la energía vital que derivan siempre de las mismas Leyes Universales que regulan toda la Creación. Cuanto más evolucionadas son las dimensiones, y por tanto más perfectas, más la conciencia de quien la experimenta conoce el Amor con el cual todo fue creado y el Amor que subsiste en ellas. El Amor Universal es la fuerza vital y unitaria de todo cuanto existe".

  Firkon hizo otra pausa: el tono vivaz de su voz y sus gestos animaban las explicaciones apoyadas con ejemplos y comparaciones.

  "Cuando una astronave", dijo, "se detiene sobre el suelo terrestre, está perfectamente materializada. Pero queda inmersa en una fuerza cósmica que la mantiene autónoma de las Leyes Gravitacionales del planeta. Por eso es por lo que podemos levantarnos de la Tierra con facilidad, y superar en un momento cualesquiera Leyes relativas a vuestra Fisica. Asi nos levantamos de Ia Tierra hasta la velocidad ideal de desmaterialización, sin ningún inconveniente gracias a esta libertad de las Leyes Gravitacionales. Aumentando el ritmo vibratorio vital, nos encontramos inmediatamente en sintonia con la vida de otras dimensiones. A voluntad, podemos penetrar en los cielos de dimensiones superiores o volver a bajar a las dimensiones inferiores hasta la material".

  Quise hacer una pregunta: "Las astronaves", dije, "¿en qué dimensión las construís?".

  Firkon sonrió y explicó: "Podemos construirlas en la dimensión que queramos. Para nosotros es muy sencillo. Cuando se tiene un conocimiento muy grande y por tanto se esta en perfecta armonía con todo lo creedo, se obedece de buen grado a las Leyes Universales de nuestro Padre Dios. Entonces todo es bueno y posible.

  En la Escritura se repite que todo lo que el Pedre Dios creó era bueno, más aún muy bueno, porque era fruto de sus manos. Las dificultades vinieron para los que quisieron experimentar el mal. Cayeron en la ignorancia de las Leyes Universales y su ignorancia les llevó a la presunción. Todo buen hijo del Padre se confía con sencillez y fe en las manos de su Creador que nada ha descuidado. El obra a través de la misma creación y de sus hijos más evolucionados, que estan más cerca de El y conocen mejor sus Leyes de Amor. Cuando sus hijos por el contrario, como sucede en la Tierra, no confian ya en Quien ha creado todo, y ellos mismos se vuelven soberbios, entonces todo resulta dificil o sea, complicado".

  Firkon hizo un gesto con la mano a Orthon para que tomase la palabra.

  Orthon se abrió en una sonrisa y dijo: "A Jacob le mostramos la escala que subia de la Tierra al Cielo. El vio a los Angeles subir y bajar por ella. ¿No os parece", preguntó, "que esta escala significa todas las dimensiones cósmicas que separan la Tierra del Cielo? Nosotros, atravesamos todos los espacios del cielo hasta vosotros y volvemos allá arriba. En la cumbre de esta escala está la Barrera Celeste".

  Tina pidió explicaciones sobre la Barrera Celeste que había nombrado Orthon.

  "La zona cósmica", explicó Orthon, "que llamamos Barrera Celeste representa, en la práctica, las últimas dimensiones que tienen todavía una forma análoga a la que conocéis. Más allá de ella hay puro espacio, energía vital pura, la esencia de la vida sin más mediaciones de forma. Para daros una idea de ello", explicó mejor, "por debajo de la Barrera Celeste, en zonas cósmicas y en sus Universos y mundos hay muchos espacios, pero fuera de la Barrera Celeste son las conciencias las que hacen el espacio a medida que se sube en el Cosmos hacia la Barrera Celeste, uno se libera de las fomas para expresar cada vez mas libremente la Conciencia Universal, se realizan al máximo todas las potencialidades del ser que hay en nosotros, se entra conscientemente en el seno del Padre Creador, en su Feliz Divinidad. La visión del Infinito se vuelve cada vez más profunda y real. Pero la evolución nunca se detendrá. El Padre Creador no tiene límites y no los ha puesto a sus hijos que quieren recorrer las infinitas vías de su Amor Divino".

  Tina hizo entonces otra pregunta: "Cuando se dice, rezando, "Padre Nuestro que estás en los Cielos", dijo, "¿por cielo entendemos el espacio de más allá de la Berrera Celeste o también el cósmico?".

  Orthon sonrió. "Dios", respondió, "no puede ser encerrado en ningún espacio, ni cósmico ni ultracósmico. Pero fuera de la Barrera Celeste, en la máxima pureza de la conciencia, se tiene una visión cada vez más directa de la Esencia Divina.

  "La participación en la realidad divina se vuelve cada vez más activa. Por tanto los cielos son la misma Divinidad que hace el espacio, pero se entiende también todo espacio que hay que alcanzar en esta ascensión hacia el Creador, fuente de todo conocimiento y de toda felicidad".

  Firkon hizo un gesto que quería expresar un pensamiento de no fácil comprensión.

  "Es verdad", dijo, "es cuestion de términos, de palabras,  pero la realidad se concibe a grandes líneas como os la hemos descrito. Todo lo que se expresa en palabras se queda restringido. El Cosmos es una maravilla ilimitada. El espacio celeste es el extasis de la conciencia frente a las infinitas posibilidades del Amor, que es el sustrato de todo, la esencia vital de todo. El Amor es la misma Divinidad. La escala evolutiva de las energías vitales, las dimensiones, los espacios vitales, el camino de Ia conciencia, todo, en Ia Creación, no conoce saltos y vacíos. El Padre lo ha creado todo con dulzura infinita, gradualmente, con Amor inconcebible. Las exquisitas Leyes Universales están al servicio de sus hijos, que El ama infinitamente. Pero ellos son tan libres y tienen tal dignidad, como para tener posibilidad de rebelarsre y de deteriorar y trastornar este plan de Amor y de Vida Eterna. El hombre tendrá que comprender que es una criatura cuyo único límite es no ser Dios y que por tanto, sólo a El debe obediencia y Amor. Este pecado contra El fue el principio del mal en el Cosmos".

  Pensé que el hombre de la Tierra se comporta como si solamente existiese esta vida para él. Por eso pregunté a Rafael: "¿No es posible hacer algo concreto para suministrar a los hombres de la Tierra mayores pruebas de la existencia de otros mundos y de vuestra presencia en ellos?. Esto haría reflexionar a muchas conciencias que viven en el error afirmando que fuera de la vida de la Tierra no puede existir otra".

  Rafael me miró con dulzura, pero en sus ojos había una velada tristeza que me pareció casi un reproche.

  "Tú", me dijo, "no has comprendido todavía que no serán las pruebas externas las que hagan desistir a muchos de sus errores y del mal. Se han dado muchas pruebas a los hombres durante todos estos milenios de historia, de sangre y de injusticias; pero fueron rehusadas, y así creció la responsabilidad de muchos. Jesús dio millares de pruebas durante su vida pública, y también mientras moría en la cruz, y después de su muerte. Sin embargo "pocos las aceptaron. Hoy muchos que ven cosas tales como para hacerles comprender la realidad que os hemos explicado, les dan una versión desviada; y cuando se sienten obligados a admitir su ignorancia, se consuelan diciendo que un día la ciencia humana explicará estas cosas. No serán las pruebas las que salven a vuestro mundo, sino el Amor, la paciencia, y la fe de los que estén en la Tierra más evolucionados espiritualmente: los hombres de buena voluntad. La fuerza infinita del Amor vencerá al mal que, contrariamente, tiene grandes límites. Cesará así vuestro camino de muerte y de violencia. El Amor del Padre y de sus hijos fieles será la fuerza que convenza los corazones obstinados, y entonces se abrirán las mentes al verdadero conocimiento. ¿De qué serviría adueñarse de la verdad sin haber extirpado el error de la propia conciencia, sino para aumentar la propia responsabilidad?. Debes comprender", me dijo dulcemente, "que la luz se da para ver, no para dañar los ojos habituados a las tinieblas".

  "Entonces", pregunté, "¿esta iluminación llegará por grados?".

  "Exactamente", dijo Rafael que se había puesto más contento. "Dios no quiere oprimir a nadie y nosotros nos comportamos según su Amor para los hijos que están en el error. Pero es importante que se haga todo lo posible para evitar que las vías del mal lleguen al límite establecido. Porque en este caso la recuperación será tanto más dolorosa cuanto más se hayan alejado por el error. El dolor es la gran voz universal que reclama a la salvación. Es el eco del dolor del Padre Dios, inmensamente más grande que todo el dolor de sus criaturas. El permite que sus hijos en peligro sientan una migaja de este dolor divino suyo, a fin de que comprendan que la verdadera felicidad consiste solamente en estar con El, en su verdad".

  Se hizo el silencio. Nunca había pensado en el Padre Dios como a un Ser que pudiese sufrir. Pensaba que nada podía turbar su infinita felicidad. Firkon me miraba a los ojos. Comprendí que leía en mis pensamientos. Sonrió; luego se puso más serio y dijo: "Ciertamente querido mio, nada puede atacar la ifinita felicidad de Dios. Pero esto no significa que al mismo tiempo no haya de sufrir por la rebelión y por el sufrimiento de sus hijos. El sufre, sin perder por esto su felicidad".

  Luego calló pensativo. Suspiró, y con tono grave añadió: "¡Si supiérais lo que quiere decir el sufrimiento de Dios!".

  No dijo más, y lo vi doblegado bajo el peso de un gran dolor. Vi en El un gran Hijo del Padre que expresaba todo su Amor por aquel Ser Infinito, que no merecia ser traicionado en la confianza que daba a sus hijos como un don extraordinario, que sólo un Dios, precisamente, podía haber dado.

  Me excusé por la dureza de mi mente y de mi corazón. Rafael sonrió, y dijo que todo lo creado es un escuela de Amor. Aseguró que el conocimiento se da a todo el que abre su corazón a la bondad y a la sencillez.

  Intervino Kalna, con su voz dulcísima; su rostro se iluminó "Las Escrituras", dijo, "hablan muchas veces de la dimensión del corazón en la que Dios habla a sus hijos. Esta es la dimensión del espíritu. Es la parte del ser humano relativa a la conciencia profunda. Corazón y espíritu en la Escritura significan la misma cosa. La dimensión del corazón no conoce las complicaciones de la mente, pero tiene la capacidad de contemplar a Dios, el Amor, la Bondad, la Verdad, la Esencia. Cuando los hijos del Padre traspasan la Barrera Celeste y entran en el espacio puro a la contemplación directa de la Divinidad y de sus infinitas maravillas, participan de la Vida Eterna no ya con las complicadas estructuras de la mente, sino a través de las límpidas y trasparentes facultades de la dimensión del corazón o del espíritu. Los hombres de la Tierra han dado un gran valor a las estructuras racionales de la mente y han aprisionado su corazón. Se han perdido en el laberinto de los pensamientos y han permitido al orgullo establecer su morada en las estructuras racionales. La mente que ha caído en el error ha comenzado antes por aprisionar el corazón y después ha proseguido su acción destructiva contra él. Pero destruir la dimensión del corazón significa provocar la propia muerte eterna, la muerte del espíritu, la perdición. A este respecto Jesús os dijo la verdad. Vuestra infelicidad", prosiguió Kalna, "depende del hecho de que en vosotros mente y corazón están en conflicto permanente. O sea, habéis puesto en pugna a materia y espíritu. Esto lo ha producido el orgullo que se alberga en vosotros. Toda pasión nace del orgullo. Todas vuestras pasiones destructivas de la dimensión del corazón proceden de vuestra mente invadida de orgullo. Si liberáis vuestra mente de la soberbia y os volvéis humildes y sencillos, buenos y trasparentes como el Padre Dios os creó, habréis resuelto todo el problema del mal y de vuestra infelicidad".

  Aquí tomó la palabra Ilmuth. Sus ojos brillaban. "Estáis convencidos", dijo, "de que es dificil despojarse del orgullo. Decís verdad, porque no conseguís ver ya, si no es a través de aquella lente, incluso vuestra purificación. Además se os ha enseñado una purificación perfeccionista que no es posible para vosotros, y entonces termináis por convenceros de que el camino del bien sobre la Tierra no es posible. Esto ha sucedido porque también vuestros maestros y pastores estaban llenos de orgullo y perfeccionismo. En lugar de eso, el camino de la purificación y liberación del orgullo está hecho de pequeñas cosas, de pequeñas sucesivas purificaciones. Es como oxigenar poco a poco los pulmones para encontrarse luego disintoxicados. Vuestro espíritu tiene tales capacidades que, si diéseis cada día a vuestra conciencia un poco de sencillez y humildad, poco a poco ella os trasformaría, y descubriríais que sois distintos a lo que creíais ser. Pero si os abandonáis cada día un poco al mal y al orgullo, entonces vuestra dimensión del corazón morirá sofocada sin que os déis cuenta de ello. Dios es bueno. El mira con Amor las pequeñas cosas buenas de vuestro corazón. El no pretende mucho para atraer a la salvación a sus hijos extraviados. Pero también para salvarse de la soberbia no hay que ser soberbios. Humildad y sencillez llevan a la humildad y a la sencillez. Amor y paciencia llevan al Amor y a la serenidad. No queráis pensar demasiado en vuestra maldad, sino más en la bondad del Padre Dios y en la de sus hijos fieles que obran para vuestro beneficio en su nombre".

  Rafael volvió a tomar la palabra. "La mente", dijo, "tiene la capacidad de retener, elaborar y modificar los contenidos de la dimensión del corazón. Pero las facultades de la mente racional, bien usadas y no en oposición a las voces del espíritu, pueden ayudar al corazón a expresar sus contenidos. La mente se vuelve una trampa cuando deforma y reprime estos contenidos. Ya tenemos entonces a corazón y mente enemistados, mientras la infelicidad y la enfermedad penetran para expresar mucho dolor en vuestra existencia".

  "La mente, os lo repito, puede volverse enemiga del Amor Universal y de las Leyes del Padre Dios y entonces puede matar el Amor en el corazón del hombre. El camino que se os indicó es éste, lo repetimos, de la sencillez, de la humildad y de la bondad. Desead estas cosas para que el Padre os las conceda. Pedidlo y veréis llegar la salvación."

  Ilmuth prosiguió: "Para quien ama el bien, no existe la muerte, en ninguno de sus aspectos. Pensar que con la muerte del cuerpo material todo acabo es un gran error, fruto de ceguedad interior y de ignorancia. Morir es nacer en otros planetas con un nuevo cuerpo; es realizar nuevas formas de vida ya presentes en vosotros potencialmente. Nacer en nuevos mundos es realizar una conciencia más evolucionada, ser más felices con un conocimiento mayor y con mayor posibilidad de vida".

  "Jesús puso en guardia a los hombres de la Tierra para que no matasen al Amor en su corazón con la soberbia y con la hipocresia de su mente; porque esto significa retroceder hasta el punto de no poder nacer en planetas más evolucionados, sino con el riesgo de encontrarse en situaciones tan involucionadas que se pueden comparar al estado de muerte. El dolor del Padre por estos hijos que se pierden es tan grande que ellos lo sienten, y su sufrimiento aumenta con la imposiblidad de su voluntad para salir del cepo del mal que les aprisiona. Para algunos hermanos obstinados que hacen cosas tan absurdas en perjuicio propio y de los hermanos, convirtiendose en verdaderos demonios, ¿cómo no hablar de muerte?. Siempre hay esperanza y salvación, pero no es justo aprovecharse de la libertad y de la magnánima bondad de un Padre tan adorable. Esto puede costar un gran sufrimiento, porque El es también justo. ¡Ay de nosotros si no fuese así!".

  Se hizo un silencio que me pareció una amonestación. El sol estaba ya traspuesto y las montañas se habían coloreado de un azul oscuro. El valle mostraba una dimensión más íntima.

  Rafael dijo que era hora de marchar, pero nos prometió también que pronto nos encontraríamos otra vez.

  "Todavía tenemos que deciros muchas cosas", dijo. La tarde avanzaba hacia el crepúsculo sobre todo el paisaje.

  Nos saludamos como viejos amigos disgustados por tenerse que dejar.

  Rafael nos invitó a que nos alejáramos unas decenas de metros. Vimos abrirse la puertecilla del disco y una luz blanquísima salió de él iluminando la vegetación circundante. Entraron todos saludando afablemente con la mano. Luego la puertecilla se cerró silenciosamente, y el disco se elevó de repente a una velocidad increible. Poco después desapareció. La hierba del prado había quedado aplastada y era levemente acariciada por el viento.

 

Capítulo 9.

UNA  LUZ  EN  EL  MAR.

  La tarde del 15 de junio estaba en casa y leía un fragmento del Génesis cuando percibí el contacto cósmico. La voz de Firkon me invitó a trasladarme a Nervi con Tina y los amigos. Como de costumbre, aparcamos en las proximidades de la estación. Paseamos durante mucho tiempo; pero nada sucedia. Sin embargo, yo estaba tranquilo: estaba seguro de que los Hermanos vendrían.

  Nos fuimos al interior de la villa, y después volvimos al paseo junto al mar.

  Gianna dijo que estaba dispuesta a quedarse toda la noche, con tal de ver algo. Le respondí que la paciencia siempre es premiada; pero en mi corazón empezaba a temer que por alguna razón no aparecieran.

  Pero de repente vimos una luz blanca procedente del mar, por la parte de la costa de San Fructuoso. Paolo, entusiasmado lo dijo gritando y yo tuve que invitarle a la discreción.

  La luz se acercó hasta detenerse a unos cincuenta metros de la orilla del paseo. Ahora el disco estaba allí, bien visible para todos, y Paolo y Gianna decían en alta voz: "¡Son ellos de verdad! ¡Son los Hermanos!".

  Paolo tenía un nítido contacto cósmico, y era informado exactamente y con anticipación de las fases del encuentro.

  "Ahora se enciende la luz blanca de abajo", decía Paolo. Y en efecto, la luz se encendió. “¡Ahora aumentan las luces!". Y la luz aumentó. " ¡Ahora disminuyen las luces!". Y las luces disminuyeron.

  Y continuando así, Paolo anunció en alta voz las luces rosas, verdes y azules, que puntualmente se encendieron.

  El disco se volvió muchas luces de colores; entonces se fue en dirección sudoeste, desapareciendo en el horizonte.

  En contacto cósmico me llegó la voz de Rafael que me recomendó discreción y nos invitó a que nos fuéramos.

  Temía que la gente que había asistido a la aproximación del disco pudiese entretenernos y hacernos preguntas, pero Rafael me aseguró que esto no sucedería.

  A mi derecha tenía dos personas ancianas, que habían quedado con la boca literalmente abierta, mirando el cielo. Probablemente no consiguieron darse cuenta de lo que realmente había sucedido. Quizá creeran que era un extraño avión.

  Pensaba darles algunas explicaciones, pero Rafael me invitó a que no lo hiciera. Obedecí y nos fuimos de allí con una gran alegría en el corazón.

 

Capítulo 10.

LA  MUJER  SUBLIME.

  El siguiente encuentro tuvo lugar en la gran llanura entre los campos de trigo. Habíamos tardado varias horas en llegar hasta allí en automóvil. Como siempre, nos guiábamos por el contacto cósmico. El tiempo era bueno y hacía calor. Alguna nube grande ocultaba a veces el sol. Llegados al lugar, dejamos el vehículo y nos adentramos a pie entre los campos. La bóveda celeste aparecía extensa, en relación con la que se ve en lugares montañosos a los que estábamos acostumbrados en los encuentros anteriores. De repente asistimos al paso de varias formaciones de discos, una cantidad de medios espaciales que nos dejó pasmados. Cada vez que pasaban aquellas formaciones se producía un zumbido extraordinariamente imponente y agradable, que vibraba como una innensa estereofonía celeste.

  Después vimos venir a la astronave desde un punto del cielo. Se acercó y quedó suspendida a varios cientos de metros del suelo cubierto de espigas doradas: de ella salió un disco tan grande y bello como nunca lo habíamos visto antes. Como siempre, Tina lanzaba exclamaciones de alegría. El objeto del espacio se posó sobre el pequeño prado que dividía en dos el campo de trigo. De él salieron Rafael, Firkon, Orthon, Kalna, Ilmuth y una joven de extraordinaria belleza, que nos impresionó profundamente. Vestían todos sencillamente con amplios "chandals" y largas vestiduras hasta los tobillos. El tejido parecía ligero y sin costuras y los colores variaban desde el beige al azul fuerte, del violeta al celeste. La mujer vestía de azul pálido, su cabello era castaño claro y le caía por la espalda.

  Llevaba un par de sandalias que parecían doradas, pero el color producía reflejos tornasolados, por lo que a veces aparecían colores que no sabría describir. Por su aspecto demostraba unos veinticinco años. Sus ojos, de color azul, eran dulcísimos y expresaban una belleza y una bondad indecibles. Todo su ser emanaba una suavidad y una grandeza sublimes. Se dirigió con mucha gracia, naturalidad y sencillez hacia nosotros.

  "Sed bienvenidos a este encuentro que deseábamos desde hace tiempo", dijo con voz dulcísima.

  Rafael sugirió que nos sentásemos a la sombra de un árbol grande, que surgía en el limite del pradillo entre los dos campos de trigo. El gran disco estaba a unas decenas de metros de nosotros y solamente podíamos verlo de pie, porque al sentarnos las espigas de trigo nos tapaban la visión.

  Cada uno encontró un sitio bastante cómodo. La dulce muchacha se sentó sobre una piedra cubierta de hierba. Rafael dijo que la astronave, la cual aparecía aún inmóvil en el cielo, estaba protegida por un campo magnético que la hacia invisible a la vista humana.

  Los Hermanos expresaron su alegría de estar con nosotros, y nosotros hicimos lo mismo. Luego hubo silencio y la dulce Señora del espacio dijo:

  "Cuando se os permita viajar por el espacio en nuestras astronaves, os diremos otras cosas que nos importa muchísimo trasmitiros. Esta misión tiene el objetivo de daros conocimientos y ofreceros experiencias que os pongan en disposición de trasmitir a vuestros hermanos de la Tierra nuestro mensaje. Toda la vida universal está en comunion. Cuando un planeta esta en peligro y amenaza la paz y la armonía de toda la familia del Padre, nosotros obramos en su nombre para salvarlo".

  Estabamos todos vueltos hacia ella y escuchábamos con la mayor atención. El sol tenía reflejos rojizos que coloreaban su rostro resaltando su maravillosa belleza, mientras sus palabras y sus gestos expresaban una gran sabiduría y conocimiento.

  "El bien", continuó, "produce otro bien, la alegría difunde alegría. El Amor produce Amor y el conocimiento, otro conocimiento. Toda la vida universal está en movimiento. La misma Ley vale para el mal, que produce otro mal, si no sirve para comprender su inutilidad y daño. En vuestro planeta el mal ha producido ya tanto mal como para llevar a cabo muerte y destrucción como nunca se vieron antes. Pero estamos aquí para aseguraros que se hará cuanto sea necesario para vuestra salvación".

  Calló, y esto tuvo el efecto de aumentar, si era posible, nuestra atención.

  "Todos los hijos del Amor Universal trabajan ahora en favor de vuestro planeta, que atraviesa un gran peligro. Pronto los hijos de la Tierra se encontraran con un dolor nunca visto en su historia".

  Ahora la maravillosa mujer hablaba despacio, y la tristeza oscurecía su rostro, volviendo melancólica su voz. Sin embargo, nunca disminuía en ella la majestad, que antes bien se realzaba mucho más.

  "Nosotros", prosiguió, estamos descontentos del comportamiento de los hermanos de la Tierra. En ocasiones hemos dado varias advertencias, y no han faltado signos. Sin embargo, los fabricantes de la muerte y de la destrucción han ido adelante en sus tremendos proyectos, y los demas han vivido sin preocuperse demasiado, interesados solamente en sus cosas. El Padre no puede ya tolerar la necia obstinación de muchos hombres de la Tierra, y pronto ellos mismos se darán un gran castigo que servirá para purificar los corazones, pero además para detener instantánea e irreversiblemente la destrucción de las maravillosas realidades creadas en el planeta".

  La sublime mujer del espacio explicaba lo que consideraba apremiante con sorprendente precisión". Dirigimos a los habitantes de la Tierra una última invitación para que todos los que tienen en el corazón el triunfo de la bondad, el retorno a las cosas sencillas y profundas de la vida, se unan a nosotros, nuestro trabajo por su salvación".

  No podremos dar nuevos conocimientos a los hijos de la Tierra mientras que no renuncien definitivamente al mal que hay en ellos. Pero la Tierra no puede quedar en el grado en que se encuentra: es necesaria una nueva era para llevar a toda la humanidad a que cumpla el adecuado paso evolutivo que la salve de milenios de historia de sangre y ruina. Nosotros", dijo con voz suave y llena de sentimiento, "invitamos a todos los hombres de buena voluntad a levantar los ojos al cielo, a ser mejores aunque sólo sea unos pocos minutos cada día, a abrir tambíén por lo menos un resquicio a la bondad y a la humildad, a fin de que sus ojos se puedan abrir y ellos puedan ver claramente toda la peligrosidad de la situación actual en la Tierra. Entonces, y solo entonces, podremos hacer que penetre en sus corazones nuestro mensaje de esperenza y de salvación. No es necesario hacer mucho, pero sí un poco en cada corazón y en las simples acciones de cada día".

  Suspiró y dijo aún: "Nadie, absolutamente nadie en la Tierra puede ya salvar al planeta de la ruina a la que la han llevado los hombres insensatos. La salvación vendrá del cielo; pero necesitamos la colaboración de todos, un poco de bondad y conversión al bien que cada uno puede realizar en si mismo y donde vive cada uno puede poner una pequeña piedra; nosotros reuniremos muchas piedras y después haremos lo demás a fin de que se edifique para el futuro el edificio del Amor y de la salvación. Nuestra aflicción por vosotros", suspiró tristemente, "es una pequeña parte de la del Padre. Os estáis acercando a los últimos tiempos de una historia que ha llegado al límite extremo concedido por la justicia de las Leyes Universales del Padre y no os dáis cuenta de ello: sois como ciegos. Nosotros os llamamos continuamente, y no lo oís, como si fuéseis sordos. No queréis ya rogar a quien puede salvaros porque estáis impedidos por vuestra falta de humildad y os dirigís hacia un precipicio sin precedentes sin preocuparos. Queremos que os déis cuenta y que hagáis lo que exigen las Leyes Universales a fin de que podamos evitaros mucho dolor. Sin embargo, esto será inevitable, para que pueda surgir en el planeta un nuevo día que verá vencido al mal y al dolor para siempre, pero es posible evitar lo peor; quizá es todavía posible. Este es el último gran mensaje de Amor y de salvación que damos para despertar vuestra conciencia a las cosas que van a suceder".

  Sus ojos encontraron los mios, y después los de Tina. Me sentí trastornado. Pensé que si éste era el último aviso, las cosas estaban ya en un punto de enorme gravedad. Tuve un rnomento de depresión, mitigado sin embargo por la dulzura y la grandeza de aquel rostro. "Nunca nos creerán", dije, "ninguno querrá creer que nos habéis dado una última advertencia para la Tierra en peligro".

  "Los hechos que dentro de poco sucederán rebasarán el orgullo de muchos, y los ánimos estarán más dispuestos a escuchar porque verán cada vez más que los acontecimientos concuerdan con lo que diréis. Cuando Dios pidió a Moisés que condujera a su pueblo fuera de la esclavitud, y Moisés hizo constar su incapacidad para que le creyeran, el Señor le eseguró que le creerían porque verían confirmarse sus palabras. Ciertemente que vosotros también tendréís que sufrir la burla y la contradicción de muchos, y vuestras palabras no podrán hacer que se corrijan los hombres sin humildad. Pero lo diréis igualmente, y nosotros os ayudaremos. Es urgente reclamar a todos a la realidad, e instar a cada uno a cambiar su propio corazón y su propia vida con sencillez y bondad, aunque sólo sea un poco cada día. También os enseñaremos a orar como es debido y todos comprenderán que orar es lo más bello que pueden hacer los hijos del Padre. No hay nada mis simple y más grande que ponerse en contacto con toda la fraternidad del Amor Universal de los hijos del Dulce Padre Creador. Esta es otra de las cosas que tendrán que hacer los hombres de la Tierra con sencillez y bondad para obtener la salvación".

  No comprendí mucho sus últimas palabras. Ella leyó mi pensamiento y dijo: "Orar significa elevar el propio corazón al cielo, al Creador, a nosotros que somos sus hijos fieles. Orad y hacedlo como lo sintáis, como queráis; pero orad. Para hacer una oración basta poco".

  Y prosiguió: "Este tiempo de la Tierra se predijo hace milenios. Se os dieron signos para reconocerlo y estos signos existieron y existen todavía. Pero los hombres están demasiado ocupados en sus provechos egoístas, están demasiado distraídos por sus ansias y por una voluntad de proseguir en su camino desviado. De estas cosas os hablaremos más adelante a bordo de nuestras astronaves. Por ahora os digo que un tiempo maravilloso va a surgir en la Tierra. Vendrá la era predicha en la que todos los sueños de los buenos se realizarán, no habrá ya muerte, ni enfermedad, ni sufrimiento. La justicia estará viva en el corazón y en la vida de los hijos de la Tierra. Pero los hombres tienen el poder de atraer al fin de los fines del planeta, si lo quieren destruir irreparablemente. Nosotros intervendremos para salvar a las víctimas de tanto suplicio. Depende de todos vosotros el evitar tal catástrofe y permitir que en la Tierra pueda haber, después de la tormenta, un tiempo de paz y alegría por la vía del conocimiento y a la espera de pasar a planetas más evolucionados. En caso contrario, este tiempo lo llevaremos a cabo igualmente, pero podría ser brevísimo. En realidad, los acontecimientos se escribieron, pero la hora y la duración sólo las conoce el Padre Dios; y esto porque la libertad de todos los hijos del Creador es una verdad no ficticia. Después se cumplirán todas las profecías que anuncian el fin".

  Mi mente luchaba con mi corazón, que había captado plenamente el sentido de sus palabras. La Señora del Espacio sonrió y me reanimó.

  "No tratéis", dijo, "de querer comprender ahora las cosas que se os aclararán después. Os prepararemos un poco cada vez para que no os confundáis. También os ayudaremos a poder captar las grandes cosas que se os revelarán. Esto es necesario, y nunca habéis de temer por vuestro equilibrio interior: os daremos paz y serenidad, fuerza y valor. Vosotros mismos quedaréis maravillados de ello".

  Le quedé agradecido y vi que también el rostro de Tina se abría en una expresión más relajada. Lo que había oído me parecía más grande que mis pensamientos y un resquicio de asombro iba abriéndose camino en mí. Ahora me sentía fortalecido y no tenía duda acerca de la ayuda para nosotros y para los hermanos de la Tierra que se abrieran a su mensaje tan grande, acerca de la ayuda de aquellos seres maravillosos y de la Señora del Espacio.

  "Se hará cuanto sea necesario", dijo todavía, “pero pronto se cumplirán las palabras del profeta y toda la Tierra se sorprenderá de ello".

  Su rostro asumió una expresión como de quien medita palabras escritas en el propio corazón.

  "He aqui", dijo con voz segura, "que voy a crear cielos nuevos y una nueva Tierra. Ya no se recordarán las cosas del pasado, ellas no volverán más a la mente a nadie. Y se vivirá siempre en la alegría".

  Calló de nuevo, y su rostro tenia una expresión de una amabilidad extraordinaria. Miró a los ojos de Tina con dulzura y después, volviendo su cabeza hacia todos, como si quisiera hablar a todo el género humano de los terrestres, añadió: "El lobo y el cordero: pacearán juntos, el león comerá la paja como un apacible buey. Ya no habrá mal sobre la Tierra, ni destrucción. Esto es lo que pronto sucedará en la Tierra despues de las cosas que van a ocurrir".

  "Quisiéramos", prosiguió, "poderos hablar de todo lo bello que os espera, pero no podemos dejar de llamar la atención al mundo sobre la realidad actual. A causa del egoísmo de muchos habrá guerras y destrucciones y tendréis que pasar a través de una dolorosa purificación antes de que se vuelvan realidad las palabras que os he citado. Rogad que se abrevie el tiempo del mal".

  Rafael tenía una expresión triste, y los demás también. Veía en sus rostros sublimes una viva participación en las palabras de la Mujer del Espacio. Ella encontró sus miradas, dibujando una dulce sonrisa. Luego continuó: "Sodoma y Gomorra fueron realmente destruidas por el fuego para una salvación superior a la de la materia que habian depravado. Nosotros estamos aquí para anunciar a todos los hijos de la Tierra un inminente castigo. Si hoy nos presentásemos como entonces, no sufriríamos mejor suerte que los hermanos que fueron enviados a anunciar el próximo fin. Los hombres corrompidos de aquella ciudad querían usar la violencia contra nuestros enviados. Hoy cabe esperar una suerte peor: los mejores reirian indiferentes".

  "No seremos nosotros", añadió, "los que intervengamos con el fuego, como entonces, para impedir que se abra bajo vuestros pies un abismo: el castigo os lo estáis preparando vosotros solos. Nosotros usaremos el fuego para dar nueva vida a la destrucción que produciréis estropeando el planeta. De nada serviría quitaros las armas mortíferas que tenéis preparadas, porque os pondríais a producir otras. Los efectos de muerte y destrucción de aquellas os castigarán y os pondrán en condiciones de comprender. El planeta resurgirá, para aquellos que hayan merecido habitarlo durante un nuevo periodo de tiempo. La Tierra será entonces otra vez Jardín del Edén". Recordé la visión de los efectos de la guerra nuclear que los hermanos me habían presentado. Mi ciudad y otras ya no existían; y después de la purificación del fuego, hierba y plantas habían vuelto a crecer. Casas esparcidas y hombres que cultivaban la tierra, animales y escenas de bondad y sencillez me habían llenado el corazón de alegría y de sensaciones de Amor. Había visto llegar a los Hermanos y entretenerse con aquellos hombres nuevos de la Tierra. Habia escuchado también una conversación entre los Hermanos y los terrestres. Había comprendido que no se pasaría mucho tiempo sin que una evolución rápida llevase a nuestro planeta a las grandes realidades cósmicas.

  Algunos hombres que vivían donde en otro tiempo estaba mi ciudad actual habían subido a bordo de astronaves; estas imágenes que se me habían mostrado pasaban veloces por mi mente y se ponían en relación con las palabras que la Mujer del espacio acababa de pronunciar. Volví a ver lo que antes se me había mostrado. Hombres que huían a las montañas, mientras en la llanura reacciones en cadena de las explosiones nucleares producían una horrible destrucción.

  Había visto llegar discos volantes y astronaves a millares. A hombres, mujeres y niños se les hacía entrar por las portillas abiertas, otros eran absorvidos y levantados de la tierra, porque ni siquiera habia tiempo de aterrizar para la operación de salvamento. Volvía a ver estas cosas y me parecía que las palabras de aquella maravillosa Mujer del espacio tenían un positivismo y una precisión sin igual.

  Esperó a que se aplacasen mis pensamientos y mis emociones y después continuó diciendo: "Desgraciadamente hoy los hombres de la Tierra creen que las Escrituras son cuento y se esfuerzan en convencer a sus semejantes de que cuanto se escribió es solamente simbólico. Este es un mal grave que llevará a los hombres a una ceguera mayor".

  Volvió a hablar en voz más baja. "Se burlaron de Noé", dijo, "cuando anunció el diluvio, que llegó después. Está escrito que equello sucedió por la corrupción de las almas. Cuando se arruinan las propias energias espirituales, la vida material y cósmica conectadas estrechamente con el espíritu sufren todas las consecuencias de ello. Toda contaminación espiritual produce contaminación en las otras dimensiones, que viven en comunion con el espiritu. Vuestro planeta está cada vez más contaminado porque lo está vuestro corazón. La maldad, y por tanto la contaminación de los hombres en tiempo de Noé, produjo aquella catástrofe. Hoy estáis consiguiendo una mucho peor por sus consecuencias. Os damos todavía estas últimas advertencias con la esperanza de que os arrepintáis, pero no queremos ya exponer a nuestros Hermanos como hicimos en Sodoma y Gomorra cuando los hombres de aquella ciudad intentaron usar la violencia contra nuestros mensajeros".

  Su voz se hizo más firme, incluso sin perder su suavidad. Un gesto de las manos acompañó sus palabras.

  "Vosotros", "exclamó, "creéis ya cada vez menos en las profecias que se han cumplido en todo tiempo. Pronto la lamentación sobre Babilonia será una realidad sobre la Tierra. Han pasado ya los tres ángeles del Apocalipsis para advertir al hombre de lo que sucederá, pero ninguno, o pocos, les han acogido y escuchado. Desde hace tiempo la plegaria de los mártires ha obtenido el fin en la Tierra del dolor y la injusticia de los hermanos buenos. Ha sido ya quitado el séptimo sello para quien tenía y tiene el poder para hacerlo. Ahora, por la insensatez y la terquedad de muchos, la Tierra oirá los siete truenos y beberá los siete cálices que contienen las siete plagas. Pero este tiempo se abreviará mucho por las oraciones de los buenos, como fue escrito".

  Vimos llenarse de lágrimas los ojos de la bella Señora. Le brillaron en las pupilas y en las pestañas como gotas de luz. Tina lloró, y le dijo que quería consolarla por tanto dolor de su corazón. Yo estaba confuso, y me decia que nunca conseguiría comprender como podía importarles tanto nuestra causa a aquellas sublimes criaturas. En ellas sólo habia Amor, y ninguna violencia, ni siquiera contra los grandes males de la Tierra que tanta tristeza causaban al Cosmos. Pensé en el dolor del Padre y consideré justo que aquellos hijos que tanto lo amaban se afligieran así. Sin embargo mi mente continuaba turbada. Comprendía y no comprendía. Me sentí conmovido.

  La Señora se dirigió a Tina que lloraba y le consoló.

  "Todos los hombres de la Tierra", le dijo, "que amen la verdadera justicia y el triunfo del Amor del Padre Universal no tienen nada que temer. Si ayudamos a un pueblo en el desierto, imaginad ahora qué ayuda y qué asistencia ofreceremos al género humano que se acoja bajo la bandera de Dios Omnipotente en el desierto sin precedentes de este fatal momento histórico. Nos tendréis sobre vosotros y con vosotros. Nunca Os abandonaremos, y por vosotros conseguiremos poner a salvo a muchos hermanos que de otro modo se habrían perdido".

  Tina se secaba los ojos.

  "En aquel tiempo", continuaba la Señora del Espacio, "estuvo Moisés para conducir al pueblo que queríamos salvar de la esclavitud. Existían motivos muy grandes para decidirnos a hacerlo. Hoy es la hora de la Verdad Universal para vosotros, y un nuevo Moisés pondrá a salvo a todos los que lo quieran, sin distinciones de raza ni de pueblo. El será capaz de leer en cada corazón aun el más mínimo anhelo de bondad y de justicia que son sinónimos de Amor Universal".

  La Mujer calló, y Rafael se animó tomando la palabra.

  "Está escrito", dijo, "que, en aquel momento, dos hombres estarán en el campo: uno será tomado y el otro dejado. Dos mujeres molerán en el molino: una será tomada y la otra dejada. Nosotros salvaremos a quien esté en condiciones de poder ser salvado. No podremos usar la violencia contra nadie, ni siquiera con objeto de salvarle. No se puede llevar a los hermanos a mundos que no son de su agrado. El Padre no obliga a nadie a ir a El por la fuerza. Cada uno lo hace y lo hará libremente, por su propia elección. Puesto que la hora se acerca, es preciso que se reflexione para que aquel momento que la locura del hombre está preparando no sorprenda a ninguno".

  Firkon levantó la mano para tomar la palabra:

  "La Escritura nos pone en guardia", dijo, "para que no seáis hipócritas. Se os dijo que los signos en el cielo os anunciarían el nuevo tiempo del Amor en la Tierra, precedido de cosas terribles. ¿No os parece que son estos los signos predichos? Nuestras astronaves y nuestros discos se muestran cada vez en mayor cantidad a los terrestres. En el cielo os mostamos luces en movimiento y signos en el sol, en la luna y en las estrellas. Muchos hombres de la Tierra asisten a hechos extraordinarios. ¿No os parece que desde hace tiempo os estamos anunciando el cumplimento de todas las profecías? Los signos ya están en lo alto del cielo. Fenómenos predichos por Juan, como las aguas que se enrojecerian en los mares y en los rios, ya se han cumplido. Ya se ha realizado cuanto tiene poder para matar a los hombres de la Tierra y dejar intactas las cosas, Estas y otras cosas, si prestáis atención a ello, os confirmarán que ya estáis en el tiempo profetizado".

  Orthon suspiró y dijo: "Rumores de guerra y pueblo contra pueblo nunca estuvieron en las condiciones actuales, en las que es posible la destrucción total del planeta. No ver es ceguedad y no oir es sordera. El que vino a anunciaros estas cosas nos invitó a comprender y a no ser hipócritas. Comprendéis lo que os interesa según los esquemas humanos. Ensanchad por tanto vuestro corazón y abrid vuestra mente a las cosas que van más allá y que podrán hacer vuestra verdadera felicidad".

  Orthon se quedó tranquilo, y comprendi que había acabado de hablar. La bella Señora del Espacio se levantó y todos la imitamos. El sol estaba ya bajo, apenas velado por vapores esparcidos que teñian el cielo de matices rojizos. Nos acercamos al trigo y la Señora acarició algunas espigas. Luego se detuvo y se dirigió a nosotros:

  "No temáis: ningún hombre de buena voluntad deja entrar en su corazón miedo y turbación. Para quien ama la paz y la verdad pronto habrá gran fiesta. Ni un cabello de vuestra cabeza será tocado sin un motivo real con el conocimiento del Padre Universal. Vivid con esta certeza y llenad vuestro corazón de esperanza y de paz". Dio algunos pasos hacia el disco que se veía a través de las espigas. Era majestuoso y reflejaba el color rojizo del cielo sobre las paredes redondeadas de la cúpula, que no sabía si eran de metal y de vidrio fundidos al mismo tiempo. No tenía luces encendidas, pero parecía una luz dispuesta a aumentar su luminosidad. Nos detuvimos. La Mujer sublime me miró con sus ojos dulcísimos: de sus pupilas fluía una luz que penetraba profundamente en mi ánimo y me daba una alegría y una sensación de emoción indecibles.

  "En Fátima", dijo, "millares de hombres asistieron al gran signo apocalíptico del sol. Dos grandes guerras han sido signos inequívocos de la verdad del mensaje que yo os he comúnicado y que no era más que una explicación de las Escrituras en vuestro tiempo. Estáis recorriendo el tiempo que precede inmediatamente al Reino de los Mil Años profetizado por Juan. Pronto conoceréis qué quiso profetizaros él cuando habló de este reino, y en el puso la primera resurrección. Sabréis qué significa para los supervivientes ser arrebatados entre las nubes para ir al encuentro del Señor en el aire. Pronto surgirá el nuevo día", añadió con voz firme, "en que en la Tierra habrá una nueva humanidad. Los animales ya no serán feroces, ni venenosos, ni nocivos. Vuestro pesar por los hechos luctuosos que os esperan se mudará en una alegría inconcebible ahora para vosotros. Estaremos con vosotros hasta que se cumplan estas cosas y después más aún, en la nueva era del Amor Universal sobre vuestro planeta". Estaba seguro de que la volveria a ver. Rafael dijo que había llegado la hora de la despedida. El disco acogió aquellas figuras sublimes venidas del espacio, se levantó en el aire contra el cielo rosado, dio la vuelta ligero y volvió a entrar en la astronave suspendida sobre los campos de trigo. Esta se disparó hacia el sol variando sus coloraciones en azul y anaranjado. Quedamos admirando la puesta del sol que parecía un incendio sobre la llanura.

 

Capítulo 11.

EL  PRODIGIO  DEL  SOL.

  El 29 de Junio de 1980 invité a los amigos a una excursión a Bracco; y con ellos, por primera vez, vino también Gianna. Sabía que los Hermanos nos darían un signo de su presencia, y por ésto acordé con Tina que me adentraría solo por la montaña, esperando aunque sólo fuese un breve encuentro.

  A las tres de la tarde salíamos del control de peaje de Levante para subir a las montañas.

  Después de algún tiempo, llegamos a un claro entre dos pinadas. Aparcamos los automóviles y subimos a pié por la abrupta costa. Allá arriba todo era muy bello, y los ánimos estaban alegremente excitados.

  Cuando llegamos a lo alto, nos sentamos en la hierba para tomar un bocado a la espera de que los Hermanos del Espacio se mostrasen de algún modo. Más tarde, puesto que nada sucedía, me relajé, y subí un poco más arriba. Entretanto vi formarse en el cielo una nubosidad irregular, y el sol se escondió detrás de las nubes: comenzó a bajar una niebla cada vez más densa, mientras la temperatura bajaba repentinamente. Comencé a estar preocupado del silencio por parte de los Hermanos: no habíamos captado ningún contacto. Volví a bajar donde estaban Tina y los otros. Allí hacía menos frío, pero el aire no era caliente y la humedad molestaba. Rogué mentalmente a los Hermanos para qué nos diesen al menos un signo de su presencia, pero el silencio se prolongó hasta las cinco. No lograba explicarme qué estaba sucediendo, y me asaltó la duda de haber comprendido mal alguno de sus mensajes. Me excusé con los demás, y les dije que no sabía qué pensar. Los Hermanos no daban señal de darse cuenta de nuestra pena. La niebla bajaba cada vez más densa, y yo propuse que volviésemos a los automóviles a la espera de alguna indicación.

  No había terminado siquiera de hacer esta proposición, cuando oí en contacto cósmico la voz de Rafael, el cual me dijo una frase que ya había oído otras veces. "Hombre de poca fe", me reprochó dulcemente, "¿por tan poco te disilusionas? Esperad aún. Mientras tanto os mandamos un poco de sol".

  Después de algunos minutos la niebla empezó a aclararse, y un templado sol calentaba el aire cuya temperatura subía sensiblemente. Me sentí verdaderamente un hombre de poca fé y admití delante de todos mi impaciencia.

  Nos trasladamos todos más arriba, hasta el lugar donde yo había ya subido solo. El cielo se había puesto azul y los negros nubarrones se alejaban cada vez más. Estábamos más alegres: Nico tenía ganas de reir, quizá excitado por la alegría de sentirse en contacto con los Hermanos del Espacio. Nos sentamos sobre la hierba, y yo me puse a admirar aquel paisaje extraordinario formado por pinos y helechos, por muchas plantitas pequeñas y medianas, y admiraba el color de la hierba, que no era ya tan tierno como en la primavera, pero mostraba todavía su fresca juventud.

  Mientras cada uno de nosotros participaba a su modo en aquella fiesta de la naturaleza, Gianna dio un grito: "¡Mirad al sol!", exclamó.

  La luz de alrededor había disminuido sensiblemente. Delante del sol, una gran esfera giraba vertiginósamente y hacía aparecer que el mismo sol hubiese comenzado a rodar sobre si mismo. Al principio experimenté una sensación de temor, pero después miré serenamente aquel espectaculo, mientras la luz disminuía posteriormente en toda la zona.

  "Si hubiéseis mirado antes hacia el sol", dijo Rafael en contacto cósmico, "nos habriais visto ya. Pero ahora queremos daros el saludo del Padre Dios Creador del Sol que da vida a la Tierra por su voluntad".

  Mirabamos sorprendidos aquel insólito espectaculo, haciendo, de vez en cuando, comentarios de admiración. Nico llevaba consigo las gafas de sol, y todos nosotros probamos a mirar al globo rotatorio a través de aquellos lentes. Se veia todavía más nítidamente girar el disco centrado en el sol; y después que se miraba un poco, todo el sol parecia girar sobre si mismo.

  Puesto que esto no parecia terrninar, me senté sobre la hierba. Tina vino a mi lado, y en voz baja comentábamos aquellos signos en el sol.

  "La palabra Apocalipsis", decía Tina, "me da miedo, aunque se nos haya explicado bien que no tenemos nada que temer. Lo importante es que muchos hombres comprendan que han de abandonar el mal para ser salvados".

  "Si nosotros mantenemos fijo nuestro pensamiento en las cosas maravillosas que existen en la creación", le respondí para reanimarla, "y permanecemos unidos a los operarios del Amor y de la salvación, podremos ayudar a los demas y ante todo a nosotros mismos".

  Gianna dijo que creia en el triunfo del Amor Universal, más fuerte que todo mal. Nico afirmó que para él era dificil concebir una idea de justicia entendida como castigo. Así cada uno expresó su parecer.

  El sol continuaba en su espectaculo y el disco que el giraba delante de él aparecía cada vez más nitidamente. Propusimos elevar una oración al Padre. Gianna formuló una que le salió del corazón. Le dio gracias por habernos dado la vida, la Tierra, el sol y por los Hermanos del Espacio, tan elevados y buenos.

  Tina le rogó para que las mentes de los hombres fuesen iluminadas por el Amor Universal y se renunciase al mal en toda la Tierra para el advenimiento de la nueva era de paz. Recitamos al Padre Nuestro. Estabamos conmovidos, y cada uno sentía en su propio corazón el cariño y el poder de aquel Padre tan Grande y misericordioso.

  De pronto Nico gritó: "¡Mirad hacia el sol!". Ahora el sol continuaba girando ya sin el disco delante, que se había desplazado lateralmente, sin salirse del todo de su circunferencia incandescente. Ya no era fácil dirigir los ojos hacia aquel foco, pero todavía era posible. Después el sol y el disco fueron dos cosas distintas, y todo volvió a la normalidad, incluida la luz del ambiente.

  "¡Esto ha sido un don del Padre Dios para nosotros!". exclamó Gianna.

  "Estos signos del cielo deberían hacer reflexionar a los hombres de la Tierra", decía Tina; pero los demás no podían comprender lo que a nosotros se nos había explicado más ampliamente.

  Volvimos al valle cuando ya era de noche y nos cansamos bastante para volver a encontrar el lugar en el que habiamos aparcado los coches.

 

 

 

 

Capítulo 12.

A  BORDO  DE  LA  ASTRONAVE.

  La tarde del 27 de Julio hubo un nuevo encuentro. Después de una ligera subida, la luz del disco nos señaló la presencia de los Hermanos del Espacio. Rafael nos vino al encuentro y nos condujo hasta el disco, que estaba apoyado en tierra entre los árboles. Por la portezuela abierta, una luz blanquísima me iluminaba el prado. Leyéndome el pensamiento, Rafael me aseguró que no "sufriría ninguna molestia, ni mareos. Visto de cerca, el medio espacial aparecía majestuoso, y una luz difusa se trasparentaba por todas partes. Tina estaba visiblemente conmovida. Rafael entró al medio espacial, y con la mano nos hizo señal de que le siguiésemos. Entró primero Tina, después yo, y después Paolo, que habia venido con nosotros.

  El interior era de una especial sencillez. La habitación estaba iluminada por una luz que se difundia por todas partes, sin que apareciese una fuente visible de esa luz. Bajo la gran cúpula, cuatro paneles luminosos hacían la función de paredes. Experimenté una emoción extraordinaria: todos estabamos iluminados por aquella luz que no tiene semejante en nuestro planeta. Paz y sensación de liberación interior se mezclaban a la gratitud hacia aquellos seres maravillosos que nos daban semejante oportunidad. Estaba del todo conmovido.

  Tina conversaba con Orthon, mientras Firkon explicaba algo a Paolo, que lo miraba maravillado. Dije a Rafael que me sentía incapaz de expresar mi alegría.

  Rafael sonrió y miró a Paolo, que ahora callaba con la expresión de quien está viviendo una experiencia extraordinaria y no quiere estropearla con palabras.

  Uno de los paneles estaba iluminado por líneas coloreadas y relampagueaba luces; un Hermano, que estaba sentado frente a él, se levantó y se acercó para darnos la bienvenida. Era alto, tenía los ojos de un color entre verde y celeste; y los cabellos castaños, con reflejos color cobre, que le bajaban casi hasta el cuello. Me impresionó su exquisita amabilidad. Se excusó y volvió a su puesto frente al panel de las luces.

  La portezuela se volvió a cerrar, y el pavimento donde apoyábamos los pies tuvo una ligera sacudida y una vibración que se prolongó.

  "Estamos subiendo", dijo Rafael; "dentro de poco estaremos a bordo de la astronave".

  Había en aquella sala, bajo la gran cúpula, tres grupos de asientos. Refael nos invitó a sentarnos, y también él se sentó. Los demás Hermanos fueron a hablar en voz baja con el hombre que parecía pilotar.

  "La astronave", nos informó Rafael, "se encuentra fuera de la atmósfera de la Tierra. No nos faltará mucho para alcanzarla".

  Vinieron a sentarse también junto a nosotros Orthon, y Firkon. Este último mostraba su alegría por tenernos a bordo del disco, y reía bondadosamente del miedo a marearme que yo había tenido antes de subir. "Como ves", reía con simpatía, "estamos todos bien". Reí con él, y le confirmé que estaba muy bien, como no hubiera podido imaginar. Tina expresó su admiración por la sencillez y funcionalidad del ambiente del disco. Paolo había conseguido expresar su sorpresa de encontrarse en el espacio. Yo estaba meditando cómo los Hermanos nos hacían vivir experiencias muy grandes con tanta sencillez y bondad. Me decía que todo aquello era fruto de un gran conocimiento e inteligencia de las cosas. No sé cuanto tiempo pasó. El disco tuvo una ligerísima sacudida. "Hemos llegado", anunció Rafael. "Estamos entrando a la astronave. Nos levantamos y la portezuela se abrió. Al salir de allí, nos encontramos caminando por un corredor de techo no muy alto. Las paredes parecían hechas de un metal fundido con vidrio. Tenían una especie de trasparencia y luminosidad difícil de explicar, pero agradabilísima de ver. Una puerta se abrió frente a Rafael, al fondo del corredor, sin que se hubiese tocado ninguna manilla.

  Entramos en una sala bastante grande: las paredes tenían el aspecto que he descrito del corredor, pero eran más difusas de luz y aumentaba aquella inexplicable sensación de que hubiese una gratísima trasparencia y profundidad. Todo el ambiente estaba invadido por coloraciones que daban a todos los objetos vivos reflejos, como si reflejasen infinitas fuentes luminosas que no era posible determinar de donde surgían, y esto daba tonos de suavidad, de color y delicadeza a todo lo que se ponía ante nuestros ojos.

  Tina quiso tocar el tejido de una de las butacas esparcidas en grupos aquí y allá en aquel ambiente agradabilísimo.

  Firkon le sonrió leyendo en su mente una pregunta. Aquel tejido semejante el oro pálido podía ser de lana, pero su consistencia y morbidez hacían pensar en una sustancia desconocida en la Tierra. "Tenemos muchas cosas que decir", dijo él. "No hay mucho tiempo". Me dí cuenta de que cuando habíamos subido a bordo de aquellos medios espaciales había perdido toda noción del tiempo. Rafael nos invitó a sentarnos. Nos acomodamos sobre un diván, que tenía delante cinco butacas en semicírculo. Rafael, Orthon y Firkon se sentaron sobre las butacas. Observé el techo que me pereció menos luminoso que las paredes. Cambios de color apenas señalados, daban la impresión de una fluida consistencia de su espesor. Era como si manos invisibles jugasen con papel para decorar, y el efecto de quien observaba era agradable y relajante. Entraron KaIna, Ilmuth y Zuhl, y nos estremecimos de alegría. Parecían más jóvenes en equella luz extraordinaria y por efecto de los colores de su vestimenta. Se sentaron, después de habernos hecho una alegre acogida.

  "Hace tiempo esperábamos este momento”, dijo Rafael con mucho sentimiento. Su voz produjo una atmósfera aún más gozosa. Tina, Paolo y yo sonreíamos conmovidos. Los Hermanos también. Rafael me miró con dulzura, y yo no pude menos que elogiar la rara belleza de las flores que había colocadas en vasos transparentes, encima de la mesa que había a nuestra derecha. Tenían colores y formas muy suaves, elípticas, redondeadas o califormes. Nunca había visto en la Tierra otras semejantes. Emanaban un perfume delicadísimo, que hacía experimentar suaves sensaciones.

  "El Amor Universal es la vida de toda la creación. Aquí está todo el misterio del mal, en la pérdida del Amor. Amar es estar en la luz. La ceguedad interior, la ignorancia, la maldad, son efectos de la falta de Amor. La esencia divina es Amor, y de ella procede toda la creación".

  Con estas palabras Rafael empezó a decirnos cosas que catalizaron nuestra atención. "El mal", dijo, "es no estar en el Amor. Para quien está en el Amor no es difícil recorrer las infinitas vías del conocimiento que conducen al Creador, suma aspiración de todo ser creado. Para quien no esté en el Amor, y por tanto está en el mal, el verdadero conocimiento es difícil, e incluso imposible. Cuanto más se está en la luz del conocimiento, es más fácil estar en la comprensión del Amor. Cuanto más se está en el mal, y por tanto alejados del conocimiento, es más difícil e imposible estar en el Amor. Desgraciadamente en la Tierra hay poco Amor y poco conocimiento. Por eso los hombres, antes de poder volver al camino adecuado que conduce al Creador, fuente de todo lo que es bueno, tendrán mucho que experimentar, sufrir y comprender las ilusiones y los errores del mal".

  Rafael intervino para decirnos una gran verdad. “Vosotros", dijo, "como estais en la oscuridad complicáis las cosas. La sencillez es uno de los grandes caminos de la luz. Por esto se os dijo que para conquistar el cielo es preciso que os volvais como niños. Lo que es grande y profundo, es siempre sumamente sencillo".

  Orthon tomó a su vez la palabra. "Se os mostrarán", dijo, "muchas cosas. Lo haremos con sencillez y con método, para poderos suministrar algunos elementos aptos para haceros comprender las cosas más elevadas. Luego visitaréis la astronave y lo celebraremos todos".

  Firkon nos invitó a que dispusiéramos nuestra mente a la apertura, y a que nuestro corazón participase en ello.

  “Mirad hacia aquella parte", dijo Kalna indicando la pared de la izquierda, en el lado opuesto a donde estaba la mesa con las flores. "Observad lo que vamos a mostraros".

  Nos volvimos y todos miramos hacia el punto indicado. La luz del ambiente disminuyó, creando una atmósfera más íntima. Tina y Paolo no pestañaban. Una especie de humo se produjo en un punto de la estancia. Se condensaron como unos vapores formando una nube pardusca.

  La nube continuó su transformación: se fueron delineando tres figuras. Mirábamos extrañados aquella increíble metamorfosis. Que parecia surgir de la nada. Poco a poco vimos concretarse la silueta de un hombre, de una mujer y de un niño. Eran reales a nuestros ojos, y al mismo tiempo, aparecían como en una escena de película o de teatro. El vapor formó aún las siluetas de algunos árboles y por abajo se dibujó todo lo que puede representar un prado con hierba, flores y pequeñas plantas. El hombre se sentó sobre una piedra; la mujer que estaba de pie llevaba una camiseta y pantalones. El niño trazaba señales sobre la hierba con un palito. Era una escena campestre, quizá una excursión familiar. Aquellas figuras que veíamos en blanco y negro, como es posible ver en una pantalla de televisión sin color, pero con figuras reales, estaban coloreándose ahora. Aquella sustancia pardusca y vaporosa emitía color, y pronto la luminosidad de cada parte de la escena aumentó mucho.

  Al mismo tiempo, disminuyó aún más la luz del ambiente en que estabamos. Comencé a interesarme por lo que veía. El hombre se levantó, y conversó con la mujer que debía ser su esposa. El niño canturreaba jugueteando, sin preocuperse de sus padres que estaban cerca de él. Oímos la voz melodiosa de Ilmuth; que nos advirtió: "Ahora", dijo,"podréis ver, en esta escena familiar seleccionada, lo que nos urge que podáis comprender. Prestad atención". El color de las figuras humanas, de los vegetales y de las cosas, primero se intensificó, después empezó a atenuase. Los vestidos que llevaban los tres se confundieron con aquellas tenues coloraciones y aparecieron tres cuerpos humanos bien formados. Precisamente el cuerpo de un hombre, de una mujer y de un niño. El color rosa tenue de los tres cuerpos presentó una coloración azul claro que emergía por debajo de todos los puntos del cuerpo rosa y puso de relieve un cuerpo ligeramente más luminoso, visible en una perspectiva tal como para que se viese claramente que los dos cuerpos coincidían, pero separados uno de otro en su realidad. El proceso se repitió y se mostraron otros cuerpos, coincidiendo todos, pero separados por colores y luminosidad distintos. Podía observar que cuanto más profundo aparecía un cuerpo, desde aquella perspectiva, más luminoso era, pero no impedía ver los cuerpos más superficiales, más oscuros. Conté siete cuerpos. El último aparecía blanquísimo, y palpitaba como si emitiese rítmicamente latidos de luz. A cada latido emanaba una claridad que atravesaba todos los otros cuerpos, hasta el último de color rosa tenue.

  "Observad", dijo Ilmuth, "observad también las plantas y las rocas". También para ellas como para las personas, había sucedido lo mismo. Era una escena nunca vista. Todo mostraba una profundidad vital, una riqueza de coloraciones, ritmos de los flujos de aquella luz y una simetría tal de las formas que me asombraban. Nunca hubiera podido suponer semejante cosa.

  "Podéis visualizar aquí", explicó Ilmuth, "las diversas dimensiones de la energía vital en el hombre, en la vegetación y en las formas del reino mineral. También podemos subdividir estas siete dimensiones en tres modos de ser parecidos".

  Miré y vi que los primeros tres cuerpos superficiales eran semejantes en su aparencia, sobre todo respecto a la sensación de consistencia que daban y al grado de tenue luminosidad. Los tres siguientes eran más luminosos y parecían más sutiles y más consistentes en el mayor grado de profundidad. El último, que palpitaba blanquísimo, aparecía ahora con una luz excepcional e irradiaba claramente rítmicos flujos de intensa luz a todos los demás cuerpos, atravesando toda su extensión y profundidad. Me dí cuenta de que no era posible, en la Tierra, conseguir penetrar en toda esta realidad vital y que aquella increíble escena había producido posibilidades en mis sentidos, que no eran posibles en un estado de conciencia normal, como se acostumbra vivir en Ia Tierra.

  "El cuerpo más externo", dijo Ilmuth, "es el material. Los demás son de energía ya no material, sino cósmica o astral, como la llaman vuestros estudiosos en la Tierra. Con cada uno de estos cuerpos el hombre puede vivir en varios mundos y dimensiones, en planetas más evolucionados. El cuerpo más externo muere y el cuerpo subyacente está dispuesto a realizarse plenamente en el nuevo ambiente energético. Es lo que sucede en la muerte, pero en realidad es sólo un nacimiento con el nuevo cuerpo de una dimensión superior en un mundo superior de igual grado evolutivo al del cuerpo realizado. Puesto que hay muchísimas dimensiones, también los cuerpos potenciales en el hombre no son siete solamente, sino muchísimos. Os hemos mostrado siete solamente para facilitar vuestra comprensión".

  Estaba completamente concentrado en aquella maravillosa realidad. Oí la voz de Tina que exclamaba: "¡La belleza del último cuerpo luminoso es extasiante!".

  "Es lo que queríamos sobre todo que comprendiérais", intervino Kalna, y su voz expresaba satisfacción. "El cuerpo blanquísimo que emite oleadas de energía vital a los cuerpos astrales y hasta al material es la visualización de lo que llamáis "espíritu". En la Escritura podéis encontrar que el ser humano se divide en cuerpo, alma y espíritu, entendiendo por cuerpo el material, por alma los cuerpos astrales y por espíritu la parte esencial del hombre que es inmortal y no morirá jamás porque es sede de la Vida y de la Conciencia".

  "El espíritu", prosiguió Ilmuth, "tiene la capacidad de vivir en el ilimitado Espacio más allá de la Barrera Celeste. Mientras el espíritu está todavía revestido" de los cuerpos astrales, no puede sobrepasar la Barrera Celeste y debe vivir en un mundo cósmico que sea igual a su grado evolutivo".

  Firkon explicó: "Los Hermanos del Espacio, como somos nosotros, son los que han realizado ya el cuerpo espiritual y por eso normalmente viven en los maravillosos mundos de la luz en el Espacio ultracósmico. Los Hermanos del Espacio, los que las Escrituras llaman con frecuencia Angeles o el Señor, pueden emprender viajes a las dimensiones cósmicas y revestirse de cuerpos cósmicos según la necesidad. Por el contrario, los Hermanos que no han evolucionado todavía hasta el punto de librarse de los cuerpos cósmicos y de poder sobrepasar la Barrera Celeste, fuera de la cual existe el infinito Espacio de la Luz, tienen la posibilidad de emprender viajes a mundos inferiores a su grado de evolución. Esto lo pueden hacer de foma autónoma, en virtud de sus conocimientos y de las misiones que se proponen o que se les confía. Para ir más allá, como os ha sucedido hoy a vosotros, deben confiarse a nosotros que ya hemos sobrepasado la Barrera Celeste y que por eso tenemos un conocimiento que nos permite procuraros viajes hacia mundos superiores a vuestro Grado de Evolución".

  "Entonces”, interrumpió Paolo, "os podemos llamar Hermanos del Espacio, y a los que no pueden librarse de todos los cuerpos cósmicos, Hermanos del Cosmos".

  “Exactamente", respondió Orthon. "nuestro conocimiento es espiritual y supone el conocimiento cósmico. Pero pueden existir Hermanos que tienen un gran conocimiento cósmico y son pobres en el espiritual. Es preciso obrar siempre sobre las fuerzas cósmicas a través del la fuerza espiritual o mística, y esto significa confiarse siempre al Creador que obra a través de sus Hijos de la Luz. Obrando solamente sobre fuerzas cósmicas, no se puede tener garantías de que se haya obrado adecuadamente y sin consecuencias negativas. Pero cuando se obra con quien está en la Luz y pertenece al Espacio del Espíritu y conoce fuerzas místicas y la acción dominante y silenciosa del Creador, entonces se es un intermediario en el Diseño Universal de Amor y de Salvación de la Economía Divina y no hay peligro de error. Nadie puede arrogarse un conocimiento superior a su propio límite". Rafael reclamó nuestra atención a lo que sucedía ahora en la nube coloreada que mostraba las tres figuras humanas y un jardín. El hombre y la mujer discutían. Noté que el hombre movía los brazos como se acostumbra a hacer en una discusión animada. Oíamos su voz. Reprochaba a su esposa algo que no comprendí bien pero que concernía al niño. Este parecía no ocuparse de la disputa entre sus padres y continuaba su jugueteo.

  "Observad", dijo Rafael, "ahora veréis las consecuencias de la ira sobre los cuerpos sutiles y sobre el cuerpo espiritual de estos hermanos".

  El hombre decía palabras severas a la mujer, acusándola de no ser capaz de cumplir con su deber. Estaba cegado y su esposa lo miraba sorprendida. Vi la figura del hombre, los contornos de sus cuerpos como deformados, como si se distorsionaran por una fuerza fea. La armonía de las líneas se veía comprometida. Del cuerpo espiritual, que se ofuscaba y perdía su blanquísima luminosidad, partian como oleadas de grumos energéticos que atravesaban los otros cuerpos alterando su luz, su homogeneidad y su forma.

  Ahora el hombre gritaba y la mujer lloraba. La luz blanquecina de su cuerpo espiritual se volvió de un color sucio como marrón oscuro; todo su ser sufrió una inundación de aquella desagradable coloración y su silueta se contrajo y quedó deformada. Sólo el cuerpo material sufrió un deterioro menor, a pesar de haberse vuelto el contenedor de aquellas deformaciones y trastornos de la luminosidad y la belleza de los otros cuerpos. Ahora del cuerpo del hombre salían como oleadas de aquella energía vital tan desordenada y oscura, se expandían en sucesivas emisiones en el aire de alrededor y penetraban en los cuerpos de la mujer, que con aquella penetración también se contraían deformándose y recibiendo una disminución de su luminosidad natural.

  "Esto que véis", explicó Rafael, "es lo que sucede en un ser humano, cuya conciencia se abandona a la ira. Su energía vital se oscurece y se deforma. La energía vital de cada individuo está en comunion, a través del ambiente, con la de sus semejantes y por tanto quien vive ordenadamente y bien ayuda a los hermanos y quien vive desordenadamente y mal daña a sus semejantes. Todo lo creado está en comunion. Todo es realidad, y cuanto más sutil es una realidad, es más vital. El pensamiento, sus formas y la que llamais fantasia o imaginación es de una realidad y consistencia que la materia no puede comprender. Quiero decir que el hombre ligado todavia a la materia quedará extrañado cuando advierta la inconsistencia de la energía material respecto a la consistencia vital de su espíritu con los pensamientos, los sentimientos, y las emociones contenidas en él. Pero como por ahora él filtra estas cosas en la materia, se crea una ilusión que la hace ver muy consistente la materia y abstracta toda otra realidad más sutil”.

  Entre tanto el hombre seguía en su explosión de ira y el "contagio energético" descrito inundaba ahora también al hijito, que sin embargo seguía mostrando despreocupación por la pelea de los suyos. Incluso la vegetación estaba invadida de aquellas oleadas de energía oscura y desordenada hasta en el ritmo de las emanaciones y producía también una desarmonía en las rocas. Comenzamos a sentirnos invadidos por aquel malestar.

  "¡Qué cosa tan fea!", dijo Tina. "¡Qué cosa tan fea!".

  La escena sufrió como una aceleración, después se redujo al ritmo natural. Ahora el hombre abrazaba dulcemente a su esposa que se secaba las lágrimas. El pequeño estaba entre ellos riendo contento. El cuerpo de los tres y de todas las realidades vegetales y minerales estaba sufriendo como una recomposición. Oleadas de luz y de color daban nueva armonía y respiración a aquellas siluetas. Sentíamos que volvían a nosotros la alegría y la felicidad mientras se alejaba la pesadilla de lo que habíamos visto y experimentado.

  La escena se difuminó poco a poco y el humo pardusco se desvaneció lentamente. La luz del ambiente se volvió como antes y Rafael y los demás nos sonreían, como si en aquel momento nos hubiésemos vuelto a encontrar después de un paréntesis que nos hubiese turbado. Con alegría volví a pensar un momento en el viaje de la Tierra a la astronave, donde me encontraba con Tina, Paolo y aquellos Hermanos.

  Volvió a hablar Rafael: "Si todos los hijos del Padre Dios hubiesen usado la libertad que se les concedió para seguir solamente las infinitas vías del Amor Universal y se hubiesen fiado exclusivamente de la bondad de sus Leyes Universales, no hubiera sido necesario experimentar dimensiones cósmicas tan limitadas respecto al Espacio infinito más allá de la Barrera Celeste. Pero como al principio hubo un rebelde que convenció a sus seguidores de que se podía desobedecer al Padre Bueno y hasta obrar sin El, de aquella soberbia nació la necesidad de experimentar el mal y entonces, como el Padre sabía que otros seguirían aquel mal ejemplo, creó dimensiones más limitadas, creó el Cosmos, los mundos astrales y materiales que, aunque eran maravillosos por ser obra de sus Manos Divinas y reflejaban las bellezas y las armonías del Espacio Celeste, eran sin embargo más limitados. En ellos muchos de sus hijos serían sometidos a la prueba de experimentar el egoísmo en vez de la Universalidad del Amor, la maldad en vez de la bondad, el sadismo en vez de la felicidad de ver gozar a los hermanos. Ellos desarrollarían vías de mal antes que del bien, odio en vez de Amor, su ceguedad en vez del verdadero Conocimiento que da la Vida. Por esto ha sido creada la materia: para que el Espíritu y la Conciencia encerrados en ella tuvieran una protección. Habéis visto que el cuerpo material y lo que tenía en sí era el menos sensible, y detenía la turbación causada en los cuerpos más sutiles del hombre. Si estos hijos no tuviesen un cuerpo material y cuerpos astrales, experimentarían el mal que su conciencia quiere probar en condiciones mucho mas manifiestas y de dolor. Es importante que el hombre se convenza de la inutilidad y peligrosidad del mal durante su vida material, porque de otro modo lo experimentará en dimensiones más sutiles y reales sufriendo mucho más y padeciendo su violencia. Es preciso que el hombre sepa comprender la bondad del Padre, que no ha quitado la libertad a los hijos infieles a su Amor, sino que les ha concedido que se puedan convencer de estas cosas en una situación de menor sufrimiento. El mismo sufrimiento es un medio de salvación, el dolor es la voz del Padre que reclama a sus hijos, es purificación, es Amor. ¡Ay, si no existiera el dolor mientras no se haya recuperado al último hijo del Padre!. Habéis visto el efecto del dolor de ese hombre que ha comprendido que estaba ofendiendo a su propia esposa y dañaba el ánimo sensible del niño. El dolor experimentado por su conciencia era una energía vital que se liberaba de su espíritu y recomponía y volviá a dar armonía a su ser, el de su compañera y al de su hijito".

  "Cuando la bondad y el Amor sean recuperados por los hijos de la Tierra", dijo Kalna con muy tierna voz, "entonces vuestro espíritu producirá maravillosas energías vitales, que darán luz a vuestras mentes y calor a vuestros corazones. Entonces la fuerza benéfica que se liberará en vosotros, sanará vuestros males espirituales, morales y materiales. Incluso los animales se desintoxicarán por ella y las plantas y las piedras. No podéis imaginar hasta qué punto toda la realidad vital del ambiente está ligada a vuestra conciencia. Las inteligencias condicionan realmente el ambiente vital, sus mundos. Todo es realidad vital: cualquier movimiento de vuestro ánimo, cualquier deseo, pensamiento o sentimiento, también cualquier pasión. Burlarse de estas realidades significa prolongar el camino hacia la luz por muchos milenios todavía. Cada hijo del Padre llegará al conocimiento espontáneamente, libremente, en virtud de la propia convicción de la verdad, del bien y de lo ilusorio del mal. Nosotros os ayudaremos siempre para que el Padre sea nuevamente feliz de poder recuperar vuestro Amor y vuestra confianza en El, Unico Creador, Sumo Amor y Dios".

  "Todo pensamiento tiene su forma, su color, su perfume", su voz y su significado. Igual todo lo que vive en el espíritu humano. Los hijos del Padre pueden crear paraísos o realizar infinitos infiernos. El Padre se dedicará siempre a conducirlos hacia El, y nosotros seremos sus fieles hijos y colaboradores. Hasta que todos se convenzan de la verdad de las cosas".

  Firkon me miró a los ojos. Comprendí que había leído en mi pensamiento la pregunta que quería hacer.

  "Sí", me dijo con tono grave y seguro. "Sí, todo esto acabará. Los hijos del Padre que están llevando experiencias equivocadas comprenderán pronto. Ellos sufrirán tanto dolor en la Tierra, que hasta los ciegos verán y los sordos oirán. Los corazones se ablandarán de su milenaria dureza, las mentes querrán la luz. Entonces el Padre hará una fiesta sin precedentes en la historia de la Creación, porque el hijo pródigo habrá vuelto definitivamente a su Casa".

  "Está escrito", replicó Rafael pensativamente, "que solamente se perderá el hijo de la perdición. Esto contrista infinitamente al corazón del Padre y hace sufrir al nuestro. Estos hombres testarudos no querrán comprender la lección, pero no podrán perjudicar más. Para ellos todo el Plan de Amor y de Salvación no dará fruto. Nosotros no podemos sustituir al Padre Dios. El preparará algo también para ellos; pero ¡Ay de quien tiente la inmensa bondad, misericordia y justicia de Dios!. No olviden estos obstinados hermanos nuestros, que siempre y en todo momento habrá misericordia, perdón y Amor para ellos. Pero tendrán que sufrir en la misma medida de su increible obstinación".

  "Lo que ha sucedido en la Tieerra en estos milenios", añadió Rafael con tristeza pero con voz fime, "de historia de dolor, injusticia y sangre quedará en el Cosmos como ejemplo para mostrar el error bajo todos sus aspectos de horror. Esto está alcanzando ya el límite que el Padre ha dispuesto en su amoroso corazón. El no permitirá que se sufra más, y todos podrán tener la recompensa por lo que han sostenido sobre si mismos".

  Tina estaba atenta y seria. Paolo miraba a Rafael con curiosidad y dulzura.

  "Ahora", dijo Ilmuth, "observad lo que vamos a mostraros". La luz disminuyó otra vez. La nube pardusca se coloreó rápidamente y ante nosotros vimos un niño con el cuerpo material gravemente deformado. Sin embargo, sus cuerpos sutiles eran de una gran lucidez, tenían colores tan extasiantes y una armonía tal que hicieron lanzar a Tina maravilladas exclamaciones. Yo lo miraba y sufría en mi interior por aquel contraste estridente. La belleza interior del niño aventajaba a la penosa impresión de la realidad deforme.

  "Cuando los desórdenes energético-vitales de las conciencias del hombre provocan en un planeta estas horribles cosas", dijo Ilmuth, entonces nosotros tomamos muchas veces posesión de estos cuerpos. "Vosotros no lo sabéis, pero a sufrir en cuerpos deformes y en cerebros enfermos baja un ángel casi siempre, para cumplir una sublime y eficaz misión en beneficio de los hermanos de la Tierra que tendrán que renunciar al mal".

  Calló. Yo estaba conmovido por lo que habia oído y visto. Mi Amor por aquellos Hermanos crecía demesuradamente. El cuerpo espiritual del pobre niño era de un fulgor indescriptible. Aquella luz se difundía con fuerza y dulzura en los cuerpos más externos y se distribuía por todo alrededor.

  "Ellos son los pulmones de vuestro mundo", dijo; "y cuando un día comprendáis tales cosas, entonces ya no habrá hombre en la Tierra que acuse a Dios de haber hecho criaturas para torturarlas, sino que acusaréis a la maldad de vuestro duro corazón y bendeciréis a los que quisieron soportar más dolor aún que vosotros, e injustamente, para poderos salvar. Si no, ¿qué sentido tendría la sangre de los mártires, el bien y el amor de todo tiempo? ¿Qué significado tendría lo que hizo aquel que murió en una cruz para deciros toda la Verdad y daros la mayor lección que se haya impartido jamás del Amor Universal a la Tierra? La hora de la verdad se aproxima, y cada hombre sabrá, quitado el olvido necesario para disminuir el dolor, si nació en la Tierra para redimirse o para salvar a los demás teniendo que redimirse antes a sí mismo. Porque también los ángeles, cuando nacen hombres en la Tierra, tienen que salvarse primero ellos mismos, ser salvados, y después tendrán el poder de salvar a los demás cumpliendo su difícil misión. Algunos de nosotros prefieren soportar sufrimientos físicos en un cuerpo martirizado, antes que haceros experimentar los estragos del mal. Esta escrito que no juzguéis. No juzguéis, sino quedad en el Amor porque ésta es la única garantía contra el mal para el triunfo del bien. Confiaos al Padre Dios y a sus hijos que obran en el Amor para vuestra Salvación. Sed buenos y sencillos".

  Ilmuth acabó de hablar. La nube vaporosa disipó sus colores y desapareció quitando de nuestra vista aquel ser. La luz volvió a la sala de la astronave. Una larga serie de pensamientos atravesaban mi mente serenamente.

  Rafael nos invitó a que le siguiéramos. Vinieron con nosotros Orthon y Firkon. Visitamos varios departamentos de aquella enorme y maravillosa casa de luz. Fuimos conducidos a una sala donde brindamos con una sustancia suavísima. Después Kalna cantó y oimos una música que conmovió a Tina hasta las lágrimas. Teníamos el ánimo saturado de ligereza, de paz y la certeza del Amor sin fin de los Hermanos. Entonces, nos volvieron a llevar, a través del corredor, al disco que nos devolvería a la Tierra. Nuestros compañeros de viaje fueron otra vez Rafael, Orthon y Firkon.

  "Llegará el tiempo", decía Ilmuth mientras Kalna nos sonreía, "que no nos separaremos más. Todos los hermanos de la Tierra que quieran, podrán viajar al Espacio con nosotros. Bastará con quererlo y sobre todo con ser hijos del Amor del Padre.

  Juntos visitaremos mundos y surcaremos nuevos cielos. Estaremos siempre en misiones de Amor y conocimiento para otros hermanos que quieran evolucionar pronto. Y además veremos al Padre cara a cara porque iremos fuera de la Barrera Celeste. Estad seguros de ello", concluyó Kalna, "ésta es la verdad". Nos saludamos todos con un abrazo.

  Nos sentamos en el disco, mientras la luz de la habitación actuaba en nosotros para prepararnos para volver a la atmósfera de la Tierra. Nuestro corazón había quedado en el Espacio, en la astronave, con toda su luz, sus colores y sus perfumes. El disco nos llevó hasta donde nos había levantado algunas horas antes. Eran alrededor de las seis de la mañana.

 

Capítulo 13.

DESCANSO  EN EL  ESPACIO.

  El disco se detuvo en el inmenso espacio. Millones y Millones de astros aparecían por doquier mayores de lo que nos parecen las estrellas desde la Tierra: resplandecían palpitando como si emanasen con cada palpitación una llamarada de varios colores.

  La emoción era tan fuerte que, por momentos, una sensación de temor me asaltaba: me sentía pequeño, pequeño frente aquel espectaculo sin fin. Pensé en la infinita grandeza del Padre, Creador de todas aquellas maravillas, y le rogué que me enseñase El mismo a amarlo en mis hermanos y en las cosas creadas por El.

  Seguro de que me escucharía le dije que el mayor deseo que experimentaba era poder tener suficiente conocimiento del Amor Universal, de sus Leyes para poder atravesar todos los espacios del Cosmos y superar la Barrera Celeste, y poderme asomar para contemplar su Belleza Increada. Tuve un momento de duda: temí que mi oración me hubiese hecho pecar de presunción frente a un Ser tan Inmenso. Rafael me miró con benevolencia y me sonrió.

  "No", dijo, "no es presunción desear sinceramente alcanzar la Casa Celeste del Padre Dios. El mayor deseo del Padre mismo es que todos sus hijos en camino por el Cosmos retornen a El".

  El espacio cósmico que aparecía a mi vista no era sólo una fiesta inmensa de luces palpitantes, sino que también estaba invadido de fosforescencias en movimiento, cuerpos que seguían trayectorias como guiados por una fuerza invisible, energías coloreadas que emergían del fondo oscuro del espacio. Rafael indicó la enorme astronave en forma de cigarro que flotaba en el espacio delante de nosotros, a no sé qué distancia; estaba inmersa en una blanca fluorescencia atravesada por dos coloraciones, azul y anaranjado intenso.

  Las escotillas emitían una luz que aumentaba el halo del cigarro. La forma de la astronave era menos panzuda que la que había bajado a la Tierra en Spotorno: era un espectaculo encantador.

  Rafael nos anunció que entraríamos con el disco en la astronave. Poco después, salimos a una estación interna donde se había posado el disco. Noté que había como railes. A través de la puerta fuimos introducidos en un saloncito. Había allí butacas y una mesa, aparentemente hechas del mismo material, que relucía con una transparencia opaca. Al ir a sentarme, tuve la impresión de que se trataba de un material resistente, pero me di cuenta de que era de una agradable blandura.

  La luz que se difundía en esta astronave producía sensaciones y especiales efectos en nuestro ánimo, que no sabría explicar.

  Nos sentíamos más vivos que nunca, y todas nuestras facultades gozaban de una paz indecible y al mismo tiempo estaban como suavemente potenciadas. Estábamos en un estado de felicidad que había como transformado y puesto en acción todas nuestras potencialidades. Estábamos llenos de atención y penetración para cuanto nos decían y mostraban.

  Nuestro corazón ardía con un Amor que no es dado experimentar en la Tierra.

  Entró Ilmuth con un hombre cuyo rostro sucitaba admiración por su belleza y simpatia. Nos sentamos en semicírculo en el divan y en las butacas.

  Aquel hombre nos miró amablemente, y nos dijo: "Ahora esta llegando el término de nuestra misión querida de lo Alto para vosotros. Pero en esta ocasión podrais tener experiencias y adquirir conocimientos que completen vuestra preparación. Hemos de hablaros de muchas más cosas de las que ha sido posible, dado el breve tiempo concedido y otros problemas que hemos tenido que afrontar por vosotros. Esto no os tiene que preocupar, porque os ayudaremos siempre y os daremos la luz y la ayuda que os sean indispensables.

  Entró también Orthon y con él vino Zuhl; se sentaron en silencio, mientras el hombre continuaba su mensaje.

  "En la Tierra", dijo con especto serio, "amenazan muchos problemas, graves y urgentes. El atraso de muchos pueblos causa el hambre y la muerte por desnutrición y enfermedades, a consecuencia de la miseria. Esto es un pecado muy grave que pesa sobre los pueblos que gozan de florecimiento económico. Existen en la Tierra tantos y tales recursos, que todos podrían estar bien. Sin embargo, el egoísmo y la sed de enriquesimiento y de poder consiguen que los hermanos más necesitados mueran y sufran horriblemente".

  Tina lo interrumpió y preguntó: "¿Por qué no intervenís vosotros para quitar el hambre a aquellos pueblos?". "¿Por qué no hacéis que los que tienen posibilidad y lo quieren hacer pueden dedicarse a aliviar todo este mal?".

  El hombre arrugó la amplia frente y suspiró.

  "Nosotros no podemos", aseveró, "y esto nos causa un gran sufrimiento. Si nosotros  interfiriésemos tan concretamente en las cosas de vuestro planeta, crearíamos problemas aún más serios y graves. Ya os decimos que sólo conocéis una parte del problema; en realidad, en tal caso tendriamos también que intervenir por la fuerza para imponer una justa distribución de los bienes; y también tendríamos que intervenir en vuestros conflictos bélicos. Todo cambiaría: nos veríamos complicados en la espiral de odio y de violencia que reina en la Tierra y seríamos violentos también. Por el contrario, las Leyes Universales son capaces de extirpar definitivamente y de una vez por todas el mal que hay en los hombres a través de caminos de paciencia. Los que sufren injustamente serán recompensados infinitamente más de lo que puedan pensar".

  "Por esto El que vino a la Tierra y murió por sus Hermanos dijo: "¡Felices vosotros, pobres, porque es vuestro el Reino de Dios!. ¡Felices los que ahora tenéis hambre, porque seréis saciados!. ¡Felices los que ahora lloráis, porque reiréis!” y dijo más: "Este día alegraos y exultad, porque vuestra recompensa será grande en el cielo".

  "Hay muchas y variadas razones para no entrometernos en vuestras cosas, obramos en lo profundo de los corazones que sufren, somos los Angeles consoladores de quien padece: "El Padre nos ha dado este mandato para la Tierra, planeta que vigilamos, amamos y conducimos, a pesar de toda apariencia, hacia la salvación, para que todos sean conducidos a Aquel que les llevará a la merecida morada celeste. ¿Acaso no vino a deciros antes de ser muerto: "Vosotros sois de aquí abajo, yo soy de allá arriba; vosotros sois de este mundo, yo no soy de este mundo"? El antes de marcharse os dijo también: "Y cuando me vaya, y os haya preparado un lugar, vendré de nuevo a vosotros y os llevaré conmigo, a fin de que estéis también vosotros donde yo estoy".

  "El, cuya sabiduría supera en mucho a la nuestra, y cuyo Amor comprende plenamente aquello de lo que todos nosotros somos capaces, todo lo prevé y todo lo conoce. El nos enseña que la paciencia es uno de los grandes caminos de la Vida Eterna. A la consistencia del mal acogido por muchos de sus hermanos rebeldes se opondrá la paciencia y el dolor de los buenos. Esto vencerá al error. Oponer fuerza a fuerza, violencia a violencia, mal al mal, no extirparía este último, sino que crearía condiciones favorables al aumento del mal mismo, como sucede desde hace milenios en la Tierra. Nuestro conocimiento nos permite no cometer errores semejantes. Por esto dice la Escritura: "¡Aquí se comprende la paciencia de los Santos!”.

  Quedó en silencio, y parecía penetrado por los sufrimientos de la Tierra. Su rostro se abrió en una sonrisa que pareció una esperanza y prosiguió:

  "Os hemos dicho que éste es precisamente el fin del mal sobre la Tierra. Ya la séptima trompeta está dispuesta a anunciar el rescate.

  El séptimo sello ha sido abierto por Aquel que no miente. El cáliz de la ira divina está colmado para los que desde siempre gozan con los sufrimientos de los demas".

  Estas últimas palabras las pronunció con tono severo y eso me extrañó. Paolo, que siempre hablaba tan poco, le miró y preguntó: "¿Cómo es posible compaginar la realidad del Amor del Padre y de la Fraternidad Universal, con la ira divina de la que nos has hablado ahora?".

  El hombre suspiró. "Cuando un Padre tiene hijos buenos e hijos rebeldes", dijo en voz baja", El llama a los malos al arrepentimiento. Cuando ellos se obstinan en no escuchar la voz paterna y se empeñan en poner en peligro a sí mismos y a los propios hermanos, la advertencia del Padre se hará más severa. Pero la severidad de este Padre no será maldad. El es un buen Padre y lo único que quiere es que el hijo vuelva a entrar en razón y su bien. Si éste después hace locuras e intenta matarse, entonces el Padre se verá obligado hacer todo lo que esté en su poder para impedir tanto mal. Y si la maldad de los rebeldes se revuelve en escarnio contra El y quiere a toda costa el sufrimiento de los hermanos para imponer locamente la propia voluntad, el propio egoísmo y deseo de opresión, entonces el corazón ofendido y traicionado del Padre se encenderá en ira y un severo castigo será el último medio posible para evitar la perdición total de los rebeldes que arrastrarían con su poder a los buenos que no quieren emplear violencia. Recuerden los hombres de la Tierra que la ira divina que citan ampliamente las Escrituras, no es una ñoñez o una vana figuración poética sino el mayor signo de Amor del Padre Dios por sus hijos rebeldes. Nosotros adoramos al Padre en su bondad, en su misericordia y en su justicia infinitas. También lo adoramos en su Sacrosanta Ira divina hacia los hijos de la Tierra que están preparando la autodestrucción de sus conciencias e incluso la del planeta, materialmente".

  Se pasó una mano por la frente; entonces, levantó un cáliz para tomar unos sorbos de bebida.

  Rafael tomó entonces la palabra y habló así, con su tono solemne y natural: "Sí, los hombres de la Tierra se preparan a la destrucción del planeta. Han amontonado una gran cantidad de armas mortíferas y justifican su conducta diciendo que si no lo hiciesen ellos, lo harían los otros. Como si nosotros nos armásemos hasta los dientes para matar a los terrestres diciendo al Padre Dios que si no lo hiciéramos nosotros lo haríais vosotros. Esta es una loca filosofía que justifica desde siempre en la Tierra el mal en todas sus formas. ¡Esto no excusará a los hombres del delito de haber preparado la destrucción de una de las más bellas moradas de la Creación, de la Casa del Padre Universal".

  Rafael estaba serio, preocupado, y mostraba su sufrimiento que evidenciaba bien el Amor de aquel ser por nuestra Tierra y sus habitantes. Después de una breve pausa continuó: "¡Os repetimos que está escrito que Dios amará a su creación! Todos podrán ver cuanta razón tenía la Escritura, porque Ias palabras que nos revela el Padre y que os trasmitimos desde siempre, lo que os dijeron los grandes Maestros y sobre todo el Cristo Señor del Espacio, son veraces, y se cumplirán todas, como ha sucedido hasta este momento".

  Alzó el dedo, mientras notaba la atención que todos los Hermanos presentes prestaban a sus palabras.

  “El nos preanunció que habría rumores de guerra y hechos graves. Os dijo que aquel no sería aún el fin, pero que éste se vería precedido en poco tiempo por tales sucesos.

  ¿No os parece que la Tierra se esta encendiendo como un campo con muchos fuegos que preludian un gran incendio? ¿La posibilidad real de destrucción del planeta no os hace comprender que está cercano el cumplimento de las Escrituras? ¡Jesús os dijo que si sabeis reconocer los Signos del Tiempo y no discernís los Signos de los Tiempos, sois hipócritas!. ¿No os parece que no es posible negar estas verdades conocidas?".

  Intervino Firkon y nos invitó a meditar sobre lo que Juan nos dejó escrito a propósito de las palabras del Señor Jesucristo.

  "Podeis leer en el Evangelio de Juan", dijo, las palabras del Maestro: "Muchas cosas tendría aún que deciros, pero por ahora no estais capacitados para ello. Mas cuando venga El, el Espíritu de Verdad, os ira guiando en Ia Verdad toda, porque no os hablará por sí mismo, sino dirá lo que escucha y os hará conocer el porvenir".

  Hoy se dan a conocer muchas cosas a los hombres de la Tierra, siempre que quieran escucharlas. Esto les hará capaces de afrontar las grandes pruebas que amenazan al planeta y a no temer la violencia del mal que se desencadenará en los próximos tiempos. Cuanto más se abata la fuerza del mal sobre los hijos del Padre, más respondera El a los suyos con ayudas y luz y fuerza para vencer según las Leyes del Amor".

  Kalna nos invitó a leventarnos. Las palabras severas y proféticas que habíamos escuchado no nos habían impedido participar en la atmósfera festiva de la astronave. Sabíamos que ésta no estaba detenida en el espacio, sino que estaba viajando a velocidades increíbles para nosotros los de la Tierra. Este conocimiento aumentaba la alegría de nuestro corazón. Con los Hermanos se estaba bien, el corazón estaba en paz y la mente se abría continuamente a nuevas conquistas de la verdad.

  Después de las últimas palabras acerca de la promesa de ayuda que se dará a los hombres de la Tierra con motivo de los grandes hechos que afectarán al planeta, fuimos conducidos a otra sala, donde se habian reunido algunos Hermanos. Nos acomodaron en una salita un poco en alto, cuyo pavimento parecía de madera. Nos sentamos sobre unos cojines, y también se sentaron con nosotros Kalna y Firkon. Rafael y los demás nos saludaron. Volveríamos a vernos más tarde. Miré con curiosidad los colores del tejido de los cojines, y comentaba con Tina y Paolo sobre el tejido con que estaban forrados y que no tenía costura, ni hilo.

  Kalna dijo: "Pronto los hombres de la Tierra vivirán momentos muy tristes, fruto de su mala conducta desde milenios. Sin embargo, Dios ha preparado su plan de salvación en virtud del Amor que lo liga siempre a sus hijos. Las Escrituras han dado todo lo que es útil saber para aquellos días, no os cojan desprevenidos y vuestro corazón no se angustie, sino que esté en la luz y en la consolación. Lo que Jesús no pudo aclarar a sus contemporáneos porque no estaban preparados y eran aún incapaces de aprenderlo, dada la inmadurez de los tiempos, se os dará a conocer en estos años venideros y lo podréis comprender plenamente. El conocimiento os será indispensable para hacer frente a esos sucesos".

  En aquel momento entraron Rafael, Orthon y otros cuatro hombres y tres mujeres. Se sentaron junto a nosotros, después de habernos saludado. Rafael nos invitó a prestar atención porque se nos mostarían algunas escenas. La voz de Kalna prosiguió: "Ahora veréis algunas escenas", dijo, "referentes al suceso que llamáis muerte y que nosotros llamamos paso".

  De la habitual nube coloreada, se formaron unas figuras como ya habíamos visto la vez anterior. Apareció la imagen de un hombre enfermo en la cama de una habitación. Respiraba muy fatigosamente, y algunas personas, seguramente los familiares, estaban junto a él en su cabecera".

  "Es una escena terrestre", dijo Kalna, "la que os mostramos. Está sucediendo realmente en este momento en vuestro planeta. Tenemos la posibilidad de mostraros escenas del pasado, del presente y tal vez del futuro. Observad ahora lo que va a suceder".

  Miré con curiosidad, y al rato me pareció como si el hombre se estuviese desdoblando. Una imagen completamente semejante a la suya, pero muy ligera, se alzó horizontalmente de la cama, dio la vuelta por el aire de la habitación y se puso suávemente en pie sobre el pavimento. Al mismo tiempo la otra figura, la que yacía en la cama, se quedó quieta, dejó de respirar fatigosamente, y los familiares le cerraron los ojos y empezaron a llorar y a lamentarse en alta voz.

  El cuerpo del hombre en la cama, inmóvil y sin vida tenía ahora los ojos cerrados, mientras su doble miraba, con una expresión de sorpresa, ya a su cuerpo en la cama, ya a los familiares llorando. El intentaba consolar a los suyos, hacerles comprender que no estaba verdadera y definitivamente "muerto", pero ellos no lo notaban y proseguían sus lamentaciones en torno al cuerpo de la cama.

  "Este hombre, este hermano de la Tierra, ha terminado su existencia terrena", comentó Kalna "Ahora él vive con un nuevo cuerpo en un nuevo ritmo vibratorio vital. Está extrañado de ver su cuerpo material muerto en la cama, y ha tardado algunos minutos en comprender la verdad de las cosas. Querría comunicar con los parientes que lloran su muerte física, pero no ha comprendido todavía que vive en una dimensión distinta de la material. Este hermano está viviendo ahora dos realidades en sí mismo: la maravillosa sorpresa de haber descubierto que se vive también después de la muerte y ya sin el sufrimiento físico que le había afligido hasta el tránsito, y la tristeza de no poder comunicar con los que aún están en la vida material. Ahora ha comprendido que puede verlos y sentirlos, mientras que ellos no pueden darse cuenta de su realidad”.

  Kalna se interrumpió y nos dio la oportunidad de seguir la escena que mostraba sus inútiles esfuerzos para decir a aquellas personas que todavía estaba vivo y que la muerte física no quita la vida.

  "Ahora veréis otra fase", anunció Kalna; "éste es el primer contacto con Hermanos de otras dimensiones que han sido traídos de otros mundos para acoger al hermano que ha pasado de la dimensión material a otra forma de vida. Ya os lo decimos: en toda la creación a nadie se deja abandonado".

  Vimos llegar a aquel lugar, como a través de las paredes, algunos hombres y mujeres, cuya edad parecía comprendida entre los quince y los cuarenta años, al menos en apariencia. El más joven, un muchacho que parecía precisamente el de menos edad, se acercó al hombre que acababa de morir, el cual aparentaba ahora unos cuarenta años, mientras su cuerpo era mucho más viejo, y lo abrazó. Lo llamaba "papá", y el hombre hechó los brazos al cuello del muchacho diciéndole: "¡Hijo mio qué alegría volver a verte!. ¡Cuánto te he echado de menos!.   ¿De dónde vienes?" El muchacho le dijo que estaba muy bien y que lo esperaba desde hacía tiempo. Hubo abrazos y palabras de emoción entre el hombre y todos los que habían venido a recibirle.

  El hombre miró su cuerpo, todavía y quería hablar a los parientes que lo rodeaban llorando, pero los demás le explicaron que no era posible, añadiendo que le enseñarían enseguida cómo comunicar con el pensamiento y el Amor con sus familiares dejados en la Tierra.

  Estaba sorprendido, y oia también la voz de Tina que repetía: "Es increíble, pero es algo maravilloso".

  Paolo dijo algunas palabras que expresaban emoción por aquella verdad. "Y pensar", añadió, "que los hombres de la Tierra esperan la muerte con terror y lloran durante años a las personas queridas muertas”.

  Mientras la escena estaba en aquel estadio todavía pregunté a Kalna por qué una verdad así no se daba a conocer de algún modo a los hombres de la Tierra.

  "Hay razones", respondió, "por las que los hombres de la Tierra no pueden ser informados de estas realidades. Ellos, a través del dolor y de la ignorancia causados por su conciencia oscurecida y deteriorada, recuperan valores y adquieren la conciencia necesaria para insertarse después energéticamente en aquellas realidades vitales".

  Mientras tanto, los Hermanos que habían venido a acoger al terrestre fallecido, habían salido de allí con él, y se acercaban hacia un lugar que no correspondía ya a la realidad de la casa y del ambiente donde había sucedido la muerte.

  "Estais viendo ya la realidad astral”, explicó otra vez Kalna. "Es decir, ahora véis la realidad energético vital relativa a aquel lugar en un ritmo vibratorio más sutil".

  Hicieron poco recorrido y me pareció que no caminaban, sino que avanzaban un poco elevados sobre la tierra. Primero el hombre caminó, pero después, observando a los demás, consiguió avanzar él también sin mover las piernas, un poco elevado del suelo.

  El grupo llegó a un pequeño disco detector que tenía la portezuela abierta.

  "Ahora entraremos en él", dijo el muchacho al hombre "e iremos donde vivimos nosotros".

  Entraron, y el disco se elevó de la Tierra velozmente hasta desaparecer en el espacio.

  La escena había terminado, y la luz volvió a aquella sala, que parecía hecha de una madera blanda de tenues colores que estaban entre el nogal y el haya. Firkon volvió a tomar la palabra:

  "Os traemos a los familiares, los amigos y los conocidos que os esperan en mundos más evolucionados. Si estos ya habitan los planetas fuera de la Barrera Celeste, son capaces de venir del espacio por su propia voluntad. Si se encuentran en pIanetas no muy evolucionados todavía, tienen necesidad de nuestra ayuda y nuestros medios espaciales para surcar el espacio. Tras la muerte física se es llevado a otros mundos. El levantamiento de la Tierra sin cuerpo material tiene lugar sobre medios como el disco o la astronave, o por efecto de fuerza cósmica o mística, según el grado de evolución de la conciencia del fallecido. En este segundo caso se puede ser transportado en el espacio hasta el destino por una Ley de Afinidad; para que ello suceda, se crea en torno al nuevo cuerpo astral y espiritual una envoltura energética vital que conduce al hermano hacia su destino. Este medio de trasporte puede ser usado fácilmente por nosotros también, cuando lo deseemos. Algunas apariciones se realizan, de hecho, precisamente porque el visitador de otros mundos se conduce hasta la persona de la Tierra con la que va a contactar de este modo. Sin embargo, normalmente cuando se traslada un número de personas mayor de dos, entonces es indispensable el medio espacial: ésto ofrece mayores garantías y posibilidades de inserción en las Leyes Cósmicas de la Energía Vital".

  "A veces", explicó Rafael, “podemos sacar a un terrestre del planeta sin que el disco se haya posado y sin necesidad de que la persona que hemos elevado entre a través de la portezuela. Se manda al hermano desde el disco una envoltura energética que lo atrae hasta el interior del medio espacial, obrando sobre él una aceleración de su ritmo vibratorio vital. Esa energía que nosotros mandamos sobre él, lo envuelve, lo penetra y lo libera de las Leyes Físicas y de la gIavedad del planeta.

  Rafael se interrumpió. Una música dulcísima y melodiosa se difundió en la estancia de la astronave. Tina conversaba con Kalna, y Paolo con Orthon. Firkon me dijo que haríamos un pequeño intervalo. Me informó que la astronave no estaba lejos del lugar adonde nos dirigíamos. Le hice varias preguntas, incluso sobre temas de mi vida privada de hombre de la Tierra.

  Respondió a todas mis preguntas con tal afabilidad que en cierto momento me sentí conmovido y le dije:

  "¿Pero por qué nos amais tanto?". Firkon alzó las manos hacia el cielo y respondió: "¡Dios nos ama y nosotros os amamos!". Quedamos conversando todavía, hasta que Rafael requirió nuestra atención.

  "La Escritura", dijo, "os anuncia que cuando lleguen momentos muy graves para la Tierra, todos los terrestres verán al Hijo del hombre venir sobre las nubes del cielo con gran poder y gloria. "El", dice textualmente la Biblia, "mandará a sus ángeles con una gran trompeta y reunirán a todos sus elegidos de los cuatro vientos, de un extremo a otro de los cielos. También os dice: "Será como en los días de Noé. En efecto, igual que en los días que precedieron al diluvio, comían y bebían, tomaban mujer y marido, hasta que Noé entró en el arca, y no se dieron cuenta de nada hasta que vino el diluvio, y se los tragó a todos, así será también a la venida del Hijo del hombre". Os hemos recordado ya, continuó Rafael, las palabras del Evangelio: "Entonces dos hombres estarán en el campo; uno será tomado y el otro dejado. Dos mujeres molerán en la muela; una será tomada y la otra dejada". Ahora vosotros sabéis lo que significa ser tomados o llevados o levantados de la tierra. Habéis visto y hemos explicado de qué modo puede suceder esto".

  Recordé la escena que habíamos visto y lo que Kalna nos había explicado y después había acabado de aclarar Rafael.

  "Imaginad" continuó Rafael, “que las consecuencias inmediatas de una guerra nuclear, como la que os mostramos en un contacto cósmico, se cumplen en el planeta. He aquí que nosotros levantaremos de la Tierra a los hermanos inmediatamente, pero no podremos hacer otro tanto con los enemigos del Amor, ni aunque quisiéramos. En efecto, las energías de sus cuerpos sutiles desordenados y contaminadas por efecto de su mala conciencia, no nos permitirían levantarlos del suelo; y aunque pudiésemos lograrlo, sería para ellos un mal mayor que ser dejados en la Tierra. Por eso es por lo que Jesús os habló de fuego de la Gehenna, y de un infierno que experimentarán los fabricadores del mal y de la muerte y de todo pensamiento y acción mala, si no se purifican por el arrepentimiento, sentido y sincero, que tiene la función de purificar y reequilibrar, creando las premisas energético-vitales para una transformación ordenada del campo vital. Estos hermanos nos verían mostruosos, porque está deformada su conciencia y serían dañados después por las energías de nuestros discos y de nuestras astronaves, porque su realidad vital está desordenada y no se integraría con el orden armonioso e inalterable que reina entre nosotros. Este tormento de quien no está en orden con las Leyes Universales del Padre es todavía un medio de salvación, de reclamo más allá de toda obstinación, para que todos los hijos del Padre puedan comprender que la verdadera libertad está en el bien y en el Amor al Creador y a los Hermanos".

  "En todo caso, incluso si por bondad del Creador y nuestra intervención (pues de lo contrario las cosas escritas sucederían en el peor de los modos), se evitan momentos trágicos a la humanidad de los terrestres, el Señor vendrá, y nosotros con El vendremos a poner igualmente fin al mal en la Tierra y este levantamiento de la Tierra de los que han de ser salvados sucederá antes de que se cumpla el fin”.

  Rafael calló, y comprendí que había acabado de hablar.

  "Nos dijiste", intervine, que el cumplimiento del Tercer Secreto de Fátima corresponde al tiempo que introducirá el Reino de los Mil Años sobre la Tierra. ¿Será inevitable que sobrevenga una tercera guerra nuclear para poner fín al mal y para traer una nueva era que nunca pasará?".

  Orthon suspiró. Juntó las manos y pareció buscar sus más profundos pensamientos.

  "La Madre de Jesús", dijo, "después del Señor su Hijo es la más sabia y admirable de las criaturas. Su Amor por el Padre, por Jesús y por todos nosotros es inmenso. Ella tiene más conocimiento que cualquier otro hijo del Padre. Nosotros la consideramos la Gran Hermana, pero más aún una Madre, la Madre Universal".

  Esta sublime Señora del espacio me había quedado impresa indeleblemente en el ánimo y había hecho arder mi corazón con un Amor purísimo e infinito. Tina hablaba muchas veces de Ella, y siempre decía que la amaba inmensamente. La sentíamos siempre presente.

  Rafael siguió donde Orthon se había interrumpido: "Ella ha aparecido sobre la Tierra más veces de lo que se pueda suponer. Algunas veces ha aparecido clamorosamente, como en Fátima, y el signo que Ella ha mostrado en el sol ha hecho comprender y ha confirmado que estáis en el tiempo predicho por Juan en el Apocalipsis. Las dos partes que se revelaron se han cumplido, y también la luminosidad en la atmósfera de la Tierra, que se mostró para anunciar el segundo conflicto mundial, que fue un momento apocalíptico de grandes proporciones, se realizó como Ella había predicho. Ya está cercano el tiempo de la verdad del Tercer Anuncio, que sólo ha sido divulgado oficiosamente. Estamos trabajando para evitar a los hombres de la Tierra una enorme tragedia. En la Tierra se encienden cada vez más hogueras de odio y de guerra fratricida. Después el incendio abrasará y la locura de los fabricadores del odio y de la muerte se pondrá de manifiesto en el sacrificio que se realizará. Nosotros imploramos al Padre para evitaros tanto mal; rogamos al Maestro y a la Madre Universal que quieran hacer lo imposible para evitar tanto dolor. Sabemos que sucederá así; pero pedimos y nos entregamos sin ahorrar esfuerzos para que pronto triunfe el Amor y sobre la Tierra surja el nuevo día profetizado. El peligro crece también a causa de la contaminación de las aguas, de la atmósfera y de cada elemento del planeta. Los terrestres han escogido caminos equivocados, han mirado el provecho material en menoscabo de su salud y de sus energías vitales. El error y el desorden espiritual han producido contaminación y desorden material. No estaba prohibido progresar; antes bien, estaba en la voluntad del Padre que ha dado generosamente muchos dones a sus hijos, pero sus hijos de la Tierra han dilapidado el patrimonio de su morada, de este planeta creado por su Amor. El ahora los castiga, pero precisamente son ellos mismos quienes se castigan al cometer los errores. Pronto se cumplirán las palabras del Apocalipsis: "Vi después un Angel que bajaba del Cielo con la llave del Abismo y una gran cadena en la mano. Agarró al dragón, la antigua serpiente (es decir el diablo, satanás), y lo encadenó por Mil Años; lo arrojó al Abismo, lo encerró allí y selló la puerta encima de él, para que no sedujese más a las naciones, hasta que se cumpliesen los Mil Años".

  "También está escrito", dijo Kalna, "que ésta es la primera resurrección. En efecto, los que sean elevados de la Tierra, lo serán en su cuerpo material que sufrirá una desmaterialización y se volverá como el nuestro, capaz de volver a materializarse según la necesidad. Sigue diciendo la Escritura: "Felices y Santos los que tomen parte en la primera resurrección. Sobre ellos no tiene poder la segunda muerte, sino que serán sacerdotes de Dios y del Cristo y reinarán con El durante mil Años". "Mirad", explicó Kalna, "quien sea levantado de la Tierra será de los nuestros, será como Elías, por ejemplo, que fue llevado hasta nuestras astronaves y pudo volver diez años después a traer un mensaje a los terrestres. Los que reinen con Cristo durante mil años podrán vivir en la Tierra y El estará en medio de ellos, y nosotros también estaremos allí. Y podrán subir al Espacio con El y con nosotros. La Tierra volverá a pertenecer a la fraternidad del Amor Universal y será nuevamente, como ya explicamos, Jardín del Edén. No tendremos que impediros ya el acceso al Edén, Espacio incontaminado, que ha permanecido fiel al Padre y a sus Leyes. Nosotros, los Querubines con la llama de la espada vibrante estaremos entre vosotros y vosotros estaréis con nosotros. También vosotros administraréis las cosas de Aquel que tiene poder en el Cielo y en la Tierra por voluntad del Padre y toda administración de sus bienes será de todos. En efecto, los resucitados serán sacerdotes de Dios y de Cristo, un sacerdocio que procederá de El directamente, según lo que fue anunciado en un descenso nuestro a la Tierra del gran Hermano Melquisedec. Entonces no conoceréis ninguna otra muerte. La palabra que se os dio según la verdad no podrá dejar de cumplirse".

  Luego fuimos invitados a reposar en cómodas camitas, en pequeñas habitaciones invadidas por una luz difusa. Tina, Paolo y yo entramos cada uno en nuestro cuartito. No estabamos cansados, pero habíamos comprendido que este reposo nos daría buenas energías y nos abriría más el espíritu a las cosas que nos esperaban. Kalna y Rafael nos acompañaron. Los demás se despidieron de nosotros afablemente deseándonos un buen reposo. Mi corazón estaba lleno de reconocimiento por aquellos hermanos y una alegria profunda saturaba mi ser. Me sentía protegido y pensaba en las palabras recién escuchadas. Me invadió un dulce sueño, mientras mis dos hermanos de la Tierra reposaban también dulcemente.

 

Capítulo 14.

ORACIÓN Y MENSAJES.

  Un gradual aumento de la luz y una música suave nos despertaron. Pasaron a recogernos Rafael y Kalna, que nos acompañaron a una sala donde algunos jóvenes y muchachas estaban danzando.

  Otras cantaban, acompañados por la música de algunos instrumentos. Los Hermanos que tocaban eran muy habiles en aquel arte y dotados de especial sensibilidad. Algunos de aquellos instrumentos nos eran desconocidos del todo, puesto que eran completamente desiguales a los nuestros; otros podrían ser definidos semejantes al violín, al arpa, a la trompeta, al oboe y no sé si al clavicémbalo, órgano o piano. Emitian sonidos cálidos, suaves y sutiles, con una armonía que manifestaba una elevación sobrenatural. Algunos fragmentos, aunque estaban más allá de toda comparación con músicas de la Tierra, me recordaban ciertas arias de Bach. Los Hermanos entraban y salían libremente. Eran hombres y mujeres que mostraban una edad difícilmente definible pero que habría calculado entre los quince a los treinta y cinco años. Sus expresiones eran dulces, hasta en la variedad de las fisonomias y de su personalidad. Algunos parecían más meditativos por temperamento, otros más practicos y vivaces. Había en ellos distintas facciones y características diferentes, que en la Tierra podriamos relacionar con la variedad de razas humanas, con la diversidad entre las gentes de naciones y regiones lejanas una de la otra. Todos nos saludaban afablemente; alguno se detenía a pedirnos noticias y nos manifestaba su acogedora simpatía. Todos estaban informados de nuestra procedencia y estaban al corriente de la misión que Rafael y los demás llevaban con nosotros.

  Después ejecutaron un canto tan melodioso que nos embelesó. Los movimientos de los danzadores y danzarinas eran tan ágiles y expresivos que impresionaban el ánimo profundamente.

  En un momento determinado se hizo el silencio. Un Hermano que estaba presente y que debía ser muy amado y venerado por el alto grado de su evolución y conocimiento, dijo en voz alta: "Que el Padre Celeste bendiga a nuestros hermanos de la Tierra. Que su luz infinita ilumine las mentes de los que no le ven. Que Dios recompense y proteja a quien se dedica a su justa causa. Que atraiga a Sí con su dulcísima fuerza a todo hijo perdido".

  Dichas estas palabras, toda la asamblea recitó en voz baja y con sentimiento una encendida oración:

 

"Padre Amadísimo y siempre adorable

que estás más allá de todo Espacio;

es dulce recordar tu Nombre;

Tu "Amor penetra todo abismo

y arrebata nuestros corazones;

nosotros te rogamos ahora

por todos los hermanos de la Tierra.

Dales Tu Luz y Tu Fuego.

Perdona todas sus ofensas.

Haz que ellos perdonen a los hermanos

que no saben Amar.

Quita todo pecado del Cosmos y de la Tierra.

Que todos tus hijos te conozcan, oh Padre,

y te amen eternamente.

Escucha oh Padre,

y danos alegría y paz

en el conocimiento.

Así sea."

 

  Una dulcísima paz nos había entrado con las palabras de súplica de aquellos Hermanos. Los ojos de Tina estaban llenos de lágrimas. Paolo estaba absorto y silencioso. Miré a Rafael, que dijo:

  "El Padre Dios, Aquel que es Bueno y Humildísimo, Grande y Poderosísimo, nos hace sentir su divina presencia y su amorosa sonrisa".

  Siguió un tiempo de recogimiento, en el que cada uno habló al Padre en lo secreto de su corazón. Advertía Su presencia más que si hubiese tomado una forma y hubiese sido una persona visible. Lo amé por mi y por todos sus hijos de la Tierra. Lo amé porque lo sentia amabilísimo.

  Una pared lateral de la sala se descorrió mostrando otra pieza contigua de la astronave. Ahora se había formado un gran salón único donde se reunieron otros hombres y mujeres.Todos se sentaron; Rafael se levantó y empezó a hablar así:

  "Toda la Fraternidad que vive conscientemente en el Amor Universal del Padre, desde siempre ayuda a los hermanos de la Tierra que se esfuerzan en un largo y difícil camino. Pero en este tiempo el planeta se acerca al cumplimiento de grandes acontecimientos, previstos desde siempre por el Padre Dios, de lo que estamos informados desde hace mucho tiempo y lo dimos a escribir a los Profetas que bajaron a la Tierra a cumplir su misión de guía. Siempre nos hemos mostrado a los terrestres y hemos contactado con ellos para enterarlos de nuestra presencia. Desde que la segunda guerra mundial estalló en los continentes de aquel mundo hemos estudiado intervenciones cada vez más concretas. Desde el final del conflicto, que tanto dolor produjo, estamos contactando visiblemente un número cada vez mayor de hermanos. Esto será cada vez más, a pesar de que existen obstáculos y prejuicios que impiden que se difunda nuestra acción. Nuestras astronaves son muy visibles, nuestros discos realizan movimientos y emiten luces coloreadas que no son posibles a los medios aéreos, navales y terrestres del planeta. Los que nos ven detenidos en la atmósfera no pueden dudar de que somos nosotros. Los que nos ven zigzaguear en el cielo o perciben esferas de fuego que se mueven de un modo raro o notan otros hechos que no pueden explicarse con las Leyes de la Física, no pueden más que deducir nuestra presencia".

  Rafael miró a Tina, a Paolo y a mí con el aire de quien sabe que es escuchado atentamente.

  "Pero nosotros", prosiguió, "contactamos también con los hermanos de la Tierra por otras vías más provechosas, hablamos a su espíritu, a su corazón y a su mente, incluso a la imaginación, sin violentarles, sino para trasmitirles nuestros pensamientos y nuestros sentimientos, para dar luz y conocimiento. Lo hacemos de modo suave y ellos son libres de abrir su ser a estas verdades o rechazarlas y elegir otras cosas. En esta época se están cumpliendo las palabras del Hermano Joel, que se dieron a los hermanos de la Tierra para el futuro que ahora es presente: "Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos tendrán sueños, y vuestros jóvenes visiones".

  Ha llegado el tiempo para los hijos de la Tierra del cumplimiento pleno de las palabras del profeta: "Haré aparecer, dice el Señor, signos prodigiosos en el cielo y en la Tierra, sangre, fuego y columnas de humo".

  Rafael exortó a toda la Fraternidad del Amor Universal a colaborar en el nombre del Padre Dios para la salvación de los hombres de la Tierra. Todos estaban pendientes de sus labios.

  "Estamos muy tristes", dijo pausadamente, "por las cosas que sucederán pronto en la Tierra". Después se recogió como en oración y añadió: "Pero nosotros confiamos en la infinita misericordia y bondad de Dios, del Cristo Señor que en aquel planeta murió por Amor de los hermanos y de la Señora su Madre que tanto poder tiene sobre el corazón de El y del Padre Celeste". Antes de que acabase de pronunciar estas palabras la luz empezó a disminuir. Entreví a Rafael sentarse levemente. Se nos mostró una terrible escena, que preferimos no referir. Una voz masculina decía: "El sol se cambiará en tinieblas y la luna en sangre, antes de que venga el día del Señor Grande y terrible"

  Después una voz de mujer pronunció estas palabras de esperanza: "Quien invoque al nombre del Señor será salvado; porque en el Monte Sión y en Jerusalén estará el resto de los salvados, como ha dicho el Señor, y tendrán refugio los llamados de Dios”.

  Vimos innumerables hombres, mujeres y niños, que eran levantados de la Tierra, elevados a las astronaves, amontonados en el cielo de una Tierra trastornada. Era como si los que eran puestos a salvo tuviesen una señal para reconocerles, puesto que relucían con la misma blancura de las astronaves.

  Volvió a encenderse la luz, y Rafael se levantó de nuevo. "Las Escrituras dijo, Teman a Dios Señor de los Ejercitos. Cuando nació Jesus Hijo de Dios vivo, en la gruta de Belén, signo de humildad infinita, aquel Gran Hermano, el Ejército del Señor canto su Gloria por la paz de los hombres de la Tierra. Ahora nos estamos acercando a la batalla final contra el mal, contra el dolor que aflige durante demasiado tiempo a los hijos y a el Padre. Pronto tocaremos la trompeta de la Victoria del Amor Universal, de la Justicia y del Bien, la Tierra surgirá un sol nunca visto antes, ni siquiera en el tiempo del primer Edén. El resto, está profetizado, celebrará una gran fiesta con Aquél qué reina por derecho, siendo Bueno, Justo y Verdadero, como está escrito.

  Rafael se sento y después de una breve pausa continuo: "Levantaremos de la Tierra a los hermanos que desde siempre buscan bondad y justicia, despues a los arrepentidos y por fin a quienes inclinen las rodillas ante el Padre Dios en el último momento. Para todos habrá salvación, excepto para quien quiera exaltar hasta la perdición su dureza de corazón. ¡Quien tenga oidos entienda!".

  Se interrumpió. Después su voz se hizo más suave. “Nosotros", dijo "invitamos a todos los hermanos de la Tierra abrir el corazón a la bondad y a la oración dirigida al Padre Creador y a nosotros sus intermediarios. Cada anhelo suyo tendrá siempre respuesta, como ha sucedido siempre. Nosotros estamos en disposición de escuchar vuestro pensamiento y vuestro corazón menesteroso. E infinitamente más lo está el Padre Dios. Orad y suplicad, buenos y sencillos de la Tierra, para que pueda ser sometido el orgullo homicida y fraticida presente en vuestro mundo. Ni siquiera una sílaba de vuestra oración se perdera, ni un suspiro de vuestra alma en favor de la causa justa. Orad y suplicad y sed cada día humildes y buenos. Que no se desanime vuestro corazón por los límites humanos. En todo momento hay perdón y misericordia. Si sois humildes y os arrepentís, todos vuestros pecados serán motivo de Amor y de ternura. El  Padre nos ha puesto a vuestro lado y os a mandado a Aquel que tiene conocimiento, bondad y Amor más allá de toda posibilidad de imaginación. Se os ha dado un Maestro cuya sabiduría y misericordia no conoce limites. Con El está su Madre, la Señora del Espacio, Aquella que en Fátima, perdida localidad terrestre, dió a unos simples niños el anuncio del inminente momento apocalíptico que amenaza a la Tierra por la locura del hombre. Ella suplica y se ocupa en todo momento de sus hijos de la Tierra, pero el peso que lleva es cada vez más intolerable, y su carga cada vez más insostenible. Existen Leyes Universales de justicia que el Padre ha dado como garantía del Amor entre sus hijos, entre estos y El. Nosotros decimos con tristeza a los hermanos de aquel planeta que desde hace tiempo estamos ya fuera de todo límite permitido. Que haya una competencia de bondad, de oración y de humildad. Que vuelva la sencillez de otro tiempo, que no es contraria al progreso conseguido, si se vive bien. El vendrá pronto y nosotros estaremos con El. El Reino del Amor volverá a la Tierra y será un gran día para quien lo haya esperado y un dia grande y terrible para sus enemigos, los enemigos del Amor del Señor Dios".

  Se nos dieron dos mensajes, uno de ellos sellado. Mientras se me entregaba el segundo, Rafael me dijo: "Pronto vendrá su Reino a la Tierra, un Reino del Espíritu, que no podrá ser confiado a ningun poder humano. Esto también fue decretado y esta escrito".

  Después se nos anunció que la astronave estaba detenida en el Espacio; pronto entraríamos nuevamente al disco para bajar a un mundo desconocido para nosotros.

 

Capítulo 15.

EN  UN  PLANETA  MARAVILLOSO.

  Entramos en el gran disco. Vinieron con nosotros Rafael, Firkon, Orthon, Kalna, Ilmuth, Zuhl, y otros tres Hermanos, dos hombres y una mujer. Había aire de fiesta: el interior del disco detector era distinto del que ya habíamos conocido. La cabina y los demás espacios internos estaban separados por paredes. En el centro había un gran tubo luminoso, que iba desde el centro del pavimento hasta la cima de la campana. Nos asomamos a una escotilla.

  "¡Dios mio!, exclamó Tina, y retrocedió como para contener la emoción de aquella vista.

  Paolo, fascinado por el espectaculo que aparecía a sus ojos, no se separaba de la escotilla. Estabamos bajando suavemente hacia el suelo de una tierra maravillosa. Una naturaleza verdeante se distribuía por llanuras, montes y colinas. Un gran río en el que había diseminadas numerosas islas, corria con sus aguas azules hacia un gran mar. El cielo era surcado por discos volantes. No vi ciudades, casas o centros habitados. Esto me sorprendió, pero Rafael que había leido en mi pensamiento, me explicó: "En estos mundos fieles a las Leyes Universales se vive inserto en la naturaleza".

  En aquel cielo resplandecía una inmensa luz, procedente de un astro semejante al sol, que se distribuía suavemente, y agradaba a la vista. Noté que era distinta de la también maravillosa que da el sol a la Tierra. Vapores esparcidos formaban vagos encajes en el cielo, y formas encantadoras reflejaban la luz de aquella estrella, creando coloraciones tenues y más fuertes.

  En un momento estuvimos entre la tupida vegetación de una colina. Desde allí nos llegaba el sonido de las olas del mar levemente movido por un vientecillo embriagador. Bajamos hollando una hierba semejante a la nuestra de la Tierra, pero cuya coloración verdosa se difuminaba en tonos variados. También las formas de los árboles y de las hojas eran más graciosas y difuminadas de color por los lados, mientras éste se veía más concentrado en el interior. La frondosa vegetación ofrecía frutos semejantes a los de la Tierra, aunque no del todo iguales: parecían manzanas, piñas o bananas; otros eran rojos y redondos. Todo mostraba una variedad y una armonía difíciles de imaginar.

  Nos vinieron juguetones al encuentro algunos graciosos animales semejantes a los panda, pero ligeramente más grandes que los que viven en la Tierra, y los acariciamos con afecto.

  Entonces, nos encaminamos con los Hermanos hacia un prado en el que se posaban algunos discos detectores mientras otros salían de allí. Lo recorrimos lateralmente, e Ilmuth nos explicó que el lugar era uno de los más importantes puntos de reunión entre Hermanos de muchos mundos. Dimos la vuelta al rededor de un árbol cuyo enorme tronco tenía una circunferencia muy grande y cuyas ramas tenían una extensión de varias decenas de metros; sus hojas eran anchas y muy elaboradas, con un matiz y variedad de tenues colores desde el verde al rojo. Quedé mirándolo encantado, mientras Tina lo tocaba como para saludarlo.

  Mientras tanto, guiados por Rafael, continuábamos caminando con los Hermanos.

  Ahora se hacía la colina más abrupta, y bajo la costa la vegetación era más espesa. Apareció, allá abajo, una construcción semejante a un enorme hongo o a un disco apoyado en el prado. Tuve la impresión de que era una habitación o un templo o un edificio, como podría ser un albergue de la Tierra. Su color era indefinible, iba desde el verde al marrón, del azul al beige. Observé la perfecta sintonía con los colores de la natureleza, del cielo y del terreno que en algunos trechos estaba como recubierto por un musgo de color de la tierra, semejente a una alfombra natural.

  El gran disco parecía hecho del mismo material con el que estaban construidas las astronaves en las que habíamos viajado; pero, a pesar de la fuerte sensación de trasparencia, no se podía ver el interior desde fuera. Entramos por la puerta abierta: ¡el espectáculo que se presentó a nuestros ojos era indescriptible!. El pavimento de la gran sala estaba formado por la hierba del suelo, que a trechos estaba recubierto de aquel musgo que acabo de describir. Algunas alfombras estaban dispuestas aquí y allá, y armonizaban bien con la naturaleza del lugar que estaba respetada cuidadosamente. Había preparados por grupos lugares para sentarse en sillas y butacas, algunas sobre alfombras y otras en el suelo. A un lado de este enorme salón había butacas y divanes, dirigidos hacia el interior de la sala como en un lugar de reunión donde algunos oradores deben de dirigirse a la asamblea. Columnas de distinto tamaño surgían del suelo y se elevaban hasta sobrepasar el techo: en realidad se trataba de los troncos de los árboles, que no habían sido talados. Sus frondas protegían de aquel sol y creaban un juego de luces y sombras gracioso, que daba una sensación de serenidad y reposo dulcísimos. Mientras que desde fuera no se podía ver el interior, a pesar de su trasparencia, desde dentro se podía admirar el exterior de la naturaleza circundante y semejante vista producía un efecto relajante por el filtro de las paredes y del techo. A un lado de la gran sala y al fondo había portezuelas que se abrían y se cerraban silenciosamente sin la ayuda de manillas, para dejar entrar y salir a los Hermanos. Comprendí que había estancias para diversos usos. Los Hermanos podían allí reposar y nutrirse o leer y conversar.

  Salimos de allí, y Rafael nos condujo a un pradillo enteramente rodeado de un riachuelo. Grandes plantas daban sombra y dejaban espacios de luz que procedía del astro que daba vida a aquel mundo. Nos dijeron que asistiríamos a un espectáculo organizado para nosotros por aquellos Hermanos.

  Nos sentamos en la hierba. Mientras tanto, continuaban llegando otras personas, con las que intercambiábamos saludos o noticias. Después hubo silencio. El prado estaba atestado de gente. Al fondo, delante de nosotros, junto al arroyo, se formaron coloraciones y se hizo realidad un gran escenario campestre.

  La luz de aquella energía misteriosa armonizaba muy bien con la luz natural, y era ligeramente mas acentuada.

  Algunos Hermanos entraron en "escena" e iniciaron la representación de un espectáculo que se desarrolló en fases alternando con modalidades que en la Tierra podríamos definir semejantes a comedia, cabaret o espectáculo musical.

  Sobre todo hubo escenas de un gran humorismo. Todos reían, y nosotros también nos contagiamos de la risa al asistir a aquel espectáculo hilarante, con muchos rasgos cómicos desarrolIados con extraordinario arte. Hasta la naturaleza participaba de aquellas escenas aumentando así el sentido del humor. Se producían efectos que no son posibles en la Tierra.

  Luego la escena cambió, y tuvo lugar la representación de una historia apasionada: un hombre y una mujer a la búsqueda, con otros Hermanos del Espacio, de una criatura que, queriendo llegar hasta el Padre Dios, había realizado un vuelo por el Espacio sin que sus posibilidades se lo permitiesen. Su ciencia era muy limitada, pero su corazón sincero y su Amor eran tales como para hacerle posponer toda otra cosa al deseo de llegar a mundos donde fuese posible ver sin velos el Rostro Divino del Creador. Esta historia, que contada así podría parecer banal, fue por al contrario de una realidad y de una eficacia increíbles. Vi a muchos Hermanos conmovidos y a Tina que se secaba las lágrimas. Paolo, a su vez, me dijo que se identificaba mucho con la maravillosa ingenuidad de aquella criatura de Dios.

  Después hubo escenas de bailes y danzas y la ejecución de un espectáculo musical.

  Una misteriosa energía vital producía aquellas escenas con luz, color y perspectiva, que penetraban en quien participaba en ellas.

  Se metía uno tan dentro de aquellos hechos, que parecía ser protagonista más que espectador. Me di cuenta de que era posible producir efectos en la escena. No lograría decir más para hacer comprender la íntima comunión con cuanto se desarrollaba ante nuestros ojos.

  El prado fue escenario de una fiesta bellísima, donde la alegría de cada uno y de todos tuvo ocasión de manifestarse.

  Todos aquellos Hermanos procedentes de tantos mundos eran felices de volver a encontrarse y de volver a intercambiar experiencias y cosas nuevas de sus mundos. No sabría decir cuánto duró todo esto. Aquel sol irradiaba una vitalidad y difundía una luz que harían gozar todos los sentidos.

  Entramos al edificio en forma de disco. Allí dentro se reunió una gran asamblea de Hermanos. Un perfume suave circulaba por el aire, como de flores delicadísimas de los campos en primavera. La maravillosa Señora del Espacio estaba allí frente a todos. Sonreía, y junto a Ella estaba un Señor de una belleza impresionante. Reconocí en El a la figura de luz que me habia visitado una noche, después de haberme sido anunciada por Rafael.

  Como entonces, ahora El vestía de blanco, sus ojos eran azules, tenía cabellos y barba castaños y parecía de unos treinta años de edad. Con ellos había bellas figuras de hombres y mujeres cuyo aspecto embelesaba de dulzura e infundía veneración, suscitando sentimientos de gran amabilidad. Los ojos de todos se dirigieron a la Señora del Espacio y al Señor.

  "Amor a todos los hijos del Padre", dijo este último, “y paz a los hombres de buena voluntad de la Tierra".

  Un largo aplauso suave se levantó de toda la asamblea. Vi a aquellos Hermanos visiblemente conmovidos. El rostro del Hombre era de una belleza y de una majestad indescriptibles. La Señora, a su lado, era su perfecto coronamiento. Su delicadeza y su belleza colmaban aquella vista que satisfacía el corazón y lo hacía redundar en dulzura y en sensaciones maravillosas.

  "Yo soy el buen pastor", dijo El con su voz dulcísima "yo conozco mis ovejas de la Tierra y ellas me conocen, como el Padre me conoce y yo conozco al Padre".

  Todos estaban escuchando atentamente.

  "Por mis ovejas de la Tierra", dijo de nuevo con conmovedor acento amoroso, "he dado mi vida. He recibido de mi Padre el poder de dar la vida y de poderla recobrar. Este es el encargo que he recibido de mi Padre".

  Volvió su divina mirada a la mujer que estaba a su lado. Ella lo miró y toda la asamblea prorrumpió en un largo, suave y conmovido aplauso que parecía no tener fin.

  "Pronto", continuó volviendo su mirada a todos, "podremos decir a los hijos de la Tierra que todas las Escrituras se han cumplido. Pronto yo habré hecho nuevas todas las cosas y habrá, según la promesa, nuevos cielos y nuevas tierras. Esto lo realizaré yo según la voluntad de mi Padre".

  "Vosotros", dijo con voz sonora y dulcísima, "sois mis amigos, mis hermanos. Con vosotros recogeré a mis hijos de todos los tiempos y todo se cuplirá según las Leyes del Amor Universal del Padre. Se llevará a cabo la justicia y todos veran y sabrán la verdad. En respeto a la libertad concedida por el Padre a todos sus hijos, nosotros dimos solamente Amor, buenas acciones y nuestra Palabra, incluso a los que quisieron sofocar la alegría de nuestro corazón, dimos el gozo de la verdad, y nos causaron mucho dolor. Nosotros aceptamos tales sufrimientos, como también los soportamos actualmente con benevolencia, participando del dolor del Padre Dios. Pero sobre todo insistimos en dar la palabra que indicase el camino adecuado y diese, en virtud de ello, conocimiento y Vida Eterna. Muchos hijos del Padre Dios dieron la Palabra a los hombres de la Tierra. Ellos revelaron los pensamientos y el corazón del Creador. Por esto no siempre fueron amados y respetados por los que no amaban la verdad del Padre. Muchos profetas predijeron mi venida. Luego vine al mundo de los hijos de la Tierra y fuí llamado Verbo, o Palabra, por los que eran míos y me habían reconocido. Dije quien era y me dieron muerte. Me mostré con este cuerpo que pasaba a través de las paredes de las casas de los hombres de la Tierra y comía con ellos para ser después elevado por mi voluntad a otra dimensión y estado. Vosotros, hermanos, me precedísteis y me seguísteis; siempre hacéis las mismas cosas que yo hice y queréis las mismas cosas que yo quiero, porque es la voluntad del Padre Celeste que nos une en su Amor Universal. Esta Palabra que muchos dieron a la Tierra y que yo di no ha logrado traer sin embargo a algunos rebeldes a la vía del Amor y de la Verdad Universal. Nosotros tenemos paciencia y la tendremos siempre, porque paciente es el Padre Celeste. Pero el dolor que El ha revelado y el dolor de muchos hermanos que sufren injustamente y han sufrido en todas las épocas terrestres, ha elevado la oración de los mártires que escuchó el Hermano Juan y escribió en el Apocalipsis. Por esto el Padre me ha pedido que haga nuevas todas las cosas en la Tierra y que ponga a mis enemigos por escabel de sus pies, a los enemigos de la felicidad de los hermanos, del Amor Universal. Está decretado que pronto se restituya la paz al planeta Tierra y a sus hijos que sufren hambre y sed y que quieren Amor y Justicia. Por esto el Padre, Yo, mi Madre y todos los Hijos de la Fraternidad Universal pronto ayudaremos al retorno de la Tierra a la comunión de Amor y de Paz que nos liga a todos con el Padre Dios. Los rebeldes que sembraron lutos y ruinas en la Tierra serán objeto de las atenciones del Padre en otra sede y en otro tiempo. La Tierra será nuevamente Jardín del Edén. En las astronaves habrá fiesta y gran alegría, cuando confiemos al Padre, a su infinito Amor y a su misericordia y justicia, a sus divinas manos propensas al perdón y lentas en la ira, a los rebeldes, a los hermanos que no quisieron aprender la lección milenaria del mal y prefirieron quedar sordos a la palabra de Amor y de Verdad que se les ha dado y sellado con la sangre de los mártires.

  Un sentido aplauso se leventó antes de que el Hombre hubiese acabado de decir estas últimas palabras.

  "Pronto", dijo, "vendré a los hermanos de la Tierra, vendremos a aquellos cielos a derrotar muerte y odio, y entonces refulgirá la grandeza de los humildes y de los sencillos. El servicio en el Amor y en el conocimiento sustituirá a todo concepto de poder. Será el fin de la bestia que quiso colocarse en lugar de Dios. El hombre es dado en el número seis, mientras Dios fue dado en el número tres. 666 es tres veces seis, es decir, el hombre que quiso ponerse en lugar de Dios. Este es el número de la bestia que perecerá y con ella el falso profeta que dio su palabra no verdadera que no era la nuestra, no era la mia, no la vuestra, no la del único y verdadero Padre Universal. Cuando todo se cumpla, vosotros, los Querubines de las Escrituras, pondréis fin a vuestra vigilancia y dejaréis que todos mis hijos de la Tierra puedan surcar los espacios infinitos creados por el Amor del Padre. Yo soy testigo del Amor Laborioso de este Padre. Ninguno conoce al Padre como yo y mas que yo.  Sus hijos tuvieron de El el Derecho de recorrer los infinitos espacios, de habitar sus infinitos mundos creados, de recoger los infinitos frutos de su Amor, pero no de traicionar a su infinito Amor, de traicionarse a sí mismos, la propia Vida y la de los Hermanos.

  "Nosotros enviamos a Noé, a Moisés, a Elías, a Enoch y a muchos otros. El Hermano Elías, gran hijo del Padre, gritó: "Me consumo de celo por el Señor Dios de los Ejércitos". y como él, todos los demás que enviamos adoraron a Aquel que en la Tierra ordenó sus Ejércitos Celestes. Trajimos en nuestras astronaves a Elías y a muchos otros que conocieron la primera resurrección de la carne de la que os hablaron todos los profetas y Juan en el Apocalipsis a propósito del Reino de los Mil Años. Siempre acompañamos a los hombres de la Tierra, como hizo también Rafael con el joven Tobías. Nunca les dejamos solos. Nuestra palabra fue salvación y verdadero conocimiento para todos los que quisieron acogerla como luz de la verdad. Mostramos a los profetas el tiempo del fin, de la victoria final del Dios de los Ejércitos sobre una loca rebelión de muchos de sus hijos. A Ezequiel se mostraron cosas que están sucediendo en la Tierra y sucederán dentro de poco. No está escrito que Dios creó las tinieblas, sino que El creó la luz y la separó de las tinieblas. Porque éstas se habían creado por quien había tenido poder para hacerlo. Todo lo que hizo el Padre era bueno, como se afirma repetidamente en la Escritura que narra la creación. Después del Exodo que habrá en la Tierra y que no tendrá precedentes en la historia el mundo y de las iglesias, toda Ley Humana cederá el lugar a la Divina y Universal del Padre Celeste. Los hijos del Amor Universal no serán ya inducidos a prostituirse a sí mismos; todo sepulcro blanqueado mostrará su interior. La historia del mal llegará a su fin, y se develará todo engaño del príncipe de las tinieblas. Pronto la Meretriz verá los siete truenos que fueron sellados. Preparaos, vosotros que sufrís hambre y sed a causa de la justicia: el Reino de los Cielos está cerca y todos lo verán. Ni un anhelo de vuestro corazón se perderá".

  Todos se levantaron, y los presentes se reunieron en una única voz:

 

"Padre Nuestro que estás en los cielos,

Santificado sea tu Nombre,

venga a nosotros tu Reino,

hagase tu Voluntad,

así en la Tierra como en el Cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día,

perdona nuestras deudas,

como nosotros las perdonamos a nuestros deudores,

y no nos dejes caer en tentación,

mas libranos del mal. Asi sea "

 

  El cuerpo del Señor y de la Señora se iluminaron, resplandeciendo con una gran luz. El con una luz dorada y Ella con una luz blanquísima, que invadía todo el ambiente. Primeramente prevaleció la luz blanquísima del cuerpo de la Virgen, como si un sol sin igual irradiase en aquel templo: invadió cada ángulo y produjo una realidad maravillosa que penetraba todo y a todos. Me di cuenta, de que mi cuerpo y el de todos los Hermanos se convertia gradualmente en aquella misma luz. Comenzaba a vivir y a sentir en mí toda la realidad interior de cada uno, y participaba de la de la Mujer como sucedía a todos.

  Todo pensamiento, todo sentimiento, toda emoción y todo conocimiento posible eran como una grandiosa y dulcísima sinfonia, una armonia de las mentes y de los corazones. Todos éramos Uno: el éxtasis que producía la Mujer del Espacio y Su luz unificaba y reavivaba a todo y a todos.

  Percibía mundos y Hermanos de otros mundos que no estaban allí. Sentía un Amor arrollador y un anhelo apasionado que llevaba a todas mis facultades hacia el Padre. Una lluvia de luz inundó de lo alto toda realidad dando una profunda sensación de pureza y liberación.

  Entonces, comenzó a resplendecer el cuerpo del Señor: era más luciente que un sol y su luz dorada y suavísima penetreba por todas partes y producía arrobamiento y plenitud interior. Percibí en aquel espacio de luces en fusión Universos enteros. Sentía que el hombre, en su espíritu, no tiene límites y me sentí como arrastrado dulcemente en extasiantes profundidades.

  Cuando todo llegó al colmo y me sentía en el Amor de todos los Hermanos, en el purísimo y suave de la Mujer, en el Amor ardiente y Divino del hombre, ardió un Fuego sutilísimo y penetró toda esencia vital. Fue como ser transportados de abismo en abismo, de mundo en mundo, de cielo en cielo, de éxtasis en éxtasis. En aquel Fuego todo era evidente, todo conocimiento claro. Volví a oir las palabras que se nos habían dado y me dí cuenta de que todas las expresaba aquel Fuego. Vi venir de lo alto un Rostro Divino de una belleza Inconcebible, que descendió a poseer cada fibra de nuestro ser y de todos los Hermanos, de la Virgen y del Señor. Un segundo Rostro Divino vino de las profundidades y emergió en toda realidad vital.

  Vino finalmente un tercero, que parecía proceder de toda parte y de todo punto: envolvió e incendió todo con un anhelo de Paz y de Amor que produjo una única voluntad de perderse en la divinidad.

  Después acabó todo, y por un momento, después de tales cosas, el lugar pareció extinguido, hasta que las facultades recobraron su condición ordinaria según la realidad vital posible bajo aquel sol en aquella naturaleza.

  Volvimos al disco. La despedida había sido una gran fiesta y una incondicionada demostración de Amor y Fraternidad por parte de los Hermanos. Subieron a bordo Rafael, Orthon, Firkon, Kalna, Ilmuth y Zuhl, que pilotaba. El disco vibró apenas, y volvimos a elevarnos en aquel gran cielo de Luz hacia la astronave madre suspendida en el espacio. Se iniciaba el viaje de retorno a la Tierra.

 

 

 

 

Capítulo 16.

EL  ULTIMO  ENCUENTRO.

  Al empezar Septiembre de 1980 fuimos llamados al último encuentro.

  Nos trasladamos hacia el interior de la tierra genovesa.

  Llegados al lugar vimos el disco que parecía un milagro en aquel día gris. Tres figuras humanas se acercaron hacia nosotros, que esperábamos en pie en la hierba del prado. Mi corazón estaba alborotado y se consumía pensando que no los volveríamos a ver más tan cerca.

  La vista de la Virgen, de aquella Criatura Divina que tenía tanto Amor como para venir a visitar a los hombres de la Tierra tan humildemente, y su belleza sobrenatural me conmovieron hasta el punto de que a duras penas pude contener las lágrimas. Mis hermanos estaban visiblemente conmovidos y tenían los ojos puestos en los tres visitantes. No era como cuando nos encontrábamos en el mundo visitado por nosotros. Sin embargo, la Virgen estaba ante nosotros como entonces y el corazón nos ardía con un Amor extasiante y purísimo.

  La Virgen sonrió y dirigió su dulcísima mirada hacia nosotros. "Bueno", dijo, "todo está cumplido; estáis preparados para vuestra misión, para dar testimonio de cuanto habéis visto y oido. El Espiritu de Dios os ayudará".

  Me sentí tan pequeño e imperfecto frente a aquella dulce Criatura, que no me atrevía a hablar. Ella esperó y sonrió otra vez y asi vencí cualquier titubeo.

 “¿Qué tendremos que hacer?", pregunté. “¿Y cómo vamos a hacerlo?”.

  Quedó recogida con su expresión más suave como para darnos tiempo a prestar la mayor atención y luego dijo: "No importa hacer programas humanos. El Espiritu os conducirá y os enseñará qué hacer y qué decir. Ahora sabéis. ¿No habéis visto con qué sencillez os hemos llevado a semejante experiencia?. Pues bien, éstá es la mayor lección del cielo para vosotros, hijos: la sencillez, que es humildad".

  Repitió como en una melodiosa insistencia: "Sencillez, sencillez, sencillez y humildad".

  Una paz profunda recorrió mi ser y procuré disipar cualquier pregunta sobre el porvenir de la misión que se nos había confiado y que se debía llevar a cabo ahora. La Virgen dijo otras cosas: Rafael y Firkon seguían atentamente sus palabras y de vez en cuando sonreían.

  "Ya otras veces se nos ha hablado del libro que tendrá que publicarse", pregunté, “¿Qué debemos hacer?”.

  "¿Qué importa ahora el libro? ", respondió Ella dulcísima. "El editor vendrá y el Espíritu lo guiará también a él, que lo publicará según la voluntad del cielo. Sed sencillos, para que Dios pueda siempre guiar vuestros pasos".

  Era cerca de mediodía. Las nubes que cubrían el cielo se abrieron, y el sol asomó deslumbrador entre las densas nubes y vapores. La Virgen apareció investida de aquella luz dorada. Su belleza era maravillosa y abrasaba el corazón. Instintivamente nos arrodillamos. Firkon, rezando, dijo: "El Angel del Señor llevó el anuncio a la Virgen María".

  "Y Ella concibió por obra del Espíritu Santo", resonó la voz de Rafael.

  Estábamos todos de rodillas, hermanos de la Tierra y Hermanos del Espacio, en torno a la Virgen que estaba de pie y había unido las manos aIzando sus ojos Iuminosos al cielo. Su vestido parecía de seda azulina purísima y no mostraba costuras.

  En el lado un cinturón de tela blanca le sujetaba la cintura. El vestido tenia mangas anchas recogidas en los puños. Los cabellos, entre rubios y castaños, le caían por los hombros y a lo largo de la espalda.

  Rafael vestía una túnica color oro que a veces parecia asumir tonalidades entre el amarillo oscuro y el marrón. Firkon vestía un “chandal” amplio color caqui. Ambos calzaban sandalias de color parecido al cobre, mientras que la Virgen tenía los pies desnudos.

  Rafael empezó a recitar el Ave María. Lo seguimos todos juntos en la oración, y el corazón se llenó de una dulzura indecible. Hubiera querido permanecer así, frente a aquella Criatura sublime, sin tener que volver a levantarme ya, tanta era la alegría que tenía en el corazón y la sensación de que con Ella podríamos volver al Espacio. Pero Ella nos invitó, con una leve señal de las manos, a levantarnos.

  “Seréis poco comprendido por los hombres”, dijo, “pero los que quieran comprender, os escucharán. Muchos que creen en Dios os acusarán de profanación, porque habéis osado presentar realidades celestes y criaturas sobrenaturales en forma cósmica. Les preguntaréis por qué Dios mismo quiso bajar al Cosmos y asumir sobre la Tierra figura humana. No temáis: el Espíritu os guiará y os dará ayuda, que se dará también a quien se ponga al servicio de Jesús y de su causa que es la de vuestra salvación”.

  La Virgen nos dijo aún muchas cosas referentes al tiempo futuro, a la misión que se nos había confiado, y nos hizo tomar conciencia de algunos problemas que tendríamos que afrontar a lo largo del camino de nuestro testimonio.

  "No tenéis nada que temer", dijo. "Daréis vuestro testimonio. Sed humildes y servid a vuestros hermanos, igual que Dios nos sirve a nosotros y nosotros os servimos a vosotros. Yo estaré siempre cerca de vosotros y os ayudaré como una Madre”.

  Nos dijo otras cosas y nos hizo otras recomendaciones con la dulzura y el cuidado de una Madre y de una Hermana, con sabiduría y prudencia. Luego nos bendijo imponiéndonos las manos, nos sonrió y, mientras estábamos todavía de rodillas en la hierba, se alejó con Rafael y Firkon.

  El disco voló como un rayo. Sentíamos en el corazón una gran paz y hubiera llorado, porque sabía que éste había sido nuestro último encuentro.

 

Capítulo 17.

UN  DON  DE  SALVACIÓN.

  No fue fácil, para nosotros, volvernos a adaptar a la vida terrestre sin más encuentros con los Hermanos. Pero no habíamos perdido el "contacto cósmico", y esto nos permitió en un primer momento elevar al cielo nuestros lamentos. Se nos había subrayado que tendríamos que dar nuestro testimonio entre los hermanos de la Tierra sin pretender ulteriores encuentros o hechos extraordinarios.

  Recordaba muchas cosas que se nos habian dicho. Ahora comprendía por qué se nos había repetido: "Habréis de tener mucha fe". En realidad, tenía la impresión de haber vivido mucho tiempo inmerso en la luz y ahora me sentía abandonado en la oscuridad más tenebrosa. Comenzaba a comprender qué significa realmente en este mundo tener fe para poder caminar hacia la luz. El sufrimiento de aquellos días fue grande.

  Me volvieron a la memoria algunas de sus frases como: "Sabréis, pero seréis como todos los demás", o "cualquiera que en la Tierra tuviese una experiencia como la vuestra y tuviese que volver a vivir normalmente sin nuestra ayuda, enloquecería. Pero vosotros, no temáis, no enloqueceréis. Ninguno de vosotros enloquecerá" y eso me daba un gran consuelo y fuerza interior que suavizaba notablemente mis sufrimientos.

  También Tina y Paolo estaban superando la misma prueba. A veces hablábamos mucho tiempo, y Tina se deshacía en lágrimas y parecía sin consuelo. Comencé a revelar a alguna persona amiga algo de las experiencias de las que había sido protagonista con los otros. La confidencia corrió y en la ciudad se empezó a hablar de ello. No faltaron las primeras desconfianzas y los primeros sufrimientos que vinieron a añadirse a los interiores.

  A Tina se le dijo que se mantuviese apartada por un periodo de tiempo.

  Acompañado por Paolo, comencé a hablar a los primeros grupos de personas que querían ser puestas al corriente de las cosas sucedidas. Paolo se sentía fuerte y seguro. Por el contrario, en mí había surgido un cierto retraimiento, debido sobre todo a mi natural timidez. Entraba a las reuniones que se celebraban en distintos lugares de Génova empujado por la fuerza de Paolo. Después, cuando tenía que empezar a hablar, algo penetraba en mi ánimo, me sentía en paz, y un gran Amor hacía fluir de mi ánimo las palabras adecuadas. Después volvía a entrar en mi estado anterior, por el que hubiera querido casi ocultarme. Cuando la gente me formulaba las preguntas más variadas, recordaba cuantas les habíamos fomulado a los Hermanos venidos del Espacio. Cuántas veces había preguntado a aquel Ser angélico que nunca quiso revelarnos su vedadero nombre, Firkon, el por qué de tanta paciencia con nosotros, de todo aquel Amor increíble. Y la respuesta había sido siempre: "Dios nos ama y nosotros os amamos". Así nos sentíamos ahora impulsados a transmitir este Amor a los hermanos de la Tierra.

  En los seis meses de encuentro con los Hermanos, me había hablado con frecuencia la voz del Señor. Me invitaba a recogerme en silencio en mi casa. “Abre la Biblia", decía, “y lee. Yo te diré”.

  Así hacía, y mientras leía las palabras de la Escritura, El me hablaba explicándome muchas cosas. Su voz era dulce y profunda, y me extasiaba durante todo el tiempo. Me abstraía en la belleza del relato bíblico y quedaba admirado de las cosas actuales relacionadas con aquellas palabras antiguas.

  Con frecuencia Lo veía en la vibración de luz coloreada en la que me había visitado una noche. A veces Lo sentía llegar por detrás de mi, y de repente una gran dulzura y una sensación de paz profunda me invadían, y la alegría corría por mi ser.

  Un día, mientras meditaba en las palabras que los Hermanos nos habían dirigido poco antes, había abierto la Biblia al azar. El Señor se acercó a mí de repente y oí su voz: "He morado demasiado con quien detesta la paz. Estoy por la paz, pero cuando hablo de ella, ellos quieren la guerra." Eran las palabras del Salmo 120, titulado "Los enemigos de la paz".

  Quedé turbado y pregunté de qué guerra hablaba. El respondió:

  "Las verdaderas realidades son las del Espíritu, no las de la materia. Cuando yo os hablo, ante todo os digo siempre lo que concierne al Espíritu. Pero otras veces te he explicado que la materia está ligada estrechamente a la suerte del espíritu". Siguió un silencio profundo en que se hizo más clara la presencia del Señor, que ahora estaba a mi lado derecho. Con un tono grave que me pareció triste, dijo El:

  "Una gran guerra, sin precedentes sobre el planeta, será solamente una pálida imagen del estrago que el enemigo hará espiritualmente con todos los hijos del Padre. El enemigo hará caer, como está escrito en el Apocalipsis de Juan, hasta las estrellas del cielo. Pero no todas. Y el Padre responderá con un Amor y con un don de Salvación sin precedentes por la Tierra".

  Recordé lo que la Virgen nos había anunciado en el encuentro de la gran llanura. Comprendí que se refería al Tercer Secreto de Fátima y a los hechos que preceden al Reino de los Mil Años profetizado por Juan en el Apocalipsis. Otra vez se hizo el silencio. Veía su rostro circundado de luz. Sentía que iba a decir algo todavía y temblaba esperando. Aquel anuncio era de una gravedad única y excepcional para los hombres de la Tierra; pero lo advertía como un grandioso signo de misericordia y salvación. Continuó diciendo: "Leed los mensajes de mi Madre: Fátima, La Salette y otros. Ella ha venido a vosotros para poner en la Tierra una semilla importantísima de Amor y Salvación. Pero del mismo modo para hacer una grave advertencia a los que quieren el triunfo del mal para sí mismos y para los hermanos. “Estos sustentadores del mal”, concluyó, "no tendrán excusa de ninguna clase. Ha habido manifestaciones tales como para alcanzar también a los ciegos y a los sordos".

  Ahora el Señor no estaba ya presente junto a mí en aquella forma. El corazón me ardía con un Amor indecible, si bien sus últimas palabras produjeron en mí una sensación de tristeza.

  Hubiera querido salir de allí, de aquella habitación, para decir a cada uno, a cada hermano que encontrara por la calle, que era preciso hacer algo.

  Recordé también las palabras de Jesús: que ninguno es más que el Maestro. Anoté en mi cuaderno las palabras oídas, como siempre hacía, y me dije que daría con todo el corazón mi humilde contribución a la causa de la salvación de este mundo, confiada a todos los hombres de buena voluntad.

 

 

 

 

 

 

Los reploides

Escrito por imagenes 06-05-2009 en General. Comentarios (0)

Los reploides

 

Nadie sabía exactamente durante cuánto tiempo había estado ocurriendo.  No mucho.  Dos días, dos semanas; no podía haber sido mucho más que eso, razonaba Cheyney.  No es que importara, claro, pero permitió que la gente viera un poco más del espectáculo disfrutando de la emoción añadida de saber que el espectáculo era real.  Cuando los Estados Unidos y el mundo entero se enteraron de la existencia de los reploides lo hicieron de una forma bastante espectacular.  Quizá fuese mejor así.  En estos tiempos si algo no resulta espectacular puede seguir y seguir eternamente sin que nadie se entere.  Ni se cree en ello ni se deja de creer.  Es, sencillamente, otra parte de ese extraño mantra cuasi divino que forma el cada vez más rápido flujo de acontecimientos y experiencia de este siglo que se va aproximando a su fin.  Cada vez es más difícil atraer la atención de la gente.  Necesitas ametralladoras en un aeropuerto atestado o una granada arrojada por el pasillo de un autobús cargado de monjas detenido en un bloqueo de carretera de algún país centroamericano donde hay demasiada vegetación y demasiadas armas.  Los reploides pasaron a ser noticia nacional -e internacional- la mañana del 30 de noviembre de 1989, después de lo que ocurrió durante los dos primeros y caóticos minutos del Show de la noche que iba a ser grabado en Burbank, California, la noche anterior.

 

 

El encargado del estudio no apartaba los ojos de la segundero roja que iba subiendo hacia las doce.  El público que llenaba el estudio observaba el reloj con tanta concentración como e 1 encargado.  Cuando la manecilla roja del segundero alcanzara el doce serían las cinco y habría llegado el momento de empezar a grabar la enésima edición del Show de la noche.

La manecilla del segundero dejó atrás el número ocho y el público se removió y empezó a murmurar sintiendo su propia variedad especial del pánico al escenario.  Después de todo, ellos representaban a la nación americana, ¿no? ¡Sí!

-Un poco de silencio, por favor -dijo con amabilidad el encargado del estudio, y el público se calló como un niño obediente.

El batería de Doc Severinsen ejecutó un veloz redoble en su tambor y se quedó quieto sosteniendo despreocupadamente los palillos entre los pulgares y los índices, observando al encargado y no al reloj, tal y como siempre hacía toda la gente del espectáculo.  Para el equipo técnico y los que iban a actuar en el programa el encargado era el reloj.  Cuando el segundero dejó atrás el número diez el encargado empezó su cuenta atrás en voz alta. «Cuatro», dijo, y luego alzó tres dedos, dos dedos, un dedo... y acabó apretando el puño del que sobresalía un dedo que apuntaba dramáticamente al público.  Un letrero de APLAUSOS se encendió pero el público del estudio ya estaba condicionado para aplaudir; el letrero podría haber estado escrito en sánscrito y ellos habrían aplaudido igual.

Todo empezó tal y como se suponía que debía empezar, en el segundo preciso.  Aquello no tenía nada de sorprendente: si el equipo técnico del Show de la noche trabajara en el departamento de policía de Los Ángeles ya podrían haberse jubilado con pensión completa y todos los honores.  El grupo de Doc Severinsen, una de las mejores bandas de todo el mundo del espectáculo, empezó a interpretar el familiar tema del programa Ta-da-da-Da-da..., y la potente voz de Ed McMahon hizo vibrar la atmósfera del estudio con su entusiasmo de siempre.

-¡Desde Los Ángeles, capital mundial de la diversión y el entretenimiento, el Show de la noche, en vivo con Johnny Carson! ¡Esta noche Johnny Carson tiene como invitada a la actriz Cybill Shepherd, de Luz de luna! -Aplausos emocionados del público-. ¡El mago Doug Henning! -Aplausos todavía más potentes-. ¡Pee Wee Herman! -Una nueva oleada de aplausos, esta vez acompañados por los gritos de alegría lanzados por la claque de Pee Wee-. ¡Desde Alemania, los Schnauzers Voladores, los únicos acróbatas caninos del mundo! -Aplausos más fuertes mezclados con risas-. ¡Y, naturalmente, no hay que olvidar a Doc Severinsen, el único director de orquesta volador del mundo, y su banda canina!

Los miembros del grupo que no tocaban instrumentos de viento ladraron obedientemente.  El público rió más fuerte y aplaudió con más entusiasmo.

En la sala de control del Estudio C nadie se reía.

Un hombre vestido con una chillona chaqueta deportiva y un rizado mechón de cabello negro sobre la frente estaba de pie en la parte de atrás, chasqueando distraídamente los dedos mientras contemplaba a Ed, pero eso era todo.

El director hizo por enésima vez la señal de que la Cámara Número Dos tomara un plano medio de Ed, y éste apareció en los monitores de EN PANTALLA.  Tuvo el tiempo justo de oír como alguien murmuraba «¿Dónde diablos está?» antes de que la ampulosa voz de Ed anunciara, también por enésima vez:

-¡Y ahora aquí eeeeeees-tá Johnny!  Aplausos enloquecidos del público.

-Cámara Tres -ordenó secamente el director del programa.

-Pero es que...

-¡Cámara Tres, maldita sea!

La Cámara Tres mandó su imagen al monitor de EN PANTALLA, mostrando la pesadilla particular de cada director de televisión, un decorado espantosamente vacío... y un instante después alguien, un desconocido, entró con paso confiado en ese espacio vacío como si tuviera todo el derecho del mundo a estar allí, llenándolo con una indiscutible presencia, encanto y autoridad.  Pero, fuera quien fuese, estaba claro que no era Johnny Carson.* Y tampoco era ninguno de los otros rostros familiares a los que el público de la televisión y el estudio se habían acostumbrado durante las ausencias de Johnny.  Este hombre era más alto que Johnny y en vez de la familiar cabellera plateada tenía un exuberante casquete de rizos negros que casi parecían dignos del dios Pan.  El cabello del desconocido era tan negro que en algunas zonas daba la impresión de brillar con unos reflejos azules, como el cabello de Supermán en las historietas.  La chaqueta deportiva que llevaba no era lo bastante chillona para encuadrarle en la categoría del vendedor de coches pueblerino que habla con acento nasal, pero Carson no la habría tocado ni con un palo de cinco metros.

El público siguió aplaudiendo pero el tono de los aplausos no tardó en volverse algo vacilante y éstos pronto empezaron a disminuir de potencia.

-¿Qué coño está pasando? -preguntó alguien en la sala de control.

El director se limitó a seguir con los ojos clavados en el escenario, fascinado.

En vez del familiar balanceo del palo de golf invisible, puntuado por un redoble de tambor y los entusiásticos gritos de aprobación lanzados por el público del estudio, aquel desconocido de oscuros cabellos, anchos hombros y chaqueta chillona empezó a mover las manos arriba y abajo, con los ojos yendo rítmicamente desde sus palmas hasta un punto situado justo encima de su cabeza: estaba imitando a un malabarista que tiene suspendido en el aire un montón de objetos frágiles y lo hacía con la despreocupada gracia de quien lleva mucho tiempo en el espectáculo. La única pista de que los objetos eran huevos o algo parecido y que si caían al suelo se romperían estaba en su rostro, y era tan sutil como una sombra.  De hecho, era algo muy parecido a la forma en que los ojos de Johnny seguían la bola invisible que se alejaba hacia el hoyo igualmente invisible, dándose cuenta de que el golpe había sido bueno..., a menos, naturalmente, que decidiera optar por otro número, cosa que podía hacer y hacía de vez en cuando sin que el esfuerzo le produjese ni el más leve jadeo.

El desconocido se tomó su tiempo para dejar caer el último huevo, o lo que fuese, y sus ojos lo siguieron hasta el suelo con una exagerada expresión de abatimiento y horror.  Después se quedó quieto durante un instante, como paralizado.  Luego miró hacia la Cámara Tres Izquierda..., hacia Doc y el grupo, en otras palabras.

Tras haber visto la cinta varias veces Dave Cheyney llegó a lo que le parecía una conclusión irrefutable, aunque muchos de sus colegas -su compañero incluido- no compartían tal conclusión.

-Estaba esperando una respuesta del grupo -dijo Cheyney-.  Fijaos, se le nota en la cara.  Es algo tan viejo como el vodevil.

-Yo creía que el vodevil era eso donde una chica con traje de heroína se quitaba la ropa mientras el tipo que se pinchaba heroína tocaba la trompeta --comentó Pete Jacoby, su compañero.

Cheyney movió la mano en un gesto de impaciencia.

-Bueno, pues entonces piensa en la señora que solía tocar el piano acompañando a las películas mudas. O el tipo que hacía arpegios al órgano en los seriales de la radio.

Jacoby le miró con los ojos muy abiertos.

-Papi, ¿cuando tú eras niño ya tenían todas esas cosas? -le preguntó con voz aflautada.

-¿Quieres tomarte esto en serio por una vez? -le preguntó Cheyney-.  Lo digo porque creo que estamos enfrentándonos a algo muy serio.

-No, es algo muy sencillo.  Se trata de un chalado, y nada más.

-No -dijo Cheyney y volvió a accionar el botón de rebobinado del videocassette con una mano mientras encendía un nuevo cigarrillo con la otra-.  Lo que tenemos es un tipo con mucha experiencia en el mundo del espectáculo más cabreado que una mona porque el tipo del tambor se ha olvidado de lo que debía hacer. -Hizo una pausa, puso cara pensativa y añadió-: ¡Cristo, Johnny lo hace continuamente...! Y si el tipo que se supone ha de responderle se olvidara de hacerlo creo que pondría la misma cara.

 

 

A esas alturas ya no importaba.  El desconocido que no era Johnny Carson había tenido el tiempo suficiente para recuperarse, mirar al perplejo Ed McMahon y decir:

-Esta noche debe de haber luna llena, Ed... ¿Crees que...? -Y en ese momento los guardias de seguridad de la NBC irrumpieron en el estudio y cayeron sobre él-. ¡Eh! ¿Quién coño creen que son...?

Pero ya estaban sacándole del estudio.

En la sala de control del Estudio C reinaba el silencio más absoluto. Los monitores del público recogían el mismo silencio.  La Cámara Cuatro enfocaba al público y mostraba ciento cincuenta rostros asombrados y silenciosos. La Cámara Dos, la que se usaba para los planos medios de Ed McMahon, mostraba a un hombre tan patidifuso que su expresión casi resultaba cómica.

El director sacó un paquete de Winston del bolsillo de su pecho, cogió un cigarrillo, se lo puso en la boca, se lo sacó, le dio la vuelta dejando el filtro al aire y le atizó un feroz mordisco que partió el cigarrillo en dos mitades. Arrojó la mitad con el filtro en una dirección y escupió la mitad que no tenía filtro en otra dirección distinta.

-Id a la biblioteca y coged un programa de Rickles -dijo-. Nada de Joan Rivers. Y si veo a Totie Fields alguien acabará despedido.

Después se alejó con la cabeza gacha. Cuando salía de la sala de control le dio tal empujón a una silla que ésta chocó contra la pared, rebotó y estuvo a punto de fracturarle el cráneo a un novato recién salido de la universidad del sur de California que estaba muy pálido: la silla acabó volcándose y cayendo al suelo.

-No te preocupes -tranquilizó uno de los ayudantes de producción al novato en voz baja-. Es su forma de cometer un seppuku honroso, nada más.

 

 

El hombre que no era Johnny Carson fue llevado a la comisaría de Burbank y se pasó el trayecto gritando que hablaría, no con su abogado, sino con su equipo de abogados. En Burbank, como en Beverly Hills y Hollywood Heights, la comisaría tiene un departamento conocido sencillamente como «funciones especiales de seguridad».  Eso puede cubrir muchos aspectos del a veces un tanto enloquecido mundo de quienes hacen cumplir la ley en Ciudad Oropel. A los policías no les gusta y no sienten un gran respeto hacia él..., pero soportan su presencia.  No cagas donde comes.  Regla Número Uno.

«Funciones especiales de seguridad» puede ser el sitio al que es enviada una estrella de cine que esnifa coca y cuya última película alcanzó una recaudación bruta de setenta millones de dólares; también es el sitio donde se aparca a la maltrecha esposa de un productor de cine extremadamente poderoso y fue el sitio donde llevaron al hombre de los rizos oscuros.

El hombre que apareció en el escenario del Estudio C la tarde del 29 de noviembre ocupando el lugar de Johnny Carson se identificó a sí mismo como Ed Paladin. Pronunció el nombre con la expresión de quien espera ver como todos los que lo oyen caen de rodillas y algunos o algunas hasta le hacen una reverencia. Su permiso de conducir del Estado de California, su tarjeta de la Cruz Azul-Escudo Azul y sus tarjetas de la Amex y el Diner's Club también le identificaban como Edward Paladin.

El trayecto iniciado en el Estudio C terminó, al menos temporalmente, en la zona de «seguridad especial» de la comisaría de Burbank. Las paredes estaban recubiertas con paneles de un plástico muy duro que casi parecía caoba y la habitación contaba con un diván y unas sillas de bastante buen gusto. Sobre el cristal de la mesita de café había una cigarrera llena de Dunhills y el muestrario de revistas incluía Fortune, Variety, Vogue, Billboard y GQ.  La alfombra del suelo no era tan espesa como para que se te hundieran los tobillos en ella pero lo parecía, y sobre la gran pantalla del televisor había una guía de la televisión por cable.  Había un bar (que ahora estaba cerrado) y un precioso cuadro estilo neoJackson Pollock colgado en una de las paredes. Pero las paredes tenían un aislamiento especial de corcho y el espejo situado encima del bar era un poco demasiado grande y un poquito demasiado brillante: evidentemente, estaba hecho de un cristal especial que permitía observar sin ser visto.

El hombre que se llamaba a sí mismo Ed Paladin metió las manos en los bolsillos de esa chaqueta deportiva suya un poco demasiado chillona, miró a su alrededor con cara de disgusto y dijo:

-Un cuarto de interrogatorios sigue siendo un cuarto de interrogatorios se le llame como se le llame.

El detective de primera Richard Cheyney le observó tranquilamente en silencio durante unos instantes. Cuando habló usó el tono de voz suave y cortés que le había ganado un sobrenombre aplicado mitad en broma y mitad en serio, «El detective de las estrellas».  Hablaba así en parte porque sentía un auténtico aprecio y respeto hacia las gentes del espectáculo y, en parte, porque no le inspiraban ni la más mínima confianza.  La mitad de las veces mentían sin ni tan siquiera saberlo.

-Señor Paladin, por favor, ¿podría decirnos cómo llegó al escenario del Show de la noche y dónde está Johnny Carson?

-¿Quién es Johnny Carson?

Pete Jacoby -Cheyney solía pensar que cuando llegara a mayor quería ser Henny Youngman- le lanzó una rápida y seca mirada tan conseguida y eficaz como la famosa cara de palo de Jack Benny.  Después se volvió hacia Jacoby y dijo:

-Johnny Carson es el tipo que hacía de Mr. Ed. Ya sabe, el caballo parlante... Verá, lo que intento explicarle es que mucha gente conoce a Mr. Ed, el famoso caballo parlante, pero una cantidad de personas realmente tremenda no sabe que fue a Ginebra para que le hiciesen una operación de cambio de especie y cuando volvió era...

Cheyney solía permitir que Jacoby hiciera sus numeritos (realmente, no había otra palabra con que definirlos, y Cheyney recordaba una ocasión en la que Jacoby consiguió que un hombre acusado de haber golpeado a su esposa y su bebé hasta matarlos acabara riéndose con tal entusiasmo que cuando firmó la confesión que permitiría encerrar a ese bastardo en la cárcel durante todo el resto de su vida el tipo estaba llorando, y no de remordimiento), pero esta noche no pensaba permitirlo. No necesitaba ver la llama que ardía bajo su trasero; podía sentirla, y la llama iba aumentando de potencia. Pete podía ser un poco lento a la hora de entender las cosas y quizá ésa fuera la razón por la que necesitaría dos o tres años más para llegar a detective de primera.... si es que alguna vez lo conseguía.

Unos diez años antes ocurrió algo realmente terrible en un pueblecito perdido llamado Chowchilla. Dos personas (al menos caminaban sobre dos piernas, si podías creer a los noticiarios) secuestraron un autobús lleno de niños, los enterraron vivos y pidieron una enorme suma de dinero. De lo contrario, dijeron, los críos se quedarían donde estaban y se dedicarían a intercambiarse cromos de béisbol hasta que se les acabara el aire. Aquella historia tuvo un final feliz pero podía haber sido una pesadilla. Y bien sabía Dios que Johnny Carson no era un autobús cargado de niños, pero el caso poseía ese mismo atractivo enloquecido: se trataba de un acontecimiento raro que tanto el Los Angeles Times-Mirror como el National Enquirer harían figurar en sus primeras planas.  Lo que Pete no comprendía era que les había ocurrido algo extremadamente raro: vivían en el mundo del trabajo policial cotidiano, un mundo donde casi todo tiene alguna de las tonalidades del gris y, de repente, se habían visto colocados en una situación de los más feroces contrastes. Ofrecednos algún resultado dentro de veinticuatro horas, treinta y seis como mucho, o sentaros a ver cómo los federales se encargan de todo..., y empezad a decirle adiós a vuestros traseros.

Las cosas habían ocurrido tan deprisa que ni tan siquiera después pudo estar completamente seguro, pero Cheyney creía que hasta ese momento los dos habían estado actuando guiados por la presunción, no pregonada en voz alta, de que Carson había sido secuestrado y aquel tipo había tomado parte en el asunto.

-Bien, señor Paladin, vamos a hacerlo siguiendo el manual -dijo Cheyney.

Aunque se dirigía al hombre que le escuchaba atentamente desde una de las sillas (se negó a sentarse en el sofá nada más verlo), la mirada de Cheyney se clavó durante una fracción de segundo en Pete. Llevaban casi doce años siendo compañeros y le bastó con lanzarle aquella rápida mirada de soslayo.

Se acabaron los numeritos de comedia barata, Pete.

Mensaje recibido.

-En primer lugar, el Aviso Miranda -prosiguió Cheyney con voz afable-.  Estoy obligado a informarle de que se encuentra bajo la custodia de la policía de Burbank. Aunque no estoy obligado a hacerlo ahora mismo, añadiré que una acusación preliminar de intrusión ilegal...

-¡Intrusión ¡legal! -El rostro de Paladin enrojeció a causa de la ira.

-...en una propiedad de la que la National Broadcasting Company es tanto dueña como inquilina ha sido presentada contra usted. Soy el detective de primera clase Richard Cheyney y este hombre es mi compañero, el detective de segunda clase Peter Jacoby. Me gustaría hablar con usted.

-Quiere decir que desean someterme a un jodido interrogatorio.

-En todo caso, se trata de un interrogatorio limitado a una sola pregunta -arguyó Cheyney-. Por lo demás, de momento sólo quiero hablar con usted. En otras palabras, tengo que hacerle una pregunta relacionada con la acusación que ha sido presentada; el resto está relacionado con otros asuntos.

-Bueno, ¿cuál es la jodida pregunta?

-Oh, eso sería ir en contra del manual -intervino Jacoby.

-Estoy obligado a informarle de que tiene derecho a... -dijo Cheyney.

-A que esté presente mi ahogado, ¿no? -cortó Paladin-.  Y acabo de decidir que antes de responder a una sola de sus jodidas preguntas, y eso incluye donde he almorzado hoy y lo que he comido, él va a estar presente. Su nombre es Albert K. Dellums.

Pronunció aquel nombre como si el oírlo debiera hacer que los dos detectives se tambalearan sobre sus pies, pero Cheyney nunca lo había oído, y la cara que puso Pete le hizo darse cuenta de que él tampoco lo conocía.

Aquel Ed Paladin quizá acabara resultando ser alguna especie de loco pero no era ningún idiota. Captó las veloces miradas que se intercambiaron los dos detectives y supo descifrar fácilmente su significado. ¿Le conoces?, le preguntaron los ojos de Cheyney a los de Jacoby, y los de Jacoby replicaron: Jamás he oído hablar de él.

Y, por primera vez, una fugaz expresión de perplejidad -no era miedo, todavía no- cruzó por el rostro del señor Edward Paladin.

-Al Dellums -dijo, alzando la voz como hacen algunos norteamericanos cuando viajan al extranjero, aparentemente convencidos de que lograrán hacerse comprender por el camarero si hablan muy despacio y casi gritando-. Al Dellums, de Dellums, Carthage, Stoneham y Tayloe.  Supongo que no debería sorprenderme tanto el que no hayan oído hablar de él... No es más que uno de los abogados mejor conocidos y de mayor importancia de todo el país. -Paladin tiró secamente del puño izquierdo de su chaqueta deportiva un poco demasiado chillona y le echó una mirada a su reloj-. Caballeros, si le llaman a su casa se enfadará bastante. Si llaman a su club, y creo que ésta es su noche de club, se pondrá tan furioso como un oso cabreado.

A Cheyney no le impresionaban las fanfarronadas. Si se pudieran vender a veinticinco centavos el kilo habría podido dejar de trabajar para el resto de su vida, pero aunque sólo había podido verlo durante una fracción de segundo, ese instante había bastado para que se diera cuenta de que el reloj de Paladin no sólo era un Rolex, sino que era un Rolex Estrella de Medianoche. Podía ser una imitación, naturalmente, pero su instinto le decía que era auténtico en parte porque tenía la firme convicción de que Paladin no estaba intentando impresionarle..., quería ver qué hora era, nada más y nada menos que eso. Y si el reloj era auténtico..., bueno, había modelos de yate que costaban menos dinero. ¿Qué estaba haciendo un hombre que podía permitirse el lujo de comprar un Rolex Estrella de Medianoche metido en un asunto tan raro como éste?

Y ahora debía ser Cheyney quien había puesto una cara de perplejidad lo bastante expresiva para que Paladin se diera cuenta de ella, pues le vio sonreír: sus labios se tensaron en una seca mueca desprovista de todo buen humor, revelando dientes protegidos por pulcras fundas.

-Esta habitación tiene un aire acondicionado estupendo -dijo, cruzando las piernas y poniéndose bien la raya del pantalón con un distraído papirotazo de los dedos-. Disfrútenlo mientras puedan. Patrullar la calle en Watts resulta bastante caluroso incluso en esta época del año.

-Cierre el pico, listo -ordenó Jacoby, con un tono de voz seco, ronco y algo gutural que no se parecía en nada al que empleaba para sus numeritos de comedia barata.

-¿Qué ha dicho?

-He dicho que cierre el pico cuando el detective Cheyney esté hablando con usted.  Déme el número de su abogado. Me ocuparé de que le llamen. Mientras tanto, creo que debería tomarse la molestia de sacar la cabeza del trasero durante unos segundos y mirar a su alrededor: así se dará cuenta de dónde está y hasta qué punto es serio el lío en que se ha metido. Creo que debería reflexionar un poco sobre el hecho de que por el momento sólo hay una acusación contra usted pero quizá acaben cayéndole encima las suficientes para tenerle entre rejas hasta bien entrado el siglo próximo..., y puede que le caigan encima antes de que salga el sol mañana por la mañana.

Jacoby sonrió. La sonrisa que empleó tampoco se parecía en nada a la sonrisa hola-chicos-¿hay-aquí-alguien-de-Duluth? perteneciente a su repertorio de numeritos de comedia barata. Como la de Paladin, fue un breve tensarse de los labios, nada más.

-Tiene razón..., el aire acondicionado de aquí no está nada mal. Además, la televisión funciona y, cosa rara, la gente que sale en ella no tiene la cara verde como si estuvieran muriéndose de mareo. El café es bueno..., hecho con percolador, no instantáneo. Y ahora, si tiene ganas de contarnos dos o tres chistes más, puede esperar a su genio de las leyes en una de las celdas de retención temporal que hay en el quinto piso. En el quinto la única diversión es oír a los chicos que lloran llamando a sus mamás y a los borrachos que vomitan encima de sus playeras. No sé quién se cree que es y no me importa porque en lo que a mí concierne usted no es nadie. No le había visto jamás, no había oído hablar de usted en mi vida y si continúa jorobándome me encargaré de ensancharle la raja del culo gratis.

-Es suficiente -dijo Cheyney en voz baja.

-Se lo dejaré tan bien arreglado que podrá usarlo para aparcar una camioneta Ryder, señor Paladin... ¿Me entiende? ¿Capta, amigo?

Los ojos de Paladin no habrían podido estar más desorbitados ni aunque poseyeran zarcillos conectados a las cuencas. Se había quedado boquiabierto. Después, sin decir nada, se sacó la cartera del bolsillo de la chaqueta («alguna especie de piel de lagarto -pensó Cheyney-.  Dos meses de sueldo, quizá tres»). Encontró la tarjeta de su abogado (Cheyney vio que el número de su casa estaba anotado a mano en el reverso de la tarjeta, y no formaba parte de lo impreso en el anverso) y se la entregó a Jacoby. Sus dedos mostraban los primeros indicios de un leve temblor.

-¿Pete?

Jacoby le miró y Cheyney se dio cuenta de que no estaba fingiendo; Paladin había logrado irritar considerablemente a su compañero, lo que casi era una hazaña.

-Haz personalmente la llamada.

-De acuerdo.

Jacoby salió de la habitación.

Cheyney miró a Paladin y le asombró darse cuenta de que estaba empezando a sentir pena por aquel hombre. Antes había parecido perplejo; ahora parecía estar asombrado y asustado, como el hombre que despierta de una pesadilla para descubrir que la pesadilla no ha desaparecido.

 

 

-Observe con atención -dijo Cheyney en cuanto la puerta se hubo cerrado-, y le mostraré uno de los misterios del Oeste. Es decir, del oeste de Los Angeles.

Apartó el neoPollock colgado en la pared y reveló, no una caja fuerte, sino un conmutador. Lo accionó y dejó que el cuadro se deslizara volviendo a quedar en su sitio.

-Cristal de un solo sentido -explicó Cheyney, señalando con el pulgar hacia aquel espejo excesivamente grande que había encima del bar.

-No me sorprende demasiado -dijo Paladin.

Cheyney pensó que aquel hombre quizá poseyera algunos de los molestos hábitos egocéntricos de los Super Ricos y Muy Conocidos de Los Ángeles, pero también era un actor francamente soberbio: sólo un hombre de tanta experiencia como Cheyney podría haberse dado cuenta de que a Paladin le faltaba muy poco para echarse a llorar.

Pero no llorar porque se sintiera culpable de algo, y eso era lo sorprendente, lo que resultaba tan condenadamente... inexplicable.

No, le faltaba muy poco para llorar de perplejidad.

Volvió a sentir aquella absurda pena hacia él, absurda porque eso presuponía que el tipo era inocente: Cheyney no quería ser la pesadilla de Edward Paladin. No quería ser el mandamás de una novela de Kafka donde de repente nadie sabe quién es o por qué se encuentra allí.

-No puedo hacer nada respecto al espejo -le informó. Fue hacia la mesita de café y tomó asiento enfrente de Paladin-. Pero acabo de quitar el sonido, así que si me dice algo nadie se enterará, y viceversa. -Sacó un paquete de Kent del bolsillo de su pecho, se metió uno en la comisura de los labios y le ofreció el paquete a Paladin-. ¿Fuma?

Paladin cogió el paquete, lo examinó y sonrío.

-Qué casualidad: yo también fumaba Kent... No he fumado un cigarrillo desde la noche en que murió Yul Brynner, señor Cheyney. Creo que no tengo ganas de volver a empezar ahora.

Cheyney volvió a meterse el paquete en el bolsillo.

-¿Podemos hablar? -le preguntó.

Paladin puso los ojos en blanco.

-Oh, Dios mío; es Joan Raiford.

-¿Quién?

-Joan Raiford. Ya sabe: «Llevé a Elizabeth Taylor a Marinelandia y cuando vio a Shamu la Ballena me preguntó si la servían con guarnición de verduras...». Se lo repito, detective Cheyney: basta de niñerías. No tengo ni una sola razón para pensar que ese conmutador de allí sea auténtico. Dios mío, ¿tan inocente me cree?

¿Joan Raiford? ¿Es realmente eso lo que ha dicho? ¿Joan Raiford? -¿Qué ocurre? -le preguntó Paladin con afabilidad. Descruzó las piernas y volvió a cruzarlas al revés que antes-. ¿Cree haber visto alguna salida limpia a todo esto? ¿Piensa que voy a derrumbarme, cree que acabaré contándolo todo, absolutamente todo, pero, por favor, poli, no deje que me frían?

-Creo que aquí está ocurriendo algo muy raro, señor Paladin -aventuró Cheyney poniendo toda la fuerza de su personalidad detrás de esas palabras-. Usted no entiende lo que ocurre y yo tampoco lo entiendo. En cuanto llegue su abogado quizá consigamos aclaramos y quizá no lo consigamos. Lo más probable es que no lo consigamos, así que escúcheme y use su cerebro, por el amor de Dios. Ya le he soltado el Aviso Miranda. Usted dijo que deseaba contar con la presencia de su abogado. Si hubiera algún magnetófono registrando lo que decimos, acabo de quedarme sin caso.  A su abogado le bastaría decir que yo he intentado engañarle para conseguir una confesión y usted quedaría libre, sea lo que sea lo que le haya ocurrido a Carson, y yo podría irme preparando para trabajar como guardia de seguridad en uno de esos pueblecitos llenos de pulgas que hay junto a la frontera.

-Parece usted muy seguro de lo que dice -replicó Paladin-, pero yo no soy abogado.

Pero... Convénzame, decían sus ojos.  Sí, hablemos de esto, veamos si podemos aclarar las cosas porque tiene razón: aquí está pasando algo muy raro.  Así que..., bueno, convénzame.

-¿Vive su madre? -le preguntó de repente Cheyney.

-¿Qué...? Sí, pero ¿qué tiene que ver eso con...?

-¡O habla conmigo o yo personalmente me encargaré de buscar a dos policías de la patrulla motorizada y los tres iremos mañana a violarla! -aulló Cheyney-. ¡Se la meteré hasta el fondo del trasero! ¡Luego le cortaremos las tetas y las dejaremos encima del césped de su jardín, así que será mejor que hable!

El rostro de Paladin se había puesto tan blanco como la leche, de una blancura tan blanca que casi parecía azul.

-Y ahora, ¿está convencido? -le preguntó Cheyney en voz baja y suave-. No estoy loco. No voy a violar a su madre. Pero con semejante afirmación en una cinta magnetofónica, usted podría decir que era el tipo que estaba en esa loma de Dallas* y la policía de Burbank jamás exhibiría la cinta como prueba. Quiero hablar con usted, amigo. ¿Qué está pasando aquí?

Paladin meneó la cabeza con expresión de cansancio.

-No lo sé -concluyó.

 

 

Jacoby entró en la habitación situada al otro lado del cristal, reuniéndose con el teniente McEachern, Ed McMahon (que aún tenía cara de asombro) y un grupito de técnicos sentados tras una mesa llena de equipo electrónico muy sofisticado. Se rumoreaba que el jefe de policía del departamento de policía de Los Ángeles y el alcalde estaban compitiendo para ver quién llegaba antes a Burbank.

-¿Ha hablado? -preguntó Jacoby.

-Creo que va a hacerlo -dijo McEachern.

Sus ojos le habían lanzado una breve mirada a Jacoby cuando entró pero volvían a estar clavados en la ventana. El cristal de un solo sentido hacía que la piel de los hombres sentados al otro lado se volviera de un leve color amarillento: Cheyney estaba fumando y parecía relajado, Paladin estaba tenso pero intentaba controlarse. El sonido de sus voces brotaba con una limpidez perfecta y sin la más mínima distorsión de los altavoces incrustados en el techo: n cada esquina del cuarto había un Bose del último modelo.

-¿Ha conseguido hablar con su abogado? -preguntó McEachern sin apartar los ojos de los dos hombres.

-El número de su casa, anotado en la tarjeta, pertenece a una mujer de la limpieza llamada Howlanda Moore -explicó Jacoby.

McEachern le lanzó otra breve y rápida mirada.

-Negra, por su forma de hablar, y yo diría que nacida en el delta del Mississippi.  Había niños gritando y peleándose como ruido de fondo. No llegó a decirles: «¡O arrancaré la pié a tiraz zi no callái», pero poco le faltó.  Hace tres años que tiene ese número de teléfono. Volví a marcarlo dos veces.

-¡Jesús! -exclamó McEachern-. ¿Ha probado con el número de su despacho?

-Sí -replicó Jacoby-. Hablé con una cinta magnetofónica. Teniente, ¿cree que comprar acciones de la Confederada de Teléfonos es una buena inversión?

Las grises pupilas de McEachern se volvieron nuevamente hacia Jacoby.

-El número que hay en el anverso de la tarjeta pertenece a un agente de bolsa bastante importante -informó Jacoby en voz baja-. Busqué en la sección de abogados de las páginas amarillas. No encontré ningún Albert K. Dellums. El que más se le aproximaba era un tal Albert Dillon, sin inicial intermedia. El bufete de abogados de la tarjeta no figura en la guía telefónica.

-Cristo, apiádate de nosotros -dijo McEachern, y un instante después la puerta se abrió con un golpe seco y un hombrecillo con cara de mono entró en la habitación.

Al parecer, el alcalde había ganado la carrera a Burbank. -¿Qué está pasando aquí? -le preguntó a McEachern. -No lo sé -concluyó McEachern.

 

 

-Está bien -dijo Paladin con voz cansada-. Hablemos de ello. Detective Cheyney, me siento como el hombre que se ha pasado un par de horas subido a una atracción de feria que le ha dejado bastante desorientado. O como si alguien me hubiese metido LSD en la bebida... Dado que nadie nos oye, ¿cuál era esa única pregunta de su interrogatorio? Empecemos con eso.

-De acuerdo -accedió Cheyney-. ¿Cómo logró entrar en el complejo de la emisora y cómo llegó al Estudio C?

-Eso son dos preguntas.

-Le pido disculpas.

Paladin le dirigió una leve sonrisa.

-Entré en el complejo y en el estudio de la misma forma que he estado entrando en ese complejo y en ese estudio desde hace más de veinte años -le contó-. Con mi pase. Eso, añadido al hecho de que conozco a todos los guardias de seguridad del edificio. Mierda, llevo allí más tiempo que la mayoría de ellos...

-¿Puedo ver ese pase? -le preguntó Cheyney. Habló con voz tranquila pero una vena bastante grande había empezado a latir en su garganta.

Paladin le contempló con cierta cautela durante un par de segundos y acabó volviendo a sacarse la cartera de piel de lagarto del bolsillo. Hurgó en ella unos instantes y acabó arrojando un pase artístico de la NBC perfectamente correcto sobre la mesa.

Correcto en todo salvo en un detalle.

Cheyney apagó su cigarrillo, cogió el pase y lo examinó. El pase estaba laminado. En una esquina había el pavo real de la NBC, algo que sólo figuraba en los pases de los veteranos. El rostro de la foto era el de Edward Paladin. La talla y el peso eran correctos. Naturalmente, no había casilla para el color de los ojos, el de la cabellera o la edad; cuando tratas con grandes personalidades todo eso sobra. Camina con cuidado, forastero, pues aquí puede haber tigres...

Lo único que no encajaba del pase era su color: rosa salmón. Los pases artísticos de la NBC eran de color rojo.

 

 

Cheyney había visto otra cosa mientras Paladin buscaba su pase. -Por favor, ¿podría sacar un billete de dólar de su cartera y ponerlo sobre la mesa? -le pidió en voz baja y suave.

-¿Por qué?

-Enseguida se lo explicaré -contestó Cheyney-.  Uno de cinco o uno de diez también valdrían.

Paladin le observó en silencio y volvió a abrir su cartera. Cogió su pase, se lo guardó y extrajo cuidadosamente un billete de dólar de la cartera. Le dio la vuelta y lo dejó de cara a Cheyney. Éste sacó su cartera del bolsillo de la chaqueta (era una vieja y sobada Lord Buxton que estaba empezando a romperse por las costuras; tendría que sustituirla por otra pero le resultaba más fácil pensarlo que hacerlo) y extrajo uno de los billetes de dólar que llevaba dentro. Lo puso junto al de Paladin y les dio la vuelta para que Paladin pudiera verlos del derecho..., y para que pudiera examinarlos.

Cosa que Paladin hizo en silencio durante casi un minuto. Su rostro se fue volviendo de un color rojo oscuro... y el color fue esfumándose poco a poco.  Después Cheyney pensó que probablemente habría tenido intención de gritar ¿QUÉ COÑO ESTA PASANDO AQUÍ?, pero lo que salió de sus labios fue un débil jadeo ahogado.

-... qué...

-No lo sé -concluyó Cheyney.

El billete de un dólar de Cheyney estaba a la derecha, un papel gris verdoso que ya no era de un nuevo flamante pero sí seguía siendo lo suficientemente nuevo como para no tener ese aspecto arrugado y fláccido opio de los billetes que han cambiado de mano en muchas ocasiones. Un número 1 grande en las esquinas de arriba, un número 1 más pequeño en las de abajo, BILLETE DE LA RESERVA FEDERAL escrito en letras mayúsculas no muy grandes entre los números 1 de arriba y LOS ESTADOS UNIDOS DE AMÉRICA en letras de mayor tamaño, con la letra A rodeada por una orla a la izquierda de la efigie de Washington, orla que iba acompañada por la afirmación de que ESTE BILLETE ES MONEDA LEGAL PARA TODAS LAS DEUDAS, PÚBLICAS Y PRIVADAS... Era un billete de la serie de 1985, y estaba firmado por James A. Baker III.

El billete de Paladin no se le parecía en nada.

Los números 1 de las cuatro esquinas eran iguales; la frase LOS ESTADOS UNIDOS DE AMERICA también era igual; la afinación de que el billete podía ser usado para pagar todas las deudas públicas y privadas era idéntica.

Pero el billete de Paladin era de un color azul celeste.

En vez de BILLETE DE LA RESERVA FEDERAL llevaba escrito MONEDA DEL GOBIERNO.

En vez de la letra A había una F.

Pero lo que más le llamó la atención a Cheyney fue la imagen del hombre que había en el billete, igual que le ocurrió a Paladin con el billete de Cheyney.

El billete gris verdoso de Cheyney lucía la efigie de George Washington.

El billete azul celeste de Paladin la de James Madison.