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M.G.S.2

Escrito por imagenes 17-01-2010 en General. Comentarios (0)

 

M.G.S. 2










TOMBUCTÚ

Escrito por imagenes 16-01-2010 en General. Comentarios (0)

 

 

TOMBUCTÚ

    
     El bulevar, ese río de vida, bullía en el polvo de oro del sol poniente. Todo el cielo estaba rojo, cegador; y, por detrás de la Madeleine, una inmensa nube arrebolada arrojaba sobre toda la larga avenida un oblicuo diluvio de fuego, vibrante como el vapor de una fogata.
     La muchedumbre, alegre, palpitante, caminaba bajo aquella bruma encendida y parecía en una apoteosis. Los rostros estaban dorados; los sombreros negros y los trajes tenían reflejos de púrpura; el charol de los zapatos lanzaba llamas sobre el asfalto de las aceras.
     Ante los cafés, multitud de hombres tomaban bebidas brillantes y coloreadas que parecían piedras preciosas fundidas en el cristal.
     Entre los parroquianos vestidos con trajes ligeros y oscuros, dos oficiales con uniforme de gala hacían bajar todos los ojos con el deslumbramiento de sus entorchados. Charlaban, alegres sin motivo, entre aquella gloria de vida, entre la radiante irradiación de la tarde; miraban a la muchedumbre, los hombres lentos y las mujeres apresuradas que dejaban tras sí un perfume intenso y turbador.
     De repente un enorme negro, vestido de negro, ventrudo, con un chaleco de dril recargado de dijes, con la cara tan reluciente como si le hubieran sacado brillo, pasó ante ellos con aire triunfal. Sonreía a los transeúntes, sonreía a los vendedores de periódicos, sonreía hacia el cielo resplandeciente, sonreía a París entero. Era tan alto que sobrepasaba todas las cabezas; y, a su paso, todos los papanatas se volvían para contemplarlo de espaldas.
     Pero de pronto divisó a los oficiales y, atropellando a los bebedores, se lanzó hacia ellos. En cuanto estuvo ante su mesa, clavó en ellos sus ojos brillantes y encantados, y las comisuras de la boca le subieron hasta las orejas, descubriendo unos dientes blancos, claros como una luna creciente en un cielo negro. Los dos hombres, estupefactos, contemplaban a aquel gigante de ébano, sin entender su alegría.
     Exclamó, con una voz que hizo reír a todas las mesas:
     «Bueena tarde, mi teeniente.»
     Uno de los oficiales era jefe de batallón, el otro coronel. El primero dijo:
     «No lo conozco a usted, caballero; ignoro lo que pretende de mí.»
     El negro prosiguió:
     «Yo querer mucho a ti, teeniente Vedié, sitio Bézi, muucha uvaa, buscaba yo.»
     El oficial, completamente desconcertado, miró fijamente al hombre, buscando en el fondo de sus recuerdos; y bruscamente exclamo:
     «¿Tombuctú?»
     El negro, radiante, se golpeó el muslo lanzando una risa de una violencia inverosímil y berreando:
     «Sí, sí, ya, mi teeniente, reconoce Tombuctú, ya, bueena tarde. »
     El comandante le tendió la mano riéndose también con toda su alma. Entonces Tombuctú se puso serio. Cogió la mano del oficial y, con tanta rapidez que el otro no pudo impedirlo, se la besó, según la costumbre negra y árabe. Confuso, el militar le dijo con voz severa:
     «Vamos, Tombuctú, no estamos en África. Siéntate ahí y dime cómo es que te encuentro aquí.»
     Tombuctú hinchó la barriga y, tartamudeando, de lo deprisa que hablaba:
     «Ganado mucho dinero, muucho, gran estaurante, comido bien, prusianos, yo, muucho robado, muucho, cocina francesa, Tombuctú, coociner del Emperadó, doscientos mil francos a mí. ¡Ja, ja, ja, ja!»
     Y reía, retorciéndose, chillando con una alegría loca en la mirada.
     Cuando el oficial, que entendía su extraño lenguaje, lo hubo interrogado cierto tiempo, le dijo:
     «Bien, hasta la vista, Tombuctú, hasta pronto.»
     El negro se levantó al punto, estrechó, esta vez, la mano que le tendían, y, sin dejar de reír, gritó:
     «Bueena tarde, bueena tarde, mi teeniente.»
     Y se marchó, tan contento que gesticulaba al andar y lo tomaban por un loco.
     El coronel preguntó:
     «¿Quién es ese animal?»
     El comandante respondió:
     «Un buen chico y un valiente soldado. Voy a contarle lo que sé de él; es bastante divertido.»
    
    
     Ya sabe que al comienzo de la guerra de 1870 estuve encerrado en Beziéres, que ese negro llama Bézi. No estábamos sitiados, sino bloqueados. Las líneas prusianas nos rodeaban por todas partes, fuera del alcance de nuestros cañones, y ya no disparaban sobre nosotros, sino que pretendían rendirnos por hambre.
     Yo era entonces teniente. Nuestra guarnición estaba compuesta por tropas de todo tipo, restos de regimientos destrozados, fugitivos, merodeadores separados de los cuerpos de ejército. Teníamos de todo, incluso doce turcos (1) llegados una noche no sé cómo, no sé por dónde.
     Se habían presentado en las puertas de la ciudad, agotados, andrajosos, hambrientos y borrachos. Me los encomendaron.
     Pronto comprendí que eran rebeldes a toda disciplina, siempre estaban fuera y siempre achispados. Probé con la prevención, e incluso con el calabozo, no conseguí nada. Mis hombres desaparecían durante días enteros, como si se los hubiera tragado la tierra, y después reaparecían borrachos como cubas. No tenían dinero. ¿Dónde bebían? ¿Y cómo, y con qué?
     La cosa empezaba a intrigarme vivamente, tanto más cuanto que aquellos salvajes me interesaban con su risa perpetua y su carácter de niños traviesos.
     Me di cuenta entonces de que obedecían ciegamente al más alto de todos, ése que usted acaba de ver. Los gobernaba a su antojo, preparaba sus misteriosas empresas como jefe todopoderoso e indiscutido. Mandé que viniera a verme y lo interrogué. Nuestra conversación duró unas tres horas, pues me costaba mucho trabajo entender su sorprendente algarabía. El pobre diablo, por su parte, hacía esfuerzos inauditos para que lo entendiera, inventaba palabras, gesticulaba, sudaba con el esfuerzo, se enjugaba la frente, resoplaba, se detenía y volvía a empezar bruscamente cuando creía haber encontrado un nuevo método para explicarse.
     Adiviné al final que era hijo de un gran jefe, de una especie de rey negro de las cercanías de Tombuctú. Le pregunté su nombre. Respondió algo así como Chavajaribujalijranafotapolara. Me pareció más sencillo ponerle el nombre de su tierra: «Tombuctú. » Y, ocho días después, nadie en la guarnición lo llamaba de otra manera.
     Pero sentíamos una curiosidad loca por saber dónde el ex-príncipe africano encontraba bebida. Lo descubrí de un modo singular.
     Estaba yo una mañana en las murallas, estudiando el horizonte, cuando divisé en un viñedo algo que se movía. Se aproximaba la época de la vendimia, las uvas estaban maduras, pero no pensé en nada de eso. Creí que un espía se acercaba a la ciudad, y organicé una expedición en regla para atrapar al merodeador. Tomé yo mismo el mando, tras haber obtenido la autorización del general.
     Había mandado salir, por tres puertas diferentes, tres pequeñas tropas que debían reunirse cerca del viñedo sospechoso y rodearlo. Para cortarle la retirada al espía, uno de esos destacamentos tenía que marchar durante una hora, por lo menos. Un hombre que había quedado de observación en la muralla me indicó por señas que el ser divisado no había salido del campo. Avanzábamos con mucho sigilo, arrastrándonos, casi tumbados entre los surcos. Por fin, llegamos al punto designado; despliego bruscamente a mis soldados, que se lanzan al viñedo, y encuentran…, a Tombuctú, andando a cuatro patas entre las cepas y comiendo uvas, o mejor dicho dando dentelladas a las uvas como un perro que come sus sopas, con toda la boca, pegado a la planta, arrancando el racimo con los dientes.
     Quise que se levantara; ni pensarlo, y comprendí entonces por qué se arrastraba así sobre manos y rodillas. Cuando lo enderezaron sobre sus piernas, osciló unos segundos, extendió los brazos y cayó de bruces. Tenía la mayor borrachera que yo había visto nunca.
     Nos lo llevamos sobre dos rodrigones. No cesó de reír durante todo el camino gesticulando con brazos y piernas.
     Ese era todo el misterio. Mis mozos bebían de la misma uva. Después, cuando estaban borrachos a más no poder, se dormían allí mismo.
     En cuanto a Tombuctú, su amor al viñedo sobrepasaba toda medida, era increíble. Vivía allí dentro como los tordos, a quienes por lo demás odiaba con un odio de rival celoso. Repetía sin cesar:
     «Lo toordo comido tooda la uva, ¡sinvegüeenza!»
    
     Una tarde fueron a buscarme. Se distinguía en la llanura algo que venía hacia nosotros. Yo no había cogido mi anteojo y veía mal. Hubiérase dicho una gran serpiente que se desenrollaba, un convoy, ¡yo qué sé!
     Envié unos hombres al encuentro de aquella extraña caravana que pronto hizo una entrada triunfal. Tombuctú y nueve de sus compañeros traían sobre una especie de altar, hecho con sillas de campaña, ocho cabezas cortadas, sangrientas y expresivas. El décimo turco tiraba de un caballo a la cola del cual habían atado otro, y otros seis animales más los seguían, sujetos de la misma manera.
     He aquí lo que me contaron. Al salir a los viñedos, mis africanos habían visto de repente un destacamento prusiano que se acercaba a un pueblo. En lugar de huir, se habían escondido; después, cuando los oficiales echaron pie a tierra ante una posada para tomar algo fresco, los once mozos se lanzaron, pusieron en fuga a los ulanos que se creyeron atacados, mataron a los dos centinelas, y además al coronel y los cinco oficiales de su escolta.
     Ese día abracé a Tombuctú. Pero me di cuenta de que le costaba andar. Lo creí herido; se echó a reír y me dijo:
     «Yo, poovisione pal país.»
     Y es que Tombuctú no hacía la guerra por la gloria, sino por la ganancia. Todo lo que encontraba, todo lo que le parecía de valor, todo lo que brillaba, sobre todo, se lo metía en el bolsillo. ¡Y qué bolsillo! Un pozo sin fondo que empezaba en las caderas y terminaba en los tobillos. Habiendo retenido un término de la tropa, lo llamaba «mis alforjas», ¡y eran unas auténticas alforjas, en efecto!
     De modo que había arrancado los galones de los uniformes prusianos, el cobre de los cascos, los botones, etc., arrojándolo todo en sus «alforjas», que estaban llenas hasta rebosar.
     Todos los días precipitaba en su interior cualquier objeto brillante que cayera en sus manos, pedazos de estaño o piezas de plata, lo cual le daba a veces un aspecto infinitamente gracioso.
     Contaba con llevarse todo al país de los avestruces, de los cuales parecía hermano aquel hijo de rey torturado por la necesidad de tragar los cuerpos brillantes. Si no hubiera tenido sus alforjas, ¿qué habría hecho? Sin duda los hubiera engullido.
     Todas las mañanas su bolsillo estaba vacío. Tenía, pues, un almacén general donde se amontonaban sus riquezas. Pero, ¿dónde? No pude descubrirlo.
     El general, advertido de la gran hazaña de Tombuctú, mandó en seguida enterrar los cuerpos que habían quedado en el pueblo vecino, para que nadie descubriera que habían sido decapitados. Los prusianos regresaron al día siguiente. El alcalde y siete vecinos notables fueron fusilados en el acto, en represalia, como denunciantes de la presencia de los alemanes.
    
     Llegó el invierno. Estábamos agotados y desesperados. Ahora nos batíamos a diario. Los hombres, hambrientos, no podían andar. Sólo los ocho turcos (habían matado a tres) seguían gordos y relucientes, vigorosos y siempre dispuestos a luchar. Tombuctú incluso engordaba. Me dijo un día:
     «Tu muucha hambre, yo buena carne.»
     Y en efecto, me trajo un excelente filete. Pero ¿de qué? Ya no nos quedaban bueyes, ni carneros, ni cabras, ni asnos, ni cerdos. Era imposible procurarse un caballo. Reflexioné sobre todo esto tras haber devorado mi carne. Entonces me asaltó un horrible pensamiento. ¡Aquellos negros habían nacido en una tierra donde se come a los hombres! ¡Y caían diariamente tantos soldados en torno a la ciudad! Interrogué a Tombuctú. No quiso responder. No insistí, pero a partir de entonces rechacé sus presentes.
     Me adoraba. Una noche, la nieve nos sorprendió en las avanzadas. Estábamos sentados en el suelo. Yo miraba compasivo a los pobres negros tiritando bajo aquel polvo blanco y helado. Como tenía mucho frío, empecé a toser. Al punto sentí que algo caía sobre mí, como una grande y cálida manta. Era el capote de Tombuctú, que él me echaba sobre los hombros.
     Me levanté y, devolviéndole su prenda:
     «Quédatelo, hijo mío; lo necesitas más que yo.»
     El respondió:
     «No, mi teeniente, pa ti, yo no necesitar, yo calieente, calieente. »
     Y me contemplaba con ojos suplicantes.
     Proseguí:
     «Vamos, obedece, quédate con el capote, te lo mando.»
     El negro entonces se levantó, desenvainó el sable, que sabía conservar afilado como una hoz, y, sosteniendo con la otra mano su ancho capote que yo rechazaba:
     «Si tu no queeda abrigo, yo coorto; nadie abrigo.»
     Lo hubiera hecho. Yo cedí.
    
     Ocho días después, habíamos capitulado. Algunos de los nuestros habían podido escapar. Los demás iban a salir de la ciudad y entregarse a los vencedores.
     Me dirigía a la plaza de Armas, donde debíamos congregarnos, cuando me quedé asombrado ante un negro gigantesco vestido de dril blanco y tocado con un sombrero de paja. Era Tombuctú. Parecía radiante y se paseaba, con las manos en los bolsillos, ante una tiendecilla donde se exhibían dos platos y dos vasos.
     Le dije:
     «¿Qué estás haciendo?»
     Respondió:
     «Yo no sufrí, yo buen cocinero, yo hecho comer coronel, Argeel; yo comido pusianos, mucho roobado, muucho. »
     Helaba a diez grados. Yo tiritaba ante aquel negro vestido de dril. Entonces me cogió del brazo y me hizo entrar. Vi una muestra inmensa que iba a colgar ante la puerta cuando nos hubiéramos marchado, pues tenía cierto pudor.
     Y leí, trazado por la mano de algún cómplice, este reclamo:
    
     COCINA MILITAR DEL SEÑOR TOMBUCTU
     EX-COCINERO DE S.M. EL EMPERADOR
     Artista de París — Precios módicos
    
     A pesar de la desesperación que me roía el alma, no pude dejar de reírme, y dejé a mi negro entregado a su nuevo negocio.
     ¿No valía más eso que hacer que se lo llevaran prisionero?
     Acaba usted de ver que ha tenido éxito, el mozo. Beziéres, hoy, pertenece a Alemania. El restaurante Tombuctú es un comienzo de desquite.
    
 
    
    
      (1) Se llamaba así popularmente a los tiradores argelinos. Recibieron tal nombre en las campañas de Crimea, en el curso de las cuales los rusos, al ver sus ropas flotantes los tomaban por turcos y gritaban esa palabra.
    
    

LA TOS

Escrito por imagenes 16-01-2010 en General. Comentarios (0)

 

LA TOS


     Para Armand Silvestre
     Mi querido colega y amigo,
   
     Tengo una pequeña historia para usted, un cuentecillo anodino. Espero que le guste si es que llego a contarlo bien, tan bien como la persona que me lo contó.
     La tarea no es fácil en absoluto, ya que mi amiga es una mujer de espíritu imperecedero y de expresión libre. Yo nunca he tenido los mismos recursos. No puedo, como ella, dar este loco júbilo a las cosas que cuento; y, reducido a la necesidad de no utilizar palabras demasiado especiales, me declaro incapaz de encontrar, como usted, los delicados sinónimos.
     Mi amiga, que es además una mujer de teatro de gran talento, no me ha autorizado a hacer pública su historia.
     Así que me veo obligado a reservar sus derechos de autor por si ella  quisiera, un día u otro, escribir esta aventura ella misma. Lo haría mejor que yo, no lo dudo. Siendo mejor conocedora del tema, encontraría además mil detalles divertidos que yo no puedo inventar.
     Pero vea usted en que aprieto me encuentro. Necesitaría, desde la primera palabra, encontrar un vocablo similar, y  querría que fuese genial. La tos no es mi problema. Para entendernos, necesito un comentario o una perífrasis del estilo del abad Delille:
     —La tos de que se trata jamás procede de la garganta.
    
     Dormía  (mi amiga) al lado de un hombre amado. Era de noche, claro.
     A este hombre, ella lo conocía poco, o más bien, desde hacía poco. Estas cosas ocurren a veces, principalmente en el mundo del teatro. Dejemos que se asombren los burgueses. En cuanto a dormir al lado de un hombre poco importa que se le conozca poco o mucho, esto casi no modifica la manera de actuar en la intimidad del lecho. Si yo fuera mujer creo que preferiría los amigos nuevos. Deben de ser, en todos los aspectos, más amables que los asiduos.
     Hay, en eso que se da en llamar la gente correcta, una manera de ver diferente y que no es en absoluto la mía. Lo siento por las mujeres de ese mundo; pero yo me pregunto si la manera de ver modifica sensiblemente la de actuar...
     Así pues, ella dormía al lado de un nuevo amigo. Esto es algo delicado y difícil en exceso. Con un viejo compañero uno coge demasiada confianza, uno nunca se enfada, puede volver a sus viejas costumbres, dar patadas, invadir las tres cuartas partes del colchón, sacar toda la manta y envolverse dentro, roncar, refunfuñar, toser, digo toser a falta de algo mejor, o estornudar (¿qué piensa usted de estornudar como sinónimo?)
     Pero para llegar hasta aquí hacen falta al menos seis meses de intimidad. Y hablo de personas que son de un temperamento familiar. Las otras siempre guardan ciertas reservas, con las que yo, por mi parte estoy de acuerdo. Pero tal vez no todos tengamos la mima manera de sentir sobre esta materia. Cuando se trata de hacer un nuevo conocido, de una nueva cita, que podemos suponer sentimental, es necesario tomar algunas precauciones para no incomodarlo en el lecho, y para guardar un cierto prestigio,  poesía  y una cierta autoridad.
     Ella dormía. Pero de repente un dolor, interior, punzante, viajero, la recorrió. Éste comenzó en la cavidad del estómago y empezó a moverse hacia...hacia...hacia la parte inferior del pecho con un discreto ruido intestinal como de trueno.
     El hombre, el nuevo amigo, yacía tranquilo, de espaldas, con los ojos cerrados. Ella lo observaba por el rabillo del ojo, inquieta, indecisa.
     Se encuentra usted, amigo, en una sala de estreno, con un catarro en el pecho. Toda la sala ansiosa, anhelante en medio de un completo silencio; pero usted ya no escucha nada, espera, loco, un momento de rumor para toser. Hay, a lo largo de su garganta, unos cosquilleos, un picazón espantoso. En fin, ya no lo soporta más. Peor para los vecinos. Tose. Toda la sala grita: “¡a la calle!”.
     Ella estaba en la misma situación, obsesionada, torturada por unas ganas locas de toser. (Cuando digo toser, supongo que ustedes ya me entienden, traduzcan)
     Él parecía que dormía; respiraba tranquilo. Realmente dormía.
     Ella se dijo:
     —Tomaré mis precauciones. Intentaré simplemente respirar, suavemente, para no despertarle. E hizo como esos que esconden su boca bajo la mano y se esfuerzan por despejar su garganta, sin ruido, expectorando el aire con cuidado.
     Fuera porque lo hizo mal o bien porque el picor era demasiado fuerte, tosió.
     Al punto, perdió la cabeza. ¡Qué vergüenza si él se ha enterado! ¡Y qué riesgo!¡Oh! ¿Y si de casualidad no estuviese dormido?¿Cómo saberlo? Lo miró fijamente, y a la luz de la lamparita, creyó ver una sonrisa en su rostro que tenía los ojos cerrados. Entonces, si reía... pues.. no dormía,... y si no dormía...
     Intentó con la boca, realmente, causar un ruido semejante, para... confundir a su compañero.
     Éste no se parecía en absoluto.
     ¿Pero... dormía?
     Ella se giró, se movió, le empujó para cerciorarse.
     Él ni se movió.
     Entonces ella se puso a canturrear.
     El hombre no se movía.
     Volviéndose loca, lo llamó:
     — Ernest.
     Él no hizo ni un movimiento, pero respondió rápidamente:
     —¿Qué quieres?
     Ella se estremeció. Él no dormía; ¡Jamás había dormido!...
     Le preguntó:
     —¿Entonces, no duermes?
     Él murmuró con resignación:
     —Ya lo ves.
     Ella ya no sabía qué decir, enloquecida. Por fin, dijo:
     —¿No has escuchado nada?
     Él respondió, siempre inmóvil:
     —No.
     Ella sentía como le venían unas ganas locas de abofetearle, y, sentándose en la cama:
     —¿Sin embargo me ha parecido...?
     —¿Qué?
     —Que alguien andaba por la casa.
     Él sonrió. Indudablemente, esta vez ella lo había visto sonreír, y él dijo:
     —Déjame en paz, llevas media hora molestándome.
     Ella se estremeció.
     —¿Yo?...Eso es difícil de creer. Acabo de despertarme. Entonces, ¿no has escuchado nada?
     —Si.
     —¡Ah! ¡Al final sí que has escuchado algo!¿Qué?
     —Han...¡tosido!
     Ella dio un brinco y gritó exasperada:
     —¡Han tosido! ¿Dónde? ¿Quién ha tosido? Pero, ¿tú estás loco? ¡Respóndeme!
     Él comenzó a impacientarse.
     —Veamos, ¿se acaba de una vez esta monserga? Sabes perfectamente que fuiste tú.
     Esta vez ella se indignó, vociferando:
     —¿Yo? ¿Yo? ¿Yo? ¿Yo he tosido? ¿Yo? ¡Yo he tosido!¡Ah! Me insulta, me ofende, me menosprecia. Así que, ¡adiós! ¡Yo no me quedo al lado de un hombre que me trata así!
     E hizo un movimiento enérgico para salir de la cama.
     —Vamos a ver, estate tranquila. Soy yo el que ha tosido.
     Pero ella tuvo un nuevo arrebato de cólera.
     —¿Cómo? ¡Usted ha ...tosido en mi cama!... ¿a mi lado...mientras dormía? ¿Y lo confiesa?. Usted es innoble. Y usted creerá que yo estoy con hombres que... tosen a mi lado... ¿Pero, por quien me toma?
     Y se puso de pié sobre la cama, intentando saltar por encima para irse.
     Él la cogió tranquilamente por los pies y la hizo tenderse a su lado, y se reía, burlón y contento:
     —Vamos a ver, Rose, estate tranquila. Has tosido. Porque eras tú. Yo no me quejo, no me enfado; incluso estoy contento. Pero, vuelve a acostarte, diantre.
     Esta vez, ella se le escapó con un brinco y saltó a la habitación; y buscaba desesperadamente sus ropas, repitiendo:
     —Y usted cree que yo voy a permanecer al lado de un hombre que permite a una mujer... toser en su cama. Usted es innoble, querido.
     Entonces él se levantó y antes de nada, la abofeteó. Después, como ella se resistía, la acribilló a pescozones; y, tomándola después en brazos, la arrojó sobre la cama.
     Y como permanecía tendida, indolente y llorando contra la pared, él se volvió a acostar a su lado, y girando después su espalda hacia él,  tosió...tosió con un ataque de tos..., con silencios y reanudaciones.
     De repente, se puso a reír, pero a reír como una loca, gritando:
     —¡Qué divertido!¡Qué divertido!
     Y lo agarró bruscamente entre sus brazos, pegando su boca a la de él, murmurándole con sus labios:
     —Te quiero, gatito mío.
     Y ya no durmieron más... hasta la mañana.
    
     Esta es mi historia, mi querido Silvestre. Perdóneme esta incursión en su dominio. Hete aquí de nuevo una palabra impropia. No es “dominio” lo que habría que decir. Usted me divierte tan a menudo que no he podido resistir el deseo de arriesgarme un poco siguiendo sus pasos.
     Pero le quedará la gloria de habernos abierto, muy a lo grande, esta senda.
    
 

HISTORIAS SOBRE VAMPIROS

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HISTORIAS SOBRE VAMPIROS

sobre historias de vampiros

ARTICULOS DE VAMPIROS:
Supersticiones: Elizabeth Bathory –conocida como La Condesa Sangrienta– era la esposa de un conde.
Vampiros Literarios: Las irracionales supercherías fueron disminuyendo a medida que la Revolución Industrial.
En el Cine: Estas historias, así como varios poemas escritos durante el siglo XIX por Keats.
Los Vampiros Televisivos: De la pantalla grande, estos seres de la noche hicieron su aparición en la pantalla chica.
Erzsébet Báthory: La condesa Erzsébet Báthory –o Elizabeth Báthory– nació en agosto de 1560 y murió el mismo mes, en 1614.
El Juicio de la Condesa Sangrienta: El detective encargado de investigar el dilema de las desapariciones –el palatino Thurzó.
Drácula y sus Imitadores: Otro ejemplo importante del desarrollo de la ficción sobre estos seres se puede encontrar en tres novelas.
Ficciones Vampirescas: El mejor exponente de la ficción sobre los seres de la noche es, sin lugar a dudas, la novela gótica Drácula.
Vampirismo Contagioso: Durante las primeras décadas del siglo XX se dejó de tomar como parámetro al conde Drácula.
Poderes y Debilidades: En Drácula, el conde protagonista es capaz de vivir de día, bajo la luz del sol.
Balcánicos: En Rusia, Rumania y los estados balcánicos existe la vaga creencia de que el alma no puede salir.
Leyendas y variantes Vampirescas: Algunas historias folclóricas sostienen que los hombres lobo se convierten en vampiros.
Nombres y Leyes : En lo que concierne a los nombres atribuidos en Rumania a los vampiros, el strigoi es el término más común.
Pruebas: descubrir un Vampiro:Siglos atrás, en Rumania, las insólitas pruebas para determinar si cualquier hombre muerto.
Ficciones s: El mejor exponente de la ficción sobre vampiros es, sin lugar a dudas, la novela gótica Drácula, de Bram Stoker.
El Dhampir: Los Dhampirs –también llamados dhampir, dhamphir o dhampyr– son criaturas mitológicas pertenecientes al folclore rumano.
Caracteristicas: Como están ya muertos, no requieren la mayoría de las cosas que habitualmente...
Arnold Paole: Arnold Paole, muerto en el año 1726, era un hombre serbio que fue considerado vampiro tras su muerte.
Acerca de Drácula: Drácula es una novela de 1897, escrita por el irlandés Bram Stoker, cuyo principal antagonista es el Conde Drácula.
Significado de Dracula:Drácula fue una obra precedida e inspirada por un texto de 1871: Carmilla, de Sheridan Le Fanu.
Eslavos: Los eruditos saben que existieron leyendas de estos seres mucho antes del siglo XVII.
El País de Drácula: Transilvania es una región de Rumania conocida por la presencia de The Bran Castle.
Griegos: El gran miedo que los griegos sentían por los vampiros, antes del siglo XX, sólo es comparable a la imaginación.
Cómo destruirlos: En la mayoría de los casos, ellos sobreviven alimentándose de la sangre de las personas vivas.
De Pueblos Antiguos: La alusión histórica más temprana a estos monstruos la encontramos en los textos del filósofo romano.
Soucouyant: Vampiro del Caribe:El Soucouyant o Soucriant es una criatura que vive de día en la forma de una mujer.
Vampiros en Japón: La variedad de criaturas del folclore japonés no incluye al clásico chupasangre.
Monstruos japoneses contemporáneos: Los japoneses, aunque no tienen muchos vampiros, absorbieron los mitos europeos.
Jiang Shi: Los Jiang Shi, son cadáveres vivientes que matan.
Japón: Nukekubi y Penanggalan: Son monstruos del folclore japonés.
Naturaleza de Penanggalan: En el folclore malayo, una Penanggal puede ser una hermosa mujer –anciana o joven.

Penanggalan y sus diferencias con el Manananggal: A diferencia del Manananggal, todas las Penanggal son criaturas femeninas.
La ciencia de los vampiros: virus y enfermedad: En 1616, el científico italiano Ludovico Fatinelli publicó su ‘Tratado sobre Vampiros’.
Biología de los vampirosUna persona que sale de un coma vampírico atraviesa un número de cambios fisiológicos.
Sistema biológico de los vampiros: Las diferencias más profundas entre los humanos y los vampiros se encuentran en el sistema circulatorio.
Envejecimiento y expectativa de vida de los vampiros: Aunque ningún vampiro murió de causas naturales, estas criaturas pasan por un proceso de envejecimiento.
Sociedad de los vampiros:El comportamiento de un vampiro se asemeja al humano en más maneras de las que podemos imaginar.
Los vampiros Alfa: Los grupos de vampiros son meritocracias.
El hogar de los vampiros: Los hogares de los vampiros modernos se definen por su crudeza y utilitarismo.

LOS MISTERIOS DE LA VIDA Y DE LA MUERTE

Escrito por imagenes 05-01-2010 en General. Comentarios (7)

 

 

LOS MISTERIOS DE LA VIDA Y

DE LA MUERTE

 

SAMAEL AUN WEOR

KALKI AVATARA DE LA NUEVA ERA ACUARIA

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PROLOGO

 

Habla el Maestro Samael Aun Weor en este folleto de la muerte física y todo lo que acontece después de la desencarnación.

 

La Humanidad le tiene miedo a la muerte, porque carece totalmente de los valores concientivos para poderse presentar ante Dios, una vez puestos en práctica los grandes misterios contenidos en éste folleto en todos los niveles del Ser, se abrirá un nuevo panorama en nuestra existencia, porque llevamos ante el creador un presente de gran valor, en este caso serian nuestras buenas obras, y en esta forma nos evitaríamos el Karma que es la causa de tantos sufrimientos y amarguras en esta vida.

 

A través de un auto análisis sobre si mismo podremos reconocer nuestras maldades, y arrepentirnos de corazón: preparándonos para que nuestro Real Ser pueda expresarse a través de nuestra Laringe Creadora. Si ponemos nuestra mente al servicio del corazón habrá mejor comprensión para podernos orientar y prestar un mejor servicio a la humanidad.

 

Por lo tanto, aconsejamos a todos los lectores de esta obra, poner en práctica lo que aconseja el Patriarca en este folleto, que con tanto sacrificio y amor nos ha entregado para nuestro propio beneficio.

 

PEDRO LÓPEZ LINDO

 

 

CAPITULO I

LA MUERTE

 

Amados discípulos: Voy a hablaros del problema de la muerte. La muerte es la Corona de todos; después de la muerte el alma entra en la Luz Astral; cuando llega la hora de la muerte, se acerca al lecho de muerte el Ángel de la Muerte. Hay un coro de ángeles de la muerte. Ese coro está dirigido por el Planeta Saturno. Cada Ángel de la Muerte lleva un libro. En ese libro, están anotados los nombres de todas las almas que tienen que desencarnar. Nadie se muere la víspera. El Ángel de la Muerte no hace sino sacar el alma del cuerpo. El alma está unida al cuerpo por medio de un fino cordón celestial de color plateado. El Ángel de la Muerte rompe ese cordón para que el alma no pueda volverse a meter al cuerpo. Las Almas después de la muerte ven el Sol como siempre, las nubes, las estrellas, como siempre, todo igual. Durante algún tiempo, las almas de los muertos no creen que se han muerto. Esas almas ven todas las cosas de este mundo igual que antes; por eso es que no creen que se han muerto.

 

Las Almas de los muertos viven en la Luz Astral la Luz Astral es la Luz de todos los encantamientos y hechizos mágicos. La Luz Astral está relacionada con todo el aire, la comemos, la respiramos, pero solo podemos verla con los ojos del Alma. Las Almas se ven con los mismos vestidos que se veían en vida. Poco a poco va despertando la conciencia de esas almas y entonces se van dando cuenta de que ya no pertenecen a este mundo material de carne y hueso.

 

Para conversar con los muertos existen varios secretos; en una habitación se pone el retrato del difunto y todas las noches, a la media noche, el discípulo entra a su cuarto, pone junto al retrato los alimentos que más le hayan gustado al difunto. Le sirve en sus mismos platos que él usaba; le enciende una vela; lo llama tres veces por su nombre. Se sienta la persona junto al retrato y enseguida se pone a meditar personalmente en la vida del difunto, su historia, imaginándose lo que era antes, etc., hasta quedar el discípulo adormecido. Todas las noches puede hacer el discípulo el mismo experimento a la misma hora, en el mismo cuarto, y sentarse en la misma silla y en el mismo sitio, hasta que el discípulo pueda ver al difunto, oírlo y conversar con él personalmente, lo importante es que el discípulo logre adormecerse en instantes de estar meditando en la vida del difunto. En aquellos instantes de estar dormitando se aparecerá el difunto y entonces el discípulo podrá conversar con él personalmente.

 

Esto no es Espiritismo. Esto es Magia Práctica. Lo importante es que el discípulo tenga mucha fe, paciencia; mucha constancia; si el discípulo no se cansa, al fin en cualquier noche, se le aparece el alma del muerto y entonces el discípulo tendrá el placer de conversar con el Ser querido que ha partido para el Más Allá. Lo más importante es verlo, oírlo, tocarlo y palparlo.

 

En el Oriente hay una cueva donde los que quieren ver al Buddha entran a invocarlo. En cierta ocasión un chino que quería ver al Buddha, entró a la cueva e invocó al Buddha; pero el Buddha no apareció. Entonces el chino juró no volver a salir de la cueva hasta que el Buddha se le apareciera. Así duró el hombre varios días llamando desesperadamente al Buddha hasta que al fin, el Buddha apareció en la mitad de la cueva lleno de luz y de belleza. Entonces el Buddha bendijo al chino y éste salió feliz de la cueva. Con este sistema de invocación podemos ver a los muertos y conversar con ellos.

 

 

CAPITULO II

EVOLUCIÓN DEL ALMA DESENCARNADA

 

Las Almas de los muertos tienen que atravesar las esferas de la Luna, Mercurio, Venus, Sol, Marte, Júpiter y Saturno. Cada uno de esos planetas está envuelto en una atmósfera Astral.

 

Las Atmósferas astrales se penetran y compenetran mutuamente sin confundirse. Todas esas atmósferas estén relacionadas con el aire que respiramos.

 

LUNA: Cuando el alma entra en la esfera Lunar se siente muy atraída hacia el lugar donde se entierra su cuerpo, quiere actuar exactamente como si tuviera carne y hueso. Esas almas se sientan a almorzar y a comer en sus casas y sienten las mismas necesidades físicas de antes.

 

MERCURIO: Cuando el alma entra en la atmósfera de Mercurio ve que la atmósfera se le aclara mas y ve todas las cosas aún más bellas que antes. Aquellas almas que en la vida jamás supieron adaptarse a todas las circunstancias de la existencia, sufren entonces lo indecible. Aquellas almas llenas de orgullo y de soberbia por que quieren que todo el mundo las respete como antes, por su dinero y linaje. Empero, en la esfera de Mercurio, sólo se respeta a las almas por su santidad y por su sabiduría. Las almas que en la vida fueron humildes, beatas y caritativas, se sienten dichosas en la esfera de Mercurio.

 

VENUS: Mas tarde el alma entra en la esfera de Venus. En esa esfera las almas se vuelven infantiles y gozan como niño y juegan entre el seno de la naturaleza. En la esfera de Venus nos volvemos profundamente religiosos y comprendemos que todas las religiones del mundo son perlas engarzadas en el hilo de oro de la Divinidad... En la esfera de Venus nos volvemos místicos y gozamos entre los bosques y montañas de la naturaleza. Somos felices.

 

Aquellas almas que jamás tuvieron algún estilo religioso, aquellas almas materializadas se sienten allí fuera de su ambiente; como aves en corral ajeno; sufren lo indecible. Aquellas que fueron delirantes y fanáticas en asuntos religiosos, sienten allí inmenso remordimiento, por sus malas acciones porque comprenden el mal que hicieron a otros. Esas almas sufren indeciblemente. Algún tiempo después el alma entra en la esfera Solar.

 

SOL: En esa esfera comprendemos la unidad de las vidas, comprendemos que la vida que palpita en el corazón es la misma vida que palpita en el corazón mismo de cada mundo que recuerda a través de los espacios. En la esfera del Sol comprendemos lo que es la Fraternidad Universal y sentimos que somos una sola gran familia humana. Aquellas almas que fueron egoístas, sienten ahí en la esfera sol un profundo remordimiento y un gran sufrimiento moral. Esas almas sufren el remordimiento de sus malas acciones. En la esfera solar vemos en cada rostro un hermano.

 

MARTE: Más tarde el alma entra en la esfera Marciana. En esa esfera sentimos el anhelo de alejarnos para siempre de las cosas del mundo material. En esa esfera vivimos en una vida de encantamiento místico y sentimos la fuerte influencia de Francisco de Asís, del Buddha. Ahí sentimos que la vida de cada flor es nuestra propia vida. Anhelamos entonces alejarnos del mundo material para siempre.

 

JÚPITER: Más tarde el alma entra en la esfera de Júpiter. En esa esfera comprendemos que la religión que tuvimos en la tierra fue únicamente una escuela por la cual tuvimos que pasar. Ahí renunciamos ya a esa religión de la tierra y penetramos entonces en la Conciencia Cósmica.

 

SATURNO: En esa vida el Alma se sumerge, mucho más tarde en la esfera de Saturno y entonces flota deliciosamente entre todas las estrellas del espacio. Visita los distintos mundos y se sumerge entre el infinito lleno de músicas inefables, de orquestas deliciosas que resuenan entre el coral inmenso de la Eternidad, en donde sólo reina la verdadera felicidad del espacio sin límites.

 

 

CAPITULO III

REENCARNACIÓN Y KARMA

 

El alma abatida dentro del seno del infinito ve a millares de seres inefables o ángeles, Arcángeles, Tronos, Virtudes, Potestades, etc., y entonces, comprende que esos seres divinos fueron hombres que se perfeccionaron y que sufrieron muchísimo en la escuela de la vida. El alma comprende que la vida es una escuela, y desea volver a esa escuela de la vida para perfeccionarse. Cuando el Alma quiere volver a esa escuela de la vida para perfeccionarse, cuando el Alma quiere volver al mundo, entonces los ángeles del destino llevan a esa alma a un nuevo hogar: los Ángeles del Destino unen al Alma o mejor dijéramos conectan el alma en el espermatozoide del Semen del Padre.

 

Ese espermatozoide elegido por el alma que va a nacer, hace fecunda la matriz. Entre el vientre materno el alma permanece durante nueve meses, formando su nuevo cuerpo físico. No obstante el alma no está prisionera porque puede entrar y salir del vientre materno y de su cuerpo cada vez que quiera. A los nueve meses nace el alma con su nuevo cuerpo de niño.

 

Si en la pasada reencarnación hicimos mucho mal al prójimo entonces nos toca ahora sufrir las consecuencias y nacemos con muy mala suerte; los negocios nos fracasan, la miseria nos persigue y sufrimos inmensamente. Si antes le quitamos la mujer a otro, entonces, ahora nos la quitan a nosotros; si fuimos malos padres, si no supimos ser buenos con los hijos, entonces nos toca nacer en un lugar más amargo que la hiel. Los padres nos harán sufrir a nosotros en la misma forma en que nosotros hicimos sufrir a nuestros hijos en la pasada reencarnación. El que siembra rayos, no tiene más remedio que cosechar tempestades. El que siembra su maíz que se coma su maíz, cada quien cosecha lo que siembra. Si Dios enviara un alma a nacer entre las comodidades sin haber hecho algún bien, y a otros, sin haber hecho algún mal y los hicieran nacer en la miseria, ¿dónde estaría la Justicia de Dios?.

 

Un genio llega a ser genio porque en millones de vidas ha venido luchando por perfeccionarse. Nosotros somos la resultante de nuestras pasadas reencarnaciones. Con la vara con que midiereis, seréis medidos. Existen 42 Maestros del Karma. El Karma es la Ley de la Compensación.

 

En cada reencarnación somos nosotros más y más perfectos. Hemos venido millones de veces a este mundo, y nos toca seguir viviendo, hasta que nos volvamos perfectos.

 

Existe un sistema para recordar nuestras pasadas reencarnaciones: este sistema es el ejercicio retrospectivo. El discípulo se acuesta en su cama todas las noches y entonces practica los ejercicios retrospectivos. Comenzará el discípulo por recordar todas las cosas acaecidas, una hora antes de acostarse, dos horas antes, de todos los instantes de la tarde y de la mañana ocurridos durante el día. Se esforzará el discípulo por recordar todas las cosas de la víspera y de la antevíspera. Se debe hacer por recordar todo lo sucedido durante un mes, en dos meses, en tres, en un año, en diez años, veinte años atrás, hasta recordar minuciosamente toda la historia de su vida.

 

Haga el discípulo por recordarse los primeros cinco años de su vida. El Discípulo notará entonces que esto es muy difícil. Estos años son muy difíciles de recordar; pero hay un secreto para recordarlos: El discípulo debe adormecerse pronunciando mentalmente los Mantrams (Palabras de poder) siguientes: RA-ON... GA-OM... El discípulo se adormecerá pronunciando estas dos palabras mentalmente y esforzándose en recordar en su sueño todas las cosas que le sucedieron en los cinco primeros años de su historia, de la infancia.

 

Los sueños son verdaderos. Nuestros discípulos deben abrir la Biblia y estudiar el Libro de Daniel para que aprendan.

 

Después de haber recordado nuestros discípulos toda su vida actual, entonces deben esforzarse por recordar los últimos momentos de su pasada reencarnación. Si el Discípulo logra dormirse tranquilamente haciendo esta práctica entonces en fecha próxima podrá recordar en sus sueños toda su pasada reencarnación. Con este secreto todo discípulo, no solamente podrá recordar su pasada reencarnación sino, además, también podrá recordar todas sus pasadas reencarnaciones. Lo que se necesita es practicar todas las noches hasta obtener el triunfo y tener mucha fe.

 

 

CAPITULO IV

EL KARMA

 

En los mundos Internos existe un templo en donde ofician los 42 Jueces del Karma. Estos son los Cuarenta y dos Chacales. Se les llama así porque cubren su cabeza con una especie de máscara religiosa, que tiene la forma de cabeza de perro lobo o chacal. Estos Cuarenta y Dos Maestros son los de la Ley de la Compensación: La denominada Ley del KARMA.

 

Todos los males que hacemos a otros en pasadas reencarnaciones nos toca pagarlos en la próxima encarnación.

 

No sólo se paga Karma por el mal que se hace sino también por el bien que se deja de hacer pudiendo hacerlo. El que tiene con que pagar, paga y sale bien en sus negocios. El que no tiene con que pagar indudablemente tiene que pagar con dolor inevitablemente.

 

Dicen los Señores del Karma: "Haced buenas obras para que pagues tus deudas" "AL LEÓN DE LA LEY SE LE COMBATE CON LA BALANZA". Si el platillo de las malas acciones pesa más; entonces podemos poner buenas acciones en el platillo de las buenas acciones. Se dice: Aumenta el peso del platino de las buenas acciones para inclinar el platillo a nuestro favor. Así es como podemos cancelar las viejas deudas y evitarnos dolor.

 

Cuando una Ley Inferior es trascendida por una Ley Superior, la Ley Superior lava la Ley Inferior.

 

Nuestros discípulos deben aprender a viajar en Cuerpo Astral, para visitar el Templo de los Señores del Karma. El Jefe de este Templo es ANUBIS.

 

La clave para viajar en Cuerpo Astral, es muy sencilla: El discípulo se acostará en su lecho y procurará dormirse tranquilamente. Luego el discípulo se levantara de su lecho en aquellos instantes en que esté dormitando y saldrá de su cuarto. Si el discípulo da un saltito con la intención de quedar flotando en el aire, entonces verá con asombro que flotará deliciosamente en el aire y que podrá trasladarse en cuerpo astral a cualquier lugar de la Tierra. El discípulo puede ir en Cuerpo Astral al palacio de los Señores del Karma. En este Templo podrá arreglar sus negocios con los Señores del Karma. Cuando decimos negocios, nos estamos refiriendo a las deudas que tenemos pendientes con la Justicia Cósmica. Los Señores de la Ley también conceden crédito, pero todo crédito hay que pagarlo haciendo buenas obras en beneficio de la humanidad.

 

Debemos aprender a salir en Cuerpo Astral, para arreglar personalmente nuestros negocios con los Señores del Karma.

 

Cuando el hombre aprende a manejar su libro de cuentas, puede encausar mejor su vida.

 

 

CAPITULO V

EL INTIMO

 

San Pablo dijo: "Recordad que vuestros cuerpos son el Templo del Dios Vivo y que el Altísimo mora en vosotros" El Altísimo es nuestro Yo Divino, es nuestro Espíritu, es el Intimo.

 

Así pues, el Intimo es lo más divino que nosotros tenemos dentro de nosotros. Es Dios entre nosotros. El Intimo es bello, es sublime, es puro.

 

El Intimo tiene dos cosas: el Alma y el Cuerpo. El Alma está en contacto con el Sistema Gran-Simpático. El Intimo está en contacto con el Sistema Cerebro Espinal; es decir, con la Columna Cerebro-Espinal.

 

El Alma sufre, goza, trabaja, adquiere experiencia, comete fallas, es imperfecta. El Alma es pecadora. El Alma se deja llevar de las pasiones y por eso sufre. Así pues, si el Alma quiere volverse Ángel, no le queda más remedio que acabar con sus defectos, volverse pura, purificarse, emblanquecerse para llegar a la unión con el Intimo.

 

Cuando el Alma se fusiona con el Intimo, es decir se mezcla con el Intimo, cuando se vuelve una con Él, entonces, se convierte en Ángel.

 

El Intimo es una llama. El Alma es otra llama. Cuando las dos llamas se juntan, forman una sola llama. Esa llama es Ángel. Así, pues, los Ángeles son hombres perfectos. Almas arrepentidas. Hombres que se arrepintieron de sus pecados. De sus maldades, de sus fornicaciones, de sus adulterios, de sus homicidios, etc.

 

Dios es el Intimo que está dentro de nosotros. El Espíritu Universal de vida. Es el Fuego Divino que está dentro de la roca, dentro de las aguas, dentro del aire, en todo el espacio. Todo el Infinito está animado por el Fuego Divino. Dios es un Mar de Fuego Ardiente. En todas partes está el Fuego Ardiente. El Fuego es Dios. El Fuego es Pentecostés. Es Dios. El Fuego que vio Moisés en la Zarza de Oreb es Dios. El Intimo que tenemos dentro es una llama de Fuego Divino: Es Dios dentro de nosotros. El Intimo es el hombre Divino, es el Hombre Celeste que está dentro de nosotros mismos. Cuando el Alma se mezcla con el Intimo se convierte en Él mismo. Entonces nos volvemos Ángeles. Los Ángeles están en la Naturaleza, están en los Ríos, en el Mar, en las nubes, en los volcanes. En todas partes.

 

 

CAPITULO VI

MAGIA SEXUAL

 

"Nosotros salimos del EDEM por las puertas del SEXO, EL EDEM es el mismo SEXO"

 

Al EDEM no podemos entrar sino por la puerta por donde salimos. Esa puerta es el SEXO, Ninguno puede meterse en el Paraíso por la puerta o por las puertas falsas. Estas no existen en el Paraíso. El Paraíso no tiene puertas de tal índole. Es necesario entrar por donde salimos. "EL EDEM ES EL MISMO SEXO".

 

Las Fuerzas Sexuales están en todas partes; todo cuanto existe en el mundo es hijo del sexo. Nosotros mismos existimos en el mundo porque tuvimos un Padre y una Madre.

 

En el EDEM hay dos ÁRBOLES: "EL ÁRBOL DE LA CIENCIA DEL BIEN Y DEL MAL Y EL ÁRBOL DE LA VIDA".

 

Nosotros salimos del EDEM por haber comido del fruto prohibido. No podremos entrar al EDEM mientras continuemos comiendo de ese fruto.

 

En la base de la Columna Espinal hay un hueso llamado Coxis; en este hueso hay un Centro Etérico llamado MULADHARA, y dentro de ese Centro Etérico hay una SERPIENTE DE FUEGO incrustada. Esa Serpiente es el Fuego de PENTECOSTÉS. El fuego del ESPÍRITU SANTO.

 

Ese Fuego es terrible; tiene un poder tremendo. Esa es la SERPIENTE ÍGNEA DE NUESTROS MÁGICOS PODERES. Esa Serpiente es llamada en la India, es conocida allá con el nombre de KUNDALINI.

 

Los MAGOS de la India despiertan el KUNDALINI con la MAGIA SEXUAL. La MAGIA SEXUAL es muy fácil: EL HOMBRE Y LA MUJER PUEDEN UNIRSE SEXUALMENTE Y SERÁN AMBOS "UNA SOLA CARNE". Empero, ambos, hombres y mujeres, se deberán retirar del Acto Sexual antes y sin derramar el Licor Seminal.

 

Así pues, el Licor Seminal no debe derramarse entre la matriz, ni mucho menos, debe dejarse derramar la SIMIENTE fuera de aquel órgano. Es necesario retirarse de la mujer, y ésta del hombre, refrenándose el impulso sexual para evitar el derrame del Licor Seminal.

 

Refrenando el impulso sexual el Semen se transmuta en energías sutilísimas las cuales suben hasta el cerebro por entre dos finos cordones nerviosos. Estos cordones son los "DOS TESTIGOS" de que nos habla el Apocalipsis. Son las "DOS OLIVAS DEL TEMPLO". "LOS DOS CANDELEROS QUE ESTÁN DELANTE DEL TRONO DEL DIOS DE LA TIERRA".

 

El Yogui forma su hogar sin necesidad de violar el Sexto Mandamiento de la Ley de Dios: NO FORNICAR. Durante el Acto de Magia Sexual, puede escaparse un espermatozoide, que las Jerarquías Lunares emplean para fecundar la matriz, sin necesidad de derramar al Semen.

 

Dios es el INTIMO y su Trono es la Columna Espinal.

 

Las Fuerzas Sexuales son Solares y Lunares. Cuando los átomos solares y Lunares se unen en el Coxis, entonces despierta la culebra ígnea de nuestros mágicos poderes, con esa culebra podemos despertar todos los poderes de los magos.

 

Esa Serpiente entra por el Orificio inferior de la Médula Espinal. La Médula es hueca por dentro. A lo largo de la Médula Espinal hay un canal por entre el cual va subiendo el Fuego Sagrado del Espíritu Santo, poco a poco hasta llegar al cerebro.

 

Cuando la Serpiente ígnea llega al cerebro, entonces el Alma se une con el INTIMO y así entra aquella en el EDEM.

 

El Alma que se une con el INTIMO tiene poder sobre la Tierra, sobre las Aguas, sobre el Fuego. Puede mandar a los vientos y huracanes. Puede oír y ver las cosas del cielo, de la tierra y del abismo y puede saber todas las cosas divinas.

 

El CRISTO JESÚS dijo: "Los milagros que yo he hecho, los podréis hacer vosotros y aún más, así pues, la única forma de entrar al Paraíso, es por la puerta por donde salimos. Esa puerta es el SEXO. Nadie puede entrar al Paraíso por puertas falsas.

 

Los solteros deben transmutar el Licor Seminal con la respiración profunda manteniendo los pulmones llenos treinta segundos o más. Este ejercicio de SWARA debe efectuarse diariamente.

 

 

CAPITULO VII

LAS SIETE IGLESIAS

 

Las Siete Iglesias de que habla el APOCALIPSIS DE SAN JUAN, no están en el continente Asiático como suponen los ignorantes. Esas Siete Iglesias están en nuestra Columna Espinal.

 

EL APOCALIPSIS DE SAN JUAN es un libro Sellado con SIETE SELLOS. Ese libro es el mismo HOMBRE.

 

Nadie, sino únicamente el CORDERO, es decir, nuestro YO DIVINO, que mora dentro de nosotros mismos, puede abrir ese LIBRO y desatar sus SIETE SELLOS.

 

Las SIETE IGLESIAS son Siete Centros nerviosos que tenemos en nuestra Columna Espinal.

 

EFESO: La Primera Iglesia es la de EFESO. Esa Iglesia reside en el hueso Coxígeo. Dentro de esa Iglesia esta la SERPIENTE SAGRADA; la Culebra de Metal; la SERPIENTE DE BRONCE que sanaba a los Israelitas en el desierto.

 

Cuando esta Iglesia se abre, adquirimos poder sobre los volcanes, sobre los terremotos; sobre las criaturas que viven debajo de la tierra.

 

ESMIRNA: Cuando la Serpiente llega a la altura de la próstata, despierta la segunda Iglesia, la cual es la Iglesia de ESMIRNA y adquirimos poder sobre las aguas y las tempestades.

 

PÉRGAMO: Cuando la Culebra Sagrada va subiendo por entre el Canal Central de la médula espinal y llega a la altura del ombligo, entonces despierta la Tercera Iglesia: la Iglesia de PÉRGAMO. Entonces adquirimos poder sobre los rayos, sobre el fuego y sobre los volcanes en erupción. Podemos mandar a los volcanes y los volcanes nos obedecen. Podemos mandar al fuego y el fuego Universal nos obedece.

 

TIATIRA: Cuando la Culebra llega a la altura del corazón, entonces despierta la Iglesia DE TIATIRA. Esta Iglesia nos da poder sobre los ciclones, sobre la brisa, sobre los huracanes.

 

SARDIS: Cuando la Culebra Sagrada llega a la altura de la garganta, entonces podemos oír las cosas que hablan los Ángeles, las palabras de las Almas de los muertos, etc. Esta es la Iglesia de SARDIS.

 

FILADELFIA: Cuando la Culebra Sagrada sube por dentro del Canal Medular y llega a la altura del entrecejo, entonces podemos ver las cosas de otro mundo; la Luz Astral, las Almas de los muertos. Arcángeles, Serafines, Potestades, Virtudes, Tronos, etc. Esa es la Iglesia de FILADELFIA.

 

LAODICEA: Cuando la Culebra llega a la parte superior del Cráneo se abre la Iglesia de LAODICEA. Ese es el Ojo de Diamante. El que abre ese ojo se sabe todas las cosas del cielo y de la tierra. Se vuelve terrible. Ve en todas partes; nada ignora; después de esto el Alma se une con el INTIMO y se convierte en MAESTRO; Profeta, Sabio, Iluminado, Poderoso. Ve todo, oye todo, nada ignora. Cuando el Alma se ha unido totalmente, absolutamente con el INTIMO, entonces se vuelve ÁNGEL Los Ángeles son hombres perfectos.

 

 

CAPITULO VIII

VIAJES ASTRALES

 

El Alma está envuelta en un cuerpo fluídico llamado Cuerpo Astral. El Cuerpo Astral es semejante al Cuerpo Físico. Dentro del Cuerpo Astral está el Alma con su Mente, con su Voluntad; con su Conciencia; con sus Sentimientos. Así pues, el Cuerpo Astral es maravilloso; ese es el Cuerpo del Alma. Cuando el cuerpo de carne y hueso está dormido, el Alma se sale del Cuerpo de Carne y Hueso y anda por todas partes. El Alma viaja en su Cuerpo Astral.

 

Cuando el Rey Nabucodonosor estaba durmiendo en su cama, pensó en lo que debía de ser su porvenir; entonces se durmió. El Alma del Rey se salió entonces del Cuerpo de Carne y Hueso, viajó por entre el plano Astral, y vio una estatua cuya cabeza era de oro; su pecho sus brazos de plata; sus piernas de hierro y sus pies en parte de hierro y en parte de barro cocido.

 

El Rey mandó a llamar a todos los Magos, Astrólogos, Adivinos Caldeos, para que le adivinasen el sueño de la estatua y le dieran su declaración. No hubo nadie que fuera capaz de contarle el sueño al Rey, pues el no quiso contárselo a nadie. Los sabios, por ese motivo, iban a la muerte. Daniel el Profeta, se fue a su casa y oró al Señor Jehová con sus compañeros y se acostó a dormir tranquilamente.

 

El Alma de Daniel se salió entonces del cuerpo y vio en el Astral la famosa estatua del Rey Nabucodonosor. Al día siguiente Daniel se presentó ante el Rey y le adivinó el sueño de la estatua y le dio su declaración, es decir la interpretación. El Rey quedó asombrado y Daniel fue colmado de honores.

 

Así pues, los sueños son las experiencias astrales. Nuestros discípulos deben decir experiencias astrales y no sueños. Nuestros discípulos deben decir anoche estuve en tal punto; anoche estuve en Cuerpo Astral en tal lugar; tuve una experiencia con fulano de tal en tal Templo, etc.

 

En Cuerpo Astral los Maestros sometemos a los discípulos a muchas pruebas. En el plano Astral y en cuerpo astral, nuestros discípulos reciben en los Templos del plano astral, sus iniciaciones. El Plano Astral es conocido en la Biblia con el nombre de "Monte". En el Monte, Jesús se transfiguró delante de sus discípulos. El Monte es el Astral. Durante el sueño nuestros discípulos están en el Monte. Es interesante que nuestros discípulos se estudien el libro de Daniel en la Biblia. Todas las visiones de Daniel eran en el Monte, en el plano Astral y no en el plano físico. Al despertarse nuestros discípulos de su sueño material, no deben moverse porque con el Movimiento del cuerpo se agita el cuerpo Astral y se pierden los recuerdos. Al despertarse los discípulos deben esforzarse por recordar todos aquellos lugares en donde estuvieron mientras su cuerpo dormía. Deben esforzarse por recordar todas sus experiencias pasadas en el plano astral. Nuestros discípulos no deben contarle sus experiencias a nadie.