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RELATOS -- LECTURAS -- CUENTOS CORTOS

Escrito por imagenes 23-10-2008 en General. Comentarios (1)




RELATO

AUTOR

 
"El"
Nelson Primus
Leer
¿Abducción?
UweVegas
Leer
1:35 minutos. 1.60 metros de altura
Xulio Estón
Leer
1983
Halsey
Leer
24 de Diciembre
Lala Vika
Leer
Acechada
Cobana Nova
Leer
Aceite Pesado
Mitico
Leer
Al llegar cada mediodía
La Ninfa
Leer
Amando a Gretel
Legión
Leer
Amanecer
Sidney
Leer
Andy y la Baldosa
Kogan
Leer
Ángeles Oscuros
Epron
Leer
Angustia
Txerra
Leer
Apuesta por cumplir
Cir Bertran
Leer
Ariel
Aizur
Leer
Arlequino Respondón
Demian
Leer
Aullidos
Botticelli
Leer
Aúllos en la Noche
JIMMY BRESMAR
Leer
Bajo la Cama
Shuná 'El Buscador'
Leer
Beneficio de Esaú
Bruno Antier
Leer
Bienvenido a Odeimville
Fear
Leer
Buena Suerte
Álex El Drugo
Leer
Burbuja
Keko!
Leer
Cabezas Cortadas
José de Arimatea
Leer
Calle de las Velas
Sanbes
Leer
Carla y su cuerpo
Trent Reznor
Leer
Casino Zombie
Elephantman
Leer
Cazador
Mayo Talar
Leer
Cementerio de Trincheras
Gallego
Leer
Cherry
Cherry
Leer
Chirridos, Sombras y Voces
Airon
Leer
Complejo de Aislamiento
DERCETO
Leer
Crímenes en Paul City
Robbye66
Leer
Cuando Lucas se fue
Sirios Red
Leer
Cuando se abren las puertas del ascensor
Eric Arturo Cano
Leer
Cuarto en Renta
Zeus Antonio
Leer
Cuervos
Melmoth
Leer
Curare
Portuondo
Leer
Dame Fuego
Erebus
Leer
De sueños y monstruos
Historiasdemiedo
Leer
Descendencia
Lorenzo
Leer
Despertar
Iblis
Leer
Destellos en la Oscuridad
Franco Morelia
Leer
Destino Imprevisto
Azabache
Leer
Donde caerse muerto
Crocop
Leer
Ejemplar de Laboratorio
Lima
Leer
Ejemplo Expurgado del Conde Lucanor
Indeturpado
Leer
El Alma del Payaso
Abel
Leer
El Ascensor
Clarice S.
Leer
El Asesino de las Olimpiadas
El soñador
Leer
El Asunto que Aguarda en el Sótano
Ikabol
Leer
El Beso
Loki
Leer
El Bosque
Uriel
Leer
El callejón
amy_death
Leer
El caso de la casa inclinada
A.Moreno
Leer
El Centro de Menores
RagnaRok&Roll
Leer
El Cómic
FENNYX
Leer
El Corazón de la Casa
J.A. Carvajal
Leer
El Cuarto Abandonado
Rupea
Leer
El Cuervo de Auvers Sur Oise
Altense
Leer
El de atrás
Sademo
Leer
El Deseo de los Muertos
Scherezade
Leer
El Destino Juega con Cartas sin Marcar
Alan Plus
Leer
El diablo en Santa Fe
Faustino Rucaneu
Leer
El Diamante de Sereattino
W. R. Ocasio
Leer
El Dios Humano
Migle
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El Edificio
Poeta de Muerte
Leer
El Ente
Rvdo.Henry Kane
Leer
El Entierro
Anna
Leer
El Entierro de Espronceda
Hermenegildo
Leer
El Experimento Jennings
Agripes
Leer
El filo de la misma navaja
Peter Mawser
Leer
El Forastero
Samuel Clemente
Leer
El fotógrafo
Taliesin
Leer
El Gato
Alejandro Montemar
Leer
El Grifo
Louis de Poudereux
Leer
El Hato
Calixto
Leer
El hedor que expele la muerte
El duque albino
Leer
El Hombre del Monte
Sancho
Leer
El Hombre Vacío
Gilles G. Vendetta
Leer
El Hotel de los Sueños
Roland
Leer
El Indio
Randolph Carter
Leer
El Instinto
Francisco Caballero
Leer
El Intruso y la Maldición de los Lopez
María Coronado
Leer
El Invitado Necesario
Jazzlex
Leer
El Jardín del Abismo
Maurice Bagot
Leer
El Juego de Cartas
Ariadna Farauste
Leer
El Juego de la Copa
Gripi
Leer
El Juego Kala Azar
Kala Azar
Leer
El metro
Romero
Leer
El Misterio de la Encrucijada
Ross
Leer
El Misterio de la Escuela
Paula Zárate
Leer
El Montículo
José de Arimatea
Leer
El Pájaro
Juggernaut
Leer
El Peregrino
Aizur
Leer
El Peso
Necane
Leer
El Proyecto
Yajeira
Leer
El reflejo de mi muerte
Rvdo.Henry Kane
Leer
El Reflejo del Demonio
Javmase
Leer
El Reflejo del Rosario
La Ninfa
Leer
El Responsable
Marti Caffi
Leer
El Restaurante
Olfranz
Leer
El Retrato
Dark Leprekaunt
Leer
El Santuario Maldito
Bruma
Leer
El Secreto Mejor Guardado
Yajeira
Leer
El señor de las monedas
Azrael
Leer
El Sueño dentro de la Pesadilla
Uruksoth
Leer
El Sueño Vivo
Jano
Leer
El Sustento
Tomate
Leer
El taxidermista
sangol
Leer
El Terrible Error
Allan Curwen
Leer
El Tombo
Glacial
Leer
El último día
William Willhunter
Leer
El Vagón
tharsadum
Leer
El Vecino
Baruch Spinoza
Leer
El Viaje
Mariano77
Leer
El Viejo Alquimista
Ydras
Leer
El Viejo Contador de Historias
romero
Leer
Eleanore
Zachae
Leer
Elefantes
Simón Godino
Leer
En La Celda
Simón León
Leer
En la espera final
Puli
Leer
Enemigo Invisible
LAUTREAMONT
Leer
Engranajes
Yerbi
Leer
Enterrado Vivo
Tony Good
Leer
Entra tú
Xulio Estón
Leer
Entraron a nuestra casa cuando los dos dormíamos apretados al silencio
Celta
Leer
Entrega a Domicilio
Athus
Leer
Error Humano
Randolph Carter
Leer
Escritos de Rueda
Necane
Leer
Espiritualismo Histórico
Lacata
Leer
Eterna Venganza
Thot
Leer
Eva
Pepo
Leer
Exclusiva
Nereida
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Fotodepilación
Elliot Potter
Leer
Frío
Gastón Farro
Leer
Fuego
Mailin
Leer
Fuego
El Duende
Leer
Futuro sin Riqueza
Bubu
Leer
Galería de Arte Moderno
RJB
Leer
Gelatina
Gomoso Pegajoso
Leer
General Lee
GatoFantasma
Leer
Gore Patch v. 666
Fenix Oscuro
Leer
Gripe en Turquesa
cautiva
Leer
Habitación 150
NEIKLOT
Leer
Hechicería y Poder
Belinda
Leer
Infierno
Azatoth-71
Leer
Insomnio
Manfredi
Leer
Insomnio, humo y moscas
Yerbi
Leer
Inspiración
Silencio
Leer
Instinto
Juan Larsen
Leer
Isis llama a la puerta
Adrien Barrow
Leer
Juego de Canicas
Bufalaga
Leer
Kill Halloween
Zampanó
Leer
La Brújula apunta al muerto
Thomas W. Daltrey
Leer
La Búsqueda
Cindy Mariens
Leer
La Caja
Palas
Leer
La Cara en la Luna
Gondolero
Leer
La Casa
Demian
Leer
La Casa Cuna
Zuli
Leer
La Cena
Känno Filth
Leer
La Ciencia del Miedo
Elephantman
Leer
La Cosa
Alf Berger
Leer
La Cuota
Gus Lezica
Leer
La Curiosidad
Heine
Leer
La Despensa
Chebu
Leer
La deuda de Griselda
Lord Voldemort
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La Dominada
Espina11
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La Escondida
Escocés
Leer
La Espera
Pichu Miranda
Leer
La Fórmula Secreta
Carlos Asunto Silva de Obregón.
Leer
La Fragilidad del Ser
El duque albino
Leer
La Habitación 217
Dolorex Tremo
Leer
La Huella
Suárez del Campo
Leer
La inspiración del pintor
Aliver
Leer
La Lamia
Alphonse Uriel
Leer
La Leyenda de "El Catrín"
José Lius S. Larraguivel
Leer
La Llegada
Fernando Pessina
Leer
La Maldición del Suicidio del Ático
Nyka
Leer
La Marioneta de la Bruja
La niña que sueña
Leer
La Máscara de Peltre
NatHorst
Leer
La Mecedora
Juan Carlos
Leer
La Misma
Sam Ricker
Leer
La Muela
Jhonny Glandy
Leer
La Muerte
Paula Zárate
Leer
La Mujer de Shrodinger
Trent Reznor
Leer
La Niña
Mitra
Leer
La Niña de la Curva
Extremaño
Leer
La Noche Cegadora
Bishop
Leer
La Novia de Rockman
Sergio Lacroix
Leer
La nueva criatura
Stalker
Leer
La Número 13
Pituka
Leer
La Obsesión
Piratana
Leer
La Oreja
Príncipe Adenar
Leer
La Partida de Pocker
Hervione
Leer
La Pasajera
Saga
Leer
La Pintura y el Librero
El Invencible
Leer
La Piscina
tharsadum
Leer
La Rúbrica de lo Terrible
Cornelio Agrippa
Leer
La Ruleta de los Recuerdos
Turronante
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La Sombra Oculta
Kiki
Leer
La Sutileza de la Locura
Yuggoth
Leer
La Tanita
JorgeAvellaneda
Leer
La Tormenta
Hervione

*****

Leer
La última noche
Fernando Pessina
Leer
La Urraca
La princesa malaya
Leer
La Venganza
Aguaribay
Leer
La Venganza Alada
Rampusel
Leer
La Ventana
Darkter Ego
Leer
Lágrima ejecutora
Danílex
Leer
Lama Sabachthani
Horacio Walpole
Leer
Las Margaritas Nunca Engañan
Matián
Leer
Lejos y más lejos
Kid Marlboro
Leer
Lilith
Padre Gerardo Montesinos
Leer
Lo que vino de las profundidades
Olfranz
Leer
Lo siento muchacha
Kid Marlboro
Leer
Los Campos de Cereales
Bettinna
Leer
Los Hechos
Andress
Leer
Los Ojos de la Mascota
Berenice
Leer
Los Recuerdos del Súcubo
Burning Hell
Leer
Los ruidos y la historia moderna
Pathos
Leer
Luz, agua, acordeón... y enredaderas
Marvolo
Leer
Mariposas
El antiguo enemigo
Leer
Melodía Inacabada
Token Grim
Leer
Mensaje Nocturno
Rupea
Leer
Menudo Sueño
Azumy
Leer
Mi cuerpo, su cuerpo
Heraclide
Leer
Mi Familia
Roberta Steer
Leer
Mi tío
NEIKLOT
Leer
Miedo
Athus
Leer
Miedo 10
Isabel Feuris
Leer
Mientras arde la llama
Eric Arturo Cano
Leer
Mientras Duermo
PoeCraft
Leer
Miradas que matan
hufnagels
Leer
Monstruo
Rorschach
Leer
Muere. Despierta. Muere
Willy Escudero
Leer
Muerte Blanca
El Bosque
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Muñecas
Angelon
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Necrofilia
Ale Spain
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Negro Oscuro
dirmapib
Leer
No Pasar
Waragocha
Leer
No puedo acordarme
NoviaVampira
Leer
Noche de viento
Acuario
Leer
Noche de Vigilia
Gallo Rojo
Leer
Noches sin pesadilla
Cyrano de Vigo
Leer
Notas Nocturnas
Selene
Leer
Oigo a mi alrededor gritos
Sucubos
Leer
Ojo Por Ojo
Carlos Añejo
Leer
Ojos
La Pupila
Leer
Olor Acre a Muerte
Misty
Leer
Osario
Baskerville
Leer
Oscuro Amanecer
Anna
Leer
Palomas Rojas
Chechuri
Leer
Papel
Gilberto Manhattan Ruiz
Leer
Pasajero Inesperado
CIR BERTRAN
Leer
Pasos en la Noche
Nabetse
Leer
Pelón
Martina la Morena
Leer
Perfecta Imaginación
Fenix
Leer
Perfume de Rosas
El arlequín nostálgico
Leer
Perversidad
hecate lamia
Leer
Placer Mortal
Placerius Tremens
Leer
Por eso estoy aquí
Polita
Leer
Porfiria
Wolfhead
Leer
Poseído
Sioux
Leer
Premonición
Agni
Leer
Presencias
R.O. Bretón
Leer
Primitivo
Alvoux
Leer
Promoción de la Muerte
Bubu
Leer
Psicosis
Celta
Leer
Pyckerman's Sanatory
J.P.Escrichs
Leer
Quilitl Atl
El Invencible
Leer
Relato del terrible hecho acontecido en la casa de Susana e Hilda Varna
Extraño Descalzo
Leer
Reportaje al Más Allá
Nanedus
Leer
Requiem
Daryl
Leer
Revelación
NEOENTE
Leer
Rostro en la Pared
Gilles G. Vendetta
Leer
Ruidosos
Ikabol
Leer
Sacrificio
Leonardo Quintero
Leer
Sangre
All Gore
Leer
Sangre Muerta
Jrwolf
Leer
Sangre y café
Hamlet
Leer
Se Buscan
Nyka
Leer
Secretos Desnudos
Rems
Leer
Señor de los Señores
Bufalaga
Leer
Serpientes
Hecate lamia
Leer
Simbiosis
Tony Good
Leer
Simbiosis
El Eremita
Leer
Sin Sangre
Mascarada
Leer
Síntesis de una vida onírica
Trébol 5
Leer
Solo un sueño
Lavruja
Leer
Sombras en el Corredor
Inhumano
Leer
Sueños de Tiburones
Benicio
Leer
Sueños Húmedos
Ricardo Reyes
Leer
Terapia Mortal
Macrotus
Leer
Terapia Verde
Benicio
Leer
Terminal
Tánatos
Leer
Terror en el Hospital
Ramma
Leer
Testigo
Clovis Sangrail
Leer
The End
Stanley King
Leer
Timbre del Teléfono
Alexis Demian
Leer
Todo sigue igual
amy_death
Leer
Tralshkent
Josef
Leer
Transferencia
Peter Mawser
Leer
Tras el telón
Känno Filth
Leer
Tras la puerta
El Eremita
Leer
Tras un monte unas ánimas rugen la intemperie
Soadelf
Leer
Travesuras Nocturnas
Ulises Green
Leer
Trece
Rembrandt
Leer
Tres terroríficas madres con acompañamiento de una muerte incrédula
Soadelf
Leer
Triste pero cierto
Damphyr
Leer
Turno Nocturno
Doppelklick
Leer
Último Destino
Txerra
Leer
Un agujero en la torre
Acuario
Leer
Un día de pesca inmejorable
Dolorex Tremo
Leer
Un poco más lejos
Elemir
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Un Viaje Extraordinario
Lautréamont
Leer
Una auténtica pasión
Anaís Steer
Leer
Una droga como el cristal
OROCHIMARU
Leer
Una ocurrencia no del todo mala
Marisa Do Masso
Leer
Una Reunión Más
Músico de cuerdas rotas
Leer
Unión de carne, sangre y huesos
Fraterno Dracon Saccis
Leer
Vampiros de una noche
NohE2
Leer
Vecinos
Baltasar Rey
Leer
Venganza
Sofia Sferrazza
Leer
Viaje en Subte
Yokabil
Leer
Vida de un artista incomprendido
Extraño Conocido
Leer
Vieja Juventud
Pegazo
Leer
Visita
Guimarvel
Leer
Voces
Cyrano de Vigo
Leer
Xenia
barón Stein
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Y Cae la Nieve
Ángelus
Leer
Y el olvido vendrá en tus ojos
Juan del Paramo
Leer
Ya no nos quieren
Oxigen
Leer
Ya vienen
Chebu
Leer




RELATO

AUTOR

 
"El"
Nelson Primus
Leer
¿Abducción?
UweVegas
Leer
1:35 minutos. 1.60 metros de altura
Xulio Estón
Leer
1983
Halsey
Leer
24 de Diciembre
Lala Vika
Leer
Acechada
Cobana Nova
Leer
Aceite Pesado
Mitico
Leer
Al llegar cada mediodía
La Ninfa
Leer
Amando a Gretel
Legión
Leer
Amanecer
Sidney
Leer
Andy y la Baldosa
Kogan
Leer
Ángeles Oscuros
Epron
Leer
Angustia
Txerra
Leer
Apuesta por cumplir
Cir Bertran
Leer
Ariel
Aizur
Leer
Arlequino Respondón
Demian
Leer
Aullidos
Botticelli
Leer
Aúllos en la Noche
JIMMY BRESMAR
Leer
Bajo la Cama
Shuná 'El Buscador'
Leer
Beneficio de Esaú
Bruno Antier
Leer
Bienvenido a Odeimville
Fear
Leer
Buena Suerte
Álex El Drugo
Leer
Burbuja
Keko!
Leer
Cabezas Cortadas
José de Arimatea
Leer
Calle de las Velas
Sanbes
Leer
Carla y su cuerpo
Trent Reznor
Leer
Casino Zombie
Elephantman
Leer
Cazador
Mayo Talar
Leer
Cementerio de Trincheras
Gallego
Leer
Cherry
Cherry
Leer
Chirridos, Sombras y Voces
Airon
Leer
Complejo de Aislamiento
DERCETO
Leer
Crímenes en Paul City
Robbye66
Leer
Cuando Lucas se fue
Sirios Red
Leer
Cuando se abren las puertas del ascensor
Eric Arturo Cano
Leer
Cuarto en Renta
Zeus Antonio
Leer
Cuervos
Melmoth
Leer
Curare
Portuondo
Leer
Dame Fuego
Erebus
Leer
De sueños y monstruos
Historiasdemiedo
Leer
Descendencia
Lorenzo
Leer
Despertar
Iblis
Leer
Destellos en la Oscuridad
Franco Morelia
Leer
Destino Imprevisto
Azabache
Leer
Donde caerse muerto
Crocop
Leer
Ejemplar de Laboratorio
Lima
Leer
Ejemplo Expurgado del Conde Lucanor
Indeturpado
Leer
El Alma del Payaso
Abel
Leer
El Ascensor
Clarice S.
Leer
El Asesino de las Olimpiadas
El soñador
Leer
El Asunto que Aguarda en el Sótano
Ikabol
Leer
El Beso
Loki
Leer
El Bosque
Uriel
Leer
El callejón
amy_death
Leer
El caso de la casa inclinada
A.Moreno
Leer
El Centro de Menores
RagnaRok&Roll
Leer
El Cómic
FENNYX
Leer
El Corazón de la Casa
J.A. Carvajal
Leer
El Cuarto Abandonado
Rupea
Leer
El Cuervo de Auvers Sur Oise
Altense
Leer
El de atrás
Sademo
Leer
El Deseo de los Muertos
Scherezade
Leer
El Destino Juega con Cartas sin Marcar
Alan Plus
Leer
El diablo en Santa Fe
Faustino Rucaneu
Leer
El Diamante de Sereattino
W. R. Ocasio
Leer
El Dios Humano
Migle
Leer
El Edificio
Poeta de Muerte
Leer
El Ente
Rvdo.Henry Kane
Leer
El Entierro
Anna
Leer
El Entierro de Espronceda
Hermenegildo
Leer
El Experimento Jennings
Agripes
Leer
El filo de la misma navaja
Peter Mawser
Leer
El Forastero
Samuel Clemente
Leer
El fotógrafo
Taliesin
Leer
El Gato
Alejandro Montemar
Leer
El Grifo
Louis de Poudereux
Leer
El Hato
Calixto
Leer
El hedor que expele la muerte
El duque albino
Leer
El Hombre del Monte
Sancho
Leer
El Hombre Vacío
Gilles G. Vendetta
Leer
El Hotel de los Sueños
Roland
Leer
El Indio
Randolph Carter
Leer
El Instinto
Francisco Caballero
Leer
El Intruso y la Maldición de los Lopez
María Coronado
Leer
El Invitado Necesario
Jazzlex
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El Jardín del Abismo
Maurice Bagot
Leer
El Juego de Cartas
Ariadna Farauste
Leer
El Juego de la Copa
Gripi
Leer
El Juego Kala Azar
Kala Azar
Leer
El metro
Romero
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El Misterio de la Encrucijada
Ross
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El Misterio de la Escuela
Paula Zárate
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El Montículo
José de Arimatea
Leer
El Pájaro
Juggernaut
Leer
El Peregrino
Aizur
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El Peso
Necane
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El Proyecto
Yajeira
Leer
El reflejo de mi muerte
Rvdo.Henry Kane
Leer
El Reflejo del Demonio
Javmase
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El Reflejo del Rosario
La Ninfa
Leer
El Responsable
Marti Caffi
Leer
El Restaurante
Olfranz
Leer
El Retrato
Dark Leprekaunt
Leer
El Santuario Maldito
Bruma
Leer
El Secreto Mejor Guardado
Yajeira
Leer
El señor de las monedas
Azrael
Leer
El Sueño dentro de la Pesadilla
Uruksoth
Leer
El Sueño Vivo
Jano
Leer
El Sustento
Tomate
Leer
El taxidermista
sangol
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El Terrible Error
Allan Curwen
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El Tombo
Glacial
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El último día
William Willhunter
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El Vagón
tharsadum
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El Vecino
Baruch Spinoza
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El Viaje
Mariano77
Leer
El Viejo Alquimista
Ydras
Leer
El Viejo Contador de Historias
romero
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Eleanore
Zachae
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Elefantes
Simón Godino
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En La Celda
Simón León
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En la espera final
Puli
Leer
Enemigo Invisible
LAUTREAMONT
Leer
Engranajes
Yerbi
Leer
Enterrado Vivo
Tony Good
Leer
Entra tú
Xulio Estón
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Entraron a nuestra casa cuando los dos dormíamos apretados al silencio
Celta
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Entrega a Domicilio
Athus
Leer
Error Humano
Randolph Carter
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Escritos de Rueda
Necane
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Espiritualismo Histórico
Lacata
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Eterna Venganza
Thot
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Eva
Pepo
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Exclusiva
Nereida
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Fotodepilación
Elliot Potter
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Frío
Gastón Farro
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Fuego
Mailin
Leer
Fuego
El Duende
Leer
Futuro sin Riqueza
Bubu
Leer
Galería de Arte Moderno
RJB
Leer
Gelatina
Gomoso Pegajoso
Leer
General Lee
GatoFantasma
Leer
Gore Patch v. 666
Fenix Oscuro
Leer
Gripe en Turquesa
cautiva
Leer
Habitación 150
NEIKLOT
Leer
Hechicería y Poder
Belinda
Leer
Infierno
Azatoth-71
Leer
Insomnio
Manfredi
Leer
Insomnio, humo y moscas
Yerbi
Leer
Inspiración
Silencio
Leer
Instinto
Juan Larsen
Leer
Isis llama a la puerta
Adrien Barrow
Leer
Juego de Canicas
Bufalaga
Leer
Kill Halloween
Zampanó
Leer
La Brújula apunta al muerto
Thomas W. Daltrey
Leer
La Búsqueda
Cindy Mariens
Leer
La Caja
Palas
Leer
La Cara en la Luna
Gondolero
Leer
La Casa
Demian
Leer
La Casa Cuna
Zuli
Leer
La Cena
Känno Filth
Leer
La Ciencia del Miedo
Elephantman
Leer
La Cosa
Alf Berger
Leer
La Cuota
Gus Lezica
Leer
La Curiosidad
Heine
Leer
La Despensa
Chebu
Leer
La deuda de Griselda
Lord Voldemort
Leer
La Dominada
Espina11
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La Escondida
Escocés
Leer
La Espera
Pichu Miranda
Leer
La Fórmula Secreta
Carlos Asunto Silva de Obregón.
Leer
La Fragilidad del Ser
El duque albino
Leer
La Habitación 217
Dolorex Tremo
Leer
La Huella
Suárez del Campo
Leer
La inspiración del pintor
Aliver
Leer
La Lamia
Alphonse Uriel
Leer
La Leyenda de "El Catrín"
José Lius S. Larraguivel
Leer
La Llegada
Fernando Pessina
Leer
La Maldición del Suicidio del Ático
Nyka
Leer
La Marioneta de la Bruja
La niña que sueña
Leer
La Máscara de Peltre
NatHorst
Leer
La Mecedora
Juan Carlos
Leer
La Misma
Sam Ricker
Leer
La Muela
Jhonny Glandy
Leer
La Muerte
Paula Zárate
Leer
La Mujer de Shrodinger
Trent Reznor
Leer
La Niña
Mitra
Leer
La Niña de la Curva
Extremaño
Leer
La Noche Cegadora
Bishop
Leer
La Novia de Rockman
Sergio Lacroix
Leer
La nueva criatura
Stalker
Leer
La Número 13
Pituka
Leer
La Obsesión
Piratana
Leer
La Oreja
Príncipe Adenar
Leer
La Partida de Pocker
Hervione
Leer
La Pasajera
Saga
Leer
La Pintura y el Librero
El Invencible
Leer
La Piscina
tharsadum
Leer
La Rúbrica de lo Terrible
Cornelio Agrippa
Leer
La Ruleta de los Recuerdos
Turronante
Leer
La Sombra Oculta
Kiki
Leer
La Sutileza de la Locura
Yuggoth
Leer
La Tanita
JorgeAvellaneda
Leer
La Tormenta
Hervione
Leer
La última noche
Fernando Pessina
Leer
La Urraca
La princesa malaya
Leer
La Venganza
Aguaribay
Leer
La Venganza Alada
Rampusel
Leer
La Ventana
Darkter Ego
Leer
Lágrima ejecutora
Danílex
Leer
Lama Sabachthani
Horacio Walpole
Leer
Las Margaritas Nunca Engañan
Matián
Leer
Lejos y más lejos
Kid Marlboro
Leer
Lilith
Padre Gerardo Montesinos
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Lo que vino de las profundidades
Olfranz
Leer
Lo siento muchacha
Kid Marlboro
Leer
Los Campos de Cereales
Bettinna
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Los Hechos
Andress
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Los Ojos de la Mascota
Berenice
Leer
Los Recuerdos del Súcubo
Burning Hell
Leer
Los ruidos y la historia moderna
Pathos
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Luz, agua, acordeón... y enredaderas
Marvolo
Leer
Mariposas
El antiguo enemigo
Leer
Melodía Inacabada
Token Grim
Leer
Mensaje Nocturno
Rupea
Leer
Menudo Sueño
Azumy
Leer
Mi cuerpo, su cuerpo
Heraclide
Leer
Mi Familia
Roberta Steer
Leer
Mi tío
NEIKLOT
Leer
Miedo
Athus
Leer
Miedo 10
Isabel Feuris
Leer
Mientras arde la llama
Eric Arturo Cano
Leer
Mientras Duermo
PoeCraft
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Miradas que matan
hufnagels
Leer
Monstruo
Rorschach
Leer
Muere. Despierta. Muere
Willy Escudero
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Muerte Blanca
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Ya vienen
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GOTHIC DARKNES - CUENTOS CORTOS -- COLETTE

Escrito por imagenes 09-05-2008 en General. Comentarios (1)

GOTHIC DARKNES - CUENTOS CORTOS -- COLETTE


CUENTOS CORTOS
COLETTE



Canción de la danzarina

¡Oh tú, que danzarina me llamas, sabe hoy que no aprendí a danzar! Me encontraste juguetona y pequeña, danzando en el sendero y persiguiendo a mi sombra azul. Giraba como una abeja, y mis pies y mis cabellos, color de camino, se empolvaban con el polen de un polvo rubio.

Me viste venir de la fuente, meciendo el ánfora en mi cadera, mientras, al compás de mis pasos, sobre mi túnica saltaba el agua en redondas lágrimas, en serpientes de plata, en menudos cohetes rizados que ascendían, helados, hasta mi mejilla. Yo caminaba lenta, seria, mas llamaste danza a mis pasos. No mirabas mi rostro, seguías el movimiento de mis rodillas, el balanceo de mi talle, en la arena leías la forma de mis talones desnudos, la huella de mis dedos abiertos, que comparabas con la de cinco perlas desiguales.

Me dijiste: «Coge esas flores, persigue esa mariposa...» Llamabas danza a mi carrera, y cada reverencia de mi cuerpo inclinado sobre los claveles purpúreos, y el ademán, repetido en cada flor, de echar atrás, por encima de mi hombro, un chal resbaladizo.


En tu casa, sola entre tú y la alta llama de una lámpara, me dijiste: «¡Danza!» y no dancé...

Pero desnuda en tus brazos, sujeta a tu lecho por la cinta de fuego del placer, me llamaste, sin embargo, danzarina, al ver agitarse bajo mi piel, desde mi pecho ofrecido a mis pies crispados, la inevitable voluptuosidad.

Fatigada, anudé mis cabellos, y los contemplabas, dóciles, arrollados a mi frente como serpientes hechizadas por la flauta.

Abandoné tu casa mientras murmurabas:

«La más hermosa de tus danzas no es cuando acudes corriendo, jadeante, poseída de un deseo irritado y atormentado ya, por el camino, el broche de tu vestido. Es cuando de mí te alejas, serenada y con las rodillas temblorosas, y al alejarte me miras, en el hombro tu barbilla. Tu cuerpo me recuerda, oscila y titubea, me echan de menos tus caderas y tus senos me están agradecidos.

»Me miras, vuelta la cabeza, mientras tus pies adivinadores tantean y escogen su camino.

»Te vas, siempre pequeña y maquillada por el sol poniente, hasta no ser, en lo alto de la colina, más esbelta en tu túnica anaranjada que una llama vertical, que danza imperceptiblemente...»

Si tú no me abandonas, iré danzando hasta mi blanca tumba.

Saludaré a la luz, que me hizo hermosa y me vio amada con una danza involuntaria, cada día más lenta.

Una postrera danza trágica me enfrentará con la muerte, mas sólo lucharé para sucumbir con elegancia.

Que los dioses me concedan una caída armoniosa, juntos los brazos en mi frente, doblada una pierna y extendida la otra, como presta a franquear, de un salto ingrávido, el negro umbral del reino de las sombras.

Me llamas danzarina, y, sin embargo, no sé bailar...




Ensueño de año nuevo

Las tres volvemos a casa empolvadas, yo, la pequeña doga y la perra de pastor flamenca. Ha nevado en los pliegues de nuestras ropas. Yo llevo charreteras blancas; en la cara chata de Poucette se funde un azúcar impalpable, y la perra de pastor centellea toda, desde su puntiagudo hocico a su cola semejante a una cachiporra.

Salimos para contemplar la nieve, la verdadera nieve y el verdadero frío, rarezas parisienses, ocasiones, casi imposibles de encontrar, de final de año. En mi barrio desierto, corrimos como tres locas, y las fortificaciones hospitalarias, las calumniadas «fortis» presenciaron, desde la avenida de Ternes al bulevar Malesherbes, nuestra jadeante alegría de perros en libertad. Nos inclinamos, de lo alto del talud, sobre el foso que colmaba un crepúsculo violáceo agitado por torbellinos blancos; contemplamos Levallois negro salpicado de luces rosadas, detrás de un velo tejido con miles y miles de moscas blancas, vivas, frías como flores deshojadas, que se derruían en los labios, en los ojos, suspendidas por un momento las pestañas, del vello de las mejillas. Arañamos con nuestras diez patas una nieve intacta, fiable, que huía bajo nuestros pies con un acariciador crujir de tafetán. Lejos de todos los ojos, galopamos, ladramos, comimos la nieve al vuelo, saboreamos su dulzura de sorbete avainillado y polvoriento.

Sentadas ahora frente a la ardiente rejilla las tres callamos. El recuerdo de la noche, de la nieve, del viento desencadenado detrás de la puerta, se funde lentamente en nuestras venas y vamos a deslizarnos en ese sueño repentino, recompensa de las largas caminatas.

La perra de pastor, que humea como un baño de pies, ha recobrado su dignidad de loba amaestrada, su seriedad falsa y cortés. Escucha, con una oreja, el susurro de la nieve a lo largo de las persianas cerradas, con la otra acecha el tintineo de las cucharas de la antecocina. Su nariz afilada palpita, y sus ojos color cobre, abiertos, fijos en el fuego, se mueven incesantemente, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha, como si estuviera leyendo. Yo estudio, un poquito recelosa, a esa recién llegada, esa perra femenina y complicada que guarda bien, ríe raramente, se conduce como persona sensata, con una impenetrable mirada. Sabe mentir, robar; pero grita, sorprendida, como una jovencita asustada, y casi enferma de emoción. ¿Dónde adquirió, esa lobita de bajas caderas, esta hija de las tierras valonas, su odio hacia la gente mal vestida y su reserva aristocrática? Le ofrezco un puesto en mi hogar y en mi vida, y quizás, ella que ya sabe defenderme, me amará.

Mi pequeña doga de corazón infantil duerme, reventada de sueño, con fiebre en el hocico y las patas. La gata gris no ignora que nieva, y desde la hora del almuerzo no he vuelto a verle la punta de la nariz, hundida en el pelo de su vientre. Heme aquí una vez más, como al principio del otro año, sentada frente a mi hogar, a mi soledad, frente a mí misma.

Un año más... ¿Para qué contarlos? Este primero de año parisiense no me recuerda nada de los días de Año Nuevo de mi juventud. ¿Quién podría devolverme la pueril solemnidad de los días de Año Nuevo de antaño? Mientras yo cambiaba, cambió para mí la forma de los años. El año ya no es ese sendero serpenteante, esa cinta desenrollada que de enero ascendía a la primavera, subía, subía al verano para florecer en llanura serena, en prado ardiente recortado de sombras azules, salpicado de deslumbrantes geranios, luego descendía a un otoño oloroso, brumoso, que exhala aroma a marjal, o fruta madura y caza, luego se internaba en un invierno seco, sonoro, espejeante de lagunas heladas, de nieve rosada bajo el sol... Después la cinta ondulada se precipitaba, vertiginosa, hasta romperse en seco, frente a una fecha maravillosa, aislada, suspendida entre los dos años como flor de escarcha: el día de Año Nuevo.

Una niña muy amada, entre unos padres que no eran ricos, y que vivía en el campo entre árboles y libros y que no conoció ni deseó costosos juguetes; he aquí lo que veo al inclinarme esta noche sobre mi pasado. Una niña supersticiosamente encariñada con las fiestas de las estaciones, con las fechas señaladas por un regalo, una flor, un pastel tradicional. Una niña que por instinto ennoblecía paganamente las fiestas cristianas, enamorada solamente del ramo de boj, del huevo rojo de Pascua, de las rosas deshojadas de Corpus y de los altares -siringas, acónitos, manzanillas-, del vástago de avellano coronado por una crucecita, bendecido en la misa de la Ascensión y plantado en los linderos del campo, al que protege del granizo. Una niñita prendada del pastel de cinco cuernos, cocido y comido el día de Ramos; de la «crepé» en Carnaval; del asfixiante olor de la iglesia, durante el mes de María.

Anciano sacerdote sin malicia que me distes la comunión, ¿pensabas que esa niña silenciosa, fijos los ojos en el altar, esperaba el milagro, el inaprensible movimiento del chal azul que ceñía a la Virgen? ¿Verdad? ¡Yo me comportaba de forma tan juiciosa! Es cierto que pensaba en milagros, pero... no los mismos que tú. Adormilada por el incienso de las cálidas flores, hechizada por el perfume mortuorio, la podredumbre almizclada de las rosas, yo vivía, bondadoso hombre, sin malicia, en un paraíso que no podías imaginar, poblado de mis dioses, de mis animales habladores, de mis ninfas y de mis sátiros. Y yo te escuchaba hablar de tu infierno, pensando en el orgullo del hombre que, por sus crímenes de un instante, inventó el eterno gehena. ¡Ah, cuánto tiempo hace!

Mi soledad, esta nieve de diciembre, este umbral de otro año, no me devolverán el escalofrío de antaño, cuando acechaba, durante la larga noche, el lejano estremecimiento, entreverado con los latidos de mi corazón, del tambor municipal, despertando con el día nuevo a la aldea dormida. Temía, llamaba, desde la profundidad de mi lecho de niña, a ese tambor en la noche helada, a eso de las seis, con una angustia nerviosa próxima al llanto, apretadas las mandíbulas, el vientre contraído. Sólo este tambor, y no las doce campanadas de la medianoche, daba para mí la brillante apertura del nuevo año, el advenimiento misterioso tras el cual el mundo entero jadeaba, suspendido al primer rran del viejo parche de mi aldea.

Pasaba, invisible en la oscura mañana, lanzando a las paredes su viva y fúnebre alboradilla, y detrás de él se reanudaba una vida, nueva y saltando hacia doce meses nuevos. Liberada, yo saltaba de mi cama con la vela, corría a las felicitaciones, los besos, los bombones, los libros con cantos dorados. Abría la puerta a los panaderos portadores de las cien libras de pan y hasta mediodía, grave, penetrada de una importancia comercial, daba a todos los pobres, los verdaderos y los falsos, el cantero de pan y la moneda que recibían sin humildad y sin gratitud.

Mañanas de invierno, lámpara roja en la oscuridad, aire inmóvil y áspero de antes de nacer el día, jardín adivinado en la oscura alba, disminuido, cubierto de nieve, abetos abrumados que dejabais resbalar, de hora en hora, el fardo de tus brazos negros, abanicazos de los pajarillos asustados, y sus juegos inquietos en medio de un polvo de cristal, más tenue, más lleno de lentejuelas que la irisada bruma de un surtidor. ¡Oh, inviernos todos de mi infancia, un día de invierno acaba de devolveros a mi recuerdo! Es mi rostro de antaño el que busco en este espejo ovalado, cogido con mano distraída, y no mi rostro de mujer, de mujer joven a la que pronto abandonará su juventud.

Hechizada aún por mi sueño, me sorprendo de haber cambiado, de haber envejecido, mientras soñaba. Con trémulo pincel, podría pintar, encima de este rostro, el de una lozana niña enmorenecida por el sol, sonrosada por el frío, unas mejillas elásticas que acababan en una esbelta barbilla, unas cejas móviles prestas a fruncirse, una boca cuyas astutas comisuras desmentía el breve labio ingenuo. ¡Ay, sólo es un instante! El adorable terciopelo del pastel resucitado se deshace y echa a volar. El agua oscura del espejito sólo retiene mi imagen que es igual, completamente igual a mí, señalada de ligeros arañazos, finalmente grabada en los párpados, en las comisuras de los labios, entre las obstinadas cejas. Una imagen que ni sonríe ni se entristece, y que murmura para sí solita:

«Hay que envejecer. No llores, no juntes unos dedos suplicantes, no te rebeles: hay que envejecer. Repítete estas palabras, no como grito de desesperación, sino como recordatorio de una partida necesaria. Mírame, mira tus parpados, tus labios, levanta los rizos de tus cabellos sobre las sienes: ya empiezas a alejarte de tu vida; no lo olvides: ¡hay que envejecer!

»Aléjate lentamente, lentamente, sin lágrimas, no olvides nada. Llévate tu salud, tu alegría, tu atildamiento, el poco de bondad y justicia que te hizo la vida menos amarga; ¡no olvides! Vete engalanada, vete dulce, y no te detengas a lo largo del irresistible camino; en vano lo intentarías. ¡Hay que envejecer! Sigue el camino, tiéndete sólo para morir. Y cuando te tiendas a través de la vertiginosa cinta ondulada, si detrás de ti no dejaste, uno a uno, tus rizados cabellos ni tus dientes uno a uno, ni tus miembros usados uno a uno, si el eterno polvo no sació tus ojos de la luz maravillosa antes de tu última hora, si hasta el final has conservado en tu mano la mano amiga que te guía, tiéndete sonriendo, duerme dichosa, duerme privilegiada...

Los zarcillos de la vid


Antaño, el ruiseñor no cantaba por la noche. Poseía un bonito hilo de voz del que se servía con habilidad desde la mañana hasta la caída de la tarde, al arribo de la primavera. Se levantaba con los camaradas, en el alba gris y azul, y el despertar asustado de todos ellos sacudía a los abejorros dormidos en el revés de las hojas de las lilas.

Se acostaba cuando sonaban las siete, las siete y media, en cualquier sitio, a menudo en las viñas en flor que huelen a reseda, y dormía de un tirón hasta el día siguiente.

Durante una noche de primavera el ruiseñor dormía de pie en un tierno sarmiento, formando bola con la pechuga y la cabeza inclinada, como en gracioso tortícolis. Durante su sueño, los cuernos de la vid, esos zarcillos quebradizos y tenaces, cuya acidez de acedera fresca irrita y calma la sed, los zarcillos de la vid brotaron aquella noche, tan espesos que el ruiseñor se despertó agarrotado, con las patas ligadas con lazos ahorquillados, con las alas impotentes.

Creyó morir, se debatió, no se evadió más que a costa de esfuerzos desesperados y juró no dormirse durante toda la primavera, mientras los zarcillos de la vid brotasen.

Desde la noche siguiente, cantó, para mantenerse despierto.

En tanto la vid brote, brote, brote,
no dormiré más,
En tanto la vid brote, brote, brote...

Varió su tema, lo enguirnaldó de vocalizaciones, se enamoró de su voz, se convirtió en ese cantante entusiasta, ebrio y jadeante, al que se escucha con el deseo insoportable de verlo cantar.

He visto cantar a un ruiseñor bajo la luna, un ruiseñor libre y que no sospechaba que era vigilado. Se interrumpe a veces, con el pescuezo inclinado, como para escuchar en él la prolongación de una nota apagada... Luego vuelve a cantar con toda su fuerza, hinchado, con la garganta echada hacia atrás, con un aire de desesperación de amor. Cantar por cantar, canta cosas tan bonitas que no sabe ya lo que quieren decir. Pero yo oigo todavía el primer canto ingenuo y asustado del ruiseñor prisionero en los zarcillos de la vid.

En tanto la vid brote, brote, brote...

Quebradizos, tenaces, los zarcillos de una vid amarga me habían ligado, mientras que en mi primavera dormía con un sueño feliz y sin desconfianza. Pero he roto, con un sobresalto asustado, todos esos hilos que aprisionaban ya mi carne, y he huido... Cuando la laxitud de una nueva noche de miel ha pesado sobre mis párpados, he tenido miedo a los zarcillos de la vid y he lanzado a gritos un lamento que me ha revelado mi voz...

Completamente sola, despierta en la noche, miro ahora ascender ante mí el astro voluptuoso y taciturno... Para salvarme de volver a caer en el sueño feliz, en la primavera mentirosa en que florece la vid corva, escucha el sonido de mi voz... A veces grito febrilmente lo que se tiene por costumbre callar, lo que se susurra muy bajo, luego mi voz languidece hasta el murmullo porque no me atrevo a proseguir...

Quisiera decir, decir, decir todo lo que sé, todo lo que pienso, todo lo que adivino, todo lo que me encanta y me hiere y me asombra, pero hay siempre, hacia el alba de esa noche sonora, una mano sensata y fresca que se posa en mi boca... Y mi grito, que se exaltaba, vuelve a descender a la verborrea moderada, a la volubilidad del niño que habla en voz alta para aquietarse y aturdirse...

Ya no conozco los sueños felices, pero ya no temo a los zarcillos de la vid...

Noche blanca

No hay en nuestra casa más que un lecho, demasiado ancho para ti, un poco estrecho para nosotros dos. Es casto, blanco del todo, desnudo del todo; ningún cubrecama oculta, en pleno día, su honesto candor.

Los que vienen a vernos lo miran tranquilamente, y no vuelven los ojos con un aire cómplice, porque está marcado, en medio, por un solo valle, como el lecho de una muchacha que duerme sola.

Los que entran aquí no saben que cada noche el peso de nuestros cuerpos juntos ahonda un poco más, bajo su mortaja voluptuosa, ese valle no más amplio que una tumba:

¡Oh, nuestro lecho desnudo! Una lámpara deslumbrante, inclinada sobre él, lo desviste más todavía. No buscamos, en el crepúsculo, la sombra sabia, de un gris de araña, que filtra un dosel de encaje; ni la luz rosa de una lamparilla color de conchas marinas... Astro sin alba y sin ocaso, nuestro lecho no cesa de irradiar más que para hundirse en una noche profunda y aterciopelada.

Un halo de perfume lo nimba; respira fragancia, rígido y blanco como el cuerpo de una bienaventurada difunta. Es un perfume complicado que sorprende, que se respira con atención, con la preocupación de distinguir el alma rubia de tu tabaco preferido, el aroma más rubio de tu piel tan clara, y ese sándalo quemado que se exhala de mí; pero este agreste olor de hierbas aplastadas, ¿quién puede decir si es mío o tuyo?

¡Acógenos esta noche, oh nuestro lecho, y que tu fresco valle se ahonde un poco más bajo la somnolencia febril con que nos ha embriagado una jornada de primavera en los jardines y en los bosques!

Yazgo sin movimiento, la cabeza sobre tu dulce hombro. Voy a descender, seguramente hasta mañana, al fondo de un negro sueño, un sueño tan obstinado, tan cerrado, que las alas de los sueños vendrán en vano a golpearlo. Voy a dormir... Espera tan sólo que busque, para la planta de mis pies que hormiguea y arde, un sitio fresco del todo... Tú no te has movido. Respiras con largas aspiraciones, pero siento tu hombro todavía despierto, atento a ahuecarse bajo mi mejilla... Durmamos... Las noches de mayo son tan cortas... A pesar de la oscuridad azul que nos baña, mis párpados están todavía llenos de sol, de llamas rosas, de sombras que se mueven, balanceadas, y contemplo mi jornada con los ojos cerrados, como se inclina una detrás del abrigo de una persiana, sobre un jardín de verano deslumbrante.

¡Cómo palpita mi corazón! Oigo también el tuyo bajo mi oreja. ¿No duermes tú? ¿No duermes? Levanto un poco la cabeza, adivino la palidez de tu rostro caído hacia atrás, la sombra salvaje de tus cortos cabellos. Tus rodillas son frescas como dos naranjas... Vuélvete hacia mi lado, para que las mías les roben ese liso frescor.

¡Ah! ¡Durmamos...! Mil hormigas corren mil veces, con mi sangre, bajo mi piel. Los músculos de mis tobillos palpitan, mis orejas tiemblan, y nuestro dulce lecho, ¿está sembrado de agujas de pino, esta noche? ¡Durmamos! ¡Lo quiero!

No puedo dormir. Mi insomnio feliz palpita, alegre, y adivino, con tu inmovilidad, el mismo abatimiento tembloroso... Tú no te mueves. Tú esperas que yo me duerma. Tu brazo se aprieta, a veces, en torno de mí por tierna costumbre, y tus pies encantadores se entrelazan con los míos... El sueño se acerca, me roza y huye... ¡Lo veo! Es semejante a esa mariposa de pesado terciopelo que yo perseguía en el jardín inflamado de iris... ¿Recuerdas? ¡Qué luz, qué impaciente juventud exaltaba toda aquella jornada...! Una brisa ácida y apresurada lanzaba sobre el sol una humareda de nubes rápidas, ajaba al paso las hojas demasiado tiernas de los tilos, y las flores del nogal caían convertidas en orugas enrojecidas sobre nuestros cabellos, con las flores de las paulonias, de un morado lluvioso de cielo parisiense... Los brotes de las grosellas que tú magullabas, la acedera salvaje en forma de rosa en medio del césped, la menta tierna del todo, todavía morena, la salvia vellosa como una oreja de liebre, todo desbordaba un jugo fuerte y pimentado, del que mezclaba en mis labios el gusto de alcohol y de taronjil. Yo no sabía más que reír y gritar, pisoteando la larga hierba jugosa que manchaba mi vestido... Tu alegría tranquila velaba sobre mi locura, y cuando he tendido la mano para alcanzar aquellos agavanzos, ¿sabes? de un rosa tan conmovedor, la tuya ha roto la rama antes que yo, y has quitado, una por una, las espinitas curvadas, color de coral con forma de garras... Me has dado las flores desarmadas...

Me has dado flores desarmadas. Me has dado, para que descanse jadeante, el mejor sitio a la sombra, bajo el árbol de lilas de Persia con racimos maduros. Has recogido para mí las anchas azulinas de las canastillas, flores encantadas cuyo corazón velloso emana olor a albérchigo... Me has dado la nata del botecito de leche, en la hora de la merienda; cuando mi hambre feroz te hacía sonreír... Me has dado el más dorado pan, y veo todavía tu mano transparente al sol, alzada para arrojar la avispa que se ahogaba, cogida en los rizos de mis cabellos... Has colocado sobre mis espaldas una ligera capa cuando una nube más larga ha pasado lentamente, hacia el fin del día, y he temblado toda sudorosa, ebria del todo, de un placer sin nombre entre los hombres, el placer ingenuo de los animales, felices en la primavera... Me has dicho: «Vuelve... Párate... Regresemos.» Me has dicho...

¡Ah! Si pienso en ti se acabó mi descanso. ¿Qué hora acaba de sonar? He aquí que las ventanas azulean. Oigo palpitar mi sangre, o tal vez es el murmullo de los jardines, allá lejos... ¿Duermes? No. Si acercara mi mejilla a la tuya sentiría temblar tus cejas como el ala de una mosca cautiva... Tú no duermes. Espías mi fiebre. Me guareces contra los malos sueños; piensas en mí como pienso en ti, y fingimos, por un extraño pudor sentimental, un apacible sueño. Mi cuerpo entero se abandona distendido, y mi nuca pesa sobre tu dulce espalda pero nuestros pensamientos se aman, discretamente, a través de esta alba azul, tan presta a crecer.

Pronto la barra luminosa, entre las cortinas, va a avivarse, a tornarse rosa... Unos cuantos minutos más, y podré leer en tu hermosa frente, en tu mentón delicado, en tu boca triste y tus párpados cerrados, la voluntad de aparecer dormido... Es la hora en que mi cansancio, mi insomnio enervador no podrán ya callarse, en que sacaré los brazos fuera de este lecho febril y mis talones malvados preparan ya su andar astuto...

Entonces, fingirás que te despiertas. Entonces podré refugiarme en ti, con confusas quejas injustas, con suspiros exagerados, con crispaciones que maldecirán el día llegado ya, la noche tan tarde en terminar, el ruido de la calle... Porque sé que entonces apretarás tu abrazo, y que, si el acunamiento de tus brazos no es suficiente para calmarme, tu beso se hará más tenaz, tus manos más amorosas, y que me concederás la voluptuosidad como un socorro, como el exorcismo soberano que expulsa de mí a los demonios de la fiebre, de la ira, de la inquietud... Me darás la voluptuosidad, inclinado sobre mí, los ojos llenos de una ansiedad maternal, tú que buscas, a través de tu amiga apasionada, el hijo que no has tenido...

FABULAS FANTASTICAS -- AMBROSE BIERCE

Escrito por imagenes 25-04-2008 en General. Comentarios (6)

FABULAS FANTASTICAS -- AMBROSE BIERCE

Fábulas Fantásticas
Ambrose Bierce



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http://rimasfrasescitas.blogspot.com/2008/04/fabulas-fantasticas-ambrose-bierce.html
EL PRINCIPIO MORAL Y EL INTERÉS
MATERIAL

Un Principio Moral se encontró una vez con un Interés Material, en tren de cruzar
un puente sobre el que sólo había paso para uno.
-¡Arrójate, ruin -tronó el Principio Moral-, y déjame pasar encima de ti!
El Interés Material simplemente miró al otro en los ojos, sin decir palabra.
-¡Ah! -dijo el Principio Moral, vacilante-. Echemos suertes, para ver quién de
nosotros se aparta hasta que el otro haya cruzado.
El Interés Material mantuvo su inquebrantable silencio y su imperturbable
mirada.
-Con el fin de evitar un conflicto -volvió a hablar el Principio Moral, ya un poco
incómodo-, yo mismo me voy a echar, y te permitiré pasar por encima.
Entonces el Interés Material recuperó el habla.
-No creo que seas un buen paseo -dijo-. Soy un poco exigente acerca de lo que
piso. Supongamos que te arrojas al agua.
Y así se hizo.

LA VELA CARMESÍ

Un hombre que yacía en su lecho de muerte llamó a su lado a su esposa, y le dijo:
-Estoy por dejarte para siempre; dame, entonces, una última prueba de tu afecto y
fidelidad. Encontrarás en mi escritorio una vela carmesí, que fue bendecida por el
Gran Sacerdote y tiene un peculiar significado místico. Júrame que mientras esa vela
exista, tú no te volverás a casar.
La Mujer juró y el Hombre murió. En el funeral, la Mujer se mantuvo de pie a la
cabeza del féretro, sosteniendo una vela carmesí ardiente, hasta que esta se consumió
por completo.
LA REPUTACIÓN Y LA TOGA
Reputación Manchada planteó una cuestión de privilegio, y dijo:
-Señor Presidente, deseo hacer un alegato para explicar que las manchas que se
ven sobre mí son las marcas naturales propias de alguien que es descendiente directo
del sol y de una cierva manchada. No provienen de ningún accidente de carácter, sino
que integran el orden divino y la constitución de las cosas.
Cuando la Reputación Manchada volvió a sentarse, una Toga Sucia se levantó y
dijo:
-Señor Presidente, he escuchado con profunda atención y entera aprobación la
explicación del Honorable Miembro, y deseo ofrecer unas pocas observaciones en mi
propio beneficio. Yo también he sido vilmente calumniada por nuestra antigua
enemiga, la Infame Falsedad, y deseo señalar que estoy hecha de la piel de Mustela
maculata, que es sucia de nacimiento.
EL PATRIOTA INGENIOSO

Habiendo obtenido una audiencia del Rey, un Patriota Ingenioso extrajo un papel
del bolsillo, diciendo:
-Espero que esta fórmula que tengo aquí para construir un blindaje que ningún
cañón puede perforar sea del agrado de Su Majestad. Si este blindaje es adoptado en
la Armada Real, nuestros barcos de guerra serán invulnerables, y por consiguiente invencibles.
Aquí, también, están los informes de los Ministros de Su Majestad, certificando
el valor de la invención. Me desprenderé de mis derechos sobre ella por un
millón de tumtums.
Tras examinar los papeles, el Rey los apartó, y le prometió una orden del Tesorero
Mayor del Departamento de Exacción por el valor de un millón de tumtums.
-Y aquí -dijo el Patriota Ingenioso, extrayendo otro papel de otro bolsillo -están
los planos de un cañón de mi invención, que perforarán ese blindaje. El Real hermano
de Su Majestad, el Emperador de Bang, está ansioso por comprarlo, pero mi lealtad al
trono y a la persona de Su Majestad me obliga a ofrecerlo primero a Su Majestad. Su
precio es de un millón de tumtums.
Habiendo recibido la promesa de otro cheque, hundió su mano en otro bolsillo,
diciendo:
-El precio del cañón irresistible hubiese sido mucho mayor, Su Majestad, si no
fuese por el hecho de que sus proyectiles pueden ser efectivamente desviados por mi
peculiar método de tratar las corazas blindadas con un nuevo...
El Rey hizo al Gran Factótum una seña para que se aproximara.
-Revisa a este hombre -le dijo-, e infórmame cuántos bolsillos tiene.
-Cuarenta y tres -dijo el Gran Factótum, tras completar el escrutinio.
-Puede complacer a Su Majestad -exclamó el Patriota Ingenioso, presa del terror-,
saber que uno de ellos contiene tabaco.
-Cuélguenlo de los tobillos y sacúdanlo bien -dijo el Rey-. Después entréguenle
un cheque por cuarenta y dos millones de tumtums y mátenlo. En este acto decreto
que la ingenuidad es un crimen capital.
EL OFICIAL DE POLICÍA Y EL
MALHECHOR

Un Jefe de Policía que vio a un Oficial golpeando a un Malhechor se indignó muchísimo,
y le dijo que no debía volver a hacer algo así, bajo pena de destitución.
-No sea tan duro conmigo, Jefe -dijo el Oficial, sonriendo-. Lo estaba golpeando
con un bastón de paño relleno.
-Así y todo -insistió el jefe de Policía-, usted se tomó una libertad que tiene que
haberle resultado muy desagradable, aunque no le haya hecho daño. Sírvase no
repetirla.
-Pero -dijo el Oficial, todavía sonriente-, era un Malhechor de paño relleno.
Al tratar de expresar su complacencia, el jefe de Policía extendió su brazo derecho
con tanta violencia que la piel se le rasgó en el sobaco y un chorro de arena cayó
de la herida. Era un jefe de Policía de paño relleno.
EL FUNCIONARIO CONSCIENTE

Mientras un Superintendente de División de un ferrocarril estaba cumpliendo con
la mayor aplicación su tarea de poner obstáculos en los rieles y alterar los cambios de
vía, recibió la noticia de que el Presidente de la compañía iba a despedirlo por
incompetente.
-¡Buen Dios! -exclamó-. ¡Si hay más accidentes en mi división que en todo el
resto de la línea!
-El Presidente es muy riguroso -dijo el Hombre que había traído la noticia-; él
piensa que las mismas pérdidas de vidas podrían obtenerse con menos daño a la
propiedad de la compañía.
-¿Espera que arroje a los pasajeros a través de las ventanillas? -exclamó el indignado
funcionario, cruzando un durmiente sobre los rieles-. ¿Me toma por un
asesino?
COMO SE LLEGA AL OCIO

Un Hombre para Quien el Tiempo era Oro, que estaba engullendo su desayuno,
muy apurado por atrapar un tren, había apoyado el periódico contra la azucarera y leía
mientras comía. En su apuro y abstracción, se clavó un tenedor en el ojo derecho, y al
extraer el tenedor, el ojo salió con él. Desde entonces, cada vez que compraba
anteojos, se veía obligado a derrochar inútilmente su dinero en cristales para el ojo
derecho, y este dispendio lo redujo pronto a la pobreza, por lo cual el Hombre para
Quien el Tiempo era Oro se vio obligado a ganarse la vida pescando desde la punta de
un muelle.
EL GUARDIÁN PRECAVIDO

El Guardián de una Penitenciaría estaba un día poniendo cerraduras en las puertas
de todas las celdas, cuando un operario le dijo:
-Usted es muy imprudente... Esas cerraduras pueden abrirse desde adentro.
El Guardián replicó, sin apartar la mirada de lo que hacía:
-Si a esto se lo llama imprudencia, me pregunto cómo se debería denominar a una
precavida disposición contra las vicisitudes de la suerte.
EL TESORO Y LOS BRAZOS

Un Tesoro Público, al advertir que Dos Brazos se alzaban con su contenido, exclamó:
-Sr. Correligionario, propongo una división.
-Usted parece saber un poco acerca
de la forma parlamentaria de hablar -dijo Dos Brazos.
-Sí -replicó el Tesoro Público-. Estoy familiarizado con los acarreos legislativos.
LA SERPIENTE CRISTIANA

Una Víbora de Cascabel regresó a su casa, donde estaban sus crías, y dijo:
-Hijos míos, reuníos para recibir la última bendición de vuestro padre, y ver cómo
muere un cristiano.
-¿Qué ocurre, padre? -preguntaron las Viboritas.
-Me ha mordido el editor de un pasquín partidario -fue la respuesta, seguida por
el ominoso cascabeleo de la muerte.
EL MALHECHOR DESCONTENTO

Un Juez que había condenado a prisión a un Malhechor, procedía a señalarle las
desventajas del crimen y los beneficios de la reforma.
-Su Señoría -dijo el Malhechor, interrumpiéndolo- ¿sería tan amable como para
elevar mi condena a diez años de prisión y nada más?
-¿Por qué? -dijo el juez, sorprendido-. ¡Sólo lo he condenado a tres años!
-Sí, lo sé -asintió el Malhechor-. Tres años de prisión y el sermón. Si no le
molesta, me gustaría que me conmute el sermón.
LOS CAÑONES DE MADERA

Un Regimiento de Artillería de la Milicia Estatal solicitó al Gobernador, cañones
de madera para la práctica.
-Resultarán más baratos que cañones de verdad -explicó.
-No se dirá de mí que sacrifiqué la eficacia a la economía -dijo el Gobernador-.
Tendrán cañones de verdad.
-Gracias, gracias -exclamaron efusivamente los guerreros-. Los cuidaremos
mucho, y en caso de guerra los reintegraremos al arsenal.
EL ASTRÓNOMO LITERARIO

El Director de un Observatorio, que había descubierto la Luna, con un refractor
de treinta y seis pulgadas, fue muy apurado a ver al Editor de un Periódico, con una
extensa narración del evento.
-¿Cuánto? -preguntó sentenciosamente el Editor, sin apartar la mirada de su
ensayo sobre la circularidad de la perspectiva política.
-Ciento sesenta dólares -replicó el hombre que había descubierto la Luna.
-Ni la mitad de eso sería suficiente -fue el comentario del Editor.
-¡Hombre generoso! -exclamó el Astrónomo, ardiendo de cálidos y elevados
sentimientos-. Págueme, entonces, lo que quiera.
-Mi gran y buen amigo -dijo suavemente el Editor, levantando la vista de su
trabajo-. No nos entendemos, parece. El que tiene que pagar es usted.
El Director del Observatorio tomó el manuscrito y se fue, explicando que necesitaba
corrección, que había omitido poner el punto a una m.
EL SINO DEL POETA

Un Objeto que estaba caminando por el Camino Real, envuelto en honda meditación
y en poca cosa más, súbitamente se encontró ante las puertas de una ciudad
extraña. Cuando solicitó ser admitido, fue detenido como indigente y llevado ante el
Rey.
-¿Quién eres -interrogó el Rey-, y cómo te ganas la vida?
-Soy Snouter el descuidista -replicó el Objeto, inventando rápidamente-, carterista.
El Rey estaba por ordenar su liberación, cuando el Primer Ministro sugirió que
examinaran los dedos del prisionero. Se descubrió que estaban muy achatados y encallecidos
en los extremos.
-¡Ja! -exclamó el Rey- ¡Se lo dije! Es adicto a contar sílabas. Un poeta. Llévenlo
con el Gran Señor Disuasor del Hábito de la Cabeza.
-Mi señor -dijo el Inventor Ordinario de Penas Ingeniosas-, me atrevo a sugerir
un castigo más sagaz.
-Dígalo -contestó el Rey. -¡Permitirle que conserve esa cabeza! Eso fue lo que se
ordenó.
EL LEÓN Y LA SERPIENTE DE CASCABEL
Un Hombre encontró en su camino a un León, y se puso a tratar de someterlo
mediante la hipnosis; cerca había una Serpiente de Cascabel dedicada a fascinar a un
pequeño pájaro.
-¿Cómo va lo tuyo, hermano? -el Hombre se dirigió al otro reptil, sin apartar sus
ojos de los del León.
-Admirablemente -replicó la serpiente-. El éxito está asegurado; mi víctima se
acerca y se acerca, a pesar de sus esfuerzos.
-Y la mía -dijo el Hombre- se acerca y se acerca a pesar de los míos. ¿Estás
seguro de que todo marcha bien?
-Si dudas -replicó el reptil lo mejor que pudo, con la boca llena de pájaro-, sería
mejor que abandones.
Un cuarto de hora después, el León, escarbándose pensativamente los dientes
con las garras, le decía a la Serpiente de Cascabel que nunca, en su muy variadas
experiencias al ser hipnotizado, se había encontrado con un hipnotizador tan ansioso
por abandonar su tarea.
-Pero -añadió con una amplia, inteligente sonrisa- yo le sostuve la mirada.
EL LEGISLADOR Y EL JABÓN

Un Miembro de la Legislatura de Kansas que se cruzó con un jabón, pasaba junto
a él sin reconocerlo, pero el jabón insistió en detenerlo y estrecharle las manos.
Pensando que se hallaba en goce de inmunidad parlamentaria, el legislador le dio un
cordial e intenso apretón de manos. Al abandonarlo, advirtió que una parte del Jabón
había quedado adherida en sus dedos, y corriendo muy alarmado hacia un arroyo,
procedió a lavárselos. Para hacerlo, se vio obligado a frotarse ambas manos, y cuando
terminó de lavarlas, quedaron tan blancas, que se metió en cama y mandó llamar a un
médico.
EL HOMBRE QUE NO TENIA ENEMIGOS

Una Persona Inofensiva que paseaba por un lugar público, fue atacada por un
Desconocido, con un Garrote, y severamente golpeada.
Cuando el Desconocido con un Garrote fue sometido a juicio, su víctima dijo al
Juez:
-Ignoro por qué me atacó; no tengo un enemigo en el mundo.
-Esa -dijo el acusado- es la razón por la que lo golpeé.
-El prisionero queda absuelto -dijo el juez-; un hombre que no tiene enemigos, no
tiene amigos. Los tribunales no se hicieron para esta gente.
LA MÁQUINA VOLADORA
Un Hombre Ingenioso construyó una máquina voladora e invitó a una gran concurrencia
a verla funcionar. A la hora señalada, con todo dispuesto, él se introdujo en
el vehículo y puso el motor en marcha. La máquina inmediatamente hizo pedazos la
imponente estructura sobre la que estaba armada, y se hundió en la Tierra hasta
perderse de vista, mientras el aeronauta saltaba afuera, justo a tiempo de salvarse.
-Bien -dijo el Hombre Ingenioso-. He hecho lo suficiente para demostrar la corrección
de los detalles. Los defectos -añadió, echando una mirada al estropeado armatoste-
son meramente básicos y fundamentales.
Ante esta aseveración, el publicó respondió con suscripciones para construir una
segunda máquina.
EL GATO Y EL REY

Un Gato estaba mirando a un Rey, como lo permite el proverbio.
-Bien -dijo el monarca, advirtiendo
su inspección-, ¿cómo me ves?
-Puedo imaginar un Rey -dijo el Gato-, que me gustaría más.
-¿Por ejemplo?
-El Rey de los Ratones.
Tanto complació al Rey el ingenio de esta respuesta, que le dio permiso para
arrancar los ojos de su Primer Ministro.
LA CIUDAD DE LA DISTINCIÓN POLÍTICA

Jamrach el Rico, ansioso de llegar a la Ciudad de la Distinción Política antes de la
noche, encontró una bifurcación de caminos, y estaba indeciso acerca de cuál tomar;
así que consultó a una Persona de Aspecto Sabio, sentada a un lado del camino.
-Tome ese camino -dijo la Persona de Aspecto Sabio-: se lo conoce como la
Carretera Política.
-Gracias -dijo Jamrach, y se dispuso a seguir viaje.
-¿Con cuánto me agradece? -fue la respuesta-. ¿Supone que estoy aquí haciendo
una cura de salud?
Como Jamrach no se había vuelto rico por su estupidez, le dio algo a su guía, y
apresurándose, pronto llegó a una barrera de peaje custodiada por un Caballero Benévolo,
quien lo dejó pasar tras recibir algo. Un poco más allá, halló un puente que
sorteaba un arroyo imaginario, donde un Ingeniero Civil (que había construido el
puente) le exigió algo para permitirle pasar. Ya se estaba haciendo tarde, cuando
Jamrach arribó a la orilla de lo que parecía un lago de tinta negra, donde terminaba el
camino. Viendo a un Barquero en su bote, Jamrach pagó algo por la travesía y estaba
a punto de embarcarse.
-No -dijo el Barquero-. Ponga el cuello en este lazo, y yo lo remolcaré. Es la
única manera de pasar -añadió, al ver que el pasajero estaba por quejarse de las
comodidades.
A su debido tiempo, Jamrach fue arrastrado a través del lago, y llegó medio estrangulado
y atrozmente empapado por las aguas fétidas.
-Bueno -dijo el Barquero, remolcándolo sobre la ribera y soltándolo-, ahora usted
está en la Ciudad de la Distinción Política. Tiene cincuenta millones de habitantes,
y como el color del Pozo Asqueroso no sale con el lavado, todos parecen
exactamente iguales.
-¡Ay de mí! -exclamó Jamrach, llorando y lamentando la pérdida de todas sus
posesiones, gastadas en propinas y peajes-. Volveré con usted.
-No creo que lo haga -dijo el Barquero, desatracando-. Esta ciudad está ubicada
en la Isla de los Que No Vuelven.
LA POETISA DE LA REFORMA

Un hermoso día de la última parte de la eternidad, mientras las Sombras de todos
los grandes escritores reposaban en lechos de asfódelos y molis en los Campos Elíseos,
cada uno de ellos muy feliz al escuchar de labios de todos los otros sólo copiosas
citas de la propia obra (porque a tal efecto Júpiter había hechizado generosamente sus
oídos), llegó allí con aire triunfador una Sombra a la que nadie conocía. Ella (porque
la recién llegada mostraba evidencias de su sexo tales como el cabello cortado corto y
un andar varonil) tomó asiento en medio de ellos, y con sonrisa de superioridad
explicó:
-Tras siglos de opresión arranqué mis derechos de manos de los dioses celosos.
Sobre la tierra yo fui la Poetisa de la Reforma y canté para oídos desatentos. Ahora
canto para una eternidad de honor y de gloria.
Pero no habría de ser así, y muy pronto ella fue la más infeliz de las inmortales,
anhelando vanamente volver a errar en las tinieblas junto a los lagos infernales. Porque
Júpiter no había hechizado su oído, y de los labios de cada Sombra bendita sólo
surgían copiosamente las citas de las obras de los otros. Además, a ella le había sido
negada la felicidad de recitar sus poemas. No recordaba un solo verso suyo, porque
Júpiter había decretado que el recuerdo de sus poemas habitara el penoso dominio de
Plutón, como parte del castigo.
LOS SALVADORES DE VIDAS

Setenta y cinco Hombres se presentaron ante el Presidente de la Sociedad
Humana y solicitaron la gran medalla de oro por haber salvado vidas.
-Vaya, sí -dijo el Presidente-, mediante sus diligentes esfuerzos tantos hombres
deben haber salvado un considerable número de vidas. ¿Cuántas salvaron?
-Setenta y cinco, señor -replicó el Vocero de los Hombres.
-Ah, sí, eso hace una cada uno; muy buen trabajo, muy buen trabajo, por cierto -
dijo el Presidente-. No sólo tendrán la gran medalla de oro de la Sociedad sino,
también, su recomendación para un empleo en las dotaciones de varias estaciones de
botes salvavidas a lo largo de la costa. ¿Pero cómo salvaron tantas vidas?
El Vocero de los Hombres respondió:
-Somos agentes de la ley, y acabamos de abandonar la persecución de dos asesinos
fugitivos.
LA ZARIGÜEYA DEL FUTURO

Un día, una Zarigüeya que se había dormido colgada de la cola, en la rama más
alta de un árbol, despertó y vio una enorme Víbora enroscada cerca de la rama, entre
ella y el tronco del árbol.
-Si me quedo -se dijo-, me engullirá; si me dejo caer me romperé el cuello.
Pero súbitamente se le ocurrió una estratagema.
-Mi perfecto amigo -dijo-, mi instinto paternal reconoce en usted una noble
evidencia e ilustración de la teoría del desarrollo. Usted es la Zarigüeya del Futuro, el
Sobreviviente Mejor Adaptado, último de nuestra especie, el fruto maduro de la
prensilidad progresiva: ¡pura cola!
Pero la Víbora, orgullosa de su antigua superioridad en la historia de las Escrituras,
fue estrictamente ortodoxa y no aceptó el punto de vista científico.
EL PAVIMENTADOR

Un Autor vio a un Trabajador colocando piedras en el pavimento de una calle, y
aproximándose, le dijo:
-Amigo mío, usted parece fatigado. La ambición es un duro capataz.
-Estoy trabajando para el Sr. iones-respondió el Trabajador.
-Bueno, arriba ese ánimo -siguió el Autor-. La fama llega cuando menos se la
espera. Hoy usted es pobre, oscuro y está desanimado, pero mañana su nombre puede
sonar en todo el mundo.
-¿De qué me está hablando? -dijo el Trabajador-. ¿No puede un honesto
pavimentador hacer su trabajo en paz, y ganar con él su dinero, y vivir de él, sin que
otros vengan a decir disparates acerca de la ambición y de la esperanza de fama?
-¿Y no puede hacerlo un honesto escritor? -dijo el Autor.
LOS DOS POETAS

Dos poetas se disputaban la Manzana de la Discordia y el Hueso de la Disputa,
porque ambos estaban muy hambrientos.
-Hijos míos -dijo Apolo-, repartiré los premios entre ustedes. Tú -dijo al Primer
Poeta- sobresales en Arte: toma la Manzana. Y tú -dijo al Segundo Poeta-, en
imaginación: toma el Hueso.
-¡El mejor premio al Arte! -dijo el Primer Poeta, con aire triunfante, y tratando de
devorar su premio se rompió todos los dientes. La Manzana era una obra de arte.
-Eso demuestra el desprecio de nuestro maestro por el mero Arte -dijo el Segundo
Poeta, sonriendo.
Trató de roer su Hueso, pero sus dientes lo atravesaron sin encontrar resistencia.
Era un Hueso imaginario.
EL CORCEL DE LA BRUJA
Un Palo de Escoba, que había servido largo tiempo de montura a una bruja, se
quejaba de la naturaleza de su empleo, que consideraba degradante.
-Muy bien -dijo la Bruja-. Te daré un trabajo en el que te verás asociado con el
intelecto... te pondrás en contacto con cerebros. Te regalaré a una ama de casa.
-¿Qué? -se sorprendió el Palo de Escoba-. ¿Consideras algo intelectual las manos
de un ama de casa?
-Me refería -dijo la Bruja- a la cabeza de sus buenos maridos.
LA RATA SAGAZ
Una Rata que estaba por salir de su madriguera alcanzó a vislumbrar un Gato que
la esperaba, y volviendo al fondo de la cueva invitó a una Amiga a ir con ella de visita
a un depósito de maíz vecino.
-Hubiera ido sola -dijo-, pero no podía negarme el placer de tan distinguida
compañía.
-Muy bien -contestó la Amiga-. Iré contigo. Condúceme.
-¿Conducirte? -exclamó la otra-. ¡Vaya! ¿Preceder yo a una rata grande e ilustre
como tú? No, por cierto... Después de ti, después de ti...
Complacida por esta gran muestra de deferencia, la Amiga abrió la marcha y, dejando
primero la cueva, fue atrapada por el Gato, que se fue con ella. La otra se alejó
sin ser molestada.
UN PUENTE SOBRE EL FANGO
Una Mujer Rica que volvía del extranjero desembarcó al pie de la Calle Hundida
Hasta las Rodillas, y estaba por caminar hasta su hotel a través del barro.
-Señora -dijo un Policía-, no puedo permitir que haga eso; se embarrará los zapatos
y las medias.
-¡Oh, no tiene importancia, realmente! -replicó la Mujer Rica, con encantadora
sonrisa.
-Pero, señora, es innecesario; desde el desembarcadero hasta el hotel, como usted
podrá observar, se extiende una línea ininterrumpida de periodistas postrados que
imploran el honor de que usted camine sobre ellos.
-En ese caso -dijo ella, sentándose en un umbral y abriendo su bolso- tendré que
ponerme mis galochas.
EL PURO PERRO
Un León, viendo a un Perro de Lanas, estalló en carcajadas ante lo ridículo del
espectáculo.
-¿Quién vio alguna vez una bestia tan pequeña? -dijo.
-Es muy cierto -dijo el Perro de Lanas, con austera dignidad- que soy pequeño;
pero le ruego que tome nota, señor, de que soy puro perro.
LOS DOS POLÍTICOS
Dos Políticos cambiaban ideas acerca de las recompensas por el servicio público.
-La recompensa que yo más deseo-dijo el Primer Político- es la gratitud de mis
conciudadanos.
-Eso sería muy gratificante, sin duda -dijo el Segundo Político-, pero es una
lástima que con el fin de obtenerla tenga uno que retirarse de la política.
Por un instante se miraron uno al otro, con inexpresable ternura; luego, el Primer
Político murmuró:
-¡Que se haga la voluntad del Señor! Ya que no podemos esperar una recompensa,
démonos por satisfechos con lo que tenemos.
Y sacando las manos por un momento del tesoro público, juraron darse por satisfechos.
DOS MÉDICOS
Un Viejo Inicuo, sintiéndose enfermo, envió por un médico, que le recetó unas
medicinas y se fue. Entonces el Viejo Inicuo envió en busca de Otro Médico, al que
no le dijo nada del anterior; este nuevo médico le prescribió un tratamiento
completamente diferente. Esto continuó durante unas semanas: los médicos lo visitaban
en días alternados y lo trataban por dos desórdenes distintos, con dosis de
medicina en constante aumento y cuidados cada vez más rigurosos. Pero un día se
encontraron accidentalmente junto a su lecho mientras él dormía, y al salir a luz la
verdad, una violenta disputa se produjo.
-Mis buenos amigos -dijo el paciente, despierto por el ruido de la discusión, y
adivinando su causa-, les ruego que sean más razonables. Si yo pude soportarlos a los
dos a la vez durante semanas, ¿no pueden
soportarse entre ustedes un ratito? Hace diez días que me siento bien, pero
me he quedado en cama con la esperanza de obtener mediante el reposo las fuerzas
que me harían falta para tomar sus medicinas. Hasta ahora no las he tocado.
EL CADI HONESTO
Un bandido que había despojado de mil piezas de oro a un mercader, fue llevado
ante el Cadí, quien le preguntó si tenía algo que decir para salvarse de ser decapitado.
-Su Señoría -dijo el Salteador-. No podía hacer otra cosa que apoderarme del oro,
porque Alá me hizo así.
-Tu defensa es ingeniosa y sólida -dijo el Cadí-, y debo exculparte de criminalidad.
Infortunadamente, Alá también me hizo de modo tal que debo cortarte la cabeza,
a menos a menos -añadió pensativo- que me ofrezcas la mitad del oro; porque
El me hizo débil ante la tentación.
Por consiguiente, el Salteador puso quinientas piezas de oro en manos del Cadí.
-Bien -dijo el Cadí-. Te cortaré ahora sólo una mitad de la cabeza. Para mostrar
mi confianza en tu discreción, dejaré intacta la mitad con la que hablas.
UN FACTOR NO TENIDO EN CUENTA
Un Hombre que poseía un hermoso Perro, y mediante una cuidadosa selección de
sus parejas había criado una cantidad de animales apenas inferiores a los ángeles, se
enamoró de su lavandera, se casó con ella y crió una familia de bobalicones.
-¡Qué lástima! -exclamó una vez, contemplando el melancólico resultado-. Si
hubiera buscado mi pareja con la mitad del cuidado que puse para mi perro, sería
ahora un padre orgulloso y feliz.
-No estoy tan seguro de eso -dijo el Perro, que acertó a escuchar el lamento-. Hay
una diferencia, es verdad, entre tus cachorros y los míos, pero yo me halago pensando
que no se debe completamente a las madres. Tú y yo no nos parecemos del todo.
EL DEPORTISTA Y LA ARDILLA
Un Deportista que había herido a una Ardilla, que estaba haciendo desesperados
esfuerzos para arrastrarse fuera de su alcance, corrió tras ella con un palo, exclamando:
-¡Pobrecita! La sacaré de su miseria.
En ese momento, la Ardilla se detuvo exhausta, y mirando a su enemigo, dijo:
-No me aventuraré a dudar de la sinceridad de tu compasión, aunque llega más
bien tarde, pero pareces carecer de la facultad de observación. ¿No percibes, por mis
acciones, que el deseo más querido de mi corazón es continuar en mi miseria?
Ante esta exposición de su hipocresía, el Deportista se sintió tan vencido por la
vergüenza y el remordimiento, que no liquidó a la Ardilla, sino que, señalándosela a
su perro, se alejó pensativamente.
EL CANGURO Y LA CEBRA
Un Canguro que marchaba a los saltos con un objeto que abultaba oculto en su
bolsa, se encontró con una Cebra, y deseoso de llamar su atención, le dijo:
-Por tu traje parece que acabaras de salir de la penitenciaría.
-Las apariencias son engañosas -replicó la Cebra, sonriendo con plena conciencia
del más insoportable de los ingenios-; si así no fuera, yo tendría que pensar que tú
acabas de salir de la Legislatura.
UN ASUNTO DE MÉTODO
Un Filósofo, al ver a un Tonto golpeando a su Burro, le dijo:
-No lo hagas, hijo mío, no lo hagas, te lo imploro. Quienes recurren a la violencia
sufrirán violencia.
-Precisamente eso -dijo el Tonto, redoblando sus golpes sobre el animal- es lo
que estoy tratando de enseñar a esta bestia, que me ha pateado.
-Sin duda -se dijo el Filósofo, mientras se alejaba-, la sabiduría de los tontos no es
más profunda ni más auténtica que la nuestra, pero ellos tienen realmente un modo
más impresionante de impartirla.
EL CALIFORNIANO RESTITUIDO
Un Hombre fue colgado del cuello hasta que murió. Esto fue en 1893.
-¿De dónde vienes? -preguntó San Pedro cuando el Hombre se presentó a la
puerta del Paraíso.
-De California -replicó el solicitante.
-Entra, hijo mío, entra; traes alegres noticias.
Cuando el Hombre desapareció adentro, San Pedro tomó su libreta de notas y
escribió lo siguiente:
"16 de febrero de 1893. California colonizada por los Cristianos".
EL MÉDICO COMPASIVO
Un Médico de Buen Corazón sentado a la cabecera de un paciente aquejado por
una enfermedad incurable y dolorosa, escuchó un ruido tras él, y volviéndose vio a un
Gato que se reía de los débiles esfuerzos de un Ratón herido, por arrastrarse fuera de
la habitación.
-¡Bestia cruel! -exclamó- ¿Por qué no lo matas de una vez, como una dama?
Levantándose, sacó al Gato a puntapiés de la habitación, y recogiendo al Ratón,
compasivamente lo arrebató a sus sufrimientos retorciéndole el cuello. Requerido
desde el lecho por los gemidos de su paciente, el Médico de Buen Corazón administró
un estimulante, un tónico y un nutriente, y se fue.
LA TRIPULACIÓN DEL BOTE
SALVAVIDAS

La Valiente Dotación de una estación de salvamento estaba por botar su barca
para dar un paseíto a lo largo de la costa, cuando descubrieron a poca distancia, mar
adentro, una embarcación que había zozobrado, con una docena de hombres agarrados
de su quilla.
-Tenemos suerte -dijeron los de la Valiente Dotación-; si no hubiéramos visto eso
a tiempo, nuestro destino podría haber sido el de ellos.
De modo que arrastraron su embarcación a lugar seguro y se reservaron para el
servicio de su país.
LA COLA DE LA ESFINGE
Un Perro de disposición taciturna le dijo a su Cola:
-Cada vez que me enojo, te levantas y pones tiesa; cuando estoy complacido te
meneas; cuando estoy alarmado, te pones entre las patas, fuera de peligro. Eres demasiado
vivaz... descubres todas mis emociones. Mi idea es que las colas fueron
dadas para ocultar el pensamiento. Mi mayor ambición es ser tan impasible como la
Esfinge.
-Mi amigo, debes reconocer las leyes y limitaciones de tu ser -replicó la Cola, con
flexiones apropiadas para los sentimientos que expresaba-, y tratar de ser importante
de alguna otra manera. La Esfinge cumple ciento cincuenta requisitos de la
impasibilidad que a ti te faltan.
-¿Cuáles son? -preguntó el Perro.
-Ciento cuarenta y nueve toneladas de arena en la cola.
-¿Y...?
-Una cola de piedra.
EL LADO OSCURO DEL PERSONAJE
Un Talentoso y Honorable Editor, que mediante la práctica de su profesión había
adquirido riqueza y distinción, solicitó a un Viejo Amigo la mano de su hija.
-¡De todo corazón, y Dios te bendiga! -dijo el Viejo Amigo, tomándolo de ambas
manos-. ¡Es un honor más grande que el que me hubiera atrevido a esperar!
-Sabía que esa sería tu respuesta -replicó el Talentoso y Honorable Editor, y
agregó con una sonrisa-. Sin embargo, me parece que debo transmitirte todo el
conocimiento de la personalidad que yo poseo. Este álbum de recortes contiene todos
los testimonios relativos a mi lado sombrío que he sido capaz de recortar en los
últimos diez años, de las columnas publicadas por mis competidores en el negocio de
elevar a la humanidad a un plano
espiritual y moral más alto... mis "repulsivos contemporáneos".
Dejando el álbum sobre una mesa, se retiró muy animado para hacer los arreglos
de la boda. Tres días después, un mensajero le trajo el álbum, con una nota advirtiéndole
que nunca más volviera a manchar la puerta de su Viejo Amigo.
-¡Vean! -exclamó el Talentoso y Honorable Editor, señalando esa notificación-
¡La calumnia triunfa!
Y fue llevado al Asilo de los Indiscretos.
LA VIUDA DEVOTA
A una Viuda que lloraba sobre la tumba de su esposo, se le aproximó un
Caballero Atractivo que, de manera respetuosa, le aseguró que desde hacía tiempo
abrigaba por ella los sentimientos más tiernos.
-¡Sinvergüenza! -exclamó la Viuda-. ¡Déjeme ya mismo! ¿Es momento para
hablarme de amor?
-Le aseguro, señora, que no pensaba descubrir mis sentimientos -explicó humildemente
el Caballero Atractivo-, pero el poder de su belleza venció a mi discreción.
-Tendría que verme cuando no estoy llorando -dijo la Viuda.
EL DIFUNTO Y LOS HEREDEROS
Un Hombre murió dejando una gran fortuna y muchos apenados parientes que la
reclamaban. Después de unos años, cuando la justicia había fallado contra las
pretensiones de todos, menos uno, este, a quien se le concedió el legado, pidió a su
Abogado que lo hiciera tasar.
-No queda nada para tasar -dijo el Abogado, embolsando sus últimos honorarios.
-Entonces -dijo el Demandante Exitoso-, ¿de qué me sirvieron todos estos
pleitos?
-Usted ha sido un buen cliente para mí -respondió el Abogado, recogiendo sus
libros y papeles-, pero debo decirle que revela una sorprendente ignorancia acerca del
propósito de los pleitos.
LOS POLÍTICOS Y EL BOTÍN
Varias Entidades Políticas estaban dividiendo los despojos.
-Yo tomaré el manejo de las prisiones -dijo un Decente Respeto por la Opinión
Pública-, y haré un cambio radical.
-Y yo -dijo la Reputación Manchada-, conservaré mis actuales conexiones con los
negocios, mientras mi amiga aquí presente, la Toga Corrupta, permanecerá en la
judicatura.
La Olla Política dijo que no herviría nada más, si no la volvían a llenar con líquido
del Pozo Asqueroso.
El Poder Cohesivo del Botín Público observó tranquilamente que las dos candidaturas
principales constituirían, suponía, su parte.
-No - dijo la Más Vil Degradación-, ya cayeron en mis manos.
EL HOMBRE Y LA VERRUGA
Una Persona con una Verruga en Su Nariz se encontró con una Persona Similarmente
Afligida, y le dijo:
-Permítame proponer su nombre como miembro de la Orden Imperial de los
Probóscides Anormales, de la cual soy el Gran Líder Preclaro y Tesorero Subrepticio.
Hace dos meses, yo era el único miembro. Hace un mes éramos dos. Hoy contamos
con cuatro Emperadores de la Proboscis Anormal de importancia... El doble cada
cuatro semanas, ¿ve? Es una progresión geométrica... ya sabe cómo aumenta eso... En
un año y medio cada hombre en este país tendrá una verruga en la nariz. ¡Orden
poderosa! Cuota de ingreso, cinco dólares.
-Amigo mío -dijo la Persona Similarmente Afligida-, aquí tiene cinco dólares.
Mantenga mi nombre fuera de sus libros.
-Le agradezco su amabilidad -replicó el Hombre con una Verruga en su Nariz,
embolsando el dinero-; para nosotros es como si se nos hubiera unido. Adiós.
Se fue, pero al ratito apareció de vuelta.
-Me olvidé de hablarle de la cuota mensual -dijo.
LA DIETA DEL PUGILISTA
El Entrenador de un Pugilista consultó a un Médico, acerca de la dieta del
campeón.
-Las chuletas son demasiado tiernas -dijo el Médico-; que coma carne de cuello
de toro.
-Creía que la otra era más digerible -explicó el Entrenador.
-Eso es muy cierto -dijo el Médico-; pero no ejercita suficientemente la mandíbula.
EL ANCIANO Y EL ALUMNO
Un Hermoso Anciano se encontró con el Alumno de una escuela dominical, y posando
tiernamente su mano en la cabeza del chico, le dijo:
-Hijo mío, escucha las palabras de los sabios y sigue el consejo de los rectos.
-Muy bien -respondió el Alumno de la escuela dominical-. Prosigue.
-Oh, en realidad no tengo nada que decirte -dijo el Hermoso Anciano-. Sólo
estaba observando una de las costumbres de mi edad. Yo soy un pirata.
Y cuando retiró su mano de la cabeza del chico, este advirtió que su cabellera
estaba llena de sangre coagulada. El Hermoso Anciano siguió su camino, instruyendo
a otros jóvenes.
UN OPTIMISTA
Dos Ranas en la barriga de una serpiente estaban considerando su molesta situación.
-Esto es flor de mala suerte -dijo una.
-No saques conclusiones apresuradas -dijo la otra-; estamos a resguardo de la
lluvia, con comida y alojamiento.
-Con alojamiento, sin duda -dijo la Primera Rana-; pero no veo la comida.
-Eres un ave de mal agüero -explicó la otra-. Nosotras somos la comida.
LOS DOS SALTEADORES
Dos Salteadores de caminos estaban sentados tomando un trago, en un refugio a
un costado del camino, comparando sus aventuras nocturnas.
-Yo lo paré al jefe de Policía -dijo el Primer Salteador-, y me fui con todo lo que
tenía.
-Y yo -dijo el Segundo Salteador- paré al Fiscal del Distrito de los Estados
Unidos, y me fui con...
-¡Buen Dios! -interrumpió el otro, colmado de asombro y admiración- ¿Te fuiste
con todo lo que ese tipo tenía?
-No -explicó el infortunado narrador-. Sólo con una pequeña parte de lo que tenía
yo.
UNA VALIOSA SUGERENCIA
Una Gran Nación, que sostenía una disputa con una Pequeña Nación, resolvió
intimidar a su antagonista con una gran demostración naval en el puerto principal de
la última. De modo que la Gran Nación reunió todos sus barcos de guerra dispersos en
todo el mundo, y estaba a punto de hacerlos navegar trescientos cincuenta millas hasta
el lugar del encuentro, cuando el Presidente de la Gran Nación recibió la siguiente
nota del Presidente de la Pequeña Nación:
"Mi gran y buen amigo, me he enterado de que va a exhibirnos su marina con el
objeto de impresionarnos con su poder. ¡Qué innecesario es ese gasto! Para demostrarle
que ya conocemos todo acerca de esta materia, adjunto a esta una lista de
todas las naves y piezas de artillería que ustedes tienen".
Tanto impresionó al gran y buen amigo la sólida sensatez de esta misiva, que
mantuvo su marina en casa, economizando mil millones de dólares. Gracias a esta
economía pudo comprar una decisión satisfactoria cuando la causa de la disputa fue
sometida a arbitraje.
LA MANO TOMADA
Un Exitoso Hombre de Negocios que tuvo oportunidad de escribirle a un Ladrón,
le expresó su deseo de verlo y estrechar su mano.
-No -respondió el Ladrón-, hay algunas cosas que yo no tomo... entre ellas su
mano.
-Usted debe usar un poco de estrategia -dijo un Filósofo a quien el Exitoso
Hombre de Negocios contó la desdeñosa respuesta del Ladrón-. Deje su mano afuera
alguna noche, y él la tomará.
De modo que una noche, el Exitoso Hombre de Negocios dejó su mano fuera del
bolsillo de un vecino y el Ladrón la tomó con avidez.
EL POETA Y EL EDITOR
-Mi querido señor -dijo el Editor al Poeta que lo visitaba para hablar de la publicación
de su poema-, lamento decir que debido a un infortunado altercado en esta
oficina, la mayor parte de su manuscrito es ilegible; se derramó sobre él una botella de
tinta, manchando todo salvo la primera línea, es decir: "Las hojas de otoño caían,
caían". Desafortunadamente, no habiendo leído el poema, fui incapaz de recordar los
incidentes que seguían; de otro modo, podríamos haberlos ofrecido con nuestras
propias palabras. Si la noticia no ha perdido interés y no apareció ya en otros
periódicos, quizás usted tendrá la amabilidad de relatarnos lo ocurrido, mientras yo
tomo notas. "Las hojas de otoño caían, caían". Prosiga.
-¿Qué? -dijo el Poeta-. ¿Espera que yo reproduzca todo el poema de memoria?
-Sólo la sustancia... sólo los hechos conducentes. Nosotros agregaremos lo que
sea necesario para amplificarlo y embellecerlo. Sólo le llevará un momento. "Las hojas
de otoño caían, caían". Adelante.
Se escuchó el sonido de un lento levantarse e irse, mientras el cronista de sucesos
efímeros permanecía inmóvil, con su pluma suspendida; y cuando el movimiento se
completó, la Poesía sólo quedó representada en ese lugar, por un sitio tibio en una
silla.
EL ADMINISTRADOR PARTIDARIO Y EL
CABALLERO

Un Administrador de un Partido le dijo a un Caballero, que estaba ocupándose de
sus propios asuntos:
-¿Cuánto pagará por una candidatura a un cargo?
-Nada -replicó el Caballero.
-Pero contribuirá con algo a los fondos de la campaña para apoyar su elección
¿no? -preguntó el Administrador del Partido, guiñando el ojo.
-Oh, no -dijo seriamente el Caballero-. Si el pueblo desea que trabaje para él debe
emplearme sin que yo lo solicite. Estoy muy bien sin ningún cargo.
-Pero -lo urgió el Administrador del Partido-, un nombramiento es algo deseable.
Es un gran honor ser un servidor del pueblo.
-Si el servicio del pueblo es un gran honor -dijo el Caballero- sería indecente de
mi parte buscarlo; y si lo obtuviera por mi propio esfuerzo, dejaría de ser un honor.
-Bueno -insistió el Administrador del Partido-, espero que al menos endosará la
plataforma partidaria.
El Caballero replicó:
-Es improbable que sus autores hayan expresado fielmente mis puntos de vista sin
consultarme; y si endoso su obra sin aprobarla sería un mentiroso.
-¡Usted es un hipócrita detestable y un idiota! -gritó el Administrador del Partido.
-Ni siquiera su buena opinión acerca de mi idoneidad me convencerá -replicó el
Caballero.
UN IMBÉCIL INCALIFICABLE
Un Juez le dijo a un Asesino Convicto:
-Prisionero en el banquillo: ¿tiene algo que decir que impida el dictado de su senLibrodot
tencia de muerte?
-¿Lo que yo diga marcará alguna diferencia? -preguntó el Asesino Convicto.
-No veo cómo podría hacerlo -respondió reflexivamente el Juez-. No, no lo hará.
-Entonces -dijo el condenado-. Me gustaría señalar que usted es el más incalificable
imbécil en siete Estados y todo el Distrito de Columbia.
EN EL POLO
Tras gran dispendio de vidas y riquezas, un Osado Explorador tuvo éxito y
alcanzó el Polo Norte, donde se le aproximó un Nativo que allí vivía.
-Buenos días -dijo el Nativo-. Estoy muy contento de verlo, pero ¿por qué vino
aquí?
-La gloria -dijo el Osado Explorador, lacónicamente.
-Sí, sí, ya lo sé -insistió el otro-, pero ¿de qué le servirá al hombre su descubrimiento?
¿A qué verdades antes inaccesibles le dará acceso? ¿A qué hechos, quiero
decir, que tengan valor científico?
-Sería adivino si lo supiese -replicó francamente el gran hombre-, tiene que
preguntárselo al Científico de la Expedición.
Pero el Científico de la Expedición explicó que había estado tan enfrascado en
el cuidado de sus instrumentos y el estudio de sus tablas, que no había tenido
tiempo de pensar en el asunto.
UN PARALELO RADICAL
Unos Cristianos Blancos empeñados en expulsar a los Paganos Chinos de una
ciudad americana, encontraron un periódico publicado en Pekín en idioma chino, y
obligaron a una de sus víctimas a traducir un editorial. Resultó ser un llamado al
pueblo de la provincia de Pang Ki, a expulsar a los demonios extranjeros del país, y
quemar sus casas e iglesias. Esta evidencia de la barbarie mongólica encolerizó tanto
a los Cristianos Blancos, que llevaron a la práctica su proyecto original.
EL LEGISLADOR Y EL CIUDADANO
Un ex Legislador le pidió a El Más Respetable Ciudadano, una carta para el Gobernador,
recomendándolo para el puesto de Comisionado de Langostinos y Cangrejos.
-Señor -dijo severamente El Más Respetable Ciudadano- ¿no estuvo usted una
vez en el Senado Estatal?
-No he llegado tan bajo, señor, se lo aseguro -fue la respuesta-. Fui miembro de la
Cámara Más Lenta. Me expulsaron por vender mi influencia.
-¡Y se atreve a pedir la mía! -gritó El Más Respetable Ciudadano-. ¿Tiene la
impudicia? Un hombre que acepta coimas es capaz de ofrecerlas. Quiere decir que...
-No se me ocurriría hacerle una propuesta corrupta, señor; pero si yo fuera
Comisionado de Langostinos y Cangrejos,
tendría cierta influencia sobre la población portuaria, y podría ayudarlo en su
pugna por obtener el puesto de Oficial Instructor.
-En tal caso, no encuentro justificaciones para negarle la carta.
EL PERRO Y EL DOCTOR
Un Perro que había visto a un Doctor concurrir al entierro de un paciente adinerado,
le dijo:
-¿Cuándo vas a desenterrarlo?
-¿Por qué habría de desenterrarlo? -preguntó el Doctor.
-Cuando yo entierro un hueso -dijo el Perro-, es con la intención de desenterrarlo
posteriormente, descarnarlo y sacarle el jugo.
-Los huesos que yo entierro -dijo el Doctor-, son aquellos a los que ya nada
puedo sacar.
EL HOMBRE QUE HACIA LLOVER
Un Funcionario del Gobierno, con una gran dotación de mulas cargadas de globos,
cometas, bombas de dinamita y aparatos eléctricos, hizo alto y acampó en medio
de un desierto, en el que no había llovido durante diez años. Después de varios meses
de preparativos y un gasto de un millón de dólares todo estuvo dispuesto, y una serie
de tremendas explosiones se produjeron en el cielo y en la tierra. Todo esto fue
seguido por un enorme diluvio que lavó al infortunado Funcionario y a todo su equipo
de la faz de la creación, y llenó el corazón de los agricultores de una alegría
demasiado honda para traducirla en palabras. Un Cronista de Periódico que acababa
de llegar escapó trepando a una colina cercana, y allí encontró al Unico Sobreviviente
de la expedición -un conductor de mulas- arrodillado detrás de un árbol, orando con,
extremo fervor.
-Oh, no puede pararlo de ese modo -dijo el Cronista.
-Mi compañero de viaje al tribunal de Dios -replicó el Unico Sobreviviente, mirándolo
sobre su hombro-, su entendimiento está hundido en la oscuridad. No estoy
deteniendo a esta gran bendición; con la ayuda de la Providencia, la estoy trayendo.
-Ese sí que es un buen chiste -dijo el Cronista, riendo a más no poder en medio de
la espesa lluvia-: ¡Dios respondiendo a los ruegos de un conductor de mulas!
-Hijo de la superficialidad y el escarnio -replicó el otro-, te equivocas de nuevo,
engañado por estas humildes ropas. Soy el reverendo Ezequiel Thrifft, ministro del
Evangelio, ahora al servicio de la gran firma manufacturera Skinn & Sheer. Fabrican
globos, cometas, bombas de dinamita y aparatos eléctricos.
LA FORTUNA Y EL FABULISTA
Un Escritor de Fábulas marchaba a través de un bosque solitario, cuando se encontró
con la Fortuna. Terriblemente asustado, trató de trepar a un árbol, pero la
Fortuna tiró de él, lo hizo bajar, y se le ofreció con cruel insistencia.
-¿Por qué trataste de escapar? -preguntó la Fortuna, una vez que cesó la resistencia
y se acallaron los chillidos del Fabulista-. ¿Por qué me miras de manera tan
inhospitalaria?
-No sé qué eres -respondió el Escritor de Fábulas, hondamente perturbado.
-Soy la riqueza, soy la respetabilidad -dijo la Fortuna-; soy casas elegantes, un
yate, una camisa limpia todos los días. Soy el ocio, soy los viajes, el vino, un sombrero
brillante y un saco que no brilla. Soy la comida suficiente.
-Muy bien -dijo el Escritor de Fábulas, en un susurro-; ¡pero, por Dios, habla más
bajo!
-¿Por qué? -preguntó la Fortuna, sorprendida.
-Para no despertarme -replicó el Escritor de Fábulas, mientras una increíble calma
se adueñaba de su hermoso rostro.
UNA TRANSPOSICIÓN
Viajando a través del País de la Artemisa, un Asno encontró a un Conejo, que exclamó
muy sorprendido:
-¡Cielos! ¿Cómo creciste tanto? ¡Sin duda eres el más grande conejo viviente!
-No -dijo el Asno-, tú eres el burro más pequeño.
Después de una larga y estéril discusión, el asunto fue sometido a la decisión de
un Coyote que pasó por allí, que tenía algo de demagogo y el deseo de quedar bien
con los dos.
-Caballeros -dijo-, ambos tienen razón, como se podía esperar de personas tan
dotadas de disposición para recibir instrucción de los sabios. Usted, señor -volviéndose
al animal de más tamaño- es, como él ha señalado correctamente, un conejo-
. Y usted -volviéndose al otro- fue correctamente descripto como un asno. Al
transponer los nombres de ustedes, el hombre actuó con increíble locura.
Quedaron tan complacidos por esta decisión que declararon al Coyote su candidato
a Oso Gris; pero si el Coyote consiguió o no este puesto, es algo que la historia
no cuenta.
EL REY SIN HUESOS
Unos Monos que habían depuesto a su rey se hundieron de inmediato en la disenLibrodot
sión y la anarquía. En este trance, enviaron una Diputación a una tribu vecina, para
consultar al Mono Más Viejo y Más Sabio del Mundo.
-Hijos -dijo el Mono Más Viejo y Más Sabio del Mundo, una vez que escuchó a
la Diputación-, hicieron bien en librarse de la tiranía, pero la tribu de ustedes no está
suficientemente adelantada como para pasarla sin la monarquía. Tienten al tirano con
falsas promesas para que vuelva, mátenlo y entronícenlo. Aun el esqueleto del más
ilegal de los déspotas hace un buen soberano constitucional.
Ante estas palabras, la Diputación se mostró muy confundida.
-Eso es imposible -dijeron, alejándose-. Nuestro rey no tiene esqueleto; era un rey
de paño.
EL CIUDADANO HONESTO
Un Ascenso Político, etiquetado con su precio, recorría el Estado en busca de un
comprador. Un día se ofreció a un Hombre Verdaderamente Bueno que, después de
examinar la etiqueta y encontrar que el precio era el doble de lo que él estaba dispuesto
a pagar, expulsó desdeñosamente al Ascenso Político, de su puerta. Entonces,
la Gente dijo:
-¡Miren, este es un ciudadano honesto!
Y el Hombre Verdaderamente Bueno confesó que esto era cierto.
A LA PUERTA DEL PARAÍSO
Irguiéndose de la tumba, una Mujer se presentó a la Puerta del Paraíso, y golpeó
con mano temblorosa.
-Señora -dijo San Pedro, levantándose y acercándose a la ventanilla-, ¿de dónde
viene?
-De San Francisco -respondió la Mujer, avergonzada, mientras grandes gotas de
sudor brillaban en su frente espiritual.
-¡No importa, mi buena muchacha! contestó el Santo, compasivamente- La
eternidad es un tiempo largo; terminarás por olvidar.
-Pero eso no es todo -la Mujer estaba cada vez más turbada-. Yo envenené a mi
esposo... yo descuarticé a mis niños, yo...
-Ah -dijo el Santo, con súbita severidad-, tu confesión sugiere una grave posibilidad.
¿Eras miembro de la Asociación de Mujeres de Prensa?
La mujer se irguió y replicó con entusiasmo:
-No.
Las puertas de madreperla y jaspe giraron sobre sus goznes de oro, produciendo
la música más cautivadora, y el Santo, haciéndose a un lado, hizo una reverencia,
diciendo:
-Entra, entonces, en tu eterno descanso.
Pero la Mujer vacilaba.
-El envenenamiento... el descuartizamiento... el... el... -tartamudeó.
-No tienen importancia, te lo aseguro. No vamos a mostrarnos rigurosos con una
señora que no pertenecía a la Asociación de Mujeres de Prensa. Toma un arpa.
-Pero... yo solicité el ingreso... Me pusieron bolilla negra.
-Toma dos arpas.
EL ANARQUISTA ENGATADO
Un Orador Anarquista a quien cierto Respetuoso de la Ley le arrojó a la cara un
Gato Muerto, hizo detener y llevar ante un magistrado al Gato Muerto.
-¿Por qué recurres a la Ley -dijo el Magistrado-, si tú estás por la abolición de la
ley?
-Eso -replicó el Anarquista- no es asunto suyo; no estoy obligado a ser
consistente. Usted está sentado aquí para hacer justicia entre este Gato Muerto y yo.
-Muy bien -dijo el Magistrado, con expresión solemne, poniéndose el birrete
negro-; como el acusado no se defiende, y es indudablemente culpable, lo condeno a
ser comido por el ejecutor público; y como ocurre que este cargo está vacante, lo
designo a usted, sin contrato.
Uno de los más deleitados espectadores de la ejecución fue el desconocido
Respetuoso de la Ley que había arrojado al con
denado.
EL HONORABLE MIEMBRO DE LA
LEGISLATURA

Un Miembro de una Legislatura que se había comprometido con sus Constituyentes
a no robar, se llevó con él, al terminar la sesión, gran parte de la cúpula del Capitolio.
Por lo tanto, los Constituyentes se reunieron en indignada asamblea y votaron
la resolución de embrearlo y emplumarlo.
-Son muy injustos -dijo el Miembro de la Legislatura-. Es verdad que yo les
prometí a ustedes que no robaría; ¿pero acaso les prometí que no mentiría?
Los Constituyentes dijeron que era un hombre honorable y lo eligieron para el
Congreso de los Estados Unidos, sin embrearlo ni emplumarlo.
UNA REMUNERACIÓN INADECUADA
A un Buey incapaz de salir por sí mismo de la ciénaga en que se hundía, se le
aconsejó que hiciera uso de una Influencia Política. Cuando la Influencia Política
llegó, el Buey dijo:
-Mi buena amiga, le ruego que me amarre con fuerza, y deje que la naturaleza
siga su curso.
De modo que la Influencia Política amarró con fuerza la Cabeza del Buey, y la
naturaleza siguió su curso: el Buey fue arrancado de la ciénaga, primero, y a continuación
de su piel. Entonces la Influencia Política miró por sobre sus hombros la buena
carcasa gorda de carne que estaba arrastrando a su cubil y dijo, con insatisfacción:
-Esto no alcanza a cubrir lo que habitualmente cobro; me llevaré a casa la primera
cuota, y después retornaré por la piel.
EL CACIQUE POLÍTICO EXPATRIADO
Un Cacique Político que había ido a Canadá fue escarnecido por un Ciudadano de
Montreal, que lo acusaba de haber huido para evitar ser procesado.
-Me hace una grave injusticia -dijo el Cacique Político, dejando caer un par de
lágrimas-. Vine a Canadá sólo a causa de sus atractivos políticos; se dice que su
Gobierno es el más corrupto del mundo.
-Le ruego que me perdone -contestó el Ciudadano de Montreal.
Cayeron uno sobre el cuello del otro, y al terminar este tocante rito, el Cacique
Político tenía dos relojes.
UN ESTADISTA
Un Estadista que asistía a una asamblea de la Cámara de Comercio se levantó
para hablar, pero fue objetado, acusándoselo de que nada tenía que ver con el
comercio.
-Señor Presidente -dijo un Antiguo Miembro, levantándose-, opino que esa
objeción no corresponde; la conexión del caballero con el comercio es íntima y estrecha.
Es una mercancía.
LOS TRES RECLUTAS
Un Campesino, un Artesano y un Trabajador se presentaron ante el Rey de su
país, y se quejaron porque se veían obligados a sostener un enorme ejército de
consumidores, que no hacía nada en su beneficio.
-Muy bien -dijo el Rey-, los deseos de mis súbditos son la ley suprema.
Así que disolvió su ejército y los consumidores se volvieron productores. La
venta de sus productos hizo bajar tanto los precios, que los campesinos se arruinaron,
y los artesanos y trabajadores fueron a dar a los asilos y los caminos. En pocos años el
desastre nacional era tan grande, que el Campesino, el Artesano y el Trabajador
elevaron un petitorio al Rey, para que restaurase su ejército.
-¿Qué? -dijo el Rey-. ¿Desean sostener a esos consumidores haraganes otra vez?
-No, su Majestad -contestaron ellos-, deseamos enrolarnos.
UN DESORDEN FATAL
Un Agonizante, a quien le habían disparado, fue apremiado por oficiales de la ley
para que hiciera una rápida declaración.
-Usted fue atacado sin provocación, por supuesto -manifestó el Fiscal del Distrito,
preparándose para asentar la respuesta.
-No -replicó el Agonizante-, yo fui el agresor.
-Sí, entiendo -dijo el Fiscal del Distrito; usted cometió la agresión... fue obligado
a hacerlo. Lo hizo en defensa propia.
-No creo que me hubiera dañado si yo lo hubiese dejado en paz -dijo el moribundo-.
No... creo que era un hombre pacífico, incapaz de matar una mosca. Le hice
soportar tanta presión que él, naturalmente, tenía que sucumbir... no pudo aguantar.
Honestamente, si se hubiera negado a dispararme, no veo cómo yo podría haber
seguido tratándolo.
-¡Santo Cielo! -exclamó el Fiscal del Distrito, arrojando su cuaderno de apuntes y
su lápiz-. Esto es completamente anómalo. No puedo utilizar como declaración
últimas palabras como estas.
-Nunca he visto a un hombre que diga la verdad cuando muere violentamente -
dijo el jefe de Policía.
-¡No hay ninguna violencia! -contestó el Médico Policial, sacando e inspeccionando
la lengua del hombre-. Es la verdad la que lo está matando.
UN TALISMÁN
Habiendo sido designado para cumplir las funciones de jurado, un Prominente
Ciudadano envió un certificado médico donde se declaraba que padecía de reblandecimiento
cerebral.
-El caballero está excusado -dijo el juez, devolviendo el certificado a la persona
que lo había traído-, tiene cerebro.
EL CONGRESO Y EL PUEBLO
Los sucesivos Congresos habían empobrecido enormemente al Pueblo, que estaba
desanimado y lloraba copiosamente.
-¿Por qué lloran? -indagó un Angel que se había posado en un árbol cercano.
-Nos han sacado todo lo que teníamos -fue la respuesta-, excepto -añadió el
Pueblo, al darse cuenta de quién era el llamativo visitante-, excepto nuestra esperanza
del Paraíso. ¡Gracias a Dios que no pudieron quitarnos eso!
¡Pero al fin llegó el Congreso de 1889!
EL JUEZ Y SU ACUSADOR
Un eminente juez de la Corte Suprema de Gowk fue acusado de haber obtenido
su designación fraudulentamente.
-Usted disparata -dijo a su Acusador-; tiene poca importancia cómo obtuve mi
poder; lo único importante es cómo lo he usado.
-Confieso -manifestó el Acusador- que en comparación con la manera ruin en que
usted se condujo en la Corte, el método ruin mediante el cual usted llegó a ella es una
bagatela.
ECONOMIZANDO FUERZA
Un Hombre Débil que iba colina abajo se encontró con un Hombre Fuerte que subía,
y le dijo:
-Vengo en esta dirección porque requiere menos esfuerzo, no porque lo haya
elegido. Le ruego, señor, que me ayude a volver a la cumbre.
-Me alegrará hacerlo -dijo el Hombre Fuerte, con el rostro iluminado por una
gloriosa idea-. siempre he considerado a mi fuerza un don sagrado que se me confió
para bien de mi prójimo. Lo llevaré arriba conmigo. Póngase detrás de mí y empuje.
EL SALTEADOR DE CAMINOS Y EL
VIAJERO

Un Salteador de Caminos enfrentó a un Viajero, y apuntándole con un arma de
fuego, le gritó:
-¡El dinero o la vida!
-Mi querido amigo -dijo el Viajero-, de acuerdo con los términos de su exigencia
mi dinero salvará mi vida, mi vida mi dinero; usted indica que se apoderará de una o
de lo otro, pero no de ambos. Si esto es lo que usted quiere decir le ruego que sea
bueno y tome mi vida.
-No es eso lo que quiero decir -replicó el Salteador-; usted no puede salvar su
dinero renunciando a su vida.
-Entonces, tómela de todos modos -dijo el Viajero-. Si no sirve para salvar mi
dinero, no sirve para nada.
Tanto agradaron al Salteador la filosofía y el ingenio del Viajero, que lo tomó
como socio y esta espléndida combinación de talentos fundó un periódico.
EL BUEN GOBIERNO
-¡Qué territorio feliz eres! -dijo una Forma Republicana de Gobierno a un Estado
Soberano-. Sé bueno y quédate quieto en tanto paseo encima de ti, cantando los
elogios del sufragio universal y disertando sobre las bendiciones de la libertad civil y
religiosa. Mientras, puedes mitigar tus penas maldiciendo al poder unipersonal y a las
decadentes monarquías de Europa.
El Estado replicó:
-Mis servidores públicos han sido tontos y pillos, desde la fecha de tu ascenso al
poder; mis cuerpos legislativos -tanto los estatales como los municipales- son bandas
de ladrones; mis impuestos son insoportables; mis Cortes, corruptas; mis ciudadades,
una desgracia para la civilización; mis corporaciones tienen sus manos en la garganta
de todos los intereses particulares... La totalidad de mis asuntos está en desorden y en
criminal confusión.
-Cuanto dices es muy cierto -respondió la Forma Republicana de Gobierno,
poniéndose sus zapatos claveteados-, pero considera cómo te emociono cada Cuatro
de julio.
EL GUARDA VIDAS
Una Antigua Doncella, parada en el borde de un muelle, cerca de un Amante
Moderno, dejó oír estas palabras:
-¡Noble protector! ¡La vida que has salvado te pertenece!
Tras repetir esto varias veces en diversas entonaciones, se arrojó al agua, donde
murió ahogada.
-Soy un noble protector -dijo el Amante Moderno, alejándose pensativo-, la vida
que he salvado es sin duda la mía.
TRES DE LA MISMA CLASE
Un Abogado fue contratado para defender a un Ladrón, a quien la policía había
logrado detener tras violenta pelea con otro que había huido. En la reunión con su
cliente, el Abogado preguntó:
-¿Tiene cómplices?
-Sí, señor -respondió el Ladrón-. Tengo dos, pero ninguno fue capturado.
Contraté a uno para que me defendiera de la policía, y a usted lo contraté para que me
defienda de una condena.
Esta respuesta impresionó profundamente al Abogado, quien tras verificar que el
Ladrón no había acumulado ningún dinero mediante el ejercicio de su profesión,
abandonó el caso.
EL FABULISTA
Un Ilustre Satírico visitaba un zoológico ambulante, con la idea de recolectar material
literario. Cuando pasó cerca del Elefante, este animal dijo:
-¡Qué triste que un censor tan justamente famoso eche a perder su obra ridiculizando
personajes con narices colgantes, que son la sal de la tierra!
El Canguro añadió:
-Disfruto mucho la crítica de lo ridículo que hace ese gran hombre, particularmente
sus ataques contra los proboscidios; pero ¡cielos!, es irreverente con los
marsupiales, y se ríe de nuestra manera de llevar a nuestros cachorros en una bolsa.
El Camello dijo:
-Si al menos conservara el respeto a la Sagrada Giba, sería impecable. Pero tal
como son las cosas, no puedo permitir que su obra sea leída en presencia de los míos.
El Avestruz, al ver que se aproximaba, hundió su cabeza en la paja, diciendo:
-Si no me oculto, puede ocurrírsele escribir algo desagradable acerca de mi falta
de una cresta, o de mi apetito por la chatarra, y aunque es indeciblemente brillante
cuando se consagra a ridiculizar la locura y la codicia, su estupidez es inigualable
cuando excede los límites del comentario lícito.
-Ese -señaló el Buitre a su pichón- es el autor de esa fábula gloriosa, "El Avestruz
y el barril de clavos crudos". Lamento añadir que también escribió "El festín del
Buitre", en el que la dieta de carroña es insolentemente desacreditada. La dieta de
carroña es el fundamento de la buena salud. Si todo el mundo comiera sólo cadáveres,
la muerte sería desconocida.
Al ver que se aproximaba un asistente, el Ilustre Satírico salió de la tienda y se
mezcló con la multitud. Posteriormente se descubrió que se había colado bajo la
tienda, sin pagar.
UNA PETICIÓN DEFECTUOSA
Un Juez Adjunto de la Suprema Corte estaba sentado a la orilla de un río, cuando
un Viajero se aproximó y le dijo:
-Deseo cruzar. ¿Será legítimo usar este bote?
-Lo será -fue la respuesta-; es mi bote.
El Viajero le dio las gracias, y empujando el bote al agua se embarcó y comenzó
a remar, alejándose. Pero el bote se hundió y él se ahogó.
-¡Hombre cruel! -exclamó un Espectador Indignado-. ¿Por qué no le dijo que su
bote estaba agujereado?
-La cuestión del estado del bote -dijo el gran jurista- no me fue planteada.
LOS HERMANOS DE LUTO
Advirtiendo que estaba por morir, un Anciano convocó a sus dos Hijos junto a su
lecho, y expuso la situación.
-Hijos míos -les dijo-, ustedes no me ofrecieron muchas señales de respeto
durante mi vida, pero darán fe de su pena por mi muerte. Aquel que más tiempo lleve
luto en su sombrero en mi memoria, se quedará con toda mi fortuna. He hecho un
testamento a tal efecto.
De modo que cuando el Anciano murió, los jóvenes pusieron luto en sus
sombreros, y lo llevaron hasta que ellos mismos fueron viejos, cuando,
comprendiendo que ninguno de los dos lo abandonaría, convinieron que el más joven
dejaría de usar luto, y el mayor le daría la mitad de la fortuna. ¡Pero cuando el mayor
solicitó la propiedad, se encontró con que había habido un Albacea!
De este modo, fueron adecuadamente castigadas la hipocresía y la obstinación.
EL PATRIOTA Y EL BANQUERO
Un Patriota que, siendo pobre, había accedido a un puesto en el gobierno, y lo
había abandonado rico, se presentó en un Banco, donde deseaba abrir una cuenta.
-Con mucho gusto -dijo el Banquero Honesto- será un placer para nosotros hacer
negocios con usted; pero primero tiene que convertirse en un hombre honesto,
devolviendo todo lo que robó desde el Gobierno.
-¡Bendito cielo! -exclamó el Patriota-. Si hago eso, no me quedará nada para
depositar en el Banco.
-No me parece -respondió el Banquero Honesto-. Nosotros no somos todo el
pueblo americano.
-Ah, comprendo -contestó el Patriota, reflexionando-. ¿En cuánto estima la
proporción que le corresponde al Banco, del dinero que el país perdió por mí?
-Un dólar -respondió el Banquero Honesto.
Y con orgullosa conciencia de servir a su país con sabiduría y propiedad, cargó
esa suma en la cuenta.
EL ANARQUISTA REFORMADO
Un famoso Anarquista naufragó, y el mar lo arrojó a las playas de la isla de
Gowqueechi, habitada por la antigua y poderosa tribu de los Tumtum. Fue descubierto
y llevado ante el Jamgrogrum, que le preguntó cuál era su fe política.
-Le preguntamos esto a todos los extranjeros -explicó el Jamgrogrum-, con la
esperanza de conocer algún día principios políticos superiores a los nuestros.
-Soy un Anarquista -respondió el recién llegado-. Sostengo que todos los gobiernos
son perversos, todas las leyes opresivas. Enseño que todos los Jamgrogra deberían
ser asesinados.
El monarca llamó al Primer Ministro a su lado, y tras susurrarle ciertas instrucciones,
se retiró.
Al día siguiente, una vez que el Primer Ministro se presentó en palacio, y comió
un puñado de lodo, como la etiqueta de la corte lo exigía, el Jamgrogrum le pidió
noticias del Anarquista.
-Lo hice llevar a los baños, y fue cuidadosamente bañado.
-¿Y entonces?
-Cuando se le preguntó, de acuerdo con las instrucciones de su Majestad, si todavía
era un Anarquista, respondió que ningún tratamiento, por duro y cruel que
fuera, alteraría sus convicciones.
-Entonces -exclamó el Jamgrogrum, con el aire decepcionado de alguien privado
del cumplimiento de una ilusión largamente anhelada- mi teoría acerca de la unidad
de la suciedad y el anarquismo ha sido refutada.
-No, su Majestad -dijo el Primer Ministro-; murió diez minutos después del baño.
LOS DOS HIJOS
Un Hombre tenía Dos Hijos. El mayor era virtuoso y obediente, el más joven perverso
y taimado. Cuando el padre estaba por morir, los llamó ante él y dijo:
-Sólo tengo dos cosas valiosas: mi rebaño de camellos y mi bendición. ¿Cómo los
distribuiré?
-Dame tu bendición -dijo el Hijo Más Joven-, porque puede reformarme. Si me
dieras los camellos, seguramente yo sin duda los vendería y malgastaría el dinero.
El Hijo Mayor, disimulando su júbilo, dijo que trataría de contentarse con los camellos
y un recuerdo piadoso.
Todo se arregló según lo hablado y el Hombre murió. Entonces, el perverso Hijo
Más joven se presentó ante el Cadí y dijo:
-Mira, mi hermano se ha apropiado de mi herencia legítima. Es tan malo que
nuestro padre, como todo el mundo sabe,
le negó su bendición; ¿es verosímil que le haya dado los camellos?
El Hijo Mayor fue obligado a entregar el rebaño y fue correctamente apaleado por
su rapacidad.
EL EXPLORADOR AFORTUNADO
Un Emisario del Presidente de los Estados Unidos ante el Emperador de Abisinia
se despedía de este soberano que, para atestiguar su pesar de acuerdo con las costumbres
de su país, dejó caer un diluvio de lágrimas.
-Mi fama está asegurada -dijo el Emisario-: he descubierto la fuente del Nilo.
EL HIJO RESPETUOSO
Un Millonario había ido a un asilo a visitar a su padre, y se encontró allí con un
Vecino que se mostró enormemente sorprendido.
-¿Qué? -dijo el Vecino-. ¿Usted a veces visita a su padre?
-Estoy seguro de que si nuestras situaciones se invirtieran, él me visitaría a mí -
respondió el Millonario. El viejo siempre estuvo orgulloso de mí. Además -agregó en
voz baja-, tengo que hacerle firmar; estoy asegurando su vida.
LA VIUDA Y EL SOLDADO
Una Viuda cuyo marido había sido colgado encadenado estaba velando el cadáver
la primera noche, y empapada en lágrimas imploraba al Centinela que lo custodiaba,
que le permitiera robarlo.
-Señora -dijo el Centinela-. No puedo resistir más sus ruegos; su belleza se
impone sobre mi sentido del deber. Le entregaré el cuerpo y tomaré su lugar en la
jaula, en la que un golpe de mi puñal confundirá a la justicia y me otorgará la felicidad
de morir por una mujer tan adorable.
-No -dijo la dama-. No puedo aceptar el sacrificio de una vida tan noble. Si es
cierto que usted me mira con buenos ojos, ayúdenos a mí y a mis sirvientes a llevar el
objeto sagrado a mi castillo, donde usted permanecerá oculto hasta que podamos huir
del país.
-No -dijo el Centinela-. Seguramente sería descubierto y arrancado de sus brazos.
En tres días usted puede reclamar el cuerpo de su querido esposo; después podrá
conferir a un honorable soldado toda la felicidad y distinción que a juicio de usted su
devoción merezca.
-¡Tres días! -exclamó la dama-. Eso es mucho para esperar y poco para fugar.
Pero sin llevar carga podemos alcanzar la frontera. Ya el día comienza a romper...
dejemos el cuerpo y partamos.
UNA OFERTA MEZQUINA
Dos Soldados yacían muertos en el campo de honor.
-¿Qué darías por volver a vivir? -le preguntó uno al otro.
-Al enemigo, la victoria -fue la respuesta-; a mi país, una larga vida de servicio
desinteresado como civil. ¿Y qué darías tú?
-El aplauso de mis compatriotas.
-¡Tú sí que eres un pichinchero de lo más tacaño! -dijo el otro.
DIPLOMACIA
-¡Si usted no somete mi reclamo a arbitraje -escribió el Presidente de Omohu al
Presidente de Modugy-, tomaré inmediatas medidas para satisfacerlo por mis propios
medios!
-Señor -contestó el Presidente de Modugy-, puede irse al diablo con su amenaza
de guerra.
-Mi gran y buen amigo -escribió el otro-, usted confunde el carácter de mi
comunicación. Es un antepenultimátum.
LOS DOS ESCÉPTICOS
Ciertos paganos cuyo Idolo estaba muy deteriorado lo arrojaron a un río. Luego,
erigieron uno nuevo y se entregaron a la adoración pública, a sus pies.
-¿Qué significa todo esto? -preguntó el Nuevo ¡dolo.
-Padre del Regocijo y del Coágulo -dijo el Gran Sacerdote-, sé paciente y te
instruiré en las doctrinas y ritos de nuestra santa religión.
Un año después, tras un curso de estudios de teología, el ¡dolo pidió que lo arrojaran
al río, declarándose ateo.
-No permitas que eso te moleste -dijo el Gran Sacerdote-, yo también lo soy.
UNA REPRESENTACIÓN IMPERFECTA
Una Zarigüeya mascota perteneciente a un Gran Crítico, le robó a este su gatito
preferido. Estaba por matarlo y comérselo, cuando vio aproximarse a su dueño, y
temiendo ser descubierta, ocultó al animalito en su bolsa.
-Bueno, mi linda -dijo el Gran Crítico, con condescendencia-, ¿qué nuevas
gracias tienes para hoy?
Antes de que la Zarigüeya pudiera contestar, el gatito lanzó diligentes y persistentes
maullidos. Cuando al fin la música cesó, la Zarigüeya dijo:
-He estado practicando un poco la mímica y la ventriloquia; pensé que le
agradaría, señor.
-El deseo de complacer siempre complace -respondió el Gran Crítico, no sin un
toque de dignidad profesional-, pero tienes mucho que aprender acerca del maullido
de los gatitos.
JUNTÓ A LA MARGEN DEL RIÓ
Viendo que un Político tomaba un baño, un Observador, curioso acerca de los
extraños hábitos de los animales inferiores, exclamó:
-¡Qué! ¿No te queda para tomar nada más valioso que un baño? ¿Por qué haces
eso?
-He estado en manos de mis amigos -respondió el Político.
-Entonces te sugeriría el despellejamiento -dijo el Observador.
-Llegas tarde, amigo; ya alguien se lo sugirió a ellos. Estoy limpiando las marcas
de dedos de mis huesos.
EL ASUNTO PRINCIPAL
Un Poeta que ofrecía su obra a un Editor dijo:
-Este es un poema pequeño, pero el asunto principal es la calidad. Me atrevo a
pensar que usted lo considerará auténtica poesía.
Después de leerlo, el Editor lo puso en un cajón, y extendiéndole al Poeta una
moneda de diez centavos, dijo:
-Esta es una moneda pequeña, pero soy tan temerario como para esperar que
usted quedará encantado con su pureza. Es casi toda de plata.
EL SECRETO DE LA FELICIDAD
Habiéndose enterado por obra de un ángel, que Noreddin Becar era el hombre
más feliz del mundo, el Sultán ordenó que lo trajeran a palacio, y le dijo:
-Impárteme, te lo ordeno, el secreto de tu felicidad.
-Oh, padre del sol y de la luna -respondió Noreddin Becar-, yo no sabía que era
feliz.
-Ese -dijo el Sultán- es el secreto que yo buscaba.
Noreddin Becar se retiró profundamente afligido, temiendo que su recién descubierta
felicidad lo abandonara.
COMPENSACIÓN
Dos Mujeres en el paraíso reclamaban a un Hombre que acababa de llegar.
-Yo fui su esposa -dijo una.
-Yo su amante -señaló la otra. San Pedro le dijo al hombre:
-Baja al Otro Lugar... Ya has sufrido bastante.
LOS DOS LOROS
Un Autor que había hecho una fortuna escribiendo vulgaridades, tenía un Loro.
-¿Por qué no tengo una jaula de oro? -preguntó el ave.
Y le respondió su dueño:
-Porque tú piensas mejor de lo que repites, como lo demuestra tu pregunta. Y
porque no tenemos la misma audiencia.
UNA PARTE DE LA RECOMPENSA
-La nuestra es una vida de autosacrificio -decía un Clérigo-. Mientras otros corren
atrás de la ganancia o el placer, nosotros vemos arder el aceite de medianoche
estudiando cómo cascar las más duras nueces teológicas. Y todo ¿por qué recompensa
terrestre?
-Bueno -dijo su Feligrés, meditativamente-, están las almendras, por ejemplo.
LOS INTOLERABLES GEMELOS
Una Serpiente de Cascabel, observando que se acercaba un Hombre con una Cámara
Fotográfica, se arrastró debajo de una piedra plana, y no dejó expuesta otra cosa
más que la punta de su nariz.
-No iba a fotografiarte -explicó el Hombre de la Cámara, con un toque de tristeza
en su voz-. Poseo la antigua fe en la divina sabiduría de las serpientes, y he venido a
preguntarte por qué soy odiado y evitado por toda la humanidad.
-Cielos -dijo la Serpiente de Cascabel-, los dioses me han negado ese conocimiento.
¿Puedes decirme tú por qué yo no soy muy requerida como compañera?
CONSUELO
Un Gran País había reivindicado su coraje y su bravura a través de quince derrotas
en las cuales las tropas enemigas no sufrieron ninguna baja, y su Primer Ministro
pidió la paz.
-No seré duro con ustedes -dijo el Vencedor-: conservarán todo excepto sus
colonias, su libertad, el crédito y su autoestima.
-Ah -dijo el Primer Ministro-, usted es verdaderamente magnánimo; nos deja
nuestro honor.
DESENGAÑO
Un Perro que había estado persiguiendo su propia cola abandonó la caza y se
echó a reposar, encogido. En su nueva postura, descubrió que su cola estaba al alcance
de sus dientes. La mordió con avidez, pero la soltó de inmediato, respingando por el
dolor.
-Después de todo -dijo-, hay más alegría en la persecución que en la posesión.
EL SANTO Y EL ALMA
San Pedro estaba sentado a la puerta del Paraíso, cuando se aproximó un Alma y,
haciendo una cortés reverencia, le extendió su tarjeta.
-Lo siento mucho, señor -dijo San Pedro, después de leer la tarjeta-, pero
realmente no puedo admitirlo. Usted tiene que ir al Otro Lado. Lo siento, señor, lo
siento mucho.
-No importa -dijo el Alma-; he pasado todo el mes en un balneario, y el cambio
será agradable. Sólo venía a preguntar si mi amigo Elihu Root está aquí.
-No, señor -replicó el Santo-; el Sr. Root no está muerto.
-Oh, eso lo sé -dijo el Alma-. Pensé que podría estar visitando a Dios.
IMPREVISIÓN
Una Persona que había caído de la riqueza a la indigencia pidió limosna a un
Hombre Rico.
-No -dijo el Hombre Rico-, no conservaste lo que tenías. ¿Qué seguridad tengo de
que conservarás lo que yo te dé?
-Pero no quiero conservarlo-explicó el mendigo-. Lo quiero para cambiarlo por
pan.
-Eso es exactamente lo mismo -dijo el Hombre Rico-. No conservarías el pan.
LA OVEJA Y EL LEÓN
-Eres una bestia de guerra -le dijo la Oveja al León-, por eso los hombres te
buscan para matarte. A mí, que soy una creyente en la no resistencia, no me cazan.
-No necesitan hacerlo -replicó el hijo del desierto-; pueden criarte.
LA VIUDA INCONSOLABLE
Una Mujer con lutos de viuda lloraba sobre una tumba.
-Consuélese, señora -dijo un Simpático Desconocido-. La piedad del Cielo es
infinita. En algún lado hay otro hombre, además de su esposo, con quien usted puede
ser feliz.
-Lo había, lo había -sollozó ella-, pero está en esta tumba.
UNA INTRUSIÓN
La Moralidad puso la punta del pie en la política internacional, y rápidamente se
lo cortaron.
-Mil gracias -dijo la Diplomacia, con graciosa reverencia- lo conservaremos
como recuerdo del más distinguido honor.
Y desde aquel día, la Moralidad cojeó un poco.
LA PALABRA MISTERIOSA
El Jefe de un batallón de corresponsales de guerra leyó la crónica escrita de una
batalla.
-Hijo -le dijo a su Autor-, tu historia no sirve para nada. Dices que sólo perdimos
dos hombres en vez de cien; que las pérdidas del enemigo son desconocidas, en vez
de diez mil, y que fuimos derrotados y fugamos. No es manera de escribir.
-Pero considere -objetó el escriba consciente- que mi historia puede ser insípida
con respecto al número de nuestras víctimas, decepcionante en lo que hace a los daños
causados al enemigo y chocante respecto al desenlace, pero tiene la ventaja de ser la
verdad.
-No entiendo del todo -dijo el jefe, rascándose la cabeza.
-Bueno, la ventaja -exclamó el otro-, el mérito... la distinción... la provechosa
excelencia... el...
-Oh -dijo el jefe-, conozco muy bien el significado de "ventaja"; ¿pero qué
demonios quisiste decir con "verdad"?
REVELACIÓN
Un León fue atacado por una manada de Lobos hambrientos, que lo rodearon,
aullando lo más fuerte que podían, aunque ninguno se atrevió a acercársele.
-Estas son criaturas muy útiles -dijo el León, mientras se echaba para su siesta de
la tarde-, me dan parte de mis virtudes. Yo no sabía que era comestible.
UN ÁGUILA ENCADENADA
Un legislador recientemente elegido para el Parlamento de Despotamia, declaró
que presentaría una resolución criticando al rey. Cuando dejó el Parlamento, encontró
a un Desconocido, quien le previno que si persistía en su desleal proyecto, perdería la
cabeza.
-Eso -dijo él-, sería una privación más pequeña que la pérdida de mi libertad.
-No sé qué es eso -respondió el Desconocido-. La libertad es algo que no puedo.
apreciar correctamente, porque nunca la tuve. Yo soy el rey.
EL POETA IMPOTENTE
Un poeta que nunca hacia el correcto escandido de sus versos, fue emplazado a
presentarse ante el Rey, quien le ordenó que dijera algo en su defensa para evitar ser
condenado a muerte.
-Si tu oído es imperfecto -dijo el Rey-, podrías contar tus sílabas con los dedos,
como un trabajador honesto.
-Yo cuento mis sílabas -dijo el Poeta, reverentemente-. Pero observe: a mi mano
izquierda le falta un dedo... lo mordió un crítico.
-Entonces -dijo el Rey-, ¿por qué no los cuentas con la mano derecha?
-¡Cielos! -fue la respuesta del poeta, mientras elevaba su mutilada izquierda-.
¡Eso es imposible... no tengo nada con qué contar! El dedo que me falta es el índice.
-¡Hombre infortunado! -exclamó con simpatía el monarca-. Tenemos que hacer
que tus limitaciones e incapacidad no te pesen. Escribirás para las revistas.
EL LOBO Y LA TORTUGA
Un Lobo se encontró con una Tortuga, y le dijo:
-Amiga, eres la cosa más lenta que anda por el mundo. No veo cómo te las arreglas
para escapar de tus enemigos.
-Como me falta la capacidad para huir -replicó la Tortuga-, la Providencia sabiamente
me proporcionó un caparazón impenetrable.
Tras reflexionar largo, tiempo, el Lobo dijo:
-Me parece que igualmente fácil le hubiera resultado darte patas largas.
DE LO GENERAL A LO PARTICULAR
Un Hombre Sincero le dijo a su Esposa:
-No puedo permitir que me imagines mejor de lo que soy. Tengo muchos vicios y
debilidades.
-Eso es sólo lo natural -dijo ella, sonriendo dulcemente-; ninguno de nosotros es
perfecto.
Envalentonado por su magnanimidad, él le confesó una mentira particular que le
había dicho una vez.
-¡Abominable canalla! -gritó ella, y golpeó tres veces con sus manos.
Apareció un gigantesco esclavo nubio, que despachó al marido con una cimitarra.
UN FILOSOFO DESCONCERTADO
El Rey de Remotia tenía un filósofo favorito, a quien dijo:
-Tú has sido para mí un esclavo tan fiel que deseo premiarte. Pide cualquier cosa
que quieras tener.
-Dame -dijo el Filósofo- un cabello de la cabeza de un hombre que no te haya
lisonjeado nunca.
El Rey le prometió hacerlo y lo despidió. Al día siguiente, lo mandó llamar frente
al trono y le extendió un cabello.
-Estás intentando engañarme -dijo el Filósofo, examinando cuidadosamente el
regalo-. Este pelo es de la cabeza de un adulador que te aseguró que sería un honor
para él ofrecerte también su cabeza.
-No eres tan astuto como crees -replicó el Rey-. Ese cabello es de la cabeza del
único sordomudo del reino.
EL LIMITE
El Rey de las Islas Faraway designó primer ministro a su caballo, y cabalgaba sobre
un hombre. Observando que bajo el nuevo orden de cosas el reino prosperaba, un
Anciano Estadista aconsejó al Rey que se pusiera a pastar y ubicara un buey en el
trono.
-No -dijo el soberano, pensativamente-, un buen principio puede ser llevado a
extremos injuriosos. La verdadera reforma se detiene a un paso de la revolución.
EL ZORRO Y EL PATO
Un Zorro y un Pato habían disputado sobre la propiedad de una rana, y llevaron el
asunto ante un León. Después de oír una enorme cantidad de argumentos de uno y de
otro, el León abrió la boca para emitir juicio.
-Ya sé cuál es tu decisión -dijo el Pato, interrumpiendo-. Es que de acuerdo con
nuestra propia exposición, la rana no pertenece a ninguno de nosotros dos, y que tú te
la comerás. Permíteme decirte que esto es injusto, como lo demostraré.
-Para mí está claro -dijo el Zorro- que tú darás la rana al Pato, y me darás el Pato
a mí, y luego me comerás a mí. No me falta experiencia acerca de la ley.
-Estaba por decirles -dijo el león, bostezando-, que durante la discusión de este
caso, la propiedad en disputa se fue a los saltos. Quizá puedan procurarse otra rana.
EL LADRÓN ARREPENTIDO
Un Muchacho a quien su Madre le había enseñado a robar, creció hasta ser
hombre, y se convirtió en Funcionario Público profesional. Un día fue sorprendido
con las manos en la masa y condenado a muerte. Mientras marchaba al lugar de la
ejecución pasó junto a su Madre, y le dijo:
-¡Contempla tu obra! ¡Si no me hubieras enseñado a robar, yo no habría llegado a
eso!
-¡Claro! -dijo la Madre-. ¿Y quién, dime, te enseñó a que te descubran?
EL LOBO Y EL CORDERO
Un Cordero perseguido por un Lobo, buscó refugio en el templo.
-Si te quedas ahí, el sacerdote te atrapará y te sacrificará -dijo el Lobo.
-Me da igual ser sacrificado por el sacerdote o devorado por ti -respondió el
Cordero.
-Amigo mío -dijo el Lobo-, me apena ver cómo consideras una cuestión tan
importante desde un punto de vista meramente egoísta. No me da igual a mí.
EL PESCADOR Y EL PESCADO
Un Pescador que había atrapado un Pez muy pequeño lo estaba poniendo en su
cesto, cuando el pez le habló:
-Te suplico que me arrojes de vuelta al agua, porque no puedo serte útil; los dioses
no comen peces.
-Yo no soy un dios -dijo el Pescador.
-Es cierto -dijo el Pez-, pero apenas Júpiter se entere de tu proeza te elevará a la
deidad. Eres el único hombre que alguna vez haya pescado un pez pequeño.
EL LOBO Y LOS PASTORES
Un Lobo que pasaba junto al refugio de unos Pastores, miró adentro y vio a los
pastores comiendo.
-Entra -dijo uno de ellos irónicamente-, y sírvete un pedazo de tu plato favorito,
una pata de cordero.
-Gracias -dijo el Lobo, mientras se alejaba-, pero tienen que disculparme: acabo
de comerme un cuarto de pastor.
EL LEÓN, EL GALLO Y EL BURRO
Un León estaba por atacar a un Burro que rebuznaba, cuando un Gallo que estaba
cerca cantó estridentemente y el León huyó.
-¿Qué fue lo que lo asustó? -preguntó el Burro.
-Los Leones tienen un miedo supersticioso de mi voz -respondió con orgullo el
Gallo.
-Bien, bien, bien -reflexionó el Burro, sacudiendo la cabeza-; diría que cualquier
animal que tiene miedo de tu voz y no se asusta de la mía debe poseer un oído de lo
más extraordinario.
LA VÍBORA Y LA GOLONDRINA
Una Golondrina que había construido su nido en una Corte de Justicia crió una
hermosa familia de jóvenes aves. Cierto día, una Víbora salió de una grieta en la pared
y ya estaba por comérselas, pero el juez Justo, de inmediato libró un oficio, y dando
orden de que las golondrinas fueran trasladadas a su propia casa, se las comió él.
LA GALLINA Y LAS VÍBORAS
Una Golondrina se acercó a una Gallina que había empollado pacientemente unos
huevos de víbora, y le dijo:
-Qué estúpida eres al darle vida a criaturas que te premiarán destruyéndote.
-Soy un poquitito destructiva -dijo la Gallina, engullendo tranquilamente a uno de
los pequeños reptiles-, y no es un acto de locura proporcionarse los bocados de la
estación.
EL LEÓN Y LA ESPINA
Un León que vagaba por el bosque se clavó una espina en la pata, y al encontrar
un Pastor, le pidió que se la extrajera. El Pastor lo hizo, y el León, que estaba saciado
porque acababa de devorar a otro pastor, siguió su camino sin hacerle daño. Algún
tiempo después, el Pastor fue condenado, a causa de una falsa acusación, a ser
arrojado a los leones en el anfiteatro. Cuando las fieras estaban por devorarlo, una de
ellas dijo:
-Este es el hombre que me sacó la espina de la pata.
Al oír esto, los otros leones honorablemente se abstuvieron, y el que habló se
comió él solo al Pastor.
EL
MILANO, LAS PALOMAS Y

EL HALCÓN

Unas Palomas expuestas a los ataques de un Milano solicitaron a un Halcón que
las defendiera. El Halcón consintió. Admitido entre ellas, esperó al Milano, se abalanzó
sobre él y lo devoró. Cuando estuvo tan saciado que casi no podía moverse, las
agradecidas Palomas le arrancaron los ojos.

EL LOBO Y EL BEBE
Un Lobo hambriento pasaba cerca de la puerta de una cabaña en el bosque, y oyó
que una Madre le decía a su Bebé:
-Tranquilízate, o te arrojaré por la ventana y te comerán los lobos.
De modo que esperó todo el día al pie de la ventana, sintiendo más y más hambre
a medida que pasaba el tiempo. Pero a la noche, el Padre, al volver del club del
pueblo, arrojó por la ventana tanto al Niño como a la Madre.

EL LOBO Y EL AVESTRUZ
Un Lobo que al devorar a un hombre se había atragantado con un manojo de llaves,
le pidió a un avestruz que introdujera la cabeza a través de su garganta y las extrajera,
lo que el Avestruz realizó.
-Supongo -dijo el Lobo- que esperas una retribución por ese servicio.
-Una buena acción -replicó el Avestruz- es su propio premio; me he comido las
llaves.

EL CABALLO DE GUERRA Y EL
MOLINERO

Habiéndose enterado de que el Estado estaba a punto de ser invadido por un ejército
hostil, un Caballo de Guerra perteneciente a un Coronel de la Milicia ofreció sus
servicios a un Molinero que por ahí pasaba.
-No -dijo el patriota Molinero-, no emplearé a uno que abandona sus posiciones a
la hora del peligro. Es hermoso morir por la propia patria.
Algo en esta opinión le sonó familiar al Caballo de Guerra, y mirando más de cerca
al Molinero, reconoció a su dueño disfrazado.

EL LEÓN Y EL RATÓN

Un León había atrapado a un Ratón y estaba a punto de matarlo, cuando el Ratón
dijo:
-Si me perdonas la vida, otro tanto haré yo por ti algún día.
El León, bondadosamente, le permitió irse. Poco después ocurrió que el León fue
capturado por unos cazadores y atado con cuerdas. El Ratón pasó por el lugar, y viendo
que su benefactor estaba indefenso, se puso a roerle la cola.

EL CORDERO Y EL LOBO

Un Lobo estaba calmando su sed en un arroyo, cuando un Cordero se apartó de su
pastor, bajó hacia la orilla del arroyo, y pasando ostentosamente alrededor del Lobo,
se preparó para beber corriente abajo.
-Le ruego que observe -dijo el Cordero- que por lo común el agua no corre hacia
arriba. Que yo beba acá no puede contaminar el agua que toma usted; de modo que no
tiene el menor pretexto para asesinarme.
-No sabía -replicó el Lobo- que necesitaba un pretexto para que me gusten las
chuletas de cordero.
Fin de ese pequeño lógico.

EL PADRE Y LOS HIJOS

Un Padre afligido por una familia de Hijos pendencieros, les exhibió un atado de
varas y pidió a los jóvenes que lo rompieran. Tras repetidos esfuerzos, admitieron que
les resultaba imposible.
-Vean -dijo el Padre- las ventajas de la unidad; mientras esas varas permanecen
unidas son invencibles; y observen lo débiles que se muestran individualmente.
Sacando una vara del atado, fácilmente la rompió en la cabeza del Hijo mayor, y
repitió el procedimiento hasta que todos fueron servidos.

EL LEÓN Y EL RATÓN
A un juez lo despertó el ruido de un abogado que procesaba a un Ladrón. Rojo de
ira, ya estaba por sentenciar al Ladrón a prisión perpetua, cuando este dijo:
-Le suplico que me libere, y algún día retribuiré su bondad.
Complacido y lisonjeado al ser coimeado, aunque no fuera por nada más que una
promesa hueca, el juez lo dejó irse. Poco después, comprobó que había sido más que
una promesa hueca, porque habiéndose convertido él mismo en Ladrón fue liberado
por el otro, que se había convertido en Juez.

EL HOMBRE QUE NO QUERIA ESTRECHAR MANOS -- STEPHEN KING

Escrito por imagenes 06-04-2008 en General. Comentarios (0)

EL HOMBRE QUE NO QUERIA ESTRECHAR MANOS -- STEPHEN KING

EL HOMBRE QUE NO QUERIA
ESTRECHAR MANOS
Stephen King




Stevens sirvió las bebidas y pronto, después de las ocho en aquella noche glacial de invierno, la
mayoría de nosotros nos fuimos , con ellas a la biblioteca. Por un momento , nadie dijo nada; lo
único que se oía era el chisporrotear del fuego en la chimenea , el lejano chasquido de las bolas
de billar y, desde el exterior, el gemido del viento. No obstante, allí se estaba bastante caliente,
en el # 249 B de la calle Este 35.
Recuerdo que aquella noche David Adley estaba sentado a mi derecha, y a mi izquierda Emlyn
McCarron que una vez nos contó una historia espeluznante sobre una mujer que había dado a luz
en extrañas circunstancias . Después de el estaba Johanssen , con su Wall Street Journal doblado
sobre las rodillas.
Entro Stevens con un pequeño paquete, blanco y se lo entrego a George Gregson sin hacer la
menor pausa. Stevens es el mayordomo perfecto a pesar de su ligero acento de Brooklyn ( o
quizá por causa de el) pero su mayor atributo, por lo que a mi se refiere, es que siempre sabe a
quien debe entregar el paquete aunque nadie lo reclame.
George lo capto sin protestar y permaneció un momento sentado en un sillón de alto respaldo y
orejas, contemplando la chimenea que es lo bastante grande como para asar un buey. Vi como
sus ojos se dirigían momentáneamente a la inscripción grabada en la piedra. LO QUE VALE ES
LA HISTORIA, NO EL QUE LA CUENTA.
Abrió el paquete con sus dedos viejos y temblorosos y tiro su contenido al fuego. Por un instante
las llamas se transformaron en un arcoiris, y se oyeron risas apagadas. Me volví y vi a Stevens
allá lejos, en la sombra, junto a la puerta. Tenia las manos cruzadas a la espalda. Su rostro se
mostraba cuidadosamente inexpresivo. Supongo que todos nos sobresaltamos un poco cuando su
voz ronca, casi quisquillosa rompió el silencio; yo confieso que sí.
- Una vez vi asesinar a un hombre en esta misma habitación- nos dijo George Gregson-, aunque
ningún jurado hubiera condenado al que mato. Pero, al final, se acuso así mismo..., y actuó como
su propio verdugo.
Siguió una pausa mientras encendía su pipa. El humo envolvió su rostro arrugado en una nube
azulada, y apago el fósforo de madera con el gesto lento, teatral, del hombre cuyas articulaciones
le producen gran dolor. Tiro el palito a la chimenea, donde cayo sobre los restos quemados del
paquete. Contempló como las llamas tostaban la madera.
Sus agudos ojos azules parecían cavilar bajo sus hirsutas cejas entrecanas. Su nariz era grande y
ganchuda , sus labios delgados y firmes, sus hombros alzados hasta casi la base de su cráneo.
-No nos mantengas sobre en ascuas, George- refunfuño Peter Andews- ¡Suéltalo ya !
-Ni lo sueñes. Ten paciencia- y todos tuvimos que esperar hasta que su pipa quedo prendida a su
gusto.
Cuando unas brasas se encendieron perfectamente repartidas en la enorme cazoleta de brezo,
George cruzo sus manos grandes, ligeramente temblorosas, sobre una de sus rodillas y dijo:
-Esta bien. Tengo ochenta y cinco anos y lo que voy a relataros ocurrió cuando yo tenia mas o
menos veinte.
-En todo caso, sé que fue en 1919 y acababa de regresar de la Gran Guerra. Mi novia había
muerto cinco meses antes, de la gripe. Solo tenia diecinueve años y yo me lance a beber y jugar a
las cartas mucho más de lo que hubiera debido. Me había esperado dos años, ¿comprenden?, y
durante todo ese tiempo recibí, fielmente, una carta todas las semanas
.Quizá podrán comprender porque me abandone tanto. No tenia creencias religiosas; la idea
general y las teorías del cristianismo me resultaban algo cómicas en las trincheras, y no tenia
familia que me ayudara. Así que puedo decir con sinceridad que los buenos amigos que me
ayudaron en este tiempo de prueba, rara vez me abandonaron. Eran cincuenta y tres (mas de lo
que tiene la mayoría): cincuenta y dos naipes y una botella de whisky "Cutty Stark". Me habían
instalado en el mismo lugar en que sigo viviendo ahora, en Brennan Street. Pero entonces era
mucho mas barato y había muchas menos botellas de medicinas, y píldoras y demás, llenando las
estanterías. Sin embargo, pasaba la mayor parte de mi tiempo aquí, en el 249 B, porque siempre
había alguna partida de póquer en marcha.
David Adley interrumpió, y aunque sonreía, no creo que estuviera bromeando:
- ¿Y ya estaba Stevens aquí, entonces, George?
George se volvió a mirar al mayordomo:
-¿Era usted, Stevens, o era su padre?
Stevens se permitió la sombra de una sonrisa
- Como 1919 fue hace mas de sesenta y cinco años, señor, debo decir que se trataba de mi
abuelo.
- Debemos, pues, entender que su empleo es hereditario- musito Adley.
-Tal como dice, señor- respondió Stevens imperturbable.
-Ahora que lo pienso- comento George-, hay un parecido sorprendente entre usted y su...¿dijo
usted abuelo, Stevens?
-Si señor eso dije.
-Si les pusiera de lado, me costaría decir quien es quien..., ¿pero esto no tiene nada que ver,
verdad?
-No, señor -Me encontraba en la sala de juego....., al otro lado de esta pequeña puerta, allá...,
haciendo solitarios, la primera y única vez que nos encontramos Henry Brower y yo. Eramos
cuatro dispuestos a sentarnos y jugar una partida de póquer; solamente necesitábamos un quinto
para que la velada empezara. Cuando Jason Davidson me dijo que George Oxley, nuestro
habitual quinto, se había roto la pierna y estaba en cama con la pierna enyesada y colgada de una
polea, pareció que aquella noche nos íbamos a quedar sin partida. Empece a pensar en la
posibilidad de terminar la noche con nada mejor para distraer mis pensamientos que hacer
solitarios y soplar la mayor cantidad de whisky que pudiera, cuando un individuo sentado al
fondo de la habitación dijo con voz tranquila y agradable:
-Si ustedes, caballeros, estaban hablando de póquer, disfrutaría mucho jugando una mano, si no
tienen nada que objetar.
-Había estado escondido tras el World de Nueva York hasta aquel momento, así que cuando
levante la mirada lo vi por primera vez.
Era un hombre joven con cara de viejo, no sé si me entienden. Algunas de las huellas que vi en
su rostro había empezado a descubrirlas en el mío, desde la muerte de Rosalie. Algunas..., no
todas. Aunque el joven no podía tener mas de veintiocho años a juzgar por su cabello, sus manos,
y el modo de andar, su rostro parecía marcado por la experiencia y sus ojos, que eran muy
oscuros, parecían mas que tristes: parecían atormentados. Era guapo, con un bigote pequeño y
recortado y cabello rubio oscuro. Vestía un buen traje de color marrón y se había soltado el botón
del cuello.
-Me llamo Henry Brower- dijo
-Davidson se precipito atraves de la estancia para estrecharle la mano; la verdad es que aprecia
como si fuera a cogerle la mano que Brower tenia sobre las rodillas. Ocurrió una cosa extraña:
Brower dejo caer el periódico y levanto ambas manos, lejos de su alcance. La expresión, en su
rostro, era de horror.
Davidson se detuvo, confuso, más estupefacto que indignado. Solo tenia veintidós años...
¡Cielos, que jóvenes éramos todos en aquellos días!, y era como un cachorrillo.
-Perdóneme - se excuso Brower con suma gravedad- pero nunca estrecho la mano de nadie.
Davidson parpadeo:
-¿ Nunca? Que curioso. ¿Y por que no?
Bueno ya les he dicho que era algo así como un cachorro. Brower no se molesto y lo tomo con
una sonrisa (algo turbada) abierta.
- Acabo de llegar de Bombay- explicó-. Es un lugar extraño, populoso, sucio, lleno de pestilencia
y enfermedades. Los buitres se pasean y presumen sobre los muros de la ciudad, por millares.
Hace dos años estuve allí en misión comercial y se me contagio el horror a nuestra costumbre
occidental de estrechar manos. Sé que es una tontería y una incorrección, pero no puedo
remediarlo. Así que si no les importa que me retire y me perdonan...
-Con una condición- dijo Davidson sonriéndole.
-¿Cuál será?
-Que se acerque a la mesa y comparta conmigo un vaso del whisky de George, mientras voy a
por Baker, French y Jack Wilden.
Brower le sonrío, asintió y dejo el periódico. Davidson le hizo un gesto de aceptación y corrió en
busca de los otros.
Brower y yo nos acercamos a la mesa cubierta de fieltro verde y cuando le ofreció la bebida
rehuso, dándome las gracias, y encargo su propia botella. Supuse que tendría que ver algo con su
extraña manía y no dije nada. He conocido hombres cuyo horror por los, microbios y
enfermedades va mucho mas lejos..., como los habréis conocido vosotros.
Hubo gestos de asentamiento.
-Es estupendo estar aquí -me dijo Brower pensativo- He evitado toda compañía desde que llegue
de mi destino.
¿No es bueno, para un hombre, estar solo, sabe? ¡Creo que incluso para aquellos que se valen por
si solos, el estar aislados de resto de la humanidad debe ser la peor forma de tortura! -Todo eso lo dijo con un curioso énfasis, y yo asentí.
Había experimentado semejante soledad en las trincheras, generalmente por la noche. Volví a
sentirla de nuevo, más anunciante, después de enterarme de la muerte de Rosalie.
Me sentí atraído por él pese a su declarada excentricidad.
-Bombay debió haber sido un lugar fascinante- le dije.
-¡Fascinante ... y terrible! Hay cosas allí que nuestra filosofía no puede ni soñar. Su reacción a
los automóviles, es divertida: los niños se apartan de ellos cuando pasan pero luego los siguen
manzanas enteras.
Encuentran que el avión es terrorífico e incomprensible. Naturalmente, nosotros los americanos,
los contemplamos con completa ecuanimidad... incluso con complacencia..., pero le aseguro que
mi reacción fue como la de ellos cuando vi por primera vez a un mendigo callejero tragarse un
paquete entero de alfileres de acero y luego ir sacándolos uno a uno de las heridas abiertas que
tenia en la punta de los dedos. No obstante, eso es algo que los nativos de aquella parte del
mundo encuentran perfectamente natural. Quizás- añadió sombrío-, no estaba previsto que ambas
culturas fueran a mezclarse, sino que debíamos mantener separadas sus respectivas maravillas.
Para un americano como usted o como yo, tragarse un paquete de alfileres significaria una
muerte lenta y horrible.
En cuanto al automóvil... - se callo y una expresión torturada asomo a su rostro.
Yo me disponía a hablar, cuando Stevens, el viejo, apareció con la botella de whisky escocés de
Brower, y tras el, Davidson y los demás.
Davidson explico antes de hacer las presentaciones:
Les he contado su pequeña manía, Henry, así que no tiene nada que temer. Este es Darrel Baker,
que no era muy buen jugador, perdió unos ochocientos (aunque ni siquiera iba a notarlo: su padre
era el propietario de tres de las mayores fabricas de zapatos de New England y los demás
compartían la perdida de Baker conmigo, casi a partes iguales.
Davidson, un poco por encima y Brower un poco por debajo: sin embargo para Brower aquello
era toda una hazaña, porque sus cartas habían sido malisimas casi toda la noche. Eran tan hábiles
en la modalidad tradicional de cinco cartas como en la nueva variedad de siete, y yo me dije que
a veces me había ganado dinero en faroles que yo no me hubiera atrevido a intentar.
Pero me fije en una cosa; aunque bebía mucho- para cuando French estuvo listo para dar la
ultima mano, había casi terminado una botella entera de escocés, hablaba con toda claridad, su
habilidad en el juego jamas se altero, y su obsesión sobre no tocar manos tampoco cedió. Cuando
ganaba, nunca tocaba el montón si alguien tenia que poner fichas o dinero o si alguien "estaba
distraído" y tenia aun que entregar fichas. Una vez, cuando Davidson dejo su vaso demasiado
cerca de su codo, Brower se aparto bruscamente, tirando casi una bebida. Baker pareció
sorprendido, pero Davidson lo dejo pasar con un vago comentario.
Jack Wilden había comentado un poco antes que tenia ante el un viaje a Albany, en coche, para
ultima hora de la mañana, y que una vuelta mas le bastaría. Así que le toco dar a French, y
decidió jugar a siete cartas.
Recuerdo aquella ultima mano tan claramente como mi nombre, y en cambio me vería en un
apuro si tuviera que decirles lo que comí ayer o con quien comí. Misterios de la edad, supongo,
aunque creo que si vosotros hubierais estado allí lo recordarías como yo.
Me dio dos corazones, cubiertos, y una carta descubierta. No puedo decir lo que tenían Wilden o
French, pero el joven Davidson tenia el as de corazones y Brower el diez de pique.
Davidson apostó dos dólares- cinco eran nuestro límite-, y volvió a repartir cartas. Davidson
había cogido un trío que no parecía mejorar su mano, sin embargo echo tres dólares al pozo.
- ¡La ultima mano - anuncio alegremente- Hay una dama en la ciudad que quería salir conmigo
mañana por la noche!
No creo que hubiera creído ha una echadora de cartas si hubiese dicho cuantas veces me
atormentaría esta frase a ratos perdidos, hasta hoy en día.
French repartió la tercera vuelta. No tuve suerte con mi escalera, pero Baker, que era siempre el
gran perdedor, logro unas parejas... de reyes, creo. Brower había logrado un par de diamantes
que no parecían servir para gran cosa. Baker apostó hasta el limite por su pareja y Davidson
subió a cinco. Todos nos quedamos en el juego. Y llego nuestra ultima carta descubierta. Yo
saque el rey de corazones para mi escalera, Baker saco una tercera para sumar a su pareja y
Davidson un segundo as que le hizo brillar los ojos.
Brower recogió una reina de pique, y les juro que no comprendí porque no abatía. Sus cartas
parecían tan malas como las que había tenido aquella noche.
Pero las apuestas fueron subiendo. Baker apostó cinco, Davidson llego a cinco, Brower también.
Jack Wilden dijo:
-No sé, pero creo que mi pareja no vale gran cosa -y tiro las cartas-. Yo cante y volví a poner
cinco. Baker también.
-Bueno, no voy aburriros con el relato de las apuestas. Solamente os diré que había un limite de
tres alzas por persona, y Baker, Davidson y yo hicimos tres pujas de cinco dólares. Brower se
limito a repetir cada envite y apuesta, siempre cuidando de no poner su dinero en el pozo hasta
que todas las manos estaban lejos. Y había mucho dinero..., algo mas de doscientos dólares...,
cuando French nos sirvió nuestra ultima carta cubierta.
Hubo una pausa mientras todos nos miramos, aunque a mi no me importaba; yo ya tenia mi
juego y por lo que podía ver sobre la mesa, era bueno. Baker puso cinco, Davidson también y
esperamos para ver lo que iba a hacer Brower. Su rostro estaba algo congestionado por el
alcohol, se había quitado la corbata y desabrochado el segundo botón de la camisa, pero aprecia
tranquilo. "Voy..., y pongo cinco", dijo.
Yo parpadee un poco porque esperaba que abatiera. No obstante, las cartas que yo tenia en la
mano me decían que debía jugar para ganar, y puse cinco más. Seguimos jugando sin tener en
cuenta el limite de pujas que podían hacerse sobre la ultima carta, y el pozo creció
extraordinariamente. Yo fui el primero en pararme en vista del gran juego que alguien debía
tener. Baker lo hizo después que yo, parpadeando nervioso desde el par de ases de Davidson a
las cartas desconcertantes y sin valor que debía tener Brower. Baker no era un gran jugador, pero era lo suficientemente bueno para presentir algo importante.
Entre los dos, Davidson y Brower pujaron lo menos diez veces mas, o mucho más. Baker y yo
nos sentimos arrastrados, no queriendo despedirnos de nuestras enormes inversiones. Los cuatro
habíamos terminado las fichas y ahora eran billetes los que cubrían el montón enorme de fichas.
-Bueno -dijo Davidson, después de la ultima puja de Brower-. Creo que voy a bajar. Si lo suyo
ha sido un farol, Henry, Ha sido un gran farol. Pero he ganado y Jack tiene un largo camino ante
el mañana - y al decirlo puso otro billete de cinco dólares sobre el montón y anunció-: Me paro.
Ignoro lo que pensaban los demás, pero me sentí realmente aliviado sin que eso tuviera nada que
ver con la gran cantidad de dinero que había dejado en el pozo. El juego había ido volviéndose
peligroso y mientras que Baker y yo podíamos permitirnos perder, el pobre Jase Davidson, no.
Siempre estaba en apuros, vivía de una renta, no muy grande, que le había dejado una tía suya. Y
Brower, ¿podía permitirse perder? Recuerden caballeros, que en aquel momento había bastante
mas de mil dólares sobre la mesa.
George dejo de hablar. Se le había apagado la pipa.
-Bien ¿qué ocurrió? -preguntó Adley- No nos tenga sobre ascuas, George. Nos tiene a todos
sentados al borde de las sillas. Déjenos caer o sientenos bien otra vez.
-Paciencia -dijo George, imperturbable.
Saco otra cerilla, la frotó en la suela de su zapato y volvió a chupar. Esperamos impacientes, sin
hablar. Fuera, el viento ululaba y gemía en los aleros.
Cuando la pipa estuvo bien encendida y tirando bien, George continuo:
-Como sabéis, las reglas del póker establecen que el primero que ha anunciado juego, debe
mostrar sus cartas. Pero Baker estaba demasiado impaciente por acabar con la tensión; levanto
una de sus cartas ocultas y mostró cuatro reyes.
-Me ganas, -le dije- color.
-Te gano yo -declaró Davidson y descubrió dos de sus cartas ocultas. Dos ases, que sumaban
cuatro -he jugado bien- y empezó a recoger el enorme pozo.
- ¡Esperen! -exclamó Brower-. No hizo el menor movimiento, ni toco la mano de Davidson
como hubieran hecho muchos, pero basto con su voz. Davidson se paro a mirar y abrió la boca...,
se quedo con la boca abierta como si todos sus músculos se hubieran relajado. Brower descubrió
sus tres cartas ocultas revelando una escalera de color, del ocho a la reina.
-Creo que esto gana a sus ases, ¿verdad? -preguntó correctamente Brower.
Davidson enrojeció, luego palideció.
-Si -murmuró despacio como si descubriera él echo por primera vez-. Sí en efecto.
Daría una fortuna por conocer los motivos que empujaron a Davidson a hacer lo que hizo.
Conocía la extremada aversión de Brower a ser tocado; el hombre lo había demostrado de cien
maneras distintas, aquella noche. Tal vez Davidson lo olvido, sencillamente, en su afán por
demostrar a Brower, y a todos nosotros, que podía hacer frente a sus perdidas y aceptarlas
deportivamente. Les he dicho que era como un cachorro, y aquel gesto encajaba con su carácter.
Pero los cachorros también pueden morder cuando se les provoca. No son asesinos..., un
cachorro no te saltara nunca a la garganta; pero a muchos hombres les han tenido que coser los
dedos como castigo por molestar a un perrito con una zapatilla o un hueso de goma. Esto
también podría ser parte del carácter de Davidson, tal como lo recuerdo, Daría una fortuna, como
ya he dicho, por saber..., pero supongo que lo que importa es el resultado.
Cuando Davidson aparto las manos del pozo, Brower alargo las suyas para recogerlo. En aquel
instante, el rostro de Davidson se ilumino con algo así como cordial camaradería y cogió la mano
de Brower y se la estrecho diciéndole:
-Brillante, Henry, que juego, simplemente brillante. No creo que jamas haya...
Brower le interrumpió con un alarido, casi femenino, que resulto espantoso en el silencio
desierto de la sala de juego, y se aparto. Las fichas y el dinero se desparramaron de cualquier
modo al sacudir la mesa que por poco se cae.
Todos nos quedamos inmóviles por el inesperado giro de los acontecimientos, incapaces de dar
un paso.
Brower se alejo a trompicones de la mesa, manteniendo su mano en alto, delante de sí, como una
versión masculina de Lady Macbeth. Estaba blanco como un cadáver y el terror reflejado en su
rostro era tal que aun hoy soy incapaz de describirlo. Sentí que me embargaba una oleada de
horror como jamas había experimentado antes, o después, ni siquiera cuando me entregaron el
telegrama con la noticia de la muerte de Rosalie.
A continuación empezó a gemir. Era un lamento profundo, horrible, de ultratumba. Recuerdo
que pense: Este hombre esta completamente loco, y entonces dijo algo de lo más raro "El
conmutador... he dejado el conmutador encendido en el coche... ¡Oh Dios, cuanto lo siento!", Y
se precipito por la escalera hacia el vestíbulo.
Fui el primero en reaccionar, Salte de mi silla y corrí tras él, dejando a Baker y Wilden y
Davidson sentados alrededor del enorme montón de dinero que Brower había ganado. Parecían
estatuas incas guardando un tesoro tribal.
La puerta principal aun se movía cuando salí a la calle y vi a Brower enseguida, de pie al borde
de la acera, buscando inútilmente un taxi. Cuando me vio se encogió tan angustiado que no pude
evitar sentir una mezcla de pena y asombro.
-¡Venga -dije-, espere! Siento mucho lo que ha hecho Davidson y estoy seguro de que ha sido sin
pensar; de todos modos si tiene que irse por ello, no lo retengo. Pero ha dejado mucho dinero y
debe recogerlo.
-No debí haber venido -gimió-. Pero estaba tan desesperado por cualquier tipo de compañía
humana que yo..., yo -sin darme cuenta alargue la mano para tocarle... -el gesto más elemental de
un ser humano a otro cuando esta aplastado por el dolor...-, pero Brower se aparto de mi y grito:
"¡No me toque! ¿No basta con uno? Oh, Dios, ¿por qué no puedo morir?"
Sus ojos febriles descubrieron de pronto a un pobre perro flaco y sucio, sarnoso, que andaba por
el otro lado de la calle desierta a esa hora de la mañana. Iba con la lengua colgando y andaba
agotado, cojeando, sobre tres patas. Supongo que andaba buscando cubos de basura donde
revolver y comer algo.
-Aquél podría ser yo -dijo pensativo, como para sí-. Rechazado por todos, obligado a caminar
solo y a salir al exterior solo cuando los demás seres vivientes están a salvo tras sus puertas
cerradas. ¡Perro paria!
-Venga -le insistí severamente porque lo que estaba diciendo me sonaba a melodramático-. Ha
sufrido una impresión desagradable y es obvio que algo le ha ocurrido que le ha puesto los
nervios en mal estado, pero en la guerra vi miles de cosas que...
-¿No me cree, verdad? -preguntó-. ¿Cree que estoy poseído de una especie de histeria, verdad?
-Amigo, realmente no sé de que esta poseído o de que es víctima, pero lo que sí se es que si
continuamos aquí fuera, con toda esta humedad, los dos seremos presa de la gripe. Ahora, si
tiene la bondad de regresar conmigo, solo hasta la entrada, si lo prefiere, pediré a Stevens que...
Había tal locura en sus ojos que me sentí tremendamente inquieto. Ya no se veía en ellos el
menor atisbo de cordura y lo que más me recordaba era a los psicoticos, agotados por la batalla,
que había visto trasladar en carretas, desde el frente: cascaras humanas, con ojos vacíos como
pozos del infierno, gimiendo y murmurando.
-¿Quiere ver como una paria responde a otro? -me pregunta, sin enterarse de lo que le había
estado diciendo-.
¡Mire, pues, y vera lo que he aprendido en extraños puertos de arribada!
Y de pronto alzo la voz y dijo imperiosamente:
- ¡Perro!
El perro levantó la cabeza, le miro con desconfianza, girando los ojos (uno con un brillo de
locura; el otro, cubierto por una catarata) y, bruscamente, cambio de dirección y vino cojeando,
de mala gana, a través de la calle, hasta donde estaba Brower.
Estaba claro que no quería venir; gemía y gruñía y escondía el muñón apolillado de su rabo,
entre las patas; pero;, no obstante, se sentía atraído. Llego a los pies de Brower, y entonces se
echo gimiendo, encogido y tembloroso. Sus flancos descarnados, entraban y salían como un
fuelle y su ojo sano se revolvía en su cuenca.
Brower lanzo una carcajada horrible, desesperada, que todavía oigo en mis sueños, y se agacho
junto al animal.
- ¿Lo ve? -dijo- sabe que soy uno de los suyos..., ¡y sabe lo que le traigo!
Alargo la mano para tocar al perro y este lanzó un aullido lúgubre. Enseño los dientes.
- ¡Déjelo! -grité vivamente- ¡Le morderá!
Brower no me hizo ni caso. A la luz del farol de la calle vi su rostro lívido, horrible, con los ojos
como agujeros quemados en un pergamino.
-Tonterías -salmodio- tonterías. Solo quiero estrecharle la mano..., como su amigo hizo conmigo
-y, de golpe, agarro la pata del perro y se la estrecho. El perro lanzo un aullido horrible, pero no
intento morderle.
Luego, Brower se enderezo. Sus ojos se habían aclarado algo y, excepto por su extrema palidez,
podía volver a ser el hombre que se había ofrecido, cortésmente, a jugar con nosotros aquella
noche, unas horas antes.
-Me voy ahora -dijo- por favor, presente mis excusas a sus amigos y dígales cuanto siento
haberme comportado como un imbécil. Quizás, en otra ocasión, tendré la oportunidad de
redimirme.
-Somos nosotros lo que debemos pedirle perdón. ¿Ha olvidado usted el dinero? Hay bastante
mas de mil dólares.
-¡Oh, sí El dinero! - y su boca se curvo en la más amarga de las sonrisas que jamas haya visto.
- No se preocupe por tener que entrar otra vez. Si me promete que me esperara aquí se lo traeré
¿Le parece bien?
-Si lo desea, esperare....- mirando reflexivo al perro que seguía quejándose a sus pies, añadió-: A
lo mejor querrá venir a mi casa y comer decentemente por una vez en su miserable vida- y
reapareció la amarga sonrisa.
Entonces le deje, antes de que lo pensara mejor, y baje a la sala de juego. Alguien,
probablemente Jack Wilden, siempre había tenido una mente ordenada, había cambiado todas las
fichas por billetes y los había amontonado cuidadosamente en el centro del tapete verde.
Ninguno dijo nada cuando me vieron recogerlo. Backer y Jack Wilden fumaban en silencio;
Jason Davidson estaba sentado, con la cabeza agachada, mirandose los pies. Su rostro era la
imagen de la desolación y la vergüenza. Le toque en el hombro al irme hacia la escalera y me
miro agradecido.
Cuando llegue a la calle, estaba absolutamente desierta.
Brower se había ido. Permanecí allí con un puñado de billetes en cada mano, mirando a un lado y
a otro, pero no se movía nada. Llame una vez, por si acaso, por si me estuviera esperando en la
sombra de algún lugar cercano, pero no obtuve respuesta. Entonces se me ocurrió mirar al suelo.
El pobre perro perdido seguía allí, pero sus días de revolver en los cubos de basura habían
terminado. Estaba completamente muerto. Las pulgas y garrapatas, abandonaban en fila su
cuerpo. Di un paso atrás, asqueado y a la vez lleno de una especie de vago terror. Tuve la
premonición de que no había terminado aun con Henry Brower, y así era; pero jamas volví a
verle.
El fuego en la chimenea había muerto y el frío había empezado a salir de entre las sombras, pero
nadie se movió, o habló, mientras George volvía a encender su pipa. Suspiro, cruzó de nuevo las
piernas, haciendo crujir las articulaciones, y continuo:
-Inútil decirles que los otros que habían tomado parte en el juego fueron unánimes en su opinión:
debíamos encontrar a Brower y entregarle el dinero. Supongo que algunos creerán que estabamos
locos, pero aquella era una época más decente. Davidson estaba desesperado cuando se fue: trate
de retenerle y decirle unas palabras, pero se limito a sacudir la cabeza y se marcho. Deje que se
fuera. Las cosas le parecían distintas después de una noche de sueño y ambos podíamos ir en
busca de Brower. Wilden se iba de la ciudad y Baker tenia que " hacer visitas". Aquel seria un
buen día, pense, para que Davidson recobraba su propia estima.
Pero cuando, a la mañana siguiente, fui a su piso, aun no se había levantado. Pude haberle
despertado, pero era joven y decidí dejarle dormir aquella mañana mientras me dedicaba a la
busca de algunos datos elementales.
- Primero vine aquí y hable con el...- se volvió hacia Stevens y levanto una ceja.
-Mi abuelo, señor- aclaro Stevens
-Gracias.
- No hay de que, señor:
Hable con el abuelo de Stevens. Le hable precisamente el mismo sitio donde ahora se encuentra
Stevens.
Dijo que Raymond Greer, un individuo que conocía vagamente, había recomendado a Brower.
Greer pertenecía al gremio de comerciantes de la ciudad, así que me fui directamente a su
despacho, en el edificio Flatiron. Lo encontré y hablamos al momento. Cuando le conté lo que
había ocurrido la noche anterior, su rostro se lleno de confusión, tristeza, piedad y miedo.
-¡Pobre Henry !- exclamo- Sabia que terminaría así, pero nunca pense que ocurriría tan pronto.
- ¿El que? - pregunte.
-Su derrumbamiento- aclaro Greer-. Todo procede de su primer ano de estancia en Bombay, y
supongo que nadie excepto el propio Henry llegara jamas a conocer toda la historia. Pero le diré
lo que pueda.
La historia que me contó Greer en su despacho aquel día, acrecentó mi simpatía y comprensión.
Al parecer, Henry Brower se había visto desgraciadamente mezclado en una autentica tragedia,
Y, como en todas las tragedias clásicas, del teatro, habían surgido de un simple fallo..., en el caso
de Brower, un olvido.
Como miembro de la comisión del trabajo en Bombay, y disponía del uso de un automóvil, una
relativa rareza allí. Greer explico que Brower disfrutaba como un niño conduciéndolo por las
calles estrechas y tortuosas de la ciudad, espantando a las gallinas en bandadas y haciendo que
hombres y mujeres se arrodillaran para rezar a sus dioses. Iba en él a todas partes, atrayendo la
atención de grandes grupos de niños que le seguían a todas horas, pero que se apartaban cuando
les ofrecía pasearles en su maquina maravillosa, como hacia con frecuencia. El coche era un
"Ford A" con carrocería de furgoneta y uno de los primeros coches que podrían ponerse en
marcha no solo con la manivela, sino apretando un botón. Les suplico que recuerden esto.
Un día, Brower llevo el coche a la otra punta de la ciudad para visitar a uno de los otros cargos
del lugar sobre posibles partidas de cuerda de yute. Atrajo la atención, como le era habitual,
cuando su "Ford" rugió y petardeo las calles, como si fuera un despliegue de artillería en
marcha...Y, naturalmente, seguido por los niños.
Brower iba a cenar con el fabricante de yute, un acto de gran formalidad y ceremonia, y se
encontraban a mitad del segundo plato, sentados en una terraza a cielo abierto, por encima de la
populosa calle, cuando el petardeo familiar, el rugido del motor se oyó allá abajo, acompañado
de gritos y chillidos.
Uno de los muchachos mas atrevidos, hijo de un oscuro santón, había subido al coche
convencido dijo que cualquier dragón que durmiera bajo el capote de hierro no podía ser
despertado sin que el hombre blanco se sentara al volante. Y Brower, obsesionado por las
próximas negociaciones, no había apagado el encendido.
Uno no puede imaginarse al muchacho, cada vez mas atrevido ante los ojos de sus compañeros,
tocando el retrovisor, el volante, e imitando el ruido de la bocina. Cada vez que sacaba la lengua
al dragón que dormía bajo el capote, crecía el pavor en el rostro de su publico.
Su pie debió de haber encontrado el embargue, quizás se apoyo en él, cuando apretó el estarter.
El motor estaba caliente: se puso en marcha al momento. El muchacho, presa de gran terror,
hubiera debido reaccionar apartando el pie del embrague inmediatamente, antes de saltar fuera
del coche. Si el coche hubiera sido mas viejo o estado en peores condiciones, se habría calado.
Pero Brower lo cuidaba escrupulosamente, y por ello salto hacia delante en medio de una serie
de ruidosas sacudidas: Brower pudo darse cuenta antes de salir corriendo de la casa de fabricante
de yute.
El tropiezo fatal del muchacho fue poco más que un accidente. Quizás en sus esfuerzos por salir,
su codo tropezó accidentalmente con la palanca de marchas. Quizá tiro de ella con la angustiada
esperanza de que así era como el hombre blanco hacia dormirse al dragón. No obstante,
ocurrió..., ocurrió. El auto alcanzo una velocidad suicida y cargo contra la multitud en aquella
calle abarrotada de gente, saltando sobre bultos y aplastando las jaulas de mimbre del vendedor
de aves, reduciendo a astillas la carreta de l vendedor de flores. Bajo rugiendo, colina abajo, en
dirección a la esquina de la calle, salto la acera, se estrelló contra un muro de piedra y estallo en
una bola de fuego.
George paso su pipa de un lado a otro de la boca.
Esto fue lo único que pudo contarme Greer, porque era lo único que tenia sentido de todo lo que
dijo Brower. Lo demás era como una arenga desatinada sobre la locura de que dos culturas tan
dispares llegaran a mezclarse. El padre del muchacho muerto se enfrento evidentemente con
Brower antes de que se lo llevaran y le lanzo una gallina muerta.
Hubo una maldición. En este punto. Greer me dirigió una sonrisa que era como decirme que
ambos éramos hombres del mundo, encendió un cigarrillo y comento;
-Cuando ocurre una cosa así hay siempre una maldición. Esos miserables paganos tienen que
plantar cara a toda costa. Es su pan y mantequilla.
- ¿Cuál fue la maldición?- quise saber.
- Supuse que la habría adivinado. El santón le dijo que un hombre que practicaba su brujería
sobre un muchacho tan joven debería volverse un paria, un proscrito. A continuación dijo a
Brower que cualquier ser vidente al que tocara con sus manos, moriría. Para siempre jamas,
amen...
- Y Greer soltó una risita.
- Y Brower lo creyó?
Greer creía que sí.
- Hay que tener en cuenta que el hombre había sufrido una impresión espantosa. Y ahora por lo
que usted me dice, su obsesión se esta grabando en lugar de curarse.
-¿Puede darme su dirección?
Greer busco en sus ficheros y al fin apareció con unos datos. Me dijo;
-No le garantizo que le encuentre ahí. La gente se ha mostrado reacia a emplearle, y me parece
que no dispone de mucho dinero.
Sentí un remalazo de culpabilidad al oírle, pero no dije nada. Greer me pareció demasiado
pomposo, demasiado creído, para merecer la poca información que yo tenia sobre Henry Brower.
Pero al levantarme, algo me empujo a decirle.
- Vi a Brower estrecharle la pata a un perro sarnoso, anoche. Quince minutos después el perro
estaba muerto.
-¿Deveras? ¡Que interesante!- Levanto las cejas como si el comentario no tuviera que ver con
nada de lo que habíamos estado hablando.
Me levante para despedirme y me disponía a estrechar la mano de Greer, cuando la secretaria
abrió la puertta del despacho;
- Perdóneme, pero, ¿es usted Mr. Gregson?
Le dije que efectivamente lo era entonces añadió:
- Un tal Baker acaba de llamar. Le ruega que vaya inmediatamente al numero veintitrés de la
calle 19.
Me dio un vuelco el corazón, porque ya había estado allí una vez aquel día..., era la dirección de
Jason Davidson. Cuando abandone el despacho de Greer, le deje ocupado con su pipa y el Wall
Street Journal. Jamas volví a verle, pero no ha sido una gran perdida. Me sentía embargado por
un temor especifico, el tipo que nunca cristalizara del todo en temor real por un objeto
determinado, porque es demasiado espantoso, demasiado increíble para ser tenido seriamente en cuenta.
En este punto interrumpí su narración:
-¡Santo dios George! ¿No ira a decirnos que estaba muerto?
-Completamente muerto - asintió George-. Llegue casi al mismo tiempo que el forense. Su
muerte se califico de trombosis coronaria. Hacia unos dieciséis días que había cumplido
veintitrés anos.
En los días siguientes, trate de decirme que todo aquello era una desgracia coincidencia, y que
mejor olvidarlo. No dormía bien incluso con la ayuda de mi buen amigo "Cutty Sark". Me dije
que lo que había que hacer era repartir el pozo de la noche anterior entre nosotros tres y olvidar
que Henry Brower había irrumpido alguna vez en nuestras vidas. Pero no pude. Prepare en
cambio un cheque de caja por aquella cantidad y fui a la dirección que Greer me había dado, en
Harlem.
No estaba. La dirección que había dejado era un lugar en el East End, un vecindario ligeramente
menos acomodado pero, de todas formas, decente. Había abandonado también esa dirección un
mes antes de la partida de póquer, y su nueva dirección estaba en East Village, un barrio pobre.
El encargado del edificio, un hombre flaco acompañado de un enorme mastín negro que no
dejaba de gruñir, me dijo que Brower se había marchado el tres de abril..., el día siguiente al de
la partida. Le pregunté si había dejado alguna dirección y echo la cabeza hacia atrás y emitió un
graznido que aparentemente le servia de risa: La única dirección que dejan cuando se van de aquí
es el infierno jefe. Pero aveces se paran en el Bowery en su camino.
El Browery era lo que entonces los forasteros creen que es ahora: el hogar de los sin hogar, la
ultima parada para los hombres sin rostro que solamente desean otra botella de vino barato u otra
inyección del polvo blanco que proporciona sueños sin fin. Me dirigí allá. En aquellos días había
docenas de casas de mala muerte, algunas misiones caritativas que recogían a los borrachos por
la noche y centenares de callejones donde un hombre podía esconder un colchón viejo cocido de
chinches. Vi docenas de hombres, todos ellos pocos mas que esqueletos comidos por las bebidas
y las drogas. Ni se conocían nombres, ni se usaban. Cuando, un hombre llega al nivel mas bajo,
con el hígado desecho por el alcohol, con la nariz hecha llaga abierta de tanto aspirar cocaína y
potasa, con los dedos congelados y los dientes podridos..., un hombre ya no necesita el nombre
para nada.
Pero yo describía a Henry Brower a todos los que veía, sin conseguir nada. Los dueños de los
bares movían la cabeza y seguían caminando.
No le encontré aquel día, ni el otro, ni el otro. Transcurrieron dos semanas y de pronto hable con
un hombre que me dijo que alguien parecido había dormido tres noches atrás en la pensión de
Devarney.
Fui allí: estaba a solo un par de manzanas del área que yo había estado recorriendo. El hombre
del mostrador era un viejo áspero, con una calva escamosa y unos ojos legañosos y brillantes. En
la ventana cargada de moscas se anunciaban habitaciones con vista a la calle por diez centavos la
noche. Mientras duro la descripción de Brower el viejo fue moviendo afirmativamente la cabeza
y cuando hube terminado, me dijo: Le conozco señorito. Le conozco muy bien. Pero no puedo
recordar exactamente..., creo que me ayudaría ver un dólar delante de mí.
Saque un dólar y lo hice desaparecer al instante, pese a la artritis.
Estuvo ahí, señorito, pero se ha ido.
-¿Sabe a donde?
- No recuerdo bien, pero quizá podría con un dólar delante de mí.
Saque otro billete, que hizo desaparecer tan rápidamente como el primero. Algo, entonces, debió
parecerle deliciosamente cómico, y de su pecho salió una tos rasposa de tuberculoso.
- Bien, ya se ha divertido- le dije- y además le he pagado bien por ello. Dígame ahora, ¿sabe
donde esta ese hombre?
El viejo volvió a reírse divertido:
- Si....Potter's Field es su nueva residencia: tiene un contrato para la eternidad y al diablo por
compañero. Que le parece la noticia señorito? Debió morir ayer, durante la mañana, porque
cuando le encontré, a mediodía, todavía estaba caliente y de buen ver. Sentado junto a la ventana
estaba. Yo había subido a cobrarle o decirle que si no me pagaba que se fuera. Así que resulto ser
huésped, de un metro ochenta de tierra, de la ciudad. Esto le produjo otro desagradable ataque de risa senil.
-¿No observo nada raro?- pregunté, sin atreverme a analizar el alcance de mi pregunta-. ¿Algo
fuera de lo habitual?
-Me parece recordar algo..., espere
Le enseñe un dólar para ayudarle a recordar, pero esta vez no provoco risa, aunque desapareció
con la misma rapidez que las otras veces.
-Si, había algo mas que raro- dijo el viejo-. He llamado al forense infinidad de veces, lo bastante
para ver cosas. ¡Que no habré visto yo, buen Dios! Los he encontrado colgados de un clavo en la
puerta, muertos en la cama, les he visto en la escalera de incendios con una botella entre las
piernas y congelados, tan azules como el Atlántico. Incluso encontré a uno ahogado en la
palangana del lavabo, aunque de esto hace mas de treinta anos. Pero ese hombre..., sentado,
erguido, con su traje marrón, como si fuera un elegante de ciudad, y el cabello bien peinado.
Tenia la muñeca derecha agarrada por su mano izquierda, sí, señor. He visto de todo, pero nunca
he visto ha un muerto estrechando su propia mano.
Marche me fui andando todo el camino hasta llegar a los muelles, y las ultimas palabras del viejo
se repetían una y otra vez en mi cerebro como un disco de gramófono que se atasca en un surco.
Es el único que he visto que haya muerto estrechando su propia mano.
Anduve hasta el final de uno de los muelles, hasta donde el agua sucia y gris batía contra los
pilares costrosos. Entonces rasgue el cheque en mil pedazos y los tire al agua.
George Gregson se movió y se aclaro la garganta. El fuego había quedado en brasas y el frío se
adueñaba del salón desierto. Las mesas y las sillas parecían espectrales e irreales, como visitas en
un sueno donde se mezclan el pasado y el presente. El resplandor tenia las palabras de la piedra
de la chimenea de un color naranja apagado: LO QUE VALE ES LA HISTORIA, NO EL QUE
LA CUENTA.
Solo le vi una vez, y una vez fue bastante; no se me ha olvidado jamas. Pero sirvió para sacarme
de mi propio duelo, porque cualquier hombre que pueda moverse entre sus semejantes, no esta
completamente solo.
-Si me trae el abrigo, Stevens, creo que me iré hacia la casa..., me he quedado mucho mas tarde
que de costumbre.
Y cuando Stevens se lo trajo. George sonrío y señalo un pequeño lunar debajo de la comisura
izquierda de Stevens.
- Realmente el parecido es asombroso, sabe..., su abuelo tenia un lunar exactamente en el mismo
sitio. Stevens sonrío, pero no comento nada. George se fue, y nosotros fuimos desfilando poco
después.

VARIOS CUENTOS -- FRANZ KAFKA

Escrito por imagenes 19-03-2008 en General. Comentarios (0)

VARIOS CUENTOS -- FRANZ KAFKA

VARIOS CUENTOS
FRANZ KAFKA



UN MENSAJE IMPERIAL

El Emperador, tal va una parábola, os ha mandado, humilde sujeto, quien sóis la insignificante sombra arrinconándose en la más recóndita distancia del sol imperial, un mensaje; el Emperador desde su lecho de muerte os ha mandado un mensaje para vos únicamente. Ha comandado al mensajero a arrodillarse junto a la cama, y ha susurrado el mensaje; ha puesto tanta importancia al mensaje, que ha ordenado al mensajero se lo repita en el oído. Luego, con un movimiento de cabeza, ha confirmado estar correcto. Sí, ante los congregados espectadores de su muerte -toda pared obstructora ha sido tumbada, y en las espaciosas y colosalmente altas escaleras están en un círculo los grandes príncipes del Imperio- ante todos ellos, él ha mandado su mensaje. El mensajero inmediatamente embarca su viaje; un poderoso, infatigable hombre; ahora empujando con su brazo diestro, ahora con el siniestro, taja un camino al través de la multitud; si encuentra resistencia, apunta a su pecho, donde el símbolo del sol repica de luz; al contrario de otro hombre cualquiera, su camino así se le facilita. Mas las multitudes son tan vastas; sus números no tienen fin. Si tan sólo pudiera alcanzar los amplios campos, cuán rápido él volaría, y pronto, sin duda alguna, escucharías el bienvenido martilleo de sus puños en tu puerta.
Pero, en vez, cómo vanamente gasta sus fuerzas; aún todavía traza su camino tras las cámaras del profundo interior del palacio; nunca llegará al final de ellas; y si lo lograra, nada se lograría en ello; él debe, tras aquello, luchar durante su camino hacia abajo por las escaleras; y si lo lograra, nada se lograría en ello; todavía tiene que cruzar las cortes; y tras las cortes, el segundo palacio externo; y una vez más, más escaleras y cortes; y de nuevo otro palacio; y así por miles de años; y por si al fin llegara a lanzarse afuera, tras la última puerta del último palacio -pero nunca, nunca podría llegar eso a suceder-, la capital imperial, centro del mundo, caería ante él, apretada a explotar con sus propios sedimientos. Nadie podría luchar y salir de ahí, ni siquiera con el mensaje de un hombre muerto. Mas os sentáis tras la ventana, al caer la noche, y os lo imagináis, en sueños.


EL ZOPILOTE

Un zopilote estaba mordizqueándome los pies. Ya había despedazado mis botas y calcetas, y ahora ya estaba mordiendo mis propios pies. Una y otra vez les daba un mordizco, luego me rondaba varias veces, sin cesar, para después volver a continuar con su trabajo. Un caballero, de repente, pasó, echó un vistazo, y luego me preguntó por qué sufría al zopilote.
"Estoy perdido", le dije. Cuando vino y comenzó a atacarme, yo por supuesto traté de hacer que se fuera, hasta traté de estrangularlo, pero estos animales son muy fuertes... estuvo a punto de echarse a mi cara, mas preferí sacrificar mis pies. Ahora estan casi deshechos". "¡Véte tú a saber, dejándote torturar de esta manera!", me dijo el caballero. "Un tiro, y te echas al zopilote." "¿En serio?", dije. "¿Y usted me haría el favor?" "Con gusto," dijo el caballero, " sólo tengo que ir a casa e ir por mi pistola. ¿Se podría usted esperar otra media hora?" "Quién sabe", le dije, y me estuve por un momento, tieso de dolor. Entonces le dije: "Sin embargo, vaya a ver si puede... por favor". "Muy bien", dijo el caballero, "trataré de hacerlo lo más pronto que pueda". Durante la conversación, el zopilote había estado tranquilamente escuchando, girando su ojo lentamente entre mí y el caballero. Ahora me había dado cuenta que había estado entendiéndolo todo; alzó ala, se hizo hacia atrás, para agarrar vuelo, y luego, como un jabalinista, lanzó su pico por mi boca, muy dentro de mí. Cayendo hacia atrás, me alivió el sentirle ahogarse irretrocediblemente en mi sangre, la cual estaba llenando cada uno de mis huecos, inundando cada una de mis costas.


UNA PEQUEÑA FABULA

"Ay", dijo el ratón, "el mundo se está haciendo más chiquito cada día. Al principio era tan grande que yo tenía miedo, corría y corría, y me alegraba cuando al fin veía paredes a lo lejos a diestra y siniestra, pero estas largas paredes se han achicado tanto que ya estoy en la última cámara, y ahí en la esquina está la trampa a la cual yo debo caer".
"Sólamente tienes que cambiar tu dirección", dijo el gato, y se lo comió.



LA PARTIDA

Ordené que trajeran mi caballo del establo. El sirviente no entendió mis órdenes. Así que fuí al establo yo mismo, le puse silla a mi caballo, y lo monté. A la distancia escuché el sonido de una trompeta, y le pregunté al sirviente qué significaba. El no sabía nada, y escuchó nada. En el portal me detuvo y preguntó: "¿A dónde va el patrón?" "No lo sé", le dije, "simplemente fuera de aquí, simplemente fuera de aquí. Fuera de aquí, nada más, es la única manera en que puedo alcanzar mi meta". "¿Así que usted conoce su meta?", preguntó. "Sí", repliqué, "te lo acabo de decir. Fuera de aquí, esa es mi meta".


EL PASEO REPENTINO

Cuando por la noche uno parece haberse decidido terminantemente a quedarse en casa; se ha puesto una bata; después de la cena se ha sentado a la mesa iluminada, dispuesto a hacer aquel trabajo o a jugar aquel juego luego de terminado el cual habitualmente uno se va a dormir; cuando afuera el tiempo es tan malo que lo más natural es quedarse en casa; cuando uno ya ha pasado tan largo rato sentado tranquilo a la mesa que irse provocaría el asombro de todos; cuando ya la escalera está oscura y la puerta de calle trancada; y cuando entonces uno, a pesar de todo esto, presa de una repentina desazón, se cambia la bata; aparece en seguida vestido de calle; explica que tiene que salir, y además lo hace después de despedirse rápidamente; cuando uno cree haber dado a entender mayor o menor disgusto de acuerdo con la celeridad con que ha cerrado la casa dando un portazo; cuando en la calle uno se reencuentra, dueño de miembros que responden con una especial movilidad a esta libertad ya inesperada que uno les ha conseguido; cuando mediante esta sola decisión uno siente concentrada en sí toda la capacidad determinativa; cuando uno, otorgando al hecho una mayor importancia que la habitual, se da cuenta de que tiene más fuerza para provocar y soportar el más rápido cambio que necesidad de hacerlo, y cuando uno va así corriendo por las largas calles, entonces uno, por esa noche, se ha separado completamente de su familia, que se va escurriendo hacia la insustancialidad, mientras uno, completamente denso, negro de tan preciso, golpeándose los muslos por detrás, se yergue en su verdadera estatura.
Todo esto se intensifica aún más si a estas altas horas de la noche uno se dirige a casa de un amigo para saber cómo le va.


*la mayoria de relatos cortos, o cuentos de
Franz Kafka, fueron editados a titulo postumo.