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CUENTOS INDISCRETOS // HECTOR H. MUNRO

Escrito por imagenes 14-06-2007 en General. Comentarios (0)

CUENTOS INDISCRETOS // HECTOR H. MUNRO (Saki)      (link)

 

 

 

LA VENTANA ABIERTA

Mi tía bajará dentro de un momento, Sr. Nuttel – dijo una niña de 15 años muy dueña de si-. Mientras tanto le tocará conformarse conmigo.
Framton Nuttel se esforzó por decir algo que halagara apropiadamente a la sobrina presente sin descartar de modo desconsiderado a la tía por venir. Personalmente dudaba más que nunca de que esas visitas formales a una serie de personas completamente extrañas sirvieran mayor cosa para ayudar a la cura de nervios que, según se suponía, estaba siguiendo.
- Yo sé qué va a pasar – le dijo su hermana cuando él se estaba preparando para emigrar a ese retiro rural -; te vas a enterrar allá abajo sin hablar con un ser viviente, y con el atontamiento vas a tener los nervios peor que nunca. Te voy a dar cartas de presentación para todas las personas que conozco allá. Algunas hasta donde me acuerdo, eran muy agradables.
Framton se preguntaba si la Sra. Sappleton, a quien le traía una de las cartas de presentación, entraría en el departamento de las agradables.
- ¿Conoce mucha gente de por aquí? – le preguntó la sobrina cuando le pareció que ya habían tenido suficiente comunicación silenciosa.
- Casi a nadie – dijo Framton – mi hermana estuvo aquí en la parroquia, como sabe, hace unos cuatro años, y me dio cartas de presentación para la gente del lugar. Dijo esto último en un tono evidente de excusa.
- ¿Entonces, prácticamente no sabe nada de mi tía? – continuó la segura jovencita.
- Sólo su nombre y dirección – admitió el visitante. No sabía si la señora Sappleton era casada o viuda. Algo indefinible en la habitación parecía sugerir la idea de que allí viviera un hombre.
- Su gran tragedia ocurrió apenas hace tres años – dijo la niña -, eso fue después de la época en que estaba su hermana.
- ¿Su tragedia? – preguntó Framton; le parecía de algún modo que encontrar tragedias en esa región de descanso estaba fuera de lugar.
- Usted se preguntará, tal vez, por qué mantenemos esa ventana abierta de par en par, en una tarde de octubre – dijo la sobrina, indicando una gran puerta ventana que se abría sobre un prado.
- Hace mucho calor para esta época del año – dijo Framton -; ¿pero esa ventana tiene algo que ver con la tragedia?
- Por esa puertaventana, hace exactamente tres años, salieron el marido y los dos hermanos menores de mi tía, para su sesión de tiro del día. Jamás volvieron. Al cruzar el pantano para ir a su lugar favorito para tirarle a las becadas, a los tres se los tragó un fangal traicionero. Había sido un verano húmedo espantoso y pedazos de terreno que otros años habían sido seguros, se hundían sin saber a qué horas. Sus cuerpos nunca se recobraron. Eso fue lo peor de todo. – aquí la voz de la niña perdió su entonación segura y se quebró de modo muy humano -. La pobre tía piensa que volverán algún día, ellos y el perrito de cacería que se hundió con ellos, y que van a volver a entrar por esa puerta como siempre lo hacen. Por eso es que se deja abierta la puertaventana todas las tardes hasta cuando ya está completamente oscuro. La pobre tía me ha dicho muchas veces cómo salieron, su esposo con su chaqueta impermeable blanca en el brazo, y Ronnie, su hermano menor, cantando “¿Bertie, por qué brincas?” como siempre lo hacía, en broma porque ella decía que la canción le ponía los nervios de punta. ¿Sabe una cosa?, a veces en tardes tranquilas como esta tengo la idea soterrada de que van a entrar por esa puerta ventana...
Terminó con un ligero estremecimiento. Para Framton fue un alivio ver entrar a la tía con un millón de excusas por demorarse tanto en aparecer.
- Espero que Vera lo haya estado entreteniendo – dijo.
- Me ha dicho cosas muy interesantes – dijo Framton.
- Ojalá no le moleste la ventana abierta – dijo la señora Sappleton en tono ligero -, mi marido y mis hermanos ya regresas de su cacería, y siempre entran por allí. Hoy han estado cazando becadas en los pantanos, de modo que me van a volver un asco mis pobres tapetes. Como siempre los hombres, ¿cierto?.
Charló alegremente sobre la cacería y la escasez de aves, y sobre la esperanza de patos en el invierno. A Framton, todo eso la parecía el horror puro. Hizo un esfuerzo desesperado pero no completamente exitoso para llevar la conversación a un tema menos espantoso; se daba cuenta de que la dueña de casa le prestaba apenas un fragmento de su atención, y de que sus ojos constantemente miraban más allá de él hacia la ventana abierta y el prado que estaba detrás. Era una coincidencia verdaderamente desgraciada que él estuviera haciendo su visita en ese trágico aniversario.
- Los médicos están de acuerdo en aconsejarme completo reposo, abstenerme de excitaciones mentales y evitar cualquier clase de ejercicio violento – anunció Framton, quien partía de la base de esa ilusión bastante difundida, según la cual los complementos extraños y las amistades casuales están hambrientas de conocer, hasta el más insignificante detalle, las enfermedades de que uno sufre, sus causas y su manera de curarse -. En materia de dietas no están tan de acuerdo – prosiguió.
- ¿No? – dijo la señora Sappleton, en una voz que fue reemplazada por un bostezo en el último momento. Luego, de pronto, puso evidente atención pero no a lo que estaba diciendo Framton.
- ¡Por fin llegaron! – exclamó -. ¡apenas a tiempo para el té, y no parecen venir embarrados hasta las cejas!.
Framton, un poco trémulo, se volvió hacia la sobrina con una mirada que pretendía llevarle su piadosa comprensión. La niña miraba a través de la ventana abierta con ofuscación y horror en los ojos. Con un escalofrío de miedo innombrable, Framton se dio vuelta en su asiento y miró en la misma dirección.
En la creciente penumbra tres figuras atravesaban el prado hacia la puertaventana, todos llevaban escopetas bajo el brazo, y uno de ellos, además, llevaba una chaqueta blanca colgando de los hombros. Un cansado perro de cacería castaño los seguía pegado a sus talones. Se acercaban a la casa sin hacer ruido, y de pronto una voz ronca y juvenil comenzó a cantar desde la sombra: “Te lo dije Bertie, ¿por qué brincas así?”. Framton agarró desesperadamente su bastón y su sombrero, apenas si notó la puerta del salón, la entrada de gravilla, y la puerta del frente en su retirada a la carrera. Un ciclista que venía por el camino tuvo que estrellarse con seto para evitar atropellarlo.
- Aquí estamos, querida – dijo el que llevaba la chaqueta blanca al entrar por la puertaventana -; había bastante barro, pero la mayor parte está seca.
¿Quién era ese que salió corriendo apenas entramos?
- Un hombre sumamente extraño, un tal señor Nuttel – dijo la señora Sappleton -; no podía hablar sino de sus enfermedades, y salió corriendo sin decir una palabra para despedirse o excusarse cuando ustedes llegaron. Parecía que hubiera visto un fantasma. – Yo creo que fue el perro – dijo la sobrina tranquilamente -; me contó que les tenía terror a los perros. Una vez lo persiguió una manada de perros Parias hasta un cementerio a orillas del Ganges, y tuvo que pasar la noche en una tumba recién abierta con los perros gruñendo y mostrándole los dientes o los hocicos llenos de espuma muy cerca de su cabeza. Lo suficiente para acobardar a cualquiera.
La novela improvisada era la especialidad de la niña.




TOBERMORY
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NOTA

NOTA: A CONSECUENCIA DE LA GRAN CANTIDAD DE IMÁGENES QUE ESTAN SUBIDAS EN MIS BLOGS, SE HAN “SATURADO”, LLEGANDO A HABER SOBREPASADO LA CANTIDAD DE ESPACIO PARA ELLO; LO QUE ME LLEVA A LA SITUACION DE NO PODER SUBIR MAS IMÁGENES YA QUE UNA VEZ QUE SE PASA DE UNA CANTIDAD DE GIGAS, YA NO PERMITEN SUBIR MAS, A MENOS QUE PAGE DE MI BOLSILLO EL ESPACIO “EXTRA”, COSA QUE EN VERDAD NO ME PUEDO PERMITIR.

      LA AYUDA QUE SOLICITO, ES QUE SI ALGUIEN QUIERE, POR SUPUESTO, EN CUANDO ENTREN EN ALGUNO DE LOS ENLACES A LOS QUE SON DERIVADOS DE ESTOS “INDEX”, PUDIERAN CLICAR EN ALGUNOS DE LOS ANUNCIOS DE GOOBLEE QUE ESTAN EN LAS PAGINAS A LAS QUE SOIS CONDUCIDOS, PARA VER SI CON ELLO PUDIERA SUBVENCIONAR EL GASTO QUE PRODUCIRIA ESTE ESPACIO DE MAS, LA VERDAD, ES QUE TENGO UN MONTON DE IMÁGENES PARA SUBIR, Y LLEVO YA UN TIEMPO SIN PODER HACERLO.

   SEA CUAL SEA VUESTRA DECISIÓN, DAROS LAS GRACIAS POR LAS ENTRADAS QUE HABEIS HECHO EN MIS BLOGS, PORQUE LA VERDAD, ES QUE HAN SUPERADO MIS EXPECTATIVAS MAS DE LO QUE YO TENIA PENSADO.  ATENTAMENTE:

                                               SNAKE

RELATOS DE LOS MARES DEL SUR // JACK LONDON

Escrito por imagenes 15-05-2007 en General. Comentarios (1)

 

Jack London
Relatos de los Mares del Sur
  (LINK)

Índice

Koolau el leproso
El inevitable hombre blanco
Mauki
Las terribles Salomón
Las perlas de Parlay
En la estera de Makaloa
El diente de ballena
El chinago



Koolau el leproso

––Nos privan de la libertad porque estamos enfermos. Hemos acatado la ley. No hemos hecho nada malo. Y, sin embargo, nos encierran en una prisión. Molokai es una cárcel. Vosotros lo sabéis. Ahí tenéis a Niuli. Mandaron a su hermana a Molokai hace siete años. Desde entonces no ha vuelto a verla ni volverá a verla jamás. Seguirá allí hasta que muera. No por voluntad propia, ni por voluntad de Niuli, sino por voluntad de los blancos que gobiernan el país. Y ¿quiénes son esos blancos?
»Sí, lo sabemos. Nos lo han dicho nuestros padres y los padres de nuestros padres. Llegaron como corderos y con buenas palabras. No tenían más remedio que decir buenas palabras porque éramos muchos y fuertes y las islas eran nuestras. Como os digo, vinieron con buenas palabras. Los había de dos clases. Unos pidieron permiso, nuestro gracioso permiso, para predicar la palabra de Dios. Los otros solicitaron permiso, nuestro gracioso permiso, para comerciar. Aquello fue el comienzo. Hoy todas las islas son suyas. Las tierras, los rebaños, todo les pertenece. Los que predicaban la palabra de Dios y los que predicaban la palabra del ron se han unido y se han convertido en jefes. Viven como reyes en casas de muchas habitaciones con multitud de criados que les sirven. Los que no tenían nada, ahora son dueños de todo, y si vosotros, o yo, o cualquier canaca tiene hambre, fruncen el ceño y le dicen: ¿Por qué no trabajas? Ahí tienes las plantaciones.
Koolau hizo una pausa. Levantó la mano y con dedos sarmentosos y contrahechos alzó la guirnalda llameante de hibiscos que coronaba sus negros cabellos. La luz de la luna bañaba de plata la escena. Era una noche pacífica, aunque los que estaban sentados a su alrededor parecían supervivientes de una encarnizada batalla. Sus rostros eran leoninos. Aquí se abría un vacío donde antes hubiera una nariz, y allá surgía un muñón en el lugar de una mano. Eran hombres y mujeres, treinta en total, desterrados porque en ellos llevaban la marca de la bestia.
Estaban sentados, adornados con guirnaldas de flores, en medio de la noche perfumada y luminosa. Sus labios articulaban ásperos sonidos y sus gargantas aprobaban con gruñidos toscos las palabras de Koolau. Eran criaturas que una vez fueran hombres y mujeres, pero que habían dejado de serlo. Eran monstruos, caricaturas grotescas en el rostro y en el cuerpo de todo lo que caracteriza al ser humano. Horriblemente mutilados y deformes, semejaban seres torturados en el infierno a lo largo de milenios. Sus manos, si las tenían, eran como garras de arpías. Sus rostros eran anomalías, errores, formas machacadas y aplastadas por un dios furioso encargado de la maquinaria de la vida. Aquí y allá se adivinaban rasgos que aquel dios colérico casi había borrado. Una mujer lloraba lágrimas abrasadoras que brotaban de dos horribles pozos gemelos abiertos en el lugar que un día ocuparon los ojos. Unos cuantos de entre ellos padecían horribles dolores, y de sus pechos surgían gemidos roncos. Otros tosían con un crujido suave que recordaba el rasgar de un papel de seda. Dos de ellos eran idiotas, enormes simios desfigurados desde su factura de tal modo que un mono a su lado habría parecido un ángel. Hacían muecas y farfullaban a la luz de la luna, bajo coronas de flores doradas que comenzaban a perder su lozanía. Uno de aquellos seres, cuyo lóbulo hinchado ondeaba como un abanico sobre su hombro, arrancó una espléndida flor naranja y escarlata y decoró con ella la enorme oreja que aleteaba con cada movimiento de su cuerpo.
Sobre estas criaturas reinaba Koolau y aquéllos eran sus dominios, una garganta ahogada por las flores, una garganta sembrada de riscos y peñascos, de la que surgían, para quedar después flotando en el espacio, los balidos de las cabras salvajes. La cerraban por tres lados murallas de roca festoneadas con fantásticos cortinajes de vegetación tropical y horadadas por entradas a cuevas, guaridas de los súbditos de Koolau. En dirección al mar el suelo se despeñaba hacia un tremendo abismo del que sobresalían, allá abajo, crestas de picos y peñascos en torno a cuyas bases espumeaba y rugía el oleaje del Pacífico.
Con buen tiempo los barcos podían arribar a la playa rocosa que marcaba la entrada al Valle de Kalalau, pero muy bueno había de ser el tiempo para ello. Y un montañero experto podía quizá trepar desde la playa hasta lo más profundo del valle, hasta la cavidad rodeada de riscos donde reinaba Koolau, pero experto en extremo había de ser el montañero y muy bien tenía que conocer aquellos senderos agrestes. Lo asombroso era que los súbditos de Koolau, aquella escoria humana, hubieran sido capaces de arrastrar su inútil miseria por caminos vertiginosos para llegar a aquel lugar inaccesible.
––Hermanos ––comenzó Koolau.
Pero una de aquellas aberraciones simiescas y quejumbrosas emitió en aquel momento una risa salvaje de demente, y Koolau se interrumpió hasta que el eco de la desenfrenada carcajada, tras rebotar en las murallas rocosas, fue a perderse en la distancia a través de la noche sin pulso.
––Hermanos, ¿no os parece raro? Nuestras eran las tierras y he aquí que ya no son nuestras. ¿Qué nos dieron a cambio los que predicaban la palabra de Dios y del ron? ¿Alguno de vosotros ha recibido un dólar, un dólar siquiera, por sus propiedades? Y, sin embargo, ahora todo les pertenece a ellos y a cambio nos dicen que podemos ir a trabajar la tierra, sus tierras, y que lo que produzcamos con nuestro trabajo será suyo. Antes ni siquiera teníamos que trabajar, y ahora, cuando estamos enfermos, nos quitan la libertad.
––¿Quién trajo nuestro mal, Koolau? ––preguntó Kiloliana, un hombre seco y nervudo de rostro tan semejante al de un fauno reidor que lo natural habría sido ver pezuñas hendidas bajo su cuerpo. Y eran hendidos sus pies, es cierto, pero las hendiduras eran úlceras y putrefacciones vivas. Y, sin embargo, aquél era Kiloliana, el trepador más osado de todos, el hombre que conocía los senderos de cabras y que había guiado a Koolau y a sus maltrechos seguidores hasta los escondrijos más recónditos de Kalalau.
––Buena pregunta ––respondió Koolau––. No quisimos trabajar los campos de caña de azúcar en que una vez pastaron nuestros caballos y por eso trajeron esclavos chinos de allende los mares. Y con ellos llegó el mal que nosotros padecemos y por el cual nos encierran en Molokai. Nacimos en Kauai. Hemos estado en otras islas, en Oahum, en Mauim, en Hawai, en Honolulú, y, sin embargo, hemos vuelto a Kauai. ¿Por qué? Tiene que haber un motivo. Y es que amamos esta tierra. Hemos nacido aquí y aquí hemos vivido. Y moriremos aquí a menos... a menos que haya débiles de corazón entre nosotros. A ésos no los queremos. Para ellos se ha hecho Molokai. Si es que aquí hay algún cobarde, que no siga entre nosotros. Mañana desembarcarán los soldados. Que bajen a su encuentro los tímidos de corazón. Los enviarán inmediatamente a Molokai. Los demás nos quedaremos y lucharemos. Y sabed que no hemos de morir. Tenemos rifles. Conocéis los angostos .........................................................

RELATOS CORTOS

Escrito por imagenes 13-05-2007 en General. Comentarios (0)

 

RELATOS CORTOS // CUENTOS  (link)

1 “Cuento de la Moral”

“El Sueños del Pequeño Abderraman”

Aquel día había empezado mas o menos como todos. Un jolgorio de pájaros
alegres que revoloteaban en el jardín, despertó al pequeño Abderraman. La ventana de
su dormitorio estaba abierta de par en par, y el sol entraba con bondad, acompañado de un suave aroma a primavera.
De fondo, y en el silencio de la paz palaciega de la mañana, se podía oír el rumor
del agua jugueteando en la fuente. Aquel sonido y algunos rayos de luz que se filtraban
por las minúsculas gotas de agua que escapadas flotaban por el ambiente,
proporcionaban a la estancia una agradable sensación de frescor.
A los pies del lecho donde el pequeño descansaba, sus concubinas habían dejado
algunas fuentes con fruta fresca, néctares, miel, frutos secos, leche y algunas tortas de
harina para que desayunara. Su padre militaba por la península, a la conquista de nuevas
tierras para el reino, así que no pondría demasiada atención en su clase de álgebra y
calculo. Sabía que nadie le tomaría la lección mas tarde.
Pronto llegó Oman, su profesor. Era un hombre serio, de apariencia severa,
tremendamente respetado por todos por su demostrada sabiduría.
Saludó con esmerado protocolo, aunque se reflejaba en sus formas, una cierta
mueca de ternura. Se sentó en el pupitre. Abrió el viejo libro de Matemáticas mas o
menos por la mitad, al tiempo que Abderraman bostezaba de aburrimiento.
-¡Mi pequeño y encantador niño!, ¿Te aburren mis clases?. ¡Sí!, ya veo que sí.
Eso debe de ser por el influjo de la primavera sobre su sangre. La primavera amuerma
el cuerpo y abre el alma, disponiéndola alegre y sin remedio para amar. No se preocupe
Señor, hoy no hablaremos de ciencias, ni de letras, ni de historia ni de geografía, ni de
aburridos idiomas. La clase hoy versará de temática y dinámica distintas a la
acostumbrada, pues es cierto que de todo hay que saber, para hacernos hombres dignos
ante los ojos de Alá.- Lo que sentenció cerrando el libro con cuidado y tomando al
pequeño por el hombro acercándolo hasta el poyete del balcón más cercano.
Se asomaron ambos, y al tiempo el profesor le fue explicando con paciencia que
todo lo que se veía, era hermoso y tenía su sentido dentro del orden cósmico. Todo,
absolutamente todo lo de dentro del mundo obedecía a un delicado equilibrio, fuera del
cual nada era posible. Afirmó que el sol derramaba su luz como alimento y calor sobre
las plantas, las que lo bebían, sacando la energía necesaria para lucir sus atractivos
colores y pródiga vitalidad. Las flores eran nutrientes de insectos y herbívoros, que a su
vez lo eran de otros que se alimentaban de su carne, para terminar sin remedio
muriendo, volviendo de nuevo a la tierra de donde nacían las platas, en una renovación
constante de la vida.
–En el fondo todos somos una misma cosa, aunque cada uno tengamos que
cumplir funciones diferentes. Usted mismo bien ha podido ser anteriormente una
pantera, un elefante o un árbol gigante de esos que existen en la selva de mas allá del
mar y quien sabe, si cuando muera no ha de ser hermano de esa ánfora de barro que hoy
contiene su dulce miel. Llega a la vida como príncipe, y volverá a la tierra tras morir y
quien sabe si regresara algún día como esclavo, es por ello que de nada sirve la
vanagloria, pues estas piedras que hoy lanzamos nos podrían caer mañana sobre nuestro
propio tejado, por lo que es preferible ser justo y prudente.
Así, el sabio maestro fue enseñando aquella mañana a su dócil discípulo el
secreto de saber encontrar la belleza en el significado de todas las cosas que lo rodeaba.
–En la compresión de la pequeñas cosas, radica el conocimiento de las grandes.
Es por ello que no hay palacios sin piedras.- decía el sabio. –Todos los que tienen ojos
miran, pero no todos los que miran ven. Para mirar solo hace falta tener ojos, pero para
ver es necesario mirar y comprender. Es muchísimo mejor no hacer algo, negándose con
energía si sabemos que al hacerlo lo haremos mal. Es preferible una cosa no hecha a una
cosa hecha mal-
El pequeño Abderraman se estaba quedando atónito ante el aluvión inesperado
de sabiduría con el que estaba siendo obsequiado por el maestro, mientras contemplaba
el paradisíaco paisaje del frondoso jardín de la Alhambra.
Aún se quedó muchísimo más perplejo, con la mente en blanco, cuando el
profesor, tras su plática, le pidió que le preguntara algo sobre lo que acababa de
aprender. El niño no sabía que preguntar. Se calló, cerró sus ojos unos instantes
esforzándose por abrir su imaginación y al abrirlos preguntó por fin –Dígame Maestro:
¿Es Usted la persona más sabia del mundo?.
El Maestro se quedó turbado por la pregunta tan inesperada, sin saber que
responder.
–¡Por supuesto que no!- terminó negando con un halo de falsa indignación en la
voz.
-¿Quién puede presumir pues de serlo? ¿Quizás el Sultán?- Volvió a preguntar el
niño.
–No, no es el Sultán.-
-¿Entonces quien?-
-Mirad, ¿veis allí a lo lejos, sobre la ladera de aquel altísimo monte, unas oscuras
murallas?
-Si.
-Pues allí vive el hombre más sabio del mundo........................................
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LEYENDAS DE MARMO

Escrito por imagenes 06-05-2007 en General. Comentarios (0)

  LEYENDAS DE MARMO      (link)

El terror terrorífico y el misterio misterioso.
El género de terror es tan sólo una ramificación más de la fantasía, como tal, también hemos caido en su seducción.


Leyendas de Marmo -Introduccion
¿Qué son las leyendas de Marmo?¿De veras son leyendas o son cosas que pasaron realmente? A fin de cuentas, ¿qué es Marmo?¿Será melón, será sandía, será la vieja del otro día?... Mejor no preguntar, uno puede encontrar cosas que no le gustarían....

Leyendas de Marmo.
por el Inge y los Malditos.
No tú no puedes dejar de adorarme,
porque sabes que Dios
ya sabrá castigarte si rompes tu promesa de amor.
- Miguel A. Amadeos.


I. El bisabuelo Petroncio.
II. Mi abuelo Leonel.
III. Mi tío Rolando.
IV. Mi tío Alejandro.
V. Nosotros.


A toda la gente le gusta lo bonito:
una casa bonita, una esposa bonita, unos hijos bonitos, un carro bonito y un perro bonito;
pero todos tenemos un lado oscuro,
un agujero en el alma que apesta como el demonio,
un pedazo de corazón que nadie quiere.
Todos cargamos una vida que no es bonita.
Hay algunos que se atreven a voltear a ese lado,
a ese aspecto interior,
hay quienes quieren conocerse
y saber lo horripilantes que son en realidad.
No sabemos si es porque son muy valientes o muy estúpidos;
lo que sí sabemos
es que están malditos"

Ojalá se los coma un perro ... , ...(pero con cariño):


LEYENDAS DE MARMO

Escrito por imagenes 06-05-2007 en General. Comentarios (0)

  LEYENDAS DE MARMO      (link)

El terror terrorífico y el misterio misterioso.
El género de terror es tan sólo una ramificación más de la fantasía, como tal, también hemos caido en su seducción.


Leyendas de Marmo -Introduccion
¿Qué son las leyendas de Marmo?¿De veras son leyendas o son cosas que pasaron realmente? A fin de cuentas, ¿qué es Marmo?¿Será melón, será sandía, será la vieja del otro día?... Mejor no preguntar, uno puede encontrar cosas que no le gustarían....

Leyendas de Marmo.
por el Inge y los Malditos.
No tú no puedes dejar de adorarme,
porque sabes que Dios
ya sabrá castigarte si rompes tu promesa de amor.
- Miguel A. Amadeos.


I. El bisabuelo Petroncio.
II. Mi abuelo Leonel.
III. Mi tío Rolando.
IV. Mi tío Alejandro.
V. Nosotros.


A toda la gente le gusta lo bonito:
una casa bonita, una esposa bonita, unos hijos bonitos, un carro bonito y un perro bonito;
pero todos tenemos un lado oscuro,
un agujero en el alma que apesta como el demonio,
un pedazo de corazón que nadie quiere.
Todos cargamos una vida que no es bonita.
Hay algunos que se atreven a voltear a ese lado,
a ese aspecto interior,
hay quienes quieren conocerse
y saber lo horripilantes que son en realidad.
No sabemos si es porque son muy valientes o muy estúpidos;
lo que sí sabemos
es que están malditos"

Ojalá se los coma un perro ... , ...(pero con cariño):